Vida de Lorenzo de Médici el Magnífico Breve Biografía



BREVE BIOGRAFÍA DE LORENZO DE MEDICI – MECENAS ITALIANO

Político y banquero italiano Lorenzo de Medici (1449-1492) fue un influyente mecenas de las humanidades durante el renacimiento.

Lorenzo nació en Florencia el 1º de enero de 1449, hijo de Pedro de Medici a cuya muerte asumió la dirección del banco de los Medici, así como el gobierno de hecho de Florencia.

Fue un poeta de talento y reunió en su corte a los creadores e intelectuales más importantes de su época. Lorenzo murió en Careggi el 9 de abril de 1492.

Lorenzo el Magnifico

Lorenzo de Médicis presidió el máximo esplendor de la Florencia renacentista. Es la época en que los palacios mediceos se llenan de las obras del Verrocchio, de Botticelli y de Filipino Lippi, del Ghirlandaio y del Gozzoli; en que en el Estudio florentino enseñan humanidades un Argirópulos, un Landino y un Policiano; en que en la corte de Lorenzo se reúnen Marsilio Ficino y Pico de la Mirándola, los dos neoplatónicos de la Academia, Filelfo y Calderini, Bembo y Bárbaro, Reuchlin y Toscanelli. Todos ellos mentalidades privilegiadas, capaces de honrar por sí solas las cortes de los mayores soberanos de la Historia. En Florencia se editan Virgilio y Homero, Boccaccio y el Dante, y se discute sobre el Cristianismo y el paganismo, sobre la moral antigua y la moderna, sobre la teología y la filosofía. Hallámonos en el auge del humanismo italiano, con sus exaltaciones, sus encantos, sus bellezas y sus lamentables extravíos.

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Veamos ahora los rasgos mas importantes de su vida:

VIDA DE LORENZO EL MAGNÍFICO: Siete de febrero de 1469. En la plaza de la Santa Cruz, de Florencia, se realiza un torneo de excepcional importancia. Toman parte en él jóvenes de las más poderosas familias florentinas.

El pueblo, que ha acudido en gran número, sigue con entusiasmo las alternativas del extraordinario certamen. La lucha entre los competidores se va haciendo cada vez más reñida. Será premiado el caballero que, además de manejar la lanza con gran habilidad, demuestre una excepcional destreza como jinete.

En cierto momento la atención de los espectadores se ve atraída por un caballero que viste una capa de terciopelo azul con pespuntes de lirios dorados.



El caballero está realizando verdaderas proezas; logra voltear a sus adversarios al primer golpe, y cada vez que su caballo es embestido con fuerza y está para caer, él, con singular maestría, consigue mantenerlo en pie para reanudar inmediatamente el combate.

Ahora los pajes hacen sonar sus trompetas: la gran competición ha finalizado.

Los jueces no tienen ninguna dificultad en la elección del vencedor: el mejor de la palestra ha sido el caballero de la capa de terciopelo azul.

Este caballero, que con su extraordinaria habilidad ha entusiasmado a los florentinos, es Lorenzo, hijo de Pedro de Médicis, el más notable de los ciudadanos de Florencia.

UN JOVEN DECIDIDO: El 2 de diciembre del mismo año Pedro de Medicis dejó de existir, y le sucedieron sus hijos Lorenzo y Julián; pero como este último tenía apenas dieciséis años, el «cuidado de la ciudad» pasó a manos de Lorenzo, que había cumplido veintiuno.

Hasta ese momento el joven Lorenzo se había dedicado a la poesía, a la caza y a los torneos. Pocos eran, pues, los que esperaban de él habilidad política.

Y, sin embargo, este genial improvisador de versos, este brioso organizador de fiestas y banquetes, mostró en su haber un programa político bien definido.

Dos eran las metas que Lorenzo se había propuesto alcanzar: disminuir la potencia de las grandes familias florentinas que disputaban el poder a la suya y modificar las instituciones republicanas para cortar a sus adversarios el camino al poder. (Aunque existía la Señoría de los Medicis, Florencia conservaba aún las viejas y tradicionales instituciones comunales.)

Lorenzo de Médicis puso en seguida manos a la obra. Al año siguiente (verano de 1470) logró que un Consejo Mayor (del cual él mismo formaba parte) se encargare del estudio de las reformas que debían realizarse en las antiguas instituciones. Éste fue el primer paso de su audaz programa.

