Reforma Militar

La Primer Imprenta del Virreinato Historia Jesuitas Primeros Libros

LA CULTURA EN EL VIRREINATO: LA PRIMERA IMPRENTA

PRIMER IMPRENTA DEL VIRREINATOLa primera imprenta del Nuevo Mundo se estableció en el virreinato de Nueva España (México). Sus orígenes son oscuros. José Gil de Pareja y González dio noticia, en 1961, de una edición de la Escala espiritual para llegar al cielo, de San Juan Clímaco, de 1535, que, según él, sería el primer libro impreso en tierras americanas.

Por fuentes documentales tenemos noticia de una primitiva imprenta mexicana, de la cual no se sabe hasta el presente que nos haya llegado ningún ejemplar. Pero fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México, escribió a Carlos V en 1533 para interesarle en la creación de una imprenta y de un molino de papel, y el mismo fray Juan, en 6 de mayo de 1538, volvió a escribir al emperador quejándose de la carestía de papel, que no permitía terminar obras que tenían comenzadas ni emprender otras nuevas.

En 5 de septiembre de 1539, Esteban Martín, de oficio «imprimidor», fue inscrito como vecino en el acta del cabildo de México. ¿Sería éste quien regentó esta primitiva imprenta o uno de los que trabajaron en ella? De allí debieron salir obras como la Escala espiritual para llegar al cielo, de San Juan Clímaco, de 1535; la Doctrina, de fray Toribio de Motolinia, y el Catecismo Mexicano, de fray Juan Ribas, ambas de 1537, que fueron vistas por antiguos bibliógrafos, pero de las cuales no se conoce ningún ejemplar.

La primera imprenta estable de México fue una filial de la que Juan Cronberger tenía en Sevilla. En esta ciudad, en 12 de junio de 1539, se hizo un contrato entre Juan Cronberger y Juan Pablos, natural de Lombardía, por el cual éste se comprometió a trasladarse a México con su esposa para regentar una imprenta que había de llevar el nombre de Cronberger. Al cabo de diez años esta imprenta habría de pasar a poder de Pablos, como así ocurrió.

El primer impreso que se conoce de esta casa es la Breve y más compendiosa doctrinachrístíana en lengua mexicana y castellana, de Juan de Zumárraga, de 1539, de cuyo único ejemplar conocido hoy se ignora el paradero. Al año siguiente apareció el Manual de Adultos, del cual sólo se han salvado dos hojas, y en años sucesivos se publicaron varias obras de doctrina cristiana, de utilidad para la evangelización de los indios, pobres en tipografía, pero de gran interés bibliográfico.

Más adelante los libros de este taller mejoraron de presentación y se sirvieron indistintamente de tipos góticos, romanos o itálicos. En algunos de estos libros, Pablos usó orlas que podríamos llamar prebarrocas, análogas a las que en la misma época se empleaban en Basilea, Venecia y Lyon y en algunas ciudades de España. El historiador José Torres Revello ha señalado analogías entre algunas de estas orlas y el arte azteca.

Antonio de Espinosa trabajó primero con Juan Pablos, como cortador y fundidor de letras, y desde 1559, por su cuenta. El comerciante Pedro Ocharte, natural de Rúan, casó con la hija de Espinosa y continuó su casa hasta 1589. De este taller salieron algunos libros litúrgicos que son notables piezas tipográficas. Pero lo que constituye la verdadera gloria de la tipografía colonial española son los libros de carácter misional y sobre temas indígenas. En este orden ningún otro país ha igualado a España.

Ea segunda imprenta americana se fundó en el Perú. En 1584, Antonio Ricardo, natural de Turín, después de no pocas dificultades publicó dos opúsculos en Lima: la Pragmática sobre los diez días del año y la Doctrina y catecismo para enseñanza de los indios. Ricardo murió en 1606.

No se sabe a ciencia cierta si en 1640 Juan Blanco de Alcázar fue el impresor de Arco triunfal, en Puebla de los Ángeles, obra de la cual no se conoce ejemplar. En 1643, Francisco Robledo imprimió en la misma ciudad la Historia Real Sagrada, de Juan de Pala-fox y Mendoza.

La primera imprenta de Filipinas se estableció en Binondo, en las inmediaciones de Manila, y se remonta al año 1593. Sus primeras actividades permanecen en la oscuridad por el gran número de impresos filipinos perdidos de que dan noticia cronistas y antiguos bibliógrafos. Del citado año es un impreso xilográfico, Doctrinachristiana en lengua española y tagala, del cual existe un único ejemplar en la Biblioteca del Congreso, de Washington. El primer tipógrafo de las islas fue el chino cristiano Juan de Vera, el cual fundió caracteres tagalos y chinos para poder imprimir libros catequísticos en las lenguas de los habitantes del país.

El libro tipográfico filipino más antiguo que conservamos es el Arte y Reglas de la Lengua tagala, de fray Francisco de San José, impreso por Tomás Pinpín, tagalo, «en el partido de Batana», en 1610. Esta edición ha sido minuciosamente descrita por W. E. Retana. Segúneste mismo erudito, en 1662 se fundó la imprenta de los padres dominicos, en el Hospital de San Gabriel de Binondo, la cual fue trasladada en 1625 al Colegio de Santo Tomás de Manila, en donde ha funcionado hasta nuestros días.

En el virreinato del Río de la Plata, los primeros intentos para establecer una imprenta fueron los de las misiones de jesuitas del Paraguay a partir de 1630. Según el padre Furlong, se imprimió en esta región con toda certeza antes de 1705. El libro más antiguo de que se tiene noticia es de este año: es la obra De la diferencia entre lo temporal y eterno, de Nieremberg, impresa «en las doctrinas», o sea en las misiones. Esta imprenta jesuítica publicó unos veinte volúmenes antes de 1728, en que cesó. Después pasan años sin que en esta región se impriman libros. En 1780 se estableció un importante taller en la Casa de Niños Expósitos, de Buenos Aires.

En otras tierras americanas la imprenta es introducida en el transcurso del siglo XVIII: en 1738, en Colombia; en 1754, en el Ecuador; en 1764, en Venezuela, y en 1776, en Santiago de Chile. Antonio Isidoro de Fonseca, natural de Lisboa, fundó en 1747 la primera imprenta del Brasil.

El primer taller tipográfico de Estados Unidos, en América del Norte, fue fundado en el Colegio de Harvard, en Cambridge, hacia 1638-39. En 1674 apareció una primera edición de la Biblia en inglés y en el mismo año se fundó la primera imprenta de Boston. Fue un tipógrafo de esta ciudad, Bartolomé Green, Jr., el primero que se estableció en Halifax. Le sucedió su socio John Burshell, cuyo nombre figura en el pie de imprenta de The Halifax. Gazette, de marzo de 1752, primer impreso que se conoce de Canadá.

Fuente Consultada:
Historia Universal Civilizaciones Precolombinas Tomo 14 La Nación
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Primer Cientifico Astronomo Argentino Jesuita Padre Suarez

Jesuita Padre Suárez Primer Cientifico Astrónomo Argentino

Los orígenes: la observación de los cielos del sur en el siglo XVIII

Durante la primera mitad del siglo XVIII. un astrónomo santafecina, el jesuita Buenaventura Suárez, efectuó desde La selva misionera observaciones astronómicas que fueron apreciadas y utilizadas por sus colegas europeos.

