Historia de Francia

Biografia de Luis XIII Rey de Francia Caracteristicas de su Reinado

Biografia de Luis XIII Rey de Francia

Se suele decir que su gobierno fue el gobierno del mismo cardenal Richelieu. Eclipsado por su primer ministro, el rey Luis XIII no deslumbró ni tuvo un protagonismo como Richelieu. Sin embargo, jugó un papel esencial en el gobierno de Francia, al orientar su reino por la vía del absolutismo.

Hijo de Enrique IV y de María de Médicis, Luis XIII nació en Fontainebleau el 27-9-1601. Recibió la corona con apenas 9 años de edad, por lo que su gobierno fue ejercido por su madre y regente María de Médicis.

Maria de Medicis madre y regente de Luis XIII
María de Medicis, madre y regente de Luis XIII

María era una italiana ignorante, dominada por su camarera Leonora Galigai. Enrique IV la había tenido apartada de los negocios, la reina no conocía Francia.

Dejó que en su lugar gobernara el marido de Leonora, un aventurero, Concini, a quien hizo marqués de Ancre y nombró Mariscal.

Debido a la fragilidad de este gobierno la nobleza y los protestantes lanzaron peligrosos ataques contra la autoridad real. Luis XIII permanecía alejado de la vida política, casi prisionero del bando de los Concinis.

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A Luis XIII el Justo tuvo desde muy temprano una clara ¡dea de su función; a los nueve años de edad afirmaba: «Alegrar al pueblo, temer a Dios, hacer justicia, esa es la función múltiple de Su Majestad».

El primogénito de Enrique IV llegó a ser rey en circunstancias dramáticas, el 14 de mayo de 1610, cuando su padre murió poco después de recibir dos puñaladas.

Como Luis XIII tenía sólo nueve años de edad, su madre María de Médicis aseguró la regencia. La pérdida de ese título en 1614, cuando su hijo alcanzó la mayoría de edad y la nombró a la cabeza de su Consejo, no le impidió continuar dirigiendo el reino en su lugar.

En efecto, ella dejó gobernar a sus favoritos, una pareja de aventureros italianos: su amiga de infancia Leonora Dori, llamada también Leonora Galigai, y su marido Concino Concini, marqués de Ancre.

Los Concini, que pensaban en particular hacer fortuna, eran detestados unánimemente.

En tanto, el rey era ignorado por su madre y obligado a mantenerse al margen del poder.

Tuvo una infancia ruda, sin afecto y con exceso de latigazos, conservando así un carácter tímido e iracundo, neurasténico y suspicaz.

Su vida estuvo marcada por las migrañas, las crisis de angustia, las enfermedades crónicas, que finalmente lo conducirían a la muerte a los cuarenta y dos años de edad.

En su soledad fue sensible a las escasas muestras de atención de un pequeño número de compañeros, de los cuales el más cercano fue Charles de Luynes, que llegaría a ser el halconero mayor del reino.

El joven obispo de Lucon, Richelieu, se dejó engañar por este aislamiento del rey cuando decidió hacer carrera en la corte y desatendió a Luis XIII en favor de la reina madre, María de Médicis.

El comienzo de su reinado estuvo dominado por la agitación de la alta nobleza verdaderos amos en sus provincias. Aprovechándose de una monarquía debilitado por la minoría de edad del rey, éstos no vacilaron en reivindicar los privilegios y rebelarse.

Durante la crisis de 1614 una revuelta aristocrática que desembocó en los estados generales declaraba a su medio hermano César de Vendóme, hijo legitimado de Enrique IV y de Gabrielle d’Estrées: «Sepa que el mayor honor que tiene usted en el mundo es ser mi hermano».

VEAMOS LA HISTORIA DE SU GOBIERNO….

María de Médicis abandonó los proyectos de Enrique IV e hizo la paz con España.

Luego Luis XIII se casó con la hija del rey de España. El príncipe heredero de España contrajo matrimonio con la hermana de Luis XIII.

Los príncipes dejaron hacer al principio. Aprovecharon la debilidad de la regente para hacerse dar gobiernos y pensiones cuantiosas. Se les pagó con el tesoro de Enrique IV.

Cuando se agotó el dinero, obligaron a la reina a reunir los Estados Generales (1614).

Aquella asamblea no fue más que una comedia. El clero y la nobleza disputaron con los diputados de la burguesía.

Un día la Corte mandó cerrar la sala de reunión, con el pretexto de que se necesitaba para dar un baile. Los diputados aguardaron algún tiempo a que se quisiera reunirlos, luego se resignaron a volver a sus casas.

Los calvinistas tuvieron miedo de que la reina, dirigida por consejeros católicos, prohibiera su culto. Tuvieron reuniones y se entendieron con los príncipes, que se sublevaron.

Luis XIII había sido declarado mayor de edad; pero, como su madre conservaba el mando, vivía retirado en el Louvre y se divertía cazando con halcón.

Su halconero, un hidalgo pobre llamado Alberto de Luynes, se ganó las simpatías del joven rey y lo enfrentó contra el favorito de su madre, el mariscal Ancre, quien vivía entre lujo y cortesanos.

Luis XIII decidió desembarazarse del mariscal, pero no se atrevió a hacerle juzgar; un capitán de los guardias del rey le prendió en el momento que entraba en el Louvre y le mató de un pistoletazo.

Su mujer Leonora fue detenida, juzgada y condenada a muerte como hechicera. Se le acusó de haber logrado influjo sobre la reina valiéndose de sortilegios.

María de Médicis fue despedida de la Corte, pero al poco tiempo se reconcilió con su hijo y pudo influir nuevamente.

Luynes gobernó entonces en lugar de Luis XIII, y aprovechó para hacerse nombrar duque y para que se dieran títulos a sus hermanos.

Los descontentos comenzaron y se iniciaron sublevaciones; los había de dos clases. Los príncipes y los señores, que habían sido nombrados gobernadores, se consideraban cada uno dueño de su provincia. Los capitanes que mandaban las plazas fuertes del país eran nombrados por ellos y les obedecían.

Sería muy larga de relatar la serie de intrigas cortesanas, levantamientos sediciosos de la nobleza, traiciones, disturbios de todo orden y de crímenes políticos que llenaron el período comprendido entre 1610 y 1624, en cuyo año decidió el rey, nombrar primer ministro al cardenal Richelieu, que ya ostentaba la dignidad cardenalicia.

Luis XIII, a quien se apellidó el Justo, era de carácter un tanto sombrío y no congeniaba con su primer ministro, a quien tampoco era simpático el rey; pero ambos eran patriotas y el amor a Francia les hizo soportarse mutuamente.

El rey comprendía el valor de Richelieu y éste estimaba imprescindible para el desarrollo de sus planes políticos realzar la persona y dignidad del monarca.

SOBRE EL CARDENAL RICHELIEU: Armando de Richelieu, hijo de un señor del Poitou, había sido educado como noble. Sabía esgrima y montaba bien a caballo.

A los veintiún años fue nombrado obispo de Lucon, un pequeño obispado que se daba a los segundones de su familia. Como muchos obispos de aquella época, no residía en su diócesis, vivía en la Corte.

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El cardenal de Richelieu Armand Jean du Plessis, consiguió poner fin al poder político de las grandes familias de Francia al hacer del rey un monarca absoluto.

Richelieu se decidió a adquirir celebridad. Halagó a la reina y llegó a ser su favorito; la reina le nombró limosnero mayor e hizo que ingresara en el Consejo (1616). Era entonces partidario de la alianza con España.

Cuando la reina perdió el poder, fue despedido (1617). Pero, después de la muerte de Luynes, Luis XIII se reconcilió con su madre, y para agradarla hizo nombrar cardenal a Richelieu, tomándole más tarde por consejero (1624). Pronto le dejó gobernar en su lugar (1626).

Richelieu, que entonces contaba treinta y cinco años, tenía maneras de gran señor más que de sacerdote. Iba a la guerra con traje de gentilhombre y coraza. Sostenía gran número de pajes, de criados, de músicos, y hasta compañías de soldados a caballo.

Tenía siempre en su casa cuatro mesas servidas, una con catorce cubiertos para él y sus amigos, otra de treinta para los gentileshombres y los invitados, y otras dos, mucho más numerosas, para sus pajes, sus lacayos y sus cocineros.

Se mandó hacer en París un palacio, el Palacio Cardenal, que fue más tarde el Palais Royal. Mandó edificar un castillo y toda una ciudad en sus tierras de Richelieu.

Richelieu trabajaba mucho. Hacía que le presentasen los despachos a las tres y cuatro de la mañana y los respondía la misma noche. Dormía de seis a ocho horas, trabajaba toda la mañana con los ministros, y después de la comida del medio día, trabajaba hasta el oscurecer.

Al término de su vida, Richelieu resumió todo lo que había querido hacer.
Richelieu trabajó:

1º, para destruir el partido protestante;
2°, para obligar a los grandes a obedecer;
3°, para disminuir el poder del rey de España y del emperador. Trabajó en esto hasta su muerte y venció en sus tres empresas.

La reina madre intrigaba para destituirlo e inducía a los nobles a la sedición, pero Richelieu supo triunfar a tantas asechanzas, logrando que en 1630 fuese desterrada la reina madre.

En 1632 se sublevó contra él el duque de Montmorency, a quien venció e hizo ejecutar. Posteriormente otros nobles, por instigación de la reina madre, intentaron derribarlo, pero descubiertos, fueron también decapitados.

En cuestión de finanzas no le acompañó la fortuna, pues todo su sistema administrativo consistía en la emisión de empréstitos onerosos y en la imposición de esquilmadores tributos, cuya exacción provocaba disturbios.

En el desempeño de su cargo fue desinteresado, pues no aceptó la pensión que tenía señalada y vivió de sus rentas.

Murió, tras larga y dolorosa enfermedad, en diciembre de 1642.

Pocos meses despúes , en mayo de 1643 falleció Luis XIII, dejando un hijo de cinco años de edad que subió al trono con el nombre de Luis XIV.

Fuente Consultada:

BIOGRAFIAS: Hicieron Historia Tomo I – Rey Luis XIII de Francia – Editorial Larousse


Biografia de Colbert Jean Baptiste Ministro de Luis XIV

Biografia de Colbert Jean Baptiste Ministro del Rey Luis XIV

Juan Bautista Colbert, nacido en 1619, era hijo de un vendedor de paños de Reims que se había enriquecido y había comprado un cargo. Fue empleado en las oficinas del secretario de Estado Le Tellier.

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Hijo de un mercader de paños de Reims — donde nació el 29 de agosto de 1619—educado en la escuela del trabajo, aportó a los altos cargos de la administración pública el espíritu práctico, recto, laborioso v preciso de la burguesía francesa de la época.

Luego entró al servicio de Mazarino, llegó a ser intendente y se dedicó a administrar la enorme fortuna de éste. Aprovecho su posición para empezar a enriquecerse. Mazarino, satisfecho de Colbert, incluyó en su testamento una cláusula en que rogaba al rey se sirviera de él.

Colbert se captó la confianza de Luis XIV, proporcionándole dinero, y le decidió a desembarazarse de Fouquet. Después de haber caído en desgracia Fouquet, Luis XIV nombró a Colbert intendente.

Más tarde (1665) le hizo inspector general de Hacienda y hasta su muerte (1683) le dejó regir el Tesoro de Francia.

Colbert, aun cuando había llegado a ser gran señor, conservó siempre costumbres modestas. Iba al Consejo a pie, sin criado, sin llevar más que un saco de terciopelo negro en que metía sus papeles.

Colbert fue muy trabajador. Pasaba el día entero leyendo papeles, escribiendo despachos y memorias y preparando informes para el rey.

Luis XIV tenía tanta confianza en él que le dio sucesivamente la superintendencia de las construcciones y los cargos de secretario de la Casa Real y de la Marina.

Colbert tuvo entonces en sus atribuciones, la Hacienda, la Marina, las Colonias, la Industria, el Comercio, las Construcciones, las Obras Públicas, las Bellas Artes, la Casa Real.

Reunía las atribuciones de siete de nuestros ministros. Regía todos los asuntos, exceptó los de Guerra, las Relaciones Exteriores y la Justicia.

Colbert pretendía vitalizar el comercio y la industria de Francia, ya por el aumento de la circulación económica general ya por la obtención de materias primas.

En efecto, el desarrollo de la producción industrial y el correspondiente aumento del comercio francés fueron los móviles que él nunca perdió de vista.

Para lograr estos fines, Colbert puso toda la potencia y autoridad del Estado en la reglamentación y desarrollo del comercio, la industria y el trabajo franceses.

Su teoría general descansaba en la obtención de productos nacionales de buena calidad, con los cuales competir favorablemente con la industria extranjera, tanto en los mercados interiores como exteriores.

A este principio obedecen las minuciosas normas dictadas para reglamentar el trabajo y la producción.

El régimen de corporaciones fue generalizado en 1671, pues sólo a través de ellas el Estado podía fiscalizar la aplicación de las disposiciones decretadas sobre la confección y calidad de los productos.

Estas medidas determinaron el nacimiento de una frondosa burocracia. Las diversas ramas industriales existentes recibieron la protección y las subvenciones del gobierno.

Se intentó resucitar las que habían periclitado desde fines del Medievo y se introdujeron especialidades nuevas, como la cristalería de Murano, los tejidos holandeses y los bordados de Venecia.

Colbert dio gran impulso, asimismo, al establecimiento de manufacturas, ya incitando a los productores a asociarse, ya otorgándoles privilegios, honores, monopolios y subsidios.

Así se constituyeron las manufacturas reales, como centros modelos de producción industrial: la de muebles y tapices de los Gobelinos; la de espejos de San Antonio; la de encajes de Reims, Chantilly y Alencon; la de armas de San Etienne; la de cobre de Chálons, etc.

Para proteger esta actividad ante la concurrencia extranjera, Colbert dictó una serie de tarifas protectoras que gravaron los derechos de aduana en la importación de los productos no nacionales.

Algunas veces inició guerras de tarifas, las cuales pronto se transformarbn en verdaderas contiendas bélicas — las únicas preconizadas por Colbert —como en el caso de Holanda y la tarifa de 1662.

Por otra parte, buscó nuevos mercados para la industria, y de la época de su gobierno arranca la fase culminante de la colonización francesa en la India y América del Norte.

A imitación de Holanda e Inglaterra, Colbert favoreció la creación de grandes Compañías por acciones (de las Indias orientales y occidentales, del Norte y de Levante) y estimuló el crecimiento de las marinas mercante y militar. La ordenanza de Comercio de 1673 —- primer código mercantil de la época moderna—, completada por la de marina de 1681, señalan las principales facetas de su actividad legislativa.

Murió en París el 6 de septiembre de 1683. Trabajador incansable, aun había hallado tiempo para proteger el desarrollo de las instituciones científicas (muchas de las academias francesas datan de su época), favorecer a los literatos y artistas del Grand Siécle, embellecer la capital con suntuosos edificios y enriquecerse cumplidamente.

Su sistema fue imitado por muchos Estados europeos en el siglo XVIII, criticado con violencia en el XIX y enjuiciado como lógico y necesario por los historiadores modernos.

La Obra de Colbert

Colbert, que había llegado a ser el principal consejero de Luis XIV, expuso sus ideas en Memorias que entregó al rey (1663-1664).

Creía que el poderío de un Estado depende «la abundancia del dinero». Juzgaba que había en Europa una cantidad limitada de dinero que «rodaba» de un país otro por el comercio. No se podía aumentar la cantidad de dinero en un Estado sino disminuyendo la de los demás.

Los franceses compraban entonces en el extranjero gran parte de los productos fabricados y pagaban en dinero contante, lo que hacía salir el oro y la plata del reino. Colbert creó industrias que fabricasen dichos productos. Empleó tres procedimientos:

1º) Creó manufacturas reales, con directores y obreros pagados por el rey o convenios particulares que concedían monopolios.

2º) Para permitir a los fabricantes vender sus productos más caros, Colbert estableció derechos de aduanas sobre los productos similares procedentes del extranjero. El reglamento, llamado tarifas, de 1664 impuso derechos elevados. Fue lo que se llamó sistema proteccionista. Los italianos le han denominado colbertismo.

3º) Colbert quería lograr que los productos franceses tuvieran en el extranjero buena fama, para que los compradores se resolvieran a adquirirlos. Quiso obligar a los fabricantes a no producir más que artículos buenos.

En las ciudades del Norte de Francia, los obreros estaban reunidos en corporaciones llamadas oficios, cada una de las cuales tenía sus reglamentos que prescribían la manera de trabajar. Mandó hacer más de 140 reglamentos. El reglamento de 1669 fijaba exactamente y al detalle las condiciones en que se debían trabajar.

Si un fabricante no aplicaba el reglamento, era multado según la reincidencia en contravención. Pero los fabricantes se resistieron, y Colbert no logró que sus reglamentos fueran aplicados.

En aquel tiempo en que los caminos estaban empedrados o Menos de baches, se hacía poco comercio por tierra. Para facilitar el tráfico en el interior, Colbert intentó hacer los ríos más navegables.

Entonces se hizo el canal de Languedoc, que permitió ir del Mediterráneo al océano, pasando por Aude y el Ga-rona. Lo hizo un contratista de aduanas, Riquet, al que se dio en cambio la señoría del canal.

Colbert se ocupó sobre todo del comercio exterior. Le irritaba que los navios holandeses llegaran a los puertos de Francia a buscar las mercancías extranjeras. Se había establecido un derecho de cincuenta sueldos (dos pesetas y media) por tonelada a los barcos extranjeros.

Los holandeses pedían a Luis XIV su supresión. Colbert hizo que fuera mantenido. Esperaba que los franceses se resolvieran a construir barcos que impidieran a los extranjeros hacerles competencia.

Los armadores franceses no eran bastante ricos o bastante atrevidos para emprender solos expediciones a los países remotos. Colbert fundó Compañías de navegación, semejantes a la Compañía holandesa de las lndias.

La Compañía de las Indias orientales, fundaba en 1664, debía ser propietaria de todas las islas que ocupase en el Atlántico y el Pacífico, y tener el derecho exclusivo de comerciar en las Indias. Se construyó un puerto que tomó el nombre de la Compañía, se llamó L’Orient.

La Compañía de las Indias occidentales, establecida en el Havre, debía tener el comercio y el gobierno de todas las colonias de América y de la costa occidental de África, y una prima por cada tonelada de mercancías exportadas e importadas.

Más tarde se creó una Compañía del Norte, en Dunkerque (1689), para el tráfico del mar del Norte y del Báltico, y una Compañía del Levante, en Marsella, para el Mediterráneo.

Estas Compañías no pudieron pagar dividendos y pronto quedaron arruinadas. Pero el número de barcos franceses se duplicó desde 1670 a 1683.

Como Colbert encontró la marina de guerra deshecha mande construir dos flotas, una en el Mediterráneo, otra en el océano.

En el Mediterráneo, los barcos eran galeras largas y bajas, movidas por remos enormes de 12 metros de largo. Se necesitaban cuatro o cinco hombres para cada remo.

Los remeros, condenados a galeras, iban sujetos con cadenas a los remos.

Los guarda-chusma, armados de látigo, estaban en el medio y azotaban |a espalda de los hombres para que remasen más fuerte.

Como se necesitaban muchos remeros, Colbert recomendaba que se condenase la más gente posible a galeras. Se hacía así con los criminales, los contrabandistas, los alborotadores, los vagabundos, los mendigos.

Más tarde se condenó también a los protestantes que intentaban salir de Francia. Se retenía indefinidamente a los condenados a galeras, aun cuando hubiera pasado el tiempo de la condena.

En el océano, los barcos eran fragatas o navios de línea, de puente alto, armado con dos o tres filas de cañones superpuestos. Tenían tres palos y navegaban a vela.

No podían entrar más que en los grandes puertos, en Brest o en Tolón. Colbert mandó construir un puerto de guerra nuevo en Rochefort, en el Charente.

Para tener marinos, Colbert creó un servicio obligatorio. Todos los marinos de la costa de Francia, dedicados al comercio o a la pesca, fueron inscritos y divididos en cinco clases (o tres, según las regiones). Cada clase debía servir de tiempo en tiempo en los barcos del rey.

Además, se podía hacer embarcar a todas en caso de necesidad. En cambio, los inscritos percibían sueldo y un pequeño retiro. Este régimen, llamado matrícula de mar, se ha conservado hasta nuestros días.

fuente

Biografia Felipe II Augusto de Francia Historia de su Reinado

Biografia de Felipe Augusto de Francia-Reinado y Conquistas

A la muerte de Luis VII (1180) Francia no poseía más que un territorio reducido. Enrique II , rey de Inglaterra, tenía casi toda la mitad occidental de Francia. Era vasallo del rey francés , pero mucho mas poderoso que él.

Entonces subió al trono, a los dieciséis años de edad, Felipe, llamado más tarde Augusto.

Felipe fue el séptimo rey de la dinastía de los Capetos, hijo y heredero de Luis VII de Francia el Joven y de Adela de Champaña. Ocupó el trono de Francia entre 1180 y 1223.

Nació el 21 de agosto de 1165 en Gonesse, Francia y falleció un 14 de Julio de 1223 en Mante La-joile. Reinó Francia desde el 18 de septiembre de 1180 hasta su muerte en 1223.

Era alto, de hermosa presencia, el rostro encendido, aficionado al vino y a la buena comida, pronto para encolerizarse, pero de espíritu vivo, que rápidamente se daba cuenta de lo que se necesitaba hacer.

Aun cuando no le gustase arriesgar la vida, fue un gran batallador y pasó casi todo el tiempo en guerra.

Como todos los príncipes de su familia, era devoto, y le ocurría rezar arrodillado sobre el pavimento de la iglesia de Saint-Denis, y antes de salir para una expedición, depositaba una ofrenda en el altar del Santo. No había tenido tiempo de acabar de instruirse, no había aprendido el latín y sabía apenas escribir.

biografia de felipe augusto de Francia

Felipe II de Francia, llamado «El Augusto», fue el séptimo rey de la dinastía de los Capetos, hijo y heredero de Luis VII de Francia el Joven y de Adela de Champaña. Ocupó el trono de Francia entre 1180 y 1223

En cuanto fue rey, Felipe entró en guerra con los príncipes sus vecinos, el conde de Champagne y el conde de Flandes (1181-1185). Sin haber ganado ninguna batalla, llegó a indisponer unos con otros a sus adversarios y obligó al conde de Flandes a pedir la paz.

