Historia Bateria N°4 Bahía Blanca

Historia de la Casa Donde Dieron Muerte a Lavalle en Jujuy

LA MUERTE DEL GENERAL LAVALLE EN JUJUY: MONUMENTO HISTÓRICO

Esta vieja casa se halla ubicada en la ciudad, a  media cuadra de la  iglesia de San Francisco, en  la calle Lavalle 256, entre las de  Belgrano y San  Martín. Su frente liso tiene una amplia  puerta y dos ventanas coloniales enrejadas, y hacia el lado de la iglesia se abre otra puerta y dos ventanas más, que hacen   suponer formaron también parte del primitivo edificio.

Al efectuar la nivelación de la calle los escalones de la puerta principal han quedado a regular altura.

Las habitaciones que dan a la calle se comunican con el zaguán, que termina en un  arco  de  medio  punto.

El edificio tiene tres patios; el primero es casi cuadrado, de gruesos muros blancos y techado con tejas españolas. Su piso, así como el del zaguán, está cubierto de lajas cuadrangulares bajo las cuales se conserva el antiguo de guijarros.

casa donde murio el general lavalle

Dando frente al zaguán hay un pasillo, también con arco de medio punto, que conduce al segundo patio, que es rectangular. Tres de sus lados tienen un corredor cubierto de tejas y sostenido por pilares cuadrados.

El tercer patio, que viene a formar el fondo de  la casa, está lleno de árboles.

Al segundo patio da un gran comedor con piso enladrillado. A continuación hay otra habitación, y seguida de ésta la sala donde estuvo alojado el general Lavalle, de la cual, bajando un escalón, se llega a la pieza que de este lado da a la calle.

Esta propiedad perteneció a doña Leocadia de Zenavilla de Alvarado, esposa de don Ramón de Alvarado.

El lamentable episodio que la hizo tristemente célebre ocurrió así:

Derrotado Lavalle por las tropas federales en Quebracho Herrado y diezmado su ejército en Famaillá, llegó en la noche del 8 de octubre de 1841 a Jujuy con un grupo de sus hombres. Después de golpear varias puertas en vano, se le proporcionó alojamiento en una casa a la sazón deshabitada y donde residiera el Dr. Bedoya, enviado de Lavalle ante el gobierno de Jujuy, quien había huído a Bolivia.

En el amanecer del 9, cuando Lavalle y los hombres que lo acompañaban se encontraban entregados al reposo, fueron despertados al grito de «¿Quién vive?» dado por el centinela. Era una partida federal que venía recorriendo la ciudad en busca del Dr. Bedoya, sin sospechar que fuera  Lavalle quien  ocupaba  la casa.

El general ordenó cerrar las puertas y ensillar los caballos y el pequeño grupo unitario se aprestó a defenderse, ya que no había tiempo para solicitar refuerzos al coronel Juan Esteban Pedernera, que se hallaba acampado en las afueras de la ciudad, en los tapiales de Castañeda.

Lavalle se vistió rápidamente y salió al patio dirigiéndose al zaguán para cerciorarse de cuántos eran sus enemigos, pero cuando estaba a pocos pasos de la puerta se oyeron tres tiros. Una de las balas penetró por el ojo de la cerradura y lo hirió en el cuello. Lavalle se desplomó, y quiso arrastrarse hasta la puerta, pero no pudo y quedó al fin sin vida.

Entre tanto sus compañeros salieron por los fondos de la casa con el fin de unirse a las tropas, mientras en el zaguán quedaba abandonado el general, muerto en forma casual por los soldados rosistas, quienes huyeron desconociendo el resultado de sus  disparos.

Más tarde los sobrevivientes del Ejército Libertador, a las órdenes de Pedernera, marcharon hacia la Quebrada de Humahuaca llevando e) cadáver de su jefe cubierto con la bandera nacional —que había sido confeccionada en Montevideo por doña Juana Manso— y atravesado sobre el hermoso tordillo que le había acompañado en sus batallas.

La triste cabalgata llegó hasta Potosí, en cuya Catedral fueron depositados los restos del valiente caudillo.

Entre ¡as muchas placas colocadas en el frente de la histórica casa hay una que recuerda  este   doloroso   y  lamentable  episodio  de   aquellos  oscuros  días  de   la  tiranía.

La puerta perforada por los balazos de sus enemigos fue trasladada a nuestra capital y se le conserva en el  Museo Histórico Nacional.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 95.687 del 14 de julio de 1941.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia del Campamento El Plumerillo de San Martín Ubicación

HISTORI DEL CAMPAMENTO DEL PLUMERILLO

A fines de 1815 el general San Martín resolvió evitar el contacto de su ejército con la ciudad, y para ello pensó trasladar los regimientos que se encontraban en los cuarteles de La Cañada, San Agustín y Santo Domingo a campos situados en los alrededores de Mendoza, pero los que consideró apropiados quedaban muy retirados y a él le convenía uno más cercano, que le permitiera atender simultáneamente la preparación de su ejército y los asuntos de gobierno.

Por esto aceptó los terrenos que le cedió en préstamo el vecino don Francisco de Paula de la Reta, a poco más de una legua de la ciudad y a la derecha del camino a San Juan, en el paraje de El Plumerillo, designación popular con que se conocía esa región por la abundancia de una planta parecida a un plumero.

campamento de san martin el plumerillo

El  ingeniero Alvarez Condarco fue encargado para delinear el campamento en ese lugar húmedo, salitroso y lleno de charcos. Trazó una plaza de unas cinco manzanas, y sobre el costado oeste se levantaron galpones provisionales de tapia con techos de espadaña, divididos por compañías, con departamentos para jefes y oficiales, guardias y cocinas.

En marzo de 1815 San Martín comisionó al brigadier Bernardo O’Higgins para que construyera los cuarteles definitivos, en los cuales se utilizaron en gran parte materiales facilitados por los vecinos.

El 30 de septiembre de ese año se dieron por terminadas las obras del campamento, contando entonces con una línea de cuarteles al oeste de la plaza, donde se Instalaron los batallones números 8 y 11 de Infantería, el 1° de Cazadores y la artillería. Poco más atrás estaban las cocinas, y a mayor distancia los alojamientos de jefes y oficiales. Por el lado norte quedaban los cuatro galpones para el regimiento de Granaderos a Caballo, y por el lado sur el rancho del general en jefe, el Cuartel General y el Estado Mayor.

Al centro del costado este de la plaza se levantaba un grueso paredón de adobes de doble fila, de cien metros de largo, destinado al tiro al blanco.

La actividad fue en aumento y se intensificó la instrucción diaria en El Plumerillo. Antes de las cinco de la mañana estaba ya en pie San Martín, recibía a sus ayudantes y dictaba las órdenes geEl 5 de enero de 1817 el ejército, en traje de parada, dejó por primera vez el campamento y fue a la ciudad para rendir honores a su Virgen Patrona y asistir a la bendición de la bandera; a la tarde formó en El Plumerillo para cumplir el juramento sagrado. La bandera estaba en manos del brigadier Soler rodeado por el Estado Mayor; San Martín se adelantó y cruzando su espada con el asta hizo el solemne juramento, luego los jefes y oficiales, y por último la tropa.

Después del 15 de enero se concentraron en el campamento los cinco mil trescien tos siete hombres que componían el Ejército de los Andes, de los cuales la mayor parte habían  sido  reclutados en   Mendoza.

