Mayas

Teotihuacan ciudad sagrada maya Pirámide del Sol Culto y Sacrificios

EL VALLE DE MÉXICO TEOTIHUACAN

En los alrededores de la actual capital de México se encuentran los restos de una notable heredad cultural, que data de más de dos mil años. En la altiplanicie central de México, a 57 kilómetros de la moderna capital, se levanta el centro religioso, cuyas ruinas cubren un área de 20 km2. El monumento más imponente del lugar es la gran Pirámide del Sol, de 60 metros de altura, la más grande estructura del Valle de México.

Esta gran pirámide truncada, casi tan grande como las pirámides de Egipto, fue construida, a lo largo de 20 años, por unos 10.000 campesinos que dedicaron todo su tiempo libre a levantar esta monumental construcción. Está orientada en tal forma, que el sol se ubica en línea recta con relación al edificio, en la fecha de su paso por el cenit; rige, asimismo, la distribución axil de todas las pirámides enclavadas en aquel lugar.

La pirámide se compone de seis plataformas de tamaño decreciente. La fachada del cercano templo de Quetzalcoatl está decorada con figuras en relieve y cabezas esculpidas del dios dé la lluvia, Tláloc, y la serpiente emplumada, Quetzalcoatl.

Cuando sobrevino el fin de Teotihuacán, hacia el 900 de nuestra era, los toltecas emigraron desde el norte a la meseta central de México; en Tula (fundada en 980) levantaron una ciudad de opulencia sin igual, dando vida a un nuevo estilo arquitectónico en sus templos. Desde Tula, unos sacerdotes y guerreros emigraron a Yucatán, donde incorporaron el estilo característico de Tula al de los mayas en Chichén-ltzá.

Los constructores de Teotihuacán: Se desconoce quiénes fueron los autores de la construcción de la mayor ciudad de la América precolombina. En otro tiempo creyóse en la autoría de los aztecas, pero ocurre que cuando éstos descubrieron la ciudad, la misma llevaba ya siete siglos en ruinas. De hecho, estas ruinas impresionaron de tal modo a los aztecas que les impusieron de nombre Teotihuacán, que en su idioma náhuatl significaba «El lugar de los que siguen el camino de los dioses».

Quienesquiera que fueren los constructores de tan magnífica ciudad, es indudable su maestría en las artes de la arquitectura y la administración. Las muestras más imponentes de su escultura están representadas por austeras máscaras de piedra, realizadas en basalto negro o verde y en jade, con ojos de concha de mejillón o de obsidiana. Sus cerámicas características eran vasijas cilindricas o en forma de jarrón, con tres pies y motivos decorados que recuerdan los de los bronces chinos.

La obsidiana, que se obtenía de los volcanes que rodean la llanura, era muy apreciada en la antigüedad debido a la posibilidad de que de ella se obtuviesen bordes muy afilados. En Teotihuacán había por los menos 350 sitios en los que se elaboraba la obsidiana, quizá base de la riqueza mercantil de la ciudad. Teotihuacán comerciaba con las tierras altas del centro de México, y probablemente con gran parte de América Central, siendo posible incluso que ejerciera dominio sobre estas tierras.

Se han encontrado elegantes jarrones, fabricados en esta misteriosa ciudad, en las tumbas de personajes importantes de todo México del periodo que va del 150 al 600 d.C, cuando Teotihuacán se hallaba en el cénit de su poder. En aquella época, la población debería sumar 200.000 personas, lo que la convertía en la sexta ciudad más populosa del mundo. Las agujas y punzones de hueso hallados demuestran la fabricación de ropas y cestería. Aunque no se ha descubierto ninguno, también debieron existir libros, pues los habitantes de Teotihuacán conocían la escritura.

Esta no ha sido descifrada, pero es sabido que este pueblo se valía de rayas y puntos para los números, al igual que sus predecesores, los olmecas. Y su dieta alimenticia resulta exquisita incluso para nuestros tiempos: corzos, conejos, pavos, patos, gansos, pescado, maíz, judías, calabazas, tomates y aguacates.

La escultura religiosa era tan monumental como la arquitectura, pero el pueblo de Teotihuacán hacía también figurillas, algunas de carácter tan realista y tan cuidadosamente modeladas, que parecen ser retratos individuales.

Entre los símbolos decorativos de los frisos y esculturas que cubrían las paredes de Teotihuacán había emblemas del culto de las deidades de la lluvia y la Serpiente Emplumada, símbolo de Quetzalcoatl (quetzal, ave y coati, serpiente). De acuerdo con la leyenda, Quetzalcoatl fue sacerdote y gobernante de los toltecas, deificado luego como dios del planeta Venus y de la vegetación. Cuando hacia el año 1330 de nuestra era llegaron al lugar, las tribus aztecas encontraron la zona abandonada hacía ya tiempo. (VER TAMBIÉN: TENOCHTITLAN)

¿Qué ocurrió con esta magnífica metrópoli?: El final de Teotihuacán está tan rodeado de misterio como sus orígenes. Es probable que su ruina comenzara a gestarse a medida que el clima fue haciéndose más árido, con la consecuente disminución de las cosechas. Pero el estallido definitivo ocurrió hacia el 700, al ser incendiado el centro de la ciudad por invasores bárbaros del norte, que posteriormente optaron por vivir en la ciudad durante 200 años más.

Así terminó una de las más brillantes civilizaciones del nuevo mundo. Sus ruinas siguen siendo espectaculares, pero el sitio debió ser mucho más impresionante cuando el basalto negro estaba estucado y pintado con todos los colores del arco iris.

En una época en la que la grandeza de Roma no era sino polvo, y Europa sufría el asalto de las hordas bárbaras, México contó con una civilización que combinaba en grado elevadísimo la cohesión social y la sensibilidad artística. Pero faltan todavía años de laboriosa investigación antes de que las arenas del valle de México revelen los misterios de Teotihuacán.

La avenida de los Muertos parte de la pirámide de la Luna y pasa por la pirámide del Sol, la Ciudadela y el Templo de Quetzalcóatl. En realidad, no guardaba relación con los muertos, y se la considera como la conexión entre Cielo y Tierra, porque pone en comunicación la «zona celestial», donde se alzan las pirámides, con la sección «terrenal» de la ciudad, allí donde se halla la Ciudadela.

 

La pirámide de la Luna está en el extremo norte de la avenida de los Muertos, y es similar a la del Sol, aunque más pequeña. Mide 42 m de altura y, según los aztecas, la remataba una gigantesca estatua que pesaba más de 20 t.

PARA SABER MAS…

EL NOMBRE: Teotihuacán significa «lugar de los dioses». Los pueblos de América central, como los mayas, toltecas y aztecas, que florecieron tras la decadencia de Teotihuacán, creían que la vida se había originado en las tierras que habitaban. Según la leyenda, la Pirámide del Sol (la mayor de Teotihuacán) fue construida sobre el foso de donde surgieron los primeros humanos.

DIOSES DE LOS AGRICULTORES: Los habitantes de Teotihuacán creían en muchos dioses. El agua era vital para sobrevivir en las áridas planicies mexicanas, por eso muchos dioses de Teotihuacán estaban relacionados con la agricultura, sobre todo con la necesidad de lluvias para el crecimiento de los cereales.

QUETZALCÓATL: Quetzalcóatl es el dios más antiguo de América Central. En Teotihuacán había un hermoso templo consagrado a él. El nombre significaba «serpiente emplumada»; era el dios de la naturaleza, los vientos y la lluvia. Muchos relieves del templo de Teotihuacán muestran serpientes emplumadas, símbolo de la lluvia y la fertilidad, junto a serpientes de fuego, que representan las regiones cálidas y áridas.

TLÁLOC: Tláloc, dios del agua, también era reverenciado en el templo de Quetzalcóatl. Controlaba el crecimiento de la vegetación. Su esposa, Chalchihuitlicue, era la diosa del agua.

DIOSES JAGUARES: En una época, los jaguares abundaban en América Central, y también aparecen representados en Teotihuacán. Simbolizaban la fertilidad del suelo.

Fuente Consultada: Enciclopedia de Historia Argentina Fascículo I – Lugares Misteriosos Volumen II.

Tikal la ciudad sagrada maya Patrimonio Humanidad de Guatemala

Tikal la Ciudad Sagrada Maya
Patrimonio Humanidad de Guatemala

En la ciudad maya de Tikal, la Gran Plaza, que dominaba la selva guatemalteca, era una de las más imponentes, y tenía unos 9.000 m2 de pavimento. Como otros grandes centros mayas del período clásico, era tanto una ciudad densamente poblada como un centro religioso ceremonial para las aldeas y poblaciones circundantes. 

Tikal es el complejo-ciudad maya más famoso y es sede de la pirámide más alta: el Templo IV de la Serpiente Bicéfala con más 65 metros de altura. Este templo es superado solo por «La Danta», al norte de Guatemala en El Mirador (aún bajo trabajos de excavación).

Tikal la ciudad sagrada maya Patrimonio Humanidad de Guatemala
Tikal es la más grande de las antiguas ciudades de los mayas.
Está situada en la región de El Petén, en Guatemala.
Templo de la Serpiente Bicéfala

Es la ciudad antigua más grande descubierta hasta ahora en el Hemisferio Occidental. Predominan sus muchos templos y santuarios, donde se realizaban los cultos de la religión que dominaba la vida maya hasta un extremo difícil de imaginar. El pueblo vivía en casas de madera, con techo de paja y barro, estrechamente agrupadas en torno de templos y palacios de piedra, donde residían los sacerdotes y nobles.

Los sacerdotes-astrónomos pasaban el tiempo escudriñando el cielo y consultando calendarios y manuscritos —tres de los cuales parcialmente descifrados subsisten todavía— en busca de momentos propicios para obtener el favor divino. Los sacerdotes del culto estelar medían el tiempo con varias unidades cronológicas entrelazadas, comparables a nuestros días, semanas, meses y años.

Los mayas descubrieron por sí mismos todas las bases matemáticas necesarias para las ciencias aplicadas, pero nunca pasaron de ahí.

Se ha inferido que una de las marcas cronológicas de Quiriguá marca el día y el mes de un acontecimiento ocurrido 90 millones de años antes, y otra representa un cálculo de 400 millones de años atrás, tan difícil como calcular la fecha en que cayó la Pascua hace 400 millones de años.

La vida de los mayas se ajustaba rígidamente a las alegrías y tristezas de sus alternativas, ya predestinadas. Algunos dioses regían por un día, un mes, un año o algún tiempo más. Si no eran propicios, deidades más favorables entraban de turno. El sacerdote podía aconsejar a la tribu si era oportuno plantar o vender maíz, o celebrar una boda.

Lo único que se sabe de estas centurias del período clásico es que la paz y la estabilidad que reinaron sugieren que allí imperó un régimen teocrático. Hay indicios, como tronos destruidos y tallas mutiladas, de que el pueblo se rebeló contra los sacerdotes. Pero todavía veneraban a las antiguas deidades.

gran plaza de tikal

 Gran Plaza de Tikal, con sus templos dedicados a los primeros gobernadores.

templo de las mascaras tikal

Templo de las Máscaras, también conocido como Templo de la Luna.

templos tapados de malezas

Muchas de las pirámides están por descubrir, y de algunas sólo emerge el templo que se encuentra en la parte superior, donde los sacerdotes celebraban el ritual. Merece la pena ascender entre los árboles y descubrir el horizonte selvático que rodea el lugar. Algunos templos se encuentran aún cubiertos de maleza y árboles.

Calakmul, la ciudad de los montículos, fue ¡a gran rival de Tikal.
Se halla en una reserva biológica en Campeche, México a 30 Km. de la frontera
con Guatemala

Ampliación: Una ciudad maya revelada
Cuando Tikal fue redescubierta por primera vez había estado en las garras de la selva durante unos novecientos años. Méndez y Tut dejaron el lugar más o menos como lo habían encontrado; y otros visitantes ulteriores, tales como el botánico suizo Gustave Bernouilli en 1877, Alfred Maudslay en 1881 y 1882, y Teobert Maler en 1904, dejaron poca huella en los monumentos cubiertos de vegetación.

No fue sino hasta 1956 cuando el Museo de la Universidad de Pensilvania inició un proyecto de catorce años para excavar y restaurar 16 kilómetros cuadrados de la ciudad.

De hecho, el área real ocupada por Tikal era de 64 kilómetros cuadrados o más. Hasta hace poco se creía que la ciudad era simplemente un vasto centro religioso, pero ahora los estudiosos piensan que se trataba de una metrópoli densamente poblada que abarcaba los diferentes aspectos de una cultura desarrollada. En el apogeo de la ciudad, la población debió ser de unos 50.000 habitantes, que consumían maíz,  calabaza y frijoles.

La clase dominante de Tikal vivía en casas y centros oficiales, denominados ahora «palacios», arracimados en torno a la Gran Plaza central. Eran largos edificios de piedra, a veces de tres pisos, que dominaban unos patios comunicados por escaleras y pasadizos. Vestidos con túnicas tejidas y teñidas, o con simples taparrabos, luciendo en el pelo tocados y joyas de jade, los nobles trabajaban y descansaban en un entorno relativamente lujoso. Las habitaciones estaban enlucidas y pintadas, y tal vez adornadas con una máscara multicolor colgada de la pared. Se utilizaban cortinas, y probablemente pieles de jaguar cubrían el suelo y adornaban los asientos de piedra tallada.

La Gran Plaza y sus templos
Las escenas de mayor colorido y actividad debieron tener lugar en la Gran Plaza y en el mercado público, donde alfarería, tejidos, pieles de animales, hierbas, plumas, hojas de cuchillo hechas de obsidiana, jade, conchas y alimentos se vendían y compraban mediante la moneda constituida por semillas de cacao. La plaza era el núcleo de las grandes concentraciones ceremoniales. Consistía en un área abierta que cubría unos diez mil metros cuadrados, construida en cuatro niveles superpuestos, cuya superficie era alisada mediante yeso blanco, ahora cubierto de hierba, y rodeada de pirámides y otros edificios.

