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Biografia de Caravaggio Resumen de su Vida y Obra Artistica

Resumen Biografía de Caravaggio y Su Obra Artística
Artista de la Pintura del Barroco Italiano

Caravaggio, cuyo nombre real era Michelangelo Merisi (Milán, 1573 – Porto Ercole, 1610), artista pintor italiano,  uno de los exponentes más destacados de la escuela naturalista que surgió en Italia como oposición a la corriente manierista triunfante durante el siglo XVI. En sus cuadros, tanto profanos como religiosos, no utilizó otro modelo más que la cruda realidad sin someter a los personajes a proceso alguno de idealización.

Esta forma de tratar las composiciones religiosas atrajo la atención de la Contrarreforma por su carácter devocional que facilitaba la identificación de los fieles con los modelos de santidad, aunque, en algún caso, la excesiva vulgaridad de aquellos le valió algún problema con la Iglesia. Fue asimismo muy importante su utilización del claroscuro para imprimir dramatismo a sus obras.

Caravaggio pintor italiano
Su nombre real era Michelangelo Merisi, nació el 28 de septiembre de 1571, fue un pintor italiano,  de gustos auténticamente plebeyos, siempre listo para reñir, siempre dispuesto a crear obras maestras. Una mente perturbada de donde salía también la luz. . . Una vida extraordinaria, aventurera. . . La diosa fortuna le brindó sus sonrisas y él las rechazó: no le gustaban sus modales.

No lejos de la vetusta y placentera ciudad de Bérgamo, escondida entre los árboles, está la aldea de Caravaggio. Los habitantes de toda esa comarca saben emocionarse ante la belleza; entre ellos encontramos numerosos mecenas y también importantes centros donde se rinde culto al arte. Grandes artistas nacieron en ella y fueron luego a Milán, Venecia, Roma, para perfeccionarse con ilustres profesores y llegar, a su vez, a ser maestros.

Uno de ellos —Miguel Ángel Merisi, que primero fue a Milán y luego a Roma en busca de fortuna— estaba dotado de un talento tan original y vigoroso que los romanos, para distinguirlo mejor de Miguel Ángel Buonarroti, o bien- para definir aún más su pintura tan deliciosamente impregnada de vida popular, lo designaron con el nombre de su ciudad natal. Por eso el mundo entero lo conoció y lo conoce aún con el nombre de  Caravaggio.

Nació Miguel Ángel Merisi en el año 1571. Su padre, Fermo Merisi, era arquitecto y le enseñó a dibujar desde pequeño. El niño empezó a cubrir de frescos todas las paredes que encontraba. ¿Cuál fue la señal que reveló al padre la vocación de su hijo? Es difícil asegurar la autenticidad de lo que diremos, pero es agradable creer en la leyenda. Dice ésta que, muy niño aún, Miguel Ángel era capaz de dibujar personas de tamaño natural, cuya semejanza con el modelo era asombrosa. Sorprendido el padre de su precoz talento, no titubeó en enviarlo a Milán para que allí conociera los secretos de la pintura.

Hombre de vida airada, Michelangelo Merisi estudió inicialmente en Milán con el manierista Peterzano, contra cuya estética reaccionó ásperamente. Autodidacto en lo sucesivo, su pintura suscitó violentos rechazos. Mas a pesar de las críticas de los artistas, el público apreció sus telas rugosas, erizadas de pastosidades y dominadas por lo que a partir de él se ha llamado tenebrismo.

Sea lo que fuere, lo cierto es que el jovencito entró en calidad de discípulo en el estudio de Peterzano. Tenía entonces once años. Era un adolescente turbulento, fuerte, de ojos oscuros, que siempre había vivido en contacto con la naturaleza.

Amaba el juego, la lucha, era aplomado en sus réplicas y hablaba con voz enérgica. En ese tiempo la pintura de moda era amanerada, rebuscada. Se veían personajes en posturas artificiales, vírgenes y santos enredados en vestimentas demasiado amplias, y los fondos de las telas aparecían siempre sobrecargados de flores y frutas.

Esas imágenes se parecían más a comediantes que a personajes sagrados. En el estudio de Peterzano se cultivaban esas tendencias y los discípulos se esforzaban en asimilar el estilo del maestro.

Pero Miguel Ángel Merisi, rebelde en su vida, lo era también en el arte. Nunca se sometió a los llamados buenos modales, que entonces tenían fuerza de ley. Sin perder tiempo en prosternarse frente a los lienzos de su maestro, buscaba, entre los hombres de la calle y las tabernas, los modelos de su gusto, de ademanes y expresiones naturales.

Le encantaba promover desórdenes en el taller y molestar con bromas pesadas a los clientes de Peterzano. Incitaba a sus compañeros a la indisciplina y enfrentaba a su maestro con ese descaro, tan espontáneo, que conservó toda la vida.

Vivió cuatro años en Milán. Concluido su compromiso con Peterzano, inició la búsqueda de nuevos horizontes. No disponía de mucho dinero, tal vez el justo para poder comer modestamente una vez al día, pero estaba seguro de lo que deseaba y tenía, a pesar de su alma vagabunda, una gran fuerza de voluntad y un irresistible anhelo de producir obras maestras.

Dirigió sus pasos a Roma, donde los primeros tiempos de su estada fueron muy duros. Enfermó de paludismo y lo cuidaron en el hospital de la Caridad, mas no llegó a sanar completamente. Algunos de sus autorretratos pintados en esos años, lo presentan pálido y demacrado por la fiebre. La miseria no contribuía a acelerar su convalecencia.

Se estableció en Roma hasta que, obligado a huir por haberse visto envuelto en una sangrienta reyerta, se refugió en Napóles (1606). Recorrió el sur del país perseguido por la justicia hasta que pasó a Malta (1607), donde fue recibido en la orden de San Juan. Encarcelado un año más tarde por ofensas a un caballero de la orden, logró huir a Sicilia y de alli a Milán.

Caravaggio no habitó jamás en los barrios aristocráticos, donde los artistas de la época instalaban pintorescos y lujosos talleres, y adonde la gente de la nobleza concurría encantada para encargar su retrato. Vivió siempre entre los pobres, quienes compartieron con él su escasa comida y su albergue, incluyéndolo también en sus riñas y sus luchas.

Sin embargo, días mejores se avecinaban. Cuando los romanos se dieron cuenta de lo bien que pintaba y dibujaba, comenzó a ganar dinero. El cardenal Del Monte fue uno de los primeros que, al mirar uno de sus cuadros, Los tramposos, valoró la precisión y el vigor de los personajes, que parecían vivientes. Adquirió la tela y llevó al pintor a su palacio. El cuadro ocupó un lugar de honor, y su autor, colmado de atenciones y cuidados, ataviado con ropa nueva de pies a cabeza, fue presentado a todos los ilustres amigos que el cardenal recibía en palacio.

Entre dos riñas, entre dos comidas: una en la mesa del cardenal, otra en alguna taberna, ya vestido como un señor y escoltado por un paje, ya llevando un jubón roto y en compañía de Cuervo, su perro negro, Caravaggio buscaba todas las oportunidades para pintar y los encargos afluían…

No podemos afirmar que hiciera un solo gesto para asir la fortuna, ni grandes esfuerzos para conservarla.A los poderosos rendía la pleitesía suficiente para no convertirlos en enemigos; pero pintaba mucho mejor cuando estaba inspirado que cuando lo movía el afán de lucro. Satisfacía a sus clientes sSolamente cuando los gustos de éstos no chocaban con los suyos propios. La gente de sociedad, acostumbrada a los refinamientos de los pintores en boga, se escandalizaba al ver las caras plebeyas de los santos y las vírgenes de Caravaggio.

Su San Jerónimo de músculos poderosos, su San Mateo sentado descuidadamente entre jugadores vulgares, y esa Madona echada en la cama, con los miembros aún deformados por los últimos sufrimientos de la agonía, le valieron críticas violentas de sus contemporáneos. Sin embargo, entonces como ahora, tuvo sus admiradores.

Se apreciaba su espontaneidad en la interpretación de los hechos, en la evocación de los personajes, así como su sinceridad y profundidad, pues su luz penetraba muy hondo en las almas. Sabía expresar el amor de los hombres hacia Dios y el amor de Dios hacia los hombres. Pero sin refinamientos, sin empalagar, huyendo de lo rebuscado.

A despecho de lo que podían pensar los atildados señores de la época, Caravaggio tuvo numerosos defensores y encontró amigos y discípulos entre los jóvenes pintores romanos, y los halló más adelante en Nápoles, en España y en los Países Bajos.

Si nosotros fuésemos pintores y tuviéramos que retratar a Caravaggio, lo haríamos con un pincel en una mano y un puñal en la otra. Porque sus cuadros fueron tan numerosos como sus peleas.

Después de haber dado muerte a un hombre y para no caer bajo el rigor de la justicia, tuvo que huir de Roma y refugiarse en Nápoles, donde felizmente su arte le había valido una fama mayor que la de sus fechorías. Tenía entonces 35 años, pero aparentaba mucho más, ya que las consecuencias del paludismo, la agitada vida y el temor a la justicia habían quebrantado su salud.

En Napoles no alteró sus costumbres: nuevos cuadros y nuevas riñas. ¿Buscaba, tal vez, reproduciendo con todo el vigor de su genio La flagelación, La Última Cena, El entierro de Santa Lucía, redimirse a los ojos de Dios? Esas manos, que tantas veces habían golpeado a sus semejantes, dieron al mundo obras místicas que se cuentan entre las más bellas de todos los tiempos.

De Nápoles pasó a Malta, que estaba en poder de los Caballeros de San Juan desde hacía 75 años. Fue recibido con grandes honores, y el gran maestre de la orden, Alof de Wignacourt, le encargó su retrato, actualmente en el museo del Louvre, y una Degollación de San Juan Bautista destinada a la catedral de Malta.

Pero la calma había durado mucho tiempo. Riñó con un caballero de la orden y fue encarcelado por mandato del gran maestre. Logró evadirse y huyó a Sicilia. Sus últimos años fueron los más dolorosos. Acorralado por la justicia, cuya sombra creía ver constantemente, mirado con desconfianza por aquéllos que aún le amaban, pero que veían ya en él los signos precursores de la locura, roído por la duda y la angustia, joven todavía pero envejecido por tantas pruebas, recibió un golpe fatal. . .

En 1609, cuando subía a bordo de una falúa que lo conduciría a Génova, la policía lo confundió con otra persona y lo detuvo. Mientras lo interrogaba y comprobaba su error, la falúa emprendió viaje llevando todos sus bienes. Desesperado, Caravaggio, bajo los implacables rayos del sol, corrió a lo largo de la playa, tratando de alcanzar el barco. Sus fuerzas lo traicionaron y se desplomó en la arena, murio un 18 de julio de 1610.

 

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La Caída de San Pablo: El pintor barroco italiano Caravaggio es autor de numerosas obras de temática religiosa y dramático realismo de carácter tenebrista. Una de las peculiaridades de la Conversión de san Pablo es que el motivo central de la composición es el cuerpo del caballo en lugar de la figura del santo. Fue pintada en 1601 y se encuentra en la capilla Cerasi de Santa Maria del Popolo de Roma (Italia).

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Narciso Junto a la Fuente: Nos encontramos ante una de las últimas obras que realizó el pintor italiano Michelangelo Merisi da Caravaggio en su segunda etapa.

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La decapitación de San Juan Bautista o Degollación de San Juan Bautista, 1607-08, (Barroco Italiano), Museo de San Juan de La Valetta (Malta)

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La Crucifixión de San Pedro es un óleo sobre lienzo realizado por el artista italiano Caravaggio en 1601. La obra es de estilo Barroco.

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San Jerónimo penitente o San Jerónimo en meditación, 1605, (Barroco Italiano), Museo de Montserrat, Monasterio de Montserrat, Barcelona.

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Muerte de la Virgen, La Dormición o El Descendimiento, 1605-06,  (Barroco Italiano), Museo Nacional del Louvre, París.

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Las siete obras de misericordia, 1606,  (Barroco Italiano), Iglesia del Monte Pío de Misericordia, Nápoles (ITA)

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Salomé recibe la cabeza de San Juan Bautista, obra de Michelangelo Merisi, más conocido como el Caravaggio, creador del tenebrismo, estilo caracterizado por el contraste entre luces y sombras.

 

OTRAS OBRAS ARTISTICAS DE CARAVAGGIO

OBRA ARTISTICA DE CARAVAGGIO

ALGO MAS SOBRE EL TEMA…

Caravaggio era un hombre pendenciero, violento y amigo de los excesos. Llegó a Roma en 1600 en una situación de extrema necesidad, pero en la ciudad logró rehacerse hasta consagrarse como uno de los mejores pintores del Barroco. Desde esa fecha y hasta 1606, año en que se vio obligado a huir a Nápoles tras asesinar a Ranuccio Tomassoni, Caravaggio dejó en la ciudad algunas de las obras pictóricas más importantes del siglo XVII.

Entre ellas se encuentran David con la cabeza de Goliat y Niño con un cesto de frutas, actualmente en la Galería Borghese; La buenaventura, en los Museos Capitolinos; Descanso en la huida a Egipto, en el Palacio Doria Pamphili y Judith y Holofernes, en la Galería Nacional de Arte Antiguo.

Las pinturas fueron el primer encargo de relevancia que recibió Caravaggio al llegar a la ciudad. El efecto que causaron en los pintores de la época provocó que comenzasen a imitar el tenebrismo y la exuberancia del milanos. A pesar de ello, no todos recibieron las obras con la misma admiración.

Uno de los lienzos, el que representa a San Mateo y el ángel, fue rechazado por el cardenal Del Monte, persona que había realizado el encargo siguiendo las órdenes dejadas a su muerte por Matteo Contarelli, propietario de la capilla.

Las razones esgrimidas eran, sencillamente, que el santo aparecía con las piernas desnudas y sucias. Tampoco gustó que el ángel, que se apoyaba en el hombro del anciano, tuviera excesiva cercanía con el evangelista. El hecho de que le cogiese la mano para ayudarle a escribir el texto sagrado en lugar de inspirárselo fue la gota que colmó el vaso.

El lienzo, sustituido por el que se muestra actualmente en la capilla, fue adquirido por el banquero Vincenzo Giustiniani. Sus herederos lo vendieron al Kaiser Friederich Museum de Berlín. Sin embargo, el cuadro parecía estar destinado a su desaparición y así fue. Tras la caída de la ciudad en la Segunda Guerra Mundial, la primera versión de San Mateo y el ángel fue destruido y sólo se conservan algunas reproducciones fotográficas.

La humanización de los personajes sagrados a través de detalles como la suciedad fue una constante en los cuadros de Caravaggio. También una de las razones por las que sería duramente criticado. Así sucedió con La virgen de Loreto, lienzo que se muestra en la basílica de San Agustín.

La mujer que sirvió de modelo para la virgen era una prostituta llamada Lena. Ante ella se postran dos peregrinos, uno de los cuales tiene los pies sucios y maltratados. En 1604, fecha de realización de la obra, en plena Contrarreforma, ambos detalles fueron muy mal recibidos. Algunos no dudaron en calificar el cuadro de herejía.

La Conversión de San Pablo y la Crucifixión de San Pedro, se encuentran en la Iglesia de Santa María de Pueblaen Roma. Ambos trabajos son segundas versiones realizadas en 1601 tras haber sido rechazadas por aquellos que los encargaron. Entre las quejas de los clientes estaba, por ejemplo, que San Pablo aparecía excesivamente pequeño en comparación con el caballo. Esa primera versión de la conversión fue adquirida por la familia Odescalchi Balbi. La primera versión de la crucifixión, lamentablemente, se perdió.

Ambas piezas son una apoteosis del claroscuro, la torsión de los cuerpos, la complejidad en la composición y el escorzo. Especialmente la de San Pedro, que muestra al santo en el momento de cumplir su último deseo: ser crucificado boca abajo por haber negado a Cristo tres veces. Una actitud extrema, tremendamente barroca.

Fuente Consultada
LO SE TODO Tomo V Editorial CODEX – Biografía de Caravaggio –
Nota Revista Ling Abril 2017 Nota: Vida de Caravaggio

Biografía de Bernini Lorenzo Artista del Barroco Italiano

Biografía de Bernini Lorenzo
Artista del Barroco

Juan  Lorenzo Bernini (1598-1680), artista italiano, una de las figuras más sobresalientes del barroco. Su actividad no se reducía a la escultura, también fue un gran arquitecto, pintor, dibujante y escenógrafo; concibió espectáculos de fuegos artificiales, realizó monumentos funerarios y fue autor teatral. Su arte es la quintaesencia de la energía y solidez del barroco en su apogeo. Su fama se extendió por toda Europa. En 1665, fue invitado por el rey Luis XIV, fue recibido con grandes honores en la corte de Francia.

En la Roma papal, amante del fasto y la magnificencia, fue a radicarse a principios de 1600, Pedro Bernini, escultor no exento de ciertas cualidades pero sin gran personalidad, como muchos artistas de su época. Había llevado consigo, desde Nápoles, a su hijo Juan Lorenzo, un niño cenceño e inquieto, de mirada vivaz e inteligente, nacido en esa ciudad en 1598.

Bernini Juan Lorenzo

Pedro fue su primer maestro, y el niño no lo defraudó. A los 10 años de edad, con mínima fuerza, esculpía ya en piedra, con habilidad sorprendente, figuras cuya originalidad anunciaban su genialidad futura. Más adelante, poseyendo sus manos mayor destreza, ejecutaba como lo había hecho a menudo su padre, refacciones de obras antiguas.

Empezaron a llegar los primeros encargos cuando el joven no tenía aún quince años: un busto del obispo Santoni (ahora en la iglesia de Santa Práxedes), un retrato del cardenal Mántova (en Santa María de Monserrat), y un delicioso grupo que reproducía la cabra Amaltea (Galería Borghese).

Inspirado, lleno de vida y sensibilidad, Juan Lorenzo no esculpía en el estilo frío y correcto de su maestro; buscaba más bien comprender el espíritu de aquellas esculturas griegas de la época helenista, que tantas veces había admirado en las colecciones del Vaticano. Suerte grande tuvo Bernini al ganarse, cuando tan sólo tenía diecisiete años, la confianza del cardenal Escipión Borghese, que deseaba enriquecer con estatuas el magnífico parque de su villa. Encargó a Juan Lorenzo y a su padre la ejecución de algunas obras de importancia.

Surgieron así el David, que data del año 1615, y el grupo Apolo y Dafne, terminado en 1624, que revelaron un artista vigoroso, de temperamento dramático y dispuesto a compenetrarse con cualquier tema. El papa Gregorio XV y su sobrino, el cardenal Ludovico Ludovisi, fueron sus segundos mecenas. Gracias a ellos Bernini ingresó en la orden de los Caballeros de Cristo, gozando de una importante asignación anual que le permitió vivir sin preocupaciones económicas.

Pero el período feliz de su vida empezó con el advenimiento de Urbano VIII al solio de San Pedro. Este pontífice, en 1624, le confió la ejecución del baldaquín de San Pedro, que resultó ser la obra más antiacadémica concebida por la mente de Bernini.

bernini

Busto del papa Urbano VIII realizado por el artista italiano Gian Lorenzo Bernini y que se conserva en la Galería Nacional de Arte Antiguo (Roma, Italia). Hábil estadista, Urbano VIII destacó también por su intensa actividad de mecenazgo artístico, de la que se benefició el propio Bernini.

En 1629 fue nombrado arquitecto de San Pedro. No tenía treinta años y, según sus biógrafos, nunca hasta ese momento se había ocupado de arquitectura ni de nada con ella relacionado.

Pero, dotado de esa multiplicidad de aptitudes característica de tantos artistas del Renacimiento, Bernini se convirtió en uno de los más grandes arquitectos de su época.

Los comienzos no fueron muy exitosos y los desencantos amargaron bastante al artista. Después de haber concluido el frente del palacio Barberini con gran satisfacción del interesado, quiso añadir sobre el pronaos del Panteón dos pabellones para las campanas, los cuales suscitaron muchas críticas…

Incurrió en otro error al querer colocar, en 1637, dos campanarios sobre él frente de San Pedro; éstos debieron ser derribados a causa de equivocaciones en los cálculos. Pero el artista tenía demasiado talento para que esos contratiempos juveniles pudieran detenerlo.

Las estatuas decorativas de la bóveda de San Pedro, los monumentos fúnebres en la misma basílica y en otras iglesias, las fuentes de las plazas romanas, concebidas con gran visión plástica y arquitectónica, demostraban bien a las claras que Bernini no sólo poseía la inspiración del escultor, sino también la del arquitecto.

Como artista al servicio del Sumo Pontífice, se esmere para satisfacer en todo a su alto protector, realizando dibujos, grabados para ilustrar los poemas de Urbano VIII, escenografías para los espectáculos teatrales de la corte.

En esos años se ejercitó en el dibujo de caricaturas, y escribió algunas comedias que desdichadamente desaparecieron.

Entretanto, su fama había cruzado los Alpes, y se le encargó esculpir bustos de ilustres personajes extranjeros. Entre ellos el de Carlos I, rey de Inglaterra (1637), y el del cardenal Richelieu (1642). Pero entre los más notables se cuenta el de Constanza Bonaretti (1625) y el del cardenal Escipión Borghese.

En el año 1644 falleció Urbano VIH. Sus restos fueron inhumados en San Pedro, en el mausoleo que Bernini había concebido para él, dos años antes: una tumba monumental, ornamentada con fantásticos motivos fúnebres, coronados por la efigie del Pontífice, según la inclinación que el artista manifestó siempre en el campo del arte funerario.

Muerto Urbano VIII, Juan Lorenzo quedó sin protector. Inocencio X prefirió a otros artistas y Bernini quedó alejado del Vaticano. Dolorido y humillado, se replegó sobre sí mismo y, por primera vez en su vida, buscó inspiración en sus penas íntimas, en su escondido y atormentado mundo interior.

Nació así la obra maestra, la obra más sincera de Bernini y que muchos consideran como el ejemplo más admirable de la escultura de estilo barroco: El éxtasis de Santa Teresa.

Inocencio X, emocionado por la expresión de dolor que brota de esa admirable obra, lo admitió nuevamente en el círculo de sus protegidos. Mucho más pródigos en obras de genio fueron los años que siguieron a la muerte de Inocencio X.

Desde 1657 a 1665, gracias a la benevolencia del papa Alejandro VII, el artista, maduro en años pero rico de inagotable fantasía, dedicóse a la Columnata de San Pedro a la que consagró siete años. A partir de 1657, su mayor interés fue crear una vista escenográfica que destacase el frente de la basílica.

Trabajó luego para ampliar el palacio pontificio del Quirinal, en la construcción del palacio Ghigi (ahora Odescalchi) en la Plaza de los Santos Apóstoles, y también en la erección de la famosa Escalera Real del Vaticano. Refaccionó asimismo la iglesia de la Asunción.

A pesar de esa enorme producción, no descuidó la escultura en mármol de numerosos monumentos funerarios, motivos para fuentes y varios bustos. Entre éstos es digno de mención el de Francisco I de Este y el de Luis XIV de Francia.

En 1665 fue llamado por el «Rey Sol», quien le encargó la construcción de la fachada del Louvre, pero la envidia cortesana hizo que esa obra nunca se llevara a cabo.

De regreso a Roma, en 1667, Bernini se dedicó a obras imponentes como la Cátedra de San Pedro y la estatua de la Beata Ludovica Albertoni. Fueron éstos los últimos destellos de su genio.

Bernini estaba agotado por la intensa actividad de toda una vida, a la que se sumaba la amarga decepción recibida en Francia.

En el año 1680, la parálisis inmovilizó su brazo derecho. Fue ése otro motivo de pena y desánimo,y pocos meses después falleció.

Su físico estaba gastado por la empresa gigantesca a la que se había entregado durante los 82 años de su existencia, pero su mente, hasta el último momento de su vida, se mantuvo lúcida y anhelante de sueños y fantasías.

Florencia en el Renacimiento Comercio, Burgueses y Política

Historia de Florencia – El Comercio De Los Burgueses -Lorenzo de Médicis y Maquiavelo

A partir de 1300 se observan en Europa ciertas tendencias generales que marcan un nuevo giro, un interés reavivado por las tradiciones de la antigüedad clásica y un nuevo espíritu de humanismo en el manejo de los asuntos.

De todas la ciudades de Italia, la mas civilizada fue Florencia. Sus ciudadanos habían empezado a enriquecerse en el siglo XII yendo a buscar a las ferias de Francia los baños burdos que se fabricaban en el norte. Los preparaban de modo que resultaran más finos, más flexibles y brillantes, y los revendían como telas de lujo a los musulmanes o a los grandes señores cristianos.

Florencia, ciudad-estado

El sistema feudal, que había sustituido al gobierno centralizado del Imperio Romano, empezó a perder terreno con el apogeo de las ciudades, donde existía una clase independiente de ciudadanos mercaderes y gremios de artesanos que estaba creando una nueva civilización.

El nuevo poder basado en la industria urbana estaba en cierto modo desplazando a los señores feudales del pasado. Italia, en su etapa de luchas entre el imperio y el papado, carecía de un gobierno central.

Por ello, presenció el nacimiento de gran número de ciudades-estado, desde las insignificantes hasta las que alcanzaron importancia internacional. Entre estas últimas, Florencia fue una de las más destacadas.

Durante mucho tiempo Florencia ocupa un lugar preeminente en la historia europea, especialmente desde mediados del siglo XII hasta principios del XVI. Se vio envuelta en la lucha entre el papa y el emperador desde el siglo XI.

Fue en ella donde las facciones rivales recibieron los nombres de güelfos y gibelinos a principios del siglo XII, aunque en esencia estos nombres familiares indicaban simplemente las fuentes de las que ambos partidos buscaban apoyo para sus propios intereses.

mapa de italia en el renacimiento

Hubo largas y complicadas luchas entre los dos partidos, y las alineaciones de las ciudades-estado y los grandes poderes cambiaban una y otra vez.

Mientras tanto, Florencia obtuvo un gobierno republicano que sufrió muchos cambios, pero que se estructuraba básicamente en dos consejos, un organismo integrado por representantes de los gremios que cambiaba cada dos meses, un capitán, un magistrado imperial y un ministro de justicia.

En la práctica, esta organización no era tan democrática como parece.

Los derechos políticos no llegaban de hecho a los estamentos más bajos, ni a los habitantes de las ciudades o distritos dependientes.

En el siglo XIV Florencia se había convertido en un centro comercial poderoso, famoso por sus actividades bancadas internacionales y su industria textil, primero con la lana y posteriormente con la seda y el brocado.

Sus conexiones con Oriente la ayudaron a prolongar su influencia cuando el Mediterráneo dejó de tenerimportancia económica.

En su política exterior, Florencia estaba en general enfrentada al imperio y por ello inició unas relaciones más estrechas con Francia, que durante mucho tiempo había apoyado a los papas contra  la  Alemania  imperial.

El Comercio de los Burgueses

En el siglo XIII, muchos ciudadanos de Florencia lograron grandes fortunas dedicándose al campo y la banca, y algunos de ellos prestaban dinero al rey de Francia. Pero la ciudad se hizo rica principalmente en los siglos XIV y XV, cuando estableció las grandes fábricas de paños.

Los pañeros de Florencia formaban una corporación denominada «Oficio de la Lana», pero no se parecían a los maestros de la Edad Media , que no eran sino pequeños patronos que trabajaban manualmente.

Eran ricos traficantes que compraban la lana en grandes cantidades, hacían que sus obreros la trabajasen y vendían el paño para obtener ganancia.

Tenían en los barrios más ricos de Florencia su tienda (boteche), que se distinguía por las armas del oficio (un carnero y una cruz), y era una gran sala abovedada que daba a la calle (subsisten aún varias en Florencia).

Allí se depositaban la lana y las drogas, se llevaban los fardos de paño y se recibía a los comerciantes extranjeros que iban a hacer compras.

Las piezas de paño que entregaban los tejedores eran enviadas a los tintoreros, que las teñían con plantas, sobre todo el glasto (pastel). Los tintoreros eran trabajadores más acomodados, que tenían su establecimiento y no trabajaban para un solo fabricante.

El paño pasaba todavía por los bataneros, con frecuencia establecidos en el campo, donde había molinos de agua, luego por manos de los aprestadores, los esquiladores, que cortaban los pelos con tijeras, los planchadores, los estiradores, los plegadores .

Los burgueses de Florencia, enriquecidos por el comercio, no quisieron permitir que siguiesen gobernando las antiguas familias nobles.

Las profesiones más lucrativas: notarios, banqueros, médicos, peleteros, pañeros, se organizaron en corporaciones llamadas artes (oficios), que se apellidaron mayores (superiores). Eran llamados también pueblo gordo (popólo crasso).

