Mitología Griega

Biografia de Luis de Gongora y Argote Caracteristicas de su Obra

Biografia de Luis de Góngora y Argote Caracteristicas de su Obra Literaria

Luis de Góngora y Argote cultivó la poesía de inspiración tradicional y también la poesía sofisticada del culteranismo. En ambos movimientos llegó a ser uno de los más grandes líricos de España.

Su poesía barroca es una de las más complicadas y difíciles de comprensión de toda la literatura española, y sin proponérselo, fue el modelo para un gran número de poetas, que constituyeron la escuela denominada gongorismo.

Góngora y Argote
Luis de Góngora y Argote fue un poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, máximo exponente de la corriente literaria conocida más tarde, y con simplificación perpetuada a lo largo de siglos, como culteranismo o gongorismo, cuya obra será imitada a lo largo de los siglos en Europa y América.
Fecha de nacimiento: 11 de julio de 1561, Córdoba, España
Fallecimiento: 24 de mayo de 1627, Córdoba, Españ

Vida. Nació en Córdoba, Andalucía (1561), en el seno de una familia culta.Su padre, hombre de las bibliotecas más ricas de la ciudad.

Estudió con los jesuítas y desde temprano se distinguió por su precocidad intelectual, pues a los quince años leía ya el latín, el italiano y algo menos el griego.

Fue enviado luego (1575) a estudiar derecho a la Universidad de Salamanca, donde adquirió una sólida educación en teología, filosofía y literatura, aunque no logra al parecer, obtener los últimos grados universitarios.

Regresó entonces a si ciudad natal, donde pasó algunos años entre versos y amistades, sin grandes preocupaciones ni trabajos, hasta obtener el grade eclesiástico de diácono.

Se le adjudicó entonces una prebenda en la catedral de Córdoba, que había quedado vacante por retiro de un tío suyo. Fue racionero de dicha catedral, aunque se dice que su vocación religiosa no era todavía muy firme.

Gozó de las rentas de ese cargo y en varias ocasiones el cabildo eclesiástico le encomendó misiones y embajadas por el país. Alguna vez fue amonestado por sus superiores jerárquicos por haber concurrido a fiestas de toros, escribir coplas populares o frecuentar el trafo con gentes de la comedia.

En una oportunidad estuvo en Salamanca (1593), donde tuvo algunos entredichos literarios con Lope de Vega, que se materializaron en composiciones burlescas y satíricas.

Estuvo también en la corte de Valladolid (1602) unos dos años, y allí tuvo oportunidad de conocer a los grandes escritores del momento. Su arte despertó desagrado en Quevedo, quien lo fustigó violentamente en algunas poesías.

Realizó algunos viajes por tierra de España, cuyos paisajes y costumbres despertaron su interés. Renunció más tarde a su prebenda en la Catedral de Córdoba (1611) y se retiró a vivir en una propiedad de campo cercana, donde compuso la Fábula de Polifemo y Galatea y la primera parte de las Soledades.

Se produjo entonces un gran revuelo en el ambiente literario español, y los artistas y críticos se dividieron en dos campos, el culterano y el conceptista.

Góngora parece haberse mantenido personalmente al margen de la polémica, llevado quizás por su investidura religiosa, su aristoefatismo intelectual o el temor. De todos modos, dejó inconcluso su poema Soledades.

Marchó poco después a Madrid (1617), donde se ordenó de sacerdote y logró una capellanía real.

Pero en su nuevo destino no logró la comodidad y la paz anhelada. La complicada vida de la corte, su soledad social y el aumento de sus deudas, pesaron dolorosamente sobre su espíritu y escribió muy poco.

A menudo regresaba a su ciudad natal para pasar temporadas.Se decidió entonces a publicar sus poesías para hacer trente a las deudas. Pero como no había conservado los originales, tuvo que atenerse a las copias de segunda mano de que disponía.

En esta tarea se encontraba, cuando enfermó y perdió la memoria. Regresó a Córdoba, enfermo y fatigado, donde falleció pocos meses después (1627).

El poeta: luz y tinieblas. La poesía de Góngora revela dos modalidades o estilos diferentes: las letrillas, romances y otras piezas en versos cortos por un lado, y por otro, los sonetos y poemas largos.

En un tiempo se habló de un Góngora “ángel de luz” y de otro Góngora “ángel de tinieblas”, o sea de un Góngora claro y de otro oscuro. Se identificó al primero con las letrillas, romances y versos cortos, y al segundo, con los sonetos y poemas largos endecasílabos.

La crítica actual no comparte esta distinción tan tajante, fundada en el hecho de que una y otra manera aparecen combinadas: hay letrillas y romances con pasajes rebuscados y difíciles, pero hay también fragmentos claros en los poemas largos o sonetos.

Como en cierto modo las poesías de su juventud fueron del tipo fácil y luego el estilo se complicó con los años, se ha dicho también que el poeta “comenzó bien y acabó mal”.

Esto tampoco es absolutamente cierto, aunque la evolución del poeta hacia formas expresivas más complicadas y culteranas es un hecho constatado por la crítica.

Las letrillas y romances. Las letrillas son poemas líricos con estribillos que se repiten al comienzo o al final de cada estrofa. Góngora tomó estos estribillos de canciones populares de la época, bailes, refranes u obras escritas, y sobre ellos elaboró sus composiciones (Aprended, flores en mí o Ándeme yo caliente, etc.), animándolas de un tono nostálgico o irónico.

Los romances de Góngora pertenecen a la especie de los “romances artísticos”, así llamados para diferenciarlos de los primeros “romances viejos”, anónimos y desgajados de las canciones de gesta.

Los de Góngora son en general de tema amatorio y están desarrollados con una sensibilidad y una delicadeza notables (En los pinares de Júcar).

Varios de ellos son de asunto morisco, y en ellos los moros aparecen idealizados como nobles y sensibles figuras, a pesar de tratarse precisamente de un momento histórico en que la lucha contra ellos había llegado a grandes atrocidades, con las de Granada (Servía en Oran al rey).

Algunas veces, las poesías son al mismo tiempo romances y letrillas por la forma de octosílabos con impares asonantados, y por el tono o contenido burlesco o por el estribillo (La más bella Hiña).

Los sonetos. Góngora fue un maestro en el soneto. Alguien lo ha calificado como “el más grande escritor español de sonetos” (Gerald Brenan). Los hay de todo tipo en su obra: burlescos, protocolares, amatorios, religiosos, descriptivos, narrativos, históricos, etc.

Los poemas largos. Compuso tres poemas largos, de los cuales los más elaborados son la Fábula de Polifemo y Galatea (1613) y las Soledades (1613-1614), en endecasílabos y heptasilabos.

Ambas piezas son típicamente culteranas y de difícil comprensión, por el amaneramiento de la sintaxis, la complejidad de las figuras literarias y la abusiva referencia a nombres y hechos de la mitología griega y latina.

En su momento causaron gran revuelo y avivaron la polémica entre conceptistas y culteranos. Pueden considerarse como las dos máximas expresiones —con sus excelencias y defectos— de la poesía culterana y gongorista.

Critica. Como poeta Góngora fue un artista frío, de muy estilizada dicción y una musicalidad ejemplares. Fue un poeta para la vista y el oído. Sus temas preferidos fueron cuadros, relatos mitológicos y rápidas narraciones.

Fue un artista puro, sin más finalidad que la poesía misma, y en este sentido, se lo ha considerado un precursor de la poesía actual.

Expresó muy poca vida sentimental y casi ninguna idea, y trabajó exclusivamente sobre el recurso de la imaginación, exquisita e ingeniosa.

Por esto se ha dicho que “su ingenio as brillantísimo, pero con sólo ingenio no se hacen poetas” (Pedro Henriquez Ureña).

Tuvo una concepción peculiar de la poesía, y la demostró coa su propia obra: la poesía no debe ser popular, llana y fácil -—como la que había cultivado Lope de Vega—, ni tampoco intelectual, sombría y sin colores como la de Quevedo.

La poesía debe ser brillante, nítida, sonora, musical, y describir espectáculos hermosos como una pintura. La actitud del poeta frente a la realidad debe ser visual.

Quiso escribir de una forma distinta y lo consiguió, aunque con resultados discutibles. En su tiempo gozó de popularidad y fama, pero tuvo también implacables enemigos.

En la actualidad es sólo objeto de interés y admiración para los especialistas y amantes de la literatura.

No fue un pedantesco imitador de la sintaxis latina, sino un hombre que buscó darle más libertad a la sintaxis castellana, enriquecer el vocabulario y lograr formas más exquisitas en el arte. Fue oscuro en muchísimos pasajes, al punto que algunos se consideran hoy en día definitivamente incomprensibles.

Fuente Consultada: Literatura Española, Hispanoamericana y Argentina de Carlos Albero Loprete Editoria Plus Ultra Capítulo “Góngora”

OBRAS Y EDICIONES: Romaneas y letrillas. Buenos Aires, Losada. 1939. Colección Las Cien Obras Maestras, Posmas y sonetos., Buenos Aires, Losada, 1940. Colección Las Cien Obras Maestras. Ambas con introducción de Pedro Henriquez Ureña.

LECTURAS COMPLEMENTARIAS Y ESTUDIOS: Azorin. Góngora (En su Al margen de los clásicos, pags. 49-57. Buenos Aires, Losada, 1942). M. Artigas. Don Luis de Góngora y Argote. Bibliografía y estudio critico. Madrid.

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Biografia de Luis de Gongora y Argote

Leyenda de Gargantua y Pantagruel Resumen del Argumento de la Obra

Leyenda de Gargantua y Pantagruel
Obra de Rabelais Francisco

Francisco de Rabelais nació en Chinón (Francia) en 1494. Fue monje en Maillezais y se graduó de doctor en medicina en Montpellier. En 1532 estuvo en Lyon; allí se publicaron por primera vez Las aventuras de Gargantúa y Pantagruel. Después de la muerte de Francisco I, ejerció la medicina en el hospital de Metz y luego en Roma. Durante mucho tiempo acompañó al cardenal Du Bellay. A su regreso obtuvo una prebenda en la abadía de San Mauro,y en 1551 lo nombraron cura párroco de Meudon. Murió en 1553.

Las nuevas ideas del renacimiento y en especial el nuevo concepto del humanismo hicieron su primera aparición en los escritos de François Rabelais. De sus cinco libros, los más famosos son Pantagruel (1532) y Gargantúa (1534), cómicas historias épicas de gigantes. Rabelais utilizó estos personajes para personificar la libertad y potencialidad del humanismo, que quería lograr el desarrollo completo del cuerpo y de la mente.

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GARGANTÚA
Gargantúa fue hijo de Gargamella, hija del rey de las Mariposas, y de Grandgousier. Nació después de comer su madre una gran cantidad de tripas grasientas y tan exquisitas que todos se chupaban los dedos. Al nacer, Gargantúa, digno hijo de su padre, gritó con voz estentórea: “¡Quiero beber!”.

A pesar de su prematura afición y de la herencia paterna, fue alimentado a leche y se necesitaron diecisiete mil novecientas trece vacas para lograr su ración diaria. Al cumplir su primer año de vida, para vestirlo se precisaron centenares de varas de satén, de etamina y de otras telas blancas; para sus zapatos, cuatrocientas seis varas de terciopelo azul. Sus colores eran el blanco y el azul. El blanco indicaba alegría, delicias, regocijos; el azul, cosas celestiales. Tuvo su buena espada de madera y su buen puñal de cuero, ambos pintados y dorados.

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Gargantúa quiere decir: “¡Qué grande es tu garganta!”
Para alimentarlo, se necesitó la leche de más de diecisiete mil vacas.

Llevaba varios anillos, uno para  conservar  su   antiguos signo de nobleza: era un rubí grueso como un huevo de avestruz. De los tres a los cinco años, lo pasó como todos los niños del lugar: bebiendo, comiendo y durmiendo. Continuamente se revolcaba en los charcos, se tiznaba la nariz, se afilaba los dientes con gruesas herramientas, se lavaba las manos en el caldo, se guarecía de la lluvia en el agua y, para que se distrajera como los demás niños de su comarca,le ofrecieron como juguete uno de los molinos de viento de la aldea.

Algún tiempo después se le construyó un gran caballo de madera, pero cuando fue capaz de viajar recibió del rey de Numidia una yegua del tamaño de seis elefantes juntos.

Al llegar a París se fijó en las enormes campanas de Notre Dame y se le ocurrió que estarían muy bien de cencerro en el pescuezo de su yegua. Pero la elocuencia de Maese Janotus lo decidió a ponerlas en su lugar, pues era evidente que una ciudad sin campanas sería igual que un ciego sin bastón.

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Robó Gargantúa las enormes campanas de Notre-Dame. Se le había ocurrido que quedarían muy bien de cencerro en el pescuezo de su yegua.La yegua de Gargantúa, para ahuyentar moscas y moscardones, enarboló su cola y tan bien la esgrimió, que abatió todos los árboles de la Beauce.

Luego, Gargantúa quiso estudiar y Panócrates fue su primer preceptor junto a otros ilustres sabios. Aprovechó Gargantúa todas las horas del día y se instruyó en todas las materias de su época, sin olvidar la música. Panócrates lo guió con tanta táctica y sabiduría, que el estudio, penoso al principio para Gargantúa, fue después el mayor de los placeres. Mas he aquí que estalló la guerra entre Grandgousier y su vecino Picrochóle, rey de Lerné, por una querella entre pasteleros y pastores, a pesar de todas las artimañas de Grandgousier, deseoso de conservar la paz.

Gargantúa dejó entonces París para socorrer a los suyos.

Llegado al castillo de Grandgousier y arreglándose la cabeza con su peine, hecho de colmillos enteros de elefantes, hizo caer, a cada peinada, más de siete balas de cañón que durante la lucha se le habían enredado en los cabellos.

Sabiendo que allí había hermosas lechugas tan grandes como ciruelos y nogales, fue él mismo a buscarlas porque tenía deseos de comer una ensalada. No cayó en la cuenta de que entre las hortalizas estaban escondidos seis temerosos peregrinos y los engulló lindamente. Después bebió un larguísimo trago de vino seco y sus ocasionales víctimas, para salvarse del torrente que las arrastraba casi hasta la boca de! estómago, se metieron entre los dientes del gigante. Tuvieron la suerte de que, al escarbarse con un mondadientes, los sacara de la bocaza.

Gargantúa sitió a Pícrochole, lo asaltó en La Roche-Clermand y se apoderó del castillo. Pícrochole quiso huir en un asno, pero los pastores lo molieron a golpes. Una anciana hechicera le predijo que su reino le sería devuelto a la llegada de los gallicisnegrullas. Picrochole espera aún, pues ese pájaro imaginario, mezcla de gallo, cisne y grulla, no existe Gargantúa distribuyó recompensas entre todos aquéllos que habían contribuido a la victoria.

Para honrar en particular a Juan de los Embrolladores, que había salvado heroicamente los viñedos de su convento, le hizo edificar la Abadía de Thelma, cuya regla era: “Haz lo que quieras.” Porque las gentes bien nacidas, libres, instruidas y rodeadas de buena compañía, tienen siempre un instinto y acicate que los impulsa a seguir la virtud y apartarse del vicio.

PANTAGRUEL
Gargantúa era ya un hombre hecho, cuando pensó en elegir esposa. Casó entonces con la hija de un rey de Utopía, la noble Badebec, quien al poco tiempo le dio un hijo que llamaron Pantagruel.

Nacido el niño en época de gran crisis, Badebec pensó que era necesario proveer de alimentos al hijo; fue así como, junto con Pantagruel, nacieron sesenta y ocho esclavos, cada uno de los cuales llevaba un mulo del cabestro; nacieron también nueve dromedarios cargados de jamones y lenguas ahumadas de vaca, siete camellos con enormes alforjas de anguilitas y de legumbres de todas clases.

Pantagruel llegó al mundo cubierto de pelo como un oso, lo que hizo decir a una de las comadres: “Ha nacido con todo el pelo, lo que significa que hará cosas maravillosas y, si vive, será hombre de leyenda.”

Así llegó Pantagruel, entre risas y lágrimas, pues su madre murió al nacer él. Su padre, entre la muerte de Badebec y el nacimiento de su hijo, no sabía qué hacer. Lloraba y reía al mismo tiempo.

Un día que Gargantúa estaba de gran banquete, temeroso de que le pasara algo al niño, lo hizo sujetar a la cuna con pesadas cadenas de hierro. Una de éstas, más adelante, se usó para cerrar de noche el puerto de La Rochela. El pobre Pantagruel no pudo romperlas, pero se levantó con gran vigor y, llevando la cuna a cuestas de modo que parecía una tortuga, llegó a la sala del banquete.

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Después de cantar y bailar tres danzas del tiempo de vendimia, Panurgo oyó la respuesta del Oráculo de la Botella: “¡Trink!” El vino tiene el poder de llenar el alma con toda la verdad, todo el saber y toda la filosofía.

Cuando estuvo en edad de estudiar, fue primero a Orleáns y después a París. Allí conoció a Panurgo que volvía de Turquía, donde había estado prisionero; el pobre llegaba tan seco como un arenque ahumado.

Panurgo fue el amigo más querido de Pantagruel y guerrearon juntos contra los dípsodas o “bebedores”. Después de la conquista, Pantagruel llevó una colonia de utopianos a Dipsodia para poblarla y embellecerla.

Panurgo fue nombrado señor de Salmigondis y pronto sintió deseos de casarse. Pero antes pidió consejo a Pantagruel, interrogó a la suerte, se esforzó en interpretar sueños, consultó a toda clase de gentes, sabios y locos, y por fin decidió visitar el Oráculo de la Botella.

Comenzaron entonces una serie de aventuras que llevaron a Panurgo, Pantagruel y al Hermano Juan a los países más fantásticos y exóticos.

En los mares helados vieron palabras que se habían congelado durante una guerra estallada a principios del invierno. Allí habían quedado gritos de hombres y de mujeres, ruidos de armas, relinchos de caballos y malas palabras, pero ahora se deshelaban con la llegada de la primavera y Pantagruel podía oirías. Llegaron por fin al Oráculo de la Botella, donde fueron admitidos por la sacerdotisa Bachuc que los recibió en el templo.

De la Botella Sagrada surgió la palabra “Trink”, que quiere decir “¡Bebed!”

Y bebieron vino de Falerno, brindaron e hicieron versos.

