Ciudad Maya Origen e Historia del Chichen Itza Templos y Piramides


Ciudades Mayas-Origen e Historia del Chichén Itza

Ciudades Mayas Origen e Historia del Chiche Itza

CHICHÉN ITZÁ: La ciudad prehispánica de Chichén Itzá fue incluida por la UNESCO en la Lista del Patrimonio Mundial en el año 1988. Este lugar arqueológico constituye uno de los mas importantes testimonios de la civilización maya-tolteca de la península del Yucatán. Sus monumentos, considerados de los más importantes de  la arquitectura mesoamericana, muestran le fusión de dos corrientes, maya por las técnicas de construcción y tolteca por una riqueza de su decoración esculpida.  – (Ver Mas Abajo: Historia de Chichen Itza)

LOS MAYAS: Se los ha llamado los «griegos del Nuevo Mundo», pero es un término muy discutido. Nadie sabe si provienen del altiplano de Guatemala o de la costa del golfo. Aunque unas veinte etnias indias hablan dialectos mayas, a menudo se entienden entre sí con gran dificultad. Pero para la rara casta de los instruidos hubo un idioma escrito, y los jeroglíficos de sus ciudades son siempre los mismos. Recibieron influencias de otros pueblos y, a partir de ellas, construyeron la más importante cultura prehispánica.

No conocían la rueda, ni tenían animales de tiro, pero edificaron preciosas pirámides escalonadas, templos y palacios, y esculpieron sus impresionantes caras de piedra valiéndose de instrumentos también líticos. Ni siquiera conocían el arado, pero vigilaban desde sus observatorios la órbita de los astros y tenían el calendario más exacto del mundo. Creían en fuerzas cósmicas que habían trazado su destino y se sometían como esclavos al calendario en el que cada día estaba consagrado a una divinidad.

Él determinaba sus días buenos y malos y no hacían nada sin consultarlo. Cuando él se lo ordenaba, erigían sus construcciones, o las cubrían y alzaban impasibles otras nuevas. Un día, unos 600 años a. C, abandonaron de repente lo que habían edificado con tanto esfuerzo y desaparecieron de la llanura central de la península de Yucatán.

Y la jungla tragó sus grandiosas ciudades. Pero surgieron nuevas poblaciones en el norte de la península. Nadie sabe hasta ahora con exactitud qué ocurrió. Se habla de enemigos procedentes del norte: los frescos de Bonampak muestran una sangrienta batalla.

Se piensa también en rebeliones contraía casta sacerdotal reinante: en Altun Ha fueron destruidas deliberadamente tumbas de sacerdotes. Se sugieren dificultades de abastecimiento agrícola: el suelo labrado tan primitivamente producía cada vez menos. Muy pocos se quedaron, para quemar copal en honor de sus rencorosos dioses, como hacen todavía hoy los lancandones.

Chichén Itzá, que ocupa unas 300 hectáreas, se estableció sobre dos cenotes o hundimientos naturales del terreno, que en estos suelos calcáreos permiten acceder con facilidad a las aguas subterráneas. La primera aglomeración humana se construyó en el cenote de Xtoloc, al sur, durante la época maya clásica. Los edificios se levantaron entre los siglos VI y X en el estilo maya clásico.

Los más importantes son el de las Monjas, la Iglesia, Akab Dzib, Chinchab Chob, el templo de los Perales y el templo del Ciervo.

La segunda fundación, la más importante, corresponde a la migración de los guerreros toltecas en el siglo X, desde la meseta mexicana en dirección sur. Conquistaron Chichén Itzá entre los años 967 y 987 y crearon un nuevo estilo de construcción en el que las tradiciones mayas se mezclaban con las aportaciones toltecas.



El edificio más emblemático del lado sur es el Caracol, un observatorio astronómico de planta circular que encierra una escalera de caracol, y del lado norte el castillo o pirámide de Quetzalcoatl, alrededor del cual se organizan sobre terrazas los principales monumentos.