Suárez escribió un calendario lunar muy difundido en su época, observó eclipses, cometas y los satélites de Júpiter, y utilizó sus datos para calcular con precisión las coordenadas de las misiones.

Suyas fueron las primeras comunicaciones científicas efectuadas desde nuestro territorio a una publicación científica de gran prestigio. Es por eso que podemos considerar a Suárez como el primer científico criollo.jesuitas en argentina

La segunda mitad del siglo XVIII fue un gran período para las ciencias en el continente europeo.

Mientras que científicos como Joseph Louis Lagrange (1736-1813) y Fierre Simón de Laplace (1749-1827) en París, William Herschel (1738-1822) en Londres y Karl E Gauss (1777-1855) en Góttingen ensanchaban cada vez más los límites de las ciencias exactas y la cosmología, un anónimo ejército de observadores se daba a la paciente tarea de recolección de datos astronómicos.

De manera simultánea y con el impulso de la sostenida expansión imperial de Europa, los naturalistas viajeros de las grandes potencias completaban el inventario de las especies naturales en las cuatro esquinas del planeta.

En el Río de la Plata, durante el período colonial, fue en las misiones jesuíticas y no en las instituciones educativas de las ciudades donde se desplegó el frente más dinámico de la actividad científica.

El más destacado exponente de estos misioneros interesados en el estudio de la naturaleza fue el astrónomo Buenaventura Suárez.

Buenaventura Suárez (1679-1750) nació en la ciudad de Santa Fe y estudió en los colegios jesuíticos de su ciudad y de Córdoba.

Luego de ordenarse sacerdote en 1706, trabajó en la misión de San Cosme (situada en el actual Paraguay) con intervalos de varios años pasados en otras misiones (Itapúa, San Ignacio Guazú, Santa María la Mayor).

A comienzos de la década de 1740, se desempeñó en los colegios de Asunción y Corrientes y entre 1745 y su muerte volvió a las misiones.

Suárez fue un astrónomo autodidacta que construyó sus propios instrumentos —quizás ayudado por los guaraníes— tales como un cuadrante astronómico, un reloj de péndulo y varios telescopios refractores que variaban en longitud (desde 2,20m hasta 6,40m) y cuyos lentes fabricó, puliendo el cuarzo que abunda en la región. Con ellos desarrolló un programa de observación de eclipses de Sol y de Luna y otro de estudio de los satélites de Júpiter.

La observación de la inmersión y emersión de los satélites se usaba en ese momento para calcular la longitud de un lugar: se computa la diferencia horaria del instante de ocultamiento de un satélite de Júpiter detrás del disco del planeta (o su aparición), registrado en el punto de observación V en un meridiano de referencia.

Los misioneros jesuitas dispersos por el mundo mantenían una enciente red de comunicación epistolar que funcionaba en ambas direcciones: desde las regiones «exóticas» de la periferia se enviaban datos al «centro» europeo y desde Europa se recibían libros, instrumentos y asesoramiento.

Suárez envió sus datos al famoso astrónomo jesuita Nicasius Grammatici (1684-1736) y, por una complicada cadena de comunicación, estos llegaron al sueco Pehr W. Wargentin (1717-1783), quien trabajaba en el observatorio de Upsala.

En un trabajo publicado en 1748 en las Actas de la Real Academia de Ciencias de Upsala, que consiste en una tabla con datos sobre la observación de los satélites de Júpiter desde distintos puntos de la Tierra, Wargentin incluyó 43 de las observaciones de Suárez (efectuadas entre 1720 y 1726 desde San Cosme) y las calificó como «sobresalientes».

A su vez, Suárez recibió datos sobre los satélites de Júpiter de distintos observatorios (Madrid, San Petersburgo, Pekín y otros) que le llegaron a través de Grammatici y que utilizó para calcular la latitud de San Cosme.

Suárez también recibió dos telescopios de fabricación inglesa y otros instrumentos astronómicos, los cuales arribaron a Buenos Aires en 1745. Las observaciones de los eclipses lunares efectuadas con los mismos son de mejor calidad que las anteriores.

Los trabajos más significativos de Suárez son dos comunicaciones a las Philosophical Transactions of the Royal Socíety, la revista científica más importante de su época, efectuadas en 1748 y 1749-50.

El primero describe observaciones de los satélites de Júpiter y de eclipses de Luna y de Sol efectuadas entre 1706 y 1730 desde varias de las misiones (cuyas longitudes respecto del meridiano de París se especifican). En el segundo trabajo se describe la progresión de dos eclipses de Luna visibles desde las misiones ocurridos en 1747.

Estos trabajos fueron comunicados a la Royal Society por Jacob de Castro Sarmentó (1691-1761), un médico judío portugués que fue uno de los introductores de Newton en su país y vivía exilado en Londres donde actuaba como rabino.

Castro Sarmentó fue asimismo el autor de un breve tratado rn portugués sobre la teoría newtoniana de las mareas: la Theorica verdadeira das  mares (Londres, 1737), que fue traducido al español por Suárez amentablemente, el manuscrito se ha perdido.

El astrónomo santafecino también escribió el Lunario de un siglo, un almanaque lunar concluido en 1739 que fue editado en la península ibérica (Lisboa, 1748; Barcelona, 1752) y en América (Ambato [Ecuador], 1759).

Esta obra, resultado de cálculos efectuados con lápiz y papel, indica las fases de la Luna para cada mes y además predice eclipses y puede ser utilizado como calendario religioso.

Suárez había preparado lunarios anuales desde 1706 y para los cálculos del suyo utilizó como guía metodológica una obra de astronomía práctica del astrónomo francés Philippe de la Hire (1640-1718).

Los cálculos fueron efectuados desde las coordenadas de San Cosme, pero Suárez explica el procedimiento para que, mediante una corrección algorítmica de los datos, su obra pueda ser usada desde cualquier punto del globo.

Ver: Primeros Cientificos en el Rio de la Plata

Fuente Consultada:
Una Gloria Silenciosa Dos Siglos de Ciencia en Argentina Miguel De Asúa
Historia Universal Civilizaciones Precolombinas Tomo 14 La Nación
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Un Interesante Enlace

REFORMAS POLÍTICAS DE LOS BORBONES EN EL VIRREINATO

REFORMAS POLÍTICAS DE LOS BORBONES EN EL VIRREINATO

Reformas políticas y administrativas de los Borbones — Para conseguir la centralización en América, era necesario disminuir las prerrogativas de que gozaba el Consejo de Indias, que en la práctica era el que aconsejaba al rey las medidas que se debían tomar en las colonias. Para ello se crearon dos secretarias y una Junta Suprema de Estado, que dependían directamente del monarca.

La Real Ordenanza de Intendentes fue una de las reformas mas importantes de los Borbones, quienes al implantarla en la metrópoli y en las colonias quisieren uniformar el gobierno colonial y el metropolitano. Desde 1776 funcionaban en América las Intendencias de Ejército y Real Hacienda encargadas de la economía. La Real Ordenanza de Intendentes tuvo origen francés, Felipe V la implantó en España y Carlos III dictó la Real Ordenanza de Intendentes de 1782 para el Río de la Plata.