El día 18 partió la columna de Las Heras por la ruta de Uspallata. Del 19 al 24 salieron Soler, O’Higgins, Zapiola y de la Plaza por el camino de Los Patos, con el grueso del ejército. El último en abandonar El Plumerillo fue el propio general San  Martín.

Tiempo después eran desarmados los cuarteles y devueltos a sus dueños los materiales, obsequiándose a los pobres con los restos sobrantes para que construyeran sus ranchos.

El campamento estuvo totalmente olvidado hasta 1899, año en que un grupo de men-docinos levantó una modesta pirámide con  los escudos de Argentina,  Chile y Perú.

Transcurridos treinta y tres años, el 17 de agosto de 1932 —829 aniversario de la muerte de San  Martín—, el  Banco de  la  Provincia de  Mendoza  cedió al Ministerio de la Guerra una fracción de poco más de cuatro hectáreas de tierras cercanas al antiguo campamento.
El gobierno mendocino acondicionó este terreno, construyendo a su entrada un portón alegórico y colocando a cada lado un cañón de los utilizados por el Ejército de los Andes.

En realidad, la columna recordativa no se encuentra en el sitio exacto de la jura de la bandera, sino a unos mil metros de lo que era el campamento.

En 1935 fueron depositados los restos del general mendocino Jerónimo Espejo en el centro del campo, último homenaje al que marchó en esa cruzada gloriosa y fue su mejor narrador.

El Plumerilio fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 107.512 del 6 de diciembre de  1941.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia de las Bóvedas de San Martín en Mendoza Lugar Histórico

LUGAR HISTÓRICO: LAS BÓVEDAS DE SAN MARTÍN

Estas construcciones que hoy se conocen como las Bóvedas de San Martín datan de los últimos años del siglo XVIII y se encuentran ubicadas a la entrada del valle de Uspallata. La región era ya conocida por los conquistadores desde los primeros años del siglo XVII por sus ricas minas de plata y cinc, las que a partir de 1777 cobraron gran impulso. En los trabajos se empleaban indios sometidos a la mita, además de algunos delincuentes enviados allí para tal fin.

En 1792 se trabajaba con dos máquinas de dos y cuatro barriles, respectivamente, lo que da idea del grado de adelanto que había alcanzado el laboreo de los minerales, especialmente la plata, que según comprobaciones hechas en Potosí era de la más pura calidad.

bóvedas en Mendoza

De esta última época, según se supone, data la construcción de las Bóvedas, en las cuales se trabajó hasta los primeros años del siglo XIX.

Son unos edificios rectangulares, achatados, con varias habitaciones cuyos techos, tanto interior como exteriormente, presentan una curiosa forma de cúpula. Sus ruinosas paredes de piedra y barro están recubiertas interiormente, en gran parte, por una gruesa capa de hollín, lo cual confirmaría que estos recintos fueron utilizados como fundiciones. En los terrenos circundantes se pueden observar todavía los restos de un gran malacate, piedras de molinos y residuos de carbones.

Estas edificaciones deben su nombre de Bóvedas de San Martín a la tradición, que indica que el general se alojó en ellas en julio de 1816 durante uno de sus viajes a la cordillera. Sea o no cierto esto, pues no existen documentos al respecto, lo que se presume es que estas viejas bóvedas de Uspallata sirvieron como hornos de fundición de los metales que bajo las hábiles manos de fray Luis Beltrán habrían de convertirse en cañones y armas  para  el  ejército  libertador.

Cuando el general don José de San Martín fue nombrado gobernador de Cuyo e inició la preparación del Ejército de los Andes se preocupó activamente de darle impulso a la explotación de las minas de Uspallata, cobrando con tal motivo las viejas bóvedas, que eran  a  la sazón  propiedad  de  don   Pedro  Molina,  renovada  importancia.

Se ha supuesto también que en estos edificios se había instalado una fábrica de pólvora, lo que queda desvirtuado por los documentos de la época, según los cuales la única que existió en Mendoza funcionaba en una casa de la capital, bajo la dirección del ingeniero Alvarez Condarco. Tal suposición y la antedicha de haber pernoctado allí el general San Martín han sido los motivos que se tomaron en cuenta para declarar de valor histórico estas construcciones, valor que de todos modos queda justificado por su curiosa arquitectura, su procedencia de la época colonial y la fundición de metales instalada en ellas.

Las Bóvedas de San Martín están situadas en el departamento de Las Heras, a ciento dos kilómetros de la ciudad de Mendoza, al costado derecho del camino que va desde Uspallata a Calingasta. Fueron declaradas Monumento Histórico por Decreto N° 30.835 del 10 de diciembre de 1945.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia del Combate de Potrerillos Organización y Desarrollo

EL COMBATE DE POTRERILLOS EN MENDOZA: LUGAR HISTÓRICO

En Potrerillos, lugar situado a sesenta kilómetros de la ciudad de Mendoza, se libró el 25 de enero de 1817, el primer encuentro entre una avanzada del Ejército de los Andes y una patrulla realista.

El general José de San Martín había dispuesto que la parte principal de las tropas cruzase la cordillera por las rutas de Los Patos y Uspallata. Por este último paso debía avanzar la columna dirigida por el coronel Juan Gregorio de Las Heras, quien llevaba como segundo jefe de  la expedición al sargento  mayor Enrique  Martínez.

Esta división se hallaba compuesta por ochocientos hombres, correspondientes al batallón número 11; treinta granaderos a caballo; dos piezas de montaña con treinta artilleros de igual número de mineros zapadores, provistos de picos y barretas, y un escuadrón  de  milicias de San Luis, destinadas al arreo y cuidado del ganado.

Por ser la ruta de Uspallata más accesible que la de Los Patos, San Martín dispuso, además, que la artillería pesada, el parque y la maestranza, a las órdenes de fray Luis Beltrán, marchasen a la retaguardia de las tropas.

La división de Las Heras partió del campamento de El Plumerillo el 18 de enero de 1817 y, de acuerdo con el plan trazado previamente por el Gran Capitán, avanzó por la quebrada de Cañota directamente hacia el Oeste, alcanzando el valle de Uspallata el día 20. Allí levantó un campamento temporario en el que permaneció seis días, para dar tiempo a que el grueso de las tropas, que debían recorrer un camino más largo, pudiese realizar su marcha.

combate de potrerillos

Imagen de la zona donde ocurrió el combate

Mientras tanto, el jefe realista Miguel María de Atero, enviado por el mariscal Francisco Marcó del Pont, había dispuesto que un destacamento de doscientos cincuenta hombres al mando del mayor Miguel Marqueli practicase un reconocimiento para informarse de la situación de las tropas patriotas. Marqueli con cincuenta hombres avanzó hasta Picheuta y en la madrugada del 24 de enero sorprendió a la guarnición del fortín, compuesta por un cabo y trece soldados. Siete hombres lograron escapar y el resto fue tomado prisionero por los realistas, quienes se replegaron hasta  Potrerillos.

Al tener noticias de lo sucedido en Picheuta, Las Heras dispuso que una columna, formada por ochenta y tres hombres del batallón número 11 y los treinta granaderos a caballo, al mando del sargento mayor Martínez, saliese en persecución de los españoles.

Al amanecer del 25 de enero atacó al enemigo, que se hallaba situado en Potrerilios, en  la margen derecha del río de  las Vacas.

