Historias de Paredes

Termas de Caracalla Historia Ubicación Origen de los Baños Públicos

Termas de Caracalla
Historia Ubicación – Origen de los Baños Públicos

INTRODUCCIÓN: Las termas romanas constituían un conjunto colosal de edificios, por ejemplo las de Dioclesano ocupaban unos 130.000 m² y podían entran varios miles de personas.

El núcleo central estaba formado por los ambientes destinados a los diferentes tipos de baño: baño a temperatura normal, baño frío, baño caliente, piscinas, baños individuales, exudación por vapor, etc.

Luego estaban los locales destinados a ejercicios físicos: palestra, campo de juego, local para masajes, salas de descanso, etc.

Pero las termas ofrecían, también, la posibilidad de dedicarse a ocupaciones y entretenimientos intelectuales: había biblioteca, museo, locales para exposiciones, salones para entrevistas, pórticos y jardines embellecidos con artísticas fuentes y estatuas, adecuados para pasear y conversar.

Tampoco faltaban algunos negocios, como peluquerías, perfumerías y hasta restaurantes. Tenían servicios muy bien organizados.

En el subsuelo de las imponentes termas de Caracalla, en Roma, se está descubriendo una red de corredores lo suficientemente amplios como para que pudieran pasar dos carros, con plazoletas para la vuelta de los vehículos.

Éstos, a través de vanos que se abrían en el piso de las termas, recibían la ropa blanca usada para llevarla al lavadero.

También transportaban los elementos necesarios para la limpieza y la leña para la calefacción, sin que todas estas menudencias se vieran pasar por las lujosas y concurridas salas superiores.

El emperador Marco Agripa comenzó a construir este tipo de obras públicas para ser utilizada por los estratos mas altos de la población gratuitamente.

Parece ser que el origen de estos baños responde a la falta de comodidad que tenía los romanos en sus casas, y se remonta por el siglo II a.C. 

Inicialmente eran obras mas humildes, pero luego gracias al empleo de nuevas técnicas de traslado y calentamiento del agua (el hipocaustum), comenzaron a tomar mayor envergadura y uso mas popular, como es el caso de las de Caracalla (211-216 d.C.).

El mentor de estas obras fue el padre su padre Septimio Severo, pero su construcción comenzó cuando su hijo Caracalla se encontraba en el gobierno de Roma. Estas termas se hicieron famosas por su tamaño, lujo y decoración de los muros, con bellas pinturas, estatuas, bóvedas y majestuosos mosaicos.

Las Termas de Caracalla: En tiempos de Caracalla, hacia por lo menos tres siglos que las termas públicas constituían un elemento indispensable en cualquier ciudad del Imperio. Los elementos básicos de las primeras termas constaban de un vestuario y una sala caliente común (caldarium), a la que se accedía a través de otra sala con una temperatura más templada (tepidarium).

En algunos casos había además una o más salas de calor seco similares a las saunas modernas, así como una sala fría con una piscina (frigidaríum). Estas primeras versiones de las termas solían ser de dimensiones modestas y estaban pobremente iluminadas y decoradas, pues en el fondo se concebían como un servicio más para la higiene de los habitantes de la ciudad.

Las termas que los emperadores construyeron en Roma satisfacían en principio esa misma función, pero en realidad iban mucho más allá.

Las de Caracalla eran con diferencia las de mayores dimensiones (ocupaban lo mismo que dos poblaciones pequeñas juntas) y contaban, además de con el recinto propiamente para tomar el baño, con diversas bibliotecas, salas de lectura, galerías de arte y pistas de deporte.

En sí, las termas ocupaban la mayor parte del espacio y albergaban diversas piscinas de tamaño olímpico, así como varios frígidaría de 59 m de largo (200 pies romanos), todo ello convenientemente iluminado por medio de enormes ventanales esmaltados.

La totalidad de los suelos y muros estaba recubierta con mármoles preciosos procedentes de todo el Imperio, y los mosaicos de cristal de las hornacinas y las bóvedas reflejaban el agua que circulaba por doquier.

El recinto estaba repleto de estatuas, de entre las que destacaba la enorme reproducción de 4 m de alto de Asclepio, el dios romano de la salud cuyo retrato en oro presidía todo el recinto.

Ante tal derroche de lujo, el ciudadano romano lo único que podía hacer era caer rendido ante el poder absoluto y divino del emperador que había cedido su nombre a las termas.

Los baños públicos de Roma y de otras ciudades desempeñaron un importante papel en la vida urbana. Introducidos  en Roma en el siglo II a. de C. como resultado de la influencia griega, el número de baños públicos se multiplicó a una gran velocidad en los primeros tiempos del imperio, en la medida que los emperadores contribuían con fondos para su construcción.

Los baños públicos eran especialmente ruidosos al final de la tarde, cuando los romanos se detenían, después del trabajo, para utilizar los baños antes de la cena.

Construcción: De todas las grandes termas imperiales, son sin duda las de Caracalla las que mejor se han conservado. Fue uno de los proyectos arquitectónicos más ambiciosos jamás acometidos por los emperadores en la misma Roma, y consistía en una imponente extensión de planta cuadrangular de 323 m aproximadamente, dominada por el recinto central que albergaba las termas propiamente dichas, de 218 x 112 m, a lo que había que añadir el anexo circular del caldazium, que ocupaba el equivalente a tres cuartas partes el diámetro del Panteón.

El material base que se empleó tanto para los muros como para las bóvedas fue una mezcla de mortero y cascotes de toba blanda volcánica del tamaño de un puño, sobre los que se extendió una delgada capa de ladrillo a modo de recubrimiento.

El mortero, a su vez, se componía de una parte de cal muerta de alta calidad y dos partes de pozzolana, una arena de origen volcánico, el legendario «ingrediente mágico» que proporcionaba al mortero romano su inconfundible robustez.

En los cimientos se reemplazó la toba por el basalto para ganar en solidez, mientras que en las bóvedas se optó por la piedra pómez por su enorme ligereza.

Este tipo de construcción comportaba además toda una serie de ventajas de tipo logístico, ya que no se requería de una mano de obra demasiado cualificada a la hora de extraer los materiales o ejecutar la misma construcción.

Por otro lado, todos los materiales, a excepción de la mezcla del mortero, se podían preparar con antelación y sin necesidad de estar a pie de obra.

Asimismo, el hecho de que los motivos decorativos fueran de pequeñas dimensiones facilitaba sobremanera su colocación, que podía llevar a cabo perfectamente un solo hombre.

Labores de acondicionamiento

Por mucho que este tipo de construcción resultara ideal para proyectos de gran envergadura, no deja de ser sorprendente que todos los cimientos así como el edificio central de las termas se completaran durante los seis años de reinado de Caracalla.

Es evidente que un proceso de construcción tan rápido como éste sólo pudo darse como consecuencia de una eficiente gestión de las enormes cantidades de material y mano de obra que se implicaron, así como de los innumerables problemas asociados a la logística de un proyecto de tal envergadura.

A la hora de acondicionar el terreno, el primer paso consistió en disponer este último en las diversas terrazas que habían de albergar los cimientos, que en el caso del edificio central alcanzaron los 6,5 m de profundidad.

Para ello, fue preciso remover 500.000 m3 de arcilla con la simple ayuda de picos, palas y cestos (no se tiene evidencia alguna de que los romanos utilizaran por entonces la carretilla).

Encima de los cimientos se levantaron unos sólidos muros de 8 m de alto sobre los que debía descansar la superestructura.

Estaban conectados entre sí por multitud de pasillos de mantenimiento y canales de desagüe, y en la zona del recinto que quedaba al aire libre se excavaron unas galerías de servicio lo bastante anchas como para que pudieran pasar por ella dos carros uno al lado del otro, lo que en total sumaba más de 6 Km. de pasillos y túneles.

Obviamente, todos éstos se tuvieron que excavar a mano y rellenar con materiales inertes, de modo que tan sólo tres años después de iniciarse las obras, con cerca de tres millones de días de trabajo empleados, pudo pasarse a la construcción de las termas propiamente dichas.

Éstas tenían una altura mínima de 22 m, cifra que en el caso del frígidaríum y el caldaríum aumentó hasta los 44 m.

El mediodía era la hora del almuerzo, especialmente frugal en tiempos de canícula. Cuando el calor apretaba, se imponía la siesta, en horas en que, como cuenta Cicerón, el «venturoso silencio» reinaba en la bulliciosa ciudad. 

Recuperadas las fuerzas, cuando el sol comenzaba a bajar llegaba la hora de ir a los baños, para los cuales los arquitectos trazaban cómodas instalaciones, siempre bien abastecidas por los excelentes acueductos que se levantaban en extramuros.

Las piscinas para disfrutar del baño también eran un escenario apropiado para el encuentro con los amigos y el abordaje de nuevos negocios, tanto económicos como políticos.

Si las horas destinadas al baño no eran suficientes, las negociaciones y las transacciones continuaban alrededor de la mesa, ya que invitarse a cenar era un hábito propio de patricios. Los romanos no tenían fines de semana inactivos.

El problema de las dimensiones: Para que las obras del recinto entero se completaran en seis años, fue preciso construir el edificio central de un tirón, lo que obligó a trabajar codo con codo a miles de hombres a los que, durante los periodos más intensos de trabajo, se debieron de sumar otros 4.500 más.

Ciertamente, no debió de resultar nada fácil coordinar una cantidad tan ingente de mano de obra, si bien las propias ruinas aportan valiosa información al respecto.

Aunque el conjunto de las obras presenta una homogeneidad asombrosa y resulta muy difícil identificar las aportaciones individuales de cada grupo de trabajo, se aprecian sin embargo ciertas diferencias en detalles tales como la colocación de los desagües, la construcción de las escaleras o la misma distribución de los materiales; todo ello permite deducir que la obra se dividió en dos mitades, cada una de las cuales estaba a cargo de un «jefe de obras» con sus respectivas maneras de proceder.

Dado que las hiladas horizontales de bipedales, ladrillos planos de grandes dimensiones (2 pies romanos cuadrados), se colocaban con una separación constante entre sí de 4,5 pies romanos, no hacía falta tomar medidas desde el suelo a la hora de dejar los huecos para los alféizares de las ventanas, los dinteles de las puertas, las ménsulas o el nacimiento de las bóvedas.

Por otro lado, esas mismas hiladas permitían proseguir la construcción en vertical en aquellos casos en que, por ejemplo, había que realizar una regata a modo de comprobación en un nivel inferior del muro.

El ritmo de construcción dependía en gran medida de la puesta en práctica de recursos tan eficientes como éste.

Un proyecto de gran envergadura como las termas planteaba también no pocos problemas de acceso a la superestructura.

Dada la considerable altura de la obra, se tuvo que instalar un complejo sistema de andamiaje que se sujetaba a los muros mediante una serie de pequeños soportes horizontales, de los que se han conservado los agujeros en los que iban clavados.

Se calcula que fueron precisos cerca de cien mil postes, los cuales constituyeron uno más de los innumerables complementos que se necesitaron para la construcción de las termas de Caracalla.

Por otro lado, se requirieron enormes grúas que se accionaban mediante ingeniosos mecanismos para elevar la madera necesaria para construir el armazón sobre el que descansaban las imponentes bóvedas de hormigón del frígidaríum y el caldaríum, así como para colocar las columnas de granito que decoraban el frígidarium, de 12 m de alto y casi cien toneladas de peso cada una.

En ese sentido, otro problema logístico no menos importante que hubo que resolver fue encontrar un espacio lo suficientemente amplio como para dar cabida a las enormes columnas y los distintos armazones de madera.

Las junturas de la obra indican que el edificio central se construyó por partes y que los materiales se guardaban en los amplios espacios interiores que se iban formando, como el frígidarium, la piscina o las dos pistas de deporte, al tiempo que se dejaban aberturas provisionales en los muros.