En virtud de esta disposición el Río de la Plata quedó dividido en ocho intendencias.: Buenos Aires, que era Superintendencia General de Ejército y Provincias tenía mando militar sobre las otras, comprendía Buenos Aires, la Patagonia y el litoral; Paraguay (la parte oriental); Salta del Tucumán, que en un principio tuvo su sede en San Miguel del Tucumán (comprendía Jujuy, Salta, Santiago del Estero, Catamarca y Tucumán); Córdoba del Tucumán (abarcaba Córdoba, La Rioja, San Luis, Mendoza y San Juan). Las otras cuatro intendencias estaban en el Alto Perú y eran: La Paz, Charcas, Cochabamba y Potosí.

Las provincias subordinadas eran: Moxos y Chiquitos en Bolivia, Montevideo (Uruguay y parte del Brasil) y las Misiones Guaraníes, en las que se establecieron gobiernos militares, pues eran lugares fronterizos que necesitaban defensas.

Dependían del virrey. Los límites fueron imprecisos y se trató que coincidieran las jurisdicciones militares, eclesiásticas y civiles.

Los gobernadores intendentes: Eran nombrados por el rey, duraban cinco años en sus funciones y quedaban sujetos al juicio de residencia.

La administración de la Real Hacienda que estaba en manos del superintendente de Real Hacienda volvió al virrey cuando se suprimió ese cargo. Los intendentes ejercían el vicepatronato, menos en la Superintendencia de Buenos Aires, pues era prerrogativa del virrey.

Sus principales funciones eran: inspeccionar el territorio de su jurisdicción, hacer cumplir las leyes, recaudar y administrar las rentas, proveer de suministros al ejército.

La Ordenanza creó una Junta de Propios y Arbitrios para administrar los recursos económicos del Cabildo y el producto de los impuestos. Se creó el estanco del tabaco, de los naipes, de la pólvora, etc.

La Junta Superior de Real Hacienda secundó primero al superintendente y luego al virrey.

COMO LLEGARON LOS BORBONES AL TRONO

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Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  

REFORMAS LIBERALES DE LOS BORBONES EN EL VIRREINATO CARLOS III ESPAÑA

REFORMAS LIBERALES DE LOS BORBONES EN EL VIRREINATO:

INTRODUCCIÓN: Carlos III gobernó en España entre 1757 y 1788. Fue un hábil reformador y administrador, que tomó una serie de medidas para enfrentar la crisis, tanto en la península como en América. A través de esas medidas —conocidas como las reformas Borbónicas— reorganizó las relaciones de las colonias con la metrópoli, liberalizó el comercio y fomentó la economía, con el objetivo de aumentar los ingresos económicos de la corona y centralizar el poder.

Carlos III de España

Las principales reformas fueron económicas

Una de las primeras medidas fue la aprobación del Reglamento del Libre Comercio en 1778, para flexibilizar el comercio y evitar el contrabando. Este reglamento eliminó el puerto único, permitiendo el comercio de muchos puertos españoles con las Indias. La prohibición de comerciar con otras potencias se mantuvo, por lo que el monopolio continuó, aunque se amplió en gran medida el abastecimiento colonial.

Carlos III también promovió la agricultura y la ganadería pues era importante la producción de materia prima para favorecer la incipiente industria española.

Con el objetivo de incrementar los ingresos de la Corona, se aumentaron los impuestos. Esta medida provocó el desagrado de los criollos, que se resistieron, y originaron algunos conflictos.

Advenimiento de los Borbones: sus reformas — El cambio de dinastía en España produjo una serie de reformas de toda índole que no sólo tuvieron honda repercusión en España sino también y aun con mayor intensidad en América. Ellas derivaron de la acción conjunta de los hombres de gobierno y de la prédica de los economistas, que tendían a encontrar un alivio para la situación afligente por la que atravesaba la metrópoli.

Durante el gobierno de Carlos III, José Gálvez dió una serie de medidas liberales, que llegaron a su máxima expresión con la de 1765. Fueron realizadas las siguientes reformas:

  1. a) 1713 El Tratado del Asiento: Se firmó entre España e Inglaterra, precedido por otros dos del mismo año, por los que se inició el comercio de Inglaterra con las colonias hispano-americanas. Por él se autorizaba a la South Sea Company a introducir en las Indias Occidentales en los puertos de su elección, cuatro mil ochocientos negros por año, durante treinta años, lo que daba un total de ciento cuarenta y cuatro mil negros.

En caso de guerra, la concesión caducaba, entregando la compañía una indemnización a España. Los negros introducidos debían gozar de buena salud, en caso de enfermedad permanecerían quince días en observación.

Los ingleses no se conformaron, sin embargo, con la sola introducción de negros, obteniendo que se les permitiese enviar anualmente un barco con quinientas toneladas de productos, mientras durara e] Asiento, con la condición de que no practicaran comercio ilícito. Empero, el rey España tuvo buen cuidado de que esto no se verificara, tomando 1 medidas respectivas.

Para realizar el tráfico negrero, el Cabildo de Buenos Aires autoridades que se levantase un establecimiento en el sur de la ciudad (cerca del Parque Lezama). En cuanto al intercambio, los ingleses lo realizaban en el Plata, haciendo trueque de negros por cueros, cebo, oro y plata. A cada negro se asignaba un valor aproximado de cien cueros (cada cuero valía dos pesos); pero como los barcos negreros eran pequeños y no podían cargar con cueros el valor de los negros que transportaban, cubrían ese desnivel co plata y oro que los ingleses querían llevar en monedas, ya que las española Contenían más oro que las de otros países. Esto fue objeto de limitación por parte del rey de España, ya que temía que se llevaran todo el numerario. El tratado del Asiento sufrió interrupciones como consecuencia; de la política inamistosa que tuvieron Inglaterra y España durante períodos del  siglo XVIII

