Los Griegos: Esparta

Biografia de Pirro de Epiro

Biografía de Pirro de Epiro

Entre la muchedumbre de figuras relevantes que descubrió el hundimiento del sueño imperial de Alejandro en la época de los Diadocos y Epígonos, destacamos ahora un nuevo nombre, el del rey de Epiro, Pirro.

Su personalidad, como la de Poliorcetes, marcha por los senderos de la aventura y del caudillaje militar.

Es un gran guerrero, forjado en el transcurso de mil batallas azarosas, y un político de vastos proyectos imperiales, un constructor de castillos en el aire que se desploman al soplo de la menor adversidad.

Pirro
Pirro: Durante su reinado expandió el territorio de Epiro a costa de zonas de Macedonia y Tesalia. Durante su estancia en Italia, conquistó la mayor parte de la Sicilia púnica. A su regreso a Grecia, se enfrentó con Antígono II Gónatas que reinaba por entonces en Macedonia.

Su persona cruza las páginas de la Historia como uno de esos meteoros que brillan de repente en las negruras de la noche, cruzan fulgurantes el cielo con destellos de luz vivísima, y estallan bruscamente, consumidos por su propio ardor.

Su biografía es de novela. Hijo de Eácidas, rey de Epiro, tuvo que andar errante en su juventud y reconquistar su reino con la punta de su espada. Eácidas perdió la corona después del triunfo de Casandro sobre Olimpia de Macedonia, y tuvo que refugiarse en Etolia (316).

Su tierno hijo fue salvado de una muerte indudable, y creció en fortaleza en la lejana y bárbara Iliria, en la corte del rey Glaucias. Cuando Demetrio Poliorcetes hizo vacilar el dominio macedonio en Grecia, los epirotas se sublevaron contra Alectas, tío de Pirro, y éste, con la ayuda de Glaucias, recobró la corona.

Contaba entonces 11 ó 12 años de edad (306). Su fortuna duró tanto como la del Antigónida. Demetrio tuvo que dejar sus territorios griegos para acudir en auxilio de su padre, y tras de él partió Pirro. Asistió a la batalla de Ipso (301), y se mostró fiel a su protector.

Cuando Demetrio firmó la paz con Tolomeo de Egipto, Pirro fué entregado en calidad, de rehén.

En Alejandría pasó los años más dulces de su vida. Supo captarse la amistad del Lágida y el amor de Antígona, una de sus hijas. El apoyo de la poderosa corte de Alejandría le sirvió de mucho para reconquistar su reino, vacilante en la cabeza de Neotolemos después de la muerte de Casandro (297).

Primero compartió el poder con Neotolemos, oero luego se libró de él asesinándole en un banquete. Dueño de los destinos de Epiro, intervino en las rivalidades de Antípater y Alejandro en Macedonia. Apoyó al primero, y en recompensa obtuvo una considerable ampliación de sus territorios.

Pero esta política le enfrentó con Demetrio Poliorcetes, quien, habiendo recuperado su poder en Grecia, auxiliaba a Alejandro. Pirro logró derrotar a Demetrio en Pantauco (Etolia, 289) y asegurar su preponderancia en Macedonia, cuyo reino se repartió con Lisímaco de Tracia.

En este momento sus dominios alcanzaron la máxima extensión, pues comprendían 400 kilómetros de costa balcánica, desde la Iliria meridional a la Acarnania, el Epiro, Macedonia y gran parte de Tesalia.

Sin embargo, a poco perdió estos dos últimos territorios, los cuales pasaron sucesivamente a poder de Lisímaco, Seleuco y Tolomeo Cerauno. Pirro no quiso luchar por aquellas tierras cuando ante sus ojos se le abría un magnífico panorama imperial: el de la Magna Grecia.

Heredero de dos imperialismos —- el de su tío Alejandro el Moloso, rey de Epiro, y el de su suegro Agato-cles de Siracusa, asesinado en 289—, Pirro iba a luchar por la formación de un vasto imperio en el Adriático y el Tirreno.

Aprovechando la petición de auxilio de la ciudad de Tarento, amenazada por las legiones romanas, el rey de Epiro cruzó con su ejército él mar y estableció sus reales en la Italia meridional en 280.

Por primera vez se cruzaba en la historia de Roma una poderosa personalidad, que, medio siglo antes que Aníbal, iba a hacer tambalear su destino. En efecto, pocos meses después de su llegada, los ejércitos de Pirro derrotaron a los de Roma en Heraclea, y un año más tarde (279) renovaron sus laureles en Aúsculum, en la Apulia.

Pero ninguna de estas dos victorias dio al rey de Epiro el objetivo que buscaba: la caída de Roma por la sublevación de los confederados itálicos de la Italia central.

A raíz de este doble fracaso, militar y político, que se completa con el fracaso diplomático, puesto que Cártago ofrece su alianza a Roma, resuelve llevar sus armas a Sicilia (279).

Como militar formado en la escuela macedonia, repugnaba la táctica defensiva; su credo estratégico era la ofensiva a toda costa. Esta vez sus armas arremeten contra Cártago.

Desde Siracusa, en donde es nombrado caudillo supremo y rey, dirige afortunadas campañas contra los cartagineses, a los cuales arrebata todas sus posiciones en la isla, excepto la inexpugnable Lilibea.

Pero le falta constancia para perseverar en su empresa. Sueña con una expedición contra la propia Cartágo, cuando los mismos siracusa-nos minan el suelo a sus pies. Después de salvar su honor, dispone el reembarque para Italia (276).

Aquí se halla con la máxima sorpresa: el ejército romano ha sido reorganizado para la maniobra y ha hallado un excelente general en M. Curio Dentato. Cerca de Malvéntum (Benevento), las legiones hacen morder el polvo a los soldados helénicos de Pirro (275).

De regreso a su patria, éste intenta todavía rehacer su poder, que últimamente ha sido muy mermado por la obra de Antígono Gonatas, ilustre hijo de Demetrio Poliorcetes y su sucesor en Grecia, al mismo tiempo que rey en Macedonia.

Pirro consigue atraerse la falange macedonia (274) y atribuirse parte del país. Intenta incluso apoderarse de Grecia. Pero fracasa en una tentativa memorable para expugnar Esparta por sorpresa.

En 272 muere en una lucha callejera en la ciudad de Argos, cuando intentaba librarse del cerco que le tendían los ejércitos de Antígono y de Esparta.

Ver: Batalla Pírrica

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Biografia de Tucidides Historiador

Biografía de Tucidides Historiador Griego

Tanto en el campo filosófico como en el histórico, debía caber a un ateniense, en Tucídides, la gloria de cerrar con broche de oro una evolución multisecular, logrando, con el rayo del genio, establecer las bases inconmovibles de las dos ciencias: la del pensamiento y la de la acción. Porque lo que “el pensamiento” representa Sócrates, lo es para “la accion” la persona de Tucídides.

Tucídides (Atenas, c. 460 a. C.-Tracia, c. ¿396 a. C.?) fue un historiador y militar ateniense. Su obra Historia de la Guerra del Peloponeso donde describe la historia entre Esparta y Atenas hasta el año 411 a. C.

historiador griego tucidides

Tucídides ha sido considerado como el padre de la “historiografía científica” debido a sus estrictos estándares de recopilación de pruebas y de sus análisis en términos de causa-efecto sin referencia a la intervención de dioses, tal y como él mismo subraya en su introducción a su obra.

Pasar de Herodoto a este historiador ateniense es cambiar por completo de ambiente; como ha dicho un autor, “en lugar del suave viento del novelar fantástico y de la ingenua credulidad, respirase en Tucídides el aire fuerte y alto de la crítica y de las duras realidades».

En efecto, caracteriza a Tucídides un inquebrantable e incorruptible amor a la verdad, a cuyo servicio pone unas dotes de psicólogo y de político poco comunes y unas condiciones críticas que hacen parangón con el espíritu de duda que por entonces hacían imperar los sofistas y Sócrates en la vida intelectual ateniense.

Tucídides pertenecía a una familia aristocrática y hacendada. Su padre, Oloros, se consideraba descendiente de una estirpe de príncipes tracios, y su madre.

Hegesípila, descendía de Milcíades, el triunfador de Maratón. Allá, en la Tracia, esta familia poseía las minas de oro de Escapte Hylé, de las que obtenía grandes rendimientos.

En su juventud, Tucídides frecuente las escuelas de los sofistas, donde adquirió, junto con una cultura general, la completa libertad de pensamiento propia de su poderosísima inteligencia.

Dotado de una intensa vida interior, cuando estalló la guerra del Peloponeso, la cual debía afectar tantas cosas en la existencia histórica de Atenas y Grecia, se propuso legar a la posteridad el relato de aquellos hechos.

Desde el primer día trabajó en la recopilación de datos y no abandonó el estilete hasta que la muerte le arrebató las últimas fuerzas.

En el ejército y en la política, en el destierro o en la patria, Tucídides aprovechó todas las oportunidades para legarnos su obra maestra: la Historia de la guerra del Peloponeso.

Partidario de la democracia moderada, que entonces estaba dirigida por Nicias, Tucídides formó en las fila» de los que lucharon para arrebatar el poder a la demagogia encarnada en Cleón.

Había ya muerto Péneles—en la misma pestilencia Tucídides había sufrido el contagio—y los atenienses se disputaban su sucesión.

La carrera de Tucídides habría podido, pues, ser brillante, pero quedó inutilizado por muchos años para la política a raíz del desgraciado asunto de Amfípolis, la perla de las colonias de Atenas en la Calcídica.

El suceso ocurrió en 424. Tucídides estaba encargado de la defensa de ésta y otras posesiones atenienses frente a la amenaza espartana. Una noche de invierno, cuando había corrido en defensa de la ciudad de Tasos, el general Brásidas se apoderó por sorpresa de Amfípolis.

Tucídides regresó a marchas forzadas, pero sólo le fué posible conservar el puesto de Eón. La noticia cayó como un rayo en Atenas, y aprovechando el descontento general, Cleón acusó a Tucídides de traición o negligencia en el servicio de la patria.

Declarado culpable y, según parece, condenado a muerte, Tucídides no acudió a Atenas para someterse al rigor de sus rivales. Vivió en el destierro, en Tracia, hasta que, a fines de la guerra, fueautorizado para regresar a la ciudad.

Con una conciencia absoluta de su responsabilidad histórica y un arte literario consumado, Tucídides pretendió tratar desapasionadamente el tema más apasionante de aquella generación: la lucha decisiva entre un imperio gobernado por una democracia y varias ciudades autónomas y, en general, aristocráticas. Y triunfó plenamente en su propósito.

A excepción de Cleón, en que parece concentrarse todo su odio, Tucídides nos legó un cuadro casi perfecto de los hombres y de los pueblos que intervinieron en aquel conflicto trascendental para la historia de Grecia.

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Historia del Teatro Universal desde su Origen Resumen

Resumen de la Historia del Teatro Universal

ORÍGENES DE TEATRO: El teatro es una representación animada por actores —cualquiera sea el género o argumento escrito por el autor—, en un edificio destinado a este fin; esto se ha venido haciendo en sus distintas modalidades, desde la más remota antigüedad. Así como los niños gustan ser actores improvisados cuando practican ciertos juegos, al hombre le agrada dejarse llevar en alas de la fantasía, otorgando así a la vida una proyección que la actividad diaria suele negarle.

El instintivo sentido de recitación, de la representación mediante gestos y palabras, de una realidad que a veces no es la propia, empujó al hombre primitivo, desde la edad paleolítica, a usar máscaras y disfraces para declamar vulgares salmodias, desenvolver sus danzas y esbozos de diálogos, celebrando acontecimientos de la tribu: la partida para la caza, la recolección de la cosecha, el paso de la juventud a la edad adulta, los ritos fúnebres, etc. En estas rudimentarias manifestaciones, como en muchas otras de los pueblos primitivas que subsisten en nuestros días, no podemos hablar de “teatro”, no tanto por la rusticidad de su representación, carente de argumento, cuanto por el espíritu con que se llevaban a cabo.

Estos espectáculos son más bien ceremonias religiosas, en las que el hombre no se empeña mucho por despertar el interés de sus semejantes, sino el de la divinidad. Al ponerse la máscara, no cree sólo que se ha disfrazado, sino que, ingenuamente, piensa que la divinidad a la que pertenece el disfraz, ha entrado en él. Esto es fácil de comprobar por los ritos de ciertos pueblos de hoy día; esta identificación del actor con la divinidad va desapareciendo poco a poco; el actor sabe que está representando un papel, y el público se persuade de que no tiene ante sí a un dios, sino a un actor caracterizado de tal.

Este nuevo concepto de la escenificación la hizo más compleja; se presentaron episodios enteros relacionados con la mítica vida del dios, enriqueciéndola con diálogos y recitados. Las representaciones eran todas de argumentos religiosos, raramente de carácter profano o humorístico, asemejándose más a lo que nosotros entendemos por teatro.

historia del teatro

Los egipcios, desde el tercer milenio a. de J. C, representaban espectáculos sagrados en ocasión de las festividadesde Osiris; he aquí un rey y un sacerdote que llevan máscaras de halcón paa representar al dios Horus. Las representaciones  de los pueblos primitivos no son verdadero teatro  pero tienen una significación mágica y religiosa común a todas las antiguas sociedades del mundo.

En el antiguo Egipto (tercer milenio antes de Cristo), ya existían expresiones más evolucionadas de este género; se efectuaban en los templos, estaban estrechamente ligadas a las celebraciones de los ritos secretos, y sus argumentos eran escritos especialmente para tales ocasiones.

El teatro clásico, del que somos herederos, nació en Grecia en el siglo V a. de J. C. Como en otros pueblos, aquí también fue precedido por ceremonias análogas a las ya descriptas, que se celebraban en honor de Dionisio, dios de la fertilidad. En estas fiestras campestres participaban bacantes y sátiros disfrazados con pieles y cuernos. Pronto tuvo gran importancia el ditirambo, invocación versificada en honor del dios; tomó tal impulso que necesitaron dos corifeos que dialogaban entre sí, dos coros que comentaban cantando, y un tercer personaje que representaba al dios.

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Reconstrucción de un teatro ateniense. La escena se desarrollaba siempre al aire libre y empezaba por la mañana. El idificio se .construía de modo que fuese posible aprovechar la pendiente de las colinas. La orquesta, disimulada bajo una tarima, acomvañaba al coro y a las danzas.

De esta representación coral, que mantuvo, en los primeros tiempos, los mismos argumentos religiosos, derivó el género teatral más importante: la tragedia, que floreció en Atenas en el siglo v a. de J. C.

En ese siglo encontramos autores como Esquilo, cuyas obras denotan un profundo sentimiento religioso, y sófocles, que analizó los problemas morales ahondando en la vida del hombre y dando mayor naturalidad al lenguaje de la tragedia. Nació así la comedia, género teatral profano y realista, que llevó a escena, para censurarlos, los vicios más ocultos de la vida ciudadana.

Tragedias y comedias se representaban durante las fiestas dionisíacas que se celebraban cuatro veces al año; las tragedias, especialmente, se consideraban parte integrante de los festejos religiosos; el público permanecía, pues, todo el día en el teatro. La representación comprendía tres tragegias, un drama satírico, y una comedia breve. Los sacerdotes de Dionisio y los magistrados asistían a la representación inaugural.

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Para ser gratos al dios Dionisio, sus  fieles imitaban a los sátiros, los faunos y las ninfas que le habían acompañado en sus incursiones campestres

La tragedia gozó, por mucho tiempo, de los máximos honores; desde Sófocles hasta el gran Aristóteles, se escribieron numerosos tratados acerca de las normas a que debían ajustarse.

Se realizaban concursos, y las obras teatrales eran siempre elegidas después de una cuidadosa selección. Al finalizar la temporada teatral, el autor de la mejor obra era premiado.

Los atenienses amaron profundamente el teatro, no sólo por el deleite que les proporcionaba (y que buscaron preferentemente en la comedia), sino por el valor educativo que inspiraban los argumentos desarrollados. Esto explica que las mujeres y los niños pudieran asistir a estos espectáculos (las mujeres, en Atenas, llevaban una vida casi exclusivamente de hogar).

El Estado otorgaba un subsidio a los autores y a los actores, y disponía que se diera a los pobres los dos óbolos exigidos a la entrada. Pero la mayor parte de los gastos que ocasionaban estos espectáculos eran solventados por el corego; éste era elegido, por turno, entre los ciudadanos más ricos de Atenas, y debía organizar, vestir e instruir a su costa, un grupo coreográfico, empresa que consideraba un alto honor y en la que no escatimaba sus dotes ni su dinero.

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Actor trágico con máscara y coturnos. Sobre el fondo del escenario, el telón, con sus columnas, sugiere un palacio. Del mecanismo Usado en el teatro por los griegos conocemos el enchicléma, plataforma móvil, que se adelantaba sobre el escenario para mostrar lo que sucedía en el interior de una casa (por ejemplo un asesinato).

Los actores gozaban de gran estima; eran tres en las comedias; cuando la obra requería más personajes, ellos mismos, multiplicando sus caracterizaciones, desempeñaban estos nuevos papeles.

A partir del siglo IV, los espectáculos ya no estaban tan ligados al culto dionisíaco; en Sicilia. Macedonia. Tesalia y Egipto, donde el teatro griego se había difundido, prevalecía la costumbre de festejar los sucesos ciudadanos de cierta importancia, con una representación teatral. Con Eurípides, el último gran trágico griego, la tragedia ya no tiene, como hemos dicho anteriormente, valor religioso. En cuanto a la comedia, después de Aristófanes, pierde el áspero acento satírico, y utiliza cada vez más el argumento vulgar.

Sin tener acceso al teatro, conformándose con aparecer en los espectáculos populares de las plazas, fue difundiéndose una especie de farsa grotesca, entremezclada con danzas y juegos, en la que se representaban escenas de costumbres. Tuvo en Roma un éxito mayor aún que en Grecia.

Las representaciones en Grecia empezaban muy temprano, de aquí que el público se dirigiese al teatro a la salida del sol. El precio de la entrada era de dos óbolos, pero ya en tiempos de Pericles (siglo V a. de C.) a los pobres se les pagaba la entrada con cargo a los fondos públicos. Los considerables gastos que suponían las representaciones eran subvencionados por ciudadanos ricos. En un principio las representaciones se llevaban a cabo por un solo actor -a menudo el propio autor- y un coro, dirigidos por el corega. En la época de Esquilo los actores pasarían a ser dos: el protagonista y el antagonista. A veces, el mis mo actor se veía obligado a interpre tar más de un papel, lo que nos hace suponer que el público griego estaba dotado de un poder de imaginación mucho mayor que el de hoy. El teatro romano, imitador en todo del teatro griego, no tuvo, aquél, para sostenerlo y vivificarlo, ni la fe colectiva ni el ardor cívico de to do un pueblo. Sin duda, los juegos los grandes juegos romanos, en oca sión de los cuales se daban represen taciones teatrales, estaban revestidos de una gran pompa y se preciaban de tener disoes patrones.

Del teatro como expresión de un rito se llega al teatro como pasatiempo; el actor, al igual que el titiritero y el gladiador, debe divertir a un público de menor cultura, deseoso de novedad. Por otra parte, todo lo que provenía de Grecia gustaba en la Roma de los césares. Así nació una literatura teatral que rehacía los temas griegos, eligiendo aquéllos que se adaptaban al espíritu latino y a las costumbres de este pueblo.

Roma toma el teatro griego cuando los grandes géneros de la tragedia y la comedia estaban en decadencia; empero, el espíritu práctico romano pareció no comprender el alto significado religioso y moral de las obras griegas de la edad clásica.

Antes que Livio Andrónico, liberto de origen griego, tradujese al latín e introdujese, en los teatros romanos, algunas tragedias y comedias griegas (en 240 a. de J. C), en Roma se representaba casi exclusivamente un género primitivo de espectáculo cómico, que había sido introducido por actores romanos y etruscos; era la atellana, originaria de la ciudad de Atella, Italia; era una mezcla de alta comedia y de parodia, en la que los actores caracterizaban a personajes de psicología diversa, en base a metáforas.

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Reconstrucción de un teatro romano que pone claramente de manifiesto, por su-imponencia, la fuente griega en que se inspiraron sus diseñadores.

Asimismo, en Roma, con Eísnios, Accio y Pacubio, floreció la tragedia praetextae, escrita sobre tomas nacionales, y que no obtuvo gran éxito; junto a ella seguía subsistiendo el género de las palliatae, cuyo argumento se inspiraba en la tragedia griega.

En esta época, la afición prevaleciente del público romano orientó al teatro hacia el género cómico, los espectáculos brillantes y la comedia. Los espectáculos circenses tomaron auge, y eclipsaron muy pronto las últimas manifestaciones de la tragedia romana. Las representaciones correspondientes a este género no van más allá del siglo de Augusto.

Recordemos que los romanos buscaban en el teatro la diversión, y no principalmente un fin educativo. El teatro hubo de seguir las formas que el gusto popular aplaudía, como ocurrió en las obras de Plauto o en las más delicadas de Terencio; lo lamentable es que por ello cayera a veces en trivialidades.

