Biografia de Leopoldo Lugones Romance del Poeta Vida y Obra



Biografía Leopoldo Lugones Romance del Poéta Argentino  Vida y Obra

Leopoldo Lugones (1874-1938), nacido en Villa María, provincia de Córdoba, el 13 de junio de 1874.

De ningún poeta argentino se ha hablado tan apasionada y contradictoriamente como de Leopoldo Lugones. Como artista evolucionó en sus preferencias artísticas en más de una oportunidad, y como hombre, transitó del socialismo de su primera juventud, a la democracia y, por último, al nacionalismo.

Aun hoy en día se mantiene latente la polémica del lugonismo, tanto en el plano estético como en el ideológico, y muchas veces, en este debate se mezclan la política, con la religión y el arte.

BREVE BIOGRAFÍA DE LEOPOLDO LUGONES
HISTORIA DE LOS ROMANCES ARGENTINOS

Leopoldo Lugones y Emilia Santiago Cadelago

Mi amor en tus ojos, el cielo.
Mi amor en tus manos, la suerte.
Mi amor en tu boca, el anhelo.
Mi amor en tu alma, el consuelo.
Mi amor sin el tuyo, la muerte.

Leopoldo Lugones Aquellas habían sido las palabras elegidas por el escritor Leopoldo Lugones para poner de manifiesto los profundos sentimientos que experimentaba por su amante, la joven Emilia Santiago Cadelago, en un poema que sería premonitorio de la gran tragedia final.

El reconocido poeta había contraído matrimonio en su juventud con Juanita González, el primer amor de su vida, formando una familia basada en importantes principios.

Uno de ellos era la fidelidad, por lo que las décadas felices transcurridas por la pareja hicieron que Lugones se autoproclamara como el hombre más fiel de Buenos Aires.

Si bien ambos eran oriundos de Córdoba, pasaron gran parte de su vida en la capital del país.



Durante las primeras épocas de la pareja nació el hijo de ambos, quien fuera bautizado como Leopoldito, que con el tiempo no sólo sería único heredero de la familia, sino también recordado como uno de los personajes más nefastos de la historia argentina, ya que de adulto se convirtió en el instaurador de la picana eléctrica como método de tortura en nuestro país.

La fidelidad de Lugones hacia Juanita era tal, que incluso llegó a escribir un libro dedicado a su esposa, titulado “El libro fiel”, que fuera publicado en 1912.

Mientras tanto, el poeta mantenía una rutina tranquila, sin sobresaltos, junto a su amada y abnegada esposa y su pequeño hijo, que crecía haciendo sentir viejos a sus padres.
Pasaron casi treinta años de matrimonio y fue en ese momento que un episodio atípico cambió para siempre el destino de la familia Lugones.

Corría el año 1926 cuando una hermosa joven llamada Emilia Santiago Cadelago se acercó a la Biblioteca del Maestro, situada en la calle Rodríguez Peña, entre Paraguay y Marcelo T. de Alvear, donde habitualmente trabajaba Lugones.

El motivo era sencillo, la joven estudiante necesitaba una copia del libro “Lunario sentimental” de Lugones, que al no poder conseguir de la forma tradicional creyó que el escritor podía llegar a facilitarle un ejemplar para su tesis universitaria.

El encuentro entre ambos fue trascendental, y más aún durante la cita que mantuvieron el 23 de junio de 1926, cuando Leopoldo Lugones le entregó a la joven un ejemplar de “Las horas doradas” en lugar de “Lunario sentimental”.

Aquel no fue un problema para ella, ya que lo importante del encuentro estaba por producirse.

Pocos días después, Emilia comenzó a recibir llamados y cartas de Lugones, que si bien era mucho más mayor que ella, el amor que surgió entre ambos logró derribar cualquier tipo de barrera.

Así se inició uno de los romances más perturbadores de nuestro país y de esta forma, lo platónico se convirtió rápidamente en una pasión desenfrenada.