En 1282 hicieron una revolución. Los «priores de las artes» (jefes de los oficios) constituyeron jn gobierno llamado Señoría que se cambiaba cada dos meses. Se construyó un palacio, la Señoría, en el que moraban y comían juntos a expensas del Estado. Cuando hacían sonar la campana, todos los ciudadanos se reunían, sin armas, delante del palacio para deliberar.

Los burgueses de las «artes mayores», que habían logrado apoderarse del gobierno, obligaron a los nobles a matricularse en un oficio.

Los pañeros aprovecharon el poder de que gozaban para hacer reglamentos en provecho propio. Prohibieron a los obreros que trabajaban para ellos, cardadores, tejedores, bataneros, formar ninguna asociación o ponerse de acuerdo para reclamar mejor salario.

Hicieron reglamentos severos que ellos aplicaban, porque juzgaban a sus obreros. Les hacían pagar la mayor parte del Impuesto.

Los obreros, que no tenían miedo alguno de unirse para lograr mejores condiciones, se unieron a los enemigos políticos de los pañeros, sus patrones.

Los más pobres, los cardadores de lana, acabaron por sublevarse (1378). Pedían que se creasen tres «oficios» nuevos para ellos y los otros obreros de la lana. Les fue negado.

Entonces quemaron casas, invadieron el palacio de la Señoría e instalaron en él a uno de los suyos. Los obreros gobernaron algún tiempo. Pero pronto los cardadores se separaron de los demás, los ricos burgueses recuperaron el poder y ya no lo perdieron.

Los florentinos se distinguían por su hablar elegante y su afición a las poesías y los cuentos. Ya en el siglo XIV, los grandes escritores de Italia, Dante el autor del Infierno (1265-1321); Petrarca, el autor de los Sonetos (1304-1374); Boceado, el autor de los Cuentos (1313-1375), eran florentinos.

Más tarde vinieron los historiadores, Villani y, en el siglo XVI, Maquiavelo.

En Florencia se fundó la primera Academia, donde se reunían gentes de letras que se ocupaban del griego.

En el siglo XV Florencia fue la ciudad de los arquitectos y de los escultores, y entonces se edificaron el domo y la catedral.

Esta ciudad había llegado a ser la más rica de Italia y con el ejército que pagaba sometió casi toda la Toscana. Tuvo dos puertos. Pisa (1406) y Llvorna (1421), por los cuales pudo exportar directamente sus paños.

Había conservado su gobierno, que parecía ser una república. En realidad gobernaba una familia de ricos banqueros, los Médicis. Juan de Médicis, que murió en 1429, se había hecho popular logrando que se repartiera el tributo conforme a un registro en el que constaban todos los habitantes y su riqueza.

Su hijo Cosme heredó su casa de banca, su fortuna y su influencia.

Fue bastante hábil para avenirse a vivir como un simple particular; pero hizo se diesen todos los empleos a sus amigos y gobernó como quiso. Mandó edificar un palacio, ordenó la compra de manuscritos y fundó la biblioteca Médicis. Sus descendientes siguieron siendo dueños de Florencia.

Lorenzo de Medicis, el Magnífico

En el siglo XV, la ciudad quedó bajo el control de la poderosa familia de banqueros de los Médicis, que ejerció un poder prácticamente absoluto.

El más famoso fue Lorenzo (1449-92), que gobernó desde 1478 hasta su muerte.

Su abuelo Cosme se había mantenido en el poder por medio de gobiernos provisionales de cinco años que elegían a todos los funcionarios y obedecían sus instrucciones. Lorenzo siguió el mismo sistema.

Lorenzo era el típico gobernante del Renacimiento: inteligente, versátil, enérgico, seguro de sí mismo, escéptico en materias religiosas y con la única idea de perseguir el interés del estado allí donde lo veía.

Era entendido en las artes literarias y consciente de la evolución artística y científica de su tiempo; astuto y de múltiples recursos como hombre de estado, tan versado en la diplomacia como en la guerra, juzgaba a los hombres con sutileza y estaba decidido a consolidar la posición de su familia.

Por encima de todo, desarrolló una política que dio a Florencia un papel importante en el equilibrio del poder europeo.

Lorenzo era una de esas figuras que trascienden a la pura vida humana que rigió los destinos de Europa durante el Alto Renacimiento. Por algo se le llamó «el Magnífico».

Cuando, a los veinte años de edad, tuvo que asumir la carga de la vida política, Lorenzo estaba algo reacio a renunciar a su libre existencia de amigo de los artistas y eruditos.

Sin embargo, era demasiado listo para tratar de eludir su responsabilidad. Como él decía, «se puede malvivir siendo hombre rico en Florencia si no se tiene poder en el gobierno».

Su poder llegó a ser virtual-mente absoluto cuando, en 1480, sustituyó el consejo quinquenal por uno permanente integrado por sus propios hombres.

Ello significaba el fin de las libertades democráticas del pasado, sustituidas por un despotismo firme, a veces benevolente.

Aunque Lorenzo no conocía freno en la persecución de los intereses de estado y se interfería en las vidas privadas de los ciudadanos cuando le parecía, durante su reinado se mantuvo el orden más que nunca.

Ello favoreció enormemente la expansión de los negocios y la industria, así corno el estudio y las artes.

En realidad, en materia de status civil, los florentinos habían avanzado más que nadie hacia aquella igualdad pregonada por la Ilustración tres siglos más tarde, que se convertiría en el grito de batalla de la Revolución Francesa.

Al principio, Lorenzo se enfrentó con el Papa Sixto IV y fue derrotado en guerra. Fue capaz de cerrar en parte esta brecha porque’ la amenaza de una invasión extranjera, por parte de Turquía o de Francia, hacía esencial la colaboración.

En adelante se mantuvo en términos amistosos con Roma, asegurándose el capelo cardenalicio para su hijo menor, Giovanni, que más tarde sería el Papa León X.

En cuanto a Francia, su política era hipócrita. Se vio forzado a mantener relaciones cordiales, porque de ello dependía la prosperidad del comercio florentino en aquel país. Pero al mismo tiempo estaba decidido a no dejar entrar a los invasores.

En 1494, dos años después de su muerte, se iniciaron una serie de incursiones francesas que debilitaron grandemente a Italia y acabaron dejando gran parte de la misma bajo la influencia de los Habsburgo españoles  durante  dos  siglos.

Cosme Médicis había estimulado la creación de una academia platónica en Florencia bajo la dirección de Ficino, el gran erudito y traductor de Platón.

Lorenzo apoyó decisivamente la academia y fue amigo y mecenas de los eruditos, entre ellos de Poliziano y Pico della Mirándola.

Florencia se convirtió en refugio de muchos eruditos griegos que habían huido tras la caída de Constantinopla, en 1453. Todas las grandes figuras artísticas de la época encontraron apoyo presto e inteligente en Lorenzo.

Entre ellas se encontraban el arquitecto Alberti (1404-72) y los pintores Botticelli (1444-1510), Leonardo da Vinci (1452-1519) y Miguel Ángel (1475-1564).

obra: la primavera de botticelli

Para nosotros, la Primavera de Botticelli tiene una belleza serena y armoniosa, pero para Lorenzo Pierfrancesco, el joven patrono que la encargó, significaba mucho más. Venus, con sus guirnaldas de flores, simboliza la Humanitas, el ideal de todo el ser humano basado en las enseñanzas de la antigüedad.

Al mismo tiempo, la universidad de Florencia se convirtió en centro de un renovado espíritu de estudio clásico.

El humanismo de este período no sólo inauguró el estudio de la filología clásica crítica, sino que también fomentó la producción de libros y la creación de bibliotecas, que promocionaron el aprendizaje en general.

Aunque el poder e influencia de la Iglesia seguía siendo importante, se formó una nueva actitud que estaba más acorde con el enfoque del pasado clásico.

Puede decirse que la política nunca había estado realmente motivada por otra cosa que no fuera el interés, quizás en ocasiones bajo una delgada capa de aspecto cristiano.

Al llegar el Renacimiento, una fuerte tendencia secular invadió la propia Iglesia, que a su vez provocó el movimiento de reforma del siglo XV.

Mientras tanto, Florencia produjo una notable figura de brillo momentáneo, peculiarmente fuera de su tiempo, en parte un místico medieval y en parte un profeta de reforma: el fraile dominico Savonarola (1452-1498).

vista de florencia en el renacimiento

Savonarola ejerció un considerable poder político en Florencia durante un tiempo, aprovechándose de la oportunidad para predicar el establecimiento de un estado cristiano ideal. Pronto se volvieron las tornas y fue torturado y quemado con otros dos dominicos  en  la  plaza  pública.

Este asceta osado e intransigente se oponía al racionalismo escéptico de la época y al lujo terrenal de la cultura contemporánea. Condenó, en particular, la tradicional magnificencia de la corte papal.

Savonarola fue llamado al lecho de muerte de Lorenzo. Según la leyenda, el fraile negó al tirano la absolución porque Lorenzo no quiso restaurar la libertad democrática de la ciudad.

La actitud de Savonarola hacia Roma se hizo claramente hostil cuando fue elegido, en 1492, el Papa Borgia Alejandro VI. Alejandro no era ni más ni menos que un producto típico del Renacimiento: frío, realista, práctico, libre de fanatismos y que no se arredraba ante nada. Lo que más le molestaba de Savonarola no era su celo reformador, sino el hecho de que el fraile estaba a favor de los franceses.

En 1494, Carlos VIII había invadido Italia. La familia Médicis había sido expulsada de Florencia y la ciudad se salvó de los invasores en gran parte debido a la influencia de Savonarola.

El Papa, ayudado por el emperador, España y Vene-cia, obligó a Carlos a volver a Francia y acto seguido se volvió contra Florencia, donde Savonarola había logrado una influencia política decisiva.

Sin embargo, la exageración puritana de los sermones del fraile no estaba a la altura de la época.

En el carnaval de 1497 había organizado una «quema de vanidades» en la que fueron destruidos gran cantidad de libros y otros objetos por su indecencia y frivolidad. La reacción se produjo y finalmente el Papa consiguió que Savonarola fuera llevado a juicio y condenado por hereje.

Se le arrancó una confesión mediante torturas, como era costumbre, aunque posteriormente se retractó de cuanto había dicho.

Con otros dos frailes fue ahorcado y quemado delante del Ayuntamiento, en 1498. Lodo el asunto era, en realidad, una cuestión política; sirvió para aplacar a Roma y también para afirmar la independencia de Florencia, puesto que la demanda de extradición del fraile por parte del Papa Alejandro fue denegada.

personajes del renacimiento

Lorenzo el Magnífico, el déspota benigno, gobernó Florencia de 1478 a 1492 e hizo de ella una fuerza digna de tenerse en cuenta en  los  asuntos europeos. El fanático fraile Savonarola denunció la corrupción de la Iglesia y el Estado en vehementes sermones que provocaron la ira del Papa.

Maquiavelo

La situación política era ahora muy inestable. Luis XII de Francia obtuvo la licencia papal para casarse con la esposa de su difunto hermano, a fin de recuperar el poder sobre Inglaterra.

Por otra parte, se comprometió a apoyar a César Borgia en sus ambiciones territoriales sobre la Italia central. En 1501 la presión francesa salvó a Florencia de las amenazas de César.

En 1502 los florentinos eligieron a Piero Soderini como ministro de justicia vitalicio para proporcionar al estado cierta estabilidad.

Al año siguiente, Alejandro Borgia murió de fiebres y, antes de que César Borgia se recuperara de la misma enfermedad, sus conquistas habían pasado a manos del nuevo Papa, Julio II. César murió en España en 1507.

Desde 1498 Florencia contaba entre sus diplomáticos con Nicolás Maquiavelo (1469-1527), un astuto observador y negociador, versado en los clásicos latinos y hombre de gran visión política. En 1506 propuso un nuevo sistema para una milicia nacional, para sustituir a las turbas mercenarias y sus capitanes.

En la guerra contra Francia en 1510, Florencia permaneció neutral. Los franceses, aunque vencieron en Rávena, tuvieron que volver a Francia dejando a Florencia abandonada a su suerte. Su milicia no era enemigo para los aliados españoles del Papa. En 1512 los Médicis fueron restaurados en Florencia.

Maquiavelo, considerado erróneamente como sospechoso de complicidad contra los Médicis, fue obligado a abandonar su puesto en 1513. Su fama se debe a sus escritos políticos.

Familiarizado con muchas cortes de Italia y del extranjero, conocía a los hombres que estaban en el poder y captaba algunos de los problemas prácticos de la política.

Su tratado más importante, El príncipe, no le sirvió, como él esperaba, para recuperar el favor de los Médicis, pero sí le hizo mun-dialmente famoso.

En su libro, el autor señala los métodos que un gobernante debe adoptar a fin de establecerse y afincarse. Lo que necesita es el poder, ejercido sin ningún miramiento. Para lograr el éxito el gobernante no debe pararse ante la violencia.

El fin justifica los medios y, aunque es bueno estimular la creencia en la moralidad con fines disciplinarios, el gobernante no necesita atenerse a esas creencias, aunque puede acatarlas externamente si ello sirve a sus propósitos.

En gran medida, el gobernante descrito por Maquiavelo había estado personificado por César Borgia.

Lo que el autor esperaba era un príncipe que lograra en Italia la unidad nacional que estaba surgiendo con la monarquía absoluta de Francia.

Para él era totalmente evidente la necesidad de un hombreque ejerciera el poder con decisión y sin escrúpulos, para unificar las numerosas ciudades-estado de Italia enzarzadas en contiendas.

Pero su opinión no fue compartida por la mayoría, que le acusó de hombre inmoral y sin escrúpulos.

Estas  aspiraciones nacionales fueron incitadas por el lado más oscuro del Renacimiento italiano. A pesar de los grandes logros de ese período y de la magnificencia de las familias rectoras, la totalidad del país había entrado en su decadencia política.

El resultado fue una especie de indiferencia moral, que estimulaba la práctica desaprensiva de la política, haciendo casi una virtud del mal que surgía de las condiciones prevalecientes.

¿Cuál fue la causa de esta decadencia? Maquiavelo había expresado repetidas veces su opinión sobre el particular.

Se creía por lo general en aquel tiempo que la culpa era en gran parte del papado. En la lucha entre el emperador y el papa no se logró ninguna solución política decisiva.

En cierto sentido, el imperio había perdido la batalla política en Italia; el papado no tuvo la suficiente fuerza para proporcionarle dirección política, pero sí para solicitar ayuda extranjera, provocando de este modo una interminable serie de incursiones de ejércitos extranjeros, con los consiguientes horrores y depredaciones en el campo. Mientras tanto, el papa se comportaba como cualquier otro gobernante italiano, impidiendo una auténtica unificación política.

La obra de Maquiavelo no es tanto una teoría política como un examen de cómo crecen y decaen los diversos tipos de estado, y cómo debe proceder un gobernante para asegurarse el mantenimiento duradero del poder. De hecho, trata del aspecto de la vida política más cercano a su propia experiencia, es decir, la diplomacia.

Desde el punto de vista de la práctica política, la acusación de inmoralidad que a veces se le ha formulado, tanto por sus ofendidos contemporáneos como por generaciones posteriores, no está enteramente justificada.

Más que recomendar ciertas prácticas, lo que hace es señalar métodos para lograr ciertos fines; métodos, es cierto, que rozan, cuando no se enfrentan abiertamente, a la moral tradicional.

En cierto sentido, Maquiavelo llega más lejos que las críticas del poder papal por parte de los clérigos. No sólo se oponía al papado tal como estaba entonces, sino también al ideal que representaba.

A este respecto, es un auténtico representante del Renacimiento. Lo que admiraba eran las virtudes morales, no de la ética cristiana, sino de la antigua república romana en su período de apogeo.

Está claro que las lecciones prácticas de la política maquiavélica han tenido, en su totalidad o en parte, una aplicación universal, particularmente en los regímenes totalitarios o dictatoriales.

Sin embargo, la postura maquiavélica es unilateral, pues descuida la influencia positiva de otros factores de los que también depende el poder. Escritores humanistas como Tomás Moro presentan una concepción más amplia, justa y equitativa de la práctica política.

Ver:Historia Construcción Cupula de la Catedral de Florencia

Fuente Consultada:
La LLave del Saber Tomo II – La Evolución Social – Ediciones Cisplatina S.A.

Primeros Geógrafos de la Antiguedad y Los Mapas del Mundo

Primeros Geógrafos de la Antiguedad-Primeros Mapas

A pesar de los trabajos de los historiadores, no podemos conocer con absoluta certeza las biografías de los grandes hombres de lds tiempos antiguos. Todo lo que podemos decir con seguridad sobre el poeta griego Homero, es que vivió en el siglo IX a. J. C, que habitó posiblemente cerca o sobre las costas de Asia Menor, y que acaso fue el autor de la Illada y la Odisea. De sus escritos, se puede deducir lo que sabía e imaginaba un hombre educado de aquellos tiempos sobre la forma de la Tierra.

Suponíase que la Tierra era una gran isla que se extendía en torno al monte Olimpo, morada de los dioses, en medio de un mar inmenso: el río-Océanos. Poco se sabía del Mediterráneo occidental, no obstante los atrevidos viajes de los fenicios; se pensaba que dividía la tierra en dos partes.

concepcion homerica del mundo

Puede verse el mundo según la concepción homérica (siglo IX a. J. C).

El primer gran paso dado en el dominio de los conocimientos geográficos está estrechamente ligado al nombre de Herodoto, el «padre de la historia», que escribió, hacia el año 450 a. J. C, nueve libros en los que expuso todo su saber. Atraído por los monumentos antiguos y por las costumbres exóticas, viajó por Grecia y Siria, Egipto y Mesopotamia, y por las tierras lejanas que bordean el norte del mar Negro. En cada lugar que visitó, escuchó, sin duda, muchas historias y habló con mucha gente que habría viajado aun más lejos, y así pudo representarse la Tierra tal como se muestra en el dibujo de abajo.

mapa de herodoto

Entre los navegantes de la época, fue famoso el cartaginés Hannon, quien en el año 490 a. J. C. salió al Atlántico y recorrió 2.600 millas por las costas de África. En el siglo siguiente, Pytheas de Marsella llegó al Báltico y bordeó la costa de Noruega.

Mucho antes de la era cristiana, barcos con cereales hacían una travesía regular entre Alejandría y Roma, por la costa oriental del Mediterráneo, las islas del mar Egeo, la costa sur de Grecia, y pasaban más allá de Sicilia.

Entre los primeros geógrafos cabe destacar, en el siglo III a. C., a Eratóstenes de Cirene, el «padre de la geografía», y aún antes (siglo VI a. J. C.) a Hecateo de Mileto, el primero que dibujó un mapamundi.

En el siglo I, Strabón, geógrafo y gran viajero, pudo realizar un mapa de Europa, Asia y África; cien años después, Marino de Tiro y Ptolomeo de Alejandría comenzaron a hacer mapas de una manera diferente, en los que los lugares se localizaban de acuerdo con la latitud y la longitud.

Sólo quince siglos después de la muerte de Ptolomeo, se halló un método simple para calcular exactamente la longitud, y se advirtió que las líneas que aparecían en los mapas de Ptolomeo no eran exactas. Sin embargo, cuando miramos un mapa suyo, podemos ver que comenzó a esbozar las formas de tierras y mares de manera bastante aproximada a como son en la realidad. Grecia, Italia, España y Portugal, la península arábiga, las Islas Británicas, el mar Mediterráneo y el mar Rojo, se reconocen perfectamente.

geografos de la antiguedad

A pesar de que en el medioevo se difundieron muchas ideas fantasiosas sobre geografía, hubo quizá bastante gente que conocía los mapas de Ptolomeo, y a fines de esta época llegaron a constituir la guía infalible de los marinos.

antiguo mapa del mundo

A los primeros geógrafos les interesaba explorar los territorios desconocidos y describir los rasgos que observaban en los diferentes lugares. Estos geógrafos de la antigüedad realizaron largos viajes y anotaban sus observaciones sobre las tierras desconocidas que recorrían. Uno de los primeros mapas conocidos se realizó en una tabla de arcilla en Babilonia, hacia el 2300 a.C. Hacia el año 1400 a.C. se recorrieron las costas del Mediterráneo y se representaron en mapas las tierras exploradas.

DIBUJANDO MAPAS PARA LA NAVEGACIÓN:

Durante trece siglos después de Ptolomeo, los marinos de Europa occidental (a excepción de los nórdicos, de quienes trataremos más adelante) realizaron pocos viajes importantes y ningún descubrimiento de nuevas tierras.

Continuaron basándose en Ptolomeo y, además, en la experiencia y el azar, para ir de un puerto a otro.

Pero a fines de dicha época se comenzó a conocer más sobre la teoría y práctica de la navegación, y hubo también un nuevo incentivo para los descubrimientos. Los europeos aprendieron de los musulmanes a hacer mejores astrolabios (instrumento para medir el ángulo de elevación de las estrellas); y conocieron la brújula, cuya aguja apunta siempre bastante aproximadamente al norte.

Más tarde el Imperio Musulmán se apoderó de la franja de tierra que separa el mar Mediterráneo del mar Rojo, y así cerró la vieja ruta que conducía de Europa a las islas del Asia oriental, ricas en especias. Marinos aventurados se pusieron a la búsqueda de nuevos caminos, y comenzó así la gran época de los descubrimientos, con el viaje de Colón hacia el Nuevo Mundo y el de Vasco de Gama alrededor de África, ambos atraídos por las especias orientales.

En los años siguientes, ya los viajes realizados por los marinos demostraban la redondez de la Tierra, y durante los tres siglos que siguieron fueron exploradas las costas de todos los continentes.

Había ahora más necesidad que nunca de revisar el mapa del mundo, de actualizarlo y presentarlo de la manera más útil para uso de aquellos que más lo precisaban: los marinos.

Es completamente imposible mostrar sin deformarla en una simple hoja plana de papel, la totalidad de la superficie esférica de la Tierra (para advertirlo basta con el intento de aplanar una pelota de goma rota). El hombre que resolvió este problema de la manera más satisfactoria para los marinos fue Gerardo Kremer, que más tarde tomó el nombre de Mercator.

proyeccion de mercator para dibujar un mapa plano

A principios del siglo XVI fue empleado por  el emperador Carlos V para dibujar mapas con fines militares, y desde entonces dedicó el resto de su vida a la cartografía. Realizó un mapa de Flandes en 1540, uno de Europa en 1554 y otro sobre el mundo conocido en 1569.

Se dio cuenta de que a un marino no le interesan especialmente las medidas de las tierras que visita; lo que debe saber es la ruta exacta que ha de tomar para ir de un punto a otro. Y en el mar, la distancia más breve entre dos puntos no es precisamente la línea recta.

Lo es, en cambio, un arco que forma parte de un gran círculo, que se puede dibujar sobre la circunferencia de la Tierra. Pero si un capitán quiere navegar con dirección N.O. a lo largo de un gran círculo, no tiene para ello gran ayuda si el camino aparece en el mapa como una línea curva. Puede orientarse mejor si éste se representa por una línea recta. Él método empleado para hacer posible tal cosa se llama proyección.

La proyección de Mercator tuvo éxito.

Las líneas de latitud aparecen paralelas (como realmente son) y lo mismo se hace con las líneas de longitud (aunque en realidad no lo son de ninguna manera, sino que convergen del ecuador hacia los polos). Además, el mapa de Mercator muestra una distancia mayor entre los paralelos cercanos a los polos que entre los cercanos al ecuador.

Como resultado de todo esto, un marino que quiere navegar con rumbo N.O., puede dibujar en el mapa una línea recta con dicha dirección, y realmente marcará el curso que debe seguir. Pero ningún mapa plano ni planisferio puede tener todas las virtudes. La proyección de Mercator exagera las medidas y distancias cercanas a los polos en comparación con las medidas y distancias cercanas al ecuador.

Actualmente hay muchas otras proyecciones en uso. Entre otras, se encuentran las de Bonne, Mollweide, Flamsteed y Gall. Pero es a Mercator a quien debemos el primer planisferio digno de confianza.

Ver: Primeros Mapas

Ver: Antigua Concepción del Mundo

Fuente Consultadas:
Mundorama Geografía General – El Sistema Solar –  Edit. Quevedo S.R.L.
El Universo Para Curiosos Nancy Hathaway Edit. Crítica
El Mundo y El Tiempo Globerama Edit. CODEX

La Antigua Concepción del Mundo – Evolución a la Moderna

LA ANTIGUA CONCEPCIÓN  DEL MUNDO Y LOS NUEVOS VISIONARIOS

Desde los primeros estadios de la civilización, el hombre suplió —imaginándolas— su desconocimiento de las cosas. Así, la forma de la Tierra fue primero concebida de un modo bastante distinto de lo que es en realidad.

Los libros sagrados y los poemas épicos de la antigua India sugieren una concepción de la Tierra tal como se representa en la lámina superior izquierda.

La representaron como un caparazón vacío que descansaba sobre los lomos de cuatro gigantescos elefantes, los cuales, a su vez, eran conducidos por una tortuga de gran magnitud. No podemos asegurar si la gente creía en la verdad de tal concepción.

Sabiendo que la Tierra permanecía firme debajo de sus pies, nada les pareció más seguro que apoyar el mundo en la forma indicada, por ser la tortuga, para ellos, símbolo de la fuerza y del poder conservador. Según algunos, la tortuga debía reposar sobre una gran serpiente, que representaba eternidad.

También, siempre dentro del pensamiento antiguo, parece que la gente que vivía cerca del mar se sintió sorprendida por el hecho de que el horizonte semeja un amplio arco.

Y quizás habrá comenzado a imaginar a la Tierra como un disco plano, o como medio disco. Algunos pensaron que ese medio disco estaba rodeado por algo así como un enorme tazón dado vuelta: los cielos, donde se movían el Sol, la Luna y las estrellas.

Todo el universo, incluidos los cielos y la Tierra, estarían rodeados por un océano sin límites.

la concepcion del mundo antiguo

Durante la época de los caldeos y fenicios, se llegó a una concepción de la Tierra algo más real. Los astrónomos, interesados por los eclipses que, según suponían, eran señal de importantes acontecimientos, pudieron observar que la Luna es eclipsada sólo cuando la sombra de la Tierra cae sobre ella.

Y si así era, habrían llegado a la conclusión de que la Tierra es redonda, justamente por la forma de la sombra sobre la Luna eclipsada.

Los navegantes fenicios debende haber aprendido, también durante sus largos viajes hacia el norte y hacia el sur, por las costas occidentales de Europa y África, que los rayos del Sol del mediodía caen en distintos sitios en ángulos diferentes.

Esto tiende también a indicar que la Tierra es redonda. Pero fueron los griegos los que verificaron la redondez de nuestro planeta.

Marinos de Grecia antigua no sólo conocieron la forma de la Tierra, sino que también hallaron la latitud por referencia al Sol y a las estrellas. En el siglo II a. J. C, Eratóstenes de Alejandría calculó con bastante aproximación la medida de la circunferencia terrestre.

Pero desde comienzos de la Edad Media, cuando muchos de los conocimientos griegos se perdieron temporariamente, muchas personas volvieron a idear imágenes fantasiosas sobre la forma del mundo.

En el año 535, el geógrafo Cosmas escribió un libro en donde figuraba la extraña fantasía de que la Tierra y los mares yacían sobre un rectángulo alargado, rodeado de los cielos; todo, a su vez, estaba encerrado dentro de una especie de caja celestial que constituía los límites del universo.

En los monasterios de Europa occidental, los monjes medievales dibujaron mapas fantásticos del mundo con monstruos imaginarios e insuficiente información geográfica.

En el siglo XIV, los hombres representaban la Tierra como el centro de un extraño universo constituido por muchas esferas concéntricas, teoría desarrollada por el astrónomo Claudio Ptolomeo (ó Tolomeo) que escribiera entre los años 140 y 149.

Estas esferas mostraban los pasos de la Luna, de los planetas Mercurio y Venus, del Sol, Marte, Júpiter y Saturno, y de las estrellas fijas. Una última esfera exterior representaba lo que se denominó el primum mobile, o primer motor de todo el universo.

sistema geocentrico de ptolmeo

En este post expondremos brevemente cómo el hombre llegó por primera vez a una idea real del mundo que habita, y cómo, habiéndola olvidado, volvió a restablecerla muy pronto.

LOS NUEVOS VISIONARIOS: Por sobre los temores creados frente a la contemplación de una naturaleza cuyos fenómenos se le aparecían misteriosos y hostiles, o la metafísica sensación de impotencia, el hombre desde la antigüedad aceptó el desafío y se lanzó a la conquista del Universo.

Muchas son las referencias mitológicas en las que los deseos de volar o visitar las estrellas se hicieron realidad a través de los dioses o semidioses, aunque no siempre con igual suerte; los que en Babel intentaron llegar a la morada de Dios finalizaron en la caótica parábola de los idiomas; el Icaro de los griegos se precipitó a tierra tras haber querido alcanzar el Sol con sus alas de cera.