Los edificios para las representaciones se construyeron en época relativamente tardía, aún cuando el primer teatro que Roma poseyó data del año 55 a. de J. C, y fue construido bajo Pompeyo.

Los teatros romanos se inspiraron en los griegos: eran inmensas construcciones que podían dar cabida a 50.000 espectadores. La distribución, el decorado, el lugar reservado para el coro, se adaptaban a las necesidades del arte teatral de la época. Había incluso un complicado mecanismo que permitía la aparición en escena y el traslado de los dioses, cuando el argumento lo requería; estas intervenciones podían ser acompañadas por truenos u otros ruidos que expresaran la cólera de los dioses, para lo cual se disponía de cilindros de bronce que se llenaban de piedras y eran accionados por un mecanismo especial.

Los romanos tenían poca estima por el género teatral, y los actores eran despreciados, considerándose su profesión indigna de hombres libres. Durante la lenta y progresiva decadencia del Imperio Romano, el teatro fue corrompiéndose y no debe asombrarnos que la Iglesia naciente condenara todo tipo de espectáculo, prohibiendo a los fieles asistir a las representaciones. Lo que se censuraba era ese género de teatro, y no el teatro en sí que verá renacer la alta Edad Media, en el atrio de las iglesias.

En cierto sentido el teatro volvió a ser ritual, y tuvo nuevamente un carácter religioso y educativo. Se iniciaba el gran ciclo: primero el teatro sacro de la edad primigenia de la historia, luego el teatro solemne que exalta la actividad del hombre como ente moral, luego la farsa y la diversión sin más.

Orfeo: el amor y la música: Una de las más bellas leyendas de la mitología clásica es, sin duda, la del músico tracio Orfeo, a quien se ie atribuye el invento de la lira. Casado con la ninfa Eurídice, tuvo que soportar su pérdida, ya que ésta, al ser mordida por una víbora, murió y descendió al Infierno. Pero Orfeo no se resignó: fue en su busca y consiguió de los dioses el privilegio de poder retornar con ella al mundo de los vivos, con la condición de no volver la vista atrás antes de que ambos amantes hubiesen abandonado el recinto infernal. Concluido casi el retorno, el joven tracio, que ya había alcanzado la luz, no pudo resistir el deseo de contemplar el rostro de Eurídice y se volvió. Pero la ninfa, que todavía no había abandonado el Infierno, se desvaneció ante la mirada impotente de Orfeo, quien desde entonces se dedicó a vagar sin rumbo, acompañando su dolorida existencia con los sones de su lira, hasta que fue fulminado por un rayo de Zeus, o, según otra versión, despedazado por las terribles Ménades. Su leyenda dio origen a toda una cosmogonía o explicación mítica de los orígenes del mundo y la implantación de ritos iniciáticos (orfismo). Su presencia en las artes ha sido continua, sobre todo en el terreno musical y en el teatro, destacando en este último campo la obra Orfeo (1927), del escritor francés Jean Cocteau.

EDAD MEDIA: El mundo antiguo no legó al mundo medieval ninguna forma dramática viva. Al perderse en Roma el arte teatral, en medio de los aparatosos juegos del circo, será la Iglesia quien devuelva al teatro vida y sentido nuevos, hasta que el pueblo arrastre hasta él, lejos del altar, al nuevo drama. El primer espectáculo escrito y representado por entero fuera de la Iglesia se montó hacia mediados del siglo XII.

La liturgia dio a luz el drama, como antaño el mito de Orfeo lo hiciera con la tragedia. Con un intervalo de dieciocho siglos, el teatro renace y conoce las mismas fases: coros que celebran el nacimiento de un dios, actores que se van destacando del grupo, y personalizándose, para representar la historia divina hasta que, poco a poco, vuelvan a representar la historia del hombre.

Esta forma teatral iría perfeccionándose durante los siglos XII, XIII y XIV, hasta florecer en el siglo XV. El tema del misterio es siempre un tema religioso, penetrado de profundidad mística, pero que contiene al mismo tiempo pintorescas escenas de violenta comicidad. Se trata de espectáculos que duraban varios días. Es un teatro que probablemente nació en los tiem-;  pos de la clandestinidad del cristianismo y se desarrolló en una época de crisis profunda, debatiéndose entre los restos de la mentalidad pagana que había dominado el Mediterráneo y la de los pueblos bárbaros, de tan diferente origen.

La Edad Media se vio obligada a salvar lo positivo de aquel mundo pagano y a preparar los cimientos de una nueva sociedad. La oscuridad que se atribuye a esta época -exagerándola, por cierto- se debe a esta mezcla de elementos y a la ingente labor que ofrecía su acoplamiento.

La Iglesia tuvo que enfrentarse a la tarea de completar lo que no había conseguido el Imperio Romano: mentalizar a los invasores bárbaros con una nueva idea de la existencia. Quizá por ello el teatro medieval, reflejo de su época, más que presentar hechos ordenados, los expone simplemente ante los ojos del espectador, se los hace ver. La idea de este nuevo teatro surge de la búsqueda de una nueva idea de sociedad, y también de una nueva lengua, ya que se hallan en formación todas las lenguas vulgares, procedentes del latín.

Los primeros documentos que se conservan de teatro medieval son franceses; se remontan al año 1100, y están escritos en dos lenguas alternadas: latín y francés vulgar. Las representaciones medievales reciben los nombres de milagros, misterios, y farsas, en el caso del teatro profano. Estos espectáculos se parecen en toda Europa, debido a una razón clara: la cristiandad.

La Iglesia ya cuenta, además de su poder espiritual, con el poder político, aunque aún no tiene una verdadera organización estatal. ¿Qué mejor prueba de ello que la estrecha conexión existente entre las formas dramáticas de las distintas naciones, por encima de sus caracteres idiomaticos?

Al alargarse la representación y exigir cada vez mayor número de personajes pierde intensidad, pero gana en espectáculo y, por lo tanto, en participación de la masa.

Conservamos pocos ejemplos de este tipo de teatro. Los más importantes son: el Auto de los Reyes Magos, en lengua castellana, misterio del ciclo de Navidad, de autor anónimo, compuesto a finales del XII o principios del XIII; Abraham e Isaac, del poeta florentino Feo Belcari (1410-i 484); y la famosa Farsa de Micer Pathelin, tipo cómico que enlaza con los antiguos personajes del teatro pagano.

El teatro medieval, aunque no produjo obras de mucho valor, sí sentó las bases del nuevo teatro, sin cuya evolución entre los siglos XVI y XVII no habría existido el drama moderno tal como hoy lo conocemos.

EDAD MODERNA: Desde principios del siglo XVI se abandonan definitivamente las formas de expresión de la Edad Media, aunque no sin resistencia, ya que –hecho único en Europa– la influencia del gótico francés no había hecho mella en el arte italiano. En primer lugar, Florencia, por razones del protagonismo social y político de los Médici, será quien elabore las formas de la nueva civilización. Así es como el teatro italiano da nacimiento a un estilo propio, que se ha perpetuado hasta nuestros días. El arte se integra en la vida pública.

La clase dominante impone a los artistas –generalmente, por medio del mecenazgo– temas y formas de expresión que reflejan la nueva ideología. Este teatro se ve poco a poco absorbido por un teatro aristocrático, con su lujo, su fasto y su pompa; y éste hará aparecer a finales del XVI el estilo barroco, que en su declive hará posible que los decorados, la música y el drama se unan para la creación de un nuevo género teatral -la ópera-, al tiempo que facilitará también la creación del melodrama. En El Príncipe, Maquiavelo, medio siglo antes de Montaigne y casi un siglo antes de Bacon, afirma su inclinación por el realismo, por esa realidad que marca quizá el paso de lo antiguo a lo nuevo del modo más patente.

Mientras se desarrolla este teatro de corte, con reminiscencias de los antiguos clásicos y que vive de la protección de los príncipes, la Commedia all’improviso -llamada más comúnmente Commedia dell’ Arte– no cesa de multiplicarse y perfeccionarse, con gran protagonismo de los actores cómicos (zanni), supervivientes de los latinos, que actúan en compañías ambulantes, de una ciudad a otra. El inmenso éxito popular de esta comedia del arte no deja de llamar la atención de los príncipes y de la gente culta. La juventud, entusiasta, forma grupos de dilettanti (aficionados) en favor de esta forma de teatro. Así, desde la calle llega a los palacios, donde se perfecciona y se enriquece.

Todas las posibilidades del juego escénico, dominadas por la libertad y el genio del actor, están aquí permitidas. Se trata de una manera de actuar en la que predomina la improvisación. La comedia del arte devolvió su valor al espectáculo; una concepción plástica del teatro exigía del actor todas las formas de interpretación: creación de sentimientos y de pensamientos por medio de la mímica, de la danza, de la acrobacia incluso, al igual que sucede con las tendencias imperantes de nuevo hoy. Por otro lado, este teatro se desenvuelve en una época en que las luchas religiosas son sangrientas.

El Humanismo contribuirá, por su parte, a la creación de tendencias literarias que abren un abismo entre los eruditos y la masa, todavía inculta. La corte y los nobles frecuentarán cada vez menos los espectáculos populares, acentuando la diferencia, cada vez mayor, entre el pueblo y las clases elevadas, las cuales , por necesidad y por interés, harán causa común con la cultura.

La invención de la imprenta permitirá difundir los intercambios intelectuales ya existentes, y el descubrimiento de América por los españoles conferirá a estos conocimientos un carácter universa!.

La fantasía española se impondrá en este tipo de teatro, principalmente a partir de 1502, a través de las múltiples ediciones de la famosa Celestina. Así, podremos decir que la influencia italiana por la técnica y la española por la imaginación –donde los temas del amor y la fatalidad imponen su violencia– entran a saco en el teatro ilustrado, haciendo olvidar un poco a los antiguos clásicos, mientras el pueblo y la mayor parte de la burguesía mantienen su inclinación hacia la palabra brillante e incluso grosera, hacia la mascarada, los chistes y la farsa. Se trata de una época en que los caracteres de la comedia y tragedia modernas descubrirán su esencia.

De modo que si el siglo XVI no ha dejado, en suma, una obra dramática particularmente notable, sí ha preparado, en sus diversas y vivas experiencias, todo lo que iba a permitir al teatro posterior perfeccionarse y expresarse plenamente.

Calisto y Melibea:

Calisto.- En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.

Melibea – ¿En qué, Calisto? calisto – En dar poder a natura que de tan perfecta hermosura te dotase, y hacer a mi inmérito tanta merced que verte alcanzase, y en tan conveniente lugar, que mi secreto dolor manifestarte pudiese. Sin duda, incomparablemente es mayor tal galardón que el servicio, sacrificio, devoción y obras pías que por este lugar alcanzar yo tengo a Dios ofrecido. ¿Quién vio en esta vida cuerpo glorificado de ningún hombre como ahora el mío? Por cierto, los gloriosos Santos, que se deleitan en la visión divina, no gozan más que yo ahora en el acatamiento tuyo. Mas, ¡oh triste!, que en esto diferimos: que ellos puramente se glorifican sin temor de caer de tal bienaventuranza, y yo, mixto, me alegro con recelo del esquivo tormento que tu ausencia me ha de causar.

Melibea.— ¿Por gran premio tienes éste, Calisto?

Calisto – Téngolo por tanto, en verdad, que si Dios me diese en el cielo la silla sobre sus santos, no lo tendría por tanta felicidad.

Melibea- Pues aún más igual galardón te daré yo, si perseveras. calisto- ¡Oh bienaventuradas orejas mías, que indignamente tan gran palabra habéis oído!

Melibea.- Más desventuradas de que me acabes de oír. Porque la paga será tan fiera cual merece tu loco atrevimiento.Y el intento de tus palabras ha sido como de ingenio de tal hombre como tú, haber de salir para se perder en la virtud de tal mujer como yo. ¡Vete, vete de ahí, torpe! Que no puede mi paciencia tolerar que haya subido en corazón humano conmigo el ilícito amor comunicar su deleite. calisto – Iré como aquél contra quien solamente la adversa fortuna pone su estudio con odio cruel…

(Fernando de Rojas: Tragicomedia de Calisto y Melibea)

SIGLO DE ORO: El período isabelino, en Inglaterra, ilustra una de las épocas más grandiosas de la historia del teatro. El genio de Shakespeare, en el que toda la humanidad consigue verse reflejada, todavía hoy alcanza unas cotas que jamás fueron superadas. La apasionada vida de la época era demasiado fuerte para que el pueblo no pidiese verse representado en los escenarios.

Todo un mundo político y social agoniza en su moral, y la nueva sociedad que nace se vale del realismo político para alcanzar sus metas, lo que en el teatro se convertirá en grandiosas tragedias de expresión múltiple y exaltadora, en las cuales un personaje de voluntad desmesurada será el héroe que rompa todos los obstáculos, que viva una vida intensa, aparentemente liberado por su violencia, su astucia y una aterradora crueldad.

La reina Isabel moderará las tendencias puritanas de su sociedad, manifestando su gusto personal por los espectáculos populares, como los combates de animales, las carreras, la caza y las representaciones teatrales que organiza en el teatro que ha hecho construir en la corte para su propio uso.

El isabelino es un teatro puramente nacional. Las influencias externas llegan muy atenuadas, exceptuando quizá la de la commedia dell’arte, que se manifiesta en el empleo del bufón (personaje medieval divertido). Los grandes dramaturgos de este período son, con William Shakespeare a la cabeza, Ben Jonson, Fletcher, Marlowe, Thomas Dekker, John Ford, Thomas Middleton… Todos estos nombres ilustres llenan lo que dura una simple vida humana, y para nuestro asombro es de ellos de quienes se habla al tratar del milagro isabelino.

A finales del siglo XV, el pueblo español, despertando a la conciencia de su genio nacional, permitirá al teatro un desarrollo igualmente decisivo. El Imperio español está en pleno auge. Tras la influencia italiana, la originalidad profunda y radiante del teatro español florece en obras gracias a las cuales el mundo entero llamará a esta centuria el Siglo de Oro, uno de los más gloriosos de la historia universal del teatro. Es un teatro obsesionado, como lo era el hombre de su época por la idea del honor. La Iglesia se halla, por su parte, en plena lucha con tra la herejía.

La todopoderosa Inquisición conseguirá suprimir toda libertad religiosa o política. Sin embargo,, renuncia a luchar contra el teatro, prefiriendo servirse de él en la medida de lo posible. Y lo hará, esencialmente, sugiriendo temas a los autores dramáticos, y censurándolos después.

El período heroico del teatro empieza realmente con el reinado de Felipe II, que verá el florecimiento de la poesía lírica y de la épica, y el esplendor de los grandes místicos, como Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. Los grandes nombres del teatro son: Miguel de Cervantesgenial novelista, y no tan grande como dramaturgo-, Tirso de Molina, Pedro Calderón de la Barca, Juan Ruiz de Alarcón y, por supuesto, Lope de Vega.

De todas las artes, el teatro fue el que manifiestamente sirvió mejor a los fines de la política interior de Felipe IV. La reputación del fasto y el esplendor de una corte que todavía pretendía asombrar al mundo, y en la que se representaban tantas obras y comedias palaciegas, servía para enmascarar ante el pueblo la decadencia política y social de la monarquía de los Austrias, comenzada con guerras desgraciadas y tratados desastrosos que culminaron en el agotamiento de las arcas reales.

El teatro de toda esta época, amado por los reyes, por la aristocracia y por el pueblo, quiere ser, y lo consigue, eminentemente popular. Los dramaturgos viven profundamente su época, y la reflejan. Todos los historiadores están de acuerdo en que la aristocracia ocupa los altos cargos pero tiene poca influencia.

El rey, seguido por su pueblo, tiene toda la autoridad material, mientras que la Iglesia, que ha mantenido durante ocho siglos una encarnizada pugna contra el Islam, lucha ahora contra el protestantismo y posee toda la autoridad espiritual y moral, que impone por medio de la Inquisición. Se puede situar en el reinado de Carlos II, es decir, en los últimos años del Siglo de Oro, el fin, al menos en bloque, del gran genio dramático español, uno de los más grandes que hayan existido.

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Volpone, también conocida como El zorro (1605), es ina comedia en verso de Ben Jonson, uno de los grandes del teatro isabelino. Se desarrolla en la Venecla del siglo XV, y su personaje central es Volpone, quien, dueño de una gran fortuna y sin descendencia, se divierte a expensas de los que le quieren heredar.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse – Historia del Teatro –
El Teatro Por Dentro – Temas Claves – Colección AULA ABIERTA SALVAT Libro Nº40
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Gobierno de Clístenes y Pisístrato en Atenas Reformas

LAS REFORMAS DE CLÍSTENES EN GRECIA ANTIGUA

Clístenes (c. 570-507 a.C.) fue un político ateniense que introdujo el gobierno democrático en la antigua Atenas. Era miembro del partido aristocrático y llegó al poder en Atenas tras el derrocamiento del tirano Hipias. En el año 580 a.C., introdujo reformas que desembocaron en un sistema político conocido como democracia. Introdujo igualmente el sistema del ostracismo en la ciudad. Para lograr sus objetivos políticos realizó  aproximadamente el 508 a.C.,  una reconstrucción fundamental del sistema político ateniense, lo que le llevó a figurar entre los principales legisladores de la antigüedad, cronológicamente después del ateniense Solón, cuya legislación defendió.

Clístenes

Con las leyes implementadas por Solón se buscó un equilibrio tendiente a satisfacer a todos. Pero esto no se logró. La aristocracia se vio perjudicada por la pérdida de su monopolio político. Los campesinos no tenían solucionado su problema de falta de tierras. Por lo tanto, el descontento estaba en ambas partes. Surgieron los desórdenes y la inestabilidad política, comenzó a destacarse un noble con inclinaciones populares: Pisístrato, sobrino del reformador Solón. Pisístrato logró formar una guardia armada y se apoderó del gobierno; comenzó así un período de tiranía.

En Grecia, se llamaba “tiranos” a quienes llegaban al poder no por vía legal sino por intermedio de la astucia o la violencia. Es decir, gobernaban sin tener derecho a ello. Durante el siglo VI a.C. este sistema se extendió por Grecia. Además de Atenas, Corinto, Somos y las ciudades jonias estuvieron gobernadas por tiranos. Pisístrato se declaró defensor de ¡as reivindicaciones del pueblo.

Pisístrato, en general, respetó las reformas políticas de su tío Solón, pero tomó una medida de caracter social que le reportaría gran popularidad: confiscó las tierras a sus enemigos nobles derrotados y las repartió entre sus seguidores campesinos. Convirtió de esta forma el Ática en una región de pequeños labradores, quienes entonces vieron cómo se cumplían sus reclamos tan esperados.

reformas de solon

Las leyes escritas por Solón provocan resistencia en Atenas, pues no pudieron complacer a las diversas clases sociales.
El grabado muestra a Solón defendiendo sus leyes ante un grupo de atenienses.

La Economía Con Pisístrato:

• Dio trabajo a sus seguidores urbanos, con la construcción de grandes obras públicas, como templos y bibliotecas.
•  Impulsó el tráfico marítimo, manteniendo buenas relaciones con las otras ciudades griegas y creando una poderosa flota.

Con sus reformas sociales y económicas, Pisístrato convirtió a Atenas en una de las polis más florecientes de Grecia.

A su muerte, en el 527 a.C, el poder pasó a sus hijos Hipias e Hiparco. En el 514 a.C. surgió una conspiración contra ambos y fue asesinado Hiparco. Su hermano entonces endureció su posición. Pero la tiranía en Atenas tenía como sistema de gobierno sus días contados. El golpe final se da en el 510 a.C, cuando una conspiración de nobles apoyada por guerreros espartanos derrocó a Hipias.

Clístenes y sus reformas
Clistenes, se puso al frente del pueblo y fue el fundador del verdadero régimen popular (507 a. C). Miles de libertos y de colonos extranjeros adquirieron el derecho de ciudadanía, pues Clístenes hizo conocer su máxima: “todo hombre libre, domiciliado en una localidad del Ática, será considerado como ciudadano ateniense”.

Hasta esa época, por obra de Solón, el pueblo estaba dividido en cuatro clases. Clístenes fraccionó el territorio en cien demos (pueblos o aldeas) que a su vez, formaban diez tribus cuyos integrantes eran iguales ante la ley.

Para evitar divisiones sociales cada tribu comprendía igual número de habitantes urbanos, del litoral y de la campaña. Tenían derecho a enviar 50 miembros al Senado y 500 a la Asamblea popular.

Durante su mandato, todos los ciudadanos podían llegar a desempeñar funciones públicas.

Para impedir el surgimiento de nuevos tiranos, Clístenes introdujo la institución del ostracismo (de ostrakón: valva de ostra para votar, en la que se escribía el nombre) que consistía en el destierro, por diez años, de todo ciudadano que se tornara indeseable para la tranquilidad pública. Sólo la Asamblea estaba facultada para dictaminarlo y el acusado podía regresar al cabo de ese lapso. No era una pena, sino una medida política; por esa causa no eran confiscados sus bienes ni perdía sus derechos de ciudadano

Al conceder a la mayoría del pueblo la participación en el gobierno, Clístenes introdujo la democracia.

