La Familia Renacentista

Historia de las Leyes en el Mundo El Estado y la Justicia

Historia de las Leyes en el Mundo
El Estado y la Justicia

Es  justo; es injusto. Todos, a fin de cuentas, sabemos lo que es la justicia, sin necesidad de palabras para explicarlo. Todos sentimos que se debe dar a cada uno lo suyo (y por lo tanto actuar con justicia) y no hacer el mal (por consiguiente, evitar la injusticia). Es una ley que, a través de nuestra conciencia, hace llegar su impulso a todos, aun cuando alguno crea no sentirlo.

Por lo mismo, el hombre percibe la necesidad de la justicia, y por eso ha establecido una serie de normas que regulan su vida civil. Dichas normas establecen los derechos y los deberes de cada uno de nosotros, precisamente para que cada uno de nosotros viva según la justicia. Pues quien obedece las leyes vive como un hombre justo.

justicia

Podemos aproximar un concepto de justicia como la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo que le corresponde. Esta idea tan genérica cobra expresión en dos tipos de justicia reconocidos: la conmutativa, trasunto del principio de reciprocidad, que exige dar en contraprestación otro tanto de aquello que se ha recibido como prestación de forma proporcional, y la distributiva, concepto más amplio, que hace referencia a la solidaridad con los más débiles de la sociedad, a cuyo fin se procurará una cierta redistribución de cargas y ventajas de acuerdo a sus necesidades con el objeto de paliar y suprimir las desigualdades que son independientes de los méritos y el esfuerzo personal o su contribución social.

LAS LEYES ESCRITAS NO BASTAN
Para ser un hombre de bien, justo y sociable, no basta con cumplir las leyes escritas. Esos cuerpos orgánicos de leyes, llamados códigos, no prevén, ni es posible pretenderlo, todo lo que el hombre debe o no debe hacer. Las leyes escritas son importantísimas para regular el quehacer del individuo y los núcleos sociales que integra.

En la sociedad, no obstante, existen otras normas de vida cuya inobservancia no se reprime con castigos judiciales. Son las leyes no escritas, pero, no por ello, menos rigurosas: son las que imponen la amable convivencia, -la tolerancia, la cooperación, la sensibilidad. Su cumplimiento gana el buen concepto y la estima de nuestros semejantes.

El consenso público de un lugar es también algo así como un tribunal, pero sin magistrados ni salas de audiencia. De ordinario, por lo menos a la larga, sabe dar a cada uno su merecido: en la estima o el desprecio, en la valoración y hasta el afecto o en la repulsa colectiva. En uno y otro caso suele prevalecer la justicia.

Ahora bien, aunque siempre hayan existido leyes escritas o convencionales, siempre también existieron hombres —de ambos sexos y de toda edad— sin escrúpulos de conciencia; hombres egoístas que han mirado sólo a su exclusiva conveniencia, sin importarles el perjuicio de los demás ni el sentido de la propia responsabilidad.

¿Qué sucede entonces? Es necesario corregirlos o aislarlos, porque turban la tranquilidad de la vida civil. ¿Cómo se hace? ¿Quién se encarga de ello?

«JUSTICIA» PERSONAL»
Como una muestra» de la manera de «administrar» justicia, discurramos algo sobre un caso entre miles similares, de los que sucedían por ejemplo entre los germanos, en tiempos de los bárbaros.

Cierto día, Olaf encuentra a Vindobaldo, contra quien conserva vivos resentimientos, y le propina —digamos— un porrazo en la cabeza. Según las leyes y costumbres primitivas, el restablecer la justicia lesionada era asunto que concernía al mismo ofendido, o sea a Vindobaldo.

Por eso éste, apenas estaba en condiciones, esperaba a Olaf en algún recodo del camino y le devolvía el porrazo, generalmente con intereses. Si además suponemos que el golpe de Olaf tenía el efecto de ocasionar la muerte de Vindobaldo, entonces se encargaba de la venganza un hijo, un hermano o un pariente cualquiera de la víctima. Y todo esto, —recalquemos— en un perfecto acuerdo con las leyes vigentes de aquellas remotísimas épocas.

justicia por mano propia

En   tiempos  de  los  bárbaros:  un hombre espera al que  lo  ha ofendido para hacerse justicia por sí mismo.

No hace falta pensar mucho para comprender que tal sistema no era precisamente un modelo de justicia, pues daba pie a los mayores excesos y desbordes de las pasiones exacerbadas. En efecto, ¿qué ocurría por lo común? Que la serie de actos de venganza se sucedían cada vez con mayores agravantes.

Y si intervenían los respectivos parientes de ambos contrincantes, se formaba una cadena de venganzas y de odios que, a menudo,, persistían durante muchas generaciones, a un punto tal que no era raro encontrar el origen primigenio de ciertos crímenes en las rencillas y discordias de remotos ascendientes, a veces hasta de más de cien años atrás. Nacían, de este modo, las «faidas» o guerras particulares, tremendas venganzas en cadena que diezmaban a familias y tribus enteras.

En conclusión: la reparación del daño, de la injusticia, no puede quedar librada a la venganza de la víctima. El haber superado esas normas primitivas, es una de las conquistas de la civilización.

«La Venganza No Es Justicia»

LA LEY DEL TALIÓN Y LA INDEMNIZACIÓN  DEL DAÑO
Hacer que el culpable suíra el mismo daño que él ha ocasionado, es un principio muy antiguo llamado la «Ley del Talión». Apareció en Babilonia más de cinco centurias antes que en la legislación mosaica, y ésta la aplicó rigurosamente, de acuerdo con los preceptos bíblicos,  que establecen la obligación de pagar «vida por vida, ojo por ojo, diente por diente…».

Con el correr del tiempo se admitió la sustitución del castigo lesivo por una compensación económica: es decir, una indemnización equivalente al daño causado.

En las sociedades modernas el talión ha desaparecido por completo de la legislación. Por otra parte la vindicta pública (vindicta: venganza), es decir, la satisfacción que se le debe a la comunidad por el agravio que se le ha inferido con el delito, exige una serie de garantías para el individuo, y a ese fin interviene el Estado.

EL ESTADO Y LA JUSTICIA
Cuando un pueblo organizado convive en su territorio cohesionado por sus caracteres propios, que le dan cierta individualidad en el mundo,  decimos  que constituye una nación.

El Estado es la nación desde el punto de vista de su organización política. Se rige mediante un gobierno que ejerce el poder público por mandato del soberano. El Estado tiene, entre otras, la misión de crear el derecho y velar por su cumplimiento. Representa políticamente los intereses generales de la comunidad y por consiguiente le compite la administración  de justicia.

La constitución nacional argentina organiza el gobierno federal dividido en tres poderes. Uno de ellos es el Poder Judicial: el encargado de hacer justicia aplicando las leyes pertinentes en los asuntos de su jurisdicción, sometidos a su competencia. ¿Cómo y de qué manera administra justicia el Estado? Por medio de una gran organización judicial que abarca desde los juzgados de Paz hasta la Corte Suprema de Justicia de la Nación, comprendiendo magistraturas de distinta categoría que la Constitución llama «tribunales inferiores»   (jueces y cámaras de apelación).

En los tribunales judiciales, además de los jueces encargados de administrar justicia, hay ciertos funcionarios que velan por los intereses públicos de la sociedad exigiendo el cumplimiento de la ley: son los fiscales y los defensores de pobres y ausentes.

LA MAGISTRATURA
Todos conocemos lo que significa «magistrado». Alguna vez, hemos leído o  escuchado decir: «el ladrón ha comparecido  ante el magistrado»; «los magistrados han condenado al culpable». Habremos comprendido, más o menos, que «magistrado» significa, en sustancia, «juez»: y no nos habremos equivocado.

Los magistrados son los jueces y la magistratura es el conjunto de jueces. ¿Qué hacen los jueces? Hemos dicho que administran la justicia: resuelven las controversias, los litigios, las disputas, estableciendo de qué parte está la razón y de qué parte la culpa, y juzgan a los ciudadanos que han cometido delitos, o sea actos que van contra la ley penal. Todo ello se entiende, con absoluta libertad e imparcialidad.

Los jueces deben juzgar según su conciencia y según las normas del Código sobre cualquiera, débil o poderoso: la ley es igual para todos. Esto, como se ve clarísimamente, es un gran progreso de la civilización; en los tiempos   antiguos,,  los  jueces  se  veían  obligados  muy  a  menudo   a juzgar bajo la supervisión y el control de los más fuertes, de los poderosos, de los príncipes o de los reyes, quienes, lógicamente, tenían siempre razón.

Para un pobre, resultaba muy difícil obtener justicia, y para los humildes, acudir a los jueces estaba considerado como un acto de audacia, que le exponía a la cólera y a la venganza del señor. Se había llegado así al punto que las clases más humildes no recurrían jamás a los jueces por no tener confianza en la justicia.

Hoy, toda la actuación del magistrado se basa en el principio: «La justicia es igual para todos». Y los artículos del Código penal, en el que están señaladas las penas, comienzan diciendo: «Se impondrá prisión de… al que causare…»; «Será reprimido con… quien cometiere…» Esta democrática igualdad ante la ley, que surge de ella misma, hace honor a los tiempos modernos.

Antonio y Agustín no llegan a ponerse de acuerdo sobre la pertenencia de un campo; por eso acuden al juez para que les resuelva la disputa. El juez lee la demanda, la contestación o contrademanda; analiza las pruebas, toma la absolución de posiciones (o declaración bajo juramento) ; estudia los alegatos a través de la legislación, la jurisprudencia y los comentarios de autores versados. Después da su fallo o. sentencia.

En esta forma se ha resuelto una cuestión de índole económica. Esta función que el juez ha realizado es una función civil, no pe-nal, y de hecho para este tipo de juicios no existe una pena corporal, como podría ser la cárcel. Las normas que regulan este tipo de juicios son las que forman las disposiciones del Código Civil.

FUNCIÓN PENAL
Un individuo no pide ni reclama; roba. Los agentes lo detienen. El individuo comparecerá en el tribunal, ante el juez, quien lo juzgará y, si el  Código Penal lo sanciona, le impondrá una pena. Ésta es la función penal de la magistratura. Por medio de ella el magistrado juzga a los acusados de haber cometido delitos.

El castigo vendrá después de un delicado estudio en que se considere la culpabilidad del acusado; es decir, su grado de responsabilidad. No se castiga un delito abstracto, sino a una determinada persona acusada de haberlo cometido de un modo y en circunstancias determinadas. El acusado tiene el sagrado derecho de la defensa.

Los delitos pueden ser contra las personas (homicidio, lesión, duelo, abandono); contra el honor (calumnia, injuria) ;contra la honestidad; contra el estado civil; contra la libertad; contra la propiedad; contra la seguridad pública; contra la salud pública; contra el orden público; contra la seguridad de la Nación; contra los poderes públicos; contra la administración pública; contra la fe pública.

El art. 18 de la Constitución Argentina establece garantías que tienen por objeto proteger a los individuos de ciertos abusos injustos que han solido cometerse so pretexto de administrar justicia.

Su texto dice así:

«Ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa. Nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo, ni arrestado sino en virtud de orden escrita de autoridad competente. Es inviolable la defensa en juicio de la persona y de los derechos. El domicilio es inviolable como también la correspondencia epistolar y los papeles privados, y una ley determinará en qué casos y con qué justificativos podrá procederse a su allanamiento y ocupación. Quedan abolidos para siempre la pena de muerte por causas políticas, toda especie de tormentos y los azotes. Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquélla exija, hará responsable al juez que la autorice».

QUIEN  NO CONSIDERA JUSTA UNA  SENTENCIA PUEDE APELAR
Ante el número elevado de jueces cabe la pregunta: ¿Por qué tantos? ¿No bastaría uno solo para juzgar todos los litigios y todos loa delitos? No, por cierto, y el porqué es fácil de comprender: existen muy diversos tipos de delitos, y cada uno de ellos debe ser juzgado por un órgano apto.

El segundo motivo es todavía más importante y sobre todo más justo y humano. Pongamos por caso que una persona haya sido juzgada por un delito cualquiera a un año de cárcel. ¿Es definitiva esta sentencia? ¿Nadie la puede cambiar? Los jueces,1 aun cuando sean escrupulosos e imparciales, pueden equivocarse y condenar a un inocente; o pueden aplicar una pena mayor o menor de la que corresponde.

De allí que, normalmente, al acusado se le permita apelar, o sea pedir que el proceso sea estudiado de nuevo. ¿Y a quién recurre? Al juez de grado superior al que le ha aplicado la condena.

LA FÁBULA DE LA FLAUTA: Tres niños están riñendo sobre cuál de ellos debe quedarse una flauta. Anne reclama el instrumento argumentando que es la única de los tres que sabe tocarlo. El segundo niño, Bob, dice que debería quedársela él porque es tan pobre que no tiene nada más con que jugar. Carla, por último, afirma que la flauta debería ser suya porque fue ella quien la hizo. ¿Quién debería quedársela?

Vista la situación, cada niño tiene una razón para reclamarla, así que arbitrar con justicia entre ellos requerirá una cuidadosa negociación y un examen exhaustivo de todas las circunstancias pertinentes. Al final, la decisión dependerá del peso relativo que se conceda a las necesidades de los tres niños y a cuestiones como la expresión artística y el auxilio de la pobreza.

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El cuento de la flauta lo relata el economista y filósofo indio ganador del premio Nobel Amartya Sen (imagen) en su elogiado libro La idea de la justicia (2009). La idea crucial de la fábula, para Sen, es que no hay una respuesta que sea absoluta y objetivamente «correcta»: no puede alcanzarse una decisión que sea equitativa y aceptable para todos basándose únicamente en los principios, sin debate y argumentación públicos.

Aunque la justicia en abstracto es difícil de definir y más todavía de aplicar, las injusticias en el mundo real son palpables, apremiantes y, a menudo, remediables; éstas pueden eliminarse, y la justicia por tanto reforzarse gradualmente, si entablamos un debate público y hacemos «comparaciones de vidas reales».

Desde el punto de vista de Sen, la justicia no es un conjunto de principios abstractos ni monolíticos, sino una multitud de principios en conflicto que sostienen una variedad de versiones de la justicia rivales. «Lo que nos mueve no es la conciencia de que el mundo diste de ser completamente justo, algo que pocos esperamos, sino el que haya claramente injusticias remediables a nuestro alrededor que queremos eliminar.»

Historia del Derecho Penal Resumen Prisiones, Penas y Delitos

RESUMEN HISTORIA DEL DERECHO PENAL
Delitos y Función de las Penas

La existencia del derecho penal plantea varias preguntas: ¿son eficaces las penas para reprimir al delincuente? ¿Qué es, en realidad, la pena? El paso de la venganza privada a las normas punitivas.

La serie de problemas que plantean las penas legalmente establecidas a los infractores de las normas jurídicas de una comunidad determinada, la cuestionabilidad de las reformas de los sistemas penitenciarios, el deseo de reivindicación del delincuente y de retorno del mismo a la sociedad, totalmente rehabilitado, se conectan con interrogantes históricas, políticas, psicosocio-lógicas y jurídicas. Acaso esencialmente jurídicas: el Derecho penal.

¿Ha habido siempre Derecho penal?

El Derecho penal no alude a la idea de «conjunto de normas» referidas a una materia considerada como un compartimiento estanco, pero sí implica una especialidad perspectival. El Derecho Penal hace referencia, en primer lugar, a un concepto tan ambiguo como es el Estado. Efectivamente: es al Estado al que pertenece la función penal.

Y ya el primer problema es que esa realidad llamada Estado se escapa de las manos del observador más tenaz y paciente: acaso porque la primera discusión que se plantee al estudiar la realidad estatal sea la de considerar si ha existido siempre o bien surge en un momento histórico determinado.

Los partidarios de esta última posición parecen remitirse al siglo XV como fecha fundamental. Es entonces cuando, desde luego, se consagran los conceptos esenciales: el pragmatismo   político   elevado   a idearium doctrinal con Maquiavelo; la concentración del poder en el monarca; el humanismo, alumbrado por las concepciones de Erasmo.

Y con todo ello el concepto de Estado. Mas los que creen en la existencia del Estado desde el momento en que en una comunidad existe la dicotomía gobernantes-gobernados no aceptan, lógicamente, las tesis históricas del Estado y se afilian a una concepción tradicional: el Estado, con una u otra denominación, ha existido siempre.

Luego tiene más importancia de lo que parece a simple vista el sostener una u otra tesis, ya que ello está implicado, en fin de cuentas, el afirmar o no que el Derecho penal ha existido en cualquier comunidad. Una postura intermedia parece ser más aceptable: son realidades que se han configurado paulatinamente.

Venganza privada e intervención pública

Pero es que, además, el concepto de Derecho Penal plantea otra cuestión. Y es la de la distinción entre Derecho público y Derecho privado, que ya originó polémicas desde su exposición en la antigua Roma (Hollinger llegó a contar, a principios de este siglo, más de 104 teorías acerca de dicha distinción).

Con todo, es preciso tener en cuenta que la doctrina romana no hacía, en este sentido, más que reflejar su cultura propia, esencialmente pragmática y muy atenta a conseguir una construcción jurídica bien armada.

Con Roma se consigue algo importante: la institucionalización del Derecho. A partir de ese momento, el Derecho se intenta despegar de resabios religiosos. En los pueblos antiguos el delito y el pecado eran conceptos la mayor parte de las veces confundidos: la moral, la religión y el derecho pertenecían a la misma esfera.

De ahí la importancia de la creación romana, ya que al potenciar al Derecho originó una normativa penal y el triunfo de la pena pública como tarea exclusiva de lo político.

La caída de Roma provoca la diferenciación entre lo público y lo privado. Se produce así un retorno a la venganza —aunque, por otra parte, la fusión del Derecho romano con el germano inspirará el Derecho penal posterior—.

Sigue luego cierto retorno a la publificación del Derecho penal.

La Revolución Francesa consagra el Derecho público, y el Derecho penal se integra en él porque afecta, fundamentalmente, a la comunidad y, por otra parte, en él interviene el Estado decisivamente.

El primer Código Penal, francés, de 1810 sentó definitivamente estos postulados. En resumen: se puede hablar de un Derecho penal como Derecho público, fundamentalmente realizado por el Estado y por el que se verifica, realmente, una de las misiones más importantes que tiene el Derecho, aparte de su aproximación a la justicia: la pacificación social.

Quizá por eso se ha puesto a veces el acento en una configuración del Derecho penal como instrumento de represión creyendo que ahí se agotan sus presupuestos.

De los delitos y de las penas

¿Cabe hablar de una ciencia penal hasta el siglo XIX?. Realmente, no. Aunque, eso sí, hay pensadores que, individualmente, se plantean tales cuestiones: Platón, Aristóteles. por ejemplo. Pero es en el siglo XVIII, con Cesare Beccaria (De los Delitos y de las Penas) cuando verdaderamente podemos hablar de una ciencia penal. Beccaria es autor importante porque intenta humanizar el Derecho penal.

Su obra tuvo eco: inspiró a los revolucionarios franceses, que a su vez trataron de infundir al Derecho penal los principios que les informaban: libertad, igualdad y fraternidad.

Todo ello desde la perspectiva de un Estado de Derecho, que como ha puesto de relieve Villar Palasí se caracteriza por un principio de legalidad que implica una subordinación del Estado a lo dispuesto en la Ley, como voluntad general. emanada del parlamento.

Las consecuencias en orden al Derecho penal fueron relevantes. al consagrarse principios tan fundamentales como el de que «no hay delito ni pena sin una ley penal previa».

A partir de este momento la Ley será la garantía del ciudadano porque constituirá un límite al Poder. Y en el ámbito del Derecho penal supondrá una indudable humanización y una huida de la arbitrariedad: habrá un proceso, una audiencia del presunto delincuente y un tribunal independiente que intentará aplicar y administrar justicia.

penas y castigos en la historia

Ejecución pública de los asesinos del zar Alejandro li. Su muerte fortaleció la determinación de su hijo de mantenerse en el poder con plena fe en el derecho y en la autoridad que emanaba de su  cargo.

Hay, además, un hecho indudable: ese Derecho penal perteneciente o relativo a los delitos y faltas y a las penas que se les asignan se va ensanchando progresivamente y admite ciencias auxiliares y autónomas que colaboren en la aplicación de la ley al caso concreto a través de la sentencia.

Y, así, la Criminología se configura como ciencia preocupada por las causas del delito como hecho, mientras que la ciencia del Derecho penal —como estudio de conjunto de normas— es axiológica, valorativa. Otras ciencias auxiliares que hay que destacar son la Medicina legal, la Estadística criminal y la Psiquiatría forense.

El Derecho penal se relacionó asimismo con las ciencias biológicas, pergeñándose una Biología criminal a partir de los estudios de Cesare Lombroso, con su teoría del «delincuente nato», al que llegará a identificar como «loco moral». Continuador de estas teorías ha sido M. Carrara; en otra línea importante, se hallan los endocrinólogos, con sus investigaciones acerca de las secreciones internas.

Se ha elaborado asimismo una Psicología criminal, que se concreta en el estudio del proceso anímico del delincuente, ilustrándonos decisivamente sobre las motivaciones interiores que originan la acción delictiva y, aun más, en las concepciones psicoanalíticas a partir de los postulados freudianos.

El Derecho penal se refiere a los delitos y a las penas. El delito implica —de acuerdo con Carrara— «una infracción de la ley del Estado, promulgada para proteger la seguridad de los ciudadanos, resultante de un acto externo del hombre, positivo o negativo, moralmente imputable, y socialmente dañoso».

Garofalo, por su parte, estima que se puede hablar de un concepto histórico del delito dependiente de cierto relativismo cultural; tesis que está muy lejos de la que sustentan quienes ven en el delito una acción, o sea, una manifestación de nuestra voluntad que produce un cambio en el mundo exterior, típica, antijurídica y culpable.

Las penas constituyen el otro aspecto en el que se detiene el estudio del Derecho penal. Implican un sufrimiento que se impone al culpable que ha atentado contra el orden social y ha infringido el ordenamiento jurídico como consecuencia de una sentencia.

El problema de las penas refleja el principio de la separación de poderes a que se refería Montesquieu.

Porque si bien las penas han de venir previstas en la Ley y ser aplicadas al caso concreto por el juez, es evidente que es la administración la que está encargada del establecimiento y funcionamiento de los penales. La problemática de las penas es la que ha estado más unida a una evolución del Derecho penal, ya que, en líneas generales, ha aportado una progresiva humanización.

penas y castigos medievales

1-Escoltado por dos guardianes, este preso danés ha sido «expuesto públicamente». El barril no sólo ayuda a impedir su fuga, sino que, por su inscripción, anuncia a todos el delito cometido.
2-El cepo cumple un objetivo similar al del barril: exponer al convicto a las burlas, y aun al ataque físico, de los espectadores. Y con ello satisface un fin de escarmiento para quien ha delinquido.
3-La primera ejecución en la silla eléctrica se realizó en Nueva York en 1890. La pena capital cuenta con defensores, aunque no son menos dignas de consideración las razones que  abogan  por su  supresión.

La función de la pena

Realmente, todo gira en torno a un problema de perspectiva. No hay que olvidar la importancia que han tenido, en este sentido. ciencias como la biología, la psicología y el estudio sociológico de la delincuencia. Y asi. se ha pasado de la concepción de la pena como retributiva a la estimación de la misma como una medida de tratamiento, en la que se hace especial mención de aspectos psicológicos del delincuente y de su reforma.

Esta cuestión, la de la reforma de los delincuentes, se ha planteado, cada vez más. y parece construir la razón de ser, actualmente, del Derecho Penal.

Para ello se arbitran medidas, dentro del establecimiento penitenciario, para recuperar a los penados, a los que se somete a pruebas psicotécnicas y se les permite redimir, en la proporción que se estime, las penas por el trabajo.

Por ello, no tienen razón de ser, hoy en día, las penas corporales que afectan a la integridad corporal del delincuente.

En cuanto a las que privan de la vida, las polémicas son encontradas (aunque, en la antigüedad, salvo san Agustín, los autores no parecieron ponerles excesivas objeciones). Que las penas a aplicar y aun el método de aplicarlas es un fenómeno cultural, es un hecho incuestionable.

penas en japon a las mujeres adulteras

 El ridículo público es la pena máxima para estas dos mujeres japonesas culpables de adulterio.

prisiones modernas

Prisiones Modernas Para Una Vida Interna Mas Digna

El problema penitenciario

Mas con referencia a la pena capital, se agudizan las dificultades de un juicio crítico. En general, se observa cierta corriente en favor de su abolición: Gran Bretaña, por ejemplo, ha optado temporalmente por ésta.

Acaso entre las múltiples objeciones que se han puesto a la pena capital la más importante es la de que no permite una rehabilitación del condenado (máxima —la de la reforma— que parece presidir todas las legislaciones).

Claro está que aún quedan otros problemas como son, en el caso de que se opte por la prisión perpetua, el logro de un ambiente y de una estancia en el establecimiento penitenciario que se halle en equilibrio entre la exigencia y la reeducación.

De ahí que la consecución de la adecuada política penitenciaria constituya algo de vital importancia: así, si en un principio se optó por la separación absoluta de los reclusos, y luego por cierta comunicación entre ios mismos, ello fue debido a las neurosis que se provocaban en ellos.

Ya en el siglo XIX, tan inestable política y socialmente, Concepción Arenal clamaba por una reforma de los sistemas penitenciarios. Voces análogas se oyen hoy día, cuando sucesos como el de la rebelión de los presos de la cárcel de Attica, en Nueva York, en el otoño de 1971, han llenado las páginas de los periódicos de todo el mundo.

la guillotina como pena capital

Los presos camino del cadalso en París. Era el 25 de junio de 1804. «Madame Guillotina», como popularmente se le denominaba, había sido empleada por primera vez en 1792.

Ver: Métodos de Tortura en la Antiguedad

Ver: Derecho Penal – Agravantes y Atenuantes

Ver: Historia de las Prisiones

Ver: Resumen Dercho Civil y Las Fuentes del Derecho

Fuente Consultada: La LLave del Saber Tomo II La Evolución Social – Ediciones Cisplatina S.A.

La Historia de la Libertad Política Concepto e Ideologías

La Historia de la Libertad Política
Concepto e Ideologías

En las democracias liberales de Occidente, la libertad suele considerarse el más básico de los derechos humanos: un ideal por el que merece la pena luchar y, de ser necesario, hasta morir.

El gran valor atribuido a la libertad es un indicativo de las numerosas y enconadas batallas que se han librado para conseguirla: contra las Iglesias que estaban dispuestas a matar para defender sus ortodoxias; contra el poder absoluto de los monarcas; contra la opresión de las mujeres y de los disidentes políticos; contra la esclavitud, el prejuicio, la ignorancia y un millar de cosas más.

Desde las grandes revoluciones francesa y americana, en la segunda mitad del siglo XVIII, la libertad ha ocupado un lugar preeminente como principio definidor del liberalismo.

Según John Locke, un teórico político cuya obra inspiró a los Padres Fundadores de Estados Unidos, garantizar la libertad es la justificación última de la constitución legal de un Estado: «El fin de la ley no es abolir o constreñir sino preservar y aumentar la libertad».

La libertad de tener las opiniones políticas y religiosas que uno quiera, de expresar tales opiniones sin temor ni trabas, de decidir por uno mismo dónde y de qué manera vivir la propia vida: tales son los premios de la libertad.

Según la Declaración de Independencia de Estados Unidos de 1776, la libertad, además de la vida y la búsqueda de la felicidad, es uno de los derechos naturales e inalienables de los que están dotados todos los seres humanos por igual.

Es un derecho que no debe ser limitado, salvo por las más poderosas razones, pero que tampoco puede ser ilimitado o absoluto. (Fuente: 50 Cosas Que Hay Que Saber de Política – Ben Dupré – Edit. Ariel)

la libertad en la historia

La Declaración Americana de Independencia afirma que todos los hombres son iguales. Sin embargo, los negros de los Estados Unidos se vieron sometidos a un cruel y denigrante trato sin respeto alguno a su condición de seres humanos.

Libertad y poder:  he aquí dos términos contrapuestos.  ¿Qué frenos se oponen a la plena libertad del  hombre?  ¿Cuál  ha  sido   el  proceso  seguido  desde  la  Antigüedad  a  las   actuales  democracias?

En la cadena que relaciona al hombre actual con sus antepasados antediluvianos, el eslabón que marca el paso cualitativo más importante es la aparición del llamado Homo Sapiens.

Asi lo cree toda la tradición filosófica occidental: Aristóteles, Santo Tomás, Descartes, Kant, Hume… La capacidad que define al Hombre con mayor exactitud es su posibilidad de reconocer, relacionar, ampliar y dividir conceptos intelectuales.

El Hombre es el único Ser Racional, el único capaz de pensar. La libertad es una consecuencia de esa posibilidad de saber que existen diversas soluciones. Por eso el Hombre es el único ser libre. La libertad es algo más que la razón.

Dadas varias alternativas se tiene la capacidad de elegir lo que más convenga, sean cuales fueren sus motivaciones. Sin libertad, la razón sería la mayor de las frustaciones. La libertad, apoyada en la razón, es la máxima grandeza del Homhre: le hace dueño y responsable de su existencia.

Sin libertad, la exterminación entera de la humanidad y la sublimada lucha del pionero por hacerla más justa son actos iguales, intranscendentes. No existiría la responsabilidad.

Desde las leyes económicas hasta el derecho civil se reglamenta con toda minucia la vida cotidiana de cualquier mortal. Sus actos más insignificantes vienen también regulados por las normas de «convivencia».