En el noroeste, el juego principal de Pelota, el muro de los Cráneos, el templo de los jaguares y la caza de las Águilas; en el noreste, el templo de los Guerreros, el grupo de las Mil Columnas, el Mercado y el juego de Pelota, y en el suroeste la tumba del Gran Sacerdote. En todos estos edificios destacan las representaciones guerreras, las frecuentes efigies de la serpiente con plumas o Quetzalcoatl en la decoración de pilares y columnas y la representación de enormes cabezas de reptiles como las célebres estatuas de ChacMool.

LAS CIUDADES MAYAS: Se hablaba antes del «antiguo reino» de El Petén y Guatemala, del que los mayas habrían emigrado al «reino nuevo» del norte de Yucatán. Hoy se duda que haya habido siquiera una migración semejante. Sólo sabemos que los mayas vivían en Yucatán ya mucho antes. Y sabemos, sobre todo, que nunca hubo lo que se dice «un reino maya».

Hubo sólo centros de culto, culturales y políticos, y cientos de ellos están todavía enterrados en la densa jungla. Pero los exhumados nos demuestran qué soberbios arquitectos eran los mayas, destacando extraordinariamente en sus fachadas. Como la de Copan, con el juego de pelota más hermoso de los mayas o el Templo de la Escalinata de los Glifos, cuyos peldaños se adornan con 2500 de éstos. Está Quiriguá, con las estelas más grandes de América, o Kabáh, cuyo Palacio de las Máscaras está cubierto en el frente delantero con 250 máscaras estilizadas del dios de la lluvia. Y está Uxmal, en Yucatán, cuya Pirámide del Adivino contiene, sobre una planta oval, cinco templos «infrapuestos» anteriores.

Es la ciudad del grandioso Palacio del Gobernador, en cuvo friso en mosaico, compuesto de 20.000 piedras, pueden contarse unas 150 máscaras del dios de la lluvia y más de 10.000 cruces de san Andrés. Y están Labná y Palenque, y Piedras Negras v Naranjo.

Desde los días de los exploradores Stephens y Catherwood, que además de Copan visitaron otras 43 ciudades mayas, varias de ellas han sido exploradas por generaciones de arqueólogos, y siempre hay nuevos descubrimientos. Como los grandiosos frescos de Bonampak, del siglo IX d. C, que narran sin interrupción la historia de una batalla, la tortura de prisioneros y las fiestas de la victoria con sacrificios humanos, y que han destruido el mito del pacifismo de los mayas.

El centro más importante de la cultura maya clásica ha salido a la luz con la tal vez mayor campaña arqueológica emprendida hasta ahora: hasta 1956, Tikal yacía bajo la selva. Llegaron ingenieros arqueólogos, abrieron pistas de aterrizaje y llevaron en avión grúas y orugas, especialistas y columnas de peones que han excavado sistemáticamente más de mil años de historia de esa ciudad.

En 1970 eran visibles ya 5000 edificaciones y los hallazgos, desde piezas de cerámica hasta esa máscara de mosaico dejade defamamundial, se miden en toneladas. Se descubrió también el módulo del centro maya típico de la época clásica: las pirámides escalonadas muy altas coronadas con un templo, así como miles de cimientos de viviendas.

Los «palacios», edificios de un piso con habitaciones tipo celda, que aún no se sabe para qué se empleaban, y lugares para el juego ritual de pelota. Hileras de estelas, cuyas inscripciones narran la historia de los señores, desde su nacimiento hasta la subida al trono, sus acciones heroicas y el fin de su mando. La última anotación es del año 879 d. C.