El gobierno ateniense:
A partir del año 503 (a. C), época en que comenzaron a aplicarse las reformas de Clístenes, el gobierno ateniense fue una democracia. El pueblo se transformó en soberano de sus propios destinos y todos los ciudadanos tenían idénticos derechos.  Las magistraturas eran electivas; los funcionarios, elegidos por sorteo, duraban generalmente un año al frente de su cargo y, transcurrido ese lapso, la Asamblea juzgaba su actuación.

Anuló la división de la sociedad en cuatro clases de acuerdo con la riqueza, ideada por Solón: estableció una nueva distribución social basada en el domicilio de las personas. Dividió a la polis ateniense en comunas o circunscripciones llamadas demos. Se pertenecía a un demos por habitar en una determinada zona, no por ser de una familia de la aristocracia o tener fortuna. Todos los ciudadanos, nobles o no, ricos y pobres, debían estar inscriptos en el demos. Los demos, a su vez, se agrupaban y formaban una tribu o distrito. En las tribus se incluía tanto a campesinos como a comerciantes y terratenientes.

El gobierno ateniense comprendía las siguientes instituciones: el Arcontado, el Consejo o Senado (Bulé), la Asamblea del pueblo, los estrategos y, además, dos tribunales: del Areópago y de los Heliastas.

a)   El Arcontado. Con el desarrollo de la democracia, los nueve arcontes, que desde los tiempos primitivos dirigían todos los asuntos de Estado, fueron perdiendo autoridad. Finalmente, conservaron atribuciones de carácter judicial y religioso.

b)  El Consejo o Senado (Bulé). Luego de las reformas de Clístenes, lo integraban 500 miembros (buleutas), sorteados anualmente, entre ciudadanos mayores de treinta años. Para deliberar —debido a su número— se dividían en diez secciones con 50 miembros cada una, que trabajaban una décima parte del año.Este consejo tenía muy amplias atribuciones, especialmente legislativas. Estudiaba todas las cuestiones de Estado, preparaba y discutía los proyectos de ley y se ocupaba de las relaciones con el extranjero.

c)   La Asamblea del pueblo (Ecclesia). La componían todos los ciudadanos mayores de veinte años y era convocada, generalmente, cada ocho días; se reunía al aire libre, en la plaza (Agora) o bien en las proximidades de la Acrópolis. La Asamblea estaba facultada para declarar la guerra, elegir anualmente los funcionarios y examinar su actuación; además, condenar al ostracismo y otorgar la ciudadanía.

d)  Los estrategos. A partir del siglo V (a. C), diez estrategos reemplazaron al arconte polemarca en el mando del ejército y de las fuerzas navales.Podían ser reelectos y en caso de guerra uno solo dirigía las operaciones. Con el transcurso del tiempo, aumentaron su prestigio y algunos -como Pericles– ocuparon las más altas dignidades.

e)   El Areópago. A pesar de que conservó su autoridad moral, prácticamente perdió muchas atribuciones. Juzgaba los crímenes y a los culpables de incendios; además, vigilaba la educación y las costumbres.

f)  El tribunal de los Heliastas. Lo integraban 6.000 jueces (600 por tribu) sorteados entre los ciudadanos mayores de treinta años. Como era un cuerpo demasiado numeroso, para sus deliberaciones se dividía en diez secciones de 500 miembros cada una y elegían 1.000 suplentes. Esta cantidad excesiva de jueces fue perjudicial para el  recto cumplimiento de la justicia. Las atribuciones de este tribunal eran muy amplias, pues entendía en todas las causas judiciales, exceptuando los asesinatos, que correspondían al Areópago.

Fuente Consultada:
HISTORIA 1  Edit. Troquel José Cosmelli Ibañez

La Higiene en la Alimentacion El Cuidado de la Salud Personal

La Higiene en la Alimentación
El Cuidado de la Salud Personal

la higiene en el pasado

Imagen de 1870 cuando anciana en Venecia despioja a una joven que vivían a sus anchas en ropas y cabellos.

  Las Pestes en la Historia
  La Medicina en Grecia y Roma
  Vivir en la Edad Media
  Malas Noticias en el Mundo

LA HIGIENE DE LA ALIMENTACIÓN.
Toda persona en condiciones normales suele orientarse por sí misma, sea por el apetito, sea por la costumbre, hacia una dieta conveniente para su salud. De todos modos, hoy se cometen en el campo de la alimentación muchos abusos, los cuales pueden desembocar en diversos trastornos del organismo.

La nutrición de un hombre normal será suficiente si toma al día un litro de leche, una ensalada y dos platos complementarios de verduras tiernas, un plato de carne y dos huevos, a lo cual puede añadirse pan, mantequilla y fruta.

La dieta vegetariana pura contiene únicamente verduras y frutas, y si no se le adicionan otros alimentos, prácticamente no puede proporcionar una nutrición suficiente, puesto que el intestino humano no está acondicionado para contener la cantidad de alimentos que serían necesarios para un régimen a base de verduras solamente. La dieta lactoovo-vegetariana, constituida por leche, huevos y verduras, es más normal y con ella no se sobrecarga el tubo digestivo y, en cambio, se proporcionan al organismo suficientes calorías.

Es importante mantenerse en un término medio, pues la ingestión de carne no envilece, como creen algunas personas, sino que constituye un medio normal de adquirir proteínas y otras sustancias de tipo vitamínico, pero no debe abusarse de comidas muy sobrecargagas de proteínas y grasas, defecto muy extendido entre las clases sociales pudientes, pues ello ocasiona no pocos trastornos, como la arteriesclerosis, la obesidad, lesiones cardíacas, etc. La alimentación será, pues, sencilla, proporcionada, con suficiente, pero no excesiva, cantidad de proteínas y con un claro predominio de alimentos frescos y naturales (frutas, verduras, etc.).

La leche de vaca posee la mayoría de los elementos nutritivos necesarios: proteínas, azúcar, grasas, sales minerales, etc. La calidad de proteínas que contiene es parecida a la de las carnes y muy superior a la de las gramíneas y verduras. El azúcar de la leche se denomina lactosa e interviene activamente en el proceso de la agnación de la leche, pues fermenta y da lugar a ácido láctico.

La grasa de la leche contiene gran cantidad de vitamina A. Entre sus sales, la más abundante es el calcio. También es rica en vitaminas B, E y D. La leche es el alimento más fácilmente digerible, puesto que se aprovecha con suma facilidad todo su contenido. Entre los productos lácteos destacan por su gran poder alimenticio la mantequilla y el queso.

La carne es muy rica en proteínas, mientras que su contenido en grasa varía según su naturaleza. Posee escasas vitaminas, aunque el valor alimenticio de algunos productos animales (hígado, por ejemplo) es bastante elevado. El inconveniente que presenta la ingestión de carnes son sus residuos, ya que a veces cuestan de eliminar y predisponen para diversas enfermedades. En la dieta normal no debe incluirse un plato de carne y pescado en la misma comida.

El pescado no difiere en cuanto a su valor nutritivo de las carnes en general, pero se ha de prestar gran atención a su conservación, pues se deteriora con facilidad.

Los huevos poseen gran valor nutritivo. Sus proteínas son de excepcional calidad y su grasa se asimila por el organismo con suma facilidad. Contienen vitaminas en cantidad apreciable y diversos minerales (calcio, fósforo, hierro). Después de la leche, el huevo es el mejor alimento para un organismo en crecimiento.

El trigo contiene almidón, proteínas, vitaminas y minerales en abundancia. La harina corriente obtenida a partir del mismo, a pesar de habérsele separado gran parte del salvado, retiene muchas de sus sustancias nutritivas. El centeno es parecido en su composición al trigo, pero el pan que se obtiene con él, resulta más oscuro. La cebada suele utilizarse para ser añadida a la sopa, papillas, etc.

El maíz se emplea sobre todo en la nutrición del ganado, pero también constituye un buen alimento para el hombre. Contiene más grasa que otros granos. La avena posee también mucha grasa y se emplea, principalmente, para los desayunos. Es laxante. El arroz es el alimento básico de diversos pueblos orientales.

El contenido en azúcares de las gramíneas es casi constante. Sus proteínas no son de gran calidad y suelen carecer de algún que otro elemento imprescindible para la dieta del hombre.

Entre los azúcares, el que corrientemente se consume es la sacarosa, que se desdobla en el organismo en dos partes: glucosa y levulosa. La primera es la que se asimila. Hay muchas sustancias alimenticias que contienen gran cantidad de azúcar: jarabes, miel, frutas en conserva, mermeladas, compota, jaleas, confituras, etc.

El azúcar se asimila con facilidad y ofrece al organismo los hidratos de carbono en forma pura, produce una rápida recuperación de energías y es conocido el hecho de que muchos individuos sometidos a intensas pruebas físicas (deportistas, etc.) resisten mejor si toman azúcar durante las mismas. Otra gran ventaja de este alimento es la sensación de saciedad que proporciona.

Es útil que las personas sometidas a dietas de adelgazamiento o escasas por cualquier otra razón, tomen siempre un postre azucarado, ya que con ello queda satisfecho su apetito. No hay que abusar, por otra parte, de este alimento, puesto que, ingerido en gran cantidad, puede producir una irritación del tubo digestivo, así como coadyuvar a la obesidad.

Las verduras son muy útiles por su gran contenido en vitaminas, minerales (hierro), pero carecen casi por completo de valor calórico, Sirven, además, para regularizar el régimen intestinal, pues la gran cantidad de residuos (sobre todo celulosa), favorece la marcha de las deposiciones. Su cocción destruye muchas de sus vitaminas.

Reformas de Solon en Atenas Conflictos por los derechos civiles Grecia

Reformas de Solón en Atenas

Hacia fines de siglo VII antes de Cristo, la situación en Atenas se agravó notablemente; los pobres, en extremo exasperados, se aprontaban para liberarse de la opresión de los nobles y obtener participación en el gobierno de la ciudad. Los nobles, entre tanto, estaban decididos a defender a todo precio sus privilegios. ¿Quién podría en tales circunstancias salvar a Atenas de la guerra civil?

Parecerá extraño que en un momento tan dramático de la historia de Atenas se haya pensado en recurrir a un filósofo en lugar de a un político, pero no debemos olvidar que los atenienses sentían verdadera veneración por los hombres sabios y virtuosos, a quienes consideraban capaces de resolver las situaciones más difíciles. Y así fue como en el 594 antes de Cristo, el pueblo nombró arconte (único) a Solón, con la misión de introducir reformas que satisficieran a ricos y pobres.

El hecho de que un hombre perdiera la libertad al no hallarse en condiciones de pagar deudas contraídas, indignaba sobremanera a Solón y lo llevó a adoptar una decisión manifiestamente valerosa: declaró abolidas todas las deudas de esa naturaleza. Dispuso además que se libertara a todos los ciudadanos reducidos a la esclavitud por deudas, y ordenó que de entonces en adelante no se debía privar de su libertad a un ciudadano por semejante motivo.

SOLÓN: Legislador y político (640-558 a. C.)

Descendiente de una ilustre familia ateniense, Solón tenía entre sus ancestros al rey Codro y por el lado de su madre era sobrino de Pisístrato, En el año 594 a. G. recobró la isla de Salamina, que estaba en poder de los megarenses; luego, en el desempeño de su arcontado, llevó a cabo tan acertadas reformas que los atenienses pensaron que Solón era el hombre indicado para resolver los conflictos en que se debatía Atenas i fue elegido entonces legislador. Su legado a la patria fueron las leyes que llevan su nombre y que constituyen el fundamento de la grandeza de Atenas.

Su Constitución fue esencialmente democrática, ya que dio participación en el gobierno a todos los ciudadanos. Sus reformas alcanzaron al orden social y político, a la organización del gobierno de Atenas y a las instituciones civiles. Luego Solón decidió dejar que sus conciudadanos hicieran uso de la libertad y de las instituciones que él les había dado, sin el peso de su presencia y su prestigio, y se desterró voluntariamente de Atenas.

Durante su ausencia, que duró diez años, viajó por Egipto, Chipre y Asia Menor; a su regreso comprobó apenado que las clases más desprotegidas, a quienes había dado libertad y beneficios de todo orden, no habían sabido aprovecharlas. Según la tradición, al morir, sus cenizas fueron esparcidas por el suelo de Salamina como había sido su deseo. Por su grandiosa obra se lo incluyó entre los siete sabios de Grecia.

RESUMEN DE LAS REFORMAS DE SOLON EN ATENAS: Solón (cerca de 630 a.C. a cerca de 560 a.C.). Solón fue un estadista y reformador ateniense, para no mencionar su magia como recitador de versos. Este importante griego se volvió figura pública al inducir a los atenienses a la acción militar contra Megara por medio de un vehemente poema. Gracias a su elocuencia fue escogido para revisar el duro código de leyes de Dracón.

Tenía además otros talentos. Solón reorganizó las instituciones públicas, incluyendo el senado y la asamblea popular, acuñó monedas, reformó el sistema de pesas y medidas y fortaleció el comercio ateniense. Como resultado de todo ello su nombre llegó a ser sinónimo de legislador.

Hasta el siglo VIII a. de C. los griegos estaban divididos en grupos de familias llamado oikos, los cuales cada uno de ello tenia un jefe. En el siglo VIII a. de C. surgió la necesidad de agrupar todos los oikos, comandados por una sola autoridad, política, diferenciándose de la autoridad familiar. A esta agrupación se la llamo: POLIS.

Las polis, por lo tanto, eran agrupaciones de ciudadanos (no extranjeros), que mediante la discusión publica y el voto trataban y decidían sobre las medidas a tomar en los diversos problemas políticos y sociales. La definición de Polis más común es la Ciudad-Estado, porque entre los griegos la autoridad estaba en la polis misma, en el conjunto de ciudadanos que la conformaban.

Por todo esto el significado mas antiguo de política esta relacionado con todo lo que se refiere a la ciudad y los ciudadanos: lo civil, lo publico, lo social, y en especial la forma de organizar el gobierno.

El conjunto de polis o metrópolis no constituía una unidad política, pero sus habitantes se consideraban parte de una misma comunidad, el mundo griego, porque compartían la lengua, la religión y tradiciones. Una de las tradiciones fueron las olimpiadas cada 4 años en Olimpia desde el 776 a. de C.

El asentamiento urbano de las mismas, se estableció en el ACRÓPOLIS, lugar elevado y defendido, en donde se encontraban los edificios públicos, y que servia de refugio en casos de peligro. Bajando hacia la llanura se encontraban las casas y las tierras de los ciudadanos, luego continuaban campos entre colinas de propiedad comunitaria, en donde pastoreaban los animales y trabajaban los leñadores.

La polis de Atenas, estaba formado por familias patridas, es decir, familias aristocráticas o bien nacidas, y cuando gobernaron lo hicieron pensando en sus propios intereses. De este modo el pueblo comenzó a reclamar justicia, ya que día a día iban perdiendo sus tierras y animales.

Como durante este gobierno aristocrático no había leyes escritas, y su aplicación dependía del juez de turno, dio origen a situaciones muy injustas, en el 621 a. de C. , un funcionario del gobierno, llamado DRACON redactó el primer código de leyes de la ciudad. Las leyes escritas, limitó el poder de los jueces eupátridas, porque ahora fueron conocidas públicamente. Sin embargo estas leyes no resolvieron los problemas, pues según un griego de la época decía que las leyes de Dracon fueron escrita con sangre y no con tinta, y por lo tanto nunca pudieron aplicarse por su dureza. Es común escuchar el termino draconiano, como sinónimo de rigor.

A pesar de la reforma, la aristocracia continúa esclavizando a los pobres, que por su parte reclaman la repartición de las grandes propiedades. Los conflictos se agravan, pues las injusticias y la esclavitud no fueron corregidas.

Sin embargo, cuando la lucha está a punto de estallar, los partidos enemigos aceptan someterse al arbitraje de un integrante de una familia eupátrida en el 594 a. de C. conocido como Solón, muy  estimado por su sabiduría y su moderación (-592, -591).

Poeta sensible, se conmovió por los desórdenes y la triste situación del Ática, pero al mismo tiempo su profesión de comerciante le hizo encarar con espíritu práctico los problemas de la clase media.

Solón decreta la anulación de todas las deudas, y en lo sucesivo no se solicitarán préstamos dando como fianza la propia persona. Orienta la economía ateniense hacia el cultivo del olivo y de la vid, favorece la industria y el comercio, reforma el sistema de pesas y medidas y dota a su ciudad de una moneda más cómoda y liviana. Sustituye el sistema monetario de Egina por el de Eubea, que al usarse en Corinto y otras regiones permite a Atenas y a su clase comerciante una mayor expansión económica y nuevas posibilidades de riqueza.

Por haber concedido Solón a las dos primeras clases —es decir a los ciudadanos más pudientes— el derecho de desempeñar las funciones más elevadas, pudo interpretarse que había introducido sólo escasas modificaciones en la constitución precedente. Sin embargo no fue así, dado que si un ciudadano, por su propia capacidad, podía mejorar su situación económica, pasaba a inscribirse en las dos primeras clases. De aquí en adelante el pueblo tuvo la posibilidad de llegar al gobierno. Gracias a Solón, Atenas allanó los privilegios de sangre y se orientó hacia un régimen más democrático.

Esta riqueza, que puede adquirirse, es la única distinción establecida para clasificar a la población y repartir los derechos y los deberes de los ciudadanos. Los privilegios del nacimiento están reemplazados por los de la fortuna. Solamente los ciudadanos más ricos (las dos primeras clases) pueden ser arcontes y por consiguiente sentarse en el Areópago, pero la Asamblea del pueblo, la Ecclesia, está abierta a todos los ciudadanos.

Se crea un nuevo consejo, el de los Cuatrocientos, o Bulé (ciudadanos mayores de treinta años) y un tribunal popular, el de los Heliastas, cuyos miembros mayores de veinte años podían pertenecer hasta la última clase. Ecclesia, Bulé y el tribunal de los Heliastas no tienen entonces más que poderes reducidos, pero terminarán en el siglo -V por acaparar casi todas las atribuciones políticas y judiciales de los arcontes y del Areópago.

Solón ha libertado a los campesinos pobres, ha empezado a restaurar la pequeña propiedad, y sin haberlo querido coloca de este modo los cimientos de la futura democracia. Su obra señala en la historia de Atenas un cambio decisivo, pero en aquel’ momento no satisfizo a ninguno: las reformas eran consideradas excesivas por los grandes agricultores de las llanuras e insuficientes por los pequeños campesinos y los pastores de la .montaña, que formaban el partido popular. Las luchas sociales comenzaron de nuevo.

Las reformas mas importantes que marcaron el camino hacia la democracia. Solón, se llamo este hombre.

Las reformas más importantes fueron:
* Abolió las deudas de los campesinos pequeños
* Prohibió que por cualquier causa un ciudadano caiga en la esclavitud.
* Estableció que todos los hermanos heredarán por igual.
* Los esclavos debían ser tratados con humanidad.
* Los extranjeros podían acceder a la ciudadanía.
* Los hijos se educaban en el hogar doméstico y el estado los reclamaba a los 16 años para la vida militar. 

A los 20 años tenían todos los derechos y obligaciones de un ciudadano. Dividió al conjunto de ciudadanos en cuatro grupos según su riqueza, sin tener en cuenta su origen familiar. Los más ricos podían integrar el arcontado, para la discusión de la leyes, sin pertenecer a familias eupátridas.

Estas leyes produjeron cierta paz y prosperidad, pues alivio la pobreza y las injusticias. El siguiente arconte reformador de estas leyes, fue: Clístenes.

Las reformas de Dracón en Atenas

Las reformas de Dracón en Atenas

Dracón (siglo séptimo a.C.)- Atenas escogió a este funcionario para redactar sus leyes, las primeras escritas en Grecia, hacia el año 620 a.C. Las severas leyes de Dracón hacían del estado el acusador exclusivo de aquéllos procesados por crímenes, eliminaban la justicia privada y castigaban con la muerte muchas faltas. El término draconiano se refiere todavía a un castigo severo. Sin embargo, los atenienses adoraban a Dracón.

En cierta ocasión entraba a un auditorio para asistir a una recepción en su honor, y los atenienses le dispensaron la acostumbrada y festiva acogida, sumergiéndolo prácticamente bajo sus sombreros y mantos.

Dracón cayó y, como se quedara sospechosamente tranquilo, los atenienses levantaron todas las ropas y lo encontraron muerto por asfixia.

draco, reformador griegoDesde la mitad del siglo -VII un malestar que va en aumento pesa sobre el Ática; El régimen aristocrático  se resquebrajaba por sus propios abusos. Los pequeños propietarios, quizás arruinados por la competencia de trigo extranjero más barato, están obligados , en los años pobres, d escasas cosechas a pedir prestado trigo a los dueños de los grandes dominios.

Si no pueden pagar sus deudas, quedan reducidos a la condición de arrendatarios sobre las tierras que antes les pertenecían, o peor aún, se convierten en esclavos. Nada pueden esperar ni de la justicia ni del poder público.

Uno y otro están en manos de los que explotan su miseria. A estos descontentos se añadirán más tarde los plebeyos enriquecidos por el comercio o los artesanos, que no aceptarán más ser excluidos del poder político que acapara la nobleza. La guerra civil parece amenazar a la sociedad ateniense, y los nobles deben hacer concesiones.

