Nacidos Para Matar

Lucha Por La Sucesión de Lenin Stalin y Trotsky Historia

Historia de la Lucha Por La Sucesión de Lenín Stalin y Trotsky

Durante la enfermedad de Lenin se planteó, entre los dirigentes soviéticos, el problema de su sucesión, de forma que los resultados de la Revolución de octubre perdurasen en el país e influyesen eficazmente sobre los movimientos comunistas de los demás países. Lenin no llegó a ver realizados sus principales propósitos.

El partido bolchevique y el gobierno soviético tenían que resolver un sinfín de problemas nacionales, económicos y sociales dentro de la Unión Soviética, que los ideólogos revolucionarios habían trazado con poca precisión y seguridad, basándose en la doctrina marxista y la programación confusa de Lenin.

Pero mientras unos de los dirigentes bolcheviques se consideraban los sucesores naturales del ídolo de la Revolución (por ejemplo, Trotski) o confiaban en que Lenin se restablecería de sus dolencias, otros preparaban tenaz y pacientemente el terreno para hacerse cargo de todo el poder en el partido y en el estado, sin fijarse demasiado en la ortodoxia ideológica y convirtiendo conscientemente la táctica de esta larga, silenciosa y resistente lucha por el omnímodo poder, en un firme y cruel sistema político-social. La figura más destacada de este grupo de revolucionarios profesionales fue el georgiano José Stalin, secretario general del partido bolchevique.

Luego de la muerte de Lenín, en mayo de 1924, se reunió el Comité Central, y Stalin tenía una gran problema, pues podía perderlo todo, si se hacía público el «testamento» de Lenin. Se salvó por las intervenciones de Zinoviev y de Kamenev, que propusieron su continuación como secretario general. Temía mucho al brillante y popular Trotsky, que, según ellos pensaban, les eclipsaría fácilmente, mientras que nada podían temer de un Stalin gris, premioso, teórico mediocre, que les estaría agradecido por su gesto.

Lider de la Revolucion Rusa

Lenin, el líder revolucionario ruso comenzaba en 1922 a mostrar un fuerte declinamiento, y fue precisamente ese año que sufrió su primer infarto.

La polémica llegó a las filas del partido, acompañada de oscuras y sutiles intrigas. Sin embargo, más allá de la oposición de dos hombres que se detestaban, iban precisándose dos concepciones de conjunto. Stalin empezaba a formular sus ideas sobre «el socialismo en un solo país». Realista, pesimista, se daba buena cuenta que no podía contar con la subversión revolucionaria mundial (por otra parte, la URSS había normalizado sus relaciones con muchos países después de Rapallo, y había sido reconocida por Inglaterra, Francia e Italia).

stalin y su lucha por el poder politico

Stalin (1879-1953), político soviético de origen georgiano, moldeó los rasgos que caracterizaron al régimen de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URRS).

Además, aunque Rusia estaba atrasada, y la masa campesina hundida en la ignorancia y en la pobreza, y el despreciado mujik  tenía que aprenderlo todo, el partido comunista gozaba de la ventaja de estar en el poder y disponía de un país con enormes recursos en materias primas.

Así, pues, la URSS podía construir el socialismo. Los adversarios de esta teoría objetaban que ei socialismo no podría imponerse contra el capitalismo, si no vencía a éste en eficacia, en productividad, en riqueza. Pero esto era imposible con el «material ruso», y el socialismo resultaría desacreditado, ofreciendo un aspecto de pobreza, de penuria, de desorden.

Por eso Stalin interpuso entre la URSS y el mundo exterior una formidable pantalla que filtraba la realidad soviética, ocultando las taras y las miserias,  de igual modo que persuadía a! pueblo ruso, aislado del extranjero, de que el  mundo  capitalista,   sobre  todo  después de la crisis de 1929, se hundía en la anarquía, en la pobreza y en la feroz explotación de los obreros.

trostky rusia lucha con stalin

Trotski fue el segundo en autoridad politica al lado de Lenín, durante la revolución bolchevique que tuvo lugar en Rusia en 1917, y más tarde desempeñó importantes cargos en el nuevo gobierno del soviético. Cuando Lenin quedó incapacitado por una apoplejía, Trotski perdió el liderazgo del gobierno ante Stalin y tuvo que exiliarse. Fue asesinado en México por agentes de Stalin en 1940.

La posición de Stalin tenía la ventaja de ser realista, de apelar al orgullo nacional de los rusos, de ser más accesible a las masas por sus objetivos concretos que las posiciones de Trotsky sobre la «revolución permanente», que sólo podría realizar  el  socialismo  conquistando  a la Europa occidental y sus considerables posibilidades  económicas.

Hábilmente,  Stalin trataba   a   Trotsky   de   «aventurero».

En 1925, indujo a su adversario a que dimitiese del cargo de Comisario de la Guerra, para dedicarse a los Negocios Extranjeros. Mientras tanto, la «troika» se había disgregado, porque Zinoviev y Kamenev habían descubierto el verdadero poder de Stalin y se habían adherido a las tesis de Trotsky. Stalin encontró nuevos aliados en Bujarin, Rykov y Tomski, que creían posible la construcción del socialismo; situó en el «buró» político a amigos  seguros, como Molotov, Kalinin y Vorochilov. Los problemas económicos se imponían: ritmo de la industrialización, actitud respecto a los campesinos, mucho más inclinados  a las explotaciones individuales que a las fórmulas colectivas.

En   1926, Zinoviev y Kamenev, vencidos por Stalin y sus partidarios en el XIV Congreso, se unieron decididamente a Trotsky. A Stalin le convenía resaltar sus antiguas oposiciones  recíprocas.  Dueño del «aparato», ya era el más fuerte, y se decidió a atacar, amenazando a sus adversarios con la expulsión, eliminando a Trotsky del «buró» político  y destituyendo  a Zinoviev de  su importante cargo de presidente del Komintern.

Por   aquel   tiempo,   Chang-Kai-Chek mataba  a los  comunistas  chinos  que, por consejo de Stalin, se habían aliado con el Kuomintang, y la lucha se desencadenó: la oposición trató de organizar manifestaciones y desfiles, y publicó violentos manifiestos. Pero no tenían más que tropas débiles y desorganizadas.

La oposición fue expulsada en masa del partido, enteramente centralizado por Stalin, y Trotsky fue deportado. Desde 1927 a 1929, no hubo más que expulsiones, capitulaciones, retractaciones de los jefes de la oposición que, desamparados, renegaban de sus ideas, para seguir, a pesar de todo, dentro del partido, que era su único ideal.

En 1929, Trotsky fue desterrado. Stalin, libre ya de la oposición de izquierda, empezó a volverse contra la derecha de Bujarin y sus amigos, hostiles a los proyectos del Secretario General sobre la colectivización de las tierras y la industrialización a ultranza. Con una astucia y una paciencia extraordinarias, Stalin supo jugar con unos contra otros. «Nos estrangulará», confiaba Bujarin a Kamenev; solía decir que Stalin era un «Genghis Khan que había leído a Marx». Stalin no olvidó tales acusaciones, como no olvidaría ningún nom-
bre de los que habían militado, incluso por poco tiempo, en la oposición contra él.

EL GRAN CAMBIO
Dueño absoluto, Stalin lanzó a la URSS, a partir de 1929, con una determinación y una violencia increíbles, hacia un doble objetivo: industrialización radical y colectivización de la tierra. Los vestigios de la NEP fueron totalmente liquidados. El plan quinquenal (Piatilekta) supuso enormes inversiones en las grandes obras industriales (entre ellas, la presa de Dnieprostoi, los gigantescos «combinados» metalúrgicos de los Urales, las fábricas de tractores, la extracción de la hulla, etc.).

Había que triplicar la producción de hierro fundido, cuadruplicar la de acero y la de carbón, electrificar a toda costa. Se contrató, a precio de oro, a especialistas extranjeros, porque faltaban los mandos. Las industrias de bienes de consumo se vieron descuidadas, y los salarios seguían siendo bajos (aunque muy jerarquizados, para estimular la cuali-ficación de los obreros). Lo esencial se reservó para las inversiones de la industria pesada. Al mismo tiempo, se apelaba al honor, a la emulación, al entusiasmo revolucionario de los Udarniks.

A pesar de los sufrimientos y de las injusticias (los dirigentes del partido tenían almacenes especiales, donde encontraban todo lo que faltaba a los rusos), un orgullo nacionalista sostuvo al país. Para industrializar a aquel ritmo, hacían falta millones de nuevos obreros. ¿De dónde sacarlos, si no del campo? Pero, ¿cómo se sustituían? Mediante máquinas y ejércitos de tractores, inaccesibles al campesino autónomo. Stalin decidió entonces liquidar la explotación privada y hacer entrar a los mujiks en granjas colectivas, los koljoses; unas granjas del Estado, los sovjoses, servirían de modelos y de pilotos.

Recurrió a los campesinos pobres o sin tierras, contra los propietarios medios y ricos, los kulaks. ¿Qué les importaban sus miserables pedazos de tierra, cuando se les prometían ricas tierras comunes, tractores y el beneficio de grandes cosechas? La desgracia era que no habían más que de 5 a 7 millones de campesinos pobres que trabajaban aún con el arado de madera, contra 15-18 millones de agricultores medios que preferían una independencia, incluso mediocre, al trabajo  colectivo, y 2 millones de kulaks.

Para apoyar a la minoría de voluntarios contra la masa campesina refractaria, hubo que recurrir al ejército, a los «destacamentos de choque», muchas veces recibidos con bieldos y con fusiles. La «liquidación de los kulaks como clase» tuvo efectos desastrosos, así como el encuadramiento forzoso de los campesinos en los koljoses. Los rebeldes fueron deportados a Siberia. Antes de incorporarse a los koljoses, los campesinos mataban parte de su ganado para venderlo o para comerlo y no entregarlo a la comunidad. Así se perdió cerca del 50 por 100 del ganado.

La producción sufrió un descenso brutal; los tractores se estropearon en seguida y se enmohecían en los campos. Las deportaciones y el hambre hicieron millones de víctimas. En 1930, Stalin tuvo que publicar un artículo, «El vértigo del éxito», condenando los excesos que él, sin embargo, había ordenado, y el movimiento se detuvo; los miembros de los koljoses recobraron el derecho de poseer en propiedad un pequeño lote de tierras y un poco de ganado.

Hasta nuestros días, la agricultura soviética se resintió de aquel período trágico, y la experiencia ha demostrado que no se puede obtener del campesino no propietario el mismo cuidado ni el mismo amor al trabajo del que dispone libremente de la tierra. Un discurso de 1931 revela claramente lo que Stalin pretendía y hasta qué punto aquel jefe comunista era el heredero de las tradiciones nacionales de Iván el Terrible y de Pedro el Grande. Se advertirán también las constantes repeticiones, propias de su estilo:

«Nosotros no queremos ser vencidos. No, no lo queremos. En la historia de la Vieja Rusia, es su retraso el que la ha perdido siempre.Fue vencida por los Khans mongoles, fue vencida por los beys turcos, fue vencida por los señores suecos, fue vencida por los «pans» polaco-lituanos, fue vencida por los capitalistas anglo-franceses, fue vencida por los barones japoneses, fue vencida por todos, a causa de su retraso.

Por su retraso militar, por su retraso cultural, por su retraso político, por su retraso industrial, por su retraso agrícola. Fue vencida, porque era beneficioso vencerla y porque eso no suponía riesgos. Recordad las palabras del poeta, antes de la revolución: «Tú eres pobre y eres rica, eres poderosa y eres débil, Madre Rusia». Tenemos cincuenta o cien años de retraso respecto a los países avanzados Te nemos que cubrir ese retraso. en diez años Si no lo hacemos, seremos aplastados.»

Fuente Consultada: HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo XII Editorial CODEX S.A. La Revolución Rusa

El Domingo Rojo en Rusia y La Revolución de 1905 Resumen

EL DOMINGO ROJO: EL MOVIMIENTO BOLCHEVIQUE Y LA REVOLUCIÓN DE 1905

En la historia contemporánea se denomina Domingo Rojo o Sangriento, a la masacre llevada a cabo por la Guardia Imperial rusa contra manifestantes (obreros, estrudiantes, familias) pacíficos. Ocurrió el  22 de enero de 1905 en San Petersburgo cuando mas de 200.000 trabajadores se congregaron a las puertas del Palacio de Invierno, residencia del zar ruso Nicolás II.  Su objetivo era el de apelar directamente al zar para reclamar un salario más alto y mejores condiciones laborales, tras el fracaso de las numerosas huelgas organizadas a finales de 1904.

ANTECEDENTES DEL SUCESO: En la primavera de 1895, Lenin fue encargado por los círculos marxistas clandestinos de Rusia, de tomar contacto en Suiza con los socialistas rusos de la emigración. Entonces conoció a Plejanov. Pasa por Berlín, donde entabla amistad con Kautsky, dirigente del movimiento revolucionario alemán. De vuelta a Rusia, negocia una alianza con los populistas, pero es detenido, a finales de 1895, y deportado a Siberia, y, dos años después, a Kuchenskoie, donde se reunirá con otros deportados políticos, en un destierro poco riguroso: Nadejda, su novia,  se traslada allí, para casarse con él.

Plejanov, Teórico Marxista

En marzo de 1898, la primera reunión del «Partido Social Demócrata» se celebra en ausencia de los principales jefes, pero aquella fundación simbólica no fue por eso menos importante: era el final de un largo trabajo de fusión de los círculos marxistas rusos, sostenido por Lenin y Martov.

A la salida del Congreso, la policía secreta del zar «Okhrana» detuvo a los nueve delegados presentes. En enero de 1900, Lenin y su mujer fueron puestos en libertad, pero, en lugar de volver a Rusia, Lenin salió para Europa, con el fin de realizar el proyecto que había meditado en Siberia: la fundación y la difusión de un periódico, Iskra (La Chispa), dedicado a formar militares, teórica y prácticamente, y en 1900 sale el primer número en Alemania.

En 1901, nace el «Partido Socialista Revolucionario». La acción revolucionaria se apoya en el medio campesino y reivindica, en primer lugar, el reparto de las tierras: Lenin sabe muy bien que tal fórmula tiene una gran fuerza. Más tarde se une otra importante pieza para el juego revoluconario, que la historia conoce como Trotski de origen judío, su verdadero nombre era León Davidovich Bronstein.

Lenín no tarda en confiarle tareas de propaganda, cada vez más importantes, especialmente como conferenciante, por su notable elocuencia. En el curso del año 1903,  Lenin organizó en Ginebra un gran Congreso socialdemócrata, en el que estuvieran representadas todas las tendencias revolucionarias.

Enseguida aparecen las diferencias, pues a Martov,  se unen Axelrod y Trotski, que se oponen a Lenin, apoyado este por Plejanov: la definición del concepto de partido está en juego. Lenin concibe el «partido» como una minoría actuante y seleccionada; para Martov, como un movimiento obrero abierto a todos; Lenin desea una organización sumamente centralizada, cuya dirección permanecería en el extranjero; Martov prefiere dos direcciones, una en Rusia —a cuya cabeza estaría toda la organización de la Iskra—, y otra en el extranjero, que sería el Órgano central.

Por la persecución policíaca el Congreso debió emigrar a  Londres, donde se reunieron todos, el Partido Social Demócrata se dividió, definitivamente, en dos grupos: Lenin, aunque sus partidarios eran menos numerosos, adoptó para él y los suyos la etiqueta de la mayoría «bolchevique» (de la palabra rusa bolcheviki, que significa mayoritarios), y Martov se convirtió en «menchevique» (o minoritario).

EL DOMINGO ROJO
Mientras los movimientos revolucionarios se enfrentan y perfeccionan tácticas y teorías, dentro de las fronteras rusas se fortalecen los efectivos obreros, como resultado de una industrialización que crecía a un ritmo asombrosamente rápido. La miseria y la indignación hacían a los obreros y a los campesinos cada vez más permeables a la propaganda revolucionaria.

Los campesinos se manifiestan y saquean las propiedades de los señores. Los obreros van a la huelga, como en Odessa, donde plantean una huelga general en 1903. El Partido Socialista Revolucionario vuelve al terrorismo: el ministro de Instrucción Pública y el del Interior son asesinados.

La «Okhrana» intenta orientar contra los industriales el descontento que se levanta contra el régimen político; el nuevo ministro del Interior, Pleve, introduce sistemáticamente, en las fábricas, organizaciones obreras dirigidas por agitadores a sueldo de la policía, como el «pope» Gapon. De acuerdo con la voluntad de Pleve, estalló la guerra ruso-japonesa., aue fue desastrosa. Leips de exaltar el nacionalismo ruso, destruyó la moral del país.

Nicolas II de Rusia

Ante el anuncio de la capitulación de Port Arthur, doscientos mil obreros de San Petersburgo, que se habían organizado en sindicato bajo la dirección de Gapon, se declararon en huelga. Gapon cazado en su propia trampa tuvo que presentar al zar una petición , en el curso de una enorme manifestación pacífica, ante el Palacio Invierno, solicitando la jornada de ocho horas, un salario mínimo de un rublo diario y una Asamblea Constituyente elegida por sufragio universal: «Si tú juras aceptar estas demandas, harás a Rusia feliz y célebre, y grabarás tu nombre en nuestros corazones…».

El Domingo Rojo

El Domingo Rojo o Sangriento en 1905

Por toda la ciudad fueron apostadas tropas para bloquear el paso de los manifestantes El zar Nicolás no se encontraba en el palacio en esos momentos; la víspera la familia imperial había abandonado el palacio advertida de los hechos que iban a producirse. Cuando la marcha intentó superar los bloqueos, el tío del zar, el gran duque Vladimir, comandante de la Guardia Imperial rusa, dio orden de abrir fuego y las tropas fusilaron a la multitud. Durante todo el día se repitieron los disparos sobre los obreros desarmados. Al término de la jornada, quedaron en las calles un millar de muertos y más de 2.000 heridos. La clase obrera ya no se dirigiría al zar con respeto, sino con odio de clase.

El domingo, 9 de enero de 1905, millares de obreros, hombres, mujeres y niños, llegados de todos los barrios de la capital, se ponen en marcha hacia el Palacio de Invierno, a la hora fijada, llevando iconos y retratos del zar. Nicolás II y su familia, aterrados, habían abandonado la ciudad la víspera. Los regimientos de la guardia imperial y los de la policía, apostados en todos los puntos estratégicos, esperan a los manifestantes.

En la barrera del Narva, lugar de reunión, las tropas disparan contra la manifestación, que avanza, dirigida por Gapon. Un tremendo pánico se apodera de la multitud ante los nutridos disparos, que nadie, en absoluto, esperaba.

EN 1903 el POPE (clérigo ortodoxo) Gueorgui Gapon creó la Asamblea de Trabajadores Rusos de Talleres y Fábricas que actuaba con el beneplácito de la policía. Él mismo organizó la marcha del 9 de enero y redactó la petición destinada al zar. Tras la matanza del Domingo Rojo, el pope defendió la revolución.

REVOLUCIÓN DE 1905
Aquella criminal carnicería fue la señal para la revolución. Huelgas y saqueos se multiplicaron. La derrota de la flota rusa en las islas Tchushima (15 de mayo), el ejército destrozado y el Japón victorioso precipitan los acontecimientos en el interior.

En junio, los marineros del acorazado «Potemkin» se amotinan en la rada de Odessa y llegan al puerto de Constanza, en Rumania, donde son internados. Es la primera sublevación militar contra el régimen zarista. El 6 de agosto, Nicolás II, influido por Witte, anuncia la creación de una Asamblea Consultiva, la ¿urna del Estado, elegida por sufragio censitario. Pero se reclama un parlamento, y la agitación crece como una riada.

En Moscú, se forma el partido Constitucional-Demócrata, más conocido en la forma abreviada de partido «Cadete». Reúne a la «élite» de los liberales, como el historiador Miliukov, Dolgoruki y Nabokov, partidarios de un sistema parlamentario de tipo inglés. Cuando estallan las huelgas de octubre, las apoyan para conseguir la Constitución prometida por el zar.

En efecto, Moscú da la señal para el movimiento de octubre, con la huelga de los tipógrafos, que organizan un «Soviet» o consejo de diputados tipógrafos. Trotski, llegado a San Petersburgo, generaliza allí el soviet: delegados obreros —uno por cada 500— son elegidos y enviados al consejo central o Soviet, mientras las huelgas se extienden a todos los sectores del mundo del trabajo.

Así, los obreros se aseguran una dirección permanente que coordina y sostiene sus acciones: armas, víveres, boletines impresos, consignas y manifestaciones son controladas por el Soviet. Esta primera experiencia del «Soviet», debido a Trotski y concebida como preludio de un gobierno proletario, no será duradera, pero se reanudará, espontáneamente, en 1917, y será el origen de la Unión Soviética.

La huelga general paraliza la vida del país, y Nicolás II cede y promete explícitamente, en el manifiesto del 17 de octubre de 1905, las libertades ciudadanas y las instituciones parlamentarias que se le reclaman. Es la primera victoria obrera rusa. Pero la tensión no decae: entre los marinos, estallan nuevos motines militares en Krondstadt y en Sebastopol, y se declaran numerosas huelgas, mientras van formándose nuevos soviets como el de San Petersburgo, en Moscú, Kiev, Odessa, Samara, Rostov y Bakú.

La huelga, que había cesado al día siguiente del manifiesto, se reanuda en San Petersburgo, pero el movimiento revolucionario carece de cohesión. De vuelta en Rusia, Lenin aprueba la acción de Trotski, pero sigue en la sombra. El proletariado está agotado por los largos meses de huelga. El ejército, salvo algunos sectores de la Marina, continúa fiel al régimen. Los «cadetes» han retirado su apoyo a la huelga y al Soviet, considerándose satisfechos.

El gobierno recobra su serenidad: Moscú, sublevada, es reconquistada por el ejército. Los miembros del Soviet de San Petersburgo —entre ellos, Trotski— son detenidos y deportados a Siberia. Las revueltas campesinas, que estallan demasiado tarde, son aplastadas militarmente, y las aldeas, incendiadas por expediciones de castigo. A finales de 1906, el movimiento revolucionario está yugulado, pero la represión ha sido terrible y sangrienta: miles de personas han sido fusiladas o muertas a culatazos, e incluso torturadas hasta morir.

EL FRACASO DE LAS «DUMAS»
En cuanto al parlamentarismo ruso, instaurado por el manifiesto de 17 de octubre, se fue reduciendo. Las «leyes fundamentales» promulgadas en abril de 1906, el día de la reunión de la primera duma del imperio, fueron muy restrictivas. El zar conservaba el título de autócrata y todos los poderes en materia de defensa nacional y de diplomacia; en caso de urgencia, tenía derecho a promulgar ukases con fuerza de ley. Una Cámara Alta, el antiguo Consejo del Imperio, coexistía con la duma o Cámara Baja y podía oponerse a los proyectos de ley salidos de la duma. Elegida por sufragio restringido, la primera duma fue considerada demasiado progresista: el partido Constitucional-Demócrata  estaba  ampliamente  representado en ella. Dos meses y medio después, era disuelta.

Estallan algunos conflictos, pero sin éxito, porque los bolcheviques, a iniciativa del georgiano Stalin, habían decidido el «boicot» sistemático de la duma, a pesar de Lenin, y la habían desprestigiado ante el pueblo. El primer ministro,  decidido a ganar las elecciones, contaba con ganar para el régimen a los campesinos, multiplicando la propiedad entre ellos, a los que eximió de la obligación de ser miembros del municipio rural.

Al mismo tiempo, favoreció a la burguesía mediante una audaz política de industrialización y de comercialización. Sin embargo, la segunda duma fue más liberal que la primera: la oposición socialdemócrata y social-revolucionaria apoyó a los «cadetes». La Asamblea se disolvió, poco más de tres meses después.

CREACIÓN DEL PARTIDO BOLCHEVIQUE
La tercera duma se mostró, algo mas dócil, gracias a la nueva ley electoral. Pero, en 1906, en Estocolmo, Lenin consiguió la reunificación de bolcheviques y mencheviques. Al año siguiente, en el Congreso de Londres (abril-mayo de 1907), Lenin triunfó: se nombró el nuevo Comité Central, con mayoría bolchevique.

Muchos de los delegados presentes en aquel Congreso serían en el futuro dirigentes de la Rusia soviética: José Dyugachvili, llamado Stalin, Zinoviev, Rykov, Vorochilov, Kamenev y muchos otros. Máximo Gorki, cuyos libros eran traducidos y leídos en el mundo entero, estuvo presente también.

La política de Stolypin (primer ministro) habría podido ser fatal para el partido socialdemócrata —como Lenin temía, en 1907, a pesar de su triunfo en Londres—, pero fue asesinado en 1911, por un agente que hacía el doble juego en la «Okhrana», antes de ver coronados sus esfuerzos para la consolidación de una clase campesina propietaria y de una burguesía capitalista, únicas capaces de salvar el régimen.

Nicolás II, por otra parte, no había puesto en él su confianza, ni había comprendido nada de aquella política. Tras la muerte de Stolypin, la agitación revolucionaria se reanuda, estallan muchas huelgas, y, en 1912, la huelga en las minas de la «Lena Goldfields», en Siberia, fue cruelmente reprimida.

Las elecciones a la cuarta duma fueron desfavorables al gobierno, a pesar de las enormes presiones que ejerció.

Entre 1912 y 1913, la preparación del primer conflicto mundial, al desarrollar la industria de armamento en San Petersburgo, favoreció el aumento numérico del proletariado en la capital y facilitó la expansión de la propaganda revolucionaria.

En vísperas de la guerra, la situación interior rusa era extremadamente confusa e inestable. Al entrar en el conflicto, el régimen zarista jugó su última carta. Como en 1904, su existencia depende, otra vez, de la victoria o de la derrota.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre
Civilizaciones de Occidente Tomo B Jackson Spielvogel

Biografía del Zar Nicolas II de Rusia Gobierno y Obra Política

Biografía del Zar Nicolás II de Rusia- Gobierno y Obra Política

Los disturbios promovidos por los revoiucionarios ganan las calles de San Petersburgo. Obreros de las fábricas y gente del pueblo se alzan en 1917 contra la opresión del zar Nicolás II  y la violencia popular se extiende a otras ciudades rusas.

El zar de Rusia, fue destronado por la Revolución de Octubre de 1917. Hijo primogénito del zar Alejandro III, Nicolás II nació en en 1868 en Tsárskoie Sieló, actual Pushkin, y accedió al trono al morir su padre, en 1894.

Biografía del Zar Nicolas II de Rusia Gobierno y Obra Política

Aunque se presentó como soberano pacífico en Europa, Nicolás II llevó a cabo una política agresiva en Oriente, donde provocó la desastrosa guerra ruso-japonesa entre 1904 y 1905.

El 22 de enero de 1905, el pueblo hambriento se manifestó en San Petersburgo frente al palacio del zar pidiéndole «justicia y protección».

Sin embargo, la represión de la guardia real causó una gran matanza en el llamado Domingo Sangriento.

Ante la gravedad de los sucesos, Nicolás II realizó algunas reformas, pero poco después las anuló y restauró su régimen autoritario.

———— 0000 ———–

BIOGRAFIA DE Nicolás II de Rusia (Dinastía Romanov): Nicolás II, fue último zar de Rusia, no destacó como gobernante, pero creía firmemente que su deber era preservar la monarquía absoluta.

Finalmente, se vio obligado a abdicar ante la gran demanda popular de reformas democráticas. Nicolás y su familia fueron ejecutados por los bolcheviques en 1918.

Nicolás II, que subió al trono en 1894, se parecía a su padre: tuvo su limitada inteligencia, y, además, su falta de voluntad.

Estaba decidido a seguir los principios de gobierno del reinado anterior, pero no contaba con los medios necesarios: un régimen semejante era un anacronismo.

zar Nicolas II de Rusia

Zar Nicolas II de Rusia: Ultimo zar de Rusia. Hijo y sucesor de Alejandro III. Su mujer, Alexandra de Hesse, le empujó a vivir lejos de la Corte en Tsarkofe Selo.

Fue acogido con entusiasmo con motivo de un viaje a París que reafirmó las buenas relaciones, franco-rusas. Fue el promotor de la primera Conferencia Mundial para la Paz (La Haya 1899).