Dominando aún la plaza al este y al oeste, se encuentran respectivamente el Templo del Jaguar Gigante, el más famoso monumento de Tikal, y el Templo de las Máscaras. El primero, llamado así por el relieve de un jaguar en el dintel de la puerta, se eleva a más de 43 metros sobre nueve terrazas superpuestas. En la cima, el templo sustenta una erosionada cresta que antaño representaba la enorme figura de un gobernante sentado, quizá pintada de rojo, crema, verde y azul. De hecho, toda la fachada del templo, como en los demás de Tikal, probablemente relucía de pintura roja, como un faro elevándose muy por encima del silvestre verdor tropical.

Los templos-pirámide fueron la suprema realización arquitectónica de los mayas, que trabajaban sin la ayuda de cuchillos de metal, hachas, ruedas ni bestias de carga. Grupos de trabajadores tenían que arrastrar enormes cantidades de piedras y rocas para la construcción de cada pirámide. Cada nivel se construía elevando unos muros de piedra que formaban entre sí un espacio rectangular, rellenándoselo con piedras, y luego cubriéndoselo de yeso para formar un acabado liso y plano.

Se iniciaba entonces la obra del siguiente nivel. Conforme se elevaba la estructura, los albañiles utilizaban piedra caliza cuidadosamente cortada para las caras exteriores de los muros. Otros calentaban la piedra en hornos para obtener cal con que fabricaban yeso, mortero y estuco, que se extendían sobre el exterior de la pirámide.

Eric Thompson, estudioso de los mayas, pudo admirar el arte de los enlucidores mayas asombrosamente preservado en una pirámide excavada bajo el armazón de otra que había sido construida encima —una práctica maya común—:«Toda la superficie de la pirámide está cubierta de una espesa capa de estuco color crema claro, deslumbrantemente luminosa… Una de las visiones más impresionantes y conmovedoras que jamás he tenido fue esa pirámide, bañada en la luz de la luna llena…»

 El Arte Maya

Fuente Consultada: Enciclopedia de Historia Argentina Fascículo I

Tiahuanaco Ciudad Sagrada de Bolivia Lago Titicaca Cultura Aymará

Tiahuanaco Ciudad Sagrada de Bolivia

BOLIVIA: TIAWANACU ó TIAHUANACO Específicamente entre el 600 y el 1200 a.C. se desarrolló la civilización de Tiahuanaco, considerada el eje principal de irradiación cultural de esta región del mundo. Estos restos monumentales yacen a 22 km. al sur de la ciudad de La Paz y del Lago Titicaca, a 4000 metros de altitud. Era un complejo ceremonial, un santuario construido con una técnica megalítica, refinada y poderosa. Sirvió, según las leyendas, de modelo para los humanos, el Dios Supremo: Viracocha

La actual aldea boliviana y los indígenas que pastan llamas en sus alrededores, no conservan vestigios de la pasada grandeza de la civilización de Tiahuanaco. Pero algo por el estilo podríamos decir de las espléndidas culturas de súmeros o caldeos, que desde la imponente Torre de Babel, quisieron esculpir la necesidad de alcanzar un conocimiento astrológico a través de los pisos de sus zigurat.

Lo mismo cabe decir del esplendor egipcio de los tiempos faraónicos, en comparación con la nación actual y algo similar sucede con la Grecia de hoy respecto de las glorias esplendentes de la era de Pericles o del Partenón. No hallamos casi ni rastros de aquel pasado magnífico de la Edad de Oro Antigua. Sólo apáticos pobladores rondan sus ciudades y muchas de ellas son verdaderos semilleros de guerras, confusión y desorden total.

“El mismo nombre de Tiawanacu es un nombre prestado (…), es un nombre quechua, Tie huanacu. Se recupero este nombre hacia principios de la época colonial. El nombre original de esta área es Taypikala, taypi, centro kala, piedra, la piedra del centro, la piedra del medio. Pero (…) a partir de la colonia que se utiliza ese nombre.

Tiawanacu ha sido importante, no solamente para esta área del altiplano: su importancia también va a radicar en la influencia que ha tenido en el desarrollo cultural prehispánico en gran parte de América. Tiawanacu tiene una vigencia de casi tres milenios donde ha habido el fomento de una gran industria en cuanto a la lítica, en cuanto a la cerámica, la producción de la papa. Hoy en día contamos con más de 400 vaciedades de papa producto, justamente, de Tiawanacu.

Hay tres fases que entender en la historia de Tiawanacu, tres grandes períodos: la primera es el período aldeano que se inicia aproximadamente hacia el año 1500, 1600 a.C. Este período aldeano va a perdurar hasta principios de nuestra era cuando, gracias a la consolidación del territorio, el aumento de la población, la diversificación en la producción, los nuevos sistemas agrícolas que se van realizando en Tiawanacu, el intercambio de productos, y los excedentes, entre otros, Tiawanacu se transforma en un estado (…) de carácter teocrático, con un predominio religioso.

Se ve la representación de estos grandes dignatarios en estas estelas (lo que llamamos monolitos), donde se ven una especie de reyes-sacerdotes, que llevan el “kero”, el vaso sagrado, el vaso ceremonial, y el báculo, el bastón de mando, como una representación de reyes-sacerdotes.

La época de esplendor de Tiawanacu, la época clásica de Tiawanacu es a principios de nuestra era, aproximadamente desde el año 50 o 60 hasta aproximadamente el año 700. Es la época de las grandes construcciones, donde hay ese predominio religioso.

Más tarde Tiawanacu empieza a sufrir un cambio, se empieza a militarizar. Hay un período donde hasta esas estelas, esos monolitos van cambiando, y aparecen los chachapumas, los chachapondoris (“chacha” es hombre). Los hombres cóndor o los hombres puma ya llevan cabezas trofeo, hachas en la mano: se muestra un cambio y un abandono en los templos de Tiawanacu.

Se va formando una casta más de carácter militarista, expansionista. Tiawanacu va a abrir sus fronteras, en gran parte de América del Sur, va a penetrar todo el norte de la Argentina, norte de Chile, gran parte del Perú.”

LA ARQUITECTURA: Las ruinas de Tiahuanaco ponen de manifiesto la maestría de sus arquitectos originales. Los monumentos y los templos fueron diseñados con trazo sencillo y majestuoso y la inclinación de los muros calculada al milímetro. Contaban todos co redes de aguas, tanto de superficie como subterráneas, y la propia ciudad poseía un gran red central. La orientación estelar de edificios es absolutamente precisa, lo cual resulta aún más notable dadas sus enormes dimensiones.

Entre las construcciones más destacadas se encuentra la Kalasasaya, o Templo de las Piedras Paradas, de dos hectáreas de extensión, que registra el paso del sol durante los 365 días del año. Asimismo, destaca laKantayita, o templo de la Luz del Amanecer, decorada con ricos repujados que en su día estuvieron cubiertos por completo de oro.

Tiahuanaco Ciudad Sagrada de Bolivia Lago Titicaca Cultura Aymará

El «Templo de las Piedras Paradas cubre aproximadamente 2 hectáreas y su estructura está basada en columnas de arenisca y sillares cortados, dispuestos entre estos, sobresalen gárgolas o goteros de desagüe para las aguas pluviales.

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El monumento imponente que en su día la Pirámide de Akapana, de 18 m. de altura y 8.000 m de perímetro, que fue excavada por los conquistadores en busca de tesoros. Los arqueólogos la están desenterrando de nuevo en la actualidad.

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Los arqueólogos calculan que, en su esplendor, la metrópolis aymara llegó a albergar más de 100.000 habitantes. Algunos afirman que cayó en decadencia a causa de un descenso en el nivel del Titicaca. Las investigaciones de Posnanky sugieren un final más traumático.

En el sector sacramental de Puma Punka, el arqueólogo halló enormes bloques de piedra arrumbados en el suelo. Los más grandes pesaban más de cien toneladas y ni siquiera habría podido moverlos un terremoto. Posnansky concluyó que, al igual que el resto de Tiahuanaco, habían sido abandonados ante un cataclismo sin precedentes. Este último sería lo que conocemos como el diluvio universal.

(imagen: Monolito del Fraile)

Las conclusiones de Posniansky han tenido tantos partidarios como críticos. Ya en tiempos de la conquista, los incas atribuían a Tiahuanaco una antigüedad extraordinaria y la memoria de sus pobladores se había fundido con la leyenda de la inundación de Viracocha. Sin embargo, para haber sido arrasada por el diluvio, la ciudad tendría que ser más vieja que Sumeria y Babilonia. De hecho, habría sido el puerto más antiguo del mundo.

Los dioses de la Atlántida: Tiahuanaco y el Titicaca contienen otros indicios inquietantes que respaldan las conjeturas de Posnansky. En los templos de la ciudad se han encontrado dibujos de animales del pleistoceno, extinguidos hace 14.000 años en la última glaciación. En las aguas del lago se han hallado especies de fauna oceánica, cuya presencia a 4.000 m de altura desafía la imaginación. Algunos investigadores señalan que sólo pudo traerlas hasta allí una marejada de escala planetaria, probablemente ocasionada por el final de esa última glaciación.

El misterioso final de Tianuahaco ha llevado también a identificarla con el mítico reino de la Atlántida. En las tradiciones de los aymara, Viracocha y los dioses que lo acompañaron en la fundación de la ciudad se describen como seres venidos del mar, de alta estatura, barba dorada y ojos de color esmeralda.

El monolito más imponente de Tiahuanaco representaba a un hombre con el rostro de Viracocha y el cuerpo cubierto de escamas de la cintura para abajo. Por sus mejillas corren las lágrimas que el dios derramó por la maldad de los hombres. Según reza el mito, estas mismas lágrimas se convirtieron en torrentes y, en un tiempo remoto, inundaron el mundo. Los aymara invadieron el lugar a partir del siglo XII y se produjo el colapso definitivo de la ciudad.

Para llegar al complejo arqueológico de Tiahuanaco lo más recomendable es tomar una plaza en un coche privado en el cementerio de La Paz. Desde el paso de lo frontera con Perú, en Desaguadero, puede tomarse un transporte público y descender en la encrucijada de Tiahuanaco. De allí al complejo hay quince minutos o pie Sin embargo, los temperaturas son bajos durante todo el año a causa de la altitud,, que puede provocar «mal de altura La visita puede tomar fácilmente un da entero. Entre los hitos arqueológicos imprescindibles, están los altorrelieves de a Puerta del Sol y los curiosas puertas corredizas» del Palacio de los Sarcófagos Vale la pena recorrer el «Museo Región de Tiahuanaco», que alberga una amplia colección de piezas halladas en las excavaciones. Para explorar el lago Titicaca, lo más aconsejable es regresar a La Paz y dirigirse desde allí al pueblo de Copacabana.

ALGO MAS SOBRE EL TEMA…
Según Belisario Díaz Romero, destacado investigador boliviano, la palabra Tihuanaco procede de dos voces aymarás: Thia – huañacu, que significan borde o ribera desecada. Esto coincidiría con la tradición que nos cuenta que el lago Titicaca llegaba hasta las llanuras del Tiahuanaco y al retirarse sus aguas, dejaron desecada la región. Otros especialistas no menos veraces nos cuentan que la palabra tiah vendría de una expresión que el Inca May te Kjupaj le habría hecho a un veloz chasqui que le traía un recado: «Tiai, huanacu», lo que significa: «Siéntate, guanaco», aludiendo a ese animal original de los Andes que corre velozmente.

En el libro «Pensamiento político en Bolivia» del escritor Alipio Valencio Vega, se establecen las discrepancias acerca de la edad de Tiahuanaco. Algunos antropólogos le asignaron una antigüedad de 20.000 años a.C, mientras que el investigador A. Posmansky le atribuyó unos 12.000.

La prueba del Carbono 14 determina que los restos analizados de esta civilización no superan los 3000 años a.C. De todas maneras, cualquiera fuera de las tres edades la correcta, lo cierto es que la cultura Tiahuanaco es la más antigua de América y se la atribuye a la cultura colla o aymará. Esta región fue conquistado por los incas del Perú, y a la llegada de los españoles en 1538 ya la cultura incaica había puesto su sello en la región del altiplano.

Lo cierto es que hace mucho tiempo, 600 d.C, Tiahuanaco fue un centro ceremonial al que acudían millares de peregrinos desde todas las regiones.

En la actualidad sólo quedan restos de establecimientos metalúrgicos, calles empedradas, gigantescas estatuas volcadas, monolitos destruidos, bases de pirámides, apenas un poco más pequeñas que la gran pirámide de Gizeh.
Tenía unos 200.000 habitantes, con el desarrollo de un gran comercio, ya que parecía que otro era el clima de esta región en aquellos años.

Este imperio, entre aymará y collantay, se extendía hasta Perú y el Norte Argentino. Cuando se observa la majestad que emana, aún hoy de las ruinas de Tiahuanaco, se llega a la conclusión de que el pueblo que levantó estos monumentos era de una elevada jerarquía cultural al igual que los egipcios constructores de las pirámides o los súmeros que erigieron los zigurat.

Estos magníficos monolitos que desafían el tiempo con su gran contenido de conocimiento astrológico y cosmológico, nos hablan de una civilización con un alto grado de organización. Esta se había elevado desde lo tribal hasta la constitución de una nación-estado con poder para movilizar grandes recursos en las monumentales obras de Tiahuanaco.

Tal vez este pueblo con vocación de ciclope se sintió unido en el esfuerzo por la sacralidad de los monumentos-símbolos que levantaba, tallaba y decoraba. Por otra parte se vio fortalecido por el sistema colectivista de los ayllu, comunidades agrícolas de trabajo de la tierra, válidas casi hasta el día de hoy, sin contar con el sistema comunal de los suyus de la civilización incaica.

