San Patricio en Irlanda

Biografia de San Ildefonso

Biografia del San Ildelfonso

En la plenitud del siglo VII, ya resuelto el problema religioso de los visigodos en España y lograda la unidad de credo, floreció en Toledo un varón ilustre por sü santidad y su saber: su arzobispo Ildefonso.

Uno de sus discípulos nos ha dicho de él que era temeroso de Dios y lleno de piedad; en la sabiduría — añade — era insuperable; en el razonamiento, agudo; en la elocuencia, tan favorecido, que solía afirmarse que Dios hablaba por su boca.

San Ildefonso
San Ildefonso: Este santo ha sido considerado como una de las mayores glorias de la Iglesia de España, la cual le honra como Doctor de la Iglesia. Fue ordenado diácono en el año 630, y posteriormente, siendo todavía un monje, fundó un convento de religiosas en los alrededores.

Atraído Ildefonso por la gracia divina, abandonó su noble hogar para entrar por los senderos del Señor. Estudió en Toledo con San Eladio y en Sevilla con San Isidoro.

De estas grandes figuras de la época aprendió el saber y la virtud. En fecha no precisa se retiró al monasterio de Agali, en las alamedas del Tajo, centro de mucha tradición cultural. Allí residió algunos años, hasta que fué sacado del monasterio para ocupar el obispado de la capital del reino visigodo.

Ildefonso fué un magnífico prelado, no sólo para sus diocesanos, sino para todos los españoles. Defensor acérrimo de la oración, escribió bellas canciones para la liturgia mozárabe.

Ilustróse en los comentarios a las Sagradas Escrituras, inició en España la tradición maria-na y se elevó a grandes alturas en verdaderos arrebatos místicos. Murió en fama de santidad en 669.

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El Shah Abbas de Persia El Grande Historia de su Reinado

El Shah Abbas de Persia «El Grande»
Historia de su Reinado y Sus Conquistas

La fama del shah Abbas no se debe sólo a su capacidad militar. Fue también un protector de las artes y del comercio, un inteligente administrador, y en el terreno religioso se mostró tolerante

Con Abbas I el Grande, cuarto shah de la dinastía de los safávidas, se sentaron las bases territoriales del actual estado de Irán (Persia). Accedió al trono en 1587, cuando empezaba a declinar el imperio español: reinaba entonces en España Felipe II, que reunía bajo su corona la península Ibérica, los Paises Bajos y el reino de Napóles, mientras en el Nuevo Mundo se había completado prácticamente la conquista y estaban ya fundadas las ciudades más importantes. En Europa, aparte de España, la hegemonía política alternaba entre Gran Bretaña, Francia y el Sacro imperio alemán, mientras por el este amenazaba el Gran Turco.

sha de persia

El shah Abbas el Grande. Convirtió a su país en una potencia, y durante casi cien años protegió indirectamente a sus incompetentes sucesores. Supo crear un poderoso ejército al que dotó de artillería.

 

Entre los turcos y los mongoles

Por aquel entonces se hallaba asentada en el actual Irán la dinastía de los safávidas. Su territorio, que cambió repetidas veces de fronteras como consecuencia de las constantes disputas con sus vecinos, comprendía la franja de terreno limitada por los mares Caspio y Aral, al norte, y el golfo Pérsico al sur. Quedaba, pues, situado entre dos legendarios imperios: el turco otomano, al oeste, y el mongol al este, siendo particularmente duras las luchas que los shahs sostuvieron contra los uzbekos (mongoles).

El estado safávida surgió de una orden de derviches del siglo XIV, originariamente sometida a la ortodoxia sunnita. Los sunnitas son una de las dos grandes denominaciones islámicas: sostienen que los tres primeros califas fueron elegidos legítimamente; a ellos se oponen los chutas, para quienes el nombramiento de dichos califas (que reinaron entre la muerte de Mahoma y la elección de su yerno Alí) fue ilegítimo, debiendo haberse reconocido desde el primer momento al ciado Alí. La cuestión no era bizantina, pues bs chutas apoyaban el derecho de los sucesores de Alí, como profetas, al ¡manato, y tilo implicaba consecuencias políticas importantes.

Los safávidas, fieles en un principio al grupo sunnita, evolucionaron poco a poco hacia un chiismo militante. A fines del siglo XV estaban asentados en las tierras del actual Azerbayán, y su shah era Ismail. Este inició la expansión hacia el sur, y se proclamó en 1502 shah de Persia, fundando un imperio que ocho años más tarde estaba ya consolidado. La dinastía así establecida permaneció en el poder hasta 1722, en que fue depuesto el sultán por el emir del vecino Qandahar (el actual Afganistán).

Los safávidas, gobernantes mediocres con la excepción de Abbas I, afirmaron su imperio sobre una doble base: el nacionalismo de los pueblos iranios, y la religión chuta,  que se declaró oficial en el Imperio y sirvió así de bandera contra el amenazador Imperio turco, fiel al sunnismo.

De la solidaridad religiosa fue emergiendo la solidaridad nacional, y los territorios del Asia Central irania, que habían sido la cuna de la civilización persa-islámica y, al propio tiempo, firmemente sunnitas, se fueron separando del resto del mundo iranio, llegándose a una delimitación de las fronteras de Persia que corresponde más o menos a la actual. El Imperio persa se inclinó hacia el Occidente, y Europa tuvo noticias de él gracias a las brillantes narraciones que algunos viajeros, como los franceses Chardin y Tavernier, hicieron de él.

La primera derrota

Tras la consolidación inicial del Imperio safávida, en 1510, con la victoria que el shah Ismail consiguió sobre los uzbekos, pareció asegurado su prestigio. Pero en 1514 sufría el propio Ismail, en Chaldirán, una aplastante derrota a manos de los otomanos. El shah, gobernante religioso y temporal a un tiempo, quedó en una posición delicada. Como imán chuta gozaba de una condición semidivina; pero los fieles, desilusionados por aquella derrota y por la depravación moral de su señor, comenzaron a dudar seriamente de las pretensiones de éste respecto a su infalibilidad de origen divino y su limpieza de pecado, con lo cual se resquebrajaron las bases de su autoridad.

Después del desastre de Chaldirán comenzó a resultar muy difícil a los shahs safávidas la conservación de la integridad de su autoridad, especialmente en lo referente a las siete grandes tribus turcas de Qizilbash, que representaban la base real de su poder. Cuando el shah Abbas, cuarto de la dinastía safávida, subió al trono en 1587, las tribus de Qizilbash habían perdido el respeto a su soberano y entrado en un período regresivo que amenazaba con la vuelta a las antiguas alianzas tribales. Abbas había sido testigo desde su más tierna edad de la extrema gravedad de la situación y pronto se dio cuenta de que estaba siendo utilizado como un rehén entre los jefes rivales del Qizilbash.

Hasta su misma coronación había sido en realidad un coup d’etat de uno de ellos, Murshid Quli Kahn Ustajlu, que había depuesto a Mohammad Khudabanda, padre de Abbas y colocado a éste en el trono en calidad de protegido suyo.

Durante el reinado de Abbas florecieron el arte y la arquitectura como nunca anteriormente. Una de las obras más bellas que hizo construir fue la mezquita del Shah. He aquí la puerta de ingreso.

Un nuevo ejército modelo

Abbas comprendió que debía quebrantar el poder de los Qizilbash si quería tener la autoridad en sus manos. Una de sus primeras medidas consistió en la creación de un potente ejército permanente, pagado directamente por el Tesoro real, reemplazando así el sistema de levas de tipo feudal de las tribus Qizilbash. El nuevo ejército modelo llegó a alcanzar la cifra de 37.000 hombres.

Su organización se debe principalmente a Robert Sherley, un aventurero inglés experto en cuestiones militares. Gracias a Sherley, entre cuyos ayudantes figuraba un fundidor de cañones, Abbas pudo incluir en sus fuerzas un cuerpo de artillería compuesto de 12.000 hombres y 500 cañones. Con esto quedaba subsanada una carencia que se había demostrado desastrosa en Chaldirán frente a la artillería turca.

El núcleo del nuevo ejército estaba formado por las tropas eslavas y los ghulams, muchos de los cuales eran georgianos convertidos al Islam. A lo largo de su reinado Abbas fue confiando cada vez más en estos hombres, a quienes dio acceso también a los altos puestos administrativos hasta cubrir con ellos el 20 por ciento de los cargos; en ellos sustituían por otra parte a sus anteriores posesores, los jefes Qizilbash.

Como habían hecho otros gobernantes anteriormente, Abbas siguió la política de «divide y vencerás» para evitar una posible unión de los elementos de la oposición. Grandes masas de personas fueron trasladadas a la fuerza desde sus tierras a otras muy distantes. El establecimiento de los armemos y georgianos se llevó a cabo no sólo para evitar que los turcos usasen a estas infortunadas víctimas de la guerra entre ambos países, sino también para crear una diversidad étnica y religiosa que impidiese la unión de diversos grupos.

No contento con esto y continuando su política, fomentó deliberadamente el fraccionamiento de las facciones dentro de las grandes ciudades. Para evitar posteriores peligros internos, estableció la práctica de confinar a los príncipes de la rea-familia dentro del harén, hasta el momento en que fuesen llamados a gobernar.

Del mismo modo que sus antecesores. Abbas pasó la mayor parte de su vida era campaña, consiguiendo por su parte tales éxitos que Persia, hasta casi un siglo despee; de su muerte, pudo gozar de tranquilice frente a la posibilidad de una amenaza del exterior.

En 1590, poco después de su subida al trono Abbas se había visto obligado a concluir un desfavorable tratado de paz con los otomanos para evitar una guerra simultánea en dos frentes en un momento en que la situación interna no estaba resuelta. Por dicho tratado los otomanos retenían sus recientes conquis tas en Georgia y el Azerbaiján, ademas de parte del Luristán y Kurdistán.

Pero dicho tratado le permitió concentrar sus fuerzas contra los uzbekos, a los que derrotó amplia mente en 1598 en Herat. Entonces trato de consolidar sus posiciones en esta frontera (lo que no consiguió) instalando en ella jefes vasallos uzbekos. Cuando éstos renovaron sus ataques en 1601, Abbas fue superado por el movimiento estratégico del enemigo y se vió obligado a retirarse.

Finalmente, en 1604 pudo comenzar las operaciones militares contra los otomanos, que en aquel momento se estaban debilitando debido a sus conflictos internos y a la guerra contra Austria. Su prudencia tuvo la recompensa merecida, consiguiendo con la ayuda de sus cañones una brillante victoria en las cercanías de Tabriz en 1606, vengando así la humillación sufrida cien años antes en Chaldirán.

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Los viajeros europeos quedaban deslumhrados ante el lujo y riquezas de la corte persa. En las calles, junto a los magníficos edificios, abundaban los jardines y las fuentes.

Balance de un reinado

El éxito de Abbas se puede calibrar muy bien pensando que cuando subió al trono se encontró con un poder safávida al borde del colapso y que después de su muerte la dinas-tía pudo vivir de las rentas de sus éxitos durante casi un siglo, pese a la incompetencia de  los shahs posteriores. Pero, paradójicamente, el mismo Abbas había sembrado el germen de la descomposición de la dinastía.

En primer lugar, el lazo espiritual que uniera otrora al shah con sus subditos había constiuido el fundamento moral de su gobierno y dado a los safávidas una ideología potente y dinámica. Rota esta relación, Abbas tuvo que recurrir al único sustitutivo que consideró posible: la afirmación de un despotismo de tipo tradicional. La fuerza dinámica que había conducido a los safávidas al poder quedaba destruida definitivamente.

En segundo lugar, el nuevo ejército permanente resultaba una pesada carga financiera para el Tesoro real, lo que conducía inevitablemente a extorsiones y opresiones. Y la incompetencia de sus sucesores se debió en gran parte a la práctica introducida por Abbas de encerrar al heredero en el harén hasta el momento de su subida al trono.

No obstante todo esto, el balance de su reinado es muy positivo. Con una autoridad real establecida con firmeza, Persia pudo gozar de los beneficios de una paz interna y duradera. Si el shah no era venerado (aunque todavía amplios estratos del pueblo creían en su semidivinidad) por lo menos era respetado. Y las largas guerras con los otomanos y uzbekos garantizaron al país la seguridad de sus fronteras en el futuro.

Fomentó los contactos con el exterior, llamando a notables personalidades y favoreciendo las relaciones comerciales con Europa, de modo que industria y comercio conocieron un gran florecimiento. Durante el período safávida la literatura inició su decadencia, pero el apoyo que se había negado a los poetas, por razones religiosas, se ofreció pródigamente a pintores y arquitectos. Abbas trasladó su capital a Ispahan, que se convirtió en centro de un floreciente renacer artístico. Embelleció la ciudad con amplias avenidas flanqueadas de árboles, con plazas amplias, y con mezquitas y palacios que continúan produciendo admiración por sus colores y proporciones.

La época safávida coincidió con el período en que Europa se dedicaba a los descubrimientos geográficos y a la expansión; por eso no es sorprendente que se reanudasen los contactos mutuos. Abbas, que comprendió el provecho que podía sacar de estas relaciones, las favorecía con entusiasmo. Todo europeo que se presentaba con algo valioso que ofrecer, como había sido el caso de Robert Sherley, era recibido con los brazos abiertos.

También pretendió Abbas utilizar del mejor modo posible a los europeos en su lucha contra los turcos. Aunque no llegó a sellar ninguna alianza militar, pese a todos sus intentos,favoreció el comercio por vía marítima dentro del golfo Pérsico, con la intención de sustituir así las viejas rutas que estaban en aquellos momentos bajo el dominio otomano.

Durante su reinado, la primacía que ostentaban los portugueses en esta zona fue sustituida por la de las Compañías inglesa y holandesa de las Indias Orientales. En 1622 consiguió Abbas persuadir a los ingleses para que cooperasen con las tropas safávidas en la expulsión de los portugueses de su base en la isla de Ormuz. A cambio les ofreció privilegios comerciales en el nuevo puerto de Bandar Abbas, situado en tierra firme a unos 20 km al norte de Ormuz. Se estableció en suma, un profuso intercambio de embajadas entre Per-sia y Europa.

Aunque estos contactos presagiaban un drástico cambio en el equilibrio del poder entre Este y Oeste, no se podía en aquellos momentos sospechar tal circunstancia, y Europa no dejó apenas huella en Persia. Al contrario, fue Persia la que ejerció gran influencia gracias al alto nivel de prosperidad material y cultural alcanzado.

Una personalidad de su tiempo

Gracias a las narraciones de los viajeros europeos, podemos hacernos una idea del aspecto físico y de la personalidad de Abbas. Thomas Herbert, que formaba parte de la embajada inglesa en 1627, lo describe como «de baja estatura, aspecto vivaz, ojos pequeños y llameantes, la frente baja, la nariz grande y aguileña, barbilla aguda, sin cubrir de pelo, según la moda del país; su bigote era grande, saliente y espeso, con las guías hacia abajo». Abbas no era sólo inteligente y estaba dotado de gran agilidad mental.

Se hallaba también muy bien informado; sorprendió al viajero italiano Pietro della Valle al interpretar correctamente una alusión que éste había hecho respecto a los luteranos. Su habilidad manual la conocemos por las relaciones contemporáneas de la misión carmelitana. «Se entretiene haciendo cimitarras, arcabuces, riendas y sillas de caballo; teje, destila sales, hace agua de flor de naranja y medicinas y —en resumen— aunque no domina a la perfección los ingenios mecánicos, es bastante experto también en eso.»

Su tolerancia en materia religiosa permitía que órdenes monásticas como los carmelitas agustinos y capuchinos pudiesen moverse libremente en Persia. Al mismo tiempo era profundamente supersticioso. Su modo de vivir era sencillo, aunque su accesibilidad y naturalidad nunca dañaban su dignidad. Poseía un fuerte sentido del humor, que, a veces, adquiría matices macabros, a costa de los demás. Su crueldad no era excepcional considerada la época, aunque resulta difícil excusar la forma retorcida en que hizo matar o cegar a sus hermanos e hijos.

«Pero —escribe Thomas Herbert— debemos considerar que este príncipe grande y generoso, a quien no desagradan estos excesos, es una figura amada y respetada en su país y muy honrada en el extranjero. Por lo tanto hacer una descripción de la variedad de torturas que aquí se aplican: brujas y perros caníbales, hombres a los que se les arrancar los intestinos, y otras cosas similares, no serviría sino para traernos un recuerdo odios.: e innecesario.»

Fuente Consultada:
La LLave del Saber  – La Evolución Social –  Tomo II – El Shah de Persia – Editorial Ediciones Cisplatinas S.A.

Breve Historia de Irlanda Crisis, Ataques de Inglaterra, Emigración

Breve Historia de Irlanda

Irlanda, ha participado desde los tiempos más remotos en la vida del continente europeo. Asimismo, durante siglos ha sufrido el yugo de Inglaterra. Sólo en 1948, después de larga y encarnizada lucha, y tras la opresión y despoblación de que fue víctima en el siglo XIX debido al hambre y a la emigración, los irlandeses lograron triunfar y conquistar la  libertad.

A pesar de que por su situación insular Irlanda permanece aislada del resto de Europa, desde los tiempos más remotos ha sufrido la influencia de las culturas y pueblos del continente, e incluso con frecuencia ha representado en él un papel activo.

Los descubrimientos arqueológicos que se han llevado a cabo confirman que durante la edad de piedra y, sobre todo, en la de bronce, se desarrolló en la isla una gran actividad. Parece ser que entonces Irlanda era un centro de explotación de oro.

La influencia del continente europeo entró en Irlanda con los celtas. Cuando, gracias a las carreteras romanas, el cristianismo se propagó también por las islas británicas, el movimiento llegó, asimismo, a Irlanda en el siglo V. El bretón Patricius fue su más ferviente propagador, y a su impulso Irlanda se convirtió en un floreciente centro de vida monástica.

San Patricio en Irlanda

San Patricio Evangelizando Irlanda

A principios de la Edad Media, Irlanda era un verdadero oasis de vida religiosa, comparada con el resto de Europa occidental, donde las grandes invasiones habían aniquilado no sólo los establecimientos y cultura de los romanos, sino que en numerosos lugares también habían minado la religión. Por lo tanto, la segunda evangelización de Europa se debió en gran parte a los irlandeses, y de modo especial a Columbano.

No obstante,  Irlanda no dejó de sufrir convulsiones bélicas. En el año 795 comenzaron las invasiones de los normandos, que duraron hasta 837. Sin embargo, durante los siglos IX y X subsistió en la isla una intensa actividad cultural. Pero un nuevo peligro empezaba a cernirse sobre Irlanda. A consecuencia de la subida al trono de Guillermo el Conquistador, en Inglaterra se había reforzado considerablemente el poder del soberano. Los ingleses no tardaron en organizar las primeras tentativas para conquistar Irlanda.

Las inició Enrique II Plantagenet, que se valió de las diferencias existentes entre los nobles irlandeses para inmiscuirse en los asuntos interiores de la isla e imponerse como señor feudal o soberano a varios señores. Seguidamente, las disensiones internas de los irlandeses contribuyeron a facilitar de modo progresivo el dominio de Inglaterra.

A consecuencia de la ruptura entre Enrique VIII y el papa, la resistencia de Irlanda contra Inglaterra aumentó considerablemente. Esto no impidió que en 1541 el soberano inglés se arrogara el título de rey de Irlanda. Durante su remado aumentó la presión inglesa, aun cuando los irlandeses nunca vacilaron en recurrir a las armas para defender sus derechos.

En el siglo XVI, la población irlandesa reconoció como rey a Hugh O’Neil, uno de sus jefes (1591). Bajo su sabia dirección se organizó una campaña militar contra los invasores inglesas que, después de algunas victorias iniciales, finalizó con una derrota irlandesa.

Sin embargo, la oposición renació, y más tarde provocó la intervención brutal de Oliverio Cromwell, que desembarcó en Irlanda el 15 de agosto de 1649 y aquel mismo año organizó sangrientas matanzas en Drogheda y Wexford, que no sólo causaron numerosas víctimas militares, sino también civiles.

Concedió grandes extensiones de tierra irlandesa a varios ingleses, en su mayoría soldados y comerciantes puritanos. De nuevo se estrecharon los lazos entre Irlanda e Inglaterra. No obstante, los irlandeses se aferraron al catolicismo. Pero hasta principios del siglo XIX los ingleses no se decidieron a anexionarse Irlanda.

El 11 de enero de 1801 entró en vigor el Act of Union, que estableció la anexión. Irlanda no tardaría en tener que afrontar graves problemas. En 1821, el país contaba con una de las poblaciones más densas de Europa, casi siete millones de habitantes, y siguió aumentando hasta superar ampliamente los ocho millones en 1841. Además, excepto en el nordeste (fábricas de lino), no existía el menor rastro de actividad industrial.

De 1845 a 1847 las cosechas de patatas fueron desastrosas. Entonces Irlanda sufrió un terrible período de hambre.

