La Indepedencia de Brasil Historia Colonias de Portugal



RESUMEN DE LA HISTORIA DE LA INDEPENDENCIA DE BRASIL DE PORTUGAL

SINTESIS: Eludiendo la invasión napoleónica, Don Juan de Portugal trasladó en 1808 la corte al Brasil, donde permaneció hasta 1821. Al regresar dejó como regente a su hijo Pedro, de quien se despidió con este consejo: «Bien entreveo que Brasil no tardará en separarse de Portugal. En ese caso, si no pudieras conservarme la corona, guárdala para ti y no la dejes caer en manos de aventureros».

Poco después, incitado Don Pedro por los patriotas a desobedecer a las cortes lusitanas que le mandaban trasladarse a Portugal, manifestó al presidente de la cámara municipal: «Como es para bien de todos y felicidad general de la nación, diga al pueblo que me quedo». Esa fue la memorable declaración del «fico» (me quedo), del 9 de enero de 1822, comienzo de la independencia del Brasil. En efecto, encontrándose en el paraje de Ipiranga, el 7 de setiembre de 1822, exclamó el príncipe después de leer inauditas órdenes de la metrópoli: «Es tiempo. ¡Independencia o muerte! Estamos separados de Portugal».

Poco después de este histórico pronunciamiento se reunió la Asamblea General Constituyente. Brasil era libre y se organizaba siguiendo las inspiraciones. de un gran estadista, José Bonifacio de Andrada e Silva, a quien la posteridad llamaría «el patriarca de la independencia».

Antecedentes: Bajo la doble influencia de las revoluciones americana y francesa y de las ideas liberales, los imperios coloniales que España y Portugal habían levantado a lo largo de los siglos se rebelan a principios del s.XIX. A la burguesía criolla de Iberoamérica le bastan unos años, de 1810 a 1825, para terminar con el régimen de opresión económica y política impuesto por las metrópolis. Dicha burguesía se rebela contra el acaparamiento de los altos cargos coloniales, siempre en manos de hombres de la metrópoli.

Estas insurrecciones son también obra de los héroes románticos, impregnados de ideales revolucionarios, que las encabezan, como Miranda en Venezuela o San Martín en Chile y en Perú. Pero es sobre todo Simón Bolívar el que desempeña un papel fundamental en la emancipación de Iberoamérica.

La liberación se lleva a cabo en dos etapas: la primera ola de insurrección, en los años 1810 a 1811, se salda con un fracaso y provoca una represión sangrienta; la segunda, que comienza en 1817, resulta decisiva y desemboca en la creación de numerosos pequeños Estados independientes. Pero esta fragmentación aumenta la fragilidad del continente, y sus naciones quedan a merced de las influencias exteriores.

Brasil es el único país de Iberoamérica que logra su independencia de forma pacífica. En 1808, en plena guerra napoleónica, la corte portuguesa, amenazada por las tropas francesas de Junot, se ve obligada a trasladarse a Río. La presencia del gobierno portugués en el seno de la colonia tiene la propiedad de acallar las reivindicaciones de los brasileños, que se sentían enteramente subditos portugueses. En 1821, cuando el rey portugués vuelve a Lisboa, su hijo Pedro que había sido educado en Brasil, acepta ser emperador y proclama la independencia en 1822.

HISTORIA DE LA INDEPENDENCIA: El territorio de Brasil había sido colonizado por Portugal. Esta colonia había crecido a partir de la explotación del palo, un árbol de madera dura utilizada para la construcción y para la obtención de productos para teñir, del azúcar y de la extracción de oro. Estas actividades se realizaban utilizando mano de obra esclava. La Corona portuguesa había organizado el territorio en capitanías hereditarias que conservaban una gran autonomía respecto del poder central.

A pesar de los intentos de la corona para confiscar o comprar las capitanías, los empresarios privados fueron fundamentales en la colonización de Brasil. Organizaban bandeiras, ejércitos particulares que en ocasiones podían reunir hasta 3.000 hombres. Estos ejércitos de bandeirantes emprendían expediciones en busca de metales preciosos o para la recuperación de esclavos fugados. También estaba en manos de particulares la recaudación de impuestos. Así, los propietarios rurales tenían amplios poderes militares y ejecutivos.

El crecimiento del poder de los propietarios rurales fue favorecido, además, por la política de la corona portuguesa de debilitar al virrey, cuya autoridad estaba reducida al mínimo.



EL REY Y SU CORTE LLEGA A BRASIL: Durante las guerras napoleónicas, Portugal no había aceptado adherirse al bloqueo impuesto por Francia a Inglaterra. Por tal razón, Napoleón decidió invadir el reino portugués.

Para no caer en manos de los franceses, la corte portuguesa decidió trasladarse al Brasil donde se instaló en 1808. Este traslado se produjo con la protección de la flota Inglesa. Inglaterra había sido fundamental para que Portugal, reino pequeño y escasamente poblado, pudiera mantener su colonia. Esta protección era pagada por Portugal con el oro extraído de Brasil.

Pero no sólo se había trasladado el rey, Juan VI, a Río de Janeiro, capital de Brasil. Toda la corte, incluyendo la nobleza y sus servidores, viajó con la familia real. Sin embargo, el rey cuidó de incorporar a las familias tradicionales de las colonias a la nueva corte, distribuyendo cargos y honores.

Nada predisponía a las colonias lusitanas (portuguesas) de América a una suerte diferente de la de las Indias españolas. En el siglo XVIII, los criollos soportaban también a duras penas la dominación de la metrópoli portuguesa y el despotismo ilustrado del ministro Pombal.

El 22 de enero de 1808, el regente Don Juan —ejercía el poder en nombre de su madre, loca, María de la Gloria—, su mujer Carlota Joaquina, hija del rey de España, sus hijos los príncipes y las princesas, la corte y una gran parte de los cargos superiores del reino, desembarcaron en Bahia.

El 7 de marzo, estaban en Rio. A partir de este momento, el Brasil dejaba de ser una colonia, reuniendo todo lo concerniente al gobierno central en torno a la capital. Los puertos brasileños se abrieron a los buques y al comercio extranjeros, siendo firmado en 1810 un tratado comercial con Inglaterra; el gobierno ilustrado del regente da al país algunos de los órganos de un estado moderno.

Rey Juan VI de Portugal

La alianza inglesa permitió, por poco tiempo, la ocupación efímera de la Guayana francesa (el país ganó con ello la introducción del mango, de la nuez moscada y de la caña de azúcar de Cayena), como pago por su contribución en la coalición antinapoleónica.

La liberación de la metrópoli de la ocupación francesa, en 1814, no cambió en nada la situación, y el Brasil conservó su autonomía en el seno del «Reino Unido de Portugal, del Brasil y de los Algarves» (20 de marzo de 1816).

Juan VI, el regente convertido en rey a la muerte de su madre, parecía poco deseoso de dejar el país. La revolución liberal de 1820, sin embargo, eco de la revolución española, le llamaba a Portugal. Juan VI dejó entonces la regencia brasileña a su hijo menor, Don Pedro.



Extraordinariamente tranquilo, en comparación con las tempestades de las independencias vecinas, Brasil tenía, sin embargo, sus problemas interiores. La región del nordeste (Bahia), la antigua zona próspera de las grandes plantaciones, sufría una profunda crisis económica ya señalada en el siglo XVIII y que acentuaba la desvalorización de los precios de los productos coloniales en el mercado mundial, al acabar las guerras napoleónicas. Tendencias políticas radicales se desarrollaron, terminando en la sublevación de Pernambuco (Recife), del 6 de marzo al 23 de mayo de 1817, que fue rápidamente sofocada.

Algunos precursores partidarios de los «ilustrados», como el cirujano Silveira y sus amigos, soñaban con reformas; los fermentos de republicanismo y regionalismo estaban presentes: las tendencias secesionistas del nordeste (Bahia) y del extremo sur (Rio Grande do Sul) fueron idea fundamental y permanente de la vida política brasileña en sus principios Brasil debe la suerte de una independencia sin dolor y sin daño, a circunstancias muy particulares En 1807, en el cuadro de su política de bloqueo continental, Napoleón se decidió a invadir Portugal, fiel aliada de Gran Bretaña.

Al caer Napoleón, el rey Juan VI regresó a Portugal, dejando a su hijo Pedro al frente del gobierno de Brasil. El propio Pedro declaró, en 1822, la Independencia de Brasil respecto de Portugal. El apoyo que logró entre los colonos le permitió imponerse a las fuerzas portuguesas que habían quedado en América. Ese mismo año, Pedro I fue proclamado emperador de Brasil.

Ceremonia de la coronación de Don Pedro, primer emperador del Brasil, celebrada en Rio de Janeiro, el 1 de diciembre de 1822. Grabado—París, Biblioteca Nacional.

La sociedad colonial brasileña era esencialmente partidaria de la esclavitud: sobre una población de 3.600.000 habitantes hacia 1800, y de 5.300.000 en 1830, los dos tercios estaban compuestos por esclavos negros importados de África. Las ideas secesionistas de un gran número de criollos estaban fuertemente moderadas por un reflejo de conservadurismo social. Hacia 1820, el grupo partidario de la independencia sin república se agrupó alrededor de un notable criollo, José Bonifacio de Andrade.

Sin embargo, el regente Don Pedro se encontró pronto en una situación difícil. En efecto, las Cortes portuguesas pretendían establecer en la antigua colonia una autoridad caída en desuso. Rehusando volver a Portugal, como le pedían las Cortes a comienzos de 1822, Don Pedro se apoyó en la fracción criolla moderada y tomó como ministro a Andrade.

En junio y a propuesta de la Cámara de Rio, aceptó el título de «Defensor perpetuo» del Brasil. En septiembre fue la crisis final. Regresando de sofocar un levantamiento en Bahia, Don Pedro, en las puertas de Sao Paulo, cerca del río Ipiranga, se pronunció abiertamente por la independencia («la independencia o la muerte» es el «grito de Ipiranga», frecuentemente representado en la iconografía oficial brasileña).

La independencia fue proclamada el 7 de septiembre, y, el 12, Don Pedro se convirtió en emperador constitucional del Brasil. Las últimas guarniciones portuguesas fueron expulsadas al año siguiente, gracias a la flota de lord Cochrane.

La solución brasileña fue bastante bien acogida en Europa. En agosto de 1825, bajo la enérgica presión de Inglaterra, Portugal se resignó a reconocer la independencia de su colonia. El Vaticano la sigue en 1826 (este reconocimiento evitó en el Brasil las largas ausencias de los obispos, como pasó en el caso de la América española).

A diferencia de sus vecinos, el nuevo estado brasileño comenzó su existencia con el considerable privilegio que supone el nacnimiento de su unidad política y territorial, herencia del período colonial.

Entre 1821 y 1831 Pedro I incorporó el modelo político británico, ratificado en la Constitución de 1824, pero no pudo solventar los problemas la incorporación brasileña al comercio y a la política internacional, por lo que renunció en favor de su hijo, Pedro II.



La minoridad del príncipe propició que la dirección política fuese emprendida por la regencia (1831-1841), período en el que se asentaron las primeras experiencias republicanas, no materializadas hasta 1889. La Constitución de 1834 originó una mayor actividad política, así como la descentralización del estado sobre tres coordenadas: Parlamento, Consejo de Ministros y el poder moderador del emperador. En esos años se configuraron también los primeros partidos políticos.

En julio de 1840, los liberales, escépticos ante el poder adquirido por la regencia, propusieron que la mayoridad del príncipe se adelantara y que fuera él quien llevara la dirección del país. Pedro II demostró a partir de entonces una gran capacidad para gobernar, lo que hizo apoyándose en la Constitución de 1834.

La crisis económica de la década de 1840-1849 se reflejó en revueltas como las de Para, Maranhao y Santa Catalina, la rebelión de Minas Gerais y Sao Paulo y el levantamiento protagonizado por Giuseppe Garibaldi en Rio Grande do Sul.

Pedro II se presentaría como la figura a través de la cual se podía generar una solución. Con el apoyo del Consejo de Regencia asumió el mando y trató de equilibrar las fuerzas que estaban representadas en el parlamento: a través de su influencia se formó un parlamento cuyos miembros debían su participación en él al poder de la Corona y del ejército. Este último había alcanzado una fuerza nueva con motivo de su actuación en las guerras civiles de la década del 40.

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Así comenzó una etapa en la que los conflictos políticos se atenuaron. No obstante, una situación de fondo ligada a la economía brasileña generaría tensiones permanentes: la mano de obra esclava. Tanto la economía azucarera del norte y del centro como el comienzo de la expansión del café, que se produjo primero en Río de Janeiro para afianzarse luego en San Pablo, se apoyaban en el trabajo esclavo.

Fuentes Consultadas:
Historia Universal ESPASA Siglo XXI Independencia de México
SOCIEDADES 8° Año Vicens Vives de M. González y M. Massone
Sociedad, Espacio y Cultura Kapelusz EGB 3° Ciclo Prislei-Tobio-Geli
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo II Editorial ATENEO

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