En 1472 llegó una grave noticia: la ciudad de Volterra había decidido rebelarse contra la Señoría florentina.



El momento era extremadamente delicado: los ciudadanos más autorizados de Florencia estimaron conveniente, llegar a un acuerdo con Volterra. Pero Lorenzo se negó a aceptar la propuesta.

Antes bien, dispuso que las tropas florentinas se pusiesen en marcha hacia Volterra. En menos de dos meses, los volterranos se vieron obligados a rendirse.

Desde su juventud, Lorenzo demostró estar dotado de condiciones intelectuales poco comunes. Nieto del gran Cosme e hijo de Pedro y Lucrecia Tornabuoni, distinguióse en los estudios de humanidades bajo el sabio profesorado de Ficino, Landino y Argirópulos.

«EL FIEL DE LA BALANZA ITALIANA»

Seguro ya del favor de todo el pueblo florentino, Lorenzo decidió llevar a cabo las reformas del gobierno proyectadas desde 1470.

Sin suprimir las antiguas instituciones, consiguió que se le otorgase la facultad de dirigir libremente la política de Florencia, convirtiéndose así en el único y absoluto señor de la ciudad.

Pero no quiso aprovecharse de la fe que los florentinos depositaron en él, para transformarse en tirano.

Como hombre sabio que era, se sirvió del poder para dar a su querida ciudad paz y bienestar. Por su mérito, Florencia se convirtió en la ciudad más bella y elegante de Italia.

Lorenzo la embelleció con magníficos edificios y la alegró con fiestas de máscaras y torneos. Al mismo tiempo, continuaba con su obra de hábil político.

Convencido de que sólo la paz puede encauzar a los pueblos por la senda del progreso, se empeñó en una obra realmente excepcional: la de mantener en buenas relaciones a los distintos Estados italianos.

Y en electo, merced a su actuación, Italia pudo gozar, durante casi veinte años, de paz y prosperidad. Debido a esta sabia política, Lorenzo de Mediéis sería llamado «el fiel de la balanza italiana».



Esta expresión quiere significar que Lorenzo había logrado equilibrar los intereses y las pretensiones de unos y otros Estados.

EL POETA

Lorenzo de Médicis no ha pasado a la historia sólo como el más hábil político del siglo XV. También es recordado como poeta exquisito, y sus composiciones poéticas aún hoy se leen con placer. Sus contemporáneos le expresaron su admiración llamándolo «el Magnífico».

Sin abandonar los intereses financieros de su familia ni sus ocupaciones culturales, Lorenzo dedicó parte de su gigantesca actividad a la vida política. Su enlace con Clarisa Orsini (1469) le había elevado definitivamente sobre los rangos de la burguesía florentina. Había llegado el momento de completar la obra política de Cosme el Viejo y de dar aspecto formal al dominio efectivo ejercido por los Médicis en Florencia.

LA CONSPIRACIÓN DE LOS PAZZI:

En 1474 se le ofreció a Lorenzo la ocasión de demostrar también su habilidad poco común de hombre político.

Para hallarse en condiciones de afrontar el eventual ataque de los Estados que tenían la intención de extender sus dominios en perjuicio de Florencia, Lorenzo se ocupó de concertar alianzas.

Y el resultado de su actividad diplomática fue que la República de Venecia y el Ducado de Milán, los dos Estados más poderosos de Italia, aceptaron formar una liga con Florencia.

La popularidad y la fe que Lorenzo había ido conquistando poco a poco entre los florentinos no pudo menos que suscitar la envidia de la familia de los Pazzi. Éstos eran unos ricos banqueros que desde hacía tiempo aspiraban a sustituir a los Medicis en el gobierno de la ciudad.

Su despecho había llegado a tal punto que no titubearon en poner en ejecución un plan criminal.

En la mañana del 26 de abril de 1478, junto con otros rivales de los Médicis, los Pazzi decidieron actuar. Estaba dispuesto que el ataque se debía realizar nada menos que en la catedral de Florencia, durante la misa.

Y en el momento de la elevación, cuando todos los fieles se encontraban más absortos, Lorenzo y Julián fueron acometidos por la espalda. Atravesado por varias puñaladas, Julián cayó al suelo moribundo; Lorenzo a duras penas consiguió librarse de la furia salvaje de los asesinos, encerrándose en la sacristía. El mismo pueblo, indignado, ajustició a los conspiradores.

Fuente Consultada: Enciclopedia Estudiantil Tomo VI Editorial CODEX.

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