Esto dio origen a una gran corriente emigratoria; los estragos que provocó tal despoblación todavía pueden apreciarse. En 1891 Irlanda apenas contaba con cuatro millones y medio de habitantes. Hoy, sin contar el Ulster, apenas tiene tres millones de habitantes.

Debido a la miseria en que se había estancado la población y a la discriminación que mantenían allí los ingleses, no debe sorprendernos que los irlandeses los siguieran combatiendo. La desviación de la lucha hacia el terreno político se debió, en gran parte, a Daniel O’Connell, que se convirtió en el líder de los diputados irlandeses en el Parlamento inglés.

En el campo de la política, los irlandeses querían obtener la independencia. En el aspecto religioso consolidaron el culto católico a expensas de la Iglesia de Estado anglicana. Por último, desde el punto de vista social reivindicaron mejores condiciones de vida.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, una asociación secreta, los fenianos, organizó la lucha por la independencia. Los irlandeses que habían emigrado a América apoyaban y dirigían esta agrupación, cuya figura cumbre fue Carlos Stuart Parnell, con la esperanza de constituir un día una República Irlandesa. Gracias a la obstrucción parlamentaria, esperaba que se concediera prioridad a los problemas de los irlandeses que exigían la autonomía.

Parnell asumió también la presidencia de la Irish National Land League, que defendía a los campesinos irlandeses contra la arbitrariedad de los propietarios ingleses. Pero todos los planes fracasaron ante la mala voluntad de los ingleses o de los protestantes del Ulster.

Sin embargo, esto sólo estimuló a los irlandeses. Durante la primera guerra mundial se votó la ley sobre la autonomía, que no entró inmediatamente en vigor. Nació una nueva organización, la de los Sinn Feiners, que pretendía romper de modo deliberado con Inglaterra. La bomba estalló después de la guerra.

En 1922, Collins y De Valera elaboraron por fin la Constitución y después el desarrollo del Estado libre de Irlanda, del que el Ulster no forma parte. Sin embargo, hasta 1948 todavía subsistieron diversas obligaciones con respecto a la Corona inglesa.

Ver: Conflicto Irlanda – Inglaterra

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Movimiento Iconoclasta del Imperio Bizantino Emperadores Iconoclastas

Movimiento Iconoclasta de Bizancio
Emperadores Iconoclastas

En el año 476 de la era cristiana, Odoacro, jefe germánico de los conquistadores bárbaros, depuso al emperador romano de Occidente, Rómulo Augústulo. El acontecimiento marcó el fin de una época en la Europa occidental. Por otro lado en Oriente, el imperio seguía viéndose agitado por la presión bárbara.

Desde la nueva gran capital que Constantino había construído en el Bósforo, «Constantinopla, la nueva Roma», sus herederos y sucesores gobernaron un imperio que se extendía desde el Danubio a Assuan y de la costa de Dalmacia a las montañas de Armenia. El último de ellos, con su herencia un tanto disminuida por las guerras que tuvieron lugar a lo largo de los siglos, murió defendiendo la ciudad contra los turcos otomanos en 1453.

fuego griego

Los bizantinos utilizaron su arma secreta, el fuego griego, con gran éxito contra los árabes. Era una mezcla de cal viva, petróleo y azufre y ardía en cuanto la cal viva entraba en contacto con el  agua.

Tres raíces. La civilización bizantina tenía tres raíces: en Roma, en Grecia y en el Próximo Oriente. Pero los bizantinos no fueron simples receptores pasivos de las influencias del pasado. Continuaron las tradiciones e ideas del imperio romano, de la Grecia helenística y de los mundos semítico e iraní, parcialmente helenizados, pero elaboraron su propia síntesis. Crearon una estructura de ideas sobre Dios y el hombre, gobernantes y gobernados, la naturaleza y el arte, más resistente y duradera que ninguna otra en el mundo entonces conocido.

El imperio bizantino era un estado centralizado en un mundo medieval de poderes fragmentados y locales. Heredó del imperio romano de Diocleciano y sus sucesores una estructura integrada por provincias y departamentos de estado, un sistema legal común, una compleja maquinaria de recaudación de impuestos en moneda y en especie y una burocracia culta y profesional.

Un emperador fuerte podía dirigir y modificar estos elementos para ajusfarlos a las circunstancias cambiantes; un emperador débil pronto se daba cuenta de que los procesos de gobierno no necesitaban más que su participación formal.

El emperador y el patriarca
El emperador era un autócrata que no tenía que responder de sus actos ante nadie, como un monarca helenístico. Pero era un gobernante cristiano de un país cristiano. A los primeros creyentes les intranquilizaban los gobernantes seculares, pero los consideraban como una molestia pasajera; lo importante era la segunda venida de Cristo.

El cristianismo bizantino había absorbido la visión jerárquica del universo propugnada por la filosofía griega del último período. El emperador era el representante de Cristo en la Tierra, el mediador entre Dios y su pueblo, y su persona y todos sus actos tenían un  carácter   sagrado.

Junto a él se alzaba el patriarca, jefe de la Iglesia Ortodoxa, cuyas diócesis tenían una estructura coincidente con las divisiones administrativas del Imperio. A los historiadores acostumbrados a los conflictos entre el papado y el imperio en el Occidente medieval les parecía que la Iglesia no era más que un departamento del estado de Bizancio.

La iglesia bizantina nunca tuvo que operar en un vacío de poder, como el papado a principios de la Edad Media. La Iglesia y el Imperio cristianos eran dos caras de la misma moneda. El patriarca era el responsable de la pureza de la fe y de la oración y la liturgia, que aseguraban la protección divina. El emperador se ocupaba de los asuntos de este mundo, entre los que se incluía el de comprobar si sus subditos se adherían a la fe proclamada por el patriarca.

Tal era el ideal; los conflictos esporádicos eran debidos  a  la  imperfección humana.

templo bizantino en la roca

El Valle de Goreme, en Capadócia, Turquía, está compuesto de extrañas formaciones rocosas. Allí se cincelaron muchas iglesias, bellamente pintadas, y se utilizaron como refugios durante las invasiones árabes.

Los monjes, cuyos incontables monasterios no estaban organizados en Ordenes, como en Occidente, velaban por el patriarca y el emperador. El prestigio del hombre santo, que renunciaba al mundo y a sus obras en pos de la comunión directa con Dios, era inmenso en Bizancio.

En ellos, más que en la iglesia secular, buscaban los hombres orientación moral, seguridad emocional y, en ocasiones, una protesta efectiva. Tuvieron un importante papel en las complejas relaciones entre la Iglesia y el Estado.

Puesto que había un solo Dios y una sola Iglesia, no podía haber más que un emperador. Teóricamente el imperio bizantino representaba a todo el mundo cristiano. Los demás estados eran aberraciones temporales y lamentables, o parte de un plan divino para castigar a los bizantinos, que a menudo se llamaban a sí mismos Nuevo Israel por sus pecados y herejías.

Un emperador que sufría frecuentes derrotas u oposición no era un verdadero monarca. Podía ser depuesto por un rival victorioso, a quien evidentemente Dios favorecía más. Los emperadores eran entronizados y depuestos a veces con asombrosa rapidez, pero el imperio, y el plan divino del que éste era un mero instrumento, eran indestructibles.

Los iconoclastas
Esta concepción del mundo dio a los bizantinos una gran confianza. Fortaleció su superioridad tecnológica y económica y su poder militar, a menudo brutal, mientras las cosas fueron bien y les proporcionó una gran capacidad de reacción y resistencia ante la adversidad y la derrota. Ello significa que los conflictos políticos se concebían desde el punto de vista religioso.

En los días oscuros de mediados del siglo VIII, León III y su patriarca declararon que el culto tributado a las imágenes de los santos era idólatra. Los emperadores iconoclastas, apoyados por los ejércitos de Asia Menor, empezaron a destruir las imágenes y los mosaicos de las paredes de las iglesias, a cerrar monasterios y confiscar sus propiedades y a denunciar y perseguir a los partidarios de las antiguas prácticas religiosas. Durante un siglo, con un breve respiro, los iconoclastas se mantuvieron en el poder.

Los teóricos de la iconoclastia eran sinceros en sus afirmaciones. Creían que los largos años de derrota y humillación a manos de árabes y búlgaros eran una señal de desagrado divino y había que encontrar la causa. Los sutiles argumentos filosóficos acerca de la relación entre imagen y realidad, heredados de la filosofía griega, parecían sospechosos en una época más dura. Pero tras la disputa filosófica se escondía la actitud rígida de los duros soldados de origen campesino del Asia Menor, de los que dependía ahora el destino del imperio. Se resentían de la perfeccionada cultura de la capital y eran hostiles a la creciente riqueza y poder de los monasterios.

mosaicos bizantinos

Un panel de marfil del siglo X representa a Cristo bendiciendo a Romano II y a su esposa Eudocia. El emperador emprendió una victoriosa expedición que arrebató Creta a  los sarracenos.

Una cultura «griega»
Bizancio no sólo era cristiana; también era griega, sobre todo desde la pérdida de sus provincias egipcia y siria en el siglo vil En Bizancio, como en el mundo helenístico del que era heredera, el ser griego no tenía nada que ver con la raza. Era una cuestión de idioma y cultura.

Muchas de las personalidades del mundo bizantino, incluyendo algunos emperadores, eran de origen armenio: Juan Axuch, amigo personal y principal ministro del papa Juan II, era un turco seldjúcida; Romanos, el mejor himnógrafo de la Iglesia Ortodoxa, sirio; Gregorio Pakurianos, comandante en jefe del ejército bizantino en el siglo XI, de Georgia. El poder absorbente de la cultura griega cristiana era tan grande como en su día lo fue la pagana.

Y sin embargo los bizantinos no se llamaban a sí mismos helenos (griegos), al menos hasta sus últimos días; se les conocía como romanos, pues el imperio romano nunca llegó a su fin en Oriente. Para ellos no hubo una Edad Media que los separara bruscamente del mundo antiguo, ni tenían la sensación de ser los supervivientes de un cataclismo, como a menudo ocurría en Occidente. Este sentimiento de continuidad hizo que les resultara fácil y tentador el tratar de recrear el mundo antiguo, aunque, por supuesto, en versión cristiana.

El resurgimiento político y militar bizantino tras el siglo de iconoclastia fue acompañado de un renacimiento cultural. Los hombres investigaron, copiaron, estudiaron e imitaron las obras griegas clásicas de literatura, filosofía y ciencias. Aprendieron directamente de Tucídides, Polibio y Plutarco cómo analizar el carácter individual de los hombres y su conducta política. Utilizaron como modelos a los retóricos de Grecia para hablar y escribir con elegancia y persuasión. De Galeno y sus sucesores aprendieron los secretos de la medicina.

De Arquímedes, Euclides y Ptolomeo adquirieron la austera visión de las matemáticas. Incluso estudiaron a los novelistas griegos y de ellos aprendieron el arte de la ficción. Su herencia llegó a abrumarles. A veces desearíamos que se hubieran preocupado menos por la conservación y más por la autoexpresión.

Y sin embargo, no carecían de originalidad, aunque a menudo estuviera enmascarada por la imitación de los modelos clásicos. Alguna vez, al seguir el pensamiento de Platón, pusieron en tela de juicio, aunque involuntariamente, los fundamentos de la revelación cristiana.

La instrucción y la cultura no estaban monopolizadas por el clero. Los laicos también eran hombres de letras, y un erudito no religioso podía ser nombrado patriarca y pasar por las distintas órdenes canónicas en pocos días. Es lo que sucedió en el siglo IX, con Focio, el hombre más culto de su época, alto palaciego, patriarca y suscitador del «cisma de Oriente». Es sorprendente que muchos emperadores fueran a su vez hombres de letras.

La sociedad bizantina era muchísimo más ilustrada que la de la Europa occidental, hasta que ésta última emergió de la Edad Media.

En las artes plásticas encontramos elementos griegos, romanos y orientales fundidos y mezclados, que forman algo nuevo. Muchos de los exquisitos relieves de marfil y alabastro son de sentimiento e inspiración clásicas. En los mosaicos, pinturas e iconos con que estaban adornadas las iglesias bizantinas la figura humana pierde sus proporciones clásicas y se resaltan los ojos, como en los retratos de las momias egipcias, y las figuras son planas y alejadas del espacio real y tridimensional.

Las iglesias bizantinas tenían un exterior de obra de ladrillo lisa o con decoraciones muy simples. Pero en el interior estaba pintado en vivos colores el esquema del universo y el plan de salvación, desde los profetas, en el atrio, a través de la procesión de santos y los sucesos de la vida de Cristo y la Virgen, que resplandecían en el ábside, hasta Cristo, el Pantocrator (Todopoderoso), en la cúpula que lo coronaba todo. Los fieles se veían conducidos al mundo eterno que les rodeaba por todos lados.

Karie Cami
Las figuras abstractas y ascéticas del siglo IX (los iconoclastas destruyeron la mayor parte del arte figurativo eclesiástico anterior y, por su parte, no produjeron ninguno) son sustituidas por figuras austeras y poderosas en los siglos X y XI.

Todavía pueden verse en Grecia en la iglesia de Dafni, en Hosios Loukas y en el Nea Moni, en la isla de Chios. Son la expresión de la confianza y la fuerza de la sociedad bizantina de la época. Al igual que en la literatura, también el arte del siglo XII presenta una vuelta a las representaciones más dinámicas y clásicas.

Los grandes mosaicos de la Sicilia normanda, de Palermo, Monreale y Cefalú, obra de artistas bizantinos, constituyen la mejor muestra de este arte.

Tras la restauración bizantina de 1261, aparece un nuevo y tierno estilo humanista, basado en el arte clásico del siglo anterior. Los magníficos y cálidos frescos y mosaicos del Karie Cami, en Estambul, que no se han abierto al público por completo hasta fecha reciente, son los mejores monumentos de este último período del arte bizantino, que sin duda alguna contribuyó al florecimiento del arte prerrenacentista italiano de Giotto y sus contemporáneos.

La tradición artística bizantina subsistió tras la caída de Constan-tinopla en Creta, donde nació y se educó Domenikos Theotokopoulos, El Greco.

El arte secular es menos conocido, aunque parece haber pasado por las mismas etapas que el eclesiástico. Nos ha llegado a través de ilustraciones de libros, pues los grandes palacios, con sus frescos y mosaicos, están todos destruidos.

Visto desde la perspectiva de nuestros días, el principal papel de Bizancio fue la conservación de las ideas del mundo clásico hasta el Renacimiento, que en los demás lugares se habían perdido. Pero no fue nunca una conservación pasiva y desinteresada. Como todas las sociedades, los bizantinos adaptaron, transformaron y enriquecieron su legado y lo hicieron llegar a nosotros, sus herederos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia La Fuente del Saber – Tomo II La Evolución Social – Ediciones Cisplatinas S.A.

Las Hordas Mongoles Vida , Costumbres y Conquistas

VIDA Y COSTUMBRES DE LAS HORDAS MONGOLES

Los mongoles han representado un importante papel en la historia de Asia. Son nómadas, y su vida está hecha, por tanto, de continuos desplazamientos forzados por la necesidad de encontrar la hierba necesaria para la alimentación de sus grandes rebaños de corderos y cabras. Estos animales les proporcionan carne, leche, mantequilla y queso. Como animales de carga, los mongoles utilizan el camello y un caballo de pequeña estatura, pero de gran resistencia.

los mongolesLa extensión de la estepa, y su pobreza, los obligan a desplazarse de estación en estación. Desde este punto de vista se les puede comparar con los lapones y otras poblaciones de Eurasia septentrional.

Viven en tiendas en forma de quesera, que levantan formando un enrejado de sólidas tablas, y cubriéndolo después con mantas de lana burda. Estos campamentos de tiendas deben considerarse pueblos ambulantes.

Ningún extranjero podría decir con exactitud dónde se encuentran esas aglomeraciones. Sólo los mongoles saben en qué lugar se hallan sus vecinos. Nadie debe aventurarse solo por esas inmensas extensiones, pues quien lo hiciera correría el riesgo de no encontrar un alma viviente, ya que los mongoles  vagan   a  la   aventura.

La vida de este pueblo ha estado siempre envuelta en el misterio. El extranjero se siente poseído de una inexplicable inseguridad, de una continua amenaza… Los actuales mongoles no difieren mucho en usos y costumbres de aquellos antepasados suyos que surcaban las estepas hace centenares de años. Su pasado se pierde en la noche de los tiempos. Su fuerza era legendaria.

Uno de esos mongoles, Temudjin, a fines del siglo XII, reunió las tribus nómadas turco-mongolas. Eran grandes jinetes, de cráneo redondo, pómulos salientes, ojos rasgados, piel amarilla, cabello lacio y negro y piernas arqueadas. Temudjin sometió a cierto número de tribus y durante una primera asamblea solemne celebrada en 1206, se otorgó a sí mismo el título de Djingiz Khan o Gengis Kan, es decir, el más poderoso de todos los jefes, o también, el emperador inflexible. Conquistó la ciudad, de Karakorum e instaló en ella su residencia.

viajes de los mongoles

Caravanas  Mongoles

Hasta entonces no había visto nunca una ciudad y no sabía leer ni escribir, pero su ejército de 100.000 hombres le permitió franquear la Gran Muralla de China, tomar la capital Yen-King, que se convertiría en Pekín, al norte de China y conquistar Corea. Yen-King fue saqueada e incendiada.

Cuando estalló una rebelión en el Lurquestán, Gengis Kan conquistó el país, incluida Samarcanda, una de las ciudades comerciales más importantes de la época, y exterminó sin piedad a la población, que había cometido la audacia de rebelarse.

Mientras sus lugartenientes realizaban incursiones por Rusia meridional, Gengis Kan marchó sobre el Irán y llegó hasta el Dniéper. Su imperio fue el mayor que conoció el mundo hasta entonces. Admitía todas las religiones, pero hacía que reinaran, por el terror, la autoridad y el orden.

Murió en 1227 durante los preparativos de una nueva campaña. En vida repartió este imperio entre sus cuatro hijos, pero esto no impidió que Ogotai fuera designado Gran Kan, a pesar de que no era el primogénito.

Lo primero que hizo Ogotai fue lanzarse al ataque de la China meridional, luego de Rusia meridional y, por último, de Occidente. Veinticinco mil jinetes arrasaron Vladimir, Moscú y Kiev, derrotaron a los caballeros de la Orden Teutónica’ y asolaron Hungría, para llegar finalmente a la costa adriática.

Ogotai murió en 1241, y los jefes mongoles se retiraron a Rusia meridional donde fundaron el reino de la Horda de Oro con Serai como capital. Serai estaba situada en un afluente del Volga. Desde 1240 hasta 1450, Rusia vivió bajo el dominio mongol. El kan permitió que subsistieran los principados rusos, pero les designó jefes e instaló guarniciones en las ciudades a fin de mantener el orden.

Kublai, el sucesor de Ogotai, conquistó toda China. Fue el fundador de la dinastía Yan y se adaptó fácilmente a la civilización ya muy evolucionada de sus nuevos subditos. Los soberanos de Annam y Birmania tuvieron que reconocer, asimismo, su soberanía. En cambio, la flota que envió para conquistar el Japón sufrió una decisiva derrota. Marco Polo dijo con razón que este kan era el hombre más poderoso desde Adán.

Trasladó su capital de Karakorum a Pekín, y éste fue, sin duda, su mayor error político, pues se rompió la unidad del imperio mongol.

En Rusia el reino de la Horda de Oro se vino abajo, en 1502. En el siglo XIX se encontraron los vestigios de Karakorum. Seis siglos antes, esta ciudad había poseído una docena de templos, dos mezquitas y una iglesia cristiana nestoriana.

No se puede hablar de cultura mongol. Una figurilla del siglo vn, el jinete azul de Astrana, hallada al norte del Turquestán, testimonia un esplendoroso pasado y recuerda a los grandes jefes mongoles. Éstos tuvieron el mérito de poner a Europa en contacto con la civilización china, que en aquel momento mostraba un indudable adelanto sobre la cultura occidental.

Por este motivo no se puede achacar al azar el hecho de que el desarrollo de la técnica, que aceleró el fin de la Edad Media, se produjera inmediatamente después de las conquistas mongolas. El compás, la pólvora y el papel se deben, en efecto, al ingenio chino.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil Tomo I AZeta – Editorial Credsa

Origen del Conflicto entre Inglaterra e Irlanda La Religión

Historia y Origen del Conflicto
Entre Inglaterra e Irlanda

Los actuales problemas de Irlanda tienen su raíz en la discriminación social. El enfrentamiento entre las dos comunidades, la católica y la protestante, separó al país en dos partidos. Al triunfar los segundos en el aspecto político, los católicos se vieron en una situación precaria, hasta el punto de que no han tenido derecho al voto hasta hace muy poco tiempo.