Las terrazas con columnas de los patios interiores se colocaron en el último momento y se garantizó la estabilidad de las bóvedas mediante unos tirantes de hierro afianzados a unos bloques de piedra que se insertaban a su vez en los mismos muros a la altura de la tenaza durante la primera fase de construcción, en lo que bien podría considerarse como el primer antecedente del moderno hormigón armado.

Se sabe que las termas contaban con una gran abundancia de trabajos en metal, tal como nos recuerda la descripción de la misteriosa celia solearís (probablemente se trate del caldaríum) mencionada al inicio del capítulo, en la que se alude a lo que tal vez fuera una especie de celosía ornamental en bronce dorado que el anónimo autor del siglo  IV no acertó a comprender del todo.

En cualquier caso, no cabe duda de que, fuera lo que fuese, continuaba causando admiración un siglo después de su construcción.

En definitiva, las termas de Caracalla ilustran, con sus enormes dimensiones y todo lo que éstas conllevaron, hasta qué punto los arquitectos romanos fueron capaces de llevar a su máxima expresión los conocimientos arquitectónicos de la época, al tiempo que plasmaban en piedra un inequívoco mensaje del poder imperial de Roma.

UN DÍA EN LOS BAÑOS: Los baños romanos, con sus gimnasios, tiendas, bibliotecas y jardines, eran populares lugares de reunión.

Los ciudadanos pudientes pasaban el día ahí, intercambiando noticias, divirtiéndose con juegos de mesa, luchando y ejercitándose con pesas y pelotas medicinales.

Incluso los pobres asistían, pues la admisión era barata, y para los niños, gratuita. Los bañistas pasaban por tres o cuatro clases de baños: tibio, caliente y seco, y de vapor caliente, antes de volver al frígidarium para una reanimante zambullida fría.

No había jabón, y en su lugar los bañistas se untaban aceite en la piel, que luego removían, con el sudor y la tierra, con una raedora (accesorio similar a una navaja) llamada strigílis.

Los ricos eran asistidos por esclavos, o por empleados de los baños. Estos eran ruidosos: la gente cantaba y gritaba, o gruñía y gemía con los golpes de los masajistas. Asistían hombres y mujeres, y durante mucho tiempo así fueron los baños, mixtos.

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1 Primero, pase por nuestros modernos vestuarios, donde nuestros esclavos le ayudarán a desnudarse y le ungirán la piel con aceite.
2 Seguidamente, entrénese en nuestro moderno gimnasio, totalmente equipado para el levantamiento de pesas y los juegos de pelota.
3 Luego deshágase de todo el aceite, el sudor y la suciedad y prepárese para pasar al tepidarium, nuestra relajante sala templada.
4 Después entre en nuestro caldaríum, una sala cálida con una piscina con agua aún más caliente y lo más moderno en calefacción subterránea.
5 La mayoría de las termas terminan aquí sus servicios, pero con nosotros puede probar el calor seco del laconicum, donde podrá sudar hasta que desaparezca toda la tensión acumulada.
6 Visite el frigidarium, donde podrá darse un refrescante chapuzón en la piscina de agua helada.
7 Por último, disfrute de un relajante masaje en manos de nuestros esclavos especializados.
Y aún hay más...
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En las Termas de Caracalla, usted es lo más importante.

Es cierto que hay baños en todas las ciudades del imperio, pero cuando haya pasado un día
en las termas de Caracalla, no querrá visitar otra.

Dimensiones

Recinto 412 x 383 m
Interior 323 x 323 m
Edificio central 218 x 1 i 2 m
Piscina 54 x 23 m
Frigidarium 59 x 24 m; 41 m de altura aproximadamente
Caldarium 35 m de diámetro; 44 m de altura aproximadamente
Patios interiores 67 x 29 m
Material empleado
Pozzolana 341.000 m3
Cal viva 35.000 m3
Toba 341.000 m3
Basalto para los cimientos 150.000 m3
Ladrillos para recubrimientos 17,5 millones
Ladrillos grandes 520,000
Columnas de mármol en el edificio central 252
Mármol para columnas y elementos decorativos 6.300 m3
Número de trabajadores medio (estimación)
Excavación 5.200 hombres Cimientos 9.500 hombres
Edificio central 4.500 hombres
Decoración 1.800 hombres

Fuente Consultada:
Atlas de los Extraordinario Lugares Misteriosos del Mundo
Las Setentas Maravillas del Mundo Antiguo Chris Scarre
Trabajo Enviado por Andrés J. Morello – Escuela N°16 Monserrat

Teotihuacan ciudad sagrada maya Pirámide del Sol Culto y Sacrificios

EL VALLE DE MÉXICO TEOTIHUACAN

En los alrededores de la actual capital de México se encuentran los restos de una notable heredad cultural, que data de más de dos mil años. En la altiplanicie central de México, a 57 kilómetros de la moderna capital, se levanta el centro religioso, cuyas ruinas cubren un área de 20 km2. El monumento más imponente del lugar es la gran Pirámide del Sol, de 60 metros de altura, la más grande estructura del Valle de México.

Esta gran pirámide truncada, casi tan grande como las pirámides de Egipto, fue construida, a lo largo de 20 años, por unos 10.000 campesinos que dedicaron todo su tiempo libre a levantar esta monumental construcción. Está orientada en tal forma, que el sol se ubica en línea recta con relación al edificio, en la fecha de su paso por el cenit; rige, asimismo, la distribución axil de todas las pirámides enclavadas en aquel lugar.

La pirámide se compone de seis plataformas de tamaño decreciente. La fachada del cercano templo de Quetzalcoatl está decorada con figuras en relieve y cabezas esculpidas del dios dé la lluvia, Tláloc, y la serpiente emplumada, Quetzalcoatl.

Cuando sobrevino el fin de Teotihuacán, hacia el 900 de nuestra era, los toltecas emigraron desde el norte a la meseta central de México; en Tula (fundada en 980) levantaron una ciudad de opulencia sin igual, dando vida a un nuevo estilo arquitectónico en sus templos. Desde Tula, unos sacerdotes y guerreros emigraron a Yucatán, donde incorporaron el estilo característico de Tula al de los mayas en Chichén-ltzá.

Los constructores de Teotihuacán: Se desconoce quiénes fueron los autores de la construcción de la mayor ciudad de la América precolombina. En otro tiempo creyóse en la autoría de los aztecas, pero ocurre que cuando éstos descubrieron la ciudad, la misma llevaba ya siete siglos en ruinas. De hecho, estas ruinas impresionaron de tal modo a los aztecas que les impusieron de nombre Teotihuacán, que en su idioma náhuatl significaba «El lugar de los que siguen el camino de los dioses».

Quienesquiera que fueren los constructores de tan magnífica ciudad, es indudable su maestría en las artes de la arquitectura y la administración. Las muestras más imponentes de su escultura están representadas por austeras máscaras de piedra, realizadas en basalto negro o verde y en jade, con ojos de concha de mejillón o de obsidiana. Sus cerámicas características eran vasijas cilindricas o en forma de jarrón, con tres pies y motivos decorados que recuerdan los de los bronces chinos.

La obsidiana, que se obtenía de los volcanes que rodean la llanura, era muy apreciada en la antigüedad debido a la posibilidad de que de ella se obtuviesen bordes muy afilados. En Teotihuacán había por los menos 350 sitios en los que se elaboraba la obsidiana, quizá base de la riqueza mercantil de la ciudad. Teotihuacán comerciaba con las tierras altas del centro de México, y probablemente con gran parte de América Central, siendo posible incluso que ejerciera dominio sobre estas tierras.

Se han encontrado elegantes jarrones, fabricados en esta misteriosa ciudad, en las tumbas de personajes importantes de todo México del periodo que va del 150 al 600 d.C, cuando Teotihuacán se hallaba en el cénit de su poder. En aquella época, la población debería sumar 200.000 personas, lo que la convertía en la sexta ciudad más populosa del mundo. Las agujas y punzones de hueso hallados demuestran la fabricación de ropas y cestería. Aunque no se ha descubierto ninguno, también debieron existir libros, pues los habitantes de Teotihuacán conocían la escritura.

Esta no ha sido descifrada, pero es sabido que este pueblo se valía de rayas y puntos para los números, al igual que sus predecesores, los olmecas. Y su dieta alimenticia resulta exquisita incluso para nuestros tiempos: corzos, conejos, pavos, patos, gansos, pescado, maíz, judías, calabazas, tomates y aguacates.

La escultura religiosa era tan monumental como la arquitectura, pero el pueblo de Teotihuacán hacía también figurillas, algunas de carácter tan realista y tan cuidadosamente modeladas, que parecen ser retratos individuales.

Entre los símbolos decorativos de los frisos y esculturas que cubrían las paredes de Teotihuacán había emblemas del culto de las deidades de la lluvia y la Serpiente Emplumada, símbolo de Quetzalcoatl (quetzal, ave y coati, serpiente). De acuerdo con la leyenda, Quetzalcoatl fue sacerdote y gobernante de los toltecas, deificado luego como dios del planeta Venus y de la vegetación. Cuando hacia el año 1330 de nuestra era llegaron al lugar, las tribus aztecas encontraron la zona abandonada hacía ya tiempo. (VER TAMBIÉN: TENOCHTITLAN)

¿Qué ocurrió con esta magnífica metrópoli?: El final de Teotihuacán está tan rodeado de misterio como sus orígenes. Es probable que su ruina comenzara a gestarse a medida que el clima fue haciéndose más árido, con la consecuente disminución de las cosechas. Pero el estallido definitivo ocurrió hacia el 700, al ser incendiado el centro de la ciudad por invasores bárbaros del norte, que posteriormente optaron por vivir en la ciudad durante 200 años más.

Así terminó una de las más brillantes civilizaciones del nuevo mundo. Sus ruinas siguen siendo espectaculares, pero el sitio debió ser mucho más impresionante cuando el basalto negro estaba estucado y pintado con todos los colores del arco iris.

En una época en la que la grandeza de Roma no era sino polvo, y Europa sufría el asalto de las hordas bárbaras, México contó con una civilización que combinaba en grado elevadísimo la cohesión social y la sensibilidad artística. Pero faltan todavía años de laboriosa investigación antes de que las arenas del valle de México revelen los misterios de Teotihuacán.

La avenida de los Muertos parte de la pirámide de la Luna y pasa por la pirámide del Sol, la Ciudadela y el Templo de Quetzalcóatl. En realidad, no guardaba relación con los muertos, y se la considera como la conexión entre Cielo y Tierra, porque pone en comunicación la «zona celestial», donde se alzan las pirámides, con la sección «terrenal» de la ciudad, allí donde se halla la Ciudadela.

 

La pirámide de la Luna está en el extremo norte de la avenida de los Muertos, y es similar a la del Sol, aunque más pequeña. Mide 42 m de altura y, según los aztecas, la remataba una gigantesca estatua que pesaba más de 20 t.

PARA SABER MAS…

EL NOMBRE: Teotihuacán significa «lugar de los dioses». Los pueblos de América central, como los mayas, toltecas y aztecas, que florecieron tras la decadencia de Teotihuacán, creían que la vida se había originado en las tierras que habitaban. Según la leyenda, la Pirámide del Sol (la mayor de Teotihuacán) fue construida sobre el foso de donde surgieron los primeros humanos.

DIOSES DE LOS AGRICULTORES: Los habitantes de Teotihuacán creían en muchos dioses. El agua era vital para sobrevivir en las áridas planicies mexicanas, por eso muchos dioses de Teotihuacán estaban relacionados con la agricultura, sobre todo con la necesidad de lluvias para el crecimiento de los cereales.

QUETZALCÓATL: Quetzalcóatl es el dios más antiguo de América Central. En Teotihuacán había un hermoso templo consagrado a él. El nombre significaba «serpiente emplumada»; era el dios de la naturaleza, los vientos y la lluvia. Muchos relieves del templo de Teotihuacán muestran serpientes emplumadas, símbolo de la lluvia y la fertilidad, junto a serpientes de fuego, que representan las regiones cálidas y áridas.