  1. b) 1740 — Supresión de las dos flotas: Se organizó para reemplazar. as el sistema de barcos de registros sueltos, que con la condición de inscríbirse en la Casa de Contratación podían dirigirse a cualquier puerto, pero debían salir por el único habilitado de la península: Cádiz, que había reemplazado a Sevilla desde 1718.
  2. c) Las Compañías de Comercio: En esta época se establecieron Compañías de Comercio.
  3. d) 1764— Reglamento de correos marítimos: El rey Carlos III dictó en 1764 el Reglamento que establecía la salida mensual de un correo marítimo, ya que hasta entonces las comunicaciones entre la metrópolis y las colonias estaban tan restringidas que las noticias llegaban por medio de los Se fijaba que la salida se verificaría una vez al mes del puerto de La Coruña hacia América septentrional; otro correo saldría cada dos meses con destino a América meridional. Este servicio recién se hizo extensivo a Buenos Aires en 1767.
  4. e) 1765 Supresión del puerto único: Carlos III abrió nueve puertos en la metrópoli (Cádiz, Sevilla, Alicante, Cartagena, Málaga, Barcelona, Santander,  La Coruña y Gijón), poniendo así fin a la política del puerto único.
  5. f) 1768 — Autorización para el comercio intercolonial: En ese año se permitió el comercio intercolonial de productos de Castilla entre Perú Nueva España, Nueva Granada y Guatemala. Más tarde se expidió una Real Cédula, que también les permitía comerciar con frutos del país a excepción de vinos, aguardiente, aceite, aceitunas, pasas y almendras para que no compitiesen con los españoles.
  6. g) 1776—Apertura del puerto de Buenos Aires: En este año Buenos Aires quedó abierto para practicar el comercio intercolonial.
  7. h) 1778—Reglamento del Comercio Libre: En 1777 el virrey Ceballos dictó el Auto Provisional del Comercio Libre, declarando ser lícita la internación de artículos a Perú y Chile, ya que recuperada la Colonia del Sacramento, había cesado la causa del cierre del puerto de Buenos Aires. El 12 de octubre de 1778 se dictó el Reglamento y Aranceles Reales para el Comercio Libre de España e Indias. Por él se habilitaban trece puertos de la península, Mallorca y Canarias y veinticuatro para América. Se concedieron franquicias comerciales a las manufacturas textiles españolas, liberándolas del pago de derechos; los navíos y embarcaciones de construcción española que se cargasen con frutos y manufacturas de España, gozarían de grandes privilegios para su transporte a América, y se liberaban de contribuciones los frutos de América que entrasen a la metrópoli.
  8. i) 1791 — Se permitió la libre introducción de negros en el Río de la Plata: El negro o “pieza de Indias”, era aquel robusto y sin taras. Los barcos que los importaban podían exportar frutos del país. Esta medida duró hasta la Asamblea de 1813, que declaró abolida la esclavitud.
  9. j) 1797— Permiso para traficar con los barcos neutrales: Como Inglaterra y España estaban en guerra, se autorizó el comercio con buques neutrales.
  10. k) 1806 — Reglamento del Comercio Libre dado por los ingleses: Durante las invasiones inglesas, Beresford dió un reglamento para la Aduana de Buenos Aires por el que declaró el comercio libre, exento de trabas y derechos, que duró hasta la reconquista de Buenos Aires.
  11. cuadro de las reformas borbonicas

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.

ORGANIZACIÓN MILITAR DE LOS BORBONES EN EL VIRREINATO CARLOS III

ORGANIZACIÓN MILITAR DE LOS BORBONES EN EL VIRREINATO

La organización militar — Los principales cargos militares eran:

a) Virrey, gobernador y capitán general que tenía el mando político y militar del virreinato.

b) Gobernador intendente: Eran delegados del virrey y mandaban las tropas que pertenecían a su jurisdicción territorial.

e) Inspector general: Estaba encargado de cuidar la organización y disciplina de las tropas. A fines del siglo XVIII comenzó a designarse a este funcionario subinspector general. Los cuerpos de artillería y de ingenieros no dependían de él sino del virrey.

d) Sargento mayor de plaza: Atendía a todas las necesidades de las tropas de guarnición dentro de una plaza.

e) Comandante de armas: Era el militar de mayor jerarquía dentro de una jurisdicción. Tenía funciones militares y de policía en su distrito; perseguía a delincuentes, contrabandistas, cuatreros, etc.

f) Comandante general de la frontera: Debía organizar los ataques ofensivos y defensivos contra los indios.
La Junta de Guerra se reunía en tiempos de guerra y actuaba como órgano consultivo del virrey.

Las tropas con que contaba el Virreinato estaban formadas por veteranos y milicianos. Los primeros eran escasos y los constituían los españoles que se enganchaban voluntariamente o porque eran castigados por vagos Y desertores.

Las milicias se crearon en 1764. Las formaban paisanos que eran adiestrados por los veteranos. Los principales cuerpos fueron: el Batallón de Españoles de Buenos Aires, el Regimiento Provincial de Caballería de Buenos Aires; con las castas se formaron el Cuerpo de Negros Libres de Buenos Aires, el de indios Guarantes de Buenos Aires, el de Pardos de Buenos Aires, etc. No tenían veteranos fijos para dirigirlos, porque a los blancos no les gustaba pertenecer a esos cuerpos, de modo que se turnaban. También se formaron milicias en la campaña.

Las fuerzas estaban integradas por: la infantería, que era poco adecuada para luchar en el Virreinato, por las grandes distancias que había que recorrer. La caballería que generalmente estaba integrada por las milicias. Los dragones que resultaban muy útiles porque constituían una especie de infantería montada. El cuerpo de ingenieros estaba formado por ingenieros que dependían de la Dirección General de Ingenieros de España.

Se ocuparon de proyectar y dirigir las fortificaciones y obras militares, del trazado dé croquis y planos. Los Blandengues fueron organizados por Vértiz para luchar contra el indio. No podían integrar ese cuerpo los españoles porque desconocían las características del terreno y del enemigo, que empleaba tácticas especiales. Estaba formado por voluntarios. El rey lo elevó a categoría de unidad veterana.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.

Primer Periodico del Virreinato El Periodismo Telegrafo Mercantil

Primer Periodico del Virreinato
El Periodismo – El Telégrafo Mercantil

EL PERIODISMO: LA CULTURA EN EL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

Periodismo — Los redactores de periódicos se vieron limitados por las restricciones que imponía la censura a las publicaciones de asuntos religiosos o políticos.

El periodismo americano nació en México. En Buenos Aires en un principio aparecieron hojas volantes.

En junio de 1764 se publicó un cuadernillo manuscrito de ocho páginas llamado “La Gaceta de Buenos Aires» que informaba sobre asuntos locales.

En noviembre de 1800 fue dada licencia para publicar un periódico al extremeño Francisco Antonio de Cabello y Mesa. El texto antes de su publicación, debía ser aprobado por la Real Audiencia.

A fines de ese es se dió a conocer el Prospecto donde se hacía referencia a los tramites seguidos para la publicación del periódico, los orígenes del periodismo en Europa y Méjico y el programa que pensaba seguir en la tarea que iba a emprender. Finalmente el 19 de abril de 1801 apareció el primer número del “Telégrafo Mercantil Rural, Político, Económico e Historiógrafo del Río  de la Plata».

Figuraban en él comentarios sobre las ciudades del Virreinato, trabajos del naturalista Tadeo Hamke, observaciones meteorológicas, noticias de comercio y los primeros ensayos de poesía argentina, como por ejemplo la “Oda al Paraná” de Manuel José Lavardén.

El virrey del Pino le retiró la licencia “por la poca pericia en la elección de materiales”. El último número fue del 17 de octubre de 1802.

El segundo periódico que se editó fue “Semanario de Agricultura, Industria y Comercio”, cuyo primer número apareció en septiembre de 1802, dirigido por Hipólito Vieytes.

Trataba sólo los asuntos que su titulo indica y los que pudiesen contribuir a la salud y bienestar del pueblo  lo introdujo otros temas con motivo de las invasiones inglesas de 1806, durante las que  se suspendió la publicación por tres meses.

En el número del 11 de febrero de 1807 se comunicó la rendición de Montevideo y se avisó a los lectores que la publica

Su primer número es del 3 de marzo de 1810 y fue precedido por un prospecto. El último número apareció el 23 de febrero de 1811. Dice Mitre que fue concebido bajo el mismo plan del “Mercurio Peruano”. Tomaba temas de economía política, que lógicamente hacían resaltar el atraso económico del país.

