Las Maestras Que Trajo Sarmiento a Argentina Obra y Legado



LAS MAESTRAS NORTEAMERICANAS QUE EDUCARON EN ARGENTINA

En 1869 llegaron sesenta y cuatro profesionales norteamericanos de la educación a nuestros país, de los cuales solo cuatros eran hombres. De aquellas heróicas mujeres Clara Armstrong trabajó en Paraná, Catamarca, San Juan, San Nicolás, La Plata y Buenos Aires; Sarah Chamberlain de Eccleston lo hizo en Mendoza, Paraná, Buenos Aires y Concepción del Uruguay, mientras que Mary Olstine Graham transitó aulas de Paraná, San Juan y La Plata.

Entre los pocos hombres que vinieron estaba Stearns, quien estableció una escuela normal en Paraná, con su esposa Julia y otras maestras norteamericanas. Stearns trajo consigo las ideas de civismo, disciplina e investigación que impulsaba el educador norteamericano Horace Mann. Entre 1871 y 1888 aquellos norteamericanos fundaron treinta escuelas normales, sentando bases para la formación de docentes y para una educación pública universal.

Domingo Faustino Sarmiento

Domingo Faustino Sarmiento

Para Domingo Faustino Sarmiento, presidente de Argentina entre 1968-1874, la educación era la base de la democracia, y había que conseguir la cultura del pueblo a cualquier precio. Una vez escribió: «Para tener paz en la República Argentina es necesario educar al pueblo en la verdadera democracia, enseñarles a todos lo mismo, para que todos sean iguales; para eso necesitamos hacer de toda la república una escuela».

Esto significaba que los efectos de la educación no debían terminar en la formación de las personas individualmente, sino que la relación entre ciudadanía y educación debía ser estrecha. «La escuela es elemento central en la creación de un campo de lectores alfabetizados dispuestos a compartir los códigos de la cultura de la época.»

La contribución más notable de su presidencia al desarrollo del progreso fue su obra educativa. No sólo creó escuelas primarias, sino que auspició nuevos métodos de enseñanza y contrató educadores europeos para instruir a nuestros maestros; proporcionó subvenciones escolares a las provincias; creó nuevos colegios nacionales; inauguró la Escuela Normal de Paraná e hizo llegar de Estados Unidos maestras normales que desarrollaron en el país una tarea proficua a cuyo amparo surgieron varias generaciones de maestros argentinos.

En una carta a familiares, Stearns había asegurado: «Si me vienen a visitar, no podrán distinguir la escuela de una de los Estados Unidos, salvo por el idioma». Fue casi un transplante de Boston a Entre Ríos, pero el país de entonces no ofrecía un contexto de paz: la escuela enfrentó adversidades económicas y convivió con la revuelta de Ricardo López Jordán tras el asesinato de Urquiza.

LAS OBRAS EDUCATIVAS EN ARGENTINA

La huella honda y perdurable de las educadoras norteamericanas, traídas al país por ese genio de la educación pública argentina que se llamó Domingo Faustino Sarmiento, ha quedado de tal manera impresa en el pasado de nuestras escuelas que compromete la gratitud nacional. Sarmiento, con clara visión del presente y del futuro, en que la educación debe ser la principal preocupación de un gobierno, dedicó a ella todos sus afanes, y hasta el tesoro de la nación estuvo más de una vez al servicio de un ideal: «educar, educar, educar».

Fue así como las escuelas colocadas bajo la dirección de las educadoras norteamericanas venidas a la República Argentina, y que Sarmiento las destinó para llenar su apostolado en diversas ciudades del territorio nacional, fueron modelos en su género, fueron toda «una maestra», toda una educadora cada una de ellas.

Hicieron hombres para llenar ampliamente su misión en la sociedad; supieron desarrollar en cada alumno o en el aula mil veces bendecida por los mismos, el carácter, las aptitudes morales y físicas. Educaron la voluntad para que fuera firme; el espíritu moral para que fuera sólido; nutrieron la inteligencia y adiestraron los miembros.



Esas educadoras de la gran república del norte, no sólo estaban admirablemente preparadas para realizar la obra de encauzar la educación en nuestro país, sino que poseían un espíritu superior, espíritu que cultivaban de continuo; un fino humanismo; una vastedad de conocimientos tal, que lo mismo forjaban el carácter, dura y enérgicamente si era necesario, que formaban el físico del alumno; que al explicarles cómo debían cuidar su salud, les inculcaban de paso ideas de economía y de elegancia.

Exigían más, siempre más. Su disciplina era férrea, al decir de una de sus discípulos. Parecía imponerse de adentro afuera por cada alumno, juez de sí mismo en los casos comunes; sometido al tribunal de sus condiscípulos cuando la falta era grave. Las crónicas relatan que miss Mary O. Graham, directora fundadora de la Escuela Normal de La Plata, visitaba personalmente y a diario toda la escuela, cada una de las clases del curso normal y de aplicación.

Nacía así, instintivo y seguro, el convencimiento de cada alumna de que «la maestra» lo sabía todo; de que si algo preguntaba era para probar la veracidad de las educandos, pero que era inútil ocultar un hecho o ensayar un engaño. Tampoco soñaba nadie en desobedecer, y trabajaban con tanto mayor placer cuanto que no tenían celadoras.

La enseñanza de miss Mary era tan profunda, tan individual, tan personal, que hacía de cada escolar un eterno alumno de la vida, en marcha ascendente hacia la verdad, hacia la bondad. «No es superior el que se adapta al medio, el que se deja ceñir por él -les decía-. Superior es el que obliga al medio a adaptarse a él, siempre que adaptándolo eleve la línea de la vida.»

Y miss Mary O. Graham, como doña Emma Nicolay de Caprile, miss Armstrong, miss Stevens y otras cuyos nombres no recordamos, geniales maestras,  modeladoras de almas,  forjadoras de caracteres, buriladoras de individualidades, formaron generaciones de maestros que, al desparramarse por todos los ámbitos del país, han llevado nuestra naciente cultura.

Han santificado el lugar donde la dulce voz de una mujer oficiaría en cada día la misa del alfabeto, y donde los niños, vibrantes de emoción, entonarían la canción nacional que ella enseñaría a cantar, después de haber recibido el óleo del alfabeto y el conocimiento de las horas en el reloj de cartón. Repetimos: esas geniales maestras pueden figurar en la historia de la educación de nuestro país, como genios pedagógicos: la vida emanaba de sus enseñanzas.

ADELIA DI CARLO

ADELIA DI CARLO (1886-1965).   Escritora y periodista argentina. Sus difundidas colaboraciones en diarios y revistas evidencian su afecto hacia la niñez, a la que dedicó sus mejores páginas.   Recomendamos a las niñas su libro La canción de la aguja, en el que se pone de manifiesto la exquisita sensibilidad de la autora.

SOBRE LA VIDA DE DOMINGO F. SARMIENTO:

DOMINGO F. SARMIENTO ES PRESIDENTE
Domingo Faustino Sarmiento ha llegado a la presidencia de la República y asumió este honorífico cargo el último 12 de octubre. Cuatro años atrás había viajado a los Estados Unidos, a pedido del entonces presidente Bartolomé Mitre. Fue como ministro plenipotenciario de la Argentina.



En su paso por Perú, donde se hallaba reunido el Congreso Americano, condenó el ataque español contra esta nación, lo que constituyó un acto de desobediencia a las claras órdenes de Mitre. Finalmente arribó a Nueva York en mayo de 1865, justo tras la asunción del presidente Andrew Jackson, quien reemplazó a Abraham Lincoln, que fue asesinado por un fanático racista.

Este hecho le causó impactoy llevó a Sarmiento aescribir Vida de Lincoln. En los Estados Unidos participó de los círculos académicos norteamericanosy fue distinguido con los doctorados honoriscausade las universidades de Michigan y Brown, El coronel Lucio V. Mansilla, junto a un grupo de políticos, decidió postular aSarmiento para la presidencia, mientras él continuaba con su viaje.

Así fue, yen abril se celebraron los comicios que le darían la victoria y el Congreso lo consagró presidente de los argentinos el 16 de agosto. Uno de los principales problemas que enfrenta este nuevo gobierno es la guerra de la Triple Alianza, A Sarmiento lo convocaahoracomo primer mandatario, pero también como padre, porquesu hijo Dominguito se encuentra en el frente.

Fuente Consultada:
Enigmas de la Historia Argentina Diego Valenzuela La Educación Argentina

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