Los patriotas echaron pie a tierra y al instante se generalizó un combate que duró dos horas y media. Al cabo de ese tiempo, Martínez comprendió que la posición de los realistas era muy difícil de tomar y por ello ordenó la retirada, llegando hasta el Paramillo de las Vacas, donde se detuvo a la espera de los acontecimientos.

Marqueli, a su vez, emprendió el regreso apresuradamente. Ante tan inesperada actitud, Martínez dispuso que varias patrullas lo persiguiesen. Por ellas pudo luego saber que el enemigo había franqueado los pasos de las cumbres, alejándose del lugar.

El jefe argentino resolvió entonces regresar al campamento de Uspallata, dejando una avanzada de observación en Potrerilios y otra en Picheuta.

Fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 5.043 del 25 de agosto de  1952.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Casa Natal de Narciso Laprida en San Juan Monumento Histórico

HISTORIA DE LA CASA NATAL DE LAPRIDA: MONUMENTO HISTÓRICO

La casa donde nació don Francisco Narciso de Laprida estaba situada en la calle Ruperto Godoy, ex General Acha, número 238 al 40, de la capital sanjuanina. Edificada sobre un solar de unos treinta metros de frente y más de sesenta de fondo, se hallaba a una cuadra y media de la plaza 25 de Mayo, el centro más importante de la ciudad.

Si bien no se tienen noticias de la fecha en que fue construida, se sabe que sus primeros propietarios fueron miembros de la familia del procer, pasando, por sucesivas herencias, a poder de su hermana doña Trinidad Laprida, y de su esposo, don José Sánchez.

Años, más tarde, a la muerte de éstos, la finca pasó a poder de la hija del matrimo nio, doña Carlota Sánchez Laprida, quien la legó luego a su sobrina, doña Francisca Sánchez. Esta, cuando recibió la casa, estaba casada con don Juan de Dios Jofré, profesor de enseñanza secundaria,, director general de escuelas y amigo dilecto de don Domingo Faustino Sarmiento.

casa de laprida

Muerto el señor Jofré, sus hijos, María Delia y Francisco Jofré Sánchez, quedaron como dueños de la casa hasta el año 1910, la cual la vendieron a don Héctor Conté Grand, distinguido hombre público y periodista, casado con doña Delia Jofré.

Entre los años 1922 y 1930 el señor Conté Grand realizó numerosas refecciones, no sólo en muchas de las veinte habitaciones de que se componía en aquel entonces la vieja casa, sino que le reconstruyó íntegramente el frente.

Muchas fueron las modificaciones que en el correr de los años se le hicieron a la amplia casa, destacándose entre ellas el agregado de un alero de tejas interrumpido en el centro por un arco y de uno más pequeño colocado encima de la puerta principal. Además, se añadieron en la parte superior de las ventanas del frente molduras en forma de arco y otras semejantes a columnas.

En el año 1888 las autoridades provinciales colocaron en la fachada del edificio una placa de bronce en la que se leía  la siguiente  inscripción:  «Casa donde  nació el  Dr. Dn. Narciso Laprida, el 28 de octubre de  1786. Presidente del Congreso de Tucumán que declaró en 1816 la Independencia Nacional».

Si bien esta placa establecía de manera clara el 28 de octubre como fecha de nacimiento del procer, el día se ha prestado a diversas interpretaciones, pues en la partida de bautismo, ceremonia que se cumplió en la iglesia Matriz de San Juan el 30 de octubre de 1786, dice que: «el R.P.Pr. de Santo Domingo, Fray Jacinto Irrásabal con licencia del Dr. Dn. Juan Alvarez, cura interino, Baptesó, puso óleo y crisma a Francisco Narciso, de tres días, hijo legítimo de Don Jose Laprida y Doña Isnacia Sánchez. . .»

Por sus antecedentes, la vieja casona fue declarada por Decreto N° 6.706 del 11 de marzo de 1948 Monumento Histórico, pero había quedado en tan malas condiciones luego del terremoto que azotó a la provincia en el año 1944, que fue necesario demolerla íntegramente.

Entonces el Poder Ejecutivo dio el 29 de julio de 1949 un nuevo Decreto N° 17.964, modificando el anterior y por el cual se declaró Solar Histórico el lugar donde se levantaba la casa, y en cuyos considerandos dice: «Que con el precitado decreto se procuró rendir un justiciero homenaje a la memoria de quien actuó patrióticamente en la campaña de la Independencia y contribuyó a la organización civil de la Nación; y mantener vivo, consecuentemente, en el espíritu de las ^ nuevas  generaciones el  culto  de  nuestras más  honrosas tradiciones.

«Que se tuvo en cuenta, asimismo, el proyecto del consejo de Reconstrucción de San Juan, de formar en dicha ciudad un barrio histórico dentro del cual quedaría la  rasa  que fue  del   Doctor Laprida.

«Que  dicho   proyecto   ha   quedado  sin   efecto,   agregándose   a   esta   circunstancia   el estado ruinoso en que se encuentra el edificio, cuya fachada habría que correr unos metros  con   motivo   del   nuevo   planeamiento   de   reconstrucción   de   la   ciudad   andina.

«Que para justificar la declaración de Monumento Histórico, de acuerdo con la Ley 12.665, se impondría una restauración completa del referido edificio y la expropiación del terreno, la cual originaría un gasto que no es aconsejable efectuar en los actuales momentos por las disposiciones que exigen introducir economías en la Administración  Pública».

En la actualidad en el terreno que ocupara se ha construido el moderno edificio de   una   galería,   en   cuyo   frente   fue   colocada   la   placa   mencionada   anteriormente.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

La Posta de Yatasto Lugar Histórico Nacional en Salta

ENTREVISTA HISTÓRICA BELGRANO-SAN MARTÍN EN YATASTO SALTA

Junto al viejo camino del Alto Perú, entre  Metan y Rosario de  la  Frontera,  a treinta y siete  kilómetros de  esta  última  localidad  y  próxima  al   río Yatasto,  se  conserva esta casa en la que, según la tradición, los generales San Martín y Belgrano tuvieron  una  histórica entrevista.

A fines del siglo XVII don Francisco de Toledo Pimentel fundó la hacienda de Yatasto en tierras cedidas a su bisabuelo sobre el camino real que unía las ciudades de Salta y de San Miguel del Tucumán. Allí hizo levantar la «sala» o casa habitación principal, de líneas bellas y simples con galería cubierta de tejas rojas; ambas  puertas de  madera tallada y alto  balcón  de  aspecto señorial.

En un informe que el obispo monseñor José de Cevallos envió al rey de España en 1734, señalaba la necesidad de establecer una ciudad en Yatasto, con residencia de las autoridades, pues desde ella podrían organizar con mayor rapidez la defensa de Tucumán y Jujuy en  caso  de  ataque  de  los  indios.

la posta de yatasto

En 1773 don Alonso Carrio de la Bandera, visitador general de correos, se detuvo en Yatasto cuando inspeccionaba las postas desd° Buenos Aires al Perú, y en su informe a la corte expresaba: «En la hacienda de Ayatasto, abundante de pastos y bosques, su propietario don Francisco Toledo, poseía 40 mil cabezas de ganado vacuno, cinco  mil yeguas,   mil  caballos,  aparte  de   las  crías  del  ganado   menor».