Luego tuvo el atrevimiento de acometer al rey de Inglaterra Enrique II. Este había regañado con sus hijos, y Felipe los mandó venir a su lado. Intimó primero con Godofredo, luego, cuando éste hubo muerto, con Ricardo (llamado más tarde Corazón de León).

Felipe y Ricardo no se separaban nunca. Según costumbre de la época, comían en el mismo plato y dormían en el mismo lecho.

Se peleó en todos los países donde los dominios de los dos reyes se tocaban. Por ambos lados se habían alistado soldados de oficio que talaban los campos e incendiaban las ciudades.

Entonces se supone que los musulmanes acababan de apoderarse otra vez de Jeru-salén y del sepulcro de Cristo.

El Papa y los obispos suplicaron a los reyesque hicieran la paz para ir a la reconquista de Jerusalén.

FELIPE Y RICARDO

Al morir Enrique II, Ricardo vino a ser rey de Inglaterra, y los dos reyes se decidieron al fin a partir para la Cruzada (1189). Juraron permanecer amigos y aun repartirse las conquistas que hicieran en Tierra Santa, y luego partieron juntos (1190).

Pero en Palestina se incomodaron. Felipe, dejando a Ricardo continuar la guerra contra los musulmanes, se volvió a Francia.

En el momento de embarcarse, le juró sobre el Evangelio que durante su ausencia no atacaría sus posesiones de Francia y hasta que las «protegería con tanto cuidado como si defendiese su propia ciudad de París».

Inmediatamente de volver se las entendió con Juan Sin Tierra, hermano de Ricardo, para atacar las posesiones de éste.

De vuelta de la Cruzada y al pasar por Alemania, Ricardo fue hecho prisionero por el duque de Austria, que le detestaba y le vendió al emperador Enrique VI.

Felipe y Juan ofrecieron al emperador una gran suma para que no le soltase, y otra, mayor todavía, si accedía a entregársele. Ricardo, queriendo evitar a toda costa caer en sus manos, se resignó a prometer un enorme rescate y fue puesto en libertad.

Felipe escribió entonces a Juan: «Poneos en guardia; el diablo está suelto». Juan se refugió cerca del rey de Francia.

Ricardo, inmediatamente que estuvo de vuelta, fue a Normandía a rechazar el ejército de Felipe. La guerra duró cinco años (1194-11.99).

Cada uno de los dos reyes había tomado a su servicio jefes de salteadores que tomaban como profesión saquear el país e imponer rescate a sus prisioneros.

Ricardo fue muerto de un ballestazo cuando sitiaba un castillo del Limousin (1199).

Decíase que el dueño de dicho castillo había encontrado un tesoro. Ricardo le reclamó en calidad de soberano. Le fue negado, y Ricardo puso sitio al castillo. Herido mortalmente, tuvo todavía, antes de morir, tiempo de ver cómo los suyos se apoderaban del castillo.

Ordenó que ahorcasen a toda la guarnición, luego mandó que le trajeran ai ballestero que le había herido, Bertrand de Gourdon. «¿Eres tú, le dijo, el que ha osado herir al representante de Dios? «.

Bertrand respondió: «Yo soy, y de ello me enorgullezco, porque he vengado a mi padre y dos hermanos que tú has hecho matar».

Ricardo, admirando aquel valor, ordenó que dieran libertad al soldado. Pero en cuanto el rey murió, el jefe de los de la banda, Mercadier, mandó desollar vivo a Bertrand.

GUERRA CON JUAN SIN TIERRA

Juan, nombrado rey de Inglaterra por muerte de Ricardo, se enfrentó muy pronto con su antiguo aliado Felipe.

El hermano de Juan, Godofredo, muerto antes que él, había dejado un hijo, Arturo, al cual los señores de Bretaña habían reconocido duque. Los señores de Poiton y de las orillas del Loire, no queriendo obedecer a Juan, declararon también que reconocían a Arturo por su señor.

Felipe Augusto vio en ello pretexto para apoderarse de las posesiones que Juan tenía en Francia. Le intimó para que entregase a Arturo el Poitou y la Normandía, y le ordenó comparecer en juicio ante su tribunal.

Por haberse negado a responder a la citación del rey de Francia, su soberano, los jueces le condenaron a perder cuantos territorios poseía en Francia.

En la guerra que siguió (1202), Juan sorprendió al ejército de Arturo y le hizo prisionero. Le encerró en la torre de Falaise, en Normandía, y metió a los caballeros de su escolta en una prisión donde los dejó morir de hambre.

Luego ordenó que se trasladase a Arturo a un castillo de Rouen, en el que fue asesinado (1203-1204). Jamás se supo de qué manera.

Se cuenta que Juan había querido encargar a sus servidores que matasen a su sobrino, pero ninguno había aceptado. Entonces el mismo Juan fue a esconderse en un pueblecito que había en medio del bosque, a orillas del Sena.

Luego, cuando fue de noche, tomó una barca, pasó el río y llegó a Rouen, al pie de la torre donde su sobrino estaba encerrado.

Una poterna se abría al nivel del Sena. Juan, de pie sobre la barca, ordenó que llevasen a Arturo. Le hizo entrar en la barca y lo llevó al medio del río.

Arturo se abrazó a sus rodillas diciendo: » ¡Tío, ten piedad de tu joven sobrino; mi buen tío, perdona al hijo de tu hermano! «. Juan, tomándolo del pelo, le hundió su espada en el vientre, la sacó y con ella le abrió la cabeza. Luego arrojó el cadáver al río.

Se contó (y así se ha creído durante mucho tiempo) que, por el asesinato de Arturo, Juan había sido citado ante el tribunal del rey de Francia y condenado a perder sus posesiones; pero la sentencia es de 1202.

TOMA DE CHÁTEAU-GAILLARD

Felipe comenzó la conquista de Normandía. El país estaba defendido por una serie de fortalezas levantadas a orillas del Sena.

En lo alto de una colina rocosa que cae en rápida pendiente por tres lados Ricardo, que era buen ingeniero, había mandado edificar el célebre Cháteau-Gaillard.

Del lado por donde la colina se une al resto del país, el único que no estaba defendido por rocas a pico, se había abierto un ancho foso a través de toda la colina. Detrás del foso se alzaba un recinto de forma triangular.

La punta, vuelta hacia donde venía el enemigo, estaba formada por una maciza torre redonda unida a cada lado, por muros gruesos, a otra torre redonda.

Detrás de este primer recinto, y pasado un foso de diez metros, venía el recinto de en medio, donde estaba la capilla y varios edificios. Detrás había aún otro tercero casi oval.

En uno de los lados se había construido la torre del homenaje, redonda, alta enorme.

El ejército de Felipe Augusto fue a acampar delante de Cháteau-Gaillard, en cabanas de ramaje y paja, y pasó el invierno bloqueándole. El sitio duró más de seis» meses; pero ningún ejército llegó a estorbarse.

Juan estaba en Inglaterra. Cuando fueron a decirle que enviase socorros, jugaba a los dados, respondió «que no podía hacer nada», y se puso de nuevo a jugar.

Defendía el castillo una tropa reducida de caballeros y 200 infantes; pero se había refugiado en él mucha gente de los alrededores con sus enseres. Pronto empezaron a faltar los víveres.

El jefe de la guarnición despidió a todos los que no podían servir para la defensa; hombres, mujeres, niños, más de 400. Los sitiadores no les dejaron pasar y permanecieron en el espacio comprendido entre la puerta del castillo y el campamento francés, sin tener otra cosa que hierba para comer. Comieron perros que arrojaron del castillo.

Una gallina perdida fue devorada inmediatamente sin desplumarla. Al cabo de tres meses, casi todos habían muerto de hambre. Felipe Augusto, que había ido al sitio, les oyó gritar y dejó salir a los que aún vivían; pero murieron casi todos en cuanto les dieron de comer.

En marzo, Felipe se decidió a atacar el castillo Mandó cegar los fosos con tierra. Los sitiadores bajaron con escalas al foso medio cegado y colgaron sus escalas del lado de la gran torre. Como no llegaban al pie de la misma, treparon abriendo agujeros en la roca con sus puñales.

Luego, resguardándose con los escudos, hicieron un agujero debajo de los cimientos. Sostuvieron el muro con maderos, a los que luego prendieron fuego.

Cuando la madera hubo ardido, se derrumbó un trozo de muralla. Los sitiadores, pasando por la brecha, entraron en el primer recinto. Los sitiados, renunciando a su defensa, prendieron fuego a los edificios que encerraba y se retiraron al segundo recinto.

En uno de los lados de este último se había edificado la capilla, dominando la roca sobre la que se levantaba aquél.

Tenía en el piso bajo una pequeña ventana abierta al exterior, de forma que podía verse desde fuera. Un joven caballero francés, con unos cuantos compañeros, trepó hasta lo largo de la roca, y luego, subiéndose a ia espalda de uno de sus compañeros, llegó a la ventana con las manos y, haciendo un esfuerzo grande, entró por ella.

Arrojó una cuerda a sus compañeros que se unieron a él. Se encontraron en una cripta debajo de la capilla, y desde allí penetraron en el recinto, lanzando un grito de guerra, en tanto los sitiadores atacaban la puerta exterior. Los sitiados, viendo enemigos dentro del recinto, incendiaron la capilla y se retiraron ai último recinto.

Para tomar éste, los franceses llevaron delante de la puerta una máquina que lanzaba grandes piedras. Zapadores, a cubierto debajo de manteletes de madera, hicieron trabajos al pie de la muralla.

Luego las piedras lanzadas por la máquina derribaron un lienzo del muro, Felipe ordenó el asalto. Ya no quedaban más defensores que 20 caballeros y 120 infantes rendidos de cansancio.

Renunciaron a refugiarse en la torre del homenaje, que no habrían podido defender mucho tiempo, e intentaron escapar por una poterna. Fueron descubiertos y hechos prosioneros.

CONQUISTAS DE FELIPE AUGUSTO

Después de Cháteau-Gaillard, Felipe fue apoderándose una tras otra de todas las ciudades de Normandía. Juan seguía divirtiéndose en Inglaterra.

Cuando se le anunciaba que el rey de Francia acababa de tomar uno de sus castillos, respondía: «Dejadle, lo que él me toma en un año, yo lo recobraré de una vez», Felipe conquistó la Normandía entera (1204), luego las otras próvidas que en Francia tenía el rey de Inglaterra, el Anjou, la Turena, el Poitu.

Pero los señores del Poitou y de Aquitania no querían obedecer al rey de Francia. Se sublevaron. Juan volvió al Poitou y Felipe renunció a conservar el territorio del sur del Loire.

LAS FORTIFICACIONES

Para poner sus provincias en estado de defensa, Felipe Augusto mandó edificar gran número de castillos. Uno de los más famosos es la torre de Etampes.

Tiene forma de trébol de cuatro hojas, con muros de varios metros de espesor. En París mandó edificar la fortaleza del Louvre, a orillas del Sena, con una torre maciza en la que guardaba su tesoro y sus archivos. Esta fortaleza fue demolida y otras construcciones la sustituyeron.

Felipe Augusto mandó levantar también todo alrededor de París una muralla de la que subsisten todavía algunos trozos.

El muro de recinto, defendido por un foso, tenía tres metros de espesor y más de cinco de altura. Encerraba los dos barrios nuevos que se habían formado en las dos orillas del Sena.

Alrededor de la isla donde estaba la Cité, en la orilla derecha, llegaba casi junto al Temple, en la orilla izquierda rodeaba la pendiente de la colina de Santa Genoveva.

El trazado de este recinto está indicado por los nombres de algunas calles (calle de los fosos de Santiago, calle de los fosos de San Marcelo).

La muralla estaba interrumpida por puertas, 34 en la orilla izquierda 33 en la derecha, cada una de ellas defendida por torres redondas en saliente. El espacio comprendido en ese recinto no estaba entonces habitado por completo. Felipe ordenó construir casas en él.

COALICIÓN CONTRA FELIPE AUGUSTO

Juan Sin Tierra no se resignaba a dejar a Felipe dueño de sus conquistas, pero estaba ocupado en Inglaterra defendiéndose contra el Papa (véase cap. «Inglaterra»).

Cuando hizo la paz con este último (1213) se preparó para reanudar la guerra. Se puso de acuerdo con el emperador alemán Otón, con los príncipes de los Países Bajos (duque de Brabante, duque de Lorena, conde de Holanda, conde de Namur) y con Ferrand, conde de Flandes, y Renaud, conde de Boulogne, ambos vasallos de Felipe Augusto e indispuestos con él, Resolvió atacar a Francia por el oeste, mientras sus aliados la atacarían por el norte.

Los príncipes reunieron grandes fuerzas que se encargó de mandar el emperador, más de 1.500 jinetes, aproximadamente otros 5.000 sin armadura y un fuerte ejército de infantes belgas, sobre todo brabanzones, cubiertos con cota de mallas y armados con largas picas.

Pero el ejército había empleado mucho tiempo en reunirse y no llegó a Francia hasta el mes de julio de 1214.

Antes de que estuviera dispuesto, Juan, que había desembarcado en la Rochela con sus soldados de oficio, había reunido a los señores del sudoeste de Francia, vasallos suyos, y caminado hacia el Loire.

Quería entretener al ejército francés en este río, en tanto sus aliados se encaminarían a París por el norte. Felipe Augusto y su hijo Luis fueron efectivamente a su encuentro, le hicieron retroceder y saquearon el Poitou.

Pero Felipe volvió pronto a París, no dejando a Luis más que una reducida tropa de caballeros, Juan fue a sitiar una fortaleza a orillas del Loire, la Roca de los frailes.

Cuando Luis llegó con su tropa, los guerreros de Juan, aterrorizados, abandonaron máquinas, tiendas y bagajes y cruzaron el río por un vado, ahogándose muchos.

Luis los atacó en su huida e hizo muchos prisioneros (2 de julio). La invasión de Francia por el oeste había fracasado.

Felipe, había reunido a todos sus vasallos del norte de Francia y fue contra el emperador. Tenía muchos jinetes; pero su infantería, formada sobre todo por burgueses de las ciudades de Picardía que peleaban con la pica, no valía lo que la de Otón.

El ejército francés pasó la frontera para ir a atacar al enemigo. Otón se retiró del lado de Occidente, a un país de colinas donde los jinetes franceses podían maniobrar con dificultad.

Contaban que los príncipes del ejército de Otón estaban tan seguros de hacerse dueños del ejército francés, que ya mandaban preparar las cuerdas para atar a los prisioneros, y el emperador repartía ya entre ellos las provincias de Felipe Augusto.

Los señores franceses decidieron a Felipe a replegarse del lado de la llanura de Cambrai, donde sus jinetes podrían combatir. El único camino que allí llevaba, una antigua vía romana, atravesaba un río por el puente de Bouvines.

BATALLA DE BOUVINES (1214)

El 27 de julio, al despuntar el día, el ejército francés entraba en el dicho camino. Felipe había enviado por delante trabajadores que ensanchasen el puente, de modo que doce hombres pudiesen pasar a la vez. Pero el ejército, obligado a estrecharse para el paso del río, avanzaba con lentitud.

La infantería y los bagajes, colocados a vanguardia, habían pasado ya; pero casi toda la caballería se hallaba aún del otro lado, cuando la vanguardia del emperador, formada por caballeros de Flandes, llegó a la vía romana y empezó a cargar contra la retaguardia francesa.

Los franceses se encontraban divididos en dos partes por el río, en una posición en que les costaba trabajo desplegarse.

Era mediodía y el calor apretaba grandemente. Felipe, que se’había quitado la armadura, descansaba cerca de una capilla, a la sombra de un fresno, y tomaba una sopa con vino.

Vio llegar a Guérin, obispo de Sen-lis, que había pertenecido a la orden de los hospitalarios y le servía de jefe de Estado Mayor. Guérin manifestaba que el enemigo iba a atacar, porque sus caballos tenían los pechos cubiertos de hierro.

«Es preciso armaros, dijo, porque los de allí abajo no quieren de ningún modo dejar la batalla para mañana. Ved que se nos echan encima».

Felipe entró en la capilla y rezó una oración, salió inmediatamente, revistió la armadura y montó a caballo. Decidido a dar la batalla donde se encontraba, ordenó que se llamase a la parte de su ejército que ya había pasado el puente.

La vanguardia de Otón, comprendiendo que ya no tenía bastante fuerza para atacar, esperó al resto del ejército. La infantería francesa tuvo tiempo de volver a pasar el río y la retaguardia lugar para descansar.

Los dos ejércitos se alinearon en orden de batalla. Otón se puso en el centro con su estandarte, un dragón y encima un águila de oro, colocado en un carro del que tiraban cuatro caballos, alrededor de él los caballeros que había llevado de Alemania, delante de la infantería armada con la pica, alineada en filas espesas.

En su ala derecha estaban los jinetes de Flandes, en la izquierda la caballería belga y la infantería brabanzona que el rey Juan había tomado a sueldo, mandadas una y otra por un señor inglés y por Renaud de Boulogne.

Felipe se había colocado también en el centro, con el oriflama rojo de la abadía de Saint-Denis y su estandarte azul con flores de lis de oro, empuñado por un caballero.

En el ala derecha estaban los caballeros de Borgoña y de Champaña, en la izquierda los de Picardía.

Los de caballería estaban ya alineados cuando los infantes, volviendo a pasar el puente, cruzaron por en tre sus filas y se colocaron delante del rey. Se hizo gran silencio, no se oía ninguna voz.

Los imperiales, probablemente más numerosos, formaban una línea más larga y amenazaban con envolver la formación francesa. El obispo Guérin corrió a caballo a lo largo de ésta diciendo: «La llanura es bastante ancha, separaos para que los enemigos no os cerquen, colocaos de modo que podáis combatir todos en un solo frente».

En el momento de combatir Felipe Augusto dirigió algunas palabras a sus caballeros y, alzando las manos, hizo ademán de bendecirlos. Los capellanes entonaron un salmo, las trompetas tocaron.

El obispo Guérin comenzó el ataque. Envió contra los caballeros flamencos a los guardias de a caballlo de la abadía de San Medardo que no eran nobles.

Los flamencos, despreciando a aquellos adversarios, los recibieron sin moverse y desjarretaron sus caballos. Luego, a su vez, atacaron a los caballeros franceses. Sus jefes gritaban: «Acordaos de vuestras damas», como si se tratase de un torneo. Por esta parte, en efecto, se peleaba como en un torneo, sin orden. Algunos caballeros rompían la línea enemiga, llegaban a la retaguardia y volvían batiéndose.

En el centro, Otón mandó avanzar a la infantería belga contra las milicias francesas. Los franceses, rotas inmediatamente sus filas, se dispersaron. Los infantes belgas, en su arremetida, llegaron hasta donde estaba Felipe Augusto.

Los caballeros que rodeaban al rey cargaron contra ellos y rompieron su línea. Pero Felipe Augusto, separado de sus hombres, fue cercado por los infantes. Uno de ellos, metiendo el gancho de su pica en la cota de mallas del rey, le enganchó e hizo caer al suelo.

Los soldados se arrojaron sobre él, tratando de hundir una daga por entre las piezas de la armadura. Pero un caballero francés saltó a tierra y dio su caballo al rey. El caballero que llevaba la bandera real la agitaba para pedir auxilio.

Los caballeros del rey, a aquella señal, se unieron y cargaron contra los infantes. Mientras tanto, en el ala izquierda, la caballería al servicio del rey Juan cargaba contra los caballeros franceses.

Guérin combatía con una maza, porque estaba prohibido a los eclesiásticos derramar sangre. Dio un golpe en la cabeza al jefe de los señores ingleses y te hizo caer. Sus hombres se desbandaron.

Al cabo de tres horas estaba decidida la batalla. El conde de Flandes, herido varias veces, fue derribado de su caballo y hecho prisionero, los suyos huyeron.

En el centro una tropa de jinetes franceses, atravesando por entre la infantería imperial, llegó hasta donde estaba el emperador. Pedro Mauvoisin tomó su caballo de la brida, Gerardo la Truie le dirigió dos puñaladas, la primera de las cuales resbaló en la armadura y la segunda saltó un ojo al caballo que cayó a tierra.

Los caballeros del emperador le dieron otro caballo; pero Guillermo des Barras se llegó a Otón, le asió por la nuca a través del casco y le apretó fuertemente. Una tropa de caballeros alemanes le libertó, matando el caballo a Guillermo.

Pero Otón, exhausto, huyó corriendo hasta Va-lenciennes, dejando allí su estandarte que fue tomado. Casi todos sus caballeros se dejaron matar.

Entonces ya no quedó más que Renaud de Boulogne. Había reunido una tropa de infantes bra-banzones, los había puesto en círculo, y de aquella fortaleza viviente salía con unos cuantos jinetes para dar una carga, luego volvía a ponerse a resguardo.

Los caballeros franceses se estrellaban contra las picas y no podían llegar hasta él. Se veía de lejos a Renaud, de muy grande estatura, con el casco coronado por barbas negras de ballena.

Al fin los caballeros, cargando por todos los lados a la vez, rompieron el círculo de los brabanzones y los pasaron a cuchillo. Renaud fue hecho prisionero. La batalla había terminado.

Muchos de infantería habían sido muertos. Los jinetes, defendidos por la armadura, habían tenido pocos muertos, pero los franceses habían hecho muchos prisioneros.

Felipe Augusto mandó encerrar a Renaud de Boulogne en una torre,-sujeto con una cadena de hierro muy corta.

El conde de Flandes fue conducido encadenado en un carro hasta París. Felipe hizo una entrada triunfal en París. Las casas aparecían colgadas con tapices y adornadas con guirnaldas, las calles sembradas de flores y ramaje verde.

El clero, los estudiantes, el pueblo iban delante del rey entonando cánticos. La muchedumbre miraba pasar a los señores prisioneros, encadenados en los carros, y cantaba:

Cuatro ferrandos bien sujetos
Tiran de Ferrando bien encadenado

Los ferrandos eran los caballos castaños que llevaban a Ferrando, conde de Flandes.

La coalición estaba rota, el vencido rey de Inglaterra estaba atento a defenderse de sus subditos sublevados. «Desde entonces, dice un cronista, nadie se atrevió a hacer la guerra a Felipe y vivió en completa paz».

Murió (1223) habiendo más que doblado su reino y hecho del rey de Francia el príncipe más poderoso de todo el reino.

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Biografia de Lotario I «Luis el Piadoso»

Biografia de Lotario I – Luis El Piadoso

En Lotario I concurren tres factores distintos que permiten comprender los avatares de su vida: de un lado, la decadencia biológica de los Carolingios; de otro, el influjo germánico de ambición del poder y de concepción patrimonial del Estado; por último, la supervivencia de la idea imperial legada por su abuelo Carlomagno.

