Grandes Viajes Marítimos

Situación de Europa a Fines de la Edad Media Economia y

Situación de Europa a Fines de la Edad Media Economía-Comercio- Conocimientos y Rutas

Iniciación de una nueva época. — Al promediar el siglo XV Europa sufrió una completa transformación que se acentuó en el transcurso del siguiente. Los aspectos más salientes de la existencia se modificaron: la organización política y social, las creencias religiosas, la vida económica y la cultura sufrieron cambios de importancia.

Tres factores contribuyeron a cambiar la fisonomía de la Europa feudal:

la consolidación del poder real y la formación de las nacionalidades de occidente;

los grandes inventos;

la toma de Constantinopla por los turcos otomanos. A ellos se debió la terminación de la Edad Media y la iniciación de los tiempos modernos que comienzan con este último episodio (1453) y terminan con la Revolución Francesa (1789).

Durante este período se produjo el descubrimiento de América y se consumó su colonización por cinco potencias de la Europa Occidental: España, Portugal, Inglaterra, Francia y Holanda.

La situación política: destrucción del feudalismo y consolidación del poder real. — El primer acontecimiento importante que se produjo a mediados del siglo XV fué la consolidación del poder real en la Europa occidental.

En Inglaterra, como consecuencia de la Guerra de las Dos Rosas (1455-85), a la cual debió su ruina la nobleza y su vigor la autoridad de la Corona;
en Francia, durante el reinado de Luis XI (1461-83), a causa de sus victorias sobre los nobles acaudillados por el duque de Borgoña, Carlos el Temerario; en los reinos españoles, merced a la acción desplegada por los Reyes Católicos unidos en matrimonio.

El triunfo del poder real significa la terminación de un largo proceso cuya iniciación data del siglo XII.

El feudalismo había cumplido su función histórica una vez llenada la necesidad que lo produjo: restablecer el orden e impedir el avance de las hordas normandas. Se revelaron entonces sus inconvenientes.

El Rey en la Edad Media

En el orden político, la disgregación de los estados reducía el concepto de nacionalidad y lo limitaba a la extensión de cada feudo. El poder real era puramente nominal (un símbolo). El Rey no llegaba a ser el señor feudal más poderoso; su autoridad solamente se dejaba sentir sobre su feudo; carecía de jurisdicción sobre los demás, pues no se concebía la soberanía sin la propiedad de la tierra.

La vida económica fue afectada por la violencia característica de la época. Las guerras feudales eran tan frecuentes que la Iglesia debió intervenir para obtener la suspensión de las hostilidades durante ciertos días de la semana. Además, la multiplicidad de los impuestos, la inseguridad de los caminos, la variedad de los sistemas monetarios, etc., afectaron seriamente el desarrollo del comercio y de las industrias.

arte medieval arco ojival
Arte medieval, el arco ojival

La cultura declinó. Salvo la arquitectura, que tuvo en el arte ojival o gótico un estilo propio, las demás expresiones artísticas son escasas o inferiores. El saber se refugió en los conventos y desde allí irradió sus manifestaciones.
Estos inconvenientes provocaron la reacción contra el feudalismo.

La debilidad de la Corona mejoró mediante la ampliación de los bienes del dominio real; los soberanos se aseguraron el apoyo popular fomentando el movimiento comunal: las ciudades adquirían el derecho de gobernarse por sí mismas; los abusos de los señores feudales despertaban en el pueblo la conciencia de que era necesario un cambio de régimen; el concepto de la nacionalidad se destacaba: la guerra de los Cien Años (1328-1453) había revelado los inconvenientes de que una parte de Francia estuviera sometida al Rey de Inglaterra y que los vasallos de éste hicieran armas contra el soberano francés.

Las Cruzadas Medievales

Paralelamente al robustecimiento del poder real, se producía un debilitamiento del poderío feudal. Las Cruzadas (1096 -1270) fueron fatales para éste: los señores se empobrecieron y concedieron libertades a las ciudades, enriquecidas por el despertar económico que aquellas expediciones produjeron.

Surgieron de esta manera las comunas, ciudades que compraban o adquirían mediante la fuerza un conjunto de derechos consignados en un documento solemne llamado carta o fuero. El contenido de estos documentos variaba según las circunstancias, pero todos coincidían en otorgar a la ciudad el derecho de gobernarse por sí misma. Las ciudades autónomas se llamaban comunas y en Alemania, ciudades libres. De esta manera las poblaciones urbanas se levantaban frente a los señores, dispuestas a defender sus derechos, solas o aliadas con otras. Las ligas de ciudades se llamaban hermandades.

El contenido de estos documentos variaba según las circunstancias, pero todos coincidían en otorgar a la ciudad el derecho de gobernarse por sí misma. Las ciudades autónomas se llamaban comunas y en Alemania, ciudades libres. De esta manera las poblaciones urbanas se levantaban frente a los señores, dispuestas a defender sus derechos, solas o aliadas con otras. Las ligas de ciudades se llamaban hermandades.

La lucha entre el poder real y el feudalismo terminó a mediados del siglo XV en la Europa occidental. En cambio, los países centrales: Alemania e Italia continuaron divididos en pequeños estados.

Los turcos otomanos. Caída de Constantinopla: consecuencias. — En el siglo XIV los turcos otomanos hicieron su aparición en Europa después de fundar, bajo el reinado de Otmán a quien deben el nombre, un poderoso imperio en el Asia Menor, con Brusa por capital.

La superioridad de sus armas, el espíritu combativo que los animaba, la debilidad creciente del Imperio Bizantino y la división de la península balcánica en diversos estados, favoreció su acción conquistadora. Galípoli cayó en sus manos bajo el reinado de Orkán (1359) ; su sucesor Amurates I se apoderó de Andrinópolis y sometió a los búlgaros y a los servios.. Su hijo Bayaceto amplió las conquistas y llevó sus armas contra los húngaros.

Finalmente en 1453 bajo el gobierno de Mahomet II, Constantinopla, sitiada por 260.000 turcos y bloqueada por la escuadra otomana, cayó en poder de los sitiadores. Una nueva potencia, extraña por su raza, religión y costumbres, quedó incorporada a las naciones europeas. Turquía, aislada por la Europa cristiana, luchó contra ella, ge aisló a su vez y cerró sus puertos al comercio europeo, arruinando el tráfico con el Oriente y con él a las naciones que lo practicaban.

Ataques de los turcos otomanos
Ataques de los turcos otomanos

Dos consecuencias capitales derivan de este acontecimiento:

los grandes descubrimientos marítimos;

el Renacimiento facilitado por la acción de los sabios griegos que huyeron de Constantinopla y se establecieron en Italia, llevando los tesoros de la antigua cultura grecorromana.

La situación económica. — La situación económica de Europa al terminar la Edad Media no ofrece caracteres uniformes. Alemania había iniciado su decadencia al declinar la famosa Liga Hanseática que había monopolizado el comercio en el Norte de Europa, donde se extendía por Inglaterra, Países Bajos, Suecia, Noruega, Dinamarca, Alemania y Rusia.

Después de haber llegado a su apogeo en el siglo XIV declinó en el siguiente y arrastró al Imperio alemán en su decadencia. Italia, dividida también en diversos estados, inició su declinación económica cuando la toma de Constantinopla cerró a Genova y Venecia el comercio con el Oriente.

Francia se hallaba en situación poco favorable: carente de marina, su comercio era escaso y su principal industria la fabricación de paños. Inglaterra distaba mucho de anunciar el poderío que habría de adquirir durante la Edad Moderna a partir del reinado de Isabel: sin marina ni industria, su comercio se reducía a la exportación de lanas a Francia e Italia y especialmente a Flandes. Esta región formaba parte de los Países Bajos y presentaba el espectáculo de una extraordinaria vida comercial. Su centro principal era la ciudad de Brujas y una sabia división del trabajo había repartido entre diversas poblaciones la producción de distintos artículos.

Contrastando con la situación económica general, los reinos cristianos de la península ibérica, especialmente Castilla, Aragón y Portugal se destacaban por su actividad: poseían una marina poderosa; sus industrias, casi todas de origen musulmán, habían adquirido mucha importancia y su comercio rivalizaba con el de las repúblicas italianas en el Mediterráneo y se extendía por el Norte hasta Francia, Inglaterra y Flandes.

El saber astronómico. Al terminar la Edad Media los conocimientos astronómicos habían alcanzado un notable desarrollo, favorecido por la invasión musulmana a la península ibérica.

Los árabes, en efecto, fueron famosos matemáticos y astrónomos. A ellos se debió también la introducción en la Europa occidental de los conocimientos científicos de la antigüedad grecorromana, entre los cuales se destaca la teoría de la esfericidad de la tierra. Los griegos la tomaron a los sacerdotes egipcios y la difundieron en la Europa oriental por medio de sus filósofos (Tales de Mileto, Sócrates, Platón y Aristóteles) y de sus cosmógrafos (Euclides, Arquímedes, etc.).

Bajo la influencia musulmana los conocimientos cosmográficos de la antigüedad se difundieron por toda Europa y al promediar el siglo XV la idea de la esfericidad de la tierra era patrimonio de la gente culta. La iglesia la consideraba compatible con el dogma cristiano y el Cardenal Pedro de Ailly la expuso y defendió en su obra Imago Mundi publicada en 1410.

Sin embargo, se le asignaba a la tierra un diámetro reducido y se suponía que los mares ocupaban una mayor extensión. Se prescindía, en efecto, del continente americano, aunque se admitía la posibilidad de que entre Europa y Asia hubiese otras tierras, cuya existencia la antigüedad había presentido.

imagen del mundo edad media

Se discutían finalmente las condiciones de habitabilidad de algunas regiones; por ejemplo el ecuador y los polos, aunque entre la gente culta predominaba una opinión favorable, pese a que Aristóteles había sostenido lo contrario.

Claro está que estos conocimientos no eran accesibles a las clases inferiores de la población, a las cuales resultaba más comprensible la planiformidad de la tierra, la creencia de que la vida humana era imposible en la zona ecuatorial y muchos otros errores generalizados, especialmente entre, la gente de mar.

Los conocimientos geográficos. Los conocimientos geográficos eran muy limitados a fines de la Edad Media. Sin embargo, las Cruzadas (1098-1270), la reanudación del comercio asiático europeo que ellas provocaron y la formación del imperio mogol que se extendía en el siglo XIII desde el Mar del Japón hasta Moscú, ampliaron considerablemente los conocimientos.

En el siglo XV el mundo conocido comprendía:

el continente europeo, aunque los países del Norte y del Oriente eran-poco familiares para los demás;

la región mediterránea del África y la costa atlántica, hasta el Cabo Boj ador, situado entre los paralelos 26 y 27;

la zona occidental de Asia limítrofe con Europa y vagas referencias sobre Persia, Tartaria, China, Indostan, etc., países que producían valiosas mercaderías y provocaban interesantes relatos de los viajeros.

América era totalmente ignorada, a pesar de que, desde el siglo X la ocupación de Groenlandia y otros territorios vecinos había sido iniciada por un pueblo eminentemente batallador, navegante y aventurero, los normandos, quienes abandonaban las costas de Noruega, su patria, para lanzarse a lo largo de Europa en busca de glorias y riquezas.

En el curso de sus viajes, se dirigieron también hacia el N. O. y descubrieron la Islandia (Naddodd, en 861). Desde ella vislumbraron la Groenlandia (Gunnbjoern, en 876), donde en el transcurso del siglo siguiente (982 ó 983) se estableció un noble desterrado llamado Erik el Rojo, quien acometió años después la colonización del país.

En el mismo siglo se introdujo el cristianismo y la colonización se afianzó. Desde allí se efectuaron importantes descubrimientos. En efecto, según una opinión muy generalizada, la isla de Terranova y los territorios de Nueva Escocia y Massachussetts fueron descubiertos entre los años 986 y 1001, siendo denominados Helulandia (tierra pedregosa), Marklandia (tierra de la madera) y Vinlandia (tierra de la vid), respectivamente. Este último territorio fué objeto de diversas tentativas de colonización, las cuales quedaron abandonadas en la segunda década del siglo XI.

En cuanto a la colonización de Groenlandia, las últimas noticias que de ella se tienen datan del siglo XV. Abandonados a su suerte, es posible que los pobladores se mezclaran con los nativos y terminaran por confundirse con ellos.

Esta circunstancia y el aislamiento en que vivía el N. de Europa con respecto a los demás países del continente nos explica que al iniciarse las grandes empresas marítimas del siglo XV, sus autores ignoraran aquellos lejanos descubrimientos.

Los elementos para la navegación. Los portulanos. — En los
últimos tiempos de la Edad Media, el instrumental náutico se enriqueció considerablemente y facilitó la realización de audaces navegaciones.

El perfeccionamiento de la brújula con el agregado de la rosa de los vientos, dio a los marinos el instrumento de orientación necesario para seguir el rumbo, con prescindencia de la costa.

brujula medieval

El astrolabio o anillo astronómico, igualmente perfeccionado, y la ballestilla, que realizaba análoga función, permitían determinar la posición de los buques según la longitud y latitud de los astros.

Los portulanos, cartas que en un principio consignaban las características de los puertos, se generalizaron y contuvieron con lujo de detalles los mares y costas conocidos.

A estos elementos debemos agregar la preocupación revelada en algunos países para preparar expertos navegantes (v. gr.: Portugal, con la escuela náutica de Sagres).

En cambio, la arquitectura naval no hizo mayores progresos hasta el siglo XVI y las naos, bergantines y carabelas, barcos pequeños y livianos, adecuados para las exploraciones, fueron los empleados con mayor frecuencia en las exploraciones, reservándose los buques más lentos y pesados (galeones, carracas, etc.) para el transporte de mercaderías.

Los centros del comercio y de la navegación. — Durante los últimos siglos de la Edad Media quedaron definidos dos núcleos comerciales bien caracterizados: el anseático y el mediterráneo. Ellos ejercían el monopolio de la navegación sobre los mares circunvecinos: el primero, en el Báltico y el Mar del Norte; el segundo sobre el Mediterráneo y sus auxiliares el Negro, el de Mármara y el Azoff.

El comercio anseático era exclusivamente europeo y se extendía por el Norte de Europa hasta Inglaterra, Países Bajos, Suecia, Noruega, Dinamarca, Alemania y Rusia. Tuvo su apogeo durante el siglo XIV pero quedó arruinado en el subsiguiente.

El comercio mediterráneo era intercontinental, es decir, europeo – asiático. Marsella, Barcelona y especialmente las repúblicas italianas lo practicaban en gran escala.

Ellas introducían los productos orientales, los distribuían por el Mediterráneo y los enviaban hasta Alemania y los Países Bajos siguiendo la ruta de los ríos navegables y de los antiguos caminos romanos. La lista de las mercaderías asiáticas era bien nutrida.

De Asia llegaban a Europa diversos perfumes, como la mirra, el alcanfor, el aceite de sésamo, piedras preciosas y perlas, tejidos de seda, algodón, tapices, etc. Pero los artículos preferidos eran las especias a las cuales los hombres de la época, habituados a una alimentación excesivamente pesada, atribuían cualidades tónicas y estimulantes.

La pimienta, la canela, el clavo de olor, la nuez moscada, el anís, etc., se consumían en grandes cantidades y la extensión de su uso enriquecía a las naciones que las importaban y a los comerciantes que las vendían.

El comercio con el Oriente. Viajeros. — El comercio con el Oriente se había iniciado en la antigüedad. El lujo y la ostentación, característicos de la decadencia romana, generalizó el consumo de los productos asiáticos que llegó a adquirir proporciones extraordinarias.

Los perfumes, las telas finas, las piedras preciosas y las perlas llegaban a Europa en grandes cantidades. Las invasiones germánicas paralizaron este comercio, poco adecuado para las costumbres y modalidades de los pueblos que se establecieron en las provincias del imperio romano de Occidente.

Pero las Cruzadas (1096 -1270) lo reanudaron, porque pusieron a los europeos en contacto con los pueblos asiáticos. Se activaron las relaciones comerciales y las regiones de Oriente despertaron la atención pública, especialmente cuando los mogoles del siglo XIII iniciaron la formación de un gran imperio que se extendía desde el Japón hasta Moscú.

El interés despertado provocó numerosos viajes realizados por misioneros y comerciantes. Los primeros los efectuaban con propósitos religiosos y a veces en cumplimiento de embajadas confiadas por los Papas y los soberanos europeos.

Los segundos, deseosos de conocer el porvenir mercantil de esas lejanas regiones orientales, llenas de misterio y que ofrecían una atracción extraordinaria para los hombres de la época. Monjes fueron los primeros embajadores mandados al Asia por el Papa Inocencio IV y por San Luis, rey de Francia.

Comerciantes eran Nicolás y Mateo Polo. Merced a las informaciones recogidas por unos y otros en largas peregrinaciones por tierras asiáticas, merced también a los viajes realizados en busca del país del Preste Juan, indistintamente ubicado en Asia y África y que se decía gobernado por un príncipe cristiano, los conocimientos geográficos se extendieron y la Siria, la Mesopotamia, la Persia, el Tibet y las regiones próximas dejaron de ser desconocidas para los hombres de Europa a partir del siglo XIII.

Marco Polo — Entre los viajeros de la época se destaca Marco Polo. Tenía apenas 17 años cuando seducido por los relatos de su padre Nicolás Polo y de su tío Mateo Polo, que habían permanecido en Asia por espacio de ocho años (1261-69), decidió acompañarlos en un nuevo viaje que emprendieron en 1271 y que habría de retenerlos durante 24 años en tierras asiáticas.

Marco Polo y sus acompañantes visitaron distintas regiones de Asia y el primero de ellos se ganó la confianza del Emperador Kublai – Khan y desempeñó diversas funciones de importancia, incluso el gobierno de algunos territorios. Pudo así recoger interesantes noticias sobre la historia natural y política, las producciones y las costumbres del Oriente.

marco polo sus viajes
Marco Polo Mercader Venesiano

En 1295 los tres regresaron a Venecia, su patria, donde revelaron las riquezas adquiridas durante su larga estada en Asia. Al año siguiente estalló la guerra entre Genova y Venecia. Marco Polo participó en ella y fué. tomado prisionero en la batalla de Curzola.

Durante el cautiverio dictó a su compañero de prisión llamado Rusticiano de Pisa, el relato de sus viajes y aventuras, publicado algún tiempo después bajo el título de Libro di ser Marco Polo, denominado también II Milione.
La influencia de esta obra fué muy grande. Traducida a varios idiomas, circuló con la relativa profusión permitida por la reproducción manuscrita.

Parece, sin embargo, que contribuyó muy poco al acrecentamiento de las relaciones comerciales con el Oriente, pero lo cierto es que ella reveló a Europa un mundo desconocido, excitó la imaginación popular y mantuvo el interés por las regiones orientales hacia las cuales convergían en los siglos XIV y XV (de esta época se conocen 88 copias) las ambiciones de los comerciantes y de los Estados.

Cristóbal Colón fue también un asiduo lector de esta obra; todavía se conserva el ejemplar de su pertenencia cuidadosamente anotado por él y su hermano Bartolomé. He aquí como dos siglos después de ser escrito, el libro de Marco Polo contribuyó al descubrimiento del Nuevo Mundo, a cuyas playas llegó Colón creyendo haber encontrado el Cipango y el Catay, el Japón y la China del viajero veneciano.

Cristóbal Colón
Cristóbal Colón

Las rutas comerciales con el Oriente. Cuando se reanudaron las relaciones comerciales con el Oriente, las mercaderías asiáticas llegaban a Europa por tres rutas distintas: una terrestre y dos marítimas.

La primera, erizada de peligros por su naturaleza y el carácter agresivo de las poblaciones del camino, partía de Pekín y cruzaba todo el continente asiático, primero hasta Samarcanda, luego hasta el Norte del mar Caspio. Finalmente las mercaderías pasaban por Rusia al Mar Negro.

La segunda se iniciaba en la costa occidental de la India, y siguiendo el curso del Tigris hasta Bagdad, permitía que los productos llegaran en caravanas a los puertos asiáticos del Mediterráneo.

La tercera partía de las costas del Japón, seguía por el Mar de la China, el estrecho de Malaca, el Mar de Omán, el golfo de Aden y el Mar Rojo, siendo transportados los productos primero a El Cairo y luego hasta Alejandría.
Venecia, Genova, Barcelona, Valencia y Marsella competían en el transporte de las mercaderías asiáticas, especialmente las dos primeras, que monopolizaban los mercados de Alejandría y Constantinopla, respectivamente, los dos grandes emporios del comercio asiático.

La rivalidad entre estas repúblicas provocó una guerra (1356 -1380), y a pesar de que la segunda fué derrotada, ambas mantenían su actividad mercantil al producirse la toma de Constantinopla, cuyas murallas fueron heroicamente defendidas por dos mil soldados genoveses.

Decadencia y desaparición del tráfico asiático.  La toma de Constantinopla redujo la importancia del comercio con Oriente y terminó por arruinarlo. Las conquistas turcas se extendieron a los establecimientos genoveses de Constantinopla, Mar Negro e islas del Asia Menor.

Alejandría cayó también en poder de los invasores y las factorías venecianas quedaron definitivamente clausuradas. Una razón de seguridad exigía a los otomanos la exclusión del comercio europeo.

Cerrados los caminos tradicionales, Europa se vio privada de los productos asiáticos. La ruina de Genova fué total y definitiva; Venecia promovió negociaciones con el Sultán para asegurarse el comercio por el Mar Negro. Entretanto, Portugal, interesado en hallar un nuevo camino hacia el Oriente, dio impulso a las expediciones iniciadas desde comienzos del siglo, y Cristóbal Colón sometió sus planes a la Corona de Castilla.

La toma de Constantinopla fue, pues, el antecedente inmediato de las grandes expediciones marítimas y, por consiguiente, del descubrimiento de América.

Fuente Consultada: Curso de Historia Colonial, Americana y Argentina de Saenz Valiente Editorial Estrada

Biografia de Francisco de Miranda Precursor de la Independencia

Biografía de Francisco de Miranda

BIOGRAFIA FRANCISCO DE MIRANDA: 

Para los sudamericanos, el Precursor; para los europeos, dentro del cuadro general de la cultura, uno de los más típicos personajes del momento revolucionario de fines del siglo XVIII.

Esto fue Miranda, precursor de la independencia de las colonias españolas en América y entusiasta partidario de las formas políticas liberales, democráticas y republicanas, las cuales defendió en tres continentes. No fué ningún teórico, sino un hombre de acción, tanto en el secreto de las logias masónicas como en los riesgos de una aventurada expedición emancipadora.

Nacido en Caracas el 9 de junio de 1756, de opulenta familia criolla, cursó en su ciudad natal y en la universidad de México los estudios de filosofía y derecho.

Pasó luego a España, de cuyo ejército entró a formar parte en 1772. Sirvió en varias campañas, particularmente en las del Norte de África.

En 1780, con motivo de la lucha entre España e Inglaterra en apoyo de la independencia de los Estados Unidos, se trasladó a las Antillas. Parece que en este lugar alimentó sus primeros ideales de emancipación de Hispanoamérica.

En todo caso, en 1783 intrigó en este sentido en América del Norte y en 1784 en Inglaterra. De Londres emprendió un viaje por el continente europeo y el Próximo Oriente.

Después de visitar Alemania, Austria, Italia, Grecia, Asia Menor y Egipto, terminó su viaje en Rusia, en cuyo país, habiendo merecido el favor de Catalina II, fué nombrado coronel del ejército zarista.

Sin embargo, Miranda tuvo que abandonar San Petersburgo, a requerimiento del gobierno español (1787).

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Francisco de Miranda (1750-1816), militar venezolano, ‘precursor’ de la emancipación hispanoamericana y creador de la bandera de Venezuela. Nació en Caracas el 28 de marzo de 1750. Después de estudiar el bachillerato en artes en la Universidad de Caracas, viajó a España (25 de enero de 1771).Con el grado de capitán participó en la defensa de Melilla (9 de diciembre de 1774).