Profundamente enamorados, la pareja se reunía en un pequeño departamento del barrio de Retiro, donde su amor clandestino no tenía objeciones, y podían vivir la felicidad de estar juntos, al menos por unas horas.



A partir de allí, Lugones había dejado de ser ese marido fiel que pregonaba, y Emilia se convertiría en la verdadera mujer fiel de Buenos Aires.

Durante seis años vivieron una pasión realmente intensa, que inició su derrumbe cuando el hijo de Lugones, que ya tenía 35 años, descubrió la verdad y amenazó a la familia de la joven para que Emilia dejara a su padre.

Cuando la familia Cadelago supo la verdad, decidieron enviar a su hija a Montevideo, a fin de alejarla definitivamente de su amante.

La desesperación invadió la mente del poeta, quien pasó seis años intentando recuperar a su amada. Ante la imposibilidad de hacerlo, y totalmente desencantado con la vida decidió suicidarse el 18 de febrero de 1938, en una austera habitación de una hostería del Tigre.

Casi cinco décadas después murió Emilia Santiago Cadelago, después de vivir en la soltería y en la amarga soledad de amar en silencio al único hombre de toda su existencia.

BIOGRAFIA DE LEOPOLDO LUGONES

leopoldo lugones

Leopoldo Lugones (1874-1938), nacido en Villa María, provincia de Córdoba, el 13 de junio de 1874, proviene de familias tradicionales del país, fue poeta, narrador y ensayista argentino.

Tuvo una variada actuación política, ya que tuvo contacto con el socialismo (fue uno de sus iniciadores en Argentina), el liberalismo, el conservadurismo y, finalmente, desde 1924, el fascismo.

Fue una figura emblemática de la cultura argentina de principio de siglo, condensó en su vida enigmática todas las relaciones posibles en la Argentina, entre un intelectual, el movimiento social, la vida política del país y el poder.

En la época de la Primera Guerra Mundial estuvo por Europa (1914). Allí creó y dirigió la Revue Sud-Arnéricaine, de la que aparecieron sólo nueve números.



En estos años, Lugones, que se había pronunciado en política como socialista de extrema, cambió su ideología a favor de las democracias liberales.

De vuelta en la capital argentina, ocupó la dirección de la Biblioteca Nacional de Maestros, dependiente del Consejo Nacional de Educación (1915), función que cumplió durante veintitrés años hasta su muerte.

Se entregó a la lectura intensiva, la obra de creación literaria, y particularmente, al estudio de las lenguas clásicas, latín y griego.

Hizo versiones parciales de la Ilíada y la Odisea, que fueron recibidas con beneplácito unánime de los más reputados helenistas.

De esa época son también sus estudios sobre asuntos de la cultura griega.

Este hombre que a fines del siglo XIX era un activista afiliado al Partido Socialista Argentino, después, cuando ya era un intelectual de primera fila, tomó contacto con el presidente conservador Roca, el de la Campaña al Desierto contra los indios.

Roca quería construir la Nación, justamente, sin indios.

Ése era el gran debate de la época y Lugones terminó aceptando esa idea y redefinió el papel del intelectual como formulador del mito de la Nación.

Una de las grandes paradojas de la Argentina, desde el punto de vista de la historia intelectual, es la figura inestable del intelectual argentino, que cabe en todo el ciclo de Lugones, que dura cuarenta años.

Lugones no pertenecía a una familia patricia argentina.

Se enroló en el Partido Socialista en el barrio de La Boca, dominado por los descendientes de italianos.

Fue aplaudido como el primer poeta argentino de la nueva generación.

Era un excelente orador que «incendiaba» los mítines del partido del que finalmente se apartó por su «reformismo».

Era el tiempo del Lugones revolucionario, en el que decía: «protestamos contra todo orden social existente».

En un momento dejó de frecuentar La Boca, dejó de ser de izquierda y se sumó al orden social conservador cuasi Victoriano de Roca.

