Independenicia de Brasil

Biografia de Elio Javier Francisco Militar y Virrey

Biografia de Elio Javier Francisco Militar y Virrey

Nació en Navarra, el 4 de marzo de 1 766, siendo su padre también militar; fue coronel y gobernador de Pamplona: de familia noble.

Hizo sus estudios en la Academia Militar del Puerto de Santa María, donde ingresó a la edad de 16 años, y al terminarlos, ingresó al regimiento de cadetes, y más tarde al de Sevilla.

Destinado a África, se distinguió en la defensa de Orán y en la de Ceuta. Más tarde sirvió en el ejército del Rosellón,como ayudante de campo del general de caballería Diego Godoy; herido de bala dos veces en ambos ejércitos (1793 y 1795), como en la corta guerra de Portugal en 1801, estuvo siempre bajo banderas.

En octubre de 1806, siendo ya coronel, fue invitado para venir como comandante general de la campaña de Montevideo.

Ya se encontraba en Lisboa con su familia, cuando en los instantes en que se iba a dar a la vela el buque que debía conducirlo, le llegó la noticia de la toma de Buenos Aires por los ingleses.

Superando Elío dificultades, llegó a Montevideo, que se hallaba también en manos de los británicos, pero disfrazado y merced a manos amigas, logró internarse rápidamente; sin más compañía que la de un natural del país y sin otro elemento de transporte, que una canoa, salvó ríos caudalosos y tomando tierra en la costa occidental del Río de la Plata, se incorporó a los defensores del Virreinato.

Biografia de Elio Javier Francisco Militar y Virrey

Se le confiaron fuerzas, a cuyo frente, volviendo a la Banda Oriental, en el invierno de 1807 tuvo dos encuentros con las tropas invasoras mandadas por el coronel Pack, el primero en la sorpresa intentada sobre la Colonia, y el segundo en la jornada de San Pedro, en el mismo Departamento, encuentro en el cual se dejó sorprender entre 4 y 5 de la tarde, perdió estandarte, cañones, fusiles y hasta su propio sable.

En la memorable defensa de Buenos Aires, en las jornadas gloriosas de 5 y ó de julio de 1807, Elío tuvo a su cargo uno de los destacamentos de las tropas porteñas, y después del triunfo, fue nombrado gobernador interino de la plaza de Montevideo.

Elío era enemigo declarado de Liniers, y cuando éste fue reemplazado en el Virreinato poí Balthasar Hidalgo de Cisneros, aquel fue su 2º Cabo.

Las rivalidades entre Elío y Liniers fueron la causa de la destitución del segundo y el llamado del primero por la Regencia, ordenándole su inmediato regreso a la Península.

Su llegada a Cádiz, a mediados del año 1810, fue casi contemporánea con las noticias acerca del movimiento emancipador producido en Buenos Aires el 25 de mayo, así como de la expulsión de Cisneros y de la Audiencia, sucesos ya previstos y anunciados por Elío en sus largas conferencias con la Regencia, según la exaltación en que dejara a estos países cuando partió para España.

Por esta causa, antes de que transcurrieran cuatro meses de su llegada a España, Elío, que había sido encargado de una parte del ejército del Centro que se hallaba en Murcia con el general Blake, debió ponerse nuevamente en viaje para el Río de la Plata, acompañado solo de un ayudante, para cumplimentar las órdenes de la Regencia que disponían su traslado a estas costas, con el elevado rango de Virrey.

Zarpó de Alicante el 11 de noviembre de 1810, en la fragata «EFIGENIA», con la cual llegaba a Montevideo el 12 de enero de 1811, siendo recibido jubilosamente por el vecindario de aquella ciudad, si bien encontró en ella al mariscal Vigodet que había llegado allí el 27 de octubre de 1810, con el nombramiento de gobernador de la misma.

La llegada del nuevo Virrey, avivó el recelo entre los patriotas, de que pudiesen seguirle refuerzos procedentes de la Península, lo que aceleró la insurrección en la campaña de la Banda Oriental.

Las tentativas del general Elío para dominar la situación, fracasaron en San José, en Las Piedras, el 18 de mayo de 1811; en bombardeo de Buenos Aires, en los meses de junio y julio por la escuadrilla de Michelena; la evacuación de la Colonia; la pérdida de la isla de Ratas, el 15 de julio del mismo año; la del Arroyo de la China; invasión portuguesa, etc., fracasos todos que dan una idea poco destacada de su capacidad militar.

Todos estos fracasos determinaron al Virrey Elío a ajustar el Tratado del 7 de octubre de 1811 con la Junta de Buenos Aires, por el cual quedaban en paz ambas plazas del Río de la Plata.

El 24 de aquel mes se retiraban las fuerzas que sitiaban la ciudad de Montevideo.

En estas circunstancias llególe a Elío la orden de la Regencia de regresar a España, debiendo entregar el mando al mariscal de campo Gaspar Vigodet, al cual se nombraba al mismo tiempo, Capitán General de las Provincias del Río de la Plata.

Llegado a Cádiz durante la invasión francesa, se le exoneró del juicio de residencia por su conducta en Sud América.

Al llegar a la Península, Elío fue nombrado comandante de la isla de León y general en jefe de los ejército de Cataluña y Valencia, y se distinguió en varios combates, derrotando en uno de ellos al mariscal Suchet, que se vio obligado a internarse en Francia.

El nombramiento de Elío de general en jefe del 2º y 3º ejército, fue expedido en agosto de 1812, en reemplazo del general O’Donell, después de la desgraciada batalla de Castalia.

Reunido a tropas inglesas aliadas, operó con ellas contra el mariscal Suchet.

Al evacuar los franceses a comienzo de 1814, toda la Península, el general Elío quedó como gobernador y capitán general de Valencia y de Murcia, siendo confirmado en el primer cargo por Fernando VII, al recuperar su trono.

Fue entonces que ocurrió un hecho muy anómalo y que aún la historia no ha logrado ponerlo en claro: el general conde de Cervelló, el más antiguo de los de Valencia, recibió una orden del Rey para que detuviese al general Elío y lo pasase por las armas antes de 24 horas.

El conde de Cervelló, extrañado de tan inesperada orden, aplazó el cumplimiento de la misma y se dirigió en consulta a su gobierno, recibiendo poco después una carta autógrafa de Fernando VII, lo que demostraba la falsedad de la precitada orden.

El capitán general de Valencia sospechó que tal orden apócrifa procediese de los liberales y por esta causa encarceló a muchos, sin ningún motivo.

Evidentemente, el general Elío durante su permanencia en Valencia, extremó las medidas de crueldad.

Libró a aquella región del bandolerismo que la infestaba, haciendo ahorcar a un centenar de bandidos, embelleció la ciudad y propagó la vacuna, pero su odio a los liberales, le hizo tomar disposiciones injustas, disponiendo prisiones y fusilamientos en cantidad, y restableciendo tormentos prohibidos por la ley.

Este estado anómalo produjo numerosas conspiraciones, a las que se sucedían terribles represalias, que mantenían a los valencianos aterrorizados. De estas conspiraciones, una de las que tuvo peores consecuencias fue la descubierta por el propio Elío en una casa de juego, y de los comprometidos en ellas, 12 fueron a la horca.

Cuando el 1 0 de marzo de 1820, se supo en Valencia que Fernando VII había jurado la Constitución, estalló una efervescencia popular que obligó al gobernador Elío a renunciar y esa misma noche era encerrado en la ciu-dadela de la plaza.

Después de larguísimos trámites, fue sometido a una Corte Marcial, acusado como reo de alta traición y lesa nación, por haber sido el que abusando de su autoridad militar había hecho promulgar el Real Decreto de 4 de mayo de 1814, por lo que fue condenado por unanimidad a la pena de muerte en garrote, previa degradación de acuerdo con las formalidades de ordenanza; y en conformidad con lo establecido en el artículo 1 9 de la ley de 17 de abril de 1821 , se dio cumplimiento a dicho fallo en el campo de la libertad, sitio donde tres anos antes, el propio Elío mandó decapitar al coronel Joaquín Vidal, Beltrán de Lis y varios otros liberales.

A las 10 de la mañana del miércoles 4 de septiembre de 1822, se le apretó el tornillo.

Dos horas antes de ser ejecutado, al intimársele la sentencia capital, que escuchó con tranquilidad, de hinojos y las manos sobre el pecho, exclamó resignado: «Cincuenta y seis años tengo de edad; 40 he servido a la patria; he procurado desempeñar bien los cargos que me ha conferido; diez «años estoy en esta ciudad, haciendo oficios de padre; he deseado el bien «de todos; y pediré siempre a Dios y a María Santísima de los Desampara-«dos, por Valencia y por todos los valencianos.»

El teniente general D. Francisco Javier Elío de Jaureguizar y Olondriz era casado con doña Lorenza Leizaur, a quien el Rey acordó en 1823, pensión y a su hijo Bernardo el título de marqués de la Fidelidad.

Fuente Consultada:
Biografias Argentinas y Sudamericanas de Jacinto R. Yaben Editorial Metropolis Tomo II
Curso de Historia Colonial Americana Editorial Estrada – J.M. Saenz Valiente
Enciclopedia ENCARTA – Microsoft

Biografia de Cordova Jose María Heroe de la Independencia

Biografia de Cordova Jose María Heroe de Ayacucho

El último combate importante de las guerras de emancipación de América Latina, que se produjo el 9 de diciembre de 1824, en una la llanura a unos 3.500 m de altitud, en las proximidades de la actual ciudad peruana de Ayacucho, acabando con la victoria de las fuerzas independentistas, a las órdenes del general de origen venezolano Antonio José de Sucre.

Los ejércitos libertadores se enfrentan a los españoles en esta célebre batalla conocida como «de Ayacucho».

Al frente de los patriotas, bajo el mando del mariscal Sucre, está un joven general colombiano que se convertirá ese día en uno de los héroes de la independencia de América.

El gran héroe de Ayacucho fue José María Córdova, uno de los militares más brillantes de la historia latinoamericana. (también se suele escribir con «b»)

Biografia de Cordova Jose María Heroe de la Independencia

Nacido en La Concepción, Antioquia (actual Colombia) en 1799, con diecinueve años era ya coronel del ejército patriota colombiano y miembro destacado del Estado Mayor de Simón Bolívar.

La estrategia de Ayacucho: La batalla de Ayacucho era decisiva para los patriotas, pues Perú era el último gran bastión de los españoles en América.

Para derrotarlos, Córdova utilizó la estrategia de atacar una tras otra a las tres divisiones del ejército español, sorprendiéndolas cuando sus comandantes creían que iba a atacar a las otras dos.

El enemigo huyó ante los ataques del batallón que comandaba Córdova. Y la victoria selló definitivamente la independencia de América.

La muerte de un guerrero: En 1828, Córdova regresó a su país. Y se rebeló allí contra Bolívar, aunque era su amigo, pues el Libertador se había convertido en dictador.

En 1829, el valiente guerrero fue derrotado y murió en la batalla de El Santuario, combatiendo contra sus antiguos compañeros de la lucha por la independencia.

En 1819, luchó en la campaña de los Andes, que dio la independencia a su país, y cinco años después, bajo el mando del general Sucre, jugó un papel decisivo en Ayacucho.

BIOGRAFIA DE CORDOVA JOSE MARÍA

Nació en Concepción, departamento de Medellín, República de Colombia, el 8 de septiembre de 1799.

Era hijo de un rico comerciante afiliado al partido español, pero cuando llegó a la edad de 15 años, se unió a los independientes, incorporándose al ejército del general Páez, en los llanos de Venezuela.

Su conducta en la batalla de Boyacá, el 8 de agosto de 1819, le valió el grado de coronel, y fue encargado de expulsar a los realistas de Antioquia.

Cumplió al pie de la letra la orden y su primer cuidado fue imponer un tributo, señalándole diez mil pesos a su propio padre.

Sus excesos motivaron su destitución, pero después se distinguió en varios encuentros a orillas del Magdalena.

Merced a una habilísima maniobra se apoderó de una flota española anclada en el puerto de Tenerife y después de una sangrienta batalla se apoderó de la plaza.

Aparte de los que se han mencionado, Córdoba se halló en los siguientes hechos de armas: Gámeza, Vargas, Chorros Blancos, Cartagena y en la batalla de Pichincha.

Ascendido a general, fue destinado por Bolívar a la división colombiana dejada en el Perú. Cooperó el 9 de diciembre de 1824 en la victoria de Ayacucho, al frente de una división, siendo famosa su frase al llevar el ataque: «Soldados: armas a discreción y paso de vencedores«.

Fue ascendido a general de división sobre el mismo campo de batalla.

Disimulando mal su ambición, con el pretexto de establecer un gobierno federal, conspiró varias veces contra Bolívar y se alzó abiertamente en armas, en agosto de 1 829, pero encontró pocos partidarios.

Alcanzando el 17 de octubre del mismo año en el Santuario, por las fuerzas reunidas de Andrada, Ureta y O’Leary, fue derrotado a pesar de su heroica resistencia, y cayó cubierto de heridas, de cuyas resultas falleció cuando solo contaba con 30 años.

  • Fuente Consultada:
  • Biografias Argentinas y Sudamericanas de Jacinto R. Yaben Editorial Metropolis Tomo II
  • ¿Sabes Quien…? Editorial Océano Entrada Cordova José María
  • Curso de Historia Colonial Americana Editorial Estrada – J.M. Saenz Valiente

Biografia de Disraeli Benjamin Vida y Obra Politica

Biografia de Disraeli Benjamin-Vida y Obra Politica

Benjamin Disraeli, conde de Beaconsfield (1804-1881), político y escritor británico, primer ministro (1868; 1874-1880), ejerció una enorme influencia en la política de su país durante más de tres décadas y dejó una huella perdurable en el Partido Conservador.

Hijo de Isaac y Miriam Basevi, nació en Londres el 21 de diciembre de 1804. Su abuelo, otro Benjamín Disraeli, oriundo del ghetto judío de Cento, en Ferrara, se había establecido en Inglaterra en 1748.

Su carrera política, romántica y paradójica, hizo de este hombre, descendiente de judíos italianos y españoles, uno de los estadistas más famosos de la Inglaterra victoriana.

Disraeli fue quien logró dar nuevo empuje al partido conservador británico, restablecer el prestigio de la Corona entre el pueblo y traducir en una fórmula definitiva — el Empire — una etapa de vertiginosa expansión colonial.

Tales son los resultados de la política de un estadista que no reunía, de ningún modo, las características típicas del inglés, a excepción de su amor por el país y de su solicitud por su honor y prosperidad.

Quizás a su espíritu fantástico e improvisador se debió el éxito con que, en último extremo y después de sensibles fracasos, terminó su vida pública.

Biografia de Disraeli Isaac

Isaac perteneció durante gran parte de su vida a una sinagoga londinense; pero a causa de ciertas discrepancias con los directivos de ella, permitió que sus cuatro hijos fueran bautizados.

El 31 de julio de 1817, Benjamín Disraeli recibía las aguas bautismales en el templo de San Andrés.

Educado bajo la dirección del ministro unitariense Elias Logan, Benjamín salió de las aulas de Higham Hall a los diecisiete años de edad con una buena cultura literaria y enormes ambiciones políticas y sociales.

Su deseo era brillar en el mundo. Elegante hasta la afectación, extravagante y oportunista, tenía el don de conquistar a la gente. Después de iniciarse en el periodismo— jamás tuvo afición a la carrera de abogado—, alcanzó algunos éxitos literarios con las novelas Vivían Grey y El joven duque (1826 y 1830).

Gracias al dinero obtenido con la venta del original de esta última, realizó un largo viaje por el Próximo Oriente, pasando por España, Albania, Grecia, Turquía, Palestina y Egipto.

A su regreso decidió lanzarse a la vida política. Presentó su candidatura, como demócrata, por el distrito de High Wicombe (1832), y siendo derrotado por dos veces consecutivas, se afilió al partido conservador, bajo cuyos auspicios concurrió a las próximas elecciones.

En esta ocasión se le calificó de oportunista político, pero, en realidad, Disraeli fue siempre un conservador demócrata, en lo que radicó la clave de su éxito.

En 1837, Disraeli logró, por fin, ser elegido por el distrito de Maidstone.

En parte este triunfo fué debido a la buena acogida que habían tenido una serie de opúsculos políticos—en particular, el titulado Vindicación de la constitución inglesa —- en los que criticaba el espíritu particularista y fragmentario de los whigs y preconizaba el programa orgánico y nacional de los tories.

Sus primeros discursos ante los Comunes constituyeron un fracaso; pero una vez hubo adquirido el estilo parlamentario, se impuso poco a poco por la solidez de su doctrina de renovación del conservadurismo británico.

Al mismo tiempo, gracias a su enlace con María Ana Evans, viuda de Wyndham Lewis, Disraeli adquiría fortuna y buena posición social (1839).

Durante los diez años siguientes, Disraeli se afirmó como futuro jefe del partido conservador.

Disconforme con la política seguida por Roberto Peel, favorable a la burguesía y al librecambismo, mantuvo desde la «Joven Inglaterra» los principios tradicionales del torismo, y afirmó la necesidad de una política que, a la vez, fuera aristocrática y popular.

En 1845 acaudilló la oposición conservadora a Peel, y cuando se produjo la crisis de este partido, dando paso a una situación liberal, Disraeli procuró galvanizarlo de nuevo, guiándole por una ruta de fidelidad inquebrantable a la corona, a la iglesia y al viejo espíritu de Inglaterra.

En 1847 publicó la tercera novela de su trilogía política, Conningsby, Sybil y Tancred, obras de inspiración romántica, pero con una aguda observación de caracteres.

En 1852, a la caída del ministerio Russell, Disraeli aceptó la cartera de Hacienda en el ministerio conservador de Stanley.

Sus proyectos no merecieron la aprobación de los Comunes, lo que produjo la crisis total del ministerio (diciembre).

Después de una nueva situación liberal, que terminó al registrarse en Francia el atentado de Orsini, Disraeli ocupó de nuevo un cargo ministerial con el grupo de lord Derby (1858).

Pero tampoco en esta ocasión la vida del gabinete fué muy larga (1858-1859).

Durante los años siguientes el problema político más apasionante fué el de la reforma electoral.

Los whigs fracasaron en la resolución del mismo. Con el tercer ministerio de lord Derby (1866), Disraeli logró imponer su criterio del conservadurismo democrático, a pesar de la dura oposición del Parlamento y de su mismo partido.

La ley de ampliación del sufragio fue aprobada el 15 de agosto de 1867, fecha importantísima para la evolución constitucional inglesa en el siglo XIX.

De momento, los electores dieron sus votos a los liberales. Disraeli, que había asumido la presidencia del consejo de ministros en febrero de 1868, fué derrotado en las elecciones generales del año siguiente.

En 1874, el partido conservador obtenía una mayoría absoluta en las elecciones.

Disraeli realizaba el ideal de un gobierno aristocrático apoyado por la gran masa del pueblo.

Del 21 de febrero de 1874 al 19 de abril de 1880, a la cabeza de un ministerio de alto vuelo, realizó la creación del Imperio británico, al dar este título (1876) a la reina Victoria — a la que servía con la veneración de un caballero medieval—.

Por otra parte, Inglaterra rompió su aislamiento tradicional y colaboró activamente en las relaciones internacionales europeas.

El mismo Disraeli, quien el 16 de agosto de 1876 había sido nombrado conde de Beaconsfield, se trasladó a Berlín en 1878 para intervenir en el nuevo ordenamiento de los Balcanes, lo que hizo en beneficio de su país.

En 1880 presentó su dimisión a causa de lá derrota, eventual, que los conservadores experimentaron en las elecciones de aquel año.

No había de sobrevivir mucho tiempo, pues murió en Londres el 19 de abril de 1881. Su existencia pública y privada había sido la de un personaje romántico.

fuente

Historia de Cuba Desde Su Descubrimiento Hasta la Revolución

RESUMEN HISTORIA DE CUBA DESDE SU DESCUBRIMIENTO HASTA LA REVOLUCIÓN

Cuba fue descubierta por los españoles en el siglo XVI. Introdujeron el cultivo de la caña de azúcar y del tabaco, que se han convertido en la principal fuente de riqueza de la isla. En el siglo XIX, Estados Unidos apoyó el movimiento revolucionario y, en 1902, la isla obtuvo la independencia, pero siguió bajo la tutela económica de su poderoso vecino. En 1958, Fidel Castro instauró un régimen comunista orientado hacia la Unión Soviética.

Cuba fue descubierta por Cristóbal Colón el 27 de octubre de 1492, durante su primer viaje. En 1511, el adelantado Diego Velázquez tomó posesión de la isla en nombre de la Corona española. Tres años después, Velázquez inició la construcción de la capital, La Habana. También fundó Santiago de Cuba. Los españoles no tardaron en llevar a Cuba la caña de azúcar, y como los indios que constituían la población local no parecían dotados para esta clase de trabajos, Velázquez hizo importar esclavos negros de África.

Las plantaciones de caña de azúcar experimentaron tal desarrollo que provocó una afluencia masiva de negros. También se introdujo el cultivo del tabaco, que, en el siglo XVII, pasó a ser monopolio del Estado, decisión que causó gran descontento por parte de la población.

Cuando en el siglo XVIII los Estados de América del Sur se separaron de España, Cuba también hizo cuanto pudo por obtener su libertad, pero el movimiento revolucionario fracasó. La situación no evolucionó hasta ñnes del siglo xix, cuando la revolución fue abiertamente apoyada por Estados Unidos. Los guerrilleros sembraron el desorden en el país y el gobernador español no vaciló en detener a los sospechosos. Ésta fue una de las causas de la guerra de 1898 entre España y Estados Unidos.

En virtud del Tratado de París, España hubo de renunciar a sus derecho sobre Cuba, Puerto Rico, las islas Filipinas y Guam, y Cuba pasó a ser territorio norteamericano. En 1902 obtuvo la independencia, pero los tropiezos entre los grandes propietarios y el pueblo provocaron la intervención armada de Estados Unidos.

Pese a esta agitación, diversas sociedades americanas invirtieron enormes capitales en Cuba, cuyas plantaciones eran muy florecientes. El tabaco y la caña de azúcar se producían en masa y se exportaban a Estados Unidos y, en el aspecto económico, la isla no tardó en depender totalmente de su poderoso vecino. Durante la ley seca fue el gran productor de ron. La Habana se convirtió en una cueva de bandidos.

En el aspecto interior, el abismo que separaba a la masa de los ricos propietarios de tierras se hizo todavía mayor y los distintos regímenes dictatoriales que se sucedieron, entre otros el del coronel Batista, estuvieron apoyados por Estados Unidos.

recolector de caña de azucar en Cuba

Coecha  de caña de azúcar en Cuba

Tras una larga lucha de guerrillas emprendida por Fidel Castro y sus partidarios, éste, en 1959, logró poner fin a la dictadura de Batista. Su reforma agraria y su política de nacionalización de las refinerías de azúcar y petróleo le indispusieron con Estados Unidos, y se produjo en seguida una ruptura entre ambos países.

En 1962, Fidel Castro llegó a autorizar la instalación de una base de cohetes soviéticos en su territorio. Esto provocó una crisis internacional que habría podido originar una tercera guerra mundial.

Desde que está en el poder, Castro ha asumido la dirección en América central y del Sur de los movimientos    de    extrema    izquierda. Cuba es la mayor isla del archipiélago de las Antillas. En otro tiempo desaparecía bajo un espléndido manto de bosques que cubrían un relieve relativamente poco accidentado.

La continua extensión de las plantaciones hizo que los límites de los bosques sufrieran un incesante retroceso. Es cierto que el suelo de Cuba se presta admirablemente al cultivo del tabaco y de la caña de azúcar. La provincia de Pinar del Río pasó a ser el gran distrito del tabaco, de fama mundial. De allí proceden los famosos puros habanos.

Después de la instauración del régimen castrista, Cuba atravesó un período difícil. Estados Unidos, que quería neutralizar a toda costa aquel Estado comunista que se había instalado a sus puertas, decretó el boicot económico y se negó a seguir comprando azúcar cubano.

Fidel Castro no permaneció inactivo: siguió una política de redistribución de tierras y de mejora del nivel de vida del proletariado agrícola. También, y sobre todo, pretende llegar a una mayor diversidad de producción, para que el país no dependa de monocultivos: se ha emprendido o desarrollado con éxito el cultivo de café, tomates, limones, especias, arroz, etcétera. A simple vista, Cuba parece más pobre que nunca.

La Habana, la ciudad más moderna del archipiélago, ciudad de lujosos hoteles, poderosos bancos y magníficos inmuebles, se ha vaciado literalmente.

Ver: Che Guevara

Ver: Curiosidad Sobre El Escape Aereo de Cuba

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Historia de los Portugueses en Brasil Emperador Pedro I

HISTORIA DE BRASIL – LOS PORTUGUESES – PEDRO I

La historia de Brasil se inicia en 1500. Durante tres siglos los portugueses fueron dueños del país. Debido a que sólo consideraban a su colonia corno una fuente de beneficios, estalló una serie de revueltas. En 1822 Brasil pasó a ser imperio independiente, y en 1889, República. Tras haber vivido bajo un régimen dictatorial, actualmente se gobierna mediante una democracia representativa, que lamentablemente hace poco tiempo está herida por graves hechos de corrupción de decena de funcionarios en la obra pública.

Por lo general, se hace comenzar la historia de Brasil a principios del siglo XVI pero, sin embargo, contrariamente a lo que se podría creer, no se inicia con la llegada del explorador portugués Pedro Álvarez Cabral, que llegó por casualidad, sino con la del español Vicente Yáñez Pinzón, quien, en enero de 1500, pocos meses antes que Cabral, arribó a la costa brasileña, en los alrededores de Pernambuco (hoy Recife).

Cabral descubridor de Brasil

Pedro Alvarez Cabral descubridor de Brasil

El 22 de abril de aquel mismo año, los portugueses, al mando de Cabral, desembarcaron en los parajes de la actual Bahía. Tomaron posesión de aquella tierra en nombre de Portugal y la llamaron «Terra da Santa Cruz» (Tierra de la Santa Cruz). El país no recibió el nombre de Brasil hasta mucho después. Se deriva del nombre de una clase de madera (palo brasil) que allí abunda y se exporta en grandes cantidades. Hasta el siglo XIX,  Brasil fue colonia de Portugal, y el portugués sigue siendo la lengua oficial.

Al principio, Brasil fue dividido en varias regiones, confiadas cada una a grandes señores portugueses, los donatarios. Pero al cabo de algunos años este sistema se suprimió y fue reemplazado por una administración central, situada bajo la autoridad de un gobernador general.

En 1549, Tomé de Sousa, el primero de ellos, fundó San Salvador (que más tarde fue Bahía) y allí estableció la capital. Al mismo tiempo que él llegaron los jesuítas, quienes instalaron su cuartel general en el actual Sao Paulo. No sólo se dedicaron a predicar la doctrina cristiana, sino que también desempeñaron un papel importante en el aspecto cultural y social.

La soberanía de Portugal sobre Brasil se vio amenazada varias veces por otras potencias coloniales. A partir de 1555, en la bahía de Rio de Janeiro se estableció un grupo de hugonotes franceses dirigido por Nicolás Durand de Villegaignon. Pero a los pocos años tuvieron que rendirse a los portugueses.

Los holandeses también constituían una amenaza: en 1624, la Compañía de las Indias Occidentales ocupó Bahía. Después lograron apoderarse de gran parte de las costas brasileñas. Pero en 1661 también se vieron forzados a devolver a los portugueses los territorios conquistados.

Al principio, los portugueses limitaron sus empresas coloniales a las regiones costeras. Les desilusionó el hecho de no encontrar en Brasil metales preciosos como los españoles en Chile y Perú. Además, allí los indios no estaban dispuestos en absoluto a correr con los duros trabajos de las plantaciones.

Por lo tanto, a partir de 1535 los colonos decidieron importar regularmente de África esclavos negros, y los pusieron a trabajar en las plantaciones de caña de azúcar y más tarde en las de algodón, café y cacao.

Desde sus albores, la colonización portuguesa se caracterizó por su egoísmo. Portugal consideraba a Brasil únicamente como tierra de explotación y fuente de beneficios. A esto se debe que se tomaran medidas como la aplicación de gravosas tasas sobre la importación, las restricciones a la inmigración de extranjeros, la prohibición de cultivos que también se explotaban en Portugal (por ejemplo, la vid y el olivo), la prohibición de crear industrias, etc. Inútil decir que todas estas trabas no favorecían en absoluto a la población local.

El hecho de que a finales del siglo XVII se descubriera oro y diamantes en el estado de Minas Gerais no cambió la situación en lo más mínimo. Al igual que en las colonias españolas, todos los funcionarios influyentes eran originarios de la metrópoli.

Se comprende, por lo tanto, que, pese a la introducción de acertadas reformas durante el siglo XVIII, la Administración portuguesa no gozara en absoluto de la simpatía de la población local.

En Brasil, al igual que en toda Hispanoamérica, la guerra de Independencia de Estados Unidos y la Revolución francesa ejercieron profunda influencia. La corriente revolucionaria y nacionalista, momentáneamente frenada, se reforzó cuando las colonias españolas se separaron de su metrópoli.

Las vueltas de la historia darían a este movimiento una orientación muy particular. En efecto, expulsado de Portugal por Napoleón, el rey Juan VI vivía en Brasil desde 1808. Cuando regresó a su país (1821) confió la regencia de Brasil a su hijo don Pedro. El 7 de setiembre de 1822, éste proclamó la independencia de Brasil, y, algunas semanas después, fue nombrado emperador (el primero de Brasil) con el nombre de Pedro I.

Gracias a la intervención de Gran Bretaña, en 1825 Portugal reconoció al nuevo Estado. Pero no faltaron dificultades y, en 1831 Pedro I abdicó en favor de su hijo Pedro II, quien apenas contaba seis años.

Después de la Regencia, Pedro II asumió personalmente el gobierno del país a partir de 1840. Fue un buen soberano que gobernó con sabiduría y moderación. Durante su reinado, Brasil vivió un período de verdadera prosperidad.

En 1888 se publicó un decreto que abolía la esclavitud. Al año siguiente, este hecho provocó un levantamiento fomentado por los grandes propietarios de tierras que se sentían perjudicados. En noviembre de 1889, Pedro II se vio forzado a abdicar y fue exiliado a Europa con su familia. De este modo, Brasil pasaba a ser una República organizada sobre una base federal, pero con un poder central muy importante.

Al principio, el general Manuel Deodoro da Fonseca, que había dirigido el levantamiento contra Pedro II, se puso al frente del poder. Se tomaron importantes decisiones: separación de la Iglesia y el Estado, ampliación del derecho de voto y, en 1891, proclamación de una Constitución. Después del general Fonseca, los presidentes se sucedieron con bastante rapidez.

Durante la primera guerra mundial, Brasil se puso de parte de los aliados, y en 1917 declaró la guerra a las potencias centrales.

Brasil sufrió las repercusiones de la crisis mundial de 1929. Toda su economía se vino abajo. Para mantener los precios se destruyeron enormes cantidades de café. En 1930, la intervención de Getulio Vargas en calidad de dictador puso fin al desorden general. Concedió subsidios a los plantadores de café, fomentó la agricultura y la industria, proclamó una nueva Constitución e introdujo profundas reformas sociales. Vargas mantuvo relaciones amistosas con Estados Unidos.

En el segundo conflicto mundial, Brasil declaró la guerra a Alemania y sus aliados en agosto de 1942. Finalizada la guerra, estalló un levantamiento contra el régimen dictatorial y el general Dutra subió a la presidencia. Du-tra encauzó a su país por el camino de la democratización.

Pero en 1950, Vargas fue elegido nuevamente presidente. Sin embargo, incapaz de superar las dificultades, se suicidó en 1954. En 1956 fue nombrado Juscelino Kubitschek, que antes había sido gobernador del estado minero de Minas Ge-rais; es el fundador de la nueva capital, Brasilia.

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Invasion de Holanda a Brasil Reconquista de Vidal de Negreiros

Invasión de Holanda aBrasil
Reconquista de Vidal de Negreiros

A principios de 1595 doce navios ingleses de los filibusteros James Lancaster y el capitán Vanner se aparecieron frente a Pernambuco en actitud poco amistosa. Los habitantes del indefenso puerto de Recife huyeron hacia Olinda, abandonándola todo.

Los invasores no podían creer lo que veían. Ahí a su mano estaban los depósitos colmados de ricos productos del Brasil, en cantidad tanta que los navios no eran bastantes para cargarlos en sus bodegas.

Y aquello era buena presa, pues su país estaba en guerra con España, que desde quince años atrás había realizado la unión ibérica mediante la soberanía de un monarca común con el reino de Portugal, y, por consiguiente, este ataque a las colonias portuguesas encuadraba dentro del conflicto existente.

Tres barcos holandeses que se encontraban en el puerto, y otros cinco franceses que llegaron poco después, fueron invitados a participar en la prolija devastación de aquellas insuperables riquezas, con las cuales todos regresaron a Europa satisfechos por sus pingües ganancias, y con la impresión de que aquella era una tierra riquísima y muy fácil de conquistar.

Los israelitas de Amsterdam —vinculados a judíos portugueses del Brasil— no ignoraban aquellas tentadoras circunstancias. Holanda se había convertido en una gran potencia marítima —rival de España, su antigua metrópoli— y las antiguas posesiones portuguesas, que tan desdeñosamente descuidaban los reyes, entraban en sus cálculos comerciales.

LA  BAHÍA  DE  TODOS  LOS  SANTOS
En todo el litoral brasileño no había centros más codiciables que Bahía y Pernambuco; aquélla por ser la capital de la colonia; y éste por ser «el país del azúcar».

El 8 de mayo de 1624 ancló en Bahía una escuadra holandesa con un millar de hombres, al mando de Juan van Dorth, quienes, después de un día y una noche de combate, se adueñaron de la ciudad. Quince navios que había en el puerto fueron pronto dominados, y los fuertes de la costa, ocupados por los conquistadores, a quienes una tenaz resistencia, encabezada por el obispo Marcos Teixeira, hostilizaba de continuo.

En marzo de 1625 ocupó la entrada del puerto una fuerte escuadra hispano-portuguesa al mando de Fadrique de Toledo; desembarcaron tropas y obligaron a los holandeses a capitular y a reembarcarse para su país. El golpe había fracasado.

El corsario holandés Piet Hein, a quien se le llamara el «terror de los mares», volvió a atacar a Bahía en 1627 y saqueó su puerto, pero no consiguió posesionarse de la ciudad. Con mejor suerte, un año más tarde logró apoderarse de la famosa «flota de la plata», que transportaba de América hispana tesoros valuados en nueve millones de ducados.

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Andrés Vidal de Negreiros, héroe de la resistencia brasileña contra la invasión de los holandeses.

CONQUISTA DE PERNAMBUCO
Estimulados por tales sucesos, los holandeses se dispusieron a conquistar a Per-nambuco. Para ello la «Compañía de las Indias Occidentales» puso al mando del almirante Pedro Adrianswoon una escuadra de 61 navios y 7.300 hombres, que el 2 de marzo de 1630 llegaron frente a Olinda.

No habiendo podido contener al invasor, el gobernador de Pernambuco, Matías de Alburquerque, se retiró al «Arraial de Bom Jesús» donde, después de fortificarse, organizó una tenaz resistencia, que durante cinco años de guerra impidió a los holandeses afianzar su conquista.

El 6 de junio de 1635 cayó al fin el «Arraial» en poder de los conquistadores, después de tres meses de sitio, obligando al heroico Alburquerque a retirarse hacia Bahía. Los holandeses llegaron hasta el río San Francisco por un lado, y por otro hasta Marañón.

mapa holanda en brasil

«NUEVA HOLANDA»
Con gran acierto los holandeses confiaron el gobierno de la colonia al príncipe Mauricio de Nassau Siegen, quien llegó a Pernambuco   el   23   de   enero   de   1637,   y  quedó vivamente impresionado por el país, al que llamó «Nueva Holanda». Nassau era un hombre distinguido y generoso que pronto ganó gran popularidad por su espíritu tolerante y liberal. El desarrollo del comercio y la prosperidad de Recife revelaron que Nassau era también un gran estadista.

LA RECONQUISTA
Cuando Nassau se volvió a Europa en 1644, la «Nueve Holanda» perdió a un gran propulsor; circunstancia que favoreció el estallido de una insurrección brasileña preparada por el gran patriota Andrés Vidal de Negreiros, por el mulato y rico mercader Fernández Vieira, el indio Felipe Camarao, y el negro Enrique Días: razas que se fusionaron en un nuevo sentimiento patrio de liberación.

En las decisivas batallas de Guararapes los holandeses sufrieron en 1648 duros descalabros frente a los brasileños; su situación se volvió cada vez más insostenible, al extremo de que en 1654 tuvieron que capitular ante una escuadra portuguesa, después de haber dominado el país durante 24 años. Así recuperó el rey de Portugal la soberanía sobre aquellas ricas tierras.

Fuente Consultada: Enciclopedia Estudiantil Editorial CODEX Fasc. N°145

Biografia de Gladstone William Vida y Obra Politica en Gran Bretaña

BIOGRAFÍA DE GLADSTONE: LAS REFORMAS POLÍTICAS EN INGLATERRA

Gladstone William, fue primer ministro de Gran Bretaña en cuatro ocasiones (1868-1874, 1880-1885, 1886 y 1892-1894) y una de las personalidades políticas más influyentes de la Inglaterra victoriana. Dirigió el Partido Liberal desde 1867 y se convirtió en un símbolo de la corriente reformista que recorría Europa en esta época.

BREVE BIOGRAFÍA: Gladstone nació en Liverpool el 29 de diciembre de 1809, hijo de John Gladstone, un próspero comerciante de origen escocés, quien había sido miembro del Parlamento y obtenido la distinción de baronet.

Cursó estudios en Eton y Christ Church, En 1833 ingresó en el Parlamento como diputado conservador y pronto destacó por su oratoria.

En 1838 publicó The State in Its Relations with the Church, y en 1840 Church Principies. En 1839 casó con Catherine Glynne. Defensor del librecambio, en 1846 fue nombrado secretario de las Colonias y, en 1852, Canciller tic-1 Exchequer.

En 1859 formó parte del gobierno Liberal y prosiguió su labor de reformas financieras, y después se unió definitivamente a este partido, alcanzando su jefatura en 1867. Al año siguiente formó su primer gobierno.

En 1875 se retiró de la política, pero regresó al Parlamento al año siguiente, alarmado por el imperialismo de Disraeli.

En 1880 volvió a ser jefe del gobierno. Fue derrocado por el partido conservador, pero, poco después, unas nuevas elecciones lo elevaron al poder.

Preparó una «Ley de Autonomía» para Irlanda, que no prosperó. Derrotado su gobierno, volvió al poder por cuarta vez en 1892, cuando ya tenía 83 años.

Su programa de autonomía a Irlanda encontró la oposición de la Cámara de los Lores.

Gladstone estimaba que las relaciones internacionales debían regirse por los mismos principios que informan la conducta de los individuos.

Un adversario político declaró que era la más brillante inteligencia de cuantas se han consagrado al servicio público en un gobierno parlamentario.

Falleció en 1898.

En el momento de la plenitud del Empire británico, los destinos del Reino Unido fueron regidos por dos grandes políticos: Disraeli, jefe del partido conservador, y Gladstone, caudillo de los liberales. Este es una de las figuras más preeminentes entre los estadistas Ingleses de todos los tiempos.

Mas abajo puede ampliar esta breve biografía…

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ANTECEDENTES HISTÓRICOS:

Palmerston murió en 1865. La autoridad del viejo líder liberal no se discutía, pero su muerte vino a descubrir ambiciones nuevas, que esperaban, impacientes, a la sombra del poder.

Los liberales encontraron un jefe que se impuso rápidamente: Gladstone.

Hijo de un negociante muy rico, había nacido en 1809.

Siguió la pauta ya clásica de la buena educación británica, en que la alta burguesía se codea con la aristocracia: Eton y Oxford moldeaban la clase dirigente inglesa.

Lord Palmerston fue ministro de Asuntos Exteriores y del Interior antes de convertirse en 1855, por primera vez, en primer ministro británico. Fue un firme defensor del principio de preeminencia que su país debía desempeñar en el ámbito de las relaciones internacionales.

A los 21 años, la fortuna de Gladstone le permitió obtener —o casi comprar— un escaño de diputado, pero su talento no tardó en manifestarse. Cinco años después, era ya secretario de estado, miembro del partido Tory.

Sin embargo, estaba a favor de Peel, y la cuestión del libre cambio le llevó al campo de los liberales.

En 1852, fue canciller del Echiquier, es decir, ministro de hacienda. En 1868, a los 59 años  de  edad,  sería primer  ministro.

Gladstone era un orador extraordinario, que conseguía dar una claridad luminosa a los más complejos problemas.

Su inteligencia y su estilo conquistaron muy pronto a Inglaterra, pero Gladstone no pudo admitir jamás que las reglas de la moral no se aplicasen estrechamente a la política.

Gladstone, primer ministro ingles

Gladstone, líder del Partido Liberal, fue primer ministro en cuatro legislaturas durante el reinado de Victoria I. Era el rival político de Benjamin Disraeli, ante quien perdió el cargo de primer ministro en una ocasión para recuperarlo más tarde.

Su vida privada, austera, rígida (en la tarde de su noche de bodas, pasó muchas horas leyendo la Biblia con su joven esposa), se reflejaba, intacta, en su vida pública.

Aquella integridad podía estimular a los ingleses a confiar en Gladstone, pero, a la larga, algunos empezaron a pensar que llevaba a Inglaterra a la ruina, porque si Gladstone creía que el poderío inglés no debía deseansar sobre una inmoralidad, ¿no llegaría a parecerle necesaria la devolución de todas las conquistas inglesas, que podían ser tachadas de «inmoralidad»?

Así lo hizo con Irlanda, y sus adversarios temían que fuese a hacer lo mismo con el resto del Imperio.

Se le describía como a un liquidador del Imperio, y los humoristas le imaginaban respondiendo favorablemente a una reclamación de los chinos acerca de Escocia.

Si Gladstone podía parecer un ángel, su adversario, Disraeli, tenía que parecer un demonio. De origen judío y de nacimiento humilde, Disraeli —al contrario que Gladstone— hubo de vencer grandes dificultades hasta alcanzar riqueza y honores.

Para ser admitido en la alta casta aristocrática inglesa, Disraeli tuvo que hacerse una personalidad: refinar su acento, sus maneras, su forma de vestirse.

Durante muchos años, fue incluso un dandy. ¿Fue porque él habría querido ser más «viejo inglés» que los aristócratas de larga tradición, por lo que se dedicó, más que ningún otro, a mantener la  superioridad  inglesa,  a  acentuar  su  carácter altivo e insular?.

Gladstone, aristócrata, quería imponer la democracia y la justicia. Disraeli, de origen humilde, quiso afirmar la grandeza inglesa por la vía aristocrática.

El conflicto de aquellas dos brillantes personalidades caracterizaría la vida política inglesa durante veinte años, le daría un notable relieve, y, sobre todo, iniciaría el camino de profundas reformas, pues cada uno de ellos adoptaba las reformas propuestas por el otro, para asegurarse el mayor número de sufragios.

La primera mitad del siglo había visto nacer la potencia industrial británica. Gracias a Disraeli y a Gladstone, la rica Inglaterra podía permitirse ahora el lujo de un poco de justicia social.

Durante los 16 años posteriores a la muerte de Palmerston en 1865, la rivalidad entre William Ewart Gladstone y Benjamin Disraeli dominó la vida política británica.

Ambos habían comenzado su carrera política en el Partido Tory, pero Gladstone acabó pasándose al campo liberal. Disraeli se había convertido en el líder de los proteccionistas en la Cámara de los Comunes entre 1840 y 1850 y a partir de este año sirvió en los breves gobiernos de lord Derby, a quien sucedió como primer ministro a principios de 1868, pero una victoria liberal en las elecciones de diciembre de ese año dió el puesto a Gladstone.

disraeli, primer ministro ingles

Disraelí fue primer ministro, por primera vez, en 1867. Gladstone y los liberales dirigieron el país, desde  1868  a   1874.

A continuación, volvió Disraeli, hasta 1880. Luego, Gladstone recobró el poder hasta 1886.

En efecto, si Disraeli y los conservadores lograron formar gobierno en 1867, fue porque supieron aprovechar una discordia pasajera surgida en el grupo de los liberales, acerca de la reforma electoral.

Gladstone, que trataba de modificar la ley en un sentido más liberal, no logró la mayoría entre sus «tropas», y los Tories, deseosos de obtener una mayoría en la Cámara, aprovecharon la ocasión. ¿Qué podían perder ellos ampliando el cuerpo electoral?.

Nada, porque, de todos modos, desde Peel, los escrutinios les habían sido sistemáticamente desfavorables.

Nada podía, pues, empeorar la actual situación: por el contrario, extendiendo el derecho de voto, Disraeli podía esperar el agradecimiento de los nuevos electores. Por otra parte, él sabía que los nuevos electores no mantendrían una posición inmutable, como los precedentes.

Los conservadores querían que aquella situación cambiase, y así se votó, en 1867, con la ayuda de algunos liberales, la primera reforma electoral.

Un cierto número de puestos fue retirado de los «burgos podridos» y trasladado a localidades que habían tenido un gran desarrollo, gracias al progreso de la industria: era un primer esfuerzo por hacer coincidir el país legal (hasta entonces, esencialmente rural) con el país real (cada vez más industrial).

Al mismo tiempo, la reforma preveía un aumento del censo electoral: todavía no se pensaba en el sufragio universal, pues se consideraba que los impuestos del Estado sólo podían ser votados por los que pagaban los impuestos y que, en consecuencia, estaban ligados, por su propia fortuna y por las responsabilidades que de ella se derivaban, al destino de las finanzas públicas.

Con el aumento del censo, se pasó de 1.300.000 a 2.500.000 electores.

Esta nueva masa de electores defraudó, sin embargo, las esperanzas de Disraeli.

En 1868, en los Comunes se sentaba una mayoría liberal pero Gladstone continuó la obra de Disraeli.

En 1872, se promulgó el «Ballott Act», que instituía el voto secreto: una ley capital, porque permitía evitar fraudes y presiones.

En efecto, ¿cómo comprar el voto de un elector cuando no se puede saber qué nombre ha metido en la urna? Además, el aumento del número de electores, por sí solo, modifica ya la vida política.

Comprar a un centenar de electores era posible para un candidato rico, pero, desde que las circunscripciones estaban mejor distribuidas, se precisaban millares de votos, y esto desbordaba las posibilidades de las fortunas privadas.

Serían elegidos los que obtuviesen la investidura y el apoyo de un partido, pues los partidos, en efecto, disponían de fondos, podían promover candidaturas rivales contra los recalcitrantes, y simbolizaban una ideología, lo cual, entre las masas, tiene más peso que una reputación local.

La reforma benefició, pues, a los dos partidos, que aumentaron su ascendiente. En 1884, Gladstone proseguirá esta apertura: el cuerpo electoral se duplicará una vez más, pasando de 2.500.000 a 5.000.000 de votantes.

Sólo quedan excluidos 2.000.000 de peones industriales y agrícolas, los más desgraciados del país, a quienes todos —tanto los aristócratas como los obreros acomodados— consideran «políticamente incapaces».

Las mujeres, desde luego, estaban excluidas todavía del censo electoral. La política seguía siendo un asunto de hombres.

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AMPLIACIÓN DE SU BIOGRAFIA

A Gñadstone algunos lo han le superaron en elocuencia, en habilidad parlamentaria, en recursos políticos y en clarividencia del futuro; pero ninguno pudo ofrecer su armonía de facultades, la potencia intelectual aliada a la robustez física, su entrega al bien público, su conocimiento de los detalles de la administración, su experiencia económica, y, sobre todo, su rectitud moral y su pulcro sentido dei cumplimiento del deber.

De estirpe conservadora, de espíritu profundamente religioso y cristiano, colaboró como nadie al mantenimiento de la paz internacional y a la resolución de las injusticias sociales.

Por esta causa, es uno de los tipos humanos más destacados del siglo XIX.

William se educó en el colegio de Eton (1821-1829) y luego en la universidad de Oxford (1829), donde se interesó vivamente por la política, la religión, la filosofía, las matemáticas y las lenguas clásicas (leía a Homero en griego).

En los círculos universitarios su nombre se destacó en tal grado, que el duque de Newcastle le invitó a presentar su candidatura por el distrito de Newark. Resultó elegido, y en enero de 1833 se sentó por vez primera en la Cámara de los Comunes.

A los veinticuatro años inició su fecunda carrera parlamentaria.Afiliado al partido conservador, en 1834 fue nombrado lord del Tesoro y en 1835 subsecretario para las Colonias, en cuyo cargo adquirió unos conocimientos notabilísimos.

Caído el ministerio de Roberto Peel, Gladstone se dedicó por unos años al estudio de los asuntos religiosos, abogando por la independencia espiritual de la Iglesia.

Después del gran triunfo conservador de 1841, formó parte del ministerio de Roberto Peel como vicepresidente y, en 1843, como presidente del Board of Trade (Oficina de Comercio).

Desde este cargo impulsó el establecimiento del librecambismo y la derogación de las leyes cerealistas.

Esta actitud y su propia ideología, cada vez más humana, le impulsaron a abandonar el partido conservador.

En 1847 fue elegido miembro parlamentario por la universidad de Oxford, representación que ejerció hasta 1866, cuando se afilió públicamente al partido liberal y se convirtió en su jefe parlamentario.

Durante este tiempo fué ministro de Hacienda en el gabinete de lord Aberdeen (1852-1855) y en el de Palmerston de 1859 a 1866.«Para conservar el bosque, es preciso ir cortando de vez en cuando algunos árboles.».

Esta fórmula política explica el liberalismo progresivo de Gladstone. Adscrito al partido liberal, fue primer ministro del Reino Unido cuatro veces: de 1868 a 1874, de 1880 a 1885, en 1886, y de 1892 a 1894.

Medidas sobresalientes de su primera gestión ministerial fueron la ley Forster de 1870, organizando la enseñanza general y gratuita; la ley de 1871 otorgando el reconocimiento legal a las Trade Unions, y la Irish Latid. Act dando garantías a los arrendatarios irlandeses. También se preocupó de la reforma electoral, la cual fue completada en 1884 y 1885.

Más graves preocupaciones—tal vez las mayores de su vida — motivó en Gladstone la cuestión irlandesa. Pese a sus nobles tentativas, manifestadas en la gran Land Act de 1881 y en la negociación del Home Rule para Irlanda en 1893, no pudo resolver tan vidrioso problema.

En junio de 1895 presentó la dimisión de su gabinete y se retiró a la vida privada, en la cual sólo debía permanecer tres años, pues moría en Hawarden, el 19 de mayo de 1898.

Biografía de Joseph Chamberlain

Biografía de Cecil Rhodes

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

fuente

La Edad de Oro de EE.UU. Produccion y Economia Siglo XIX

LA EDAD DE ORO AMERICANO EN EL SIGLO XIX

La «Golden age», la edad de oro, es el nombre que los norteamericanos dan al período que, desde 1875 hasta fin de siglo, asiste al fantástico desarrollo de su producción industrial, a la aparición de los grandes «truts», del «mundo de banqueros y de millonarios», como escribió Henry Adams.

La riqueza del subsuelo, un amplio mercado interior que crecía sin cesar, poblado por millones de emigrantes, la energía y la audacia de tanto «self-made-man», nuevos héroes del día, se conjugan para explicar aquel espectacular progreso. Del cuarto lugar en 1861, América pasa al primero, a fin de siglo. De 2 millones de toneladas de hierro fundido y 400.000 toneladas de acero (1875), pasa, respectivamente, a 10 millones y 5 millones de toneladas en 1890, superando a Inglaterra. El carbón (7 millones de toneladas en 1850), llega a 250 millones en 1900.

Los EE. UU. producen las tres cuartas partes del petróleo, del cobre, del cinc, del plomo, etc., de la producción mundial. Este desarrollo va acompañado de la concentración de empresas, «trusts» o «cartels», dependientes también de los enormes grupos ferroviarios y bancarios. Rockefeller controla el 90% del mercado del petróleo. El «rey» del acero, Carnegie, tiene una fortuna de mil millones de dólares.

Los Gould, los Vanderbilt, los Pierpont-Morgan, los Harriman controlan inmensos imperios industriales o financieros, y, a pesar de la «Sherman Anti Trust Act» de 1890, que trata de impedir la constitución de monopolios capaces de imponer los precios, despreciando la competencia y el principio «sacrosanto» de la libre iniciativa (free enterprise), los «trusts» burlan fácilmente la ley, multiplicando los distintos nombres que, de hecho, encubren a la misma sociedad.

A pesar de las protestas de los reformadores o de los intelectuales, el gran público sufre la fascinación de los éxitos individuales, cree que todos tienen sus posibilidades, y quecon talento y trabajo, hasta el más humilde puede llegar a la fortuna.

trilladora americana siglo xix

Trilladora Utilizada en Dakota Por Los Agricultores

La industria americana se caracteriza, además, por el empleo intensivo del maqumismo (el hierro es barato), por la racionalización de los métodos de producción, y las mercancías «standard», fabricadas en serie, porque el consumo aumenta al ritmo de la inmigración: de 32 millones de habitantes en 1860, la población pasa a 76 millones en 1900, y a 95 en 1914. Veinte millones de europeos se establecen en los EE. UU., desde 1860 a 1914. Hasta 1890, los inmigrantes son esencialmente irlandeses, ingleses, alemanes, escandinavos.

Después llegan los italianos, los eslavos, los judíos de Rusia y de Austria-Hungría. Sólo se limita la inmigración de los chinos y de los japoneses. La agricultura se beneficia de las técnicas industriales: en las inmensas llanuras del Oeste, se necesitaban máquinas sembradoras y cosechadoras. La ganadería era estimulada por la industria conservera, que contaba con los mataderos gigantes y mecanizados de Chicago. Por último, la clase obrera aumentó numéricamente y se concentró en nuevas metrópolis industriales.

Los «Caballeros del Trabajo» (sociedad secreta de trabajadores) , después de una victoria alcanzada contra las. empresas ferroviarias, se enfrentan con el poderoso «trust» de máquinas agrícolas. Mac Cormick, en Chicago. En 1886, en el curso de una reunión en Haymarquet Square, una bomba lanzada por unos desconocidos mató a siete policías; cuatro anarquistas sospechosos fueron ejecutados, y el conflicto resultó fatal para los «Caballeros».

El mismo año, se creó la A. F. L. (American Federation of Labour), que renunció a la idea de un sindicato único por cada rama industrial. Decididamente   reformista,   apoyándose   en las categorías especializadas y dejando de lado a la gran masa de la mano de obra, la A. F. L. edificó la primera organización duradera, bajo la dirección de Samuel Gompers, tabacalero, de origen londinense.

inmigrantes europeos en ee.uu.

Inmigrantes en la estaciones de tren de esa época

Gompers reconocía el sistema capitalista; para él, los sindicatos debían tener como único objetivo el de aumentar la parte de los asalariados en el reparto de beneficios. Ningún principio ideológico animaba a Gompers, cuya norma era: «recompensa a tus amigos y castiga a tus enemigos». La A. F. L. estuvo dirigida, esencialmente, por una aristocracia obrera que dispuso de fondos importantes (dos millones de afiliados en 1914) para el sostenimiento de las huelgas y de la burocracia sindical.

El sindicato de los mineros es el único adherido a la A. F. L. que agrupa a todos los obreros de la mina, sin distinción de su especialidad, hasta los más humildes peones. Contra aquel espíritu de «negocio», hostil al socialismo, los radicales anarco-sindicalistas fundaron, en 1905, los I. W. W. (Industrial Workers of tbe World), que trataron de unir a los no organizados, pero sus efectivos fueron siempre muy débiles: los obreros americanos, en general, separados por sus orígenes nacionales, seguían siendo indiferentes al espíritu socialista y revolucionario.

Desarraigados, cortaban sus lazos con las tradiciones revolucionarias europeas, sobre todo porque un gran número de inmigrantes recientes temían ser rechazados, expulsados, a causa de sus opiniones extremistas. La situación era difícil,   pero   no   desesperada:   se   creaban nuevos centros, se ofrecían tierras a quienes querían abandonar las fábricas, y había la ilusión de que las oportunidades eran iguales en aquella tierra de pioneros y de que todos podían «triunfar».

Por eso, los partidos socialistas fracasaron también, a pesar de los duros períodos de crisis, y jamás pudo organizarse un verdadero partido obrero entre los republicanos y los demócratas. Los socialistas nunca alcanzaron más del 5% de los votos en las elecciones presidenciales.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

La Reconstrucción de EE.UU. Ferrocaril Transcontinental Resumen

PERÍODO DE RECONSTRUCCIÓN DE ESTADOS UNIDOS
CONSTRUCCIÓN DEL PRIMER TREN TRANSCONTINENTAL

Terminada la Guerra de Secesión (abril de 1865), era necesario reconstruir la Unión, devastada por las duras campañas de Grant y de Sherman, cubierta de ruinas, de odios y de rencores. Los historiadores americanos llaman «período de reconstrucción» a los años que van desde 1865 a 1877, fecha en que los ejércitos federales evacúan el Sur, poniendo fin al estado de excepción que siguió a la derrota de los esclavistas.

Tras el asesinato de Lincoln, fue proclamado presidente Andrew Johnson, un hombre del Sur, de origen «pobre blanco», que había llegado a la vicepresidencia, a pesar de su modesto nacimiento, por su fidelidad a la Unión. Rudo, obstinado, dio muestras de equilibrio y buen sentido, siguiendo la política decidida por Lincoln.

El presidente Johnson vetaba las leyes que le parecían nefastas, atrayéndose las iras de los radicales, que le acusaron ante el Senado, constituido en Tribunal Supremo, pero Johnson fue absuelto (1868). Perdida por el presidente toda posibilidad de reelección, el candidato de los radicales, el ilustre General Grant, uno de los vencedores de la guerra civil, fue elegido decimoctavo presidente de los Estados Unidos, en 1868; después sería reelegido para un segundo mandato.

El Sur se transformó profundamente con el final de la esclavitud y con la reconstrucción. Arruinados por la guerra e incapaces de pagar a los esclavos convertidos en trabajadores libres, los plantadores tuvieron que parcelar sus grandes propiedades, dividiéndolas en pequeños lotes.

El dueño adelantaba al llevador abonos, simientes, aperos de labranza, vivienda, y recibía a cambio dos tercios de la cosecha. Al lado de los aparceros negros, cuyas condiciones de vida no habían mejorado mucho respecto a los esclavos, se desarrollaron los «pobres blancos», igualmente miserables, pero violentamente racistas.

Desaparecida la esclavitud, el problema negro continuaba en pie; a pesar de los esfuerzos legislativos, los blancos negaban la igualdad a los cuatro millones de negros (a finales de siglo, serían 10 millones). Cuando se levantó el estado de excepción, con la marcha de las últimas tropas federales en 1877, los gobiernos y las legislaturas del Sur encontraron los medios de apartar de la vida política a los negros.

La «cláusula del abuelo» (el derecho de voto se reservaba a aquéllos cuyos antepasados   habían  votado  en   1860)  y   las pruebas electorales (saber leer, escribir, interpretar correctamente un artículo de la Constitución), privaron de la cédula electoral a la mayoría negra.

La segregación fue sistemáticamente aplicada en las escuelas, en los transportes, en las iglesias, en los restaurantes, etc. Se recurrió, incluso, al terror, al linchamiento, a las ejecuciones sumarias de negros. Sociedades secretas como el Ku-Klux-Klan, cuyos miembros llevaban capuchones y aterrorizaban a los negros, hicieron ilusoria la igualdad teórica de los derechos civiles, y el Norte cerró los ojos. Así se constituyó el «solid South», bastión de la superioridad blanca, feudo del partido demócrata.

El 10 de mayo de 1869, las dos compañías se unieron en Utah, y las locomotoras fueron regadas con champán.

CONEXIÓN COSTA A COSTA: No sólo el Sur sufrió trastornos a continuación de la guerra de Secesión:  la industrialización acelerada del Norte y la colonización del Oeste darían un nuevo aspecto a los EE. UU. En 1860, las Grandes Llanuras y las Montañas Rocosas eran inmensos espacios vacíos; sólo California, Oregón y el Estado de Washington habían atraído a los colonos.

Las tribus indias (sioux, cheyennes, apaches, utahs, pies-negros, etc.) seguían trashumando en las praderas secas por el duro clima. Los ferrocarriles abrieron a los pioneros el interior del continente; hasta entonces, los representantes del Sur se habían opuesto a la construcción de un transcontinental, porque no querían que los créditos se invirtiesen en nuevas orientaciones, pero los partidarios del ferrocarril, una vez eliminados sus adversarios por la Secesión, hicieron votar una serie de leyes y, a partir de 1863, las compañías, con la garantía de millones de dólares y de terrenos gratuitos, empezaron a construir la red que uniría los dos océanos, la «Union Pacific», que partía de Nebraska, y la «Central Pacific», de San Francisco.

Se emplearon emigrantes irlandeses, indios, chinos. A través de desiertos y montañas, los equipos de trabajo tendían cuatro rieles por minuto, y eran seguidos por campamentos con bares, «dancings» y casas de juego, de los que luego surgirían verdaderas ciudades, a lo largo de la vía. El 10 de mayo de 1869, las dos compañías se unieron en Utah, y las locomotoras fueron regadas con champán. Nueva York celebró el acontecimiento con cien cañonazos, Filadelfia hizo sonar la campana de la libertad, y entusiastas desfiles recorrieron las ciudades.

El Oeste quedaba abierto a los emigrantes, a quienes se ofrecían tierras. Primero, fue la época de los criadores de bueyes resistentes y de largos cuernos, alrededor de los ranchos, y estos pioneros acabaron con los bisontes salvajes.

A partir de 1875, el alambre de picos en que se encerraba a los rebaños. Y el desarrollo del dry farming (cultivo de cereales en clima seco, gracias a profundas aradas) permitieron a los granjeros ampliar sus zonas de labor.

Por último, el descubrimiento de las minas de oro, de plata y de cobre de las Montañas Rocosas provocó nuevas afluencias, y fueron constituyéndose, sucesivamente, los Estados de Nevada, Nebraska, Colorado, de las dos Dakota, Wyoming, Idaho, Montana, Utah, Oklahoma… Todos estos nombres son indios, y las tribus, que se veían despojadas de sus tradicionales territorios, incapaces de adaptarse a la agricultura sedentaria, emprendieron la lucha contra los «rostros pálidos», a pesar de su inferioridad en armamentos.

Innumerables «westerns» han evocado las guerras de los indios y hecho famoso los nombres de Sitting Bull, Crazy Horse y Gerónimo, el jefe de los apaches. La lucha fue implacable. Los indios, exterminados o acorralados en zonas salvajes, atacaban los puestos aislados y tendían emboscadas: el general Custer fue muerto, con todo su regimiento, en Montana, en Little Mig Hom River, en junio de 1876.

La pradera tuvo sus héroes, como William Cody, llamado Buffalo Bill, de profesión cazador de bisontes, tirador excepcional, y también sus bandidos, saqueadores de trenes y de diligencias. Ladrones, jugadores profesionales, aventureros y hombres violentos hicieron famosos los saloons, fuente inagotable de películas y de novelas.

No puede comprenderse el «espíritu americano» —esa curiosa mezcla de audacia, de optimismo y de violencia—, si se ignora que a la religiosidad y al orgulloso ideal de independencia que animaba a los  puritanos de Nueva Inglaterra vinieron a unirse los caracteres y las costumbres de los conquistadores del interior, rancheros, mineros, pioneros, aventureros, hombres del Oeste que, durante treinta años, hicieron retroceder, incesantemente, los límites de la «frontera».

La movilidad americana, esa facultad de cambiar de Estado para ir a establecerse a otra parte, procede directamente de aquella época de la «pista», en que la atracción de nuevos filones, de tierras más fértiles, de praderas más ricas, llevaba cada vez más lejos a los emigrantes, con sus caravanas. Recordemos, para terminar, que, en 1867, los Estados Unidos aumentaron su extensión con un inmenso territorio desértico, Alaska, comprado a Rusia por siete millones de dólares.

Ver: La Conquista del Oeste

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

Invasión Napoleonica a Rusia Desarrollo de la Campaña

Invasión de Napoleón a Rusia Desarrollo de la Campaña

Napoleón estaba bien preparado: un formidable ejército había sido concentrado desde el Báltico a los Cárpatos, compuesto de 700.000 hombres. El más poderoso ejército conocido hasta entonces por la Historia.

¿Quién habría podido predecir, por tanto, la victoria del zar, dado que Napoleón disponía, a la vez, de su genio, intacto, y de tropas tan gigantescas?.

Emperador Napoleón Bonaparte

En realidad, esta nueva versión del «Gran Ejército» tenía, sin embargo, sus puntos débiles: no había en él más que 200.000 franceses, que formaban, en su mayoría, el centro del dispositivo, al mando de Davout y del mismo emperador.

La guardia también se encontraba allí, pero las alas habían sido dejadas, sin vigilancia alguna sobre ellas, a los cuerpos aliados, de cuya combatividad había razones para dudar, y que Napoleón sabía perfectamente que eran capaces de desertar en plena batalla.

Este ejército estaba constituido por contingentes de veinte naciones: había alemanes e italianos, holandeses y croatas, suizos y austríacos; toda Europa se hallaba representada en él. Por otra parte, se había reunido un material considerable: 1.350 cañones.

Este aumento de la artillería permitía a Napoleón compensar la mediocridad de algunos cuerpos de ejército. Pero esto se traducía también en una falta de confianza en la posibilidad de sorprender al adversario mediante la legendaria movilidad de sus tropas.

La campaña comenzó con el verano. La situación del suelo permitía al convoy de aprovisionamiento avituallar regularmente al ejército hasta en el centro del país.

Además, el tiempo de la cosecha no tardaría en llegar, y, en caso de que la campaña hubiera de prolongarse, podría habilitarse el avituallamiento en los mismos lugares de la guerra, por medio de requisas.

Ni siquiera se suponía que la llegada del invierno pudiera sorprender a los ejércitos en lucha hasta entonces, las campañas napoleónicas habían sido siempre muy rápidas.

LA MARCHA SOBRE MOSCÚ:
Ante tal despliegue de fuerzas, el zar había de contentarse con mantenerse a la defensiva. No disponía, al principio, más que de 150.000 hombres; aceptar el combate le habría conducido, inevitablemente, al desastre.

Era, pues, necesario que los rusos renunciasen a su ofensiva en dirección a Polonia, y aceptasen la invasión de su territorio.

Fiel a su táctica, Napoleón desplaza su centro con toda rapidez: espera hacer penetrar una cuña entre los ejércitos rusos y batirlos después, uno tras otro.

Pero el zar había confiado el mando de sus tropas al anciano mariscal Kutusov, el cual rehuye sistemáticamente el combate.

A pesar de sus marchas forzadas, Napoleón no consigue alcanzar a las tropas rusas. A fin de cortar en dos el país, deja a un lado San Petersburgo y avanza directamente hacia Moscú, la santa capital. Sin embargo, se da cuenta en seguida de que la intendencia se interrumpe.

Los depósitos se muestran pronto insuficientes para alimentar a 700.000 soldados. Las requisas ordenadas entre los aliados prusianos y aun entre los polacos, chocan con una especie de resistencia pasiva.

Según van penertando los ejércitos napoleónicos en territorio ruso, se hacen más largas las distancias que los convoyes de avituallamiento deben recorrer.

Y la retaguardia marcha jadeante, cuando todavía no han comenzado los combates, cuando únicamente han sido rebasadas Vilna y Smolensko. ¿Se esperaba encontrar alimentos en el país?.

En su retirada, los rusos hacen que los campesinos abandonen los pueblos antes que ellos, y prenden fuego a los campos, a las casas y a los graneros. Napoleón no conquista más que tierra calcinada.

Mal nutridos, sus soldados avanzan con menos rapidez, pues pierden tiempo en buscar alimentos. Todas estas dilaciones favorecen aún más la retirada rusa, que puede efectuarse en buen orden.

Sólo hay una esperanza: que caiga Moscú, y que el choque psicológico tal vez sea suficiente, pues ¿podrá seguir imponiendo el zar a su pueblo aquel suicidio colectivo ante el invasor?.

Ningún pueblo del mundo —se piensa— puede olvidar durante mucho tiempo la idea de que nada hay mejor que una paz, incluso la más dura.

Aunque lenta, la marcha del ejército francés proseguía: en septiembre, ya se encontraba cerca de Moscú. Y, en este punto, el ejército ruso se detiene para defender la capital de su religión.

La primera batalla de la guerra tiene lugar en Borodino. Tolstoi, en su novela «Guerra y Paz», supo describir las terribles escenas de estos combates, en los que el ejército ruso volvió a suscitar el heroísmo de los hombres dispuestos a morir por la patria.

Frente al «ogro», despreciado, denigrado, verdadero anticristo, los rusos se aprestan a ofrecer una resistencia sin debilidades.

La batalla de Borodino del 7 de septiembre de 1812 fue la más sangrienta de todas las libradas hasta entonces por el ejército francés. 30.000 hombres le costó a Napoleón el paso del Moscova y ver abrirse ante él el camino de Moscú, y 50.000 a los rusos su resistencia.

Y 30.000 hombres eran muchos si se piensa que no se había producido ningún resultado decisivo.

Tanto más, teniendo en cuenta que, durante toda la ofensiva, el ejército había perdido ya millares de hombres por enfermedad, y, sobre todo, por deserción. Una división de Wurtemberg no contaba ya más que con 1.500 soldados, cuando, al principio de la campaña, estaba formada por ¡16.000!

EL INCENDIO DE MOSCÚ
El 15 de septiembre de 1812, Napoleón y su ejército entran en Moscú. No encuentran más que una ciudad vacía. Al día siguiente, ésta, construida casi enteramente de madera, estaba en llamas.

Toda Rusia reconoció en ello la mano nefasta de Napoleón, la barbarie característica de los franceses.

Y, sin embargo, ni Napoleón ni los franceses habían tenido parte en la destrucción de la ciudad.

El incendio había sido preparado por el gobernador de la ciudad, Rostopchin: era la lógica continuación de la política de tierra calcinada. Pero, ¿quién podría creer que los mismos rusos hubieran prendido fuego a la santa capital de la Santa Rusia?.

Napoleón y los 500.000 hombres que le quedan resultan vencedores en un desierto de cenizas. Ni ellos mismos saben qué hacer. Al menos, confiaban en el cansancio del adversario.

Los enviados franceses reciben la orden de proponer al zar una paz muy conciliadora. Pero el zar ya ha dado las suyas: Rusia se batirá hasta el fin. Los emisarios franceses no son autorizados a atravesar las líneas. La guerra no puede, pues, concluir: no hay adversario que combatir, ni negociaciones de paz que entablar.

Ante Napoleón se abre todo el territorio ruso, pero la ruina y el fuego preceden siempre al avance de sus tropas.

No existe para los franceses más que un serio adversario, y muy presente: el invierno, que sorprende a un ejército solamente equipado para realizar una fulgurante campaña de verano. ¿Qué hacer, entonces, sino batirse en retirada, a fin de evitar, al menos, que las naciones satélites de Europa se aprovechen de la ausencia del emperador y de su ejército, para sublevarse?.

Napoleón ordena la retirada el 18 de octubre. 400.000 hombres habían de perecer en una marcha de 1.500 kilómetros. Es el clima, el famoso «general invierno», quien logra alcanzar, por lo que se refiere a los rusos, las mayores victorias.

LA TRÁGICA RETIRADA
Falto de botas y de mantas, hundiéndose en la nieve al caminar, el ejército francés pierde cada día unos 5.000 ó 6.000 hombres. Los caballos que no han podido ser herrados especialmente para sostenerse sobre el hielo, no son de utilidad. Por otra parte, las tropas se ven embarazadas por el enorme botín que llevan, tomado en Moscú.

En largas y desorganizadas columnas, se van desperdigando  por  el  camino   de  regreso, ofreciendo así sus flancos a los ataques enemigos: campesinos inflamados por un patriotismo feroz y animados por una mística fe en la lucha contra los agentes del diablo; cosacos, más numerosos cada vez, que encuentran la ocasión de demostrar el valor de su caballería, especializada en atacar rápidamente a un enemigo que no tiene tiempo de reaccionar; atraídos todos por los tesoros que lleva el ejército francés, por lo cual cada incursión reporta a sus autores una pequeña fortuna.

Por el contrario, el ejército ruso apenas si atacaba. Se contentaba con mantener encauzada la retirada de Napoleón, impidiéndole sólo que se desviase hacia el sur, donde las tropas podrían encontrar algunas provisiones.

Por lo cual, los franceses habían de volver a pasar por el camino de tierras calcinadas atravesado en el verano.

La Trágica Retirada de Rusia

Esta pasividad del ejército ruso se explica, sin duda, por el temor a establecer un combate en línea, a provocar la acción de los franceses. Por otra parte, los rusos no tenían necesidad de someterse al peligro de un combate semejante: era suficiente para ellos contemplar el progresivo hundimiento del ejército francés.

Uno de los más famosos episodios de la retirada fue el paso del Beresina, un afluente del Dniéper. Como había sucedido con d cruce de todos los demás ríos desde su salida de Moscú, el ejército francés esperara poder pasar este otro, también, caminando sobre su espesa capa de hielo.

Pero un súbito cambio de temperatura provocó un deshielo ocasional, el río creció y no existían barcas para atravesarlo.

El famoso ejército estaba en peligro de hallarse ante un obstáculo infranqueable: parecía condenado a perecer por completo. Pero, entonces, el cuerpo de pontoneros del general Eblé tuvo el suficiente valor para, poniéndose a trabajar entre las gélidas aguas y bajo el fuego de la artillería rusa, lograr construir dos puentes sobre el río, dejando libre así el tintino hacía el Oeste.

El 16 de diciembre, es decir, dos meses despúes de haber dejado Moscú, los restos del Gran Ejército volvían cruzar el Niemen. De los 27.000 italianos que tenía al principio de la campaña solo regresaron 233.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

La Economia de Francia con Napoleón Imperio Napoleónico

La Economía de Francia con Napoleón

Aunque Bonaparte restablecía la paz de las almas y se ocupaba activamente de la instrucción pública, le faltaba aún demostrar a sus compatriotas que la industria de Francia no era inferior a la de otros países. Para ello, tuvo como acólito a Chaptal, ministro del interior cuya voluntad igualaba a la de su señor.

Ordenó que cada año, en los departamentos, los fabricantes expusieran los productos de sus manufacturas, y estas exposiciones fueron una revelación inesperada de los recursos de las fábricas y de la habilidad de la mano de obra.

Guadañas, segadoras, sierras, hasta entonces importadas de Inglaterra, fueron, a partir de entonces, fabricadas en Francia —al mismo tiempo, el ministro instituía premios para los inventores de las máquinas más apropiadas para «trabajar, peinar y cardar las diferentes especies de lanas».

Se emprendió la excavación del canal de Borgoña Faltaba aún dar el agua a todos los barrios de París, terminar los muelles, multiplicar los puentes sobre el Sena.

La agricultura también se modernizó: se concedieron primas a quienes repoblaran los bosques destrozados, después a los ganaderos de carneros merinos, importados de España, y, por último, a todos aquellos que modificasen la rutina de la rotación de cultivos. Se envió a buscar toros y terneros a Suiza para repoblar los establos vacíos y se proscribió la importación de los caballos ingleses con el fin de proteger la ganadería  francesa.

El  genio  renovador del Primer Cónsul se extendía hasta las prisiones y los hospitales, para los que había creado un comité de inspección, y hasta las panaderías y las farmacias.

En los comienzos del Imperio, se podía escribir: «Si Francia no ha recobrado su anterior prosperidad, la espera. Empresas, negocios y especulaciones de todo tipo se reanudan». La agricultura había continuado el bienhechor camino iniciado por el Consulado.

Las tierras señoriales, fraccionadas por las particiones de los bienes nacionales, se idtáan vuelto más fecundas. La patata, introducida en el cultivo, proporcionaba a los campesinos una nutrición más abundante y más sana. El azúcar extraído de la remocha estimulaba a los cultivadores, que la introdujeron, en adelante, en las siembras de sus tierras. Las plantaciones de tabaco habían vuelto, y el mismo capricho se manifestaba hacia la cría del gusano de seda.

También la industria se había hecho audaz: la guerra había interrumpido las importaciones de cáñamo y de lino de Inglaterra o de Suiza, y, a consecuencia de ello, las hilaturas habían tenido que aprender a tejer los algodones menos finos, procedentes de Italia o de España. De esta manera, la hilatura se enriquece con la fabricación de organdíes y de tules.

La química aplicada había alcanzado una extensión admirable: el cloro era empleado en el blanqueo de la ropa, la fabricación del alquitrán había sido perfeccionada, el carbón era utilizado en la decoloración. Se regeneraron los cueros, y la marroquinería de París fue tan bella como la del Levante. Se llegó a hacer, con los esqueletos de los animales sacrificados en los mataderos, materiales muy valiosos para los ejércitos.

Se puso en circulación un nuevo metal, el cromo, con lo que la alfarería se enriqueció con un verde brillante. Inglaterra y Holanda abastecían a Francia del blanco del plomo: éste fue muy pronto fabricado en Pontoise, mientras que los címbalos y los tambores, tradicionalmente importados de Constantinopla, eran fabricados en Chalons. Se explotaron nuevas minas de hulla.

Los trabajos ininterrumpidos de París y de provincias parecían testimoniar la gloria del Imperio. El bosque de Bolonia estaba atravesado por nuevas alamedas, y se trazaba la calle de Rívoli. Muelles de mampostería encauzaban el Sena, haciendo su lecho más profundo.

Sin embargo, despúes de varios años a a medida que el Imperio se aproximaba a su caída, las señales de desequilibrio se acentuaban. No se recluían impunemente cada año a 80, 100 ó 200.000 hombres que casi nunca vuelven más. No se impone a un país el esfuerzo de una guerra constantemente renovada, sin conducirlo a la ruina.

En 1805, a las dudas, a la fatiga, a la inquietud, se unía la escasez de moneda, agravada por los daños causados por los ayuntamientos y los especuladores. El malestar será muy pronto crisis, casi pánico; los billetes de banco se verán amenazados con ser, de nuevo, «asignados».

El Bloqueo Continental, decretado en Berlín en 1806, prohibiendo a Francia y a sus aliados el comercio con Inglaterra, si bien estimulaba, como ya hemos visto, la imaginación y el espíritu de empresa de algunos, arruinaba los puertos, privada a los comerciantes de sus mercados.

Los campos quedaron, poco a poco, despoblados. Finalmente, el millón de hombres que costaron a Francia las guerras del Imperio y el agotamiento del país, le colocaron en una situación tal, que la supremacía francesa en materia económica y comercial se perderá para siempre.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

La Indepedencia de Brasil Historia Colonias de Portugal

RESUMEN DE LA HISTORIA DE LA INDEPENDENCIA DE BRASIL DE PORTUGAL

SINTESIS: Eludiendo la invasión napoleónica, Don Juan de Portugal trasladó en 1808 la corte al Brasil, donde permaneció hasta 1821. Al regresar dejó como regente a su hijo Pedro, de quien se despidió con este consejo: «Bien entreveo que Brasil no tardará en separarse de Portugal. En ese caso, si no pudieras conservarme la corona, guárdala para ti y no la dejes caer en manos de aventureros».

Poco después, incitado Don Pedro por los patriotas a desobedecer a las cortes lusitanas que le mandaban trasladarse a Portugal, manifestó al presidente de la cámara municipal: «Como es para bien de todos y felicidad general de la nación, diga al pueblo que me quedo». Esa fue la memorable declaración del «fico» (me quedo), del 9 de enero de 1822, comienzo de la independencia del Brasil. En efecto, encontrándose en el paraje de Ipiranga, el 7 de setiembre de 1822, exclamó el príncipe después de leer inauditas órdenes de la metrópoli: «Es tiempo. ¡Independencia o muerte! Estamos separados de Portugal».

Poco después de este histórico pronunciamiento se reunió la Asamblea General Constituyente. Brasil era libre y se organizaba siguiendo las inspiraciones. de un gran estadista, José Bonifacio de Andrada e Silva, a quien la posteridad llamaría «el patriarca de la independencia».

Antecedentes: Bajo la doble influencia de las revoluciones americana y francesa y de las ideas liberales, los imperios coloniales que España y Portugal habían levantado a lo largo de los siglos se rebelan a principios del s.XIX. A la burguesía criolla de Iberoamérica le bastan unos años, de 1810 a 1825, para terminar con el régimen de opresión económica y política impuesto por las metrópolis. Dicha burguesía se rebela contra el acaparamiento de los altos cargos coloniales, siempre en manos de hombres de la metrópoli.

Estas insurrecciones son también obra de los héroes románticos, impregnados de ideales revolucionarios, que las encabezan, como Miranda en Venezuela o San Martín en Chile y en Perú. Pero es sobre todo Simón Bolívar el que desempeña un papel fundamental en la emancipación de Iberoamérica.

La liberación se lleva a cabo en dos etapas: la primera ola de insurrección, en los años 1810 a 1811, se salda con un fracaso y provoca una represión sangrienta; la segunda, que comienza en 1817, resulta decisiva y desemboca en la creación de numerosos pequeños Estados independientes. Pero esta fragmentación aumenta la fragilidad del continente, y sus naciones quedan a merced de las influencias exteriores.

Brasil es el único país de Iberoamérica que logra su independencia de forma pacífica. En 1808, en plena guerra napoleónica, la corte portuguesa, amenazada por las tropas francesas de Junot, se ve obligada a trasladarse a Río. La presencia del gobierno portugués en el seno de la colonia tiene la propiedad de acallar las reivindicaciones de los brasileños, que se sentían enteramente subditos portugueses. En 1821, cuando el rey portugués vuelve a Lisboa, su hijo Pedro que había sido educado en Brasil, acepta ser emperador y proclama la independencia en 1822.

HISTORIA DE LA INDEPENDENCIA: El territorio de Brasil había sido colonizado por Portugal. Esta colonia había crecido a partir de la explotación del palo, un árbol de madera dura utilizada para la construcción y para la obtención de productos para teñir, del azúcar y de la extracción de oro. Estas actividades se realizaban utilizando mano de obra esclava. La Corona portuguesa había organizado el territorio en capitanías hereditarias que conservaban una gran autonomía respecto del poder central.

A pesar de los intentos de la corona para confiscar o comprar las capitanías, los empresarios privados fueron fundamentales en la colonización de Brasil. Organizaban bandeiras, ejércitos particulares que en ocasiones podían reunir hasta 3.000 hombres. Estos ejércitos de bandeirantes emprendían expediciones en busca de metales preciosos o para la recuperación de esclavos fugados. También estaba en manos de particulares la recaudación de impuestos. Así, los propietarios rurales tenían amplios poderes militares y ejecutivos.

El crecimiento del poder de los propietarios rurales fue favorecido, además, por la política de la corona portuguesa de debilitar al virrey, cuya autoridad estaba reducida al mínimo.

EL REY Y SU CORTE LLEGA A BRASIL: Durante las guerras napoleónicas, Portugal no había aceptado adherirse al bloqueo impuesto por Francia a Inglaterra. Por tal razón, Napoleón decidió invadir el reino portugués.

Para no caer en manos de los franceses, la corte portuguesa decidió trasladarse al Brasil donde se instaló en 1808. Este traslado se produjo con la protección de la flota Inglesa. Inglaterra había sido fundamental para que Portugal, reino pequeño y escasamente poblado, pudiera mantener su colonia. Esta protección era pagada por Portugal con el oro extraído de Brasil.

Pero no sólo se había trasladado el rey, Juan VI, a Río de Janeiro, capital de Brasil. Toda la corte, incluyendo la nobleza y sus servidores, viajó con la familia real. Sin embargo, el rey cuidó de incorporar a las familias tradicionales de las colonias a la nueva corte, distribuyendo cargos y honores.

Nada predisponía a las colonias lusitanas (portuguesas) de América a una suerte diferente de la de las Indias españolas. En el siglo XVIII, los criollos soportaban también a duras penas la dominación de la metrópoli portuguesa y el despotismo ilustrado del ministro Pombal.

El 22 de enero de 1808, el regente Don Juan —ejercía el poder en nombre de su madre, loca, María de la Gloria—, su mujer Carlota Joaquina, hija del rey de España, sus hijos los príncipes y las princesas, la corte y una gran parte de los cargos superiores del reino, desembarcaron en Bahia.

El 7 de marzo, estaban en Rio. A partir de este momento, el Brasil dejaba de ser una colonia, reuniendo todo lo concerniente al gobierno central en torno a la capital. Los puertos brasileños se abrieron a los buques y al comercio extranjeros, siendo firmado en 1810 un tratado comercial con Inglaterra; el gobierno ilustrado del regente da al país algunos de los órganos de un estado moderno.

Rey Juan VI de Portugal

La alianza inglesa permitió, por poco tiempo, la ocupación efímera de la Guayana francesa (el país ganó con ello la introducción del mango, de la nuez moscada y de la caña de azúcar de Cayena), como pago por su contribución en la coalición antinapoleónica.

La liberación de la metrópoli de la ocupación francesa, en 1814, no cambió en nada la situación, y el Brasil conservó su autonomía en el seno del «Reino Unido de Portugal, del Brasil y de los Algarves» (20 de marzo de 1816).

Juan VI, el regente convertido en rey a la muerte de su madre, parecía poco deseoso de dejar el país. La revolución liberal de 1820, sin embargo, eco de la revolución española, le llamaba a Portugal. Juan VI dejó entonces la regencia brasileña a su hijo menor, Don Pedro.

Extraordinariamente tranquilo, en comparación con las tempestades de las independencias vecinas, Brasil tenía, sin embargo, sus problemas interiores. La región del nordeste (Bahia), la antigua zona próspera de las grandes plantaciones, sufría una profunda crisis económica ya señalada en el siglo XVIII y que acentuaba la desvalorización de los precios de los productos coloniales en el mercado mundial, al acabar las guerras napoleónicas. Tendencias políticas radicales se desarrollaron, terminando en la sublevación de Pernambuco (Recife), del 6 de marzo al 23 de mayo de 1817, que fue rápidamente sofocada.

Algunos precursores partidarios de los «ilustrados», como el cirujano Silveira y sus amigos, soñaban con reformas; los fermentos de republicanismo y regionalismo estaban presentes: las tendencias secesionistas del nordeste (Bahia) y del extremo sur (Rio Grande do Sul) fueron idea fundamental y permanente de la vida política brasileña en sus principios Brasil debe la suerte de una independencia sin dolor y sin daño, a circunstancias muy particulares En 1807, en el cuadro de su política de bloqueo continental, Napoleón se decidió a invadir Portugal, fiel aliada de Gran Bretaña.

Al caer Napoleón, el rey Juan VI regresó a Portugal, dejando a su hijo Pedro al frente del gobierno de Brasil. El propio Pedro declaró, en 1822, la Independencia de Brasil respecto de Portugal. El apoyo que logró entre los colonos le permitió imponerse a las fuerzas portuguesas que habían quedado en América. Ese mismo año, Pedro I fue proclamado emperador de Brasil.

Ceremonia de la coronación de Don Pedro, primer emperador del Brasil, celebrada en Rio de Janeiro, el 1 de diciembre de 1822. Grabado—París, Biblioteca Nacional.

La sociedad colonial brasileña era esencialmente partidaria de la esclavitud: sobre una población de 3.600.000 habitantes hacia 1800, y de 5.300.000 en 1830, los dos tercios estaban compuestos por esclavos negros importados de África. Las ideas secesionistas de un gran número de criollos estaban fuertemente moderadas por un reflejo de conservadurismo social. Hacia 1820, el grupo partidario de la independencia sin república se agrupó alrededor de un notable criollo, José Bonifacio de Andrade.

Sin embargo, el regente Don Pedro se encontró pronto en una situación difícil. En efecto, las Cortes portuguesas pretendían establecer en la antigua colonia una autoridad caída en desuso. Rehusando volver a Portugal, como le pedían las Cortes a comienzos de 1822, Don Pedro se apoyó en la fracción criolla moderada y tomó como ministro a Andrade.

En junio y a propuesta de la Cámara de Rio, aceptó el título de «Defensor perpetuo» del Brasil. En septiembre fue la crisis final. Regresando de sofocar un levantamiento en Bahia, Don Pedro, en las puertas de Sao Paulo, cerca del río Ipiranga, se pronunció abiertamente por la independencia («la independencia o la muerte» es el «grito de Ipiranga», frecuentemente representado en la iconografía oficial brasileña).

La independencia fue proclamada el 7 de septiembre, y, el 12, Don Pedro se convirtió en emperador constitucional del Brasil. Las últimas guarniciones portuguesas fueron expulsadas al año siguiente, gracias a la flota de lord Cochrane.

La solución brasileña fue bastante bien acogida en Europa. En agosto de 1825, bajo la enérgica presión de Inglaterra, Portugal se resignó a reconocer la independencia de su colonia. El Vaticano la sigue en 1826 (este reconocimiento evitó en el Brasil las largas ausencias de los obispos, como pasó en el caso de la América española).

A diferencia de sus vecinos, el nuevo estado brasileño comenzó su existencia con el considerable privilegio que supone el nacnimiento de su unidad política y territorial, herencia del período colonial.

Entre 1821 y 1831 Pedro I incorporó el modelo político británico, ratificado en la Constitución de 1824, pero no pudo solventar los problemas la incorporación brasileña al comercio y a la política internacional, por lo que renunció en favor de su hijo, Pedro II.

La minoridad del príncipe propició que la dirección política fuese emprendida por la regencia (1831-1841), período en el que se asentaron las primeras experiencias republicanas, no materializadas hasta 1889. La Constitución de 1834 originó una mayor actividad política, así como la descentralización del estado sobre tres coordenadas: Parlamento, Consejo de Ministros y el poder moderador del emperador. En esos años se configuraron también los primeros partidos políticos.

En julio de 1840, los liberales, escépticos ante el poder adquirido por la regencia, propusieron que la mayoridad del príncipe se adelantara y que fuera él quien llevara la dirección del país. Pedro II demostró a partir de entonces una gran capacidad para gobernar, lo que hizo apoyándose en la Constitución de 1834.

La crisis económica de la década de 1840-1849 se reflejó en revueltas como las de Para, Maranhao y Santa Catalina, la rebelión de Minas Gerais y Sao Paulo y el levantamiento protagonizado por Giuseppe Garibaldi en Rio Grande do Sul.

Pedro II se presentaría como la figura a través de la cual se podía generar una solución. Con el apoyo del Consejo de Regencia asumió el mando y trató de equilibrar las fuerzas que estaban representadas en el parlamento: a través de su influencia se formó un parlamento cuyos miembros debían su participación en él al poder de la Corona y del ejército. Este último había alcanzado una fuerza nueva con motivo de su actuación en las guerras civiles de la década del 40.

Así comenzó una etapa en la que los conflictos políticos se atenuaron. No obstante, una situación de fondo ligada a la economía brasileña generaría tensiones permanentes: la mano de obra esclava. Tanto la economía azucarera del norte y del centro como el comienzo de la expansión del café, que se produjo primero en Río de Janeiro para afianzarse luego en San Pablo, se apoyaban en el trabajo esclavo.

Fuentes Consultadas:
Historia Universal ESPASA Siglo XXI Independencia de México
SOCIEDADES 8° Año Vicens Vives de M. González y M. Massone
Sociedad, Espacio y Cultura Kapelusz EGB 3° Ciclo Prislei-Tobio-Geli
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo II Editorial ATENEO