TLÁLOC: Tláloc, dios del agua, también era reverenciado en el templo de Quetzalcóatl. Controlaba el crecimiento de la vegetación. Su esposa, Chalchihuitlicue, era la diosa del agua.

DIOSES JAGUARES: En una época, los jaguares abundaban en América Central, y también aparecen representados en Teotihuacán. Simbolizaban la fertilidad del suelo.

Fuente Consultada: Enciclopedia de Historia Argentina Fascículo I – Lugares Misteriosos Volumen II.

Tikal la ciudad sagrada maya Patrimonio Humanidad de Guatemala

Tikal la Ciudad Sagrada Maya
Patrimonio Humanidad de Guatemala

En la ciudad maya de Tikal, la Gran Plaza, que dominaba la selva guatemalteca, era una de las más imponentes, y tenía unos 9.000 m2 de pavimento. Como otros grandes centros mayas del período clásico, era tanto una ciudad densamente poblada como un centro religioso ceremonial para las aldeas y poblaciones circundantes. 

Tikal es el complejo-ciudad maya más famoso y es sede de la pirámide más alta: el Templo IV de la Serpiente Bicéfala con más 65 metros de altura. Este templo es superado solo por «La Danta», al norte de Guatemala en El Mirador (aún bajo trabajos de excavación).

Tikal la ciudad sagrada maya Patrimonio Humanidad de Guatemala
Tikal es la más grande de las antiguas ciudades de los mayas.
Está situada en la región de El Petén, en Guatemala.
Templo de la Serpiente Bicéfala

Es la ciudad antigua más grande descubierta hasta ahora en el Hemisferio Occidental. Predominan sus muchos templos y santuarios, donde se realizaban los cultos de la religión que dominaba la vida maya hasta un extremo difícil de imaginar. El pueblo vivía en casas de madera, con techo de paja y barro, estrechamente agrupadas en torno de templos y palacios de piedra, donde residían los sacerdotes y nobles.

Los sacerdotes-astrónomos pasaban el tiempo escudriñando el cielo y consultando calendarios y manuscritos —tres de los cuales parcialmente descifrados subsisten todavía— en busca de momentos propicios para obtener el favor divino. Los sacerdotes del culto estelar medían el tiempo con varias unidades cronológicas entrelazadas, comparables a nuestros días, semanas, meses y años.

Los mayas descubrieron por sí mismos todas las bases matemáticas necesarias para las ciencias aplicadas, pero nunca pasaron de ahí.

Se ha inferido que una de las marcas cronológicas de Quiriguá marca el día y el mes de un acontecimiento ocurrido 90 millones de años antes, y otra representa un cálculo de 400 millones de años atrás, tan difícil como calcular la fecha en que cayó la Pascua hace 400 millones de años.

La vida de los mayas se ajustaba rígidamente a las alegrías y tristezas de sus alternativas, ya predestinadas. Algunos dioses regían por un día, un mes, un año o algún tiempo más. Si no eran propicios, deidades más favorables entraban de turno. El sacerdote podía aconsejar a la tribu si era oportuno plantar o vender maíz, o celebrar una boda.

Lo único que se sabe de estas centurias del período clásico es que la paz y la estabilidad que reinaron sugieren que allí imperó un régimen teocrático. Hay indicios, como tronos destruidos y tallas mutiladas, de que el pueblo se rebeló contra los sacerdotes. Pero todavía veneraban a las antiguas deidades.

gran plaza de tikal

 Gran Plaza de Tikal, con sus templos dedicados a los primeros gobernadores.

templo de las mascaras tikal

Templo de las Máscaras, también conocido como Templo de la Luna.

templos tapados de malezas

Muchas de las pirámides están por descubrir, y de algunas sólo emerge el templo que se encuentra en la parte superior, donde los sacerdotes celebraban el ritual. Merece la pena ascender entre los árboles y descubrir el horizonte selvático que rodea el lugar. Algunos templos se encuentran aún cubiertos de maleza y árboles.

Calakmul, la ciudad de los montículos, fue ¡a gran rival de Tikal.
Se halla en una reserva biológica en Campeche, México a 30 Km. de la frontera
con Guatemala

Ampliación: Una ciudad maya revelada
Cuando Tikal fue redescubierta por primera vez había estado en las garras de la selva durante unos novecientos años. Méndez y Tut dejaron el lugar más o menos como lo habían encontrado; y otros visitantes ulteriores, tales como el botánico suizo Gustave Bernouilli en 1877, Alfred Maudslay en 1881 y 1882, y Teobert Maler en 1904, dejaron poca huella en los monumentos cubiertos de vegetación.

No fue sino hasta 1956 cuando el Museo de la Universidad de Pensilvania inició un proyecto de catorce años para excavar y restaurar 16 kilómetros cuadrados de la ciudad.

De hecho, el área real ocupada por Tikal era de 64 kilómetros cuadrados o más. Hasta hace poco se creía que la ciudad era simplemente un vasto centro religioso, pero ahora los estudiosos piensan que se trataba de una metrópoli densamente poblada que abarcaba los diferentes aspectos de una cultura desarrollada. En el apogeo de la ciudad, la población debió ser de unos 50.000 habitantes, que consumían maíz,  calabaza y frijoles.

La clase dominante de Tikal vivía en casas y centros oficiales, denominados ahora «palacios», arracimados en torno a la Gran Plaza central. Eran largos edificios de piedra, a veces de tres pisos, que dominaban unos patios comunicados por escaleras y pasadizos. Vestidos con túnicas tejidas y teñidas, o con simples taparrabos, luciendo en el pelo tocados y joyas de jade, los nobles trabajaban y descansaban en un entorno relativamente lujoso. Las habitaciones estaban enlucidas y pintadas, y tal vez adornadas con una máscara multicolor colgada de la pared. Se utilizaban cortinas, y probablemente pieles de jaguar cubrían el suelo y adornaban los asientos de piedra tallada.

La Gran Plaza y sus templos
Las escenas de mayor colorido y actividad debieron tener lugar en la Gran Plaza y en el mercado público, donde alfarería, tejidos, pieles de animales, hierbas, plumas, hojas de cuchillo hechas de obsidiana, jade, conchas y alimentos se vendían y compraban mediante la moneda constituida por semillas de cacao. La plaza era el núcleo de las grandes concentraciones ceremoniales. Consistía en un área abierta que cubría unos diez mil metros cuadrados, construida en cuatro niveles superpuestos, cuya superficie era alisada mediante yeso blanco, ahora cubierto de hierba, y rodeada de pirámides y otros edificios.

Dominando aún la plaza al este y al oeste, se encuentran respectivamente el Templo del Jaguar Gigante, el más famoso monumento de Tikal, y el Templo de las Máscaras. El primero, llamado así por el relieve de un jaguar en el dintel de la puerta, se eleva a más de 43 metros sobre nueve terrazas superpuestas. En la cima, el templo sustenta una erosionada cresta que antaño representaba la enorme figura de un gobernante sentado, quizá pintada de rojo, crema, verde y azul. De hecho, toda la fachada del templo, como en los demás de Tikal, probablemente relucía de pintura roja, como un faro elevándose muy por encima del silvestre verdor tropical.

Los templos-pirámide fueron la suprema realización arquitectónica de los mayas, que trabajaban sin la ayuda de cuchillos de metal, hachas, ruedas ni bestias de carga. Grupos de trabajadores tenían que arrastrar enormes cantidades de piedras y rocas para la construcción de cada pirámide. Cada nivel se construía elevando unos muros de piedra que formaban entre sí un espacio rectangular, rellenándoselo con piedras, y luego cubriéndoselo de yeso para formar un acabado liso y plano.

Se iniciaba entonces la obra del siguiente nivel. Conforme se elevaba la estructura, los albañiles utilizaban piedra caliza cuidadosamente cortada para las caras exteriores de los muros. Otros calentaban la piedra en hornos para obtener cal con que fabricaban yeso, mortero y estuco, que se extendían sobre el exterior de la pirámide.

Eric Thompson, estudioso de los mayas, pudo admirar el arte de los enlucidores mayas asombrosamente preservado en una pirámide excavada bajo el armazón de otra que había sido construida encima —una práctica maya común—:«Toda la superficie de la pirámide está cubierta de una espesa capa de estuco color crema claro, deslumbrantemente luminosa… Una de las visiones más impresionantes y conmovedoras que jamás he tenido fue esa pirámide, bañada en la luz de la luna llena…»

 El Arte Maya

Fuente Consultada: Enciclopedia de Historia Argentina Fascículo I

Tiahuanaco Ciudad Sagrada de Bolivia Lago Titicaca Cultura Aymará

Tiahuanaco Ciudad Sagrada de Bolivia

BOLIVIA: TIAWANACU ó TIAHUANACO Específicamente entre el 600 y el 1200 a.C. se desarrolló la civilización de Tiahuanaco, considerada el eje principal de irradiación cultural de esta región del mundo. Estos restos monumentales yacen a 22 km. al sur de la ciudad de La Paz y del Lago Titicaca, a 4000 metros de altitud. Era un complejo ceremonial, un santuario construido con una técnica megalítica, refinada y poderosa. Sirvió, según las leyendas, de modelo para los humanos, el Dios Supremo: Viracocha

La actual aldea boliviana y los indígenas que pastan llamas en sus alrededores, no conservan vestigios de la pasada grandeza de la civilización de Tiahuanaco. Pero algo por el estilo podríamos decir de las espléndidas culturas de súmeros o caldeos, que desde la imponente Torre de Babel, quisieron esculpir la necesidad de alcanzar un conocimiento astrológico a través de los pisos de sus zigurat.

Lo mismo cabe decir del esplendor egipcio de los tiempos faraónicos, en comparación con la nación actual y algo similar sucede con la Grecia de hoy respecto de las glorias esplendentes de la era de Pericles o del Partenón. No hallamos casi ni rastros de aquel pasado magnífico de la Edad de Oro Antigua. Sólo apáticos pobladores rondan sus ciudades y muchas de ellas son verdaderos semilleros de guerras, confusión y desorden total.

“El mismo nombre de Tiawanacu es un nombre prestado (…), es un nombre quechua, Tie huanacu. Se recupero este nombre hacia principios de la época colonial. El nombre original de esta área es Taypikala, taypi, centro kala, piedra, la piedra del centro, la piedra del medio. Pero (…) a partir de la colonia que se utiliza ese nombre.

Tiawanacu ha sido importante, no solamente para esta área del altiplano: su importancia también va a radicar en la influencia que ha tenido en el desarrollo cultural prehispánico en gran parte de América. Tiawanacu tiene una vigencia de casi tres milenios donde ha habido el fomento de una gran industria en cuanto a la lítica, en cuanto a la cerámica, la producción de la papa. Hoy en día contamos con más de 400 vaciedades de papa producto, justamente, de Tiawanacu.

Hay tres fases que entender en la historia de Tiawanacu, tres grandes períodos: la primera es el período aldeano que se inicia aproximadamente hacia el año 1500, 1600 a.C. Este período aldeano va a perdurar hasta principios de nuestra era cuando, gracias a la consolidación del territorio, el aumento de la población, la diversificación en la producción, los nuevos sistemas agrícolas que se van realizando en Tiawanacu, el intercambio de productos, y los excedentes, entre otros, Tiawanacu se transforma en un estado (…) de carácter teocrático, con un predominio religioso.

Se ve la representación de estos grandes dignatarios en estas estelas (lo que llamamos monolitos), donde se ven una especie de reyes-sacerdotes, que llevan el “kero”, el vaso sagrado, el vaso ceremonial, y el báculo, el bastón de mando, como una representación de reyes-sacerdotes.

La época de esplendor de Tiawanacu, la época clásica de Tiawanacu es a principios de nuestra era, aproximadamente desde el año 50 o 60 hasta aproximadamente el año 700. Es la época de las grandes construcciones, donde hay ese predominio religioso.

