Importancia de la Imprenta en América Colonial



Importancia de la Imprenta en América Colonial

«Sería cosa muy útil y conveniente haber allá (en México), imprenta y molino de papel», decía a Carlos V fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México, en 1533, emprendiendo una saludable gestión que honraría a su memoria y que América no ha olvidado.

Dos años después, Esteban Martín, el primer impresor que trabajó en América, dio a la estampa la «Scala Paradisi» de San Juan Clímaco, en versión castellana de fray Juan de la Magdalena, con el título de «Escala Espiritual».

Aquellos comienzos fueron difíciles para la primera imprenta de América. Pero monseñor Zumárraga, que veía en ella un eficaz medio de difusión evangélica, no se dejó estar y reanudó sus tenaces diligencias ante el monarca: «Poco, se puede adelantar en lo de la imprenta, por la carestía del papel, que esto dificulta las muchas obras que de acá están aparejadas y otras que habrán de nuevo (de) darse a la estampa; pues se carece de las más necesarias y de allá (España) son pocas las que vienen».

El trámite dio su fruto, y la imprenta pudo imprimir libros con títulos como éste: «Breve y más compendiosa Doctrina Christiana en lengua Mexicana y Castellana, que contiene las cosas más necesarias de nuestra santa fe catholica, para aprovechamiento destos indios naturales y salvación de sus ánimas. Con licencia y privilegio».

El colofón de rúbrica decía: «A honra y gloria de Nuestro Señor Jesucristo y de la Virgen Santísima su Madre, fue impresa esta Doctrina Christiana por mandato del señor Don Juan de Zumárraga, primer obispo desta gran ciudad de Tenuchtitlan, México de esta Nueva España, y a su costa, en casa de Juan Cromberger, año de mil y quinientos y treinta y nueve».

Así como en ese entonces fuera eficaz vehículo del precepto evangélico, la imprenta en. América abriría insondables horizontes al pensamiento humano. De ahí su importancia en la historia de la cultura.

OBISPO ZUMARRAGAMedio siglo después de establecer el obispo Zumárraga la primera imprenta de América en México, Lima tuvo el honor de seguir aquel ejemplo, gracias a las gestiones de la Compañía de Jesús.

Dirigió la imprenta de Lima el tipógrafo italiano Antonio Ricardo, y dio a la estampa su primer trabajo impreso en 1584. Se trataba de una «Doctrina Cristiana» en castellano’, quechua y aunará. En el siglo XVII también tuvieron sus respectivas imprentas las ciudades de Puebla de los Ángeles y de Guatemala.

LA PRIMERA IMPRENTA DE LOS ESTADOS UNIDOS
En 1639 se embarcó en Inglaterra, con rumbo a la colonia de Massachusetts, el pastor protestante y tipógrafo José Glover, llevando con él a su mujer y a su imprenta; pero murió en el trayecto. Su viuda, con aquel singular legado, se estableció en Cambridge, cerca de Boston, y allí conoció a Enrique Dunster, rector del Colegio de Harvard, fundado poco antes, con quien se casó al poco tiempo. De este modo, por la providencial circunstancia de un idilio, la imprenta fue a parar a la Universidad de Harvard y fue la primera que funcionó en los Estados Unidos.

LA IMPRENTA MISIONERA
La primera imprenta argentina fue instalada en las misiones guaraníticas por la Compañía de Jesús, El R. P. Furlong, que ha investigado documentadamente el tema, dice que las gestiones de los misioneros para su consecución ya habían comenzado en 1630. «A fines de ese siglo —agrega— y valiéndose de maderas de la selva americana, y fundiendo tipos de estaño que pudieron haber a las manos, y abriendo láminas que grabaron con singular acierto y maestría, fundaron la primera imprenta rioplatense». Pero sólo en 1703 le concedió licencia el Virrey del Perú.



El primer libro misionero parece haber sido «Martirologio Romano», escrito por el P. Juan Bautista Neumann (austríaco), y traducido al guaraní por el P. José Serrano (español). Se imprimió en el 1700, con la intervención técnica del P. Segismundo Asperger; pero no se conservan ejemplares. En cambio se conoce una magnífica obra que, como dice el investigador Torre Revello, «enorgullecería a cualquier taller de imprimir». Se trata de «De la diferencia entre lo temporal y lo eterno», traducida al guaraní por el citado P. José Serrano. Tiene 43 grabados, efectuados a buril con extraordinaria maestría. Es notable el retrato del P. Tirso González, General de la Compañía de Jesús, del que fue autor el indio Juan Yaparí. A partir de la expulsión de los jesuitas, la imprenta quedó abandonada en Santa María la Mayor; y en 1784 encontró sus restos el teniente gobernador Gonzalo Doblas.