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Historia de Chichen Itza: La Ciudad de los Mayas – Los Templos de Piedra

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Aunque son muchos los núcleos de los que quedan restos en el área de influencia de los mayas, Chichén-Itzá, ya a primera vista, se nos presenta como algo muy singular, dada la concepción soberbia de sus obras arquitectónicas. Pero la admiración que su contemplación despierta es mayor todavía al saber que todos estos monumentos pertenecen de lleno a una cultura lítica, es decir, desconocedora por completo de los metales útiles. ¿Qué hombres serian esos que con tan parcos elementos forjaron una civilización tan avanzada que ha sido denominada “la Grecia del Nuevo Mundo”? ¿Quiénes eran los mayas?

Pirámide de Kukulcán Pirámide de Kukulcán

El origen de los mayas, como el de tantos pueblos primitivos, es incierto. Pero se sabe con seguridad que ocuparon, sucesivamente y en un movimiento ascendente; lo que hoy es la franja meridional de México, Belice, Guatemala y la zona más occidental de Honduras y El Salvador. En esta amplia área se establece la cultura maya.

Su decantamiento como algo distinto del resto de las culturas mesoamericanas se produce paulatinamente durante cerca de cinco siglos —entre el año 200 antes de Cristo y el 250 de nuestra era—, tiempo en que se fue creando un estilo artístico y arquitectónico propio.

En la última fecha citada se inicia lo que se ha llamado el período clásico temprano, que coincide con la aparición del calendario y de la escritura, y con un avance destacado en el campo del arte; esta etapa llega basta el año 600. Después comienza el período clásico tardío; en esta época la organización social estaba muy perfeccionada, y los sacerdotes dirigen la política y las ciencias, que conocen entonces su mejor momento.

Pero a partir del siglo X se inicia una decadencia paulatina de este pueblo. La clase militar llega al poder y desplaza a los sacerdotes, aunque éstos, afortunadamente, no dejaron de desempeñar su relevante misión religiosa. Muchos de los grandes centros de población fueron abandonados por esos años, sin que se sepa con seguridad el porqué de tal determinación. La población se desplazó hacia el norte de la península de Yucatán o hacia las tierras altas de Guatemala.

En la zona septentrional se iniciaba entonces el período posclásico —también llamado imperio nuevo—, con la formación de la Liga de Mayapán (987) entre las ciudades de Chichén-Itzá, Mayapán y Uxmal, unión que se deshizo en 1194, haciéndose con la hegemonía la segunda de estas ciudades, gobernada por los cocomes con ayuda de mercenarios nahuas procedentes de Xicalango.

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El Templo de las 1000 columnas
El Templo de las 1000 columnas

Antes, a lo largo del siglo X, Chichén -Itzá había recibido —por medio del grupo de los itzaes— el influjo de los toltecas, que se desplazaron desde la meseta central mexicana al mando de su caudillo Quetzalcóatl (Serpiente emplumada), nombre cuya traducción directa al maya es Kukulcán.

El posterior culto a Kukulcán se extendió por la península de Yucatán, y fue precisamente en Chichén-Itzá donde se construyó su más importante templo, en la espléndida pirámide que los españoles llamaron más tarde El Castillo. Fue Kukulcán quien fundó Mayapán, con el propósito de hacer de ella el más destacado centro religioso y político, lo que se consiguió en 1194 y a costa de Chichén Itzá, cuyos habitantes, los itzaes, abandonaron la ciudad y se dirigieron hacia el sur, hacia el Petén guatemalteco, donde fundaron Tayasal.

La hegemonía de Mayapán. se mantuvo hasta mediados del siglo xv, cuando la antigua población maya, cansada del dominio de los cocomes y de sus mercenarios, se rebeló y destruyó dicha ciudad. Es entonces cuando se inicia el fin de la grandeza maya, con luchas constantes entre las distintas ciudades.

Y esta era la situación cuando, en 1527, los españoles llegan por primera vez a Yucatán. Pese a su decadencia y a las luchas internas, la resistencia que los mayas opusieron a los recién llegados fue muy grande y enérgica, ya que los españoles tardaron diecinueve años en conquistar el territorio, aunque, en realidad, lo cierto es que esta conquista no se consumó hasta 1697, año en que Martín de Ursúa derrotó en Tayasal a los itzaes, que siempre habían opuesto una tenaz resistencia a todos aquellos que pretendían someterlos.