Así fue posible para estos pueblos levantar monumentos, caminos, templos, palacios, calzadas, puentes, acequias, terraplenes y monumentos como los de Tiahuanaco o posteriormente los de Tahuantinsuyu. (Fuente: Huellas del Cielo de Norma Palma)

Historia de América Latina
Javier Escalante:Arquitecto y licenciado en Arqueología de la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz, Bolivia. Docente en la carrera de la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz, Bolivia.
Lugares Sagrados de América Juan Tafur

Ver:Período Preincaico Civilizaciones Chavin, Paraca y Mochica

Tenochtitlán Ciudad Sagrada de México Ciudad Azteca Historia

Tenochtitlán Ciudad Sagrada de México

La ciudad de Tenochtitlán, en la isla del mismo nombre, fue creciendo con gran planificación, dividida en cuatro barrios, cada uno con sus templos y mercados. En los alrededores estaban los cultivos y las casas de los agricultores y en el centro, la gran plaza con el templo, el mercado principal y el palacio del jefe máximo. Tenía agua corriente, llevada a través de dos acueductos que separaban las aguas dulces de las saladas, puentes levadizos y terraplenes que la comunicaban con tierra firme. Se calcula que esta ciudad llegó a tener más de 100 mil habitantes.

El mercado principal era el de Tlatelolco; allí se vendían miel de caña de maíz y de abejas, frutas, maíz, puerros, cebolla, cacao, legumbres, conejos, venados, pescado, tejidos, colores para pintores, joyas de oro y plata, de cobre, de piedra, de hueso, de caracoles y plumas. Tenía una calle donde se vendían animales de caza como águilas, halcones, perdices; calles de herbolarios donde se vendían toda clase de medicinas; casas donde daban de comer y beber a los visitantes, etc.

TENOCHTITLAN:  “Tenochtitlán fue una ciudad fundada por los aztecas en un islote del Lago de Texcoco en el año 1325. Ellos fueron un grupo que habían estado en la cercanía del lago buscando un lugar para el establecimiento y escogieron ese porque era un lugar privilegiado para la defensa militar; y estaba prácticamente desocupado.

Entonces la ciudad de Tenochtitlán llegó a ser una de las maravillas del ‘Nuevo Mundo”. Se calcula que llegó a tener entre 150 mil y 250 mil habitantes. Estuvo constituida por dos ciudades gemelas, ambas pobladas por mexicas, pero independientes políticamente. Y años después los mexicas tenoclitlans (los que formaron Tenochtitlán) conquistaron a los mexicas tlaxquelolcas (que era la ciudad norteña), y la incorporaron a su ámbito de influencias.

La ciudad (…) fue construida sobre la base del islote, pero este resultó insuficiente para el crecimiento poblacional que llegaron a tener y sobre todo para ser la capital de un gran imperio, que se extendía por muchísimas regiones de Mesoamérica: entonces le fueron ganando tierra al lago.

La ciudad tenía tantas calles construidas para circular como canales para las canoas: se dice que las calles recorrían transversalmente en base al centro, que era el Centro Ceremonial, tenían estos caminos de tierra y estos caminos agua.

Y después estaba unida la ciudad, como islote, a la tierra firme por medio de cuatro grandes calzadas: una que salía hacia el norte que era la Calzada de Tepeyac; una que salía hacia el oeste que era la Calzada de Tacuba; otra era la Calzada del Sur, que salía hacia el sur y se bifurcaba en dos y llegaba a Churubusco por un lado y Cuyacan, y del otro lado lo que es Culbuacan.

Y luego una gran Calzada Dique, la cual es una obra de ingeniería mayo, que hicieron los mexicas en la época ya de esplendor de su cultura para cerrar el acceso del agua saluda del Lago de Xochimilco.

En estas ‘Calzadas Diques’ había tramos que eran interrumpidos por huecos y se ponían puentes móviles: en caso de ataques militares se recogían estos puentes móviles y se podía aislar la ciudad. A los españoles (…) les sorprende la vida, y la cantidad de gente circulando, la comparan con las grandes capitales de Europa de ese momento, y de España, y les sorprende la limpieza y el orden en que funcionaba todo en esta gran ciudad.

 Tenía un problema muy grande de inundaciones continuas por ‘El Espejo del Lago’, que fluctuaba mucho entre la época de sequías y la época de lluvias, y aunque se. hubieran hecho trabajos hidráulicos (para desviar ríos, etc., que podían inundar) y se había tratado de controlar las inundaciones, todavía era un problema con el que luchaban continuamente.”

Así la describe el historiador Christopher Loyd en su libro «Todo Sobre Nuestro Mundo»: La ciudad de Tenochtitlan, construida en medio de un lago y sólo accesible mediante tres pasos elevados independientes, era un fabuloso laberinto de canales, pasarelas y puentes, la Venecia de América Central. Se transportaban las mercancías y las personas con canoas a través de un gran red de cinco lagos interconectados. Dos acueductos de terracota, cada uno de seis kilómetros de largo, recogían las aguas de los manantiales cercanos y las llevaban hasta el centro de la ciudad, ya que los doscientos mil habitantes de Tenochtitlan, como los romanos, eran grandes amantes de los baños termales. Normalmente se bañaban dos veces al día y se lavaban con un jabón elaborado con la raíz de una planta llamada copalxocotl.

Las mujeres embarazadas y los ciudadanos ricos tenían reservado el lujo de las temazcalli, unas saunas en forma de iglú que relajaban y curaban a los que estaban en su interior mediante los vapores balsámicos que desprendían unas hierbas terapéuticas colocadas encima de rocas volcánicas. La ciudad tenía tres calles principales, cada una de las cuales daba a una de las tres pasarelas que comunicaban con tierra firme. En el centro había unos 45 edificios públicos, entre los que había escuelas, templos y, más importante aún, el juego de pelota sagrado.

Historia de América Latina: María Concepción Obregón (México) Licenciada en Historia. Especialización en historia prehispánica, UNAM, México. Magíster en Etnohistoria.  
Lugares Sagrados de América Juan Tafur.

Descripción que Cortés hizo de Tenochtitlan

La gran ciudad de Tenochtitlan está construida en medio de este lago salado, y hay dos leguas del corazón de la ciudad a cualquier punto de tierra firme. Cuatro calzadas conducen a ella, todas hechas a mano y algunas de doce pies de ancho. La ciudad misma es tan grande como Sevilla o Córdoba; las calles principales son muy anchas y rectas, en su mayoría de tierra apisonada; pero unas cuantas, y por lo menos la mitad de las vías públicas más pequeñas, son canales por los cuales van en sus canoas.

Más aún, incluso las calles principales tienen aberturas a distancias regulares para que el agua pueda pasar libremente de una a otra, y sobre estas aberturas que son muy anchas cruzan grandes puentes de enormes vigas, muy firmemente puestos, tan firmes que sobre muchos de ellos pueden pasar diez hombres a caballo a la vez. Viendo que si los nativos intentaban cualquier treta contra nosotros tenían todas las oportunidades para ello por la forma en que está construida la ciudad, porque quitando los puentes de las entradas y salidas podrían dejarnos morir de hambre sin posibilidad de llegar a tierra firme, inmediatamente me puse a trabajar en cuanto entré en la ciudad en la construcción de cuatro bergantines, y en breve tiempo los tuvimos terminados, de modo que podía embarcar trescientos hombres y los caballos para pasar a tierra firme cuando lo deseara.

La ciudad tiene muchas plazas abiertas en las que se reúnen continuamente los mercados y se hace el negocio general de comprar y vender productos. Una plaza en particular es el doble de tamaño de la de Salamanca, y está completamente rodeada de arcadas, donde diariamente hay más de sesenta mil personas comprando y vendiendo. Toda clase de mercancías como puedan encontrarse en la Tierra están en venta aquí, sean de alimentos y vituallas, o de adornos de oro y plata, o plomo, latón, cobre, hojalata, piedras preciosas, huesos, conchas, caracoles y plumas; la piedra caliza para construir se vende igualmente allí, piedra tosca y pulida, ladrillo cocido y sin cocer, madera de todas clases en toda etapa de preparación… Hay una calle de vendedores de hierbas, donde hay toda suerte de raíces y plantas medicinales que se encuentran en la Tierra. Hay casas como boticas, donde venden medicinas hechas de estas hierbas, para beber y para usar como ungüentos y bálsamos. Hay barberías donde puede hacerse cortar y lavar el cabello. Hay otras tiendas donde se pueden adquirir alimentos y bebidas…

Por último, para evitar prolijidad en decir todas las… maravillas de esta ciudad, diré simplemente que la manera de vivir entre la gente es muy semejante a la de España, y considerando que ésta es una nación bárbara, apartada del conocimiento del verdadero Dios o de la comunicación con las naciones iluminadas, uno bien puede maravillarse del orden y buen gobierno que dondequiera Se mantiene. El servicio de Moctezuma y esas cosas que despiertan admiración por su grandeza y estado tomaría tanto describirlas que le aseguro, majestad, que no sé donde empezar con esperanza alguna de terminar.

Pues, como ya he dicho, qué podría ser más asombroso que el que un monarca bárbaro como él tenga reproducciones hechas de oro, plata, piedras preciosas y plumas de todas clases de todas las cosas que haya en su tierra, y tan perfectamente reproducidas que no hay platero u artesano del oro en el mundo que pudiera mejorarlas, ni se puede entender qué instrumento podrían haber usado para dar forma a las joyas; y del trabajo de las plumas, su igual no ha de verse, ya sea en cera o en bordado; tan maravillosamente delicado es.

Primeras Civilizaciones Precolombinas Aztecas Mayas Incas Evolucion

PRIMERAS Y GRANDES CIVILIZACIONES PRECOLOMBINAS

Los exploradores europeos lo llamaron Nuevo Mundo, porque el continente americano era “nuevo” para ellos, cuando lo descubrieron, hace cinco siglos. Llamaron indios a sus habitantes, porque pensaron que habían arribado a la India, al Oriente fabuloso de las especias tan deseadas. Para los españoles siguieron siendo las “Indias” durante siglos. En realidad, las Américas son tan antiguas como los demás continentes. Los científicos van encontrando antecedentes cada vez más remotos de la existencia del hombre en tierra americana.

civilizaciones precolombinas

Halas de obsidiana de hechura humana fueron halladas en Tule Springs, Nevada, junto con gigantescos huesos de bisonte de 24.000 años de antigüedad. La mayoría de los especialistas cree hoy que el hombre emigró del Vieja Mundo al Nuevo, a través del Estrecho de Bering hace miles de años y que, persiguiendo la caza, atravesó el continente, llegando al remoto Estrecho de Magallanes, donde se han hallado vestigios de campamentos de más de 10.000 años.

Para el año 2000 antes de la Era Cristiana, los habitantes de Meso y Sudamérica habían dado un paso decisivo al trocar la caza, como medio principal de vida, por el cultivo de una planta aborigen llamada maíz. Sobre la economía agrícola así desarrollada, la sociedad se organizó en aldeas comparables a las de los pueblos neolíticos del Viejo Mundo. De estas raíces sociales brotaron tres civilizaciones de gran poderío y esplendor: la maya y la azteca, en Mesoamérica, y la inca, en la América del Sur.

Los adelantos de estas civilizaciones, hace ya tiempo desaparecidas, permiten compararlas, con justicia, con las más antiguas del Viejo Mundo. Los incas nunca aprendieron a escribir, pero con su genio organizador equiparable al de la antigua Roma, formaron y gobernaron un vasto imperio. Los mayas no pensaron, al parecer, en el arco perfecto, pero utilizando el arco “falso” alzaron templos techados de piedra y mortero de proporciones tan nobles, como los edificios del mundo antiguo.

Entre estas civilizaciones de América, la primera en adquirir brillo y poderío fue la maya, que floreció en las intrincadas selvas de Centro América, y en la península de Yucatán. Alrededor del siglo III de nuestra era, el pueblo maya, ya muy avanzado, alzaba inmensos y esplendorosos templos y pirámides de piedra y mortero junto a sus sembradíos de maíz, en la selva empapada de lluvia de lo que es hoy Honduras, Guatemala y México, y los adornaba con elegantes esculturas y pinturas murales.

Inventaron una escritura pictográfica conservada en piedra y toda v,’a no completamente descifrada hasta hoy. Crearon un calendario más exacto que el de Europa en su tiempo, y llegaron, por evolución, al concepto del cero durante los siglos III o IV d. de C. En astronomía y matemática alcanzaron altísimos niveles.

En una época en que todavía fabricaban bellas estelas (o pilares decorados) y otros monumentos típicos de su edad clásica, los centros de cultura maya comenzaron a decaer uno a uno, hasta el año 900 d. de C. Poco a poco sus bellas ciudades ceremoniales quedaron abandonadas y desiertas. Más tarde hubo un renacimiento maya en la zona más septentrional de Yucatán.

Nuevas ciudades y templos se irguieron entre los plantíos de maíz en el período llamado posclásico, entre los años 900 y 1450 d. de C., cuando se crearon nuevos portentos de arte y arquitectura. En cierta época se produjo una fusión entre los mayas y los invasores toltecas, pueblo bárbaro, pero de talento, que emigró desde su suelo nativo en el México Central hasta Yucatán. Pero a su tiempo, este florecimiento maya en tierras del norte cayó en una decadencia tan completa, como la de las ciudades de la era clásica. Cuando el conquistador español arribó en 1527, los más bellos edificios del renacimiento ya habían sido abandonados, y la estructura política consistía en pequeñas ciudades-estados, situados en Yucatán y en el norte de Guatemala, en incesante guerra entre sí.

¿Por qué la civilización maya, con todo su esplendor, cayó en la decadencia? Agotamiento del suelo, cambios climáticos, enfermedades, revoluciones sociales, conquista extranjera y la simple corrupción de los gobernantes, han sido aducidas como posibles explicaciones por los eruditos. Pero la decadencia de la civilización maya, como su apogeo, es uno de los más profundos misterios, y de las mayores maravillas, del antiquísimo Nuevo Mundo.