Lugones abandonó las convicciones anarco-socialistas juveniles que lo llevaron a fundar, junto con José Ingenieros, el periódico La Montaña.

Conjuntamente, militaron tan fogosa como fugazmente en el Partido Socialista Argentino y emprendieron una ruta al margen de las adscripciones partidarias orgánicas.

El diario La Nación convocó a intelectuales a escribir sobre el Centenario de la Revolución de Mayo.

En Lugones delegó la escritura de una creación poética alusiva que se concretó en La oda a los ganados y las mieses.

Tres años después, el mismo diario anunció que habían finalizado las lecturas de El payador, mediante las cuales Lugones se postulaba como el agente de una íntima comunicación nacional «entre la poesía del pueblo y la mente culta de la clase superior».

El escenario fue el teatro Odeón, donde la selecta y nutrida concurrencia contó entre los asistentes al Presidente de la Nación, Roque Sáenz Peña, y a sus ministros, entre ellos Indalecio Gómez, autor de la ley electoral de 1912.

¿Qué expresaba Lugones durante sus disertaciones para concitar tanto entusiasmo en la prensa y en la élite porteña?.

Se había vuelto sobre el Martín Fierro, obra poética de José Hernández que desde su publicación en 1872 fascinó a distintos sectores de la sociedad, para revelar que en sus páginas se escondía el poema épico de la nacionalidad argentina.

En ese autoproclamado don profético autorizaba su discurso. Inscripto en la renovación modernista, se embarcó en la búsqueda de una tradición cultural que suturara la sociedad inmigratoria.

Si en la década de 1890 la literatura criollista a través de la difusión de folletos y de la representación de las aventuras de Juan Moreira en circos y teatros contribuyó a facilitar el proceso de nacionalización de los inmigrantes, la operación literario-política de Lugones tendióla desvincular al héroe Martín Fierro de toda significación ligada a la protesta social para encarnar en él al espíritu de la patria.

Esa esencialización del gaucho, devenido símbolo nacional, se acompañaba de un descreimiento persistente de Lugones en la democracia basada en el sufragio universal.

En el discurso de Ayacucho pronunció aquella famosa afirmación: «Ha sonado otra vez, para bien del mundo, la hora de la espada».

Así adhirió al autoritarismo fascista y al militarismo, apoyando el golpe de 1930, para finalmente refugiarse en la poesía.

Fundó con José Ingenieros el periódico político La Montaña, y dio a las prensas su primera obra, Las montañas de oro (1897), que conmovió al mundo literario porteño, del que llegaría a ser poro después la figura más prominente.

En Benos Aires, llevó una vida de estrecheces y estudio. Ocupó un modesto empleo en Correos y Telégrafos, asistió con asiduidad al grupo literario del Ateneo, y se granjeó la amistad y la admiración de Rubén Darío, que por esos tiempos estaba residiendo en esa ciudad.

Viajó a Europa en 1906 y continuó su obra de escritor, interesándose por todas las manifestaciones del arte escrito. Su fama era ya inmensa, pues había publicado en prosa La guerra gaucha (1905) y Las fuerzas extrañas (1906), y en poesía Los crepúsculos del jardín..

En 1924 viajó luego nuevamente a Europa , como miembro argentino de la Comisión de Cooperación Intelectual, dependiente de la Liga de las Naciones (Ginebra), a la cual se incorporó simultáneamente con el sabio Alberto Einstein.

Hacia 1923 se produjo en Lugones otro cambio espiritual.

Por encargo de la Liga Patriótica, una sociedad de carácter nacionalista, pronunció en el teatro Coliseo un discurso antidemocrático, decepcionado por la política liberal de los países vencedores de la Primera Guerra Mundial, y poco después (1925), siendo huésped oficial del gobierno del Perú, con motivo de las fiestas del centenario de la independencia de ese país, volvió a desconcertar al público con un vibrante discurso, más violento que el anterior, en el cual se declaraba rotundamente a favor los gobiernos armados, como único instrumento adecuado para conseguir la paz y la disciplina en los pueblos.

