Lucha Por La Sucesión de Lenin Stalin y Trotsky Historia



Historia de la Lucha Por La Sucesión de Lenín Stalin y Trotsky

Durante la enfermedad de Lenin se planteó, entre los dirigentes soviéticos, el problema de su sucesión, de forma que los resultados de la Revolución de octubre perdurasen en el país e influyesen eficazmente sobre los movimientos comunistas de los demás países. Lenin no llegó a ver realizados sus principales propósitos.

El partido bolchevique y el gobierno soviético tenían que resolver un sinfín de problemas nacionales, económicos y sociales dentro de la Unión Soviética, que los ideólogos revolucionarios habían trazado con poca precisión y seguridad, basándose en la doctrina marxista y la programación confusa de Lenin.

Pero mientras unos de los dirigentes bolcheviques se consideraban los sucesores naturales del ídolo de la Revolución (por ejemplo, Trotski) o confiaban en que Lenin se restablecería de sus dolencias, otros preparaban tenaz y pacientemente el terreno para hacerse cargo de todo el poder en el partido y en el estado, sin fijarse demasiado en la ortodoxia ideológica y convirtiendo conscientemente la táctica de esta larga, silenciosa y resistente lucha por el omnímodo poder, en un firme y cruel sistema político-social. La figura más destacada de este grupo de revolucionarios profesionales fue el georgiano José Stalin, secretario general del partido bolchevique.

Luego de la muerte de Lenín, en mayo de 1924, se reunió el Comité Central, y Stalin tenía una gran problema, pues podía perderlo todo, si se hacía público el «testamento» de Lenin. Se salvó por las intervenciones de Zinoviev y de Kamenev, que propusieron su continuación como secretario general. Temía mucho al brillante y popular Trotsky, que, según ellos pensaban, les eclipsaría fácilmente, mientras que nada podían temer de un Stalin gris, premioso, teórico mediocre, que les estaría agradecido por su gesto.

Lider de la Revolucion Rusa

Lenin, el líder revolucionario ruso comenzaba en 1922 a mostrar un fuerte declinamiento, y fue precisamente ese año que sufrió su primer infarto.

La polémica llegó a las filas del partido, acompañada de oscuras y sutiles intrigas. Sin embargo, más allá de la oposición de dos hombres que se detestaban, iban precisándose dos concepciones de conjunto. Stalin empezaba a formular sus ideas sobre «el socialismo en un solo país». Realista, pesimista, se daba buena cuenta que no podía contar con la subversión revolucionaria mundial (por otra parte, la URSS había normalizado sus relaciones con muchos países después de Rapallo, y había sido reconocida por Inglaterra, Francia e Italia).

stalin y su lucha por el poder politico

Stalin (1879-1953), político soviético de origen georgiano, moldeó los rasgos que caracterizaron al régimen de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URRS).

Además, aunque Rusia estaba atrasada, y la masa campesina hundida en la ignorancia y en la pobreza, y el despreciado mujik  tenía que aprenderlo todo, el partido comunista gozaba de la ventaja de estar en el poder y disponía de un país con enormes recursos en materias primas.



Así, pues, la URSS podía construir el socialismo. Los adversarios de esta teoría objetaban que ei socialismo no podría imponerse contra el capitalismo, si no vencía a éste en eficacia, en productividad, en riqueza. Pero esto era imposible con el «material ruso», y el socialismo resultaría desacreditado, ofreciendo un aspecto de pobreza, de penuria, de desorden.

Por eso Stalin interpuso entre la URSS y el mundo exterior una formidable pantalla que filtraba la realidad soviética, ocultando las taras y las miserias,  de igual modo que persuadía a! pueblo ruso, aislado del extranjero, de que el  mundo  capitalista,   sobre  todo  después de la crisis de 1929, se hundía en la anarquía, en la pobreza y en la feroz explotación de los obreros.

trostky rusia lucha con stalin

Trotski fue el segundo en autoridad politica al lado de Lenín, durante la revolución bolchevique que tuvo lugar en Rusia en 1917, y más tarde desempeñó importantes cargos en el nuevo gobierno del soviético. Cuando Lenin quedó incapacitado por una apoplejía, Trotski perdió el liderazgo del gobierno ante Stalin y tuvo que exiliarse. Fue asesinado en México por agentes de Stalin en 1940.

La posición de Stalin tenía la ventaja de ser realista, de apelar al orgullo nacional de los rusos, de ser más accesible a las masas por sus objetivos concretos que las posiciones de Trotsky sobre la «revolución permanente», que sólo podría realizar  el  socialismo  conquistando  a la Europa occidental y sus considerables posibilidades  económicas.

Hábilmente,  Stalin trataba   a   Trotsky   de   «aventurero».

En 1925, indujo a su adversario a que dimitiese del cargo de Comisario de la Guerra, para dedicarse a los Negocios Extranjeros. Mientras tanto, la «troika» se había disgregado, porque Zinoviev y Kamenev habían descubierto el verdadero poder de Stalin y se habían adherido a las tesis de Trotsky. Stalin encontró nuevos aliados en Bujarin, Rykov y Tomski, que creían posible la construcción del socialismo; situó en el «buró» político a amigos  seguros, como Molotov, Kalinin y Vorochilov. Los problemas económicos se imponían: ritmo de la industrialización, actitud respecto a los campesinos, mucho más inclinados  a las explotaciones individuales que a las fórmulas colectivas.

En   1926, Zinoviev y Kamenev, vencidos por Stalin y sus partidarios en el XIV Congreso, se unieron decididamente a Trotsky. A Stalin le convenía resaltar sus antiguas oposiciones  recíprocas.  Dueño del «aparato», ya era el más fuerte, y se decidió a atacar, amenazando a sus adversarios con la expulsión, eliminando a Trotsky del «buró» político  y destituyendo  a Zinoviev de  su importante cargo de presidente del Komintern.

Por   aquel   tiempo,   Chang-Kai-Chek mataba  a los  comunistas  chinos  que, por consejo de Stalin, se habían aliado con el Kuomintang, y la lucha se desencadenó: la oposición trató de organizar manifestaciones y desfiles, y publicó violentos manifiestos. Pero no tenían más que tropas débiles y desorganizadas.

La oposición fue expulsada en masa del partido, enteramente centralizado por Stalin, y Trotsky fue deportado. Desde 1927 a 1929, no hubo más que expulsiones, capitulaciones, retractaciones de los jefes de la oposición que, desamparados, renegaban de sus ideas, para seguir, a pesar de todo, dentro del partido, que era su único ideal.



En 1929, Trotsky fue desterrado. Stalin, libre ya de la oposición de izquierda, empezó a volverse contra la derecha de Bujarin y sus amigos, hostiles a los proyectos del Secretario General sobre la colectivización de las tierras y la industrialización a ultranza. Con una astucia y una paciencia extraordinarias, Stalin supo jugar con unos contra otros. «Nos estrangulará», confiaba Bujarin a Kamenev; solía decir que Stalin era un «Genghis Khan que había leído a Marx». Stalin no olvidó tales acusaciones, como no olvidaría ningún nom-
bre de los que habían militado, incluso por poco tiempo, en la oposición contra él.

EL GRAN CAMBIO
Dueño absoluto, Stalin lanzó a la URSS, a partir de 1929, con una determinación y una violencia increíbles, hacia un doble objetivo: industrialización radical y colectivización de la tierra. Los vestigios de la NEP fueron totalmente liquidados. El plan quinquenal (Piatilekta) supuso enormes inversiones en las grandes obras industriales (entre ellas, la presa de Dnieprostoi, los gigantescos «combinados» metalúrgicos de los Urales, las fábricas de tractores, la extracción de la hulla, etc.).