“La Gaceta de Buenos Aires”, era el órgano periodístico oficial de la Primera Junta; se publicó bajo la inspiración de Mariano Moreno. El primer número apareció en junio de 1810 y el último en septiembre de 1821; cambió varias veces de título: «Gaceta Ministerial del Gobierno de Buenos Aires” en 1812; «Gaceta de Buenos Aires” en 1815: “Gaceta del Gobierno” en 1820.

En Montevideo el primer periódico fue “La Estrella del Sud” o «The Southern Star”, dirigido por Mr. Bradford, que era el redactor principal; como redactor y traductor se desempeñó el cochabambino Manuel Aniceto Padilla.

Por medio de él se hacia propaganda en favor del comercio libre. Se publicó de mayo a julio de 1807.

Ver: Origen del Periodismo Argentino

LA LIBERTAD DE PRENSA SEGÚN MANUEL BELGRANO

La libertad de prensa no es otra cosa que una facultad de escribir y publicar lo que cada ciudadano piensa y puede decir con la lengua […] Es necesaria para, la instrucción pública, para el mejor gobierno de la nación y para su libertad civil, es decir, para evitar la tiranía de cualquier gobierno que se establezca; de lo cual son buenas pruebas que ningún tirano puede haber donde ella está establecida, y que ningún tirano ha dejado de quitarles con todo cuidado a sus súbditos, porque son incompatibles entre sí… «.

Con estas frases publicadas en el Correo de Comercio, el 11 de agosto de 1810, por autoría —según Félix Wein-berg— de Manuel Belgrano, queda expresada la idea elemental de libertad de prensa y la necesaria relación que existe entre ella y la democracia.

Años más tarde otros hombres talentosos como el francés Alexis de Tocqueville o el argentino Domingo E Sarmiento definirían con lógica contundencia la misma conexión entre el origen popular del poder y la libertad de la prensa, así como entre el ejercicio del despotismo y la censura.

Esta última, en su concepto constitucional, ha sido explicada por un tratadista -Segundo V. Linares Quintana— como la idea amplia y comprensiva que «designa toda acción u omisión dirigida a dificultar o imposibilitar, en forma directa o indirecta, mediata o inmediata, la publicación y circulación de la palabra impresa… «Y aunque Cervantes ya había ponderado en su Quijote el valor de la libertad, podemos decir que en lo referido a la prensa y en la dinámica del periodismo el cuadro se configuró entre los siglos XVIII y XIX y tiene hoy -en un contexto social y técnico mucho más complejo- similares fundamentos.

La censura fue y es arma del autoritarismo intelectual, desde el despotismo de la Edad Moderna al fundamentalismo de nuestros días, pasando por miles de variables intermedias (generalmente desagradables todas ellas). Libertad de prensa o censura fue un complejo debate que estuvo presente desde los comienzos de nuestra existencia como país en el contexto de la «Era de las Revoluciones», asociado con el nuevo pensamiento liberal y con el desarrollo técnico del periodismo y el social de la opinión pública.

Fuente Consultada: Grandes Debates Nacionales Pagina 12.

PARA SABER MAS…
LA PRENSA ARGENTINA ENTRE 1810 Y 1820

Los «tiempos de rara felicidad» a Los que aludía La Gazeta de Buenos Ayres de 1810 fueron años tempestuosos, a menudo trágicos, y la prensa era el único medio de comunicación «de masas» (expresión que entonces no se utilizaba), limitada por el alcance de las imprentas existentes y una población en gran medida analfabeta.

La edición de La Gazeta de Buenos Aires, inspirada inicialmente por Mariano Moreno, marca el comienzo del periodismo de la etapa emancipadora. Tuvo, para te época y el lugar, una vida relativamente larga, pues subsistió, con diversos nombres, hasta 1821 (desde 1812 se llamó Gazeta Ministerial del Gobierno de Buenos Aires). Su tendencia política varió con la orientación de los sucesivos gobiernos y los redactores: Moreno sería reemplazado por el deán Funes en la conducción del periódico, luego José Agrelo; desde 1811 se alternaron en la dirección Bernardo de Monteagudo y Vicente Pazos Silva, etc. Por recomendación del gobierno, sus artículos se leían en alta voz en las Iglesias para difundir sus artículos entre quienes no sabían leer.

La prensa de la primera década independiente fue casi exclusivamente una prensa política. El tema de declaración de la independencia, el debate entre monárquicos y republicanos y otras cuestiones similares se dieron también en la apretada tipografía de aquellos papeles de pequeño formato y de aparición semanal. Nuevas imprentas se sumaron a la existente en 1810, como se puede advertir a través de los respectivos pies de edición.

El aumento del número de periódicos es muy significativo: contra solamente cinco aparecidos en todo el Virreinato en la década final de la colonia (cuatro de Buenos Aires y uno, el editado por los británicos, en Montevideo), aparecieron treinta y ocho desde 1811 a 1820 (33 en Buenos Aires, el resto en las provincias).

Pero en 1820 solamente se imprimían dieciséis, entre ellos varios de reciente creación: es que el carácter efímero caracterizó a la mayor parte de los órganos de prensa del siglo XIX, pues estaban ligados a una situación o un interés político de corta duración. No se trataba de empresas periodísticas sólidas en el sentido en que se las conoció más adelante. Los avisos comerciales eran excepcionales, el sustento provenía de otros medios.

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.

La Cultura en el Virreinato Bibliotecas, Libros e Imprenta

LA CULTURA EN EL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

El libro — La publicación y el comercio de libros destinados a América fueron objeto de una abundante legislación, semejante a la que ya regla regía para España, país que impuso medidas destinadas a evitar la introducción en las Indias de ideas liberales, contra la autoridad de la Iglesia o de la corona.

El tribunal de la Inquisición de Sevilla era el encargado de la censura; la Casa de Contratación enviaba a este tribunal para su aprobación, la lista de las obras que los exportadores de libros deseaban enviar al Nuevo Mundo.

A pesar de las restricciones que se impusieron durante toda la época colonia y de las diferentes penas hasta la de muerte, para castigar a los que poseían obras prohibidas, fueron muchos los libros de este tipo que entraron en América, a veces disimulados entre las mercaderías que traían los barcos ingleses o franceses. Así pudieron conocerse las nuevas ideas políticas, las noticias de la Revolución Francesa, etc.

Las bibliotecas — Las bibliotecas pertenecían a los conventos y a las universidades y a veces a particulares, que mediante autorizaciones especiales pudieron introducir libros en América. En algunos casos se encontraron libros prohibidos y sus dueños fueron sometidos a proceso. A pesar de esto, circularon con bastante frecuencia en las colonias.

Los que poseían bibliotecas, solían permitir a los estudiosos que las consultasen. Después de la Revolución de Mayo se fundó la primera biblioteca en Buenos Aires.

La imprenta — Los escritores que vivían en las Indias y deseaban editar una obra, debían hacerlo en España, porque aquí carecían de los medios necesarios para ello. Cuando se instalaron imprentas en América, las dificultades continuaron por la falta de papel, las restricciones de la censura, etc.

