Manuel Quintana

La Confederacion Argentina Origen Desarrollo y Consecuencias Pactos

La Confederación Argentina
Origen, Desarrollo y Consecuencias – Pactos de Convivencia

Desde 1835 el general Rosas gobernó de manera dictatorial; su represión fue tan férrea que terminó por provocar la unión de todos sus opositores y su derrocamiento en 1852, por un grupo revolucionario dirigido por el general Justo José de Urquiza, antiguo gobernador de Entre Ríos, quien recibió ayuda de Uruguay y Brasil. A raíz de esta batalla se empezó a elaborar una nueva Constitución aprobada en 1853 -año en que Urquiza se transformó en el primer presidente de la República Argentina- y que ha estado en vigor hasta 1994.

La provincia de Buenos Aires rechazó adherirse a la nueva Carta Magna y proclamó su independencia en 1854, separándose del resto de las demas provincias, las cuales formaron una confederación nacional o argentina bajo la conducción de su primer presidente Urquiza. La mutua hostilidad entre los dos Estados se reavivó en la guerra de 1859.

La República Argentina obtuvo rápidamente la victoria y en octubre de 1859 Buenos Aires consintió en unirse a la Federación. A estos conflictos siguieron varios años de enfrentamiento con un único motivo: Buenos Aires. Su poder y su riqueza la enfrentaron al resto de la nación en diferentes ocasiones.

justo jose de urquiza presidente de la confederacion argentina

La Constitución Nacional de 1853: El Congreso General Constituyente se reunió el 20 de noviembre de 1852. Eligió presidente a Facundo Zuviría, representante salteño. Urquiza delegó en su ministro Luis José de la Peña la lectura de su discurso inaugural.

Refiriéndose a la ausencia porteña decía uno de sus párrafos: «Porque amo al pueblo de Buenos Aires me duelo de la ausencia de sus representantes en este recinto. La geografía, la historia, los pactos, vinculan Buenos Aires al resto de la Nación». Ni ella puede vivir sin sus hermanas, ni sus hermanas sin ella. En la bandera argentina hay espacio para más de catorce estrellas, pero no puede eclipsarse una sola.».

El 18 de abril de 1853 fue presentado el Proyecto de Constitución por la comisión encargada de hacerlo. Pero el 20, Zuviría pidió el aplazamiento de las tareas pues «el país seguía convulsionado y estaba lejos de ofrecer el ambiente de tranquilidad y orden necesario».

Su moción fue rechazada , y de inmediato se abrió el debate; el 1º de mayo la Constitución fue sancionada. El día 25 se promulgó y el 9 de julio fue jurada. Se eligieron esas dos fechas para dar jerarquía histórica y confirmación de argentinidad al acto.

Además de la Constitución de los Estados Unidos y de las nuestras de 1819 y 1826, que no alcanzaron a aplicarse, influyeron en la redacción un libro titulado»El federalista» y sobre todo la obra de Juan Bautista Alberdi «Bases y puntos de partidapara la Organización Política de la Confederación Argentina».

juan bautista alberdi

Contenía sensatos consejos entre los cuales figuraba la calurosa recomendación de atraer inmigrantes europeos, brindándoles amplias garantías.

Coincidía en esto con la idea expuesta por Sarmiento en un párrafo de su obra «Facundo» : «El mal que aqueja a la Argentina es la extensión».

La Constitución comprendía un preámbulo y 110 artículos. Constaba de dos partes: la primera con las declaraciones, derechos y garantías; la segunda con el enunciado de las autoridades de la nación, subdividida en dos títulos: Gobierno Federal y gobiernos de provincias.

El Gobierno Federal estaba integrado por tres poderes:

El Poder Legislativo, compuesto de dos cámaras, la de diputados,elegida en proporción al número de habitantes, por el término de 4 años, y la de senadores, a razón de 2 por provincia, que duraban 9 años.

El Poder Ejecutivo era ejercido por un presidente y un vicepresidente, designados por un grupo de electores; ocupaban el cargo durante 6 años y no podían ser reelectos de inmediato. El presidente nombraba los ministros.

El Poder Judicial estaba a cargo de una Corte Suprema de Justicia y de los tribunales y jueces federales.

Las provincias conservaban toda la soberanía no expresamente delegada; pero la Constitución era la ley Suprema de la Nación, y ninguna constitución o ley provincial podía contener disposiciones que le fueran contrarias.

La Constitución de 1853 rigió en el país, con pequeñas enmiendas, hasta la sustancial reforma en el gobirtno de Juan Perón de 1949.Reformas que fueron restablecidas el 1º de mayo de 1956.

EL ESTADO DE BUENOS AIRES:
La provincia se organiza en Estado disidente:

Mientras la Confederación Argentina había jurado la Constitución Nacional, la provincia de Buenos Aires se organizaba en un Estado disidente. La Legislatura se atribuyó funciones constituyentes y designó una comisión de siete miembros para redactar un proyecto de Constitución. Esta fue sancionada en abril de 1854 y en su conjunto trataba de satisfacer el localismo político.

Reunidas ambas cámaras de Buenos Aires en asamblea, designaron primer gobernador constitucional al Dr. Pastor Obligado, a quien secundaron Mitre, Alsina, Vélez Sársfield y otros.

La provincia inició un período de franco progreso. A diferencia del resto del país, las finanzas continuaron mejorando y fueron reorganizados el Banco de la Provincia y la Casa de Moneda.

Se fundaron varios pueblos, entre ellos Chivilcoy y Bragado, que hasta esa época eran simples fortines contra los indios. Fueron creados varios establecimientos educacionales en la ciudad de Buenos Aires, y Sarmiento —de regreso de Chile— ocupó el cargo de Director del Departamento de Escuelas.

FERROCARRIL

Un paso importante en el futuro desarrollo del transporte se produjo en agosto de 1857, cuando se inauguró oficialmente la primera linea ferroviaria en un tramo de diez kilómetros, desde la estación del Parque (hoy Plaza Lavalle) hasta Floresta. Los vagones fueron arrastrados por la locomotora «La Porteña».Se instaló en Retiro la «Compañía Primitiva de Gas», que suministró el fluido necesario para alumbrar calles y casas ubicadas en el radio céntrico, manteniéndose en el resto los débiles candiles con aceite.

 

MAPA DE LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA

mapa de la confederacion argentina

Las Presidencias: Urquiza y Derqui

PRESIDENCIA DE URQUIZA: La Asamblea Constituyente eligió presidente de la Nación a Urquiza y vicepresidente a Salvador María del Carril. El 5 de marzo de 1854, prestaron juramento e instalaron su gobierno en la ciudad de Paraná. Las provincias revisaron sus constituciones para ponerlas de acuerdo con la nacional.

En octubre se instaló también el primer Congreso Legislativo con sus dos cámaras de diputados y senadores. Entre sus leyes figuraron la de organización y reglamentación de la Justicia Federal. Fue reconocida la independencia del Paraguay y acordado un tratado de límites, comercio y amistad con esa nación. Otros tratados del mismo carácter se firmaron con los Estados Unidos, Brasil, Bolivia y Chile y algunas naciones europeas. En 1856 fue enviado Alberdi a España con el mismo objeto, pero no se llegó a aprobarlo.

La educación fue uno de los objetos de mayor interés. La Universidad de Córdoba y el Colegio de Montserrat se transfirieron a la Nación. Se votaron subsidios para la creación y mantenimiento de escuelas primarias. El Colegio de Concepción del Uruguay concedió becas a estudiantes del interior del país. Fue fomentada la navegación del Uruguay y el Paraná, la ciudad de Rosario quedó habilitada como puerto de ultramar.

Otras realizaciones facilitaron el ingreso de inmigrantes procedentes de Suiza, norte de Italia y Alemania, fundándose las primeras colonias agrícolas: las de Esperanza en Santa Fe, Santa Ana y Yapeyú en Corrientes, Calera de Espiro (Colón) y San José en Entre Ríos. Se trazaron planos para el tendido de líneas férreas sin alcanzarse a comenzarlas.

La obra constructiva. Fueron fundados, entre otros, los pueblos de Chivilcoy, Bragado y Las Flores; se inauguró el primer ferrocarril, de diez kilómetros de largo, que unió las estaciones de Plaza del Parque (hoy Lavalle) con la de San José de Flores.

Fue encendido el alumbrado a gas, se habilitó el muelle de acceso de pasajeros que se internaba en el río para facilitar el transbordo; otras construcciones notables fueron la Aduana, de forma semicircular, y el teatro Colón (en la Plaza de Mayo). En 1854 se reorganizó el Banco de la Provincia y la Bolsa de Comercio. La exposición agrícola e industrial del año 1859 demostró las grandes realizaciones alcanzadas en ese orden. Sarmiento, nombrado Director General de Escuelas, impulsó en vasta escala la fundación de colegios y la mejora de los existentes.

La Confederación y el estado de Buenos Aires: La provincia de Bs.As. dictó una Constitución propia en abril de 1854, declarando su soberanía; pero Mitre, diputado, consiguió que se agregara la cláusula «mientras no la delegase en un gobierno general»; esto dejaba abierta la posibilidad de reincorporarse a la Nación. Eligió gobernador al doctor Pastor Obligado.

Rozamiento con la Confederación. En 1854, el general Jerónimo Costa invadió por propia iniciativa la provincia con un fuerte contingente, para conseguir la Unión Nacional. Fue derrotado en noviembre en el combate de El Tala.

Obligado protestó enérgicamente ante Urquiza por la tolerancia con que permitió organizar ese ataque. Urquiza contestó en términos conciliatorios e internó los dispersos de Costa y otros elementos empeñados en intentar nuevas invasiones. De ese cambio de notas surgió un «Tratado de Buena Vecindad». Aprobaba el uso común de la bandera argentina, y la ayuda recíproca en caso de conflictos con el extranjero o para defenderse de los «malones» indígenas.

La Unidad Nacional: Un hondo sentido de «Patria Grande» seguía latiendo en muchos ciudadanos fieles a la tradición de Mayo. En Buenos Aires, abogaba por ello el periódico «La Reforma Pacífica», dirigido por Nicolás Calvo. Pero el posible arreglo,en opinión de Mitre, Alsina, Mármol, Sarmiento y otros, sólo podría alcanzarse sin humillación ni desmedro para el prestigio de la gran ciudad: nada que pudiese considerarse rendición o entrega.

Refutaban a «La Reforma Pacífica» en las columnas de «La Tribuna». Los ánimos se encendieron y hubo choques y disturbios en manifestaciones públicas de ambos bandos. Para evitarlos, los dirigentes de la Unión adoptaron la estrategia de reunirse en lugares cerrados celebrando banquetes, esto les valió ser motejados de «chupandi-nos», a lo cual replicaron designando a sus contrarios como «pandilleros» (pandilla: grupo de individuos alborotadores).

Al margen de estos factores que llamaríamos «sentimentales», gravitó fundamentalmente la cuestión económica . La ciudad porteña seguía atrayendo la casi totalidad de los barcos extranjeros con el consiguiente pago de los derechos de aduana y otras inversiones privadas. El interior, privado de esos recursos, no alcanzaba a recaudar lo suficiente para cubrir los gastos oficiales.

Mediante la Ley de Derechos Diferenciales trató de reparar el déficit, favoreciendo los barcos que recalaban directamente en puertos de la Confederación. Los llegados después de estar en Buenos Aires debían abonar un recargo. No consiguió la importancia calculada ni causó gr.andes perjuicios a los porteños.

La elección de nuevo gobernador por la Legislatura provocó choques violentos entre los favorables a la Unión y los que insistían en el cisma. Al decir del historiador Pelliza «en cada mesa de votantes se libró un combate». Triunfaron los separatistas y elegieron gobernador al doctor Valentín Alsina, enemigo personal de Urquiza. Se preocupó en fortificar su posición. Importó gran cantidad de armas y equipos, persiguió a los opositores, cuyas comunicaciones con las provincias fueron estrictamente vigiladas.

En Buenos Aires surgió un partido opositor, de tendencia federal, que bregaba por la unión de la provincia con el resto del país. El órgano representativo de este partido fue el periódico «La Reforma Pacífica», dirigido por Nicolás Calvo. De acuerdo con su título propiciaba una política conciliatoria, sobre la base de revisar la Constitución sancionada. Los defensores de la política porteña, de carácter separatista y enemiga de Urquiza, contaban con el periódico «La Tribuna» dirigido por Carlos Gómez y en cuyas columnas también colaboraban Mitre, Sarmiento, Héctor Várela, el poeta Mármol y otros. La «Reforma Pacífica» atacó a los oficialistas calificándolos de «pandilla» porque recorrían las calles en forma tumultuosa; de allí derivó el mote de oandilleros, con que fueron reconocidos los partidarios del gobierno de Buenos Aires. Por su parte, los últimos denominaron a los unionistas federales de chupindinos porque efectuaban frecuentes reuniones partidarias donde no escaseaba el vino.

PACTO DE SAN JOSÉ DE FLORES: En San Juan, una tendencia adicta a Buenos Aires, resultante de un sostenido comercio de vinos y otros productos de consumo.se alzó en armas y asesinó en 1858 al exgobernador y gran caudillo federal Nazario Benavídez. Urquiza envió una intervención; pero el Congreso Federal votó, además, en abril de 1859, una ley disponiendo la reincorporación de Buenos Aires a la Nación.

Fracasaron las gestiones de varios diplomáticos extranjeros para evitar la guerra. Urquiza, al frente de un fuerte ejército, invadió la provincia, y el 23 de octubre derrotó a Mitre, su adversario, en la batalla de Cepeda.

Pero Mitre, mediante una hábil maniobra, logró replegarse a San Nicolás, embarcó sus fuerzas reorganizadas y llegó a Buenos Aires, dispuesto a seguir luchando. Francisco Solano López, hijo del dictador del Paraguay, ofreció oficialmente la mediación de su padre para acordar la paz. Alsina pretendió rehusarla,pero la opinión se opuso y lo obligó a renunciar.

Reunidos representantes de ambos bandos en San José de Flores, bajo la presidencia de López, firmaron la paz. Buenos Aires se incorporaba a la Federación. La Constitución de 1853 sería revisada por una Convención Provincial; debía además respetar la integridad territorial de la Provincia.

Su Aduana pasaba a la Federación; eso significaba que los valiosos derechos de importación pasaban al Tesoro Federal. La Convención porteña reunida en enero de 1860 propuso lo siguiente; El artículo que declaraba a Buenos Aires capital de la República se cambió por otro, aplazando esa designación a una futura ley del Congreso Nacional, con la condición de que debía contar con el consentimiento de las autoridades de la provincia para el traspaso del correspondiente territorio.

Agregó otras disposiciones más democráticas en el texto de la Constitución y propuso el nombre de Nación Argentina (en vez de Confederación Argentina) como designación en el orden internacional.

En el mes de septiembre la Convención Nacional reunida en la ciudad de Santa Fe aprobó con leves modificaciones lo resuelto en el pacto de San José de Flores.

PRESIDENCIA DE SANTIAGO DERQUI-PAVÓN: En las elecciones presidenciales triunfó el doctor Santiago Derqui; integraba la fórmula como vicepresi dente Esteban Pedernera. Al mismo tiempo la Legislatura de Buenos Aires elegía gobernador a Mitre.

La aparente concordia se quebró a raíz de los «Sucesos de San Juan». Su gobernador, José Virasoro, miembros de su familia y amigos fueron asaltados en su domicilio y asesinados por un Derqui Santiagogrupo de opositores. Estos eligieron gobernador al doctor Antonino Aberastain, decidido «porteñista».

Derqui no lo reconoció y en enero de 1861 un ejército federal comandado por el coronel Juan Saá lo derrotó en el combate del Pocito. Aberastain y muchos otros adictos fueron fusilados. La matanza provocó un gran movimiento de protesta en Buenos Aires.

El descontento aumentó cuando el Congreso Nacional rechazó a sus representantes por no haberse elegido conforme a las disposiciones de la ley nacional. Mitre protestó enérgicamente e insistió en mantener los senadores y diputados ya elegidos; éstos se apresuraron a renunciar a sus cargos.

El Congreso Nacional decidió entonces intervenir la Provincia; misión que se confió a Urquiza, quien se había distanciado de Derqui. Éste trasladó el gobierno a la ciudad de Córdoba para reunir fuerzas y posiblemente con esa dilación negociar las posibilidades de un arreglo. Pero Urquiza marchó con su ejército, compuesto en gran parte por entrerrianos y correntinos.

Sumaban en total 17 000 hombres. Mitre lo enfrentó con 22 000 mejor armados y disciplinados. Una última tentativa de arreglo juntó a bordo de un buque de guerra inglesa a Derqui,Urquiza y Mitre sin llegar a ningún resultado. La batalla se libró en Pavón, en la frontera entre Buenos Aires y Santa Fe, el 17 de septiembre y terminó con la retirada de Urquiza.

Los vencedores ocuparon Rosario, Derqui renunció el 5 de noviembre y pasó a Montevideo. El vice, Pedernera, lo hizo a su vez, con lo que quedó acéfalo el gobierno nacional.

Mitre, inspirado por un elevado sentimiento de argentinidad y por el aprecio que le inspiraba el jefe entrerriano, entabló negociaciones. Acordaron que la Constitución Nacional vigente no sería alterada; que la situación política de Entre Ríos seguiría en manos de Urquiza.

mitre organiza el pais

LA UNION DEFINITIVA DEL PAÍS
El general Mitre elegido presidente de la Nación

El general Mitre, sin abandonar el cargo de gobernador de Buenos Aires, desempeñaba provisoriamente el mando del país como Encangado del Poder Ejecutivo Nacional En esas circunstancias, convocó al pueblo de las provincias para elecciones de representantes, y el 25 de mayo de 1862 inició sus sesiones el Congreso Nacional en la ciudad de Buenos Aires.

Mitre leyó en la reunión inaugural un importante mensaje. Dijo entre otros conceptos: «En el instante en que los poderes públicos se disolvían y que la manifestación material de la unidad argentina se borraba, era necesario pensar y decidir que ese eclipse era transitorio, y que esa disolución aparente era una verdadera labor de regeneración, de la que la República resurgirá en breve fuerte, compacta y libre».

En el mes de junio, la Asamblea aprobó la actuación cumplida pqr Mitre al frente del gobierno provisional y de inmediato dispuso realizar la elección de Presidente y Vicepresidente de la República. Los comicios se efectuaron en todo el país, con excepción, de Catamarca que no participó.

Practicado el escrutinio, f^itre resultó elegido Presidente constitucional de la Nación por,unanimidad de sufragios, y Vicepresidente el Dr. Marcos Paz, quien logró 91 votos de los electores. Los nuevos mandatarios tomaron posesión de sus cargos el 12 de octubre de 1862, en la ciudad de Buenos Aires, donde quedó instalada la sede del gobierno nacional.

Fuente Consultada:
HISTORIA 3 – La Argentina y el Mundo – José Astolfi – Editorial Kapelusz
HISTORIA 5 – Instituciones Políticas y Sociales desde 1810 – José Cosmelli Ibañez – Editorial Troquel

El Dogma Socialista de Esteban Echeverría

El Dogma Socialista de Esteban Echeverría

Esta obra cumbre de Esteban Echeverría ha sido desde su origen expuesta al estudio e interpretación de pensadores y filósofos, que ven la calidad de su contenido, propia de un genio que logró ver la realidad de un mundo que se ocultaba a la vista de quienes, ajenos a las circunstancias que vivían, alimentaron con su ignorancia, las fortalezas de un sistema que los devoraba.

Echeverría siempre se refirió al dogma social argentino, distinto al europeo, trata del dogma nacional argentino, que nació con la revolución de mayo de 1810, donde los ideles de libertad y emancipación habían fracasado por los intereses de otras generaciones posteriores que con sus procederes políticos perjudicaron la construcción de una nación sólida y consolidada para la organizacion y  progreso  nacional.

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Esteban Echeverría nació en Buenos Aires en 1805. Su padre era vasco y su madre criolla. Falleció en Montevideo en 1851. Vivió muchos años en Europa. Frecuentó los ambientes estudiantiles e intelectuales. Se interesó por los problemas ideológicos y políticos que se agitaban en Europa, sobre todo en Francia.

Es el principal representante del movimiento romántico en nuestro país. Es autor de La Cautiva y de otras composiciones literarias.

Los problemas filosóficos, literarios, políticos, sociales, económicos, educacionales fueron tratados por él. En ellos siempre se nota la influencia ejercida por el romanticismo y el liberalismo doctrinario francés.

Fue miembro del Salón Literario y el principal promotor de La Joven Generación Argentina.

Es el autor del Dogma Socialista, obra que tuvo gran influjo en muchos grupos argentinos.