La vida del trabajo, la circulación por calles y carreteras están reguladas como la vida matrimonial, la propiedad privada, la sanidad pública o los transportes de viajeros.

La Ley, en sus múltiples facetas, viene a oponerse a la libertad primera que hemos considerado propiedad inalienable del Hombre. Además, viene respaldada por la fuerza coercitiva del castigo.

Es evidente que existe una fuerza exterior al Hombre que reduce sus posibilidades de elección, un poder superior a la libertad del individuo.

En la historia de la humanidad, todo suceso, toda realidad tienen su justificación, sus causas y motivos. ¿Qué justificación tiene la castración de la libertad del Hombre? ¿Quién, y por qué, tiene derecho a recortar esa posibilidad y responsabilidad intrínsecas? ¿Qué fundamento tiene ese poder que limita y coarta a la persona en su misma esencia?.

Los filósofos de todos los tiempos y latitudes se han planteado este problema y han aventurado hipótesis. Podemos asegurar que toda doctrina ha tomado partido frente a este problema crucial, hoy tan olvidado.

La sociedad jerárquica: Toda doctrina se apoya en último término en postulados, especies de confirmaciones indemostrables. Existe siempre una opción primera. Toda cadena tiene un principio.

La elección de este axioma se justifica en muchos casos apelando a su evidencia. En realidad es fruto de múltiples condicionantes. Para los habitantes de la Tierra anteriores a Galileo era completamente evidente que el Sol giraba en torno de ellos, para los muchachos de nuestras escuelas elementales la evidencia consiste en lo contrario.

Toda doctrina que se ocupa de nuestro problema tiene también su postulado básico. Éste consiste en la respuesta a la siguiente pregunta: la fuente de derecho, la fuente de poder, ¿es exterior al Hombre?, ¿existe un algo que tenga potestad para dictar al Hombre su conducta?, ¿es el hombre mismo su único dueño ?

Las Creencias o Religiones: En general, las doctrinas vigentes en el mundo occidental hasta el siglo XVIII aceptaron la existencia de una fuente de derecho exterior al Hombre.

El Cristianismo influyó en todos los ámbitos, y más aún en el intelectual. Con la conversión de Constantino, el Derecho Romano inicia su decantamiento ante las ideas cristianas.

A la caída del Imperio la mutación se acelera y consolida. La única potestad posible reside en Dios Creador. El Hombre, como parte de esa creación, le está sujeto en razón de pertenencia.

Sólo es libre para aceptarle o condenarse. Entre ellos, todos los hombres son en principio iguales. Sin embargo, existe una estructuración de la sociedad. El hecho es que existe un órgano rector de la comunidad, que cada una de ellas tiene su propio gobierno.

La doctrina escolástica acepta la estructuración, y la justifica. Existen personas privilegiadas que disponen de una autoridad delegada por la fuente de toda potestad.

El rey es la persona que ostenta esa representación, es la «mano visible de Dios». El ceremonial de «consagración de los reyes» abunda en esta y similares ideas. Los actos y leyes de los monarcas son la plasmación de la voluntad divina (el poder del Rey por derecho divino).

El castigo que acompaña su transgresión, en verdad, es el fuego eterno. Los azotes, cárceles y demás minucias que en este mundo se pagan sólo sirven para dar acicate a la debilidad humana.

Todos son responsables ante el rey, y éste ante Dios. La Moral y el Derecho se confunden.

Paralelamente se desarrolló la estabilización de la propiedad de la tierra. Los colonos individuales pasaron a formar parte de la servidumbre del castillo, sus tierras de la propiedad del señor feudal.

El pacto de homenaje ligaba al siervo de la gleba con su señor, al que reconocía en lugar de Dios. Las mismas justificaciones para ambos poderes: nación y feudo.

La sociedad feudal se caracteriza por la inexistencia de movimientos. Cada cual en su lugar.

El Derecho Divino es inapelable: la resignación parece ser la virtud típica del pueblo. Su libertad y responsabilidad se desconocen por la influencia de la idea base de acatamiento religioso.

La soberanía del pueblo
filosofo rousseauSuárez defiende que la fuente de todo poder es Dios. Para Maquiavelo es la ley del más fuerte. Ambos creen en la sumisión del Hombre. El Renacimiento es una corriente de pensamiento que se basa en la lectura renovada de los clásicos griegos y romanos. En su seno se desarrolla el Humanismo.

Erasmo de Rotterdam, apartado al mismo tiempo de Lutero y Carlos V, es su máximo exponente. El Hombre —todavía como criatura— empieza a tomar importancia en las concepciones mentales de los pensadores. A través de Aristóteles y Platón se revive y defiende la grandeza del Hombre.

Frente al pecado original se le define como el único ser capaz de pensar, capaz de ser responsable de su conciencia directamente ante Dios. La afirmación de la supremacía del Hombre tiene, en aquel momento, una repercusión directa en su relación con la jerarquía eclesiástica. La Reforma fue esencialmente un movimiento basado en la exaltación del Hombre. Por eso Erasmo, humanista y católico a la vez, tuvo sus dificultades y no pudo tomar partido de un modo definitivo.

La estructuración de una nueva ideología que reemplazara a la medieval fue larga y costosa. Su plasmación en la realidad tuvo que esperar a la Revolución Francesa. El recopilador más importante fue J. J. Rousseau: aquella fue posibilitada en parte por la divulgación de éste. La aceptación general de su ideología se debe a la situación imperante. Socialmente y en el campo de las ideas se ha desarrollado un lento proceso que ahora cristaliza.

El Contrato Social aparece en el momento oportuno para ser aceptado por la mayoría. La esclerosis de las relaciones feudales llega a su colmo. El aumento del poderío de los monarcas ha desbaratado el dominio directo del señor sobre el vasallo. El auge de la artesanía y la primera industria hacen crecer las ciudades. Apoyada en el comercio surge una nueva clase. Su dinero comienza a ser poderoso.

La tierra, y con ella sus poseedores, la aristocracia, declina como factor básico de producción y de riqueza. En la escala social los terratenientes pierden puestos en favor de los comerciantes. La burguesía resquebrajó la cohesión social del antiguo régimen, el humanismo sus fundamentos ideológicos. El pueblo está preparado ya: capta su injustificada posición subalterna. La Revolución es  posible.

Desde los ideólogos que elaboraron los Derechos del Hombre y la Constitución hasta los últimos jacobinos de la campiña, todos se sienten identificados con J. J. Rousseau. Los enciclopedistas prepararon el desarrollo intelectual del «ateísmo» del Nuevo Régimen, pero no llegan a impresionar la conciencia popular debido a su identificación práctica con el antiguo. Rousseau fue en su totalidad un crítico reformista.

Frente a la alternativa básica de que hemos hablado más arriba, escoge con decisión por la absoluta supremacía del Hombre. Nada ni nadie por encima de él. Si puede existir un poder, un derecho, tiene que justificarse forzosamente en el mismo Hombre: nace así el Derecho Natural. Las leyes serán sólo un reflejo de este profundo cuadro intangible que se llama «naturaleza humana».

La contradicción entre la libertad «natural del hombre y su situación histórica se justifica, según Rousseau, por el pacto sellado entre cada individuo y un cuerpo abstracto formado por todos ellos: es decir entre el ciudadano y la sociedad. Junto a la libertad individual se coloca la necesidad de un orden social. Son los pilares incontestables del sistema. Ese orden está supeditado a la voluntad de cada hombre.

La voluntad de la sociedad es únicamente el reflejo de la voluntad de cada partícipe: la libertad no se coarta desde fuera, él mismo se pone límites. No deja de ser libre en ningún momento. Todos los elementos componentes de la sociedad son iguales y el orden se establece a través de la voluntad general expresada unánimente en una asamblea. La participación en la elaboración de esa voluntad general es el resguardo que libera al hombre en su acatamiento de la ley. El lector de Rousseau y el estudioso de la Revolución Francesa siente la grandeza que rezuman estos ideales, siente la aspiración de sublimidad del Hombre, la fuerza ingente que le da sentirse el centro del mundo.

Ver: Soberanía Popular

El constitucionalismo
El siglo XIX cristaliza las reformas instauradas en Francia por la Revolución. En todo el mundo occidental se establecen estructuras de gobiernos basadas, más o menos, en las ideas rusonianas. Los defectos que, aún antes de pulsar la realidad, podemos constatar en esta ideología se ciernen alrededor de su idealismo.

El Hombre se toma en su pureza espiritual y en el mundo se espera que todos los ciudadanos tengan los mismos deseos y con la misma intensidad. Lo material desaparece tras la sublimación. El Hombre es bueno radicalmente.

El siglo XIX muestra la lucha de los ciudadanos por ajustar a la realidad los deseos de igualdad, fraternidad y libertad. Su acierto o fracaso marcarán el acierto o fracaso de la tesis de Rousseau. La República, como forma de gobierno, se acepta como la más adecuada plasmación de la soberanía del pueblo.

Las Monarquías Constitucionales no dejan de ser un mero remedo, ya que tiene más fuerza el adjetivo constitucional que el sustantivo monarquía. El poder se reparte en tres estamentos independientes que se regulan recíprocamente. El Poder Legislativo representa la voluntad general, dicta las normas. Tiene preeminencia porque es el órgano representativo por excelencia.

El Poder Ejecutivo es su brazo actuante: sus miembros no son elegidos directamente por la base, sino por  sus   representantes  parlamentarios.

El Poder Judicial, con su independencia tradicional, vigila y castiga las infracciones individuales a la voluntad general. El fundamento pues del gobierno reside en la Cámara: al menos en teoría. Sus miembros pueden dictar leyes, y éstas son el marco que regula la vida toda del país. Aquí constatamos la primera constricción que la realidad impone a la idea de Rousseau: entre el pueblo soberano y la voluntad general se tienen que interponer unos intermediarios ¿Pueden ser realmente sólo mensajeros sin añadir o quitar algo?.

Si la asamblea total fue imposible, no en menor grado sucedió lo mismo con la unanimidad de pareceres. Está comprobado que toda la defensa de ideas lleva aparejada la salvaguarda o fomento de unos intereses particulares. Los diversos puntos de vista esgrimidos en los parlamentos pronto se relacionaron con las miras de determinados grupos o clases.

En un primer momento la lucha parlamentaria enfrenta a los «constitucionalistas» con los aliados del poder establecido.  La aristocracia todavía tiene en ese momento poder suficiente para retardar la imposición de una Constitución. Por otra parte, en ella ponen sus defensores todas las esperanzas de un sistema mejor: la negación del Antiguo Régimen con su sociedad jerarquizada y su comercio cortapisado. El pueblo no participa en esta lucha: ni su voz ni sus intereses entran en el juego.

Después de la primera Constitución, cuando ésta se ha hecho ya conservadora, cuando han sido ya conquistados los puestos de gobierno por la burguesía, cuando sólo se tiene en cuenta sus propios intereses, entonces se forja la segunda gran lucha. En la primera se han opuesto dos estamentos: aristocracia y burguesía.

En la segunda la burguesía y el proletariado son los protagonistas. Hay que notar que hablamos del desarrollo político de los países occidentales. El rasgo común a ambos enfrentamientos es la unión de los interesados en partidos o sindicatos: los representantes en la Cámara no hablan ya en nombre de individuos sino en nombre de intereses de grupo.

Los partícipes de estos grupos —y mucho más quienes no pueden organizarse— ven cómo cada vez se supedita más su libertad a las finalidades de organismos que se llaman sus representantes. La soberanía del individuo queda relegada. La supremacía de los intereses más fuertes es un hecho. Sin embargo, la aportación sindical a la vida política significaba la incorporación de todos los estamentos en la lucha por el poder: El enfrentamiento económico entre obreros y patronos se traslada al plano político.

Llegamos a la mitad del siglo XX. A la idea de Rousseau de un pacto, sustituye en ese momento .la idea de una contraposición para estructurar la elaboración de las Leyes. Se acepta como dato la discrepancia de intereses: la mayoría sustituye a la voluntad general.

No obstante, el léxico empleado en los discursos propagandísticos y en las cenas de gala intenta hacer creer que se respeta la existencia de una verdadera representación de los intereses de los individuos, que las leyes son fruto de la voluntad general, que el gobierno es neutral y no recibe influjos extraños al bien del país. Quienes en la práctica desmienten la idea rusoniana, en teoría se declaran sus adeptos incondicionales. No pueden frustrar la ideología aceptada generalmente, aquella que forma el sentir aceptado por todos.

El Nuevo Precio de la Libertad: Se dice que el precio de la libertad es la vigilancia eterna. La intención original era que las libertades civiles estuvieran sometidas a un escrutinio constante, ante el peligro de que la acción subrepticia del gobierno las deteriorara y se acabaran perdiendo. Hoy en día, en una inversión extraordinaria, son los propios ciudadanos los que se han convertido en objetos de vigilancia continua, y los organismos de seguridad utilizan tecnologías cada vez más complejas para vigilarnos. Nuestros movimientos son monitorizados por aviones espía, satélites y millones de cámaras de seguridad; nuestras características físicas y biométricas son analizadas; nuestros datos informáticos son vaciados y catalogados; nuestras llamadas telefónicas son pinchadas rutinariamente; nuestros correos electrónicos escaneados. Ciertamente, el Gran Hermano nos acecha.

Ver: Democracia como forma de Gobierno

Fuente Consultada: La LLave del Saber Tomo II La Evolución Social – Editorial Cisplatina

El Romanticismo en la Música Compositores y Obras Opera Italiana

CARACTERÍSTICAS DEL ROMANTICISMO EN LA MÚSICA

El XIX fue un siglo de grandes avances científicos que cambiado la visión del mundo y que provocaron un progreso sin precedentes en la historia. También fue un período de gran riqueza artística y cultural, y fue a principio de este siglo cuando en Europa se difundió un movimiento artístico e intelectual conocido como: Romanticismo. El romanticismo tuvo su inicio en Alemania, cuando un grupo de poetas alemanes empezó a acentuar la emoción, el sentimiento y la importancia de los sentimientos más íntimos en sus obras.

COMPOSITORES MUSICA DEL RENACIMIENTO:

1-Ludwig Van Beethoven

2-Franz Schubert 

3-Federico Chopin

4-Richatd Wagner

5-Giuseppe Verdi

El Romanticismo es una reacción contra el predominio de la razón. Por esto presta particular atención al individuo, al hombre; pero no en el sentido humanista propio del Renacimiento, sino en una forma difusa en la que predominan el sentimiento y la emoción.

Se vuelve la vista al pasado, en particular a los tiempos medievales, y se presta una atención desmesurada a la figura del héroe, de los castillos en ruinas, de los atardeceres dulces, de una naturaleza mixtificada, idealizada por escritores y artistas que no la conocían, generalmente, más que a través de producciones literarias o pictóricas. El contacto con la realidad era mínimo, y el predominio de la fantasía enorme, sólo superado por el del sentimiento. (Ampliar sobre este concepto)

LA MÚSICA ROMÁNTICA: Un movimiento que tanta preponderancia daba a la emoción debía traducirse, forzosamente, en la aparición de grandes obras musicales como, en efecto, así fue.

La figura cumbre es la de Luis van Beethoven (1770-1827), que no puede clasificarse propiamente dentro de ningún estilo determinado porque se trata de un genio único, sólo comparable a Bach. Aunque nació en el siglo XVIII, la mayor parte de su labor corresponde al XIX y representa un paso o un estadio entre el Clasicismo y el Romanticismo.

Luis van Beethoven

Luwing van Beethoven (1770-1827)

Los inicios del Romanticismo están marcados por la figura de un músico excepcional: Ludwig Van Beethoven en (1770-1827). Nació en Bonn; fue un hombre interesado por la ciencia y aficionado a la lectura; acogió con entusiasmo las ideas de la Revolución Francesa y mantuvo siempre una actitud de libertad artística. Su exigencia de no servir a nadie ni a otro interés que el de la música, ejerció una influencia fundamental no sólo en los músicos, sino sobre los demás artistas.Su obra comenzó siendo clasicista (Sonata para pian Op 28), pero pronto evolucionó a una expresión más subjetiva (sinfonías Quinta, Sexta, Séptima, marinos de cuerda Op 59). A partir de 1815 y cuando ya estaba aquejado de sordera, escribió sus obras más sublimes y abstractas.

Había nacido en Bonn, pero a los veintidós años se trasladó a Viena, donde fue discípulo de Haydn, que ejerció sobre él gran influencia, patentizada en la Primera Sinfonía, de corte netamente clásico. En la Sonata Patética, escrita en 1799, se manifiesta ya el comienzo de su período romántico. En su fase de creación personal se vio obligado a ampliar la orquesta y a dar a sus obras una dimensión desconocida hasta el momento.

A principios de siglo, Beethoven advirtió que perdía la facultad de oir y llegó un momento en que se encerró en su propio mundo y se convirtió en un ser huraño e insociable, al verse imposibilitado de escuchar las melodías que su espíritu creaba.

Fue un hombre desafortunado en su vida sentimental. No tuvo amores y fue rechazado varias veces. Sin embargo, escribió las deliciosas páginas de Para Elisa y Claro de luna, así como la sonata llamada Appassionata. Su amor a la Naturaleza se muestra en la Sexta Sinfonía, llamada también Pastoral. En 1822 terminó su Misa Solemnis, y en 1824 la Novena Sinfonía, la más grandiosa de todas, que concluye con el canto triunfal de la Oda a la Alegría, basada en un poema de Schiller; cruel paradoja para un hombre a quien la vida le negó la felicidad de una pasión sentimental.

El Romanticismo, que popularizó los famosos «Lieder», se halla representado en Alemania y Austria por insignes figuras como la del vienes Franz Schubert (1797-1828), cuya existencia fue penosa y muy humilde y de quien aún escuchamos con delectación el Ave María, la Serenata, el Quinteto de la trucha, El rey de Thule y otras muchas composiciones, entre las que destaca la Sinfonía en sí menor o Inacabada.

Franz Schubert

Franz Schubert (1797-1828)

Roberto Schumann (1810-1856) era natural de Zwickau (Sajonia); pero, menos sentimental y expansivo que Schubert, su música acusa esta influencia. Fue un gran pianista, y la mayoría de sus obras están escritas para que este instrumento tenga una total preponderancia.

Félix Mendelssohn (1809-1847) era natural de Hambusgo. Fue un músico elegante cuyas composiciones son de una gran claridad y belleza. De entre sus obras destacan: El sueño de una noche de verano, Sinfonía escocesa y La gruta de Fingal, compuestas durante su larga permanencia en la Gran Bretaña. Sus Romanzas sin Palabras son la expresión delicada de un auténtico poeta.

Federico Chopin (1810-1849) era polaco y sintió en su alma toda la tragedia de su tierra mártir. Sus Polonesas revelan un acendrado patriotismo, y sus Nocturnos, Preludios, Baladas e Impromptus nos muestran al hombre de alma exquisita, hipersensible y, al mismo tiempo, al virtuoso intérprete. Son conocidos sus amores con la escritora George Sand, que en cierto momento de su vida encontraron en la Cartuja de Palma de Mallorca el lugar apropiado para manifestarse. La enfermedad del siglo le llevó prematuramente a la tumba.

Federico Chopin

Federico Chopin (1810-1849)

Con Federico Chopin (1810-1849), el piano romántico alcanzó su mayor importancia. Chopin escribió para dicho instrumento prácticamente toda su obra, en la que el lenguaje armónico se hace enormemente rtco y revolucionario.

WAGNER Y BRAHMS. La figura de Ricardo Wagner (1813-1883), exaltada por el nacionalismo alemán, no es comparable a Beethoven, a pesar de la grandiosidad de sus obras. Wagner fue un revolucionario y un pensador, un hombre que quiso fundir la leyenda, la poesía, la acción dramática y la música en un espectáculo total: el drama musical alemán.

Ricardo Wagner músico

Ricardo Wagner (1813-1883)

Con Richard Wagner (1813-1883) la ópera aspira a convertirse en una obra de arte total. Sus características principales serán: basarse en libretos escritos por él mismo (en los que exalta la lengua y la mitología alemanas), subordinar la melodía a la expresividad del texto, enriquecer la orquesta con nuevos timbres, armonías y cromatismo y la creación del leiv motiv (motivo musical que caracteriza a los principales personajes, los anuncia y describe) como idea unitaria de la obra. Además del Buque Fantasma, Tanhauser y Lchengrin, sus óperas más famosas son El anillo de los nibelungos (en cuatro partes), Tristán e Isolda, Los  maestros cantores de Nuremberg y Parsifal.

Para lograrlo, resucitó las viejas leyendas del Oro del Rin, de los Nibelungos, de las Valkirias, etcétera, y les dio forma con una orquestación en que la grandiosidad era el denominador común de los conjuntos que lograba crear.

El Teatro de Bayreuth, inaugurado en 1876, fue y sigue siendo el centro de la ópera wagneriana, y que incluso en la actualidad es lugar de cita de los wagnerianos enfervorizados. De su numerosa producción destacan Parsifal, Lohengrín, Tannhauser, Tristan e Isolda, Los maestros cantores, así como el ciclo legendario de El anillo de los Nibelungos, antes apuntado.

Juan Brahms (1833-1897) fue un hombre sencillo; natural de Hamburgo, habitó en la capital de Austria durante muchos años. Su música no es puramente romántica, sino que en él se da una síntesis de entre esta tendencia y el clasicismo. Escribió numerosas sinfonías y otras obras menores, entre las que destacan varias canciones, como la célebre Buenas noches.

Sería labor interminable citar a todos los grandes músicos del Romanticismo. En Francia destaca Berlioz (1803-1869) y en Hungría Franz Liszt (1811-1886), excelente pianista, autor de numerosos poemas sinfónicos y rapsodias. Franz Liszt es considerado otro gran genio del piano romántico, del que fue además gran virtuoso.

La música rusa empieza a darse a conocer a partir de Miguel Glinka (1804-1857), y más adelante con el grupo llamado «de los cinco»: Balakirev, Borodin, Cui, Musorgsky y Rimski-Korsakov que se inspiró en la tradición musical eslava.

Especialmente conocidas son las siguientes composiciones: El Príncipe Igor y En las estepas del Asia Central, de Borodin; Boris Gudonov y Kovantchina, de Mussorgsky, y Capricho español, Scherezade y La ciudad invisible de Kitege, de Rimski-Korsakov.

Cierra esta sinfonía de músicos rusos uno que, a pesar de conocer el grupo «de los cinco», quiso mantenerse al margen y no cultivó la música propiamente eslava como los anteriores, sino que inició una aproximación a Occidente: Tchaikovsky (1840-1893). Ya no es posible clasificar a éste como romántico, sino como realista. Su obra cumbre es la Sinfonía Patética.

LA ÓPERA ITALIANA. La espectacularidad y fantasía propias del Romanticismo, forzosamente debían influir en un arte tan plástico como la ópera, fusión del teatro y la música.

Los alemanes, que ya habían intentado cultivar dicho género con Haydn, tuvieron en Carlos M. von Weber (1876-1826) un buen representante. La ópera de este compositor que tuvo mayor resonancia fue Der Freischützer, o sea El cazador furtivo, en la que Weber dio rienda suelta a su lirismo.

La gran revolución operística en Alemania se debe a Wagner, como ya hemos dicho, pues él supo aunar el espíritu romántico con el nacionalismo germano cada vez más fuerte.

Pero donde la ópera debía desarrollarse y aleanzar mayor esplendor fue en Italia. La calidad y número de su producción es tan grande que incluso en la actualidad las óperas italianas constituyen el repertorio casi exclusivo de los principales teatros líricos del mundo.

Gioacchino Rossini (1792-1868) fue un hombre que supo vivir. Durante cerca de veinte años trabajó para producir unas cuarenta obras. Luego, dejó de componer y se dispuso a saborear el éxito que le proporcionaron El barbero de Sevilla, que inmortalizó a Fígaro, Semíramis y Guillermo Tell, tema muy grato al espíritu romántico.

Vicenzo Bellini (1802-1835) quien no vivió tantos años como Rossini, también escribió diversas óperas, entre ellas La sonámbula, Norma y Los puritanos.

Gaetano Donizetti (1797-1848) alcanzó en vida un éxito extraordinario con Elixir de amor, Lucia de Lammermoor, La favorita y Don Pasquale.

El coloso de la ópera italiana fue Giuseppe Verdi (1813-1901), cuya producción es considerabilísima y cosecha todavía un éxito indiscutible. Cuando se inauguró el Canal de Suez se le encargó una ópera basada en el tiempo de los faraones y que ensalzara las glorias del antiguo Egipto.

Giuseppe Verdi musico italiano

Giuseppe Verdi (1813-1901)

El otro gran operista fue Giuseppe Verdi (1813-1901). Llenó todo el siglo con su música dramática y nacionalista (Nabuco, I Lombardi), incluso cLaramente política (Rigoletto, El trovador, La Traviata), obras estas en las que alcanza la perfección de su lenguaje. Su riqueza melódica (opuesta al sistema de Wagner) le convierte en uno de los. grandes operistas de todos los tiempos. Sus últimas obras (Aida, Otello y Falstaff) culminan con una obra instrumental, el Réquiem, que compuso al final de su vida.

Entonces escribió Aida, que se estrenó en El Cairo ante la presencia de Napoleón III. Son especialmente famosos los coros de Nabuco, el dramatismo de Otello, las arias de Rigoletto, el vals de La traviata y el humorismo desplegado en Falstaff, por citar sólo los fragmentos más populares de su producción. Verdi, que cuidaba en extremo la parte musical de sus obras, apenas concedía importancia al libreto, que en algunas de sus producciones es francamente inferior a la parte musical.

Durante esta época, Italia abandona casi por completo la música instrumental para dedicarse de lleno a la ópera en la que se mostró maestra indiscutible.

La tase del Romanticismo tardío esta representada por los magníficos Heder de Hugo Wolf (1860-1903) y el sintonismo renovador de Johannes Brahms (1833-1897). También fueron grandes sinfonistas Antón Bruckner (1824-1896) y César Franck (1822-1890).

Por último hay que destacar un movimiento importante que se extiende desde principios hasta finales de siglo: el nacionalismo ruso. Sus músicos más importantes fueron Mihail Glinka (1804-1857), Borodin {1833-1887), Mussorgski (1839-1881) Mily Balakirev (1836-1910) y Rimski-Korsakov (1844-1908).
Relacionado con los anteriores se encuentra el gran compositor Peter Tchaikovski (1840-1893), autor de seis sinfonías, óperas y músicas para ballets.

Otros autores nacionalistas fueron Bedrich Smetana (1824-1884), Antón Dvorak (1841-1904), Edward Grieg (1843-1907), Leos Janacek (1854-1928) v Jean Sibelius (1865-1957).

Ver: Cronologia Compositores de Música Clásica

Ver: El Romanticismo en la Literatura

Ver: Concepto de  Romanticismo

Fuente Consultadas:
CONSULTORA Enciclopedia Temática Ilustrada Tomo 8 El Mundo Actual El Romanticismo Contemporáneo
HISTORIA VISUAL DEL ARTE Editoial Larousse El Romanticismo en el Arte
ENCICLOPEDIA UNIVRESAL DE CIENCIAS SOCIALES Editorial Océano
CIVILIZACIONES DE OCCIDNTE Tomo B Jackson J. Spielvogel
HISTORIA UNIVERSAL El Impacto de la Revolución Francesa Editorial Salvat La Fiebre Romántica

El Romanticismo en la Literatura y Arte Características Resumen

ORIGEN Y CARACTERÍSTICAS DEL ROMANTICISMO EN LA LITERATURA

El XIX fue un siglo de grandes avances científicos que cambiado la visión del mundo y que provocaron un progreso sin precedentes en la historia. También fue un período de gran riqueza artística y cultural, y fue a principio de este siglo cuando en Europa se difundió un movimiento artístico e intelectual conocido como: Romanticismo.

El romanticismo tuvo su inicio en Alemania, cuando un grupo de poetas alemanes empezó a acentuar la emoción, el sentimiento y la importancia de los sentimientos más íntimos en sus obras.

GRANDES AUTORES DEL ROMANTICISMO:

1-Víctor Hugo

2-Wolfgang von Goethe

3-Thomas Carlyle

4-Los Hermanos Grimm

5-Alejandro Dumas

El Romanticismo es una reacción contra el predominio de la razón. Por esto presta particular atención al individuo, al hombre; pero no en el sentido humanista propio del Renacimiento, sino en una forma difusa en la que predominan el sentimiento y la emoción.

Se vuelve la vista al pasado, en particular a los tiempos medievales, y se presta una atención desmesurada a la figura del héroe, de los castillos en ruinas, de los atardeceres dulces, de una naturaleza mixtificada, idealizada por escritores y artistas que no la conocían, generalmente, más que a través de producciones literarias o pictóricas.

El contacto con la realidad era mínimo, y el predominio de la fantasía enorme, sólo superado por el del sentimiento.

Los primeros románticos deben situarse a fines del siglo XVIII donde  ya  se estaba formando este nuevo movimiento intelectual para desafiar las ideas de la Ilustración.

Aunque algunos historiadores han sostenido que el romanticismo era más un «estado de ánimo» que un movimiento, revolucionó la pintura, la literatura y la música en la primera mitad del siglo XIX.

Durante la primera mitad del siglo XIX se consolida este movimiento  romanticista caracterizada por el espíritu de rebeldía, la valoración de la naturaleza y la supremacía de la imaginación sobre la razón. Se puso de moda la novela histórica.

La poesía expreso de  sentimientos exaltados. El teatro rompió con las normas clásicas. Entre los escritores románticos destacan el alemán Goethe, los ingleses lord Byron y Walter Scott y el francés Víctor Hugo.

