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EL VALLE DE MÉXICO TEOTIHUACAN

En los alrededores de la actual capital de México se encuentran los restos de una notable heredad cultural, que data de más de dos mil años. En la altiplanicie central de México, a 57 kilómetros de la moderna capital, se levanta el centro religioso, cuyas ruinas cubren un área de 20 km2. El monumento más imponente del lugar es la gran Pirámide del Sol, de 60 metros de altura, la más grande estructura del Valle de México.

Esta gran pirámide truncada, casi tan grande como las pirámides de Egipto, fue construida, a lo largo de 20 años, por unos 10.000 campesinos que dedicaron todo su tiempo libre a levantar esta monumental construcción. Está orientada en tal forma, que el sol se ubica en línea recta con relación al edificio, en la fecha de su paso por el cenit; rige, asimismo, la distribución axil de todas las pirámides enclavadas en aquel lugar.

La pirámide se compone de seis plataformas de tamaño decreciente. La fachada del cercano templo de Quetzalcoatl está decorada con figuras en relieve y cabezas esculpidas del dios dé la lluvia, Tláloc, y la serpiente emplumada, Quetzalcoatl.

Cuando sobrevino el fin de Teotihuacán, hacia el 900 de nuestra era, los toltecas emigraron desde el norte a la meseta central de México; en Tula (fundada en 980) levantaron una ciudad de opulencia sin igual, dando vida a un nuevo estilo arquitectónico en sus templos. Desde Tula, unos sacerdotes y guerreros emigraron a Yucatán, donde incorporaron el estilo característico de Tula al de los mayas en Chichén-ltzá.

Los constructores de Teotihuacán: Se desconoce quiénes fueron los autores de la construcción de la mayor ciudad de la América precolombina. En otro tiempo creyóse en la autoría de los aztecas, pero ocurre que cuando éstos descubrieron la ciudad, la misma llevaba ya siete siglos en ruinas. De hecho, estas ruinas impresionaron de tal modo a los aztecas que les impusieron de nombre Teotihuacán, que en su idioma náhuatl significaba «El lugar de los que siguen el camino de los dioses».

Quienesquiera que fueren los constructores de tan magnífica ciudad, es indudable su maestría en las artes de la arquitectura y la administración. Las muestras más imponentes de su escultura están representadas por austeras máscaras de piedra, realizadas en basalto negro o verde y en jade, con ojos de concha de mejillón o de obsidiana. Sus cerámicas características eran vasijas cilindricas o en forma de jarrón, con tres pies y motivos decorados que recuerdan los de los bronces chinos.

La obsidiana, que se obtenía de los volcanes que rodean la llanura, era muy apreciada en la antigüedad debido a la posibilidad de que de ella se obtuviesen bordes muy afilados. En Teotihuacán había por los menos 350 sitios en los que se elaboraba la obsidiana, quizá base de la riqueza mercantil de la ciudad. Teotihuacán comerciaba con las tierras altas del centro de México, y probablemente con gran parte de América Central, siendo posible incluso que ejerciera dominio sobre estas tierras.

Se han encontrado elegantes jarrones, fabricados en esta misteriosa ciudad, en las tumbas de personajes importantes de todo México del periodo que va del 150 al 600 d.C, cuando Teotihuacán se hallaba en el cénit de su poder. En aquella época, la población debería sumar 200.000 personas, lo que la convertía en la sexta ciudad más populosa del mundo. Las agujas y punzones de hueso hallados demuestran la fabricación de ropas y cestería. Aunque no se ha descubierto ninguno, también debieron existir libros, pues los habitantes de Teotihuacán conocían la escritura.

Esta no ha sido descifrada, pero es sabido que este pueblo se valía de rayas y puntos para los números, al igual que sus predecesores, los olmecas. Y su dieta alimenticia resulta exquisita incluso para nuestros tiempos: corzos, conejos, pavos, patos, gansos, pescado, maíz, judías, calabazas, tomates y aguacates.



La escultura religiosa era tan monumental como la arquitectura, pero el pueblo de Teotihuacán hacía también figurillas, algunas de carácter tan realista y tan cuidadosamente modeladas, que parecen ser retratos individuales.

Entre los símbolos decorativos de los frisos y esculturas que cubrían las paredes de Teotihuacán había emblemas del culto de las deidades de la lluvia y la Serpiente Emplumada, símbolo de Quetzalcoatl (quetzal, ave y coati, serpiente). De acuerdo con la leyenda, Quetzalcoatl fue sacerdote y gobernante de los toltecas, deificado luego como dios del planeta Venus y de la vegetación. Cuando hacia el año 1330 de nuestra era llegaron al lugar, las tribus aztecas encontraron la zona abandonada hacía ya tiempo. (VER TAMBIÉN: TENOCHTITLAN)

¿Qué ocurrió con esta magnífica metrópoli?: El final de Teotihuacán está tan rodeado de misterio como sus orígenes. Es probable que su ruina comenzara a gestarse a medida que el clima fue haciéndose más árido, con la consecuente disminución de las cosechas. Pero el estallido definitivo ocurrió hacia el 700, al ser incendiado el centro de la ciudad por invasores bárbaros del norte, que posteriormente optaron por vivir en la ciudad durante 200 años más.

Así terminó una de las más brillantes civilizaciones del nuevo mundo. Sus ruinas siguen siendo espectaculares, pero el sitio debió ser mucho más impresionante cuando el basalto negro estaba estucado y pintado con todos los colores del arco iris.

En una época en la que la grandeza de Roma no era sino polvo, y Europa sufría el asalto de las hordas bárbaras, México contó con una civilización que combinaba en grado elevadísimo la cohesión social y la sensibilidad artística. Pero faltan todavía años de laboriosa investigación antes de que las arenas del valle de México revelen los misterios de Teotihuacán.

La avenida de los Muertos parte de la pirámide de la Luna y pasa por la pirámide del Sol, la Ciudadela y el Templo de Quetzalcóatl. En realidad, no guardaba relación con los muertos, y se la considera como la conexión entre Cielo y Tierra, porque pone en comunicación la «zona celestial», donde se alzan las pirámides, con la sección «terrenal» de la ciudad, allí donde se halla la Ciudadela.

 

La pirámide de la Luna está en el extremo norte de la avenida de los Muertos, y es similar a la del Sol, aunque más pequeña. Mide 42 m de altura y, según los aztecas, la remataba una gigantesca estatua que pesaba más de 20 t.

PARA SABER MAS…



EL NOMBRE: Teotihuacán significa «lugar de los dioses». Los pueblos de América central, como los mayas, toltecas y aztecas, que florecieron tras la decadencia de Teotihuacán, creían que la vida se había originado en las tierras que habitaban. Según la leyenda, la Pirámide del Sol (la mayor de Teotihuacán) fue construida sobre el foso de donde surgieron los primeros humanos.

DIOSES DE LOS AGRICULTORES: Los habitantes de Teotihuacán creían en muchos dioses. El agua era vital para sobrevivir en las áridas planicies mexicanas, por eso muchos dioses de Teotihuacán estaban relacionados con la agricultura, sobre todo con la necesidad de lluvias para el crecimiento de los cereales.

QUETZALCÓATL: Quetzalcóatl es el dios más antiguo de América Central. En Teotihuacán había un hermoso templo consagrado a él. El nombre significaba «serpiente emplumada»; era el dios de la naturaleza, los vientos y la lluvia. Muchos relieves del templo de Teotihuacán muestran serpientes emplumadas, símbolo de la lluvia y la fertilidad, junto a serpientes de fuego, que representan las regiones cálidas y áridas.

TLÁLOC: Tláloc, dios del agua, también era reverenciado en el templo de Quetzalcóatl. Controlaba el crecimiento de la vegetación. Su esposa, Chalchihuitlicue, era la diosa del agua.

DIOSES JAGUARES: En una época, los jaguares abundaban en América Central, y también aparecen representados en Teotihuacán. Simbolizaban la fertilidad del suelo.

Fuente Consultada: Enciclopedia de Historia Argentina Fascículo I – Lugares Misteriosos Volumen II.

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