La lucha por unos derechos civiles iguales a los del resto de los ciudadanos británicos ha desencadenado una situación que, además del religioso, presenta un carácter político-social, producto de los tiempos actuales. Estudiando la evolución histórica del país, se comprenderán mejor los problemas actuales.

El Imperio angevino o de la Casa de Anjou
Cuando hace 800 años Inglaterra fijó sus ojos en la tentadora Irlanda, comenzaron a establecerse amargas relaciones entre ambos países. Inglaterra, unida interiormente y con un imperio más allá de los mares, luchó durante siglos para obtener con razón el nombre de Islas Británicas y su único medio era dominar Irlanda. El tiempo ha demostrado su fracaso.

Los primitivos gobernantes ingleses tuvieron poco interés en aquellas tierras salvajes.

Los romanos, aunque se sintieron tentados por la conquista, no pasaron de pensar en la posibilidad de añadir Irlanda a su imperio y se contentaron con dominar los campos ingleses.

La desgracia de Irlanda es que nunca obtuvo grandes ventajas de las civilizaciones que la invadieron.

Durante la oscura Edad Media, su única luz provino de San Patricio, que le trajo la cultura y la religión cristianas. Más tarde, igual que Inglaterra, sufrió la barbarie de las invasiones nórdicas, pero ganó muy poco con su presencia, como no sea los puertos, de los que destacaba Dublín.

La invasión normanda de 1066, que tanto favoreció el desarrollo futuro de Inglaterra, no hizo ningún bien a Irlanda. Los adelantos que trajeron a Inglaterra los gobernantes normandos procedentes de la civilización que dejaban atrás, tales como un gobierno central, la unidad y un poder militar, le fueron negados durante siglos.

Cuando, por fin, los reyes normandos, bajo Enrique II, empezaron a extender el imperio angevino, se comprendieron las ventajas de tener dominada a Irlanda. Pero la conquista no iba a ser fácil ni completa.

En 1166, la caótica política interna de una Irlanda dividida iba a dar su oportunidad a Enrique II; temeroso de que sus propios representantes en el país se hicieran demasiado poderosos, intervino personalmente en la situación y se hizo reconocer como señor por la Iglesia irlandesa y por los atemorizados jefes del país.

Así Irlanda formó parte del imperio angevino; el feudo irlandés creado por Enrique duró cuatro siglos.

Atraídos por la explotación de aquellas tierras casi vírgenes, los señores anglonormandos se introdujeron en el interior de la isla. Pero no fue la suya una conquista como la de los normandos en Inglaterra un siglo antes.

Se estableció una sociedad semi-feudal y un sistema jurídico, pero la conquista no aprovechó mucho a los reyes ingleses. No se pudo establecer un gobierno central y permanecieron vigentes todas las características de la vieja Irlanda. Surgió un elemento nuevo de esta situación: la aristocracia angloirlandesa, que, profundamente celosa de sus derechos y formada por señores anglonormandos, se apoderó de todas las tierras.

El rey inglés descuidó sus deberes para con Irlanda. Juan Sin Tierra, en su primera visita a los irlandeses, demostró por varios hechos imprudentes que su madurez como gobernante no había sido alcanzada, aunque varios años después, en su segunda visita, en 1210, consiguió que la autoridad real fuera aceptada y que el gobierno, centrado en Dublín, cobrara nueva eficacia. Para la permanente vergüenza de Inglaterra, hasta la visita de Ricardo II en 1394, ningún otro rey inglés puso los pies en tierra irlandesa.

Durante el reinado de Eduardo I hubo un período  de paz que permitió a Irlanda el desarrollo del comercio propio y la adaptación al nuevo sistema de «condados» importado de la metrópoli.

Pero después de esta centuria de calma relativa, una invasión escocesa destruyó todas las esperanzas del país. 6.000 escoceses a las órdenes de Eduardo Bruce, ansioso de perturbar a los ingleses aún más después de algunas victorias obtenidas sobre ellos, se lanzaron sobre la isla en una guerra destructiva y salvaje.

Este Eduardo fue proclamado rey de Irlanda, pero lo mataron en el año 1318. Como resultado, los recursos del país se agotaron, el progreso fue detenido y el control inglés se redujo a una estrecha faja costera en los alrededores de Dublín.

La isla quedó otra vez abandonada a los pillajes de los señores feudales y con el estallido de la Guerra de los Cien Años Inglaterra derivó su atención por completo hacia Francia.

La ley de Poynings
En el siglo XIV preocupaba a Inglaterra que su zona de influencia en Irlanda no se pudiera mantener ni extender. Los ingleses sostenían que eran los dueños de todo el país, pero la verdad era que el Pale consistía en un pequeño foco de civilización en medio de una tierra primitiva y salvaje.

Cuando los esfuerzos de Ricardo II por extender su dominio en la isla fracasaron, Irlanda se vio libre para seguir su propio camino.

Poco atractiva, inhospitalaria y arrinconada en un extremo de Europa, Irlanda se vio aislada de la vida del continente, oculta por Inglaterra. Mientras que esta última nación pasaba de la Edad Media al mundo moderno, la isla quedaba abandonada, sus recursos sin explotar y su pueblo dominado. Pero, por su posición, iba a ser crucial en la defensa estratégica de Inglaterra.

Era casi un cuchillo clavado en la espalda de Gran Bretaña.

El gobierno de los Tudor significó poco para Irlanda, pero cuando Inglaterra se convirtió en una de las potencias europeas, los problemas internos de la isla pidieron una pronta solución.

Enrique VII toleró un gran terreno independiente en el corazón de Irlanda, hasta que su creador se permitió la coronación de un rey como «Eduardo VI», que fue rápidamente eliminado. Enrique trató de gobernar el país por medio de un diputado inglés, apoyado por un ejército formado sólo por ingleses.

Después de varias luchas se procedió a la publicación de un estatuto llamado «ley Poynings» (nombre del diputado inglés), que, aprobado en 1494, ha permanecido en vigor hasta el siglo XIX.

Este estatuto fue desvirtuado en favor de los ingleses y por él se establecía que no se podía abrir un parlamento en Irlanda hasta que el Rey y su consejo lo hubieran autorizado con su sello. Con esta ley los ingleses han podido controlar durante siglos los trabajos de la constitución irlandesa.

enrique viii rey de inglaterraEn 1534 cambió el aspecto de la historia de Irlanda. A partir de este momento, la metrópoli organizó un verdadero plan de reconquista. Enrique VIII se hizo llamar rey de Irlanda y al final del reinado de Isabel I casi toda la isla se hallaba bajo régimen militar.

A pesar del sistema represivo usado por los Tudor, en esa época es cuando Irlanda llegó a ser una verdadera amenaza para los ingleses.

Cuando Inglaterra, le volvió la espalda a Roma durante la Reforma, los irlandeses prefirieron permanecer dentro de la religión católica. Isabel I tuvo que tener ejércitos dispuestos continuamente en el campo de batalla para aplastar la aparición de constantes rebeliones irlandesas.

La matanza de Drogheda
Los monarcas de la casa Tudor, ansiosos de acabar para siempre con el problema, intentaron colonizar las turbulentas tierras.

Las protestas de los irlandeses fueron en vano y cuando Jacobo I fue aceptado como rey, grandes terrenos habían sido expropiados de sus poseedores irlandeses y entregados a los escoceses o a los ingleses.

Siguiendo la misma política, los seis condados del Ulster, en el norte, se entregaron a los colonizadores extranjeros en 1608. Como es natural, estos nuevos señores eran protestantes, y así empezó el conflicto entre las dos religiones, que todavía no se ha resuelto.

cronwellOliverio Cromwell fomentó aún más tan amarga realidad. Carlos I, para proteger su tambaleante trono, creó en Irlanda un ejército de reserva, que en la década de 1640 se rebeló en apoyo de su hijo, el príncipe Carlos. Oliverio Cromwell, principal apoyo del Parlamento inglés, fue a Irlanda en 1649 y derrotó al ejército realista en una cruel campaña.

La guarnición de Drogheda fue pasada por las armas, así como 1.500 ciudadanos y todos los sacerdotes del condado de Wexford. Al final de aquel año, toda la costa de la isla estaba en poder de Cromwell.

Irlanda nunca olvidó aquellos amargos días y a partir de entonces sólo una pequeña zona del oeste del río Shannon siguió en poder de los señores irlandeses.

A pesar de ello, todos los monarcas ingleses tuvieron que dedicarse a la reconquista de Irlanda.

Tras cada acción de guerra, se dictaban nuevas leyes que entregaban la tierra  a  los  protestantes  o  que  restringían la vida particular de los irlandeses para evitar que ganaran poder o influencia.

El Parlamento inglés trataba a la nación como enemiga y hasta 1793 no se les concedió derecho al voto a los católicos, ni podían tomar asiento en sus propias Cortes.

El comercio, la industria y la agricultura estaban tan atrasadas que el país se hallaba sumido en la pobreza.

Como el predicamento de los protestantes aumentaba sin cesar, la Unión de Irlandeses, imitando la revolución francesa, se levantó contra la metrópoli y pidió ayuda a Francia. Los franceses no pudieron desembarcar por culpa de una tormenta y la rebelión fue aplastada por Inglaterra.

En 1800 se aprobó el Acta de Unión igualando los derechos de ambas comunidades, pero Jorge III la echó por tierra, obligando a William Pitt el Joven a anular la promesa de emancipación.

Los irlandeses tuvieron que esperar hasta 1829 para obtenerla; pero; como es natural, ni la igualdad de derechos ni la emancipación extirparon la pobreza, que siguió haciende estragos en el país.

En 1846, el hambre causada por la destrucción de las cosecha? mató a más de un millón de habitantes Entonces empezaron las emigraciones a América.

william pitt

William Pitt el Joven, obligado por Jorge III a anular la promesa de emancipación que se hizo a los católicos para aplacar la rebelión   irlandesa   de   1798.

Los emigrantes influyeron de tal manera, que Gladstone, en 1868, permitió una mayor libertad religiosa y bajó los impuestos sobre las tierras. Intentó también conseguir para los irlandeses un gobierno nacional, pero le fue imposible. El partido liberal inglés, durante la Primera Guerra Mundial, siguió intentando la autodeterminación, encontrándose siempre con la oposición de los conservadores y en el año 1916 hubo nuevos mártires de sangre irlandesa.

Por fin, en 1921, aprovechando el cansancio de Inglaterra después de la guerra, se estableció el Estado libre de Irlanda, aunque el Ulster seguía fiel a la metrópoli por su carácter protestante.

Así está el conflicto actualmente. Irlanda, escindida espiritual y políticamente, lucha por su unión y por su independencia definitivas como desde hace 850 años.

Fuente Consultada:
Colección La LLave del Saber  Pasado y Presente del Hombre  –  Tomo I –  Editorial Plancton

Ver:Breve Historia de Irlanda

Historia de la Orden del Cister Bernardo de Claraval

Historia de la Fundación de la Orden del Cister

La orden del clster es unaorden monástica católica reformada, cuyo origen se remonta a la fundación de la Abadía de Cister por Roberto de Molesmesen 1098. Debe su considerable desarrollo a Bernardo de Claraval. su influencia y su prestigio personal hicieron que se convirtiera en el cistercíense Más Importante del Siglo XII, aún no siendo el fundador sigue siendo todavía hoy el maestro espiritual de la Orden.El Císter proporcionó numerosos santos a la Iglesia, comenzando por  san Roberto de Molesme, san Esteban Harding, y san Bernardo de Clairvaux (o de Claraval).

Todo empezó en el ano 1098, cuando un grupo de 21 monjes benedictinos, con su abad Roberto al frente, salieron del Monasterio de Molesme, movidos por el Espíritu Santo, en busca de un lugar solitario, Citeaux (Cister), donde poder buscar a Dios con mayor autenticidad y sencillez, llevando una vida en pobreza y soledad, y proveyéndose de lo necesario con su propio trabajo. Su norma de vida seña el Evangelio y la Regla de San Benito en toda su pureza.

El 21 de marzo fue la fecha elegida para establecerse en el Nuevo Monasterio. Los comienzos no fueron fáciles; la pobreza material y la escasez de vocaciones se prolongarían varios años. Pero esto no arredró el ánimo de los monjes, que trabajaron por convertir aquel lugar inhóspito en un vergel.

El santo fervor de los hermanos hizo que Odón, el duque de Borgoña, les favoreciera abundantemente, contribuyendo a lo construcción del Monasterio y entregándoles tierras y ganados para su sustento. Cister fue elevado al rango de Abadía, bajo el patrocinio del Obispo de Chalons, titular de aquella diócesis (en la actualidad Dijon).

primer monasterio de cister

Este monasterio situado al sur de Navarra, a 34 kilómetros de Tudela, es el primer monasterio que la
Orden del Císter construyó en la Península Ibérica.

HISTORIA DE SU FUNDACIÓN: En Lombardía, se inició a un movimiento que exigía un retorno a la pobreza y abstinencia de la Iglesia primitiva.En el siglo XI, el obispo Pedro Damián estimuló esta acción, y creó, a su vez, comunidades de clérigos, en las cuales la vida monástica se desplegó en una asombrosa austeridad.

De todas partes surgieron tendencias extremistas que, superando la experiencia de Cluny, buscaban otras vías de salvación. Así procedieron los que, influidos por la lectura de los Padres del desierto, llegaron a preconizar una vida solitaria.

En 1084, un monje llamado Bruno fundó la orden de los cartujos, partiendo de un monasterio organizado por él cerca de Grenoble: la Gran Cartuja. Después, ante los desórdenes internos que se produjeron en el monasterio, varios monjes, bajo la dirección del abad Roberto de Molesme, quien ya había cuestionado y alejado de la Orden de Cluny , decidieron abandonarlo en 1098.

Encontraron el sitio adecuado en la árida región borgoñona de Citeaux, (traducida al español como Císter) donde levantaron una capilla y un modesto cenobio. Los primeros tiempos no fueron fáciles, debido a lo inhóspito del lugar. Aparte de las privaciones inherentes a la vida monacal, su ignota ubicación no atraía nuevos monjes para aumentar su número o emprender nuevas fundaciones. La falta de agua obligó a Roberto a trasladarse a un emplazamiento cercano que pertenecía a la diócesis de Dijon, ciudad capital del ducado de Borgoña. Tanto el obispo como el duque Eudes de Borgoña prestaron ayuda a aquellos monjes tan virtuosos, contribuyendo a la erección del monasterio y entregándoles tierras y ganado para su subsistencia.

Esta orden fundada en 1098 por Roberto de Molesme, la comunidad cisterciense vivirá en una austeridad voluntaria y total, sin ningún regalo en el vestido o en la comida.

Estos monjes vestidos de blanco, que dormían en una sala común y comían juntos en un refectorio, se consagraron a la oración y al trabajo de los campos, pero, a diferencia de los de Cluny, no percibían ninguna renta de sus tierras. Los monjes estaban divididos en dos categorías: los más instruidos y aquéllos cuyo origen social era elevado, llegaban a ser monjes de coro y no estaban obligados más que a los ejercicios espirituales, a diferencia de los «conversos», vestidos con hábitos pardos, a quienes su pobreza de procedencia conducía a trabajar los campos, y, por ello, se convertían en la mano de obra de los padres blancos.

El papa Urbano II concedió a la nueva Orden el estatuto de Privilegio Romano, al tiempo que exigía a Roberto que reasumiera su antiguo puesto en Molesme, a pedido de los monjes que habían permanecido en esa abadía. Su sucesor fue el hasta entonces prior del Císter, un monje llamado Alberico, que gobernó con acierto la congregación consolidando su prestigio y sus bienes.

Otro destacado abad de esa época fue Esteban Harding, resultó un gran promotor del Císter, que bajo su guía experimentó una notable expansión. Fue autor del Exordio Parvo y de la «Carta de Caridad», escritos que fijaron definitivamente las normas de vida de la Orden, su organización interna y, en definitiva, su Regla. Bajo la conducción de Esteban Harding (posteriormente canonizado) se fundaron las primeras cuatro nuevas abadías, conocidas como «las cuatro hijas del Císter».

En 1112 se presentó en Citeaux un grupo de treinta laicos encabezados por un joven llamado Bernardo, que pidieron ingresar como monjes. Esteban aceptó ese ruego y tres años después envió a Bernardo a fundar una nueva abadía en Clairvaux (Claraval). Esta congregación fue una inesperada y brillante estrella en la aún escasa constelación del Císter.

El Císter alcanzó renombre en toda Europa, gracias al ingreso de este joven noble de excepcional valor, seguido de sus compañeros: San Bernardo. En 1115, San Bernardo fundó cerca de Troyes su propia abadía: la de Claraval. Excelente polemista, San Bernardo representó, en el siglo XII, un papel muy importante en las famosas discusiones entre teólogos, en las cuales fue el adversario de Abelardo; después representó, igualmente, un gran papel en la segunda cruzada.

Su comunidad interna llegó a reunir 700 monjes, más otros miles en los 160 monasterios que dependían de ella. El polifacético Bernardo de Clairvaux obtuvo un particular poder dentro de la Iglesia, que le permitió tanto inspirar la fundación de la Orden del Temple como intervenir con autoridad en los conflictos del Vaticano.

Cuando murió, en 1153, la orden cisterciense estaba ya sólidamente implantada y tenía a su cabeza una direción colectiva: el Capítulo General, que reunía todos los años a los abades de las diferen tes casas. Durante casi dos siglos, las abadías aparecieron como puertos donde se refugiaba lo más noble y elevado del hombre medieval: el trabajo, la cultura y la fe.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

Diferencia Entre Ateo y Agnóstico No Creer en Dios

Diferencia Entre Ateo y Agnóstico

El Ateísmo
Parece extraño hablar de la historia del ateísmo porque nunca ha existido un movimiento organizado que sustente estas ideas, tal como las demás doctrinas religiosas que han formado iglesias con el fin de difundir y mantener sus creencias.Y aunque no ha existido ninguna iglesia atea, siempre ha habido ateos, personas que por alguna u otra razón han creído —y creen— en la no existencia de dioses.

ateismo

Ateo es un término que viene del griego a: sin, y teso: Dios. Por lo tanto, ateo es aquel que prescinde de la existencia de Dios. Los motivos por los cuales los ateos no reconocen a Dios son muy variados. El ateísmo reside en cortar la relación del hombre con Dios, relación bidimensional: del hombre con Dios y de Dios con el hombre para optar por la realidad en la que vive inmerso el hombre (la mundaneidad).

La repugnancia hacia Dios que manifiestan proviene o de una dispersión irreflexiva o por una reclusión en sí mismo como centro del placer La dispersión irreflexiva va desde la desidia hasta los hábitos viciosos en virtud de los cuales el hombre, si no reforma su conducta.se desliza hacia el cambio de criterios morales.

Para tener un conocimiento de las variantes que tiene el ateísmo se puede hacer una división en ateos especulativos y ateos prácticos.

Los especulativos son ateos de tipo teórico, pues no admien que halla un  ser que trascienda al mundo. Se fundamentan en criterios de conocimiento, están poseídos de su autoestima y se oponen a las manifestaciones de los creyentes por considerarlas efectos del fanatismo.

Estos siempre han sido un número reducido. Son quienes profesan el escepticismo. Se les hace casi imposible atender la existencia del absoluto. Dentro de los especulativos cabe señalar a los ateos por reacción ante el problema del mal, el cual solo puede ser comprendido desde la profundidad del rechazo del bien.

Los ateos prácticos son aquellos que prefieren vivir sin sumisión a las obligaciones morales, convencidos de que los goces humanos son la lo mejor de la felicidad, Se recluyen y están motivados por la inmersión en el placer o en el activismo, ejemplo clásico de ello es el narcisismo.

Se pueden ver las secuelas de estas manifestaciones también en el afán de dominio, con el apoyo de esquemas seudointelectuales que se reducen al uso de unos cuantos tópicos, con el fin de obstruir la referencia a Dios.

Agnósticos: Es importante no confundir a los ateos con los agnósticos. Estos últimos consideran que la existencia de Dios es algo que no se puede demostrar ni refutar En cambio, los ateos creen que no existe. Esto no significa precisamente que sí exista; parece apoyar la postura de los agnósticos, pero muchos ateos asumen y defienden sus creencias con un rigor y una fe tan fuertes e inquebrantables como un religioso las suyas, por lo que las polémicas entre ambas ideologías han sido siempre fuertes.

Durante siglos, los ateos ocultaron sus ideas antes de enfrentarse a una religión demasiado autoritaria como ha sido el cristianismo, pero en los últimos dos siglos las ideas ateas se han ido difundiendo cada vez con más ímpetu.Y aunque hoy el ateo está mal visto poi la mayoría de la sociedad, ya no está tan perseguido ni se expone a las represalias que hubiera sí sufrido en años anteriores.