Pero el gran héroe del espacio fue sin duda Rama, el personaje de la máxima epopeya indoaria, quien surcó los espacios y conoció las estrellas a bordo de los «vimanas», carros de fuego «movidos por cuatro tambores de mercurio y cuatro grandes calderos de fuego».

En la Biblia se habla también de Elias como pasajero de las «ruedas celestiales»; en Egipto se imaginan a Osiris y Seth luchando con sus ejércitos en el espacio extraterrestre; en América precolombina, a los dioses que van y vienen por el cielo utilizando una escalera de fuego. Sin embargo, la realidad no es tal hasta que el hombre no comienza a interiorizarse seriamente sin necesidad de levantar los pies del suelo; hace primero cálculos y desentraña lentamente el Universo que nos rodea.

Las evidencias escritas o pictográficas más antiguas indican que en Babilonia, el valle del Indo y Egipto ya se realizaban estudios de las estrellas alrededor de los años 4.500 a 5.000 antes de Cristo.

Asimismo en Tiahuanaco, Bolivia, y en Teotihuacán, México, la investigación arqueológica nos advierte que allí también los hombres escrutaron el espacio exterior.

Todo esto nos lleva a afirmar que en la antigüedad se conocían los movimientos planetarios, las evoluciones de laTierra alrededor del Sol, o las fases lunares, movimientos éstos que sin ninguna duda fueron interpretados por el pensamiento de la época con acierto, dando así nacimiento a la ciencia astral, la astrología –aparentemente nacida entre los caldeos-, principal impulsora de nuestra astronomía actual.

En el año 250 antes de Cristo, un griego que vivía en Alejandría, Eratóstenes, determinaba por vez primera y con increíble precisión el diámetro terrestre, medida que se tuvo como indis-cutida incluso hasta los tiempos posteriores a Cristóbal Colón.

Setenta años después, otro griego, el gran Hiparco, calculó la distancia entre la Tierra y la Luna, predijo los eclipses y compendió todos los conocimientos sobre la materia logrados hasta la época.

Posteriormente, su alumno Ptolomeo de Alejandría construyó el primer modelo del Universo, haciendo figurar como centro del mismo a nuestro planeta, teoría conocida como geocéntrica, que llegó a su fin cuando el clérigo polaco Nicolás Copérnico (1473-1543) echó las bases de la astronomía moderna al establecer su teoría heliocéntrica, o sea, el Sol como centro del sistema. Luego vanos introducimos, con algunas leves variantes, en la evolución de una nueva física básica para la conquista del espacio.

concepcion de corpernico sobre el universo

Se van sumando nombres: Giordano Bruno, Galileo Galilei, Johannes Keplerel primero en considerar la posibilidad de los viajes interplanetarios– y un pionero injustamente olvidado, John Wilkins, obispo de Chester, quien en 1538 publicó su obra «El descubrimiento del nuevo mundo».

En ella expone acertadas predicciones sobre los problemas de la fuerza de gravedad, la duración de las travesías, la falta de peso y la extensión de la atmósfera terrestre.

LOS PECURSORES DE LA MODERNA CONCEPCIÓN:

astronomos de la edad moderna

NICOLÁS COPÉRNICO: Astrónomo y matemático polaco (1473-1543), nacido en Thorn. Fundó el sistema astronómico que lleva su nombre, con lo que inauguró una nueva era en el estudio de los movimientos de los cuerpos celestes. ¡Sus diversas profesiones no le impidieron realizar estudios acerca del Sol, la Luna y los planetas, investigaciones que habría de publicar en su obra maestra: Acerca de las revoluciones del mundo celeste.

En el prólogo Copérnico anuncia su propósito de encontrar una nueva teoría del Universo, a la luz de las múltiples e inexplicables contradicciones de las teorías existentes hasta el momento. Pensaba descubrir aquello que faltaba para dilucidar la situación confusa.

El sistema solar concebido por Copérnico es heliocéntrico (el Sol ocupa el centro), contraponiéndose al geocéntrico, que imaginaba en ese lugar a la Tierra, en aparente oposición con los textos bíblicos.

Copérnico no fue el creador del sistema completo de Astronomía que generalmente se le atribuye, pero cimentó las bases para que investigaciones posteriores a su muerte, realizadas con instrumentos infinitamente más precisos que los utikizados por él en su época, pudieran construir la actual estructura de la Astronomía.

Setenta y tres años después de la muerte de Copérnico, Galileo tomaría como base su teoría para realizar sus propias investigaciones.

JOHANNES KEPLER: Astrónomo alemán (1571-1630) nacido en Wiel, (Wurttemberg). Se lo considera uno de los creadores de la astronomía moderna.,En 1596 publicó su obra Mysterium Cosmographicum, en donde intentaba desarrollar una teoría geométrica mística de los cielos.

En 1600 viajó a Praga para trabajar como ayudante de Ticho Brahe, que ocupaba el cargo de astrónomo imperial y en el que posteriormente lo reemplazaría. Sus obras más importantes fueron Astronomía Nova (1609) y Harmonices Mundi (1619), donde expuso las leyes que llevan su nombre acerca del movimiento de los planetas.

Estas leyes fueron producto de un profundo y concienzudo estudio y de precisas observaciones llevadas a cabo a través de varios años. Mas leyes keplerianas pueden sintetizarse del siguiente modo:

1  – Los planetas describen órbitas elípticas, en las que el Sol ocupa uno de sus focos:
2 – El radio vector que une al Sol con el planeta describe áreas iguales en tiempos iguales (Ley de las áreas).
3  – Los cuadrados de los tiempos empleados por los planetas en recorrer sus órbitas son directamente proporcionales a los cubos de sus distancias medias al Sol.

GALILEO GALIEI: Físico, matemático y astrónomo italiano, nacido en Pisa (1564-1642). Fue uno de los grandes investigadores y pensadores de su siglo. En 1583 enunció la ley de las oscilaciones del péndulo: en la misma época inventó una balanza hidrostática y estudió el peso específico de los cuerpos.! Propuso su teorema de que todos los cuerpos caen con la misma velocidad, demostrada con varios experimentos realizados desde lo alto de la torre de Pisa: inventó el termoscopio, el compás proporcional y el telescopio, a través del cual pudo descubrir cuatro satélites de Júpiter y afirmar que no se hallaban fijos, sino que giraban alrededor del planeta.

Fue éste el primer descubrimiento de cuerpos celestes realizado por el hombre con medios artificiales. Demostró la configuración no plana de la Luna; descubrió manchas solares, hecho a partir del cual pudo demostrar la rotación del astro; estableció las leyes de la hidrostática y las que rigen el movimiento de los astros, compartiendo las teorías de Copérnico acerca de la inmovilidad del universo y el movimiento terrestre a su alrededor.

Por estos conceptos tuvo dificultades con la Iglesia y se vio obligado a declarar ante un tribunal, debió entonces abjurar de sus opiniones, compromiso que no cumplió. Debido a ello debió comparecer otra vez ante la lnquisición, que lo forzó nuevamente a abjurar de sus creencias científicas. De ese momento surgió la leyenda que dice que al concluir con su nueva retractación, Galileo exclamó en voz baja: «I por so move» («Y sin embargo, se mueve»).

Ver: Newton: El Mayor Científico de la Historia

Fuente Consultadas:
Mundorama Geografía General – El Sistema Solar –  Edit. Quevedo S.R.L.
El Universo Para Curiosos Nancy Hathaway Edit. Crítica
El Mundo y El Tiempo Globerama Edit. CODEX

Los Mandarines en China Antigua Función Pública y Formación

FORMACIÓN Y FUNCIÓN DE LOS MANDARINES CHINOS

LA DECADENCIA MANCHU: En 1796, moría Kien Lung, emperador de China. Su reinado estuvo marcado por grandes victorias, que permitieron extender, especialmente hasta el Sinkiang occidental, las fronteras chinas. Pero, después de él, la dinastía manchú, la de los Tsing, conoció, con Kia K’ing y Tao Kuang, muchas desventuras, pues los europeos se hicieron más presentes cada vez en las puertas de China.

El Celeste Imperio era demasiado extenso para que las órdenes del emperador llegasen regularmente hasta las fronteras más lejanas. Sin embargo, la dinastía manchú no toleraba las disidencias, las tentativas de descentralización, sino que, víctima de la extensión de su territorio, se veía constreñida, de vez en cuando, a descargar grandes golpes. Caían las cabezas de algunos oposicionistas, o de los funcionarios a los que se consideraba responsables; el terror inspiraba a todos los demás una relativa calma; pero, poco a poco, la naturaleza humana volvía por sus fueros.

Para imponer su poder a los pueblos que habían conquistado, los emperadores disponían de tres instrumentos esenciales: el ejército, la nobleza y los letrados. El ejército contaba de 300.000 hombres. Poca cosa para tan vasto imperio; pero se bastaba para hacer respetar el orden en las fronteras, a condición de que el adversario no dispusiera, como los europeos, de armas demasiado diabólicas.

La nobleza se hallaba dividida en dos clanes: la que habitaba las mansiones fortificadas del campo y dominaba a la gran masa campesina, y la que vivía junto al emperador. Los nobles eran mantenidos lujosamente, pero no tenían ningún poder. Como Luis XIV, aparentemente, el emperador estimaba que el tenerlos ociosos era el medio mejor de privar a los príncipes de todo espíritu de revuelta.

Paralelamente, los chinos podían recibir títulos nobiliarios en agradecimiento a los servicios prestados. Mas, frente a éstos, reinaba también la desconfianza. La simple cólera del emperador podía precipitar al desventurado al fondo de la escala social. Y otro servicio prestado podía volver a situar al mismo personaje en el vértice dela escala aristocrática. Nadie tenía derechos; todo el mundo tenía sólo deberes. Nada les era dado para siempre a los príncipes: ni la gloria, ni la caída de ella. Manteniendo esta inseguridad de situaciones, el emperador tenía la ventaja de conservar las riendas de un poder descentralizado.

mandarines

LOS MANDARINES: En efecto, el país funcionaba, sobre todo, gracias a los miembros de la tercera clase importante: la de los letrados, que, responsable de la Administración, dirigía la nación. Estos letrados, llamados «mandarines» por los portugueses, eran los ganadores de unos concursos extremadamente difíciles. Recluidos durante tres días y dos noches, los candidatos debían pasar tres series de pruebas: la primera estaba constituida por diversas composiciones de carácter literario, relativas a los textos más antiguos, en la que el arte de manejar el pincel revestía capital importancia. Esto equivaldría, en nuestros días, a reclutar funcionarios especialistas en finanzas y estadística, exigiéndoles por todo bagaje intelectual un profundo conocimiento de la poesía de Virgilio y un talento caligráfico.

Una vez pasadas las pruebas, el candidato entraba a formar parte de la casta de los letrados. Tenía derecho a un cargo público y a lucir el famoso botón del color correspondiente a su grado, al concurso ganado. Pero estos funcionarios estaban mal pagados. Por eso, imbuidos de su superioridad, no vacilaban en aceptar pequeños regalos. He aquí el extraño imperio que los europeos tenían ante sí.

Los mandarines eran contratados después de haber realizado un examen basado en el programa de estudios establecido por el confucianismo. En los primeros años de la historia china el examen consistía en la resolución de problemas administrativos prácticos; más adelante, en tiempos de las dinastías Ming y Qing, los exámenes se centraban en un conocimiento rutinario de los clásicos chinos. Sin embargo, existían también otros medios para convertirse en mandarín: el apadrinamiento oficioso y el parentesco con la aristocracia o el soberano. Los exámenes tenían tanto prestigio que algunos candidatos se pasaban toda la vida tratando de aprobarlos y otros llegaban incluso a castrarse para mejorar su concentración.

Los escasos conocimientos que éstos tenían sobre el «Imperio del Medio» estaban a menudo deformados por los rumores. Así, la religión china les parecía algo incomprensible: aquella mezcla inextricable de religiones les parecía un subproducto de la más primaria de las supersticiones. El europeo, hombre de orden, no había conocido más que religiones bien jerarquizadas, en las que todos sus fieles compartían una misma fe. Y la sensación de hallarse ante una superstición en materia religiosa era suficiente para suscitar nobilísimas  vocaciones  misioneras.

Los europeos, estupefactos ante las extravagancias chinas, visibles tanto en sus costumbres y en sus trajes como en su arte, les calificaban, por tanto, de «bárbaros». En cuanto a los chinos, pensaban lo mismo de los europeos. Encontraban ridiculas sus largas narices, se burlaban de sus estrechos trajes, dentro de los cuales los hombres aparecían tiesos, y hallaban mal hechas las prendas (los chaquets), que no podían cerrarse y poseían un apéndice inútil que les colgaba por detrás. ¡Y qué decir de aquellos sombreros en forma de tubo de chimenea!

Los mandarines hablaban un dialecto especial que hoy en día es la lengua china más hablada.Más de mil millones de sus habitantes, el 95% de la población, habla chino frente a las otras minorías que hablan idiomas de diferentes familias lingüísticas, como el tibetano, el mongol, el lolo, el miao y el tai.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Vida y Obra de Donatello Escultor Italiano – Caracteristicas

Vida y Obra de Donatello La Escultura en Renacimiento Italiano

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: La Plástica Renacentista: Pintura y Escultura: El desarrollo de las artes plásticas es inseparable del movimiento general señalado.

En la segunda mitad del siglo XIII y principios del XIV se advierten los primeros síntomas de una nueva concepción estética, reflejada en las creaciones de la pintura y la escultura.

Cimabue y Giotto en pintura, y Giovanni Pisano en escultura, marcaron el comienzo de una nueva etapa que rompió con el esquematismo del arte de influjo bizantino; las figuras, abandonando su hieratismo, se hicieron más naturales y espontáneas, tanto en la compostura de las imágenes como en la misma disposición del ropaje.

Dos son los factores que deben destacarse en esta primera etapa del arte renacentista: naturalismo y realismo, por un lado, y un acercamiento a los cánones clásicos, por el otro.

Estas tendencias, que alcanzaron su culminación en el arte del siglo XV, a través de Massaccio, Donatello y Brunelleschi, muestran «que los artistas, si bien estudiaron empeñosamente los modelos clásicos, para dar a sus búsquedas una adecuada base metodológica, no abandonaron en ningún momento la atenta consideración de la realidad.

La culminación del proceso de la plástica italiana se dio entre fines del siglo XV y la primera mitad del XVI, con Leonardo, Rafael y Miguel Ángel, ocupando lugar especial y aparte la escuela veneciana, que contó con figuras como Tiziano, Veronese, Tintoretto, Giovanni Bellini y otros.

SOBRE DONATELLO: Antes ya de cumplir los veinte años, Donatello, nacido en Florencia en 1386, aproximadamente, formaba parte de la escuela de Ghiberti.

Su actividad juvenil se valió, pues, de todas las experiencias recogidas al lado del famoso maestro, tanto que, a los treinta años, Donatello había recorrido ya felizmente todos los caminos hasta entonces probados por la escultura florentina y pisana.

Pero otros eran los resultados apetecidos por el joven escultor, insaciable en su búsqueda de posibilidades expresivas que respondieran al espíritu nuevo con que él sentía y entendía el arte.

La amistad con Brunelleschi, que se remontaba a la adolescencia, fue seguramente un factor determinante en la maduración de sus concepciones artísticas.

Esas concepciones se sustentaban, antes que nada, en una conquista moral que, restituyendo al hombre su noble e inalterable dignidad, abría nuevos e inexplorados horizontes.

En armonía con la arquitectura de Brunelleschi, Donatello tradujo esos conceptos en un tipo de escultura que se apoyaba en una rigurosa articulación espacial para alcanzar efectos de un dinamismo y de una vitalidad extraordinarios.

En el transcurso del siglo XV, la multiplicación de los encargos creó un clima de emulación y competitividad que favoreció la creación y la innovación. Donatello se impuso en el campo de la escultura. Su epitafio lo resume: «Todo lo que muchos han hecho antaño con una mano experta para la escultura, Donato lo hizo, en nuestros días, él solo».

El culto a la Antigüedad: Los escultores florentinos, impregnados de cultura humanista, adquirieron poco a poco la convicción de que la perfección plástica sólo podía alcanzarse imitando la Antigüedad. Esta nueva tendencia revolucionó su arte.

Con el redescubrimiento del bronce, material de excelencia según la concepción de Plinio, esta revolución fue primero técnica (Ghiberti, San Mateo), pero también iconográfica.

El hombre se transformó en el centro de las preocupaciones artísticas: los bustos (Antonio Rosselino, Giovanni Chellini), medallas, estatuas ecuestres, monumentos funerarios (Luca della Robbia, tumba del obispo Benozzo Federighi) ocuparon especialmente a los escultores y permitieron la exaltación de las virtudes humanas.

La influencia sobre los artistas fue puramente plástica. Su estilo, menos estilizado y más normativo, se preocupó de reproducir las realidades del mundo natural.

Así, el estudio de la anatomía humana (acentuado por el contrappoíto, contrapunto que se logra cuando el peso del cuerpo recae sobre una sola pierna), el del movimiento y el de la perspectiva se convirtieron en los principales temas de investigación de pintores y escultores.

Donatello, de la mesura a la expresividad Donatello se inició en el taller de Ghiberti, mientras éste terminaba las puertas del baptisterio de Florencia.

Sin embargo, desde 1410 su estilo innovador e independiente se impuso al de su maestro, así como al de sus contemporáneos.

Amigo de pintores y de Brunelleschi, compartió con ellos la misma preocupación: representar de forma realista el espacio y el cuerpo humano. En sus relieves, el dominio de la perspectiva aparece de manera muy particular (San Jorge y el dragón, El fiestín de Herodes). Donatello, atraído por la Antigüedad, realizó numerosos viajes a Roma acompañado de Brunelleschi.

La confrontación con las obras romanas fue determinante para el artista, que siguió el modelo de los antiguos en su obra David, primer desnudo en bronce fundido desde la Antigüedad, y la estatua ecuetre de Gattamelata en Padua.

Sin embargo, la genialidad de las piezas de Donatello reside en su carácter profundamente personal y expresivo. Sus primeras esculturas (los profetas para el campanil) manifiestan el «furor» de su inspiración.

Utilizando por primera vez los recursos del non finito (inacabado), confirió a sus últimas esculturas un alcance trágico y fuertemente «expresionista» (Magdalena, San Juan Bautista).

Sin duda, el carácter demasiado innovador de las obras de Donatello explica la poca influencia que éstas ejercieron en los escultores de su tiempo.

Por el contrario, en el campo de la pintura, su obra tuvo un impacto inmediato (Mantegna, Andrea del Castagno).

Como señalaba León Battista Alberti, la pintura y la escultura eran todavía en el siglo XV «artes emparentadas, alimentadas por un solo y mismo genio».

Donatello (1386-1466)

En la actividad escultórica de Donatello, fecundísima y siempre renovadora, se aprecia un profundo conocimiento técnico y un completo dominio de los materiales, constantemente sometidos, sin embargo, a una preocupación primordial por la esencia humana.

Donatello

Donatello (1386-1466), su verdadero nombre era Donato di Niccolò di Betto Bardi.Es considerado uno de los artistas mas destacados del renacimiento italiano. Nacido en Florencia, de padre humilde, generalmente se le considera como el escultor más original de esta etapa y uno de los artistas más importantes de ese periodo.

A la edad de 17 años fue ayudante de Lorenzo Ghiberti en la construcción y ornamentación de las famosas puertas de bronce del baptisterio de San Juan de Florencia. Más adelante también trabajó en colaboración con Filippo Brunelleschi, con quien parece que fue a Roma para estudiar los monumentos de la antigüedad clásica.

En los grandes jalones de su obra estatuaria para la catedral florentina y la iglesia de Or San Michele, relieves de la cantería catedralicia y de la sacristía vieja de San Lorenzo, estatuas y relieves del altar del Santo y monumento ecuestre del condottiero Gattamelata durante la estancia en Padua (1443-53), estatuas de santos penitentes y relieves de los pulpitos de San Lorenzo, en los que trabajaba cuando murió, como en otras muchas obras aisladas.

Gattamelata - Donatello en 1444

Gattamelata – Donatello en 1444 En el rostro del condottiero Gattamelata plasmó Donatello -el mayor escultor del Quattrocento- todas las características de la virtud romana o, lo que es igual, toda la grandeza moral del modelo humano del primer renacimiento, a la vez que la meditación melancólica de quien mira el porvenir desde la perspectiva de un remoto pasado, como quien pasa en el espacio y en el tiempo.

Un nuevo Marco Aurelio. En 1443, Donatello viajó a Padua para realizar la estatua ecuestre de Erasmo da Narni, llamado Gattamelata.

El primer desafío que planteó el bronce fue técnico, ya que Donatello había decidido fundir la estatua en un solo bloque.

El reto fue también estético, ya que el artista logró combinar referencias de la Antigüedad (estatua ecuestre de Marco Aurelio) y de la modernidad: el condotiero más importante de Italia monta a la manera del siglo XV y lleva un traje contemporáneo.

Donatello logró además evocar la grandeza y la fuerza del personaje realizando un retrato dinámico, pues la cabeza del caballo y la del caballero están en planos diferentes.

Donatello mostró a través de compactos volúmenes, cerradas y equilibradas composiciones, arquitecturas de profunda espacialidad, formas que van desde el altorrelieve hasta el relieve aplastado, una humanidad individualizada y real en todas las edades de la vida y una gama riquísima de expresiones y afectos, si bien en muchos casos el contenido ético y dramático de la figura o la historia permite elevar a categoría su ejemplo –Gattamelata como modelo de virtus-.

Las obras de su ancianidad asombran por su avanzada técnica de formas deshechas e inacabadas, admiran por la revolucionaria iconografía y conmueven por su profunda vida interior y su alucinante misticismo.

SOBRE SUS OBRAS: En el San Jorge, hecho en 1416-1420 para el gremio de los fabricantes de corazas, Jorge Vasari veía «un terrible brío altanero», y decía que aquella piedra se estremecía por dentro.

Las estatuas de época posterior de los profetas Jeremías y Habacuc conmovieron a sus contemporáneos por su realismo.

Esos personajes, aunque inspirados en modelos de una humanidad miserable, asumen en la transfiguración poética donatelliana una nueva dignidad de orden moral, revelando los caracteres de nobleza y de naturaleza creada a imagen y semejanza de la divinidad que se hallan presentes en todo ser humano.

Desde ese momento, la escultura de Donatello presenta un continuo sucederse de invenciones y expresiones nuevas que escapan a toda lógica evolución de estilo.

En los relieves de la Pila bautismal de la Catedral de Siena existe ya la exactitud de la perspectiva y el sentido de la luz vibrante que triunfarán en el Altar de San Antonio, en Padua.

En cuanto al David de bronce, en él tenemos una imagen de torneada desnudez inspirada en las esculturas de Praxíteles, pero cargada, con sentido moderno, de una profunda espiritualidad.

A su viaje a Roma en el año 1432 siguen obras capitales, como la «Cantoría» del Museo de la Obra de la Catedral, y la Anunciación de la Santa Cruz, cuya novedad estriba en la fuerza y el movimiento conferidos a las imágenes.

Tenemos luego la fecunda permanencia en Padua que culmina con la creación del grupo ecuestre de Gattamelata, expresión suprema de la más libre y moderna interpretación de un tradicional modelo clásico.

Y entre las obras finales de Donatello, vuelto a Florencia en 1453, recordaremos los pulpitos de San Lorenzo, agitadas y trágicas representaciones de una humanidad cuya verdad última es una verdad dolorosa.

Algunas fechas claves en la vida de Donatello

1386: Nace en Florencia Donato di Niccoló di Betto Bardí, llamado Donatello.

1407: Construcción de la catedral de Florencia con Nanni di Banco. Participación en el concurso para las segundas puertas del baptisterio. Primer viaje a Roma acompañado por Brunelleschi (entre 1406 y 1415).

1417: Encargo para la ornamentación de Orsanmichele.

1423-1427: Colaboración con Michelozzo en el monumento a Juan XIII del baptisterio de Florencia.
Habocuc y El festín de Herodes para la catedral de Siena.

1432: Segundo viaje a Roma. Tabernáculo del sacramento en San Pedro. David y cantoría para el Duomo.

1443: Estancia en Padua (Gattamelata, crucifijo para la basílica de San Antonio y altar del santo).

1454: Regresa a Florencia, obras cada vez mas ascéticas y expresivas, Judith y Holofernes.

1466: Muere en Florencia.

Los relieves de Donatello
En el relieve, Donatello busca la profundidad y emplea por primera vez la técnica del aplastado (sciacciato): en piedra, San Jorge y el dragón (hacia 1420) de sofocantes efectos atmosféricos en bronce, el Festín de Herodes (1423-27), para el baptisterio de Siena donde la rigurosísima perspectiva viene equilibrada por el dramatismo de la escena. Más tarde realiza la Cantoría (1433-38), de la catedral de Florencia donde los niños parecen inmersos en un frenesí dionisíaco. Ya en Padua (1443-53), Donatello se ocupará de las estatuas y relieves en bronce del atar de la basílica de San Antonio. La Virgen con el Niño es una estatua sin precedentes iconográficos, llena de misteriosos simbolismos que se completan en el sublime heroísmo del Crucificado.

David, Donatello 1432

David, Donatello, hacia 1432
Bronce, altura: 159 cm Museo del Bargello, Florencia. La renovación de la escultura y el desnudo. Este David, ejecutado para el jardín del Palacio de los Medici, es considerado la primera escultura de un desnudo en bronce desde la Antigüedad clásica. El delicado modelado d las formas y serenidad del personaje están más cerca de su maestro Ghiberti que de la fuerza expresiva de sus obras más tardías.

David de Verrocchio

Cuarenta años después de Donatello, Verrocchio ofreció a los Medici una nueva versión del David. Menos sensual y menos atemporal que la estatua de lonatello, el bronce representa un joven atleta, vestido, con los músculos aún tensos por el esfuerzo. La delicada expresión y el estilo meticuloso del artista evidencian su extraordinaria destreza en el manejo del bronce.

cristo en el limbo de donatello

Cristo en el limbo: DONATELLO, HACIA 1458 (Detalle de la parte izquierda del relieve)Bronce, altura del friso: 137 cm. San Lorenzo, Florencia Una escultura llena de expresividad.

Las obras de los últimos años de Donatello testimonian la evolución de su estilo. La imaginación febril del escultor no tuvo una influencia inmediata. El tratamiento casi pictórico del relieve, el impulso dinámico de la composición, su carácter agitado y altamente dramático anuncian las obras más tardías de un Tintoretto o de un Rembrandt.

San Jorge de Donatello, 1417

San Jorge DONATELLO, 1417 Marmol, 39 x 120 cm Museo del Bargello, Florencia. Corporaciones y mecenazgo. En 1339, las corporaciones que administraban la iglesia de Orsanmichele confiaron a sus miembros la decoración de doce nichos que rodeaban el edificio. Si en el siglo XIV los gremios respondían con poco entusiasmo a esta costosa demanda, en el siglo XV convocaron a los artistas más innovadores: Ghiberti, Nanni di Banco, sin duda Brunelleschi y Donatello, el que ejecutó tres estatuas (San Marcos, San Luis de Toulouse y San Jorge).

Un santo hecho hombre.
El escultor otorgó al santo protector del gremio de los armeros una amplitud heroica. Menos clásica que algunas estatuas de Orsanmichele, la del santo se distinguió por el carácter profundamente realista y humano de su mirada. «En su cabeza se lee la belleza de la juventud, el ardor de la valentía, una energía salvaje y una maravillosa sensación de movimiento al interior de la piedra» (Vasari).

ALGUNOS TÉRMINOS SOBRE PLÁSTICA

Cantona: tribunilla para el órgano.

Condottiero: jefe militar mercenario. Iconografía: disciplina de la historia del arte que se ocupa del asunto o significación de obra artística.

Relieve: labor escultórica en que se hace resaltar las figuras y objetos sobre el plañe Puede ser: altorrelieve, aquél en que las figuras sobresalen del plano más de la mitac de su bulto; medio relieve, en el que sobresalen la mitad de su grueso; bajo relieve, en el que las figuras resaltan poco del plano (relieve aplastado).

Sfumato: Modelado vaporoso destinado a sugerir por medio de la gradación del color y de la luz la profundidad de los objetos y los personajes en la atmósfera.

Sillar Cada una de las piedras labradas en forma de paralelepípedo rectángulo que forman parte de una obra de sillería.

Studiolo: Pequeño gabinete de meditación y de trabajo en la Italia del Renacimiento.

Tabique Pared divisoria en el interior de un edificio, generalmente no soportante.

Talla dulce Conjunto de procedimientos de grabado en hueco sobre metal o madera.

Temple Técnica pictórica en la que los pigmentos se diluyen en agua y se engruesan o templan con huevo, caseína, goma o una solución de glicerina al momento de pintar.

Terracota Arcilla trabajada y cocida al horno a baja temperatura que no ha recibido ningún esmalte; el objeto hecho con este material.

