Mariano Moreno

Ideas Revolucionarias de Moreno y Monteagudo Principios de Igualdad

Principios e Ideas Revolucionarias de Moreno y Monteagudo

LoS principios revolucionarios en los escritos de
Moreno y Monteagudo.
Los principios de igualdad y de libertad — bases de la concepción republicana que impuso la Revolución de Mayo y que cristalizaron en las leyes y decretos de la memorable Asamblea de 1813— fueron defendidos con ardor por Mariano Moreno y Bernardo Monteagudo, dos de los grandes escritores del período revolucionario y, quizás, de los pocos que tuvieron clara conciencia del momento histórico en que actuaban.

Las páginas de Moreno, en especial las publicadas en la “Gaceta”, escritas para difundir la doctrina orientadora del pensamiento de Mayo, revelan, a través de la forma clara la expresión y el vigor de su mentalidad. La revolución en sus primeros momentos fue, para él, una conmoción social que dió a los criollos una nueva conciencia, pues los llevó a desalojar del poder a los españoles.

Moreno sintió la necesidad de que el país se organizara dándose un sistema de disposiciones y de principios que establecieran “la necesidad de las costumbres, la seguridad de las personas, la conservación de sus derechos, los deberes del magistrado, las obligaciones del subdito, y los límites de la obediencia”.

Y señaló, en principio, que la división de los poderes y el sistema representativo debían ser la base de la organización institucional.

La libertad era, para Moreno, principio esencial de todo régimen democrático. Pero aunque hizo suya la divisa “Yo prefiero una procelosa libertad a la esclavitud tranquila”, no concibió una libertad individualista, anárquica, sino una libertad que implicaba la existencia de garantías que asegurasen su ejercicio.

Y advirtiendo los peligros del libertinaje, no pudo menos que señalar: “Temblemos con la memoria de aquellos pueblos que, por el mal uso de su naciente libertad, no merecieron conservarla muchos instantes”.

El sentimiento de igualdad, que tuvo profundo arraigo en Moreno —y que ya había exteriorizado en su defensa de los indios y de los pardos y morenos— adquirió su más brillante exteriorización en el decreto de abolición de los honores al Presidente de la Junta.

Además de establecer absoluta, perfecta e idéntica igualdad entre todos los miembros de la Junta, el decreto del 8 de diciembre de 1810, prohibía todo brindis, viva o aclamación en favor de los miembros del gobierno.

“Si éstos son justos, vivirán en el corazón de sus conciudadanos”, decía. “No se podrá — añadía el artículo 99 — brindar sino por la Patria, por sus derechos, por la gloria de nuestras armas, y por objetos generales concernientes a la pública felicidad”.

Y, en su afán de asentar sobre sólidas bases el sentimiento de igualdad, estipulaba que “las esposas de los funcionarios públicos, políticos y militares, no disfrutarán los honores de armas ni demás prerrogativas de sus maridos; estas distinciones las concede el estado a los empleos, y no pueden comunicarse sino a los individuos que lo ejercen”.

Basta esta breve referencia a las ideas difundidas en sus escritos por el secretario de la Junta para comprender que Ricardo Levene, ilustre historiador que ha profundizado en el estudio de la Revolución de Mayo, haya podido afirmar que Moreno encarna los sentimientos de la Argentina de todos los tiempos.

Moreno y Monteagudo Revolucionarios

Bernardo Monteagudo (1787-1825), fué el escritor que recogió la pluma de Moreno y en sus escritos mantuvo la continuidad del sentimiento democrático y acentuó la prédica en favor de la proclamación de la independencia.

El brillante tribuno sintió el peligro de que el pueblo, que había pasado de la servidumbre a un régimen de libertad, pudiera precipitarse en la anarquía. De ahí su prédica para que se dejasen de lado las pasiones a fin de alcanzar la verdadera libertad.

“Para llegar al santuario de la libertad, es preciso pasar por el templo de la virtud”, afirmó, expresando que un recto ejercicio de la libertad presupone la inviolabilidad de los derechos del hombre, la imparcialidad en los actos y la rectitud en las deliberaciones.

Por eso, en sus “Observaciones didácticas”, expresaba: “En vano declamaréis contra la tiranía si contribuís o toleráis la opresión y servidumbre de los que tienen igual derecho que vosotros: sabed que es menos tirano el que usurpa la soberanía de un pueblo, que el que defrauda los derechos de un solo hombre: el que quiere restringir las opiniones racionales de que goza todo ser animado, el que quiere sofocar el derecho que a cada uno le asiste de pedir lo que es conforme a sus intereses, de facilitar el alivio de sus necesidades, de disfrutar los encantos y ventajas que la naturaleza despliega a sus ojos; el que quiere, en fin, degradar, abatir y aislar a sus semejantes, es un tirano”.

Para Monteagudo la independencia era un principio que estaba sancionado por la naturaleza.

En consecuencia, escribía en marzo de 1812, el problema del país consistía en saber si convenía formular tal declaración, es decir, si era conveniente declarar que estábamos en la justa posesión de nuestros derechos. Para él, efectuar tal declaración era urgente. Nuestro país no podía retrotraer a los impulsos que generaron el movimiento de Mayo y debía cumplir su destino histórico, iniciando una era que, en la vida y en las instituciones, fuera realmente nuestra. Este problema, sin embargo, no podía separarse del referente a la organización del Estado.

Las causas efectivas de nuestros males estaban, a juicio de Monteagudo, en nosotros mismos. La necesidad de combinar la seguridad y el orden con la administración rápida de sus resoluciones, lo llevó a pensar en la urgencia de concentrar la autoridad “en un solo ciudadano acreedor a la confianza pública, librar a su responsabilidad la suerte de los ejércitos y la ejecución de todos los medios concernientes al suceso y, en una palabra, no poner otro término a sus facultades que la independencia de la patria”.

Mas, pesando los peligros que podrían resultar de tal magistratura, sugirió la conveniencia de establecer un poder ejecutivo unipersonal, que debía ser secundado por un poder directivo integrado por tres o más personas, en representación del pueblo.

En última instancia, para Monteagudo el perfeccionamiento de cualquier constitución dependía del pueblo. Pero loi pueblos, si no conocen sus derechos, si no son ilustrados, están a merced de cualquier tirano.

Ignorancia y tiranía, a su entender, se complementan en el mismo grado que ilustración y libertad. De ahí que enunciara con meridiana claridad su preocupación: “Que mi patria sea feliz, y sus hijos instruidos en cuanto les conviene para afianzar su dicha, tales son los deseos que sostienen la pluma en mi mano cuando escribo”.

Las “Reflexiones” del canónigo Gorriti. — Desde su refugio de Bolivia, el canónigo Juan Ignacio de Gorriti (1766-1842) escribió su libro Reflexiones sobre las causas morales de las convulsiones interiores de nuestros estados americanos y examen de los medios eficaces para reprimirlas, que se publicó en Chile en 1836.

Gorriti Canonigo
Juan Ignacio Gorriti

Víctima de las montoneras que lo había depuesto de su cargo de gobernador de la provincia de Salta, el ilustre sacerdote, que había tenido destacada actuación durante todo el período revolucionario, sintetizó en su obra sus ideas acerca de la organización republicana, de la causa de los desórdenes internos y de la necesidad que de la educación tenían los pueblos que hacía poco habían nacido a la vida independiente.

Los gobiernos tiránicos para sostenerse, expresa Gorriti, tienden a “mantener a los pueblos en la ignorancia estúpida y fomentar los vicios”, pues esa situación de “aversión a los negocios públicos”, de “indiferencia por la suerte de la patria” y de “incoherencia de los subditos entre sí” es la que da fuerza y estabilidad a los regímenes opresores.

Los gobiernos republicanos, en cambio, deben tender impostergablemente a la educación popular, ya que una característica del régimen representativo es la de interesarse por “ilustrar siempre a todos los ciudadanos y formarlos en todas las virtudes sociales”, tratando por todos los medios de extirpar la ignorancia y los vicios.

Justamente, las nuevas repúblicas, que fueron colonias españolas, tienen “necesidad de ser corregidas de los vicios que engendró una administración viciosa”; por eso, meta de todo gobernante hispanoamericano debe ser desarraigar esas tradiciones, en cuanto puedan ser viciosas a la democracia, por medio de una nueva educación.

Deficiencias en la ilustración popular eran las que explicaban, en el pensar de Gorriti, las convulsiones y sacudimientos que experimentaban los pueblos americanos.

Efectivamente, eran deficiencias educacionales las que hacían que los diputados dictaran en las asambleas leyes absurdas, puesto que por carecer de los conocimientos indispensables no tenían capacidad para desempeñar bien sus mandatos. Por eso sólo por casualidad hacían, a su juicio, algo aceptable. Tales diputados, aunque animados de las mejores intenciones, por falta de educación ocasionaban “males de gravísimas consecuencias para la república”.

Las deficiencias en la educación llevaban a algo más grave: hacían del pueblo, ignorante de sus derechos y deberes, una víctima de las seducciones de cualquier “astuto que haya sabido ganar el aura popular, aunque esté destituido de talentos, de ciencia y de probidad”.

Finalmente, las deficiencias en la educación llevaban a los pueblos al vicio, haciendo que la corrupción se generalizase. “La ignorancia abre la puerta a la corrupción — escribía Gorriti—; ésta a su vez destierra a las ciencias, las artes, la industria; obstruye los canales de la ilustración, perpetúa la ignorancia, que es luego fecundada de mayores excesos y desmoralización, enemiga del buen orden de las sociedades, de las leyes, de la civilización y de la prosperidad pública”.

Estas reflexiones llevaron a Gorriti a concebir la educación como el medio eficaz para reprimir las convulsiones que afligían a nuestro país, y de las cuales él había sido víctima. De ahí que afirmara que la consolidación de las instituciones republicanas requería la aniquilación de los dos agentes determinantes del desorden social y de la anarquía: la ignorancia y la corrupción.

Fuente Consultada: HISTORIA DE LA CULTURA ARGENTINA -ARTE-LITERATURA-CIENCIA- Manuel Horacio Solario Editorial “El Ateneo”

Biografia de Zapiola Jose Matías

Biografía del Brigadier  Zapiola Jose Matías

Nació en Buenos Aires el 22 de marzo de 1780. Se educó en el Real Colegio de Nobles dé Madrid; ingresando luego al Departamento del Ferrol, donde se distinguió como estudiante y del cual egresó como Guardiamarina el l9 de enero de 1799, siendo promovido a Alférez de Fragata el 2 de octubre de 1802. A las órdenes de Alcalá Galiano, navegó en el Mar de las Antillas.

Prestó servicios en La Habana y más tarde, en 1805, fue destinado al Apostadero de Montevideo, donde sé hallaba en el momento de producirse el movimiento emancipador de Mayo. Descubierta su participación en el mismo, fue enviado a Cádiz, y allí se incorporó a la Logia Lautaro, establecida más tarde por él, San Martín y Alvear en el Río de la Plata. En la Península fue promovido a Alférez de Navio en mayo de 1811.

Zapiopla Jose Matias

Desde Cádiz, mantenía comunicación constante con los hombres de Buenos Aires comprometidos en la Revolución, haciendo además intensa propaganda entre los americanos residentes en España. Al ser descubierto se ocultó en un buque que zarpaba para Inglaterra, de donde viajó en la Fragata inglesa “George Canning”, junto con San Martín, Alvear y otros patriotas, hacia Buenos Aires donde llegaron el 9 de marzo de 1812.

El 16 de ese mismo mes y año, fue nombrado Capitán de la primera compañía del Escuadrón de Granaderos a Caballo.

Habiendo marchado San Martín para tomar el mando del Ejército del Norte, Zapiola quedó al mando de los escuadrones 19 y 29 de Granaderos, en esta Capital. Al mando de estos escuadrones participó en la campaña de la Banda Oriental desde junio de 1814 a mediados de 1815, hallándose en la rendición de la plaza de Montevideo.

Junto con los escuadrones a su mando, formó parte del famoso cuerpo de Granaderos a Caballo que cruzó los Andes, para libertar a Chile. Allí se halló en la batalla de Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, contribuyendo en primera línea al triunfo de las armas patriotas. La intervención de Zapiola en esta batalla fue realizada según manifiesta el mismo San Martín “Del modo más bravo y distinguido”, mereciendo por ella la efectividad de Coronel del Regimiento de Granaderos a Caballo el 3 de octubre de 1817, a propuesta de San Martín.

Posteriormente participa brillantemente en la jomada de Maipú. Por esa actuación fue graduado Coronel por San Martín. A comienzos de 1819 regresa a Buenos Aires, el 19 de julio de ese año fue nombrado Comandante General interino de Marina, cargo que ejerció hasta el 31 de marzo del año siguiente. El 14 de agosto de 1820 volvió nuevamente a la Comandancia General de Marina y Matrícula y Capitanía de Puerto.

En 1821 tomó mando de la escuadrilla porteña que combatió al caudillo en-trerriano Ramírez, mandado por Monteverde. Zapiola confió al Teniente Rosales el mando de una división de lanchones y cañoneras, con la cual este último atacó a Monteverde en Colastiné, el 26 de julio; la división entrerriana fue derrotada, quedando muerto Monteverde y en poder de Rosales una goleta y dos lanchones.

Ajustada la paz con Buenos Aires, Zapiola y su escuadrilla regresaron a esta capital, y aquel reanudó sus funciones en la Comandancia General hasta el 30 de marzo de 1822.

El 9 de agosto de 1825 fue designado en la Comandar,cía General de Marina, en momentos de excepcional importancia, ante la inminenci ade ¡a guerra contra el Brasil. En dicha oportunidad, prestó servicios inapreciables en la preparación y organización de los elementos navales que fueron destinados a contrarrestar la acción naval brasileña. Siguió en este cargo hasta setiembre de 1827.

Formó parte como vocal del consejo de guerra que juzgó la conducta del Comandante Fournier, en agosto de 1827, acusado de haber apresado un bergantín inglés; hallándolo inocente.

De diciembre de 1828 a setiembre del 29 volvió a ser Comandante de Marina.

Durante la Dictadura de Rosas permaneció alejado de la vida pública y después de Caseros, el 5 de febrero de 1852 fue nombrado Comandante General de Marina y Capitán del Puerto, cargo que ejerció hasta el 1º de setiembre del mismo año.

Desde el 5 de mayo de 1857, al 10 de mayo de 1859 fue Ministro de Guerra y Marina del Gobernador Valentín Alsina. El 19 de mayo de 1859 fue ascendido a Brigadier General.

El 13 de noviembre de 1868 pasó a revistar en la “Lista de Guerreros de la Independencia” por Ley del 24 de setiembre de ese año.
Falleció en Buenos Aires el 27 de junio de 1874.

El juicio sereno de la posteridad, reconoce en la descollante personalidad militar y naval del Brigadier General Zapiola, a una de las glorias más puras de la fecunda historia militar de la República.

Biografía de Comodoro Py Luis Marino Argentino

Biografía de Comodoro Py Luís

Nació este bravo marino en Cataluña el día 22 de marzo de 1819 y desde muy chico se inició en la vida marinera. Arribó a Buenos Aires en 1843 y muy pronto ingreso a la escuadra que estaba al mando del Almirante Brown. Lo hizo en el pailebote “San Cala” bajo el mando del Coronel de Marina Nicolás Jorge. Intervino en algunas acciones contra la escuadra oriental y en hechos derivados del bloqueo que los ingleses y franceses sostenían contra Buenos Aires.

comodoro pyEn febrero de 1852 se produce la caída del Gobierno de Rosas y a los pocos meses se produce un conflicto entre Buenos Aires y el resto de las provincias argentinas agrupadas en la Confederación, por cuanto aquella provincia se negaba a ingresar a su seno debido a las condiciones que se le imponían. Luís Py pasó a formar parte de la escuadra de Buenos Aires.