Lotario I
Lotario I, emperador de Occidente, fue el hijo mayor del emperador Ludovico Pío, también conocido en español como «Luis el Piadoso».
Fecha de nacimiento: 795 d. C., Reino de los francos en la época merovingia
Fallecimiento: 29 de septiembre de 855 d. C., Prüm, Alemania
Cónyuge: Ermengarda de Tours (m. 821 d. C.–851 d. C.)
Reinado: 843 – 855

En realidad, Lotario I presenta, aumentados, los defectos que esterilizaron la obra política de su padre Ludovico Pío.

Hijo de este príncipe y de Irmengarda, son muy poco conocidos los primeros años de su vida, que probablemente transcurrieron en la corte de Carlomagno hasta 815, cuando fue nombrado duque de Baviera.

En 817, cuando Ludovico procedió a la primera partición de su Imperio, Lotario recibió la dignidad imperial en Aquisgrán, junto con el reconocimiento de cierta supremacía sobre sus hermanos Luis y Pepino.

Desde 823 ejerció el gobierno de Italia, y el 5 de abril de 823 fue coronado emperador en Roma por el papa Pascual I. En los seis años sucesivos gobernó Italia dictando sabias disposiciones.

Pero luego acaudilló el movimiento de rebeldía contra Judit de Baviera y la obra de segregación territorial emprendida por su padre a favor de su último hijo, el futuro Carlos el Calvo.

En abril de 830 impuso a su padre las durísimas condiciones de Comoiésne, que fueron una humillación grandísima para el poder imperial. Pero falto de las condiciones de energía y tacto requeridas, perdió aquella oportunidad y fue de nuevo relegado a Italia, donde esperó el momento del desquite.

En 832 acudió, al parecer, en auxilio1 de su padre; en realidad contribuyó a la segunda humillación del emperador en Sigolsheim y a su ignominioso proceso (junio de 833).

¿Había quedado restablecida la unidad imperial en la persona de Lotario? Muy pronto se comprobó que el Imperio de los francos estaba herido de muerte. Ni Pepino ni Luis quisieron acatar la voluntad de su hermano mayor y contribuyeron a reponer a su padre en el trono (1° de marzo de 834).

Lotario se retiró a Italia, en cuyo país recibió las insignias imperiales después de la muerte de su progenitor el 20 de junio de 840. Pero si en 833 había fracasado en su propósito de unificación imperial, no tuvo mayor éxito en 840.

Un año después sufría una grave derrota en Fontenoy (25 de junio) a manos de sus hermanos Luis el Germánico y Carlos el Calvo. De ellos tuvo que aceptar el tratado de Verdún (843), por el que, si se le reconocía el título honorífico de emperador, se limitaba su poder a Italia y a una faja territorial hasta el mar del Norte a la que dio su nombre: Lotaringia.

Abandonando el gobierno de Italia a su primogénito Luis, Lotario residió en la Lotaringia, donde vivió en lucha contra los normandos, los nobles y sus hermanos.

Cayó enfermo en 855, y murió en el monasterio de Prüm, donde se había retirado después de abdicar, el 29 de septiembre del mismo año.

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OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
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Biografia de San Ildefonso
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Biografia de Carlos II de Francia
Biografia de Luis de Gongora y Argote

Biografia Juan II de Francia

Biografia Juan II de Francia

JUAN II DE FRANCIA (1319-1361)
La muerte de Felipe VI el 22 de agosto de 1350 dio la corona de Francia a su primogénito, el príncipe Juan, habido en 1319 de Juana de Borgoña. La estira; de los Valois, que proporcionó soberanos en general» débiles y enfermizos, aunque alguno de ellos revelara aptitudes intelectuales y políticas extraordinarias, enriqueció con un tipo extravagante.

Juan II, llamado el Bueno, no reunía ninguna dote para gobernar. Era frivolo, pródigo, versátil y muy poco inteligente. En lo único que se distinguió fue en la violencia de sus actos y en el mantenimiento de su palabra de caballero medieval.

Juan II de Francia
Juan II de Francia, llamado el Bueno, fue el segundo rey de Francia de la Casa de Valois. Era hijo de Felipe VI de Francia y Juana de Borgoña.
Fecha de nacimiento: 26 de abril de 1319, Le Mans, Francia
Fallecimiento: 8 de abril de 1364, Palacio Savoy, Londres, Reino Unido
Hijos: Carlos V de Francia, Felipe II de Borgoña, Juan I de Berry,
Cónyuge: Juana I de Auvernia (m. 1350), Bona de Luxemburgo (m. 1332)

Condiciones muy poco propicias para hacer frente a sus adversarios, el famoso Eduardo III de Inglaterra y el no menos famoso, aunque por distimc motivo, Carlos el Malo de Navarra.

Al ceñir la corona de San Luis, Juan II tuvo que enfrentarse con la amenaza inglesa, que había culminada últimamente en la victoria de Crecy y la toma de Calais (1346 y 1347).

En 1348 se había firmado una tregua entre los dos reinos, que fue prorrogada hasta 1355, tanto a instancias del Papado como a causa de los devastadores efectos de la Peste Negra. Pero bajo estas apariencias de paz, se mantenía vivo el fuego de las hostilidades.

Contribuyó a hacerlas más encarnizadas la traición de Carlos el Malo de Navarra, yerno de Juan II. quien abominaba la raza de los Valois y aspiraba a la corona de Francia.

Carlos entró en tratos con los ingleses desde 1354 e incitó al delfín Carlos V a apoderarse de la corona. En un acto de intrepidez, Juan II detuvo al rey de Navarra en Ruán el 5 de abril de 1356 y le mandó cargado de cadenas a Cháteau-Gaillard.

Por aquel entonces los ingleses habían pasado de nuevo al ataque bajo la dirección del Príncipe Negro. Sus huestes arrasaron los territorios próximos al Loira. Cuando regresaban a Guyena, les salió al paso el ejército francés al mando del propio Juan II.

La acción se libró cerca de Poitiers (19 de septiembre de 1356) y acabó con una rotunda victoria del Príncipe Negro. Juan II, que combatió hasta el fin como un bravo caballero, cayó en poder de los ingleses. El Príncipe Negro le proclamó el guerrero más valeroso de su reino, pero se lo llevó como prisionero a Londres.

Permaneció en Inglaterra durante cuatro años. El 24 de mayo de 1359 firmó los preliminares de Londres. por los que renunciaba a grandes posesiones del territorio francés en favor de Eduardo III: Normandía. Bretaña, Anjou, Maine, Turena, etc.

Afortunadamente, su hijo Carlos V, que ejercía la regencia, supo maniobrar con tal acierto que arrancó del rey inglés el tratado de Bretigny (8 de mayo de 1360), ratificado luego por Juan II en Calais (9 de octubre), mucho más favorable, aunque sin dejar de ser adverso.

Juan II fue puesto en libertad a cambio de un rescate de 3.000 escudos de oro, pagaderos en seis años. Dejó en Londres como rehén a su hijo Luis de Anjou.

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Biografia de Fidel Castro Lider Revolucionario Cubano Gobierno

Biografia de Fidel Castro el Revolucionario Cubano

Castro, Fidel (1927-2016 ), político cubano, principal dirigente de Cuba desde 1959. Castro nació el 13 de agosto de 1927 en Mayarí; era hijo natural de un inmigrante español, plantador de azúcar. Se afilió al Partido del Pueblo Cubano en 1947, y se doctoró en leyes por la Universidad de La Habana en 1950.

biografia de fidel castro

Provenía de una familia acomodada, ya que su padre era un rico propietario español. Lógico pues que estudiara, primero en un colegio de jesuítas en Santiago de Cuba y finalmente accediera a la Universidad de La Habana, cursando estudios de derecho.

En esta etapa universitaria, Fidel  llevaba una vida política agitada conectando con otros estudiantes y discutiendo sobre la situación general en Latinoamérica. En aquellos momentos en que la gendarmería de los Estados Unidos era patente, parecía que en América sólo pudiera existir o dictadura o un régimen de parlamentarismo burgués, que jalonaban de vez en cuando los intermedios entre los diferentes golpes.

Los intereses americanos eran básicamente los que estaban en cada momento detrás de todos estos pronunciamientos. En esta situación, Fidel decidió marchar a Santo Domingo, donde la dictadura de Trujillo era ya trágicamente famosa. Por entonces en Cuba el régimen parlamentario de Prío Socarras era un claro ejemplo de la opinión democrático-liberal en América Latina.

Acusado en Santo Domingo de conspirar contra Trujillo, Fidel marchó a México, para volver finalmente a Cuba, donde reingresó en la universidad.

Afiliado al partido ortodoxo, cuyo lema «vergüenza contra dinero», explica el tipo de moralismo que propugnaba y que de alguna manera influyó en Fidel.

Su imagen empezó a ser conocida en los medios universitarios, donde era frecuente encontrarle rodeado de múltiples compañeros, en los que, el magnetismo de Fidel empezaba a hacer mella.

Sin embargo el elemento detonador de toda esta actividad política fue, sin duda, el golpe de estado de Fulgencio Batista, que ocupaba un alto cargo militar en el régimen de Prío, el 10 de marzo de 1952.

fidel castro y amigos

Fidel Castro, su hermano Raúl y Juan Manuel Márquez en la época en que preparaban desde Méjico una expedición a Cuba.

La consigna fue inmediata: había que ir a la universidad ya que allí se estaba preparando una respuesta. En efecto se organizaron manifestaciones de protesta, que fueron duramente reprimidas, al tiempo que se denunciaba el claro carácter regresivo de la conspiración.

Fidel («en aquella época andaba siempre con un libro de Lenin bajo el brazo») desplegó una gran actividad, ya había abandonado el partido ortodoxo y se dedicó a crear un núcleo de oposición al régimen.

Con él ya estaban Juan Almeida, José Ponce, Ciro Redondo, Pepe Suárez… Consciente de que la única solución eran las medidas radicales, Fidel organizó sesiones de entrenamiento en el manejo de las armas (del par de pistolas que poseían).

Fidel hablaba entonces de la necesidad de que la juventud diese una respuesta. La juventud era para él las fuerzas vivas que no estaban comprometidas con el pasado. Un pasado, el de Prío, que ni mucho menos había satisfecho las mínimas aspiraciones.

Los entrenamientos y las discusiones fraguaban lo que sería la primera gran acción revolucionaria en esta época cubana: el asalto al cuartel de Moneada. El respeto por esta fecha y lo que representó es enorme en Cuba.

El 26 de julio es fiesta nacional, ya que ese día se conmemora el asalto. En efecto el 26 de julio de 1953 se inicia el ataque cuidadosamente planeado, al cuartel de Moneada en Santiago de Cuba. La idea es provocar la chispa que llevará a la insurrección.

Unos cien jóvenes, dirigidos por Fidel atacan el cuartel, divididos en tres columnas, mandadas por Abel Santamaría, Raúl Castro, hermano de Fidel, y él mismo. «Fidel, antes de salir para allá, les habló a los compañeros del momento histórico… Tú sabes cómo es Fidel hablando. Yo no me acuerdo bien; pero sí recuerdo que uno de los párrafos que dijo fue que aquél era un momento histórico que íbamos a vivir, que la historia siempre recordaría a los compañeros, y que nos íbamos a ganar un lugar bien merecido en el libro de la historia» (Juan Almeida).

El asalto fracasó y causó numerosas bajas, no tanto por los enfrentamientos en sí, como por la bárbara represión que las tropas de Batista ejercieron sobre los responsables y sobre la población civil. De todas formas allí había nacido la forma de lucha y todo el movimiento insurreccional.

fidel castro: asalto cuartel de moncada

Después de que Fulgencio Batista se hiciera con el control del gobierno cubano en 1952 y estableciera una dictadura en el país, Castro se convirtió en el líder del grupo Movimiento, facción antigubernamental clandestina cuyas acciones culminaron con el asalto al cuartel de Moncada (en Santiago) el día 26 de junio de 1953, hecho por el cual fue encarcelado.

Fidel fue encarcelado, en el juicio se hizo cargo de su propia defensa, cuyo alegato se convirtió en un discurso (La historia me absolverá), que más tarde se convertiría en una importante consigna política para los revolucionarios.

Condenado a 15 años de prisión, fue amnistiado en 1955, y se exilió sucesivamente en Estados Unidos y México, donde fundó el Movimiento 26 de Julio. En 1956 regresó a Cuba con una fuerza de 82 hombres, de los cuales 70 murieron en combate nada más al desembarcar. Castro, su hermano Raúl y Ernesto Che Guevara, se encontraban entre los 12 supervivientes.

El Movimiento 26 de Julio fue ganando apoyo popular, principalmente en los ámbitos estudiantiles (Directorio 13 de Marzo), y en diciembre de 1958, con respaldo del Partido Popular Socialista, avanzó hacia La Habana, acto que pondría colofón a la Revolución Cubana.

Castro se declaró a sí mismo primer ministro en febrero de 1959, cargo que ostentó hasta 1976, en que asumió la presidencia del Consejo de Estado, que según la reforma constitucional de ese año englobaba la jefatura del Estado y del gobierno.

Fracasado su intento de establecer relaciones diplomáticas o comerciales con Estados Unidos, negoció acuerdos sobre armamento, créditos y alimentos con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y llevó a cabo la depuración de sus rivales políticos.

Nacionalizó los recursos cubanos, afrontó una profunda reforma agraria basada en la colectivización de propiedades y estableció un Estado socialista de partido único (el Partido Unido de la Revolución Socialista, que en 1965 pasaría a denominarse Partido Comunista Cubano y cuya secretaría general asumiría Castro), que llevó a un gran número de cubanos ricos al exilio.

Estados Unidos vio con disgusto cómo el nuevo régimen embargaba las empresas de titularidad estadounidense, y en 1960 anuló los acuerdos comerciales que mantenía, a lo que Castro respondió con la primera Declaración de La Habana, reafirmando la soberanía cubana frente al imperialismo estadounidense.

En 1961 Estados Unidos respaldó a un grupo de exiliados cubanos, en un infructuoso intento por derrocarlo, en el conocido como desembarco de bahía de Cochinos.

Desde ese momento Castro se alineó abiertamente con la URSS, dependiendo cada vez más de su ayuda económica y militar. En 1962 estuvo a punto de producirse una guerra nuclear, cuando la URSS situó en Cuba cabezas nucleares de alcance medio, ante la oposición estadounidense.

La llamada crisis de los misiles de Cuba concluyó tras la celebración de negociaciones entre el presidente estadounidense, John Fitzgerald Kennedy, y el máximo dirigente soviético, Nikita Kruschov.

Durante las siguientes décadas, Castro alcanzó gran reconocimiento en el Tercer Mundo, gracias a su liderazgo del Movimiento de Países No Alineados (que presidió entre 1979 y 1981).

A finales de la década de 1980, cuando la URSS inició sus procesos de glasnost (apertura) y perestroika (reestructuración), Castro mantuvo su régimen.

fidel castro derroca a batista

La noticia de la huida de Batista aparece en las primeras planas de los periódicos de La Habana. Poco después Fidel Castro es recibido triunfalmente en la capital de Cuba.

Sin embargo, con el inicio del proceso de desintegración de la URSS y del COMECON (Consejo de Ayuda Mutua Económica) en 1990, los problemas económicos de Cuba empeoraron.

En 1993, en un intento por alcanzar una economía mixta, Castro aprobó reformas económicas limitadas que legalizaron algunas empresas privadas.

Si por algo ha sobresalido Cuba en los últimos años es por subsistir a la enorme presión internacional, anticomunista y a favor de una clara democracia.

El régimen cubano, junto al gobierno de China, Corea del Norte y Vietnam, son los únicos ejemplos de comunismo vivos en el mundo de hoy. Fidel Castro ha seguido siempre fiel a sus ideas y ha tachado más de una vez al sistema capitalista de otros países de hipócritas y extorsionadores.

También ha declarado reiteradamente que en Cuba sí que existe una democracia aunque esta siga un modelo distinto al convencional.

 La sociedad cubana está permanece en completo silencio político, ya que cualquier disidente es encarcelado por el gobierno de Castro.

Entre este problema de libertad de expresión y pensamiento, otro de los mayores problemas de la sociedad cubana de los últimos años, y que ha sido noticia gracias a la aventura internacional del pequeño niño balsero Elián González, es el problema de la emigración de cubanos anticastristas a las costas de Florida, propiciada por leyes como la llamada ley de Ajuste Cubano que permite a todo emigrante cubano recibir derecho de residencia en estados unidos siempre que alcance tierra estadounidense.

Medidas como estas aumentaron el alcance del éxodo de familias cubanas a Estados Unidos de manera precaria e ilegal.

Dando lugar a mayores discusiones entre los gobiernos de ambos países, y altercados fomentados por la oposición al régimen tanto de dentro como de fuera de la isla los cuales son descritos por castro como instrumentos de la política estadounidense contra el pueblo cubano.

Con respecto a su sucesión presidencial, hoy a casi 80 años de edad cuando se le pregunta por este tema el responde así: “Cuando un carácter rebelde me llevó al arriesgado oficio de luchador revolucionario que nadie me impuso, sabía también que era poco probable que sobreviviera mucho tiempo. No era Jefe de Estado y sí un hombre muy común. No heredé cargo alguno ni soy Rey, no necesito por tanto preparar sucesor, (…) nunca sería para evitar el trauma de una transición caótica. (…) La transición de un sistema social a otro se viene haciendo desde hace más de cuarenta años.”

fidel castro con nikita krushev

Fidel Castro, invitado en Moscú para la fiesta del 1º de mayo de 1963, preside un desfile junto con Jruschov y otras personalidades rusas.

ALGO MAS SOBRE FIDEL CASTRO:

Opositor acérrimo a la hegemonía de Estados Unidos en el continente americano, Fidel Castro impulsó y financió muchos movimientos revolucionarios, por su Cuba natal.

LA LUCHA CONTRA LA DICTADURA DE BATISTA: Desde el comienzo, Fidel Castro fue un abierto opositor a Batista, al punto que abandonó su trabajo y formó un grupo clandestino de resistencia junto con su hermano Raúl y Mario Chanes.

Unidos complotaron para derrocar a Batista, acumulando armas y municiones para iniciar una revuelta popular, comenzando por í asalto al Cuartel Moneada el 26 de julio de 1953.

Sin embargo, la intentona fue un desastre y cerca de 35 de los partidarios de Castro murieron en la incursión. Perseguido como enemigo del Estado, fue capturado por la policía y sometido a juicio por sedición.

Haciendo gala de su oratoria y sus conocimientos jurídicos, Castro articuló su propia defensa ante el tribunal y antes de concluí; sus argumentos dijo: «¡Les advierto cu; recién estoy empezando! Si todavía existe en sus corazones un vestigio de amor a la patria, amor por la humanidad, amor por la justicia, escuchen atentamente… Sé bien que el actual régimen intentará esconder la verdad de todas las maneras posibles (…), pero mi voz no ha sido acallada todavía. Condénenme. No importa. La historia me absolverá». Estas frases pasarían a la posteridad y ayudarían a construir la leyenda de Fidel como un rebelde comprometido con la libertad de su país. Sin embargo, el tribunal lo condenó a quince años de prisión en la penitenciaría de la Isla de Pinos, cercana a la costa sudoccidental de Cuba.

BAHÍA DE COCHINOS Y LA CRISIS DE LOS MISILES
Durante meses, la central de inteligencia estadounidense CIA planificó una invasión a Cuba con cerca de 1.500 cubanos exiliados que habían sido entrenados por el ejército norteamericano en Guatemala, Puerto Rico y Nicaragua. Bajo el mando de José San Román y Ernesto Oliva, el 15 de abril de 1962, mediante una operación anfibia y aérea, fueron bombardeados los aeropuertos militares de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba por aviones norteamericanos camuflados con los colores de la Fuerza Aérea cubana. La invasión comenzó según lo pronosticado, pero la falta de apoyo aéreo por parte de los norteamericanos a las fuerzas de infantería que desembarcaban en la playa, hizo que la invasión fracasara estrepitosamente y permitió que Castro pudiese legitimarse ante la comunidad internacional.

Sin embargo, durante el lapso de ese mismo año, Cuba volvería a estar en la palestra, pero esta vez en medio de una posible conflagración entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. El 16 de octubre de 1962, un avión espía U-2 de la Fuerza Aérea norteamericana identificó una serie de instalaciones militares cubanas que luego resultaron ser plataformas de misiles nucleares soviéticos, instalados en la isla con permiso de Castro.

Frente a una amenaza atómica a 90 kilómetros de la costa estadounidense, el gobierno de John Kennedy decretó un bloqueo marítimo alrededor de la isla, como medida de presión tanto contra los cubanos como los soviéticos.

Durante trece días, el ambiente se tensionó de tal modo que se pensó que en cualquier momento estallaría una guerra nuclear entre Estados Unidos y la U.R.S.S. Sin embargo, el conflicto fue disminuyendo poco a poco y se solucionó mediante el retiro simultáneo de las instalaciones soviéticas en Cuba y las plataformas de misiles de mediano alcance que los norteamericanos tenían en Turquía.

Fuente: Biografía Enviada Como Colaboración a Planeta Sedna (historiaybiografias.com) Por Ruiz Castro

Revoluciones Burguesas Resumen Conquistas de las Burguesia Luchas

Revoluciones Burguesas : Resumen de las Conquistas

La Comuna de ParísRevoluciones LiberalesEl CartismoRevolución de 1830

Después de la Revolución Industrial, que comenzó en Inglaterra a mediados del siglo XVIII, poco a poco la industria se convirtió en la actividad económica más importante no sólo en la sociedad inglesa, sino también en otras regiones de Europa. Este proceso fue la primera fase de la industrialización en el continente europeo, y se extendió hasta aproximadamente 1840, cuando se produjo la primera crisis del capitalismo.

LA ORGANIZACIÓN DE LA ECONOMÍA

La actividad industrial durante esta primera fase se caracterizaba lo siguiente:

  • Si bien la máquina a vapor fue un gran invento y avance como energía para el movimiento de las máquinas, su aplicación no fue en forma inmediata en todos los rubros de la industria, y estaba dedicada prácticamente a la actividad textil y justamente por ello en la primera fase de la Revolución Industrial, los viejos sistemas de trabajo a domicilio o la actividad artesanal convivieron con las fábricas.
  • Se estableció una división internacional del trabajo, debido a que distintas regiones del planeta se especializaron en una actividad ad determinada. En el siglo XIX algunos países de América del Sur, Central y África, se especializaron como productores de materias primas , y otros países como Inglaterra y Francia fueron productores de manufacturas, debido a su industria y tecnología.
  • Dentro de Europa, no todos los países evolucionaron y crecieron de la misma manera y tiempo, es decir el desarrollo industrial fue desigual.