En 1780 fue destinado a La Habana (Cuba), como capitán del Regimiento de Aragón y edecán del general Juan Manuel Cagigal. De allí escapó y, atraído por la independencia de las colonias inglesas, se refugió el 1 de junio de 1783 en Estados Unidos, donde se entrevistó con George Washington, con el marqués de La Fayette y con otras personalidades estadounidenses.

Pasó a Londres el 1 de febrero de 1785 para presentar al gobierno inglés su proyecto revolucionario. Luego de muchas vicisitudes y fracasos, murió en los calabozos españoles en 1816, cuando aún parecía lejana la libertad de su patria, Venezuela.

Por Suecia y Dinamarca regresó a Inglaterra y se estableció transitoriamente en Londres.

En 1790 presentó a Pitt un proyecto de liberación de las colonias españolas en América. No habiendo recibido buena acogida, a fines de 1791 cruzó el canal de la Mancha y puso su espada al servicio de la Revolución francesa.

Como general participó en las acciones de Valmy y Amberes (1792).

Al año siguiente, nombrado jefe del ala izquierda del ejército francés, fué derrotado con Dumouriez en Neerwinden. Este revés le valió ser juzgado por el tribunal revolucionario, quien le absolvió de la acusación de traidor.

Detenido durante la reacción termidoriana, se escapó a Inglaterra después del golpe de estado de Fructidor (1797). Desde este momento redobló su actividad en favor de la independencia de la América española, tanto en Londres como en Washington o en París.

Sus palabras fueron escuchadas, por último, por el gobierno inglés, cuando en 1804 éste rompió de nuevo las hostilidades contra Napoleón y España.

Inglaterra y los Estados Unidos subvencionaron la expedición del Leander, que fracasó por dos veces, una en Ocumare y otra en Vela de Coro de agosto de 1806), ya que los criollos colombianos rehusaron prestar su apoyo a un movimiento que juzgaban atizado por el extranjero.

Derrotado, aunque no desalentado, Miranda regresó a Londres.

A través de las logias que controlaba, ya la londinense de Grafton Square, ya la gaditana Lautaro, ejerció una profunda influencia sobre los futuros mandos de los ejércitos revolucionarios.

En 1810 Simón Bolívar, como delegado de la Junta Suprema de Caracas, ofreció un puesto a Miranda en el movimiento emancipador.

El viejo revolucionario regresó a su país natal para proclamar la independencia del Estado venezolano (5 de julio de 1811).

Pero la reacción realista fué muy poderosa, y en 1812 los patriotas tuvieron que capitular ante las fuerzas de la legitimidad. Bolívar huyó; pero Miranda cayó prisionero (26 de julio).

Trasladado a la fortaleza de Cádiz, en España, murió en ella el 14 de julio de 1816.

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VEAMOS LA HISTORIA DE LA INDEPENDENCIA DE LAS COLONIAS ESPAÑOLAS

Antecedentes, la Diferencia entre Españoles y Criollos

Antes de que la idea emancipadora prendiera en el espíritu de los patriotas, las condiciones económicas y sociales del país fueron gestando lenta, inexorablemente un caldo de cultivo en el que prendió vibrante, arrebatador, el proceso de la Independencia.

Cuando corren los últimos años del siglo XVIII casi tres millones de blancos, indios, pardos y negros, que nutren una escala social en la que las divisiones son netas y tajantes, habitan el territorio que actualmente ocupan las repúblicas de Colombia, Venezuela y Ecuador.

En Nueva Granada —la zona actual de Colombia— más de ochocientos mil blancos, españoles y criollos, forman en exclusividad las filas de los poderosos, de los que usufructúan los más altos cargos y las más jugosas fortunas. Los españoles en particular manejan con manos firmes tierras, encomiendas, minas y cuanto se relacione con la dirección política y económica de la vasta zona.

Los criollos, por su parte, comparten con los españoles los bienes, las grandes riquezas y en general la posición de privilegio que ostentan con orgullo, con altivez.

Pero en lo que se refiere al manejo político del país los blancos nacidos en América se hallan relegados a un oscuro, mediocre segundo plano. Aunque casi todas las puertas se abren ante ellos, las que permiten acceder al poder político, al manejo de la cosa pública, están siempre cerradas.

Por eso, dedicados por entero al comercio y a las profesiones liberales, los criollos consiguen desplazar de esas actividades a catalanes, vizcaínos y canarios, sus tradicionales cultores.

Sin embargo no son esas las actividades fundamentales del país: la explotación del oro constituye la más importante fuente de riquezas, el sostén de la economía, y a su extracción se hallan dedicados miles de esclavos negros.

En un lugar secundario se encuentran la explotación agrícola y ganadera, origen de los ingresos de los grandes terratenientes blancos que cuentan con el trabajo de los indígenas sometidos.

En el territorio de la actual Venezuela —entonces Capitanía General dividida en provincias que gozaban de cierta autonomía administrativa— la población estaba constituida por pardos, indios negros y zambos, condenados al trabajo, el tributo y la ignorancia.

También allí los blancos se dedicaban a la exportación y al comercio de los productos agrícolas de la cálida zona costera y los templados valles.

Los españoles, por su parte, controlaban las actividades de La Guipuzcoana, una compañía que hasta 1785 habia logrado monopolizar totalmente el comercio del cacao. Los mantuanos —así se llaman los nativos de la zona— eran grandes terratenientes, herederos de repartimientos y encomiendas concedidas a sus antecesores y sometían a los esclavos negros de la costa.

Su poder, tan importante desde el punto de vista económico, estaba limitado, en cambio, en el terreno político: sólo podían acceder por excepción a los cargos municipales y a la carrera militar o eclesiástica. No tardaron en manifestar su resentimiento, su callada envidia a través de las convulsiones prerrevolu-cionarias que agitaron la zona.

En esos combates como en otros posteriores tuvieron activa participación —integrando los dos bandos en pugna— los llaneros, habitantes del interior del país, hábiles con los caballos, acostumbrados a vivir en pleno campo.

En la presidencia de Quito —actual Ecuador— el grupo social dominante estaba constituido por el clero, representado en Quito por 400 religiosos ricos, influyentes e ilustrados. A ellos se sumaba la aristocracia criolla, formada en base a títulos comprados y que desempeñaría un
importante papel en la lucha por la independencia. La mano de obra era, en esa zona, eminenterhente esclava.

«¡Fuera los gachupines!»

En su mayoría, los inspiradores y conductores de movimientos en pro de la independencia eran miembros de la económicamente poderosa oligarquía criolla.

Difícilmente esos hombres, dueños de grandes fortunas, extensas haciendas y centenares de esclavos, podían resignarse a obedecer el mandato político de españoles a los que consideraban inferiores en ilustración, prestigio y riquezas.

Los criollos despreciaban a los hijos de España y los llamaban despectivamente «gachupines», «chapetones» o «godos». Sin embargo nada pudieron hacer para impedir que los españoles monopolizaran los grandes embarques, las más jugosas transacciones económico-financieras y las operaciones comerciales más tentadoras.

El descontento de los criollos, provocado por esos hechos, se acumuló así lenta pero sólidamente.

A esa situación, muy tirante de por sí, se suman en los estertores del siglo XVIII las consecuencias de las reformas introducidas por los Borbones: llegaron al país funcionarios más rígidos, menos corruptibles, que aplicaron con más rigor las leyes en favor de los españoles motivando nuevas y más enérgicas protestas de los nativos blancos.

Así, sucesivos alzamientos, desconectados entre sí, llevaron la alarma a la región y preocuparon a los fieles de la Corona: entre 1730 y 1732, por ejemplo, el zambo Andresote se sublevó al frente de la población del valle del Yaracuy, en Venezuela; en 1761 se produjo en Quito la rebelión de los estancos y en 1781 la de los Comuneros del Socorro en Nueva Granada.

En todos estos casos los levantamientos fueron dominados rápida y fácilmente y no pueden ser considerados movimientos precursores de la revolución: apenas sí fueron pálidos reflejos de una rebeldía que no había hallado cauce.

A diferencia de esas revueltas, el alzamiento de los negros e indios de Coro, en Venezuela, producido en 1795, reclamó la supresión de la esclavitud y apuntó ya a algunos de los objetivos que proclamaron luego los revolucionarios. Sin embargo, el levantamiento fue reprimido cruelmente por las armas, y su líder, el zambo Chirinos, ejecutado.

Pero junto a aquellos que luchaban por obtener mejores condiciones para la venta de sus productos, por aliviar la presión impositiva o para alcanzar altos cargos, existían hombres impulsados a la acción por razones ideológicas, por profundas convicciones filosóficas.

Ellos fueron los precursores de la revolución y sus planes culminaron con diversos proyectos de organización de un nuevo estado. Entre ellos se destaca Francisco de Santa Cruz y Espejo, un mestizo que desarrolló sus actividades en Quito.

Doctorado en Medicina, Jurisprudencia y Derecho se dedicó a luchar contra la dominación española a partir de 1767. Con ese fin se unió a un grupo conspirador y hacia 1795 fue apresado, juzgado por susactividades revolucionarias y condenado a prisión. Murió en la cárcel sin ver realizados sus sueños de liberación.

En Bogotá, Antonio Nariño, uno de los principales líderes rebeldes de la epopeya emancipadora de Nueva Granada, conoce también el rigor de las prisiones: encarcelado en 1793 por haber traducido la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, fue enviado luego a un presidio español ubicado en África.

Al llegar a Cádiz logra huir en una audaz maniobra y se traslada al territorio francés esperando encontrar asilo político en ese país. No lo consigue y entonces debe dirigirse a Londres, donde establece contacto con Miranda.

En la capital británica Nariño solicita el apoyo de las autoridades inglesas para concretar sus planes de emancipación de las colonias españolas de América. Los británicosaceptan en principio sus proposiciones, pero condicionándolas al posterior reconocimiento de la soberanía inglesa sobre los territorios arrebatados a España.

Nariño rechaza esa contrapropuesta e insiste en su pedido hasta que finalmente logra alguna cooperación.

Entonces regresa de incógnito a su patria y comienza a organizar una red de conspiradores, pero no logra demasiado éxito en esa tarea. Descorazonado por su fracaso, y ante la promesa de las autoridades españolas de respetar su libertad si se entrega voluntariamente, se presenta a los jefes militares hispanos quienes lo encarcelan sin respetar la palabra empeñada.

En Venezuela las autoridades españolas, entretanto, lograban desbaratar una conspiración en la que habían participado elementos criollos e hispanos.

Entre los primeros se contaban Manuel Gual y José María España y entre los segundos Juan Bautista Picornell y Andrés Manuel Campomanes. Todos ellos fueron apresados en 1797, cuando el plan que habían elaborado minuciosamente se desmoronó a raíz de una infidencia cometida por uno de los conspiradores.

Las andanzas de un «aventurero» llamado Francisco Miranda

Dueño de una imaginación desbordante y de una audacia sin límites, Francisco Miranda —un venezolano nacido en 1750— puede ser considerado con justicia como el más importante precursor de los movimientos revolucionarios de todo el continente.

En 1801 Miranda concibió su más audaz proyecto: organizar una campaña libertadora para crear un estado independiente, único y gigantesco que llegaría desde el Mississippi hasta el Cabo de Hornos.

Tras numerosas negociaciones con los ingleses consiguió el apoyo de una poderosa casa comercial británica y organizó la expedición que partió de la costa de los Estados Unidos en febrero de 1806.

Pero cuando los españoles se enteraron de esa escalada criolla reaccionaron alertando a los destacamentos costeros de Venezuela para que se pusieran inmediatamente en pie de guerra. Sin embargo esas fortificaciones necesitaban cierto tiempo para aceitar sus mecanismos de defensa y Miranda, en un grave error táctico, les otorgó esa ventaja al recalar con su flota en Santo Domingo.

Los españoles aprovecharon muy bien los días perdidos por el líder rebelde y cuando el Leandro —buque insignia de los revolucionarios— zarpó definitivamente hacia el continente, los realistas ya estaban listos para el combate.

Por eso el fulminante ataque previsto por Miranda fracasó ante la empecinada resistencia que los realistas opusieron al desembarco, realizado el 27 de abril de 1806. Miranda logró huir pero cerca de sesenta de sus hombres debieron rendirse a los españoles quienes los encadenaron y los arrojaron a los sucios calabozos del castillo de Puerto Cabello.

Poco después, acusados de piratería, rebelión y asesinato, se los sometió a proceso: tras un corto juicio, quince fueron enviados a la horca y el resto debió cumplir largas condenas. Se ordenó al verdugo arrojar al fuego la proclama de Miranda y la bandera que le habían capturado.

Además se quemó una efigie del conspirador y se prohibió a los habitantes de Venezuela mantener contacto alguno con el «filibustero» (así llamaban los españoles a Miranda) excepto para prenderle. En nombre del rey se ofrecieron treinta mil pesos por el «traidor», vivo o muerto.

Al describir la forma bárbara en que se ejecutó la sentencia dictada contra los prisioneros uno de los testigos dijo: «En los bajos insultos y el sanguinario triunfo de los españoles leímos la apología de Miranda».

El líder, entretanto, había salvado milagrosamente su vida y huido a las Antillas inglesas. Allí, sin demorarse, continúa buscando la fórmula para burlar el poder militar español y logra organizar una tropa con la que reanuda la lucha revolucionaria en junio de 1806, año de febriles actividades bélicas para Miranda.

El 2 de agosto avista la costa venezolana de Coro y poco después desembarca dispuesto a levantar a la población contra el régimen europeo. Sin embargo los españoles, previendo la acción propagandística de Miranda, utilizan una táctica más sutil, menos sanguinaria: lo desprestigian entre la población local, despertando desconfianzas y temores en los habitantes de Coro.

El revolucionario que se sentía capaz de derrumbar ese muro de indiferencias y recelos, entra en la ciudad predicando sus ideas: pero nadie lo sigue, nadie se une a él. Ante este nuevo fracaso reembarca a sus hombres e inicia un peregrinaje por las islas vecinas en busca de un apoyo que se le niega una y otra vez.

Pese a sus derrotas Miranda no se decide a abandonar la epopeya en la-que se había embarcado en 1807 y viaja a Londres donde se dedica a planear nuevas acciones revolucionarias.

Ha abandonado ya el proyecto de un estado único y propicia en cambio la creación de cuatro: uno en México y Centroamérica, otro en Nueva Granada, Venezuela y Quito, el tercero en el Perú y Chile y el cuarto en el Río de la Plata.

Su actividad no conoce pausa. Mientras en Europa mantiene constantes reuniones en busca de aliados que le ayuden a concretar sus fervorosas ilusiones, sigue escribiendo a los cabildos de las ciudades americanas encendidas proclamas que incitan a la rebelión.

Por fin los primeros movimientos insurreccionales producidos en Caracas en 1808 parecen dar la razón a tanto frenesí revolucionario.

Se encienden las llamas de la Independencia…

En Quito, entretanto, apenas conocida la destitución de Fernando VII, un grupo de aristócratas constituyó una Junta destinada a reemplazar a los funcionarios españoles «en defensa de la patria y la. religión…». Procesados por la Audiencia los conspiradores recuperaron de inmediato la libertad gracias a un ardid muy simple: el «extravío del expediente en que constaban sus delitos no dejó acusación legal en pie contra ellos, por lo que pudieron reanudar rápidamente sus actividades revolucionarias.

Contando con la anuencia de la guarnición militar decidieron dar el golpe el 9 de agosto de 1809. Así, en forma incruenta y sin violencia se produjo el cambio de gobierno: al día siguiente la población se enteró que las autoridades españolas habían sido depuestas y que en su lugar gobernaba Juan Pío Montú-far, un nativo de América. La revolución quiteña no había sido, al menos en esta etapa, más que un simple cambio de autoridades, un canje de españoles por criollos.

De todas maneras los americanos no podrían mantenerse en el poder durante mucho tiempo: las disidencias que separaban a los criollos —productos de viejas rivalidades o de la división entre republicanos y monárquicos— y la falta de adhesión de los gobernantes de otras provincias los convirtieron en flancos vulnerables de la revolución.

Al comprobar esas debilidades los virreyes del Perú y Nueva Granada – Amat y Abascal respectivamente— enviaron sus tropas contra Quito. Rodeada la ciudad y aislados totalmente sus habitantes, los rebeldes capitularon.

Fracasaba así la primera tentativa de liberación surgida en Quito.

Una calma tensa, impregnada de rencores y odios envolvió al territorio. Era evidente que esa paz tan artificial no iba a durar: poco después se produce un nuevo estallido, porque los españoles, que habían prometido no tomar represalias, desencadenan una serie de atropellos que culminan en una verdadera matanza.

El pueblo reacciona airado y el 2 de agosto de 1810, prácticamente desarmado, sin organización, contando sólo con un entusiasmo arrebatador, se lanza a la calle contra el ejército, asalta a las cárceles y libera a los prisioneros.

Ante ese furor las tropas responden con la misma violencia y luchan durante tres horas sin dar ni recibir cuartel.

La intervención del obispo de la ciudad pone fin al combate y el 4 de agosto, se firma un acuerdo que estipula el abandono de la ciudad por las tropas, el perdón de los sobrevivientes de la revolución de 1809 y la formación de una nueva Junta de Gobierno encabezada por Carlos Montúfar, hijo de Juan Pío.

Fue necesaria mucha sangre para que los criollos retomaran el poder e iba a ser necesaria mucha más para que pudieran conservarlo.

Consciente de su precariedad, el nuevo gobierno debió prepararse para los choques armados que no tardaron en llegar: el virrey Abascal ordenó a los ejércitos peruanos que combatieran a los rebeldes y, a pesar de que en los primeros combates los revolucionarios lograron algunos triunfos, pronto se vieron obligados a retroceder, acosados por la inclemencia del tiempo, la escasez de abastecimiento y por una sublevación de aborígenes que ensombreció más aún el crítico panorama de los criollos.

Por si fuera poco, a las derrotas militares se agregaron las vacilaciones e indecisiones de la Junta y finalmente, en noviembre de 1812, la ciudad fue ocupada. La batalla final, librada el 1º de diciembre, culminó con el triunfo peninsular: mientras los últimos revolucionarios huían o eran desterrados, las autoridades españolas retornaban Iriunfalmente a Quito.

Sin embargo en los dos años que los criollos lograron mantenerse en el poder fueron asentando las bases de la emancipación definitiva de América: prueba de ello fue el Primer Congreso de los Pueblos Libres de la Presidencia, reunido en Quito el 4 de diciembre de 1811 y la promulgación, el 15 de febrero de 1812, de una carta fundamental que organizaba un gobierno «electivo y responsable», dirigido por el Congreso Supremo, que aseguraba a todos los ciudadanos la libertad de sufragio y pensamiento.

El espíritu de rebelión contagió también a los hombres de Santa Fe de Bogotá: al tener conocimiento de la represión ejercida contra los criollos, Nariño abandonó su largo silencio y organizó una conspiración que fue dominada y costó la vida a sus gestores.

La gota que desborda el vaso…

En Bogotá todo comenzó, en realidad, con un pequeño incidente que bastó para desencadenar la revuelta. Durante un agasajo a un representante real, españoles y criollos iniciaron una discusión sin importancia referida al arreglo de la mesa del banquete.

Sin embargo los ánimos se caldearon muy rápidamente y las palabras pronto derivaron en hechos: se generó la riña, el pueblo tomó conocimiento del episodio y se lanzó a la calle mientras las campanas de los templos se echaban a vuelo y oradores improvisados arengaban en las esquinas a los grupos enfervorizados.

Así, un suceso doméstico, de poca importancia, dio lugar a una verdadera rebelión popular que exigió un cabildo abierto aceptado por el virrey. La Junta organizada desconoció su autoridad recalcando, en cambio, su obediencia a Fernando VII.

El 25 de agosto de 1810, destituido el virrey, disuelta la Audiencia y desconocida la regencia española, la Junta se autodenominó Junta Suprema del Reino y solicitó a las provincias el envío de representantes para constituir un gobierno central.

Pero la unidad de los criollos no es monolítica: mientras algunas provincias rechazan la supremacía de Bogotá y quieren ser totalmente independientes, otras siguen fieles a España y no pocas envían sus diputados sólo para reafirmar sus opiniones federalistas. Así, en medio de esas discusiones, llega la escisión. Nariño y el estado de Cundinamarca, organizado alrededor de Bogotá, se separan del resto de las provincias, dando un paso más hacia una guerra civil que parece inevitable.

El período que sigue es oscuro y caótico y culmina el 13 de enero de 1813 con la victoria parcial de los centralistas. Sin embargo las tendencias federalistas siguen la lucha y la guerra civil continúa desangrando a los revolucionarios. El Congreso ve en Simón Bolívar al hombre capaz de dominar la situación y, aprovechando su regreso de la campaña de Venezuela, le entrega el mando, ocupando de inmediato sus efectivos la ciudad de Bogotá.

Por primera vez, aunque teóricamente, los rebeldes parecen dominar la región en su totalidad. Sin embargo Iqs soldados de Bolívar no logran quebrar la resistencia de las fuerzas españolas acantonadas en Santa Marta y el libertador, desalentado, abandona la lucha y se traslada a Jamaica. Entonces la situación da un vuelco definitivo: con la llegada de los efectivos enviados por Fernando VII se inicia un oscuro período en el que la revolución parece vencida definitivamente.

La revolución en Venezuela

En Caracas, la ciudad más importante de la Capitanía General de Venezuela, se habían desarrollado también, tensos episodios originados en la naciente rebelión. Tras el fallido intento de Miranda las primeras revueltas recomenzaron al llegar las noticias de los sucesos ocurridos en España en 1808. Los criollos más ricos trataron entonces de tomar el poder, pero la falta de apoyo de  milicias hicieron fracasar esa intentona sin embargo, y el 12 de eneró de 1809, varios jefes militares, entre ellos Simón Bolívar, organizaron el motín de la Casa de la Misericordia.

Miembro de una aristocrática familia caraqueña, heredero de una gran fortuna, simón convar tema por entonces 24 años. Había completado sus estudios en España y recorrido varios países europeos hasta que en 1806 decidió volver para incorporarse a las luchas emancipadoras. Coronel en 1807, con ese grado intervino en el alzamiento de la Casa de la Misericordia, en el que las fuerzas patriotas fueron nuevamente derrotadas.

Durante más de un año siguió flotando en el ambiente la tensión revolucionaria hasta que el 19 de abril de 1810 los rebeldes, tuvieron una nueva oportunidad al conocerse en Caracas la disolución de la Junta de Sevilla, en ese momento el pueblo pidió la convocatoria de un Cabildo Abierto y en él se decidió desobedecer la autoridad del Capitán General Vicente Emparán y crear una Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII que debería disolverse al recuperar el rey su corona.

Como primera medida la Junta destituyó a los funcionarios conservadores, informó al pueblo de lo realizado y embarcó sin más trámites rumbo a España a los jerarcas de la burocracia hispana. De inmediato la Junta pidió la adhesión de los demás Ayuntamientos de América, envió a Bolívar Miranda, que había regresado a su país, trabajaba intensamente tratando de radicalizar la revolución desde las páginas de El Patriota Venezolano, en las que exigía la declaración de la independencia y la sanción de una constitución. Su prédica no fue en vano: el 5 de julio de 1811, en medio del júbilo popular, se declaró la independencia de Venezuela.

Claro que no todos vieron con buenos ojos esos hechos: José Domingo Díaz, un español que fue testigo de esos acontecimientos Jos describió así: «Yo lo vi. Este día funesto fue uno de los más crueles de mi vida. Aquellos jóvenes, en el delirio de su triunfo, corrieron por las calles: reunieron las tropas en la plaza de la Catedral, despedazaron y arrojaron las banderas y escarapelas españolas; sustituyeron las que tenían e hicieron correr igualmente con una bandera de sedición a la sociedad patriótica, club numeroso establecido por Miranda y compuesto por hombres de todas castas y condiciones cuyas violentas decisiones llegaron a ser la norma de las del gobierno.