— En la reunión inaugural de La Joven Generación Argentina Echeverría leyó como programa de la sociedad las llamadas «Palabras Simbólicas».

El Dogma Socialista es el comentario a dichas palabras.

Las palabras simbólicas eran estas.
1. Asociación,
2. Progreso,
3. Fraternidad,
4. Igualdad,
5. Libertad,
6. Dios, centro y periferia de nuestra creencia religiosa; el cristianismo su ley.
7. El honor y el sacrificio, móvil y norma de nuestra conducta social.
8. Adopción de todas las glorias legítimas de la revolución; menosprecio de toda reputación usurpada o ilegítima.
9. Continuación de las tradiciones progresivas de la Revolución de Mayo.
….
12. Organización de la Patria sobre bases democráticas.
….
….
15. Abnegación de las simpatías que puedan ligarnos a las dos grandes fracciones que se han disputado el poderío durante la Revolución. — Echeverría escribió un comentario a estas palabras-programa.

Lo intituló «Declaración de Principios que constituyen la creencia social de la República Argentina». Alberdi llevó el manuscrito a Montevideo y lo publicó con el nombre de Dogma Socialista.

El Dogma Socialista contiene muy pocas ideas originales. Se nutre de ideas europeas. Saint-Simon, Lamennais, Guizot, Tocqueville y Mazzini son los autores que han tenido mayor influencia en la obra.

El valor filosófico y político de la obra ha sido discutido. Pero está fuera de duda:

1. que a pesar de la influencia europea existe permanentemente una reflexión sobre la situación y realidad argentina;
2. que muchas de las nuevas ideas filosófico-políticas que motivaban los movimientos europeos se conocieron entre nosotros gracias a ella;
3. que hay una búsqueda del espíritu de Mayo y un llamado a la superación de las pasiones partidarias que dividían a los argentinos.

La generación de los proscriptos. Sentido y fuerza moral de la emigración:

Muchos fueron los argentinos que durante la tiranía rosista debieron emigrar al exterior para ponerse a salvo de los atropellos y de la persecución.

Entre otros Alberdi, Mitre, Echeverría, Posadas, Cañé buscaron refugio en Montevideo; Sarmiento, Lamadrid, Félix Frías, Vicente F. López en Chile. También a Paraguay y Bolivia llegaron proscriptos argentinos.

Como en todo grupo hubo en los proscriptos diversas actitudes. Hubo incluso quienes renegaron de su condición de argentinos y en su odio al tirano llegaron a unirse a los enemigos de la patria.

Pero la enorme mayoría buscaron con entusiasmo y abnegación recuperar la libertad de su patria y ejercieron honradas y provechosas actividades en los países hermanos que les brindaron asilo.

Muchos de los proscriptos se dedicaron al periodismo y se valieron de él para difundir sus ideas y para atacar a la tiranía.

Leer el Dogma Socialista

Fuente Consultada:
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición- Editorial Guadalupe

Historia del Liberalismo Político en los Gobiernos de Argentina

Historia de Liberalismo en la Política Argentina

Historia de su influencia en Latinoamérica: Al influjo de las teorías del liberalismo político, florecieron en Europa las posiciones antiabsolutistas. La prédica de Voltaire y de Montesquieu, la obra de la Ilustración y de los Enciclopedistas, fue profundizando, las convicciones que recomendaban mayor libertad y mayor participación de las clases hasta entonces pospuestas.

La reivindicación de las prerrogativas naturales, el freno al absolutismo, la teoría que justificaba el derecho de rebelión de los pueblos ante los malos gobiernos, se transmitieron por medio de las lecturas y las noticias desde el Viejo Continente hasta estas tierras americanas cuyas clases cultas —que además de ideales poseían la certeza de estar postergadas económicamente— se constituyeron en abanderadas de dichas doctrinas. Necesidad de educación, libertad de expresión, representatividad, independencia, eran los conceptos en boga.

La revuelta de los estados de Norteamérica contra la opresión de una Inglaterra nada liberal con sus colonias y la Revolución Francesa, fueron las fuentes de las que emanaban los ejemplos a seguir por las colonias españolas en cuya metrópoli los liberales desarrollaban también una dura lucha contra el absolutismo.

Cuando la independencia fue obtenida, las ideas del liberalismo se plasmaron en las constituciones de las jóvenes naciones que surgieron. Sin embargo, las nuevas clases dirigentes, de alto vuelo intelectural pero de mirada fija en lo europeo, intentaron muchas veces un mero transplante de los principios liberales a sociedades netamente diferentes a aquellas elegidas como modelo y ello significó la oposición de los sectores más tradicionales y el estallido de continuas guerras civiles que se extendieron hasta pasada la primera mitad del siglo pasado.

Por entonces se afianzaron las tesis liberales y los gobiernos que las propiciaban, culturalmente progresistas, pero políticamente autoritarios y a veces paternalistas, ligados casi siempre con los intereses económicos externos.

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El filósofo inglés John Locke fue el padre de la teoría liberal de los siglos XVII y XVIII. Decía que el progreso social se identifica con la protección de la propiedad privada.

El liberalismo moderno: En las últimas décadas el liberalismo, sobreviviente a las embestidas del nacionalismo y el populismo de la segunda posguerra, tuvo que reacomodarse a los sentimientos democráticos, nacionalistas y socialistas, que cada vez con mayor fuerza se fueron proyectando en el seno de las diferentes sociedades.

La dinámica del crecimiento económico —y particularmente la intensa concentración y monopolización— obligaron a revisar sus planteos. Sus premisas individualistas fueron cada vez menos capaces de solucionar los profundos problemas que planteaban las nuevas realidades.

Las grandes desigualdades pusieron en evidencia un hecho incontrastable: la libertad de unos, y su prosperidad, implicaba la opresión de los otros. A partir de esa toma de conciencia, se gestó una. división, sobre todo evidenciada en el plano económico, pero con amplias implicaciones políticas. Mientras muchos teóricos propendieron hacia una verdadera intervención estatal, de fines regulares, otros se aferraron a la no intervención y la libertad económica, típicas banderas del antiguo liberalismo.

Los primeros, se inclinaron por la participación, en reemplazo del anteriormente preconizado aislamiento individual, a la que ven como un verdadero producto social, surgido de los incentivos, la educación, las oportunidades y que se relaciona, íntimamente, con la democracia representativa y con lo popular. Ese liberalismo así transformado, llega a proponer soluciones colectivistas, apelando al Estado como respaldo a los sectores sociales económicamente más débiles.

Ante esos evidentes cambios doctrinarios operados, surge una pregunta: ¿sigue siendo liberal una teoría de esas características? Sus defensores opinan que sí, porque —dicen— en primer lugar, persigue el mismo fin; lograr un individuo autónomo; en segundo lugar, porque los cambios conceptuales operados, al reducir las arbitrariedades, enriquecieron las libertades individuales; finalmente, porque de esa manera el concepto de ley y de derechos constitucionales —tan caro al primitivo liberalismo— se ve afirmado por el pluralismo, la descentralización y la amplia gama de relaciones entre el Estado y la sociedad.

Para muchos otros, después de la Segunda Guerra Mundial, el liberalismo ha perdido todo contenido progresista, se ha reducido a una defensa de la libertad de los que poseen. Los que no —se afirma— se orientan hacia otras corrientes: las diversas variantes del socialismo, el social cristianismo y otras.

Liberalismo y la Política Argentina: Las tesis sustentadas por el liberalismo europeo tuvieron mucho que _ ver con los esfuerzos revolucionarios que culminaron en la Independencia de las Provincias Unidas. Una vez obtenida ésta, a su influjo se trató también de organizar la recién nacida Nación.

La labor rivadaviana: Una de las manifestaciones más salientes del liberalismo rioplatense fue Bernardino Rivadavia. Este intenta transmitir al país  rivadavialas pautas administrativas y culturales de una Europa demasiado lejana y demasiado diferente como para ser entendida y aceptada por los sectores tradicionales. El lenguaje usado, las formas políticas recomendadas, las modas de esos doctores que usan levita en lugar de poncho, el apego por teorías y recetas impregnadas de filosofía liberal, no podían encontrar eco favorable.

Las reformas que como ministro y como presidente impulsa Rivadavia tendían a afianzar el gobierno central, a entronizar un incipiente laicismo, a remodelar los criterios administrativos: se trataba de los postulados progresistas del liberalismo.

La creación de la «Sociedad Literaria», por su parte, hablaba de las preocupaciones culturales, pero no tenía demasiado que ver con la realidad del país.

Por eso, la Reforma Eclesiástica originó el llamado «Motín de los Apostólicos», las provincias rechazaron el proyecto de constitución unitaria, los terratenientes condenaron la deuda contraída con la banca británica; el «padre de las luces», en definitiva, fue visto, más bien, como el benefactor de la clase mercantil del puerto.

Rosas y el liberalismo: «Ahora bien, general, prescindamos del corazón en este caso… En tal caso, la ley es: que una revolución es un juego de azar en el que sé gana hasta la vida de los vencidos cuando se cree necesario disponer de ella…». El texto pertenece a una carta, «de esas que se rompen una vez leídas», firmada por Juan Cruz Varela y Salvador María del Carril —unitarios— que la envían a Lavalle.

juan manuel  rosas

Empujado por esas apreciaciones, éste decretará el fusilamiento de Dorrego, cabeza del partido federal. Montoneros — Artigas, Ramírez, López, Quiroga y después «El Chacho» y Felipe Várela— y liberales, eran agua y aceite. Rosas sintetizó los orígenes de ese divorcio, en palabras que le dirigió al oriental Santiago Vázquez: «Yo, Sr. Vázquez… conozco y respeto los talentos de muchos de los señores que han gobernado el país y especialmente del Sr. Rivadavia… pero a mi parecer todos cometían un grande error: los gobiernos se conducían muy bien para la gente ilustrada, pero despreciaban los hombres de las clases bajas, los de la campaña…».

Rosas, idolatrado por artesanos, orilleros o negros, pero también apoyado por amplios sectores del clero, de los comerciantes y por la oligarquía terrateniente, si bien mantuvo la política económica librecambista, descartó las instituciones políticas liberales. Sus opositores liberales —Esteban Echeverría, Marcos Sastre, Juan M. Gutiérrez, Juan B. Alberdi, Miguel Cané— lo enfrentaron desde el Salón Literario, la Sociedad de Mayo y, ya en el exilio, desde la Comisión Argentina, que proclamaba los principios de Mayo, el progreso y la democracia desde una sitiada Montevideo, bautizada como la «Nueva Troya» por el romántico Alejandro Dumas y defendida por la Legión Italiana del liberal Giuseppe Garibaldi.

Esos intentos de quebrar el rosismo, que se sumaron a diversos levantamientos internos, no prosperaron sin embargo. Recién Caseros puso punto final a ese ciclo y significó el punto de partida para el afianzamiento del liberalismo en la Argentina.

La Constitución del 53: El Congreso Constituyente de Santa Fe sancionó una constitución netamente liberal, para confeccionar la cual se combinaron los ejemplos del liberalismo estadounidense, el «Dogma Socialista de la Revolución de Mayo» (Esteban Echeverría)  y las «Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina» (Juan B. Alberdi).

Después, empezaron a tomar forma definitiva los futuros partidos políticos. En Buenos Aires, se constituye el Partido Liberal, acaudillado por Mitre, que pronto se divide en dos sectores: el nacionalista «chupandino», que quiere la reunificación de la independizada Buenos Aires y la Confederación Argentina que lidera Urquiza, y el autonomista o «pandillero» porteñista a ultranza. La filosofía liberal, no obstante, era el común denominador de ambas vertientes.

Después de la batalla de Pavón, Mitre será el dueño de la situación: bajo la hegemonía bonaerense, el país comienza a reunificarse. El nacionalismo revisionista le endilga muchas culpas a esa administración liberal: representad la política avasalladora de la oligarquía portuaria, encarnar una especie de despotismo ilustrado, someter ias autonomías provinciales, negociar con el capitalismo colonizador y propiciar el predominio de una filosofía laica y materialista.

El liberalismo, por su parte, responde que bajo ese gobierno se dieron los primeros pasos que permitirían luego la concreción y la realización de un verdadero Estado nacional.

Con Sarmiento, el progresismo liberal viste hermosas galas: impulso de la instrucción pública en todos los niveles, apoyo al desarrollo de las ciencias, trazado de líneas férreas, afianzamiento del telégrafo y de la inmigración.

Nicolás Avellaneda, hombre del Partido Autonomista Nacional (PAN), que encarnaba con renovado vigor los antiguos ímpetus del liberalismo, continúa con esa línea de unificación nacional y federaliza a Buenos Aires, renuente a compartir con el resto del país las pingües rentas de su puerto. Persistirá la entrada de mano de obra barata a través de la inmigración —y la salida de lanas y cereales, tipo de exportación que correspondía a una Nación a la cual la división internacional del trabajo le había asignado el papel de «granero del mundo»

Roca y la Generación del 80: Con el acceso al gobierno de Julio A. Roca, la llamada Generación del 80 logra su máximo esplendor. La presidencia absorbe y centraliza todos los poderes y la domesticada Liga de Gobernadores es su complemento. (Más tarde, las fuerzas provinciales que dicha Liga manejaba serán la base de los distintos nucleamientos conservadores y liberales locales que persisten aún en nuestros días).

La lucha comicial no depende ya de los partidos políticos sino de la voluntad del Poder Ejecutivo. Los postulados más caros al positivismo y al liberalismo se intronizan en el poder,.a través de una política esencialmente pragmática. El lema «Paz y Administración», fórmula esgrimida por el general, se parece mucho al «Orden y Progreso» que predicaba Comte.

El comercio exterior, siguiendo siempre los dictados del colonialismo británico, se intensifica y lo mismo ocurre con el trazado de las vías ferroviarias la remodelación de la Capital y la llegada de nuevas oleadas de inmigrantes. Se impone, en toda la línea, el sistema de ideas liberales, que coinciden con el auge del liberalismo económico mundial y con la mayoría de edad de un capitalismo .imperialista que se dispone a depredar el universo.

Los aspectos de laicidad adquieren especial relieve bajo la administración Roca, y su ministro Wilde propicia la implantación de la enseñanza laica, gratuita y obligatoria (Ley 1420, de julio de 1884), la expulsión del nuncio apostólico (acusado de intervenir en los asuntos internos del país) y la interrupción de las relaciones diplomáticas con el Vaticano, así como también la estatización de los cementerios y la Ley de Matrimonio Civil. Félix Frías, José M. Estrada, Santiago Estrada, Pedro Goyena, Miguel Navarro Viola, Tristán Achával Rodríguez y Emilio Lamarca constituirán el cerrado grupo antiliberal y confesional que; a través más que nada del periódico «La Unión», se opondrán a esas reformas.

Juárez Celman y la decadencia: La crisis financiera, económica y moral marcó el gobierno de Miguel Juárez Celman, sucesor de Roca, al que él mismo ungió como tal. El juego de la Bolsa, la íntima relación del oficialismo con el capitalismo colonialista británico, las prebendas descaradas, las concesiones ferrocarrileras enajenadas en el exterior pero garantidas por el Estado, eran el corazón de un régimen, que preanunciaba la crisis del liberalismo.

El despilfarro oficial, el aumento incesante de la deuda pública y la agitación social —impulsada por recién nacidos sindicatos que los inmigrantes habían transplantado— completaban el panorama. El refinamiento cultural de ciertas élites y el lujo de las clases acomodadas no bastaron para detener la caída del presidente, desalojado del poder por la, de todos modos, fracasada Revolución del 90, a través de la cual irrumpía violentamente un nuevo partido, la Unión Cívica Radical, que prefirió la abstención electoral y la insurrección revolucionaria antes que ser víctima de los fraudes orquestados por el oficialismo.

De todas maneras, estos continuaron multiplicándose, a través de las componendas de los nucleamientos políticos de signo exacerbadamente liberal o conservador, que pugnaban por mantener a mano las riendas del poder a toda costa. Así, el «contubernio» del Partido Nacional (roquista) y de la Unión Cívica Nacional (mitrista), permitió la imposición de la fórmula Luis Sáenz Peña, José E. Uriburu.

Se trataba, ya, de una oligarquía fraccionada en partidos sin programa, pero que de todas formas continuaba siendo gobierno. Julio A. Roca y Norberto Quirno Costa continuaron la seguidilla y bajo su gobierno se instauró la represiva Ley de Residencia, ya que el liberalismo, paternalista por momentos, sabía avasallar cuando la defensa de sus intereses así lo imponía. En el año 1906, la muerte de Manuel Quintana, Carlos Pellegrini y Bartolomé Mitre, ralea sus filas dirigentes. La ley Sáenz Peña instaurando la limpieza electoral, será el golpe de gracia.

Yrigoyen y después: El gobierno de Hipólito Yrigoyen marca el ascenso de nuevas clases sociales que hasta ahora habían sido dejadas de lado. El liberalismo, en sus formas más extremas, es desacreditado por un sistema que contempla una reguladora intervención estatal y una suerte de populismo incipiente. Pero dichas pautas moderadoras de la influencia liberal se aflojarán durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear y serán totalmente barridas del escenario político por el golpe militar de 1930, que restaurará el conservadurismo y el liberalismo económico más marcados, no obstante haberse iniciado como un movimiento de corte nacionalista y fascistoide.

El año 1943 volverá a insistir con el nacionalismo y las remoras fascistas que, al final, desembocarán en un brumoso populismo peronista en el cual el movimiento sindical es incluido en la maquinaria estatal. De ahí en más, a partir de 1955 sobre todo, la historia política argentina se ve constantemente salpicada por los desbordes de poder originados en filas militares.

El enfremamiento de los sectores nacionalistas y liberales dentro de las fuerzas armadas —generalmente los primeros iide-ran los cuartelazos y los segundos los copan a continuación— merece un capítulo aparte, pero su análisis escapa a esta nota.

En momentos en que el país se apresta a enfrentar otra instancia electoral, parece evidente que la absoluta mayoría de los partidos políticos, aun reconociendo orígenes liberales, no comulgan con las clásicas tesis extremas de la plataforma liberal. Sólo un sector de los mismos, el agrupado bajo la difusa ubicación del centro, postula un marcado comportamiento neoliberal en economía y en política.

Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Editorial Biblioteca de Redacción Tomo II – La Política y La Mujer –

Biografía de Joaquín V. Gonzalez Obra Política

Biografía de Joaquín V. González – Obra Política

Joaquín Víctor González (1863-1923), jurista, político y escritor argentino. Nacido en Chilecito, se licenció como abogado en la Universidad Nacional de Córdoba en 1886. Diputado para el Congreso Nacional, se interesó por las reformas y era partidario de afrontar las cambiantes circunstancias del país con nuevas leyes.

El 6 de marzo de 1863, en la provincia de La Rioja, nacía Joaquín V. González. Sus padres, Joaquín González y Zoraida Dávila, períenecían a esas antiguas familias de provincia, de larga estirpe, especie de aristocracia rural, de vida simple y patriarcal.

Según consigna él mismo, en las tantas páginas que ha escrito refiriéndose a su niñez, su padre desarrolló una activa militancia política, «siempre lejos, reclutando soldados bisónos para hacer la guerra al caudillaje«. Ese ejemplo paterno se continuará luego en el hijo: vinculado a los sectores conservadores, será en las filas en las cuales realizará toda su carrera de hombre público.

Joaquin V. Gonzalez

Joaquín Víctor González (1863-1923), jurista, político y escritor argentino.

Los avatares de la política transplantan a iodo el grupo familiar hasta el antiguo pueblo minero de Chilecito. Allí empieza su formación intelectual y siente, por otra parte, los primeros requerimientos de la inspiración poética. Porque algo será constante y deberá tenerse en cuenta en toda la trayectoria de Joaquín V. González: su doble carácter de político y, al mismo tiempo, de creador literario y de exquisito de las letras.

Luego de la escuela primaria, su meta fue Córdoba, especie de Salamanca criolla por esa época y sitio obligado de estudios al cual concurrían los hijos de las clases acomodadas de provincia. Su destino fue el viejo Colegio Monserrat, con un prestigio y una tradición que se arrastraba desde épocas anteriores a la Independencia. De allí a ingresar a la Universidad de Córdoba mediaba un solo paso y lo dio sin dificultades.

Era la plena «alborada» del 80, época en la cual la generación que luego será calificada con ese nombre empezaba a hacer las primeras armas en política, a completar su formación intelectual.

La política: Los años de Joaquín V. González en su época de la Universidad de Córdoba transcurren entre el estudio, las tertulias literarias y una especie de antesala del periodismo. En el año 1884, es designado profesor de la Escuela Normal de Maestras de Córdoba y se le asignan las cátedras de Historia, Geografía y Francés. A los 18 años,.empieza a colaborar en Varios periódicos cordobeses: Córdoba, El Interior, El Progreso, La Revista de Córdoba.