Víctor Hugo

Escritor Romántico Víctor Hugo

Se puede decir que frente a aquel estado racional, que en el siglo XVIII la ilustración había enseñado y difundido como método para llegar a la verdad, nace el romanticismo como un movimiento indomable e impetuoso, exaltando al hombre, a la naturaleza y belleza como manera de expresar ese espíritu de rebeldía , de liberación y autonomía, que acaparó todas las áreas del pensamiento humano y se materializó a través de la creación artística, en la literatura, la música y el arte,  durante medio siglo.

Fue una reacción contra la preferencia de la razón durante la Ilustración en la búsqueda de la verdad.

Si bien los románticos, especialmente los iniciales, de ningún modo menospreciaban la razón, trataban de balancear su uso acentuando la importancia de la intuición, el sentimiento, la emoción y la imaginación como fuentes de conocimiento.

Como lo expresara un romántico alemán: «Fue mi corazón el que me aconsejó hacerlo, y mi corazón no puede equivocarse».

El Romanticismo, fue un movimiento intelectual surgido en Europa a partir de la finalización de las guerras napoleónicas (1815). Se opuso al pensamiento basado en la razón y a la búsqueda de la objetividad en opiniones o juicios. La irracionalidad romántica sostuvo que los grandes pensamientos se originan en el corazón, exaltando así el valor de la sensibilidad individual como modo de interpretar el mundo.

CARACTERÍSTICAS: El romanticismo tuvo su inicio en Alemania, cuando un grupo de poetas alemanes empezó a acentuar la emoción, el sentimiento y la importancia de los sentimientos más íntimos en sus obras.

Un importante modelo romántico fue la trágica figura en Las cuitas del joven Werther, una novela del gran escritor alemán Johan Wolfgang von Goethe (1749-1832), quien rechazó más tarde el romanticismo a favor del clasicismo.

Wolfgang von Goethe

Wolfgang von Goethe

Werther era un personaje romántico que buscaba la libertad para realizarse. Incomprendido y rechazado por la sociedad, seguía creyendo en su propia valía por medio de sus sentimientos más íntimos, pero su profundo amor por una joven que no le amaba lo condujo finalmente a cometer suicidio.

A raíz de Las cuitas del joven Werther, de Goethe, aparecieron numerosas novelas y obras de teatro cuyos argumentos giraban en torno de jóvenes doncellas trágicamente sacadas del curso de sus vidas a temprana edad (veintitrés años era la más común), por enfermedad (comúnmente la tuberculosis, en ese tiempo extendido padecimiento que solía ser mortal), para dolor e infortunio de sus enamorados.

La característica importante del romanticismo era el indivial interés por los rasgos peculiares de cada persona.

El deseo de los románticos de seguir sus más íntimos impulsos los llevaba a rebelarse contra las convenciones de la clase media. El cabello largo, las barbas y la vestimenta escandalosamente anticonvencionales servían para reforzar el individualismo que los jóvenes románticos trataban de expresar.

El sentimiento y el individualismo llegaron juntos con la importancia que los románticos otorgaban a lo heroico.

El héroe romántico era el genio solitario, listo para desafiar al mundo y sacrificar su vida por una gran causa.

Sin embargo, en manos del escritor británico Thomas Carlyle (1795-1881), el héroe romántico no se destruía a sí mismo en protestas ineficaces contra la sociedad, sino que la transformaba.

Thomas Carlyle

Thomas Carlyle (1795-1881)

En sus obras históricas, Carlyle hacía hincapié en que los acontecimientos de la historia eran determinados, en su mayor parte, por las hazañas de tales héroes.

Muchos románticos creían que los estados y las sociedades, como los organismos individuales, evolucionaban a través del tiempo y que cada pueblo tenía un Geist o espíritu que lo hacía único.

Esta perspectiva inspiró a los románticos a estudiar historia, pues veían en ésta una forma de entender cómo una nacionalidad era lo que era.

Esta inclinación histórica se manifestó en muchas formas. En Alemania, los hermanos Grimm recopilaron y publicaron cuentos de hadas locales, como lo hizo Hans Christian Andersen en Dinamarca.

El renacimiento de la arquitectura gótica medieval dejó la campiña europea sembrada de castillos y ciudades seudomedievales pobladas de catedrales, ayuntamientos, edificios parlamentarios y hasta estaciones de ferrocarril en grandioso estilo neogótico.

Los Hermanos Grimm

Los Hermanos Grimm

La literatura también reflejó esta conciencia histórica. Las novelas de Walter Scott (1771-1832) se convirtieron en éxitos europeos de librería en la primera mitad del siglo XIX. Ivanhoe, en la que Scott trató de evocar el choque entre los caballeros sajones y normandos en la Inglterra medieval, se convirtió en una de sus obras más populares.

En el continente, Alejandro Dumas (1802-1870) conquistó igualmente fama por sus evocaciones históricas. La más famosa fue Los tres Mosqueteros, con su vivido retrato de los aventureros arrogantes de la Francia del siglo XVII.

Alejandro Dumas

Alejandro Dumas

«El romanticismo fue estimulado por el casi descubrimiento de la Edad Media a fines del siglo XVIII. Con sorpresa descubrieron que sus antepasados habían construido castillos y catedrales que no tenían nada que envidiar a las obras de los griegos. Parecían querer abandonar la superficie del suelo para lanzarse a lo alto, rompían con todas las leyes y cánones convencionales para conformarse a una inspiración individual, mística y romántica. Por esto el escenario preferido de los románticos son las catedrales y los castillos.»

LA LITERATURA ROMÁNTICA INGLESA Y FRANCESA. George Gordon, más conocido por su título de Lord Byron (1788-1824), es el prototipo del romántico. Viajó mucho, sufrió e hizo sufrir, y su exaltación por la libertad y el idealismo le llevó a marcharse a Grecia para ayudar a los helenos a luchar contra Turquía.

Murió en Missolongui, una aldea que se hizo célebre por las matanzas que en ella realizaron los turcos. Su fama fue extraordinaria en Europa. Su principal poema es Childe Harold y no pudo sustraerse a la atracción del mito hondamente romántico de la figura de Don Juan a la que dedicó un poema.

Otro poeta inglés famoso fue Shelley (1792-1822), autor de la elegía Adonais, escrita en recuerdo de la muerte de Keats (1795-1821), otro poeta inglés que murió tuberculoso en Roma, y autor de un poema titulado Endimion. En cambio, Walter Scott (1771-1832) era hombre creyente y poco amigo de aventuras personales.

Escribió algunas novelas en las que exalta el heroísmo de los escoceses que vivieron en la Edad Media. Muy conocidas son Ivanhoe, Quintín Durward, Rob Roy, etc.

En Francia, una de las primeras figuras del Romanticismo fue Francisco Renato de Chateaubriand (1768-1848), que estuvo en Inglaterra huyendo del dominio de Napoleón, y volvió a Francia cuando se restauró la monarquía. Su principal obra es El Genio del Cristianismo, destinada a combatir la propaganda antirreligiosa de la época.

El movimiento romántico produjo en Francia gran número de figuras: Alfonso de Lamartine (1790-1869), autor de los libros de poesías titulados Meditaciones: Alfredo de Vigny (1797-1863), noble, y hombre muy pesimista, que vivió casi siempre recluido en su castillo.

Escribió, entre otros poemas, Los destinos y El diario de un poeta. De Alfredo de Musset (1810-1857) se recuerda su pasión por la escritora George Sand, y su poema Noches.

La figura más notable de esta época, en Francia, es Víctor Hugo (1802-1885). Hijo de un general de Napoleón consiguió triunfar después de la caída de la Restauración. Se convirtió en una gloria nacional, incluso en vida. Como poeta escribió Orientales, Baladas, Odas, etc., pero es más conocido como novelista; su drama Hernani entusiasmó a los románticos.

Sin embargo, su celebridad se la proporcionaron, entre otras, las novelas Nuestra Señora de París y Los Miserables, ambas muy divulgadas.

Contemporáneo del anterior fue Alejandro Dumas (1803-1870). Era un hombre alto y fuerte, amigo de los placeres, que en su vejez tuvo que ser auxiliado económicamente por su hijo a pesar de haber ganado muchísimo dinero, pues fue autor de 157 novelas entre las que se recuerdan Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo.

También fue autor de varios dramas, entre ellos Enrique III, y Antony. Su hijo, llamado también Alejandro (1824-1895), escribió la conocida novela La dama de las camelias, expresión acabada del gusto romántico.

EL ROMANTICISMO ALEMÁN. Su fundación se debe propiamente a un filósofo más que a un literato, Johann Herder, pero las figuras cumbres fueron Schiller y Goethe.

Juan Cristóbal Federico Schiller (1759-1805) fue un hombre del siglo XVIII, pero su obra merece ser clasificada entre los románticos. Como poeta escribió El canto de la campana, pero se entusiasmó pronto por los temas históricos en los que el héroe o la heroína llenan toda la acción.

Así, escribió las obras dramáticas Los bandidos, Wallenstein, La doncella de Orleans, Guillermo Tell, etc., cuyo solo enunciado demuestran la tendencia del escritor.

Juan Wolfgang Goethe (1749-1832) era un caballero acomodado, hijo de un consejero imperial. El desahogo económico en que vivió le dejó libre de toda preocupación monetaria. Viajó mucho y se enamoró de Italia, en especial de Venecia.

En su joventud fue uno de los componentes del movimiento «Sturm und Drang», citado al hablar del siglo XVIII. Entonces escribió su Goetz von Berlichingen.

Pero su aportación máxima ha sido el Fausto, que consta de once mil versos y explica la leyenda del hombre que vendió su alma al diablo a cambio de eterna juventud. Es un poema filosófico de gran perfección literaria.

Goethe fue un poeta lírico muy notable y al mismo tiempo un científico interesado por los estudios de Óptica y Biología. Se cuenta que, después de publicarse su novela Weriher, en París aumentó de forma considerable el número de suicidas.

En esta obra se relata el amor imposible del joven Werther por Carlota. Al casarse ésta con su prometido, la desesperación de Werther le empujó al suicidio. Su influencia en la juventud de la época fue grandiosa.

EL ROMANTICISMO EN OTROS PAÍSES.
En Italia apareció la novela Los novios, debida a Alejandro Manzoni (1785-1873), historia de dos desdichados prometidos. La tristeza insondable de Silvio Pellico (1788-1854) le llevó a escribir el poema Mis prisiones y la tragedia Francesca de Rimini.

En Polonia, Adán Misckiewicz (1798-1855) compuso un poema en doce cantos titulado Pan Tadeux. En Rusia, el Romanticismo se encarnó en la figura de Alejandro Puschkin (1799-1837), cuya vida terminó en un duelo. Escribió Eugenio Oneguin y Boris Gudonov, entre otras obras. Nicolás Gogol (1809-1852) fue el precursor de la novela realista que en Rusia daría las figuras cumbres de su literatura.

Fue el autor de Taras Bulba y Las almas muertas. En América, el Romanticismo tomó otro aspecto muy distinto del europeo. Merecen recordarse los poetas Hawthorne., Longfellow y Edgard Allan Poe (1809-1849). Este último alcanzó gran fama como novelista especializado en relatos terroríficos que hoy llamaríamos policíacos.

Es el autor de El escarabajo sagrado, Crimen en la calle Morgue, Aventuras de Arturo Gordon Pym, etc. Entre sus poesías destaca El cuervo. El alcoholismo le llevó prematuramente a la sepultura.

EL ROMANTICISMO EN ESPAÑA. Este movimiento literario penetró en la Península Ibérica al regresar los exilados por el absolutismo de Fernando VII, y registra su máxima influencia a partir de 1835.

Las figuras representativas son numerosas y de dispar tendencia, pues en algunas lo romántico no impide la conservación de la tradición, mientras que en otras lleva implícita la idea revolucionaria y, a veces, francamente descreída.

En todos ellos, sin embargo, se da una mezcla de genio y bohemia. Es el tiempo en que la tristeza, el vino, los excesos de la vida y la fácil desesperación llevan en ocasiones al suicidio y, por tanto, a pintar con negras sombras la humana existencia.

En la imposibilidad de citar a todas las figuras destacadas, vamos a nombrar las más importantes.

José de Espronceda (1808-1842) se entregó a la política liberal, se enamoró perdidamente de una mujer llamada Teresa, a quien dedicó su Canto a Teresa, estuvo desterrado en Londres y en París, pero volvió a España donde ejerció algún cargo político.

Es el autor de El diablo mundo, Canción del pirata, Himno al Sol, El canto del cosaco, etc. Sus poesías líricas se consideran como d.e las mejores del romanticismo español.

El sevillano Gustavo Adolfo Becquer (1836-1870) es el autor de Rimas, poesías generalmente muy cortas, pero muy delicadas, y las conocidas Leyendas, escritas en prosa, que recogen narraciones reales que el escritor transformó a impulsos de su prodigiosa fantasía.

Casi todos los escritores de este período, si bien destacaron en otros géneros son esencialmente poetas, pues la mayoría de obras dramáticas están escritas en verso.

Francisco Martínez de la Rosa (1787-1862) era un hombre equilibrado y digno. Destacó como dramaturgo en La viuda de Padilla, Aben Humeya y La conjuración de Venecia.

Ángel Saavedra, duque de Rivas (1797-1865), llegó a ministro de la Gobernación a pesar de haber sido en su juventud un gran revolucionario. Como poeta son conocidas Un castellano leal, El moro expósito, El faro de Malta y sus Romances históricos.

Su obra dramática más importante es Don Alvaro o la fuerza del sino, que parece una exaltación de la fatalidad.

Don Alvaro mata al padre de su prometida y, sucesivamente, por hechos que no puede evitar, a sus dos hermanos hasta que por fin aquélla muere a manos de su hermano. La obra termina con el suicidio de Don Alvaro.

Coetánea de la anterior es la famosísima obra titulada Don Juan Tenorio, cuyo argumento no es necesario explicar.

Su autor, José Zorrilla (1817-1893) fue un notable poeta y autor dramático que escribió, además, El zapatero y el Rey, Traidor, inconfeso y mártir, El puñal del godo, etc., todas ellas consideradas, por el propio autor, como tanto o más interesantes que su Tenorio. Sin embargo, la popularidad alcanzada por ésta ha superado la de cualquier otra obra teatral escrita en castellano.

Entre los prosistas románticos ninguno tan típico como Mariano José de Larra (1809-1837). Como hijo de su tiempo, se enamoró de una mujer con la cual el amor era imposible.

Al negarse ésta a prolongar las relaciones, Larra se suicidó. En el momento de darle sepultura, un muchacho se adelantó y recitó con gran emoción una poesía en honor a Larra. De este modo se dio a conocer Zorrilla.

 Mariano José de Larra

Mariano José de Larra (1809-1837)

Larra era un humorista fino y observador. Sus artículos El castellano viejo y Vuelva usted mañana, sátira de costumbres, tienen todavía validez en la actualidad. Escribió la novela El doncel de don Enrique el Doliente, y Maclas, un drama. Su fama también se la merece por sus artículos periodísticos, verdadera disección de la sociedad de su tiempo y de todas las épocas.

Los Amantes de Teruel es un drama debido a la pluma de Juan Eugenio de Hartzenbusch (1806-1880).

Como puede verse por esta somera, exposición de obras y autores, el Romanticismo literario amaba la tristeza, el dolor, la fatalidad, el sentimiento llevado hasta extremos patológicos y la exaltación de figuras en las cuales veía todas las virtudes. No olvidemos que el siglo pasado fue el siglo de la tuberculosis.

Son muchos los artistas que murieron de este mal, que acrecentaban con una vida desordenada y los abusos del alcohol. Entre las mujeres la anemia hacía grandes estragos, y como era admirada la figura delicada, casi inmaterial y espiritualizada, se producían innumerables muertes prematuras de las que muchas veces podía culparse a las corrientes literarias de la época, es decir, a lo que hoy llamaríamos la moda.

PRINCIPALES AUTORES DEL ESTILO ROMÁNTICO

1736-1796    James Macpherson    (I)
1749-1832    Johann W. Goethe    (A)
1757-1827    William Blake    (I)
1759-1805    Friedrich Schiller    (A)
1766-1817    Germaine de Staél    (F)
1767-1845    August W. von Schlegel    (A)
1768-1848    Rene de Chautebriand    (F)
1770-1843    Friedrich F. Hólderlin    (A)
1770-1850    William Wordsworth    (1)
1771-1832    Sir Walter Scott    (I)
1772-1801    Novalis    (A)
1772-1829    Friedrich von Schlegel    (A)
1772-1834    Samuel T. Coleridge    (I)
1773-1853    Johann Ludwig Tieck    (A)
1775-1817    Jane Austen    (I)
1777-1811    Heinrich von Kleist    (A)
1785-1863    jakob Grimrn    (A)
1785-1873    Alessandro Manzoni    (lt)
1786-1859    Wilhelm Grimrn    (A)
1787-1862    Francisco Martínez de la Rosa    (E)
1788-1824    Lord George Gordon Byron    (I)
1790-1869    Alphonse de Lamartine    (F)
1791-1865    Duque de Rivas    (E)
1792-1822    Percy B. Shelley    (I)
1795-1821    john Keats    (I)
1797-1863    Alfred de Vigny    (F)
1798-1837    Giacomo Leopardi    (lt)
1799-1837    Aleksander Pushkin    (R)
1802-1885    Víctor Hugo    (F)
1806-1880    Juan E. Hartzenbusch    (E)
1808-1842    ]osé de Espronceda    (E)
1808-1855    Gérard de Nerval    (F)
1809-1837    Mariano José de Larra    (E)
1809-1852    Nikolai Gogol    (R)
1810-1857    Alfred de Musset    (F)

I: Inglés, It: Italiano, F:Francés, E:Español, A:Alemán, R:Ruso

EL ROMANTICISMO EN EL ARTE.

El arte romántico en Europa no tuvo la coherencia de la literatura del mismo período. Confrontado a situaciones políticas y culturales muy diferentes, el romanticismo se manifestó en cada país de modos muy diversos.

Más que un movimiento, una corriente: La pintura romántica se desarrolló a lo largo de la primera mitad del siglo XIX en el continente europeo. Apareció en Alemania poco antes de la Revolución Francesa en torno de Goethe y del Círculo de lena, y encontró su apogeo en Francia durante la Restauración, en momentos en que ya había alcanzado solidez en Gran Bretaña.

De esta disparidad cronológica y cultural emergió, sin embargo, una voluntad común, encontrar un lugar de mayor exaltación que el ofrecido a esta generación y producir, sobre todo en Francia, una obra comprometida con la lucha por la libertad de los hombres, de los pueblos y, naturalmente, del arte mismo.

Villet le Duc fue un arquitecto francés tan enamorado del Medioevo que resucitó el estilo gótico, del mismo modo que el Renacimiento había resucitado lo clásico. La arquitectura del siglo XIX sufrió una profunda desorientación. Son rarísimos los edificios que puedan merecer el honor de figurar en una historia del Arte. A fines del mismo, la aparición del cemento y el acero se disponen a dar paso al funcionalismo y a las modernas formas, propias del siglo XIX.

La pintura está influida, naturalmente, por las ideas románticas. Así, David, del cual se habló al citar el Neoclásico, representa un periodo de transición, y lo mismo podría decirse de Ingres (1780-1867), mucho más influenciado por el Romanticismo.

El francés Delacroix (1798-1863) había vivido las luchas apasionadas de las revoluciones del 30 y del 48. Es célebre su Libertad guiando al pueblo, en el cual el contraste de colores y la fuerte luz crean una impresión muy viva.

Millet fue un pintor delicado, monótono, enamorado de la vida aldeana. Gustavo Doré, un notable dibujante, maestro de la luz y de las sombras.

Fue una época poco brillante que hoy nos parece un compás de espera ante el gran movimiento de renovación pictórica que llegó a fines de siglo, impulsado por el Realismo y el Naturalismo.

Una temática literaria: El romanticismo forjó una iconografía propia, basada en la literatura y en el exotismo de las nuevas fuentes de inspiración.

La fascinación que produjeron la Edad Media y lo fantástico en los artistas los llevó a explorar las obras de Dante, Shakespeare, Goethe, Walter Scott, Chateaubriand o Macpherson (autor de una superchería literaria publicada con el seudónimo de Ossian), así como los cuentos populares y las visiones de un Oriente cargado de erotismo.

La pintura histórica, el género más noble de la Academia, fue transformada poi este aporte, y al abordar también temas contemporáneo; borró las fronteras entre los géneros.

A las pintorescas escenas sentimentales de carácter histórico respondieron escenas de género cuyo; formatos y elocuencias erar los de las pinturas históricas Asimismo, el paisaje, alejadc de sus funciones mitológicas experimentó un desarrolle sin precedente: en Alemania, con la pintura simbolista de Caspar David Friedrich; er Gran Bretaña, con John Constable y William Turner, y er Francia, con los miembros de la escuela de Barbizon.

La consolidación de un lenguaje pictórico: Este gran cambio de géneros y motivos no estaría completo si no hubiese inducido una profunda metamorfosis en la concepción y en la función del arte, así como en el papel que desempeñaba el artista. Los nuevos medios pictóricos debían responder a estos nuevos dominios de la representación y a estos nuevos estímulos de la imaginación.

No es menor el mérito de Turner, Goya o Delacroix al haber sabido producir una pintura en la que la pasión de los sentimientos pasaba antes que todo por la reconquista de una gestualidad, el replanteamiento del colorido y la expresión de la intención artística.

Al forjar una práctica fundada en una visión personal, los grandes artistas del romanticismo transformaron el rol del artista. Este se convirtió en un profeta del mundo interior y fue investido de una misión de mediador. Pasó de ser un simple escribano para transformarse en una conciencia que manifestaba en sus obras su compromiso con el mundo, por sobre toda tiranía de una belleza ideal.

Ver: Cronologia Compositores de Música Clásica

Ver: El Romanticismo en la Musica

Ver: Concepto de  Romanticismo

Ver: Poesia Romantica y Poesia Gauchesca en Argentina

Fuente Consultadas:
CONSULTORA Enciclopedia Temática Ilustrada Tomo 8 El Mundo Actual El Romanticismo Contemporáneo
HISTORIA VISUAL DEL ARTE Editoial Larousse El Romanticismo en el Arte
ENCICLOPEDIA UNIVRESAL DE CIENCIAS SOCIALES Editorial Océano
CIVILIZACIONES DE OCCIDNTE Tomo B Jackson J. Spielvogel
HISTORIA UNIVERSAL El Impacto de la Revolución Francesa Editorial Salvat La Fiebre Romántica

Biografias de Grandes Músicos y Pintores de la Historia

Biografías de Grandes Músicos y Pintores de la Historia

Los hombres hacen su historia y construyen civilizaciones. Desde hace millares de años, y a partir del momento en que los primates comenzaron a utilizar las manos, los ojos y el cerebro racionalmente, diferenciándose de los otros animales, millones de hombres pasaron por la superficie de la Tierra.

La mayoría de ellos, limitada por sus condiciones personales y sociales, no dejó rastros en la Historia. Otros, en cambio, políticos, científicos, filósofos, religiosos y artistas lucharon, innovaron y modificaron el mundo y la realidad que los rodeaba y, al proceder así, hicieron Historia.

Esos personajes se proyectaron más allá de su mera condición de individuos, para conquistar un puesto destacado en la transformación del destino colectivo de la humanidad.

Algunos de ellos desempeñaron un papel más trascendente que otros. Pero todos, indistintamente, con el aporte que brindaron de acuerdo con sus posibilidades, forjaron las bases del gran edificio de la civilización contemporánea.

¿Por qué Mozart, Bach, Beethoven, Shakeaspeare, Miguel Ángel, y otros tantos personajes históricos se hicieron famosos?. ¿Lo fueron gracias a su talento o también debido a las circunstancias históricas que les tocó vivir? ¿Fueron más  afortunados que los demás o tuvieron más sensibilidad e intuición que sus contemporáneos?.

Leer sus biografías, significa sobre todo conocer la vida y la obra de los grandes hombres de la historia.

Aquí solo presentamos algunas de las vidas de los individuos que, en mayor medida, han contribuido a hacer la Historia en el Arte.

Estos protagonistas son también los protagonistas de nuestra memoria colectiva, aquellos a quienes se recuerda (con independencia de que la importancia real que tuvieran en su época fuera quizá menor que la que tuvieron otros, a quienes hemos preferido olvidar).

La literatura, las artes y la música tienen ahí también su influencia, así como la toponimia e incluso las canciones infantiles, perdurando hasta nosotros nombres y figuras que quizá de otro modo se habrían perdido con el paso del tiempo.

La celebridad ha sido, por tanto, un criterio de inclusión de algunos personajes en esta página, en atención al lector que pudiera interrogarse por esos nombres conocidos. Y es que, en definitiva, es la curiosidad del lector el elemento que dará a este post su sentido último, al guiar la lectura de un personaje a otro.

Agregamos otro gran personaje, que merece estar en esta lista y es importante que leas sobre su vida, se trata de Leonardo Da Vinci, haz clic para llegar a su biografía.

Grandes de la Música
Artistas y cientificos renacentistasArtistas y cientificos renacentistasArtistas y cientificos renacentistas
Amadeus MozartJohann S. BachBeethoven
Grandes de la Literatura
Artistas y cientificos renacentistas Artistas y cientificos renacentistas Artistas y cientificos renacentistas
ShakespeareDante AlighieriMiguel Cervantes
Grandes de la Pintura
Artistas y cientificos renacentistas Artistas y cientificos renacentistas Artistas y cientificos renacentistas
Miguel ÁngelVan GoghPablo Picasso

Biografia de Verdi Giuseppe Resumen Vida del Compositor Italiano

Biografía de Verdi Giuseppe – Resumen

Gran compositor italiano. Nació en Roncóle el 10 de octubre de 1835 y murió en Milán el 27 de enero de 1901. Desde muy pequeño fue aficionado a la música, sin que pudiese alimentar sus inclinaciones con otro pasto mejor que el proporcionado por las melodías que escuchaba a desafinados organillos ambulantes. Aunque nació en una familia humilde, pudo estudiar y cultivar su vocación gracias a la figura de un mecenas de provincias, un droguero que amaba el «bel canto».

El estudio, el trabajo y el éxito, cuando llegó, no lograron cambiar la forma de vida del músico, firmemente vinculada a sus orígenes, en su casa de Busseto. A los 30 años, el destino le deparó una tremenda tragedia familiar: la muerte de sus dos hijos y, poco más tarde, de su esposa. Pero él se rehizo y volvió a casarse con una de las mejores intérpretes de sus óperas, Guiseppina Strepponi.

Su presentación en el teatro de la Scala de Milán, en 1840, fue un auténtico fracaso y coincidió con los años de la tragedia familiar. Le pareció que todo había acabado para él, pero un sagaz empresario de la Scala, que intuyó su valía, le convenció para que empezara a trabajar de nuevo.


RlGOLETTO: Ópera melodramática en tres actos de Giuseppe Verdi (1813-1901).
Fue estrenada el 11 de marzo de 1851 en el teatro La Fenice de Venecia.

La Historia: El duque de Mantua y su bufón, Rigoletto, que era jorobado, son insultados por Monterone, a cuya hija ha seducido el duque. El insaciable duque también desea a Gilda, sin saber que es hija de Rigoletto. Los cortesanos que sentían celos de Rigoletto por su proximidad al duque lo engañan de forma tal que el duque pueda raptar a Gilda. Ella se entrega al noble pero Rigoletto trama su venganza y contrata los servicios de un asesino profesional, Sparafucile, cuya hermana Maddalena lo convence de que perdone la vida del duque si antes de medianoche entra en su posada alguien a quien pudiese matar en su lugar. Gilda oye la conversación y sacrifica su propia vida para salvar la de su amante. Rigoletto va en busca del cadáver del duque, pero lo oye en el piso de arriba cantando la famosa aria La Donna é Mobile. Extrañado abre el saco y para su terror, encuentra a su hija.

BIOGRAFÍA DE GIUSEPPE VERDI: (La Roncole, Buseto, 1813 – Milán, Italia, 1901) Compositor italiano. Coetáneo de Wagner, y como él un compositor eminentemente dramático, Verdi fue el gran dominador de la escena lírica europea durante la segunda mitad del siglo XIX.

Verdi Giuseppe

En el mismo año que Wagner, nace también Verdi: 1813. Los verdes campos de la Lombardía fueron su tierra natal, y la ópera italiana con su tradición de siglos su herencia. No fue aceptado en el Conservatorio de Milán, pero subió y subió, con el denodado trabajo disciplinado que siempre lo distinguía, hasta constituirse en la cumbre del arte lírico italiano, digno rival de Wagner.

En aquel tiempo el mundo tuvo que tomar partido: por Verdi o por Wagner, porque sus ideas parecían opuestas, su música no tener nada en común. Hoy este conflicto ya no nos preocupa: podemos admirar por igual las obras maestras de ambos genios.

La vida de Verdi transcurre mucho más tranquila que la de Wagner. Su primer gran éxito es «Nabucco», ópera histórica que contiene el bellísimo Coro de los Esclavos Hebreos, tan melodioso y tan cargado de ansiedad y nostalgia por la patria perdida que pronto todo el pueblo italiano lo sabe de memoria. Verdi sigue escribiendo ópera tras ópera, algunas con mayor éxito, otras con menos.

Hasta que en el año 1851 se abren para Verdi las puertas de la inmortalidad; «Rigoletto» triunfa completamente, y dos años después «La traviata» y «EL trovador». A partir de entonces, cada nueva obra verdiana es esperada con enorme interés: «Las vísperas sicilianas», Simón Boccanegra», «Un baile de máscaras», «Don Carlos» y finalmente, en 1871, «Aída», punto culminante de la vida y la carrera artística de Verdi.

El encargo para esta ópera le había llegado desde Egipto, donde estaba construyéndose el canal de Suez; es natural que Verdi escoja un argumento egipcio, el trágico amor entre un héroe de esa nación y una esclava etíope que vive en la corte del faraón. Aunque la partitura llegó tarde para la inauguración del canal, su estreno en El Cairo y ante un público internacional constituyó un triunfo ampliamente visible. Verdi no se halló presente: demasiado grande es su aversión a los viajes y muy especialmente los de mar.

Idolo de su pueblo ahora, reside tranquilo en su hermosa posesión de Sant’ Agatá. Es anciano y nadie piensa en una continuación de los éxitos. Entonces Verdi sorprende al mundo, en 1887, con una nueva obra, el magistral «Otello».

El homenaje que recibe en el famoso Teatro de la Scala, en Milán, en la noche del estreno, es emocionante. Es en verdad, el «cantor de su pueblo». ¡Cuántas melodías le ha brindado! Melodías que se cantan por las calles, que tocan los organillos, que resuenan noche tras noche en todos los teatros despertando el entusiasmo sin límite de los aficionados.

Seis años después sorprende Verdi otra vez a su pueblo: ha compuesto una ópera cómica. El, que tantas escenas trágicas y sangrientas compuso a lo largo de su vida, ¡crea una ópera cómica! Una ópera encantadora, llena de gracia, de buen humor, de melodías livianas: «Falstaff«.

Verdi cierra sus ojos en el año 1901 dejando su fortuna para el hogar de músicos ancianos y enfermos que había fundado en Milán. La enorme muchedumbre que acompaña sus restos entona espontáneamente aquella melodía creada seis decenios atrás, el canto de los esclavos hebreos, de «Nabucco»: «Vuela, pensamiento sobre alas doradas. ..»

ASI ERA VERDI…

Los comentarios críticos después del estreno del Réquiem por Manzoni -observaciones en el sentido de que la música era ostentosa, sensacional, barata, antirreligiosa, irreligiosa, melodramática- venían a representar la actitud crítica que Verdi tuvo que afrontar la mayor parte de su vida. Sus óperas soportaron críticas sin precedentes, especialmente en Inglaterra y Estados Unidos. Muchos críticos sencillamente no podían tomar en serio a Verdi como compositor. Cuanto más admiraba el público la música de Verdi, más los críticos protestaban y sermoneaban acerca del carácter «obvio» de su composición, su carácter «antivocal», su orquestación «primitiva». Se decían unos a otros, y decían al público, que esa música ejercía a lo sumo una atracción provisional y no podía perdurar.

El crítico del Telegraph de Londres debió tener en cuenta la tremenda recepción que el Réquiem tuvo cuando se lo estrenó en Milán. La ovación llegó porque Verdi era amado como hombre, y también por Manzoni, y porque los italianos se sentían orgullosos de la fama de Verdi. «Ahora que la Península es un Estado, todos los habitantes, incluso los que pertenecen a los distritos más remotos, asumen orgullosos su parte del honor dispensado a todas las celebridades italianas.» Por la cabeza del crítico del Telegraph no pasaba la idea de que la música del Réquiem tuviese nada que ver en el asunto.

Verdi no se inquietaba ante la reacción negativa de algunos críticos. Aparentemente, fue un compositor que no se preocupaba mucho por lo que decía la crítica. Afrontaba con ecuanimidad el éxito y el fracaso. «Se equivoca», escribió a un amigo, «si intenta defender Un Bailo in Maschera de los ataques de la prensa. Debería hacer como yo siempre hago: abstenerse de leerlos y dejar que bailen al son que más les plazca…

Por lo demás, la cuestión es ésta: ¿La ópera es buena o mala? Si es buena, y ellos no lo creen así a causa de sus prejuicios, etc., uno debe dejar que hablen como les parezca, y no tomarlo demasiado a pecho.» Y en otro pasaje: «Con respecto a los periódicos, ¿alguien le obliga a leerlos?… Llegará el día de la justicia, y para el artista es un gran placer, un placer supremo, poder decirles: «¡Imbéciles, estaban equivocados!»

Biografia de Diego Velazquez Grandes Artistas de la Historia Pintura

Biografia de Diego Velázquez
Grandes Artistas de la Pintura

La obra del pintor español Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, nacido en Sevilla en 1599, es un ejemplo de continua superación creadora y acredita a su autor como uno de los pintores más importantes de todos los tiempos.

La vida del artista, por otra parte, consiste fundamentalmente en la historia de la realización de esa obra, pues al margen de ella apenas hay hechos destacables en su biografía. Tras un periodo de aprendizaje y una primera etapa transcurrida en su ciudad natal, en la que realiza obras de clara influencia tenebrista y especialmente algunos bodegones con figuras, Velázquez se traslada a Madrid en 1623, al ser nombrado pintor de cámara de Felipe IV.

A su estancia en la capital corresponden algunos retratos y una de sus obras maestras, Los borrachos. En 1629 viaja por primera vez a Italia, donde adquiere experiencia en la composición y disposición de figuras, al tiempo que asimila el cromatismo de la escuela veneciana.

Obras como La túnica de José y La fragua de Vulcano pertenecen a este periodo. De vuelta en Madrid, desarrolla una gran actividad como pintor de la corte y realiza numerosos retratos y grandes composiciones, entre ellas La rendición de Breda.

Su estancia en la corte ya sólo sería interrumpida por algunos viajes breves con el séquito del rey y por una segunda estancia en Italia, en 1649. En la última década de su vida, Velázquez alcanza el culmen de su arte con obras como Las Meninas y Las hilanderas, en las que acentúa su barroquismo y muestra un dominio absoluto de las más complicadas técnicas pictóricas. El pintor murió en Madrid, en 1660.

autoretrato de Velazquez

Este genial pintor, uno de los más grandes del mundo, «el pintor de los pintores» como le llamó Manet, es el fundador de la escuela española de pintura. Nació en Sevilla el 6 de junio de 1599; en 1623, el rey Felipe IV le nombró pintor de la Corte y durante treinta y siete años le sirvió fidelísimamente hasta su muerte, acaecida en Madrid el 7 de agosto de 1660. En Sevilla había sido discípulo de Herrera y Pacheco. Ya en Madrid, entra en la Corte por mediación del conde-duque de Olivares. Su pintura se caracteriza por la desenvoltura y facilidad en el dibujo y la belleza del colorido.

Diego Velázquez: Un pintor en el espejo

Si recorremos la historia de la pintura universal, concluiremos con la certeza de que Diego Velázquez ha sido probablemente uno de los más importantes artistas plásticos del barroco español, e incluso podríamos asegurar que ha sido el más prolífico y destacado de todos los que transitaron por dicha corriente pictórica, sin desmerecer al resto.

 Dotado de una nobleza de carácter y un señorío adquiridos en el trato continuo con las clases selectas, estaba muy lejos de incurrir en cualquier vulgaridad; tal vez sea éste el motivo por el que sus figuras, aun aquellas escogidas entre la gente humilde, gente de la calle y de las tabernas, tengan un sello de altivez, de dignidad y de orgullo jamás superado por los pinceles de ningún otro artista. Sus portentosas dotes naturales le llevaron a perfeccionar su trabajo cada vez más hasta lograr un máximo de efecto con un mínimo de elementos, cualidad en la que nadie le ha superado todavía.

Su mayor momento de fama se produjo luego del retrato que Velázquez pintó del Papa Inocencio X, durante uno de sus frecuentes visitas a Roma, pintura que logró ganar la fama inmediata y duradera en Italia, al tiempo que fomentó su reputación como uno de los más grandes exponentes del arte occidental de la época.

Si bien Diego Velázquez se caracterizó por ser un pintor cuya primera etapa de obras se basaban en motivos religiosos, lo cierto es que el retrato del Papa Inocencio X fue una especie de anunció de la culminación de dicha etapa, dando lugar al desarrollo de otro tipo de creaciones.

Velázquez nació el 6 de junio 1599 en Sevilla, España, y desde muy joven demostró tener un gran talento para la pintura, por lo que fue aceptado como aprendiz por Francisco Herrera, y posteriormente por el prestigioso y reconocido Francisco Pacheco.

Con aquella enseñanza, Velázquez se volcó en principio a realizar obras pictóricas relacionadas a temáticas religiosas, corriente que fue reemplazando a partir de un viaje que realizó a Madrid en 1623, cuando decidió pintar por encargo un retrato de Felipe IV, el cual le permitió acceder al éxito inmediato, y por supuesto convertirse en el pintor oficial de la Corte.

Al ingresar en el mundo de la realeza, Velázquez pudo contemplar en persona las colecciones reales, donde se encontró por ejemplo con algunas obras de Tiziano, recibiendo una notable influencia que repercutió en su estilo. Es por ello que, según los expertos, en los retrato realizados por Velázquez durante este período, se puede observar la acentuación de los rostros y las manos de los modelos que sirven de tema a sus obras, y comienzan a aparecer oscuras figuras que se recortan sobre fondos claros.

Entre 1629 y hasta 1631, Velázquez realizó una intensa estadía en Italia, lo que le permitió desarrollar, profundizar y evolucionar su estilo, por lo que de regreso a Madrid inició su período más productivo.

Fue durante su segunda visita a Roma, la cual se produjo entre 1649 a 1651, que el artista pintó un retrato del Papa Inocencio X, que impactó inmediatamente a todos, gracias al estilo único de Velázquez que creó un cuadro donde el rostro del religioso tenía la mayor preponderancia de la composición, y donde llevó a cabo una excelente combinación entre la figura del Papa y el brillante color carmesí de la cortina que se observa detrás de él. Una obra en la que utilizó la técnica de pinceladas fluidas casi imperceptibles, que le permitieron a Velázquez ir mucho más allá de la técnica de Tiziano, y que sin lugar a dudas anunció la última etapa en el desarrollo de su estilo.

En los últimos años de creación, Velázquez creó la que aún es considerada su obra maestra, bajo el título de “Las Meninas”. El cuadro data del año 1656, y en él se retrata una escena casual en la que el centro indiscutible es la infanta Margarita, y en el que se puede hallar el autorretrato del pintor. Para la obra, el artista utilizó una técnica especial para delimitar la estructura espacial, valiéndose de la incorporación de un espejo, a través del cual se incluyen en la obra al Rey Felipe IV y la Reina Mariana, que parecen observar desde lejos la escena captada por Velázquez.

las meninas

Las Meninas

Entre sus cuadros, todos admirablemente ejecutados, figuran Las Hilanderas, Las Meninas, La fragua de Vulcano, La rendición de Breda, Cristo Crucifícado, La Venus del espejo, y muchos retratos de personajes de la familia real, de cortesanos, bufones, etc. Muchos de sus cuadros figuran en el Museo del Prado, que cuenta con salas dedicadas expresamente a este pintor y una especial para el cuadro de Las Meninas. También en los Museos extranjeros y en colecciones particulares hay repartidos lienzos debidos al pincel  de este excelso pintor.

Con “Las Meninas” Velázquez se consagró como uno de los artistas plásticos más importantes del arte occidental, reconocido universalmente, ya que lo cierto es que jamás una creación basada en una ilusión extraordinaria de la realidad como la creada por Velázquez en dicha obra, ha podido ser superada.

La muerte puso fin a su talento el 6 de agosto 1660, cuando se encontraba en Madrid.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA:

Diego Velázquez: Un pintor en el espejo

1599 Nace en Sevilla Diego de Silva Rodríguez Velázquez, hijo de Juan y de Jerónima, casados en 1597. El seis de junio es bautizado en la iglesia de San Pedro de la misma ciudad.

1609 Entra probablemente en el obrador del pintor Francisco de Herrera el Viejo.

1611 Firma de un contrato entre el padre de Velázquez y el pintor Francisco Pacheco para que éste le enseñe a su hijo el arte de pintura durante seis años.

1617       Velázquez obtiene la aprobación como maestro pintor tras realizar el examén ante su maestro y Juan’ de Uceda, veedores de la cofradía de San Lucas, corporación de los pintores sevillanos.

1618       El pintor contrae matrimonio con Juana Pacheco, hija de su maestro, nacida en 1602. Primera obra datada que se conserva.

1619       Nace su hija Francisca que moriría pronto.

1620       Recibe como aprendiz a Diego de Melgar. Retrata por dos veces a la monja franciscana Jerónima de la Fuente, que se embarcaba para Manila.

1621       Nace su hija Ignacia. Felipe IV, rey; Olivares, valido.

1622       Viaja en primavera a Madrid. Retrata al poeta Góngora. No consigue pintar a los reyes y regresa a Sevilla.

1623       Nuevo viaje en verano a la corte con su suegro. Retrata al canónigo Fon-seca, al rey y hace un bosquejo del príncipe de Gales, que entonces se encontraba en Madrid. Es nombrado pintor del rey, con doscientos veinte reales de salario mensual.

1624       Recibe ochocientos reales de doña Antonia de Ipeñarrieta, viuda de Pérez de Araciel por sendos retratos de su esposo, del rey y de Olivares.

1625       Un retrato de Felipe IV ecuestre se expone en la calle Mayor frente a San Felipe.

1628       Acompaña a Rubens, llegado a Madrid en misión diplomática, al monasterio de El Escorial. El rey le asigna una ración diaria de doce reales, la misma que tenían los barberos de cámara.

1629        Embarca en Barcelona en agosto rumbo a Genova; en la nave viaja Spf ñola, triunfador de Breda. Pasa a Milán, Venecia, Ferrara y Cento, don de probablemente conoció al Guercino. Por Loreto llegó a Roma; allí el cardenal Barberini le alojó en el Vaticano, pero pronto solicitó y obtuvo vivir en Villa Médicis.

1630        A fin de año Velázquez se traslada a Ñapóles donde visita a Ribera.

1631       En enero está de nuevo en Madrid. Retrata al príncipe heredero Balta sar Carlos. Tiene como oficial al italiano Hércules Bartolussi.

1632        Se le pagan mil reales por dos retratos de los reyes destinados a Alemania. Su hija Francisca se casa con el pintor Juan Bautista Martínez del Mazo. El rey le concede cobrar un pago de vara de alguacil de la casa y corte, aprobado por las Cortes el año siguiente. A fines de año y comienzos de 1634 vende dieciocho pinturas de distintos artistas para decorar el Buen Retiro, entre ellas La fragua de Vulcano y La túnica de José, pintadas en Italia.

1634        Velázquez traspasa a su yerno el cargo de ujier de cámara. Se le paga por unas pinturas encargadas para el Buen Retiro, seguramente retra tos de seis bufones, de los que se conocen los de Ochoa y Cárdenas.

1635        Termina La rendición de Breda y los retratos ecuestres para el salón de Reinos del Buen Retiro. Nace Inés, su primera nieta, que muere pronto.

1636        Es nombrado ayuda de guardarropa. Solicita el pago atrasado de 15.803 reales

1638      Se le reparten cuatrocientos reales por la alcabala correspondiente a los años 1636 y 1637. Retrata a la duquesa de Chevreuse y comienza el retrato de Francesco d’Este, que concluye al año siguiente. Nace su segunda nieta, llamada también Inés.

1639        El rey le hace merced de un oficio de escribano del repeso mayor de la corte. Retrata al almirante Adrián Pulido Pareja.

1640        El rey concede a Velázquez un anticipo de 5.500 reales a cuenta de las obras que ha de ejecutar. Vende al alguacil de casa y corte Luis de Pañalora el oficio de escribano citado en 30.800 reales. Después del parcial incendio del Buen Retiro viaja con Alonso Cano por Castilla la Vieja para recoger pinturas que reemplacen a las destruidas.

1642 Viaja a Zaragoza, por Cuenca y Molina de Aragón, en el séquito del rey. Conoce al pintor Jusepe Martínez.

1643 Caída del conde-duque de Olivares. Es nombrado ayuda de Cámara sin ejercicio y superintendente de obras particulares, con sueldo de 660 reales al mes.

1644 Acompaña al rey a Fraga y pinta allí su retrato, que se expone en la iglesia de San Juan en agosto. Retrata también al bufón llamado «el Primo».

1645 Interviene en labores decorativas en la alcoba de mediodía del Alcázar. Seguramente en este año retrata a Don Gaspar de Borja, cardenal arzobispo de Toledo.

1646        Es nombrado ayuda de cámara con oficio. Otorga poder a un procurador para el pleito que sigue con el entallador Francisco de Belvilar.

1647        Se le nombra veedor y contador de obras de la Pieza Ochavada del Alcázar.

1648        Nace María Teresa del Rosario, su tercera nieta. El rey eleva a 7.700 reales la cantidad anual asignada por las obras a realizar. En las fiestas de San Isidro ocupa el balcón 24 del cuarto piso de la Casa de la Panadería, según el protocolo cortesano. A fin de noviembre otorga poder general a su esposa, pues va a ausentarse de España.

1649        Velázquez embarca en enero en Málaga rumbo a Italia con la embajada que recibirá en Trento a la futura reina Mariana de Habsburgo. Llega en febrero a Genova, pasa a Milán, Padua y Venecia, donde compra pinturas de Tiziano, Tintoretto y Veronés por cuenta del rey. En Bolonia entra en contacto con los fresquistas Colonna y Mitelli, que luego viajaron a Madrid. Estancias breves en Módena, Parma, otra vez Bolonia y, por Florencia, llega a Roma. De inmediato marcha a Napóles donde visita de nuevo a Ribera, y en julio está de regreso en Roma.

1650        El rey reclama la vuelta del pintor a España. Ingresa en la Academia de San Lucas y en la Cofradía «dei Virtuosi» del Panteón. Conoce a Bernini. Formula una petición al rey para ingresar en una orden militar. Retrata a su criado y pintor Juan de Pareja, al papa Inocencio X, al cardenal Astallo y a monseñor Seguí, mayordono papal, entre otros personajes. Sale de Roma en diciembre y pasa a Módena.

1651        Embarca en mayo a Genova y llega a Alicante —o quizá a Barcelona—, regresando luego a Madrid. El rey le concede cien escudos de oro anuales por la vía de «gastos secretos».

1652        El rey le nombra aposentador de palacio en contra del parecer de la comisión. Una carta del rey al conde de Oñate hace referencia a cuatro dibujos para grandes vasos de pórfido realizados por Velázquez y enviados a Roma.

1653        Se envía a la corte de Viena un retrato de la infanta María Teresa.

1654        Asigna a su nieta Inés 132.000 reales de dote con motivo de las capitulaciones matrimoniales.

1655        Dirige la renovación de la galería del mediodía, del patio de la Tapicería y del jardín de los Emperadores del Alcázar. Recibe 22.765 reales libramiento de la Junta de Millones del Reino.

1656       Pinta La familia o Las meninas.

1657       Solicita volver a Italia, pero el rey niega el permiso.

1658       Se inicia el expediente para la concesión del hábito de la Orden de Santiago al pintor.

1659       Despacho real de concesión del hábito, tras dos dispensas papales ante la oposición razonada del Consejo de las Ordenes, y de cédula de hidalguía. Retratos del príncipe Felipe Próspero y la infanta Margan.

1660       Viaja a Fuenterrabía cumpliendo dos funciones de aposentador y asiste a la entrega de la infanta María Teresa a su futuro esposo Luis XIV de Francia en la isla de los Faisanes. Regresa a Madrid y escribe en julio al pintor vallisoletano Valentín Díaz. Enferma a fines de ese mes y muere el 6 de agosto, siendo enterrado al día siguiente en la iglesia de San Juan Bautista. Ocho días más tarde muere su esposa Juana.

Fuente Consultada: VELAZQUEZ Colección Grandes Biografías de SALVAT

 

La Riqueza y el Comercio en el Renacimiento Italiano

La Riqueza y el Comercio en el Renacimiento Italiano

Entre los años 1300 y 1600 la vida en Europa sufrió grandes cambios. Fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento.

Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia. Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa. Pero fue también una era de violencia, pobreza, hambre y enfermedades.

El siglo XIII fue la culminación de un orden temporal casi perfecto, en el que cada uno ocupaba un lugar jerárquico dentro de la sociedad, formando parte de una comunidad organizada de acuerdo con los principios cristianos, en la que nadie quedaba postergado, porque todos tenían conciencia de sus derechos y obligaciones basados en un verdadero intercambio de servicios. (oraban -clero-, luchaban -nobleza- y trabajaban -campesinos-)

En la Edad Media había una clara diferencia entre los Caballeros y la Iglesia por un lado (clero y nobleza) y la gente sin recursos por el otro (campesinos). Durante el Renacimiento, surgió un nuevo grupo social: el de los mercaderes o burgueses. Se hicieron muy ricos y por eso mismo poderosos. Un ciudadano escribió una vez: “Un florentino que no sea comerciante y que no haya viajado por el mundo, visitando otros países y pueblos para luego regresar a Florencia con cierta fortuna, es un hombre que no goza de estima alguna”

Mientras tanto, los caballeros y las antiguas familias aristocráticas perdían su importancia y hasta se empobrecían. Entonces se convertían en parásitos de las grandes cortes reales, en un intento desesperad para mantener su posición social.

Algunos se conformaban con poder ganarse la vida, cuidando sus propiedades o actuando como embajadores, políticos o funcionarios públicos a sueldo. Para un miembro de una familia aristocrática el convertirse en abogado o médico era apenas aceptable.

Los hijos más jóvenes podían comprar una carrera de obispo o sacerdote.

Algunos comerciantes se hacían ricos vendiendo sedas y especias del Oriente. Al principio, los mercaderes viajaban en caravanas por tierra hacia los países orientales, pero cuando los turcos se apoderaron de Constantinopla, la ruta terrestre quedó interrumpida.

Los comerciantes tuvieron que buscar otros caminos y descubrieron así la ruta marítima alrededor del cabo de Buena Esperanza. También podían llegar a Egipto por barco, luego por tierra al mar Rojo y de allí por mar a la India.

El viaje a la India podía durar muchos meses, y para llegar al Lejano Oriente se tardaba más de un año. Los barcos eran lentos pero podían transportar hasta 100 toneladas de carga. Muchas veces regresaban de estas travesías habiendo multiplicado por 20 el valor de la carga con la que habían zarpado. Sin embargo, los viajes eran peligrosos y se perdían muchas naves, tanto por los naufragios como por las luchas con embarcaciones rivales.

En Europa, había quienes hacían dinero con el comercio de lanas y telas. La lana era llevada de Inglaterra a Flandes, donde se la convertía en tela y se vendía en las ferias a los comerciantes italianos. Los transportes por caminos difíciles eran muy costosos y eso aumentaba mucho el precio de los productos.

Además de importar mercaderías exóticas, los comerciantes se ganaban la vida buscando mercados para los objetos fabricados en sus propios países. Se reunían en grandes ferias mercantiles como las de Brujas y Lyon. Allí intercambiaban noticias y compraban y vendían sus artículos. Siempre había una atmósfera de gran festividad.

Los negocios y los impuestos pagados por los mercaderes llevaron el progreso a las ciudades ubicadas a lo largo de las grandes rutas comerciales. Venecia, Florencia, Génova, Milán, Lisboa, Brujas, Amberes y Lyon son sólo algunas de las beneficiadas.

En las ciudades comerciales siempre había agentes de cambio y prestamistas. La Iglesia los desaprobaba pero, no obstante, las operaciones financieras se convirtieron en un negocio legal. Muchas de las familias más ricas eran comerciantes y a la vez banqueros. En Florencia fueron los Medici, en Augsburgo los Fugger.

Jakob Fugger (imagen), llamado “el Rico”, tenía una organización internacional de banco y comercio. La casa central estaba en un edificio magnífico conocido como el Despacho Dorado. Sus agentes enviaban regularmente informes a Augsburgo con detalles actualizados sobre el país en el que se encontraban. Las cartas de Fugger a menudo proporcionaban a los comerciantes una información mejor que la que podía obtener cualquier príncipe de sus embajadores o espías. Los Fugger llegaron a prestarle dinero aún al Emperador Carlos V. A cambio, se les otorgaron muchos privilegios comerciales, que los ayudaron a aumentar sus riquezas.

El comerciante medio era un hombre respetable, con un gran sentido de la unidad familiar. Su hogar estaba amueblado en forma bastante simple. Muchas veces el objeto más valioso era el cassone, un arcón tallado que llevaba la novia como parte de su dote. La asombrosa decoración de esos arcones era realizada por algunos de los mejores artistas del Renacimiento.

La posición social y el matrimonio eran muy importantes tanto para la clase aristocrática como para la de los comerciantes. Los hijos podían casarse con ricas herederas y de esa forma aumentar la fortuna y la importancia de sus padres.

Las hijas, por el contrario, debían tener una cuantiosa dote para atraer a los maridos más convenientes. No siempre las familias podían proveer de dotes a todas sus hijas, por eso las más jóvenes frecuentemente acababan en los conventos. En Florencia, había un banco de dotes en el que se depositaba una suma cuando nacía una niña. Una vez que cumplía 15 años, se devolvía el dinero con intereses para la dote. Había también un fondo para las hijas sin dote.

Se consideraba que una niña estaba lista para el matrimonio a los 12 años, pero normalmente no se casaba antes de los 15 ó 16. Las jóvenes solteras permanecían rigurosamente en su hogar y todas las mujeres debían obedecer a sus padres o a sus maridos. Isabella d’ Este de Ferrara, fue una de las pocas mujeres adineradas, poderosas y lo suficientemente inteligente como para convertirse en mecenas del arte.

EL CRECIMIENTO ECONÓMICO DE LAS CIUDADES ITALIANAS:

En el siglo XV, cinco grandes fuerzas dominaron la península itálica: Milán, Venecia, Florencia, los Estados Pontificios y Nápoles, los cinco estados principales El norte de Italia estaba dividido entre el ducado de Milán y Venecia. Tras la muerte del último visconte gobernante de Milán, ocurrida en 1447, Francesco Sforza, uno de los líderes condottierí de su tiempo, incitó a sus empleados milaneses a conquistar la ciudad y se convirtió en su nuevo duque. Tanto los Visconti como los Sforza se empeñaron en crear un estado territorial altamente centralizado.

Tuvieron especial éxito en implantar sistemas de recaudación fiscal que generaron enormes ingresos para el gobierno. La república marítima de Venecia siguió siendo una entidad política estable, gobernada por una pequeña oligarquía de aristócratas-mercaderes. Su imperio comercial produjo enormes ingresos y le ganó el papel de una potencia internacional.

A finales del siglo XIV Venecia se embarcó en la conquista de un estado territorial en la región norte de Italia, con el fin de proteger su suministro de alimentos y sus rutas comerciales por tierra. Aunque la expansión de su territorio principal tenía sentido para los venecianos, preocupó a Milán y Florencia, que se empeñaron en detener lo que consideraban designios imperialistas de los venecianos.

La república de Florencia dominó la región de Toscana. A principios del siglo XV estaba gobernada por una pequeña oligarquía mercantil que manipulaba al gobierno aparentemente republicano. En 1434 Cósimo de Médici tomó control de esta oligarquía. Aunque la acaudalada familia Médici conservó las formas republicanas de gobierno en aras de la apariencia, controlaba al gobierno tras bambalinas. Mediante su pródigo patronazgo y el cuidadoso cortejo de los aliados políticos, Cósimo (1434-1464) y más tarde su nieto Lorenzo el Magnífico (1469-1492) tuvieron éxito en controlar la ciudad, en una época en que Florencia era el centro del renacimiento cultural.

Los estados papales estaban situados en el centro de Italia. Aunque nominalmente estaban bajo el control político de los papas, el periodo de residencia papal en Aviñón y el gran cisma posibilita- ron que ciudades y territorios individuales —como Urbino, Bolonia y Ferrara— se independizaran de la autoridad papal. Los papas del Renacimiento del siglo XV invirtieron gran parte de su energía en el restablecimiento de su control sobre los Estados Pontificios (véase el apartado El papado renacentista más adelante en este capítulo).

El reino de Nápoles, que abarcaba la mayor parte del sur de Italia y, usualmente, la isla de Sicilia, fue motivo de disputa entre franceses y aragoneses hasta que estos últimos establecieron su dominio a mediados del siglo XV.

En todo el Renacimiento, el reino de Nápoles siguió siendo, en gran medida, una monarquía feudal con una población que consistía, sobre todo, en campesinos agobiados por la pobreza y dominados por nobles indóciles. Tuvo poca participación en las glorias culturales del Renacimiento.

Había tres razones de peso para que las ciudades italianas fueran las primeras en recobrar una posición de importancia en la Baja Edad Media.

1-En primer lugar, la península itálica perteneció a Roma desde una fecha muy temprana y, por tanto, allí había más carreteras, más ciudades y más escuelas que en ningún otro lugar de Europa.

2-El Papa vivía en Roma y, como cabeza de un vastísimo ente político, que poseía tierras, siervos, edificios, bosques, ríos y un sistema judicial propio, constantemente llegaba a sus arcas una gran cantidad de dinero. A las autoridades papales había que pagarles en oro y plata, como a los mercaderes y armadores de Venecia y Génova. Las vacas, los huevos, los caballos y los demás productos agrícolas y ganaderos del norte y del oeste debían convertirse en dinero contante y sonante para pagar al Papa en la lejana ciudad de Roma. Por eso Italia pasó a ser el lugar de Europa donde había más oro y plata.

3-Los cruzados que iban a Tierra Santa embarcaban en ciudades italianas y éstas se aprovecharon de tal circunstancia hasta límites insospechados. Cuando acabaron las cruzadas, esas mismas ciudades italianas pasaron a ser los centros de distribución de los productos orientales de los que los europeos habían empezado a depender durante el tiempo que habían pasado en Asia.

VENECIA: De aquellas ciudades, pocas eran tan famosas como Venecia. Venecia era una república construida sobre un archipiélago en el que la gente del continente se había refugiado de las invasiones de los bárbaros en el siglo IV. Rodeados de mar por los cuatro costados, los venecianos se dedicaron al negocio de la producción de sal. La sal era muy escasa en la Edad Media y se vendía a un precio muy alto. Durante siglos, Venecia gozó de un monopolio sobre este producto de mesa indispensable, generalmente la falta de sal produce enfermedad.  Los venecianos aprovecharon el monopolio para aumentar el poder de la ciudad.

En algunas ocasiones, incluso se atrevieron a desafiar el poder de los papas. La urbe se volvió rica y tenían barcos que les permitieron emprender el comercio con Oriente. Durante la época de las cruzadas, aquellos barcos se habían usado para transportar cruzados a Tierra Santa. Lo que sucedía era que, si los pasajeros no podían pagar el trayecto con dinero, se veían obligados a luchar en nombre de los venecianos, que incrementaban así el número de colonias que poseían en el mar Egeo, Asia Menor y Egipto. A finales del siglo XIV, la población de Venecia llegaba a los doscientos mil habitantes, lo cual la convertía en la mayor ciudad de la Edad Media.

El pueblo no tenía influencia alguna en el líderazgo de la ciudad, el cual estaba en manos de un número reducido de familias de mercaderes ricos. Éstas escogían a los senadores y al dux (príncipe o magistrado), pero, en realidad, los verdaderos dirigentes eran los miembros del famoso Consejo de los Diez, que se mantenían en el poder gracias a una red de espías y matones altamente organizada que vigilaba a todos los ciudadanos y que hacía desaparecer con la máxima discreción a quienes pudieran ser peligrosos para la seguridad del arrogante y sin escrúpulos Comité de Seguridad Pública.

FLORENCIA: En cambio, en Florencia se daba una forma de gobierno diametralmente opuesta a la anterior. Allí había una democracia, aunque de costumbres turbulentas. Esta ciudad controlaba la principal carretera que unía el norte de Europa con Roma e invertía en la manufactura el dinero que recaudaba gracias a tan afortunada posición. Los florentinos intentaban seguir el ejemplo de Atenas.

Así como los nobles y los eclesiásticos, los miembros de los gremios tomaban parte en las discusiones de los asuntos de la ciudad, lo cual llevaba a grandes convulsiones sociales. La población de Florencia estaba dividida en partidos políticos que luchaban entre sí sin piedad, que exiliaban a los adversarios y les confiscaban las posesiones en cuanto les ganaban la batalla en el Consejo. Tras diversos siglos de gobierno en manos de las mafias organizadas, pasó lo inevitable.

Una familia potentada subió al poder y se dispuso a gobernar la ciudad y el territorio que la rodeaba a la manera de los antiguos tiranos griegos. Era la familia Médici, una familia de banqueros llamada así porque sus fundadores fueron médicos. Tenían bancos y casas de empeño en las ciudades comerciales más importantes de Europa.

GÉNOVA:  la gran rival de Venecia, cuyos mercaderes se especializaron en el comercio con Túnez y con los grandes centros de grano del mar Negro. Y luego había unas doscientas ciudades más, algunas grandes, otras pequeñas, cada una de las cuales constituía una unidad comercial perfecta, todas luchando entre ellas movidas por la eterna rivalidad de los vecinos que se privan unos a otros de un beneficio.

Una vez que llegaban a las ciudades italianas, los productos procedentes de Oriente y África eran distribuidos hacia el oeste y el norte de Europa.

Génova los transportaba por mar a Marsella, donde tomaban otro barco con el que remontaban el río Ródano hasta los puertos fluviales que servían a las regiones del oeste y el norte de Francia.

Fuente Consultada:
La Historia de la Humanidad de Hendrik W. van Loon
Civilizaciones de Occidente Tomo ´B´ Jackson Spielvogel

El Renacimiento Italiano Características y Representantes

El Renacimiento Italiano Características y Representantes

El Renacimiento europeo fue un movimiento muy amplio, que se originó en Italia, en la primera mitad del s. XV y que se  inspiraba en un interés renovado por el mundo clásico. Dio lugar a extraordinarios avances en el arte, la arquitectura y la literatura.

La prospera clase burguesa se convirtió en mecenas de las mismas artes, lo que dio mayor libertad a los artistas, al tiempo que la aparición la imprenta permitió la rápida difusión de las ideas.

Durante la Edad Media el saber estaba estrechamente vinculado con la religión. Muy pocos, aparte de los eclesiásticos, sabían leer y escribir. En su mayor parte el saber estuvo influido por las enseñanzas de la Iglesia, las cuales raras veces eran cuestionadas.

El Renacimiento fue la época en que los hombres buscaron nuevas ideas. Muchos retornaron a las ideas de los griegos y romanos. Los grandes artistas del Renacimiento, como Leonardo de Vinci y Miguel Ángel, siguieron los ejemplos grecorromanos en sus magníficas pinturas y estatuas.

Arquitectos como Bramante diseñaron edificios con columnas y arcos tomados de Grecia y Roma, respectivamente.

También floreció el comercio en el Renacimiento. Una nueva clase de riqueza —la de los ricos mercaderes— apareció y estos hombres se sintieron orgullosos de sus logros.

Pidieron a muchos artistas que pintaran sus retratos y los de los miembros de su familia. Con este nuevo interés por los retratos la pintura se hizo cada vez más realista.

El gran erudito Desiderio Erasmo empezó a estudiar la Biblia bajo un nuevo aspecto, renovando de ese modo los estudios religiosos. Erasmo creía que los hombres tenían una enorme fuerza y capacidad para mejorar la vida en la Tierra.

LOS ARTISTAS DEL RENACIMIENTO

Los pintores, los escultores y escritores, habían perfeccionado desde el siglo XIV su arte tratando de imitar a los antiguos.

A principios del siglo XVI, llegaron a reproducir obras perfectas que jamás han sido superadas. Este momento de perfección del siglo XIV, que se ha llamado Renacimiento, no tuvo lugar a un mismo tiempo en todos los países.

Se produjo primero en Italia a fines del siglo XV, luego en Alemania y en Francia en la primera mitad del XV, en Inglaterra a fines de la misma centuria. Italia y Francia solamente tuvieron a la vez pintores, escultores, arquitectos y escritores.

Los pintores y los escultores habían sido hasta entonces obreros reunidos en gremios y sometidos a reglamentos, como los sastres y los zapateros. Como las restantes profesiones, tenían maestros, compañeros y «aprendices. Los aprendices machacaban los colores, los compañeros ayudaban a los maestros a pintar.

Los artistas trabajaban para satisfacer encargos. Un obispo, un abad, un cura les encargaba un cuadro, una estatuía, o esculturas para el altar de una iglesia.

Los señores y los burgueses ricos les encargaban cuadros de devoción, en los que el donante se hacía representar con su familia arrodillados delante del santo, su patrono. No se trabajaba más que para las iglesias, para unos cuantos grandes señores o para los burgueses ricos de algunas ciudades, únicos que en aquella época tenían dinero para poder gastar en objetos de arte.

a fines del siglo XV se verificó un cambio en Italia. Algunos príncipes tuvieron afición a las artes y empezaron a interesarse personalmente por los artistas. Hiciéronlos venir a su Corte, hablaron familiarmente con ellos y los trataron, no como a artesanos, sino como a escritores.

Lorenzo de Médicis (apodado el Magnífico), que gobernaba Florencia, estableció en sus jardines una escuela de jóvenes escultores, que comían en su mesa y vivían familiarmente con su hijo. El Papa León X, de la familia de los Médicis, hizo ¡r a su Corte a pintores y escultores.

Para retener a su lado a los artistas, los príncipes les daban pensiones. Pero como los habían tomado a su servicio, los obligaban a desempeñar toda clase de oficios. El pintor había de preparar decoraciones para las fiestas, pintar escudos, divisas, en ocasiones hasta arneses.

Los artistas no llegaron nunca a igualarse a los nobles, pero se elevó su posición social. En Italia, los más célebres fueron objeto, por parte de los príncipes, de distinciones que dieron a entender a las ge.n-tes que se les trataba con consideración.

Lo mismo ocurrió en Francia. Desde el Renacimiento se aplicó a los pintores y a los escultores el nombre italiano de artista, que en dicho idioma significaba «artesano», y que en francés tuvo nuevo significado.

La Ciencia y el Saber Popular

De esta manera la gente empezó a estudiar cada vez más el mundo que la rodeaba y a explicarse, asimismo, lo que veía en el cielo.

En 1543 un astrónomo polaco, Nicolás Copérnico, sugirió que la Tierra era redonda y giraba sobre su eje y que también giraba en torno del Sol. Hasta ese momento la gente creía que nuestro planeta no se movía, que era el centro del Universo y que el Sol, La Luna , los planetas y las estrellas se movían a su alrededor.

El cielo, morada de Dios, era perfecto e inmodificable.

A algunos hombres de la Iglesia no les agradaron las nuevas ideas de los astrónomos porque parecían contradecir la Biblia. En realidad no sucedía tal cosa, ya que la ciencia y la religión no se oponen.

En 1572 un astrónomo danés, Tycho Brahe vio que el cielo «inmodificable» cambiaba ante sus ojos cuando observó estallar una estrella. Y cuando el astrónomo italiano Galileo Galilei contempló el cielo nocturno con su nuevo telescopio se convenció de que Copérnico tenía razón.

Entre los años 1300 y 1600 la vida en Europa sufrió grandes cambios. Fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento. Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia.

Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa. Pero fue también una era de violencia, pobreza, hambre y enfermedades.

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Hendrick Willem Van Look en su libro «La Historia de la Humanidad», explica de la siguiente manera el fenómeno del Renacimiento Italiano: «.…fue [el renacimiento] algo parecido a «la fiebre de la bicicleta» o «la fiebre del automóvil».

Un día alguien inventó la bicicleta. La gente que durante cientos de miles de años se había tenido que desplazar lentamente, de repente se volvió loca con la idea de rodar rápidamente de un sitio a otro.

Más tarde, un mecánico inteligente construyó el primer automóvil. Ya no era necesario pedalear y pedalear con gran fatiga. Sólo había que sentarse en el coche y dejar que las gotitas de gasolina hicieran su trabajo.

Todo el mundo quería un automóvil y hablaba de marcas de coches, de motores, de carburadores, de kilometraje y de aceite. El mundo entero sufre la fiebre del automóvil, y los niños aprenden a decir «coche» antes que «mamá» o «papá».

En el siglo XIV, los italianos se volvieron locos con los maravillosos objetos que desenterraban del mundo romano. Este entusiasmo pronto se extendió por Europa occidental.

El día en que se encontraba un nuevo manuscrito se convertía en fiesta nacional. Si alguien escribía una gramática se hacía tan famoso como hoy un presentador de televisión.

A los humanistas, los estudiosos que dedicaban su tiempo y energía al estudio de la humanidad —en vez de mal invertir sus horas en indagaciones teológicas infructuosas—, se les tenía un mayor respeto y se les hacía mayores honores que a un héroe que acababa de conquistar las islas Caníbales.»…

A mediados del s. XV, Europa, devastada por la peste y por las guerras, había quedado cultural y políticamente rezagada respecto a otras partes del mundo.

Sin embargo, en Italia por  entonces comenzó una extraordinaria revolución artística y literaria que resonaría durante siglos, mientras que las monarquías cada vez más centralizadas de España, Francia e Inglaterra se disponían a construir imperios globales.

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 EL RENACIMIENTO ITALIANO:

«Renacimiento» es el término que resume los logros culturales que los italianos realizaron en los siglos XIV y XV. En realidad hubo varios «renaceres» de la enseñanza, la cultura y el arte clásicos. En el siglo XII, por ejemplo, se renovó el interés por las escrituras de Aristóteles.

Sin embargo, el Renacimiento italiano tal vez sea más conocido por la cantidad de hitos artísticos, arquitectónicos y culturales que registró. Las acaudaladas ciudades-estado ocupaban una posición geográfica y financiera excelente para acunar el «Renacimiento».

Por las ciudades del norte no solo circulaban los artículos comerciales que se importaban de África del Norte y Asia, sino también bienes culturales y conocimiento. Desde Constantinopla,

España y el mundo árabe llegaban textos clásicos y saberes matemáticos y científicos. Además, la proximidad de las ciudades-estado a los restos de la Antigua Roma les permitía analizar in situ los estilos artísticos y arquitectónicos.

Uno de los núcleos del Renacimiento italiano fue Florencia, gobernada por la poderosa familia Medici, mecenas, entre otros, del artista y escultor Miguel Ángel. Otros artistas renacentistas destacados fueron Donatello, Botticelli, Rafael y Leonardo da Vinci.

En el campo de la literatura, Petrarca fue en gran parte responsable del surgimiento del humanismo, una escuela de pensamiento que aseguraba que el ser humano era intrínsecamente bueno, en oposición a la Iglesia, que lo concebía como un pecador que debe ser redimido.

Otras plumas ilustres fueron Dante, autor de La divina comedia, y Boccaccio, cuyo Decamerón inspiró muchos relatos de Shakespeare.

La arquitectura renacentista también estuvo influida por el clasicismo; se construyeron espléndidos edificios en Florencia, Venecia, Milán y Roma. Las columnas como motivos decorativos de fachadas y las cúpulas proliferaron.

Entre los edificios renacentistas clave destacan el Duomo de Florencia y la basílica de San Pedro en Roma.

Esta actitud se puso de manifiesto en los siglos XV y XVI, en el Renacimiento, con el auge de las letras, las artes y el pensamiento. Quienes empezaron a utilizar este término perseguían el objetivo de recuperar el pasado clásico, griego y romano.

RENACIMIENTO EN ITALIA: Este cambio de mentalidad, que tuvo su origen en Italia, recibió un impulso cuando el canciller florentino Coluccio Salutati (1331-1406) comenzó a promover a su ciudad-estado como capital intelectual de Europa.

En 1396 invitó a Manuel Crysoloras, erudito de Constantinopla, a enseñar griego en Florencia. Cuando la ciudad cayó en 1453 en manos de los turcos otomanos, muchos estudiosos orientales viajaron a Occidente, llevando consigo el saber griego y la tradición filosófica.

La condición social relacionada con el conocimiento fue valorada por otro líder florentino, el banquero, filántropo y estadista Cosimo de Medici (1389-1464), quien fue uno de los mecenas de la Academia platónica de Florencia (fundada por Salutati), en donde eruditos tales como Marsilio Ficino (1433-1499) y el conde Giovanni Pico de la Mirándola (1463-1494), filósofo, trabajaban para reconciliar el cristianismo con las ideas recién descubiertas de la filosofía griega y romana.

En este empeño, Pico de la Mirándola mezcló la escuela estoica griega y romana con material de la Cabala judía (tradición filosófica y literaria enraizada en el empeño de conocer los insondables secretos de la existencia) y fuentes islámicas para construir su humanismo cristiano, según el cual todas las empresas intelectuales y creativas de la humanidad forman parte de Dios.

HUMANISMO ITALIANO: El humanismo renacentista fue un movimiento intelectual relacionado con el estudio de las obras literarias de la Grecia y Roma clásicas.

Los humanistas estudiaron las artes liberales —gramática, retórica, poesía, filosofía moral o ética e historia basados en los escritos de la Grecia y la Roma antiguas. Éstos son los temas que llamamos Humanidades.

La importancia central de las preocupaciones literarias del humanismo renacentista se manifiesta en la condición profesional o en las ocupaciones de los humanistas.

Algunos eran maestros de humanidades en las escuelas secundarias o en las universidades, donde daban conferencias ocasionalmente, o tenían cargos permanentes, a menudo, como profesores de retórica.

Otros servían de secretarios en las cancillerías de las ciudades-estado italianos, o en las cortes de los príncipes o papas. Todas estas ocupaciones eran en gran medida seculares, y la mayoría de los humanistas eran seglares, más que miembros del clero.

Petrarca (1304-1374) el padre del humanismo renacentista italiano, hizo más que cualquier otra persona del siglo XIV para alentar el desarrollo del humanismo renacentista.

Fue el primer intelectual en caracterizar la Edad Media como un periodo de oscuridad, promoviendo la errada creencia de que la cultura medieval ignoró la antigüedad clásica.

El interés de Petrarca en los clásicos lo condujo a una búsqueda de manuscritos latinos olvidados y puso en movimiento una exploración de las bibliotecas monásticas por toda Europa.

En su preocupación por los clásicos y su contenido secular, Petrarca se preocupó a veces de si daba la suficiente atención a el príncipe del lenguaje».

En Florencia, el movimiento humanista renacentista tomó un nuevo rumbo, se volvió estrechamente vinculado al espíritu y orgullo florentino y dio lugar a lo que un moderno erudito califico de «humanismo cívico». 

En Florencia, los intelectuales, en cambio, empezaban a adquirir un nuevo punto de vista sobre su papel. El hombre de estado e intelectual  romano, Cicerón, se convirtió en su modelo. 

El humanismo cívico reflejaba los valores de la sociedad urbana del Renacimiento italiano. Los humanistas llegaron a creer que el estudio de humanidades se podría poner al servicio del estado. No es accidental que los humanistas sirvieran al estado como cancilleres, consejeros o asesores.

Durante la Edad Media, el arte tenía una función religiosa. Las iglesias eran las principales compradoras de las creaciones de los artistas y las obras servían para difundir o reforzar sus enseñanzas.

Con el crecimiento de la autoridad de los príncipes y con el mayor poder adquisitivo de los burgueses, se Integraron al mundo del arte otros temas y objetivos.

Dado que los humanistas resaltaban al hombre y la naturaleza, esos fueron los principales temas también en las obras de arte, Nuevas temáticas, entre ellas el interés por reproducir el cuerpo humano con todas sus características, tuvieron como consecuencia obras de arte que parecían verdaderos tratados sobre anatomía humana.

Si bien durante la primera etapa, el siglo XV, se mantuvieron las temáticas religiosas, paulatinamente fueron resaltándose los elementos de la naturaleza y las temáticas relacionadas con la vida cotidiana de los hombres y mujeres comunes.

Las nuevas actividades artísticas requerían de nuevas fuentes de financiación (ya no era la Iglesia la única que encargaba las obras). Así, surgió la figura de los mecenas, ricos burgueses, príncipes o nobles, que tomaban bajo su protección a algún artista talentoso y financiaban su obra.

El mecenazgo era, al mismo tiempo, una forma de aumentar el propio prestigio de los protectores. Los Médicis, fueron unos de los mecenas más importantes y pertenecían a la familia gobernante de la ciudad italiana de Florencia.

RASGOS DEL ARTE EN EL RENACIMIENTO ITALIANO:

Las artes plásticas renacentistas resaltaban la belleza y la armonía de la naturaleza y del hombre.

De la observación y el estudio de éstas, y con el espíritu del hombre que puede, por sí mismo, comprender cada vez más al mundo, los artistas comenzaron a realizar estudios sistemáticos que les permitieran perfeccionar sus obras, e incluso escribir tratados sobre cómo debían ser éstas.

En la escultura, se comenzaron a cuidar las proporciones armoniosas del cuerpo humano.

En la arquitectura, se introdujeron elementos grecorromanos: arcos de medio punto, columnas, cúpulas, entre otros.

En la pintura, comenzaron a cobrar importancia la proporción, las relaciones con el mundo de la geometría, nociones de simetría y perspectiva.

Así, por ejemplo, además del alto y el ancho, empezaron a verse en las obras imágenes que sugerían la «profundidad», en diversos planos.


La Creación de Miguel Ángel

   
La Ultima Cena de Leonardo Da Vinci


El sacrificio de Isaac (1401-1402) es el bajorrelieve de bronce de Brunelleschi


La Virgen y el Niño con san Antonio, de Donatello


Moisés de Miguel Angel

EL RENACIMIENTO EN EL RESTO DE EUROPA: LETRAS, ESCULTURA, ARQUITECTURA Y PENSAMIENTO

ERASMO Y RABELAIS. Erasmo de Rotterdam (1466-1536) fue considerado el hombre más culto de su siglo. De un espíritu agudísimo que lo llevó a utilizar la sátira y la ironía en sus burlas contra los defectos del clero y de la nobleza, fue uno de los causantes indirectos de la Reforma por la protesta constante contra la sociedad de su tiempo.

Sin embargo, fue enemigo de Lutero, a quien criticaba por su intolerancia. Escribió Elogio de la locura o Encomio de la sandez, que es una despiadada sátira contra la sociedad de su tiempo. Su influencia llegó a todos los rincones de Europa.

En Francia el renacimiento literario tuvo en Francisco Rabelais (1483-1553) uno de sus mejores protagonistas.

Era contemporáneo de Erasmo y recibió protección del rey Francisco I, gran enamorado de las artes y las letras, que había creado el Colegio de Francia.

Rabelais era hombre muy agudo y culto, pero satírico implacable y persona de diversas ocupaciones, pues fue poeta, médico, monje y jurisconsulto.

Murió siendo párroco de Meudon. Su obra más conocida es la titulada El Gigante Gargantúa y su hijo Pantagruel, ambos grandes comilones y amantes de la buena vida.

En esta novela se burla de los defectos corrientes de su época, sin respetar siquiera los temas religiosos. Contemporáneos de Rabelais fueron los hombres de «La Pléyade», entre los cuales estaba el poeta Pedro Ronsard (1525-1585), gran entusiasta de los clásicos. Montaigne (1533-1592) alcanzó celebridad al escribir Los Ensayos, una obra de crítica que contiene altos conceptos filosóficos.

En Alemania, el Renacimiento fue más tardío y coincidió con las convulsiones de la Reforma.

Un poeta, Hans Sachs, inmortalizado más tarde por Wagner, fue el autor de Los Maestros cantores, obra que se inspiró en los «minnensingers» medievales. Portugal, que se había lanzado a la gran aventura del descubrimiento del camino de las Indias por las rutas del Sur, tuvo también su gran poeta íntimamente ligado a las aventuras que vivió su país.

La vida de Luis de Camoens (1524-1580) fue apasionante.

Perdió el ojo derecho peleando en África, fue a las Indias y naufragó, estuvo preso y, como todos los grandes genios, sufrió calamidades sin cuento hasta su muerte, que le encontró pobre y completamente ignorado.

Cuando su buque se hundió, Camoens, a costa de grandes apuros consiguió salvar su gran poema Os Lusiadas, es decir las hazañas de los portugueses en la conquista de la India. Sus principales protagonistas son Vasco de Gama y su protectora, la diosa Venus.

SHAKESPEARE. Las Islas Británicas vivieron bastante alejadas de la Italia renacentista y su evolución política e histórica fue poco influida por el movimiento italiano.

Sin embargo, en el siglo XIV Godofredo Chaucer, que había viajado por Italia como paje de Eduardo III, escribió una obra que imitaba al Decamerón de Bocaccio, Los cuentos de Canterbury.

A fines del siglo XVI apareció la figura extraordinaria de Guillermo Shakespeare. Había nacido en Straford en 1564 y murió en la misma ciudad en 1616, el mismo día, según se cree, que falleció Cervantes.

El teatro, que en la Edad Media se limitó a representar autos sacramentales, es decir, escenificaciones de vidas o milagros de santos, en la puerta de las catedrales, tuvo en Inglaterra una aparición espléndida y pronta en la obra de Shakespeare.

Muy joven entró como apuntador en una compañía de cómicos que recorrían los pueblos.

Fue autor y actor al mismo tiempo y fundó más tarde un teatro llamado «El Globo». Su vida fue triunfal a partir de los primeros éxitos y consiguió fama, honores y riquezas. Sus obras conocidas son treinta y cinco.

Algunas son tragedias, como Hamlet, la historia del desgraciado príncipe de Dinamarca, los amores infelices de Romeo y Julieta, los celos de Otelo, la ambición de Macbeth, etc. Enrique IV y Ricardo III son dramas nacionales, históricos.

Y, finalmente, son comedias Las alegres comadres de Windsor, El sueño de una noche de verano, La Tempestad, El mercader de Venecia, etc.

En algunos casos la ópera y en otros el cine han popularizado hasta nuestros días la obra del gran poeta inglés. El Siglo de Oro español Durante el siglo XVI y parte del XVII España conoció su máximo esplendor y el comienzo de su ruina.

Los imperios de Carlos I y Felipe II se habían extendido por todas las partes del orbe.

Sus nombres eran respetados y temidos. Carlos II el Hechizado, el último de los Austrias, era ya un deshecho humano. El siglo XVIII amaneció con sombrías perspectivas.

España dejó de ser temida y respetada, y a consecuencia de este hecho los seculares enemigos, los que habían de tejer la «leyenda negra» e impedir todo resurgimiento posterior, levantaron la cabeza, especialmente a partir de la batalla de Rocroy al advertir que los tercios españoles podían ser vencidos.

Y en los mares, los buques ingleses, franceses y holandeses, por primera vez en muchos años pusieron en fuga a los de España.

Este esplendor y exuberancia de poder al cual siguió la decadencia, coincidió con una altísima expresión cultural como no se ha vuelto a dar en España. Todas las ciencias y las artes cobraron un impulso extraordinario. Nombres ilustres en las letras, en el arte y en el pensamiento se reunieron para aportar conceptos y formas originales.

La reunión de estos hombres y su obra ha dado origen a la expresión «Siglo de Oro», aunque el lapso de tiempo que duró este auténtico renacimiento español casi alcanzara los doscientos años. Cuando la decadencia política era manifiesta y las dificultades sociales y económicas graves, aún continuaba en el campo del pensamiento y del arte el movimiento ascensional que no cesó, prácticamente, hasta el siglo XVIII. La influencia que este movimiento tuvo en el resto de Europa fue considerable.

ARQUITECTURA Y ESCULTURA. La catedral de Segovia y la Nueva de Salamanca fueron construidas durante el siglo XV, y a pesar de ello se levantaron según las normas del estilo gótico. Éste fue evolucionando y dio lugar al llamado estilo plateresco, que se caracteriza porque sus formas generales y trazado de arcos y puertas es netamente gótico, pero al que se le han añadido un exceso de adornos y elementos accesorios. Por su semejanza a la labor de los plateros recibió el nombre de plateresco.

Las universidades de Salamanca y Alcalá, así como el Ayuntamiento de Sevilla pertenecen a este estilo que es de pura transición.

Durante el reinado de Carlos I penetró en España el estilo renacentista. Por esta razón, el césar Carlos mandó construir, según líneas clásicas, el Alcázar de Toledo y el palacio anexo al de la Alhambra de Granada.

La lonja de Zaragoza y la catedral de Málaga, debida ésta a Diego de Siloé, pertenecen al mismo gusto.

En cambio, Felipe II, uno de los monarcas más severos y sencillos que ha tenido España, se sintió íntimamente compenetrado con las ideas de Juan de Herrera (1530-1597) y aprobó con ilusión los planos del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Es sabido que el rey Prudente gustaba de contemplar cómo se iba levantando la enorme mole de piedra sentado en un lugar que hoy es conocido con el nombre de «silla de Felipe II».

La Plaza Mayor de Madrid, cerrada por grandes soportales y flanqueada por torres que semejan las de El Escorial, fue construida según el más puro estilo herreriano. Cuando el gusto barroco se introdujo en España, pareció que se remozaba el estilo isabelino y plateresco, si bien con mayor profusión de formas curvas y opulentas.

Su manifestación más típica fue el estilo «churrigueresco», llamado así por ser debido al arquitecto salmantino José de Churriguera (1650- 1723). Las torres de la catedral de Salamanca son obra suya, y al mismo estilo pertenecen la fachada de la catedral de Santiago, el Pilar de Zaragoza y, ya en el siglo XVIII, la fachada del palacio del marqués de Dos Aguas, y otras.

La escultura de esta época o tiene un carácter exclusivamente religioso o está al servicio de la nobleza, y se manifiesta por medio de sepulcros o en la ornamentación de palacios.

Los desnudos y la belleza desenfadada, naturalista y libre de los renacentistas italianos no encontró eco en España. Alonso Berruguete había sido discípulo de Miguel Ángel, a pesar de lo cual sus figuras muestran la severidad típica de la época de los Austrias.

La imaginería religiosa tuvo sus mejores representantes en Gregorio Hernández, Juan Martínez Montañés y Alonso Cano. Algunas de sus numerosas esculturas policromadas aún se muestran al fervor de los creyentes durante las procesiones de la Semana Santa española.

El arte de la orfebrería fue cultivado por Juan de Arfe (1535- 1602), a quien se debe la maravillosa custodia de la catedral de Toledo, conceptuada como la más rica de cuantas existen en el mundo. Otras manifestaciones de tipo artístico entroncadas con la artesanía, como la fabricación de tapices, las cerámicas, etc., tuvieron en esta época protección real y gran fama, incluso fuera de España.

EL PENSAMIENTO. El Siglo de Oro en el campo intelectual fue eminentemente católico. El protestantismo sólo se dio en España en brotes aislados que la Inquisición y el poder real sofocaron con mano dura y gran rapidez.

Si Felipe II hubiese tenido un hijo protestante, no hubiese dudado en llevarlo a la hoguera y prender fuego a la pira.

 Esta intransigencia llevada a veces hasta la saña, evitó a España las cruentas guerras de religión que ensangrentaron otros países, pero contribuyó a aumentar la posición de intolerancia que, a la larga, la mantuvo alejada de Europa. Por esta razón la filosofía española no fue casi nunca heterodoxa, y aunque se apartó algo del puro escolasticismo fue tomista en esencia. La Filosofía íntimamente unida a la Religión dio, en el Concilio de Trento, nombres famosos como Melchor Cano y Francisco de Soto, domínicos, y Diego Laínez, jesuita.

Más avanzado en sus concepciones y más influido por corrientes renacentistas fue Francisco de Vitoria, también domínico. Comparable a él fue el jesuita Francisco Suárez, llamado en su época «Doctor Eximius».

Anterior a todos ellos, y claramente influido por el pensamiento de Erasmo de Rotterdam, vivió el valenciano Luis Vives (1492-1540) que viajó mucho por Europa y fue profesor en las universidades de Lovaina y Oxford, residió largo tiempo en Brujas e intervino en el pleito de separación entre Catalina de Aragón y Enrique VIII de Inglaterra. Vives fue un gran pedagogo que sentó las bases de la moderna Psicología con sus estudios sobre la atención.

Fue contemporáneo de los Reyes Católicos. Un desarrollo político tan considerable como tuvo el Imperio Español debía plantear problemas jurídicos de importancia.

De ahí que surgieran figuran notables en el campo del Derecho, como fueron el P. Vitoria, ya citado, que es el auténtico creador del Derecho Internacional.

Los malos tratos que recibieron los indígenas de América preocuparon a fray Bartolomé de las Casas, que protestó ante la Corona, mas a pesar de sus quejas y las disposiciones reales, los malos tratos continuaron en tal forma que motivaron la petición de importar negros del África a fin de librar a los indios de la dureza de los colonizadores.

Este sacerdote domínico cruzó catorce veces el Atlántico llevado por el celo de que los indios viviesen y fuesen tratados como seres humanos.

Se ha dicho si las denuncias de fray Bartolomé fueron exageradas, pero es lo cierto que entre las cédulas y disposiciones reales respecto al trato de los indios y la conducta de algunos gobernadores existía un abismo.

El llamado hoy «problema social» preocupó en aquel tiempo a hombres como Ginés de Sepúlveda, Salgado Somoza y Saavedra Fajardo, éste, notable literato.

El historiador más conocido y famoso del Siglo de Oro fue el P. Juan de Mariana (1537-1624), pero su Historia de España no es una obra de investigación erudita, cosa que el autor tampoco se propuso, sino un relato en el cual incluso inventa discursos o frases que imagina pudieron pronunciar los personajes famosos.

En otra de sus obras, De rege et regis institutione, se pregunta si es lícito matar al tirano, y contesta afirmativamente coincidiendo con la atrevida tesis que también sustentaba el P. Vitoria.

Los historiadores fueron numerosos y entre ellos se debe mencionar a Florián de Ocampo y Jerónimo de Zurita, autor éste de los Anales de Aragón, que escribió en forma mucho más objetiva e imparcial que el P. Mariana.

Francisco de Moncada narró las hazañas de los aragoneses y catalanes en Oriente basándose en testimonios y crónicas de la época. Diego Hurtado de Mendoza hizo lo mismo con la guerra de los moriscos de Granada, y Francisco Manuel de Melo historió la guerra de Cataluña.

Saavedra Fajardo (1584-1648) fue un pensador más que un historiador. Vivió en tiempo de Felipe IV, y en sus Empresas políticas realiza un verdadero ensayo sobre las cualidades que ha de reunir un buen gobernante.

Los que vivieron las grandes hazañas de la conquista de América dejaron buen número de tratados, como las Cartas de Relaciones, de Hernán Cortés, aunque son más interesantes las narraciones del soldado Bernal Díaz del Castillo, que acompañó al conquistador de México.

El inca Garcilaso escribió la Historia de la Florida; Antonio de Solís, La conquista de México; López de Gomara, Historia general de las Indias, etcétera. Tantos viajes y descubrimientos dieron un impulso extraordinario a la Geografía.

El procedimiento o sistema de proyección llamado de Mercator fue ideado primeramente por un español: García Torreno.

El primer mapamundi fue dibujado por el navegante y piloto Juan de la Cosa, el primer atlas por García Céspedes, los primeros intentos de medir longitudes se deben a Alonso de Santa Cruz, y fueron los españoles quienes intentaron abrir el canal de Panamá ya a raíz del descubrimiento del Pacífico.

Durante estos dos siglos, XVI y XVII, el Atlántico fue surcado preferentemente por naves españolas, que fueron también las primeras en iniciar la ruta del Asia a partir de las costas americanas del Pacífico. Este auge cultural en todos sentidos fue preparado por las Universidades españolas, que en el siglo XVI tuvieron fama internacional.

Salamanca llegó a contar con unos 8.000 alumnos. No siempre la grey estudiantil estuvo a la altura de sus maestros, ni esta proliferación de hijos de señores o de nobles que se entregaron a los estudios lo hicieron con verdaderos deseos de contribuir a la cultura patria. A

l lado de ellos surgió la figura del estudiante humilde, tenaz e inteligente, que lograba alcanzar un puesto notable, pero también el que dio origen a una parte muy considerable de la «picaresca» y que en El Buscón, de Quevedo, se retrata con una crudeza impresionante.

El número de centros culturales que se fundaron en este período fue considerable. La Escuela de Náutica y de Cartografía dependiente de la Casa de Contratación de Sevilla, que a su vez entendía todo lo que se relacionaba con América, las Academias de Ciencias y Matemáticas, el Museo de Ciencias Naturales, el Jardín Botánico de Aranjuez, la Biblioteca de El Escorial, la Biblioteca Colombina de Sevilla, fundada por Fernando Colón, hijo del descubridor, el Archivo de Simancas, que actualmente conserva inapreciables documentos sobre la conquista y la colonización, etcétera.

Ver: Historia de Florencia del Renacimiento

Ver: Hombres del Renacimiento

Fuente Consultada:
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I «El Ateneo»
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

El Preambulo de la Constitucion Nacional Explicado Objetivos

El Preámbulo de la Constitución Nacional Explicado

El preámbulo es una declaración realizada por los constituyentes, en la cual se fijan y precisan los grandes objetivos que se persiguen con la sanción de la Constitución.

La Ley Fundamental, además de establecer las principales pautas de organización dentro del Estado, constituye un amplio programa de gobierno. Se trata del programa destinado a perdurar el mayor lapso de tiempo posible, no del detallado plan que confeccionan los distintos gobiernos en ocasión de su paso por el poder.

Nuestro preámbulo comienza reivindicando el origen democrático de la carta magna. Son los representantes del pueblo quienes, reunidos en un Congreso, elaboran la Constitución. Toman como antecedentes los pactos que las provincias habían celebrado luego de la Independencia, con la finalidad de elaborar una Ley Fundamental para el país.

Los constituyentes se proponen organizar un país unido, que cuente con una justicia afianzada, donde reinen, por siempre, la paz y la libertad y se persiga el bienestar general de la población. Se expresa una política inmigratoria abierta y se invoca la protección divina como «fuente de toda razón y justicia». Estos enunciados, a pesar de que no componen el texto propio de la Constitución, conforman criterios básicos para su interpretación.

preambulo argentino

El Preámbulo
«El preámbulo de las constituciones políticas es el resumen, digámoslo así, de todas sus disposiciones, el objeto que éstas se proponen asegurar, y como una tesis que todos los parágrafos siguientes vienen a comprobar.

Todas las constituciones escritas y emanadas de a voluntad del pueblo, por medio de la ciencia de sus legisladores, llevan esta introducción; y cuando en la Asamblea Constituyente de 1848 en Francia se propuso la moción de suprimir todo preámbulo, M. Lamartine, en un elaborado discurso, hizo sentir la conveniencia y la necesidad de esta declaración previa de los objetos y fines de una constitución, para asegurar y fijar la inteligencia e interpretación de sus disposiciones, por aquella declaración de principios constitutivos y constituyentes, que dejan consignados el espíritu de los legisladores que la dictaron y los fines que se propusieron alcanzar.

El preámbulo de las Constituciones es, pues, no sólo parte de la ley fundamental, sino también la pauta y la piedra de toque para la resolución de todos los casos dudosos, conformando su interpretación y práctica con los fines para que fueron adoptadas las subsiguientes disposiciones y el espíritu que prevaleció en su adopción.»

«En cumplimiento de pactos preexistentes»
«Los dos parágrafos añadidos al preámbulo de la Constitución Argentina son de una alta importancia, y fijan con precisión el espíritu de muchas de las subsiguientes disposición es.

El primero establece como base que los Representantes del pueblo de la Confederación Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las provincias, obran en cumplimiento de pactos preexistentes.

Los Representantes se refirieron a ciertos pactos preexistentes entre las provincias, que no creyeron oportuno especificar; la frase abraza todos los pactos preexistentes que ponen límites a la voluntad nacional, a su territorio o sus relaciones en general con el resto del mundo.

Pertenecen a los convenios entre las provincias, relativos a la Constitución, el pacto celebrado en Santa Fe en 1831 entre las cuatro provincias litorales de los Ríos Paraná y de la Plata, como asimismo el Convenio de San Nicolás, que arregló las bases de la representación. El pacto litoral no contiene, propiamente hablan do,’si no disposiciones transitorias y el reconocimiento de la supremacía del Congreso Argentino para estatuir sobre las cuestión es de interés general, según se establece en las atribuciones del Congreso.

El convenio de San Nicolás, que declara vigente el primero, no estatuye tampoco otro principio subsistente que el que ya había dejado consignado el pacto federal, a, saber, que la Constitución Nacional sería bajo el sistema republicano, representativo, federal, añadiendo la prohibición a los gobiernos de las provincias de dar instrucciones especiales a sus Representantes en el Congreso; quedando así autorizados con toda clase de poderes para el desempeño de su misión. La forma de gobierno adoptada en la Constitución parte de esta base, es dada en cumplimiento de pactos preexistentes».

‘Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino»
«Tal declaración importa una invitación hecha a todos los hombres del mundo a venir a participar de las libertades que se les aseguran, una promesa de hacer efectivas esas libertades, y una indicación de que hay tierra disponible para los que quieran enrolarse en la futura familia argentina. En una palabra: la República Argentinas declara en estado de colonización, e incorpora en sus instituciones la expresión de este sentimiento, el deseo de verlo satisfecho y los medios seguros de verificarlo.

El elemento del orden de un país no es la coerción; son los intereses comprometidos. La despoblación y la falta de industria prohijan las revueltas: poblad y cread intereses. Haced que el comercio penetre por todas partes, que mil empresas se inicien, que millones de capitales estén esperando sus productos, y crearéis un millón de sostenedores del orden.»

Domingo Faustino Sarmiento Comentarios de la Constitución

Reglas del Razonamiento de Newton Filosofia Natural Principias Isaac

Reglas del Razonamiento de Isaac Newton

En 1687 Isaac Newton publicó su obra maestra, los Principios matemáticos de la filosofía natural. En ella – demostró las pruebas matemáticas de su ley universal de la gravitación y redondeó la nueva cosmología iniciada por Copérnico, Kepler y Galileo. La obra de Newton demostraba que e universo era una enorme, regulada y uniforme máquina que operaba conforme con las leyes naturales; describía asimismo las reglas del razonamiento por las cuales llegó a su ley universal.

Isaac Newton, Reglas del razonamiento en filosofía

# Regla 1: No admitiremos más cansas de las cosas naturales que las que sean a la par verdaderas Y suficientes para explicar sus apariencias. A este propósito, los filósofos dicen que la naturaleza no hace nada en vano, y más es en vano cuanto menos sirve; porque la naturaleza se complace con la sencillez, y no es afecta a la pompa de las causas superfluas.

# Regla 2: Por ende, a los mismos efectos naturales, hasta donde sea posible, hemos de atribuir las mismas causas. Como a la respiración en un hombre y en una bestia, al descenso de las piedras en Europa y en América, a la luz de nuestro fuego culinario y al del Sol, a la reflexión de la luz en la Tierra y de los planetas.

# Regla 3: Aquellas cualidades de los cuerpos que no admiten intensificado remisión de grados, y de los que se descubre que pertenecen a todos los cuerpos al alcance de nuestros experimentos, han de considerar cualidades universales de todos los cuerpos, cualesquiera sean éste:

Puesto que las cualidades de los cuerpos sólo son dadas a conocer por los experimentos, hemos de admitir que son universales todas las que universalmente confirmemos mediante experimentos; y las que no sean susceptibles de disminución nunca podrán ser del todo desechadas.

# Regla 4: En la filosofía experimental hemos de ver las proposiciones inferí, por inducción general, a partir de los fenómenos como precísame o casi realmente verdaderas, sin importar cualesquiera hipótesis contrarías que se puedan imaginar, hasta el tiempo en que otros fenómenos ocurran, mediante los cuales puedan hacerse más exactas, o bien, considerarse sujetas a excepciones. Esta regla debemos seguir, de forma que no se pueda evadir el  argumento de la inducción mediante hipótesis.

Biografia de El Greco Grandes Figuras del Arte Español Obras del Greco

Biografía de «El Greco»
Grandes Figuras del Arte Español

El Greco: De religión y pasión

El Greco: De religión y pasiónNacido en 1541 en Grecia y bautizado Doménikos Theotokópoulos, pero conocido como El Greco (el griego), este artista plástico es considerado uno de los pintores más afamados y conocidos de su época, gracias a su enorme talento volcado en sus centenares de pinturas religiosas, esculturas y obras de arquitectura, que con los años se convirtió en la constante influenciada de una gran cantidad de artistas.

Si bien su nacimiento ocurrió en 1541 en la ciudad de Creta, lo cierto es que El Greco pasó la mayor parte de su vida en España, lugar donde desarrolló su vocación y halló su talento, por lo que muchos expertos lo consideran un pintor español.

En sus comienzos, recibió formación en su ciudad natal, sonde el artista se dedicaba exclusivamente a la pintura de íconos religiosos. Posteriormente, El Greco tuvo la posibilidad de realizar diversos viajes, como por ejemplo a Venecia, durante lo cual accedió a un primer acercamiento a la obra de Tiziano, Tintoretto y Miguel Ángel, que en definitiva fueron los que más influyeron en su estilo.

Cuando viajó a Venecia se fue a trabajar al estudio de Tiziano y poco después conoció en Roma al miniaturista Guilio Clovio, quien admiraba tanto su trabajo que le escribió una carta de recomendación a su protector y patrocinador, el Cardenal Alejandro Farnesio.

pintor el greco

«El Greco», fur un pintor español (Creta 1541-Toledo 1614). Doménikos Theotokópoulos nació en la isla griega de Creta, donde se supone que aprendió a pintar siguiendo las tradiciones bizantinas. Hacia los veinticinco años se trasladó a Venecia; allí estudió con Tiziano y recibió la influencia de Tintoretto. De este período veneciano proviene su magistral dominio del color, que es una de las bases de su extraordinaria expresividad. Tras una breve estancia en Parma, donde conoció la obra de Correggio, pasó a Roma. En la Ciudad Eterna asimiló los principios del clasicismo, evidentes en su capacidad para representar la tensión dramática y en su tratamiento grandioso del cuerpo humano.

Esta carta fue favorablemente recibida y El Greco, por intermedio de Farnesio, tuvo la oportunidad de conocer algunos de los más connotados pintores e intelectuales de Roma. Esta experiencia le ayudó a dar expresión a su propia y muy original personalidad.

Las obras de El Greco fueron muy bien recibidas en Roma, y comenzó a mostrarse mas bien presuntuoso, tanto así que contemplando El Juicio Final de Miguel Ángel, en la Capilla Sixtina, exclamó que si fuera destruido podría reemplazarlo por una pintura tan buena como aquella.

Estas observaciones hicieron a El Greco un tanto impopular en Roma. No se sabe exactamente cuánto tiempo permaneció allí. Sin embargo, estamos seguros que para el 2 de Julio de 1577 vivía en Toledo, España, donde pasó el resto de su vida. Toledo fue la capital política de España hasta 1501. Era una ciudad magnífica y un centro artístico de gran actividad.

Después de residir por el lapso de siete años en Roma, El Greco fue invitado por el religioso Diego de Castilla para trasladarse a la ciudad de Toledo, ya que había sido contratado para realizar una pintura para la iglesia de Santo Domingo el Antiguo.

Aquel corto viaje se transformó en una estadía de más de diez años, que culminó cuando Felipe II solicitó los servicios de El Greco, a fin de que elaborara una obra para el monasterio de El Escorial. El artista aceptó la propuesta y fue así que surgió el llamado “El martirio de San Mauricio”, una pintura que disgustó a Felipe II, por lo que no volvió a contratar a El Greco nunca más.

El Greco pintor ,escultor y arquitecto.

El Greco llegó a tener un éxito inmenso, no sólo como pintor sino también como escultor y arquitecto. Se hizo rico y adquirió propiedades en la ciudad. Su propia casa era un palacio que miraba al río Tajo y pasó mucho tiempo haciéndole alteraciones y renovaciones. Fue un hombre muy culto y sensible. Se dice que contrataba músicos para que interpretaran para él mientras cenaba. Le gustaba la compañía de filósofos e intelectuales y fue un brillante conversador.

 A pesar de no lograr convertirse en el pintor de la Corte, puesto al que aspiraba El Greco, lo cierto es que su carrera siguió adelante, y cada vez era más demandado por los aristócratas y los eclesiásticos.

Una vez instalado nuevamente en Toledo, Fue precisamente allí donde el artista desarrolló por completo su estilo personal y único, plagado de simbolismo religioso debido seguramente a la influencia constante que recibía del fervor que los habitantes de la ciudad demostraban hacia sus creencias religiosas.

A lo largo de su carrera, El Greco dio lugar al nacimiento de las más fabulosas creaciones, que siguen siendo consideradas las más destacadas en lo que respecta a temáticas de índole religiosa.

No obstante, existe una obra que suele cosechar la admiración de todos de manera peculiar. Se trata del cuadro titulado “El entierro del Conde de Orgaz”, donde el artista no sólo intentó retratar una escena física, sino que además quiso que sirviera de constancia de aquel momento que le había tocado experimentar. Es por ello, que la técnica empleada por El Greco en esta obra sorprende, ya que allí decidió dividir el cuadro en dos planos diferentes que se invaden, hallándose en la parte superior el plano celestial y en la inferior lo que representa a lo terrenal.

Entre las particularidades de la obra, cabe destacar que lo que más destaca de la pintura es el plano terrenal, espacio en el que aparecen los principales personajes de Toledo de aquella época con una fidelidad asombrosa. Allí también están presentes el pintor y su hijo.

En lo que respecta a la escultura, una de las más conocidas figuras creadas por el artista es, sin lugar a dudas, la llamada “Laocoonte”, en la que el personaje que da nombre a dicha creación, junto a sus hijos, luchan contra las serpientes, lo que hace posible la aparición de contorsiones físicas que permiten observar el enorme talento de El Greco

Después de varios siglos, y a pesar de que El Greco murió en 1614 en Toledo, el artista continúa siendo uno de los más importantes artistas de España, y uno de los máximos referentes de la historia del arte universal.

Durante sus últimos años sufrió de una enfermedad que le redujo enormemente su capacidad de trabajo y el 31 de Marzo de 1614 hizo su testamento. Murió el 7 de Abril y fue velado pomposamente por sus innumerables amigos que le rindieron grandes tributos.

Existe una anécdota de El Greco que, se dice, fue escrita por su amigo Guilio Clovio, y que dice así: «Fui a visitara El Greco para pedirle que saliéramos a dar un paseo por la ciudad. Era un hermoso día de primavera que hacía todo bello; la ciudad parecía de un humor festivo. Imagínense mí sorpresa cuando entré al estudio de El Greco y vi los postigos y las ventanas aún cerradas, por lo que difícilmente podía verse algo en esa sala. El Greco estaba sentado sobre un taburete, ni trabajando ni durmiendo. Dijo que no quería salir afuera porque la luz del día perturbaba su luz interior». Aunque ahora se cree que puede haber sido falsa, la historia es simbólica, porque fue esa «luz interior» la que hizo su trabajo tan único, la que iluminó sus brillantes colores.

AMPLIACIÓN DEL TEMA…

Dómemeos Theotocopoulos.—.Probablemente nació en 1541. La isla de Creta le vio nacer, pero su vida se arraiga en Toledo y es precisamente esta ciudad quien le contará entre sus hijos para ir en lo sucesivo irremisiblemente unidos por los caminos de la fama y de la gloria. «Creta le dio la vida, y los pinceles Toledo.» Por ellos le conoce el mundo.

Su nombre, igual que su espíritu, se transformó y cobró carta de naturaleza en Toledo; de entonces para siempre será sencillamente El Greco. El Domenicos Theotocopoulos quedaba tan lejos como la ciudad de Candía donde nació.
Llegó a España en el momento más glorioso de su historia. Se acababa de ganar la batalla de Lepanto. Por Toledo andaba Santa Teresa impaciente por fundar; Cervantes, sin duda, buscando ambiente para La Ilustre fregona o para La Galatea; San Juan de la Cruz gustando, tras de las rejas de su prisión, de la hermosura de los sotos que le recordaban al Amado. Por Zocodover andaría Lope de Vega, e intrigante y misterioso don Luis de Góngora.

Llegó a España cuando Toledo era capital del catolicismo ibero, por eso su obra es tan exclusivamente religiosa, tan austera y, desde luego tan poco mediterránea, vivaz y alegre. La austeridad de los cigarrales, y la monotonía del cielo y de las nubes que él divisaba tras la cuadrícula de las rejas de su ventana envolvían en tela no sólo el paisaje sino los rostros alargados de santos sacerdotes y altivos caballeros.

Pintó con mano maestra: La Anunciación, S. Juan Bautista, San Benito, San Bernardo, La Trinidad, La Santa Faz, La Resurrección y la Adoración de los Magos, todas ellas en 1577. El Expolio, El Caballero de la mano al pecho, El entierro del Conde de Orgaz, el Cardenal Tavera, la Vista de Toledo, el Laoconte y El Cardenal Niño de Guevara, son cuadros de una maestría insuperable por el logro del efecto, el colorido, la composición y el tema mismo siempre tan noble y elevado.

Vivió con la magnificencia de un magnate, acumuló grandes riquezas y se granjeó la amistad de los grandes hombres de su tiempo. Murió en 1616.

obra de arte del Greco en España

El Greco – Arte Español – E

Laocoonte (1614)- El Greco

arte español el Greco

El Expolio (1579) El Greco

Vista de Toledo (1600) – El Greco

Arte del Greco

El Greco – (1585)-Las Lagrimas de San Pedro

La Resurrección de Cristo (1600) – El Greco

Fuente Consultada:
Pintores Célebres Biblioteca Fundamental Ariel
Historia Visual del Arte Tomo I

Grandes Compositores de Musica Clasica Mas Importantes

Grandes Compositores de Música Clásica

La ópera, uno de los géneros más importantes de la música del siglo XVII, participa del drama, de la escena y de la música instrumental y vocal. Con el tiempo, se ha convertido en una de nuestras señas fundamentales de identidad cultural.

La Contrarreforma tuvo necesidad de movilizar todos los medios hu

Pronto comprendieron los Papas y la Iglesia el papel que podía jugar la música en este intento de captar las almas que se habían extraviado y conservar unidas las que aún mantenían el tesoro de la fe. Palestrina había demostrado cuánta belleza se puede expresar en un motete o en un canto polifónico.

Con el Barroco aparecieron el violín y la pequeña orquesta. Claudio Monteverdi (1567-1643), que se había formado en Venecia, escribió un Magníficat que le convirtió en la primera figura musical de Italia.

Pero Monteverdi hizo algo más que escribir motetes como hiciera Palestrina, y fue el primer impulsor de un género que había de dar a Italia días de gloria extraordinarios en el campo de la Música: creó la Ópera.

La esplendorosa vida italiana, los salones, el refinamiento de las relaciones sociales, la elevación intelectual, crearon el clima propicio para la aparición del «drama in música», es decir, la «ópera», que en italiano también significa obra.

Claudio Monteverdi (1567-1643) estrenó Orfeo el año 1607 gracias al mecenazgo del duque de Mantua. Para ello utilizó una orquesta de 34 instrumentos que en el momento oportuno acompañaban el canto de Orfeo, de Eurídice, de Plutón, de los coros, etc.

El nuevo género entusiasmó a los aficionados a la buena música porque en él se combinaba la poesía del libreto, la fastuosidad de la representación, el canto, la buena orquesta, es decir, lo que hoy, perfeccionado, admiramos en el teatro de la ópera.

Hay dos clases de compositores No todos los compositores crean música con igual facilidad: algunos conciben una idea de golpe y casi pueden escribirla directamente en papel sin modificaciones, mientras que otros, a partir de la primera idea, pueden estar años madurándola hasta darse por satisfechos. Al primer grupo pertenece Mozart, que afirmaba «no sé de dónde ni cómo me llegan las ideas; en ocasiones fluyen abundantemente y mejor cuando viajo en coche, paseando, o cuando no puedo dormir».
Al segundo grupo pertenece Beethoven, que anotaba sus ideas en una libren que llevaba constantemente consigo. La evolución de muchas de sus obras puede seguirse en las correcciones de sus libretas, en las que a veces aparecen hasta diez tiras de papel pegadas sobre un pasaje.

Alejandro Scarlatti (1659-1725) fue un autorextremadamente prolífico pues llegó a escribir 125 óperas. Cuando en 1637 se inauguró el Teatro de la Ópera de Florencia, la vida musical italiana entraba en su periodo de máximo esplendor, aparecieron las «soprani», los «tenori», y una gran afición al «bel canto» se extendió por los diversos reinos que formaban lo que hoy es Italia. Pergolesi escribió Iba serva padrona, y Domenico Cimarosa Ii matrimonio secreto.

Jean Baptiste Lully (1632-1687) era un joven francés que conoció el auge de la ópera italiana durante su residencia en Florencia, y al volver a su patria colaboró con Moliére ilustrando con música algunas de sus comedias. Uno de sus sucesores fue Rameau, autor de varias obras inspiradas en temas mitológicos.

En Alemania el género operístico tuvo un representante importante en la figura de Christoph Gluck (1714-1787), autor de Orfeo y Eurídice, Alceste, Armida y otras. Henry Purcell (1658-1695) fue el mejor representante de este momento musical en Inglaterra; escribió Dido y Eneas. 

BEETHOVEN: el genio de la música
Beethoven compositor musica clasicaDurante los siglos XVII y XVIII cualquier ciudad alemana que se preciara de ser culta tenía una capilla musical, dirigida por un músico pagado por los nobles y los reyes que encargaban las obras. Los músicos eran asalariados de los grandes señores; de esta manera sobrevivían, pero quedaban encadenados a la voluntad de quien los mantenía.

En 1770, la capilla musical de Bonn tenía, además de excelentes músicos, a cantantes como Ludwig y Johann, abuelo y padre, respectivamente, de uno de los mayores genios musicales de todos los tiempos; Ludwig van Beethoven.

¿Cuándo empezó su carrera?: El padre, intuyendo la capacidad musical de su hijo, siendo todavía muy pequeño, lo puso a estudiar piano, violín y órgano, aunque más con la intención de hacer de él un niño prodigio, como Mozart, que por auténtico amor a la música. A los ocho años, Ludwig dio su primer concierto y en 1782 se imprimió su primera composición. El público alemán lo saludó como a un segundo Mozart, pero al joven le quedaba todavía un largo y revolucionario camino por andar.

¿Qué instrumentos musicales prefirió?: Desde Bonn, su ciudad natal, se trasladó pronto a Viena, donde, en 1792, estudió con Haydn, aunque este famoso músico no comprendió la personalidad del joven. La capital era un centro cultural y mundano.

Allí adoptó el instrumento musical que lo acompañaría durante toda su vida: el piano, del que el propio Mozart no había sabido aprovechar todas sus capacidades expresivas, ya que siempre había preferido el monótono clavicémbalo. Pero en el año 1795, en la misma ciudad de Viena, un «demonio envidioso» se abatió sobre el genial músico: imperceptible en un principio, la sordera se apoderó de él.

¿Qué consecuencias tuvo esta enfermedad?
La enfermedad consiguió en pocos años aislar completamente al músico de la sociedad y acentuó su soledad, privándolo de la alegría del sonido; pero no pudo plegar o mermar su capacidad compositiva, porque a principios de siglo toda Viena aplaudiría su primera sinfonía.
Obligado a vivir solo, muchas veces estuvo al borde de la desesperación, llegando a pensar en el suicidio: «Sólo mi arte me ha salvado», afirmó.

¿Para quién escribía su música Beethoven?: Nunca dependió de una capilla. Desde luego, fue apoyado por algunos nobles a los que vendía sus composiciones, pero no escribía por encargo o con temas impuestos, sino según su voluntad. … Las ansias de un mundo nuevo se transformaban en movimientos musicales: piano, pianissimo, forte, tenuto, fortissimo, que sólo el teclado del piano podía expresar, bajo el imperio creativo de Beethoven. En los años de Viena, escribió sus sinfonías, por ejemplo, la Tercera, creada en honor del nuevo emperador de Francia, o la Cuarta, confesión apasionada de su amor a la vida.

¿En qué sinfonía reveló su espíritu de una forma más expresiva?: Es difícil decirlo, pero con la Sexta sinfonía (Pastoral) nos ha dado una visión irrepetible de la naturaleza: el sonido de los árboles, la lluvia, el mundo pastoril, las tormentas repentinas o el brillo del sol a través de los árboles. Beethoven tenía una sensibilidad extraordinaria para la Naturaleza.

¿Con qué sinfonía nos ha ofrecido su visión del mundo?: Con la Novena, un auténtico himno a la vida, que se expresa en el coro final, a través de las palabras del dramaturgo alemán Schiller.

JUAN SEBASTIÁN BACH (1685-1750). La palabra Bach, que en alemán significa «arroyo», vino a ser un sinónimo de «spielmann», es decir músico. Seria difícil encontrar en la historia de la Música una familia más entregada a este arte que los Bach.

Juan Ambrosio, el padre de Juan Sebastián, era hermano gemelo de Juan Cristóbal, y de ellos se dice que no sólo eran grandes músicos, sino que era muy difícil distinguir lo que había sido escrito por uno o por otro.

Junto a tan buenos maestros no tiene nada de extraño que Juan Sebastián sintieraBach Sebastian compositor musica clasica despertar muy pronto su predisposición a la música. Muy joven fue considerado como un virtuoso del órgano y en 1717 fue nombrado maestro de capilla de Kóbnen.

Durante esta época compuso sus célebres sonatas para violín y violoncello. En 1723 fue nombrado director de la Escuela de Santo Tomás, de Leipzig.

La vida íntima del gran maestro fue sencilla y muy humilde. Se casó dos veces y tuvo veinte hijos, de los cuales sobrevivieron muy pocos.

Sus hermanos Juan Cristóbal y Juan Jacobo eran músicos, así como sus hijos, de los cuales Juan Cristián se enriqueció en Inglaterra gracias a sus óperas, y Felipe Manuel llegó a ser músico de Corte del rey de Prusia.

Para comprender a Bach es preciso imaginarle como un hombre que se adelantó a su tiempo. La moda de la época era la música frívola y alegre de procedencia italiana.

Bach escribía música seria, que no siempre era comprendida y apreciada. Durante toda su vida, como la mayor parte de los artistas de su época, dependió del capricho y la voluntad del príncipe o señor que le protegía.

Entre su obra extensa y de gran calidad destacan La Pasión según San Juan y La Pasión según San Mateo, dos oratorios dedicados a la pasión del Señor.

En ellos alcanzó una gran elevación espiritual. Los recitativos poseen una fuerza emotiva extraordinaria y alternan con las arias y las corales de gran emoción, especialmente las que cierran estas obras, cuya duración abarcaba una tarde cuando se interpretaban en Leipzig.

Estas dos obras, así como la no menos famosa Misa en si menor, no alcanzaron gran éxito y a su muerte fueron olvidadas hasta que Mendelssohn las resucitó al fundar la Bach Gesellschaft, sociedad creada para revalorizar a Bach.

Toda la obra de este maestro está impregnada de un gran sentido religioso. La piedad, el amor al trabajo y la humildad fueron las características humanas del gran maestro.

HAYDN, FRANZ JOSEPH Compositor austríaco (Rohrau, 1732 – Viena, 1809). Durante treinta años (1761-90) estuvo al servicio del príncipe Esterházy. Después viajó en varias ocasiones a Londres, donde quedó impresionado por los oratorios de Haendel.

Fue amigo de Mozart y maestro de Beethoven. Poseedor de un gran dominio de la técnica instrumental, fue uno de los principales representantes de la escuela vienesa.

Entre sus obras destacan los oratorios La Creación (1798) y Las Estaciones (1801); las sinfonías La imperial (1775),Seis Sinfonías de París (1785-86), la Sinfonía militar (1794) y Doce sinfonías de Londres (1791-95); cuartetos de cuerda, Quintem-Quartett (1797); La Misa Lord Nelson (1798) obras para piano, Concierto para piano en do mayor (1784), sonatas, etc.

Conformaba una familia de varios hijos, eran once hermanos y tres se destacaron como músicos de nivel en la época. Compuso mas de 100 obras de diversas índole.

Es considerado como el creador de la sinfonía y la sonata moderna.Sus dos obras principales son La Creación y Las estaciones.

Dio gran importancia a la música de cámara, pues sentía más predilección por los instrumentos de cuerda que por los de viento o percusión.

Con Haydn nos situamos en el periodo rococó, una música más alegre, más desenvuelta y quizás más frívola que la de Haendel y Bach. (ampliar)

MOZART AMADEUS W. Wolfgang Amadeo Mozart (1756-91), nació en Salzburgo y fue el primer niño precoz que llegó a alcanzar celebridad mundial en el campo de la música.

El número de anécdotas acerca de su infancia son innumerables. Lo cierto es que apenas contaba cinco años fue presentado en la corte de Viena, donde interpretó diversas composiciones al piano en presencia de María Antonieta, la que había de ser desgraciada esposa de Luis XVI de Francia.

mozart amadeus compositor musica clasicaAcompañado de su padre viajó muchísimo, estuvo en París, en distintas ciudades de Europa y finalmente regresó a Viena, donde murió a la edad de 35 años.

Mozart trabajó muchísimo y quizás este exceso de trabajo le llevó a la muerte.

Tuvo la protección de reyes y príncipes, fue admirado en las principales capitales del continente, sufrió los efectos de la envidia y tuvo incontables enemigos que no podían admitir que un joven llegara a la celebridad sin haber encanecido.

El día de su muerte llovió copiosamente en Viena, por cuya razón nadie le acompañó hasta el cementerio y recibió sepultura en la fosa comiin. Sus cenizas no han podido conservarse.

La obra de Mozart es variada e intensa. A los 12 años había escrito su primera ópera La finta semplice, y a los 26dio a conocer El rapto del serrallo. astas y Las bodas de Figaro, La flauta mágica y Don Juan son sus mejores producciones en el campo de la ópera, donde logró fundir el gusto italiano con la sensibilidad alemana.

Escribió también sonatas, sinfonías, conciertos, misas, etc. Se cuenta que el día antes de su muerte terminó un Requiem que le había encargado un misterioso cliente que no dio su nombre.

Fue el mejor compositor, concertista y músico de su tiempo. Fue agasajado y reverenciado, pero vivió siempre sin dinero, pobre y afligido. Su vida y su obra cierran la música del Rococó alegre, divertida y buena. En la historia de la Música ha de aparecer, a continuación, la inconmensurable figura de Beethoven.

TSCHAIKOWSKY: Nació Tschaikowsky en 1840. Su padre era inspector de Tschaikowsky compositor ruso de musica clasicaminas, y la familia bien acomodada.

Ni sus padres ni sus profesores sospechaban el don que llevaba en sí el pequeño Tschaikowsky, que a la edad de diez años fue enviado a la Escuela de Jurisprudencia, de la cual salió nueve años más tarde, para entrar en el Ministerio de Justicia de San Petersburgo.

Cursó estudios musicales en el Conservatorio, pero sin dar ninguna señal de que pudiera un día ser un músico extraordinario; tocaba el piano regularmente y compuso valses y polkas insignificantes.

El año 1863 marca el cambio decisivo en su vida: decidió entonces dedicarse exclusivamente a la música, dejó su puesto en el Ministerio y durante los tres años siguientes se enfrentó con muchas privaciones, dando clases de piano y trabajando en sus composiciones musicales.

El gran compositor y pianista Nicolás Rubinstein, ya famoso, fundó en 1866 el Conservatorio de Moscú y ofreció a Tschaikowsky la Cátedra de Armonía.

El sueldo era modesto, pero el cargo tenía cierto prestigio, y esto, unido al ambiente artístico de Moscú, más moderno que el de San Petersburgo, fue beneficioso al desenvolvimiento del joven músico.

Rubinstein presentó varias obras de Tschaikowsky en los conciertos que dirigió en Moscú; todas alcanzaron un éxito discreto y pronto fueron olvidadas.

El primer contacto de Tschaikowsky con el grupo de «Los cinco» tuvo lugar en San Petersburgo en la primavera de 1868. No tardó en dejarse influir por las fuertes personalidades de Rimsky-Korsakov y Balakirev, y su segunda sinfonía.

La Pequeña Rusia, refleja su intento de seguir el camino nacionalista, utilizando casi exclusivamente temas populares rusos. Mas ello iba contra su personalidad artística: sin duda era el menos ruso, el más europeo de los músicos rusos de su tiempo.

La música que amaba desde su infancia, pese a haber vivido hasta los diez años en el campo (donde había tenido ocasiones de escuchar la música popular), era la italiana, sobre todo la ópera.

Esta fusión, en su propia música, del sentimiento, calor y suntuosidad latina, con el vigor rudo y el lánguido pesimismo eslavo, es lo que le da su individualidad, su encanto, su emoción arrebatadora.

De 1868 a 1875 permaneció en Moscú ejerciendo su cargo en el Conservatorio y componiendo algunas óperas, suTercera Sinfonía y el Concierto N°. 1 para piano y orquesta. Su mal estado de salud le obligó, sin embargo, a buscar mejor tranquilidad por lo que pasó en Vichy el verano de 1876. Al regresar a Rusia encontró lo que él llamó «un brillante fracaso», en el estreno de su ópera El capricho de Oxana.

El caso de la popularidad, o la falta de ella, en la carrera de Tschaikowsky es muy curioso. Sus óperas se representaban en Moscú y San Petersburgo, sus oberturas y sinfonías se tocaban en Viena y París, pero nunca con éxito definitivo.

El primer gran éxito lo obtuvo con el Concierto para piano en si bemol menor en América y en Inglaterra, en 1880, cuando el autor cumplía cuarenta años. Desde esta fecha Tschaikowsky, que nunca había querido actuar en público como director, ni como «personalidad» (más bien cultivaba la soledad o la compañía de sus hermanos y uno o dos amigos íntimos), haciendo un gran esfuerzo, emprendió varias giras por el extranjero dirigiendo orquestas en Viena, París, Berlín, Londres y Nueva York.

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Biografia de Francisco Goya Pintor Español Obra de Goya Pintura Arte

Biografía de Francisco Goya Pintor Español

Francisco de Goya: La honestidad y la tristeza (España, 1746-1828)

Francisco de GoyaPintor español (Fuendetodos 1746-Burdeos 1828). Goya es un pintor que llena toda una época de la pintura española: desde el neoclasicismo de finales del siglo XVIII hasta el romanticismo. Su producción es de una abundancia extraordinaria. La originalidad y la variedad de su obra compensan con creces el desaliño de muchos de sus cuadros. Su arte evolucionó a lo largo de su vida.

Esquemáticamente puede decirse que Goya parte del rococó, se entrega al color con furia y libertad y va descubriendo sucesivamente la hermosura de los grises y de los negros, sin renunciar por ello a los colores intensos. Pintor de ejecución rápida, soluciona las composiciones de modo conciso.

Considerado el Padre del Arte Moderno, Francisco de Goya inició su carrera como artista inmediatamente después del período que abarcó el barroco.

Fue debido a que expresó sus pensamientos y sentimientos con total franqueza en el lienzo, lo que seguramente lo convirtió en el pionero de las nuevas tendencias artísticas, que llegarían a su máximo esplendor en el siglo XIX.

Existen en realidad dos tendencias contradictorias que dominaron su arte, y que a través de su fusión logró alcanzar la representación de la reacción contra todas las concepciones previas del arte, y bregar por el camino que lo condujera a una nueva forma de expresión.

Por ello, si deseamos comprender el alcance del arte de Goya, y apreciar los principios que rigen su desarrollo y su gran versatilidad, es esencial tener en cuenta que su labor se extendió a través de un período de más de 60 años, ya que el artista continuó dibujando y pintando hasta cumplir los 82 años.

Francisco de Goya nació en 1746 en un pequeño pueblo cercano a Zaragoza.

Cinco años: a esa edad comenzó a dibujar Francisco de Goya, dando así inicio a una carrera que no se detendría hasta su muerte, a los 82. Goya recibió sus primeras lecciones de dibujo y de técnica pictórica de la mano del pintor barroco José Luzán, y, a los 16 años, continuó sus estudios con Franciscco Bayeu, pintor de la corte de Carlos III. De esa época datan sus primeras obras: Tobías y el ángel, hoy desaparecida, y la decoración del relicario de la iglesia de su ciudad natal.

Cuando tenía la edad de 14 años comenzó su aprendizaje en el arte a través de las clases que le brindaba un maestro local llamado José Luzán.

A los 18 años Goya se trasladó a Madrid con la intención de ganar un premio de la Academia de San Fernando, y aunque no pudo ganarlo, aquella aventura le sirvió para reunirse con el pintor de la Corte de la época, Francisco Bayeu, quien no sólo le enseñó algunas técnicas, sino que además fue una gran influencia temprana en la vida de Goya.

Ya en Madrid, Goya conoció al pintor neoclásico Antonio Rafael Mengs, el elegido del rey Carlos III, y, junto a éste y a Bayeu, perfeccionó sus estudios sobre el color, el dibujo y la luz. Aunque lo intentó, nunca obtuvo la beca de la Academia de San Fernando para visitar Italia, por lo que decidió hacer el viaje por cuenta propia: viaje de estudios, viaje de iniciación, pero también viaje de confirmación del deseo de dedicar su vida al arte.

A través de la influencia de Bayeu, Goya pudo acceder a su primer contrato oficial, cuando le fue encomendada la realización de un fresco para decorar la Iglesia de la Virgen del Pilar en Zaragoza.

Desde 1773 y después de pasar un año en Italia, Goya se mantuvo realizando varios proyectos de frescos. Se podría decir que la oportunidad que el joven pintor había buscado inútilmente en Italia, se le presenta inesperadamente a su regreso a Zaragoza. Parece ser que el espíritu de economía del Cabildo, fue lo que indujo a elegir a un pintor desconocido para realizar un fresco en una iglesia. 

Goya aceptó todas las condiciones de los eclesiásticos: someterse a un examen, ejecutar un fresco sobre el cual habría de pronunciarse la Academia de San Fernando, y, en caso de encargársele los trabajos, llevarlos a cabo con la mayor celeridad. Esto último no podía significar inconveniente alguno para Goya, que siempre se destacó por una facilidad de creación y de ejecución asombrosas.

La fecha de iniciación de los trabajos, 21 de octubre de 1772, fue decisiva para su carrera artística. Se trataba de un éxito modesto pero de considerables alcances para el porvenir. El boceto recibió la aprobación del Cabildo: la fortuna de Goya estaba, por lo visto, en Zaragoza.

Bayeu, ahora cuñado de Goya, tiene los ojos puestos en el joven pintor y no le escatima su apoyo. Cuando Mengs le solicita nombres de pintores capaces de presentar bocetos para tapices, Bayeu se apresura a citar a Goya.

El príncipe de Asturias, hermano del rey, se casa, y es preciso prepararle una digna residencia. Goya comprende que ahí está la oportunidad de su vida. Pintor de rápida ejecución, cuatro meses le bastan para preparar el primer boceto que no es, en verdad, un simple dibujo, sino un cuadró completo, de admirable minuciosidad. Muy pronto los pedidos acrecen. El hogar de Goya comienza a conocer la prosperidad. Llega el día en que no puede satisfacer todos los encargos, y en que se ve perseguido por sus admiradores.. .

Agradan sus cuadros en los que el horizonte parece tan lejano, y donde, sobre el azul de un cielo suave, se perfila la silueta de un árbol, ora frondoso, ora esbelto y afinado. Goya agrupa a sus personajes en el centro, y hace vivir en sus telas a los niños mofletudos que juegan o trepan a los árboles para arrancar sus frutos. De toda su pintura se desprende una indefinible impresión de alegría.

A los treinta años de edad, Goya escribe a su fiel amigo Zapater: «Gano de 12.000 a 13.000 florines por año, lo cual me permite vivir como un hombre acomodado.»‘ Mas, ¿cuántas fueron las privaciones que debió sufrir anteriormente para poder considerarse casi rico con recursos aún tan modestos?.

También hubo momentos en que llegó a abandonar el trabajo por completo, pero después de esos períodos de desánimo, la fiebre de crear volvía a apoderarse de él. De temperamento exaltado, el desaliento lo sume en un abismo, y de pronto resurgen la esperanza y la certeza del triunfo. En el término de noventa días concluye un fresco y escribe al amigo: «Me siento sin fuerzas y pinto muy poco. Ruego a la Virgen que me conceda el amor al trabajo.»

Su observación atenta de la gente del pueblo lo salva de la desesperación: mujeres del mercado, pobres diablos apretujándose en torno a objetos y ropas usadas, holgazanes escuchando a un ciego, que tañe la guitarra: cada imagen será un cuadro, un boceto, un tapiz, que aún hoy día son patético recuerdo de una España desaparecida.

Fue en 1798 cuando se concretó uno de sus trabajos más famosos, el fresco para la Iglesia de San Antonio de la Florida, en Madrid. Para aquella época, Goya había comenzado a trabajar con la influencia de sus dos grandes fuentes de inspiración, por un lado Velázquez y por el otro Rembrandt.

En 1786 Goya comenzó a trabajar en la elaboración de retratos oficiales, que eran encargados por el rey Carlos III. Al mismo tiempo, se dedicó a la creación de tapices en lo que representaba escenas de la vida cotidiana española, un hecho que revolucionó la industria del tapiz en España.

A pesar de que el artista cobraba cada vez mayor repercusión, en el invierno de 1792 la vida de Goya dio un giro dramático, cuando a raíz de una enfermedad quedó totalmente sordo. A partir de aquel episodio, gran parte de su trabajo posterior comenzó a expresar un fuerte pesimismo.

Por otra parte, Goya había sido testigo de los más espantosos horrores de la guerra, durante la ocupación francesa de España, y en ello se basó para la creación de dos de sus pinturas más famosas, las cuales logró culminar en 1814. Allí se retratan las masacres ocurridas en las batallas del 2 de mayo de 1808 y del 3 de mayo de 1808.

Casi al final de su vida, otra característica personal invadió las pinturas de Goya, cuando comenzó a evidenciarse una franqueza y una honestidad absolutas, sobre todo en sus retratos. De allí que el retrato que realizó de la familia de Carlos IV, representa a las figuras reales de una manera realista y no idealizada.

En sus últimos años, se dedicó a realizar una serie de frescos en las paredes de su casa de campo, en los que se observa aún más la profunda tristeza de su ser y la depresión que le causaba la situación política en España de aquella época.

En 1824 se vio obligado a abandonar España, debido a la opresión y pasó su exilio en Francia, donde cultivó el arte de la litografía, retratando escenas de corridas de toros. Finalmente, Francisco de Goya murió lejos de su patria en 1828.

ULTIMOS AÑOS DE GOYA: El ambiente político de la época oscilaba desde la otorgación de la constitución (1820) por parte de Fernando VII y de la pujanza de los liberales, hasta la reacción de agosto-septiembre de 1823 que implicó la depuración de todo aquello que tuviese que ver con lo liberal.

Goya, para evitar algún posible problema, se refugió primero en casa de Duaso y Latre y el 2 de mayo de 1824 pidió licencia para desplazarse a Polombiéres con el pretexto de realizar una cura de aguas. Una vez cruzada la frontera, Goya se olvida del balneario francés y se dirige a Burdeos, en donde encuentra al también refugiado Leandro Fernández de Moratín; pasa luego a París para instalarse definitivamente en Burdeos en compañía de Leocadia Weiss.

En este año pinta algunos retratos (el de Joaquín María Ferrer y el de su esposa Manuela Álvarez) e inicia una serie de pinturas y litografías sobre corridas que finalizará al año siguiente.

En la primavera de 1825 sufre una grave enfermedad, parálisis de la vejiga y tumor en el peritoneo, que superará a principios del verano. Terminada la licencia de estancia en Francia, en 1826 se traslada a Madrid para obtener la jubilación como pintor de cámara, cargo que seguía ostentando, aunque más de manera honorífica que real.

Después de obtenerla, su sucesor como pintor de la corte, Vicente López, le retrata en el conocido cuadro conservado en el Museo del Prado. Se dirige de nuevo a Burdeos y pinta, ya quiza en 1827, la famosa Lechera, emotiva por la moderna yuxtaposición de colores claros y luminosos mediante toques breves y quebrados.

El 17 de enero de 1828 escribe una carta a su hijo en la que se reconoce enfermo; dice que apenas puede trabajar en el retrato de José Pío de Molina, que será considerado como su última obra. El estado de salud del maestro empeora a medida que transcurren los días y el día 2 de abril, después de escribir una carta a su hijo, queda paralizado. Muere en la noche entre el 15 y el 16 del mismo mes acompañado de Leocadia y sus hijos, de su nuera y de su nieto Mariano. Es enterrado en Burdeos, y allí permanecen sus restos hasta que el 29 de noviembre de 1919, excepto la cabeza, desaparecida misteriosamente, son trasladados a la ermita de San Antonio de la Florida de Madrid.

El arte de Goya, uno de los grandes genios de la pintura española y universal y, como Velázquez, apenas sin discípulos, no puede comprenderse o, al menos, apreciarse en todo su valor, si no se sitúa en las coordenadas artísticas del momento que cristalizaban en el frío racionalismo del francés Jacques Louis David, apenas nacido dos años antes que el maestro aragonés.

Goya, cuya producción alcanza las setecientas pinturas y casi los trescientos grabados, se reveló contra el arte academicista del momento, luchó contra corriente, para dar expresión a su realidad interna que, en definitiva, sólo reflejaba las vivencias de la España de finales del siglo XVIII y principios del XIX.

PINTURAS NEGRAS: Bajo el nombre de «Pinturas negras» se conoce la serie que Goya realizo al óleo directamente sobre los muros de su Quinta del Sordo entre 1820 y 1823. Son en total catorce cuadros que el artista confeccionó no por encargo, sino para decorar la casa que compartía con Leocadia Zorrilla, y que había adquirido en 1819 alejada del centro de Madrid.

Toda la senrie se nos presenta como una reflexión sobre los hombres y el mundo, con una marcada presencia de los tonos oscuros y una temática que ha dado lugar a interpretaciones diversas: se ha dicho que se trata de una crítica a las instituciones como la Inquisición o bien de impresiones propias del estado de ánimo del artista, quien padecía depresión y se había recluido en su casona.

Goya realizó las pinturas sobre las paredes de dos salas, aprovechando sus dimensiones para realizar algunas en forma horizontal y otras en forma vertical. El último propietario de la finca, el barón F. E. d’Erlanger, luego de la muerte del artista y de sus herederos, decidió el traslado de las pinturas al Museo del Prado.

Para ello, las obras fueron copiadas en lienzo y, aunque sufrieron algunas alteraciones, conservaron su fuerza estética. Para su exposición, se dispusieron dos salas que se encuentran actualmente abiertas al público, ya que es primordial para su correcta apreciación el poder verlas ubicadas en el mismo espacio.

Las «Pinturas Negras», y en particular la visión del mundo del artista español, influenciaron por igual a los pintores expresionistas y surrealistas del siglo XX.

Obra de Goya Francisco

Judith y Holofernes
La obra representa el episodio bíblico en el que Jucllth corta la cabeza de Holofernes. Goya destaca el dramatismo de la escena y se detiene en la violencia de la acción y en el movimiento, mientras que el lugar er el que se desarrolla el hecho permanece impreciso, ya que el artista optó por sumergimos en la atmósfera opresiva del cuadro a través de un fondo negro.

Saturno obra de Goya Pinturas Negras

Saturno
También conocido como Saturno devorando a su hijo, este cuadro representa a Saturno, ei dios del tiempo, en la imagen alegórica de comerse a su descendencia. El pintor Rubens ya se había ocupado de la misma escena, y probablemente Goya conociera el cuadro. La versión del artista español es mucho más oscura y prescinde de los atributos mitológicos para remarcar la crueldad y el horror de la expresión física del dios, deformando sus gestos y movimientos.

TÉCNICA UTILIZADA:

Fue un artista de formación rigurosa que dominaba a la perfección técnicas como el óleo sobre muro o lienzo, el aguafuerte, el grabado y el cartón.

•  En su proceso creativo era muy perfeccionista y por ese motivo trabajaba con bocetos y dibujos que luego coloreaba.

•  Atendía en particular a los detalles de cada composición, con precisión casi fotográfica.

•  Utilizaba colores con destreza, convirtiéndolos en elementos expresivos fundamentales de tos cuadros. Sus pinceladas eran libres y géstales.

• Goya fue abandonando poco a poco las convenciones estilísticas y temáticas de su época, y esa ruptura con la tradición le permitió crear un lenguaje personal y visionario.

EL PINTOR Y LA GUERRA: Con gran fuerza expresiva y crudeza, y sin tomar partido por los «buenos» o por los «malos»,Goya retrata la violencia de la guerra para criticar sus brutalidades.

Francisco de Goya, artista que integró la corte española y que se formó a la luz de los ideales de la razón y del progreso, asistió en su larga vida al espectáculo de la violencia y la locura. La guerra se desató ante sus ojos y provocó su visión crítica del mundo, que fue plasmada en obras como la serie «Los desastres de la guerra» y en algunos cuadros de gran tamaño como El 2 de mayo de 1808 en Madrid y Los fusilamientos del 3 de mayo, entre muchos otros.

goya 2 de mayo

La invasión napoleónica en el territorio español en 1808 trajo aparejados muchos cambios políticos y sociales que convulsionaron la vida cotidiana de los habitantes de Madrid. Goya, afectado profundamente por los enfrentamientos, se inspiró en la Guerra de la Independencia para la confección de las estampas de «Los desastres de la guerra».

Realizados entre 1810 y 1815, los ochenta grabados al aguafuerte de la serie con títulos sugerentes como, por ejemplo, Fatales consecuencias de la sangrienta guerra en España con Bonaparte y otros caprichos enfáticos son los más terribles y dramáticos de los que compuso el artista.

Goya temió ser perseguido por su contenido político y por ese motivo las planchas estuvieron en poder de su hijo Francisco Javier Pedro hasta su muerte en 1854. Ocho años después fueron adquiridas por la Academia de San Fernando y publicadas por primera vez.

 ALGO MAS SOBRE LA VIDA DE GOYA…

En 1771 estaba en Italia donde, el 29 de Junio, la Academia de Parma le concedió a uno de sus cuadros una mención positiva por su cálida expresión. Goya tenía entonces 28 años de edad. Regresó a Zaragoza y en el otoño del mismo año recibió un afortunado encargo de pintar una serie de frescos en la Capilla de Nuestra Señora del Pilar. Entre 1773 y 1774 regresó a Madrid, donde se casó con Josefa Bayeu, hermana de su maestro y protector. En 1776, el Príncipe de Asturias le encomendó diseñar una serie de tapices y produjo treinta magníficos diseños entre los años 1776 y 1780.

En 1780 fue aceptado como miembro de la Real Academia de San Fernando, en Madrid. Esto marcó el comienzo de los años de éxito de Goya. En 1785, hizo su debut en la alta sociedad pintando un retrato de la Duquesa de Osuna, una de las damas españolas más poderosas. Los años que siguieron fueron jalonados por grandes éxitos sociales y financieros. Goya se movía en los círculos de la Corte Española y cuando Carlos III murió, fue nombrado pintor oficial de Carlos IV.

La monarquía Española era excepcional mente débil y vana y estaba fuera de contacto con la realidad. Goya parecía estar destinado a ser engullido por la vida superficial de la corte, pero en 1792 sucedió algo que le condujo a otra realidad. En el otoño de ese año estaba en Cádiz cuando fue aquejado por una enfermedad y se esperaba que muriera. Sin embargo, se recuperó lentamente y prácticamente abandonó su identidad como Pintor de la Corte. Fue en esa época que pintó sus «divagaciones populares», con sus temas sobre los sufrimientos y absurdos humanos. El Goya profundo comenzaba a surgir.

La serie de aguafuertes de Goya, Los Caprichos, fue publicada en 1799. Estos aguafuertes con sus temas de una sociedad corrupta y descarriada, muestran la sutileza y sentido de ironía de Goya en todo su esplendor. Toda su obra está señalada por el fuerte impacto emocional de los temas elegidos. Es «expresionista» y tuvo una gran influencia posterior en los pintores románticos y expresionistas.

En 1808, la debilitada monarquía española fue derribada y los ejércitos de Napoleón ocuparon España bajo el general en jefe Murat. En Mayo de aquel año, el pueblo de Madrid se alzó y atacó las tropas de Murat. El 3 de Mayo, cientos de patriotas españoles fueron ejecutados en una montaña en las afueras de Madrid. En 1814, Goya llevó a la tela estos sucesos que habían causado una profunda impresión en él. En la misma época trabajó en sus «Desastres de la Guerra», una serie de aguafuertes.

DESASTRES DE LA GUERRA

Los últimos años de vida, Goya los pasó en reclusión en una casa que se había comprado en las afueras de Madrid y en el exilio en Burdeos. Quedó sordo debido a su renuente enfermedad y esto aumentó su estado de aislamiento. En su casa cubrió las paredes con oscuros y poderosos murales que mostraban su profunda percepción del carácter humano y la condición del mundo que lo rodeaba. Goya fue atacado por la parálisis el 2 de Abril de 1828 y murió en Burdeos el 16 de Abril.

Fuente Consultadas:
Grandes Pinturas de la Historia – Goya – Clarín
Enciclopedia del Arte Larousse
Wikipedia Entrada: Francisco Goya
Enciclopedia Electrónica Microsoft Corporation – ENCARTA  –

Vida y Obra de Ghiberti Lorenzo Historia Puerta del Paraiso Florencia

Vida y Obra de Ghiberti Lorenzo Historia Puerta del Paraiso

Entre los años 1300 y 1600 la vida en Europa sufrió grandes cambios. Fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento. Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia. Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa. Pero fue también una era de violencia, pobreza, hambre y enfermedades.

Lorenzo GhibertiLorenzo Ghiberti (1378-1455) es el primero de los escultores florentinos del siglo XV; hasta los más eminentes artistas de esa época se formaron en su taller.

El estilo aún gótico de sus primeras obras se hace cada vez más complejo a través del estudio de la perspectiva y de la incansable búsqueda de la «luz», elementos ambos que tanto apasionaron a los artistas florentinos del siglo XV.

«Son tan bellas que podrían colocarse a la entrada del Paraíso».
Así se expresó un día el gran Miguel Ángel, que no prodigaba los elogios, al detenerse a admirar la nueva puerta del Baptisterio florentino, última obra maestra de Lorenzo Ghiberti.

Que aquella «puerta del Paraíso» era hermosa, lo sabían todos en Florencia… hasta los profanos en la materia. Pero el florentino más convencido de ello era el propio Lorenzo Ghiberti, que —con una franqueza rayana en la inmodestia— había firmado su trabajo con estas palabras: «Obra de Lorenzo Ghiberti, ejecutada con maravilloso arte». Nadie, sin embargo, se asombró de tal inscripción, ya que era rigurosamente cierta. Por lo demás, si alguien se hubiera atrevido a pensar que el autor de semejante rúbrica debía ser un auténtico «cara dura»… no se habría alejado mucho de la verdad.

La «cara dura» de Ghiberti, puesto que era de bronce, estaba allí mismo, sobre uno de los batientes de la puerta: un rostro abierto, bondadoso, con las cejas un poco enarcadas, confiriéndole una expresión perspicaz y vagamente irónica. Pero junto a su propia imagen, como si hubiera querido dividir el mérito de aquella obra maestra en partes iguales, Ghiberti había colocado la efigie de su padrastro, Bartolo de Michele, llamado Bartoluccio por los florentinos, que había sido su maestro; y este acto de modestia y generosidad basta para absolverlo de toda sospecha de presunción.

Puerta Harte del Baptisterio de Florencia (1403-1424)

Lorenzo Ghiberti: Puerta Harte del Baptisterio de Florencia (1403-1424) – Por voluntad de los autores del encargo, Ghiberti, al esculpir la primera puerta del Baptisterio de Florencia, se atuvo fielmente al modelo que había ejecutado Andrés Pisano, en la primera mitad del siglo XIV, para el mismo Baptisterio. La puerta está subdividida en 28 paneles de bronce, 14 por batiente, en cada uno de los cuales se incluye un marco cuadrilobulado que encierra a las figuras. En las dos filas inferiores, el escultor representó a los cuatro evangelistas y a los cuatro «padres» de la Iglesia, seguidos, en orden ascendente, por los episodios más significativos de la vida de Jesús. La regularidad geométrica de los recuadros se enriquece con los elegantísimos frisos que los enmarcan y con la vivacidad de las cabezas de profetas que surgen en los ángulos. Las figuras doradas resaltan sobre el fondo oscuro del bronce. La fundición de la puerta fue muy difícil, y se realizó en dos tiempos: primero, el marco con los 28 compartimientos; luego, las placas esculpidas.

EL FAMOSO CONCURSO
Lorenzo se reveló como un artista precoz: cuando, en 1401, participó en el famoso concurso para la puerta del Baptisterio de Florencia, sólo tenía 23 años. El tema del concurso era la ejecución de una placa de bronce que reprodujera el «Sacrificio de Isaac». Tras una primera «eliminatoria», pasaron a la final siete artistas de «campanillas», entre ellos Jacobo della Quercia y Filippo Brunelleschi.

No es difícil imaginar el clima de competición que se creó en la ciudad cuando los seleccionados se pusieron al trabajo, ni las discusiones de los «partidarios» sosteniendo a sus favoritos, ni la curiosa expectación.

Los siete artistas trabajaron en el más completo secreto, para no correr el riesgo dé copiarse recíprocamente. Es decir, los siete, no, porque Lorenzo Ghiberti, el más joven de ellos, invitó a todos los ciudadanos que lo desearan a examinar sus modelos y a declarar abiertamente su parecer. Los maldicientes, por supuesto, dijeron que con ello sólo intentaba predisponer a favor suyo al j rado…
Pero se engañaban: la obra de Ghiberti resultó perfecta, digna, sin duda, de la victoria.

Para los treinta y cuatro componentes de la comisión, sin embargo, no fue fácil decidir entre las placas presentadas por Ghiberti y Brunelleschi, ya que ambas eran muy bellas, aunque completamente distintas en la ejecución y en el estilo. Finalmente se optó por una decisión salomónica: los dos artistas trabajarían juntos en la puerta del Baptisterio. Brunelleschi se negó.

MEDIA VIDA
Inició la tarea cuando era todavía un joven, y la terminó a los cuarenta y seis años de edad. Acaso al participar en la ceremonia de consagración de la puerta, en la mañana de Pascua de 1424. se dio cuenta de que la mitad de su vida se le había ido en aquel trabajo. Pero merecía la pena. La puerta, elegantísima, perfecta, era el resultado de un feliz equilibrio de arte y sabiduría técnica. Y sólo Florencia podía jactarse de poseer semejante maravilla.

UN TALLER CONCURRIDO
Entretanto, el taller de Lorenzo Ghiberti se había llenado de ayudantes, aprendices y alumnos. entre los cuales se contaban algunos, como Donatello y Paolo Uccello, que no tardarían mucho en hacerse famosos. La vida del escultor transcurría en medio de un tranquilo bienestar: tenía mujer, dos hijos que pronto incrementarían el número de sus colaboradores, una bonita casa en Borgo Allegri y algunas fincas fuera de la dudad. Y era. además, famosísimo.

En su taller se hacía de todo: finísimos trabajos de orfebrería, estatuas de bronce de más de dos metros de altura, destinadas a la iglesia de Orsanmichele, bosquejos para las vidrieras sacras, vírgenes de terracota, pinturas sobre madera y. vidrio… Y, cuando se habló de encargar la tercera y última puerta del Baptisterio (la primera había sido esculpida por Andrés Pisano, un siglo antes), a nadie, y tampoco a Ghiberti, se le pasó por la cabeza que pudiera ser confiada a otras manos.

Como siempre, el resultado satisfizo a todos: se trataba, efectivamente, de la «puerta del Paraíso». Si bien aquella vez, en el entusiasmo febril del trabajo» transcurrió casi un decenio: en 1452, cuando dio  últimos toques a su obra, Ghiberti tenía más de 70 años.

Por aquella época, el artista llevaba ya bastante adelantada la redacción de sus «Comentarios», que continuó escribiendo, sereno y en paz, hasta el día de su muerte acaecida el 1° de diciembre de 1455. En los «Comentario se refería también a su propia persona, objetivamente concluyendo la parte autobiográfica con otra de sus tajantes afirmaciones: «Pocas cosas importantes se han hecho en nuestra tierra (la Toscana) que no hayan sido dibujadas u ordenadas por mi mano». Pero tampoco esta vez los lectores encontraron presuntuosa la frase. Es cierto: Lorenzo Ghiberti había educado y enseñado arte a toda una generación de escultores.

 Detalle de la Puerta Norte del Baptisterio Florencia

Lorenzo Ghiberti – Detalle de la Puerta Norte del Baptisterio  Florencia: Anunciación – Esta placa de la primera puerta ejecutada por Lorenzo Ghiberti con destino al Baptisterio de Florencia, constituye un ejemplo de la sobria elegancia características del estilo de este escultor. Observemos la armonía y el equilibrio con que la escena ha sido colocada en el marco de cuatro lóbulo El templete que acoge la figura de la Virgen ocupa la mitad exacta de la superficie disponible; las figuras del ángel y del Padre Eterno,oportunamente curvadas para adaptarse mejor al  contorno redondeado del marco, «equilibran» la otra mitad. Notemos también cómo las alas del ángel se introducen en el  ángulo del marco, favoreciendo el ritmo.

puerta del infierno ghiberti lorenzo

Lorenzo Ghiberti: Puerta del Paraíso (1425-52) – Florencia, Baptisterio – En la «puerta del Paraíso» Ghiberti utilizó una subdivisión distinta de la empleada en las otros dos puertas del Baptisterio. Eligió como tema los hechos del viejo’ Testamento, narrados en diez amplias escenas, contenidas en marcos rectangulares. Los frisos verticales reproducen elegantes figuras de cuerpo entero y cabezas rodeadas por marcos circulares. La tercera pareja de cabezas del friso central de la puerta, empezando a contar desde abajo, está formada por los retratos del escultor (a la derecha) y de su padrastro y maestro, Bartolo di Michele, llamado Bartoluccio (a la izquierda). El estilo del artista ha cambiado mucho. Las escenas son más ricas en detalles y están animadas por un claroscuro que les confiere un vivaz efecto «pictórico». El paisaje y los edificios del fondo fueron ejecutados según las reglas de la perspectiva, es decir, disminuyendo la altura del relieve, a medida que las figuras se alejan del primer plano.

Legado del Humanismo

Legado del Humanismo

El humanismo: El humanismo surgió en parte en respuesta a la desilusión creciente con respecto a la Iglesia. Era una corriente de pensamiento literaria y erudita, interesada en la gramática, la retórica, la historia, la filosofía y la poesía, doctrinas todas producto del pensamiento humano.

En su corazón latía el interés por reavivar la cultura clásica, en particular mediante el estudio del griego y el latín. El humanismo postulaba que el ser humano podía aplicar las habilidades que le eran propias, el razonamiento y la lógica, para mejorar y ganar en dignidad.

En su difusión hacia el norte alcanzó otros países europeos y, con la aparición de las técnicas de impresión, llegó a un público cada vez mayor. Cuando sus tesis se aplicaron al estudio de la Biblia, se exigió una revisión humanista de la Iglesia, la cual derivó en la llamada Reforma.

El nuevo ideal de vida de los humanistas básicamente implicaba:

Una afirmación de la presencia del hombre en el mundo: los humanistas consideraban al hombre como centro y medida de todas las cosas. Expresaban su orgullo y simpatía por las realizaciones humanas y tenían gran confianza en el destino de la humanidad. Consideraban al hombre como un ser libre y superior a otras criaturas.

Una revalorización de la vida en la tierra: apreciación que señalaba una diferencia con el pensamiento medieval, que consideraba más importante la vida ultraterrena.

El ejercicio de la crítica socio-cultural: atacaron a las autoridades tradicionales, como la Iglesia en sus poderes terrenales, y a le: rígidos métodos de enseñanza e investigación que no permitían e adelanto de los conocimiento; Proponían la discusión de las teorías, la observación de los hechos los procedimientos inductivos (de lo particular a lo general).

Los humanistas lograron un rango social importante, pero su vida no era fácil. Alcanzaban el nivel profesional después de años de estudio y muchos esfuerzos. Estudiaban desde niños o muy jóvenes gran cantidad de horas diarias muchas de ellas a la luz de las velas. Algunos solían describir su existencia de este modo: «durante el día trabajo para vivir y durante la noche me visto con mis mejores galas, voy a la biblioteca y me une con los pensadores antiguos».

Los burgueses se transformaron en mecenas y protegieron a intelectuales y artistas. Eran poderoso; económicamente y querían aparecer también como «piadosos». Los Medicis de Florencia fueron un ejemplo del mecenazgo ejercido por la alta burguesía.

EL LEGADO DEL HUMANISMO

El movimiento humanista, como ya se expuso, había nacido en la vanguardia de un conjunto de manifestaciones de la vida europea vinculadas al desarrollo y a las exigencias de las comunidades urbanas. Nutrido en su origen en aspiraciones de universalidad, no había podido eludir la presión del tiempo, tornándose paulatinamente en factor de estímulo de las mismas tendencias a que parecía oponerse.

Su noción del carácter autónomo de las creaciones humanas, con la consiguiente objetivización del mundo de la cultura, había tenido como consecuencia inmediata el desarrollo de las ciencias histórico-políticas, dotadas del instrumento eficaz proporcionado por la filología.

Firme luego en su concepción de la dignidad del hombre, concebido como señor de la Tierra, había desarrollado la indagación de la circundante esfera natural, estimulando las búsquedas científicas destinadas a dominar el universo y someterlo a sus exigencias.

Nació de este modo, un mejor conocimiento del pasado y del presente. La selva de mitos y alegorías se desbrozó con el rechazo del criterio de autoridad científica y con la creación de una nueva metodología del saber. que pronto daría frutos gigantescos.

Por otra parte, si en cierto modo el humanismo rompió con el pasado inmediato, tachándolo en sus limitaciones fundamentales, no dejó de advertir, en toda su fecundidad, el lazo que indisolublemente debía tenderse, enhebrando el conjunto de las creaciones humanas, para advertir el sentido de la presencia del hombre en la Tierra.

La Puerta de Holster Entrada a la Ciudad de la Liga Hanseatica

LA LIGA HANSEÁTICA
En 1241, los comerciantes de Lübeck y Hamburgo, en el norte de Alemania, formaron la Liga Hanseática, que estableció vínculos con países tan alejados como Rusia. Los mercaderes de la Liga H anseática se hicieron ricos y poderosos y comenzaron a considerarse iguales a los príncipes.

Holstentor  nos «atrapa», produciéndonos inmediatamente una sensación de solidez, de rica e imponente severidad. Precisamente, este efecto era el que pretendían alcanzar los ciudadanos de Lübeck que, entre 1469 y 1476, erigieron esta monumental puerta de entrada, dentro del recinto de las murallas.

Querían que, a la vista de los dos potentes torreones terminados en altas agujas cónicas, y ante el aspecto imponente del edificio, los forasteros adivinasen, desde el primer momento, cuál era el «estilo» de la ciudad que iban a visitar. Una ciudad que desde hacía un par de siglos se regía libremente, no sujeta a la autoridad feudal ni imperial; una ciudad que, desde que se había convertido, por su posición y su autoridad, en la capital de la fuerte

Liga Hanseática, nacida en la segunda mitad del siglo XIII y dominadora de toda la parte septentrional de Alemania, se había enriquecido, traficando en todos los mares, y estaba orgullosa de sí misma y de su gente independiente, laboriosa, capaz de ver el aspecto concreto de las cosas y, también, de saber apreciar el lado estético. Y todos estos caracteres están encerrados, como en un emblema, en la magnífica Holstentor, que guardaba la entrada de la antigua ciudad.

Notemos cómo los constructores de este edificio han sabido conciliar su principal función, defensiva, con un aspecto invitador, agradablemente estético. Aislada como está actualmente, la mole resalta en su maciza potencia. Este carácter de solidez —diríamos casi de concreta practicidad— se expresa con magnífica evidencia en la línea horizontal de su forma. El cuerpo macizo del edificio está subrayado por las anchas fajas que marcan los distintos planos y por la densa sucesión, una junto a otra, de las innumerables ventanas.

Pero este edificio, tan sólido y «corpóreo», no da nunca la sensación de una pesadez oprimente. Más bien parece tener una cierta tendencia arrogante, un indiscutible orgullo. Esto es debido a la habilidad con que se han dispuesto los distintos elementos «horizontales», ya indicados, en relación con los «verticales»: las orgullosas cúpulas, cubiertas con planchas de pizarra; el singular frontón, con los tres simpáticos y algo petulantes pináculos; el impulso mismo de las ventanas.

Nótese, además, que los dos torreones laterales sirven también para conferir al conjunto un carácter simétrico y equilibrado. La simetría se acentúa por el relieve que, en cada faja, se le ha dado a la zona central. Abajo, el centro está marcado por la luz de la puerta propiamente dicha; en el primer piso, por las ventanas; y, arriba, por el frontón con los tres pináculos.

En suma: solidez y elegancia, sentido práctico y altiva compostura son los méritos de este antiguo edificio. Debemos hacer notar otro de sus méritos, no debido a los antiguos constructores, sino a los actuales habitantes de la ciudad de Lübeck. Nos referimos a la perfecta sistematización urbanista —un verde, silencioso y fascinante parque— que permite a la Holstentor dominar en un «espacio libre», tal como debe hacerlo el solemne testimonio de un ilustre pasado.

El Arte Neoclasico Historia del Arte Barroco y Rococo

El arte neoclásico

La arquitectura, la escultura y la pintura defines del siglo XVIII y los primeros años del siglo XIX se convirtieron en importantes testimonios del pensamiento de la Revolución Francesa y de la época napoleónica.

Arte y política

En los años previos al estallido de la Revolución Francesa se inició en Francia el Neoclasicismo. Esta corriente estilística reaccionó frente a las formas monumentales y fastuosas del Barroco y del Rococó para centrarse en formas más simples y armoniosas.

El nuevo estilo buscó en los modelos del Renacimiento y de la antigüedad clásica su fuente de inspiración. El descubrimiento y posterior excavación de las minas de las ciudades italianas de Pompeya y Herculano, sepultadas por una erupción del volcán Vesuvio en el año 79 d.C., favorecieron el interés por el arte grecorromano. La investigación arqueológica en el suelo griego y la isla de Sicilia también permitió descubrir obras clásicas.

Estos hallazgos despertaron un considerable entusiasmo entre los hombres de la Ilustración, quienes valoraron especialmente la armonía y el equilibrio del arte antiguo. Para estos pensadores, el arte debía tener un fin didáctico y moral. Según Diderot, el arte debía “hacer la virtud atrayente, el vicio odioso y el ridículo claoroso”. Por su parte, la ideología de la Revolución Francesa.

encontró su medio de expresión y propaganda en las formas características de Grecia y. especialmente. de Roma. Con Napoleón Bonaparte, el estilo neoclásico halló una nueva vía de afirmación al servir de soporte a su concepción del poder centralizado, que se manifestó a través de la figura imperial.

El estilo neoclásico excedió el marco de la arquitectura, la pintura y la escultura e influyó en el mobiliario, la cerámica y los tejidos.

El Pintor de la Revolución y el Imperio

Jacques Louis David (1784-1825) fue el pintor neoclásico por excelencia y el más admirado de su tiempo. Como los pensadores de la Ilustración, él también creía que el arte podía revelar con facilidad verdades a las que la razón llegaba con mayor esfuerzo. Comprometido con la Revolución. David consideraba que sus pinturas debían contener una enseñanza, expresada de manera clara y sobria. Más tarde, se convirtió en el primer pintor de Napoleón y retrató los momentos más importantes de su carrera militar y política. Tras la caída de Napoleón, abandonó Francia y se exilió en Bruselas, donde murió.

Cupido y Psiquis. Detalle de la escultura en mármol de Antonio Canova (1757-1822).
El veneciano Canova es el máximo representante de la escultura neoclásica.

El juramento de los Horacios. Óleo de David, 1784.

En esta obra, el artista representa un episodio de la historia de Roma: en un momento de extremo peligro, tres hermanos romanos, hijos del jefe militar romano Horacio, deben luchar a muerte contra tres hermanos de la ciudad enemiga de Albalonga, llamados los Cudacios, por el honor de su ciudad y el dominio del territorio. David pintó el momento en que los jóvenes juran, ante las espadas que sostiene su padre, morir por su patria, a pesar de que las dos familias —los Horacios y los Curiacios— estaban unidas por lazos familiares. A la derecha de la composición, las mujeres de la familia lloran con desesperación. Si bien este cuadro fue pintado pocos años antes de 1789, cuando estalló la Revolución se vio en él un antecedente de la misma, porque el tema destaca los valores de la libertad y la defensa de la patria y exalta a la República romana como una época en la que se desarrollaron especialmente esos valores.

Arco de triunfo de la Plaza del Carrousel. Arquitectos Carlos Percier y Pedro Fontaine, 1806.
Con este monumento, inspirado en los arcos de triunfo romanos, se exalta la figura de Napoleón. La decoración del arco alude a la victoria de las tropas imperiales en todos los frentes de batalla. Sobre las columnas se levantan las estatuas de soldados napoleónicos.

Las sabinas. Óleo de David, 1799.
Nuevamente la exaltación del valor se encarna en la historia de la antigua Roma. En este caso, David representó el episodio en el que las mujeres sabinas, raptadas por los romanos que carecían de mujeres en la recientemente fundada Roma, se interponen entre sus maridos (los romanos) y sus padres para obtener la paz. El extremo rigor de la composición no impide que trasunte gran dramatismo. La mujer con los brazos abiertos, que impone con su gesto el fin de la lucha, encierra una intención política: es un símbolo del triunfo y un llamado a la reconciliacion. Cuando David pintó este cuadro, Napoleón iniciaba su brillante carrera.

Consagración de Napoleón. Óleo de David, 1808.
En esta obra se representa el momento en el que Napoleón, que ya se ha coronado emperador, corona a su esposa Josefina. Deliberadamente David representa al gobernante como a un emperador de la antigua Roma, tal como lo sugiere el uso de la corona de laurel, las sandalias, la túnica y la toga (en este caso con el borde ricamente bordado).

Fuente Consultada: Historia 2 El Mundo Moderno (Desde el siglo XV hasta comienzos del XIX) Omar Bagnoli y Otros.

El Arte Rococo Origen del Estilo Historia y Características

ARTE: ORIGEN E HISTORIA DEL ESTILO ROCOCÓ

El arte rococó: El refinamiento y la elegancia de las cortes europeas del siglo XVIII se vio reflejado en el arte rococó. El espíritu ligero y aparentemente despreocupado del siglo XVIII se refleja en el rococó. Toda realización artística existió entonces en función de la frivola vida sans souci, o «sin preocupaciones» (nombre que el rey filósofo Federico II puso a su residencia de campo cerca de Berlín). En efecto, se quiso huir de las preocupaciones cotidianas para volver a crear, en la naturaleza o en un interior esmeradamente decorado, el soñado marco de la alegría de vivir.

Un estilo esencialmente decorativo: El término “rococó” deriva del francés rocaille, que puede traducirse como rocalla, dibujo en forma de valva de ostra, elemento principal de la decoración rococó. Esta forma, al combinarse con elementos vegetales, adquirió un carácter antinaturalista y fantástico. Este tipo de decoración se empleó en los techos y en las paredes de los palacios, complementada con grandes espejos dorados y suntuosos cortinados.

Durante el reinado de Luis XV, el estilo presenta innumerable cantidad de curvas y contracurvas y es muy recargado; en la época de Luis XVI aparecen, en cambio, líneas rectas y ciertos elementos decorativos de origen greco-latino que se vinculan con el descubrimiento de la ciudad romana de Pompeya. Este gusto por una mayor sobriedad se relaciona también con la presencia del racionalismo burgués expresado en las ideas de la Ilustración.

En la pintura y la escultura los personajes son representados con mucha elegancia y la naturaleza está idealizada. La pintura desarrolló diferentes temas, entre los que predominaron el retrato, los temas mitológicos, las escenas cortesanas y el paisaje. Este último tuvo gran desarrollo en Venecia, donde pintores como Canaletto y Guardi captaron distintas vistas de la ciudad y diferentes ceremonias que se desarrollaban en sus calles y plazas.

En Francia, lugar de origen del arte rococó, sobresalieron Watteau, Fragonard y Boucher, que pintaron escenas aristocráticas y cortesanas.

Durante el siglo XVII, el barroco alcanzó un brillante desarrollo: tradujo de modo exuberante y artístico el espíritu de la Contrarreforma y el absolutismo de los soberanos. Después cambiaron las costumbres y el espíritu arquitectónico hizo lo mismo; así, en el siglo XV el barroco se transformó en rococó.

El columpio (detalle). Óleo de Jean-Honoré Fragonard (1732-1806).
A partir de 1767. Fragonard comenzó a pintar una serie de paisajes, retratos y escenas a la que llamó Fiestas galantes. De esa serie, El columpio fue su obra más conocida.

Estuco: Masa de yeso y agua de cola que se utiliza para hacer esculturas y relieves en muros y bóvedas, así como objetos que luego se doran o pintan. También recibe ese nombre la masa de yeso fino, cal apagada y polvo de mármol con la que se revocan paredes, que luego se pintan o barnizan.

Salón con decoración rococó de la academia del Teresianum, en Viena.
El mármol simulado, los estucos y las maderas pintadas son recursos decorativos habituales en el estilo rococó.

Vista de San Marcos desde San Giorgio Maggiore. (detalle)
Óleo de Canaletto (1697-1768).

Las pinturas de Canaletto constituyen un documento gráfico de gran exactitud. Al dibujo minucioso de los edificios y de otros elementos representados, Canaletto agregaba un cuida­doso trabajo para representar las características atmosféricas y los detalles de color. El conjunto, sin embargo, no sólo produce un efecto realista. La composición de la imagen y el uso del color le confieren teatralidad, un rasgo característico de la pintura del siglo XVIII.

Retrato de Mademoiselle Henriette. Óleo de Jean-Marc
Nattier (1685-1766), 1754.

El retrato fue el género pictórico más desarrollado durante el siglo XVIII. La monarquía y los miembros de la nobleza y la alta burguesía encargaban a los artistas retratos que expresa­ran sus ideales de vida. El retrato de Mademoiselle Henriet­te, princesa de la casa real francesa, muestra las característi­cas de estas pinturas destinadas a engalanar los ambientes de las residencias de la nobleza.

Mademoiselle Henriette, vesti­da con ricas telas, aparece delante de un enorme cortinado mientras se dispone a tomar el cello. El pintor la ha retratado como si la hubiera sorprendido tocando música y ella en rea­lidad no hubiera posado. Los instrumentos musicales presen­tes —detrás del cortinado se asoma un clave— sirven para convertir a la joven en una alegoría de la música.

Gules. Óleo de Antoine Watteau (1684-1721), 1717.
Watteau fue uno de los máximos representantes del arte rococó. En esta obra, cuya figura central es un payaso, rompe con los esquemas tradicionales de tomar como protagonista a un rey, a un santo o a algún otro personaje destacado.

PARA SABER MAS…

Este nuevo estilo es fiel reflejo de las tendencias de la época: durante este siglo de los filósofos, la Iglesia y el absolutismo sufrieron duros golpes. La nobleza, que se sentía más independiente, empezó a hacer encargos a los artistas. Al mismo tiempo, la fastuosa vida de la corte cedió el paso a la vida de los salones, más íntima. Los salones, que gozaron de inigualable favor, permitieron valorar al «hombre culto».

Tanto en las conversaciones como en el arte, la solemnidad desapareció y dio paso al desenfado. Mientras que el barroco sólo tendía a impresionar a la masa, el rococó quería, sobre todo, agradarle. Abusó de la concha y la rocalla (de rocaille, trabajo en roca), hasta el punto de que los admiradores del clasicismo llamaron burlonamente «rococó» a este estilo.

El rococó fue, esencialmente, un arte de interiores. La estructura exterior de un edificio podía conservar un orden severo y clásico, pero el interior estaba totalmente concebido en estilo rocalla.

En Francia, Luis XV se mostró tan entusiasta de este estilo que mandó transformar toda un ala del Palacio de Versalles e hizo decorar numerosos saloncitos íntimos al gusto de la nueva moda. Las paredes se dividieron en paneles enmarcados por decorativos revestimientos de madera. Para esto se empleó más la madera y el estuco que el mármol, porque estos materiales se prestaban más a las curvaturas atormentadas.

El barroco ya había destronado la línea recta en benefic’ ) de la curva. El rococó hizo más: la sustituyó definitivamente por un juego de líneas ondulantes. Además, se dio preferencia a los delicados tonos pastel y al dorado (e incluso al blanco), de modo que los interiores se hicieron más alegres y agradables. Los muebles, artísticamente taraceados y llenos de gracia y refinamiento, subrayaron, también, el carácter íntimo y alegre del interior rococó.

Este estilo no se limitó a Francia, sino que también se implantó firmemente en Alemania, sobre todo en el sur. Famosos arquitectos como Baltasar Neumann (1687-1753) y Dominikus Zimmermann (1685-1766) construyeron iglesias en las que aplicaron con la mayor perfección estos nuevos conceptos. Lograron combinar en un conjunto armonioso los elementos arquitectónicos y decorativos.

Con la iglesia de peregrinación de Vierzehnheiligen, Neumann alcanzó, indudablemente, la cúspide de esta elegante arquitectura religiosa. De dimensiones sin duda más modestas y de concepción más rústica, la iglesia de Wies (cuya nave reproducimos en la página de la derecha), que fue proyectada por Zimmermann en 1745, es otra joya de la arquitectura rococó.

Iglesia Weiss Estilo Rococo

La atmósfera de pomposa exuberancia que reina en estos lugares está aún más subrayada por los efectos de luz producidos por el juego del sol en las ventanas sabiamente dispuestas. Viendo estas líneas atormentadas, con magníficos frescos y doradas estatuas, se podría creer que los arquitectos quisieron mostrar a los peregrinos un rincón del paraíso.

El rococó también influyó en las demás artes. Por la delicadeza de formas y colores, pintores como Jean-Antoine Watteau (1684-1721), de Valenciennes, testimoniaron los conceptos de vida refinada y la alegre despreocupación de su época.

Pero examinemos de cerca un cuadro de Watteau: el indefinible matiz de melancolía del que están impregnados sus galantes personajes de desenfadado aspecto, a veces nos sugiere la idea de que danzan sobre un volcán. Esto nos hará deducir también que el siglo xviii intentó, sin duda, huir de las preocupaciones cotidianas y regresar a la naturaleza.

La obra de Watteau ejerció gran-influencia sobre Boucher, Fragonard y el inglés Gainshorough. El maestro de la pintura sobre bóveda Juan Bautista Tiépolo, un veneciano que tuvo un éxito colosal, fue otra gran figura de esta época. Sus frescos, por lo general alegóricos, destacan por su movimiento, sus vivos colores y su resplandeciente luminosidad.

En el adorno de los interiores se utilizó tanto la escultura como el grabado, del que el antuerpiense Verbercht dejó en Versalles ejemplares especialmente logrados. Además, las porcelanas, pintadas o no, de Sévres, cerca de París, o de Meissen en Sajonia, estuvieron muy de moda. Todavía hoy estas gráciles figurillas llenas de gracia siguen siendo buscadas por los coleccionistas.

Por último, con su música fresca, graciosa y radiante, compositores como Haydn y Mozart quisieron no sólo animar esta vida frivola, sino también representarla.

Fuente Consultada: Historia 2 El Mundo Moderno (Desde el siglo XV hasta comienzos del XIX) Omar Bagnoli y Otros.