En esencia, el agnosticismo reposa en una raíz profundamente racionalista, esto es, en la actitud intelectual que considera a la razón como el únicc medio de conocimiento suficiente, y el único aplicable, pues sólo el conocimiento proporcionadc por ella satisface las exigencias requeridas para la construcción de una ciencia rigurosa. Y esto tanto si la doctrina se muestra claramente como racionalismo —es lo que ocurre en el caso de Kant— cuanto si se trata de filosofías en las que el racionalismo aparece solapado bajo la apariencia de positivismo o materialismo.

Como consecuencia, el agnosticismo circunscribe el conocimiento humano a los fenómenos materiales, y se sitúa frente a cualquier tipo de saber que se ocupe de seres espirituales, trascendentes  no visibles. No niega, ni afirma, la posible existencia de aquéllos, sino que suspende el juicio, se abstiene de pronunciarse acerca de su existencia v realidad y actúa con arreglo a tal actitud.

Y en este orden de cosas, aun cuando admita la posible existencia de un Ser supremo, ordenador del universo, sostiene que, científica y racionalmente, el hombre no puede conocer nada acerca de la existencia y la esencia de tal Ser. Esto es lo que diferencia al agnosticismo del ateísmo, pues este último sí niega radicalmente la existencia de dicho Ser supremo.

Fuente Consultada:
Histroria de la religiones Hofmann-Poirier
Enciclopedia HISPANICA Tomo I

Los Libros Sagrados de la Historia Escrituras Sagradas de Religión

Los Libros Sagrados de la Historia
Las Escrituras Sagradas de Religión

Hay un punto común en todas las religiones del hombre: la existencia de escrituras sagradas, cuyas palabras encierran la fe, contienen normas. He aquí varios de ios libros más bellos del mundo

En el mundo islámico es costumbre referirse a quienes siguen la enseñanza de Mahoma llamándoles «hombre del Libro». Este título se concede también a los cristianos y a aquellos que pertenecen al «pueblo de Israel». Con ello, los mahometanos expresan que estas tres creencias poseen escritos sagrados que son esenciales para las doctrinas y prácticas respectivas.

Pero como hecho real, todas las religiones desarrolladas del mundo, tanto de Oriente como de Occidente, reverencian ciertas colecciones de escritos que ellas consideran como «escritura sagrada». Este término, empleado por los cristianos para designar el Antiguo y el Nuevo Testamento, y por los judíos para referirse al Antiguo Testamento, puede tener una aplicación más general.

Los libros sagrados

A todos los pueblos de Occidente les es familiar la colección judeo-cristiana llamada Biblia, integrada por el Antiguo y el Nuevo Testamento. Todos han oído hablar también del Corán, unas «revelaciones» que, según el profeta Mahoma, le habían sido hechas por inspiración de Dios.

Pero no todos sabemos que en la India y en todas las zonas fieles a la creencia hindú, los Upanishads y otros escritos (el Bhagavad-Gita, por ejemplo) ocupan un lugar semejante al concedido por los cristianos, mahometanos y judíos a sus libros santos. Y tampoco sabe todo el mundo que hay un cuerpo de escritos budistas —por ejemplo, el Vinaya o «Libro de la disciplina», el Sutta pitaka o «Sermones», el Abhidhamma o «Exposición teológica»— que los seguidores del sabio indio Gautama (el Buda) consideran sagrado.

También en China las Analectas de Confucio, como asimismo los escritos atribuidos a Lao-Tsé, la figura que fundó el taoísmo, ocupan un sitio central entre quienes siguen el «camino» que les ha sido enseñado por estos sabios históricos o parcialmente legendarios.

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Casi todas las religiones poseen escrituras sagradas. En un santuario ricamente decorado del «Templo de Oro» de Amritsar, en la India, un sikh lee en cómoda posición el enorme libro santo de su religión, derivado del hinduismo brahmánico.

Historia y doctrina

Cierta parte del contenido de los libros sagrados (excepto de los más antiguos hindúes) es histórica o casi histórica. Así, tenemos relatos sobre el nacimiento y la vida, sobre la enseñanza de Buda, sobre cómo recibió Mahoma sus «revelaciones», sobre los primeros días del pueblo judío, conducido por Moisés, «el amigo de Dios», y narraciones sobre su historia, en la que se sintieron guiados por Dios y fueron capaces de disfrutar de la comunión con El. Y tenemos, sobre todo, relatos sobre el mismo Jesús: sobre su nacimiento, su enseñanza, sus obras, su muerte, su resurrección y los acontecimientos que ocurrieron luego en la comunidad de sus discípulos.

Cuando se estudian los escritos de las distintas religiones con métodos críticos —los mismos que se aplicarían a cualquier documento antiguo—, se descubre, por regla general, que existen varios estratos distintos en ellos. Parte de los escritos son realmente muy antiguos; en algunas ocasiones, casi contemporáneos de los principios de la religión (como el Corán o las Analectas de Confucio).

Otras partes han sido añadidas y muchas veces insertadas en las secciones originarias. Este material más nuevo es, a nienudo, esplicación y amplificación de lo que fue transmitido por boca de la figura principal de la fe, e importa mucho conocerlo, en la medida en que demuestra claramente cómo una tradición religiosa ha crecido, se ha extendido y ha sido interpretada a la luz de otras experiencias o a través del contacto con otras creencias religiosas por todo el mundo.

El concepto de «canon»

Es importante señalar que en el judaismo, el cristianismo, el hinduismo y el budismo, los escritos sagrados son más bien producto de una comunidad que de un individuo aislado. En cambio, el Corán (por ejemplo) es obra de un solo hombre, del profeta Mahoma, aunque los estudiosos creen que ahora y entonces se han añadido o se ha ampliado ciertas secciones de aquel libro.

Este carácter comunitario de la escritura es de una importancia considerable. Muchas veces no se puede saber quién creó las primeras colecciones; simplemente aparecieron como tales, en la medida en que hoy nos permiten asegurarlo nuestros conocimientos. Pero, naturalmente, alguien debe haberlas escrito. En cualquier supuesto, importa distinguir los libros sagrados de los que no lo son.

Los criterios para establecer el «canon», o lista oficial budista de los libros sagrados, no están claros en modo alguno; tampoco lo están los que limitaron las posibilidades de los escritos santos hindúes, aunque parece que aquí la antigüedad tuvo mucho que ver con la selección.

En el caso concreto de la Biblia, el concepto de canon está íntimamente ligado al de «inspiración» divina, porque se tienen por escrituras sagradas las inspiradas por Dios. Hasta aquí coinciden el judaismo y el cristianismo, que se separan a la hora de establecer la lista concreta de libros santos.

El judaísmo, tras una asamblea de rabinos reunida entre los años 90 y 100 d. de J. C, reputó y reputa hoy como canónicos 39 libros del Antiguo Testamento.

La Iglesia cristiana acepta, en principio, esa lista, con una diferencia: en tanto que los protestantes, en general, la respetan íntegramente, la Iglesia católica añade a esos 39 libros otros 6, los llamados «deuterocanónicos» (Tobías, Judith, 1 y 2 de los Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc, así como algunos fragmentos de Ester y Daniel), y entiende así que el canon veterotestamentario lo integran 45 libros.

Por otra parte, al Antiguo hay que añadir el Nuevo Testamento, cuya lista oficial de libros respetan todas las Iglesias cristianas en la forma que sancionó el concilio de Cártago de 397. Son los siguientes: los cuatro evangelios (de san Mateo, san Marcos, san Lucas y san Juan); los Hechos de los Apóstoles, de san Lucas; catorce epístolas de san Pablo; otras siete epístolas de autores varios (dos de san Pedro, tres de san Juan, una de Santiago y otra de san Judas); y el Apocalipsis de san Juan.

La escritura sagrada y sus lectores

Punto importantísimo es el de la relación existente entre el libro sagrado y el creyente común. Toda ella gira en tomo al problema de la interpretación.La Iglesia católica, con referencia a las Escrituras, permanece fiel al sentido «literal», entendido en un sentido amplio, tanto estrictamente histórico como evangélico, por tener en el Evangelio su propio desarrollo. Pero además afirma que hay un sentido «típico», que no consiste en las palabras, sino en las cosas o personas que esas palabras expresan, y que a él debe atenderse también. Estas reglas, combinadas con la autoridad de la Tradición, darán la pauta para interpretar rectamente las Escrituras.

Esta cuestión de la interpretación tiene particular relieve en el cristianismo que, junto con el judaismo, es de las pocas religiones que da acogida en su culto, como parte integrante, a la lectura de las escrituras. El judaísmo preceptúa el despliegue de los «rollos» y la lectura del texto; el cristianismo, las «lecciones» durante la liturgia (por ejemplo, las de la Epístola y el Evangelio en la Misa), y las lecturas en la Sagrada Comunión. En ambas religiones, por tanto (y asimismo en el Islam) los escritos sagrados son familiares al hombre común y no se piensa que estén reservados exclusivamente a la especulación de los monjes o las personas instruidas.

Habida cuenta de esa difusión tan general, ha preocupado siempre el problema de la traducción de la Biblia a las lenguas modernas. En España, la más antigua versión castellana es la publicada por Alfonso X, recogiendo casi toda la Escritura: se la conoce por Biblia alfonsina.

Traducciones completas ofrecieron después los judíos y protestantes españoles: los primeros, la Biblia de Alba y, sobre todo, la de Genova, por el lugar de su impresión, datada en 1533; los segundos, la del morisco Casiodoro de la Reina (Biblia del Oso, por el grabado de la portada), impresa en Basilea en 1559 y depurada poco después por Cipriano de Valera. Hay que esperar a fines del siglo xvm para encontrar la primera traducción católica completa: es la debida al P. Felipe Scio de San Miguel, publicada en Valencia y «desdichadísima» a juicio de Menéndez y Pelayo.

En Madrid se publicó, de 1823 a 1825, otra traducción, ésta del canónigo don Félix Torres Amat. Últimamente, destacan tres versiones: las de Nácar-Colunga (1944), Bover-Cantera (1948), y la del P. Serafín de Ausejo, publicada no hace mucho (1964). Las tres son de gran valor religioso y científico.

LIBROS SAGRADOS DEL MUNDO

HINDUISMO

Los Vedas. Himnos, liturgias, cultos y votos antiguos. Algunos piensan que datan de los años 1000 a 800 a. de J.C. Originariamente se transmitían por tradición oral, pero más tarde fueron fijados por escrito. Los himnos están dirigidos a varios miembros del mundo de los dioses védicos. Un veda es una pieza sagrada de conocimiento, y los sacerdotes usaban los Vedas en los dias primitivos de la religión india.

Los Upanishads. Existen más de 250. Constituyen la enseñanza secreta mística, que interpreta el fundamento material de los Vedas. Los Upanishads también se transmitían por vía oral, hasta que al fin se pusieron por escrito para facilitar la enseñanza, procurar información y formar el contenido para la meditación de los piadosos.

El Ramayana, el Mahabharata y el Bhagavad-Gita. Cuando el hinduismo se desarrolló, su aspecto impersonal se modificó frecuentemente, dejando paso a una devoción más personal dirigida a divinidades específicas. El Ramayana data del 400 a. de J.C. aproximadamente. Habla de un rey devoto, Rama, séptima encarnación del dios Vishnú. El Mahabharata, que narra la guerra entre dos grupos indios, incluye varias enseñanzas morales, referentes a dioses y hombres; puede datar del siglo V a. de J.C. El Bhagavad-Gita está interpolado en el Mahabharata, pero generalmente se presenta separado de él por razones devocionaíes. Siendo de una época posterior, habla del dios Krishna, que adopta forma humana y se presenta al pueblo para que éste le adore e imite.

BUDISMO

El Libro de la disciplina (Vinaya), los Sermones (Sutta pitaka) y la Exposición (Abhidhamma) constituyen el canon pali de la escritura budista y forman lo que se llama tripitaka, esto es, las tres pitaka o «canastas» (líneas de enseñanza). El paií es una forma tardía y algo «rebajada» de la antigua lengua sánscrita, Los escritos son probablemente el producto de varias escuelas de monjes que los coleccionaron y redactaron a base de la tradición oral, quizás en el siglo I a. de J.C.

JUDAISMO

El Antiguo Testamento. En sus numerosos libros hay relatos antiguos sólo históricos en su núcleo, poesías, narraciones estrictamente históricas, himnos, discursos proféticos y revelaciones de Dios a los judíos. La colección creció gradualmente durante muchos siglos, hasta que en una asamblea de rabinos celebrada en Jammia, del año 90 al 100 d. de J.C., se fijó el canon actualmente aceptado por el judaismo y por las Iglesias protestantes. El Pentateuco (los primeros cinco libros del Antiguo Testamento) recibe la denominación de Tora (Ley) y significa que el judaismo poseyó, y posee, una literatura definitivamente establecida. Siempre ha habido comentarios sobre ella; pero el comentario en sí no es considerado santo, como la Tora misma.

CRISTIANISMO

El Antiguo Testamento. Se acepta el canon judío, pero la Iglesia católica incluye en él, además, otros seis libros llamados «deutero-canónicos».El Nuevo Testamento. La parte más antigua es la colección de cartas (epístolas) de san Pablo, que datan de mediados del siglo I; después, los cuatro evangelios, que cuentan la historia de la vida y la enseñanza de Jesús; los Hechos de los Apóstoles; diversas epístolas escritas por otros cristianos primitivos, y el Apocalipsis de san Juan. Al principio el canon era muy poco exacto; finalmente, en el año 691 d. de J.C. el esquema actual fue aceptado en el Concilio de Cartago, que reconoció todas las secciones incluidas hoy en el Nuevo Testamento.

ISLAM

El Corán. El profeta Mahoma es autor de gran parte, aunque no de todo el libro sagrado del mahometismo. Él recibió orden de Dios de fijar estas enseñanzas para los que siguieran el camino que Dios deseaba para los hombres. Esto quiere decir que, al menos los capítulos (azoras) más cortos, los más concisos, se remontan a la propia vida del profeta (nacido alrededor del año 570 d. de J.C).

Más tarde, reunió lo que él creía haber oído y lo escribió. Pero hoy los entendidos están seguros de que se ha añadido algún material adicional, bien al editarse la obra de Mahoma, bien por comentaristas de poco tiempo después. Los musulmanes consideran el Corán como libro de inspiración divina verbal. Por consiguiente el Islam, más que cualquier otra fe religiosa, es una «religión de un libro». Sin embargo, en años más recientes, algunos musulmanes han adoptado una actitud más liberal, pensando que el Corán necesita una interpretación para encontrar las necesidades de la vida creyente en una época distinta de aquella en que vivió su fundador.

Fuente Consultada:
La LLave del Saber  – La Evolución Social –  Tomo II – Libros Sagrados – Editorial Ediciones Cisplatinas S.A.

Grandes Profetas de la Historia Fundadores de Religiones Biografias

Grandes Profetas de la Historia

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MoisésBudaConfucioJesucristoMahoma

Iluminados o portadores de la palabra divina, los profetas han erigido poco a poco todas las creencias religiosas que dominan en el mundo en la actualidad. Actualmente, al hablar de profetas, se hace referencia más bien a los falsos profetas: individuos que propagan oráculos fantásticos próximos al engaño. Sin embargo, la palabra profeta califica también a los hombres que, en el pasado, fueron intérpretes de una voluntad superior que les ordenaba a los hombres amarse más y sobre todo adorar a Dios.

En obediencia a una voluntad superior
Fue en torno al Mediterráneo -en Grecia y en Egipto-y en Asia central -de manera especial en la India-, cuna de las primeras civilizaciones occidentales y orientales, donde aparecieron los profetas. Ya se trate de Abraham, Moisés, Natán, Isaías, Buda, Zoroastro, Jesucristo o Mahoma, todos forman parte de nuestro patrimonio cultural.

La historia hace de ellos seres de excepción, quizá porque generalmente cada uno de ellos se presentó como una figura única e incomparable, es decir irreemplazable, y en ello no había orgullo de su parte; simplemente eran como poseídos por aquel en cuyo nombre hablan  y quien les permite realizar acciones  extrañas y sobrenaturales: Moisés dividiendo el Mar Rojo para salvar a su pueblo; Jesús transformando agua en vino o multiplicando los panes. Y es que no se toma la decisión de ser profeta: se es por obediencia a la voluntad apremiante de una naturaleza trascendental.

Una existencia marginal
A menudo es en la soledad de las montañas o en el desierto en donde los profetas han recibido los mensajes divinos que la han difundido entre los hombres. Pues, mediante la palabra o por escrito, esos hombres elegidos han intentado hacer manifiesta una verdad hasta ese momento escondida o alterada, reformar un comportamiento pervertido con el tiempo o a devolverle vigor.

A menudo, su deseo de reforma los enfrentaba con la religión dominante -ése fue el caso de Buda en la India o de Zoroastro en Persia o, cuando llegaban a reunir un grupo importante de fieles, con el orden  político, como fue el caso de Jesús, que repudiaba la autoridad de Roma; o de Mahoma, que desafiaba la de Bizancio.

Así, su vida consistió, muy a menudo, en una larga cadena de pruebas. Nómadas en su mayor parte, muchos fueron expulsados de su país, algunos fueron hechos prisioneros y otros, asesinados.

A esos marginados es a quienes las grandes religiones del mundo deben el hecho de haber surgido, así como una multitud de sectas y de herejías -como el shivaísmo o el vishnuismo en la India, el chiísmo o el kharidjismo en el Islam, o incluso los valdenses en el ámbito cristiano.

ALGO MAS….
OTRO GRAN FILOSOFO CHINO

mencio filosofo chinoDe entre sus grandes filósofos, tres tuvo China que han sido de suma importancia para su historia: Mencio, Confucio y Lao-tse, los cuales sobresalen con mucho de los demás. Si maestro Kung fue conocido en Occidente como Confucio, maestro Meng también recibió un nombre latino: Mencio.

Su vida presenta mucha semejanza con la de Confucio y provenía de la misma provincia (la actual Shandong). Igual que Confucio, vivió en una época de política confusa (h. 371-h. 288 a. de J.C.).

Como profesor, viajó largamente por China enseñando su forma de pensar, hasta que, al fin, se retiró desilusionado, para terminar su vida dedicado plenamente a la meditación.

Mencio creía en los héroes legendarios de los antepasados, pero, al contrario que Confucio, no quiso aceptar todo lo que contaba la Historia. Creyó también en la bondad ingénita del hombre, que le permite distinguir entre lo bueno y lo malo, y esperó que cada individuo sometiera su actuación a este principio. Un joven está lleno de bondad congénita. Por los tristes ejemplos que le ofrece la vida, el hombre razonable se dará cuenta a tiempo de que su bondad disminuye, lo que le impelirá a reforzarla y cultivarla.

Aunque esto no es fácil, tiene el estímulo de la «doctrina del amor distinguido». Por ejemplo: el individuo que ama a sus padres es un ser natural; si no los ama, es un animal, y por tanto, como hombre, es contranatural. De este amor por los padres viene a desarrollarse el amor hacia el prójimo.

Como el hombre es bueno por naturaleza, no hay diferencia entre ellos. Todos somos iguales. Cada ser humano es, según Mencio, «una complejidad acabada perfectamente», pero esto no quiere decir que no haya hombres «más altos» y «más bajos», por decirlo en lenguaje sencillo.

Aunque todos seamos buenos por igual, no somos iguales de inteligentes ni igualmente dotados, lo que es decisivo en la vida social.
Aparte de amor para todos, Mencio ponía justicia en cualquier cosa: «El espíritu del hombre es justicia». Sólo hombres verdaderamente buenos pueden reinar. Como en tiempos de Mencio el gobierno dejaba bastante que desear, no cesó de criticar acremente a los gobernantes feudales. Esto le llevó a reconocer el derecho a la revolución cuando el país estuviera mal gobernado.

Para el filósofo, las órdenes del cielo (según las cuales el emperador estaba sentado en un trono de dragones) eran algo muy sagrado, contra lo que ningún gobernante podía oponerse. El pueblo debía ocupar siempre el primer plano; el emperador sería su servidor. Si no tenía condiciones para desempeñar su tarea, debería ser destronado para siempre.

He aquí las reglas que Mencio daba para el buen gobierno: escuelas para todos, leves castigos para los malhechores, reducidos impuestos, reparto equitativo de riquezas, tierras en propiedad inalienable y definitiva para los campesinos, protección del estado para todo el mundo.

Estas normas tan actuales de Mencio han permitido que los chinos le consideren como el segundo filósofo, inmediatamente detrás de Confucio, que es el primero. Cuando, bajo la dinastía Song, nació el neoconfucianismo, las normas de Mencio tuvieron gran influencia, porque ciertamente se veía en ellas algo nuevo por completo.

Fuente Consultada: Historia Universal Tomo 7 Salvat La Nación El Origen de las grandes religiones

Ciudad Maya Origen e Historia del Chichen Itza Templos y Piramides

Ciudades Mayas-Origen e Historia del Chichén Itza

Ciudades Mayas Origen e Historia del Chiche Itza

CHICHÉN ITZÁ: La ciudad prehispánica de Chichén Itzá fue incluida por la UNESCO en la Lista del Patrimonio Mundial en el año 1988. Este lugar arqueológico constituye uno de los mas importantes testimonios de la civilización maya-tolteca de la península del Yucatán. Sus monumentos, considerados de los más importantes de  la arquitectura mesoamericana, muestran le fusión de dos corrientes, maya por las técnicas de construcción y tolteca por una riqueza de su decoración esculpida.  – (Ver Mas Abajo: Historia de Chichen Itza)

LOS MAYAS: Se los ha llamado los «griegos del Nuevo Mundo», pero es un término muy discutido. Nadie sabe si provienen del altiplano de Guatemala o de la costa del golfo. Aunque unas veinte etnias indias hablan dialectos mayas, a menudo se entienden entre sí con gran dificultad. Pero para la rara casta de los instruidos hubo un idioma escrito, y los jeroglíficos de sus ciudades son siempre los mismos. Recibieron influencias de otros pueblos y, a partir de ellas, construyeron la más importante cultura prehispánica.

No conocían la rueda, ni tenían animales de tiro, pero edificaron preciosas pirámides escalonadas, templos y palacios, y esculpieron sus impresionantes caras de piedra valiéndose de instrumentos también líticos. Ni siquiera conocían el arado, pero vigilaban desde sus observatorios la órbita de los astros y tenían el calendario más exacto del mundo. Creían en fuerzas cósmicas que habían trazado su destino y se sometían como esclavos al calendario en el que cada día estaba consagrado a una divinidad.

Él determinaba sus días buenos y malos y no hacían nada sin consultarlo. Cuando él se lo ordenaba, erigían sus construcciones, o las cubrían y alzaban impasibles otras nuevas. Un día, unos 600 años a. C, abandonaron de repente lo que habían edificado con tanto esfuerzo y desaparecieron de la llanura central de la península de Yucatán.

Y la jungla tragó sus grandiosas ciudades. Pero surgieron nuevas poblaciones en el norte de la península. Nadie sabe hasta ahora con exactitud qué ocurrió. Se habla de enemigos procedentes del norte: los frescos de Bonampak muestran una sangrienta batalla.

Se piensa también en rebeliones contraía casta sacerdotal reinante: en Altun Ha fueron destruidas deliberadamente tumbas de sacerdotes. Se sugieren dificultades de abastecimiento agrícola: el suelo labrado tan primitivamente producía cada vez menos. Muy pocos se quedaron, para quemar copal en honor de sus rencorosos dioses, como hacen todavía hoy los lancandones.

Chichén Itzá, que ocupa unas 300 hectáreas, se estableció sobre dos cenotes o hundimientos naturales del terreno, que en estos suelos calcáreos permiten acceder con facilidad a las aguas subterráneas. La primera aglomeración humana se construyó en el cenote de Xtoloc, al sur, durante la época maya clásica. Los edificios se levantaron entre los siglos VI y X en el estilo maya clásico.

Los más importantes son el de las Monjas, la Iglesia, Akab Dzib, Chinchab Chob, el templo de los Perales y el templo del Ciervo.

La segunda fundación, la más importante, corresponde a la migración de los guerreros toltecas en el siglo X, desde la meseta mexicana en dirección sur. Conquistaron Chichén Itzá entre los años 967 y 987 y crearon un nuevo estilo de construcción en el que las tradiciones mayas se mezclaban con las aportaciones toltecas.

El edificio más emblemático del lado sur es el Caracol, un observatorio astronómico de planta circular que encierra una escalera de caracol, y del lado norte el castillo o pirámide de Quetzalcoatl, alrededor del cual se organizan sobre terrazas los principales monumentos.

En el noroeste, el juego principal de Pelota, el muro de los Cráneos, el templo de los jaguares y la caza de las Águilas; en el noreste, el templo de los Guerreros, el grupo de las Mil Columnas, el Mercado y el juego de Pelota, y en el suroeste la tumba del Gran Sacerdote. En todos estos edificios destacan las representaciones guerreras, las frecuentes efigies de la serpiente con plumas o Quetzalcoatl en la decoración de pilares y columnas y la representación de enormes cabezas de reptiles como las célebres estatuas de ChacMool.

LAS CIUDADES MAYAS: Se hablaba antes del «antiguo reino» de El Petén y Guatemala, del que los mayas habrían emigrado al «reino nuevo» del norte de Yucatán. Hoy se duda que haya habido siquiera una migración semejante. Sólo sabemos que los mayas vivían en Yucatán ya mucho antes. Y sabemos, sobre todo, que nunca hubo lo que se dice «un reino maya».

Hubo sólo centros de culto, culturales y políticos, y cientos de ellos están todavía enterrados en la densa jungla. Pero los exhumados nos demuestran qué soberbios arquitectos eran los mayas, destacando extraordinariamente en sus fachadas. Como la de Copan, con el juego de pelota más hermoso de los mayas o el Templo de la Escalinata de los Glifos, cuyos peldaños se adornan con 2500 de éstos. Está Quiriguá, con las estelas más grandes de América, o Kabáh, cuyo Palacio de las Máscaras está cubierto en el frente delantero con 250 máscaras estilizadas del dios de la lluvia. Y está Uxmal, en Yucatán, cuya Pirámide del Adivino contiene, sobre una planta oval, cinco templos «infrapuestos» anteriores.

Es la ciudad del grandioso Palacio del Gobernador, en cuvo friso en mosaico, compuesto de 20.000 piedras, pueden contarse unas 150 máscaras del dios de la lluvia y más de 10.000 cruces de san Andrés. Y están Labná y Palenque, y Piedras Negras v Naranjo.

Desde los días de los exploradores Stephens y Catherwood, que además de Copan visitaron otras 43 ciudades mayas, varias de ellas han sido exploradas por generaciones de arqueólogos, y siempre hay nuevos descubrimientos. Como los grandiosos frescos de Bonampak, del siglo IX d. C, que narran sin interrupción la historia de una batalla, la tortura de prisioneros y las fiestas de la victoria con sacrificios humanos, y que han destruido el mito del pacifismo de los mayas.

El centro más importante de la cultura maya clásica ha salido a la luz con la tal vez mayor campaña arqueológica emprendida hasta ahora: hasta 1956, Tikal yacía bajo la selva. Llegaron ingenieros arqueólogos, abrieron pistas de aterrizaje y llevaron en avión grúas y orugas, especialistas y columnas de peones que han excavado sistemáticamente más de mil años de historia de esa ciudad.

En 1970 eran visibles ya 5000 edificaciones y los hallazgos, desde piezas de cerámica hasta esa máscara de mosaico dejade defamamundial, se miden en toneladas. Se descubrió también el módulo del centro maya típico de la época clásica: las pirámides escalonadas muy altas coronadas con un templo, así como miles de cimientos de viviendas.

Los «palacios», edificios de un piso con habitaciones tipo celda, que aún no se sabe para qué se empleaban, y lugares para el juego ritual de pelota. Hileras de estelas, cuyas inscripciones narran la historia de los señores, desde su nacimiento hasta la subida al trono, sus acciones heroicas y el fin de su mando. La última anotación es del año 879 d. C.

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Historia de Chichen Itza: La Ciudad de los Mayas – Los Templos de Piedra

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Aunque son muchos los núcleos de los que quedan restos en el área de influencia de los mayas, Chichén-Itzá, ya a primera vista, se nos presenta como algo muy singular, dada la concepción soberbia de sus obras arquitectónicas. Pero la admiración que su contemplación despierta es mayor todavía al saber que todos estos monumentos pertenecen de lleno a una cultura lítica, es decir, desconocedora por completo de los metales útiles. ¿Qué hombres serian esos que con tan parcos elementos forjaron una civilización tan avanzada que ha sido denominada “la Grecia del Nuevo Mundo”? ¿Quiénes eran los mayas?

Pirámide de Kukulcán Pirámide de Kukulcán

El origen de los mayas, como el de tantos pueblos primitivos, es incierto. Pero se sabe con seguridad que ocuparon, sucesivamente y en un movimiento ascendente; lo que hoy es la franja meridional de México, Belice, Guatemala y la zona más occidental de Honduras y El Salvador. En esta amplia área se establece la cultura maya.

Su decantamiento como algo distinto del resto de las culturas mesoamericanas se produce paulatinamente durante cerca de cinco siglos —entre el año 200 antes de Cristo y el 250 de nuestra era—, tiempo en que se fue creando un estilo artístico y arquitectónico propio.

En la última fecha citada se inicia lo que se ha llamado el período clásico temprano, que coincide con la aparición del calendario y de la escritura, y con un avance destacado en el campo del arte; esta etapa llega basta el año 600. Después comienza el período clásico tardío; en esta época la organización social estaba muy perfeccionada, y los sacerdotes dirigen la política y las ciencias, que conocen entonces su mejor momento.

Pero a partir del siglo X se inicia una decadencia paulatina de este pueblo. La clase militar llega al poder y desplaza a los sacerdotes, aunque éstos, afortunadamente, no dejaron de desempeñar su relevante misión religiosa. Muchos de los grandes centros de población fueron abandonados por esos años, sin que se sepa con seguridad el porqué de tal determinación. La población se desplazó hacia el norte de la península de Yucatán o hacia las tierras altas de Guatemala.

En la zona septentrional se iniciaba entonces el período posclásico —también llamado imperio nuevo—, con la formación de la Liga de Mayapán (987) entre las ciudades de Chichén-Itzá, Mayapán y Uxmal, unión que se deshizo en 1194, haciéndose con la hegemonía la segunda de estas ciudades, gobernada por los cocomes con ayuda de mercenarios nahuas procedentes de Xicalango.

El Templo de las 1000 columnas
El Templo de las 1000 columnas

Antes, a lo largo del siglo X, Chichén -Itzá había recibido —por medio del grupo de los itzaes— el influjo de los toltecas, que se desplazaron desde la meseta central mexicana al mando de su caudillo Quetzalcóatl (Serpiente emplumada), nombre cuya traducción directa al maya es Kukulcán.

El posterior culto a Kukulcán se extendió por la península de Yucatán, y fue precisamente en Chichén-Itzá donde se construyó su más importante templo, en la espléndida pirámide que los españoles llamaron más tarde El Castillo. Fue Kukulcán quien fundó Mayapán, con el propósito de hacer de ella el más destacado centro religioso y político, lo que se consiguió en 1194 y a costa de Chichén Itzá, cuyos habitantes, los itzaes, abandonaron la ciudad y se dirigieron hacia el sur, hacia el Petén guatemalteco, donde fundaron Tayasal.

La hegemonía de Mayapán. se mantuvo hasta mediados del siglo xv, cuando la antigua población maya, cansada del dominio de los cocomes y de sus mercenarios, se rebeló y destruyó dicha ciudad. Es entonces cuando se inicia el fin de la grandeza maya, con luchas constantes entre las distintas ciudades.

Y esta era la situación cuando, en 1527, los españoles llegan por primera vez a Yucatán. Pese a su decadencia y a las luchas internas, la resistencia que los mayas opusieron a los recién llegados fue muy grande y enérgica, ya que los españoles tardaron diecinueve años en conquistar el territorio, aunque, en realidad, lo cierto es que esta conquista no se consumó hasta 1697, año en que Martín de Ursúa derrotó en Tayasal a los itzaes, que siempre habían opuesto una tenaz resistencia a todos aquellos que pretendían someterlos.

Hoy en día quedan unos dos millones de personas de raza maya, que siguen las tradiciones y costumbres de sus antepasados, pero con una notable influencia de la religión cristiana. La organización social de los mayas estaba profundamente influida por su religión. Los sacerdotes —depositarios de la ciencia— constituían, junto con los nobles, la clase dominante, una auténtica aristocracia de la sangre.

Luego seguían, en la escala social, los hombres libres, entre los que figuraban los comerciantes —cuya situación era bastante próspera— y los campesinos, que vivían en peores condiciones. En el último escalón estaban los esclavos, reclutados especialmente entre los prisioneros de guerra de la clase baja y que constituían las víctimas habituales de los sacrificios humanos.

Pero no eran tan sólo los prisioneros de la organización social de los mayas era rígida y estaba muy influida por la religión. Los sacerdotes y los nobles eran la clase dominante. En este detalle de un vaso del periodo clásico tardío se refleja con realismo la jerarquización de la sociedad.

guerra los que nutrían las filas de los esclavos, pues otro medio de llegar a la esclavitud era la comisión de delitos, entre los cuales el robo era considerado como muy grave. Cada ciudad-estado estaba gobernada por el halach uinic (hombre verdadero), que ejercía funciones religiosas, militares y civiles.

En lo militar era auxiliado por el nacom y, en lo civil, por el batab, que era un cobrador de tributos. Las artes principales de los mayas fueron la arquitectura, la escultura y la pintura, estrechamente vinculadas en todo su desarrollo al carácter religioso de la sociedad. Los estilos son muy diversos, dada la amplitud del área cultural maya y las diferencias en cuanto al ambiente y a la posibilidad de usar distintos materiales de construcción. Si nos ceñimos a la zona norte de Yucatán, en particular a las tierras donde surgió Chichén-Itzá, veremos que destacan aquí dos estilos: el maya clásico y el mayatolteca.

El Caracol - los mayas
El Caracol

En el primero, los edificios ceremoniales están dotados de crestería superior y su techo de bóveda no permite cubrir un espacio superior a dos metros, con muros enormes y espacios interiores casi inexistentes o muy reducidos. En cuanto al estilo maya-tolteca, sigue utilizando, para esos mismos edificios ceremoniales, techos con bóvedas de paramento inclinado; pero ahora ya no se apoyan sobre muros, sino sobre columnas y pilares interiores. Otras características de este estilo es el uso de columnas, en las entradas de los edificios, que representan serpientes emplumadas.

En realidad la arquitectura maya tiene su punto de arranque en las modestas viviendas de los campesinos, aquellas sencillas chozas que, como es sabido, se construían sobre una plataforma ihás o menos elevada con el fin de defenderse de las inundaciones en la época de las grandes lluvias.

Por eso, los primeros edificios que los mayas construyeron para fines exclusivamente rituales o los destinados para servir de vivienda a los sacerdotes y a los grandes jefes militares o civiles no fueron otra cosa, ni más ni menos, que otra suerte de chozas, de grandes dimensiones, eso sí, pero chozas a fin de cuentas y asimismo edificadas sobre la consabida plataforma, que, mientras tanto, también había adquirido mayor altura y empaque. Más adelante, las paredes de estas chozas se revistieron de piedra y mortero, lo que significó un importante paso adelante que se daba en el arte de construir.

Al mismo tiempo, las plataformas o basamentos iban creciendo también, o, mejor dicho, se superponían unos sobre otros, lo que asimismo fue otro primer paso en el camino que había de conducir a la creación de las famosas pirámides escalonadas mayas. Durante mucho tiempo, y pese a que ya eran habituales los muros de mampostería, los techos siguieron cubriéndose de palmas, con lo cual aún no podía hablarse de unas estructuras verdaderamente arquitectónicas. Pero cuando los constructores mayas decidieron al fin que era preciso sustituir el techo de palmas por otro de un material más sólido y duradero, en este caso la piedra, surgió la bóveda.

Esta bóveda maya, que también se ha llamado falsa o salediza, se construyó aproximando los muros del edificio a partir de una determinada altura (que, por lo general, solía ser por encima del dintel de las puertas) y las hiladas de piedra se iban superponiendo de tal manera que cada hilada sobresaliera de la inmediata inferior, dejándose en la parte superior un pequeño espacio que se cerraba con una simple losa. El techo así obtenido seguía siendo semejante, en el interior, al de la choza, con lo que, una vez más, vemos la supervivencia, en cierta manera, de esta primitiva vivienda campesina.

El inconveniente de la bóveda maya era que con ella no se podían cubrir espacios muy amplios, como ya se ha dicho, Arriba, a la izquierda: mapa del Yucatán y de los países limítrofes en el que figuran los principales focos culturales indígenas, entre ellos Chichén-Itzá. A la derecha: planta de Chichén-Ilzá en la que se indican los más importantes monumentos de este conjunto arquitectónico.

ni siquiera en los grandes edilicios ceremoniales que se irían construyendo. El panteón maya estaba encabezado por Hunab Ku, el dios supremo, creador de todo e invisible. De él nació el bizco Itzamná, el dios Sol que había enseñado las ciencias a los hombres. Su consorte, Ixchel, era la diosa Luna, no siempre favorable a los hombres, pues enviaba de vez en cuando inundaciones devastadoras. Lugar muy importante ocupaba Chaac, el dios de la lluvia, lo que es muy lógico en una región tan seca como Yucatán; a él se le ofrecían sacrificios humanos en el Cenote Sagrado de Chichén-Itzá. Quetzalcóatl-Kukulcán, héroe divinizado de los toltecas, ocupaba también un lugar preeminente en la religión maya. ç

El Juego de Pelotas- los mayas
El Juego de Pelotas

Estos sacrificios humanos eran frecuentes. A las víctimas, aún vivas, se les arrancaba el corazón para ofrecérselo a los dioses, o bien eran arrojadas a los estanques sagrados para conjurar la sequía; si superaban esta última prueba, los sacerdotes interrogaban al que había estado en contacto con el espíritu del agua y trataban de determinar su voluntad. Otros ritos religiosos sangrientos consistían en la automutilación o en la mortificación del propio cuerpo.

Los mayas ‘practicaban la confesión pública de los pecados y ofrecían a sus dioses el perfumado aroma de algunos productos que quemaban, en especial madera o resma de copal. Los actuales mayas aún toman balché, bebida sagrada hecha con cortezas del árbol homónimo, fermentada con miel silvestre y agua.

Los ritos funerarios eran importantes, pues ese pueblo creía en la vida de ultratumba y, según parece, en cierta transmigración de las almas. Era costumbre inhumar el cadáver en su propia casa, la cual, más tarde, cuando era abandonada por sus moradores, tenía el suelo cubierto por completo de tumbas, convirtiéndose desde entonces en lugar de culto para la familia.

Todavía quedan en Chichén-Itzá restos de varios sacbeoob, calzadas que unían las ciudades y los templos. El sacbé conducía a todos los rincones del imperio maya, facilitando el comercio. Hoy día el moderno sacbé lo constituye la carretera de Mérida a Valladolid, por la que se accede a Chichén Itzá, situada al norte de la península de Yucatán, a 120 Km. al este de la primera de las citadas ciudades.

La parte explorada de esta gran ciudad de los mayas, el más importante centro religioso que nos ha legado la fecunda cultura de este pueblo, abarca una superficie de 3 Km. de norte a sur y 2 Km. de este a oeste. Los edificios explorados ocupan un claro del tupido bosque, que cubre celosamente el resto de los monumentos. Chichén-Itzá significa “boca del pozo de los brujos del agua” y fue fundada hacia el año 452 después de Cristo.

Su ubicación se debe a la existencia de varios cenotes (dzonot) o pozos de agua característicos de la zona septentrional de Yucatán, donde el agua, al caer, atraviesa la capa caliza y se detiene pocos metros después ante la presencia de una roca impermeable; cuando el suelo se hunde deja al descubierto el depósito de agua.

La construcción de Chichén-Itzá pasó por varios períodos, que podemos resumir en dos: el maya clásico o Puuc y el maya con influencia tolteca. El Cenote Sagrado o de los Sacrificios está situado al norte de la pirámide de El Castillo, el edificio más notable de ChichénItzá.

El cenote tiene un diámetro de unos 60 metros, una altura, hasta el nivel del agua, de casi 20 metros y una profundidad máxima de 13, más una capa de lodo de unos 3 metros. Este cenote tenía un uso ritual, pues los mayas creían que en él habitaba el dios de la lluvia, a quien ofrecían, como se ha dicho, sacrificios humanos, lo que se comprobó tras el dragado del fondo, efectuado por orden del cónsul estadounidense Edward Thompson, que dio como resultado el hallazgo de numerosos esqueletos y objetos valiosos. En la orilla hay restos de lo que parece un baño de vapor, utilizado posiblemente para purificar a los sacrificados.

El Castillo es una pirámide que, según el cronista Landa, se levantó en honor de Quetzalcóatl-Kukulcán. Pero otra hipótesis lo define como templo del culto solar, basándose en el hecho de que consta de cuatro escalinatas de 91 peldaños cada una, que en conjunto suman 364 y en total 365 —justo los días del año— al añadirles el último peldaño de la plataforma superior, sobre la que se asienta el templo.

La pirámide, que consta de nueve cuerpos escalonados, tiene una altura de 24 metros y 55,5 metros de lado en su base. Oculta por la gran pirámide existe otra estructura, también piramidal, que sostiene un templo, donde se encontró un asiento o trono en forma de jaguar, pintado de rojo y adornado con piezas de jade, y un Chac-Mool con incrustaciones de concha en los ojos, en los dientes y en las uñas de los pies.

Un ChacMool es un altar antropomorfo, y se le llama así desde que, a finales del pasado siglo, el arqueólogo Augustus Le Plongeon creyó, erróneamente, que representaba a un antiguo personaje del mismo nombre. Se trata de unas figuras recostadas boca arriba, con el torso levantado (se apoyan en los codos), la cabeza vuelta hacia un lado, las piernas flexionadas y las manos sobre el vientre, donde reposa un platillo redondo en el que muy bien’ podían depositarse las ofrendas, pues estas figuras se encuentran junto a los templos o en el interior de ellos. El Templo de los Guerreros se halla integrado en el Grupo de las Mil Columnas. Los cuerpos de la pirámide están cubiertos de bajo relieves que representan animales —tigres y águilas comiendo corazones— y dioses.

En la fachada del templo hay un Chac-Mool y detrás, a sus lados, dos columnas en forma de serpientes emplumadas. El templo, que carece de bóveda, forma dos amplios salones, en cuyos muros se mezclan elementos mayas (Chaac, dios de la lluvia) y toltecas (Quetzalcóatl). Bajo este templo hay otro más antiguo que tenía pinturas murales.

El Grupo de las Mil Columnas es un grandioso conjunto formado por infinidad de columnas, hoy sin cubrir, que rodean una gran plaza de 165 metros de norte a sur por 150 metros de este a oeste. El Juego, de Pelota, el más grande de Mesoamérica, tiene dos muros paralelos de unos 95 metros de longitud y separados entre sí por un espacio de 70 metros. En la tribuna septentrional está el Templo del Hombre Barbado y en el extremo sur de uno de los muros, el magnífico Templo de los Tigres.

Este pok-a-tok (juego de pelota) está formado, como hemos dicho, por dos muros elevados y paralelos, en cuyo centro hay sendos anillos de piedra. En este juego se enfrentaban dos equipos, que utilizaban una pelota de hule macizo y la enviaban al campo contrario —para contabilizar tantos— por medio de la cadera, el codo y la rodilla, que protegían con piezas de cuero.

Hacer pasar la pelota por el anillo era muy difícil, y el equipo que lo conseguía ganaba el partido. Otros monumentos situados al norte de la carretera Mérida-Valladolid son la Plataforma de Venus o Tumba de Chac-Mool, el Tzompantli (“muro de cráneos”), la Plataforma de Tigres y Águilas, El Mercado y El Baño de Vapor.

Al sur de la carretera están el Cenote y Templo de Xtoloc, el AkabDzib, el Templo de los Tableros Esculpidos, la Casa Colorada o Chichán-Chob, El Osario o Tumba del Gran Sacerdote, la Casa del Venado y los dos más importantes, que son El Caracol y el Complejo de las Monjas. El Caracol es un observatorio astronómico construido en el período clásico.

Se trata de una torre circular, de 12,5 metros de altura, situada sobre dos grandes plataformas rectangulares; la cámara superior tiene unas aberturas cuadradas que fijan ciertos puntos de observación astronómica: una de ellas mira al sur geográfico y, por medio de otras dos, puede observarse la puesta del sol durante el equinoccio de primavera y el de otoño, y la puesta de la luna en las mismas fechas.

Recibió este nombre por una escalera de caracol que hay en su interior. El Complejo de las Monjas es también muy antiguo. Se trata de un conjunto de edificios con numerosas estancias, con arquitectura y decoración del período clásico maya. El Anexo de las Monjas tiene una xxiuy adornada y bella fachada.

Muy cerca está La Iglesia, monumento de planta rectangular, cuya fachada está profusamente decorada con mascarones del dios de la lluvia, Chaac. Estos nombres ya se los pusieron los españoles, que vieron cierta similitud entre estos edificios y otros de la religión cristiana.

De hecho, el nombre de Complejo de las Monjas obedece a una tradición, recogida por los conquistadores, sobre la existencia de sacerdotisas entre los mayas, y a que los edificios, como hemos dicho, tenían numerosas habitaciones.

Ya al final de este recorrido por la gran ciudad de los mayas se puede ver la zona de Chichén Viejo, situada al sur del casco de la hacienda de Chichén-Itzá, cuyos monumentos más destacados son: el Templo de las Jambas Esculpidas, el Grupo de la Cornisa de los Pájaros, el Templo de la Tortuga, el Grupo Principal del Suroeste, el Templo del Dintel, el de los Cuatro Dinteles, el de los Tres Dinteles, el Grupo de la Fecha y el Templo de las Jambas Jeroglíficas.

En medio de la voraz jungla yucateca, los cuidados monumentos de Chichén-Itzá desafían, a lo largo de los siglos y rodeados de una vegetación que a toda costa quiere recuperar el terreno perdido, el paso inexorable del tiempo y la acción implacable de vientos y de soles. Chichén-Itzá constituye un permanente y fascinante testimonio de la asombrosa cultura maya.

El campo de pelota más grande descubierto hasta ahora está situado en la ciudad religiosa maya de Chichen Itza. Las pinturas murales muestran los dos equipos justo después del «silbato final». El líder del equipo vencedor sostiene la cabeza decapitada del capitán del equipo rival, cuya sangre fluye del cuerpo mutilado en forma de tortuosas serpientes que surgen del cuello.

 El Arte Maya

Fuentes Consultadas:
Maravillas del Mundo Texto de  Luis Azlum

Lugares Sagrados de America
Maravillas de América Central
Lugares Misteriosos de Paula Ruggeri
Tras Las Huellas de Nuestro Pasado Kurt Benesh Círculo de Lectores 

Historia del Ejercito Romano La Ocupacion Militar Roma Antigua Vida

Historia del Ejército Romano
La Ocupación Militar

LA OCUPACIÓN MILITAR: Los romanos ocupaban sólidamente sus conquistas, y de aquí el que pudieran conservarlas. Dos creaciones originales hablan asegurado la estabilidad de dicha ocupación las colonias militares y los caminos.

Todos los países conquistados fueron conservados por colonias que no eran ni col9nias de población ni de explotación, sino castros o campamentos permanentes de pequeños cuerpos de ejército en país extranjero, que se llamaban centinelas. Para establecerlos, se escogía un punto estratégico, tal la confluencia de varios caminos, un paso de río, la juntura de dos valles, y la primera obra era el recinto fortificado en que habían de instalarse los antiguos soldados con sus familias a quienes se distribuían lotes de tierra.

El casco de la izquierda es de legionario , el cassis, de metal terminado por un anillo destinado a la correa de que se servian los soldados  para llevarlo pendiente y a la espalda cuando iban de marcha. El de la derecha es un casco de pretoriano, soldado de la guardia del emperador.

Estos soldados continuaban siendo ciudadanos romanos y tenían una organización interior análoga a la de Roma. Los puestos fortificados se asimilaban poco a poco los pueblos vecinos, aunque manteniéndolos en obediencia. En caso de invasión, como en el tiempo de Pirro y de Aníbal, detenían al invasor dispersando sus esfuerzos y encerrándolo en su propia conquista. Expulsado el enemigo, la dominación romana quedaba intacta.

Para unir esas colonias, los romanos hacían caminos, lo cual era una innovación en el mundo antiguo, pues los griegos sólo conocían senderos. El camino o calzada romana, que facilitaba el tránsito de las legiones y de las máquinas militares que las acompañaban, tenía la misma importancia que hoy tienen los ferrocarriles estratégicos en los países conquistados.

Era un medio de impedir las sublevaciones, puesto que permitía a las tropas trasladarse rápidamente a los puntos amenazados. La solidez de aquellas calzadas es proverbial. El subsue1o estaba cimentado, y la superficie cubierta con anchos y desiguales adoquines dispuestos como un mosaico. La primera y más célebre calzada fue la Vía Apia, que unió a Capua con Roma en 312. Nada demuestra mejor el ingenio metódico de los romanos.

La Disciplina Militar en El Ejercito de Roma Antigua Soldados Romanos

Disciplina Militar en El Ejército de Roma Antigua

Narra el historiador Tito Livio que el ejército del cónsul Pablo Emilio estaba un día ocupado en instalar su propio campamento. No era ésta una operación muy larga, si bien se trataba, prácticamente, de levantar una verdadera ciudadela fortificada. Los soldados romanos estaban, en efecto, tan bien adiestrados que empleaban en la obra no más de cinco o seis horas.

Y he aquí que, mientras todos estaban diligentemente ocupados, un joven oficial se presentó ante el cónsul y le informó que el enemigo en marcha se encontraba en ese momento en una posición estratégicamente desfavorable, y que si se lo atacaba se obtendría probablemente una gran victoria.

Pero era menester ir pronto, antes de que la situación variara. Ya los oficiales, que habían escuchado, se preparaban para comunicar a los soldados la orden de suspender la construcción del campamento y empuñar las armas. Pero el cónsul no dio la orden esperada.

Todos se agruparon a su alrededor y le rogaron que no desaprovechara ocasión tan ventajosa. Entonces Pablo Emilio subió a la tribuna y pronunció un discurso que lo fiaría famoso: «Vuestros mayores se preocupaban de que el campamento estuviese provisto de todo lo necesario; sólo entonces lo dejaban para lanzarse a combatir, y en él podían encontrar refugio en caso de ser rechazados por el ímpetu de la batalla.

Por eso lo dotaban de fortificaciones y, cuando salían para marchar contra el enemigo, dejaban una fuerte guarnición, pues aquel general cuyo campamento hubiese sido destruido sería considerado derrotado, aunque hubiese ganado la batalla.

Los campamentos son la fortaleza del vencedor, el refugio del vencido. ¡Oh, cuántos ejércitos que a la iniciación de la batalla estaban por perderla volvieron a su campamento y, después, llegado el momento oportuno, hicieron una irrupción victoriosa y dominaron al enemigo!. El campamento es la segunda patria y para cada soldado su tienda es casa y hogar».

Aquel día los legionarios romanos renunciaron a una nueva victoria, para continuar la obra de leñadores, carpinteros cavadores y herreros que habían iniciado. Tal era la importancia que daban al campamento.

LA DISCIPLINA: La fuerza del ejército no residía exclusivamente en el armamento y la táctica, sino también en la disciplina, es decir, en la costumbre de consentir en hacer el esfuerzo que exige el superior.

Los generales imponían a los soldados largas marchas, duros trabajos y muchas privaciones cuando la obediencia se relajaba. La disciplina era muy severa. Cualquier falta a las órdenes dadas conllevaba la pena de muerte.

Los lictores azotaban al condenado y lo decapitaban en seguida.

Así pereció el hijo del cónsul Manlio por haber empeñado combate singular con un galo, a pesar de la prohibición de su padre. Las faltas ligeras se castigaban con azotes; eso explica que los centuriones usaran para mandar un sarmiento.

Imagen: Insignias (en el centro un aguila soportando un broquel, la punta de lanza que la remata, permitía clavarla en la tierra).

En los casos graves se diezmaba una legión, esto es, se indicaba por sorteo sí debía castigarse de cada diez o de cada veinte un soldado, y los hombres así designados eran decapitados de un hachazo.

Tal fue la suerte de las dos legiones de Fabio Rullo, que hablan huido delante del enemigo, igualmente, el senado se negó a rescatar 8,000 prisioneros que se habían dejado coger por los cartagineses.

Las recompensas eran numerosas. Consistían en armas de honor, en condecoraciones, en coronas y, algunas veces, en donativos de dinero.

Cualquiera podría objetar que armar y desarmar frecuentemente un campamento tan complicado resultaba tarea penosa. Tengamos en cuenta el extraordinario sentido del orden que imperaba y la férrea disciplina que regulaba la vida de ese ejército. La disposición del campo era fija, y así permitía a cada uno saber rápidamente en cuál sitio debía erigir la tienda respectiva, sin necesidad de recibir cada vez nuevas instrucciones.

Cada grupo, una vez levantada su tienda en el lugar habitual, tenía que ejecutar después un determinado trabajo de interés común; se creaba así en la tropa un adiestramiento tal que la construcción del campo no era considerada una carga extraordinaria. Parece razonable presumir que, en verdad, a otro ejército, aun al griego, no se le hubiera podido exigir igual prueba de destreza y organización.

Los campamentos militares romanos llegaron a ser tan poderosos y completos que resultaron uno de los principales instrumentos de romanización y civilización de las tierras conquistadas; las expediciones construían nuevas aldeas, que se transformaban con el tiempo en importantes ciudades. Así ocurrió en España, Francia, Alemania e Inglaterra.

El Arte de Hacer La Guerra Los Ejércitos de Roma Armas y Equipamiento

El Arte de Hacer La Guerra
Los Ejércitos de Roma: Armas y Equipamiento

Durante más de quinientos años, los ejércitos de Roma fueron los más fuertes del mundo, lo que constituye una marca desde el punto de vista histórico. Esta fuerza militar se debía, sobre todo, al hecho de que el verdadero romano consideraba el servicio militar no una carga sino un derecho.

Al principio, todos los hombres útiles formaron parte del ejército. Sólo a partir del siglo I antes de Jesucristo, los ricos intentaron librarse de la servidumbre de la vida militar, mientras que los ciudadanos menos privilegiados tenían que alistarse por un término de veinte años. Durante el imperio, cuando el ciudadano de Roma sólo se preocupaba del placer y la riqueza, las oscuras tareas del soldado se dejaron a los extranjeros. Así, algunos germanos alcanzaron el grado de oficial, e incluso de general.

El talento organizador de los romanos pudo exteriorizarse de un modo notable en el ejército. Las legiones fueron el núcleo principal del ejército. Al principio del siglo I antes de Jesucristo, una legión contaba con unos seis mil hombres. En la época de César sólo comprendía de cuatro a cinco mil. Cada legión formaba una unidad completa. Estaba dividida en diez cohortes, cada cohorte en tres manípulos y cada manípulo en dos centurias. Por tanto, una legión se dividía en sesenta centurias, cada una bajo el mando de un centurión, soldado cuya valentía y cualidades de jefe lo habían hecho  salir de las filas.

Antes de César, el mando de las legiones estaba confiado a tribunos a quienes incumbía la responsabilidad de las operaciones. Los tribunos mandaban de dos en dos durante dos meses. Pertenecían a las clases dirigentes y no siempre presentaban las indispensables garantías militares.

Por este motivo   César   dispuso   que   los acompañaran oficiales profesionales, llamados legados, sobre cuyos hombros pesaban graves responsabilidades. También, los cuestores desempeñaron un importante papel en el ejército de César. Sus actividades no se limitaban a ser las de un oficial pagador, sino que a menudo se les confiaba el mando de una legión.

Los soldados llevaban un pesado armamento. Tenían un venablo de 1,70 a 2 m. de largo y una espada plana de 60 cm. Portaban un casco de cuero o bronce, un escudo largo y una coraza de cuero reforzado con metal.

Junto a la infantería estaba la caballería y las tropas auxiliares provistas de arcos, flechas y hondas. Generalmente, estos soldados los proporcionaban los aliados. Cuando sitiaban una ciudad, los romanos disponían de diversos ingenios (catapultas y balistas) que les facilitaban el asalto. Personal especializado se encargaba de la conservación del material.

Los soldados no sólo llevaban sus armas sino también su comida e incluso con frecuencia una pala. Eran corrientes los desplazamientos de 25 a 30 km diarios. Cada noche el ejército establecía un campamento cuadrado siempre defendido. El mando se instalaba en el centro de la posición, así como el foro.

El campamento estaba rodeado por una empalizada y un foso. Las cuatro puertas eran vigiladas celosamente. Los campamentos que servían de cuarteles de invierno se elegían cuidadosamente, pues con frecuencia la   situación   estratégica  era  de suma importancia. Las legiones luchaban en tierras para ellas inhóspitas contra enemigos cuyo poder desconocían hasta entrar en combate.

Los romanos, expertos cavadores, se distinguieron en el arte del asedio. El sitio de una plaza se hacía en tres momentos o tiempos se cortaban las comunicaciones, se procedía a los trabajos de acercamiento o aproches, y por último, se iba al asalto. Para cortar las comunicaciones, se circunvalaba la plaza que se quería sitiar, es decir, se hacían atrincheramientos, con estacadas y blocaos para impedir que los sitiados salieran de la. ciudad y para evitar cualquier acción ofensiva que viniese de fuera.

El Arte de Hacer La Guerra Las Legiones Romanas Historia de Roma

Las obras de acercamiento o aproches eran numerosas. Se establecían galerías formadas de casillas de madera revestidas algunas veces de planchas de hierro o se empleaban manteletes, galerías perpendiculares a muralla y que, después de haber cegado el foso, permitían que los trabajadores estuvieran al abrigo mientras minaban la base de la muralla.

Luego se armaban sobre ruedas, altas torres de madera que debían dominar la muralla de la plaza, que las máquinas en ellas colocadas iban a barrer con sus proyectiles. Además, paralelamente a la muralla, levantaban una alta terraza, àger, en la cual instalaban también máquinas de guerra. Aislados así los defensores, se procuraba abrir una brecha con el ariete, que era una viga larga y muy pesada, en una de cuyas puntas había una pieza de hierro o bronce con figura de cabeza de carnero, y que se manejaba desde el interior de las casillas conocidas con el nombre de galápagos. Otras veces se probaba minar la fortificación o pasar por debajo de ella construyendo un subterráneo.

Hecha la brecha, se daba el asalto formando el testudo. Esta maniobra consistía en que los hombres de primera fila entrecruzaban sus escudos, mientras que los otros los colocaban horizontalmente por encima de sus cabezas. La columna de ataque se asemejaba a una tortuga en su concha.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil AZETA Editorial Credsa Tomo 2 Las Legiones Romanas

Ejercito Romano Combate Campamentos Disciplina Ejercicios Fisicos

Ejército Romano Combate Campamentos
Disciplina y Formación Física

Después se hizo de escamas de acero articuladas, unas cubrían el pecho y otras los hombros, a manera de anchos tirantes. Se ponían además una especie de sayo o cota de mallas que llegaba a menudo hasta el bajo vientre.

Las legiones se desplegaban unas al lado de las otras, y en el orden que ya hemos indicado. Esta disposición tenía dos ventajas ofrecía un frente más extenso a ejércitos más numerosos, como eran los de los bárbaros, y permitía el ataque constante en escalones con tropas frescas.

La acción se empeñabas comenzando los vélites, que maniobraban como cazadores delante de la línea de batalla, y abrumaban al enemigo con dardos y flechas.

Llegado el momento, cargaba la legión las primeras filas lanzaban al mismo tiempo el pilo, para sembrar la confusión en el frente enemigo, y terminada esa salva, atacaban espada en mano. Cuando el enemigo volvía la espalda, caballeros y vélites continuaban la persecución.

UN CAMPAMENTO DESTINADO A CUATRO LEGIONES.
El
campamento es un rectángulo protegido por un atrincheramiento, valium, formado de un foso, de un parapeto, áger, y de una estacada. Cuatro puertas daban acceso al campamento, puestos que vigilaban cuerpos de guardia de tropas auxiliares, colo­cados en la parte de afuera. En el campamento se ve la tienda de campaña aislada, del general; enfrente su tribunal. Los e3tandartes están colocados delante de las tiendas de Los oficiales. Las tiendas de los soldados están dispuestas en paralelogramos.

El  campamento es un rectángulo protegido por un atrincheramiento, vallum, formado de un foso, de un parapeto, áger, y de una estacada. Cuatro puertas daban acceso al campamento, puestos que vigilaban cuerpos de guardia de tropas auxiliares, colocados en la parte de afuera.

En el campamento se ve la tienda de campaña aislada, del general; enfrente su tribunal. Los estandartes están colocados delante de las tiendas de Los oficiales. Las tiendas de los soldados están dispuestas en paralelogramos.

El foso, el parapeto, áger, formado con la tierra sacada del foso y la estacada hecha de troncos de árboles a los que se les dejaban las ramas para enlazarlos, constituyen el vallum o atrincheramiento. Los soldados representados aquí se supone que tienen de 1,60 metros de alto.

Ese género de combate exigía que los soldados estuvieran muy avezados a la esgrima y de aquí el que los ejercicios fuesen tan frecuentes. Se esgrimía contra maniquíes o postes, con armas dos veces más pasadas que las reglamentarias.

Esos ejercicios de esgrima se hacían una vez por día. Además, los soldados estaban acostumbrados a maniobrar por centurias, manípulos o cohortes, porque la movilidad de esas unidades era una de las grandes ventajas de la legión y la principal condición para el éxito.

Un ejército en marcha acampaba todos los días, es decir construía una fortaleza provisional. El campamento era un gran rectángulo cortado por dos calles perpendiculares que terminaban en cuatro salidas o puertas. En el cruce de dos de esas calles se erigía el altar del fuego sagrado, se plantaba la tienda de campaña del general, o pretorio, y el tribunal.

Al lado se hacia una plaza pública llamada foro. El campamento era de esa manera la imagen de la ciudad, con sus dioses, su justicia  sus asambleas. En el resto del rectángulo se plantaban en fila las otras tiendas de campaña, cubiertas con pieles, y en las que podían alojarse diez hombres. Los diferentes cuerpos del ejército tenían señalado el Sitio que debían ocupar.

Rodeaba el campamento un foso angular de dos metros y medio de profundidad por tres de anchura; la tierra de la excavación servía para establecer un terraplén o parapeto, dger, de más de un metro, coronado con una estacada de la misma altura. Si el campamento llegaba a ser permanente, todas estas obras se construían con piedra.

La vigilancia del campamento estaba a cargo de rondas de caballería y de las centinelas que daban los puestos colocados junto a las puertas, fuera de trincheras. Gracias a la división del trabajo, el establecimiento de un campamento era una operación tan rápida como útil. El campamento era, en efecto, un abrigo contra las sorpresas, un lugar donde poder resistir en caso de descalabro, y un depósito seguro para los convoyes y bagajes.

Esto era muy importante, porque el soldado romano no debía estar embarazado para batirse. En resumen, el campamento permitía batirse cuando convenía, y sin impedimenta.

Ver: El Armamento en el Ejercito 

El Soldado Romano Defensa Personal Combates Ejercito De Roma

El Soldado Romano Defensa Personal
Ejército De Roma

La Leva: Mientras que el ejército se compuso de soldados ciudadanos, la leva o enganche de gente para el servicio militar fue un acto civil, análogo a la convocación de electores.  El senado fijaba el contingente, y los cónsules anunciaban en un edicto el día en que el pueblo debía reunirse por tribus en el Capitolio.

Había cuatro tribus que estaban obligadas a dar cuatro legiones, a razón de dos por cónsul. Se sorteaba la primera tribu que debía suministrar los hombres; éstos eran designados nominalmente y los así designados pasaban cuatro a cuatro, ante los magistrados que los examinaban de carrera y repartían en las cuatro legiones, cuyos oficiales se habían nombrado de antemano.

Los cónsules concedían exenciones en determinados casos y castigaban a los ausentes con penas que consistían en multas, azotes, prisión y hasta esclavitud. La operación se terminaba cuando todas las plazas de las legiones estaban provistas.


LEGIONARIOS CONSTRUYENDO UNA MURALLA
El legionario no solo era un soldado, también se le empleaba en el intervalo de los combates en construir trincheras, puentes, caminos. Hasta ciudades han construido cuyas ruinas hoy existen como Argel y Tunez

El Soldado Romano: El soldado romano, labrador latino armado, era, en general, un hombre pequeño, moreno grueso y robusto, que los trabajos del campo hablan endurecido al trabajo. No se admitían además en el ejército sino a hombres cuya robustez fuese probada, y el consejo de revisión que seguía al enganche, era extremadamente severo Los soldados romanos mostraron notable resistencia en las fatigas del servicio.

Hacían, como la infantería moderna, marchas de a8 a 32 kilómetros, con una carga de 6o libras romanas, casi unos 20 kilogramos. Cada hombre llevaba en marcha, además de sus armas, diversos utensilios hacha, pala, azadón, y quince días de víveres.

Esta carga la llevaban en el hombro derecho, atada a una percha. Una vez llegados a la etapa, los soldados debían fortificar el lugar antes de darse al descanso. Los empleaban también en construir caminos, y es sabido que manejaban la pala y el azadón tan bien como la pica y la espada. Además eran tan sobrios como infatigables andadores y excelentes jornaleros.

Por lo que respecta a lo moral, el soldado romano confiaba en sus jefes, perseveraba en el esfuerzo y estaba dispuesto siempre a hacer todos los sacrificios que exigía la grandeza de su patria. Los reveses no le desanimaban, y la energía patriótica del romano fue causa de que sus enemigos lo admirasen.

Estaba sujeto además por el vinculo del juramento. Al entrar en la legión, juraba obedecer a su general, seguirle por dondequiera le condujese, y permanecer debajo de la bandera mientras no fuese relevado de su juramento.

El juramento lo prestaban solemnemente, en presencia del cónsul, los oficiales, tribunos y centuriones; después se daba lectura de él, a los soldados, y llamado cada uno por su apellido, respondía o «Yo también».

Roma debió su grandeza a las cualidades excepcionales de sus primeros soldados.

Las Legiones Romanas Caracteristicas Cantidad Soldados y Armas

Las Legiones Romanas
Caracteristicas, Cantidad de Soldados y Armas

INTRODUCCIÓN: El ejército fue el principal artífice de la edificación del Imperio romano, fundamentalmente porque la paz en el interior del mismo dependía del poder militar. En la época republicana, la fuerza de este ejército residía en su cohesión, debida al reclutamiento que se llevaba a cabo según el principio del ciudadano-soldado: todo ciudadano varón es movilizable a partir de los 17 años.

Pero esto no suponía que Roma contara con un ejército permanente: la leva (dilectus) de tropas no se hacía, por lo general, más que en tiempo de guerras; durante la conquista, la movilización tenía lugar todos los años.

La unidad básica de batalla era la legión. En la época republicana había cuatro legiones constantemente en pie de guerra. En tiempos de paz, los cónsules examinaban a los individuos en edad de movilización y sorteaban, entre ellos, los que serían .efectivamente enrolados en las legiones.

En caso de amenaza grave, los magistrados competentes podían decretar el tumultus, movilización masiva de todos los jóvenes en edad militar.

A medida que se extendía el Imperio, los campos de batalla eran más numerosos y lejanos, con lo que el ejército romano se fue transformando. El número de legiones se multiplicó y el reclutamiento se proletarizó: al final del s. II a.C. Mario decidió reclutar a todo tipo de voluntarios, incluidos los de las familias más humildes. A partir de ahí, el ejército empezó a estar integrado por profesionales atraídos por la soldada y por el botín.

Los soldados, cada vez más vinculados a sus jefes, no dudaban en luchar junto a ellos con ocasión de  guerra civil. Pero este cambio no tuvo solamente consecuencias negativas: sirvió también para marcar una notable mejora los aspectos técnicos del ejército.

Cuando  Augusto organizó el ejército imperial, en s. I de nuestra Era, no necesitó más que ratificar un hecho ya consumado, creando un ejército permanente formado por soldados profesionales.

HISTORIA DEL EJERCITO ROMANO: Roma conquistó el mundo por medio de las armas; pero el ejército romano sufrió varias transformaciones antes de llegar a ser el excelente instrumento de conquista que fue cuando militó bajo las órdenes de César.

En su origen, el ejército romano no se parecía en nada a lo que nosotros llamamos ejército. Todos no eran soldados, por espíritu de justicia así como por desconfianza, los pobres que no podían comprarse una armadura eran excluidos del ejército.

Los soldados no estaban regimentados ni alojados en cuarteles por el estado. El día que los convocaban, los hombres designados se agrupaban por gentes, es decir por familias, y se armaban a su antojo, así el que los ricos se presentaran a caballo. No recibían sueldo se alimentaban, como se equipaban, esto es, a costa propia.

 SOLDADOS ROMANOS DE LA ÉPOCA DE LA REPUBLICA

SOLDADOS ROMANOS DE LA ÉPOCA DE LA REPUBLICA
El casco tiene un penacho. Llevan la primitiva coraza hecha de escamas de metal prendidos en una túnica de cuero. Los escudos, más grandes que el scutum, tienen forma oval. El balo relieve representa una escena de empadronamiento.

Los ciudadanos abandonaban por tiempo indeterminado sus familias y labranzas, y, una vez terminada la guerra, regresaban a sus ocupaciones. Además la guerras nunca eran muy largas, pues siendo merodeos más bien que combates organizados, éstas se hadan en las inmediaciones de Roma. El ejército era, si así puede decirse, una especie de guardia nacional, o dicho de otro modo «un pueblo de pequeños propietarios que se ejercitaban en combatir».

La reforma de Servio Tulio consistió en aumentar el número de soldados e introducir el orden en el armamento. Como se ha visto ya, Servio habla dividido el pueblo en siete clases, en razón de la fortuna. La última clase, o sea la de los proletarios, continuó excluida del ejercito; la primera clase, los caballeros, formó la caballería; las demás sirvieron en la infantería, pero cada clase tuvo su armamento particular.

La segunda tenía una armadura completa casco y escudo redondo de bronce, clipeo, coraza, canilleras, lanza y espada. La tercera y la cuarta usaban un escudo largo de madera cubierto de cuero y de hierro, llamado scutum; la quinta estaba provista de picas y flechas, sin coraza, y la sexta sólo tenía hondas.

El orden de batalla era la falange, como los espartanos y macedonios, es decir una masa compacta de combatientes en cuyas primeras filas figuraban los hombres mejor armados. El soldado continuaba equipándose y alimentándose por su propia cuenta.

El ejército se modificó completamente bajo el dictador Camilo, en la época de la guerra con los galos. Como la duración de las operaciones no permitía que los soldados regresaran a sus campos, se dió una paga equivalente, en tiempo de César, a unos 120 francos anuales, a los de infantería.

Además, los soldados ya no se reclutaron ni repartieron en clases con arreglo a su fortuna, sino en armas distintas teniendo en cuenta el valor de cada cual y el tiempo de servicio.

OBLIGACIONES MILITARES: Entre los 17 y los 60 años, los romanos debían cumplir con el servicio militar. Este requisito era imprescindible para poder acceder al gobierno y hacer carrera política («cursus honorum»). Hasta los 45 años participaban en las campañas, mientras que los mayores se hacían cargo de la defensa. La leva obligaba a cada «gens» a suministrar un cierto número de hombres armados además de personal de asistencia. Sólo los ciudadanos romanos o de algún pueblo bajo el dominio de Roma formaban parte del ejército, con lo cual se procuraba mantener vivo el fervor patriótico. Con el paso del tiempo, el ejército pasó a estar integrado por mercenarios, independientemente de su origen nacional o social. Los soldados recibían una paga pero sus campos de cultivo quedaban desatendidos.

También hubo la caballería, en la que seguían sirviendo los ricos, la infantería de línea y la infantería ligera. La infantería de línea formaba las cuatro legiones que reemplazaban la falange. Cada legión comprendía tres clases de soldados los asteros, los príncipes y los triarios que estaban divididos en treinta compañías, llamadas manípulos. Continuaban siendo propietarios soldados, y la movilización se hacía por tribus mediante orden del senado y de los cónsules.

Ese estado de cosas cambió con Mario, quien hizo que también los proletarios sentaran plaza de soldado, en lo sucesivo, en lugar de un ejército de soldados ciudadanos, que entraban en la vida civil una vez terminada la expedición, Roma tuvo un ejército de soldados de oficio que no tenían otro medio de vivir ni otra industria que la guerra.

Se unificó al armamento, y la caballería dejó de ser el arma de los ricos Esta fue la organización definitiva de la legión.

LEGIONARIO Y CENTURIÓN DE LA ÉPOCA DE CESAR
El legionario viste calzón de paño obscuro y túnica larga, con mangos cortas; calzo sandalias, cáligas, y la loriga que le cubre el pecho y los hombros está hecha con láminas de acero; pendientes de un cinturón, cíngulo, cubren el vientre varias cintos de cuero guarnecidas de laminillas de metal. Lleva un casco, cassis, también de metal, terminado por un anillo; ese cosco tiene cubre nuca y anchos carrilleras, estos últimas, para proteger las mejillas. Está armado con el pilo, venablo, y con una espada corta, gladio, que lleva a la derecha, pendiente de un tahau. Se resguardo con un escudo, scutum, cuadrangular, que lleva en el brazo izquierdo, la parte prominente del escudo y que está en el centro de éste, se llama umbón.  El centurión viste túnica guarnecida de escamas de metal; lleva el sago, manto o capa, recogido; ostenta condecoraciones, faleras, y el sarmiento que agarro es la insignia de su grado.

Durante el gobierno de Augusto, este mantuvo un ejército permanente de veintiocho legiones. Puesto que cada legión en su apogeo contaba con 5400 soldados, el Imperio Romano tenía un ejército de 150.000 hombres, ciertamente no numeroso para los actuales parámetros, ni en relación con el tamaño del propio imperio (la población del imperio probablemente se acercaba a los cincuenta millones).

Los legionarios romanos permanecían en servicio durante veinte años y se reclutaba sólo a ciudadanos (en la época de Augusto, ciudadanos de Italia, en su inmensa mayoría). Augusto también mantuvo un enorme contingente de fuerzas auxiliares, en las que se enrolaban los pueblos sometidos.

Servían como tropas de armamento ligero y como miembros de la caballería, cuyos comandantes eran romanos o líderes tribales. Durante el reinado de Augusto, los auxiliares sumaban alrededor de 130.000 hombres. Se reclutaban sólo entre los no ciudadanos, permanecían en servicio por veinticuatro años y, al final, recibían la ciudadanía, al igual que sus familias.

Augusto se encargó de instituir la guardia pretoriana. Estas «nueve cohortes de tropas de élite»—aproximadamente, 9000 hombres— tuvieron la importante tarea de cuidar la persona del princeps. Eran reclutados entre los ciudadanos romanos de Italia y senior, por dieciséis años. A la larga, la guardia pretoriana desempeñaría un  importante papel nombrando y derrocando emperadores.

La función del princeps como comandante militar dio origen a un título con el que, al paso del tiempo, este gobernante sería conocido. Cuando salía victorioso, un comandante militar era aclamado por sus tropas como imperator. Augusto también fue aclamado : en varias ocasiones. Imperator equivale a la palabra emperador.

Aunque dicho título fue aplicado a Augusto y a sus sucesores, Augur todavía prefería el título de princeps. No fue sino hasta el gobierno de Vespasiano (69-79) cuando el título de emperador llegó a ser ¿. título común para el gobernador romano.

La guardia pretoriana. Augusto se encargó de instituir la guardia pretoriana como un cuerpo de guardaespaldas imperiales de tropas escogidas. Se ilustran en este relieve del siglo II cinco miembros de dicha guardia.

Valor individual, disciplina férrea, preparación minuciosa, rapidez de maniobra en la batalla: esas fueron las cualidades que hicieron de las legiones romanas las unidades de combate más temibles de la antigüedad.  El nervio del ejército romano estaba constituido por la infantería; los jinetes, en cambio, eran pocos y no muy diestros; tanto era así, que la caballería se componía casi siempre de guerreros que aportaban los aliados. Otra característica importante del ejército romano era la habilidad en la construcción de fortificaciones y durante los asedios, de máquinas bélicas de todo tipo: catapultas, arietes y torres móviles de madera. Después  de una campaña victoriosa, el jefe tenía derecho a celebrar el triunfo; lo hacía mediante un fastuoso y solemne desfile en el que figuraban magistrados y soldados que aclamaban al triunfador.

PARA SABER MAS…

campamento militar romano

El campamento romano (castra) estaba siempre organizado de modo perfecto y racional. Para escoger su asentamiento, el general romano utilizaba los servicios de técnicos agrimensores del ejército. Debían localizar una zona que reuniese estas condiciones:

1) Amplitud suficiente para contener cerca de 10.000 hombres.
2) Situación un poco elevada, para permitir la vigilancia de los alrededores e impedir golpes de mano.
3) Proximidad de cursos de agua y pastizales para los caballos.
Una vez encontrado el lugar apto, se procedía a trazar la planta del campamento, que debía ser cuadrada o rectangular.

Ante todo, se señalaba el sitio donde se alzaría la tienda del general (praetorium). Era un cuadrado de 60 metros de lado, y ante él se cruzaban las dos grandes calles que dividían el campamento en cuatro partes. El decumanus máximus era la calle que iba de este a oeste y que conducía, por una parte, a la puerta praetoria (situada al este), y por la, otra a la puerta decumana (situada al oeste).

La vía principalis iba de norte a sur y conducía a dos puertas llamadas también «principales». Observamos inmediatamente que el campamento reproducía, con fidelidad, el trazado de las ciudades etruscas. Además, lo mismo que los etruscos, los romanos concedían mucha importancia a la orientación de las puertas.

La praetoria, abierta hacia levante, era la puerta del buen augurio: por ella salían las tropas para ir a la batalla. En cambio, la decumana, orientada a poniente, era la puerta maldita, por la que pasaban los soldados que debían ser ajusticiados fuera del campamento. Una vez realizado el diseño del campamento,  oficiales y suboficiales esperaban la llegada de las tropas.

Lo primero que hacían éstas era excavar, alrededor del campo, un profundo foso; la tierra extraída se utilizaba para levantar una escarpa a lo largo del borde interior del foso. Por último, sobre la escarpa, se construía una empalizada. Erigida esa línea continua de protección, interrumpida sólo por las puertas, las tropas se dedicaban a montar las tiendas.

En la figura puede verse casi todo el campamento. Las tiendas situadas a lo largo de la vía principalis, a derecha e izquierda del praelorium. son las de los oficiales. El espacio comprendido entre la via principalis y la puerta praetoria está ocupado por los legionarios y por los aliados; estos últimos, con los caballos, se hallan cerca de la empalizada.

Junto a ésta, por la parte interior, corre en torno de todo el campamento una faja de terreno despejado, de 60 metros de anchura, destinada a evitar que las tiendas de los soldados fueran alcanzadas por proyectiles lanzados desde el exterior.

Así, pues, el campamento romano era una obra maestra de ingeniería militar: cómodo para los legionarios durante las largas esperas antes de las batallas y, con frecuencia, tan extenso y bien construido, que se convertía, poco a poco, en una verdadera ciudad fortificada. Ese fue, precisamente, el destino de muchos campamentos «estables»: convertirse en ciudades.

Las tiendas fueron sustituidas por barracas de madera, y después por edificios de mampostería. Así surgieron muchas ciudades, que todavía existen hoy, como Aosta, Turín, Verona, Padua, Pavía, Plasencía, en Italia; Viena, Tréveris, Colonia y York, en otras naciones de Europa.

Cronologia de la Historia de Roma Principales Hitos Cronologica

Según la leyenda, Rómulo fue el primero en ocupar el trono de Roma. Quienes invocaban ser sus descendientes heredaron el trono y se convirtieron en ciudadanos, a partir de una legitimidad que se basaba en razones de estricto linaje: ser miembros del patriciado. Por debajo se encontraban los sectores plebeyos, vinculados a la producción agrícola. La base de sustentación del poder económico era la propiedad latifundista y el control del comercio. El mantenimiento de esta estructura exigió un aparato estatal más complejo. Así, cobraron fuerza el estamento militar y una articulación legal que dejó como herencia: el Derecho.

roma antigua: estatua loba y remulo y remo

753 a.C. – 510 a.C.: FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE ROMA
Según la tradición, el 21 de abril de 753 a.C. Rómulo fundó la ciudad de Roma, con lo cual se convirtió en el iniciador de la monarquía. Rómulo gobernó hasta el 716 a.C.

LOS REYES
Los reyes romanos que suceden al gobierno de Rómulo son:
Numa Pompilio (715-674) Reformó el calendario romano, ajustándolo para el año solar y lunar, y añadió además los meses de enero y febrero. Asimismo, instituyó numerosos rituales religiosos romanos y creó el cargo de sacerdote supremo, llamado «flamen maioris». Organizó el territorio circundante de Roma en distritos y repartió entre los ciudadanos las tierras conquistadas por Rómulo.

Tulio Hostilio (673-642) Gobernó durante 31 años. Fomentó guerras contra Alba Longa, Fidenas y Veyes, de forma que Roma obtuvo así nuevos territorios. Aceptó como ciudadanos romanos que llegaron a ser patricios a los pobladores de la conquistada ciudad de Alba Longa y otros que arribaron a Roma en busca de asilo. También erigió un nuevo edificio para albergar al Senado, la Curia, que existió durante cinco siglos.

Anco Marcio (642-617) Hizo construir el puerto romano de Ostia en la costa del Tirreno, así como las primeras factorías de salazón, aprovechando la ruta fluvial del comercio de sal («via salaria«) que abastecía a los ganaderos sabinos. El tamaño de la ciudad se incrementó gracias a su diplomacia , que permitió la unión de varias aldeas menores en alianza con Roma.

Tarquino I (616-579) Añadió cien nuevos miembros al Senado, procedentes de las tribus etruscas. Utilizó el botín de sus campañas militares para construir grandes monumentos en Roma. Entre sus obras, destaca el alcantarillado de la ciudad, la Cloaca Máxima. En el lugar de las antiguas marismas, inició la construcción del Foro Romano. El más célebre de sus proyectos fue el Circo Máximo, un gran estadio para carreras de caballos, que es hasta hoy el mayor de todos en el mundo.

Servio Tulio (578-535) Desarrolló una nueva constitución, con mayor atención a las clases ciudadanas. Instituyó el primer censo, dividiendo a las gentes de Roma en cinco clases económicas. Estableció el derecho a voto según la riqueza económica, por lo cual gran parte del poder político quedó reservado a las élites romanas.

Tarquino el Soberbio (535-510) Usó el terror y derogó muchas reformas de sus predecesores. Su mejor obra fue la finalización del templo de Júpiter. Abolió y destruyó todos los santuarios y altares sabinos de la Roca Tarpeya, lo cual enfureció al pueblo. El punto crucial de su tiránico reinado sucedió cuando permitió la violación de Lucrecia, una patricia romana, por parte de su propio hijo Sexto. El Senado decidió abolir la monarquía y, en el 509 a.C., se estableció la República.

509 a.C.: LA REPÚBLICA
Lucio Junio Bruto y Lucio Tarquino Colatino se convirtieron en los primeros cónsules. Posteriormente, los poderes de los cónsules fueron divididos. Nueve años después de la expulsión de Tarquino el Soberbio, se creó el cargo de dictador, al cual, por un tiempo limitado, se le otorgaba la autoridad completa sobre todos los asuntos. Tras una etapa de conflictivi-dad social, el patriciado concedió el nombramiento del primer cónsul plebeyo. Creció la rivalidad con Cartago.

264 A.C.: Primera Guerra Púnica. Toma de Palermo y creación de la provincia de Sicilia. Anexión de Córcega y Cerdeña (238), Aníbal toma Sagunto.

218 a.C.: Segunda Guerra Púnica. Guerra con Macedonia (214). Toma de Capua. Cornelio Escipión el Africano toma Cartago Nova (211). Victoria de Zama. Escipión en África (204). Creación de las provincias de Hispania Ulterior e Hispania Citerior (197). Las legiones ocupan Grecia (194). Suicidio de Aníbal (183). Nueva Guerra Macedónica (171).

149 a.C: Tercera Guerra Púnica. Destrucción de Cartago. Creación de las provincias de África (146) y de Asia (129). El cónsul Mario reforma el ejército (107).

91 a.C.: Asesinato del tribuno Mario Livio Druso. Levantamientos en distintas provincias y crecientes conflictos entre patricios y plebeyos.

73 a.C.: Rebelión de Espartaco. Se le suman contingentes de esclavos y campesinos sin tierra, derrotados en la batalla de Silaro (71). Consulado de Craso y Pompeyo (70). Campaña de Pompeyo en Oriente (67-63). Primer Triunvirato: alianza entre Pompeyo, Craso y Julio César. Consulado de Julio César (59).

63-62 a.C.: Conjuración de Catilina. Consulado de Cicerón. Se crea la provincia de Siria.

51 a.C.: Julio César conquista la Galia y entra en Italia. César y Pompeyo se enfrentan en Egipto (48-47). Derrota de Pompeyo en Farsalia (41).

44 a.C.: Asesinato de Julio César.

36 a.C.: Agripa derrota a Pompeyo. Victoria de Actium. Cayo Julio César Octaviano, a quien César proclamó heredero, se hace con el poder (31). Octavio ocupa Alejandría (Egipto). Muerte de Marco Antonio y suicidio de Cleopatra (30).

27 a.C.: Octavio recibe del Senado el título de Augusto que lo convierte en emperador, y a Roma, en imperio. Se inicia el culto a su naturaleza divina. El poder queda en manos de la dinastía Julia-Claudia. Tras la creación de la provincia de Galacia (25) y el sometimiento de los partos (20), Augusto proclama la «Pax Romana» e inicia una etapa de pujanza política, económica y militar.

13-9 a.C: Tras sucesivas victorias obtenidas por Tiberio en el Danubio y el Elba, son sometidos los panonios y los germanos a manos de Draso. Consagración del «Ara Pacis» (9).

1 d.C.: Se considera a este como el año del nacimiento de Jesús de Nazaret e inicio de la era cristiana.

14 d.C.: Muere Augusto, y Tiberio es proclamado emperador por el Senado. Cayo César Germánico inicia la guerra contra los pueblos germánicos, que culmina con la incorporación al Imperio de las provincias de Capadocia y Commagene. Muere Tiberio (37).

37 d.C.: Cayo César Germánico, conocido como Calígula, es proclamado emperador. Imprime al gobierno de Roma un carácter de monarquía teocrática, centrada en el culto del emperador. Cae asesinado (41).

41 d.C.: Gobierno de Claudio. Conquista del sur de Britania (43), Tracia (46) y gran parte de Germania (50). Claudio es asesinado por Agripina (54).

54 d.C.: Nerón es proclamado emperador. Vespasiano invade Judea (58-66). Asesinato de Agripina (59). Aírame Burro, preceptor de Nerón y Octavia, es asesinado. Nerón se casa con Popea.

64 d.C.: nte el avance del cristianismo, Nerón manda incendiar Roma y culpa de ello a los seguidores de la nueva fe. Suicidio de Nerón (68).

68 d.C.: Galba es proclamado emperador. Vespasiano reprime la rebelión de los judíos. Galba es asesinado (69).
Otón es nombrado emperador, pero, carente del apoyo de las legiones, al poco tiempo se suicida. Lo sucede Vitelio, que es asesinado.

70 d.C.: Vespasiano, emperador. Su hijo Tito destruye Jerusalén y expulsa a los judíos de Judea. Construcción del Coliseo. Muere Vespasiano. Lo sucede su hijo Tito, Erupción del Vesubio y catástrofe de Pompe-ya y Herculano (79). Muere Tito y lo sucede Domicíano (81), que concluye la conquista de Britania. Asesinato de Domiciano y proclamación de Nerva (96), que muere dos años después.

98 d.C.: Trajano, hispano, es el primer emperador nacido en una provincia. Creación de las provincias de Armenia y Mesopotamia. El Imperio alcanza su máxima extensión. Muere Trajano y Adriano es proclamado emperador (117.Se aplasta en Judea la revuelta encabezada por Bar Kojva y los judíos son expulsados del territorio (132-135). Muerte de Adriano (138). El gobierno pasa a manos de Antonino Pío (138-161).

161 d.C.: Proclamación de Marco Aurelio como emperador. La peste asóla a! Imperio y afecta gravemente a Roma. Marco Aurelio muere combatiendo en el río Danubio. El gobierno pasa a manos de Commodo (180). Incendio de Roma y asesinato de Commodo (192).

193 d.C.: «Año de los cuatro emperadores»: Didio Juliano (Roma), Prescenio Niger (Siria), Clo-dio Albino (Britania) y Septi-mio Severo (Panonia). Finalmente, el poder queda en manos del último. Edicto contra cristianos y judíos (202). Muere Septimio Severo. Asumen dos emperadores: Caracalla y Geta (211). El primero asesina al segundo y concede la ciudadanía a todos los habitantes del Imperio. Caracalla es asesinado y asume Macrino (217), que gobierna un año. Tras un gobierno fugaz de Heliogábalo, Severo Alejandro es emperador (222). Invasión de los alamanes en el Rin (234).

235-284 d.C.: Período de «Anarquía Militar»; se sucede la proclamación y el asesinato de varios emperadores. Persecución a los cristianos. Epidemia de peste. Invasiones godas (250). Valeriano asume como emperador oriental y su hijo Galieno como emperador occidental (253). Valeriano muere a manos de los persas (260). Aureliano asume como emperador e instaura el culto al Sol y al emperador (270). Invasiones francas y godas. Asume Probo (276-283) y detiene las invasiones. Corregencia de Maximiano (286). Constancio y Galerio se asocian al trono (293). El Imperio es dividido en 12 distritos (diócesis) y en 101 provincias. Monarquía absoluta.

DIVISIÓN IMPERIAL
Constantino asume como emperador y se proclama Augusto. Emite un edicto de tolerancia religiosa (313) y se instala en Roma.

324 d.C.: Constantino, que asume el cristianismo, funda Constantinopla, donde instala su corte. Roma deja de ser el epicentro del Imperio. La Iglesia celebra el Concilio de Nicea (325), donde condena al arrianismo.

337 d.C.: Muere Constantino. Lo suceden sus hijos Constancio II en Oriente y Constante I en Occidente. El primero muere (361) y lo sucede Flavio Claudio Juliano, que reinicia la persecución a los cristianos. Juliano muere combatiendo a los persas (363). Primera división del Imperio entre Valentiniano (364-375) y Valente (364-378).

379 d.C.: Teodosio asciende al trono. Se prohíbe el paganismo (392). A su muerte (395), el Imperio se divide entre sus hijos Arcadio (Oriente) y Honorio (Occidente). Rómulo Augusto es nombrado emperador de Occidente, pero lo asesinan un año después. El año 476 es considerado el final del Imperio Romano de Occidente. El Oriental tuvo su continuidad en el Imperio Bizantino, hasta 1453, cuando cayó en poder de los otomanos.

Los primeros monasterios de mujeres en la edad media Hilda de Whitby

MONASTERIOS DE MUJERES EN LA EDAD MEDIA

Las mujeres también desempeñaron un papel importante en el movimiento misionero monástico y la conversión de los reinos germánicos. Los así llamados monasterios duales, en los que monjas y monjes vivían en casas separadas, pero asistían juntos a los servicios religiosos, se encontraban tanto en el reino franco como en el inglés. Monjes y monjas cumplían una regla común bajo un superior común.

A menudo, este jefe era una abadesa, en lugar de un abad. Muchas abadesas pertenecían a las casas reales, sobre todo, en la Inglaterra anglo-sajona. Por ejemplo, en el reino de Northumbría, Santa Hilda fundó el monasterio de Whitby en el año 657. En su calidad de abadesa, era responsable de conceder al estudio un importante papel en la vida del monasterio; cinco futuros obispos se educaron bajo su tutela. A las mujeres intelectuales, los monasterios les brindaban oportunidades para el aprendizaje, que no se encontraban en ninguna otra parte de la sociedad de su época.

Las monjas de los siglos VII y VIII no siempre estaban enclaustradas tan rigurosamente como en otros tiempos y por consiguiente, tuvieron la oportunidad de desempeñar un importante papel en la difusión del cristianismo. El gran misionero inglés Bonifacio dependió de las monjas de Inglaterra en cuestiones de dinero y libros. También solicitó a la abadesa de Wimborne que le enviara grupos de monjas, con el fin de establecer conventos en las recién convertidas tierras germanas. Una monja llamada Leoba estableció el primer convento en Germania, en la ciudad de Bischofsheim.

Resulta difícil valorar lo que significaba el cristianismo para los paganos conversos, sobre todo, a los campesinos a quienes los monjes irlandeses e ingleses les dedicaron sus mayores esfuerzos, Tal y como lo recomendó el papa Gregorio, las creencias y los valores cristianos solían imponerse por encima de las costumbres paganas.

Aunque eficaz para obtener rápidas conversiones, es una pregunta sin respuesta saber cuánta gente, en verdad, entendió la doctrina cristiana. La creencia popular tendía a concebir a Dios corno un juez, al cual era necesario apaciguar con objeto de evitar los desastres en la vida cotidiana y para obtener la salvación. A excepción de la promesa de salvación, esa imagen de Dios no era del todo diferente en las prácticas religiosas romanas.

Una Abadesa anglosajona: Hilda de Whitby

Hilda, abadesa del monasterio de Whitby, constituye un buen ejemplo de las abadesas de la realeza en la Inglaterra anglosajona, las cuales desempeñaron importantes papeles en las instituciones monásticas inglesas. Hilda fue muy conocida por su vida ejemplar y su gran aprecio por el conocimiento. Esta narración de su vida está tomada de la obra de Beda, a quien muchos consideran el primer historiador importante de la Edad Media.

Beda, Historia eclesiástica del pueblo inglés

Durante el siguiente año, es decir, el año del Señor de 680, Hilda —abadesa del monasterio de Whitby—, la más devota sirviente de Cristo, falleció para recibir la recompensa de la vida eterna el 17 de noviembre, a la edad de sesenta y seis años, tras cumplir una vida plena de hechos celestiales.

Su vida se dividió en dos partes iguales, pues pasó treinta y tres años de la manera más noble, dedicada a ocupaciones seculares, y consagró el resto de su vida, de una forma aún más noble, a nuestro Señor, en la vida monástica. Fue noble de nacimiento, hija de Hererico, sobrino del rey Edwin, con quien recibió la fe y los sacramentos de Cristo mediante la prédica de Paulino, de bendita memoria, quien fue el primer obispo de los northumbrianos, fe que ella conservó hasta que fue considerada digna de verlo en el cielo…

Cuando por algunos años gobernó este monasterio (Heruteu), se ocupó de manera constante en cimentar la vida regular; además de eso, emprendió la fundación u organización de un monasterio en un lugar conocido como Streaneshalch, y llevó a cabo esta misión encomendada con gran energía. Estableció la misma vida regular como lo hizo en su anterior monasterio, y enseñó el cumplimiento de la justicia, la devoción, la pureza y otras virtudes, pero, sobre todo, de la paz y la caridad. Según el ejemplo de la iglesia primitiva, nadie allí era rico o pobre, pues todo era de propiedad comunal, y ninguno disponía de propiedad personal alguna.

Tan grande era su prudencia, que no únicamente las personas ordinarias, sino los reyes y príncipes, solían acudir a pedirle consejo para sus dificultades. A aquellos que estaban bajo su dirección se les exigía hacer un estudio cabal de las Escrituras y ocuparse en hacer buenas obras, con objeto de que muchos pudie. ran ser aptos para las Sagradas Órdenes y para el servicio del altar de Dios. Posteriormente, de este monasterio se eligieron cinco obispos: Bosa, Hedda, Oftfor, Juan y Wilfrido, todos ellos con méritos y santidad sobresalientes…

La sirviente de Cristo, la abadesa Hilda, a quien llamaron Madre por todos sus conocimientos y por su maravillosa devoción y gracia, no sólo constituyó un ejemplo para los miembros de su propia comunidad por su vida santa, sino porque brindó enmienda y salvación a muchos que vivían muy lejos, al oír la inspiradora historia de su diligencia y bondad… Cuando Hilda gobernó por muchos años este monasterio agradó (plugó) al Autor de nuestra salvación probar su santa alma con una larga enfermedad, para que —al igual que los apóstoles— su fuerza se perfeccionara en la debilidad.

La consumió una fiebre ardiente que la agobió durante seis años; pero, durante todo este tiempo, nunca cesó de dar gracias a su Creador, o de instruir a la congregación bajo su responsabilidad, tanto pública como privadamente. Mediante su propio ejemplo, a todos les enseñó a servir a Dios con rectitud, cuando gozaran de salud; y de darle gracias fielmente cuando se encontraran con dificultades o débiles de cuerpo.

En el séptimo año de su enfermedad, sufrió dolores internos, y su postrer día llegó. Al amanecer, recibió el viático de la sagrada comunión y, convocando a todos los siervos de Cristo del monasterio, los urgió a que conservaran la paz evangélica entre ellos y con los demás. Y mientras aún hablaba, gozosa dio la bienvenida a la muerte y, en las palabras de nuestro Señor, pasó de la muerte a la vida.

Fuente Consultada: Civilizaciones de Occidente Volumen A

Biografía de Papa Gregorio I y la conversion religiosa en Inglaterra

Biografía de Papa Gregorio I y la conversión religiosa en Inglaterra

Biografía de Gregorio I, llamado el Magno (Roma 540-604). Santo, papa y doctor de la Iglesia. Pertenecía a una antigua familia ei patricios romanos; era bisnieto del Papa Félix III y fue destinado por la familia a la Magistratura durante dos años y poi nombramiento imperial de Justino II fue Prefecto de la urbe de Roma.

Atraído por la vida monástica vendió todos sus bienes y convirtió su palacio del monte Celio en un monasterio, llamado de San Andrés, donde abrazó la vida religiosa bajo la regla benedictina. Fue nombrado Apocrisario de Constantinopla y allí estuvo tiempo sobrado para iniciarse en las sutilezas del bizantinismo, Volvió de nuevo a su monasterio, aunque no por mucho tiempo, pues después de lu trágica muerte de Pelayo II —la peste, tenía aterrorizados al pueblo y clero romanos—, fue elegido papa por aclamación.

Papa Gregorio I

Los lombardos amenazaban constantemente a los estados pontificios y la burocracia de Constantinopla humillaba al Papado. Gregorio lo revitalizó; supliendo al exarca de Rávena, firmó una tregua con los lombardos y negó al Patriarca de Constantinopla el derecho de autoproclamarse Patriarca Ecuménico, adoptando para sí mismo el título de siervo de los siervos de Dios (servus servorum Dei).

Reafirmó la primacía de la Sede de Roma, enviando misioneros a las provincias de occidente y reemprendiendo la evangelización de Inglaterra.

Aunque escribió numerosas obras, no es un teólogo especulativo, ni siquiera original. Fue ante todo un pastor que velaba por la unidad de su rebaño. Su firme voluntad acabó por reabsorber el Cisma provocado en el norte de Italia por la condenación de los tres capítulos.

En los albores de las grandes invasiones, se consideró a sí mismo como el pedagogo del nuevo Occidente que nacía, y particularmente de Italia.

Su caridad le llevó a intentar aliviar todos los males y a combatir la esclavitud.

Su epitafio, compuesto por un autor anónimo, resume perfectamente su actitud al llamarle el Cónsul de Dios.

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LA CONVERSIÓN DE INGLATERRA:  Mientras los monjes irlandeses se ocupaban de ofrecer su versión del cristianismo a los anglo-sajones de Bretaña, el papa Gregorio el Grande también puso en movimiento su propio esfuerzo para convertir a Inglaterra al cristianismo romano. Su agente más importante fue Agustín, un monje del monasterio de San Andrés de Roma, el cual llegó a Inglaterra en el año 597. Para esa época, Inglaterra estaba conformada por un número de reinos germanos. Agustín se dirigió primero a Kent, donde convirtió al rey  Etelberto.

En consecuencia, los súbditos del rey siguieron su ejemplo. Las técnicas de conversión del papa Gregorio hacían hincapié más en la persuasión que en la fuerza y, como se puede colegir de este fragmento de una de sus cartas, estaba dispuesto a asimilar antiguas prácticas paganas, con el fin de inducir a los paganos a la nueva fe:

Desearía que tú [abad Melicio] le informes [a Agustín] que hemos dado mucha atención a los asuntos concernientes a los ingleses, y hemos llegado a la conclusión de que los templos de los ídolos de entre esa gente bajo ningún motivo deben derribarse. Los ídolos deben destruirse, pero los templos mismos deben asperjarse Con agua bendita, y en ellos se colocarán altares y se depositarán reliquias.

Si esos templos están bien construidos, deben ser purificados del culto a los demonios y consagrarse al servicio del verdadero Dios. De esta forma, esperamos que esa gente, al ver que no se destruyeron sus templos, pueda enmendar su error y, congregándose con más presteza en sus lugares habituales pueda llegar a conocer y adorar al verdadero Dios.

Liberados de su pasado pagano, los templos se convirtieron en iglesias, como hizo notar con júbilo un comentarista cristiano: “La morada de los demonios se convirtió en la casa de Dios. Llegó el brillo de la luz salvadora a donde las sombras lo cubrían todo. Donde los sacrificios tenían lugar y se erigían ídolos, ahora danzan coros angelicales. Donde Dios estuvo encolerizado, ahora está contento

Del mismo modo, a todas las festividades paganas se les dio un nuevo nombre y se incorporaron al calendario cristiano. Sin lugar a dudas, Gregorio era consciente de que los primeros cristianos procedieron de manera similar. La festividad cristiana de la Navidad, por ejemplo, se siguió celebrando el 25 de diciembre, día de la celebración pagana del solsticio de invierno.

A medida que se extendía el cristianismo romano hacia el norte de Bretaña, se encontró con el cristianismo irlandés, que se expandía hacia el sur. Muy pronto hicieron su aparición disputas sobre las diferencias entre el cristianismo romano y el céltico, sobre todo rulo que respecta a los asuntos de disciplina.

En el Sínodo de Whitby can sede en el reino de Northumbria, en el año 664 el rey de esa región aceptó los argumentos de los representantes del cristianismo romano y decidió la cuestión a favor de las prácticas romanas. A parir de ese momento se dio una fusión gradual del cristianismo remano y el celta. Pese a su recién alcanzada unidad y su lealtad a Roma, la iglesia inglesa retuvo ciertas características irlandesas. La roas Importante fue su compromiso con la cultura monástica, y especialmente con el aprendizaje y el trabajo misionero. Hacia el año 700, la clerecía inglesa se convirtió en la mejor entrenada y en la más instruida de Europa occidental.

Siguiendo el ejemplo irlandés, misioneros ingleses viajaron al continente europeo para realizar el trabajo de conversión. El monje más importante fue Bonifacio (675-754), quien emprendió la conversión de los germanos paganos de Frisia, Bayana y Sajonia. Cerca del año 740, san Leonifacio, “apóstol de los germanos» se convirtió en el sacerdote más famoso de Europa. Murió asesinado catorce años después, mientras trataba de convertir a los frisios paganos. Bonifacio fue un brillante ejemplo de los numerosos monjes irlandeses e ingleses cuyos incansables esfuerzos hicieron que Europa fuera un bastión de la fe católica romana.

Fuente Consultada: Civilizaciones de Occidente Volumen A