Había entrado Lugones en el período nacionalista de su evolución ideológica.

Escribió entonces varios libros sobre la materia, entre ellos La patria fuerte (1930) y La grande Argentina (1930).

Esta actitud le valió severas censuras y grandes enemistades, pero Lugones, fiel a su propia conciencia, persistió en sus ideas, sin aceptar cargo ni recompensa alguna por el gobierno revolucionario de 1930, presidido por el general Uriburu.

Esta etapa coincidió con la nacionalización y la simplificación de su estilo poético, que produjo entonces lo más celebrado de su obra en verso, el Romancero (1924) y los Romances de Río Seco (1938).

Lugones, que había entregado a la cultura argentina diez volúmenes en verso y veinticuatro en prosa, puso fin voluntariamente a su vida en una isla del Tigre, provincia de Buenos Aires (1938), dejando inconcluso un estudio sobre el ex presidente Julio A. Roca.

Lugones fue uno de los fundadores de la Sociedad Argentina de Escritores (1928), y su primer presidente.

En su homenaje, se celebra en la Argentina el Día del Escritor, en el aniversario de su nacimiento (13 de junio).

Lugones Escritor:

Leopoldo Lugones es el mayor poeta del modernismo argentino.

Se ha discutido su arte y sus variaciones ideológicas, pero su obra ha sobrevivido a los críticos. Soportó en vida el ataque de otros escritores, que no se avenían a resignarse ante el talento de un oscuro muchacho provinciano que llegó un día a la capital argentina para brillar en el ambiente artístico.

Como lo ha recordado un prestigioso escritor contemporáneo, en aquellos años Lugones parecía agotar por sí mismo toda posibilidad literaria, sin dejar lugar a los jóvenes que se esforzaban por un puesto en la vanguardia artística (Jorge Luis Borges).

La erudición de Lugones fue también proverbial.

Tuvo fama de poeta, historiador, novelista, ensayista político, orador, biógrafo, filólogo, helenista, esteta y científico naturalista.

Sus traducciones parciales de la Ilíada de Homero llamaron la atención, lo mismo que sus conferencias sobre el Martín Fierro, recogidasluego en El payador.

Sus artículos periodísticos versaban sobre las más dispares materias: una nota biográfica, una página sobre el rearme naval o la modernización de las armas, un ensayo sobre el divorcio.

En materia filológica comenzó un Diccionario etimológico del castellano usual, que quedó inconcluso.

En materia de educación escribió sobre La reforma educacional y también sobre Didáctica.

En historia se probó con El imperio jesuítico, sobre las antiguas misiones religiosas en el norte argentino, y en la biografía, con el Elogio de Ameghino, la Historia de Sarmiento y la biografía de Roca.

También incursionó por la filosofía en en El tamaño del espacio.

Valoración: Lugones conoció en vida los halagos de la fama, pese a sus ocasionales e inferiores detractores.

Sanín Cano, el gran maestro colombiano, lo declaró «una de las inteligencias más brillantes y más extensas de la América y de la época», con este agregado: «El continente lo sabe, Europa no lo ignora, Lugones lo sabe también».

Rubén Darío lo reputó más talentoso que cualquier contemporáneo y Ventura García Calderón, peruano, lo comparó con Goethe por la universalidad de su cultura.

Fue el poeta que el país necesitaba desde los tiempos de Hernández.

Fuentes Consultadas:

Argentina, El Siglo del Progreso y de la Oscuridad María Seoane Edit. Crítica
Periódico EL BICENTENARIO Fasc. N° 7 Nota de la Historiadora Leticia Prislei
Literatura Española, Hispanoamericana y Argentina de Carlos Alberto Loprete Editorial Plus Ultra – Capítulo XVIII El Modernismo

Ver: Biografía de Manuel Galvez

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