Formacion de los Partidos Politicos en Argentina Reforma Electoral



Formación de los Partidos Políticos en Argentina

A diferencia de las polis griegas, nuestros gobiernos están formados por representantes elegidos por los ciudadanos, y su función es resolver los problemas prácticos de la administración, de acuerdo con la voluntad expresa de la mayoría, y se les paga para que cumplan con ello. A diferencia de los griegos -que otorgaban mucha más importancia a la vida pública- nosotros debemos trabajar y cuidar de nuestra familia, además, valoramos más nuestra vida privada, es decir, nos importa más usar nuestro tiempo libre en escuchar música, ver televisión o salir de compras, que en dedicarnos a controlar o averiguar qué hacen nuestras autoridades, o qué hace el Estado en tal o cual asunto.

Es por ello que en nuestras sociedades se han formado grupos de profesionales de la política -los políticos- organizados en partidos que confrontan por llegar al gobierno y llevar a cabo sus propuestas. Esto es muy bueno, sobre todo si hay más de un partido político, porque permite elegir entre varios dirigentes y si la elección fue errónea, al poco tiempo elegir nuevamente y, en consecuencia, cambiar jefes y programas de gobierno.

También tiene sus desventajas. Sucede que a veces, como en Egipto o en las ciudades-estados de la Mesopotamia, en los partidos políticos las órdenes no van de abajo hacia arriba sino todo lo contrario.

Son los dirigentes quienes dan las órdenes y mandan desde sus escritorios sin escuchar la opinión de la gente. Entonces, los ciudadanos se desalientan y los asuntos públicos dejan de interesar: «A mi la política no me interesa.» «Para qué te vas a meter si después ellos hacen lo que quieren.»; «Para hacerte rico, dedícate a la política.»

Las consecuencias de estas actitudes han dado origen a un mal de nuestras democracias actuales: la corrupción.

HISTORIA EN ARGENTINA:

LA LEY ELECTORAL. La visión de Roque Sáenz Peña puso fin al fraude al propiciar las leyes que modificaron, desde 1912, la vida política. Pese a la sacudida del 90, el grupo gobernante se mantuvo en el poder por dos décadas —no sin enfrentar profundos choques internos y profundas escisiones—.

Un hombre surgido de sus filas, Roque Sáenz Peña, comprendió que se requerían medidas nuevas y cerró el período de la Organización Nacional. Bajo su auspicio se sancionó la ley electoral, que garantiza el sufragio obligatorio y secreto a todos los ciudadanos de la nación. La aplicación de esta ley hizo posible el ascenso del radicalismo al gobierno, acaudillado por Hipólito Yrigoyen, quien llegó a la presidencia en 1916, votado por 172000 ciudadanos.

Formación de los partidos políticos modernos
El país pasaba por una honda crisis de indiferencia política; los ciudadanos abrigaban la convicción de que les estaba cerrado el camino de los comicios. En las elecciones de diputados por la capital federal, efectuadas en marzo de 1904, el candidato más votado reunió 1.104 votos. Raras veces aparecía en algún punto una lista disidente. La fórmula Sáenz Peña — de la Plaza fue la única proclamada.

La ley electoral de 1912, llamada desde el primer momento «ley Sáenz Peña», tuvo la virtud de sacudir la apatía y desconfianza colectivas. La nación respondió a la invitación de su Presidente.

Los partidos reorganizaron o fundaron comités seccionales, cuyos delegados constituyeron el comité nacional y reunieron convenciones para sancionar o reformar sus cartas orgánicas (declaración de principios y reglamento interno). También adoptaron la costumbre europea, introducida por el partido socialista, de redactar plataformas electorales, es decir, programas formados por puntos concretos de alcance inmediato.



Como no existían partidos ni otras instituciones políticas con estructuras formales y burocratizadas, las fundones que éstos cumplen habitualmente para la selección de funcionarios fueron ejecutadas por los grupos de familias o de amigos, constituidos sobre la base de lealtades particulares (la misma familia, las amistades de la universidad o el club). La Universidad (la Facultad de Derecho especialmente) desempeñó el papel más significativo en el proceso de reclutamiento de funcionarios y líderes políticos, Los grupos de familias tradicionales, el club (el Club del Progreso primero, el Jockey Club después), las Facultades de Derecho de las Universidades de Buenos Aires y de Córdoba, fueron las instituciones básicas de comunicación entre los miembros de la oligarquía y, sobre todo, de reclutamiento de funcionarios para el ejercicio del gobierno.
(Tomado de Roberto Cortés Conde, historiador argentino contemporáneo, La república conservadora).