Un noble, Dracón, publica en el año -621 leyes escritas; la aristocracia pierde así la posibilidad de interpretar a su voluntad las tradiciones orales y la libertad de administrar la justicia a su conveniencia. El estado y no la familia se atribuye ahora el derecho de castigar los crímenes: la solidaridad del clan se ve amenazada.

Estas leyes deben demostrar que la justicia pública es superior a la privada; tienen que ser muy severas para tranquilizar a la víctima y suprimir la venganza. La falta más leve es a veces castigada con la pena de muerte; pero la ley es para todos. A pesar de la reforma, la aristocracia continúa esclavizando a los pobres, que por su parte reclaman la repartición de las grandes propiedades. Los conflictos se agravan.

Sin embargo, cuando la lucha está a punto de estallar, los partidos enemigos aceptan someterse al arbitraje de Solón, un hijo de nobles estimado por su sabiduría y su moderación (-592, -591). Poeta sensible, se conmovió por los desórdenes y la triste situación del Ática, pero al mismo tiempo su profesión de comerciante le hizo encarar con espíritu práctico los problemas de la clase media.

Guerra del Peloponeso Atenas y Esparta Decadencia de Atenas Causas

Guerra del Peloponeso: Atenas y Esparta

Las victorias de Atenas, su florecimiento rápido, casi a raíz de su destrucción, y el éxito de la liga de Delfos habían hecho que aquella ciudad fuera en breve tiempo una potencia de primer orden. Tebas y Corinto, a quienes inquietaba la ambición de Atenas, su vecina, se unieron a Esparta para hacer fracasar los proyectos de engrandecimiento que ésta perseguía.

Grecia se encontró dividida en dos confederaciones una compuesta de los estados del Peloponeso y Grecia central, bajo la dirección de Esparta, y otra que comprendía las islas y costas del mar Egeo, bajo la dirección de Atenas. Desde entonces, una triple rivalidad puso frente a frente a las dos ciudades 1) rivalidad de ambición y de intereses; 2) rivalidad de raza entre dorios y jonios, y 3) la rivalidad política entre una aristocracia y una democracia.

Terminadas las guerras médicas, esa situación debía provocar, en menos de diez y ocho años, una guerra cutre los griegos. Pero ésta no fue solamente la querella de los dos estados que se disputaban la supremacía; todo el mundo griego intervino en la lucha, pues si Esparta tuvo por aliados a todos los dorios de Grecia, de Asia y de Italia, Atenas reunió en torno suyo a todos los jonios.

Además, las inquinas políticas entre aristócratas y demócratas suscitaron en todas las ciudades la guerra civil; a los primeros los sostuvo Esparta, y a los segundos, Atenas. Se batieron con ferocidad y encarnizamiento inauditos, y hasta en las extremidades del mundo griego, o sea en Sicilia y Tracia, hubo porfiada lucha.

La chispa que encendió la guerra fue una revuelta de Corcira contra su metrópoli Corinto. Como Atenas se puso de parte de Corcira y los corintios se quejaron a sus aliados del Peloponeso éstos decidieron la guerra contra Atenas. Esa lucha duró veintisiete años (431-404) y se llamó guerra del Peloponeso, que tuvo por testigos a los historiadores Tucídides y Jenofonte, que la han contado.

GUERRA DEL PELOPONESO:

Esta guerra se puede dividir en tres períodos:

1) guerra de los diez años,
2) expedición de Sicilia, y
3) guerra de Decelia.

1. Los espartanos se limitaron desde luego a invadir y asolar el Ática, mientras que los atenienses se dieron a saquear las costas del Peloponeso, según el plan de Pendes, que quería que Atenas no se cuidara de conquistas territoriales y se hiciera completamente dueña del mar. Por causa del hacinamiento de gente que hubo en Atenas, hacinamiento debido a los numerosos campesinos que temiendo a las incursiones del enemigo fueron a refugiarse allí, se declaró una peste terrible, de la cual murió Pendes, y que diezmó la población (429). El curtidor Cleòn, hombre nuevo, sucedió en el favor popular al célebre orador y político; el ataque por sorpresa, decidido a instancias de Cleón, valió a los atenienses la captura de 300 espartanos y la ocupación de la isla de Esfacteria, en la costa oeste del Peloponeso.

Esparta, para vengar el descalabro, se propuso sitiar por hambre a Atenas, y con este fin ocupó la Tracia, que era el granero de aquella ciudad. El general espartano Brasidas tomó a Anfipolis, y Cleón, que había partido para recobrarla, fue vencido por el espartano, pereciendo con su adversario en la batalla. Entonces se firmó la paz de Nicias (421), por la cual los dos estados se restituían sus respectivas conquistas.

2. Los atenienses se apasionaron entonces por un sobrino de Pendes, llamado Alcibiades, el más rico y hermoso de los griegos, al que sus excentricidades, más aun que sus cualidades, hicieron popular en aquel pueblo de desocupados. Su ambición lo llevó a soñar con grandes proyectos y a persuadir a los atenienses que se dominaría a Esparta conquistando las ciudades dóricas de Sicilia y haciéndose dueños del mar y d las costas. Los súbditos de la ciudad de Siracusa, la más poderosa de aquellas ciudades, estaban a la sazón amotinados. Atenas resolvió sostenerlos, y en medio de un entusiasmo delirante partió tina expedición compuesta de 134 barcos y 10.000 hombres (415).

Pero Alcibíades, poco después, acusado de la sacrílega mutilación de lar estatuas de Hermes, tuvo que huir, refugiándose entre los espartanos. Su colega Nicias dirigió el asedio con poca actividad. Siracusa pudo recibir de Esparta socorros y un buen general, llamado Cilipo, que supo encerrar a los atenienses en sus propias trincheras y transformarlos de sitiadores en sitiados. A pesar de los socorros recibidos, los atenienses fracasaron en el asalto; su flota, bloqueada en la rada, fue destruida; levantaron el sitio e intentaron batirse en retirada, lo cual fue un desastre complet5 todos perecieron o fueron hechos prisioneros (414).

3. Atenas parecía perdida; su flota había sido destruida y así también su ejército. Esparta había puesto una guarnición en la fortaleza de Decelia, en las puertas del ática, y negociaba con el partido aristocrático. Movida por un magnifico arranque de desesperación, Atenas reconstruyó una flota. El teatro principal de las operaciones fue el noreste del mar Egeo porque de Tracia y por el Bósforo los atenienses recibían el trigo. Alcibíades reconciliado con Atenas reconquistó las costas de Asia y de Tracia. Desterrado de nuevo cedió el puesto a Conón que venció a los espartanos en las islas Arginusas entre la isla de Lesbos y la costa de Asia. Los atenienses recobraron confianza en grado de despreciar la flota que el hábil general espartano

Lisandro había construido con el dinero de los persas, entonces aliados de Esparta. Lisandro los sorprendió en Egos Pòtamos, en los Dardanelos, y destruyó su flota. Después pasó a poner sitio a Atenas que, diezmada por el hambre y traicionada por los aristócratas se rindió a los peloponenses (-404). Los vencedores le impusieron duras condiciones tuvo que destruir los Muros Largos y los fuertes del Pireo, entregar sus barcos menos doce y llamar a los desterrados ser aliada de Esparta.

CARÁCTER DE LA GUERRA: La ferocidad caracterizó aquella guerra, y los adversarios se mostraron verdaderamente inhumanos. Al principio, los espartanos degollaron a los defensores de Platea y los atenienses pasaron a cuchillo a los nobles de Gorcira. Los siracusanos hicieron perecer a la mayor parte de los prisioneros atenienses en las canteras llamadas latornias; en el último periodo, exacerbados los ánimos por la duración de la lucha los atenienses pensaron terminar en breve, aterrorizando a sus enemigos; con ese fin, decretaron mutilar a todo prisionero cogido en el mar y hasta llegaron a condenar a muerte a las dotaciones de dos galeras: así que, ganado el combate de Egos Pótamos, el victorioso Lisandro hiciera degollar a sangre fría a 3,000 prisioneros atenienses y que él personalmente iniciara la matanza acuchillando a uno de los generales.

CONSECUENCIAS DE LA GUERRA: La victoria de Esparta señaló el fin del poder de Atenas. Los antiguos aliados de Delfos, a quienes se había prometido la libertad, cambiaron de dueño solamente y Grecia entera pareció un momento que era un imperio espartano. En cada ciudad hubo un gobernador aristocrático adicto a Esparta, y para sostener la autoridad de éste una guarnición espartana. Los persas continuaron facilitando el dinero necesario a esa dominación; pero la crueldad de los vencedores suscitó bien pronto las revueltas y Atenas dio la señal de insurrección.

Atenas estaba gobernada por un consejo aristocrático de 30 miembros, llamados los Treinta tiranos. Estosdesterraron o hicieron perecer a más de 1,500 demócratas, y su yugo llegó a ser tan insoportable, que una cuadrilla de desterrados mandados por Trasìbulo entró en Atenas con la complicidad del pueblo expulsé a los tiranos y restableció la democracia. Para poner término a las guerras civiles se voté la amnistía, es decir el olvido de las injurias, y Atenas pudo volver a ser una gran ciudad.

Aunque se habìa votado la amnistía, el odio popular se manifestó durante mucho tiempo contra los nobles y los amigos de èstos. Sócrates, injustamente comprendido en dicho número, fue víctima inocente de aquella reacción.

El filósofo Sócrates durante toda su vida fue considerado por sus conciudadanos como un hombre extraordinario. Hombre integro y soldado animoso, no quiso cuidarse de política. Pobre, se negaba a recibir honorarios por sus lecciones como, al contrario, hacían los otros filósofos. Por último, era feo, lo cual se tenía por grave defecto entre los atenienses. No enseñaba en una escuela, sino que se paseaba rodeado de muchos admirad6res y discípulos a quienes planteaba problemas de filosofía, que discutía con ellos, conversando familiarmente.

Ciertos filósofos trataban de explicarse las leyes de la naturaleza; otros, llamados sofistas, enseñaban el arte de razonar y sostener indiferentemente todas las opiniones. La filosofía de Sócrates tenia por base la moral. El primero de todos los preceptos suyos, fue el famoso « conócete a ti mismo e. Con gran altura de miras, mostraba la diferencia que hay entre el bien y el mal, proclamaba la inmortalidad del alma y la existencia de una Providencia superior a todos los dioses particulares. Tuvo grandísimo ascendiente sobre todos los hombres cultos de su tiempo. tales como Pendes y Alcibíades. Su doctrina nos ha sido transmitida por dos discípulos suyos, Jenofonte, en sus Memorias, y PLATÓN, fundador de la escuela llamada Academia, en sus admirablesDiálogos.

No comprendido por el pueblo, porque habla criticado ciertas partes de la constitución de Atenas, se le acusé de haber favorecido a los Treinta y corrompido la juventud, enseñándole doctrinas contrarias a la religión de la ciudad. A pesar de esta acusación, se había resuelto no condenarle a muerte; pero Sócrates se complació en irritar a sus jueces, diciendo «Por haberme consagrado al servicio de mi patria, trabajando para hacer virtuosos a mis conciudadanos, propongo que se me condene a ser mantenido en el Pritaneo a costa del Estado.» Esta provocación decidió su condenación.

Los condenados a muerte bebían un tósigo preparado con cicuta. Sócrates bebió el veneno en medio de sus amigos, que lloraban, y murió a los 70 años con la serenidad propia de un gran hombre de bien y de un mártir de la razón humana (-339)

CAUSA DE LA DECADENCIA DE ATENAS: Después de la guerra del Peloponeso, y gracias a su notable vitalidad, Atenas consiguió recobrar un puesto honroso en Grecia. Quedó siendo la capital de la civilización griega, pero fue desposeída de su imperio marítimo. Tres causas provocaron esta decadencia la confianza• orgullosa que tuvo en sus fuerzas, el excesivo cuidado de los intereses particulares, y la versatilidad extremada de su democracia, que fue incapaz de perseguir designios de larga duración.

En efecto, trató a sus aliados con muchísimo rigor; exigió de ellos, por la fuerza, abrumadores tributos sin que atendiera nunca a conquistarlos moralmente. Además, sus ciudadanos perdieron en la prosperidad una parte de las cualidades de sus antepasados. Pensaron menos en la grandeza del estado que en la fortuna personal.

Hicieron la guerra y la paz cuando convenía a los intereses comerciales, frecuentemente repugnándoles mucho la carrera de las armas. Por último, el pueblo que por votación decidía de todo, mostró increíble volubilidad; si un día soñaba con la conquista del mundo, poco tiempo después, atemorizado por el primer revés, sentía amargamente la determinación que a ello le movió. Cuando la gran voz de Pendes cesó de dirigirle, no escuchó sino a los que halagaban sus pasiones; pasó su tiempo en cambiar de consejeros y de política, y se consumió en vanas querellas que facilitaron mucho la victoria de los espartanos.

LOS DEMAGOGOS: Los demagogos, que dirigían al pueblo, eran oradores que miraban menos por la grandeza de la patria que por la popularidad y los beneficios que esa popularidad les proporcionaba. Seguían la opinión pública, expresaban los odios o los entusiasmos de los electores, halagaban las pasiones de éstos y valiéndose de esos medios obtenían del sufragio popular los poderes y los honores. Tal fue el papel que representaron Cleón y Alcibíades durante la guerra del Peloponeso.

Cleón, curtidor de oficio, gustaba al pueblo porque era de modesto origen, porque odiaba a los nobles, porque su elocuencia era vigorosa y ruda, y porque sus mociones denotaban mucho atrevimiento. Él fue el primer ciudadano que a pesar de su humilde nacimiento ejerció en Atenas el cargo de dirigir los asuntos públicos. Cleón no tenía la sólida instrucción, ni la educación política de Pendes; pero fue emprendedor y bravo, supo exponer su persona y morir en la guerra de Anfípolis, que él mismo había propuesto y votado.

Alcibíades fue un demagogo de alta alcurnia. Pretendia continuar la política de Pendes, su tío, y sus talentos justificaban esta pretensión La naturaleza le había colmado de dones, pues era el más hermoso y el más rico de Atenas al mismo tiempo que buen soldado y buen orador. Fue el niño mimado de los atenienses a quienes agradaba cuanto era suyo discursos, larguezas y hasta extravagancias. Pero era un vanidoso que apetecía el elogio público excesivo y que era incapaz de dominar el enojo cuando estaba contrariado. Arrastró a Atenas a la azarosa expedición de Sicilia y, una vez en el destierro, cometió la infamia de incitar a los espartanos y a los persas contra su patria.

Descontento de Esparta, se puso de nuevo al servicio de Atenas que, con indulgencia extraña, lo recibió como un hijo pródigo; fue maldecido públicamente y asimismo perdonado. Y hubo que desterrarlo de nuevo, porque su ambición estrepitosa hacía que fuera un peligro para la república. Aquel traidor fue el genio maléfico de su patria.

ESPARTA Y LOS PERSAS: A pesar de las faltas que cometieron los atenienses, Esparta no hubiera podido con sus propias fuerzas dominar a su rival. Esparta era, en efecto, muy temible por tierra, pero Atenas lo era por mar. Precisaba destruir la fuerza naval de Atenas para impedir que ésta recibiera los cereales de Tracia y el dinero de los jonios. Ese fue el plan del espartano Lisandro que, como según el decir de Plutarco, sabia coser la piel del león con la del zorro, no vaciló en aliarse a los persas. Éstos, que encontraron la oportunidad favorable de vengar los antiguos descalabros, facilitaron al general espartano el dinero y las naves que le permitieron ganar la batalla de Egos Pótamos.

El oro persa se adueñó desde entonces de las ciudades griegas, puesto que sirvió para mantener la desunión entre ellas; atenienses y tebanos lo recibieron para sublevarse contra Esparta, y ésta lo empleó para dominar a Grecia; empero, el Gran Rey bien pronto exigió de ellos el precio de sus servicios y obtuvo de Esparta elTratado de Antàlcidas, que anulaba el de Cimón y ponía a los griegos de Asia bajo la coyunda persa. Esta vergüenza que Esparta infligió a Grecia, fue para los persas el desquite de aquellas derrotas de las guerras médicas.

GRANDES HOMBRES DE GRECIA

 pericles 
Demóstenes
Su talento de orador y sus advertencias no pudieron impedir que Atenas cayese bajo dominio macedónico.
Pericles
Reelegido estratega de Atenas a lo largo de 30 años, perfecciona la democracia preparada por Solón y Clístenes, y desarrolla el imperialismo ateniense
grandes hombres de grecia antigua licurgo
Leónidas
Rey de Esparta, se sacrifica junto a 300 hoplitas para defender el desfiladero de las Termópilas frentes a los persas.
Licurgo
Al igual que Demóstenes exhorta, sin éxito, a los atenienses contra Filipo de Macedonia
general griego
Alcibíades
Rico ateniense y buen estratega, se convierte en consejero de Esparta, y, más tarde, de los persas. Después de un nuevo cambio de frente, regresa triunfal a Atenas en el 407
Epaminondas
Habilidoso táctico, impone un período de hegemonía
tebana, batiendo a Esparta enLeuctras en el 37
1
grandes hombres de grecia antiguagrandes hombres de grecia antigua
Tucidides
Separado de la política relata los enfrentamientos de los griegos en la Guerra del Peloponeso
Temístocle
Gran estratera de Atenas, dirige la resistencia contra los persas y consigue la victoria marítima de Salamina en el año 480

Esparta y Atenas Siglo de Oro Griego o Siglo de Pericles

Esparta y Atenas Siglo de Oro Griego
Siglo de Pericles

Hegemonía de Atenas: Como resultado de su brillante liderazgo durante las guerras médicas, Atenas se convirtió en el estado más influyente de Grecia. Más aún, las guerras demostraron la creciente importancia de su poder naval, especialmente tras la batalla de Salamina. Esparta, hasta entonces el mayor poder militar de Grecia, perdió su prestigio en favor de la flota ateniense.

En el 478 a. C., un gran número de estados griegos formaron una alianza voluntaria, la Liga de Delos, para expulsar a los persas de las ciudades griegas de Asia Menor. Atenas encabezó la alianza. Las victorias de la Liga, al mando del general Cimón, liberaron las costas de Asia Menor del dominio persa. No obstante, Atenas extendió su poder sobre otros miembros de la Liga de tal manera que, más que en sus aliados, se convirtieron en sus súbditos. Los atenienses exigieron un tributo a sus antiguos confederados y cuando Naxos intentó retirarse de la Liga, las fuerzas atenienses arrasaron la ciudad.

El periodo de hegemonía ateniense durante el siglo V a. C. es denominado como la ‘Edad de Oro de Atenas’. Bajo el mando de Pericles, la ciudad alcanzó su máximo esplendor. La Constitución, reformada hacia una democracia interna, contenía cláusulas tales como el pago por los servicios del jurado, lo que permitía a los ciudadanos más pobres ser parte de tal institución. Pericles se propuso hacer de Atenas la ciudad más bella del mundo.

Se construyeron el Partenón, el Erecteion y otros grandes edificios. El teatro griego alcanzó su máxima expresión con las obras trágicas de hombres como Esquilo, Sófocles y Eurípides, y el autor de comedias Aristófanes. Tucídides y Herodoto fueron famosos historiadores, y el filósofo Sócrates fue otra figura de la Atenas de Pericles quien hizo de la ciudad un centro artístico y cultural sin rival.

La edad de oro de Grecia: Grecia, pese a sus continuas guerras, fue la cuna de una extraordinaria cultura. Los escultores griegos Fidias y Praxiteles nunca fueron superados. El que sube a la Acrópolis ciudad alta descubre la armonía perfecta de las líneas puras en la esbeltez de las columnas que, a pesar de estar semiderruidas aun ofrecen un espectáculo de maravilla. Las letras y las artes brillaron durante el siglo de Pericles, Esquilo primer gran poeta dramático de Atenas dio a conocer sus ultimas producciones en el preciso instante en que Pericles empezaba a imponerse; se destacaron también Sófocle, Aristófanes, Herodoto (padre de la historia). Hipócritas fundó la ciencia medica basada en principios que aun hoy permanecen en vigor. Las artes del siglo de Pericles fue labrada más que por una simple administración, por el resplandor de las letras y las artes, cuyas ruinas aun dan la impresión de que jamás mortal alguno estuvo tan próximo a la perfección de la belleza, con la ayuda de Fidias ilustre artista elevó magníficos templos como el Partenón, los Propíleos y el Odeón. En ciertos pórticos de Atenas y de Delfos, podían contemplarse maravillosas pinturas de Polignoto, Zeuxis y Apeles considerados como los pintores más celebres de Grecia.