En todo el día y la noche las atroces pero indecentes furias de la revolución agitaron violentamente los espíritus de los sediciosos. Yo los vi correr por las calles en mangas de camisa llenos de vino, dando alaridos y arrastrando los retratos de S. M. que habían arrancado de todos los lugares donde se encontraban. Aquellos pelotones de hombres de la revolución, negros, mulatos, blancos, españoles y americanos corrían de una plaza a la otra, en donde oradores energúmenos incitaban al populacho al desenfreno y a la licencia. Mientras tanto todos los hombres honrados, ocultos en sus casas, apenas osaban ver desde sus ventanas entreabiertas a los que pasaban por sus calles. El cansancio o el estupor causado por la embriaguez terminaron con la noche tan escandalosas bacanales».

Claro que más allá de las intolerancias españolas los patriotas seguían en el intento de afianzar la revolución. Así el 15 de julio los nuevos funcionarios juraron sus cargos ante el Congreso y el 30 se dio la noticia a todos los ámbitos mediante un «manifiesto al mundo».

La nueva constitución, que garantizaba la libertad, seguridad, propiedad e igualdad para todos los venezolanos entró en vigencia el 21 de diciembre.

El nuevo gobierno, rodeado de entusiasmo y calor popular, debió enfrentarse, sin embargo, con múltiples problemas: las ciudades del interior no lo aceptaban, la situación económica era desastrosa, el ejército carecía de armas y los hombres más ricos huían del país con sus capitales. Finalmente y, según la caprichosa interpretación de los realistas, como «castigo de Dios», el 26 de marzo de 1812 un violento terremoto destruyó varias ciudades y sembró el pánico entre muchos venezolanos.

El cúmulo de inconvenientes que sufría el nuevo gobierno recibió el golpe de gracia cuando el general Monteverde, sublevado, avanzó triunfante desde Coro. El Congreso entonces se autodisolvió y entregó sus facultades al poder ejecutivo, que nombró generalísimo a Miranda. Los dos ejércitos se enfrentaron y Miranda, derrotado, debió firmar un armisticio en julio de 1812. Poco después, y acusado de traición, fue entregado a los españoles quienes lo enviaron a prisión, donde murió en 1816.

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.
Gran Historia Latinoamerica Fasc. 21 La Independencia Hipamericana  Editorial Abril

Potosí en America Colonial Economía, Origen e Historia

Historia de Potosí en América Colonial Economía,Vida y Origen

De los pequeños cerros de la región, el de Potosí es seguramente el más alto y pedregoso. Lo cubre un pedregullo gris y, al sol, su loma es blanca y brillante, como si continuamente lo empapara el rocío del amanecer. El terreno es empinado y se desgaja por todos lados en hondas barrancas desde las que suben furiosos vientos en tremolina. Allí sólo crecen plantas tristes, apenas agarradas a la tierra. Sin embargo, tanta desolación tiene una ventaja: convierte al cerro en una fortaleza casi inaccesible.

Por eso, durante muchos siglos, Potosí guardó celosamente en sus entrañas las más fabulosas riquezas en plata que conocieron los conquistadores al sojuzgar América. Pero él secreto no duró mucho cuando los españoles comenzaron a recorrer el territorio. Nada permaneció oculto a su insaciable codicia, y al influjo de los ríos de metal precioso que brotaron del cerro se desarrolló una de las más ricas y prósperas ciudades de Hispanoamérica: una ciudad que, en el siglo XVII, era más poderosa que México y Lima, las dos joyas más preciadas del imperio colonial español.

Algunos cronistas consideran que los incas conocían la riqueza de Potosí y que el emperador Huaina Cápac había ordenado que se la explotase. Pese a ello, según una leyenda, cuando los aborígenes intentaron extraer el mineral, una voz surgida con gran estruendo de las profundidades, les advirtió: «No saquéis la plata de este cerro porque es para otros dueños«. El relato, de indudable origen español, refiere entonces que los incas no se atrevieron a desobedecer la orden y volvieron a trabajar en las aledañas minas de Porco hasta que las tropas españolas invadieron el Cuzco y se apropiaron de esos riquísimos yacimientos, sin saber aún que Potosí escondía mayores tesoros que todos los que se explotaban en los alrededores.

A partir de allí, circularon varias versiones —recogidas por los cronistas de época— sobre la manera en que se llegó a descubrir el yacimiento de Potosí. Sin embargo, todas las fuentes coinciden en señalar que fue un indígena llamado Huallpa, encomendado a un minero de Porco, Juan de Villarroel, el primero en descubrirla. Afirman los cronistas que Huallpa, «persiguiendo durante todo un día un carnero que iba de huída, le dio alcance en el mismo cerro de Potosí siendo bien entrada la noche (…) y atado el carnero en un matorral de paja, luego que amaneció lo arrancó de cuajo y así descubrió la veta».

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El trabajo en las minas y los ingenios recaía por entero sobre los indígenas, cuya población activa ascendía en 1603 a 58 800 operarios. De ellos, sólo 13 500 estaban dedicados a tareas estrictamente mineras; los demás se ocupaban de actividades complementarias. Únicamente 10 500 prestaban servicio obligatorio; el resto eran trabajadores libres

Otra versión cuenta que Huallpa, para protegerse del frío encendió unas matas y a la mañana siguiente «vio que con la actividad del fuego se había derretido la plata de aquélla veta y corrido en riquísimos hilos». Lo cierto es que el indígena no le comunicó a nadie su hallazgo y secretamente extraía la plata de Potosí, la fundía y gastaba en Porco sus ganancias como un potentado. Por supuesto, la noticia no tardó en llegar a oídos del encomendero Villarroel y, con ella, el’origen de la riqueza repentina de Huallpa.

Sin dudar, el español registró la «veta descubridora» a su nombre, según las leyes vigentes en la época y dio pie para que otros mineros de Porco explotasen distintas vetas del yacimiento de Potosí, cuyo nombre se convirtió vertiginosamente en sinónimo de riqueza.

No fue fácil para los españoles el asentamiento de un poblado a la vera del cerro. Por ser perpetuo el frío, «no se cría en este suelo ningún género de mantenimiento, excepto algunas papas. La tierra está pelada sin ninguna arboleda ni. verdura…» escribió Luis Capoche, en su Relación General de la Villa Imperial de Potosí.

Por otra parte, en un sitio cercano, existía un pueblo indígena, denominado Cantumarca, cuyos habitantes convinieron en un principio ayudar a los españoles que «a fuerza de palos y malos tratamientos los obligaron con toda violencia a que hicieran adobes y abriesen cimientos», razón por la cual, los aborígenes se sublevaron y, parapetados en un cerro vecino, hostilizaron a los conquistadores. Según se cuenta, enviaron un mensajero con esta orden: «Decid a esos enemigos nuestros, ladrones de oro y plata, barbudos sin palabra, que si hubiéramos sabido que eran gente sin piedad y que no cumplen los tratos, desde que supimos que estaban en Porco les hubiéramos hecho guerra y echándolos de allí no le permitiéramos entrar donde estábamos ni sacar la plata de Potosí».

Se entabló entonces una feroz batalla de la que surgieron vencedores los españoles. Los indígenas huyeron hacia el valle de Mataca. desamparando sus ranchos que inmediatamente fueron ocupados por los vencedores mientras esperaban la construcción de sus casas en Potosí. Finalmente, en enero de 1546, según algunos autores, o en diciembre de 1545, según otros, comenzó a fundarse la Villa Imperial de Potosí.

En poco tiempo se edificaron casas en los sitios más secos y luego, al crecer la población, se rellenaron los terrenos cenagosos para levantar nuevas construcciones. La población creció sin orden ni planificación: en 18 meses se construyeron más de 2500 viviendas habitadas por 14 000 personas entre indígenas, y españoles que ocupaban, respectivamente, la parte sur y el sector norte de la villa.

Hacia el año 1573 la ciudad ya tenía 120 000 habitantes. Creció sin mesura a medida que se fueron descubriendo nuevas minas y acudían de toda España y Europa, hombres ávidos del botín que durante siglos había escondido la naturaleza. Un censo de 1611 estableció que, durante la gobernación del virrey Montesclaros, los habitantes superaban las 150 mil almas, cifra que aumentó en 10 mil treinta años más tarde, según consta por un padrón que ordenó levantar el presidente de la Audiencia de la Plata, Francisco de Mestares Marín.

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Bocamina exterior de un antiguo socavón colonial en las cercanías de Potosí. La explotación de las riquezas minerales dio nacimiento a la abigarrada ciudad que en menos de veinte años fue la más grande y poblada de Iberoamérica, superando a México y Lima, las grandes capitales virreinales. La plata hacía la prosperidad de la ciudad y también la de España.

La economía potosina

Durante ciertas épocas del año, en Potosí, unas cuantas tormentas azotan la tierra y la,desgarran, dejando nada más que una arenilla negruzca flotando en el aire. Por eso, aun en los momentos de mayor riqueza, los alrededores de Potosí eran tristes, pelados, a veces sin un árbol, sin una cosa verde que descansara los ojos. De allí que Potosí no podía producir prácticamente nada para la alimentación de sus habitantes. Durante todo el tiempo que duraba la explotación de los yacimientos las actividades agrícola-ganaderas eran nulas v la ciudad debía abastecerse con mercaricias de regiones lejanas, que proveían hasta la leña y la paja.

Esta desventaja (dada la magnitud demográfica y la capacidad adquisitiva ce sus habitantes) hizo entonces que en Potosí se originaran importantes corrientes comerciales. La mayor parte de su población estuvo fundamentalmente dedicada al comercio, a la compra-venta de productos que llegaban de todas partes del mundo.

Los metales que no se producían estrictamente en Potosí sino en los alrededores, iban asimismo a parar a la Casa de la Moneda de la ciudad donde se marcaba la plata en barras con el cuño real. Plata y azogue (Mercurio, que provenía de las minas de Huancavelica, en Perú) sustentaban el poderío económico de la villa, servían para pagar los vinos, aguardientes y aceitunas que llegaban desde los fértiles valles de lea; el sebo, la grasa, el charque, las maderas y las muías que provenían de la lejana provincia de Tucumán; la yerba que remontaba ignotos ríos desde el Paraguay; los caballos de Chile; las medicinas, el hierro, los tejidos finos y todo tipo de productos y mercancías que atravesaban el océano desde la lejana Europa y abarrotaban los almacenes potosinos.

Este auge comercial creó, por supuesto, una clara estratificación entre los comerciantes de la villa. La venta de productos más rentables o la de los destinados a la población española de mayor capacidad adquisitiva, estaba en manos de españoles. Uno de los mayores negocios durante la época de explotación del yacimiento fue, sin embargo, la comercialización de la coca. Implicaba, aproximadamente, un millón de pesos fuertes al año y la consumía toda la población indígena de la región.

En varias oportunidades se quiso prohibir su venta porque se la consideraba nociva, pero los poderosos intereses en juego impidieron que se suprimiera su tráfico. Se llevaba a Potosí desde los cálidos valles orientales del Cuzco donde aproximadamente 400 españoles se dedicaban a su explotación.

La venta al menudeo, en Potosí, la realizaban los propios indígenas, pues para los españoles constituía un enorme desprestigio social dedicarse al comercio al por menor, aunque eran, por supuesto, los responsables de las compras de coca al por mayor.

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Catedral de Potosí. Se comenzó a construir en los últimos tiempos de la Colonia (1808) bajo la dirección del arquitecto fray Manuel Samanja. Pero durante la época de mayor esplendor la numerosa población asistía a los oficios religiosos que se realizaban en los sesenta templos con que contaba la ciudad. La mayoría de ellos hoy están en ruinas.

Los distintos productos se vendían en «plazas» destinadas exclusivamente al comercio. La plaza del metal era, sin duda, la más pintoresca, ya que allí se reunían los aborígenes para vender el metal que se les pagaba como salario por su trabajo en las minas. «Se sientan los indios e indias muy juntos y juntas —escribió Luis Capoche—, por hileras (…) y son como cuatrocientas personas o quinientas las que vienen con metal para vender, en especial los jueves y viernes y sábados, porque los demás días, por ser los primeros de la semana, no viene tanta gente…».

Además de la concurrida plaza de metal, existían otras tres en las qiie se vendían diversos productos, sobre todo maíz, harina, ganado, carbón y leña. Los productos manufacturados europeos se vendían, a su vez, en locales cerrados que el Cabildo de Potosí alquilaba en dos de las plazas principales, la Mayor y la del Regocijo.

Las ventas de «ropas de Castilla» alcanzaron en un año el millón de pesos, signo indudable del lujo, la riqueza y la necesidad de figuración de las clases dominantes que eran las que «consumían mayormente las mercancías europeas. «El principal lujo de esta villa —se asombró Concolorcorvo— consiste en los soberbios trajes, porque hay dama común que tiene más vestidos guarnecidos de oroy plata que lapr-incesade Asturias…»

Puñaladas y sablazos
Tanta riqueza generó no pocas luchas por el poder. Las clases dominantes (divididas en tres bandos netamente diferenciados, los azogueros o propietarios de ingenios, los propietarios de minas y los grandes mercaderes) se trenzaban cotidianamente en interminables y feroces disputas. La autoridad real, representada por un corregidor, no siempre lograba imponerse y, por el contrario, a veces avivaba el fuego de la discordia, volcando sus preferencias por uno u otro grupo.

Los conflictos se planteaban indistintamente para lograr la sanción de leyes que beneficiara a unos en desmedro de otros, para conseguir mayor y mejor mano de obra en las repartijas de indígenas, para lograr franquicias en las explotaciones o el comercio de ciertos productos. De esta manera, los pleitos que se seguían ante la Audiencia de Charcas, el virrey del Perú o el Consejo de Indias eran interminables. Potosí, durante los 200 largos años que duró la explotación de los yacimientos, mantuvo varios procuradores ante la corte metropolitana para peticionar directamente en España, buscando crear conflictos de poderes con otras autoridades coloniales o intentando resolver los problemas internos.

Estos escarceos diplomáticos iban generalmente acompañados de acciones violentas. Cada grupo tenía a su servicio bandas armadas reclutadas entre los soldados que, al finalizar las guerras de la Conquista, no encontraban ocupación. Cualquier pretexto servía para justificar un enfrentamien-to, cuyas características eran similares a las de los torneos feudales. Se citaban los «caballeros» en el Arenal de Potosí y allí, casi siempre durante las madrugadas, piqueros y arcabuceros lujosamente ataviados iniciaban una batalla formal que culminaba con muertos y heridos a granel.

Durante los siglos XVI y XVII  todo fue válido en Potosí: la emboscada, el asesinato, los asaltos a mano armada, las violaciones de mujeres del bando enemigo. Los episodios criminales eran cotidianos y bastaba una mala mirada, una leve interjección o un saludo desdeñoso para que dos hombres se trabaran en lucha.

Es célebre el. caso del capitán Pineda, un andaluz, y de Juan Pérez Ramusio, un criollo de Mataca: se cuenta que un sábado por la tarde el capitán Pineda caminaba por la calle de los Césares cuando se le cruzó Ramusio que, por algún pleito anterior, evitó saludarlo. Se encrespó el andaluz y lo llamó a los gritos: «Ven acá… mestizo…».

El insulto erizó al criollo quien, acelerando el paso se plantó abruptamente a dos pasos de Pineda. Este, sonriendo, le espetó: «¿Acaso no aprendiste a persignarte cuando me vas a pasar?». Ramusio se quedó callado, como pensando una salida ingeniosa que no lo dejara mal parado ante el público que comenzaba a rodearlos.

Lentamente sacó una daga oculta en la cintura y susurró con rabia c ontenida: «Mis padres, que eran andaluces, me enseñaron a hacer la señal de la cruz de esta manera…». Decir eso y ensartarle el puñal en la frente al desprevenido Pineda fue todo uno. El andaluz cayó redondo, bañado en sangre, muerto: el pleito quedó así formalmente resuelto.

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Por entre las casas de la ciudad corre el arroyo que durante el tiempo de creciente proveía de agua a los ingenios que estaban a su vera. Para remediar la escasez que se producía en tiempo de sequía y darle el caudal suficiente se construyeron embalses y presas a pocos kilómetros de la ciudad, aguas arriba.

Tres días de tiranía
Desde los orígenes de la Villa Imperial de Potosí, la ambición, las ansias de poder, las desaforadas intenciones de los diversos grupos que pugnaban por gobernar, crearon no pocas situaciones revulsivas. Cientos de batallas sangrientas se libraron en las calles de la ciudad de la plata, aunque quizá ninguna haya sido tan feroz como la que entablaron en marzo de 1553 las fuerzas leales a la monarquía española y un conjunto de vecinos encabezados por un taLEgas de Guzmán, quien aspiraba a gobernar la urbe y explotar el cerro sin rendirle cuentas al rey.

Egas logró, en efecto, sojuzgar a la población merced a la violenta acción de 50 hombres que, muy bien pagados, asolaron el territorio,’ejecutando a indígenas y españoles leales. Dos capitanes del ejército español, sin embargo, pretendieron enfrentarlo. Francisco Centeno y Diego Díaz, al mando de 60 arcabuceros y 400 indígenas armados sólo de macanas y hondas rodearon, el 2 de marzo de 1553, la Villa, en cuya plaza central estaban apostados los secuaces de Egas de Guzmán.

Marchó Centeno hacia el centro de la ciudad y se puso a tiro del arcabuz enemigo, acercándose peligrosamente hacia la plaza y dejando cubiertas sus espaldas con la tropa indígena. Egas de Guzmán, percibiendo la debilidad de la retaguardia enemiga optó por enviar 40 de sus hombres a caballo para que rompieran el cerco aborigen y acometieran a la infantería de los. leales por detrás.

Así fue que mientras la lucha en el frente favorecía a Centeno y a Díaz, la batalla en los alrededores de la ciudad les era absolutamente desfavorable.

Luego de una hora de rigurosa pelea, los infantes leales fueron finalmente sometidos. Algunos pocos huyeron mientras los heridos eran pasados por las armas directamente en el campo de batalla. «Hubiera sido más atroz la tiranía de Egas de Guzmán en esta guerra —relata el cronista Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela en su libro Historia de la Villa Imperial de Potosí— si en la cuesta del cerro de la Cantería los indios que se retiraban derrotados no hubieran defendido a los leales tirándoles tantas piedras a Guzmán y a los suyos cuantas fueron necesarias para detenerlos…».

La victoria de Guzmán paralizó vir-tualmente todo trabajo en Potosí: pocas horas después de la pelea, el tirano saqueó las casas de los leales («valiéndole el saco —afirma Arzáns— más de 1 800 000 pesos en marcos de plata»), mató a quienes se le opusieron, hizo azotar públicamente a «muchas mujeres españolas porque averiguó que trataban entre ellas de matarlo», quemó casas y ejecutó aborígenes, acusándolos de traidores. Tres días exactamente duró su gobierno. Ni los propios hombres de Egas de Guzmán toleraban a su jefe; hasta el extremo de que uno de sus capitanes, Antonio de Lujan, logró que seis soldados engrillaran al tirano y lo sometieran a la peor de las muertes: el descuartizamiento.

El episodio es sólo un ejemplo del alto grado de violencia que alcanzaban en Potosí las tensiones sociales, económicas y políticas. Existían razones para que ello sucediera.

La villa imperial no fue, como la mayor parte de las ciudades hispanoamericanas, una urbe que se enriqueciera por la producción agrícola-ganadera de la región rural que las circundaba. No era una «ciudad hidalga» ni una «ciudadela militar», no estaba dominada por una aristocracia feudal ni el prestigio de las clases más poderosas provenía de la tradición sino, por el contrario, del caudal de riqueza acumulada. Por eso, las clases sociales potosinas se estructuraron de manera diferente al resto de las urbes coloniales: en un primer momento el acceso a la riqueza fue fácil y produjo, consecuentemente, una gran movilidad social.

Prestigio, poder e influencia eran conseguidos por todos aquellos que habían obtenido inmensas fortunas dedicándose a cualquiera de las tres grandes actividades económicas que la ciudad fomentaba. Pero, de la misma manera que lo adquirían, lo perdían, al inundarse una mina, al perderse un barco con mercadería o al fallar un envío de azogue. Los grupos dirigentes de Potosí estaban integrados por españoles y ocasionalmente algunos criollos.

Por lo general, el poder político no constituyó una aspiración de la «nobleza» potosina, dedicada por completo al comercio y sus derivados. Los cargos de regidores caían —según un cronista— «en manos de cualquier forastero, sin más averiguación que la de tener la cara blanca y las posibilidades suficientes para mantener su decencia…». Sucedía que el poder final de decisión se encontraba fuera de Potosí: los pleitos los resolvía primordialmente la Audiencia de Charcas.

La decadencia
Pero esa petulancia nacida de la riqueza comienza a deteriorarse a partir de la segunda mitad del siglo xvn, cuando disminuye notoriamente el rendimiento de las minas de plata. La decadencia de Potosí significó también la decadencia de los grupos dirigentes y sus habitantes contemplaron con pena y nostalgia el ocaso de una de las más opulentas ciudades de Hispanoamérica, atribuyéndole su ruina a la incapacidad de la urbe de atraer gente noble: «Ya no es lo que solía —escribió Capoche— porque de España pasan a estas Indias gente común y falta de nobleza».

Semejante situación hizo cundir el desconcierto y a la ruina económica continuó el desbande, un decrecimiento demográfico del que nunca pudo recuperarse Potosí. Sólo salvó a la ciudad de un derrumbe total el funcionamiento de algunas fundiciones. Como no existían este tipo de establecimientos en las regiones aledañas, hasta la villa llegaba metal para ser fundido y luego «quintado» en su Casa de la Moneda, por otra parte la única que existía en todo el ámbito de esa importante región minera de América.

Pese a todo, ya en el despunte del siglo xvni la población de Potosí había bajado a menos de la mitad. «Ha disminuido de tal manera —estampó un cronista de la época— que hoy no pasan de 70 000 entre españoles e indios, que viven unos y otros en 16 000 casas entre grandes y pequeñas de una y otra nación… Las familias de indios que al presente están avecinadas en Potosí pasarán de mil pero se acrecientan a veces con la llegada de forasteros, también indios. La de los españoles ya no se acrecienta por el comercio o por la llegada de tratantes y contratantes que antes de todas las naciones de’Europa acudían incesantemente todos los días».

De esta manera, a los pies del cerro, agujereado por todas partes pero con sus pasadizos vacíos, se adormeció Potosí. Sólo algún indígena solitario intentaba de vez en cuando reeditar la ardua tarea de sus antepasados. Con una candela de sebo encendida en la mano se sumergía por los recovecos y las escalerillas construidas en el cerro, llevando un zurrón de cuero en las espaldas. Hurgaba en las vetas secas, rapiñaba algo de metal. Pero estaban muy lejos los tiempos en que Potosí producía hasta casi siete-mil barras de plata por año-y era —según un cronista— «la más feliz y dichosa de cuantas ciudades se saben en el mundo».

La desmedida explotación de los yacimientos potosinos y su consecuente decadencia, al agotarse las vetas de plata más ricas, hizo que decayera sus-tancialmente la producción. Como la zona no ofrecía posibilidades para ningún otro tipo de actividad, la villa que–dó virtualmente en manos de algunos pocos empecinados que, a costa de terribles esfuerzos, lograban a veces, mantener latente la esperanza de que sería posible recuperar la riqueza perdida.

En 1773 escribía Concolorcorvo: «Dicen que desde el descubrimiento de las riquezas de aquel cerro se señalaron 15 000 indios para su trabajo y el de las haciendas que se benefician con la plata (…) Hoy se redujo ese número a tres mil entre los que se mezclan los honrados con los ladrones de metales, quienes acometen de noche en las minas y como prácticos en ellas sacan los últimos, los más preciosos beneficios y llevan al banco que el Rey tiene de rescate, siendo cierto que estos permitidos piratas sacan más plata que los propietarios mineros…».