Los principales partidos políticos fueron:

1° El Partido Conservador. Compuesto por la coalición de los partidos oficiales que gobernaban el país; como lo indicaba su nombre, defendía la situación existente, aunque admitía la necesidad de reformarla.

2° La Unión Cívica Radical. Surgida a la voz de Alem y Aristóbulo del Valle, había promovido la revolución de 1890, constituyéndose como partido al año siguiente. Luego provocó las agitaciones de 1893 y 1904, ya estudiadas. Se ha dicho que más que una doctrina le inspiraba un sentimiento: el anhelo de la pureza cívica y de la verdad institucional. Levantó desde un comienzo la bandera de la intransigencia, opuesta a todo acuerdo o pacto con otro partido, según la frase de Alem: «que se rompa pero que no se doble».

Alem se suicidó en 1896; el partido reconoció como jefe a Hipólito Yrigoyen. Durante la presidencia de Alvear se dividió en dos tendencias: la personalista, fiel a Irigoyen, 3 la antipersonalista, contraria a su tutela.

3° El Partido Socialista. Los primeros núcleos socialistas aparecieron en 1894, y al año siguiente constituyeron un comité ejecutivo, gestor de una activa propaganda oral y escrita en pro de las reivindicaciones obreras. En 1904 obtuvo su primer triunfo electoral, con la elección del doctor Alfredo L. Palacios como diputado por la circunscripción de la Boca. De este partido se segregaron núcleos de afiliados que formaron dentro de este período los partidos comunista, socialista argentino y socialista independiente, en orden decreciente de extremismo.

4° El Partido Demócrata Progresista. Originario de la provincia de Santa Fe, tenía su baluarte en Rosario, y era su líder el doctor Lisandro de la Torre. Sostenía una doctrina liberal-socialista.

La propaganda de estos partidos cubrió de carteles los muros de las poblaciones y movilizó masas enormes de ciudadanos en manifestaciones y concentraciones, de las que no había ejemplo desde veinticinco años atrás. Los escrutinios de las primeras elecciones efectuadas en la provincia de Santa Fe v en la capital federal fueron seguidas con extraordinario interés y dieron el triunfo a los radicales.

En 1916, el cuadro de las fuerzas políticas era el siguiente, en cifras redondas: radicales, 370.000; conservadores, 140.000; demócratas. 130.000; socialistas, 66.000.

La mujer pudo participar en la vida política argentina recién en 1949. En la última reforma de la Constitución se les exige a los partidos políticos que quieran presentar candidatos a elecciones, que un tercio, al menos, sean mujeres.

En las ciudades antiguas, la lucha contra la corrupción era sobre todo un asunto de moral colectiva y de control social. Se recurría, desde luego, a ciertos dispositivos para limitar el riesgo de fraudes y manipulaciones, por ejemplo, la práctica de someter a sorteo el nombramiento de magistrados y ediles, que se consideraba más imparcial que la elección, o bien la brevedad del mandato electivo, sin posibilidad de volver a presentarse.



Hoy, la clave para combatir la corrupción tiene primordialmente tres aspectos:

-Aplicar con toda severidad las leyes, no dejando impunes los delitos de nadie, sea cual fuera su relación con el poder. No hace mucho tiempo el presidente de Brasil. Collor de Meló tuvo que renunciar por no respetar las leyes de su país. En la Argentina, una de las recientes reformas hechas a la Constitución inhabilita para el ejercicio de los cargos públicos a los funcionarios que cometan actos de corrupción.

– Quitar todo privilegio a los partidos políticos y que estos sean instrumentos de la gente para la vigilancia eficaz, al servicio del bien común. Algunos ejemplos de esto último podrían ser:

a) que todos pudieran participar en la elección de los candidatos de un partido, sin necesidad de estar afiliados;
b) fomentar y promover formas paralelas de participación, como asambleas de vecinos o agrupaciones barriales, para evitar que los asuntos de todos sean el territorio de unos pocos especialistas.