En 1895 intervino para salvar a China del Japón; después condujo a su país a la desastrosa guerra ruso-japonesa de 1904-05.

La poca energía del zar, su indiferencia por los asuntos de Estado permitirían que la crisis latente estallase. Rusia estaba ya en plena transformación social y económica, iniciada ya en el reinado de Alejandro III.

En principio, su política agraria trató de restablecer el poder político de una nobleza arruinada: más de las dos quintas partes de sus tierras estaban hipotecadas, y el proceso de emancipación de los campesinos, seguido de la venta obligatoria de tierras a éstos, acabó de empobrecerles.

El zar volvió a dar a los nobles unos poderes políticos que mermaban la autonomía de las comunidades rurales, establecida por la reforma de Alejandro II.

Para compensar esta medida, ordenó la concesión a los campesinos de facilidades de crédito para comprar tierras o colonizar las tierras vírgenes de la Siberia meridional y del Asia central.

De este modo, surgió una clase campesina rica, la de los kulaks, que supo manejar el dinero y la usura en provecho propio, comprando a bajo precio los bienes de los nobles arruinados y la parte de los campesinos endeudados. Paralelamente, una masa de campesinos sin tierras abandonó el campo y fue a buscar trabajo a la ciudad, como una verdadera «población seminómada».

Convertidos en obreros de las fábricas, engrosaron los efectivos de un proletariado urbano, que se encontraba ya, por su parte, en pleno crecimiento.

En política interior  afirmó el régimen autocrático y prosiguió la obra de rusificación de sus conquistas —partículamente de Finlandia—.

La industrialización comenzada por el ministro de Finanzas Witte desarrolló al proletariado urbano en tanto que el problema agrario se agravaba. Las huelgas y los acto terroristas se multiplicaban apoyados por el partido social-demócrata de tendencia marxista, creado en 1898.

Los conflictos agrarios, crónicos en Rusia a causa de la superpoblación rural y del hambre, no tardaron en sujetarse a los conflictos en la ciudad, con su secuela de huelgas y sangrientas represiones.

En efecto, la industrialización rusa avanzaba a pasos de gigante.

En 1870, Rusia no tenía capitales, ni máquinas, ni técnicos. Alejandro II interesó a poderosos bancos europeos en la creación de ferrocarriles rusos, necesaria para el desarrollo de la industria.

Los años 1880-1890 son esenciales. Alejandro III, por su parte, continuó aquella afortunada política financiera.

Confió el ministerio de Hacienda a Witte, hombre dinámico y moderno, que permanecería en este puesto desde 1892 a 1903.

Como Rusia tenía necesidad de capitales, el zar, insistentemente aconsejado por Witte, se dirigió a Francia, «el banquero de Europa», a pesar de su repugnancia por el «innoble liberalismo» de la Tercera República.

Desde 1888 a 1891 se sucedieron varios empréstitos, audazmente cubiertos por el ahorro francés: cuatro mil millones de francos-oro impulsaron la industria rusa y los ferrocarriles.

Nicolás II prosiguió aquella política: en octubre de 1896 fue a París a negociar un empréstito de ocho mil millones de francos-oro, siendo recibido con gran entusiasmo por la población, por los ministros y por el presidente de la República Francesa, Félix Faure.

Se desarrollaron tres grandes centros industriales: la industria textil en Moscú, la mecánica en San Petersburgo y la siderurgia en el Donetz.

Sin embargo, la condición obrera no mejoró.

Los trabajadores tenían una jornada de once horas y media, y un salario que era la tercera parte o la mitad del salario obrero europeo.

Ningún seguro, ninguna protección aliviaba su suerte.

Los inspectores de trabajo, creados en 1883, fueron más bien policías a sueldo del Estado, que vigilaban la acción de los propagandistas en las fábricas.

Los niños obreros eran todavía más explotados en las minas en que trabajaban.

En 1890, Rusia contaba con 1.433.000 obreros (en 1870, tenía 410.000), pobres desgraciados qué se hacinaban en las ciudades, en horribles condiciones de alojamiento.

El reinado de Alejandro III está caracterizado por las huelgas.

En 1885, en el centro textil de Orikovozuievo, en los alrededores de Moscú, la primera huelga victoriosa enfrentó a 8.000 obreros con los cosacos, auxiliares de la policía.

Aquellos movimientos originaron la formación de sindicatos y de agrupaciones cooperativas.

Nicolás II se enfrentó duramente con aquellas realidades rusas, cuya fuerza explosiva supo aprovechar la propaganda revolucionaria, bien organizada ya.

Las huelgas y los actos terroristas se multiplicaban apoyados por el partido social-demócrata de tendencia marxista, creado en 1898.

El asesinato del ministro del Interior, Pleve, y los desastres en Extremo Oriente incitaron a los liberales a pedir un régimen cónstitucional.

manifestacion obrera en rusia el domingo rojo

La represión del gobierno a los obreros rusos, «Domingo Rojo»

El zar permitió reprimir bárbaramente la pacífica manifestación de los obreros de San Petersburgo que estaban en huelga en la jornada que fue llamada «domingo rojo» (22 de enero de 1905). Por el manifiesto del 30 de octubre del mismo año, Nicolás prometía un regímen constitucional, con la elección de una Duma.

Los octubristas y los cadeles se le confiaron entonces mientras que los extremistas avanzados intentaban una sublevación armada que fue ahogada en sangre.

Las leyes fundamentales promulgadas el 10 de mayo de 1906 arrebataban todo el poder real a la Duma y la primera asamblea fue disuelta por haber reclamado el régimen parlamentario.

Nicolás II se abandonó entonces en manos de un reaccionario, Stolypine. La segunda Duma también fue disuelta (1907).

Una tercera fue elegida por un colegio restringido de electores. Por el ucase del 9 de noviembre de 1906 el zar favorecía a los kulaks, campesinos acomodados, contra los campesinos desheredados. T

ras el asesinato de Stolypine, la agitación revolucionaria recomenzó.

En lo tocante a la política exterior el zar firmó un acuerdo con Inglaterra. Enredado en la crisis de Bosnia, no tuvo otro remedio que inclinarse ante las potencias balcánicas.

En 1912 promocionó la creación de la Liga Balcánica.

En julio de 1914 se dejó arrastrar por los generales, a espaldas de Francia, para ordenar la movilización general contra Alemania, que le declaró la guerra el primero de agosto.

Luego de la Revolución Rusa, el nuevo gobierno de Rusia había planeado un juicio público grandioso para procesar al zar, pero en realidad la tarde del 16 de julio, Nicolás, su mujer Alexandra y sus cinco hijos (cuatro hijas y Alexis, el heredero, de catorce años), fueron enviados al sótano de la casa donde estaban detenidos.

Allí los esperaba un un pelotón de fusilamiento, que disparó una lluvia de balas contra la familia Romanov. Los disparos continuaron hasta que la habitación se llenó de humo.

El zar y la zarina murieron al instante. (ampliar este tema)

Representación del fusilamiento de la familia real rusa.

Los primeros reveses, la escandalosa y creciente influencia de Rasputin sobre la pareja imperial desde 1905, que imponía al zar ministros sospechosos ante la opinión pública y los aliados; todo ello aumentaba el descontento.

En 1916 Rasputin fue asesinado. Huelgas insurgentes estallaron en San Petersburgo, los ministros dimitieron y la Duma formó un gobierno y el zar abdicó.

Al principio estuvo prisionero en su misma residencia; después, la familia imperial fue conducida a Ekaterinburg y fusilada por los bolcheviques en la noche del 16 al 17 de julio de 1918.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre
Civilizaciones de Occidente Tomo B Jackson Spielvogel
 

Principales Batallas de la Primera Guerra Mundial Guerra Trincheras

Principales Batallas de la Primera Guerra Mundial

Introducción: El liderazgo de las potencias europeas en el mundo se basaba en una creciente industrialización y en fructíferos intercambios comerciales con las colonias. Fue precisamente en el marco colonial donde se produjeron las primeras tensiones entre las potencias, entre las que Alemania reclamaba la posición que creía merecer por su creciente poder económico. Pero sería en los Balcanes, en los territorios olvidados por el Imperio otomano, donde prendió la pólvora.

Años de recelos mutuos, de alianzas públicas y secretas, de ejércitos fortalecidos con innovador armamento ante la previsión del conflicto, se desbocaron en la larga tragedia de la Primera Guerra Mundial, con casi Europa entera implicada.

Durante la guerra, las tensiones internas por las pérdidas humanas y por el desgaste económico tuvieron una especial relevancia histórica en Rusia.

Las fuerzas revolucionarias, conducidas por hombres como Lenin, encauzaron el descontento popular primero al derrocamiento del zar y luego al establecimiento de un gobierno comunista, una de cuyas primeras decisiones fue abandonar la guerra antes de su finalización.

Nadie previo una contienda tan larga y tan costosa en todos los sentidos. Se habían movilizado casi 20 millones de hombres de 16 naciones, con un balance de 10 millones de muertos. La victoria fue para los aliados de la Entente, con la ayuda final y decisiva de Estados Unidos. Alemania y Austria-Hungría, derrotadas, tuvieron que aceptar unas duras condiciones económicas y territoriales. Pero perdió toda Europa, que, arrasada, cedió el liderazgo mundial a Estados Unidos.

batallas de la primera guerra mundial

Las batallas de la Primera Guerra Mundial mostraron una capacidad de destrucción nunca vista en la historia, fruto del nuevo armamento industrial. Muchos de sus nombres son recordados todavía por la crudeza de los combates.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

Marne. Participaron dos millones de hombres durante septiembre de 1914. El general francés Joffre consiguió frenar y romper las líneas alemanas, que retrocedieron 80 kilómetros.

Gallipoli. Británicos y franceses intentaron en 1915 controlar los Dardanelos y asegurar la ruta por mar hacia Rusia. Fueron vencidos por los turcos, que les causaron 145.000 muertos.

Tannenberg. Se decidió en agosto de 1914 a favor de los alemanes frente al ejército zarista. Fue la primera de una serie de victorias que comportaron el retroceso ruso en el frente oriental.

Jutlandia. Aunque la flota británica suírió más pérdidas que la alemana, salió ganadora en el mar del Norte en 1916 y confirmó su supremacía marítima.

Verdún. Librada entre febrero y diciembre de 1916, es recordada por la defensa francesa, que resistió hasta recibir refuerzos. Murieron 530.000 soldados.

Somme. De junio a noviembre de 1916, hubo más de un millón de bajas y ningún avance. Por primera vez combatieron tanques, bajo bandera británica.

Passchendaele. La tercera batalla librada en la zona de Ypres, en julio de 1917. A pesar de perder unos 400.000 hombres, los británicos derruyeron las defensas alemanas.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

PRINCIPALES ALIANZAS EN LA GRAN GUERRA

Julio-agosto de 1914 »  Declaraciones de guerra entre las potencias centrales (Austria-Hungría y Alemania) y los aliados de la Entente (Rusia, Francia y Gran Bretaña).

Octubre de 1914 » Turquía se alía con las potencias centrales.

Marzo de 1915 » Portugal se suma a las fuerzas aliadas.

Abril de 1915 » Italia entra en la guerra junto a los aliados.

Agosto de 1915 » Japón declara la guerra a Alemania para apoderarse de sus colonias en China.

Septiembre de 1915 » Bulgaria se suma a las potencias centrales.

Agosto de 1918 » Rumania se integra en las fuerzas aliadas,

Abril de 1917 » EE.UU. declara la guerra a las potencias centrales.

Junio de 1917 » Grecia se suma a las fuerzas aliadas.

Marzo de de 1918 » Tratado de Brest-Litovsk: Rusia se retira.

Noviembre de 1918 » Una Alemania derrotada firma el armisticio con los países aliados.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

GUERRA DE TRINCHERAS

Lluvia y Barro: Europa fue una ciénaga en guerra: trincheras desmoronadas, tropas, caballos, armas y vehículos hundidos en el barro.

Enfermedades y Ratas: las condiciones de vida en las trincheras era durísima. La falta de higiene propició enfermedades en toda clase de plagas y roedores.

Auxilio Humanitario: La crudeza bélica impulsó la presencia de ambulancias  y hospitales de campaña (cirugías, vacunas, medicinas, alimentos, etc.)

Tierra de Nadie: Así se denominaban los campos de batallas entre trincheras enemigas, cubiertas de lodazales y cadáveres y cráteres de bombas.

La Locura: las bombas, los gases tóxicos, los tanques, los lanzallamas, desencadenaban entre las tropas un alud de trastornos psicológicos y físicos.

Alta Traición: las deserciones y motines fueron tan habituales que abundaron los consejos de guerra y los fusilamientos por fugas o desobediencias.

La muerte: Diez millones de personas fallecieron en el conflicto. La mortandad mas elevada se dio entre los combatientes entre trincheras.

Fuente Consultadas:
El Mundo Moderno y Contemporáneo de Gloria Delgado
Historia Universal Tomo 16 Primera y Segunda Guerra Mundial
Civilizaciones de Occidente Tomo B Jackson Spielvogel

Biografia de Josef Stalin Dictadura en Rusia Historia de su Gobierno

Biografía de Josef Stalin
Historia de su Gobierno en Rusia

En enero de 1924, inmediatamente después de la muerte de Lenin, Jossif Vissarionovich Djougatchvili, llamado Stalin, se convirtió en jefe de estado de la Unión Soviética, a la que gobernó como un dictador durante veintinueve años, incluidos los de la Segunda Guerra Mundial.

Stalin nació en el pueblo de Gori, en la actual República de Georgia, el 21 de diciembre de 1879.

Influido por las ideas socialistas, el joven de Gori inició hacia 1899 sus actividades revolucionarias y participó en numerosas huelgas.

Tras el fracaso de la revolución de 1905, marchó a Bakú, ciudad de Azerbayán, donde ascendió en el Partido Comunista.

Biografia de Josef Stalin Dictadura en Rusia Historia de su Gobierno

Biografía de Josef Salin (1879-1953):

Político soviético, líder dictador de la URSS. En una mísera choza del pequeño pueblo del Cáucaso, Gori, nació el 21 de diciembre de 1879 Iósiv Vissariónovic Dzhugashvili, el futuro dictador de la Unión Soviética y dirigente supremo del comunismo internacional.

Su padre, Vissarion, había llegado a Gori unos cuantos años antes, huyendo de la dura vida campesina de su villorrio natal de Didi-Lilo.

Se estableció como zapatero y se casó con Ekaterina Georgievna Geladze, una muchacha de quince años.

Ya desde los primeros días de su vida conyugal, tuvo Vissarion muy pocos lazos con su familia.

Gastaba su pobre ganancia en las tabernas del pueblo sin preocuparse de su mujer y sin expresar sentimiento alguno por la pérdida de sus primeros tres hijos.

En sus frecuentes borracheras, torturaba con una rabiosa crueldad a Ekaterina y a su hijo José, blasfemando y maldiciendo la miseria y la vida oscura y desdichada de su hogar.

Su mujer trabajaba día y noche como lavandera para poder sostener a su hijo, en el cual depositaba toda su ilusión y esperanza.

En 1890 al morir su padre,  ingresó en una escuela religiosa de Gori y muy pronto destacó entre sus compañeros por su empeño en aprender bien lo poco que allí le enseñaban.

Su asiduidad empujó a sus superiores a satisfacer las súplicas de su madre y concederle una beca para el seminario teológico de Tiflis o Tbilisi. 

Entonces José tenía quince años y consideraba sus futuros estudios teológicos tan sólo como un medio eficaz para obtener una buena posición social.

Si no hubiese sido por esto, hubiera dejado de estudiar, porque no tenía interés alguno por las clases ni soportaba de buena gana la disciplina del seminario, muchas veces ilógica y puramente formulista, pero penosa. Aprovechaba todas las ocasiones para salir a la calle, donde muy pronto se hizo amigo de un grupo de vagabundos.

Por su condición de estudiante y por la arrogancia de su carácter sobresalía de aquel grupo, que le consideraba su caudillo.

Pronto abandonó casi por completo sus estudios y se dedicó fervorosamente a la lectura de libros marxistas.

No los comprendía en su esencia, pero le atraían con fuerza las nuevas ideas, completamente opuestas a la enseñanza teológica del seminario.

Sus amigos le proporcionaron  pronto un modesto empleo en el departamento de contabilidad del observatorio geofísico de Tiflis, pero su verdadera actividad fue la enseñanza de la doctrina marxista a los obreros del transporte.

Ya en 1900, con ocasión de una manifestación del 1° de mayo, habló públicamente a los trabajadores, empezando así su carrera revolucionaria.

Inicialmente participó en todas las acciones de los mencheviques georgianos, hasta que se separó de ellos para aliarse con Lenin en el movimiento bolchevique.

En 1901 Koba organizó en Tiflis una manifestación callejera contra las autoridades zaristas y, ante la persecución de los cosacos, tuvo que huir a su pueblo natal.

biografia de stalin josef

Hijo de un humilde zapatero georgiano, a los quince años Stalin ingresó con una beca en el seminario ortodoxo de Tiflis , donde se reveló como un alumno brillante, aunque fue expulsado al ser sorprendido cuando repartía propaganda del Partido Socialista georgiano, en el que había ingresado en 1898.  Como prosiguiera sus actividades revolucionarias, en 1902 fue detenido y deportado a Siberia. 

Dos años más tarde Stalin logró evadirse y volver a Tbilisi, donde se adhirió al ala bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR). Intervino en la revolución de 1905 y en las huelgas de Bakú de 1907, tras las cuales fue nuevamente detenido y enviado a Siberia, de donde huyó en 1911

Fue detenido por primera vez el día 18 de abril de 1902 y a partir de entonces fue condenado seis veces a destierro en Siberia y varias veces a la cárcel. En total —hasta la Revolución del 1917— pasó en presidio casi nueve años. Sus condenas fueron generalmente de larga duración, pero consiguió escaparse cuatro veces de Siberia y reanudar su actividad revolucionaria primero en Georgia y después en San Petersburgo y en el extranjero.

En un intervalo entre un encarcelamiento y otro, al escaparse por primera vez de Siberia, Stalin se casó con Ekaterina Svanidze, una muchacha georgiana que  «cuidaba de todo corazón del bienestar de su marido y pasaba noches enteras en ardientes plegarias, aguardando el regreso de su esposo, ocupado en secretas conferencias. «

Intervino en la revolución de 1905 y en las huelgas de Bakú de 1907, tras las cuales fue nuevamente detenido y enviado a Siberia, de donde huyó en 1911.

Stalin ingresó entonces en el comité central del POSDR y, designado presidente del Politburó, viajó a Viena, donde escribió El marxismo y el problema de las nacionalidades y adoptó definitivamente el apelativo de Stalin (acero).

Al estallar la Revolución en Rusia (principio del año 1917), Stalin llegó a Petrogrado con otros presidiarios políticos desterrados en Siberia.

En compañía de Kámenev y el diputado Muranov, se hizo cargo de la dirección de Pravda, desde cuyas columnas preparó hábilmente la opinión pública sobre la necesidad y la victoria segura de una guerra contra todos los «imperialistas» dentro y fuera del país.

Además, desempeñó importantes cargos en la jerarquía del partido, primero como enlace de plena confianza entre Lenin y el comité central, y después como miembro de un buró para dirigir la insurrección y, por fin, como miembro del primer gobierno provisional de la República.

Al estallar la Revolución de Octubre Stalin formó parte del gobierno revolucionario como comisario de nacionalidades, cargo que desempeñó hasta 1922 y en cuyo ejercicio escribió la Declaración de los derechos de los pueblos de Rusia, texto que preludiaba la organización del Estado soviético.

Durante la guerra civil Stalin colaboró eficazmente en las defensas de Petrogrado y Tsaritsin, ciudad que recibió más tarde el nombre de Stalingrado. Elegido secretario general del Comité Central en 1922, trabajó para hacerse con el control del aparato del partido a pesar de los reparos de Lenin, quien recomendó su eliminación en su testamento.

Tras la muerte de Lenin, en 1924, Stalin logró hacerse con el poder absoluto y se alió con Zinoviev y Kamenev para defender la idea del socialismo en un solo país, contra la «revolución permanente» y la extensión del socialismo propugnadas por Trotski. De este modo logró deshacerse de éste, un rival poderoso, al que haría asesinar años más tarde en su exilio de México (1940).

Se volvió entonces contra sus aliados, apoyándose en esta ocasión en la «derecha» del partido y en su líder Bujarin, quien, a su vez, luego sería condenado a muerte por Stalin, convertido definitivamente, y gracias a su habilidad y capacidad de manipulación política, en el líder indiscutible de la URSS.

Implantó a continuación una dictadura, cambió las directrices económicas y emprendió «el gran cambio». Al proyecto perteneció el primer plan quinquenal, que suponía la colectivización forzosa de las unidades de producción agrarias y la industrialización en gran escala del país.

Al mismo tiempo, para suprimir cualquier tipo de oposición, entre 1935 y 1938 instigó los procesos de Moscú, por los cuales muchas de las principales figuras políticas del partido y gran parte de los cuadros dirigentes del ejército fueron encarcelados o fusilados, acusados de traición.

Aunque las cifras no son fiables, se calcula que el número de ciudadanos condenados a trabajos forzados o encerrados en los «gulags» de Siberia a partir de 1935 alcanzó la cifra de entre cinco y diez millones.

El pacto de no agresión que Stalin firmó con Hitler en 1939 no impidió la invasión alemana de 1941. Como comisario de Defensa y mariscal de la URSS, Stalin dirigió la guerra desde el Kremlin, que se negó a abandonar pese a que el gobierno había sido trasladado a Kuíbishev. Se volvió entonces hacia las potencias aliadas y participó en las conferencias de Teherán, Yalta y Potsdam, en las que se organizó el reparto del mundo en dos bloques ideológicos.

De acuerdo con su idea de socialismo, apoyó la formación de las democracias populares en Europa oriental, todas las cuales quedaron en la órbita de la URSS, con la única ecepción de la Yugoslavia de Tito.

Durante el XX Congreso del PCUS, celebrado en 1956, tres años después de la muerte de Stalin, Nikita Jruschov denunció sus crímenes e inició el proceso de «desestalinización», que culminó con la retirada de su cadáver del mausoleo Lenin y su inhumación junto al muro del Kremlin.

salin junto a sus camaradas en un acto

Stalin con Vorochilov, Molotov y Kalinin en una ceremonia del Kremlin.

El régimen dictatorial staliniano empezó con una total inseguridad política y escasos recursos económicos nacionales, y desapareció nominalmente al morir Stalin el 5 de marzo de 1953, dejando firme el sistema comunista en la Unión Soviética, la extensión del dominio directo del Kremlin y los asombrosos adelantos técnicos e industriales.

La historia oficial de Stalin, escrita durante su vida, se modificaba y falsificaba según la necesidad de comprobar o improvisar la infalibilidad del dictador, ídolo y amo de todos los comunistas. En realidad, su fin era demostrar a los creyentes comunistas su insuperable e insustituible genialidad, y justificar, fundado en la doctrina marxista-leninista, cada uno de sus actos, ortodoxos o herejes.

En el Kremlin existía una gran oficina propagandística, dirigida por el jefe supremo de la policía secreta y amigo personal de Stalin, Beria, que además de explicar teóricamente la práctica político-social del dueño absoluto de la URSS, fabricaba los estudios y. artículos, los discursos y proclamas publicados con el nombre de Stalin. Así se desarrolló el stalinismo como una rama del marxismo aplicado.

Esta doctrina —como ya hemos visto— rechazaba la idea de una inmediata revolución mundial y aseguraba que esta revolución se podría encender con mayor posibilidad si entretanto el primer estado socialista fuese económica y militarmente más fuerte y poderoso.

Por lo tanto, todos los estudios sobre la «auténtica» construcción socialista hay que empezarlos por el análisis de las revoluciones sociales concretas, realizadas por primera vez, en pleno sentido «socialista», en la Unión Soviética de Lenin y Stalin, que cumplieron rigurosamente todos los principios de Marx y Engels.

Lo que Stalin hizo fue —según estas teorías oficiales— realizar la superconstrucción del marxismo, concebido exactamente también en cuanto función del estado socialista y como transición hacia el comunismo. Por todo ello —destacaba el mismo Stalin en su libro Voprosy leniniztna (Los problemas del leninismo)— es necesario, sin elección de medios, «aplicar la teoría marxista-leninista a la vida y aprovechar cuanto más mejor su fuerza transformadora, movilizadora y organizadora sin consideración y ahorro de las víctimas».

Después de la muerte de Stalin, fue indispensable la destrucción del culto de la persona del ídolo desaparecido, pero esto no incluyó el aniquilamiento de su sistema.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

EL CRUEL RÉGIMEN DE STALIN: Desde el inicio de la Revolución Rusa, Lenin y Trotski hicieron del terror un instrumento político tanto para llegar al poder como para conservarlo. La diferencia con el gobierno de Stalin es sólo una cuestión de grado: durante su mandato, Stalin aniquiló despiadadamente a sus supuestos enemigos, a los kulaks (campesinos propietarios), a la Iglesia y a sus propios colegas. Shostakovich relató que cuando recordaba a sus amigos, la imagen que veía era la de una pila de cadáveres.

Eliminaba a todos los que se interponían –o que él creía que se interponían– en su camino, los enviaba a los gulags, o simplemente los torturaba y asesinaba. Todo hace pensar que ya en 1930 tema problemas psicológicos.

El profesor McNealadmite que, dada la falta de evidencias, es difícil demostrar que Stalin estuviera loco a fines de la década de 1930, y al mismo tiempo no es fácil pensar que en esa época haya estado del todo cuerdo.

En el proceso de transformación de Rusia en un Estado aislado, Stalin contribuyó a la ruina económica de la nación, a la instauración de un imperialismo bolchevique que absorbió a los Estados bálticos y a reprimir todo sentimiento democrático genuino, situación que se extendió hasta la década de 1990, cuando se inició laperestroika.

Es irónico que debido a un error fatal de Hitler haya colapsado el pacto entre Rusia y Alemania y que Stalin se haya aliado con Roosevelt y Churchill, a quienes engañó y manipuló a su antojo. Ni siquiera la guerra, que fue el escenario donde demostró sus dotes de líder, y el enorme sacrificio del pueblo ruso ante la arremetida alemana obliteraron la enfermedad fatal en que el dictador había sumido al país.

Decidido e inexorable, Stalin no dejaba de sospechar que lo acechaban planes conspirativos para asesinarlo. No comía si antes otra persona no probaba los alimentos que le servían, bebía un té que venía en paquetes cerrados que sólo un sirviente estaba autorizado a abrir. Incluso hacía analizar el aire de su despacho del Kremlin para detectar si había partículas tóxicas.

SUS MUJERES: Incapaz de sentir afecto y compasión y de generar afecto en los demás, se ha dicho, sin embargo, que quiso a su primera esposa, Ekaterina Svanidze, con la que se casó en 1902 y quien: murió mientras daba a luz, pero también se sabe que hubo ocasiones en que la maltrataba. En el funeral de Ekaterina, el viudo admitió que ella sabía tranquilizarlo y que cuando murió, todos los sentimientos tiernos que él había albergado se fueron con ella.

Volvió a contraer matrimonio, esta vez con su secretaria, Nadezhda Alliluyeva, una comunista a ultranza que se suicidó en 1932, cuando tenía treinta y dos años, probablemente a causa de una crisis depresiva (sus hermanos eran esquizofrénicos). Stalin tuvo otras relaciones, pero ninguna de importancia. El vínculo con sus hijos era distante y hostil. Su hijo Yakov, desesperado por el trato que recibía de su padre, intentó suicidarse y luego se casó con una judía, matrimonio que disgustó a Stalin.

Durante la guerra fue capturado por los alemanes y enviado al campo de prisioneros de Sachsenhausen, un suceso vergonzoso, según su padre, y aparentemente, cuando se negó a entrar en la barraca tras el toque de queda, los guardias le dispararon.

Es irónico que ese campo de prisioneros haya sido luego utilizado por los rusos como campo de exterminio de prisioneros alemanes. Su hijo Vassili fue una decepción para Stalin, un mujeriego que murió a causa del alcohol. Su hija Svetlana, a quien trataba con cierto cariño siempre y cuando ella lo obedeciera, se rebeló contra él y también se casó con un judío. Stalin no parece haberse interesado mucho por ninguno de sus ocho nietos.