Pericles: la edad de oro: Según parece, algunas de las reformas y la política de grandes construcciones de Pericles, así como su afán colonizador, tuvieron corno objetivo luchar contra el pauperismo. Pero no por ello dejó de contribuir a elevar el prestigio intelectual y artístico de Atenas, que se convirtió, en su época, en «la escuela de Grecia». En efecto, diseñó por sí mismo los planos del Partenón, pidiéndole a Fidias que supervisase la edificación de todos los monumentos de la Acrópolis, junto a los mejores arquitectos y escultores. Animó el teatro, que pasó a ser gratuito, y favoreció el desarrollo de la filosofía y de la historia. Pero democracia y esplendor tienen también sus reversos: Atenas financió en gran parte sus gastos sociales, sus grandes trabajos y sus expediciones, con los tributos detraídos a las ciudades subditas o aliadas, así como con la malversación del tesoro de la Liga de Délos. 70.000 metecos y 200.000 esclavos sometidos a una ruda explotación permanecían privados de derechos políticos. Y finalmente, según Tucídides, la época se caracterizó más por el gobierno de uno solo que por el gobierno del pueblo.

Origen de la Guerras Medicas Esparta y Atenas Maraton Salamina

Origen de la Guerras Médicas
Esparta y Atenas Maraton y Salamina

Estados en guerra: Hacia el siglo V los políticos de las ciudades estado se habían polarizado hasta llegar a la confrontación entre Esparta y Atenas a comienzos de este siglo, Atenas y Esparta dejaron de lado sus diferencias para enfrentar la invasión de la Persia Aqueménida. Una fuerza expedicionaria Persa fue derrotada por Atenas en Maratón en el año 490 a. C.

Diez años después, una confederación encabezada por Atenas y Esparta derrotó a una invasión mucho mayor en la batalla naval de Salamina y en la batalla terrestre de Platea, al año siguiente las décadas posteriores a esta espectacular victoria fueron testigo del poder económico y naval de Atenas para edificar una supremacía sobre algunos de sus antiguos aliados marítimos, esto llevo inevitablemente, a una ultima prueba de fuerza con Esparta y sus aliados.  

La encarecida guerra del Peloponeso, que duró 27 años (431 – 404 a. C.) es relatada con suma maestría por el historiador Tucídides, esta guerra finalizó con la derrota de Atenas sí bien esta fue la época de oro para Atenas (siglo XV a. C.) las tragedias de Esquilo, Sófocles, la arquitectura del Partenón, etc. Que florecieron en este siglo, es por estas extraordinarias obras que la civilización griega a trascendido en el tiempo.

El siglo IV se inició con intrigas entre las ciudades estado griegas, Tebas arrebató la supremacía a Esparta en la batalla de Leuctra 371 a. C.; sin embargo a pesar del surgimiento y caída de estados individuales no existía una hegemonía duradera, la cual fue impuesta por el poder de Macedonia, su poder aumentó progresivamente durante el siglo IV hasta que el año 338 a. C. en la batalla de Queronea Filipo de Macedonia puso fin a la libertad griega.  

Las Guerras Médicas: Creso, rey de Lidia, conquistó las colonias griegas de Asia Menor en el 560 a. C., en la primera parte de su reinado (560 a. C.- 546 a. C.).

Creso fue un gobernador moderado, respetuoso con los helenos y aliado de Esparta; el gobierno lidio estimuló la vida económica, política e intelectual de las colonias. En el 546 a. C., Creso fue expulsado del trono por Ciro II el Grande, rey de Persia. A excepción de la isla de Samos, que se defendió con tenacidad, las ciudades griegas de Asia y las islas costeras pasaron a formar parte del Imperio persa.

En el 499 a. C., Jonia, ayudada por Atenas y Eretria, se volvió contra Persia. Los rebeldes tuvieron éxito, en principio, y el rey Darío I el Grande de Persia juró vengarse. Sofocó la revuelta en el 493 a. C. y, tras saquear Mileto, restableció su control absoluto sobre Jonia. Un año después, Mardonio, yerno del rey, condujo una gran flota persa para conquistar Grecia, pero casi todas sus naves fueron hundidas en el cabo de Athos. Al mismo tiempo, Darío envió emisarios a Grecia para pedir muestras de sumisión a todas las ciudades-estado.

Aunque la mayoría de los pequeños reinos consintieron, Esparta y Atenas se negaron y mataron a los emisarios persas en señal de desafío. Darío, encolerizado por tal ofensa, así como por la pérdida de su flota, preparó una segunda expedición que partió en el 490 a. C. Después de destruir Eretria, el ejército persa avanzó hacia la llanura de Maratón, cerca de Atenas. Los dirigentes atenienses pidieron ayuda a Esparta, pero el mensaje llegó durante la celebración de un festival religioso que prohibía a los espartanos abandonar la ciudad. Sin embargo, el ejército ateniense, bajo el mando de Milcíades el Joven, obtuvo una increíble victoria sobre una fuerza persa tres veces mayor que la suya.

Inmediatamente Darío dispuso una tercera expedición; su hijo, Jerjes I, quien le sucedió en el 486 a. C., reunió uno de los mayores ejércitos de toda la época antigua. En el 481 a. C., los persas cruzaron sobre un puente de naves el estrecho del Helesponto y marcharon en dirección al sur. La primera batalla tuvo lugar en el paso de las Termópilas, en el 480 a. C., donde el rey espartano Leónidas I y varios miles de soldados defendieron heroicamente el estrecho paso. Un traidor griego condujo a los persas a otro paso que permitía a los invasores acceder al primero por la retaguardia espartana.

Leónidas permitió a la mayoría de sus hombres retirarse, pero él y una fuerza de 300 espartanos y 700 téspidas resistieron hasta el final y fueron aniquilados. Los persas marcharon entonces sobre Atenas e incendiaron la ciudad abandonada. Mientras, la flota persa persiguió a la griega hasta Salamina, isla situada en el golfo de Egina (hoy, golfo Sarónico), cerca de Atenas. En la contienda naval que siguió, menos de 400 barcos griegos, al mando del político y general ateniense Temístocles, derrotaron a 1.200 embarcaciones persas. Jerjes I, que había presenciado la batalla desde su trono de oro en una colina sobre el puerto de Salamina, huyó a Asia. Al año siguiente, 479 a. C., el resto de las fuerzas persas fueron destruidas en Platea y los invasores fueron expulsados definitivamente.

Gobierno en Esparta y Atenas Aristocracia y Democracia Ostracismo

Gobierno en Esparta y Atenas
Aristocracia y Democracia – Ostracismo

ATENAS:
Los eupátridas: Los genos más poderosos se habían instalado sobre las tierras mas ricas; sus jefes formaban una aristocracia de grandes propietarios,que al mismo tiempo eran los funcionario nobles o eupátridas, hijos de padres nobles). Al comienzo del siglo -VII habían suprimido la monarquía y acapararon todo el poder. Sólo ellos podían ser arcontes (magistrados supremos en número de tres y después de nueve) y sentarse en el Areópago (consejo soberano). Sólo ellos conocen la ley por las tradiciones orales y administran la justicia favoreciendo sus intereses.

Para los plebeyos que no pertenecían a los genos, es decir, los pobres artesanos y los campesinos, el régimen era implacable. El pueblo ateniense, replegado sobre sí mismo, no tuvo ambiciones colonizadoras y vivió mucho tiempo del producto de su suelo bajo la dura autoridad de los grandes terratenientes, los nobles, pero a diferencia de Esparta, la aristocracia ateniense no experimentó la necesidad de estar armada ni de cerrar la ciudad a las influencias exteriores. Atenas pudo así evolucionar tranquilamente.

Aristocracia: El gobierno de los mejores: Los reyes perdieron el poder a favor de la aristocracia que eran los más capacitados para dirigir, poseían tierras y podían adquirir las armas imprescindibles para defender la ciudad, los que ostentaban el poder se llamaban Arcontes, al principio el cargo era vitalicio, hasta que en el siglo VIII a. C. su gobierno se limitó a una década.

Antiguos Arcontes de conducta irreprochable formaban el Areópago, un tribunal que juzgaba causas civiles y militares; las otras dos instituciones eran la Bulé, de carácter legislativo formada por 400 ciudadanos elegidos anualmente, y la ecclesia constituida por todos los ciudadanos y que votaba las leyes presentadas por la Bulé.

areopago, el gobierno en atenas

Desde la mitad del siglo -VII un malestar que va en aumento pesa sobre el Ática; el régimen aristocrático se resquebrajaba por sus propios abusos. Los pequeños propietarios, quizás arruinados por la competencia de trigo extranjero más barato, están obligados, en los años pobres, de escasas cosechas, a pedir prestado trigo a los dueños de los grandes dominios.

Si no pueden pagar sus deudas, quedan reducidos a la condición de arrendatarios sobre las tierras que antes les pertenecían, o peor aún, se convierten en esclavos. Nada pueden esperar ni de la justicia ni del poder público. Uno y otro están en manos de los que explotan su miseria,

A estos descontentos se añadirán más tarde los plebeyos enriquecidos por el comercio o los artesanos, que no aceptarán más ser excluidos del poder político que acapara la nobleza. La guerra civil parece amenazar a la sociedad ateniense, y los nobles deben hacer concesiones.

Un noble, Dracón, publica en el año -621 leyes escritas; la aristocracia pierde así la posibilidad de interpretar a su voluntad las tradiciones orales y la libertad de administrar la justicia a su conveniencia. El estado y no la familia se atribuye ahora el derecho de castigar los crímenes: la solidaridad del clan se ve amenazada. Estas leyes deben demostrar que la justicia pública es superior a la privada; tienen que ser muy severas para tranquilizar a la víctima y suprimir la venganza.

La falta más leve es a veces castigada con la pena de muerte; pero la ley es para todos. A pesar de la reforma, la aristocracia continúa esclavizando a los pobres, que por su parte reclaman la repartición de las grandes propiedades. Los conflictos se agravan.

Sin embargo, cuando la lucha está a punto de estallar, los partidos enemigos aceptan someterse al arbitraje de Solón, un hijo de nobles estimado por su sabiduría y su moderación (-592, -591).

Poeta sensible, se conmovió por los desórdenes y la triste situación del Ática, pero al mismo tiempo su profesión de comerciante le hizo encarar con espíritu práctico los problemas de la clase media. Solón decreta la anulación de todas las deudas, y en lo sucesivo no se solicitarán préstamos dando como fianza la propia persona.

Orienta la economía ateniense hacia el cultivo del olivo y de la vid, favorece la industria y el comercio, reforma el sistema de pesas y medidas y dota a su ciudad de una moneda más cómoda y liviana. Sustituye el sistema monetario de Egina por el de Eubea, que al usarse en Corinto y otras regiones permite a Atenas y a su clase comerciante una mayor expansión económica y nuevas posibilidades de riqueza.

Solón realizó una serie de reformas que podían considerarse como un intento de organizar una democracia, suprimió la esclavitud por deudas y terminó la lucha entre los grandes propietarios y la burguesía. Estas reformas no fueron duraderas.

Esta riqueza, que puede adquirirse, es la única distinción establecida para clasificar a la población y repartir los derechos y los deberes de los ciudadanos. Los privilegios del nacimiento están reemplazados por los de la fortuna. Solamente los ciudadanos más ricos (las dos primeras clases) pueden ser arcontes y por consiguiente sentarse en el Areópago, pero la Asamblea del pueblo, la Ecclesia, está abierta a todos los ciudadanos.

Se crea un nuevo consejo, el de los Cuatrocientos, o Bulé (ciudadanos mayores de treinta años) y un tribunal popular, el de los Heliastas, cuyos miembros mayores de veinte años podían pertenecer hasta la última clase.

Ecclesia, Bulé y el tribunal de los Heliastas no tienen entonces más que poderes reducidos, pero terminarán en el siglo -V por acaparar casi todas las atribuciones políticas y judiciales de los arcontes y del Areópago.

Solón ha libertado a los campesinos pobres, ha empezado a restaurar la pequeña propiedad, y sin haberlo querido coloca de este modo los cimientos de la futura democracia. Su obra señala en la historia de Atenas un cambio decisivo, pero en aquel’ momento no satisfizo a ninguno: las reformas eran consideradas excesivas por los grandes agricultores de las llanuras e insuficientes por los pequeños campesinos y los pastores de la montaña, que formaban el partido popular. Las luchas sociales comenzaron de nuevo.

En tiempos de Solón la realidad de Grecia estaba muy lejos del ideal del individuo político y, por esto, las reformas del arconte quedaron sin efecto en el mismo momento en que éste se retiró. Los grupos rivales no tardaron en disputarse el poder, y se agudizaron los conflictos entre las familias nobles que habían perdido su posición dirigente y las que ahora lo detentaban.

Tras décadas de intrigas y luchas políticas, la crisis en Atenas se agravó cuando, a los conflictos ya existentes, se añadieron antagonismos regionales. La situación de caos generalizado, en 546 a. C., fue aprovechada por el líder de una de las facciones enfrentadas, llamado Pisístrato, quien tras haber fracasado en diferentes intentos de golpe de Estado, conquistó la ciudad con un ejército mercenario y proclamó la tiranía.

Pisístrato comprendió que Atenas no estaba todavía preparada para aceptar el sistema político de Solón y, siguiendo el ejemplo de otros tiranos, dirigió el aparato institucional de un modo absolutista. Al excluir a las familias rivales de la vida pública, no obstante, el tirano ateniense reforzó indirectamente el sistema soloniano que, pese a su éxito inicial, había dejado de ser efectivo por culpa de las disputas políticas.

Durante el mandato de Pisístrato, como fue característico de las tiranías, se destinaron ayudas al campesinado, se realizaron obras públicas -sufragadas con impuestos directos- y florecieron el arte y el comercio. El esplendor económico logrado por Pisístrato, unido a su talante diplomático -que permitió a Atenas vivir en paz con sus vecinos-, hizo que los atenienses calificaran su gobierno como una Edad de Oro.

A Pisístrato, muerto en 527 a. C., le sucedieron sus hijos Hiparco e Hipias, aunque una coalición de la familia de los Alcmeónidas y Esparta acabó pronto con su poder.

Clístenes, que encabezó la revuelta contra la tiranía, se convirtió en el nuevo “hombre fuerte” de Atenas y, tras vencer en una guerra civil a la oligarquía reaccionaria que pretendía abolir la constitución de Solón, introduje nuevas reformas para evitar que las familias aristócratas rivales a la suya pudieran hacerse con el control político. Así, por ejemplo, Clístenes modificó por completo la administración territorial del Ática, e hizo lo propio con la composición y competencias de la asamblea de representantes (bulé) de Solón.

Esto, en la práctica, significó la eliminación definitiva del viejo sistema de tribus. La bulé, en la nueva constitución, quedó compuesta por 500 representantes -50 por cada demarcación territorial-, en lugar de los 400 propuestos originalmente por Solón -100 por cada tribu-. Con esta nueva reforma, que otorgábales mismos derechos políticos a todos los ciudadanos –isonomía-, Atenas daba el paso definitivo hacia la democracia.

Ver: Gobierno de Clístenes

ESPARTA Y SU GOBIERNO: A partir del siglo VI a.C., Esparta dejó de tener contactos con otras polis y se cerró sobre sí misma. Mientras Atenas y otras polis evolucionaban hacia la democracia, en Esparta el sistema aristocrático se mantuvo sin modificaciones durante siglos.

Para resolver los problemas derivados del aumento de población y la falta de tierras, la mayoría de las polis, entre los siglos VIII y VI a.C., fundaron colonias. Esparta eligió otra solución: conquistó las tierras vecinas de Mesenia. Esto convirtió a los espartanos en dueños de un extenso territorio apto para la ganadería y la agricultura.

Los espartanos poseían derechos políticos, pero el poder pertenecía a algunos pocos gobernantes que manejaban todas las cuestiones de estado. Esparta conservó sus dos reyes. Poseía, además, como la mayor parte de las ciudades griegas, una asamblea del pueblo o Apella, constituida por el conjunto de los ciudadanos (que sólo podía aprobar o desechar las leyes, sin debates), un consejo, o Gerusia, y magistrados. Los reyes estaban al frente del ejército y presidían el culto, pero sus poderes eran limitados.

Tenían algunos privilegios exteriores: en los banquetes del estado les correspondía doble ración; cuando morían se obligaba un luto público y las exequias estaban rodeadas de gran pompa.

La ciudad de hecho estaba dirigida por la Gerusia, consejo y tribunal supremo de treinta miembros: los dos reyes y veintiocho gerontes (ancianos) vitalicios, elegidos entre los ciudadanos de más de sesenta años. ^ Los cinco éforos (vigilantes) eran nombrados por un año y estaban encargados de vigilar a los ciudadanos y también a los reyes, a los que podían incluso detener. Los elegía la Apella, pero con un sistema propio que favorecía el fraude (un jurado apreciaba el volumen de las aclamaciones recogidas por cada candidato).

Los gerontes y los éforos eran en realidad designados por un pequeño grupo de ciudadanos influyentes que dirigían prácticamente la ciudad. Los espartanos formaban, pues, un ejército constantemente movilizado y durante toda su vida pertenecían a la ciudad.

Esparta fue una de las ciudades-Estado más extensas de Grecia y una de las más poderosas. Era diferente a las demás polis griegas. Todos los hombres espartanos eran libres y podían participar en la asamblea (Apella) pero no en plano de igualdad, porque las decisiones eran tomadas solo por un consejo (Gerusía) formado por los ancianos de las familias más poderosas. Por eso se decía que su gobierno era aristocrático.

Un número reducido de hombres mandaba sobre toda la población. Para defender su forma de vida, los espartanos rehusaron el contacto con otros pueblos.

Los ciudadanos espartanos se dedicaban únicamente a prepararse para la guerra. Otros pueblos, a los que habían conquistado y esclavizado, cultivaban los campos y se dedicaban a la artesanía y al comercio.

Ya desde pequeños, los niños espartanos se dedicaban al ejercicio militar, y se habituaban a soportar el frío, la fatiga, el hambre y una disciplina especialmente severa. Las mujeres practicaban actividades deportivas, pero con la única finalidad de engendrar hijos fuertes y robustos.

Origen de la Polis Griega Ciudad Estado en Grecia Antigua

ORGANIZACIÓN DE LA POLIS EN GRECIA ANTIGUA – CIUDADES ESTADOS

Los genos u oikos: Más parecidos a la familia eran verdaderos clanes. Era un grupo formados por todos los familiares del basileus (jefe de la familia). También incluía a las personas libres y esclavas que dependían de el. Estos servidores eran necesarios porque de ellos dependía el sustento de todo el grupo.

Estos esclavos producían todo lo necesario para vivir, y habían algunos jefes importantes como Ulises (en la obra de Homero), que dirigía la producción y la distribuía según su propio criterio. Dentro de ellos, en efecto, el padre tenia autoridad absoluta puesto que era el interprete de los dioses; la propiedad, por otra parte, era colectiva. La unidad del clan conducía a curiosas consecuencias: la ofensa hecha a un individuo se consideraba hecha al clan.

Entre los griegos la polis surgió cuando varios oikos se pusieron de acuerdo en reconocer una autoridad superior a la de cada familia: esa autoridad era la encargada de arbitrar en los enfrentamientos y de defender los intereses comunes. Los jefes de cada familia, desde el siglo VIII a.C., comenzaron a ocuparse en forma conjunta del gobierno de los oikos reunidos en una polis o ciudad—Estado.

Con el tiempo, los problemas generales de la ciudad se fueron diferenciando cada vez más de los problemas particulares de cada familia. Se hizo necesaria entonces una autoridad que se ocupara exclusivamente del gobierno de la polis: la autoridad política se diferencia desde entonces de la autoridad familiar, aparece la figura del Rey.

polis grecia antigua

Vista de una Polis Griega

Las polis griegas o ciudades-estado: Poco a poco comienzan sin embargo a agruparse las chozas de los genos; los caseríos aumentan, pero, sobre ser poco importantes no están suficientemente adheridos al suelo.

Grecia estaba formada por una serie de ciudades estado independientes, gobernadas por oligarquías aristocráticas, el aislamiento geográfico impuesto por el territorio que ocupaban y la necesidad de agruparse para defenderse de las invasiones explicaba la formación por los griegos de estas polis o ciudades estado. Aunque eran independientes, a menudo se unían en una liga dentro de la cual la más importante acababa por imponerse. Las dos polis más importantes fueron Atenas y Esparta.

Esparta cuido por encima de todo su poderío militar descuidando el arte y las actividades económicas, redujeron a los vencidos a la esclavitud (ilotas) la población se componía de Dorios, Periecos e Ilotas; los primeros conservaron supremacía mediante las armas.

Esparta contó con dos reyes de poder ilimitado y veintiocho ancianos guiados por cinco Eforos, que formaban el senado, el cual monopolizaba todo el poder volviéndose verdaderos amos del estado.

La guerra era el único móvil de la educación, Esparta quiso imponer su fuerza desde un principio, Mesenia le resistió heroicamente, pero fue vencida, después organizó una liga en Peloponeso, de la cual fue jefe.

Los ciudadanos espartanos gozaban de enormes privilegios sobre los sometidos (iliotas y periecos). Estaban gobernados por reyes de familias diferentes, que se transmitían el cargo por herencia, la monarquía se mantuvo en Esparta hasta la total decadencia de la polis.

Atenas la capital del Ática careciendo de militarismo se convirtió en el motor del mundo Griego. Desarrolló el modelo más perfeccionado democracia limitada y puso las bases de la sociedad Occidental. Sus habitantes proclamaron la independencia, la libertad y la igualdad.

