Grandes Astrónomos

Cultivos en América Colonial Trabajos Forzados a Aborígenes

LOS CULTIVOS COLONIALES Y EL COMERCIO
Desde el principio, Cortés había dado ejemplo en sus inmensos dominios mexicanos de Cuernavaca, plantando alrededor de su espléndido palacio, caña de azúcar, cáñamo, moreras. La llegada de los europeos revolucionó el orden animal y vegetal, introduciendo el cerdo, el carnero, el caballo, el asno y el mulo. Los rebaños aumentaban rápidamente, devastando las tierras de cultivo de los indios, que se retiraban a las montanas; América comienza a exportar su cuero y tejer su lana.

Cultivo de los aborígenes

Cultivo de los aborígenes en América Colonial

El trigo, la viña, el olivar vinieron a suministrar su alimentación habitual a los europeos; no obstante, los cultivos coloniales se desarrollaban en las zonas tropicales: cacao, caña de azúcar, índigo, cultivados en las haciendas, grandes propiedades de tipo capitalista, que empleaban cientos de hombres y un material de transformación considerable. Pero hasta el siglo XVIII la economía de la plantación no desempeñará un papel determinante. La prueba es que la América española equilibra sus importaciones con el envío del oro y de la plata. Doscientos navios salidos de Sevilla aseguran cada año los cambios.

Al ir, trigo, vino, aceite, hasta 1570; después, en el siglo XVII, todos los productos manufacturados cuya fabricación estaba reservada a la metrópoli. Al retorno, el cuero, índigo, azúcar y, sobre todo, los metales preciosos. Sólo estaban abiertos a los convoyes españoles tres puertos coloniales: Veracruz, Cartagena, Portobelo, que redistribuían las mercancías importadas hasta La Plata, a pesar de su magnífico estuario.

LA SITUACIÓN DE LOS INDIOS
Desde el punto de vista demográfico, la llegada de los europeos fue una catástrofe. Después de las matanzas de la conquista, el exterminio de las tribus irreductibles a toda asimilación, como las de los chichimecas en México o los araucanos de Chile, las muertes debidas al trabajo forzado en las minas y las enfermedades microbianas, ocasionaron terribles epidemias. En las Islas de las Antillas, desaparecieron los indios casi en su totalidad.

Con la supresión progresiva de la encomienda, el trabajo forzado temporal evolucionó poco a poco hacia el trabajo libre asalariado. Los indios llegaron a no tener más obligación que la de ir a alquilar sus brazos a los empleadores que eligieran ellos mismos, con los que podían discutir su salario sin que éste descendiera nunca de un mínimo marcado por la ley. Entonces se abrió en algunos puntos de las Indias de Castilla una era de prosperidad para los supervivientes, bastante reducidos después de las grandes epidemias.

La ley de la oferta y la demanda estaba a su favor. En el siglo XVIII llegó a ser habitual el espectáculo de los indios reuniéndose con sus empleadores en la plaza pública. Al mismo tiempo, habían sido tomadas medidas para proteger a los indígenas contra trabajos demasiado duros: el de los molinos de azúcar y talleres de tejidos. En fin, en 1632, fue totalmente suprimido el trabajo obligatorio en toda la América Latina.

Esta decisión demostrativa de una real inquietud humanitaria fue fácilmente soslayada: los propietarios necesitados de mano de obra intentaron atraer a sus dominios a los trabajadores libres, sacándolos de las comunidades de vecinos; para reternerlos, les adelantaban dinero, que los indígenas gastaban muy rápidamente; entonces se les obligó a trabajar para reintegrarlo. Este fue el trabajo por deudas.

Los poderes reales españoles se preocuparon de esta nueva situación y prohibieron todo adelanto de dinero a los indios, bajo pena de perder las sumas prestadas. Pero la aplicación de esta ley era muy difícil; esta nueva forma de servidumbre por deudas que se manifiesta en América Latina a mediados del siglo xvn, es ya el «peonaje», que tomará su forma definitiva en el siglo siguiente, y del cual intentaron las masas liberarse, de una u otra forma, en más de un país de la América Central y del Sur.

Las leyes liberales, promulgadas por Madrid para la salvaguardia de los indios, iban a llevarlos involuntariamente a la peor de las condiciones: la de parias, la de indeseables, la de parados. Pero entretanto surgió la gran desgracia de los indios. Esta fue la trata de negros que estudiaremos de manera más detallada en la historia del Brasil. Los principales países que suministraron esta mano de obra fueron desde el principio los de África Occidental y Central y, a partir de 1630, de Mozambique.

Se puede cifrar, aproximadamente, en más de un millón el número de esclavos negros importados en la América Latina antes del siglo xvm, de los cuales 500.000 corresponden al Brasil. Los esclavos negros fueron empleados en trabajos agrícolas, principalmente en las regiones de clima tropical-ecuatorial: costas del Brasil, Venezuela y países de América Central, así como en las Antillas. Santo Do mingo llegó a ser una verdadera tierra africana en el continente americano.

EL PAPEL DE LA IGLESIA LAS REDUCCIONES
La obra de evangelización acompañó a la colonización; en 1528 había ya 28 obispados y, a mediados del siglo, tenían arzobispados México y Lima. La obra misionera fue acometida, sobre todo, por las órdenes franciscana, dominicana, agustina y, más tarde, por los jesuítas.

Los frailes realizaron un trabajo lingüístico y etnológico extremadamente precioso. El franciscano Ber-nardino Ribera de Sahagún es el padre de la etnología india en Nueva España, de la que ha sido el gran explorador. En todas partes fueron edificados numerosos conventos rodeados de murallas fortificadas. Buscando aislar a los indios de los europeos, los monjes les enseñaron a cultivar los nuevos productos de Europa, a leer, escribir y a vestirse. Como los conventos limitaban el reclutamiento del trabajo forzado, se vio a los propietarios luchar contra sus actividades.

Esclavos brasil

Esclavos africanos en el traslado por barcos

Ellos preferían indios paganos para hacerlos trabajar el domingo. Hubo después rivalidades entre conventos, a veces verdaderas batallas donde los indios servían de soldados. Las tribus hostiles atacaban los monasterios, los saqueaban, mataban a los frailes. Otros monjes se adentraban en los bosques y en las montañas para terminar la evangelización. En el siglo XVIII, los jesuítas desempeñaron un papel capital en la región del Plata.

Controlaban inmensos distritos donde ejercían la autoridad espiritual y temporal, defendiendo a los indios de sus «reducciones» contra los cazadores de esclavos. A finales del siglo xvn, Paraguay había llegado a ser un estado jesuíta, una verdadera teocracia. Los tupis-guaraníes estaban agrupados en ciudades fortificadas, donde los cultivos eran de propiedad común. Bien alimentados y disciplinados, escaparon a la destrucción, pero su asimilación fue muy superficial.

La Iglesia tuvo entonces una influencia decisiva en el desarrollo del arte y la civilización. En la «Plaza», corazón de cada ciudad, se levantaban, frente a frente, la catedral y el palacio de la administración colonial. El arte de la América española combina las formas del Renacimiento con reminiscencias góticas, románicas y «mudejares», y el barroco empujó a un grado extremo de audacia y complicación los modelos españoles.

Inmediatamente después de la conquista, se construyeron los conventos de las órdenes religiosas: iglesias monumentales, capillas de tránsito para las procesiones, jardines, acueductos. La iglesia dominaba siempre por su tamaño al convento. Cada Orden religiosa impuso un estilo, pero la tradición india no llegó  a manifestarse  apenas.

LA IMPORTACIÓN DE ESCLAVOS NEGROS
Como en la América española, las leyes de protección de los indios, siempre mal aplicadas debido a la oposición de los colonos, condujeron rápidamente al desarrollo de la trata de negros. La extensión del cultivo de la caña de azúcar provocó en la primera mitad del siglo XVI una necesidad urgente de esclavos, tanto más cuanto que los holandeses se habían hecho dueños de Angola, principal proveedor, relevado muy pronto por la Guinea.

Los portugueses habían practicado la trata en las costas de África, desde el final del siglo XV. Un contratador la arrendaba al gobierno a cambio del monopolio en una región, determinada. Los tratantes debían dar por otra parte, dos negros al rey cada año y entregar dinero para las «obras pías» y las Ordenes religiosas.

Ellos se procuraban los esclavos o se los adquirían a los jefes indígenas, a los que las guerras tribales suministraban numerosos prisioneros. En los períodos de hambre, los negros se vendían ellos mismos. En fin, los aventureros, los «pourbeiros», negros y mulatos, efectuaban cacerías en el interior.

Los esclavos eran concentrados en la costa, bien alimentados, después de marchas agobiantes en la maleza, engrasados de aceite de palma para darles aire de llenos de salud y vigor. Es cierto que algunos eclesiásticos protestaron y, en 1639, el papa Urbano VIII prohibió la esclavitud de negros como la de indios, pero la bula no fue aplicada.

Los traficantes eran pagados en pólvora y en armas, en tejidos, tabaco y quincallería. A veces, son víctima de la astucia de los jefes indígenas que les atraen, anunciándoles un lote importante de esclavos, para robarles sus artículos de intercambio.

Dejando África, y pasando por Lisboa, o entrando en el Brasil, los mercaderes debían pagar tasas por cada cabeza transportada. Estaba prohibido embarcar un negro no bautizado. Por lo tanto, un convoy era bautizado sumariamente, «en bloque»; los barcos negreros eran denominados «tumbeiros», enterradores. Un franciscano italiano que hizo la travesía en uno de estos barcos escribió: «Los hombres estaban apilados al fondo de la cala, encadenados para que no se sublevasen y matasen a todos los blancos de a bordo.

Se reservaba a las mujeres un segundo entrepuente. Las mujeres encintas eran reunidas en la cabina de popa. A los niños se les amontonaba en el primer entrepuente como sardinas en barril. Si querían dormir caían unos sobre otros. Para satisfacer sus necesidades había sentinas, pero como temían perder su sitio se aliviaban donde se encontraban, sobre todo los hombres «cruelmente amontonados», de tal manera que el hedor y el calor llegaban a ser intolerables.» La travesía del Atlántico duraba de 35 a 50 días. La mortandad era muy elevada; debido a la asfixia y las epidemias, el índice de mortalidad venía a ser sobre el 50%.

Para «luchar» contra las epidemias sé mataba, muchas veces, a los enfermos. A la llegada, los supervivientes eran de nuevo bien cuidados para obtener un precio satisfactorio en las subastas. Vendido en Angola en 22.000 reales, un esclavo podía ser comprado en 80.000 reales en el Brasil. Los precios varían, naturalmente, según la talla, edad, fuerza, sexo, etc.

En 1570, no había más que 2 ó 3.000 negros en el Brasil, en 1600 se les puede estimar en 50.000 y, hacia 1650, en 100.000. Remunerador a despecho de los riesgos y de las pérdidas, el tráfico suscitaba el contrabando de los ingleses, franceses, italianos, holandeses. Navios ingleses atacaban a los negreros para apode-
rarse de sus cargamentos, como lo harán posteriormente los holandeses en el curso de su ensayo de conquista del Brasil.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

El Renacimiento en Italia Artistas del Renacimento Italiano

El Renacimiento en Italia – Artistas del Renacimento Italiano

El Renacimiento italiano: Los especialistas están de acuerdo en reconocer que el Renacimiento es básicamente una revolución intelectual que comenzó en Italia durante el siglo XIV, y que se caracterizó por la formulación de una nueva pedagogía —las humanidades— capaz de preparar a los jóvenes para una existencia activa al servicio de la comunidad. El medio para lograrlo era el latín, purificado de los barbarismos medievales a través del estudio de los escritores clásicos.

El estudio de los antiguos manuscritos se convirtió en algo esencial. Con el nombre de «humanidades» se designaba la gramática, la retórica y el estilo, la literatura, la filosofía y la historia. Y los que impartían tales conocimientos —los humanistas— no eran simples educadores, sino que escribían para plantear problemas morales que fueron de dominio público.

Italia era en este momento un país dividido: los Estados papales situados en el centro del país lo fragmentaban en dos partes. Otras ricas ciudades disputaban con Roma su supremacía en los asuntos italianos: Venecia, Milán, Florencia y Nápoles. Aunque Milán en el norte y Nápoles en el sur parecían gozar de las mejores condiciones para ejercer un dominio efectivo, Florencia llegaría a ser el corazón del movimiento del Renacimiento, constituyendo una ciudad de belleza sin parangón y gran riqueza.

No era ésta una época pacífica aunque tampoco había grandes conflictos. Sin embargo, los condottieri, soldados profesionales, luchaban entre sí por los estados rivales. También el papado en aquel tiempo, bajo los papas Borgia, intentaba ensanchar su territorio con guerras. Junto con el peligro y la crueldad había un gran amor a la belleza y una sensibilidad extrema.

El Renacimiento romano: Era natural que Italia fuera la iniciadora del Renacimiento, ya que los restos de la grandeza de Roma podían verse por todas partes. Pero el renovado interés por Grecia era debido al nuevo espíritu de búsqueda libre. La presión de los turcos en la Europa oriental debía llevar a la destrucción final de Constantinopla, último bastión del imperio romano del este. Los maestros griegos vieron que tenían un futuro brillante en Italia.

De repente la perspectiva de la vida se hizo abierta y expansiva. El mismo hombre ganó en importancia, no como la pobre criatura pecadora de la Edad Media, sino como un ser con posibilidad de poder y dignidad. Los hombres del Renacimiento, llenos de confianza en sí mismos, se sentían atraídos por la gloria personal y esperaban recibir un premio por su labor en este mundo. Este espíritu, fuerte y agresivo, era muy diferente al de las innumerables generaciones de artesanos anónimos que habían levantado las catedrales góticas.

Los príncipes mercaderes de esta época crearon una figura nueva: el patrón. El noble ya no desdeñaba el arte y la ciencia, y se mostraba por el contrario deseoso de ayudar con una parte de sus riquezas a que un genio llevara adelante su trabajo y demostrara su talento. La Iglesia continuó siendo el patrocinador más importante y, a pesar del aspecto mundano de los hombres del Renacimiento, la mayoría de las obras de arte tienen por tema el religioso. La curiosidad universal por todo produjo un tipo nuevo de genio: el hombre que podía hacerlo casi todo. Buenos ejemplos de reunión de capacidades diversas en una sola figura son las de Alberti, Leonardo y Miguel Ángel.

Alberti era un gran atleta y jinete; escribió extensamente sobre arquitectura y construyó iglesias; se distinguió también como escritor, músico y pintor, dedicándose a la ingeniería y a la ciencia. Leonardo constituyó una especie de Aristóteles de su tiempo: uno de los grandes artistas del mundo, fue pintor, escultor y arquitecto. Su interés por todo quedó registrado en sus cuadernos, que aún perduran; están escritos de una forma curiosa, de derecha a izquierda, en taquigrafía y sin ninguna puntuación. En estas notas secretas queda patente su interés por la anatomía, el movimiento de los planetas, los fósiles en las rocas, la mecánica, la perspectiva y los principios de vuelo. Era un ingeniero famoso, tanto en asuntos militares como civiles, tales como canales y sistemas de riego.

Esta breve lista da una idea de las grandes posibilidades de esta figura del Renacimiento. Trabajó bajo el patrocinio de Lorenzo el-Magnífico de Florencia, así como de Ludovico Sforza de Milán.

Miguel Ángel realizó casi todo su trabajo en Florencia y Roma. Pintó la Capilla Sixtina y proyectó la cúpula de la nueva basílica de San Pedro. Sus esculturas reflejan magníficamente el poder y el esplendor humanos. Durante los últimos años de su larga vida escribió madrigales y sonetos de gran sensibilidad.

Se puede considerar que el Renacimiento italiano se manifiesta como tal en el momento en que surgen figuras de la talla del pintor Giotto y los escritores Dante, Petrarca y Boccaccio (siglos XIII y XIV). Aunque Giotto pintó cuadros religiosos, los personajes de sus obras eran netamente humanos y con ello se inició el camino hacia un arte más naturalista. Dante escribió el poema religioso más importante de la era cristiana, La Divina Comedia, y participó en la creación de un lenguaje italiano melodioso.

Ricas y Poderosas Familias Italianas del Renacimiento Los Papas

RICAS Y PODEROSAS FAMILIAS ITALIANAS DEL RENACIMIENTO

A partir del siglo XV, la estructura de la sociedad feudal (los que oran los que trabajan y los que guerrean) se va transformando gradualmente. Entre los dos estamentos medievales mas importantes comenzó a surgir un tipo de individuos que, por vivir en los burgos (ciudades), fueron llamados burgueses. La producción artesanal y el comercio les proporcionó un cierto enriquecimiento, que a partir del siglo XII tendrá dos consecuencias bien visibles. La primera es el surgimiento de «ciudades-estado» o «comunas» que llegan a ser dominadas por comerciantes, como ocurrió en la Antigüedad.

Son las ciudades del Norte de Alemania y de los Países Bajos (las ciudades de la Hansa, Amberes, Brujas,, etc.) y, después, las del Norte y Centro de la actual Italia: Florencia, Siena, Milán, etcétera. La segunda es el préstamo de parte de la riqueza acumulada por muchos de ellos a los soberanos de algunos viejos reinos feudales, como el de Francia. Estos monarcas habrán de utilizar las fortunas burguesas para fortalecer la corona y el Estado.

Negocios con el Dinero: la Banca. Las rápidas y crecientes operaciones comerciales llevaron a las ciudades italianas del Norte (Florencia especialmente) a saldar sus operaciones mediante letras de cambio, y la aparición de banqueros que recibían depósitos y efectuaban préstamos sobre prendas e hipotecas, o aseguraban navíos, se hizo expediente común en las operaciones comerciales. La banca florentina extendió sus operaciones a todo el Occidente cristiano, y la Santa Sede no permaneció ajena en modo alguno a esta política bancada, que tendría una influencia recíproca sobre la actividad industrial.

Si se considera el robustecimiento de los Estados nacionales, el papel reservado al capital resulta más revelador. Los Estados, cada vez más necesitados de numerario para hacer frente a sus empresas militares o financieras, recurrieron a la banca internacional: banqueros italianos, en Inglaterra, Países Bajos o Francia; judíos portugueses convertidos, en Alemania; los Fugger para los Habsburgos, etcétera.

La mayor contribución de las postrimerías medievales al nacimiento del capitalismo moderno estuvo constituida, sin duda, por el desarrollo en la organización de las transacciones de moneda extranjera y por los progresos de la técnica bancaria, evidenciados por las casas de Genova y Florencia, que extendieron sus agencias por todos los confines. Por otra parte, no existía una moneda definida, sino monedas metálicas con su dominio de acción fijado. El oro correspondía al nivel superior; el cobre, a la vida cotidiana de los humildes, y la plata era de amplia circulación en la vida normal. Se trataba de un trimetalismo sin relaciones fijas de los valores respectivos, verdadera herramienta y «motor» del capitalismo de tipo comercial.

En el siglo siguiente se crearon los grandes bancos públicos, que permitieron la utilización generalizada del papel moneda, dotando así a la economía de intercambio de un instrumento flexible v adecuado.

PRÍNCIPES, MERCADERES, BANQUEROS Y PARLAMENTOS
En los despachos de los mercaderes se acumulan monedas de oro y de plata. Dinero que en toda Europa es aceptado a cambio de bienes y servicios. Al comienzo, los comerciantes italianos de la Baja Edad Media son tímidos y respetan a los señores feudales. Pagan derechos de peaje para cruzar sus feudos e impuestos para comerciar en sus tierras. Mas, a medida que hacen fortuna, contratan guardaespaldas para que los acompañen en sus viajes, dando con ello origen a pequeñas milicias particulares.

Van percibiendo su fuerza, dejan de pagar derechos a los señores más débiles, los expulsan de la ciudad, eligen para gobernarla a gente de su confianza y crean concejos ciudadanos. Los burgos bien fortificados, defendidos por milicias permanentes y bien pagas (al contrario de las feudales),con dinero para comprar informaciones y conciencias, se convierten en verdaderas potencias que escapan del control de los nobles y con las cuales el rey, a veces, se alía.

Ese capitalismo inicial, que se puede llamar protocapitalismo (otros lo denominan «capitalismo aventurero») nacido del comercio, las industrias incipientes, los préstamos de dinero y la navegación ultramarina, es el principal responsable del gran florecimiento del arte y la cultura conocido como Renacimiento italiano.

En las ciudades, los ricos banqueros que constituyen la cúspide de este grupo circulan entre el pueblo, rodeados por sus guardias personales, y con frecuencia sus espadachines se trenzan en luchas sangrientas por el dominio del pequeño «Estado». Cuando alguno de ellos, o sus familias, llegan a controlar una «Ciudad-Estado», se transforman en señores, duques y príncipes que imitan a la nobleza hereditaria, pero su origen es otro, como es otra la fuente de su
poderío: el dinero y no las batallas.

Estamos en la época de las señorías, «principados» independientes donde adquieren fama duques como Lorenzo, el Magnífico, de la familia Medicis, primero comerciantes, después industriales, más tarde banqueros, incluso de la Santa Sede; Ludovico, el Moro, de la familia Sforza; y condottieri (jefes guerreros mercenarios) como Gattamelata, Giovanni dalle Bande Nere, Ferruccio Castracani. Hombres que se hacen por el dinero, por la intriga y por la fuerza; semejantes a cometas resplandecientes surgidos de la nada que cruzan rápidos el firmamento político y cultural y caen asesinados, envenenados o depuestos por aventureros igualmente audaces. Con ellos, concluye la inmovilidad medieval y ansias de cambio transforman la sociedad.

El dinero no debe ser atesorado. Debe ser invertido para producir más dinero y más poder. Hasta entonces, esos banqueros comerciaban y se inmiscuían solamente en la política «casera». Pero ocurrió que sus fortunas crecieron tanto que comenzaron a ser empleadas en la política exterior.

PODER CENTRALIZADO, ORIGEN DE LOS ESTADOS NACIONALES
Francia es un buen ejemplo de un reino feudal que se transforma gradualmente en monarquía centralizada.
Filiales de bancos italianos en París financiaron al Rey Felipe el Hermoso. Con esas sumas, Su Majestad pudo sostener grandes ejércitos semipermanentes, tornarse menos dependiente de los grandes nobles y destruir el poder de sus rivales. La Orden de los Templarios, instituto religioso-militar con casas en muchos de los países católicos de entonces, y de gran riqueza, había sido aniquilada. Sus bienes fueron absorbidos en parte por el Tesoro real, y en parte por las cajas fuertes de los banqueros lombardos.

Después Felipe se volvió contra sus pares y les impuso la voluntad de la corona. Pero no empleaba sólo dinero de afuera; el comercio se estaba expandiendo en la propia Francia. El rey había impulsado su desarrollo, protegiendo a los burgueses franceses y extranjeros que negociaban en sus dominios.

Al beneficiarlos, dispone de una fuente permanente de recursos para acrecentar su poder: los burgueses son gente que le presta dinero, que paga impuestos y lucha por él. Dos de sus principales ministros son burgueses ennoblecidos. Y más aún: fortalece una institución reciente, el parlamento (en Francia, tribunal judicial) de los burgueses, favorece el ascenso de legistas y otros burgueses y robustece la representación de las ciudades —el «Estado llano»— en los Estados Generales. Así, además de los dos «Estados» existentes —de los nobles y de los eclesiásticos, que se reúnen en asambleas propias— se fortalece el «Tercer Estado», que tendrá enorme importancia en la historia de Francia y del mundo.

Mas, para beneficiar a los burgueses, el rey tiene que perjudicar a los nobles. Los burgueses voluntariamente pagan impuestos, a cambio de que él los proteja del arbitrio local de los señores feudales. Por eso el rey anula las leyes basadas en costumbres locales y crea una legislación única que sirva para todo el país. Todo cuanto perjudica al comercio, fuente de rentas para la corona —peaje sobre .ciertos territorios, asaltos que los nobles cometen contra los comerciantes—, debe ser juzgado por tribunales de la corona y no por tribunales locales, donde los propios nobles son jueces.

Al ejército semipermanente del rey se añade una hacienda centralizada y una máquina judicial uniforme en escala nacional: es el embrión de un Estado en el cual la corona será el arbitro absoluto.

Una reforma tan amplia no podría realizarse sin la lucha de varias generaciones. Los señores feudales se sienten dejados de lado y heridos en sus intereses. Al morir Felipe el Hermoso, la liga de los grandes nobles asume el poder lanzando como lema el «regreso a los usos de San Luis», esto es, la vuelta a las costumbres feudales. Pero poco duró esa «contrarrevolución».

Los nuevos soberanos no podían gobernar a Francia sin tener en cuenta la enorme riqueza que el comercio iba creando. Cualquier noble que asuma el papel de rey, incluso con la finalidad de «dar una lección a esos labriegos», precisará luego de su dinero no sólo para hacerse independiente de sus rivales sino también para expandir el poderío del Estado. Francia será el primer poder centralizado que la Iglesia enfrentará en Europa. A ella seguirán Bohemia, España, Inglaterra y Holanda. En lugar de integrar un gran «imperio» paneuropeo, realización abortada de Carlos V, preparada por su abuelo’ Maximiliano, se convierten en Estados nacionales con intereses particulares.

Los emperadores de viejo estilo, tan característicos del Sacro Imperio, no habían encontrado una sólida base en que apoyarse; los nuevos soberanos nacionales disponen de una clase social interesada en ayudarlos. Y, cuando la Iglesia, como los grandes nobles, resiste al poder real, se expropian los bienes de la Santa Sede y se interviene en la organización de la jerarquía eclesiástica para someterla a la monarquía absoluta. Es el fin de los sueños de soberanía mundial, no sólo de los emperadores, sino también de los papas, y el principio del Estado nacional moderno.

El proceso que se inicia con la muerte de los Templarios y que obligó a los papas a vivir casi un siglo en Aviñón, bajo la tutela del rey de Francia, se concretará en los grandes cismas, que terminarán por dar origen a las Iglesias nacionales del tipo de la anglicana (de Enrique VIII), a los movimientos de protesta social y autonomía religiosa, como la rebelión hussita o la anabaptista, al luteranismo y al calvinismo de Francia, Suiza, Holanda, Escocia, etc.

ALGO MAS…
LOS BANQUEROS MÁS GRANDES DEL MUNDO

En el lenguaje bancario es muy común utilizar vocablos italianos como: banco, débito, caja, cuenta, cuenta corriente, descuento neto, etcétera. Estos términos fueron creados y difundidos por los grandes financieros italianos que en los siglos XIII, XIV y XV ejercieron actividades bancarias con una riqueza de medios y una técnica tan avanzada, que hasta ese momento no se habían visto.

El centro de la finanza era la ciudad de Florencia. En el siglo XIV había en esta ciudad no menos de cien compañías financieras, con decenas de filiales y centenares de agentes esparcidos por toda Europa occidental. Los Bardi, los Peruzzi, los Strozzi, los Pitti, los Médicis, los Alberti, los Acciaiuoli, eran banqueros florentinos. Pero también debemos Recordar a los Bonsignori y los Frescobaldi, de Siena; los Pisani y ios Tiépolo, de Venecia.

Como se ve por los nombres, se trataba, en su mayoría, de sociedades familiares, es decir, poseídas y dirigidas por los miembros de familias enriquecidas con el comercio. ¿Qué actividad desarrollaban estas bancas?

mercader aleman del renacimientoEn primer lugar facilitaban los pagos y todos los cambios de dinero, instituyendo cuentas corrientes, realizando operaciones de giro, y permitiendo los pagos a distancia por medio de cheques y letras. De este modo, los mercaderes-viajantes dejaban de viajar llevando consigo grandes cantidades de dinero, y evitaban así el peligro de ser robados. Exhibiendo una simple hoja de papel, retiraban en la filial de la banca el dinero necesario, que era luego descontado de sus depósitos existentes en la casa matriz.

Mercader alemán que operó en Milán en el siglo XVI.

En la práctica, casi todas las operaciones financieras desarrolladas por un banco moderno eran realizadas también por estas bancas de hace cinco siglos, que no disponían de calculadoras electrónicas, pero que, no obstante, conocían perfectamente el sistema de «partida doble», y otros métodos avanzados de teneduría de libros contables.