Había que triplicar la producción de hierro fundido, cuadruplicar la de acero y la de carbón, electrificar a toda costa. Se contrató, a precio de oro, a especialistas extranjeros, porque faltaban los mandos. Las industrias de bienes de consumo se vieron descuidadas, y los salarios seguían siendo bajos (aunque muy jerarquizados, para estimular la cuali-ficación de los obreros). Lo esencial se reservó para las inversiones de la industria pesada. Al mismo tiempo, se apelaba al honor, a la emulación, al entusiasmo revolucionario de los Udarniks.

A pesar de los sufrimientos y de las injusticias (los dirigentes del partido tenían almacenes especiales, donde encontraban todo lo que faltaba a los rusos), un orgullo nacionalista sostuvo al país. Para industrializar a aquel ritmo, hacían falta millones de nuevos obreros. ¿De dónde sacarlos, si no del campo? Pero, ¿cómo se sustituían? Mediante máquinas y ejércitos de tractores, inaccesibles al campesino autónomo. Stalin decidió entonces liquidar la explotación privada y hacer entrar a los mujiks en granjas colectivas, los koljoses; unas granjas del Estado, los sovjoses, servirían de modelos y de pilotos.

Recurrió a los campesinos pobres o sin tierras, contra los propietarios medios y ricos, los kulaks. ¿Qué les importaban sus miserables pedazos de tierra, cuando se les prometían ricas tierras comunes, tractores y el beneficio de grandes cosechas? La desgracia era que no habían más que de 5 a 7 millones de campesinos pobres que trabajaban aún con el arado de madera, contra 15-18 millones de agricultores medios que preferían una independencia, incluso mediocre, al trabajo  colectivo, y 2 millones de kulaks.

Para apoyar a la minoría de voluntarios contra la masa campesina refractaria, hubo que recurrir al ejército, a los «destacamentos de choque», muchas veces recibidos con bieldos y con fusiles. La «liquidación de los kulaks como clase» tuvo efectos desastrosos, así como el encuadramiento forzoso de los campesinos en los koljoses. Los rebeldes fueron deportados a Siberia. Antes de incorporarse a los koljoses, los campesinos mataban parte de su ganado para venderlo o para comerlo y no entregarlo a la comunidad. Así se perdió cerca del 50 por 100 del ganado.

La producción sufrió un descenso brutal; los tractores se estropearon en seguida y se enmohecían en los campos. Las deportaciones y el hambre hicieron millones de víctimas. En 1930, Stalin tuvo que publicar un artículo, «El vértigo del éxito», condenando los excesos que él, sin embargo, había ordenado, y el movimiento se detuvo; los miembros de los koljoses recobraron el derecho de poseer en propiedad un pequeño lote de tierras y un poco de ganado.

Hasta nuestros días, la agricultura soviética se resintió de aquel período trágico, y la experiencia ha demostrado que no se puede obtener del campesino no propietario el mismo cuidado ni el mismo amor al trabajo del que dispone libremente de la tierra. Un discurso de 1931 revela claramente lo que Stalin pretendía y hasta qué punto aquel jefe comunista era el heredero de las tradiciones nacionales de Iván el Terrible y de Pedro el Grande. Se advertirán también las constantes repeticiones, propias de su estilo:

«Nosotros no queremos ser vencidos. No, no lo queremos. En la historia de la Vieja Rusia, es su retraso el que la ha perdido siempre.Fue vencida por los Khans mongoles, fue vencida por los beys turcos, fue vencida por los señores suecos, fue vencida por los «pans» polaco-lituanos, fue vencida por los capitalistas anglo-franceses, fue vencida por los barones japoneses, fue vencida por todos, a causa de su retraso.

Por su retraso militar, por su retraso cultural, por su retraso político, por su retraso industrial, por su retraso agrícola. Fue vencida, porque era beneficioso vencerla y porque eso no suponía riesgos. Recordad las palabras del poeta, antes de la revolución: «Tú eres pobre y eres rica, eres poderosa y eres débil, Madre Rusia». Tenemos cincuenta o cien años de retraso respecto a los países avanzados Te nemos que cubrir ese retraso. en diez años Si no lo hacemos, seremos aplastados.»



Fuente Consultada: HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo XII Editorial CODEX S.A. La Revolución Rusa

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