Inglaterra fue la pionera en la industrialización, que comenzó aproximadamente a mediados del siglo XVIII, y luego de varios años le siguió Francia (siglo XIX). Otros países como Alemania e Italia debido a que estaban en otros procesos políticos como la unificación, la industrialización tuvo que esperar hasta los primeros años años del siglo XX. España casi no tuvo desarrollo industrial.

LA ORGANIZACIÓN DE LA SOCIEDAD

La sociedad europea —especialmente la inglesa— también cambió notablemente como consecuencia de la Revolución Industrial.

  • Debido al desplazamiento de la gente del campo, la población urbana superó en número a los campesinos, en cambio en donde no hubo industrialización se mantuvo la mayoría de campesinos sobre la urbana.
  • Debido a que la actividad industrial generaba grandes ganancias, muchos propietarios rurales y gente de la aristocracia comenzó a invertir en la industria y comercio. La riqueza de la burguesía hizo que esta clase social se relacionara con la antigua aristocracia y compartieran negocios.
  • La burguesía se consolidó como una nueva clase social, con mucho poder económico y con grandes intensiones de participar en la actividad política. Este proceso fue más rápido sobre todo en Inglaterra, mientras que el desarrollo de la burguesía industrial fue más lento en los otros países europeos.
  • También nació un nuevo tipo de clase social, conocida como proletariado que creció conjuntamente con el crecimiento de la actividad industrial. A medida que su número aumentaba, también aumentaba su importancia en la sociedad y política.

PRIMERA CRISIS DEL CAPITALISMO

Debido al fuerte crecimiento de la producción, llegó un momento , entre 1830 y 1840, en que se produjo mas artículos textiles de lo que se podía vender, es decir había mas oferta que demanda, por lo que se generó una crisis en la economía capitalista y se reflejó rápidamente en una caída del crecimiento económico.

Al disminuir las ventas, y consecuentemente las ganancias de los industriales, estos disminuyeron las horas laborales, se despidieron obreros o directamente cerraron sus puertas. Para peor de los males , en el campo por esa misma época se perdieron cuantiosas cosechas y los precios de los alimentos se elevaron.

Los mas perjudicados fueron los asalariados que veían como sus sueldos no le alcanzaban para vivir , a veces , ni siquiera miserablemente, creándose un descontento popular que se extendió por toda Europa y originó movimientos de protesta y rebeliones.

LA RESTAURACIÓN DEL ABSOLUTISMO

Luego de la derrota definitiva de Napoleón en 1815, en el Congreso de Viena, mediante el Tratado de la Santa Alianza, los líderes políticos de los países mas fuertes, lograron reestablecer las monarquías absolutas en sus tronos, y además el clero y la aristocracia recuperaron alguno de sus privilegios feudales. La burguesía no aceptó para nada perder las ventajas de vivir bajo la defensa de sus derechos naturales como la libertad, igualdad que habían aprendido y conseguido a partir de la Revolución Francesa, y que las campañas de Napoleón habían difundido por todo el continente Europeo.

LA REACCIÓN DE LA BURGUESÍA LIBERAL

Desde su origen las ideas del liberalismo político había unido fuertemente a la burguesía para luchar contra el autoritarismo del absolutismo y en defensa de sus ideales que tan bien se encajaban en su estilo de vida y trabajo.

Su derechos civiles y políticos serian defendidos hasta las últimas consecuencias, que en el plano político una de las ideas mas importantes fue el establecimiento de una ley de leyes o constitución que obligaran por igual a gobernados y gobernantes, y que protegieran los derechos naturales como la propiedad privada, el derecho a la vida y la igualdad ante la ley, y por otro lado que limitara el poder de rey. Y éste fue el principal objetivo de los movimientos revolucionarios que encabezó la burguesía en diferentes países europeos entre 1820 y 1848.

Por la lucha de implantación definitiva de una Constitución que garantizaran las libertades de expresión, de asociación, de reunión, separaran los poderes de gobierno, para evitar la posibilidad de una tiranía, y el derecho al voto para aquellas personas que cumplieran ciertos requisitos, en 1830, burgueses, estudiantes, guardias nacionales y obreros tomaron la ciudad de Paris al grito de «Libertad, Libertad,…».

LA BURGUESÍA FRENTE A LA POBREZA

La alta burguesía europea, cada día más poderosa y rica, con el poder político ya firmemente asido, veía con inquietud cómo alrededor de las ciudades industriales iba surgiendo una masa proletaria , también cada día más espantosamente pobre. Necesitaba, por tanto, una doctrina que explicase este hecho como inevitable y, en consecuencia, sirviese para tranquilizar su propia inquietud.

Tal doctrina la encontró en dos pensadores ingleses, Adam Smith (1723-1790) y Thomas R. Malthus (1766-1834), que pasaron así a ser los pilares ideológicos del liberalismo económico.

Smith pensaba que todo el sistema económico debía estar basado en la ley de la oferta y la demanda. Para que un país prosperase, los gobiernos debían abstenerse de intervenir en el funcionamiento de esa ley: los precios y los salarios se fijarían por sí solos, sin necesidad de intervención alguna del Estado. Y ello, entendía, no podía ser de otro modo, por cuanto si se dejaba una absoluta libertad económica, cada hombre, al actuar buscando su propio beneficio, provocaba el enriquecimiento de la sociedad.

Malthus partía del supuesto de que, mientras el aumento creciente de población seguía una proporción geométrica, la generación de riquezas y alimentos sólo crecía aritméticamente. Resultaba por ello inevitable que, de no ponerse remedio, el mundo se hundiría en la pobreza. Ese remedio no podía ser otro que el control de natalidad en los obreros, y que estos quedasen abandonados a su suerte, para que así su número disminuyese.

En resumen, tanto Malthus como Smith lo que estaban pidiendo era la inhibición de los gobernantes en cuestiones sociales y económicas. Y eso fue lo que ocurrió: el Estado burgués europeo del siglo XIX se limitó a garantizar el orden público en el interior de sus fronteras, renunciando a cualquier tipo de política social, de justicia redistributiva y de intervención en la economía.

Nada mejor para los grandes capitalistas, que quedaron con las manos libres para enriquecerse al máximo. La riqueza se convirtió en una virtud, y los clérigos, desde el púlpito, presentaban la pobreza como una consecuencia del vicio y el pecado, con lo cual estaban justificando de hecho su existencia.

Frente a este Estado liberal y en esta sociedad burguesa, el proletariado se encontró indefenso. Por ello, su lucha por la vida y por los derechos que se les negaban tenía que convertirse necesariamente en una lucha contra el liberalismo económico y la burguesía capitalista.

Sin embargo, en los años que transcurrieron hasta 1848, los trabajadores fueron aliados de la burguesía en la lucha contra el absolutismo restaurado. Los obreros se sumaron a las luchas de los burgueses que reclamaban la plena vigencia de los principios del liberalismo. Por otra parte, un sector de la burguesía liberal alentaba la alianza porque creía que el capitalismo generaba un progreso que iba a mejorar las condiciones de vida de todos los integrantes de la sociedad. Por eso, llevó adelante acciones políticas radicales con el fin de destruir los obstáculos que se oponían al desarrollo del capitalismo.

la revoluciones burguesas

Los movimientos revolucionarios de 1820. En España, Portugal y el Reino de las Dos Sícilias, los revolucionarios lograron la sanción de Constituciones liberales. Pero la intervención militar de Austria y Francia en ayuda de los monarcas absolutos afectados —de acuerdo con lo establecido en el Tratado de la Santa Alianza—, derrotó estas experiencias revolucionarias. Las luchas por el establecimiento de los principios liberales tuvo características especiales en Grecia. A partir de 1821 comenzó la guerra de liberación griega del imperio turco-otomano, en la que fue decisiva la intervención de las fuerzas de la Santa Alianza. Gran Bretaña, Francia y Rusia vencieron a los turcos, declararon la soberanía nacional de Grecia y, luego de derrotar al movimiento liberal griego, favorecieron el establecimiento de una monarquía absoluta. Como consecuencia de las diferencias entre Rusia y Austria sobre esta “cuestión de oriente “, la Santa Alianza se disolvió.

El objetivo político de los revolucionarios de 1820 fue lograr el establecimiento de monarquías constitucionales —como la inglesa—. También se propusieron asegurar el funcionamiento de los parlamentos, ya que, frente al absolutismo monárquico, el parlamento era la institución que permitía la participación de los burgueses en el gobierno, que cada vez tenían mayor poder económico.

Los movimientos revolucionarios de 1830

Los movimientos revolucionarios de 1830. Las revoluciones de 1830, dividieron Europa en dos regiones. Al oeste del río Rhin, los liberales moderados derrotaron a la alianza de los absolutismos. Al este del Rhin, en cambio, todas las revoluciones fueron reprimidas y la situación se mantuvo como antes de 1830. En estos países, la mayor parte de la población estaba compuesta por campesinos que todavía vivían sometidos a una organización económica de tipo feudal.

En Europa occidental, las revoluciones de 1830 significaron la derrota definitiva del absolutismo. Desde entonces, en los distintos países, el gobierno estuvo a cargo de representantes de la alta burguesía de industriales y banqueros, que desplazaron a los miembros de la aristocracia terrateniente.

El régimen de gobierno que se consolidó en Inglaterra, Francia y Bélgica fue una monarquía constitucional que garantizaba la vigencia de las libertades individuales económicas y políticas. La participación política se abría exclusivamente a una parte de la población mediante el sufragio restringido. Sólo aquellos ciudadanos que eran propietarios, tenían determinado nivel de ingresos o determinado grado de instrucción escolar, tuvieron derecho al voto y a ser elegidos representantes parlamentarios.

La revolución Francia julio de 1830

La revolución que estalló en Francia en julio de 1830 contra el absolutismo del rey Borbón Carlos X, inició la oleada revolucionaria que se extendió por toda Europa. En París, burgueses estudiantes, obreros asaltaron armerías, armaron barricadas y pidieron por la abdicación del rey. El ejèrcito se negó a reprimir a los revolucionarios y el rey abandonó el país. Se le entregó la corona a Luis Felipe de Orleans que adhería a los principios liberales.

1848: Hacia la Democracia Liberal: El movimiento revolucionario de 1848 fue el que más se extendió por Europa, pero el de menos éxito: con la única excepción de Francia. En el resto de los países, los antiguos gobiernos recuperaron el poder en muy poco tiempo, y los revolucionarios fueron encarcelados o exiliados. En Francia se proclamó la República, que duró algo más de 2 años. El único cambio irreversible fue la abolición de la Servidumbre en el Imperio de los Habsburgos.

Las fuerzas sociales y políticas en 1848.

La oleada revolucionaria de 1848 comenzó en Francia y el nuevo estallido estuvo relacionado con los resultados de la revolución de 1830. El régimen de gobierno establecido desde entonces favorecía a la Alta Burguesía, pero negaba el Sufragio Universal a la Baja Burguesía, a los intelectuales y sobre todo a los trabajadores.

La situación se agravó cuando, a partir de 1845, se acentuó la crisis económica. Una serie de malas cosechas provocó un fuerte aumento en los precios de los alimentos básicos de los trabajadores: los cereales y las papas. El cierre de fábricas por causa de la crisis de la industria textil había aumentado el desempleo, y el hambre se generalizó motivando a los trabajadores a protestar.

En toda Europa, casi simultáneamente, miembros de la baja burguesía y estudiantes se unieron a las protestas de los obreros. En Francia, el Ejército y la Policía se negaron a reprimir a los aliados revolucionarios: el rey abdicó y se proclamó la República.

La experiencia de la Segunda República Francesa.

La experiencia de la Segunda República Francesa.

Lo significativo de la revolución que se desarrolló en París en febrero de 1848 fue que, por primera vez, los trabajadores tuvieron demandas específicas diferentes de las de los burgueses.

*POLÍTICO: La Baja Burguesía pedía una reforma del sistema electoral y parlamentario para lograr un mayor grado de participación en el gobierno.
*SOCIOECONÓMICO: Los Obreros pedían soluciones al problema de la desocupación y del hambre. Entre 1846 y 1848 el cierre de los talleres de ferrocarriles había dejado sin empleo, en París, a 500.000 obreros.

El Gobierno Provisional que se organizó luego de proclamada la República, y contó con la participación de un obrero y de un representante de los intereses de los obreros como Ministro de Trabajo: el socialista Louis Blanc. Entre febrero y mayo de 1848, este nuevo gobierno —con el apoyo de los pobres de las ciudades y de burgueses republicanos moderados— realizó las siguientes acciones:

*estableció el sufragio universal
*abolió la esclavitud colonial
*abolió la pena de muerte por delitos políticos
*creó los Talleres Nacionales para solucionar el problema del desempleo en la ciudad de París.

La derrota de los trabajadores.

La primera elección que se realizó en Francia con la vigencia del Sufragio Universal dio por resultado una Asamblea Constituyente integrada en su mayoría por partidarios de la Monarquía y de Reformas moderadas.

La mayor parte de la población, que era todavía rural, no había tomado contacto con las nuevas ideas que impulsaban los burgueses radicales y republicanos, ni con las ideas socialistas que defendían los intereses de los obreros. Por esto, en las ciudades del interior de Francia la población masculina votó por aquellos miembros de la sociedad que conocía: los médicos, los abogados, e incluso por los nobles que ocupaban un lugar destacado en su ciudad.

Esta Asamblea se enfrentó con el Gobierno Provisional y, reafirmando los principios del Liberalismo Económico, decidió el cierre de los Talleres Nacionales.

El balance de 1848: la burguesía “conservadora”.

Cuando la burguesía tomó conciencia de la enorme fuerza que tenía el conjunto de los trabajadores pobres, sintió sus intereses amenazados: la Propiedad Privada. Desde entonces, muchos liberales moderados se fueron convirtiendo en conservadores.

A medida que los burgueses moderados se retiraron de la alianza, los Trabajadores y los Burgueses Radicales quedaron solos frente a la unión de las antiguas fuerzas aristocráticas y la burguesía conservadora. Las revoluciones de 1848 fueron derrotadas porque los Partidos del Orden se impusieron sobre la Revolución Social.

Los trabajadores habían luchado no sólo por el Derecho al Voto para todos los ciudadanos, sino también por reformas en la organización de la economía y la sociedad que mejoraran sus condiciones de vida. Ante las demandas de los obreros, la Baja Burguesía Liberal y Moderada consideraron que la propiedad privada estaba en peligro y se aliaron nuevamente con la Alta Burguesía.

Luego de la experiencia vivida, los Gobiernos Conservadores que retomaron el poder se propusieron poner en práctica muchos de los principios del liberalismo económico, jurídico y cultural.

Entre 1848 y 1849, los conservadores habían comprendido que la Revolución era peligrosa y que las demandas más importantes de los radicales y obreros -especialmente las económicas— podían satisfacerse a través de Reformas. De esta manera, las “reformas económicas” reemplazaron a la “revolución”, y la Burguesía dejó de ser una fuerza revolucionaria.

A pesar de que en 1848, en Francia, la Revolución había terminado con la derrota de los obreros, la gran movilización de trabajadores -entre otras razones- impidió la limitación del Sufragio.

En noviembre de 1848, la elección del nuevo presidente de la República Francesa se hizo por Sufragio Universal. Los franceses no eligieron a un candidato moderado, pero tampoco a un radical. El ganador fue Luis Napoleón Bonaparte.

Para los gobiernos europeos, la elección de Luis Napoleón hizo evidente que la “Democracia de sufragio universal” —la institución que se identificaba con la Revolución— era compatible con el mantenimiento del orden social.

La democracia liberal.

Durante la primera mitad del siglo XIX, muchos pensadores y gobernantes de Europa Occidental estaban convencidos de que, en las sociedades de su época, el desarrollo del Capitalismo y el establecimiento de la Democracia de Sufragio Universal eran objetivos incompatibles.

Y en esta afirmación coincidían, por ejemplo, pensadores liberales que representaban el punto de vista de los burgueses —como el francés Alexis de Tocqueville y el inglés John Stuart Mill— y un pensador socialista que representaba el punto de vista de los trabajadores, el alemán Karl Marx.

El desarrollo del Capitalismo había generado una multitud de trabajadores pobres que, paulatinamente, se iban transformando en la mayoría de las poblaciones de las sociedades europeas.

Sobre la base de diferentes argumentos, tanto para Stuart Mill y para Tocqueville como para Marx, el mayor número de los trabajadores pobres era la razón que hacía inconciliables el Capitalismo y la Democracia. Para los liberales, la extensión del Sufragio Universal y al establecer un voto por persona, la política daba lugar al Gobierno de los Trabajadores Pobres que no tenían conocimientos adecuados debido a su falta de Educación formal.

Desde esta percepción de la situación, al carecer de la preparación necesaria para ejercer el gobierno, gobernarían exclusivamente en función de sus intereses, y la democracia dejaría de estar vigente. No obstante, para los socialistas, el gobierno de los trabajadores terminaría destruyendo al Capitalismo.

Sin embargo, el desarrollo del Capitalismo continúa hasta nuestros días aunque desde la segunda mitad del siglo XIX, progresivamente, cada vez fueron más los individuos reconocidos como ciudadanos con derecho a voto.

En la actualidad, en casi todas las sociedades capitalistas son ciudadanos todos los adultos, cualquiera que sea su nivel de riqueza y de instrucción, su ocupación, su raza y su religión.

La Democracia Liberal, fue y es el sistema político que logró e hizo posible la vigencia y la “convivencia pacífica” del Sufragio Universal junto al mantenimiento del Capitalismo como forma de organización de la economía, y de la legitimidad de los reclamos de la sociedad por parte del Estado de los derechos sociales y humanos

Fuente Consultada: Historia Europa Moderna Alonso/Elisalde/Vázquez – Revoluciones del Mundo Moderno de Alonso Lazo
Profesora de Historia: Adriana Beresvil

 

La burguesia Industrial Nacimiento Origen y Evolución Resumen

La Burguesía Industrial: Origen y Evolución

La Comuna de París

Revoluciones Liberales

El Cartismo

Revolución de 1830

Esta clase social, cuyo origen se remonta a la Europa feudal, se convirtió en germen de un nuevo mundo con el desarrollo del capitalismo. Dicha transformación culminó entre los siglos XVII Y XIX, por medio de las revoluciones burguesas.

En el mundo moderno de los siglos XVII y XVIII fue cada vez más evidente la relación entre los cambios en la organización económica de una sociedad y los cambios en su organización política.

A lo largo de su historia, cada sociedad va realizando diferentes actividades económicas y el trabajo de los hombres se va organizando en forma también distinta. Siempre, en las sociedades antiguas y también —aunque por medios distintos— en las del mundo moderno, fue necesario que la autoridad política asegurase la realización de las actividades económicas, la producción de un excedente y la acumulación de una parte de las riquezas producidas.

Por esto mismo, los grupos sociales que tienen el poder económico en cada sociedad se proponen asegurar que la autoridad política garantice sus intereses.

A partir del siglo XVII, con el desarrollo de las nuevas actividades económicas, como el comercio y la industria, los burgueses adquirieron poder económico y acumularon riquezas. Por primera vez, tuvo poder económico un grupo social —los burgueses— diferente del que durante siglos ejerció el poder político: la aristocracia terrateniente. Desde entonces, para los burgueses quedó planteada la necesidad de producir cambios en la organización política de la sociedad para asegurar sus intereses económicos.

ORIGEN , FORMACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DE LA BURGUESÍA EN EL SIGLO XIX

Su Formación

Originalmente, el término burguesía calificaba tan sólo a los habitantes de las ciudades (burgos) de la plena Edad Media, derivando más tarde hasta englobar a una clase social caracterizada por su actividad económica no agrícola. Para los marxistas, esta clase social era la dominante en el modo de producción capitalista, poseedora de los medios de producción, gracias a lo cual podía acumular las plusvalías generadas por el trabajo asalariado de los proletarios.

La teoría sociológica, desde M. Weber y W. Sombart, contempla a la burguesía como la clase social que, animada de un espíritu nuevo, donde priman el individualismo, el esfuerzo personal, la innovación y el afán de lucro, transforma el mundo feudal en el que nace, hasta lograr la plena implantación del capitalismo y el estado liberal.

De todas formas, esta clase social no constituye un grupo homogéneo, sino se dan grandes diferencias entre una alta burguesía, compuesta por los capitalismo dueños de los medios de producción, que rigen la vida política y económica en estados liberales, y una pequeña burguesía de profesionales liberales, funciona empleados medios y pequeños propietarios y comerciantes que, aunque como muchos rasgos ideológicos y culturales con la anterior, se encuentra mas cerca proletariado por su renta y su posición social y política.

El hecho es que el cono de burguesía es muy amplio, y ha tenido distintos significados y matices a lo largo de la historia, y según las perspectivas desde las que se ha analizado.

Nacimiento y consolidación de la burguesía

Aunque ya en la Antigüedad existieron hombres de negocios dedicados a las, actividades mercantiles y manufactureras y vinculados al mundo urbano, el importante papel de los aparatos públicos en las actividades económicas no solía mucho margen para la iniciativa privada, por lo que no podemos hablar de burguesía propiamente dicha. En Europa occidental, el crecimiento económico y demográfico experimentado a partir del siglo XI permite el asentamiento de una población cada vez más numerosa en las ciudades, tanto antiguas como de reciente fundación (burgos).

Estos burgueses se especializan en actividades artesanas y, cantiles, que pronto les proporcionan una fuerza económica suficiente para presionar sobre los señores feudales, de los que obtuvieron libertades jurídicas, autonomía administrativa y protección para sus actividades. Sin embargo, no consiguieron distinguirse jurídicamente de la mayoría campesina de la población, y el esquema social feudal, basado en la división en tres órdenes o estamentos (nobles, eclesiásticos y trabajadores o estado llano) se mantuvo inalterado.

Esto no impidió que dentro del mismo grupo burgués se produjera una creciente estratificación, sobre todo Partir del siglo XIII, diferenciándose las oligarquías de grandes comerciantes y banqueros que normalmente controlaban los gobiernos municipales, del «común», integrado por artesanos, sirvientes y pequeños comerciantes.