Así, en un postrer intento por mantener la más fabulosa fuente argentífera de Hispanoamérica, las autoridades reales no dudaron en permitir el bandidaje y el saqueo de las vetas de las cuales aún no se habían succionado los últimos vestigios de plata. Pero, por supuesto, fue un manotazo vano. La villa imperial de Potosí, lentamente, se adormeció sobre su pasado esplendor del cual quedó, como único testigo, el cerro acribillado por las mazas y los picos de los mineros.

Fuente Consultada:
Gran Historia de Latinoamérica Fasc. Nº21 Editorial Abril – Ciudades: Potosí

Los Muebles en America Colonial Estilo del Mobiliario Español

Los Muebles en América Colonial

Todo el confort existente en la América de la Conquista se reducía al elemental suministrado por la naturaleza: la sombra de los árboles, su madera en las regiones frías, la frescura de un río en la faja ecuatorial, la obsequiosidad de los indígenas, que sacrificaban su propia comodidad para ofrendarla a las gentes del Este.

Cuando en los galeones que llegaban a América, los rudos aventureros de los primeros tiempos fueron siendo reemplazados por clérigos y ventrudos burócratas con acompañamiento femenino, comenzó a sentirse en los nuevos poblados la urgencia de rodearse de ese mundillo de objetos grandes y pequeños que daban la pauta del grado de civilización de su dueño. Ya no fue suficiente saber desbastar la madera para hacer una tosca silla: ahora había demanda por sillones forrados, mesas de estilo, alfombras y todo el mobiliario que en España servía de marco para la formal y ceremoniosa etiqueta que hizo famosos a los españoles en toda Europa, y que llegó a su primer apogeo bajo Felipe II.

Tanto los carpinteros, como el resto de los artistas y artesanos de la Colonia, provenían al principio de España y Porlugal. Paulatinamente se fueron formando los artesanos auténticamente «coloniales» y americanos. Con su trabajo acumularon muebles y objetos, y ya en el siglo XVIII toda la América colonial estaba tallada, forrada y tapizada.

Un excelente ejemplo lo proporciona un salón de lujo en el Perú del siglo XVIII. Abundan los canapés forrados en baqueta y los sillones de cuero adornados con tachuelas de metal; del techo cuelga un farol de cinco luces con candilejas cubiertas de sebo. En la pared es posible que cuelgue un cuadro que represente a San Juan Bautista o a Nuestra Señora de las Angustias, y a su lado el retrato del jefe de la familia, pintado por un amigo de la casa o por el profesional de moda.

En el dormitorio reina la cama, a la que se sube por medio de una escalerilla: es un lecho matrimonial muy alto, a la usanza española. Mientras tanto, los esclavos duermen sobre pellejos de carnero.

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En Arequipa las paredes de las casas están decoradas con guardas, lazos de amor y vistosos adornos. Los muebles siguen el modelo español y están pintados de blanco o azul-celeste; filetes dorados y dibujos de rosas y margaritas cumplen con la función de nacerlos más elegantes. En el salón no es raro tropezar con algún bargueño antiguo tallado o un aparador de roble negro. Otro adorno de las paredes son los cuadros de degollaciones, crucificciones y autos de fe pintados por artistas de Quito y Cuzco.

En las ciudades frías, las alfombras se constituyen casi en una necesidad. En cambio, muy pocas ventanas lucen cortinas. Se desconocen las estufas y
chimeneas, los caloríferos y los braseros.

Un viajero francés ha dejado constancia de la impresión que le produjeron las casas de Buenos Aires en el siglo XVIII: «El interior de las casas muestra uno o dos patios. Las de los empleados y comerciantes son lujosas. En la sala un piano, un sofá, sillas americanas de madera (incómodas y duras) bien doradas, de colores brillantes. La sala es el lugar de recepción de los señores. Las señoritas pasan el día sin hacer nada…»

El mobiliario
En el siglo XVII se usa ya una gran diversidad de maderas para moblaje: castaño y nogal, Jacaranda, palo santo, ébano. Algunos llevan adornos de palo de rosa, marfil, caoba o nácar.

Las sillas siguen el modelo español: cuero en el asiento y el respaldo, tapizadas a veces con tela y adornadas con tachas de bronce. En la segunda mitad del siglo se las puede adquirir con las patas delanteras trabajadas. Son comunes la de forma «cebolla», «enrulado» y «de pincel». los sillones y las banquetas presentan características similares.

Una de las preferidas fue la silla encadenada, donde se podían sentar varias personas, ya que se unían tres o más sillas en un sólo mueble. Otra muy en boga en el Brasil fue la silla esquinada, de origen inglés. En la región rioplatense son comunes las sillas ratonas, colocadas e.n el lugar de honor, el estrado, parte elevada del salón. Se las usa para sentarse a tomar mate, para quitarse las botas, para coser, o simplemente como adorno.

Son acompañadas por sillitas, mesas y papeleras, distribuidas según el gusto de la dueña de casa. No en vano se dice que en el siglo xvm reinaron la mujer y la silla. De esta última aparecieron todos los tipos posibles, como para satisfacer el más alocado capricho.

muebles de la etapa colonial

Interior de uno sala del Palacio Torre Tagle, en Lima, Perú.
El  mobiliario refleja fielmente el refinado modo de vida transplantado en América

En cuanto a la mesa para comer o la de adorno, podían ser rectangulares, redondas, algunas con alas plegadizas v patas giratorias. Muy apreciado era el contador, que iba apoyado sobre un bufete alto y parecido a una mesa. También gozaron de gran aprobación la cómoda y la cómoda-escribanía, con cajones superpuestos, ambas de origen italiano, que desplazaron al viejo arcón, arca o baúl, pesados e incómodos.

En Brasil hubo un auge de la cómoda-papelera, una combinación de guardarropa y escritorio.

Pero el más monumental de los muebles coloniales era la cama, con adornos, colgantes, doseles y posangulares 0 columnas de diseño barroco. Los resididos solían ser muy altos y las perillas podían ser de madera o marfil.

En las casas de familia eran numerosas las sillas, sillones, mesas y camas de jacarandá, con la característica «pata de burro» o «pata de cabra».

En el siglo XVIII rioplatense el mueble luso brasileño llegó a desplazar al español, ya que el cierre casi total del come mío favoreció al contrabando.

Las casas y los templos hicieron buen acopio de ellos y de los no menos apreciado, muebles de estilo inglés (Chippendale) y rococó francés, recargado de conchillas, flores y hojas. La influencia potugusesa también llegó a  Chile, México, Lima y Quito, adonde marcharon varios artesanos de nombradla.

Para completar la decoración de una casa colonial no debían faltar los utensilios y objetos de plata y oro. Las familias que disfrutaban de un «buen pasar» se hacían servir en vajilla de plata. Gran parte de estas vajillas fueron labradas y repujadas por artífices locales, aunque a veces se traían de Europa y otros sitios. Los artífices que tenían como clientes al vecindario acomodado de Buenos Aires hacían sus piezas en oro. Se llegó a dictar una ley que imponía el trabajo en oro de 22 quilates y prohibía el uso del de 24 y del de 20.

La platería
Una de las preocupaciones principales de todo americano «respetable» era completar su vajilla de plata. Siempre «estaban faltando» algunas piezas, y en cuanto era posible, se mandaban a hacer en plata maciza, oro o plata con baño de oro. Una de las razones de la preferencia por el metal debió ser sin duda el que la porcelana resultaba muy cara.

El juego de vajilla se componía, por lo general, de fuentes, platos, bandejas, jarros para distintos usos y sahumadores calados y cincelados. Esto era lo básico. Pero no pasaba mucho tiempo sin que se intentara completarlo con soperas, tazas, vasos, cubiletes, palilleros, vinagreras, dulceras, ollas, sartenes, baldes, etc., reemplazando también las piezas ya envejecidas. Y era preciso no olvidarse ele los floreros, los apliques, candelabros, tarjeteros, tinteros, marcos para espejos, salivaderas y, tras de una cortina de pudor, la taza de noche y los irrigadores.

En el sur del continente el orgullo de la familia podía ser el juego de plata para la «mateada». En espera del elogio (y de la envidia disimulada) se hacían presentes la yerbera (con adornos de oro) y la infaltable colección de mates de formas fantasiosas, como caballitos, palomas, avestruces o pavos reales.

Fuente Consultada:
Gran Historia de Latinoamérica Fasc. Nº21 Editorial Abril Educativa

Los Marinos Portugueses Historia de sus Viajes y Exploraciones

Los Navegantes Portugueses
Historia de sus Viajes

Gracias a sus conocimientos científicos, a principios del siglo XV Enrique el Navegante asentó las bases de un vasto imperio colonial. La primera etapa fue la conquista de Ceuta. En 1487, Díaz dobló el cabo de Buena Esperanza, y en 1498 Vasco de Gama desembarcó en Calicut, en la costa de Malabar (India). En el siglo XVI, Albuquerque fundó en las Indias una verdadera red de factorías comerciales

Enrique el NaveganteUna vez establecido el equilibrio político con Castilla, Portugal pudo pensar en extender su territorio y proseguir las campañas contra los moros en África del Norte. Al principio, en Portugal la técnica marítima estaba muy poco desarrollada, y a mediados del siglo XIV se mandó llamar a un genovés, Lancelotto Malocelli, que se posesionó de una isla del archipiélago de las Canarias, a la que dio el nombre de Lanzarote. (imagen: Enrique El Navegante)

No obstante, el genial inspirador y artífice de los descubrimientos fue Enrique el Navegante (1394-1460), cuarto hijo del rey Juan I. Perseverante y reflexivo, poseía una cultura general muy extensa y era profundamente creyente. Fue filósofo, cosmólogo y geógrafo, y su espíritu se había formado en los autores clásicos y de su época. Creador de un plan ambicioso, llamado más tarde Plan de la India, Enrique el Navegante pensó llegar a Oriente para convertir al catolicismo las poblaciones de las Indias y de Extremo Oriente.

Los viajes de Marco Polo en el siglo xin habían revelado al mundo occidental la existencia de un vasto continente más allá de las fronteras conocidas. Pero además de las preocupaciones religiosas, le guiaba también el interés de servir a la grandeza y gloria de Portugal.

Extendiendo el catolicismo hasta el mar Rojo, Enrique el Navegante no sólo pensaba limitar la influencia del Islam, sino cortar las vías comerciales de comunicación de los musulmanes con Oriente, destruyendo de este modo la base misma de su poderío. Al propio tiempo, Enrique el Navegante pretendía crear un extenso imperio portugués que, por la estructura de su economía y su poder en Oriente, pudiera conseguir incalculables riquezas.

El 25 de julio de 1415 partió a la conquista de Ceuta, puerta de entrada de África, en una expedición dirigida por su padre er. 1417. Ceuta cayó en poder de los portugueses, que, de este modo, iniciaron un período que duraría dos siglos, durante el cual la bandera portuguesa ondeó en todos los continentes.

A su regreso de Ceuta, Enrique el Navegante se dedicó por entero a la realización de sus planes. Se estableció en Sagre, el sagrado promontorio de los romanos, cerca del cabo de San Vicente, y se rodeó de un equipo de navegantes, astrónomos y geógrafos de todas las razas. En este observatorio y escuela de cosmografía trabajaban negros, judíos y árabes.

A Enrique el Navegante se le puede comparar con un capitán que, de pie en la pasarela de su barco, se dispone a partir a la conquista de los horizontes más lejanos.

Además, se habían cumplido las condiciones necesarias para un éxito completo. Enrique disponía de todos los medios científicos de la época y contaba con excelentes instrumentos. Quería realizar milagros y los hizo.

La conquista de Ceuta había sido una gloriosa victoria, pero para Enrique el Navegante abrió la perspectiva de un enlace marítimo con Guinea. En efecto, había visto comerciantes de Tombuctú (Sudán) que le mostraron sus mercancías, y por este motivo las expediciones se emprendieron en dirección al sur.

Tres jóvenes caballeros llegaron i Porto-Santo, Madera y luego a Las Azores (1448). Pero la ambición del príncipe no se sentía satisfecha. Quería explorar de modo sistemático toda la costa occidental de África y descubrir así la ruta marítima hacia la India. En 1434, los portugueses doblaron el misterioso cabo Bojador y en 1446 llegaron a Cabo Verde. El país parecía menos desértico, lo que invitaba a los portugueses a seguir hacia el este.

Enrique el Navegante murió en 1460, cuando sus compatriotas creían estar a punto de lograr sus objetivos. Hacia 1472 habían explorado las costas de África occidental y construido fuertes destinados a proteger su comercio en el golfo de Guinea, donde se podía conseguir gran cantidad de esclavos, caña de azúcar y oro.

En 1485, Diego Cao descubrió la desembocadura del Congo. Bartolomé Díaz dobló el cabo de Buena Esperanza en 1487. Vasco de Gama coronó la obra de sus predecesores: en 1497 salió de Belem, cerca de Lisboa, con cuatro buques y 160 hombres de tripulación (entre los que figuraban diez condenados a muerte), aprovechó la experiencia de Díaz y dobló el cabo de Buena Esperanza para seguir la ruta hacia el norte.

En Zanzíbar consiguió un piloto árabe y, ayudado por el viento del sudoeste, navegó por el tcéano índico durante veintitrés fias. El 18 de mayo de 1498, Vasco de Gama desembarcó en Calicut, hoy Cozhicode, en la costa de Malabar. Vasco de Gama había salido de Belem diez meses y diez días antes…

El período comprendido entre 1498 y 1580 se dedicó a la construcción del imperio colonial portugués. A principios del siglo XVI se multiplicaron los descubrimientos. En 1500, Cabral, en ruta hacia la India, descubrió inesperadamente la costa sudamericana a la altura de Brasil, y Corte Real desembarcó en la península del Labrador.

Pero los principales descubrimientos se hicieron en la ruta de las Indias y Extremo Oriente, y los portugueses desembarcaron sucesivamente en las islas de Ascensión (1501), Santa Elena (1502), Madagascar (1506) y Mauricio (1505). Asimismo intentaron instalarse en las costas de la India, a fin de eliminar a los árabes y egipcios del comercio de las especias. Albuquerque, que fue gobernador de la India de 1505 a 1515, es la figura más importante de esta expansión comercial.

Ormuz y Malaca, a uno y otro lados del océano índico, fueron las posiciones clave del poderío portugués. Se establecieron factorías en las Molucas, Ceilán, Macao y China, y se iniciaron las relaciones comerciales con Japón. En el siglo xvi Portugal poseía un vasto imperio colonial.

Como provincias de ultramar, Portugal conserva hoy los territorios y dependencias siguientes: Angola, Mozambique, Guinea, Macao, y las islas de Timor, Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil Azeta – Editorial CREDSA – Los Navegantes Lusitanos

Biografia de Asimov Isaac Resumen Vida y Obra del Cientifico

Biografía de Asimov Resumen
Vida y Obra del Científico

Isaac Asimov (1920-1992), fue un prolífico y gren escritor estadounidense, de divulgación científica, comparado con Carl Sagan. Famoso por sus novelas de ciencia ficción y por sus libros divulgativos sobre todas las ramas de la ciencia. Asimov nació en Petrovichi, Rusia. Su familia emigró a Estados Unidos cuando tenía tres años y se estableció en el barrio de Brooklyn, de Nueva York. La mayor parte de los 500 libros de Isaac Asimov, caracterizados por sus claras descripciones de temas complejos, no son novelas, sino estudios sobre todas las áreas de la ciencia.

Isaac Asimov cientifico escritor

Entre sus obras de ciencia ficción más conocidas se encuentran Yo, Robot (1950); La trilogía de la Fundación (1951-1953), de la cual escribió una continuación treinta años después, El límite de la Fundación (1982); El sol desnudo (1957) y Los propios dioses (1972). Entre sus obras científicas destacan Enciclopedia biográfica de la ciencia y la tecnología (1964; revisada en 1982) y Nueva guía a la ciencia (1984), una versión más reciente de su elogiada Guía científica del hombre (1960). Obras posteriores son La Fundación y la Tierra (1986), Preludio a la Fundación (1988) y Más allá de la Fundación (1992). En 1979 se publicó su autobiografía en dos volúmenes, Recuerdos todavía verdes.

Hubo un tiempo en que la ciencia era un asunto oscuro, apenas accesible para unos pocos iluminados que, en el mejor de los casos, daban a luz sus descubrimientos en forma de verdades absolutas. Pero hubo otro tiempo -el que todavía vivimos- en que la ciencia comenzó a escribirse en el lenguaje de todos, aquél que es comprensible para cualquiera, el de ios cuentos y las novelas. Es el lenguaje de Isaac Asimov.

Los que lo conocieron dicen que era vanidoso. Sabía que sabía y eso lo elevaba, pero no tanto por sus conocimientos como por su desesperación por conocer. «No me resigno a creer -confesó una vez- que haya en el mundo problemas sin solución». Es que para Asimov el mundo era todo comprensible y el arma para entenderlo era la razón. No se le ocurría confiar en ninguna otra cosa porque por medio de la mente se podía llegar a cada rincón del Universo o de los posibles universos o del futuro.

Era racionalista a ultranza, a pesar de sus cuentos, de sus novelas, de sus robots. Ninguna ficción resultaba un invento para él, apenas una forma posible de representar la realidad, con disfraz de ciencia ficción con máquinas y diseños futuristas, pero llena de humanidad, con hombres creativos e intuitivos capaces de pensar como ninguna máquina.

Leyó sobre todo y escribió sobre cualquier tema: religión, literatura, mitología, matemática, biología, historia, epistemología en forma de relatos, narraciones, tratados, ensayos, guías. Quizá prefirió aquellos asuntos para los que estaba menos preparado, como la astrología, simplemente porque le interesaba, se transformaba en autodidacto y disfrutaba el desafío. Pero aunque era un tratadista-científico se diferenciaba bastante de un técnico: «Soy un lector veloz -decía convencido- alguien que nació con un cerebro inquieto y eficiente, con capacidad para pensar con claridad y con habilidad para convertir los pensamientos en palabras».

Tenía obsesión por las palabras, ese privilegio humano. Nació en enero de 1920 en Rusia y como su padre no se acostumbraba al nuevo régimen, decidió emigrar a los Estados Unidos. Asimov tenía 3 años cuando se acostumbró
en pocos meses al lenguaje del Bronx, donde se instalaron sus padres.

Apenas dos años después leía sin que nadie se lo hubiese enseñado. Se devoraba cualquier escrito que anduviera por ahí; era la época de Las Aventuras de Flash Gordon, Mandrake el mago, Tarzán de los monos y El Príncipe Valiente. Se pasaba los días en la biblioteca pidiendo una y otra vez La vida de las abejas, de Maurice Maeterlinck.

Los cuentos que publicaban las revistas lo inspiraban, mandaba cartas haciendo observaciones o simplemente para decir que le habían resultado maravillosos. Después vinieron los años de la Universidad, no tenía más de 15 cuando empezó Química en Columbia. Aprendió a leer los libros del negocio de sus padres sin que se notara que los había tocado. Y mientras tanto escribía narraciones y confesiones sentimentales que fueron haciendo cimiento para los más de cuatrocientos libros que llegó a escribir en sus 72 años.

Su tesis doctoral tenía que ver con la kinesis de los gases, un tema que le dio un título -doctor en química- y una hipótesis: tal vez fuera posible establecer leyes sobre el movimiento de los seres humanos -así como era posible hacerlo con los gases- en un tiempo futuro en el que hubiera millones de planetas llenos de gente. Aunque, en verdad, no creía que alguien pudiera predecir algo.

Sin embargo, alguna vez usó la palabra «robótica» y aunque no fue una predicción, sí fue un anticipo: la palabra fue acuñada simplemente porque de alguna forma había que llamar a toda esa disciplina creciente. Dijo que la inventó sin darse cuenta.

También escribió sobre el Carbono 14 y las posibles mutaciones en el cuerpo humano si se modificaba su participación dentro del organismo: tiempo después ése fue uno de los argumentos para que Linus Pauling su equipo criticaran los ensayos atómicos que incrementan la presencia de Carbono 14 en la atmósfera. Dijo que, tal vez, esa fue su única contribución a la ciencia.

Escribía desde muy temprano hasta el atardecer. Recién en los 80 se compró una computadora. Antes se arreglaba solo, sin secretarias ni máquinas que almacenarán datos. Después tampoco explotó demasiado los beneficios de la tecnología, siguió escribiendo casi como con su antigua máquina, mucho, tan rápido como lo determinaban sus pensamientos -90 palabras por minuto- a pesar de su corazón enfermo, de la luz baja de su lugar de trabajo, del piso 33 -odiaba las alturas- frente al Central Park. en Nueva York.

Dijo en un reportaje: «Creo y; que al llegar la hora de morir habría cierto placer en pensar que uno empleó bien su vida, que aprendió todo lo que pudo, que recogió todo lo que pudo del Universo, y lo disfrutó  Qué tragedia sería pasar la vida sin aprender nada o casi nada».

Murió en 1992. Su últimos libro fue «Asimov ríe de nuevo» un libro lleno de anécdotas y humor, tal vez porque el escribirlo pensó que, efectivamente, empleó bien su vida.

OBRAS Y LOGROS DE SU VIDA:

■   Ingresó en la Universidad de Columbia cuando apenas había cumplido los 15 años.

■  Mientras estudiaba química comenzó a escribir sus primeros cuentos, relatos y desbordes sentimentales que nunca llegaron a publicarse.

■  En 1939 apareció su primer cuento, Varados frente a Vesta publicado en la revista «Astonishing» Stories que dirigía Frederik Pohl. Le pagaron 64 dólares.

■  En 1949 se doctoró en Química con la tesis Las fonéticas de la reacción inactivada del Tyroserose durante la catalización de la oxidación aeróbica del catechol.

■  Escribió mucho más sobre Astronomía que sobre su especialidad porque en ese tema era autodidacto y le resultaba un desafío.

■   En 1950 publicó su primera novela, Un guijarro en el cielo.

■  Su primer éxito de venta lo obtuvo en ese mismo años con Yo, robot. Con ese título comenzó su saga robótica, fascinado por la inteligencia artificial pero temeroso de la relación entre el ser humano y la tecnología.

■   En 1953 obtuvo el premio Hufoa la mejor serie de novelas por su trilogía Fundación, Fundación e imperio y Segunda Fundación, donde relata los avalares del Imperio Galáctico.

■  Fundación supera actualmente la edición 42 en lengua inglesa.

■   Llegó a escribir más de 450 libros, sobre los más diversos temas: mitología, matemática, religión, biología, astronomía, física, literatura, química.

■  Su producción se incrementó con los años: en la década del ’50 escribió; 22 libros; en la del ’60,’70; en la del ’70, 109 y el resto en los últimos años.

■  Entre sus obras más leídas figuran La Guía Shakespeare de Asimov, la Enciclopedia de las Ciencias, El cuerpo humano: su estructura y su función, Constantinopla, El Código Genético, La Tierra de Cannán, Bioquímica y Metabolismo Humano, El Universo Colapsa, ¿Hay alguien ahí?

■  Publicó, además, una Introducción a la Ciencia, un Diccionario Biográfico y los numerosos tomos de su Historia de las Civilizaciones.

■  También una edición anotada de El Paraíso Perdido, de Milton, otra del Don Juan, y cinco volúmenes dedicados al erotismo en la literatura.

■  Escribió dos volúmenes autobiográficos de 1500 páginas.

■  Alcanzó un puesto en la lista de best sellers en 1982 con Al filo de la fundación, que continúa la Trilogía Fundación, donde predomina el concepto de «Pslcohistoria» según el cual se podría predecir la conducta humana mediante ecuaciones matemáticas.