Además de esto, esas bancas acaparaban por intermedio de sus agentes, en la mayoría de los mercados internacionales de Europa, todos los negocios en los cuales hubiera posibilidades de grandes ganancias, como ser: importaciones en Italia de lanas y tejidos, exportación de trigo de Apulia y Sicilia y de productos orientales, seguros, cambio de valores, armamento y flete de barcos. Pero el aspecto más espectacular de las actividades de estas bancas fueron los préstamos.

Que una banca prestara sumas de dinero a la administración del Estado era una cosa normal, y constituía para el rico banquero una forma de prepararse el camino al señorío sobre la ciudad. Pero pronto recurrieron a las bancas, para obtener financiaciones, los príncipes de otros Estados, y hasta los reyes de Francia e Inglaterra, que se hallaban en permanente necesidad de dinero para mantener sus ejércitos. Y así, los ciudadanos de Florencia comenzaron a prestar dinero a los reyes.

En 1435 prestaron a Eduardo III de Inglaterra un millón trescientos setenta y cinco mil florines… que el rey nunca pudo devolver. Sin embargo, cuando Eduardo IV pidió un nuevo empréstito a Cosme de Médicis, éste se lo concedió, y le fue devuelto el dinero junto con apoyo político.

Fuente Consultada:
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I «El Ateneo»
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

La Capilla Sixtina: Miguel Angel Pinto el Techo o Bóveda

La Capilla Sixtina: Miguel Ángel Pinta La Bóveda

Sentado en lo más alto del andamiaje de madera, con la cabeza y los hombros echados hacia atrás, doliéndole el cuello, chorreándole la pintura por la cara, escociéndole los ojos, Miguel Ángel trabajaba día tras día del alba hasta el anochecer en sus monumentales frescos de la Capilla Sixtina, en el techo del Vaticano, en Roma.

La Capilla Sixtina es uno de los más famosos tesoros artísticos de la Ciudad del Vaticano, construida entre el 1471 y el 1484, en la época del papa Sixto IV, de donde procede el nombre por el que es conocida, aunque inicialmente se llamó Capilla Palatina. Su arquitecto fue Giovanni d’Dolci siguiendo los modelos de las antiguas plantas basilicales romanas las cuales por su parte se inspiraban estructural y arquitectónicamente en antiguos edificios griegos como el Concejo del Ágora ateniense.

A veces trabajaba hasta 30 días sin parar. Se sentía enfermo de dolor, sufría vértigos y temía estar perdiendo la vista. En 1510, a la mitad de su maratónica tarea, escribió un poema en el que declaró, traducido libremente: “Estoy donde no debo: ¡no soy pintor!”

En efecto, Miguel Ángel Buonarroti se consideraba primero y más que nada escultor de mármol, y tenía muy mal concepto de sus habilidades pictóricas. Nacido en 1475, tenía 33 años cuando el papa Julio II lo mandó llamar a Roma y le encargó que repintara el techo de la Capilla Sixtina. La capilla ceremonial había recibido el nombre del tío de julio, el papa Sixto IV, para quien se construyó entre 1473 y 1481. Las paredes estaban llenas de pinturas magníficas de maestros como Botticelli y Perugino.

Miguel Ángel Buonarroti

Genio solitario Busto en bronce de Miguel Ángel —hecho en 1565 por su amigo Daniele da Volterra—,
que refleja la soledad de un hombre dedicado por entero al trabajo.

Al principio, el papa Julio había querido que Miguel Ángel —que aceptó el encargo con reticencia— decorara el techo abovedado con retratos de los 12 apóstoles. Pero el artista pensó que eran “temas pobres” y decidió cubrir la superficie con su visión de la Creación.

Para alcanzar el altísimo techo, diseñó un andamiaje móvil de madera en el que podía pintar de píe o hasta caminar si quería. Aun así, en cuatro años y medio llegó a sentir que lo limitaba.

Empezó a trabajar en el verano de 1508, con la ayuda de seis asistentes que le mezclaban la pintura, le amasaban el yeso y a veces lo auxiliaban pintando. Su plan maestro era llenar la bóveda de frescos, desde las ventanas hasta el techo: acuarelas pintadas en yeso húmedo recién aplicado. Esto tenía que hacerse muy rápidamente, antes de que se secara el yeso.

Un error significaba tener que desprender el yeso y comenzar de nuevo. Sólo una vez tuvo que hacer esto el genial Miguel Ángel.

Primero hacía sus bocetos en papel y perforaba las líneas con un clavo. Luego sostenía el papel contra el techo y soplaba carboncillo pulverizado por las perforaciones para marcar el boceto en el yeso húmedo. Luego pintaba siguiendo las marcas, improvisando y detallando a veces conforme adquiría confianza.

Sus nueve escenas se sucedían en línea recta directamente arriba. Iban de la “Separación de la luz de la oscuridad” (la Creación), sobre el altar, a la “Embriaguez de Noé” (que muestra al hombre en su mayor alejamiento de Dios), sobre la entrada. Rodeando los grandes frescos e intercalados con ellos había una animada disposición de profetas, sibilas, antepasados de Cristo, desnudos masculinos que reproducían la belleza humana perfecta, y escenas que representaban la salvación de la humanidad.

En total creó unas 300 figuras del Antiguo y Nuevo Testamentos, cada una con sus propias características, expresión facial y pose: más de 1 022 m2 de superficie pintada.

A medida que la obra adelantaba, fue despidiendo a la mayoría de sus asistentes, alegando que les faltaba inspiración. Hombre fuerte, de mediana estatura y anchos hombros, soportó resueltamente los rigores del invierno romano, con el helado viento del norte y la lluvia que se colaba por el techo y creaba moho en partes de la pintura.

Comía sin dejar de trabajar (principalmente pedazos de pan) y de noche dormía irregularmente, vestido y calzado, en su estudio cercano. Sufría tanto mental como físicamente, y en enero de 1509 declaró, en carta que dirigió a su padre: “Nada le pido al Papa pues no me parece que mi trabajo marche de manera que lo amerite. Esto se debe a la dificultad del trabajo y también a que no es mi profesión. En consecuencia, pierdo el tiempo infructuosamente. Que Dios me ayude.”

El Papa compartía la desconfianza de Miguel Ángel y periódicamente visitaba la capilla, y subía por la escalera hasta lo alto del andamiaje para inspeccionar las pinturas. Esto dio lugar a agrias discusiones entre ellos. En el verano de 1510, por ejemplo, cuando la obra estaba semiterminada, el papa julio quiso saber cuándo estaría acabado el resto del techo. “Cuando me satisfaga como artista”, replicó Miguel Ángel. El Papa frunció el ceño y dijo ásperamente: “¡Y nosotros queremos que seas tú quien nos satisfaga y que la termines pronto!”

En otra ocasión, el Papa, de 66 años, amenazó con hacer arrojar físicamente al pintor andamio abajo si no trabajaba más deprisa. “¿Cuándo estará terminada?”, exigía saber Julio. “Cuando esté terminada”, replicaba Miguel Ángel ásperamente. El Papa enrojecía de ira y lo remedaba: “¡Cuando esté terminada! ¡Cuando esté terminada!” Levantaba entonces encolerizado su bastón y golpeaba a Miguel Ángel en un hombro.

La pareja hizo las paces más tarde y Miguel Angel reanudó él trabajo, pero en otoño —no por primera vez— se quedó sin dinero. No fue sino hasta febrero de 1511 cuando hubo dinero suficiente para continuar con la obra.

Para entonces, la gente que trabajaba en el Vaticano ya se había acostumbrado a la extraña apariencia de Miguel Angel en su ir y venir por la capilla a grandes pasos. Llevaba cabello y barba manchados de colores; su ropa eran harapos con pegotes de yeso, e iba cabizbajo, pues la luz exterior le hería la vista.

En las calles de las afueras muchos lo creían loco y se mofaban de él a su paso. Trabajando solo y sin distracción, terminó por fin su vasta obra en otoño de 1512, casi cuatro años y medio después de firmar el contrato con el Papa. Se retiraron el andamiaje y los lienzos de cubierta, y Julio y su corte vieron el techo terminado la víspera de Todos los Santos (el 31 de octubre). Al día siguiente se reabrió la capilla con la ceremonia de consagración por el Papa. Miguel Ángel no asistió al acto. Ansiaba volver a su escultura, y escribió a su padre: “Terminé la capilla que estaba pintando… El Papa está muy satisfecho.”

Las obras de Dios y del hombre En una serie de nueve paneles del techo de la Capilla Sixtina del Vaticano, se aprecia la concepción de Miguel Ángel de la creación del universo. Los andamios (izq. abajo) dan idea de las dimensiones de la capilla, cuyo techo se alza a 21 m. con 40 m de largo y 13m de ancho.

Juicio Final Capilla Sixtina de Miguel Angel

El Juicio Final. En 1535, unos 25 años luego de que Miguel Ángel Buonarroti pintara la bóveda de la Capilla Sixtina, el Papa Pablo III le encargó el más grande mural jamás pintado sobre el Juicio Final, para decorar el ábside de la capilla. Fue terminado en 1541 por Miguel Ángel y entre 1980 y 1999 se llevó a cabo su limpieza y restauración.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:

De acuerdo con su nueva idea, la de representar el Génesis y los episodios principales del Antiguo Testamento, comenzó a dibujar el primer panel: el Diluvio, no sin antes haber borrado del techo lo que había pintado con la ayuda de sus compañeros. No quería huellas de manos extrañas.

En el mes de marzo el dibujo estaba terminado, y, por lo tanto, listo para ser pasado a la bóveda. Preparó la parte correspondiente y empezó a pintar. Encaramado en lo alto del andamio, a veinte metros de altura y sufriendo de vértigo, con la cabeza y la espalda echados violentamente hacia atrás, con la vista clavada en el techo y la pintura goteando en el rostro, Miguel Ángel luchaba desesperadamente con todas las dificultades, a las que había que añadir el hecho de que «estoy metido en un asunto que no es de mi incumbencia», como él decía en una carta escrita a su padre. Con ello significaba que la falta de experiencia profesional en cuanto a frescos se refiere, hacía mucho más difícil la empresa, ya de por sí de proporciones gigantescas.

La posición forzada en que se veía obligado a trabajar, fatigaba muchísimo el cuerpo del maestro, sobre todo los brazos y la espalda. Pero él seguía adelante con su obra, solo, encerrado en la capilla, en una de aquellas tradicionales encerronas suyas siempre que ejecutaba una obra de gran envergadura, sin apenas ir a su casa, viviendo como un auténtico anacoreta, durmiendo sobre los tablones del andamio, comiendo poco y trabajando veinte horas diarias. Así pasaban los días para Miguel Ángel, en aquel encierro voluntario que nadie se atrevía a turbar, ni siquiera Julio II, llegando a comentarse por la ciudad que al artista florentino le temía todo el mundo, incluso el propio Pontífice.

Un día, cuando estaba a punto de terminar el panel del Diluvio, al subir a lo alto del andamio, quedó estupefacto y horrorizado. ¿Qué había sucedido? Pues sencillamente que la pintura se estaba cubriendo de una capa de moho, hasta el punto de que las figuras ya resultaban borrosas. ¡El panel estaba arruinado! Miguel Ángel acudió desesperado al palacio pontificio.

—Previne a Vuestra Santidad en el sentido de que la pintura no es mi fuerte —explicó en cuanto estuvo en presencia de Julio II—. Hace demasiados años que hice mi aprendizaje en la «bottega» de Ghirlandaio, y todo cuanto he pintado se ha echado a perder.

—¿Cómo puede ser eso, Buonarroti?

—Lo ignoro, Santidad, pero si no lo creéis, mandad a alguien que vaya a la capilla y lo compruebe con sus ojos.

El Papa delegó a Giuliano da Sangallo para que fuese a la Sixtina. inspeccionara el techo y diera su informe. Éste no se hizo esperar,—Lo ocurrido no tiene importancia, Santísimo Padre —explicó el arquitecto—. La capa de barro con que Michelangelo preparó el techo estaba aún demasiado fresca debido al grado de humedad de la cal, y es la exudación del agua la que produce el moho. Pero éste desaparecerá en cuanto se seque el revoque, sin que la pintura haya sufrido el menor daño.

—¿Lo veis, hijo mío? —dijo sonriente el Papa, volviéndose hacia el abatido Miguel Ángel—. ¿Estáis ahora más tranquilo?

—Sí, Santidad, pero no cabe duda de que mi inexperiencia es absoluta.

Miguel Ángel volvió a su Diluvio, teniendo en cuenta para los próximos paneles las instrucciones que le dio Sangallo respecto a la preparación del techo, que debía ser distinta a la que se efectuaba en Florencia, debido a la cal y su humedad.

Fuente Consultada:
El Funcionamiento de la Mayoría de las Cosas de Readers Digest
CELEBRIDADES Biblioteca Hispania Ilustrada de Carmiña Verdejo «Miguel Ángel»

Siglo de Oro Italiano Representantes y Caracteristicas

Historia del Siglo de Oro Italiano

EL SIGLO DE ORO ITALIANO:  A pesar de las guerras, Italia, aunque dividida, mantuvo el liderazgo artístico, que Vasari teorizó fundando la historia del arte, con su obra La vida de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores.

Roma reemplazó a Florencia, convulsionada por problemas políticos. Los papas convocaron a Bramante, Rafael, Miguel Ángel y Leonardo da Vinci para construir y decorar el Vaticano. En Mantua, los Gonzaga edificaron el Palacio del Té y en Ferrara, ciudad de Ariosto, los Este también iniciaron construcciones.

En Urbino, refinada corte principesca protectora de las artes, Castiglione escribió el Libro del cortesano. Venecia ocupó en tanto un lugar decisivo en la producción artística de la península.

Tiziano, Tintoretto y Veronese recibieron encargos de las principales cortes principescas. Palladio innovó tanto en la arquitectura civil como en la religiosa, elaborando las normas de un clasicismo que influiría a Europa por largo tiempo. A la armonía sobria y serena del apogeo del Renacimiento, se impuso el manierismo.

Papa Urbino

A pesar de este nombre los siglos XV y XVI carecieron en Italia de figuras comparables al Dante, pero sí ofrecieron mayor variedad de géneros y una clara influencia oriental y clásica. Ludovico Ariosto (1474-1533) tuvo por mecenas el cardenal Hipólito de Este.

Dante Allighieri

Su fama como poeta era tan grande que en cierta ocasión en que cayó prisionero de un grupo de bandidos, al enterarse éstos de que habían capturado al autor de Orlando furioso, no sólo le devolvieron la libertad sino que le colmaron de honores.

En esta obra relata las hazañas de Orlando y el sitio de París, atacado por los infieles. Las hazañas de los cruzados para tomar Jerusalén fueron cantadas en un poema heroico titulado La Jerusalén libertada, debida a la inspiración de Torcuato Tasso. Éste era un hombre nervioso y desquiciado, que murió en un manicomio en 1595.

El nombre de Maquiavelo (1469-1527) y el maquiavelismo se han hecho famosos para expresar el refinamiento de un gobernante que prescinde de todo escrúpulo con tal de lograr sus fines.

Exactamente quizás no era éste el propósito que inspiró a Nicolás Maquiavelo al escribir El Príncipe, un arte de gobernar que ha servido de modelo a muchísimos políticos, para los cuales todos los medios son laudables si están destinados a conseguir un ideal.

ERASMO Y RABELAIS. Erasmo de Rotterdam (1466-1536) fue considerado el hombre más culto de su siglo. De un espíritu agudísimo que lo llevó a utilizar la sátira y la ironía en sus burlas contra los defectos del clero y de la nobleza, fue uno de los causantes indirectos de la Reforma por la protesta constante contra la sociedad de su tiempo.

Rabelais

Rabelais, escritor humanista y médico francés 1494–1553

Erasmo de Rotterdam Filósofo y teólogo flamenco

Sin embargo, fue enemigo de Lutero, a quien criticaba por su intolerancia. Escribió Elogio de la locura o Encomio de la sandez, que es una despiadada sátira contra la sociedad de su tiempo. Su influencia llegó a todos los rincones de Europa.

En Francia el renacimiento literario tuvo en Francisco Rabelais (1483-1553) uno de sus mejores protagonistas.

Era contemporáneo de Erasmo y recibió protección del rey Francisco I, gran enamorado de las artes y las letras, que había creado el Colegio de Francia. Rabelais era hombre muy agudo y culto, pero satírico implacable y persona de diversas ocupaciones, pues fue poeta, médico, monje y jurisconsulto.

Murió siendo párroco de Meudon. Su obra más conocida es la titulada El Gigante Gargantúa y su hijo Pantagruel, ambos grandes comilones y amantes de la buena vida.

En esta novela se burla de los defectos corrientes de su época, sin respetar siquiera los temas religiosos.

Contemporáneos de Rabelais fueron los hombres de «La Pléyade», entre los cuales estaba el poeta Pedro Ronsard (1525-1585), gran entusiasta de los clásicos. Montaigne (1533-1592) alcanzó celebridad al escribir Los Ensayos, una obra de crítica que contiene altos conceptos filosóficos.

En Alemania, el Renacimiento fue más tardío y coincidió con las convulsiones de la Reforma.

Un poeta, Hans Sachs, inmortalizado más tarde por Wagner, fue el autor de Los Maestros cantores, obra que se inspiró en los «minnensingers» medievales. Portugal, que se había lanzado a la gran aventura del descubrimiento del camino de las Indias por las rutas del Sur, tuvo también su gran poeta íntimamente ligado a las aventuras que vivió su país. La vida de Luis de Camoens (1524-1580) fue apasionante.

Perdió el ojo derecho peleando en África, fue a las Indias y naufragó, estuvo preso y, como todos los grandes genios, sufrió calamidades sin cuento hasta su muerte, que le encontró pobre y completamente ignorado.

Cuando su buque se hundió, Camoens, a costa de grandes apuros consiguió salvar su gran poema Os Lusiadas, es decir las hazañas de los portugueses en la conquista de la India. Sus principales protagonistas son Vasco de Gama y su protectora, la diosa Venus.

LA POLIFONÍA. La denominada «Ars Nova» trajo una gran libertad de formas musicales. Representaba dicho estilo una revolución en la música religiosa, pero fue pronto admitido en gracia a su belleza.

El canto a muchas voces y en polifonía, es decir, utilizando distintas líneas melódicas, alcanzó gran esplendor. Solía realizarse sin acompañamiento.

Su principal maestro fue Juan Pierluigi de Palestrina (1526- 1594). Su maestría era tanta que a pesar de estar casado fue nombrado cantor de la Capilla Sixtina del Vaticano por decisión personal del papa Julio III, ya que estaba prohibido que los seglares, y más si estaban casados, actuaran como cantores.

Años después Palestrina fue designado director de la famosa Capilla, y en tiempo del papa Marcelo III escribió una de sus famosas misas a él dedicadas. Aún no contaba treinta años de edad y a pesar de ello su vida fue azarosa debido a la envidia que muchos clérigos tenían de sus éxitos.

Finalmente murió pobre a los 72 años. Sin embargo, el reconocimiento posterior de la Iglesia ha sido notable, pues su cuerpo, por especial concesión, descansa en la basílica de San Pedro de Roma.

Casi contemporáneo de Palestrina vivió en España un gran músico: Tomás Luis de Victoria, autor de un oficio de difuntos dedicado a la emperatriz María, hermana de Felipe II, y numerosos motetes y composiciones de tipo religioso.

No podía faltar en los palacios renacentistas el cultivo de la música que durante la Edad Media había permanecido en las iglesias o bien como manifestación popular. Aparecen ahora los instrumentos de teclado como el clavicordio, el clave y la espinela que fueron precursores del piano.

La viola y el laúd, así como la vihuela en España, fueron también muy apreciados por sus dulces sonoridades.

Hasta el siglo XVII no debía llegar el predominio del violín. De esta época datan las composiciones breves y encomiásticas, denominadas «motete» y «madrigal». También se usó el «canon», o sea una composición que repite una melodía con distintas entradas y tonos.

La Riqueza y el Comercio en el Renacimiento Italiano

La Riqueza y el Comercio en el Renacimiento Italiano

Entre los años 1300 y 1600 la vida en Europa sufrió grandes cambios. Fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento.

Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia. Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa. Pero fue también una era de violencia, pobreza, hambre y enfermedades.

El siglo XIII fue la culminación de un orden temporal casi perfecto, en el que cada uno ocupaba un lugar jerárquico dentro de la sociedad, formando parte de una comunidad organizada de acuerdo con los principios cristianos, en la que nadie quedaba postergado, porque todos tenían conciencia de sus derechos y obligaciones basados en un verdadero intercambio de servicios. (oraban -clero-, luchaban -nobleza- y trabajaban -campesinos-)

En la Edad Media había una clara diferencia entre los Caballeros y la Iglesia por un lado (clero y nobleza) y la gente sin recursos por el otro (campesinos). Durante el Renacimiento, surgió un nuevo grupo social: el de los mercaderes o burgueses. Se hicieron muy ricos y por eso mismo poderosos. Un ciudadano escribió una vez: “Un florentino que no sea comerciante y que no haya viajado por el mundo, visitando otros países y pueblos para luego regresar a Florencia con cierta fortuna, es un hombre que no goza de estima alguna”

Mientras tanto, los caballeros y las antiguas familias aristocráticas perdían su importancia y hasta se empobrecían. Entonces se convertían en parásitos de las grandes cortes reales, en un intento desesperad para mantener su posición social.

Algunos se conformaban con poder ganarse la vida, cuidando sus propiedades o actuando como embajadores, políticos o funcionarios públicos a sueldo. Para un miembro de una familia aristocrática el convertirse en abogado o médico era apenas aceptable.

Los hijos más jóvenes podían comprar una carrera de obispo o sacerdote.

Algunos comerciantes se hacían ricos vendiendo sedas y especias del Oriente. Al principio, los mercaderes viajaban en caravanas por tierra hacia los países orientales, pero cuando los turcos se apoderaron de Constantinopla, la ruta terrestre quedó interrumpida.

Los comerciantes tuvieron que buscar otros caminos y descubrieron así la ruta marítima alrededor del cabo de Buena Esperanza. También podían llegar a Egipto por barco, luego por tierra al mar Rojo y de allí por mar a la India.

El viaje a la India podía durar muchos meses, y para llegar al Lejano Oriente se tardaba más de un año. Los barcos eran lentos pero podían transportar hasta 100 toneladas de carga. Muchas veces regresaban de estas travesías habiendo multiplicado por 20 el valor de la carga con la que habían zarpado. Sin embargo, los viajes eran peligrosos y se perdían muchas naves, tanto por los naufragios como por las luchas con embarcaciones rivales.

En Europa, había quienes hacían dinero con el comercio de lanas y telas. La lana era llevada de Inglaterra a Flandes, donde se la convertía en tela y se vendía en las ferias a los comerciantes italianos. Los transportes por caminos difíciles eran muy costosos y eso aumentaba mucho el precio de los productos.

Además de importar mercaderías exóticas, los comerciantes se ganaban la vida buscando mercados para los objetos fabricados en sus propios países. Se reunían en grandes ferias mercantiles como las de Brujas y Lyon. Allí intercambiaban noticias y compraban y vendían sus artículos. Siempre había una atmósfera de gran festividad.

Los negocios y los impuestos pagados por los mercaderes llevaron el progreso a las ciudades ubicadas a lo largo de las grandes rutas comerciales. Venecia, Florencia, Génova, Milán, Lisboa, Brujas, Amberes y Lyon son sólo algunas de las beneficiadas.

En las ciudades comerciales siempre había agentes de cambio y prestamistas. La Iglesia los desaprobaba pero, no obstante, las operaciones financieras se convirtieron en un negocio legal. Muchas de las familias más ricas eran comerciantes y a la vez banqueros. En Florencia fueron los Medici, en Augsburgo los Fugger.

Jakob Fugger (imagen), llamado “el Rico”, tenía una organización internacional de banco y comercio. La casa central estaba en un edificio magnífico conocido como el Despacho Dorado. Sus agentes enviaban regularmente informes a Augsburgo con detalles actualizados sobre el país en el que se encontraban. Las cartas de Fugger a menudo proporcionaban a los comerciantes una información mejor que la que podía obtener cualquier príncipe de sus embajadores o espías. Los Fugger llegaron a prestarle dinero aún al Emperador Carlos V. A cambio, se les otorgaron muchos privilegios comerciales, que los ayudaron a aumentar sus riquezas.

El comerciante medio era un hombre respetable, con un gran sentido de la unidad familiar. Su hogar estaba amueblado en forma bastante simple. Muchas veces el objeto más valioso era el cassone, un arcón tallado que llevaba la novia como parte de su dote. La asombrosa decoración de esos arcones era realizada por algunos de los mejores artistas del Renacimiento.

La posición social y el matrimonio eran muy importantes tanto para la clase aristocrática como para la de los comerciantes. Los hijos podían casarse con ricas herederas y de esa forma aumentar la fortuna y la importancia de sus padres.

Las hijas, por el contrario, debían tener una cuantiosa dote para atraer a los maridos más convenientes. No siempre las familias podían proveer de dotes a todas sus hijas, por eso las más jóvenes frecuentemente acababan en los conventos. En Florencia, había un banco de dotes en el que se depositaba una suma cuando nacía una niña. Una vez que cumplía 15 años, se devolvía el dinero con intereses para la dote. Había también un fondo para las hijas sin dote.

Se consideraba que una niña estaba lista para el matrimonio a los 12 años, pero normalmente no se casaba antes de los 15 ó 16. Las jóvenes solteras permanecían rigurosamente en su hogar y todas las mujeres debían obedecer a sus padres o a sus maridos. Isabella d’ Este de Ferrara, fue una de las pocas mujeres adineradas, poderosas y lo suficientemente inteligente como para convertirse en mecenas del arte.

EL CRECIMIENTO ECONÓMICO DE LAS CIUDADES ITALIANAS:

En el siglo XV, cinco grandes fuerzas dominaron la península itálica: Milán, Venecia, Florencia, los Estados Pontificios y Nápoles, los cinco estados principales El norte de Italia estaba dividido entre el ducado de Milán y Venecia. Tras la muerte del último visconte gobernante de Milán, ocurrida en 1447, Francesco Sforza, uno de los líderes condottierí de su tiempo, incitó a sus empleados milaneses a conquistar la ciudad y se convirtió en su nuevo duque. Tanto los Visconti como los Sforza se empeñaron en crear un estado territorial altamente centralizado.

Tuvieron especial éxito en implantar sistemas de recaudación fiscal que generaron enormes ingresos para el gobierno. La república marítima de Venecia siguió siendo una entidad política estable, gobernada por una pequeña oligarquía de aristócratas-mercaderes. Su imperio comercial produjo enormes ingresos y le ganó el papel de una potencia internacional.

A finales del siglo XIV Venecia se embarcó en la conquista de un estado territorial en la región norte de Italia, con el fin de proteger su suministro de alimentos y sus rutas comerciales por tierra. Aunque la expansión de su territorio principal tenía sentido para los venecianos, preocupó a Milán y Florencia, que se empeñaron en detener lo que consideraban designios imperialistas de los venecianos.

La república de Florencia dominó la región de Toscana. A principios del siglo XV estaba gobernada por una pequeña oligarquía mercantil que manipulaba al gobierno aparentemente republicano. En 1434 Cósimo de Médici tomó control de esta oligarquía. Aunque la acaudalada familia Médici conservó las formas republicanas de gobierno en aras de la apariencia, controlaba al gobierno tras bambalinas. Mediante su pródigo patronazgo y el cuidadoso cortejo de los aliados políticos, Cósimo (1434-1464) y más tarde su nieto Lorenzo el Magnífico (1469-1492) tuvieron éxito en controlar la ciudad, en una época en que Florencia era el centro del renacimiento cultural.

Los estados papales estaban situados en el centro de Italia. Aunque nominalmente estaban bajo el control político de los papas, el periodo de residencia papal en Aviñón y el gran cisma posibilita- ron que ciudades y territorios individuales —como Urbino, Bolonia y Ferrara— se independizaran de la autoridad papal. Los papas del Renacimiento del siglo XV invirtieron gran parte de su energía en el restablecimiento de su control sobre los Estados Pontificios (véase el apartado El papado renacentista más adelante en este capítulo).