Fuente Consultada:
Las Aventuras de Garngantua y Pantagruel LO SE TODO Tomo V Editorial CODEX

Leyenda de Icaro y Dédalo Mito Griego

Leyenda de Ícaro y Dédalo

Minos, rey de la isla de Creta, había llamado a su corte a un arquitecto genial para construir un palacio donde pensaba confinar al Minotauro, horrible monstruo mitad hombre y mitad toro, que se nutría de carne humana y había nacido de la unión de Pasifae con un toro.

El arquitecto se llamaba Dédalo. El palacio que construyó era tan complicado que quien se aventuraba por sus laberintos perdía el sentido de la orientación: erraba por salas, galerías, escaleras y pasajes que parecían no conducir a ninguna parte; vagaba sin la esperanza de retornar a la luz. Pero Dédalo no imaginaba que este laberinto, que debía llevar su nombre, llegaría a ser su propia prisión.

Efectivamente, Minos lo hizo encerrar en él para castigarlo por la ayuda que prestó a Teseo cuando éste combatió contra el Minotauro, y acaso también porque temía que el astuto arquitecto revelara el plan del edificio.

Pero Dédalo estaba acompañado por su hijo Icaro, y para devolverle la libertad, el ilustre prisionero preparó un plan de evasión. Ya que cada puerta estaba celosamente guardada por un centinela, el cielo era el único camino hacia la libertad. Pero sólo los pájaros podían moverse en el aire. Después de haber meditado largamente, Dédalo creó un aparato que debía permitirles volar.

En realidad era un abarato muy simple, compuesto por dos alas semejantes a las del murciélago, pero a la medida del hombre. Para sujetarlas a la espalda, Dédalo empleó cera, materia que consideró suficiente para unir las distintas partes de su mecanismo.

El día que ambos pares de alas estuvieron terminados (¡cuánto tiempo necesitó el inventor para armarlas, procurándose los materiales necesarios sin despertar la sospecha de sus guardianes!), Dédalo fijó uno de ellos en la espalda de su hijo, diciéndole: “Hoy volaremos, y como dos águilas nos elevaremos en el espacio.”

Habiéndole colocado las alas, explicó a ícaro que debía mover sus brazos continuamente, porque sólo el movimiento podía sostener en el aire algo más pesado que el aire mismo.

dedalo pone alas a Icaro

Un día Dédalo tuvo la idea de hacer dos pares de alas para  ser fijadas sobre la espalda. Precursor de Leonardo de Vinci, pensaba que el hombre podía volar si empleaba máquinas semejantes a las grandes alas de los pájaros. Cuando las alas estuvieron terminadas, burlando la vigilancia, Dédalo e Icaro lanzáronse al espacio como pájaros.

Cuando su hijo le aseguró que había comprendido y estaba dispuesto a seguirlo, Dédalo se arrojó al vacío desde lo alto de la torre donde se encontraban. Icaro lo imitó, y ambos, batiendo las alas como pájaros, comenzaron a volar.

Debió ser una sensación maravillosa. El padre, prudente, sabía reprimir su alegría, pero el joven, estimulado por esta fuga aérea que lo liberaba definitivamente de su prisión en Creta y lo asemejaba a los pájaros que tan a menudo había admirado en sus vuelos, abandonó toda moderación. Olvidó los consejos de su padre.

El itinerario que Dédalo había trazado durante las largas horas de su cautiverio dirigíase hacia el norte de Grecia, donde acaso el valeroso arquitecto había nacido, y lo esperaría un familiar. Pero la ruta prevista por Dédalo exigía sobrevolar el mar a baja altura, y casi rozando las olas.

El imprudente Icaro subía cada vez más; quería alcanzar a las estrellas contempladas en sus noches cretenses por encima de las paredes de su prisión real. Allá arriba brillaban Orión y otras constelaciones maravillosas  que parecían invitar  al  joven alado.

Inútilmente Dédalo trató de hacer volver a su hijo, suplicándole que descendiese junto a él, que no desafiase a los poderes siderales y no se aproximase a la espada que Orion tiene en su mano ni a la pedrería que constituye la Osa Mayor.

El joven no lo oía, porque la distancia que lo separaba de su padre era demasiado grande, y tampoco sospechaba el peligro a que se exponía prosiguiendo su ascensión hacia el sol.

dedalo cae al mar

El imprudente hijo de Dédalo, continuando su ascensión, y olvidando los consejos de su padre, quería alcanzar las estrellas, pero no se percató que los rayos del sol fundían la cera que unía las plumas de sus alas.

Dédalo, rezagado en las capas inferiores de los cielos, gritaba, pero su voz no alcanzaba a su hijo temerario. ¡Oh, cuánto mejor hubiese sido permanecer cautivo en Creta y no construir ese maldito par de alas!. Los dos evadidos habían llegado en su vuelo más allá de las Cícladas; Paros, la de mármoles raros,  y  Délos,  amarrada por  cadenas  de plata, habían quedado atrás hacía mucho tiempo, y oteábanse las Espórades.

Allí estaba Calinos, allí Samos y allí Quío. Podían haber descendido en una de estas islas y gozar en ella la libertad negada por Minos. Pero Icaro continuó elevándose hasta alcanzar tal altura que los rayos del sol fundieron la cera y las plumas se desprendieron dispersándose sobre las olas. Y como el esqueleto de las alas no podía por sí solo sostenerlo, el desdichado precipitóse al mar entre Quío y Cos.

Impotente para auxiliarlo, Dédalo presenció el trágico fin de su hijo. Desesperado, prosiguió su vuelo hasta la isla de Quío. Pero ¿qué alegría podía darle la libertad conquistada, ahora que había perdido a su querido hijo?.

Más tarde, este brazo de mar que separa la isla de Quío de la de Cos tomó el nombre de mar Icáreo, en recuerdo del joven héroe legendario que perdió la vida víctima de su excesiva audacia.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo II Editorial CODEX – Mitos y Leyendas: Dédalo e Icaro

Leyenda de Perseo y la Medusa Resumen Pelea Contra Las Gorgonas

Leyenda de Perseo y Su Lucha Contra las Gorgonas

Según las predicciones del oráculo de Delfos, Acrisio, rey de Argos, moriría a manos de uno de sus nietos. Por este motivo, cuando de su hija Dánae nació Perseo, la madre y el niño fueron puestos en una canasta y arrojados al mar.

Pero las olas impulsaron la frágil embarcación hasta la isla de Sérifo, una de las Cíclades. Dito entonces fue encargado por el Destino de conducir a la mujer y a su pequeño a tierra firme. Dito era hermano de Polidecto, rey de Sérifo, quien dio hospitalidad a los náufragos en su palacio.

Perseo creció y se transformó en un robusto joven; cuando advirtió que Polidecto aspiraba a casarse con su madre, se opuso enérgicamente a las pretensiones del rey; éste, con la esperanza de desembarazarse del joven, le encomendó una empresa sobrehumana: traer la cabeza de la Medusa, la única mortal de las tres Gorgonas (las otras dos eran Euríale y Esteno).

En la mitología griega, una gorgona  era un despiadado monstruo femenino a la vez que una deidad protectora procedente de los conceptos religiosos más antiguos. Su poder era tan grande que cualquiera que intentase mirarla quedaba petrificado, por lo que su imagen se ubicaba en todo tipo de lugares, desde templos a cráteras de vino, para propiciar su protección. La gorgona llevaba un cinturón de serpientes, entrelazadas como una hebilla y confrontadas entre sí.

Cualquier otro hombre hubiera rechazado el desafío, pues era por todos sabido que la Medusa transformaba en piedra a quien osara mirarla. Tal vez este prodigio fuera para los antiguos la simbolización del remordimiento que nadie puede vencer. Perseo no vaciló e inmediatamente se aprestó a realizar la dificilísima prueba. Los obstáculos eran terribles desde el comienzo.

Nadie conocía, en efecto, el lugar en que se encontraban los monstruos y aun suponiendo que Perseo llegara hasta allí, ¿cómo evitaría el ser transformado en estatua? Por fortuna, acudieron en su ayuda Hermes (Mercurio), “quien le dio una daga de diamantes y Palas Atenea (Minerva), quien hizo lo propio con su escudo (égida).

Le dijeron asimismo que debía llevar además de éstos, otros tres objetos mágicos: un par de botas aladas (como las que calzaba Hermes), una alforja prodigiosa y el casco de Hades (Plutón), que tenía el poder de hacer invisible a aquel que se lo pusiera. Sólo las hermanas de la Medusa eran capaces de indicarle el sitio donde hallaría esos indispensables instrumentos.

Las Gorgonas tenían un solo ojo y un único diente que usaban por turno para ver y comer. Sus manoseran de bronce y sus cabellos de ensortijadas y silbantes víboras. Eran viejas, obstinadas y caprichosas. Cuando el joven, luego de prolongada marcha, logró descubrirlas, no contestaron a las preguntas por él formuladas.

PERSEO

Perseo, entonces, dando prueba de gran habilidad, se apoderó del único ojo que poseían los monstruos, amenazándolas con retenerlo hasta tanto no le respondieran. Ante el temor de perder su ojo, las tres viejas, en medio de airadas protestas, le dieron los informes que necesitaba. El audaz mancebo fue así en busca de las Ninfas que vivían en las proximidades y que habrían de proporcionarle las botas aladas, la alforja y el casco.

En el mismo instante en que hubo calzado las botas aladas, Perseo fue transportado por los aires hasta el sitio donde se hallaba la Medusa, quien en el momento de su llegada estaba sumida en profundo sueño. Marchando de espaldas hacia ella (para evitar el ser petrificado) y valiéndose al mismo tiempo de su bruñido escudo a manera de espejo, se aproximó a ella y la decapitó con su puñal de diamantes.

Arrojó luego esta fatal cabeza en el interior de la alforja que tenía la propiedad de conservarla intacta. De la sangre que manaba del cuello surgió, por encantamiento, un caballo alado: Pegaso. Perseo montó sobre él y de regreso a Sérifo pasó por Etiopía donde tenía lugar un horrible drama.

Cefeo remaba entonces sobre Etiopía, y su mujer Casiopea había cometido la imprudencia de afirmar que la hija de ambos, Andrómeda, era más hermosa que las Nereidas. Éstas, juzgándose ofendidas, impulsaron a su dios, Poseidón (Neptuno) a que las vengara. Las olas marinas comenzaron a invadir las costas de Etiopía, y de los húmedos abismos emergió un monstruo de talla formidable que se ensañó contra hombres y animales.

Consultado inmediatamente por Cefeo, el oráculo de Zeus (Hanimon en Egipto) respondió que existía sólo un medio de poner fin a esta masacre: atar sobre una roca a Andrómeda y ofrecérsela al despiadado ogro.

El pueblo, que veía en Andrómeda el objeto de la cólera contra él desatada, consideró justo tal sacrificio. Cefeo y Casiopea se resignaron a seguir las prescripciones del oráculo y se despidieron de su hija, que, con admirable valor y resignación esperaba el cumplimiento de su destino.

Un tremendo rumor se propagaba ya por entre las olas ensordeciendo a todos aquellos que permanecían en la orilla: el monstruo emergía de las ondas y avanzaba hacia su víctima. Pero, de pronto, el cielo entero pareció estremecerse: era el poderoso batir de las alas de Pegaso que llegaba montado por el valiente Perseo. El caballo mágico se abatió sobre el monstruo, y con su formidable espada el héroe le asestó numerosos golpes mortales en diversas partes del cuerpo. De esta manera Perseo liberó a Andrómeda, quien poco más tarde se transformaría en su esposa.

Pero las bodas fueron perturbadas por un penoso acontecimiento; durante el desarrollo de la ceremonia nupcial, Fineo, hermano del rey Cefeo y por consiguiente tío de Andrómeda, se aproximó a la joven pareja. Su deseo era impedir que otro hombre desposara a la que muchos años antes le fuera prometida. Venía acompañado por un grupo de hombres armados, dispuestos a lanzarse sobre el extranjero. Perseo no vaciló: extrajo de la alforja, que permanentemente colgaba de su hombro, la cabeza de la Medusa y la ofreció a la mirada de aquellos guerreros, que vociferaban amenazantes.

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Andrómeda salvada por Perseo (1515, Galería de los Uffizi, Florencia), evoca la acción emprendida por Perseo para liberar a la princesa Andrómeda, ofrecida en sacrificio a un monstruo marino para aplacar la cólera del dios Poseidón.

Todos, incluso Fineo, quedaron inmediatamente convertidos en estatuas. Finalizada la ceremonia nupcial, Perseo y Andrómeda se dirigieron rumbo a Sérifo. Allí Perseo se presentó ante el pérfido Polidecto con el fin de anunciarle el cumplimiento de la empresa que, para perderlo, éste le había impuesto. Sacó de la alforja la cabeza del monstruo para mostrársela, y en el acto el tirano fue a su vez convertido en estatua de piedra negra.

Perseo dio entonces el trono de Sérifo al pacífico Dito por quien, tiempo atrás, fuera salvado junto con su madre, en el mar. Obsequió la cabeza de Medusa a Palas Atenea y después, acompañado de Dánae y de Andrómeda, se dirigió hacia Argos. Pero en el transcurso del viaje se detuvo en Larissa para participar en los juegos públicos que allí se llevaban a cabo.

De esta manera se cumplió la predicción hecha a Acrisio, quien, enterado de la llegada de su nieto, se había refugiado en esta ciudad. Un día, mientras competía en destreza y fuerza con los atletas, Perseo lanzó el disco con tal impulso que éste, rebotando sobre el suelo, fue a golpear el pecho de Acrisio, provocándole la muerte.

Desolado de ser, aunque involuntariamente, el asesino de su abuelo, Perseo no quiso reinar sobre Argos y prefirió subir al trono de Tirinto. Fundó diversas ciudades, entre ellas Micenas, donde más tarde habría de reinar Atreo.

La mitología nos relata otra aventura de Perseo tan maravillosa como las anteriores. Durante su viaje a Etiopía, llegó al jardín de las Hespérides (en las costas de Berbería), donde reinaba el titán Atlas, quien le negó hospitalidad, temeroso de que el héroe le robase las manzanas de oro.

Perseo le mostró la cabeza de la Medusa y Atlas quedó transformado en esa imponente cadena montañosa que atraviesa el África del Norte. Luego valiéndose del casco de Hades, logró robar algunas manzanas del jardín de las Hespérides.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo II Personaje: PERSEO Editorial CODEX

Leyenda de Sanson y Dalila Resumen Para Niños

Leyenda de Sansón y Dalila
Resumen Para Niños

Sansón fue un héroe hebreo del Antiguo Testamento y que durante 20 años fue juez de las tribus de Israel, antes de la instauración de la monarquía  La Biblia narra que su padre llamado Manóaj, tenía por esposa una mujer estéril, pero se le apareció un ángel y le prometió un hijo, con la condición  que debía ser  una persona consagrada al servicio de Dios.

No debía cortarse el pelo y, debido a la fuerza sobrenatural que obtuvo gracias a su cabellera, Sansón realizó grandes hazañas, entre las que se cuentan el despedazamiento de un león y la matanza de 1.000 filisteos con la quijada de un asno.

LEYENDA DE SANSÓN Y DALILA: Durante cuarenta años, los filisteos dominaron en Israel, pero Dios, para ayudar a su pueblo oprimido, hizo nacer entre los hebreos a Sansón. No hizo de él un gran capitán de ejército, sino que lo dotó de una fuerza maravillosa, sobrehumana, puesto que su misión era la de liberar a los hebreos de la servidumbre al enemigo.

Un ángel anunció a la madre el nacimiento de un hijo; ella se alegró muchísimo y sacrificó un cabrito al Señor.

Cuando el niño nació, el padre y la madre lo consagraron a Dios delante del Arca del Señor y, como testimonio de esa consagración, hicieron un voto a Dios en nombre de Sansón, por el cual éste —según la ley de los nazarenos que habían prometido a Dios no cortarse el cabello y apartarse de las bebidas embriagantes— mantendría la cabellera sin tocar para indicar su desapego a las cosas terrenas y su absoluta dedicación al Señor.

Su fuerza era el orgullo de los hebreos y dominaba a los enemigos de Israel, que la temían. Un día, habiendo bajado a las viñas de Timnah, le salió al encuentro un león, fiera que hubiera espantado a un hombre armado, pero Sansón lo enfrentó sin ningún temor, y con la sola ayuda de sus manos lo mató como si fuese un cabrito.

Después de algunos días volvió al mismo lugar para ver qué había sido del león, y descubrió entre sus restos un enjambre de abejas y un panal. Sansón lo tomó y lo comió, y, durante un banquete ofrecido por su padre, Sansón propuso el siguiente enigma: “De aquél que devoraba salió el alimento, del fuerte salió la dulzura.” Después, la esposa filistea de Sansón, conociendo la respuesta, la comunicó a su gente.

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Nadie, ya sea directamente o con engaños, lograba vencer Ja fuerza de Sansón; entonces los filisteos pagaron a una mu jer, Dalila, para que cautivara al juez de los israelitas y le arrancara el secreto de su fuerza. Ella lo ató con siete cuerdas retorcidas que él destrozó sin ningún trabajo.

Sansón se enfureció por esto, y, en la época de la cosecha, apresó trescientos zorros uniéndolos en parejas y atando antorchas entre sus colas. El dolor enloqueció a los animales que echaron a correr por los campos enemigos quemando todos los cultivos.

Como represalia, los filisteos prendieron fuego a la casa de Sansón y acamparon en la tierra de Judá, pidiendo que se les enviara a aquél que había, arrumado sus sembrados. Los hombres de aquella tierra, temiendo la ira de los filisteos y con el fin de salvar sus vidas y sus bienes, decidieron entregar a Sansón, al cual capturaron mediante una estratagema.

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Un día, los intentos de Dalila se vieron coronados por el éxito, porque finalmente Sansón le confió que para conservar su fuerza no debería hacerse cortar los cabellos jamás. Entonces la mujer le hizo cortar la cabellera mientras él dormía.

Luego lo ataron fuertemente con dos gruesas sogas pensando que ya lo tenían en su poder y lo condujeron al campo enemigo. Los filisteos se alegraron muchísimo ele tener en sus manos a Sansón, pero éste se hallaba poseído por el espíritu del Señor y las sogas fueron destrozadas por la fuerza de sus brazos como un lienzo que arde al ruego.

Entonces se arrojó sobre los enemigos de su tribu y en seguida dominó la lucha; solo contra todos los filisteos, armado con una mandíbula de asno, mató más de mil hombres. Debido al calor del sol y al ardor de la lucha, sintió gran sed. Entonces, una piedra hueca se abrió y de ella brotó un abundante y vigoroso manantial de agua.