■  Sus libros han sido traducidos a sesenta idiomas.

■  Fue consultor de la NASA.

■  Fue miembro distinguido de MENSA (Club de los intelectuales superdotados).

■  Le fueron enviados varias distinciones universitarias de los Estados Unidos y Europa. Nunca los fue a recibir personalmente por su pánico a los aviones.

■  Inventó el término «robótica» aunque dijo que por casualidad.

■  En sus historias de robots advirtió que las máquinas podrían llegar alguna vez a dominar todo. Por eso estableció la Leyes de la robótica. 1 – Un robot no puede dañar a ningún ser humano ni permitir, permaneciendo inactivo, que ningún ser humano sufra daño. 2 – Un robot debe obedecer las órdenes que le den los seres humanos siempre y cuando esas órdenes no contravengan la primera ley 1 y 3 – Un robot debe proteger su existencia, siempre y cuando esa protección no contravenga la primera o la segunda ley.

■  Trabajó todo su vida sin equipo de investigaciones ni empleados que lo asistieran. Llevó sus propios archivos y manejó sus entrevistas con la prensa.

■  Compró su primera computadora recién en 1981. Antes escribía, corregía y pasaba en limpio. Pero, con computadora y todo, siguió escribiendo noventa palabras por minuto.

■  Su texto sobre el Carbono 14 y la posibilidad de que genere mutaciones en los seres humanos sirvió para la lucha de Linus Pauling contra los ensayos atómicos que incrementan la presencia de Carbono 14 en la atmósfera.

■   Su último libro es Asimov ríe de nuevo, que publicó en 1992 año en Nueva York y está lleno de anécdotas y notas de humor acerca de sus amigos.

■   Convirtió la ciencia en un saber comprensible para millones de personas.

Fuente: Magazine Enciclopedia Popular N°10 Año 1

La Salud Pública y la Medicina en el Virreinato del Río de la Plata

La Medicina en el Virreinato del Río de la Plata

Los estudios de medicina: España había sentido,  en el siglo XV la necesidad de fundar cuerpos técnicos que,  actuando como tribunales colegiados  o unipersonales,  tuvieran a su cargo vigilar el ejercicio de la profesión médica y afínes; que actuaran a la vez como organismos docentes de esas ciencias y satisfacieran sus fines sociales. Al efecto creó  el Protomedicato,   institución que tomó desarrollo e importancia en su legislación y llegó a constituir una entidad fuerte y bien organizada para velar por la salubridad pública.

El virrey Vértiz, al tomar el gobierno del virreinato, creyó oportuno y conveniente crear tal institución, independiente de la que existía tanto en Castilla como en Lima, para evitar que el pueblo de sus provincias siguiera sufriendo las deficiencias  imputables en parte a la enorme distancia existente entre ambas capitales.

Afligía a  Vértiz    el  estado de semiabandono lamentable observado en la asistencia pública,   el desquicio de los servicios médicos,  las graves deficiencias de los servicios hospitalarios y el desorden de los servicios de farmacia.

El  virrey propone al doctor Miguel O’Gorman,  funcionario de la misión de Ceballos,   médico aprobado por el Protomedicato de Madrid,  la creación de un tribunal del  Protomedicato en Buenos Aires,  esta disposición sería provisoria y sujeta a una posterior aprobación real.

Los protomedicatos,  en América y en Europa,  fueron formas embrionarías primarias en la evolución de las escuelas de medicina.

Sumaban atributos y fun ciones administrativas,  judiciales y técnicas y también docentes que se estorbaban y quitaban eficacia, fiscalizaban la acción de los médicos y de sus auxiliares y cuidaban la preparada técnica de sus facultativos en ejercicio,   recibían los exámenes para revalidar los títulos,   investían facultad para fundar las escuelas profesionales  respectivas y eran en la práctica sus rafees. Esto explica el júbilo con que fue recibida la noticia de la  instalación de la nueva  institución en la capital del virreinato.

En una nota fechada en Montevideo en enero de 1783,   el doctor O’Gorman propone al virrey la creación de una Academia de Medicina,  con asiento en esa ciudad para asegurar su independencia como institución científica,  ajena a las influencías burocráticas y oficiales del Protomedicato que funcionaba en Buenos Aires.  No existen documentos que hagan mención a los resultados obtenidos por esta iniciativa.

Por una cédula de 1793 se faculta al tribunal para dar la enseñanza oficial de la medicina y la cirugía,   con vistas a una próxima creación de la  Universidad,  de la cual esta Escuela de Medicina pasaría a formar parte.

El alejamiento y la radicación de  Vértiz en España provocaron el que estas iniciativas cayeran en el letargo,   asi como el proyecto de la Universidad de Buenos Aires,   que sólo se concretaría en el período de la  Independencia.  La Escuela de Medicina siguió funcionando aunque sujeta a los movimientos políticos e inestabilidades de principios de siglo.

Las luchas por la independencia obligaron al gobierno a restringir al máximo los gastos públicos. Esto provocó la suspensión de pagos del personal docente y de los cursos de la Escuela de 1812. El Protomedicato siguió funcionando aunque con limitaciones similares a las de la Escuela de Medicina.

Visto el abandono de los cursos de esta institución,  en diciembre de 1812 el doctor Paso decide nombrar una comisión para el estudio de un nuevo programa a cumplirse en un Colegio de  Ciencias que se crearía.

La necesidad de contar con cirujanos y médicos militares realmente capacitados concita el interés de la Asamblea de 1813 que propone la creación del Instituto Medico Militar y la aprobación de un Plan de Enseñanza para la Facultad de Medicina y Cirugía.

El Instituto Médico Militar tuvo una vida efímera.  Iniciadas conentúsias mo sus tareas,  decayó pronto este  interés y se extinguió en febrero de 1820,  al poco tiempo de morir su director,  el doctor Cosme Argerich.

No solamente por la enseñanza se destacaron los jesuítas en estas regiones,  sino también por las actividades  intelectuales de toda índole a que cada uno se dedicaba con singular aliento.

Mientras los conquistadores penetraban en audaces correrías hacia  el corazón del continente en busca de aventuras o de oro,  los jesuítas se ocupaban en el estudio de las nuevas tierras y en darlas a conocer a los europeos por medio de trabajos geográficos y cartográficos.

Las cartas de los misioneros constituyeron una lectura apasionante,  y se multiplicaban en ediciones que daban a conocer los secretos de las nuevas regiones,  a la par que acrecentaban el acerbo científico. Estos aportes son excepcionales,  teniendo en cuenta que hasta fines del siglo XVIII se careció del instrumental científico primario indispensable para esa clase de tareas.

Rómulo Carbia destaca la  indiscutible gloria que merece la Compañía por haber fundado y hecho evolucionar la historiografía nacional,  hasta llevarla a su pleno desarrollo en manos del P. Pedro Lozano,   a quien corresponde uno de los más altos puestos entre los historiadores habidos en el país.

Nuestra historiografía no puede prescindir de las múltiples y diversas cartas,  crónicas,   memorias y apuntes dejados por los jesuítas. Estos historiadores salvaron la memoria de muchos hechos singulares,  cuya reconstrucción habrfa sido difícil dadas las grandes pérdidas sufridas por los archivos del interior en los acontecimientos militares del siglo XIX.

En el estudio de la fauna y flora aborigen la contribución jesuítica es de una magnitud sorprendente.  Como lo es asimismo la profundidad de las observaciones que sus cultores registran con singular prolijidad,   acompañándolas en muchos casos de dibujos. Los padres Gaspar Juárez y José Sánchez Labrador se destacaron en esta labor que siguió el camino abierto por el P.José «Acosta en el Perú» con su obra Historia natural y moral de las Indias.

Después de la expulsión,  el padre Juárez fundó en Roma un Jardín Botánico Americano y editó su monumental Prodromus Florae  Chilensis et Peruvianae.

Sus tres tomos de Observaciones fitológicas sobre las plantas rioplatenses figuran con honor en la mejor bibliografía de la ciencia botánica.

A su lado sobresale el P.Jose Sánchez Labrador,  el naturalista más prolífico y de mayores alientos en la historia de los pueblos rioplatenses.

Fuente Consultada:
Historia de la educación de Manganiello Bregazzi.
Historia Argentina – Historia de la Civilización – Manual de Ingreso 1977 – Dieguez – Pierini – Laplaza Edit. Investigación y Ciencia

Universidad de Córdoba y de Chuquisaca en el Virreinato

Historia de la Universidad de Córdoba y de Chuquisaca en el Virreinato del Río de la Plata

Universidad de  Córdoba:
Córdoba no tuvo propiamente unaUniversidad,   sino un Colegio Máximo de la Compañía de Jesús,  con autorización real y pontificia para otorgar grados universitarios; es decir,   que aunque careció del titulo de Universidad,   actuó como tal en los hechos,  y como Universidad fue conocida hasta en documentos oficiales.  Por real cédula de 1o de diciembre de 1800 se acordó darle el carácter efectivo de verdadera Universidad Real,   con el nombre de Real  Universidad de San Carlos y de Nuestra Señora de Monserrat.

La erección se realizó el 11 de enero de 1808,  en cuya oportunidad se reunió el claustro,  ya secularizado,  en la antigua iglesia de la  Compañía -declarada hoy monumento nacional-,   presidida por el gobernador-intendente Juan Gutiérrez de la Concha,   quien nombró rector al deán,   doctor Gregorio Funes. La secularización de la Universidad cordobesa inició entonces su formal decadencia.

Es posible que en 1767,   al tener que hacerse cargo de los   institutos jesuíticos de  Córdoba,   su elenco de profesores no fuera excepcional,  pero en las postrimerías del siglo pudo presentar un grupo nada despreciable de hombres de valer, en buena parte hijos del país.

La filosofía que se estudió en el Río de la Plata durante el período hispano no fue ni exclusivamente peripatética, ni, en el buen sentido de la palabra, puramente escolástica. Y no lo podía ser -como muy bien dice Juan C. Zuretti-, porque en la segunda mitad del siglo XVII, si bien la escolástica se enseñaba de viva voz en los colegios y universidades hispánicas, había decaído tan notablemente que casi se había eclipsado por completo.

En el curso del siglo siguiente fueron muchos los filósofos que, reteniendo el fondo de la escolástica, trataron de concordarlo con las nuevas teorías científicas y filosóficas, labor en la que descollaron los jesuítas, pero que no rehuyeron los franciscanos. Las ideas renovadoras también penetraron en sus claustros.

Con la creación de la Facultad de Jurisprudencia,  en 1791,  la  Universidad había entrado en una nueva época,  pero de ahí a la secularización definitiva me diaron todavía algunos años,  y fue el resultado de una más vigorosa arremetida del clero alentado por la visible  inclinación de la  Corona.

La causa del clero fue tomada por el doctor Ambrosio Funes,   que como alcalde de primer voto,  logró interesar al Cabildo en la campaña.

Funes escribió en 1779 un Memorial en el que reclamaba la  intervención de la  Corona para contener la decadencia de la Universidad y desterrar los desórdenes  introducidos por los franciscanos al amparo del favoritismo y de la intriga.  Los cargos abarcaban todos los  órdenes de actividad,  desde la administración de las rentas,  de cuya malversación los franciscanos eran acusados, hasta la incapacidad docen tes de estos y el favoritismo que empleaban.  Todo ese desorden sólo podía ser contenido si la Universidad se entregaba al clero.

La campaña abierta por el doctor Funes y su hermano el deán,   obtuvo un éxito completo. Por real cédula del  I de diciembre de 1800,  el monarca resolvió «fundar de nuevo»,  en el edificio del  Colegio Máximo,   una Universidad Mayor que gozaría de los mismos privilegios y prerrogativas que las de su clase en España y América,   con el nombre de Real  Universidad de San Carlos y de Nuestra Señora de Montserrat,   con los recursos para su dotación que en la misma real cédula se mencionan, quedando los franciscanos separados de su dirección.

La real cédula de 1800 fue guardada sin cumplimiento por el virrey Sobremonte,  partidario de los franciscanos,  pero el cambio producido en 1807 por sude posición,  significó para los franciscanos la pérdida de la influencia que habían mantenido. Fue entonces que el cabildo de Córdoba elevó a Liniers una petición para que ejecutase la real  orden,  lo que el nuevo virrey realizó el 29 de noviembre.

La instalación de la nueva Universidad se realizó el   2 de enero de 1808. La real cédula de 1800 ordenaba la erección de las cátedras de latinidad,  filosofía, leyes,  cánones,  escolástica y moral,  facultándose a la Universidad para conferir los grados correspondientes.

La nueva Universidad debía formar sus constituciones ya que las anteriores habían sido abolidas,  pero pasaron muchos años sin que las comisiones nombra das cumpliesen su cometido.

Una reforma importante en sus estudios fue la  introducida por el deán Funes con la creación de una cátedra de matemáticas,  que se abrió en 1809.   Con esa enseñanza quiso el deán sacar los estudios de lo puramente  ideal para llevarlos a lo práctico y más conforme con las aspiraciones y tendencias de la época.

La Real Cédula de 1800 significó la extinción definitiva del viejo centro de estudios jesuítico,  fundado con el propósito de formar el clero. Existe pues  una ra zón fundada para llamar a la universidad establecida en 1808 Nueva Universidad,  ya que define un nuevo tipo de establecimiento y una nueva orientación en los estudios.

Equiparada a las universidades reales de España y América,  esta es la universidad que funcionaba cuando estalló la Revolución de 1810. No mantenía ningún ligamento con el extinguido centro jesuítico,  y por su reciente data,  no pudo tener influencia en la formación de la generación revolucionaria.

La Universidad de  Chuquisaca:
En 1624 fue fundada esta alta casa de estudios,   que tuvo,   antes que la de Córdoba,   una cátedra de  Instituía,  según dotación hecha en 1681 por   el arzobispo Castilla y Zamora.  La expulsión de los jesuítas significó graves tropiezos para el desenvolvimiento de los estudios que se realizaban en ella.  Con los bienes de los jesuítas se dio forma a los estudios y se creó la Real Academia  Carolina destinada a la práctica jurídica de la juventud dedicada al foro.

Los nombres de algunos de los que estudiaron en este centro  intelectual hacen suponer a ciertos autores que en Chuquisaca dominaba una marcada tendencia liberal,  y que en sus cátedras se hablaba de Rousseau y de Montesquieu con plena libertad.  Pero esto es inexacto.

En la Universidad de  Córdoba    las obras de los maestros del ilumínísmo y del filosofismo francés no eran desconocidas y hasta se les estimaban sus aciertos,  Pero no pasaba lo mismo en Chuquisaca donde este tipo de obras no tenían cabida. Si algo es evidente es que fue la región en que el espíritu de lealtad a las viejas normas se mantuvo más tiempo,  con odio a Buenos Aires,  lo que le permitió a sus dirigentes mantenerse hasta  1825 en contra del movimiento independizados.

Después de Córdoba, Buenos Aires y Asunción, tal vez fue Salta la ciudad de más alto nivel cultural en los lindes del virreinato. Equidistante de Chuquisaca y de Córdoba, los hijos de Salta cursaron estudios en una u otra de ambas universidades.

El hecho de que los  vecinos de Mendoza se  interesaran por que el Colegio jesuítico fuese elevado a Universidad demuestra,   no sólo que se estimaba la calidad de sus estudios,  sino que la población tenía amor por la cultura.  Y lo confirma el hecho de que la cátedra de filosofía no desapareció con la expulsión de la Compañía de Jesús,  pues en octubre de 1769 el  Cabildo resolvió restablecerla.

 Fuente Consultada:
Historia de la educación de Manganiello Bregazzi.
Historia Argentina – Historia de la Civilización – Manual de Ingreso 1977 – Dieguez – Pierini – Laplaza Edit. Investigación y Ciencia

Historia de la Conquista del Río Bermejo Sociedad de Navegación

Historia de la Conquista del Río Bermejo
La Sociedad de Navegación

El 4 de septiembre de 1872 el diario La Democracia de Salta publicó una novedad que suscitó cientos de comentarios. El titular, con letras destacadas, decía: «Gran Noticia»; abajo, en letras menores, podía leerse: «Navegación del Bermejo». El texto de la información rezaba: «Adelantamos en una edición extraordinaria las faustas noticias que nos llegan de las costas del Bermejo.

Ellas significan la realización completa de la empresa más trascendente para los intereses económicos y políticos de Salta». Y a renglón seguido el entusiasmado redactor relataba que el vapor «Leguizamón», aunque había encontrado «serias dificultades que vencer», continuaba «hendiendo la corriente del gran río bajo la segura dirección del capitán Natalio Roldan…»

La empresa, sin embargo, era bastante espinosa. En esa oportunidad el «Leguizamón» no pudo vencer al Bermejo; el río, quizás irritado por tanta osadía, lo hizo naufragar. Aun así prosiguieron los esfuerzos. Según José del Nieto —autor de una prolija recopilación sobre el tema—, pronto estuvieron disponibles otros tres vapores adquiridos en los Estados Unidos: el «General Viamonte», el «Oran» y el «Congreso Argentino».

Claro que el río no constituía la única barrera. Las tribus ribereñas eran otro grave obstáculo fue bastante difícil tratar con ella; como lo demostraron los sucesos protagonizados en cierta oportuni dad por la tripulación del «Oran Este barco se hallaba fondeado cerca de La Cangayé (actual Chaco), asegurado a un árbol por una gruesa cadena.

De pronto «… la mano que estaba apoyada en guinche —anota Del Nieto— quedó prácticamente clavada por una flecha que dio certeramente en ella. Simultáneamente caían heri dos dos marineros».

El ataque fue acompañado por alaridos y gritos significativos: «Tierra nuestra, leña nuestra», repetían los aborígenes que defendían lo que era de ellos Conocían en carne propia y en la de muchos hermanos los estragos hechos por el blanco. Sabían que se pretendía despojarlos de su an tigua heredad.

En esa oportunidad el capitán Roldán —de él era la mano atravesada por el flechazo— intuyó de inmediato que si pagaba la leña a los indios «sentaba un mal precedente: aceptar que realmente era de ellos». Por eso ordenó proseguir la marcha de inmediato, intento que casi costó la vida a los dos marineros que pretendían soltar la amarra del barco desde tierra: los indios se les fueron encima y debieron arrojarse al agua y llegar a nado hasta el «Oran».

El combate no tardó en generalizarse, y mientras las flechas hendían el aire la tripulación —parapetada sobre cubierta— comenzaba a hacer tronar los dos cañones que protegían la nave. El «Orán» pudo finalmente proseguir la navegación aguas arriba mientras dos indios que habían caído prisioneros veían alejarse con desesperación -las orillas de su lar nativo.

Con la mano vendada, el capitán Roldán regresó en seguida a cubierta para impedir que sus hombres ultimaran a los aborígenes y, lejos de tomarse venganza, ordenó regalar a éstos ponchos, botas, sombreros y tabaco. Les hizo entonces una propuesta: «Yo no quiero pelear ni matar indios. Por eso tirando balas por arriba. Cuando vuelva mi vapor, cortando leña otra vez aquí, y tocando pito, llamando con pito, que vengan Trigueri y Mulato.

Yo regalarles mucho…» Trigueri y Mulato eran los jefes de ‘los indios prisioneros, y éstos, una vez liberados, debían ser los emisarios que gestionaran la paz. A Roldán, tenaz y hábil empresario, le interesaba explotar esas regiones, no exterminar indios. Para lograrlo había expuesto a sus amigos un proyecto formidable. «Desde aquí —el límite entre el Chaco y Salta— deberíamos comenzar los estudios y posiblemente los trabajos; ésta es la zona de esteros, de madrejones, donde a veces se pierde el curso del Bermejo.

Tendremos que hacer canales, taponar desaguaderos, nivelar. De los varios brazos será necesario establecer el más apropiado y ensancharlo, ahondarlo, dragarlo, alimentarlo oon los otros que habrá que desviar hacia él. Tendremos que cerrar escapes, levantar diques y murallones».

Proyecto, en suma, digno de un soñador fantasioso, que fue escuchado, sin embargo, y dio nacimiento a la Sociedad de Navegación a Vapor del río Bermejo, que se formó en 1869 y cumplió un plan de trabajos de cinco años. En ese lapso cientos de trabajadores indjgenas removieron más de seis millones de metros cúbicos de arena y tierra, cavaron cuatro canales de 19 kilómetros de extensión y 100 metros de ancho cada uno, voltearon millares de árboles. Lamentablemente, tantos esfuerzos resultaron estériles.

Un día, mientras el «Oran» navegaba apaciblemente, sufrió una fuerte sacudida: un tronco de palo santo acababa de incrustarse en el casco y el agua empezó a entrar a raudales por el rumbo. Era el último barco que le quedaba a la sociedad, y con su hundimiento también se iban a pique ingentes esfuerzos y muchas esperanzas. Los intentos de salvarlo fueron inútiles.

Poco después Roldan, su mujer, la tripulación y dos indios imatacos contemplaban angustiados desde la costa cómo el «Oran» desaparecía de la superficie. La colaboración del cacique Somayé y sus hombres permitió luego recuperar decenas de bultos y efectos, pero ya nada podía compensar lo que se había perdido. El Bermejo permanecía arisco e indómito.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la Historia Argentina – Editorial Abril

Francisco Solano: Su Profecía Sobre Esteco Ciudad Colonial

HISTORIA DE ESTECO Y SAN FRANCISCO SOLANO

Fue algo así como la Sodoma de la antigua tierra saltona: una ciudad de gente disipada, más propensa a las trapacerías y al goce inmediato de los placeres que a los esfuerzos disciplinados o a la sobriedad. Se llamaba Esteco, y los españoles la fundaron en el lugar más estratégico.

Quedaba más cerca del Perú que cualquier pueblo nacido con anterioridad y esa cercanía influyó, parece, en la conducta de sus pobladores, que tuvieron fácil acceso al lujo, las mercancías y las tentaciones de la mundana capital del Perú. Las encomiendas se fueron multiplicando én los alrededores a medida que los indios eran sujetos a regímenes de trabajo más severos y extenuantes.

Francisco Solano Santo

La riqueza producida por esa mano de obra esclava dió nacimiento a grandes fortunas. Se construyeron buenas casas, abundaron los muebles de lujo transportados desde el Perú a lomo de mula, se multiplicaron las fiestas y diversiones.

Según la tradición, San Francisco Solano advirtió severamente que, de continuar la población con esa vida disipada, un terremoto destruiría la ciudad junto con sus habitantes. Su voz fue desoída y no faltaron los que se burlaran de la profecía: se cuenta que a raíz de los sermones de Solano, cuando algunas niñas estequeñas iban de compras a las tiendas de Salta, preguntaban con tono picaresco a los vendedores sino tenían «cintas color temblor».

Indiferente a las burlas, el santo permaneció un buen tiempo en Esteco y sus alrededores, donde moraban los indios del Gran Chaco o Chaco Gualamba, como se llamaba por entonces  la  impenetrable llanura que se extendía hacia el oriente salteño.  Cuentan antiguos cronistas que para entenderse con los numerosos grupos aborígenes de la región resultaba indispensable dominar decenas de dialectos.

Así lo hacían, empeñosamente, los escasos misioneros jesuítas y franciscanos consagrados a la reducción de los indios, puesto que las gentes de espada mostraban más inclinación a exterminar a los aborígenes  que  a  comunicarse   con ellos.

Según los relatos populares, San  Francisco  Solano  apelaba a sus dotes de violinista para atraer a los indios, que, sorprendidos al principio por la dulce música ejecutada por el sacerdote, se prestaban luego a escuchar sus referencias sobre el Dios, misericordioso, muerto por amor a los hombres.   Sin embargo, se mostraban más  bien  escépticos:  aquello de que «todos los hombres son hermanos» resultaba difícil de entender a la luz de su experiencia con los españoles.

Luego de sembrar su mensaje entre indios y blancos, San  Francisco  prosiguió  sus  andanzas por el norte y el noroeste, alejándose para siempre de la pecaminosa Estece  Su terrible profecía, no obstante, quedaba en píe y no tardó mucho en cumplirse.

ruinas de esteco

En septiembre de 1692 un violento terremoto sacudió las comarcas salteñas.   Aquel   «jardín   de   Venus» que era Esteco, cuyos caballeros montaban —según se cuenta— en cabalgaduras herradas con plata y oro, se desplomó, y bajo sus muros perecieron todos los habitantes.   Por si eso fuera poco, el río cercano salió de su cauce e inundó las ruinas formando sobre ellas un gran lago: sus aguas sirven de lápida para las vanidades y miserias de Esteco.

OTRA ANÉCDOTA SOBRE FRANCISCO SOLANO

La Conquista es pródiga en historias heroicas y empresas inverosímiles protagonizadas por barbados hijos de la península ibérica, Nada agradable, en cambio, era el panorama que se presentó a los idios después de la irrupción hispánica. Los hijos de la tierra se veían obligados a engrosar con su trabajo esclavo las fortunas de los encomenderos, que financiaban a su vez nuevas expediciones de conquista.

Esos personajes, que nunca tuvieron demasiados es-crúpulos, basaban su dominio en un sistema de explotación que horrorizaba a los espíritus sensibles, como lo era el de Francisco Solano, noble sacerdote que protagonizó muchos episodios que ya ingresaron en la leyenda.

Quien años después sería santificado por la Iglesia, anduvo por La Rioja cuando la opresión a los indígenas era más fuerte que nunca. Los aborígenes habían sido desalojados de sus tierras, en algunos casos trasladados en masa de sus comarcas para acallar rebeldías, destruÍdos inexorablemente por un régimen de trabajo brutal.

Los que intentaban escapar eran cazados con jaurías de perros amaestrados, y cuando se los atrapaba sufrían tormentos y humillaciones infamantes, como el de grabarles con hierro candente en carne viva la marca de su amo.

Cierta vez, invitado a almorzar por una de las familias más encumbradas de La Rioja, fray Francisco aceptó, pero antes de empezar a comer —dice la leyenda— tomó un trozo de pan y apretándolo con fuerza entre los dedos observó que de él escurría un líquido rojo: era sangre. Entonces el santo, que no era de los que hacen la vista gorda, se puso de pie y exclamó con energía: «¡No comeré jamás en la mesa en que se sirven alimentos amasados con la sangre de los pobres!… Carmelo Valdéz anota en sus Tradiciones Riojanas que San Francisco, al comprender que la prosperidad de los campos, los jardines y las huertas de la comarca era el fruto de la sangre, el dolor y la vida de los indios, «sacudió sus sandalias y diciendo «de La Rioja ni el polvo», se marchó para no volver más».

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la Historia Argentina – Editorial Abril

Historia de los Viajes Comerciales y las Colonizaciones Europeas

PRIMEROS VIAJES COMERCIALES Y LAS COLONIAS DE EUROPA

Alrededor del año 2000 a.C., los fenicios habían fundado ya dos grandes puertos, Sidón y Tiro, en las costas orientales del mar Mediterráneo. Durante varias centurias tuvieron el dominio marítimo, transportando mercaderías de una tierra a otra. Con el pasar del tiempo, fundaron importantes colonias como Tarsis, al S. de España, y Cartago, al N.E. de la costa de África. Esta última, especialmente, llegó a tener tal poderío que fue capaz de desafiar a la poderosa Roma.

Grandes Exploraciones de Nuevo Mundo

En el Libro I de los Reyes, en el Antiguo Testamento, se dice que el rey Salomón tenía una nave que, cada tres años, le traía desde Tarsis un cargamento de oro, plata, marfil, simios y pavos reales.

Posiblemente hace 3.000 años, los barcos fenicios se aventuraron más allá del estrecho de Gibraltar y navegaron por el Atlántico, hacia el N., hasta el extremo N.O. de Inglaterra, en busca de estaño; circunnavegaron África por primera vez hacia el año 600 a. J. C. partiendo del mar Rojo hacia el sur.

En el transcurso de sus viajes, los marinos fenicios parecen haber inventado una nueva forma de escritura: el alfabeto. Esta creación que fue, casi con certeza, lograda por pueblos semitas, consistió en el uso de unos pocos signos que representaban sonidos de consonantes y vocales. No hubo más necesidad de aprender signos distintos para miles de palabras diferentes, como en el antiguo Egipto y en la Mesopotamia. Leer y escribir demandó mucho menos esfuerzo con la invención del alfabeto.

Alrededor del año 700 a. J. C, la supremacía marítima de los fenicios fue pasando a manos griegas. Este pueblo vivió entonces no sólo en lo que hoy es Grecia, sino también a lo largo de la franja occidental del Asia Menor, en Creta y en muchas otras islas del Mediterráneo oriental. Además fundaron colonias en Italia meridional, Sicilia y en la costa mediterránea de Francia.

Este largo período de viajes, colonizaciones y comercio acercó a los pueblos de civilizaciones diferentes, permitiéndoles establecer contactos cada vez más íntimos. Los griegos tomaron conocimiento de Egipto, Mesopotamia y Fenicia y, sobre la base de lo aprendido, dieron un gran paso adelante. Con el papiro importado de Egipto y con el alfabeto tomado de los fenicios, adaptado a sus necesidades lingüísticas, escribieron importantes libros.

En el siglo VI antes de Cristo, Hannón, el Navegante, se hizo a la mar desde Cártago y fue bordeando, con su flota, la costa occidental del continente africano, sobre el Atlántico. Un siglo después, el historiador Herodoto cruzó las aguas del piélago que separaban su querida Grecia del lejano Egipto y remontó el curso del Nilo.

Los griegos combinaron los conocimientos matemáticos de Egipto y Mesopotamia y agregaron a ellos la filosofía y la política. Despreciaron toda clase de trabajos manuales a los que consideraban tareas propias de esclavos, y dedicaron su tiempo a educarse, discutir ideas y producir bellas obras literarias; la poesía y el drama lograron una perfección nunca antes conocida y grandes filósofos como Sócrates, Platón y Aristóteles dejaron su pensamiento imperecedero, especialmente este último, que dio las bases a las modernas ciencias políticas. La ciudad de Atenas fue el centro de todo ese mundo cultural.

Hacia el final del siglo IV a. J. C, los griegos y macedonios, al mando de Alejandro Magno, conquistaron un gran imperio que se extendía hacia el E. más allá del río Indo, e incluía Persia y Mesopotamia, junto con Egipto. Heredaron, de esta manera, toda la sabiduría acumulada por cinco civilizaciones más antiguas.

En honor del conquistador se fundó la ciudad llamada Alejandría, cerca de una de las desembocaduras del Nilo. Durante varias centurias, y mucho antes de que Roma ocupara el primer puesto en el mundo, Alejandría fue el más importante centro de cultura y educación. En su gran biblioteca, se reunieron muchos miles de libros sobre las materias más diversas, y allí, los estudiosos de todas partes del mundo pudieron aprender, enseñar y debatir ideas.

Tiempo más adelante, en el norte de Europa se hicieron famosos los vikingos, cuyas pintorescas embarcaciones cruzaron el océano, desde la península escandinava hasta llegar a Islandia, donde se establecieron a mediados del siglo IX. Eric, el Rojo, uno de aquellos colonizadores, decidió seguir viaje hacia el Oeste y alcanzó, de este modo, las costas de Groenlandia. Desde allí, su hijo Leif Ericson cruzó, posteriormente, hasta el mismo continente americano, donde vivió durante algún tiempo, cuatrocientos años antes de la llegada de Colón.

En la Edad Media se realizó otra increíble exploración geográfica que alcanzó aquellos lejanos confines de la India, hasta los cuales, animado por sus ansias de gloria, había llegado Alejandro de Macedonia en la remota Antigüedad.

Los motivos de esta nueva expedición fueron puramente comerciales, pero su protagonista, Marco Polo, que relató, en valiosísimos escritos, aquellas maravillosas experiencias, descubrió un mundo prácticamente desconocido: Bagdad, el desierto de Gobi, China –tierra de prodigios-, Birmania, Japón y el Tibet.

Las Cruzadas terminaron a fines del siglo xiii. Siguió, casi inmediatamente, un periodo de grandes exploraciones y descubrimientos que dura hasta nuestros dias. Antes de finalizar el siglo XIII, entre los años 1271 y 1295, un veneciano llamado Marco Polo efectuó un viaje increíblemente dificultoso, desde Europa hasta la China, en su mayor parte por tierra. Dos siglos después Cristóbal Colón, un marino genovés, realizó, con la ayuda de los reyes de España, la histórica travesía del Atlántico, al mando de una pequeña flota; descubrió un nuevo continente, América, pero murió creyendo que había llegado a la India.

Enrique el Navegante, hijo del rey Juan I de Portugal, abrió, en su país, una famosa escuela de náutica donde se enseñaba, entre otras cosas, el manejo de la recién importada brújula y del astrolabio, antiguo instrumento para observar la altura de los astros, que el cosmógrafo y navegante alemán Martín Behaim adapto, en el siglo XV, a las necesidades de la navegación.

Enrique el Navegante falleció en 1460, pero su obra fue continuada por el rey Juan II, uno de cuyos marinos, Bartolomé Díaz (o Días) descubrió, en 1486, el Cabo de Buena Esperanza y, tras dar la vuelta completa, con sus naves, al continente africano, siguió rumbo hacia el mar Arábigo, abriendo la ruta -por agua– hacia la India. Seis años después, intentó su magna empresa el marino genovés Cristóbal Colón.

La idea que propuso a los Reyes Católicos era distinta a todo lo conocido hasta entonces: quería llegar al Lejano Oriente navegando hacia Occidente y cumplió un viaje angustioso, al mando de la heterogénea tripulación que albergaban las tres históricas carabelas que puso a su disposición Isabel de Castilla. Cuando, después de más de dos meses de travesía, llegó a la isla de Guanahani, una de las Bahamas, a la que llamó San Salvador, creyó estar en una zona desconocida del continente asiático, muy próxima a China y a la India.

Vasco de Gama, nacido en Extremadura, repitió la hazaña cumplida, años antes, por Bartolomé Díaz y, tras dar la vuelta al Cabo de Buena Esperanza, fundó, del otro lado de África, ciudades y puertos comerciales. Las posteriores hazañas de Hernando de Magallanes, quien, a las órdenes de Carlos V, descubrió el estrecho que lleva su nombre (en 1520) y fue el primero en unir, por agua, el Atlántico con el Pacífico, tras de lo cual siguió hasta las islas Filipinas, donde murió trágicamente, se completaron gracias al tesón de Sebastián Elcano.

Éste, al regresar a España, en1522, se acreditó el mérito de haber efectuado la primera vuelta al mundo. Muy cerca quedaba Australia, la isla gigantesca conocida ya por los chinos y malayos. Los marineros españoles y portugueses la recorrieron sin ansias de conquista, razón por la cual tomaron a su cargo esa tarea, mucho después, los franceses, ingleses y holandeses.

Guillermo Janszoon, Juan Carstensz y Abel J. Tasman exploraron sus costas a principios del siglo XVII; el último de los nombrados realizó, en 1642, un viaje por mar alrededor de toda Australia e, internándose hacia el sureste, descubrió lo que hoy llamamos Tasmania y Nueva Zelanda.

Un siglo más tarde, el capitán inglés James Cook, considerado uno de los mejores exploradores del siglo XVIII, comprobó que esa parte de Oceanía estaba integrada por dos grandes islas. Cook exploró el Pacífico, la costa occidental de Norteamérica y el territorio antartico, adonde llegarían, en esforzadas expediciones, el inglés Falcon Scott y el noruego Amundsen, un siglo y medio después.

ALGO MAS… España y Portugal fueron las dos primeras potencias que levantaron imperios distintos de los hasta entonces existentes, imperios separados de la madre patria por el océano. Durante el siglo XVI, los españoles tomaron posesión de casi toda América Central y del Sur, con excepción de Brasil, y encontraron las últimas manifestaciones de civilizaciones vastamente desarrolladas, la de los mayas y la de los aztecas, y la gran cultura incaica.

Mientras España extendía su imperio, Portugal tomaba posesión de Brasil y fundaba colonias en el sur y este de Asia. Otros países europeos no quedaron atrás. Inglaterra, Francia y Holanda también ampliaron sus dominios en tierras lejanas.

Los grandes viajes de descubrimiento continuaron. Entre 1577 y 1580 Francis Drake realizó uno alrededor del mundo que duró tres años y en el curso del cual navegó miles de millas a lo largo de la costa occidental de América del Norte y del Sur. En 1642, Tasman, marino holandés, descubrió Tasmania y Nueva Zelandia. Hacia fines del siglo xvm, el capitán Cook, uno de los más grandes navegantes de todos los tiempos, viajó alrededor de la Antártida (aunque nunca pisó su tierra), de Nueva Zelandia y a lo largo de la costa de Australia.

Por entonces ya se conocían todos los continentes del mundo, pero las tierras interiores de África y América del Norte aún estaban, en su mayoría, inexploradas.

Dos viajeros portugueses fueron los primeros que, de O. a E., cruzaron el África; Pedro y Antonio Pombeiros viajaron durante nueve años, de 1802 a 1811, desde Angola hasta Zambeze.

David Livingstone realizó, alrededor de cuarenta años después, su famosa travesía desde el Zambeze hasta Loanda, ida y vuelta, exploró el interior y descubrió la catarata Victoria y el lago Nyasa.

Las tierras interiores de América del Norte fueron recorridas en su mayor parte por pioneros ingleses que, con mucho coraje, establecieron allí colonias.

Nuestro propio siglo ha presenciado los primeros viajes a los polos. Robert Peary, un almirante norteamericano, alcanzó- el polo norte en 1909, y el explorador noruego Amundsen llegó al polo sur en diciembre de 1911, pocos días antes que el capitán Scott. La primera travesía de la Antártida fue realizada en 1951 por la expedición conducida por sir Vivían Fuchs.

Hoy, en nuestra era de aeroplanos, helicópteros y submarinos atómicos, no hay casi punto de la superficie terrestre que esté fuera del alcance del hombre, ni donde la civilización no haya dejado su sello.

Ver: Grandes Viajes Marítimos

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven -Navegar y Descubrir el Mundo – Fasc. N°6 Edit. Cuántica
La Técnica en el Mundo Siglo de Viajes y Descubrimientos Tomo III Globerama Edit. CODEX

Compañia de la Bahía de Hudson Historia y Objetivos

Compañía de la Bahía de Hudson

Compañía de la Bahía de Hudson, empresa mercantil inglesa fundada en 1670, cuando el rey de Inglaterra Carlos II otorgó una carta de privilegio a su primo el príncipe Ruperto y a otros diecisiete nobles y caballeros, que les aseguraba el monopolio del comercio en la región bañada por los ríos que desembocan en la norteamericana bahía de Hudson.

Compañía comercial inglesa creada en 1670 por el rey Carlos II de Inglaterra. En aquellos tiempos, cuando Canadá llevaba el nombre de Nueva Francia y pertenecía a Francia, un comerciante francés regresó de una expedición a las regiones desconocidas del NO. trayendo varios fardos de pieles de castor.

El gobernador de la Nueva Francia no prestó atención a los relatos del viajero sobre las valiosas pieles que podrían obtenerse en las regiones visitadas por él, y se limitó a aplicarle una multa por haberse dedicado al comercio sin permiso.

El traficante se trasladó entonces a Inglaterra, donde vendió fácilmente su secreto a un importante grupo de hombres acaudalados. Encabezados por el príncipe Ruperto, primo de Carlos II, muy pronto formaron éstos la Compañía de la Bahía de Hudson. Se les otorgó para su explotación una área vagamente delimitada en torno a la bahía. Los negociantes establecieron algunos fuertes y celebraron convenios con los indios. Las pieles abundaba y rendían más del 200 por ciento de ganancia.

compañia bahia de hudson

Compañía de la Bahía de Hudson: Durante más de 200 años, la Compañía de la Bahía de Hudson envió exploradores y comerciantes a la inhóspita región de los Territorios del Noroeste, en Canadá. La ilustración que aparece en la imagen, fechada en 1882, muestra el momento en el que una expedición hace acopio de suministros en uno de los múltiples establecimientos comerciales que la compañía poseía en la zona bañada por los ríos que desembocan en la bahía de Hudson.

La primera compañía mantuvo sus negocios en el mayor secreto, y nadie conocía, fuera de sus miembros, como se nombraban los funcionarios  de la empresa,  ni los  resultados  de les negocios de la misma. Entre tanto, los francéses del Canadá veían con alguna preocupación la presencia de aquellos extranjeros en las cetas de la Bahía de Hudson y, durante muchos años,   se  dedicaron  a  atacar  y  destruir  su fuertes  y  a  ejercer presión  sobre  los  indios para que no les vendieran pieles.

En 1713, cuando Francia fue derrotada por Inglaterra, los franceses abandonaron su campaña y la compañía prosiguió su comercio sin obstáculos. La rivalidad renació al fundarse, a fines del siglo XVIII, la Compañía del Noroeste, integrada por escoceses y francocanadienses en Montreal, y degeneró en una guerra civil. En 1814 llegaron finalmente a un acuerno y ambas compañías se fusionaron en 1821.

En 1869 el Canadá se trasformó en dominio, es decir, en un estado prácticamente independiente, y se negó a permitir que una empresa privada disfrutara del privilegio de cerrar el comercio del país cierta parte del territorio de éste. A pesar de los esfuerzos de la compañía para evitarlo, principiaron a circular rumores acerca de las grandes riquezas en recursos naturales que dicho territorio encerraba. Los E.U.A., instalados ya en Alaska, veían con interés aquellas tierras. Así pues, la compañía se vio precisada a deshacerse de su monopolio. Hoy funciona como cualquier otra empresa particular.

Durante la primera guerra mundial 300 de sus navios trasportaron pertrechos de guerra y comestibles a Francia y a Bélgica. Desde entonces ha continuado creciendo considerablemente la aludida empresa. Sus actividades han logrado extenderse a territorios no explorados, gracias a sus puertos y factorías, y posee importantes tiendas en las principales ciudades del Canadá.

Biografía de Hudson Enrique Explorador y Navegante

BIOGRAFÍA DE ENRIQUE HUDSON – EXPEDICIONES AL POLO NORTE

( ? -1611?). Navegante y explorador inglés. Con su hijo Juan y diez hombres de tripulación se embarcó, al servicio de una compañía de Londres, con el fin de encontrar una ruta a China y el Japón por las regiones árticas. Al acercarse a Groenlandia Se encontraron en un mar de hielo.

Hudson llegó a Spitzberg (hoy Svalbard y siguió por la costa hasta más allá de 80 grados de latitud norte, el punto más cercano al Polo Norte alcanzado hasta entonces por los marinos ingleses. Pero su barco quedó preso en el hielo hasta el punto de destrozarlo casi,  y Hudson tuvo que regresar a Inglaterra.

Hudson Enrique

Hudson Enrique

Al año siguiente repitió la expedición en el mismo barco. Esta vez navegó a lo largo de la costa de Noruega y llegó a Nueva Zembla, pero lo venció de nuevo el hiél y tuvo que regresar a Inglaterra.

Para entonces los empresarios de Londres no se hallaban, ya  dispuestos  a  enviar nuevas expediciones, pero la fama de Hudson como marino se había extendido a Holanda, y la Compañía Holandesa de las Indias Orientales lo invitó a que hiciera, por cuenta de ella, un viaje de exploración. Los holandeses equiparon una pequeña nave llamada Media Luna y le dieron instrucciones de que intentara de nuevo un paso a China y el Japón por el NE. Zarpó de Amsterdam en abril de 1609 con una tripulación de ingleses y holandeses, en su tercero y más importante viaje. En mayo llegó a Nueva Zembla, pero el hielo los detuvo de nuevo y la tripulación empezó a desanimarse.

Hudson decidió seguir hacia el O. y encontrar el océano que el capitán Juan Smith decía que se encontraba al N. de Virginia. El Media Luna llegó a la costa americana en julio y navegó hacia el sur hasta la bahía de Chesapeake. Después regresó al N., y ancló en Sandy Hook, en donde los indios le llevaron tabaco, grosellas y trigo.

El 3 de septiembre navegó en lo que hoy es la Bahía de Nueva York, y al día siguiente, después de rodear la Isla de Manhattan, remontó el río que lleva hoy su nombre. Subió hasta Albany, pero, dándose cuenta de que por dicho río no encontraría el paso que buscaba, regresó. Después de tomar posesión del país en nombre de Holanda, pasó frente a Sandy Hook el 4 de octubre de 1609. Casi todos los miembros de la tripulación estaban enfermos, pero el Media Luna llegó finalmente a Dartmouth, Inglaterra, donde se apoderó de él el gobierno inglés.

El rey Jacobo se disgustó porque Hudson había navegado bajo una bandera extranjera e impidió que él y los demás ingleses de la tripulación dieran informes a la Compañía Holandesa de las Indias Orientales.

Obligado a servir a su propio país, salió Hudson de Londres en abril de 1610 en su cuarto y último viaje. En su pequeño barco Descubrimiento encontró el paso llamado Estrecho de Hudson y descubrió la Bahía de Hudson, en donde los bloqueó el hielo del invierno.

Mucho sufrieron él y los suyos debido al frío y la falta de alimentos. Cuando vino el deshielo, en la primavera, sus hombres se amotinaron. En un bote abierto abandonaron a su valiente capitán, con su hijo y los miembros  enfermos  de la tripulación, y se alejaron.   Nunca se volvió a saber de Hudson.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Barsa de Consulta Fácil Tomo VIII

Conflictos Entre las Colonias en Norteamérica Guerras

CONFLICTOS INTERNACIONALES EN EL NUEVO MUNDO

EL MERCANTILISMO COLONIAL
Hacia finales del siglo XVII, todas estas colonias de tan diversos orígenes, contaban alrededor de 250.000 europeos, aplastando ya con su número a la Nueva Francia. Vivían esencialmente de la agricultura. Como París o Madrid, Londres pretendía regir su Imperio de Ultramar según los principios del mercantilismo: las colonias debían proporcionar materias primas y absorber los productos manufacturados de la metrópoli.

La Staple Act de 1663 codificó esta obligación. A cambio de ello, Inglaterra garantizaba a los colonos el monopolio de la venta de sus productos: tabaco, algodón, azúcar, índigo, etc., y concedía subvenciones para el desarrollo de la vid, de la seda, de las construcciones navales.

De esta forma, la Nueva Inglaterra se especializa rápidamente en las industrias de los navios y de la pesca, lo mismo que en el tráfico de los esclavos para las plantaciones del Sur. Porque para los colonos del Norte, el mercantilismo era contrario a sus intereses: ellos no podían exportar más que carnes, pescado, trigo, artículos que la metrópoli producía también, ya que no poseían ni géneros exóticos ni metales preciosos.

La única salida era el comercio «triangular». Por ejemplo, un comerciante de Boston vendía su trigo a Portugal, compraba a cambio vino, lo revendía en Londres y, con este dinero, compraba paños que llevaba a América. Los puertos ingleses, a causa de sus tasas, resultaban doblemente beneficiados. Por ello, desde finales de siglo, el descontento contra el pacto colonial cundía entre los colonos.

Estos se quejaban de estar obligados a comprar en Inglaterra productos demasiado caros e inferiores. El conflicto que culminará con la independencia menos de un siglo más tarde estaba en germen. Y muy pronto, igualmente, las diferencias entre el Norte y el Sur se establecerían claramente.

puerto de colonia en estados unidos

El aumento de valor de los nuevos territorios despertó la codicia de las grandes potencias. El fin del siglo XVII se caracteriza en América por violentos conflictos entre Francia e Inglaterra. Puerto y desembarco de mercancías—Miniatura ejecutada en 1564 por Jacobo le Mayne de Morgues en «Estampas contemporáneas y ritos de esta parte de América llamada Virginia».

DIFERENCIAS NORTE Y SUR:
Al Norte, los yanquis (deformación india de la palabra inglés) eran agricultores, comerciantes, artesanos que se distinguían es pecialmente por la tradición puritana; trabajadores sobrios y obstinados, luchando contra un clima de inviernos muy rudos y un sol ingrato. Pero no hay que dejarse llevar por simplificaciones extremas, oponer un Norte de burgueses puritanos y partidarios de Cromwell a un Sur de aristócratas anarquistas, descendientes de «caballeros» exiliados después de la derrota de Carlos I.

En realidad, muchos plantadores del Sur procedían de la burguesía (aunque dieran a sus propiedades los nombres de los palacios de su país de origen). Pero su género de vida en las grandes plantaciones, el clima y, sobre todo, la introducción de la esclavitud de los negros, les dio muy pronto caracteres muy particulares.

En Virginia, Maryland, Carolina y más tarde en Georgia (fundada en 1732), la esclavitud tomó un gran impulso a partir del año 1670 con la separación radical de los blancos y los negros. En el siglo siguiente, las importaciones anuales de esclavos, cargados en Guinea a cambio del ron de las Antillas, alcanzaron entre cincuenta y cien mil cabezas.

En el Sur eran amantes del teatro, de la danza y se bebía mucho. Se tenía pasión por los caballos, y las carreras estaban reservadas para los «gentlemen». En Nueva Inglaterra, el teatro estuvo largo tiempo prohibido. Por el contrario, la cultura, los libros, la educación, fueron considerados con mucha más atención: los puritanos querían que sus hijos aprendieran pronto a leer para estudiar las Escrituras. El esfuerzo corresponde primeramente a los niños, después a las «Grammar Schools». El colegio de Harvard fue fundado en 1636 y Yale en 1701. El Sur tuvo su universidad, el colegio William y Mary, fundado en Williamsburgo en 1693.

LAS PRIMERAS GUERRAS
El advenimiento de Guillermo de Orange (1688), enemigo de Luis XIV después de la dura guerra de Holanda (1672-1679), provocó la entrada de Inglaterra en las coaliciones contra Francia (guerra de la Liga de Augsburgo y más tarde guerra de Sucesión de España), y el conflicto no dejó de tener sus prolongaciones en el Nuevo Mundo.

Los iroqueses, aliados de los ingleses, atacaron los puestos franceses, paralizando el comercio y provocando el terror entre los colonos franceses; entonces, Luis XIV volvió a enviar al viejo Frontenac al Canadá.

Este pensó por un instante llevar a cabo una incursión contra Nueva York a través del valle del Hudson, pero sus tropas eran insuficientes, por lo que decidió promover también las guerras indias, lanzando las tribus de los hurones y de los algonquinos contra los pueblos ingleses. Un puritano, William Phips, organizó una gran expedición contra la Acadia; tomó Port Royal, pero fue derrotado ante Quebec.

Las matanzas en los pueblos y las granjas aisladas continuaron. En el trascurso de la Guerra de Sucesión de España, la Acadia (la actual Nueva Escocia) fue ocupada por segunda vez por los ingleses que sucumbieron de nuevo ante Quebec. Pero la Paz de Utrecht (1713) resolvió provisionalmente el conflicto. Inglaterra obtenía la Bahía de Hudson, la Acadia y Terranova, donde Francia no conservaría más que los derechos de pesca. Muchos acadianos emigraron a Luisiana.

La Nueva Francia parecía salvada en lo sucesivo; sin embargo, los ingleses tendrían en sus manos todos los accesos. Con el privilegio del comercio en las colonias españolas, Inglaterra iba a convertirse en una gran potencia marítima y comercial. En cambio los franceses, dispersados en inmensos territorios, desde el San Lorenzo a Luisiana, estaban condenados a perder un día su soberanía en América del Norte.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Los Cuáqueros en Norteamérica Fundación de Pensilvania

LOS CUÁQUEROS Y LA FUNDACIÓN DE PENSILVANIA

Los cuáqueros (literalmente quiere decir «temblones» porque cuando se apoderaba de ellos la emoción religiosa les hacía temblar), era una secta protestante, la Sociedad de los Amigos, fundada por Georges Fox en el año 1647.

Llevaba el puritanismo a su lógica más extremada: todo hombre podía comunicar con Dios y no había necesidad de ministros ni de templos. Los cuáqueros se diferenciaban de las otras sectas por una especie de humanismo místico. Podían alcanzar sus cimas por medio de la contemplación interior y la comunión con el Espíritu Santo. Su Dios era un Dios de amor. Ellos eran dulces y tolerantes y se negaban a pelear, así como a pagar los diezmos a la Iglesia Anglicana. En una palabra, todas estas razones atraían sobre ellos la persecución.

Cuáqueros en una colonia americana

Cuáqueros en la Nieve Luego de un Desembarco

Los Amigos se habían ganado numerosos adeptos, como el almirante Penn, a quien los Estuardos debían mucho. Por ello su hijo William Penn obtuvo de Carlos II una zona situada al norte de Maryland para establecer en ella, al abrigo de las persecuciones, una república regida por los principios cuáqueros (1681) y que llegó a ser Pensilvania.

La experiencia comenzó al año siguiente; William Penn era un verdadero jefe de Estado, el cual podía designar embajadores. Llamó a su capital Filadelfia, ciudad del amor fraternal. Indudablemente, no hay que idealizar su persona, haciendo de él un demócrata modelo; no descuidó ni su fortuna personal ni su autoridad. Sin embargo, su inclinación a la tolerancia religiosa y a la libertad individual, la amplitud de sus miras, le confieren un rango excepcional. Amigo y discípulo de Locke, confió la iniciativa de las leyes a una asamblea de doscientos miembros, elegida en escrutinio limitado.

Willian Penn cuáquero

William Penn (1644-1718), cuáquero británico, fundador de la colonia de Pennsylvania. Nació el 14 de octubre de 1644 en Londres y estudió en la Iglesia de Cristo, en la Universidad de Oxford, donde se convirtió al cuaquerismo. Murió el 30 de julio de 1718 en Buckinghamshire.

El liberalismo de los cuáqueros abrió el país a grupos muy diversos: católicos, alemanes y suecos luteranos, anglicanos, etc. Filadelfia creció, con sus avenidas cortándose en ángulo recto, sus casas de ladrillos rojos y sus grandes jardines.

Los indios eran mucho mejor tratados que en otras partes y el logro parecía perfecto cuando surgieron las dificultades: primero, los altercados con Lord Baltimore, quien estimaba que Filadelfia había sido construida en un terreno dependiente de Maryland. Después, los disturbios provocados por los turbulentos colonos de Escocia y de Irlanda, que no tenían con respecto a los indios la misma mansedumbre que los bondadosos cuáqueros; en fin, las conflictos entre William Penn y la asamblea.

La Revolución de 1688, arrojando al último de los Estuardo, agravó la situación: Penn era tenido por sospechoso de fidelidad a la dinastía y en 1692 Guillermo de Orange instala un gobernador en el Estado. La oposición de los colonos fue tal que William Penn recobró sus derechos dos años más tarde. Pero molesto y desilusionado, dejó su dominio en 1701 por la corte de la reina Ana.

En 1710, escribía: «La oposición que encuentro aquí me abruma de tristeza. ¿No resulta cruel que cuando esta tierra se ha convertido para ellos en una tierra de libertad y de opulencia, haya llegado a ser para mí, que la heerigido en nación, la causa de mis tribulaciones y de mi pobreza?». A pesar de sus lamentaciones, William Penn podía enorgullecerse de haber fundado uno de los más hermosos Estados de América.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Historia de Lima Capital del Virreinato del Perú

HISTORIA CIUDAD DE LIMA: CAPITAL DEL VIRREINATO

La zona en que se fundó Lima se hallaba habitada por indios dedicados a las tareas agrícolas y a la alfarería. Así lo han evidenciado los incontables es descubrimientos arqueológicos realizados en la región, incluso en la actualidad, y hasta en la zona urbana de la magnífica y moderna capital peruana. Fernando Pizarro, hermano del conquistador, al describir la región señaló que los árbolesque bordeaban los caminos «vivían del riego», provisto, sin duda, por las obras de irrigación existentes en tiempos del imperio incaico.

Los habitantes primitivos de la región parecen haber recibido la influencia de las culturas andina, proto-chimú y proto-Nazca, e, incluso, hasta de la de Tiahuanaco. El sello de la raza aimará ha quedado en el nombre del puerto limeño: Callao.

Lima es la castellanización de Rímac, nombre del río que baña la región, y también participio pasivo del verbo quechua «rimay», hablar. También significa «hablador», y, aplicado a un río. equivale poéticamente a «parlero» o «murmu-~zior», aludiendo al ruido de su corriente, rumorosa y cantarína.

LA CIUDAD DE LOS REYES
Francisco PizarroEn el año 1533 hicieron irrupción en la zona del Rímac las tropas españolas al mando de Pizarro. Los hombres de cutis blanco y largas barbas, y el destello de sus armaduras y de sus espadas aterrorizaron a los indios, casi tanto como los extraños animales, arrogantes e inquietos, en que montaban. Cuando se fueron, con ellos se iba el tesoro de Pachacámac, presunto rescate de Atahualpa.

Muerto el último jefe del Tahuantinsuyu, Francisco Pizarro hizo áel Cuzco, la ciudad sagrada de los incas, la cabeza de los «Reinos y Provincias del Perú».

Pero buscó un lugar de fácil defensa, cercano al mar, equidistante del Cuzco y del lago sagrado de Titicaca, y de Cajamarca y San Miguel de Piura, para capital nueva del reino, a la que alejaba así de los centros tradicionales incaicos. Y allá se fueron tres caballeros a explorar la comarca.

Se decidieron a favor del «asiento del cacique de Lima», pródigo en buena agua y tierra fértil. El 18 de enero de 1535 quedó fundada la Ciudad de los Reyes. Y ese nombre llevaría hasta la Independencia.

EL ESCUDO DE LIMA
El 7 de diciembre de 1537, el emperador Carlos V dió armas a la ciudad: «escudo en campo azul con tres coronas de oro de Reyes puestas en triángulo, y encima de ellas una estrella de oro. .. por orla unas letras de oro que digan Hoc Signum Veré Regum Est (este signo es realmente de reyes)… y por timbre y divisa do águilas negras con coronado oro de Reyes, que se miren la ana a la otra, y abracen una I y una K, que son las primeras letras de Nuestros nombres, y encima de esas letras una estrella».

EL NOMBRE
Algunos historiadores dicen que el nombre de Ciudad de los Beyes es un homenaje a los de España, cuyas iniciales luce el escudo. Otros afirman que, por haberse elegido en fecha 6 de enero el sitio de la ciudad, el nombre recuerda a los tres Reyes Magos. Suyas podrían ser las tres coronas reales, y la estrella, la de Belén. Esta versión es la que más crédito ha merecido a los numerosos historiadores peruanos que han examinado el asunto.

LA CIUDAD COLONIAL
Tenia nueve calles longitudinales y trece transversales, que encerraban ciento diecisiete manzanas. Los edificios españoles eran de adobe «y con poca majestad y primor en las portadas, aunque mi grandes y capaces«, según diría el padre Cobo.

El 26 de junio 1541 moría, asesinado en Lima, Francisco Pizarro, y las luch civiles que continuaron no permitieron mayor adelanto a la ciuda No obstante eso, un testigo de vista del siglo XVI habla elogiosamente de Lima, con su gran plaza, sus calles anchas, sus buen casas y las huertas y jardines que se regaban con el agua de diversas y antiguas acequias.

Plano de la Ciudad de Lima en 1748

Pero en realidad todos los primores arquitectónicos se concentraron en las iglesias y conventos, de tan primordial importancia para los fines evangelizadores que, entre otros, guiaron a España en su conquista. Mercedarios, franciscanos, dominicos, agustinos y jesuitas levantaron templos y claustros, y distribuyeron las horas de su vida entre la enseñanza de la verdad de Cristo y la de oficios, artes y trabajos, para atraer al indio a la cultura de Occidente.

Conventos había como el de San Francisco que abarcaban varias manzanas. El obispado de los Reyes fue declarado metropolitar en 1545; una Real Cédula creó, el 12 de mayo de 1551, la Universidad, después conocida como la de San Marcos. En 1543 el Perú se transformó en Virreinato, y en el mismo año hubo una Real Audiencia en Lima.

Los primeros poetas del Perú son nombrados por Cervantes «La Galatea» (1585). La actividad intelectual se manifestó tambien en algunas obras de teatro y en publicaciones de la primera imprenta (1584), que dió un notable impulso a la cultura.

LOS SANTOS
En el siglo XVI Lima asistió, enternecida y asombrada, al milagro presente en sus calles. En 1586 nació Isabel Flores y Oliva a quien un día las manos de santo Toribio de Mogrovejo administraron el sacramento de la Confirmación. Y al pronunciar la fórmula ritual mudó el nombre de Isabel por el de Rosa. Rosa mística de Lima y de América fue la primera flor de santida en nuestro continente.

Rosa Mística

Por allí pasó también la sandalia andariega de Francisco Solano que sembró la fe de Cristo al conjuro de las notas de su violín. Y el mulato fray Martín de Porres, servidor de su convento, enfer mero de los pobres, humilde hermanito del «Poverello» de Asís.

LA RIQUEZA DE LIMA
El sistema comercial de monopolio, que España implantó en «Nuevo Mundo», favoreció especialmente a los españoles de Lima la que vino a ser depósito y mercado de toda la América del Sur. Las flotas que venían desde España desembarcaban sus productos, primero en Nombre de Dios, y, desde 1597, en Portobelo.

Realizada allí una feria, las mercaderías se embarcaban hacia El Callao, y desde allí se las distribuía por toda la América meridional española. Lima se adornaba con joyas de Europa, sedas de la China y frutos de la tierra cálida de Nueva España.

La ciudad era rica, no sólo por lo que venía de allende el mar, sino porque las minas de Potosí parecían inagotables. La plata brillaba, en ocasiones solemnes, hasta en el pavimento de las calles por las que debía pasar algún virrey.

El siglo XVII encuentra a la Ciudad de los Reyes transformada: puentes de piedra sustituyendo a los de madera, iglesias más ricas y casas suntuosas con balcones labrados y amplios, tanto que alguien los llamó «calles sobre los aires». Los edificios se adornaban con azulejos. Las carrozas estaban guarnecidas de seda y oro y los trajes no desentonaban en medio de ese despliegue de lujo de los señores de las minas y de los funcionarios.

Los templos y los monasterios se multiplicaban, y sus altas torres eran como una plegaria que elevaban al cielo los limeños, algo caídos en el pecado de orgullo, por el fervor de sus santos.

La población llegó en el siglo XVII a unos 60.000 habitantes, con cinco o seis mil vecinos españoles, aumentados a unos 25.000 por los viajeros. Había alrededor de 30.000 negros esclavos y 5.000 indios, no obstante la intensa mestización existente.

LAS FIESTAS LIMEÑAS
Las fiestas de la ciudad sobre el Rímac fueron famosas en Indias. Todo era ocasión para desfiles, procesiones, comedias, corridas de toros, disparos de cohetes, repique de campanas, fuegos artificiales. Cuentan viejas crónicas que los limeños sabían preparar «llantos» solemnes por la muerte de un monarca, y festejaban ruidosamente el nacimiento de los príncipes. No huoo fiesta más rumbosa que la que celebró el nacimiento del príncipe Baltasar Carlos, hijo de Felipe IV. El festejo duró cinco meses.

DOS MOTIVOS DE TEMOR
La fiesta se vio interrumpida por un temblor el mismo día, 27 de noviembre de 1630, en que los plateros realizaban su homenaje. Los terremotos se sucedieron muchas veces. Destruyeron casas y crearon una tradición: la del Señor de los Milagros. Era una efigie de Cristo en la cruz, pintada por la mano humilde de un negro angola. En el terremoto del 18 de octubre de 1655 todo a su alrededor se derrumbó y la pintura quedó incólume. En otros terremotos se repitió el milagro. Los limeños rezan fervorosamente al Señor de los Milagros y lo acompañan en procesión todos los años.

El Señor de Los Milagros

Otro motivo de temor para los habitantes de la Ciudad de los Reyes eran los piratas. Si se ha dicho que Buenos Aires colonial tenía su mejor defensa contra ellos en su pobreza, ¿qué podía defender a la fastuosa Lima y a otras ciudades del Virreinato del Perú, cuyas riquezas tentaban a los bandidos del mar?

Se fortificaron los puertos, se cercaron de gruesos muros las ciudades se adiestró a los hombres en el manejo de los cañones, pero aun así los piratas —no tan románticos ni generosos come ha tratado de pintarlos la literatura de sus países de origen, enemigos de España—, asolaron muchas veces las costas del Perú en memorables ataques de verdaderas flotas.

LA CIUDAD DE LOS REYES EN EL SIGLO XVIII
En el año 1700 se estimaba en Lima una población de 37.00 habitantes, sin contar las clases populares. Sus palacios eran cada vez más suntuosos. El de Torre-Tagle es uno de ellos.(imagen abajo)

Los Borbones, con su política de mayor liberalidad económica favorecieron al resto de las tierras de América y quitaron al Parí uno de los factores de su enriquecimiento. El Virreinato del Rio de la Plata se separó y se llevó consigo la riqueza de las minas más valiosas, situadas en tierras del Alto Perú.

El 28 de octubre de 1746 un terrible terremoto destruyó a Lima El virrey don José Manso de Velasco la reedificó. Ha sido llamado el «segundo fundador».

LA INDEPENDENCIA DE AMÉRICA
Los libros de los filósofos franceses del siglo XVIII llegaron mucha dificultad a las manos limeñas. El «Mercurio Peruano» hizo la siembra de las nuevas ideas. Pero aun así, en 1810, Lima fue el último reducto de los españoles en América. A principio de julio de 1821 entró en la ciudad el general don José de San Martín, quien el 28 del mismo mes proclamó la independencia de Perú y enarboló por primera vez la bandera peruana.

LA CIUDAD MODERNA
Poco a poco la ciudad fue perdiendo su aspecto colonial Las calles se pavimentaron, las aceras se hicieron de losas, el alumbrado de gas se encendió por primera vez en 1855. Tuvo telégrafo y ferrocarril, nuevos paseos y edificios públicos de gran belleza.

El siglo XX la ve, con una población de más de un millar de habitantes, culta y pujante. Moderna y tradicional a la vez, bordean sus calles asfaltadas edificios de varios pisos, magníficos cines y departamentos comerciales, pero la tradición habla en los templos churriguerescos, en la vieja Plaza Mayor, en los palacios y los monasterios, en la fiesta brava de los toros, en la grarra ligera de las limeñas.

Lima es vieja y es nueva, y mira feliz hacia el futuro, porque ama y respeta su ayer, encarnado en las piedras que, un día. manos indias y españolas levantaron sobre la margen izquierda del Rimac como avanzada hispana en el Nuevo Mundo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ilustrada del Estudiante Tomo IV – La Ciudad de Lima: Ciudad de Reyes –

Pieles Rojas Historia Costumbres Vida y Religión

Pieles Rojas, Su Historia
Costumbres Vida y Religión

Antes de la llegada de los europeos habitaban América unas cuatrocientas grandes tribus de indios. Vivían principalmente de la caza, aunque también cultivaban algunos productos. Después del descubrimiento de América, los colonos impusieron a los indios pesados trabajos. Cuando se constituyó en país independiente, Estados Unidos tendió a la coexistencia pacífica con los indios; pero, en el siglo XIX, la afluencia de adelantados al oeste trajo consigo incontables conflictos y se establecieron las primeras «reservas». En la actualidad, los indios buscan cada vez más integrarse en la sociedad moderna.

Cuando los primeros europeos abordaron el continente americano vivían dispersas en él unas cuatrocientas tribus. El norte extremo lo habitaban los esquimales, que llevaban allí una existencia nómada y bastante primitiva y carecían de otra organización social distinta de la familia.

Los pieles rojas, por el contrario, conocieron una organización neolítica que heredaron de sus antecesores. Encendían fuego golpeando uno contra otro dos pedazos de sílex, empleaban utensilios de piedra, confeccionaban cestos y adiestraban a los perros convirtiéndolos en animales domésticos. No eran muy numerosos; se estima que hacia el año 1600 había en América unos ochocientos mil pieles rojas, doscientos cincuenta mil de los cuales, aproximadamente, residían en la región situada entre la costa del Atlántico y el Mississipí.

Eran tribus reducidas, todavía más debilitadas por sus luchas intestinas. Los de las «cinco naciones», los iroqueses, eran de entre todos los más poderosos. Al norte y al oeste de su territorio residían sus mayores enemigos: los hurones y los álgonquinos. Estas dos tribus habitaban los bosques que pueblan la región de los grandes lagos. Su civilización se caracteriza por el hecho de que conocían los metales y practicaban la alfarería. Además de ellos, las tribus más conocidas del sureste de Estados Unidos eran los creek, los cherokees y los seminóla, en tanto que el oeste lo poblaban los piute, los siux y los cheyenne.

En todas esas tribus encontramos una especie de literatura primitiva constituida por relatos relacionados con los dioses y los antepasados y que se transmitían de padre a hijo. Poseían cierta organización política, principalmente confederaciones de tribus.

De todas maneras poca es la historia que nos ha llegado de los pueblos pieles rojas de Estados Unidos llamados así, no por el color de la tez, sino porque era de un subido color rojo la pintura con la que se maquillaban para entrar en combate. Pero los restos de alfarería primitiva encontrados en Norteamérica, conforme a los estudiados con las modernas técnicas del carbono 14, nos hablan de asentamientos nativos anteriores a los pieles rojas, hacia el 30.000 a.C, mas poco se sabe sobre el origen de estos antiguos habitantes de América del Norte.

En cuanto a los actuales pieles rojas, se sustenta la teoría de que provenían de Asia, de la que emigraron a través del estrecho de Behring. Los rasgos mongólicos más pronunciados entre los esquimales, están menos acentuados entre estos pueblos pieles rojas, tal vez por la mezcla con los primigenios nativos a los que aludíamos antes.

Cuando se habla de la cultura azteca, maya, inca o aymará, se piensa de inmediato en colosales pirámides, en imponentes templos astrológicos, en culturas cosmogónicas y sociales de tal envergadura que asombraron -y alarmaron- a los europeos conquistadores recién llegados. Frente a tanta imponencia y avance cultural, la civilización de los pieles rojas de Norteamérica aparece deslucida o de menor envergadura.

Cuando llegaron los primeros colonos, las tribus que vivían hacia el este ide Norteamérica, como los algonquinos, iroqueses y hurones, habían formado un consejo de cinco naciones coaligadas, una especie de unión panamericana de piele rojas de la zona oriental, con un gran jefe, el cacique Hiawatha, a la cabeza.

Aldea de pieles rojos constituida por tiendas típicas. En círculo, alrededor del fuego, se encuentran reunidos en Consejo los ancianos de la tribu.

Se ha comprobado que existían 12ramas lingüísticas, cada una tan diferente de las demas como pueden serlo hoy el alemán y el persa, el ruso y el castellano, o el inglés y el italiano. Además de esas 12 ramas se hablaban dialectos varios, de tal suerte que al llegar el hombre blanco, había alrededor de 2.000 lenguas habladas por los primitivos americanos pieles rojas.

Vivían en las tiendas llamadas tipi, hechas con cueros de bisonte, sosten idas poi 3 o 4 palos. Otras tribus fabricaban casas rectangulares, hechas de ramas, hojas y paja, llamadas wigwan o también hagan entre los navajos.

Pieles Rojas Sitting Bull

Sitting Bull, célebre jefe siux

ORGANIZACIÓN SOCIAL
Los pieles rojas estaban divididos en diversas tribus, cada una de las cuales tenía su propia tradición y sus leyes, f hablaba un dialecto a menudo incomprensible para las otras. En casos de especial necesidad, algunas tribus se reunían en confederaciones.