LA IMPRENTA DE NIÑOS EXPÓSITOS
En 1758, por especial encargo del R. P. Ignacio Visconti, de la Compañía de Jesús, el R. P. Pedro de Arroyo, a la sazón en Italia, adquirió, por 2.903 pesos y 3 reales, una imprenta, la embaló en 17 cajones y la despachó desde Genova, con destino al Colegio de Monserrat (Córdoba), donde estaría a cargo del Hno. Pablo Karer, alemán.

primera imprenta

Prensa de la primera imprenta de Buenos Aires.
La imprenta se instaló en 1780 en la Casa de Niños Expósitos.

En 1765, el Virrey del Perú le concedió la necesaria licencia; y al siguiente año la imprenta pudo imprimir unas Laudatorias en latín, escritas por el P. José M. Peramás, en las que se elogiaba al fundador del Colegio de Monserrat, Dr. Ignacio Duarte y Quirós. Un año después, los jesuitas fueron desterrados.Desde entonces la imprenta jesuítica de Córdoba quedó arrumbada en el sótano del Colegio, hasta que, en octubre de 1779, el célebre virrey Juan José de Vértiz logró que dicha imprenta en desuso fuera remitida; a Buenos Aires, con la conformidad de fray Pedro José de Parras; rector del Colegio Convictorio, quien así lo hizo, en viéndola en ocho cajones, cinco líos y una petaca, con la tropa de carretas de Félix Juárez. La Casa de Niños Expósitos, a cuyo beneficio funcionaría la imprenta, pagó por ella al Colegio la suma de mil pesos.

Sobre las actuales calles Perú y Moreno se construyó, en 1780, un local adecuado, y el Virrey nombró impresor y administrador de la Real Imprenta de Niños Expósitos al librero portugués José da Silva y Aguiar, por diez años, con un beneficio de la cuarta parte de los ingresos, siempre que no fuera menor a 400 pesos anuales.

Probablemente en el mismo año 1780, ya aquel taller imprimió algunos trabajos, a los que le sucedieron las tablas de contar, almanaques y guías de 1781, esquelas de convite, etc.

A raíz de ciertos «Autos obrados sobre las cuentas de la administración de la Imprenta», Silva y Aguiar fue destituido por el Virrey en marzo de 1783. Trabajaban con él, el impresor Agustín Garrigós, quien en 1799 llegó a ser administrador de la imprenta; el prensista José Fernández, y el compositor Antonio Ortiz.

Según las investigaciones del señor Torre Revello, la Imprenta de Niños Expósitos no fue la primera de Buenos Aires, como se ha repetido más de una vez. Desde mediados del siglo XVIII , «en nuestra ciudad debió funcionar un pequeño taller destinado a la estampación de muestras reducidas de carácter comercial o de otra índole», impresos de los cuales se conocen algunos ejemplares.

La Imprenta de Niños Expósitos tuvo a su cargo cuanto papel impreso se necesitó en el Virreinato y también trabajos para Chile. Según las cuentas de Silva y Aguiar (que señalan cantidades inferiores a las reales), se imprimieron 2.280 almanaques y guías para 1781, cuyo precio sería de 3 pesos la docena; 13.500 catecismos, a 2 pesos la docena; 1.458 gacetas, en una de las dos ediciones aparecidos en 1781, a 12 reales la docena; 2.676 tablas de contar, a 5 reales la docena; 6.000 catones, a 3 pesos la docena; 65.354 cartillas en cuatro ediciones, a 6 reales; encuadernadas y al menudeo, al doble. Téngase en cuenta que la imprenta tenía el privilegio exclusivo en todo el Virreinato para la venta de cartillas, catones y catecismos.



No se sabe con certeza cuál fue la primera obra editada. El primer periódico regular salido de sus tórculos fue el «Telégrafo Mercantil», el 1» de abril de 1801.

El primer libro didáctico, fuera de las cartillas, fue el «Cuadernillo de Géneros y Pretéritos», de Lara, que utilizaron los estudiantes del Colegio de San Carlos. En 1783 se imprimió la «Construcción de las Reglas y Pretéritos», de Marcos Márquez de Medina.

DIFUSIÓN DE LA IMPRENTA EN HISPANOAMÉRICA
1535– México1769– Nueva Orleáns
1584– Lima1776– Santiago de Chile
1640– Puebla de los Ángeles1780– Buenos Aires
1660– Guatemala1782– Santo Domingo
1700– Misiones jesuíticas1786– Puerto España
1707– La Habana1792– Santiago de Cuba
1720– Oaxaca1793– Guadalajara
1738– Bogotá1793– Veracruz
1754– Ambato1807– Montevideo (temporaria)
1759– Riobamba1808– Caracas
1760– Quito1808– Puerto Rico
1764– Nueva Valencia1810– Guayaquil
1766– Córdoba1810– Montevideo
1769– Cartagena de Indias

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Tomo VI Editorial CODEX
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

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