Biografía de Berón de Astrada Genaro Historia de Corrientes



Biografía de Berón de Astrada

Nació en la provincia de Corrientes a fines del siglo XVIII. Inició su carrera militar en 1826, sentando plaza como subteniente de artillería y ascendiendo gradualmente hasta ostentar en 183 7 la jerarquía de teniente coronel de Granaderos a Caballo de las milicias correntinas. No había participado en ninguna campaña fuera de la provincia con excepción de la de Entre Ríos, en 1831 careciendo, por lo tanto, de la escuela que da la práctica de la guerra, mereciendo, sin embargo, las simpatías de la tropa veterana por su dedicación asidua al servicio, y la del pueblo, por sus condiciones morales y por su vinculación de familia y sólidas amistades.

Baron de Astrada General Correntino

Estaba en íntimo contacto con la clase más distinguida de Corrientes, siendo Berón de Astrada, Ferré, Madariaga y Tiburcio Rolón, los únicos representantes de aquella en la milicia correntina.

A pesar de la medianía de Berón de Astrada, no había en su provincia uno mejor para substituir al gobernador coronel Ramón de Atienza, fallecido a fines de 1837, en el departamento de Curuzú-Cuatiá. Ferré se había atraído el rencor de Rosas, lo que eliminaba aquella candidatura.

Berón de Astrada desempeñaba en aquellos momentos la comandancia general de las fuerzas que guarnecían la frontera del río Uruguay. La Sala de Representantes lo designó interinamente el 14 de diciembre de 1837 y el Congreso general ratificó su nombramiento el 15 de enero de 1838 para completar el período de Atienza, ascendiéndolo al mismo tiempo al rango de coronel.

Con esta designación triunfaron los desafectos a Atienza: Berón de Astrada no era un hombre capacitado para el manejo de los negocios públicos; carecía de talento y su instrucción no excedía a la de la generalidad de las personas cultas. Profesaba las ideas del general Ferré, siendo su amigo íntimo. Berón de Astrada prestó su conformidad a los actos de Rosas, en la cuestión de Francia, y a la protección armada que dio a Oribe, «en razón, explicó después en su manifiesto del 28 de febrero de 1839, de «que no podía dejar de contemporizar con él por el estado de la Provin-«cia, y de negarse a la condescendencia, se aventuraba a hacerle sufrir todo «el peso de una guerra desastrosa».

El gobernador de Santa Fe, don Domingo Cullen, despachó cerca de Berón de Astrada a don Manuel Leiva, ex-ministro de Ferré. La sola marcha de Leiva intranquilizó a Echagüe, gobernador de Entre Ríos, pues eran conocidas las ideas del personaje; fue pública su estrecha amistad con los políticos correntinos y su intimidad con Cullen. Leiva iba a tratar de obtener la alianza de las dos provincias, a fin de propender a un cambio depolítica o de situación, en la de Entre Ríos, para que las tres, y la de Córdoba, cuya adhesión se pensaba conseguir, impusieran a Rosas otra orientación en los asuntos públicos o resistieran su dictadura.

Leiva fue recibido lo mejor posible para el desempeño de su cometido, pero la correspondencia que cambió Berón de Astrada con Cullen fue interceptada por Echagüe, que se apresuró a enviársela a Rosas, como prueba de la traba que se preparaba. En Corrientes la negociación se había tratado con impenetrable secreto.

Cullen fue obligado a huir. Pero en aquellos meses el general Rivera logró derrotar a Oribe y asumió la dirección política de la República Oriental.

Entretanto, el Dictador autorizó al gobernador de Entre Ríos para que invadiera la provincia de Corrientes para castigar a Berón de Astrada por su traición. Echagüe trató de emplear la intriga en Corrientes, especialmente entre los jefes, sobre todo con el general Ferré y el coronel Vicente Ramírez, pero no logró su objeto. Empleó Echagüe medios agresivos contra Berón de Astrada, tales como detención de correos, colocación de fuerzas sobre el Guayquiraró y el Mocoretá y se utilizaron intimaciones atrevidas.



Berón de Astrada resolvió obrar con energía y en ello radica su gloria: triunfó la solución guerrera. Reunió en su campamento de Abalos las tropas veteranas y de milicias que constituyeron el primer Ejército Libertador y en el cual se encontraba el guerrero de la independencia coronel Manuel Olazábal, quien dirigió todo lo relativo a organización y disciplina, siendo notable la escasez de oficiales con alguna instrucción y el armamento poco y no nuevo. Olazábal también fue comisionado para tratar una alianza con Rivera, en Diciembre de 1838, y el 31 del mismo mes firmó en Montevideo un tratado por el cual Berón de Astrada pondría 5000 hombres y el presidente oriental 2000.

El 22 de enero de 1839 el congreso correntino acordó al gobernador las facultades solicitadas y un crédito de 50.000 pesos fuertes para la guerra contra Rosas. El 31 de diciembre anterior, Berón de Astrada había asumido el mando del ejército concentrado en Abalos, fuerte de 5000 hombres, de los cuales sólo 400 eran infantes y poco más de 50 artilleros, mandados por el coronel Tiburcio Rolón, «el tipo más distinguido de «todo el ejército, —según Mantilla—, por su hermosura, su gallardía, su «educación y su fortuna». La caballería la mandaba el coronel Olazábal.

El 4 de marzo levantó su campamento de Abalos, permaneciendo algunos días en el Chañar y a fines de Marzo avanzó hasta el Mocoretá, sin salir de la jurisdicción de Corrientes, porque Echagüe se había aproximado a la frontera. Según el plan acordado con Rivera, las tropas orientales y co-rrentinas debian operar simultáneamente para estrechar a Echagüe y ponerse a cubierto de un contraste.

La situación del ejército correntino lo habilitaba para las operaciones en todo momento, no así la del oriental, que debía aproximarse a la costa del Uruguay y vadearlo para penetrar en Entre Ríos. Berón pidió insistentemente a su aliado que se pusiera en la aptitud acordada en el tratado, mientras él avanzó hasta la frontera de Entre Rios.

El 30 de marzo acampó Echagüe en el arroyo Basualdo, a pocas leguas del enemigo. Berón de Astrada se mantuvo quieto en la esperanza de que Rivera cumpliría sus compromisos, llamando la atención de los federales por la retaguardia, con unos 1500 jinetes, pero el aliado no dio señales de vida.

Echagüe, amenazado de hallarse entre dos fuegos, aprovechó la inacción de Rivera y se lanzó sobre Berón de Astrada, el 31 de marzo. Su ejército sumaba 6000 hombres y se movió del arroyo Basualdo en tres columnas paralelas, mandando la derecha Urquiza, la del centro Servando Gómez y el propio Echagüe la de la izquierda. A poco de marchar, tropezó con las avanzadas correntinas que se replegaron sobre el grueso del ejército con precipitación y en desorden. Echagüe las siguió con marcha acelerada y a las 3 leguas enfrentó al ejército de Berón de Astrada, formado en línea de batalla en el distrito de Pago Largo.

Echagüe detúvose a prudente distancia para tomar el orden de combate en la misma distribución que habían avanzado. Los correntinos impacientes, no esperaron el ataque y tomaron la iniciativa con brío, cuidando de mantener la cohesión. Tropas nuevas como eran, fiaban más en el entusiasmo y el valor del que se sentían animadas, que en el poder de la disciplina.

Su empuje fué detenido durante algunos minutos se batieron ambos bandos con igual empeño, dominando sin embargo, con sus fuegos el centro libertador, formado por los granaderos a caballo, la infantería y la artillería y en el cual se hallaba Berón de. Astrada. La cobardía de un jefe que abandonó su puesto, según unos; la superioridad militar de Urquiza, según otros; y el orden de sus tropas, produjo la derrota de la izquierda correntina, a la que luego siguió la derecha. Sin embargo, el centro permaneció sin conmoverse, peleando con imperturbable energía contra todo el ejército federal, y sucumbió, muertos o prisioneros sus defensores, después de una valerosa resistencia. Berón de Astrada fue muerto en el combate, a lanza, y Tiburcio Rolón degollado en el acto de caer prisionero.

Sobre el campo de batalla perecieron 1900 correntinos y otros 800 fueron degollados después de haber caído prisioneros. Del cadáver de Berón de Astrada se sacó una lonja para manea, al uso de los indios salvajes en sus guerras, y asevera la tradición, que confeccionada la manea fué regalada al general Urquiza. Muchos la vieron y afirman que su dueño la conservó como un recuerdo glorioso de aquel espantoso día de barbarie y sin igual carnicería.

Fuente Consultada:
Biografías Argentinas y Sudamericanas – Jacinto Yaben – Editorial “Metropolis”



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