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Después Dalila llamó a los filisteos,  que se apoderaron de Sanson sin que éste pudiera oponer resistencia, porque Dios abía quitado su protección cuando él rompió el voto de no dejarse cortar los cabellos.

Desde aquel momento Sansón fue reconocido como juez de Israel y gobernó a su pueblo durante veinte años. Su fuerza era inmensa; un día, dirigiéndose a la ciudad filistea de Gaza para pasar allí la noche, se enteró de que sus enemigos le habían preparado una emboscada apostando algunos soldados en el exterior de las murallas, con el fin de matarlo a la mañana, cuando saliese.

Sansón intentó huir, pero la puerta de la ciudad estaba cerrada. Entonces, arrancándola de su marco, la usó a manera de escudo y se instaló sobre el monte que defendía la ciudad. Los filisteos, asombrados por su fuerza, no osaron capturarlo.

Pero él, que era el terror de los ejércitos y no temblaba en ninguna batalla, cedió ante la adulación. Los filisteos pagaron a una mujer llamada Dalila y la enviaron a la tienda de Sansón, para que descubriera el secreto de su fuerza misteriosa. Y un día Sansón confió a Dalila que el secreto de esa fuerza estaba en sus cabellos; entonces la mano de Dios se apartó de su cabeza. Guando, con la complicidad de Dalila, le cortaron los cabellos durante el sueño, su fuerza, que provenía de Dios, ya se había alejado de él.

Sansón cayó así en manos de sus enemigos. Ciego y escarnecido, fue puesto a mover la rueda de un molino Los filisteos, llenos de alegría, hicieron sacrificios en honor de Dagón, su dios, y llevaron a Sansón al templo, que estaba lleno de gente, para burlarse de él. El prisionero fue colocado cerca de las columnas sostenían la bóveda del templo. Sansón, entonces, rogó a  Dios  para  que  le  restituyese  por  última  vez fuerza.

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Sansón  fue cegado,  según  se acostumbraba  con  los  vencidos y por suprema decisión se le obligó a mover la rueda de un molino.

Se apoyó en las columnas y las sacudió con sus zos hasta que se destrozaron. El templo cedió y se derribó con gran estrépito, junto con Sansón, dentro del templo, habían quedado tres mil filisteos,  mas de cuantos enemigos del pueblo de Israel él había matado en toda su vida.

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Después de haber aprisionado a Sansón, los filisteos organizaron una gran fiesta de gracias y condujeron al templo también al prisionero. Apoyado en las dos columnas que se apoyaban  la  bóveda  del templo,   Sansón  rogó  a  Dios  a devolviera su antigua fuerza. Su deseo fue atendido y sa cudió las columnas hasta  que el templo se derrumbó, muriendo Sansón y tres mil filisteos.

Los hermanos de Sansón recompusieron su cuerpo y lo sepultaron junto al de su padre, el justo Manoaj.

Fuente Consulatada:
LO SE TODO Tomo I Editorial CODEX – Leyenda de Sansón y Dalila

Biografía de Plauto y Las Comedias Latina Autor Romano

Biografía de Plauto y Sus Comedias

Plauto (c. 254-184 a.C.), dramaturgo cómico romano que alcanzó una enorme popularidad entre sus contemporáneos y ejerció una notable influencia en la literatura dramática postrenacentista europea. Plauto nació en Sársina, Umbría. Según la leyenda se trasladó a Roma y siendo muy joven Plauto logró una pequeña fortuna como autor y actor, pero la perdió en negocios. Realizó numerosos viajes por el Mediterráneo y observó de cerca la vida de la gente de mar.

Para ganarse el pan, Plauto buscó trabajo en un molino; allí debía dar vueltas a la pesada piedra. Mientras realizaba esta tarea creaba en su imaginación los personajes y las intrigas.

Plauto escribió un gran número de obras que le valieron un éxito inmediato, y pronto la fama. Sus obras le dieron gran reputación y ha sido considerado como el fundador de la comedia latina, si bien es innegable que fue ante todo un imitador de los griegos. El mismo dirigía la puesta en escena de sus piezas.

El público de Planto estaba constituido por gente de todaslas clases sociales: artesanos, militares, patricios, negociantes;  todos acudían con gran interés a las representaciones de sus obras; su teatro era más popular que artístico.

plauto comedia La primera guerra púnica terminó con la batalla naval de las islas Egates (año 24 a. de C.), y los romanos sintieron en los años siguientes la necesidad de juegos y diversiones, en los que no pensaron en los días de angustia.

Agreguemos que, paulatinamente, habían ido transformándose sus primitivas costumbres, gustando luego de espectáculos más refinados, en los que el espíritu tenía una importancia creciente.

Así, a partir del año 240 a. de C. se representó la primera tragedia de autor romano, obra de un género superior al de los cantos y danzas y a las atelanas, con diálogos cómicos cuyos personajes no cambiaban.

Esta tragedia, compuesta por Livio Andrónico, esclavo griego llevado a Roma, era ella misma una adaptación del teatro heleno. Marcó el punto de partida de una fecunda producción, a través de la cual el público romano conoció los principales héroes y las leyendas de los griegos.

Pero los romanos deseaban también obras de carácter más ligero, que les proporcionaran horas de alegría, haciéndoles olvidar sus males pasados y sus preocupaciones.

Un talentoso autor vino a llenar esta necesidad: fue Titus Maccius Plauto. Nació en el año 254 antes de nuestra era, en Sarsina (Umbría), y antes que seguir viviendo pobremente en su pueblo natal prefirió tentar la suerte, viajando para ello a Roma, donde integró en calidad de autor  y  actor  un  conjunto  que  representaba  atelanas.

Aprendió su oficio realizando arreglos y adaptando las comedias griegas, y sobre todo observando, en vivo, las costumbres de gente de todas las clases sociales, con la que diariamente convivía en la gran ciudad. Así logró reunir una pequeña fortuna, y se cuenta que durante algún tiempo se dedicó al comercio.

El amplio conocimiento del lenguaje de los hombres de mar, que revelan sus obras, hace suponer que también realizó viajes por el Mediterráneo, hasta el día en que la suerte lo abandonó. Se arruinó, y para subsistir debió aceptar el duro trabajo de mover la piedra de un molino. Este incesante andar en círculo y el esfuerzo que debía realizar para empujar la viga fijada a la piedra eran faenas agotadoras. Sin embargo, durante ese tiempo halló temas para sus obras y construyó todo un mundo teatral que aún hoy perdura.

Allí adonde cualquier otro hombre hubiera encontrado tan sólo motivos de desesperanza, él aguzó su espíritu, arecentó su caudal de recursos cómicos, acentuó su personalidad. Las tres comedias que escribió en las breves pausas de su labor le recompensaron con un éxito ampliamente merecido.

Después de tantos días de miseria volvió al teatro, y esta vez para toda la vida. Fue grande su fama, y era ya un hombre rico cuando murió en el año 184, con más de 70 años de edad.

A tal punto fue apreciado su arte, que se le atribuyeron muchas comedias de las que no es autor. Varrón 116 al 27 a. de C.) estimaba que había diecinueve piezas auténticas. Se poseen en la actualidad veinte comedias de este autor, creyéndose que son auténticas todas ellas. He aquí, con una breve reseña del asunto, y en el orden en que fueron presentadas:

La asmaría: Esta comedia tiene por tema las alegres peripecias del anciano Demetrio, marido obtuso, quien, dominado por una esposa altiva, trata de sustraerle las veinte monedas que le ha reportado la venta de unos asnos, pues él desea obsequiarlas a su hijo, cuyas calaveradas alienta.

El mercader: Un joven ha comprado, en su viaje, una hermosa esclava. Desea llevarla a su madre, como sirvienta. Pero al padre del joven le parece la esclava muy de su gusto.

La escota: Es ésta tal vez la obra maestra de Plauto. Un pescador retira de las aguas una valija que contiene los juguetes de la hija de su amo, víctima de un rapto. Devuelta por las aguas después de un naufragio, esta niña llega a ser, sin saberlo, cliente de su padre.

El anfitrión: En esta obra se han inspirado Moliere y Gíraudoux. Júpiter, para seducir a Alcmena, esposa de Anfitrión, adopta los rasgos de este último.

Los menecmos (los gemelos): Imitada por Shakespeare en su Comedia de los errores. Dos gemelos que se parecen asombrosamente, pero que vivieron separados durante mucho tiempo, se vuelven a encontrar en una ciudad. Todos los confunden, y ello da origen a divertidos equívocos.

El soldado fanfarrón: Farsa cuya víctima es un pretendido héroe infatuado de su persona, de quien todos se burlan solapadamente, empezando por su criado Palestrión. Éste había hecho una abertura en la pareü para que su amo pudiera visitar a su prometida.

El cofre: Comedia que trata de cómo, después de múltiples aventuras, se descubre el origen de una doncella que había sido abandonada, cuando niña, en un cesto de juguetes.

Stichus: Representada en el año 200, esta comedia refiere la historia de dos hermanas a quienes su padre reprocha ser fieles a sus maridos, pues la pobreza obliga a éstos a emigrar a otro país. Regresan enriquecidos, y la virtud es así recompensada.

El persa: Es una farsa urdida contra el avaro Dordalus, burlado por un amigo que se había disfrazado de mercader persa.

Epidicus: Un anciano compra una muchacha, a la que ha oído tocar la lira, creyendo que es su hija. El joven que la ha vendido utiliza el dinero para comprar a su hermana, a quien no conoce. El anciano ha sido engañado, pero la muchacha es reconocida, y el esclavo que armó la tramoya es libertado.

La aulularia: En El avaro de Moliere encontramos una adaptación de este mismo argumento. El héroe de Plauto encierra su tesoro en una marmita en vez de usar un cofre.

El fantasma: Tranión hace creer a su amo, Filolaclés, a su regreso de un viaje, que hay fantasmas en la casa. Éste es el punto de partida de intrigas y enredos en los que Plauto ha puesto de manifiesto todo su virtuosismo, y que han inspirado a Regnard el Retorno imprevisto.

El gorgojo: Aventuras de un hombre sin escrúpulos, de imaginación fecunda, que vive con astucia e ingenio.

Escudolus (primera representación en 191): Refiere una sucesión de intrigas del esclavo Pseudolus. Éste sustrae dinero al viejo Simón y al inescrupuloso Ballion.

Los cautivos: A pesar de las fechorías del esclavo Stalagmus, el anciano Hegión encuentra y libera a su hijo.

Las dos báquides: Historia de dos hermanas gemelas que engañan a dos ancianos y a sus respectivos hijos.

El bruto: La acción gravita en torno a una hermosa mujer quien, para burlarse de un militar, finge ser madre de un niño nacido misteriosamente. Se refiere también a un esclavo bruto quien, finalmente., es educado.

El cartaginés (Poenulus): El anciano Hannon descubre que dos de sus esclavas son sus propias hijas, víctimas de un rapto, y encuentra a su sobrino, quien ama a una de ellas.

El hombre de los tres denarios (Trinumus): Después de una serie de aventuras cómicas, un tesoro es devuelto a su legítimo dueño. Esta comedia fue imitada por Andrieux en su obra El tesoro.

Casína: Dos esclavos de la misma casa buscan a una esclava: el uno, para beneficiar al padre; el otro, al hijo. La suerte favorece al anciano, pero, finalmente, éste será vencido por la astucia.

La vivacidad de los diálogos y la originalidad de los caracteres no fue igualada por autor alguno después de la muerte de Plauto. Aun Terencio, que le sucedió y escribía para las familias aristocráticas de Roma, con las que convivía, no supo infundir a sus comedias la imaginación, siempre actual, de
Plauto.

Plauto ha tomado gran parte de los argumentos de sus comedias de los autores griegos: Tenandro (años 342 al 290 a. de C.), que sólo conocemos por el autor latino y por las imitaciones de Terencio, y, en particular, de Menandro.

Abundan en sus obras los cambios bruscos de situaciones y toda clase de recursos; los cuadros se suceden en orden imprevisible y sorprenden continuamente al espectador.

Casi siempre los ancianos se nos muestran ridículos y engañados, presas de un sentimiento de amor más natural en la edad juvenil; los hijos son pródigos e irrespetuosos; los esclavos, bribones. Estos caracteres están trazados con mucho relieve y color; los diálogos son excelentes, los versos están escritos con esmero. Plauto conocía ciertamente muy bien a los hombres de su época; supo retratarlos y divertirlos. Su éxito sobrepasó al del mismo Terencio (Publíus Terentius Afer), el otro gran poeta cómico latino.

Terencio, nacido en Cártago hacia el año 185 a. de C., llegó a Roma en calidad de esclavo del senador Terencio Lucano, quien le educó y le otorgó la libertad. Dio a la escena varias comedias y se granjeó la amistad de Escipión Emiliano. De todas sus comedias, seis han llegado hasta nosotros con su. texto íntegro: Andria, Hecyra (la suegra), El verdugo de si mismo, Phormio, Eunuchus, Los hermanos.

Existe una gran diferencia entre Plauto y Terencio; este da mayor importancia a la vida interior de sus personajes, pero tiene en cambio menos comicidad. Algunos críticos han sostenido que debería ser considerado superior a Plauto, por la mayor elegancia de su forma y su habilidad en la descripción de los sentimientos.

Pero estos argumentos no son suficientes para preferir a uno u otro. Plauto no trabaja con buril, no es un retratista delicado ni un orfebre en el relieve de caracteres. No se detiene en detalles, pero su trazo es vigoroso; es maestro en su oficio. Su inspiración aparece como desprendida de una masa incandescente y forja una obra sólida, sin pensar en pulirla o cincelarla.

Terencio jamás se apartó de los modelos griegos: bebía y se inspiraba en ellos. Su deseo era escribir para un público culto, para los patricios, por quienes fue estimado y admirado.

Plauto, que había conocido la vida de la gente pobre, que se vio reducido a mover las piedras de molino para ganarse el sustento, escribió para la plebe y no vaciló en emplear el lenguaje de que se valía este mismo pueblo. Tanto uno como otro renovaron el teatro romano y contribuyeron a darle gloria.

Moliere, el célebre autor cómico francés (1622-1673), ha imitado el Phormio de Terencio en Los engaños de Scapin, y se inspiró en Los hermanos para su obra La escuela de los maridos. Barón, discípulo de Moliere, ha realizado una adaptación de Andria para la escena europea.

Terencio viajó a Grecia para estudiar de cerca el teatro. El barco en que regresaba naufragó. Traía consigo las obras de Menandro y de algún otro comediógrafo que pudiera satisfacer las orientaciones que le imprimía a su teatro, y esta desgracia le afectó de tal modo que al poco tiempo murió (año 159 a. de C.).

Entre ios autores latinos posteriores a Plauto y Terencio podemos citar a Titunius, T. Quinctus Atta y Lucius Afraníus. Ninguno de ellos, empero, igualó a sus antecesores en popularidad.

Recordemos por fin estas palabras que Roma entera repetía un siglo después de la muerte de Titus Maccíus Plauto: “Si las musas hubieran hablado latín, habrían elegido el lenguaje de este poeta.” La posteridad le tributaba en esta forma su primer y mejor homenaje en el corazón de cada hombre.

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Un conjunto de actores que viajaba sobre un carro de bueyes llevo a las provincias y difundió en ellas las comedias de Plauto. Las adaptaciones de sus comedias gustaron no tan sólo a la plebe, sino también a los espectadores más delicados, porque aquel poeta cómico, casi bufonesco, era un inagotable inventor de situaciones y un creador de expresiones y de palabras, contribuyendo así a una más efectiva asimilación de la cultura griega por parte de sus compatriotas.

Fuente Consulatada:
LO SE TODO Tomo I Editorial CODEX – Plauto y sus coemdias latinas

La Leyenda de Niobe Castigada por Arrogante Literatura Griega

LA LEYENDA DE NíOBE
LITERATURA GRIEGA ANTIGUA

Níobe, en la mitología griega, hija de Tántalo y de la reina de Tebas. Su marido, el rey Anfión, era hijo del dios Zeus y un gran músico. Níobe le dio siete hijos muy bellos y siete hijas preciosas. Castigada por su arrogancia al pretender que se le rindiera culto a ella y no a Leto, alegando que tenía más hijos, Níobe sufrió un tremendo castigo, pues los dioses ordenaron a Ártemis y Apolo que mataran a sus hijos. Desconsolada, se convirtió en una piedra que siempre estaba húmeda debido a sus lágrimas.

El mito de Níobe inspiró a un gran número de escultores antiguos y modernos que le dieron diferentes y emotivas interpretaciones. La literatura latina asimiló también la leyenda griega, y así la encontramos en las Metamorfosis de Ovidio, donde alcanza su más hermosa expresión.

El mito de Níobe es uno de los más famosos de la literatura griega. La hija de Tántalo, casada con Anfión, a cuyo lado remaba sobre Tebas, era conocida por la soberbia de su carácter. Solía envanecerse, aunque sin razón, de su familia, célebre por los crímenes y bajezas cometidos: Tántalo, en efecto, había traicionado a los dioses revelando los secretos de éstos, y Júpiter lo había condenado a sufrir en el Tártaro el hambre y la sed.

Además, su hermano Pélope tenía dos hijos: Atreo, que fue rey de Argos y de Micenas, y Tiestes. Atreo, movido por el odio, llevó su crueldad al  extremo  de matar a los dos hijos de Tiestes para servírselos a éste en un abominable banquete.

La sacerdotisa Manto, quien, según la leyenda, habría de emigrar más tarde a Italia, para fundar la ciudad de Mantua, vivía entonces en Tebas. Era hija del adivino Tiresias y mantenía el culto de Latona. Un día, Manto invitó a las mujeres de Tebas a ofrendar un sacrificio en honor de esta diosa, madre de Apolo y de Diana.

Niobe Literatura Griega

Niobe  interrumpió  la  ceremonia  proclamándose  superior  a Latona, que sólo tenía dos hijos.
La venganza de los dioses no tardó en cumplirse. La primera flecha arrojada por Apolo dio muerte al hijo mayor de Níobe, que mostraba a sus hermanos menores su habilidad de jinete.

Las matronas de Tebas acudieron presurosas y celebraron, tal como se les había pedido, fastuosos ritos; pero en el momento más solemne la ceremonia fue interrumpida por la súbita llegada de Níobe, ricamente vestida. La reina habló de esta manera a las mujeres allí reunidas: “¿Por qué, mujeres de Tebas, rendís semejantes honores a quien sólo ha tenido dos hijos? Soy yo quien merece vuestro homenaje, yo, que he dado la vida a siete hijos y a siete hijas, que igualan a Apolo y a Diana en inteligencia y belleza.”

Estas sacrilegas palabras provocaron el estupor de las tebanas, quienes creyeron que Níobe habia enloquecido, pero, mostrando obediencia a su reina, abandonaron la ceremonia.

La arrogancia de Níobe ofendió profundamente a Latona, quien exigió a Diana y Apolo la ven garan de la mortal que había osado igualarse a divinidades e interrumpir el sacrificio que se ofrendaba. Diana y Apolo acataron inmediatatamente la voluntad de su madre.

Los hijos de Níobe habrían de ser sus primeras víctimas. Estos se encontraban en un prado, bajo los muros de la ciudad, donde practicaban, además de la equitación, diversos juegos atléticos, rivalizando entre ellos en rapidez y habilidad.

El mayor de los hijos, Ismeno, mientras demostraba su audacia de jinete fue alcanzado por una flecha de Apolo y se desplomó, sin vida. Sin darles tiempo para refugiarse, el arquero divino dio muerte a los otros hijos de Níobe; éstos cayeron uno tras otro, bajo la mirada aterrada de los esclavos que los acompañaban.

Tremendo fue el dolor que la terrible noticia causó a la reina, mas recobrándose luego, llamó a sus hijas.

Reunidas a su alrededor, las niñas lloraron a sus hermanos, caídos bajo las flechas vengadoras, míentras Níobe desafiaba aún al cielo. “Mira diosa, clamaba, mis siete hijos han muerto, pero me quedan mis hijas. Son siete, más numerosas, pues, que los hijos de los que te enorgulleces. Por cierto, que tú jamás serás superior a mi.”

Desde lo alto del Olimpo, también esta vez Latona oyó las palabras de la reina y encomendó la venganza a Diana.

Un instante más tarde, la mayor de las hijas de Níobe, caía muerta a los pies de su madre; las otras seis corrieron igual suerte. En vano Níobe, estrechando entre sus brazos a la última y más querida de sus hijas, suplicaba a la diosa le concediera, al menos, la vida de ésta. Diana fue inflexible y no escuchó sus ruegos.

La desgraciada madre quedó petrificada por el dolor. Sólo entonces las divinidades se mostraron clementes: la transportaron hasta una montaña donde, metamorfoseada en roca, llora su pena, bajo la forma de una fuente inagotable.

Níobe, hija de Tántalo y hermana de Pélope, reinaba sobre Tebas junto a su esposo Anfión.
Estaba más orgulloso de sus hijos, siete varones y siete niñas, que de.su corona real, y llevó su osadía hasta el ex-tremo de  querer que se la prefiriese a Latona.

Este mito fue conocido por Homero, quien hace alusión a él en el vigesimoquinto canto de la Ilíada; inspiró además a Esquilo una tragedia que, lamentablemente, no ha llegado hasta nosotros; pero es, sin duda, en las Metamorfosis de Ovidio, donde esta leyenda alcanza su interpretación más bella y poética.

El trágico destino de la reina de Tebas conmovió no sólo a poetas y escritores, sino también a los más grandes escultores griegos. El grupo de los Niobides cuyo autor fue Praxíteles o Escopas (los historiadores no se han puesto aún de acuerdo sobre este punto), ornó durante largo tiempo el frontón de un templo que se erigía sobre la Acrópolis de Atenas.

De este grupo sólo nos ha llegado el personaje de Níobe, quien, de pie, estrecha sobre su corazón a la menor de sus hijas. La más hermosa copia que se ha hecho del espléndido original se encuentra en la Galería de los Oficios (Florencia).

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo I Editorial CODEX – Mitos y Leyendas Griegas – NIOBE

Batalla de Termópilas Grecia contra Persia Leónidas Historia

Batalla de Termópilas – Grecia contra Persia

BATALLA DE TERMÓPILAS: (480 a.C.): En 480 a.C., Xerxes o Jerjes, gobernador del poderoso Imperio Persa, invadió Grecia con más de 100.000 hombres. Procuraba vengar la derrota persa en Maratón y suprimir un competidor naval y comercial.

La amenaza obligó a las ciudades-estado griegas a unirse por primera vez en la historia. Enviaron al norte un ejército aliado para contenerlos.

Los espartanos, deseando defender su suelo, mandaron sólo 300 personas bajo el mando del rey Leónidas, grupo famoso que constituyó el núcleo de los 5.000 griegos que marcharon a Termópilas.

Como sus tropas eran menos efectivas que las persas, los griegos tuvieron que depender de tácticas defensivas. El lugar más fácil de defender era el estrecho paso de las Termópilas. Leónidas lo ocupó y distribuyó 1.000 focenses en la ladera lateral.

Los persas avanzaban rápidamente hacia el norte sin encontrar resistencia, por lo tanto les sorprendió el encuentro repentino con el enemigo. Xerxes hizo altos durante cuatro días enfrente del paso.

En el quinto, muy confiado, envió a los medos y a los cissans adelante, pero las fuerzas persas ligeramente armadas no eran suficientes para doblegar a los hoplitas fuertemente equipados.

Aturdido por el primer revés, el persa mandó sus hombres en oleadas sucesivas a enfrentar al enemigo: cada una fue diezmada por las largas lanzas griegas y por la defensa salvaje de los espartanos. Hasta llegó a entregar a su compañía conocida como los Inmortales, que fue rechazada.

El poderoso ejército estaba paralizado delante de esta inamovible muralla humana. Xerxes no sabía qué hacer. Pero un griego llamado Malis le ofreció guiarlo por un paso montañoso hasta la retaguardia griega.

Los persas desfilaron a lo largo del sendero hasta que de repente encontraron a los focenses ubicados allí para cualquier emergencia. Se sintieron consternados con este encuentro pero, a pesar de todo, los atacaron con ferocidad.

Los griegos creyeron por error que estaban siendo rodeados por todas las fuerzas persas y se retiraron a las montañas buscando una posición más favorable.

Los persas quedaron estáticos: el camino estaba abierto y el enemigo, perdido.

Leónidas había ordenado la retirada y con un último gesto decidió permanecer detrás con sus espartanos para cubrir a sus hombres. Atacado por todos lados, el pequeño ejército griego fue aniquilado: la ruta hacia el sur de Grecia estaba abierta.

Fuente Consultada: Almanaque de los Insólito Tomo 3 Wallace-Wallechinsky

Presocraticos, la filosofia griega Los Sofistas en Atenas

LA FILOSOFIA EN GRECIA ANTIGUA: LOS PRESOCRÁTICOS

pensamiento humano

LISTA DE PENSADORES:

1-Los Presocráticos
2-Los Clásicos
3-San Agustín
4-Santo Tomas
5-Renacentista
6-La Ilustración
7-Los Cientificos Modernos
8-Siglos XIX al XX

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Los presocráticos basaron sus teorías en la especulación sobre el principio material de la naturaleza. Entre ellos se encuentran Tales de Mileto, Anaximandro, Anaxímenes, Pitágoras, Heráclito, Parménides, Empédocles, Anaxágoras, Leucipo y Demócrito.

El nombre de presocráticos hace referencia a todos aquellos pensadores que ejercieron su labor filosófica antes de Sócrates (desde el año 624 a. C. hasta el siglo V a. C.). No obstante, esta cronología es bastante artificial, ya que muchos de estos hombres fueron contemporáneos e incluso sobrevivieron a Sócrates.

Sin embargo, lo interesante de estos pensadores griegos, que no se denominaban a sí mismos filósofos (a excepción de Pitágoras) y que eran considerados magos, sabios, médicos, físicos, etc., estriba en que con ellos se inaugura la filosofía como paradigma racional autónomo y original, es decir, ocupan ese punto de bifurcación en el que se abrió paso un nuevo camino, el logos, la razón, que terminó desalojando la religión, el rito, el mito.

Es frecuente leer en muchos manuales de filosofía que los presocráticos suponen el paso del mito al logos.

Tal interpretación, sin embargo, no está exenta de prejuicios y malentendidos, provenientes de una cierta manera de observar este fenómeno, manera heredada de la tradición positivista, que entendió la historia humana como un proceso lineal y ascendente de progreso en cuyo despliegue, el advenimiento y desarrollo de la razón positiva, científica y neutral implicaba un menoscabo, paulatino retroceso del pensamiento mítico y religioso.

Ni que decir tiene que, bajo esta hipótesis, el positivista se coloca en la posición privilegiada del que ostenta la victoria y desde esta superior jerarquía lanza su mirada estimativa con la que enjuicia y valora el «imperfecto» pasado.

Friedrich Nietzche y Giorgio Colli denunciaron esta postura, considerándola como premeditadamente falsa. La interpretación del nacimiento de la filosofía (y de los filósofos presocráticos) como el «paso del mito al logos», el tránsito de una sin-razón a una Razón plena.

Para Nietzsche es precisamente la razón teórica que inauguran los presocráticos la que supone un giro decisivamente perverso y falsificador de la cultura. La historia de la filosofía es la historia de una decadencia, de un resentimiento.

Ahora bien, la escisión entre lo profano (razón, filosofía, ciencia) y lo sagrado creencia, mito, religión) no es tan evidente. El arte adivinatorio ha utilizado siempre Logoi, razones o mensajes divinos que debían ser astutamente interpretados.

La pitonisa era una hermeneuta y su mántica (éxtasis, delirio, locura sagrada) degeneró en una razón dialéctica o discursiva que hundía sus raíces en el asombro, en el enigma. Y el primer enigma que sorprende al hombre es la physis, la naturaleza, torrente de todo brotar y surgir que ha de ser interpretado y conocido para ser dominado.

El conocimiento, como la mántica, implica una «anticipación», una previsión de futuro que sólo se puede dar si se conocen las reglas, los principios que rigen (mandan) el aparente caos del acontecer. La pregunta por el principio de todas las cosas, por el arjé de la physis, caracteriza a los filósofos presocráticos. que respondieron a ella de muy diversas maneras.

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presocraticos

Una primera respuesta la encontramos en Tales de Mileto (h. 624 a. C.-h. 546 a. C.), para el cual el principio o arjé era el agua, afirmación que se fundamentaba en la observación de que todo cuerpo, alimento ó germen poseía la cualidad de lo húmedo, siendo el agua su principio rector. Lo importante de dicha afirmación no estriba en la elección del principio, sino en la afirmación de la necesidad de la existencia de éste para explicar la multiplicidad empírica y en que la arjé se formula fuera de todo contenido religioso. Si Tales es el primer filósofo, la filosofía surge como una explicación genealógica de lo real, de la physis, como generalización de la ley universal de todo acontecer.

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El segundo presocrático del que tenemos noticia fue Anaximandro (610 a. C.545 a. C.), autor del más antiguo texto filosófico conocido, que dice así: «De donde las cosas tienen origen, hacia allí tiene lugar también su perecer, según la necesidad; pues dan justicia y pago unas a otras de la injusticia según el orden del tiempo». La naturaleza se concibe como retribución, como justicia (diké) cuya ley es la necesidad. Toda la multiplicidad (determinada) de seres surge de un principio que ya no es un «elemento físico», sino un preelemento indefinido e indeterminado: el apeiron (de péras, límite, determinación).El apeiron es la génesis y principio de los seres, por lo que ello mismo evade y rehuye toda determinación. La arjé de toda determinación no puede ser ella misma determinación alguna, y de ella brota el conflicto de la generación de los seres, como una segregación de parejas de contrarios que han de ser «devueltos» (según justicia) a lo indeterminado siguiendo la ley de la necesidad. Lo interesante del pensamiento de Anaximandro es la negación de toda evidencia empírica. El apeiron es un principio abstracto, hipotético, que contradice toda experiencia sensible.

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Para Anaxímenes de Mileto (h. 582 a. C.-524 a. C.), la arjé o principio creador de todas las cosas es el aire, que por condensación y enrarecimiento, en ciclos infinitamente repetidos, origina todos los seres y sus diferencias cualitativas. Aire es también el alma (psiché), soplo o aliento divino similar al aire que nos rodea.

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Heráclito de Éfeso (h. 544 a. C.-480 a. C.) fue el último de los presocráticos que vivió en Jonia. Familiarizado con los cultos mistéricos (Deméter), su escritura es premeditadamente enigmática, de igual manera que el logos mántico lo es, motivo por el cual se le dio el sobrenombre de «el Oscuro». Afirmó que el origen de todas las cosas es la guerra, la lucha y oposición de contrarios de la que surge la armonía, según una inexorable ley que remite a una unidad oculta: el logos, el fuego eterno que «se enciende según medida y se apaga según medida». Todas las cosas están sujetas a un devenir perpetuo donde todo fluye y nada permanece, y donde el nacer o perecer de un ser implica necesariamente el nacer o perecer de su contrario. La naturaleza es conflicto, lucha de presencias y ocültamientos: «Nos bañamos y no nos bañamos en el mismo río; somos y no somos».

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A la figura de Heráclito se le suele contraponerla de Parménides de Elea (finales del siglo VI a. C.), el cual niega todo devenir como pura apariencia de ser. El mundo fenoménico, del cambio, es un engaño de los sentidos, mera apariencia. Todo pensar se encuentra siempre en la encrucijada de dos caminos: el primero es el camino del uno, «que es y que no es no-ser». El segundo es el del «que no es y que no-ser es necesario». Es decir, la diosa le muestra los dos caminos, pero éstos no manifiestan lo que hay, sino que establecen la legitimidad que nos permitirá decir y pensar el ser de lo que es: el ser es eterno, infinito, continuo, único e inmóvil. El conocimiento del ser se opone a la doxa, opinión, las cosas sensibles que son pura apariencia de ser, el camino equivocado.

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Pitágoras de Samos (h. 580 a. C.-500 a. C.), huyendo de la tiranía de Polícrates, se instaló en Crotona, donde fundó una comunidad de discípulos unidos por un estilo de vida y una normatividad comunes, una especie de asociación religiosa que perseguía la purificación (katarsis) del alma de las pasiones del cuerpo y su «salvación» a través de ciertas prácticas ascéticas que no debían ser reveladas a nadie ajeno a la comunidad. Pitágoras consideró que el alma era inmortal, «del linaje de los dioses», cuya unión con el cuerpo significaba un hundimiento, una «prueba» que ésta debía sufrir antes de su definitiva liberación (o hundimiento) de los ciclos de las reencarnaciones.

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 Entre los últimos presocráticos debemos mencionar a Jenófanes de Colofón (h. 570 a. C.-470 a. C.), que defendió la tesis de un sólo Dios. «el mayor entre los dioses y los hombres, en nada semejante a los mortales, ni en la figura ni en el pensamiento». De su poema De la naturaleza de las cosas sólo se conservan algunos versos.

También habría que mencionar a Empédocles de Agrigento (h. 490 a. C.-h. 430 a. C.), mago, profeta y adivino que estableció la teoría de los cuatro elementos (fuego, aire, tierra y agua) como principios genéticos y rectores del cosmos, elementos que se combinan como resultado de un equilibrio entre el amor (atracción) y el odio (repulsión).

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De suma importancia son también Demócrito de Abdera (h. 460 a. C.-370 a. C.) y Leúcipo (h. 460 a. C.-h. 370 a. C.), que desarrollaron la teoría del atomismo, según el cual el mundo está compuesto (arjé) exclusivamente de átomos en movimiento en un espacio vacío, explicación que ha venido a denominarse mecanicismo y que será desarrollada en siglos posteriores por pensadores como Descartes o Hobbes. Estos átomos son eternos, distinguiéndose únicamente por su distinta figura, posición y orden. De los movimientos azarosos de los átomos en el espacio vacío, surgen «vórtices» O torbellinos que originan infinitos mundos, uno de los cuales habitamos nosotros.

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Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal (Espasa Calpe)

La Leyenda de Esopo, el esclavo deforme que creo las famosas fabulas

La Leyenda de Esopo – El Esclavo Deforme

¿REALIDAD O LEYENDA?
esopoEsta es la historia que los siglos nos han conservado de Esopo, el escritor cuyas famosas fábulas de animales se leen todavía. Autores ricos en fantasía, han añadido otras noticias: dicen que viajó por Oriente, que se casó y estuvo en peligro de ser asesinado a causa de las calumnias de uno de sus hijastros.

Pero a través del velo nebuloso de la leyenda sólo se filtran escasas e inseguras noticias, a saber: que Esopo vivió en Asia Menor, entre los siglos VII y VI a. de C., que fue esclavo y que contó numerosas fábulas sobre animales.

De estas fábulas, se puede deducir el carácter del antiguo narrador, era un hombre sencillo, dotado de extraordinaria agudeza, que comprendió sus defectos y los de la humanidad. La moral que nos legó se resume en los siguientes principios: las virtudes principales son la prudencia y la moderación, pero también la astucia sirve para defenderse de la crueldad de los tiranos.

De Esopo nos quedan unas cuatrocientas fábulas escritas en prosa, en lengua griega, y publicadas por vez primera en el siglo IV a. de C. A esta edición siguieron muchísimas otras en siglos posteriores y, aún hoy, las “Fábulas” se publican en elegantes ediciones para grandes y chicos.

LA LEYENDA:

Estamos en el Asia Menor de hace muchísimos siglos. Un esclavo va a ser castigado porque se atrevió a comerse los hermosos higos que se destinaban a la mesa de su amo. Él pobre no puede defenderse, no puede proclamar su inocencia, porque es mudo…

Pero no es esto sólo: su cuerpo deforme reúne otros muchos defectos. Tiene la cabeza voluminosa, el grueso cuello torcido, y, sobre sus piernas vacilantes, se bambolea una enorme barriga. Por si fuera poco, tiene la tea oscura como un negro. Sin embargo, este ser desproporcionado posee una inteligencia aguda y usa su astucia para salvarse de la injusta acusación.

Toma un poco de agua templada y la bebe; después se mete los dedos en la garganta: no es ésta una acción muy elegante, pero sirve para sus propósitos. Su estómago, como era de esperar, demuestra claramente hallarse vacío: el hombre no se había comido los frutos prohibidos.

Después, el esclavo pide que sus acusadores hagan lo mismo. Éstos tienen que obedecer de mala gana, y… devuelven los higos que se habían comido apresuradamente. El amo castiga a los esclavos ladrones y embusteras, y felicita al servidor inocente por su astucia.

Al día siguiente, nos dice la leyenda, pasan por allí dos sacerdotes de Diana que se habían extraviado. El esclavo los ayuda como puede y ellos lo recompensan concediéndole la facultad de hablar normalmente.

Desde aquel momento, Esopo, el esclavo feo y escarnecido, el pobre ser mal conformado, puede decir todo lo que piensa, y revelar, con su aguda palabra, el prodigio de su gran inteligencia. Se convierte en el Esopo famoso, cuyas “Fábulas” leemos todavía con tanto interés, por su rico espíritu de observación y su humorismo.

UNA LENGUA DEMASIADO LARGA

Esopo no sigue mucho tiempo con su primer amo. Los demás esclavos temen que, recuperada la voz, pueda denunciarlos por sus faltas, y se las arreglan para que sea revendido a un mercader. Éste lo lleva a su casa para que distraiga a sus hijos. Más tarde, el mercader se ve obligado a vender al esclavo. Pasa a poder de un filósofo, que lo compra tan sólo porque cuesta barato.

Pero el filósofo, poco después de haberlo adquirido, se ve asaltado por una duda. ¿Qué dirá su mujer, tan desdeñosa y exigente, de semejante hombre?

—Mujer mía, ¡te traigo un esclavo maravilloso! —exclama el filósofo al entrar en su casa.

Y la mujer, muy contenta, quiere verlo. Pero cuando llevan a Esopo a su presencia, casi se desmaya del susto.

—¿Y éste es el esclavo maravilloso? —grita encolerizada.

—Sí, amada mía —dice el marido—, es tanta su fealdad que llega a maravillar.

La mujer, que se siente burlada por el marido, se venga en el pobre esclavo vejándolo de mil maneras. Máxime por que pronto descubre que éste tiene una lengua tremendamente larga y que revela a su marido todos sus pequeños secretos.

Esopo no se asusta. Observa las injusticias que se cometen con él y con los demás, y se forma una idea de cuáles son los vicios y los defectos de los humanos. Después, como por casualidad, cuenta fabulillas en las que los protagonistas son zorros o ranas que tienen los mismos defectos que los hombres, y por ellos son castigados o ridiculizados.

Esopo, advertido de cuan rara es la gratitud, nos cuenta: “Una vez, un labrador encontró sobre la nieve una serpiente que, a causa del frío, había perdido toda su fuerza. La llevó a su casa y la calentó metiéndola entre su ropa y la piel. Pero apenas revivida, por todo agradecimiento, la serpiente mordió, sin tardanza, a su salvador con sus dientes venenosos”.

Otra vez, Esopo demuestra que es peligroso hacer el bien a los malos: “En una ocasión, un lobo se tragó un hueso, y se le clavó en la garganta. Ningún animal quería ayudarle: tan sólo la grulla accedió a hacerle la difícil operación y metió su largo pico en la boca del lobo. Acabado el trabajo, pidió el pago de su servicio.

—¿Qué recompensa quieres que te dé? —preguntó el lobo— puedes dar gracias al cielo por haber sacado incólume la cabeza de mi boca”.

Quien se ve retratado en estas fábulas, se enfurece y trata de vengarse.

EL TRISTE FIN DE LA FÁBULA

Conquista Esopo una cierta fama con sus fábulas y, cuando lo venden a un ciudadano de Sanaos, son muchos los que acuden a él en busca de consejo. Un día, predice a los ciudadanos que un gran rey va a quitarles la libertad de su patria. La amenazadora profecía se cumple: poco tiempo después, Creso, rey de Lidia, quiere imponer un gran tributo a Samos y la somete a un duro asedio.

Es el mismo Esopo quien organiza la resistencia. Al fin, amenazada la ciudad por todas partes, el rey exige que Esopo le sea entregado. Él no se niega.

Voluntariamente se presenta a Creso y consigue que pacte con los ciudadanos de Samos. Permanece algún tiempo en la corte, porque el rey lo aprecia y no quiere prescindir de su compañía. Una vez, lo lleva a un banquete al que también asiste Salomón; en otra ocasión, le encarga que presente una gran ofrenda al oráculo de Delfos.

Esopo parte hacia la ciudad sagrada de Apolo, pero cuando se percata de la codicia y de la estupidez de sus ciudadanos, no sólo decide no entregar la ofrenda, sino que encuentra el modo de dar a conocer sus defectos con algunas fábulas bien dirigidas. Desgraciadamente, la verdad suele provocar el descontento y el odio de los malvados. ¡Cuántas veces lo había dicho el pobre Esopo en sus fábulas! Tal y como sucedió a tantos animales protagonistas de sus fábulas, también él es víctima de la maldad humana: lo acusan del robo de un vaso sagrado y lo condenan a muerte.

Luego, para acabar pronto con él, lo despeñan desde una alta roca.

Ver: Biografia de Jean De La Fontaine

Fuente Consultada: Enciclopedia Superior del Estudiante Fasc. N° 44

MITOLOGIA GRIEGA: Dioses Griegos: El Olimpo: Zeus, Hera, Apolo

Mitología Griega: Características De Los Dioses del Olimpo

Los griegos fueron de origen campesino y su religión conservó siempre el carácter que le dieron en un principio aquellos hombres apegados a la tierra. El campesino, apenas levantado, se asoma a la puerta de su casa y en la madrugada de la mañana, con temor y respeto, eleva su mirada hacia la colina cercana. Allí, en la altura, reside un dios todopoderoso, Zeus, que puede convocar todas las nubes y distribuir las lluvias.

Al pasar cerca de un montón de piedras (un herma), parecido a todos los que a través de los campos jalonan su camino, se inclina, recoge una piedra y piadosamente la coloca sobre las otras; este montículo es sagrado: Hermes, el dios de los viajeros, lo habita. También es sagrada la tumba donde descansa algún muerto conocido, un héroe local. El campesino camina observando atentamente a su alrededor. El río que atraviesa, la fuente donde se abreva, están poblados de divinidades. La diosa Deméter protege el campo que va a sembrar.

Un gesto suyo, torpe o descuidado, en el mundo viviente y sensible que lo rodea, puede ofender a un dios, herirlo y desatar su cólera. Si sube a la montaña penetra en el ámbito menos familiar de los dioses que allí viven. Las divinidades de la naturaleza se agitan constantemente a su alrededor. Las ninfas de las aguas y de los bosques pasan escoltadas por la “dama de los lugares salvajes”. Artemisa, y el marino que osa aventurarse en el mar se somete a los caprichos de un dios irritable y celoso: Poseidón. Las olas del mar están pobladas de nereidas y sirenas que poseen la seducción mortal de los mundos desconocidos. Ante esta naturaleza extraña, a menudo hostil, el griego se siente seguro en su casa, protegido por Zeus, y cerca de sus genios domésticos.

Los griegos viven entre los innumerables dioses que ellos mismos han esparcido por el mundo. Unos son humildes divinidades de la caza y de los campos, asociadas a la existencia cotidiana; otros, grandes dioses más lejanos, que suelen manifestarse por ciertos signos: truenos, relámpagos o sueños y hasta se mezclan con los hombres, ¿Este extranjero, este mendigo —se suelen preguntar— no será un dios disfrazado?.

Los griegos le atribuyen a la mayoría de los dioses, apariencia y sentimientos humanos. En los tiempos primitivos de su civilización, el griego había sentido la debilidad del hombre frente a las fuerzas desconocidas que lo asedian y amenazan. Incapaz de explicarlas, las atribuye a voluntades superiores a la suya, es decir, a voluntades divinas. Las venera bajo todas las formas en que se manifiestan: en la piedra, en el animal, en el viento, en el rayo. Después las va modelando a su imagen; un dios que tiene forma de hombre puede inspirar temor y respeto, pero no el horror a lo desconocido. (sigue en zona inferior)

LOS DIOSES GRIEGOS
dioses griegosdioses del olimpo
ZeusHera
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HefestoArtemisaApoloAteneaAfrodita
mitologia griega dioses del olimpodioses del olimpodioses del olimpodioses del olimpo
HadesPoseidónAresHermesDionisio

La Mitología griega son creencias y observancias rituales de los

Consiste principalmente en un cuerpo de diversas historias y leyendas sobre una gran variedad de dioses. La mitología griega se desarrolló plenamente alrededor del año 700 a.C.

Por esa fecha aparecieron tres colecciones clásicas de mitos: la Teogonía del poeta Hesíodo y la Iliada y la Odisea del poeta Homero.

La mitología griega tiene varios rasgos distintivos. Los dioses griegos se parecen exteriormente a los seres humanos y revelan también sentimientos humanos.

A diferencia de otras religiones antiguas como el hinduismo o el judaísmo, la mitología griega no incluye revelaciones especiales o enseñanzas espirituales. Prácticas y creencias también varían ampliamente, sin una estructura formal — como una institución religiosa de gobierno — ni un código escrito, como un libro sagrado.

Principales dioses

Los griegos creían que los dioses habían elegido el monte Olimpo, en una región de Grecia llamada Tesalia, como su residencia.

En el Olimpo, los dioses formaban una sociedad organizada en términos de autoridad y poderes, se movían con total libertad y formaban tres grupos que controlaban sendos poderes: el cielo o firmamento, el mar y la tierra.

Los doce dioses principales, habitualmente llamados Olímpicos, eran Zeus, Hera, Hefesto, Atenea, Apolo, Artemisa, Ares, Afrodita, Hestia, Hermes, Deméter y Poseidón.

Zeus Dios Griego

Zeus es el dios del cielo, en la mitología griega, es el dios máximo del Olimpo. Gobierna estableciendo orden, la justicia y el destino del Universo.

Homero dice que fue en Ida, y era el hijo menor del titán Cronos y de la titánida Rea y hermano de las divinidades Poseidón, Hades, Hestia, Deméter y Hera.

De acuerdo con uno de los mitos antiguos sobre el nacimiento de Zeus, Cronos, temiendo ser destronado por uno de sus hijos, los devoraba cuando nacían y según la tradición, su madre Rea envolvió una piedra con pañales para engañar a Cronos y ocultó al dios niño en Creta, confiándolo a las ninfas y a los habitantes de la región, a los que pidió que bailasen ruidosas danzas guerreras con el fin de que la criatura divina no delatase con sus gritos su existencia ante su padre Cronos, que estaba deseoso de devorarlo, como había hecho con sus hermanos.

Amaltea fue su nodriza que lo amamantó con su leche y también fue alimentado con con miel que destilaron las abejas del monte Ida.

Cuando Zeus se hizo adulto, Metis (Prudencia), le proporcionó una planta que hizo vomitar a Cronos todos los hijos que se había tragado, que estaban deseosos de vengarse de su padre. Durante la guerra que sobrevino, los titanes lucharon del lado de Cronos, pero Zeus y los demás dioses lograron la victoria y los titanes fueron enviados a los abismos del Tártaro.

A partir de ese momento, Zeus gobernó el cielo, y sus hermanos Poseidón y Hades recibieron el poder sobre el mar y el submundo, respectivamente. Los tres gobernaron en común la tierra.

Cuando no está en el Olimpo, estableciendo orden entre los dioses o decidiendo asuntos referentes a los mortales, es posible encontrar a Zeus en algún lugar de la Tierra.

También desciende del Olimpo cuando desde lo alto divisa alguna doncella que le agrada demasiado, ya que Zeus es muy propenso a tener romances, tanto con diosas o ninfas, como con mortales, pero siempre tiene especial cuidado en ocultárselo a su esposa Hera (aunque no siempre tiene éxito en esta empresa, de vez en cuando la diosa se entera de las infidelidades de su esposo).

En épocas de sequía puede provocar la lluvia retorciendo la lana de una oveja; lanza el rayo y el relámpago y sobre todo, mantiene el orden, el equilibrio y la justicia en el mundo.

Es implacable cuando se encarga de velar por el mantenimiento de los juramentos y por el respeto de los deberes para con los huéspedes, quienes siempre deberán ser bien recibidos. Garantiza a los dioses que se mantenga el poder real, la realización de tributos y sacrificios por parte de los mortales y el estricto cumplimiento de la jerarquía social.

Casado con su hermana Hera, es padre de Ares, dios de la guerra; de Hebe, diosa de la juventud; de Hefesto, dios del fuego, y de Ilitía, diosa del parto.

Al mismo tiempo, se describen las aventuras amorosas de Zeus, sin distinción de sexo (Ganímedes), y los recursos de que se sirve para ocultarlas a su esposa Hera.

En la mitología antigua son numerosas sus metamorfosis en diversos animales para sorprender a sus enemigos y tuvo numerosas relaciones con diosas y mujeres mortales, de quienes ha obtenido descendencia.

Algunas de sus relaciones amorosas fueron con: la ninfa Calisto, la semidiosa Antíope, la sacerdotisa Io, con Semele, Dánae hija del rey de Argos, la bella , Alcamena, Leda, Elara, Carme, Día, Electra, Europa. Sus amoríos con mortales se explican a veces por el deseo de los antiguos griegos de vanagloriarse de su linaje divino.

En la escultura, se representa a Zeus como una figura barbada y de apariencia regia. La más famosa de todas fue la colosal estatua de marfil y oro, del escultor Fidias, que se encontraba en Olimpia.

Sus principales templos estaban en Dódona, en el Epiro, la tierra de los robles y del templo más antiguo, famoso por su oráculo, y en Olimpia, donde se celebraban los juegos olímpicos en su honor cada cuatro años. Los juegos de Nemea, al noroeste de Argos, también estaban dedicados a Zeus. Zeus corresponde al dios romano Júpiter.

Hera Dios Griega

Hera es en la mitología griega, reina de los dioses, hija de los titanes Cronos y Rea, hermana y mujer del dios Zeus. Para Zeus no fue muy fácil convencer a Hera del matrimonio, por lo que usó diversas estrategias, hasta que camuflado de pájaro desvalido pudo llegar al corazón de su amada y conquistarla.

Zeus adoptó su forma natural y volvió a pedirle matrimonio a Hera. La diosa sintió entonces que se casaría para dar el ejemplo y continuar con el rol de Madre de los Cielos, tal como lo habían hecho Rea y Gea con Cronos y Urano.

Hera era la diosa del matrimonio y la protectora de las mujeres casadas, pues era la esposa legítima de Zeus, esto la convertía naturalmente en la protectora de las mujeres casadas. Se la representaba como celosa, violenta y vengativa Era muy común que frecuentemente se enfrentara a Zeus, porque las infidelidades de su esposo significaban para ella verdaderos insultos.

Por eso persiguió con ira tanto a las amantes de Zeus, como a la descendencia extramatrimonial del dios. Hera mantuvo siempre ulla de su marido y nunca se sintió en inferioridad de condiciones ya que siempre tuvo presente que ella pertenecía a la misma generación divina que Zeus, por lo tanto tenía el mismo rango jerárquico.

Era madre de Ares, dios de la guerra, de Hefesto, dios del fuego, de Hebe, diosa de la juventud, y de Ilitía, diosa del alumbramiento. Mujer celosa, Hera perseguía a menudo a las amantes y a los hijos de Zeus. Nunca olvidó una injuria y se la conocía por su naturaleza vengativa.

Cierta vez armó un complot para castigar una infidelidad de su marido, pero la nereida Tetis, que estaba muy agradecida por haber concertado su matrimonio con Peleo y además era muy prudente y sospechaba que este acto desencadenaria una guerra civil, recurrió al gigante de cien manos llamado Egeón, que libró a Zeus de las cadenas.

Entonces Zeus furioso desató su ira contra Hera y la suspendió entre el cielo y la tierra, amarrando cada una de sus manos a una anilla de oro y atándole un yunque en cada pie. Luego hizo jurar a cada uno de los Olímpicos que nunca más osarían levantarse en su contra.

El único que protestó fue Hefesto, que al ver a su madre castigada de ese modo se quejó, pero Zeus no tenía paciencia para soportar recriminaciones de ningún tipo y menos cuando se trataba de un complot en su contra, entonces le profirió un puntapié tan fuerte que lo arrojó hasta la tierra desde el Olimpo y tras el golpes Hefesto quedó rengo para toda la eternidad. Hera finalmente fue perdonada y regresó al Olimpo, a cumplir su rol de protectora de la familia.

Irritada con el príncipe troyano Paris por haber preferido a Afrodita, diosa del amor, antes que a ella, Hera ayudó a los griegos en la guerra de Troya y no se apaciguó hasta que Troya quedó destruida. Se suele identificar a Hera con la diosa romana Juno.

Hefesto

Hefesto, en la mitología griega, dios del fuego y de la metalurgia, hijo del dios Zeus y de la diosa Hera o, en algunos relatos, sólo hijo de Hera.

A diferencia de los demás dioses, Hefesto era cojo y desgarbado. Poco después de nacer lo echaron del Olimpo: según algunas leyendas, lo echó la misma Hera, quien lo rechazaba por su deformidad; según otras, fue Zeus, porque Hefesto se había aliado con Hera contra él.

En la mayoría de las leyendas, sin embargo, volvió a ser honrado en el Olimpo y se casó con Afrodita, diosa del amor, o con Áglae, una de las tres gracias.

Era el artesano de los dioses y les fabricaba armaduras, armas y joyas. Se creía que su taller estaba bajo el monte Etna, volcán siciliano. A menudo se identifica a Hefesto con el dios romano del fuego, Vulcano. La Fragua de Vulcano es el cuadro en el que Velázquez da su visión sobre los dioses transformándolos en campesinos o artesanos humanos.

Artemisa

Ártemis o Artemisa (mitología), en la mitología griega, una de las principales diosas, equivalente de la diosa romana Diana. Era hija del dios Zeus y de Leto y hermana gemela del dios Apolo.

Era la rectora de los dioses y diosas de la caza y de los animales salvajes, especialmente los osos, Ártemis era también la diosa del parto, de la naturaleza y de las cosechas. Como diosa de la luna, se la identificaba a veces con la diosa Selene y con Hécate.

Aunque tradicionalmente amiga y protectora de la juventud, especialmente de las muchachas, Ártemis impidió que los griegos zarparan de Troya durante la guerra de Troya mientras no le ofrecieran el sacrificio de una doncella.

Según algunos relatos, justo antes del sacrificio ella rescató a la víctima, Ifigenia. Como Apolo, Ártemis iba armada con arco y flechas, armas con que a menudo castigaba a los mortales que la ofendían. En otras leyendas, es alabada por proporcionar una muerte dulce y plácida a las muchachas jóvenes que mueren durante el parto.

Apolo

Apolo (mitología), en la mitología griega, hijo del dios Zeus y de Leto, hija de un titán. Era también llamado Délico, de Delos, la isla de su nacimiento, y Pitio, por haber matado a Pitón, la legendaria serpiente que guardaba un santuario en las montañas del Parnaso.

En la leyenda homérica, Apolo era sobre todo el dios de la profecía. Su oráculo más importante estaba en Delfos, el sitio de su victoria sobre Pitón. Solía otorgar el don de la profecía a aquellos mortales a los que amaba, como a la princesa troyana Casandra.

Apolo era un músico dotado, que deleitaba a los dioses tocando la lira. Era también un arquero diestro y un atleta veloz, acreditado por haber sido el primer vencedor en los juegos olímpicos.

Su hermana gemela, Ártemis, era la guardiana de las muchachas, mientras que Apolo protegía de modo especial a los muchachos. También era el dios de la agricultura y de la ganadería, de la luz y de la verdad, y enseñó a los humanos el arte de la medicina.

Algunos relatos pintan a Apolo como despiadado y cruel. Según la Iliada de Homero, Apolo respondió a las oraciones del sacerdote Crises para obtener la liberación de su hija del general griego Agamenón arrojando flechas ardientes y cargadas de pestilencia en el ejército griego.

También raptó y violó a la joven princesa ateniense Creusa, a quien abandonó junto con el hijo nacido de su unión. Tal vez a causa de su belleza física, Apolo era representado en la iconografía artística antigua con mayor frecuencia que cualquier otra deidad.

Atenea

Atenea, una de las diosas más importantes en la mitología griega. Diosa de la Sabiduría, Atenea es la inventora de la flauta, la trompeta, el arado, el yugo para los bueyes, el carro, el barco y la olla de barro para cocinar. Además fue la que enseñó a los mortales los números y a las mujeres las instruyó en la cocina el tejido y el hilado.

Atenea es la diosa que nació ya adulta, fruto de la unión de Zeus con Métis, la diosa de la Prudencia. Durante el embarazo de Metis, Urano y Gea advirtieron a Zeus que si Metis daba a luz a un varón, éste destronaría a su padre del reino que tanto trabajo le había costado conseguir. Sin deseos de correr riesgos, Zeus se tragó a Metis.

Pero cuando llegó el día del parto, un tremendo dolor de cabeza hizo llegar a Zeus hasta los limites de tolerancia, entonces llamó a Hefesto Y a los gritos le pidió que le abriera la cabeza de un hachazo. Así surgió Atenea, lista para salir a la batalla.

Fue la hija favorita de Zeus. Él le confió su escudo, adornado con la horrorosa cabeza de la gorgona Medusa, su ‘égida’ y el rayo, su arma principal. Diosa virgen, recibía el nombre de Parthenos (‘la virgen’).

En agradecimiento a que Atenea les había regalado el olivo, el pueblo ateniense levantó templos a la diosa, el más importante era el Partenón, situado en la Acrópolis de Atenas.

A Atenea se la conoce como la diosa guerreras armada con una lanza y la égida —coraza de piel de cabra—, sin embargo no le agradan las batallas como a su hermano Ares, porque siempre valoró muchísimo más la inteligencia y la prudencia que la violencia. Por lo tanto es promotora de la conciliación de los pleitos a través de medios pacíficos.

Afrodita

Afrodita, en la mitología griega, diosa del amor y la belleza. La diosa del amor griega, a quien se conoce en la

Mitología latina con el nombre de Venus. Casi todas las culturas antiguas encontraron una personificación para el Amor y la Belleza.

En la Iliada de Homero aparece como la hija de Zeus y Dione y otras leyendas posteriores la identifican como hija de Urano, nacida luego de que Crono cercenara sus órganos sexuales y los arrojara al mar.

La diosa que se dio a conocer emergiendo a través dé las olas del mar, era tan hermosa que todos los habitantes del mar se reunieron para admirarla.

Cuando, la diosa vio la luz del sol por primera vez, montada en un carro hecho con una concha de mar, todos los seres comenzaron a disfrutar de la belleza, la alegría y el amor con verdadera plenitud. Afrodita fue conducida desde el mar por los Céfiros primero hasta la costa de Citera, y luego a la isla de Chipre.

Allí bajó del carro completamente desnuda, se escurrió su larga cabellera y el agua al caer sobre la arena se transformó en bellísimos caracoles. En Cnosos se levantó un santuario en su honor y el piso estaba completamente recubierto de corales, piedras preciosas y conchas marinas.

Afrodita es la mujer de Hefesto, el feo y cojo dios del fuego. Entre sus amantes figura Ares, dios de la guerra, que en la mitología posterior aparece como su marido. Ella era la rival de Perséfone, reina del mundo subterráneo, por el amor del hermoso joven griego Adonis.

La noticia del nacimiento de la criatura más hermosa que pisó alguna vez la tierra y fue acariciada por las olas del mar, se divulgó rápidamente en el Olimpo. Las cualidades de la diosa se comentaron entre todos los Olímpicos y, como consecuencia todas las divinidades masculinas ardiendo de deseo y las femeninas, incrédulas y curiosas a la vez, quisieron conocer a esta belleza sin par.

Antes de ser presentada ante los inmortales, las Horas, colocaron en la cabeza de Afrodita una guirnalda de flores eternas y acompañaron por los aires a la diosa, que se presentó en el Olimpo.

Naturalmente Afrodita superó las expectativas masculinas y levantó una corriente de celos entre las demás diosas.

Tal vez la leyenda más famosa sobre Afrodita está relacionada con la guerra de Troya. Eris, la diosa de la discordia, la única diosa no invitada a la boda del rey Peleo y de la nereida Tetis, arrojó resentida a la sala del banquete una manzana de oro destinada “a la más hermosa”. Cuando Zeus se negó a elegir entre Hera, Atenea y Afrodita, las tres diosas que aspiraban a la manzana, ellas le pidieron a Paris, príncipe de Troya, que diese su fallo.

Todas intentaron sobornarlo: Hera le ofreció ser un poderoso gobernante; Atenea, que alcanzaría una gran fama militar, y Afrodita, que obtendría a la mujer más hermosa del mundo.

Paris seleccionó a Afrodita como la más bella, y como recompensa eligió a Helena de Troya, la mujer del rey griego Menelao. El rapto de Helena por Paris condujo a la guerra de Troya. Corresponde a Venus la diosa romana en la mitología latina.

Hades

Hades, en la mitología griega, dios de los muertos. Era hijo del titán Cronos y de la titánide Rea y hermano de Zeus y Poseidón. Cuando los tres hermanos se repartieron el universo después de haber derrocado a su padre, Cronos, a Hades le fue concedido el mundo subterráneo.

Allí, con su reina, Perséfone, a quien había raptado en el mundo superior, rigió el reino de los muertos. Aunque era un dios feroz y despiadado, al que no aplacaba ni plegaria ni sacrificio, no era maligno.

En la mitología romana, se le conocía también como Plutón, señor de los ricos, porque se creía que tanto las cosechas como los metales preciosos provenían de su reino bajo la tierra.

El mundo subterráneo suele ser llamado Hades. Estaba dividido en dos regiones: Erebo, donde los muertos entran en cuanto mueren, y Tártaro, la región más profunda, donde se había encerrado a los titanes.

Era un lugar oscuro y funesto, habitado por formas y sombras incorpóreas y custodiado por Cerbero, el perro de tres cabezas y cola de dragón. Siniestros ríos separaban el mundo subterráneo del mundo superior, y el anciano barquero Caronte conducía a las almas de los muertos a través de estas aguas.

En alguna parte, en medio de la oscuridad del mundo inferior, estaba situado el palacio de Hades. Se representaba como un sitio de muchas puertas, oscuro y tenebroso, repleto de espectros, situado en medio de campos sombríos y de un paisaje aterrador. En posteriores leyendas se describe el mundo subterráneo como el lugar donde los buenos son recompensados y los malos castigados.

Poseidón

Poseidón, en la mitología griega, dios del mar, hijo del titán Cronos y la titánide Rea, y hermano de Zeus y Hades. Corno Poseidón necesitaba una esposa para compartir el reino de los mares, se fijó primero en la Nereida Tetis y la cortejó con gran caballerosidad, colmándola de regalos preciosos. Pero Temis advirtió al dios que debía tener cuidado, porque la descendencia que tuviera con Tetis llegaría a ser más importante que el mismo Poseidón.

Esto hizo desistir inmediatamente al dios de su idea de matrimonio con Tetis y comenzó a poner su atención en otra nereida llamada Anfitrite (cuyo nombre significa “la que fluye alrededor”).

Sin embargo, ocurrió esta vez que la nereida rechazó abruptamente los requerimientos del dios y cuando comprobó que Poseidón no dejaría de cortejarla tan fácilmente, Anfitrite se escapó hacia el monte Atlas.

Pero al fin y al cabo Poseidón era un dios y luego del reparto de los reinos con sus hermanos, había aprendido que debía pelear por aquello que deseaba, entonces envió unos mensajeros para que trajeran a la nereida de regreso, donde se destacó la Delfina, al lograr el matrimonio con Poseidón. Como agradecimiento la Delfina se transformó en la constelación Delfín.

Poseidón, sin embargo, tuvo otros numerosos amores, especialmente con ninfas de los manantiales y las fuentes, y fue padre de varios hijos famosos por su salvajismo y crueldad, entre ellos el gigante Orión y el cíclope Polifemo. Poseidón y la gorgona Medusa fueron los padres de Pegaso, el famoso caballo alado.

Poseidón desempeña un papel importante en numerosos mitos y leyendas griegos. Disputó sin éxito con Atenea, diosa de la sabiduría, por el control de Atenas. Cuando Apolo, dios del sol, y él decidieron ayudar a Laomedonte, rey de Troya, a construir la muralla de la ciudad, éste se negó a pagarles el salario convenido.

La venganza de Poseidón contra Troya no tuvo límites. Envió un terrible monstruo marino a que devastara la tierra y, durante la guerra de Troya, se puso de lado de los griegos.

A Poseidón se lo representaba de pie sobre las olas o en un carro de ruedas de oro formado por un caracol gigante y conducido por caballos marinos; siempre era seguido por peces, delfines, nereidas y genios marinos.

El emblema que eligió el dios fue el caballo, ya que siempre dijo que este animal había sido creado por él. Su única arma era el tridente, con el que agitaba las aguas y podía hacer naufragar los barcos.

Su figura es muy parecida a la de su hermano Zeus, con larga barba y majestuosa, de cuerpo robusto y hermoso y siempre acompañado del tridente, símbolo de poder.

Aparece acompañado por un delfín, o bien montado en un carro tirado por briosos seres marinos. Los romanos identificaban a Poseidón con su dios del mar, Neptuno.

Ares

Ares, en la mitología griega, dios de la guerra e hijo de Zeus, rey de los dioses, y de su esposa Hera. Ares es representado con coraza, casco, escudo y tina espada manchada de sangre.

Tiene un cuerpo enorme y suele ir acompañado de sus hijos Deimos (Temor) y Fobo (Terror). Agresivo y sanguinario, Ares personificaba la brutal naturaleza de la guerra, y era impopular tanto para los dioses como para los seres humanos.

A pesar de su pasión por la guerra, es derrotado en numerosas oportunidades. Seguramente la tradición se esfuerza en demostrar que la fuerza bruta, sin ningún ideal de por medio, es fácilmente susceptible de ser vencida. Ares no era invencible, ni siquiera frente a los mortales.

Es así como se lo ve derrotado en la Titanomaquia (Guerra de Titanes) ; burlado por Heracles, humillado por Atenea y herido, por un mortal (Diomedes), durante la guerra de Troya.

La colina de Atenas que lleva el nombre de Areópago, en donde se reunía el tribunal que juzgaba los crímenes de origen religioso. Va unido a Ares por el siguiente mito; los dioses habían culpado a Ares por la muerte del hijo de Poseidón, llamado Halirrotio.

Pero Ares se liberó de esta acusación alegando que lo había matado porque intentó violar a su hija, Acipea. Era la palabra del dios Ares contra el dios Poseidón, ya que Halirrotio estaba muerto.

Nadie confiaba en el testimonio de Ares, pero finalmente los dioses, tuvieron que absolver al dios de la guerra, porque Acipea testificó a favor de su padre.

El culto de Ares, que se creía originario de Tracia, no estaba muy difundido en la antigua Grecia y, donde existía, carecía de significación social o moral. Los romanos lo identificaban con Marte, también un dios de la guerra.

Hermes

Hermes, en la mitología griega, mensajero de los dioses, hijo del dios Zeus y de Maya, la hija del titán Atlas. Como especial servidor y correo de Zeus, Hermes tenía un sombrero y sandalias aladas y llevaba un caduceo de oro, o varita mágica, con serpientes enrolladas y alas en la parte superior.

Guiaba a las almas de los muertos hacia el submundo y se creía que poseía poderes mágicos sobre el sueño. Hermes era también el dios del comercio, protector de comerciantes y pastores.

Como divinidad de los atletas, protegía los gimnasios y los estadios, y se lo consideraba responsable tanto de la buena suerte como de la abundancia. A pesar de sus virtuosas características, también era un peligroso enemigo, embaucador y ladrón.

El día de su nacimiento robó el rebaño de su hermano, el dios del sol Apolo, oscureciendo su camino al hacer que la manada anduviera hacia atrás. Al enfrentarse con Apolo, Hermes negó haber robado.

Los hermanos acabaron reconciliándose cuando Hermes le dio a Apolo su lira, recién inventada.

En el primitivo arte griego, se representaba a Hermes como un hombre maduro y barbado; en el arte clásico, como un joven atlético, desnudo e imberbe como puede comprobarse en el Hermes de Praxíteles, en Olimpia.

Dionisio

Dioniso, dios del vino y del placer, estaba entre los dioses más populares. Los griegos dedicaban muchos festivales a este dios telúrico, y en algunas regiones llegó a ser tan importante como Zeus.

A menudo lo acompañaba una hueste de dioses fantásticos que incluía a sátiros, centauros y ninfas. Los sátiros eran criaturas con piernas de cabra y la parte superior del cuerpo era simiesca o humana.

Los centauros tenían la cabeza y el torso de hombre y el resto del cuerpo de caballo. Las hermosas y encantadoras ninfas frecuentaban bosques y selvas.

Fuente Consultada: Enciclopedia Encarta 2005
Mitología Griega – Nuri Abramovicz
Figuras y Leyendas Mitológicas – Emilio Genest
Mitos Antiguos de Grecia y Roma

Las injerencias de los dioses en las hazañas de los héroes –Hércules, Aquilea, Eneas, Perseo, etc.- inspiraron numerosas narraciones, cuyo conjunto forma la mitología. Los mitos son muy variados y ejemplifican la maldad, las calamidades, el castigo, el heroísmo, la fortuna, etc.

ALGUNOS DE LOS MITOS MÁS CELEBRES
dioses del olimpodioses del olimpodioses del olimpodioses del olimpodioses del olimpo
Atlas Rey de Mauritania, sostuvo eL mundo sobre sus hombros. Sus siete hijas formaron la constelación de las Pléyades. Perseo lo transformó en montaña por rehusar su hospitalidadMedusa Una de las tres gorgonas que vivían en Libia, la única mortal. Mito maligno, con serpientes por cabellos y una mirada petrificante, fue decapitada por el héroe Perseo.Sísifo Mito del castigo por excelencia, fue condenado a subir una gran roca a la cima de una montaña. Exhausto cerca del final, la roca caía y todo volvía a empezar, en una eterna repetición.Pandora Primera mujer sobre la Tierra, desobedeció a su marido y abrió la caja de la que salieron los males de la humanidad. La cerró a tiempo para que no escapase la Esperanza.Perseo Héroe legendario, hijo de Zeus y Dánae. Cortó la cabeza a Medusa y petrificó a Polidectes, pretendiente de su madre. Liberó a Andrómeda, se casaron y fundó Micenas.

LOS MITOS: Los griegos no se limitan a concebir los dioses a su imagen. A los más importantes les atribuyen una personalidad, una historia y múltiples aventuras. Los relatos maravillosos que cuentan estas historias, estos mitos, cuyo conjunto forma la mitología, se habían elaborado lentamente en el curso de siglos oscuros, durante los cuales se formó el pueblo griego. Divinidades indoeuropeas, como Zeus, prehelénicas y cretenses como Deméter y más tarde las asiáticas, se habían incorporado confundiéndose a veces con otras.

Muertos ilustres fueron elevados a la categoría de semidioses y aparecieron también numerosas leyendas nuevas. Así se acumuló un conjunto de creencias, de tradiciones poéticas, de cuentos populares. Con esta materia, maleable como la arcilla, poetas y artistas modelaron la imagen definitiva de los dioses.

Homero definió y precisó su personalidad; Hesíodo, sus lazos de parentesco, y más tarde bajo el buril de los escultores, estas sombras nacidas de la imaginación de un pueblo acabaron por perfilarse en el mármol y en el bronce y adquirieron una forma concreta. Los mitos de los dioses no dejaron de evolucionar, mientras la civilización griega mantuvo su impulso creador.

LA MITOLOGÍA: La mitología ofrece primero una explicación del origen del universo, de los dioses y de los hombres.En un principio todo estaba mezclado en una masa confusa que los griegos llamaban caos. Primeramente se liberaron Nix (la noche de lo alto) y su hermano Erebo (oscuridad de los infiernos); poco a poco los dos se separaron. Erebo desciende; Nix se instala en una esfera inmensa que se divide en dos mitades una es Urano (la bóveda celeste); la otra, Gea (la tierra).

De su unión nacen los titanes (Océano, Yapeto, Cronos), los cíclopes, los monstruos de cien brazos, los gigantes y otras divinidades fantásticas que la mitología distribuye sobre la tierra. Cronos destrona a su padre, y por temor a sufrir una suerte parecida devora a cada uno de sus hijos. Rea, su esposa, puede llegar a salvar el último de ellos, Zeus; Cronos en su lugar devora una piedra, envuelta en pañales que aquélla le ofrece; Zeus se esconde en una caverna de Creta; más tarde obliga a su padre, por efecto de una droga, a dar nuevamente vida a todos sus hijos.

Con la ayuda de éstos, y la de los cíclopes y los gigantes, emprende la tarea de destronar a su padre, empresa que apoyan los otros titanes. Zeus, después vence a los titanes y a los ” gigantes y puede reinar como dueño sobre el Universo. La era de los monstruos primordiales termina. Comienza la de los hijos de Cronos, los olímpicos que encuentran en su reino una primer raza de hombres cuya creación se atribuye el titán Prometeo, hijo de Yapeto.

El titán sustrae para ello una partícula de fuego arrancada a la rueda del sol. Zeus, furioso, lo encadena sobre el Cáucaso, donde un águila le devora sin descanso su hígado que vuelve a crecer. Zeus extermina a los hombres enviando el diluvio; solamente sobrevive Deucalión, hijo de Prometeo, y su mujer; quienes arrojan por encima ‘de sus hombros piedras que se transforman en hombres y mujeres.

Así aparece una nueva humanidad que no le debe nada a los grandes dioses pero que, nacida de la’ acción de los titanes, está ligada a los olímpicos por un cierto parentesco. Los dioses y los hombres son de naturaleza semejante, pero los dioses son más poderosos y están mejor dotados. Los contemporáneos de Hornero y de Hesíodo consideraban al mundo como una inmensa ciudad. Los dioses son los aristócratas; los hombres los plebeyos. Estas dos clases de barreras no son infranqueables. Los dioses pueden aliarse con los simples mortales, y por sus hazañas, los hombres, es decir los héroes, pueden elevarse a la categoría de dioses.

DIOSES OLÍMPICOS: Los grandes dioses que residen en la cima del Monte Olimpo son los descendientes de un mismo antepasado, Cronos, y forman un verdadero genos alrededor de Zeus. A él pertenecen sus hermanos (Poseidón y Hades), sus hermanas (Hestia, Deméter, Hera) y sus hijos (Apolo y Atenea). Después de la derrota de Cronos, Zeus conserva su autoridad sobre el universo entero como jefe de un clan. En esta familia divina cada miembro tiene su personalidad y sus atributos.

Zeus, armado del rayo, es el dueño del cielo. Poseidón, provisto de un tridente, domina el mar. Hades reina sobre el mundo subterráneo y el mundo de los muertos. Hestia, diosa del hogar, permanece inmóvil en el Olimpo, como el hogar en la casa de los hombres. Deméter protege la tierra cultivada; Hera, esposa de Zeus, vela sobre el matrimonio.

En seguida vienen los hijos de Zeus; Apolo, el dios resplandeciente, preside la adivinación, la medicina, la música, y la poesía. Artemisa, la luna, es la diosa de la naturaleza salvaje; la bella Afrodita representa el amor, la naturaleza fecunda. La sabia y fría Atenea simboliza la inteligencia y la razón. Es una diosa guerrera, armada dé lanza y de escudo, y en la paz es la protectora de los artesanos. Hermes, mensajero del Olimpo, ayuda a los viajeros, a los mercaderes y guía las almas en el camino de los infiernos. El brutal Ares es el dios de la guerra; Hefaisto, el herrero cojo, el dios del fuego y de todas las artes y artesanos que se servían de aquel elemento en su trabajo, especialmente los fundidores de bronce. Dionisio, el recién llegado, personifica la viña, el vino y la vegetación.

Alrededor de estos grandes dioses se reúnen una cantidad de divinidades menores: las ninfas rodean a Artemisa, los sátiros forman la bulliciosa escolta de Dionisio, y el cortejo de Apolo, que es el padre de Esculapio, el dios de la medicina, lo integran las musas (Melpómene, Talía, Calíope, Erato, Clío, Euterpe, Tersícore, Polimnia y Urania).

MITOLOGIA GRIEGA

LOS HÉROES: Considerados por la leyenda como hijos de un dios o de una diosa, los héroes o semidioses fueron sin duda en su origen personajes ilustres a los que sus conciudadanos después de su muerte les dedicaron un culto ? los semidivinizaron. Estaban vinculados con una ciudad o una región ir sobre ellos se contaban las más sorprendentes aventuras.

TESEO: El héroe de Atenas había vencido al Minotauro y unificado el Ática. Con sus compañeros, los argonautas, Jasón, el héroe de Tesalia, había partido para la lejana Cólquide, donde conquistó el vellocino de oro. Estos mitos conservan sin duda un fondo histórico. Parecen representar unos el fin de la tutela cretense sobre el Ática, y el otro la expedición aquea en busca; ide los metales preciosos del Cáucaso.

GLOSARIO:
PRINCIPALES PERSONAJES DE LA MITOLOGIA GRIEGA
Afrodita: diosa del Amor. Fue elegida por París como la más bella de todas las diosas. Amimone: cuando su madre la había mandado a buscar agua para un sacrificio, quedó extenuada y se durmió. Entonces, la vio un sátiro y al aprovechar que dormía, quiso violarla.

Amimone: se despertó e invocó a Posidón, que se presentó ante la joven y puso en huida al sátiro. De la relación entre Amimone y el dios marino nació un hijo, de nombre Nauplio. Posidón hizo brotar un manantial en el lugar donde sucedieron los hechos, que se llamó fuente o manantial de Lerna.

Apolo: hermano de Ártemis y dios de las Artes. Arcadia: prefectura de Grecia, en la región del Peloponeso. Recibió su nombre del héroe mitológico Arcas. Su capital es Trípolis. Ares: dios olímpico de la Guerra.

Ártemis: la hija de Zeus y Leto, hermana de Apolo. Diosa de la Caza. Combatió junto a los Olímpicos contra los Titanes.

Atenea: hija de Zeus y Metis. Diosa de la Guerra, la Sabiduría y el Ingenio. Fue una de las perdedoras junto a Hera en el juicio de París.

Atlas: hijo de Jápeto y hermano de Prometeo. Fue condenado por Zeus a sostener los cielos sobre su espalda.

Cronos: el primer rey del mundo hasta que perdió su reinado a manos de los Olímpicos. Dánae: hija de Acrisio, rey de Argos, y de Eurídice.

Dioniso. hijo de Zeus y de Sémele. Fue el inventor del vino.

Eride: diosa de la Discordia, aliada de Ares. No muy querida por el resto de los dioses.

Eros: dios del Amor.

Escamandro: dios del río troyano del mismo nombre, que nace en el monte Ida. Se creía que había ayudado a los troyanos contra los griegos con sus inundaciones.

Estigia: hija mayor de Océano. Personifica el río que debe cruzarse para acceder al Tártaro.

Éter: hijo de la Noche. Es la luz celestial.

Fidias: el más célebre escultor de la Antigüedad. Vivió en el siglo v a. C. Hizo varios de los frisos del Partenón, pero lo acusaron de robar oro y marfil de una estatua de Atenea, y tuvo que exilarse en Olimpia, en la época en que realizó la estatua de Zeus.

Gea: la primera diosa en aparecer, la Madre Tierra.

Hades: hijo de Cronos y Rea. Es el dios de la Muerte y reina en el Tártaro.

Harmonía: hija de Ares y Afrodita.

Hecatonquiros: primeros hijos de Gea y Urano. Eran tres y se llamaban Briareo, Giges y Coto.

Hefesto: hijo de Zeus y de Hera. Personifica el fuego y todos los trabajos relacionados con su uso.

Hera: esposa de Zeus.

Hermes: hijo de Zeus. Fue el principal mensajero del Olimpo y dios de la Oratoria. Debía, además, vigilar el comercio, los viajes y todas las transacciones de los mortales.

Hestia: diosa del Hogar. Fue la primera en aparecer cuando Zeus obligó a su padre a vomitar a los hijos que se había tragado.

Idas: hijo de Arene y del rey mesenio Afareo (algunos sostienen que de Posidón) y hermano mellizo de Linceo; ambos tomaron parte en la expedición de los argonautas. Ifmedia: hija de Tríope, que a su vez era hijo de Cánace y Posidón.

Laomedonte: rey de Troya. Tuvo cinco hijos: Tifón, Lampo, Clitio, Hicetaón y Podarces, que cambió su nombre por el de Príamo después de haber quedado como único sobreviviente de sus hermanos, porque los demás fueron exterminados por Heracles. También tuvo tres hijas: Hesíone, Cila y Astíoque, y además dos mellizos bastardos con la ninfa Cálibe. Fue él quien decidió construir las famosas murallas de Troya y para esta obra contó con la ayuda de los dioses Posidón y Apolo, a raíz del castigo que les había impuesto Zeus.

Marpesa: era hija de Eveno y Alcipe, joven doncella pretendida por Apolo, pero que finalmente eligió a Idas.

Marsias: a él se le atribuye la invención de la flauta y de la música. Era hijo del famoso flautista Olimpo, llamado así porque había nacido en el monte del mismo nombre.

Metis: primera esposa de Zeus, madre de Atenea. Personifica la inteligencia y el ingenio.

Musas: las nueve hijas de Zeus y Mnemosine.

Nereidas: las cincuenta hijas de Nereo, el dios de las Olas del Mar.

Ninfas: hijas de Zeus. Son divinidades de las fuentes, los ríos y los bosques.

Océano: uno de los Titanes. Es una masa de agua que circula alrededor del mundo.

Olimpo: el monte más alto de Grecia, elegido por Zeus para construir su palacio. Orcómeno: según algunos autores,

Pan: dios de los pastores. Es hijo de Hermes y ayudó a su padre a recuperar los tendones de Zeus.

Polifemo: hijo de Posidón. Fue engañado y cegado por Ulises en la isla que habitaba.

Ponto: el Mar. Hijo de Gea.

Posidón: uno de los Olímpicos. Reinó sobre los mares.

Prometeo: hijo de Jápeto. Siempre trató de favorecer a los mortales y por esta razón tuvo grandes conflictos con Zeus.

Rea: hija de Urano y Gea. Esposa de Cronos.

Tártaro: mundo subterráneo donde habitan las almas de los muertos.

Temis: hija de Urano y de Gea, es uno de los titanes de sexo femenino. Hermana de los Cíclopes y de los Gigantes hecatónquiros. Se le atribuye la maternidad sobre las estaciones, que habría tenido como segunda esposa de Zeus. Esta diosa personificaba la Ley y el Orden, el Derecho y la Justicia, y por ello se la invocaba en los juramentos.

Tera: isla volcánica situada en el mar Egeo, una de las Cicladas.

Tesalia: región situada en el centro de Grecia, al sur de Macedonia, entre el Olimpo, Pindos y el mar Egeo.

Tetis: hija de Nereo y de la oceánida Doris; es la nereida que más fama y protagonismo tiene en la mitología griega. Se casó con Peleo, hijo de Eaco, y fue la madre de Aquiles. Una leyenda afirma que tuvo relaciones con Hefesto, al que hospedó muchos años en el mar. Tetis ha dado su nombre a uno de los satélites de Saturno.

Tifón: monstruoso hijo de Gea y Tártaro que fue vencido por Zeus.

Titanes: representación de los elementos primarios y las fuerzas de la Naturaleza.

Urano: el Cielo. Nació de Gea y fue mutilado por su hijo Cronos.

Zeus: el rey de los dioses a partir de su victoria sobre los Titanes.

Fuente Consultada Para El Glosario: Mitología Para Chicos de Daniel Catalano

Historia de los Juegos Olimpicos Griegos Origen Primeros Juegos

Historia de los Juegos Olímpicos Griegos

Los Juegos Olímpicos a través de la historia

Historia de los Juegos Olimpicos Griegos Origen Primeros JuegosLas competencias de la antigua Grecia comenzaron hace 2.800 años, en el 776 a.C.

Los primeros Juegos eran muy distintos a los conocemos ahora, pero el espíritu olímpico se mantiene.

Quienes llegaban a ver los Juegos a la Antigua Olimpia debían llevar un animal, que luego sería sacrificado para honrar al dios Zeus.

Pero los tiempos cambiaron, ahora la cita olímpica regresa a Atenas y los espectadores simplemente pueden adquirir las entradas cómodamente por Internet.

Los actuales aficionados al deporte difícilmente reconocerían los antiguos Juegos, que comenzaron hace 2.800 años, en el 776 a.C.

En esa época no había deportes por equipos ni premios para los segundos puestos, las mujeres no estaban autorizadas para presenciar las competencias o para participar de ellas, los hombres competían desnudos y las infracciones se castigaban con azotes.

Cada cuatro veranos y durante mil años, la gente de cada rincón de la antigua Grecia concurría a las tierras sagradas de la Antigua Olimpia para celebrar su pasión por las competencias deportivas.

Barcos llegaban desde colonias griegas a un punto en el que se mezclaban filósofos, poetas, escritores, apostadores, proxenetas, vendedores ambulantes, músicos y bailarines, con el fin de asistir a los antiguos Juegos, que duraban cinco días y comenzaban en agosto, como una fiesta religiosa.

A medida que la cita se acercaba, miles de espectadores iban llegando a Olimpia, trasformando el pequeño pueblo al Oeste de Atenas en una floreciente metrópolis. Muchos llegaban de colonias griegas que eran en principio rivales, pero que compartían una religión, una lengua y el entusiasmo por el deporte.

No se vendían entradas y muchos espectadores dormían a la intemperie, a pesar de que miembros oficiales de las delegaciones levantaban carpas y casetas.

Las ceremonias religiosas, como los sacrificios, la música, la actuación teatral, discursos de reconocidos filósofos, recitales poéticos, desfiles, banquetes y celebraciones de victoria eran también cosa de todos los días en aquella época.

“Los antiguos Juegos eran diferentes a los modernos. Había muchos menos deportes y solamente podían competir hombres que hablaran griego, en vez de atletas de todos los países”, dijo Miltiades Hatzopoulos, director del centro de investigación de las antigüedades griegas y romanas de la Fundación Nacional de Investigación.

Los primeros juegos consistían solamente en una carrera a pie de 185 ó 190 metros (un largo de la pista de atletismo).

Posteriormente, se fueron añadiendo carreras más largas, luchas y el pentatlón, que comprendía lanzamientos de disco y jabalina, carreras de campo traviesa, salto de longitud y lucha libre.

Después se agregaron boxeo, carreras de carros y de caballos con jinetes. Otra de las pruebas olímpicas fueron los saltos de longitud y una carrera con armaduras puestas.

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Los Juegos Olímpicos y el ideal humano de la aristocracia

Durante los siglos VII y VI a. de J.C., la aristocracia, predominante en el conjunto de los estados griegos, se ve amenazada  por la aparición de fuerzas nuevas que tienden a desplazarla del poder político y económico.

Ante el peligro, se Incrementa la resistencia ideológica de la nobleza.

Toda la producción poética del momento se Inscribe en una línea de reacción, y tanto Teognis como Píndaro son grandes poetas con estricto sentido de clase.

En ambos, la diversidad de estilos no oculta la afinidad del contenido: en las dificultades de los tiempos, los nobles toman conciencia de su preeminencia, de su vocación y superior destino.

El hombre ideal se define ahora:

Es el que posee la “arete” –valor-, es decir, el conjunto de cualidades físicas y morales que, trasmitidas por tradición y heredadas de antepasados ¡lustres, dan la victoria.

Junto a la “arete”, cualidad necesaria, la “calocagazla” -ser bueno, ser bello- es el equilibrio entre las cualidades físicas y las morales.

El hombre Ideal posee además “sofrosine” –moderación-, el autodominio, la aptitud para adoptar una actitud.

Los Juegos Olímpicos se originan por la apertura de diversiones, fiestas y concursos aristocráticos a todas las clases sociales.

La nobleza participa activamente en los juegos, pues los superiores medios de que disponía qarantizaban su preparación y triunfo.

Los “agones” –luchadores, competidores– participantes en los juegos, y sobre todos ellos el vencedor, encarnan el ideal humano de la aristocracia en su doble vertiente material y espiritual.

Los escultores de la época, cuyo tema será muchas veces la figura de los vencedores en los Juegos, imprimen a sus estatuas –porporciones físicas ideales, aspecto sereno, tendencia idealista– los caracteres del noble.

La glorificación de los vencedores, la glosa de sus cualidades, la fama alcanzada, se convierten en objete de poesía.

Juegos Olímpicos poesía, escultura, manifestaciones prestigiosas de la cultura griega, responden durante largo tiempo –hasta el final de la época clásica– a los ideales, aspiraciones y objetivos de las clases aristocrática”

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¿Por qué resurgieron las Olimpiadas?

Al francés Fierre de Fredy, mejor conocido como Barón de Coubertin, se le atribuye el haber revivido los Juegos Olímpicos modernos. De hecho, los esfuerzos por restaurar la I Olimpiada ya existían desde hacía dos siglos.

De 1012 a 1852, con excepción de los años en que hubo guerra, los Juegos Olímpicos de Cotswold se llevaron a cabo en Inglaterra. (Fueron reinstalados en 1963.) En 1852 el arqueólogo alemán Ernst Curtius, que había trabajado en algunas excavaciones en Olimpia, sugirió que se restaurara la Olimpiada. Pero la labor del Barón de Coubertin logró hacer realidad el proyecto.

Cuando era joven. De Coubertin visitó las escuelas de Rugby y Eton en Inglaterra, y entonces comenzó a afirmar que los alumnos franceses aprenderían más practicando deporte que repitiendo lecciones de latín.

Como resultado, las escuelas introdujeron juegos organizados y competencias interescolares. Entonces, el gobierno le pidió que promoviera una conferencia internacional de educación física.

De Coubertin emprendió la tarea de revivir los Juegos Olímpicos y dio conferencias sobre el tema en Londres y en Estados Unidos; no tenia ninguna intención de dejar que la flama olímpica se apagara.

En aquellos día lo apoyaba el padre Henri-Martin Didon. un prior dominicano del Colegio de Arceuil. de París. Él quería que sus alumnos hicieran deporte, y les enseñó un lema: Altius, Citíns, Fortius (más alto, más rápido, más fuerte), que se convirtió en la máxima de la Olimpiada y se usó por primera vez en los Juegos de Amberes en 1920.

En 1908, durante los Juegos de Londres, De Coubertin asistió a una misa en la Catedral de San Pablo, que se efectuó para celebrar la cuarta Olimpiada. El obispo de Pensylvania dedicó un sermón a la importancia de las competencias olímpicas. El mensaje inspiró a De Coubertin. que más tarde escribió: “Lo importante en los Juegos Olímpicos no es ganar, sino competir. Lo esencial en la vida no es conquistar, sino pelear correctamente.”

Desde 1932, los tableros de los Juegos muestran estas palabras en la ceremonia de inauguración. Esa afirmación no concuerda con el espíritu de las antiguas Olimpíadas, donde ganar era lo mas importante. Hoy se hace un gran esfuerzo para lograr revivir la tradición griega de estos juegos. De Coubertin fue la energía que logró restaurar los juegos, acrecentando el interés popular.

EL SÍMBOLO QUE UNE AL MUNDO
Durante los antiguos Juegos Olímpicos reinaba una tregua sagrada. Todas las guerras en el mundo griego cesaban la pena. muerte era suspendida y los competidores estaban a salvo, decía que las condiciones de la tregua estaban inscrita en cinco aros en el disco sagrado del rey Iphitus de Elida que en 884 a.C., declaró por primera vez el armisticio por indicación del Oráculo de Delfos. La tregua, aplicada a todos los rituales y festivales, más tarde se impuso también en los Juegos Olímpicos.

El Barón de Coubertin visitó en 1913 el lugar donde se habían celebrado los antiguos Juegos Olímpicos en Grecia bien fue a Delfos, lugar que en la antigüedad era el  santuario  del dios Apolo y donde se decía que en aquel tiempo decoraban el altar cinco aros unidos. De Coubertin, deseoso de promover internacionalmente las Olimpiadas modernas, se percató inmediatamente del valor que el símbolo podría tener para su causa. “Estos cinco aros”, escribió, “representan a las cinco partes del mundo unidas por la Olimpiada y listas competir noblemente entre sí.”

Se diseñó una bandera con los cinco aros, cada un diferente color: azul, amarillo, negro, verde y rojo sobre fondo blanco. “Los seis colores dispuestos de esta manera, dijo  De Coubertin, “representan los de cada nación sin excepción”.

La bandera ondeó por primera vez en París en junio de 1914 en un congreso, señalando el XX aniversario del movimiento  olímpico. Irónicamente, pocas semanas después, el estallido  de la Primera Guerra Mundial ocasionó la cancelación de la Olimpiada, que se pospuso para 1916 en Berlín.

El movimiento olímpico moderno adoptó el emblema en 1920, dado su origen y porque los cinco aros representan los  cinco continentes de la Tierra.

MAS SOBRE LOS JUEGOS OLÍMPICOS…

La historia de las competencias deportivas masivas, se remonta varios siglos atrás, donde los principales ejemplos los encontramos en la antigua Grecia.

En sus principales ciudades, tales como Corinto, Delfos o Argólida, se organizaban eventos atléticos en honor de los dioses, sin embargo, los más importantes eran los que se celebraban en honor del dios Zeus en la ciudad sagrada de Olimpia, (una pequeña población en la parte noroeste de la península del Peloponeso, a unos 300 kilómetros de Atenas) cada cuatro años durante el verano.

Así, los Juegos Olímpicos nacieron en el 776 a.C., y durante cerca de tres mil años fueron el marco de competencias en las que participaban atletas de todas partes de Grecia y en las cuales siempre reinaba la paz, pues aunque existiera guerra en el momento que se efectuaban los juegos, se imponía una tregua entre los contendientes para no interferir en la realización de la olimpiada.

En sus primeros años, esta justa fue realizada mediante una sola competencia: una carrera de aproximadamente 190m en las inmediaciones de la ciudad. Pero con el paso del tiempo, los antiguos griegos decidieron añadir más disciplinas, como las carreras de distancia, la lucha y el pentatlón (en éste se combinaban el salto de longitud, el lanzamiento de jabalina y disco, así como carreras de velocidad y lucha).

Personas de todos los rincones del territorio griego asistían a ver las competencias, y se instalaban en tiendas de campaña en los alrededores de Olimpia y la ciudad vecina Élide. Entre los espectadores siempre podía contarse a políticos y autoridades de alto rango que aprovechaban la ocasión para concertar alianzas entre las ciudades, o comerciantes que vendían de todo, también a artistas y poetas que participaban en los festejos nocturnos o actuaban en los espacios públicos; así como a espectadores comunes que llenaban el estadio para ver las competencias.

En aquellos antiguos juegos participaban solamente hombres libres que hablaran griego, y las mujeres, tenían estrictamente prohibido intervenir. A tal grado existía la restricción, que aquellas que atrevieran a contravenir esta disposición podían ser castigadas incluso con la muerte si se les descubría en los juegos. Sin embargo había competencias de carrera para mujeres, las más famosas eran las que se llevaban a cabo en el estadio Olímpico en honor de la diosa Hera.

Entonces, aquellos que participaban, lo hacían compitiendo, a diferencia de nuestros días, siempre a título individual y no como hoy representando a un país. Curiosamente no se entregaban medallas; solamente se colocaba en la cabeza del ganador una guirnalda hecha con hojas de olivo. En todo caso, a los triunfadores se les concedía el honor de colocar una estatua con su efigie en la mítica Olimpia. En consecuencia, la fama seguía a los campeones olímpicos. En sus ciudades natales se erigían bustos de los vencedores y se escribían poemas en su honor.

A su regreso, los victoriosos recibían una bienvenida de héroes, con un desfile por las calles. También los podían recompensar con dinero, obsequios, se les condonaba el pago de impuestos, entre muchas otros beneficios; mientras que a los participantes que hacían trampa se les castigaba cobrándoles una multa que servía para financiar estatuas de bronce en honor de Zeus que se ponían en el camino al estadio Olímpico, en las cuales se escribía el nombre del tramposo y su ofensa.

Dentro de las principales características en las que se efectuaban aquellas olimpiadas, encontramos que antes de que comenzaran las competencias, los atletas tenían la obligación de sacrificar un cerdo en honor de los dioses, así como que la gran mayoría de los participantes contendían completamente desnudos, como forma mostrar con orgullo su condición física.

Uno de los espectáculos más célebres de los juegos fueron las carreras de cuadrigas, es decir, carrozas tiradas por cuatro caballos. Hay noticias de competencias en las que participaban hasta 40 carros. Tenían que dar lo más rápido posible doce vueltas a la pista que medía aproximadamente 1250m, sin importar las enormes cantidades de polvo que levantaran, o las caídas y vuelcos que sufrieran.

Incluso había cocheros, llamados aurigas, que perdieron la vida dentro de estas peligrosas competencias. Pero el más violento de los espectáculos deportivos en aquellas olimpiadas era indudablemente el pancracio. Esta era una lucha casi a muerte entre dos atletas, que combinaba el boxeo y la lucha libre. En este evento se permitía todo excepto romper dedos, sacar ojos y morder.

Pero los juegos olímpicos de la antigüedad no sólo eran un evento atlético. También favorecieron el desarrollo cultural al amparar la creación humana en diversos campos como en la escultura, arquitectura, matemáticas y poesía. Por ejemplo, destaca el Templo de Zeus en Olimpia, diseñado por Libon, y en cuya edificación se usó un sistema de proporciones geométricas que se basó en los planteamientos de Euclides.

Mientras que en la escultura, los juegos inspiraron el famoso “Discóbolo” de Mirón”. En cuanto a la poesía, se conocen infinidad de odas (como las “Olímpicas” y los Epinicios”), escritas por famosos poetas, como Píndaro y Simónides, para inmortalizar los triunfos de los atletas en las Olimpiadas

La última olimpiada de la antigüedad, con una larga lista de campeones, nombres y proezas, fue la del año 394, ya en la era Cristiana. Prohibidos por el emperador romano Teodosio I, por considerarlos un espectáculo pagano, condenó a la antorcha olímpica a mantenerse apagada durante muchos años.

No obstante, 1503 años después, gracias al esfuerzo de un idealista francés, Pierre Frédy, Barón de Coubertin y un grupo de soñadores, una vez más los juegos serían celebrados.

EL MARATON EN LOS JUEGOS OLIMPICOS:
Por Patricio Strauss

Los Juegos Modernos

El fundador de los Juegos Olímpicos de la era moderna fue Pierre de Fredy, Barón de Coubertin. Nacido en el seno de una familia aristocrática, siempre estuvo interesado en la educación y creía que el deporte tenía el poder de beneficiar a la humanidad y alentar la paz entre las naciones del mundo. A los 31 años anunció su deseo de revivir los Juegos Olímpicos, pero nadie creyó en él y no hubo mucho entusiasmo ni apoyo.

Coubertin no se desilusionó y fundó el 23 de junio de 1894 el Comité Olímpico Internacional en una ceremonia llevada a cabo en la Universidad de La Sorborne en París. Dos años más tarde, tras grandes esfuerzos se llevaron a cabo los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna en la ciudad de Atenas, Grecia.

La Llama Olímpica es el símbolo más venerado de los Juegos y la idea fue adoptada de los Juegos Antiguos, donde la llama sagrada permanecía encendida en el altar de Zeus durante la competencia. En los Juegos de Amsterdam de 1928 hubo por primera vez un pebetero permanente para la llama olímpica. Desde el año 1936, la llama es encendida en Grecia y transportada haciendo relevos de la antorcha hasta la sede de los Juegos. Esto simboliza la unión entre los juegos de la antigüedad y los juegos modernos. La llama es encendida en el antiguo sitio de Olimpia por los rayos naturales del sol reflejados en un espejo curvo. Es encendida en una ceremonia por una mujer vestida con las ropas usadas en la antigüedad y es ella quien se la entrega al primer corredor.

Historia del Maratón

La idea de una carrera de maratón fue inspirada por la leyenda de Filípides, un corredor profesional quien supuestamente llevó la noticia de la victoria griega sobre los persas en la batalla de Marathon en el año 409 A.C. En su llegada a Atenas, gritó “Alegraos, hemos vencido!” y luego cayó muerto, exhausto. Actualmente no hay evidencia que este incidente dramático haya tenido lugar alguna vez. El historiador del quinto siglo A.C., Heródoto, quien desarrolló jugosas anécdotas de la época y escribió sobre la batalla de Marathon, no menciona en ningún momento nada sobre la hazaña de Filípides. La historia no apareció escrita hasta el segundo siglo D.C. – más de 600 años después de que el supuesto hecho ocurriera. La carrera más larga incluida en los antiguos Juegos Olímpicos Griegos era de solamente 4.614 metros.

Reglas del Maratón Olímpico: El maratón olímpico se corre actualmente sobre la distancia de 42.195 metros (26 millas, 385 yardas). Tanto la largada como la llegada del maratón no necesariamente debe ser dentro de un estadio. En ciertas oportunidades, la carrera empieza dentro del estadio, con una vuelta a la pista, para luego tomar las calles y retornar al estadio en el final, dando la vuelta a la pista para completar los últimos 400 metros. En la línea de largada, los corredores toman lugar sin un orden predeterminado. La competencia se inicia cuando el largador dispara la pistola de largada. Como en las otras pruebas, dos largadas en falso implican descalificación del participante. Así como en las otras carreras, el ganador es el primer participante cuyo torso cruza la línea de llegada. No existe en el maratón pruebas clasificatorias; todos los competidores participan de una sola carrera.

El recorrido debe ser por calles, aunque está permitido que se utilicen bicisendas o senderos. Debe proveerse de puestos de hidratación cada 5 kilómetros. Los competidores no pueden recibir bebidas fuera de estos puestos, pero si pueden ser provistos de sus propias bebidas e indicar en que puesto quieren que les sea entregada. Asimismo, puestos con agua para beber y esponjas para refrescarse deben ser provistos en los tramos que hay entre los puestos de hidratación. No existe restricción en cuanto a la cantidad de bebida que un corredor pueda tomar, pero no se les está permitido tomar fuera de los puestos ya determinados.

Cualquier corredor que reciba asistencia externa es automáticamente descalificado. Una excepción, agregada a las reglas después de 1984, permite un examen médico por personal médico autorizado. Si el médico oficial determina que un atleta no está en condiciones de continuar, dicho atleta debe retirarse de la competencia. Esta última regla fue agregada luego de que en los Juegos Olímpicos de Los Angeles 1984, la estadounidense (representando a Suiza debido a su doble nacionalidad) Gabriele Andersen-Scheiss llegara a la meta exhausta pero rechazando ayuda médica durante los 5 minutos 44 segundos que tardó en recorrer los últimos 400 metros.

Los países pueden presentar un atleta que haya obtenido una marca “B”, o 2 ó 3 atletas que hayan obtenido una marca “A”. Las marcas clasificatorias para hombres y mujeres son las siguientes:

Hombres: Marca “A”: 2:14:00 Marca “B”: 2:20:00

Mujeres: Marca “A”: 2:33:00 Marca “B”: 2:45:00

¿Por qué las mujeres no competían en las primeras Olimpiadas modernas?

CRONOLOGÍA
Fechas de introducción de las modalidades olímpicas.

776 a.C.» Coroebus de Bis gana la carrera del estadio, primera prueba de los Juegos Olímpicos.

708 a.C.» Se incluye elpentathlon (salto de longitud, carrera pedestre, lanzamiento de jabalina y de disco, y lucha sin armas), con el triunfo de Lampi de Esparta.

688 a.C.» Nace el pugilato (boxeo) y Onomasto de Esmirna es el primer campeón.

680 a.C.» En las primeras carreras de carros o cuadrigas vence Pagaonda de Tebas.

648 a.C.» Se incorpora el pan-kration (lucha con golpes) y la victoria es para Ligdamo de Siracusa.

521 a.C.» Nace la carrera de dos estadios con armamento completo, llamada de los hoplitas.

490 a.C.» Tras la batalla contra los persas en Maratón, el soldado Filípides corre 40 kilómetros para anunciar la victoria. Su gesta dará nombre a la prueba final de los Juegos Olímpicos modernos.

385 a.C.» El pugilistaVarastade es el último campeón registrado en los antiguos Juegos Olímpicos. “


Cuando se restauraron los Juegos Olímpicos en Atenas en 1896, los organizadores, lógicamente, tomaron como modelo las antiguas Olimpiadas.

El antiguo festival en honor a Zeus tenía un fuerte elemento religioso. Estaba dedicado sólo a los hombres, que competían desnudos. Con pocas excepciones, a las mujeres no se les permitía participar, ni siquiera como espectadoras. Si alguna desobedecía la regla, podía ser condenada a muerte.

En las primeras Olimpiadas modernas se permitió a las mujeres presenciar las competencias, pero no participar. Hasta los Juegos de Amsterdam en 1928, las mujeres sólo competían en deportes como golf, tenis, natación y esgrima; pero había muy pocas competidoras.

En Amsterdam, a las atletas se les permitió participar, por primera vez, en los deportes de pista y campo, que incluían una carrera de 800 m que causó gran controversia: después de terminar la prueba, muchas competidoras se desmayaron.

Los más tradicionalistas se apoyaron en ese resultado para subrayar que a las mujeres no debía permitírseles competir. El presidente del Comité Olímpico Internacional, Baillet-Latour, insistió en que se regresara a las Olimpiadas donde sólo competían hombres. Otros dijeron que, dada su fragilidad, las mujeres no eran capaces de afrontar pruebas de resistencia física que “las hacían envejecer prematuramente”.

Las feministas señalaron que en las carreras para hombres también los competidores se desmayaban por el cansancio. De hecho, si no lo hacían, se les acusaba de “no hacer su mayor esfuerzo”.

Los conflictos siguieron y,”como resultado, los Juegos Olímpicos no tuvieron carreras para mujeres más largas de la mitad de la pista, o sea, 200 m, sino hasta 1964, cuando Betty Cuthbert de Australia ganó los 400 m.

Los 1,500 m se introdujeron en Munich en 1972; los 3,000 m y el maratón en Los Ángeles, en 1984. Las carreras largas para mujeres se han complementado con las competencias de natación, así que hoy día no hay gran diferencia entre los programas para mujeres y para hombres.

Bibliografía:

“Summer Olympics” – Sports Illustrated – David Wallechinsky

“Historia de los Juegos Olímpicos” – Enrique Sacco

“Juegos Olímpicos” – Leonides Barceló

“Los Juegos Olímpicos” – Lic. Luis Felipe Contecha Carrillo

“El Mundo y Sus Porque” Reader´s Degest

Batalla de Accio Roma Ataca Egipto Julio Cesar Muerte de Cleopatra

Batalla de Accio: Roma Ataca a Egipto Muerte de  Julio Cesar

ROMA ATACA A EGIPTO -MUERTE DE JULIO CESAR

Batalla de Accio (31 a.C.): El destino de Europa fue determinado por la decisiva batalla histórica de Accio.

Si las fuerzas navales de Antonio y Cleopatra hubieran vencido a las del hijo adoptivo de Julio César, Octavio, entonces  Alejandría (Egipto) se hubiera convertido en la capital del Imperio Romano y en el eje no cristiano de la cultura europea.

batalla de accioDespués del asesinato del César en el año 44 a.C. por obra de envidiosos conspiradores, se formó un triunvirato con el emperador Octavio gobernando el oeste y Lapido, el África cartaginesa.

Lo mejor de Antonio era el oriente encantador… y Cleopatra.

Los conspiradores querían una república gobernada por un Senado constituido por propietarios. Octavio y Lépido podían aceptar esto, pero Antonio se inclinaba preferentemente porque se perpetuara un emperador divino.

Se produjeron dos batallas seguidas en Filipos donde el ejército republicano dirigido por Casio y Bruto (cabecillas de la conspiración asesina) fue derrotado. Esto acabó la cuestión: Roma tendría una autocracia.

Octavio procedió a incitar al Senado a declarar la guerra a Cleopatra pero no a Antonio. Este proyecto decisivo no tuvo éxito.

Antonio y Cleopatra trasladaron juntos sus fuerzas de mar y tierra a Accio, en la orilla sur del golfo de Ambracia, para establecer una base fortificada. Esperaban luchar con Octavio más tarde, claro esto era en el futuro, y consideraban necesario estar preparados.

El 2 de septiembre del año 31 a.C. las flotas trabaron batalla. La de Octavio estaba en ventaja, ya que sus barcos eran más pequeños y maniobrables.

Cuando la derrota parecía inminente, Cleopatra (por razones conocidas sólo por ella) se escapó con 60 barcos, abandonando a Antonio sin apoyo. Luego, él abandonó atolondradamente a sus fuerzas y en una galera la siguió. Octavio fue el vencedor indiscutido.

Un año más tarde, cuando Octavio invadió Egipto, Antonio —creyendo que Cleopatra estaba muerta— se suicidó. Al ver allí, aún con vida, que Octavio planeaba una marcha victoriosa a través de las calles de Roma para exhibirla como cautiva, eligió el misino camino que su amante.

Octavio regresó a Roma y se rebajó dando las riendas del gobierno al Senado y al pueblo. Ellos respondieron honrándolo con un título doble: de «Augusto» y el rango de tribuno para toda la villa, Así entonces se convirtió en el primer emperador del Imperio Romano.

Fuente Consultada: Almanaque de los Insólito Tomo 3 Wallace-Wallechinsky