Tesela Pedazo pequeño de mármol, piedra, pasta de vidrio o terracota coloreada, generalmente cúbico, que se utiliza para elaborar un mosaico.

Tracería Decoración arquitectónica que suele hacerse sobre piedra calada. Es uno de los elementos más característicos de la arquitectura gótica.

Tramo Espacio comprendido entre dos puntos de apoyo principales de una construcción.

Transepto En una iglesia en cruz latina, nave transversal que separa el coro de la nave y forma los brazos de la cruz.

Tres colores Técnica que emplea piedra negra, tiza blanca y sanguina.
Triangulo de descarga Triángulo dispuesto en el muro sobre un dintel para aliviarlo parcialmente del peso del muro que soporta.

Triforio En una iglesia, serie de ventanas en claraboya abiertas en la galería alta situada sobre las naves laterales, la tribuna, que dan al interior de la nave.

Triglifo Elemento arquitectónico con tres acanaladuras verticales que se alterna con las metopas en el friso de orden dórico.

Tríptico Conjunto pictórico o escultórico formado por tres paneles, generalmente plegables; los postigos laterales montados sobre bisagras se cierran sobre el panel central.

Vaciado 1. Formación y solidificación de un objeto en un molde. 2. Figura de yeso o estuco formada de este modo. 3. En arquitectura, fondo que queda en el neto del pedestal bajo la moldura que lo guarnece. 4. Excavación arqueológica.

Vanitas Composición alegórica, generalmente una naturaleza muerta, que evoca la fragilidad de la existencia y el fin último del hombre.

Veladura Capa muy fina de pintura traslúcida, diluida al óleo, transparente «como un velo», que modifica el aspecto o la coloración de los fondos agregándoles brillo y luminosidad.

Vernacular Arte que se practica solamente al interior de una comunidad, a veces restringida.

Vitela 1. Pergamino de color blanco que se obtiene de la piel de ternera, cordero o vaca, preparado para la escritura o la pintura. 2. Papel de lujo que imita dicha textura.

Vitral Composición traslúcida formada por piezas de vidrio coloreadas y ensambladas mediante una red de plomo o de estuco; está destinado a cerrar un vano creando una pared luminosa y un efeclo de luz.

Voluta Adorno en forma de espiral o caracol que se coloca para decorar los capiteles de los órdenes jónico y corintio.

Ver: Biografia de Giovanni Battista

Fuente Consultada:
Historia Visual del Arte Larousse La Nación El Arte Renacentista
ARTERAMA N°53 Enciclopedia de las Arte Editorial CODEX S.A.

El Papa Ermitaño Celestino V Papa Del Gran Rechazo

El Papa Ermitaño Celestino V
El Papa Del Gran Rechazo

En 1292 murió el Papa Nicolás. El cónclave de los cardenales se reunió, mientras todas las cancillerías de Europa se esforzaban en presionar a los cardenales. Ninguna mayoría pudo imponer su candidato. Un año pasó, en vano. La cristiandad se impacienta. Para el prestigio de la Santa Sede, tal   aplazamiento   tampoco   es   beneficioso.

Papa Celestino V, quien ha pasado a la historia como el pontífice del «gran rechazo», pues su pontificado duró del 29 de agosto al 13 de diciembre de 1294 y después se retiró a una vida de eremita. Tras su renuncia fue elegido Bonifacio VIII.

Cansados de esperar, cansados de las presiones, los cardenales eligieron entonces lo que llamaríamos un Papa de transición. Un viejo ermitaño de 12 años, Pedro de Morrone, fue elegido con el nombre de Celestino V.

El bueno del ermitaño no sospechaba nada. Vivía entre peñas, austeramente, cuando un día el Colegio Cardenalicio, portando mitra y báculo de oro, fue a arrodillarse ante él, pobre anciano. Asustado por tanto honor y lujo, los rechazó. Pero los príncipes de la Iglesia le hicieron ver que el interés de la Santa Sede y de la Cristiandad exigía su aceptación.

Se resignó, por lo tanto, y partió para Roma. No la encontró a su gusto y pidió, incluso, que se le construyera una celdilla de monje donde pudiera vivir. Menos aún podía comprender y amar el mundo de intriga y lujo que le rodearía en lo sucesivo. No podía considerar la Iglesia y la función sacerdotal de otro modo que en la pobreza.

Incluso puso de nuevo en vigor una antigua bula; durante la elección de los Papas, los cardenales deberían estar encerrados y cada día se disminuiría un plato del menú ordinario, hasta que no hubiera en él más que pan y agua.

Pero Celestino V tuvo una idea que le era muy entrañable: la renuncia. Se creyó no haber visto nunca tal cosa. ¿Cómo podría desatarse lo que Dios había atado? Celestino interrogó a los grandes juristas que le rodeaban y, entre ellos, a Benito Caetani, el futuro Bonifacio VIII.

Este Caetani era un hombre enérgico, el más instruido y el más inteligente, sin duda, de todos los cardenales. Estudió el problema y dio un parecer favorable.

Los restantes cardenales, comprendiendo que un Papa reticente e ingenuo no puede gobernar, sin peligro, a una cristiandad muy compleja, aceptaron. Entonces, sin presión, Celestino V pudo abdicar. El cónclave, reunido de nuevo, eligió en su lugar al cardenal Caetani: Bonifacio VIII.

BONIFACIO VIII
Bonifacio VIII era, sin duda, el hombre más digno de aquel honor supremo. Pero Celestino, convertido de nuevo en Pedro de Morrone, quiso regresar a su gruta. El nuevo Papa comprendió inmediatamente el peligro; el ingenuo ermitaño puede ser el juguete de influencias nefastas, que podrían empujarle a negar su abdicación.

Papa Bonifacio VIII

Es un riesgo, por mínimo que sea, que un Papa, en nombre de la Iglesia, no quisiera correr, porque conduciría a la Iglesia a la situación de los años precedentes, cuando había dos Papas, permitiendo a los diversos príncipes escoger el Papa más conveniente para su interés.

En consecuencia, el ermitaño fue encerrado en un castillo de Campania. Poco tiempo después, murió. El impedirle volver a su vida de eremita había sido una medida útil, pero impopular. Su muerte, tan repentina, podía sugerir la idea de asesinato, y se podía pensar, incluso, que Bonifacio VIII había forzado a Celestino a abdicar. Estos eran los puntos débiles de la posición de Bonifacio VIII. Hombres hábiles y sin escrúpulos, como los   legistas,   no   podían   desaprovecharlos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Origen del trueque y el comercio con la moneda metalica Historia

Origen del trueque y el comercio con la moneda metalica

CUANDO Y POR QUÉ NACE EL TRUEQUE: La primera condición para que exista intercambio de bienes es la capacidad de producir excedente. El excedente es una parte de la producción que no se necesita consumir. Si una sociedad dispone de excedente, puede intercambiarlo por algún producto que posea otra sociedad (y que tampoco necesita consumir).

En la más remota prehistoria, cuando los hombres se dedicaban a la caza y la recolección, la producción de excedentes era casi nula. Además, por las características de sus productos, esos excedentes no se hubieran podido almacenar. Pero desde las primeras actividades productivas, el excedente permitió emprender el hábito de intercambiar productos.

Las primeras formas de comercio entre los hombres consistieron justamente en el intercambio de productos mano a mano: lo que uno tenía y no necesitaba, se cambiaba por lo que el otro tenía y no necesitaba. Esa forma de intercambio se denomina trueque.

El trueque se mantuvo por mucho tiempo, aun en sociedades sedentarias: un jarrón de vino por una bolsita de trigo, pieles de abrigo por un arma de caza, lana de oveja por pescados.

¿Por qué se abandonó el trueque? El desarrollo de nuevos bienes de consumo y el crecimiento de la actividad comercial demostró que este sistema era poco práctico: en primer lugar porque no siempre el otro necesitaba aquello de lo que uno disponía. Por ejemplo, si un artesano de sandalias quería comprar pan, siempre debía encontrar un panadero que necesitara sandalias ó averiguar qué necesitaba el panadero, conseguirlo con su producción de sandalias. y recién después ofrecérselo en trueque.

En segundo lugar, también era un problema determinar cuál era el valor exacto de los productos a intercambiar: ¿cuánta lana por un jarrón de vino? ¿de qué tamaño debía ser el jarrón? ¿una vaca valía lo mismo que un camello?

Para resolver estos primeros problemas los hombres buscaron un producto de referencia: los valores de todas las mercaderías se establecerían en base a ese producto. Esa referencia es el primer paso en la historia de la moneda.

UNA MONEDA CON MUCHAS FORMAS

Una moneda es, de hecho, un elemento intermedio que sirve para facilitar los intercambios. Si todos los hombres establecían el valor de sus productos sobre la base de la misma mercancía, el intercambio era mucho más simple. Los primeros bienes de referencia fueron el trigo o el ganado. Entonces, era posible establecer el precio de los diferentes productos: por ejemplo, obtener una vaca a cambio de una cantidad establecida de cereales.

Estos primeros bienes de referencia reunían dos características principales: eran aceptados por la mayoría de los hombres, y eran sumamente útiles. Sin embargo, pronto surgió un nuevo problema. El bien de referencia debía ser divisible, debía poder fragmentarse para intercambios menores, cotidianos, por objetos de menor valor. Además, debía simplificarse también su traslado, su cuidado y su almacenamiento.

Así, los objetos que funcionaban como bienes de intercambio fueron haciéndose más pequeños y fácilmente manipulables: collares hechos con caracoles o caparazones, barbas de ballena, cocos, bolsitas con sal, etc.

LA APARICIÓN DE LA MONEDA METÁLICA

Según el historiador griego Herodoto, las primeras monedas metálicas surgieron en el Asia Menor, en el siglo VIII a.C., debido a que un rey lidio se propuso simplificar la recaudación de los impuestos y su almacenamiento. Así, habría reemplazado productos como el ganado, el trigo o la madera, que su pueblo le tributaba, por su equivalente en monedas fabricadas con una mezcla de oro y plata. Sin embargo, es probable que mucho tiempo antes las monedas metálicas hayan surgido en otro lugar.

Hacia el año 3000 a.C, en la Mesopotamia asiática, asirios y babilónicos comenzaron a utilizar como bienes intermedios para los intercambios barras de oro y plata. También se utilizaban otros metales, como el cobre, el bronce o el hierro. Sin embargo, se preferían los dos primeros (oro y plata) ya que tenían algunas ventajas sobre los otros: en primer lugar su escasez, lo que los hacía valiosos, y en segundo lugar su incorruptibilidad. Esto último se refiere tanto a que es difícil falsificarlos como a que pueden almacenarse mucho tiempo sin echarse a perder (al contrario del hierro que se oxida).

El desarrollo de las actividades comerciales, sobre todo a través del imperio romano, extendió la utilización de monedas metálicas. Desde entonces son los Estados los que monopolizan la acuñación (fabricación de monedas). Además, las monedas solían tener un sello grabado: la figura de algún dios, la efinge del un emperador, o algún otro símbolo. Estos sellos garantizaban la pureza y el peso del material con que la moneda había sido acuñada.

BILLETE PAPEL MONEDA

Papel Moneda Emitido Por Alemania

NUEVAS FORMAS DE PAGO

 El desarrollo de las actividades comerciales y el intercambio de productos traídos y llevados a largas distancias propios de la Edad Moderna europea, hizo necesario el desarrollo de nuevas técnicas que facilitaban el uso del dinero.

Muchas de estas técnicas fueron en realidad apropiadas por los europeos, a partir del siglo XV, de otras regiones en las que existían con anterioridad. Por ejemplo, las letras de cambio existían en el mundo árabe musulmán desde el siglo X. Estas surgieron porque en diferentes lugares se utilizaban diferentes monedas. Con estos documentos se garantizaba que una persona pudiera cobrar una deuda en un lugar lejano, con la moneda de su lugar de residencia pero por un importe equivalente a la moneda del lugar en el que se había realizado la venta.

Otra novedad europea del siglo XV fueron los billetes a la orden (o sea, órdenes de pago para determinada persona) que dieron origen al cheque. Este evitaba que una persona tuviera que caminar por la calle transportando dinero, por lo que permitía comerciar con mayor seguridad. El dinero real se encontraba depositado en un banco y el cheque permitía a quien lo había recibido extraerlo cuando quisiera.

á partir del siglo XVI se generalizó la utilización de monedas de plata debido a la gran cantidad de ese material extraído de las minas americanas. Más tarde, a a finales del siglo XVIII surgió el papel-moneda, o sea, el billete actual. También fabricado por el Estado con exclusividad, su aceptación es forzosa (o sea, ningún comerciante puede exigir el pago en oro o en plata; debe aceptar el billete de curso legal).

TARJETA DE CREDITO

Actualmente existen tarjeta de crédito como otra forma de pago. Estas permiten inclusive
aplazar el pago del producto adquirido

PARA SABER MAS…
Fuente Consultada : Economía Las ideas y los Grandes Procesos Económicos – Rofman-Aronskind-Kulfas-Wainer
Los frutos de la especialización en el trabajo
A medida que las sociedades se tornaban más complejas, y las actividades productivas se diversificaban, se fue produciendo una progresiva división del trabajo, por la cual las personas se especializaron en determinadas tareas. Así muchos se dedicaron a trabajar los metales, el cuero o el barro; otros a producir alimentos -como el pan, el aceite o el vino-; algunos se ocuparon de perfeccionar las técnicas de los cultivos, o bien, a construir canales para que el agua llegara a regiones desérticas, etcétera.

La especialización creciente reforzó la necesidad de intercambiar lo que cada persona producía en exceso respecto de sus necesidades, con los productos que otros tenían para ofrecer a partir de su propio esfuerzo. Éste fue el origen del comercio, que empezó a desarrollarse bajo la forma del trueque.

Del trueque al uso del dinero
Por medio del trueque, las personas intercambiaban objetos o servicios, sin utilizar dinero. El inconveniente de esta forma de intercambio es que lo que una persona está dispuesta a dar debe coincidir con lo que la otra desea recibir, y viceversa.

La paulatina aparición del dinero, que podía ser cualquier bien que, gracias a sus propiedades, pudiera intercambiarse por cualquier otro, significó un progreso, ya que facilitó las transacciones y permitió satisfacer una cantidad mayor de necesidades.

Por ejemplo, en algunas regiones la sal era usada como dinero, ya que era útil y apreciada por todos, y cualquiera estaba dispuesto a recibirla como forma de pago. En otros lugares se utilizaban cueros o camellos.

Como muchos de los bienes usados como moneda local eran perecederos -es decir que se destruían con el tiempo-, y no servían para comerciar con otras regiones -ya que allí no los valoraban de la misma forma-, progresivamente se fueron adoptando los metales preciosos (en especial, oro y plata), que tenían tres ventajas: eran aceptados por diversos pueblos, eran resistentes al tiempo debido a sus características físicas y podían ser transportados con mayor comodidad que otros objetos.

Fuente Consultada: Sociedad  – Historia 8to. Año Vicens Vives (Maria P. González y Marissa Massone)

La Toma de la Bastilla Causas Juramento juego de pelota Revolucion

La Toma de la Bastilla

CAUSAS DIRECTAS DE LA TOMA DE LA BASTILLA: La humillante derrota francesa por los británicos en la guerra de los Siete Años (1756-1763) «296-297, con la pérdida de las colonias norteamericanas, motivó grandes desembolsos de dinero en la guerra de la Independencia estadounidense (1775-1783) «298-299. Para ello se situó la reforma fiscal en el primer punto de la agenda política.

Bajo el Antiguo Régimen (el «viejo orden» prerrevoludonario), la sociedad francesa se dividía en tres estamentos: nobleza, clero y tercer estado. La nobleza y el clero, apenas un 3% de la población que poseía el 40°/o de las tierras, estaban exentos de impuestos, por lo que la carga fiscal recaía sobre la burguesía (clase media) y el campesinado. Numerosos profesionales liberales influidos por la Ilustración  exigían un papel más importante en el gobierno. El precio del pan casi se dobló por las malas cosechas de 1788-1789, acrecentando la tensión social.

La inquietud y el malestar social se potenciaba. Numerosos folletos, diarios, oradores en cafés o en las calles, evidenciaban la efervescencia popular. Luis XVI que se había visto obligado a aceptar la situación, preparó junto con la reina María Antonieta y sus seguidores (la corte y la nobleza de toga) un golpe de Estado con la intención de disolver la Asamblea Constituyente. Destituyó a Jacobo Necker, el ministro de Finanzas que contaba con el apoyo popular, y contrató a mercenarios extranjeros que se instalaron en las cercanías del palacio de Versalles.

La Asamblea exigió al monarca el retiro del ejército, pero Luis XVI se mantuvo firme. En respuesta, el 14 de julio de 1789 se produce el primer levantamiento popular de la revolución: la toma de la Bastilla. Una multitud invadió la fortaleza estatal (prisión) y se adueñó del armamento que allí existía.

La toma de la Bastilla, considerada como un símbolo de la Revolución Francesa, fue un episodio de importancia por que señaló que el poder pasaba del rey a la Asamblea y entregó armas a la población de París.
El pueblo común comenzó a participar directamente en las cuestiones políticas.

EL JUEGO DE PELOTA EL JURAMENTO Los intentos de reforma económica de Luis XVI fueron obstaculizados por los nobles, que lo obligaron a convocar los Estados Generales, un parlamento compuesto por los tres estamentos que no se había reunido en 175 años. Cuando en mayo de 1789 se reunieron en Versalles, el mayoritario tercer estado exigió tener más peso en las votaciones. Al ser rechazada su petición, se escindió y formó la Asamblea Nacional, junto con algunos nobles y clérigos simpatizantes. El 20 de junio se les impidió el acceso a palacio, por lo que se reunieron en una cancha de juego de pelota (leu de Paume) donde juraron «no separarse jamás hasta que la constitución sea aprobada».

LA TOMA DE LA BASTILLA: En el verano boreal de 1789 estalló en Francia una sublevación contra el gobierno de Luis XVI. Diferentes factores provocaron esta revolución, pero si un acontecimiento simbolizó el colapso del poder real frente al descontento popular generalizado fue el asalto de la prisión de la Bastilla, el 14 de julio de ese año.

Construida entre 1370 y 1383 como parte del perímetro amurallado de París, en el s. XVII la Bastilla se convirtió en cárcel para prisioneros políticos. También servía como arsenal, ya que almacenaba grandes cantidades de armas y pólvora. En 1789 la prisión estaba defendida por 18 cañones y 12 piezas de menor calibre, manejadas por una guarnición de 82 «inválidos» (soldados veteranos no aptos para el servicio activo), reforzados por 32 granaderos de un regimiento de mercenarios suizos mandado llamar por el rey Luis XVI unos días antes.

El 14 de julio se propagó por todo París el rumor de que las tropas marchaban hacia la ciudad para sofocar las protestas contra el rey. En respuesta a esta amenaza, una multitud de entre 600 y 1.000 personas, equipadas con armas tomadas del Hotel de los Inválidos, un hospital militar, se apostó frente a la Bastilla para hacerse con su arsenal y defender la ciudad.

Alrededor de las 10.30, la primera de dos delegaciones se reunió con Bernard-René de Launay, gobernador de la Bastilla, con el fin de exigirle que distribuyera las armas entre la muchedumbre. Ambas delegaciones fracasaron, y hacia las 13.30, la gente, que había perdido la paciencia, se abalanzó sobre el indefenso patio exterior. Aunque no es seguro qué bando disparó primero, los cañones abrieron fuego. Hacia las 15, un destacamento de 62 guardias franceses amotinados llegó hasta la prisión y emplazó sus dos cañones frente a los portones. Los combates ganaban intensidad, y de Launay amenazó con volar la fortaleza, pero sus hombres se rindieron y lo obligaron a abrir las puertas.

A las 17.30, la muchedumbre asaltó la Bastilla. El gobernador fue arrastrado hasta el Ayuntamiento y ejecutado junto con al menos dos de sus hombres. Un defensor y 98 asaltantes murieron en la refriega y 78 atacantes resultaron heridos.

La noticia de la toma de la Bastilla recorrió velozmente toda Francia y provocó levantamientos en muchas ciudades. En realidad, la prisión era un símbolo casi vacuo de la tiranía real, ya que sólo albergaba a siete reos, pero su toma significó que el poder había pasado de los que discutían sobre el cambio político a quienes habían pasado a la acción.

QUIENES TOMARON LA BASTILLA: «El propósito inmediato fue encontrar pólvora que había sido enviada allí desde el Arsenal. (…) Se creía que la fortaleza poseía una importante guarnición; sus cañones, que esa mañana apuntaban a la rué Saint-Antoine,* podían provocar un desastre en las casuchas atestadas, se rumoreaba que durante la noche las tropas habían entrado en el faubourg y ya habían comenzado a masacrar a sus ciudadanos. Más aún, (…) la Bastilla era odiada generalmente como símbolo del ‘despotismo’ (…) «Pero falta responder a una pregunta: ¿en realidad, quiénes eran los sitiadores? «La mayoría (…) de treinta y treinta y cuatro años, casi todos eran padres de familia (…) hombres comunes reclutados en los oficios y las profesiones típicas del faubourg y los distritos adyacentes: carpinteros y ebanistas, cerrajeros y zapateros, (…) tenderos, fabricantes de gasas, escultores, trabajadores del río y peones… Pero en un sentido más amplio tal vez podamos coincidir con Michelet en que la captura de la Bastilla fue obra, no de los pocos centenares de ciudadanos provenientes sólo del distrito de Saint Antoine, sino del pueblo de París en general. Se ha afirmado que ese día de 180 000 a 300 000 parisienses estaban bajo las armas.»

George Rude, La Revolución Francesa. Buenos Aires, Vergara , 1989.

Historia de Japón Dinastía Tokugawa Influencia Europea

Historia de Japón
La Influencia Europea

Desde siempre, Japón ha ejercido verdadera fascinación sobre los visitantes extranjeros. Sin embargo, para el occidental sigue siendo muy difícil comprender y conocer a este país y al pueblo que lo habita. Esto se debe a que, a través de los siglos, el pueblo japonés ha evolucionado de modo muy distinto de los países de Occidente. Durante ciertas épocas de su historia, Japón fue tan extraordinario a los ojos de Occidente, que éste lo consideró como algo fantasmagórico.

Japón ha vivido durante mucho tiempo replegado en sí mismo. Hasta el siglo XIX sólo tres veces estuvo mezclado en un conflicto con una potencia extranjera. Otra de las características de la historia de Japón es la influencia especialmente importante de los emperadores y de los sogunes, especie de ministros que sustituyeron a los emperadores y los mantuvieron bajo su tutela.

Pese a su aislamiento, el japonés ha experimentado siempre la influencia del extranjero. Ha sido maestro en el arte de imitar y asimilar elementos procedentes del exterior. La historia del Japón antiguo no puede disociarse de la de China. En efecto, Japón le debe gran parte de su civilización, de su escritura y de sus religiones.

Sabemos muy poco de la historia antigua de Japón: hacia el siglo m de nuestra era, todo el imperio estaba habitado por un pueblo de raza blanca, los ainos. La dinastía imperial habría sido fundada en el año 660 antes de Jesucristo por Jimmu Tenno, que reinó en la isla de Kiusiu y en los alrededores de la isla de Nara, en el sur de la isla de Hondo. Este primer emperador decía descender de Amaterasu, diosa del sol.

La historia propiamente dicha de Japón se divide en cinco grandes períodos: un período de formación cuyo modelo fue China. Un período feudal en el cual nació el sentimiento de la conciencia nacional. El sogunado, o reinado de los sogunes, en el que el poder imperial estuvo eclipsado. La Era Meiji, que restableció el predominio del emperador, y, por último, la época contemporánea, durante la cual Japón cobró el rango de gran potencia mundial.

El período de formación se inició hacia el siglo IV. Procedente de China, el budismo llegó a Japón a través de Corea. Nara pasó a ser la capital política y religiosa del imperio. China ejerció gran influencia, que a partir del siglo VIII fue disminuyendo. Japónfue cobrando cada vez mayor autonomía y el poder de los emperadores aumentó. La vida religiosa manifestó un prodigioso desarrollo, y en Nara, verdadera ciudad monástica, los monjes tenían mucha más autoridad que el emperador.

Por este motivo la capital fue trasladada a Kioto. Se iniciaba un nuevo período: el de los Fujiwara o del Japón feudal (794-1185).

En el siglo IX, el confucianismo dio origen a un código de honor que fue puesto en práctica por unos guerreros llamados samurais. Este código (o moral bushido) aconsejaba que se mantuviera una actitud estoica ante la vida, sin miedo a los peligros y a la muerte. Las dos virtudes principales eran el valor y la fidelidad al emperador.

La historia del Japón de esta época estuvo dominada por un clan noble, el de los Fujiwara. También entonces empezaron a cobrar importancia las grandes familias de los sogunes, de las que las principales fueron los Tokugawa y los Ashikaga, quienes inauguraron la época del sogunado 1185-1867).

En realidad, los sogunes eran jefes militares que se habían adueñado del poder político. El primer sogún se llamó Yoritomo. En 1192 se estableció en Yamakura, en los alrededores de Tokio, y gobernó el país sin contar con el emperador.

Durante los siglos siguientes, los emperadores fueron sucediéndose, pero aproximadamente hasta mediados del siglo xix, el gobierno efectivo del país permaneció en manos de los sogunes.

Cuando el cristianismo fue introducido en Japón, en el siglo XVI, ejercían el poder tres poderosos sogunes: Nobunaga, Hideyoshi e leyasu. Durante el reinado del sogún Tsuneyoshi se produjo el famoso episodio de la venganza de los 4 ronin o caballeros andantes.

Los europeos en Japón
LA HISTORIA INTERNA de Japón en los siglos XVII y XVIII siguió un camino muy diferente. Después de la caída de la última resistencia al dominio del shogún leyasu, fundador de la dinastía Tokugawa, en 1615, Japón gozó de más de dos siglos sin guerra. Durante este período de paz casi sin paralelos, la superficie de tierras cultivadas se duplicó, la producción de arroz se cuadruplicó y la población se triplicó. Pero el peso de esta población creciente siguió siendo extremadamente grande y las revueltas campesinas fueron numerosas.

Sin embargo, la más ligera desviación de la obediencia total a las órdenes de los superiores era castigada con la muerte instantánea. Después de 1590, por ejemplo, el gobierno emitió una serie de edictos prohibiendo el Cristianismo.

Shogun Tokugawa

La fe de los europeos no sólo fue considerada como ajena por los gobernantes de Japón: los shogunes también estaban alarmados porque el Cristianismo había sido adoptado como enseña de independencia por los grandes señores de las regiones costeras y sus dependientes. Los misioneros fueron capturados y ejecutados (a menudo por crucifixión) y los conversos torturados hasta que renegaban o morían.

En parte para impedir la expansión de la proscrita fe y en parte para impedir el excesivo enriquecimiento de los señores de la costa gracias al comercio; de allí en adelante los contactos entre Japón y los europeos fueron mantenidos en un estricto mínimo.

Desde 1639 hasta 1853 sólo se permitió residir en Japón a los holandeses y en realidad durante la mayor parte del tiempo estuvieron confinados en su pequeña manufactura de Deshima, en la bahía de Nagasaki. Prácticamente la única visión que los japoneses corrientes tenían de un europeo era cuando el comisionado holandés y su séquito debían viajar a la corte de los shogunes para rendirles su homenaje en una humillante ceremonia pública. Sólo las grandes utilidades que producía el comercio con Japón hacían que la Compañía Holandesa de las Indias Orientales aceptara este arreglo.

Los beneficios del comercio con Japón eran enormes: entre 25 y 30 toneladas de lingotes de plata eran exportados anualmente de Japón. Gran parte de este metal viajaba directamente a China, donde era usado para adquirir seda cruda, la única materia prima que los japoneses parecían incapaces de producir por sí mismos, pese a su casi insaciable demanda de ella. La fabricación de los magníficos kimonos de seda y otras piezas de vestuario, sin embargo, era realizada completamente por manos japonesas y, hacia 1700, solamente en Kyoto existían 70.000 tejedores de seda.

El gobierno trató tenazmente de reducir el uso de kimonos de seda a los samurai o clase guerrera, pero la costumbre se extendió, estimulada inadvertidamente por una de las iniciativas del propio gobierno.

Los shogunes insistieron en que todos los señores feudales debían vivir un año por medio en su capital Edo (posteriormente rebautizada Tokio), y todos los samurai importantes, a su vez, debían pasar largos períodos en la capital de su señor. Estos centros feudales eran usualmente pueblos-castillo, centrados en torno a una vasta fortificación defensiva; luego se les habían agregado, fuera de las murallas, barrios residenciales, donde mercaderes, artesanos y otros comerciantes podían atender las necesidades de los adinerados visitantes.