A bordo del “General Pinto” que comandaba José Murature, intervino en acciones contra la escuadra de la Confederación.

En 1859 es ascendido a Capitán y le es asignado el comando del vapor “25 de Mayo”. Prestaba servicios en el vapor “Constitución” e interviene con esa nave en el ataque a la ciudad de Rosario y en el combate librado frente a San Nicolás de los Arroyos, contra los barcos de la Confederación que comandaba Mariano Cordero, que con el correr del tiempo llegaría a ser Vicealmirante de nuestra Marina de Guerra.

El comportamiento de Py en esas acciones es muy destacado y el jefe de la escuadra de Buenos Aires en un informe que dirije a la superioridad, expresa con respecto a Py: “Digna es de mencionarse la excelente comportación que tuvo tanto en el ataque a la ciudad de Rosario como en el ataque frente a San Nicolás de los Arroyos con la escuadra enemiga.

Sus conocimientos en marina nada comunes han contribuido en mucho al buen éxito de esos dos combates, y si a esto se añade su bravura con los vastos conocimientos militares que posee, no debe extrañarse que el que firma lo recomienda eficazmente a ia consideración de Ud. Su moral y conducta intachable son otros tantos títulos que por sí lo recomiendan”.

Los conceptos contenidos en este informe nos dan una cabal idea de las condiciones de este gran marino.

Al término de la lucha entre Buenos Aires y la Confederación que deriva luego en la organización definitiva de nuestra Patria, Py pasa a desempeñarse en la Capitanía del Puerto de Buenos Aires y al estallar la Guerra de la Triple Alianza (Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay) pasa a comandar el buque más importante de la escuadra nacional, el vapor de guerra “Guardia Nacional”.

En agosto de 1865 se halla a bordo de su buque el Comodoro Murature en calidad de Jefe de la Escuadra, y el 12 de agosto de ese año tiene lugar el forzamiento del Paso Cuevas, en aguas del río Paraná, que es defendido por cuarenta piezas de artillería paraguayas. El fuego que estas armas dispararon sobre ios barcos que se pusieron a su alcance, fue terrible y el “Guardia Nacional” sufrió averías de magnitud. Entre los muertos en esa acción se encontraba el propio hijo de Py, el Guardiamarina Enrique Py.

Corría el año 1878 cuando se tuvieron noticias en Buenos Aires de que la corbeta chilena “Magallanes” había procedido en Santa Cruz, en isla Leones, a llevar capturado a Punta Arenas al barco norteamericano “Devonshire”. El gobierno argentino consideró semejante actitud un atentado a la soberanía nacional pues aquel barco norteamericano se hallaba en aguas de jurisdicción nacional cuando fue apresado.

Una división naval integrada por la Corbeta “Uruguay”, monitor “Los Andes”, bombarderas “Constitución” y “República” y cúter “Los Estados”, que luego es apoyada por la goleta “Cabo de Hornos” que manda Piedra Buena”, se dirige a Santa Cruz para defender la soberanía argentina en ese lugar.

De los buques que componen esa división únicamente la “Uruguay” era adecuado para navegaciones oceánicas; los buques restantes son buques de río y enviarlos al sur supone un gran riesgo. Es necesario buscar un aguerrido jefe que con medios tan escasos haga frente a la magna empresa y el Gobierno se decide por un bravo marino que tantas veces demostró su valor ante el peligro.

Es el Comodoro Luis Py el que comanda la división naval.

Luego de una azarosa navegación, no exenta de peligros, los buques argentinos llegan a Santa Cruz el 27 de noviembre de 1878. En esos momentos las naves chilenas habían abandonado la zona y Py dispuso el izamiento del pabellón nacional en las márgenes del río Santa Cruz. Con todos los hombres del ceremonial, el l9 de diciembre de 1878 fue izado el pabellón celeste y blanco en el lugar conocido por Cañadón de los Misioneros, y él fue el símbolo que desde entonces tremoló en esa región, afirmando que ella era tierra argentina.

La división naval de Py permaneció ejerciendo vigilancia en la zona hasta setiembre de 1879 y cabe señalar que a bordo de la corbeta “Uruguay”, mientras se encontraba en Santa Cruz, se recibió el 17 de diciembre de 1878 la primera promoción de cadetes de la Escuela Naval Militar, integrada por cuatro alumnos.

De regreso a Buenos Aires es designado Director General de Talleres y Arsenales de Marina, cargo al que dedica todo su entusiasmo y conocimientos. En el desempeño del mismo falleció el 22 de febrero de 1884.

Biografía de Tomas Espora Coronel de Marina Argentino

BIOGRAFÍA DEL CORONEL DE MARINA TOMAS ESPORA

Espora nació en Buenos Aires el día 19 de setiembre de 1800. Era apenas un muchacho de quince años cuando se inicia en la vida marinera y lo hace en una escuela muy dura, dado que lo inicia en un viaje de corso y nada menos que a las órdenes de un jefe que se destaca por su coraje y audacia: el Capitán Hipólito Bouchard.

Corre el año 1815 cuando el gobierno dispone llevar a cabo un crucero corsario por las costas de Chile, Perú y Ecuador con el objeto de obstaculizar el comercio español en esa región. Está a cargo del Almirante Brown con la fragata “Hércules” y el bergantín “Santísima Trinidad”, acompañado de la corbeta “Halcón” que comanda Bouchard. En este último buque viaja Espora.

Tomas Espora Los días 20 y 21 de enero de 1816 participó en el ataque que ¡as naves corsarias patriotas realizaron contra la fortaleza de El Callao. Forzaron la entrada al puerto y echaron a pique la fragata española “Fuente Hermosa”.

El 9 de febrero de 1816 Espora participó en el ataque a Guayaquil, que estuvo a punto de caer en manos de los hombres de Brown.

De regreso en Buenos Aires, Espora se embarca como Oficial a bordo de la fragata “La Argentina”, que era una nave española llamada “Consecuencia” de la cual se habían apoderado durante el crucero corsario, y cuando tenía 17 años inicia un glorioso viaje de corso que había de durar dos años. Iba otra vez bajo las órdenes de Bouchard.

Zarpó “La Argentina” de la Ensenada de Barragán en julio de 1817 y navegó por aguas del Atlántico, Indico y Pacífico. Atacaron buques negreros en Madagascar, rechazaron un ataque de piratas malayos, acosaron al comercio español en las islas Filipinas; en las islas Hawai rescataron la corbeta argentina “Santa Rosa” cuya tripulación se había sublevado.

Luego desembarcaron en Monterrey (México) y se apoderaron del fuerte que permaneció varios días en poder de Bouchard. Más tarde llevaron a cabo un ataque en Realejo (Nicaragua) apresando a dos buques españoles y destruyendo otros dos. Por último y dando por finalizado el viaje, “La Argentina” arribó a Valparaíso el 12 de julio de 1819.

El hecho de que durante el mismo sostuvieron trece acciones navales importantes y capturaron o destruyeron veintiséis buques, dá una ¡dea de la formación profesional del futuro Coronel de Marina Tomás Espora.

Cuando el General San Martín alistó a la Expedición Libertadora al Perú, Espora tomó parte de la misma. Luego fue Oficial de la Marina de Guerra Peruana formada por San Martín, y combatió para rendir la fortaleza de El Callao, último baluarte que los españoles sostuvieron en el Pacífico.

Espora regresó a Buenos Aires en el año 1825 y al poco tiempo se produjo la declaración de guerra con el Imperio del Brasil. De inmediato Espora pasó a formar parte de la escuadra al mando de Brown.

Durante el transcurso de ese conflicto, hubo dos acciones en las cuales Espora demostró un valor y audacia que rayaba en el heroísmo. Fueron ellas el asalto de las cañoneras a la Colonia que Brown llevó a cabo el 1» de marzo de 1826, con el objeto de apoderarse de la plaza. La otra acción fue el combate de Quilmes.

El asalto a la Colonia fue llevado a cabo con el uso de cañoneras (pequeñas embarcaciones armadas con un cañón) y para llevar a cabo la arriesgada empresa se solicitaron voluntarios, que fueron puestos a las órdenes de Espora y Rosales.

El ataque fue llevado a cabo durante la noche. Los brasileños avistaron a los pequeños buques y efectuaron fuertes descargas sobre ellos, no obstante lo cual Espora y Rosales continuaron avanzando y estos dos valerosos jefes lograron incendiar el bergantín brasileño “Real Pedro”. En este asalto los hombres de Brown sufrieron grandes pérdidas y en el parte que pasó el Almirante detallando la acción, que prácticamente estuvo al mando de Espora, elogió la conducta del valiente oficial.

En el combate de Quilmes ocurrido el 30 de julio de 1826, Espora intervino en calidad de comandante de la fragata “25 de Mayo”, buque insignia del Almirante Brown. Esta nave prácticamente sostuvo la mayor parte del encuentro soportando el fuego que le hacía una veintena de naves brasileñas, durante tres horas. Espora fue herido gravemente y una bala le arrancó de la mano su bocina de órdenes. Pide otra y continúa imperturbable dirigiendo la acción, solicitando además a los oficiales que en caso de que la nave fuera rendida al abordaje, echaran su cuerpo al mar para que no fuera trofeo de los enemigos de su Patria.

Cuando era ya “despojo ingobernable” — según la expresión del Almirante Brown — la “25 de Mayo” rodeada por las cañoneras se retiró del combate y entró a puerto, maltrecha y escorada, pero empavesada como en los días de gloria.

Así llegó a la rada en medio de la patriótica exaltación del pueblo. Espora recibió las más emocionadas pruebas de gratitud de la gente de Buenos Aires; está ensangrentado y es conducido entre ovaciones. Una verdadera multitud se congregó ante la casa donde había sido transportado el heroico marino y solo se disolvió cuando el parte médico anunció que Espora se recuperaría de sus heridas.

En la vida de Espora hay una acción naval que pone de manifiesto su personalidad y la escuela en la cual se había formado como marino. En marzo de 1828 al mando de la goleta “8 de febrero”, secundado por la goleta “Unión”, zarpó de Buenos Aires para colaborar con las operaciones del ejército nacional que estaba operando en las costas de Río Grande.

Ante la imposibilidad de establecer comunicaciones con ese ejército, Espora resolvió regresar y el 29 de mayo se hallaba en aguas de la bahía de Samborombón, cuando se encontró rodeado por la escuadra brasileña al mando del Capitán Oliveira, que bloqueaba la zona.

Ante ese hecho el bravo Espora se dirigió a su tripulación y les dijo: “Muchachos, ahí está el enemigo y aunque nuestras fuerzas sean desiguales vamos a enseñarles que somos dignos de mantener el nombre glorioso que lleva este buque…” y luego sigue expresando: “Marinos y soldados del “8 de febrero”, solo los cobardes se rinden sin pelear, y aquí no reconozco sino argentinos y republicanos, compañeros: arrimen las mechas y ¡Viva la Patria! “

Entusiasmada la tripulación con la arenga y ejemplo de su bravo comandante contestan con fuego intensísimo a los disparos del adversario. La rotura del timón hizo quedar a la “8 de febrero” sin gobierno tornando la situación totalmente insostenible, pero Espora continuaba combatiendo aunque sus bajas son enormes en proporción al número de tripulantes y la munición está casi agotada.

Apenas caídas las primeras sombras, Espora convoca a junta de guerra y se resuelve evacuar a la tripulación en una jangada que es remolcada por un bote de la nave. En ella iban todos los tripulantes, la mayoría de los cuales estaban heridos, quedaron a bordo de la goleta “8 de febrero” Espora, su segundo comandante que era el Capitán Toll, sus respectivos asistentes y cuatro hombres que por la gravedad de sus heridas no habían podido ser transportados.

Al primer destello de sol, el día 30 de mayo de 1828, Espora saludó a la bandera con un disparo de cañón y de inmediato la arrió.

Poco después eran hechos prisioneros por los brasileños Espora y Toll y el jefe imperial Capitán Oliveira dijo: Oficiales que se han portado como los del “8 de febrero” no merecen ser prisioneros”. Unos días después Espora y Toll fueron canjeados por dos destacados jefes de la marina imperial brasileña.

Espora ascendió a Coronel de Marina el 10 de octubre de 1828 y en noviembre de 1833 fué designado Comandante General de Marina, encomendándosele la Capitanía del Puerto de Buenos Aires. En el mes de julio de 1835 enfermó gravemente, falleciendo en Buenos Aires el 25 de ese mes. El glorioso Almirante Brown dijo ante su cadáver: “Considero la espada de este valiente oficial una de las primeras de América y más de una vez admiré su conducta en el peligro”.

La vida de Espora, signada por el heroísmo y la aventura, por el sacrificado servicio al honor de la república, es una de las que mejor configuran una lección y que más acabadamente perfilan un ejemplo.

Biografía de Berón de Astrada Genaro Historia de Corrientes

Biografía de Berón de Astrada

Nació en la provincia de Corrientes a fines del siglo XVIII. Inició su carrera militar en 1826, sentando plaza como subteniente de artillería y ascendiendo gradualmente hasta ostentar en 183 7 la jerarquía de teniente coronel de Granaderos a Caballo de las milicias correntinas. No había participado en ninguna campaña fuera de la provincia con excepción de la de Entre Ríos, en 1831 careciendo, por lo tanto, de la escuela que da la práctica de la guerra, mereciendo, sin embargo, las simpatías de la tropa veterana por su dedicación asidua al servicio, y la del pueblo, por sus condiciones morales y por su vinculación de familia y sólidas amistades.

Baron de Astrada General Correntino

Estaba en íntimo contacto con la clase más distinguida de Corrientes, siendo Berón de Astrada, Ferré, Madariaga y Tiburcio Rolón, los únicos representantes de aquella en la milicia correntina.

A pesar de la medianía de Berón de Astrada, no había en su provincia uno mejor para substituir al gobernador coronel Ramón de Atienza, fallecido a fines de 1837, en el departamento de Curuzú-Cuatiá. Ferré se había atraído el rencor de Rosas, lo que eliminaba aquella candidatura.

Berón de Astrada desempeñaba en aquellos momentos la comandancia general de las fuerzas que guarnecían la frontera del río Uruguay. La Sala de Representantes lo designó interinamente el 14 de diciembre de 1837 y el Congreso general ratificó su nombramiento el 15 de enero de 1838 para completar el período de Atienza, ascendiéndolo al mismo tiempo al rango de coronel.

Con esta designación triunfaron los desafectos a Atienza: Berón de Astrada no era un hombre capacitado para el manejo de los negocios públicos; carecía de talento y su instrucción no excedía a la de la generalidad de las personas cultas. Profesaba las ideas del general Ferré, siendo su amigo íntimo. Berón de Astrada prestó su conformidad a los actos de Rosas, en la cuestión de Francia, y a la protección armada que dio a Oribe, “en razón, explicó después en su manifiesto del 28 de febrero de 1839, de “que no podía dejar de contemporizar con él por el estado de la Provin-“cia, y de negarse a la condescendencia, se aventuraba a hacerle sufrir todo “el peso de una guerra desastrosa”.

El gobernador de Santa Fe, don Domingo Cullen, despachó cerca de Berón de Astrada a don Manuel Leiva, ex-ministro de Ferré. La sola marcha de Leiva intranquilizó a Echagüe, gobernador de Entre Ríos, pues eran conocidas las ideas del personaje; fue pública su estrecha amistad con los políticos correntinos y su intimidad con Cullen. Leiva iba a tratar de obtener la alianza de las dos provincias, a fin de propender a un cambio depolítica o de situación, en la de Entre Ríos, para que las tres, y la de Córdoba, cuya adhesión se pensaba conseguir, impusieran a Rosas otra orientación en los asuntos públicos o resistieran su dictadura.