El 26 de mayo de 1886, obtiene el título de Doctor en Jurisprudencia de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba. Con ese diploma en su escritorio y el pasado familiar que lo influía y además lo respaldaba, no suena raro que el día 26 de julio de ese mismo año sea elegido diputado nacional por La Rioja. Sin tener aún la edad suficiente, viaja para incorporarse al Congreso.»—¿Tendrá ese muchacho los veinticinco años que exige como mínimo la Constitución?»— cuenta Ramón Columba —se preguntaban algunos de los legisladores en la vieja casa.—

Ya no es un muchacho. Mírelo: tiene toda la barba. Efectivamente, ya usa barba Joaquín, nadie hace cuestión por la edad y se incorpora a la Cámara sin ningún inconveniente». Paralelamente a esta incorporación, Joaquín V. González elabora un proyecto de Constitución para su provincia, desarrolla actividades periodísticas en el diario La Prensa y en 1888 publica uno de sus libros más importantes: La tradición nacional.

Actuando siempre dentro delas filas del conservadurismo, obtiene en el año 1889 la gobernación de La Rioja. Tres años más tarde es reelegido diputado nacional y en 1893 es publicado otro de sus libros más importantes, Mi montañas. Su profundo conocimiento del suelo natal y su preocupación constante por la minería le permiten, además, que se transforme en catedrático de la Facultad de Derecho de Buenos Aires, dictando una materia de reciente creación: Legislación de Minas.

El país comenzaba a recorrer el camino del desarrollo, la llamada Generación del 80 le imprime su ritmo y un rubro tan importante —y tan vinculado a los intereses y a los capitales ingleses— como el de la riqueza subterránea empieza a ser tenido muy en cuenta.

Las realizaciones
Sus conocimientos, sus excelentes vinculaciones políticas y el hecho de ser un militante sin concesiones del conservadorismo, influyen para que Joaquín V. González lleve a cabo una rápida y ascendente carrera política. En ese sentido, el año 1896 fue para él un año clave. En el mes de enero, el Poder Ejecutivo lo designa para realizar el Proyecto de Reforma al Código de Minería.

En julio, es nombrado vocal del Consejo Nacional de Educación y, por último, el 31 de diciembre, Académico Titular de la Facultad de Filosofía y Letras, recién creada. Lo acompañarán al frente de esa institución Bartolomé Mitre, Rafael Obligado, Bernardo de Irigoyen, Carlos Pellegrini, Paul Groussac, Ricardo Gutiérrez y Lorenzo Anadón.

Durante el segundo gobierno del general Roca, González cubre las carteras de Interior, Justicia e Instrucción Pública, Relaciones Exteriores y Culto. Vinculado a este último ministerio, justamente, interviene en el diferendo austral que estuvo a punto de provocar una cuestión armada entre nuestro país y Chile. Fruto de esa dilatada gestión ministerial, nuevos libros aparecen, con su firma: Debates Constitucionales y Los tratados de paz de 1902,
entre otros.

Desde el punto de vista legislativo, le cupo la elaboración de una Ley Nacional de Trabajo y una Ley de Reforma Electoral. Esta última, si bien de duración efímera, establecía el sistema electoral denominado «De circunscripciones«: fue bajo ese sistema que, en las elecciones de 1904, el socialismo logró triunfar en la circunscripción de la Boca y Alfredo Palacios alcanzó la diputación.

Cuando el 12 de octubre de 1904, Manuel Quintana asume la presidencia de la República, Joaquín V. González es nombrado titular de Justicia e Instrucción Pública. Desde ese cargo, el 19 de setiembre de 1905 funda la Universidad de La Plata, cuyo rectorado ejercerá desde 1906 a 1918. Dictará cátedras de Derecho Internacional Público y de Historia Diplomática.

Ampliará los laboratorios, modernizará el instrumental y contratará profesores extranjeros a veces, promo-cionando los autóctonos en otras oportunidades. Convencido de la necesidad de la coordinación programática de los tres ciclos y del régimen de internado creará ULPI (Universidad de La Plata Internado), donde se verificará la constante convivencia de profesores y alumnado, indispensable para lograr una correcta e integral formación del educando.

El nacimiento de otra época En 1916, el radicalismo accede al gobierno. Sectores sociales hasta ahora marginados políticos y socialmente, empiezan a hace oir su voz. Nuevos enfoques en piezan a propiciarse desde el g« bierno de «la chusma radical’ como gustaban calificar a quienes hasta ese momento ha bían monopolizado el poder.

En ese panorama de cambios qu aparece, la Universidad deja d ser una isla de refinamiento apoliticismo cultural. Explota! las luchas por la Reforma d 1918. La Universidad de La Plata es clausurada. González dedia su tiempo, entonces, a recorre librerías, su paseo predilecto po otra parte. Transita cas diariamente por La Facultad, de la calle Florida, por la Dante Alighieri, algunas francesas y sobre todo la Mitchell’s Book, en la cual hasta posee una gaveta personal, a la cual le llegan, a tra vés del correo inglés, las noveda des literarias de la isla.

Construye, al mismo tiempo, una especie de retiro en La Rioja, su casa. La llamará Samay Huasi, que en quechua significa «casa de reposo». El cultivo de las flores, las complicadas construcciones líticas —tareas que desarrollará con sus propias manos, la lectura de Shakespeare, Ornar Khayyam y Tagore, en medio de un marcado misticismo, serán sus ocupaciones predilectas desde el 19 de setiembre de 1922, en que pronunció su último discurso en el Senado.

Un discurso que fue, por otra parte, una verdadera definición política de toda su vida: «No tengo ni tendría porqué ruborizarme de haber pertenecido al régimen, un régimen que comenzó con Ri-vadavia, que siguió con Urquiza, Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Roca, Quintana, cuyos nombres tan sólo son una historia de crédito, de justicia y aun de gloria para la historia de los partidos políticos que hoy se confunden con la denominación común de conservadores».

Murió el 29 dé diciembre de 1923.

Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Editorial Biblioteca de Redacción Tomo II

Estatuto Provicional de 1815 Causas y Disposiciones

DESCRIPCIÓN DEL PROYECTO DEL ESTATUTO PROVICIONAL DE 1815

La situación política en 1815. La revolución que derrocó a Alvear había triunfado con la participación de diferentes regiones del país. Ahora se hacía necesario impedir que la acefalía produjera mayores males. El cabildo de Buenos Aires procedió a elegir los electores que nombraron Director Supremo al general del ejército del Norte, José Rondeau, y mientras durara la ausencia de éste designaron con carácter de Director Interino al coronel Ignacio Álvarez Thomas.

El Director Alvear fue destituído (entre otras cosas) por la oposición, cuando trascendió que ordenó al comisionado Manuel García, al exterior para solicitar el protectotado británico sobre las Provincias Unidas.

La designación de la autoridad nacional, aunque fuera en forma provisoria, era realizada por las instituciones porteñas, es decir que la ciudad de Buenos Aires mantenía su predominio. Además, el Cabildo deseoso de impedir el restablecimiento de una dictadura, nombró una Junta de Observación para controlar al poder Ejecutivo.

alvarez thomas y general rondoau

José Rondeau                                        Alvarez Thomas

Estatuto de 1815. Quince días después, uno de sus integrantes, Esteban A. Gascón, entregó al Cabildo el Estatuto que éste había exigido. En tan poco tiempo no se habían podido meditar los fines de la revolución de abril, asi que forzosamente, el texto no podía ser completamente original. Se lo considera una mala copia del proyecto constitucional presentado por la Sociedad Patriótica a la Asamblea del año XIII.

Pero en 1813 se quería un Ejecutivo fuerte, y en 1815 se deseaba que fuera disimuladamente colegiado, de ahí la aparición de la Junta de Observación. El nuevo Estatuto resultó ineficaz, pues creaba un sistema donde el Ejecutivo quedaba subordinado a otros organismos, lo cual le impedía cumplir adecuadamente con las funciones de gobierno en una época revolucionaria, en la que era necesaria una gran libertad de acción del poder  central.

DISPOSICIONES DEL ESTATUTO PROVISIONAL DE 1815

Tal como había quedado establecido, la Junta de Observación redactó el Estatuto Provisional para la administración y dirección del Estado. El 6 de mayo, el documento fue aceptado y jurado por el Director Suplente; de tal manera, Alvarez Thomas recibió el mando superior de las Provincias Unidas.

El Estatuto Provisional de 1815 es muy semejante —»mala copia», dice el historiador Ravignani— al proyecto de Constitución que la Sociedad Patriótica presentó ante la Asamblea del Año XIII. Sin embargo, las circunstancias no eran las mismas, por cuanto en la época en que se redactó el proyecto era necesario un Poder Ejecutivo fuerte; en cambio, en 1815 los errores cometidos por Alvear reclamaban un gobierno sujeto a limitaciones en el mando.

El Estatuto surgió a consecuencia de una revolución federal, pero su contenido, como el modelo que le sirvió de inspiración, es de carácter unitario.

Establece tres poderes: el Ejecutivo, a cargo del Director Supremo; el Legislativo, representado por la Junta de Observación, y el Judicial, por un Tribunal superior y las cámaras de apelaciones. Subordinaba el Poder Ejecutivo al Legislativo, por cuanto el Director podía cesar en su mandato a requerimiento de la Junta de Observación y del Cabildo.

Respondía así a los anhelos del momento, que exigían un Poder Ejecutivo controlado, pero en esta forma subsistía el antiguo conflicto que mantenían los Poderes Ejecutivo y Legislativo. Recuérdese los rozamientos entre el Primer Triunvirato y la Junta Conservadora en 1811 (Reglamento Orgánico y Estatuto Provisional).

La disposición más importante del Estatuto Provisional es la que concedía al Director Supremo la facultad de convocar a las provincias «para el pronto nombramiento de diputados que hayan de formar la Constitución, los cuales deberán reunirse en la dudad de Tucumán».

El Estatuto Provisional es un complicado código que consta de un largo preámbulo, seguido de siete secciones divididas en capítulos, un reglamento para la Junta de  Observación  y,  finalmente,  varias  disposiciones  generales.

Primera Sección. — Se ocupa «del hombre en la sociedad» y reconoce a los habitantes el goce de seis derechos: la vida, la honra, la libertad, la igualdad, la propiedad y la seguridad.

Establece que la religión del Estado será la católica, apostólica, romana.

Acuerda el ejercicio del derecho- de ciudadanía a todo hombre nacido en el territorio con un mínimo de edad de 25 años; los extranjeros podrían obtenerlo con cuatro años de residencia.

Segunda Sección. — Dispone que el Poder Legislativo residirá en la Junta de Observación hasta tanto se expida un Congreso General  de las Provincias. Se ocupa del Director Supremo, establece sus atribuciones y le reconoce la facultad de nombrar a tres Secretarios de Estado:  Gobierno,  Guerra y  Hacienda.

Tercera Sección. — Las provincias deberán ser convocadas a un Congreso General a reunirse en la ciudad de Tucumán «para que allí acuerden el lugar en que hayan de continuar sus sesiones». La atribución de invitar a los pueblos del  interior  correspondería  al   Director Supremo.

Cuarta Sección. — Dedicada al Poder Judicial, deja expresa constancia de su  independencia con  respecto al  Ejecutivo.
Según el historiador Levene, esta sección es la más destacada del Estatuto por cuanto «muchas de sus prescripciones pasaron casi textualmente a las Constituciones subsiguientes».

Quinta Sección. — Se refiere a los procedimientos a seguir para las elecciones de Director Supremo, diputados ante el Congreso General, gobernadores de las Provincias, miembros del Cabildo e integrantes de la Junta de Observación.

Sexta Sección. — Considera al ejército dividido en tres categorías: las milicias provinciales y las fuerzas de las fronteras, bajo las órdenes del Director Supremo y las milicias cívicas (guardias nacionales)  dependientes del Cabildo.

Séptima Sección. — Se ocupa de las declaraciones de.derechos y garantían referentes a la seguridad individual y a la libertad de imprenta. Como sucedió con varios tópicos de la Cuarta Sección, muchas de sus disposiciones pasaron casi  íntegramente a las Constituciones posteriores.

El Estatuto Provisional fue comunicado a las provincias, pero éstas lo rechazaron, aunque todas —con excepción de las dominadas por Artigas— estuvieron de acuerdo en la cláusula referente a la convocatoria de todos los pueblos a un Congreso General. De tal manera, el Estatuto de 1815 sólo fue aplicado en Buenos Aires y empleado en la designación de los diputados porteños.

Fuente Consulatada:
HISTORIA 3 Historia Argentina Miretzky-Mur-Ribas-Royo -Kapelusz –
HISTORIA 5 Historia Argentina Instituciones Políticas y Sociales José Cosmelli Ibañez – Troquel –

Ver También: Documentos Históricos

Proyectos Constitucionales Presentados en la Asamblea 1813

PROYECTOS CONSTITUCIONALES EN LA ASAMBLEA DEL AÑO 13

El 31 de enero de 1813 empieza a sesionar una Asamblea General Constituyente que trataría de sancionar, sin lograrlo, una Constitución. Sí, en cambio, tomaría algunas decisiones de peso, como suprimir títulos de nobleza o liberar a los hijos de los esclavos. Es allí donde se declara nuestra primera canción patriótica, que entonamos en todos los actos a nuestros días.(Ver: Historia de los Símbolos Patrios)

Dos importantes proyectos constitucionales fueron presentados ante la Asamblea del Año XIII. Uno redactado por una Comisión oficial —designada por el Triunvirato el 18 de noviembre de 1812—y otro remitido por miembros del la Sociedad Patriótica.

La Comisión oficial estaba compuesto por Valentín Gómez, Luis Chorroarín, Pedro José Agrelo, Nicolás Herrera, Pedro Somellera, Manuel José García e Hipólito Vieytes. Por renuncia de Chorroarín fue designado  Gervasio  Posadas.

El proyecto de la Sociedad Patriótica fue preparado por Bernardo Monteagudo, Juan Larrea, Francisco José Planes, Tomás Antonio Valle y Antonio Sáenz, el último en  reemplazo del  Dr.  Cosme M. Argerich  que  renunció.

Ambos proyectos admiten que el poder de! Estado emana de la voluntad popular y, como bien ha dicho el historiador Ravignani, «esto es romper el molde del origen divino de los gobiernos para reconocerlo en la democracia».

El proyecto de la Comisión Oficial
Dividido en 22 capítulos y 277 artículos adopta la forma republicana unitaria de gobierno y declara que «las Provincias’ Unidas del Río de la Plata forman una República libre e independiente». Concede el derecho de ciudadanía a todos los hombres libres mayores de dieciocho años y consagra a la católica como la religión del Estado, pero tolera los demás cultos.

Establece la división del gobierno en tres poderes:

a)   El Poder Ejecutivo que «residirá en un Directorio compuesto por fres miembros» que se renovarán por tercios cada dos años; en ese período la presidencia debe turnarse por orden de antigüedad. Los miembros de este Directorio ejecutivo son elegidos por el Senado y la Cámara de Representantes.

b)   El Poder Legislativo compuesto por tres organismos colegiados: la Cámara de Representantes (o Diputados), el Senado y el Consejo de Estado.

c)   El Poder Judicial representado por una Corte Suprema de Justicia con jurisdicción sobre todo el territorio, un Tribunal Superior en cada provincia, jueces letrados en cada partido y alcaldes en todos los pueblos.

Este proyecto establecía un complicado sistema electoral de votación indirecta —semejante a la Constitución española de 1812— y con respecto a la capital aclara que «ha de ser precisamente fuera de Buenos Aires».

El proyecto de la Sociedad Patriótica
Consta de 211 artículos y es más acertado que el anterior por cuanto dispone un  Poder  Ejecutivo unipersonal,  desempeñado  por   un   ciudadano con el título de Presidente. Denomina el territorio «Provincias Unidas de la América del Sur» (concepto panamericanista) y en cuanto al sistema de elección, establece asambleas electorales para los poderes ejecutivo y legislativo.

Con respecto al Poder Judicial lo organiza en base a nueve magistrados que integran el Supremo Poder Judiciario, con una Sala de Apelaciones en cada provincia y dos jueces en cada pueblo con más de cinco mil habitantes.

Los proyectos de la Comisión oficial y de la Sociedad Patriótica fueron presentados ante la Asamblea, pero la mayoría alvearista se opuso a tratarlos argumentando que las circunstancias porque atravesaba el país impedían declarar expresamente la independencia y «no era oportuno pensar en constitución escrita».

texto de la asamblea de 1813

DECRETO DE LA ASAMBLEA GENERAL CONSTITUYENTE
El   12  de  marzo ele   1813,  la  Asamblea  declara   extinguido  el   tributo,   la nota, la encomienda, el yanaconazgo y el servicio personal de  los  indios. Estos   últimos,   serían   considerados   «hombres    perfectamente   libres   y   en igualdad   de   derechos   con  todos   los   demás ciudadanos».

Las dos tendencias en el seno de la asamblea
La Logia Lautaro, unificada con la Sociedad Patriótica, sostenía dos principios fundamentales: declarar la Independencia y dictar una constitución republicana. Después del movimiento del 8 de octubre, dentro de la Logia se vislumbraron dos tendencias que luego se hicieron presentes en el seno de la Asamblea del Año XIII. San Martín deseaba cumplir las directivas trazadas por dicha sociedad secreta y bregaba,por solucionar cuanto antes el problema interno en base a la independencia y a una constitución.

Por su parte, Alvear consideraba necesario adecuar la situación interna del país a los problemas exteriores: política europea, amenaza portuguesa y probable invasión realista. Defendía un Poder Ejecutivo representado en una sota persona y, a su juicio, podían postergarse los dos principios fundamentales defendidos por la Logia.

«Dichas disidencias —escribe Juan Canter— gravitan en el desarrollo de la corporación soberana, incuban resentimientos, obstruyen iniciativas y se obstinan en producir tensión o en enervar sus posibilidades. El alvearismo trata de buscar arreglos y transacciones, y al propio tiempo difiere la declaración de la independencia. Esta maniobra acentúa el divorcio de las facciones e inicia una lucha sorda e inconciliable.»

La Asamblea del año XIII se reunió para proclamar la Independencia y dictar una Constitución, y es evidente que no pudo llevar a feliz término estos objetivos.

Según constancias documentales que pertenecieron a Zapiola (uno de los integrantes de la Logia que mantuvo amistad con San Martín), los diputados de la Asamblea —de acuerdo con sus tendencias— podían agruparse en «alvearistas», «sanmartinistas», «acomodaticios», «teocráticos» e «independientes». Los primeros no tardaron en constituir mayoría.

Los teocráticos o de marcada tendencia conservadora, no gustaban de las innovaciones y formaban un grupo semejante a los independientes en cuanto a su falta de una posición definida, al margen de cualquier apoyo a otras facciones.

Los alvearistas se hallaban representados en principio por seis diputados, pero de inmediato contaron con la adhesión de los acomodaticios —trece diputados— y en consecuencia formaron un grupo de diecinueve representantes; por su parte los sanmartinistas —cinco en total— no fueron apoyados en sus principios y, a su vez, su jefe debió alejarse  para luchar en San  Lorenzo.

Conviene recapitular la acción de los grupos políticos hasta esa época. En la Primera Junta se distinguen dos facciones: morenistas y saavedristas; triunfan momentánemaente los últimos y  se  produce  la  incorporación   de   los   diputados  del  interior  y   la   formación   de   la   Junta   Grande.

La Sociedad Patriótica atiza el descontento popular contra los saavedristas y se produce el movimiento del 5 y 6 de abril; la tendencia morenista no tarda en imponerse y surge el Primer Triunvirato, de marcada posición porteña, el que envía de regreso al interior a los diputados provincianos.

En esas circunstancias surge la segunda Sociedad Patriótica y la Logia Lautaro, con sus principios de Independencia y Constitución. Los grupos logistas provocan la caída del gobierno y upoynn el segundo Triunvirato, cuyos miembros al subir al poder— reúnen la Asamblea del Año  XIII,   para  cumplir  con   los   designios   de   la   logia:   Independencia  y   Constitución.

Recordemos que en la Primera Junta se distinguen dos facciones: morenistas y saavedristas; triunfan momentánemaente los últimos y  se  produce  la  incorporación   de   los   diputados  del  interior  y   la   formación   de   la   Junta   Grande. 