Hacia 1800, alrededor del 20 superiores sociales. Inicialmente los shogunes trataron de prohibirlo pero, después de la década de 1650, surgió una brillante ‘cultura alternativa’, cuando los plebeyos acaudalados pudieron satisfacer su vanidad. Desdeñosamente fue conocida como ‘el mundo flotante’ –esto es, un mundo en que la gente podía flotar descuidadamente en un mar de placer– y se encontraba en un barrio especial en todas las ciudades importantes. Restaurantes, teatros, salas de masajes y burdeles florecieron donde la riqueza era exhibida de la manera que su propietario escogiera.

Pero no toda la prosperidad de la clase media fue disipada en entretenciones; también existió un activo comercio de libros y altas inversiones en educación. Hacia 1850, se estima que el 40 por ciento de los varones japoneses sabía leer (cifra que difícilmente podían igualar las sociedades europeas de esos días), y parte de la literatura que leían era de origen occidental.

En Nagasaki, un grupo de intérpretes y estudiosos adquiría libros holandeses en el establecimiento de Deshimay los traducía al japonés. El país puede haber carecido todavía de máquinas movidas por energía y de conocimientos científicos como los de Occidente, pero poseía artesanos de notable habilidad, un sistema financiero y comercial eficiente y un grado moderado de prosperidad en ciudades y campos. Este fue suficiente para responder con éxito a los desafíos de la occidentalización, cuando ésta llegó en 1853, con la aparición de un escuadrón naval norteamericano decidido a abrir el comercio internacional con Japón.

LA APERTURA AL MUNDO: Durante siglos Japón practicó una política estrictamente aislacionista. Sin embargo, en el siglo xix se mostró dispuesto, sobre todo por motivos económicos, a dar acogida a los extranjeros. Muchos japoneses reprocharon al sogún este cambio de actitud y convencieron al emperador para que volviera a hacerse con el poder. Por esta razón, el emperador Mutsu-Hito se abstuvo de nombrar a un nuevo sogún (1867).

Además se decidió a modernizar su país: promulgó una Constitución (1889), estableció la enseñanza obligatoria, hizo construir vías férreas y fomentó la instalación de industrias. Tokio pasó a ser capital. Japón equipó a un ejército numeroso y a una poderosa flota. Durante este período se propagó el espíritu imperialista.

En 1895 y en 1905, el imperio del Sol Naciente salió victorioso de las guerras entabladas, una contra China y otra contra Rusia. En 1910 se anexionó Corea. Después de la primera guerra mundial adquirió algunas posesiones coloniales de Alemania en el océano Pacífico. En 1931 conquistó Manchuria, y en 1937, una parte de la costa oriental de China. En 1941, Japón entró en la segunda guerra mundial al lado de Alemania.

Siglo de Oro Italiano Representantes y Caracteristicas

Historia del Siglo de Oro Italiano

EL SIGLO DE ORO ITALIANO:  A pesar de las guerras, Italia, aunque dividida, mantuvo el liderazgo artístico, que Vasari teorizó fundando la historia del arte, con su obra La vida de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores.

Roma reemplazó a Florencia, convulsionada por problemas políticos. Los papas convocaron a Bramante, Rafael, Miguel Ángel y Leonardo da Vinci para construir y decorar el Vaticano. En Mantua, los Gonzaga edificaron el Palacio del Té y en Ferrara, ciudad de Ariosto, los Este también iniciaron construcciones.

En Urbino, refinada corte principesca protectora de las artes, Castiglione escribió el Libro del cortesano. Venecia ocupó en tanto un lugar decisivo en la producción artística de la península.

Tiziano, Tintoretto y Veronese recibieron encargos de las principales cortes principescas. Palladio innovó tanto en la arquitectura civil como en la religiosa, elaborando las normas de un clasicismo que influiría a Europa por largo tiempo. A la armonía sobria y serena del apogeo del Renacimiento, se impuso el manierismo.

Papa Urbino

A pesar de este nombre los siglos XV y XVI carecieron en Italia de figuras comparables al Dante, pero sí ofrecieron mayor variedad de géneros y una clara influencia oriental y clásica. Ludovico Ariosto (1474-1533) tuvo por mecenas el cardenal Hipólito de Este.

Dante Allighieri

Su fama como poeta era tan grande que en cierta ocasión en que cayó prisionero de un grupo de bandidos, al enterarse éstos de que habían capturado al autor de Orlando furioso, no sólo le devolvieron la libertad sino que le colmaron de honores.

En esta obra relata las hazañas de Orlando y el sitio de París, atacado por los infieles. Las hazañas de los cruzados para tomar Jerusalén fueron cantadas en un poema heroico titulado La Jerusalén libertada, debida a la inspiración de Torcuato Tasso. Éste era un hombre nervioso y desquiciado, que murió en un manicomio en 1595.

El nombre de Maquiavelo (1469-1527) y el maquiavelismo se han hecho famosos para expresar el refinamiento de un gobernante que prescinde de todo escrúpulo con tal de lograr sus fines.

Exactamente quizás no era éste el propósito que inspiró a Nicolás Maquiavelo al escribir El Príncipe, un arte de gobernar que ha servido de modelo a muchísimos políticos, para los cuales todos los medios son laudables si están destinados a conseguir un ideal.

ERASMO Y RABELAIS. Erasmo de Rotterdam (1466-1536) fue considerado el hombre más culto de su siglo. De un espíritu agudísimo que lo llevó a utilizar la sátira y la ironía en sus burlas contra los defectos del clero y de la nobleza, fue uno de los causantes indirectos de la Reforma por la protesta constante contra la sociedad de su tiempo.

Rabelais

Rabelais, escritor humanista y médico francés 1494–1553

Erasmo de Rotterdam Filósofo y teólogo flamenco

Sin embargo, fue enemigo de Lutero, a quien criticaba por su intolerancia. Escribió Elogio de la locura o Encomio de la sandez, que es una despiadada sátira contra la sociedad de su tiempo. Su influencia llegó a todos los rincones de Europa.

En Francia el renacimiento literario tuvo en Francisco Rabelais (1483-1553) uno de sus mejores protagonistas.

Era contemporáneo de Erasmo y recibió protección del rey Francisco I, gran enamorado de las artes y las letras, que había creado el Colegio de Francia. Rabelais era hombre muy agudo y culto, pero satírico implacable y persona de diversas ocupaciones, pues fue poeta, médico, monje y jurisconsulto.

Murió siendo párroco de Meudon. Su obra más conocida es la titulada El Gigante Gargantúa y su hijo Pantagruel, ambos grandes comilones y amantes de la buena vida.

En esta novela se burla de los defectos corrientes de su época, sin respetar siquiera los temas religiosos.

Contemporáneos de Rabelais fueron los hombres de «La Pléyade», entre los cuales estaba el poeta Pedro Ronsard (1525-1585), gran entusiasta de los clásicos. Montaigne (1533-1592) alcanzó celebridad al escribir Los Ensayos, una obra de crítica que contiene altos conceptos filosóficos.

En Alemania, el Renacimiento fue más tardío y coincidió con las convulsiones de la Reforma.

Un poeta, Hans Sachs, inmortalizado más tarde por Wagner, fue el autor de Los Maestros cantores, obra que se inspiró en los «minnensingers» medievales. Portugal, que se había lanzado a la gran aventura del descubrimiento del camino de las Indias por las rutas del Sur, tuvo también su gran poeta íntimamente ligado a las aventuras que vivió su país. La vida de Luis de Camoens (1524-1580) fue apasionante.

Perdió el ojo derecho peleando en África, fue a las Indias y naufragó, estuvo preso y, como todos los grandes genios, sufrió calamidades sin cuento hasta su muerte, que le encontró pobre y completamente ignorado.

Cuando su buque se hundió, Camoens, a costa de grandes apuros consiguió salvar su gran poema Os Lusiadas, es decir las hazañas de los portugueses en la conquista de la India. Sus principales protagonistas son Vasco de Gama y su protectora, la diosa Venus.

LA POLIFONÍA. La denominada «Ars Nova» trajo una gran libertad de formas musicales. Representaba dicho estilo una revolución en la música religiosa, pero fue pronto admitido en gracia a su belleza.

El canto a muchas voces y en polifonía, es decir, utilizando distintas líneas melódicas, alcanzó gran esplendor. Solía realizarse sin acompañamiento.

Su principal maestro fue Juan Pierluigi de Palestrina (1526- 1594). Su maestría era tanta que a pesar de estar casado fue nombrado cantor de la Capilla Sixtina del Vaticano por decisión personal del papa Julio III, ya que estaba prohibido que los seglares, y más si estaban casados, actuaran como cantores.

Años después Palestrina fue designado director de la famosa Capilla, y en tiempo del papa Marcelo III escribió una de sus famosas misas a él dedicadas. Aún no contaba treinta años de edad y a pesar de ello su vida fue azarosa debido a la envidia que muchos clérigos tenían de sus éxitos.

Finalmente murió pobre a los 72 años. Sin embargo, el reconocimiento posterior de la Iglesia ha sido notable, pues su cuerpo, por especial concesión, descansa en la basílica de San Pedro de Roma.

Casi contemporáneo de Palestrina vivió en España un gran músico: Tomás Luis de Victoria, autor de un oficio de difuntos dedicado a la emperatriz María, hermana de Felipe II, y numerosos motetes y composiciones de tipo religioso.

No podía faltar en los palacios renacentistas el cultivo de la música que durante la Edad Media había permanecido en las iglesias o bien como manifestación popular. Aparecen ahora los instrumentos de teclado como el clavicordio, el clave y la espinela que fueron precursores del piano.

La viola y el laúd, así como la vihuela en España, fueron también muy apreciados por sus dulces sonoridades.

Hasta el siglo XVII no debía llegar el predominio del violín. De esta época datan las composiciones breves y encomiásticas, denominadas «motete» y «madrigal». También se usó el «canon», o sea una composición que repite una melodía con distintas entradas y tonos.

Los Shogunes en Japon Gobierno Historia Shogunato Tokugawa

Historia del Gobierno de  los Shogunes en Japon

LOS SHOGUNES EN JAPÓN: La historia de Japón se caracteriza por la importancia del papel desempeñado, a través de las épocas, por grandes personajes como los emperadores y los shogunes. Este país siempre ha estado muy influido por corrientes extranjeras. Se sabe muy poca cosa de los orígenes de Japón. Del siglo VIII al XIX el poder se hallaba en manos de señores feudales, los sogunes. El emperador MutsuHito restableció sólidamente la autoridad imperial. En el siglo XX Japón ha pasado a ser una potencia mundial.

Los shogunes eran generales que actuaban como dictadores y los samurais eran caballeros japoneses. Ambos dominaron Japón durante cerca de siete siglos. Japón sufrió una profunda influencia china que se inició hacia el siglo cuarto. Cerca de 538 d.C. dicha influencia tomó la forma de conversión religiosa, al adoptar el budismo la corte japonesa y reemplazar los viejos templos por nuevos.

La oscilación del péndulo cultural sólo se invirtió en el siglo octavo, cuando los emperadores japoneses de influencia china perdieron poder ante una clase ascendente de guerreros, cuyos líderes, los samurais, organizados en clanes, lucharon entre sí, sumiendo la isla en la guerra civil durante el siglo doce, y dando lugar al cargo imperial de shogún. Minamoto Yoritomo se convirtió en shogún en 1192 y empleó a sus partidarios samurais para imponer la ley y el orden. Japón fue gobernado de esta manera durante siglos.

shogunes

Primer Shogun y fundador de la dinastía de los Tokugawa, que dominó Japón hasta 1867.

Los shogunes: La familia Fujiwara tuvo el poder en Japón durante trescientos años desde el siglo IX. Sin embargo, su influencia se desvaneció cuando dejaron de tener hijas, tradicionalmente destinadas a ser las esposas del emperador. Durante algún tiempo, gobernaron el país algunos de los antiguos emperadores. Entonces el clan Tairaasumió brevemente el poder hasta que un clan rival, el Minamoto, se reunió bajo el mando de Minamoto Yoritomo y se hizo con el poder. Yoritomo asumió el título de sei-i dai shogun, que significa «gran general conquistador de bárbaros».

Minamoto Yoritomo (1147-1199) fue un ambicioso noble que encontró su oportunidad en el caos que siguió a la caída del poder de los Fujiwara. Yoritomo aplastó sin piedad a sus enemigos, incluyendo a muchos miembros de su propia familia.

En 1192, fundó el shogunato Kamakura, a través del cual gobernó Japón desde su estado, Kamakura, cerca de Edo (Tokio). Sus poderes eran ilimitados. A partir de entonces los shogunes gobernaron Japón como dictadores militares hasta 1868.

En el período feudal Kamakura (1185-1333), el culto militar de la clase guerrera mezclaba la práctica del budismo zen con la resistencia espartana y las leyes de la caballería con la veneración a la espada en cuanto símbolo del derecho y del honor, y contaba con un gran ascendiente entre las costumbres japonesas. Los mismos monjes, al igual que los templarios de la Edad Media, transformaron sus conventos en fortalezas y hacían la guerra con toda naturalidad.

Cuando Minamoto Yoritomo derrotó al clan de los Taira en 1185, se hizo con el trono con ayuda de su imponente fuerza militar integrada por guerreros samurai, soldados profesionales que en un principio fueron campesinos pero que finalmente acabaron formando una casta propia.

Al establecer una dictadura militar, Yoritomo se autoproclamó shogún. Un shogún era en esencia un cacique militar que gobernaba en nombre del emperador, si bien en realidad los emperadores eran poco más que figuras decorativas y durante este periodo fueron los sogunes quienes realmente dirigieron Japón. El emperador vivía de las rentas que generaban sus propias propiedades y recibía el respaldo de los sogunes siempre que a cambio este les ofreciera el suyo. En caso contrario, era depuesto. Bajo el gobierno de los sogunes, las provincias de Japón recuperaron parte de su independencia y sus gobernantes, los daimios, ejercieron derechos feudales sobre sus subditos y rindieron honores a los propios sogunes.

Cuando Yoritomo murió en 1199, la familia Hojo, una rama del clan Taira, se convirtió en regente de los shogunes, y asumió el poder de una forma no oficial hasta que finalizó el shogunato Kamakura en 1333.

Los distintos sogunados establecieron alianzas de poder con clanes diferentes y vincularon su suerte a la de estos. Así, el primer sogunado, los Kamakura, perdió el poder en 1335 cuando cayó el clan Hojo. El gobierno de los sogunes se mantuvo como principal estructura política de Japón hasta mediados del siglo XIX, si bien con el tiempo los sogunes dejaron de ser caciques feudales para devenir  príncipes herederos y ejercer de virreyes.

El sistema de gobierno japonés era muy complejo. El emperador era una figura ceremonial a la cual todos tenían que reverenciar, pero quien tenía el verdadero poder era el shogun. Los regentes de los emperadores y de los shogunes también tenían influencia, como sucedía con los daimyos (señores), que se enfrentaban por lograr una posición en la corte y que solían luchar por las tierras. Como resultado de esas enemistades, surgió una clase de guerreros, los llamados samurais, que luchaban al servicio de unos u otros daimyos.

En 1333, el clan Ashikaga derrocó al shoguna Kamakura y al emperador, nombrando a otro eN su lugar. También nombró shogunes, esta vez eN Kioto. Sin embargo, los señores provocaban frecuentes luchas de samurais y esta situación empeoró hasta que se desencadenó la guerra civil Onin (1467-1477) y Japón se dividió en cerca de cuatrocientos estados regidos por diversos clanes. Los emperadores de Kioto se vieron impotentes para impedir la situación y se empobrecieron. A pesar de estos hechos, crecieron el comercio y la cultura centrados en los estados de los daimyo, aunque para la gente del pueblo las guerras entre señores no generaron más que elevados impuestos, inseguridad y trastornos en su vida.

Los shogunes de la familia Tokugawa, que gobernó entre 1603 y 1868, fueron en esencia dictadores militares sobre todo el país. Tokugawa leyasu, el primer shogún de la familia, subió al poder en 1603, al término de una serie de caóticas guerras civiles. Tokugawa sospechaba de los extranjeros, en especial de los europeos (con razón, decimos nosotros). Veía en los misioneros cristianos que los portugueses habían llevado a Japón una amenaza, y le preocupaba que su influencia minara la autoridad del sistema establecido. Acabando de restaurar el orden en su país, estaba decidido a no permitir que la autoridad se diluyera.

El padre inculcó su disgusto por los cristianos europeos a su hijo y sucesor shogún, Tokugawa Hidetada.Hidetada pensaba que si los cristianos ganaban muchos adeptos japoneses, disminuiría la capacidad de defensa de Japón contra una invasión europea. En consecuencia persiguió a los cristianos cada vez con mayor severidad. En 1622, sus funcionarios de Nagasaki crucificaron simultáneamente a 55 misioneros.

El siguiente shogún, Tokugawa lemitsu, expulsó de Japón a todos los misioneros y a la mayoría de los mercaderes, durante su reinado que duró de 1623 a 1651. Prohibió a los japoneses el comercio con el extranjero y a los constructores de barcos el diseño de los grandes navíos necesarios para viajes a grandes distancias. Llegó hasta prohibir el budismo. Prefería el énfasis confuciano en la lealtad a los superiores.

Japón continuó comerciando con China, Corea y un pequeño grupo de holandeses a quienes mantenía alejados del territorio la mayor parte del tiempo, confinados en una isla de la bahía de Nagasaki. La familia Tokugawa logró mantener cerrado Japón al mercado occidental hasta mediados del siglo diecinueve.

CABALLEROS DE JAPÓN Los samurais eran caballeros que estaban preparados para luchar hasta la muerte por sus señores, a quienes juraban lealtad eterna. Al igual que los caballeros europeos, los samurais creían en la verdad y el honor, y tenían un estricto código de conducta llamado bushido. Antes del combate, un samurai gritaba su nombre y el de sus antepasados, y alardeaba de sus hazañas heroicas. En la batalla, luchaba cuerpo a cuerpo, utilizando a veces dos espadas al mismo tiempo. Si era derrotado o capturado por sus enemigos, tenía que realizar un suicidio ritual (haraquiri) para salvaguardar su honor. A veces, la rivalidad entre los samurais era muy destructiva.

Las armaduras de los samurais estaban ricamente decoradas. No sólo eran guerreros; también estaban formados en las artes, la religión y el bushido, la observación de unas reglas muy estrictas que afectaban a todo lo que hacían.

El feudalismo sobrevivió largos siglos en el Japón y sus últimos vestigios desaparecieron en 1870 con la restauración Meiji. Su muerte simbólica no se produjo hasta cinco años más tarde, cuando se prohibió llevar espada. Aunque en Europa había muerto mucho antes, no por eso deja de tener su interés comparar al caballero con el samurai, al Bushido con el código del honor caballeresco.

Durante siglos Japón había practicado una política estrictamente aislacionista. Sin embargo, en el siglo xix se mostró dispuesto, sobre todo por motivos económicos, a dar acogida a los extranjeros. Muchos japoneses reprocharon al sogún este cambio de actitud y convencieron al emperador para que volviera a hacerse con el poder. Por esta razón, el emperador Mutsu-Hito se abstuvo de nombrar a un nuevo sogún (1867).

Además se decidió a modernizar su país: promulgó una Constitución (1889), estableció la enseñanza obligatoria, hizo construir vías férreas y fomentó la instalación de industrias. Tokio pasó a ser capital. Japón equipó a un ejército numeroso y a una poderosa flota. Durante este período se propagó el espíritu imperialista.

En 1895 y en 1905, el imperio del Sol Naciente salió victorioso de las guerras entabladas, una contra China y otra contra Rusia. En 1910 se anexionó Corea. Después de la primera guerra mundial adquirió algunas posesiones coloniales de Alemania en el océano Pacífico. En 1931 conquistó Manchuria, y en 1937, una parte de la costa oriental de China. En 1941, Japón entró en la segunda guerra mundial al lado de Alemania.

PARA SABER MAS…

AUNQUE los japoneses obtenían beneficios del comercio exterior, consideraban que los europeos que llegaban a sus costas eran groseros y bárbaros y no tardaron mucho en romper sus vínculos comerciales con ellos.

PROHIBICIÓN DEL CRISTIANISMO
Tokugawa leyasu (1543-1616) sospechaba que con los misioneros cristianos podían llegar los ejércitos europeos y conquistar Japón; por esta razón, él y sus sucesores fueron limitando progresivamente el cristianismo hasta que acabaron prohibiéndolo, expulsaron del país a todos los misioneros y obligaron a los japoneses que se habían convertido a volver a su antigua fe. Los que se negaron fueron perseguidos y algunos incluso asesinados. Otros sufrieron torturas con hierros candentes o se les amputó alguno de sus miembros. En cierta ocasión 25 cristianos fueron quemados en la hoguera y 30 más murieron decapitados. En 1640 no quedaba ningún cristiano en Japón.

AISLAMIENTO ABSOLUTO
El gobierno de Tokugawa creyó que acabaría con el contacto con el mundo exterior en Japón si así lo dictaban las leyes. A partir de 1630 rompieron las relaciones con los otros países y Japón quedó aislado del resto del mundo. La población no podía abandonar el país bajo pena de muerte y los que vivían fuera no podían volver. Algunos marineros extranjeros que naufragaron cerca de las costas de Japón fueron asesinados.

COMERCIO RESTRINGIDO
Todos los comerciantes extranjeros fueron obligados a abandonar el país, a excepción de los holandeses. El gobierno era más permisivo con ellos porque no habían intentado convertir a los japoneses al cristianismo. Les autorizó a que establecieran una pequeña zona comercial en una isla en el puerto de Nagasaki y les permitió que enviaran un barco al año a las costas de Japón, aunque tenían prohibido cruzar el puente del barco que les llevaba a tierra firme.

Biografia de Robespierre Resumen Funcion en el Comite de Salvación

Biografía de Robespierre Maximiliano – Resumen –
Funcion en el Comité de Salvación Pública

ANTECEDENTES: 1793, La Convención, dominada por los jacobinos, instaló un régimen de terror que persiguió a los opositores de la revolución.

El poder se concentró en el Comité de Salvación Pública, en el que se destacó Maximiliano Robespierre. Se enviaron representantes a todas las provincias, con amplios poderes para confiscar propiedades, arrestar y condenar a muerte a los enemigos políticos. Esta época recibió el nombre de «período del Gran Terror», por la implacable persecución de los adversarios políticos que realizaban los comités.

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Se destacó por su oratoria como defensor de la justicia y la igualdad, respaldando esa prédica con su comportamiento íntegro. De esta manera se transformó en el líder más sobresaliente del Club de Jacobinos. Miembro de la Asamblea Constituyente y de la Convención Nacional, apoyó la destitución del rey Luis XVI. Miembro del Partido Radical de Montaña, (junto con Danton y Marat), combatió a los girondinos y tras su caída, que él mismo había propiciado, se hizo miembro del Comité de Salvación Pública (1793). Aprobó las medidas radicales y, en 1794, se convirtió en dictador. Eliminó la extrema izquierda (partidarios de Hebert) y los revolucionarios moderados (Danton y Desmoulins). Apoyado en las masas populares, intentó llevar a cabo una democratización radical y crear un «poder de la virtud». Para conseguir sus objetivos, implantó el Sistema del Terror (1793-1794).Sus enemigos de la convención lo encarcelaron y una vez destituido de su cargo fue guillotinado.

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BIOGRAFÍA DE MAXIMILIANO ROBESPIERRE

Maximiliano nació el 6 de mayo de 1758, en Arras, capital del Artois, provincia del noroeste de Francia. Hijo primogénito de Francois Derobespierre y Jacqueline Carrault, tuvo tres hermanos: Agustín —muy ligado a él—, Carlota y Enriqueta.

En el certificado de bautismo, su apellido figuró como «Derobespierre». Las circunstancias que lo llevaron a introducir en él una pequeña alteración denotan algo de su personalidad.

Todavía adolescente y no indiferente a la posibilidad de ascendencia noble que el «de» permitía entrever, Maximiliano separó la partícula del nombre; ella confería un aire vagamente aristocrático al portador.

De la misma manera, cuando en 1790 la Asamblea Constituyente abolió los títulos de nobleza, por iniciativa propia eliminó el «de» del nombre —ser noble dejaba de ser algo apreciable—.

Su madre, hija de un fabricante de cerveza, murió al dar a luz a Enriqueta. Ese hecho trastornó enteramente la vida de Francois Derobespierre, modesto abogado de provincia como lo habían sido su abuelo y bisabuelo.

Maximiliano tenía siete años cuando su padre abandona la clientela, comienza a vagar por las calles, se embriaga en las tabernas y por fin desaparece en el extranjero. La familia se desmorona.

Carlota y Enriqueta son alojadas en una especie de institución de caridad y los abuelos maternos se encargan de los varones.

Maximiliano crece taciturno y orgulloso. Asiste al colegio de Arras, cría palomas en el jardín de su casa y llora cuando alguno de sus animalitos muere. Mantiene largas conversaciones con su hermano menor, que siente por él ciega admiración.

Y con cierta razón, pues Maximiliano es un niño inteligente y sensible, un ávido lector y un alumno ejemplar.

A los doce años, cubierto de medallas y premios por buenas notas, Maximiliano gana una beca para estudiar en el Colegio Luis el Grande, uno de los más importantes de la Universidad de París. El viejo edificio de la rué Saint Jacques era tétrico. Hacían economías en la calefacción y en la comida.

Durante el invierno los niños estudiaban con los dedos azulados por el frío y los estómagos molestos por el hambre, insatisfechos con la disciplina rigurosa y el curriculum anticuado.

A escondidas, circulaban entre ellos los libros de Rousseau y los panfletos de Voltaire, cuya irreverencia hacía más soportable la chatura de aquel mundo.

La condición de becario ciertamente influyó mucho sobre el niño. Para sus colegas nobles no pasaba de un mero receptor de caridad, sin importarles las cualidades que tuviese.

En la convivencia con la familia también debe haber absorbido cierto resentimiento contra las jerarquías sociales del Antiguo Régimen, nombre con el que se conoce el sistema político-social anterior a la Revolución.

Su orgullo y su ambición, revelados en la tentativa de «ennoblecer» el nombre, y contrariados por la decadencia familiar y por el desprecio de sus compañeros nobles, producirán en Maximiliano un resentimiento que, en mayor o menor grado, fue común a todos los jóvenes de talento de las clases medias francesas, lo que explica en parte la entusiasta acogida que los libros de Rousseau tuvieron entre los jóvenes: presentaban los privilegios de los nobles y su fortuna como una usurpación de los «derechos naturales» de todos los hombres.

Luego, el joven de maneras graves encontró a un amigo que era exactamente su opuesto. Otro becario, dos años más joven, espiritual, improvisador irreprimible, que se convertiría en uno de los más formidables tribunos de la Revolución Francesa y en su más brillante periodista: Camille Desmoulins.

Otros cuatro futuros jefes revolucionarios estudiaron con él en ese período: Duport-Duletre, Lebrun, Freron y su propio hermano Agustín.

Finalmente, en 1778, Maximiliano realizó un antiguo sueño: visitar a Rousseau. El viejo filósofo moriría ese mismo año, y Robespierre recordaría siempre ese encuentro con entusiasmo y admiración.

En 1780, terminado el colegio, se inscribió en derecho. Y a los 23 años, ya recibido de abogado, regresó a Arras con pocas esperanzas: no podía esperar de la vida nada mejor que lo que habían conseguido sus abuelos.

En 1789 con la Toma de la Bastilla se inicia un proceso revolucionario contra el poder absoluto del rey Luis XVI, que pasó por distintas etapas, entre negociaciones y conflictos ideológicos, que se iniciaron con una Asamblea Nacional para terminar con el imperio francés al mando de Napoleón.

Durante la etapa de la Asamblea , donde aun permanecía todavía en Versalles, los diputados más radicales entre ellos Robespierre, se reunían en un café. En París organizaron un «club» que comenzó a funcionar en una sala alquilada al convento de los dominicanos.

Sus miembros, aunque oficialmente se denominasen «Amigos de la Constitución», recibieron el sobrenombre de Jacobinos, antigua designación de los primeros dominicanos instalados en París en la Rué St. Jacques (Calle de Santiago o Jacobo el Mayor, de donde Jacobinos). En breve estarían aceptando socios no diputados e inaugurando nuevos clubes en las provincias.

En la mañana del 21 de junio de 1791, París despertó alarmado por una noticia: la familia real había huido del Palacio de las Tullerías. La ciudad, los clubes y la Asamblea estaban sumamente agitados. Los diputados radicales, Robespierre inclusive, vieron en ello indicios de traición: el rey y la reina buscaban ayuda para aplastar a la nación de la que, se creían propietarios.

El rey fue perseguido, reconocido y detenido en Varennes —donde insistiera en parar para comer durante el viaje— y los fugitivos reconducidos bajo escolta a París. La Convención investigó el proceder del rey, quien fue declarado culpable de establecer alianzas con las potencias extranjera, y fue condenado a morir en la horca el 21 de enero de 1793.

