Fundación de Santa Fe

Biografía de Nicasio Oroño Gestión Como Gobernador de Santa Fe

Nicasio Oroño , Gobernador de Santa Fe
Biografía y Gestión Política

El 1º de agosto de 1864, hace ya más de ciento cincuenta años, el diputado nacional por Santa Fe, Nicasio Oroño, fustigaba la pena de azotes, reclamando su supressión de las costumbres militares de la época.

El diputado Gutiérrez defendía el sistema de castigo tan común dentro de la milicia diciendo: «este castigo, ‘infamante’, al decir del diputado Oroño es necesario en nuestro Ejército, teniendo en cuenta que la mayor parte de nuestros soldados son ladrones o asesinos, no como en Francia que cuenta con un Ejército de honor…» a lo que el diputado Oroño responde:

«… el promotor de la sublevación que tuvo lugar en el sur de Santa Fe fue un individuo a quien no hacía mucho se le habían aplicado dos mil azotes. ¡Dos mil azotes en el cuerpo de un hombre en un país que aspira a imitar a los pueblos más libres de la tierra! ¡Oh, Señor, esto es horrible! Es indigno de un pueblo cristiano.

Ni en Brasil se trata a la desgraciada raza negra con la crueldad que nosotros empleamos con nuestros compañeros de glorias y de fatigas. Y este castigo, es tanto más injusto, tanto más repugnante a la Constitución si se tiene presente que estos soldados, cuyos miembros se despedazan a azotes, son tal vez padres de familia que han sido arrebatados del hogar por la injusticia de un juez o por la violencia de un comisario.

Es sabido señor, cómo se hacen soldados entre nosotros. Se arrebatan de sus casas a los pobres paisanos, cuyo delito es haber nacido en la humilde condición de gaucho, para llevarlos a servir sin sueldo, desnudos, y muchas veces sin el alimento necesario; y cuando logran escapar de la cárcel, porque para ellos el campamento es la cárcel, y son aprehendidos, se les devuelve en azotes las horas de libertad que han ganado».

Así defendía Nicasio Oroño a los gauchos en la memorable sesión de diputados, él, que era hijo de un general del Ejército, que supo actuar él mismo como oficial del Ejército en más de una batalla, conocía muy bien el tema. Oroño fue propulsor de el reconocimiento de Rosario como ciudad, y de que se le diese una administración propia; ocupó dos veces la jefatura política de Rosario, fue gobernador de Santa Fe, diputado provincial, presidente de la legislatura provincial, diputado nacional y senador de la Nación por Santa Fe, además de ocupar otros cargos del gobierno.

Su personalidad lo llevó a ser protagonista de los hechos nacionales en general y santafesinos en particular de toda la segunda mitad del siglo pasado, y a él se deben muchas de las iniciativas que llevarían a la Provincia de Santa Fe a ocupar el lugar de privilegio que desde entonces ostenta en el concierto de provincias argentinas.

SU VIDA: Al nacer, en Coronda, Nicasio Oroño, su padre (Santiago) había sido ascendido al grado de sargento primero de las milicias de Estanislao López; corría por entonces el mes de julio de 1825. Santiago Oroño se destacó por su valor en el enfrentamiento que las tropas de López tuvieron con las de Ramírez —caudillo entrerriano— en 1821, mereciendo una felicitación por su acción en combate. Participó en la batalla del Puente de Márquez en 1829, y con el grado de teniente forma parte de la expedición a Córdoba en 1831. Asciende a capitán tras enfrentarse con los indios en 1936 al frente de un grupo de voluntarios.

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(Coronda, Argentina; 20 de julio de 1825 – Santa Fe; 12 de octubre de 1904)

Ese mismo año el gobierno de la Provincia le dona una fracción en Coronda para que instale un establecimiento de campo qué sirva al sostén de su familia. Al morir Estanislao López, Nicasio Oroño forma parte de las fuerzas que sostienen al gobierno de Domingo Cullen, contra el ataque de Juan Pablo López, quien vence; entonces Oroño huye a Santiago del Estero, donde ya se encuentra Cullen. Cuando el gobernador de Santiago, Felipe Ibarra, entrega a Domingo Cullen al gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, Oroño, que por entonces ha alcanzado el grado de comandante, logra huir, atravesando solo los territorios de Córdoba, Santiago, Santa Fe y Chaco, para lograr por fin unirse a los ejércitos de Juan Lavalle en Corrientes.

Nicasio es muy joven, cuando su madre, Juana Baigorri, por temor a represalias del gobierno, decide tras-ladarse a la ciudad de Paraná, donde se instala con sus tres hijos. Nicasio, el mayor, obtiene un trabajo en la confitería y casa de billar de Belbey, y con lo que gana atiende a la mantención de su familia.

Mientras tanto su padre, junto a Lavalle, interviene en la batalla de Don Cirstóbal y Sauce Grande, y acompaña al general unitario en la frustrada marcha sobre Buenos Aires y la desesperada campaña que termina en Famaillá, donde es herido de bala y arma blanca. En Salta deja a Lavalle para, cruzando el Chaco volver a Corrientes donde se une a las tropas que organiza el Gral. Paz. Participa en la batalla de CaaGuazú destacándose por su valor, y luego de esto pide que su hijo Nicasio viaje a Corrientes, donde podrá vivir con relativa seguridad. Nicasio Oroño trabaja entonces como empleado en la tienda de José María Aguilar.

Después de la derrota de Arroyo Grande, el coronel Oroño, acompañado por su hijo se radica en San Borja, Brasil; allí Nicasio trabaja como dependiente de comercio y pulpero sosteniendo con sus ingresos a su padre y su madre. Intentan una vez más la aventura militar incorporándose padre e hijo al Ejército del Gral. Paz que organiza el gobernador correntino Joaquín Madariaga, pero la empresa no tiene éxito y deben retornar a Brassil.

En 1848, Nicasio Oroño conoce al Gral. Urquiza y muchos años después lo relataba así: «Yo, que de un modo inesperado y casual había tenido oportunidad de conocerlo fui portador de una carta dirigida por él al coronel Oroño, emigrado en Brasil, en la que se le ofrecía un asilo en Entre Ríos y toda la protección que pudiese necesitar, recomendándome a mí, especialmente, que no dejara de venir, porque había simpatizado conmigo y deseaba protegerme».

A partir de entonces, Nicasio Oroño trabaja en el saladero Santa Cándida, y tam. bien en la pulpería del establecimiento, ubicado en las cercanías de Concepción del Uruguay. Allí entablé amistad con Martín Ruiz Moreno y Ricardo López Jordán.

En la batalla de Caseros, Nicasio Oroño, con el grado de teniente, lucha al lado de su amigo López Jordán integrando la división de santafesinos que comanda su padre. Después del triunfo de Caseros, se instala en Rosario, donde su padre, ahora coronel mayor (grado equivalente al de general) en jefe del Comando de la Frontera Sud y Oeste de Santa Fe.

Rosario. – En 1854, Oroño escribe a Urquiza planteando la incoherencia que significa que a dos años de ser declarada ciudad, Rosario siguiese gobernada por un juez de Paz: «… cuando Rosario era una villa, podía ser gobernada por un juez de campaña, pero hoy que se ha hecho una ciudad de importancia; que su población e intereses crecen de un modo asombroso; que marcha a convertirse en un emporio de riqueza nacional; hoy que su puerto y aduana son nacionales, debiendo venir aquí a proveerse de mercaderías las provincias interiores de la Confederaración; y que esta ciudad es también asiento de la principal sucursal del Banco Nacional, es un delirio que pueda continuar con su antiguo orden de cosas en la parte gubernamental y económica de este departamento».

Urquiza sugiere al gobernador Crespo que adopte medidas, y tras alguna presión, el 11 de agosto de 1854 se dicta un decreto organizando la administración política de Rosario, tres días después se nombró jefe político al brigadier Benjamín Virasoro, a pesar de que Urquiza había propuesto para el cargo a Nicasio Oroño. Este, de todas maneras, a partir de la nueva administración ocupó puestos de relevante importancias, destacándose particularmente su gestión como administrador de la Aduana. En enero de 1855 debe renovarse el jefe político (cargo que se ejercía por un año) y el gobernador José María Cullen, tras consultar con algunos personajes locales, nombra a Nicasio Oroño quien asume en los últimos días de febrero del mismo año.

Durante su gestión, a pesar de necesitar para concretar muchas decisiones de la aprobación del gobierno provincial, Oroño logró poner en práctica una serie de medidas como: formación de un cuerpo de serenos, iniciación del relleno de la laguna Sánchez —muy cercana al centro—, construcción del cementerio público; apertura de un nuevo hospital; habilitación de una lotería semanal cuyo producto se destinó a ayudar a los inválidos de la ciudad; denominación de las calles que aun no tenían nombre; numeración para la localización de las fincas, colocación de lámparas de reververo en la zona céntrica; construcción de un mercado público; creación de un nuevo templo católico; tendido de puentes en el arroyo Saladillo y otros puntos; construcción de un monumento conmemorativo de la Constitución de 1853; confección de un plano general de la ciudad.

Durante su período de gobierno —un año— resolvió definitivamente el serio problema que se producía por superposición de títulos en la zona urbana, a raíz de defectos en la mesura. A esto se sumaron constantes trabajos de delincación, nivelación y desagüe. Paralelamente, en junio debe organizar un cuerpo de 200 hombres qe al mando del general Santiago Oroño repelen la invasión de indios que incursionaban al norte de Buenos Aires y sur de Santa Fe.

El mismo sale al frente de este cuerpo para disolver grupos de emigrados porteños que intentan organizarse para invadir Buenos Aires. Terminado su mandato, se retira a Concepción del Uruguay para dedicarse a tareas rurales en sociedad con Urquiza. En 1856 es elegido diputado nacional, pero no acepta el nombramiento por serle imposible abandonar sus actividades particulares. En 1860 es elegido diputado provincial, ocupando la presidencia de la Asamblea Legislativa en 1862, año en que es elegido diputado nacional por Santa Fe.

OROÑO GOBERNADOR
A poco más de 50 días de asumir la gobernación el País se conmueve por la toma de 2 barcos argentinos por parte de fuerzas militares paraguayas. La población de Santa Fe en general, y de Rosario en particular, reaccionó apasionadamente, saliendo a las calles «para reclamar acción contra Paraguay: «no necesitamos de los porteños para vengar el honor nacional ultrajado» era la voz popular.

Oroño, desde Rosario, toma medidas inmediatas. «Me bastó saber que el honor de la Patria estaba comprometido. . . que fueran cuales fueran las causas políticas, un Ejército extranjero había invadido suelo argentino, cometiendo atropellos en las personas y bienes de sus habitantes, me bastó saber esto para empeñar todo mis esfuerzos en el éxito de nuestras armas». Inmediatamente se organizaron las tropas san-tafesinas que partieron hacia el frente; muchos de sus componentes eran voluntarios, aunque también se reclutaron hombres sin demasiadas consideraciones. Los batallones y regimientos santafesinos combatieron con heroísmo durante toda la campaña, regresando diezmados.

Queda como ejemplo dramático de la cantidad enorme de bajas que sufrieran en el asalto de Curupaytí, la muerte del joven abanderado Mariano Grandoli, de 17 años, que cayó en la trinchera a pocos días de haber enviado una carta a su madre donde rezaba «Mañana seremos diezmados por los paraguayos, pero yo he de saber morir defendiendo la bandera que me dieron».

Durante su gobierno prestó especial atención a lo colonización, formándose en ese período las colonias de: California, Corondina, Cayastá, Helvecia, Francesa, Inglesa o de los Galenses, Cantón Soledad, Tres de Febrero, Nueve de Julio, Sunchales y Cayastacito, entre otras. Creó nuevas escuelas, apoyó la formación universitaria de los jóvenes santafesinos, dispone la creación de un colegio modelo en Santa Fe.

Decreta la obligatoriedad de la instrucción pública en la Provincia. Además de haber sido un firme impulsador de la colonización y la educación en la Provincia, durante su mandato construyó caminos y puentes, se erigieron edificios públicos, se empedraron las primeras calles de Rosario, se iluminaron a gas las calles de Rosario y se dotó a la ciudad de una red de agua corriente. Reglamentó las profesiones, reorganizó el Poder Judicial. Su gestión de gobierno fue muy activa, nadie antes había hecho tanto en tan poco tiempo, claro que ese accionar estuvo formado por aciertos y errores, pero el balance resulta positivo.

Conflictos surgidos aparentemente por dos leyes que produjeron reacciones violentas en la sociedad santafesina: la de cementerios públicos y la de matrimonio civil, fueron desencadenando hechos políticos que se empa. rentaban con las campañas a la presidencia de la Nación. Como consecuencia de las luchas políticas que se desencadenaron, la Provincia termina siendo intervenida en 1868.

En abril de ese año, Oroño se instala en Buenos Aires incorporándose al Congreso como senador por Santa Fe; durante los nueve años de gestión 1868-1876, interviene prácticamente en todas las decisiones importantes de la Cámara, y al terminar su mandato, se encuentra casi arruinado; logra entonces, tras litigar con la Provincia, que le entreguen un campo en las cercanías de Coronda como indemnización polla confiscación de las tierras une eran propiedad de su padre, y allí funda «La Joaquina» —nombre que le pone a la estancia en homenaje a su esposa—.

Allí vivirá Oroño sus últimos años, interrumpidos por algunos desempeños públicos. Y allí escribirá sus obras «Una injusticia notoria» o sea la administración de justicia convertida en arma política en la Provincia de Santa Fe (1875) y «Lo que pasa en las Provincias» (1876).

SU MUERTE
Nicasio Oroño siempre fue protagonista de los grandes hechos nacionales. En 1902 vuelve al Congreso en calidad de diputado; en setiembre de 1904, estando en «La Joaquina», donde es víctima de un resfrío, decide volver a Buenos Aires para reintegrarse a su banca y para asistir a la asunción de la presidencia de su amigo Quintana; no hace caso a los consejos, ni al hecho de que no hay comodidades en el tren; viaja en un asiento de madera, llega muy enfermo a Buenos Aires, apenas logra llegar a su casa y cae en cama con bronconeumonía.

Muere el 12 de octubre, a las siete de la mañana, mientras la ciudad se apresta a festejar la asunción de la presidencia, ese día, de Manuel Quintana, quien había contado con Oroño para formar su gabinete presidencial.

Ver: Organización Política de Santa Fe

Fuente Consultada
Argentina, Mi País Ediciones RR Historia y Desarrollo de Santa Fe

Historia de la Provincia de Santa Fe Organizacion Política y Tratados

Historia de la Provincia de Santa Fe
Desde la Revolución de Mayo de 1810

SANTA FE FEDERALISTA: En los primeros años posteriores a la Revolución de Mayo de 1810, Santa Fe, como las demás provincias litoraleñas y de la mesopotamia argentina, se vio fuertemente influida por la personalidad de José Gervasio Artigas, quien preconizaba la independencia de estos territorios y su organización federal. Estanislao López, que luchó junto a las tropas de Artigas contra los brasileños dirigidos por el conde Holmberg, adquiría cada vez más prestigio en la zona, a la vez que se consolidaba en su ideario federalista.

En 1818 tras neutralizar la amenaza que presentaban los indios chaqueños para la ciudad y sus suburbios, López se autoproclamó gobernador de Santa Fe, cargo que ejerció hasta su muerte, 20 años después. Ayudado por Artigas, López hostigó reiteradamente a Buenos Aires, oponiéndose al centralismo del gobierno porteño.

El Directorio, decidido a terminar con Artigas y sus aliados, ordenó al Gral. San Martín que abandonara la campaña de los Andes y se dirigiese con sus tropas al litoral para aplaátar a los «rebeldes», pero San Martín no estaba dispuesto a distraer sus esfuerzos en luchas internas, por lo que desatendió las órdenes de Buenos Aires. El gobierno porteño, entendiendo que ha quedado en evidente inferioridad de fuerzas firma la paz en San Lorenzo en 1819.

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Pero Buenos Aires no aceptaba las ideas federales de la Liga de los Pueblos Libres, liderada por Artigas con el apoyo de López en Santa Fe y Ramírez en Entre Ríos, por lo que siguieron los enfrentamientos y las intrigas, hasta que por fin en 1820 cae el gobierno centrista de Buenos Aires y parece que se consolidará la paz entre las provincias y el puerto. Se firmó entonces el tratado de Pilar, pero la paz no habría de llegar hasta muchos años después.

En el combate de Gamonal, López vence a las tropas de Buenos Aires comandadas por Dorrego, imponiendo la firma de un nuevo tratado, el de Benegas, por el cual Santa Fe exige una indemnización por parte de Buenos Aires, que alcanza a 25.000 cabezas de ganado. Luego la lucha se produce entre los dirigentes federales. Primero, Ramírez derrota a Artigas y luego, en 1821, invade Santa Fe, a la altura de Coronda. Una vez más las fuerzas de López triunfan en un enfrentamiento en su territorio, y así se consolida como el líder federal indiscutido en todo el Litoral.

Bajo el gobierno de Rivadavia pareció que se alcanzaría la paz y la concordia entre las distintas provincias; el llamado a un Congreso Constituyente hizo que los gobiernos provinciales abrigaran la esperanza de obtener por fin una ley orgánica que estableciese condiciones equitativas entre todos los territorios que conformaban la nueva Nación. Pero cuando después de estériles debates, el gobierno de Rivadavia promulga una Constitución de fuerte carácter unitario, que evidentemente no estaba de acuerdo con el sentir de la mayoría de los representantes de provincias del interior, Santa Fe se integra a la Liga Provincial, formada por diez provincias en disidencia con la nueva ley elaborada.

Al caer Rivadavia y asumir Dorrego, éste cuenta con el apoyo santafesino. La ciudad de Santa Fe es elegida como sede de una nueva asamblea nacional que debería dar un «orden federal» al País, de acuerdo a lo que era el sentir de la mayoría de las provincias. Parecía que por fin llegaría al territorio nacional, pero un complot unitario depone a Dorrego, quien poco después es fusilado por el Gral. Lavalle, quien asume el gobierno bonaerense.

Estos hechos conmueven definitivamente el panorama político, los federales se organizan para resistir; López se constituye en comandante en jefe teniendo como segundo jefe a Juan Manuel de Rosas. Lavalle delega el gobierno y al frente de las fuerzas unitarias va a enfrentar a López en Santa Fe, territorio donde nunca había vencido; tampoco lo será en esta oportunidad, en que tras una serie de hábiles maniobras vence a las tropas de Lavalle en Puente de Márquez.

En 1831, con las provincias de Entre Ríos y Buenos Aires, Santa Fe firma el Pacto del Litoral, cuyo texto, al decir del historiador Sal-días, presenta características de una verdadera Constitución Nacional.

El País es conmovido por las constantes luchas entre federales y unitarios. En Santa Fe, López mantiene su poder consolidado, pero no sale a intervenir en otras provincias. El General Paz, que ha obtenido éxitos resonantes para la causa unitaria se apresta a dar el golpe decisivo atacando Santa Fe. López, una vez más, encabeza las fuerzas federales, que han de enfrentarlo, pero la lucha no llega a producirse, pues el Gral. Paz cae prisionero al ser boleado su caballo.

La paz parecía consolidarse para Santa Fe. López era el indiscutido caudillo, y sus buenas relaciones con el gobernador de Buenos Aires garantizaban la estabilidad. Sin embargo, la tuberculosis acabaría con su vida a los 52 años, el 15 de junio de 1838, dejando en la provincia un vacío muy difícil de llenar.

Su primer sucesor en la gobernación fue Domingo Cullen , quien fue fusilado por orden de Rosas acusado de conspirar con los franceses que bloqueaban los puertos nacionales. A Cullen lo sucedió Juan Pablo López, hermano de Estanislao, apodado «Mascarilla», quien se resintió con Rosas cuando éste otorgó el mando de las fuerzas militares al Gral.

Oribe. Al sentirse desplazado, López aceptó negociar con Ferrer, gobernador co-rrentino que venía luchando para lograr un trato equitativo a las provincias del interior, gravar con impuestos a las manufacturas importadas, y toda una serie de medidas que permitiesen el desarrollo de las economías provinciales que se veían seriamente afectadas por la política económica seguida por Juan Manuel de Rosas, quien defendía la libertad aduanera, útil a los intereses porteños, pero muy negativa para las ciudades del interior.

En 1841, López firma con Ferré el tratado de Las Saladas, en el que ambos comprometían sus esfuerzos para derrocar al dictador porteño. Pero Juan Pablo López carecía de la capacidad militar de Estanislao; las tropas de Oribe entraron en 1842 en Santa Fe mientras el gobernador huía a Corrientes.

La paz tan ansiada no había llegado aún; en 1851, el Gral. Urquiza invade Santa Fe, depone a Urbano de Iriondo, delegado del general Pascual Echagüe y designa como gobernador interino a Domingo Crespo, siguiendo hacia el sur, pasando por Rosario en su camino hacia Buenos Aires. La batalla de Caseros puso fin al largo período rosista, aunque no a los conflictos internos.

Después del Acuerdo de San Nicolás de los Arroyos, Urquiza convocó a un Congreso Constituyente, para lo cual se realizaron elecciones en muchas provincias a los efectos de enviar delegados. A pocos días de tener que comenzar las sesiones, estalló un foco opositor en la Ciudad de Buenos Aires.

La Asamblea Constituyente se reunió el 10 de noviembre de 1852, y como primera medida decidió mediar en el conflicto que hacía que Buenos Aires no enviase sus representantes. La mediación no dio resultados y la Asamblea continuó su labor hasta sancionar la Ley de Constitución Nacional el 10 de mayo de 1853, que rige a la Argentina hasta nuestros días.

Pero Buenos Aires se había levantado contra el interior, lo que provocaría nuevos enfrentamientos armados: el primer combate entre Buenos Aires y las fuerzas nacionales encabezadas por Urquiza se libró en Cepeda y significó una derrota total para los porteños, quienes firmaron con Urquiza un pacto de unión que fracasó a los pocos años. Santa Fe fue escenario de ¡a última gran batalla de las libradas durante la época de la organización nacional; el 17 de septiembre de 1861 se volvieron a enfrentar los ejércitos de Buenos Aires y los del resto de la Nación comandados por Urquiza, pero esta vez triunfaron las fuerzas bonaerenses, produciéndose el alejamiento de Urquiza y el fin de los grandes conflictos nacionales.

Después de este hecho hubo algunas luchas civiles, pero ya no alterarían básicamente la organización de la Nación. Santa Fe no volvió a participar en conflictos internos siendo sus territorios escenarios, únicamente, unos años más tarde, de las luchas contra los aborígenes, que sobre todo en el norte hostigaban frecuentemente a los colonos. El Censo confederal de 1858, registró una población de 41.261 habitantes, así distribuidos:

Rosario: 22.492
Capital: 10.744
San Jerónimo: 4.838
San José (Garay): 2.262
Otros Lugares: 925
TOTAL: 41.261

Es notable apreciar que por entonces Rosario, ciudad que se había ido desarrollando silenciosamente, duplicaba la población de la capital.

Al comenzar la segunda mitad del siglo XIX se inicia el período de la gran colonización. Trece años después de esta medición, en el censo de 1869, la población de la provincia se había multiplicado por 2,2 alcanzando 89.117 habitantes. El censo de 1895 muestra una multiplicación por 4,5, alcanzando entonces los 397.188 habitantes, y vuelve a duplicarse la población en menos de 20 años, tal como demuestra el censo de 1914 que contabiliza 899.640 habitantes. Esta fue la época de oro del poblamiento santafesino.

Fuente Consultada
Argentina, Mi País Ediciones RR Historia y Desarrollo de Santa Fe

Historia de Rosario Su Puerto, Ferrocarriles y Desarrollo Económico

HISTORIA DE ROSARIO, ORIGEN, PUERTO Y FERROCARRILES

«Rosario es fruto de su propio esfuerzo» sintetizan con orgullo los rosarinos; y en esta frase quieren significar el hecho de que la segunda ciudad del País ha logrado este lugar sin ser sede administrativa de la Provincia —no es capital— siendo a la vez la única ciudad importante del País sin fundador, ni acta de nacimiento y por lo tanto con un origen histórico no conocido en detalle.

Se acepta que tuvo su origen en el espontáneo avecinamiento que se fue dando a conocer alrededor de la capilla de Nuestra Señora del Rosario, construida a partir de 1746. Su posición en el camino de Buenos Aires a Santa Fe, su puerto natural y la excelente calidad de sus tierras circundantes, afirmaron la permanencia y su paulatino crecimiento. Declarada «Ilustre y Fiel Villa» en 1823, contaba en ese momento con dos manzanas pobladas que ya eran ocho en 1850.

Con el Acuerdo de San Nicolás desaparecieron las trabas políticas al acceso de barcos de ultramar hasta Rosario, y al poco tiempo, con la inmigración y la colonización, la ciudad se convirtió en el gran puerto de la famosa zona agrícola del centro y sur de Santa Fe.

En 1869 tenía 23.000 habitantes, más del doble que la capital provincial, que aumentaron a 93.000 en 1895 y a 226.000 en 1914: en 45 años había multiplicado su población por diez.

Desde entonces Rosario agregó a su rol comercial y portuario una fuerte actividad industrial, desbordó hacia el norte su límite departamental y superó el medio millón de habitantes a mediados de siglo. Su crecimiento se moderó en los últimos 20 años, pero aún así, hoy supera el millón de habitantes.

En el poblado improvisado y espontáneo de los siglos XVII y XVIII confluyeron, a fines del XIX, las líneas marítimas, las ferroviarias y, con ellas, los inmigrantes que lo convirtieron, a principios del siglo XX, en una ciudad comercial,burocrática, Industrial, residencial y cosmopolita.

ORIGEN: Del Pago de los Arroyos a Villa del Rosario

El sitio donde está emplazada la actual ciudad de Rosario era en el siglo XVI un amplio territorio rural, comprendido entre el río Carcarañá y la Cañada de las Hermanas, denominado Pago de los Arroyos, por estar atravesado por varios cursos de agua.

La riqueza natural de la región consistía en ganado cimarrón. Atraídos por el ganado, los vecinos de Santa Fe y de Buenos Aires comenzaron a ocupar estas tierras, próximas a las dos únicas estancias delimitadas. Los historiadores coinciden en apuntar que no hubo un acto fundacional, sino que el poblamlento fue espontáneo.

En 1730 se creó el Curato del Pago de los Arroyos, con sede en la capilla de una de las estancias, donde se guardaba la imagen de Nuestra Señora del Rosario, que dio nombre a la actual ciudad.

La población de la parroquia y partido de Rosario, que en 1775 tenía más de 2.300 habitantes, estuvo amenazada continuamente por incursiones indígenas, epidemias y plagas de langostas.

patrono de rosario en santa fe

Nuestra Señora del Rosario

Durante el siglo XVIII, la principal actividad era la ganadería y unos pocos pobladores, dueños de carretas, se dedicaban al comercio y al transporte de mercancías, y, en muchos casos, al tráfico ilegal con la Colonia del Sacramento. Hacia fines del siglo, también cobró importancia el comercio de muías a Salta.

De villa a ciudad: En las primeras décadas del siglo XIX, las continuas incursiones indígenas y las invasiones de los ejércitos, con la permanente exigencia de contribución en hombres y animales, causaron el despoblamiento y el estancamiento de la Capilla del Rosario.

Pese a haber sido designada Villa en 1823, durante el gobierno de Estanislao López su trazado urbano apenas estaba definido. Sólo estaban marcadas las calles que rodeaban la Iglesia y los caminos a Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba,

A fines de los ’20 y principios de los ’30, la villa, favorecida por el Tratado del Cuadrilátero de 1 822, inició sus primeros embarques de productos del Interior. Esta actividad comercial se Incrementó con el conflicto francés, que le permitió negociar directamente con Montevideo.

Durante el tiempo en que la Confederación y Buenos Aires funcionaron como estados separados, la aduana del puerto de Rosario se convirtió en una importante fuente de ingresos, tanto por el tráfico de mercaderías como por la exportación de productos, situación que se acentuó con la temporaria aplicación de los derechos diferenciales.

En 1852, la Villa del Rosario accedió al rango de ciudad. Demográficamente, había superado en forma significativa a la capital provincial, Santa Fe.

La actividad portuaria estaba acompañada por la Instalación de nuevos servicios imprescindibles para la Confederación, entre ellos el sistema de Mensajerías Nacionales y el sistema bancario, junto a casas comerciales, depósitos de cueros y cereales.

El crecimiento del sector de servicios, ligado a la actividad comercial y agrícola del sur santafeslno, hizo de Rosario un punto de atracción para el inmigrante extranjero y argentino.

Ello Inspiró a Vicuña Mackenna a decir, en 1855: «Rosarlo, que era hace dos años una miserable ranchería, es hoy un pueblo de importancia en que todo reluce con aire de frescura, como si hubiera sido hecho ayer. […] La población está edificada con mucha regularidad en tres calles paralelas, desde la barranca del río hacia la pampa, y no tendrá en el día menos de 20 manzanas de caseríos bien concluidos».

