Origen e Historia del Mecenazgo Primeros Mecenas en la Edad Media



Origen e Historia del Mecenazgo

La producción artística de fines de la Edad Media está marcada por el desarrollo de la obra por encargo. Ello se debió a la multiplicación de las cortes principescas y al surgimiento de una poderosa y rica burguesía que comenzó a imitar el estilo de vida de la alta aristocracia.

Surgió un verdadero mercado del arte y de los objetos de lujo, como la orfebrería y la tapicería. Las cortes de los príncipes rivalizaban en esplendor, y en las cuentas e inventarios es posible constatar la cantidad de joyas, vajilla preciosa, manuscritos y tapicerías acumuladas por coleccionistas tan ávidos como el duque de Berry o su hermano el rey Carlos V. Igualmente, durante este período, los artistas, que por largo tiempo fueron sólo artesanos más dotados y mejor remunerados, adquirieron al servicio de los príncipes una conciencia más valorada de sus personas.

Como consecuencia de lo antedicho un hecho capital en el desarrollo del humanismo fue la alianza existente entre los poderosos y los intelectuales y artistas. Bajo la protección de los tiranos la carrera de humanista se tornó lucrativa y honorable. De la misma forma que se compraban los servicios de un «condottiere» de espada (jefe de soldados pagos, mercenarios) , se pagaba una fortuna al «condottiere» de la pluma.

Origen e Historia del Mecenazgo Los humanistas gozaban de renombre y gloria. Fueron los historiadores y periodistas de su época, dominaron la opinión pública. Un latinista hábil tenía, prácticamente, abiertas todas las puertas; podía llegar a ser el «factótum» del príncipe, su secretario, su preceptor y consejero, su orador y embajador.

Esta avidez de gloria y de dinero hizo que muchas veces desapareciera en ellos el sentimiento cristiano y se insinuara el espíritu del paganismo, ya sea por los autores que frecuentaban como por la vida voluptuosa a la que la riqueza los llevaba.

En todas las cortes principescas y universidades surgían humanistas. En Milán, Francisco Sforza retenía a Francisco Filelfo, erudito belicoso y de una codicia sin límites; era quizá el mejor helenista de su época. Ahí maba que para él el honor sin dinero era tan despreciable como el dinero sin honor.

En una celebré disputa literaria con Poggio Bracciolini, éste, además de ladrón y adúltero, lo llamó «bestia repugnante», «monstruo cornudo», «despreciable murmurador» y otras lindezas de parecido calibre. Sin embargo, al poco tiempo Filelfo’ y Bracciolini hicieron las paces por motivos de interés …

LOS PRIMEROS MECENAS EN LA EDAD MEDIA

El comercio de lujo: Como se dijo mas arriba, cuando la burguesía comenzó a vivir copiando a la aristocracia, necesitó conseguir obras de arte para decorar sus mansiones y demostrar a la vez su poder económico.

Para complacer la demanda de una clientela deseosa de poseer objetos de lujo, los orfebres realizaban las obras más fantasiosas. Los inventarios revelan la existencia de piezas cada vez más sorprendentes, en forma de flores (aguileña, violeta) o de toda clase de animales (mariposas, papagayos, murciélagos o elefantes). Por ejemplo, en el inventario del duque de Anjou figura un gran aguamanil esmaltado en forma de pato, que sujeta en su pico un pez por donde sale el agua, y colocado en medio de una fuente «ondulada de verde y oro con diversos herbajes y bestias salvajes».



Una ficción literaria: la caballería. Este tratado sobre la realización de un torneo está ilustrado por Bartolomeo d’Eyck, pintor titular de Rene de Anjou, que es el autor del texto, preparado como obsequio para su hermano menor, Carlos de Anjou, conde del Maine. En los últimos siglos de la Edad Media, el torneo era la diversión por excelencia de la nobleza, en donde primaba la hazaña individual, bajo la mirada de las damas. Encarnaba el ideal de los caballeros de los tiempos antiguos y de los héroes de las novelas artúricas, con una cierta nostalgia de parte de la antigua nobleza de armas frente a la burguesía en ascenso, a veces ennoblecida por sus servicios al Estado.

El príncipe y el artista
Los príncipes poderosos como Carlos V y sus hermanos se rodearon de renombrados artistas, a los que protegían y beneficiaban y con los cuales, en ocasiones, mantenían incluso relaciones de amistad. Les otorgaban títulos oficiales en su residencia, como «valet de cámara» o «sargento de armas». Entre los íntimos de Carlos V se contaba su arquitecto, Raymond du Temple, cuyo hijo era ahijado del rey.

El duque de Berry, un esteta sagaz, envió a su arquitecto a España con el encargo de buscar un artesano sarraceno capaz de realizar el suelo de sus residencias en estilo morisco. Cuidadoso hasta el extremo por mantener a sus artistas en torno de él, el duque hizo raptar a una jovencita para ofrecerla en matrimonio a Paul de Limbourg, el más importante de tres célebres hermanos iluminadores que trabajaban entonces para él. Ellos fueron quienes ejecutaron durante los años siguientes las Muy ricas horas.

Asimismo, Jacquemart de Hesdin, su predecesor, quien gozó hasta su muerte, en 1409, del favor del duque, se benefició de su protección cuando cometió un crimen contra otro pintor. En 1378, Felipe el Atrevido, duque de Borgoña, fundó la Cartuja de Champmol, cerca de Dijon, que acababa de designar como capital de sus estados. Imitando lo que era Saint-Denis para los reyes de Francia, la iglesia debía albergar la necrópolis de los duques, en torno de la cual se cristalizaban las reivindicaciones de independencia de Borgoña.

A fin de conferir a ese lugar un especial prestigio, el duque convocó a los artistas más célebres del momento, como el arquitecto Drouet de Dammartin, los pintores Jean de Beaumetz y Jean Malouel y el escultor Jean de Marville, al que sucedió Claus Sluter en 1389.

El virtuosismo al servicio del lujo. Las piezas de orfebrería, calificadas a fines de la Edad Media como «joyas», reflejaban perfectamente el gusto de los acaudalados mandatarios por los objetos preciosos y ostentosos. Mezclaban con entusiasmo diversas técnicas de orfebrería y esmaltado en obras de una sorprendente inventiva formal. El corcel dorado, obsequio de Isabel de Baviera a su esposo Carlos VI, combina oro, esmaltes, perlas y gemas para representar un oratorio delante del cual el rey reza a la Virgen. Frente a él, un caballero sostiene su yelmo y abajo, un mozo de caballerizas guarda su montura.

ORIGEN DEL TÉRMINO MECENAS: Según el diccionario, persona poderosa que protege a los hombres de letras. Debería también incluirse a aquellos que patrocinan a cualquier persona o empresa cultural, aunque sea de carácter artesano, técnico, científico, etc.

Cayo Cilnio Mecenas nació el año 67 a.C. y murió el 8 d.C. Amigo de Octavio Augusto, fue su confidente y consejero. Era hombre de vasta cultura y erudición, que supo ser guerrero cuando se presentó la ocasión, acompañando al futuro emperador en varios combates. Al regresar a Roma, Mecenas ayudó al César a administrar justicia y dirigir el Imperio. Hombre rico, no quiso nunca figurar en política, de la que se mantenía cuidadosamente apartado. Era el amigo de su amigo, no el cortesano del emperador.



Un día, Augusto presidía el tribunal y daba signos evidentes de irritación y de ganas de condenar al reo. Mecenas, que estaba entre el público, le hizo enviar una tablilla en la que había escrito: Surge, carniféx (Levántate, verdugo).
Estas pocas palabras bastaron para avergonzar al emperador, que suspendió la sesión hasta el día siguiente en que, calmado, pronunció la sentencia absolutoria que procedía.

La esposa de Mecenas, Terencia, era hermosa y buena, pero él, gran mujeriego, se peleaba continuamente con ella. Se divorció y volvió a casarse con Terencia una veintena de veces, lo que hacía decir a Horacio:
—No se puede vivir con ella ni sin ella.
Mecenas era un gran vividor, amante de los placeres y la tranquilidad. Decía:
—Me da igual quedarme impotente, ser lisiado, gotoso, cojo o manco; lo que me importa es vivir.

Y a Augusto le aconsejó:
—No abuses de tu poder. Cuanto mayor es el poder más límites debe imponérsele.
Amante de las cosas bellas, protegió a Virgilio, que le dedicó sus Geórgicas, y a Horacio, que hizo otro tanto con varias de sus obras. Por esa protección a los dos grandes poetas latinos, su nombre propio mereció ser elevado a común. En realidad, fue el francés Clément Marot quien lo hizo en 1526.

Origen de la Opera Religiosa

Fuente Consultada: Historia Visual del Arte Larousse

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