En las escuelas, se podría organizar un Centro de Estudiantes y colaborar con las autoridades, la cooperadora, los representantes de docentes, y formar así parte activa en el gobierno de la institución.

Partidos políticos y el futuro de la democracia: Aunque la desafección y partidos políticos sea un problema contienen las sociedades, la ha en nuestro país no muchos equivalentes. Nuestros partidos políticos, en su manera actual de operar, fracasan tanto en la relación Estado-sociedad como en la relación Estado-gobierno, es decir, como mecanismos de representación y como órganos de gestión. En nuestro país, la fallida experiencia de la Alianza quebró una expectativa colectiva de alternancia eficaz de los grandes partidos y consolidó la idea sobre la incapacidad de la política para resolver los gravísimos problemas sociales.

Aunque la actuación de los partidos políticos en las últimas décadas ha dado muestras de profundos vicios que generaron su actual descrédito, sin embargo, ellos siguen siendo el instrumento principal de la democracia representativa. ¿Cómo reconstruir los lazos quebrados entre representantes y representados? Para no perder su centralidad en la gestión democrática, los partidos deberían transformarse, lo que implica ajustarse a las nuevas relaciones sociales que se plantean en el mundo contemporáneo y a las nuevas formas de representación.

Tal como está planteada la discusión sobre la reforma política en la opinión pública argentina, oscila entre dos ejes: uno, predominante, que se remite a su costo; y otro, más soterrado, a su calidad. Sin embargo, el problema del costo de la política no radica, básicamente, en su magnitud, sino en su distribución y su uso; esto es, en su calidad. Para enfrentarse a estos problemas, es necesario reformular las relaciones del sistema de partidos con las expectativas de la ciudadanía y, a la vez, con los recursos del Estado. No hay reforma política posible sin reforma del Estado y sin un autoexamen profundo de su funcionamiento por parte de los propios partidos.

El otro aspecto de la reforma política que más resonancia tiene en la opinión pública es la modificación de la dinámica partidaria-electoral, es decir, la eliminación del sistema de la lista sábana. Es necesario redefinir el régimen electoral para mejorar la relación entre representantes y representados.

ASPECTOS BÁSICOS A CONSIDERAR

Una agenda mínima de las reformas que deben ser discutidas por la sociedad y por los partidos, tendientes a desestatizarlos y a religarlos con la ciudadanía, debería incluir los siguientes puntos:



* Implantación de mecanismos que hagan transparente el financiamiento de la política.
* Redefinición de un régimen electoral que optimice la relación entre representantes y representados, respete a las miñonas y asegure el pluralismo.
* Creación de un organismo electoral independiente.
* Reforma del régimen de los partidos políticos.
* Rápida reglamentación de los instrumentos de democracia directa incluidos en la Constitución Nacional.
* Reforma de La Administración Pública, del Sistema Tributario y su relación con el Sistema Federal.

DEBILIDADES
* Carecen de perfiles programáticos e ideológicos definidos.
* Tienden al conservadurismo y la pasividad.
* Se comportan en forma autorreferencial asegurando su propia supervivencia.
* Predominan Los incentivos selectivos, que favorecen a las fuerzas políticas tradicionales.
* Su supervivencia organizativa depende de Los recursos estatales.
* Tienden a La cartelización, es decir, a arreglos entre Los principales partidos.
* Existencia de focos de corrupción.
* EL poder interno aparece fragmentado.
* Hay una dispersión de Los recursos.
* Funcionan a través del patronazgo y el clientelismo.
* Tienen dificultades para fijar La agenda.
* La capacitación es escasa.
* Tienen dificultades para encarar un proceso de auto-transformadón.

FORTALEZA
• Son imprescindibles para el funcionamiento de la democracia representativa.
• Presencia a nivel nacional. « Tienen capacidad para organizar La competencia electoral.
• Tienen conciencia de la actual crisis de representación.

Fuente Consultada:
Historia 3 La Nación Argentina Miretzky – Mur – Ribas  – Royo
Sociedad Espacio Cultura Desde al Antigüedad Hasta el Siglo XV – Kapelusz
El Desarrollo Humano en la Argentina del Siglo XXI UNICEF – UNDP – Ministerio de Educación , Ciencia y tecnología

elogios importantes para la mujer

Ver:Partidos Políticos en América Conservadores y Liberales

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