La oposición de intereses entre ambos grupos dio lugar a la aparición de conflictos durante la baja Edad Media. Además, esa oligarquía burguesa se asimila progresivamente a la nobleza terrateniente, cuyo estilo de vida copia y cuyo estatus social codicia.

Desde fines de la Edad Media y durante toda la Edad Moderna, muchas familias burguesas entroncan con la nobleza (mediante matrimonios con familias aristocráticas empobrecidas), o acceden a esa condición mediante la compra de cargos o tierras vinculadas a títulos, convirtiéndose en rentistas y asumiendo los valores conservadores de la clase noble.

otra forma de ascender socialmente era mediante el servicio en la creciente burocracia estatal que las monarquías autoritarias de la Edad Moderna estaban desarrollando Los monarcas preferían emplear en su administración a letrados procedentes de la clase media burguesa, en lugar de a los miembros de la alta nobleza, susceptibles de desafiar su poder.

De todas formas, los burgueses no ennoblecidos siguieron perteneciendo estado llano, y normalmente eran ellos los que acaparaban su representación Cortes y otras instituciones representativas de origen medieval, a las que los rey Antiguo Régimen recurrían lo menos posible, sólo cuando estaban necesitados financiación extraordinaria.

La expansión mercantil europea desarrollada a partir del siglo XVI, con el descubrimiento y colonización de nuevos y vastos territorios ultramarinos y la apertura nuevos mercados, proporcionó unas inmensas posibilidades de enriquecimiento burguesía. Pero el mantenimiento de las estructuras tradicionales le impedía un papel social y político acorde con su poder económico.

A partir del siglo XVI sé produjo también un cambio de mentalidad, con la difusión de nuevas ideas: el humanismo, el racionalismo e incluso la ética protestante (especialmente en su versión calvinista), transformaciones ideológicas, filosóficas y culturales que encuentra culminación en la Ilustración, que tuvo en la burguesía a su principal valedora beneficiaria. Se santificó el afán de lucro y el éxito en los negocios, como signo del divino y como contribución a la prosperidad general. El individualismo y la igualdad entre los hombres se elevaron a la categoría de dogmas, contradiciendo el si de privilegios estamentales que impedía a la burguesía desempeñar un pape destacado en la vida pública.

Por último, el apoyo al progreso científico y técnicas a la mentalidad racionalista, también en la economía, se oponían a las viejas estructuras productivas (gremios) y comerciales (mercantilismo), que constituían una para el pleno desarrollo del capitalismo, el nuevo sistema socioeconómico que ido gestando con las actividades de la burguesía.

EL ASCENSO SOCIAL: Uno de los resultados más importantes de la doble revolución de fines del siglo XVIII fue abrir las carreras al talento. Había cuatro caminos (para nada fáciles) para desarrollar estas carreras.

• El estudio universitario permitía iniciar un ascenso en la sociedad de la época. Sin embargo, la educación no era generalizada y, por lo tanto, no estaba al alcance de todos y no generó la sociedad abierta que todos esperaban. Al contrario, surgió una sociedad cerrada en la cual se conformó una élite intelectual y profesional. Pero para aquellos que alcanzaban la educación universitaria -médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, profesores, funcionarios de carrera, sacerdotes y pastores religiosos- estaba garantizada cierta reputación social, bienestar económico e incluso la posibilidad de acceder al poder político.

• La carrera de los negocios era el camino de ascenso social por excelencia en una economía abierta y en rápida expansión. Era también la vía más limitada y minoritaria, pues no cualquiera podía acceder al mundo de los negocios: exigía condición mental, sentido de la oportunidad y, por supuesto, recursos económicos, requisitos que la mayoría no poseía. No todos podían seguir el camino de Robert Peel.

• El ejército ofrecía la más vieja de las carreras abiertas al talento. En sus filas habían progresado socialmente muchos hijos de campesinos y pobres urbanos que obtuvieron -cuando sobrevivieron a las guerras- un prestigio social y una posición económica que de otra manera habría sido impensable. Esta vía de ascenso social se había potenciado después de la Revolución Francesa y durante las guerras napoleónicas, pero se redujo sensiblemente durante el período de paz.

• El arte era el cuarto camino de reconocimiento social. Escritores, pintores, actores, músicos y cantantes gozaban -en un mundo de valores burgueses- del prestigio que otorgaba el solo hecho de poseer talento, un atributo que en las sociedades nobiliarias y aristocráticas era escasamente tenido en cuenta.

Las revoluciones burguesas (más en este sitio)

Todas esas estructuras económicas y sociales anticuadas encontraban su mar expresión en el sistema político de las monarquías absolutistas. La burguesía utilizaba, en su beneficio el descontento de gran parte del estado llano, el estamento no privilegiado, que incluía desde los más pobres jornaleros hasta los banqueros o comerciantes más ricos.

La serie de revoluciones iniciada en Inglaterra (1642-48 y 1688) Norteamérica (1773-83) y Francia (1789), y extendida durante el siglo XIX al re Europa, significó la abolición del Antiguo Régimen y la instauración del estado General burgués, la sociedad de clases y el capitalismo industrial.

Esta transformación social, económica y política sirvió especialmente a los intereses de la gran burguesía capitalista, convertida en clase dominante. En efecto, la revolución Industrial iniciada en la segunda mitad del siglo XVIII en Inglaterra había lugar al desarrollo de un nuevo sector económico.

Los capitales acumulados por el comercio fueron invertidos en las nuevas fábricas, donde se empleaba a la mano de obra que una transformación agraria orientada al mercado había dejado sin tierras y si bajo. La nueva economía industrial, cuyos medios de producción están en manos de la burguesía capitalista, se transforma en el motor del desarrollo de los estados occidentales.

El poder económico se convierte en la pauta que marca las divisiones y jerarquías de la nueva sociedad de clases. Se produce entonces la clara separación la burguesía y las clases trabajadoras, que no tienen acceso a los bienes de producción ni al reparto de la riqueza generada por su trabajo. La recompensa que obtiene el proletariado por haber apoyado las revoluciones burguesas es el pago de un salario por su trabajo, privado de voz en los mecanismos económicos y políticos.

El fin de la burguesía revolucionaria

A partir de ese momento, la antigua burguesía revolucionaria se convierte en una clase conservadora. Se priman los valores del orden (además de los de la familia, el trabajo y el ahorro), se defiende a ultranza la propiedad privada, y se intenta restringí acceso de las clases populares al poder político (sufragio censatario).

De vez en cuando, la presión popular en los movimientos revolucionarios (Babeuf en 1797, las revoluciones de 1848, la Comuna de París de 1871), y corrientes como el socialismo intentan despertar la conciencia de clase del proletariado y organizarlo para luchar por mejorar su posición.

Ante esto, la burguesía responde con concesiones que intentan integrar a las clases populares en el sistema, instaurando el sufragio universal, extendiendo su ideología mediante la educación nacional, y creando el mito según el cual, en una sociedad de clases «abierta», cualquier individuo es capaz, por mérito esfuerzo, de mejorar su condición.

En el siglo XX, la evolución económica y social de los países más desarrollados ha dominado la aparición de una amplia clase media o pequeña burguesía, que no está definida tanto por la propiedad de los medios de producción como por su formación cultural y técnica, que le permite desempeñar los puestos intermedios de la administración pública y empresarial. Por otro lado, se ha producido también una elevación del nivel de vida y formación de las clases trabajadoras, cuyos miembros más cualificados se confunden con los estratos inferiores de la clase media («aburguesamiento» de la clase obrera).

Al mismo tiempo, la difusión de unos hábitos culturales y de consumo homogéneos por parte de los medios de comunicación ha propiciado aparición de una «sociedad de masas» o de consumidores, que pretende desdibujar las fronteras entre clases.

El Antiguo Régimen

Crisis del Antiguo Régimen

 

Pacto de Brest Litovsk Tratado de Paz Rusia Guerra Mundial Final

Pacto de Brest Litovsk – Tratado de Paz 

Principales Batallas Gran GuerraBatalla de VerdúnBatalla de MarneLa Guerra en Fotos

La paz de Brest-Litovsk: El tratado de paz firmado en Brest-Litovsk (actualmente en Bielorrusia) entre las potencias centrales y la República de Ucrania (09 de febrero 1918) y la Rusia Soviética (03 de marzo 1918), puso fin a las hostilidades entre dichos países en el contexto de la Primera Guerra Mundial.

Las primeras negociaciones del gobierno bolchevique con los imperios centrales comenzaron el 9 de diciembre. Las reuniones se celebraron en la fortaleza de Brest-Litovsk El problema de la guerra se planteaba para los revolucionarios rusos de la siguiente manera: había que ganar tiempo a toda costa para fortalecer la revolución.

La mirada de los bolcheviques se dirigía a Europa en espera de la crisis revolucionaria que preveían. La primera delegación soviética estuvo representada por Kámenev y Joffé. Los Imperios centrales enviaron a los ministros de relaciones exteriores de Austria-Hungría y Alemania, Csernin y Von Kuhlmann, al jefe del estado mayor del frente oriental, general Hoffmann.

Desde las primeras discusiones, los imperios centrales mostraron sus intenciones: imponer la paz a Rusia y obtener grandes concesiones. El artículo segundo de sus propuestas para la paz decía: «Habiendo reconocido el gobierno ruso, de acuerdo con sus principios, el derecho de todos los pueblos, sin excepción, que forman parte del Estado ruso, a disponer de sus destinos hasta el punto de separarse por completo, se da por enterado de las resoluciones que expresan la voluntad de los pueblos de Polonia, Lituania, Curlandia, una parte de Estonia y de Finlandia, de separarse del Estado ruso y de constituirse en Estados realmente independientes».

O sea, reclamaban la anexión a Alemania de todos esos territorios. La propuesta era monstruosa y evidenciaba claramente la voracidad imperialista de Alemania. La formulaban, por otra parte, contando con que Rusia ya no estaba en condiciones de combatir. Era la tesis de Ludendorff: imponer la paz o rematar a Rusia «rápida y enérgicamente». El temor al bolchevismo aterraba al jefe militar: » Yo sabía que, aún en caso de llegar a la paz, nos serían necesarias numerosas fuerzas contra el bolchevismo».

El 27 de diciembre se reanudaron las negociaciones. La delegación soviética estaba presidida esta vez por Trotski. Las discusiones se hicieron más tensas. La delegación bolchevique seguía ganando tiempo, mientras dirigía una activa campaña propagandística sobre los soldados alema-nes. La situación se mantuvo casi dos meses. El Estado Mayor alemán estaba exasperado. Ludendorff proponía insistentemente iniciar las operaciones contra Rusia.

El 26 de enero, el gobierno soviético culminaba su ruptura con los aliados: un decreto anulaba todas las deudas exteriores de Rusia. Al mismo tiempo, las negociaciones de Brest-Litovsk llegaban a término. En los primeros días de febrero, Alemania y sus aliados reconocieron a Ucrania como Estado independiente y firmaron, con una «delegación» ucraniana inventada, un acuerdo de paz. La delegación bolchevique rompió la negociación: daban la guerra por terminada, pero sin firmar la paz.

El 18 de febrero, apenas unos días después de la ruptura de las negociaciones, Alemania anunció al gobierno ruso la reanudación de las hostilidades. La ofensiva alemana casi no encontró resistencia. En pocos días, del 18 al 24, Ucrania fue invadida. Las posibilidades de resistencia para el gobierno soviético eran muy escasas. No existían fuerzas para mantener una guerra revolucionaria. Se impuso la necesidad de firmar la paz. El 19 de marzo, llegaba a Brest-Litovsk una nueva delegación soviética.

La Rusia soviética había aprovechado bien el tiempo de las negociaciones. La propaganda tuvo enorme efecto sobre Alemania y los pueblos en general. En primer lugar, se hacía evidente la mentira con que la Entente pretendía engañar a los obreros de Europa: que los bolcheviques eran agentes alemanes.

El gobierno soviético firmaba la paz bajo la imposición de los cañones del ejército alemán. El 3 de marzo se firmó el tratado. Un mensaje del gobierno revolucionario, dirigido a los pueblos del mundo, decía: «La paz que firmamos nos es dictada con las armas en la mano. La Rusia revolucionaria se ve constreñida a aceptarla, apretando los dientes…»

La paz de Brest-Litovsk implicó enormes concesiones territoriales en beneficio de Alemania. Las cláusulas principales del tratado, que estaba redactado en trece artículos eran: compromiso recíproco de cesar en toda clase de propaganda contra el estatuto gubernamental o militar de los países interesados; la desmovilización del ejército ruso, incluso la de las nuevas unidades soviéticas; renuncia, por parte de Rusia, a inmiscuirse en los asuntos de los países situados al oeste de las nuevas fronteras (todos los países bálticos, Lituania y Polonia); evacuación de las regiones de Asia Menor, ocupadas por las tropas rusas; reconocimiento, por parte de los Soviets, de la república popular de Ucrania y del tratado firmado por ésta con la Cuádruple; evacuación de Finlandia y de las islas Aaland por los rusos (lo que equivalía al sacrificio de la revolución finlandesa); renuncia recíproca a toda indemnización de guerra.

Sin embargo, Rusia tendría que indemnizar a los Imperios centrales por el sostenimiento de los prisioneros rusos, por los daños causados por la revolución a los subditos austro-alemanes, etcétera (en total, un pago de más de tres mil millones de rublos oro). Se realizaría inmediatamente el intercambio de prisioneros de guerra (Alemania calculaba de esta manera recuperar material humano); se reanudarían las relaciones comerciales y diplomáticas. Una vez firmada la paz, y al amparo del tratado prosiguió el avance de las tropas alemanas en Ucrania, hasta el Don, hasta Crimea, hasta el Cáucaso».

La primera paz de la guerra mundial resultaba favorable para Alemania y sus aliados. Empero, el beneficio de la ocupación de Ucrania fue muy inferior al que había calculado el Estado Mayor alemán. El principal aporte lo constituyó el envío a Alemania de 46.000 caballos y 5.000 cabezas de ganado. En cuanto a cereales, obtuvieron una exigua cantidad, que no alcanzaba a paliar el problema del hambre en Alemania y Austria-Hungría. El costo, por otra parte, fue muy elevado. Tuvieron que mantener un ejército de ocupación (22 divisiones), constantemente hostigado por partidas guerrilleras, que pronto se desmoralizó.

Asimismo, la publicación de la paz alemana de Brest-Litovsk contribuyó a afirmar en la Entente su voluntad de no concluir la guerra antes de aniquilar a Alemania. Además, prestó un buen servicio a la propaganda aliada que agitó por el mundo la «rapiña alemana» en Rusia. . . La paz impuesta se volvió contra Alemania.

La Rusia soviética perdió importantes territorios, pero la revolución de octubre se sostuvo. Cuando la revolución alemana derribó la monarquía de los Hohenzollern, los bolcheviques denunciaron la paz de Brest-Litovsk y se lanzaron a recuperar e! terreno perdido. En tanto, habían comenzado a organizar el Ejército Rojo, bajo la dirección de Trotski. Al mismo tiempo, la propaganda realizada hacia Alemania comenzó a dar sus frutos.

Desde una cárcel de Berlín, Liebknecht, hacía en esos días un excelente comentario sobre la paz de Brest-Litovsk:

«El balance de Brest-Litovsk no es igual a cero, aunque de momento haya de traducirse en una paz brutal de imposición y avasallamiento. Gracias a los delegados rusos, Brest-Litovsk se ha convertido en una tribuna revolucionaria de radio amplísimo. Aquellas negociaciones sirvieron para desenmascarar a los imperios centrales, para desenmascarar el instinto de rapiña, la falsedad, la perfidia y la hipocresía de Alemania. Sirvieron para dictar un veredicto aniquilador contra esa política alemana de las ‘mayorías’ a que, según ella, se ha de ajustar la paz, y que tiene más de cinismo que de gazmoñería. Han servido para desencadenar, en varios países, considerables movimientos de masas. Y su trágico acto final —la intervención decretada contra la revolución— ha sacudido todas las fibras socialistas del mundo. Ya llegará el día en que se demuestre, que van a recoger de esta siembra los triunfadores de hoy. Yo les garantizo que no van a disfrutar a gusto.»

Guerra Mundial:Japón Bombardea a Califonia Con Globos Aerostáticos

Guerra Mundial: Japón Bombardea Con Globos Aerostáticos

Al desarrollarse el penúltimo año de lucha de la Segunda Guerra Mundial, el 4 de noviembre de 1944, un buque de la Armada de los Estados Unidos halló, flotando en el océano, cerca de las costas americanas del Pacífico, un gran trozo de tela hecha jirones. Cuando se procedió a subirla a bordo se descubrió que llevaba atada una carga de considerable peso. En el momento que ascendían la tela al navío, la misteriosa carga se precipitó hacia el fondo del mar.

Sólo se consiguió la tela que, evidentemente, había pertenecido a un globo. El hecho de que llevara inscripciones en japonés fue suficiente para poner en sobre aviso a los mandos norteamericanos, quienes creyeron que los nipones estarían utilizando nuevas y extrañas formas de agresión. Ese mismo día, el general Wilbur, del ejército de los Estados Unidos, recibió el primer informe sobre el descubrimiento.

Transcurrieron dos semanas hasta que se encontraron, también en el mar, los restos de otro globo. En breve tiempo se descubrió un tercero semi quemado en Montana.

A partir de estos hallazgos, los militares estadounidenses se percataron del peligro que podía representar esta inédita modalidad de guerra puesta en práctica por el enemigo; táctica que consistía en el bombardeo del territorio americano haciendo uso de globos impulsados por el viento. Se calculaba la posibilidad de un ataque japonés a gran escala mediante globos cargados de explosivos. No se equivocaban en sus temores y sospechas los generales norteamericanos.

En breve se encontraron aproximadamente doscientos globos destrozados en el noroeste del Pacífico y en el oeste de Canadá. Trozos de setenta y cinco, fueron hallados en otras regiones o sacados de las aguas del océano. Los fogonazos divisados en el cielo durante la noche evidenciaban que cien, más o menos, habían explotado en el aire.

El viento resultó un inesperado aliado de los nipones pues transportaba los globos desde las islas del archipiélago del Japón hacia Alaska, el oeste americano e, inclusive, a México.

Ante la posibilidad de un ataque de envergadura, el general Wilbur solicitó de inmediato el apoyo de los organismos gubernamentales en su totalidad. Los globos japoneses aún no habían ocasionado ninguna víctima, pues todos los que habían sido arrastrados por los vientos al continente americano habían caído en el mar o en zonas rurales. Sin embargo se pensaba, no sin razón, que tarde o temprano se precipitarían sobre las populosas ciudades.

Se alertó a los guardabosques sobre el peligro y se les requirió que remitiesen a las autoridades militares más cercanas cualquier trozo de globo u otras partes de sus mecanismos que fuesen encontrados.

Antes de continuar, veamos cómo surgió, en el Japón, la idea -tan maquiavélica y a la vez revolucionaria- de cómo agredir a los Estados Unidos, en tiempos en que ningún avión tenía la autonomía suficiente como para volar de Japón al continente americano.

El proyecto en cuestión nació cuando, en 1932, el profesor Nakayama, del Observatorio Meteorológico de Takao, en Formosa, descubrió una corriente atmosférica de gran altitud que circulaba desde las islas del Japón hasta la costa oeste de Canadá y de los Estados Unidos. Nakayama la bautizó: el Jet-Stream.

Una década después, el doctor Fujiwara, que meditaba alguna manera de bombardear a los americanos en su propio suelo, sugirió que se aprovechara la corriente de aire del ]et-Strecim para lanzar globos provistos de bombas.

Luego de estudiar la velocidad del jet-Stream y las características meteorológicas de los Estados Unidos en las diferentes épocas del año, Fujiwara expidió el siguiente memorándum a las autoridades militares: “Durante la estación del verano, en la época en que el jet-Strecim tiene poca intensidad, un globo precisaría entre una semana y diez días para sobrevolar el Pacífico. La cantidad de globos que llegarían a su objetivo no pasarían del 20 por ciento de los lanzados”.

“En el invierno -proseguía el informe- el trayecto no requeriría más que dos o tres días y podría evaluarse en un 60 ó 70 por ciento el número de globos que llegarían a su objetivo. El problema consiste en que durante la estación invernal la nieve no permitiría la propagación de incendios” (…) “Consideramos prácticamente imposible el lanzamiento durante el otoño y la primavera”, finalizaba el informe.

Las sugerencias de Fujiwara tuvieron éxito. El ejército japonés fabricó un modelo de globo que fue denominado “A”, y la Armada otro, llamado “B”. A decir verdad, ambos tipos eran análogos y tan sólo era diferente su fabricación.

Al cabo de poco tiempo comenzó a escasear el hielo y el konnyciku (pasta gelatinosa de la cocina japonesa) en Tokio. Esto sucedía porque dicho elemento culinario se usaba como cola para pegar la envoltura de los globos. En cuanto al hielo, era utilizado para fabricarlos a 55 grados bajo cero, que era la temperatura que soportaría en la alta atmósfera durante su trayecto.

El ejército japonés se interesó por el plan con mucha más decisión que la marina. Cuando finalizó la contienda, el ejército había lanzado 9.000 globos de su tipo “A”, mientras que la Armada Imperial sólo había arrojado 300 de su modelo “B”.

Con un diámetro de diez metros, los globos se desplazaban a una altura que oscilaba entre los 9.000 y los 11 .000 metros, desarrollando una velocidad de 30 a 32 kilómetros por hora. Cada uno llevaba un mecanismo que hacía detonar, de manera automática, una bomba incendiaria y otras de fragmentación.

En diciembre de 1 944, basándose en los escasos restos hallados, los peritos norteamericanos habían diseñado en planos una reconstrucción hipotética del ingenio enviado por los nipones. Se mandaron trozos de globos al Observatorio de Investigaciones Navales, en Washington, como también al Instituto Tecnológico de California.

Los estudios evidenciaron que la envoltura de los globos era fabricada con varias capas de papel pergamino de regular grosor que se pegaban entre sí con cola vegetal. Los técnicos comprobaron que esta aparente fabricación casera resultaba más idónea para retener el hidrógeno en el globo que las mejores telas recauchutadas producidas por la industria en los Estados Unidos.

Los geólogos que estudiaron la arena contenida en las bolsas de lastre señalaron cinco lugares en el Japón, de donde muy probablemente provendría. Se pidió a la Fuerza Aérea que fotografiara dichas áreas. En las fotos de una de estas zonas podía observarse una planta industrial alrededor de la cual se veían esferas de color gris, lo que se interpretó como la presencia de globos. Al poco tiempo se hallaba un globo gris sobrevolando 1 as inmediaciones de una ciudad del oeste de los Estados Unidos.

¡La hipótesis había sido confirmada!

Un piloto norteamericano fue enviado con la misión de capturar ese globo. El aviador decidió empujarlo hacia el campo propulsándolo con las ráfagas de aire que producía su motor a hélice. Los golpes de aire hicieron que el globo perdiera hidrógeno, cayendo lentamente a tierra. Los mecanismos que tenían por fin producir la detonación de los explosivos no funcionaron.

¡Un globo japonés intacto había caído en manos del ejército de los Estados Unidos!

El globo coincidía a grandes rasgos con los diseños que se habían efectuado basándose en deducciones. El ejército descubrió que cada globo estaba provisto de 30 bolsitas que contenían 3 kilogramos de arena cada una. Cumplían la función de lastre. Iban cayendo de a una por un mecanismo guiado por un barómetro, el cual las soltaba cuando el globo volaba por debajo de los 9.300 metros. También estaba provisto de un aparato automático que abría una válvula de escape para el hidrógeno cuando el globo superaba los 11.000 metros.

Cada globo transportaba de 3 a 4 bombas de fragmentación de 15 kilogramos y una incendiaria. Los explosivos estaban controlados por un mecanismo que los arrojaba después de que todas las bolsas de arena hubieran sido lanzadas. Había otro aparato que tenía la función de provocar la explosión del globo, luego de que hubiesen sido arrojadas las cargas mortales. El hecho de que este dispositivo no funcionara en ciertos globos permitió a los americanos incautarse de algunos intactos.

Asimismo, los japoneses lanzaban un globo “guía sin bombas”, provisto de un aparato que emitía señales de radio para indicar a la base en Japón si el itinerario era correcto.

Luego del estudio de los globos capturados y de su contenido, los norteamericanos se dieron cuenta de que eran las bombas incendiarias las que representaban el más grave peligro para la nación. En la época de verano indudablemente producirían incendios forestales. Por consiguiente, se organizaron tropas de paracaidistas para que colaboraran con los guardabosques y bomberos.

Sin embargo, silos ataques hubieran sido en gran escala, esta movilización no hubiera servido de mucho. Además, considerando la posibilidad de que los japoneses lanzaran globos provistos de preparados bacteriológicos con el fin de propagar epidemias, tanto humanas como del ganado o de las cosechas, se tomaron los debidos recaudos movilizando médicos, veterinarios y agrónomos.

Se formaron equipos de descontaminación y se almacenó -en lugares claves- desinfectantes, medicamentos y máscaras antigás. A la vez se requirió a los ganaderos y agricultores que informasen acerca de cualquier síntoma de enfermedades inusuales en el ganado o sembradío.

Para que los japoneses no tuvieran ningún conocimiento de los resultados obtenidos con su ataque mediante globos, los medios de difusión americanos y canadienses fueron persuadidos de que no mencionasen jamás cualquier noticia referente a los globos nipones.

Si bien en el Japón no se enteraban de sus propios éxitos, este silencio de la prensa y la radio impedía que el pueblo americano tomase conocimiento del peligro que lo amenazaba. En cierta oportunidad, un grupo de chicos que iban de excursión encontraron uno de los globos caídos. Sin conocer el mortal peligro al que estaban expuestos, lo arrastraron para llevárselo. Las bombas explotaron muriendo cinco niños y una mujer. La prensa no publicó nada de lo ocurrido. Su silencio fue total.

De pronto -a fines de abril de 1 945- finalizó la caída de globos en Estados Unidos. Transcurrieron días, meses; hasta que por fin terminó la guerra. ¿Por qué razón había cesado el ataque, cuando era evidente que, de continuar, hubiera provocado grandes desastres?

El general Wilbur logró develar el misterio cuando, luego de firmado el armisticio, viajó al Japón. Allí tuvo oportunidad de dialogar con el general Kusabciv quien había estado encargado de dirigir el ataque mediante globos. Kusabciv explicó al militar norteamericano que en total se habían lanzado 9.000 globos, considerando el ejército japonés que al menos el 1 0 por ciento de los mismos llegarían al continente americano. Los primeros globos que atravesaron sin novedad el Pacífico fueron lanzados el 1 de noviembre de 1944. Los mandos japoneses se enteraron del globo que cayó en Montana. Sin embargo constataron con asombro el silencio de los periódicos y de la radio americana.

Al tener noticias únicamente del arribo a los Estados Unidos de un solo globo, el Estado Mayor japonés comenzó a desaprobar el plan de Kusaba. Los superiores le expresaron que la idea había sido buena, pero en la realidad se había revelado un fracaso. El argumento más decisivo que presentaban los mandos consistía en que se estaban despilfarrando las reservas de hidrógeno y de los demás materiales, cuando precisamente el Japón se encontraba exhausto de reservas. Todo este esfuerzo -decían- se desperdiciaba en un ataque que no daba fruto alguno.

Por último, a fines de abril de 1 945, se ordenó al general Kusaba detener definitivamente los lanzamientos. El mando superior le reprochó: “Sus globos no han llegado a los Estados Unidos. Si hubieran llegado, la prensa daría noticias de ello. Los yanquis no pueden estar tanto tiempo callados”.

¡Qué equivocados estaban los altos oficiales del Mikado! Las causas del fracaso no eran atribuibles al general Kusaba sino a que las nevadas de invierno en Norteamérica imposibilitaron el incendio de bosques. Si el ataque con globos hubiera continuado hasta el verano, cuando las zonas boscosas del oeste se encuentran secas, y silos nipones hubieran sostenido la cantidad de 1 00 lanzamientos por día, como lo hicieron en marzo de 1945, quizás hubieran producido una gran catástrofe de destrucción y pánico. Por último, el silencio de la prensa fue la jugada psicológica maestra que cumplió su cometido a la perfección, haciendo fracasar todo el plan japonés.

Fuente Consultada: Los Sucesos Más Insólitos Herry B. Lawfort

Rendición de Japón Guerra Mundial Hirohito Diplomacia Atomica Truman

Rendición de Japón – Guerra Mundial Hirohito – Truman

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: El Japón, ya virtualmente vencido, había iniciado a comienzos de julio de 1945 negociaciones de rendición. En Tokio, se sabía que toda resistencia era ya inútil y que los ejércitos soviéticos se aprestaban, en cumplimiento de lo convenido en Potsdam, a irrumpir en Manchuria.

El 6 de agosto, hubo una terrible conmoción en el mundo: Hiroshima había sido arrasada con todos sus habitantes por la primera bomba A utilizada como arma de guerra. El 8 de agosto, Moscú declaró la guerra al Japón y lanzó sus ejércitos sobre Manchuria. No hubo apenas resistencia; aquello fue virtualmente un paseo militar y los marinos soviéticos no tardaron mucho en izar la bandera de la hoz y el martillo en el histórico Port Arthur, recuerdo de un no muy distante desastre de la Rusia zarista.

El 9 de agosto, Nagasaki fue «borrada del mapa», también con todos sus habitantes, por la segunda bomba A. Y el 2 de setiembre, el general Mac Arthur recibió en la vasta rada de Tokio, a bordo del acorazado «Missouri» —Truman es oriundo del Estado que había dado su nombre a la nave de guerra—, la rendición incondicional del Japón.

firma acta de rendicion de japon en la segunda guerra mundial

NI aun la rapidez con que se sucedían los dramáticos acontecimientos hacía salir al mundo de su asombro y su espanto. Las imágenes de los hongos atómicos y de las arrasadas Hiroshima y Nagasaki encogían todos los ánimos. ¡Trescientas mil víctimas civiles, hombres, mujeres y niños! ¡Otros mucho miles convertidos en desechos humanos, condenados a largas y dolorosas agonías! ¿Por qué se había hecho aquello?

Se alegó como justificación del brutal proceder que cabía temer cualquier cosa de la fanática tenacidad japonesa, que se acortaba la guerra, que se salvaban a la postre muchas vidas. Fue una justificación muy pobre. Sólo la creyeron quienes deseaban creer en ella. Pronto surgió otra explicación de aquella crueldad que pareció a todas luces innecesaria.

Se había querido prevenir a Moscú que debía contenerse, que se disponía de un arma contra la que todos los victoriosos ejércitos soviéticos nada podrían. Se había querido prevenir a Moscú que, si no había podido impedirse la conquista soviética de Berlín, sería Washington quien impondría su ley al vencido Japón. Se había querido prevenir a Moscú que comenzaba una nueva pugna en la que se vería en inferioridad de condiciones.

Pero, con el paso reí tiempo, muchos vieron en los holocaustos de Hiroshima y Nagasaki los primeros actos de la «guerra fría», implacables y feroces. En adelante, el capitalismo y el socialismo tendrían que velar sus armas.

EL ATAQUE A HIROSHIMA Y NAGASAKI

El emperador Hirohito

El ataque a Japón supone que fue previendo una costosa guerra de desgaste material y humano, por lo que el presidente Truman decide arrojar las dos bombas atómicas sobre Japón.

El 6 de Agosto de 1945 la ciudad de Hiroshima (de 300.000 habitantes) quedó reducida a cenizas y tres días más tarde Nagasaki, forzando así la rendición incondicional del Japón.

El emperador Hirohito informa por radio a su pueblo el compromiso de poner las armas, el ministro de guerra japonés se suicida y se firma oficialmente la rendición sobre el acorazado norteamericano Missouri en septiembre de 1945.

Sin embargo, esto puede entenderse de otro modo Japón al borde del colapso, Estados Unidos quiso probo recientemente desarrollado armamento nuclear, y al mismo tiempo el avance soviético que se estaba iniciando sobre territorio disputado con Japón.

Con la bomba atómica, Estados Unidos pasó a ser el Estado más poderoso.

Lanzamiento de las bombas atómicas
El lanzamiento de las dos bombas atómicas sobre Japón en agosto de 1945 dará lugar a una larga controversia. ¿La decisión norteamericana de aniquilar las ciudades de Hiroshima y Nagasaki respondía a un objetivo exclusivamente militar o tenía también aspectos políticos y diplomáticos?

Para algunos investigadores se podía alcanzar la rendición japonesa por medio de un bloqueo extremo o apelando  a la vía diplomática. La conducta fanática de los aviadores suicidas japoneses era más bien una manifestación de debilidad e impotencia de la resistencia frente a la superioridad de recursos de los Estados submarinos norteamericanos habían cortado los abastecimientos y en marzo de 1945 un raid aéreo demostró eficazmente esta superioridad norteamericana.

El presidente Harry Truman justificó el empleo de la mortífera nueva arma como un medio de acortar la guerra  y reducir las bajas. El arma nuclear fue desarrollada únicamente para ganar la guerra y con este propósito se tomó la terrible resolución de utilizarla.

Pero otros investigadores han señalado que tal demostración de poderío norteamericano no era necesario derrotar al Japón. La “diplomacia atómica” de Truman perseguía la evidente finalidad de intimidar a mentar su poder de negociación en los acuerdos de paz de postguerra en relación a la Unión Soviética. Con la bomba atómica, Estados Unidos restaba importancia a la intervención soviética contra Japón.

Se temía el avance soviético en Manchuria, Corea y otros territorios ocupados por los japoneses durante la guerra. De hecho, Japón estaba negociando la mediación de la U.R.S.S. La “extorsión atómica” tuvo como fin frenar las ambiciones o exigencias post-bélicas soviéticas.

Además Estados Unidos tenía que justificar la costosa inversión que significó el desarrollo del Proyecto Manhatan (nombre que recibió el plan secreto de investigación y construcción de la primera bomba, del que ron físicos, científicos, técnicos y militares, que en la mayoría de los casos ignoraban la finalidad de sus trabajos y medir los resultados del arma atómica.

Consecuencias  Políticas de la Bomba Atómica

Bomba Atomica en Alemania NAZI Historia Investigacion Cientifica

Bomba Atómica en Alemania – Historia

LA BOMBA EN EL CAMPO NAZI
Al terminar la primera gran guerra, el mundo buscó desesperadamente retomar la senda de progreso que se había interrumpido dolorosamente. Las universidades y los centros de estudio volvieron a cobrar impulso, y la cofradía de sabios continuó su labor.

Los términos idílicos de la paz obtenida en Versalles les garantizaba que no se cometerían los mismos errores del pasado, por lo que nuevamente las fronteras parecieron no existir para la ciencia. Así, las experiencias en Londres, en Copenhague, en Roma y en Berlín eran conocidas e incluso intercambiadas entre los matemáticos, químicos y físicos.

Sin embargo, las condiciones impuestas al derrotado imperio alemán propiciaron el surgimiento del nacional socialismo, el que poco a poco comenzó a hacerse más y más fuerte. En 1939 el racismo de los nazis salió a las calles e ingresó a las aulas.

Los jóvenes de camisas pardas, alentados por las proclamas de los científicos adeptos al régimen, que denostaban todo lo que fuera de origen judío, incluso la Teoría de la Relatividad de Einstein, expresando que era un patraña colosal, arrinconaron a hombres de la talla del mismo Einstein, Max Born y Leo Szilard, por lo que el éxodo de sabios no se hizo esperar, recibiéndolos Estados Unidos con los brazos abiertos.

Se cuenta que el Ministro del Reich, Hans Stuckhart, a propósito del verdadero desmantelamiento que se había producido en las universidades alemanas, le habría consultado socarronamente al Profesor Hilbert, Director del Instituto de Física de Gottenborg, si el establecimiento había sufrido mucho con la partida de esos científicos. La respuesta deja en claro el colosal error que ello significó, uno mas de los tantos que cometieron Hitler y sus huestes, ál dejarse llevar por su irracional odio antisemita.

En realidad, no se puede decir que haya sufrido. Simplemente dejó de existir.

En 1939, el químico nuclear Fritz Strassman y el físico Otto Han, trabajando en laboratorios alemanes, plantearon una teoría de la fisión del Uranio, la que fue comunicada al Ministerio de Ciencias, y postularon la posibilidad de construir una máquina para obtener energía. No los guiaba la alternativa de utilizarla como bomba, sino que se orientaban hacia el aprovechamiento de ella para mover motores. La iniciativa contó con el respaldo del jefe de investigaciones del ejército, el que escribió en tal sentido al Ministerio, aconsejando que se le diera prioridad.

Los trabajos se iniciaron bajo el mando de Werner Heisenberg, pero luego se optó por abrirlos en tres proyectos, cada uno a cargo de ministerios distintos y con fines también diferentes. Sólo fue en 1942 que Albert Speer, el Ministro de Guerra, comprendió el alcance bélico que tenía la energía nuclear, y ordenó concentrar los esfuerzos en esa dirección.

Parece evidente que las proyecciones exitistas sobre la marcha inicial de la guerra, cuando las divisiones panzerarrollaban cualquier resistencia a su paso, contribuyó para que los estrategas germanos restaran importancia a esta nueva y decisiva arma, la que advirtieron demasiado tarde, perdiendo la iniciativa que habían obtenido con la labor de Strassman y Han.

Por otra parte, el mismo Hitler desconfiaba de los alcances de una bomba atómica, empecinándose en derivar las investigaciones hacia el uso energético para motores convencionales.

A todos los inconvenientes reseñados, habría que agregar, finalmente, que una vez que se decidió construir la bomba atómica, los científicos optaron por seguir el camino que había mostrado en Italia, Enrico Fermi, o sea, obtener una pila nuclear bombardeando elementos por medio de «agua pesada». Esta experiencia, en términos legos, consistía en «amortiguar» la desintegración obtenida por el bombardeo logrado con los neutrones, reemplazando el hidrógeno común del agua por deuterio, que es el mismo elemento pero más pesado.

El sabio italiano, en realidad, había llegado solamente hasta el umbral de un resultado definitivo en los ensayos efectuados en Roma hacía ya algunos años, cuando vislumbró este fenómeno, para el cual había usado kerosén en la tina del baño de su laboratorio, descargando uranio sobre una esfera de plata, estando ambos metales inmersos en el líquido. El físico Emilio Sagré, que formaba parte del equipo de Fermi, a propósito del ensayo en la tina de baño, diría al recibir el Premio Nobel de su especialidad en 1959:

«Dios, con sus decisiones inescrutables, nos dejó a todos ciegos, en aquella oportunidad, frente a la desintegración».

El «agua pesada», entonces, se constituyó en un factor primordial para el esfuerzo nazi. El Mariscal Goering, a fines de 1942, encomendó un programa destinado a obtener tres mil kilos mensuales, pero esta tarea, como asimismo las toneladas de uranio que era necesario obtener, comenzó a tropezar frente a la devastadora acción de la fuerza aérea aliada, la que bombardeó sistemáticamente esos objetivos.

Sin embargo, los aliados no tenían total certeza de que los nazis no fueran a obtener un artefacto nuclear dentro de un plazo breve. El anuncio del Ministro de Propaganda del Reich, Joseph Goebbels -formulado luego del desastre que aconteciera al ejército germano en el frente ruso, tras las derrotas en Stalingrado y Leningrado- proclamando la guerra total y amenazando que en ella utilizarían poderosas y nuevas armas secretas, aceleró al máximo los trabajos que tenían como escenario los Estados Unidos.

Hitler, en tanto, al comprobar en 1944 que sus otrora imbatibles ejércitos, ahora no eran capaces de contener los avances sobre Berlín, había cambiado sustancialmente su pensamiento acerca de la nueva arma secreta.

Día a día preguntaba sobre los avances de su construcción, pero las respuestas no le daban, ni le dieron, la posibilidad que pudo entrever,quizás, de mantener vigentes sus oníricas visiones de una raza aria dueña del mundo.

Fuente Consultada: HECHOS, Sucesos que estremecieron al siglo Tomo N° 15 La Bomba Atómica

Genocidios en la Historia

Independencia de Hispanoamerica Antecedentes y Causas

 INDEPENDENCIA DE HISPANOAMÉRICA

Campaña a Chile y PerúEntrevista de GuayaquilExilio de San MartínSan Martín en Europa

La revolución contra el absolutismo ocurrida en Francia a finales del siglo XVIII generó una rápida reacción en su contra. Los Estados absolutistas, dispuestos a demostrar que las revoluciones que cuestionaban al régimen estaban destinadas a fracasar, se embarcaron en largas guerras contra Francia gobernada por Napoleón.

Finalmente, hacia 1815, Napoleón fue derrotado y el absolutismo se restauró en Europa. Por otra parte, las guerras europeas alejaron a las colonias de su metrópolis, generándose en ellas una serie de movimientos que comenzaron a cuestionar los términos de la dominación. Para los defensores del orden establecido se trataba de cuestionamientos a la misma autoridad real, por lo que los bandos se identificaron como «revolucionarios» o «realistas».

Frente a estos proyectos incompatibles, el de los sectores dirigentes revolucionarios y el de los realistas, estalló entre ellos una abierta guerra que culminó con la ruptura del vínculo colonial entre América y España. Una vez roto el vínculo con la metrópoli, diferencias dentro de los sectores dirigentes americanos determinaron la fragmentación en múltiples territorios de las que fueran colonias españolas.

Independencia de Hispanoamérica: Tarde o temprano habían de separarse de España los pueblos que creían haber llegado a la mayoría de edad. El ejemplo de los Estados Unidos obraba como un aliciente fortísimo, pero fueron las doctrinas de la Ilustración, y de un modo especial el ejemplo de la Revolución Francesa, las que impulsaron a los criollos a desear la separación.

A fines del siglo XVIII existía en América un ambiente de oposición a la política excesivamente centralista de los Borbones. Incluso se habían producido algunos conatos de lucha, como el caso del caudillo indio que se hacía llamar Tupac Amaru, y que al frente de grupos de indígenas luchó contra las tropas españolas en el Perú, pero todos los casos más o menos esporádicos fueron reprimidos con energía por los virreyes. Al mismo tiempo castigaron con gran severidad toda propaganda de tipo subversivo o liberal que se realizara en las colonias.

carlos IIIUno de los primeros intelectuales que empezó a sembrar la semilla de la libertad fue el colombiano Antonio Nariño (1765- 1823). Ya en tiempo de Carlos III, y más tarde durante el reinado de Carlos IV, los ministros que tuvieron cierta visión política, como Floridablanca, e incluso Godoy, aconsejaron a los monarcas españoles conceder cierta autonomía y sustituir a los virreyes por infantes de España, con lo cual la unión de los reinos americanos sería puramente personal y podrían elegir sus gobernantes y administrarse con cierta libertad respecto la burocracia española.

Los soberanos se negaron a aceptar reformas fundamentales y aunque Carlos III (imagen) permitió la libertad de comercio con numerosos puertos españoles, entre ellos el de Barcelona, con lo cual Sevilla perdió el monopolio que ejercía desde la conquista, las medidas adoptadas para hacer frente a un cambio político fueron escasas e inútiles.

Los criollos, hijos de españoles que se sentían americanos, veían cómo iba cobrando importancia el comercio y prosperaba el país que seguía en manos de «gachupines», es decir, gentes venidas de España al amparo de un nombramiento real. Por esta razón fueron casi siempre criollos, en general grandes terratenientes, los que dieron mayor impulso a los movimientos revolucionarios de independencia. Junto a ellos existían elementos intelectuales en contacto con las logias masónicas de Londres y Cádiz, encargadas de infiltrar la doctrina secesionista y liberal en los medios cultos de cada país.

NapoleónCuando España cayó bajo el poder napoleónico y se quedó sin rey, las colonias no quisieron reconocer a Bonaparte y aprovecharon la ocasión para crear movimientos separatistas que al principio sólo pretendían reformar la estructura de la administración (imagen izq. Napoleón).

Tampoco aceptaron la autoridad de la Junta Suprema de España y crearon sus propias Juntas, que fueron el germen de los gobiernos independientes.

Como la metrópoli no podía ni impedir ni dirigir este movimiento, los hechos se produjeron en los primeros momentos sin apenas resistencia por parte de las tropas realistas españolas, pero cuando Fernando VII recuperó el trono se produjo una violenta reacción contra el levantamiento y se formalizó la lucha.

FRANCISCO DE MIRANDA.FRANCISCO DE MIRANDA. Había nacido en Venezuela (1756-1816) y fue un tipo extraordinario, mezcla de aventurero y hombre de armas. En el Ejército español había alcanzado la graduación de capitán y cuando estalló la guerra por la independencia de los Estados Unidos combatió al lado de Washington para pasar luego a Francia y unirse a los girondinos cuando la Revolución.

En 1806 intentó desembarcar en Venezuela para ponerse al frente del movimiento separatista que empezaba a actuar, pero los criollos no le secundaron por una razón digna de tenerse en cuenta: le apoyaba descaradamente Inglaterra.

Los criollos deseaban cortar la unión con España, pero no someterse al dictado de otra potencia que, de haber triunfado en aquel momento Miranda, hubiese ejercido una influencia decisiva. Más tarde volvió a surgir esta figura y tomó parte activa en movimientos que luego se relatarán.

INTERPRETACIONES DE LA INDEPENDENCIA DE AMÉRICA. Hubo un tiempo en que los historiadores de Europa explicaban la independencia de América como el resultado ineludible d una ley biológica: los pueblos que alcanzan su mayoría de edad, los pájaros que crían alas y se alejan de sus padres. Tal habría ocurrido con España y sus hijas americanas. Esta teoría respondía, en cierto modo, a un fatalismo histórico, a algo inexorable que obedecía a leyes biológicas y no había podido evitarse. No obstante, pronto surgieron otras teorías.

Las doctrinas racistas del conde de Gobineau y del inglés Chamberlain, que se fundaban en las diferencias de las razas para explicar los procesos históricos, hicieron creer, especialmente a los americanos, que la independencia de América había sido producto del choque entre indios y españoles o criollos y españoles.

Los nativos, por envidia, rivalidad o simple odio a sus padres, habrían hecho una revolución para ocupar los empleos que, de otra manera, no podían alcanzar. La teoría racista coincidió en cierto modo con la económica, nacida de las doctrinas de Carlos Marx y Federico Engels.

Los americanos, según los creyentes en esta interpretación histórico-económica, estaban hartos de las prohibiciones comerciales que imponía la Madre Patria. El monopolio de los comerciantes de Cádiz habría hecho pensar en la independencia del Nuevo Mundo y ésta se habría realizado en los momentos en que España estaba en guerra con Napoleón y no podía dominar debidamente a los sublevados.

Han creído en esta doble interpretación los más eminentes historiadores de América y, en particular, de la Argentina, donde todavía es enseñada, como Bartolomé Mitre, Vicente Fidel López y otros muchos. A comienzos del siglo XIX surgieron otras interpretaciones.

El francés Marius André creyó que América se había sublevado y hecho independiente por amor a la religión católica, temerosa de que los ingleses alejasen el catolicismo y los americanos cayesen en el protestantismo o el ateísmo.

Las guerras de México, donde los rebeldes eran acaudillados por los sacerdotes Hidalgo y Morelos, podían ser un ejemplo y una prueba. La teoría de André causó sensación, porque rompía con las tradiciones económicas y racistas; pero pronto se comprobó que no era exacta, que no coincidía con la realidad.

La independencia del Nuevo Mundo, incuestionablemente, había nacido de otras causas. ¿Cuáles podían ser? Como reacción aparecieron dos nuevas interpretaciones. Una atribuía a la sociedad secreta de la masonería los trabajos que habían llevado a la independencia. Sus fundamentos eran firmes.

Los grandes hombres de la independencia, como San Martín, Miranda, Bolívar, Belgrano y tantos otros habían sido masones. Pero otra teoría significó la anulación de esta última interpretación. La independencia, aseguraron unos autores, nació en las conspiraciones de los jesuitas expulsados por el rey Carlos III en 1776. Para recuperar sus bienes y vengarse de un monarca adverso a la orden, habrían contribuido a producir la independencia del Nuevo Mundo.

Fue, entre otros, un padre jesuita, el reverendo Padre Miguel Batllori, quien demostró la inconsistencia de esta tesis. En la Argentina, en torno al 1910, nacieron las primeras dudas sobre las tesis tradicionales.

José León SuárezFue el jurista José León Suárez quien expuso la teoría de que la independencia argentina no nació de causas económicas o raciales, sino de ideales políticos y que, en un principio, los americanos no estuvieron en contra de Fernando VII, sino a su favor.

La independencia habría surgido más tarde, al desengañarse los americanos de los propósitos fernandistas. Esta teoría encontró la oposición de los historiadores argentinos y americanos más destacados de aquel entonces.

El doctor Ricardo Levene (imagen) y otros, siguiendo a Mitre y a Vicente Fidel López, defendieron la vieja tesis economista y racista y, además, agregaron una teoría conspiracionista de políticos que se reunían en asambleas misteriosas y trabajaban por la independencia del Nuevo Mundo. El precursor Miranda los habría guiado desde Londres con su correspondencia. Al mismo tiempo, en España, tomaba fuerzas otra interpretación. La Independencia de América habría sido obra de los políticos ingleses.

Para vengarse de la ayuda que los españoles habían dado a los colonos de la América del Norte en su lucha contra la Gran Bretaña, los ingleses habrían ayudado secretamente a los hispanoamericanos para separarse de España. La presencia de algunos ingleses en los ejércitos liberales de América sería una prueba confirmatoria.

Los historiadores oscilaban entre las influencias indígenas, criollas, inglesas, francesas, económicas y masónicas, sin saber qué rumbo tomar. Las teorías de José León Suárez no eran compartidas por los defensores de tantas otras suposiciones.

En 1940 comenzó a hacer oír una nueva interpretación el argentino Enrique de Gandía. A su entender, ninguna de las teorías conocidas estaban en condiciones de explicar satisfactoriamente la génesis de los acontecimientos.

La verdad es, según él, muy distinta y fácil de comprender. La familia real española estaba deshecha por sus disputas internas, originadas por la rivalidad que existía entre la política de Manuel Godoy y las aspiraciones del heredero al trono, el joven Fernando VII.

El emperador Napoleón se aprovechó de esta división para su beneficio, atrayéndose a las dos partes y usurpando luego el trono de España para dárselo a su hermano José. El pueblo español primero se libró de Manuel Godoy, el «Príncipe de la Paz», por medio del motín de Aranjuez, en marzo de 1809 y en seguida se levantó contra los franceses, en Madrid, el 2 de mayo de ese mismo año.

Y España, sin rey ni autoridades, comenzó a gobernarse por sí misma. En cada ciudad se formó una junta popular que regía los destinos de la comunidad. Era evidente que el poder de los reyes quedaba desbordado por un pueblo que ansiaba liberarse no sólo de los franceses, sino de la secuela fatídica de los borbones. Las juntas se levantaban sobre el principio de los derechos naturales del hombre.

Los hombres son libres e iguales. Santo Tomás ha enseñado que Dios da el poder a los hombres cuando se reúnen en sociedad y que éstos pasan una parte de ese poder a un gobernante, hasta que se lo retiran si el gobierno no cumple sus mandatos. Sobre este principio se gobernó el pueblo español en su lucha contra los franceses.

América recibió emisarios españoles que inducían a las principales ciudades a crear juntas como en España. Esto se conjugaba con la creciente necesidad de las colonias de liberarse de esa avasallante situación caótica que imponía sus reales en el comercio, en las actividades ecónomicas internas y en todas las manifestaciones de vida activa.

Fernando VIIAsí es como se intentó crear algunas juntas, pero los gobernadores y virreyes, que no querían perder sus empleos, no las aceptaron sino hasta muy tarde, cuando la Junta Central ya gobernaba a nombre de Fernando VII (imagen).

La primera junta de este tipo en América fue instalada en Montevideo, por Martín de Alzaga, en 1808. Es interesante consignar que Alzaga, destacado combatiente contra las invasiones inglesas a Buenos Aires y síndico de esa ciudad, fue condenado por su actividad realista después de la instalación del Primer Gobierno Patrio.

La instalación de juntas gubernativas en América se aceleró con la noticia de la caída de la Junta Central que obedecía a Fernando VII. El 19 de abril de 1810 se creó la Junta de Caracas y el 25 de mayo la Junta de Buenos Aires, luego de una fallida junta organizada por el mismo virrey Cisneros con el objeto de detener las pretensiones patriotas de gobierno propio. La creación de las Juntas en América, según Gandía, no fue una solución definitiva.

Habían seguido el ejemplo de España, es cierto, pero muchos políticos querían seguir el ejemplo diferente: la obediencia a un Consejo de Regencia que se había instalado en Cádiz. Este consejo, ilegal, formado por su propia voluntad, sin el voto de los españoles ni de los americanos ni el conocimiento de Fernando VII, pretendía mandar sobre toda América. Para ello aseguraba a las autoridades existentes que las mantendría en sus puestos.

Es lógico que se apresurasen a reconocerlo y obedecerlo y se entablase, por tanto y en seguida, una lucha feroz entre los partidarios de las Juntas populares y los defensores del Consejo de Regencia. El historiador Gandía ha señalado y destacado estos hechos como factores que presentan la antiguamente llamada revolución americana como una perfecta guerra civil. No hubo, según él, revolución en América en contra de España ni de Fernando VII.

En todas las ciudades en donde se suspendió o echó a los virreyes fue por el odio que todos, españoles y criollos, tomaron hacia la situación existente en el gobierno español, en su dinastía real y a las arbitrariedades que dichos factores provocaban.

Al mismo tiempo, al aclamar en todas partes a Fernando VII, se afirmaba la esperanza de conseguir una situación apta para el desenvolvimiento liberal de todos los territorios del tambaleante imperio español. Hay historiadores que creen en una posible «máscara de Fernando VII», es decir, en una simulación de innumerables políticos y todos los pueblos de América, que habrían proclamado su fidelidad a Fernando y habrían deseado, secretamente, la instauración de un sistema de gobierno independiente. Es evidente que ha habido ciertos americanos que en ello confiaban y perseveraban.

El ejemplo de Mariano Moreno en el Río de la Plata es aleccionador. Pero en su conjunto, las condiciones para la independización total de los pueblos americanos de la dominación española aún no estaban a punto y por ello es que se produjeron tantas vacilaciones, incertidumbres y fracasos en las medias tintas del primer período independendista que podemos hacer extender, generalizando, hasta 1816.

Por esta razón, los partidarios de la escuela «simulacionista» son cada día menos. La independencia, según la tesis que ellos refutan, llegó cuando los americanos comprendieron que Fernando VII, de regreso al trono, en 1814, no quería permitir un sistema constitucional, ni una forma democrática de gobierno, aún dentro de una monarquía, ni un «status» conveniente para los pueblos e intereses de las antiguas colonias.

Para vivir con libertad y constitución, como se ansiaba en España y sostenía el partido liberal, se declaró la independencia de toda América, de las «Provincias Unidas de la América del Sud», como consta en el Acta de la Independencia, en la ciudad de Tucumán, el 9 de julio de 1816.

PARA SABER MAS…

Entrevista al historiador Tulio Halperín Donghi:
«La integración latinoamericana desde una perspectiva histórica»

-¿En qué consistía el proyecto de integración sostenido por Bolívar?
Más que una confederación entre los distintos Estados, Bolívar buscaba una alianza permanente, pero-bastante laxa, con un protector externo que debía ser Inglaterra. Bolívar advirtió que con la independencia de los territorios americanos y el triunfo de los focos revolucionarios se había perdido cierto orden de la época colonial que trató de regenerar. Fue un momento bastante conservador de su vida.

-¿De qué manera quería lograr esa alianza permanente entre los nuevos Estados?
Bolívar había ganado influencia en una gran región de América. La base de ese poder era el predominio militar a través de ejércitos que le respondían, dirigidos por oficiales llegados de diferentes regiones. Pero las cúpulas de esos ejércitos terminaron disgregándose, resultaba muy costoso mantenerlas y los jefes querían regresar a sus tierras. De esta manera se debilitó la columna vertebral del proyecto.

-Si avanzamos en la historia ¿cuándo y de qué manera se vuelve a hablar de una política integradora?
Yo mencionaría un movimiento que comenzó a fines del siglo pasado vinculado con lo que, sin ninguna intención peyorativa, se denominaban «los proyectos imperialistas». A partir de esta idea, las grandes potencias constituían zonas de influencia sobre la base del predominio económico y, a veces, del político. El sueño de cada nación poderosa era unir toda su zona de influencia con un ferrocarril. Así, Gran Bretaña tenía un proyecto de tender vías desde El Cairo hasta Ciudad del Cabo; Alemania, otro de Berlín a Bagdad y en los Estados Unidos se propuso construir vías que atravesaran toda América y llegaran al Cabo de Hornos.

-Más que una integración, esa idea tendía a construir una América liderada por los Estados Unidos.
Sin embargo esa idea encalló de entrada en pos de otra mucho más burocrática: la Unión Panamericana, que tuvo realizaciones modestas pero abrió numerosos puestos de trabajo para diplomáticos. Esta Unión logró una tarifa de franqueo preferencial para todo el continente. Pero mientras los Estados Unidos se esforzaban por acentuar su rol, en Latinoamérica nacía una idea de solidaridad frente a su avance, a veces agresivo y violento como lo fue la guerra con España por la isla de Cuba (en 1898).

-Ya en la actualidad, ¿cómo analiza el proceso de integración del Mercosur?
El Mercosur se da como resultado de una necesidad, más que como corolario de una evolución ideológica. Y comparte una lógica con la iniciativa estadounidense de libre comercio: son proyectos que abren nuevos espacios pero a costa de cerrarse a otras áreas del mundo. Los discursos actuales tienen algo de contradictorio, se habla de la globalización y de la apertura externa pero se potencian ideas que fortalecen los bloques regionales. Me parece demasiado pronto para que un historiador diga qué va a pasar; por ahora, sólo marco la paradoja.

Extractado del reportaje de Daniel Ulanovsky -Sach. «¿Porqué la América hispana no fue una sola nación?», Clarín, 14/12/97.

Fuente: Geografía Argentina y del Mercosur Los Territorios en la Economía Globalizada- Editorial AIQUE Polimodal – Blanco-Férnandez-Gurevich

Biografia de Onassis Aristóteles Millonario Griego Armador de Barcos

Biografía de Onassis-Millonario Griego

Aristóteles Sócrates Onassis nació el 20 de enero de 1906. Cuando unos cuarenta años más tarde comenzaba a ser famoso en todo el mundo, la historia de que había crecido en una familia pobre y que sin otro legado que su propia astucia se había convertido en señor poderoso fue punto de partida para periodistas más o menos imaginativos. Desconcertado pero convencido de que una buena historia era imprescindible para sustentar sus planes, leyó los primeros artículos y contribuyó, sino con grandes mentiras, al menos con su silencio. No tenía estirpe ni pasado noble y pretendía ser aceptado en la nueva aristocracia formada por estrellas de cine, monarcas venidos a menos, artistas y operadores financieros. Ubicar sus orígenes en el extremo opuesto al de la opulencia calmó su inseguridad. Onassis compró la historia y la dejó correr. Según estas versiones, su padre era un inquieto pero mísero vendedor de artesanías y su madre, una mujer que limpiaba casas de vecinos. El pequeño Aristóteles desde la adolescencia se habría propuesto revertir la fortuna a cualquier precio y habiendo partido de su casa con 250 dólares en el bolsillo había regresado en menos de 5 años con su primer millón.

BIOGRAFÍA DE ARISTÓTELES ONASSIS: En su pasaporte se decía que Aristóteles Sócrates Onassis nació en Salónica, Grecia, el 21 de septiembre de 1900. Pero la verdad es que «Ari» vino al mundo en EsmirAristóteles Sócrates Onassisna, el 20 de enero de 1906, y, para conseguir su primer empleo,- se añadió unos años, logrando la mayoría de edad antes de lo que le correspondía.

A los dieciséis años, con sesenta dólares en el bolsillo, llegó a la Argentina. Un compatriota, también refugiado en Buenos Aires, le buscó trabajo en una importante compañía telefónica anglo-argentina. Era un trabajo seguro, pero monótono, en total desacuerdo con el espíritu inquieto del joven y ambicioso Onassis.

Empezó a trabajar en el servicio nocturno y realizaba su tarea en dos horas; el resto del tiempo lo dedicaba a estudiar con atención todo lo referente a la Bolsa.

En 1925, Onassis empieza a ver realizada su primera meta. Se dedica a la importación de •tabaco brasileño y cubano y, al cabo de un año, tiene ahorrado en un Banco el primer millón de dólares de su vida. Cuatro años después, consiguió el pasaporte argentino, realizando, años más tarde, espaciadas visitas a dicho país para no perder la nacionalidad. Obviamente, Onassis aprendió a expresarse en castellano.

Como buen griego, Onassis sintió la llamada del mar y decidió hacerse naviero. Empezó con la compra de seis barcos. Eran los años de la gran depresión económica mundial y el griego se hizo con toda una flota (sobre todo petroleros) adquiriendo los ejemplares a precio de chatarra. Luego, los modernizó y le dio a su flota un poderío mundial. Por otra parte, se permitió «negocios-juguete», como la participación en el Casino de Montecarlo y la creación de las Líneas Aéreas Griegas. También construyó refinerías de petróleo y fábricas de aluminio y dejó inacabado un ambicioso proyecto turístico para las islas griegas.

Onassis dispuso de una fortuna calculada a grosso modo en unos 15.000 millones de pesetas. Cantidad a la que habría que añadir el valor de un inmenso patrimonio mobiliario (con verdaderas obras de arte).

Hombre caprichoso y amante de juergas, Aristóteles casó en primeras nupcias con Tina Lívanos (Niarchos), que fue madre de sus hijos: Alejandro (nacido en 1949, muerto en accidente de aviación en el 73) y Cristina (nacida en 1951 y muerta en 1988). Luego, mantuvo un tempestuoso idilio con la diva del «bel canto» María Callas (a la que compró con dinero el silencio de sus intimidades). Y, por último, encontró a la independiente y moderna Jackie.

A su fama de amante excepcional, no se le debe restar la de hombre golpeador. Más de una vez golpeó a sus prometidas en público y en muchas ocasiones ellas salieron a justificar su «carácter». El mismo lo hacía: «Todo griego, sin excepción, pega a su mujer. Eso es bueno para ellas. Las mantiene en forma». Una de sus primeras novias, Dedichen, reflexionaba: «Por muy extraño que parezca estos espasmos de violencia sin sentido parecían satisfacerlo… Podía salir de ellos sintiéndose tan relajado y feliz como si acabara de hacer el amor».

Adoraba ostentar. Que la gente creyera que su cama era tránsito obligado de mujeres eminentes. María Callas y Jackie Kennedy fueron, sin dudas, dos buenas muestras para exagerar en la lista. Aristóteles Onassis aplicaba en este rubro la misma lógica que para sus negocios: si mujeres famosas respondían públicamente a sus encantos invisibles, conseguiría que otras tantas sucumbieran sin mirar. Lo que podía lo compraba y lo que no lo inventaba.

Quiso a Eva Perón. Y lo cierto es que promediando la década del 50, no casualmente bajo la autodenominada Revolución Libertadora, Onassis se ocupó de hacer correr la versión de que había pagado 10.000 dólares para pasar una noche con Evita mientras ella se encontraba de visita en Italia, durante la famosa gira que hizo a Europa en 1947, cuando Perón era presidente.

JACKIE, LA ELEGIDA

Capricho, independencia. ¿Se conjugarían estos factores en un matrimonio feliz?

Lee Radziwill (divorciada) pudo haber sido, en 1963, la nueva esposa de Onassis, pero le presentó al armador a su hermana y aquél eligió: Jackie. En el verano de dicho año, ambos hicieron amistad en el transcurso de un crucero por las islas griegas. La señora Kennedy había sido invitada para reponerse de su última maternidad.

Hasta pasados cinco años, la ya viuda Jacqueline no volvió a pisar el yate del armador griego, quien aprovechó el final de un idilio entre Jackie y un lord inglés para proponerle a aquélla una ventajosa boda. Proyecto, al parecer, antiguo, pues en el verano del 63 Onassis se desvivió por atenderla y se rumoreó que la compra de Skorpios se hizo efecto porque a Jackie le gustó la isla.

Antes de dar la campanada casándose con el multimillonario griego, Jacqueline tuvo que salir al paso de diversos rumores sobre su vida sentimental. Unos, falsos, como los referentes a un posible romance con Antonio Garrigues y Díaz Cañábate, embajador español ante la Santa Sede y amigo personal de los Kennedy. Y otros rumores. bien fundados, como en el caso de lord Harlech.

A pesar de todo, el matrimonio se llevó a cabo en la recoleta isla de Skorpios el 20 de octubre de 1968, a las cinco y cuarto de una tarde lluviosa. La boda de Onassis y Jacqueline no tuvo caracteres fastuosos, pero bien pudo resultar la más cara del siglo. Ante todo, por el enorme aparato defensivo que se montó en la isla, destinado a mantener a raya a los miles de fotógrafos y representantes de la Prensa de todo el mundo. Al margen del pequeño ejército de guardaespaldas que habitualmente salvaguardaban las posesiones de Onassis.

El 6 de febrero de 1975, Onassis fue hospitalizado por problemas con su vesícula biliar. Fue operado y tras una larga convalecencia falleció con apenas cuarenta kilos de peso el 15 de marzo de 1975 en París. Fue enterrado en la isla de Skorpios, Grecia, junto a su hijo Alexandre que murió en un accidente de aviación en 1973. Su hija Cristina se convirtió en la mujer más rica del mundo.El casamiento con Jackie

La boda entre Jackie Kennedy y Onassis fue seguida por diarios y revistas con asombro y repulsión. Ella defraudaba a quienes la habían visto como una mujer de luto y de hielo, incorruptible, y él demostraba que era capaz de todo. Ella accedió a dar una conferencia de prensa el día anterior al casamiento para excusarse de no invitar a periodistas ni a grandes personalidades: «Queremos que nuestra boda sea una ceremonia privada rodeada solamente por los cipreses de Skorpios. Comprendan que, aunque las personas puedan ser muy conocidas, siguen teniendo en sus corazones la emoción de una persona sencilla ante cosas tales como el nacimiento, el matrimonio, la muerte», declaró la viuda del ex presidente norteamericano. El 20 de octubre de 1968 se realizó la ceremonia. «Ni se miraron ni se tocaron la mano una sola vez. Aquello se parecía mucho a un trato comercial», dijo uno de los invitados. Si bien Onassis se había cuidado de que la novia no se quedara con su herencia si él llegaba a morir antes, no había estipulado nada sobre los gastos que pudiera hacer en vida. Durante los años que estuvieron juntos, Jackie gastó en ropa, en joyas y en captichos, como si el mundo se fuera a derrumbar pronto. (Fascículo Nº13 de LEGADOS)

Skorpios, la isla de las fantasías: Las islas griegas, modestas, pueblerinas, religiosas se pusieron de moda en los años 70, después de que la pareja de Jacquie Kennedy y Aristóteles Onassis decidiera realizar en Skorpios la ceremonia de la boda. Jackie además adoptó esta isla privada de su esposo como lugar de residencia oficial. Luego, los fotógrafos la eligieron como marco perfecto para las fotos de Jackie desnuda que recorrieron el mundo. Como ya había hecho con su Casa Blanca, Jacqueline contrató a diseñadores y arquitectos para terminarle de dar el toque de distinción que le faltaba. Los turistas pueden pasar en barco y mirarla de lejos: una centena de guardias cuidan sus costas, aún hoy, de los curiosos.

UN PASAJE DE SU VIDA POR ARGENTINA:

Nos cuenta Diego M. Zigiotto, en su libro «Historias Encadenadas de Buenos Aires«, que en la década de 1920 , cuando Aristóteles era muy joven, trabajó de lavacopas en la cafetería La Real, fue también ayudante de tintorero, sereno, electricista, y poco meses como operador telefónico en la United River Plate Telephone Company. Este último trabajo estaba mal pago, pero tenía la ventaja de escuchar las conversaciones telefónicas que a él, le internaban, como eran los negocios que se pactaban o bien operaciones comerciales entre la gente mas pudiente de la ciudad.

Gran parte de su magro sueldo lo utilizaba para vestir la mejor ropa, y poder así relacionarse con la alta sociedad porteña en busca de un futuro mejor, objetivo que consiguió cuando hizo una pequeña inversión y comenzó a fabricar cigarrillos para mujeres, muy de moda por aquella época, importando hojas de tabaco de su Grecia natal, pues eran de mejor calidad que las traídas de Cuba.

Inicialmente las empresa fue un fracaso, pero su suerte cambio cuando pudo relacionarse muy pícaramente con Claudia Muzio una soprano italiana que estaba de visita en Bs.As. Ella comenzó a fumar en público  los cigarrillos de marca «Osman» y «Primeros», los cuales se pusieron de moda con lo que sus ingresos se multiplicaron notablemente. De esta manera Aristóteles hizo su primera fortuna (un millón de dólares) con la cual compró seis cascos viejos de barcos iniciándose en la industria naval, pero trabajando ahora en Grecia. A poco tiempo Onassis se convirtió, en el griego de oro, pues contaba con una de las mayores fortunas del mundo.

EL TESTAMENTO DE ARISTÓTELES ONASSIS:

Sobre Alexander
Si mi muerte se produce antes de que emprenda la creación de una institución cultural en Vaduz, Licchtenstein, o en cualquier otra parte bajo el nombre de Fundación Alexander Onassis, teniendo como propósitos, entre otros, explotar, mantener y promover tareas asistenciales, educativas, obras literarias, religiosas, investigaciones científicas periodísticas y artísticas, convocando concursos internacionales y nacionales, con concesión de premios en metálico, similar al plan de la Institución Nobel en Suecia, confío y ordeno a los ejecutores de mi testamento abajo citados que establezcan tal tipo de institución cultural.

Sobre Jacqueline
Habiéndome cuidado ya de mi esposa Jacqueline Bouvier y habiendo obtenido un acuerdo por escrito ante notario en los Estados Unidos, por el que ella renuncia a sus derechos hereditarios sobre mi herencia, limito la participación de ella y de sus dos hijos John y Caroline, a unos ingresos vitalicios de 150.000 dólares por año. Ordeno a los ejecutores de mi testamento y al resto de mis herederos que se nieguen a admitir tal derecho a través de todos los medios legales, con cargo a la herencia de los costes y gastos que puedan producirse. Si a pesar de estos esfuerzos, la recusación de mi esposa tuviera éxito, sólo podrá quedarse con el 12,5 por ciento de las propiedades totales, el mínimo permitido según las leyes.

Sobre su empresa
Se crearán a partir de mi muerte dos compañías. Una de ellas concentrará todas mis propiedades y la otra que no contendrá más que las acciones que produzca la primera compañía. Christina será la heredera principal de la primera. El control de la segunda queda a cargo de la Fundación Alexander Onassis. El consejo directivo, además de tener su sueldo mensual, tendrá una compensación de 30.000 dólares anuales si y sólo si no renuncia a la organización. (…) Se continuarán los negocios como se han realizado hasta el presente. Se reinvertirá solamente la mitad de las ganancias netas y no se venderá un solo barco capaz de producir un beneficio. Jamás esta empresa deberá fusionarse con una empresa con intereses exteriores.

Sobre el «Christina» y Skorpios
Mi yate, el «Christina», puede ser conservado para su uso personal por mi hija y mi esposa, si así lo desean. Pero si no quieren gastar en su mantenimiento, los 500.000 dólares anuales correspondientes deben sacar de allí todos los objetos que les agraden, sustituirlos por copias y entregar el barco al tesoro griego para uso de todos los líderes del Estado griego.
Si mi esposa y mi hija no llegan a un acuerdo sobre cómo utilizar mi isla de Skorpios deberán entregarla a la Olympic Airlines como «zona residencial de vacaciones». Aunque la zona de doce hectáreas que rodea la tumba de Alexander debe mantenerse inviolada como un monumento.

Boda Real: Grace-Rainiero

Fuente Consultada: Fascículo Nº13 de Pagina 12 – LEGADOS – Aristóteles Onassis – de Liliana Viola

John Kennedy

Jacqueline Bouvier

Aristóteles Onassis

Elvis Presley

Batalla Tours o Poitiers Breve Descripción

Batalla Tours o Poitiers

La Batalla de Tours (también conocida como batalla de Poitiers) tuvo lugar el 10 de octubre de 732 entre las fuerzas comandadas por el líder franco Carlos Martel y un ejército islámico a las órdenes de Al-Ándalus Abderrahman ibn Abdullah Al Gafiki cerca de la ciudad de Tours, en la actual Francia.

Durante la batalla, los francos derrotaron el ejército islámico y Al Gafiki resultó muerto. Esta batalla frenó la expansión islámica hacia el norte desde la Península Ibérica y es considerada por muchos historiadores como un acontecimiento de importancia macrohistórica, al haber impedido la invasión de Europa por parte de los musulmanes y preservado el cristianismo como la fe dominante durante un periodo en el que el islam estaba sometiendo los restos de los antiguos imperios romano y persa, expansión que comenzó en el 632 tras la muerte de Mahoma.

Batalla de Tours (732)
En 732, un gran ejército árabe cruzó los Pirineos e invadió Francia dirigido por el Yemenite Abd-ar-Rahman. Venció un reino rebelde musulmán que estaba gobernado por Berber Othman y luego, extendiéndose hacia el norte, derrotó a las fuerzas de Eudo, duque de Aquitania, aliado del anterior.

Eudo, derrotado, se vio forzado a solicitar ayuda a su enemigo encarnizado, Charles Martel, quien cooperó con él porque los invasores estaban penetrando más en el norte, dejando detrás de ellos ciudades y monasterios saqueados.

Los árabes avanzaron cerca del corazón de Francia, atraídos por los ricos monasterios deSt. Halaire y St. Martin. Después de destruir el primero, tomaron el camino romano hacia Tours y en alguna parte del sur de la ciudad, se encontraron con Charles y su ejército franco.

Durante siete días los dos ejércitos permanecieron frente a frente sin entrar en acción: los francos esperaban refuerzos y los árabes trataban de transportar su botín a lugar seguro. Luego éstos atacaron. Con un refuerzo de 30.000, Charles dispuso a sus tropas en orden de batalla para rechazar la carga árabe. Eran, en su mayor parte de infantería, estaban armados pesadamente con espadas, hachas, jabalinas y una pequeña hacha arrojadiza que llamaban «la francisca».

El ejército árabe totalizaba alrededor de 80.000 personas y estaba compuesto enteramente por caballería ligera que, como era extremadamente veloz, confiaba en la lanza y en la espada. Tenía dos posibilidades : atacar o plegarse en retirada hacia el sur sin luchar. Rechazaron la idea de huir ante un grupo tan pequeño, y por lo tanto cargaron contra las líneas francas.

Los francos recibieron con resolución a los musulmanes y resistieron a los ataques sucesivos que buscaban su punto débil. Ellos eran como una muralla contra la que los enemigos se rompieron en pedazos.

Cuando las fuerzas de los árabes se desvanecieron, contraatacaron; en tanto, el flanco musulmán era castigado por el vengativo Eudo y sus hombres. Abd-ar-Rhaman fue asesinado mientras trataba de recobrar su desecho grupo y al día siguiente, los francos descubrieron ú campamento enemigo desierto, excepto por su cadáver y el botín abandonado.

Charles ganó el nombre de «Martillo» y Francia nunca más fue nvadida por los árabes. Un fracaso en Tours, aunque los árabes sólo habían llegado a hacer una incursión, hubiera dado comienzo a otras invasiones más importantes.

Como era de esperar, la muerte de Abd-ar-Rahman acarreó una revuelta entre los bereberes que destruyó la unidad árabe.

Batalla de Poitiers Expansion del islamismo en Europa Martel Tours

Batalla de Poitiers Expansión del Islamismo

La Batalla de Tours (también conocida como batalla de Poitiers) tuvo lugar el 10 de octubre de 732 entre las fuerzas comandadas por el líder franco Carlos Martel y un ejército islámico a las órdenes de Al-Ándalus Abderrahman ibn Abdullah Al Gafiki cerca de la ciudad de Tours, en la actual Francia. Durante la batalla, los francos derrotaron el ejército islámico y Al Gafiki resultó muerto.

Esta batalla frenó la expansión islámica hacia el norte desde la Península Ibérica y es considerada por muchos historiadores como un acontecimiento de importancia macrohistórica, al haber impedido la invasión de Europa por parte de los musulmanes y preservado el cristianismo como la fe dominante durante un periodo en el que el islam estaba sometiendo los restos de los antiguos imperios romano y persa, expansión que comenzó en el 632 tras la muerte de Mahoma.

Batalla de Tours (732)

En 732, un gran ejército árabe cruzó los Pirineos e invadió Francia dirigido por el Yemenite Abd-ar-Rahman. Venció un reino rebelde musulmán que estaba gobernado por Berber Othman y luego, extendiéndose hacia el norte, derrotó a las fuerzas de Eudo, duque de Aquitania, aliado del anterior.

Eudo, derrotado, se vio forzado a solicitar ayuda a su enemigo encarnizado, Charles Martel, quien cooperó con él porque los invasores estaban penetrando más en el norte, dejando detrás de ellos ciudades y monasterios saqueados.

Los árabes avanzaron cerca del corazón de Francia, atraídos por los ricos monasterios deSt. Halaire y St. Martin. Después de destruir el primero, tomaron el camino romano hacia Tours y en alguna parte del sur de la ciudad, se encontraron con Charles y su ejército franco.

Durante siete días los dos ejércitos permanecieron frente a frente sin entrar en acción: los francos esperaban refuerzos y los árabes trataban de transportar su botín a lugar seguro. Luego éstos atacaron. Con un refuerzo de 30.000, Charles dispuso a sus tropas en orden de batalla para rechazar la carga árabe. Eran, en su mayor parte de infantería, estaban armados pesadamente con espadas, hachas, jabalinas y una pequeña hacha arrojadiza que llamaban «la francisca».

El ejército árabe totalizaba alrededor de 80.000 personas y estaba compuesto enteramente por caballería ligera que, como era extremadamente veloz, confiaba en la lanza y en la espada. Tenía dos posibilidades : atacar o plegarse en retirada hacia el sur sin luchar. Rechazaron la idea de huir ante un grupo tan pequeño, y por lo tanto cargaron contra las líneas francas.

Los francos recibieron con resolución a los musulmanes y resistieron a los ataques sucesivos que buscaban su punto débil. Ellos eran como una muralla contra la que los enemigos se rompieron en pedazos.

Cuando las fuerzas de los árabes se desvanecieron, contraatacaron; en tanto, el flanco musulmán era castigado por el vengativo Eudo y sus hombres.

Abd-ar-Rhaman fue asesinado mientras trataba de recobrar su desecho grupo y al día siguiente, los francos descubrieron ú campamento enemigo desierto, excepto por su cadáver y el botín abandonado.

Charles ganó el nombre de «Martillo» y Francia nunca más fue nvadida por los árabes. Un fracaso en Tours, aunque los árabes sólo habían llegado a hacer una incursión, hubiera dado comienzo a otras invasiones más importantes.

Como era de esperar, la muerte de Abd-ar-Rahman acarreó una revuelta entre los bereberes que destruyó la unidad árabe.

La Batalla de Marne Guerras de Trincheras El Plan Schlieffen

La Batalla de Marne – Guerras de Trincheras

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Batalla de Marne (1914)

Con este nombre se conoce a cada uno de los dos combates bélicos mantenidos respectivamente en 1914 y 1918, durante la I Guerra Mundial, que tuvieron lugar en las proximidades del río Marne, situado en el noreste de Francia. La primera batalla detuvo el avance alemán en el noreste francés y la segunda inclinó de forma sustancial el desarrollo de la contienda a favor de las fuerzas aliadas y en contra de los Imperios Centrales.

El plan alemán consistía en desatar una ofensiva fulminante sobre el frente occidental, dado que el Estado Mayor consideraba favorable la apertura de dos frentes de lucha. En 1914, el territorio francés soportó el paso de los ejércitos germanosque, previamente, habían invadido Bélgica y ocupado lugares estratégicos. En un sólido avance, los alemanes llegaron a 25 km de París y obligaron al gobierno a refugiarse en Burdeos.

La intención de von Moltke —jefe del Estado Mayor alemán- era encerrar al ejército «francés sobre la frontera suiza; pero el mariscal Joffre —jefe del Estado Mayor francés—, con todas las fuerzas disponibles, repelió al enemigo y lo arrojó tras el río Mame, en el transcurso de una batalla que duró siete días (5 al 12 de setiembre) y que se extendió por un frente de 300 km de largo. Esta batalla detuvo el avance alemán.

Ambos ejércitos, deseosos de obtener el dominio del litoral, iniciaron, entre encarnizados combates, la llamada «carrera hacia el mar». En Bélgica se libró la batalla decisiva del Yser (20 de octubre al 13 de noviembre) cuyo resultado incierto estabilizó, sin embargo, el frente occidental.
Al mismo tiempo, se estabilizaron también las acciones en el frente oriental; los Rusos invadieron la Prusia Oriental —con intención de aliviar a Francia—; pero fueron derrotados en Tannenberg (agosto, 1914) y en los lagos Masurianos (setiembre, 1914) por el general Hindenburg.

DESARROLLO DE LA BATALLA

General Molke Guerra MundialEl plan Schlieffen, proyectado por el predecesor del general Moltke (imagen abajo), que era jefe del Estado Mayor alemán, exigía la conquista de Francia por una acometida rápida, «Guerra relámpago», a través de la Bélgica neutral y burlando las poderosas fortificaciones de frontera francesas.

El golpe era entonces hacia el oeste, después de tomar París, balanceándose de sur a este como una gigantesca guadaña y aplastando las principales fuerzas francesas desde la retaguardia en Alsacia-Lorena.

Von Moltke modificó el proyecto, con resultados desastrosos. Limitó nítidamente el ataque potencial de su 1° y 2° ejército enviando cinco nuevos cuerpos motorizados a los frentes rusos y de Alsacia-Lorena. Esta decisión violaba la estrategia del plan básico, ya que Schlieffen había aconsejado no llevar adelante una guerra con dos frentes simultáneos.

En la acción inicial, Von Kluck, el agresivo e insolente comandante del 1° ejército, había ya movido su fuerza entera al norte del Marne en el río Oureq, atacando al 6.° ejército francés de Maunoury.

Continuó avanzando después que recibió órdenes de Von Moltke de mantener en suspenso el ataque a París, creyendo que el comandante supremo no entendía la situación real. Pero el ataque extendido de Von Kluck abrió una brecha de 25 millas, con el 2.° ejército de Von Bülow en su flanco izquierdo.

Cuando Von Moltke interceptó un mensaje de radio dando estas noticias, envió a su jefe de Inteligencia, teniente coronel Richard Hentsch, el 8 de septiembre para que reviera la situación. Este individuo poseía autoridad oral para actuar en nombre del jefe superior si era necesario, ya que los cuarteles generales estaban en Luxemburgo, a más de 100 millas del frente.

Cuando el enviado llegó al campamento del 2.° ejército, se le informó de un ataque nocturno del 5.° ejército de D’Esperey que había retrocedido el ala derecha de Von Bülow. Temiendo un inmediato envolvimiento, Hentsch ordenó la retirada con la que estuvo de acuerdo un cansado Von Bülow.Batalla de Marne

El retroceso dejó el flanco izquierdo altamente vulnerable, a pesar de que el 1° ejército estaba en buena posición y atacando bien.

El Jefe de Inteligencia llegó a los cuarteles del 1° ejército mientras Von Kluck estaba en el frente, conferenció con el jefe del Estado Mayor del general y aconsejó enérgicamente una retirada similar. Tras el retorno de Hentsch a Luxemburgo con su relato completo, Von Moltke ordenó una retirada general no sólo del 1° y 2.° ejércitos sino también del 3.°, volviendo a Aisne.

Para los franceses había tenido lugar un «milagro» en el Marne: la amenaza alemana a París había concluido. Pero las fuerzas del mariscal Joffre estaban demasiado exhaustas para continuar con su gran victoria moral y los ejércitos alemanes ganaron un tiempo valioso para atrincherarse.

Sus primeras tácticas posteriormente cambiaron de una movilidad rápida a un atrincheramiento estático, iniciando los sangrientos meses de los 3 años siguientes La posición fija de la trinchera, protegida con alambre de púas y el novedoso «tanque» se convirtió en el plan aceptado de batalla.

GUERRA DE TRINCHERAS:

La guerra de trincheras: una pesadilla alucinante (1915-1917):

En el frente occidental, la guerra fue una verdadera pesadilla. La estabilización de los ejércitos transformó la guerra de ofensiva en defensiva. Una enorme línea atrincherada —desde la frontera suiza hasta el mar del Norte, en una extensión de 800 km— surcó el suelo francés.

Las trincheras eran abrigos cavados en la tierra, protegidos por alambradas de púas o con sobrecubiertas de hormigón; en algunos tramos, las trincheras enemigas sólo estaban separadas por algunos escasos metros,Tas’posi-ciones se defendían con nidos de ametralladoras colocados estratégicamente. Los ataques con granadas de mano o con lanzallamas, hacían insoportable la permanencia en los refugios.

Esta clase de combates favorecía la pérdida y la reconquista casi inmediata de las posiciones, dado que lo que se obtenía tras una cruenta lucha podía perderse al día siguiente.

Para quebrar las líneas enemigas ambos adversarios se valieron de la artillería y la aviación. Los alemanes utilizaron, también, gases tóxicos o asfixiantes, un arma mortífera que fue condenada por la opinión internacional. No obstante, los aliados se defendieron con procedimientos similares: los gases verdes o amarillos, que contaminaban una región, envenenaban las ropas y corroían la piel.

En poco tiempo, las trincheras fueron testigos de una lucha atroz que, sumada al estrago ocasionado por la gangrena gaseosa en los heridos y al hacinamiento de los cadávares, las convirtió en un infierno viviente. A partir de 1916, los aliados introdujeron los carros de asalto (tanques u «orugas de acero») empleade^para demoler las posiciones enemigas.

Fueron usados por primera vez en la batalla del Somme (junio o noviembre, 1916).
Sin proponérselo, la guerra de trincheras favoreció la multipücación de las industrias químicas y de artillería pesada.

La alucinante pesadilla de las trincheras se resolvió en la batalla de Verdun, cuando la ofensiva alemana contra esa plaza fuerte resultó ineficaz. Durante tingo meses (febrero a agosto, 1916) los ataques a Verdun se repitieron a diario.

Esta batalla —la más grande de la guerra por su duración y encarnizamiento— fue definida  a favor de Francia por el general Philippe Pétain, quien contó con la decidida resistencia de todos los franceses; no hubo en ella ninguna participación inglesa. Verdun, pues, significó el gran esfuerzo nacional francés para desbaratar el plan germano. Dejó un saldo de 500.000 muertos y 800.000 heridos de ambos bandos, en aras de la salvación del suelo patrio.

TESTIMONIOS:

«VIDA Y MUERTE EN LAS TRINCHERAS».

LA LLEGADA A LA TRINCHERA:
Al recorrer el pasadizo de Haumont los obuses alemanes nos enfilaron y el pasadizo se llenó de cadáveres por todos sitios. Los moribundos, entre el barro, con los estertores de la agonía, nos piden de beber o nos suplican que los matemos. La nieve sigue cayendo y la artillería está causando pérdidas cada instante. Cuando llegamos al mojón B no me quedan más que diecisiete hombres de los treinta y nueve que tenía al salir.

UNA TRINCHERA EN CHAMPAÑA:
Un olor infecto se nos agarra a ja garganta al llegar a nuestra nueva trinchera, a la derecha de los Éparges. Llueve a torrentes y nos encontramos con que hay lonas de tiendas de campaña clavadas en los muros de la trinchera. Al alba del día siguiente constatamos con estupor que nuestras trincheras están hechas sobre un montón de cadáveres y que las lonas que han colocado nuestros precedesores están para ocultar a la vista los cuerpos y restos humanos que allí hay.

LA ESPERA EN LA TRINCHERA:
Nos ha llegado la orden de la brigada: «Tenéis que resistir cueste lo que cueste, no retroceder bajo ningún pretexto y dejaros matar terreno». De ese modo —dicen los hombres- la cosa está clara. Es la segunda noche que vamos a pasar sin dormir. En cuanto oscurece, el frío cae sobre nosotros y nuestros pies son como bloques de hielo.

LA ORDEN DE ATAQUE:
Las horas se deslizan lentas, pero inexorables. Nadie puede tragar nada porque tenemos un nudo en la garganta. Siempre, siempre la angustia de si dentro de unas horas estaré aún en este mundo o no seré ya rñás que ur cadáver horrible despedazado por los obuses. Sin embargo, se aproxima la hora H. No quedan más que treinta minutos, veinte, diez, las aguja del reloj avanzan constantemente sin que nada pueda pararlas; no separo de ellas los ojos cuento… Con el bolsillo abarrotado de cartuchos y el fusil de un muerto en la mano, me levanto lentamente sobre las rodillas. Las 17:51 las 17:59…, las 18, abro la boca para grita-. «¡Adelante!», cuando me ciega un fogonazo rojo que me tira al suelo. Tengo atravesada. rodilla derecha, una herida en el vientre y otra en la mejilla. A mi lado, otros caen heridos, muertos…

Argentina en la Guerra

Batalla de Verdún

Pacto de Brest Litovsk