Los girondinos se habían preparado para defender al rey con una serie de instrumentos legales. La ofensiva de Robespierre y Saint-Just los dejó desarmados, sin aliento. Lanzan entonces una propuesta: someter el resultado, sea cual fuere, a un referendo popular. Robespierre y Marat argumentan que dividir el país en tiempo de guerra es un crimen. El 21 de enero de 1793, Luis XVI es decapitado. Mostró en la muerte la firmeza que no tuvo en vida.

El 4 de setiembre de 1793, una multitud impresionante se reunió delante de la Comuna. Los sans-culottes exigían mayor igualdad en la distribución de la riqueza, la división de las grandes propiedades, el congelamiento de los precios, una distribución más justa de los alimentos. Por una parte presionado, por otra comprendiendo la necesidad de medidas drásticas para salvar la Revolución, Robespierre aceptó en parte las proposiciones.

Se creó un ejército revolucionario, que barrió el país, sembrando el pánico entre los opositores. Leyes draconianas fueron adoptadas contra los especuladores.

Era el Terror. Las medidas de extrema violencia adoptadas por la Comisión de Salvación Pública surtieron efecto.

Con el tiempo ,las voces comienzan a levantarse en la propia Convención: «¡Basta con el Terror! ¡Vuelta a la legalidad!» Robespierre no deseaba otra cosa, pero aflojar en ese momento hubiera sido provocar el desmoronamiento del edificio revolucionario, pero es inevitable comienzan las discusiones y disensiones internas.

Danton había sido tan poco hábil como para dejar caer en manos de sus enemigos cartas que no sólo lo comprometían políticamente, sino que probaban su intervención en la corrupción financiera.

Los robespierristasse encontraban solos a la cabeza de la revolución.Mas Robespierre estaba destrozado por dentro con toda esa matanza. Quien lo sostenía psicológica y políticamente era el inflexible Saint-Just.

En la Convención, a los pies del grupo vencedor, se encontraba un bando aterrorizado, y los más asustados entre ellos eran los que habían ido más lejos en el camino del Terror.

Tenían miedo de que, cuando fuera inevitable el final del Terror, fuesen acusados por sus crímenes. Algunos de ellos, como Fouché y Tallien, sabían que si dependían de Robespierre, tendrían sus días contados. Con el coraje de la desesperación, resolvieron atacar.

Reunieron todo lo que quedaba de los feuillants, dantonistas, banqueros y realistas en una sola ofensiva y, el 27 de julio de 1794 (9-Termidor, según el calendario revolucionario) prendieron de sorpresa a los robespierristas en la Convención. Los robespierristas esperaron la muerte hasta el amanecer, y Robespierre fue el último en ser guillotinado; antes presenció la muerte de sus compañeros.

Ese golpe señala, con la reacción radical de Babeuf, tres años después, el fin del período avanzado de la Revolución Francesa. Pero la obra de los jacobinos no podía ser apagada: Francia jamás volvería a su pasado feudal.

La Industria textil en Gran Bretaña Algodon y la Revolucion Textil

La Industria Textil en Gran Bretaña:Algodón

Invención del telar La Máquina a Vapor Los Transportes Primera Revolución Agrícola

Historia de la Industria Textil Británica: la industria algodonera:

La Inglaterra de la primera mitad del siglo XVII vio producirse cierto crecimiento de su mercado interior, ligado a las consecuencias favorables de su revolución burguesa y a la transformación que estaba experimentando su agricultura.

En el siglo XVIII, Gran Bretaña encabezaba la producción de bienes de algodón baratos, mediante el uso de los métodos tradiciones de la industria doméstica. El desarrollo de la lanzadera volante cremento la velocidad del proceso de tejido en un telar, lo cual le permitió a los tejedores duplicar la producción.

Sin embargo, esto provocó escasez de hilo, hasta que la máquina de hilar de James Hargraves, perfeccionada en 1768, permitió a los hilanderos fabricar subproducto en mayores cantidades. La máquina de hilar de sistema hidráulico, cuyo inventor fue Richard Arkwright, impulsada por agua r caballos, y la llamada muía de Samuel Crompton —que com- ioa aspectos del sistema hidráulico y de la máquina de hilar— cementaron aún más la producción de hilo.

El telar mecánico, untado en 1787 por Edmund Cartwright, permitió que el proceso ejido de ropa se coordinara con el proceso de hilado. Incluso, los primeros telares mecánicos eran demasiado ineficientes, lo que permitía que los tejedores manuales domésticos siguiesen prosperando,al menos, hasta mediados de la década de 1820.

Después de esa fecha fueron sustituidos de manera gradual por las nuevas máquinas. En 1813 había 2400 telares mecánicos en operación en Inglaterra; aumentaron hasta 14.150 en 1820; en 1833 ya eran 100.000, y para 1850 llegaron hasta 250 000. En Inglaterra, en la década de 1820 todavía había 250 000 tejedores manuales; en 1860, sólo quedaban 3000.

HISTORIA: John Kay patentó en 1733 la lanzadera volante, que había de mejorar considerablemente la productividad del tejido; pero esta invención no tuvo efectos inmediatos, entre otras razones porque se hacía preciso aumentar en el mismo grado la productividad del hilado, si se quería evitar que se produjese un estrangulamiento de difícil solución. Si no hubiera sobrevenido ningún cambio externo al sistema, es posible que esta situación hubiera conducido a abandonar la invención de Kay —como ocurrió con otros inventos en el transcurso del siglo XVII— o a una lenta readaptación de toda la industria algodonera, con imprevisibles consecuencias humanas. Pero el cambio se produjo, dado que sobrevino un estímulo capaz de salvar la situación.

El comercio exterior británico dependía en buena parte del tráfico con los tejidos de algodón de la India (las indianas); a mediados del siglo XVII, la Compañía Inglesa de las Indias Orientales comenzó a tropezar con dificultades para aprovisionarse de tejidos indios, y dirigió su demanda al propio mercado británico. La existencia de esta demanda explica el interés que suscitó la renovación de los métodos de hilado, que desembocó en una serie de innovaciones harto conocidas.

La spin-nini-Jenny de Hargreaves (inventada en 1764 y patentada en 1770) comenzó funcionando con 16 husos a la vez, manejados por un solo operario, y acabó conteniendo más de 100 husos: en 116’J Arkwright patentó el water-frame, una máquina que ya no era apta para la industria doméstica, sino que había sido proyectad; para funcionar en una factoría, empleando la fuerza hidráulica ; el vapor; pocos años más tarde (1779), la mulé de Crompton combinó los principios de la spinning-jenny y del water-frame, en 1785 se comenzaron a utilizar las nuevas máquinas de vapor de Watt para hacer funcionar una fábrica de hilados. El resultado de la aplicación de estas innovaciones era que, hacia 1812. un hilador podía hacer tanto trabajo como hacían doscientos mediados del siglo xvm.

Naturalmente, estos perfeccionamientos en el hilado no sólo permitieron emplear la lanzadera volante de Kay, sino que suscitaron nuevas innovaciones en el tejido (como el telar mecánico de Cartwríght, introducido a comienzos del siglo XIX), e incluso en otros aspectos de la producción algodonera (el blanqueo por cloro, que suprimía el engorroso y largo blanqueo al sol, con las telas extendidas en los prados de indianas).

Esta sucesión increíble de innovaciones en el transcurso de treinta años (mucho más numerosas e importantes que las que se habían registrado en »’cualquier sector de la industria textil en los trescientos años anteriores) no podría explicarse si no hubiese habido una, considerable expansión en la producción, única circunstancia que podía justificar tantas y tan costosas inversiones en renovación de utillaje.

En efecto, de 1780 a comienzos de siglo XIX las exportaciones británicas de tejidos de algodón se multiplicaron por diez. Paralelamente, los aumentos de productividad permitían reducir hasta la sexta parte los precios de algunos productos. Transformaciones semejantes en el breve plazo de dos o tres décadas no se habían producido nunca con anterioridad. No cabe duda de que nos hallamos ante un fenómeno tan nuevo y de tanta magnitud que no es exagerado calificarlo de revolucionario; como ha señalado Hobsbawm, este salto hacia delante que dio nacimiento al desarrollo económico moderno es uno de los hitos fundamentales de la historia de la humanidad.

En el plano del comercio internacional, la transformación de la industria algodonera británica hizo posible que los comerciantes ingleses dominaran el mercado mundial en una forma y a una escala que no se habían dado jamás. Inicialmente, estos tejidos de algodón se destinaban a un comercio triangular: eran llevados a África a cambio de esclavos; estos esclavos se transportaban a las plantaciones norteamericanas para venderlos y adquirir algodón en rama, que conducía entonces a la metrópoli.

A la metrópoli se llevaban además los beneficios, porque el fabuloso aumento de la productividad permitió mantener los precios del mercado internacional, e incluso bajarlos considerablemente, y realizar enormes beneficios, que nos ayudan a entender el entusiasmo por efectuar inversiones industriales. Este entusiasmo se explica también por el hecho de que la capacidad de expansión del mercado ultramarino parecía infinita: la India fue sistemáticamente desindustrializada a comienzos del siglo XIX y se convirtió, paradójicamente, en uno de ios mayores importadores de tejidos de algodón británicos; la América española, una vez emancipada, cayó también bajo el dominio del comercio inglés.

Por otra parte, la expansión del comercio ultramarino de tejidos favoreció el proceso general de perfeccionamiento de la industria y la puso en situación de adueñarse del propio mercado europeo. Pasaron muchos años antes de que otros países europeos iniciaran el mismo camino y se situaran en condición de poder competir con los tejidos de algodón británicos. Para entonces, los beneficios acumulados en Gran Bretaña eran enormes, y en buena parte se habían invertido ya en otras ramas de la producción.

Se ha discutido mucho acerca de si la simple expansión de la industria algodonera pudo haber causado el «despegue» en el proceso de crecimiento económico autosostenido que encontramos en Gran Bretaña en el siglo XIX. Quienes objetan esta posibilidad señalan el hecho de que la industria algodonera adquiría su materia prima en el extranjero y hacía pocas demandas de bienes o servicios a otros sectores de la propia economía británica. Pero esta objeción, planteada al nivel estático de los intercambios entre diversas industrias en un momento dado, ignora toda una serie de factores importantes que se escapan del enrejado de una tabla input-output.

La revolución de la industria algodonera motivó una serie de cambios que, si inicialmente provocaron la transformación de la sociedad británica, acabaron influyendo sobre la propia economía. Apareció, en primer lugar, un proletariado urbano: un ejército de mano de obra industrial, dispuesto a emplearse donde y cuando se precisase. No es seguro que estos campesinos desarraigados, hacinados en los suburbios de las ciudades industriales, mejoraran su nivel de vida en las primeras décadas de la revolución industrial; más bien parece haber ocurrido lo contrario.

Pero sus necesidades de alimentos estimularon la comercialización de la agricultura, y su demanda de bienes de consumo ayudó a crear un mercado interior para la propia producción industrial. También al nivel de los empresarios se produjeron cambios sustanciales: los rendimientos decrecientes del comercio internacional, en el que existía fuerte competencia, vinieron a poner de relieve lo excepcional de los beneficios industriales, y fomentaron ulteriores inversiones en la industria en general, no sólo en la algodonera.

La vida entera de la Gran Bretaña se había transformado, la sociedad británica había iniciado un camino irreversible, hacia la industrialización, dando origen al capitalismo actual.

PARA SABER MAS…
HILANDERÍA PERPETUA

Samuel Slater se fijó en la memoria los mecanismo una fábrica de algodón cuando emigró a América en 1790. De este modo burló la ley que prohibía la exportación de maquinaria de Inglaterra. En la nueva fábrica de tejidos de Slater, en Pawtucket; Rhode Island, se producía con tanta velocidad, que las plantaciones algodoneras del sur no pudieron abastecer suficiente algodón en rama.

Cada trabajador de las plantaciones necesitaba por lo diez horas para separar las pequeñas semillas incrustadas en tres libras de algodón. Eli Whitney salvó tanto a los dueños de las plantaciones como a la fábrica de Slater con el invento de su famosa desmotadora de algodón.

El invnto consistía en un aparato que utilizaba dientes metálicos sobre una rueda, con ranuras tan juntas, que las semillas se desprendían del algodón, el cual pasaba a través de un tamiz de alambre, impulsado por cilindros provistos de espigas que giraban uno contra otro. Un cepillo giratorio quitaba las semillas de los cilindros.

Este nuevo invento hizo posible que cada trabajador de las plantaciones produjera un mínimo de 50 libras de algodón por día. La súbita afluencia de cargamentos de algodón cada vez mayores a la íábrica de Slater indujo a éste a abrir una nueva fábrica tras otra, con lo cual se inició la era mecánica en América. La producción de algodón aumentó de 63.500 kilos a 57 millones de kilos una generación después de la invención de la desmotadora de algodón.

Por su parte, en Inglaterra, la máquina de vapor de Watt influyó poderosamente en el desarrollo de la industria textil. Las fábricas no necesitaron más las caídas de agua para hacer girar sus ruedas. En 1810 había 500 fábricas de hilados equipadas con máquinas Watt. Diez años más tarde funcionaban cinco millones de lanzaderas.

La fábrica de algodón estuvo íntimamente vinculada a oíros inventos. En 1801 Jacquard inventó el telar automático. El telar de Jacquard se basaba en el mismo principio de una pianola. El diseño del tejido era determinado por un número de clavijas montadas sobre una cadena, unidas mediante tarjetas horadadas con largos vastagos de hierro.

Los vastagos cuyos extremos no penetraban en los agujeros de las tarjetas horadadas levantaban los,hilos de la malla. Mediante el uso continuado de un determinado juego de tarjetas, podía hacerse en el tejido un dibujo con hilos de distintos colores.

Posteriormente, el telar se automatizó más al lograr que pudiera insertarse una bobina de hilo sin necesidad de detenerse. Esto se consiguió medianil una lanzadera de enhebrado automático.

Luego se introdujo un cortador especial, que corlaba los dos extremos de la trama. Con estos y otros aparatos automáticos, pronto, un operario pudo atender dieciséis telares a la vez. En 1857 la maquinaria de las hilanderías era resultado de alrededor de 800 inventos, y un solo obrero vigilaba 80 telares o más. Medio millón de tejedoras mecánicas producían una cantidad de telas que hubiese requerido diecisiete millones de tejedoras manuales.

Actualmente los hilados artificiales están dominando. Una masa plástica se transforma en finos chorros que recorren más de trescientos metros. En este proceso se desulfuran, se blanquean, se lavan, se secan y se unen en una bobina, todo ello en seis minutos de operación automática, merced a los ágiles dedos del Hombre Mecánico.

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La Literatura Renacentista Caracteristicas

La Literatura Renacentista

En los orígenes de la Italia del Renacimiento (prerrenacimiento) se deseaba fervientemente vivir, estudiar, pensar y escribir como los antiguos griegos y romanos.

Por ello, los profesores, monjes, príncipes y mercaderes se disputaban los manuscritos antiguos y rivalizaban también en el afán de coleccionar sus comentarios.

El hombre volvió a renacer. La larga y oscura noche de la Edad Media dio paso a una de las épocas más luminosas de la historia: el Renacimiento.

El destino del hombre medieval, condenado a vivir en un «valle de lágrimas», conoció a mediados del siglo XV un nuevo camino de esperanza.

Se desató una verdadera fiebre por los «studia humanitatis» o humanismo; es decir, el estudio de todos los conocimientos que interesan al hombre.

En la Edad Media también existió este entusiasmo pero no se permitió que la filosofía y forma de vida de los antiguos influyeran en las generaciones medievales.

Se buscaban textos antiguos en su integridad» y se les agregaban comentarios eruditos.

El humanista además de interesarse por las obras de los escritores antiguos atesoraba objetos de arte antiguo, sacaba planos de las ruinas romanas, buscaba esculturas.

Para el estudio de la Biblia se recurrió a los textos hebreo y griego y a los comentarios de los Padres de la Iglesia.

La vida florecía, dejaba atrás los temores atávicos, se liberaba de los miedos que esclavizaron los cuerpos y las mentes. Fue un periodo irrepetible. Se asistió a una eclosión del arte y la cultura. Las ciudades embellecieron.

El mundo se convirtió, por fin, en un lugar habitable. Dios ya no era el centro del mundo. El hombre se había hecho con las riendas de su propio destino.

Se conoce con el nombre de Prerrenacimiento al movimiento cultural que tuvo lugar en Europa en el siglo XIV, como consecuencia del cambio de cosmovisión del hombre y como anticipo de la profunda transformación que se produjo en el siglo siguiente, debido al despertar de las artes, de las letras y de las ciencias, inspirado en los testimonios de la antigüedad clásica.

En síntesis, el Prerrenacimiento constituye una transición entre las manifestaciones culturales de la Edad Media, sustentadas en una concepción teocéntrica, y las nuevas expresiones surgidas en la Edad Moderna, basadas en la cosmovisión antropocéntrica.

En el campo de la literatura, Petrarca fue en gran parte responsable del surgimiento del humanismo, una escuela de pensamiento que aseguraba que el ser humano era intrínsecamente bueno, en oposición a la Iglesia, que lo concebía como un pecador que debe ser redimido.

Otras plumas ilustres fueron Dante, autor de La divina comedia, y Boccaccio, cuyo Decamerón inspiró muchos relatos de Shakespeare.

Dante AlighieriPetrarcaBoccacio

LOS HUMANISTAS DEL RENACIMIENTO

El movimiento humanista, iniciado en el siglo XV en Italia, se continuó en Europa durante el siglo XVI.

En Italia se empezaron a publicar colecciones impresas de obras literarias en latín. En las ceremonias solemnes, fue costumbre pronunciar un discurso en latín. Los poetas escribían poemas épicos, elegías, epigramas en latín.

Pero en el siglo XVI, los principales humanistas fueron los de Alemania y Francia.

El más célebre de todos, un holandés, Didier, que según costumbre de la época, había traducido su nombre al griego y se llamaba Erasmo, publicó una edición del nuevo Testamento en griego, que lo hizo admirar en toda Europa.

Fue llamado a Inglaterra por el arzobispo de Cantérbury, jefe de la Iglesia de Inglaterra.

Publicó en latín el Elogio de la estulticia, sátira contra la ignorancia y la superstición de los monjes y la pedantería de los doctores de las Universidades.

En Alemania, los humanistas fueron sobre todo profesores de Universidad.

Admiraban a los antiguos y menospreciaban su lengua materna. Traducían sus nombres alemanes al latín o al griego: Schwarzerde se hacía llamar «Melanchton»; Hausscheln. «OEcolampadio».

Se burlaban de los escoláticos y de sus discusiones en mal latín, se llamaban ellos mismos poetas y manifestaban no querer seguir más que a los antiguos.

El más conocido de los humanistas alemanes, Reu-chlin, había estudiado la Biblia en hebreo, lo que le valió una acusación de herejía, pero el Papa se puso de su parte.

Fue sostenido también por los «poetas» que escribían versos latinos. Orientó el estudio del griego en las Universidades alemanas. Hizo un diccionario griego y tradujo algunos autores griegos al latín.

En Francia, los humanistas fueron eruditos. Trabajaron menos en imitar a los autores antiguos que en comprenderlos.

Francisco I se dejó convencer para la creación en París de una escuela dedicada al estudio de los antiguos, de un modo distinto al que lo hacían los escolásticos de las Universidades.

La llamó «Colegio real», más tarde Colegio de Francia. Los profesores tenían el título de «lector real». Pero como no supo encontrar dinero, no creó más que algunas cátedras.

Los eruditos franceses trabajaron para hacer ediciones de los autores latinos y griegos, y diccionarios de las escuelas antiguas.

Se empezaron a imprimir libros en tamaños pequeños y comenzaron a ser leídos en otros lugares además de las Universidades.

Las obras de los clásicos fueron leídas desde ese momento, no sólo por los profesores, sino por los nobles, los burgueses instruidos y aun por señoras. Se leía, sobre todo, la traducción hecha por Amyot de Las vidas paralelas, de Plutarco.

LOS ESCRITORES EN ITALIA

Hubo a fines del siglo XV un nuevo Renacimiento de la literatura en Italia.

En Florencia apareció el prosista italiano más grande, Maquiavelo (1469-1527).

Estuvo primeramente empleado al servicio del Gobierno de Florencia, que le envió como legado cerca de los príncipes italianos.

Después de haberse retirado del servicio, estudio la Historia romana y publicó el libro que le hizo célebre en toda Europa, El Príncipe, Escribió en el idioma que se hablaba entonces en Florencia, y su libro ha sido modelo de la prosa italiana.

Ariosto (1474-1533), que había entrado al servicio del duque de Ferrara, escribió un gran poema épico en cuatro cantos, el Orlando furioso, cuyo protagonista es el progenitor de la familia de Este, a la que pertenecía el duque.

Más tarde. El Taso (1544-1595), que fue también a la Corte de Ferraría, escribió el último gran poema épico, la Jerusalén libertada. El héroe es Godofredo de Bouillon, que capitaneó la primera Cruzada.

El Tasso escribió también una novela pastoril, Aminta, cuyos personajes son pastores que hablan como señores y damas de la Corte.

Tuvo escrúpulos religiosos y envió su obra a Roma, a que la examinaran los cardenales. Se le reprochó haber empleado expresiones paganas, se volvió loco y permaneció recluido siete años.

Desde fines del siglo XVI, los italianos no produjeron más que parodias y églogas. Estas obras, que hoy ya no se leen tuvieron mucha fama en toda Europa y fueron imitadas en Inglaterra y en Francia.

LOS ESCRITORES EN FRANCIA

Durante toda la Edad Media, no se había dejado de escribir obras en francés.

Los dos escritores más grandes de la primera mitad del siglo XVI trabajaron en géneros enteramente franceses.

Marot (1495-1544), ayuda de cámara del rey, protegido de Francisco I, escribió gran número de pequeñas composiciones ligeras en que aparecía la gente de su tiempo y describía el campo con amor.

Convertido al protestantismo, publicó una traducción en verso de los Salmos que fue adoptada por los calvinistas franceses.

Rabealis (1495-1553), hijo de un burgués acomodado de Chinon, se hizo sacerdote, luego doctor en Medicina. Vivió en Montpelller y en Lyon, fue protegido por Francisco I y nombrado cura de Meudon.

Su gran obra, Gargantúa y Pantagruel, es una novela satírica en que, bajo la denominación de los gigantes, representó a la gente de su tiempo, colocando las escenas en su país natal.

Pero conocía bien los autores de la antigüedad y los admiraba mucho. Los cita con frecuencia y menosprecia el sistema de instrucción de la Edad Media, que llama «la niebla gótica».

A partir de Enrique II, los escritores franceses tuvieron tanto entusiasmo por la antigüedad que aspiraron a imitarla. Varios jóvenes residentes en París formaron un grupo que denominaron la Pléyade.

Eran nobles, magistrados, funcionarios, burgueses ricos. No se vendían aún bastantes libros para que el oficio de escritor pudiera subvenir a las necesidades de nadie.

Uno de ellos, Du Bellay, publicó en 1549 la Defensa e ilustración de la lengua francesa. Recomendaba que se escribiera en francés, pero quería que el francés tomase del latín y del griego las expresiones que le faltaban.

Era lo que llamaba «saquear a los autores antiguos para enriquecer la literatura francesa», con lo que resultaba incomprensible para el pueblo. Quería escribir, no para el público en general, sino para alguna gente culta.

Du Bellay rechazaba los géneros poéticos de la Edad Media y aconsejaba imitar las formas de las obras antiguas. Proponía hacet como los antiguos poemas épicos, u odas. Quería que, en lugar de tomar los asuntos de la vida corriente, aparecieran personajes históricos.

El más célebre escritor de la Pléyade, Ronsara (1524-1585), noble de la comarca de Vendóme, no permaneció más que seis meses en el colegio y pasó í ser paje en la Corte del rey.

Reanudó más tarde sus estudios y publicó primeramente Odas, luego Sonetos. Intentó escribir un poema épico, la Franciada, que nc terminó. Inventó nuevas rimas poéticas.

Sus poesías llenas de palabras desconocidas, no resultaban siempre claras para el público, pero contienen muchos pasaje; escritos en un francés sencillo y poético.

Durante las guerras de religión, el prosista más cé­lebre fue un católico, Miguel de Montaigne. Su padre era un comerciante rico de Burdeos, Eyquem, que ha­bía comprado el castillo de Montaigne, y del castillo había tomado el nombre; su madre era de familia ju­día.

Fue magistrado y alcalde de Burdeos, pero se re­tiró a su castillo para vivir tranquilo en su biblioteca. Escribió pequeños tratados de un género original que llamó los Ensayos (1580- 1588) .

En ellos expresa su opinión acerca de toda clase de cosas en un lenguaje familiar, lleno de citas de los autores griegos y la­tinos. Expresó sus ideas sin orden, como se le ocu­rrían, en forma muy original. Detestaba las discu­siones teológicas que dividían a los hombres de su época, y resumió su pensamiento en la siguiente pre­gunta: «¿Qué sé yo?».

LOS ESCRITORES EN INGLATERRA

Inglaterra había tenido algunos humanistas, pero escribían en latín. El más célebre fue el canciller Moro, conocido con el nombre latino de Morus, autor de la Utopía.

Los grandes escritores en inglés no aparecieron has­ta fines del siglo XVI, en el reinado de Isabel. Los poetas Sydney y Spenser, que tuvieron gran fama en su tiempo, no son leídos hoy. El teatro es lo que ha hecho grande a la literatura inglesa.

Los ingleses eran entonces muy aficionados a las representaciones teatrales. Se hacían con frecuencia, en las ciudades de Inglaterra, fiestas, con ocasión de las cuales cortejos con trajes brillantes atravesaban la ciudad formando cabalgata. Se habían formado varias compañías de comediantes.

La burguesía los tenía en mal concepto; el Municipio de Londres no permitió establecer un teatro en la ciudad. Pero se les dejaba dar representaciones en los arrabales.

Hacían sus comedias en una posada o en algún viejo convento abandonado, pero en ocasiones la reina los mandaba llamar para que actuaran ante ella.

Los jóvenes señores, que eran aficionados al teatro, los protegían e impedían que se prohibieran sus representaciones.

La masa del público ocupaba el patio y las galerías. Eran obreros, marinos, lacayos, aventureros que comían y bebían en la sala.

Se divertían, sobre todo, con las bufonadas de los payasos que aparecían en los entreactos. Los jóvenes nobles se sentaban en el escenario, y eran aficionados a los versos en rebuscado estilo, a la manera italiana.

Aquellas compañías de comediantes no tenían dinero para montar decoraciones. Por lo común se limitaban a poner un cartel para decir a los espectadores: «La escena tiene lugar en un jardín», o «La escena representa un palacio».

El público quería comedias nuevas. El director de la compañía las encargaba a los autores que las escribían con apresuramiento, copiándose muchas veces los unos a los otros. Las comedias quedaban manuscritas.

La mayor parte han desaparecido y no se sabe quiénes fueron sus autores.

Uno de ellos, Marlowe, que murió antes de los treinta años, dejó tragedias, una de las cuales, Fausto, ha conservado celebridad.

El más célebre de todos, Shakespeare (1574-1637) se considera como uno de los más grandes poetas del mundo.

Nació en familia de la clase media, vivió pobremente, se alistó como soldado, se hizo actor, luego autor. Escribió gran número de obras dramáticas que no se imprimieron hasta después de su muerte.

Eran comedias o historias, es decir, dramas trágicos cuyo asunto estaba tomado de la historia de Inglaterra, de las leyendas de la Edad Media, de la misma antigüedad.

Shakespeare había estudiado mucho a Plutarco en la traducción francesa, y a Montaigne, pero no había hecho estudios regulares. Situaba la acción de sus obras en todos los países, sin preocuparse por las épocas.

Ponía Bohemia a orillas del mar, cerca de la selva de las Ardeneas.

Representaba la ciudad griega de Efeso gobernada por un duque y en ella hacía aparecer un convento. Lo que le preocupaba, sobre todo, era crear personajes animados de grandes pasiones.

Como trabajaba a la vez para el público del patio y para los jóvenes señores, mezclaba bufonadas con escenas trágicas.

ALGO MAS…

Estaba de moda organizar bibliotecas; se trataba de reunir tesoros artísticos y literarios efectuando la búsqueda en todos los lugares donde pudieran ser hallados.

Se procuró hacer como los antiguos en todo; de imitar a la naturaleza, de cubrir a las ideas con el ropaje de una forma bella. Tales eran las exigencias del humanismo.

Mientras españoles y portugueses descubrían nuevos continentes y tierras, los galianos se preocupaban de redescubrir el mundo antiguo. Y a e£te apasionamiento se agregó, además, un fuerte sentimiento nacional.

La atención puesto en la naturaleza y en el hombre –como ya había ocurrido a fines de la Edad Media– estimuló los estudios científicos en forma experimental; se rechazó, cuando ello correspondía, la opinión de antiguos sabios.

La primera biblioteca pública de Europa

Creemos que merece un párrafo especial como prueba de la preocupación cultural de parte de los príncipes, un hecho de la historia de Fiorencia.

Nicolás Nicolini, uno de los más entusiastas bibliófilos de Florencia, murió lleno de deudas a causa de su afán de adquirir manuscritos antiguos.

Su casa siempre había estado abierta a los que querían consultar sus colecciones que, a su muerte, comprendían ochocientos volúmenes.

Siguiendo su deseo de que su biblioteca permaneciera accesible a todos, Cosme de Mediéis pagó las deudas y donó la misma al convento de San Marcos, para su uso público. Fue la primera biblioteca pública europea.

El humanismo y la religión

Sobre el contenido espiritual del movimiento humanista escribe el historiador holandés J. Huizinga (1872-1945):

«Los humanistas que eran verdaderos ateos o se hacían pasar por tales, no representan la esencia del Renacimiento.

Un examen profundo muestra claramente que el contenido espiritual del Renacimiento, pese a los elementos clásicos y paganos, era y permaneció cristiano, lo mismo que antes el arte medieval y más tarde la Contrarreforma.

Tanto si escogemos a pintores flamencos o italianos. . . observaremos que, incluso en el período barroco, las principales fuentes de inspiración del arte figurativo fueron escenas bíblicas».

Los Primeros Mecenas en la Edad Media

Fuente Consultada:
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I «El Ateneo»
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

Pensamiento Renacentista La Ciencia en el Renacimiento Cientificos

Pensamiento Renacentista
La Ciencia en el Renacimiento

Al período comprendido entre los siglos XIV y XVI se lo denomina Renacimiento, porque los sabios y artistas de la época intentaban revivir las glorias de las antiguas civilizaciones griega y romana. Después de la caída del gran Imperio Romano se produjo un largo período de guerras en toda Europa.

El Renacimiento es fruto de la difusión de las ideas del humanismo, que determinaron una nueva concepción del hombre y del mundo. El nombre «renacimiento» se utilizó porque éste retomaba los elementos de la cultura clásica. El término simboliza la reactivación del conocimiento y el progreso tras siglos de predominio de un tipo de mentalidad dogmática establecida en la Europa de la Edad Media. Esta nueva etapa planteó una nueva forma de ver el mundo y al ser humano, el interés por las artes, la política y las ciencias.

El hombre volvió a renacer. La larga y oscura noche de la Edad Media dio paso a una de las épocas más luminosas de la historia: el Renacimiento. El destino del hombre medieval, condenado a vivir en un «valle de lágrimas», conoció a mediados del siglo XV un nuevo camino de esperanza. La vida florecía, dejaba atrás los temores atávicos, se liberaba de los miedos que esclavizaron los cuerpos y las mentes. Fue un periodo irrepetible. Se asistió a una eclosión del arte y la cultura. Las ciudades embellecieron. El mundo se convirtió, por fin, en un lugar habitable. Dios ya no era el centro del mundo. El hombre se había hecho con las riendas de su propio destino.

El retorno a las fuentes clásicas Durante el Renacimiento, el mundo clásico grecorromano se considera digno de admiración. Por el contrario, la cultura medieval es vista como un paréntesis de oscurantismo y, en consecuencia, se la desprecia.

Se da gran importancia al estudio del griego y del latín para entender cabalmente las obras de los autores clásicos; sus escritos se difunden en un afán de reencuentro con la nueva valoración de la inteligencia del hombre y de su amor a la naturaleza.

También se valorará el canónico equilibrio entre forma y pensamiento. La literatura y el arte de la antigüedad clásica grecorromana renacen así con fuerza. La «eeva concepción del hombre

El hombre del Renacimiento aspiraba a gozar ampliamente de la vida presente y reclamaba la absoluta libertad de la razón para buscar la verdad y el mejor conocimiento del hombre y de la naturaleza. El hombre renacentista sintió curiosidad por todo y a todo aplicó la razón.

Si durante la época medieval la cultura había sido teocéntrica (su centro era Dios) y la teología había ocupado el interés de los intelectuales, en la época renacentista el centro de atención es el hombre. De ahí que se hable de cultura antropocéntrica. Consecuentemente, el individualismo, el afán de gloria y de perfección formal serán características de este periodo. El nuevo ideal de vida lo expresa Baltasar de Castiglione en El Cortesano (1528).

Durante la edad media, en la lucha por la supervivencia, la educación y el conocimiento fueron dejados de lado. La gente aceptaba su destino: obedecía a la Iglesia y a sus representantes sin dudar y sin sentir curiosidad por el mundo que la rodeaba. Los hombres del Renacimiento llamaron a este período Edad Oscura. Pero hacia el siglo XIV, Europa estaba más estabilizada políticamente.

Poco a poco, los gobiernos fueron consolidándose y los hombres comenzaron a comerciar y a acumular riquezas.

En esta sociedad mejor organizada, algunas personas empezaron a comparar su forma de pensar con la de los escritores clásicos.

Esto era particularmente interesante para los italianos, porque su tierra, en el pasado, había sido el corazón del imperio más grande del mundo. Era como descubrir la historia de una familia. Sabían perfectamente que estaban viviendo una época especial y fascinante.

Los sabios que estudiaban las obras clásicas querían que el hombre descubriera la belleza que había dentro de sí mismo y en la naturaleza, para que de esa forma venerara a Dios más plenamente. Las personas de dinero alentaban a los escultores y a los pintores para que llevaran esas ideas al arte. Por primera vez en siglos, los artistas comenzaron a retratar a la gente y a otros seres vivientes de una manera realista. El Renacimiento fue también una época de contrastes. La sociedad en su conjunto cambió muy lentamente.

Más allá de los pueblos y ciudades densamente poblados, había vastas extensiones de campo con escasos habitantes. Los campesinos llevaban una vida muy dura, lejos de los festines y torneos de los ricos y de los comerciantes adinerados.

La mayoría de la gente no conocía -y mucho menos entendía-acontecimientos tan importantes como el descubrimiento de América o la comprobación de que la Tierra no era el centro del universo. Pero el espíritu de seguridad y curiosidad que caracterizó al Renacimiento comenzó a afectar también a la gente común. Los campesinos se rebelaron contra los señores y los reyes.

Los sacerdotes humildes hablaban contra la riqueza y el poder del Papa en Roma. El hombre comenzó a saber más de sí mismo como persona y a hacer uso de su derecho de tener y expresar sus propias opiniones.

EN BUSCA DE LA VERDAD:
LA CIENCIA RENACENTISTA

Durante el Renacimiento hubo muy pocos científicos, según nuestro concepto actual de ellos, es decir, hombres especializados en química, física, zoología, biología, etc. «Ciencia» era el término romano que significaba «conocimiento» y los eruditos del Renacimiento estaban de acuerdo con ello.

Se refería a todo tipo de saber. Un científico era alguien que se dedicaba a leer libros antiguos o a hacer sus propios experimentos prácticos para aprender más cosas sobre el mundo que lo rodeaba. Poco a poco, muchos de estos científicos perdieron interés por los libros antiguos y se preocuparon por tratar de descubrir cosas por sí mismos. «Quema tus libros; observa y experimenta sin cesar», aconsejaba un científico del Renacimiento.

La teoría científica más revolucionaria de la época apareció en el campo de la astronomía (el estudio de las estrellas). Nicolás Copérnico observó los planetas y las estrellas durante más de 30 años y’ llegó a la conclusión de que en realidad la Tierra no era el centro del universo sino que se movía alrededor del Sol. Esto produjo un gran desconcierto, debido a que durante toda la Edad Media y gran parte del Renacimiento, se había aceptado que era el Sol el que giraba alrededor de la Tierra. La gente creía que la Tierra estaba en el medio de un universo perfectamente simétrico en cuyo centro exacto estaban Dios y la Iglesia.


Copérnico, contrario a las creencias comunes, afirmó que la Tierra se movía alrededor del Sol, como ilustra este cuadro.

La teoría de Copérnico surgió hacia fines del Renacimiento, a mediados del siglo XVI,y acabó con esa creencia tan arraigada. Por otra parte, provocó la ira de la Iglesia, porque destruía así su autoridad central. Setenta años después de la muerte de Copérnico y de la publicación de su libro «Sobre las revoluciones de los cuerpos celestes», la Iglesia lo consideró hereje.

Muchos años más tarde, cuando Galileo publicó las descripciones de las estrellas y los planetas vistos a través de su telescopio y comprobó la teoría de Copérnico, también fue acusado de herejía y amenazado con la tortura si no se desdecía de lo que había escrito. Entretanto, otro astrónomo, Johann Kepler, había desbaratado aún más la idea de un mundo perfecto al afirmar que la Tierra no orbitaba al Sol en forma circular sino elíptica u oval.

El primer hombre del Renacimiento que publicó un estudio completo del cuerpo humano fue Andreas Vesalius, quien comenzó sus trabajos en París, aunque pasó la mayor parte de su vida en Italia. Cuando sólo tenía 29 años, escribió una obra magnífica llamada Los siete libros sobre la estructura del cuerpo humano, que contenía más de 270 bellas ilustraciones xilográficas en las que mostraba los huesos, los músculos, las venas y el corazón humano. Su estudio era otra muestra de la creciente curiosidad por la vida.

Durante el Renacimiento se produjeron varios adelantos en la industria y la tecnología. La imprenta, la minería, los astilleros y la metalurgia tuvieron un importante desarrollo. Comenzó a incrementarse el uso de los molinos de agua para extraer la que se acumulaba en las minas y para hacer funcionar las máquinas de los mismos molinos.

En muchas minas se extendieron vías para facilitar el movimiento de los carros tirados por caballos. Las armas de fuego fueron perfeccionándose lentamente, pero su uso seguía siendo peligroso. También se popularizaron los relojes y hacia el 1500, la mayoría de las ciudades de Europa tenían un reloj público. En esa época se inventó el reloj de cuerda, lo que hizo también posible la fabricación de los de bolsillo.

Sin embargo, hasta los príncipes preferían seguir aferrándose al pasado. Confiaban en los astrólogos que les predecían el futuro, ya que creían que podía ser controlado mediante conjuros mágicos. La búsqueda del secreto para transformar el metal común en oro fascinaba a todos los que querían hacerse ricos rápidamente.

Los alquimistas probaban todo tipo de fórmulas, la mayoría de los cuales eran tan extravagantes e inútiles como los brebajes de una bruja. Pero, a través de sus infructuosos esfuerzos para convertir los minerales de la tierra en oro, los alquimistas aprendieron muchísimo sobre éstos. Sus descubrimientos fueron útiles para los científicos que los sucedieron.

ALGO MAS SOBRE EL PENSAMIENTO CIENTÍFICO. Durante los siglos de la Edad Media la Religión había guiado todo movimiento filosófico y científico. La decadencia de la Escolástica, llevada por un verbalismo exagerado, la influencia de pensadores árabes, sobre todo Averroes, y la interpretación naturalista de Aristóteles prepararon el camino de la ciencia renacentista.

Durante la Edad Media se habían producido posturas aisladas de libertad de pensamiento de cara a la realidad de la vida, como las sustentadas por Rogerio Bacon y Ramón Llull, incluso dentro del campo de la ortodoxia, pero dado el momento en que vivieron otros pensadores de los siglos XV y XVI.

La gran revolución científica del siglo XVII fue preparada por los hombres de ciencia del Renacimiento. Nicolás Copérnico (1473-1543) era un canónigo y médico polaco, cosas que en aquel tiempo eran compatibles. Ideó su teoría heliocéntrica, según la cual todos los planetas giraban alrededor del Sol. Esta teoría, que muchos espíritus juzgaron contraria a las Sagradas Escrituras y calificaron de heterodoxa, pronto se abrió camino.

Tres grandes pensadores la apoyaron y confirmaron con sus experiencias: Ticho Brahe, de nacionalidad danesa, que estudió los eclipses, Juan Kepler, que determinó las tres leyes fundamentales de la revolución planetaria, y Galileo Galilei, el más genial de los sabios renacentistas. Galileo (1564-1642) fue el constructor del primer telescopio con el cual estudió los astros. Invitada la Señora de Venecia a contemplar con su instrumento la entrada de los buques en el Gran Canal, quedó maravillada, pero muchos de sus compañeros se negaron a comprobar con sus propios ojos la realidad y prefirieron negarlo.

Galileo estudió las leyes del péndulo, inspirado por los movimientos de una lámpara que oscilaba en la catedral de Pisa, descubrió el anillo de Saturno y realizó numerosas investigaciones astronómicas. Ciego, perseguido y moralmente derrotado, tuvo que negar su fe en la teoría copernicana del heliocentrismo a instancias de la Inquisición. Anterior a él vivió Leonardo de Vinci (1452-1519) hombre inquieto, gran artista y también notable científico.

Sus dibujos sobre la posibilidad de conseguir que un hombre volara gracias a unas alas, su idea del tanque, y de numerosas máquinas nos muestran como una creación perfecta del hombre del Renacimiento. Entre los primeros químicos, tiznados aún de alquimistas, se encuentra Paracelso, suizo. Entre los médicos, el gran Vesalio, que fue el primero en practicar la disección y la vivisección, corriendo por esta razón peligro de perder la vida. Los descubrimientos anatómicos de Falopio de Modena y Bartolomé Eustaquio son recordados porque algunos órganos de nuestro cuerpo se conocen con sus nombres (trompas de Eustaquio, de Falopio, etc.).

Pero los dos investigadores más geniales en el campo de la Medicina fueron el español Miguel Servet (1511-1593), descubridor de la circulación pulmonar de la sangre, asesinado por el fanatismo de Calvino y el inglés Harvey, que estudió la circulación general del cuerpo humano y las funciones del corazón. Los descubrimientos y exploraciones en América reportaron un progreso extraordinario en el campo de la Geografía y la Historia Natural.

No es posible detallar el número de especies nuevas que se conocieron y el avance experimentado por la Cartografía, que pasó de los incompletos y limitados mapas medievales a los casi perfectos portulanos o mapas del Mediterráneo, y a los grandes mapa-mundis que lentamente iban reduciendo las áreas en blanco de los países recién descubiertos.

Las observaciones de Galileo, por ejemplo, permitieron perfeccionar los relojes; en Holanda la industria óptica se dedicó a la construcción de gafas, y en Venecia el arte del cristal y el espejo alcanzó gran perfección. La transformación de la vida cotidiana era patente y se experimentaba la sensación de vivir en un mundo renovado.

ALGO MAS…

A pesar de las sombras que puede presentar este período de la historia como consecuencia de las pasiones humanas descontroladas, se puede destacar la «virtus» de muchos personajes. Qué era la «virtud» («virtus», en latín). Su posesión significaba viva inteligencia, pasiones violentas, una voluntad indomable acompañada por una energía que todo lo vence.

El hombre del Renacimiento estaba dispuesto a aceptar su propio destino tanto en los momentos prósperos como en la adversidad. Su astucia se manifestaba a veces en hábiles maniobras políticas y en los artistas, en el refinamiento de sus obras. Todos los hombres destacados de esta época fueron artistas en cuanto modelaron su propia vida con caracteres poco comunes. Aunque el Renacimiento secularizó el poder del Papa, debilitó la antigua fe e introdujo un aire de costumbres paganas, no quiere decir que fuera hostil al Cristianismo como se explicó más arriba.
(Completar con el punto 1, b, sobre el «hacer» del hombre renacentista.)

LEONARDO DE VINCI, HOMBRE DE CIENCIA
Leonardo fue de una extraordinaria fecundidad en el terreno científico. Creador e inventor, investigó todas las ramas de
la ciencia. Tal vez llegase a descubrir el heliocentrismo y, ciertamente, inventó o presintió la dinámica, la geología, la anatomía moderna, la aviación, el submarino y el carro de combate. Estudió a los antiguos: Pitágoras a través de Ovidio, Aristóteles, Euclides y Arquímedes. Por otra parte, reflexionó profundamente sobre las doctrinas de la Escuela de París, especialmente de Alberto de Sajonia, discípulo de Juan Buridán.

Los parisienses habían trabajado, sobre todo, en la mecánica y, más concretamente, en la dinámica, repitiendo las explicaciones de Aristóteles y formulando la ley de la inercia: el movimiento impreso a un móvil es producido por el «ímpetus», fuerza proporcional a la velocidad del móvil, a su densidad y a su peso, y no —como pensaba Aristóteles— por la conmoción de las masas del aire. Pero la física parisiense había sido cualitativa y no cuantitativa.

Leonardo, para quien el mundo es reducible a matemáticas, como adepto de Pitágoras y Platón, siguió y superó a los parisienses, colocando en primer plano la noción de «cantidad»: «la proporción no se encuentra solamente en los números y las medidas, sino también en los sonidos, pesos, tiempos, posiciones y en cualquier fuerza existente». Estudió las leyes a que obedeceun proyectil lanzado por una pieza de artillería. Igualmente meditó sobre astronomía. La visión del mundo de Aristóteles, reposaba sobre la certeza de que todo conocimiento venía de los sentidos y que era preciso interpretarlo por la lógica formal; concebía al hombre y la Tierra como el centro del Universo.

La Tierra, en el centro del Cosmos, era un objeto extenso, sólido, en un reposo perfecto; las estrellas, sobre esferas transparentes, giraban alrededor de la Tierra, movidas por un «motor inmóvil» que se identifica, posteriormente, con el Dios de los cristianos. Leonardo demolió el cosmos aristotélico. Rechaza el geocentrismo: «la Tierra no está en medio del círculo del Sol, ni en medio del mundo, sino en medio de elementos que la acompañan y le están unidos».

Quizás adopte el heliocentrismo: «el Sol está inmóvil»; en todo caso, rechaza la doctrina corriente, según la cual el Sol giraba alrededor de la Tierra. Afirma la homogeneidad de los espacios celestes, negando luego el carácter excepcional de la Tierra en el Universo: «la Luna está vestida de sus elementos propios como nuestra Tierra, en otra parte del espacio», de modo que «si alguien se encontrase en la Tuna y mirase a la Tierra, ésta giraría para él alrededor de la Tuna y la iluminaría».

Más aún, demolió por completo las nociones de sustancia, esencia y cualidad, tan gratas a la filosofía aristotélica, y pensó en términos de tiempo, espacio, masa y energía, como todos los sabios posteriores; la pesantez y la ligereza no sonr.. para él, cualidades inherentes a las sustancias; son engendradas por la atracción y la repulsión de los elementos; son el producto de relaciones. Leonardo de Vinci se inscribe en el gran movimiento de ideas neoplatónicas y neopitagóricas, que, con Copérnico, plantea una concepción totalmente nueva del Universo y desemboca en nuestra Física matemática moderna.

Los Primeros Mecenas en la Edad Media

Fuente Consultada:
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I «El Ateneo»
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

La Reina de Saba Visita a Salomon Historia o Leyenda Enigma Riqueza

Historia: La Reina de Saba Visita al Rey Salomón

La Reina de Saba es  personaje bíblico,  que según la leyenda creó la primera dinastía real como Makeda, esposa del rey Salomón. El libro de los Reyes de la Biblia  relata su visita a la corte de Salomón, en Jerusalén, con una caravana de camellos cargados de especias, oro y joyas, movida por la esperanza de impresionar al rey con su riqueza. Sin embargo, el esplendor de la corte de Salomón la abrumó, atribuyendo su prosperidad y la de sus súbditos al dios hebreo Yahvé. La reina acosó a Salomón con capciosas o complicadas preguntas y quedó sorprendida ante el conocimiento revelado por sus respuestas.

Dice la Biblia que Salomón respondió a todos los enigmas que le planteó la reina de Saba. Pero la reina misma es un enigma: ¿De dónde venía? ¿Por qué emprendió el viaje desde Etiopía hasta Jerusalén? ¿Y quiénes son esos falachas que dicen descender de ella?

reina de saba visita a salomon rey

No es posible eludir la figura de la reina de Saba. Se la menciona en la Biblia -aunque sin darle nombre propio-, y en el Corán, con el nombre de Balkis, denominación que, por cierto, lleva la heroína de numerosos relatos árabes y persas. Tiene un lugar tan importante en la tradición etíope -se la llama Makedo– que los emperadores y los falachas (los judíos de Etiopía) han optado por considerarse descendientes de ella.

En la Biblia, el largo pasaje del libro de los Reyes, dedicado al reino de Salomón, se compone de dos partes. En la primera de ellas, donde se consignan los grandes y nobles actos del rey, se relata la visita de la reina de Saba a Jerusalén.

Intrigada por las historias sobre la fabulosa riqueza y la sabiduría del rey Salomón, la reina de Saba viaja de Arabia a Jerusalén para reunirse con él, según esta pintura del siglo XV.La Biblia (Libro de los Reyes, 10:10) recoge que el rey Salomón, rey de Judea, en su visita al reino de Saba, recibió innumerables presentes en oro, especias y piedras preciosas de la reina que en aquel momento dirigía el país. El pasaje Bíblico se refiere a la reina Makeda. Ambos, más tarde, tendrían un hijo juntos, de quien el rey Salomón, recuerda el gran parecido físico que el niño tenía con su abuelo, el legendario Rey David.

¿De dónde venía la reina? El reino de Saba ocupaba un territorio que actualmente forma parte de Yemen del Norte, en la parte suroeste de la península arábiga, y cuya capital era Marib. Pero los sabeos también habían fundado colonias más al Norte; es decir, más cerca de Jerusalén, y se supone que fue de una de esas colonias de donde partió la reina de Saba.

¿Por qué Jerusalén? La identidad de la Reina de Saba ha sido durante mucho tiempo un tema de debate. Sin embargo, todos los indicios apuntan a que se trata de Makeda, la reina etíope.

Según el folklore etíope, cuando el príncipe Tarmin volvió de un viaje comercial a Israel, trajo información sobre la sabiduría del gran Rey Salomón. A Makeda le fascinó lo que le contaron sobre el monarca de Judea y preparó una caravana cargada de regalos para vivsitar a semejante personaje.

El relato bíblico asegura que la reina, atraída por la enorme «fama» de Salomón, había acudido para «ponerlo a prueba por medio de enigmas». Sin embargo, la riqueza del reino de Israel sin duda no era ajena a los motivos del viaje.

En efecto, el texto menciona también que se realizó un intercambio de mercancías: la reina aportó grandes cantidades de plantas aromáticas, piedras preciosas y 120 talentos de oro; en tanto que el rey «prometió a la reina de Saba todo cuanto ella deseara, sin contar los obsequios que k había dado». Sabiendo que los sabeos eran grandes comerciantes, puede suponerse que desde entonces se establecieron relaciones comerciales entre los dos pueblos.

Una riqueza como para dejar sin aliento «La reina de Saba vio toda la sabiduría de Salomón, la casa que él había construido, los alimentos de su mesa, las habitaciones de sus sirvientes, la calidad de sus criados y sus libreas, sus escanciadores, los holocaustos que ofrecía en la casa del Señor, y quedó sin aliento.»

Al encontrarse, el rey y reina se enamoraron mutuamente, quedando ella admirada de los conocimientos de él, él, de la inteligencia y hermosura de Makeda. Según la tradición etíope, de este amor nacería Menelek, con quien daría comienzo la más larga dinastía real.

Los soberanos de Etiopía

La leyenda etíope cuenta que el rey Salomón y Makedo se amaron y que de su unión nade un hijo, Menelik. Este Menelik, soberano judío, habría de ser el primer emperador de Etiopía. Dicha leyenda surgió muy tardíamente, durante el siglo XIII o el XIV.

A partir de ella, todos los emperadores de Etiopía ostentan el título de «león vencedor de la tribu de Judá», y su emblema, que représenla una estrella de seis picos, recuerda la estrella de David. Se pueden encontrar indicios de esta leyenda en la existencia de un judaísmo etíope, que por su parte ejerció una gran influencia sobre el cristianismo de este país; ése es el motivo, por ejemplo, de que los cristianos de Etiopía practicaran la circuncisión .de los varones inmediatamente después de balizado su bautismo.

Las peculiaridades de los falachas

El origen de los falachas, los judíos de Etiopía, sigue siendo un tanto oscuro. La opinión pública descubrió su existencia en 1985, cuando llevaron a cabo una emigración masiva desde Sudán hasta Israel. Gracias a un acuerdo del gobierno marxista-leninista de Addis Abeba, esa pequeña comunidad de judíos negros recibió autorización para subir a los aviones que los llevarían a Jerusalén.

Diez años antes, cuando el gran rabino sefa1í de Israel había reconocido a los falachas , como judíos, los había emparentado con el pueblo elegido, retomando la teoría que hacía de ellos los descendientes de la tribu descendiente de Dan había sido deportada a Asiría por Sargón, rey de Babilonia; desde ahí, atravesando Yemen, pudo haber llegado a Etiopía.

La reina de Saba, la tribu de Dan: dos de las muchas maneras de describir un itinerario de la diáspora. Una cosa es cierta: la implantación del judaísmo en Etiopia es muy antigua y esto, por lo demás, es lo que dio tiempo a los falachas para desarrollar sus numerosas peculiaridades: su mesías, que se llama Théodoros, debe reinar durante 40 años en Jerusalén y luego otros 40 años en Etiopía antes de que se abra la era de la paz universal; los falachas tienen monjes y monjas; no creen en el Talmud y sólo reconocen la ley escrita; su Tora no está escrita en hebreo sino en lengua gueza, es decir, en etíope antiguo; además, practican la excisión, de acuerdo con la tradición de los países del Cuerno de África.

Una lectura de la Biblia

Más que por su simple realidad histórica, verdaderamente poco accesible, la visita de la reina de Saba a Salomón interesa a aquellos que ven en la Biblia un libro inspirado, que debe interpretarse, es cierto, pero que es el medio elegido por Dios para indicar su voluntad a los fieles.

Salomón le había pedido a Dios que le diera sabiduría, una sabiduría que debe entenderse a la vez como una actitud de sumisión ante la voluntad divina y como una capacidad de discernimiento; precisamente lo que el rey demostró tener en su célebre juicio.

En el relato bíblico, el papel de la reina de Saba es demostrar que, incluso para los gentiles -los que no son judíos-, la sabiduría de Salomón y la prosperidad del reino que le fue confiado son un signo del inmenso poder del Dios de Israel. «Bendito sea el Señor, tu Dios, que tuvo a bien colocarte en el trono de Israel», dijo a Salomón la reina de Saba. «Porque el Señor ama a Israel para siempre, por eso te hizo rey, para ejercer el derecho y la justicia.» Salomón, creyente consumado, es así un signo para los que no creen.

La declaración de la reina de Saba muestra, asimismo, la dimensión verdaderamente universal del mensaje divino, aun si éste se dirigía entonces de manera privilegiada a el pueblo elegido.

Jesús utilizaría este episodio de la reina de Saba contra sus correligionarios que se negaban a reconocerlo como lo que era: «El día de juicio, la reina del Mediodía se levantará con esta generación y la condenará, pues ella vino del fin del mundo para escuchar la sabiduría, de Salomón. ¡Pues bien!, aquí hay algo más que Salomón.»

Homenaje de la reina a Salomón

«Era muy cierto lo que yo había escuchado en mi país sobre tus palabras y sobre tu sabiduría. No podía creer lo que se decía hasta que vine y lo vi con mis propios ojos; ¡pero no me habían revelado siquiera la mitad! Tú superas en sabiduría y en cualidades la reputación de que escuché hablar. Dichosa tu gente, dichosos tus sirvientes, que pueden estar permanentemente ante ti y escuchar tu sapiencia. Bendito sea el Señor, tu Dios, que tuvo a bien colocarte en el trono de Israel; porque el Señor ama a Israel para siempre, por eso te hizo rey, para ejercer el derecho y la justicia.»

Ver: El Cristianismo en África

Traducción ecuménica de la Biblia (1 Reyes X, 6-9)

Fuente Consultadas:
Los Últimos Misterios del Mundo Reader´d Digest
Wikipedia
Los Misterios de la Biblia.

Biografia de Petrarca Vida de Boccacio Obras El Decameron Humanistas

Biografia de Petrarca y Vida de Boccacio Obras Literarias

Francisco Petrarca (Arezzo, actual Italia, 1304-Arqua, id., 1374) Poeta y humanista italiano. Fue un poeta de fina inspiración en los temas y esmerada pulcritud en las formas, que despertó también la admiración de sus contemporáneos.

Nació, en Arezzo, el 20 de julio de 1304 y, a ejemplo de su padre que fue escribano, en Florencia, siguió la carrera de las leyes; pero, desde joven, mostró gran afición por los estudios clásicos y así, además de notable escritor, resultó un excelente bibliófilo.

Se educó en Pisa y después en Francia, cerca de Aviñón, hasta donde el Papa había trasladado la Santa Sede, razón por la cual se instalaron allí muchos aristócratas romanos que le seguían brindando su apoyo.

En su juventud siguió estudios de jurisprudencia, pero a la muerte de su padre los abandonó y se dedicó al cultivo de la poesía.