En la época de la Independencia, esta Posta «obró valor estratégico; el 26 de. marzo de 1812 descansó bajo su alero el general Juan Martín de Pueyrredón, que venía en retirada desde Potosí al frente de una columna patriota, y ahí entregó el mando del  ejército al  general  Manuel  Belgrano.

A fines de 1813 este último se encontraba en Jujuy con los restos de su ejército salvados de los desastres de Vilcapugio y Ayohuma; y enfermo y deprimido, pidió al gobierno lo relevara del alto puesto.

Mientras tanto, para proteger la frontera contra los realistas, fue enviada de Bue nos Aires una expedición al mando del entonces coronel de granaderos José de San Martín, que iba en carácter de segundo jefe del ejército Auxiliar del Perú a ponerse a las órdenes de Belgrano.
Cuando Belgrano tuvo conocimiento de esto le escribió manifestando su alegría: «Vuele si es posible —decía—, la patria necesita que se hagan esfuerzos singulares. . . No tendré satisfacción mayor que el día en que logre estrecharlo entre mis brazos y hacerle ver lo que aprecio el mérito y la honradez de los buenos patriotas como usted. . .»

Durante su permanencia en Jujuy le envió varias cartas más, y en todas ellas insistía para que apresurase la marcha: «porque —expresaba— estoy firmemente persuadido  de  que  con  usted  se  salvará   la   patria. . .»

San Martín llegó a Tucumán el 11 de enero de 1814, y cumpliendo una orden de Belgrano   partió en su busca.

En esa fecha ya el general —evacuado Jujuy, con sus reducidos batallones— caminaba hacia el sur. En la Ciénaga, el día 16, se dirigía a San Martín, y le informaba que en Cobos tuvo la suerte de conocer a sus granaderos, agregando: «. . .y V. S. si puede venir a encontrarme, en el caso de que su enfermedad se lo permita, lo agradeceré, pero de no, regrese sólo a curarse. . .» Al día siguiente, cambiaba de parecer y le escribía: «Voy a pasar el río Juramento, a hallarse V. S. con la tropa tan  inmediata sírvase esperarme con ellas. . .»

El 19 había cruzado el río con toda felicidad; y el 21 se hallaba en las Juntas —todavía al norte de Yatasto—, desde donde despachó un comunicado para el coronel de granaderos: «Visto éste, se pondrá en marcha para la ciudad de Tucumán, donde se dará a conocer como segundo jefe. . .»

En  cumplimiento de esta   orden,    San    Martín    regresó   a   Tucumán,    donde esperó al general Belgrano, que llegó en la noche del 27. De acuerdo con los documentos existentes,  ésta es la  primera  entrevista que  mantuvieron  ambos jefes.

Muchos son los historiadores que dicen que la histórica entrevista en Yatasto se realizó el 28 ó 30 de enero, pero esto no es posible dado que en esas fechas los dos estaban en Tucumán. Es significativo destacar que en las historias de San Martín y Belgrano escritas por el general Mitre —el primero que nos habla de esta entrevista— no fija fecha. Además, en los archivos argentinos no se ha encontrado ningún documento en el cual los generales San Martín o Belgrano hagan referencia al encuentro de Yatasto.

Bajo los soportes del balcón hay una placa conmemorativa que dice: «San Martín y Belgrano se encontraron por primera vez en esta casa en enero de 1814, concordando el genio militar y la abnegación —el verbo de la emancipación americana. Homenaje de la 6° División de Ejército, en su visita del día 2 de junio de  1921».

Hoy, la Casa de Yatasto, llamada también del Altillo y después del Encuentro, pertenece a la familia de Gómez Rincón.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 95.687 del 14 de julio de 1941.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Casa Natal de San Martin Historia del Lugar Histórico Nacional

HISTORIA DE LA CASA DONDE NACIÓ EL GENERAL SAN MARTIN

Yapeyú, el histórico pueblo, se encuentra situado en e! departamento de San Martín, y fue fundado sobre la margen izquierda del arroyo Guaviraví, en el rincón que forma su desembocadura con el río  Uruguay.

En el año 1626 era gobernador del Río de la Plata don Francisco de Céspedes, quien deseando poblar la zona del río Uruguay comisionó al padre jesuíta Roque González de Santa Cruz para que fundara la reducción de Nuestra Señora de los Santos Reyes de Yapeyú.

Durante los últimos meses de ese año el padre González inició la formación de un pueblo, al que no dio carácter de misión debido a la falta de pobladores. En febrero de 1627, acompañado del padre Provincial Nicolás Duran y del padre Pedro Romero, quien fue encargado expresamente de establecer y organizar el pueblo de Yapeyú, dio principio a su obra el día 4 con cíen indios charrúas. A fines de mes ya se había levantado una capilla y una casa para el padre Romero, quien se hizo cargo de la misión.

casa de san martin en yapeyu lugar historico

El pueblo comprendía unas dieciséis hectáreas, con sus construcciones de piedra, adobe y tejas. Los edificios jesuítas estaban distribuidos en dos patios: en el primero se ubicó la iglesia, el cementerio, las celdas para los padres y los talleres, y en el segundo había dos almacenes, el cabildo y la casa para los gobernadores. Prontamente se convirtió en una de las reducciones más florecientes y sus fértiles tierras dieron origen a la ganadería y a la agricultura, llegando a tener en 1767 más de cuarenta y ocho mil vacunos de corral.

Yapeyú alcanzó el rango de capital de la provincia misionera, tanto por su magnífica posición estratégica, que cerraba el paso obligado para bajar a Buenos Aires o internarse río Uruguay arriba, como por su población y comercio.

El 14 de febrero de 1768 fue nombrado teniente gobernador el capitán Francisco Bruno Zavala, en la nueva organización administrativa de las misiones resuelta por Bucareili. El 23 de agosto de 1768 y el 15 de enero de 1770 se acordó un cambio en la administración y Zabala pasó a Candelaria, mientras en Yapeyú quedaba don Francisco Pérez con Igual puesto.

El 6 de abril de 1774 se hizo cargo como teniente gobernador don Juan de San Martín, casado con doña Gregoria Matorras, padres del Libertador. Se instalaron en la residencia de los gobernadores, que era una pequeña fortaleza, compuesta de una casa de familia con gran patio, una serie de cuartos pequeños para la tropa y un extenso corralón que servía de caballerizas.

El 25 de febrero de 1778 nació, según la tradición, en una de las habitaciones de esta casa José de San Martín, el cual se trasladó a principios de 1783 con sus padres a  Buenos Aires, embarcándose el  23  de  marzo   para  España.

El pueblo, cuna del héroe, fue incendiado el 13 de febrero de 1817 por trescientos soldados al mando del capitán Gamas, por orden del brigadier portugués Chagás. Debido a este hecho y a la destrucción del tiempo, no quedaron de la antigua  misión  nada  más que  unas taperas  ocultas  por la  maleza.

Iniciada la reconstrucción, el gobernador de Corrientes don Juan Pujol pidió el 20 de agosto de 1859 restablecerlo con el nombre de San Martín, pero sólo un año después, el 13 de febrero de 1860, fue dictada la ley respectiva, acordando además entregar tierras gratis a los pobladores. Debido a las malas mensuras, la casa donde nació el Libertador pasó a dominio privado.

La última delineaclón del pueblo, que estuvo a cargo del agrimensor Martín Zapata, se concluyó el 17 de junio de 1887. En su informe decía que en la manzana N° 45, al costado sur, se hallan las ruinas de la casa de San Martín. Era la primera de la barranca, tenía palmeras en su patio y estaba situada junto a un ombú; de los muros sólo quedaban restos, ya que los colonos establecidos en 1862 demolieron todo el pueblo, y nadie se preocupó  nunca de  restaurarla.

Como homenaje al Libertador se levantó el 12 de octubre de 1899 una columna conmemorativa en la plaza, y ese día Cecilio Ruidíaz donó al gobierno el terreno de la manzana 45, donde están las ruinas de la casa histórica.

El 17 de agosto de 1922 fue inaugurado el templete dentro del cual se guardan los restos subsistentes de la casa de San Martín, y que se construyó por suscripción popular.

Finalmente la provincia de Corrientes decidió declarar Monumento Provincial, el 3 de abril de 1938, «Las ruinas de la Casa de los Gobernadores de Yapeyú donde nació el general San Martín».

De acuerdo con un proyecto presentado el 13 de julio de 1915 por el diputado Ramón Beltrán y aprobado por ambas cámaras, el gobierno de la Nación promulgó el día  16 la Ley N° 9.655 que dice así:

«Artículo l° — Autorízase al P.E. para adquirir en propiedad la manzana de terreno ocupada por las ruinas de la casa que fuera del general don José de San Martín, en Yapeyú, con el objeto de restaurarla y conservarla como monumento de gratitud nacional».

Este antecedente viene a demostrarnos que, a pesar de lo que se ha dicho, las ruinas de la casa natal del Libertador no han sido declaradas Monumento Histórico.

En cambio el pueblo de Yapeyú, hoy San Martín, fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 24.455 del 6 de octubre de 1945.

Cerro de la Caballada Historia del Combate Defensa de la Soberanía

LUGAR HISTÓRICO:COMBATE DEL CERRO DE LA CABALLADA

Se halla ubicado a dos kilómetros de Carmen de Patagones, en una fracción de las actuales quintas municipales, números 51 y 52, sobre la margen izquierda del Río Negro, en  la provincia de Buenos Aires.

El cerro, que tiene cuarenta y dos metros con treinta y cinco centímetros sobre el nivel del mar, debe su nombre —según la tradición— a que desde la fundación de Carmen de Patagones sus laderas, cubiertas por espesos chañares, sirvieron para proteger y alimentar a tropillas de caballos. Fue escenario de una de las acciones más  brillantes  ocurridas  durante  la  guerra  con  el   Imperio  del   Brasil.

Cerro de la Caballada Lugar Historico

En conocimiento de que una escuadra del Imperio formada por las naves de guerra Duquesa de Goyaz, Itaparica, Escudería y Constanza, al mando del capitán de fragata inglés James Shepherd, había zarpado de Maldonado, República Oriental del Uruguay, y se dirigía hacia la Patagonia, el jefe político y militar de Carmen de Patagones, coronel don Martín Lacarra, ordenó, de acuerdo con los modestos recursos de que disponía, medidas de defensa para tratar de que los invasores no cumplieran sus propósitos de ocupación.

Mandó construir una batería sobre la margen norte del río cerca de la desembocadura, y cuatro cañones que no pudo trasladar a ella los hizo emplazar en los cerros la Caballada y Rial. Mientras tanto frente al pueblo de Carmen de Patagones estaban anclados los buques corsarios y la fragata Chacabuco, comandada por el capitán don Santiago Jorge Bynnon, que se destacaría luego como uno de los más arrojados defensores.

El 25 de febrero de 1827 la expedición se encontraba próxima a la desembocadura del río Negro. El 3 de marzo, forzada la entrada del río, efectuaron el primer desembarco, y el 6 lo hace el capitán Shepherd al mando de unos trescientos hombres, y luego de haberse extraviado debido al desconocimiento del terreno y a la oscuridad de la noche, en la madrugada del día 7 alcanza la cumbre del Cerro de la Caballada, desde donde contemplaron asombrados la distribución de las fuerzas patriotas dispuestas al ataque y que, a manera de advertencia, desde las naves corsarias disparaban sus cañones sobre la columna imperialista, que se vio obligada a dispersarse y ganar posiciones en los flancos del cerro. Al mismo tiempo el subteniente Sebastián Olivera distribuye sus ochenta hombres en guerrilla y se aproxima al Cerro tiroteando a los invasores, que se guarecían entre  los arbustos y matorrales.

En esta primera represión de los invasores, y a poco de iniciado el combate, cae muerto el capitán Shepherd. La pérdida de su jefe desmoraliza a las fuerzas del Imperio y el capitán Guillermo Eyre, que había tomado el mando, ordenó retroceder sin dejar de disparar sus armas, tratando de mantener a distancia a la patrulla patriota.

El subteniente Olivera, previendo que las fuerzas enemigas de dirigían hacia la costa del río, adelantó su escuadrón y los obligó a caminar tierra adentro, haciéndoles sufrir las duras consecuencias no sólo del fuerte sol reinante sino también sed, hambre y fatiga, en grado tal que, entregando sus armas, se rindieron a discreción.

La victoria fue completa; se tomaron gran cantidad de prisioneros, armas gallardetes y banderas, desbaratando así el propósito imperial de apropiarse de la Patagonia. Este hecho de armas, que constituye una de las páginas más gloriosas de nuestra historia, permitió afirmar en forma definitiva nuestra soberanía sobre tan vasto territorio.

En recuerdo de esta memorable acción en la cima del cerro se levantó una pirámide de mármol rosado de veintiún metros de altura, que fue inaugurada el 7 de marzo de 1927, ceremonia a la que asistió el entonces ministro de guerra, general don Agustín P. Justo en representación del Poder Ejecutivo Nacional, altas autorides nacionales y provinciales.

Al Cerro de la Caballada, con una extensión de tierra de ochenta metros de frente por cien de fondo, se le declaró de valor histórico por iniciativa de la Dirección de Museos, Reservas e Investigaciones de la Provincia de Buenos Aires.

Declarado Lugar Histórico por Decreto N9 12.641 del 17 de octubre de 1960.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia del Fuerte Carmen de Patagones Francisco Viedma

MONUMENTO HISTÓRICO NACIONAL: FUERTE CARMEN DE PATAGONES

El pueblo de Carmen de Patagones se halla edificado sobre la margen norte del río Negro, a siete leguas de su desembocadura en el Atlántico, en el departamento de Carmen de Patagones.

En abril de 1779 el superintendente de los establecimientos de la costa patagónica, don Francisco de Viedma, fondeó en la margen derecha del río Negro y después de tratar con los indios inició la construcción de una población a la que denominó Carmen de Patagones y que colocó bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen. Como primera medida hizo cortar madera para levantar un fuerte con foso.

Debido a una creciente que inundó el poblado, Viedma lo trasladó a la margen opuesta del río, en un sitio estratégico desde el punto de vista militar.

Fuerte de Patagones Monumento Historico

El 2 de octubre llegó el primer grupo de pobladores, consistente en ocho hombres y dos mujeres que acompañaban a sus maridos. De inmediato se procedió a la delineaclón de un fuerte provisional de ochenta varas de perímetro, rodeado por murallas de unas cinco varas de alto, levantándose en su interior los ranchos y cobertizos para la gente. Dirigió las obras el sargento de artillería José Michán, quien tenía como ayudante al maestro albañil Bartolomé Vásquez.

En febrero de 1780 se había hecho ya gran parte de las murallas, levantado el almacén de víveres y casi terminado la capilla.

Como el plazo exigido para la conclusión era de ocho meses, el sargento Michán solicitó, además de un técnico, trabajadores que no solamente le ayudaran en la obra sino que supieran hacer adobes y quinchar. Accediendo a su pedido, el virrey envió al ingeniero José Pérez Brito y setenta hombres entre albañiles y peones.

Don Francisco de Viedma utilizó como material de construcción el «tepe», extraído de la margen del río y que consistía en pedazos de tierra entreligados con las raíces de la grama, los cuales cortados convenientemente servían para hacer murallas. Más tarde, habiendo descubierto Viedma una abundante cantera de piedra cerca del fuerte, resolvió aprovecharla.

En octubre de 1780 llegó a Patagones el antedicho ingeniero, quien hizo las observaciones de las, obras realizadas y las comunicó al virrey. Encontró que el lugar del fuerte provisional era bueno, y allí mismo procedió a la construcción del nuevo, que dominaba toda la población, así como la parte del río que servía de muelle y los caminos por donde podrían acercarse los indios enemigos.

Carmen de Patagones fue escenario el 7 de mayo de 1827 de la acción de guerra conocida en nuestra historia con el nombre de Combate de Patagones.

Durante el bloqueo del río de la Plata por las fuerzas brasileñas, el puerto de Carmen de Patagones era utilizado como base principal de los buques corsarios que recorrían el Atlántico. A consecuencias de esto la reducida población se había visto aumentada con gran cantidad de negros libertos por los mismos corsarios y que completaban la guarnición del fuerte.

A mediados de febrero de 1827 una división enemiga al mando de James Shepherd se dirigió a Patagones.

Cuando los barcos brasileños estuvieron a la vista se dio la alarma, y la batería ubicada frente a la boca del río Negro fue protegida por milicianos del fuerte al mando  del  coronel  Felipe  Pereira y  del  subteniente  Sebastián  Olivera.

A pesar del recio fuego de la batería, las naves Itaparica, Escudelro y Constanza consiguieron franquear el 28 de febrero la línea de resistencia y continuar río adentro, no así la Duquesa de Goyaz, que quedó varada y fue destrozada por las olas.

El capitán James Shepherd desembarcó al frente de más de trescientos hombres sobre la margen izquierda del río e inició el avance, pero la columna se extravió apartándose de la costa y tomando por entre los médanos. Después de fatigosa marcha, en la madrugada del 7 de marzo se encontraron en una colina, llamada Cerro de la Caballada, próxima a la población, donde fueron recibidos por el fuego de los defensores.

Uno de los primeros en caer fue Shepherd, lo que unido al gran cansancio de los brasileños hizo que se batieran en retirada tratando de ganar sus buques.

Entretanto tos corsarios dirigidos por el almirante Santiago J. Bynon habían obligado a la tripulación de las tres naves enemigas a rendirse, logrando un importante botín.

La torre de piedra del fuerte —obra del ingeniero José Pérez Brito—, que servía de atalaya a los colonizadores y que fue utilizada más tarde como campanario, «es lo único que se conserva actualmente.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 120.411 del 21 de mayo de 1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia del Palomar de Caseros Primeros Dueños

MONUMENTO HISTÓRICO NACIONAL: PALOMAR DE CASEROS

Los orígenes del solar de Caseros, en el partido 6 de Septiembre, antiguamente llamado Morón, donde aún se conserva el histórico Palomar, se remontan a comienzos del siglo XVII.

En esa época el gobernador Hernando Arias de Saavedra otorgó a Miguel de Rivadeneyra «una merced de tierras y vacas en el Pago de Monte Grande, en las cabezadas de acá del Río —hoy de Luján—, jurisdicción de la ciudad de la Santísima Trinidad y puerto de Buenos Ayres».

Estas tierras sufrieron diversos cambios de dueños en el transcurso de los años. Así es como en septiembre de 1634, Juana Meló, viuda de Miguel de Rivadeneyra, vendió un terreno de media legua de frente por media de largo a Alfonso Carballo, en veintitrés pesos corrientes en reales, y al contado.

Palomar de Caseros

En 1640 Carballo aumentó su propiedad con lotes adyacentes, y tiempo después compró terrenos linderos pertenecientes al capitán Domingo Gribeo, que los había obtenido por una merced.

Pasó más de un siglo, y durante este tiempo el predio originario sufrió varios traspasos de dominio, mensuras y litigios.

En 1756 José Rodríguez de Luna vendió una chacra de mil ochocientas varas de -frente, en el pago de Las Conchas, a Isidro Burgos, quien a su vez la vendió a Diego Cassero el 21 de junio de 1781.

Desde esta época ha perdurado el nombre de la propiedad, que luego habría de cobrar tan grande importancia histórica.

En la firma de la escritura, el apellido figura con dos «s», pero en el cuerpo del instrumento, posiblemente por negligencia, está con una sola. En esta forma, y con la «s» final agregada que ha perpetuado la tradición, ha llegado hasta nosotros.

Desde el mismo año,  1781, Diego Cassero se dedicó a mejorar las tierras, sembran do trigo y plantando un gran monte de duraznos.

En cuanto a la edificación, que sólo constaba  de  una  casa vieja  de tapial  y  un  molino  deteriorado,   el   nuevo  propietario la rehízo totalmente, levantando la nueva casa y el palomar en 1788.

La casa principal era una construcción cuadrada, de azotea, con amplios corredores de dos frentes.

En su testamento fecha 9 de agosto de 1799, Diego Cassero dice. «La casa nueva la hice en 1788, se compone de 24 piezas, oficinas y pasadizos, un almacén de 35 varas de largo y 8 de ancho, con ventanas y rejas de hierro y lapacho, y sus corredores para resguardarla de la humedad.

«Separado de las casas el palomar y el gallinero, y en medio de ellos un pozo con pilón de material para la hacienda.

En el patio interior de la casa un aguar muy sobresaliente, que sólo sirve para el gasto de los habitantes y el riego del jardín. . .» . . .»espero que mis herederos mantengan el establecimiento en un estado floreciente, cuidando que la finca no vaya a menos, reparando con prontitud cualquier daño que pueda notarle menoscabo».

El mirador tenía una pequeña torre que ostentaba hermosa cruz de hierro forjado, y se comunicaba con la casa por una escalera interior.

A unos centenares de pasos, en dirección Este, se levantaba el Palomar, ingeniosa construcción  circular de tres  pisos concéntricos,  que  ha  llegado  hasta  nuestros  días.

El interior era independiente y sobresalía a manera de torre. Los nidos que albergaban a las palomas estaban formados por cuatro ladrillos superpuestos y dos transversales que hacían de techo y piso del nido superior.

La propiedad fue llevada a un notable grado de progreso por los trabajos de Diego Cassero, y él mismo, en su testamento, manifiesta que espera que sus herederos lo mantengan.

Se sabe que años después pasó a la Administración de Temporalidades, y posteriormente, por ventas sucesivas, a Juan de Alagón, a Luis de Saavedra, a Manuel José de Guerrico y a Simón Pereyra, quien fue su dueño en 1850 y la dejó   en   herencia a su  hijo  Leonardo,  de  quien  la  heredaron sus  hijas  María  Luisa  y  María  Antonia  Pereyra Iraola.

El 18 de marzo de 1912, por donación de las anteriores, diez hectáreas del terreno pasaron a poder del Superior Gobierno de la Nación, para que en ellas se construyese el Colegio Militar.

Este histórico Palomar, que en la actualidad ha sido restaurado y revocado en todo su perímetro, pues anteriormente era de ladrillo a la vista, se encuentra en los campos donde el 3 de febrero de 1852 se libró la batalla entre los ejércitos aliados al mando del general Justo José de Urquiza y las fuerzas federales adictas al gobernador de Buenos Aires, y que terminó con la derrota de Juan Manuel de Rosas.

Dado su tipo de construcción sirvió aquel día para que desde sus escalonados pretiles funcionaran simultáneamente tres líneas de fuego.

Fue declarado Monumento Histórico por Decreto N° 120.411 del 21 de mayo de 1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

La Capilla de los Negros en Chascomús Historia

HISTORIA DE LA CAPILLA DE LOS NEGROS: LUGAR HISTÓRICO

Se encuentra ubicada en la ciudad de Chascomús, sobre la llamada antiguamente calle Ancha, hoy Boulevard Lamadrid esquina Venezuela, a una cuadra de la laguna.

Chascomús, situado a 120 kilómetros de la Capital Federal, tuvo su origen en el fuerte levantado por el comandante don Pedro Nicolás Escribano, el 27 de mayo de 1779, para contener las invasiones indígenas y al que denominó San Juan Bautista de  Chascomús.

En el correr de los años, alrededor del fuerte fueron levantando sus viviendas los estancieros y pobladores de la zona, utilizando para estos trabajos a los negros y mulatos esclavos que, aunque liberados, los mantenían a su servicio. Entre ellos había carpinteros, albañiles, cocheros, jardineros, peones, etc., que, fieles a sus tradiciones africanas, aunque muchos eran nacidos ‘en el país y vivían agrupados en el Barrio del Tambor, decidieron formar una cofradía o hermandad.

Capilla de los negros

Profundamente religiosos, la primera iniciativa fue levantar un capilla.

En un terreno que Juan Manuel de Rosas había donado a la «Hermandad de los Morenos del Sur Boyimbe de Ivenza», encabezados por el moreno Luciano Alsina se dieron a la tarea de su construcción, la que, según algunos historiadores, pues no hay documento oficial que lo certifique, fue inaugurada en el año 1826, y para otros en 1832.

La capilla tiene 16 metros de altura. Sus paredes primitivamente fueron en su totalidad de adobe, revocadas con barro, y en su interior pintadas de blanco; el techo era de paja, sostenido por gruesas cañas tacuara. La puerta de entrada, hecha de madera dura y que aún se conserva, tiene 2,80 metros de altura por 1,20 de ancho con una artística aldaba o llamador. Posee tres ventanas, dos sobre el lado izquierdo y una a la derecha, colocadas a no más de cuarenta centímetros del piso, que es de tierra.

Tanto el altar principal como los reclinatorios y bancos son de madera sin cepillar, toscamente trabajada y labrada.

El sitio de honor l,o ocupan una imagen de la Virgen del Rosario y otra de la Virgen Morena. En otro altar se halla la imagen de San Martín de Porres: el Santo Moreno con su escobita y el que, según la tradición, pasó toda su vida barriendo. Además, adornan la capillita la Virgen Gaucha de Lujan, la de San Benito de Paiermo y un retrato de Ceferino Namuncurá.

La capilla, si bien bastante deteriorada por la acción del tiempo y falta de cuidado, se conservaba tal como era, hasta que en 1950 un violento temporal casi acabó con ella, pues destrozó el techo, las ventanas, la puerta lateral que da sobre la calle Venezuela y gran parte de las paredes.

Su precario estado movió al vecindario a encarar su reparación, pero el vecino don Ángel Canatelli, en unión de sus compañeros del Reino de la Amistad y ayudados por la Municipalidad, resolvieron reconstruirla en su totalidad, aunque conservando su primitiva forma, su piso de tierra y sus antiguas imágenes.

En ella ofició misa todos los domingos hasta su muerte, ocurrida en 1922, el cura párroco Don Julián Quintana, quedando desde esa fecha la capilla sólo como lugar de oraciones.

Encargada de su cuidado es la morena Guillermina Eloísa González de Luis, descendiente por rama materna de Luciano Alsina, su fundador. Ella ocupa el lote lindero donde tiene su vivienda, heredado de su madre y la que, refiriéndose a la capilla, dice: «La conservaremos mientras conservemos la fe».

En los considerandos del decreto que declara histórico el solar dice: que habiendo sido fundada aproximadamente en el año 1826 con la ayuda de la «Hermandad de los Negros», servía al culto de los núcleos de población que la circundaban. Que durante la epidemia de cólera en  1858 y la de fiebre amarilla de  1871 fue utilizada  para  la  atención   generosa   de   los  enfermos  y  que   allí   se   refugiaron   los   muchos   patriotas heridos que combatieron contra Rosas en la batalla de Chascomús.

El solar donde  se alza  la  capilla fue  declarado  Lugar  Histórico el  22 de  junio  de 1962 por Decreto N° 5674.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia de la Catedral de San Isidro Caracteristicas Construcción

MONUMENTO HISTÓRICO: LA CATEDRAL DE SAN ISIDRO

En los altos de las barrancas de San Isidro, sobre la avenida del Libertador General San Martín y circundado por las calles Ituzaingó y Belgrano, se encuentra el solar donde se levanta la Catedral y los paseos denominados Plaza Mitre y Tres Ombúes.

San Isidro es la más antigua de las poblaciones levantadas a orillas del río de la Plata, y sus tierras, lo mismo que las de Tigre hasta Vicente López, integraban lo que originariamente se llamaba el pago de Montes Grandes, y fueron repartidas por el fundador de Buenos Aires, don Juan de Garay, entre sus hombres en octubre de 1580 como suerte de chacras.

Según la leyenda, en las postrimerías del siglo XVII el entonces gobernador da Buenos Aires, don José de Herrera y Sotomayor, envió en comisión a la Guardia del Río de las Conchas al capitán Domingo de Acassuso. Cuando llevaba recorrido gran parte del camino, ya fuera por el cansancio o el calor, se detuvo, y al pie de un espinilio resolvió descansar; a poco se quedó dormido y soñó que se le aparecía el santo San Isidro Labrador y le decía de la necesidad de levantar en el lugar una capilla destinada a su culto.

Catedral San Isidro

Preocupado por aquel sueño, antes de finalizar el año 1694 el capitán Acassuso había hecho construir en el lugar una precaria capillita, que según el presbítero doctor Francisco Actis estaba «hecha con tapia de adobes y techada de paja brava y juncos, a dos aguas, sostenida por tijeras de sauce: con su interior y exterior blanqueado y un esquilón suspendido a un lado de la puerta, sobre un alto horcón, que servía para llamar a los labradores a la oración. El piso era de tierra endurecida; las paredes, lisas y cortadas por dos pequeñas ventanas, una a cada lado, y en el medio una imagen de San Isidro Labrador».

Pasaron los años y aquel capitán madrileño se había convertido en uno de los más ricos comerciantes y además propietario de una gran extensión de tierra que había comprado el 28 de agosto de 1706 a don Gonzalo de Zarate y que comprendía su  humilde capilla.
En ese mismo año, el 14 de octubre, decidido a honrar mejor al Santo: instituyó una capellanía con el título «advocación de San Isidro Labrador», y donó por escritura su chacra, que hoy constituye lo que es la ciudad de San Isidro, con el fin de levantar en ella un nuevo templo, y el resto de la tierra arrendarlo para sufragar los gastos del  culto.

En el mes de diciembre se inició la construcción en el mismo lugar donde estaba el espinilio, y el domingo de Pentecostés del año 1708 se inauguró. Tenía un frente sencillo con una sola torre sobre el lado derecho, con una sola ventana por la cual se veía su única campana y una nave con bóveda corrida. En la campana el capitán Acassuso hizo grabar: «Esta iglesia, dedicada a San Isidro, se cimentó el año 1706, gobernando  la Silla Apostólica  Clemente XI  y  el   Imperio  Felipe  V».

En el año 1875 fue refaccionada, contribuyendo el vecindario con ladrillos, cal, tierra, etc., y su trabajo personal, todo con la dirección del maestro mayor de obras don  Fernando  Indart.

Poco duró esta iglesia, pues en 1895, debido a la inseguridad que ofrecía, se inició su demolición, pese a las protestas del vecindario, y en el mismo lugar se colocó el 6 de octubre de ese año la piedra fundamental de la actual Catedral, que fue bendecida el 14 de junio de 1898.
Junto a la iglesia se encuentra la plaza Bartolomé Mitre y el paseo Los Tres Ombúes, nombre que se le dio en su época por los tres ejemplares de esta planta que había en el lugar.

En los considerandos del decreto que los declara históricos se dice:

«Que en este sitio, ocupado hace tiempo por la actual Catedral, frente a la histórica  Plaza  y  próxima  al  Paseo  conocido  por Tres  Ombúes,  se  ha  formado  el  ambiente espiritual de San Isidro, del que emanan sugerencias de profunda significación histórica que concretan más de tres siglos de historia y sintetiza memorables acontecimiento de fuerte orientación cristiana inherente a la Nación y a la provincia de Buenos Aires».

Fueron declarados lugares históricos por Decreto N° 9.226 del 10 de octubre ds 1963.

Historia Columna de San Nicolás Monumento Histórico

UBICACIÓN Y RAZÓN DE LA COLUMNA DE SAN NICOLÁS

Se levanta en la histórica ciudad de San Nicolás de los Arroyos, sobre las barrancas del río Paraná y la terminación de la calle Carlos Pellegrini. Este monumsnto fue erigido para conmemorar el primer combate en que intervinieron las fuerzas navales argentinas.

El 26 de febrero de 1811, cuando la primera escuadrilla patriota comandada por Juan B. Azopardo se hallaba al norte de San Nicolás, recibió noticias de que el jefe realista Jacinto de Romarate lo perseguía y que había pasado San Pedro. En vista de ello, resolvió con sus comandantes hacer frente al enemigo esperándolo en la angostura de San Nicolás, paso que era forzoso, ubicado a un cuarto de legua al sur de la ciudad. Con dos cañones de la «Invencible» y otros dos de la «25 de Mayo» levantó una batería en la  barranca, que fue puesta a las órdenes del capitán  Hubac.

En las horas de la mañana del 2 de marzo de 1811 ambas fuerzas se encontraron. El combate fue muy reñido y duró casi todo el día. La tripulación de las naves patriotas, integrada en su mayoría por extranjeros que no estaban imbuidos de los altos ideales revolucionarios, abandonó la lucha a pesar del esfuerzo y la energía de sus jefes. Azopardo resistió con todo heroísmo, y antes de rendirse intentó volar su nave, pero luego debió ceder, entregando los barcos al enemigo.

columna san nicolas monumento historico

Durante muchos años los habitantes de San Nicolás anhelaban levantar un monumento que recordara esta primera acción de .nuestra marina de guerra, y con tal finalidad se constituyó en 1911 una Comisión de Homenaje que sólo consiguió colocar en ese entonces una piedra fundamental en» la ribera del río frente al edificio del Club de Regatas.

Los años transcurrieron sin que la iniciativa lograra materializarse, hasta que en 1943 la Comisión solicitó al Ministerio de Marina que se construyera un mástil marinero sobre la barranca. Al transmitirse el pedido a los organismos técnicos de dicho ministerio se obtuvo una respuesta favorable, y el almirante Carlos Martínez, director general del Material, logró que el entonces ministro de Marina dispusiera la construcción de la obra, que se encomendó al capitán de fragata y arquitecto don Jorge Servetti Reeves.

El monumento está integrado por un prisma irregular de planta trapezoidal de 24 metros de altura, es de cemento armado y su interior es hueco, teniendo la cara que da al río una fuerte inclinación hacia atrás, y termina en una plataforma cilindrica de figura regular, destinada a servir de pedestal a la estatua de Azopardo, cuando las autoridades resuelvan hacerla. La parte anterior mira hacia la ciudad y tiene una imagen que simboliza a la  República creada por el escultor Horacio Juárez.

En su interior, por una escalera de hierro puede subirse a la plataforma superior, donde se han colocado luces rojas de seguridad para las aeronaves, siendo posible ubicar allí un faro destinado a orientar a los aviones.

Tiene dos inscripciones; la de la izquierda dice: «Aquí el teniente coronel Juan Bautista Azopardo, héroe y mártir de la independencia de América, defendió la libertad de la patria que surgía a la gloría, desde la cubierta ensangrentada del bergantín «25 de Mayo», goleta «Invencible» y balandra «América», y la de la derecha: «En estas aguas del Paraná el 2 de marzo de 1811 la escuadrilla patriota libró el combate de San   Nicolás,  jornada   heroica  con   que  inicia  su   historia   naval   la   Nación   Argentina».

La columna fue inaugurada el 2 de marzo de 1947. A la ceremonia asistió el primer magistrado, altas autoridades y numeroso público. Un año y medio más tarde, y accediendo a una solicitud de la filial nícoleña de la Sociedad de Escritores de la provincia de Buenos Aires, el ministro de Marina acordó el traslado a San Nicolás de los restos mortales de Juan Bautista Azopardo, que descansaban en el cementerio de la Chacarita; fueron exhumados el 22 de octubre de 1948 y llevados con los honores reglamentarios a  bordo del  rastreador «Drumond»,  que  los  condujo  hasta  San   Nicolás.

A las 9 de la mañana del día 23, centenario de la muerte del ilustre marino, la urna fue bajada por dos cadetes navales y colocada en una cureña mientras las tropas rendían honores. En nombre del ministro de Marina, el capitán de navio Raúl Duverges procedió a entregar las cenizas veneradas al vecindario, representado por su intendente municipal, señor Héctor Perurena.

La cureña con la urna, escoltada por cadetes navales y tropas y seguida por autoridades y vecinos, se dirigió a la iglesia parroquial, donde el capellán del ejército, Rev. Rodolfo Forti, ofició un responso. Terminado el mismo la comitiva prosiguió la marcha hasta la columna, en cuya cripta fueron colocados y bendecidos los restos mortales del ilustre marino.

La columna de San Nicolás fue declarada Monumento Histórico el 28 de octubre de 1949 por Decreto N° 27.286.