Leiva fue recibido lo mejor posible para el desempeño de su cometido, pero la correspondencia que cambió Berón de Astrada con Cullen fue interceptada por Echagüe, que se apresuró a enviársela a Rosas, como prueba de la traba que se preparaba. En Corrientes la negociación se había tratado con impenetrable secreto.

Cullen fue obligado a huir. Pero en aquellos meses el general Rivera logró derrotar a Oribe y asumió la dirección política de la República Oriental.

Entretanto, el Dictador autorizó al gobernador de Entre Ríos para que invadiera la provincia de Corrientes para castigar a Berón de Astrada por su traición. Echagüe trató de emplear la intriga en Corrientes, especialmente entre los jefes, sobre todo con el general Ferré y el coronel Vicente Ramírez, pero no logró su objeto. Empleó Echagüe medios agresivos contra Berón de Astrada, tales como detención de correos, colocación de fuerzas sobre el Guayquiraró y el Mocoretá y se utilizaron intimaciones atrevidas.

Berón de Astrada resolvió obrar con energía y en ello radica su gloria: triunfó la solución guerrera. Reunió en su campamento de Abalos las tropas veteranas y de milicias que constituyeron el primer Ejército Libertador y en el cual se encontraba el guerrero de la independencia coronel Manuel Olazábal, quien dirigió todo lo relativo a organización y disciplina, siendo notable la escasez de oficiales con alguna instrucción y el armamento poco y no nuevo. Olazábal también fue comisionado para tratar una alianza con Rivera, en Diciembre de 1838, y el 31 del mismo mes firmó en Montevideo un tratado por el cual Berón de Astrada pondría 5000 hombres y el presidente oriental 2000.

El 22 de enero de 1839 el congreso correntino acordó al gobernador las facultades solicitadas y un crédito de 50.000 pesos fuertes para la guerra contra Rosas. El 31 de diciembre anterior, Berón de Astrada había asumido el mando del ejército concentrado en Abalos, fuerte de 5000 hombres, de los cuales sólo 400 eran infantes y poco más de 50 artilleros, mandados por el coronel Tiburcio Rolón, “el tipo más distinguido de “todo el ejército, —según Mantilla—, por su hermosura, su gallardía, su “educación y su fortuna”. La caballería la mandaba el coronel Olazábal.

El 4 de marzo levantó su campamento de Abalos, permaneciendo algunos días en el Chañar y a fines de Marzo avanzó hasta el Mocoretá, sin salir de la jurisdicción de Corrientes, porque Echagüe se había aproximado a la frontera. Según el plan acordado con Rivera, las tropas orientales y co-rrentinas debian operar simultáneamente para estrechar a Echagüe y ponerse a cubierto de un contraste.

La situación del ejército correntino lo habilitaba para las operaciones en todo momento, no así la del oriental, que debía aproximarse a la costa del Uruguay y vadearlo para penetrar en Entre Ríos. Berón pidió insistentemente a su aliado que se pusiera en la aptitud acordada en el tratado, mientras él avanzó hasta la frontera de Entre Rios.

El 30 de marzo acampó Echagüe en el arroyo Basualdo, a pocas leguas del enemigo. Berón de Astrada se mantuvo quieto en la esperanza de que Rivera cumpliría sus compromisos, llamando la atención de los federales por la retaguardia, con unos 1500 jinetes, pero el aliado no dio señales de vida.

Echagüe, amenazado de hallarse entre dos fuegos, aprovechó la inacción de Rivera y se lanzó sobre Berón de Astrada, el 31 de marzo. Su ejército sumaba 6000 hombres y se movió del arroyo Basualdo en tres columnas paralelas, mandando la derecha Urquiza, la del centro Servando Gómez y el propio Echagüe la de la izquierda. A poco de marchar, tropezó con las avanzadas correntinas que se replegaron sobre el grueso del ejército con precipitación y en desorden. Echagüe las siguió con marcha acelerada y a las 3 leguas enfrentó al ejército de Berón de Astrada, formado en línea de batalla en el distrito de Pago Largo.

Echagüe detúvose a prudente distancia para tomar el orden de combate en la misma distribución que habían avanzado. Los correntinos impacientes, no esperaron el ataque y tomaron la iniciativa con brío, cuidando de mantener la cohesión. Tropas nuevas como eran, fiaban más en el entusiasmo y el valor del que se sentían animadas, que en el poder de la disciplina.

Su empuje fué detenido durante algunos minutos se batieron ambos bandos con igual empeño, dominando sin embargo, con sus fuegos el centro libertador, formado por los granaderos a caballo, la infantería y la artillería y en el cual se hallaba Berón de. Astrada. La cobardía de un jefe que abandonó su puesto, según unos; la superioridad militar de Urquiza, según otros; y el orden de sus tropas, produjo la derrota de la izquierda correntina, a la que luego siguió la derecha. Sin embargo, el centro permaneció sin conmoverse, peleando con imperturbable energía contra todo el ejército federal, y sucumbió, muertos o prisioneros sus defensores, después de una valerosa resistencia. Berón de Astrada fue muerto en el combate, a lanza, y Tiburcio Rolón degollado en el acto de caer prisionero.

Sobre el campo de batalla perecieron 1900 correntinos y otros 800 fueron degollados después de haber caído prisioneros. Del cadáver de Berón de Astrada se sacó una lonja para manea, al uso de los indios salvajes en sus guerras, y asevera la tradición, que confeccionada la manea fué regalada al general Urquiza. Muchos la vieron y afirman que su dueño la conservó como un recuerdo glorioso de aquel espantoso día de barbarie y sin igual carnicería.

Fuente Consultada:
Biografías Argentinas y Sudamericanas – Jacinto Yaben – Editorial “Metropolis”

Biografía de Manuel Alberti Vocal del Primer Gobierno Patrio

Biografía de Manuel Alberti

Nació en Buenos Aires, el 28 de mayo de 1763, donde cursó sus estudios eclesiásticos y se ordenó de sacerdote en 1783. En 1785 se graduó de doctor en cánones, en la ciudad de Córdoba.

Desempeñó el curato de San Fernando de Maldonado, en la Banda Oriental, donde se hallaba en 1806, cuando aquella ciudad fue tomada por los ingleses, quienes desterraron a Alberti, acusado de mantener correspondencia reservada con los jefes españoles del campamento militar situado en “Pan de Azúcar”. En consecuencia se trasladó a Montevideo en diciembre de aquel año.

En dicho año, rigiendo el curato de San Nicolás de Bari, en esta Capital, el doctor Julián Joaquín de Gaínza, fue dictado un decreto del Virrey, dividiendo aquella parroquia y erigiendo una nueva en la parte desmembrada, lo que produjo una protesta del citado Gaínza patrocinado por el Dr. Mariano Moreno.

Manuel Alberti A fines de 1808 fue nombrado por el Obispo de Buenos Aires el doctor Alberti para hacerse cargo del nuevo curato de San Benito de Palermo, advocación de San Nicolás de Barí, y nombró un apoderado para que lo efectuase a su nombre y representación; pero fue rechazado el citado Gaínza, que se negó a darle posesión, y protestó del nombramiento de Alberti por considerarse deber ser preferido por derecho en la elección, caso de verificarse.

Al día siguiente, sin perjuicio del derecho de elección que aquel tenía por la erección, dispuso el obispado que se diera la posesión ordenada al apoderado de Alberti, para cuyo acto se comisionó al cura interino, doctor Mariano Medrano.

La primera partida que consta en el archivo de dicho curato parroquial firmada por Alberti, lleva la fecha de 19 de noviembre de 1808.

Desempeñaba este cargo cuando sobrevino la revolución de Mayo, a cuya preparación coadyuvó con incansable actividad con Belgrano, Paso, Rodríguez Peña, Donado, Vieytes, Chiclana, Castelli y otros notables patriotas.

En el congreso general o Cabildo Abierto el 22 de mayo, adhirió su voto al del Dr. Juan N. Sola, por la cesación en el mando del virrey Cisneros, cuya autoridad debía recaer en el Cabildo hasta la erección de la junta gubernativa correspondiente.

Fue uno de los elegidos para formar parte de la Primera Junta, y en su carácter de vocal subscribió todas las importantes medidas que tomó aquella, menos la de pasar por las armas a Liniers y sus compañeros de infortunio, que rehusó enérgicamente.

Se negó a tomar parte en el debate alegando su carácter sacerdotal, y concluido éste, apenas firmada la fatal sentencia, volvió a entrar y seguro de que su opinión no modificaría la medida, declaró que la Junta se apartaba de la justicia, pues que si alguno debía morir por instigador acérrimo de la contrarevolución que se mandaba decapitar era, únicamente, el Obispo Orellana.

Cuando los nueve diputados de las provincias pidieron incorporarse a la Junta “para crear una autoridad sin unidad de pensamiento y con intereses y propósitos divergentes“, Alberti les concedió su voto favorable, aunque declarando que solo accedía por conveniencia política del momento, pues tal pretensión era contra todo derecho y la preveía origen de muchos males. Los resultados confirmaron su modo de pensar.

Este patriota distinguido, que al decir de los historiadores Mitre y Núñez, fue una de las dos primeras víctimas de nuestras disensiones internas, falleció repentinamente en Buenos Aires el 2 de febrero de 1811, sin la satisfacción de ver consumada la grande obra a que asoció perdurablemente su nombre.

El doctor Alberti fue también uno de los redactores de la “Gazeta de Buenos Aires”. En 1822 el Gobierno dispuso que una de las calles de esta ciudad perpetuara su nombre.

Primeras Monedas de Tucumán Acuño de la Moneda Federal

Primeras Monedas de Tucumán Acuño de la Moneda Federal

La secesión del año XX repercutió en Tucumán, que se constituyó ese año en República federal independiente bajo la presidencia del general Bernabé Aráoz. Era tan grande la falta de recursos de esta provincia en esa época, que se decidió, como una de las medidas paliativas de ese mal, la creación de un Banco de Rescates y Amonedación, el cual —dirigido por Manuel D. Basail y con la colaboración del tallista potosino Pedro Benavídez— dio comienzo en setiembre de 1820 a la emisión de moneda metálica.

Como el Banco carecía de las máquinas necesarias, se dispuso acuñar piezas del tipo macuquino imitando las antiguas monedas cortadas batidas en Potosí hasta 1773, Se acuñaron así las primeras monedas tucumanas del valor de 2 reales, a las que se les colocó una fecha arbitraria, 752 (por 1752), única forma de justificar la inserción de castillos y leones españoles poco tiempo después de habernos proclamado oficialmente independientes.

primeras monedas de tucuman

2 Reales
Peso:
Diámetro:
Metal: Plata
Anverso: Castillos y leones
Reverso: Valor, marca de la ceca y fecha anómala
Año: 1752

(Imagen: Gentileza Sitio WEB Billetes Argentinos)

Estas piezas, recibidas con marcada desconfianza por el público, fueron muy pronto, debido a la facilidad de su reproducción, profusamente falsificadas, de forma tal que llegó el momento en que las primitivas monedas de plata habían sido sustituidas íntegramente en la circulación por monedas de cobre con un ligero baño de este metal.

En esas circunstancias se detuvo a los plateros Nicolás y Pablo Corro, secuestrándoseles gran cantidad de punzones con castillos, leones, letras y números con que acuñaban monedas de baja ley. Los plateros Corro eran duchos en este tipo de falsificaciones, pues ya en 1817 había sido detenido uno deellos por orden del general Belgrano, al tomárselo in fraganti en esta tarea. Esta vez, a pesar de haberse dispuesto la pena de muerte para los monederos clandestinos, sólo se los condenó a servir durante cuatro meses en el ejército, a ración y sin sueldo.

La suavidad de la pena se debió al hecho de haber cometido el delito movidos por la pobreza. No obstante todas estas medidas, las falsificaciones continuaron, moviendo al gobernador Aráoz en noviembre de 1822 a disponer el curso forzoso de toda la moneda, ya fuera la emitida oficialmente o la que “se ha acuñado a su semejanza por los fabricantes de ella”.

Derrocado finalmente Aráoz en 1823, se inició en toda la provincia una campaña contra la desprestigiada moneda, que se denominaba federal, dictando el gobierno un conjunto de leyes monetarias, algunas de ellas contradictorias, por las que se regulaba su circulación.

“La moneda federal de plata, que es la que se conoce como tal en el país —decía una de ellas—, y que por su antigüedad y uso no manifieste ser adulterada, correrá por el valor de dos reales. Las demás monedas de cobre que en el concepto público no es de plata, sino adulterada, correrá por un cuartillo.”

Ello provocó numerosos inconvenientes en la población, ya que dejaba librado al variable “concepto público” la admisión de esta moneda. Esta caótica situación culminó finalmente con el decreto del 25 de febrero de 1824 en que el nuevo gobernador, Javier López, dispuso su retiro definitivo de circulación. Terminó así, después de casi cuatro años de problemas, la moneda de Tucumán.

Fuente: Revista Crónica Argentina Fasc. N°27 Edit. CODEX

Periódicos Aparecidos en Buenos Aires en 1820 Argentina

Historia Argentina: Lista de Periódicos de 1820 en Buenos Aires

OCHO PERIÓDICOS A LA VEZ
El año de 1820, año de conmoción en el país, vio surgir en Buenos Aires una prensa violentamente combativa. El máximo representante de ese periodismo de lucha fue el sacerdote franciscano fray Francisco de Paula de Castañeda.

Su historiador y biógrafo, Adolfo Saldías, ha definido así su personalidad y su obra: “Fue un precursor esforzado de la prensa periódica, que él elevó a la categoría de poder del Estado,.. Su vida fue un combate continuo, y en ese combate conquistó lauros que enaltecen su memoria.

Como escritor era el más valiente y fecundo de su época, sin excluir al mismo don Juan Cruz Várela, y como hombre fue un patriota y un filántropo.

Sus producciones, que reunidas formarían algunos gruesos volúmenes, dejan mucho que desear, bajo el punto de vista del estilo, tosco e incorrecto en general, y recargadísimo de vocablos de ocasión, de expresiones que, si nacían con felicidad en medio del ardor de la polémica, no por eso dejaban de afear el conjunto…

En descargo de estos deslices literarios, cuya importancia era mucho menor que el éxito que alcanzaban sus escritos, debe tenerse presente que el padre Castañeda alimentaba él solo hasta ocho periódicos a la vez, sin contar sus hojas sueltas, versos y manifiestos extraordinarios, y que su afición los hacía casi diarios; que cada uno de ésos periódicos tenía por objeto contestar a otros tantos adversarios que le salían al encuentro para herirlo, para ridiculizarlo, pero jamás vencerlo; y que siempre tenía en su mente preparado material para veinte periódicos, en el caso probable de que se aliaran contra él otros veinte escritores con el fin de tomar por asalto su barricada, a la cual no pudieron llegar ni los halagos, ni los ofrecimientos del gobierno conmovido por él”.

El padre Castañeda nació en Buenos Aires en 1776. Siguió estudios en el convento de San Francisco de dicha ciudad, y se ordenó luego como sacerdote en Córdoba, en cuya universidad ocupó una cátedra de filosofía.

Vuelto a la Capital, fundó una escuela de dibujo, e inició su actuación en la prensa, donde descolló como el más valiente y fecundo de los escritores políticos de su tiempo.

Esta actuación le valió ser sometido a juicio por el gobierno de Martín Rodríguez, y sus artículos, contenidos en los periódicos La Verdad Desnuda, Padre Castañeda y La Guardia vendida por el Centinela, fueron declarados “agravantes y ofensivos a los respetos debidos a la Honorable Junta de Representantes y Exmo. Gobierno de la Provincia, e incendiarios y subversivos del orden público”.

Condenado a cuatro años de destierro en Patagones, evadió la captura refugiándose en Montevideo.

De allí pasó a la provincia de Santa Fe, donde fundó una escuela y un pueblo conocido hoy por Rincón de San José, y reanudó su actividad periodística, con el apoyo del gobernador Estanislao López.

Sus últimos periódicos fueron los titulados Buenos Aires Cautiva, donde atacó al gobierno de Bernardino Rivadavia, y Vete portugués que aquí no es, que escribió con motivo de la guerra contra el Brasil.

Falleció en Paraná el 12 de marzo de 1832. En ese mismo año sus restos fueron trasladados a Buenos Aires donde, al inhumarlos, se celebraron en su homenaje solemnes funerales. Gobernaba, a la sazón, Juan Manuel de Rosas.

Fray Francisco de Paula Castañeda. Sacerdote porteño y fogoso periodista en 1820.
(Litografía publicada en la Historia de la Confederación Argentina, de Adolfo  Saldías,   Buenos  Aires,   1892)

Nómina por orden cronológico de los periódicos aparecidos en la ciudad de Buenos Aires durante el año 1820:

NOTICIAS INTERESANTES
Apareció: 24 de marzo de  1820.
Ultimo número: noviembre de 1820.
Números  publicados:   7  hojas sueltas.
Pie    de    imprenta:   de    la    Independencia.
Carácter: transcripción de documentos referentes a los acontecimientos más destacados acaecidos en el mundo en esos momentos. Diagramadas a dos columnas, cada una de las hojas tiene una viñeta: una diligencia tirada por cuatro caballos, o un sol, o barcos fondeados.

EL AÑO VEINTE
Apareció;  25 de marzo  de  1820.
Ultimo número: 22 de abril de 180.
Números   publicados:   1   prospecto,   5 números y un suplemento   (junto con el  número  2).
Número de páginas: en total, 44 más 4 sin foliación correspondientes al suplemento.
Pie de imprenta: de Phoción (el número 5 en la de la Independencia).
Director: se le atribuye a Sarratea.
Redactores: Fortunato Lemoyne y Manuel   Insiarte.
Carácter: empleando un lenguaje directo y sin eufemismos, estudiaba la situación política del país y analizaba detenidamente en cada uno de sus números la mejor forma de gobierno que podría implantarse.

Sostenía que la libertad era imposible sin el apovo de la imprenta y que los gobiernos necesitan que alguien los llame a la realidad alguna vez. Dedicaba algunas páginas a temas generales que instruyesen al público: artes y oficios, geografía, relaciones exteriores.

EL DESPERTADOR
TEOFILANTROPICO
MISTICOPOLITICO
“Dedicado a las matronas argentinas y por medio de ellas a todas las personas de su sexo que pueblan hoy la faz de la Tierra y la poblarán en la sucesión de los siglos”.

Apareció: abril de 1820.
Ultimo número: 12 de octubre de 1820.
Números publicados: 75 y 1 suplemento (junto con el N° 51)
Número de páginas: en total, 1.196. Pie de imprenta: los números del 1 al 13, del 25 al 38 y el suplemento, de la Independencia. Los números restantes, de Alvarez y de los  Expósitos.
Director:   R.    P.    fray   Francisco   de Paula  Castañeda.
Carácter: exaltaba las virtudes femeninas y el papel que a la mujer le estaba reservado en la sociedad. Redactado a la manera de cartas, remitos y comunicados (en los que él se hacía las preguntas y se las contestaba) abogaba por sus ideas político-sociales-religiosas, atacando a todo aquel que se llamara incrédulo o  federal.

DESENGAÑADOR GAUCHI-POLÍTICO
(“Federimontonero, chacuaco-oriental, choti-protector y puti-republicador, de todos los hombres de bien que viven y mueren descuidados en el siglo diez y nueve de nuestra era cristiana).

Apareció: segundo trimestre de 1820.
Ultimo número: 3 de octubre de 1822.
Números publicados: 1 prospecto y 27  números.
Número de páginas: en total, 462.
Pie de imprenta: de la Independencia, de Alvarez, Comercio y de los Expósitos.
Director: R, P. fray Francisco de Paula   Castañeda.
Carácter: en prosa o en verso, repartiendo insultos y epítetos o con fina ironía, descargaba en estas páginas sus golpes contra los federales, inflamado de una honda pasión localista. Desde ellas les pone motes a sus adversarios, agregando una serie de reglas para que “Dios nos libre. . . de tantos. . . indecentes que Infectan  hoy  a  Sud  América”.

SUPLEMENTO AL DESPERTADOR TEOFILANTRÓPICO MISTICO POLÍTICO
(“Ejemplo de heroica generosidad”.) Apareció: segundo trimestre de 1820. Ultimo número: 18 de setiembre de 1822.
Números   publicados:   21.
Número de páginas: 320,  en total.
Pie  de  imprenta:  de   la   Independencia,   del  Comercio,   de   los  Expósitos y de  Alvarez.
Director: R. P. fray Francisco de Paula  Castañeda,
Carácter: atacaba virulentamente a los federales y a los anticlericales, anunciando a quienes lo fueran toda clase de desgracias. Además, notas sobre religión, universidad, medicina y moralidad.

BOLETÍN DEL EJERCITO CONTRA EL GOBIERNO DE SANTA FE
Apareció: 6 de julio de  1820.
Ultimo  número:  23  de  noviembre  de 1820.
Números   publicados:   38.
Pie de imprenta: de los Expósitos.
Director: están firmados por Dorrego los números  1   aL   12, menos el 3; y por Balcarce   los   números   3   y   13 al 38.
Carácter: daba cuenta detallada, casi a diario, sobre el movimiento del ejército, dejando de publicarse cuando los diputados de Buenos Aires y Santa Fe se reúnen con la comisión mediadora y ponen fin a las hostilidades.

PARALIPOMENON AL SUPLEMENTO DEL TEOFILANTROPICO
Apareció: julio de 1820.
Ultimo   número:   7  de   setiembre   de 1822.
Números publicados: 15.
Pie de imprenta: de la Independencia y  del   Comercio,
Director: R. P. fray Francisco de Paula   Castañeda.
Carácter; desde sus páginas, atacaba a sus enemigos y replicaba mordazmente a la prédica liberal de don Pedro  Feliciano  Cavia.

EL AMANTE DEL BIEN PUBLICO
Apareció: 14 de agosto (se cree de 18201.
Ultimo   número:   7  de  setiembre.
Números  publicados:  2.
Pie   de   imprenta:   el   N°   1,   de   la Independencia;   el   2,   la   de   los   Expósitos.
Periodicidad:  mensual. Ambos   números   se   encuentran   catalogados  en   el   Museo   Mitre,   pero no se indica el carácter de sus contenidos.

CHANTILLÓN DE LAS MENTIRAS Y CALUMNIAS
(“Del falso Theo-Fllantróplco y sus satélites”.)
Apareció:   setiembre   de   1820.
Números publicados:  1.
Número  de  páginas:  4.
Pie  de   imprenta:  de   los   Expósitos.
Director:   firma   “De  verdades”.
Carácter: atacaba a Pueyrredón y defendía  a Viamonte,  Sarratea y otros.

LA ESTRELLA DEL SUD
Apareció: 5 de setiembre de 1820.
Ultimo número: 16 de octubre de 1820.
Números publicados: 1 prospecto y 9  números.
Pie de imprenta: de los Expósitos.
Redactores: Juan Francisco Mota, Ramón y Avelino Díaz y Salvador María   del   Carril.
Carácter: combatía la secesión y fustigaba las publicaciones del padre   Castañeda.

LEGIÓN DEL ORDEN o VOZ DEL PUEBLO
Apareció: 2 de noviembre de 1820.
Ultimo número: 11 de enero de 1821.
Números publicados: 1 prospecto, 10 números y 1 suplemento (junto con el   N°  3).
Pie   de   imprenta:   de   los   Expósitos.
Periodicidad:  semanal. Director:   Cayetano  Campana.
Carácter: abogaba por una amplia libertad   de   prensa,   por   la   paz  y  el orden.

SEMANARIO POLÍTICO
Apareció:  17 de noviembre de  1820.
Ultimo   número:   8   de   diciembre   de 1820.
Números publicados: 4.
Pie   de   imprenta:   de   los   Expósitos.
Carácter:   compendio  de  documentos y noticias del interior y del exterior del  país.

EL IMPARCIAL
Apareció:  14 de diciembre de  1820.
Ultimo número:  1° de marzo de 1821 (suspendido por el gobierno).
Números publicados:  11.
Número  de  páginas:  en  total,   199.
Pie   de   imprenta:   de   los   Expósitos.
Director:   Pedro   Feliciano   Séenz   de Cavia.
Carácter: se ocupaba de asuntos de interés público y de política nacional e Internacional, Desde sus columnas, atacaba en forma demoledora al padre Castañeda. Como consecuencia del cariz poco edificante que había tomado la polémica, el gobierno  lo suspendió.

LA ILUSTRACIÓN PUBLICA
(“Con   la  Flor y  la  Nata de  la Filantropía  –  Periódico dedicado a  la Sociedad   Teo-Filantrópica   del   Buen Gusto. Que dirige,  amasa y fomenta las nefandas tareas del nuevo  fraile Cirilo de Buenos Aires —el cual será al   mismo   tiempo   Despertador   a   la nueva  usanza— para   los ciudadanos incautos que lo aplauden”.)
Apareció:   1820   (sin   fecha  exacta).
Números  publicados:   1   folleto.
Número   de   páginas:   22,
Pie   de   imprenta:  de   Phoción.
Director:   Pedro   José   Agrelo.
Carácter: detractor del  padre Castañeda.

EL CONSTITUCIONAL
Apareció:   1820   (sin   fecha  exacta).
Números  publicados:   1.
Pie   de   imprenta:   de   los   Expósitos.
Carácter: una crónica científica,  literaria  y  política.

Fuente: Revista Crónica Argentina Fasc. N°27 Edit. CODEX

Orden Del Sol Condecoración Creada Por San Martin

CREACIÓN DE LA ORDEN DEL SOL DE PERÚ POR SAN MARTÍN

Un decreto de San Martín del 8 de octubre de 1821 creaba la máxima condecoración del Perú, la Orden del Sol, como “patrimonio de los guerreros libertadores, el premio de los ciudadanos virtuosos y la recompensa de todos los hombres beneméritos”.

El 16 de diciembre, reunidos los agraciados en el Palacio de Gobierno de Lima, con la asistencia de todos los jefes del ejército acantonados hasta dos leguas de la capital, comenzó una imponente ceremonia.

Después de una alocución del secretario del Gran Consejo de la Orden, el general San Martín leyó tres veces la solemne fórmula del juramento: “¿Prometéis al Perú, y empeñáis vuestro honor que defenderéis su independencia de la de España y de toda potencia extranjera, que promoveréis la felicidad general de América y mantendréis el honor nacional, el espíritu de la Orden del Sol, y el honor recíproco de todos sus individuos?” Contestaron los agraciados: “Prometemos cumplirlos”, y a continuación el Protector respondió: “Si así lo cumpliereis la patria os premie, y si no la infamia caiga sobre vuestros nombres, y el pueblo peruano os lo demande”.

Al concluir el juramento se hizo una salva de artillería y de dos en dos comenzó la investidura con la condecoración de la Orden, sonando las bandas las marchas nacionales del Perú, Chile y las Provincias Unidas.

Finalizado el acto, San Martín y su comitiva se dirigieron a la iglesia de Santo Domingo, donde se cantó una misa solemne. Así concluyó la primera imposición de la Orden del Sol, puesta bajo la advocación de Santa Rosa de Lima y otorgada en tres categorías: fundadores, beneméritos y asociados.

Fueron acreedores a la primera, entre otros, Bernardo O’Higgins, Simón Bolívar, los generales Las Heras, Arenales y Luzuriaga, los coroneles Diego Paroissien y Tomás Guido, etc. Se estableció también que la categoría de fundador sólo podría ser concedida en el futuro a los generales que hubieran vencido al enemigo en una acción general o tomado una plaza, a los que por su valor hayan liberado una nueva provincia y a todos los ciudadanos por acciones eminentes o por salvar a la patria de un grave peligro.

De las tres categorías, los fundadores gozaban de los mayores privilegios, el “derecho de preferencia a las grandes dignidades del Estado y el tratamiento de Señoría con el dictado de honorable”, y una pensión vitalicia, extensiva a sus hijos y nietos. Las dignidades de beneméritos y asociados eran, en cambio, exclusivamente personales.

La administración de la Orden estaba a cargo de un Gran Consejo, compuesto de un presidente, un vicepresidente y nueve fundadores que gozaban de una pensión anual de mil pesos.

orden del sol de peru

La condecoración de la Orden del Sol consistía, para los fundadores, en una banda blanca que bajando del hombro derecho al costado izquierdo se enlazaba terminando en dos borlas de oro, y una placa de este metal con las armas del Perú; los beneméritos gozaban de una medalla de oro colgada al cuello con cinta blanca, y los asociados, de una de plata pendiente al lado izquierdo del pecho de una cinta del mismo color.

La placa, en forma de estrella radiada, lleva en el centro las armas del Perú, y dentro de dos óvalos concéntricos de esmalte blanco y encarnado la inscripción:  Perú a sus libertadores, en letras de oro.

La Orden del Sol fue extinguida por ley del Congreso Constituyente peruano del 9 de marzo de 1825, que la consideró “poco conforme a las bases de la Constitución Política de la República”.

Fuente: Revista Crónica Argentina Fasc. N°27 Edit. CODEX

Movimientos Revolucionarios de Chuquisaca y La Paz

1810:MOVIMIENTOS REVOLUCIONARIOS EN EL VIRREINATO

El año 1810 ha sido llamado el de la revolución hispanoamericana, pues durante ese período se produjo una corriente histórica de rebelión común en casi todos los dominios españoles del Nuevo Mundo.

El 19 de abril estalló en Caracas (Capitanía General de Venezuela) un movimiento dirigido contra las autoridades españolas, en cuyo transcurso el brigadier Vicente Emparán renunció al mando y debió entregarlo a una Junta de Gobierno.

El 25 de mayo se creó en Buenos Aires (Virreinato del Río de la Plata) una Junta Revolucionaria presidida por Cornelio Saavedra. Luego, le siguió en orden cronológico el movimiento separatista ocurrido el 20 de julio en Santa Fe de Bogotá (Virreinato de Nueva Granada), donde el pueblo se amotinó y obtuvo del Cabildo la creación de una Junta de Gobierno, encabezada —durante un tiempo— por el Virrey Antonio Amar.

El 2 de agosto se constituyó en la ciudad de Quito una Junta rebelde, y el 16 de setiembre estalló en el pueblo de Dolores (Virreinato de México) un movimiento revolucionario dirigido por el cura párroco Miguel Hidalgo. A los dos días, es decir, el 18 de setiembre, se constituyó en la ciudad de Santiago (Capitanía General de Chile) una Junta de Gobierno revolucionaria bajo las órdenes de Mateo de Toro y Zambrano.

Diversas causas explican estos movimientos revolucionarios, cuyos dirigentes bregaron por un cambio en el sistema político imperante, guiados por el patriótico deseo de poseer un gobierno propio. Podemos citar las siguientes:

a) La crítica situación porque atravesaba la monarquía española a causa de la invasión napoleónica, y el principio, reconocido por la jurispru dencia peninsular, según el cual, prisionero o ausente el rey, la soberanía recaía en los pueblos “que tenían derecho a darse su propio gobierno”.

b)   Las funestas consecuencias del erróneo sistema económico implantado por la Metrópoli.

c)   La Revolución Francesa y las nuevas ideas liberales.

d)   El grado de madurez política y social alcanzado por núcleos dirigentes de América hispana, y la incansable actividad desplegada por dos ardientes apóstoles de la emancipación: Francisco Miranda y Antonio Mariño.

Francisco Miranda nació en Caracas en 1750 y luego prestó servicios militares en España. De allí pasó al Nuevo Mundo donde luchó en favor de la emancipación norteamericana; más tarde engrosó las filas de los revolucionarios franceses.

En 1795 se trasladó a Londrss, donde empezó a trabajar con empeño por la liberación hispanoamericana. Con el propósito de coordinar la acción revolucionaria fundó la “Gran Reunión Americana”, conocida comúnmente como Logia Lautaro.

Antonio Mariño nació en Bogotá en 1765 y desde temprana edad se forjó una sólida cultura. Su lucha por la libertad de América comienza en 1794, año en que tradujo el texto de la “Declaración de los Derechos del Hombre” de los revolucionarios franceses y los publicó en castellano con el título: “Decálogo de la sociedad regenerada”.

e)   La acción de pensadores españoles que sostuvieron principios fundamentales de soberanía popular. A partir del siglo XVI, diversos teólogos defendieron la igualdad de los americanos y, posteriormente, el jesuíta Francisco Suárez bregó a través de sus obras por los derechos del pueblo.

f)   La manifiesta desigualdad entre españoles y americanos —que contrariaba lo dispuesto por las Leyes de Indias— con marcada preeminencia de los peninsulares en la provisión de cargos públicos.

g)   La imprevisora política seguida por España desde fines del siglo XVIII, que influyó para que sus dominios en América quedaran abandonados a su propia suerte.

Revolución de Chuquisaca

Revolución de Chuquisaca, Pintura “Los Doctores de Charcas”

Si bien en 1810 culminó la agitación revolucionaria en los dominios hispánicos de América, años antes se produjeron otros alzamientos contra las autoridades españolas. Estas rebeliones contaron con el apoyo del elemento nativo y, en general, tuvieron visibles tendencias emancipadoras.

1-Los comuneros: En el siglo XVIII se produjo en el Paraguay —perteneciente al Virreinato del Río de la Plata— la revolución de los comuneros. Este movimiento fue de importancia porque sus cabecillas- defendieron los ideales jurídicos y políticos del derecho natural, que sustenta el poder soberano del pueblo.

2- La Revolución de Socorro, una localidad de Nueva Granada, resistiendose a pagar el aumento de impuestos a la corona española

3-La sublevación de Tupac Amaru en Perú, contra el régimen despótico y le cruel trato a los aborígenes.

4-Los movimientos de Chuquisaca y la Paz, de cual hablaremos a continuación.

Los Movimientos de Chuquisaca y La Paz
A comienzos del siglo XIX, en dos importantes ciudades del Alto Perú se originaron insurrecciones contra las autoridades españolas. Estos movimientos contaron con el apoyo del elemento nativo y tuvieron visibles tendencias emancipadoras.

El 25 de mayo de 1809 estalló en Chuquisaca o Charcas una revolución, que tuvo su origen en un incidente político producido entre el arzobispo y el cabildo eclesiástico. Los miembros de este último organismo se negaban a reconocer la Junta Central de Sevilla, creada en España a consecuencia de la invasión napoleónica. El altercado tuvo mayor trascendencia cuando el inepto gobernador, don García Pizarra, apoyó al arzobispo; la Audiencia, por su parte, defendió ai cabildo del clero.

La agitación cundió rápidamente; la Audiencia contó con el apoyo de los criollos y denunció al pueblo que el gobernador deseaba entregar esos territorios a la Corte portuguesa. El patriota Bernardo Monteagudo enardeció los ánimos; García Pizarra tuvo que renunciar y fue encarcelado. Se creó un gobierno de carácter independiente presidido por el oidor más antiguo de la Audiencia. La organización del ejército quedó a cargo de Alvarez de Arenales.

El movimiento de Chuquisaca se extendió a la ciudad de La Paz. El 16 de julio de 1809 los insurrectos apresaron al gobernador interino Dávila y al obispo. El pueblo se volcó en las calles a los gritos de “¡Viva Fernando VII!” y “¡Mueran los chapetones!” (españoles).

Los revolucionarios eligieron comandante a Pedro Domingo Murillo e intendente a Juan Indaburu. El cabildo tomó el mando de la ciudad y organizó una “Junta tuitiva” (defensora) de carácter consultivo, presidida por Murillo y formada exclusivamente por americanos.

Las autoridades realistas de Buenos Aires y Lima enviaron fuerzas para reprimir estos movimientos. Cisneros comisionó al mariscal Nieto para que se dirigiera a Chuquisaca; Abascal, virrey del Perú, dispuso que Manuel Goyeneche —presidente del Cuzco— sofocara la insurrección de La Paz.

Los rebeldes carecieron de unidad y sus tropas, mal armadas e indisciplinadas, fueron batidas por Goyeneche que penetró en La Paz el 1? de octubre de 1809. Muchos cabecillas del movimiento fueron degollados en el campo de batalla. Murillo fue ahorcado junto con varios compañeros y Goyeneche mandó despedazar sus restos y colocarlos a la vera del camino principal.

Nieto, enviado desde Buenos Aires, penetró en Chuquisaca el 24 de diciembre de ese año. Procedió con más benevolencia, pues había varios españoles comprometidos en la revolución; Arenales fue enviado a la cárcel de El Callao y los miembros de la Audiencia confinados en lugares distantes.

Fuente Consultada:
HISTORIA 5 Historia Argentina de sus Instituciones Políticas y Sociales José Cosmelli Ibañez Edit. Toquel

El Grito de Asencio La Revolución de la Banda Oriental

El Grito de Asencio – La Revolución de la Banda Oriental

La Revolución en la Banda Oriental: La Junta de Buenos Aires había enviado a su secretario Paso a la Banda Oriental, con la difícil misión de convencer al Cabildo de Montevideo de que se plegase a la causa patriota, pero sus propuestas fueron rechazadas de plano por los cabildantes. La situación empeoró aún más con la llegada de España del ex-gobernador Francisco Javier de Elío, quien retornaba con el flamante título de Virrey otorgado por el Consejo de Regencia.

Elío, mientras preparaba su ejército, pidió por pura formalidad el reconocimiento de su investidura por parte de la Junta, lo que, por supuesto, le fue negado.

Gervasio Artigas

Uno de los jefes de las milicias realistas de Montevideo era el criollo José Gervasio Artigas, quien desertó del bando español para servir a la libertad de su patria. Luego de una breve estancia en Buenos Aires, Artigas recorrió la campaña uruguaya al frente de un centenar y medio de soldados de frontera, los blandenques, insurreccionando todo el interior de la Banda Oriental.

El 28 de febrero de 1811, en el pueblo de Asencio, los patriotas orientales proclamaron la unión de la Banda Oriental al gobierno de Buenos Aires, pasaje histórico que es recordado como el “Grito de Asencio”.

En apoyo a los sublevados de la Junta dispuso que el general Belgrano pasara con las tropas que regresaban del Paraguay a la Banda Oriental. La decidida acción de Artigas insurreccionó a todo el país y el 18 de mayo de 1811 el caudillo oriental obtuvo un rotundo éxito militar en Las Piedras. Luego de arrebatar Colonia a los españoles cerró el cerco sobre Montevideo. Belgrano, que había actuado de acuerdo con Artigas, tuvo que dejar el mando del ejército al coronel José Rondeau y regresar a Buenos Aires.

Virrey Elío

Los realistas sitiados contaban con la excelente fortaleza del Cerrito y con una flota que les aseguraba el control del Río de la Plata y el aprovisionamiento de Montevideo. Por otro lado esperaban la llegada de refuerzos militares de España. A pesar de todo ello el virrey Elío cometió la imprudencia de llamar en su auxilio a Portugal.

La corte portuguesa residía por entonces en Río de Janeiro, para ponerse a salvo de las tropas de Napoleón. Cumpliendo el viejo anhelo de dominar una de las márgenes del Plata los portugueses pusieron en camino hacia la Banda Oriental un ejército de 1200 hombres.

La fuerza expedicionaria portuguesa distaba de ser imbatible, pero la diplomacia lusitana la presentaba como una fuerza de paz mediadora entre patriotas y realistas y proponía un armisticio. Tal cosa era favorable a los realistas y quizás a Buenos Aires, preocupada por la derrota de Huaqui, pero para los patriotas orientales era un verdadero desastre.

En octubre de 1811 se firmó el armisticio. Las fuerzas de Rondeau levantaban el sitio y regresaban a Buenos Aires; el comercio entre ambas márgenes del Plata se reanudaba; el virrey Elío seguía en Montevideo esperando un reconocimiento de Buenos Aires que no llegaría nunca.

El acuerdo a que habían llegado los porteños desagradó profundamente a los orientales. Siguiendo a las milicias de Artigas que se retiraban a Entre Ríos, toda la población de la campaña abandonaba su tierra y sus casas en dramático ejemplo de amor a la libertad, que es conocido como el “Exodo Oriental”.

Fuente Consultada:
Biblioteca del Estudiante Tomo I N°15 La Revista

Biografia de Marcos Sastre Escritor Argentino Educador

Biografia de Marcos Sastre Escritor Argentino Educador

En el frente de la biblioteca del “Salón Literario” fundado por Marcos Sastre podía leerse: “Abjiciamus ero ópera tenebrárum, et induámur arma lucís”: Desechemos las obras de las tinieblas, y vistamos las armas de la luz. Tal lema, en plena época de Rosas, resultaba mucho más que una simple declaración de propósitos. Era, casi, un desafío. Alberdi, Echeverría, Vicente F. López, Juan M. Gutiérrez frecuentaban las tertulias a las que Sastre daba gran autoridad.

Marco sastre

Marcos Sastre fue un escritor y educador argentino de origen uruguayo, fundador, junto con Juan B. Alberdi, Juan María Gutiérrez y Esteban Echeverría, del Salón Literario, inicio de la Generación del 37.

También solía aparecer, de vez en cuando, el editor Pedro de Angelis, espía de Rosas. Se habla de literatura, de ciencia, de educación pública.  Un solo tema está proscripto: la política.

Pero los tiempos son difíciles para la patria; fogosos corazones preparan la rebelión, bajo los cuchillos asesinos. Marcos Sastre no puede evitar que sus contertulios se entusiasmen, y se ve obligado a rematar su librería.

Aquel grupo de asiduos concurrentes al Salón Literario se refugia en la clandestinidad, funda la Asociación de Mayo bajo la dirección de Echeverría y comienza a trabajar por la libertad. La librería del pacífico maestro se ha convertido, de tal suerte, en el punto de partida de la “Joven Argentina”.

Sastre se instala en el campo, compra una majada de las ovejas más finas del país, se dedica a la cría de merinos, y prospera rápidamente, hasta que se arruina, debido al largo bloqueo francés.

En San Fernando todavía le queda la vieja casa de sus padres. En ella se refugia. Las islas del Delta lo seducen; viaja, navega los riachos, realiza pacientes estudios sobre las condiciones de esa tierra.

En 1840 el país se agita en el terror.  Lo tildan de “salvaje unitario” y le confiscan sus pocos bienes. Sin embargo, Sastre sobrevive al puñal y en 1846 toma a su cargo la dirección del colegio de los jesuítas, desde el cual irradia su talento.

Cinco años después de la caída de Rosas, cuando todo estaba por hacerse y no había maestros, ni escuelas, ni medios, emprende la difícil empresa de organizar la instrucción pública; interesa a las autoridades, convence a los padres descreídos, familiariza a los educadores con la organización escolar, traza los planos de nuevos edificios, crea bibliotecas, idea nuevos métodos de enseñanza (“Método ecléctico”, “Lecciones de Aritmética”, “Lecciones de Gramática Castellana”) y, al cabo de cinco años, consigue la victoria final Sastre nació en Montevideo en 1809 y falleció en 1887.

El paisaje ejerció poderosa influencia en el espíritu de Marcos Sastre, quizás porque en su amor por las plantas, por los panoramas de vegetación exuberante, por los vivos cuadros que la naturaleza le ofreció durante sus viajes de la infancia, creyó hallar la más grande y definitiva paz, tan necesaria a su formación de misionero y de maestro.

Laborioso, lector incansable, pedagogo de profunda lógica, apologista de las virtudes que hacen al ciudadano y al hombre de bien, Sastre dio de sí la originalidad desús métodos de enseñanza, la erudición de sus artículos de crítica literaria, de sus traducciones, de sus charlas. Por todo ello no pidió ni aceptó recompensa, porque su obra, como su vida, hubo de nutrirse en la humildad por designios de un particular mensaje.

Fue la suya una tarea para la juventud, una incesante búsqueda de verdades, jamás traicionadas por la apetencia de fortuna. En la pobreza material, en el anonimato casi, este espíritu contemplativo modeló la arcilla de su fe, para entregar a las generaciones que le sucedieron un ejemplo que resiste cualquier crítica.

Mientras educaba a sus hijos concibió el hermoso opúsculo “Consejos de oro”, sobre educación escolar y doméstica, los cuales, llenos de sabiduría, deben servir de enseñanza a las madres y a los maestros. Él mismo, con cierta ingenua sencillez, confiesa en la dedicatoria: “Los consejos que os ofrezco serían de un bajo metal si fuesen míos. Los he sacado de tres libros, después de un estudio dilatado: el libro de la Religión, el libro de la Ciencia, y el libro de la Naturaleza”.

Halló, ciertamente, para las madres, el canto bíblico, inflamado de gratitud; .para los educadores, empleó el lenguaje sano, sincero, desprovisto de toda afectación, tal como cuadra al estilo de una profesión que amaba.

Su obra maestra, “El Tempe argentino”, es un poema en prosa, de sencillez  admirable,  en  el que revela los  secretos  del Delta.

Con delicado acierto traza las comparaciones de esta región del nuevo mundo con el valle del Tempe, regado por las mansas aguas del Peneo.

Extensas nociones sobre las aves y los cuadrúpedos que habitaban entre las frondosas arboledas; detalles sobre sus costumbres, sus instintos, sus variedades; descripción de bellezas olvidadas, de rincones idílicos, hacen de este libro, tan americano, tan sabio,   tan  bello,   un  documento   que  los   naturalistas   agradecen.

Marcos Sastre lo dio a la prensa en el año 1858, en la “Biblioteca Americana”. Su éxito fue inmediato, porque es la consecuencia de pacientes estudios sobre condiciones de la tierra, geología, productos naturales; cada página nos revela la presencia del hombre solitario, hechizado por un paisaje de vegetación lujuriosa, de colorido fascinante, con un río generoso por la variedad de sus peces y una espléndida naturaleza, llena de frutos.

El escritor se maravilla, se postra y canta. Su lira recorre la fronda, descubre sonidos, remonta los cauces de agua toma la voz calida de los habitantes de las islas, traduce, en fin aquello que permanece oculto a los ojos del profano.

FRAGMENTO:
UN PASEO POR  LAS  ISLAS
“Sencilla es mi canoa como mis afectos, humilde como mi espíritu. Ella boga exenta y tranquila por las ondas bonancibles sin osar lanzarse a las olas turbulentas del gran río.

Bien ve las naves fuertes naufragar, bien ve los floridos camalotes fluctuantes, que separados de la dulce linfa natal, al empuje de las corrientes, vagan acá y allá, ora batidos y desmenuzados contra las riberas, ora arrebatados por el océano de las aguas amargas hasta las playas  extranjeras.

¡Paraná delicioso! Tú no me ofreces sino imágenes risueñas, impresiones placenteras, sublimes inspiraciones; tú me llamas a la dulce vida, la vida de la virtud y de la inocencia.

¡Cuántos goces puros! ¡Cuan deleitosas fruiciones plugo a tu Hacedor prepararnos en tu seno! En medio de tus aguas bienhechoras, de tus islas bellísimas, revestidas de flores y de frutos; entre el aroma de tus aires purísimos; en la paz y la quietud de la humilde cabana hospitalaria de tus bosques… Allí, ¡allí es donde se encuentra aquel edén perdido, aquellos dorados días que el alma anhela!

La leve canoa, al impulso de la espadilla, se desliza rápida y serena sobre la tersa superficie que semeja un inmenso espejo guarnecido con la cenefa de las hojosas y floreadas orillas, reproducidas en simétricos dibujos.

El sol brilla en su oriente sin celajes; las aves, al grato frescor del rocío y del follaje, prolongan sus cantares matinales, y se respira un ambiente perfumado. Las islas por una y otra banda se suceden tan unidas, que parecen las márgenes del río; pero este gran caudal de agua que hiende mi canoa no es más que un simple canalizo del grande Paraná, cuyas altas riberas se pierden allá, bajo el horizonte.

A medida que adelanta la canoa, nuevas escenas aparecen ante la vista hechizada, en las caprichosas ondulaciones de las costas, y en los variados vegetales que las orlan. A cada momento el navegante se siente deliciosamente sorprendido por el encuentro de nuevos riachuelos, siempre bordados de hermoso verdor; sendas misteriosas que transportan  la imaginación a elíseos encantados.”

Fundacion de la Primera Ciudad Hispana en America Segundo Viaje

HISTORIA DE LA FUNDACIÓN DE LA PRIMER CIUDAD HISPANA EN AMÉRICA:

INTRODUCCIÓN: En 1493 el doctor Diego Álvarez Charca emprendía desde Cádiz un viaje singular. Embarcó junto al pasaje de la armada de Cristóbal Colon, que retornaba a “las Indias” con el objetivo de fundar la primera ciudad hispana en el Nuevo continente. Las poéticas y encendidas descripciones de la tierra prometida comenzaron a desvanecerse tras el arribo a la isla que bautizaron San Martín. A partir de allí luchas, matanzas y enfermedades y huracanes fueron signando el itinerario de la expedición , que fue descripta al detalle por el sagaz viajero Chanca.

carabelas de Colon

Debe haber sido inolvidable el espectáculo que ofreció la armada de 17 naves, del Almirante del Mar Océano Cristóbal Colón, cuando salió de la bahía de Cádiz y entró gloriosa al mar con sus velas desplegadas, aquel 26 de septiembre de 1493.

Era el segundo viaje que el descubridor hacía a las Indias —como entonces se llamó a América—y su destino era la isla La Española, actuales Haití y Santo Domingo. Allí había dejado una guarnición de 39 hombres, en el fuerte de La Navidad, en dominios del cacique Guacamarí, señor de una parcialidad de indios arawakos, que en el primer viaje le había mostrado sincera amistad.

En esa misma isla proyectaba fundar la primera ciudad hispana en las Indias y con ese propósito llevaba 1.600 colonizadores, todos ellos llenos de ilusión despertada por sus entusiastas descripciones de la nueva tierra: naturaleza generosa, aborígenes mansos que aportarían mano de obra y mucho oro aluvial en los caudalosos ríos. Era —les había dicho— un pedazo de paraíso terrenal donde hallarían la prosperidad.

En el pasaje iban muchas personalidades prestigiosas, una de ellas el médico o físico Diego Alvarez Chanca, hombre sensible y sagaz que en la carta que envió al Cabildo de Sevilla, su ciudad natal, dejó un valioso testimonio sobre este viaje que comenzó con magnificas perspectivas y terminó en fracaso. Después de cuarenta días de navegación, al alba del 3 de noviembre, los viajeros se despertaron con el grito del piloto de la nave capitana que anunciaba:” —Albricias, que tenemos tierra! “Fue la alegría tan grande en la gente —escribe Chanca conmovido— que era maravilla oírlas gritar y placeres que todos hacían, y con mucha razón, que la gente venía ya tan fatigada de mala vida y de pasar agua, que con muchos deseos suspiraban todos por tierra” .

Contribuía a aumentar su felicidad el panorama que se abría ante sus ojos coincidente con las poéticas y encendidas descripciones de Colón: el mar estaba calmo y las naves se deslizaban sobre él como en un paseo. El sol subía luminoso desde el horizonte y la bruma matinal se disolvía para revelar, como por arte de encantamiento, islas que iban surgiendo aquí y allá, según recuerda Chanca, semejantes a esmeraldas ensartadas en mar de topacio, bajo un cielo de turquesa. Costearon la más próxima que era “todo montaña muy hermosa e muy verde, hasta el agua, que era alegría en mirarla”, y como estaban en día domingo, Colón la bautizó Dominica.

Continuaron hacia la que llamó Marigalante y como en ella halló buen puerto, desembarcó portando el estandarte real para tomar solemne posesión del territorio en nombre de Isabel y Fernando, los reyes católicos. A la mañana siguiente llegaron ala isla que el Almirante bautizó Guadalupe, de bellísima imagen. Había en ella “una gran montaña que parecía que quería llegar al cielo de la cual caía un golpe de aguatan gordo como un buey, que se despeñaba de tan alto como si cayera del cielo…; era la más hermosa cosa del mundo de ver..”.

Así la describe Chanca, expresando el estado de ánimo propio y el de sus compañeros de viaje, ya que todos se sentían como transportados por la hermosura del mundo edénico al que habían llegado y en el que iban a vivir. Sin embargo, muy pronto la realidad indiana comenzaría a mostrarles su otra cara, brutal y despiadada.

EL PRIMER CHOQUE DE CULTURAS

Desembarcaron y con los dos indios intérpretes que llevaban , se dirigieron aun caserío en busca de información sobre el lugar, pero sus habitantes huyeron al verlos aproximarse dejando todo abandonado, lo que permitió a Colón y sus acompañantes recorrer tranquilamente las viviendas.

Encontraron diversas pertenencias, entre ellas mucho algodón hilado, pero también algo que los espeluznó: cuatro o cinco huesos de brazos y piernas humanos. Comprendieron que estaban en dominio de los indios caribes o caribes, comedores de carne humana, que con tanto pavor mencionaron los arawakos de La Española.

Por unas mujeres que tomaron prisioneras supieron que, periódicamente, organizaban expediciones a otras islas, dentro de un área de 150 leguas a la redonda, con el propósito de cazar gente. Últimamente habían partido diez canoas y eso explicaba la casi total ausencia de varones en la isla. A las cautivas mujeres —que elegían “mozas y hermosas”, como observó el sensible Chanca— las tenían como esclavas y mancebas. “A los niños que nacían de ellas los comían pues, en acto de primitivo racismo, sólo dejaban vivir a los hijos de mujeres de su tribu. A los varones adultos los comían y a los muchachos los castraban, algo que Chanca corrobora al decir que los jóvenes cautivos que encontraron tenían “cortados sus miembros”.

Cuando llegaban a la adultez los comían porque, según añade, para los caribes “la carne de hombre es tan buena que no hay tal cosa en el mundo”. Entrar a sus viviendas era enfrentarse a este mundo antropófago que nuestro doctor observaba con curiosidad y repulsión. En una encontraron “un cuello de hombre hirviendo en un caldero”. En otras, los cascos de las cabezas colgados por las casas a manera de vasijas para tener cosas”, y por todas partes “infinitos huesos de hombres”. Ante estos hallazgos, los 1.500 viajeros se felicitaban de que su destino final fuera la tierra de los pacíficos arawakos del cacique Guacamari Estaban deseosos de asentarse de una vez por todas para comenzar la construcción de la ciudad que sería su nueva patria.

El 10 de noviembre zarparon nuevamente anhelando llegar a La Navidad donde 39 compatriotas los aguardaban. Pasaron frente a una isla que denominaron Montserrat, de la cual diez ex cautivas que llevaban les contaron que estuvo habitada, pero los caribes exterminaron su población. Llegaron a la que bautizaron San Martín, también de indios caribes, donde tuvo lugar el primer encuentro con éstos, en una suerte de pequeña “batalla naval”: 25 españoles estaban haciendo navegación costera en una barca, cuando vieron venir una canoa caribe con cuatro varones, dos mujeres y un muchacho, los siete tan absortos en la contemplación de la armada colombina, que pudieron aproximárseles para tomarlos por sorpresa. En el último instante los caribes advirtieron el peligro, reaccionaron y se armó la batalla que Chanca observó desde las naves.

Los de la barca peleaban con lanzas; los caribes, tanto varones como mujeres, con flechas. La barca embistió la canoa y la trastornó, pero los caribes nadaron hacia unos bancos de arena donde hacían pie y continuaron flechando hasta huir todos salvo uno que había recibido un lanzazo. Los españoles lo llevaron a una de las naves, pero murió poco después.

De ellos hubo dos heridos de flecha. Continuando la navegación pasaron frente a las islas que bautizaron Santa Cruz, Santa Ursula, Oncemil Vírgenes, Puerto Rico, Mona y Monito hasta llegar a La Española, sobre cuya costa norte, a algunos días más de navegación estaba La Navidad. Hacia allí se dirigió Colón, también deseoso de llegar a destino.

Durante este tramo final del viaje murió uno de los dos heridos en la batalla. Era la primera vez que la muerte se hacia presente entre los españoles por enfrentamientos con aborígenes y esto despertó en ellos un sentimiento lúgubre muy distinto del jubiloso que hasta entonces los había embargado. Ahora aparecía un mal un presagio.

LA TRISTE Y DURA REALIDAD

Llegaron al puerto que bautizaron Montecristo, distante 12 leguas de los dominios del cacique Guacamari. Chanca, siempre observador gozoso del paisaje, cuenta que allí desembocaba un hermoso y caudaloso río, y que Colón, en busca de sitio donde fundar su ciudad, despachó a una cuadrilla para que lo explorara. Los expedicionarios se internaron corriente arriba y, de pronto, hicieron un macabro hallazgo: “dos hombres muertos…, el uno con un lazo al pescuezo y el otro con otro al pie . Al día siguiente, “otros dos muertos…, el uno de estos… se le pudo conocer tener muchas barbas… Los nuestros sospecharon más mal que bien,., porque los indios son todos desbarbados”, señala Chanca.

Esto les permitió deducir que los muertos eran españoles y entonces una inquietud funesta los invadió, ¿que hallarían en La Navidad? Regresaron a informar a Colón, quien no podía creer que su amigo Guacamarí hubiera permitido que algo malo les sucediera a sus hombres. Con más ansias que nunca apuró la navegación. El 27 de noviembre a la noche surgió la costa de La Navidad. Por temor a encallar no quiso aproximarse hasta el amanecer, pero “mandó tirar dos lombardas a ver si respondían los cristianos que habían quedado con el dicho Guacamari, porque también tenían lombardas… Nunca respondieron ni menos aparecían fuegos ni señal de casas en aquel lugar, de lo cual se desconsoló mucho la gente”, comenta Chanca con un tono de preocupación que hasta ahora no había usado.

No era para menos, ya que durante el viaje todos habían aguardado el momento de la llegada e imaginado esa especie de jubiloso diálogo de lombardas que tendría lugar. También imaginaron la visión reconfortante de los fuegos ardiendo en medio de la noche, en cada hogar, pero, por el contrario, encontraban silencio y oscuridad. ¿Qué ocurría? Una canoa rondaba la nave capitana y uno de los indios pidió hablar con Colón.

Era primo de Guacamarí que le traía un obsequio en su nombre. Al preguntársele por los españoles de La Navidad respondió que estaban bien, aunque algunos murieron de “dolencias y otros de diferencias que habían acontecido entre ellos Le contó a Colón que Guacamarí no vivía más en el sitio donde lo dejó, porque los caciques Caonabó y Mayrení le habían hecho la guerra e incendiado el pueblo, razón por lo que debió mudarse. Agregó que de la lucha quedo’ herido en una pierna y por eso no había venido, pero que [al] otro día vendría. Cuenta Chanca que con esta explicación Colón se tranquilizó, sin embargo al día siguiente hubieron señales muy preocupantes: los arawakos, un año atrás cargosos de tan amistosos, brillaban por su ausencia.

Los españoles de La Navidad no daban señales de vida y cuando una cuadrilla fue al fuerte, lo halló incendiado hasta los cimientos. Finalmente, Guacamarino apareció como había anunciado su primo. Algo malo sucedía. El primo sí regresó y esta vez dijo que, en realidad, todos los de La Navidad estaban muertos; que los habían matado los mismos que atacaron a Guacamari. Los españoles quedaron atónitos con este cambio de versiones, además, el cacique continuaba sin aparecer. ¿Qué había sucedido? ¿Qué ocultaban él y su gente?

Las discusiones no tardaron en surgir, como escribe Chanca: “Habla entre nosotros muchas razones diferentes, unos sospechando que el mismo Guacamarí fuese en la traición o muerte de los cristianos, otros les parecía que no, pues estaba quemada su villa, ansí que la cosa era mucho para dudar Colón estaba entre los que dudaban, negándose a creer en una traición de aquél que creyó su amigo, y acompañado por Chanca y otros más fue a La Navidad. Los restos parecían no haber sido tocados y por eso res llamó la atención no encontrar cadáveres; en cambio, en un caserío cercano del que los indios desaparecieron al verlos llegar, hallaron muchas cosas de los cristianos muertos. En el camino de regreso se es aproximaron unos indios que dijeron saber dónde estaban los cadáveres de once de los españoles.

Colón les preguntó quién los había matado y respondieron lo que sonaba a lección aprendida: los dos caciques enemigos de Guacamari. No obstante, Chanca advirtió que, mezcladas a esta explicación, “asomaban quejas que los cristianos uno tenía tres mujeres, otro cuatro, donde creemos que el mal que les vino fue de celos”. Es decir, que la Los indígenas celebraban fiestas con danzas y música en honora sus dioses, tal como se aprecia en este grabado de la Isla La Española, hoy Haití.

La matanza habría sido desenlace de un conflicto entre varones de ambas razas por la posesión de las indias, sobre quienes los hombres blancos y barbados ejercían gran atractivo, pero esta razón no convenció a nadie. Al día siguiente arribó la carabelas que Colón había enviado a explorar, al mando del capitán Melchior. Este contó algo que era como una pieza para agregar al rompecabezas de la misteriosa matanza: que le salió al paso una canoa en la que viajaba un hermano de Guacamari quien le rogó que fuese a visitarlo.

Fue—y lo relató con soma, tal como reprodujo en su carta el doctor Chanca— “lo encontró en su cama echado, haciendo del doliente herido”. Le preguntó por los muertos y respondió lo ya sabido, sus dos enemigos, recalcando que eran los mismos que lo hirieron. Le rogó que le llevara a Colón el mensaje deque lo visitara pues él —insistió— no podía hacerlo por su herida. Colón, quizá pensando que Guacamarí deseaba contarle la verdad de los hechos, fue a visitarlo acompañado por “gente de pro”. Chanca describe así el encuentro: “El Almirante, vestido con sus mejores ropas, halló al cacique en su choza de ramas. Estaba rodeado de vasallos, yaciendo en su hamaca, con una pierna envuelta en un paño y, al verlo, le hizo manifestaciones de amistad y le dio nuevos obsequios”.

Luego se refiere a la matanza: “mostró mucho sentimiento con lágrimas en los ojos por la muerte de los Cristianos, e comenzó a hablar de ello . Sin dejar de llorar relató “cómo unos murieron de dolencia, e como otros se habían ido a Caonabó a buscar la mina de oro e que allí los habían muerto, e los otros que se los habían venido a matar allí, en su villa” de La Navidad. Durante todo el tiempo que habló, en ningún momento abandonó su expresión sufriente por lo que Colón le hizo una propuesta que Chanca relata así: “Estábamos presentes yo y un cirujano de armada, entonces dijo el Almirante al dicho Guacamarí que nosotros éramos sabios de las enfermedades de los hombres, que nos quisiese mostrar la herida, él respondió que le placía, para lo cual yo dije sería necesario… saliese fuera de casa, porque con la mucha gente estaba oscura e no se podría ver bien; lo cual él hizo luego, creo más de empacho que de gana… Guacamari dejó su hamaca y, apoyado en Colón, salió a la luz.

El cirujano le quitó la venda para ver la herida pero, oh sorpresa! no había ninguna. Guacamarí explicó que, en verdad, se había tratado de una pedrada, no de una herida, entonces el cirujano lo palpó, pero no encontró señas de golpe. “No tenía más mal en aquella [pierna] que en la otra [sana], aunque él hacía de raposo que le dolía mucho”, observa Chanca socarrón y despreciativo. La realidad era que el cacique había estado mintiéndoles, haciéndolos victimas de una burla. Esto, para muchos, demostraba su culpabilidad en la matanza, pero, para otros, no era prueba suficiente. “Ciertamente no se podía bien determinar —piensa Chanca— porque las razones eran ignotas, que ciertamente muchas cosas había que mostraban haber venido a él gente contraria. Asimismo el Almirante no sabía qué se hacer: parecióle, y a otros muchos, que por entonces y hasta bien saber la verdad, que se debía disimular, porque después de sabida… se podría de él recibir enmienda”.

Por eso Colón, por disimular y además considerando la conveniencia de restablecer la amistad con el cacique en cuya tierra iba a fundar su ciudad, diplomáticamente lo invitó a visitar las naves. Guacamari aceptó y fue acompañado de su hermano. En amistoso diálogo del que fueron intérpretes los dos lenguaraces arawakos, Colón le mostró las herramientas, objetos, semillas y caballos que traía de España para su ciudad y le dijo que quería levantarla próxima a su pueblo, pero el cacique lo disuadió pretextando que el lugar era malsano.

Mientras ambos dialogaban, el hermano del cacique lo hacía con las diez ex cautivas de los caribes que ahora servían a los españoles y así, en esas conversaciones, se pasó la tarde. Guacamari “tomó colación en la nao” tomó a su casa El encuentro, en el que no se mencionó la matanza de La Navidad. había sido satisfactorio y Colón creyó haber dado un paso positivo.

Sólo a la mañana se enteró de le que había sucedido mientras dormía: los dos lenguaraces escaparon a “uña de caballo”, y las ex cautivas también, sin duda inducidas por el hermano de Guacamari. Colón, enojado, despachó mensajeros para exigirle que las devolviera, pero cuando llegaron “hallaron el lugar despoblado, que no estaba persona en él”. El cacique había desaparecido, se había burlado nuevamente de él.

EL FINAL DEL PROYECTO

Nunca pudo saberse la verdad sobre lo ocurrido en La Navidad. Como escribe Chanca, “así que el poco entender… y las razones equívocas nos han traído a todos tan ofuscados que hasta ahora no se ha podido saber la verdad de la muerte de nuestra gente , pero, para el grueso de los españoles, peor que la incógnita era el hecho de haber sido victimas de un manejo turbio. Colón, superando la amarga experiencia, prosiguió con su proyecto y fundó el fuerte de La Isabela sobre la costa norte de La Española, sin embargo, el recuerdo de la matanza y lo que algunos consideraban una debilidad inexcusable suya al no hacer entre los indios un castigo ejemplar, enturbió el ambiente desde el comienzo.

Al mes de fundada la colonia estalló un motín que Colón reprimió con extrema dureza, al punto que las protestas contra sus excesos llegaron a la corte y los reyes enviaron un veedor que lo despachó engrillado a España. El paraíso prometido por él se transformó en un infierno. A los enconos personales y al desánimo por el incumplimiento de las promesas de prosperidad se sumaron las enfermedades. Chanca escribe: “la gente ha adolecido en cuatro o cinco días el tercio de ella… pero espero en nuestro Señor que todos se levantarán con salud”. ¿Creía, realmente, en esta recuperación o la enunciaba para darse fuerzas a sí mismo y ocultar la verdad a las autoridades sevillanas?.

Hasta la naturaleza se volvió contra la colonia, primero con un incendio, después con un huracán hasta que La Isabela adquirió fama de ciudad maldita y finalmente fue abandonada. Hoy sus ruinas han sido excavadas y han aparecido los cimientos de la casa de Colón, de la iglesia desde cuyo campanario sonó la primera campana de América, de las viviendas de los pobladores, de un horno para hacer tejas, del hospital y de los almacenes.

Entre los objetos hallados hay pequeños frascos de vidrio para guardar medicinas, ¿habrían pertenecido al doctor Chanca? Nada sabemos de cómo siguió su vida. Si regresó a España ose quedó en La Española para asistir a la fundación que reemplazó a la malhadada Isabela, la ciudad de Santo Domingo levantada en la costa sur de la isla y destinada a ser el centro del naciente imperio español en América. En Historia del Nuevo Mundo de Girolamo Benzoni, aparece este grabado sobre las prácticas de canibalismo de algunos indígenas del Caribe. El descuartizamiento de personas y la cocción de su carne, fueron hechos que espantaron a los europeos y, a la vez, sirvieron para justificar la supremacía blanca sobre los “salvajes” aborígenes.

Las Carabelas de Cristobal Colón

Tratado de Permuta Guerras Guaraníticas España Colonia Sacramento

En 1750 los monarcas de España firmaron el Convenio o Tratado de Permuta por el que España renunciaba al territorio ocupado por siete pueblos guaraníes y recibía a cambio la Colonia del Sacramento, eterna manzana de la discordia en la orilla del Plata. El Convenio entregaba a Portugal parte de la región colonizada por los jesuitas en el Paraná y el Uruguay con sus estancias y vaquerías. La Compañía aceptó la decisión real y dispuso que los guaraníes abandonaran la región.

los jesuitas en america

La cruel orden no pudo cumplirse porque los caciques indígenas se negaron a aceptar el traslado forzoso al sur. Indignados porque los misioneros se sometían al Convenio, se rebelaron contra los paí quizás por primera vez, tomaron a varios de ellos como rehenes y los arrastraron a la lucha armada. Al menos esto fue lo que explicaron los padres.

Antecedentes: En 1716 se firmó un tratado adicional entre España y Portugal enUtrecht, por el cual Portugal recobraba la Colonia del Sacramento  sin especificar la extensión de la zona concedida. En este período se va a fundar Montevideo.

Fundación de Montevideo: Para dominar la entrada del estuario Portugal decidió fundar un establecimiento en la bahía de Montevideo (1723).
Cuando el gobernador del Río de la Plata Bruno Mauricio de Zabala tuvo conocimiento de este hecho, desalojó a los lusitanos y fundó por orden de la corona una ciudad, para afianzar allí el dominio español. La fecha de fundación no se conoce exactamente, aunque se sitúa entre 1725 y 1730; el primer Cabildo se reunió el 1º de enero de 1730.

El tratado de Permuta: La Colonia del Sacramento fue objeto de nuevos conflictos hasta que se firmó el tratado de 1750 durante el gobierno de Femando VI (de España) que estaba casado con Doña Bárbara de Braganza, hija del rey de Portugal. Ambos países decidieron resolver amigablemente sus conflictos coloniales, firmando entonces el tratado del 13 de enero de 1750 para fijar el limite de sus posesiones.

España recuperaba la Colonia y cedía tierras sobre la margen oriental del río Uruguay, en las que había siete pueblos de las misiones jesuíticas. Esto desencadenó la Guerra Guaranítica, pues los indígenas se negaban tanto a depender de Portugal como a trasladarse a la margen occidental del río, de acuerdo a lo que estipulaba el tratado.

Aunque la insurrección fue sofocada, las cláusulas del tratado no fueron cumplidas por ninguno de los dos países. Carlos III, sucesor de Femando VI anuló el tratado de Permuta que tantos territorios otorgaba a Portugal.

Tercera ocupación española — España y Portugal se vieron envueltas en la guerra de los Siete Años. Inmediatamente la primera ordenó al gobernador del Río de la Plata don Pedro de Cevallos que ocupara la Colonia. El 2 de nov3embre de 1762 entró en ella después de una breve campaña.

Devolución de la Colonia — Al terminar la guerra de Siete Años se firmó el tratado de París (1763). Inglaterra aijada de Portugal, ensanchó sus dominios coloniales a expensas de Francia, que quedó anulada como potencia colonial en América; España devolvía la Colonia a Portugal, pero conservaba la provincia brasileña de Río Grande, que había ocupado  durante la guerra.

Esla provincia fue reclamada por los lusitanos y más tarde atacada; fue entonces cuando se mandó la poderosa expedición de Don Pedro de Cevallos que tomó la plaza en junio de 1777.

Cuando Cevallos se disponía a dirigirse contra Río Grande tuvo noticia de que se había firmado el tratado deSan Ildelfonso del 1º de octubre de 1777 por el cual se disponía la demarcación definitiva de la línea divisoria entre los dominios españoles y portugueses. La comisión demarcadora no consiguió plenamente su objeto, pero realizó un importante trabajo topográfico.

España recibió la Colonia, la isla de San Gabriel y algunos territorio3 en la Banda Oriental; Portugal la Guayra, Matto Grosso, Río Grande y Santa Catalina, excepto las misiones orientales. El límite de ambas posesiones estaba marcado por el arroyo Chui.

.Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Ideas Educativas De Sarmiento Estado y la Educacion Obligatoriedad

LAS IDEAS EDUCATIVAS DE SARMIENTO:

Un requisito para la existencia de un Estado nacional es el de conseguir un grado importante de cohesión cultural. Quienes se dedicaron a organizar el Estado argentino no olvidaron esta cuestión y debieron enfrentar una particularidad de nuestro país: la nación se estaba formando con el aporte masivo de inmigrantes de diferentes países, con lenguas y tradiciones diferentes.

Domingo Faustino Sarmiento

El Estado se fijó entonces como prioridad la tarea educativa, y con mayor énfasis a partir de la presidencia de Sarmiento, impulsó decisivamente la educación primaria. Se fundaron escuelas de primeras letras en todo el territorio nacional y también se crearon escuelas normales. En el siguiente texto, el historiador Gregorio Weinberg analiza las ideas educativas de Sarmiento y su relación con el modelo de país que se estaba gestando.

“Las ideas educativas de Sarmiento, en su intento por imponerlas en su país, estaban indisolublemente ligadas a una concepción que las integraba con una política inmigratoria y colonizadora; o expresado en otros términos, propiciaba el pasaje de una Argentina ganadera a otra agropecuaria; uno de los elementos esenciales para lograr esa transformación, tal como se la acaba de enunciar, era la educación que, por entonces y a nivel primario, se juzgaba permitiría la formación de hombres que pudieran ser productores y, simultáneamente, partícipes de ese proceso de cambio. Tenía por tanto la educación una función tanto política como económica y social.

La difusión de las primeras letras posibilitaría el acceso a la lectura, y por ende, al conocimiento de las ‘cartillas’ a través de las cuales se difundirían las conquistas, asombrosas para la época, de la Revolución Agrícola e Industrial que conmovía a Estados Unidos y Europa Occidental.

Ahora bien, la preocupación por el nivel primario era correcta para su época, pues educación elemental (o básica o primaria) y educación popular podían considerarse por entonces poco menos que equivalentes. Desde luego que la efectiva alfabetización siguió un ritmo menos intenso del previsto (es el supuesto fracaso que le reprocharon sus críticos más severos).

Pero ello quizás admita otra explicación: al no alcanzar la propiedad de la tierra (que estaba en manos de un sector reducido, adueñado de gran parte de la pampa húmeda y que paulatinamente se iría apropiando de sus ampliaciones sucesivas, como resultado de la llamada ‘conquista del desierto, concentración de la propiedad explicable sobre todo por el franco éxito de la economía pecuaria exportadora y que por entonces excluía al agricultor), al impedírsele también el usufructo de los derechos de ciudadanía y el ejercicio efectivo del sufragio, el factor educativo no desempeña en este plan el carácter de una variable cambiadora tal como se desprendía del ‘modelo’ sarmientino inicial, sino que pasa a ser una variable modernizados.

Pero de todos modos, y hechas las salvedades del caso, jugó un papel fundamental inspirando una ley de educación nacionalizadora de la inmigración e integradora del país. Así pues, su función democratizadora y unificadora tuvo sobresaliente importancia durante casi un siglo. Más aún, su influjo sobre la legislación escolar latinoamericana es indudable.”

GREGORIO WEINBERC.
Modelos educativos en la historia de América Latina. Buenos Aires, Kapelusz, 1984.

Educación popular: En las primeras décadas del siglo XIX había escuelas pero no existía un sistema educativo: no lo había si lo entendemos como institución, estructurado, con niveles, con un método de enseñanza. La educación va surgiendo, a decir verdad, inversamente a la edad de las personas: primero la universidad, luego los colegios secundarios que preparan para la universidad, y recién al final las escuelas primarias.

Sarmiento tuvo un temprano interés por desarrollar la educación como herramienta para la construcción do una sociedad civil y política moderna. Escribió varios textos sobre el tema, pero quizás el más paradigmático sea De la Educación popular, de 1849, uno de los resul tados de sus viajes por Europa y los Estados Unido:; Desde joven, la educación que le había sido negada, como dijimos, lo impulsaba a promover una educación estatal, para todos, gratuita y de calidad. Dirigiéndose a Manuel Montt, el ministro chileno que lo había enviado a aquel viaje de estudios, Sarmiento afirmaba: “No se me culpe de abandonarme a sueños de perfección irrealizables para nosotros”. Es entonces que propone un sistema orientado a la educación de los sectores populares, en un siglo XIX en el cual sólo las minorías ilustradas tenían real acceso al saber.

Entusiasmado, defiende un esquema basado en los siguientes pilares:
“Cunas públicas” dedicadas a recién nacidos hasta los 18 meses, para ayudar a las madres pobres a continuar con sus trabajos.

“Salas de asilo” para niños de hasta cuatro años, donde empezaran a aprender a leer y escribir, a contar, a cantar, pusieran en movimiento el cuerpo y la imaginación.

Escuela primaria, donde se “ponen a disposición de los niños los instrumentos del saber”.

Escuelas de artes y oficios, para transmitir al joven “un arte para producir riqueza”.

Fuente: Enigmas de la Historia Argentina Diego Valenzuela

“De este principio imprescriptible [la igualdad de derechos de los hombres] hoy nace la obligación de todo gobierno a proveer educación a las generaciones venideras, ya que no puede compeler a todos los individuos de la presente a recibir la preparación intelectual que supone el ejercicio de los derechos que le están atribuidos. La condición social de los hombres depende muchas veces de circunstancias ajenas de la voluntad.

Un padre pobre no puede ser responsable de la educación de sus hijos; pero la sociedad en masa tiene el interés vital en asegurarse de que todos los individuos que han de venir con el tiempo a formar la nación, hayan por la educación recibida en su infancia, preparándose suficientemente para desempeñar las funciones sociales a que serán llamados.

El poder, la riqueza y la fuerza de una nación dependen de la capacidad industrial, moral e intelectual de los individuos que la componen; y la educación pública no debe tener otro fin que el aumentar estas fuerzas de producción, de acción y de dirección, aumentando cada vez más el número de individuos que las poseen”.

DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO, Educación popular.

AMPLIACIÓN DEL TEMA: El gran mérito de la presidencia de Sarmiento fue la política educativa llevada a cabo en el ámbito secundario,  ya que la primaria y la superior eran provinciales.  Funda cinco colegios  nacionales en Rosario,   Corrientes,  Santiago del Estero,   San Luis y Jujuy; dos escuelas normales: en 1870 la de Paraná,  dirigida por un pedagogo norteamericano,   George Sterns,  recomendado por Mrs.Mann,  y en 1873 la de Tucumán.

Abre bibliotecas públicas anexas a los  colegios nacionales,  a los que dota de cursos  nocturnos para empleados y artesanos.  Funda el Colegio Militar para la formación de oficiales en 1870,  y en 1872 la Escuela Naval  Militar. Subvenciona escuelas particulares y ayuda a La Rioja a mantener escuelas de primeras letras. Debemos reconocer en su ministro de instrucción pública, Nicolás Avellaneda, al hom bre encargado de cristalizar en los hechos la orientación favorecedora de la instrucción.

La Escuela Normal de Paraná se componía de un curso normal y de una escuela modelo de aplicación para niños de ambos sexos. Hasta 1880,  el plan de estudios del curso normal,   imitado de los establecimientos similares norteamericanos y franceses,  era de cuatro años y brindaba una cultura general  un poco inferior a la del bachillerato,  además de la preparación pedagógica.  Desde sus comienzos y hasta 1876, la escuela fue dirigida por George Sterns. 

Este esforzado educador tuvo que luchar durante su gestión con grandes dificultades: el estado ruinoso del edificio, la deficiente preparación con que llegaban los  alumnos,  la carencia de útiles y textos, las luchas civiles en la provincia de Entre Rfos,  éstos fueron los principales obstácu los que debió enfrentar. A ellos se debe agregar la reacción provocada por el hecho de excluirse de esta escuela y por primera vez en el pafs,  la enseñanza religiosa, sumado a la circunstancia de ser protestantes muchos de sus profesores.

La mayoría de los alumnos eran becados y llegaban de diferentes puntos del país. Esto le dio resonancia nacional a la obra de la Escuela. Sus egresados difundieron por todas partes la técnica pestalozziana aprendida allf y fueron exponentes, a la vez que forjadores, de un tipo característico: el “normalista”, con una formación precozmente especializada, cierta unüateralidad cultural y una firme adhesión a los dogmas positivistas.

A partir de 1874 se fueron creando en distintas ciudades  otras escuelas normales y nuevos departamentos  normales anexos a colegios  nacionales.  La duración de los cursos era de tres años en general,  excepto en la Escuela Normal de Paraná donde fue mantenido el plan de cuatro años hasta 1880,  en que se le dio a este  insti tuto la categorfa de Escuela Normal de Profesores.

Los  intentos de promover en el conjunto de la población algún tipo de formación profesional  o técnica realizados a comienzos de la década del  80 tuvieron un rápido fracaso debido a la estructura político-económica del país que no requerfa de los servicios de una educación formal.  La presencia de los inmigrantes que contaban con un grado de formación de su país de origen,   unido a la acción espontánea que se produce en procesos de esta naturaleza donde la capacitación requerida es muy rudimentaria,  fueron los factores que cubrieron las escasas necesidades existentes de una formación determinada.

Ampliar: Ideas y Reformas Educativas en el Siglo XIX

Fuente Consultada:
Historia de la educación de Manganiello Bregazzi.
Historia Argentina – Historia de la Civilización – Manual de Ingreso 1977 – Dieguez – Pierini – Laplaza Edit. Investigación y Ciencia

 

Provincias Unidas del Rio de la Plata Mapa

Provincias Unidas del Río de la Plata – Mapa

Las Provincias Unidas del Río de la Plata. Esta denominación se usó desde fines de 1811,  y es el nombre utilizado por el estado surgido en la Revolución de Mayo de 1810 en Buenos Aires para suplantar al virreinato del Río de la Plata, aunque la Independencia se proclamó en nombre de las Provincias Unidas de Sud América.

En 1816, había enfrentamientos entre algunas provincias, y el territorio de nuestro país era bastante diferente al actual.

Diferencias: Los diputados comenzaron a llegar a Tucumán en diciembre de 1815, con instrucciones de los cabildos de sus ciudades y representando intereses muy variados, porque en las Provincias Unidas había diferentes proyectos políticos. Buenos Aires se consideraba “la hermana mayor” de las otras ciudades y quería el proceso independentista. Esto generaba oposición en el Interior.

El Territorio: Como vemos en el mapa de esta página, el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata no coincidía totalmente con el del país actual. Las provincias eran menos, pero más extensas, e incluían a las tres del Alto Perú-actual Bolivia-, aunque se hallaban en poder de los realistas. Gran parte de la Pampa, toda la Patagonia y la región del Gran Chaco eran tierras de los aborígenes.

Aunque el nombre Provincias Unidas del Río de la Plata fue utilizado en todo el período de su existencia, otras denominaciones fueron también utilizadas en algunos documentos oficiales:

Provincias del Río de la Plata, por la Primera Junta en 1810
Provincias Unidas en Sudamérica, por el Congreso de Tucumán en 1816
Provincias Unidas del Río de la Plata en Sudamérica, por el Congreso de 1824 a 1825
República Argentina, por la constitución de 1826

Tucumán, 9 de julio de 1816: En la benemérita y muy digna Ciudad de San Miguel del Tucumán a nueve días del mes de julio de mil ochocientos dieciséis: terminada la sesión ordinaria, el Congreso de las Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto y sagrado, objeto de la independencia de los Pueblos que lo forman.

Era universal, constante y decidido el clamor del territorio entero por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España; los Representantes sin embargo consagraron a tan arduo asunto toda la profundidad de sus talentos, la rectitud de sus intenciones e interés que demanda la sanción de la suerte suya, Pueblos representados y posteridad; a su término fueron preguntados:

¡Si querían que las Provincias de la Unión fuesen una Nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli?

Aclamaron primero llenos del santo ardor de la justicia, y uno a uno reiteraron sucesivamente su unánime y espontáneo decidido voto por la independencia del País, fijando en su virtud la determinación siguiente:

Nos los Representantes de las Provincias Unidas en Sud América reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside al universo, en el nombre y por la autoridad de los Pueblos que representamos, protestando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos: declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando Vil, sus sucesores y metrópoli. Quedan en consecuencia de hecho y derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia, e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican, comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, bajo del seguro y garantía de sus vidas, haberes y fama.

Comuniqúese a quienes corresponda para su publicación y en obsequio del respeto que se debe a las naciones, detállense en un Manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne declaración.

OBRA POLITICA Y MILITAR DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO EN 1810

OBRA MILITAR Y POLÍTICA DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO EN 1810:

Obra militar: Este punto, en cuanto a las expediciones militares que se enviaron a diversas zonas del virreinato, como Paraguay, Banda Oriental, etc. Para integrarlas, se trató de aumentar el número de soldados, procurarles más y mejor armamento y dar a los oficiales instrucción militar adecuada.

Para ello, los indios que habían servido en los batallones de castas fueron incorporados a los de españoles (para demostrarles también que eran todos iguales), además se llamó para servir bajo las armas a los que carecían de ocupación conocida y a los soldados que habían sido dados de baja, siempre que no ejerciesen puestos públicos.

Se proyectó la creación de una fábrica de fusiles y se requisaron las armas de fuego de los particulares, previa indemnización.
A los oficiales se les dictaron conferencias relativas al arte de la guerra, porque muchos dirigían las tropas sin tener los conocimientos necesarios.

Obra judicial — Después del 25 de Mayo, se efectuaron renovaciones en la Audiencia y el Cabildo y se dictaron nuevas ordenanzas. También se trató de simplificar el tratamiento que se daba a los miembros de la Audiencia.

Obra política — Al día siguiente de instalada la Junta, se invitó a todas las autoridades a prestarle juramento. También se enviaron circulares al interior, dando cuenta de los acontecimientos, el 26 lo hizo Cisneros, el 27 la Junta y el 29 el Cabildo.

junta de gobierno de 1810

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

OBRA CULTURAL EDUCATIVA DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO EN 1810

OBRA CULTURAL DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO EN 1810:
Obra cultural — Para comprender la obra que la Junta realizó en ese sentido, no debemos olvidar que la ambición de Moreno fue educar al pueblo, que sólo así estaría capacitado para comprender y colaborar con las  reformas que, de acuerdo con las “nuevas ideas” de la época, el secretario deseaba implantar.

Para que todos conociesen la obra de gobierno, fue creada “La Gaceta”, desde cuyas páginas quiso instruir al pueblo, sobre todo en cuestiones de derecho, y para que la milicia conociera sus deberes se publicó un catecismo militar.

Los directores de “La Gaceta” fueron: Moreno, deán Funes, Pasos Silva y Monteagudo, Nicolás Herrera (Gazeta Ministerial), Manuel J. García, fray Camilo Henrique, Julián Alvarez, Bernardo Vélez y Manuel Antonio Castro.Como se publicaban pocos números de “La Gaceta”, era leída en el púlpito después de la misa mayor, para que pudiera ser por todos conocida.

Moreno propiciaba la libertad de imprenta y haciendo uso de ella, publicó y prologó en la edición castellana el “Contrato Social” de Rousseau. Cuando dejó el gobierno, este libro fue retirado de circulación, por considerar el Cabildo que su lectura era perjudicial a los jóvenes.

Pero para que el pueblo pudiera comprender las doctrinas que conocía por medio de las publicaciones, era necesario darle las bases de la educación y para ello se abrieron nuevas escuelas. En setiembre de 1810 fue creada la Escuela de Matemáticas, que funcionó en el edificio del Consulado. Estaba destinada a “tratar la ciencia matemática aplicada al arte mortífero (la guerra)” y asistían a ella los oficiales.

Para que todo el que lo quisiera pudiese ilustrarse directamente, Moreno instaló la Biblioteca Pública de la que fue fundador, presidente y protector, creada el 7 de setiembre de 1810. Ya en ocasión de la conjuración de Córdoba, pidió que fuesen remitidos a Buenos Aires los libros que habían pertenecido a los ajusticiados, así como los que fueron propiedad de los jesuitas.

También solicitó una lista de los libros dejados por éstos en el Norte, para seleccionar el mejor material. A todo esto se sumaron las donaciones particulares de libros e instalaciones. Para que funcionara la biblioteca, le proporcionó una casa y se nombró a dos bibliotecarios rentados.

primera junta de 1810

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

OBRA SOCIAL y ECONOMICA DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO EN 1810

OBRA DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO EN 1810:
Obra social, económica y administrativa — En el Plan de Chiclana se especificaba que los cargos públicos serían conferidos a los americanos, para demostrarles que la Revolución no los humillaba, que cada uno debía surgir de acuerdo con sus propios méritos. Algunos cargos se ocuparon por concurso, pero siempre que los funcionarios fueran hombres honestos y capaces.

Se trató de mejorar la condición de los indios con lo que se obtuvo su concurso militar y político; Castelli concedió derecho de sufragar a los del Alto Perú. Se dispuso el levantamiento de un censo, en agosto de 1810.

Moreno trató de promover la inmigración, para que evolucionasen la industria y el comercio, siempre que los extranjeros no pretendieran dominarnos.

Por razones de política, en adelante los españoles no serían designados para ocupar empleos públicos. Se resolvió redactar un nuevo reglamento de comercio de carácter liberal, pero cuidando que beneficiase al país y que en ningún caso lo pusiera en situación de dependencia del extranjero.

Para facilitar el comercio de ultramar, se abrieron los puertos de Maldonado, Río Negro y Ensenada, medidas que fueron calurosamente recibidas.
En varios decretos sobre honores y etiqueta, se puso de manifiesto la tendencia democrática de Moreno; así en nota enviada al Cabildo de Mendoza, ordenaba que en sus relaciones con el teniente de gobernador “deberá (el Cabildo) abstenerse de etiquetas que siempre causan embarazo en el servicio”.

También censuraba a Ortiz de Ocampo “por haberse adjudicado honores y tratamiento de capitán general”. Todos estos no son sino antecedentes de las disposiciones que dió en el decreto de honores el 6 de diciembre.

integrantes de la primera junta de gobierno de 1810

LA DIFÍCIL EVOLUCIÓN POLÍTICA DE 1810 A 1815

La revolución planteó en América la lucha entre liberales y absolutistas que se venía desarrollando en Europa desde tiempos de la Revolución Francesa, una de cuyas derivaciones será la guerra de la Independencia.

El liberalismo impulsaba el establecimiento de un nuevo régimen basado en la soberanía popular y la división de poderes, que garantizase los derechos de los ciudadanos y su participación en el gobierno. Podía adoptar la forma de monarquía constitucional, como Gran Bretaña, o de república, como los Estados Unidos. Una constitución debía organizar las instituciones, garantizar las libertades y la forma de participación de los ciudadanos en el gobierno.

El absolutismo se proponía mantener el antiguo régimen basado en la autoridad suprema del rey, centro de la nación y de quien emanaba todo derecho. Aspiraba a mantener los privilegios de algunos sectores de la sociedad, como la nobleza y el alto clero, evitar las formas de participación del pueblo y las garantías constitucionales. Concebían América como una colonia al servicio de la metrópoli. Entre 1810 y 1815 la revolución pasó por una etapa de inestabilidad y búsqueda de nuevas formas institucionales que asegurasen el paso del antiguo régimen al nuevo: juntas, triunvirato y directorio.

Los criollos que asumieron el poder carecían de experiencia en los asuntos de gobierno. La situación fue más difícil porque surgieron serias disidencias dentro del partido revolucionario: algunos se manifestaron partidarios de un sistema fuertemente centralizado en la capital, mientras otros sostenían los derechos de los pueblos a participar en las decisiones de gobierno.

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada
La Argentina Una Historia Para Pensar 1776-1996 Rins-Winter

Poesias sobre Guerra de Malvinas Martha Arias Autora

Poesías Sobre Guerra de Malvinas

Islas Malvinas en suspenso diplomático.

 MALVINAS A UMBRALES DEL SIGLO XXI

                                           Martha Dora Arias 1989

 En el océano Atlántico del sur
soñando una esperanza
Soledad y Malvina se parecen
a dos tristes princesas solitarias.

 El pelo oscuro de las dos hermanas
enredado en las rocas y la bruma
en árido contraste se recorta
del azul infinito y de la espuma.

 Por faldas, las cautivas ostentan pajonales
con guardas de gaviotas y corales.

 Debajo de las aguas argentinas
que cubren los pies de las princesas
asoman sandalias imperiales
que amarran sus  tobillos
con  británicas algas.

 

Un séquito de focas y ballenas
refuerza desde lejos con su voz, la fiel causa
y  por las noches negras y brumosas
intenta desatarlas.

 Pero es en vano
Las dos islas ¡ pobres¡
no pueden ser libradas.

 

Solo las almas jóvenes
de los dignos soldados caídos en Malvinas
refuerzan con su espíritu
la gracia soberana de esa tierra argentina.

 En el océano Atlántico del sur
custodiadas por cruces argentinas
suspiran por  un  príncipe valiente,
Soledad y Malvina.

  Martha Dora Arias 1989