Asistía Petrarca, en 1327, a una Misa de Viernes Santo en la iglesia de Santa Clara de Aviñón, cuando –según señaló él mismo en un soneto– conoció a la hermosa Laura de Noves, de diecinueve años, casada con Hugo de Sade; se enamoró de ella a primera vista y, durante toda su vida, le dedicó, platónicamente, más de trescientos sonetos, reunidos en un «Cancionero» dividido en dos partes: «Rime in vita di Laura» y «Rime in morte di Laura».

En él aparecen, también, madrigales en homenaje a la bienamada, junto a algunos cantos de tipo patriótico y a otras poesías, como su célebre «Plegaria a la Virgen».

La belleza, la gracia y el talento de Laura de Noves fueron inmortalizados por Petrarca sutilmente y su pasión es comparable a la que sintió Dante por Beatriz Portinari, amor, imposible también, que terminó con la temprana muerte de la joven, pocos meses después de su enlace con Simón dei Bardi.

Así como Dante inmortalizó a Beatriz, Petrarca hizo lo propio con Laura, joven a la que amó intensamente y a la que dedicó la mayor parte de sus composiciones, más de 300 sonetos y 26 canciones.

Pasó la mayor parte de su vida fuera de su ciudad natal. El papel de Petrarca en el renacimiento de los clásicos lo convirtió en una figura seminal de la literatura italiana del Renacimiento. Su principal contribución al desarrollo del italiano vernáculo la hizo en sus sonetos.

Se le considera uno de los grandes poetas líricos europeos. Sus sonetos , como se dijo antes, se inspiraron en el amor que profesaba a una mujer casada, llamada Laura, a quien conoció en 1327. Era una mujer real, con quien Petrarca estuvo emocionalmente relacionado por mucho tiempo, por lo que vertió sus lamentaciones en un soneto tras otro.

Al analizar cada aspecto de sus sentimientos de amante no correspondido, parece que le preocupa menos cantar loas a su dama, que inmortalizar sus propios pensamientos.

La «psicología del amor» y el interés en su propia personalidad revelan un sentido de individualidad más fuerte que en cualquier literatura medieval previa.

Además, en una obra titulada Los triunfos, trató de imitar el estilo alegórico de Dante. También escribió un tratado filosófico-moral que llamó Desprecio del mundo.

Murió en 1374. De su obra se desprende una tendencia humanística, que apunta a la liberación del hombre de toda sujeción divina o humana, lo cual lo coloca en pugna con la ortodoxia de la doctrina católica.

El padre de Francisco pertenecía al mismo partido político que Dante y también se había visto obligado a exiliarse, por eso Petrarca nació lejos de Florencia. (ver vida de Dante Alighieri)

A la edad de quince años, lo enviaron a la ciudad francesa de Montpellier para que estudiara leyes como su padre. Pero el chico no quería ser jurista. Odiaba las leyes. Quería ser sabio y poeta.

El encuentro con Giovanni Boccaccio en Florencia fue decisivo para sus ideas humanistas y junto a éste se constituyó en figura principal del movimiento que intentó rescatar la cultura clásica de los siglos oscuros en el primer Renacimiento italiano; intentó armonizar el legado grecolatino con las ideas del Cristianismo.

Como quería ser sabio y poeta por encima de todo, lo fue, porque las personas que poseen una gran fuerza de voluntad consiguen todo lo que se proponen. Hizo largos viajes y copió manuscritos en Flandes, en los monasterios situados a orillas del Rin, en París, en Lieja y finalmente en Roma.

Luego se retiró a un valle solitario en los montes de Vaucluse y allí estuvo estudiando y escribiendo.

Pronto se hizo tan famoso por sus versos y su sabiduría que la Universidad de París le pidió que fuera a enseñar a sus alumnos, y el rey de Nápoles lo invitó a enseñar a sus súbditos. De camino a su nuevo trabajo, tuvo que pasar por Roma.

La gente, que sabía de su fama de editor de autores latinos casi olvidados, decidió rendirle honor en el antiguo foro de la ciudad imperial: a Petrarca le impusieron la corona de laurel del poeta. Desde aquel momento, en su vida todo fueron honores.

Escribía sobre lo que la gente quería leer. Estaban cansados de disputas teológicas. El pobre Dante podía pasearse por el infierno todo lo que quisiera.

Petrarca, en cambio, escribía sobre el amor, la naturaleza, el Sol y nunca tocaba aquellos temas tenebrosos que habían sido la obsesión de la generación anterior. Cuando Petrarca llegaba a una ciudad, era recibido con gran entusiasmo, como si fuera un héroe de las conquistas. Y si encima iba acompañado de su joven amigo Boccaccio, el narrador de historias, el recibimiento era todavía mucho más caluroso.

Ambos eran hombres de su tiempo, llenos de curiosidad, deseosos de leer todo lo que pudieran; les gustaba revolver las librerías polvorientas en busca de un manuscrito perdido de Virgilio, Ovidio, Lucrecio o cualquier otro de los poetas latinos antiguos.

Eran buenos cristianos. ¡Claro que lo eran! Todo el mundo lo era. Pero no veían la necesidad de ir por el mundo con la cara larga y un abrigo sucio porque un día u otro se iban a morir. La vida era bonita.

La gente venía al mundo para ser feliz. ¿Alguien quería una prueba? Muy bien, pues que agarrara una pala y que se pusiera a cavar. ¿Qué encontraría? Hermosas estatuas antiguas. Bonitas vasijas antiguas. Ruinas de magníficos edificios antiguos.

Todas aquellas cosas las habían hecho los romanos, provenían del mayor Imperio que jamás había existido, un Imperio que había gobernado el mundo durante mil años.

Había sido un pueblo fuerte, rico, de gran belleza —¡mirad si no el busto del emperador Octavio Augusto!—. Es cierto que los romanos antiguos no eran cristianos y nunca entrarían en el reino de los cielos.

Con suerte se quedarían en el purgatorio, donde Dante acababa de hacerles una visita. Pero, ¿qué importaba? Aquel mundo de la Roma antigua en que vivían era en verdad como el cielo. Además, «sólo se vive una vez», decían, «seamos felices y disfrutemos de la alegría de vivir».

«No creo decir una gran verdad al afirmar que de todas las alegrías de este mundo, no la hay más honorable que las letras, que tampoco hay más duradera, más deliciosa, más segura: ¡no hay quien acompañe a aquel que la posee, a través de todas las circunstancias de la vida, con tanta facilidad y tan poco aburrimiento!».
Carta a Boccaccio, 1373.

ORADOR «ELEGANTE»
Después de la peste negra que hizo desaparecer a muchos de sus amigos aviñonenses, Petrarca se instaló en Italia, primero en Milán, luego en Venecia y finalmente en Padua. En cada oportunidad fue convocado por el señor del lugar que deseaba disfrutar de sus talentos oratorios: el arzobispo de Milán, Giovanni Visconti, fue así su anfitrión durante ocho años hasta que el dux le concedió una residencia.

Fue también a este orador emérito a quien se hizo llamar cuando se trató de convencer al papa de Aviñón de volver a Roma.

Petrarca consiguió vencer sin dificultad al torpe embajador de Carlos V, y el menosprecio que proclamó por la retórica de las escuelas de París no estuvo ajeno al nacimiento de un humanismo francés. Era un escritor complacido por los grandes que repasaba tranquilamente sus selecciones epistolares y completaba sus obras históricas, cuando la muerte lo alcanzó en las cercanías de Padua , a la edad de 70 años

Falleció en Padua a los 70 años de edad, en 1374.

BOCACCIO: Juan Bocaccio, (1313-1375)  era hijo de un mercader de Florencia, nacido en París en 1313.

Llevado por su vocación, resignó el comercio y siguió estudios literarios, especialmente de los clásicos. Luego compuso varias poesías sobre la mitología y la geografía antiguas y ensayó también la poesía épica; pero decepcionado por su producción, que consideraba inferior a la de Petrarca, quemó todos su versos y se dedicó a la prosa.

Se lo considera, con justicia, como el creador de la prosa italiana, nació en Francia. Era hijo natural de un mercader florentino y de una mujer francesa, que residía en París, adonde vio la luz y desde donde su padre lo llevó  poco después a Napóles.

Amigo de Petrarca y gran admirador de Dante, completó, con ellos, el tríptico de este curioso movimiento literario italiano del siglo XIV que se anticipó, en más de un siglo, al Renacimiento propiamente dicho.

Sus libros, casi siempre picarescos y atrevidos, fueron prohibidos por los papas Pablo IV y Pío V, veda merecidísima porlo que atañe al tema de dichas obras. Pero, como bien señaló un autorizado crítico, su forma resultaba una maravilla y «estas excelentes cualidades literarias, aprendidas en el asiduo manejo de los clásicos de la Antigüedad, se sobrepusieron, a veces, a toda otra consideración.

Entre sus obras sobresale el «Decamerón», serie integrada por un centenar de cuentos, la mayor parte licenciosos, que narran diez jóvenes (tres hombres y siete mujeres), refugiados en el campo durante la peste que azotó, en 1348, a la ciudad de Florencia.

Escribió algunas novelas satíricas y posteriormente la obra que le dio celebridad, Decameron, una colección de cien cuentos de costumbres, cuyos personajes son presa de las más viles pasiones y se ven implicados en actitudes :religiosas, impropias de aquella edad de fe; razón por la cual esta obra fue prohibida por la Iglesia.

Aunque también escribió poesía, a Boccaccio se le conoce, sobre todo, por su prosa italiana, utilizó también el dialecto toscano. Mientras trabajaba para la casa bancaria Bardi, en Nápoles, se enamoró de una noble dama, a quien llamó Fiammetta, su Pequeña flama.

Bajo la inspiración de ella, Boccaccio comenzó a escribir romances en prosa. Sin embargo, su obra mejor conocida, El Decamerón, fue escrito hasta después de su regreso a Florencia. El Decamerón se sitúa en el tiempo de la muerte negra. Diez jóvenes se escapan a una villa en las afueras de Florencia para huir de la plaga, y deciden pasar el tiempo contando historias.

Aunque las historias no son nuevas y todavía reflejan la aceptación de los valores cristianos, Boccaccio presenta a la sociedad de su tiempo desde un punto de vista secular. Es el seductor de mujeres, no el caballero, el filósofo, el monje piadoso, el verdadero héroe. Tal vez, como algunos historiadores han argumentado, El Decamerón refleja los inmediatos y fáciles valores, los únicos valores de la época posterior a la plaga.

El trabajo posterior de Boccaccio, ciertamente, fue más lóbrego y pesimista; al envejecer, rechazó incluso sus primeras obras por irrelevantes. Comentó en una carta de 1373 que «ciertamente, no me complace que hayas permitido a las mujeres ilustres de tu casa leer mis fruslerías… Sabes cuánto en ellas es menos que decente y opuesto a la modestia, cuánto estímulo a la lascivia desenfrenada, cuántas cosas que conducen a la lujuria, incluso a los más protegidos contra ella»

Ver: Biografia de Boccaccio Giovanni

PARA SABER MAS SOBRE PETRARCA….

No, padre, basta… ¡Padre, os lo suplico, no! Nada había que hacer. Aquella vez, micer Petracco, perdida la paciencia, estaba decidido a no respetar ni siquiera uno de aquellos malditos libros que entorpecían los estudios de su hijo Francisco. ¡Poetas! ¡Pandilla de farsantes! El derecho y los códigos era lo que debía estudiar, en vez de perder el tiempo con palabras sin sentido. Pero aquello le quitaría las ganas de fantasear por una buena temporada: uno tras otro, Horacio, Cátulo y los otros fueron a parar al fuego purificador de la gran chimenea de piedra. Pero aún quedaban cuatro o cinco volúmenes. Micer Petracco alargó la mano, tomó el primero y ya se disponía a enviarlo junto a los otros, cuando se detuvo en seco. Su hijo había dejado de suplicar y protestar, pero gruesas lágrimas le surcaban las mejillas y silenciosos sollozos le agitaban el pecho.

—Virgilio y Cicerón… —consiguió decir—. Por lo menos ellos…

Micer Petracco comprendió. Aunque quemara todos los clásicos latinos, Francisco continuaría experimentando hacia ellos la misma veneración que. antes. Entonces, dejó a Virgilio sobre la mesa, dijo algo entre dientes y, resignado, se fue con una expresión de mal humor.

EL HIJO DEL EXILIADO
Francisco, el joven cuyos clásicos latinos fueron quemados por su padre con el pretexto de que lo apartaban del estudio de las leyes, no siguió el «buen camino» tras aquel duro castigo, y, andando el tiempo, llegó a convertirse en poeta: el poeta que hoy conocemos con el nombre de Francisco Petrarca.

Su vida fue larga, laboriosa y accidentada, desde el mismo día de su nacimiento. Sus padres, el notario Petracco y Eletta Canigiani, eran florentinos, pero Francisco nació en Arezzo, porque su padre había tenido que refugiarse en aquella ciudad a consecuencia de las luchas políticas entabladas entre güelfos y gibelinos. El futuro poeta vino al mundo el 20 de julio de 1304, y durante su infancia conoció las dificultades y aventuras de una existencia errante. Micer Petracco, efectivamente, se trasladó a Pisa y, después, a Aviñón, en Francia, donde se había instalado el Papa y donde a un hombre de leyes se le ofrecían buenas oportunidades para establecerse.

De Aviñón, babélica y superpoblada ciudad (la decisión pontificia de convertirla en sede del Papado atrajo a una gran cantidad de forasteros), Petracco llevó a su familia a Carpentras, localidad muy cercana a ella y más tranquila, para que sus hijos Francisco y Gerardo pudieran frecuentar la escuela de Convenévole da Prato, otro exiliado toscano.

«¡EN EL LABERINTO ENTRÉ!»
Al cumplir los doce años Francisco fue enviado u Montpellier para que siguiera en aquella ciudad sus estudios de Derecho. Pero el joven, en lugar de ocuparse de las leyes, continuó apasionándose por la literatura, que era ya su verdadera vocación.

Cuatro años después tuvo que realizar otro largo viaje, esta vez a Bolonia, para ampliar estudios, permaneciendo en aquella ciudad durante seis años, al cabo de los cuales regresó a Aviñón.

Sus padres habían muerto V debía mantenerse por si mismo, ya que los pocos haberes dejados por Petracco no le bastaban. Pero no era un problema grave: su cultura, su elegancia y su agradable aspecto no tardaron en procurarle un puesto bien remunerado en la corte pontificia, que además le permitía profundizar en sus estudios. Pasó un año tranquilo y desprovisto de emociones, hasta que, el 6 di< abril de 1327, le aconteció algo de extrema importancia; tanta, que posteriormente se refirió a esta fecha diciendo: «En el laberinto entré, no sé dónde termina».

LAURA
El «laberinto» sin salida era, naturalmente, un laberinto amoroso. Aquella mañana de abril, Petrarca encontró en la iglesia de Santa Clara, en Aviñón, a la mujer que iba a inspirarle sus más famosos versos: Laura, «la única que mujer me lo parece». ¿De dónde surgió este amor repentino e intensísimo? No podemos responder a la pregunta en términos usuales, modernos. Laura (a la que los eruditos han identificado, de forma casi segura, con Laura de Sade, una dama de Aviñón) debía ser muy bella, pero no más, en cualquier caso, que otras mujeres a las que el poeta tenía fácil acceso en los ambientes donde se desenvolvía su vida. Además, era esposa y madre (dio a luz once hijos). El poeta, por su parte, amó a otras mujeres, sin dejar de cantar las excelencias de Laura, y tuvo también dos hijos. ¿En qué consistía, pues, este amor?

Era una necesidad del alma, la necesidad de encontrar un tema de inspiración para dar rienda suelta a su sensibilidad poética. La «verdadera» Laura carecía de importancia, y podía ser la mujer más vulgar de la tierra. Lo importante era la Laura «ideal», que el poeta creó con su fantasía, inspirándose en aquella dama descubierta durante sus rezos matinales. Y al actuar así se comportaba exactamente igual que la mayor parte de los poetas de su tiempo (empezando por Dante). La visión de la mujer como inspiradora de poesía fue, efectivamente, una de las características fundamentales de esa corriente literaria, entonces de moda, que hoy conocemos con el nombre de «dolce stil novo».

«EL PRIMER TURISTA»
Así ha sido llamado Petrarca por los muchos viajes que realizó, algunos para cumplir misiones políticas, pero la mayoría debidos a su afición a moverse, a ver, a encontrar caras y paisajes nuevos. El poeta vagó por Europa durante muchos años (y no se puede decir que los viajes, en aquella época, fueran cómodos) e incluso llevó a cabo una peligrosa hazaña deportiva, escalando, sin ayuda, los 2.000 metros largos del Mont Ventoux.

En 1337 experimentó la necesidad de concederse una tregua y se hizo construir una casa en Vaucluse, un bello lugar situado en las fuentes de Sorgue, a poca distancia de Aviñón Tregua y reposo, sí, pero no ocio: durante los cuatro años pasados en Vaucluse su producción literaria se intensificó notablemente, procurándole gran fama en toda Europa. Y ello le sirvió de ocasión y excusa para lanzarse otra vez a la vida nómada: en 1341 partió para Roma, cuyo Senado deseaba coronarlo como poeta.

Se detuvo allí muy poco tiempo, el estrictamente necesario para la ceremonia del Campidoglio, y no tardó en, emprender nuevos viajes: Pisa, Parma, una breve permanencia en Aviñón, Nápoles y otra vez Parma, donde permaneció varios meses, refugiándose luego en la serenidad de Vaueluse, tras cuatro años de incesantes peregrinaciones.

En 1348, cuando el poeta realizaba un nuevo viaje por Italia, le llegó la noticia de la muerte de Laura, provocada por la peste. El dolor que la desaparición de su musa le produjo, encontró cauce en conmovidos versos y aumentó su incorregible inquietud. Petrarca viajó y viajó sin concederse un minuto de descanso. Admirado! y protegido por los poderosos y bien acogido en todas partes, el gran humanista no conseguía permanecer mucho tiempo en ninguna de ellas.

En 1370, después de otros viajes, su salud empezó a quebrantarse; un síncope que sufrió cuando se dirigía a Roma, lo convenció de que había llegado la hora del descanso. Sólo le quedaba un viaje por hacer: ése que para todos es el último. Y Petrarca se dispuso a esperarlo, con tranquila serenidad, en la paz de la villa que había adquirido en Arquá, sobre las colinas Euganeas, tan queridas para él. Una mañana del mes de julio de 1374, según reza la tradición, lo encontraron con la cabeza reclinada sobre un libro: su alma inquieta había encontrado, finalmente, la paz.

El Cisma de Occidente Gran Cisma Origen Separacion Iglesia Ortodoxa

El Cisma de Occidente – Separación de la Iglesia

En el siglo XIV, la Iglesia católica experimentó una crisis muy grave. La rivalidad entre el poder espiritual de los papas y el poder temporal de los príncipes laicos, unida a los desórdenes que reinaban en Roma, hicieron que el papa se estableciera en Aviñón. En esta ciudad los papas residieron durante unos setenta años. Después de 1378 hubo incluso dos papas: uno en Roma y otro en Aviñón. Esta crisis cesó en 1417 gracias al Concilio de Constanza, que puso fin al Gran Cisma de Occidente

Fue uno de los acontecimientos más señalados de la historia de Europa en el siglo XIV es la presencia de los papas en Aviñón. En 1294 fue elegido Bonifacio VIII, y este nuevo papa, decidido a restablecer el poder pontificio, recordó a la cristiandad, y de manera especial a los reyes de Francia e Inglaterra, el carácter divino de la autoridad papal y la primacía del poder espiritual sobre el temporal.

Su proceder no fue del agrado de Felipe el Hermoso, rey de Francia, quien envió a uno de sus consejeros a detener al papa con la intención de que fuera juzgado como hereje por un concilio nacional que se convocaría en Francia.

Sabedor de sus intenciones, Bonifacio VIII redactó una bula que debía ser promulgada el 8 de septiembre de 1303 en la que se excomulgaba al rey y se libraba a sus vasallos del juramento de fidelidad…así comenzó la disputa.

LA HISTORIA: Bonifacio VIII, a la sazón octogenario, decidió hacer del año 1300 el gran jubileo de la cristiandad, para lo cual prometió el perdón de sus pecados a todos cuantos acudiesen a la ciudad santa, Roma, a rezar durante 30 días.

Así fue como, llegados tanto de Italia, como de España o de la recién convertida Escandinavia, varios centenares de millares de peregrinos se reunieron en improvisados albergues.

Se trató de la mayor hora de gloria del papado, del momento supremo en que la fe cristiana se convirtió en la más viva, en la más creadora. También fue el periodo en que el poderío materia y espiritual de la Iglesia conoció su más refulgente esplendor.

Roma, presa de la guerra civil Pero en los años siguientes, el poder pontificio fue puesto en tela de juicio, y con frecuencia de manera brutal, por el rey de Francia, que saqueó a su antojo las posesiones de los templarios.

El sucesor de Bonifacio VIII, Benedicto XI, acabó por ceder a todas las exigencias de Felipe el Hermoso. Durante ese tiempo, toda Italia fue presa del desorden. A la muerte de Benedicto XI, en 1304, los cardenales salieron de Roma y eligieron como papa a un francés coronado en Lyon, en 1305, con el nombre de Clemente V.

Este nuevo soberano pontífice tuvo el empeño de reconciliar a los reyes de Francia y de Inglaterra, para comprometerlos a una nueva cruzada. Dudando sobre si regresar Roma, desgarrada por la guerra civil, viaja en primer lugar a Aquitania, su tierra natal, y continuación fijó provisionalmente su residencia en Aviñón.

Aviñón, residencia pontificia Para Clemente V, la estancia en Aviñón no representaba más que un alto en el camino di Roma, pero su sucesor, Juan XXII, papa de 1311 a 1334, se instaló en ella de manera menos efímera.

No obstante, éste intentó recobrar sus dominios italianos, y buscó aliados en la península. El rey de Sicilia y la ciudad de Florencia se declararon favorables a él, pero tuvo que hacer frente a la hostilidad de numerosas ciudades, entre ellas Milán. Incluso apareció un antipapa bajo la égida del rey de Germania, Luís de Baviera. Este conjunto de circunstancias hizo que fracasara el intento de reinstalación en Roma y, para Aviñón, supuso la posibilidad de convertirse en residencia del jefe de la cristiandad.

El palacio de los papas Elegido en 1334, el nuevo pontífice, Benedicto XII, sabrá sacar el mayor provecho de las ventajas que le ofrecía Aviñón. Geográficamente, la ciudad estaba situada en el centro del Occidente cristiano. Además, constituía la encrucijada de las grandes rutas que unían entre sí los dos focos de la actividad económica de la Europa de entonces, Flandes y la Italia del norte.

Se beneficiaba, por otro lado, de la proximidad de los puertos del valle inferior del Ródano, así como de la riqueza de una región en la que la agricultura era próspera y el artesanado imaginativo. La ciudad albergaba, por añadidura, una universidad brillante. Ahora bien, de formación cisterciense, Benedicto XII era un teólogo más que un político. Y en ningún momento quiso lanzar a la Iglesia a una aventura guerrera. Fue él quien emprendió la construcción del palacio, que sería a la vez centro administrativo y fortaleza.

La capital de la cristiandad El sucesor de Benedicto XII, Clemente VI, papa de 1342 a 1352, era benedictino. Su mayo preocupación fue asegurar la independencia política del papado. Así, compró la ciudad a h reina de Nápoles e hizo de la suya la corte más brillante de Europa.

Junto al palacio edificado por su predecesor, que le parecía demasiado austero, hizo construir un segundo mucho más fastuoso, en el que se darían magníficas fiestas. La presencia de la corte papal proporcionó a toda la región un nuevo resurgir. Además de a los millares de funcionarios eclesiásticos, la ciudad albergaba a las delegaciones extranjeras  que, periódicamente, acudían a Aviñón. Para subvenir a las necesidades de tan fastuosa sociedad, el comercio y el artesanado se desarrollaron por todos los alrededores.

De todas partes del mundo afluían a la ciudad los géneros más preciosos. La colonia judía llegó a ejercer una especie de monopolio sobre buena parte del comercio, y las grandes compañías italianas instalaron allí sus establecimientos bancarios. Con todo lo cual, Aviñón se convirtió en uno de los centros más importantes de las finanzas medievales, asegurando la mayor parte de los movimientos de fondos entre las diversas naciones de la Europa del oeste.

«Roma ya no está en Roma.«,Esta fórmula lapidaría y en gran medida nostálgica,  para referirse al período que, entre 1305 y 1378, vio sucederse a los papas en Aviñón. Forjada por siglos de papado italiano, la tradición ha contribuido a ensombrecer exageradamente este episodio. Durante mucho tiempo ha propagado la imagen de unos papas sin autoridad, corrompidos por el lujo y la magnificencia, y sometidos al soberano capricho de los reyes de Francia. Verdad es que, para compensarse de su exilio en Aviñón, los papas consideraron oportuno rodearse de una fastuosidad extraordinaria. El lujo de las ceremonias profanas rivalizaba en la ciudad papal con el esplendor de las ceremonias litúrgicas. Los papas recibían y protegían en ella a los mayores artistas. Pero la caridad también tenía su sitio: la pignotte, o servicio de limosnas, distribuía continuamente pan entre todos los necesitados, y finalmente, si es cierto que, durante su estancia en Aviñón, el papado se preocupó poco de reformar la Iglesia en profundidad, también lo es que los papas supieron, sin embargo, y gracias a una política centralizadora a veces llevada a ultranza y a una administración bien organizada, mantener su autoridad sobre la cristiandad

La metrópoli de las artes El mismo florecimiento caracterizó la vida intelectual y artística. Para la construcción y la decoración del palacio, y también de las múltiples iglesias y conventos que se edificaron en la época, los papas llamaron a los hombres más reputados de aquellos tiempos. La ciudad se convirtió en un perpetuo taller en que los artistas de todos los países tenían a su disposición un campo de experimentación absolutamente original. Los italianos llegaron a destacar sobre todo en la realización de frescos y de grandes cuadros, dando así nacimiento a la escuela de Aviñón, de la que fue maestro el sienes Simone Martini. Se hizo venir a cantantes y músicos de todo el continente para las fiestas litúrgicas, creándose con tal motivo numerosas obras maestras de la música polifónica.

En cuanto a la universidad, destacó especialmente en el campo del derecho, y, gracias a su suntuosa biblioteca, consiguió reunir también toda la herencia del mundo antiguo y del medieval. Al igual que Roma, Florencia o Milán, Aviñón llegó a convertirse en uno de los centros del Humanismo en el despuntar de éste.

El regreso a Roma  Sin embargo, Roma siguió siendo el simbolo del mundo cristiano ;y los papas no cesaron de  preparar su regreso a la ciudad eterna. Inocencio VI encargó a un legado que intentase comprometer para dicha causa a las ciudades italianas. Urbano V permaneció en Roma. Y en 1377, Gregorio XI regresa a ella definitivamente. Sin embargo, esto no significó el final del papado de Aviñón, porque en abril de 1378 a su muerte el pueblo  romano presionó a los cardenales para que eligieran un Papa italiano. Urbano VI. Pero 13 de ellos eligieron un papa rival  Clemente VII, que se instalaría en Avignon. El cisma habría de durar hasta1417.

EL PALACIO DE PAPAS DE AVIGÑON:

Palacio de los Papas en Avigñon

Durante casi cuarenta años, el mundo cristiano estuvo dividido en dos grupos: uno que reconocía la autoridad del papa de Roma y otro que sólo aceptaba la del papa de Aviñón.

Para poner fin a este lamentable conflicto hubo que reunir dos concilios. En 1417, cuando por el Concilio de Constanza se eligió al papa Martín V, se reconoció en toda la cristiandad la autoridad del papa de Roma. La principal consecuencia de este triste capítulo de la historia fue la debilitación de la autoridad papal y de la Iglesia en el mundo.

El único resultado feliz fue el florecimiento de la ciudad de Aviñón. Oscura hasta entonces, en la época de los papas vivió un período de gloria. La ciudad creció y acogió a los más grandes artistas y famosos poetas de la época, especialmente a Petrarca. De este período subsiste un notable edificio: el famoso palacio de los papas, magnífico modelo de la arquitectura militar del siglo XIV. Su superficie es de 15.000 m2 y algunas de sus torres tienen más de 50 m de altura.

Consta de dos cuerpos: el palacio viejo, edificio austero y sobrio construido por Benedicto XII, y el palacio nuevo, más elegante, edificado por Clemente VI. Seriamente dañado durante la Revolución francesa, el palacio de los papas ha sido restaurado gracias a los esfuerzos de la ciudad de Aviñón.

Después del Cisma, ésta siguió entre las posesiones pontificias. Desde entonces hasta 1791, en que fue anexionada a Francia, fue regida por legados del Pontífice. Hoy, la antigua Avenio es sede arzobispal y exporta excelentes vinos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil Azeta – Editorial CREDSA – El Gran Cisma de Occidente

Ver: Cisma de Oriente