Los principales síntomas del psicópata se corresponden claramente con el carácter de Stalin. Rechazado por el padre, tuvo una niñez plagada de humillaciones. Era capaz e inteligente, no tenía alucinaciones y su conducta era normal en apariencia. Sin embargo, era un perfecto egocéntrico, nunca sentía culpa ni aceptaba que lo culparan por nada. Manipulaba a la gente según Sus propios intereses, pero se esforzaba por persuadirla de que lo primordial para él eran las necesidades de los demás. Nadie era importante para él y todos los que se atrevían a enfrentarlo debían sufrir terribles consecuencias.

Este hombre solitario tenía los instintos psicopáticos propios de los asesinos seriales norteamericanos No establecía lazos afectivos. Su vida sexual era superficial e impersonal. Stalin era incapaz de manifestar calidez o de sentir compasión. Dedicó toda su vida a acumular poder hasta que, en 1952, debido a la hipertensión y sus efectos colaterales, murió por un accidente cerebrovascular.

Un Episodio De Su Vida:[…] Hay algo de incomprensible en la máscara de absoluta calma que Stalin llegó a adoptar por aquellos años. Su popularidad estaba desapareciendo. Oleadas de descontento chocaban contra los muros del Kremlin. Los opositores esperaban la ocasión oportuna para destruirlo. Pero sólo una vez Stalin pareció acercarse al punto en el cual el luchador arroja la esponja.

Su mujer, Nadia, hasta entonces ciegamente devota del marido, comenzó a dudar de la sabiduría de la nueva política. Una noche, en noviembre de 1932, Stalin y su mujer fueron de visita a la casa de Voroshílov. Estaban presentes otros miembros del Politburó y se discutía de política, Nadia expresó abiertamente sus opiniones acerca de la carestía, el descontento reinante y la condena moral que se había granjeado el partido gracias al Terror.

Los nervios de Stalin llegaron al límite de su resistencia; en presencia de los amigos, el dictador lanzó un torrente de insultos vulgares sobre su mujer. Nadia abandonó la casa de Voroshílov: esa noche misma se suicidó. Abrumado por la tragedia, Stalin presentó su dimisión. Nadie tuvo el coraje de aceptarla. En los funerales de Nadia, Stalin no estuvo presente.

El incidente estaba terminado. Algunas semanas depués Stalin recuperó totalmente el dominio de sí mismo.

Isaac Duetscher. Stalin.

CRONOLOGÍA:

1879 Nace el 21 de diciembre, en Gori (Georgia).

1899 Ingresa en el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso. Expulsado del seminario ortodoxo de Tbilisi.

1902 Detenido por agitador revolucionario, es exiliado poco después a Siberia, de donde escapa en 1904.

1912 Lenin le nombra miembro del Comité Central del partido.

1913 Deportado, de nuevo, a Siberia.

1917 Tras el inicio de la revolución en febrero, regresa a San Petersburgo. Participa en el triunfo de la Revolución de Octubre.

1919 Designado comisario del pueblo para el Control del Estado.

1922 Se convierte en secretario general del Partido Comunista.

1924 Fallece Lenin. Inicia su ascenso al liderazgo absoluto en la Unión Soviética.

1928 Estable el primero de los planes quinquenales que sustituirán a la Nueva Política Económica de Lenin.

1929 Comienza el programa de colectivización acelerada.

1934 Se incrementa la aplicación de la política de eliminación física de sus adversarios políticos: las famosas, cruentas y numerosas purgas estalinistas.

1939 Firma del Pacto Germano-soviético. Comienza la II Guerra Mundial.

1941 Las tropas alemanas invaden la Unión Soviética.

1942-1943 Los soviéticos detienen el avance alemán al vencer en la denominada batalla de Stalingrado. Participa en la Conferencia de Teherán.

1945 Obtiene de los aliados vencedores el reconocimiento de una esfera de influencia soviética en la Europa del Este, tras asistir a las conferencias de Yalta y Potsdam.

1953 Fallece el 5 de marzo, en Moscú.

Fuente Consultadas:
Civilizaciones de Occidentes Volumen B Jackson J. Spielvogel
Atlas de la Historia del Mundo
Hicieron La Historia Volumen 2 Larousse

Unidad 731 en Japon Experimentos Humanos Guerra Mundial Shiro Ishii

Unidad 731 en JapÓn Experimentos Con Humanos
En La Guerra Mundial – Shiro Ishii

UNIDAD 731, JAPÓN – Shiro Ishii se graduó en la Universidad de Kioto en 1920, tras lo cual se enroló en el ejército. En 1924 regresó a la Universidad de Kioto para cursar estudios especializados, contrayendo matrimonio con la hija de Torasaburo Akira, rector de la Universidad. Obtuvo el doctorado en 1927. Un año después fue enviado a Europa como agregado militar, viajando también en diversas ocasiones a Estados Unidos, familiarizándose con las investigaciones biológicas que se llevaban a cabo en los países occidentales.

A su regreso a Japón se consagró a promover entre sus superiores la necesidad de la investigación y fabricación de armas biológicas. Creía firmemente que la guerra moderna solo podía ser ganada a través del uso de la ciencia y su capacidad para producir armas de destrucción masiva. Algo que, paradójicamente para él, vendría a ser demostrado algunos años después en Hiroshima y Nagasaki.

Un hecho fortuito contribuyó decisivamente en que fueran escuchadas finalmente las teorías de Ishii. Tras su regreso de Europa se desató una epidemia de meningitis en Shikoku. Ishii diseñó un filtro de agua especial que ayudó decisivamente a frenar la expansión de la enfermedad. Este éxito hizo que su capacidad como bacteriólogo comenzara a ser reconocida, sobre todo en el ejército, donde supo aprovechar los réditos de su actuación en Shikoku para que fueran escuchadas sus teorías sobre armamento biológico.

Shiro Se doctoró en 1927. Viajó a Europa y en varias ocasiones a América durante dos años, familiarizándose con las investigaciones biológicas de los países Occidentales. A su regreso a Japón se consagró a promover, investigar y fabricar armas biológicas. Su teoría se basaba en que la guerra moderna sólo podría ser ganada con el uso de la ciencia y su capacidad para producir armas de destrucción masiva.  Un hecho fortuito ayudó a implantar las teorías de Ishii: tras su regreso de Europa, un tipo de meningitis hizo su aparición en Shikoku. Ishii diseñó un filtro de agua especial que ayudó a parar la expansión de la enfermedad.  Su capacidad como bacteriólogo comenzó a ser famosa, sobre todo en el ejército, donde presentó la epidemia como una muestra del resultado que podían dar sus armas científicas.

Las armas biológicas industriales resultaban una solución ideal para un país como Japón cuyos recursos naturales son sumamente escasos. En plena carrera armamentística y con una campaña de expansión imperial a la vista, poco importaba la evidente falta de moralidad del proyecto. Ishii se hizo rápidamente con un nutrido grupo de poderosos patrocinadores: el coronel Tetsuzan Nagata, jefe de asuntos militares; el coronel Yoriniichi Suzuki, jefe de la sección táctica del Estado Mayor del Ejército Imperial; el coronel Ryuiji Kajitsuka, jefe del buró médico del ejército, y el coronel Chikahiko Koizumi, cirujano jefe del ejército. El espaldarazo definitivo vino de la mano de Sadao Araki, ministro del ejército y líder de la facción fundamentalista del ejército conocida como «proceder imperial».

La unidad 731: Tras la invasión de Manchuria por parte de Japón, el 18 de septiembre de 1931, Ishii fue destinado a la remota zona de Pingfan, donde fue puesto al mando de la denominada eufemísticamente Unidad Antiepidémica de Suministro de Agua 731, que en realidad no era sino un destacamento de investigación sobre guerra biológica. A finales de 1932 Jshii fue promovido a coronel y recibió un presupuesto de 200.000 yenes. Se estableció una segunda unidad de este tipo al mando de Yujiro Wakamatsu, que tenía su sede en Mengchiatun, cerca de Changchun, bajo el nombre de Sección de Prevención de la Enfermedad Veterinaria del Ejército de Kuantung. En junio de 1938 la base de Pingfang ocupaba un área de 32 kilómetros cuadrados y tenía empleadas a 3.000 personas entre científicos y técnicos.

Pronto la unidad cosechó sus primeros éxitos. En agosto de 1937 el Ejército japonés usó gas venenoso contra las tropas chinas. Antes de la Segunda Guerra Mundial, Japón usó al menos en cinco ocasiones, productos de guerra bacteriológica contra China: el 4 de octubre de 1940 un avión dejó caer bacterias en Chuhsien causando la muerte de 21 personas; el 29 del mismo mes otro avión lanzaba bacterias sobre Ningpo, matando a 99 personas; el 28 de noviembre del mismo año, aviones japoneses llevaron a cabo un ataque biológico sin víctimas sobre Chinhua; en enero 1941 Japón inició sendas epidemias en Suiyuan y Shansi.

En principio, los estadounidenses no tomaron demasiado en serio el programa de armamento biológico japonés. Antes de Pearl Harbor se consideraba que Japón estaba demasiado lejos y no podría lanzar un ataque masivo contra el continente americano. Además, los científicos norteamericanos tendían a mantener una actitud de superioridad respecto a sus colegas nipones. Informes de la época afirman que los japoneses serían incapaces de desarrollar armas biológicas sin la ayuda de «científicos blancos».

Los métodos de la unidad 731 constituyen un crimen de guerra que, en muchos casos, supera con amplitud las mayores atrocidades de los campos de exterminio nazis. Allí se experimentaba con seres humanos, coreanos, chinos y rusos primero y, una vez comenzada la Segunda Guerra Mundial, estadounidenses, británicos y australianos. A su llegada, los
internos de este campamento de los horrores recibían un completo examen médico tras el cual, en función de los experimentos para los que estuvieran destinados, se les rociaba con sustancias desconocidas, se les inyectaban diversos sueros o sufrían exámenes más detallados que incluían la introducción de sondas por todos los orificios de su cuerpo.

Crueldad inhumana: Entre los prisioneros japoneses capturados por los marines norteamericanos en el Pacífico Sur había algunos médicos que habían pasado por la unidad 731. Al ser interrogados revelaron que el programa de armamento biológico japonés se encontraba mucho más avanzado de lo que habían sospechado y, por primera vez, los norteamericanos supieron de la existencia de Shiro Ishii. De pronto, los responsables de la defensa estadounidense se sintieron mucho menos inclinados a tomarse a broma los experimentos nipones.

Mientras, en la siniestra sede de la unidad 731, los prisioneros morían en gran número presa de enfermedades desconocidas. Los cadáveres de los fallecidos eran diseccionados puntualmente por el equipo de Ishii, que esperaba ansioso nuevas remesas de prisioneros.

Estas prácticas constituían el pan nuestro de cada día en la unidad 731, un imperio de terror y enfermedad regido por Ishii con mano de hierro. A su cargo no solo estaban las macabras investigaciones con prisioneros como conejillos de indias, sino también la producción de cantidades ingentes de gérmenes y toxinas, más de ocho toneladas al mes en su época de mayor esplendor. Ishii se encontraba especialmente orgulloso de su granja de pulgas infectadas con la peste bubónica, algunas de las cuales fueron soltadas en varias ciudades chinas iniciando epidemias.

Los prisioneros que tuvieron la desgracia de caer en las garras del equipo de Ishii fueron inoculados con enfermedades como tuberculosis, meningitis, botulismo, ántrax, tétano, peste bubónica y otras aún más exóticas. Muchos de ellos eran obligados en la fase más aguda de su infección a correr sin parar alrededor del campamento hasta que caían muertos a los pies de los científicos que anotaban eficientemente en sus cuadernos la distancia que habían sido capaces de recorrer. Otros eran dejados desnudos a temperaturas de cuarenta grados bajo cero para comprobar el comportamiento del virus en climas fríos. No pocos fueron atados a las mesas de operaciones y diseccionados vivos y sin anestesia.

La atroz cantidad y «calidad» de los crímenes cometidos por la unidad de Ishii les auguraban un trato sumamente severo al finalizar la contienda. Sin embargo, el general Douglas MacArthur pareció no sentirse especialmente conmovido por la horrorosa suerte corrida por muchos de sus hombres y encaró el asunto de un modo que, cuando menos, resulta sorprendente. Y es que MacArthur no veía por qué los Estados Unidos no debían aprovechar los descubrimientos derivados de los trabajos de Ishii.

Experimentos realizados por la unidad 731:

* Disección de personas vivas para experimentos de laboratorio y en ocasiones asesinados simplemente para documentar la muerte. El número de personas utilizado para este fin iba de las 400 a las 600 cada año.

* A partir de la segunda mitad de 1940, las tropas agresoras japonesas empezaron el uso a gran escala de armas bacteriológicas, y desencadenaron todo tipo de enfermedades infecciosas como el cólera, el tifus, la pestilencia, ántrax, difteria y bacteria de la disentería.

* Congelaban a los prisioneros y los sometían a técnicas de deshidratación severas y documentaban la agonía.

* Los exponían a bombas para aprender a curar a los heridos japoneses. Bombardearon poblados y ciudades chinas con pulgas infectadas y dieron a los niños golosinas con ántrax. Después entraban para comprobar los daños a la población y se llevaban enfermos todavía vivos para abrirlos y perfeccionar el arma.

* Contaminaron las fuentes de agua.

* Algunos de los experimentos llevados a cabo allí incluían inyectar a los sujetos con bacteria causantes de la peste bubónica producidas en moscas infectadas, para luego registrar la evolución de la enfermedad e incluso disecarlos en estado consciente.

* Los japoneses no dejaron nada sin probar: hongos, fiebre amarilla, tularemia, hepatitis, gangrena gaseosa, tétano, cólera, disentería, fiebre escarlata, ántrax, muermo, encefalitis de las garrapatas, fiebre hemorrágica, difteria, neumonía, meningitis cerebroespinal, enfermedades venéreas, peste bubónica, tifus, tuberculosis y otras endémicas de China y Manchuria. Realizaron pruebas con cianuro, arsénico, heroína, con veneno de serpientes y de pez erizo. En este programa murieron más de 10.000 personas.

* Algunos murieron como consecuencia de las investigaciones. Otros fueron ejecutados cuando quedaron tan débiles que no podían continuar en la Unidad 731 y en otros tantos puntos se hicieron tests con insectos, y todo tipo de gérmenes. Se probaba la resistencia humana al botulismo, ántrax, brucelosis, cólera, disentería, fiebre hemorrágica, sífilis y también la resistencia a los rayos X.

Fuente Consultada:
Top Secret Lo que los Gobiernos Ocultan  –  Iker Jiménez
http://sgm.casposidad.com/
http://www.avizora.com

Masacre en Ucrania Gobierno Stalinista Lideres Tiranos de la Historia

SLOBODAN MILOSEVIC, EL CARNICERO DE LOS BALCANES

Slobodan Milosevic nació en 1941 en Pozarevac, la República de Serbia. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Belgrado en 1964. Estaba casado y tuvo dos hijos, uno llamado Marko y Marija su hija. Su esposa, Dr. Mirjana Markovic era una catedrática de la Universidad de Belgrado.

Milosevic, ser cruel

Comenzó su carrera de exitosos negocios  como asesor económico del alcalde de Belgrado. La mayor parte de su vida profesional ha trabajado en los sectores económico y bancario. Durante varios años estuvo al frente de la conocida empresa yugoslava «Tehnogas» como su Gerente General, después de lo cual se convirtió en Presidente del «Beogradska Banka», el banco más grande de Serbia y Yugoslavia.

En el marco de su actividad política profesional, que llegó a ser activa en 1983, ocupó los cargos políticos más importantes, tanto en Belgrado y Serbia. Fue elegido Presidente de la Presidencia de Serbia, por primera vez en 1989.

En diciembre de 1990 la mayoría de los ciudadanos de Serbia, expresaron directamente su voluntad, y lo eligieron primer Presidente de la República.

En las elecciones presidenciales multipartidistas realizadas en Serbia en diciembre de 1992, Slobodan Milosevic, obtuvo una victoria arrolladora y la mayoría de los votos electorales de los ciudadanos de la República de Serbia, fue elegido Presidente de la República.

Fue elegido Presidente de la República Federativa de Yugoslavia el 23 de julio de 1997 y permaneció en el cargo hasta 05 de octubre 2000. Mientras que en la oficina del presidente Milosevic se dedicó a la solución pacífica del problema de Kosovo.

Sus esfuerzos fueron socavados deliberadamente por la OTAN, que los terroristas no sólo armados del ELK y Al-Qaeda que operan en Kosovo, pero también puso en marcha una campaña de bombardeo ilegal causando una catástrofe humanitaria de grandes proporciones en 1999.

Tenía una gran personalidad de liderazgo en la República de Serbia, cuyo nombre se asocia con la creación de su unidad constitucional-legal y el estado más importante y los intereses nacionales de Yugoslavia y sus ciudadanos.

El 1 de abril de 2001 Presidente Milosevic fue arrestado y encarcelado por el Gobierno de Serbia de la llamada «Oposición Democrática de Serbia», sin cargos formales fueron presentadas en su contra.

El 28 de junio de 2001, Día de San Vito, el día más sagrado en el calendario Ortodoxa Serbia, el Gobierno de la República de Serbia, en una exhibición humillante de traición a la patria, secuestrado ilegalmente el Presidente Milosevic y lo entregó al Tribunal de La Haya.

Ver en este sitio: El Carnicero de las Balcanes

Ley Seca en Estados Unidos La Mafia de Chicago Al Capone El Padrino

Ley Seca en Estados Unidos
La Mafia de Chicago

AL CAPONE, EL MAFIOSO MAS GRANDE DE LA HISTORIA: Conocido como Al Capone, su nombre era Alfonso Gabriel Capone. Recordado como un famoso gángster estadounidense de los años 20 y 30. Hombre que vivió al margen de la ley y aprovechando la prohibición de la venta e alcohol en EE.UU. armó un grandioso negocio clandestino que consiguió una fortuna importante. Llegó a ser un autentico rey de las calles de Chicago, durante los años locos.

al capone

All Capone, Rey de las calles de Chicago

Siempre organizando negocio sucios, el FBI trabajó años para encarcelarlo, pero recién en 1931 fue detenido por evadir impuesto, ya que nunca se pudo demostrar su participación en otros hechos delictivos.

A pesar que fue un buen alumno, a los 14 años dejó la escuela, convencido que en la calle iba a aprender mas. Al poco tiempo ya formaba parte de pesadas bandas juveniles y pudo relacionarse con distintos integrantes de la mafia, hasta que conoció a Jonnhy Torrio el mas importante capo de la mafia italiana en New York, quien vió en “caracortada” (había sido tajeado con una navaja en una riña por una chica en un bar), un buen aliado para sus proyectos delictivos.

Torrio confiaba en Al, y lo invitó a trabajar en Chicago, donde comenzó su verdadera carrera criminal y aprovechó el fabuloso negocio de venta ilegal de licores durante la Ley Seca, impuesta por el gobierno de EE.UU.

En 1925 Torrio debió retirarse de la cúpula de la mafia debido a un atentado que pudo sobrevivir, como venganza por la muerte de otro gángster. Al Capone con solo 26 años de edad se convirtió en el hombre mas poderoso Chicago, inclusive sobre el mismo alcalde.

Fue bautizado como el enemigo numero uno, pero nunca hubo prueba fehacientes para incriminarlo por asesinato, corrupción o sabotaje, pero si pudo ser encerrado tras las rejas de la cárcel de Alcatraz por evadir impuestos. Murió en 1947, acompañado de su fiel esposa, estaba enfermo de sífilis.

Ver en este sitio: Vida de Al Capone

PARA SABER MAS…
En 1919, el Congreso de Estados Unidos aprobó lo que se dio en llamar el Acta Volstead, que declaraba ilegal la fabricación, distribución y venta de alcohol. A lo largo de la década de los años veinte y hasta 1933, la ley —más popular en unos estados que en otros— convirtió en criminales a miles de ciudadanos a quienes les gustaba el alcohol.

El prohibicionismo también convirtió al gángster en un criminal respetable, que para muchos era un honesto contrabandista en licores.

Las bandas criminales se habían desarrollado a lo largo del siglo XIX, paralelamente al aumento del número de bares, casas de juego y burdeles. Los gángsters adoptaron nuevas vías de criminalidad en la década de 1890-1900, aprovechándose de los conflictos entre el capital y la mano de obra. Proporcionaban esquiroles a los jefes y se acercaron a los sindicatos castigando a los que desafiaban sus reglas.

El automóvil, la ametralladora y el teléfono transformaron la organización de las bandas criminales en la década de los 20, era considerado influencia para abarcar ciudades enteras e incluso estados. Los ingresos necesarios para equipar a las bandas se obtenían a través del tráfico ilegal de alcohol. El posterior crecimiento del gangsterismo y en particular el surgimiento de los jefes de bandas criminales en la década de los 20, era considerado por muchos jóvenes inmigrantes italianos y eslavos como la realización del sueño americano.

Durante los primeros años del prohibicionismo, hasta 1923, los hombres de negocios alquilaban pequeñas bandas para proteger sus fábricas de cerveza y sus destilerías, y para escoltar los pedidos, mientras los hombres de negocios utilizaban su influencia política para obtener inmunidad frente a la ley.

Después de 1923, empezaron a surgir grandes bandas urbanas que controlaban el comercio ilegal, ya fuera comprando falsas fábricas de desnaturalización a fin de asegurarse una reserva de alcohol crudo, o tomando el control de cervecerías que producían «cerveza sin», el producto legal. Además, controlaban la producción en tugurios de alcohol privado ilícito fabricado con azúcar de maíz. En 1929 se contabilizaron cerca de 3.000 destilerías privadas, por un valor de 50.000 dólares».

La producción y distribución del alcohol, junto con el contrabando desde Canadá, fueron tolerados en el noreste urbano de Estados Unidos, hasta finales de la década de los 20. La reacción surgió con la utilización por parte del crimen organizado del chantaje y los excesos de la guerra entre bandas. La economía del contrabando de licores se vio socavada por la depresión, descendiendo el número de tabernas clandestinas en Nueva York de 32.000 en 1919 a 9.000 en 1933, así como por la producción casera de cerveza y vino. Durante el prohibicionismo, el consumo de vino en Estados Unidos aumentó en un 66 por ciento.

Fuente Consultada: Los Cambios Económicos Tomo 2 Sidney Pollard

Biografia de Pol Pot El Genocida de Camboya Dictador

Biografía de Pol Pot – Genocida – El Infierno de Camboya

Pol Pot se llamaba en realidad Saloth Sar y había nacido el 19 de mayo de 1928 en la localidad camboyana dePrek Sbauv, en el seno de una familia de campesinos acomodados.

El pequeño Saloth fue enviado a un monasterio budista donde se educó durante tres años, y era ya un adolescente cuando los monjes, al parecer no sin cierto embarazo, comunicaron a la familia que Saloth Sar no podía seguir sus estudios en el centro.

Le costaba estudiar, explicaron. Intelectualmente, el chico no daba para mucho.
pol pot lider de camboya

(1928-1998) Militar y político camboyano, considerado responsable de Camboya bajo el régimen de los jemeres rojos (1975-1979). Nacido en la provincia de Kompong Thom, participó en la resistencia antifrancesa de Indochina liderada por Ho Chi Minh.

Así que Saloth se trasladó a Phnom Penh, donde su hermano mayor tenía un buen puesto como funcionario en el palacio real junto al rey Monivong.

Es en esta época cuando tiene lugar una historia que quizá vaya a marcar para siempre el destino de Saloth Sar: una de sus hermanas, Sarouen, fue aceptada como integrante del cuerpo de baile de palacio, y no tardó en convertirse en concubina del rey.

En la corte, Sarouen debió sufrir continuos desprecios por su condición social, y Saloth, que vivía con ella, era testigo diario de la amargura de la joven.

En el adolescente empezó a fraguarse un odio profundo hacia la clase dominante que se valía de su posición para humillar a los inferiores. (Fuente Consultada: historiaarte.net)

En 1946, ingresó en el ilegal Partido Comunista Indochino y más tarde realizó estudios en París, donde continuó con sus actividades políticas. Trabajó posteriormente como maestro en Phnom Penh.

En 1960, participó en la fundación del Partido Popular Revolucionario Jemer (o Partido Comunista Jemer), del cual fue nombrado secretario general dos años después.

En 1963, se desplazó a la selva camboyana, donde organizó el grupo guerrillero denominado Jemer Rojo.

Durante la abierta guerra civil que siguió al golpe de Estado de Lon Nol en 1970, se alió con el príncipe Norodom Sihanuk.

Después de que los jemeres rojos expulsaran del poder a Lon Nol en 1975, Pol Pot ocupó la jefatura de gobierno y dirigió la evacuación de las ciudades camboyanas, obligando prácticamente a toda la población del país a trabajar como campesinos.

Pol Pot fue depuesto en enero de 1979 por los vietnamitas, que habían invadido el país; a partir de entonces, desencadenó una guerra de guerrillas contra el nuevo gobierno impuesto por Vietnam.

En 1982, creó un frente común con los líderes de la oposición, el príncipe Sihanuk y el antiguo primer ministro Son Sann.

Dimitió como comandante en jefe del Jemer Rojo en 1985 y permaneció incomunicado tras el establecimiento del nuevo gobierno camboyano en 1993.

Posteriormente, siguió manteniendo en la selva el movimiento guerrillero, hasta que, el 17 de junio de 1997, los jemeres rojos anunciaron mediante un mensaje radiofónico captado en Bangkok (Tailandia) que habían detenido a su líder histórico Pol Pot, el cual se encontraba huido desde hacía varios días de su campamento en Anlong Veng, en la jungla camboyana, después de asesinar a algunos de sus colaboradores y pretender dirigirse a la frontera tailandesa.

Comenzó una guerra civil de cinco años que concluiría con la victoria de los khmer rojos, quienes el 17 de abril de 1975 tomaron la capital, Phnom Penh, tras largo asedio. Al alzarse con el poder, los nuevos dirigentes aislaron al país del mundo exterior e iniciaron una brutal reorganización de sus estructuras sociales. Dos o tres millones de habitantes de Phnom Penh y de otras poblaciones fueron obligados a trasladarse a zonas rurales, amenazados por las armas, sin provisión de alimentos, agua ni atenciones médicas.

Nunca se conocerán los detalles de estas marchas forzadas, pero se estima que decenas de miles de personas murieron en sus desplazamientos a consecuencia del hambre, las enfermedades y el agotamiento. Más aún: a finales de 1975, el gobierno decretó una segunda emigración en masa cuyo balance de muertos se elevó a 600.000 (el 10 por ciento de la población).En 1976, los propios refugiados refirieron que los comunistas habían matado a millares de combatientes, funcionarios y personas influyentes del antiguo régimen. El gobierno se apoderó de la propiedad privada y suprimió los salarios de los trabajadores, a quienes se retribuyó en adelante con simples alimentos racionados. A fines de 1978, una invasión procedente de Vietnam acabaría con el despótico régimen.

Muerte de Pol Pot:  El cadáver de Pol Pot (15 de abril de 1998) se encontraba tendido en la cama, cubierto sólo a medias por una sábana de color indescifrable. Llevaba puesta una camisa y unos pantalones cortos, y estaba descalzo.

Junto a su cabeza, alguien había colocado dos pequeños ramos de flores y un paipay. Las únicas pertenencias que conservaba eran unas latas de conservas, una bolsa de plástico, un barreño y una cesta de mimbre.

Unos cuantos guerrilleros jemeres vigilaban el cadáver, y en una esquina de la cabaña que les había servido de vivienda, dos mujeres lloraban en silencio. Una era Sith, la hija adolescente del dictador.

La otra, su segunda esposa, Mia Som, con la que llevaba una década casado en segundas nupcias mientras su primera mujer, Khieu Ponnary, se consumía recluida en un siniestro hospital psiquiátrico de Pekín.

Ver: Historia de los Jemeres

Esto es un artículo de la revista Gente en 1977 cuando escribía sobre las injusticia del régimen autoritario de líder revolucionario Pol Pot:

El infierno está en la tierra, queda entre Tailandia, Laos y Vietnam. Se llama Camboya. Todo lo que sucede allí no es parte de un relato fantástica ni de una película terrorífica. Tampoco ha ocurrido hace tiempo. Todo pasa en estos momentos mientras usted lee estas mismas líneas.

En ese lugar, un pueblo está condenado. Es castigado con trabajos forzados, está esclavizado, torturado y muchas veces asesinado, en nombre de una ideología que se propone crear un «hombre nuevo». Camboya (la actual, la de la bandera roja) se está construyendo sobre un inmenso osario.

Sobre las lágrimas y los despojos de los intelectuales, de los funcionarios, de las mujeres, de los campesinos y de los niños. Porque en esta Camboya perseguida y quebrantada, los niños ofician obligadamente de espías, de delatores de sus propias familias.

GENOCIDIO: El infierno está en la tierra y se llama Camboya.

El país está sometido al «Angkar», una «organización» que es sin eufemismos, nada más y nada menos que el partido comunista camboyano.

En la cumbre de esta «organización» está el «Angkar Leu», un organismo al cual los camboyanos prefieren llamar por su verdadero nombre: «el país de los muertos», ya que ninguna persona que sea obligada a comparecer ante ellos regresa jamás. En la base de] «Angkar» están los cuadros, los educadores, los que vigilan los trabajos, los jefes de aldea y los comandantes de distrito. Todos tienen una función común: el señalamiento y la muerte de quienes no piensan como ellos.

Camboya tiene siete misiones de habitantes. Es un pueblo sufrido, de trabajo, de ritos milenarios y de tierras feraces.

Esos siete millones de habitantes son manejados por una máquina política y administrativa que le permite a un puñado de hombres (unos 200.000) sojuzgar a la población entera.

Hay camboyanos deportados en su mismo país. No se les perdonó la vida; simplemente se les alargó la agonía. El hambre y las enfermedades hacen estragos entre ellos. Ya no tienen fuerzas. Entre siete u ocho deben arrastrar un arado.

Cuatro cucharadas de sopa de arroz es su diaria alimentación. Deben levantarse a las cuatro de la mañana y trabajar hasta las 22. la mayoría de ellos sufre-paludismo y disentería.

Los soldados rojos les dicen a los enfermos que su mal «es del espíritu», y ya no les dan comida. Hay centenares de testimonios sobre estas muertes, sobre estas pesadillas que en Camboya tienen suficientes nombres y apellidos.

Se «Calcula que un millón de personas han muerto. Un millón de cadáveres son la columna vertebral de esta realidad atroz. Pero, ¿por qué hay tanto silencio en torno a Camboya? ¿Por qué únicamente los testimonios de algunos refugiados, las notas periodísticas de «Le Point», de Parls, algunos relatos orales y algunas fotos borrosas y desgarradoras son las únicas voces que se alzan contra tanto crimen?

¿Cómo es posible el silencio de la Organización de las POS

Naciones Unidas, de la Arnnesty Internacional, por ejemplo? Hay algunas razones claras y sencillas: la flamante mayoría que ha creado en la ONU el tercer mundo y los países socialistas elige con cuidado a sus condenados. Jamás están entre sus acólitos.

Mientras todo este silencio continúe, esta sangrienta revolución se seguirá apoderando del poder y la muerte será el amanecer de Camboya (Tomado de «Gente»).

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria5.jpg

GENOCIDIO EN CAMBOYA:

El genocidio camboyano fue dirigido por Pol Pot y ejecutado por el régimen de los Jemeres Rojos, el partido político que gobernó la llamada Kampuchea Democráticade ideología maoísta entre 1975 y 1979, con una concepción extremista de revolución.

Durante el tiempo del gobierno de los Jemeres Rojos desaparecieron entre dos y tres millones de personas, por lo cual se constituyó en 2006 un Tribunal internacional para llevar a cabo el Juicio a los Jemeres Rojos en 2007

Se estima que fueron asesinadas mas de 2.000.000 personas, es decir una proporción mayor que uno de cada cuatro Camboyanos, lo primero que quería hacer era acabar con la población Urbana, por lo que no se le ocurrió otra cosa que deportar a todo el mundo al campo, y el que osaba tan siquiera tener mala cara era fulminado al instante, hubo ciudades enteras que al no poder ubicarlas en ningún sitio se les decido exterminar en campos de concentración al mas puro estilo nazi.

Fueron prohibidas la enseñanza, la libertad de desplazamiento, los médicos, pues se afirmaba que si una persona estaba tan enferma para necesitar un médico, era una lacra para el país y merecía morir, las creencias religiosas y filosóficas, la escritura, llevar gafas, ver a tus familiares, porque suprimió las familias como tal (y la autoridad paterna si se daba el soplo de que existía se mataba a toda la familia), se mataba a la gente que sabia leer, no estaban permitidas las relaciones sexuales extramatrimoniales, estaban prohibidas las manifestaciones públicas de afecto, castigaban con torturas inimaginables incluso a los niños que descubrían robando porque se morían de hambre.

El gobierno provietnamita instalado tras la caída de Pol Pot creó un «Museo del genocidio», cuyo nombre inspira el nuestro, donde se exponen miles de huesos de víctimas que no serán identificadas jamás.

En Camboya tuvo lugar el experimento de ingeniería social más atrevido y radical de todos los tiempos. Fue el comunismo llevado a su consecuencia lógica, a su mayor extremo.

El dinero desapareció y la colectivización integral se llevó a cabo en sólo dos meses. El gobierno del Angkar duró tres años y ocho meses y sembró de cadáveres el país: alrededor de dos millones de muertos para una población total de ocho millones.

Pin Yatay, superviviente, nos cuenta que «en la Kampuchea democrática no había cárceles, ni tribunales, ni universidades, ni institutos, ni moneda, ni deporte, ni distracciones… En una jornada de veinticuatro horas no se toleraba ningún tiempo muerto.

La vida cotidiana se dividía del modo siguiente: doce horas de trabajo físico, dos horas para comer, tres para el descanso y la educación, siete horas de sueño. Estábamos en un inmenso campo de concentración. Ya no había justicia. Era el Angkar el que decidía todos los actos de nuestra vida»

Pol Pot y sus jemeres rojos iniciaron en 1970 una guerra civil apoyada por el gobierno de Hô Chi Minh. Ya entonces mostraron su extrema crueldad: no sólo los prisioneros fueron maltratados y ejecutados, sino que también fueron encarcelados sus familias, reales o inventadas, monjes budistas, gente sospechosa en general, etc..

En las prisiones, los malos tratos, el hambre y las enfermedades acabaron con casi todos ellos y, desde luego, con la totalidad de los niños detenidos.

Pero ese horror en guerra no era más que el preludio de lo que llegaría desde que el 17 de abril de 1975 ésta terminó con el triunfo de Pol Pot y los suyos. La primera medida fue el desalojo de los más de 3 millones de habitantes de las ciudades, realizada inmediatamente. Esto provocó la división entre «viejos» (los campesinos de siempre) y «nuevos» (los habitantes de las ciudades reconvertidos), de los que estos últimos se llevarían la peor parte de la represión que vino más tarde.

El horror cotidiano

En las prisiones se numeraba y fotografiaba a las víctimas del Partido Comunista antes de su ejecución. Si el torso estaba desnudo, el papel con el número se sujetaba con un imperdible a la piel.

La «Kampuchea democrática» dejó en sus supervivientes una pérdida completa de valores; la supervivencia exigía la adaptación a las nuevas reglas del juego, de las cuales la primera era el desprecio a la vida humana. «Perderte no es una pérdida. Conservarte no es de ninguna utilidad», según rezaban los manuales del Angkar.

Pol Pot anunciaba un futuro radiante en sus discursos. Prometía pasar de la tonelada de arroz por hectárea y año a tres en breve sucesión. El arroz se convirtió en el monocultivo.

Los mandos obligaban a trabajar sin descanso a los esclavos a su mando, para mejorar su reputación entre sus superiores. En algunos extremos se llegaba a jornadas de 18 horas, en la que los hombres más robustos eran los que padecían mayores exigencias y, en consecuencia, morían antes.

No obstante, la planificación central y el desprecio por la técnica (sustituida por la educación política) destruyeron la hasta entonces siempre próspera cosecha arrocera camboyana. Para finales del 76 se calculaba que la superficie cultivada era la mitad que antes del 75.

El hambre era inevitable y, con él, la deshumanización y el sometimiento al Angkar. Aunque quizá menos extendido que en la China del «Gran Salto Adelante», el canibalismo se convierte en costumbre.

La familia era considerada una forma de resistencia natural al poder absoluto del Partido, que debía llevar al individuo a una dependencia total del Estado. Por tanto, las familias eran separadas y la autoridad paterna castigada: la educación era responsabilidad exclusiva del Angkar.

Los sentimientos humanos eran despreciados y considerados un pecado de individualismo.

Al intentar ayudar a una vecina, Pin Yatay se ganó esta reprimenda: «No es su deber ayudarla, al contrario, esto demuestra que todavía tiene usted piedad y sentimientos de amistad. Hay que renunciar a esos sentimientos y extirpar de su mente las inclinaciones individualistas.»

Los esclavos pertenecen al sistema, no a sí mismos. Su vida es totalmente regulada. Había de evitar cualquier fallo, incluso involuntario, un resbalón, la rotura de un vaso, no podían ser un error sino una traición contrarrevolucionaria que conducía a un castigo seguro.

A veces, la muerte. O la flagelación, que en los más débiles era equivalente. Los niños espiaban a los mayores en busca de culpabilidades reales o inventadas. Pero no había muertos, esa palabra era tabú, ahora tan sólo existían cuerpos que desaparecen.

«Basta un millón de buenos revolucionarios para el país que nosotros construimos», se rezaba en las reuniones de los jemeres rojos.

El destino de los demás era evidente. La muerte cotidiana era lo frecuente; curiosamente los casos considerados graves eran los que iban a prisión, donde se obligaba con tortura a la delación y, finalmente, se ejecutaba a los presos.

Un detenido por el crimen de hablar inglés cuenta como fue encadenado con unos grilletes que cortaban la piel y torturado durante meses.

El desmayo era su único alivio. Todas las noches los guardias se llevaban a varios prisioneros a los que nunca volvían a ver. Él pudo sobrevivir gracias a las fábulas de Esopo y cuentos jemeres tradicionales que contaba a los adolescentes y niños que eran sus guardianes.

Los niños no se libraban de la crueldad del sistema carcelario. Muchos eran encarcelados por robar comida. Los guardianes los golpeaban y daban patadas hasta que morían. Los convertían en juguetes vivos, colgándolos de los pies, luego trataban de acertarles con sus patadas mientras se balanceaban.

En una marisma cercana a la prisión, los hundían y, cuando empezaban las convulsiones, dejaban que apareciera su cabeza para sumergirlos de nuevo.

En los campos, lo que atemorizaba era la imprevisibilidad y el misterio que rodeaban las innumerables desapariciones. Los asesinatos se llevaban a cabo con discreción. Era frecuente el uso de los cadáveres como abono.

No obstante, la brutalidad reaparecía en el momento de la ejecución: para ahorrar balas sólo un 29% eran disparados. El 53% moría con el cráneo aplastado, el 6% ahorcado, el 5% apaleado.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria5.jpg

Camboya, hoy

Pol Pot al frente de una columna de seguidores, en 1979, poco antes de ser derrocado.  Algunos autores niegan la inclusión del exterminio por razones políticas dentro del ámbito del genocidio. No hacen más que seguir las órdenes de la extinta URSS, el único país que, por razones evidentes, se opuso a incluir a éstos dentro de la definición de genocidio de la ONU.

La educación política recibida del Partido Comunista de Kampuchea persiste aún en Camboya. Los valores humanos han sido sustituidos por un cinismo y egoísmo que comprometen cualquier tipo de desarrollo.

Aún persisten jemeres rojos parapetados tras campos de minas, lo que ha convertido a este país en el que posee mayor número de mutilados, sobre todo en adolescentes y niños.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria5.jpg

En Camboya tuvo lugar el experimento de ingeniería social más atrevido y radical de todos los tiempos. Fue el comunismo llevado a su consecuencia lógica, a su mayor extremo. El dinero desapareció y la colectivización integral se llevó a cabo en sólo dos meses. El gobierno del Angkar duró tres años y ocho meses y sembró de cadáveres el país: alrededor de dos millones de muertos para una población total de ocho millones.

Los sucesos mas notables de la Historia Contemporanea

Los Sucesos Mas Notables de la Historia

MI LUCHA 
«Mein Kampf» o «Mi Lucha» fue el libro que ADOLFO HITLER escribiera en prisión, tras el fracaso del Putsh de Munich, movido más que por una doctrina coherente por un oportunismo y ansias de poder y donde planteó su odio hacia el comunismo y su deseo de ver destruida la URSS y no dudó en sacrificar los principios sociales del progreso al entendimiento con el capital. El único dogma del mismo fue el racismo, justificativo de su política expansionista que condujo a la guerra. Esta considerado como la Biblia del Nazismo y vulgariza la tesis del pangermanismo, obra impregnada de antisemitismo y que decide el exterminio de las razas por considerarlas él inferiores.

PUTSCH DE MUNICH

PUTSCH  es un golpe de fuerza ejecutado rápidamente y de improviso para hacerse del poder. De este PUTSCH DE MUNICH participaron justamente en la ciudad de Munich Hitler y sus partidarios. Con la colaboración de Ludendorff, los nazis organizaron este Putsh (9-9-23) con la intención de alcanzar el poder por la fuerza, pero fracasaron ante la oposición del ejército. Por ello Hitler fue juzgado por alta traición, y condenado a 5 años de prisión, donde escribió «Mein Kampf».

EL FIN DE LAS S.A.
Hitler montó un monstruoso aparato policial y de seguridad. Las fuerzas de seguridad o tropas de asalto o «camisas pardas» fueron las S.A. (Sturmabteilungen). El se encargó de reforzarlas y estaban distribuidas por todo el territorio alemán, con fines de vigilancia para que nadie violara la voluntad del partido. Independientemente, instituyó las S.S. (Schutztaffel) o «Camisas Negras» o Guardia de Defensa, cuerpo de élite que formaba la guardia personal del dictador y estaba integrada por jóvenes de recia contextura, envidiados por las dádivas que recibían y que a la vez servían para controlar a los miembros del partido y mantenerlos al margen de toda otra influencia. Además existía la GESTAPO o policía política política y secreta del Estado, encargada de castigar sin juicio previo a cualquiera que se opusiera al nazismo y que era considerado «preso político».

EL PACTO DE MUNICH
El problema de los sudetes, viendo la movilización de las tropas checoeslovacas y el ultimátum de Hitler decidieron a Chamberlain a aceptar las exigencias alemanas, firmando el Pacto de Munich (29-9-1938) con Gran Bretaña, Alemania e Italia, en un esfuerzo por evitar la guerra.  El territorio de los sudetes, cordillera que separa Polonia de Checoeslovaquia fue desmembrado de Checoeslovaquia y ocupado por Alemania.

Hitler tenía miras expansionistas, al igual que Mussolini. Hitler quería obtener parte de Checoeslovaquia a cambio de no efectuar más ocupaciones. Los aliados hacen conversaciones con la URSS para hacer un frente de paz para no permitir la expansión fascista, pero la URSS ya había firmado con Alemania el pacto Ribbentrop-Molotov de no agresión, que establecía que ninguna de las partes atacaría a la otra y que se mantendrían neutrales si alguna de ellas era atacada por una 3º potencia.

Lo oculto de este pacto era que se iban a repartir Polonia entre la URSS y Alemania. A su vez para no permitir el avance hacia el E le ofrecen los aliados ante un posible ataque fascista ayuda militar a Polonia, Grecia y Rumania. No obstante, Alemania invade Polonia y Francia y Gran Bretaña le exigen a Hitler el retiro de sus tropas. Alemania convencida de que éstas no podían luchar contra su ejército se desentienden y Francia y Gran Bretaña le declaran la guerra. En 1945 se procedió a la expulsión del territorio -de nuevo checoeslovaco- de la mayor parte de la población alemana.

EL PACTO RIBBENTROP-MOLOTOV
Pacto firmado entre Ribbentrop y Molotov o Pacto Germano-Soviético (22-8-39). RIBBENTROP fue un político alemán nazi, dirigente de las S.S. que puso en contacto a Hitler con banqueros, facilitando la llegada de Hitler al poder. Embajador en Londres (1946-38), para conseguir la neutralización británica, convenció a Hitler que Gran Bretaña no lucharía en caso de entrar en guerra y vio la conveniencia de disfrazar el neopangermanismo nazi con el ropaje del anticomunismo. Designado Ministro de Relaciones Exteriores. fue el principal artífice del PACTO GERMANO-SOVIETICO y del Pacto Tripartito entre Alemania, Italia y Japón. MOLOTOV fue un político bolchevique que participó en Yalta, Postdam, Teherán. Secretario del Comité Central del Partido y fiel colaborador de Stalin orientó la política social hacia la guerra fría.

PACTO ANTI-KOMINTERN
Firmado el 25-11-36 entre Alemania y Japón. Tuvo su origen en el aislamiento diplomático de la Alemania de Hitler y aunque exteriormente era un pacto contra la Internacional Comunista, encubría el de defensa mutua ante cualquier ataque de la U.R.S.S. La firma del pacto germano-soviético (1939) supuso la supresión de hecho del Anti-Komintern, pero la declaración de guerra de la U.R.S.S. en 1941 lo volvió a poner en vigor. Posteriormente a 1936 se adhirieron a él Italia (1937), Manchukuo (39), España (39), Hungría (40) y desde 1941 Rumania, Bulgaria, Dinamarca, Eslovaquia, Finlandia, Croacia y China.

BOHEMIA Y MORAVIA
 BOHEMIA, desmembrada desde la 1º Guerra Mundial, pasó a formar parte de Checoeslovaquia. En 1939, al ocurrir la desmembración del estado, pasó a formar parte del protectorado alemán de BOHEMIA y MORAVIA, pero en 1945, al terminar la 2º Guerra Mundial se restauró la República Checoeslovaca y Bohemia volvió a formar parte de ese Estado.

 LOS SUDETES
 Los SUDETES estaban formados por una minoría alemana dentro de Checoeslovaquia, en territorios fronterizos con Alemania de BOHEMIA, MORAVIA y SILESIA. Las reclamaciones efectuadas en 1919 para que esta región fuera incorporada a Alemania o a Austria no dieron los resultados esperados, ya que los aliados alegaron que este territorio no había pertenecido nunca a Alemania y que no se podía privar a Checoeslovaquia de tan valiosa zona. Fracasadas sus aspiraciones autonomistas y agravado todo por la crisis del ’30 en una zona altamente industrializada y de exportación, Hitler apoyó la formación de un partido sudete. Pese a las reivindicaciones nacionalistas que Hitler hizo suyas y la negativa del gobierno checo, surgió una grave crisis. Francia y la URSS apoyaron sin entusiasmo a Checoeslovaquia, mientras Gran Bretaña se mostraba conciliadora a través de las gestiones de Lord Runciman y de las entrevistas de Chamberlain.

 EL CORREDOR DE DANTZIG
DANTZIG fue un pequeño estado de Europa Central, creado por el Tratado de Versalles (1919) en la costa del Báltico.  Su incorporación a Alemania en setiembre de 1939 provocó la 2º Guerra Mundial. Terminada ésta quedó formando parte de Polonia. 

 GOEBELS Y LA PROPAGANDA POLITICA
GOEBELS fue el Ministro de Propaganda de Hitler. Fue un feudo donde el ejercicio de la censura extendió la ideología nazi. Transformó al periodismo en instrumento de propaganda y arruinó toda la creación literaria. La educación popular en la dictadura nacionalista fue asumida por el Estado: los jóvenes y niños, quitados de su familias recibieron el mismo tipo de educación, basada en las teorías nazis de la superioridad de la raza germánica y la total adhesión al Führer. Estos ideales estuvieron asegurados por el Ministro de Propaganda Goebels.

 AUTSWICHSZ
Uno de los campos de concentración nazi, situado en tierra polaca cuenta en su haber con la cifra más alta de asesinatos: 4 millones (3 millones en cámara de gas). El campo de concentración estaba rodeado de una alambrada espinosa electrificada y varias torretas dotadas de ametralladoras y potentes reflectores custodiando las instalaciones día y noche.

En él se produjo un verdadero holocausto, un genocidio donde murieron millones de judíos además de gitanos y de otros pueblos, aunque en menor proporción. Los campos de concentración fueron preparados especialmente por las S.S. a los fines de la liquidación masiva de los hombres de las S.A. y demás supuestos adversarios de Hitler.  Gimmel fue el principal responsable del genocidio y la organización de los campos de concentración y llevó hasta sus últimas consecuencias la doctrina de la pretendida superioridad germánica y su corolario: degradación moral y física, reducción al estado animal de hombres, mujeres y niños salvajemente torturados y arrastrados a las cámaras de gas. A los deportados judíos recién llegados, en el mismo andén de la estación se les hacía una selección rápida: unos eran enviados directo a la cámara de gas, a otros les deparaba una muerte lenta y trabajos forzados. En noviembre de 1944 ante el avance aliado hacia Alemania, Hitler ordenó la suspensión de las matanzas y el desmantelamiento de los hornos.

Milosevic y Yugoslavia: El Carnicero de los Balcanes Historia Serbia

Milosevic y Yugoslavia: El Carnicero de los Balcanes

Milosevic, carnicero de los balcanes

Milosevic Slobodan:Aunque famoso por otras muchas hazañas, Slobodan Milosevic tendrá ya su puesto en la Historia por haber sido el primer acusado, detenido y juzgado como responsable de crímenes contra la Humanidad, compareciendo ante los jueces del Tribunal Penal Internacional, un loable intento (que puede que no prospere) de abortar cualquier escapatoria a la acción punible de la justicia internacional, de dictadorzuelos, sátrapas, xenófobos y cualquier jerifalte que haya sojuzgado a sus pueblos y pretenda quedar impune. Milosevic es, por ahora, el único rostro visible de este tribunal, en muchos de sus aspectos, continuador de aquel de Nuremberg de 1946 contra los criminales de guerra nazis.
Este político y estadista yugoslavo nació en Pozarevac. Su padre, monje ortodoxo, se suicidó, decisión definitiva que también tomarían su madre y una tía materna.

MILOSEVIC y YUGOSLAVIA: En 1918 al finalizar la Primera Guerra Mundial, Europa dejó de ser el corazón financiero del mundo, y Wall Street reemplazó a la Bolsa de valores de Londres, y el dólar se hizo moneda fuerte reemplazando a la libra esterlina.

El mapa político de Europa cambió, y el imperio austrohúngaro se desmembró, naciendo: Letonia, Hungría, Checoslovaquia, Austria, Lituania, Estonia, Rumania, Polonia y Yugoslavia.

De esta manera nació la Primera República de Yugoslavia, tratando de integrar a todas las naciones que rodeaban a Serbia, una cuestión bastante complicada por las diferencia de etnia, religiones, culturas, tradiciones, etc. En 1920 una coalición centralista y conservadora apoyada por los serbios votó una Constitución sin tomar en cuenta las diferencias culturales antedichas, donde además establecía una monarquía encabezada por Alejandro I de Serbia, quien cambió el nombre por Reino de Yugoslavia.

Así se mantuvo el gobierno, entre continuos descontentos nacionales, hasta 1941 cuando los nazi ocuparon ese territorio en la Segunda Guerra Mundial. Al finalizar la guerra, Alemania devolvió esa zona y nació ahora la Segunda República Socialista Yugoslava, con un gobierno comunista en manos del mariscal Josep Tito, pero que nunca aceptó los lineamientos de la Unión Soviética gobernada por Stalin.

La Republica Socialista de Yugoslavia estaba formada por seis naciones: Servia, Bosnia, Croacia, Montenegro, Eslovenia y Macedonia. Más tarde, en 1968, Tito reconoce a la provincia de Kosovo (90% albaneses y 10 serbios) su autonomía. Esa ciudad histórica era considerada una ciudad como “sagrada”,pues allí en 1389, los serbios habían pedido una batalla contra el imperio otomano, quedando bajo su poder político.

En 1980 muere Tito y se formó un gobierno de coalición entre las seis naciones, donde los cargos se alternarían todos los años.

El país pasaba una verdadero crisis económica, a su vez que tenían una abultada deuda externa, de uno 15.000 millones de dólares que asfixiaba al pueblo. Sumado a la debilidad de gobierno actuante (serbio), las naciones vieron la posibilidad de separarse e independizarse del predominio Serbio. (los serbios representan al grupo más poderoso de Yugoslavia, por lo que siempre dominó y sometió a las naciones que la rodean).

De esta manera fueron naciendo distintos grupos nacionalistas y separatistas que cobraron fuerza y amenazaron la estabilidad política de la coalición. En Kosovo la intervención del gobierno serbio para imponer su autoridad, hizo que se perdiera las relaciones con el país vecino de Albania.

Serbia desde la muerte de Tito quiso imponer su autoridad sobre el resto de las naciones de la federación, creando permanentemente conflictos en cada estado.

A principio de 1986 Milosevic llegó a la presidencia del partido y se convirtió en el máximo exponente del nacionalismo serbio dirigiendo una campaña violenta y agresiva contra cualquier movimiento separatista. Ya en 1989 siendo presidente de Serbia, estableció la ley marcial en Kosovo, limitó la autonomía de la provincia e inició una limpieza étnica, por lo que se convirtió en un verdadero genocida.

Los demás estado continuaron con su política separatista, por lo que Eslovenia, Croacia, Bosnia y Macedonia, declararon su independencia, cuando se presentó una crisis constitucional, en 1991. (Milosevic no aceptó a un croata que en la presidencia).

El 27 de abril de 1992 Montenegro y Serbia, acordaron unirse formando la República Federal de Yugoslavia, que se declararon las sucesoras del la república Socialista de Tito, admitiendo tácitamente la independencia de las demás naciones separatistas que ya habían sido aceptada por la comunidad internacional.

A estos conflictos se los conoce como la guerra de la antigua Yugoslavia, marcada por un profundo odio racial y con una violencia tan cruel que recuerda a los tristes momentos del racismo nazi de 1940.

La OTAN debió intervenir para pacificar el país.

Serbia quedó maltrecha y empobrecida.

Nacieron nuevos grupos pero ahora en contra de Milosevic, para que frene su actitud violenta

Hubo sangrientas guerras civiles y debieron vaciar Kosovo.

En 1999 fue acusado por crímenes de guerra y contra la humanidad.

El pueblo pidió su destitución política.

La crisis de Kosovo: Provincia autónoma de la República de Serbia, Kosovo sufría desde 1998 tensiones entre la minoría serbia, apoyada por las fuerzas federales, y la mayoría albanesa. En 1990, esta última proclamó una república independiente en busca de su autonomía. Se desencadenó pronto la lucha armada entre el UCK (Ejército de Liberación de Kosovo) y las fuerzas federales.

La escalada de la represión serbia ocasionó un éxodo de las poblaciones kosovares hacia Albania, y la gravedad de la situación humanitaria obligó a la OTAN a reaccionar: el 24 de marzo de 1999 comenzaron los bombardeos sobre Yugoslavia. En junio, Milosevic aceptó el plan de paz propuesto por el emisario europeo Ahtisaari. El ejército yugoslavo evacuó Kosovo, que fue puesta bajo la administración de la ONU.

SÍNTESIS DEL LA ÉPOCA:

LA CAÍDA del comunismo en la Europa del este y la Unión Soviética significó el comienzo de conflictos bélicos importantes. Desconformes con los límites territoriales, las minorías nacionales comenzaron a reivindicar violentamente sus derechos. La más dura de estas guerras civiles es la que se desarrolla en la antigua Yugoslavia, país comunista que mantuvo posiciones independientes con la URSS.

LA YUGOSLAVIA COMUNISTA
Yugoslavia existía desde fines de la primera guerra mundial. Como la Unión Soviética, era una federación de repúblicas. Durante la segunda guerra mundial fue invadida y ocupada por Alemania. Después de la guerra se convirtió en una federación de repúblicas comunistas. Durante 25 años fue gobernada por Tito, nombre adoptado por Josip Broz (1892-1980) en sus épocas de partisano. Tito había sido el jefe de la resistencia contra los nazis.

TENSIONES ÉTNICAS
Las repúblicas de Yugoslavia mantuvieron sus diversidades lingüísticas y religiosas. El primer enfrentamiento se produjo rápidamente entre Croacia y Serbia, la nación más poderosa de Yugoslavia. Muchos croatas habían combatido con los alemanes durante la segunda guerra mundial y habían practicado masacres contra los serbios. Los croatas se manifestaron siempre ultrajados por los serbios.

INDEPENDENCIA NACIONAL
A fines de la década de 1980, el comunismo empezó a perder poder en Yugoslavia. Comenzó la agitación nacionalista a favor de la independencia. Eslovenia, en el norte de la federación, pasó a ser independiente de manera prácticamente pacífica. La independencia de Croacia, en cambio, desató la guerra contra Serbia. Tanto croatas como serbios manifestaron sentirse minorías maltratadas en los territorios de la respectiva república enemiga. De hecho, los motivos de la guerra hay que buscarlos en el deseo de expansión territorial y de dominio de los serbios en una zona tan conflictiva en nuestro siglo como han sido los Balcanes.

LA GUERRA DE BOSNIA En 1992, la independencia de Bosnia agravó profundamente el conflicto. La población de Bosnia era una mezcla de musulmanes, croatas y serbios. Croacia y Serbia quisieron controlar el mayor territorio posible de Bosnia. La guerra estalló en este panorama conflictivo, en que los serbios practican la «limpieza étnica». Los bosnios fueron víctimas del terror y expulsados de las áreas controladas por serbios o croatas. La capital de Bosnia, Sarajevo, fue saqueada por los serbios. Las Naciones unidas enviaron sus fuerzas de paz a la zona, pero en 1995 el grave conflicto aún perdura.

CRONOLOGÍA VIDA DE MILOSEVIC

1941 Nacimiento de Slobodan Milosevic en Pozarevac, Serbia.

1984 Encabeza la Liga de los comunistas de Belgrado. Llega a ser secretario general del Partido comunista. Interviene en Kosovo a favor de los serbios.

1989 Impone una nueva Constitución que concede la primacía de Serbia sobre Vojvodina y Kosovo.

1989 Milosevic es elegido presidente de la República de Serbia por el Parlamento.

1990 Es reelegido por sufragio universal.

1991 Secesión de Eslovenia y de Croacia. Comienzo de la guerra en la ex Yugoslavia. Toma deVukovar por los serbios.

1992 Milosevic encabeza la República Federal de Yugoslavia (Serbia y Montenegro). Comienzo del asedio de Sarajevo. Masacre de la población musulmana de Srebrenica por los serbios. Acuerdos de Dayton: partición de Bosnia en dos entidades. Elecciones municipales en Serbia, ganadas por la oposición. Fracaso de la represión gubernamental.

1998 Elecciones clandestinas en Kosovo dan la presidencia a Ibrahim Rugova.

1999 Intervención de la OTAN en Kosovo.

2000 régimen de Milosevic es derribado.Vojislav Kostunica se convierte en presidente de la República Federal de Yugoslavia.

2001 Arresto de Slobodan Milosevic en Belgrado. trasladado a La Haya, es juzgado por el Tribunal Penal Internacional (TPI).

2006 Muerte de Milosevic, el 11 de marzo.

A Milosevic se lo conoce como el «Carnicero de los Balcanes»

LA CABEZA DE MILOSEVIC
De Vargas LLosas

A la OTAN no hay que reprocharle su intervención en Yugoslavia, sino que interviniera con diez años de atraso y cometiera el error de anunciar que excluía toda acción militar terrestre, lo que dio luz verde a la dictadura de Belgrado para poner en marcha su plan de limpieza étnica de Kosovo, uno de los crímenes contra la humanidad más horrendos de este siglo, comparable en naturaleza, aunque no en número, al holocausto judío perpetrado por Hitler o a los desarraigos de pueblos que llevó a cabo Stalin en su empeño por rusificar la Unión Soviética.

Como ha escrito Alain Finkielkraut, la guerra de Kosovo comenzó en 1989, cuando Slobodan Milosevic, iniciando la frenética campaña de exaltación nacionalista serbia que le permitió hacerse con el poder absoluto (y, al mismo tiempo, precipitó la desintegración de la Federación yugoslava), abolió el estatuto de autonomía de aquella provincia, prohibió a los kosovares albaneses sus escuelas y toda representatividad pública, y, pese a constituir el noventa por ciento de la población, los convirtió en ciudadanos de segunda respecto al diez por ciento restante (la minoría serbia).

Si en aquel momento los países occidentales hubieran apoyado a los demócratas que en Yugoslavia resistían al rollizo apparatchik que, a fin de consolidarse en el poder, cambió su ideología marxista por el nacionalismo y provocaba a eslovenos, croatas, bosnios y kosovares con la amenaza de una hegemonía serbia sobre la Federación para, en el clima de división y xenofobia así creado, impedir la democratización de Yugoslavia que hubiera puesto fin a su carrera política, Europa se habría ahorrado los doscientos mil muertos de Bosnia y los sufrimientos que, desde entonces, padecen los Balcanes, incluidos, por supuesto, los de los propios serbios.

El problema no es Kosovo, como no lo fue, antes, el de las otras culturas que constituían la Federación yugoslava -Eslovenia, Bosnia y Croacia- y son ahora repúblicas independientes. El problema era y es la dictadura de Milosevic, fuente principal de los conflictos étnicos y de la explosión histérica de sentimientos nacionalistas que ha incendiado los Balcanes.

Si en Belgrado hubiera una democracia, la separación de aquellas regiones hubiera podido ser tan pacífica como el divorcio entre Eslovaquia y la República Checa, que se llevó a cabo sin disparar un solo tiro. Pero, lo más probable es que, con un régimen democrático, el estallido de la Federación yugoslava no hubiera ocurrido y ésta sobreviviera dentro de un sistema flexible, de coexistencia de las distintas culturas, creencias y tradiciones, a la manera de Suiza o Bélgica.

Que ésta era la solución sensata lo reconocen ahora, incluso, muchos de los dirigentes europeos irresponsables, que, por ganar zonas de influencia política y económica, alentaron la desintegración de Yugoslavia, e incluso subsidiaron y armaron a los movimientos nacionalistas locales. Esa miopía favoreció al régimen de Milosevic, que, convertido en símbolo del nacionalismo serbio y ayudado por una demagógica campaña victimista, ha podido consumar, antes que en Kosovo, unaverdadera limpieza política interna, eliminando toda forma seria de oposición y de crítica. No hay duda de que los bombardeos de la OTAN que padece la población yugoslava benefician extraordinariamente a Milosevic, a quien nadie puede ahora oponerse en su país sin ser acusado de traición a la Patria.

Pero, de esta realidad no hay que sacar los argumentos que esgrimen algunas almas cándidas contra la intervención de la OTAN. Por el contrario, hay que concluir que la razón de esta intervención, si ella quiere acabar de una vez por todas con las limpiezas étnicas y los crímenes colectivos en los Balcanes, debe ser poner fin al régimen autoritario de Milosevic y el establecimiento de un gobierno de libertad y legalidad en Belgrado. Mientras la cabeza de la hidra esté intacta, no importa cuántos tentáculos se le corten, éstos se reproducirán y seguirán emponzoñando Yugoslavia y su contorno.

Se oponen a esta tesis unos señores a quienes Daniel Cohn-Bendit, en uno de los mejores artículos que he leído sobre Kosovo, llama «los soberanistas». ¿Quiénes son? Unos caballeros circunspectos, muy respetuosos de la letra de la ley, para quienes la intervención aliada en Yugoslavia es una monstruosidad jurídica porque siendo Kosovo parte integral de aquella nación y los problemas kosovares un asunto de política interna, la comunidad internacional, al agredir a una nación soberana, ha puesto en peligro todo el orden jurídico internacional.

Según este criterio, en nombre de la abstracta soberanía, Milosevic debería tener las manos libres para limpiar Kosovo mediante el asesinato o la expulsión violenta de los dos millones de kosovares que estorban sus planes, algo que, por lo demás, comenzó a hacer, antes de los bombardeos de la OTAN, con la misma convicción con que Hitler limpiaba Europa de judíos. La soberanía tiene unos límites, y si un gobierno atropella los derechos humanos más elementales, y comete crímenes contra la humanidad, con asesinatos colectivos y políticas de purificación étnica como hace Milosevic, los países democráticos -que, por fortuna son, hoy, también los más poderosos y prósperos-tienen la obligación de actuar, para poner un freno a esos crímenes.

Toda acción armada es terrible, desde luego, porque en ella caen siempre inocentes. Pero el pacifismo a ultranza sólo favorece a los tiranos y a los fanáticos a los que ningún escrúpulo de índole moral ataja en sus designios, y, a la postre, sólo sirve para retardar unas acciones bélicas que terminan causando más numerosas y peores devastaciones que las que se quiso evitar con la inacción.

Si el Occidente democrático hubiera bombardeado a Hitler cuando Churchill lo pedía, los veinte millones de muertos de la segunda guerra mundial hubieran sido bastante menos, y el holocausto no hubiera tenido lugar. Si, durante la guerra del Golfo el presidente Bush hubiera completado la tarea, deponiendo a Saddam Hussein y permitiendo a Irak emanciparse del autoritarismo, tal vez ocurriría allí lo que ocurrió en Panamá luego del desplome de la tiranía de Noriega: el establecimiento de un régimen civil, que no amenaza a sus vecinos, se rige por la ley y respeta las libertades públicas.

No se trata, desde luego, de promover acciones militares sistemáticas de las democracias avanzadas contra todos los regímenes autoritarios que proliferan por el mundo. Ésa es una quimera. Y, por lo demás, no es seguro que una democracia venida en la punta de los fusiles se aclimate y fructifique siempre (aunque así ha ocurrido en casos tan importantes como los de Alemania y Japón).

Sino de reclamar un orden internacional en el que se exija de todos los regímenes un mínimo respeto de los derechos humanos y severas sanciones por parte de las naciones democráticas contra quienes atropellen estos derechos de manera flagrante, con persecuciones religiosas, raciales o étnicas y asesinatos y expulsiones de las minorías. Estas sanciones pueden ser económicas y políticas (que tuvieron éxito en África del Sur y Haití) o, excepcionalmente, militares, cuando, como en Kosovo, se trata de impedir el exterminio de todo un pueblo porel delirio nacionalista de un tirano.

A estas alturas, ya parece evidente que el uso de la palabra «exterminio» calza como un guante a la operación de Slobodan Milosevic en Kosovo. Ella comenzó enplena negociación de Rambouillet, con la movilización -en contra de compromisospactados en octubre pasado- de 40 mil hombres del Ejército yugoslavo hacia Kosovo, e impermeabilizando la provincia mediante la expulsión de la prensainternacional. Los testimonios recogidos a través de los refugiados kosovares en Macedonia y Albania, indican una fría planificación, ejecutada con precisión científica. En los poblados ocupados, se separa a los jóvenes de los niños, ancianos y mujeres, y se los ejecuta, a veces haciéndolos cavar primero sus tumbas.

A los sobrevivientes se les da un plazo mínimo para huir hacia el exterior, luego de despojarlos de los documentos personales. Los registros públicos desaparecen quemados, así como toda documentación que acredite que aquellos kosovares fueron propietarios de casas, tierras o, incluso, de que alguna vez vivieron allí, o existieron. La última etapa de la operación, cuando según ACNUR más de medio millón de kosovares han sido echados al extranjero y unos doscientos cincuenta mil desplazados dentro de Kosovo, ha sido cerrar las fronteras, para convertir a los kosovares que quedan en el interior en escudos humanos contra los bombardeos y una posible acción militar terrestre de los aliados. En cualquier caso, es evidente que el objetivo de Milosevic es la limpieza étnica: hacer de Kosovo una provincia ciento por ciento serbia y ortodoxa, sin rastro de musulmanes ni albaneses.

¿Tiene alguna relación la tardanza de la comunidad internacional en actuar contra Milosevic el hecho de que sus víctimas sean musulmanes? Me temo que sí, como la tuvo, cuando Hitler, la demora de los aliados en declarar la guerra el que fueran judíos las víctimas del holocausto. Tengo la certeza que, de ser cristiana la comunidad que experimentó los padecimientos y exacciones que soportaron los bosnios, o padecen ahora los kosovares, la reacción de la opinión pública y de los gobiernos occidentales hubiera sido más pronta, y que jamás hubiera habido en Occidente tan amplios sectores empeñados en que sus gobiernos se crucen de brazos frente a aquellos crímenes.

Es algo que no se dice, o se dice sólo en voz baja y entre gentes de confianza: ¿no estamos creando un Moloch entre nosotros? ¿Queremos un régimen islámico fundamentalista aliado de Gaddafi, Saddam Hussein y los ayatolas en el corazón de Europa? ¿No están, en cierto modo, Milosevic y los serbios luchando ahora, como el 28 de junio de 1389 lo hicieron el príncipe Lazar y los serbios de entonces, también en Kosovo, contra la bárbara y fanática Media Luna, sempiterna enemiga de la Europa cristiana y civilizada? Aunque parezca mentira, hay demócratas sensibles a estos a la intervención militar para salvar a los kosovares de la aniquilación, superan las cifras electorales que alcanzan habitualmente los partidos comunistas y Neofascistas, hermanados ahora, una vez más, como cuando el pacto Molotov-von Ribbentrop, en su campaña pacifista contra la OTAN.

 

Holocausto Judío Genocidio Campo de Concentracion NAZI Auschwitz

Holocausto Judío Genocidio Campo

malas noticias en el mundo

El 20 de enero de 1942, los altos mandos nazis se reunieron en Grossen-Wannsee, en las afueras de Berlín, para discutir la cuestión de «la solución final» al problema judío. La «solución» (el genocidio) había sido organizada de modo imperfecto. Los Einsatzgruppen (grupos de trabajo) mataban a miles de hombres, mujeres y chicos judíos en Polonia y en la Unión Soviética, pero este método necesitaba gran cantidad de hombres y municiones.

Además, los soldados que debían hacerlo a menudo sufrían ataques de nervios. La mayoría de los judíos de las zonas controladas por los nazis había sido enviada a campos de concentración o a guetos, pero su destino final todavía no estaba claro.

La conferencia de Wannsee, presidida por el subdirector de las SS Reinhard Heydrich, estableció que todos los judíos de Europa serían enviados a campos de los países del este, donde los que no presentaran invalidez física serían esclavizados.

Los obreros esclavos de los territorios conquistados ya resultaban imprescindibles para la economía alemana porque la mano de obra estaba en el frente. La esclavitud tendría otra ventaja: como Heydrich observó, «muchos judíos desaparecerían por causas naturales». Los que no fueran aptos para el trabajo «recibirían un trato especial». Las actas de la conferencia no definieron este término. Pronto los judíos y otros «indeseables» iban a morir en las cámaras de gas en los campos.

entrada a un campo de concentracioa aleman

Ver: Fotos del Holocausto (National Geographic)

Holocausto Judío:
Introducción:

No puede hallarse en la Historia otro crimen tan atroz ni tan fríamente calculado como el que aniquiló a millones de seres humanos en los campos de concentración nazis. Reducidos al estado animal, sometidos a la más espantosa degradación moral y física, hombres, mujeres y niños fueron salvajemente torturados y arrastrados a las cámaras de gas por el solo hecho de pertenecer a una raza considerada inferior o de sostener creencias religiosas o políticas antagónicas a las de la «raza de los señores».

Hitler fue el origen de este furioso torbellino de la muerte. Pero Hitler no estaba solo. Parte de un pueblo fanatizado por la propaganda, educado en el desprecio hacia el hombre no ario, le ayudó a borrar de la faz de la tierra a sus pretendidos «enemigos».

Las cifras del holocausto
Se estima que cerca de seis millones de judíos fueron asesinados en los lager, de ellos tres millones eran polacos, 900.000 ucranianos, 450.000 húngaros, 300.000 rumanos y 210.000 alemanes y austríacos.

Según algunos historiadores, otros seis millones de seres humanos -gitanos, prisioneros rusos, republicanos españoles, disidentes políticos, homosexuales- fueron exterminados. Algunos aliados de Adolf Hitler, como la Croacia fascista de Ante Pavelic o la Francia del gobierno de Vichy, colaboraron en las tareas de deportación.

Medicina degenerada: Muchos deportados sirvieron de cobayos humanos para los experimentos de los pseudocientíficos nazis. En la foto, un grupo de niños víctimas de las prácticas del doctor Joseph Mengele, el «ángel de la muerte» del campo de Auschwitz.

Día: 25 de enero de 1945; lugar: K.Z.Stutthof, campo de concentración situado a pocos kilómetros al este de Gdansk (Danzig para los alemanes). Cuando llegaron los soldados del Ejército Rojo, los primeros que iban a liberar un campo de exterminio nazi, sólo 385 de los 120.000 prisioneros que habían pasado por Stutthof (el 90 % de ellos era de origen polaco) lograron franquear las puertas del campo y respirar de nuevo la libertad.

Los jóvenes soldados soviéticos descubrieron un espectáculo dantesco. Allí estaban los supervivientes del horror nazi, que vagaban moribundos, casi desnudos, por la amplia plaza del campo mientras el termómetro marcaba -30 °C; allí estaba el patíbulo, que en numerosísimas ocasiones había servido para segar las vidas de cientos de polacos, mudo testigo de unos hechos difícilmente creíbles; allí estaba la cámara de gas, sofisticada habitación de la muerte, que en los últimos meses de 1944 había consumido la escalofriante cantidad de 200 víctimas por hora; y, finalmente, allí estaba el horno crematorio, con su erguida chimenea aún humeante, donde las SS habían intentado borrar todo rastro de su barbarie, pero sin conseguirlo, porque los 85.000 cadáveres que pretendían hacer desaparecer en el momento de la liberación del campo eran demasiados para la capacidad del horno.

Así pues, los rusos encontraron también miles y miles de cadáveres amontonados formando un amasijo de brazos, piernas y cabezas.


El 27 de enero de 1945, otros soldados soviéticos pudieron presenciar una escena parecida en otro lugar siniestro: Auschwitz. Y en el mes de abril, tras la llegada de los blindados americanos al campo de Buchenwald, cerca de Weimar, el general Eisenhower comprobó con sus propios ojos hasta dónde fueron capaces de llegar los nazis en su desprecio por la vida de los seres humanos.

La historia de los campos de concentración nazi comienza poco después de que Hitler fuera nombrado canciller del Reich el 31 de enero de 1933; su existencia obedece al propósito de eliminar a la oposición política.Al principio, Hitler introdujo la «Schutzhaft» (custodia preventiva) como excusa para encerrar en los campos elementos no gratos para el régimen; más adelante no tuvo escrúpulos para eliminarlos.

En marzo de 1933, con motivo de la puesta en servicio de los primeros campos -Oranienburg y  Dachau-, Hitler definió así la función de estos establecimientos: «La brutalidad inspira respeto. Las masas tienen necesidad de que alguien les infunda miedo y las convierta en temblorosas y sometidas. No quiero que los campos de concentración se conviertan en pensiones familiares.

El terror es el más eficaz entre todos los instrumentos políticos… Los descontentos y los desobedientes se lo pensarán dos veces antes de enfrentarse con nosotros, cuando sepan lo que les espera en los campos de concentración.


Agrediremos a nuestros adversarios con brutal ferocidad y no dudaremos en doblegarlos a los intereses de la nación mediante los campos de concentración. »No cabe la menor duda que quienes fueron delegados por Hitler para este cometido cumplieron fielmente los deseos de su jefe.

En un principio, los campos se hallaban bajo el control de la SA («Sturm  Abteilung», sección de asalto), tropas de choque que acabaron por ser anuladas después de un sangriento ajuste de cuentas con las SS durante la célebre «Noche de los cuchillos largos», el 30 de junio de 1934.

La SA fue, por tanto, la encargada de instaurar el terror mediante asesinatos masivos en los primeros campos de concentración. El comandante de Dachau, Theodor Eicke, redactó de forma escrupulosa un reglamento cuya letra y espíritu legitimaban estos asesinatos.

Tras la desaparición de la SA, Hitler asignó a las SS («Schutz-Staffeln», escuadras de protección) el control de los campos y Heinrich Himmler se encargó de organizarlas. Con tal fin creó unos destacamentos destinados al servicio de custodia de los campos, las «Totenkopfverbánde» (formaciones de la calavera), reclutadas entre los nazis más fanáticos.Las primeras remesas de prisioneros llegadas a los campos fueron obligadas a trabajar bajo una disciplina durísima y en unas condiciones inhumanas para levantar y ampliar los establecimientos. Aquéllos que no eran capaces de soportarlo morían sin remedio o eran fusilados; sin embargo, en ningún caso se revelaba la verdad sobre los fallecidos.

   
  
   

Bajo la directa supervisión de Himmler, los campos se multiplicaron. Después de Dachau,  Sachsenhausen, Buchenwald, Ravensbruck(campo para mujeres),Stutthof, Auschwitz, Neuengamme,…Estos grandes campos tenían otros anexos menores llamado: Kommandos exteriores. Antes de 1939, el número de prisioneros internados en campos de concentración era relativamente bajo, sobre todo si se tienen en cuenta las cifras del período de guerra; además, aún no se habían aplicado masivamente los sistemas de tortura y muerte.

No obstante, esta situación cambió de modo radical tras las redadas de judíos llevadas a cabo por los nazis durante la tristemente célebre «Noche de cristal» (9-10 de noviembre de 1938), y después de la anexión de Austria, que significó la entrega de aquel país a manos de la Gestapo y de las SS.

Tras estos acontecimientos, el número de internados aumentó vertiginosamente. Y Himmler planeó la posibilidad de explotar la fuerza de trabajo que tal cantidad de detenidos era capaz de ofrecer a sus secuaces. Hitler había prohibido el empleo de prisioneros en la fabricación de armamento, pero a partir de septiembre de 1942 se hizo imprescindible aumentar la producción bélica. Con este objetivo se llegó a un acuerdo según el cual los prisioneros trabajarían en las industrias privadas encargadas de abastecer al  ejército, a cambio de dinero y de un porcentaje de la producción para reequipar a las SS.

1944: 30.000 muertos al mes.
Pero las infrahumanas condiciones de trabajo y la pésima alimentación hicieron aumentar de manera alarmante la mortalidad en los campos. Al recibir un informe en el que se le comunicaba que de los 136.700 deportados que habían ingresado en los campos entre junio y noviembre de 1942 sólo habían sobrevivido 23.502, Himmler montó en cólera. Eso significaba que las bajas eran del orden de 19.000 mensuales, algo intolerable para el buen ritmo de la producción.

La respuesta de Himmler fue la promulgación de una ley titulada «El Reichsführer orde hacer disminuir, en forma absoluta, el índice de mortalidad». A pesar de la grandilocuencia, en 1944 el número de víctimas había aumentado a 30.000 mensuales. A medida que los ejércitos aliados avanzaban, la situación en los campos alcanzaba las metas que se habían propuesto sus funestos artífices.

Como ha dicho el psicólogo Bruno Bettelheim, superviviente de Dachau y Buchenwald, por medio de los campos de concentración la Gestapo pretendía «Acabar con los prisioneros como individuos, extender el terror entre el resto de la población, proporcionar a los individuos de la Gestapo un campo de entrenamiento en el que se les enseñaba a prescindir de todas las emociones y actitudes humanas, proporcionar, en fin, a la Gestapo, un laboratorio experimental para el estudio de medios eficaces para quebrantar la resistencia civil.»

Auschwitz, largo calvario hasta la cámara de gas

Sobre la puerta de entrada de Auschwitz I, todavía hoy puede leerse un letrero que reza: «Arbeit macht frei» (El trabajo da la libertad). Situado en tierra polaca, entre Katowice y Cracovia, el campo de Auschwitz cuenta en su haber con la cifra más alta de asesinatos: se calcula en 4.000.000 el número de  exterminados, la mayoría de ellos judíos (3.000.000 muertos en las cámaras de gas), además de millares de gitanos y de prisioneros de guerra soviéticos. El campo estaba rodeado de una alambrada espinosa electrificada, y varias torretas dotadas de ametralladoras y potentes reflectores custodiaban las instalaciones día y noche. A la llegada de cada convoy, los SS gustaban de repetir con macabro cinismo:  «Aquí se entra por la puerta y se sale por la chimenea.» En la misma estación de ferrocarril, los deportados que habían sobrevivido al viaje eran seleccionados: los más fuertes se empleaban para el trabajo, el resto era eliminado. Inmediatamente, los SS practicaban

la «Strasse» (calle) en la cabeza de los prisioneros: un surco de unos 2 cm. de anchura desde la frente hasta la nuca; a continuación se marcaba a fuego su número de matrícula en el brazo o en la nuca, número que también era inscrito en una placa de hojalata que el prisionero debía llevar constantemente atada a su muñeca, y cuya pérdida podía significar la muerte.El vestido de los prisioneros consistía en un uniforme a rayas al que se cosía, según las categorías, un triángulo de paño de distintos colores dentro del cual se estampaba la inicial de la nacionalidad del detenido (F, francés; B, belga; S, español; R, ruso; P, polaco). Debajo del triángulo figuraba el número de matrícula. Los prisioneros judíos llevaban una estrella de David de color amarillo.

Los deportados que habían resistido las primeras vejaciones era integrados en escuadrones de trabajo bajo las órdenes de un «Kapo» (KAmaraden POlizei), generalmente delincuentes de derecho común que colaboraban con los SS en los peores servicios y brutalidades. Los escuadrones de trabajo debían recorrer diariamente varios kilómetros a pie para llegar al lugar del trabajo. Una vez allí les estaba  prohibido hablar. Si alguno caía rendido por el cansancio o se alejaba de su puesto, era fusilado inmediatamente, y su cadáver debía ser cargado por sus compañeros hasta el campo para el recuento.Sometidos a una despiadada explotación, los deportados llegaban a convertirse en lo que según la jerga de los campos se denominaba «musulmanes»; es decir, detenidos que habían alcanzado el último grado de agotamiento, el límite de sus fuerzas.
Los prisioneros de Auschwitz trabajaban, en el l. G. Farben, en las fábricas de material de guerra de la Unión Krupp y en empresas más pequeñas que los empleaban en minas, bosques o trabajos de construcción de carreteras. De este modo, las SS, a cambio deproporcionar mano de obra barata obtenían de tales empresas sustanciosos beneficios.

El umbral de la muerte
La escasísima alimentación era otra forma de morir lentamente. En Auschwitz, un prisionero
recibía alrededor ue 1.740 calorías diarias, cuando las mínimas indispensables debían ser 4.800. Además, la disenteria y otras enfermedades causaban estragos entre los deportados. Algunos «afortunados» lograban acceder a la enfermería («Revier») que, a pesar de ser un lugar siniestro e insalubre, y en la mayoría de las ocasiones la antesala de la cámara de gas, significaba un refugio para  muchos prisioneros, sobre todo en invierno.
En noviembre de 1944, ante el avance de los aliados hacia Alemania, Hitler ordenó la suspensión de matanzas en Auschwitz y el desmantelamiento de los hornos. Se inició así el último de los sufrimientos para los que aún sobrevivían: 60.000 personas fueron evacuadas hacia Buchenwald. Anduvieron toda una noche recorriendo 70 km; luego les esperaban tres largos días de penoso viaje en vagones de tren  descubiertos, soportando temperaturas de -20 C. Al entrar los soviéticos en el campo de Auschwitz el 27 de enero de 1945, se encontraron con 5.000 deportados, la mayoría de los cuales murieron poco tiempo después a causa del estado en que se encontraban.

Sobre una colina boscosa y arrasada por el viento, próxima a la ciudad de Weimar, la cuna de Goethe, se levantó en 1937 el campo de Buchenwald. En la puerta de hierro forjado de su entrada se podía leer una inscriopción que decía: «Jedem das seine» (A cada uno lo suyo). Buchenwald era una auténtica «fábrica de cadáveres»: en los sótanos de su «Krematorium» estaban las salas de disección, cámaras de tortura y la sala en la que se llevaban a cabo ahorcamientos mediante ganchos de hierro clavados en las paredes; desde allí, los cadáveres subían en un montacargas al piso donde estaban instaladas las cámaras  de gas y los hornos crematorios.

A pesar de la enorme capacidad de este edificio, en el patio también se amontonaban carretas de muertos procedentes de los barracones o de la enfermería.Un cierto número de deportados -en su mayoría políticos y judíos alemanes, polacos y checos- fue empleado en las fábricas de Gustloff anexas al campo, en la «Steinbruch» (cantera), o en la reparación de carreteras.

La crueldad de los campos se vio aumentada en Buchenwald por la presencia del comandante Walter Koch y, sobre todo, de su esposa llse, cuyo nombre tiene para los supervivientes un significado escalofriante: nadie puede olvidar las lámparas de su habitación, cuyas pantallas fueron elaboradas con la piel tatuada de algunos deportados.En los primeros días de abril de 1945, las SS recibieron orden de liquidar el campo. Gran cantidad de deportados fueron evacuados hacia los campos de Bergen-Belsen, Dachau y Flossenburg, entre otros. Muchos murieron en el camino.

Sin embargo, la última empresa de exterminio no pudoser llevada a  cabo por las SS gracias a la decisiva acción de la organización clandestina del campo que logró liberarlo el 1 1 de abril de 1945, algunas horas antes de la llegada de los blindados americanos. De los 250.000 detenidos que habían pasado por Buchenwald, en aquel momento sólo sobrevivían penosamente unos 25.000.

Mauthausen, escalera hacia el abismo
Auténtica fortaleza inexpugnable, Mauthausen fue construido junto a la cantera de Wienergraben, aorillas del Danubio, en las cercanías de la ciudad austríaca de Linz.

El acceso a la cantera se efectuaba descendiendo los 186 escalones de la «escalera de la muerte». Al amanecer, los prisioneros la bajaban corriendo, golpeados por la SS que formaban dos hileras; por la noche, la subida se llevaba a cabo en columnas de a 5, muy a menudo con un bloqke de piedra a la espalda.En la cima de la cantera al final de la escalera, se abría un abismo en la roca cortada quie la SS había bautizado «pared de los paracaidistas» porque mucho prisioneros deseperados se lanzaban al vacío o eran empujados y precipitados por los guardianes.Entre 1939 y 1945, el campo de Mauthasen llegó a albergar a 335.000 deportados de los que murieron 122.777, si contar los que eran asesinados antes de ser registrados.Antes de morir, había que sifrir todo tipo de humillaciones.En los barracones donde se hacinaban 10 veces más personas que las inicialmente previstas, 5 o 6 prisioneros tenían que compartir un pequeño jergón de paja.En plena podía llegar la orden de dirigirse desnudos al baño para regresar sin secarse a los barracones o de formar en la plaza central de campo durante horas soportando temperaturas de -20 grados centígrados.

En el despacho del comandante de campo, Franz Ziereis, responsable de los crímenes allí cometidos, se encontró una orden que decía: «En el casoq ue el enemigo aproxime, hagansé sonar las sirenas, obliguesé a todos los detenidos a entrar en el «Keller» (galerías subterráneas) y procédase a su eliminación utilizandosé gas.» Un Comité Internacioanal de Resistencia, creado clandestinamente por los deportados , liberó el campo tras duros combates entre el 5 y 7 de mayo de 1945, antes de que llegaran las fuerzas aliadas.

Un día cualquiera en un campo de concentración

La diana solía sonar entre las 4 y las 5 de la madrugada. Había que ocuparse de la limpieza personal, pero en muchas ocasiones se carecía de agua. A continuación se distribuía un tazón de agua sucia eufemísticamente llamada café, cuya máxima virtud era estar caliente. Sin perder tiempo, los internados tenían que formar en la «Appelplatz» o «Lagerplatz» (plaza central del campo) donde se pasaba lista.Tras este trámite, que podía durar horas, los prisioneros eran agrupados en «Kommandos», cada uno de los cuales constituía un grupo de trabajo a cuyo frente estaba un «Kapo». Los trabajos forzados se realizaban aprovechando al máximo la luz solar.

El único momento de reposo era el de la «comida»: un plato de sopa y las denominadas «porciones», que consistían en 300 g de pan de salvado o de serrín de madera. Por la noche, otro plato de sopa, esta vez con trocitos de legumbres secas, col y nabos. Cinco veces por semana se distribuían con el pan 25 g de margarina, y una vez por semana un pedacito de salchicha vegetal de unos 75 g o dos cucharadas de mermelada. De vez en cuando, dos cucharadas de  coágulos de leche que pretendían ser queso.
A medida que pasaba el tiempo y aumentaba el número de prisioneros en los campos, las raciones de comida fueron disminuyendo. Para los hambrientos, cualquier cosa era comestible, ya fueran mondaduras sucias o patatas crudas; en algunos campos, incluso se dieron actos de canibalismo.Los barracones de madera («Blocks»), además de albergar a los prisioneros amontonados, estaban cargados de piojos, pulgas, polvo, moho y excrementos humanos.

Los enfermos que no cabían en la enfermería se quedaban en los barracones, agrupados por enfermedades, esperando la llegada de la muerte.Los castigos corporales formaban parte de la vida cotidiana. Era casi imposible escapar a los castigos porque todo estaba prohibido: aproximarse a menos de dos metros de la alambrada, dormir con la chaqueta o sin calzoncillos, no ir a la ducha los días señalados o ir los días no señalados, salir del barracón con la chaqueta desabrochada, llevar bajo la ropa papel o paja para protegerse del frío,…

La contravención del reglamento podía significar 20 ó 50 bastonazos en los riñones, o bien tener que permanecer en posición de firmes bajo los focos de los reflectores durante toda la noche, con las manos cruzadas detrás de la nuca.

Sin embargo, los SS pocas veces se manchaban las manos. Se elegía a los verdugos entre los propios compañeros de los prisioneros: los odiados «Kapos». En ocasiones, los mismos prisioneros aceptaban colaborar para poder disfrutar de algunas ventajas. El llamado «Sonderkommando» (destacamento especial) se encargaba de las cámaras de gas y de los hornos crematorios. Lo formaban prisioneros polacos, lituanos, rusos y ucranianos, en su mayor parte judíos. Su trabajo consistía en abrir las cámaras de gas, arrastrar con gar os os ca veres asta e orno, limpiar la cámara para la siguiente utilización y trasladar las cenizas y huesos que habían caído a través de las parrillas.

Exterminio
Ya en los últimos meses de 1939, Hitler propuso un programa de eutanasia, destinado a eliminar los enfermos incurables, fundamentalmente los mentales. El asesinato de las víctimas se llevó a cabo obligándoles a inhalar monóxido de carbono. Los familiares debían contentarse con un certificado de defunción que aludía a «muerte por pulmonía o debilidad cardíaca».
Cuando Hitler decidió la llamada «Solución final», fueron dispuestos los grandes campos de exterminio polacos (Chelmno, Belzec, Sobibor y Treblinka) para dicho cometido.

En Chelmno, por ejemplo, los deportados eran obligados a prepararse para tomar un baño antes de ser enviados a trabajar. A continuación se les introducía en camiones especiales, preparados para que el monóxido de carbono producido por los motores penetrase en la cámara donde viajaban las víctimas. Cuando ya no se oía ningún grito, los camiones se trasladaban hacia un bosque cercano donde los cadáveres eran arrojados en grandes fosas. Más tarde se construyeron las cámaras de gas fijas y los hornos crematorios. Para el funcionamiento de aquéllas se utilizó el gas «ZyklonB», «mucho más eficaz», según palabras de Rudolf Hess.

Cuando el exterminio fue masivo, se «perfeccionaron» las instalaciones. En Treblinka, y con la presencia de Himmler, se inauguraron nuevas cámaras y hornos capaces de eliminar 5.000 cadáveres en 24 horas.Con la aplicación de técnicas más expeditivas, en la primavera de 1944 se alcanzó la cifra de 24.000 gaseamientos diarios. Previamente, las víctimas eran despojadas de todas sus pertenencias.

La rapiña  de las SS llegó hasta el punto de especular con el pelo de los deportados que, mediante un adecuado tratamiento, era convertido en fieltro industrial. Tras la liberación de Auschwitz se encontraron siete toneladas de cabellos humanos en los almacenes del campo. Los huesos sin quemar se vendían a firmas industriales, y las cenizas, se utilizaban como fertilizante.

Las prótesis dentales de oro o platino iban a  parar a los bolsillos de los SS.Además de las cámaras de gas, los nazis utilizaron otros muchos medios para matar. Los prisioneros de guerra y políticos de cierta relevancia eran fusilados. En Mauthausen se colocaba a los prisioneros de  espaldas contra una regla vertical graduada-a modo de medidor de estatura que tenía un agujero a la altura de la nuca; por este orificio de disparaba acertadamente y sin posibilidad de error. En algunos campos , las víctimas fueron obligadas a descender a fosas llenas de cal viva en que luego se le arrojaba agua.

En varios campos, los internados fueron utilizados como cobayas humanas y sometidos a terribles
experiencias:inoculación de fermedades,ablación de músculos, castración y esterilización,… Algunasde estas experiencias estaban orientadas a encontrar los métodos más eficaces para el exterminio de las etnias y los grupos sociales considerados inferiores.

El Instituto de Higiene de las Waffen SS dirigía estas pruebas, llevadas a cabo por médicos nazis en colaboración con las secciones de química farmacéutica del I. G. Farben y otras empresas. Cuando las víctimas ya no servían para nada, una inyección venenosa terminaba con sus vidas.El Dr. Brack ideó un método de esterilización basado en la proyección intensa de rayos X sobre los órganos genitales, mientras el individuo, sin advertir lo que le estaban haciendo, rellenaba un formulario  en una ventanilla.

También se pensó en la castración quirúrgica, pero resultaba un método excesivamente lento. En Dachau se hicieron más de 500 operaciones para el adiestramiento de estudiantes de medicina: la mayoría de los operados falleció sin remedio.Uno de los más crueles «médicos» nazis fue el Dr. Sigmund Rascher. Introducía a sus víctimas en cámaras de descompresión, las sometía a temperaturas bajo cero, las sumergía en recipientes de agua helada para «observar las reacciones del paciente». En Auschwitz se efectuaron experiencias consistentes en someter la epidermis de los internados a la acción de gases tóxicos; se les inyectaba petróleo o gasolina, y se estudió la influencia de determinados productos químicos sobre la capacidad mental de las víctimas. Algunas deportadas sufrieron la inoculación de células cancerígenas en el cuello del útero, para después ser gaseadas.

Se ha hablado mucho y se han baraj ado gran cantidad de cifras al referirse al genocidio judío y a las víctimas de la barbarie nazi en general. Se estima que murieron alrededor de 5.934.000 judíos, de ellos, 3 millones eran polacos, 900.000 ucranianos, 450.000 húngaros, 300.000 rumanos y 210.000 alemanes y austríacos. Según algunos historiadores, otros seis millones de personas murieron en los campos de concentración del Reich.Entre 150.000 y 200.000 soldados, oficiales e industriales fueron responsables directos de estas muertes.

Desde el final de la guerra, sólo unos 35.000 han sido juzgados y condenados por ello.Además de los judíos, gentes de todas las etnias, grupos sociales, nacionalidades y credos religiosos y políticos sufrieron en silencio la degradación y la muerte: gitanos, homosexuales, miembros de la Resistencia francesa, soldados rusos, republicanos españoles, políticos comunistas y sacerdotes católicos…. Nadie escapó al holocausto.

Queridísimo Reichsfuhrer:
Cumplo con el deber que me ha señalado de tenerle periódicamente informado de los resultados de mis investigaciones…
«Pese a la brevedad del período de tiempo que he tenido a mi disposición, solo cuatro meses, ya me hallo en condiciones , Reichsfuhrer, de informarle de cuanto he descubierto.El método inventado por mí para esterilizar el organismo femenino sin intervención quirúrgica, se encuentra en la práctica totalmente a punto.El método se funda en una sola inyección en el cuello del útero y puede ser aplicado mientras se efectua un examen ginecológico normal, conocido por todos los médicos.Cuando afirmo que el método está a punto «en la práctica»quiere decir que aun de efectuarse determinados perfeccionamientos, que este sistema puede ser,desde ahora,utilizado en lugar de la intervención quirurgica para nuestras esterilizaciones eugenésicas y sustituírla.»

«En cuanto a la pregunta que Ud. Reichsfuhrer, me formuló hace casi un año respecto al tiempo necesario para esterilizar por este sistema a un millar de mujeres, puedo responderle con suficiente aproximación.Es decir si mis investigaciones siguen con el ritmo actual – y no existe motivo para suponer lo contrario- , no está lejano el momento en que un médico práctico, que disponga de la instaalción adecuada y de una docena de ayudantes (el número de ayudantes está en función de la aceleración del programa que se desee cumplir) , se halle en condiciones de esterilizar varios centenares – e incluso 1000 mujeres al día -.

Fuente Consultada: Carta del Dr. Carl Clauberg a Himmler 7-6-1943.

«ENSEÑAR A CONTAR HASTA 500,…»
Para los pobladores no alemanes del este sólo habrá una escuela primaria de cuatro grados.Esa enseñanza elemental tendrá exclusivamente el siguiente objeto: enseñar a contar hasta 500, escribir el nombre completo, inculacar la doctrina de que hay un mandamiento divino, obedecer a los alemanes, y ser trabajador y dócil.No estimo neecsario que se enseñe a leer.»

Fuente Consultada:Memoria de Himmler

La Enfermería (Del Capítulo: IX del libro: Los Hornos de Hitler de Olga Lengyel)

RELATO VERÍDICO: Durante semanas y semanas, no hubo medios para atender a los enfermos. No se había organizado hospital ninguno para los servicios médicos, ni disponíamos de productos farmacéuticos. Un buen día, se nos anunció que, por fin, íbamos a tener una enfermería. Pero ocurrió que, una vez más, emplearon una palabra magnífica  para describir una realidad irrisoria.

Me nombraron miembro del personal de la enfermería. Cómo pudo suceder tal cosa merece punto y aparte.

Poco después de mi llegada, me hice de todo mi valor para suplicar al doctor Klein, que era el jefe médico de las S.S. del campo, que me permitiese hacer algo para aliviar los padecimientos de mis compañeras. Me rechazó bruscamente, porque estaba prohibido dirigirse a un doctor de las S.S. sin autorización: Sin embargo, al. día siguiente, me mandó llamar para comunicarme que a partir de aquel momento iba a quedar a cargo del enlace con os doctores de las distintas barracas. Porque él perdía un tiempo precioso en escuchar la lectura de sus informes mientras giraba sus visitas, y necesitaba ayuda.

Inmediatamente se estableció un nuevo orden de cosas. Todas las internadas que tuviesen algún conocimiento médico deberían presentarse. Muchas se. prestaron voluntariamente. Como yo no carecía de experiencia, me destinaron al trabajo de la enfermería.

En la Barraca No. 15, probablemente la que estaba en peores condiciones de todo el campo, iba a instalarse el nuevo servicio. La lluvia se colaba entre los resquicios del techo, y en las paredes se veían enormes boquetes y aberturas. A la derecha y a la izquierda de la entrada había dos pequeñas habitaciones. A una se la llamaba «enfermería», y a la otra «farmacia».

Unas semanas después, se instaló un «hospital» al otro extremo de la barraca, y quedamos en condiciones de reunir cuatrocientos o quinientos pacientes.

Sin embargo, durante mucho tiempo no dispusimos más que de las dos pequeñas habitaciones. La única luz que teníamos procedía del pasillo; no había agua corriente, y . resultaba difícil mantener limpio el suelo de madera, aunque lo lavábamos dos veces al día con agua fría. Carentes como estábamos de agua caliente y desinfectantes, no conseguíamos raer los residuos de sangre y de pus que quedaban en los intersticios de las tarimas.

El mobiliario de nuestra enfermería se componía de un gabinete de farmacia sin anaqueles, una mal pasada mesa de reconocimiento que teníamos que nivelar con ladrillos, y otra mesa grande que cubrimos con una sábana para colocar en ella los instrumentos. Poco más era lo que teníamos, y todo en lamentable estado.

Siempre que íbamos a usar algo, nos veíamos frente al mismo problema: ¿utilizaríamos los instrumentos sin esterilizar, o nos pasaríamos sin ellos? Por ejemplo, después de tratar un forúnculo o un antras, acaso se nos presentase un absceso de menor gravedad, que teníamos que curar con los mismos instrumentos. Sabíamos que exponíamos a nuestro paciente a una posible infección. ¿Pero qué podíamos hacer? .

Fue un verdadero milagro que nunca tuviésemos un caso de infección grave por ese motivo. A veces pensábamos que nuestra experiencia echaba por tierra, acaso, todas las teorías médicas sobre esterilización.


El total de internadas de nuestro campo ascendía a treinta o cuarenta mil mujeres. ¡Y todo el personal de que disponíamos para nuestra enfermería no pasaba de cinco -Superfluo es decir que no dábamos abasto con nuestro trabajo.

Nos levantábamos a las cuatro de la madrugada. Las consultas empezaban a las cinco. Las enfermas, que a veces llegaban a mil quinientas al día, tenían que esperar a que les tocase su turno en filas de a cinco. Se le abrían a uno las carnes al ver aquellas columnas de mujeres dolientes, vestidas miserablemente, calándose de pie humildemente bajo la lluvia, la nieve o el rocío. Muchas veces ocurría que se les agotaban las últimas energías y se desplomaban a tierra sin sentido corno un témpano más.

Las consultas se sucedían sin interrupción desde el amanecer hasta las tres de la tarde, hora en que nos deteníamos para descansar un poco. Dedicábamos aquel tiempo a nuestra comida, si había quedado alguna, y a limpiar el suelo y los instrumentos. Operábamos hasta las ocho de la noche.

A veces, teníamos que trabajar también durante la noche. Estábamos literalmente abrumadas por el peso de nuestra tarea. Confinadas a una cabaña, sin la más mínima brisa de aire fresco, sin hacer ejercicio físico y sin gozar del suficiente descanso, no veíamos cuándo podríamos descansar un poco.


Aunque carecíamos de todo, incluso de vendajes, nos entregábamos a nuestro trabajo con fervor, espoleadas por nuestra conciencia de la gran responsabilidad e se nos había confiado. Cuando nos veíamos llegar al límite de la resistencia corporal, no remojábamos la cara y el cuello con unas cuantas gotas de la preciosa agua. Teníamos que sacrificar aquellas escasas gotas para poder seguir adelante. Pero el esfuerzo incesante nos agotaba.

Cuando había varios partos seguidos y teníamos que pasar la noche sin dormir, nos fatigábamos hasta el extremo de andar dando tumbos como si estuviésemos intoxicadas. Pero, a pesar de todo, teníamos una enfermería; y estábamos realizando una tarea buena y útil. Jamás se me olvidará la alegría que experimentaba cuando, después de terminada mi jornada de trabajo diaria en la enfermería, podía irme a la cama por fin. Por primera vez después de muchas semanas, ya no teníamos que dormir en la promiscuidad indescriptible de la koia, revolcándonos en su mugre, en sus piojos y en su hedor. Sólo había cinco mujeres trabajadoras en esta dependencia relativamente grande.

Antes de retirarnos, nos permitíamos el lujo de un buen aseo, gracias al cacharro de que disponíamos. El artefacto se iba por dos agujeros y sólo se podía usar si se tapaban con migas de pan… ¿pero qué más daba? Era una palangana de verdad, que se mantenía sobre un pie de verdad. Contenía agua auténtica, y hasta un trozo de jabón, lujo supremo. Bueno, lo que llamaban jabón no era más que una pasta pegajosa de procedencia dudosa y olor asqueroso; pero hacía espuma, aunque no mucha.

Teníamos para las cinco dos mantas. Tirábamos una en el suelo, la que no habíamos sido capaces de limpiar, y nos tapábamos con la otra. En general no podíamos decir que estuviésemos muy cómodas. La primera noche llovió, y el viento soplaba entre los resquicios- de las maderas. El destartalado tejado dejaba pasar la lluvia, y tuvimos que cambiarnos muchas veces, huyendo de los charcos.

Sin embargo, después de haber conocido los horrores de la barraca,aquello era un paraíso. De día en día fueron mejoran o nuestras condiciones de vida. Teníamos cierta medida de independencia, relativa, claro está; pero podíamos hablar y éramos libres de ir al evacuatorio cuando lo necesitábamos. Los que no se han visto nunca privados de estas pequeñas libertades no son capaces de imaginarse lo preciosas que pueden llegar a ser.

Pero la situación, de nuestra vestimenta siguió lo mismo. Mientras atendíamos a las enfermas, llevábamos los mismos harapos pos que nos servían de camisón, bata y todo. Pero las pobres enfermas apenas se enteraban, puesto que iban más andrajosas que mendigas gas, cuando no llevaban el uniforme carcelario.

Al principio, el personal de la enfermería dormía en la misma habitación de consulta, sobre el suelo. Puede imaginarse el lector nuestra alegría, cuando un día, se nos dio todo «un apartamiento». Cierto, era el viejo urinario de la Barraca No. 12, pero lo íbamos a tener para nosotras. En el cuarto angosto cabían a duras penas dos estrechas camas de campo. Por tanto, adoptamos el sistema de ringleras, como las koias de las barracas. Con tres de ellas, teníamos seis camastros. Aquello era un sueño. De allí en adelante, el pequeño dormitorio iba a ser nuestro domicilio privado. Allí estábamos en casa.

Nos pasábamos muchas noches hablando de las posibilidades de nuestra liberación y analizando con comentarios interminables los últimos acontecimientos de la guerra, tal como los entendíamos. En ocasiones muy contadas, nos llegaba de contrabando algún periódico alemán, y estábamos examinando horas y horas cada una de sus palabras, para sacar una partícula de verdad de entre todas aquellas mentiras.

Con frecuencia dábamos rienda suelta a la nostalgia, hablando de nuestros seres queridos, o simplemente discutiendo los torturantes problemas del día, como por ejemplo, si deberíamos o no condenar a muerte a algún recién nacido para salvar a la pobre madre. Hasta llegábamos a recitar a veces poesías para adormecernos en un estado de calma espiritual que nos permitiese olvidar y escaparnos del horrendo presente.


Los resultados obtenidos en nuestra enfermería distaban mucho de ser gloriosos. Las condiciones deplorables del campo de concentración aumentaban sin cesar el número de las dolientes. Sin embargo, nuestros amos se negaron a aumentar el personal de que podíamos disponer. Con cinco mujeres había bastante. Podríamos haber dado parte de nuestras medicinas y vendajes a los médicos de otras barracas, pero los alemanes no nos dejaban.


Naturalmente, no podíamos atender a todos los pacientes, y muchos de ellos se agravaban por tenerlos abandonados, como ocurría, por ejemplo, cuando se trataba de heridas gangrenadas. Aquellas infecciones exhalaban un olor pútrido, y en ellas se multiplicaban rápidamente las larvas. Utilizábamos una enorme jeringa y las desinfectábamos con una solución de permanganato potásico. Pero teníamos que repetir la operación diez o doce veces, y se nos acababa el agua. La consecuencia era que otras pacientes tenían que esperar y seguir sufriendo.


La situación mejoró un poco cuando se instaló el hospital al otro extremo de la barraca. Este espacio estaba reservado para los casos que requerían intervención quirúrgica, pero, cuando había apuros, se curaban toda clase de infecciones. En el hospital cabían de cuatrocientas a quinientas enfermas. Naturalmente, era difícil conseguir ser admitido, por lo cual las que estaban enfermas con frecuencia tenían que esperar días y crías a poder ser hospitalizadas. Desde que llegaban, debían abandonar todas sus pertenencias a cambio de una camisa miserable. Aun habían de seguir durmiendo en las koias o en jergones duros de paja, pero con sólo una manta para cuatro mujeres. Bien claro está que no podía hablarse siquiera de aislamiento científico.

Pero, a pesar de todo, el peligro más trágico que corrían las enfermas era la amenaza de ser «seleccionadas», porque estaban más expuestas a ello que las que gozaban de buena salud. La selección equivalía a un viaje en línea recta a la cámara de gas o a una inyección de fenol en el corazón. La primera vez que oí hablar del fenol fue cuando me lo explicó el doctor Pasche, q ue era un miembro de la resistencia.


Cuando los alemanes desencadenaron sus selecciones en masa, resultaba peligroso estar en el hospital. Por eso animábamos a las que no estuviesen demasiado enfermas a que se quedasen en sus barracas. Pero, especialmente al principio, las prisioneras se negaban a creer que la hospitalización pudiera ser utilizada contra ellas como motivo para su viaje a la cámara de gas. Se imaginaban ingenuamente que las seleccionadas en el hospital y en las revistas lo eran para ser trasladadas a otros campos de concentración, y que las enfermas eran enviadas a un tal central.

Antes de estar instalada la enfermería y de quedar yo al servicio del doctor Klein, dije un día a mis compañeras de cautiverio quíen deberían evitar tener aspecto de enfermas. Aquel mism a, acompañaba más tarde al doctor Klein en su ronda médica. Era un hombre distinto de los demás S.S. Nunca gritaba y tenía buenas maneras. Una de las enfermas le dijo:

-Le agradecemos su amabilidad, Herr Oberarzt.

Y se puso a explicar que había en el campo quienes creían que las enfermas eran enviadas a la cámara de gas.
El doctor Klein fingió quedar muy sorprendido, y con una sonrisa le contestó:

-No tienen ustedes por qué creer todas esas tonterías que corren por aquí. ¿Quién extendió ese rumor?
Me eché a temblar. Precisamente aquella misma mañana, había explicado la verdad a la pobre mujer. Afortunadamente, la blocova acudió en mi ayuda. Arrugó las cejas y aplastó literalmente a la charlatana con una mirada de hielo.
La enferma comprendió que se había ido de la boca y se batió inmediatamente en retirada.
-Bueno, la verdad es que yo no sé nada de todo esto -murmuró-. Por ahí dicen las cosas más absurdas.

En otro hospital del campo, en la Sección B-3, había en agosto unas seis mil deportadas, número considerablemente inferior a nuestras treinta y cinco mil. Me refiero al año 1944. Tenían habitaciones aisladas para los casos contagiosos.

Como era característico en los campos de concentración, dado lo irracionalmente que estaban organizados, esta sección considerablemente más pequeña disponía de una enfermería diez veces mayor que la nuestra, y tenía quince médicos a su servicio.

Sin embargo, las condiciones higiénicas eran allí más lamentables todavía, porque no había letrinas en absoluto, sino únicamente arcas de madera al aire libre, donde las internadas femeninas estaban a la vista de los hombres de las S.S. y de los presos masculinos.


Cuando teníamos casos contagiosos, nos veíamos obligadas a llevar a las pobres mujeres al hospital de aquella sección. Era un problema para nosotras. Si nos quedábamos con las enfermas contagiosas, corríamos el peligro de extender la enfermedad; pero, por otra parte, en cuanto llegaban las pacientes al hospital, corrían el peligro de ser seleccionadas. Sin embargo, las órdenes eran rigurosas, y nos exponíamos a severos castigos si nos quedábamos con los casos contagiosos.

Además, el doctor Mengerlé hacía frecuentes excursiones por allí y echaba un vistazo para ver cómo seguían las cosas. Ni qué decir tiene, que quebrantábamos las órdenes cuantas veces podíamos.El traslado de las enfermas contagiosas era un espectáculo lamentable. Tenían fiebres altísimas y estaban cubiertas con sus mantas cuando echaban a andar por la «Lagerstrasse». Las demás cautivas las evitaban como si fuesen leprosas.

Algunas de aquellas desgraciadas eran confinadas en el «Durchgangszimmer», o cuarto de paso, que era una habitación de tres metros por cuatro, donde tenían que tenderse en el duro suelo. Aquella era una verdadera antecámara de la muerte. Las que trasponían aquella puerta, camino a su destrucción, eran inmediatamente borradas de las listas de efectivas y, en consecuencia, no se les daba nada de comer. Así que no les quedaban más que la perspectiva del viaje final.

Día llegaría, pensábamos, en que, por fin, los camiones de la Cruz Roja se presentarían allí y las enfermas serían atendidas. Y así sucedía; pero los supuestos camiones de la «Cruz Roja» recogían a las Pacientes y se las llevaban una encima de otra, como sardinas en banasta. Las protestas fueron inútiles. El alemán responsable del transporte cerraba la puerta y se sentaba tranquilamente junto al chofer. El camión emprendía su marcha hacia la cámara de la muerte. Por eso teníamos tanto miedo de mandar al «hospital» los casos contagiosos.El sistema de administración carecía absolutamente de lógica. Causaba verdadero estupor ver la poca relación que había entre las órdenes distintas que se sucedían unas a otras.

Aquello se debía en parte a negligencia. Los alemanes trataban indudablemente de despistar a las presas para disminuir el peligro de una sublevación. Lo mismo ocurría con las selecciones. Durante algún tiempo, eran elegidas automáticamente las que pertenecían a la categoría de enfermas. Pero, de repente, todo cambiaba un buen día, y las que estaban afectadas de la misma enfermedad, como, por ejemplo, difteria, eran sometidas a tratamiento en una habitación aislada y confiadas al cuidado de médicos deportados.

La mayor parte del tiempo, las que padecían de escarlatina estuvieron en gran peligro; pero, sin embargo, ocurría de cuando en cuando que las que contraían tal enfermedad eran atendidas, y algunas hasta se’ llegaban a curar. Entonces se las devolvía a sus respectivas barracas, y su ejemplo servía para que las demás se convenciesen de que la escarlatina no significaba sentencia de muerte en la cámara de gas.

Pero, inmediatamente después, aquella táctica quedaba revocada y era substituida por otra. ¿Cómo podía, por tanto, la gente saber a qué carta quedarse? Sea de esto lo que fuere, el caso era que muy pocas volvían del hospital de la sección, y éstas no habían entrado en la Durchgangszimmer, por lo cual no estaban enteradas de sus condiciones. Aquel «hospital» siguió siendo un espectro de horror para todas. Estaba rodeado de misterio y sombras de muerte.

Cierto día, fui testigo en aquel hospital de una escena particularmente patética. Una joven y bella muchacha judía de Hungría, llamada Eva Weiss, que era una de las enfermeras, contrajo la escarlatina atendiendo a sus pacientes. El día que se enteró de que estaba contagiada, los alemanes acababan de abolir las medidas de tolerancia. Como el diagnóstico fue hecho por un médico alemán, la pobre muchacha sabía que era inevitable su traslado a la cámara de gas. Pronto llegaría una falsa ambulancia de la cruz roja a a recogerla, lo mismo que a las demás enfermas seleccionadas.

Las que sospechaban la verdad estaban al borde de la desesperación. La habitación resonaba con los ecos de los gemidos de las lamentaciones.Les aseguro que no tienen por qué alarmarse -les decía Eva Weiss quien también procedía de Cluj. Están ustedes imaginándose cosas aterradoras. Verán, esto es lo que va a pasar: Nos trasladarán a un hospital mayor, en el cual nos atenderán mucho mejor que nos atienden aquí. Hasta puedo decirles dónde está localizado el hospital: en el campo de los viejos y de los niños. Las enfermeras son ancianas. Quizás alguna de nosotras encuentre inclusive a su madre. Después de todo, tenemos que pensar en lo afortunadas que somos. -Siendo enfermera -pensaban las pacientes-, debe estar bien informada.

Y sus palabras las alentaron. Antes de que se cerrase la puerta de la ambulancia, las demás enfermeras dijeron el último adiós a su camarada Eva. Aquella joven heroína había sabido evitar con su frío valor la tortura de la ansiedad y del terror a las desgraciadas que la acompañaban a la muerte. Es mejor no pensar siquiera en lo que ella sentiría dentro de sí, según caminaba a la cámara de gas. Naturalmente, fui testigo de centenares de episodios trágicos. imposible escribir un libro que los relate todos. Pero hubo uno que me emocionó de manera especial.

De una barraca cercana nos trajeron a una joven griega. A pesar de lo demacrada que la había dejado la enfermedad y e ser un esqueleto viviente, conservaba todavía su belleza. No quiso contestar a ninguna de nuestras preguntas y se comportó como muda. Como nos habíamos especializado principalmente en cirugía, no comprendimos por qué nos la mandaban. Su ficha médica indicaba que no tenía necesidad de intervención quirúrgica.

La sometimos a observación. No tardamos en descubrir que se había cometido una equivocación. Aquella muchacha debía haber sido internada en la sección destinada a enfermas mentales. Casi todo el tiempo estaba sentada, imitando los movimientos precisos de una hilandera. De cuando en cuando, como si la extenuase su trabajo, perdía el sentido, sin que pudiésemos hacerla volver en sí en una o dos horas. Luego movía la cabeza a un lado y a otro, abría los ojos y levantaba los brazos, como para protegerse de golpes imaginarios en la cabeza.

Un día después, la encontramos muerta. Durante la noche había vaciado su jergón de paja para «hilarla». Había desgarrado además su blusa en pequeños jirones para disponer de más cantidad de materia prima que hilar. He visto muchas muertas, pero pocas caras me han conmovido tanto como la de aquella joven griega. Probablemente había estado empleada en trabajos forzados de hilandería. No había logrado con sus esfuerzos más que recibir palos. Sucumbió, y el terror y la desesperación animal acabaron por destruir el equilibrio de su mente.

 

Las Purgas de Stalin Arresto y ejecuciones en masas en Rusia

LAS PURGAS DE STALIN EN RUSIA

malas noticias en el mundo

STALIN EN EL GOBIERNO: Stalin preside la segunda etapa de la historia de la Rusia soviética.

Nos falta todavía un estudio definitivo sobre su figura. Rodeado durante bastantes años por una aureola de popularidad, concentró a partir de 1934 en sus manos todos los resortes del poder y eliminé a la vieja guardia bolchevique, que podría discrepar o hacerle sombra.

Glorificado por la historiografía soviética, comenzó a ser criticado después de su muerte (1953). Sin la brillantez de Lenin y Trotski, era un marxista riguroso, quizás el mejor conocedor del problema de las nacionalidades -la gran laguna de la literatura marxista—, y un formidable organizador que impulsó los planes quinquenales.

Pero no faltan perfiles terribles en un balance de su gestión. Pravda publicaba en diciembre de 1969 una críticaabierta: “Stalin ha cometido errores teóricos y políticos que adquirieron carácter de gravedad en el último periodo de su vida…

El resultado fueron limitaciones injustificadas de la democracia y groseras violaciones de la legalidad socialista, y una represión injustificada contra dirigentes importantes del Partido, del Estado, de los jefes militares y de los otros cuadros  

Los procesos que tienen lugar en Moscú entre 1936 y 1938 constituyen uno de los más sorprendentes fenómenos de la Rusia del siglo XX. Se inician en agosto de 1936 con el juicio contra los dirigentes de la vieja guardia bolchevique: Zinóviev, Kaménev, Smirnov y otros trece.

Todos admiten las acusaciones y se reconocen culpables de traición al Partido, al Estado, y de colaborar con la Gestapo alemana; tan paladina confesión provoca el asombro mundial. Los supervivientes, rehabilitados en 1953, han testimoniado sobre torturas psíquicas y físicas.

En enero de 1937, la persecución de los bolcheviques históricos continúa con el proceso contra Piatákov y dieciséis diri­gentes más.

En el tercer proceso, en el mes de junio, se inicia la depuración del ejército, y se condena a muerte a héroes de la guerra civil, como Tujachevski.

En el cuarto proceso —marzo de 1938— le toca su turno al sector derechista del bolchevismo (Bujarin y Rikov).

En procesos menores se purga a dirigentes de la industria que no siguen las consignas de los planes quinquenales y a jefes de la policía caídos en desgracia a los ojos del dictador.

La invasión alemana en la Segunda Guerra Mundial demostró que el objetivo de Stalin de convertir aceleradamente a Rusia en una gran potencia había sido acertado, aunque el precio pagado fue alto y dejó en la URSS huellas que en ningún momento desaparecerían totalmente de su vida colectiva.

CUANTIFICACIÓN DE LAS PURGAS ESTALINISTAS : Problema de difícil precisión todavía hoy por lo reciente del cambio político en la antigua URSS; sin embargo planteamos el estado de la cuestión para señalar que es tema que ha de ser esclarecido por los historiadores en el futuro.

Testimonios sin cifras están al alcance de cualquier lector occidental interesado: el discurso secreto de Kruschev y varios discursos públicos en el XXII Congreso del Partido (octubre de 1961) constituyen viñetas de las purgas; algunas víctimas pudieron publicar sus relatos en Occidente (Memorias de Ivanov-Razumnik; de Margarete Buber-Neuman, viuda de un miembro del Bu­ró Político; relato del profesor Swianiewicz, estudioso de la organización económica de los campos de trabajo); las narraciones literarias, como Archipiélago Gulag y Un dia en la vida de Iván Jenisovich, de SOLZHLINITSYN y El cero y el infinito, de KOESTLER, están confir­madas por testimonios de exiliados, por ejemplo el de KRAVCNENKO, Yo escogí la libertad (Madrid, 1953), o el más general de KRIVJTSKI, Yo fui agente de Stalin(Londres, 1940), o el del viejo trostkista ANTÓN CILIGA, El enemigo ruso (Londres, 1940).

Mayor interés his­toriográfico ofrece el estudio de BO­RIS SUVARINE, aparecido en ruso en 1939 (edición reciente: Staline. Aperçu historique du Bolchevisrne, Ed. Champ Libre, París, 1977).

Son escasas las fuentes que permitan una cuantificación, pero se dispone de alguna. Sobre ellas ha efectuado un espléndido estudio Lorimer, La población de la Unión Soviética. Historia y perspectiva.

Ginebra, Sociedad de Naciones, 1964. 500 carpetas de los archivos del Partido en Smolensko fueron capturadas por los alemanes en 1941 y terminaron en poder de los norteamericanos.

En castellano disponemos de un estudio de conjunto,  de R. CONOCEST, El gran terror: Las purgas stalinianas de los aflos treinta, Caralt, Barcelona, 1974.

En el momento de los juicios las posiciones occidentales fueron contradictorias. En Estados Unidos una comisión presidida por Dewey consideró que la acusación en los grandes procesos estaba falseada, pero un manifiesto de intelectuales, enca­bezado por Granville Hicks, atacó a    la comisión. En Inglaterra el Manchester Guardianofreció amplia información.

Un periodista conocedor del ruso, Walter Duranty, consideró juntos los juicios. Pero éstos no constituyen más que una página de la gran purga, que afectó a millones de ciudadanos soviéticos.

Las cifras de la represión

Consignemos, en primer lugar,  algunas cifras sobre detenidos. Por las Instrucciones Secretas de 8 de mayo de 1933 de Stalin-Molotov sabemos que había en las cárceles 800.000 presos, sin contar los de los campos y colonias de trabajo. Para los años 1937-38 varios testimonios coinciden en contabilizar entre seis y ocho millones de presos políticos.

Sólo en Moscú existían 3.000 interrogadores. El físico Alexander Weissberg, que estuvo preso en la cárcel de Kharkov de marzo de 1937 a febrero de 1939, estima que el 5,5 por ciento de la población de la región pasó por la cárcel; en esta  proporción coinciden otros testimonios, lo que supone, consultando el censo de 1939, un total de 8,5 millones de detenciones.

Otros cálculos, el del yugoslavo Dedijer, y  de Uralov, funcionario del Partido, lo rebajan a 7 millones.

Teniendo en  cuenta que parte de los detenidos eran miembros del Partido resulta útil comparar los datos de dos Congresos: en el XVII (1934) tenía 2.817.000 afiliados, en el XVIII (1939) había descendido a 1.568.000; a la diferencia habría que sumar los miembros nuevos, unos cuatrocientos mil, y deducir las bajas por razones diversas, desde fallecimientos hasta expulsiones que no iban acompañadas de detención, y quedaría una cifra de de un millón de miembros del partido arrestados.

Sobre ejecuciones disponemos de bastantes datos parciales. Un escritor soviético (Ginzburg) ha afirmado que, en la prisión de Lefortovo, en agosto de 1937, eran fusilados 70 hombres por día.

Diversos testimonios calculan que el número de ejecutados es de un 10% con total de detenidos, lo que supo entre 600 y 700.000; Uralov lo rebaja a 500.000; un oficial de la NKVD (Petrov) lo eleva a dos millones, y Dedijer a tres millones, cálculos con toda probabilidad exagerados. Conquest se inclina por una cifra aproximadamente un millón.

Ante la disparidad de cifra es imprescindible recurrir a las fiuentes estadísticas, como los censos de bajadores forzados organizados la NKVD o simplemente los oficiales de población.

El cálculo de Conquest: El cálculo de Conquest ofrece la fiabilidad relativa de provisional: 5 millones de encarcelados hasta enero de 1937, 7 millones de detenidos entre enero 1937 y diciembre de 1938; de un millón de ejecutados y dos millones de muertos en los campos.

El estudio de Lorimer sobre población permite afirmar que al menos las cifras de detenidos pueden aceptarse como un indicador (calcula 6.790.000 en los campos trabajo).

Por otra parte, la contabilización de Conquest nos ofrece otra partida: los fallecidos en los campos, en proporción doble a la de ejecutados. El censo soviético 1959 hace posible otra aproximación al tema.

La proporción de 453 hombres por 547 mujeres en el grupo de los 30 a 34 años puede atribuirse a muertes de soldados jóvenes, menores de veinte años, en la Primera Guerra Mundial.

En el grupo de 35 a 39 la diferencia, sorprendentemente, es todavía mayor, 391 hombres para 609 mujeres, y aun mas desigual para los grupo 40-44, 45-49 y50-54: 384 hombre por 616 mujeres.

Este desequilibrio de la pirámide solo puede explicarse sobre la suposición de que la purga golpeó sobre todo a los varones entre treinta y cincuenta años.

PARA SABER MAS…

A partir de 1936, Stalin empezó a destruir de manera sistemática al viejo partido bolchevique para asegurarse la lealtad de un partido comunista de aduladores.

En un período de tres años que duró hasta finales de 1938, Stalin y su policía secreta arrestaron a cinco millones de ciudadanos. Millones de ellos fueron ejecutados. Sólo en Moscú, hubo días en que se alcanzaron las mil ejecuciones.

Los que quedaban con vida eran desterrados a los gulag, un sistema de campos de trabajo construido por Stalin (vestigio terrible de los tiempos zaristas) que resultó ser insuficiente para contener al gran número de prisioneros.

La cantidad de rusos que murieron durante la Gran Purga fue superior a la de soldados estadounidenses muertos durante todas las guerras, desde la independencia norteamericana hasta el conflicto de Vietnam.

La Purga seguía un esquema oficial de acusación, arresto y condena. Una nueva ronda de recriminaciones iba acompañada por un juicio público en el que el veredicto era siempre de culpabilidad.

En agosto de 1936, Stalin celebró el primero de ellos, que envió al paredón a Lev Kamenev y Grigori Zinoviev, sus compañeros en el triunvirato que gobernó tras la muerte de Lenin, y a otros catorce dirigentes comunistas de la vieja guardia.

Todos fueron acusados de participar en una conspiración instigada por Trotski para asesinar a los altos dirigentes de la Unión Soviética y de haber matado a Sergei Kirov (el dirigente comunista a quien Stalin había ordenado ejecutar en 1934, de forma que pareciera un complot). Todos confesaron y fueron sentenciados a muerte.

Lo que los corresponsales extranjeros enviados a cubrir el juicio desconocían era que los acusados habían sido amenazados y torturados durante el período de encarcelamiento anterior al juicio y que sus confesiones estaban falseadas. No obstante, Occidente, desesperado por conseguir una alianza contra el fascismo, firmó un acuerdo con Stalin.

Mientras, en julio, el Comité Central hizo llegar un nuevo conjunto de normas a las células locales: «La cualidad inherente a todo bolchevique en las condiciones actuales debe ser la capacidad de reconocer a un enemigo del partido, sin importar el disfraz que lleve». A partir de entonces, el no reconocer a un enemigo constituía un delito.

El partido fue presa de la paranoia. Sólo estaba a salvo Stalin, protegido por su policía secreta.

El Conde Dracula Vlad IV El Empalador de Rumania Historia o Leyenda

El Conde Dracula Vlad IV
El Empalador de Rumania

El Conde Dracula Vlad IV El Empalador de RumaniaPocos personajes habrán alcanzado una tan amplísima gama como este vampiro salido de la imaginación del escritor Bram Stocker.

Y también será difícil encontrar una concordancia más pobre que entre este muerto viviente y el personaje histórico al que le robó el nombre.

Porque Vlad IV apodado por sus súbditos como Drácula con ser un ser despreciable y sanguinario, nada tenía que ver con el longevo conde que cada noche sale a beber su dosis de hemoglobina necesaria para seguir no y viendo por los siglos de los siglos.

En fin, a no ser por Stocker y, sobre todo, por el séptimo arte, que entró a saco en esta historia increíble, el verdadero Vlad apenas sería conocido en otros lugares que no fuesen sus apartadas montañas de los Cárpatos, como mucho, algunas comarcas próximas.

En cuanto a las comparaciones, el auténtico Drácula sería mucho más aterrador que el de ficción y, por desgracia, la presencia de un crucifijo frente al rey de Valaquia, se demostró inútil para poder salvar a ninguna de sus numerosas víctimas.

El auténtico Drácula fue un noble rumano oriundo de Valaquia que dejaría el recuerdo insufrible de los cruentos padecimientos a los que sometió a los suyos , a su propio pueblo (toda una población aterrorizada), como a los extranjeros. Pocos dudaban de la enajenación de Vlad IV y el placer que experimentaba sometiendo a tortura a cientos de sus súbditos. Por eso, sus crímenes hicieron que se le conociese como Drácula, que significa el hijo del Diablo (y, también, dragón). El verdadero Drácula, como personaje real, pasaría a la Historia como Vlad IV el Empalador.

Vlad se sentó en el trono de su país a los 18 años, bien es cierto que, al principio, como soberano títere de los turcos. De su contacto con los otomanos, por cierto, aprendió el horrible suplicio del empalamiento que después, en cuatro años de locura, utilizaría hasta la saciedad. Una vez que se pudo liberar de sus carceleros, volvió a Valaquia y, en 1437, se autoproclamó Cristo Dios, gran voivoda (príncipe) de Hungro-Valaquia.

Insaciable en su necesidad de matar y hacer sufrir, se enemistaba constantemente con todos los que le rodeaban en un afán —¿de supervivencia?— por incrementar el número de sus futuras víctimas. Una vez éstas adquirían una realidad evidente, Vlad las mataba de mil y una maneras, sobre todo a través del empalamiento. Pero su fértil imaginación y sus instintos sádicos no se tomaban un respiro y ensayaba nuevos sistemas de mandar al mundo de los difuntos a miles de potenciales víctimas.

Así, un día hirvió vivo a un gitano acusado de ladrón, y obligó a su familia a que se lo comiesen después. El número de sus víctimas se contaron por miles que aparecían incluso aumentadas por el boca a boca de los aterrados habitantes del lugar. En Schylta ordenó matar a 25.000, y en una ciudad cercana, el día de San Bartolomé de 1460, empaló a 30.000. A una concubina que le comunicó su embarazo, ordenó que le abrieran el vientre a ver si era verdad.

Provisionalmente puso fin a este estado de cosas el rey Matías de Hungría, que lo encerró durante una docena de años por ver si se calmaba en su frenesí sangriento. Fueron sus propios súbditos los que, asqueados de sus procedimientos torturadores, lo denunciaron al rey de Hungría. En su prisión, Vlad no demostró, precisamente, arrepentimiento alguno; por el contrario, sobornaba a sus guardianes para que le proveyeran de ratones y otros animales a los que, para no olvidarse de su obsesión, se distraía empalándolos. Salió en libertad en 1474, y, al parecer, con ganas de pelear, ya que se metió en una nueva guerra con los turcos, luchando frente a los cuales murió, en una cruenta batalla, a los 45 años de edad. Los otomanos le cercenaron limpiamente la cabeza y la enviaron, previamente conservada e introducida en miel, al sultán de Constantinopla.

Como se advierte al principio, y a pesar de sus monstruosidades, nada abona la acusación contra Vlad IV de ser un bebedor de sangre, o de desdoblarse en vampiro. El error, propagado a través de la celebérrima novela de Bram Stocker más de tres siglos después, pudo deberse a que, en rumano, Drac significa diablo; y en Molda via Drakul es sinónimo de vampiro, ese animal que necesita beber sangre caliente para sobrevivir. Resulta obvio que, comparado con el auténtico Vlad IV, el pobre personaje de la citada novela y de tantos films era un buen cadáver que regresaba pronto a su ataúd. Vlad IV acabó mal, muy mal.

Y, sin embargo, en la memoria colectiva de Transilvania, se fue transmitiendo la leyenda del gran héroe nacional Vlad IV, el cual —para algunas gentes—, si las cosas se ponen feas, volverá de nuevo para salvar a su pueblo. Aunque, entre ese mismo pueblo, también la leyenda del Empalador se ha utilizado siempre para asustar a los niños revoltosos…

El cine se apresuró muy pronto a trasladar a la pantalla a un personaje tan atractivo e interesante. Bien es cierto que nos referimos al Drácula-vampiro de Stocker. En 1931 el director Tod Browning rodó su Drácula con el mejor actor que llegaría a identificarse con el conde-cadáver: Bela Lugosi, que, curiosamente, era de origen húngaro y, por lo tanto, de una tierra próxima a la Valaquia y a los Cárpatos donde reinó el auténtico Vlad IV.

Antes y después (en la historia del cine hay un título, Nosferatu, de Murnau, en los años 20, que es un clásico) los vampiros con forma humana llenarían las pantallas, pero prácticamente nadie se atrevió, que se sepa, a trasladar a imágenes la auténtica biografía del Empalador, quizás porque las mordeduras del conde-vampiro son de alguna manera asumibles y los suplicios de Vlad no.

AMPLIACIÓN DEL TEMA: Todos los pueblos han creído en los vampiros desde los primeros momentos históricos. Las leyendas se remontan a muchos siglos antes de Cristo, en las antiguas Siria y Babilonia… y siempre el vampirismo incluye el beber sangre, el fluido generador de vida.

Los aztecas derramaban sangre en las bocas de sus ídolos. En la India, los rajas bebían sangre de las cabezas cortadas. En China, la familia montaba guardia junto al cadáver por miedo de que un perro o un gato saltaran sobre él y lo transformaran en un vampiro.

Esta creencia encuentra eco en un libro titulado Antidote Against Atheism («Antídoto contra el ateísmo») escrito en el siglo XVIII por el Dr. Henry Moore. Narra la historia de Johannes Cuntius de Silesia, cuyo cadáver fue arañado por un gato negro antes del entierro. Naturalmente, más tarde se supo que Cuntius había reaparecido y bebido sangre. Cuando lo desenterraron, su cuerpo apareció en buen estado de conservación, como es típico en los vampiros.

Los griegos de la antigüedad y, posteriormente, los romanos creían en un tipo de vampiro femenino llamado lamia que seducía a los hombres para chuparles la sangre. Más tarde los griegos emplearon otra palabra para el vampiro: vrukalakos, una criatura capaz de resucitar a los muertos y cuyas víctimas celebraban festines con los vivos. Todo el mundo —varones o mujeres— con pelo rojo, una marca de nacimiento o, incluso, ojos azules era susceptible de ser un vampiro. Cabe decir que los ojos azules son raros en Grecia.

Sin embargo, los nacidos el día de Navidad, el hijo número siete de una familia, una persona con el labio leporino o los que poseían alguna característica poco común resultaban también sospechosos, por lo que mucha gente podía con facilidad encajar en la descripción de un vampiro.

En 1717 un eminente botánico francés, Joseph de Tounefort, afirmó que por doquier en «todo el archipiélago no hay un griego ortodoxo que no crea firmemente que el demonio pueda dar nueva energía y revitalizar a los cuerpos muertos.»

Dentro del área anglosajona, y en una fecha tan reciente como en 1874, un hombre de Rhode Island desenterró a su hija y quemó su corazón porque creía que chupaba la sangre del resto de la familia.

Sin embargo, la verdadera cuna del vampiro se encuentra en el Este de Europa, y su leyenda, tal como la conocemos, surgió en Rumania y Hungría hacia comienzos del siglo XVI. La palabra misma proviene de un vocablo servio y pasó a otros idiomas a mediados del s. XVIII. En aquella época circularon por el Este de Europa numerosos relatos que hablaban de vampiros.

Las historias eran recogidas por viajeros cuyas obras literarias esparcían la leyenda por toda Europa. Durante el siglo XIX, los escritores más famosos de cuentos de horror se apoderaron de la historia del vampiro.

Incluso grandes poetas como Byron, Goethe y Baudelaire mostraron su talento escribiendo acerca del tema del vampiro. No obstante, fue el escritor británico Bram Stoker quien al fin reunió todos los cabos sueltos de la leyenda del vampiro y los entretejió en la obra ya clásica, Drácula, publicada en 1897. La mezcla que hizo de realidad y ficción ha presidido desde entonces nuestro concepto del vampiro.

Stoker jamás visitó Transilvania —actualmente provincia rumana—, donde empieza la historia. Sin embargo, sus investigaciones en documentos que se encuentran en museos y guías de la región fueron muy completas, y Drácula contiene muchos elementos del folklore eslavo. Fue un acierto elegir Transilvania como el hogar de Drácula. Las brumas arremolinadas, los campesinos vestidos con los pintorescos trajes típicos del país y los crucifijos de madera cerca del Paso del Borgo, que Stoker describía en su libro, todavía siguen allí. En esta parte de Europa, el vampirismo formaba parte de la vida… y de la muerte. Como escribió el reverendo Montague Summers, uno de los más importantes historiadores del vampirismo, «… en Rumania encontramos reunidas junto al vampiro casi todas las creencias y supersticiones que prevalecen en el Este de Europa.»

Tendemos a imaginarnos al vampiro pálido, enjuto y extenuado. Esta concepción es desorientadora, ya que tras un festín de sangre la criatura tiene que aparecer henchida, con los labios rojos y un aspecto rubicundo. En cierta manera esta imagen del vampiro como un ser repleto de sangre resulta incluso más aterradora. Pero, cadavéricos o sonrosados, ¿existen seres semejantes?.

Desde épocas tempranas, personas de autoridad se inclinaron a creer que así era, incluyendo al monje francés Dom Augustin Calmet. Autor de uno de los primeros estudios documentados sobre vampirismo, publicado en 1746, Calmet se esforzó por mantener un criterio abierto, pero escribió: «Se nos dice que los hombres… regresan de la tumba, se les oye hablar, andar, atacar tanto a animales como a hombres cuya sangre apuran… haciéndoles enfermar y, al final, provocándoles la muerte. Y los hombres no pueden liberarse por sí mismos, a no ser que desentierren los cadáveres y atraviesen estos cuerpos con estacas afiladas, les corten las cabezas, desgarren los corazones o quemen estos cuerpos hasta que queden reducidos a cenizas. Parece imposible no aceptar la creencia predominante de que estas apariciones salen, en efecto de sus tumbas.»

LEYENDA INDIA SOBRE VAMPIROS
Vikram y el vampiro:
Hace mucho tiempo vivía en la India un rey guerrero cuyo nombre era Vikram. Era orgulloso, valiente y astuto. A pesar de su perspicacia, en cierta ocasión un brujo le engañó haciéndole prometer que haría lo que le ordenara. Le impuso la tarea de descolgar a un vampiro de su árbol y llevarlo al mago. Vikram encontró al vampiro colgado patas arriba en el árbol.

El rey puso a la criatura en posición normal, pero el vampiro volvió a colocarse patas arriba. Lo mismo sucedió durante siete veces consecutivas hasta que el vampiro, al final, suspirando, porque «ni siquiera los dioses pueden resistir a un hombre tan obstinado», dejó que se lo llevara. No obstante, el vampiro selló un extraño trato con Vikram: le contaría algunas historias y le haría preguntas relacionadas con ellas. Si Vikram era capaz de guardar silencio y no responderle nunca, la criatura le premiaría, pero si respondía algo, el vampiro volvería al árbol.

El vampiro relató diez historias, y diez veces Vikram no pudo dejar de responder. En cada ocasión el vampiro regresó al árbol y Vikram lo volvió a capturar. La undécima vez, Vikram consiguió morderse la lengua y no hablar. El premio del vampiro consistió en notificarle una conspiración contra su vida. Advertido de antemano, Vikram escapó sano y salvo de la conjura.

leyenda india

Fuente Consultada:
Seres Crueles y Siniestros de la Historia de José María López Ruiz
Hombres Lobos, Vampiros y Aparecidos – Enciclopedia: El Mundo de los Oculto

Biografía de Churchill Winston Resumen de su Vida Política y Personal

Biografía de Churchill Winston
Resumen de su Vida Política y Personal

En 1940, cuando Adolf Hitler dominaba toda la Europa continental y se preparaba para invadir Gran Bretaña, Winston Churchill encabezó la resistencia de los ingleses contra la Alemania nazi.

Winston Leonard Spencer Churchill, nacido en el palacio de Blenheim, en Oxford, el 30 de noviembre de 1874, destacó desde muy joven por su rebeldía.

Su educación en la Academia Militar de Sandhurst le confirió disciplina y espíritu de sacrificio, cualidades que en adelante marcaron su carácter.

Tras combatir con el Cuarto de Húsares en Cuba, la India y Sudán, Churchill se dedicó al periodismo.

Su entrada en política se produce en 1898, tras abandonar el ejército y solicitar el ingreso en el Partido Conservador.

La aventura heroica: En 1900, el diario Morning Post lo envió a Sudáfrica para informar sobre la guerra de los bóers, quienes lo capturaron. Churchill logró evadirse recorriendo más de cuatrocientos kilómetros a pie y utilizando diversos medios de transporte.

Cuando regresó a Londres, Churchill fue recibido como un verdadero héroe, y su nombre apareció en la primera página de todos los periódicos.

Winston Churchill: Un político determinado

Casi un siglo de vida le sirvió a Winston Churchill para diseminar sus ideales a lo largo del territorio británico, e incluso influenciar a los políticos y filósofos contemporáneos a su existencia.

Sin embargo, su personalidad inquieta y autosuficiente hubiera seguramente necesitado de un siglo más para lograr todos los cometidos que se propuso en su vida.

churchill winston biografia

Sangre, sudor y lágrimas: Previendo los horrores de la guerra, Churchill prometió luchar hasta el final por la libertad incluso solo y sin aliados.

En un memorable discurso, Churchill prometió al pueblo británico «sangre, sudor y lágrimas» y le exigió espíritu de sacrificio para vencer al totalitarismo nazi.

Winston Churchill inculcó a los británicos el valor de la resistencia, al mismo tiempo que organizó el ejército, la marina y la aviación para una guerra larga y brutal.

Considerado por los expertos e historiadores como uno de los estadistas más destacados del siglo pasado, Winston Churchill logró introducir a la política el concepto de estrategia planificada en base a los sucesos que podían acontecer, anticipándose de esta manera a los hechos que tendrían lugar en el futuro, gracias a los datos que le brindaban sus largas y profundas investigaciones y estadísticas.

Con un talento innato para diversas disciplinas, Churchill no sólo se desenvolvió como prolífico político, militar y primer ministro de Inglaterra, sino que también tuvo tiempo para satisfacer una de sus máximas vocaciones: las letras.

De esta forma, Churchill desarrolló a lo largo de su vida una carrera paralela a la política, centrada en la creación literaria y periodística.

Su talento indudable le valió la obtención del Premio Nobel de Literatura en el año 1953, gracias a sus destacadas obras históricas, sus artículos periodísticos y  brillantes discursos.

El nombramiento del galardón aseveraba al respecto: «Por su dominio de la descripción histórica y biográfica, así como su brillante oratoria en defensa de los valores humanos».

Winston Leonard Spencer Churchill, nombre completo con que fue bautizado luego de su nacimiento ocurrido el 30 de noviembre de 1874 en el Palacio de Blenheim, Oxfordshire, tuvo desde su cuna la fortuna de nacer en el seno de una familia acomodada e influyente.

Tengamos en cuenta que su abuelo fue el séptimo duque de Marlborough, siendo su padre Lord Randolph Churchill, y su madre una bella joven norteamericana llamada Jennie Jerome.

«Desde muy joven implanté para mí el sistema de creer lo que tenía ganas de creer.» Se puede decir que, en cierta medida, la vida de Winston Churchill se ve orientada por la fidelidad a esta máxima, que él mismo pronunció un día para definir su talante personal.

Desde su condición de militar, brillante escritor o estadista siempre pensó lo que en todo momento era necesario pensar para no apartarse del requerimiento fundamental de poner a salvo los intereses de clase subyacentes bajo la «raison d’État».

De acuerdo a sus propios relatos, el pequeño Winston disfrutó de una infancia verdaderamente feliz, en la cual nunca faltó el cariño de sus padres, además de acceder a una educación estricta que le brindaría las herramientas necesarias para convertirse en un ciudadano inteligente y capaz.

Sin embargo todo cambió radicalmente, cuando Winston fue internado en uno de los más costosos colegios de Ascot, ya que la distancia con su madre lo afectó profundamente, y en consecuencia se convirtió en el niño más castigado, rebelde y con las peores notas de la institución.

Las dificultades en su educación llevaron a los padres de Winston a trasladar al niño a la prestigiosa y tradicional escuela de Harrow, donde el pequeño integró el grupo de los alumnos más retrasados debido a su rebeldía y su falta de interés, más allá de demostrar una inteligencia notable.

Aquella personalidad avasallante y trasgresora se aplacó cuando el joven Winston logró ingresar a la Academia Militar de Sandhurst, y más aún al incorporarse en el regimiento de caballería Cuarto de Húsares, uno de los más importantes y prestigiosos del ejército.

Tras dar término a sus estudios castrenses (con el número 20 en una clase de 130 alumnos), fue destinado, en 1895 (año en que su padre murió en circunstancias trágicas), al 4.° regimiento de húsares con la graduación de teniente, obteniendo permiso posteriormente para ir de observador a la guerra de emancipación que Cuba había iniciado contra la metrópoli española.

En 1896 su regimiento es destinado a la India, donde empieza a simultanear los oficios de militar y escritor-periodista. A partir de este momento no abandonaría más la pluma, lo cual le habría de reportar celebridad, satisfacciones y dinero.

La puesta en práctica de todo lo que había aprendido acerca del arte de la guerra, durante su participación en batallas sucedidas en Cuba, la India y el Sudán, le permitieron lograr un cambio verdaderamente significativo en su modo de ser, y por sobre todo le ofreció las herramientas necesarias para madurar.

A pesar de que su espíritu indomable, su testarudez y otros aspectos fuertes de su personalidad habían comenzado a convivir con nuevas facetas de tolerancia, paciencia y resolución, lo cierto es que decidió abandonar la vida militar, hastiado de todo aquello que había comenzado a abrumarlo.

Fue precisamente en el año 1898 que Winston Churchill decidió afiliarse al Partido Conservador, y cosechar a partir de ese momento una carrera política que lo convertiría en uno de los hombres más importantes de la historia de la Gran Isla.

Sólo un años después de convertirse en militante del Partido Conservador, su inteligencia, talento, carisma y carácter le permitieron presentarse como candidato a las elecciones que se sucedieron en 1899.

Pero la política le respondió con una de sus primeras desilusiones, ya que no logró obtener el cargo de diputado. Sin embargo, su espíritu incansable e inquieto lo llevó a Africa del Sur, donde Winston se desenvolvió como corresponsal para el Morning Post, produciendo destacados artículos que ilustraban lo que se encontraba sucediendo durante la Guerra de los Bóers.

Su misión periodística lo condujo hacia el encarcelamiento, siendo tomado prisionero en Pretoria, de donde escaparía rápidamente para regresar a Londres, donde los ciudadanos lo esperaban admirados de su valentía y honor, elevando a este joven a la categoría de verdadero héroe nacional.

En 1899 tomó la decisión de abandonar este destino para dedicarse a su carrera de brillante escritor y a la política. Al poco tiempo de regresar a Inglaterra participó en unas elecciones encuadrado en el partido conservador, siendo derrotado por un estrecho margen. No tardó demasiado en encontrar otra ocupación alternativa en las tareas periodísticas, haciendo de corresponsal de la guerra de Sudáfrica en el Morning Post.

Gracias a ello, el nombre de Winston Churchill logró estar en boca de todo el pueblo inglés, como así también ser el centro de las miradas de los medios de comunicación más prestigiosos de la época, lo que le sirvió para regresar a la política y triunfar en su cometido.

El héroe militar participó en las elecciones de 1900. En esta ocasión Churchill ganó por un margen tan estrecho como el que le había apartado de la victoria en la ocasión anterior. Como resultado de las elecciones y su trabajo de corresponsal, Winston Churchill se encontraba en el Parlamento respaldado por las diez mil libras que había conseguido en su trabajo periodístico; ya se encontraba en condiciones de construir su carrera política con una dedicación casi exclusiva.

Como político su fama creció enormemente, sobre todo porque en dicho ámbito desarrolló un verdadero arte de la oratoria, siendo sus discursos la expresión directa y sincera de sus estrategias e ideales, por lo que comenzó a cultivar no sólo gran cantidad de seguidores de su doctrina, sino sobre todo importantes enemigos en el Parlamento, ya que Churchill además siempre se mostró reacio al sometimiento por responder a disciplinas partidarias.

Esta honestidad lo obligó a Winston a cambiar de afiliación partidaria reiteradas veces, pero al mismo tiempo fue el primer eslabón de un importante cambio en la política nacional, creando controversias que instaban al cambio inmediato de las estrategias políticas.

Su constante lucha en el campo político lo llevaron a alcanzar el cargo de Primer Ministro del Reino Unido el 10 de mayo de 1940, concluyendo su mandato el 27 de julio de 1945, y siendo uno de los principales protagonistas de la Segunda Guerra Mundial.

A lo largo de su carrera política, Winston Churchill trasladó el sentimiento nacionalista y patriótico a todo el pueblo británico, y ejerció una influencia incomparable entre los habitantes de su nación, a través de sus estudiados discursos.

Por otra parte, Churchill fue el creador del Ministerio de Defensa de su país, y el origen de la instauración de un gobierno de concentración nacional, en el cual incluso colaboraron sus adversarios políticos más profundos.

Su experiencia, conocimiento y su inquietud permanente llevaron a Winston Churchill a predecir algunos de los acontecimientos que tendrían lugar durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que fue considerado un verdadero visionario. Para encontrar más información al respecto, te recomendamos la lectura del artículo titulado «Winston Churchill y su participación en la Segunda Guerra Mundial».

Cuando Churchill comenzó a padecer una enfermedad cardíaca que se extendería por años y que finalmente terminara con su vida el 24 de enero de 1965, fue nombrado por el presidente norteamericano John F. Kennedy con el título honorífico de Primer Ciudadano Honorario de los Estados Unidos, precisamente en el año 1963.

Y el reconocimiento hacia su figura continuó presente hasta la actualidad, donde la influencian de este gran pensador y político sigue aún latente dentro de los estandartes mundiales, ya que Winston Churchill logró cambiar la historia más allá de los límites de su nación.

Winston Churchill y su participación en la Segunda Guerra Mundial.

El mundo que vio nacer a Winston Churchill estaba marcado por las profundas transformaciones que en él se operaban: el último cuarto del siglo pasado sancionó el agotamiento del modelo de acumulación que había presidido el desarrollo del capitalismo hasta entonces, y que se había basado en el ferrocarril y la industria del acero. El desarrollo de las fuerzas productivas estaba imponiendo el inicio de una socialización de las relaciones de producción mediante la invención de fórmulas que permitían la asociación de capitales individuales. Durante esta fase finalizaron los procesos de unificación de los estados alemán e italiano; Rusia, el imperio austrohúngaro y España se integran de forma decidida en el nuevo mercado capitalista europeo… Se modifica el equilibrio internacional abriéndose paso un nuevo equilibrio entre siete estados: Inglaterra, Francia, Estados Unidos, Italia y los imperios ruso y austrohúngaro.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

En reiteradas oportunidades, Winston Churchill ha sido y es considerado por los más expertos investigadores en el área histórica, como uno de los principales estadistas del siglo XX, que gracias a su conocimiento y visión logró anticipar algunos de los más importantes hechos que se sucedieron durante su vida a nivel mundial.

Churchill WinstonTal es el caso de la Segunda Guerra Mundial, iniciada en el año 1939 durante la invasión de las tropas alemanas a Polonia, y que se convertirían en uno de los sucesos más trágicos de la historia humana, debido al incalculable genocidio que se produjo bajo la mirada fría del Führer Adolf Hitler.

Gracias a su capacidad de estadista, Churchill emitió una serie de profecías acerca de los acontecimientos que desencadenaron esta brutal guerra, y que en su momento fueron consideradas como declaraciones disparatas por los militares que se hallaban en oficio, pero que finalmente se convirtieron en realidad.

La sorprendente clarividencia de Winston Churchill lo ubicaron en un lugar de privilegio entre la opinión pública, por lo que cuando se desató la Segunda Guerra Mundial fue nombrado Primer Lord del Almirantazgo, titulo con el cual se le encomendó proteger y fortalecer las bases militares de Scapa Flow, en el territorio escoses, con el fin de impedir que las tropas Tercer Reich lograran atravesar el Atlántico Norte, y de esta manera atacar a los barcos mercantes provenientes de las colonias.

A lo largo de su participación en la Segunda Guerra Mundial, Churchill debió enfrentar diversas crisis debido a los ataques dirigidos por Hitler, que en muchas oportunidades no podían ser anticipados por el estadista.

En este contexto, Finlandia sufrió el ataque de la URSS, a lo que Churchill respondió con la toma de los puertos ubicados al norte de Noruega, mientras que Alemania se anticipó y logró desembarcar con sus tropas en Dinamarca y Noruega. La respuesta de Churchill fue contraatacar a través del envío de una flotilla a la zona noruega, pero la misión fracasó, repercutiendo la noticia en el Parlamento inglés.

Luego de aquellos episodios, el Rey de Inglaterra decide poner a cargo del Gobierno a Winston Churchill, precisamente el 11 de mayo de 1940, con el fin de brindarle todo el apoyo necesario para contrarrestar los ataques producidos por la tropa encabezada por Hitler.

Alemania bajo los mandatos del Führer continúa avanzando en el territorio europeo, haciendo caer naciones como Holanda, Bélgica y Francia. Durante las contiendas, los países mencionados reciben el apoyo del ejército inglés, que a pesar de establecer una serie de inteligentes estrategias surgidas desde la mente de Churchill, no logran arremeter contra la violencia alemana.

Debido a las presiones y la evidente destreza de Churchill, se dice que Adolf Hitler intentó crear una alianza con Inglaterra, por lo cual decidió no atacar directamente a las tropas inglesas, sino improvisar una advertencia aérea para simplemente hostigar a los británicos, demostrando el poderío de la tropa alemana.

Sin embargo, Churchill observó este suceso vislumbrando otros motivos, y asegurando que el ataque aéreo se produjo debido a que las divisiones alemanas se encontraban en problemas por la falta de combustible, ya que habían avanzado en un gran territorio en poco tiempo.

De aquella contienda fueron evacuados más de 250.000 soldados británicos, franceses y belgas, hecho que Churchill consideró fortuito y propicio para recomponer al ejército británico y retornar a liberar a Europa de las garras del Tercer Reich.

Durante este período, Winston Churchill siempre se demostró como un verdadero estratega, y utilizando su excelente oratoria llevó la tranquilidad al pueblo británico.

En sus sus innumerables discursos, Churchill siempre mantuvo una línea esperanzadora, convirtiendo sus palabras en una verdadera fuente de inspiración, utilizando expresiones que llegaban al corazón y al alma de su pueblo.

Un claro ejemplo de ello, es la siguiente declaración de Churchill: «Defenderemos nuestra isla, cualquiera que sea el costo, pelearemos en las playas, pelearemos en los sitios de desembarques, pelearemos en los campos y en las calles, pelearemos en las colinas: nunca nos rendiremos (…) Vamos a asumir nuestros deberes considerando que si el imperio británico y la Commonwealth duran mil años, la gente dirá: ‘Esta fue la hora más gloriosa del Imperio'».

Su talento político y su excepcional carisma, además claro está de su indiscutible capacidad para resolver las situaciones conflictivas, elevaron a Churchill a uno de los peldaños más altos, y a través de sus discursos que lograron mantener y enaltecer la moral del ejército y del pueblo británico.

A pesar de los posteriores ataques que la tropa británica sufrió por parte de los alemanes, incluso después de que se sucedieran diversos bombardeos a la ciudad de Londres, Winston Churchill siempre mantuvo sus principios, dentro de los cuales la rendición era inaceptable.

La alianza de Churchill con Franklin D. Roosevelt y Joseph Stalin, le permitió crear el cuerpo especial de operaciones, conocido en la actualidad como Fuerzas Especiales, bajo el mando del ministro de economía de guerra Hugh Dalton.

Esta tropa especial tenía como finalidad principal conducir y ejecutar diversas operaciones subversivas dentro de los territorios ocupados por los alemanes. Durante su desenvolvimiento, este grupo especial logró un éxito casi inesperado.

Si bien algunas de las decisiones de Winston Churchill durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial fueron consideradas como realmente controvertidas, lo cierto es que logró destacarse como un verdadero líder, que logró ponerle las cosas difíciles al imparable ejército alemán.

Su calidad de visionario hizo que luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill fuera considerado un verdadero político colosal por la opinión pública de su pueblo, aunque no así por una gran cantidad de colegas, que veían en él a una amenaza para sus ambiciones.

Por otra parte, algunas de sus ideas repercutieron negativamente dentro del electorado general británico, y luego de exponer su desacuerdo con los proyectos presentados en el Parlamento para mejorar el sistema de salud y de educación pública, Churchill fue repudiado por aquel pueblo que otrora lo elevó al más alto de los peldaños.

La postguerra, junto con las ideas polémicas presentadas por Churchill, dieron como resultado que fuera derrotado durante las elecciones de 1945 por Clement Attlee, candidato del Partido Laborista.

Quizás el motivo fundamental de la decisión del pueblo británico haya surgido tras la reflexión de considerar que Winston Churchill, si bien había sido el hombre indicado para liderarlos durante la guerra, lo cierto es que no era el mejor candidato para representarlos durante los tiempos de paz.

Fuente Consultada: Graciela Marker para historiaybiografias.com

SIMPATÍA DE CHURCHILL CON EL FASCISMO

Pocas veces ha sido tan embellecida una figura de un hombre público como en el caso de Winston Churchill. Se lo pintó como el «supremo campeón de la democracia»; nunca lo fue: heredero político de Disraeli, conservador empedernido, fue siempre un «campeón del Imperio Británico». Simpatizó con el fascismo y con todas las malas causas que llevaron a la Segunda Guerra Mundial.

Y sólo cuando vio el peligro que Hitler representaba para el Imperio Británico se enfrentó con el primer ministro británico Neville Chamberlain, el «apaciguador», el «hombre del paraguas», y se mostró dispuesto a aliarse con el mismo diablo para salvar los intereses imperialistas de su país.

Fue Churchill quien, hallándose de visita en Roma, declaró el 20 de enero de 1927: «No puedo menos que sentirme atraído por el amable y sencillo natural del Signor Mussolini. … Su movimiento ha prestado un servicio al mundo entero. . . . Italia ha mostrado que hay un modo de combatir a las fuerzas subversivas capaces de atraer a las masas, que hay un mod9 de valorar y defender el honor y la estabilidad de la sociedad civilizada, Ha proporcionado el necesario antídoto para el veneno ruso. En adelante, ninguna gran nación carecerá de medios finales de protección contra él canceroso desarrollo del bolcheviquismo».

En verano de 1938, dijo a Albert Foerster, «gauleiter» de Danzig, que, si bien la legislación antisemita nazi resultaba «irritante», no constituía probablemente «un obstáculo insuperable para llegar a acuerdos, porque tenía razones que eran comprensibles».

El 22 de junio de 1941, ya como primer ministro, Churchill, después de anunciar que el ataque nazi contra la Unión Soviética no haría que Gran Bretaña se retirara de la guerra, comentó: «El régimen nazi no se distingue de los peores rasgos que tiene el comunismo. . . . Nadie ha sido un enemigo del comunismo más consecuente que yo en los últimos veinticinco años y no me desdiré de nada de lo que del comunismo he dicho». No se limitó, sin embargo, a no desdecirse de nada.

Porque, en octubre de 1942, cuando ya se veía que Hitler quedaba empantanado en territorio soviético, Churchill hizo circular un memorándum en el que se propugnaba la formación de unos Estados Unidos de Europa, con inclusión de España y Turquía, para impedir «el inconmensurable desastre de que la barbarie rusa se impusiera a la cultura y la independencia de los viejos Estados europeos».

El entonces primer ministro británico se resistió cuanto pudo a que fuera abierto el «segundo frente» que reclamaba Stalin para alivio de los agobios de la Unión Soviética y aceleramiento de la liberación de Europa.

Como insistió en que tal «segundo frente» se abriera, no por el relativamente desguarnecido Oeste, sino por los Balcanes, con la clara intención de que se cerrara el paso, por ese «blando vientre de Europa» —¿cuándo había sido «blanda» esta abrupta y difícil región?—, a la arrolladura marcha de los ejércitos soviéticos.

Como, en 1944, cuando los ocupantes alemanes se retiraron apresuradamente de Grecia para no quedar atrapados por el avance soviético, se apresuró por su parte a enviar tropas británicas a Atenas y Salónica para impedir que los guerrilleros griegos asumieran el poder en el país que habían liberado.

Con estos antecedentes, no es de extrañar que el mismo pueblo británico decidiera en 1945 prescindir de los servicios de quien había encarnado el espíritu de «unión nacional» durante la guerra y encomendar el gobierno de Gran Bretaña al laborista Clement Attlee. Como no es de extrañar que Truman viera en el ensalzado «campeón de la democracia» a la persona más idónea para hacer la declaración oficial de la «guerra fría». (Fuente Consultada: Enciclopedia de los Grandes Fenómenos de Nuestro Tiempo Tomo N°5)

Dictador CEAUSESCU NICOLAE en Rumania

Dictador CEAUSESCU NICOLAE en Rumania

RUMANIA
NICOLAE CEAUSESCUEn Rumania, Nicolae Ceausescu, quien fue ejecutado junto a su esposa, Elena, durante la revolución de 1989, construyó una carrera política que en algunos aspectos recuerda a la de Stalin. De origen campesino y de oficio zapatero, Ceausescu se convirtió en un socialista radical.

En 1948, con la ayuda soviética, el Frente Democrático Popular Comunista había asumido por completo el poder en este país.

En 1965, el liderato del gobierno  comunista recayó en las manos de Nicolae Ceausescu (1918-1989) quien junto con su esposa Elena, estableció un régimen dictatoria y rígido. Ceausescu gobernó Rumania con mano de hierro, utilizando a la policía secreta —la Securitate— como su arma personal en contra de la más mínima disidencia.

Detentó el poder supremo durante veinticuatro años en Rumania, donde actuó como un verdadero tirano, sin aceptar ningún tipo de oposición, en nombre del credo marxista (sea lo que significara para él en sus años jóvenes), que usó como excusa para lograr sus objetivos personales. Con el tiempo, cayó víctima de la imagen legendaria que se había construido. Rodeado de un ejército de sicofantes (soplones) que adulaban a su líder como robots, el conducator, como quería que lo llamaran, se transformó en un dios pagano, la personificación de la historia y de la eternidad.

A pesar de que el pueblo rumano vivía en la pobreza, Ceausescu y su esposa llevaron una vida de lujo. Por ejemplo, con el fin de celebrar sus éxitos, ordenaron la destrucción de dieciséis iglesias, tres monasterios y cientos de casas de Bucarest para construir un bulevar en homenaje a la victoria socialista y un palacio más grande y esplendoroso que el de Versalles. Según Ceausescu, los rumanos eran descendientes de los dacios y él era sucesor del emperador Trajano, una elección poco feliz, pues en carácter y desempeño se parecía más al antecesor de Trajano, Domiciano.

No obstante, la oposición a su régimen creció en la medida que Ceausescu rechazaba las reforma promovidas por Gorbachev en Europa Oriental. Su régimen había estado por años alejado de la Unión Soviética, sobre todo, en asuntos concernientes a la política exterior. Además, las extremas medidas de Ceausescu para reducir la deuda externa rumana provocaron dificultades económicas. Si bien tuvo éxito en su intento de reducir la deuda externa, la fuerte caída de los niveles de vida por causa de tan duras medidas provocó mucho descontento.

A pesar de la escasez de alimentos y el racionamiento del pan, harina y azúcar, Ceausescu insistió en que la nación debería seguir exportando esos artículos. El plan de Ceausescu de una rápida urbanización —sobre todo, un programa que exigía arrasar poblados enteros— enfureció aún más a la población.

Megalómano como Stalin, temía que quisieran conspirar contra él. Hacía que otros probaran la comida y se cambiaba la ropa constantemente por miedo a que estuviese impregnada de veneno. También rechazaba de plano las críticas. Es evidente que cuanto más poder acumulaba, más se enfrascaba en un mundo imaginario.

No hay pruebas suficientes que permitan asegurar que el presidente rumano haya sido víctima de un trastorno de la personalidad. El psicoanalista inglés Money-Kirley afirma que, como en el caso de Fausto, el demonio evocado por Ceausescu parecía su esclavo y le confería poderes absolutos», «siempre que sus deseos coincidieran con los del agente demoníaco»

Un pequeño incidente fue la chispa que incendió las hasta entonces apagadas llamas del descontento. En diciembre de 1989 la salvaje represión de una manifestación en Timisoara provocó nuevas manifestaciones. El 21 de diciembre, tras un abucheo al dictador en un mitin masivo, el ejército se negó a seguir reprimiendo.

Ceausescu y su esposa fueron apresados el 22 de diciembre, juzgados y ejecutados el día de Navidad de 1989. Entonces, el liderato pasó a manos de un Frente de Salvación Nacional, formado apresuradamente, que ganó las elecciones de 1990.

UN POCO DE HISTORIA:
La senda revolucionaria de Checoslovaquia fue considerablemente menos violenta que la de Rumania. En 1948, con la ayuda soviética, el Frente Democrático Popular Comunista había asumido por  completo el poder en este país. En 1965, el liderato del gobierno comunista recayó en las manos de Nicolae Ceausescu (1918-1989) quien junto con su esposa Elena, estableció un régimen dictatoria y rígido.

Ceausescu gobernó Rumania con mano de hierro, utilizaría: a la policía secreta —la Securitate— como su arma personal en contra de la más mínima disidencia. No obstante, la oposición a su régimen creció en la medida que Ceausescu rechazaba las reforma promovidas por Gorbachev en Europa Oriental. Su régimen había estado por años alejado de la Unión Soviética, sobre todo, en asuetos concernientes a la política exterior.

Además, las extremas mecidas de Ceausescu para reducir la deuda externa rumana provocaron dificultades económicas. Si bien tuvo éxito en su intento de reducir la deuda externa, la fuerte caída de los niveles de vida por causa  tan duras medidas provocó mucho descontento.

A pesar de la escasez de alimentos y el racionamiento del pan, harina y azúcar, Causescu insistió en que la nación debería seguir exportando esos artículos. El plan de Ceausescu de una rápida urbanización —sobre todo, un programa que exigía arrasar poblados enteros— enfureció aún más a la población.

Un pequeño incidente fue la chispa que incendió las hasta entonces apagadas llamas del descontento. En diciembre de 19fr. la salvaje represión de una manifestación en Timisoara provocó nuevas manifestaciones. El 21 de diciembre, tras un abucheo al dictado: en un mitin masivo, el ejército se negó a seguir reprimiendo. Causescu y su esposa fueron apresados el 22 de diciembre, juzgados y ejecutados el día de Navidad de 1989. Entonces, el liderato pasó a manos de un Frente de Salvación Nacional, formado apresuradamente, que ganó las elecciones en la primavera de 1990.

Fuente Consultada: La Locura en el Poder Vivian Green