En el territorio que perteneció después al virreinato del Río de la Plata, los jesuitas establecieron en las Misiones del Paraguay la primera imprenta; quizá imprimieron en 1703 libros de doctrina y gramática en castellano y guaraní.

Casi todo lo que se editaba en las Misiones estaba en lengua guaraní. En Córdoba la primera imprenta fue adquirida para la Universidad dirigida por los jesuitas y después pasó al Colegio de Monserrat que también pertenecía a la Compañía. Hasta entonces las obras se imprimían en Lima o en las Misiones.

En Buenos Aires las gestiones para instalar una imprenta fueron hechas durante el gobierno de Juan José de Vértiz y Salcedo, que hizo traer la que se había instalado en Córdoba, en desuso desde la expulsión de los jesuitas. Estaba en estado precario y fue necesario arreglarla, quedando como propiedad de la Casa de Niños Expósitos, cuyas reducidas entradas aumentaron en esta forma.

En 1824 Rivadavia dió un decreto creando la Imprenta del Estado con los elementos de la imprenta de Niños Expósitos. No se sabe con certeza cuál fue la primera obra editada; la primera publicación periódica regular fue “El Telégrafo Mercantil”.

DIFUSIÓN DE LA IMPRENTA EN HISPANOAMÉRICA
1535 – México 1769 – Nueva Orleáns
1584 – Lima 1776 – Santiago de Chile
1640 – Puebla de los Ángeles 1780 – Buenos Aires
1660 – Guatemala 1782 – Santo Domingo
1700 – Misiones jesuíticas 1786 – Puerto España
1707 – La Habana 1792 – Santiago de Cuba
1720 – Oaxaca 1793 – Guadalajara
1738 – Bogotá 1793 – Veracruz
1754 – Ambato 1807 – Montevideo (temporaria)
1759 – Riobamba 1808 – Caracas
1760 – Quito 1808 – Puerto Rico
1764 – Nueva Valencia 1810 – Guayaquil
1766 – Córdoba 1810 – Montevideo
1769 – Cartagena de Indias

Influencia de la Ilustración Francesa:
Como los hombres de la Ilustración pensaban que la humanidad podía mejorar y progresar si se le inculcaban las nuevas ideas, desarrollaron la educación, el periodismo, las artes y la difusión de libros. A su vez, como creían que la educación debía difundir conocimientos útiles y prácticos, estimularon los estudios científicos en colegios y universidades.

En España y sus colonias, el pensamiento de la Ilustración adoptó una forma más moderada, en parte debido a que la Corona y la Iglesia custodiaban que no penetrasen ideas capaces de alterar el orden establecido. Pero, aunque fueron raras las críticas a la Iglesia y a la monarquía, las nuevas ideas motivaron iniciativas para desarrollar la educación y revertir la decadencia económica del reino.

En la región del Río de la Plata la influencia de la Ilustración promovió el desarrollo de la educación. En la segunda mitad del siglo XVIII aumentó el número de escuelas municipales y se fundó el Real Colegio de San Carlos en Buenos Aires, donde se enseñaron ciencias experimentales. También aparecieron escuelas de enseñanza práctica como las de náutica y dibujo, impulsadas por Manuel Belgrano

En los últimos años del Virreinato se publicaron los primeros periódicos, entre ellos el Telégrafo Mercantil y el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio, que difundieron las nuevas ideas económicas.

También entraron clandestinamente libros políticos prohibidos por las autoridades, que proponían limitar el poder de los monarcas y una mayor participación del pueblo en los asuntos de gobierno. Las nuevas ideas políticas ilustradas se difundieron intensamente en la Universidad de Charcas, ubicada en el Alto Perú, donde estudiaron varios de los principales protagonistas de la Revolución de Mayo, como Mariano Moreno. Pero todavía los criollos no pensaban en la independencia. Recién cuando España fue invadida por los franceses los americanos considerarían seriamente esa posibilidad.

TESTIMONIOS DE LA ÉPOCA:

DOCUMENTOS ATINENTES AL ORIGEN DE LA IMPRENTA DE LOS NIÑOS EXPÓSITOS

OFICIO DEL VIRREY VÉRTIZ AL RECTOR DEL COLEGIO CONVICTORIO DE CÓRDOBA, FRAY PEDRO JOSÉ DE PARRAS, en e! cual le pide informes sobre cierta imprenta que se encuentra en desuso desde la expulsión de los jesuitas, y en cuánto estima su precio.

«Estoy informado, [de] que en ese Colegio Convictorio se halla una imprenta de [la] que no se hace uso alguno desde la expulsión de los exjesuitas; que este mismo abandono por Tanto tiempo la ha deteriorado sobremanera; y consiguientemente que le es ya inútil; y por que puede aplicarse aquí a cierto objeto, que cede en beneficio público, medirá V. P. su actual estado; si mediante alguna prolija recomposición podrá ponerse corriente, y en qué precio la estima ese Colegio, con concepto a que no se sirve de ella, y al bien y causa común para que se solicita.

Dios Guarde a V. P. muchos años. Buenos Aires, 16 de septiembre de 1779.
(Fdo.) Juan Jph de Vértiz. Al Rector del Colegio de Córdoba».

OFICIO DE FRAY PEDRO JOSÉ DE PARRAS AL VIRREY VÉRTIZ, en el que le comunica que tiene preparada la imprenta para su remisión a Buenos Aires.

«Señor:
En carta del 16 del pasado me encarga V.E. que proporcione la conducción de la imprenta a esa capital, donde V.E. dará orden para que se satisfaga el fletamiento en que se ajuste aquí.

Está muy bien, Señor Exmo.; y en la primera tropa de carretas la haré conducir sin pérdida de tiempo, para que el Público goce cuanto antes del beneficio que el desvelo de V.E. le quiere proporcionar.

Para este efecto queda ya la letra encajonada, y todas las demás piezas y utensilios prontos a la carga; y con el recibo que yo extenderé con individualidad, y firmará el conductor, anticiparé a V.E. el correspondiente aviso, para su gobierno.

Nuestro Señor guarde a V.E. como conviene al servicio del Rey y a la felicidad de sus vasallos en este Virreinato.
Córdoba, 6 de noviembre de 1779.

(Fdo.) Fr. Pedro Jph de Parras. Exmo. Sor. Dn. Juan Jph de Vértiz y Salcedo».

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –

La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.
Sociedad, Espacio y Cultura América y la Argentina de Prislei-Tobio-Geli Kapelusz

La Universidad en el Virreinato del Rio de la Plata La Cultura Libros

La Universidad en el Virreinato del Río de la Plata

LA CULTURA EN EL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

En el Río de la Plata los que impartieron enseñanza primeramente fueron los franciscanos y jesuitas.

En un principio, las escuelas funcionaban anexas a los conventos, luego el Cabildo otorgó permiso a particulares para que abriesen establecimientos y por último, en época de los Borbones, funcionaron otras dependientes de los Cabildos.

Se enseñaba en ellas lectura, escritura, las cuatro operaciones fundamentales y doctrina. También en los hogares se impartía instrucción por medio de maestros particulares o de la misma familia.

Los negros no podían concurrir a establecimientos de enseñanza y se les prohibía aprender a leer y a escribir.