A mediados del siglo XIX, se concretaron importantes adelantos y mejoras, como la instalación de iluminación pública, el trazado de plazas y la apertura de dos bulevares, al mismo tiempo que la administración se com-plejizaba haciendo necesaria la creación de su Municipalidad, en 1860.

La ciudad cosmopolita
A partir de 1870, con la instalación de las primeras líneas férreas a Córdoba, Rosarlo se convirtió en el centro de las comunicaciones terrestres entre el Litoral y el Interior.

En 1869, la población de Rosario duplicaba a la de la ciudad de Santa Fe, y de los 23.169 habitantes que concentraba, un 25% eran extranjeros. En 1895, se cuadriplicó el número de habitantes de 1869, y aproximadamente la mitad era de origen extranjero.

La planta urbana se fue extendiendo desde su triángulo original, al compás de las primeras instalaciones ferroviarias y portuarias que originaron un crecimiento radial pero articulado entre las distintas partes de la ciudad.

En 1887, Rosario presentaba ya los síntomas del desarrollo urbano desordenado, con altos índices de concentración y densidad. Por ejemplo, la orlmera sección, la más antigua, con 94 manzanas, concentraba el 36% de a población total de la ciudad, con un promedio de 5,9 personas por vivienda, que en 1895 llegó a 9,55.

Así, el acelerado crecimiento demográfico de fines del siglo pasado trajo aoarejado el hacinamiento urbano, materializado con la presencia del conventillo.

Las medidas de higiene social impulsadas desde la administración municipal no llegaron a paliar los insuficientes servicios de infraes-tructura básica, de limpieza, agua corriente, desagües y cloacas. La mortadad tuvo su punto máximo en 1882, cuando alcanzó el 50 por mil.

Favorecida por ser cabecera de líneas ferroviarias y punto de embarque con un importante caudal inmigratorio, y área de atracción de capitales nacionales y extranjeros, la ciudad que había crecido como intermediaria comercial se transformó en un centro industrial. Se instalaron molinos harineros y yerbateros, destilerías, manufacturas de bebidas alcohólicas y de alimentación.

A mismo tiempo, se formaron los primeros barrios obreros, como el barrio de la Refinería Argentina, al norte de la ciudad.

Con características similares surgieron también los barrios de Talleres, Embarcaderos, Aguas Corrientes, Sorrento, Arroyito, Súnchales. Otros barrios, como Pueblo Alberdi o Saladillo, promovidos por empresarios inmobiliarios y favorecidos por las primeras líneas de tranvías a caballo, se desarrollaron con características residenciales.

EL PUERTO DE ROSARIO: Aunque llevaba dos siglos de plena actividad, recién se declaró a Rosario como puerto de ultramar habilitado, por decreto del Director Provisorio de la Confederación, Oral. Justo J. de Urquiza, el 3 de octubre de 1852. Hasta entonces se había visto detenido su desarrollo por el monopolio portuario que ejercía Buenos Aires.

Pocos años después, el puerto y consecuentemente toda la ciudad se veían beneficiados notablemente con la Ley de Derechos Diferenciados, dictada el 19 de julio de 1856 por el Congreso Nacional.

Esta ley proponía favorecer el comercio directo con los puertos extranjeros, pero evitando que los buques atracaran en el puerto de Buenos Aires, a fin de terminar con el monopolio que éste ejercía.

Por tal razón, el impuesto a pagar por las mercaderías que ingresaran por otros puertos, se reducía a la mitad de lo que se cobraba en Buenos Aires. Así fue como Rosario inició un vasto movimiento comercial que desde entonces se prolonga hasta nuestros días.

En 1870, se contruye la primera línea de F.C. en la Provincia de Santa Fe: la línea Rosario-Córdoba, con lo que el puerto rosarino se convertía en la puerta de salida de la producción en general y cerealera en particular, de la riquísima zona sur de Córdoba, norte de Buenos Aires y sur de Santa Fe.

Posteriormente se tendieron más vías férreas que conectaron al puerto con toda la zona productora de la provincia y el resto del País, con lo que Rosario se convirtió en un puerto exportador de cereales.

vista aerea puerto en santa fe

Por aquel entonces el puerto de Rosario estaba conformado por barrancas naturales de 20 metros de altura, careciendo de muelles; sólo una línea de canaletas, por las que se deslizan las bolsas de cereal, bajaban para depositar éstas en las bodegas de los buques y dejar concluida la operación de embarque.

En 1869, el movimiento portuario rosarino había superado las 475.000 toneladas de importaciones y exportaciones, y se decidió que debían incorporarse mejoras.

El trámite para lograr concretar este proyecto fue extenso y frustrante, el hecho es que treinta años después, todavía el puerto seguía sin contar con las anheladas mejoras.

Recién en 1902 dieron comienzo las obras para dotar al puerto de una infraestructura adecuada, que dotaría a Rosario de muelles, edificios para oficinas, almacenes, amarras, guinches, calzadas, vías férreas y conexión de éstas con las que llegaban a la ciudad, etc. etc.

Con excepción  del período  1916-1918, correspondiente  a la Primera Guerra Mundial, las exportaciones de Rosario alcanzaron cifras constantemente crecientes, hasta llegar al pico en los años 1927 a 1939, período en el cual Rosario se convierte en el primer puerto cerealero del País, con un pico de casi 6.50O.0O0 toneladas exportadas en 1937.

Luego, hasta 1956, la influencia de la Segunda Guerra Mundial hace decrecer los valores que a partir de ese año comienzan a ascender nuevamente, aunque con diversas fluctuaciones. Por el contrario, las importaciones registraron su valor máximo en 1913 con casi 1.300.000 toneladas. En la actualidad los productos que ingresan por el puerto de Rosario en mayor escala son: madera, carbón, substancias químicas, minerales, metales, material de transporte, etcétera.

Características actuales: Ubicado en el kilómetro 422 del canal de navegación del río Paraná, margen derecha, el puerto de Rosario abarca la extensión del río Paraná comprendida entre el arroyo Saladillo aguas abajo y el arroyo Ludueña aguas arriba, en un sector de 1.500 metros de ancho por 12.000 metros de longitud. Aunque la profundidad de sus aguas siempre ha permitido el acceso de buques ultramarinos, las modernas instalaciones del puerto exigen un dragado permanente de ciertos sectores.

El tramo San Pedro-Rosario, por ejemplo, se mantiene en 23-25 pies de calado y sus profundidades mínimas son: 23 pies en el tramo límite sur-Puerto Rosario y 21 pies en el sector Rosario-San Lorenzo.

El área total del puerto alcanza a 1.616.000 metros cuadrados; la longitud de los muelles a 5.100 metros. Cuenta con 49 depósitos, 11 elevadores, 4 básculas, 64 guinches y 60 kilómetros de vías férreas. A ello debe sumarse el embarcadero de hacienda, dársenas de cabotaje, usina de transformación, aduana, talleres, policía marítima y la estación fluvial.

EL FERROCARRIL Y EL PUERTO DE ROSARIO
La rápida expansión de la pampa húmeda, a partir de la década de 1870, implicó la vinculación de toda una extensa área de nuestro país al mercado internacional como proveedora de carne, primero, y luego de cereales. Santa Fe ocupó un lugar preponderante en este vertiginoso proceso. La construcción del ferrocarril que unía las ciudades de Córdoba y Rosario, línea terminada en 1870, constituyó el eslabón definitivo para integrar toda la zona del centro y sur provincial a esa economía destinada a la colocación de los productos de las tierras pampeanas en los mercados internacionales.

Con ritmo acelerado durante las décadas siguientes, se concretó el tendido de vías que fueron comunicando las distintas poblaciones del interior santafecino con los puertos de Rosario y Santa Fe, y también con la ciudad de Buenos Aires. Hacia 1910 la configuración de la red que atravesaba la provincia había alcanazado su apogeo: a la línea que vinculaba a Rosario con Córdoba se habían agregado ramales que, partiendo de la ciudad capital, llegaban a Santiago del Estero y Corrientes, hacia el norte; otra vía partía de Santa Fe y, pasando por la región tambera, comunicaba con Córdoba; en el sur, las nuevas localidades (Casilda, Firmat, Venado Tuerto, Cañada de Gómez) eran alcanzadas por el tendido que las ligaba a las ciudades agrí-colo-ganaderas del Noroeste bonaerense (Pergamino, San Nicolás, Rojas, Junín, etc.). Toda la producción del campo tenía rápidos canales de comunicación con los puertos de embarque.

Los trazados, que muchas veces se superponían, reflejaban la falta de un proyecto racional de construcción. Los dictados de! comercio exterior habían prevalecido aún en la conformación de ¡a red ferrocarrilera.

Rosario, luego de la finalización de las obras del Central Argentino, se convirtió en el primer puerto triguero del país. Aunque se encontraba ubicado sobre el ancho y tortuoso Paraná, a más de trescientos kilómetros de Buenos Aires, era posible llegar a la ciudad por barcos oceánicos y veleros; poseía un excelente potencial natural de carga y era la terminal del único ferrocarril del interior.

El río había excavado un canal cerca de la costa. Los barcos anclaban junto a la alta orilla y recibían el cereal en bolsas o a granel por medio de largas canaletas de madera. En 1881, el primer gran elevador de cereales de la Argentina mejoró estas instalaciones naturales, y proporcionó una capacidad de depósito de 7.000 toneladas de trigo y una de carga de 60 toneladas por hora.» (James Sobie – «Revolución en las pampas»).

Pero, después de 1900, el auge de Rosario comenzó a declinar. Cuando en 1902 se concluyeron las nuevas obras que modernizaron al puerto de Rosario, gran parte de la exportación se había desviado hacia Buenos Aires. Los intereses porteños habían comenzado a ganar la partida, relegando a la ciudad santafecina y concentrando la actividad comercial de exportación en Buenos Aires.

Las vías férreas construidas en el Sur de Santa Fe sirvieron para que la producción de esa región sorteara la salida por Rosario para ser embarcada en Buenos Aires. Así la declinación de Rosario fue lenta pero notoria. Si bien Rosario continuó como gran puerto cerealero, su participación descendió de las dos terceras partes a un tercio del volumen global de exportaciones de trigo. Pero esta época de esplendor dejó su huella de crecimiento y riqueza: en los años entre 1869 y 1914, la población de Rosario pasó de 23.000 a 223.000 personas. ¡¡Un aumento de más del 580 por ciento, en poco más de cincuenta años!!

Vista aérea de la ciudad de Rosario

ROSARIO A FINES DEL SIGLO XX: En Rosario se elabora cerca del 20 por ciento de la producción industrial total del País, este es el resultado del trabajo de más de 16.000 establecimientos, algunos de ellos de gran envergadura. Por su puerto se exporta el 18 por ciento del total nacional (aproximadamente el 50 por ciento de ¡as exportaciones del puerto de Buenos Aires).

En sus 172 km² viven aproximadamente un millón y medio de personas, que cuentan con 67 bancos, 79 cooperativas, 43 líneas de ómnibus, algo más de 4.500 taxis, 54 bibliotecas, casi 100 clubes deportivos, algunos de los cuales cuentan con instalaciones tan completas como las más modernas de cualquier club importante del País; 24 cines, dos canales de televisión abierta y cuatro de transmisión de TV por cable, cuatro estaciones de radio, 8 grandes parques, 86 plazas, un hipódromo, dos grandes estadios deportivos, más de 25 hoteles de primera clase y más de cien de diversas categorías, 88 establecimientos educativos, 41 iglesias, 23 comisarías, 19 monumentos públicos, 23 consulados de países extranjeros y toda la infraestructura de una gran ciudad moderna.

En ella desarrollan su actividad más de 7.000 profesionales universitarios, entre los que se cuentan más de 3.000 médicos, que practican en sus consultorios o en los 19 hospitales con que la ciudad atiende la salud de sus habitantes. Excelentes medios de comunicación, que incluyen el aeropuerto internacional, cuatro líneas ferroviarias que la comunican con todo el País, y una red caminera formada por autopistas que la interconectan con los centros poblados más importantes.

La influencia socio-económica y cultural de Rosario se extiende en un área de más de 60 kilómetros a la redonda, siendo así el polo de atracción de una población de casi dos millones de habitantes.

LA VIOLENCIA ACTUAL EN ROSARIO: Rosario (y la ciudad de Santa Fe) se ha convertido una de las ciudades de mayor nivel de violencia de la Argentina. Situación agravada por no existir un buen diagnóstico del problema ni algún plan de ataque al mismo, sólo acciones aisladas.

Mientras que la cantidad de homicidios en Argentina cada 100.000 habitantes es de 5,4 muertes, Rosario supera los 14 asesinatos, en un proceso de crecimiento constante (Buenos Aires ciudad es 5,8).

En el año 2007 hubo en Rosario 113 homicidios. Un año después 121. En el 2003 trepó a 130. Cuatro muertos menos en el 2010 -126-;y luego se incrementa significativamente: 164 y 175 en 2011 y 2012 respectivamente.

Estos números de por sí pueden no decir mucho, pero comparémoslo con una ciudad parecida en su magnitud e influencia: Córdoba. Allí, de 89 homicidios en 2008 decreció a 79 en el 2009, bajó aún más en el 2010, con 45 subiendo un poco -pero mucho más bajo que los años anteriores: 53 y 65 en el 2011 y 2012 respectivamente. Es decir, la tasa de la ciudad de Córdoba en menos de la mitad a la de Rosario. (Fuente: http://www.notasyantidotos.com.ar)

Fuentes Consultadas:
HISTORIA ARGENTINA  Secundaria Edit. Santillana Luchilo-Romano-Paz
ARGENTINA, MI PAÍS Edit. RR Ediciones Tomo II – La Provincia de Santa Fe

Ver: Mapa con los departamentos de Santa Fe

Ver: Primera Fundación de Santa Fe y Su Traslado

Traslado de Santa Fe de la Vera Cruz Mudanza de la ciudad Santa Fe

Traslado de Santa Fe de la Vera Cruz
Mudanza de la ciudad Santa Fe

Traslado de la ciudad de Santa Fe: La ciudad debía ser trasladada; casi desde el momento de la fundación, dicha posibilidad estaba presente, y con el andar del tiempo se fueron sumando factores.

De los miles de aborígenes repartidos Garay, sólo unos pocos quedaban, habían muerto por los malos tratos y las peste, o huían hacia el monte a unirse sus hermanos. Los ataques de los nativos eran permanentes, y la geografía de la zona, con esteros, bañados, bajíos, montes de espinillos y pajonales, hacía imposible su avistaje con tiempo, o su persecución.