Hoy en día quedan unos dos millones de personas de raza maya, que siguen las tradiciones y costumbres de sus antepasados, pero con una notable influencia de la religión cristiana. La organización social de los mayas estaba profundamente influida por su religión. Los sacerdotes —depositarios de la ciencia— constituían, junto con los nobles, la clase dominante, una auténtica aristocracia de la sangre.

Luego seguían, en la escala social, los hombres libres, entre los que figuraban los comerciantes —cuya situación era bastante próspera— y los campesinos, que vivían en peores condiciones. En el último escalón estaban los esclavos, reclutados especialmente entre los prisioneros de guerra de la clase baja y que constituían las víctimas habituales de los sacrificios humanos.

Pero no eran tan sólo los prisioneros de la organización social de los mayas era rígida y estaba muy influida por la religión. Los sacerdotes y los nobles eran la clase dominante. En este detalle de un vaso del periodo clásico tardío se refleja con realismo la jerarquización de la sociedad.

guerra los que nutrían las filas de los esclavos, pues otro medio de llegar a la esclavitud era la comisión de delitos, entre los cuales el robo era considerado como muy grave. Cada ciudad-estado estaba gobernada por el halach uinic (hombre verdadero), que ejercía funciones religiosas, militares y civiles.

En lo militar era auxiliado por el nacom y, en lo civil, por el batab, que era un cobrador de tributos. Las artes principales de los mayas fueron la arquitectura, la escultura y la pintura, estrechamente vinculadas en todo su desarrollo al carácter religioso de la sociedad. Los estilos son muy diversos, dada la amplitud del área cultural maya y las diferencias en cuanto al ambiente y a la posibilidad de usar distintos materiales de construcción. Si nos ceñimos a la zona norte de Yucatán, en particular a las tierras donde surgió Chichén-Itzá, veremos que destacan aquí dos estilos: el maya clásico y el mayatolteca.

El Caracol - los mayas
El Caracol

En el primero, los edificios ceremoniales están dotados de crestería superior y su techo de bóveda no permite cubrir un espacio superior a dos metros, con muros enormes y espacios interiores casi inexistentes o muy reducidos. En cuanto al estilo maya-tolteca, sigue utilizando, para esos mismos edificios ceremoniales, techos con bóvedas de paramento inclinado; pero ahora ya no se apoyan sobre muros, sino sobre columnas y pilares interiores. Otras características de este estilo es el uso de columnas, en las entradas de los edificios, que representan serpientes emplumadas.

En realidad la arquitectura maya tiene su punto de arranque en las modestas viviendas de los campesinos, aquellas sencillas chozas que, como es sabido, se construían sobre una plataforma ihás o menos elevada con el fin de defenderse de las inundaciones en la época de las grandes lluvias.

Por eso, los primeros edificios que los mayas construyeron para fines exclusivamente rituales o los destinados para servir de vivienda a los sacerdotes y a los grandes jefes militares o civiles no fueron otra cosa, ni más ni menos, que otra suerte de chozas, de grandes dimensiones, eso sí, pero chozas a fin de cuentas y asimismo edificadas sobre la consabida plataforma, que, mientras tanto, también había adquirido mayor altura y empaque. Más adelante, las paredes de estas chozas se revistieron de piedra y mortero, lo que significó un importante paso adelante que se daba en el arte de construir.

Al mismo tiempo, las plataformas o basamentos iban creciendo también, o, mejor dicho, se superponían unos sobre otros, lo que asimismo fue otro primer paso en el camino que había de conducir a la creación de las famosas pirámides escalonadas mayas. Durante mucho tiempo, y pese a que ya eran habituales los muros de mampostería, los techos siguieron cubriéndose de palmas, con lo cual aún no podía hablarse de unas estructuras verdaderamente arquitectónicas. Pero cuando los constructores mayas decidieron al fin que era preciso sustituir el techo de palmas por otro de un material más sólido y duradero, en este caso la piedra, surgió la bóveda.

Esta bóveda maya, que también se ha llamado falsa o salediza, se construyó aproximando los muros del edificio a partir de una determinada altura (que, por lo general, solía ser por encima del dintel de las puertas) y las hiladas de piedra se iban superponiendo de tal manera que cada hilada sobresaliera de la inmediata inferior, dejándose en la parte superior un pequeño espacio que se cerraba con una simple losa. El techo así obtenido seguía siendo semejante, en el interior, al de la choza, con lo que, una vez más, vemos la supervivencia, en cierta manera, de esta primitiva vivienda campesina.

El inconveniente de la bóveda maya era que con ella no se podían cubrir espacios muy amplios, como ya se ha dicho, Arriba, a la izquierda: mapa del Yucatán y de los países limítrofes en el que figuran los principales focos culturales indígenas, entre ellos Chichén-Itzá. A la derecha: planta de Chichén-Ilzá en la que se indican los más importantes monumentos de este conjunto arquitectónico.

ni siquiera en los grandes edilicios ceremoniales que se irían construyendo. El panteón maya estaba encabezado por Hunab Ku, el dios supremo, creador de todo e invisible. De él nació el bizco Itzamná, el dios Sol que había enseñado las ciencias a los hombres. Su consorte, Ixchel, era la diosa Luna, no siempre favorable a los hombres, pues enviaba de vez en cuando inundaciones devastadoras. Lugar muy importante ocupaba Chaac, el dios de la lluvia, lo que es muy lógico en una región tan seca como Yucatán; a él se le ofrecían sacrificios humanos en el Cenote Sagrado de Chichén-Itzá. Quetzalcóatl-Kukulcán, héroe divinizado de los toltecas, ocupaba también un lugar preeminente en la religión maya. ç

El Juego de Pelotas- los mayas
El Juego de Pelotas

Estos sacrificios humanos eran frecuentes. A las víctimas, aún vivas, se les arrancaba el corazón para ofrecérselo a los dioses, o bien eran arrojadas a los estanques sagrados para conjurar la sequía; si superaban esta última prueba, los sacerdotes interrogaban al que había estado en contacto con el espíritu del agua y trataban de determinar su voluntad. Otros ritos religiosos sangrientos consistían en la automutilación o en la mortificación del propio cuerpo.

Los mayas ‘practicaban la confesión pública de los pecados y ofrecían a sus dioses el perfumado aroma de algunos productos que quemaban, en especial madera o resma de copal. Los actuales mayas aún toman balché, bebida sagrada hecha con cortezas del árbol homónimo, fermentada con miel silvestre y agua.

Los ritos funerarios eran importantes, pues ese pueblo creía en la vida de ultratumba y, según parece, en cierta transmigración de las almas. Era costumbre inhumar el cadáver en su propia casa, la cual, más tarde, cuando era abandonada por sus moradores, tenía el suelo cubierto por completo de tumbas, convirtiéndose desde entonces en lugar de culto para la familia.

Todavía quedan en Chichén-Itzá restos de varios sacbeoob, calzadas que unían las ciudades y los templos. El sacbé conducía a todos los rincones del imperio maya, facilitando el comercio. Hoy día el moderno sacbé lo constituye la carretera de Mérida a Valladolid, por la que se accede a Chichén Itzá, situada al norte de la península de Yucatán, a 120 Km. al este de la primera de las citadas ciudades.

La parte explorada de esta gran ciudad de los mayas, el más importante centro religioso que nos ha legado la fecunda cultura de este pueblo, abarca una superficie de 3 Km. de norte a sur y 2 Km. de este a oeste. Los edificios explorados ocupan un claro del tupido bosque, que cubre celosamente el resto de los monumentos. Chichén-Itzá significa “boca del pozo de los brujos del agua” y fue fundada hacia el año 452 después de Cristo.

Su ubicación se debe a la existencia de varios cenotes (dzonot) o pozos de agua característicos de la zona septentrional de Yucatán, donde el agua, al caer, atraviesa la capa caliza y se detiene pocos metros después ante la presencia de una roca impermeable; cuando el suelo se hunde deja al descubierto el depósito de agua.

La construcción de Chichén-Itzá pasó por varios períodos, que podemos resumir en dos: el maya clásico o Puuc y el maya con influencia tolteca. El Cenote Sagrado o de los Sacrificios está situado al norte de la pirámide de El Castillo, el edificio más notable de ChichénItzá.

El cenote tiene un diámetro de unos 60 metros, una altura, hasta el nivel del agua, de casi 20 metros y una profundidad máxima de 13, más una capa de lodo de unos 3 metros. Este cenote tenía un uso ritual, pues los mayas creían que en él habitaba el dios de la lluvia, a quien ofrecían, como se ha dicho, sacrificios humanos, lo que se comprobó tras el dragado del fondo, efectuado por orden del cónsul estadounidense Edward Thompson, que dio como resultado el hallazgo de numerosos esqueletos y objetos valiosos. En la orilla hay restos de lo que parece un baño de vapor, utilizado posiblemente para purificar a los sacrificados.

El Castillo es una pirámide que, según el cronista Landa, se levantó en honor de Quetzalcóatl-Kukulcán. Pero otra hipótesis lo define como templo del culto solar, basándose en el hecho de que consta de cuatro escalinatas de 91 peldaños cada una, que en conjunto suman 364 y en total 365 —justo los días del año— al añadirles el último peldaño de la plataforma superior, sobre la que se asienta el templo.

La pirámide, que consta de nueve cuerpos escalonados, tiene una altura de 24 metros y 55,5 metros de lado en su base. Oculta por la gran pirámide existe otra estructura, también piramidal, que sostiene un templo, donde se encontró un asiento o trono en forma de jaguar, pintado de rojo y adornado con piezas de jade, y un Chac-Mool con incrustaciones de concha en los ojos, en los dientes y en las uñas de los pies.

Un ChacMool es un altar antropomorfo, y se le llama así desde que, a finales del pasado siglo, el arqueólogo Augustus Le Plongeon creyó, erróneamente, que representaba a un antiguo personaje del mismo nombre. Se trata de unas figuras recostadas boca arriba, con el torso levantado (se apoyan en los codos), la cabeza vuelta hacia un lado, las piernas flexionadas y las manos sobre el vientre, donde reposa un platillo redondo en el que muy bien’ podían depositarse las ofrendas, pues estas figuras se encuentran junto a los templos o en el interior de ellos. El Templo de los Guerreros se halla integrado en el Grupo de las Mil Columnas. Los cuerpos de la pirámide están cubiertos de bajo relieves que representan animales —tigres y águilas comiendo corazones— y dioses.

En la fachada del templo hay un Chac-Mool y detrás, a sus lados, dos columnas en forma de serpientes emplumadas. El templo, que carece de bóveda, forma dos amplios salones, en cuyos muros se mezclan elementos mayas (Chaac, dios de la lluvia) y toltecas (Quetzalcóatl). Bajo este templo hay otro más antiguo que tenía pinturas murales.

El Grupo de las Mil Columnas es un grandioso conjunto formado por infinidad de columnas, hoy sin cubrir, que rodean una gran plaza de 165 metros de norte a sur por 150 metros de este a oeste. El Juego, de Pelota, el más grande de Mesoamérica, tiene dos muros paralelos de unos 95 metros de longitud y separados entre sí por un espacio de 70 metros. En la tribuna septentrional está el Templo del Hombre Barbado y en el extremo sur de uno de los muros, el magnífico Templo de los Tigres.

Este pok-a-tok (juego de pelota) está formado, como hemos dicho, por dos muros elevados y paralelos, en cuyo centro hay sendos anillos de piedra. En este juego se enfrentaban dos equipos, que utilizaban una pelota de hule macizo y la enviaban al campo contrario —para contabilizar tantos— por medio de la cadera, el codo y la rodilla, que protegían con piezas de cuero.

Hacer pasar la pelota por el anillo era muy difícil, y el equipo que lo conseguía ganaba el partido. Otros monumentos situados al norte de la carretera Mérida-Valladolid son la Plataforma de Venus o Tumba de Chac-Mool, el Tzompantli (“muro de cráneos”), la Plataforma de Tigres y Águilas, El Mercado y El Baño de Vapor.

Al sur de la carretera están el Cenote y Templo de Xtoloc, el AkabDzib, el Templo de los Tableros Esculpidos, la Casa Colorada o Chichán-Chob, El Osario o Tumba del Gran Sacerdote, la Casa del Venado y los dos más importantes, que son El Caracol y el Complejo de las Monjas. El Caracol es un observatorio astronómico construido en el período clásico.

Se trata de una torre circular, de 12,5 metros de altura, situada sobre dos grandes plataformas rectangulares; la cámara superior tiene unas aberturas cuadradas que fijan ciertos puntos de observación astronómica: una de ellas mira al sur geográfico y, por medio de otras dos, puede observarse la puesta del sol durante el equinoccio de primavera y el de otoño, y la puesta de la luna en las mismas fechas.

Recibió este nombre por una escalera de caracol que hay en su interior. El Complejo de las Monjas es también muy antiguo. Se trata de un conjunto de edificios con numerosas estancias, con arquitectura y decoración del período clásico maya. El Anexo de las Monjas tiene una xxiuy adornada y bella fachada.

Muy cerca está La Iglesia, monumento de planta rectangular, cuya fachada está profusamente decorada con mascarones del dios de la lluvia, Chaac. Estos nombres ya se los pusieron los españoles, que vieron cierta similitud entre estos edificios y otros de la religión cristiana.

De hecho, el nombre de Complejo de las Monjas obedece a una tradición, recogida por los conquistadores, sobre la existencia de sacerdotisas entre los mayas, y a que los edificios, como hemos dicho, tenían numerosas habitaciones.

Ya al final de este recorrido por la gran ciudad de los mayas se puede ver la zona de Chichén Viejo, situada al sur del casco de la hacienda de Chichén-Itzá, cuyos monumentos más destacados son: el Templo de las Jambas Esculpidas, el Grupo de la Cornisa de los Pájaros, el Templo de la Tortuga, el Grupo Principal del Suroeste, el Templo del Dintel, el de los Cuatro Dinteles, el de los Tres Dinteles, el Grupo de la Fecha y el Templo de las Jambas Jeroglíficas.

En medio de la voraz jungla yucateca, los cuidados monumentos de Chichén-Itzá desafían, a lo largo de los siglos y rodeados de una vegetación que a toda costa quiere recuperar el terreno perdido, el paso inexorable del tiempo y la acción implacable de vientos y de soles. Chichén-Itzá constituye un permanente y fascinante testimonio de la asombrosa cultura maya.

El campo de pelota más grande descubierto hasta ahora está situado en la ciudad religiosa maya de Chichen Itza. Las pinturas murales muestran los dos equipos justo después del «silbato final». El líder del equipo vencedor sostiene la cabeza decapitada del capitán del equipo rival, cuya sangre fluye del cuerpo mutilado en forma de tortuosas serpientes que surgen del cuello.

 El Arte Maya

Fuentes Consultadas:
Maravillas del Mundo Texto de  Luis Azlum

Lugares Sagrados de America
Maravillas de América Central
Lugares Misteriosos de Paula Ruggeri
Tras Las Huellas de Nuestro Pasado Kurt Benesh Círculo de Lectores 

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