Las ciudades más importantes de América, antes de la conquista hispánica, se encontraban en la parte central del continente: desde México, hacia el este y hacia el sur, hasta llegar al norte de Chile y de la Argentina, con centro en el Perú.

En Mesoamérica se destacan por su importancia arquitectónica y cultural:

•  Teotihuacán: fundada por un pueblo desconocido, en el año 300 a.C.
•   Monte Albán: fundada un siglo más tarde; residencia de los zapotecas, oriundos del estado de Oaxaca.
•   Uaxactún y Tikal: ciudades mayas, fundadas en la actual Guatemala, durante el siglo IV a.C.
•   Palenque: ciudad del estado mexicano de Chiapas, fundada durante el Antiguo Imperio de los mayas.
•  Tula: capital del reino de los toltecas, que fue destruida en el año 1116.
•  Chichen-ltzá, Uxmal y Mayapán: antiguas ciudades mayas, fundadas en el siglo IX de nuestra era, al norte de Yucatán y que se unieron-en el año 987- en una Confederación que les proporcionó dos siglos de paz y prosperidad.
•   Texcoco: capital del’reino de los chichimecas, hacia el año 1000 d.C.
•   Tenochtitián: actual ciudad de México, fundada en 1325 por los aztecas.
•   Tlacopán: ciudad que firmó, con Tenochtitián y Texcoco una triple alianza, en 1431, que resultó útil para todas ellas. En la zona Andina sobresalen como centros urbanos de importancia;
•   Chavin de Huántar: importante centro de cultura preincaica, en la región peruana de la Cordillera de los Andes.
•   Huila: antiquísima ciudad, en Colombia, correspondiente al período megalítico.
•   Chicama, MocheyVirú: ciudades de la cultura mochica, en el norte del Perú, cuyas ruinas se conservan.
•  lca y Río Grande: ciudades del sur del Perú, cuyas ruinas son famosas.
•  Tiahuanaco: importante centro de la cultura que lleva su nombre y cuya expansión se registró hacia el año 1300 de nuestra era.
•   Cuzco: capital del imperio incaico, fundada en el S. XI por Manco Capac, y que cayó en poder de Pizarra en 1533.
•   Machu-Pichu: ciudad sagrada, cerca de Cuzco, descubierta en 1911.
•   Ollantay-Tambo: ciudad incaica, cerca de Cuzco, actualmente en ruinas.
•   Chanchán: capital del imperio chimú, con sede en el Perú, que fue tomada por Tupac Yu-panqui a fines del siglo XV.
•   Bacatá (hoy Bogotá) y Hunsa (hoy Tunja): ciudades de Colombia, que se disputaron la hegemonía, en el altiplano de la Cordillera Oriental.

En cuanto a las características generales de la arquitectura americana precolombina tuvo ciertos puntos de contacto con los que, en la Antigüedad, se registraron en Egipto, en la Mesopotamia y en la India. Especialmente el tipo de construcciones realizadas en Teotihuacán, Te-nochtitlán, las tres ciudades yucatecas (Chichen-Itzá, Uzmal y Mayapán) y las de Tiahuanaco, Cuzco y Machu-Pichu. Los materiales empleados fueron la piedra volcánica, de color rojizo, que los mexicanos llaman «tezontle», los bloques de piedra, los adobes de arcilla y la madera, usada para hacer terrazas y voladizos. También se encontraron pisos de mica, de seis centímetros de espesor, que cubren un total de veintinueve metros cuadrados, en edificios aledaños de Teotihuacán.

El trazado arquitectónico se apoyaba en las leyes de la goe-metría y observaba módulos aritméticos. Se destacaron los templos -que tenían como base enormes pirámides escalonadas llamados «teocali» (entre ellos el más importante fue el de Cholula, ciudad del estado de Puebla)- y los palacios, construcciones alargadas que -según explicó J. C. Moreux- se hallaban «extendidas sobre terrazas y unidas por numerosas escalinatas».

Todas las salas eran dobles, en profundidad -agrega-; las primeras se iluminaban directamente; las últimas, indirectamente: por ejemplo, en Palenque y Uxmal. Los incas -en cambio- no iluminaban sus habitaciones, que se imbricaban en un laberinto inextricable y misterioso».

Usaron, como motivos de decoración, baldosines geométricos y multicolores; esculturas y bajo relieves sobre motivos simbólicos (la serpiente emplumada que representaba a Quetzacoátl y el dios de la lluvia: Tláloc), naturales (flores, hojas, plantas, frutos, árboles, etc.); zoomorfos (aves, jaguares, pumas, coyotes, mariposas, peces, saurios y caracoles) y antropomorfos; estructuras de materiales sólidos, entretejidos como si fueran lianas; pinturas murales de vivísimas tonalidades; enlucidos y estucos (pasta de cal y mármol) brillantes y policromados, con que recubrían, por fuera, los edificios y hasta las pirámides; piedras de obsidiana -en forma de disco— que insertaban en las paredes y con las cuales hicieron trabajos de mosaico; molduras achaflanadas o rectas; revestimientos con piedras matizadas; monumentales escaleras y pórticos, con dinteles pétreos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Argentina Fascículo I
Enciclopedia Ciencia Joven Tomo II Fasc. N°28 Edit. Cuántica – Ciudades Precolombinas –

Ruinas de Palenque Tumba Sagrada Maya del Rey Pakal Restos Mayas

Ruinas de Palenque – Tumba Sagrada Maya del Rey Pakal – Restos Mayas – Observatorio –

Las ruinas de Palenque, rodeadas de una densa jungla tropical, representan el núcleo central de una amplia ciudad cuya superficie se acercaba a los ocho kilómetros cuadrados, cuyo origen exacto se desconoce es un lugar de una belleza hechizadora. Durante cientos de años, el verde de la selva, húmeda y tropical, cubrió sus magníficos e increíblemente bellos monumentos de piedra.

En la espesura de las selvas chiapanecas, las ruinas de Palenque rinden tributo al esplendor de la civilización maya. Aunque la ciudad no fue tan grande como Tikal o Copán, ni tan decisiva en la historia maya como Chichén Itza, el legado arquitectónico y artístico que alberga no tiene igual en la arqueología mesoamericana.

La ciudad, que comenzó a construirse entre los siglos III y V de nuestra era, está atravesada por un afluente del río Usumacinta. Tuvo su máximo esplendor entre los años 500 y 700, época en la que se construyeron los principales monumentos. Hacia finales de siglo X una invasión de pueblos ribereños procedentes del golfo de México determinó su ruina y abandono.

Ruinas de Palenque Restos de la Civilizacion Maya Observatorio

Templo de las Inscripciones, el mas importante de los monumentos de Palenque, se encuentra sobre una pirámide escalonada. Desde el interior del templo se puede descender a una cripta  funeraria de Pakal

Según los historiadores, fue fundada como aldea agrícola alrededor del año 100 a.C. con el nombre de Lakam Ha, que significa «aguas grandes», en alusión a las cascadas de los alrededores. Entre los siglos II y VI se convirtió en una ciudad y, en el curso del siglo VII, en la capital de Bakaal, uno de los estados mayas más prósperos.

Sus gobernantes se jactaban de pertenecer a un linaje tan antiguo como la Creación, que los calendarios mayas fechaban en el año 3114 a. C. Abandonada misteriosamente, esta ciudad poblada por los fantasmas de su esplendoroso pasado se mantuvo oculta y el increíble y selvático paisaje cubrió con su vegetación la piedra tallada, los templos y la magia secreta de los mayas.

Ruinas de Palenque Tumba Sagrada Maya del Rey Pakal Perdida en la SelvaLa zona central está dominada por el Palacio, que se alza sobre una inmensa colina artificial en forma detronco de pirámide. Sus dependencias se organizan alrededor de cuatro patios dominados desde el ángulo suroeste por la torre de vigilancia u observatorio astronómico, una construcción en tres niveles cuya estructura es única en la arquitectura maya.

Hoy se presenta ante nuestros ojos explorada en cada milímetro por arqueólogos, investigadores y curiosos, pero su misterio sigue siendo impenetrable. Esta joya une la generosidad de la naturaleza y el fértil verdor de la selva con la magia de sus pirámides escalonadas, en el estado mexicano de Chiapas, donde todavía habitan los descendientes de la sabia y desaparecida civilización maya.

Un viajero estadounidense John Lloyd Stephens (1805—1852)  relató sus experiencias en Palenque en el año 1841 , y atrajo las miradas de aventureros y arqueólogos hacia la ciudad escondida. Desde entonces, Palenque no ha dejado de ser visitada y estudiada, sus escalones de piedra, gastados por los siglos, ascendidos y descendidos en la búsqueda de cada huella y de cada indicio que sirva para acercarnos a una cultura desaparecida.

El enigma de la tumba de Palenque:

En el año 1947, un arqueólogo mexicano, Alberto Ruz L’Huillier (1906-1979), observó una piedra de gran tamaño en el llamado Templo de las Inscripciones. Estaba atravesada por doce agujeros tapiados con tapones perfectamente encastrados. El arqueólogo sospechó que algo se escondía tras la piedra y ordenó levantar la Josa. Asombrado, vislumbró a la pálida luz del templo una escalera que descendía interminablemente. ¿Hacia dónde conduciría?

Hasta entonces, no se habían hallado sepulturas en las pirámides mayas y se creía que su función era sólo contener los templos construidos en sus cimas. Pero este nuevo descubrimiento desconcerté al arqueólogo. La escalera estaba repleta de escombros, que comenzaron a ser retirados en lo que resultó ser un esfuerzo continuado durante años, ya que la galería era increíble-mente larga y estaba cubierta de piedra y maleza que hacían imposible avanzar por ella.

Tras varios años de trabajo y habiendo desprendido las piedras de cincuenta y nueve escalones, en 1952 fue posible descender. La escalera terminaba en una pared. Hubo que abrir un hueco allí para descubrir un segundo muro, y tras él se encontró una caja de material que contenía tres pequeñas fuentes de cerámica, tres conchas marinas y adornos de jade: se trataba sin lugar a dudas de una ofrenda, pero ¿a quién estaba destinada?

Las ofrendas halladas daban esperanza después del duro trabajo realizado. Ruz L’Huillier y sus ayudantes sentían que por fin estaban por hallar algo realmente importante. Pero todavía faltaba la prueba mayor. Frente a ellos cerraba completamente el paso una nueva pared, un obstáculo más grande que las anteriores porque tenía nada menos que tres metros de espesor. El pasadizo era estrecho, el calor, sofocante, demoraron días extenuantes en poder abrir un pequeño paso en el muro.

Tras él, había una cavidad. En ella hallaron por fin lo largamente esperado: la explicación de la galería misteriosa y un hallazgo conmovedor. Seis osamentas, los restos de cinco hombres y una mujer. Amontonados en la estrecha sepultura, no cabían dudas de que habían sido víctimas inmoladas a algún dios sanguinario. Los restos eran de personas jóvenes, asesinadas, pero ¿,por qué?.

Luego se conocería que era una más de las muchas ofrendas realizadas y que este misterioso pueblo tenía corno costumbre inmolar a personas cuya sangre se ofrecía para aplacar a los dioses. Un nuevo bloque de piedra impedía el paso a los investigadores, pero no era ocasión de dejarse vencer por el desaliento cuando se estaba tan cerca del éxito. El arqueólogo logró abrir un nuevo paso en la piedra monolítica y antiquísima. Al mirar por la abertura, el explorador no podía creer lo que veía.

Como Carter frente a la tumba de Tutankamón, hubiera podido exclamar: “Veo cosas maravillosas”, ya que también él observó un espectáculo fantástico: una gran cripta con muros cubiertos completamente por bajorrelieves, cuyo centro estaba ocupado por un monumento de piedra esculpida. El arqueólogo mexicano expresó: “…Se podría decir que era una gran gruta mágica esculpida en el hielo, con paredes brillantes que centelleaban como los cristales de la nieve. Delicados festones de estalactitas colgaban como los cordones de las cortinas y las estalagmitas en el suelo parecían como oscilaciones de luz de un gran cirio».

Ruinas de Palenque Tumba Sagrada Maya del Rey Pakal Perdida en la SelvaLas formaciones calcáreas, conformadas durante el transcurso de los siglos, por encima de la gruta, daban al conjunto un aspecto mágico e irreal.
Realizando un gran esfuerzo, lograron que el monolito girara sobre si mismo. En ese instante en que pudieron penetrar; al fin, en el santuario, la emoción llegó a su punto máximo.

La habitación medía nueve metros por tres, en ella estaban representados nueve personajes de estuco: los Nueve Señores de la Noche, reyes del mundo infernal de los antiguos mayas. dispersas, había. numerosas ofrendas, además de dos maravillosas cabezas de estuco, cubiertas por abundantes cabelleras, atadas con cintas y adornadas por flores secas de nenúfares.

Sin dudas, lo más extraordinario era el gran monumento que ocupaba todo el centro del lugar, un enorme bloque de piedra que debía pesar cerca de veinte toneladas y cuya superficie estaba recubierta por una losa finamente esculpida.

En esta cripta funeraria se encontró una lápida de piedra de 5 t con magníficas tallas, colocada sobre un sarcófago; en todas las paredes había relieves escultóricos que representaban a los nueve Señores de la Noche venerados por los mayas. Dentro del sarcófago, Huillier descubrió los restos de un hombre alto, fallecido hacia sus 40 años. Su cuerpo y su rostro permanecían cubiertos de joyas de jade, que contrastaban con el revestimiento rojo de la tumba. Enormemente lujosa era la máscara funeraria, de mosaico de jade, con curiosas incrustaciones de obsidiana y nácar en los ojos. Las tallas de la lápida del sarcófago no representan un astronauta en una cápsula espacial como asegura Erich von Daniken en su obra Recuerdos del futuro, sino que constituyen un valioso símbolo del tránsito del alma al reino de los muertos. Y más concretamente, describen la trasformación de un jefe maya en un dios

En el medio de la losa había una pintura de un hombre joven, adornado con gran riqueza, a quien rodeaba un exuberante decorado (le signos sagrados y jeroglíficos que eran por sí solos un enigma suficiente para desvelar al descubridor. ¿Cómo desplazarlo? Trabajaban en muy poco espacio bajo un calor insoportable, en una cripta de aire enrarecido y sofocante. Lograron moverlo con gatos de automóvil fijados sobre tacos de madera. Y ante sus ojos, descubrieron una nueva losa, un nuevo obstáculo de piedra.

Está de más decir que los mayas guardaban celosamente sus secretos. Pero Ruz L’Huillier  era pertinaz y no cejaría hasta develar la última incógnita. Así que levantaron esta nueva loza para encontrar, por fin, el motivo central de tanto misterio: un esqueleto adornado prolijamente con ricas joyas. No habían subsistido los ropajes con que había sido enterrado, sólo quedaban hilos sueltos de ellos, pero estaba cubierto de hermosos adornos de jade que refulgían en las sombras de la bóveda.

El rostro del muerto estaba cubierto con una máscara funeraria de jade, una obra maestra del arte maya, con los ojos realizados en conchillas y el iris de obsidiana. La expresión del rostro es tan realista que se puede suponer que era un retrato, una representación

Fuente Consultada: Lugares Misteriosos Paula Ruggeri

Los Olmecas Cultura Arte Primeros Pueblos de Mesoamerica Mayas

Los Olmecas Cultura Arte
Primeros Pueblos de Mesoamérica

La región antropológica de Mesoamérica se extiende por el centro y sur del actual México y por los países de América central hasta Costa Rica. Abarca una gran variedad de zonas climáticas y ecológicas.

En general, puede afirmarse que toda ella estuvo muy poblada desde tiempos prehistóricos, aunque fueron los valles de México, Oaxaca, Jalisco y Guatemala los que concentraron en mayor medida la población.

Los pueblos que habitaron Mesoamérica presentaban caracteres muy diversos, y hablaban centenares de idiomas, pero todos ellos poseyeron un conjunto de elementos culturales comunes: constantes arquitectónicas —canchas para juegos rituales de pelota, pirámides escalonadas—, calendario, registros históricos, religión compleja en la que aparecían casi siempre un dios de la lluvia y un héroe civilizador, urbanismo notablemente desarrollado, rígida estratificación social y cultivo agrícola fundamentado en el complejo maíz-frijol-pimiento-calabaza.

La revolución neolítica se inició en Mesoamérica entre el 5000 y el 4000 a.C, pero fue hacia el 3500 cuando, coincidiendo con cierto enfriamiento del clima y un aumento de las precipitaciones en el área, empezaron a cultivarse las especies que han seguido siendo el fundamento de la alimentación del hombre mesoamericano hasta nuestros días.

LOS MISTERIOSOS OLMECAS: Parece ser que la primera civilización importante de Mesoamérica fue la de los olmecas, que ya en el año 1000 antes de Cristo habitaban en las selvas de la costa del golfo de México, en las cálidas tierras de Veracruz y Tabasco. El nombre de los olmecas deriva de la palabra oh (caucho).

Al parecer, el poderoso olmeca tuvo su cuna en el sudoeste de México, de donde se extendió hacia el Este y. el Sur hasta alcanzar su máximo esplendor en las regiones próximas al golfo de México.

La mitología olmeca hizo del jaguar el símbolo supremo de los espíritus de la naturaleza, dotados de ominosos poderes.

Existen numerosos ejemplares de tallas olmecas que representan la figura del jaguar humanizado y en algunas ocasiones alcanzan un alto grado de estilización.

Los olmecas fueron maestros insuperables en la talla de la piedra, ya se tratara de una pieza de jade del tamaño de una uña o de una enorme cabeza de basalto de más de dos metros de altura.

Por resistente que fuera el material, sus artistas hallaban medios de modelarlo, comunicándole expresivos matices.

Valiéndose de brocas tubulares y macizas, los lapidarios horadaban las sutiles láminas y cuentas de jade, perforando agujeros de varios centímetros de longitud, a menudo tan angostos, que hacían casi imposible la tarea de ensartarlas.

El jade, representado por una diosa, simbolizaba el cielo y el agua, y sólo a nobles y personas de alto rango se les permitía usarlo en el adorno personal.

Como símbolo de vida eterna introducían una pieza de jade en la boca de sus muertos.

El material preferido en la talla de figurillas era la jade, piedra translúcida de tonalidades azules, grises y verdes, que los lapidarios cortaban y redondeaban con piedras pulidoras y abrasivos Los Olmecas Cultura Arte Primeros Pueblos de Mesoamerica Mayaspulverizados, antes de proceder a su modelado, en el que empleaban sierras de piedra (con una de estas herramientas esculpían finas estrías que sugerían los cabellos).

Para señalar los detalles de las vestiduras, ornamentos y tatuajes, se valían de herramientas de cuarzo o jade y, por último, pulían la estatuilla con un instrumento de gran dureza.

Algunas de las esculturas más imponentes de la cultura olmeca fueron creadas en la exuberante selva que cubre el istmo de Tehuantepec; son colosales cabezas de basalto, que debieron transportarse por agua, puesto que la cantera más cercana se hallaba a más de 100 Km. de distancia, hasta el lugar de su emplazamiento, donde recibía probablemente los últimos retoques.

Una de las imágenes más repetidas es la del varón rechoncho, corto de extremidades, de manos y pies pequeños, cabeza piriforme artificialmente deformada y completamente afeitada, ojos mongoloides, y boca grande, con las comisuras que se curvan hacia abajo y el labio superior prominente.

Las enormes cabezas de piedra de la cultura olmeca, de dos a tres metros de altura, un peso de 15 toneladas, nariz chata, labios gruesos, halladas en La Venta y Tres Zapotes, constituyen sorprendentes vestigios de esta misteriosa cultura americana que desapareció hacia el 600 de nuestra era.

AMPLIACIÓN DEL TEMA

EN el 900 a.C, los centros religiosos olmecas de San Lorenzo, en el territorio del actual México, fueron violentamente destruidos. Lo mismo sucedió quinientos años después con La Venta. Pero los olmecas no murieron con sus monumentos. Sus tradiciones —el culto al jaguar, el trabajo del jade y la piedra, la agricultura, la escritura y las convenciones sociales— se propagaron por América Central y por las sociedades de Sudamérica.

CLASES SOCIALES
Los olmecas se organizaban en clases estrictamente separadas: agricultores, comerciantes, artesanos y jefes-sacerdotes. Esta última era la clase privilegiada y vivía en los grandes centros religiosos, que estaban construidos por una civilización inteligente y próspera. Los enormes bloques de basalto de La Venta debieron remontarse por vía fluvial, probablemente en balsas, desde las lejanas montañas de Tuxla.

ORÍGENES CULTURALES
No se sabe cómo se relacionaban los olmecas con las civilizaciones vecinas. No han sobrevivido suficientes muestras de escritura como para que pueda intentarse una reconstrucción, pero no cabe duda de que los olmecas contribuyeron al sistema jeroglífico de los mayas (h. 300 d.C.-900). También es probable que los pueblos chavín fueran el resultado de migraciones olmecas.

INFLUENCIA OLMECA
Los escultores olmecas fueron los primeros artistas americanos. Su estilo característico, de líneas sencillas y volúmenes monumentales, se puede ver reflejado en la cultura de Oaxaca (sur de México) y otras. Como otras culturas americanas, la de Oaxaca estuvo influida también por las creencias religiosas de los olmecas. De todos modos, no se sabe si esta difusión de una «cultura madre» se hizo por la conquista, el comercio o la emigración, o se debió a una combinación de los tres factores. No sabemos qué nombre se daban los olmecas.

ALGO MAS…
Los olmecas, la primera gran cultura mesoamericana

El pueblo olmeca se estableció en la zona sur del estado de Veracruz y al oeste del de Tabasco, sobre el Golfo de México, donde ocupó un área de 18 000 kilómetros cuadrados en la que se han encontrado más de treinta sitios arqueológicos.

La región, limitada por los ríos Coatza-coalcos y Papaloapan, se halla a una altitud inferior a los 100 metros, a excepción de las montañas Tuxtlas, que superan los 500 metros.

Esta zona está sometida a un alto régimen anual de precipitaciones, y su paisaje alterna el bosque tropical y la sabana. En época de lluvias, estas extensiones se transforman en pantanos, que en el pasado fueron muy útiles al convertirse en vías que facilitaban las comunicaciones.

Se han dado numerosas interpretaciones acerca del origen de los olmecas y cómo se desarrolló su cultura. Las distintas versiones van desde las que los consideran un imperio que se extendió por toda Mesoamérica, a aquellas otras que estiman que formaron un Estado teocrático e, incluso, un humilde cacicazgo.

En la actualidad, los estudiosos todavía discuten si la olmeca fue la cultura-madre de la civilización mesoamericana, o si, por el contrario, las primitivas sociedades de Mesoamérica evolucionaron simultáneamente a ella, aunque de forma autónoma. Otros estiman que este pueblo tuvo un desarrollo más avanzado que el resto de sus contemporáneos.

Si se tiene en cuenta esta última teoría, los cambios posteriores que se habrían dado en esta cultura responderían a condiciones y procesos locales que, por otra parte, son muy diferentes en el altiplano y en las tierras bajas.

Ver: Primeros Pueblos de México

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Argentina Fascículo I
El Mundo Precolombino Editorial Océano

El Monasterio de Arcadien Historia Matanza de Griegos Por Los Turcos

 MASACRE DE GRIEGOS EN EL MONASTERIO DE ARCADIEN

EL MONASTERIO DE ARCADIEN: Protagonizando uno de los episodios más heroicos de la historia reciente de Grecia, el 9 de noviembre de 1866, hombres, mujeres y niños cretenses, asediados por los turcos en el monasterio de Arcadien, se reunieron en una antigua bodega. La situación era desesperada.

Las alborozadas tropas turcas habían irrumpido en el recinto del monasterio y se apiñaban tras la puerta de la bodega. El grito de guerra de los cretenses era «Libertad o Muerte», y estaba a punto de ser puesto en práctica. Ya que los barriles entre los que se hallaban estaban llenos no de vino, sino de pólvora.

Una litografía que describe ese trágico momento evoca la semipenumbra de la bodega: hombres, mujeres y niños arracimados en torno a su líder, Constantino Giaboudakis, quien, a horcajadas sobre los barriles de pólvora, empuña la pistola que iba a mandarlos a todos a la eternidad. Para los cretenses, hoy como entonces, ese simple disparo transformó a Arcadien en un símbolo de heroísmo, sacrificio y libertad.

masacres de griegos

El  monasterio de Arcadien, junto a Rezimón, en la costa norte de Creta, es el más sagrado de la isla. En 1866 fue centro de una insurrección cretense contra el dominio de los turcos. Ante un número mucho mayor de oponentes, los cretenses prefirieron perecer en una explosión antes que rendirse al enemigo. Pero su acción sirvió de inspiración para sus compatriotas y le granjeó a Creta el apoyo de las principales potencias occidentales. La capilla del monasterio (arriba y derecha), una heterogénea mezcla de estilos, data del siglo XVI.

En 1866 el monasterio de Arcadien se había convertido en el núcleo de una insurrección contra los turcos, que habían gobernado en Grecia desde hacía 200 años. El comisionado turco local, Mustafá Pacha, había amenazado con arrasar el edificio si los líderes revolucionarios cretenses no lo abandonaban. Desafiando esa amenaza, 960 frailes, resistentes, mujeres y niños que se habían concentrado en el monasterio en busca de protección, se prepararon para el inevitable desenlace.

Un sacrificio por la libertad
Los defensores, en número inferior, combatieron con bravura, pero el 9 de noviembre los turcos penetraron en el monasterio. Tal como lo habían planeado, los cretenses que pudieron se precipitaron al cuarto de la pólvora. Allí, mientras los turcos, sin sospechar nada, se agrupaban tras la puerta de la bodega, Giaboudakis apuntó con su pistola hacia los barriles de pólvora e hizo fuego.

Una balada popular ulterior relata que la poderosa explosión hizo temblar la tierra y en las montañas de Creta repercutió su eco. La masacre fue espantosa: más de 800 cretenses murieron; las pérdidas turcas fueron mucho más cuantiosas.

Este acto supremo de valentía y sacrificio tuvo profundas repercusiones más allá de la isla y de sus gentes, que siguen señalando el acontecimiento con un día de fiesta nacional. Por primera vez los poderes internacionales tomaron en cuenta lo que se dio en llamar «la cuestión cretense». Donativos y víveres llegaron desde la Grecia continental, desde Rusia, y los británicos fletaron un barco, el Arkadi, para transportar víveres y voluntarios. En Estados Unidos, el senado manifestó públicamente su apoyo a los cretenses.

También recibieron muestras de simpatía por parte de figuras internacionalmente relevantes, tales como Garibaldi y Víctor Hugo. El poeta Algernon Swinburne escribió un poema sobre el suceso. Aunque pasarían otros treinta años hasta que los turcos abandonaran definitivamente la isla, Arcadien hizo que Creta y su lucha por la libertad irrumpieran en el mapa político.

Un tranquilo refugio: En el silencio y la serenidad que emanan del monasterio aún pueden verse las cicatrices: agujeros de bala en la puerta del refectorio; un obús turco incrustado en un alto ciprés venerable en el recinto del monasterio; muros derruidos por el intenso fuego de la artillería. El recordatorio más patente de la tragedia es el molino de viento que está junto a la puerta del lado oeste: ha sido convertido en «osario», y encierra las calaveras de los cretenses que murieron en el holocausto.

Fundado este monasterio, según la tradición, en el siglo V de nuestra era por el emperador bizantino Arcadio, la mayoría de sus edificios datan del siglo XVI. El emplazamiento que eligieron los monjes para su retiro sería difícil de superar. Asentado en una meseta entre colinas de suaves pendientes, el monasterio está rodeado de olivos, robles y naranjos.

La primera impresión que da Arcadien es la de un largo muro color arena horadado por pequeñas ventanas oscuras. La entrada se efectúa por la puerta occidental, reconstruida, desde la cual la ornamentada fachada color ámbar de la iglesia surge a la luz como una salida del sol.

La disposición del monasterio es simple. Enmarcando el patio se encuentra la estructura principal, que forma prácticamente un cuadrilátero, una colmena de pequeñas celdas austeras y oscuras: celdas de los monjes, despensas, bodegas. Éstas, junto con los claustros y las pérgolas cubiertas de viña verde, proporcionan una apreciable sombra a los escasos monjes que aún residen allí.

Los gatos, las gallinas, las colmenas y una antigua prensa para el vino recuerdan que la vocación espiritual del monasterio siempre estuvo compaginada con sus necesidades materiales y su hospitalidad para con los visitantes. El escritor Edward Lear pudo experimentar esto último por sí mismo cuando visitó Arcadien en 1864. Fue cálidamente acogido y se le sirvió una suntuosa cena con pichón estofado y ensalada, cerezas, alubias, queso y miel; para beber le sirvieron vino y después café.

Arcadien es muchas cosas a la vez: es ante todo un lugar para la contemplación espiritual y el aprendizaje, un monasterio vivo de la iglesia ortodoxa griega. Para los visitantes, es un oasis de tranquilidad y un sitio impregnado de historia. Para los cretenses, Arcadien es todo eso y, además, un símbolo de su determinación inquebrantable por gobernar su propio destino.

Fuente Consultada: Enciclopedia de Historia Argentina Fascículo I

Civilizaciones de Mesoamerica Olmecas Primeros Pueblos Cultura

Civilizaciones de Mesoamérica

Cuando hablamos de Mesoamérica nos referimos a la zona comprendida entre los paralelos 17 y 22, que encierra una gran parte de México, Guatemala, Honduras y parte de Nicaragua. Es decir desde las ruinas de La Quemada, en el norte de México, hasta Copán, en Honduras, en el sur.

En este vasto territorio florecieron las “altas culturas» que, no obstante sus diversas características étnicas, lingüísticas y artísticas, reunieron, a través de los siglos anteriores a la conquista española, una serie de factores básicos que permite englobarlas dentro de un marco común.

Entre estos factores comunes figura, en primer lugar, la agricultura, con el maíz como cultivo principal; el conocimiento de la astronomía que les permitió fijar las épocas de cultivo y las cosechas por medio de un calendario tan perfecto, que funcionaba con mayor precisión que los calendarios europeos.

En todas estas culturas la agricultura, que aseguraba crecientes reservas de alimentos, sentó las bases del florecimiento de centros poblados, fomentando a la vez las nuevas artes de la cestería, alfarería y confección de tejidos y la formación de una casta sacerdotal, inseparable de la clase gobernante, cuyo poder se puso de manifiesto en la construcción de grandes monumentos de ladrillo y piedra.

Miles de hombres trabajaron en la edificación de imponentes construcciones piramidales, rematadas por amplias plataformas ceremoniales, donde se realizaban sacrificios humanos a los dioses. Los sacerdotes ascendían solemnemente por amplias y empinadísimas escalinatas a estas plataformas, para oficiar los sacrificios.

Para levantar la Pirámide del Sol en Teotihuacán, cerca de la ciudad de México, que data de hace dos mil años, dedicaron su tiempo libre, durante 20 años, tinos 10.000 campesinos. Ella tiene 224 metros de lado por 60 metros de altura.

primeras civilizaciones de mesoamerica
Pirámide del Sol

La Pirámide de Cholula cubre casi 16 hectáreas de superficie y alcanza los 54 metros de altura, es más grande que la de Keops, en Egipto, pero a diferencia de las pirámides egipcias en general las mexicanas son siempre truncadas. Cuando llegaron los españoles ya estaba abandonada y cubierta de malezas; los conquistadores, creyendo que era un monte, construyeron una iglesia en la cima.

Estos centros teocráticos (teocracia: gobierno ejercido por sacerdotes), tenían una organización social rígidamente conducida por príncipes-sacerdotes que formaban una casta especial. El resto del pueblo eran campesinos, artesanos y soldados, sometidos a ese pequeño grupo rector, o minoría ilustrada.


Pirámide Cholula

En las extensas y variadas tierras de la América precolombina vivió una gran diversidad de pueblos, cada uno de los cuales tenía su propia personalidad y modo de vivir. Las culturas  de los aztecas y los mayas no son sino dos entre las muchas de Mesoamérica, cuyos límites cronológicos no se han podido determinar aún.

Se conocen por lo menos tres grandes centros que compartieron con los de los mayas la economía basada en el cultivo del maíz, así como la arquitectura, el calendario y la religión, aunque diferían de aquéllos en idioma, costumbres, habilidad y estilo artístico. Esas tres civilizaciones surgieron en la zona que hoy ocupa México. Eran la de Teotihuacán; la de los zapotecas y más tarde la de los mixtecas, ambos de Oaxaca; y la de los Olmecas, de Veracruz y Tabasco.

Los Olmecas tallaban magistralmente la piedra y, en especial, el jade. Algunos monumentos Olmecas llevan inscripciones de calendario, que se consideran más antiguas que la civilización maya del primer período, lo que indujo a unos científicos mexicanos a sostener que las civilizaciones mesoamericanas tuvieron su origen en la cultura Olmeca. Dos civilizaciones mexicanas mencionadas —las de los zapotecas y el pueblo de Teotihuacán— continuaron floreciendo durante los siglos de preponderancia maya.

El Valle de México es una de las regiones que primero habitó el hombre americano. Fósiles humanos a los que se atribuyen 11.000 años de antigüedad, se han encontrado en Tepexpán. No se sabe exactamente quienes fueron los creadores de la civilización de Teotihuacán, pero se supone que tienen un parentesco con los Olmecas. Los aztecas últimos en surgir en el Valle de México, constituyeron una pequeña tribu nómada, que se formé en el extremo septentrional de este

mundo mesoamericano intensamente desarrollado. Se establecieron en una isla del Lago Texcoco, en el centro del valle. En la época en que llegaron los españoles, ya habían comenzado a practicar las artes de la fundición y la elaboración de metales blandos. Cortés y sus huestes sólo vieron que los palacios de Moctezuma estaban llenos de oro, y eso es lo que la posteridad ha recordado.

Primeros Humanos en América

Patrimonio de la Humanidad de Mexico Monte Alban Origen Ciudad Maya

Patrimonio de la Humanidad de México
Monte Alban

MONTE ALBÁN:
LOS ZAPOTECAS Y LOS MIXTECAS:
Monte Albán fue la antigua capital de los zapotecos y una de las primeras ciudades de Mesoamérica y la más populosa durante su auge; se fundó aproximadamente 500 años a. C., floreciendo hasta 750 d. C. Ubicado en el centro del Valle de Oaxaca, Monte Albán ejercía control político, económico e ideológico sobre otras comunidades en el valle y las montañas circundantes.

En el territorio correspondiente a los actuales estados mexicanos de Oaxaca y Guerrero vivían los zapotecas, uno de los pueblos más poderosos y civilizados de la América precolombina. Durante la Edad de Oro de la cultura zapoteca, que debió florecer entre los siglos VI y XI, se edificaron los famosos templos y pirámides de la actual plaza de Monte Albán, en donde el genio artístico de la raza logró convertir unos cerros en una área tallada con proporciones estéticas.

Los edificios más característicos que se distribuyen alrededor de la plaza son los siguientes: Juego de Pelota, Templo II, Templo P, Palacio Este y Templo Q (lado este); el Juego de Pelota sobresale por su integridad, y el Palacio Este por sus aposentos que contiene. Templos G., H., I. y J. (al centro de la plaza); el Edificio J. se ha considerado como el primer observatorio astronómico en Mesoamérica; es muy característico por la declinación de su eje central con respecto a la orientación de los demás edificios, así como por sus relieves denominados de las conquistas.

Patrimonio de la Humanidad de Mexico Monte Alban

El Palacio: Es una estructura integrada por dos cuerpos, con una escalinata central, con alfardas terminadas en forma de talud, presenta en la parte superior 13 cuartos agrupados alrededor de un patio central, en la portada de acceso a este conjunto, hay un dintel, recientemente colocado.

Plataforma Sur (al sur); sobresale por su monumentalidad y por los relieves de su basamento, los cuales representan sistemas numerales, escrituras y personajes que definen escenas cronológicas y de guerra. Sistema M, Muro de los Danzantes, Edificio L, Edificio K y Sistema IV (lado oeste).

El Muro de los Danzantes contiene una serie de estelas que, a través de relieves, representan personajes humanos, con actitudes en movimiento, lo cual les dio este nombre.El corazón de la urbe era la Gran Plaza, una explanada rectangular de 300 m. por 200 m. alrededor de la cual se alzaban las principales construcciones. En el centro se hallaban los templos conocidos hoy como G, H e I, donde se rendía culto a Totec, el dios supremo; Xipe, el dios creador, y Tlatlahuaqui, el dios Sol, entre otras divinidades.

Algunos autores sugieren que debajo del templo H hubo un santuario mucho más antiguo, que de hecho pudo llevar a los zapotecas a fundar allí la ciudad. Un túnel subterráneo conectaba este templo con el Palacio, situado en el costado este de la Plaza. Se supone que, en las grandes ceremonias, los gobernantes de la ciudad hacían uso del túnel y «aparecían» como por arte de magia en el templo.

Sobre el mismo costado del Palacio, se hallaba la «cancha de la pelota», omnipresente en las urbes prehispánicas de Mesoamérica. Las tribunas trazan la forma de una 1 que tiene 25 m. de largo y 7 m. de ancho, y los cabezales a ambos lados tienen 22 m. de amplitud. Según las investigaciones arqueológicas, en su día estuvieron decoradas con estuco. En contraste con las canchas mayas y toltecas, los «aros» de piedra para meter la pelota no se hallaban en los muros laterales, lo cual indicaría una variante del juego.

Entre las construcciones más antiguas de Monte Albán se encuentra el Templo de los Danzantes, situado en el costado oeste de la Gran Plaza. El nombre procede de las estelas que cubren sus muros, poblada de figuras humanas en posiciones extravagantes.

Por los jeroglíficos calendáricos de las estelas, los arqueólogos han establecido que, antes que danzantes, se trata de «cautivos», sometidos por los zapotecas en sus victorias militares. Por este motivo, aparecen doblegados y contrahechos y, en muchos casos, presentan mutilaciones genitales.


Las estelas, de influencia olmeca, fueron realizadas durante el primer período de expansión de Monte Albán. No obstante, algunos autores han resaltado que los rasgo de los danzantes no corresponden a los de ninguna etnia de la región, y especulan con que los zapotecas pudieron haber tenido contacto con culturas mucho más lejanas. Probablemente se tratase de una deformación artística para subrayar la humillación de los vencidos.

EL JUEGO DE PELOTA

También de los olmecas los mayas encontraron la forma de conseguir un dialogo con los espíritu del cielo para pedirles agua para sus cosechas , el mismo consistía en un juego de pelota, llamado Ulama. Se han excavado decenas de canchas de pelota prehistóricos que se remontan a 1400 a.C.

Se han hallado pelotas de goma en perfecto estado de conservación en pantanos cenagosos de sacrificios junto a ofrenda religiosas.

que indica que el juego tenía una finalidad religiosa. El objetivo consistía en botar la pelota y hacerla pasar por uno de los dos anillos verticales de piedra que estaban situados a seis metros de altura en cada extremo del campo. Dos equipos compuestos por dos a cinco jugadores intentaban conseguir este propósito utilizando las caderas, los muslos, los antebrazos y la cabeza, pero sin tocar la pelota ni con las manos ni con los pies. Cinturones para la cadera, rodilleras, cascos y máscaras protectoras formaban parte del equipo de los jugadores, que a menudo estaba adornado con figuras simbólicas e imágenes de los dioses.

Aunque a veces se jugaba por pura diversión, los campeonatos tenían lugar durante las fiestas religiosas, cuando los partidos se disputaban entre reinos y estados rivales, y se luchaba, literalmente, hasta la muerte. Los miembros del equipo perdedor eran ritualmente sacrificados a los dioses, sus cuerpos enterrados debajo del campo y sus calaveras convertidas en  el núcleo en torno al cual se confeccionaban nuevas pelotas de goma. Para los mayas y sus sucesores los aztecas, este juego simbolizaba una batalla entre los señores del inframundo y los pobladores de la Tierra.

El campo de pelota más grande descubierto hasta ahora está situado en la ciudad religiosa maya de Chichen Itza. Las pinturas murales muestran los dos equipos justo después del «silbato final». El líder del equipo vencedor sostiene la cabeza decapitada del capitán del equipo rival, cuya sangre fluye del cuerpo mutilado en forma de tortuosas serpientes que surgen del cuello.

Fuentes Consultadas:
Lugares Sagrados de America
Maravillas de América Central
Lugares Misteriosos de Paula Ruggeri

Historia de la Ciudad de Tula Toltecas Monumentos Mayas Perdidos

LOS TOLTECAS Y LA CIUDAD DE TULA
LOS TOLTECAS Y LA CIUDAD DE TULA

Se dice que estos gigantes sostuvieron el techo del adoratorio dedicado a Quetzalcoatl, por lo que se cree que los Atlantes simbolizan a su ejercito. Papalotl: Otro elemento que se observa en los Atlantes, es el escudo que tienen en el pecho, un símbolo mítico ya que la figura de Quetzalcoatl tenia dos formas de manifestarse: la serpiente emplumada y la mariposa o Papalotl.

Los Toltecas continuaron las conquistas de los Itzaes (primeros mayas) , fundaron Uxmal y repoblaron Chichen Itzá que aquellos habían abandonado. Los toltecas eran originalmente cazadores y recolectores que hablaban el idiomaNahuatl. Llegaron del noroeste y en menos de tres siglos, del 900 al 1168 d.C, se convirtieron en un pueblo civilizado. Durante su dominio se introdujeron en Mesoamérica la escritura y el trabajo de los metales, lo que marca el inicio de un nuevo período llamado clásico, como ya mencionamos.

Al aparecer los toltecas, buena parte de la cultura Chichen Itzá, pareció decaer, incluso existe la hipótesis de la extraña «desaparición» de los mayas hacia el año 1000 en forma totalmente misteriosa. Lo cierto es que hacia la mitad del llamado período clásico aparecen los centros culturales de Uxmal, Soyil y Kabah, conectados entre sí por caminos ceremoniales llamados saches, con arcos triunfales o Arcos Corbel en la entrada de esas grandes ciudades.

El mismo Dios Kukulkan será asimilado al de Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, usada por otra parte con profusión como motivo decorativo. Al igual que en la vieja Roma, los conquistadores copiaban los dioses de los sometidos mayas-griegos de la península del Yucatán. Los habitantes desarrollaron un nuevo sistema para conservar el agua en chultunes o cenotes.

La más importante construcción es la Pirámide del Hechicero o Adivino, en Uxmal. Fue construida según la leyenda por un niño brujo, hijo de hechiceros, que la levantó en una noche. A 36 metros del suelo se halla el templo N° 5, que es el más alto y que tal vez aluda a los 36 decanatos. Abajo está el N° 4, con ricas ornamentaciones de máscaras del dios de la lluvia y cuya entrada es la abertura de su boca. Aparece también en el templo N° 1 la cabeza de una serpiente emplumada, con un sacerdote saliendo de sus fauces.

Cerca de este gran templo, al igual que en Chichen Itzá, se hallaba un verdadero complejo arqueológico, que consta de varios edificios y templos como la Casa de las Monjas, el Templo de Venus, el Juego de Pelota, el Templo de las Tortugas (similar a un clásico templo griego), restos de una gran pirámide más grande que la del Hechicero, los Palomares, hecha de hileras de grandes triángulos calados, 7 de cada lado; el Templo del Ciempiés, la Casa de la Viej ita y el Templo Fálico.

Una terraza de la Estela, con un cuadrilongo erigido en forma vertical con jeroglíficos o diseños en piedra similares a la estela que, recordé, se hallaba en las terrazas del Kalasassuyu (Bolivia). Pero el que más llamara mi atención fue el templo de Venus, frente a la Casa de las Monjas, que por «casualidad», está construido hacia el poniente, lugar del ocaso del sol y donde se ubica en el Zodíaco en reposo el signo de Libra, cuyo regente es precisamente Venus.

Por otra parte, en los gigantescos «Atlantes» como se ha dado en llamarlos, erigidos en Tula, capital de los toltecas, aparecen símbolos similares a los esculpidos en las espaldas de los Moais de la Isla de Pascua. No cabe duda de que las culturas humanas se sucedieron, florecieron y sucumbieron y se heredaron unas a otras enlazadas por una común tradición con raíces en el cielo y con la observación de los astros, como ciencia primera y preocupación primordial del hombre. De allí surgieron después la astronomía, la geometría y la aritmética, al servicio de comprender el cielo y la química, la medicina y otras ciencias para beneficio del microcosmos humano.

RUINAS DE TULA:
El triunfo de las armas
Según los hallazgos arqueológicos, Tollán, o Tula, como la castellanizaron los españoles, empezó a construirse a mediados del siglo VII, en plena decadencia de la cultura de Teotihuacán (ver antes Teotihuacán, la ciudad de los dioses). Algunos autores han sugerido que pudo ser fundada por emigrantes teotihuacanos, que habrían traído consigo el culto a Quetzalcóatl. El primer núcleo urbano, conocido como Tula Chico, abunda en representaciones del dios. Los anales aztecas lo describen corno un reino de paz semejante al de la leyenda, gobernado por una casta de príncipes sacerdotes.

Tolteca, Pueblo (en nahuatl, ‘maestros constructores’), pueblo nativo de México que tras la decadencia de Teotihuacán en el 700 d.C. migró hacia el norte, fundando un estado militar en Tula, a 80 Km. al norte de la actual ciudad de México

El misterio de los Atlantes: En 1940, el arqueólogo mexicano Jorge Acosta dio inicio a las primeras excavaciones de envergadura en las ruinas de Tula, a las que había de consagrar casi dos décadas. Poco después, encontró los célebres Atlantes de la pirámide de Tlahuizcalpantecuhtli, ocultos en una profunda zanja dentro de la propia pirámide. Los colosos, tradicionalmente identificados como guerreros, estaban ataviados con pectorales en forma de mariposa, cuchillos de pedernal y átlatl, o lanzadardos, con los dardos correspondientes.

Sin embargo, algunos autores han señalado que los toltecas empuñaban el átlatl con la mano izquierda, y no con la derecha, como los Atlantes, y que los dardos de estos últimos son curvos. Las observaciones parten de la tesis de que Tula no fue fundada por los toltecas, sino por viajeros de otras culturas, o incluso de otros mundos, liderados por el mítico Quetzalcóatl. Las armas de los Atlantes, según esta tesis, podrían ser artefactos espaciales desconocidos.

Entre los monumentos hallados en los campos de ruinas de Tula deben mencionarse la pirámide dedicada a Quetzalcóatl, y los frisos de los hombres-pájaros-serpientes, una de las más características imágenes de la cultura tolteca, que probablemente representen a sacerdotes o a guerreros en traje ceremonial; además, las columnas de serpientes, atlantes y jaguares, que ya hemos visto en otros pueblos de la región, comprueban la estrecha correlación cultural existente entre ellos.

Tula fue destruida en 1156 por invasores chichimecas; sus antiguos pobladores la abandonaron y huyeron hacia Yucatán.

Por sus tallas en basalto, se observa la cantidad de mano de obra que se necesitó y se adivina el movimiento y control de grandes masas. Su organización social fue realmente ejemplar, así como su producción y distribución de materiales que circulaban en el México antiguo.

Siglos antes de la llegada de los españoles, la ciudad de Tula, capital de los toltecas, estaba en ruinas. Paradójicamente, después adquirió una importancia legendaria para los pueblos de México, semejante en algunos aspectos a la importancia simbólica que tiene Jerusalén para los judíos y cristianos. Tula se hallaba en ruinas antes de la llegada de los españoles

Fuentes Consultadas:
Lugares Sagrados de America
Maravillas de América Central

Los Primeros Pueblos de America Mayas, Incas y Aztecas Civilizacion

Los Primeros Pueblos de América
Mayas, Incas y Aztecas

LOS PUEBLOS DE AMÉRICA

Si los pueblos y naciones indígenas de América, que se desarrollaron antes de que ningún hombre blanco llegara al nuevo continente, no tuvieron relación con el resto del mundo, ¿cómo ofrecían ciertos ritos o creencias comunes a otros continentes? En algunos pueblos precolombinos encontramos la existencia de pirámides, la momificación de personas relevantes y la creencia en un diluvio universal. Los historiadores no se explican con demasiada claridad este paralelismo entre Egipto y los incas, por ejemplo.

Los que creen en la existencia de una desaparecida Atlántida afirman que hubo un lazo material, un puente que permitió una corriente cultural entre el Norte de África y Centroamérica, pero esta hipótesis carece de pruebas suficientes para ser tenida en cuenta. En los distintos pueblos y tribus de Norteamérica no se da una estructura religiosa completa, con templos, sacerdotes, ritos y un cuerpo de creencias que permitan clasificar sus ideas como una religión perfectamente estructurada. En cambio, en Centroamérica y los Andes encontramos tres pueblos con un sistema religioso digno de consideración.

Los Primeros Pueblos de America

Templo Maya

Las primeras civilizaciones de América Central, que comenzaron alrededor de 1.500 a. de J. C, prolongándose en determinados lugares hasta la aurora de nuestra Era, nos son conocidas por vestigios de cerámica (alfarería) y por pequeñas figurillas humanas modeladas en arcilla. En el valle de México (El Arbolillo, Tlatilco, Zacatenco), las poblaciones dependían principalmente del cultivo del maíz, pero sin que la caza, la pesca y la agricultura fueran abandonadas.

Todo estaba por descubrir para los hombres de esta época, que no solamente fueron los primeros agricultores, sino también los primeros tejedores y los primeros grandes artistas de aquellos lugares.

Se celebraba un culto a la fertilidad y existía una noción religiosa del más allá, como nos lo demuestran los ritos funerarios: los cuerpos eran enterrados, y pequeñas figurillas de arcilla se colocaban directamente junto a los cadáveres; los rasgos del rostro de las figurillas y los ornamentos del vestido estaban sugeridos por la técnica del barro cocido (añadido de molduras y de bolas de arcilla o por incisiones horizontales para marcar los ojos y la boca), representando hombres o mujeres de cuerpo delgado u obeso, normal o deforme, a veces incluso monstruoso.

Las figurillas de muchachas estaban frecuentemente adornadas de elegantes peinados, así como de joyas, zarcillos, dijes y collares; estaban pintadas de amarillo, de rojo, de blanco y de violeta, como si los artistas hubieran querido sugerir los colores de los granos y de las hojas del maíz, base de la alimentación de todos los pueblos precolombinos.

Estas figurillas, todas las cuales han sido encontradas entre las ofrendas funerarias, recuerdan, en sus variedades, las fases de la vida corriente, y debían ofrecer a los muertos imágenes perpetuamente vivas del mundo que habían dejado.
Después, los pequeños centros agrícolas se transformaron en aldeas más importantes, y, a lo largo del litoral del Golfo de México, se constituyó la civilización de los olmecas. Sobre las altas llanuras mexicanas, otras civilizaciones preclásicas continuaron desarrollándose, y se organizó una sociedad fuertementte jerarquizada, en la que los brujos ocuparon los primeros puestos, como intermediarios entre los hombres y un panteón divino ya muy elaborado.

En el tercer período de esta Edad preclásica (de 600 años a. de J. C. hasta 100 años d. de J. C), las civilizaciones de las altas mesetas consiguieron apreciables progresos en las industrias el comercio, así como en sus organizaciones cívico-religiosas. Los brujos tuvieron que abandonar el poder a los sacerdotes del fuego, que dirigieron las comunidades agrarias, supervisando la plantación de los cultivos en terrazas, así como las construcciones de los templos y de las pirámides, que debían reunir un gran número de trabajadores encuadrados por técnicos.

BAJO EL SIGNO DEL JAGUAR: LOS OLMECAS
Mientras tanto, los olmecas habían emprendido una emigración que los condujo desde la región costera del Golfo hasta la meseta central, y desarrollaron su civilización en varios lugares; el más importante fue el de La Venta, que se distingue especialmente por sus admirables esculturas monumentales (colosales cabezas de más de tres metros de altura y cuyo peso sobrepasa las diez toneladas), por sus bajorrelieves, y por la utilización, en las construcciones, del ladrillo, del que los olmecas parecen haber sido los inventores en América.

La civilización olmeca, a pesar de los numerosos testimonios que nos ha dejado, continúa siendo muy mal conocida, y es todavía uno de los enigmas más inquietantes de la historia de la América precolombina; podemos, en efecto, emplear por primera vez la palabra «historia», porque los olmecas fueron los primeros americanos que elaboraron una escritura jeroglífica, que, además, completaron con un calendario y un sistema aritmético.

Esta civilización olmeca es considerada por algunos investigadores como el origen de las grandes culturas de América Central: el dios Jaguar, adorado por los olmecas como símbolo del cielo y del mundo subterráneo, estaba presente por todas partes, esculpido en forma de animal o de personaje semihumano. La idea de asociar el hombre al animal se perpetuó en todas esas civilizaciones, hasta los aztecas.

EL ANTIGUO IMPERIO MAYA
Desde hace cincuenta años, la jungla del Yucatán y de las riberas atlánticas de México, así como la de ciertas regiones de Guatemala, han puesto al descubierto las ruinas de la más famosa civilización de América Central: la de los mayas. Para los mayas, como para los demás pueblos de estas regiones, todo comenzó con el descubrimiento del maíz, que aprendieron a cultivar. Convertidos, desde entonces, en sedentarios, algunos de ellos pudieron dedicarse a actividades intelectuales, artesana-les o artísticas, en las que muy pronto destacaron.

La génesis de esta civilización, que floreció primeramente en el sur, en Guatemala (Uaxactún) y en Honduras, fue muy larga, y solamente en los siglos III y IV d. de J. C. se manifestó una alta cultura, cuyos centros más importantes fueron las ciudades de Palenque, Copan y Tikal. En el período de formación, se desarrolló entre los mayas una jerarquía sacerdotal que dirigió todas las actividades.

De todos los antiguos pueblos de la América Central, los mayas parecen haber sido los más místicos, los más intelectuales, preocupándose más de sus deberes frente a los dioses y de las investigaciones de las artes de la escritura y de los cálculos astronómicos, necesarios para la elaboración de un calendario exacto, que de la organización de su tribu como un poderoso pueblo imperialista.

Desde el fin de la época de formación, hacia 200 a 300 años después de J. C, la escritura jeroglífica maya estaba definida, y establecidas las bases del calendario: cálculo del tiempo, grabado sobre estelas, conmemorando el pasaje de un período a otro y haciendo mención de ciertos fenómenos celestes, conjunción de Venus, eclipses lunares y solares, permitiendo así establecer una serie ininterrumpida de fechas que se extienden a más de diez siglos. Fue entonces cuando dio comienzo «la edad clásica» (finales del siglo iv), con la creación de las grandes ciudades: Palenque, centro artístico, Copan, centro religioso y científico, y Tikal, centro comercial.

Las ciudades no eran esencialmente lugares de residencia: el pueblo vivía en aldeas de cabanas, construidas de madera y de barro, cubiertas de palmas, fuera de los magníficos conjuntos arquitectónicos cuya población se reducía a algunos sacerdotes y jefes civiles. El monumento principal de estas ciudades era la pirámide, coronada por un templo, donde los sacerdotes se reunían en la terraza más alta pintada de rojo, y celebraban las ceremonias rituales, saludando el amanecer de cada día. El papel desarrollado por la ciudad de Copan, en el plano científico y religioso, está atestiguado por un conjunto de estelas y de altares que recuerdan los actos de un gran congreso astronómico y astrológico celebrado en esta ciudad el 2 de septiembre de 503.

Las estelas eran erigidas al fin de cada Catán (alrededor de veinte años). El año solar se dividía en 18 meses de veinte días, con un total, pues, de 360 días, a los que se añadían cinco días más a fin de año. Los mayas conocían el cero y sabían calcular con exactitud los eclipses y las revoluciones del planeta Venus.

La más majestuosa y extraordinaria de las civilizaciones precolombinas fue la de los mayas. Pueblo pacífico o tribus sedientas de sangre humana, sucesivamente, honraron a la diosa de la fecundidad y a la tierra. El pueblo maya permanece todavía en el misterio en cuanto a sus orígenes y a su implantación en el Yucatán.

CRISIS Y APOGEOS: FIN DEL ANTIGUO IMPERIO
Los datos de orden cronológico proporcionados por las estelas-calendarios acusan una interrupción que coincide, por lo demás, con una crisis que debió de dejar sentir sus efectos a través de toda la América Central. A partir del 550 d. de J. C, parece que toda actividad de construcción, que todo desarrollo cultural se hayan detenido en América Central y en México, sin que todavía podamos conocer las verdaderas causas.

Pero esta detención de la actividad evolutiva de la civilización maya fue rápidamente compensada desde el fin del siglo VIII; sólo en el año 790, más de veinte ciudades volvieron a grabar estelas conmemorando esta fecha. Nuevamente fueron erigidos conjuntos arquitectónicos, como Comalcalco y Bonampak, único lugar que nos revela, en un magnífico conjunto de representaciones notables por el valor plástico y la composición, el arte de la pintura maya.

A partir del siglo IX, reapareció el fenómeno que se había producido en 550, y las ciudades abandonaron de nuevo la erección de estelas cronológicas, rito que había sido la señal de la grandeza de esta civilización. Las ciudades decayeron y, finalmente, fueron abandonadas. Los historiadores se pierden en conjeturas para explicar esta brusca decadencia, este abandono total de los grandes centros político-religiosos.

Algunos afirman que estas ciudades-estados fueron víctimas de movimientos revolucionarios populares que entrañaron la anulación de la clase sacerdotal; otros pretenden, por lo demás con alguna razón, que el clima de Guatemala, de Honduras y del extremo sur mexicano conoció, en esta época, profundos cambios (más calor y más humedad), y que los mayas, con sus utensilios de piedra pulimentada, no pudieron luchar contra la selva cada vez más invasora, y que, conducidos por los sacerdotes, decidieron emprender una nueva emigración a la búsqueda de lugares más hospitalarios, a no ser que el suelo, cultivado desde hacía varios siglos por aquellos campesinos que no conocían la técnica de rotación de los cultivos, estuviera entonces ya muy agotado para poder alimentar a la población.

Pueblos sometidos han podido rebelarse igualmente. En la época de la conquista española, cinco siglos después, las ciudades abandonadas estaban ya rodeadas por la maleza y la selva. Pero la civilización maya renacería más al norte, en el Yucatán, con el Nuevo Imperio.

LOS INCAS

En las cumbres andinas surgió una forma de culto al Sol. Le precedió una especie de fetichismo por el cual las rocas, los árboles, los elementos y los animales eran adorados como divinidades. El mundo estaba poblado de demonios propicios o malignos que era preciso halagar y combatir. Por encima de todos reinaba un ser espiritual, superior y poderoso: Viracocha. En las cercanías del actual Cuzco se levantaba el templo dedicado a Inti, el Sol. El supremo sacerdote vivía sobriamente, aunque rodeado de innumerables objetos de oro, ornamentos cargados de pedrería y tantas riquezas que deslumbraron a los españoles de Pizarro, llegados hasta aquellos lugares.

Solamente el Inca, el soberano, poseía un poder igualable al del supremo sacerdote. Los sacrificios humanos eran desconocidos por los Incas, pero tenían conventos de muchachas, las cuales guardaban virginidad y permanecían al servicio del templo, hasta que en su madurez contraían matrimonio con miembros de la familia real o permanecían en el convento, llamado Aclla-huasi, hasta su muerte. Manco Capac, fundador de Cuzco, implantó el culto a Inti, el Sol, en todo su territorio, ordenando una especie de teología por la cual él descendía del citado dios. De este modo declaró su procedencia divina. Los cuerpos de los soberanos, convenientemente momificados, se enterraban cubiertos de ricas vestiduras y rodeados de toda clase de joyas, vajillas y objetos de uso corriente que debían acompañarles en la otra vida.

Con la desaparición de ambas civilizaciones absorbidas por los españoles, periclitaron definitivamente estas religiones. A la caída de Atahualpa, el jefe inca, y de Moctezuma, el soberano azteca, los misioneros introdujeron la semilla del cristianismo. La cristianización de América se llevó a cabo, no solamente por españoles y portugueses, sino por los franceses y los ingleses.

En Louisiana y en el Mississippi evangelizaron el P. Jean de Brebeuf y el P. Marquette. Los jesuitas predicaron entre los pieles rojas del Canadá, y los franciscanos en La Florida y California. Los peregrinos del Mayflower, al desembarcar en América del Norte, aportaron su fe puritana, que mantuvieron a pesar de su distanciamiento de Europa. Pero sin duda alguna el más famoso de los misioneros americanos fue le español fray Junípero Serra, cuyo recuerdo se mantiene vivo en tierras californianas. Las maravillosas catedrales esparcidas por tierras centro y sudamericanas, hablan claramente de la labor apostólica realizada por innumerables obispos, monjes y predicadores españoles, desde Bernardo Boil, que acompañó a Colón, hasta Pedro Claver, el apóstol de los esclavos negros.

TOLTECAS Y AZTECAS

Los primeros levantaron la pirámide de Teotihuacan, en México, dedicada al Sol, cuyo culto pasó posteriormente a los aztecas. La religión de los aztecas obedecía a una teología complicada, en la cual el dios supremo era Tloque Nahauque. El número de dioses era grande y no sólo se consideraban el sol, la luna, el viento y las fuerzas de la naturaleza como divinidades, sino también las serpientes, los jaguares y otros animales. Huitzilopochtli era el dios de la guerra cuyos beneficios era necesario impetrar con sacrificios humanos. Ésta fue la parte más cruel y sanguinaria de la religión azteca. El joven elegido para ser sacrificado en las fiestas propiciatorias gozaba de toda clase de inmunidades y atenciones durante un año.

Doncellas escogidas le acompañaban y el pueblo le colmaba de regalos, pero en el altar del sacrificio, llegado el momento decisivo, el sacerdote le abría el pecho y mostraba a los fieles su corazón palpitante. El número de sacrificios humanos solía rebasar el millar en el transcurso de un año. Según los aztecas el universo estaba dividido en una serie de cielos a modo de capas horizontales. En la inferior reinaba Michtlantecuhtli, el dios de la muerte que guardaba a los difuntos en compañía de su esposa Mictlancihuatli. Todos los hombres iban a parar al reino de los muertos excepto los que sucumbían en la guerra, en un sacrifico expiatorio o morían ahogados.

Éstos merecían el premio de un cielo más elevado. Los sacrificios humanos no fueron practicados por los mayas, los cuales ofrecían peces, pájaros y otros animales así como alimentos, incienso y joyas, pero los toltecas adoptaron la costumbre de sacrificar esclavos o prisioneros de guerra. En la «Fiesta de las Flores» que celebraban los aztecas, se ofrecía la muerte de una joven de 16 años de edad, y aquel mismo día se elegía la niña recién nacida que sería sacrificada cuando cumpliera tal edad.

Carácter religioso y científico tenía el cálculo astronómico que permitió a este pueblo determinar un calendario muy notable. Se encontró uno de éstos esculpido en una piedra circular en cuyo centro podía verse la imagen de Tonatiuh, el Sol. Alrededor estaba grabada la historia del pueblo azteca, dividida en edades simbolizadas por el jaguar, el huracán, el fuego y la inundación. Un terremoto destruyó este calendario que medía más de 3 m de altura, conservándose sus fragmentos.

CUADRO RESUMEN:

Los Códices Mayas Sistema de Escritura Maya Cultura Maya Ciudades

Los Códices Mayas – Sistema de Escritura

Los códices: Los códices o “libros de pinturas” fueron redactados por sacerdotes, eruditos y sabios para la educación de los jóvenes y la conservación del patrimonio tradicional de la cultura nativa.

En ellos se combina la escritura pictográfica con la ideográfica y la fonética. Objetos directamente representados, símbolos y sonidos ayudaban a recordar los grandes temas históricos, mitológicos, litúrgicos, jurídicos. Su comentario y la memorización de los textos sagrados, cantares, himnos y leyendas eran la base de la educación del México antiguo.

Bernal Diaz del Castillo y Hernán Cortés dicen que había bibliotecas con centenares de códices. Como tantas otras obras de cultura, en su mayoría Los Códices Mayas Sistema de Escritura Maya Cultura Maya Ciudadesfueron destruidos por los conquistadores.

Unos pocos, sobre todo por el cuidado de algunos misioneros, pudieron salvarse. Otros fueron escritos bajo influencia española y cristiana.

En 1520 Cortés envió al emperador Carlos V un barco cargado de tesoros de oro, plata y joyas aztecas y también dos libros de códices, que causaron la admiración del gran humanista italiano Pietro Mártire, que vivía en la corte española.

Estos códices eran “libros” hechos  de una larga tira de papel fabricado con la corteza del amate, o con la fibra del maguey, o con piel de venado.

Los más recientes son de tela de algodón o de papel europeo. Se conservaban doblados en forma de biombo o acordeón, protegidos por tapas de madera que les daban la apariencia de un volumen, a veces grande, otras mediano y aun pequeño.

Actualmente se conservan en las bibliotecas de Europa y América más de cincuenta códices del México antiguo, de los cuales más de una docena son ciertamente originales prehispánicos. La Biblioteca Nacional de París guarda quince códices; la Bodleiana de Oxford, cinco; la Vaticana, cuatro; la del Museo Nacional de Antropología de México, catorce.

Hay bibliotecas que tienen un solo códice, pero de gran valor. Por ejemplo, la Biblioteca Laurenciana de Florencia posee el famoso Códice Florentino; la Biblioteca Nacional de la misma ciudad custodia el no menos célebre Códice Magliabecchi; la Nacional de Viena dispone del Vindobonense; la del Palacio de Borbón es depositaria del Códice Borbónico y la del Palacio Real de Madrid cuida del Códice Matritense.

Ejemplares de otros códices interesantes se hallan en Berlín. Dresde, Bolonia, Basilea, Tulane (EE.UU.), Nueva York y en bibliotecas mexicanas del Distrito Federal, Puebla, Morelia y Oaxaca.

Estos códices resultan fundamentales para conocer las culturas prehispánicas. Son fuentes insustituibles, aun mal estudiadas y escasamente aprovechadas, para reconstruir el pasado de altas civilizaciones que dejaron pocos documentos escritos, en algunos casos sin descifrar.

Los temas de los códices varían. Los mayas son astronómicos, de gran significación religiosa. Los códices nahuas —los más numerosos: quedan unos treinta sobre asuntos prehispánicos y muchos otros sobre temas poshispánicos— se refieren a la astronomía y el ritual, pueblos y tributos, hechos históricos, plantas medicinales, mitología, genealogía, geografía y topografía. Los seis códices de la cultura de Puebla y Tlaxcala tratan temas astronómicos, incluyendo a veces referencias mitológicas no desdeñables. Los códices mixtecos, tarascos y cuicatecos son predominantemente históricos.

El mero hecho de que estos tesoros artísticos e históricos se encuentren dispersos en veinticinco bibliotecas distintas de Europa y América, amén de las dificultades intrínsecas de su interpretación, ha sido grave obstáculo para que pudieran ser aprovechados por los estudiosos del pasado mexicano. La tarea de copiarlos y reproducirlos en forma de libro moderno, salvo alguna excepción de fines del siglo XVIII, por lo demás muy deficiente, comenzó en las primeras décadas del siglo pasado.

Es justo recordar en esta ocasión el nombre de Edward King, vizconde de Kingsborough, quien, siendo estudiante en Oxford, se entusiasmó tanto con los antiguos manuscritos mexicanos consultados en la Bodleiana, que dedicó su vida y su fortuna a editarlos. En 1831 aparecieron siete volúmenes en folio —uno de ellos el Códice Borgia—, ilustrados por Agostino Aglio, y después de la muerte de Kingsborough, dos más.

Este murió de tifus el 27 de febrero de1837, a los cuarenta y dos años, en la prisión de Dublín, donde lo habían encerrado por las deudas contraídas en la edición de los códices. Su obra, no obstante los defectos debidos a la imperfección de la técnica de su época, tiene el mérito de haber ofrecido a los americanistas un material difícil mente accesible, aún hoy consultado para comparar las copias de Aglio y el original tal como se conserva después de un siglo, que no ha transcurrido sin causar nuevos deterioros.

Fuente Consultada: Enciclopedia de Historia Argentina Fascículo I