La ciudad tenía tres lados a defender, y solamente el este, bañado por el río San Javier, entonces llamado de losquiloazas, era de fácil cuidado.
Pero creemos que la razón fundamental debió ser la falta de cumplimiento del objetivo de la fundación, el abrir puertas a la tierra, ya que la comunicación con el interior del país, era interrumpida durante la mayor parte del año por las crecidas de los Saladillos, difíciles de vadear en épocas de bajante e imposibles, en las de crecidas.

En esos tiempos el comercio y contacto con el Tucumán, Cuyo y aún con Buenos Aires por vía terrestre, se veían interrumpidos totalmente, quedando sólo la vía fluvial para comunicarse con las demás ciudades ribereñas.

Son innumerables las actas del cabildo y sesiones capitulares que expresan la necesidad del traslado, sobre todo en los años 1649, 1650 y 1651, hasta que, elegido el nuevo sitio, conseguidas las autorizaciones pertinentes, llegados los guaraníes de las misiones jesuíticas para ayudar en las tareas, se emprende el lento traslado que durará diez años, hasta completarse totalmente en 1660, año en que las autoridades comienzan a funcionar en el nuevo sitio, si bien todavía algunos vecinos demoran algo en trasladarse.

De estos años es que nace la denominación de Santa Fe de la Vera Cruz para la nueva ciudad, llamándose al antiguo asiento Santa Fe La Vieja. Es de hacer notar que al efectuarse la traza de la nueva ciudad, ésta se mantuvo tal como lo habla hecho Garay, casi cien años antes en el sitio original, lo que, pese a haberse extraviado el plano de Garay, posibilitó que se pudieran identificar con más facilidad los restos, cuando la ciudad vieja comenzó a ser relevada por el Dr. Agustín Zapata Gollán.(imagen)

Fuente Consultada: Nueva Enciclopedia de la Provincia de Santa Fe Tomo I

Mapa con Departamentos y Capitales: ver mapa

Hernandarias Saavedra Gobernador de Santa Fe Primer Criollo Gobernador

Hernandarias Saavedra Gobernador de Santa Fe
Primer Criollo Gobernador

El gobierno de Hernandarias, Asunción y Buenos Aires: Hernando Arias de Saavedra -Hernandarias- hijo de Martín Suárez de Toledo, que fuera jefe de Garay, y casado con doña Jerónima de Contreras, la hija de éste, fue un personaje casi mítico y legendario de estas tierras.

Nacido en Asunción, casado en Santa Fe en 1582, primer gobernador criollo del Río de la Plata, cargo que ocupó por cuatro veces, dos de ellas elegido por el pueblo de Asunción, en 1592 y 1597, nombrado la tercera por el rey en 1601, fue un trabajador incansable.

Luchó permanentemente contra los ataques de los indios que asolaban Asunción, Concepción del Bermejo, Corrientes, Santa Fe y Buenos Aires, realizó incursiones de castigo y logró, a veces, la retirada de los salvajes por el solo prestigio de su nombre. Luchó también contra los piratas ingleses, impidiendo en una ocasión la invasión de Buenos Aires por 400 soldados de ese origen.

También se enfrentó contra los portugueses, tanto en el Guayrá como en el Río da la Plata y la Banda Oriental. Precursor en temas de legislación laboral, sobre todo en lo que hace al trato que debía brindarse a los indios encomendados, dio ordenanzas de avanzada en este aspecto; su reiteración indica que las órdenes al respecto no eran cumplidas por los encomenderos.

Fue también el precursor de las misiones, logrando la instalación de la primera de ellas, por parte del sacerdote Bolaños, durante su tercera gobernación. En 1614 fue nombrado gobernador por el rey, por cuarta vez, encargándose en esta ocasión de luchar contra el contrabando, que era ya muy importante.

Estaban en Buenos Aires casi todos implicados, por lo que le llevó muchos esfuerzos. Pero no sólo luchas encaró, sino que realizó una importante obra de gobierno: instaló familias pobres con mercedes de tierras, en carácter de colonos, reunió las vacadas cimarronas para su mejor aprovechamiento, creó en Santa Fe un internado para doncellas y fundó dos reducciones en nuestro territorio provincial: las de San Lorenzo de Los Mocoretáes y San Miguel de los Calchines (actualmente Los Cerrillos y Santa Rosa de Calchines, ambas en el departamento Garay), si bien la duración de las mismas fue poca debido a la tremenda mortandad producida por la viruela. lmpulsó la enseñanza, difundió la agricultura y otras obras de diversa índole, no sólo en la Santa Fe de sus amores, sino en todas las ciudades de su gobernación.

Durante su cuarto período de gobierno, solicitó a la corona la división de la jurisdicción en dos gobernaciones: la del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires, y la del Paraguay, con capital en Asunción.
Transcribiremos un párrafo de la real cédula del 16 de diciembre de 1617, que aclara perfectamente la intención de esta modificación: “…habiendo entendido que algunas ciudades del Río de la Plata, se hallaban en gran peligro de ser destruidas de los indios guaycurús y payaguás. naciones que están rebeldes y aunadas y que hacen grandes daños, y que para remedio de esto convenía se dividiera aquel gobierno, que tiene más de quinientas leguas de distrito, y en él ciudades muy distantes, sin poder socorrerse las unas a las otras y entenderse que no se puede gobernar por sólo una persona de más que, siendo como eran cosa forzosa que el gobernador asista lo más del tiempo en el puerto de Buenos Aires, para su guarda y defensa, queda todo lo de arriba desamparado; y que respecto de lo sobredicho, es cosa conveniente y necesaria que la dicha provincia de Guayrá tenga gobierno de por sí, en la ciudad de Asunción…

LAS REDUCCIONES : Hemos visto en el texto algunas de las formas de poblamiento, como fueron las fundaciones de casas-fuertes, puertos y ciudades; debemos agregarles a éstos, los fuertes secundarios que se levantaban para proteger la entrada a centros urbanos mayores, como fue el caso del fuerte del Paso del Salado (actual Santo Tomé) respecto de Santa Fe, olas postas para el recambio de animales de tiro, en las rutas de las carretas, alrededor de las cuales se agrupaban algunos ranchos, para facilitar la mutua defensa que con el tiempo también dieron origen a ciudades o pueblos.

Un caso especial es el de la reducciones, que estaban al servicio de un nuevo concepto del trato hacia el aborigen, inspirado éste en las leyes nuevas de 1542, en las cuales se reconocía los abusos incalificables de los encomenderos, pretendía el desarrollo separado de las comunidades europeas y las aborígenes a cargo de religiosos.

De esta forma, con resultado muy desparejo, (respondía a intereses también muy disímiles, pues para este tema, como para cualquier otro, la teoría y la práctica marcharon las más de las veces separadas), se fundaron varias reducciones.

En nuestra zona nacieron por inspiración de Hernandarias las más conocidas a nivel mundial de todas las reducciones, las llamadas misiones jesuíticas del Paraguay, que ocupaban parte del territorio actual de dicho país, de Brasil, de la Argentina y de Uruguay, y que tuvieron algunos asentamientos en nuestro territorio provincial, dos de los cuales ya mencionamos, pero que posteriormente se multiplicaron.

Muchas de las reducciones dieron lugar a poblaciones actuales, como fueron los casos de los abipones de San Jerónimo del Rey (Reconquista) y de San Jerónimo del Sauce (que mantiene el nombre), la de Santa Rosa de Calchines, Inspin, San Pedro Chico, Cayastá y la más conocida de todas, gracias a las hermosas páginas que nos legara su fundador, el padre jesuita Florian Paucke, la de San Javier.

Revolucion de los Siete Jefes en Santa Fe Colonial Historia Fundacion

Revolución de los Siete Jefes en Santa Fe

La revolución de los siete jefes: En 1580, siete años después de la fundación, se produce un hecho de armas que es conocido como la revolución de los siete jefes, que posiblemente no haya sido revolución, ni los jefes hayan sido siete, pero que es el acontecimiento político más importante de la ciudad en sus primeros tiempos.

Se pueden considerar varias causas para el alzamiento, de diferente carácter:

Sociales: es ya indudable en el estado actual de las investigaciones, que los españoles peninsulares establecían diferencias respecto de los americanos, ya fueran éstos criollos o mestizos.

Económicas: en el reparto de solares, en la traza de la ciudad y de tierras para suertes de estancias, efectuado por Garay, los peninsulares se vieron favorecidos sobre los intereses de los criollos.

Políticos: los cargos más importantes del cabildo fueron ocupados por peninsulares. A esto debe sumarse que en Asunción existía una tradición democrática desde los tiempos de Irala, donde los más elegían a su jefe, y los más en Santa Fe eran los mancebos, que querían ser gobernados por uno de ellos, no por un peninsular que no conocía la tierra y su gente, y menos por un extranjero como Simón Jacques, que quedó en reemplazo de Garay cuando fue a fundar Buenos Aires.

Jurisdiccionales: Llamaremos así a los problemas planteados desde el inicio, como ya viéramos, por las autoridades del Tucumán respecto de nuestra zona. Desde allí se consideraba que el límite de la jurisdicción de la ciudad de Córdoba y de la gobernación del Tucumán, debía ser el río Paraná. Esto posibilitó el indudable apoyo de Gonzalo de Abreu, gobernador del Tucumán a los revoltosos.

Algunos historiadores han considerado otra causa, hoy prácticamente desechada por falta de apoyatura documental, la cual sería el intento de independencia del rey de España. Entendemos que de los puntos mencionados anteriormente surge una rivalidad local, pero consideramos dificultoso que los cabecillas del movimiento armado pretendieran desconocer la autoridad real, enfrentándose a las autoridades de Asunción, Tucumán, a Garay y a cualquier navío que pudiera llegar de la península.

Juan de Garay Fundador de Santa Fe, 15 de noviembre de 1573

Juan de Garay Fundador de Santa Fe, 15 de noviembre de 1573

Esta llamada revolución, terminó trágicamente con la muerte de la mayoría de sus cabecillas; en realidad, debería hablarse de participantes, no de jefes o cabecillas, ya que no hay constancia de que otros los siguieran. En total podrían ser once personas.

La mayoría resultó muerta o ajusticiada, sus bienes confiscados y el orden reimplantado. Creemos que la importancia del hecho se ha agigantado; por un lado, por tratarse de un acontecimiento extraordinario en una ciudad apacible; por otro, por la salvaje represión (algunos fueron descuartizados y sus restos exhibidos en las entradas de la ciudad) y por último, por la romántica pretensión de los santafesinos de tener en su ciudad el primer antecedente de la independencia patria. Garay, informado sobre estos hechos en Buenos Aires, a la que acababa de fundar, regresa inmediatamente, pero ya todo está concluido; hace liberar a los que permanecen prisioneros y la situación pasa al olvido rápidamente.

Fundacion de Santa Fe Acta Fundacional y Eleccion del Sitio

Fundacion de Santa Fe Acta y Elección del Sitio de Fundación

Elección del sitio. Fundación: Jurisdicción: Existían ya normas dadas por la corona para las fundaciones. Estas debían hacerse previa elección de un sitio que fuera bueno, en que no hubiera tierras malsanas, que tuviera tierras y pobladores nativos para repartir; debía también seguirse un cierto ritual, con la plantación del rollo, la lectura del acta de fundación, la bendición del lugar, la traza del plano, reserva de terrenos para el cabildo y la lglesia. Se repartían los solares entre los vecinos, más allá del límite de la ciudad propiamente dicha, debían repartirse tierras de pan llevar, para chacras o huertas, y más lejos, las suertes de estancia, para las actividades productivas que dieran sustento a la dudad fundada.

Juan de Garay Fundador de Santa Fe, 15 de noviembre de 1573

Juan de Garay Fundador de Santa Fe, 15 de noviembre de 1573

En muchos casos estos pasos no se cumplieron; de allí la discusión sobre si se trataba de fundaciones de ciudades, o eran solamente puertos, casas, fuertes, o campamentos provisorios, como ocurrió en la Buenos Aires de Mendoza, o en Asunción. No fue así en el caso de Santa Fe, donde Garay, en cumplimiento de las instrucciones recibidas, procedió a la fundación con todos los elementos que la caracteriza. Un solo elemento no fue quizás tan bien considerado como se debía, y se pagó un alto precio por ello, pero la fuerza de las circunstancias así lo determinó.

Se trata de la elección del sitio, ya que habiendo Garay engañado a Cabrera sobre la fundación de la ciudad cuando aún no había sido hecha, debió fundarla al regresar del encuentro con éste, en el sitio que le había dicho, el que era bueno para un campamento, pero no había sido pensado para la ciudad. Así fue que en las inmediaciones de la actual localidad de Cayastá, el 15 de noviembre de 1573. Juan de Garay procedió a la fundación formal de la Ciudad de Santa Fe (así, sin aditamento alguno).

Garay advirtió esta cuestión, por eso en la misma acta de fundación, deja abierta la posibilidad del traslado futuro de la ciudad, si el cabildo, que en ese acto se establecía, así lo decidía. Santa Fe constituye la primera resultante de la conquista criolla en América y la primera urbanización en la zona del Río de la Plata, ya que las casas-fuertes, puertos y asentamientos anteriores no tuvieron dicho carácter.

Garay llevaba en un pergamino la traza, que luego aplicó a Buenos Aires, mandando a los vecinos a construir sus casas en los solares asignados, producto de su planificación personal, efectuada dentro de las normas imperantes y que para el mismo tiempo Felipe II incluyó en las ordenanzas al respecto.

Resumiremos entonces la razón principal de la fundación de la ciudad de Santa Fe en la frase que empleara el mismo Juan de Garay, Abrir puertas ala tierra”: posibilitar una salida al mar para el Tucumán, un puesto de reabastecimiento para Asunción, un enlace con la futura ciudad a fundarse en el viejo sitio de Mendoza, y también un dique a los intentos de las autoridades del Tucumán de extender su jurisdicción.

Aclaremos también lo de “conquista criolla’, haciendo mención a los llamados por entonces “mancebos de la tierra”: eran los nacidos en Asunción (ya sea españoles nacidos en América o criollos) como los hijos de los primeros conquistadores y de mujeres indias (mestizos).

Eran estos mancebos gente brava, difícil de gobernar, independiente, con amor a la libertad, hábil en esta tierra, orgullosa, considerándose superior a su padre, por ser nacido en la tierra, y superior a su madre, por tener los elementos de la cultura dominante, que ella y sus hermanos no tenían.
Lo que podemos llamar la razón geopolítica y la apoyatura humana, son los elementos que hicieron de esta fundación la exitosa empresa que aún perdura como una de las principales ciudades del país.

ACTA DE FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE SANTA FE

«Yo, Juan de Garay, capitán y justicia Mayor en esta conquista y población del Paraná y Río de la Plata. Digo que en el nombre de la Santísima Trinidad y de la Virgen Santa María y de la universidad de todos los Santos y en nombre de la Real Majestad del Rey Don Felipe nuestro señor y del muy ilustre Señor Juan Ortiz de Zárate, Gobernador, Capitán General y Alguacil Mayor de todas las provincias del dicho río de la Plata, y por virtud de los poderes que para ello tengo de Martín Suárez de Toledo Teniente de Gobernador que al presente reside en la dudad de la Asunción. Digo que en el dicho nombre y forma que dicho tengo, fundo y asiento y nombro esta ciudad dé Santa Fe, en esta provincia de Calchines y mocoretáes, por parecerme que en ella hay las partes y cosas que conviene para la perpetuación de la dicha ciudad de agua y leñas y pastos, pesquerías y casas y tierras y estancias para los vecinos y moradores de ella y repartirles, como su Majestad lo manda y asiento la y pueblo la con aditamento que a todas las veces que pareciere o se hallare otro asiento inconveniente y provechoso para la perpetuidad, lo pueda hacer de acuerdo y parecer del Cabildo y Justicia que en esta ciudad hubiere, como pareciere que al servicio de Dios y de su Majestad convenga, y porque su Majestad manda a los Gobernadores y  Capitanes que así poblaren y fundaren nuevos pueblos y ciudades, les da poder y comisión para que puedan nombrar en su real nombre, Alcaldes y Regidores y para que tengan en justicia y buen gobierno y policía las tales ciudades o pueblos, así yo, en nombre de su Majestad y de dicho Señor Gobernador, nombro y señalo por alcalde a Juan Espinosa y a Ortuño de Arbildo y por Regidores a Benito de Morales y Hernando de Salas y a Mateo Gil ya Domingo Ramírez y a Lázaro Beñalvo, y Juan Santa Cruz y así, en nombre de su Majestad y de dicho Señor Gobernador, les doy poder y facultad para que usen y ejerzan los dichos oficios de Alcalde y Regidores en aquellas casas y cosas convenientes ya ellos tocantes, conforme a las ordenanzas que su Majestad tiene hecha para las ciudades y pueblos de las Indias, para que usen así de Alcaldes Ordinarios como de la Hermandad en todos los negocios a ellos tocantes y no es tanta que su Majestad, por sus reales provisiones manda que sea cada año elegidos y así, cumpliendo sus reales mandamientos, por tales los nombro y señalo, pero pareciéndome que la elección que se ha de acostumbrar a hacer sea un día señalado, como es uso y en todas las ciudades y los reinos de su Majestad, digo que les doy poder y facultad, en nombre de su Majestad, pata que ejerzan y usen los dichos oficios y cargos desde el día de la fecha de ésta, hasta el día y año nuevo que vendrá que es el principio del  año que vendrá de mil quinientos setenta y   cuatro, y así mando por ordenanza que aquel día antes de misa, todos los años, tengan de costumbre juntarse en su cabildo los Alcaldes y Regidores con el escribano del Cabildo y hacer su nombramiento y elección, como Dios mejor les diere entender y en la manera y forma que se acostumbra en todos los reinos del Perú. Otro sí, mando a los alcaldes y Regidores vayan conmigo y en el medio de la plaza de esta ciudad me ayuden a alzar y enarbolar un palo para Rollo para allí, en nombre de SM. y del Señor Gobernador Juan Ortiz de Zárate, se pueda ejecutar la justicia en los delincuentes, conforme a las leyes y ordenanzas reales.

Otro si, nombro y señalo por jurisdicción de esta ciudad:por la parte del camino del Paraguay y hasta el cabo, de los anegadizos chicos y por el río bajo, camino de Buenos Aires, veinticinco leguas más abajo de Sancti Spiritus, y hacia las partes del Tucumán, cincuenta leguas a la tierra dentro desde las barrancas de esté río y dé la otra parte del Paraná, otras cincuentas.

Otro sí, mando que el asiento y repartimiento de los solares, casas de los vecinos de esta ciudad, se edifiquen y asiente y se guarden conforme una traza que tengo señalada en un pergamino que es hecho en este asiento y dudad de Santa Fe, hoy domingo, a quince de noviembre de 1573 año.

Otro sí, en la traza de esta ciudad tengo señalados dos solares para la Iglesia Mayor, la cual nombro LA VOCACIÓN DE TODOS LOS SANTOS testigos que a todo lo susodicho fueron presentes: Francisco de Sierra, maese de campo de esta conquista y Antonio Tomás y Hernán Sánchez. Fecha día, mes y año dichó. Juan de Garay, por mando del Señor capitán, Pedro de Espinosa escribano nombrado por la Justicia. Por testigo:
Francisco de Sierra, por testigo: Antonio Tomás, por testigo: Hernán Sánchez»

Los Mocovies Aborigenes de Santa Fe Primera Fundacion de Santa Fe

Los Mocovies:Aborígenes de Santa Fe

LOS MOCOVÍES. Formas de vida. Vivienda, artesanías

Los Mocovies Aborigenes de Santa Fe Primera Fundacion de Santa FeLas descripciones que haremos de este grupo, incluido dentro del mayor de los guaycurúes (abipones, mocovíes, tobas,pilagás), corresponde preferentemente a lo relatado por el Padre Florian Paucke.

De este relato hemos expurgado todos los elementos que indicaran contacto con el hombre blanco, especialmente teniendo en cuenta que sus observaciones fueron efectuadas durante la segunda mitad del siglo XVIII, es decir doscientos años después de la llegada de los europeos.

Muchos grupos a los que él conoció y trató, se hallaban aún en estado de aislamiento y los que convivían en su misión de San Javier, le transmitieron todas las tradiciones, su cosmogonía y otros elementos culturales que supo recoger con paciencia, minucia y fidelidad de etnólogo.

Pertenecía el guaycurú al grupo de los patagónicos o pámpidos, como ya lo mencionáramos, y era la más norteña de las parcialidades de éstos, lo que indica una corriente migratoria inicial hacia el norte y un retroceso posterior hacia nuestro territorio provincial, que se prolongó hasta la época independiente de nuestro país. Esto habría originado la denominación de chaquenses, que también se le da.Eran gente bien formada, hermosa y alta, aunque las mujeres se encontraban afeadas, para nuestro criterio estético, por pinturas y marcas corporales.

La falta de defectuosos físicos entre ellos, salvo los heridos o accidentados en la guerra o en la caza, se debía a la eliminación de los infantes nacidos con cualquier tara. Esto, y la desaparición durante la primera infancia de los menos aptos para la dura supervivencia, hacía que los adultos fueran muy fuertes y soportaran sacrificios y privaciones sin aparente daño.

Eran casi lampiños y se arrancaban los pelos que les nacían en el rostro, incluso los de las cejas. Usaban, tanto los hombres como las mujeres, collares y pendientes de conchas, y otros de madera; los hombres se hacían incisiones que aparentaran ser cicatrices de guerra y usaban un bezote con plumas para parecer terroríficos ante sus enemigos.

Generalmente andaban desnudos ya veces se cubrían con alguna piel ablandada, que colgaban de uno de sus hombros. Las mujeres llevaban un delantalcito que pendía de su cintura por la parte delantera.

Se hacían las mantas con varios cueros pequeños unidos y previamente pintados con una tinta roja; ésta derivaba de cortezas hervidas en orín; los dibujos eran pintados con un palito, y sobre ellas dormían.

Utilizaban ollas y vasijas para el agua, hechas de barro cocido por las mujeres y generalmente con forma puntiaguda en el fondo. Comían la carne de la caza y de la pesca, generalmente asada sobre las brasas o en parrillas de madera, y también hervida, juntando el caldo en una fuente que hacían circular por el grupo y de la cual todos bebían.

Se alimentaba también de algunos animalitos menores, gordos, que freían en su propia grasa; de hierbas del campo, huevos, frutas y langostas, dándose comilonas de éstas, ya sea hervidas, o secadas al sol y molidas, agregadas a sus sopas.
Preparaban bebidas fermentadas con agua y miel silvestre, o con agua y harina de vainas de algarrobo, a la que llamaban latagá.

El casamiento se hacía en edad no muy temprana, y el hombre debía hacer regalos (o pagar> por la novia, a su familia. Cualquiera de los cónyuges podía deshacer el vínculo si no lo consideraba adecuado. Los hombres podían tener varias esposas pero era común que tuvieran una sola.

Los niños eran criados por las madres y los varones, ya mozos, por los padres, pero toda la comunidad era responsable de su educación. Se hacía una vivienda de paja por cada familia. Estas eran muy precarias, por lo que se abandonaban cuando se trasladaban de lugar o se incendiaban cuando algún morador fallecía allí.

Organización política

Estaban organizados en pequeñas aldeas, a cargo de un jefe que no tenía mucho poder, pero que gozaba de respeto. El mismo no se distinguía ni por su Vivienda ni por su atuendo de los demás, y era a veces más miserable que los otros, pues al. ser los mocovíes, en opinión de Paucke, muy pedigüeños, el jefe no se atrevía a negar nada por no perder prestigio, llegando a quedar muy pobre.

El castigo de los crímenes que se pudieran cometer no era juzgado por tribunal alguno,. Era la familia ofendida la encargada de la justicia, lo que traía a veces largas reyertas. El jefe intervenía en ellas cuando ambas partes lo solicitaban y tenía mucho cuidado de ser justo para no perder su poca autoridad. Las viejas sabias solían aconsejar al jefe, así como algunos ancianos de prestigio, por su buen tino.

Los intercambios de mujeres entre aldeas eran frecuentes, dado que no estaba permitido por la tradición el matrimonio hasta el sexto grado de consanguinidad, resultando así más duraderas las alianzas.

El reconocimiento de pertenencia a un mismo grupo entre las distintas parcialidades mocovíes ha sido la clave del éxito en su enfrentamiento ante los demás grupos, inclusive ante los guaraníes, que se encontraban en expansión para la época que consideramos.

Usaban un numeroso arsenal, que era todo el mobiliario y el ajuar personal de los varones, el que consistía en arcos, flechas de punta de hueso o de espinas de pescado, otras flechas menores para atrapar peces, muy livianas, pesados garrotes, lanzas largas de afiladas puntas de madera endurecida al fuego, otras lanzas más cortas que- eran arrojadizas, boleadoras, las que resultaban todas aptas tanto para la caza como para la guerra.

Creencias. Culto a los muertos

Creían en un dios bienhechor, que habitaba en el cielo, en la constelación de las cabritas, cuya aparición festejaban anualmente, dios al que llamaban ‘el abuelo”, pero que no era objeto de culto especial ni tenía clero especializado. Eran también animistas, es decir, creían en la divinidad de todo lo animado, por lo cual toda su vida estaba impregnada de religiosidad, si bien al gran número de supersticiones que esto originaba, se agregaba la burla hacia las mismas, sobre todo por parte de los hombres, en momentos de tranquilidad o bonanza.

Una costumbre muy peculiar era la de eliminar el nombre de los muertos de su vocabulario, los que no podían ser nombrados nunca más, y como por lo general sus nombres representaban cosa o animales, usualmente aves, el nombre de los mismos debían cambiarse al morir aquel que lo llevaba, con lo cual cada comunidad variaba bastante la lengua respecto a la de sus vecinos.

Los fallecidos eran enterrados en lo que antes definimos como sepultura primaria, cerca de la aldea, donde se le ofrecían alimentos y obsequios pero pasado un tiempo, se desenterraba. Se descarnaban y sus huesos eran llevados hasta el secreto cementerio de los ancestros, hacia el norte, distante mucho  kilómetros; sólo algunos conocían a dónde se efectuaba el entierro definitivo.

En señal de duelo los deudos especialmente las viudas, se cortaban una falange; así es que se va observado casos en que sucesivos duelos, a algunas viejas les quedaban casi dedos en as manos, y aún en los píes.

Todas las enfermedades se consideraban de origen sobrenatural, por lo cual, eran muy apreciadas y temidas as viejas hechiceras, que lograban curaciones; las hacían, en general, chupando la parte enferma para extraer el mal que se había alojado en el cuerpo del enfermo. Utilizaban también hierbas, infusiones y emplastos.

Aarón Castellanos: Fundación de Colonias en Argentina

La Educacion en Santa Fe Colonial Primer Maestro Santafesino

La Educación en Santa Fe Colonial
Primer Maestro Santafesino

Sobre preocupaciones y carencias de la educación en Santa Fe colonial. La primer referencia que denota la preocupación de las autoridades del cabildo santafesino por asegurar la mínima educación para las nuevas generaciones data del 13 de mayo de 1577, apenas cinco años después de la fundación de la ciudad; ese día el Procurador General se dirige al cabildo solicitando la prohibición de salida de varios pobladores, los que, abrumados por las difíciles condiciones en que se encuentra la nueva ciudad, buscan tierras más al sur o sueñan con pasar al Perú deslumbrados por la riqueza de la que tanto se habla.

Juan de Garay Fundador de Santa Fe, 15 de noviembre de 1573

Destaca el Procurador que reportaría un grave perjuicio a la población la salida, en particular, del maestro Pedro de Vega “por la falta que haría para la doctrina de los hijos de los dichos vecinos como porque no aprenderían a leer y escribir faltando el dicho Vega, que les enseña”.

El Cabildo resuelve el pedido favorablemente, obligando a permanecer en la ciudad a quien se ha denominado como el primer maestro santafesino, al menos hasta tanto se encuentre un reemplazante satisfactorio. Los problemas por la falta de docentes se reiteran periódicamente, así como también los nombres de aquellos que el Cabildo contrata para solucionarlos: Martín de Angulo en 1617, al que no se puede impedir que emigre a Buenos Aires, el Clérigo Muñoz Holguín, dos años después; Luis Martínez en 1626.

Al trasladarse la ciudad desde el año 1650 destaca el historiador Andrés Roverano que el Cabildo comisiona a los alcaldes ordinarios para que “cuiden como deben de la educación de los menores”. A juzgar por las carencias y omisiones de la autoridad civil en la materia, es evidente que en estos primeros años los problemas de la educación sólo podían resolverse mediante el aporte de la iglesia, que se encontraba en mejor posición en cuanto a la preparación y nivel pedagógico de muchos de sus miembros, en particular los jesuitas, franciscanos y dominicos.

En la medida en que las autoridades eclesiásticas se fueron afianzando, lo fue haciendo también la provisión de maestros y escuelas. Al crearse la diócesis del Río de la Plata y pasar Santa Fe a depender del obispo en Buenos Aires, el mismo visitó la ciudad en 1621 y, ante la extrema carencia observada, dispuso la creación de una escuela encargándola al padre Juan de Salas, Rector de la Compañía de Jesús. Los jesuitas, ya asentados en Santa Fe desde comienzos del siglo XVII, gozaron tempranamente de un bien ganado prestigio pedagógico. Establecieron su templo y colegio sobre el lado este de la plaza, lo que acrecentaron luego en el nuevo sitio.

Al ser expulsada la Compañía en 1716 por efectos de la política regalista de los borbones, el colegio y las demás propiedades entre las que se encontraba una biblioteca de más de 4000 volúmenes pasaron a la administración de una Junta de Temporalidades y luego a los mercedarios; no pudo evitarse el temporario cierre del colegio debido a la carencia de educadores. Pese a la crisis provocada en la educación -y en la economía- por la expulsión jesuita, la segunda mitad del siglo XVIII ya encuentra a Santa Fe con algunas alternativas en la enseñanza.

La orden franciscana también posee junto a su templo una escuela, la que llegará a contar entre sus alumnos a Estanislao López el futuro caudillo y gobernador de la Provincia. Pero si la política borbónica recortaba atribuciones a la Iglesia y disminuía su participación en la educación, por otra parte, aumentaba la del Estado según la influencia de la ilustración, que sostenía la necesidad de la educación de la sociedad.

Esta cierta modernización que en realidad tuvo importancia sólo en Buenos Aires, la capital virreynal  puede rastrearse al menos en algunos indicios locales. A. Roverano recuerda que a partir de 1774 el poder civil asegura en Santa Fe el desempeño permanente de maestros, recordándose como uno de ellos a Pedro Tuella, poeta y primer historiador rosarino que se desempeñara en varias funciones hasta comienzos del siglo XIX.

No debe pensarse en que estos estudios capacitaban para un nivel superior; en la mayor parte de los casos se trataba de la enseñanza de “doctrina” y “primeras letras’, lo suficiente como para integrarse a la vida de la comunidad. Si bien es probable que en ocasiones se profundizara alguna capacitación, era imprescindible que -si un santafesino deseaba continuar sus estudios hasta el nivel universitario- debiera trasladarse a Córdoba o Buenos Aires.

A fines del siglo XVIII se llegan a disponer algunas becas para que “hijos patricios” puedan trasladarse a esas ciudades.

Aarón Castellanos: Fundación de Colonias en Argentina

Primera Fundacion de Santa Fe Juan de Garay Historia de Santa Fe

Primera Fundación de Santa Fe
Juan de Garay Historia de Santa Fe

PROVINCIA DE SANTA FE
INFORMACIÓN GEOGRÁFICA

Capital: Santa Fe.
Fecha de fundación: 15 de noviembre de 1573.
Fundador: Juan de Garay.
Superficie: 133.007 km2.
Población: 2.782.809 hab. (Censo 1991). M.: 1.424.293; V.: 1.358.516.
Población urbana: 82%. Población rural: 18%. Densidad: 18,5 hab/km2.
Límites: Norte, con la provincia del Chaco; Este, con las provincias de Corrientes y Entre Ríos; Sur, con la de Buenos Aires; Oeste, con las de Córdoba y Santiago del Estero.
Mapa con Departamentos y Capitales: ver mapa

GEOGRAFÍA FÍSICA
Es una vasta llanura que presenta diversos aspectos: las subregiones del Chaco Oriental y de la Diagonal Fluvial de la Región Chaqueña (en la mitad septentrional), y las subregiones de la Pampa del Norteo de la Colonia y de la Pampa Ondulada de la Región Pampeana (en la mitad sur y sudeste, respectivamente). En el norte, la llanura conocida con el nombre de chaqueña y por tanto, continuación de la llanura pampeana, se extiende horizontalmente con una suave pendiente hacia el SE, donde la falta de drenaje, causa de la formación de cañadas, lagunas y zonas anegadizas, más la ausencia total de cerros, sierras o montañas, confirman la uniformidad del suelo horizontal y levemente inclinado.

Hacia el sur de los 300S, la provincia se extiende en la región de la Pampa del Norteo Gringa, y cuenta con un suelo naturalmente fértil, clima templado y un gran desarrollo agrícola-ganadero y poblacional. La Pampa Ondulada se halla al SE del Río Carcarañá, es una franja litoral que presenta barrancas, ondulaciones suaves y valles fluviales. El río más importante es el Paraná que recorre el límite interprovincial este; otros de importancia son: Río Carcarañá, Río Salado, Río Coronda, San Javier, etc.

GEOGRAFÍA ECONÓMICA
Agricultura, ganadería y minería. 24%: Industria, 37%; Servicios, 39%. Uso del suelo: Pastoreo natural y cultivado, 50% Cultivos anuales y permanentes 285%; Montes y bosques naturales, 13 5% otros usos, 8%.

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LA PRIMERA FUNDACIÓN DE SANTA FE
Fuente Consultada: www.pampagringa.com.ar
La actual Cayastá, está asentada casi en el sitio donde en 1573, Juan de Garay fundó por vez primera la ciudad de Santa Fe. Escasos 1000 metros separan a Cayastá de ese sitio al que se lo denomina a menudo como Santa Fe la Vieja, que allí permaneció hasta la década de 1660, cuando se decidió su traslado a un lugar más conveniente desde el punto de vista económico, estratégico y de seguridad, es decir, al actual lugar de la ciudad capital de la provincia.

Cayastá está ubicada en el kilómetro 71 de la Ruta Provincial Nº 1, al norte de la actual Santa Fe de la Vera Cruz, y aproximadamente a 1 Km. antes de llegar a a esta localidad, se encuentran las famosas ruinas de la primitiva Santa Fe, descubiertas por el lúcido historiador e investigador Agustín Zapata Gollán (1895-1986), que inició las excavaciones en la zona cuando corría el año 1949, basándose en previos estudios que determinaron su exacta localización. Digamos de paso que Agustín Zapata Gollán, fue un erudito y a la vez excelente empleado público que prestigió su cargo de funcionario del Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales de Santa Fe.

El sitio fue declarado mediante decreto 112.765/42 como Lugar Histórico Nacional, pero luego de las excavaciones dirigidas y exhumadas por Zapata Gollán, en 1957 esta declaración fue ampliada a la de Monumento Histórico Nacional, en razón de que los estudios y descubrimientos hechos permitieron ubicar tres templos: Santo Domingo, San Francisco y La Merced; además en el templo franciscano, fueron hallados los restos del primer gobernador criollo del Río de la Plata, Hernandarias de Saavedra, junto a los de su esposa, que era hija del fundador de la ciudad. Digamos también, que el voto unánime de los miembros de la Academia Nacional de la Historia avaló que las ruinas encontradas pertenecían a la primitiva Santa Fe.

La fundación de la ciudad de Santa Fe, siguió las pautas que eran norma en esa época, una cuadrícula de aproximadamente 100 has. cuya parte central se destinó a plaza de armas, a cuyo alrededor se ubicaron las despendencias administrativas, religiosas y para vivienda de los personajes principales, entre ellos el mismo Don Juan de Garay, guiándose por otros ejemplos de fundaciones como las de Lima en 1535. Fue sin duda una ciudad que respondió a una estudiada planificación previa. Si bien en el acta se hace referencia a un plano o traza que sirvió de base para el reparto de solares confeccionado por el propio Garay, este documento se extravió en la época colonial, perdiéndose con ello los datos de la distribución física de las partes adjudicadas a cada vecino, no obstante conocerse el nombre de cada uno de ellos.

Fue Garay quien repartió personalmente los solares, determinándose los espacios para chacras y suertes de estancias. Cada solar equivalía a un cuarto de manzana divididas a su vez por estrechas calles en cruz, sin duda bien hecho con criterio tanto económico como estratégico. A los hombres que gozaban de su mayor confianza les adjudicó los terrenos vecinos a lo que reservó para sí. Ya se sabe que el que parte y reparte se queda con la mejor parte.

Debe recordarse que Juan de Garay partió desde Asunción un 14 de abril de 1573 con el exclusivo propósito de fundar una ciudad que sirviera como escala y apoyo logístico al tránsito fluvial entre el Río de la Plata y Asunción, expedición que comenzó con nueve españoles peninsulares, setenta mestizos y aborígenes guaraníes traidos del área paraguaya.

Fundada que fue la ciudad a orillas del río Quiloazas (hoy San Javier), brazo del Paraná, un 15 de noviembre de 1573, transcurridos siete meses desde la partida de Asunción, en un trayecto que no estuvo exento de dificultades, se agregaron a estos audaces primigenios pobladores, otros aborígenes locales, (calchines y mocoretás) y esclavos negros africanos destinados al más rudo trabajo de las tierras que dieron origen a las primeras plantaciones de frutales y viñedos, el cultivo de cereales y la cría de ganado, escontrando esto último un excelente medio para su desarrollo que con el tiempo se volvió incontrolable y librado sólo a los avatares naturales.

El trayecto se cumplió tanto por vía terrestre, con 50 caballos, como por vía fluvial, con un bergantín, unas cuantas canoas, armas y municiones.

Los asunceños buscaron afanosamente «abrir puertas a la tierra», para combatir su forzoso aislamiento de otros grandes centros poblados y de difícil acceso en esos años en que los caminos tenían que abrirse a golpe de machete. Esta fundación, por lo menos les facilitó la entrada y salida por el «mar dulce» como lo denominó Solís.

La necesaria convivencia de este heterogéneo conglomerado humano, diverso en lo étnico y en lo cultural, sin duda conformó una sociedad de características especiales donde cada grupo hizo aportes de su cultura originaria.

Abandonado que fue el lugar tras el traslado al nuevo emplazamiento, el río Quiloazas con la paciencia que los años pusieron a su disposición fue carcomiendo las costas y modificando su cauce sin apuro pero sin pausa lo que dio como resultado que de las 100 hectáreas originales hoy queden sólo unas 69, proceso facilitado por la arenosa y poco consistente compactación de los suelos que surca, arrastrando el material aguas abajo y cavando un nuevo curso que dejó bajo sus aguas el sector próximo a la Plaza de Armas, donde se encontraban la Iglesia Matriz, la de la Compañía de Jesús, la de San Roque y la propia casa de Juan de Garay. En el sector que no fue afectado, está el remanente de la Plaza, las Iglesias conventuales de San Francisco, Santo Domingo y La Merced; el Cabildo y un gran número de viviendas que pertenecieron entre otros a un nieto del fundador, Cristóbal Garay; a Francisco de Paez, a Juan González de Ataide, a Alonso Fernández Montiel, a Manuel Ravelo y a un escribano Juan de Cifuentes.

Las excavaciones pusieron al descubierto gran cantidad de objetos que dan indicios de la vida de la ciudad que existió un poco más allá de la mitad del siglo XVII. Vieron la luz, monedas, medallas, amuletos de plomo, rosarios, cuentas de collares, útiles de labranza, porcelana oriental, ladrillos, tejas (algunas con dibujos e inscripciones), herramientas, cerámicas españolas e indígenas.

Dentro de los recintos de los templos las excavaciones mostraron los restos de más de 200 pobladores enterrados en el lugar, y Zapata Gollán logró identificar a varios entre los que se encontraron los de Hernandarias y su esposa.

monumento historico cayasta

Resuelta por las autoridades coloniales la mudanza, poco a poco los habitantes iniciaron el abandono de la primitiva ciudad en las márgenes del Cayastá, y en 1651, después de casi ochenta años de permanencia en aquel lugar, se trasladaron a su actual emplazamiento, a unos setenta kilómetros más al Sur. La fundación en la desembocadura del rio Salado tuvo lugar el 20 de febrero de 1653, dándosele el nombre de Santa Fe de la Vera Cruz. Las tierras en que fue refundada la ciudad pertenecieron en su origen a Juan de Garay, quien partió de allí en 1580 para fundar Buenos Aires. Por herencia pasaron más tarde a Hernando Arias de Saavedra. El primitivo emplazamiento de Santa Fe fue declarado Lugar Histórico por Decreto N« 112.765 del 4 de febrero de 1942.

PARA SABER MAS…
LOS RETOS DE SANTA FE LA VIEJA

La primera fundación de Santa Fe se había llevado a cabo en Gayaste, sobre la margen derecha del río San Javier (afluente del río Paraná), a poco más de 70 kilómetros al norte de la actual capital provincial. Si bien existen diversas hipótesis con respecto a los motivos que llevaron a que su población comenzara a emigrar a mediados del siglo XVII -en pocos años más sería definitivamente abandonada-, todo parece indicar que la razón principal del éxodo fueron los periódicos desbordes del río y los daños materiales que esto provocaba. Durante casi tres siglos no se tuvieron noticias de la ciudad que Caray había fundado en 1573, pero en el año 1949, un magnífico hallazgo arqueológico puso al descubierto parte de la historia de una de las primeras ciudades rioplatenses.

Guiado por una extraordinaria intuición, el Dr. Agustín Zapata Gollán -que con pobres recursos trabajó en el lugar hasta su muerte, ocurrida en 1986- logró ubicar el emplazamiento del antiguo asentamiento de 66 manzanas, de las cuales 18 se encuentran en la actualidad bajo las aguas del río. A poco de comenzar con los trabajos de excavación, halló numerosos restos de vida material, como distintos tipos de vajilla, monedas, collares y herramientas. Pero el descubrimiento más asombroso lo esperaba en lo que luego reconocería como los cimientos de la iglesia de San Francisco, a 1,20 metros por debajo del piso del recinto, encontró numerosos sepulcros, algunos de ellos con restos humanos en magnífico estado de conservación.

Los esqueletos de los conquistadores con «las yertas manos en cruz», ofrecen un espectáculo sobrecogedor, y traen a la memoria algunos versos de Lope de Vega (autor español, 1562-1635): «Mirando estoy los sepulcros,/cuyos mármoles eternos/ están diciendo sin lengua/ que no lo fueron sus dueños./ ¡Oh, bien haya quien los hizo/ porque solamente en ellos/ de los poderosos grandes/ se vengaron los pequeños!»

Historia de la Facultad de Veterinaria y Agronomia de Esperanza FAVE

Historia de la Facultad de Veterinaria y Agronomia de Esperanza FAVE

Con el traspaso al Estado Nacional de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Esperanza que desde su fundación dependía de la Universidad Católica de Santa Fe, se cierra una instancia critica en la historia de la Casa de altos estudios en la que estuvo en juego el mantenimiento de sus actividades por los motivos de público conocimiento.

Las intensas gestiones que se venían realizando con apoyo de las fuerzas vivas de la ciudad y autoridades de la población toda, y naturalmente de los estudiantes y con el valioso aporte del gobierno provincial, culminaron exitosamente ayer -jueves 17- en las últimas horas de la tarde con la firma del Presidente de la Nación, Teniente Gral.

Alejandro Agustín Lanusse, del decreto N° 4526. El mismo en sustancia aprueba la oportuna resolución del Consejo de Rectores de Universidades Nacionales que aconsejaba la estatización de la FAVE. Ésta, en consecuencia, pasará desde ahora de la Universidad nacional del Litoral.

Se encontraban en Buenos Aires al momento de la firma del decreto citado, el Ministro de Agricultura y Ganadería de la Provincia, Dr. Horacio C. Cursack, que había entrevistado por ese motivo a su colega de Cultura y Educación de la Nación, Dr. Gustavo Malek; y el Prof. y Secretario de la FAVE, Sr. Francisco Rosciani, quien también había viajado con similar objetivo.

La noticia del importante hecho fue comunicada al Gobernador de la Provincia, Sánchez Almeyda por el Ministro Cursack. Inmediatamente el Primer Mandatario Provincial puso en conocimiento de lo mismo a la esposa del Dr. Gursack la que a su vez informó a El Colono del acontecimiento. De inmediato dimos cabida en nuestra pizarra al anuncio que concitó por largo tiempo la atención del público. Al mismo tiempo, los estudiantes daban rienda suelta a su alegría por el logro de la trascendente medida del gobierno nacional.

SUBSIDIO
Según buenas fuentes, se recibió un subsidio de 50 millones viejos para posibilitar la inmediata reactivación de las actividades en la Facultad.

REGRESO DE LOS ALUMNOS
Los cinco colectivos con alumnos de distintos cursos arribaron a la ciudad tras permanecer en Buenos Aires tres días.

CARAVANA
Por la ciudad, acompañados por Bomberos Voluntarios, los estudiantes y vecinos exteriorizaron su satisfacción por la medida. Recorrieron caites, se detuvieron frente a la redacción de El Colono, desconcentrándose en forma pacífica.

UN POCO DE HISTORIA
La Facultad de Agronomía y Veterinaria de Esperanza vino a llenar una necesidad fundamental no sólo de la ciudad y zona sino del país todo, visto la necesidad de contar con los recursos humanos capaces de promover e! avance tecnológico nacional en las áreas específicas.

Surgen posteriormente una serie de problemas que colocan a la Facultad en trances de cerrar sus puertas lo que de inmediato concita la movilización de alumnos, profesores y de las propias autoridades de la Casa en procura de soluciones que salven para Esperanza y para los intereses del país, este importante establecimiento educativo. Y a esa lucha incesante se sumó plenamente la ciudad que no quiere ver perderse una conquista que por sobre todos sus valores técnicos, didácticos y humanos, se suman motivaciones espirituales que troncan con los antecedentes de orden históricos que hacemos referencia en la presente exposición.

A propósito de valores, es dable destacar las comisiones que se han formado a través de las distintas organizaciones locales para entrevistar a las más altas autoridades nacionales para concretar el definitivo traspaso de la FAVE a la UNL y la aprobación de ampliación de presupuesto de la misma para la inmediata reapertura de la casa de altos estudios.

El lunes viajó a Capital Federal una delegación encabezada por el intendente de Esperanza, Arq. Jorge Zurbriggen, y el Sr. Rafael Pilatti, vice presidente a cargo de la presidencia del Cicae, para agregarse a otra comisión integrada por los profesores Bayo y Rosciani de la FAVE, que arribaron en la mañana del martes 15, junto a 230 alumnos que ocupaban cinco colectivos, dispuestos a llevar su inquietud al Presidente de la Nación sobre los motivos de este viaje que tuvo resonancia en todos los niveles. A esa presencia se sumaron las gestiones realizadas por el General Sánchez Almeyda y el Ministro Cursack.

Así comienza lo que podríamos calificar como una verdadera odisea en pro de una conquista que aparecía como improbable.

Siguiendo e! orden cronológico de lo realizado, la comisión de Prensa y Propaganda de la FAVE cumplió una ardua tarea en distintos medios periodísticos de Buenos Aires logrando entrevistas en canales de televisión y radios, además de notas gráficas para los medios porteños.

Frente a la Casa Rosada, la manifestación realizada por los alumnos despertó la atención de los transeúntes, que inquirían sobre los motivos de la concentración recogiendo volantes con diversas leyendas de! reclamo. Las comisiones se dirigieron luego al Ministerio de Hacienda de la Nación, tratando de entrevistar al titular de esa cartera, Dr. Jorge Wehbe, gestión que no prosperó tras varias horas de espera. No obstante, se pudo conocer una nota del Ministro donde no autoriza reajuste presupuestario para la UNL. Allí culminaba la primera parte de las muchas gestiones realizadas.

En tanto, se aguardaba una entrevista con el Gral. Panullo, Secretario Privado de la Presidencia de la Nación informándose cerca del mediodía que la misma no tendría efecto. La comisión se trasladaba luego de agotadas las tratativas de entrevistarse con e! Dr. Wehbe, al Ministerio de Educación y Cultura en la esperanza de conseguir la estatización.

Conocida la situación, distintos Subsecretarios de la repartición se abocaron rápidamente a buscar un principio de solución al problema. Al llegar la delegación esperancina al despacho del Dr. Rodríguez, que estuvo en julio del 72 en nuestra ciudad y visitó la FAVE, el gobernador Sánchez Almeyda y el Ministro Horacio Cursack mantenían una importante conversación telefónica con los Ministros Wehbe y Malek, titulares de Hacienda y Educación y Cultura respectivamente, tratando de lograr un acuerdo concreto respecto a! problema de la Facultad de Esperanza.

Luego de esta conversación, la delegación esperancina fue informada por el Cont. Hugo Ale siendo éstas sus palabras: «En primer término, expresó que el Ministro Wehbe ha reiterado por nota y por segunda vez consecutiva, que no existe posibilidad alguna para ampliar el presupuesto para la UNL».

En tanto, el funcionario de Educación y Cultura aseguró que traspasada la FAVE a la Universidad Nacional del Litoral, el rectorado está obligado a reabrir en forma inmediata la misma y lograr soluciones a los problemas económicos planteados.

Finalmente, con la firma del decreto n° 4526 se abre un nuevo panorama de expectativas favorables en una situación que había creado inquietud.

Al crearse las carreras de Agronomía y Veterinaria en la UNL, el estudiantado volvió a las aulas el 28 de mayo de 1973, tras participar de un acto institucional.

En la ocasión se descubrió una placa que simboliza el hecho: «La Facultad se estatizó por el Movimiento Estudiantil». Asimismo se entregaron medallas a los que acompañaron activamente, en calidad de reconocimiento, a las personas cuya actuación fueron acompañando el proceso de estatización de la FAVE: el ex intendente municipal, Arq. Jorge Zurbriggen; los profesores Rosciani y Bayo; y el señor-Miguel Barco.

Finalmente se dio lectura al acta de constitución de la Junta -que se hizo cargo de la FAVE- integrada por persona! docente (Victorino Bayo), no docente (Francisco Rosciani) y los estudiantes Bellezze y Debona, por Agronomía, y Churruarin y Senn por Veterinaria.

Fuente Consultada: Diario Local El Colono Del Oeste Edición de: 17-05-2013

Historia de la Facultad de Veterinaria y Agronomia de Esperanza FAVE

Historia de las Colonias en Argentina Inmigrantes en Esperanza

Historia de las Colonias en Argentina Inmigrantes en Esperanza Santa Fe

El 15 de junio de 1853, apenas seis semanas después de proclamada la Constitución, se firma el contrato de colonización que dará nacimiento a la primera colonia agrícola argentina. En 1º de junio de 1854 el gobierno de la Confederación lo ratifica. Aquellos buenos auspicios no eran suficientes para que todo fuera un lecho de rosas sin espinas. Pronto, éstas fueron más que aquéllas.

Su proyecto del ferrocarril Rosario Córdoba encuentra resistencias y trabas legales. Protestaba contra esa red tejida por los intereses empresarios de Wheelwright y los del Estado donde, a cargo de funciones importantes, aparecían los socios de Wheelwright.

¿Por qué motivo las provincias del interior debían seguir pagando con su esfuerzo las distancias que las separaban del puerto de Buenos Aires? ¿Por qué, cuarenta años después, los altos costos del transporte por ferrocarril seguían abrumándolas como los de las lentas carretas? De ese modo ellas jamás saldrán de pobres y seguirán condenadas a trabajar para asegurar su elemental subsistencia, protestaba Castellanos.

Cerrada esa primera etapa de negociaciones, decide dejar Paraná para retornar a Europa donde lo esperaba su numerosa familia que regresará a la Argentina recién en 1857, luego de ocho años de residir en París. Le aguarda también un intenso trabajo, negociando y tratando de convencer a banqueros, sociedades y especuladores.

No era fácil la misión toda vez que la inmigración y los capitales eran atraídos por los Estados Unidos y por las malas noticias que llegaban desde el Río de la Plata donde la prolongación de las luchas facciosas no otorgaba la mínima seguridad jurídica a inversores y colonos.

La letra del contrato de colonización firmado por el gobernador Crespo aparecía escrita en el agua a los ojos de su sucesor Cullen que decidió desconocerlo por tratarse de «un contrato leonino». A lo que se sumaba la campaña de desprestigio de la Argentina lanzada en Europa por los agentes de inmigración y los enviados allí por el gobierno del Brasil.

Los pasquines contra la Argentina aparecían en las iglesias y en otros sitios públicos metiendo miedo a las familias que habían acepta se en Santa Fe, muchas de las cuales, aterrorizadas, rompían sus contratos. Según esos pasquines, Castellanos era un aventurero a la pesca de familias incautas.

La Argentina era un país salvaje, fragmentado en comarcas gobernadas por bandidos sin ley ni moral, que mandaban a degollar hombres y mujeres, eran enemigos de los extranjeros, protegían a sus secuaces y amasaban fortunas. A ese sombrío cuadro se añadía un clima malsano, pestes de todo tipo, inundaciones, invasión de langostas, «insectos venenosos, ser pientes y bestias feroces». Castellanos no se dejó intimidar por semejante campaña.

Nadie creía que yo lograría traer colonos, dice. Pero yo había dado mi palabra y ella «tenía más valor para mí que el contrato mismo», añade. Casi solo e incomprendido, con más apoyo de los señores Vanderest de Dunkerque, Textor de Francfort y Beck y Hersog, de Suiza, que del bifronte gobierno argentino, Castellanos comienza a revertir esa imagen.

Es entonces cuando redacta y manda a imprimir su folleto de presentación de las ventajas de la Argentina titulado «Légeres noticies sur le Río de la Plata» («Ligeros apuntes sobre el Río de la Plata») que, traducido a tres idiomas, distribuye en Francia, Holanda, Bélgica y Suiza. Aquel folleto «fue el golpe de gracia» para quienes propagandizaban la imagen esperpéntica de la Argentina. Pronto, la casa de Castellanos en París «fue asediada» por una multitud interesada en adquirir el folleto.

Tal era el gentío que rodeaba la residencia que la policía comenzó a averiguar el motivo de aquella concentración. Los elogios que Castellanos prodigaba a la Argentina no se correspondían, sin embargo, con la suerte corrida por las primeras 1.487 personas (1.112 adultos; 320 menores y 54 lactantes) que llegaron a Santa Fe atraídas por las promesas de tierra y trabajo.

El mismo sabía que esos colonos habían sido abandonados a su suerte: carecían de techo, estaban sin trabajo, no se les entregaban las tierras, se intentaba convertirlos en mano de obra barata olvidando la promesa de hacerlos propietarios y comenzaba a asomar el fantasma de las enfermedades y las hambrunas. «Sufrimientos», «calamidades», «desgracias», «atrocidades» y «desesperación» son palabras que utiliza Castellanos para describir la situación de los colonos que refutaba parte de su folleto amenazando la suerte de su proyecto colonizador.

A la incuria gubernamental y las pestes, se añadía un coro de voces que, de este lado del Atlántico, establecían un contrapunto con los promotores de la campaña de desprestigio de la Argentina. Algunos periódicos, gobernantes y legisladores comenzaron a elevar el tono de sus quejas contra los inmigrantes, afirmando «que la aglomeración de extranjeros no convenía, porque se corría el riesgo de que ellos se apoderasen del país, y que era preciso desparramarlos».

Había miedo a las colonias en la mayoría del Congreso y en el gobierno, con la sola excepción de Derqui, anota Castellanos. Años después de aquellas dificultades Nicasio Oroño, siendo gobernador de Santa Fe, explicó a Castellanos que el incumplimiento del contrato de colonización tuvo como una de sus causas «una grita» que se levantó «entre el paisanaje», que se quejaba de las «tantas cosas» que se entregarían a los colonos, negadas a ellos «que habían servido a la patria tantos años». Los contratiempos, las intrigas y la maldad humanas son menos llevaderas con los años.

Archivados sus proyectos ferroviarios, postergadas sine die la entrega de las tierras que establecía el primer contrato colonizador, demorado 47 años el pago del préstamo en efectivo otorgado al gobierno de Salta, desconocido como pionero de iniciativas atribuidas a otros, Castellanos siente que esos años de lucha no han sido placenteros. Tres años antes de su muerte, aunque reconoce estar abatido, toma la pluma para refutar a sus críticos. He sido, dice, «el macho cabrío que los antiguos israelitas, inquietos por sus prevaricaciones e idolatrías, cargaban con sus pecados y lo echaban al desierto».

Al final de sus días, más justo con la historia y con su propia vida, siente que no sólo cosechó espinas o bebió del cáliz de la amargura. Veinte años después de fundada, contra viento y marea, la colonia Esperanza no sólo está de pie sino que ya justifica su nombre. «Después de tantos desastres, algo de desmoralizaron por el dilatado tiempo de vagancia y ser relegados ; tierra adentro, todas las familias tienen, sin embargo, su bienestar, con sus casas de azotea, millares de árboles de diversas clases, don de no había uno solo, molinos a vapor y demás, que ‘ es la admiración de los que las miran».

En 1877 la imprenta «El Comercio de Rosario» termina de imprimir su libro Colonización en Santa Fe y Entre RÍOS y el ferrocarril del Rosario a Córdoba. Tres años después, el 1 de abril de 1880, muere en Rosario de Santa Fe, ciudad de la que había sido jefe político  en 1868 y desde la que libró sus más importantes ; combates en su lucha por lograr un país mejor que aquél que conoció durante casi toda su intensa y agita da vida.

Ver Parte I

Fuente Consultada: Todo Es Historia Aarón Castellanos y las Colonias en la Argentina

Biografia de Aaron Castellanos Historia Fundacion de Esperanza

Biografía de Aaron Castellanos Historia Fundación de Esperanza Santa Fe

Para Pedro Goyena, profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, los salteños son:  «Los ingleses de la República» y Aarón Castellanos era salteño. Según todas sus semblanzas biográficas, Castellanos nació en Salta el 8 de agosto de 1800 y bautizado en esa ciudad el 11 de noviembre de 1799.

Sobre sus estudios no hay información y todas las semblanzas  lo hacen saltar de la cuna al caballo formando parte del escuadrón «Los Infernales de Güemes», donde revistó siendo adolescente obteniendo el grado de teniente. Muerto Güemes por una partida del ejército realista a mediados de 1821 y reabiertas las puertas del Perú tras el armisticio con Olañeta, el joven Aarón dejó las armas y abrazó los negocios.

En 1822 viaja a Perú dispuesto a abrirse paso como comerciante minero en Cerro de Pasco. Aquella prematura tentativa fue corta, tal vez por no resultar exitosa. Dos años más tarde Castellanos se encuentra de regreso en Salta dispuesto a reemprender actividades comerciales.

Sus veinticuatro años no son un obstáculo para que Victoriano Sola y Pablo Soria aceptaran integrarlo a la Compañía de Navegación del Bermejo. Soria, comerciante jujeño y tenaz opositor a Güemes, se disponía a realizar el primer intento del siglo XIX de remontar el Bermejo, siguiendo las huellas de las expediciones de fray Francisco Murillo y Adrián Fernández Cornejo a finales del siglo XVIII.

Anciano, casi octogenario, Castellanos recordará algunos detalles de esa empresa que situaba como una de las tantas promovidas durante la gestión de Bernardino Rivadavia, a quien definió como el primer hombre de Estado de la Argentina y de cuya obra se sentía orgulloso continuador. «Fui uno de sus apasionados», dice Aarón; «con tanta más razón cuanto que nadie antes que él había mirado más lejos del Arroyo del Medio.

Fue hasta los Andes, Bermejo, Pilcomayo y Magallanes». Navegar el Bermejo no era el único objetivo de la empresa de Sola y Soria. Su propósito más ambicioso «era colonizar los extremos más importantes del Chaco». En Oran, punto de partida de la expedición, se construyeron «tres embarcacio nes de diferente porte».

Las tres partieron a mediados de 1826 y, días después, al llegar a Nambucu, donde el dictador Francia había colocado un cerrojo a la entrada del Paraguay, los expedicionarios fueron obligados a bajar a tierra donde los detuvieron y les secuestraron las embaraciones, los planos, los apuntes y las armas que llevaban. Según todas las reseñas biográficas, al igual que Soria y el resto de la tripulación, Castellanos permaneció cinco años preso en el Paraguay.

Este dato no parece verosímil ya que él mismo no recuerda haber estado en prisión, cuando alude a aquel suceso. Las dudas se acrecientan toda vez que la documentación aportada por Ibarguren (h) demuestra que el 17 de junio de 1826, en los días de la partida de la expedición, Aarón Castellanos se casó en Buenos Aires con Secundina de la Iglesia y Castro, con quien, entre 1827 y 1848, tuvo quince hijos. Con lo cual, Castellanos habría participado de los preparativos de la expedición pero no de su realización. Esta impresión parece reforzada por el hecho de que en 1829 Castellanos aparece prestando, con la garantía del gobierno de Buenos Aires, 50 mil pesos en metálico al gobierno de Salta a cuyo frente estaba el canónigo Juan Ignacio Gorriti.

En 1876, al momento de escribir su folleto sobre la colonización, esa deuda permanecía impaga. Soria y los demás prisioneros fueron puestos en libertad en agosto de 1831. Meses más tarde Soria «publicó y repartió entre los accionistas un folleto dando cuenta del resultado de su viaje adjuntando un plano del Bermejo», añade Castellanos. Entre 1830 y 1840 aparece radicado en Buenos Aires donde funda establecimientos ganaderos sobre las líneas de frontera que separan las tierras controladas por ese gobierno de las controladas por los indios. Años después, antes de la caída de Rosas, vende sus campos a Simón Pereyra y José Iraola.

Veintitantos años después de Caseros, Castellanos dirá que con Rosas había caído sobre el país «una larga noche de veinticuatro años en cuyas tinieblas desaparecieron todas las empresas ya mencionadas (de la época de Rivadavia) y el aspecto grandioso que había asumido el país». Rosas era a la Argentina lo que Francia al Paraguay. «Así vino el país a criar vacas y nada más», escribe Aarón. Vendidos sus campos se embarca a Francia. «Yo de mi parte, sin esperanza alguna de ver empezado en el país lo que a gritos pedía —ferrocarril e inmigración—, me trasladé a Europa con toda mi familia, con el doble objeto de educar a mis hijos (…) Allí me encontraba cuando cayó Rosas».

Conocida la noticia, Castellanos cree que ha llegado el momento de desplegar sus proyectos. Aarón formaba parte de esa numerosa colonia de sudamericanos en París compuesta, al decir de Mayer, «de ricos estancieros y políticos en disponibilidad». Astuto, intuitivo y conocedor del terreno, Castellanos se dirige a Londres donde busca y consigue una entrevista con el barón James de Rothschild al que interesa en sus proyectos ferroviarios para Córdoba con el puerto de Rosario, sobre el que convergería el comercio de diez provincias, y de colonización de tierras en la Patagonia, las márgenes del Bermejo o Santa Fe.

En aquellos días estaba intacto el optimismo que infundía el progreso mate rial que alumbraba un nuevo mundo fundado «en el ferrocarril, en la banca y en el predominio de los industriales», al decir de un biógrafo de los Rothschild. Castellanos sabe el terreno que pisa y no suple con fantasías provincianas la debilidad de su país donde está todo por hacer. «Aunque allí nadie oye ni presta atención a lo que no es de presente, obtuve sin embargo la deferencia de ser escuchado».

Esa cautelosa evaluación dará paso a cierto optimismo: obtenido «todo lo que deseaba y no con poca satisfacción me embarqué para Buenos Aires, decidido a colocarme en la huella que había trazado Rivadavia, tantos años abandonada y que tanto alegaba (sic) mis instintos». Quería colonizar «para poblar nuestros desiertos, que es el peor enemigo del país», estableciendo «pueblos modelos» que moralizaran y prometieran un mejor porvenir a las generaciones futuras. Los colonos debían venir del norte de Europa, elegidos por «sus condiciones de inteligencia, moralidad, robustez y trabajo».

También por ser «más pacíficos» que los temperamentales pobladores del Mediodía que habían tomado armas en nuestras guerras civiles, explicó. La comprensión que encontró en Londres la perdió en Buenos Aires frente a un gobierno que ni siquiera consideró sus ideas respecto a la colonización de Río Negro hasta los Andes, y del Río Chubut hasta Magallanes.

Recordando los sucesivos incumplimientos de pago de la deuda que ese gobierno tenía con él desde 1829, pidió se le otorgara en propiedad la península de San José donde se proponía fundar un establecimiento ganadero y establecer allí un cuartel contra los indios. Frustradas sus expectativas decide instalarse en Santa Fe donde expuso su proyecto al gobernador Domingo Crespo. Castellanos se comprometía a traer mil familias de agricultores del norte de Europa, a los que pagaría el pasaje y entregaría 125 arados norteamericanos, 200 palas y abundante ropa.

A cambio, los colonos debían entregarle un tercio de sus cosechas durante cinco años. Las familias debían llegar en el transcurso de los diez años siguientes, en grupos de 200 familias que se embarcarían cada dos años. El gobierno santafesino se comprometía a entregarles 32 hectáreas en propiedad; ranchos para viviendas; doce cabezas de ganado; harina y semillas. La buena acogida del gobernador Crespo no era suficiente para alejar las suspicacias: «no faltaban quienes mirasen con sospecha» su proyecto.

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Historia del Correo Argentino Creación Primera Estafeta Postal

Historia del Correo – Primera Estafeta Postal Argentina

Al producirse la expansión de la Corona Española hacia el continente Americano, y con el fin de asegurar las comunicaciones con los nuevos dominios, se creó por Real Cédula del 14 de mayo de 1514 el oficio de «Correo Mayor de las Indias, Islas y Tierra Firme de la Mar Océano Descubiertos y por Descubrir».

Como responsable del oficio se nombró en esa fecha al doctor Lorenzo Galindez de Carvajal. Con él se inició una cadena de transmisión familiar graciosa la cual los Carvajal ostentarían el cargo por más de dos siglos, hasta su novena y última representante: doña Joaquina Ana María Magdalena Nieves Brun de Carvajal y Vargas.

historia del correo argentinoMientras tanto en Europa los cambios políticos se sobrevenían con su consiguiente repercusión en las colonias: a los Reyes Católicos les sucedieron la Casa de Habsburgo y a ésta la Casa de los barbones, surgida en 1700.

Estos últimos, restauradores de la antigua grandeza y gestores de una nueva política liberal en sus posesiones, decidieron, entre otras medidas, crear nuevas formas de vida social, económica y cultural con sistemas y rutas comerciales para las «Provincias o Reinos de Ultramar».

Bajo esta dinastía es cuando se inicia también la reivindicación del sistema de correos, en especial durante el reinado del primer Borbón, Felipe V (1700/1746) cuando, por Real Decreto del 20 de junio de 1707, incorpora a la Corona la «Real Renta de Correos, Postas y Caminos de España».

Esta medida motivó un reordenamiento del sistema de correos de América y se anticipó, sin saberlo, a los problemas gue surgirían en el plano comercial y que afectaron a las Indias, especialmente al Río de la Plata, luego del Tratado de Utrecht (11/4/1713).

En esos tiempos lo correspondencia entre España y las colonias era transportada por tres medios: navios de registro (o mercantes), avisos (o pataches) y navíos de guerra.

Por cualquiera de ellos esa correspondencia circuló desde 1707—pagando un porte de seis reales de plata la onzo— hasta 1720, en que por Real Cédula fue libre de pago. A la fecha se desconoce la existencia de algún registro de las mercaderías transportadas como de lo referido o la correspondencia, pero éste, sin embargo, debió existir en forma sencilla. Se impondría luego, a partir de 1764, cuando son creados los Correos Marítimos.

Por otro lado, todas esos cartas viajaron sin marca postal alguna hasta 1772, fecha en que aparece la primera correspondencia procedente de Cádiz con destino a Buenos Aires con la marca «ESPAÑA».

LA CREACIÓN DE NUESTRO CORREO Pasaron los años y el Correo Mayor de Indias quedó dividido en dos: el de España, a cargo de la familia Thourund Taxis, y el de América a cargo de la familia Carvajal y Vargas, como ya señaláramos. Pero la política iniciada por Felipe V, de considerar al correo como un servicio del es todo, fue continuada a su fallecimiento en 1746 por su sucesor.

Así, por Real Cédula del 17 de junio de 1747, el rey Fernando VI nombra a don José de Carvajal y Lancaster en el cargo de Superintendente General de Postas y Correos, quien centralizó por muchos años el monopolio de la Rento de Correos. Sin embargo pasó el tiempo y poco fue lo que el Correo Mayor de las Indias, a través de sus nueve representantes, realizó en América —en especial en el Río de la Plata, ya que no se encuentra correspondencia alguna que no haya pasado por esa administración—.

La primera noticia que se conoce sobre correos en Buenos Aires es del entonces gobernador coronel don Balíazar García Ros (1715/17) quien publicó un bando para la reglamentación de los chasquis. Otra noticio es del séptimo Correo Mayor, don Diego Gregorio de Carvajal Vargas y Hurtado (1699/ 1731), quien procuró establecer un correo de chasquis entre Lima y Buenos Aires, llamado al que nadie compareció. Años después aparecería el verdadero organizador y fundador del correo en el Río de la Plata.

Nos referimos a don Domingo de Basavilbaso y Lopresa. Vizcaíno, natural de Llodío (Bilbao, España), nació el 1 ° de setiembre de 1709. Llegó y se estableció en Buenos Aires en 1727. Destacado comerciante ocupó importantes cargos públicos, siendo el primero el de Alcalde Ordinario de Primer y Segundo Voto en 1737. Más adelante, el gobernador teniente general don José de Andonaegui (1745/56) lo nombró administrador y tesorero de los «Derechos Impuestos» para controlar los gastos de una expedición contra los «indios infieles».

Fue por esa época que vislumbró lo necesidad de la organización de un correo fijo. El proyecto fue considerado necesario para el comercio y el octavo Correo Mayor de las Indias, don Melchor Malo de Molina y Espinóla, Marqués de Monterrico, solicitó en 1748 el establecimiento de «correos ordinarios». El pedido fue capitalizado por el gobernador Andonaegui, quien por Bando del 17 de junio de 1748 establece el Correo Fijo, nombrando como teniente del Correo Mayor de las Indias a don Juan Vicente de Vetolaza y Luna.

Es pues ésta la fecha iniciadora de nuestro sistema postal organizado. A Vetolaza y Luna le seguirán tres tenientes más hasta 1769, en que es nombrado, con justo reconocimiento, don Domingo de Basavilbaso y Lapresa, pero ahora con el cargo de administrador de la Real Renta de Correos de Buenos Aires. Basavilbaso y Lapresa permaneció en el puesto hasta el 19 de noviembre de 1771, fecha en que renuncia.

El 9 de mayo de 1775 fallece, legándonos las bases de nuestro Correo Argentino actual. Bajo su administración se nombró al primer cartero que tuvo Buenos Aires, en la persona de Bruno Ramírez, el 14 de septiembre de 1771. Finalmente destacamos que su casa, construida en las cercanías del ex Concejo Deliberante, fue la primera de las seis casas de correo de Buenos Aires. Pero eso es otro historia.

Bibliografía -BUNO, CAYETANO, Historia del Correo en América, Editorial Rivadeneira, Madrid, 1920. -CASTRO ESTEVES, RICARDO DE, Historia de Correos y Telégrafos as la República Argentina, Talleres del Correo, Buenos Aires Tomo li, 1938. -BosE, WAITER B.L., Historia del Correo de España e Hispanoamérica, Boletín de la Academia Iberoamericana . Filipina de Historia Postal, Madrid, 1951.