Más tarde Tiawanacu empieza a sufrir un cambio, se empieza a militarizar. Hay un período donde hasta esas estelas, esos monolitos van cambiando, y aparecen los chachapumas, los chachapondoris (“chacha” es hombre). Los hombres cóndor o los hombres puma ya llevan cabezas trofeo, hachas en la mano: se muestra un cambio y un abandono en los templos de Tiawanacu.

Se va formando una casta más de carácter militarista, expansionista. Tiawanacu va a abrir sus fronteras, en gran parte de América del Sur, va a penetrar todo el norte de la Argentina, norte de Chile, gran parte del Perú.”

LA ARQUITECTURA: Las ruinas de Tiahuanaco ponen de manifiesto la maestría de sus arquitectos originales. Los monumentos y los templos fueron diseñados con trazo sencillo y majestuoso y la inclinación de los muros calculada al milímetro. Contaban todos co redes de aguas, tanto de superficie como subterráneas, y la propia ciudad poseía un gran red central. La orientación estelar de edificios es absolutamente precisa, lo cual resulta aún más notable dadas sus enormes dimensiones.

Entre las construcciones más destacadas se encuentra la Kalasasaya, o Templo de las Piedras Paradas, de dos hectáreas de extensión, que registra el paso del sol durante los 365 días del año. Asimismo, destaca laKantayita, o templo de la Luz del Amanecer, decorada con ricos repujados que en su día estuvieron cubiertos por completo de oro.

Tiahuanaco Ciudad Sagrada de Bolivia Lago Titicaca Cultura Aymará

El «Templo de las Piedras Paradas cubre aproximadamente 2 hectáreas y su estructura está basada en columnas de arenisca y sillares cortados, dispuestos entre estos, sobresalen gárgolas o goteros de desagüe para las aguas pluviales.

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El monumento imponente que en su día la Pirámide de Akapana, de 18 m. de altura y 8.000 m de perímetro, que fue excavada por los conquistadores en busca de tesoros. Los arqueólogos la están desenterrando de nuevo en la actualidad.

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Los arqueólogos calculan que, en su esplendor, la metrópolis aymara llegó a albergar más de 100.000 habitantes. Algunos afirman que cayó en decadencia a causa de un descenso en el nivel del Titicaca. Las investigaciones de Posnanky sugieren un final más traumático.

En el sector sacramental de Puma Punka, el arqueólogo halló enormes bloques de piedra arrumbados en el suelo. Los más grandes pesaban más de cien toneladas y ni siquiera habría podido moverlos un terremoto. Posnansky concluyó que, al igual que el resto de Tiahuanaco, habían sido abandonados ante un cataclismo sin precedentes. Este último sería lo que conocemos como el diluvio universal.

(imagen: Monolito del Fraile)

Las conclusiones de Posniansky han tenido tantos partidarios como críticos. Ya en tiempos de la conquista, los incas atribuían a Tiahuanaco una antigüedad extraordinaria y la memoria de sus pobladores se había fundido con la leyenda de la inundación de Viracocha. Sin embargo, para haber sido arrasada por el diluvio, la ciudad tendría que ser más vieja que Sumeria y Babilonia. De hecho, habría sido el puerto más antiguo del mundo.

Los dioses de la Atlántida: Tiahuanaco y el Titicaca contienen otros indicios inquietantes que respaldan las conjeturas de Posnansky. En los templos de la ciudad se han encontrado dibujos de animales del pleistoceno, extinguidos hace 14.000 años en la última glaciación. En las aguas del lago se han hallado especies de fauna oceánica, cuya presencia a 4.000 m de altura desafía la imaginación. Algunos investigadores señalan que sólo pudo traerlas hasta allí una marejada de escala planetaria, probablemente ocasionada por el final de esa última glaciación.

El misterioso final de Tianuahaco ha llevado también a identificarla con el mítico reino de la Atlántida. En las tradiciones de los aymara, Viracocha y los dioses que lo acompañaron en la fundación de la ciudad se describen como seres venidos del mar, de alta estatura, barba dorada y ojos de color esmeralda.

El monolito más imponente de Tiahuanaco representaba a un hombre con el rostro de Viracocha y el cuerpo cubierto de escamas de la cintura para abajo. Por sus mejillas corren las lágrimas que el dios derramó por la maldad de los hombres. Según reza el mito, estas mismas lágrimas se convirtieron en torrentes y, en un tiempo remoto, inundaron el mundo. Los aymara invadieron el lugar a partir del siglo XII y se produjo el colapso definitivo de la ciudad.

Para llegar al complejo arqueológico de Tiahuanaco lo más recomendable es tomar una plaza en un coche privado en el cementerio de La Paz. Desde el paso de lo frontera con Perú, en Desaguadero, puede tomarse un transporte público y descender en la encrucijada de Tiahuanaco. De allí al complejo hay quince minutos o pie Sin embargo, los temperaturas son bajos durante todo el año a causa de la altitud,, que puede provocar «mal de altura La visita puede tomar fácilmente un da entero. Entre los hitos arqueológicos imprescindibles, están los altorrelieves de a Puerta del Sol y los curiosas puertas corredizas» del Palacio de los Sarcófagos Vale la pena recorrer el «Museo Región de Tiahuanaco», que alberga una amplia colección de piezas halladas en las excavaciones. Para explorar el lago Titicaca, lo más aconsejable es regresar a La Paz y dirigirse desde allí al pueblo de Copacabana.

ALGO MAS SOBRE EL TEMA…
Según Belisario Díaz Romero, destacado investigador boliviano, la palabra Tihuanaco procede de dos voces aymarás: Thia – huañacu, que significan borde o ribera desecada. Esto coincidiría con la tradición que nos cuenta que el lago Titicaca llegaba hasta las llanuras del Tiahuanaco y al retirarse sus aguas, dejaron desecada la región. Otros especialistas no menos veraces nos cuentan que la palabra tiah vendría de una expresión que el Inca May te Kjupaj le habría hecho a un veloz chasqui que le traía un recado: «Tiai, huanacu», lo que significa: «Siéntate, guanaco», aludiendo a ese animal original de los Andes que corre velozmente.

En el libro «Pensamiento político en Bolivia» del escritor Alipio Valencio Vega, se establecen las discrepancias acerca de la edad de Tiahuanaco. Algunos antropólogos le asignaron una antigüedad de 20.000 años a.C, mientras que el investigador A. Posmansky le atribuyó unos 12.000.

La prueba del Carbono 14 determina que los restos analizados de esta civilización no superan los 3000 años a.C. De todas maneras, cualquiera fuera de las tres edades la correcta, lo cierto es que la cultura Tiahuanaco es la más antigua de América y se la atribuye a la cultura colla o aymará. Esta región fue conquistado por los incas del Perú, y a la llegada de los españoles en 1538 ya la cultura incaica había puesto su sello en la región del altiplano.

Lo cierto es que hace mucho tiempo, 600 d.C, Tiahuanaco fue un centro ceremonial al que acudían millares de peregrinos desde todas las regiones.

En la actualidad sólo quedan restos de establecimientos metalúrgicos, calles empedradas, gigantescas estatuas volcadas, monolitos destruidos, bases de pirámides, apenas un poco más pequeñas que la gran pirámide de Gizeh.
Tenía unos 200.000 habitantes, con el desarrollo de un gran comercio, ya que parecía que otro era el clima de esta región en aquellos años.

Este imperio, entre aymará y collantay, se extendía hasta Perú y el Norte Argentino. Cuando se observa la majestad que emana, aún hoy de las ruinas de Tiahuanaco, se llega a la conclusión de que el pueblo que levantó estos monumentos era de una elevada jerarquía cultural al igual que los egipcios constructores de las pirámides o los súmeros que erigieron los zigurat.

Estos magníficos monolitos que desafían el tiempo con su gran contenido de conocimiento astrológico y cosmológico, nos hablan de una civilización con un alto grado de organización. Esta se había elevado desde lo tribal hasta la constitución de una nación-estado con poder para movilizar grandes recursos en las monumentales obras de Tiahuanaco.

Tal vez este pueblo con vocación de ciclope se sintió unido en el esfuerzo por la sacralidad de los monumentos-símbolos que levantaba, tallaba y decoraba. Por otra parte se vio fortalecido por el sistema colectivista de los ayllu, comunidades agrícolas de trabajo de la tierra, válidas casi hasta el día de hoy, sin contar con el sistema comunal de los suyus de la civilización incaica.

Así fue posible para estos pueblos levantar monumentos, caminos, templos, palacios, calzadas, puentes, acequias, terraplenes y monumentos como los de Tiahuanaco o posteriormente los de Tahuantinsuyu. (Fuente: Huellas del Cielo de Norma Palma)

Historia de América Latina
Javier Escalante:Arquitecto y licenciado en Arqueología de la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz, Bolivia. Docente en la carrera de la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz, Bolivia.
Lugares Sagrados de América Juan Tafur

Ver:Período Preincaico Civilizaciones Chavin, Paraca y Mochica

Tenochtitlán Ciudad Sagrada de México Ciudad Azteca Historia

Tenochtitlán Ciudad Sagrada de México

La ciudad de Tenochtitlán, en la isla del mismo nombre, fue creciendo con gran planificación, dividida en cuatro barrios, cada uno con sus templos y mercados. En los alrededores estaban los cultivos y las casas de los agricultores y en el centro, la gran plaza con el templo, el mercado principal y el palacio del jefe máximo. Tenía agua corriente, llevada a través de dos acueductos que separaban las aguas dulces de las saladas, puentes levadizos y terraplenes que la comunicaban con tierra firme. Se calcula que esta ciudad llegó a tener más de 100 mil habitantes.

El mercado principal era el de Tlatelolco; allí se vendían miel de caña de maíz y de abejas, frutas, maíz, puerros, cebolla, cacao, legumbres, conejos, venados, pescado, tejidos, colores para pintores, joyas de oro y plata, de cobre, de piedra, de hueso, de caracoles y plumas. Tenía una calle donde se vendían animales de caza como águilas, halcones, perdices; calles de herbolarios donde se vendían toda clase de medicinas; casas donde daban de comer y beber a los visitantes, etc.

TENOCHTITLAN:  “Tenochtitlán fue una ciudad fundada por los aztecas en un islote del Lago de Texcoco en el año 1325. Ellos fueron un grupo que habían estado en la cercanía del lago buscando un lugar para el establecimiento y escogieron ese porque era un lugar privilegiado para la defensa militar; y estaba prácticamente desocupado.

Entonces la ciudad de Tenochtitlán llegó a ser una de las maravillas del ‘Nuevo Mundo”. Se calcula que llegó a tener entre 150 mil y 250 mil habitantes. Estuvo constituida por dos ciudades gemelas, ambas pobladas por mexicas, pero independientes políticamente. Y años después los mexicas tenoclitlans (los que formaron Tenochtitlán) conquistaron a los mexicas tlaxquelolcas (que era la ciudad norteña), y la incorporaron a su ámbito de influencias.

La ciudad (…) fue construida sobre la base del islote, pero este resultó insuficiente para el crecimiento poblacional que llegaron a tener y sobre todo para ser la capital de un gran imperio, que se extendía por muchísimas regiones de Mesoamérica: entonces le fueron ganando tierra al lago.

La ciudad tenía tantas calles construidas para circular como canales para las canoas: se dice que las calles recorrían transversalmente en base al centro, que era el Centro Ceremonial, tenían estos caminos de tierra y estos caminos agua.

Y después estaba unida la ciudad, como islote, a la tierra firme por medio de cuatro grandes calzadas: una que salía hacia el norte que era la Calzada de Tepeyac; una que salía hacia el oeste que era la Calzada de Tacuba; otra era la Calzada del Sur, que salía hacia el sur y se bifurcaba en dos y llegaba a Churubusco por un lado y Cuyacan, y del otro lado lo que es Culbuacan.

Y luego una gran Calzada Dique, la cual es una obra de ingeniería mayo, que hicieron los mexicas en la época ya de esplendor de su cultura para cerrar el acceso del agua saluda del Lago de Xochimilco.