El gobierno comprendió: los Arcontes, el Areópago y el consejo de los cuatrocientos, dividió el pueblo en cuatro clases según su fortuna. Las leyes de Solón suavizaron las costumbres y aseguraron la libertad

En los primeros siglos del primer milenio, Atenas tuvo un papel secundario con una economía basada en la agricultura y el pastoreo. A partir del siglo VI el desarrollo del comercio hizo posible su futura importancia. Cuando Atenas inicio su decadencia, Esparta no pudo sustituirla.

Junto a estas dos grandes ciudades destacaron también Samos, Mileto, Delos, Argos Epiduro, Corinto, Egina, Calcis, Eritrea y Tebas.

ORGANIZACIÓN FÍSICA DE LA POLIS: El asentamiento urbano se establecía al pie de la acrópolis, un lugar elevado y defendido, en el que estaban los edificios públicos y que servía de refugio a los habitantes en casos de peligro. Cerca de las casas, estaban las tierras de la ciudad, propiedad de los individuos, que eran una o varias llanuras fértiles.

Más allá de las tierras cultivadas estaban las colinas. Por ellas se llegaba al campo, propiedad de la comunidad y no de los individuos, que servía para el pastoreo y donde trabajaban los leñadores.El asentamiento urbano se hallaba generalmente situado cerca del mar, pero no era frecuente que estuviera a sus orillas. Si la dudad tenía un puerto, comercial o militar, generalmente no formaba parte del núcleo urbano.

cuadro polis griega

Síntesis: La polis griega era un pequeño Estado independiente que abarcaba un núcleo urbano o ciudad, y las aldeas de alrededor, cuyos habitantes poseían los mismos derechos que los que vivían en la ciudad principal. Tenían además las mismas costumbres y adoraban a los mismos dioses. La polis era, además, autárquica en lo económico; es decir, podía vivir tranquilamente sin depender de otras zonas, era autosuficiente.

Estas ciudades no constituyeron en esta época unidades más amplias; es decir, no integraron un gran Estado político o un imperio. Grecia se caracterizaba por su fragmentación política. Las condiciones internacionales favorecían esta situación: el poderío persa sólo estaba naciendo, Egipto se encontraba en plena decadencia.

El pueblo griego pudo vivir con su régimen propio sin ser absorbido por ningún poder mayor. En este comienzo, entonces, la ciudad tenía una unidad con las aldeas que la rodeaban. En la ciudad, los edificios civiles y religiosos se disponían alrededor de una gran plaza, llamada agora. Allí se congregaba la gente, luego fue el sitio físico del mercado y el centro de la vida del pueblo griego.

Crisis Social y Economica en Atenas Causas y Consecuencias

Crisis Social y Económica de Atenas en la Guerra del Peloponeso

El siglo V a. de J.C. se cerraba con un conflicto que, de forma más o menos directa, había comprometido a la mayor parte de los estados griegos: la Guerra del Peloponeso. Durante casi medio siglo, en Grecia se había combatido por la extensión y difusión de dos tendencias ideológicas: oligarquía y democracia. Atenas sería el estado paladín de la democracia, mientras que Esparta iba a representar el centro de la tendencia oligárquica.

En torno a uno u otro bando se fueron agrupando los restantes centros helénicos según su ideología e intereses económicos. Dentro de cada estado ambas tendencias dividían a la población e incluso reinos vecinos prestaban aportaciones económicas a una u otra causa, como fue el caso de Persia, que auxilió con sus ingentes recursos a Esparta y sus aliados. La lucha iba a concluir con la victoria de Esparta y sus aliados, o sea, el triunfo de la ideología oligárquica.

Atenas se vio obligada a demoler sus murallas y disminuir su flota, al mismo tiempo que se instalaban en cada polis gobiernos llamados decarquías, robustecidos en su poder merced a una guarnición espartana. De esta forma, al frente de cada ciudad se colocaba a diez ciudadanos partidarios de la oligarquía, mientras daba comienzo la hegemonía espartana en el mundo griego. Estos acontecimientos no sólo habían producido su sensible cambio político, sino que condujeron al país a una enorme crisis social.

Los efectos de la lucha fueron desastrosos para la agricultura. La prolongación del conflicto, por una parte, y la tala sistemática del agro ateniense, por otra, habían provocado que el labrador se apartara de la tierra. Tucídides nos habla de la situación surgida en Atenas debido al cerco de la ciudad por las fuerzas espartanas: “Antes, en efecto, las invasiones, al ser de corta duración, no impedían hacer uso del país durante el resto del año; mientras que ahora, al estar instalados allí permanentemente los enemigos y atacar unas veces con más fuerzas y en ocasiones un número adecuado de tropas efectuar correrías y actos de pillaje…, los atenienses sufrían grandes daños. Habían quedado privados de todo su territorio e hicieron defección más de veinte mil esclavos, muchos de ellos artesanos, y además perdieron todas las ovejas y bestias de carga… La ciudad necesitaba importarlo todo por igual, y se convirtió en una fortaleza de una ciudad que era”.

En la región del Ática, las cosas se complicaron aún más. Con la victoria espartana, los colonos atenienses, instalados en las ciudades miembros de su antiguo imperio marítimo, iban siendo expulsados y comenzaban a ir retornando al Ática. De esta forma, a una población campesina indigente se le fue agregando este otro sector que buscaba recursos en un lugar en donde conseguir un puesto de subsistencia estaba vedado a la mayor parte de la población.

A la crisis agraria se unía una crisis artesanal y comercial. Tras la guerra, el poder adquisitivo se había visto menguado. Faltos de recursos como estaban, los griegos se hallaban incapacitados de poder adquirir bienes en el mercado, lo que produciría una merma de las actividades mercantiles. La crisis no quedaba en esto. La falta de un mercado interno se podía haber solucionado, al menos parcialmente, merced a una mayor vitalidad del mercado externo. Precisamente el siglo IV antes de J.C. comienza con un mayor desarrollo de los antiguos mercados griegos, que empiezan a convertirse en independientes merced a un crecimiento de las actividades mercantiles, agrarias y artesanales. Esto complicó aún más la situación interna griega, debido a la falta de mercados donde colocar los productos.

Finalmente, la población libre de las ciudades vio agravado su malestar por la competencia que le estaba haciendo el empleo cada vez más abundante de la mano de obra esclava. Tanto en el campo como en la ciudad, los grandes propietarios comenzaban a emplear en mayor cantidad el trabajo esclavo, que a primera vista le resultaba más ventajoso, contribuyendo aún más a la depauperación de la población libre.

En este estado de cosas, al ciudadano griego le quedaba la alternativa de vender su fuerza de trabajo en casi paridad con los esclavos, o bien la de buscar nuevos recursos en otros países. En el mundo griego fue surgiendo de esta forma una nueva situación social, la de personas que trabajaban únicamente por el alimento diario. Por esto el número de emigrados empezó a ser numeroso.

Los centros de esta diáspora eran las colonias del mar Negro, de Italia meridional y del reino persa. Faltos de otra ocupación, muchos de estos emigrados se enrolaron en el ejército. El número de mercenarios, mayormente en el ejército persa, se vio incrementado por gran cantidad de griegos que veían en ello una salida a su perentoria situación. Sin ir más lejos, basta recordar la célebre expedición de los Diez Mil, narrada por Jenofonte, en la que todo un ejército griego luchó como mercenario en los conflictos internos del reino persa.

Junto a este empobrecimiento de la población se observa una mayor concentración de la propiedad en pocas manos y un mayor desarrollo de la gran propiedad.

Con la guerra se había puesto en circulación una gran cantidad de bienes, conforme exigían las múltiples necesidades del momento. Todas las reservas del mundo griego estaban invertidas en la guerra. En Atenas, la lucha consumió todos los tesoros atenienses, llegándose incluso a fundir estatuas de los dioses.

En Esparta, el decreto del éforo Epitadeo suprimió las trabas legales a las compras de tierras y estableció que las tierras se pudieran dejar en testamento a quien se quisiera. De esta forma, la primitiva Constitución espartana se fraccionó, aumentando aún más el carácter oligárquico del régimen espartano.

Como colofón a todo este malestar, la enorme circulación de moneda contribuyó al enriquecimiento de los jefes políticos y originó una subida de precios, que vendría a complicar y agravar la ya caótica situación.

Es lógico que este momento engendrara un tremendo malestar social, que se reflejaría en todos los sectores del saber. La guerra había puesto de manifiesto cómo la estructura de la polis era insuficiente para solucionar los múltiples problemas y las necesidades creados en el mundo griego. Se había hecho evidente que el sistema ateniense de la hegemonía de una ciudad sobre las restantes no bastaba.

La misma hegemonía espartana y posteriormente la tebana iban a ser el exponente de un intento de salvar la organización de la polis. Será entonces cuando se haga palpable la búsqueda de sistemas más amplios que permitieran un mayor desarrollo del mundo griego.

La literatura de la época iba a reflejar este fracaso de la polis, al mismo tiempo que intentaba buscar soluciones, utópicas las más veces. En esta línea están algunas de las obras del comediógrafo Aristófanes. En su obra Las aves nos habla de la creación de un reino de aves, intermedio entre los dioses y los hombres, que den una solución a las exigencias de la época. En otra obra, La asamblea de las mujeres, se intenta crear un reino dirigido por las mujeres en el que se ponga fin al malestar existente merced a un mejor reparto de la propiedad y a la finalización de la guerra.

Igualmente el pensamiento filosófico se vería impregnado de estas tendencias. El estoicismo iba a programar que no podía haber más que una sola ciudad para todo el universo. Todos los hombres serían miembros de un solo pueblo, no habiendo más que un orden -cosmos- y viviendo bajo las mismas normas -nomos-. Este sistema sería el de la Cosmópolis.

Nos encontramos con que en el siglo IV, y como resultado de la guerra del Peloponeso, la polis griega había naufragado, aunque surgían ciertas ideas que intentaban dar una solución circunstancial a través de la creación de formas de estados más amplios que los rígidos compartimientos estancos de la ciudad-estado o de la hegemonía de ciudades. Teniendo en cuenta esta realidad, la aparición de la monarquía helenística no fue sino el reflejo de las exigencias del momento.

La Vida Privada en Grecia Vida de las Mujeres Educacion en Atenas

La Vida Privada en Grecia: Vida de las Mujeres Educación en Atenas

La situación de la mujer: el matrimonio y la familia
En Atenas, las mujeres no gozaban de ningún derecho político ni jurídico. Su vida era de reclusión en el hogar, donde administraban la casa y se ocupaban de la educación de los varones hasta los siete años y de las niñas hasta que contraían matrimonio.

Todo !o que aprendía una joven ateniense, era, esencialmente, lo relacionado con las tareas domésticas, complementado, a veces, con elementos de lectura, cálculo y música. Las jóvenes salían en oportunidad de festividades religiosas, cuando asistían al sacrificio o participaban en la procesión.

Si no querían provocar escándalo, las mujeres no debían ocuparse de las relaciones sociales, tener preocupaciones intelectuales o intervenir en cuestiones políticas.

Cuando la vivienda reunía un mínimo de condiciones, se establecía una separación entre las habitaciones reservadas a la vida estrictamente familiar, dominio de la esposa gyneceo , y el sector reservado a los hombres: el andrón.

El matrimonio tenía como fin primordial procrear hijos para que se perpetuase la raza y asegurara al padre el culto que él mismo había celebrado por sus antepasados, considerado indispensable para el bienestar de los difuntos.

Los matrimonios se celebraban por conveniencia religiosa y social, y la diferencia de edad entre los esposos solía ser considerable.

El marido tenía derecho a repudiar a su mujer sin invocar motivo alguno, teniendo que cumplir, como única obligación, con la devolución de la dote. El adulterio y la esterilidad eran causa frecuente de repudio, debido al concepto, antes señalado, que se tenía del matrimonio.

educacion en atenas

La educación
En la sociedad ateniense del siglo V a.C., el ideal masculino consistía en dejar florecer las virtudes individuales, desarrollar en armonioso equilibrio el cuerpo y el espíritu, y servir a la patria en el campo de batalla.

Era una sociedad viril, en la que las costumbres separaban los sexos hasta donde las necesidades materiales lo permitían, haciendo que los hombres no frecuentaran más que a hombres.

La educación, hasta los 18 años, corría por cuenta de la familia. Al llegar a los siete años, los varones eran llevados a la escuela bajo -la vigilancia de un pedagogo, esclavo de confianza encargado de velar por la conducta del educando y la enseñanza de las buenas maneras.

Los llevaban y traían de la escuela pero no tomaban parte en la verdadera enseñanza escolar.

En Atenas la enseñanza era casi libre y librada a la iniciativa de los particulares. Su propósito era el de formar buenos ciudadanos. En la escuela se enseñaba a leer, escribir, tocar algún instrumento musical y hacer ejercicios físicos.

En los primeros años, se daba al educando nociones rudimentarias de escritura, lectura y aritmética. A partir de los 14 años, las ramas principales de la educación eran la música y la gimnástica.

La educación comenzaba con el estudio de los poetas. Se memorizaban trozos que el profesor explicaba y comentaba, con miras, sobre todo, a la enseñanza moral. Los textos preferidos eran La Ilíada y La Odisea.

Por otra parte, los griegos daban gran importancia a la enseñanza de la música, considerada como* un símbolo de cultura y fuente, además, de beneficiosos efectos morales. La lira era el instrumento preferido, pues se podía acompañar con el canto.

La gimnástica, enseñada y dirigida por el paidotriba, se realizaba en establecimientos especiales llamados palestras, que no eran otra cosa que campos de deportes al aire libre, anexos a las cuales había algunas construcciones utilizadas corno vestuarios, salas de descanso y baños.

Lucha, carrera y saltos; el lanzamiento del disco y de la jabalina eran los ejercicios más comunes.

Sólo en la segunda mitad del siglo V a.C. aparecen variaciones en materia de enseñanza gracias al aporte de los sofistas. Estos eran hombres hábiles y sabios, capaces de comunicar a otros sus conocimientos, y encargados de sistematizar y expandir los conocimientos nuevos.

Bajo el nombre genérico de “filosofía”, enseñaban geometría, física, astronomía, medicina y, sobre todo, retórica y filosofía propiamente dicha. Los sofistas cobraban mucho por sus servicios, especulando con el hecho de que eran los únicos capaces de proporcionar una verdadera cultura general y formar oradores. Gracias a ellos, el componente intelectual de la educación se volvió cada día más preponderante.

La Organizacion Militar en Atenas

La Organización Militar en Atenas

HISTORIA DE GRECIA:
LAS INSTITUCIONES DEMOCRÁTICAS

La democracia en tiempos’ de Feríeles era belicosa, conquistadora e “imperialista”. Atenas, para poder conservar la hegemonía que tenía sobre las ciudades “aliadas”, dominar las rutas hacia la zona del mar Negro, tenía necesidad de una gran flota comercial y una poderosa marina de guerra. También necesitaba un ejército para hacer frente a los ataques de las ciudades vecinas y, llegada la ocasión, atacar ella misma.

En Atenas clásica, todo ciudadano debía servir a su patria de los 18 a los 60 años. De los 18a los 20 era efebo, es decir, realizaba su aprendizaje militar. De los 20 a los 50 servía como hoplita o caballero en el ejército activo. De los 50 a los 60 años, formaba, junto con los efebos y los metecos, una especie de ejército territorial que estaba encargado de vigilar la frontera.

Atenas militar

El equipo de un hoplita en combate, se componía de armas defensivas y ofensivas. Entre las primeras, estaban el casco ático, la coraza, generalmente de bronce, protectores para las piernas y el escudo. Las armas ofensivas eran la Tanza, arma de choque y la espada, que no era más que una simple daga.

La forma de combatir, la táctica militar, el trato con los vencidos era similar a las de las demás ciudades griegas de la época. Era en el mar, donde Atenas era más poderosa, ejerciendo una verdadera talasocracia. Fue Temístocles el iniciador del poderío naval de Atenas. Durante el siglo V a.C., gracias al tributo de las ciudades aliadas, se formó la flota más poderosa del mundo griego.

Se construyeron por primera vez los trirremes, barcos de guerra con tres filas de remeros. Ideados para ganar velocidad, tenían 50 metros de largo y siete de ancho. La proa era estrecha y terminaba formando un espolón. Estos barcos navegaban a vela fuera de combate, si no utilizaban los remos, y llegaron a tener una tripulación de 174 remeros.

En su apogeo, Atenas contaba con una armada de 400 trirremes. La táctica naval era difícil y, a partir del siglo V a.C., se usó al mismo barco como arma de ataque. Se intentaba embestir el flanco de los barcos enemigos de modo de clavarles el espolón. Para lograrlo, se trataba de desbaratar y envolver a la escuadra enemiga y crear confusión en sus filas. Los hoplitas atenienses en Maratón y los marinos en Salamina, habían salvado a Grecia y su civilización del peligro extranjero.

Esta civilización que la guerra había salvado fue, sin embargo, debilitada y comprometida por la guerra. Las luchas fratricidas entre los griegos solamente debilitaron a Grecia y la convirtieron en fácil presa del imperialismo macedónico.

La Justicia en Grecia Antigua Las Instituciones en Atenas Libertad

La Justicia en Grecia Antigua: Las Instituciones en Atenas 

Historia de Grecia: Tal vez mejor que ninguna otra institución, la justicia revela ese equilibrio entre el poder público y la libertad individual que fue el ideal de Atenas en el siglo V a.C. Una diferencia esencial de la organización de la justicia en la antigüedad y en la actualidad es que, en Atenas, no existía el ministerio público, el que sostenía la causa de la ciudad.

En las causas privadas, la persona perjudicada, o su representante legal, era la que entablaba el proceso e informaba a la audiencia. Para las causas públicas, es decir, cuando se cometía un acto contra el interés general, cualquier ciudadano podía sentirse lesionado, como miembro de la comunidad, y tenía el derecho de salir en defensa de la ley. En esta situación, el Estado se veía prácticamente obligado a dar curso a la denuncia.

Justicia en Grecia Antigua, Atenas

Tribunales y procedimiento
Los tribunales eran numerosos en Atenas. El más antiguo y respetado era el areópago, que había ido perdiendo todas las atribuciones políticas, pero, que continuaba juzgando los casos de muerte premeditada, de heridas hechas con intención de matar, de envenenamiento, etc.

Las penas que aplicaba eran: condena a muerte en caso de asesinato; destierro y confiscación, en caso de heridas. El tribunal de los efetas (cincuenta y uno) tenía competencia en los casos de homicidio involuntario, la instigación al asesinato, y el homicidio en legítima defensa. Las penas eran de menor importancia; por ejemplo, el destierro sin confiscación.

Pero no eran los tribunales de sangre, con grandes supervivencias de justicia primitiva, los que daban a Atenas su carácter original en materia de justicia. Era el tribunal popular, la Heliaia, la novedad. Todos los años, entre los ciudadanos mayores de treinta años que estuvieran en la plenitud de sus derechos cívicos, se sorteaban 6 000 para desempeñar el cargo de juez, a razón de 600 por tribu. Este número representaba, para los griegos, la unanimidad del pueblo.

Luego de prestar juramento, los heliastas, eran repartidos en diez secciones llamadas dicasterías. En los procesos importantes, sobre todo los políticos, se reunían varias secciones para constituir un tribunal; por ejemplo, en el proceso a Sócrates se sortearon tres dicasterías.

Con jueces que no eran, en suma, más que jurados, los asuntos debían prepararse con cuidado para el día de la audiencia. La “hegemonía” tenía gran importancia, pues entrañaba, antes de la dirección de los debates, la instrucción del proceso. Realizarlo era una función delicada, de gran importancia. Estaba a cargo de los arcontes, cuando eran asuntos de derecho privado; del polemarca, en los asuntos referentes a extranjeros; de los tesmotetes, en los que se referían al interés público.

Posteriormente, se establecieron funcionarios especializados que tenían el cometido de agilitar los trámites en los asuntos de índole comercial.

El juicio comenzaba cuando el presidente del tribunal tomaba juramento a las partes y se daba lectura a la demanda y a la declaración que oponía la defensa. Acto seguido, se le concedía la palabra al demandante y al demandado; cada uno debía exponer sus razones personalmente, salvo los incapaces (mujeres, niños y esclavos), que estaban representados por su tutor legal. Él litigante que se consideraba incapaz de defenderse a sí mismo, encargaba el discurso a un profesional —logógrafo— y luego lo repetía dimemoria.

Apenas terminada la exposición, se votaba. Los jueces emitían el voto sin deliberación previa y en forma secreta.
Cada juez recibía un guijarro que depositaba, según votase a favor o en contra, en una de las dos urnas ante las cuales desfilaba. Contados los votos, el presidente proclamaba el fallo, que era inapelable.

Los castigos que se imponían eran diferentes según la condición de las personas, ya fuesen ciudadanos, metecos o esclavos. Las penas pecuniarias más frecuentes eran: las multas y la confiscación, parcial o total, de los bienes; las penas aflictivas; el destierro temporal o definitivo; la atimia o privación de los derechos de ciudadano; el encarcelamiento y también la muerte. Había también penas infamantes de carácter arcaico y religioso, como ser, la prohibición hecha a las mujeres adúlteras de llevar ornamentos y de entrar en los templos; la privación de sepultura, etc.