La tribu era gobernada por un jefe, que, no obstante, no tenía autoridad absoluta. Él era, más que otra cosa, un jefe guerrero y el ejecutor de la voluntad del pueblo. Los ancianos de la tribu, reunidos en torno al fuego del Consejo, expresaban su voluntad.

La contemplacíón de la naturaleza invitaba a los indios a recogerse en meditación y plegaria: ello los movía e elevar su corazón a Dios.

En algunas tribus, y en casos excepcionales, también participaban de estas reuniones las mujeres y los jóvenes. Pero prevalecía siempre el parecer de los ancianos, más ricos en experiencia y, por ende, más sabios. Una vez tomada una decisión, todos la acataban.

El jefe de la tribu mantenía su cargo mientras la edad se lo permitía. Luego, él mismo designaba su sucesor, que podía ser su hijo o su hija. Este nombramiento debía ser aceptado por todos los notables de la tribu, es decir, por los guerreros que habían realizado el mayor número de hazañas gloriosas. Si éstos indicaban como jefe sucesor a otro guerrero que había demostrado ser más valeroso que el heredero legítimo, este último debía, sin más, cederle el título.

Tabajaban la tierra y cultivaban maíz, tabaco, zapallo, yucas, porotos, pero también sacaron de ella plata y turquesas. Durante los siglos que duró la i«(Ionización española, los navajos atacaron los centros poblados en busca de caballos, bebidas y mujeres, pero en el año 1860, EE.UU. ocupó la región de Arizona y Nuevo México.

En 1864, Kit Carson con sus tropas derrotó a los navajos en la célebre batalla de Bosque Redondo en Nueva México. En 1868 establecían una reserva para ellos en Arizona, donde tuvieron una suerte muy dura por la escasez y pobreza de las tierras. La población navaja asciende hoy a 100.000 personas, y viven en una comarca que apenas aporta alimentación para 35.000.

Hasta hoy la mayoría de los nombres de estados y ciudades en EE.UU. conservan o derivan de nombres del idioma indio: Dakota, significa «aliados»; Oklahoma, «el pueblo rojo»; Iowa, «los dormidos»; Kansas, «una brisa cerca del suelo; Kentucky, «el suelo oscuro y sangriento; Illinois, «la tribu de los hombres perfectos»; Texas, «amigos»; Idaho, «buenos días»; y Mississippi, «padre de las aguas».

En la frontera con California hay varias reservas de tribus indias: arapahos hacia el oeste, apaches y navajos hacia el noreste en los límites del territorio de Nueva México. Hasta el día de hoy hay localidades, dentro del mismo estado de Arizona, que llevan nombres de distintas tribus que fueron los primitivos y auténticos habitantes de esta región: Coconinos al norte; en el centro Yavapai (Aguas claras). Incluso el nombre de Cochise que fue el caudillo que educó al famoso indio Jerónimo, figura al sur del estado de Arizona, en el 1 imite con México.

Una forma habitual para comunicarse entre las tribus eran las señales de humo que se lograban colocando una manta en forma intermitente sobre una fogata encendidacon madera verde para que les asegurara un buen fuego con humo.

Una tribu de cualquier clase estaba constituida por varios clanes y en cada uno de ellos regía un anciano magistrado elegido por el clan en cuestión, llamado Sachem. Pero a su vez, los jefes guerreros de cada clan eran los Natani, elegidos en ceremonias sagradas. Varios Sachem formaban un Consejo de Ancianos o Jefes Mayores, los que eran comandados por un gran cacique. La categoría de estos últimos se destacaba por el revestimiento de ornamentos de plata y cuentas de arcilla y piedras coloreadas alrededor del cuello, pero sobre todo por el típico tocado confeccionado con plumas de águila.

Cada guerrero de cualquier tribu podía ataviarse con plumas de águila de acuerdo a los coups o encuentros con enemigos armados como él, en las frecuentes guerras entre tribus rivales. Así como un piloto de la RAF, durante la última guerra mundial, solía pegar una cruzde hierro en la carlinga de su avión por cada aeronave nazi derribada por él, también en la misma forma los guerreros pieles rojas, contabilizaban por cada coups una pluma timonera de águila.

Las plumas recortadas de cuervo indicaban que había sido herido en acción. También se diferenciaban los guerreros pieles rojas con los de otra tribu por la colocación de las plumas, como los clanes escoceses en la elección de los colores y el dibujo de las telas. Pero siempre las plumas del cóndor y el águila eran las favoritas, pues eran aves que estaban más cerca del cielo y de los dioses y simbolizaban el acuerdo del hombre con Manitú.

Los hombres que oficiaban de curanderos-chamanes de la tribu, denominados Wakan, llevaban el cabello recogido con un moño y sus revelaciones y consejos eran escuchados y seguidos respetuosamente por el resto de la tribu. También oficiaban de sacerdotes para casar a las parejas.

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Muerte del  general  Custer  (1876);
episodio de la  lucha entre blancos y pieles rojas

RELIGIÓN
«Padre mío, que estás en todas partes, y por quien estoy vivo: tal vez ha; sido Tú quien, por obra de los hombres, me has colocado en esta situación pues eres Tú quien lo dispone todo. Y como nada es imposible para Ti, líbrame de mis enemigos, si lo consideras justo. Y ahora, a vosotros todos, peces de los ríos, pájaros del cielo y animales que corréis sobre la Tierra, y a ti, oh Sol, os ofrezco este mi caballo. Vosotros, pájaros del aire, y vosotros, habitantes de la pradera, sois mis hermanos, porque un solo Padre nos ha creado, y veis cómo soy infeliz. Entonces, si tenéis algún poder ante el Padre, interceded por mí.»

Esta hermosa plegaria fue pronunciada por un indio de la tribu de los pawnees, cuando se hallaba en una situación desesperada. En ella encontramos no sólo la expresión de fe en un Dios, padre justo y amoroso de todas las criaturas, sino también el sentido de una profunda resignación a la voluntad divina y el concepto de la omnipresencia de Dios.

Las diferentes tribus pieles rojas llamaban al Gran Espíritu Creador con distintos nombres: «Manitú» (Gran Manito), los algonquines; «Wakonda los síux; «Yastasinane» (que significa «capitán del cielo»), los apaches. Además, veneraban todas las manifestaciones de la naturaleza: el Sol, la Luna, el Aire, el Agua, el Fuego. A estas fuerzas misteriosas dedicaban largas oraciones silenciosas, o ritos complicados y enigmáticos, como la Danza del Sol. que bajo la guía de los hechiceros, a veces se prolongaban durante días.

GUERRAS
» Apesar de tantas luchas, he tenido la suerte de no derramar nunca la sangre de una mujer o de un niño, ni siquiera involuntariamente». Así se expresaba Gerónimo, un gran jefe apache, dando fin a la narración de sus aventuras guerreras.

Las tribus pieles rojas guerreaban frecuentemente entre sí por los motivos más fútiles. Bastaba que dos tribus se encentraran simultáneamente en un mismo territorio de caza para que la guerra fuera inevitable. Sin embargo, fueron combatientes leales: ni las mujeres ni los niños de los vencidos eran nuertos; los prisioneros eran respetados, y los tratados, aunque  solo  fueran  verbales,  se observaban escrupulosamente.

Para algunas tribus, como los apaches, los comanches y los siux. la guerra no era más que un tipo particular de caza que concluía con la captura de los caballos de la aldea atacada. Prestamente, la ilustración representa un método empleado por los comanches para atacar de sorpresa a una aldea. Los jinetes se mantenían agarrados al cuello de los caballos, escondiéndose tras uno de sus flancos, y se acercaban al poblado simulando ser ana manada en pastoreo. Luego, de improviso, los guerreros se erguían decididos y se lanzaban denodadamente al ataque.

LA    CAZA
El otoño era la estación de las grandes cacerías. La tribu se trasladaba continuamente en busca de manadas de búfalos, que galopaban hacia el sur. Había manadas tan numerosas que a veces se extendían hasta sesenta kilómetros, y ccntinuaban pasando durante cinco días seguidos. Los jinetes se situaban en los flancos de la manada, y sus flechas, casi siempre certeras, se clavaban en la juntura del lomo de los bisontes. Un procedimiento más audaz para abatir a la presa era saltar de la grupa del caballo sobre la del risonte y clavarle un cuchillo en la garganta.

Los pieles rojas sabían utilizar la carne y otras partes de este animal. Con la piel aún cubierta de pelos, hacían camas, mantas y capas. Después de haberla raspado la usaban para fabricar tiendas, piraguas, escudos, ropa y calzado. Los huesos servían para preparar utensilios (palas, arpones, puntas de flechas, agujas, ornamentos); los tendones y los intestinos eran transformados en cuerdas para arcos, lazos y ataduras; los cuernos hacían las veces de recipientes; los cascos daban una gelatina que se empleaba como cola; el cerebro servía para el curtido de las pieles.

LAS    DANZAS
Los pieles rojas fueron famosos, además, por las fantásticas danzas que ejecutaban en distintas ocasiones. Había danzas de carácter religioso que servían para solicitar al Gran Espíritu una lluvia, una caza abundante, o la victoria en la guerra. Otras danzas, que se ejecutaban inmediatamente antes de una batalla, tenían por objete exciear a los guerreros para la pelea. A menudo, en la excitación los guerreros se excedían; el resultado era, así, opuesto al deseado, pues llegaban a la batalla físicamente extenuados. Otro tipo de danza, que tenía carácter de espectáculo, consistía, generalmente, en la narración mímica de una  hazaña guerrera.

PARA SABER MAS…
Las religiones: Como todos los pueblos antiguos, no sólo de América del Norte, Centro y Sur, sino de Europa, Asia u Oceanía, la figura del sol era tan importante como la de la Luna. Se le adjudicaba al primero la jerarquía, la cacería, la acción de la naturaleza, el cacique, la paternidad, mientras que la segunda estaba parangonada con la noche, el reposo, las aguas, los misterios, la maternidad, el medicine-man (wakan). También adoraban al viento y al rayo al que temían y representaban como una culebra en movimiento, por ello muchas tribus se abstenían de matarlas. Más bien las veneraban y danzaban como los Hopi en ceremonias mágicas y secretas.

Creían que existíaun Gran Espíritu y también otros menores que vivían en cada hombre, en cada animal, lago, árbol, pasto y hasta en las piedras.

Así, para los espirituales indios Hopi, el monte era sagrado y el mundo material y su relación con los espíritus no tenían fronteras limitantes. Cualquier terrón de la tierra era sagrado y como tal habitado por seres sutiles, Además del Sol y la Luna existían las Personas de los Hombres, las Personas de la Tierra, las Personas del Agua, y las Personas del Viento. Esto último coincide con las leyendas de las culturas europeas y orientales sobre los genios que habitan los distintos elementos (hadas, salamandras, sílfides, elfos, etc.)

Entre los zuñies y pawnees, existía la creencia de que las sombras que dejaban en el suelo al caminar, eran sus almas y que cuando fallecían se reunían en un lugar desolado al que ningún miembro vivo de la tribu podía acceder.

Todos los muertos hacían un  largo viaje hacia los cielos y formaban juntos la Vía Láctea, cualquiera hubiera sido su rol en la vida. Las estrellas brillantes, sin embargo, eran los espíritus de los bravos guerreros que cabalgaban, por siempre, los campos celestes del Gran Manitú.

El hombre blanco al llegar a América descubrió muchas cosas importantes y cubrió otras de miseria y olvido. Pero entre las primeras, encontró un verdadero tesoro de leyendas: mellizos que viajaban al sol, aves que raptaban a hermosas doncellas, mujeres arañas librando gente de un diluvio. Al igual que otros escritores o narradores de mitos del resto del planeta, estos pieles rojas contaban la creación del mundo: como se descubrió el fuego, como brotaron las plantas y fueron creados los hombres.

Pero los mitos que los conquistadores escucharon y perpetuaron no eran simples fábulas. Eran herencia sagrada que explicaban las fuerzas de la naturaleza y daban un contenido vital a los cantos y danzas primigenias del ceremonial religioso piel roja. (Fuente: Huellas del Cielo Norma Palma de Sindona)

Ver: Los Bisontes de la Pradera Norteamericana

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Ilustrada Tomo III Los Pieles Rojas
Huellas del Cielo Norma Palma de Sindona

Los Billares en Buenos Aires Colonial Primeros Juegos Publicos

Juegos en el Virreinato: La Magia de los Billares

Una de las actividades más practicadas por los argentinos durante varias décadas fue sin dudas las partidas de billar, un entretenimiento que despertó el interés de los hombres, que durante años se reunían frente a la mesa con paño verde para disfrutar de una competición en la que se requería destreza.

Fue en el año 1801 que se supone abrió una de las primeras confiterías que incluían billar. Por lo menos así lo retrataron las publicaciones de la época, como es el caso de un anuncio del El Telégrafo Mercantil, en relación a la apertura del Café de Marco, que se encontraba ubicado en la esquina de Santísima Trinidad y San Carlos, en la actualidad Bolívar y Alsina.

El artículo publicitario mencionaba lo siguiente: «Mañana jueves se abre con superior permiso una casa café en la esquina frente del colegio, con mesa de billar, confitería y botillería. Tiene hermoso salón para tertulia, y sótano para mantener fresca el agua en la estación de verano. A las 8 de la noche hará la apertura un famoso concierto de obligados instrumentos».

No obstante, se sabe que el billar llegó a Buenos Aires a comienzos del siglo XVII, y en sus primeras épocas fue conocido con el nombre de Truque, utilizando los mismos elementos, reglas y técnicas que se usarían posteriormente en las partidas de billar.

Por lo general, todos los que deseaban jugar al Truque asistían a un local que precisamente se encontraba emplazado en el mismo sitio donde 200 años después comenzaría a funcionar el Café de Marco.

Este popular café era propiedad de Simón de Valdéz, quien además se desenvolvió por un corto período de tiempo como tesorero de la Hacienda Real, y en sus ratos libres gustaba de realizar operaciones comerciales ilícitas, tales como contrabando y tráfico de esclavos.

Pero aquel no era el único reducto en el que se podía disfrutar del billar, ya que en la segunda mitad del siglo XVIII abrió sus puertas el Café de la Sonámbula, cuya principal atracción era precisamente la mesa de billar.

Para el año 1779 diversas crónicas de la época aluden a un denominado Café de los Trucos, cuyo nombre deriva de aquel juego del truque. Fue en ese mismo año que se inauguró el Café de los Catalanes.

Con el paso de los años el billar o truque se convirtió en una de las actividades más populares de Buenos Aires, por lo que el Virrey Vértiz decidió reglamentarla en el año 1799. Probablemente por ese motivo surgiría el Café de Marco dos años después.

Por aquel entonces era común ver a distintos visitantes ingleses que viajaban a Buenos Aires y pasaban parte de su tiempo en los cafés donde se jugaba billar, atraídos seguramente por el ambiente porteño que podía respirarse en esos sitios.

Entre las crónicas de la época, podemos citar la del periodista y cronista británico Thomas George Love, el cual dentro de su obra «Cien años en Buenos Aires (1820-1825)» comenta al respecto: «El café de la Victoria, en Buenos Aires, es espléndido y no tenemos en Londres nada parecido; aunque quizá sea inferior al Mille Colonnes y otros cafés parisinos. Dignos de mención son el San Marcos, el Catalán y el café de Martín. Todos ellos tienen patios tan grandes como no podría darse en Londres, donde el terreno es tan caro. En verano están estos patios cubiertos de toldos, ofreciendo un placentero refugio contra el calor y el sol y tiene aljibes con agua potable. Nunca falta en estos café una mesa de billar siempre concurrida, juego muy apetecido por los criollos, y las mesas están siempre rodeadas de gente».

Otra de las crónicas, en este caso una publicación que data del año 1836 y que pertenece a Alcides D’Orbigny nos relata lo siguiente: «Eran malos y concurridos por gente pendenciera», mientras que Arsenio lsabelle describió a estos cafés como «espaciosos, pero pasablemente malos».

Por su parte, J. A. Beaumont documentó en 1828: «Los cafés de Buenos Aires son muy concurridos y todas las noches se reúne en ellos gran cantidad de público a jugar a las cartas o al billar».

billares porteños

El Chocolate Historia de los Alimentos en America Comida de los Indios

ALIMENTOS DE AMÉRICA: EL CHOCOLATE

El chocolate
Otro alimento que hizo verdadero furor en Europa fue, el chocolate. Igual que el café o el té, el chocolate, es un estimulante cuyo principio activo es la teobromina, que significa «alimento de. los dioses». Este calificativo nos da una descripción mucho más exacta de su uso que cualquier apoyo botánico.

En el Méjico azteca, donde por primera vez lo vieron los europeos, el cacao era la bebida favorita de los emperadores, que eran considerados dioses. El primer europeo que probó el chocolate fue Cortés, invitado por Moctezuma, que se lo ofreció servido en una calabaza dorada.

Para preparar el chocolate, los mejicanos recogían los frutos del árbol del cacao, que siempre está verde y cuyas flores amarillas se parecen a las rosas. Luego partían las frutas y las exponían al sol hasta que «sudaban». El siguiente paso consistía en moler las vainas en un molino que llamaban metatl.

Thomas Gage, un inglés que iba a estar muy relacionado con el chocolate, asegura que su nombre procede de la onomatopeya choco-choco, que imita el chasquido del chocolate al entrar en contacto con el agua, y de atle, el nombre del molino.

El chocolate era tan caro que difícilmente pudo ser la bebida habitual de los campesinos pobres. En Méjico se utilizaba como dinero en lugar de las monedas, de las que nunca se sirvieron los aztecas. Las vainas de cacao se empaquetaban en bultos de 24.000 unidades, y éstos se constituían en la medida estándar del dinero, con los
que los mejicanos y los mayas pagaban sus impuestos.

Tal y como lo tomaron Moctezuma y Cortés, el chocolate era una bebida fría, no líquida, pero sí batida hasta conseguir una consistencia parecida a la de la miel, por lo que había que tomarlo con cuchara. Se mezclaba con toda clase de especias, incluyendo una que todavía se le añade hoy en día: la vainilla. Los aztecas, además le ponían con frecuencia maíz molido a su chocolate.

chocolate derretido

En manos europeas, el chocolate sufrió un considerable cambio. Se convirtió en una bebida auténtica, pues era tan caro que había que mezclarlo con agua. Sin embargo, se seguía batiendo y añadiéndole una gran variedad de especias, según la fórmula propia de cada consumidor.

Lo más probable es que los aztecas le introdujesen varios afrodisíacos naturales. De, hecho, tanto los franceses como los ingleses, consideraban al chocolate como un afrodisíaco.

Resulta característico de ambos temperamentos nacionales el que, mientras los franceses bebían chocolate sin ninguna prevención, estaban muy preocupados respecto al café, pues sus médicos les habían asegurado que los dejaría impotentes. Los ingleses, por su parte, estiman muy tranquilos con el café, pero les preocupaban los efectos que pudiera tener el chocolate sobre la castidad de las mujeres (la castidad de los hombros no se consideraba tan importante).

Al final del siglo XVIII ya no se consideraba que el chocolate pudiese poner en peligro la virtud femenina. Se tomaba en toda Europa, y fue una de las bebidas que hizo posible la revolución intelectual europea, conocida como el Siglo de las Luces.

Las damas francesas de cierto rango organizaban reuniones, y en sus salones se servía café o chocolate a sus imitados, que eran todos intelectuales y hombres, excepto la anfitriona. Mientras sorbían su chocolate discutían sobre los temas de actualidad y de política, como el de si los poderes del rey de Inglaterra deberían ser limitados, o lo que se podría hacer para mejorar la suerte cíe los campesinos.

El chocolate había perdido completamente su exótica reputación, hasta tal punto que con frecuencia lo bebían las colegialas y las monjas. Una de las entusiastas de esta bebida fue Madame d’Arestrel, superiora del convento de la Visitación de Belley, y que tenía un joven amigo llamado Anselme Brillat-Savarin.

La Revolución Francesa hizo que Anselme tuviese que emigrar a Nueva York, donde tuvo que ganarse la vida tocando el piano en una orquestina mientras pensaba en su gran obra gastronómica. En ella habría de incluirse la receta que la madre superiora de Belley le había proporcionado para hacer un buen chocolate.

«Hazlo en un recipiente de porcelana la noche antes de que quieras beberlo. Luego déjalo reposar toda la noche. Con este reposo adquiere una concentración y una textura aterciopelada que lo mejora infinitamente. Dios no nos guardará rencor por este pequeño refinamiento. Al fin y al cabo, ¿no es Él todo perfección?»

Fuente Consultada: La Búsqueda de las Especias de Ritchie

La Ganderia en el Virreinato Las Vaquerias El Consulado y Belgrano

ORGANIZACIÓN ECONÓMICA DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA:

Política ganadera: La ganadería e industrias derivadas — Los conquistadores fueron los que introdujeron en América los primeros ejemplares de ganado vacuno, caballar, porcino, cabrio y asnal junto con distintas variedades de aves domésticas. Así, los primeros caballos fueron traídos por don Pedro de Mendoza; despoblada Buenos Aires quedaron algunos que al huir a las as se reprodujeron, dando origen a la hacienda cimarrona. El ganado o entró por la costa de Brasil, de donde pasó al Paraguay en 1558 y al fundar las distintas ciudades: Santa Fe, Corrientes, Buenos Aires fueron a cada una de ellas. Según se cree, también Mendoza trajo lo primeros cerdos y en cuanto a las ovejas parece que fueron nevadas del Perú al Paraguay en 1550 por Nufrio de Chaves.

ganaderia en el virreinato del rio de la plata

En la época del Virreinato la fuente de riqueza de estas tierras era la ganadería. Las dilatadas llanuras ofrecían el medio propicio para su desarrollo, siendo esta actividad la preferida por los nativos o gauchos pues les permitía vivir en un medio de grata libertad. La legislación protegía a la ganadería. El ganado alzado fue considerado propiedad del pueblo, ya que Garay dió a los vecinos de Buenos Aires un derecho común sobre el mismo.

Como consecuencia de los continuos robos de hacienda hechos por los indios y vagos, que carecían de medios de vida, del aumento de perros cimarrones, de las sequías, del exceso de tierras sembradas de trigo y de maíz y por último, de la gran cantidad de reses faenadas por los españoles que se dedicaban a la ganadería (cerca de dos mil), matando casi cada uno su vaca por comida, además de las innumerables que degollaban para sacarles el sebo, mientras que de los toros extraían los cueros que exportaban al Brasil, las autoridades adoptaron diversas medidas tendientes a evitar la desaparición del ganado.

A partir de 1609 se abrió un registro en el que se inscribieron cuarenta vecinos autorizados para matar ganado (permisos de vaquería).
Por otra parte, como en los primeros tiempos sólo se utilizaban del animal los cueros, la gordura y las aspas, el resto era abandonado en el campo. Para evitar esto, en 1776, se aceptó un proyecto sobre salazón de carnes que fue aprobado con la condición de introducir de España barriles con flejes de acero y construir depósitos en la ciudad.

Para propender a esta industria que dependía en mucho del precio de la sal, el virrey Loreto propició Vas expediciones a Salinas Grandes, al sudoeste de Buenos Aires. Todo esto trajo aparejada la fundación por parte de particulares, de gran número de fábricas para la salazón de carnes.

Posteriormente el virrey Vértiz gestionó el traslado a Buenos Aires de toneleros extranjeros, que enseñaron su oficio a trabajadores nativos. En 1801 se instalaron curtiembres, pero desde el primer momento fue el cuero el producto más valorado del ganado vacuno, a tal punto que durante mucho tiempo sirvió de unidad de precio y su contrabando favoreció en mucho el adelanto de Buenos Aires.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada