La Puerta de Holster Entrada a la Ciudad de la Liga Hanseatica



LA LIGA HANSEÁTICA
En 1241, los comerciantes de Lübeck y Hamburgo, en el norte de Alemania, formaron la Liga Hanseática, que estableció vínculos con países tan alejados como Rusia. Los mercaderes de la Liga H anseática se hicieron ricos y poderosos y comenzaron a considerarse iguales a los príncipes.

Holstentor  nos «atrapa», produciéndonos inmediatamente una sensación de solidez, de rica e imponente severidad. Precisamente, este efecto era el que pretendían alcanzar los ciudadanos de Lübeck que, entre 1469 y 1476, erigieron esta monumental puerta de entrada, dentro del recinto de las murallas.

Querían que, a la vista de los dos potentes torreones terminados en altas agujas cónicas, y ante el aspecto imponente del edificio, los forasteros adivinasen, desde el primer momento, cuál era el «estilo» de la ciudad que iban a visitar. Una ciudad que desde hacía un par de siglos se regía libremente, no sujeta a la autoridad feudal ni imperial; una ciudad que, desde que se había convertido, por su posición y su autoridad, en la capital de la fuerte

Liga Hanseática, nacida en la segunda mitad del siglo XIII y dominadora de toda la parte septentrional de Alemania, se había enriquecido, traficando en todos los mares, y estaba orgullosa de sí misma y de su gente independiente, laboriosa, capaz de ver el aspecto concreto de las cosas y, también, de saber apreciar el lado estético. Y todos estos caracteres están encerrados, como en un emblema, en la magnífica Holstentor, que guardaba la entrada de la antigua ciudad.

Notemos cómo los constructores de este edificio han sabido conciliar su principal función, defensiva, con un aspecto invitador, agradablemente estético. Aislada como está actualmente, la mole resalta en su maciza potencia. Este carácter de solidez —diríamos casi de concreta practicidad— se expresa con magnífica evidencia en la línea horizontal de su forma. El cuerpo macizo del edificio está subrayado por las anchas fajas que marcan los distintos planos y por la densa sucesión, una junto a otra, de las innumerables ventanas.

Pero este edificio, tan sólido y «corpóreo», no da nunca la sensación de una pesadez oprimente. Más bien parece tener una cierta tendencia arrogante, un indiscutible orgullo. Esto es debido a la habilidad con que se han dispuesto los distintos elementos «horizontales», ya indicados, en relación con los «verticales»: las orgullosas cúpulas, cubiertas con planchas de pizarra; el singular frontón, con los tres simpáticos y algo petulantes pináculos; el impulso mismo de las ventanas.

Nótese, además, que los dos torreones laterales sirven también para conferir al conjunto un carácter simétrico y equilibrado. La simetría se acentúa por el relieve que, en cada faja, se le ha dado a la zona central. Abajo, el centro está marcado por la luz de la puerta propiamente dicha; en el primer piso, por las ventanas; y, arriba, por el frontón con los tres pináculos.

En suma: solidez y elegancia, sentido práctico y altiva compostura son los méritos de este antiguo edificio. Debemos hacer notar otro de sus méritos, no debido a los antiguos constructores, sino a los actuales habitantes de la ciudad de Lübeck. Nos referimos a la perfecta sistematización urbanista —un verde, silencioso y fascinante parque— que permite a la Holstentor dominar en un «espacio libre», tal como debe hacerlo el solemne testimonio de un ilustre pasado.



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