La Universidad en el Virreinato del Rio de la Plata La Cultura Libros



La Universidad en el Virreinato del Río de la Plata

LA CULTURA EN EL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

En el Río de la Plata los que impartieron enseñanza primeramente fueron los franciscanos y jesuitas.

En un principio, las escuelas funcionaban anexas a los conventos, luego el Cabildo otorgó permiso a particulares para que abriesen establecimientos y por último, en época de los Borbones, funcionaron otras dependientes de los Cabildos.

Se enseñaba en ellas lectura, escritura, las cuatro operaciones fundamentales y doctrina. También en los hogares se impartía instrucción por medio de maestros particulares o de la misma familia.

Los negros no podían concurrir a establecimientos de enseñanza y se les prohibía aprender a leer y a escribir.

Cuando las escuelas fueron dependientes de los Cabildos, éstos entregaban gratuitamente locales adecuados; en compensación los maestros debían admitir a cierto número de niños pobres sin cobrarles y el resto pagaba un peso por mes para aprender a leer y dos para aprender a escribir y contar.

A veces se pagaba con harina, ganado, trigo, etc.

Los Cabildos dictaban los reglamentos. Cuando se crearon las Intendencias, la facultad de otorgar permisos para instalar nuevas escuelas pasó a los intendentes.

El primer maestro que solicitó permiso al Cabildo para abrir una escuela fue Francisco Vitoria, en agosto de 1605.



Los jesuitas fundaron un colegio que se convirtió en el Colegio de San Carlos y actualmente es el Colegio Nacional de Buenos Aires.

Tenían establecimientos en otras zonas de la ciudad y cuando fueron expulsados (1767), el gobierno creó institutos de enseñanza.

A mediados del siglo XVIII no existían en Buenos Aires establecimientos de enseñanza media o superior con facultad para otorgar un título. Por otra parte después de la expulsión de los jesuitas la enseñanza se había resentido un tanto.

Colegio de San Carlos: Juan José de Vértiz decidió utilizar los fondos de la Junta de Temporalidades para crear un Colegio Convictorio y una Universidad, que no se instaló.

Estos proyectos no prosperaron, pero la Junta de Temporalidades aprobó la creación de una cátedra de gramática y de una escuela de primeras letras, gratuitas; Vértiz nombró cancelario al doctor Juan Baltasar Maciel, que redactó el Reglamento.

El curso se inició en 1773 y más tarde estos Reales Estudios fueron completados con cátedras de teología y moral.

Sobre esta base, y siempre en el edificio del colegio de los jesuitas, en 1783 se creó el Real Colegio Convictorio Carolino, cuyo primer rector fue el doctor Vicente Anastasio Juanzarás y Escobar.

Los alumnos que deseaban ingresar debían tener diez años, saber leer y escribir, no tener mezcla de sangre y ser cristianos. Se dictaron cursos de Teología, Filosofía, Gramática y Literatura.

Se excluían de la enseñanza los estudios de derecho y economía. Dentro del colegio la disciplina era muy estricta. Los alumnos salían en raras ocasiones: a veces acompañaban al rector a hacer visitas, para acostumbrarse a la vida social. Había alumnos internos y externos. Concurrieron a este establecimiento, Belgrano, Saavedra, Moreno, Rivadavia, etc.

Los alumnos que habían estudiado en este colegio, podían ingresar luego a las Universidades de Charcas o de Córdoba.



En Córdoba, los jesuitas fundaron un noviciado, que llamaron Colegio Máximo, pero la mala situación económica los obligó a trasladarse a Chile. En 1614 fue reinstalado en Córdoba. Los estudios que entonces se iniciaron dieron origen a la Universidad.

El obispo fray Femando de Trejo y Sanabria dejó sus bienes para que sostuviesen cátedras de Artes y Teología, pero los jesuitas tuvieron que correr con los gastos porque la herencia se gasté en pagar deudas.

En el siglo XVII se organizaron las facultades de Artes o Filosofía (se otorgaban grados de bachiller, licenciado y maestro con tres años de estudio) y la de Teología, en la que se obtenían títulos de bachiller, licenciado y ductor; los estudios duraban cinco años.

Para ingresar en cualquiera de las dos, los jóvenes debían saber latín. En 1791 se inauguró una cátedra de Jurisprudencia.

Dirigía la Universidad un rector, que pertenecía a la Compañía de Jesús, a quien aconsejaban los maestros y doctores que vivían en la ciudad, que formaban el claustro.

Para impedir que llegasen a los alumnos las nuevas ideas, se les prohibió estudiar en textos que no fueran los oficiales, solameiite podían hacerlo con permiso especial del rector. La enseñanza tenía un marcado carácter teológico.

Cuando fueron expulsados los jesuitas, se hicieron cargo de la enseñanza los franciscanos. Estos fueron expulsados en 1800, pero la orden no se cumplió hasta 1808 porque el virrey Sobremonte era muy partidario de ellos.

La Universidad, después de esta resolución real, tomó el nombre de Universidad de San Carlos y Nuestra Señora de Monserrat.

En el Alto Perú los jesuitas establecieron en 1624 la Universidad de San Francisco Javier en Charcas. Se destacó por su Facultad de Derecho; además se seguían en ella estudios teológicos y literarios.

La enseñanza era de tendencia liberal y los alumnos estaban al corriente de las doctrinas de los filósofos y economistas, de la marcha de la Revolución Francesa y de las nuevas orientaciones políticas y sociales.



Concurrieron a ella Mariano Moreno, Vicente López y Planes, Bernardo de Monteagudo, Juan José Castelli y otros patriotas. Anexa a la Universidad funcionaba la Academia Carolina, donde practicaban los egresados.

Ampliar: Universidades de Córdoba y de Chuquisaca

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.

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