Cuando las escuelas fueron dependientes de los Cabildos, éstos entregaban gratuitamente locales adecuados; en compensación los maestros debían admitir a cierto número de niños pobres sin cobrarles y el resto pagaba un peso por mes para aprender a leer y dos para aprender a escribir y contar.

A veces se pagaba con harina, ganado, trigo, etc.

Los Cabildos dictaban los reglamentos. Cuando se crearon las Intendencias, la facultad de otorgar permisos para instalar nuevas escuelas pasó a los intendentes.

El primer maestro que solicitó permiso al Cabildo para abrir una escuela fue Francisco Vitoria, en agosto de 1605.

Los jesuitas fundaron un colegio que se convirtió en el Colegio de San Carlos y actualmente es el Colegio Nacional de Buenos Aires.

Tenían establecimientos en otras zonas de la ciudad y cuando fueron expulsados (1767), el gobierno creó institutos de enseñanza.

A mediados del siglo XVIII no existían en Buenos Aires establecimientos de enseñanza media o superior con facultad para otorgar un título. Por otra parte después de la expulsión de los jesuitas la enseñanza se había resentido un tanto.

Colegio de San Carlos: Juan José de Vértiz decidió utilizar los fondos de la Junta de Temporalidades para crear un Colegio Convictorio y una Universidad, que no se instaló.

Estos proyectos no prosperaron, pero la Junta de Temporalidades aprobó la creación de una cátedra de gramática y de una escuela de primeras letras, gratuitas; Vértiz nombró cancelario al doctor Juan Baltasar Maciel, que redactó el Reglamento.

El curso se inició en 1773 y más tarde estos Reales Estudios fueron completados con cátedras de teología y moral.

Sobre esta base, y siempre en el edificio del colegio de los jesuitas, en 1783 se creó el Real Colegio Convictorio Carolino, cuyo primer rector fue el doctor Vicente Anastasio Juanzarás y Escobar.

Los alumnos que deseaban ingresar debían tener diez años, saber leer y escribir, no tener mezcla de sangre y ser cristianos. Se dictaron cursos de Teología, Filosofía, Gramática y Literatura.

Se excluían de la enseñanza los estudios de derecho y economía. Dentro del colegio la disciplina era muy estricta. Los alumnos salían en raras ocasiones: a veces acompañaban al rector a hacer visitas, para acostumbrarse a la vida social. Había alumnos internos y externos. Concurrieron a este establecimiento, Belgrano, Saavedra, Moreno, Rivadavia, etc.

Los alumnos que habían estudiado en este colegio, podían ingresar luego a las Universidades de Charcas o de Córdoba.

En Córdoba, los jesuitas fundaron un noviciado, que llamaron Colegio Máximo, pero la mala situación económica los obligó a trasladarse a Chile. En 1614 fue reinstalado en Córdoba. Los estudios que entonces se iniciaron dieron origen a la Universidad.

El obispo fray Femando de Trejo y Sanabria dejó sus bienes para que sostuviesen cátedras de Artes y Teología, pero los jesuitas tuvieron que correr con los gastos porque la herencia se gasté en pagar deudas.

En el siglo XVII se organizaron las facultades de Artes o Filosofía (se otorgaban grados de bachiller, licenciado y maestro con tres años de estudio) y la de Teología, en la que se obtenían títulos de bachiller, licenciado y ductor; los estudios duraban cinco años.

Para ingresar en cualquiera de las dos, los jóvenes debían saber latín. En 1791 se inauguró una cátedra de Jurisprudencia.

Dirigía la Universidad un rector, que pertenecía a la Compañía de Jesús, a quien aconsejaban los maestros y doctores que vivían en la ciudad, que formaban el claustro.

Para impedir que llegasen a los alumnos las nuevas ideas, se les prohibió estudiar en textos que no fueran los oficiales, solameiite podían hacerlo con permiso especial del rector. La enseñanza tenía un marcado carácter teológico.

Cuando fueron expulsados los jesuitas, se hicieron cargo de la enseñanza los franciscanos. Estos fueron expulsados en 1800, pero la orden no se cumplió hasta 1808 porque el virrey Sobremonte era muy partidario de ellos.

La Universidad, después de esta resolución real, tomó el nombre de Universidad de San Carlos y Nuestra Señora de Monserrat.

En el Alto Perú los jesuitas establecieron en 1624 la Universidad de San Francisco Javier en Charcas. Se destacó por su Facultad de Derecho; además se seguían en ella estudios teológicos y literarios.

La enseñanza era de tendencia liberal y los alumnos estaban al corriente de las doctrinas de los filósofos y economistas, de la marcha de la Revolución Francesa y de las nuevas orientaciones políticas y sociales.

Concurrieron a ella Mariano Moreno, Vicente López y Planes, Bernardo de Monteagudo, Juan José Castelli y otros patriotas. Anexa a la Universidad funcionaba la Academia Carolina, donde practicaban los egresados.

Ampliar: Universidades de Córdoba y de Chuquisaca

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.

Importancia de la Imprenta en América Colonial

Importancia de la Imprenta en América Colonial

«Sería cosa muy útil y conveniente haber allá (en México), imprenta y molino de papel», decía a Carlos V fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México, en 1533, emprendiendo una saludable gestión que honraría a su memoria y que América no ha olvidado.

Dos años después, Esteban Martín, el primer impresor que trabajó en América, dio a la estampa la «Scala Paradisi» de San Juan Clímaco, en versión castellana de fray Juan de la Magdalena, con el título de «Escala Espiritual».

Aquellos comienzos fueron difíciles para la primera imprenta de América. Pero monseñor Zumárraga, que veía en ella un eficaz medio de difusión evangélica, no se dejó estar y reanudó sus tenaces diligencias ante el monarca: «Poco, se puede adelantar en lo de la imprenta, por la carestía del papel, que esto dificulta las muchas obras que de acá están aparejadas y otras que habrán de nuevo (de) darse a la estampa; pues se carece de las más necesarias y de allá (España) son pocas las que vienen».

El trámite dio su fruto, y la imprenta pudo imprimir libros con títulos como éste: «Breve y más compendiosa Doctrina Christiana en lengua Mexicana y Castellana, que contiene las cosas más necesarias de nuestra santa fe catholica, para aprovechamiento destos indios naturales y salvación de sus ánimas. Con licencia y privilegio».

El colofón de rúbrica decía: «A honra y gloria de Nuestro Señor Jesucristo y de la Virgen Santísima su Madre, fue impresa esta Doctrina Christiana por mandato del señor Don Juan de Zumárraga, primer obispo desta gran ciudad de Tenuchtitlan, México de esta Nueva España, y a su costa, en casa de Juan Cromberger, año de mil y quinientos y treinta y nueve».

Así como en ese entonces fuera eficaz vehículo del precepto evangélico, la imprenta en. América abriría insondables horizontes al pensamiento humano. De ahí su importancia en la historia de la cultura.

OBISPO ZUMARRAGAMedio siglo después de establecer el obispo Zumárraga la primera imprenta de América en México, Lima tuvo el honor de seguir aquel ejemplo, gracias a las gestiones de la Compañía de Jesús.