La Sociedad Patriótica atiza el descontento popular contra los saavedristas y se produce el movimiento del 5 y 6 de abril; la tendencia morenista no tarda en imponerse y surge el Primer Triunvirato, de marcada posición porteña, el que envía de regreso al interior a los diputados provincianos. En esas circunstancias surge la segunda Sociedad Patriótica y la Logia Lautaro, con sus principios de Independencia y Constitución. Los grupos logistas provocan la caída del gobierno y upoynn el segundo Triunvirato, cuyos miembros al subir al poder— reúnen la Asamblea del Año  XIII,   para  cumplir  con   los   designios   de   la   logia:   Independencia  y   Constitución.

Fuente Consultada
HISTORIA 5 Historia Argentina de José Cosmelli Ibañez Edit. Troquel

Partidos Políticos en América Conservadores y Liberales

LOS PARTIDOS POLÍTICOS TRADICIONALES EN AMERICA

Los conservadores y los liberales: Los partidos políticos son factores indispensables en toda damocracia, pues representan las distintas corrientes de la opinión pública. Se ha dicho con acierto que «un partido político es siempre una fracción de un todo. No representa más que el sentimiento de una parte de la Nación, puede combatir a los otros partidos, pero no debe ignorarlos ni esforzarse en hacerlo» desaparecer. Un partido no puede subsistir solo, pues la existencia de un partido opositor es lo que le da el ser y la vida».

Los llamados partidos políticos tradicionales surgieron en los países americanos luego de producidos los movimientos emancipadores, aunque las doctrinas por ellos defendidas, particularmente las liberales, ya se hallaban presentes en los últimos años del período hispánico.

partidos políticos

La opinión pública fue encauzada a través de dos grandes tendencias antagónicas: la conservadora y la liberal.

Como su nombre lo indica, los conservadores sostenían el espíritu heredado de la vida colonial y eran enemigos de toda innovación extrema; en consecuencia, se resistían a modificar fundamentalmente las instituciones, tanto en el orden político como social. Defensores de los gobiernos centralizados y del catolicismo, sus adherentes propiciaban la monarquía, con el fin de poner término a las guerras civiles.

Los liberales pertenecían en su mayor parte a la clase media y eran partidarios de las nuevas ideas que circularon en Europa después de la Revolución Francesa. En lo político sostenían el sistema representativo, es decir, la participación del pueblo en el gobierno a través del sufragio; y, en lo social, la abolición de toda clase de privilegios para extender a todos los beneficios de la libertad y de la igualdad. Desde el punto de vista económico defendían el libre cambio.

Dentro de la tendencia liberal surgió, en algunos países americanos, el partido radical, cuyos integrantes bregaron por un rápido cambio en el orden político, contrario al tradicional continuismo, y una mayor participación del pueblo en los comicios.

A fines del siglo pasado iniciaron su lucha en América los socialistas —o partidarios del socialismo—, así llamados porque rechazaron el individualismo y propusieron que la riqueza fuera distribuida por la sociedad en beneficio de sus integrantes.

Los partidos políticos en la Argentina hasta 1912
Hasta la batalla de Caseros dos grandes partidos lucharon por el predominio político del país: los federales y los unitarios, designados también como rosistas y antirrosistas, respectivamente.

Derrocado el régimen de Rosas, su vencedor, Urquiza, continuó bajo la ideología federal y provocó de esa manera la hostilidad de los porteños, quienes —bajo las directivas de Valentín Alsina—- defendieron la primacía de Buenos Aires sobre el resto del país.

El acuerdo de San Nicolás y su rechazo por la provincia de Buenos Aires dividió la opinión pública en federalistas y liberales, estos últimos de tendencia porteña y separatista.

En el transcurso de la presidencia de Mitre surgió el partido Nacionalista, encabezado por aquél, quien sostenía la necesidad de federalizar a Buenos Aires. Sus opositores, acaudillados por Adolfo Alsina, defendían el autonomismo porteño y bregaban para que Buenos Aires continuara como capital de la provincia homónima, pero no del país. Los últimos constituyeron el partido Autonomista.

Cuando en 1874 se propició en toda la Nación la candidatura presidencial de Nicolás Avellaneda, surgió un nuevo partido político, el Nacional, que triunfó en las provincias y se llevó al poder. De acuerdo con la política conciliadora anunciada por Avellaneda, el partido Nacional se unió con el Autonomista de Adolfo Alsina, coalición que hizo surgir el Partido Autonomista Nacional (P.A.N.), posteriormente denominado Conservador.

Una fracción del autonomismo, encabezada por Leandro N. Alem y Aristóbulo del Valle, no aceptó la política unionista y se pronunció en contra.

El P.A.N. llevó al poder a Roca y a Juárez Celman. Durante el mandato del último, y debido a los problemas políticos y económicos, surgió un nuevo partido opositor, la Unión Cívica de la Juventud, llamada más tarde —luego del mitin realizado en 1890 en el Frontón Buenos Aires— Unión Cívica.

Durante la presidencia de Pellegrini, la Unión Cívica se dividió debido al acuerdo que culminó con la candidatura de Mitre; los que aprobaron ese entendimiento formaron, la Unión Cívica Nacional (roquistas, pellegrinistas y mitristas), y los disidentes, que no aceptaron, dieron origen a un nuevo partido, la Unión Cívica Radical, bajo la dirección de Leandro N. Alem. La nueva agrupación política adoptó —hasta la sanción de la Ley Electoral— una actitud revolucionaria, contraria al fraude y al continuismo político.

Los partidos tradicionales en otros países de América: En los Estados Unidos, a poco de organizado definitivamente el país con la Constitución de 1787, el Secretario de Hacienda, Alejandro Hamilton, fundó ei partido Federalista, defensor de intereses mercantiles financieros y, en el aspecto político, de un gobierno centralizado.

Tomás Jefferson encabezó el partido de la oposición —primer partido Republicano—, cuyos integrantes bregaron por la división de la autoridad entre los distintos estados que componían la Nación.

Con el transcurso del tiempo, los Federalistas perdieron gradualmente popularidad y, en 1801, el partido jeffersonlano logró el control absoluto del gobierno; sin embargo, el choque de ideologías entre sus miembros —particularmente por el problema de la esclavitud— provocó la división en Demócratas y Republicanos, que subsiste en los Estados Unidos en la actualidad.

Los demócratas son librecambistas en materia económica y defensores de los grandes propietarios agrícolas, los republicanos que llegaron por vez primera al poder con el antiesclavista Abraham Lincoln, representan a los grandes industriales y financieros proteccionistas.

En el Uruguay son tradicionales los partidos Blanco y Colorado, que surgieron luego de promulgada la Constitución de 1830. Manuel Oribe organizó el partido Blanco —apoyado desde Buenos Aires por Rosas— en contraposición al creado por Fructuoso Rivera, llamado Colorado, que contó con la adhesión de los emigrados argentinos. De carácter liberal, el último partido gobernó el Uruguay durante muchos años, pero últimamente triunfaron los Blancos, de plataforma nacionalista.

En Colombia podemos mencionar como partidarios tradicionales a los liberales y a los conservadores; estos últimos, más tarde, derivaron hacia el nacionalismo (conservadores independientes).

Conservadores y federalistas fueron los partidos más destacados en Venezuela, Ecuador, Perú y Chile. Con respecto a México y el Brasil, las divergencias políticas estuvieron representadas por los monárquicos y los republicanos.

Fuente Consultadas:
Información Obtenida de: HISTORIA 5 Historia Argentina
José Cosmelli Ibañez Edit. TROQUEL
El Progreso en los Estados Unidos

La Revolución de Mitre Contra Avellaneda Fraude Electoral

ALZAMIENTO DE MITRE POR FRAUDE ELECTORAL CONTRA AVELLANEDA

Las elecciones para diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires celebradas en febrero dieron un primer revés al Partido Nacional de Bartolomé Mitre, que desconoció los resultados denunciando    la comisión de fraude por parte de los vencedores.

Pero el conflicto se agudizó luego de las elecciones de electores presidenciales, en las que el tucumano Nicolás Avellaneda triunfó sobre Mitre en todas las provincias (con la excepción de Buenos Aires, San Juan y Santiago del Estero), obteniendo de tal forma 146 electores contra los 79 favorables al segundo.

Para Mitre, la derrota tenía una sola explicación y no era otra que el fraude electoral desplegado por quienes apoyaban a su rival. Más allá de la veracidad de tales acusaciones -en rigor, ninguno de los partidos en disputa se privaba de recurrir a diferentes mecanismos de manipulación del sufragio-, lo cierto es que para Mitre resultaba difícil aceptar la derrota electoral puesto que su partido aspiraba a representar al conjunto del pueblo, entendido como una entidad indivisible y que, por lo tanto, no admitía pluralidad de representaciones.

Porque el Partido Nacional representaba a la nación toda, se volvía necesario entonces expresar la voluntad de esta última a través de instancias alternativas a la electoral.

Bartolome Mitre Presidente de Argentina

Los partidarios de Mitre, antes de ser proclamado el triunfo de Avellaneda, habían advertido que ese gobierno sería un gobierno de hecho, no de derecho. Si bien Mitre era hostil al recurso revolucionario, se creó un clima de protesta contra el fraude electoral y se consideró ineludible el recurso de la fuerza para impedir el entronamiento del nuevo presidente.

Los generales Arredondo y Rivas conspiraban, uno en Cuyo y el otro en la provincia de Buenos Aires. Mitre renunció a su jerarquía en el ejército y se dirigió a Colonia. La conspiración tomó carácter público, se hablaba de ella en todas partes, pero Sarmiento dudaba de ella.

El 24 de setiembre se desvanecieron todas las dudas. Ese día ordenó a Ivanowsky que vigilase a Arredondo; Ezequiel Paz, director del diario La Prensa, proclamó el movimiento y clausuró sus talleres para ponerse al «servicio del pueblo, en el terreno de los hechos». Paz, Zeballos y otros se dirigieron a Belgrano para organizar allí un levantamiento popular.

La revolución logró reunir aproximadamente 14.000 hombres, contando entre ellos con los indios de la tribu de Catriel, milicias del departamento de Goya y 3.600 hombres del ejército de línea al mando de Arredondo. Quedaron fieles al gobierno Luis María Campos, Julio Campos, los coroneles Nelson, Ayala y Azcona, Napoleón Uriburu y Julio A, Roca, que reunieron 35.000 hombres.

Mitre desembarcó en el Tuyú aumentando sus filas con voluntarios de la campaña y la incorporación del coronel Rivas. El 24 de setiembre el coronel de marina Erasmo Obligado se apoderó de un buque de la escuadra; le siguió Rivas con la división del sur de Buenos Aires y en seguida Arredondo sublevó los regimientos de infantería y caballería de Villa Mercedes, San Luis. Ignacio Rivas quería unirse con Arredondo, pero no pudo lograrlo porque fue vencido en La Verde, el 27 de noviembre de 1874, por el coronel Inocencio Arias.

La rebelión quedó completamente sofocada al ser derrotado Arredondo por Julio A. Roca en los campos de Santa Rosa el 7 de diciembre de 1874. Mitre fue vencido y detenido y poco faltó para que se le aplicara la pena de muerte, pero el candidato triunfante, Nicolás Avellaneda, decretó su indulto.

El 12 de octubre de 1874 asumió la primera magistratura el Dr. Nicolás Avellaneda, acompañado por el Dr. Mariano Acosta, porteño, como vicepresidente.Durante este período se organizaron fuertes partidas contra los indios, encabezadas por el ministro de Guerra, general Julio A. Roca, gracias a cuya enérgica acción se obligó a los aborígenes a desalojar el territorio com prendido entre los ríos Colorado y Negro, donde a breve plazo se establecieron nuevas colonias.

La obra cultural fue también vastn e intensa, y culminó con la creación de numerosas escuelas primarias y de varias so cundarias, entre ellas diez escuelas normales; se fomentó la inmigración; se apoyó la industria y el comercio; se continuó la cons trucción de vías férreas; se mejoraron los servicios postales y se fundaron numerosos pueblos y colonias.

Fuente Consultada:
El Bicentenario Fasc. N° 4 Período 1870-1889 Levantamiento de Mitre

Las Maestras Que Trajo Sarmiento a Argentina Obra y Legado

LAS MAESTRAS NORTEAMERICANAS QUE EDUCARON EN ARGENTINA

En 1869 llegaron sesenta y cuatro profesionales norteamericanos de la educación a nuestros país, de los cuales solo cuatros eran hombres. De aquellas heróicas mujeres Clara Armstrong trabajó en Paraná, Catamarca, San Juan, San Nicolás, La Plata y Buenos Aires; Sarah Chamberlain de Eccleston lo hizo en Mendoza, Paraná, Buenos Aires y Concepción del Uruguay, mientras que Mary Olstine Graham transitó aulas de Paraná, San Juan y La Plata.

Entre los pocos hombres que vinieron estaba Stearns, quien estableció una escuela normal en Paraná, con su esposa Julia y otras maestras norteamericanas. Stearns trajo consigo las ideas de civismo, disciplina e investigación que impulsaba el educador norteamericano Horace Mann. Entre 1871 y 1888 aquellos norteamericanos fundaron treinta escuelas normales, sentando bases para la formación de docentes y para una educación pública universal.

Domingo Faustino Sarmiento

Domingo Faustino Sarmiento

Para Domingo Faustino Sarmiento, presidente de Argentina entre 1968-1874, la educación era la base de la democracia, y había que conseguir la cultura del pueblo a cualquier precio. Una vez escribió: «Para tener paz en la República Argentina es necesario educar al pueblo en la verdadera democracia, enseñarles a todos lo mismo, para que todos sean iguales; para eso necesitamos hacer de toda la república una escuela».

Esto significaba que los efectos de la educación no debían terminar en la formación de las personas individualmente, sino que la relación entre ciudadanía y educación debía ser estrecha. «La escuela es elemento central en la creación de un campo de lectores alfabetizados dispuestos a compartir los códigos de la cultura de la época.»

La contribución más notable de su presidencia al desarrollo del progreso fue su obra educativa. No sólo creó escuelas primarias, sino que auspició nuevos métodos de enseñanza y contrató educadores europeos para instruir a nuestros maestros; proporcionó subvenciones escolares a las provincias; creó nuevos colegios nacionales; inauguró la Escuela Normal de Paraná e hizo llegar de Estados Unidos maestras normales que desarrollaron en el país una tarea proficua a cuyo amparo surgieron varias generaciones de maestros argentinos.

En una carta a familiares, Stearns había asegurado: «Si me vienen a visitar, no podrán distinguir la escuela de una de los Estados Unidos, salvo por el idioma». Fue casi un transplante de Boston a Entre Ríos, pero el país de entonces no ofrecía un contexto de paz: la escuela enfrentó adversidades económicas y convivió con la revuelta de Ricardo López Jordán tras el asesinato de Urquiza.

LAS OBRAS EDUCATIVAS EN ARGENTINA

La huella honda y perdurable de las educadoras norteamericanas, traídas al país por ese genio de la educación pública argentina que se llamó Domingo Faustino Sarmiento, ha quedado de tal manera impresa en el pasado de nuestras escuelas que compromete la gratitud nacional. Sarmiento, con clara visión del presente y del futuro, en que la educación debe ser la principal preocupación de un gobierno, dedicó a ella todos sus afanes, y hasta el tesoro de la nación estuvo más de una vez al servicio de un ideal: «educar, educar, educar».

Fue así como las escuelas colocadas bajo la dirección de las educadoras norteamericanas venidas a la República Argentina, y que Sarmiento las destinó para llenar su apostolado en diversas ciudades del territorio nacional, fueron modelos en su género, fueron toda «una maestra», toda una educadora cada una de ellas.

Hicieron hombres para llenar ampliamente su misión en la sociedad; supieron desarrollar en cada alumno o en el aula mil veces bendecida por los mismos, el carácter, las aptitudes morales y físicas. Educaron la voluntad para que fuera firme; el espíritu moral para que fuera sólido; nutrieron la inteligencia y adiestraron los miembros.

Esas educadoras de la gran república del norte, no sólo estaban admirablemente preparadas para realizar la obra de encauzar la educación en nuestro país, sino que poseían un espíritu superior, espíritu que cultivaban de continuo; un fino humanismo; una vastedad de conocimientos tal, que lo mismo forjaban el carácter, dura y enérgicamente si era necesario, que formaban el físico del alumno; que al explicarles cómo debían cuidar su salud, les inculcaban de paso ideas de economía y de elegancia.

Exigían más, siempre más. Su disciplina era férrea, al decir de una de sus discípulos. Parecía imponerse de adentro afuera por cada alumno, juez de sí mismo en los casos comunes; sometido al tribunal de sus condiscípulos cuando la falta era grave. Las crónicas relatan que miss Mary O. Graham, directora fundadora de la Escuela Normal de La Plata, visitaba personalmente y a diario toda la escuela, cada una de las clases del curso normal y de aplicación.

Nacía así, instintivo y seguro, el convencimiento de cada alumna de que «la maestra» lo sabía todo; de que si algo preguntaba era para probar la veracidad de las educandos, pero que era inútil ocultar un hecho o ensayar un engaño. Tampoco soñaba nadie en desobedecer, y trabajaban con tanto mayor placer cuanto que no tenían celadoras.

La enseñanza de miss Mary era tan profunda, tan individual, tan personal, que hacía de cada escolar un eterno alumno de la vida, en marcha ascendente hacia la verdad, hacia la bondad. «No es superior el que se adapta al medio, el que se deja ceñir por él -les decía-. Superior es el que obliga al medio a adaptarse a él, siempre que adaptándolo eleve la línea de la vida.»

Y miss Mary O. Graham, como doña Emma Nicolay de Caprile, miss Armstrong, miss Stevens y otras cuyos nombres no recordamos, geniales maestras,  modeladoras de almas,  forjadoras de caracteres, buriladoras de individualidades, formaron generaciones de maestros que, al desparramarse por todos los ámbitos del país, han llevado nuestra naciente cultura.

Han santificado el lugar donde la dulce voz de una mujer oficiaría en cada día la misa del alfabeto, y donde los niños, vibrantes de emoción, entonarían la canción nacional que ella enseñaría a cantar, después de haber recibido el óleo del alfabeto y el conocimiento de las horas en el reloj de cartón. Repetimos: esas geniales maestras pueden figurar en la historia de la educación de nuestro país, como genios pedagógicos: la vida emanaba de sus enseñanzas.

ADELIA DI CARLO

ADELIA DI CARLO (1886-1965).   Escritora y periodista argentina. Sus difundidas colaboraciones en diarios y revistas evidencian su afecto hacia la niñez, a la que dedicó sus mejores páginas.   Recomendamos a las niñas su libro La canción de la aguja, en el que se pone de manifiesto la exquisita sensibilidad de la autora.

SOBRE LA VIDA DE DOMINGO F. SARMIENTO:

DOMINGO F. SARMIENTO ES PRESIDENTE
Domingo Faustino Sarmiento ha llegado a la presidencia de la República y asumió este honorífico cargo el último 12 de octubre. Cuatro años atrás había viajado a los Estados Unidos, a pedido del entonces presidente Bartolomé Mitre. Fue como ministro plenipotenciario de la Argentina.

En su paso por Perú, donde se hallaba reunido el Congreso Americano, condenó el ataque español contra esta nación, lo que constituyó un acto de desobediencia a las claras órdenes de Mitre. Finalmente arribó a Nueva York en mayo de 1865, justo tras la asunción del presidente Andrew Jackson, quien reemplazó a Abraham Lincoln, que fue asesinado por un fanático racista.

Este hecho le causó impactoy llevó a Sarmiento aescribir Vida de Lincoln. En los Estados Unidos participó de los círculos académicos norteamericanosy fue distinguido con los doctorados honoriscausade las universidades de Michigan y Brown, El coronel Lucio V. Mansilla, junto a un grupo de políticos, decidió postular aSarmiento para la presidencia, mientras él continuaba con su viaje.

Así fue, yen abril se celebraron los comicios que le darían la victoria y el Congreso lo consagró presidente de los argentinos el 16 de agosto. Uno de los principales problemas que enfrenta este nuevo gobierno es la guerra de la Triple Alianza, A Sarmiento lo convocaahoracomo primer mandatario, pero también como padre, porquesu hijo Dominguito se encuentra en el frente.

Fuente Consultada:
Enigmas de la Historia Argentina Diego Valenzuela La Educación Argentina

Presidencia de Saenz Peña Luis Gobierno-Revolución Radical

Presidencia de Saenz Peña Luis Obra de Gobierno

BREVE BIOGRAFÍA: SAENZ PEÑA LUIS (1822-1907): Político argentino. Nació en Buenos Aires y falleció en la misma ciudad. Ejerció la presidencia de la República desde 1892 hasta 1895. Estudió abogacía y se graduó cuando apenas tenía 23 años.

Al poco tiempo, contrajo matrimonio con Cipriana Lahite, y de esa unión nació su hijo Roque, el que más tarde fue también presidente de la República.

Su primera actuación como hombre público fue como miembro de la Convención Provincial, en donde se decidió acerca de las reformas propuestas por Buenos Aires a la Constitución de 1853. Veinte años después fue elegido diputado nacional y, en 1874, presidente de esa Cámara.

Al año siguiente fue vicegobernador de la provincia de Buenos Aires. Cuando era presidente del Senado (1876-1877), se dio la casualidad de que su hijo Roque, elegido en 1876 diputado provincial, fuera electo presidente de la Cámara baja.

Así, padre e hijo presidieron, simultáneamente, las dos ramas del poder Legislativo de Buenos Aires. De 1880 a 1882, aceptó ser miembro de la Suprema Corte de la provincia de Buenos Aires. Estuvo afiliado a la Unión Cívica, junto con otras personalidades como Aristóbulo del Valle y Leandro N. Alem. Después de la Revolución de 1890, el nuevo presidente Carlos Péllegrini lo designó para integrar la Corte de Justicia de la Nación. Al aproximarse las nuevas elecciones presidenciales, diversos sectores propusieron a Roque Sáenz.

Sin embargo, éste no aceptó dicha designación, para no competir con su padre.

La política vacilante que desarrolló Luis Sáenz Peña durante su gobierno lo obligó a renunciar al cargo antes de terminar su mandato.

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LA PRESIDENCIA DE LUIS SÁENZ PEÑA (1892-1895) –
LA REVOLUCIÓN RADICAL DE 1893 –

Luis Sáenz Peña asumió su mandato el 12 de octubre de 1892. Su elección fue un producto del Acuerdo. Quiso ser neutral, gobernar sin partido, y resultó vacilante y estéril en su labor administrativa.

Por consejo de Pellegrini ofreció la cartera de Interior a Aristóbulo del Valle, caudillo radical y adversario del anterior presidente. Éste consultó la actitud a seguir con las principales figuras del partido.

Yrigoyen manifestó que el radicalismo no debía colaborar a ningún precio con la oligarquía. Pese a ello. Aristóbulo del Valle aceptó el cargo, pues pensó desarrollar un plan por el cual el radicalismo podría lograr el control político del país.

El «ACUERDO». La llegada de Mitre, al regresar de su viaje por Europa, conmovió a Buenos Aires con una importante manifestación popular (18 de marzo de 1891. El triunfo de la Unión Cívica parecía seguro, pero el grupo gobernante recurrió a su viejo sistema: el acuerdo entre los hombres que dirigían las tendencias en pugna, aun al margen de la voluntad popular. En un gesto muy discutido posteriormente. Mitre se entrevistó con Roca y Pellegrini. y surgió la política del Acuerdo patriótico, que causó una profunda conmoción política. Se pretendía que los partidos oficiales y la oposición concurrieran a las elecciones con una lista única de candidatos, que satisficiera las aspiraciones del mayor número y que evitara la competencia respetando las situaciones provinciales.

REVOLUCIÓN DE 1893. Para este año ya estaba la Unión Cívica Radical separada. El partido reconocía como jefe a Leandro N. Alem, pero una parte, la que correspondía a la provincia de Buenos Aires, tenía como presidente del comité local a Hipólito Yrigoyen. y éste obraba por su cuenta.

Actuando independientemente del comité nacional del partido, Yrigoyen creyó que con una revolución armada se podría dar salida a la situación política del país. Con ese objeto organizó a sus correligionarios para levantarse en armas y tomar el gobierno. La rebelión estalló en más de ochenta partidos de la provincia de Buenos Aires en julio de 1893. y logró triunfar inicialmente en esa provincia.

Del Valle fue obligado a renunciar, después de treinta y seis días de actuación, por la situación creada por sus antiguos correligionarios en la provincia de Buenos Aires y por la actitud del presidente, que no le ratificó su apoyo, pues el gobierno nacional sospechaba de su conducta en estos acontecimientos.

En realidad, sus amigos y correligionarios esperaban de él un golpe de estado, pero del Valle no pensó traicionar al presidente. Lo reemplazó Manuel Quintana; con la colaboración de Pellegrini se intervinieron las provincias y se sofocaron las revueltas. Las fuerzas de Yrigoyen debieron entregarse al ejército nacional, que marchaba hacia La Plata.

En el interior del país varios levantamientos crearon una confusa situación. En Tucumán se sublevaron los opositores y durante cuatro días se luchó en la ciudad. Pellegrini, al frente de los batallones nacionales, sometió a los facciosos.

Alem sublevó Santa Fe y de la Torre se amotinó en Rosario, donde, según se decía, «hasta las piedras de la calle eran opositoras al gobierno».

Finalmente, la revolución fue vencida y sus cabecillas apresados. Pese a la prisión de Alem y a que Hipólito Yrigoyen estaba deportado en Montevideo, en las elecciones realizadas en 1894 en la capital de la República y en la provincia de Buenos Aires, los radicales obtuvieron la victoria.

Bernardo de Irigoyen, elegido senador, se enroló en las filas de la oposición y desde la Legislatura logró que el ministro Quintana renunciara. El presidente, falto de su principal apoyo, sin partidarios en el Congreso y sin autoridad para continuar con el gobierno, presentó su renuncia (22 de enero 1895)

En realidad los hombre que realmente estaban gobernando la republica eran Mitre, Roca y Pellegrini, quienes controlaban el Congreso debido a su predominio político en el interior del país.

Sáenz Peña carecía de partido propio y para apaciguar los ánimos trató de seguir una actitud neutral, en medio de la oposición de los «acuerdistas» del P.A.N. —sigla del  Partido Autonomista Nacional— y de los  radicales. Como la situación política empeorara, el Presidente —por consejo del Dr. Pellegrini— confió la reorganización de su gabiente al doctor Aristóbulo del Valle, miembro conspicuo de la Unión Cívica Radical. Antes de aceptar el ofrecimiento, el Dr. del Valle consultó con las figuras más representativas de su partido y entonces el Comité Nacional —de acuerdo con el pensamiento de Hipólito Yrigoyen— se opuso a colaborar con el gobierno, en una revolución «desde arriba». Era el criterio dominante de efectuar una revolución, pero «desde abajo». Con todo, el dirigente radical aceptó la misión confiada y de inmediato puso en práctica un plan tendiente a que su partido dispusiera el control político en todo el país. En esos momentos, la revolución radical «desde abajo» ya se encontraba en marcha y poco después estallaban focos sediciosos en varios puntos del país.

Irigoyen

El 30 de julio se produjo en la provincia de Buenos Aires un movimiento revolucionario de carácter popular, encabezado por el jefe civil Hipólito Yrigoyen —a la sazón presidente de un comité— y el militar, representado por su hermano el coronel Martín Yrigoyen. Ante la difícil situación creada, Sáenz Peña dispuso entregar a los dirigentes radicales el mando de la provincia de Buenos Aires. Las tropas revolucionarias entraron en la ciudad de La Plata en medio del entusiasmo popular y de inmediato se instaló un gobierno provisional.Sin embargo bajo la influencia del Dr. Pellegrini y del general Roca —que representaba la política oficialista— el Presidente aprobó la intervención federal a la provincia, medida que fue sancionada por el Congreso Nacional. Por su parte, Aristóbulo del Valle fue invitado por los dirigentes radicales a plegarse al movimiento, pero no aceptó participar en una revolución contra el gobierno del que formaba parte y presentó su renuncia, actitud que imitaron los demás miembros del gabinete.Sáenz Peña confió la cartera del Interior al Dr. Manuel Quintana, quien asumió el cargo en agosto de 1894, y procedió con energía inflexible para restablecer la normalidad.

El ultimo soldado de San Martin Anecdotas Argentinas Historia

el ultimo soldado de san martín (Eufrasio Videla)

EL ULTIMO SOLDADO DE SAN MARTÍN

Eufrasio Videla

Don Eufrasio Videla, fotografiado en 1910 por «Caras y Caretas» (Número 607 del 21-05-10)

– «yo había llegado con los que salimos de San Juan..».

– ¿Peleó usted?

– ¡Y como no! Ahí en el «zanjón» de Maipo, cuando ya no quisieron pelear más.

– ¿Y como empezó la cosa?

– … nosotros estábamos en la parte de aquí – prosigue don Eufrasio y al hacerlo sale al descanso de la escalera poniendo cara a los Andes – y como en la parte de allí enfrente, en un cerrito blanco, estaban los godos.

– Flojazos ¿verdad?

– Hum… ¡fieros habían sido!; Peleamos y peleamos y no aflojaban… Después no quisieron pelear más cuando vieron que nosotros tampoco aflojábamos  (Del reportaje al último soldado de San Martín, hecho por Caras y Caretas en Mendoza, el 22 de marzo de 1910)

¡No nos mire, don Eufrasio! … estamos llenos de vergüenza. ¿Que hicimos con lo que usted nos dejó? ¿Que quedó de todo eso?. Cuando lo fotografiaron los Argentinos éramos ricos ¿todos?…. ¿Y a usted como le  agradecieron nuestros abuelos?. Ahora ya no peleamos …. aflojamos hace mucho tiempo; aflojamos don  Eufrasio. Pero su mirada cansada, que nos llega de tan lejos puede volvernos a despertar. ¡No afloje, don  Eufrasio!

LA PATRIA AÚN VIVE EN LA MEMORIA DE SUS HIJOS

Por:Eduardo Rosa

Reformas y Conflictos de la Asamblea del Año 1813 Carlos de Alvear

REFORMAS Y CONFLICTOS DE LA ASAMBLEA DEL AÑO 1813

A fines de 1812 llegaron de las provincias los primeros diputados y el 31 de enero de 1813 se inauguró solemnemente el congreso con la denominación de Soberana Asamblea General Constituyente. Comúnmente se la conoce como Asamblea del año XIII. Fue designado presidente Carlos de Alvear (imagen abajo),lo que prueba la influencia preponderante que ejercía este joven jefe militar.

La obra de la Asamblea del año XIII fue memorable. Suprimió los títulos de nobleza, anulando las diferencias de nacimiento. Abolió el sistema de encomiendas, que permitía la inicua explotación del indígena. Declaró libres a los negros, hijos de esclavos, que nacieran después del 31 de enero de 1813, y prohibió la introducción de nuevos esclavos. Abolió los instrumentos de tortura que utilizaban la policía y los jueces. Dictó diversas leyes para organizar la Administración General, el Tesoro y el Ejército. Era el triunfo póstumo de Mariano Moreno.

Entre las resoluciones o reformas de la Asamblea que demuestran el propósito de lograr la independencia del país figuran tres muy importantes; suprimió el nombre de Fernando VII de los documentos oficiales; aprobó el sello que constituiría luego el Escudo Nacional y adoptó la Marcha Patriótica de Vicente López y Planes como Himno Nacional, al que puso música el maestro Blas Parera. Sin embargo, la Asamblea no se decidió a declarar la independencia; la mayoría de los diputados consideró que era aún prematuro romper abierta mente los vínculos que nos sometían a la poderosa metrópoli.

Carlos María de AlvearCarlos María de Alvear, sobrino de Posadas, no tiene buena imagen en la historiografía argentina. Signado por un marcado autoritarismo, su estilo intrigante y su enfrentamiento con San Martín han dejado una imagen negativa de él, que posiblemente sea por demás exagerada.

Bartolomé Mitre fue uno de los que iniciaron esta tradición. En uno de sus escritos, Mitre señaló que “San Martín y Alvear, auxiliados por la habilidad de Monteagudo, fueron por mucho tiempo los árbitros de la Logia; pero esta buena inteligencia no podía ser de larga duración. Los amigos se convirtieron muy luego en dos irreconciliables enemigos. Diversas causas produjeron este rompimiento. La petulancia juvenil de Alvear no podía sobrellevar con paciencia el ademán imperioso, la palabra incisiva y la voluntad de hierro de San Martín, convencido de su superioridad militar y que apenas notaba los pueriles celos de su competidor”.

Desde la Revolución de Mayo se iban popularizando dos colores como distintivos de los patriotas del Río de la Plata; el celeste y el blanco. En febrero de 1812 el Primer Triunvirato aprobó como distintivo de nuestros soldados una escarapela compuesta con aquellos colores.

El general Belgrano, creador de la idea de distinguir su causa con el celeste y el blanco, a su vez lo combinó para formar una bandera nacional. La enarboló por primera vez junto a las baterías del Rosario, en febrero de 1812. Pero el Primer Triunvirato no aprobó el acto de Belgrano, ordenándosele guardar la enseña para usarla más adelante. Sabemos que aquella bandera tenía los colores celeste y blanco, pero no conocemos la distribución de sus franjas.

El 25 de mayo de 1812 Belgrano se hallaba en la ciudad de Salta, ocupado en reorganizar el ejército derrotado en Huaqui. Allí exhibió ese día la bandera celeste y blanca por segunda vez, y la hizo bendecir por el sacerdote don Juan Ignacio de Gorriti. El Primer Triunvirato volvió a desaprobar la actitud de Belgrano.

El 13 de febrero de 1813, después de la victoria de Tucumán, el ejército patriota que perseguía a los realistas se detuvo junto al río Pasaje, en la provincia de Salta. Belgrano enarboló nuevamente la bandera de su creación, al tiempo que tomaba a sus soldados juramento de fidelidad a la Asamblea Constituyente del año XIII. Esta vez tampoco su gesto mereció la aprobación del gobierno, desempeñado por el Segundo Triunvirato.

Cuando la Asamblea General Constituyente de 1813 suprimió en los documentos públicos el nombre del rey Fernando VII, también eliminó su efigie de los sellos y monedas de uso oficial. La imagen del rey fue sustituida por un nuevo sello distintivo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Por otro decreto, dictado como el anterior en febrero de 1813, la Asamblea creó con dicho emblema el Escudo Nacional, que es el que hoy poseemos como símbolo patrio.

A comienzos de 1813 el poeta Vicente López y Planes (1785-1856), compuso los versos de una canción patria. Estos versos fueron presentados a la Asamblea General Constituyente, que los aprobó el 11 de mayo de 1813 como única marcha nacional. Tal es el origen de nuestro Himno Nacional, al que puso música el maestro Blas Parera (1776-1840), un español residente en Buenos Aires, director de orquesta del teatro.

En 1813 contábamos, pues, con tres símbolos ya oficializados: la Escarapela, el Escudo y el Himno. La Bandera no tenía aún sanción oficial; ésta se obtuvo en 1816, como veremos más adelante.

En los primeros meses de su gestión, el Segundo Triunvirato y la Asamblea actuaron con los mejores auspicios. Por ese tiempo las armas argentinas triunfaban en Tucumán y Salta, y también habían obtenido el triunfo de Cerrito, en la Banda Oriental. A fines de 1813, en cambio, el cuadro era completamente diferente. Belgrano, con el ejército del Norte, era derrotado en Vilcapugio y Ayohuma, y la Plaza Fuerte de Montevideo resistía el
ataque de las armas patriotas.

La situación era grave en general. La Asamblea resolvió que se modificara la forma del Poder Ejecutivo, la responsabilidad del gobierno debía concentrarse, para hacer más eficaz su gestión, en una sola persona, que llevaría el título de Supremo Director del Estado. La Asamblea aprobó la petición y creó el Directorio, el 22 de enero de 1814.

Los problemas internos y la creación del Directorio: La Asamblea no sólo tenía que enfrentar aquellos problemas derivados de la nueva situación europea, también tenía serias dificultades locales. En efecto, su instalación había profundizado el conflicto entre las tendencias centralizadoras de Buenos Aires y las confederacionistas, que exigían el reconocimiento de las soberanías provinciales.

La Asamblea rechazó a los enviados artiguistas argumentando que los diputados no podían tener mandatos imperativos, como era el caso de estos diputados. Estas instrucciones exigían la declaración de la independencia y la organización de un estado confederal en el que cada provincia conservaba su autonomía. Esto provocó la ruptura entre el caudillo oriental y el gobierno central porteño, que lo declaró su enemigo.

INSTRUCCIONES DADAS A LOS DIPUTADOS ORIENTALES PARA LA ASAMBLEA DE 1813

Artículo 1 Primeramente pedirá la declaración de la independencia absoluta de estas Colonias, que ellas estén absueltas de toda obligación de fidelidad a la Corona de España y familia de los Borbones y que toda conexión política entre ellas y el Estado de la España es y debe ser totalmente disuelta.

Articulo 2 No admitirá otro sistema que el de confederación para el pacto recíproco con las provincias que forman nuestro Estado.

Artículo 3 Promoverá la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable.

Artículo 4 Como el objeto y fin del Gobierno debe ser conservar la igualdad, libertad y seguridad de los Ciudadanos y los Pueblos, cada provincia formará su gobierno bajo esas bases, a más del Gobierno Supremo de la Nación.

Artículo 5 Así éste como aquel se dividirán en poder legislativo, ejecutivo y judicial.

Artículo 6 Estos tres resortes jamás podrán estar unidos entre sí, y serán independientes en sus facultades.

Artículo 7 El Gobierno Supremo entenderá solamente en los negocios generales del Estado. El resto es peculiar al Gobierno de cada Provincia.

Artículo 8 El territorio que ocupan estos Pueblos desde la costa oriental del Uruguay hasta la fortaleza de Santa Teresa forman una sola Provincia, denominante la Provincia Oriental.

Articulo 11 Que esta Provincia retiene su soberanía, libertad e independencia, todo poder, jurisdicción y derecho que no es delegado expresamente por la confederación a las Provincias Unidas juntas en Congreso.

Artículo 16 Que esta Provincia tendrá su Constitución territorial; y que ella tiene el derecho de sancionar la general de las Provincias Unidas, que forma la Asamblea Constituyente.

Artículo 17 Que esta Provincia tiene derecho para levantar los Regimientos que necesite, nombrar los oficiales de Compañía, reglar la Milicia de ella para seguridad de su libertad por lo que no podrá violarse el derecho de los Pueblos para guardar y tener armas.

Artículo 19 Que precisa e indispensable sea fuera de Buenos Aires, donde reside el sitio del Gobierno de las Provincias Unidas.

José Gervasio Artigas, delante de Montevideo, 13 de abril de 1813.

PUNTOS SOBRESALIENTES DE LAS REFORMAS A DE LA ASAMBLEA DEL AÑO XIII
En lo político:
-Crea un nuevo Poder Ejecutivo, esta vez unipersonal, bajo la denominación de Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, a quien acompañará un Consejo de Estado.
-Sanción de una amnistía general, excepto para Saavedra y Campana quienes seguirían desterrados.
-Sanciona la inviolabilidad de los diputados.
-Establece el 25 de Mayo como fecha patria, aprueba el Himno Nacional compuesto por Vicente López y Planes y Blas Parera, y crea el Escudo Nacional.

-En lo social:
-Establece la libertad de vientres, esto es, la libertad de todos los hijos de esclavos nacidos desde el 31 de enero de 1813.
-Abolición de la encomienda, mita y yanaconazgo.
-Abolición de los títulos de nobleza.
-Prohibición de castigos corporales en las escuelas.

-En lo económico:
-Ordena la acuñación de moneda en oro y plata (ver recuadro).
-Exención impositiva a la actividad minera.
-Autorización para la libre exportación de harinas y cereales.
-Apoyó las actividades comerciales, agropecuarias e industriales.

-En lo religioso:
-Establece la subordinación de las autoridades eclesiásticas a las civiles.
-A partir de entonces, la religión católica apostólica romana sería considerada como culto oficial del Estado.
-Abolición del Tribunal de la Inquisición.

-En lo militar:
-Instituye la pena de muerte para el delito de deserción.
-Crea el Instituto Médico Militar presidido por el prestigioso médico Cosme Argerich.
-Establece como grado máximo del ejército el de brigadier.

-En lo judicial:
-Abolición de los tormentos.
-Crea Cámaras de Apelaciones para reemplazar a las audiencias de Charcas y Buenos Aires, organismos provenientes de la administración de justicia española.

 

El Directorio de Gobierno Argentino Gervasio Posadas Primer Director

El Directorio de Gobierno Argentino – Gervasio Posadas

La Asamblea del año XIII creó un poder ejecutivo unipersonal, el Director Supremo de las Provincias Unidas. Sin embargo, en 1815, el Directorio no pudo con la suma de dificultades y colapsó, dejando como herederas a un conjunto de provincias autónomas.

HISTORIA ARGENTINA: 1814, CREACIÓN DEL DIRECTORIO GERVASIO POSADAS STRABFORD RODEAU El Directorio (1814-20): El primer Director Supremo fue don Gervasio Antonio de Posadas (imagen izq.) , tío de Alvear, el joven jefe militar que dirigía la Logia Lautaro y dominaba la Asamblea.

Posadas inició su gobierno el 22 de enero de 1814. Actuó con serenidad y eficacia. Durante su administración se creó la escuadrilla de Brown, con la que se logró dominar el Río de la Plata y preparar la rendición de Montevideo. Esta plaza fue tomada el 20 de junio de 1814 por un ejército comandado por Alvear. El 10 de agosto del mismo año se nombraba gobernador intendente de Cuyo al General San Martín.

Posadas, que había actuado con mesura desde el comienzo de su gobierno, se encontró en situación difícil a fines del año 1814. Había nombrado al general Rondeau (imagen derecha) jefe del ejército del Norte, después del relevo solicitado por San Martín.

Pero poco después que Rondeau asumió el mando se supo que Posadas había designado a Alvear para reemplazarlo. Entonces sus jefes y oficiales se sublevaron contra el Director negándose a aceptar el cambio; Rondeau continuó en el mando del ejército. Posadas resolvió entonces renunciar, y así lo hizo el 9 de enero de 1815.

HISTORIA ARGENTINA: 1814, CREACIÓN DEL DIRECTORIO GERVASIO POSADAS STRABFORD RODEAUEn la Asamblea dominaba Alvear, que fue designado para reemplazar a Posadas como Director Supremo. En verdad, todo estaba preparado para llevar al gobierno al reciente triunfador de Montevideo.

Alvear, el nuevo Director Supremo, joven e inexperto, tuvo que afrontar problemas muy difíciles. La situación militar se agravaba en el Norte, donde los realistas amenazaban con una nueva invasión desde el Alto Perú. En el interior del país, los gobernadores provinciales, disgustados porque no tenían participación directa en el gobierno se oponían al nuevo Director Supremo.

El descrédito de Alvear, por su errónea política exterior y su oposición a los caudillos gobernadores provinciales, determiné su rápida caída. El 2 de abril de 1815, es decir, menos de tres meses después de haber asumido el poder, se sublevó en la posta de Fontezuelas, situada cerca de Buenos Aires, el ejército que Alvear había enviado a Santa Fe para actuar contra los gobernadores del litoral, especialmente contra Artigas, virtual jefe de la Banda Oriental.

Dirigió la sublevación el comandante Ignacio Alvarez Thomas, quien regresó a Buenos Aires con las tropas para proteger la ciudad. En Buenos Aires el Cabildo asumió una vez más la representación popular y pidió la renuncia al Director Supremo. Alvear tuvo que salir del país. La Asamblea Constituyente, reunida desde 1813, se disolvió inmediatamente.

El Cabildo designó provisionalmente Director Supremo al general José Rondeau;HISTORIA ARGENTINA: 1814, CREACIÓN DEL DIRECTORIO GERVASIO POSADAS STRABFORD RODEAU pero como éste se hallaba al frente del ejército del Norte, actuó como Director Sustituto, Alvarez Thomas, el jefe de la sublevación de Fontezuelas.

En aquel momento los hombres más representativos del país pensaron realizar gestiones diplomáticas en el extranjero para resolver el problema de nuestra independencia. Sabíase que en España se estaba preparando un poderoso ejército para recuperar el Río de la Plata; entre nosotros no se confiaba en el éxito del ejército patriota y se esperaba, en cambio, que el apoyo de Portugal y Gran Bretaña decidiera al gobierno español a reconocer nuestros derechos a la soberanía.

Cuatro representantes del gobierno nacional actuaron en el extranjero: Manuel José García en Río de Janeiro, donde inició gestiones ante el ministro inglés lord Strangford (imagen derecha); Manuel Belgrano y Bernardino Rivadavia, en la corte española y en Londres, donde debían proceder de conformidad con Manuel de Sarratea, que ya se hallaba en la capital de Inglaterra preparando el terreno para las negociaciones.

Alvear (imagen abajo) dio a los representantes argentinos instrucciones secretas que insinuaban la posibilidad de someter el país al protectorado de Gran Bretaña, si fracasaban las gestiones para asegurar la independencia.

Estas provincias desean pertenecer a la Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer a su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso. Ellas se abandonan sin condición alguna a la generosidad y buena fe del, pueblo inglés.”)

HISTORIA ARGENTINA: 1814, CREACIÓN DEL DIRECTORIO GERVASIO POSADAS STRABFORD RODEAUCarlos María de Alvear, sobrino de Posadas, no tiene buena imagen en la historiografía argentina. Signado por un marcado autoritarismo, su estilo intrigante y su enfrentamiento con San Martín han dejado una imagen negativa de él, que posiblemente sea por demás exagerada. Bartolomé Mitre fue uno de los que iniciaron esta tradición.

En uno de sus escritos, Mitre señaló que “San Martín y Alvear, auxiliados por la habilidad de Monteagudo, fueron por mucho tiempo los árbitros de la Logia; pero esta buena inteligencia no podía ser de larga duración.

Los amigos se convirtieron muy luego en dos irreconciliables enemigos. Diversas causas produjeron este rompimiento. La petulancia juvenil de Alvear no podía sobrellevar con paciencia el ademán imperioso, la palabra incisiva y la voluntad de hierro de San Martín, convencido de su superioridad militar y que apenas notaba los pueriles celos de su competidor”.

Disuelta la Asamblea del año XIII, el Cabildo de Buenos Aires creó una Junta de Observación, que dictó el Estatuto Provisional de 1815, por cuyas disposiciones quedaba supeditada la autoridad del Director Sustituto a dicha Junta y al Cabildo. El Cabildo envió a las provincias una circular en la cual expresaba que Buenos Aires no se proponía establecer una dominación prepotente sobre ellas; que respetaba sus opiniones y estaba pronto para modificar lo hecho, si ello era conveniente, en cuanto la voz de los pueblos lo indicara. Por entonces la división no era entre morenistas y saavedristas; empezaba a surgir una división mucho más grave y profunda que desembocaría en unitarios y federales.

Los primeros, reclutados entre los sectores más ilustrados en la ideología revolucionaria liberal europea, eran partidarios de la concentración del poder, que según su visión facilitaría la unidad política del país; no reconocían las autonomías provinciales y consideraban que el gobierno debía ser ejercido por los estratos más aristocráticos.

Los segundos, con mayor arraigo en el interior (aunque Buenos Aires constituirá un Partido Federal muy fuerte, así como el interior generara destacados unitarios) eran defensores de la capacidad de cada provincia para autogobernarse, sin que ello implicara desconocer su pertenencia a una misma nación, pero reconociendo en un gobierno central (que en todo caso debía estar fuera de Buenos Aires) solamente a un representante, en especial en el desempeño de las Relaciones Exteriores.

La revolución contra Alvear fue preparada por los federales. Como consecuencia, Álvarez Thomas, Director Sustituto, cumplió las promesas del Cabildo. En abril de 1815 convocó a un Congreso Nacional Constituyente, para resolver la situación del país. Como la mayoría de las autoridades provinciales resistían la centralización del gobierno en Buenos Aires, se estableció que el Congreso se reuniría en San Miguel de Tucumán.
Ya vimos que a fines de 1815, durante el mandato de Álvarez Thomas como Director interino, el ejército del Norte, al mando de Rondeau, fue completamente destrozado en Sipe Sipe. Como principal consecuencia de este desastre, todo el Alto Perú quedó definitivamente aislado de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

La gestión de Álvarez Thomas no fue muy afortunada en otros aspectos; por ejemplo, persiguió con intolerancia a sus adversarios políticos. Se vio obligado a renunciar el 16 de abril de 1816. Lo sustituyó por breve tiempo en el Directorio el general Antonio González Balcarce, también interinamente, hasta el 3 de mayo de 1816.

Segundo Triunvirato Logia Lautaro Revolucion 1812 San Martin Obras

REVOLUCIÓN DEL 8 DE OCTUBRE DE 1812:
EL SEGUNDO TRIUNVIRATO

A mediados de 1812 el desprestigio del Triunvirato era público. La activa oposición —encabezada por la Logia Lautaro y la Sociedad Patriótica— censuraba el marcado centralismo del gobierno y lo acusaba de querer perpetuarse en el mando al demorar la convocatoria de un congreso general.

A las dificultades de orden político se sumaba la grave situación del ejército del Norte asediado por el enemigo. Gran descontento produjo la orden enviada desde Buenos Aires al general Belgrano, para que se retirara con sus tropas sin librar combate.

Presionado por sus adversarios, el Triunvirato debió convocar a los cabildos del interior —3 de junio— para que enviaran representantes ante una nueva Asamblea, que reemplazaría a la disuelta en los primeros días de abril.

Los diputados provinciales debían concurrir a Buenos Aires para «fijar el tiempo y lugar de la reunión del Congreso», que significaba —en otras palabras— integrar una Asamblea electora para sancionar una ley con el fin de reunir, más tarde, una Asamblea constituyente. De tal manera se pretendía reemplazar a la última —que todos  anhelaban—  por una  simple  asamblea de  carácter electoral.

El Triunvirato dispuso que el Cabildo de Buenos Aires debía elegir los diputados por la capital y, también, examinar los poderes de los representantes del interior; en este último caso, el ayuntamiento estaba facultado para rechazar a cualquiera de eílos y nombrar el suplente.

Mendoza eligió diputado a Monteagudo —residente en Buenos Aires y candidato de la Logia— pero su designación no fue aceptada por el gobjemo, quien lo comunicó al Cabildo para que éste nombrara un reemplazante;1 también fueron rechazados los representantes de Salta y Jujuy.

General Jose de San Martin

Los esfuerzos puestos por San Martín en crear una formidable unidad de combate no encontraban respuesta en la acción política del Triunvirato. Dentro del gobierno surgían disputas entre el secretario Rivadavia y otras figuras destacadas, como Pueyrredón o Juan José Paso. La orientación impuesta por Rivadavia parecía inclinada a acordar con el Consejo de Regencia español y quitar a Buenos Aires de la lucha emancipadora americana. La labor de la Logia Lautaro encontró un clima propicio para difundir sus ideas, en medio del creciente descontento de muchos porteños. Cuando a fines de setiembre de 1812 llegó a Buenos Aires la noticia de la victoria alcanzada por Belgrano en Tucumán, en abierta desobediencia a las órdenes recibidas, el clima opositor llegó a un punto culminante.

EL SEGUNDO TRIUNVIRATO: La Sociedad Patriótica y la Logia Lautaro organizaron una revolución militar que estalló el 8 de octubre de 1812. El 6 de abril del año anterior los saavedristas habían expulsado del gobierno, por la violencia, a los morenistas; ahora los revolucionarios destituían al Triunvirato para poder concretar sus objetivos de independencia.

En la mañana de ese día se reunieron en la Plaza de Mayo algunos regimientos, entre ellos el de los Granaderos a Caballo, bajo las órdenes de San Martín y Alvear, y los batallones de cívicos mandados por Ortiz de Ocampo. El pueblo, movilizado por la Sociedad Patriótica, llenaba también la plaza, exigiendo inmediatamente un Cabildo Abierto y haciendo oír sus gritos hostiles al gobierno.

Reunidos en el Cabildo los representantes del pueblo de Buenos Aires aceptaron íntegramente todo el petitorio de la revolución, que quedó triunfante. Resolvieron destituir a los miembros del Poder Ejecutivo y designar nuevos triunviros.

Así se constituyó el Segundo Triunvirato (8 de octubre de 1812 al 22 de enero de 1814) integrado por Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Alvarez Jonte. Detrás del nuevo gobierno actuaban la “Logia Lautaro” y su organismo visible, la “Sociedad Patriótica”.

Juan José PasoAntonio Alvarez JonteNicolás Rodríguez Peña
Juan José PasoAntonio Alvarez JonteNicolás Rodríguez Peña

El Segundo Triunvirato encaró con energía la campaña contra los realistas en el Norte y en la Banda Oriental. Apoyó a Belgrano, que había triunfado en setiembre de 1812 en Tucumán, para que continuara su ofensiva; esto dio por resultado el triunfo de Salta, ocurrido el 20 de febrero de 1813.

El Primer Triunvirato había celebrado un armisticio con Elío, jefe militar de Montevideo. A fines de 1812, el Segundo Triunvirato resolvió reanudar el ataque contra ese baluarte realista, enviando la segunda expedición a la Banda Oriental, al mando de don Manuel de Sarratea; su segundo jefe era el coronel Rondeau, que obtuvo la victoria de Cerrito el 31 de diciembre de 1812.

Transcurrido más de un mes, el 3 de febrero de 1813, San Martín triunfaba en San Lorenzo. Estos éxitos dieron inmediato prestigio al nuevo gobierno.

El Segundo Triunvirato cumplió lealmente el programa de la revolución del 8 de octubre y condujo con acierto los destinos de las Provincias Unidas.

Se había obligado a convocar e instalar en el término de tres meses el Congreso General de diputados de todas las provincias, proyectado el 25 de mayo de 1810. Apenas constituido dio un decreto, con fecha 24 de octubre de 1812, por el que convocaba al pueblo a elecciones de diputados para integrar el Congreso General.

Este debía decidir el destino y la organización de las Provincias Unidas del Río de la Plata, nombre que llevaba en ese momento nuestro país.

En la primera década revolucionaria, el gobierno central contribuyó a fomentar las autonomías al crear nuevas provincias. En 1813, un decreto del Segundo Triunvirato separó Cuyo (Mendoza, San Juan y San Luis) de la Intendencia de Córdoba.

En 1814, el director Posadas creó las provincias de Entre Ríos y Corrientes, separándolas de la Intendencia de Buenos Aires, y las de Salta y Tucumán, al dividir la Intendencia de Salta del Tucumán. Posteriormente, se formaron otras provincias por decisión propia: Santa Fe, en 1818 (separada de Buenos Aires); Santiago del Estero, en 1820, y Catamarca, en 1821 (ambas separadas de Tucumán); La Rioja, en 1820 (separada de Córdoba), y Jujuy, en 1834 (separada de Salta).

Entre 1819 y 1821 se formaron algunos agrupamientos regionales (semejantes a la Liga de los Pueblos Libres, organizada entre 1815 y 1820) que se disolvieron al poco tiempo: por ejemplo, la República del Tucumán -que, bajo la presidencia de Bernabé Aráoz, entre 1819 y 1821 reunió las provincias de Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca- y la República de Entre Ríos -que, bajo la dirección de Ramírez, entre 1820 y 1821 agrupó a Entre Ríos, Corrientes y Misiones-.

Otras provincias establecieron entre sí pactos de comercio y unión, como las provincias de Cuyo, después de su disgregación en 1820, o las del Litoral y Buenos Aires, después de la crisis que siguió a la firma del Tratado del Pilar.

La Conspiracion de Alzaga Traiciones en la Historia Argentina Motín

La Conspiración de Álzaga
Traiciones en la Historia Argentina

La Conspiracion de Alzaga Traiciones en la Historia ArgentinaCONJURACIÓN DE ALZAGA: Los portugueses con el pretexto de auxiliar a los españoles de Montevideo y de salvar sus haciendas fronterizas contra la acción del caudillo oriental José G. Artigas. pero con el real propósito de adueñarse de la Banda Oriental, introdujeron en esta región un ejército de 5.000 hombres al mando de Diego de Souza.

Este jefe, de común acuerdo con Gaspar Vigodet gobernador realista de la plaza de Montevideo, y con el beneplácito del ministro portugués Linhares había prometido su ayuda a Martín de Álzaga quien desde tiempo atrás venía preparando un levantamiento armado de los españoles residentes en Buenos Aires. Éstos se habían visto desplazados por la Revolución y bajo su aparente resignación buscaban el momento oportuno para reconquistar lo perdido.

En el sector conjurado se hallaban fray José de las Ánimas, de la orden franciscana de los betlemitas, el ingeniero Felipe Sentenach, Matías Cámara, Francisco Tellechea y otros más.

La conspiración fue pospuesta en distintas oportunidades; finalmente se fijó como fecha del golpe el 5 de julio. aniversario de la Defensa (de 1807).

Mientras tanto, lord Strangford, representante inglés en Río de Janeiro, había exigido a Portugal el retiro de las tropas de la Banda Oriental. El príncipe regente destacó entonces al teniente coronel Juan Rademaker, corno embajador ante Buenos Aires.

Se firmó así el armisticio, que establecía en una de sus cláusulas, la evacuación del ejército portugués. Souza, al parecer informado de los acontecimientos que se preparaban en Buenos Aires, no acató esa disposición e insinuó a sus superiores la necesidad de aguardar un cambio favorable a los españoles  hecho que creía inminente.Parece ser que Rademaker, que quedaba en una posición desairada ante la actitud de Souza, confía a Pueyrredón la posibilidad de un alzamiento. Otras denuncias alertaron a las autoridades porteñas.

El peligro era grave: la intentona tenia amplias ramificaciones y el Triunvirato no disponía de muchas tropas en la capital. Ante ello, la propia oposición al gobierno se nucleó en torno al mismo para superar la situación.

Los tribunales, organizados e integrados por Chiclana, Agrelo, Monteagudo, Vieytes y Miguel de Irigoyen, impartieron una justicia sumaria e implacable. Apresados los cabecillas del movimiento, varios de ellos fueron fusilados; Álzaga y Tellechea se contaron entre éstos. La salvación de la Revolución había exigido tan drásticas medidas.

La ejecución de Alzaga
Luego de encabezar un complot frustrado, don Martín de Alzaga, héroe de la Defensa de Buenos Aires en 1807, fue fusilado el 6 de julio de 1812. Son disímiles y vanadas las interpretaciones sobre este complot. Domingo Matheu dijo: «(…) en obsequio de la historia debo decir que a nadie se le tomó con las armas en la mano (…)».

Por lo menos, durante el proceso que se le siguió a Alzaga y al resto de los treinta y un completados y ajusticiados, no se reunieron las pruebas suficientes para decir que ellos intervenían en los planes realistas de recuperar el control de la situación en Buenos Aires. Pero, pese a todo, dentro de las circunstancias de aguda crisis política, financiera, social y militar, por la que atravesaba el Triunvirato, se utilizó este complot para demostrar que todo tipo de conspiración iba a ser aplastado.

Juan Manuel Beruti, testigo presencial de la ejecución nos dice sobre la misma: «(…) salió al suplicio de la cárcel pública con su propia ropa, sin grillos y sin sombrero, advirtiéndosele mucha serenidad, que no parecía iba a morir (…) Fue su muerte tan aplaudida que, cuando murió, se gritó por el público espectador ¡Viva la Patria!, repetidas veces, y ¡muera el tirano! (…) Fue tal el odio que con este hecho le tonto el pueblo al referido Alzaga, que aun en la horca lo apedrearon y le proferían insultos (…) No ha recibido hombre ninguno de esta capital, después de Liniers, mayor honor por sus hechos que éste yero tampoco se le ha quitado, en los 300 años de su fundación, la vida a otro alguno, con mayor de su calidad que a él (…)»

PARA SABER MAS…

A Los doce años llegó a Buenos Aires para iniciarse como comerciante, posibilidad que le brindó, generosamente, don Gaspar de Santa Coloma. Martín de Alzaga, tan vasco como todos sus antepasados, había nacido en el valle de Aramayona en 1755. A los 24 años, se independizó con 24.000 pesos que su dedicación le habían permitido acumular. De pronto, se había convertido en uno de los comerciantes de mayor fortuna del micromundo rioplatense. Pero los negocios no le impidieron dedicarse, también, a la política. Fue durante largo tiempo alcalde de 1° voto del Cabildo.

En ese puesto cobró protagonismo en ocasión de las invasiones inglesas, en cuyo transcurso Alzaga proyectó, junto con un grupo de criollos, catalanes y vascos, concretar la independencia del Virreinato. Precisamente, convenció a Francisco Javier de Elío, gobernador de Montevideo, para que organizara una junta en dicha ciudad. Era la oposición a Liniers, que en enero de 1809 produjo, finalmente, el alzamiento contra la autoridad del virrey. Fracasada la conspiración, Alzaga y varios de sus compañeros fueron procesados y enviados a Carmen de Patagones.

Lograron huir, sin embargo, ayudados por Elío que envió una fragata desde Montevideo. Vuelto a Buenos Aires, cayó preso nuevamente, circunstancia que lo mantuvo ausente de los episodios de mayo de 1810. La fortuna que siempre lo acompañó en los negocios casi nunca estuvo de su lado en la política. En tiempos del triunvirato, volvió a prisión por orden de Rivadavia y, por fin, acabó sus días colgado en la Plaza de Mayo, pocos antes de la «revolución del 8 de octubre de 1812».

De entre su correspondencia de 1806, una carta de! 26 de septiembre, a su primo don Clemente de Zavaleta, residente en Tucumán, muestra tiempos más felices para don Martín de Alzaga, cuando le sonreía la política mientras algún pícaro intentaba enredarle los negocios, a los que como se verá no les perdía pisada:

«Contestando a su favorecida del 9 de corriente, digo: Que la reconquista de esta célebre capital, acaecida el 12 del pasado agosto, es un portento tan maravilloso que sólo puede atribuirse a la Alta Providencia del Dios de los Ejércitos que dirigió nuestras huestes al punto de que causaran la admiración de las Naciones, y aún harán menos asombrosas las hazañas de Bonaparte.

Ahora sólo resta conservar el epíteto que los mismos enemigos nos han dado de terribles combatientes; y para esto se está tratando el reglamento de Milicias Uniformadas, separando por naciones, para que así se excite la emulación. (…) No es preciso más para deducir el entusiasmo de estos habitantes, dispuestos a rechazar millares de enemigos que tengan la tenacidad de quererles invadir de nuevo sus hogares.

(…) Enterado de que e! carretero don Marcos Ibiri, contratante de conducirme a esta 534 tercios, pidió a Ud. y le satisfizo 600 pesos suponiendo que se le restaban por razón de fletes, lo que no hay tal cosa, pues como verá Ud. del adjunto papel (…), en Jujuy (…), recibió íntegramente de don Félix Echevarría el flete de los expresados 534 tercios (…); es necesario trate Ud. de cobrarle allí (…).

Los últimos quesos de Ud. llegaron días pasados y se vendieron a tres pesos, cuyo importe aún no está cobrado; pero de éste como lo que está pendiente de Lausas y de Toro, creo darle noticia en el siguiente correo de hallarse todo en mi poder.

Y no ofreciéndome otra cosa mande con confianza a éste su afectísimo.

Fuente Consultada:
Historia Argentina Tomo I Desde La Prehistoria Hasta 1829  Nota de María Cristina San Román

La Sociedad Patriotica Club Marco Monteagudo Espiritu Independencia

La Sociedad Patriótica – Club Marco Monteagudo

Simultáneamente con la fundación de la Logia Lautaro volvió a actuar la Sociedad Patriótica a mediados de 1812. Lo mismo que la Logia, tenía por lema Independencia y Constitución.

Su presidente, Bernardo de Monteagudo (1789-1825), dirigió sucesivamente los periódicos El Grito del Sur y Mártir o Libre, órgano de difusión de sus ideas.

Entre la Sociedad Patriótica y la Logia Lautaro había comunidad de ideales en muchos puntos. Tan es así que algunos miembros de la primera, como Monteagudo integraban también la segunda. La acción de ambas agrupaciones coincido en su lucha contra el triunvirato.

La Sociedad Patriotica Club Marco Monteagudo Espiritu IndependenciaSOCIEDADES SECRETAS Y LOGIAS. Las ideas liberales del siglo XVIII llegaron a las colonias a través del contrabando de libros e ideas, actuando las logias y entidades secretas como importantes agentes trasmisores de estas corrientes ideológicas. La Gran Reunión Americana, creada por Francisco Miranda, fue entidad madre de otras tantas similares en Europa y América, precursoras del movimiento revolucionario.

En el Plata, la existencia de logias data de principios del siglo XIX, intensificándose su establecimiento con la llegada de los ingleses en 1806 (logias de Hijos de Hiram y Estrella del Sur).Después de la revolución de mayo fue notoria la actividad desempeñada por el Club de Marco, estrechamente relacionado con la Logia Masónica de Julián Álvarez, promotores ambos de la formación de la Primera Sociedad Patriótica.

EL CLUB O SOCIEDAD PATRIÓTICA:  La Sociedad Patriótica tenía su origen en el Club de Marco, constituido el primer domingo de marzo de 1811 en el café propiedad de Pedro José Marco, en la actual esquina de Alsina y Bolívar. La  Sociedad Patriótica fue una entidad política y de oposición al gobierno, se creo en marzo de 1810, siendo su lugar de reunión el café de Marco, el mejor de aquella época (un dato curioso , desde 1804 contaba con billares. Estaba ubicado en la esquina actual de Alsina y Bolívar y fue disuelta como consecuencia del movimiento del 5 y 6 de abril.

En el año 1811 arribó a Buenos Aires Bernardo de Monteagudo y reconstruyó esta Sociedad Patriótica. Esta institución adquirió carácter semioficial al contar con el apoyo de personas del gobierno (Paso, Chiclana). Se instaló entonces en el edificio del Consulado de Buenos Aires.

Monteagudo, muy bien recibido por el círculo liberal de Buenos Aires, encontró en la Gazeta de los viernes, el elemento eficaz para expandir su prédica revolucionaria, cambiando la fisonomía de esta publicación. La posición conservadora tradicional, en cambio, fue sostenida por Pazos Silva en sus artículos de los martes. Este antagonismo provocó la supresión de la Gazeta y la aparición de la Gazeta Ministerial.

Monteagudo volcó su doctrina en nuevas páginas periodísticas: Mártir o Libre y El Grito del Sud, exaltando la necesidad urgente de la emancipación. Pazos Silva continuó oponiéndose a esta prédica desde El Censor.

ACCIONAR: La Junta Grande fue combatida por los jóvenes porteños partidarios de los ideales que sustentara Mariano Moreno, a quienes sé temía y vigilaba. Defendían la Revolución y sus principios democráticos. Creían que era necesario agitar el ambiente por medio de un organismo que propagara las ideas del secretario de la Primera Junta y donde pudieran debatirse las cuestiones del momento.

Sus miembros criticaban el desconcierto que notaban en la Junta Grande. Señalaban la tardanza de ésta en la resolución de las cuestiones fundamentales, esto es, la salida política que se pensaba dar al país. La indecisión política de los integrantes del gobierno y su elevado número contribuían a crear esta situación.

La Sociedad Patriótica, en verdad actuaba como manifestación externa de la Logia Lautaro; ésta dirigía la conspiración y tenía el contralor de las Fuerzas Armadas. Finalmente el 8 de octubre de 1812 se produjo la revolución que derrocó al Primer Triunvirato. La activa oposición al gobierno, encabezada por la Logia Lautaro y la Sociedad Patriótica, censuraba el marcado centralismo del gobierno derrocado y la demora en convocar a un congreso general.

Estas declaraciones eran publicadas en la Gazeta por el doctor Agrelo, de orientación morenista. Desde la Sociedad Patriótica, Julián Álvarez, Agustín Donado, Francisco Planes, Salvador Cornet, Hipólito Vieytes, Nicolás Rodríguez Peña, Ignacio Núñez, convertirán el nombre de Moreno en un símbolo.

Parece ser que fue durante estos acontecimientos, cuando comenzó a utilizarse —por parte de los grupos  morenistas— la cinta celeste y blanca como distintivo político.

FINES DE LA SOCIEDAD PATRIÓTICA
DOCUMENTO

Este va a ser el seminario de la ilustración, el plantel de las costumbres, la escuela del espíritu público, la academia del patriotismo y el órgano de comunicación a todas las clases del pueblo.

Las tinieblas de la ignorancia se disiparán insensiblemente, se formarán ideas exactas de los derechos del pueblo, de las prerrogativas del hombre y de las preeminencias del ciudadano; las virtudes públicas preservarán el corazón del pueblo de toda corrupción y no darán lugar al abuso de su restaurada Libertad; todos estos efectos deben esperarse del ardoroso empeño con que la sociedad va a consagrar sus desvelos y tareas a ilustrar la opinión pública y depurarla de los errores y vicios que inspira la esclavitud.

Ciudadanos: agotad vuestra energía y entusiasmo hasta ver la dulce Patria coronada de laureles y a los habitantes de América en pleno goce de su augusta y suspirada independencia.

Oración inaugural pronunciada por Bernardo
de Monteagudo en la apertura de la Sociedad
Patriótica el 13 de enero de 1812.

Asonada del 5 de Abril Revolucion de los Orilleros Apoyo a Saaveedra

Asonada del 5 de Abril-La Revolución de los Orilleros

La fracción saavedrista de la Junta Grande, alarmada por su creciente impopularidad, resolvió dar un golpe de fuerza, que preparó sin darle conocimiento a su jefe, Cornelio de Saavedra. Reunió, en la noche del 5 al 6 de abril de 1811, varios regimientos que le eran adictos y una gran multitud compuesta de gentes de los suburbios, que exigieron la renuncia de los miembros morenistas de la Junta: Vieytes, Rodríguez Peña, Azcuénaga y Larrea. Pidieron además que Belgrano fuera procesado por su derrota en el Paraguay, y el destierro de muchos distinguidos ciudadanos conocidos por su adhesión a las ideas de Moreno.

Creciente actividad opositora de los morenistas
A comienzos de 1811 tres partidos se disputaban el predominio en el mando:

a)   Los morenistas deseaban retomar el poder que habían perdido después de la incorporación de los diputados provinciales a la Junta y del alejamiento de su más destacada figura. Como vimos, su acción opositora se concentró en la Sociedad Patriótica.

b)   Los saavedristas contaban con el apoyo de la casi totalidad de las fuerzas militares y del elemento humilde de los suburbios. Su hostilidad hacia los morenistas se había acentuado luego del «decreto de los honores» (6 de diciembre de 1810) y, aunque tenían el mando, consideraban efímera esta posición de privilegio, hasta tanto no fueran eliminados sus adversarios.

c)   Los provincianos —encabezados por el Deán Funes— sostenían que la Junta Grande estaba sujeta al predominio centralista de Buenos Aires y, en consecuencia, no representaba la voluntad de todos los pobladores de la campaña.

Un nuevo incidente debilitó la opinión del gobierno y acrecentó la influencia de los morenistas. Después de la derrota naval de San Nicolás y, ante la actitud del virrey Elío, la Junta dictó el 21 de marzo de 1811 un decreto por el cual expulsaba de Buenos Aires a todos los españoles solteros, acusados de conspirar en combinación con las autoridades de la Banda Oriental y del Alto Perú.

El Cabildo expresó públicamente su desaprobación e idéntica actitud asumió el partido morenista que, ante lo exagerado de la medida, elevó un petitorio para solicitar la derogación del decreto. La Junta se vio forzada a ceder y debió revocar su anterior resolución.

En la noche del 5 al 6 de abril de 1811 se produjo en Buenos Aires el primer intento de revolución contra las autoridades constituidas —no españolas— que marca el comienzo de nuestras  luchas internas.
El movimiento finalizó con una nueva victoria del bando saavedrista y permitió a la Junta Grande subsistir un tiempo más al frente del gobierno.^ Aunque la asonada dominó aparentemente la tenaz oposición morenista, sus* orígenes no están aclarados y las fuentes históricas se presentan confusas.

ASONADA DEL 5 Y 6 DE ABRIL DE 1811: En abril la oposición había culminado. Para frustrar a estas fuerzas, en la noche del 5 de abril se produjo un verdadero golpe de estado; vecinos de los suburbios y las quintas avanzaron sobre la plaza mayor conducidos por los alcaldes Tomás Grigera y Joaquín Campana.

Se incorporaron a la asonada los regimientos al mando del coronel de húsares Martín Rodríguez y otros militares como los hermanos González Balcarce, Terrada, Álvarez Thomas, cruz.

Bustos, Bernabé San Martín. Un oficio dirigido por los alcaldes de barrio a la Junta exigió el cumplimiento de numerosas peticiones pues, de lo contrario, el “pueblo no se moverá del lugar que ocupa». El movimiento avanzó sin encontrar obstáculo a sus exigencias, notándose el intento de anular al sector morenista.

Las peticiones establecían:
a. Expulsión de los españoles. es decir, el cumplimiento del decreto del 21 de marzo;

b. que las elecciones para miembros de la Junta se hicieran con la intervención del pueblo. Como Vieytes y Rodríguez Peña, que reemplazaban a Moreno y Alberti, no habían sido elegidos por ese procedimiento debían ser separados de la Junta;

c. que Azcuénaga y Larrea, a quienes se consideraban comprometidos en facciones políticas, fueran igualmente separados de la Junta;

d. que en reemplazo de los miembros separados. fueran nombrados Feliciano Chiclana (quien no aceptó el cargo), Atanasio Gutiérrez.; Juan de Aragón y Joaquín Campana;

e. que Cornelio Saavedra fuera restituido en el cargo de comandante general de armas de la capital y provincias;
f. que el general Manuel Belgrano fuera llamado para responder de los cargos que se le formularon por el fracaso de la expedición del Paraguay;

g. que solamente Cornelio Saavedra y Antonio González Balcarce tuvieran honores y grado de brigadier y que todo empleo recayera en el natural de la provincia, debiendo separarse a los que no reunieran estas condiciones, salvo que hubieran acreditado talento o patriotismo.

Otra petición llevó a la creación del Tribunal de Seguridad Pública, integrado por el vocal Atanasio Gutiérrez, coronel Juan B. Bustos y doctor Juan Pedro Aguirre. Su objetivo era destruir la oposición y su antecedente la Comisión de Seguridad Pública. Posteriormente, sé decretó la expatriación de French, Beruti, Donado, Posadas y Vieytes.

Los sucesos de Buenos Aires repercutieron en el interior. Diego Pueyrredón, en Córdoba, y Tomás Allende, en Salta, dejaron sus cargos de presidentes de las juntas principales, después de realizados plebiscitos.

Los opositores acusaron a Saavedra de haber instigado el movimiento; no obstante, éste lo negó terminantemente.

Significado histórico del movimiento: En la asonada del 5 y 6 de abril se produjo el choque de dos elementos sociales en pugna: la minoría culta del centro de la ciudad y los pobladores humildes de las quintas y chacras de los suburbios. Es notable destacar que nadie reconoció ser el cabecilla del movimiento. Saavedra dejó escrito en sus Memorias que la asonada «se hizo sin mi noticia ni conocimiento». Funes, por su parte, dice a través de las páginas de La Gazeta, que todo se debió a «hombres fanáticos» que luchaban por «una furiosa democracia».

El triunfo correspondió a los saavedristas y provincianos y en consecuencia los morenistas fueron desplazados, aunque por poco tiempo, pues no tardará en producirse la reacción porteña, en los meses que corren de abril a octubre.

Desde el mes de enero funcionaba en Buenos Aires una Comisión de Seguridad Pública dependiente de la Junta, pero después del 5 y 6 de abril se creó un organismo con mayores atribuciones, llamado Tribunal de Seguridad Pública. Se ocupó de castigar a los adversarios del gobierno y disponer su confinamiento por medio de sumarios y procesos. Uno de sus miembros fue Juan Bautista Bustos, futuro caudillo y gobernador de Córdoba.

Creación de la Junta Grande de Gobierno de 1810 Causas

Creación de la Junta Grande de Gobierno de 1810

A las Juntas Revolucionarias (Primera Junta, mayo a diciembre de 1810 y Segunda Junta o Junta Grande, diciembre 1810 a setiembre 1811), sucedieron dos Triunviratos, los que se extendieron respectivamente desde 1811 a 1812 y desde 1812 hasta 1814, en que se inició el Directorio que finalizó en 1820. Ya hemos dicho que, instalada la Junta, comenzó a surgir antagonismo entre sus miembros, siendo líderes de los grupos Moreno y Saavedra.

Cornelio SaavedraLas dos tendencias (conservadores y radicales) se enfrentaron por primera vez con motivo de la orden de los fusilamientos en Córdoba; aquí Moreno hizo prevalecer la doctrina de la inflexibilidad del castigo como garantía de la salvación pública. Pero la profundidad de la brecha creada hizo crisis con motivo de la cumplimentación, por parte de los cabildos del interior, de la circular del 27 de mayo.

Como la Primera Junta era provisional, una de sus primeras disposiciones fue solicitar a los cabildos del interior el envío de diputados a Buenos Aires para adoptar resoluciones decisivas.

A fines de junio comenzaron a llegar a Buenos Aires los diputados electos por los Cabildos del interior, con documentos relativosa sus poderes y la misión que les era encomendada.

Los poderes de los diputados permiten apreciar la opinión de los pueblos del interior en esos momentos. En general los textos están redactados con vaguedad y carecen de una orientación definida. La mayoría de los representantes partieron con la certeza de que debían reunirse en un Congreso, y estaban advertidos para impedir cualquier intento  de centralismo   avasallante  por   parte  de   Buenos  Aires.

El plan concebido por los adversarios de Moreno consistía en incorporar esos representantes a la Junta con carácter de vocales, para dar satisfacción a Saavedra —desprestigiando al secretario— y aplazar la reunión del Congreso. La fracción conservadora deseaba que el movimiento revolucionario continuara sin definirse, a la espera de los sucesos que agitaban la península. Al no reunirse el Congreso no podía dictarse una Constitución, ni tampoco cortar definitivamente los vínculos políticos con España.

A mediados de diciembre ya se conocía el nombramiento de catorce diputados, nueve de los cuales ya estaban en Buenos Aires, entre ellos el Deán Gregorio Funes —representante de Córdoba— quien se solidarizó con Saavedra pues ambos coincidían en que Moreno se adelantaba a los sucesos en una actitud que podría perjudicar a la Revolución. Con motivo del decreto del 6 de diciembre —que fue muy censurado por la opinión opositora— el Deán propuso a Saavedra la incorporación de los diputados.

En la sesión del 18 de diciembre, la Junta en pleno recibió a nueve diputados y en nombre de ellos habló el Deán Funes. Argumentó que Buenos Aires «no tenía títulos legítimos para elegir por sola gobernadores» y que a la Junta «no se le presentaba otro remedio más legal, seguro y equitativo, que la asociación de los diputados a los vocales».

Mariano Moreno

Los diputados provinciales apoyaban a Saavedra y resistían el enérgico plan de Moreno; como eran doce, la mayoría de la Junta iba a ser saavedrista. Moreno se opuso a la incorporación de los diputados provincianos, pero su moción no fue atendida, por lo cual presentó su renuncia; se le encomendó entonces una misión diplomática en Gran Bretaña. No pudo cumplir tampoco esta importante tarea por que falleció en alta mar el 4 de marzo de 1811.

Funes sostuvo que el gobierno no contaba con la confianza pública y entonces «era necesario reparar esta quiebra con la incorporación de los diputados que los mismos descontentos reclamaban».

La mayoría de los vocales se mostraron contrarios a la incorporación de los representantes del interior. Su oposición se basó en los fundamentos siguientes:

a) el propósito de los diputados era integrar un congreso;

b) no debían incorporarse a la Junta porque ésta era un organismo provisorio; y

c) la invitación que figuraba en la circular del 27 de mayo «había sido rasgo de inexperiencia, que el tiempo había acreditado después enteramente  impracticable».

Para solucionar el problema se dispuso efectuar una votación conjunta, es decir, «reunidos los vocales con los diputados presentes». Catorce lo hicieron en favor y sólo dos —Moreno y Paso—se opusieron.

Con la incorporación de los diputados provinciales quedó constituido un nuevo organismo provisorio de gobierno que se llamó Junta Grande. A partir de ese momento —dice el historiador Ravígnani— «surge un nuevo elemento político: el factor provincia. Comienza por tener la consistencia de una facción para convertirse en partido, que gravitará de una manera singular en la contextura del Estado argentino».

 lord StrangfordEn mayo la Junta envió una nota a lord Strangford (imagen izq.) , representante británico ante la corte de Río de Janeiro, explicándole los motivos de su instalación y asegurándole su propósito de conservar el Río de la Plata para Fernando VII, contra las ambiciones de Napoleón. El diplomático inglés contestó en forma cordial, y desde entonces fue por varios años un interesado consejero y colaborador de la incipiente diplomacia argentina.

A fines del mismo mes, el capitán de navío Matías Irigoyen partió en misión secreta ante el gabinete de Londres, con el objeto de interesarlo en favor de la Revolución; Mariano Moreno debía proseguir las negociaciones; lo suplió su hermano Manuel.

La Junta también procuró estimular los movimientos producidos en otros lugares de América, y a ese efecto envió a Chile a Antonio Alvarez Jonte, que había residido en aquel país. Llevaba la misión de colaborar con los patriotas chilenos en la creación de un gobierno propio y pactar luego una alianza con éste. Al llegar a Santiago ya se había instalado ese gobierno el 18 de setiembre de 1810, y se contrajo al segundo punto, proponiendo un tratado de carácter político y comercial que se denominaría Primera Unión del Sud.

El 18 de diciembre de 1810 con la incorporación de los diputados provinciales quedó formada la Segunda Junta o Junta Grande. Los morenistas quedaban en minoría en el gobierno; sus partidarios, pertenecientes casi todos a la juventud porteña ilustrada, formaron una agrupación política que habría de influir posteriormente en forma decisiva en la marcha de la revolución, la Sociedad Patriótica, que se reunía en un local situado a una cuadra de la Plaza de Mayo, el café de Marcos.