Muchos ciudadanos y extranjeros que eran condenados a penas pecuniarias superiores a sus medios podían escapar a la pena optando por el destierro voluntario.

En lo que respecta a la pena de muerte, cuando no se les permitía beber la cicuta en la prisión, sufrían el misterioso suplicio de apotympanismos, que no se sabe ciertamente en qué consistía; podía ser la decapitación o el castigo corporal hasta la muerte.

Críticas
El sistema judicial ateniense ha sido objeto de muchas críticas que merecen ser explicadas. Algunos autores —Glotz, por ejemplo— han pretendido “idealizarla” y atenuar las críticas. Otros sostienen que una justicia que condenó a Sócrates estaba muy lejos de ser perfecta aun para su tiempo.

No se puede negar, por ejemplo, la verdadera manía por los pleitos, que hizo que Aristófanes llamara a Atenas dicaiopolis (ciudad de los pleitos).

Esto constituía un mal que tenía su contrapartida en la falta de ministerio fiscal. Para evitar esta generalización de pleitos, se estableció que si el acusador no obtenía el quinto de los votos apoyándolo, debía pagar una multa. Otra crítica, se basa en el número excesivo de jueces, pues se considera que sin conocimiento adecuado de la legislación, se dejaban llevar por sentimentalismos.

Esta situación estaba agravada por la ausencia de códigos.
Lo que se podría criticar no es la intención, sino la eficacia práctica de este sistema judicial.
Los atenienses se preocuparon por ejercer la justicia con. equidad, con toda clase de garantías, de imparcialidad y de acuerdo con las ideas morales de su tiempo. Atenas, a pesar de sus meritorios esfuerzos, no logró, en materia judicial, la perfección a que llegó en las artes, en las letras y la filosofía.

LAS FINANZAS ATENIENSES
El manejo de las finanzas era ejercido por el Consejo, que se encargaba de distribuir los fondos públicos con ayuda de comisiones subordinadas. El presupuesto habitual de gastos del Estado ateniense, en el siglo V a.C., era importante. Los principales egresos eran: el pago de la mistoforia, que desde la época de Feríeles, correspondía al ejercicio de todas las funciones públicas; los gastos de los festivales religiosos, en concursos y competencias dramáticas, musicales y atléticas y, finalmente, gastos del ejército y la armada que, sin duda, eran elevados en tiempos de paz y aumentaban muchísimo en tiempos de guerra.

La i principal renta del Estado era el tributo que pagaban a Atenas las ciudades miembros de la Liga de Délos. Además del tribute?, había otros impuestos como ser, el 2 por ciento que se cobraba sobre todas las importaciones y exportaciones. El impuesto a los residentes extranjeros. A todo esto, debe agregarse el producto de las minas de plata de Laurión.

Como otra forma de rentas, hay que mencionar el sistema de los “servicios públicos”, sistema mediante el cual el Estado encargaba el pago de ciertos servicios a ciudadanos pudientes, a título de contribución patriótica.

La moneda griega
Todos los estados griegos de cierta importancia solían acuñar su propia moneda, con su nombre y con su emblema o distintivo. Había un sistema de monedas generalmente aceptado, que gobernaba el valor relativo en el sistema de acuñación que gradualmente fue sustituyéndolo. La graduación entre estas monedas era la siguiente: seis óbolos eran igual a una dracma, cien dracmas equivalían a una mina, sesenta minas eran igual a un talento.Las principales monedas atenienses eran de plata, las monedas de cobre y oro se acuñaron posteriormente.

Ciudades Estados Griegas Organización Política y Social

Ciudades Estados Griegas – Organización Política y Social

polis griega: atenas y esparta

Polis Griega: AtenasPolis Griega: Esparta

Ciudades Estados Grecia Antigua:Atenas y Esparta

Las polis o ciudades-estado:
Los griegos fundaron colonias y factorías en puntos del Mediterráneo muy alejados de su país pese a su población poco numerosa. Contaban, sin embargo, con una tierra bella y grata, más fértil que hoy en día, y en la que reinaba un delicado equilibrio entre campo y ciudad, tierra y mar.

En Grecia, las montañas y el mar nunca están distantes unas de otras, y la forma más rápida de viajar es siempre por el agua. Parte de la población griega vivía en las islas o incluso en el Asia Menor, cuyas brillantes ciudades y colonias eran fruto de una rápida expansión que había llegado de un extremo a otro del Mediterráneo adentrándose incluso hasta las costas meridionales del mar Negro.

La expansión de los griegos a lo largo y ancho del Mediterráneo tenía una de sus causas en el exceso de población que acosaba a la Grecia continental y a las islas del Egeo. Se trataba de unas tierras pobres, con escasas y reducidas llanuras, que impedían a sus pobladores naturales el desarrollo de una agricultura y una ganadería que fueran más allá de la mera subsistencia.

Las colonias griegas no sólo permitieron solventar este problema del excedente de población, sino que hicieron también que con el tiempo esta misma población creciera en las costas griegas, como consecuencia de los enormes graneros que habían pasado a constituir las tierras de Sicilia, el sur de Italia (la Magna Grecia), Egipto y las costas del mar Negro. De esta manera fue posible que la influencia cultural de los griegos sobrepasara los límites que su reducido poder político parecía señalar.

La política
Al principio las ciudades-estado estaban gobernadas por reyes. Fueron los tiempos de la monarquía, sustituida luego por las oligarquías o gobierno de unos pocos. Éstas (a su vez darían paso a la tiranía, basada en el gobierno de un líder que se compromete a cumplir un programa. Su fracaso daría lugar a la democracia, es decir, la soberanía del pueblo.

Los griegos tenían muchos esclavos, a los que no se permitía el voto, de la misma manera que ocurría con las mujeres. Cada hombre libre tenía derecho de voto junto con el de asistir en persona a las asambleas de gobierno, derecho al que jamás renunciaba. Para que todos los hombres libres se representaran a sí mismos en el gobierno, asistían a los debates públicos, votaban sobre cada caso concreto, y eran personalmente responsables del cumplimiento de las leyes.

Sólo los hombres libres podían combatir en defensa de su ciudad, y por ello todos eran políticos, ciudadanos y soldados; las disputas eran sangrientas pero nadie podía esquivar su responsabilidad. Esta forma de organización política limitaba la expansión de la ciudad-estado, ya que la asamblea tenía que estar al alcance físico de los ciudadanos; por ello Atenas nunca llegó a ser más que una regular capital de provincias que regía una zona no mayor que una comarca o un pequeño condado. El servicio militar era obligatorio, y filósofos y escritores como Sócrates y Esquilo lucharon en defensa de su ciudad.

De manera paulatina, dos ciudades-estado vinieron a ejercer un caudillaje: Atenas y Esparta. Ambas representaban ideales opuestos, pues mientras Atenas era un poder marítimo abierto a la influencia foránea, y dada a las grandes empresas, Esparta era una potencia terrestre encerrada en su tradición, que se regía como un estado militar en el que reinaba la más feroz disciplina varonil desde la misma adolescencia.

Los ciudadanos de Esparta debían sufrir pruebas sin cuento que eliminaban a los más débiles y seleccionaban a la élite de los más aptos. Hoy admiramos a Atenas, pero aquella Grecia veneraba a Esparta y a su invencible infantería. En esas circunstancias era inevitable un enfrentamiento -como ocurrió en la guerra civil o del Peloponeso que de manera permanente habría de debilitar a ambos poderes.

La unidad del mundo griego
A primera vista, Grecia se nos aparece como un conglomerado de piezas separadas que luchan entre sí, imagen que hace difícil percibir el núcleo central que mantiene a ese conglomerado unido. Y, sin embargo, el pueblo no dudaba de su nacionalidad griega, unidad que encontraba en la lengua y la religión.

La religión era un producto poco común: no sólo era fuerte sino también de amplias miras. Los griegos gustaban también de las fiestas conmemorativas en las que se reservaban la participación, y había una gran rivalidad entre las ciudades para ganar los premios en las competiciones tanto teatrales o literarias como de proeza atlética. No debe ello extrañarnos,.,pues los griegos creían en la necesidad del equilibrio entre una mente y un cuerpo sanos. Las obras teatrales debatían siempre cuestiones morales de gran importancia. De sus fiestas conmemorativas surgieron los Juegos Olímpicos.

En la antigua Grecia se celebraban cuatro grandes festivales: los olímpicos, píticos, ístmicos y ñemeos. El festival olímpico en honor del dios Zeus se celebraba a mitad de verano cada cuatro años. Los períodos de cuatro años entre unos juegos y otros eran conocidos como olimpiadas y se utilizaban para fechar acontecimientos históricos. Los Juegos Olímpicos eran la parte más importante del festival.

Existe un registro de las victorias desde el año 776 a. de J.C. El número de pruebas de los juegos fue aumentando con los años e incluían carreras, boxeo, carreras de carros y el pentathlon -una competición compuesta por cinco pruebas: velocidad, salto de longitud, lanzamiento de jabalina, lanzamiento de disco y lucha-.

El estadio de Olimpia tenía forma de herradura alargada y podía acoger a 40.000 personas. Durante la celebración de los juegos se proclamaba una tregua entre los distintos estados griegos y se interrumpían todas las luchas para que participantes de toda la península pudieran asistir a las pruebas.

En los juegos de Olimpia estaba excluida por completo la participación de las mujeres. Las fiestas duraban cinco días y se iniciaban con ceremonias de bienvenida. Vencer en una prueba convertía al protagonista en un héroe popular y en un ciudadano privilegiado. Filipo de Macedonia, el padre de Alejandro Magno, ganó en una ocasión la carrera de carros, y esta hazaña fue rememorada con el acuñamiento de moneda.

Fuente Consultada: Historia Sin Fronteras Tomo I Historia del Mundo Antiguo y La Edad Media

Las Instituciones Democraticas en Grecia Antigua Asamblea Ecclesia

Las Instituciones Democráticas en Grecia Antigua Asamblea Ecclesia

Integrantes: El poder soberano pertenecía a la asamblea del pueblo. Esta es la diferencia fundamental entre la democracia ateniense y la moderna. En la democracia moderna el gobierno es representativo, en Atenas la democracia era directa: era el conjunto de los ciudadanos en la asamblea el que votaba las leyes, declaraba la guerra y elegía los magistrados.

En teoría, para entrar en la ecclesia se requerían solamente dos condiciones: ser ciudadano —desde la ley de Pericles, el hijo varón de padre y madre atenienses— y ser mayor de edad.

En la práctica, solamente participaba en las sesiones una fracción del pueblo; nunca más de dos o tres mil ciudadanos, la mayoría de ellos vecinos de Atenas. Para ciertas resoluciones que tenían que ser tomadas “por todo el pueblo” se exigía un quorum de 6 000 personas. La abstención, sin embargo, no era practicada igualmente por todas las clases de la sociedad.

Democracia en Atenas

Muchos de los ricos no participaban por no molestarse o porque evitaban juntarse con la muchedumbre; la gente de la costa, no lo hacía porque prefería el producido de la pesca y el comercio a los discursos solemnes; los campesinos en raras ocasiones descendían a Atenas. El público habitual de la asamblea eran los artesanos y pequeños comerciantes de la ciudad. Si bien en un principio la participación en la asamblea no era retribuida, posteriormente los asistentes recibían una remuneración por cada reunión, al comienzo un óbolo y luego tres, lo que era muy poco, teniendo en cuenta los salarios de la época.

Funcionamiento
En los primeros tiempos, la asamblea se reunía una vez por pritanía (décima parte del año), pero los progresos del régimen democrático, tuvieron por efecto multiplicar las cuestiones sometidas al pueblo y llegó a haber hasta cuatro sesiones por pritanía.

Las sesiones tenían siempre su orden del día, aunque éste no era nada limitativo. Desde el momento que un asunto hubiese sido llevado al orden del día, dentro del plazo legal de cuatro días podía ser sometido a deliberación.

Como en todas las ciudades griegas, el punto de reunión de la asamblea era primeramente el agora, pero, en el siglo V a.C. la gran plaza del mercado servía solamente para las ocasiones especiales en que debía reunirse “todo el pueblo”. La colina del Pnyx era el lugar de las asambleas ordinarias.

En este lugar de 6.000 metros cuadrados cabían hasta 25.000 personas de pie y, en los bancos, había asiento para 18.000. La asamblea era presidida por el “epístata de los pritanes” designado cada año por sorteo,- salvo en las asambleas electorales y plenarias que eran presididas por los nueve arcontes.

Antes de la deliberación se realizaba una ceremonia religiosa: los purificadores inmolaban algunos puercos y con la sangre de las víctimas trazaban un círculo sagrado en torno de los asistentes. Acto seguido, el presidente ordenaba que se leyera el informe del consejo acerca del proyecto puesto en el orden del día, el probuleuma. La ley prohibía que se introdujera y se sometiera a deliberación toda proposición no tratada previamente por el Consejo.

El consejo carecía del derecho de veto; el probuletima no establecía nunca que una proposición debiera ser rechazada, sino que daba una opinión favorable o desfavorable o un análisis sin conclusiones.

Luego de la lectura, si el informe era favorable, se procedía a votar, levantando el brazo, la aceptación pura del probuleuma, o se pasaba a discutirlo. Si se decidía discutir, todo ateniense podía sostener su opinión ante la asamblea: una igual libertad de palabra —isogoría— parecía la condición del régimen democrático. Pero solamente un número muy reducido de asistentes hacía uso de esa facultad y, generalmente, eran los jefes de los partidos los que sostenían el peso de la discusión.

El ciudadano llamado a hablar a la tribuna ponía en su cabeza una corona de mirto; entonces, era inviolable y sagrado. Todo ateniense tenía derecho de iniciativa, es decir, de presentar una moción, y derecho de discusión y corrección, vale decir que podía hacer adiciones al probuleuma o hacer proyectos sustitutivos.

Los abusos del derecho de iniciativa eran severamente reprimidos: toda proposición ilegal debía ser rechazada y se podía llevar al autor hasta los tribunales.

Existía la posibilidad, aun después de efectuada la votación, de que el asunto fuera sometido a nueva discusión.
El voto secreto estaba reservado solamente para las asambleas en que se tratase de adoptar medidas graves contra particulares, como ser el ostracismo y la alta traición.

Atribuciones: El pueblo soberano lo puede todo en un régimen de democracia absoluta. Pero, ¿qué entendían los atenienses por soberanía? A la ecclesia le correspondía la decisión en los asuntos fundamentales de la política exterior, el poder legislativo, la suprema acción de juez en materia política.

En materia dé relaciones exteriores, noo solamente decidía la paz y la guerra, sino que concretábalas alianzas e intervenía hasta en las más insignificantes negociaciones. En tiempos de paz se preocupaba de todo lo concerniente a la defensa de las fronteras y a la flota.

En tiempos de guerra, fijaba el número de contingentes que tenían que ser movilizados, designaba los estrategos de las expediciones que ordenaba, aprobaba o desaprobaba sus planes y disponía, por decreto, la ofensiva o la retirada. Esta autoridad que tenía sobre los jefes militares fue todavía acrecentada y, así, se vio condenar al destierro o a la pena de muerte a generales vencidos y hasta a generales vencedores.

Esta suprema injerencia de 40.000 individuos en la dirección de la guerra y de la flota puede parecemos extraña, si no se distingue, bajo las apariencias, la realidad de las cosas. Lo que ocurría era que, en el fondo, la misión principal, en materia de política exterior, le correspondía al Consejo; éste estudiaba los asuntos, hacía las negociaciones y prácticamente daba soluciones que la asamblea no hacía sino ratificar. La soberanía del pueblo en materia de poder ejecutivo se ejercía por intermedio de magistrados.

Los funcionarios que ocupaban cargos de gran responsabilidad eran designados por elección de la asamblea. El día de la ecclesia se transformaba en comicios efectuaba una asamblea extraordinaria en la que los integrantes de los partidos, por todos los medios, trataban de lograr el favor popular. Una vez en el cargo, los magistrados quedaban sometidos a la vigilancia de la asamblea. Esta, en cada pritanía, les renovaba sus poderes por un voto de confianza; en caso negativo, les hacía abandonar el cargo o los sometía a los tribunales. El pueblo era el encargado de votar las sumas necesarias para la guerra, para las embajadas, etc.

Para determinar el papel legislativo de la asamblea, habría que distinguir el sentido exacto que le daban a los términos ley y decreto, conceptos que no eran claros para los atenienses. Lo que estaba bien establecido era que ningún decreto, tanto del Consejo como de la asamblea podía prevalecer sobre la ley.

Lo que los atenienses del siglo V a.C. entendían por leyes eran, sobre todo, las leyes constitucionales, o sea, las normas dictadas por Dracón, Solón y Clístenes y que no fueron abolidas porque se consideraba dicha abolición un atentado contra los dioses y la ciudad. Para eludir ese principio se legislaba por decreto. Había ciertos decretos que requerían un tratamiento especial y no el simple probuleuma del Consejo; eran los decretos por los que se trataba de fijar la condición de una ciudad federada, la concesión de la ciudadanía a un extranjero, etc.

En estos casos se nombraba una comisión de expertos, los syngrafeis, para preparar el proyecto a presentar en la asamblea. Se utilizaba ese procedimiento también para evitar la improvisación del pueblo en temas graves de legislación, sobre todo en aquellos que nosotros llamaríamos leyes constitucionales. Los poderes judiciales de la asamblea eran solamente los excepcionales. Intervenía en aquellos casos en los que los intereses del Estado estaban en juego. Todas estas funciones las cumplía el pueblo ateniense a través de las asambleas, independientemente del número de asistentes. En casos especiales, se requería determinado quorum; eran las asambleas plenarias.

Estas se reunían:

• Para designar al ateniense que debía ser expulsado de la ciudad por la ley del ostracismo.

• Para conferir la adela, es decir, la impunidad o la gracia ya al autor eventual de una proposición ilegal pero necesaria, ya a las personas que habían perdido sus derechos cívicos.

• Para conferir el derecho de ciudadanía a un extranjero. En esos casos, la comunidad, en nombre de un interés superior, iba contra las reglas de derecho común que garantizaban a los individuos los derechos cívicos; de allí su carácter extraordinario.

Al analizar el papel desempeñado por la asamblea, las ventajas y desventajas del gobierno democrático directo, debemos recordar que ya en la antigüedad se le hicieron muchas críticas.

Se decía que el pueblo resolvía cosas que la mayoría no entendía, que se tomaban decisiones graves bajo el influjo de las pasiones dominantes en el momento, más que por la fría reflexión. Estos vicios no podemos dejar de tenerlos en cuenta, pero, por graves que fueran los inconvenientes, también se estima que estaban compensados por las ventajas propias del sistema. La asamblea era una excelente escuela. Fiscalizando a los magistrados, deliberando y votando sobre los proyectos de ley, el ciudadano encontraba un factor indispensable de desenvolvimiento político e intelectual.

Todos aprendían en la práctica su oficio de ciudadanos. Además, el ejercicio directo de la soberanía por los ciudadanos tenía sus limitaciones. Los jefes de partido tuvieron siempre su importancia, y en ellos hubo delegación tácita de soberanía. Por otra parte, hay que tener en cuenta también estos elementos:

• El probuleuma, o sea que antes de ser sometido a la asamblea, todo asunto era previamente estudiado;

• El peligro de la paranomon grafé, que obligaba a meditar antes de hacer una proposición;

• Que para los asuntos de importancia, era necesario el estudio de una comisión de expertos;

• Los asuntos más graves solamente eran tratados en asambleas plenarias.

Ver: Gobierno de Clístenes y Las Instituciones Democráticas

La Democracia en Atenas Deberes de los Ciudadanos Leyes Asamblea

La Democracia en Atenas
Deberes de los Ciudadanos y Leyes 

HISTORIA DE GRECIA: Es el régimen democrático funcionando en la época de Pericles lo que vamos a estudiar, pues es en esa época cuando la vida política de Atenas revela equilibrio entre los derechos del individuo y el poder político. Lo que distingue a una sociedad democrática es que la soberanía pertenece a todos los ciudadanos sin excepción. La única restricción es la ley. La ley que regula las relaciones entre los ciudadanos, protege a los unos de los otros y defiende también a los ciudadanos del poder del Estado, así como los intereses del Estado frente a los particulares.

democracia en Atenas

Discución de leyes con el pueblo

Los principios sobre los que se basa la democracia son: libertad, igualdad y filantropía. Bajo el imperio de la ley, los atenienses eran verdaderamente libres e iguales. La libertad del ciudadano en Atenas era absoluta, y el concepto ateniense de libertad no difería mucho del que hoy sustentamos: derecho de todos los ciudadanos a pensar, decir y hacer lo que mejor crean, dentro de los límites marcados por la ley elegida por ellos mismos.. La democracia ateniense no era caótica gracias a la acción reguladora de la ley. Ella tenía como fin mantener el orden y la paz social, así como la propiedad y la grandeza intelectual.

La libertad, entendida de ese modo y para mantener su valor de tal no puede ir separada de la igualdad.

INSTITUCIONES DECOCRÁTICA EN ATENAS: La democracia, sea como concepto, sea como institución, se remonta a la cultura griega. Aparece en las ciudades griegas, particularmente en Atenas, donde Solón estableció un gobierno democrático temperado.

Cuatro cuerpos políticos constituían el gobierno de Atenas posibilitando de esa manera el acceso de todos al poder.

a) El Arcontado. En realidad existía antes de Solón, pero este impuso el mando de nueve arcontes simultáneos elegidos por el pueblo. Solo podían ser elegidos los ciudadanos pertenecientes a la primera clase. El Arcontado ejercía el poder ejecutivo.

b) El Areópago era una asamblea de ancianos, en un principio de nobles. Después de Solón admitió a los arcontes que cesaban en sus funciones y a los magistrados que se habían distinguido por el buen ejercicio de su cargo. El nombre de Areópago provino del lugar donde se reunían. Su función era administrar justicia en asuntos concernientes a educación, moral y religión. Censuraba a los malos magistrados, castigaba la holganza, la impiedad, los sacrilegios y el homicidio.

c) El Senado estaba compuesto por 400 ciudadanos elegidos por la Asamblea del pueblo. La edad mínima para ser elegido senador era 30 años. Correspondía al Senado la elaboración de las leyes que luego sometía a la Asamblea del pueblo, la vigilancia de los magistrados, la aplicación de multas por infracciones a las leyes, la dirección de la administración civil, la convocación de la Asamblea. El Senado debía dar cuenta de su actuación ante la Asamblea.

d) La Asamblea del pueblo. La componían todos los ciudadanos que tuvieran 20 años y reconocida moralidad. Como se ve casi todos los atenienses eran legisladores porque todos podían participar en la elaboración de las leyes. Ordinariamente sesionaba tres veces al mes en el Agora. La reunión comenzaba con un sacrificio. Luego se discutían las leyes. Los ancianos gozaban de prioridad en el uso de la palabra. Al pasarse a votación, los que estaban por la afirmativa levantaban la mano; en algunas circunstancias se computaban los votos nominalmente como en los escrutinios actuales. La Asamblea del pueblo estaba investida de todos los poderes; no estaba sujeta a ningún control- o veto ni a limitación de ninguna clase.

En la democracia ateniense, el pueblo aparecía como el verdadero soberano del Estado. Además de aprobar o rechazai las leyes del Senado, decidía, por mayoría, de la paz o de la guerra, y enjuiciaba a los generales. “Todo, en suma, dependía en Atenas de la decisión de la Asamblea General. Según la Constitución de Solón, el poder ejecutivo pertenecía, pues, a los Arcontes, el poder judicial al Areópago y el legislativo al Senado y a la Asamblea del pueblo”.

LOS CIUDADANOS: Todos los ciudadanos tenían los mismos derechos ante la ley fisonomía), igual voto decisivo en los asuntos públicos, la misma participación en el gobierno efectivo del Estado e igualdad en el derecho de palabra (isogoría). Los griegos entendían así la democracia y desconfiaban de las instituciones de carácter representativo.

La verdadera democracia requería que todo ciudadano pudiera asistir personalmente al debate de los asuntos tratados, así como emitir su voto directamente, y que incluso cada ciudadano pudiese gobernar y ser gobernado por turno.

La igualdad era lo que los atenienses ponían por encima de todo en su constitución. “Es el mérito —decían— mucho más que la clase, lo que abre la vía de los honores públicos. Nadie, si es capaz de servir a la ciudad, puede dejar de hacerlo por la pobreza o por la oscuridad de su condición”. (Tucídides).

Se podría pensar, entonces, que los atenienses se negaban a sí mismos al mantener el sistema solónico de las clases censatarias.

Instituciones claves para hacer efectiva la democracia eran el sorteo y la remuneración económica ya analizada. El sistema del sorteo era, en esencia, el reconocimiento de la igualdad de posibilidades de acceso al gobierno de la cosa pública que tenían los ciudadanos; no era negar una elección, sino afirmar que, en última instancia, cualquier ciudadano estaba capacitado para el gobierno.

Ello, además, estaba respaldado por la exigencia con que el pueblo controlaba la acción del magistrado. El sorteo no comprendía a todos los ciudadanos, sino a aquellos que se inscribían para ser sorteados. Vale decir que había un paso previo de autoselección entre los aspirantes al cargo.

El sorteo era considerado como una de las piedras angulares de la democracia; impedía que los más poderosos influyesen en las elecciones, presionando al electorado.

Otro gran principio era el de la filantropía. Habiendo ciudadanos libres e iguales, el Estado tenía ciertas obligaciones precisas que no podía eludir, bajo pena de traicionar los principios mismos de la Constitución. La primera de estas obligaciones consistía en asegurar la defensa de la ciudad:, organizar y mantener el ejército y la marina.

Debía proteger la libertad individual, haciendo desaparecer los últimos vestigios de responsabilidad colectiva. Tenía el deber de corregir la desigualdad en el reparto de los bienes, dando a los más necesitados compensaciones tendientes a aliviar su situación y evitar su miseria.

La mistofonia, las cleruquías, las grandes obras de utilidad o embellecimiento, fueron medidas tomadas para mantener el equilibrio de una sociedad democrática.

A la protección que significaba la creación de fuentes de trabajo para los que podían trabajar, se agregó la asistencia a los que no podían hacerlo. Así, había una ley que determinaba que los inválidos por acción de guerra recibirían hasta el final de sus días una pensión del Estado. Las viudas de los atenienses muertos en combate eran alimentadas por el Estado lo mismo que sus hijos, quienes, además, recibían educación a cargo de aquél.
Pero todavía se tomaban más precauciones.

Para que los artículos de primera necesidad no encareciesen, se creó una magistratura especial —sitofilacos—, que tenía como misión el contralor de la importación de granos, los precios y las condiciones de venta. Esta política de ayuda no era solamente justa, sino indispensable; el régimen no podía mantenerse sin asegurar a cada ciudadano el mínimo indispensable para ejercer sus derechos cívicos.

De esa manera, asegurado su sustento, los ciudadanos exigían al Estado satisfacciones intelectuales y morales.

El teatro griego era costeado por la primera clase, a la que se le imponían cargas tributarias utilizadas en la preparación de coros, concursos líricos y dramáticos. Los beneficios llegaban gratuitamente a todas las clases. Como esas prestaciones no eran suficientes, el Estado llegó a formar un fondo —el teoñcón— con el cual se costeaba la entrada.

El griego consideraba que el teatro era la mejor forma de enseñar. De ahí el contralor que ejercía el Estado sobre el teatro.

Los deberes de los ciudadanos: Una ciudad que cumplía tan liberalmente con sus obligaciones, podía pedir mucho a cambio. Las relaciones del ateniense para con su ciudad, no suponían solamente derechos, sino también deberes.

El Estado garantizaba la igualdad, la filantropía, la libertad y la responsabilidad personal pero, a cambio, exigía una serie de prestaciones y una disposición moral hacia la ciudad que conocemos a través del juramento de los efebos. Este juramento lo hacía el joven el año que llegaba a la mayoría de edad, antes de ser inscripto en el registro que le garantizaba su derecho de ciudadanía.

El efebo recibía su armadura en presencia del Consejo de los 500. Juraba defender la ciudad, obedecer sus leyes y sus dioses, según los términos de un documento del siglo IV a.C.: “No deshonraré estas armas sagradas, no abandonaré a mis compañeros en la batalla, combatiré por mis dioses y mi hogar, solo o con los otros. No dejaré mi patria disminuida, sino más grande y más fuerte aún que lo que pude recibirla. Obedeceré las órdenes que la sabiduría de los magistrados me pueda dictar. Me someteré a las leyes en vigor y a las que el pueblo haga de común acuerdo: si alguien quiere abolir estas leyes o desobedecerlas, no lo soportaré, sino que combatiré por ellas, solo o con todos. Respetaré el culto de mis padres”.

Sumisión a la soberanía del pueblo y a las autoridades establecidas, obediencia a las leyes: tales los fundamentos sobre los que reposó el equilibrio político y social de Atenas cinco siglos antes de la era cristiana.

La ley: ¿Cuál era el concepto de ley para los atenienses del siglo V a.C.? Los griegos tenían dos términos para designar la ley:

• La themis o justicia primitiva, trasmitida por tradición oral y de origen desconocido, pero consagrado por la costumbre como cosa sagrada e inmutable.

• La nomos, que era la ley humana, cuyo carácter esencial era el estar escrita, ser conocida por todos y pertenecer a todos. Respaldada por el acto soberano de la votación, gozaba de gran respeto, pero no se le daba un valor absoluto y se admitía su cambio mediante otro acto soberano.

Ninguna ciudad griega tenía una constitución redactada en un documento; lo que existía era un conjunto de costumbres, de disposiciones insertas en leyes diversas.

Cuando los autores griegos, sobre todo Aristóteles, hablan de constitución, se refieren al régimen de una ciudad. Es decir, se refieren a la organización dada a las magistraturas en general, dicen cómo estaban repartidos los poderes, cuáles eran las atribuciones de la soberanía popular y qué fin se asignaba a la comunidad política.

Las leyes tampoco eran entre los griegos un todo sistemático, un código en el sentido moderno. Por lo general, cuando estaban agrupadas, llevaban como etiqueta oficial el nombre de los magistrados o de los tribunales encargados de aplicarlas.

Los griegos tenían un alto concepto de la ley; consideraban que el Estado no podía subsistir cuando los fallos que se dictaban carecían de fuerza, cuando los particulares podían suprimir el efecto de la ley.

La ley había que aceptarla aun siendo injusta, porque el ciudadano le debía obediencia en virtud de un pacto inviolable. Una vez adquiridos los derechos cívicos, se podía renunciar al pacto y abandonar la patria, pero, el que se quedaba, contraía el compromiso de obedecer las leyes.

La democracia ateniense aparece como el ejercicio de la soberanía por parte de ciudadanos libres e iguales, bajo la égida de la ley.

La Bule en Atenas Instituciones democraticas en Atenas Asamblea 500

La Bulé en Atenas: Instituciones Democráticas en Atenas – Asamblea 500

El Consejo de los 500 o Bulé: Organización para que la asamblea pudiera tomar sus resoluciones era necesario que su trabajo fuese preparado, que los decretos adoptasen una forma regular antes de serle sometidos y que se pudiera votar sobre textos precisos y detenidamente examinados. Además, la asamblea, no podía estar reunida permanentemente. Debía, por lo tanto, confiar una delegación de su soberanía a un cuerpo investido de poder deliberativo y ejecutivo.

Este cuerpo, al que los atenienses llamaban el consejo, era considerado como la primera magistratura. Estaba integrado por 500 miembros, a razón de 50 por tribu, designados por sorteo entre los ciudadanos mayores de 30 años que se presentaran como candidatos. Sus miembros debían consagrarse, durante un año, a los asuntos públicos y eran retribuidos en sus funciones, además de ser eximidos de las obligaciones militares.

Antes de tomar posesión de su cargo, debían prestar juramento, en el cual hacían referencia a sus atribuciones y a las Obligaciones del cargo. Juraban ejercer su misión conforme a las leyes y ser fieles a los intereses del pueblo; guardar en secreto los asuntos de Estado y respetar la libertad individual. Se reunían todos los días y las sesiones se realizaban en el Buleuterion, instalado al sur del agora, revistiendo carácter público.

En la práctica, la Bulé no podía reunirse sin interrupción durante un año entero; era preciso que se formaran comisiones para despachar los asuntos urgentes y preparar los trabajos. Así se crearon las pritanías. Cada una de las diez tribus, tenía a su cargo una pritanía una vez al año.

Los pritanes actuaban en nombre de todo el cuerpo. Por su intermedio la Bulé estableció relaciones con los magistrados y con los embajadores extranjeros, recibió mensajes y, en casos urgentes, convocó al Consejo o a la asamblea. Para ejercer mejor sus múltiples atribuciones, la Bulé nombraba, por aclamación o por sorteo, comisiones con atribuciones especiales.

Había, por ejemplo, comisiones encargadas de vigilar la entrada a la asamblea, supervisar las construcciones navales y verificar las escrituras de los funcionarios contables. Poderes Se le atribuía la dirección general de los asuntos públicos.

La Bulé era el organismo que tenía la función de gobierno más importante. Como órgano legislativo, tenía la misión de preparar los probuleumas. Como órgano ejecutivo, redactaba decretos, fiscalizaba las funciones de los magistrados y vigilaba la organización militar y la flota. Y, hasta actuaba como órgano judicial, dictando sentencias sola o en colaboración con la asamblea.

En materia de política exterior, su papel era fundamental: servía de intermediaria entre Atenas y los estados extranjeros, daba audiencia a los embajadores antes de presentarlos a la asamblea y negociaba con ellos antes de someter al pueblo el resultado de estas negociaciones. Daba las directivas necesarias a los ministros atenienses enviados en misión; hacía jurar en nombre de la ciudad los tratados de paz o alianzas.

Tuvo un papel particularmente activo cuando Atenas estuvo al frente de la Confederación, interviniendo en la fijación de los tributos y preparando los proyectos referentes a las ciudades y a todo el ámbito del “imperio” ateniense. En cuanto a la administración, ponía orden y unidad, sobre todo en lo referente a las finanzas. Se encargaba de procurar al presupuesto los recursos necesarios, sobre todo en tiempo de guerra. A través suyo, se realizaban todas las adjudicaciones del Estado, el arriendo de los impuestos, etc.

Durante todo el año vigilaba el empleo que se daba a los fondos públicos; se ocupaba de todo lo concerniente a la construcción y mantenimiento de los edificios públicos, incluyendo los santuarios. También vigilaba la administración del culto: preparaba, hasta el menor detalle, las fiestas de las Panateneas y aseguraba el buen orden de las Dionísicas.  Entre sus amplios cometidos figuraban, asimismo, atribuciones de policía y justicia.

En algunos casos ejercía la dokimasia, que era el derecho de censura. Este derecho se aplicaba en ciertos casos, como ser: la lista de los atenienses mayores de edad en los registros cívicos era presentada a la Bulé para que la aprobase en forma definitiva. Si se probaba que había alguna inscripción indebida, no solamente se borraba de la lista el nombre, sino que se imponía una pena a los demotas responsables del hecho.

Vigilaba las inscripciones de los caballeros y exploradores de caballería y procedía al examen, tanto de los hombres como de los animales. Controlaba la lista de enfermos que habían pedido asistencia pública. La Bulé, además, examinaba, al final de su mandato, a los buleutas y, antes de entrar en funciones, examinaba a los arcontes. Al principio tenía derecho absoluto de exclusión, pero luego los excluidos podían apelar ante el tribunal. También inspeccionaba la gestión de los funcionarios dedicados a las finanzas.

Tenía facultades para obligarlos a comparecer ante ella y juzgarlos si aparecían responsables del incumplimiento de los deberes de su cargo.

El consejo del areópago Era un cuerpo muy antiguo; se componía de ex arcontes, quienes conservaban tal dignidad de modo vitalicio. En los primeros tiempos tenía importantes funciones políticas; el examen de los magistrados y el cuidado de las leyes y la moralidad pública. Luego de las reformas del 462 a.C. sus funciones quedaron reducidas; tenía jurisdicción en ciertos casos penales como ser el homicidio intencional, el envenenamiento, etc. Mantuvo cierto prestigio, sin embargo, por las comisiones especiales que se le confiaban: la investigación de faltas graves contra el Estado y poderes extraordinarios en casos de pública emergencia.

Los magistrados
Caracteres comunes a todas las magistraturas

Los principios de la democracia, en cuanto a las magistraturas, son muy claros. El principio teórico de la igualdad, esencia del régimen, exigía que todos los ciudadanos pudieran acceder a las magistraturas; se proclamaba que todos tenían derecho a llegar y los mecanismos existentes posibilitaban que muchos de ellos accedieran a ellas. Las magistraturas eran anuales; por regla general, estaba prohibido ejercer durante varios años seguidos una misma función y acumular varias en el mismo año. Estas reglas tenían excepciones.

Los funcionarios militares, sobre todo los estrategos, podían hacer renovar sus poderes de año en año. Tal el caso d&Pericles. Las magistraturas eran colegiadas. Los colegios eran independientes unos de otros. La única excepción eran las magistraturas militares, donde la jerarquía era necesaria. En cuanto a las magistraturas civiles, eran todas iguales entre sí; pero en la práctica, se distinguían claramente cuáles eran los cargos de mayor categoría.

Las magistraturas que asumían las responsabilidades de los asuntos claves, aquellas cuyos titulares tenían que ver con los principales asuntos del Estado y ejercían el mando del ejército, no eran retribuidas, y los ciudadanos pertenecientes a las clases inferiores no podían llegar a ellas. A cada magistratura le correspondía un número de diez miembros, a razón de uno por tribu. Esto era tan riguroso, que cuando los magistrados no eran diez, se nombraba secretario, para completar el número y para que cada tribu tuviera su representante.

El nombramiento de los magistrados se hacía por sorteo o por elección. Los inconvenientes del sorteo eran en parte atenuados por una serie de factores:

• Los incapaces eran excluidos de las listas;

• La colegialidad de las magistraturas disminuía los peligros que podía significar un magistrado mediocre, pues su incapacidad podía quedar compensada por la capacidad de los demás magistrados;

• La colaboración de los asesores y, sobre todo, la presencia de personal permanente y experimentado, paliaba la inexperiencia de los jefes que cambiaban anualmente. A pesar del sorteo, el sistema de elección conservaba gran importancia. Se utilizaba para aquellos casos en que los magistrados debían demostrar competencia profesional o tener garantías de fortuna.

Eran elegidos por la asamblea, los magistrados militares y los jefes de los servicios técnicos, sobre todo los encargados de las finanzas. Una vez designados por sorteo o por elección, ningún magistrado tomaba posesión del cargo sin haber sido sometido antes a la prueba de la dokimasia, especie de examen sobre los antecedentes de los aspirantes.

Esta prueba consistía en un interrogatorio sobre su familia, los cultos que profesaba, su vida privada y pública. Luego, se traían testigos para que confirmasen sus afirmaciones. En caso de no presentarse contradicciones, se procedía a votar. Además de estas preguntas, generales a todas las magistraturas, había preguntas particulares para aquellas magistraturas que requerían una condición especial. Por este cuestionario, la vida entera del nuevo magistrado era sometida al examen de todos los ciudadanos. Antes de ocupar el cargo prestaban un juramento de investidura.

Los magistrados más importantes, en los primeros tiempos, fueron los arcontes. Eran nueve designados por sorteo, uno por cada tribu. De éstos, tres eran especialmente denominados: arconte, rey y polemarca, en tanto que los otros, seis, recibían el nombre común de tesmotetes. Los distintos arcontes tenían deberes especiales, de carácter principalmente judicial o religioso.

El arconte en jefe era la cabeza visible del Estado y se le llamaba epónimo, por cuanto daba su nombre al año. La dirección de las Grandes Dionisíacas y de algunas otras fiestas eran de su incumbencia, y sus deberes judiciales estaban relacionados con la administración de la ley familiar. El arconte rey era el principal funcionario religioso del Estado y, en materia judicial, conocía en las causas de carácter religioso y presidía los juicios de homicidio.

El polemarca estaba encargado de otros deberes religiosos y entendía en las causas referentes a los no ciudadanos. Los seis tesmotetes o arcontes menores se ocupaban de asuntos casi todos judiciales y legales, vigilaban la marcha de los tribunales, presidían ciertas causas, conservaban y revisaban los códigos legales. Había también cuerpos administrativos de menor importancia, la mayoría integrados por diez miembros cada uno, como los encargados de finanzas y los magistrados de policía que cuidaban de las prisiones y de las penas corporales. En cambio, los estrategos (generales) se elevaron por encima de sus atribuciones militares y adquirieron las atribuciones políticas que habían perdido los arcontes. Eran electos por la asamblea.

Generalmente había uno por cada tribu y eran reelegibles cada año. Además de conducir las operaciones en el campo de batalla, se encargaban de toda la administración militar y naval y presidían todos los negocios relativos a estas cuestiones. La jerarquía entre los estrategas la establecía la asamblea que, en algunos casos, el jefe de una expedición u otorgaba facultades extraordinarias u un general.

Poderes y responsabilidades de los magistrados Si analizamos las prerrogativas y las responsabilidades que tenían los magistrados, llegamos a la conclusión de que su situación no era nada codiciable. Pocas eran las prerrogativas de que gozaban: tenían cierta impunidad suspensiva, al evitárseles ciertas persecuciones de orden privado mientras estaban en el ejercicio de sus funciones y gozaban de una vigilancia especial. Pero si tenemos en cuenta sus obligaciones, en relación éstas son abrumadoras.

Estaban sometidos a una vigilancia incesante y minuciosa. Nada podían resolver sin la autorización del Consejo. Nueve veces al año debían obtener de la asamblea el voto de confianza so pena de ser suspendidos en sus funciones y perseguidos por los tribunales. Al finalizar su mandato, todo magistrado debía rendir cuenta de los fondos públicos cuyo manejo se le había confiado y presentar una declaración escrita sobre su gestión administrativa.

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