Dirigió la imprenta de Lima el tipógrafo italiano Antonio Ricardo, y dio a la estampa su primer trabajo impreso en 1584. Se trataba de una «Doctrina Cristiana» en castellano’, quechua y aunará. En el siglo XVII también tuvieron sus respectivas imprentas las ciudades de Puebla de los Ángeles y de Guatemala.

LA PRIMERA IMPRENTA DE LOS ESTADOS UNIDOS
En 1639 se embarcó en Inglaterra, con rumbo a la colonia de Massachusetts, el pastor protestante y tipógrafo José Glover, llevando con él a su mujer y a su imprenta; pero murió en el trayecto. Su viuda, con aquel singular legado, se estableció en Cambridge, cerca de Boston, y allí conoció a Enrique Dunster, rector del Colegio de Harvard, fundado poco antes, con quien se casó al poco tiempo. De este modo, por la providencial circunstancia de un idilio, la imprenta fue a parar a la Universidad de Harvard y fue la primera que funcionó en los Estados Unidos.

LA IMPRENTA MISIONERA
La primera imprenta argentina fue instalada en las misiones guaraníticas por la Compañía de Jesús, El R. P. Furlong, que ha investigado documentadamente el tema, dice que las gestiones de los misioneros para su consecución ya habían comenzado en 1630. «A fines de ese siglo —agrega— y valiéndose de maderas de la selva americana, y fundiendo tipos de estaño que pudieron haber a las manos, y abriendo láminas que grabaron con singular acierto y maestría, fundaron la primera imprenta rioplatense». Pero sólo en 1703 le concedió licencia el Virrey del Perú.

El primer libro misionero parece haber sido «Martirologio Romano», escrito por el P. Juan Bautista Neumann (austríaco), y traducido al guaraní por el P. José Serrano (español). Se imprimió en el 1700, con la intervención técnica del P. Segismundo Asperger; pero no se conservan ejemplares. En cambio se conoce una magnífica obra que, como dice el investigador Torre Revello, «enorgullecería a cualquier taller de imprimir». Se trata de «De la diferencia entre lo temporal y lo eterno», traducida al guaraní por el citado P. José Serrano. Tiene 43 grabados, efectuados a buril con extraordinaria maestría. Es notable el retrato del P. Tirso González, General de la Compañía de Jesús, del que fue autor el indio Juan Yaparí. A partir de la expulsión de los jesuitas, la imprenta quedó abandonada en Santa María la Mayor; y en 1784 encontró sus restos el teniente gobernador Gonzalo Doblas.

LA IMPRENTA DE NIÑOS EXPÓSITOS
En 1758, por especial encargo del R. P. Ignacio Visconti, de la Compañía de Jesús, el R. P. Pedro de Arroyo, a la sazón en Italia, adquirió, por 2.903 pesos y 3 reales, una imprenta, la embaló en 17 cajones y la despachó desde Genova, con destino al Colegio de Monserrat (Córdoba), donde estaría a cargo del Hno. Pablo Karer, alemán.

primera imprenta

Prensa de la primera imprenta de Buenos Aires.
La imprenta se instaló en 1780 en la Casa de Niños Expósitos.

En 1765, el Virrey del Perú le concedió la necesaria licencia; y al siguiente año la imprenta pudo imprimir unas Laudatorias en latín, escritas por el P. José M. Peramás, en las que se elogiaba al fundador del Colegio de Monserrat, Dr. Ignacio Duarte y Quirós. Un año después, los jesuitas fueron desterrados.Desde entonces la imprenta jesuítica de Córdoba quedó arrumbada en el sótano del Colegio, hasta que, en octubre de 1779, el célebre virrey Juan José de Vértiz logró que dicha imprenta en desuso fuera remitida; a Buenos Aires, con la conformidad de fray Pedro José de Parras; rector del Colegio Convictorio, quien así lo hizo, en viéndola en ocho cajones, cinco líos y una petaca, con la tropa de carretas de Félix Juárez. La Casa de Niños Expósitos, a cuyo beneficio funcionaría la imprenta, pagó por ella al Colegio la suma de mil pesos.

Sobre las actuales calles Perú y Moreno se construyó, en 1780, un local adecuado, y el Virrey nombró impresor y administrador de la Real Imprenta de Niños Expósitos al librero portugués José da Silva y Aguiar, por diez años, con un beneficio de la cuarta parte de los ingresos, siempre que no fuera menor a 400 pesos anuales.

Probablemente en el mismo año 1780, ya aquel taller imprimió algunos trabajos, a los que le sucedieron las tablas de contar, almanaques y guías de 1781, esquelas de convite, etc.

A raíz de ciertos «Autos obrados sobre las cuentas de la administración de la Imprenta», Silva y Aguiar fue destituido por el Virrey en marzo de 1783. Trabajaban con él, el impresor Agustín Garrigós, quien en 1799 llegó a ser administrador de la imprenta; el prensista José Fernández, y el compositor Antonio Ortiz.

Según las investigaciones del señor Torre Revello, la Imprenta de Niños Expósitos no fue la primera de Buenos Aires, como se ha repetido más de una vez. Desde mediados del siglo XVIII , «en nuestra ciudad debió funcionar un pequeño taller destinado a la estampación de muestras reducidas de carácter comercial o de otra índole», impresos de los cuales se conocen algunos ejemplares.

La Imprenta de Niños Expósitos tuvo a su cargo cuanto papel impreso se necesitó en el Virreinato y también trabajos para Chile. Según las cuentas de Silva y Aguiar (que señalan cantidades inferiores a las reales), se imprimieron 2.280 almanaques y guías para 1781, cuyo precio sería de 3 pesos la docena; 13.500 catecismos, a 2 pesos la docena; 1.458 gacetas, en una de las dos ediciones aparecidos en 1781, a 12 reales la docena; 2.676 tablas de contar, a 5 reales la docena; 6.000 catones, a 3 pesos la docena; 65.354 cartillas en cuatro ediciones, a 6 reales; encuadernadas y al menudeo, al doble. Téngase en cuenta que la imprenta tenía el privilegio exclusivo en todo el Virreinato para la venta de cartillas, catones y catecismos.

No se sabe con certeza cuál fue la primera obra editada. El primer periódico regular salido de sus tórculos fue el «Telégrafo Mercantil», el 1» de abril de 1801.

El primer libro didáctico, fuera de las cartillas, fue el «Cuadernillo de Géneros y Pretéritos», de Lara, que utilizaron los estudiantes del Colegio de San Carlos. En 1783 se imprimió la «Construcción de las Reglas y Pretéritos», de Marcos Márquez de Medina.

DIFUSIÓN DE LA IMPRENTA EN HISPANOAMÉRICA
1535– México1769– Nueva Orleáns
1584– Lima1776– Santiago de Chile
1640– Puebla de los Ángeles1780– Buenos Aires
1660– Guatemala1782– Santo Domingo
1700– Misiones jesuíticas1786– Puerto España
1707– La Habana1792– Santiago de Cuba
1720– Oaxaca1793– Guadalajara
1738– Bogotá1793– Veracruz
1754– Ambato1807– Montevideo (temporaria)
1759– Riobamba1808– Caracas
1760– Quito1808– Puerto Rico
1764– Nueva Valencia1810– Guayaquil
1766– Córdoba1810– Montevideo
1769– Cartagena de Indias

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Tomo VI Editorial CODEX
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada