Las Legiones Romanas: Caracteristicas,Cantidad Soldados y Armas



Las Legiones Romanas:
Caracteristicas, Cantidad de Soldados y Armas

INTRODUCCIÓN: El ejército fue el principal artífice de la edificación del Imperio romano, fundamentalmente porque la paz en el interior del mismo dependía del poder militar.

En la época republicana, la fuerza de este ejército residía en su cohesión, debida al reclutamiento que se llevaba a cabo según el principio del ciudadano-soldado: todo ciudadano varón es movilizable a partir de los 17 años.

Pero esto no suponía que Roma contara con un ejército permanente: la leva (dilectus) de tropas no se hacía, por lo general, más que en tiempo de guerras; durante la conquista, la movilización tenía lugar todos los años.

La unidad básica de batalla era la legión.

En la época republicana había cuatro legiones constantemente en pie de guerra.

En tiempos de paz, los cónsules examinaban a los individuos en edad de movilización y sorteaban, entre ellos, los que serían efectivamente enrolados en las legiones.

En caso de amenaza grave, los magistrados competentes podían decretar el tumultus, movilización masiva de todos los jóvenes en edad militar.

A medida que se extendía el Imperio, los campos de batalla eran más numerosos y lejanos, con lo que el ejército romano se fue transformando.

El número de legiones se multiplicó y el reclutamiento se proletarizó: al final del s. II a.C. Mario decidió reclutar a todo tipo de voluntarios, incluidos los de las familias más humildes.

A partir de ahí, el ejército empezó a estar integrado por profesionales atraídos por la soldada y por el botín.

Los soldados, cada vez más vinculados a sus jefes, no dudaban en luchar junto a ellos con ocasión de  guerra civil.

Pero este cambio no tuvo solamente consecuencias negativas: sirvió también para marcar una notable mejora los aspectos técnicos del ejército.

Cuando  Augusto organizó el ejército imperial, en s. I de nuestra Era, no necesitó más que ratificar un hecho ya consumado, creando un ejército permanente formado por soldados profesionales.

• HISTORIA Y CARACTERISTICAS DEL EJERCITO ROMANO:

Roma conquistó el mundo por medio de las armas; pero el ejército romano sufrió varias transformaciones antes de llegar a ser el excelente instrumento de conquista que fue cuando militó bajo las órdenes de César.

En su origen, el ejército romano no se parecía en nada a lo que nosotros llamamos ejército.

Todos no eran soldados, por espíritu de justicia así como por desconfianza, los pobres que no podían comprarse una armadura eran excluidos del ejército.

Los soldados no estaban regimentados ni alojados en cuarteles por el estado.

El día que los convocaban, los hombres designados se agrupaban por gentes, es decir por familias, y se armaban a su antojo, así el que los ricos se presentaran a caballo.

No recibían sueldo se alimentaban, como se equipaban, esto es, a costa propia.

 SOLDADOS ROMANOS DE LA ÉPOCA DE LA REPUBLICA

SOLDADOS ROMANOS DE LA ÉPOCA DE LA REPUBLICA
El casco tiene un penacho. Llevan la primitiva coraza hecha de escamas de metal prendidos en una túnica de cuero. Los escudos, más grandes que el scutum, tienen forma oval. El balo relieve representa una escena de empadronamiento.

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Los ciudadanos abandonaban por tiempo indeterminado sus familias y labranzas, y, una vez terminada la guerra, regresaban a sus ocupaciones.

Además la guerras nunca eran muy largas, pues siendo merodeos más bien que combates organizados, éstas se hadan en las inmediaciones de Roma.

El ejército era, si así puede decirse, una especie de guardia nacional, o dicho de otro modo «un pueblo de pequeños propietarios que se ejercitaban en combatir».

La reforma de Servio Tulio consistió en aumentar el número de soldados e introducir el orden en el armamento.

Servio había dividido el pueblo en siete clases, en razón de la fortuna.

La última clase, o sea la de los proletarios, continuó excluida del ejercito; la primera clase, los caballeros, formó la caballería; las demás sirvieron en la infantería, pero cada clase tuvo su armamento particular.

La segunda tenía una armadura completa casco y escudo redondo de bronce, clipeo, coraza, canilleras, lanza y espada.

La tercera y la cuarta usaban un escudo largo de madera cubierto de cuero y de hierro, llamado scutum; la quinta estaba provista de picas y flechas, sin coraza, y la sexta sólo tenía hondas.

El orden de batalla era la falange, como los espartanos y macedonios, es decir una masa compacta de combatientes en cuyas primeras filas figuraban los hombres mejor armados.

El soldado continuaba equipándose y alimentándose por su propia cuenta.

El ejército se modificó completamente bajo el dictador Camilo, en la época de la guerra con los galos.

Como la duración de las operaciones no permitía que los soldados regresaran a sus campos, se dió una paga equivalente, en tiempo de César, a unos 120 francos anuales, a los de infantería.

Además, los soldados ya no se reclutaron ni repartieron en clases con arreglo a su fortuna, sino en armas distintas teniendo en cuenta el valor de cada cual y el tiempo de servicio.

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OBLIGACIONES MILITARES:

Entre los 17 y los 60 años, los romanos debían cumplir con el servicio militar. Este requisito era imprescindible para poder acceder al gobierno y hacer carrera política («cursus honorum»).

Hasta los 45 años participaban en las campañas, mientras que los mayores se hacían cargo de la defensa.

La leva obligaba a cada «gens» a suministrar un cierto número de hombres armados además de personal de asistencia.

Sólo los ciudadanos romanos o de algún pueblo bajo el dominio de Roma formaban parte del ejército, con lo cual se procuraba mantener vivo el fervor patriótico.

Con el paso del tiempo, el ejército pasó a estar integrado por mercenarios, independientemente de su origen nacional o social. Los soldados recibían una paga pero sus campos de cultivo quedaban desatendidos.

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También hubo la caballería, en la que seguían sirviendo los ricos, la infantería de línea y la infantería ligera.

La infantería de línea formaba las cuatro legiones que reemplazaban la falange.

Cada legión comprendía tres clases de soldados los asteros, los príncipes y los triarios que estaban divididos en treinta compañías, llamadas manípulos.

Continuaban siendo propietarios soldados, y la movilización se hacía por tribus mediante orden del senado y de los cónsules.

Ese estado de cosas cambió con Mario, quien hizo que también los proletarios sentaran plaza de soldado, en lo sucesivo, en lugar de un ejército de soldados ciudadanos, que entraban en la vida civil una vez terminada la expedición, Roma tuvo un ejército de soldados de oficio que no tenían otro medio de vivir ni otra industria que la guerra.

Se unificó al armamento, y la caballería dejó de ser el arma de los ricos

Esta fue la organización definitiva de la legión.

LEGIONARIO Y CENTURIÓN DE LA ÉPOCA DE CESAR

El legionario viste calzón de paño obscuro y túnica larga, con mangos cortas; calzo sandalias, cáligas, y la loriga que le cubre el pecho y los hombros está hecha con láminas de acero; pendientes de un cinturón, cíngulo, cubren el vientre varias cintos de cuero guarnecidas de laminillas de metal.

Lleva un casco, cassis, también de metal, terminado por un anillo; ese cosco tiene cubre nuca y anchos carrilleras, estos últimas, para proteger las mejillas.

Está armado con el pilo, venablo, y con una espada corta, gladio, que lleva a la derecha, pendiente de un tahau.

Se resguardo con un escudo, scutum, cuadrangular, que lleva en el brazo izquierdo, la parte prominente del escudo y que está en el centro de éste, se llama umbón. 

El centurión viste túnica guarnecida de escamas de metal; lleva el sago, manto o capa, recogido; ostenta condecoraciones, faleras, y el sarmiento que agarro es la insignia de su grado.

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Durante el gobierno de Augusto, este mantuvo un ejército permanente de veintiocho legiones.

Puesto que cada legión en su apogeo contaba con 5400 soldados, el Imperio Romano tenía un ejército de 150.000 hombres, ciertamente no numeroso para los actuales parámetros, ni en relación con el tamaño del propio imperio (la población del imperio probablemente se acercaba a los cincuenta millones).

Los legionarios romanos permanecían en servicio durante veinte años y se reclutaba sólo a ciudadanos (en la época de Augusto, ciudadanos de Italia, en su inmensa mayoría).

Augusto también mantuvo un enorme contingente de fuerzas auxiliares, en las que se enrolaban los pueblos sometidos.

Servían como tropas de armamento ligero y como miembros de la caballería, cuyos comandantes eran romanos o líderes tribales.

Durante el reinado de Augusto, los auxiliares sumaban alrededor de 130.000 hombres.

Se reclutaban sólo entre los no ciudadanos, permanecían en servicio por veinticuatro años y, al final, recibían la ciudadanía, al igual que sus familias.

Augusto se encargó de instituir la guardia pretoriana.

Estas «nueve cohortes de tropas de élite»—aproximadamente, 9000 hombres— tuvieron la importante tarea de cuidar la persona del princeps.

Eran reclutados entre los ciudadanos romanos de Italia y senior, por dieciséis años. A la larga, la guardia pretoriana desempeñaría un  importante papel nombrando y derrocando emperadores.

La función del princeps como comandante militar dio origen a un título con el que, al paso del tiempo, este gobernante sería conocido.

Cuando salía victorioso, un comandante militar era aclamado por sus tropas como imperator. Augusto también fue aclamado : en varias ocasiones. Imperator equivale a la palabra emperador.

Aunque dicho título fue aplicado a Augusto y a sus sucesores, Augur todavía prefería el título de princeps.

No fue sino hasta el gobierno de Vespasiano (69-79) cuando el título de emperador llegó a ser un título común para el gobernador romano.

La guardia pretoriana. Augusto se encargó de instituir la guardia pretoriana como un cuerpo de guardaespaldas imperiales de tropas escogidas. Se ilustran en este relieve del siglo II cinco miembros de dicha guardia.

Valor individual, disciplina férrea, preparación minuciosa, rapidez de maniobra en la batalla: esas fueron las cualidades que hicieron de las legiones romanas las unidades de combate más temibles de la antigüedad. 

El nervio del ejército romano estaba constituido por la infantería; los jinetes, en cambio, eran pocos y no muy diestros; tanto era así, que la caballería se componía casi siempre de guerreros que aportaban los aliados.

Otra característica importante del ejército romano era la habilidad en la construcción de fortificaciones y durante los asedios, de máquinas bélicas de todo tipo: catapultas, arietes y torres móviles de madera.

Después  de una campaña victoriosa, el jefe tenía derecho a celebrar el triunfo; lo hacía mediante un fastuoso y solemne desfile en el que figuraban magistrados y soldados que aclamaban al triunfador.

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El Arte de Hacer La Guerra
Los Ejércitos de Roma: Armas y Equipamiento

Durante más de quinientos años, los ejércitos de Roma fueron los más fuertes del mundo, lo que constituye una marca desde el punto de vista histórico.

Esta fuerza militar se debía, sobre todo, al hecho de que el verdadero romano consideraba el servicio militar no una carga sino un derecho.

Al principio, todos los hombres útiles formaron parte del ejército.

Sólo a partir del siglo I antes de Jesucristo, los ricos intentaron librarse de la servidumbre de la vida militar, mientras que los ciudadanos menos privilegiados tenían que alistarse por un término de veinte años.

Durante el imperio, cuando el ciudadano de Roma sólo se preocupaba del placer y la riqueza, las oscuras tareas del soldado se dejaron a los extranjeros.

Así, algunos germanos alcanzaron el grado de oficial, e incluso de general.

El talento organizador de los romanos pudo exteriorizarse de un modo notable en el ejército.

Las legiones fueron el núcleo principal del ejército.

Al principio del siglo I antes de Jesucristo, una legión contaba con unos seis mil hombres.

En la época de César sólo comprendía de cuatro a cinco mil.

Cada legión formaba una unidad completa.

Estaba dividida en diez cohortes, cada cohorte en tres manípulos y cada manípulo en dos centurias.

Por tanto, una legión se dividía en sesenta centurias, cada una bajo el mando de un centurión, soldado cuya valentía y cualidades de jefe lo habían hecho  salir de las filas.

Antes de César, el mando de las legiones estaba confiado a tribunos a quienes incumbía la responsabilidad de las operaciones.

Los tribunos mandaban de dos en dos durante dos meses.

Pertenecían a las clases dirigentes y no siempre presentaban las indispensables garantías militares.

Por este motivo   César   dispuso   que   los acompañaran oficiales profesionales, llamados legados, sobre cuyos hombros pesaban graves responsabilidades.

También, los cuestores desempeñaron un importante papel en el ejército de César.

Sus actividades no se limitaban a ser las de un oficial pagador, sino que a menudo se les confiaba el mando de una legión.

Los soldados llevaban un pesado armamento.

Tenían un venablo de 1,70 a 2 m. de largo y una espada plana de 60 cm.

Portaban un casco de cuero o bronce, un escudo largo y una coraza de cuero reforzado con metal.

Junto a la infantería estaba la caballería y las tropas auxiliares provistas de arcos, flechas y hondas.

Generalmente, estos soldados los proporcionaban los aliados.

Cuando sitiaban una ciudad, los romanos disponían de diversos ingenios (catapultas y balistas) que les facilitaban el asalto.

El Armamento en el Ejercito de Roma Vida de los Soldados Romanos –  BIOGRAFÍAS e HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

Personal especializado se encargaba de la conservación del material.

Los soldados no sólo llevaban sus armas sino también su comida e incluso con frecuencia una pala.

Eran corrientes los desplazamientos de 25 a 30 km diarios.

Cada noche el ejército establecía un campamento cuadrado siempre defendido.

El mando se instalaba en el centro de la posición, así como el foro.

El campamento estaba rodeado por una empalizada y un foso.

Las cuatro puertas eran vigiladas celosamente.

Los campamentos que servían de cuarteles de invierno se elegían cuidadosamente, pues con frecuencia la   situación   estratégica  era  de suma importancia.

Las legiones luchaban en tierras para ellas inhóspitas contra enemigos cuyo poder desconocían hasta entrar en combate.

Los romanos, expertos cavadores, se distinguieron en el arte del asedio.

El sitio de una plaza se hacía en tres momentos o tiempos se cortaban las comunicaciones, se procedía a los trabajos de acercamiento o aproches, y por último, se iba al asalto.

Para cortar las comunicaciones, se circunvalaba la plaza que se quería sitiar, es decir, se hacían atrincheramientos, con estacadas y blocaos para impedir que los sitiados salieran de la. ciudad y para evitar cualquier acción ofensiva que viniese de fuera.

El Arte de Hacer La Guerra Las Legiones Romanas Historia de Roma

Las obras de acercamiento o aproches eran numerosas.

Se establecían galerías formadas de casillas de madera revestidas algunas veces de planchas de hierro o se empleaban manteletes, galerías perpendiculares a muralla y que, después de haber cegado el foso, permitían que los trabajadores estuvieran al abrigo mientras minaban la base de la muralla.

Luego se armaban sobre ruedas, altas torres de madera que debían dominar la muralla de la plaza, que las máquinas en ellas colocadas iban a barrer con sus proyectiles.

Además, paralelamente a la muralla, levantaban una alta terraza, àger, en la cual instalaban también máquinas de guerra.

Aislados así los defensores, se procuraba abrir una brecha con el ariete, que era una viga larga y muy pesada, en una de cuyas puntas había una pieza de hierro o bronce con figura de cabeza de carnero, y que se manejaba desde el interior de las casillas conocidas con el nombre de galápagos.

Otras veces se probaba minar la fortificación o pasar por debajo de ella construyendo un subterráneo.

Hecha la brecha, se daba el asalto formando el testudo.

Esta maniobra consistía en que los hombres de primera fila entrecruzaban sus escudos, mientras que los otros los colocaban horizontalmente por encima de sus cabezas.

La columna de ataque se asemejaba a una tortuga en su concha.

TRIUNFO Y LA OCUPACIÓN MILITAR:

Los romanos ocupaban sólidamente sus conquistas, y de aquí el que pudieran conservarlas.

Dos creaciones originales hablan asegurado la estabilidad de dicha ocupación las colonias militares y los caminos.

Todos los países conquistados fueron conservados por colonias que no eran ni colonias de población ni de explotación, sino castros o campamentos permanentes de pequeños cuerpos de ejército en país extranjero, que se llamaban centinelas.

Para establecerlos, se escogía un punto estratégico, tal la confluencia de varios caminos, un paso de río, la juntura de dos valles, y la primera obra era el recinto fortificado en que habían de instalarse los antiguos soldados con sus familias a quienes se distribuían lotes de tierra.

El casco de la izquierda es de legionario , el cassis, de metal terminado por un anillo destinado a la correa de que se servian los soldados  para llevarlo pendiente y a la espalda cuando iban de marcha. El de la derecha es un casco de pretoriano, soldado de la guardia del emperador.

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Estos soldados continuaban siendo ciudadanos romanos y tenían una organización interior análoga a la de Roma.

Los puestos fortificados se asimilaban poco a poco los pueblos vecinos, aunque manteniéndolos en obediencia.

En caso de invasión, como en el tiempo de Pirro y de Aníbal, detenían al invasor dispersando sus esfuerzos y encerrándolo en su propia conquista.

Expulsado el enemigo, la dominación romana quedaba intacta.

Para unir esas colonias, los romanos hacían caminos, lo cual era una innovación en el mundo antiguo, pues los griegos sólo conocían senderos.

El camino o calzada romana, que facilitaba el tránsito de las legiones y de las máquinas militares que las acompañaban, tenía la misma importancia que hoy tienen los ferrocarriles estratégicos en los países conquistados.

Era un medio de impedir las sublevaciones, puesto que permitía a las tropas trasladarse rápidamente a los puntos amenazados. La solidez de aquellas calzadas es proverbial.

El subsue1o estaba cimentado, y la superficie cubierta con anchos y desiguales adoquines dispuestos como un mosaico.

La primera y más célebre calzada fue la Vía Apia, que unió a Capua con Roma en 312. Nada demuestra mejor el ingenio metódico de los romanos.

• ARMAMENTO:

Las armas defensivas de los legionarios eran el casco, la coraza, el escudo y las canilleras; las ofensivas el pilo y la espada.

El casco fue primitivamente de cuero, galea; mas, como la lluvia y el sol lo deformaban, lo reemplazó el casco de bronce, cassis, que entonces tuvo cubrenuca, carrilleras y visera, casco parecido al de los dragones franceses; pero en vez de cimera tenía un anillo al que, en las marchas, se ataba una cuerda que permitía llevar el casco pendiente a la espalda.

La coraza, loriga, fue primero una casaca de cuero con escamadas laminillas de hierro.

Caballero romano, con su casco y escudo redondo (clipeus), una lanza y una cota de mallas.
Monta sin estribos

Después se hizo de escamas de acero articuladas, unas cubrían el pecho y otras los hombros, a manera de anchos tirantes. Se ponían además una especie de sayo o cota de mallas que llegaba a menudo hasta el bajo vientre.

El escudo, scutum, era un largo rectángulo de madera ahuecada cubierto de cuero y guarnecido de piezas de hierro, que tenía en el centro un bollo de relieve, umbón, destinado a hacer resbalar los proyectiles.

El pilo, arma nacional de la infantería romana, era un dardo o venablo de dos metros de largo, que pesaba próximamente un kilogramo, cuyo alcance medio era de 25 a 30 metros, pero que, lanzado con auxilio de una correa, podía alcanzar hasta 65 metros; también se esgrimía como una lanza.

La espada, gladio, era cual la española corta, y de dos filos; los soldados la llevaban en el lado derecho, pendiente de un tahalí, y los oficiales en el izquierdo sujeta con un cinturón.

Los legionarios iban vestidos con túnica, pantalón corto y amplia capa de paño moreno, llamada sago. Calzaban càligas, o sean sandalias militares, de suela espesa guarnecida de clavos que aseguraban con correas hasta media pierna.

• BATISTA:

El brazo de La batista, del que pendía una red o un cestillo conteniendo el proyectil se baJaba con auxilio de palancas colocadas detrás. Al disparar, las cuerdas impulsaban el brazo y permitían lanzar el proyectil a 400 0 500 metros de distancia.

Los caballeros llevaban, además del casco, una cota de mallas, perneras de cuero, broquel, que los romanos llamaba clípeo, lanza y una espada larga.

Componían el arnés de la caballería de montar, la carona, la silla de cuero, asegurada con una cincha, y la brida.

La silla no tenía estribos.

Los vélites tenían la coraza ligera, el clipeo, venablos o arcos, y no usaban perneras.

La artillería estaba compuesta de máquinas para lanzar piedras y dardos; máquinas representadas por dos tipos principales, que eran la catapulta y la balista. La balista u onagre estaba compuesta de un brazo de madera sujeto sólidamente con cuerdas retorcidas a marcos o bastidores a propósito.

Un torno servia para atraer el brazo de madera, poniendo en tensión la máquina, y un mecanismo adecuado permitía dispararla en el momento oportuno.

Esa máquina de guerra lanzaba piedras a cuatrocientos o quinientos metros de distancia.

La catapulta o escorpión, tenía menor alcance, sus proyectiles caían a trescientos o cuatrocientos metros a lo sumo.

• CATAPULTA:

Preconstitución del museo de Saint-Germain. La catapulta era una ballesta grande  que se tendía por medio del cabrestante colocado detrás.

Aquí la catapulta está tendida, se ve que la flecha está colocada en el fuste. EL alcance era de 300 a 400 metros.

Esta máquina era una especie de ballesta grande y fija cuyo palo tenía una canal en la que se colocaban los lances, esto es, las saetas, dardos y piedras, la cuerda traída violentamente se aseguraba a un disparador que, al soltarse, despedía con gran fuerza la piedra o la saeta.

Algunas de estas máquinas muy potentes y que lanzaban sus proyectiles a más de setecientos metros, sólo se empleaban en los asedios ó en la defensa de plazas fuertes; existían máquinas más ligeras, que intervenían en la batalla, como los actuales cañones de campaña, y que se colocaban en el mismo frente de la legión.

Por último, la legión tenía por insignia un asta coronada con una figura de animal, que concluyó por ser uniformemente un àguila.

La caballería tenía un estandarte rojo llamado vexilo.

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Los Campamentos

campamento militar romano

El campamento romano (castra) estaba siempre organizado de modo perfecto y racional.

Para escoger su asentamiento, el general romano utilizaba los servicios de técnicos agrimensores del ejército.

Debían localizar una zona que reuniese estas condiciones:

1) Amplitud suficiente para contener cerca de 10.000 hombres.

2) Situación un poco elevada, para permitir la vigilancia de los alrededores e impedir golpes de mano.

3) Proximidad de cursos de agua y pastizales para los caballos.

Una vez encontrado el lugar apto, se procedía a trazar la planta del campamento, que debía ser cuadrada o rectangular.

Ante todo, se señalaba el sitio donde se alzaría la tienda del general (praetorium).

Era un cuadrado de 60 metros de lado, y ante él se cruzaban las dos grandes calles que dividían el campamento en cuatro partes.

El decumanus máximus era la calle que iba de este a oeste y que conducía, por una parte, a la puerta praetoria (situada al este), y por la, otra a la puerta decumana (situada al oeste).

La vía principalis iba de norte a sur y conducía a dos puertas llamadas también «principales».

Observamos inmediatamente que el campamento reproducía, con fidelidad, el trazado de las ciudades etruscas.

Además, lo mismo que los etruscos, los romanos concedían mucha importancia a la orientación de las puertas.

La praetoria, abierta hacia levante, era la puerta del buen augurio: por ella salían las tropas para ir a la batalla.

En cambio, la decumana, orientada a poniente, era la puerta maldita, por la que pasaban los soldados que debían ser ajusticiados fuera del campamento.

Una vez realizado el diseño del campamento,  oficiales y suboficiales esperaban la llegada de las tropas.

Lo primero que hacían éstas era excavar, alrededor del campo, un profundo foso; la tierra extraída se utilizaba para levantar una escarpa a lo largo del borde interior del foso.

Por último, sobre la escarpa, se construía una empalizada.

Erigida esa línea continua de protección, interrumpida sólo por las puertas, las tropas se dedicaban a montar las tiendas.

En la figura puede verse casi todo el campamento.

Las tiendas situadas a lo largo de la vía principalis, a derecha e izquierda del praelorium. son las de los oficiales.

El espacio comprendido entre la via principalis y la puerta praetoria está ocupado por los legionarios y por los aliados; estos últimos, con los caballos, se hallan cerca de la empalizada.

Junto a ésta, por la parte interior, corre en torno de todo el campamento una faja de terreno despejado, de 60 metros de anchura, destinada a evitar que las tiendas de los soldados fueran alcanzadas por proyectiles lanzados desde el exterior.

Así, pues, el campamento romano era una obra maestra de ingeniería militar: cómodo para los legionarios durante las largas esperas antes de las batallas y, con frecuencia, tan extenso y bien construido, que se convertía, poco a poco, en una verdadera ciudad fortificada.

Ese fue, precisamente, el destino de muchos campamentos «estables»: convertirse en ciudades.

Las tiendas fueron sustituidas por barracas de madera, y después por edificios de mampostería.

Así surgieron muchas ciudades, que todavía existen hoy, como Aosta, Turín, Verona, Padua, Pavía, Plasencía, en Italia; Viena, Tréveris, Colonia y York, en otras naciones de Europa.

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