En estas ‘Calzadas Diques’ había tramos que eran interrumpidos por huecos y se ponían puentes móviles: en caso de ataques militares se recogían estos puentes móviles y se podía aislar la ciudad. A los españoles (…) les sorprende la vida, y la cantidad de gente circulando, la comparan con las grandes capitales de Europa de ese momento, y de España, y les sorprende la limpieza y el orden en que funcionaba todo en esta gran ciudad.

 Tenía un problema muy grande de inundaciones continuas por ‘El Espejo del Lago’, que fluctuaba mucho entre la época de sequías y la época de lluvias, y aunque se. hubieran hecho trabajos hidráulicos (para desviar ríos, etc., que podían inundar) y se había tratado de controlar las inundaciones, todavía era un problema con el que luchaban continuamente.”

Así la describe el historiador Christopher Loyd en su libro «Todo Sobre Nuestro Mundo»: La ciudad de Tenochtitlan, construida en medio de un lago y sólo accesible mediante tres pasos elevados independientes, era un fabuloso laberinto de canales, pasarelas y puentes, la Venecia de América Central. Se transportaban las mercancías y las personas con canoas a través de un gran red de cinco lagos interconectados. Dos acueductos de terracota, cada uno de seis kilómetros de largo, recogían las aguas de los manantiales cercanos y las llevaban hasta el centro de la ciudad, ya que los doscientos mil habitantes de Tenochtitlan, como los romanos, eran grandes amantes de los baños termales. Normalmente se bañaban dos veces al día y se lavaban con un jabón elaborado con la raíz de una planta llamada copalxocotl.

Las mujeres embarazadas y los ciudadanos ricos tenían reservado el lujo de las temazcalli, unas saunas en forma de iglú que relajaban y curaban a los que estaban en su interior mediante los vapores balsámicos que desprendían unas hierbas terapéuticas colocadas encima de rocas volcánicas. La ciudad tenía tres calles principales, cada una de las cuales daba a una de las tres pasarelas que comunicaban con tierra firme. En el centro había unos 45 edificios públicos, entre los que había escuelas, templos y, más importante aún, el juego de pelota sagrado.

Historia de América Latina: María Concepción Obregón (México) Licenciada en Historia. Especialización en historia prehispánica, UNAM, México. Magíster en Etnohistoria.  
Lugares Sagrados de América Juan Tafur.

Descripción que Cortés hizo de Tenochtitlan

La gran ciudad de Tenochtitlan está construida en medio de este lago salado, y hay dos leguas del corazón de la ciudad a cualquier punto de tierra firme. Cuatro calzadas conducen a ella, todas hechas a mano y algunas de doce pies de ancho. La ciudad misma es tan grande como Sevilla o Córdoba; las calles principales son muy anchas y rectas, en su mayoría de tierra apisonada; pero unas cuantas, y por lo menos la mitad de las vías públicas más pequeñas, son canales por los cuales van en sus canoas.

Más aún, incluso las calles principales tienen aberturas a distancias regulares para que el agua pueda pasar libremente de una a otra, y sobre estas aberturas que son muy anchas cruzan grandes puentes de enormes vigas, muy firmemente puestos, tan firmes que sobre muchos de ellos pueden pasar diez hombres a caballo a la vez. Viendo que si los nativos intentaban cualquier treta contra nosotros tenían todas las oportunidades para ello por la forma en que está construida la ciudad, porque quitando los puentes de las entradas y salidas podrían dejarnos morir de hambre sin posibilidad de llegar a tierra firme, inmediatamente me puse a trabajar en cuanto entré en la ciudad en la construcción de cuatro bergantines, y en breve tiempo los tuvimos terminados, de modo que podía embarcar trescientos hombres y los caballos para pasar a tierra firme cuando lo deseara.

La ciudad tiene muchas plazas abiertas en las que se reúnen continuamente los mercados y se hace el negocio general de comprar y vender productos. Una plaza en particular es el doble de tamaño de la de Salamanca, y está completamente rodeada de arcadas, donde diariamente hay más de sesenta mil personas comprando y vendiendo. Toda clase de mercancías como puedan encontrarse en la Tierra están en venta aquí, sean de alimentos y vituallas, o de adornos de oro y plata, o plomo, latón, cobre, hojalata, piedras preciosas, huesos, conchas, caracoles y plumas; la piedra caliza para construir se vende igualmente allí, piedra tosca y pulida, ladrillo cocido y sin cocer, madera de todas clases en toda etapa de preparación… Hay una calle de vendedores de hierbas, donde hay toda suerte de raíces y plantas medicinales que se encuentran en la Tierra. Hay casas como boticas, donde venden medicinas hechas de estas hierbas, para beber y para usar como ungüentos y bálsamos. Hay barberías donde puede hacerse cortar y lavar el cabello. Hay otras tiendas donde se pueden adquirir alimentos y bebidas…

Por último, para evitar prolijidad en decir todas las… maravillas de esta ciudad, diré simplemente que la manera de vivir entre la gente es muy semejante a la de España, y considerando que ésta es una nación bárbara, apartada del conocimiento del verdadero Dios o de la comunicación con las naciones iluminadas, uno bien puede maravillarse del orden y buen gobierno que dondequiera Se mantiene. El servicio de Moctezuma y esas cosas que despiertan admiración por su grandeza y estado tomaría tanto describirlas que le aseguro, majestad, que no sé donde empezar con esperanza alguna de terminar.

Pues, como ya he dicho, qué podría ser más asombroso que el que un monarca bárbaro como él tenga reproducciones hechas de oro, plata, piedras preciosas y plumas de todas clases de todas las cosas que haya en su tierra, y tan perfectamente reproducidas que no hay platero u artesano del oro en el mundo que pudiera mejorarlas, ni se puede entender qué instrumento podrían haber usado para dar forma a las joyas; y del trabajo de las plumas, su igual no ha de verse, ya sea en cera o en bordado; tan maravillosamente delicado es.

Primeras Civilizaciones Precolombinas Aztecas Mayas Incas Evolucion

PRIMERAS Y GRANDES CIVILIZACIONES PRECOLOMBINAS

Los exploradores europeos lo llamaron Nuevo Mundo, porque el continente americano era “nuevo” para ellos, cuando lo descubrieron, hace cinco siglos. Llamaron indios a sus habitantes, porque pensaron que habían arribado a la India, al Oriente fabuloso de las especias tan deseadas. Para los españoles siguieron siendo las “Indias” durante siglos. En realidad, las Américas son tan antiguas como los demás continentes. Los científicos van encontrando antecedentes cada vez más remotos de la existencia del hombre en tierra americana.

civilizaciones precolombinas

Halas de obsidiana de hechura humana fueron halladas en Tule Springs, Nevada, junto con gigantescos huesos de bisonte de 24.000 años de antigüedad. La mayoría de los especialistas cree hoy que el hombre emigró del Vieja Mundo al Nuevo, a través del Estrecho de Bering hace miles de años y que, persiguiendo la caza, atravesó el continente, llegando al remoto Estrecho de Magallanes, donde se han hallado vestigios de campamentos de más de 10.000 años.

Para el año 2000 antes de la Era Cristiana, los habitantes de Meso y Sudamérica habían dado un paso decisivo al trocar la caza, como medio principal de vida, por el cultivo de una planta aborigen llamada maíz. Sobre la economía agrícola así desarrollada, la sociedad se organizó en aldeas comparables a las de los pueblos neolíticos del Viejo Mundo. De estas raíces sociales brotaron tres civilizaciones de gran poderío y esplendor: la maya y la azteca, en Mesoamérica, y la inca, en la América del Sur.

Los adelantos de estas civilizaciones, hace ya tiempo desaparecidas, permiten compararlas, con justicia, con las más antiguas del Viejo Mundo. Los incas nunca aprendieron a escribir, pero con su genio organizador equiparable al de la antigua Roma, formaron y gobernaron un vasto imperio. Los mayas no pensaron, al parecer, en el arco perfecto, pero utilizando el arco “falso” alzaron templos techados de piedra y mortero de proporciones tan nobles, como los edificios del mundo antiguo.

Entre estas civilizaciones de América, la primera en adquirir brillo y poderío fue la maya, que floreció en las intrincadas selvas de Centro América, y en la península de Yucatán. Alrededor del siglo III de nuestra era, el pueblo maya, ya muy avanzado, alzaba inmensos y esplendorosos templos y pirámides de piedra y mortero junto a sus sembradíos de maíz, en la selva empapada de lluvia de lo que es hoy Honduras, Guatemala y México, y los adornaba con elegantes esculturas y pinturas murales.

Inventaron una escritura pictográfica conservada en piedra y toda v,’a no completamente descifrada hasta hoy. Crearon un calendario más exacto que el de Europa en su tiempo, y llegaron, por evolución, al concepto del cero durante los siglos III o IV d. de C. En astronomía y matemática alcanzaron altísimos niveles.

En una época en que todavía fabricaban bellas estelas (o pilares decorados) y otros monumentos típicos de su edad clásica, los centros de cultura maya comenzaron a decaer uno a uno, hasta el año 900 d. de C. Poco a poco sus bellas ciudades ceremoniales quedaron abandonadas y desiertas. Más tarde hubo un renacimiento maya en la zona más septentrional de Yucatán.

Nuevas ciudades y templos se irguieron entre los plantíos de maíz en el período llamado posclásico, entre los años 900 y 1450 d. de C., cuando se crearon nuevos portentos de arte y arquitectura. En cierta época se produjo una fusión entre los mayas y los invasores toltecas, pueblo bárbaro, pero de talento, que emigró desde su suelo nativo en el México Central hasta Yucatán. Pero a su tiempo, este florecimiento maya en tierras del norte cayó en una decadencia tan completa, como la de las ciudades de la era clásica. Cuando el conquistador español arribó en 1527, los más bellos edificios del renacimiento ya habían sido abandonados, y la estructura política consistía en pequeñas ciudades-estados, situados en Yucatán y en el norte de Guatemala, en incesante guerra entre sí.

¿Por qué la civilización maya, con todo su esplendor, cayó en la decadencia? Agotamiento del suelo, cambios climáticos, enfermedades, revoluciones sociales, conquista extranjera y la simple corrupción de los gobernantes, han sido aducidas como posibles explicaciones por los eruditos. Pero la decadencia de la civilización maya, como su apogeo, es uno de los más profundos misterios, y de las mayores maravillas, del antiquísimo Nuevo Mundo.

Las ciudades más importantes de América, antes de la conquista hispánica, se encontraban en la parte central del continente: desde México, hacia el este y hacia el sur, hasta llegar al norte de Chile y de la Argentina, con centro en el Perú.

En Mesoamérica se destacan por su importancia arquitectónica y cultural:

•  Teotihuacán: fundada por un pueblo desconocido, en el año 300 a.C.
•   Monte Albán: fundada un siglo más tarde; residencia de los zapotecas, oriundos del estado de Oaxaca.
•   Uaxactún y Tikal: ciudades mayas, fundadas en la actual Guatemala, durante el siglo IV a.C.
•   Palenque: ciudad del estado mexicano de Chiapas, fundada durante el Antiguo Imperio de los mayas.
•  Tula: capital del reino de los toltecas, que fue destruida en el año 1116.
•  Chichen-ltzá, Uxmal y Mayapán: antiguas ciudades mayas, fundadas en el siglo IX de nuestra era, al norte de Yucatán y que se unieron-en el año 987- en una Confederación que les proporcionó dos siglos de paz y prosperidad.
•   Texcoco: capital del’reino de los chichimecas, hacia el año 1000 d.C.
•   Tenochtitián: actual ciudad de México, fundada en 1325 por los aztecas.
•   Tlacopán: ciudad que firmó, con Tenochtitián y Texcoco una triple alianza, en 1431, que resultó útil para todas ellas. En la zona Andina sobresalen como centros urbanos de importancia;
•   Chavin de Huántar: importante centro de cultura preincaica, en la región peruana de la Cordillera de los Andes.
•   Huila: antiquísima ciudad, en Colombia, correspondiente al período megalítico.
•   Chicama, MocheyVirú: ciudades de la cultura mochica, en el norte del Perú, cuyas ruinas se conservan.
•  lca y Río Grande: ciudades del sur del Perú, cuyas ruinas son famosas.
•  Tiahuanaco: importante centro de la cultura que lleva su nombre y cuya expansión se registró hacia el año 1300 de nuestra era.
•   Cuzco: capital del imperio incaico, fundada en el S. XI por Manco Capac, y que cayó en poder de Pizarra en 1533.
•   Machu-Pichu: ciudad sagrada, cerca de Cuzco, descubierta en 1911.
•   Ollantay-Tambo: ciudad incaica, cerca de Cuzco, actualmente en ruinas.
•   Chanchán: capital del imperio chimú, con sede en el Perú, que fue tomada por Tupac Yu-panqui a fines del siglo XV.
•   Bacatá (hoy Bogotá) y Hunsa (hoy Tunja): ciudades de Colombia, que se disputaron la hegemonía, en el altiplano de la Cordillera Oriental.

En cuanto a las características generales de la arquitectura americana precolombina tuvo ciertos puntos de contacto con los que, en la Antigüedad, se registraron en Egipto, en la Mesopotamia y en la India. Especialmente el tipo de construcciones realizadas en Teotihuacán, Te-nochtitlán, las tres ciudades yucatecas (Chichen-Itzá, Uzmal y Mayapán) y las de Tiahuanaco, Cuzco y Machu-Pichu. Los materiales empleados fueron la piedra volcánica, de color rojizo, que los mexicanos llaman «tezontle», los bloques de piedra, los adobes de arcilla y la madera, usada para hacer terrazas y voladizos. También se encontraron pisos de mica, de seis centímetros de espesor, que cubren un total de veintinueve metros cuadrados, en edificios aledaños de Teotihuacán.

El trazado arquitectónico se apoyaba en las leyes de la goe-metría y observaba módulos aritméticos. Se destacaron los templos -que tenían como base enormes pirámides escalonadas llamados «teocali» (entre ellos el más importante fue el de Cholula, ciudad del estado de Puebla)- y los palacios, construcciones alargadas que -según explicó J. C. Moreux- se hallaban «extendidas sobre terrazas y unidas por numerosas escalinatas».

Todas las salas eran dobles, en profundidad -agrega-; las primeras se iluminaban directamente; las últimas, indirectamente: por ejemplo, en Palenque y Uxmal. Los incas -en cambio- no iluminaban sus habitaciones, que se imbricaban en un laberinto inextricable y misterioso».

Usaron, como motivos de decoración, baldosines geométricos y multicolores; esculturas y bajo relieves sobre motivos simbólicos (la serpiente emplumada que representaba a Quetzacoátl y el dios de la lluvia: Tláloc), naturales (flores, hojas, plantas, frutos, árboles, etc.); zoomorfos (aves, jaguares, pumas, coyotes, mariposas, peces, saurios y caracoles) y antropomorfos; estructuras de materiales sólidos, entretejidos como si fueran lianas; pinturas murales de vivísimas tonalidades; enlucidos y estucos (pasta de cal y mármol) brillantes y policromados, con que recubrían, por fuera, los edificios y hasta las pirámides; piedras de obsidiana -en forma de disco— que insertaban en las paredes y con las cuales hicieron trabajos de mosaico; molduras achaflanadas o rectas; revestimientos con piedras matizadas; monumentales escaleras y pórticos, con dinteles pétreos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Argentina Fascículo I
Enciclopedia Ciencia Joven Tomo II Fasc. N°28 Edit. Cuántica – Ciudades Precolombinas –

Ruinas de Palenque Tumba Sagrada Maya del Rey Pakal Restos Mayas

Ruinas de Palenque – Tumba Sagrada Maya del Rey Pakal – Restos Mayas – Observatorio –

Las ruinas de Palenque, rodeadas de una densa jungla tropical, representan el núcleo central de una amplia ciudad cuya superficie se acercaba a los ocho kilómetros cuadrados, cuyo origen exacto se desconoce es un lugar de una belleza hechizadora. Durante cientos de años, el verde de la selva, húmeda y tropical, cubrió sus magníficos e increíblemente bellos monumentos de piedra.

En la espesura de las selvas chiapanecas, las ruinas de Palenque rinden tributo al esplendor de la civilización maya. Aunque la ciudad no fue tan grande como Tikal o Copán, ni tan decisiva en la historia maya como Chichén Itza, el legado arquitectónico y artístico que alberga no tiene igual en la arqueología mesoamericana.

La ciudad, que comenzó a construirse entre los siglos III y V de nuestra era, está atravesada por un afluente del río Usumacinta. Tuvo su máximo esplendor entre los años 500 y 700, época en la que se construyeron los principales monumentos. Hacia finales de siglo X una invasión de pueblos ribereños procedentes del golfo de México determinó su ruina y abandono.

Ruinas de Palenque Restos de la Civilizacion Maya Observatorio

Templo de las Inscripciones, el mas importante de los monumentos de Palenque, se encuentra sobre una pirámide escalonada. Desde el interior del templo se puede descender a una cripta  funeraria de Pakal

Según los historiadores, fue fundada como aldea agrícola alrededor del año 100 a.C. con el nombre de Lakam Ha, que significa «aguas grandes», en alusión a las cascadas de los alrededores. Entre los siglos II y VI se convirtió en una ciudad y, en el curso del siglo VII, en la capital de Bakaal, uno de los estados mayas más prósperos.

Sus gobernantes se jactaban de pertenecer a un linaje tan antiguo como la Creación, que los calendarios mayas fechaban en el año 3114 a. C. Abandonada misteriosamente, esta ciudad poblada por los fantasmas de su esplendoroso pasado se mantuvo oculta y el increíble y selvático paisaje cubrió con su vegetación la piedra tallada, los templos y la magia secreta de los mayas.

Ruinas de Palenque Tumba Sagrada Maya del Rey Pakal Perdida en la SelvaLa zona central está dominada por el Palacio, que se alza sobre una inmensa colina artificial en forma detronco de pirámide. Sus dependencias se organizan alrededor de cuatro patios dominados desde el ángulo suroeste por la torre de vigilancia u observatorio astronómico, una construcción en tres niveles cuya estructura es única en la arquitectura maya.

Hoy se presenta ante nuestros ojos explorada en cada milímetro por arqueólogos, investigadores y curiosos, pero su misterio sigue siendo impenetrable. Esta joya une la generosidad de la naturaleza y el fértil verdor de la selva con la magia de sus pirámides escalonadas, en el estado mexicano de Chiapas, donde todavía habitan los descendientes de la sabia y desaparecida civilización maya.

Un viajero estadounidense John Lloyd Stephens (1805—1852)  relató sus experiencias en Palenque en el año 1841 , y atrajo las miradas de aventureros y arqueólogos hacia la ciudad escondida. Desde entonces, Palenque no ha dejado de ser visitada y estudiada, sus escalones de piedra, gastados por los siglos, ascendidos y descendidos en la búsqueda de cada huella y de cada indicio que sirva para acercarnos a una cultura desaparecida.

El enigma de la tumba de Palenque:

En el año 1947, un arqueólogo mexicano, Alberto Ruz L’Huillier (1906-1979), observó una piedra de gran tamaño en el llamado Templo de las Inscripciones. Estaba atravesada por doce agujeros tapiados con tapones perfectamente encastrados. El arqueólogo sospechó que algo se escondía tras la piedra y ordenó levantar la Josa. Asombrado, vislumbró a la pálida luz del templo una escalera que descendía interminablemente. ¿Hacia dónde conduciría?

Hasta entonces, no se habían hallado sepulturas en las pirámides mayas y se creía que su función era sólo contener los templos construidos en sus cimas. Pero este nuevo descubrimiento desconcerté al arqueólogo. La escalera estaba repleta de escombros, que comenzaron a ser retirados en lo que resultó ser un esfuerzo continuado durante años, ya que la galería era increíble-mente larga y estaba cubierta de piedra y maleza que hacían imposible avanzar por ella.

Tras varios años de trabajo y habiendo desprendido las piedras de cincuenta y nueve escalones, en 1952 fue posible descender. La escalera terminaba en una pared. Hubo que abrir un hueco allí para descubrir un segundo muro, y tras él se encontró una caja de material que contenía tres pequeñas fuentes de cerámica, tres conchas marinas y adornos de jade: se trataba sin lugar a dudas de una ofrenda, pero ¿a quién estaba destinada?

Las ofrendas halladas daban esperanza después del duro trabajo realizado. Ruz L’Huillier y sus ayudantes sentían que por fin estaban por hallar algo realmente importante. Pero todavía faltaba la prueba mayor. Frente a ellos cerraba completamente el paso una nueva pared, un obstáculo más grande que las anteriores porque tenía nada menos que tres metros de espesor. El pasadizo era estrecho, el calor, sofocante, demoraron días extenuantes en poder abrir un pequeño paso en el muro.

Tras él, había una cavidad. En ella hallaron por fin lo largamente esperado: la explicación de la galería misteriosa y un hallazgo conmovedor. Seis osamentas, los restos de cinco hombres y una mujer. Amontonados en la estrecha sepultura, no cabían dudas de que habían sido víctimas inmoladas a algún dios sanguinario. Los restos eran de personas jóvenes, asesinadas, pero ¿,por qué?.

Luego se conocería que era una más de las muchas ofrendas realizadas y que este misterioso pueblo tenía corno costumbre inmolar a personas cuya sangre se ofrecía para aplacar a los dioses. Un nuevo bloque de piedra impedía el paso a los investigadores, pero no era ocasión de dejarse vencer por el desaliento cuando se estaba tan cerca del éxito. El arqueólogo logró abrir un nuevo paso en la piedra monolítica y antiquísima. Al mirar por la abertura, el explorador no podía creer lo que veía.

Como Carter frente a la tumba de Tutankamón, hubiera podido exclamar: “Veo cosas maravillosas”, ya que también él observó un espectáculo fantástico: una gran cripta con muros cubiertos completamente por bajorrelieves, cuyo centro estaba ocupado por un monumento de piedra esculpida. El arqueólogo mexicano expresó: “…Se podría decir que era una gran gruta mágica esculpida en el hielo, con paredes brillantes que centelleaban como los cristales de la nieve. Delicados festones de estalactitas colgaban como los cordones de las cortinas y las estalagmitas en el suelo parecían como oscilaciones de luz de un gran cirio».

Ruinas de Palenque Tumba Sagrada Maya del Rey Pakal Perdida en la SelvaLas formaciones calcáreas, conformadas durante el transcurso de los siglos, por encima de la gruta, daban al conjunto un aspecto mágico e irreal.
Realizando un gran esfuerzo, lograron que el monolito girara sobre si mismo. En ese instante en que pudieron penetrar; al fin, en el santuario, la emoción llegó a su punto máximo.

La habitación medía nueve metros por tres, en ella estaban representados nueve personajes de estuco: los Nueve Señores de la Noche, reyes del mundo infernal de los antiguos mayas. dispersas, había. numerosas ofrendas, además de dos maravillosas cabezas de estuco, cubiertas por abundantes cabelleras, atadas con cintas y adornadas por flores secas de nenúfares.

Sin dudas, lo más extraordinario era el gran monumento que ocupaba todo el centro del lugar, un enorme bloque de piedra que debía pesar cerca de veinte toneladas y cuya superficie estaba recubierta por una losa finamente esculpida.

En esta cripta funeraria se encontró una lápida de piedra de 5 t con magníficas tallas, colocada sobre un sarcófago; en todas las paredes había relieves escultóricos que representaban a los nueve Señores de la Noche venerados por los mayas. Dentro del sarcófago, Huillier descubrió los restos de un hombre alto, fallecido hacia sus 40 años. Su cuerpo y su rostro permanecían cubiertos de joyas de jade, que contrastaban con el revestimiento rojo de la tumba. Enormemente lujosa era la máscara funeraria, de mosaico de jade, con curiosas incrustaciones de obsidiana y nácar en los ojos. Las tallas de la lápida del sarcófago no representan un astronauta en una cápsula espacial como asegura Erich von Daniken en su obra Recuerdos del futuro, sino que constituyen un valioso símbolo del tránsito del alma al reino de los muertos. Y más concretamente, describen la trasformación de un jefe maya en un dios

En el medio de la losa había una pintura de un hombre joven, adornado con gran riqueza, a quien rodeaba un exuberante decorado (le signos sagrados y jeroglíficos que eran por sí solos un enigma suficiente para desvelar al descubridor. ¿Cómo desplazarlo? Trabajaban en muy poco espacio bajo un calor insoportable, en una cripta de aire enrarecido y sofocante. Lograron moverlo con gatos de automóvil fijados sobre tacos de madera. Y ante sus ojos, descubrieron una nueva losa, un nuevo obstáculo de piedra.

Está de más decir que los mayas guardaban celosamente sus secretos. Pero Ruz L’Huillier  era pertinaz y no cejaría hasta develar la última incógnita. Así que levantaron esta nueva loza para encontrar, por fin, el motivo central de tanto misterio: un esqueleto adornado prolijamente con ricas joyas. No habían subsistido los ropajes con que había sido enterrado, sólo quedaban hilos sueltos de ellos, pero estaba cubierto de hermosos adornos de jade que refulgían en las sombras de la bóveda.

El rostro del muerto estaba cubierto con una máscara funeraria de jade, una obra maestra del arte maya, con los ojos realizados en conchillas y el iris de obsidiana. La expresión del rostro es tan realista que se puede suponer que era un retrato, una representación

Fuente Consultada: Lugares Misteriosos Paula Ruggeri

Los Olmecas Cultura Arte Primeros Pueblos de Mesoamerica Mayas

Los Olmecas Cultura Arte
Primeros Pueblos de Mesoamérica

La región antropológica de Mesoamérica se extiende por el centro y sur del actual México y por los países de América central hasta Costa Rica. Abarca una gran variedad de zonas climáticas y ecológicas.

En general, puede afirmarse que toda ella estuvo muy poblada desde tiempos prehistóricos, aunque fueron los valles de México, Oaxaca, Jalisco y Guatemala los que concentraron en mayor medida la población.

Los pueblos que habitaron Mesoamérica presentaban caracteres muy diversos, y hablaban centenares de idiomas, pero todos ellos poseyeron un conjunto de elementos culturales comunes: constantes arquitectónicas —canchas para juegos rituales de pelota, pirámides escalonadas—, calendario, registros históricos, religión compleja en la que aparecían casi siempre un dios de la lluvia y un héroe civilizador, urbanismo notablemente desarrollado, rígida estratificación social y cultivo agrícola fundamentado en el complejo maíz-frijol-pimiento-calabaza.

La revolución neolítica se inició en Mesoamérica entre el 5000 y el 4000 a.C, pero fue hacia el 3500 cuando, coincidiendo con cierto enfriamiento del clima y un aumento de las precipitaciones en el área, empezaron a cultivarse las especies que han seguido siendo el fundamento de la alimentación del hombre mesoamericano hasta nuestros días.

LOS MISTERIOSOS OLMECAS: Parece ser que la primera civilización importante de Mesoamérica fue la de los olmecas, que ya en el año 1000 antes de Cristo habitaban en las selvas de la costa del golfo de México, en las cálidas tierras de Veracruz y Tabasco. El nombre de los olmecas deriva de la palabra oh (caucho).

Al parecer, el poderoso olmeca tuvo su cuna en el sudoeste de México, de donde se extendió hacia el Este y. el Sur hasta alcanzar su máximo esplendor en las regiones próximas al golfo de México.

La mitología olmeca hizo del jaguar el símbolo supremo de los espíritus de la naturaleza, dotados de ominosos poderes.

Existen numerosos ejemplares de tallas olmecas que representan la figura del jaguar humanizado y en algunas ocasiones alcanzan un alto grado de estilización.

Los olmecas fueron maestros insuperables en la talla de la piedra, ya se tratara de una pieza de jade del tamaño de una uña o de una enorme cabeza de basalto de más de dos metros de altura.

Por resistente que fuera el material, sus artistas hallaban medios de modelarlo, comunicándole expresivos matices.

Valiéndose de brocas tubulares y macizas, los lapidarios horadaban las sutiles láminas y cuentas de jade, perforando agujeros de varios centímetros de longitud, a menudo tan angostos, que hacían casi imposible la tarea de ensartarlas.

El jade, representado por una diosa, simbolizaba el cielo y el agua, y sólo a nobles y personas de alto rango se les permitía usarlo en el adorno personal.

Como símbolo de vida eterna introducían una pieza de jade en la boca de sus muertos.

El material preferido en la talla de figurillas era la jade, piedra translúcida de tonalidades azules, grises y verdes, que los lapidarios cortaban y redondeaban con piedras pulidoras y abrasivos Los Olmecas Cultura Arte Primeros Pueblos de Mesoamerica Mayaspulverizados, antes de proceder a su modelado, en el que empleaban sierras de piedra (con una de estas herramientas esculpían finas estrías que sugerían los cabellos).

Para señalar los detalles de las vestiduras, ornamentos y tatuajes, se valían de herramientas de cuarzo o jade y, por último, pulían la estatuilla con un instrumento de gran dureza.

Algunas de las esculturas más imponentes de la cultura olmeca fueron creadas en la exuberante selva que cubre el istmo de Tehuantepec; son colosales cabezas de basalto, que debieron transportarse por agua, puesto que la cantera más cercana se hallaba a más de 100 Km. de distancia, hasta el lugar de su emplazamiento, donde recibía probablemente los últimos retoques.

Una de las imágenes más repetidas es la del varón rechoncho, corto de extremidades, de manos y pies pequeños, cabeza piriforme artificialmente deformada y completamente afeitada, ojos mongoloides, y boca grande, con las comisuras que se curvan hacia abajo y el labio superior prominente.

Las enormes cabezas de piedra de la cultura olmeca, de dos a tres metros de altura, un peso de 15 toneladas, nariz chata, labios gruesos, halladas en La Venta y Tres Zapotes, constituyen sorprendentes vestigios de esta misteriosa cultura americana que desapareció hacia el 600 de nuestra era.

AMPLIACIÓN DEL TEMA

EN el 900 a.C, los centros religiosos olmecas de San Lorenzo, en el territorio del actual México, fueron violentamente destruidos. Lo mismo sucedió quinientos años después con La Venta. Pero los olmecas no murieron con sus monumentos. Sus tradiciones —el culto al jaguar, el trabajo del jade y la piedra, la agricultura, la escritura y las convenciones sociales— se propagaron por América Central y por las sociedades de Sudamérica.

CLASES SOCIALES
Los olmecas se organizaban en clases estrictamente separadas: agricultores, comerciantes, artesanos y jefes-sacerdotes. Esta última era la clase privilegiada y vivía en los grandes centros religiosos, que estaban construidos por una civilización inteligente y próspera. Los enormes bloques de basalto de La Venta debieron remontarse por vía fluvial, probablemente en balsas, desde las lejanas montañas de Tuxla.

ORÍGENES CULTURALES
No se sabe cómo se relacionaban los olmecas con las civilizaciones vecinas. No han sobrevivido suficientes muestras de escritura como para que pueda intentarse una reconstrucción, pero no cabe duda de que los olmecas contribuyeron al sistema jeroglífico de los mayas (h. 300 d.C.-900). También es probable que los pueblos chavín fueran el resultado de migraciones olmecas.

INFLUENCIA OLMECA
Los escultores olmecas fueron los primeros artistas americanos. Su estilo característico, de líneas sencillas y volúmenes monumentales, se puede ver reflejado en la cultura de Oaxaca (sur de México) y otras. Como otras culturas americanas, la de Oaxaca estuvo influida también por las creencias religiosas de los olmecas. De todos modos, no se sabe si esta difusión de una «cultura madre» se hizo por la conquista, el comercio o la emigración, o se debió a una combinación de los tres factores. No sabemos qué nombre se daban los olmecas.

ALGO MAS…
Los olmecas, la primera gran cultura mesoamericana

El pueblo olmeca se estableció en la zona sur del estado de Veracruz y al oeste del de Tabasco, sobre el Golfo de México, donde ocupó un área de 18 000 kilómetros cuadrados en la que se han encontrado más de treinta sitios arqueológicos.

La región, limitada por los ríos Coatza-coalcos y Papaloapan, se halla a una altitud inferior a los 100 metros, a excepción de las montañas Tuxtlas, que superan los 500 metros.

Esta zona está sometida a un alto régimen anual de precipitaciones, y su paisaje alterna el bosque tropical y la sabana. En época de lluvias, estas extensiones se transforman en pantanos, que en el pasado fueron muy útiles al convertirse en vías que facilitaban las comunicaciones.

Se han dado numerosas interpretaciones acerca del origen de los olmecas y cómo se desarrolló su cultura. Las distintas versiones van desde las que los consideran un imperio que se extendió por toda Mesoamérica, a aquellas otras que estiman que formaron un Estado teocrático e, incluso, un humilde cacicazgo.

En la actualidad, los estudiosos todavía discuten si la olmeca fue la cultura-madre de la civilización mesoamericana, o si, por el contrario, las primitivas sociedades de Mesoamérica evolucionaron simultáneamente a ella, aunque de forma autónoma. Otros estiman que este pueblo tuvo un desarrollo más avanzado que el resto de sus contemporáneos.

Si se tiene en cuenta esta última teoría, los cambios posteriores que se habrían dado en esta cultura responderían a condiciones y procesos locales que, por otra parte, son muy diferentes en el altiplano y en las tierras bajas.

Ver: Primeros Pueblos de México

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Argentina Fascículo I
El Mundo Precolombino Editorial Océano

El Monasterio de Arcadien Historia Matanza de Griegos Por Los Turcos

 MASACRE DE GRIEGOS EN EL MONASTERIO DE ARCADIEN

EL MONASTERIO DE ARCADIEN: Protagonizando uno de los episodios más heroicos de la historia reciente de Grecia, el 9 de noviembre de 1866, hombres, mujeres y niños cretenses, asediados por los turcos en el monasterio de Arcadien, se reunieron en una antigua bodega. La situación era desesperada.

Las alborozadas tropas turcas habían irrumpido en el recinto del monasterio y se apiñaban tras la puerta de la bodega. El grito de guerra de los cretenses era «Libertad o Muerte», y estaba a punto de ser puesto en práctica. Ya que los barriles entre los que se hallaban estaban llenos no de vino, sino de pólvora.

Una litografía que describe ese trágico momento evoca la semipenumbra de la bodega: hombres, mujeres y niños arracimados en torno a su líder, Constantino Giaboudakis, quien, a horcajadas sobre los barriles de pólvora, empuña la pistola que iba a mandarlos a todos a la eternidad. Para los cretenses, hoy como entonces, ese simple disparo transformó a Arcadien en un símbolo de heroísmo, sacrificio y libertad.

masacres de griegos

El  monasterio de Arcadien, junto a Rezimón, en la costa norte de Creta, es el más sagrado de la isla. En 1866 fue centro de una insurrección cretense contra el dominio de los turcos. Ante un número mucho mayor de oponentes, los cretenses prefirieron perecer en una explosión antes que rendirse al enemigo. Pero su acción sirvió de inspiración para sus compatriotas y le granjeó a Creta el apoyo de las principales potencias occidentales. La capilla del monasterio (arriba y derecha), una heterogénea mezcla de estilos, data del siglo XVI.

En 1866 el monasterio de Arcadien se había convertido en el núcleo de una insurrección contra los turcos, que habían gobernado en Grecia desde hacía 200 años. El comisionado turco local, Mustafá Pacha, había amenazado con arrasar el edificio si los líderes revolucionarios cretenses no lo abandonaban. Desafiando esa amenaza, 960 frailes, resistentes, mujeres y niños que se habían concentrado en el monasterio en busca de protección, se prepararon para el inevitable desenlace.

Un sacrificio por la libertad
Los defensores, en número inferior, combatieron con bravura, pero el 9 de noviembre los turcos penetraron en el monasterio. Tal como lo habían planeado, los cretenses que pudieron se precipitaron al cuarto de la pólvora. Allí, mientras los turcos, sin sospechar nada, se agrupaban tras la puerta de la bodega, Giaboudakis apuntó con su pistola hacia los barriles de pólvora e hizo fuego.

Una balada popular ulterior relata que la poderosa explosión hizo temblar la tierra y en las montañas de Creta repercutió su eco. La masacre fue espantosa: más de 800 cretenses murieron; las pérdidas turcas fueron mucho más cuantiosas.

Este acto supremo de valentía y sacrificio tuvo profundas repercusiones más allá de la isla y de sus gentes, que siguen señalando el acontecimiento con un día de fiesta nacional. Por primera vez los poderes internacionales tomaron en cuenta lo que se dio en llamar «la cuestión cretense». Donativos y víveres llegaron desde la Grecia continental, desde Rusia, y los británicos fletaron un barco, el Arkadi, para transportar víveres y voluntarios. En Estados Unidos, el senado manifestó públicamente su apoyo a los cretenses.

También recibieron muestras de simpatía por parte de figuras internacionalmente relevantes, tales como Garibaldi y Víctor Hugo. El poeta Algernon Swinburne escribió un poema sobre el suceso. Aunque pasarían otros treinta años hasta que los turcos abandonaran definitivamente la isla, Arcadien hizo que Creta y su lucha por la libertad irrumpieran en el mapa político.

Un tranquilo refugio: En el silencio y la serenidad que emanan del monasterio aún pueden verse las cicatrices: agujeros de bala en la puerta del refectorio; un obús turco incrustado en un alto ciprés venerable en el recinto del monasterio; muros derruidos por el intenso fuego de la artillería. El recordatorio más patente de la tragedia es el molino de viento que está junto a la puerta del lado oeste: ha sido convertido en «osario», y encierra las calaveras de los cretenses que murieron en el holocausto.

Fundado este monasterio, según la tradición, en el siglo V de nuestra era por el emperador bizantino Arcadio, la mayoría de sus edificios datan del siglo XVI. El emplazamiento que eligieron los monjes para su retiro sería difícil de superar. Asentado en una meseta entre colinas de suaves pendientes, el monasterio está rodeado de olivos, robles y naranjos.

La primera impresión que da Arcadien es la de un largo muro color arena horadado por pequeñas ventanas oscuras. La entrada se efectúa por la puerta occidental, reconstruida, desde la cual la ornamentada fachada color ámbar de la iglesia surge a la luz como una salida del sol.

La disposición del monasterio es simple. Enmarcando el patio se encuentra la estructura principal, que forma prácticamente un cuadrilátero, una colmena de pequeñas celdas austeras y oscuras: celdas de los monjes, despensas, bodegas. Éstas, junto con los claustros y las pérgolas cubiertas de viña verde, proporcionan una apreciable sombra a los escasos monjes que aún residen allí.

Los gatos, las gallinas, las colmenas y una antigua prensa para el vino recuerdan que la vocación espiritual del monasterio siempre estuvo compaginada con sus necesidades materiales y su hospitalidad para con los visitantes. El escritor Edward Lear pudo experimentar esto último por sí mismo cuando visitó Arcadien en 1864. Fue cálidamente acogido y se le sirvió una suntuosa cena con pichón estofado y ensalada, cerezas, alubias, queso y miel; para beber le sirvieron vino y después café.

Arcadien es muchas cosas a la vez: es ante todo un lugar para la contemplación espiritual y el aprendizaje, un monasterio vivo de la iglesia ortodoxa griega. Para los visitantes, es un oasis de tranquilidad y un sitio impregnado de historia. Para los cretenses, Arcadien es todo eso y, además, un símbolo de su determinación inquebrantable por gobernar su propio destino.

Fuente Consultada: Enciclopedia de Historia Argentina Fascículo I

Civilizaciones de Mesoamerica Olmecas Primeros Pueblos Cultura

Civilizaciones de Mesoamérica

Cuando hablamos de Mesoamérica nos referimos a la zona comprendida entre los paralelos 17 y 22, que encierra una gran parte de México, Guatemala, Honduras y parte de Nicaragua. Es decir desde las ruinas de La Quemada, en el norte de México, hasta Copán, en Honduras, en el sur.

En este vasto territorio florecieron las “altas culturas» que, no obstante sus diversas características étnicas, lingüísticas y artísticas, reunieron, a través de los siglos anteriores a la conquista española, una serie de factores básicos que permite englobarlas dentro de un marco común.

Entre estos factores comunes figura, en primer lugar, la agricultura, con el maíz como cultivo principal; el conocimiento de la astronomía que les permitió fijar las épocas de cultivo y las cosechas por medio de un calendario tan perfecto, que funcionaba con mayor precisión que los calendarios europeos.

En todas estas culturas la agricultura, que aseguraba crecientes reservas de alimentos, sentó las bases del florecimiento de centros poblados, fomentando a la vez las nuevas artes de la cestería, alfarería y confección de tejidos y la formación de una casta sacerdotal, inseparable de la clase gobernante, cuyo poder se puso de manifiesto en la construcción de grandes monumentos de ladrillo y piedra.

Miles de hombres trabajaron en la edificación de imponentes construcciones piramidales, rematadas por amplias plataformas ceremoniales, donde se realizaban sacrificios humanos a los dioses. Los sacerdotes ascendían solemnemente por amplias y empinadísimas escalinatas a estas plataformas, para oficiar los sacrificios.

Para levantar la Pirámide del Sol en Teotihuacán, cerca de la ciudad de México, que data de hace dos mil años, dedicaron su tiempo libre, durante 20 años, tinos 10.000 campesinos. Ella tiene 224 metros de lado por 60 metros de altura.

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Pirámide del Sol

La Pirámide de Cholula cubre casi 16 hectáreas de superficie y alcanza los 54 metros de altura, es más grande que la de Keops, en Egipto, pero a diferencia de las pirámides egipcias en general las mexicanas son siempre truncadas. Cuando llegaron los españoles ya estaba abandonada y cubierta de malezas; los conquistadores, creyendo que era un monte, construyeron una iglesia en la cima.

Estos centros teocráticos (teocracia: gobierno ejercido por sacerdotes), tenían una organización social rígidamente conducida por príncipes-sacerdotes que formaban una casta especial. El resto del pueblo eran campesinos, artesanos y soldados, sometidos a ese pequeño grupo rector, o minoría ilustrada.


Pirámide Cholula

En las extensas y variadas tierras de la América precolombina vivió una gran diversidad de pueblos, cada uno de los cuales tenía su propia personalidad y modo de vivir. Las culturas  de los aztecas y los mayas no son sino dos entre las muchas de Mesoamérica, cuyos límites cronológicos no se han podido determinar aún.

Se conocen por lo menos tres grandes centros que compartieron con los de los mayas la economía basada en el cultivo del maíz, así como la arquitectura, el calendario y la religión, aunque diferían de aquéllos en idioma, costumbres, habilidad y estilo artístico. Esas tres civilizaciones surgieron en la zona que hoy ocupa México. Eran la de Teotihuacán; la de los zapotecas y más tarde la de los mixtecas, ambos de Oaxaca; y la de los Olmecas, de Veracruz y Tabasco.

Los Olmecas tallaban magistralmente la piedra y, en especial, el jade. Algunos monumentos Olmecas llevan inscripciones de calendario, que se consideran más antiguas que la civilización maya del primer período, lo que indujo a unos científicos mexicanos a sostener que las civilizaciones mesoamericanas tuvieron su origen en la cultura Olmeca. Dos civilizaciones mexicanas mencionadas —las de los zapotecas y el pueblo de Teotihuacán— continuaron floreciendo durante los siglos de preponderancia maya.

El Valle de México es una de las regiones que primero habitó el hombre americano. Fósiles humanos a los que se atribuyen 11.000 años de antigüedad, se han encontrado en Tepexpán. No se sabe exactamente quienes fueron los creadores de la civilización de Teotihuacán, pero se supone que tienen un parentesco con los Olmecas. Los aztecas últimos en surgir en el Valle de México, constituyeron una pequeña tribu nómada, que se formé en el extremo septentrional de este

mundo mesoamericano intensamente desarrollado. Se establecieron en una isla del Lago Texcoco, en el centro del valle. En la época en que llegaron los españoles, ya habían comenzado a practicar las artes de la fundición y la elaboración de metales blandos. Cortés y sus huestes sólo vieron que los palacios de Moctezuma estaban llenos de oro, y eso es lo que la posteridad ha recordado.

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Ciudad Encantada de Cuenca en España

Al recorrer cada uno de los espacios que conforman la llamada Ciudad Encantada de Cuenca, en España, inmediatamente podemos darnos cuenta cuál ha sido el motivo por el cual se ha elegido dicho nombre para el lugar. Las curiosas formas que han tomado las rocas que componen el escenario del lugar no nos dejan dudas.

Situada al norte de la ciudad de Cuenca, a 25 kilómetros del municipio de Cuenca, en la Comarca de la Serranía Alta y Campichuelo, la Ciudad Encantada ha sido declarada Sitio Natural de Interés Nacional el 11 de junio de 1929, a fin de conservar este preciado patrimonio.

Ciudad Encantada de Cuenca en España
(DATOS FOTOGRAFÍA)

Durante millones de años, la erosión producida por el agua y el viento dieron como resultado que en el lugar aparezcan un conjunto de rocas de composición caliza, que han sido esculpidas de forma especial. De allí que muchas hayan adquirido nombres que definen de cierta manera sus extrañas formas, tales como el Perro, el León, la Cara del Hombre, el Tobogán, la Ballena, los Barcos, los Amantes de Teruel, el Puente Romano y Tormo Alto, entre otros.

Pero las esculturas formadas por la naturaleza no suelen ser el único objeto de las miradas de los cientos de turistas que año tras año visitan el lugar, ya que además el espacio posee una vegetación única, conformada por pinos y enebros.

Cabe destacar que el fenómeno kárstico producido en el lugar también se produjo en el paraje llamado Los Callejones,  que junto con Ciudad Encantada forman parte del Parque Natural Serranía de Cuenca.

Lo cierto es que el origen de las maravillosas y extrañas formaciones rocosas que caracterizan a la Ciudad Encantada se remonta a más de 90 millones de años, precisamente durante el llamado Periodo Cretácico, cuando el Mar de Thetis cubría una gran porción de lo que en la actualidad conocemos como la Península Ibérica. En este contexto, la Ciudad Encantada formaba parte del fondo del Mar de Thetis.

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Llegando al final del Cretácico, los cambios en la zona y la aparición de vegetación provocaron la elevación del terreno, permitiendo así que la región que hoy ocupa la Ciudad Encantada emergiera a la superficie.

En aquel momento los bancos de carbonato cálcico que componían la región, ya convertidos en piedra caliza, quedaron totalmente expuestos, y los agentes atmosféricos iniciaron los cambios que darían como resultados verdaderas obras de arte de la naturaleza.

Hoy millones de turistas se maravillan al recorren la zona, y hallar en cada rincón una roca con una forma caprichosa, en la que la naturaleza parece haber esculpido su propio arte. Y sin lugar a dudas, es la llamada el Tormo Alto la roca que actualmente se ha convertido en el principal atractivo de la Ciudad Encantada, ya que se trata de la roca ubicada en la entrada del recorrido, y es la encargada de darles la bienvenida a los visitantes.