El reino de Nápoles, que abarcaba la mayor parte del sur de Italia y, usualmente, la isla de Sicilia, fue motivo de disputa entre franceses y aragoneses hasta que estos últimos establecieron su dominio a mediados del siglo XV.

En todo el Renacimiento, el reino de Nápoles siguió siendo, en gran medida, una monarquía feudal con una población que consistía, sobre todo, en campesinos agobiados por la pobreza y dominados por nobles indóciles. Tuvo poca participación en las glorias culturales del Renacimiento.

Había tres razones de peso para que las ciudades italianas fueran las primeras en recobrar una posición de importancia en la Baja Edad Media.

1-En primer lugar, la península itálica perteneció a Roma desde una fecha muy temprana y, por tanto, allí había más carreteras, más ciudades y más escuelas que en ningún otro lugar de Europa.

2-El Papa vivía en Roma y, como cabeza de un vastísimo ente político, que poseía tierras, siervos, edificios, bosques, ríos y un sistema judicial propio, constantemente llegaba a sus arcas una gran cantidad de dinero. A las autoridades papales había que pagarles en oro y plata, como a los mercaderes y armadores de Venecia y Génova. Las vacas, los huevos, los caballos y los demás productos agrícolas y ganaderos del norte y del oeste debían convertirse en dinero contante y sonante para pagar al Papa en la lejana ciudad de Roma. Por eso Italia pasó a ser el lugar de Europa donde había más oro y plata.

3-Los cruzados que iban a Tierra Santa embarcaban en ciudades italianas y éstas se aprovecharon de tal circunstancia hasta límites insospechados. Cuando acabaron las cruzadas, esas mismas ciudades italianas pasaron a ser los centros de distribución de los productos orientales de los que los europeos habían empezado a depender durante el tiempo que habían pasado en Asia.

VENECIA: De aquellas ciudades, pocas eran tan famosas como Venecia. Venecia era una república construida sobre un archipiélago en el que la gente del continente se había refugiado de las invasiones de los bárbaros en el siglo IV. Rodeados de mar por los cuatro costados, los venecianos se dedicaron al negocio de la producción de sal. La sal era muy escasa en la Edad Media y se vendía a un precio muy alto. Durante siglos, Venecia gozó de un monopolio sobre este producto de mesa indispensable, generalmente la falta de sal produce enfermedad.  Los venecianos aprovecharon el monopolio para aumentar el poder de la ciudad.

En algunas ocasiones, incluso se atrevieron a desafiar el poder de los papas. La urbe se volvió rica y tenían barcos que les permitieron emprender el comercio con Oriente. Durante la época de las cruzadas, aquellos barcos se habían usado para transportar cruzados a Tierra Santa. Lo que sucedía era que, si los pasajeros no podían pagar el trayecto con dinero, se veían obligados a luchar en nombre de los venecianos, que incrementaban así el número de colonias que poseían en el mar Egeo, Asia Menor y Egipto. A finales del siglo XIV, la población de Venecia llegaba a los doscientos mil habitantes, lo cual la convertía en la mayor ciudad de la Edad Media.

El pueblo no tenía influencia alguna en el líderazgo de la ciudad, el cual estaba en manos de un número reducido de familias de mercaderes ricos. Éstas escogían a los senadores y al dux (príncipe o magistrado), pero, en realidad, los verdaderos dirigentes eran los miembros del famoso Consejo de los Diez, que se mantenían en el poder gracias a una red de espías y matones altamente organizada que vigilaba a todos los ciudadanos y que hacía desaparecer con la máxima discreción a quienes pudieran ser peligrosos para la seguridad del arrogante y sin escrúpulos Comité de Seguridad Pública.

FLORENCIA: En cambio, en Florencia se daba una forma de gobierno diametralmente opuesta a la anterior. Allí había una democracia, aunque de costumbres turbulentas. Esta ciudad controlaba la principal carretera que unía el norte de Europa con Roma e invertía en la manufactura el dinero que recaudaba gracias a tan afortunada posición. Los florentinos intentaban seguir el ejemplo de Atenas.

Así como los nobles y los eclesiásticos, los miembros de los gremios tomaban parte en las discusiones de los asuntos de la ciudad, lo cual llevaba a grandes convulsiones sociales. La población de Florencia estaba dividida en partidos políticos que luchaban entre sí sin piedad, que exiliaban a los adversarios y les confiscaban las posesiones en cuanto les ganaban la batalla en el Consejo. Tras diversos siglos de gobierno en manos de las mafias organizadas, pasó lo inevitable.

Una familia potentada subió al poder y se dispuso a gobernar la ciudad y el territorio que la rodeaba a la manera de los antiguos tiranos griegos. Era la familia Médici, una familia de banqueros llamada así porque sus fundadores fueron médicos. Tenían bancos y casas de empeño en las ciudades comerciales más importantes de Europa.

GÉNOVA:  la gran rival de Venecia, cuyos mercaderes se especializaron en el comercio con Túnez y con los grandes centros de grano del mar Negro. Y luego había unas doscientas ciudades más, algunas grandes, otras pequeñas, cada una de las cuales constituía una unidad comercial perfecta, todas luchando entre ellas movidas por la eterna rivalidad de los vecinos que se privan unos a otros de un beneficio.

Una vez que llegaban a las ciudades italianas, los productos procedentes de Oriente y África eran distribuidos hacia el oeste y el norte de Europa.

Génova los transportaba por mar a Marsella, donde tomaban otro barco con el que remontaban el río Ródano hasta los puertos fluviales que servían a las regiones del oeste y el norte de Francia.

Fuente Consultada:
La Historia de la Humanidad de Hendrik W. van Loon
Civilizaciones de Occidente Tomo ´B´ Jackson Spielvogel

La Literatura Renacentista La Letras en el Renacimiento Alighieri

La Literatura Renacentista
La Letras en el Renacimiento

El hombre volvió a renacer. La larga y oscura noche de la Edad Media dio paso a una de las épocas más luminosas de la historia: el Renacimiento. El destino del hombre medieval, condenado a vivir en un «valle de lágrimas», conoció a mediados del siglo XV un nuevo camino de esperanza. La vida florecía, dejaba atrás los temores atávicos, se liberaba de los miedos que esclavizaron los cuerpos y las mentes. Fue un periodo irrepetible. Se asistió a una eclosión del arte y la cultura. Las ciudades embellecieron. El mundo se convirtió, por fin, en un lugar habitable. Dios ya no era el centro del mundo. El hombre se había hecho con las riendas de su propio destino.

Se conoce con el nombre de Prerrenacimiento al movimiento cultural que tuvo lugar en Europa en el siglo XIV, como consecuencia del cambio de cosmovisión del hombre y como anticipo de la profunda transformación que se produjo en el siglo siguiente, debido al despertar de las artes, de las letras y de las ciencias, inspirado en los testimonios de la antigüedad clásica.

En síntesis, el Prerrenacimiento constituye una transición entre las manifestaciones culturales de la Edad Media, sustentadas en una concepción teocéntrica, y las nuevas expresiones surgidas en la Edad Moderna, basadas en la cosmovisión antropocéntrica.

En el campo de la literatura, Petrarca fue en gran parte responsable del surgimiento del humanismo, una escuela de pensamiento que aseguraba que el ser humano era intrínsecamente bueno, en oposición a la Iglesia, que lo concebía como un pecador que debe ser redimido. Otras plumas ilustres fueron Dante, autor de La divina comedia, y Boccaccio, cuyo Decamerón inspiró muchos relatos de Shakespeare.

Dante Alighieri Petrarca Boccacio

PARA SABER MAS…

En los orígenes de la Italia del Renacimiento (prerrenacimiento) se deseaba fervientemente vivir, estudiar, pensar y escribir como los antiguos griegos y romanos. Por ello, los profesores, monjes, príncipes y mercaderes se disputaban los manuscritos antiguos y rivalizaban también en el afán de coleccionar sus comentarios.

Se desató una verdadera fiebre por los «studia humanitatis» o humanismo; es decir, el estudio de todos los conocimientos que interesan al hombre. En la Edad Media también existió este entusiasmo pero no se permitió que la filosofía y forma de vida de los antiguos influyeran en las generaciones medievales.

Se buscaban textos antiguos en su integridad» y se les agregaban comentarios eruditos. El humanista además-de interesarse por las obras de los escritores antiguos atesoraba objetos de arte antiguo, sacaba planos de las ruinas romanas, buscaba esculturas. Para el estudio de la Biblia se recurrió a los textos hebreo y griego y a los comentarios de los Padres de la Iglesia.

Estaba de moda organizar bibliotecas; se trataba de reunir tesoros artísticos y literarios efectuando la búsqueda en todos los lugares donde pudieran ser hallados.

Se procuró hacer como los antiguos en todo; de imitar a la naturaleza, de cubrir a las ideas con el ropaje de una forma bella. Tales eran las exigencias del humanismo.

Mientras españoles y portugueses descubrían nuevos continentes y tierras, los galianos se preocupaban de redescubrir el mundo antiguo. Y a e£te apasionamiento se agregó, además, un fuerte sentimiento nacional.

La atención puesto en la naturaleza y en el hombre -como ya había ocurrido a fines de la Edad Media- estimuló los estudios científicos en forma experimental; se rechazó, cuando ello correspondía, la opinión de antiguos sabios.

La primera biblioteca pública de Europa

Creemos que merece un párrafo especial como prueba de la preocupación cultural de parte de los príncipes, un hecho de la historia de Fiorencia. Nicolás Nicolini, uno de los más entusiastas bibliófilos de Florencia, murió lleno de deudas a causa de su afán de adquirir manuscritos antiguos. Su casa siempre había estado abierta a los que querían consultar sus colecciones que, a su muerte, comprendían ochocientos volúmenes.

Siguiendo su deseo de que su biblioteca permaneciera accesible a todos, Cosme de Mediéis pagó las deudas y donó la misma al convento de San Marcos, para su uso público. Fue la primera biblioteca pública europea.

El humanismo y la religión

Sobre el contenido espiritual del movimiento humanista escribe e! historiador holandés J. Huizinga (1872-1945):

«Los humanistas que eran verdaderos ateos o se hacían pasar por tales, no representan la esencia del Renacimiento. Un examen profundo muestra claramente que el contenido espiritual del Renacimiento, pese a los elementos clásicos y paganos, era y permaneció cristiano, lo mismo que antes el arte medieval y más tarde la Contrarreforma. Tanto si escogemos a pintores flamencos o italianos. . . observaremos que, incluso en el período barroco, las principales fuentes de inspiración del arte figurativo fueron escenas bíblicas».

Los Primeros Mecenas en la Edad Media

Fuente Consultada:
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I «El Ateneo»
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

Pensamiento Renacentista La Ciencia en el Renacimiento Cientificos

Pensamiento Renacentista
La Ciencia en el Renacimiento

Al período comprendido entre los siglos XIV y XVI se lo denomina Renacimiento, porque los sabios y artistas de la época intentaban revivir las glorias de las antiguas civilizaciones griega y romana. Después de la caída del gran Imperio Romano se produjo un largo período de guerras en toda Europa.

El Renacimiento es fruto de la difusión de las ideas del humanismo, que determinaron una nueva concepción del hombre y del mundo. El nombre «renacimiento» se utilizó porque éste retomaba los elementos de la cultura clásica. El término simboliza la reactivación del conocimiento y el progreso tras siglos de predominio de un tipo de mentalidad dogmática establecida en la Europa de la Edad Media. Esta nueva etapa planteó una nueva forma de ver el mundo y al ser humano, el interés por las artes, la política y las ciencias.

El hombre volvió a renacer. La larga y oscura noche de la Edad Media dio paso a una de las épocas más luminosas de la historia: el Renacimiento. El destino del hombre medieval, condenado a vivir en un «valle de lágrimas», conoció a mediados del siglo XV un nuevo camino de esperanza. La vida florecía, dejaba atrás los temores atávicos, se liberaba de los miedos que esclavizaron los cuerpos y las mentes. Fue un periodo irrepetible. Se asistió a una eclosión del arte y la cultura. Las ciudades embellecieron. El mundo se convirtió, por fin, en un lugar habitable. Dios ya no era el centro del mundo. El hombre se había hecho con las riendas de su propio destino.

El retorno a las fuentes clásicas Durante el Renacimiento, el mundo clásico grecorromano se considera digno de admiración. Por el contrario, la cultura medieval es vista como un paréntesis de oscurantismo y, en consecuencia, se la desprecia.

Se da gran importancia al estudio del griego y del latín para entender cabalmente las obras de los autores clásicos; sus escritos se difunden en un afán de reencuentro con la nueva valoración de la inteligencia del hombre y de su amor a la naturaleza.

También se valorará el canónico equilibrio entre forma y pensamiento. La literatura y el arte de la antigüedad clásica grecorromana renacen así con fuerza. La «eeva concepción del hombre

El hombre del Renacimiento aspiraba a gozar ampliamente de la vida presente y reclamaba la absoluta libertad de la razón para buscar la verdad y el mejor conocimiento del hombre y de la naturaleza. El hombre renacentista sintió curiosidad por todo y a todo aplicó la razón.

Si durante la época medieval la cultura había sido teocéntrica (su centro era Dios) y la teología había ocupado el interés de los intelectuales, en la época renacentista el centro de atención es el hombre. De ahí que se hable de cultura antropocéntrica. Consecuentemente, el individualismo, el afán de gloria y de perfección formal serán características de este periodo. El nuevo ideal de vida lo expresa Baltasar de Castiglione en El Cortesano (1528).

Durante la edad media, en la lucha por la supervivencia, la educación y el conocimiento fueron dejados de lado. La gente aceptaba su destino: obedecía a la Iglesia y a sus representantes sin dudar y sin sentir curiosidad por el mundo que la rodeaba. Los hombres del Renacimiento llamaron a este período Edad Oscura. Pero hacia el siglo XIV, Europa estaba más estabilizada políticamente.

Poco a poco, los gobiernos fueron consolidándose y los hombres comenzaron a comerciar y a acumular riquezas.

En esta sociedad mejor organizada, algunas personas empezaron a comparar su forma de pensar con la de los escritores clásicos.

Esto era particularmente interesante para los italianos, porque su tierra, en el pasado, había sido el corazón del imperio más grande del mundo. Era como descubrir la historia de una familia. Sabían perfectamente que estaban viviendo una época especial y fascinante.

Los sabios que estudiaban las obras clásicas querían que el hombre descubriera la belleza que había dentro de sí mismo y en la naturaleza, para que de esa forma venerara a Dios más plenamente. Las personas de dinero alentaban a los escultores y a los pintores para que llevaran esas ideas al arte. Por primera vez en siglos, los artistas comenzaron a retratar a la gente y a otros seres vivientes de una manera realista. El Renacimiento fue también una época de contrastes. La sociedad en su conjunto cambió muy lentamente.

Más allá de los pueblos y ciudades densamente poblados, había vastas extensiones de campo con escasos habitantes. Los campesinos llevaban una vida muy dura, lejos de los festines y torneos de los ricos y de los comerciantes adinerados.

La mayoría de la gente no conocía -y mucho menos entendía-acontecimientos tan importantes como el descubrimiento de América o la comprobación de que la Tierra no era el centro del universo. Pero el espíritu de seguridad y curiosidad que caracterizó al Renacimiento comenzó a afectar también a la gente común. Los campesinos se rebelaron contra los señores y los reyes.

Los sacerdotes humildes hablaban contra la riqueza y el poder del Papa en Roma. El hombre comenzó a saber más de sí mismo como persona y a hacer uso de su derecho de tener y expresar sus propias opiniones.

EN BUSCA DE LA VERDAD:
LA CIENCIA RENACENTISTA

Durante el Renacimiento hubo muy pocos científicos, según nuestro concepto actual de ellos, es decir, hombres especializados en química, física, zoología, biología, etc. «Ciencia» era el término romano que significaba «conocimiento» y los eruditos del Renacimiento estaban de acuerdo con ello.

Se refería a todo tipo de saber. Un científico era alguien que se dedicaba a leer libros antiguos o a hacer sus propios experimentos prácticos para aprender más cosas sobre el mundo que lo rodeaba. Poco a poco, muchos de estos científicos perdieron interés por los libros antiguos y se preocuparon por tratar de descubrir cosas por sí mismos. «Quema tus libros; observa y experimenta sin cesar», aconsejaba un científico del Renacimiento.

La teoría científica más revolucionaria de la época apareció en el campo de la astronomía (el estudio de las estrellas). Nicolás Copérnico observó los planetas y las estrellas durante más de 30 años y’ llegó a la conclusión de que en realidad la Tierra no era el centro del universo sino que se movía alrededor del Sol. Esto produjo un gran desconcierto, debido a que durante toda la Edad Media y gran parte del Renacimiento, se había aceptado que era el Sol el que giraba alrededor de la Tierra. La gente creía que la Tierra estaba en el medio de un universo perfectamente simétrico en cuyo centro exacto estaban Dios y la Iglesia.


Copérnico, contrario a las creencias comunes, afirmó que la Tierra se movía alrededor del Sol, como ilustra este cuadro.

La teoría de Copérnico surgió hacia fines del Renacimiento, a mediados del siglo XVI,y acabó con esa creencia tan arraigada. Por otra parte, provocó la ira de la Iglesia, porque destruía así su autoridad central. Setenta años después de la muerte de Copérnico y de la publicación de su libro «Sobre las revoluciones de los cuerpos celestes», la Iglesia lo consideró hereje.

Muchos años más tarde, cuando Galileo publicó las descripciones de las estrellas y los planetas vistos a través de su telescopio y comprobó la teoría de Copérnico, también fue acusado de herejía y amenazado con la tortura si no se desdecía de lo que había escrito. Entretanto, otro astrónomo, Johann Kepler, había desbaratado aún más la idea de un mundo perfecto al afirmar que la Tierra no orbitaba al Sol en forma circular sino elíptica u oval.

El primer hombre del Renacimiento que publicó un estudio completo del cuerpo humano fue Andreas Vesalius, quien comenzó sus trabajos en París, aunque pasó la mayor parte de su vida en Italia. Cuando sólo tenía 29 años, escribió una obra magnífica llamada Los siete libros sobre la estructura del cuerpo humano, que contenía más de 270 bellas ilustraciones xilográficas en las que mostraba los huesos, los músculos, las venas y el corazón humano. Su estudio era otra muestra de la creciente curiosidad por la vida.

Durante el Renacimiento se produjeron varios adelantos en la industria y la tecnología. La imprenta, la minería, los astilleros y la metalurgia tuvieron un importante desarrollo. Comenzó a incrementarse el uso de los molinos de agua para extraer la que se acumulaba en las minas y para hacer funcionar las máquinas de los mismos molinos.

En muchas minas se extendieron vías para facilitar el movimiento de los carros tirados por caballos. Las armas de fuego fueron perfeccionándose lentamente, pero su uso seguía siendo peligroso. También se popularizaron los relojes y hacia el 1500, la mayoría de las ciudades de Europa tenían un reloj público. En esa época se inventó el reloj de cuerda, lo que hizo también posible la fabricación de los de bolsillo.

Sin embargo, hasta los príncipes preferían seguir aferrándose al pasado. Confiaban en los astrólogos que les predecían el futuro, ya que creían que podía ser controlado mediante conjuros mágicos. La búsqueda del secreto para transformar el metal común en oro fascinaba a todos los que querían hacerse ricos rápidamente.

Los alquimistas probaban todo tipo de fórmulas, la mayoría de los cuales eran tan extravagantes e inútiles como los brebajes de una bruja. Pero, a través de sus infructuosos esfuerzos para convertir los minerales de la tierra en oro, los alquimistas aprendieron muchísimo sobre éstos. Sus descubrimientos fueron útiles para los científicos que los sucedieron.

ALGO MAS SOBRE EL PENSAMIENTO CIENTÍFICO. Durante los siglos de la Edad Media la Religión había guiado todo movimiento filosófico y científico. La decadencia de la Escolástica, llevada por un verbalismo exagerado, la influencia de pensadores árabes, sobre todo Averroes, y la interpretación naturalista de Aristóteles prepararon el camino de la ciencia renacentista.

Durante la Edad Media se habían producido posturas aisladas de libertad de pensamiento de cara a la realidad de la vida, como las sustentadas por Rogerio Bacon y Ramón Llull, incluso dentro del campo de la ortodoxia, pero dado el momento en que vivieron otros pensadores de los siglos XV y XVI.

La gran revolución científica del siglo XVII fue preparada por los hombres de ciencia del Renacimiento. Nicolás Copérnico (1473-1543) era un canónigo y médico polaco, cosas que en aquel tiempo eran compatibles. Ideó su teoría heliocéntrica, según la cual todos los planetas giraban alrededor del Sol. Esta teoría, que muchos espíritus juzgaron contraria a las Sagradas Escrituras y calificaron de heterodoxa, pronto se abrió camino.

Tres grandes pensadores la apoyaron y confirmaron con sus experiencias: Ticho Brahe, de nacionalidad danesa, que estudió los eclipses, Juan Kepler, que determinó las tres leyes fundamentales de la revolución planetaria, y Galileo Galilei, el más genial de los sabios renacentistas. Galileo (1564-1642) fue el constructor del primer telescopio con el cual estudió los astros. Invitada la Señora de Venecia a contemplar con su instrumento la entrada de los buques en el Gran Canal, quedó maravillada, pero muchos de sus compañeros se negaron a comprobar con sus propios ojos la realidad y prefirieron negarlo.

Galileo estudió las leyes del péndulo, inspirado por los movimientos de una lámpara que oscilaba en la catedral de Pisa, descubrió el anillo de Saturno y realizó numerosas investigaciones astronómicas. Ciego, perseguido y moralmente derrotado, tuvo que negar su fe en la teoría copernicana del heliocentrismo a instancias de la Inquisición. Anterior a él vivió Leonardo de Vinci (1452-1519) hombre inquieto, gran artista y también notable científico.

Sus dibujos sobre la posibilidad de conseguir que un hombre volara gracias a unas alas, su idea del tanque, y de numerosas máquinas nos muestran como una creación perfecta del hombre del Renacimiento. Entre los primeros químicos, tiznados aún de alquimistas, se encuentra Paracelso, suizo. Entre los médicos, el gran Vesalio, que fue el primero en practicar la disección y la vivisección, corriendo por esta razón peligro de perder la vida. Los descubrimientos anatómicos de Falopio de Modena y Bartolomé Eustaquio son recordados porque algunos órganos de nuestro cuerpo se conocen con sus nombres (trompas de Eustaquio, de Falopio, etc.).

Pero los dos investigadores más geniales en el campo de la Medicina fueron el español Miguel Servet (1511-1593), descubridor de la circulación pulmonar de la sangre, asesinado por el fanatismo de Calvino y el inglés Harvey, que estudió la circulación general del cuerpo humano y las funciones del corazón. Los descubrimientos y exploraciones en América reportaron un progreso extraordinario en el campo de la Geografía y la Historia Natural.

No es posible detallar el número de especies nuevas que se conocieron y el avance experimentado por la Cartografía, que pasó de los incompletos y limitados mapas medievales a los casi perfectos portulanos o mapas del Mediterráneo, y a los grandes mapa-mundis que lentamente iban reduciendo las áreas en blanco de los países recién descubiertos.

Las observaciones de Galileo, por ejemplo, permitieron perfeccionar los relojes; en Holanda la industria óptica se dedicó a la construcción de gafas, y en Venecia el arte del cristal y el espejo alcanzó gran perfección. La transformación de la vida cotidiana era patente y se experimentaba la sensación de vivir en un mundo renovado.

ALGO MAS…

A pesar de las sombras que puede presentar este período de la historia como consecuencia de las pasiones humanas descontroladas, se puede destacar la «virtus» de muchos personajes. Qué era la «virtud» («virtus», en latín). Su posesión significaba viva inteligencia, pasiones violentas, una voluntad indomable acompañada por una energía que todo lo vence.

El hombre del Renacimiento estaba dispuesto a aceptar su propio destino tanto en los momentos prósperos como en la adversidad. Su astucia se manifestaba a veces en hábiles maniobras políticas y en los artistas, en el refinamiento de sus obras. Todos los hombres destacados de esta época fueron artistas en cuanto modelaron su propia vida con caracteres poco comunes. Aunque el Renacimiento secularizó el poder del Papa, debilitó la antigua fe e introdujo un aire de costumbres paganas, no quiere decir que fuera hostil al Cristianismo como se explicó más arriba.
(Completar con el punto 1, b, sobre el «hacer» del hombre renacentista.)

LEONARDO DE VINCI, HOMBRE DE CIENCIA
Leonardo fue de una extraordinaria fecundidad en el terreno científico. Creador e inventor, investigó todas las ramas de
la ciencia. Tal vez llegase a descubrir el heliocentrismo y, ciertamente, inventó o presintió la dinámica, la geología, la anatomía moderna, la aviación, el submarino y el carro de combate. Estudió a los antiguos: Pitágoras a través de Ovidio, Aristóteles, Euclides y Arquímedes. Por otra parte, reflexionó profundamente sobre las doctrinas de la Escuela de París, especialmente de Alberto de Sajonia, discípulo de Juan Buridán.

Los parisienses habían trabajado, sobre todo, en la mecánica y, más concretamente, en la dinámica, repitiendo las explicaciones de Aristóteles y formulando la ley de la inercia: el movimiento impreso a un móvil es producido por el «ímpetus», fuerza proporcional a la velocidad del móvil, a su densidad y a su peso, y no —como pensaba Aristóteles— por la conmoción de las masas del aire. Pero la física parisiense había sido cualitativa y no cuantitativa.

Leonardo, para quien el mundo es reducible a matemáticas, como adepto de Pitágoras y Platón, siguió y superó a los parisienses, colocando en primer plano la noción de «cantidad»: «la proporción no se encuentra solamente en los números y las medidas, sino también en los sonidos, pesos, tiempos, posiciones y en cualquier fuerza existente». Estudió las leyes a que obedeceun proyectil lanzado por una pieza de artillería. Igualmente meditó sobre astronomía. La visión del mundo de Aristóteles, reposaba sobre la certeza de que todo conocimiento venía de los sentidos y que era preciso interpretarlo por la lógica formal; concebía al hombre y la Tierra como el centro del Universo.

La Tierra, en el centro del Cosmos, era un objeto extenso, sólido, en un reposo perfecto; las estrellas, sobre esferas transparentes, giraban alrededor de la Tierra, movidas por un «motor inmóvil» que se identifica, posteriormente, con el Dios de los cristianos. Leonardo demolió el cosmos aristotélico. Rechaza el geocentrismo: «la Tierra no está en medio del círculo del Sol, ni en medio del mundo, sino en medio de elementos que la acompañan y le están unidos».

Quizás adopte el heliocentrismo: «el Sol está inmóvil»; en todo caso, rechaza la doctrina corriente, según la cual el Sol giraba alrededor de la Tierra. Afirma la homogeneidad de los espacios celestes, negando luego el carácter excepcional de la Tierra en el Universo: «la Luna está vestida de sus elementos propios como nuestra Tierra, en otra parte del espacio», de modo que «si alguien se encontrase en la Tuna y mirase a la Tierra, ésta giraría para él alrededor de la Tuna y la iluminaría».

Más aún, demolió por completo las nociones de sustancia, esencia y cualidad, tan gratas a la filosofía aristotélica, y pensó en términos de tiempo, espacio, masa y energía, como todos los sabios posteriores; la pesantez y la ligereza no sonr.. para él, cualidades inherentes a las sustancias; son engendradas por la atracción y la repulsión de los elementos; son el producto de relaciones. Leonardo de Vinci se inscribe en el gran movimiento de ideas neoplatónicas y neopitagóricas, que, con Copérnico, plantea una concepción totalmente nueva del Universo y desemboca en nuestra Física matemática moderna.

Los Primeros Mecenas en la Edad Media

Fuente Consultada:
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I «El Ateneo»
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

Característica del Renacimiento Europeo y El Hombre Renacentista

Característica del Renacimiento Europeo y El Hombre Renacentista

Entre los años 1300 y 1600 la vida en Europa sufrió grandes cambios. Fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento. Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia.

Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa. Pero fue también una era de violencia, pobreza, hambre y enfermedades.

Este libro, hermosamente ilustrado, presenta la historia fascinante de los acontecimientos y los escenarios del Renacimiento y de la vida de sus hombres.

A mediados del s. XV, Europa, devastada por la peste y por las guerras, había quedado cultural y políticamente rezagada respecto a otras partes del mundo.

Sin embargo, en Italia por  entonces comenzó una extraordinaria revolución artística y literaria que resonaría durante siglos, mientras que las monarquías cada vez más centralizadas de España, Francia e Inglaterra se disponían a construir imperios globales.

El Renacimiento europeo fue un movimiento muy amplio, que se originó en Italia, en la primera mitad del s. XV y que se  inspiraba en la cultura clásica (greco-romana). Dio lugar a extraordinarios avances en el arte, la arquitectura y la literatura. La prospera clase burguesa se convirtió en mecenas de las mismas artes, lo que dio mayor libertad a los artistas, al tiempo que la aparición la imprenta permitió la rápida difusión de las ideas.

el renacimiento

El RENACIMIENTO EUROPEO, se trató de un fenómeno sumamente importante, caracterizado por lo dinámico, coronado por grandes avances, descubrimientos e inventos y precisamente fueron los estudiosos renacentistas quienes empezaron a hablar de la Edad Media, considerándola como una separación entre su época y el pasado clásico. Sin embargo, apenas cambiaron otras cosas.

EL RENACIMIENTO ITALIANO: «Renacimiento» es el término que resume los logros culturales que los italianos realizaron en los siglos XIV y XV.

En realidad hubo varios «renaceres» de la enseñanza, la cultura y el arte clásicos. En el siglo XII, por ejemplo, se renovó el interés por las escrituras de Aristóteles.

Sin embargo, el Renacimiento italiano tal vez sea más conocido por la cantidad de hitos artísticos, arquitectónicos y culturales que registró.

Las acaudaladas ciudades-estado ocupaban una posición geográfica y financiera excelente para acunar el «Renacimiento».

Por las ciudades del norte no solo circulaban los artículos comerciales que se importaban de África del Norte y Asia, sino también bienes culturales y conocimiento.

Desde Constantinopla, España y el mundo árabe llegaban textos clásicos y saberes matemáticos y científicos.

Además, la proximidad de las ciudades-estado a los restos de la Antigua Roma les permitía analizar in situ los estilos artísticos y arquitectónicos.

Uno de los núcleos del Renacimiento italiano fue Florencia, gobernada por la poderosa familia Médici, mecenas, entre otros, del artista y escultor Miguel Ángel. Otros artistas renacentistas destacados fueron Donatello, Botticelli, Rafael y Leonardo da Vinci.

En el campo de la literatura, Petrarca fue en gran parte responsable del surgimiento del humanismo, una escuela de pensamiento que aseguraba que el ser humano era intrínsecamente bueno, en oposición a la Iglesia, que lo concebía como un pecador que debe ser redimido. Otras plumas ilustres fueron Dante, autor de La divina comedia, y Boccaccio, cuyo Decamerón inspiró muchos relatos de Shakespeare.

La arquitectura renacentista también estuvo influida por el clasicismo; se construyeron espléndidos edificios en Florencia, Venecia, Milán y Roma. Las columnas como motivos decorativos de fachadas y las cúpulas proliferaron. Entre los edificios renacentistas clave destacan el Duomo de Florencia y la basílica de San Pedro en Roma.

El humanismo : El humanismo surgió en parte en respuesta a la desilusión creciente con respecto a la Iglesia.

Era una corriente de pensamiento literaria y erudita, interesada en la gramática, la retórica, la historia, la filosofía y la poesía, doctrinas todas producto del pensamiento humano.

En su corazón latía el interés por reavivar la cultura clásica, en particular mediante el estudio del griego y el latín. El humanismo postulaba que el ser humano podía aplicar las habilidades que le eran propias, el razonamiento y la lógica, para mejorar y ganar en dignidad.

En su difusión hacia el norte alcanzó otros países europeos y, con la aparición de las técnicas de impresión, llegó a un público cada vez mayor.

Cuando sus tesis se aplicaron al estudio de la Biblia, se exigió una revisión humanista de la Iglesia, la cual derivó en la llamada Reforma.

EL HOMBRE DEL RENACIMIENTO:

Renacimiento quiere decir ante todo resurrección de las antiguas civilizaciones de Grecia y de Roma.

La lengua griega hacía tiempo que era enseñada en Italia y parecía como si la curiosidad y el espíritu de libre investigación que había caracterizado a la civilización ateniense resurgiera con el estudio del idioma de los antiguos griegos.

El influjo de la cultura romana, por su parte, se hizo sentir también de una manera especial en Italia, el núcleo geográfico en el que la revolución cultural renacentista se haría más notable.

A este hecho no eran ajenos fenómenos como la preponderancia del derecho romano, la utilización del latín por parte de algunos grupos sociales y la conservación de un gran número de edificios antiguos.

Pero también el horizonte geográfico del hombre renacentista se había visto ensanchado: aventureros, comerciantes y misioneros habían descubierto tierras hasta entonces desconocidas, alcanzando al tiempo las costas orientales de Asia tras circunnavegar el continente africano.

El desarrollo de los conocimientos científicos había puesto en duda verdades que antaño se consideraban definitivas y que afectaban a cuestiones tan importantes como la forma de la Tierra o el lugar del hombre en el universo.

En este mismo contexto se produjeron importantes cambios en lo que a la vida y a las instituciones religiosas se refiere.

El principal de ellos fue el provocado por la reforma protestante.

La Europa del Renacimiento: Pese a que Italia fue sin ninguna duda el centro neurálgico de la cultura renacentista, ésta se extendió rápidamente por todas las tierras de Europa.

Los constantes viajes de clérigos y estudiantes permitieron una inmediata y completa exportación de los nuevos ideales, que experimentaron a la vez una adaptación a los caracteres de cada país. Así, elementos clásicos como columnas, pilastras y frontones fueron incorporados a edificios de estructura gótica.

En Francia proliferaron las ediciones de los clásicos de la Antigüedad y de los humanistas, al tiempo que se extendía un espíritu de libertad que se habría de materializar en obras como los poemas de Ronsard, el celebérrimo Gargantúa y Pantagruel de Rabelais o los Ensayos de Montaigne.

En Inglaterra, Tomás Moro recogía en su Utopía los rasgos básicos del humanismo de la época, en tanto que en España Garcilaso y Boscán, de un lado, y Nebrija, del otro, abrían las puertas a las nuevas ideas.

Los alemanes se ocuparon entre tanto del estudio de las antigüedades, y así Conrad Celtis se dedicaba con empeño a rescatar textos que testimoniaban el grado de desarrollo cultural que aquellas tierras habían alcanzado en el curso de la Edad Media.

Con todo, el máximo representante del Renacimiento fuera de Italia fue Erasmo de Rotterdam. Hijo ilegítimo de un eclesiástico, nació en torno al año 1469.

Aunque no sintió. entusiasmo por el arte del Renacimiento, fue filosóficamente la figura clave de su época, constituyendo el nexo de unión entre el movimiento místico que, conocido como Devotio moderna, floreció en los Países Bajos durante su infancia, y el resurgimiento de los clásicos en Italia.

Erasmo empezó su vida como monje, pero, insatisfecho, huyó a París con el pretexto de perfeccionar su teología.

En realidad su interés principal era el estudio de los clásicos. En su Enquiridión o Manual del caballero cristiano (1501) demostró que los clásicos, la poesía y la filosofía eran tan sólo el preludio de un estudio superior a todos, el de las Escrituras.

Su objetivo era fusionar el mundo de la Antigüedad con el del cristianismo, y su obra es una muestra de cómo en el norte de Europa el Renacimiento estuvo al servicio de la religión.

El pensamiento de Erasmo tuvo una gran influencia sobre su tiempo. Aunque el pensador de Rotterdam siguió siendo un católico convencido y estudió el griego original del Nuevo Testamento, quiso que el hombre corriente leyera las escrituras en su propio idioma. Odiaba el vicio y la ignorancia e intentó mostrar el verdadero camino de la cristiandad con su propio ejemplo.

obra renacentista
El bautismo de Cristo es una tabla pintada por Piero della Francesca hacia 1445.

LAS CIUDADES Y FAMILIAS DEL RENACIMIENTO

Como no había rey en Italia, porque no estaba unificada en un estado, el poder político estaba en manos de los gobernantes de las ciudades.

A estos gobernantes se los denomina a menudo príncipes del Renacimiento, pero en realidad muy pocos eran de sangre real. Algunos provenían de familias aristocráticas. Otros de familias de mercaderes. Lo que les daba la calidad de «príncipes» era simplemente la riqueza y el poder.

Ciertas ciudades se hicieron muy poderosas y controlaron grandes extensiones de territorio fuera de sus murallas. Este a menudo incluía poblaciones más pequeñas y menos poderosas, que se conocía como ciudades estados. Tenían sus propios gobernantes, competían en el comercio y la industria y luchaban entre sí para obtener mayor poder.

En Italia, había cinco ciudades estados principales: Nápoles, Milán, Florencia, Venecia y los Estados pontificios (controlados por el Papa). Los gobernantes de estos estados, con sus riquezas, fueron algunos de los principales mecenas del Renacimiento.

Pero fueron también por la ambición y la codicia de sus familias, quienes causaron las guerras entre las distintas ciudades. Los habitantes del pueblo preferían continuar con su trabajo.

Durante un tiempo, Milán fue el estado más poderoso, bajo el reinado de los duques de la familia Visconti. Uno de sus miembros, Gian Galeazzb, llegó a ser una persona tan importante que se casó con la hija del rey Juan II de Francia y una de sus hermanas contrajo enlace con un hijo del rey Eduardo III de Inglaterra.

Después de los Visconti, gobernó Milán la familia Sforza, primero Francesco Sforza, un gran capitán de mercenarios, y luego Ludovico Sforza, conocido como II Moro o el Moro, por su tez oscura.

Tanto Florencia como Venecia eran repúblicas, es decir, estados con un gobierno electo o señoría. En realidad, en 1495, sólo 3.200 de los 100.000 habitantes de Florencia tenían derecho a votar para elegir a los miembros de la Señoría. En Florencia, durante más de la mitad del s. XV, una familia, la de los Medici, se convirtió en la virtual autoridad.

En Venecia no había una gran familia dominante porque esa ciudad trataba de mantenerse al margen de la lucha continua entre los estados para poder concentrarse en su comercio marítimo.

Era gobernada por el Dux, cuyo mandato era vitalicio, y por un Gran Concejo. Estaba además el Concejo de los Diez, que ayudaba a mantener el orden público en épocas de emergencia y era temido porque su poder iba más allá de la ley.

Si sospechaba que alguien planeaba algo contra el estado, lo hacía matar. Los papas eran líderes políticos y mecenas de las artes, al mismo tiempo que jefes supremos de la Iglesia. Dos de ellos pertenecieron a la familia Médicis.

Fuente Consultada:
Historia Universal Ilustrada John M. Roberts – Tomo I

Los Primeros Mecenas en la Edad Media

El Renacimiento Italiano Resumen Características

RESUMEN DE HISTORIA DEL RENACIMIENTO ITALIANO

Durante la Edad Media el saber estaba estrechamente vinculado con la religión. Muy pocos, aparte de los eclesiásticos, sabían leer y escribir. En su mayor parte el saber estuvo influido por las enseñanzas de la Iglesia, las cuales raras veces eran cuestionadas.

El Renacimiento fue la época en que los hombres buscaron nuevas ideas. Muchos retornaron a las ideas de los griegos y romanos. Los grandes artistas del Renacimiento, como Leonardo de Vinci y Miguel Ángel, siguieron los ejemplos grecorromanos en sus magníficas pinturas y estatuas. Arquitectos como Bramante diseñaron edificios con columnas y arcos tomados de Grecia y Roma, respectivamente. También floreció el comercio en el Renacimiento. Una nueva clase de riqueza —la de los ricos mercaderes— apareció y estos hombres se sintieron orgullosos de sus logros. Pidieron a muchos artistas que pintaran sus retratos y los de los miembros de su familia. Con este nuevo interés por los retratos la pintura se hizo cada vez más realista.

El gran erudito Desiderio Erasmo empezó a estudiar la Biblia bajo un nuevo aspecto, renovando de ese modo los estudios religiosos. Erasmo creía que los hombres tenían una enorme fuerza y capacidad para mejorar la vida en la Tierra.

La ciencia y el saber popular

De esta manera la gente empezó a estudiar cada vez más el mundo que la rodeaba y a explicarse, asimismo, lo que veía en el cielo. En 1543 un astrónomo polaco, Nicolás Copérnico, sugirió que la Tierra era redonda y giraba sobre su eje y que también giraba en torno del Sol. Hasta ese momento la gente creía que nuestro planeta no se movía, que era el centro del Universo y que el Sol, La Luna , los planetas y las estrellas se movían a su alrededor. El cielo, morada de Dios, era perfecto e inmodificable.

A algunos hombres de la Iglesia no les agradaron las nuevas ideas de I: s astrónomos porque parecían contradecir la Biblia. En realidad no sucedía tal cosa, ya que la ciencia y la religión no se oponen. En 1572 un astrónomo danés, Tico Brahe. vio que el cielo «inmodificable» cambiaba ante sus ojos cuando observó estallar una estrella. Y cuando el astrónomo italiano Galileo Galilei contempló el cielo nocturno con su nuevo telescopio se convenció de que Copérnico tenía razón.

Entre los años 1300 y 1600 la vida en Europa sufrió grandes cambios. Fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento. Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia. Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa. Pero fue también una era de violencia, pobreza, hambre y enfermedades.

Hendrick Willem Van Look en su libro «La Historia de la Humanidad», explica de la siguiente manera el fenómeno del Renacimiento Italiano: «.…fue [el renacimiento] algo parecido a «la fiebre de la bicicleta» o «la fiebre del automóvil». Un día alguien inventó la bicicleta. Una gente que durante cientos de miles de años se había tenido que desplazar lentamente, de repente se volvió loca con la idea de rodar rápidamente de un sitio a otro. Más tarde, un mecánico inteligente construyó el primer automóvil. Ya no era necesario pedalear y pedalear con gran fatiga. Sólo había que sentarse en el coche y dejar que las gotitas de gasolina hicieran su trabajo. Todo el mundo quería un automóvil y hablaba de marcas de coches, de motores, de carburadores, de kilometraje y de aceite. El mundo entero sufre la fiebre del automóvil, y los niños aprenden a decir «coche» antes que «mamá» o «papá».

En el siglo XIV, los italianos se volvieron locos con los maravillosos objetos que desenterraban del mundo romano. Este entusiasmo pronto se extendió por Europa occidental. El día en que se encontraba un nuevo manuscrito se convertía en fiesta nacional. Si alguien escribía una gramática se hacía tan famoso como hoy un presentador de televisión.

A los humanistas, los estudiosos que dedicaban su tiempo y energía al estudio de la humanidad —en vez de mal invertir sus horas en indagaciones teológicas infructuosas—, se les tenía un mayor respeto y se les hacía mayores honores que a un héroe que acababa de conquistar las islas Caníbales.»…

A mediados del s. XV, Europa, devastada por la peste y por las guerras, había quedado cultural y políticamente rezagada respecto a otras partes del mundo. Sin embargo, en Italia por  entonces comenzó una extraordinaria revolución artística y literaria que resonaría durante siglos, mientras que las monarquías cada vez más centralizadas de España, Francia e Inglaterra se disponían a construir imperios globales.

El Renacimiento europeo fue un movimiento muy amplio, que se originó en Italia, en la primera mitad del s. XV y que se  inspiraba en un interés renovado por el mundo clásico. Dio lugar a extraordinarios avances en el arte, la arquitectura y la literatura. La prospera clase burguesa se convirtió en mecenas de las mismas artes, lo que dio mayor libertad a los artistas, al tiempo que la aparición la imprenta permitió la rápida difusión de las ideas.

EL RENACIMIENTO ITALIANO: «Renacimiento» es el término que resume los logros culturales que los italianos realizaron en los siglos XIV y XV. En realidad hubo varios «renaceres» de la enseñanza, la cultura y el arte clásicos. En el siglo XII, por ejemplo, se renovó el interés por las escrituras de Aristóteles.

Sin embargo, el Renacimiento italiano tal vez sea más conocido por la cantidad de hitos artísticos, arquitectónicos y culturales que registró. Las acaudaladas ciudades-estado ocupaban una posición geográfica y financiera excelente para acunar el «Renacimiento».

Por las ciudades del norte no solo circulaban los artículos comerciales que se importaban de África del Norte y Asia, sino también bienes culturales y conocimiento. Desde Constantinopla, España y el mundo árabe llegaban textos clásicos y saberes matemáticos y científicos. Además, la proximidad de las ciudades-estado a los restos de la Antigua Roma les permitía analizar in situ los estilos artísticos y arquitectónicos.

Uno de los núcleos del Renacimiento italiano fue Florencia, gobernada por la poderosa familia Medici, mecenas, entre otros, del artista y escultor Miguel Ángel. Otros artistas renacentistas destacados fueron Donatello, Botticelli, Rafael y Leonardo da Vinci.

En el campo de la literatura, Petrarca fue en gran parte responsable del surgimiento del humanismo, una escuela de pensamiento que aseguraba que el ser humano era intrínsecamente bueno, en oposición a la Iglesia, que lo concebía como un pecador que debe ser redimido. Otras plumas ilustres fueron Dante, autor de La divina comedia, y Boccaccio, cuyo Decamerón inspiró muchos relatos de Shakespeare.

La arquitectura renacentista también estuvo influida por el clasicismo; se construyeron espléndidos edificios en Florencia, Venecia, Milán y Roma. Las columnas como motivos decorativos de fachadas y las cúpulas proliferaron. Entre los edificios renacentistas clave destacan el Duomo de Florencia y la basílica de San Pedro en Roma.

Esta actitud se puso de manifiesto en los siglos XV y XVI, en el Renacimiento, con el auge de las letras, las artes y el pensamiento. Quienes empezaron a utilizar este término perseguían el objetivo de recuperar el pasado clásico, griego y romano.

RENACIMIENTO EN ITALIA: Este cambio de mentalidad, que tuvo su origen en Italia, recibió un impulso cuando el canciller florentino Coluccio Salutati (1331-1406) comenzó a promover a su ciudad-estado como capital intelectual de Europa. En 1396 invitó a Manuel Crysoloras, erudito de Constantinopla, a enseñar griego en Florencia. Cuando la ciudad cayó en 1453 en manos de los turcos otomanos, muchos estudiosos orientales viajaron a Occidente, llevando consigo el saber griego y la tradición filosófica.

La condición social relacionada con el conocimiento fue valorada por otro líder florentino, el banquero, filántropo y estadista Cosimo de Medici (1389-1464), quien fue uno de los mecenas de la Academia platónica de Florencia (fundada por Salutati), en donde eruditos tales como Marsilio Ficino (1433-1499) y el conde Giovanni Pico de la Mirándola (1463-1494), filósofo, trabajaban para reconciliar el cristianismo con las ideas recién descubiertas de la filosofía griega y romana.

En este empeño, Pico de la Mirándola mezcló la escuela estoica griega y romana con material de la Cabala judía (tradición filosófica y literaria enraizada en el empeño de conocer los insondables secretos de la existencia) y fuentes islámicas para construir su humanismo cristiano, según el cual todas las empresas intelectuales y creativas de la humanidad forman parte de Dios.

HUMANISMO ITALIANO: El humanismo renacentista fue un movimiento intelectual relacionado con el estudio de las obras literarias de la Grecia y Roma clásicas. Los humanistas estudiaron las artes liberales —gramática, retórica, poesía, filosofía moral o ética e historia basados en los escritos de la Grecia y la Roma antiguas. Éstos son los temas que llamamos Humanidades.

La importancia central de las preocupaciones literarias del humanismo renacentista se manifiesta en la condición profesional o en las ocupaciones de los humanistas. Algunos eran maestros de humanidades en las escuelas secundarias o en las universidades, donde daban conferencias ocasionalmente, o tenían cargos permanentes, a menudo, como profesores de retórica.

Otros servían de secretarios en las cancillerías de las ciudades-estado italianos, o en las cortes de los príncipes o papas. Todas estas ocupaciones eran en gran medida seculares, y la mayoría de los humanistas eran seglares, más que miembros del clero.

Petrarca (1304-1374) el padre del humanismo renacentista italiano, hizo más que cualquier otra persona del siglo XIV para alentar el desarrollo del humanismo renacentista. Fue el primer intelectual en caracterizar la Edad Media como un periodo de oscuridad, promoviendo la errada creencia de que la cultura medieval ignoró la antigüedad clásica.

El interés de Petrarca en los clásicos lo condujo a una búsqueda de manuscritos latinos olvidados y puso en movimiento una exploración de las bibliotecas monásticas por toda Europa. En su preocupación por los clásicos y su contenido secular, Petrarca se preocupó a veces de si daba la suficiente atención a el príncipe del lenguaje».

En Florencia, el movimiento humanista renacentista tomó un nuevo rumbo, se volvió estrechamente vinculado al espíritu y orgullo florentino y dio lugar a lo que un moderno erudito califico de «humanismo cívico». 

En Florencia, los intelectuales, en cambio, empezaban a adquirir un nuevo punto de vista sobre su papel. El hombre de estado e intelectual  romano, Cicerón, se convirtió en su modelo.  El humanismo cívico reflejaba los valores de la sociedad urbana del Renacimiento italiano. Los humanistas llegaron a creer que el estudio de humanidades se podría poner al servicio del estado. No es accidental que los humanistas sirvieran al estado como cancilleres, consejeros o asesores.

Durante la Edad Media, el arte tenía una función religiosa. Las iglesias eran las principales compradoras de las creaciones de los artistas y las obras servían para difundir o reforzar sus enseñanzas. Con el crecimiento de la autoridad de los príncipes y con el mayor poder adquisitivo de los burgueses, se Integraron al mundo del arte otros temas y objetivos.

Dado que los humanistas resaltaban al hombre y la naturaleza, esos fueron los principales temas también en las obras de arte, Nuevas temáticas, entre ellas el interés por reproducir el cuerpo humano con todas sus características, tuvieron como consecuencia obras de arte que parecían verdaderos tratados sobre anatomía humana. Si bien durante la primera etapa, el siglo XV, se mantuvieron las temáticas religiosas, paulatinamente fueron resaltándose los elementos de la naturaleza y las temáticas relacionadas con la vida cotidiana de los hombres y mujeres comunes.

Las nuevas actividades artísticas requerían de nuevas fuentes de financiación (ya no era la Iglesia la única que encargaba las obras). Así, surgió la figura de los mecenas, ricos burgueses, príncipes o nobles, que tomaban bajo su protección a algún artista talentoso y financiaban su obra. El mecenazgo era, al mismo tiempo, una forma de aumentar el propio prestigio de los protectores. Los Médicis, fueron unos de los mecenas más importantes y pertenecían a la familia gobernante de la ciudad italiana de Florencia.

RASGOS DEL ARTE EN EL RENACIMIENTO ITALIANO: Las artes plásticas renacentistas resaltaban la belleza y la armonía de la naturaleza y del hombre. De la observación y el estudio de éstas, y con el espíritu del hombre que puede, por sí mismo, comprender cada vez más al mundo, los artistas comenzaron a realizar estudios sistemáticos que les permitieran perfeccionar sus obras, e incluso escribir tratados sobre cómo debían ser éstas. En la escultura, se comenzaron a cuidar las proporciones armoniosas del cuerpo humano.

En la arquitectura, se introdujeron elementos grecorromanos: arcos de medio punto, columnas, cúpulas, entre otros. En la pintura, comenzaron a cobrar importancia la proporción, las relaciones con el mundo de la geometría, nociones de simetría y perspectiva. Así, por ejemplo, además del alto y el ancho, empezaron a verse en las obras imágenes que sugerían la «profundidad», en diversos planos.


La Creación de Miguel Ángel

   
La Ultima Cena de Leonardo Da Vinci


El sacrificio de Isaac (1401-1402) es el bajorrelieve de bronce de Brunelleschi


La Virgen y el Niño con san Antonio, de Donatello


Moisés de Miguel Angel

EL RENACIMIENTO EN EL RESTO DE EUROPA: LETRAS, ESCULTURA, ARQUITECTURA Y PENSAMIENTO

ERASMO Y RABELAIS. Erasmo de Rotterdam (1466-1536) fue considerado el hombre más culto de su siglo. De un espíritu agudísimo que lo llevó a utilizar la sátira y la ironía en sus burlas contra los defectos del clero y de la nobleza, fue uno de los causantes indirectos de la Reforma por la protesta constante contra la sociedad de su tiempo. Sin embargo, fue enemigo de Lutero, a quien criticaba por su intolerancia. Escribió Elogio de la locura o Encomio de la sandez, que es una despiadada sátira contra la sociedad de su tiempo. Su influencia llegó a todos los rincones de Europa. En Francia el renacimiento literario tuvo en Francisco Rabelais (1483-1553) uno de sus mejores protagonistas.

Era contemporáneo de Erasmo y recibió protección del rey Francisco I, gran enamorado de las artes y las letras, que había creado el Colegio de Francia. Rabelais era hombre muy agudo y culto, pero satírico implacable y persona de diversas ocupaciones, pues fue poeta, médico, monje y jurisconsulto.

Murió siendo párroco de Meudon. Su obra más conocida es la titulada El Gigante Gargantúa y su hijo Pantagruel, ambos grandes comilones y amantes de la buena vida. En esta novela se burla de los defectos corrientes de su época, sin respetar siquiera los temas religiosos. Contemporáneos de Rabelais fueron los hombres de «La Pléyade», entre los cuales estaba el poeta Pedro Ronsard (1525-1585), gran entusiasta de los clásicos. Montaigne (1533-1592) alcanzó celebridad al escribir Los Ensayos, una obra de crítica que contiene altos conceptos filosóficos.

En Alemania, el Renacimiento fue más tardío y coincidió con las convulsiones de la Reforma. Un poeta, Hans Sachs, inmortalizado más tarde por Wagner, fue el autor de Los Maestros cantores, obra que se inspiró en los «minnensingers» medievales. Portugal, que se había lanzado a la gran aventura del descubrimiento del camino de las Indias por las rutas del Sur, tuvo también su gran poeta íntimamente ligado a las aventuras que vivió su país. La vida de Luis de Camoens (1524-1580) fue apasionante.

Perdió el ojo derecho peleando en África, fue a las Indias y naufragó, estuvo preso y, como todos los grandes genios, sufrió calamidades sin cuento hasta su muerte, que le encontró pobre y completamente ignorado. Cuando su buque se hundió, Camoens, a costa de grandes apuros consiguió salvar su gran poema Os Lusiadas, es decir las hazañas de los portugueses en la conquista de la India. Sus principales protagonistas son Vasco de Gama y su protectora, la diosa Venus.

SHAKESPEARE. Las Islas Británicas vivieron bastante alejadas de la Italia renacentista y su evolución política e histórica fue poco influida por el movimiento italiano. Sin embargo, en el siglo XIV Godofredo Chaucer, que había viajado por Italia como paje de Eduardo III, escribió una obra que imitaba al Decamerón de Bocaccio, Los cuentos de Canterbury. A fines del siglo XVI apareció la figura extraordinaria de Guillermo Shakespeare. Había nacido en Straford en 1564 y murió en la misma ciudad en 1616, el mismo día, según se cree, que falleció Cervantes. El teatro, que en la Edad Media se limitó a representar autos sacramentales, es decir, escenificaciones de vidas o milagros de santos, en la puerta de las catedrales, tuvo en Inglaterra una aparición espléndida y pronta en la obra de Shakespeare.

Muy joven entró como apuntador en una compañía de cómicos que recorrían los pueblos. Fue autor y actor al mismo tiempo y fundó más tarde un teatro llamado «El Globo». Su vida fue triunfal a partir de los primeros éxitos y consiguió fama, honores y riquezas. Sus obras conocidas son treinta y cinco. Algunas son tragedias, como Hamlet, la historia del desgraciado príncipe de Dinamarca, los amores infelices de Romeo y Julieta, los celos de Otelo, la ambición de Macbeth, etc. Enrique IV y Ricardo III son dramas nacionales, históricos.

Y, finalmente, son comedias Las alegres comadres de Windsor, El sueño de una noche de verano, La Tempestad, El mercader de Venecia, etc. En algunos casos la ópera y en otros el cine han popularizado hasta nuestros días la obra del gran poeta inglés. El Siglo de Oro español Durante el siglo XVI y parte del XVII España conoció su máximo esplendor y el comienzo de su ruina. Los imperios de Carlos I y Felipe II se habían extendido por todas las partes del orbe.

Sus nombres eran respetados y temidos. Carlos II el Hechizado, el último de los Austrias, era ya un deshecho humano. El siglo XVIII amaneció con sombrías perspectivas. España dejó de ser temida y respetada, y a consecuencia de este hecho los seculares enemigos, los que habían de tejer la «leyenda negra» e impedir todo resurgimiento posterior, levantaron la cabeza, especialmente a partir de la batalla de Rocroy al advertir que los tercios españoles podían ser vencidos.

Y en los mares, los buques ingleses, franceses y holandeses, por primera vez en muchos años pusieron en fuga a los de España. Este esplendor y exuberancia de poder al cual siguió la decadencia, coincidió con una altísima expresión cultural como no se ha vuelto a dar en España. Todas las ciencias y las artes cobraron un impulso extraordinario. Nombres ilustres en las letras, en el arte y en el pensamiento se reunieron para aportar conceptos y formas originales.

La reunión de estos hombres y su obra ha dado origen a la expresión «Siglo de Oro», aunque el lapso de tiempo que duró este auténtico renacimiento español casi alcanzara los doscientos años. Cuando la decadencia política era manifiesta y las dificultades sociales y económicas graves, aún continuaba en el campo del pensamiento y del arte el movimiento ascensional que no cesó, prácticamente, hasta el siglo XVIII. La influencia que este movimiento tuvo en el resto de Europa fue considerable.

ARQUITECTURA Y ESCULTURA. La catedral de Segovia y la Nueva de Salamanca fueron construidas durante el siglo XV, y a pesar de ello se levantaron según las normas del estilo gótico. Éste fue evolucionando y dio lugar al llamado estilo plateresco, que se caracteriza porque sus formas generales y trazado de arcos y puertas es netamente gótico, pero al que se le han añadido un exceso de adornos y elementos accesorios. Por su semejanza a la labor de los plateros recibió el nombre de plateresco.

Las universidades de Salamanca y Alcalá, así como el Ayuntamiento de Sevilla pertenecen a este estilo que es de pura transición. Durante el reinado de Carlos I penetró en España el estilo renacentista. Por esta razón, el césar Carlos mandó construir, según líneas clásicas, el Alcázar de Toledo y el palacio anexo al de la Alhambra de Granada.

La lonja de Zaragoza y la catedral de Málaga, debida ésta a Diego de Siloé, pertenecen al mismo gusto. En cambio, Felipe II, uno de los monarcas más severos y sencillos que ha tenido España, se sintió íntimamente compenetrado con las ideas de Juan de Herrera (1530-1597) y aprobó con ilusión los planos del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Es sabido que el rey Prudente gustaba de contemplar cómo se iba levantando la enorme mole de piedra sentado en un lugar que hoy es conocido con el nombre de «silla de Felipe II».

La Plaza Mayor de Madrid, cerrada por grandes soportales y flanqueada por torres que semejan las de El Escorial, fue construida según el más puro estilo herreriano. Cuando el gusto barroco se introdujo en España, pareció que se remozaba el estilo isabelino y plateresco, si bien con mayor profusión de formas curvas y opulentas. Su manifestación más típica fue el estilo «churrigueresco», llamado así por ser debido al arquitecto salmantino José de Churriguera (1650- 1723). Las torres de la catedral de Salamanca son obra suya, y al mismo estilo pertenecen la fachada de la catedral de Santiago, el Pilar de Zaragoza y, ya en el siglo XVIII, la fachada del palacio del marqués de Dos Aguas, y otras.

La escultura de esta época o tiene un carácter exclusivamente religioso o está al servicio de la nobleza, y se manifiesta por medio de sepulcros o en la ornamentación de palacios. Los desnudos y la belleza desenfadada, naturalista y libre de los renacentistas italianos no encontró eco en España. Alonso Berruguete había sido discípulo de Miguel Ángel, a pesar de lo cual sus figuras muestran la severidad típica de la época de los Austrias.

La imaginería religiosa tuvo sus mejores representantes en Gregorio Hernández, Juan Martínez Montañés y Alonso Cano. Algunas de sus numerosas esculturas policromadas aún se muestran al fervor de los creyentes durante las procesiones de la Semana Santa española. El arte de la orfebrería fue cultivado por Juan de Arfe (1535- 1602), a quien se debe la maravillosa custodia de la catedral de Toledo, conceptuada como la más rica de cuantas existen en el mundo. Otras manifestaciones de tipo artístico entroncadas con la artesanía, como la fabricación de tapices, las cerámicas, etc., tuvieron en esta época protección real y gran fama, incluso fuera de España.

EL PENSAMIENTO. El Siglo de Oro en el campo intelectual fue eminentemente católico. El protestantismo sólo se dio en España en brotes aislados que la Inquisición y el poder real sofocaron con mano dura y gran rapidez. Si Felipe II hubiese tenido un hijo protestante, no hubiese dudado en llevarlo a la hoguera y prender fuego a la pira.

 Esta intransigencia llevada a veces hasta la saña, evitó a España las cruentas guerras de religión que ensangrentaron otros países, pero contribuyó a aumentar la posición de intolerancia que, a la larga, la mantuvo alejada de Europa. Por esta razón la filosofía española no fue casi nunca heterodoxa, y aunque se apartó algo del puro escolasticismo fue tomista en esencia. La Filosofía íntimamente unida a la Religión dio, en el Concilio de Trento, nombres famosos como Melchor Cano y Francisco de Soto, domínicos, y Diego Laínez, jesuita.

Más avanzado en sus concepciones y más influido por corrientes renacentistas fue Francisco de Vitoria, también domínico. Comparable a él fue el jesuita Francisco Suárez, llamado en su época «Doctor Eximius». Anterior a todos ellos, y claramente influido por el pensamiento de Erasmo de Rotterdam, vivió el valenciano Luis Vives (1492-1540) que viajó mucho por Europa y fue profesor en las universidades de Lovaina y Oxford, residió largo tiempo en Brujas e intervino en el pleito de separación entre Catalina de Aragón y Enrique VIII de Inglaterra. Vives fue un gran pedagogo que sentó las bases de la moderna Psicología con sus estudios sobre la atención.

Fue contemporáneo de los Reyes Católicos. Un desarrollo político tan considerable como tuvo el Imperio Español debía plantear problemas jurídicos de importancia. De ahí que surgieran figuran notables en el campo del Derecho, como fueron el P. Vitoria, ya citado, que es el auténtico creador del Derecho Internacional.

Los malos tratos que recibieron los indígenas de América preocuparon a fray Bartolomé de las Casas, que protestó ante la Corona, mas a pesar de sus quejas y las disposiciones reales, los malos tratos continuaron en tal forma que motivaron la petición de importar negros del África a fin de librar a los indios de la dureza de los colonizadores.

Este sacerdote domínico cruzó catorce veces el Atlántico llevado por el celo de que los indios viviesen y fuesen tratados como seres humanos. Se ha dicho si las denuncias de fray Bartolomé fueron exageradas, pero es lo cierto que entre las cédulas y disposiciones reales respecto al trato de los indios y la conducta de algunos gobernadores existía un abismo. El llamado hoy «problema social» preocupó en aquel tiempo a hombres como Ginés de Sepúlveda, Salgado Somoza y Saavedra Fajardo, éste, notable literato.

El historiador más conocido y famoso del Siglo de Oro fue el P. Juan de Mariana (1537-1624), pero su Historia de España no es una obra de investigación erudita, cosa que el autor tampoco se propuso, sino un relato en el cual incluso inventa discursos o frases que imagina pudieron pronunciar los personajes famosos. En otra de sus obras, De rege et regis institutione, se pregunta si es lícito matar al tirano, y contesta afirmativamente coincidiendo con la atrevida tesis que también sustentaba el P. Vitoria.

Los historiadores fueron numerosos y entre ellos se debe mencionar a Florián de Ocampo y Jerónimo de Zurita, autor éste de los Anales de Aragón, que escribió en forma mucho más objetiva e imparcial que el P. Mariana. Francisco de Moncada narró las hazañas de los aragoneses y catalanes en Oriente basándose en testimonios y crónicas de la época. Diego Hurtado de Mendoza hizo lo mismo con la guerra de los moriscos de Granada, y Francisco Manuel de Melo historió la guerra de Cataluña.

Saavedra Fajardo (1584-1648) fue un pensador más que un historiador. Vivió en tiempo de Felipe IV, y en sus Empresas políticas realiza un verdadero ensayo sobre las cualidades que ha de reunir un buen gobernante. Los que vivieron las grandes hazañas de la conquista de América dejaron buen número de tratados, como las Cartas de Relaciones, de Hernán Cortés, aunque son más interesantes las narraciones del soldado Bernal Díaz del Castillo, que acompañó al conquistador de México.

El inca Garcilaso escribió la Historia de la Florida; Antonio de Solís, La conquista de México; López de Gomara, Historia general de las Indias, etcétera. Tantos viajes y descubrimientos dieron un impulso extraordinario a la Geografía.

El procedimiento o sistema de proyección llamado de Mercator fue ideado primeramente por un español: García Torreno. El primer mapamundi fue dibujado por el navegante y piloto Juan de la Cosa, el primer atlas por García Céspedes, los primeros intentos de medir longitudes se deben a Alonso de Santa Cruz, y fueron los españoles quienes intentaron abrir el canal de Panamá ya a raíz del descubrimiento del Pacífico.

Durante estos dos siglos, XVI y XVII, el Atlántico fue surcado preferentemente por naves españolas, que fueron también las primeras en iniciar la ruta del Asia a partir de las costas americanas del Pacífico. Este auge cultural en todos sentidos fue preparado por las Universidades españolas, que en el siglo XVI tuvieron fama internacional.

Salamanca llegó a contar con unos 8.000 alumnos. No siempre la grey estudiantil estuvo a la altura de sus maestros, ni esta proliferación de hijos de señores o de nobles que se entregaron a los estudios lo hicieron con verdaderos deseos de contribuir a la cultura patria. Al lado de ellos surgió la figura del estudiante humilde, tenaz e inteligente, que lograba alcanzar un puesto notable, pero también el que dio origen a una parte muy considerable de la «picaresca» y que en El Buscón, de Quevedo, se retrata con una crudeza impresionante.

El número de centros culturales que se fundaron en este período fue considerable. La Escuela de Náutica y de Cartografía dependiente de la Casa de Contratación de Sevilla, que a su vez entendía todo lo que se relacionaba con América, las Academias de Ciencias y Matemáticas, el Museo de Ciencias Naturales, el Jardín Botánico de Aranjuez, la Biblioteca de El Escorial, la Biblioteca Colombina de Sevilla, fundada por Fernando Colón, hijo del descubridor, el Archivo de Simancas, que actualmente conserva inapreciables documentos sobre la conquista y la colonización, etcétera.

Ver: Historia de Florencia del Renacimiento

Ver: Hombres del Renacimiento

Fuente Consultada:
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I «El Ateneo»
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

Eunucos Haren Harenes Sultan del Imperio Turco Vida y Costumbres

Eunucos Haren Harenes Sultán del Imperio Turco
Vida y Costumbres

A partir de un pequeño estado en la Anatolia Occidental los gobernantes otomanos crearon un inmenso imperio de gran poderío, complejidad y sofisticación artística.

La estructura política del imperio: El dirigente del Imperio Otomano era el sultán, que disfrutaba de un poder absoluto. En un principio, los gobernantes otomanos se habían denominado «gazis», o guerreros de la guerra santa, pero durante el mandato de Murat (1360-1389), el título fue sustituido por el de sultán, o monarca. (imagen izq. Murat I)

En los siglos posteriores se adoptó también el título de califa, o líder religioso. Aunque el sultán ostentaba un control absoluto, para la administración del imperio contaba con la ayuda de un cuerpo burocrático de funcionarios dirigido por el consejo supremo, el Diván. En el siglo XIV, el Diván estaba integrado únicamente por tres visires, cifra que para el siglo XVII se había aumentado a once visires. Este grupo se hallaba bajo el control del gran visir, que departía directamente con el sultán.

La otra institución poderosa dentro del Gobierno otomano era el harén. El harén estaba gobernado por la «sultana valida», la madre del sultán, quien solía tomar partido en los asuntos de Estado. En grado de importancia, bajo ella se situaba la primera esposa del sultán o madre de su primogénito y, en un tercer nivel, las otras cuatro esposas oficiales.

En sentido estricto el harén es el recinto específicamente destinado a las mujeres situado dentro de palacios o grandes edificaciones. La vivienda musulmana consta de dos partes perfectamente diferenciadas : el “selamlik”, destinada a los hombres y el “harenlik”, zona donde las mujeres pasan su vida.  “Harén” significa a la vez “sagrado” e “inviolable”. Este lugar está vedado a los visitantes del otro sexo y solo puede ser frecuentado por eunucos o por el dueño y señor de la casa. Traspasar el umbral del harén acarrea la decapitación inmediata del intruso. En la época del sultanato turco se elevaba a más de mil personas, en la que no sólo habitaban las mujeres del sultán, las princesas y los príncipes, las esclavas y los eunucos, sino que cumplía otras funciones sociales y económicas.

En el harén vivían también las concubinas, tanto del sultán como de sus oficiales más destacados, así como muchachas usadas para concertar matrimonios políticos.

Al servicio del harén había dos niveles de eunucos, los negros y los blancos. Los eunucos negros eran esclavos africanos que servían a las mujeres y se hallaban bajo el control de un eunuco negro jefe, un miembro de la corte con gran poder.

Los eunucos blancos eran principalmente esclavos balcánicos y servían en la escuela de palacio donde estudiaban los niños escogidos que más tarde se convertirían en oficiales o jenízaros. Los jenízaros eran la caballería de elite del sultán. Acostumbraban a ser esclavos cristianos cuidadosamente seleccionados en las tierras conquistadas e instruidos en condiciones monásticas estrictas. Aunque no estaban obligados a convertirse al islam.

El jefe de los eunucos blancos era el brazo derecho de los sultanes, mostrando a veces más poder dentro del gobierno que el gran visir del lugar. Ellos decidían quienes franqueaban las murallas y hasta donde podían hacerlo. Los eunucos negros eran los custodios del harén femenino, protectores de las puertas interiores. Sombras diurnas y nocturnas de las esposas, cuanto más feos son más valor ostentan en el mercado. Controlan desde la comida hasta las ropas de las esposas y concubinas.

A los eunucos se lo consideraban ser “menos que hombres” e incapaces de «ser tentados» por las mujeres del harem. Esto les permitía ser exclusivamente leales al Sultán. Hombres castrados que por lo tanto no representaban ninguna amenaza a la santidad del harem. Según la tradición musulmana, ningún hombre podía poner sus ojos en el harem de otro hombre, por lo tanto requerían a alguien considerado “menos que un hombre” para el papel de la tutela marital sobre las mujeres del harem.

Uno de los harenes mas famosos de la historia fue es de Topkaki en Estambul,
sirvió de residencia a los sultanes durante 80 años desde 1478

El harén de Topkapi se dividía en dos clases: las sirvientas-cariyeler y las privilegiadas-gedikiler. Las sirvientas no tenían ningún contacto con el Sultán. Si alguna de las mujeres era elegida por el Sultán como concubina se le daba una estancia privada para que la prepararan para su cita; si después de este primer encuentro el Sultán seguía interesado en ella, esta dama se convertía en odalisca.

Las odaliscas, por lo general, no eran presentadas ante el Sultán, pero a aquellas que eran de extraordinaria belleza y talento se las consideraba como concubinas en potencia, y se las adiestró en consecuencia. Aprendieron a bailar, recitar poesía, tocar instrumentos musicales, y demás conocimientos dirigidos a deleitar al Sultán. Sólo las odaliscas más dotadas fueron presentadas al Sultán y era posible para estas odaliscas pudieran escalar posiciones en la jerarquía de harén y disfrutar de la seguridad por su poder y posición.

El harén era dirigido por la madre del Sultán, que también elegía a las mujeres que lo integraban. La madre del sultán (valide sultán) podía llegar a ser una figura poderosa en las intrigas de palacio, como el ejemplo de Kösem, madre de Ibrahim el Loco.

Una de las partes más sorprendentes que integran el harén de Topkapi es La Jaula (Kafes), un edificio donde se encerraban a los herederos hasta la ancianidad, solo salían para sustituir al Sultán muerto. Esto se usaba como método de control, para que ningún heredero conspirase contra su padre o sus intereses.

El harén era un espacio prohibido para los hombres, a excepción de los eunucos, , hombres castrados que guardaban los harenes, en algunas ocasiones llegaron a convertirse en hombres poderosos. (Fuentes: Muy Historia, nº 18)

Los eunucos eran presiones de guerra o esclavos masculinos, normalmente castrados en la pubertad. Esta operación estaba a cargo de egipcios cristianos o judíos y como el Islam prohibía la práctica de castración, la misma se hacia en el camino hacia el mercado. Existen tres variedades de eunucos, el completo, al cual de niño se le extrae en órgano completo de la generación (Dekeur, el pene), el escroto y los testículos, el eunuco incompleto al que se le priva solo de los testículos tras la pubertad y, finalmente, el eunuco al que se le atrofian los testículos por frotamiento.

El primer tipo es el adecuado para velar por la seguridad del harén, los otros dos son considerados “inseguros”, al haber conocido en el inicio de la pubertad el deseo sexual. Los primeros tras la castración cambian física y mentalmente, no tienen barba, la laringe es de pequeñas dimensiones y la voz resulta infantil y aniñada ; su carácter está próximo del sexo femenino. Entre los árabes se dice que viven poco tiempo y mueren antes de los treinta y cinco años.

Los Niños:  Dentro de las murallas es muy difícil que una esclava o concubina tenga un hijo, pues recurren a miles de trucos para no engendrar o provocarse abortos, en espera de que sus descendientes no sean carne de mercado en los harenes.

Normalmente los niños de las esposas oficiales, o concubinas preferidas si nacen, ya que ellos reciben un trato especial y es extraño que un sultán venda o comercie con esa descendencia. A veces eran los propios amos ayudados por sus mutilados mudos los que provocaban las masacres de los niños hijos de esclavas o servicio. Dándose también las ocasiones en las que el dictador, ha mandado matar, mutilar o martirizar a sus propios sucesores, por celos o miedo a ser derrocados. Y todo esto siendo niños.

Incluso se han dado veces en que han sido vendidos a otros harenes después de la circuncisión para ser juguetes de perversión de las esposas y luego de los eunucos. Si tiene suerte de superar este miedo a la continuidad y sucesión de sus progenitores serán desde la infancia dirigidos a la decisión de futuro que haya tomado su padre (como sucedía antiguamente en el pueblo faraónico): Oficiales del ejército, militares de alto rango, ministro de un monarca musulmán o heredero.

Vida de Lorenzo de Médici el Magnífico Breve Biografía

BREVE BIOGRAFÍA DE LORENZO DE MEDICI – MECENAS ITALIANO

Político y banquero italiano Lorenzo de Medici (1449-1492) fue un influyente mecenas de las humanidades durante el renacimiento.

Lorenzo nació en Florencia el 1º de enero de 1449, hijo de Pedro de Medici a cuya muerte asumió la dirección del banco de los Medici, así como el gobierno de hecho de Florencia.

Fue un poeta de talento y reunió en su corte a los creadores e intelectuales más importantes de su época. Lorenzo murió en Careggi el 9 de abril de 1492.

Lorenzo el Magnifico

Lorenzo de Médicis presidió el máximo esplendor de la Florencia renacentista. Es la época en que los palacios mediceos se llenan de las obras del Verrocchio, de Botticelli y de Filipino Lippi, del Ghirlandaio y del Gozzoli; en que en el Estudio florentino enseñan humanidades un Argirópulos, un Landino y un Policiano; en que en la corte de Lorenzo se reúnen Marsilio Ficino y Pico de la Mirándola, los dos neoplatónicos de la Academia, Filelfo y Calderini, Bembo y Bárbaro, Reuchlin y Toscanelli. Todos ellos mentalidades privilegiadas, capaces de honrar por sí solas las cortes de los mayores soberanos de la Historia. En Florencia se editan Virgilio y Homero, Boccaccio y el Dante, y se discute sobre el Cristianismo y el paganismo, sobre la moral antigua y la moderna, sobre la teología y la filosofía. Hallámonos en el auge del humanismo italiano, con sus exaltaciones, sus encantos, sus bellezas y sus lamentables extravíos.

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Veamos ahora los rasgos mas importantes de su vida:

VIDA DE LORENZO EL MAGNÍFICO: Siete de febrero de 1469. En la plaza de la Santa Cruz, de Florencia, se realiza un torneo de excepcional importancia. Toman parte en él jóvenes de las más poderosas familias florentinas.

El pueblo, que ha acudido en gran número, sigue con entusiasmo las alternativas del extraordinario certamen. La lucha entre los competidores se va haciendo cada vez más reñida. Será premiado el caballero que, además de manejar la lanza con gran habilidad, demuestre una excepcional destreza como jinete.

En cierto momento la atención de los espectadores se ve atraída por un caballero que viste una capa de terciopelo azul con pespuntes de lirios dorados.

El caballero está realizando verdaderas proezas; logra voltear a sus adversarios al primer golpe, y cada vez que su caballo es embestido con fuerza y está para caer, él, con singular maestría, consigue mantenerlo en pie para reanudar inmediatamente el combate.

Ahora los pajes hacen sonar sus trompetas: la gran competición ha finalizado.

Los jueces no tienen ninguna dificultad en la elección del vencedor: el mejor de la palestra ha sido el caballero de la capa de terciopelo azul.

Este caballero, que con su extraordinaria habilidad ha entusiasmado a los florentinos, es Lorenzo, hijo de Pedro de Médicis, el más notable de los ciudadanos de Florencia.

UN JOVEN DECIDIDO: El 2 de diciembre del mismo año Pedro de Medicis dejó de existir, y le sucedieron sus hijos Lorenzo y Julián; pero como este último tenía apenas dieciséis años, el «cuidado de la ciudad» pasó a manos de Lorenzo, que había cumplido veintiuno.

Hasta ese momento el joven Lorenzo se había dedicado a la poesía, a la caza y a los torneos. Pocos eran, pues, los que esperaban de él habilidad política.

Y, sin embargo, este genial improvisador de versos, este brioso organizador de fiestas y banquetes, mostró en su haber un programa político bien definido.

Dos eran las metas que Lorenzo se había propuesto alcanzar: disminuir la potencia de las grandes familias florentinas que disputaban el poder a la suya y modificar las instituciones republicanas para cortar a sus adversarios el camino al poder. (Aunque existía la Señoría de los Medicis, Florencia conservaba aún las viejas y tradicionales instituciones comunales.)

Lorenzo de Médicis puso en seguida manos a la obra. Al año siguiente (verano de 1470) logró que un Consejo Mayor (del cual él mismo formaba parte) se encargare del estudio de las reformas que debían realizarse en las antiguas instituciones. Éste fue el primer paso de su audaz programa.

En 1472 llegó una grave noticia: la ciudad de Volterra había decidido rebelarse contra la Señoría florentina.

El momento era extremadamente delicado: los ciudadanos más autorizados de Florencia estimaron conveniente, llegar a un acuerdo con Volterra. Pero Lorenzo se negó a aceptar la propuesta.

Antes bien, dispuso que las tropas florentinas se pusiesen en marcha hacia Volterra. En menos de dos meses, los volterranos se vieron obligados a rendirse.

Desde su juventud, Lorenzo demostró estar dotado de condiciones intelectuales poco comunes. Nieto del gran Cosme e hijo de Pedro y Lucrecia Tornabuoni, distinguióse en los estudios de humanidades bajo el sabio profesorado de Ficino, Landino y Argirópulos.

«EL FIEL DE LA BALANZA ITALIANA»

Seguro ya del favor de todo el pueblo florentino, Lorenzo decidió llevar a cabo las reformas del gobierno proyectadas desde 1470.

Sin suprimir las antiguas instituciones, consiguió que se le otorgase la facultad de dirigir libremente la política de Florencia, convirtiéndose así en el único y absoluto señor de la ciudad.

Pero no quiso aprovecharse de la fe que los florentinos depositaron en él, para transformarse en tirano.

Como hombre sabio que era, se sirvió del poder para dar a su querida ciudad paz y bienestar. Por su mérito, Florencia se convirtió en la ciudad más bella y elegante de Italia.

Lorenzo la embelleció con magníficos edificios y la alegró con fiestas de máscaras y torneos. Al mismo tiempo, continuaba con su obra de hábil político.

Convencido de que sólo la paz puede encauzar a los pueblos por la senda del progreso, se empeñó en una obra realmente excepcional: la de mantener en buenas relaciones a los distintos Estados italianos.

Y en electo, merced a su actuación, Italia pudo gozar, durante casi veinte años, de paz y prosperidad. Debido a esta sabia política, Lorenzo de Mediéis sería llamado «el fiel de la balanza italiana».

Esta expresión quiere significar que Lorenzo había logrado equilibrar los intereses y las pretensiones de unos y otros Estados.

EL POETA

Lorenzo de Médicis no ha pasado a la historia sólo como el más hábil político del siglo XV. También es recordado como poeta exquisito, y sus composiciones poéticas aún hoy se leen con placer. Sus contemporáneos le expresaron su admiración llamándolo «el Magnífico».

Sin abandonar los intereses financieros de su familia ni sus ocupaciones culturales, Lorenzo dedicó parte de su gigantesca actividad a la vida política. Su enlace con Clarisa Orsini (1469) le había elevado definitivamente sobre los rangos de la burguesía florentina. Había llegado el momento de completar la obra política de Cosme el Viejo y de dar aspecto formal al dominio efectivo ejercido por los Médicis en Florencia.

LA CONSPIRACIÓN DE LOS PAZZI:

En 1474 se le ofreció a Lorenzo la ocasión de demostrar también su habilidad poco común de hombre político.

Para hallarse en condiciones de afrontar el eventual ataque de los Estados que tenían la intención de extender sus dominios en perjuicio de Florencia, Lorenzo se ocupó de concertar alianzas.

Y el resultado de su actividad diplomática fue que la República de Venecia y el Ducado de Milán, los dos Estados más poderosos de Italia, aceptaron formar una liga con Florencia.

La popularidad y la fe que Lorenzo había ido conquistando poco a poco entre los florentinos no pudo menos que suscitar la envidia de la familia de los Pazzi. Éstos eran unos ricos banqueros que desde hacía tiempo aspiraban a sustituir a los Medicis en el gobierno de la ciudad.

Su despecho había llegado a tal punto que no titubearon en poner en ejecución un plan criminal.

En la mañana del 26 de abril de 1478, junto con otros rivales de los Médicis, los Pazzi decidieron actuar. Estaba dispuesto que el ataque se debía realizar nada menos que en la catedral de Florencia, durante la misa.

Y en el momento de la elevación, cuando todos los fieles se encontraban más absortos, Lorenzo y Julián fueron acometidos por la espalda. Atravesado por varias puñaladas, Julián cayó al suelo moribundo; Lorenzo a duras penas consiguió librarse de la furia salvaje de los asesinos, encerrándose en la sacristía. El mismo pueblo, indignado, ajustició a los conspiradores.

Fuente Consultada: Enciclopedia Estudiantil Tomo VI Editorial CODEX.

Historia de Espartaco Rebelion de Gladiadores Esclavos en Roma

Historia de Espartaco – La Esclavitud en Roma Antigua

El nombre de Espartaco ha pasado  a la historia por su rebelión contra el mayor imperio del mundo antiguo: El Imperio Romano. Nacido en Tracia, fue puesto al servicio del ejército romano, pero mas tarde por desertor fue vendido como esclavo para una escuela de gladiadores. Siendo un indiscutido luchador en la arena, organizó una revuelta en el año 73 a.C. Los motivos por los que se revelaron fueron las crueles condiciones de vida que sufrían, y posiblemente todo habría terminado en unas semanas de no ser por la habilidad como luchador y su ideal de libertad de  Espartaco.

La economía de la Roma republicana y de comienzos del imperio se basaba en la esclavitud. No se sabe con exactitud cuántos esclavo; había, pero se cree que constituían la tercera parte de una población seis millones de habitantes. La principal forma de obtener esclavos era a través de la captura en la guerra, aunque los comerciantes y los piratas también desempeñaban su papel.

La reproducción natural también contribuía a sostener la cantidad de esclavos: el bebé de una esclava en inmediatamente considerado como uno, sin importar quién fuera su padre. La esclavitud no conocía fronteras raciales o nacionales: cualquier: podía ser convertido en esclavo.

Los mercados de estos pululaban en los pueblos del mundo romano, allí iban a buscarlos quienes necesitaban mano de obra para sus hogares o para sus terrenos de cultivo.

Los que realizaban trabajos pesados casi nunca eran liberados: ese era un privilegio reservado para aquellos que tenían mejor educación y realizaban labores de oficina o educativas. En ningún momento se cuestionó o se criticó este sistema de trabajo forzado. Las cosas no cambiaron con k llegada del cristianismo. La esclavitud había sido heredada por los romanos de los griegos y la usaron como parte esencial de su estructura organizacional hasta los últimos días del imperio.

LA ESCUELA DE GLADIADORES DE ESPARTACO: La escuela de gladiadores de Léntulo Batíatos, en Capua, se hallaba en movimiento desde temprano. Un tambor resonaba en el patio central. Las esclavas se dirigían a la cocina para preparar el pan y la sopa de la primera comida. Los capataces recorrían las celdas abriendo los cerrojos externos.

Eran pequeñas celdas individuales, con un lecho, un nicho que albergaba la estatuilla de un dios, una pequeña ventana, y la pared cubierta de inscripciones hechas por antiguos ocupantes. Los hombres eran encerrados allí al anochecer. Cuando se los castigaba eran encarcelados en un cubículo minúsculo, donde no podían permanecer de pie ni sentarse.

Algunos gladiadores no respondían esa mañana al llamado del tambor. Se hallaban en la enfermería agonizando o convaleciendo de las heridas recibidas en los combates.

Esta era la mejor escuela de gladiadores del sur de Italia. Y la ciudad de Capua, resurgida de los horrores de la guerra civil entre los populares de Mario y los nobles de Sila, era una de las más florecientes de la región de Campania. Por toda esa rica provincia se extendían enormes propiedades agrícolas pertenecientes a la oligarquía victoriosa, en las que trabajaban inmensas legiones de esclavos. Marcados con hierros al rojo, a la noche eran encerrados en miserables barracas (ergástula), y durante el día trabajaban sin descanso y apenas nutridos.

Entre los bosques de olivos que ellos cuidaban, y en medio de los campos de trigo y los viñedos, se levantaban las suntuosas villas en las que los ricos pasaban sus vacaciones. Estos eran quienes, por diversión y para ganar el favor de los votantes de las ciudades, pagaban a los «lanistas» (empresarios de gladiadores) los espectáculos de combate que costaban ríos de dinero. Porque los gladiadores, y sin tomar en cuenta las fieras traídas de África, constituían una inversión costosísima. No cualquier esclavo podía ser convertido en gladiador.

Era necesario seleccionarlo, comprarlo, entrenarlo, alimentarlo durante años (por eso los gladiadores formaban un grupo privilegiado entre los esclavos). Y todo ese esfuerzo quizá se perdía al morir el luchador en su primer combate, o aun en el transcurso de su adiestramiento.

Todo patricio que necesitara conquistar votos para lograr un cargo público, estaba obligado a organizar espectáculos que, a veces, lo conducían a la ruina. Esto, sin embargo, no tenía mayor importancia, porque una vez logrado el cargo, era posible reembolsarse generosamente las deudas contraídas.

En aquel día de principios del año 73 a.C., los gladiadores se encontraban irritados. Había corrido la voz de que el patrón estaba por vender a un centenar de ellos para un espectáculo. La venta, al contrario del alquiler era lo corriente—, significaba la muerte cierta para la mayoría. Cuando el lanista arrendaba a sus hombres, hacía lo posible para recuperarlos y salvar  su inversión. Después del combate vencido, aun cuando estuviese herí: era retirado de la arena y tenía cha: de sobrevivir.

Aun cuando la multitud reclamase su muerte, el lanista no permitía que lo ultimasen si el gladiador se había mostrado muy torpe y  cobarde en la lucha, por disminuir su prestigio como organizador de buenos espectáculos. Pero cuando un noble quería divertir a la masa electorral y compraba a los hombres, lo que pretendía obtener era una masacre real.

LA HISTORIA DE ESPARTACO: Espartaco era originario de Tracia, un área que cubre las actuales regiones del sur de Bulgaria, norte de Grecia y norte de Turquía. Según el historiador griego Plutarco, que escribiría mucho después de la rebelión de los esclavos, Espartaco era fuerte y valiente, y bastante más inteligente que sus compañeros gladiadores. Había prestado servicio militar en el ejército romano, luego fue vendido como prisionero y terminó en una escuela de gladiadores en la próspera ciudad de Capua, no muy lejos de Nápoles.

Los gladiadores eran unos de los símbolos sexuales de la antigua Roma. Vivían como prisioneros en cuarteles comunales, en ocasiones con sus esposas —Espartaco era casado—, y los obligaban a participar en espectáculos violentos que disfrutaban los romanos. Vivían en un mundo de constante incertidumbre y los ponían a vivir con otros esclavos a quienes no conocían y cuyas lenguas ignoraban. Sus vidas no tenían los relatos de suicidio de los gladiadores, que buscaban así liberarse de su vida reducida a sangrienta servidumbre.

Un hombre se degolló en un baño, poco antes del momento en que debía salir a luchar; otro se hizo el dormido en una carreta que lo llevaba a la arena del coliseo, Y se rompió el cuello metiendo la cabeza entre los radios de las ruedas. En el año 73 a. de C., Espartaco y unos setenta gladiadores más se escaparon de su escuela y establecieron un campamento en las faldas del Monte Vesubio, a unos treinta y dos kilómetros de distancia de Capua. Desde este lugar comenzaron a organizar ataques a propiedades cercanas.

Poco a poco se empezó a tener noticia de sus actividades de otros esclavos fugitivos engrosaron las filas de rebeldes. Así, lo que en un principio parecía ser un improvisado golpe libertario se fue convirtiendo en una significativa insurrección. Desde Roma se envió un contingente militar de unos 3000 soldados para sofocar el levantamiento, con lo cual cabe suponer que el número de esclavos congregados bajo el mando de Espartaco debía ser alto. El comandante romano, Cayo Claudio Glaber, sitió la fortaleza de los esclavos, pero estos lograron escaparse por las montañas usando cuerdas elaboradas con lianas.

Con la ayuda de armas improvisadas, luego atacaron a los romanos por la espalda y los derrotaron. Otros esclavos se unieron a la causa de Espartaco y sus hombres. Muchos de ellos eran trabajadores agrícolas y pastores sanos y fuertes, que vivían en espacios abiertos. Los esclavos adquirieron mejores armas y caballos, que tal vez les proporcionaban los recién llegados. Al cabo de algunos meses formaron un ejército poderoso y bien organizado, capaz de poner a tambalear el poder de Roma.

Al año siguiente, 72 a. de C., los esclavos podían desplazarse por amplios territorios del sur de Italia, donde perpetraban ataques y recogían adeptos. El ejército romano nombraba nuevos comandantes, pero ninguno de ellos lograba derrotar a los rebeldes. Esto convenció a las autoridades romanas de la importancia de tomar medidas muy serias. Los dos cónsules de ese año (Lucio Gelio Publicóla y Cneo Cornelio Léntulo Clodiano) llegaron con sus legiones a aplastar las fuerzas rebeldes de una vez por todas. Los cónsules eran la mayor autoridad civil y militar de la Roma republicana, y eran elegidos anualmente por el Senado. Como era evidente, los romanos sentían que Espartaco y su ejército representaban una seria amenaza para la seguridad del Estado.

En esta ocasión, el ejército romano obtuvo una rápida victoria. Uno de los principales lugartenientes de Espartaco, un galo llamado Crixo (el nombre significa «de pelo rizado» en latín), con 3000 esclavos bajo su mando, se separó del bloque principal del ejército. El cónsul Gelio lo persiguió, lo venció y lo mató en un promontorio rocoso cerca de Foggia, en la costa del Adriático, en Apulia.

Espartaco comenzó a desplazarse hacia el norte. Gelio lo persiguió desde el sur, mientras que Léntulo trató de cerrarle el paso desde el extremo norte. Espartaco los derrotó a ambos y obtuvo otra victoria, esta vez sobre el comandante de las fuerzas romanas en la Galia cisalpina, Cayo Casio Longino.

Esta batalla tuvo lugar en Mutinae, cerca de la actual Módena, ubicada a poco más de 640 kilómetros al norte de la escuela de gladiadores de donde había huido Espartaco. Los comandantes de las fuerzas romanas tuvieron que batirse en retirada, pero Espartaco, en lugar de sacar a su ejército de Roma y cruzar los Alpes, se dirigió al sur y comenzó a hacer el camino de regreso al lugar de donde había partido. Las autoridades romanas enviaron un ejército más grande que los anteriores para buscar al insurrecto.

El comandante, Marco Licinio Craso, uno de los hombres más ricos de la historia de Roma, era un político y militar de avasalladora influencia y ambición. La fortuna personal de Craso daba para pagar este ejército, y cuando fracasó su primer ataque a Espartaco, decidió instaurar un sistema de disciplina que consistía en «diezmar» el contingente. El ejército era dividido en grupos de diez legionarios y de ellos se sacaba uno.

La víctima escogida era golpeada o apedreada por sus nueve compañeros, hasta morir. En el año 71 a. de C., en el lejano suroeste de Italia, Craso logró llevar a los esclavos rebeldes a una posición en la que pudo vencerlos. Espartaco fue asesinado. Seis mil esclavos recapturados murieron crucificados en la vía Apia, que lleva a Roma. Era una advertencia para aquellos que pensaran en desafiar la autoridad de la República. Craso fue recibido con una ovación.

Espartaco debía saber que él solo no iba a poder acabar con la institución de la esclavitud. Su rebelión no era un intento de cambiar el sistema. Simplemente deseaba ser libre, tal vez regresar a la patria que lo había visto nacer y vivir sin pertenecerle a otra persona. Por esta razón, su levantamiento ha sido el símbolo perenne de la libertad. Espartaco no tenía forma de obtener una victoria permanente y, sin embargo, en su intento de liberarse de las cadenas de la esclavitud —aunque fuera por un momento— estaba dando expresión a una esperanza que compartían todos aquellos que querían ser libres.

soldado romanos

Los pretorianos constituían la guardia selecta que defendían la ciudad de Roma.

Las insurrecciones de esclavos -en el Imperio Romano, tuvieron lugar, inicialmente, en Sicilia y Asia Menor. Los gladiadores que huyeron de Capta (ciudad de Campania que he lleva el mismo nombre) se atrincheraron en primer lugar en e cráter del Vesubio. Luego marcharon a la Lucania. Tomaron Metaponto y Thurii, antigua; colonias griegas conquistada; por los romanos.

En Thurii e yantaron su campamento permanente. La segunda campaña de Espartaco fue en dirección a los Alpes, que, tal vez, él pretendió cruzar. A la altura de monte Gargano se apartó de grueso de las tropas el ejercito de Crixo, que fue destruido pelos romanos. Costeando el mar Adriático, Espartaco llegó hasta el valle del río Po. En Módena derrotó nuevamente a le: romanos y celebró los funerala: de Crixo. Comenzó entonces i. tercera campaña.

El ejército servil derrotó a otro cónsul que reunió apresuradamente a sus tropas, pero, en vez de marchar sobre Roma, se detuvo en le: Apeninos, a pocas jornadas :e distancia. Se retiró luego, pe seguido por Craso, hasta el s. de Italia (Reggio). La cuarta campaña se inició en Reggio alcanzó Brindisi, pero luego Espartaco decidió enfrentar ; Craso en Lucania, antes de que llegasen las tropas de Pompeyo. En un lugar desconocí: próximo al río Sílaro, Espartaco fue derrotado.

Fuente Consultada:
Grandes Personajes de la Historia Universal Tomo I
50 Cosas que Debe Saber de la Historia Mundial
Wikipedia

Vida de los Esclavos en las Plantaciones de Algodón

Vida de los Esclavos en las Plantaciones de Algodón

LA VIDA DE LOS ESCLAVOS EN LAS PLANTACIONES EN EL SUR DE LOS ESTADOS UNIDOS: En los años de la década de 1850 los hacendados practicaban la suntuosa hospitalidad que exigía su posición social. Muchas de las casonas simulaban ser plantaciones, pero en realidad se mantenían gracias a las verdaderas plantaciones lejanas, en la zona algodonera, en la costa del arroz o en los campos de azúcar de Louisiana. Empero, dependían en su totalidad de la fuerza de trabajo de los esclavos.

La Casa Grande Algunos propietarios habitaban mansiones, erigidas según un estilo clásico que posteriormente se conocería como «griego renovado».
Esta elegante casona del Míssissippi data de 1850.

Pero no todos los hacendados vivían tan fastuosamente. Muchos habitaban casas simples o, incluso, una «cabaña doble»: dos estructuras adyacentes de troncos con un corredor de ventilación entre ellas, unidas por un techo común. Algunos se dedicaban más a criar cerdos y vacas, que a cultivar la tierra.

Había terratenientes que, en vez de trabajar, se dedicaban a la diversión. Pero era más común el hacendado escrupuloso y trabajador, que se entregaba por completo a las cosechas, la mano de obra y la contabilidad.

Con frecuencia, los pequeños propietarios supervisaban personalmente las labores de plantación, cultivo y cosecha; inspeccionaban a diario las labores en el campo y supervisaban a caporales y capataces, que generalmente eran esclavos de confianza. Los dueños de extensiones mayores contrataban supervisores, a quienes daban detalladas instrucciones por escrito sobre el manejo de los esclavos y la administración de las plantaciones.

Si trabajaban para amos codiciosos, los esclavos generalmente eran obligados a trabajar en cuadrillas, siguiendo una rigurosa rutina. Los despertaban con campanas o trompetas; luego, los peones iban al campo donde, de acuerdo con el cultivo y la estación, llevaban a cabo una diversa gama de labores requeridas para el éxito de la empresa.

Tras una corta pausa a mediodía, los peones retomaban el trabajo hasta el anochecer: sólo entonces volvían a sus chozas. Ahí dedicaban un rato a sus huertos, donde cultivaban verduras para complementar su ración semanal de un saco de maíz y dos kilogramos de tocino por peón. Las esclavas trabajaban en los campos al igual que los hombres, además de encargarse de cocinar para la familia, de la limpieza doméstica y la crianza de los hijos, que comenzaban a trabajar desde los 10 años. Ancianos y ancianas tenían las obligaciones de hilar, reparar cercas y vigilar a los niños más pequeños.

No todos los esclavos de las haciendas eran peones. Muchos trabajaban en la mansión del amo como mayordomos y cocheros, o camareras, cocineras y lavanderas. Los sirvientes iban mejor vestidos y alimentados que los peones; algunos se consideraban a sí mismos como esclavos-aristócratas. Las haciendas más grandes también disponían de alhamíes, carpinteros, toneleros y herreros.

Esclavos rebeldes - Castigo a los esclavos

Castigo corporal Ante su amo, que fuma un puro, azotan a una esclava atada a un poste; también está presente su familia, que mira con azorada resignación. Delitos como la indiferencia o la desobediencia eran castigados hasta con 20 azotes.


La esclavitud era un sistema de coerción inhumano. Los amos controlaban a las cuadrillas con azotes en público, o bien los encadenaban o los encarcelaban. Los humillaban, obligándolos a vestir ropas femeninas o a realizar tareas indignas.

Pocos amos ejercían el control mediante recompensas. Algunos proporcionaban vacaciones, nombramientos de conductor o trabajos especializados, o bien, ropa, comida y tabaco adicionales, mayores parcelas para los huertos y la venta de los excedentes. Incluso unos cuantos concedían permisos para salir de la plantación o estimulaban la educación formal, que estaba prohibida en muchos estados.

En cierto modo, lo más cruel de la esclavitud era la total alteración de la vida familiar. Los amos acababan las familias, al vender a esposos e hijos por separado. Tales ventas eran, a veces, un castigo, pero con frecuencia, eran el dictado de las circunstancias financieras de los propietarios.

Para muchos esclavos, la vida en las plantaciones sureñas era intolerable; huyeron hacia la libertad de los estados más al norte y a Canadá. La mayoría se liberó gracias al viaje que realizaban por el llamado «tren subterráneo»: una organización secreta que los escondía; les daba comida, ropa y cobijo, y la oportunidad de emprender una nueva vida en mejores condiciones.

Esclavos en las Plantaciones

Usando gorros para protegerse del sofocantes sol de Lousiana los esclavos cañeros trabajan sin cesar durante 12 horas, para hacer un pequeño descano cada varias horas. Vivían en humildes chozas de troncos y ladrillos.

Los fugitivos aprovechaban la oscuridad para escapar; con frecuencia se disfrazaban con bigotes, pelucas, velos, e incluso polvos faciales, para hacerse pasar por blancos. En la jerga ferroviaria, se les llamaba «pasajeros» o «carga». Las casas, bodegas, granjas, cuevas y graneros donde se ocultaban eran las «estaciones», y «conductores», todos aquellos que los ayudaran. El «tren» tuvo su máxima actividad entre 1840 y 1860, cuando anualmente un millar de esclavos viajaron por la red clandestina tendida entre 14 estados del norte, incluyendo Illinois, Indiana y Ohio, cuyas fronteras con el sur constituían la división geográfica y cultural entre norte y sur.

A veces, los fugitivos efectivamente bajaban en tren, aunque la mayoría se desplazaba a caballo o en carreta. acompañados de guías.

El «tren» contaba con muchos simpatizantes. Entre ellos, la novelista Harriet Beecher Stowe, cuyas experiencias con prófugos le inspiraron la vigorosa novela antiesclavista, La cabaña del tío Tom, publicada por entregas en un periódico, entre 1851 y 1852. El poderoso mensaje propagandístico de la novela creó conciencia en toda la nación: hizo de la esclavitud uno de los principales motivos para que se iniciara la Guerra Civil.

La indignación de la escritora Stowe fue desatada por la infame ley de esclavos prófugos, promulgada en 1850: dictaba que todo aquel que ayudara a un fugitivo podía ser multado sobremanera y encarcelado por seis meses. Si no arrestaban a un fugitivo, los policías podían ser multados hasta por 1,000 dólares. De ser atrapado, el esclavo no tenía derecho a recibir la ayuda de un abogado defensor ni a juicio ante un jurado.

La ley fue condenada por los liberales, y aprovechada por mercenarios cazadores de hombres, generosamente recompensados por cada esclavo recapturado. Aun después de abolir oficialmente la esclavitud en 1865, los negros sufrieron la marginación a la que los sometían reglamentos como las llamadas leyes «Jim Crow», que buscaban perpetuar la segregación racial, o a través de organizaciones como el Ku Klux Klan.

Fundado en Tennessee, en 1866, como un club social de veteranos confederados, el Klan se modificó política y racialmente al año siguiente, al fijar como objetivo la supremacía blanca. Sus miembros, vestidos con túnicas blancas, perseguían a los negros libres: los azotaban y asesinaban en una serie de salvajes incursiones nocturnas.

Sin embargo, el régimen de crímenes y secuestros del Klan desembocó en su disolución en 1869; fue prohibido por una ley que decretó la ilegalidad de privar a todo ciudadano —blanco o negro— de sus derechos civiles.

Fuente Consultada: Hábitos y Costumbres del Pasado Reader´s Digest

Historia de Los Esclavos en América Colonial Esclavitud Comercio Vida

Historia de Los Esclavos En América Colonial  – Comercio y Trata de Negros

La esclavitud es la condición jurídica de una persona que, por nacimiento, deudas, por sentencia judicial o por derecho de conquista carece derechos civiles y se convierte en la propiedad de otra persona, que puede perderla o cambiarla, emplearla en la actividad que considere oportuna y, en algunos casos, incluso disponer libremente de su vida.

Hombres y mujeres de origen africano eran traídos por la fuerza y vendidos como esclavos en América. A diferencia de los indígenas, los esclavos eran considerados propiedad de sus amos y podían ser comprados o vendidos, e incluso marcados o mutilados para impedir sus fugas.

España introdujo esclavos negros sobre todo en el Caribe para paliar la escasez de mano de obra indígena, pero también en otros territorios. Como los africanos no se adaptaron a los trabajos en zonas altas, no fueron utilizados en la extracción de plata de las montañas.

En cambio, fueron empleados en las grandes plantaciones que producían algodón, tabaco, caña de azúcar u otros cultivos. También se utilizaban en el servicio doméstico.

Los ingleses también introdujeron esclavos en América del Norte y los portugueses en Brasil para sus plantaciones de algodón y azúcar. Los esclavos eran comprados a autoridades locales africanas o secuestrados violentamente en sus aldeas del centro y sur de África, y luego llevados hacia los puertos comerciales portugueses de Mozambique.

Desde allí eran amontonados en barcos que los trasladaban a los mercados de esclavos americanos. Muchos de ellos no sobrevivían al viaje.

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En el espacio de 400 años, 15 millones de personas fueron forzadas a abandonar África para convertirse en esclavos. La mayoría de ellas tuvo como destino América, aunque también algunas terminaban en África del Norte, en Medio Oriente y en Europa. La esclavitud fue una terrible costumbre -y un gran negocio- durante milenios; sin embargo el caso de África es todavía más llamativo: nunca en la Historia fueron llevadas contra su voluntad tantas personas de un continente a otro.

Antes de la llegada del hombre blanco, algunos reyes africanos poseían esclavos. Realizaban tareas domésticas y eran una señal del poder del soberano, pero no se los comercializaba como si fueran animales. Cuando los africanos entraron en contacto con los árabes, alrededor del siglo VII, comenzó el tráfico de esclavos.

En aquel momento fue tan intenso -unas 100.000 personas por año- que llegó a despoblar regiones enteras del África negra. Así, los mismos africanos vieron el negocio: capturaban tribus enteras y las vendían como esclavos. El tráfico aumentó más a partir del siglo XVI, cuando aparecieron los europeos.

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Los cazadores de esclavos los llevaban hasta las costas occidentales, donde eran cargados y apretujados uno al ludo del otro en las oscuras bodegas de los barcos. Allí también los encadenaban, porque muchos se arrojaban al mar tratando de escapar y morían ahogados o eran presa de los tiburones. En esas tremendas condiciones viajaban durante dos meses, entre ratas y enfermedades.

Muchos morían durante el viaje y sus cadáveres eran arrojados por la borda. Los que llegaban a los puertos de América eran vendidos y marcados como ganado y llevados a trabajar en plantaciones y minas, desde la salida del sol hasta el ocaso.

ANTECEDENTES: Cuando los españoles conquistaron y colonizaron el continente americano se produjo un resurgir del esclavismo en las sociedades occidentales. Los indígenas caribeños, que no estaban acostumbrados a los duros trabajos de las minas y plantaciones morían a millares.

Además, una vez cristianizados, se convertían en súbditos de pleno derecho de la monarquía, lo que planteaba problemas legal para su esclavización. Para reemplazar la mano de obra indígena, los españoles comenzarán a llevar a América a esclavos africanos.

Además, existía ya una tradición de comercio de esclavos desarrollada por los mercaderes musulmanes en África. El nuevo tráfico comenzó hacia 1601; los portugueses pronto imitaron esta práctica en su colonia del Brasil, llegando a convertir Lisboa en el mayor centro de comercio de esclavos de Europa en el siglo XVI.

El primer encuentro de los americanos con los negros provenientes de África fue en el siglo XVII. Los negros se transformaron en esclavos porque los americanos tenían una gran necesidad de mano de obra. Fueron considerados inferiores desde el punto de vista étnico y en la actualidad constituyen la minoría más importante en los Estados Unidos.

Sufrían crueldades que poco a poco los fueron anulando como personas; lograban a través del castigo que ellos mismos perdieran la esperanza de ser «libres». La compraventa de esclavos pasó a ser una importante fuente de ingresos, sobre todo en el sur de los Estados Unidos.

Una razón de la asombrosa cantidad de esclavos, naturalmente, era la alta tasa de mortalidad. A los esclavos se les apiñaba en forma apretada en buques de carga, de 300 a 450 por barco, y se les encadenaba en bodegas o calas sin instalaciones sanitarias ni suficiente espacio para permanecer de pie. Así permanecían durante su viaje i América, el cual duraba por lo menos cien días. La tasa de mortalidad alcanzaba diez por ciento, excepto  viajes más largos, en los cuales, debido a tormentas o vientos adversos, la tasa llegaba a ser más alta. Los africanos que sobrevivían al viaje estaban expuestos a enfermedades ante las que tenían poca o ninguna inmunidad. La tasa de mortalidad era menor entre los nacidos y criados en el Nuevo Mundo. La nueva generación logró inmunizarse ante muchas enfermedades más graves. Los patrones pocas veces estimulaban a sus esclavos a tener hijos. Muchos de los dueños, sobre todo de las Antillas, creían que era menos caro comprar un nuevo esclavo que criar un niño, desde su nacimiento hasta la adolescencia, para que pudiera trabajar.

También en los siglos XVIII y XIX se siguió recibiendo esclavos.

Los negros tardaron mucho tiempo en reaccionar frente a semejante injusticia, para esto tuvieron que ponerse al tanto de la ley y al mismo tiempo debieron incorporar el sentido de la libertad. Entre otras cosas, esto significaba realizar acciones para luchar por sus derechos civiles. Recién a partir de la segunda mitad de este siglo lograron la igualdad de los derechos políticos.

Crear organismos políticos y sociales bajo la responsabilidad total de ellos era, tal vez, la única forma de encontrar su identidad. ¿Se podía seguir confiando en la voluntad de los blancos?

A pesar del creciente clamor de sentimientos humanitarios de los intelectuales europeos, el uso de esclavos negros parecía aceptable a los ojos de la sociedad occidental. Los europeos consideraban que los negros eran seres inferiores hechos para el trabajo de esclavos. No fue sino hasta la década de 1770 que la Sociedad de Amigos, conocida como Cuáqueros, empezó a criticar la esclavitud y excluyó de su iglesia a cualquier miembro que tuviera algo que ver con la trata de esclavos que el sentimiento europeo contra la esclavitud comenzó a surgir.

Incluso, no fue sino hasta la etapa radical de la Revolución francesa, en el decenio de 1790, cuando los franceses abolieron la esclavitud. Los británicos lo hicieron en 1807. A pesar de la eliminación del aprovisionamiento africano, la esclavitud persistió en los recién formados Estados Unidos hasta la Guerra Civil de la década de 1860.


Martín Luther King fue líder de la  lucha por los derechos civiles de tos negros norteamericanos. A partir de 1954 vivió con su familia en Alabama y éste fue el estado que se vio obligado a derogar sus leyes de segregación racial. King se convirtió en un héroe nacional. Por su intenso trabajo todos los Estados del Sur revisaron su legislación racista. En el año 1964 recibió el Premio Nobel de la Paz. Siguió luchando hasta que fue asesinado.

Una historia cruel en el Río de la Plata

Dicen los libros —en este caso, Argentinos de origen africano de Marcos de Estrada— que el primer negro que llegó a América vino como explorador y no como esclavo. Se llamaba Alonso Prieto, y era piloto en la Pinta.
Luego, la historia hace un giro cruel: según de Estrada, sesenta millones de personas fueron cazadas en África para servir en América. Ante los ojos de los blancos, todos eran, sencillamente, «negros».

Había gente de Camerún y Congo —conocidos como «congos»—, estaban los «benguelas», de Angola, los «cafres», de Mozambique y Madagascar, y los «mandingas», de Guinea, entre otros. Ni siquiera tenían todos el mismo color de piel, porque en la cacería cayeron también africanos de origen árabe.

La cantidad de negros en la Reina del Plata disminuyó muy rápidamente. En 1778 había en Buenos Aires 24.362 personas, de las cuales 7.235 —el 29,7 por ciento— eran afroargentinos. En 1806 eran el 30,1 por ciento.

El censo de 1836 arroja un 26por ciento de negros. Dos años después, aunque con resultados incompletos, el censo da 26,1. Desde entonces no se vuelve a discriminar por raza en las mediciones hasta 1887. En ese año quedan 8.005 negros en Buenos Aires, el 1,8por ciento de la población.

Hay algunas explicaciones tradicionales para esta desaparición: dicen que los varones cayeron en la guerra contra el indio, contra el Brasil y contra el Paraguay. Y que las mujeres encontraron pareja en los hombres que venían solos de Europa.

Dicen también que, por pobres, fueron las víctimas más fáciles de enfermedades como la fiebre amarilla de 1871.

DOCUMENTO: DIARIO DE UN CIUDADANO DE LA ÉPOCA: Una de las prácticas más abominables de la sociedad occidental premoderna fue la trata de esclavos del Atlántico, la cual alcanzó su climax en el siglo XVIII. Los negros eran transportados en navíos sobrecargados, desde la costa occidental de África con dirección a América para venderlos como esclavos y emplearlos como mano de obra en las plantaciones. Ya avanzado el siglo XVIII un creciente coro de voces planteó serias objeciones a este tráfico de seres humanos. Este fragmento menciona la crítica que hace a la trata de esclavos un escritor anónimo francés.

No bien han soltado sus anclas los barcos ante la costa de Guinea, el precio al que los capitanes han decidido comprar a los cautivos se anuncia a los negros, quienes compran prisioneros a varios príncipes y los venden a los europeos. Se envían regalos al soberano que reina en esa parte específica de la costa, y se concede permiso para la transacción.

De inmediato, los esclavos son traídos por inhumanos intermediarios como otras tantas víctimas arrastradas a un sacrificio.

Los hombres blancos que codician esa parte de la raza humana los reciben en una choza pequeña que han levantado en la orilla, donde ellos se encuentran atrincherados con dos cañones y veinte guardias.

Tan pronto concluye la operación, el negro es encadenado y llevado a bordo del barco, donde se reúne con sus compañeros de sufrimiento. Aquí le vienen siniestras reflexiones a la mente; todo le azora y le asusta, y su incierto destino le produce la mayor ansiedad…

El navio iza velas con dirección a las Antillas, y los negros van encadenados a una cala del barco, una especie de lúgubre prisión donde la luz del día no penetra, y en la cual se introduce el aire por medio de una bomba.

Dos veces al día se les distribuye algo de nauseabundo alimento. La pena que los consume y el triste estado al que están reducidos los haría suicidarse si no fuera porque están privados de todo medio de atentar contra sus vidas.

Sin ropa de especie alguna, les sería difícil ocultar a los ojos vigilantes de los marineros de turno algún instrumento idóneo para aliviar su desesperación.

El temor a una revuelta, como ocurre algunas veces en el viaje desde Guinea, es la base de un interés común y produce tantos guardias como hombres hay en la tripulación. El menor ruido o una conversación secreta entre dos negros se castigan con la mayor crueldad.

En todo momento, el viaje se hace en continuo estado de alarma de los hombres blancos, quienes temen una revuelta, y en cruel estado de incertidumbre por parte de los negros, que no saben la suerte que les espera.

Cuando el navio llega a puerto en las Antillas, se lleva a los esclavos a una bodega, donde se les exhibe, como cualquier mercancía, a los ojos de los compradores. El dueño de la plantación paga según la edad, fuerza y salud del negro que está comprando. Hace que se lo lleven a su plantación, y allí lo recibe un supervisor que a partir de entonces se convierte en su torturador.

Para domesticarlo, al negro se le conceden algunos días de descanso en su nuevo lugar, pero pronto se le da una azada y una hoz, y se le incorpora a un grupo de trabajo. Cesa entonces de preguntarse sobre su destino; comprende que sólo se demanda de él trabajo. Pero aún no sabe cuan excesivo será ese trabajo. En realidad, su trabajo comienza al alba y no termina antes del anochecer; se interrumpe sólo dos horas para la cena.

El alimento que se le da por semana a un negro desarrollado por completo consiste en un kilogramo de carne de res o bacalao salados y dos cazos de potade tapioca… A un negro de doce o trece años o menos se le dá sólo un cazo de potaje de tapioca y medio kilogramo de carne o bacalao.

En lugar de alimentos, algunos dueños de plantaciones  les dan a sus negros la libertad de trabajar para si cada sábado (y domingo); otros son menos generosos y sólo les conceden libertad los domingos y días festivos.

LOS ESCLAVOS EN ESTADOS UNIDOS
MUCHOS FACTORES
contribuyeron a que se produjera la guerra civil americana, aunque el esclavismo fue el desencadenante del conflicto entre el Norte y el Sur. El esclavismo se abolió en los estados industrializados del Norte, y algunos de sus habitantes, conocidos como abolicionistas, presionaron para que se aboliera la esclavitud en todo el país. Pero ésta era esencial para la economía agrícola sureña, que dependía del cultivo del algodón y del trabajo esclavo en las plantaciones. Hacia 1860 existían 4 millones de esclavos en el Sur.

PARTIDARIOS Y DETRACTORES DE LA ESCLAVITUD
Los acuerdos políticos mantuvieron la paz durante décadas, pero a mitad del s. XIX las tensiones crecieron. Muchos de los norteños aceptaban que se conservara la esclavitud en el Sur, aunque no querían que se extendiera a los nuevos territorios del oeste. La Kansas-Nebraska Act (1854) y la decisión de la Corte suprema, conocida con el nombre de Dred Scott (1857), dejaban una cierta vía para la expansión del esclavismo en el oeste. Los sureños se alarmaron con la actividad de los abolicionistas. El punto álgido de sus recelos ocurrió cuando el activista John Brown (1800-59) intentó, sin éxito, provocar una sublevación de esclavos en el sur.

ELECCIÓN DE LINCOLN
Abraham Lincoln (1809-1865) ganó las elecciones presidenciales de 1860. Al ser el candidato del partido republicano, que se oponía a la propagación de la esclavitud, los políticos sureños se negaron a acatar su autoridad. Los estados del Sur empezaron a separarse de la Unión, formando la Confederación de Estados de América. Lincoln creía que los estados no podían decidir por sí solos su separación de la Unión, por lo que se decidió a usar la fuerza para mantener la unidad en todo el territorio.

LIBERTAD PARA LOS ESCLAVOS
Al principio, Lincoln sostenía que la guerra estaba motivada para preservar la Unión, pero en 1862 llegó a la conclusión de que la esclavitud se debía abolir. La Proclama de Emancipación, que entró en vigor a partir del 1 de enero de 1863, concedía la libertad a los esclavos de los estados segregados. La decimotercera enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, adoptada en 1865, abolía la esclavitud en los Estados Unidos para siempre.

RECONSTRUCCIÓN
La guerra civil dejó al sur totalmente arruinado y desde 1867 hasta mitad de la década de 1870 los estados ex confederados estaban bajo el dominio federal (gobierno de los Estados Unidos). Este período se conoció como la Reconstrucción. Los blancos derrotados dirigieron su furia hacia los esclavos liberados y fundaron organizaciones terroristas como el Ku Klux Klan. Aunque las leyes federales garantizaban los derechos civiles y políticos de los esclavos liberados, no tuvieron fuerza para hacerlas cumplir cuando finalizó la Reconstrucción. Los negros del Sur no recuperaron sus derechos hasta 1960.

Fuente Consultada:
Ciencias Sociales 8° EGB Borgognoni – Cacace
Civilizaciones de Occidente Tomo B Jackson Spielvogel

 

La Esclavitud en Roma y Grecia Rebelion de Esclavos Espartaco romano

La Esclavitud en Roma y Grecia

La dialéctica del amo y el esclavo explica, en parte, para Marx, las sociedades de la Antigüedad. Pero las cosas no son simples, y la esclavitud adoptó, particularmente en el mundo grecolatino, las formas más diversas.

Por ejemplo, en la Atenas arcaica existía la esclavitud por deudas, cuidadosamente mantenida por los ricos, que de tal modo podían apropiarse, a precio muy barato, de la fuerza de trabajo de las masas pobres. Solón puso fin, con sus reformas democráticas, a tal tipo de explotación.

Por lo demás, el esclavo fue siempre un extranjero, un prisionero de guerra o una víctima de razzias. Los grecolatinos, en efecto, consideraban escandalosa la servidumbre de hombres pertenecientes a los mismos países que ellos, e intentarían evitarla.

Una vez vendido, el esclavo quedaba, o bien afecto al trabajo doméstico de la casa de un rico (y entonces se convertía en criado, cocinero, bailarín, o incluso secretario, médico o preceptor), o bien era empleado en los campos, en las minas o en los talleres, o explotado por el Estado en los trabajos públicos, o, por último, arrojado como pasto a la multitud, como gladiador, en los juegos del circo.

El número de esclavos alcanzó su punto culminante en el periodo de las guerras de conquista, entre los s I a.C., y I d.C. Después disminuyó progresivamente, y ello tanto más cuanto que la manumisión se convirtió en una práctica común.

Esclavitud

¿Se conoce el origen de la esclavitud? La aparición de una clase de esclavos no es posible más que en el seno de pueblos sedentarios que tienen a su disposición recursos alimenticios suficientes. Los primeros antecedentes escritos de la esclavitud se remontan a Sumer. La práctica se menciona también en la Biblia: en el Éxodo, Moisés recomienda para el «servidor extranjero», el reposo del séptimo día, «a fin de que recobre las fuerzas».

¿Cómo se concebía en la Antigüedad? Para Herodoto, la vida económica resulta imposible sin instrumentos, y determinados hombres, al no tener que ofrecer más que su fuerza física y su capacidad de obediencia, están destinados a convertirse en «instrumentos vivientes». Esta teoría, que asimila el esclavo al animal doméstico, fue admitida por todo el mundo antiguo. En Sumer, el esclavo se desplazaba sujeto a lazo mediante un anillo que se la pasaba por la nariz. En Roma llevaba un collarín con el nombre de su amo. En las minas y en las galeras, era marcado con hierro al rojo en la frente, y después encadenado. En contrapartida, y como quiera que, como el ganado, representaban un capital importante, se les alimentaba suficientemente y se les trataba con bastante consideración.

La revuelta de Espartaco representó para Italia lo que el levantamiento y la huida de 20.000 mineros esclavos del Laurión había sido para Grecias un episo­dio de la lucha de los esclavos contra las espanto­sas condiciones de vida. En el año 73 a.C., un gladiador de origen tracio, Espartaco, se rebela con 72 de sus compañeros. Partiendo de Capua, reúne una turba numerosa y consigue hacer del Vesubio una fortaleza. Roma se encuentra, a la sazón, debilitada por campañas lejanas y, en un primer momento, Espartaco logra vencer a los ejércitos consulares y ocupar la Campania. Su designio es, en efecto, que los esclavos franqueen los Alpes para regresar a sus países de origen. Roma inviste entonces con todos los poderes a un tal Craso, quien, con 10 legiones perfectamente disciplinadas, bloquea a Espartaco en una península de Locania. El gladiador encuentra la muerte en el curso de este asalto, sus desorganizadas tropas son aplastadas y los supervivientes son crucificados en el camino de Roma.

¿Cuál fue el mayor mercado de esclavos? Los mercados de carne humana eran numerosos en la Antigüedad, pero el más importante de todos fue el de Delos. La fortuna de este puerto franco se debió a las compras masivas de los ricos romanos y a las facilidades locales de aprovisionamiento. Podían encontrarse allí hasta niños vendidos por sus padres, pero, sobre todo, prisioneros reclutados por los piratas en las costas circundantes. Algunos revés r.€t Asia Menor (Bitinia, Capadocia) no dudaban en vender a sus súbditos. De todo esto resultaba un tráfico intenso: Estrabón informa que Delos era capaz de recibir y dar salida hasta a 10.000 esclavos diarios.

¿Cuál fue la suerte de los esclavos en Grecia? En la Grecia clásica, los esclavos eran mas numerosos que los hombres libres. Podían ser descendientes de poblaciones vencidas sometidas, como los ilotas, aunque los reas numerosos eran los bárbaros derrotados. Sus tareas eran muy variadas. Los más miserables eran los que estaban empleados en las minas. Muchos trabajaban en talleres o compartían la vida de los campesinos. Otros eran domésticos y pedagogos. Y otros, por su parte, eran dedicados a trabajos burocráticos. En Atenas los agentes de policía eran llamados los «arqueros escitas«, a causa del origen de la mayoría de ellos. Provistos de una cuerda pintada de rolo se ocupaban de mantener el orden en las asambleas del pueblo. En general, los atenienses trataban bien a sus esclavos, que podían recobrar fácilmente su libertad.

¿Y en Roma? En tiempos de la República, los esclavos poco numerosos, formaban «parte de la familia.. Con las conquistas, la esclavitud alcanza proporciones muy distintas: en 10 años, un millón de galos caen bajo régimen de servidumbre. Los esclavos se hacen tan numerosos vanos millones en la península), que sus propietarios ignoran con frecuencia hasta su nombre. Este anonimato autoriza todo tipo de crueldades. Vedius Polion, que alimentaba a sus morenas con esclavos, era un caso aislado, pero los castigos eran siempre terribles y llegaban incluso hasta la muerte.

¿Cómo evolucionó la esclavitud? Después de los años sombríos de las guerras serviles, es decir, de los levantamientos de los esclavos de los s. III a.C., la influencia de las doctrinas orientales produce una mejoría de la suerte de los esclavos que, además, trabajan menos. Al mismo tiempo, con el final de las guerras de conquista y la decadencia de los grandes mercados, su número disminuye. Tal baja de rendimiento y de reclutamiento anima a los romanos a multiplicar las manumisiones con lo que se constituye una nueva clase, cada vez más poderosa e influyente: bajo Claudio y bajo Nerón es posible encontrar libertos a la cabeza del Estado. A finales del Imperio, solo los vastos dominios de Oriente, las minas y los talleres del Estado siguen empleando muchos esclavos.

¿Qué papel desempeñó el cristianismo? Al honrar a los humildes, el cristianismo primitivo goza de un gran prestigio en el mundo de los esclavos, pero los Padres de la Iglesia no se oponen a la institución. San Pablo, en la Epístola a los efesios, pide al esclavo que sirva al amo con dedicación, pues cada cual. sea libre o sea esclavo, recibirá del Señor el bien que haya hecho». San Agustín, por su parte estima que la autoridad y la obediencia son la base de la sociedad, y que la esclavitud no puede ser más que la sanción del pecado puesto que el hombre nace libre. Pero en cualquier caso, el amo debe ser bondadoso.

PARA SABER MAS….
EL NEGOCIO DE LA ESCLAVITUD EN ROMA ANTIGUA

La esclavitud fue uno de los puntales básicos de la economía romana. Y en opinión de algunos cronistas e historiadores, también la causa mediata de la decadencia y caída del Imperio, porque aquellos individuos sin derechos convirtieron en haraganes a los ciudadanos de pleno derecho. Se encargaban de todas las tareas, desde las más rudas hasta las más delicadas, a cambio de un mísero sustento y unas pobres vestimentas. Las campañas militares producían una cantidad ingente de ellos: se dice que la conquista de la Galia por César arrojó un saldo de un millón de esclavos subastados.

Eran negocio para cualquiera: hada el siglo II, se podía comprar un esclavo corriente por 1.500 denarios. El propietario lo llevaba a su casa, lo hacía trabajar para él y trataba de que tuviera descendencia con alguna de sus esclavas. Puesto que los hijos también eran de su propiedad, el negocio progresaba por sí mismo, y la pequeña inversión que suponía mantener al niño hasta que fuera productivo se compensaba con su trabajo gratuito e! resto de su vida. Organizándose bien, un ciudadano podía triplicar el número de sus esclavos en una sola generación. Las familias patricias de abolengo disponían de un verdadero ejército de esclavos que eran hijos, nietos y bisnietos de los que habían comprado sus nobles antepasados. Pero, además, algunos de ellos lograban reunir el precio estipulado para su libertad, de modo que, al cabo de veinte o o treinta años de trabajo, devolvían a sus amos la suma que habían pagado por ellos. A su vezf; ese dinero podía emplearse para comprar nuevos esclavos. (Fuente: Revista Muy Interesante N° 7)

DOCUMENTOS:
El temor romano hacia los esclavos

El estrato más bajo de la población romana estaba integrado por los esclavos. Se les utilizaba en gran medida en las faenas domésticas y en la corte, como artesanos de empresas industriales, gerentes de negocios y de otras vanadas formas. Aunque algunos historiadores han argumentado que a los esclavos se les trataba de una forma más humana en el Antiguo imperio, estos fragmentos, escritos por e historiador Tácito y por el nombre de estado Plinio, ambos romanos, prueban que todavía los esclavos se rebelaban contra sus amos a causa del maltrato. Muchos amos seguían viviendo con temor a sus esclavos, como lo atestigua e! refrán que dice: «Tendrás tantos enemigos cuantos esclavos poseas».

  • Tácito, Los anales de la Roma imperial
    Un poco más tarde, el prefecto de la ciudad, Lucio Pedanio Segundo, fue asesinado por uno de sus esclavos [61 a. de C.]. Una de dos, o Pedanio se había negado a liberar al asesino, tras haber convenido un precio, o el esclavo, en una obsesión homosexual, encontró insoportable la competencia de su amo. Después del asesinato, la antigua costumbre exigía que todo esclavo que viviera bajo el mismo techo fuera ejecutado. Pero una multitud se reunió, ansiosa por salvar tantas vidas inocentes y comenzó el motín. La sede del senado fue asediada. Dentro, predominaba un sentimiento en contra de la excesiva severidad, pero la mayoría se oponía a cualquier cambio. Entre estos últimos se encontraba Gayo Casio Longino, que habló así cuando le tocó su turno…

‘Uno de sus esclavos asesinó de manera deliberada a un excónsul en su propia casa. Ninguno de sus compañeros esclavos lo impidió o traicionó al asesino; por lo que el decreto senatorial que amenaza a toda la casa con la ejecución todavía es válido. Exímanlos del castigo, si así lo quieren. Pero, entonces, si el prefecto de la ciudad no era lo suficientemente importante para ser inmune, ¿quién lo será? ¿Quién tendrá esclavos suficientes para protegerse, si los cuatrocientos que tenía resultaron ser muy pocos para Pedanio? ¿Quién puede confiar en su servidumbre, si incluso el temor por sus propias vidas no los obliga a protegernos?’ [La sentencia de muerte se cumplió.]

  • Plinio el joven a Acilo
    Este horrible asunto demanda más atención que una carta. Larcio Macedo, un senador y expretor, cayó víctima de sus propios esclavos. Según opinión general era un cruel y abusivo amo, demasiado presto a olvidar que su padre había sido esclavo, o quizá agudamente consciente de esto. Estaba bañándose en su casa, en Fromia, cuando de repente se encontró rodeado; un esclavo lo tomó por la garganta, mientras otros lo golpeaban en la cara, en el pecho y en el estómago, y —resulta desagradable decirlo— en sus partes íntimas.

Cuando pensaron que estaba muerto, lo arrojaron sobre el pavimento caliente, con el fin de asegurarse de que no estaba aún vivo. Ya sea que estuviera inconsciente o aparentara estar muerto, yació inmóvil, haciéndoles creer que, en verdad, había fallecido. Sólo entonces lo llevaron afuera, como si se hubiese desmayado por el calor, y lo recibieron los esclavos que le fueron fieles, mientras que sus concubinas corrían, gritando de manera frenética. Despertado por sus gritos, y revivido por el aire más fresco, abrió sus ojos e hizo algún movimiento, mostrando que estaba vivo, cuando ya no corría ningún peligro al hacerlo.

Los esclavos culpables huyeron, pero la mayoría de ellos fueron arrestados y comenzó la búsqueda de los demás. Revivieron a Macedo con dificultad, pero sólo por unos días; al menos, murió con la satisfacción de haber tomado venganza por mano propia, pues pudo vivir para ver que se infligía el mismo castigo que se aplicaba por asesinato. He ahí los peligros, los atropellos y los insultos a los que estamos expuestos. Ningún amo puede sentirse seguro porque sea amable y muestre consideración; dado que es su brutalidad, y no su capacidad de raciocinio, la que conduce a los esclavos a matar a sus amos.

Critica al Comercio de Esclavo

La Esclavitud Comercio de Esclavos Explotacion de negros Trata de

Comercio de Esclavos – La Explotación de Negros

El fenómeno de la esclavitud, universalmente repudiado hoy en día, ha sido sin embargo una frecuente en la historia de la humanidad. De hecho, en algunas épocas y lugares ha constituido el pilar básico de la estructura económica    

La esclavitud es la condición jurídica de una persona que, por nacimiento, deudas, por sentencia judicial o por derecho de conquista carece derechos civiles y se convierte en la propiedad de otra persona, que puede perderla o cambiarla, emplearla en la actividad que considere oportuna y, en algunos casos, incluso disponer libremente de su vida.

Tradicionalmente han existen dos tipos principales de esclavitud, la doméstica, en la que los esclavos o siervos -realizan labores auxiliares en el hogar, y la «productiva», propia de los sistemas económicos esclavistas, en la que desempeñan las tareas más duras del sector primario, como el cultivo de las tierras o la minería.

Para recuperar la libertad preveían dos formas principales: la manumisión por parte del dueño o el pago de un rescate económico, que podía efectuar el mismo esclavo, si era capaz de reunir la cantidad necesaria.

La esclavitud en la Antigüedad y en la Edad Media

La institución de la esclavitud, cuyo origen es muy antiguo, está ya presente las primeras fuentes escritas conservadas. Las civilizaciones mesopotámicas egipcia la conocieron, e incluso la Grecia del periodo clásico, cuna de la democracia, practicó el esclavismo.

La prosperidad de la Atenas de Pericles se basaba, en el comercio, muchos de cuyos productos eran manufacturados por esclavos, en la agricultura y en la minería de la plata, que también empleaban manó obra esclava.

La Roma republicana e imperial conoció un sistema económico —«modo de producción» en la terminología marxista— esclavista, gracias a una abundante mano de obra procedente de las victoriosas guerras de conquista. Los esclavos trabajaban en las minas, remaban en las galeras y cultivaban los campos.Incluso en las ciudades eran numerosos, pues la esclavitud doméstica estaba generalizada entre las familias pudientes.

Estos siervos domésticos tenían unas condiciones de vida menos duras que a los demás. Por otra parte, existía un gran, número de esclavos con conocimientos especializados, que desempeñaban diversas funciones y gozaban de cierta consideración: orfebres, médicos, secretarios, mestros, etc.

Mención aparte merecen los gladiadores, generalmente prisioneros de guerra que no llegaban a integrarse en el sistema productivo; algunos, convertidos en auténticos profesionales, alcanzaban la libertad merced a sus hazañas en el circo.

En el siglo I a. C. el gladiador Espartaco encabezó una revuelta de esclavos que hizo temblar a la misma Roma; los rebeldes fueron finalmente derrotados por el cónsul Marco Licinio Craso y ejecutados la mayor parte de los supervivientes.

Con el paso del tiempo, el esclavismo romano fue decayendo por acción de varios factores. Por un lado, el fin de las conquistas redujo las aportaciones de nuevos contingentes de esclavos; sometidos a duras condiciones de vida, padecían altos índices de mortalidad, con lo que -su número se reducía considerablemente.

Por otro lado, la influencia de ideologías como ‘el estoicismo o, el cristianismo introdujo una crítica moral al hecho de que un ser humano pudiera pertenecer a otro, como si fuera un objeto.

Además, la escasez de mano de obra rural a partir del siglo III movió a muchos propietarios a ligar a sus, esclavos a la tierra, concediéndoles un lote de terreno y permitiéndoles formar familias, para mejorar su productividad y asegurar la continuidad de la explotación.

Con el tiempo, estos esclavos asentados se irían fundiendo con los pequeños propietarios libres empobrecidos y convertidos en colonos, los cuales cedían la propiedad de sus tierras, que seguían cultivando, a cambio de la protección de un terrateniente poderoso: Juntos, conformarían en la alta Edad Media el grupo de los siervos de la gleba, con una condición jurídica semilibre, pero ligados a la tierra.

Tras la caída del Imperio romano y la desaparición de su régimen socioeconómico, el número de eslavos propiamente dichos se redujo drásticamente en la Europa feudal, sustituidos en gran parte por esta nueva clase de campesinos serviles; no obstante, existía aún un reducido número de siervos domésticos, normalmente extranjeros y no cristianos.

Fuera de Europa, otras civilizaciones también conocieron la institución de la esclavitud. Los musulmanes, a pesar de que el Corán recomendaba la manumisión desarrollaron un activo comercio de seres humanos durante la Edad Media.

La esclavitud en el mundo moderno

Cuando los españoles conquistaron y colonizaron el continente americano se produjo un resurgir del esclavismo en las sociedades occidentales. Los indígenas caribeños, que no estaban acostumbrados a los duros trabajos de las minas y plantaciones morían a millares. Además, una vez cristianizados, se convertían en súbditos de pleno derecho de la monarquía, lo que planteaba problemas legal para su esclavización.

Para reemplazar la mano de obra indígena, los españoles comenzarán a llevar a América a esclavos africanos. Además, existía ya una tradición de comercio de esclavos desarrollada por los mercaderes musulmanes en África.

El nuevo tráfico comenzó hacia 1601; los portugueses pronto imitaron esta práctica en su colonia del Brasil, llegando a convertir Lisboa en el mayor centro de comercio de esclavos de Europa en el siglo XVI.

Más tarde el resto de países europeos con posesiones en el Nuevo Mundo haría lo propio. Se calcula que entre los siglos XVI y XIX, unos doce millones de africanos, de los cuales alrededor de una cuarta parte murió en el camino, fueron trasladados a América e Inglaterra acabó convirtiéndose en la principal acaparadora del lucrativo negocio negrero, desarrollando un curioso comercio triangular.

Desde Europa partían productos manufacturados (textiles, armas, alcohol, bisutería) hacia las factorías la costa africana occidental, donde se cambiaban por la mercancía humana, eufemísticamente llamada «ébano». Los proveedores solían ser reyezuelos local que vendían a los prisioneros hechos en sus guerras contra otras tribus, o tratantes profesionales que efectuaban razzias en el interior.

Los esclavos eran transportados en condiciones infrahumanas a los mercados americanos, donde a cambio de ellos, se adquirían productos coloniales —tabaco, azúcar o metales preciosos— que, a su vez, se vendían en Europa.

La abolición de la esclavitud

En el siglo XVIII, la difusión de las ideas de la ilustración provocó un creciente movimiento de oposición a la esclavitud y al comercio de seres humanos, considerados una aberración moral. Fue sobre todo en Gran Bretaña, tradicionalmente la principal beneficiaria, donde aparecieron sociedades que propugnaban la abolición de esta práctica y que más tarde se extendieron a otros países.

En 1770 la esclavitud se suprimió en los territorios metropolitanos de Francia, Gran Bretaña y Portugal. El proceso de revolución e independencia de la isla caribeña de Haití supuso por primera vez el fin de la esclavitud en una colonia americana, lo que se extendió al resto de las posesiones francesas. (1794), aunque Napoleón la restauró para traerse el favor  de las oligarquías terratenientes (1802).

Paralelamente, varios países (Francia, 1791; Dinamarca, 1792; Gran Bretaña y Estados Unidos, 1807; Holanda, 1812; las Provincias Unidas del Plata, 1813, etc.) establecieron la prohibición del tráfico de seres humanos.

Pese a que en la actualidad la esclavitud está legalmente abolida, en diversas partes del planeta todavía existe  formas más o menos clandestinas de esclavitud. Muchos niños trabajan en la industria textil artesana de la India

Finalmente, las principales potencias decretaron la abolición total de la esclavitud: Gran Bretaña lo hizo en 1833; Francia y Holanda en 1848; Estados Unidos en 1865, en el contexto de una guerra civil que se libró en buena parte por este motivo, y España en 1870. Los países sudamericanos en su mayoría ya la habían prohibido en la primera mitad del siglo  XIX. El ejemplo de las sociedades occidentales fue progresivamente seguido en el resto del mundo; tras la abolición oficial por parte de los países de la península arábiga (1962) y Mauritania (1980), la esclavitud como institución quedó legalmente extinguida en todo el mundo.

En la actualidad, todavía existen modalidades más o menos clandestinas de esclavitud en países africanos y asiáticos, donde la miseria y el caos provocado Por las guerras civiles impiden su completa erradicación. Algunas formas de explotación laboral, en las que los trabajadores subsisten en condiciones ínfimas, Con salarios de miseria y una libertad muy restringida, se asemejan bastante a los horrores de las formas clásicas de esclavitud, por no hablar de las redes internacionales de prostitución.

Critica al Comercio de Esclavo

Legado del Humanismo

Legado del Humanismo

El humanismo: El humanismo surgió en parte en respuesta a la desilusión creciente con respecto a la Iglesia. Era una corriente de pensamiento literaria y erudita, interesada en la gramática, la retórica, la historia, la filosofía y la poesía, doctrinas todas producto del pensamiento humano.

En su corazón latía el interés por reavivar la cultura clásica, en particular mediante el estudio del griego y el latín. El humanismo postulaba que el ser humano podía aplicar las habilidades que le eran propias, el razonamiento y la lógica, para mejorar y ganar en dignidad.

En su difusión hacia el norte alcanzó otros países europeos y, con la aparición de las técnicas de impresión, llegó a un público cada vez mayor. Cuando sus tesis se aplicaron al estudio de la Biblia, se exigió una revisión humanista de la Iglesia, la cual derivó en la llamada Reforma.

El nuevo ideal de vida de los humanistas básicamente implicaba:

Una afirmación de la presencia del hombre en el mundo: los humanistas consideraban al hombre como centro y medida de todas las cosas. Expresaban su orgullo y simpatía por las realizaciones humanas y tenían gran confianza en el destino de la humanidad. Consideraban al hombre como un ser libre y superior a otras criaturas.

Una revalorización de la vida en la tierra: apreciación que señalaba una diferencia con el pensamiento medieval, que consideraba más importante la vida ultraterrena.

El ejercicio de la crítica socio-cultural: atacaron a las autoridades tradicionales, como la Iglesia en sus poderes terrenales, y a le: rígidos métodos de enseñanza e investigación que no permitían e adelanto de los conocimiento; Proponían la discusión de las teorías, la observación de los hechos los procedimientos inductivos (de lo particular a lo general).

Los humanistas lograron un rango social importante, pero su vida no era fácil. Alcanzaban el nivel profesional después de años de estudio y muchos esfuerzos. Estudiaban desde niños o muy jóvenes gran cantidad de horas diarias muchas de ellas a la luz de las velas. Algunos solían describir su existencia de este modo: «durante el día trabajo para vivir y durante la noche me visto con mis mejores galas, voy a la biblioteca y me une con los pensadores antiguos».

Los burgueses se transformaron en mecenas y protegieron a intelectuales y artistas. Eran poderoso; económicamente y querían aparecer también como «piadosos». Los Medicis de Florencia fueron un ejemplo del mecenazgo ejercido por la alta burguesía.

EL LEGADO DEL HUMANISMO

El movimiento humanista, como ya se expuso, había nacido en la vanguardia de un conjunto de manifestaciones de la vida europea vinculadas al desarrollo y a las exigencias de las comunidades urbanas. Nutrido en su origen en aspiraciones de universalidad, no había podido eludir la presión del tiempo, tornándose paulatinamente en factor de estímulo de las mismas tendencias a que parecía oponerse.

Su noción del carácter autónomo de las creaciones humanas, con la consiguiente objetivización del mundo de la cultura, había tenido como consecuencia inmediata el desarrollo de las ciencias histórico-políticas, dotadas del instrumento eficaz proporcionado por la filología.

Firme luego en su concepción de la dignidad del hombre, concebido como señor de la Tierra, había desarrollado la indagación de la circundante esfera natural, estimulando las búsquedas científicas destinadas a dominar el universo y someterlo a sus exigencias.

Nació de este modo, un mejor conocimiento del pasado y del presente. La selva de mitos y alegorías se desbrozó con el rechazo del criterio de autoridad científica y con la creación de una nueva metodología del saber. que pronto daría frutos gigantescos.

Por otra parte, si en cierto modo el humanismo rompió con el pasado inmediato, tachándolo en sus limitaciones fundamentales, no dejó de advertir, en toda su fecundidad, el lazo que indisolublemente debía tenderse, enhebrando el conjunto de las creaciones humanas, para advertir el sentido de la presencia del hombre en la Tierra.

Origen e Historia del Mecenazgo Primeros Mecenas en la Edad Media

Origen e Historia del Mecenazgo

La producción artística de fines de la Edad Media está marcada por el desarrollo de la obra por encargo. Ello se debió a la multiplicación de las cortes principescas y al surgimiento de una poderosa y rica burguesía que comenzó a imitar el estilo de vida de la alta aristocracia.

Surgió un verdadero mercado del arte y de los objetos de lujo, como la orfebrería y la tapicería. Las cortes de los príncipes rivalizaban en esplendor, y en las cuentas e inventarios es posible constatar la cantidad de joyas, vajilla preciosa, manuscritos y tapicerías acumuladas por coleccionistas tan ávidos como el duque de Berry o su hermano el rey Carlos V. Igualmente, durante este período, los artistas, que por largo tiempo fueron sólo artesanos más dotados y mejor remunerados, adquirieron al servicio de los príncipes una conciencia más valorada de sus personas.

Como consecuencia de lo antedicho un hecho capital en el desarrollo del humanismo fue la alianza existente entre los poderosos y los intelectuales y artistas. Bajo la protección de los tiranos la carrera de humanista se tornó lucrativa y honorable. De la misma forma que se compraban los servicios de un «condottiere» de espada (jefe de soldados pagos, mercenarios) , se pagaba una fortuna al «condottiere» de la pluma.

Origen e Historia del Mecenazgo Los humanistas gozaban de renombre y gloria. Fueron los historiadores y periodistas de su época, dominaron la opinión pública. Un latinista hábil tenía, prácticamente, abiertas todas las puertas; podía llegar a ser el «factótum» del príncipe, su secretario, su preceptor y consejero, su orador y embajador.

Esta avidez de gloria y de dinero hizo que muchas veces desapareciera en ellos el sentimiento cristiano y se insinuara el espíritu del paganismo, ya sea por los autores que frecuentaban como por la vida voluptuosa a la que la riqueza los llevaba.

En todas las cortes principescas y universidades surgían humanistas. En Milán, Francisco Sforza retenía a Francisco Filelfo, erudito belicoso y de una codicia sin límites; era quizá el mejor helenista de su época. Ahí maba que para él el honor sin dinero era tan despreciable como el dinero sin honor.

En una celebré disputa literaria con Poggio Bracciolini, éste, además de ladrón y adúltero, lo llamó «bestia repugnante», «monstruo cornudo», «despreciable murmurador» y otras lindezas de parecido calibre. Sin embargo, al poco tiempo Filelfo’ y Bracciolini hicieron las paces por motivos de interés …

LOS PRIMEROS MECENAS EN LA EDAD MEDIA

El comercio de lujo: Como se dijo mas arriba, cuando la burguesía comenzó a vivir copiando a la aristocracia, necesitó conseguir obras de arte para decorar sus mansiones y demostrar a la vez su poder económico.

Para complacer la demanda de una clientela deseosa de poseer objetos de lujo, los orfebres realizaban las obras más fantasiosas. Los inventarios revelan la existencia de piezas cada vez más sorprendentes, en forma de flores (aguileña, violeta) o de toda clase de animales (mariposas, papagayos, murciélagos o elefantes). Por ejemplo, en el inventario del duque de Anjou figura un gran aguamanil esmaltado en forma de pato, que sujeta en su pico un pez por donde sale el agua, y colocado en medio de una fuente «ondulada de verde y oro con diversos herbajes y bestias salvajes».

Una ficción literaria: la caballería. Este tratado sobre la realización de un torneo está ilustrado por Bartolomeo d’Eyck, pintor titular de Rene de Anjou, que es el autor del texto, preparado como obsequio para su hermano menor, Carlos de Anjou, conde del Maine. En los últimos siglos de la Edad Media, el torneo era la diversión por excelencia de la nobleza, en donde primaba la hazaña individual, bajo la mirada de las damas. Encarnaba el ideal de los caballeros de los tiempos antiguos y de los héroes de las novelas artúricas, con una cierta nostalgia de parte de la antigua nobleza de armas frente a la burguesía en ascenso, a veces ennoblecida por sus servicios al Estado.

El príncipe y el artista
Los príncipes poderosos como Carlos V y sus hermanos se rodearon de renombrados artistas, a los que protegían y beneficiaban y con los cuales, en ocasiones, mantenían incluso relaciones de amistad. Les otorgaban títulos oficiales en su residencia, como «valet de cámara» o «sargento de armas». Entre los íntimos de Carlos V se contaba su arquitecto, Raymond du Temple, cuyo hijo era ahijado del rey.

El duque de Berry, un esteta sagaz, envió a su arquitecto a España con el encargo de buscar un artesano sarraceno capaz de realizar el suelo de sus residencias en estilo morisco. Cuidadoso hasta el extremo por mantener a sus artistas en torno de él, el duque hizo raptar a una jovencita para ofrecerla en matrimonio a Paul de Limbourg, el más importante de tres célebres hermanos iluminadores que trabajaban entonces para él. Ellos fueron quienes ejecutaron durante los años siguientes las Muy ricas horas.

Asimismo, Jacquemart de Hesdin, su predecesor, quien gozó hasta su muerte, en 1409, del favor del duque, se benefició de su protección cuando cometió un crimen contra otro pintor. En 1378, Felipe el Atrevido, duque de Borgoña, fundó la Cartuja de Champmol, cerca de Dijon, que acababa de designar como capital de sus estados. Imitando lo que era Saint-Denis para los reyes de Francia, la iglesia debía albergar la necrópolis de los duques, en torno de la cual se cristalizaban las reivindicaciones de independencia de Borgoña.

A fin de conferir a ese lugar un especial prestigio, el duque convocó a los artistas más célebres del momento, como el arquitecto Drouet de Dammartin, los pintores Jean de Beaumetz y Jean Malouel y el escultor Jean de Marville, al que sucedió Claus Sluter en 1389.

El virtuosismo al servicio del lujo. Las piezas de orfebrería, calificadas a fines de la Edad Media como «joyas», reflejaban perfectamente el gusto de los acaudalados mandatarios por los objetos preciosos y ostentosos. Mezclaban con entusiasmo diversas técnicas de orfebrería y esmaltado en obras de una sorprendente inventiva formal. El corcel dorado, obsequio de Isabel de Baviera a su esposo Carlos VI, combina oro, esmaltes, perlas y gemas para representar un oratorio delante del cual el rey reza a la Virgen. Frente a él, un caballero sostiene su yelmo y abajo, un mozo de caballerizas guarda su montura.

ORIGEN DEL TÉRMINO MECENAS: Según el diccionario, persona poderosa que protege a los hombres de letras. Debería también incluirse a aquellos que patrocinan a cualquier persona o empresa cultural, aunque sea de carácter artesano, técnico, científico, etc.

Cayo Cilnio Mecenas nació el año 67 a.C. y murió el 8 d.C. Amigo de Octavio Augusto, fue su confidente y consejero. Era hombre de vasta cultura y erudición, que supo ser guerrero cuando se presentó la ocasión, acompañando al futuro emperador en varios combates. Al regresar a Roma, Mecenas ayudó al César a administrar justicia y dirigir el Imperio. Hombre rico, no quiso nunca figurar en política, de la que se mantenía cuidadosamente apartado. Era el amigo de su amigo, no el cortesano del emperador.

Un día, Augusto presidía el tribunal y daba signos evidentes de irritación y de ganas de condenar al reo. Mecenas, que estaba entre el público, le hizo enviar una tablilla en la que había escrito: Surge, carniféx (Levántate, verdugo).
Estas pocas palabras bastaron para avergonzar al emperador, que suspendió la sesión hasta el día siguiente en que, calmado, pronunció la sentencia absolutoria que procedía.

La esposa de Mecenas, Terencia, era hermosa y buena, pero él, gran mujeriego, se peleaba continuamente con ella. Se divorció y volvió a casarse con Terencia una veintena de veces, lo que hacía decir a Horacio:
—No se puede vivir con ella ni sin ella.
Mecenas era un gran vividor, amante de los placeres y la tranquilidad. Decía:
—Me da igual quedarme impotente, ser lisiado, gotoso, cojo o manco; lo que me importa es vivir.

Y a Augusto le aconsejó:
—No abuses de tu poder. Cuanto mayor es el poder más límites debe imponérsele.
Amante de las cosas bellas, protegió a Virgilio, que le dedicó sus Geórgicas, y a Horacio, que hizo otro tanto con varias de sus obras. Por esa protección a los dos grandes poetas latinos, su nombre propio mereció ser elevado a común. En realidad, fue el francés Clément Marot quien lo hizo en 1526.

Origen de la Opera Religiosa

Fuente Consultada: Historia Visual del Arte Larousse

El Humanismo Filosofia e Ideas del Humanismo Características

El Humanismo: Características
Filosofía e Ideas del Humanismo

Durante el período comprendido entre 1350 y 1550, en Italia nació una nueva tendencia espiritual, que se exteriorizó tanto en las artes como en las ideas: el humanismo. Este nuevo movimiento ideológico se extendió a los demás países europeos, pero con más de un siglo de retraso (de 1450 a 1600).

Los intelectuales italianos revelaron a Europa la experiencia histórica de sus antepasados y de la civilización greco-romana. El Humanismo surgió en las ciudades italianas, donde se formó un importante grupo de hombres de letras que participaron activamente en la sociedad.

Los humanistas eran intelectuales, eruditos de formación universitaria, que comenzaron a resucitar obras filosóficas, históricas o literarias de la antigüedad grecorromana. Sus ideas se vinculaban con las aspiraciones de los sectores burgueses, que adquirieron mayor poder en la sociedad. Humanistas y burgueses coincidieron en el intento de crear una cultura laica, diferente de la medieval tradicional.

Buscaron en los pensadores de la Antigüedad, como Platón y Aristóteles, el punto de apoyo para sus ideas. Pretendieron que el conocimiento le diera al hombre mayores posibilidades de felicidad y libertad.

En sintesis podemos decir que el Humanismo comienza siendo en el Renacimiento, una aproximación al hombre y una postura de rechazo al teocentrismo medieval. En el Renacimiento vemos como se descubre al hombre en todas sus dimensiones: su anatomía desde el punto de vista científico y al cuerpo humano como interés estético. El Humanismo del Renacimiento debe ser visto comoun interés primordial por el hombre y todos su quehaceres.

EL HUMANISNO: La primera característica del humanismo es que el individuo tendió a liberarse de la dogmática, del ideal religioso de la Edad Media. En segundo lugar, se manifestó un retorno a la literatura clásica griega y romana. Los antiguos textos ya no se consideraron «paganos» y, por lo tanto, «prohibidos», sino que se inició su estudio desde el punto de vista filológico, histórico y estético. Por último, su tercera característica fue el florecimiento de una especie de culto al individuo. El hombre adquiere conciencia de su valor, de su propio «yo». 

Los eruditos y maestros de los siglos XV a XVII se interesaron en las humanidades, es decir, en todas aquellas disciplinas que servían para desarrollar los más altos valores del hombre cabal, libre y progresista.

Se consideró entonces que el estudio de los clásicos latinos y, más aun, de los griegos, permitía la revalidación de esos valores y liberaba el espíritu de todo fanatismo. Se crearon, con  tal objeto, nuevas escuelas en que se desterraban el trivium y el cuadrivium, bases de la enseñanza medieval, y se remplazaban por el estudio de los idiomas y las letras clásicas.

Se consideraban estas disciplinas como medios para obtener el desarrollo completo—físico y espiritual, estético y religioso—del hombre y liberarlo de los prejuicios de la época medieval. Así fue como nacieron los primeros programas de esa etapa de la educación que hoy se llama secundaria o humanista. Pero la atención hacia los objetivos fue disminuyendo y la enseñanza de los idiomas clásicos se convirtió en preponderante y exclusiva. La Ratio Studiorum de los jesuitas acentuó la tendencia.

En el siglo XIX el mayor desarrollo de la técnica y las ciencias disputó a las humanidades su capacidad de formar íntegramente al hombre. En Alemania se fundaron institutos de segunda enseñanza en que el griego y el latín se remplazaron por asignaturas científicas, * y en la mayor parte de los países occidentales se realizaron transacciones semejantes entre los estudios clásicos y los modernos.

La «educación nueva» del siglo XX restó importancia a la disputa entre clásicos y modernos al introducir el concepto de que son las manifestaciones de la vida en su totalidad y en todas sus fases las que pueden formar en su pluralidad infinita al ser humano.

De aquí la amplitud considerable que actualmente han alcanzado las «humanidades» modernas.

El humanismo se caracteriza, sobre todo, por la importancia que concede a la libertad y dignidad del individuo. Al mismo tiempo nace un nuevo interés por la Antigüedad clásica y se inicia la liberación de la influencia religiosa de la Edad Media. Erasmo, de Rotterdam, es el príncipe de los humanistas. La imprenta favoreció de modo eficaz la difusión del pensamiento humanista, que no tardó en consagrar el progreso del arte y el pensamiento en  Occidente.

Mirar hacia el pasado para comprender el present:

Durante el Renacimiento se produjo un cambio en la actitud del hombre frente al mundo. Filósofos, científicos, literatos y políticos consideraron que el pasado greco-latino era la perfección en materia de creación humana y buscaron en él elementos que los ayudaran a comprender el mundo y, al mismo tiempo, comprenderse.

En la Italia del siglo XV florecieron ciudades que recordaban por su pujanza a las antiguas ciudades-estado griegas. Esta cultura urbana se diferenciaba claramente del mundo feudal rural. Al comienzo, el “renacer” del interés por la Antigüedad surgió en algunas de esas ciudades, donde la tradición clásica había perdurado. La presencia del pasado greco-latino se manifestó no sólo en los antiguos monumentos arquitectónicos, sino también en el uso y el gusto por la lengua latina.

En esos primeros momentos del Renacimiento, los humanistas fueron hombres de letras que se ocuparon del estudio de las obras antiguas y de la difusión del conocimiento facilitada por la imprenta. Este intento por expandir la cultura los diferenció de los hombres de la Edad Media, que habían conservado el saber, fundamentalmente, en los monasterios.

Los humanistas recuperaron a los antiguos como hombres “modernos”, es decir, comprometidos con los intereses y las preocupaciones del tiempo en que vivían. No tuvieron un solo maestro. Estudiaron a Platón, a quien consideraban por sobre Aristóteles, y a los autores del helenismo, del judaísmo y del cristianismo primitivo.

Los humanistas fueron hombres religiosos, la mayoría de ellos cristianos, que buscaron descubrir en los antiguos la manera de preguntarse sobre el mundo y las cosas. Su búsqueda intelectual se caracterizó por el desarrollo del pensamiento crítico en oposición al pensamiento dogmático.

Con esta nueva mirada sobre el pasado, lograron establecer una síntesis entre la cultura clásica y el cristianismo.

Así como resurgió con gran fuerza el estudio de la cultura greco-latina y de las lenguas griega y latina, los humanistas italianos comenzaron también a escribir en su propia lengua. Ya en el siglo XIV, los italianos Dante, Petrarca y Boccaccio —precursores del Humanismo— habían escrito en italiano. Paralelamente, entre los siglos XV y XVI, los estudiosos españoles, como Antonio de Nebrija y Luis Vives se ocuparon del estudio de su propio idioma y crearon la primera gramática castellana.

El Humanismo: una nueva manera de pensar la sociedad

En Florencia, el Humanismo estuvo estrechamente asociado con los intereses y las preocupaciones de quienes gobernaban la ciudad. Allí inició Nicolás Maquiavelo (1469-1527) sus reflexiones sobre la política. En su obra El Príncipe (escrita en 1513) analizó las distintas formas de gobierno, los modos de llegar al poder y los métodos para conservarlo, recurriendo a ejemplos tomados de la historia antigua. Maquiavelo quería contribuir con sus escritos a lograr la unidad de Italia. Para ello, describió las formas de acción política que consideraba adecuadas a la realidad que lo rodeaba, brindando consejos al “príncipe” para que pudiera sostenerse en el poder.

Vista panorámica de la ciudad de Florencia.

Florencia era la ciudad más rica del norte de Italia gracias a su industria textil, al comercio de productos de lujo y a la actividad bancaria. La ciudad se transformó en el centro del Renacimiento durante su primera etapa. Estaba gobernada por los Médicis, una familia de banqueros que, además, fueron grandes mecenas de intelectuales y artistas. Bajo el gobierno de Lorenzo el Magnífico (1449-1492), Florencia alcanzó su período de mayor brillo. En la fotografía se observa la cúpula de la catedral —obra maestra de Filippo Brunelleschi—, el campanario construido por Giotto y el Palacio comunal.

Otro humanista que ejerció una gran influencia en su época fue el holandés Desiderio Erasmo (1467-1536), quien en su sátira Elogio de la Locura (1511) criticó aspectos de la sociedad, particularmente los abusos de la Iglesia. Algunos autores consideran que contribuyó con esas críticas al desarrollo de la Reforma protestante a la que, sin embargo, nunca adhirió.

Otros humanistas describieron sociedades ideales. El inglés Tomás Moro (1478-1535), por ejemplo, realizó en su obra Utopía (1516) una dura crítica a la sociedad de su tiempo.

Una Critica a la Sociedad de Su Tiempo:
Utopía de Tomas Moro

—una isla producto de su imaginación— muestra un mundo que se rebela contra la pobreza y las desigualdades que genera la propiedad. En ella, un gobierno elegido por todos los habitantes distribuye los bienes que producen en conjunto.

“…Cuando traigo a mi memoria la imagen de tantas naciones hoy florecientes, no puedo considerarlas —y que Dios me perdone— sino como un conglomerado de gentes ricas que a la sombra y en nombre de la República, sólo se ocupan de su propio bienestar, discurriendo toda clase de procedimientos y argucias, tanto para seguir, sin temor a perderlo, en posesión de lo que adquirieron por matas artes, como para beneficiarse, al menor costo posible, del trabajo y esfuerzo de los pobres y abusar de ellos. Y así que consiguen con sus maquinaciones se manden observar en nombre de todos y, por lo tanto, en el de los pobres también, ya las ven convertidas en leyes.»

El país de Jauja. Óleo de Pieter Brueghel, siglo XVI.

El Renacimiento también produjo utopías populares. Una de las más conocidas fue la del “país de Jauja”, donde nadie trabaja. En la imagen se observan tres personajes que comparten las delicias de un país donde se vive en forma lujuriosa y las necesidades se satisfacen sin esfuerzo: un militar —representante de la clase noble—, un estudiante —prototipo de la vida urbana y burguesa— y un campesino.

LA IMPRENTA: El humanismo está estrechamente vinculado al invento de la imprenta. Ya desde principios del siglo xv se buscaba el medio de multiplicar los manuscritos de un modo más rápido.

El invento de los tipos movibles permitió que se realizara este proyecto. Este nuevo descubrimiento fue hecho simultáneamente por varios técnicos. Pero el primero en instalar un taller (en Maguncia, en 1450) fue Juan Gutenberg. Poco tiempo después se imprimió la primera Biblia. Al mismo tiempo, los impresores reemplazaron el pergamino, demasiado caro, por papel. Esto también favoreció la difusión de los textos. El arte de la imprenta se extendió rápidamente.

imprenta y humanismo

Gracias a este invento que, sin duda, es uno de los más importantes de la historia, el pensamiento humanista se difundió entre la población selecta. A pesar de que gozó del favor de los soberanos, nunca llegó a las clases inferiores de la sociedad. Los primeros impresores fueron, a menudo, sabios y escritores. Entre los más famosos citaremos a los Aldos, en Venecia; Froben, amigo de Erasmo, en Suiza; R. Estienne, en París; Elzevir en Leyden y Plantin en Amberes.

PARA SABER MAS SOBRE EL HUMANISMO….

Petrarca, el gran poeta italiano (1304-1374), y Boccaccio, autor del Decamerón (1313-1375), ya personificaban esta tendencia que no tardaría en propagarse, con distinta fortuna, por toda Europa occidental.

El humanismo se desarrolló en primer lugar en Florencia. Pretendía formar al hombre y perfeccionarlo, y para ello se inspiró en el ideal de la Antigüedad, el humanitas, es decir, lo humano en general. La invasión del imperio bizantino por los turcos y la caída de Constantinopla en 1453 fueron causa de que muchos sabios y literatos marchasen a Italia. Gracias a ellos se estableció un contacto más íntimo con el pensamiento y la literatura de la Grecia antigua. En Florencia se fundó una academia platónica según el modelo del filósofo griego Platón, apoyada por el cardenal Bessarión, famoso helenista.

Marcelo Ficino, uno de los principales conocedores florentinos de Platón, y Pico de la Mirándola, autor de un tratado sobre la dignidad humana, fueron miembros de esta academia.

En su obra, Pico de la Mirándola ensalza el libre albedrío. El individuo es libre de escoger el bien o el mal. El hombre consciente de su dignidad se sitúa en el centro de la historia, en cuyo curso influye por sus actos. He aquí un concepto puramente individualista que rompe con el colectivismo o sentido comunitario de la Edad Media. Junto a estos famosos humanistas italianos debemos citar también a Leonardo Bruni, traductor de Platón y Aristóteles, y a un crítico de historia, Lorenzo Valla.

En Italia, el humanismo fue un movimiento exclusivamente filológico y literario que se dedicó al estudio de la Antigüedad. Al norte de los Alpes, además de la literatura griega y romana, se estudiaron los textos de la Biblia y de los Padres de la Iglesia.

Los principales representantes del humanismo fueron J. Reuchlin en Alemania, J. Lefévre d’Etaples en Francia y el filósofo, psicólogo y educador Juan Luis Vives (1492-1540) en España, en cuyos escritos, como dice Julián Marías, anticipó lo que había de ser buena parte del pensamiento europeo de los siglos XVI y XVII.

De Inglaterra citaremos a Johan Colet, que en sus escritos denunció los abusos cometidos por la Iglesia, y especialmente a Tomás Moro (1478-1535). En su Utopía, Moro describe una sociedad humana ideal para poder atacar mejor a las situaciones políticas de su tiempo.

Pero es indudable que el príncipe de los humanistas fue Didier Erasmo, de Rotterdam (1461-1536). Renombrado filólogo, se dedicó, sobre todo, al estudio de los textos sagrados. Condenaba la escolástica y defendía la libertad cristiana. En su Elogio de la locura dio libre curso a su espíritu de la burla. Satiriza los conceptos supersticiosos, la ciencia imaginaria de los teólogos, la política del papa y el espíritu mundano que había invadido a la Iglesia. Su obra alcanzó enorme éxito, lo que demuestra que el espíritu humanista no fue atributo exclusivo de unos cuantos filósofos y escritores. Aún hoy se cita frecuentemente como una obra maestra sin igual.

A partir de este momento, se formaron círculos muy amplios en los que se empezó a estudiar, traducir y comentar a los autores antiguos y la Biblia. La atención se centró en el latín, el griego y también el hebreo. Para fomentar el estudio de estas lenguas, en 1516 se fundó el «Colegio de las tres lenguas», no en la Sorbona, que se negó a aceptar la nueva ciencia, sino en la universidad de Lovaina.

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