Moreno había sostenido que un gobierno de muchos miembros era inconveniente. Los hechos le dieron la razón; la Junta Grande era demasiado numerosa para gobernar con eficacia. El grupo saavedrista, triunfante en diciembre de 1810, perdió terreno en los meses siguientes. La minoría morenista de la Junta estaba apoyada desde afuera por laSociedad Patriótica, que fomentaba una enérgica campaña de oposición.

La fracción saavedrista de la Junta Grande, alarmada por su creciente impopularidad, resolvió dar un golpe de fuerza, que preparó sin darle conocimiento a su jefe, Cornelio de Saavedra. Reunió, en la noche del 5 al 6 de abril de 1811, varios regimientos que le eran adictos y una gran multitud compuesta de gentes de los suburbios, que exigieron la renuncia de los miembros morenistas de la Junta: Vieytes, Rodríguez Peña, Azcuénaga y Larrea. Pidieron además que Belgrano fuera procesado por su derrota en el Paraguay, y el destierro de muchos distinguidos ciudadanos conocidos por su adhesión a las ideas de Moreno.

Beruti en sus Memorias Curiosas dice que esta contrarrevolución, como llama al golpe de estado del 5 y 6 de abril, fue hecha “por las heces del pueblo agricultor, el indecente pueblo del campo”. Se refiere a la gente de los suburbios, los “orilleros”, movilizados por Tomás Grigera, alcalde de las quintas y el doctor Joaquín Campana, abogado de prestigio en las orillas.

Cuando se supo en la capital que el ejército del Norte había sido completamente derrotado en Huaqui —recordemos que este desastre tuvo lugar el 20 de junio de 1811—, la hostilidad contra los miembros de la Junta Grande adquirió extrema violencia. Los saavedristas, que habían asumido toda la responsabilidad del gobierno y de la conducción de la guerra, comprendieron que debían acceder a las exigencias populares; alejaron a Saavedra de la ciudad, confiándole la inspección del ejército del Norte, y aceptaron la formación de un nuevo gobierno, compuesto de sólo tres miembros, cuya posición política denunciaba claramente el predominio morenista.

Fuente Consultada:
HISTORIA 5 Historia Argentina
José Cosmelli Ibañez
Editorial Troquel

Formacion de los Partidos Politicos en Argentina Reforma Electoral

Formación de los Partidos Políticos en Argentina

A diferencia de las polis griegas, nuestros gobiernos están formados por representantes elegidos por los ciudadanos, y su función es resolver los problemas prácticos de la administración, de acuerdo con la voluntad expresa de la mayoría, y se les paga para que cumplan con ello. A diferencia de los griegos -que otorgaban mucha más importancia a la vida pública- nosotros debemos trabajar y cuidar de nuestra familia, además, valoramos más nuestra vida privada, es decir, nos importa más usar nuestro tiempo libre en escuchar música, ver televisión o salir de compras, que en dedicarnos a controlar o averiguar qué hacen nuestras autoridades, o qué hace el Estado en tal o cual asunto.

Es por ello que en nuestras sociedades se han formado grupos de profesionales de la política -los políticos- organizados en partidos que confrontan por llegar al gobierno y llevar a cabo sus propuestas. Esto es muy bueno, sobre todo si hay más de un partido político, porque permite elegir entre varios dirigentes y si la elección fue errónea, al poco tiempo elegir nuevamente y, en consecuencia, cambiar jefes y programas de gobierno.

También tiene sus desventajas. Sucede que a veces, como en Egipto o en las ciudades-estados de la Mesopotamia, en los partidos políticos las órdenes no van de abajo hacia arriba sino todo lo contrario.

Son los dirigentes quienes dan las órdenes y mandan desde sus escritorios sin escuchar la opinión de la gente. Entonces, los ciudadanos se desalientan y los asuntos públicos dejan de interesar: «A mi la política no me interesa.» «Para qué te vas a meter si después ellos hacen lo que quieren.»; «Para hacerte rico, dedícate a la política.»

Las consecuencias de estas actitudes han dado origen a un mal de nuestras democracias actuales: la corrupción.

HISTORIA EN ARGENTINA:

LA LEY ELECTORAL. La visión de Roque Sáenz Peña puso fin al fraude al propiciar las leyes que modificaron, desde 1912, la vida política. Pese a la sacudida del 90, el grupo gobernante se mantuvo en el poder por dos décadas —no sin enfrentar profundos choques internos y profundas escisiones—.

Un hombre surgido de sus filas, Roque Sáenz Peña, comprendió que se requerían medidas nuevas y cerró el período de la Organización Nacional. Bajo su auspicio se sancionó la ley electoral, que garantiza el sufragio obligatorio y secreto a todos los ciudadanos de la nación. La aplicación de esta ley hizo posible el ascenso del radicalismo al gobierno, acaudillado por Hipólito Yrigoyen, quien llegó a la presidencia en 1916, votado por 172000 ciudadanos.

Formación de los partidos políticos modernos
El país pasaba por una honda crisis de indiferencia política; los ciudadanos abrigaban la convicción de que les estaba cerrado el camino de los comicios. En las elecciones de diputados por la capital federal, efectuadas en marzo de 1904, el candidato más votado reunió 1.104 votos. Raras veces aparecía en algún punto una lista disidente. La fórmula Sáenz Peña — de la Plaza fue la única proclamada.

La ley electoral de 1912, llamada desde el primer momento «ley Sáenz Peña», tuvo la virtud de sacudir la apatía y desconfianza colectivas. La nación respondió a la invitación de su Presidente.

Los partidos reorganizaron o fundaron comités seccionales, cuyos delegados constituyeron el comité nacional y reunieron convenciones para sancionar o reformar sus cartas orgánicas (declaración de principios y reglamento interno). También adoptaron la costumbre europea, introducida por el partido socialista, de redactar plataformas electorales, es decir, programas formados por puntos concretos de alcance inmediato.

Como no existían partidos ni otras instituciones políticas con estructuras formales y burocratizadas, las fundones que éstos cumplen habitualmente para la selección de funcionarios fueron ejecutadas por los grupos de familias o de amigos, constituidos sobre la base de lealtades particulares (la misma familia, las amistades de la universidad o el club). La Universidad (la Facultad de Derecho especialmente) desempeñó el papel más significativo en el proceso de reclutamiento de funcionarios y líderes políticos, Los grupos de familias tradicionales, el club (el Club del Progreso primero, el Jockey Club después), las Facultades de Derecho de las Universidades de Buenos Aires y de Córdoba, fueron las instituciones básicas de comunicación entre los miembros de la oligarquía y, sobre todo, de reclutamiento de funcionarios para el ejercicio del gobierno.
(Tomado de Roberto Cortés Conde, historiador argentino contemporáneo, La república conservadora).

Los principales partidos políticos fueron:

1° El Partido Conservador. Compuesto por la coalición de los partidos oficiales que gobernaban el país; como lo indicaba su nombre, defendía la situación existente, aunque admitía la necesidad de reformarla.

2° La Unión Cívica Radical. Surgida a la voz de Alem y Aristóbulo del Valle, había promovido la revolución de 1890, constituyéndose como partido al año siguiente. Luego provocó las agitaciones de 1893 y 1904, ya estudiadas. Se ha dicho que más que una doctrina le inspiraba un sentimiento: el anhelo de la pureza cívica y de la verdad institucional. Levantó desde un comienzo la bandera de la intransigencia, opuesta a todo acuerdo o pacto con otro partido, según la frase de Alem: «que se rompa pero que no se doble».

Alem se suicidó en 1896; el partido reconoció como jefe a Hipólito Yrigoyen. Durante la presidencia de Alvear se dividió en dos tendencias: la personalista, fiel a Irigoyen, 3 la antipersonalista, contraria a su tutela.

3° El Partido Socialista. Los primeros núcleos socialistas aparecieron en 1894, y al año siguiente constituyeron un comité ejecutivo, gestor de una activa propaganda oral y escrita en pro de las reivindicaciones obreras. En 1904 obtuvo su primer triunfo electoral, con la elección del doctor Alfredo L. Palacios como diputado por la circunscripción de la Boca. De este partido se segregaron núcleos de afiliados que formaron dentro de este período los partidos comunista, socialista argentino y socialista independiente, en orden decreciente de extremismo.

4° El Partido Demócrata Progresista. Originario de la provincia de Santa Fe, tenía su baluarte en Rosario, y era su líder el doctor Lisandro de la Torre. Sostenía una doctrina liberal-socialista.

La propaganda de estos partidos cubrió de carteles los muros de las poblaciones y movilizó masas enormes de ciudadanos en manifestaciones y concentraciones, de las que no había ejemplo desde veinticinco años atrás. Los escrutinios de las primeras elecciones efectuadas en la provincia de Santa Fe v en la capital federal fueron seguidas con extraordinario interés y dieron el triunfo a los radicales.

En 1916, el cuadro de las fuerzas políticas era el siguiente, en cifras redondas: radicales, 370.000; conservadores, 140.000; demócratas. 130.000; socialistas, 66.000.

La mujer pudo participar en la vida política argentina recién en 1949. En la última reforma de la Constitución se les exige a los partidos políticos que quieran presentar candidatos a elecciones, que un tercio, al menos, sean mujeres.

En las ciudades antiguas, la lucha contra la corrupción era sobre todo un asunto de moral colectiva y de control social. Se recurría, desde luego, a ciertos dispositivos para limitar el riesgo de fraudes y manipulaciones, por ejemplo, la práctica de someter a sorteo el nombramiento de magistrados y ediles, que se consideraba más imparcial que la elección, o bien la brevedad del mandato electivo, sin posibilidad de volver a presentarse.

Hoy, la clave para combatir la corrupción tiene primordialmente tres aspectos:

-Aplicar con toda severidad las leyes, no dejando impunes los delitos de nadie, sea cual fuera su relación con el poder. No hace mucho tiempo el presidente de Brasil. Collor de Meló tuvo que renunciar por no respetar las leyes de su país. En la Argentina, una de las recientes reformas hechas a la Constitución inhabilita para el ejercicio de los cargos públicos a los funcionarios que cometan actos de corrupción.

– Quitar todo privilegio a los partidos políticos y que estos sean instrumentos de la gente para la vigilancia eficaz, al servicio del bien común. Algunos ejemplos de esto último podrían ser:

a) que todos pudieran participar en la elección de los candidatos de un partido, sin necesidad de estar afiliados;
b) fomentar y promover formas paralelas de participación, como asambleas de vecinos o agrupaciones barriales, para evitar que los asuntos de todos sean el territorio de unos pocos especialistas.

En las escuelas, se podría organizar un Centro de Estudiantes y colaborar con las autoridades, la cooperadora, los representantes de docentes, y formar así parte activa en el gobierno de la institución.

Partidos políticos y el futuro de la democracia: Aunque la desafección y partidos políticos sea un problema contienen las sociedades, la ha en nuestro país no muchos equivalentes. Nuestros partidos políticos, en su manera actual de operar, fracasan tanto en la relación Estado-sociedad como en la relación Estado-gobierno, es decir, como mecanismos de representación y como órganos de gestión. En nuestro país, la fallida experiencia de la Alianza quebró una expectativa colectiva de alternancia eficaz de los grandes partidos y consolidó la idea sobre la incapacidad de la política para resolver los gravísimos problemas sociales.

Aunque la actuación de los partidos políticos en las últimas décadas ha dado muestras de profundos vicios que generaron su actual descrédito, sin embargo, ellos siguen siendo el instrumento principal de la democracia representativa. ¿Cómo reconstruir los lazos quebrados entre representantes y representados? Para no perder su centralidad en la gestión democrática, los partidos deberían transformarse, lo que implica ajustarse a las nuevas relaciones sociales que se plantean en el mundo contemporáneo y a las nuevas formas de representación.

Tal como está planteada la discusión sobre la reforma política en la opinión pública argentina, oscila entre dos ejes: uno, predominante, que se remite a su costo; y otro, más soterrado, a su calidad. Sin embargo, el problema del costo de la política no radica, básicamente, en su magnitud, sino en su distribución y su uso; esto es, en su calidad. Para enfrentarse a estos problemas, es necesario reformular las relaciones del sistema de partidos con las expectativas de la ciudadanía y, a la vez, con los recursos del Estado. No hay reforma política posible sin reforma del Estado y sin un autoexamen profundo de su funcionamiento por parte de los propios partidos.

El otro aspecto de la reforma política que más resonancia tiene en la opinión pública es la modificación de la dinámica partidaria-electoral, es decir, la eliminación del sistema de la lista sábana. Es necesario redefinir el régimen electoral para mejorar la relación entre representantes y representados.

ASPECTOS BÁSICOS A CONSIDERAR

Una agenda mínima de las reformas que deben ser discutidas por la sociedad y por los partidos, tendientes a desestatizarlos y a religarlos con la ciudadanía, debería incluir los siguientes puntos:

* Implantación de mecanismos que hagan transparente el financiamiento de la política.
* Redefinición de un régimen electoral que optimice la relación entre representantes y representados, respete a las miñonas y asegure el pluralismo.
* Creación de un organismo electoral independiente.
* Reforma del régimen de los partidos políticos.
* Rápida reglamentación de los instrumentos de democracia directa incluidos en la Constitución Nacional.
* Reforma de La Administración Pública, del Sistema Tributario y su relación con el Sistema Federal.

DEBILIDADES
* Carecen de perfiles programáticos e ideológicos definidos.
* Tienden al conservadurismo y la pasividad.
* Se comportan en forma autorreferencial asegurando su propia supervivencia.
* Predominan Los incentivos selectivos, que favorecen a las fuerzas políticas tradicionales.
* Su supervivencia organizativa depende de Los recursos estatales.
* Tienden a La cartelización, es decir, a arreglos entre Los principales partidos.
* Existencia de focos de corrupción.
* EL poder interno aparece fragmentado.
* Hay una dispersión de Los recursos.
* Funcionan a través del patronazgo y el clientelismo.
* Tienen dificultades para fijar La agenda.
* La capacitación es escasa.
* Tienen dificultades para encarar un proceso de auto-transformadón.

FORTALEZA
• Son imprescindibles para el funcionamiento de la democracia representativa.
• Presencia a nivel nacional. « Tienen capacidad para organizar La competencia electoral.
• Tienen conciencia de la actual crisis de representación.

Fuente Consultada:
Historia 3 La Nación Argentina Miretzky – Mur – Ribas  – Royo
Sociedad Espacio Cultura Desde al Antigüedad Hasta el Siglo XV – Kapelusz
El Desarrollo Humano en la Argentina del Siglo XXI UNICEF – UNDP – Ministerio de Educación , Ciencia y tecnología

Ver:Partidos Políticos en América Conservadores y Liberales

Ley de Reforma Electoral Ley Saenz Peña Sufragio Univesal Voto

Ley de Reforma Electoral
Ley Saenz Peña

LA LEY REFORMA ELECTORAL:LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA EN ARGENTINA: La visión de Roque Sáenz Peña puso fin al fraude al propiciar las leyes que modificaron, desde 1912, la vida política. Pese a la sacudida del 90, el grupo gobernante se mantuvo en el poder por dos décadas —no sin enfrentar profundos choques internos y profundas escisiones—.

Un hombre surgido de sus filas, Roque Sáenz Peña, comprendió que se requerían medidas nuevas y cerró el período de la Organización Nacional. Bajo su auspicio se sancionó la ley electoral, que garantiza el sufragio obligatorio y secreto a todos los ciudadanos de la nación. La aplicación de esta ley hizo posible el ascenso del radicalismo al gobierno, acaudillado por Hipólito Yrigoyen, quien llegó a la presidencia en 1916, votado por 172000 ciudadanos.

Ley Electotal 1912

Ley Electotal 1912

El sufragio universal

Antes de ocupar la presidencia, y por mediación del doctor Manuel Paz, diputado por Tucumán, Sáenz Peña se entrevistó en casa de éste con el doctor Hipólito Yrigoyen, jefe del partido Radical, principal fuerza opositora. Segán Ramón J. Cárcano, presente en las dos reuniones celebradas.

Sáenz Peña declaró que su primer deber sería «asegurar el ejercicio libre y honesto de todos los derechos prometidos por la Constitución». Yrigoyen contestó: «Si el gobierno da garantías, iremos a las urnas». Como prenda de buena fue, Sáenz Peña ofreció a Yrigoyen dos ministerios de su futuro gabinete, pero el jefe radical los declinó, manifestando que a su partido le bastaba el voto libre.

En el mensaje inaugural ante el Congreso, Sáenz Peña expresó claramente su firme decisión de respetar y hacer respetar la libertad de sufragio. Consecuente con esta declaración, envió un proyecto de ley, preparado con la colaboración eficaz del ministro del Interior, doctor Indalecio Gómez, que fue aprobado en 1912 por ambas cámaras, tras largos y eruditos debates.

Los principales puntos de la nueva ley electoral disponían la confección de los padrones por las autoridades militares; la identificación del ciudadano por la libreta de enrolamiento; el voto secreto, depositado en la urna dentro de un sobre firmado por el presidente del comicio y los fiscales de los partidos; la obligación de votar, «porque era a la vez un derecho y un deber».

Con el objeto de asegurar representación a la minoría, adoptaba el sistema de la lista incompleta, limitando el número de candidatos a los dos tercios de los cargos a llenarse; el sufragio adjudicaba esa cuota al partido vencedor y el otro tercio al que le seguía en cantidad de votos, según el orden de nombres de la lista respectiva. Tenían derecho al voto todos los ciudadanos argentinos, nativos y naturalizados, mayores de 18 años, salvo algunas excepciones, expresamente enumeradas.

En vísperas de aplicarse por primera vez la ley electoral, Sáenz Peña publica un manifiesto en el que exhortaba al pueblo a participar de las contiendas cívicas. Terminaba con el siguiente párrafo: «He dicho a mi país todo mi pensamiento, mis convicciones y mis esperanzas. Quiera mi país escuchar la palabra y el consejo de su primer mandatario. Quiera votar».

Fuente: Historia 3 La Nación Argentina Miretzky – Mur – Ribas – Royo.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
POR HILDA SÁBATO Historiadora
Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

[…] Algunos intelectuales y dirigentes políticos hablan de la «indiferencia» y «falta de espíritu cívico» de los ciudadanos, más interesados en sus asuntos privados que en la política, pero otros señalan con razón que muchos de quienes no ejercen su derecho de sufragio participan activamente de otras dimensiones de la vida ciudadana. Por lo tanto, las causas de la abstención electoral habría que buscarlas en el funcionamiento mismo de la política, que desalienta la asistencia a los comicios.

Existe un diagnóstico que comparten dirigentes de los partidos de oposición (la Unión Cívica Radical y el Partido Socialista), y algunos miembros de las agrupaciones cercanas al poder. El férreo control que sobre los mecanismos electorales ejercen las autoridades de la nación y de las provincias quita al voto el carácter de expresión libre de una ciudadanía autónoma. Se habla así de «gobiernos electores» más que de ciudadanos electores.

Las elecciones se aseguran a través de la manipulación de los padrones, del dominio de las instancias de organización y supervisión de los comicios, del uso de los recursos estatales para crear y subordinar clientelas, y del funcionamiento de una máquina de favores e intercambios aceitada por la venalidad. De esta manera, la competencia electoral genuina ha sido más la excepción que la regla, y un mismo grupo político ha mantenido en sus manos el poder por más de treinta años.

Pero los tiempos cambian y sectores cada vez más amplios reclaman una transformación de las prácticas políticas en uso para que se garantice la vigencia plena de la Constitución. Existe, además, una creciente demanda de democratización política, que se manifiesta de distintas maneras: desde abajo, a través de un movimiento obrero vigoroso y de otras organizaciones de la sociedad civil que intervienen en la vida pública; desde las dirigencias políticas, a través de la protesta de partidos como la UCR y el socialismo, o de las acciones directas del anarquismo.

Pero también en sectores del oficialismo, entre intelectuales tofines al régimen y funcionarios del gobierno, hay inquietud por ampliar las bases del sistema para evitar su deslegitimación; por modernizar un régimen político desconectado de una sociedad en plena modernización; por incluir a una población cada vez más heterogénea (producto de la inmigración masiva) en los marcos políticos formales; por ponerse, en fin, a la altura de los tiempos. En el oficialismo no todos coinciden con la necesidad de la reforma, pero el presidente Sáenz Peña ha logrado imponerla.

Llegamos así a la sanción de esta ley. Sus promotores aspiran a que tenga efectos sobre las prácticas políticas actuales y a que paute las novedades que abre la presión democrática: que el voto obligatorio y secreto impulse y amplíe la participación libre, que el padrón militar elimine la manipulación de los registros y que la representación de minorías abra espacios a las fuerzas opositoras en el gobierno de la República. El futuro dirá.

Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929