Viajes en Carreta

Apodos de Politicos Argentinos y Expresiones del Idioma Callejero

Apodos y Sobrenombres de Políticos Argentinos
Expresiones del Idioma Callejero

Los más importantes personajes de la vida política argentina, desde los orígenes mismos de la nacionalidad, recibieron todo tipo de apodos y sobrenombres. No se trataba de vulgarizar las denominaciones familiares. No. Era el gracejo y la inventiva populares que, sobre la base de alguna seña particular, cuando no de la ridiculización de determinados caracteres fisonómicos o personales, hacían befa de cuanto personaje quedaba bajo su crítica mordaz.

Sobre presidentes, ministros, funcionarios, políticos en general, caía junto con la caricatura el apodo, que se extendió a la representación teatral revisteril dando muestra con sus presencias de la mayor o menor censura existente en la vida política del país.

Muy pocos se salvaron de caer bajo el apodo burlón que corría de boca en boca, nacido de la propia lucha política, o amasado en las redacciones de los periódicos político-satíricos o político-burlescos.

Algunos importantes personajes de nuestra vida política llegaron a recoger varios apodos, como Carlos Pellegrini y otros uno solo, aunque siempre contundentes.

Así, se llamaba a:

Miguel Juárez Celman: el Burro o Celemín
Julio Argentino Roca: el Zorro
Bartolomé Mitre: el Pavo
Manuel Pizarro: Pizarrón
Carlos Pellegrini: Pelelegrini, Pelelclargirucho, o Pelelegringo
Vicente Fidel López: Fideo
Julio A. Costa: Costra
Estanislao S. Zeballos: Cebollas

Ya más hacia nuestro tiempo, otros personajes recibieron también sus correspondientes apodos:

Hipólito Yrigoyen: el peludo
Marcelo T. de Alvear: el pelado
Lisandro de la Torre: el gato amarillo
Alfredo L. Palacios: bigote
Arturo Frondizi: El flaco
Arturo Illia: La tortuga
Ricardo Balbín: El chino
Roberto M. Ortiz:  El gordo
Héctor Cámpora: El tío
Raúl Lastiri: El yerno
María Estela Martínez de Perón: Isabelita
Juan D. Perón: Pocho
Oscar Alende: El bisonte
José López Rega: El brujo
Carlos Ruckauf: Rucucu
Raúl Alfonsín: El gallego
Carlos Menem: El turco
Fernando de la Rúa: Chupete
Eduardo Duhalde: El cabezón
Néstor Kirchner:  El pingüino
Cristina Fernandez de Kichnner: La Reina , La Doctora,
Mauricio Macri: Grinch, PROcesado, Tijerín, El Pastor, Censurín

caricatura de illia la tortuga

Vieja caricatura del Arturo Illia, de apodo «La Tortuga»

En general durante los regímenes de facto no se permitió el humor político y la censura cayó sobre múltiples publicaciones.

Pero ello no impidió que el pueblo asignara sus correspondientes motes a los gobernantes de facto.

Asi a: Pedro Pablo Ramírez: «Palito»
Edelmiro J. Farrel: «el Mono«,
Roberto Marcelo Levingston: «el Soldado desconocido»
Juan Carlos Onganía: «La morsa»
Alejandro Lanusse: «El cano»
Jorge Rafael Videla: «Pantera rosa» o «Miseria espantosa«.

EL IDIOMA DE LA CALLE Y LA POLÍTICA:

Cuando  Benigno Lugones, Luis María Drago, Antonio Dellepiane y José S. Alvarez «Fray Mocho» dieron a luz sus libros y trabajos sobre el lunfardo: Los beduinos urbanos (1879), Los hombres de prensa (1882), El idioma del delito (1894) y Memorias de un vigilante (1897), no pudieron imaginar que la jerga de los delincuentes iba a tener en los siguientes casi cien años tan importante desarrollo intensivo y extensivo.

De idioma del delito (Dellepiane), pasando por lenguaje del bajo fondo (Contreras Villamayor), idioma de Buenos Aires (Clemente), vocabulario familiar (Cammarota), voces vulgares (Casullo), argentinismos (Santillán) hasta convertirse en el idioma de la calle (Tino Rodríguez), golpeó con sus voces en la puerta de la propia Real Academia de la Lengua, sin perjuicio de crear la suya propia: Academia Porteña del Lunfardo.

Así, el idioma de la calle llegó a la política al crear voces propias con las que el pueblo identificó grupos, personas y actitudes.

Acomodo: situación beneficiosa lograda con influencias
Amansadora: espera prolongada antes de ser recibidas.
Barbeta: trostkysta.
Bolche: comunista.
Conserva: conservador.
Contrera: opositor.
Corcho: el que está de acuerdo con el gobierno de turno.
Cuartelazo: golpe militar.
Chaquetero: el que cambia constantemente de ideas políticas.
Chirinada: alzamiento descabellado.
Dedocracia: designación antidemocrática para ocupar un cargo.
Descamisado: peronista.
Facho: fascista.
Galerita: partidario de Marcelo T. de Alvear.
Ganso: conservador (en Cuyo).
Gorila: partidario del golpe militar de 1955.
Grasa: obrero.
Máquina: picana eléctrica.
Muñeca: habilidad.
Oligarca: potentado.
Orejudo: conservador.
Peludista: partidario de Hipólito Yrigoyen.
Piantavotos: candidato que hace perder votos.
Puntero: caudillo seccional que moviliza votantes.
Radicha: radical.
Radicheta: radical.
Regadera: parlamentario que habla extensamente.
Valerio: vale.
Untar: coimear.
Zurdo: izquierdista.

Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Tomo II – Apodos de Políticos Argentinos –  Editorial Redacción

Biografía de Muñiz Francisco Médico y Cientifico Argentino

Biografía de Muñiz Francisco Javier
Médico y Científico Argentino

Francisco Javier Muñiz, nació en Monte Grande, provincia de Buenos Aires (21-12-1795-8-4-1871), sus padres llamados Alberto Muñiz y Berbardina Frutos, eran propietarios de tierras, gozando una desahogada posición económica.

Muñiz fue un científico argentino que destacó por sus estudios y descubrimientos en el campo de la paleontología.

Se considera el descubridor de los primeros restos fósiles del hombre y de los restos más antiguos del caballo.  Inició sus estudios en el Colegio de San Carlos, donde se especializó en ciencias naturales y continuó más tarde con los de medicina.

Si bien la actuación de este sabio se desarrolla, en parte, después de la batalla de Caseros como hombre público, catedrático y decano de la Facultad de Medicina, su labor científica queda circunscripta más bien a esta época.

Nacido en 1795, recibe su bautismo de sangre a la edad de doce años, durante la segunda invasión inglesa, siendo herido en una pierna. 

Veamos su historia interesante de vida…

Muñiz Francisco Javier

De muy jovencito de apenas doce años toma parte en la defensa y reconquista de la ciudad, como cadete del Cuerpo de Andaluces. en los sucesos de Mayo de 1810 demuestra su pasión cívica.

En Mayo de 1810 precozmente alistado en el grupo criollo, participa en los sucesos políticos que se desencadenan a partir de la creación del primer gobierno patrio.

Bajo la inspiración de Bernardo de Monteagudo se instala el 13 de enero de 1812 la segunda Sociedad Patriótica Literaria, cuya acción es sobre todo política.

Siendo un poco mas adulto, su consejero y mentor, el canónigo Benegas, lo alienta a anotarse en el flamante Instituto Médico Militar, fundado por el director interino Alvarez Thomas.

Así lo hace, llevado, en verdad, por su verdadera vocación: la ciencia. Francisco cursó Anatomía y Fisiología con el maestro Cristóbal Martín de Montúfar, quien lo consideró «uno de los discípulos más aprovechados que estuvieron a su cargo».

Aun era estudiante cuando —septiembre de 1821— lo designan segundo del cirujano Celedonio Fuentes, con destino a Carmen de Patagones. Pero a Francisco no le conviene hacer ese viaje, pues significaría un atraso en la etapa final de sus estudios.

Afortunadamente, logra que Rivadavia lo releve de la comisión; así, rinde las pruebas finales en el recién creado Departamento de Medicina de la Universidad y se gradúa al comenzar el año escolar de 1822.

En 1825, ya como médico y bajo la tutela militar deja la ciudad rumbo a Chascomús.

Allí está acampado el regimiento de Coraceros de Buenos Aires bajo el mando del coronel Lavalle, quien tiene a su cargo la defensa de los campos poblados en las márgenes del río Salado contra los malones indios. Muñiz ha sido designado cirujano en el Cantón de la Guardia de Chascomús y como tal toma parte en las acciones de Sauce Grande y Toldos Viejos.

Todo lugar es bueno para el investigador que es Muñiz y así, mientras cumple con las funciones de médico militar, realiza, a la vez, observaciones sobre las costumbres indígenas y sobre los restos fósiles que hay en las inmediaciones de la laguna de Chascomús.

Es justamente en estos años de residencia aquí, que Muñiz inicia sus estudios paleontológicos; son también los primeros que se hacen en forma sistemática en nuestro país.

Su curiosidad científica lo lleva a recoger y armar restos de un gliptodonte y a descubrir el Dasypus giganteus, un tatú fósil.

Pero el aislamiento en que vive le impide comunicar este importante hallazgo; recién años más tarde lo hará en la Banda Oriental el francés D’Orbigny, quien lo da a conocer con su nombre actual.

Este episodio no es un hecho aislado en las investigaciones emprendidas por Muñiz. Por el contrario, ocurre con buena parte de sus hallazgos y de sus trabajos.

Durante muchos años tuvo que luchar con las enormes distancias, con la falta de contacto con los centros científicos de la época y con la carencia de materiales y libros adecuados, que le permitieran profundizar y sistematizar sus descubrimientos.

Sin embargo, no se desanimó y se aplicó a la lectura de los escasos trabajos de Cuvier, Linneo y Lamarck que tenía a su alcance para completar su formación científica.

En Chascomús abundan los restos fósiles y Muñiz planea quedarse allí para seguir con sus exploraciones. Se ofrece entonces como médico de policía y para difundir la vacuna antivariólica, tan necesaria para, evitar el número de víctimas que anualmente produce la viruela.

Lamentablemente, el gobernador Las Heras no acepta esas propuestas y Muñiz regresa a Buenos Aires en 1826.

En 1827, durante el gobierno de Rivadavia, lo nombran profesr de las cátedras de partos, niños y medicina legal aunque solc se hará cargo de las mismas en 1850.

En la Villa de Lujan: Al año siguiente se casa con Ramona Bastarte, excelente mujer que lo acompañará siempre y le dará ocho hijos. Poco después en noviembre, se traslada a la Villa de Lujan como médico encargado de la administración de vacunas.

Ya instalado er su nueva casa, renueva su interés por las investigaciones paleontológicas. Precisamente, el padre M. Torres había descubierto (1787) en Lujan el primer esqueleto completo de megaterio: un hallazgo que causó verdadera conmoción en los medios científicos europeos y cuyo estudio ocupó a los más eminentes naturalistas de la época.

Se preocupa, también, por todo lo relacionado con la vacunación contra la viruela.

Con frecuencia pide al gobierno de Buenos Aires que apoye su labor, pero —aunque cuenta con el estímulo del Administrador General de Vacuna— no obtiene que le nombren personal auxiliar. Gracias a sus esfuerzos, consigue vacunar unos 800 niños por año.

Veinte años vive el doctor Muñiz en Luján (1828-1848). Este es el período más fructífero de su vida en cuanto a investigaciones científicas.

En 1833, el naturalista es nada menos que Charles Darwin: un sabio que revolucionará la ciencia con sus teorías sobre la evolución de las especies.

A lo largo de una década, Muñiz consigue reunir un conjunto de restos fósiles; los estudia y clasifica con suma pericia.

En 1841 remite al gobernador Rosas nada menos que once cajones con restos fósiles y acompaña el envío con una lista des criptiva, llena de referencias ilustrativas. Al abrir los cajones y encontrarse con esas restos, todos ellos representantes la fauna prehistórica de la provincia de Buenos Aires, grande debió ser el asombro de Rosas.

Allí estaban, ordenados y clasi ficados por Muñiz —con el auxilio de las Investigador sobre osamentas fósiles de Cuvier—, los extraños esqueletos de animales que alguna vez vivieron en nuestra llanura: mas todontes, toxodontes, gliptodontes, smilodontes, etc.

Tiempo después, ei sabio argentino logra reconstruir sus colecciones enriqueciéndolas, además, con ejemplares hasta entonces desconocidos.

Continuó explorando y así fue el primer investigador que encontró los restos del oso fósil, un animal de gran talla conocido con el nombre científico de Arctotherium —estudiado posteriormente por Gervais y rebautizado con el nombre de Ursus bonaerensis.

rosas manuel

En 1841, Muñiz envía a Rosas todo este material extraordinario, reunido en once cajones y clasificado en base a la obra de Cuvier. El gobernador de Buenos Aires, ignorante del valor científico de esta «porción de huesos» y del tesonero esfuerzo que representaba en el donante, en gesto magnánimo donó parte de la rara colección al almirante francés Dupotet,que la transporta a su patria, donde es ávidamente estudiada por el sabio Paul Gervais, del Museo de París, y parte fue aparar a Londres por manos del escritor inglés Woodbine Parish, que residió varias veces en la Argentina.

Pero su descubrimiento favorito tuvo lugar en 1844, al desenterrar los restos del tigre fósil de dientes de sable. Convencido de la importancia de su hallazgo, Muñiz se lo comunicó a Darwin y a las academias científicas europeas; en efecto, su aporte arrojó nueva luz sobre la paleontología americana.

Auxiliado por la Anatomía comparada de Cuvier, lo describe con gran acierto señalándolo como un de los más feroces y desvastadores animales de la Creación.

En 1845, en plena pampa, encuentra Muñiz algo sorprendente los restos de un tronco petrificado. Consulta entonces con investigadores y naturalistas europeos.

También descubre un esqueleto completo de caballo, perteneciente a la especie hippidium —de talla más pequeña que el actual y muy parecido al burro. Muñiz arma cuidadosamente el esqueleto y lo considera ce temporáneo del megaterio, coincidiendo en esto con Darwin. Muy útiles habían resultado a Charles Darwin sus observaciones en la región cordillerana y en la Patagonia.

caballo fosil de Muñiz

En sus escritos sobre Paleontología argentina, Sarmiento incluye este comentario de Burmeister sobre el caballo fósil: «Entrando en la administración del Museo Público de Buenos Aires, al principio del año 1862, encontré en este establecimiento restos de un caballo fósil, recogidos por el doctor D. Francisco Javier Muñiz, 20 años antes cerca de la villa de Lujan, en sociedad con el esqueleto del Megathefium. . . Desgraciadamente por la obra inmensa de sacar estos dos esqueletos enteros de la tierra, con prontitud, sin asistencia de ayudantes útiles, el hábil descubridor se vio obligado a trabajar sin la precaución necesaria, rompiéndose por esto dos cráneos y conservando completos solamente los fuertes huesos de los miembros. . . Del cráneo del caballo el doctor Muñiz me mostró un hueso delgado de 23 centímetros de largo, por solo 2 centímetros de ancho al extremo superior y con un centímetro al extremo inferior, que él me señaló como una porción del hueso de la nariz. Comparando este hueso con los huesos nasales del caballo actual, encontré una diferencia tan grande, que me he visto obligado a dudar de la exactitud de la observación. .. Hoy se que la determinación del doctor Muñiz ha sido exacta; el caballo fósil de la Pampa Argentina ha tenido un hueso nasal con punta libre sobresaliente. . . Esta configuración particular del hueso de la nariz distingue claramente el caballo fósil de la pampa del caballo doméstico, como un género aparte a primera vista.»

Darwin muchas veces consultó a Muñiz sobre sus observaciones y apreció su labor investigativa: «No puedo adecuadamente expresar cuánto admiro el continuado celo de usted, colocado como está, sin los medios de proseguir sus estudios científicos y sin que nadie simpatice con usted en los progresos de la historia natural».

Muñiz envió a Darwin varios trabajos científicos suyos. Entre ellos, sus observaciones sobre la escarlatina, que fueron presentadas al Real Cuerpo Médico de Cirujanos de Londres.

En verdad, la labor de Muñiz en el campo de las ciencias es múltiple. Se destacan entre sus trabajos más importantes los apuntes topográficos sobre el territorio central de la provincia de Buenos Aires (1847), en el que hace anotaciones de real interés sobre aguas, composición del suelo, atmósfera, terrenos fosilíferos, enfermedades, etcétera; sus investigaciones sobre la vacuna indígena, comunicada a la Real Sociedad Jenneriana de Londres; su descripción del ñandú (1848), en la cual apunta también las costumbres de los gauchos; o sus observaciones sobre la lengua y el léxico del Río de la Plata.

A pesar de esta actividad, Muñiz no desatiende su tarea de médico. Buenas horas del día dedica a investigar sobre la vacuna. En 1832 es nombrado miembro correspondiente de la Sociedad Jenneriana de Londres por sus trabajos sobre la vacunación. En 1841 encuentra muestras de cow-pox (viruela de las vacas) en una estancia de la provincia de Buenos Aires y extrae costra de ías vacas enfermas para vacunar a seres humanos, tal como se hacía en esta época.

Nuestro sabio sostiene, a diferencia de Jenner, que el cow-pox no es transmitido a las vacas por quienes están en contacto con caballos, pues en la pampa son las mujeres las encargadas de ordeñar y ellas no cuidan a los caballos; esa enfermedad, por lo tanto, se originaría directamente en los bovinos, independientemente del contagio que pueden sufrir de los caballos.

Las comprobaciones de Muñiz y su aplicación práctica tienen gran importancia. La viruela constituía un verdadero peligro por entonces y llegaba a diezmar poblaciones enteras en pocos días. Durante una de las epidemias, Muñiz provee costras para vacunar e, inclusive, lleva a su propia hijita —recién inoculada—, pues sostiene que la vacunación brazo a brazo es más eficaz que los restantes medios conocidos. Esta generosa intervención permite salvar centenares de vidas humanas. Pero poco después, Muñiz pierde a su hijita, la que muere a raíz de una infección.

Muñiz vivió en Lujan desde 1828 hasta 1848. ¿Por qué se instaló en un pueblo pequeño y ubicado en la temible frontera con los indios? Sabemos que el campo bonaerense le interesa pues le permite continuar con sus exploraciones paleontológicas y es posible, además, que deseara alejarse del intranquilo clima político de Buenos Aires. Sin embargo, otra causa lo lleva a la Villa de Luján: su salud no es buena y necesita un lugar como el elegido para reponerse. Por diez años —entre 1830 y 1840—, vive en una de las casas más cómodas y confortables de la Villa, al lado del Cabildo. En éste, justamente, permanece prisionero el general José María Paz, a quien Muñiz visita con alguna frecuencia. También pasa largas temporadas en el Departamento de Lujan, en su estancia «Los Talas», el poeta Esteban Echeverría; y es posible que el joven poeta y Muñiz se hayan conocido. Más o menos a una legua de Lujan (en la actual estación Jáuregui) estaba la estancia de Muñiz. Allí pasaba buena parte de su tiempo cuando vivía en Lujan y, ya instalado en Buenos Aires nuevamente, volverá con su familia todos los veranos.

En 1848 se traslada a Buenos Aires e instala su consultorio, que en breve crece y le asegura un buen pasar. Al año siguiente el gobernador Rosas lo nombra conjuez del Tribunal de Medicina y, en 1850, se concreta por fin su actuación en la cátedra de partos de la Facultad —cargo que ya le había confiado Rivadavia—.

Muñiz, entretanto, no deja de tomar parte en la vida política del país, alistado en el campo federal. Cuando Urquiza lanza su famoso pronunciamiento de 1851, Muñiz ataca « la locura, traición y perfidia del salvaje unitario Urquiza» y le reprocha su alianza con el Brasil, en un artículo que aparece en «La Gaceta Mercantil«. Tras la caída de Rosas, es elegido diputado de la provincia en las elecciones de setiembre de1853.

Aunque no interviene en los debates, su firma aparece en la Constitución del Estado de Buenos Aires (dictada en 1854). Este mismo año es senador y se desempeña en la Comisión de Asuntos Constitucionales.

En 1855 es elegido presidente de la Facultad de Medicina y conserva el cargo hasta 1862. Una de sus primeras iniciativas es la inauguración de la escuela de parteras; también pone en vigencia un plan de estudios de seis años, hecho de acuerdo con criterios modernos y científicos, y logra que se construya un edificio para albergar las distintas dependencias de la Facultad.

Durante su actuación no le faltan problemas serios, sobre todo con la rivalidad que hay entre sus colegas. Pero su preocupación mayor es contribuir a asegurar, desde su cargo, la salud de la población. Su actitud es inflexible en lo que se refiere a la reválida de títulos y al ejercicio de la profesión de médico. El mismo se destaca como excelente especialista en enfermedades de mujeres y niños, y sus trabajos en este campo pueden considerarse como precursores.

En las elecciones de setiembre de 1861 lo eligen Senador por la Capital; un año después interviene en el rechazo de la ley que federalizaba por tres años el territorio de la provincia de Buenos Aires. En 1863 el Club alsinista «Buenos Aires» —opositor a la política mitrista— lo sostiene para senador.

Son los años combativos de «tacheros» y «pelucones» —alsinistas y mitristas—, cargados de disputas y conflictos que enfrentan apasionadamente a las distintas fracciones. 1865: Muñiz tiene sesenta años y aun está dispuesto a servir a su patria.

megaterio

Esqueleto de un Megaterio

En efecto, al estallar la Guerra contra el Paraguay se ofrece para acompañar al ejército expedicionario en calidad de médico. Propone concurrir sin retribución alguna, en traje de paisano y llevando su propio botiquín e instrumental de cirugía o, si fuese necesario, como simple soldado raso. Pero el gobierno argentino no acepta su ofrecimiento. «Demasiado es que un hombre de avanzada edad y salud delicada vaya a cuidar de nuestros heridos y enfermos, para que pueda el Gobierno consentir que ese hombre viva a sus expensas», le escribe el vicepresidente Marcos Paz.

Muñiz se traslada a Paso de los Libres y emprende una activa campaña sanitaria con su habitual competencia y energía. En 1886 se le reconoce como director de los hospitales instalados en Corrientes para atender a los heridos de guerra y a los afectados por la epidemia de cólera, que se ha declarado en la zona. Su acción en Corrientes es importante y lo muestra en la plenitud de sus facultades —a pesar de los ataques enconados de sus colegas—. En esa larga y dolorosa guerra Muñiz pierde a uno de sus hijos en un dramático episodio.

Ultimos Días: Por fin, en 1869, agotadas sus fuerzas por la prolongada contienda, solicita el retiro. Vuelve a Buenos Aires y se instala en una casona de ia calle San Martín. El anciano doctor ha perdido a su fiel compañera, pero no está solo: le queda el afecto de su hija Carmen —casada con un nieto de su vieja amiga Mariquita Sánchez— y el de sus nietos. Cuarenta y cuatro años al servicio de la medicina del país son casi una vida… En agosto de 1869 la Legislatura le concede por aclamación el retiro como catedrático y médico del hospital.

Sus días comienzan a sosegarse y se repiten, ahora, entre su estancia en Lujan y su quinta en las afueras de Buenos Aires.

En 1871, durante la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires, fue uno de los médicos voluntarios para ayudar a las víctimas, pero terminó por ser él mismo una de ellas, falleciendo el 8 de abril.

Fuente Consultada:
Cuadernillo de Historia Enciclopedia «Mi País, tu país» – Nº78 Francisco Muñiz-

Primer Envenenador Asesino Argentino Curiosiades Historia Argentina

Primer Envenenador – Asesino Argentino

Luis Castruccio decidió poner un aviso en los diarios buscando un criado (a quien matar). Habían pasado 10 años  desde que llegara desde Italia y se había cansando de los corretajes comerciales. La vida no le había dado grandes cosas, apenas un cerebro embotado.

Era de baja estatura, de cabellos rubios y lacios, ojos azules, cabeza grande y redonda y brazos largos. Corría 1888 y tenía 25 años.En el aviso pedía un chico de 7 o 9 años para «servir a su señor», con educación garantizada. Su plan se derrumbó y no por falta de oferentes.

primer envenenador argentino

Consistía en hacerse beneficiario de un seguro de vida y cometer el crimen perfecto. Pero no encontró ninguna compañía que aceptase el convenio pues les parecía inmoral que un adulto sin parentezco sea beneficiario del seguro de un nene.

Puso otro tipo de aviso, pidiendo mucamo, y tomó al primero que se presentó, Alberto Bouchot Constantin, un francés sin parientes en la Argentina.

A este sí lo aseguró, haciéndose pasar por el cuñado. Compró, con receta falsa, 20 gramos de arsénico y se lo fue dando en las comidas. En la agonía del pobre Constantín, le tapó la nariz y la boca. Nunca se sabrá si fue piedad o apuro.Llamó a la compañía de seguros, pero sospecharon de inmediato porque había pasado poco tiempo desde el contrato.

Las autoridades judiciales ordenaron la autopsia y agregaron que Castruccio debía estar presente. Los médicos descubrieron el arsénico y la asfixia. Tomándole la mano al muerto, Castruccio confesó su dolor por el fracaso comercial.

Fue condenado a muerte.

Mientras iba hacia el pelotón de fusilamiento en la Penitenciaría Nacional, de la mano de un cura, llegó el indulto. Castruccio no advirtió que ese día no iba a morir.

Pasó 20 años preso y su cerebro daba cada vez menos señales de cordura. Hasta que lo mandaron al Hospicio de las Mercedes. Allí murió el primer envenenador argentino, balbuceando cosas sobre arsénico y dinero

 

 

Vida del Gaucho Argentino Costumbres Caracteristicas del Gaucho

Vida del Gaucho Argentino
Costumbres y Características

EL GAUCHO , UN PERSONAJE CONTRADICTORIO: Muchos viajeros del viejo mundo y de EE.UU. han pasado por nuestras tierras, cuando el país recién comenzaba a dar sus primeros pasos de independencia y organización nacional y bien de acuerdo a los viajeros, ¿cuál es el carácter del gaucho?. Es difícil contestar esta pregunta porque, precisamente, los viajeros atribuyeron a éste un carácter ambivalente con virtudes y defectos, una especie de noble salvaje, capaz a la vez de bajezas y sentimientos elevados.

Vida del Gaucho Argentino Costumbres Caracteristicas del GauchoVeamos si no lo que escribía Armaignac en 1871: «Son chicaneros, borrachos, orgullosos, presuntuosos, derrochadores y perezosos: pero redimen la mayoría de sus defectos por su generosidad, desinterés, resistencia a la fatiga o la intemperie en cualquier clima, paciencia a toda prueba y sobriedad en su vida ( … ). El gaucho es generalmente tranquilo, frío y ágil jinete. Muy cortés. humilde, dócil, hospitalario, compasivo, servicial, buen padre y esposo. Es gran amante de la poesía, admira la naturaleza y contempla todo aquello que es bello. Espíritu melancólico, enemigo de las ideas abstractas y sutiles, expresa en un lenguaje simple y armonioso los pensamientos y sentimientos más elevados (. .. )»

De la misma forma, otros autores representan al gaucho como un ser al mismo tiempo sanguinario y sensible, malicioso y hospitalario, ignorante y amante de la música y la poesía. Estas contradicciones no deben preocupamos.

Ellas reflejan una posición ambivalente de los autores frente a un personaje que evoca lo noble, tradicional y pastoral de la sociedad europea, ahora bajo el ataque del industrialismo.

Un personaje que a la vez, no puede ser considerado europeo, alguien que debe permanecer extraño, por sus diferencias con la ética, las costumbres y los gustos de un europeo.

Como la abundancia los transforma en holgazanes:

indolencia y abundancia son motivos comunes en las narrativas de viaje: ambos son presentados como «naturales». Una colección de las narrativas de viaje más populares, publicada en Londres en 1835, contenía la siguiente descripción acerca de las necesidades del gaucho: «El principal rasgo del carácter del gaucho es que él es una persona sin necesidades».

Acostumbrado a vivir constantemente en la intemperie, y a dormir en el suelo, él no considera que el tener unos pocos agujeros en su rancho sean de alguna consecuencia. No le desagrada la leche, pero prefiere no tener la que tomarse el trabajo de buscarla» [A., G., The Young Travellers in South America (London, J. Macrone, 1835), p. 258 y 259].

Habiendo crecido en libertad y acostumbrado a lacaza para subsistir, el gaucho se habitúa a no tener nada y no desear nada. Su indolencia natural le impide ampliar la gama de sus satisfacciones. Escribe MacCann: «El paisano rehúye todo trabajo cuyo éxito dependa del transcurso del tiempo; no sabe valorar éste, y no lo cuenta en horas ni por minutos sino por días; es hombre moroso y su vida transcurre en un eterno mañana; tiene hábitos migratorios y  por donde quiera que se encamine, sabe que encontrará de qué alimentarse, debido a la hospitalidad de las gentes» [W. MACCANN, Viaje a caballo por las provincias argentinas (Buenos Aires, Solar-Hachette, 1969). p. 116].

Pero es la posibilidad de obtener su sustento libremente lo que lo mantiene en su condición casi salvaje, Una y otra vez, los viajeros contraponen la «pobreza» del rancho del gaucho la falta de muebles, los pisos de tierra, los agujeros en las paredes, la escasa vajilla, la suciedad, el hacinamiento de hombres, mujeres, niños y perros con la «abundancia» de la naturaleza y la facilidad para obtener el sustento.

Son consabidos los relatos de la apropiación de ganado en el campo «esa gran facilidad de subsistir casi sin trabajo: de vestirse con los productos del despojo de un buey», escribe Isabell el pero hay también abundancia en la ciudad.

Campbell Scarlett describe cómo dos gauchos a caballo pescan en el río, tirando cada uno una punta de la red. En la costa, en cada marea baja, quedan pescados en abundancia para quien quiera tomarlos. «Toda la costa, después de un temporal de viento, queda a menudo cubierta con esta tribu armada de aletas: y si los mendigos que piden limosna (siempre a caballo), condescendieran a desmontar para obtener con qué cenar, no solamente encontraríamos trozos de carne todos los días, tirados alrededor de los caminos de los mataderos, que caen de los carros de los carniceros, sino también peces sobre la costa, donde los consiguen por nada, a no ser la molestia de levantarlos» [P. CAMPBELL SCARLETT, Viajes por América a través de las Pampas y los Andes (Buenos Aires, Claridad, 1957), primera edición, Londres 1838, p. 43].

La abundancia favorece la indolencia, y ésta impide la difusión de la «civilización», que es sinónimo de diversidad de deseos y de bienes. Los viajeros. al combinar estos dos mitos (las limitadas necesidades de los paisanos y su «indolencia natural»,) acercan al gaucho ala «vida natural», una de las estrategias narrativas preferidas por los románticos, mientras que deniegan al paisano su carácter de consumidor, uno de los atributos de la modernidad.

Fuente: Todo Es Historia Viajes y Viajeros Nro. 315

La Forestal Maderas y Tanino
La Brutal Explotación del Hombre en el Norte Santafesino

Biografia de Francisco Moreno Perito en el Sur Argentino Patagonia

Biografía de Francisco Moreno
Perito en el Sur Argentino – La Patagonia

El territorio argentino es el séptimo más extenso entre todos los países del mundo. Con casi 3 millones de kilómetros cuadrados, Argentina es unas 6 veces más grande que España y 65 veces mayor que Suiza. Pero durante muchos años, a partir de la Declaración de la Independencia en 1816, buena parte del país fue térra incognita6 territorio desconocido que aparecía en los mapas como un espacio en blanco.

Francisco Moreno nació en Buenos Aires en 1852 en una familia de dinero. Desde chico se sintió atraído por plantas y animales. A los 12, formó con sus hermanos una exhibición de piedras y plantas raras a la que denominaron, un poco exageradamente, «museo de historia natural».

Cuando cumplió los 21 hizo su primer viaje a la Patagonia. Recogió rocas, restos de animales, antiguos cráneos humanos y descubrió una nueva pasión: la historia de los pueblos aborígenes, habitantes del país desde hacía miles de años. Francisco Moreno quedó enamorado para siempre del paisaje del sur argentino.

Hasta su muerte en 1919, exploró e hizo aparecer en los mapas buena parte de la Patagonia. Por su conocimiento de la zona, el Gobierno Nacional lo nombró perito (experto) en límites geográficos y lo premió con una gran extensión de tierras patagónicas.

Moreno vendió la mayor parte para crear comedores escolares destinados, sobre todo, a los chicos aborígenes. El resto lo donó al Estado para crear el primer Parque Nacional, ahora llamado Nahuel Huapi.

CONOCIDO COMO "EL HÉROE NACIONAL" Y RECORDADO COMO EL PERITO MORENO

Francisco Moreno
Científico Naturalista
1852 – 1919

Francisco P. Moreno es más conocido como Perito Moreno, científico naturalista argentino, explorador de la Patagonia. Nació el 31 de mayo de 1852 en la ciudad de Buenos Aires.

Su padre había permanecido exiliado en Uruguay durante el régimen del político y militar argentino Juan Manuel Rosas, en tanto que su madre era hija de uno de los oficiales británicos que habían participado en la invasión inglesa de 1807 y que, tras haber sido hecho prisionero, fijó su residencia en el país sudamericano.

Francisco había perdido a su madre a temprana edad por el cólera y, con sus hermanos, alternaban estudios con excursiones por las barrancas del río, buscando huesos prehistóricos con los que montarían un incipiente museo en el mirador de la casa paterna.

En 1866 instaló con sus hermanos el primer “museo” en el mirador de su casa donde exhibía restos hallados en excursiones con su padre.

En 1871 recogió fósiles en la laguna de Vitel.

En 1872 fundó, en colaboración con un grupo de ingenieros, la Sociedad Científica Argentina.

En 1872-73 exploró el territorio de Río Negro y, en 1875 llegó al lago Nahuel Huapi, que recorrió para luego pasar a Santa Cruz y alcanzar el lago que bautizó con el nombre de Argentino.

El 22 de enero de 1876 con 23 años de edad se convierte en el primer hombre blanco que llega al lago Nahuel Huapi desde el océano Atlántico, donde implanta la bandera argentina.

El 20 de octubre de 1876 , se embarca en la goleta Santa Cruz rumbo a las tierras australes, y luego de un viaje nada fácil, la nave fondea en la desembocadura del río Chubut. Allí, Moreno recorre la colonia galesa obteniendo gran cantidad de fósiles marinos. Tres meses más tarde, la nave zarpa nuevamente, llegando a la boca de río Santa Cruz el 21 de diciembre. El propósito de esta empresa, es remontar el río y recorrerlo en toda su extensión.

En el mes de febrero de 1877 , también, descubre y bautiza el lago San Martín y días más tarde avista el lago Viedma y el cerro Chaltén, al que identifica como un inmenso volcán y bautiza con el nombre de Fitz Roy. Moreno dispone el regreso descendiendo por el río Santa Cruz; en mayo retorna a la capital federal exultante por los éxitos obtenidos y por el gran cúmulo de información recopilada.

Una vez arribado, dona sus colecciones para fundar el Museo Antropológico y Arqueológico de la provincia de Buenos Aires.

Entre 1882 y 1884, realiza viajes a Córdoba, San Luis, Mendoza y San Juan en busca de elementos que pertenezcan a civilizaciones anteriores a la conquista española y de yacimientos fósiles.

Para esta fecha, el Museo provincial ya no podía albergar tamaña colección, por lo que surge la idea de reemplazarlo por un edificio más acorde con la calidad del material estudiado. Nace así, el Museo de La Plata.

Entre 1892 y 1897 comienza a intervenir en cuestiones limítrofes con Chile y, ante el recrudecimiento de la cuestión acepta el cargo de Perito Argentino en la negociación y convence a sus pares chilenos que la mejor solución era la diplomática.

El 20 de noviembre de 1902, se firma el laudo arbitral, en virtud del cual Argentina rescata cuarenta y dos mil kilómetros cuadrados de tierras que el perito chileno atribuía a Chile. Nuevamente el Dr. Moreno había prestado sus servicios y su inquebrantable patriotismo en bien de su país.

Como pago por su labor como perito en cuestiones limítrofes, recibe como compensación del Congreso de la Nación, veinticinco leguas fiscales de tierra. El 6 de noviembre de 1903, dona “tres leguas cuadradas en la región situada en el límite de los territorios de Neuquén y Río Negro, en el extremo Oeste del Fjord principal del lago Nahuel Huapi, con el fin de que sea conservado como parque natural”.

Falleció el 22 de noviembre de 1919. Sus restos fueron trasladados en 1944 a la isla Centinela, en lago Nahuel Huapí.

EL ESPÍRITU DE UN JOVEN LLAMADO FRANCISCO P. MORENO: Así lo describe RAÚL A. ENTRAIGAS, (Río Negro) En Historia Argentina Contemporánea, 1862 -1930. Vol. IV: Historia de las provincias y sus pueblos; segunda sección. Editorial El Ateneo, Buenos Aires, 1967).


En abril de 1873 llegaba un joven de 21 años lleno de inquietudes, llamado Francisco P. Moreno, a Carmen de Patagones. Recorrió el valle del río Negro, y con sesenta cráneos y más de mil flechas regresó a la capital. Al año siguiente, en el bergantín Rosales, emprende un nuevo viaje a la Patagonia con el capitán Martín Guerrico y el doctor Berg. En esta excursión, malograda en parte por la revolución de septiembre de 1874, visitó dos veces el río Negro.

Pero sus grandes excursiones fueron las de 1875-76. Fue por tierra. Partió el 25 de septiembre de 1875. El 17 de octubre llegaba nuevamente al Carmen en el río Negro. Ahí pasa más de un mes ocupado en reconocimientos e investigaciones.

El 27 de noviembre salía, por la ribera sur del río de los Sauces. Iba en la expedición con la que el mayor Miguel Linares emprendía una batida contra los indios que habían llevado un malón a Romero Grande. Eran más de cien los expedicionarios. Moreno iba tranquilo, porque Linares era sobrino del temible Sayhueque.

El 6 de diciembre estaba en Primera Angostura, y el 15 en Chichínales. Ahí se separa de los guerreros aborígenes y sigue con su gente hacia Neuquén. En la confluencia debe hacer sus primeras armas como tropero, al tener que cruzar el río a caballo, a la manera indígena. Y sigue hacia las cordilleras.

Uno de los parajes que más lo sorprendieron fue el Chocó-Geyú. Llega al Collon-Curá, anuncia su presencia a Sayhueque y le comunica su deseo de ir a saludarlo. Así llega a los toldos de Caleufú, capital del Señor de las Manzanas.

Los caciques que obedecían a Sayhueque celebran un parlamento y deciden que el huirica no debe seguir a Chile como era su intención.

Pero, con la ayuda de Quinchahuala, consiguió permiso para llegar al Nahuel Huapi. En sus riberas, en la hermosa rinconada de Tequel Malal, tenía sus reales el gran cacique Inacayal. Moreno cruzó el río Traful y llego al magnífico lago el 22 de enero de 1876. Y se hubiera quedado en el lago, pero el exequátur del Señor de las Manzanas era perentorio; tuvo que regresar a Caleufú.

Se dio cuenta que ahí reinaba un ambiente hostil para el cristiano. Supo que en un malón llevado contra el Azul habían muerto al mayor Jurado (Turao, decían los indios) y a Calderón, el mayoral de la mensajería de Bahía Blanca. Había que advertir a Patagones. Apenas pudo, pues, emprendió el regreso por el valle del Limay.

En Chichínales le dieron 25 caballos más, gracias a los cuales pudo llegar sano y salvo a Carmen de Patagones.

Al día siguiente, ya estaba de nuevo sobre el arzón de su caballo, rumbo a Bahía Blanca, a donde llegó en sólo dos días. Y prosiguió… Iba en busca del telégrafo para anunciar al gobierno la invasión inminente… Llega a Tandil. Prosigue.

Las Flores. Toma el tren ahí y consigue llegar a Buenos Aires en tiempo récord. Anuncia la invasión. No le creen. Dicen que «son cosas de muchacho asustado». Pero tres .días después «se produjo el terrible malón que costó cientos de vidas y centenares de miles de ganado».. .»

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:

Francisco P. Moreno, quien el año pasado fundó, en colaboración con un grupo de ingenieros, la Sociedad Científica Argentina, ha partido en un viaje de exploración e investigación a la Patagonia.

Según sus propias declaraciones, lo mueve el interés de investigar la formación geológica del continente, su flora, su fauna y su historia natural. En abril, ya en Carmen de Patagones, ha encontrado sesenta cráneos, mil flechas o puntas de lanza y grandes cantidades de sílices tallados.

Su padre asegura que a su regreso le tiene preparado un edificio de 200 metros cuadrados para el archivo de sus colecciones. Fascinado por las muestras recibidas, ha decidido centrar su actividad investigadora en la exploración de la región patagónica.

El joven investigador y científico nació el 31 de mayo de 1852 en la ciudad de Buenos Aires. Su padre estuvo exiliado en Uruguay durante el régimen de Juan Manuel Rosas, y su madre es hija de uno de los oficiales británicos que participó en la invasión de 1807.

En 1867, Germán Burmeister, director del Museo Público, visitó la colección privada de Moreno, y para sorpresa del joven científico le pidió prestado un ejemplar de «Panochtus» para exhibirlo.

A fines de enero de 1871, Buenos Aires sufrió la epidemia de fiebre amarilla y una de sus víctimas fue doña Juana Thwaites, madre del naturalista. La familia decidió refugiarse en la estancia Vitel, cerca de la laguna de Chascomús. Se nos informa que el joven hombre de ciencia encontró allí, entre otros fósiles, un caparazón de gliptodonte, un verdadero tesoro paleontológico.

Ampliar: Primeros Naturalistas Argentinos

Biografia de Ameghino Florentino Naturalista Argentino

VIDA Y OBRA CIENTÍFICA DE FLORENTINO AMEGHINO

Dinosaurios en
la Patagonia
Dinosaurio:
Abelisaurus
Biografía de
Francisco Moreno
Florentino
Ameghino

Florentino Ameghino

Florentino Ameghino (1854 – 1911): Naturalista, Paleontólogo y Antropólogo También considerado climatólogo, geólogo y zoologo.

Nació en Villa del Luján, de la Provincia de Buenos Aires, el 18 de septiembre de 1854, hijo de don Antonio Ameghino y de doñaMaría Dina Armanino. (hay versiones que dicen que nació en Génova, pero él declara que nació en Luján)

En Ameghino su interés por la paleontología comenzó muy de pequeño, cuando le preguntó a su padre de dónde venían los restos de caracoles que había encontrado en la barranca del río Luján, cerca de su casa, y éste le respondió que los traía el río.

Florentino consideró que no debía ser así porque la corriente no podría enterrarlos, y decidió que averiguaría por qué estaban allí y cómo habían llegado.

Tenía dos hermanos, llamado Juan y Carlos que le ayudaron en muchas oportunidades, pero Carlos fue siempre un excelente colaborador sobretodo en arduas y lentas exploraciones.

Puede considerarse como la primera gran figura de la ciencia nacional y la que alcanzó, seguramente, mayor trascendencia internacional. Fue un autodidacta, que puso por alto el prestigio científico del país sin más fuerzas que su formidable tesón y el apoyo de su hermano Carlos, y sin más financiamiento que los exiguos fondos obtenidos de una librería, negocio que manejó durante años en La Plata.

Florentino Ameghino fue una de las personalidades científicas más descollantes de la Argentina en el siglo XIX. Nació en 1854 y era adolescente aún cuando los muchachos de su edad lo apodaron «el loco de los huesos» por su inveterada costumbre de hurgar con pico y pala las cercanías del río Lujan en busca de restos fósiles. A los veinte años reunió en un folleto varias observaciones acerca del origen del hombre americano, y tiempo después abandonó su puesto de maestro en la localidad de Mercedes para trasladarse primero al Uruguay y después a Europa. Allá recorrió los principales museos de ciencias naturales y se vinculó con paleontólogos célebres, deslumbrándolos con la colección que había formado.

Su formación primaria la realizó en forma particular y como entretenimiento infantil recogía huesos en las barrancas de Luján. En Buenos Aires siguió los estudios secundarios que no concluyó y enseguida se trasladó a la localidad bonaerense de Mercedes, donde fue maestro, director de una escuela y dedicó nueve meses al estudio geológico y paleontológico de los terrenos de la llanura pampeana.

Ameghino fue un brillante autodidacta en paleontología, geología, antropología y anatomía comparada. Ya de adolescente, aprendió idiomas para poder leer a los principales científicos de la época, como el geólogo británico Charles Lyell, y adhirió a la teoría de Darwin.

Cuando tenía 17 años le presentó a Germán Burmeister, entonces director del Museo de Buenos Aires y autoridad máxima de las ciencias en el país, sus primeros descubrimientos. Pero a éste las investigaciones del joven provinciano no le inspiraron confianza ni le parecieron de interés. Al contrario de lo que podría creerse, esto no desalentó a Ameghino, que más tarde diría: “Pero para algo sirve la desgracia… la incredulidad e indiferencia que encontré hirieron mi amor propio, me obligaron a estudiar y buscar medios de acumular nuevos materiales”.

Siempre vivió estudiando, investigando y luchando por conseguir medios económicos para crecer en su actividad científica.

En 1875 dio a conocer las primeras especies nuevas que había descubierto. En el mismo año, se presentó en un concurso-exposición organizado por la Sociedad Científica con siete cajas de fósiles. Pero a los jurados poco les interesaban aquellas reliquias y sólo las premiaron con la última de las catorce menciones honoríficas. Ameghino insistió al año siguiente con una memoria sobre el cuaternario –la más reciente era geológica– que ni siquiera fue considerada.  Decidió viajar a Europa, y presentar su crecida colección de huesos en la Exposición Internacional de París de 1878 y gracias a su trabajo en la escuela puedo financiar en 1875 su primer viaje a Uruguay. Mas tarde con el apoyo del pueblo natal pudo viajar a París en 1878 y exhibir su colección de huesos en la Exposición Universal donde logró la admiración de los científicos mas destacados de su época.

Su viaje a Paris le demandó tres años y debió vender parte de los objetos llevado, por 40.000 francos, y con ese dinero financió la edición de La antigüedad del hombre en el Plata, una de sus principales obras y Los Mamíferos fósiles en la América Meridional. Al poco tiempo debió volver a vender mas material de su colección (que no se lo aceptaban en museos de la Argentina); hacia 1892, setenta piezas de su colección fueron destinadas a un museo de Munich y, tres años más tarde, se vio obligado a vender al Museo Británico una colección de unas 380 aves fósiles. El objetivo era, como siempre, financiar nuevas investigaciones.

Como curiosidad histórica hay que destacar que  cuando regresa de Europa, llega casado con una joven parisinaLeontina Poirier y pobre y como si fuera poco, se encuentra que había sido exonerado de su cargo de director de la escuela de Mercedes por abandono del puesto.

En 1886, Francisco Moreno lo nombra vicedirector del Museo de la Plata, en  el cual Ameghino aporta su propia colección de huesos, pero lamentablemente al poco tiempo estos científicos entran en un conflicto debido a diferencias y celos profesionales  y pierde el cargo oficial. Como salida decide abrir un negocio de libros y en donde por tercera vez volvió a iniciar una colección de fósiles, ya que Moreno le había prohibido la entrada al museo y no podía estudiar sus propios fósiles.

Su obra publicada —185 títulos que totalizan unas 20.000 páginas— hace referencia tanto a la descripción de piezas fósiles, en gran parte halladas por él, como a apoyar su teoría sobre el origen americano del hombre. Para Ameghino, la especie humana había evolucionado en las Pampas argentinas, desde donde habría migrado al resto del planeta. Y para probarlo se sirvió de todos sus hallazgos paleontológicos.

De todas maneras en su etapas de comerciante, Ameghino desplegó un gran esfuerzo creador: Filogenia (otro libro de su autoría) le brindó el reconocimiento nacional y mientras fue librero en La Plata publicó el trabajo premiado en Paris y mantuvo acaloradas polémicas con científicos nacionales y extranjeros.

Un año después presentó en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias su obra magna, compuesta por 1028 páginas y un atlas: Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de la República Argentina.

En la exposición de París de 1889,obtuvo uno de los mayores logros científicos internacionales de la época: la medalla de oro y el diploma de honor, por su contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de Argentina, escrita en poco mas de un año, entre grandes dramas económicos. Este reconocimiento lo ubicó entre las pocas figuras mundiales del enfoque paleontológico de la biología evolutiva.

Ameghino murió en La Plata, el 6 de agosto de 1911. Su entierro fue grandioso, teniendo en cuenta lo alejado que estuvo de las esferas oficiales. Todo el mundo intelectual se hizo presente y al depositar sus restos en el Panteón de los maestros, hicieron uso de las palabras eminentes personalidades como E. Holmberg, Víctor Mercante, J. B. Ambrosetti, José Ingenieros y otros.

HITOS DE SU VIDA
1854: Nació en la ciudad de Lujan, el 18 de setiembre, hijo de modestos inmigrantes italianos.

1863: Desde niño llamó la atención de sus padres y maestros, por la forma en que se interesaba por desenterrar restos fósiles y averiguar su posible origen. A los nueve años de edad, reunió una colección de caracoles que había juntado a orillas del río Lujan.

1867: El maestro Carlos d’Aste, amigo de sus padres, les sugirió la idea de enviarlo a Buenos Aires para que siguiera estudios secundarios en la Escuela de Preceptores.

1870: Ameghino entró a desempeñarse, como Auxiliar Docente, en una escuela de Mercedes, donde, poco después, comenzó a dictar clases. 1871: Organizó, en Mercedes, un pequeño Museo de Ciencias Naturales, anexo al antes citado colegio.

1872: Fue nombrado Director de la Escuela Elemental de Mercedes, cargo que conservg durante varios años. Mientras tanto, proseguía estudios e investigaciones sobre etnografía y paleontología.

1873 a 1877: Estableció contacto epistolar con varios sabios europeos a quienes comunicó, por carta, sus hallazgos y teorías. Realizó gran cantidad de excavaciones, pagando él mismo los gastos que tales tareas originaban. Venciendo grandes dificultades, llegó a disponer de la mejor colección de fósiles conocida en América.

1878: Emprendió viaje hacia Europa, en cuyos museos estudió y trabajó con la venta de ejemplares repetidos de fósiles. Pudo costearse la edición de su libro «La antigüedad del hombre en el Plata». 1880: Contrajo enlace con Leontina Poirier, de nacionalidad francesa.

1881: Después de tres años de ausencia, regresó, con su esposa, a la Argentina, donde se enteró de que, vencida la licencia que le habían acordado en sus puestos docentes, ya no los tenía.

1882: Abrió en la ciudad de Buenos Aires una librería, a la  que llamó «El gliptodonte» y con los ingresos obtenidos, prosiguió sus estudios e investigaciones.

1883 a 1901: Reinició sus tareas paleontológicas, ayudado por su mujer y por su hermano Carlos, con quienes efectuó numerosos viajes por la costa atlántica y por el sur de la Argentina. Lograron encontrar más de un centenar de esqueletos de especies mamíferas extinguidas, los cuales pasaron a formar parte de la colección del Museo de Historia Natural de Buenos Aires, que Carlos, posteriormente, dirigió. Florentino, mientras tanto, ejerció como pofesor en las universidades de Córdoba, La Plata y Buenos Aires.

1902: Sus méritos, como investigador, fueron reconocidos dentro y fuera de la Argentina. El Gobierno de ese país lo nombró Director del Museo de Historia Natural de Buenos Aires, instituto que organizó con extraordinaria eficacia.

1911: Enfermo de diabetes y sintiéndose muy afectado, es-piritualmente, por la muerte de su madre y de su esposa, falleció el 6 de agosto. Sus últimas palabras fueron: «¡Cuánto me queda por hacer!».

SOBRE SU TRAYECTORIA….

Desempeñó los siguiente cargos: maestro de escuela de Mercedes (Bs.As.), catedrático de Zoología y Anatomía comparada de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Cordoba, conservador de las seccines de Zoología y Antropología de la misma Universidad, miembro académico de la Facultdad de Ciencias Médicas de la misma; Director del Museo de La Plata, etc.

Los premios que ha logrado por sus trabajos científicos son los siguientes: mención honorífica por la «Sociedad Científica Argentina» en el concurso y exposición del 28 de julio de 1875; medalla de bronce en la Exposición Universal de París en 1878: medalla de oro (primer premio) en la Exposición Continental Sud-Americana de 1882, en la ciudad de Buenos Aires; medalla de oro (primer premio) en la Exposición de París en 1889; y medalla de oro (primer premio) en la Exposición de Chicago en 1893.

Fuera de las obras que se han señalado más arriba, ha dado a la publicidad y se ha traducido a varios idiomas una colección numerosa de libros y trabajos sobre antropología, geología y paleontología, que fueron sus especialidades en las ciencias naturales, dedicando «Un recuerdo a la memoria de Darwin», cuyas teorías fueron sus ideales de niño-sabio y después fueron la base de su reputación científica.

La Dirección del Museo Nacional de Historia Nacional la ocupó Ameghino a la muerte de Berg en 1902: y entonces el genio produce su formidable teoría de la existencia del hombre en los terrenos terciarios del país. Semejante teoría produjo un revuelo en el avispero científico. La iglesia encontró un terrible enemigo en Ameghino, al que combatió intensamente.

Los iíltimos años de su vida los pasó el ilustre sabio al frente de una librería que instaló en La Plata donde luchó contra la adversidad del destino. Pero el precitado nombramiento de Director del Museo Nacional, le proporcionó un bienestar que alcanzó a disfrutar casi dos lustros. Murió en La Plata el 6 de agosto de 1911, desempeñando el cargo de referencia.

Ante su tumba abierta, el doctor José Ingenieros pronunció elocuente oración fúnebre, en la que dijo entre otras cosas: «Muere con él la tercera vida ejemplar de «nuestra centuria: Sarmiento inagotable catarata de energía en las gloriosas batallas de nuestra emancipación intelectual; Mitre, que alcanzó !a santidad «de un semi-Dios y fue consejero de pueblos; Ameghino, preclaro sembrador de altas verdades cosechadas a filo de hacha en la selva infinita de «la naturaleza. . .»

Fué su gran colaborador su hermano Carlos Ameghino, que más adelante lo reemplazó en el cargo de Director del Museo Nacional de Historia Natural. Fuera de las obras citadas, merece mencionarse: «El transformismo considerado como una ciencia exacta» y otras muchas que seríía largo enumerar .

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N°23 Florentino Ameghino Edit. Cuántica
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).

Los Mas Importantes Deportistas Argentinos Grandes Idolos del Deporte

Los Mas Importantes Deportistas Argentinos – Grandes Idolos del Deporte Argentino

Pasarella en futbol

Daniel Passarella
El gran capitán de la Selección Argentina
campeona en 1978. ídolo de River y de la Fiorentina. Como técnico, dirigió a River, la Selección Argentina y actualmente al Uruguay.

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Pascual Perez Boxeo

Pascual Pérez
1926-1977. Campeón Olímpico en Londres 48. En 1954 derrotó al japonés Shirai y fue el primer Campeón Mundial Argentino. Defendió el título Mosca en diez oportunidades.

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adolfo pedernera

Adolfo Pedernera
191 8-1995. El Maestro debutó en River en 1935 y a partir de los 40 se
convirtió en el conductor de La Máquina. Cuando se retiró, siguió con sus éxitos en la dirección técnica.

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Basquetbol Milanesio

Marcelo Milanesio
Debutó en la primera fecha de la Liga 85 y jugó en 649 partidos consecutivos hasta
comienzos de la temporada 98/99, siempre en Atenas. Es el basquetbolista con más partidos mundialistas: 32.

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Morea Enrique

Enrique Morea
Por 25 años fue el número uno de la Argentina. Participó en la Copa Davis entre 1948 y 1958. En 1952 llegó a la final de Wimbledon en doble mixto y en el 53 se ubicó 80 en el mundo.

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Perfumo Roberto futbol

Roberto Perfumo
El Mariscal del área jugó en Racing;
Cruzeiro y River. Fue uno de los pilares del último Racing campeón y titular en el Mundial de Inglaterra 1966. Se retiró y pasó a ser director técnico

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Marzolini Silvio Futbol

Silvio Marzolini
En 1959 llegó a Boca y fue su consagración: logró cinco títulos. Jugó los Mundiales deI 62 y 66. En 1981 fue técnico de Boca y con Maradona ganó el campeonato.

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Luis Nicolao Natacion

Luis A. Nícolao
El 27 de abril de 1962, en Brasil, consiguió el récord mundial de los 100 metros mariposa (57s). En diez años sumó muchos récords y fue la figura de la natación argentina.

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Herminio Masantonio

Herminio Masantonio
191 0-1 956. Tercer goleador del fútbol argentino: 256 goles, pero nunca fue goleador de un campeonato. Una de las glorias de la
historia de Huracán (1931-43 y 45).

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Moreno futbol

José M. Moreno
191 6-1 978. El Charro era el jugador espectáculo. Fue factor determinante de La Máquina de River y en la Selección Nacional. Jugó en España, Chile, Uruguay y Colombia.

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deporte argentino Galvez Juan Manuel

Juan Gálvez
1916-1963. Con su hermano Oscar y con Fangio constituyen la elite del automovilismo
en la Argentina. En quince años obtuvo nueve campeonatos en Turismo Carretera, todo un récord.

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Gatica Boxeo Argentino

José M. Gatica
1925-1963. Fanfarrón como pocos, un mito del boxeo argentino. Nunca fue campeón argentino ni peleó por el título mundial. Su personalidad le provocó amor y odio por igual.

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Hugo Gatti Arquero Argentino

Hugo O. Gatti
Debutó en primera en 1962. Es uno da los personajes más pintorescos de fútbol argentino. El Loco fue el ídolo de la hinchada de Boca. En su carrera ganó siete títulos y jugó 765 partidos.

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Automovilismo Froilán Gonzalez

Froilán González
 Tuvo un brillante paso por Ferrari en la Fórmula Uno. En 14 de julio de 1951 le dio el primer triunfo a esta escudería en la historia de la categoría. Ganó 42 carreras y las 24 Horas de Le Mans.

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Pedro Heguy Deportista

Alberto Pedro Heguy
10 de handicap. Ganó 17 títulos entre 1957 y 1981. Con su hermano Horacio, más Juan y Alfredo Harriot formaron el mejor equipo de Coronel Suárez.

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Boxeo Santos Laciar

Santos B. Laciar
Chiquito y guapo, el cordobés ganó tres títulos mundiales: dos como mosca de la Asociación y uno en supermosca del Consejo. Falucho realizó 16 peleas por títulos del mundo. Un grande.

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Eduardo Lanusse

Eduardo Lausse
1927-1 995. Un zurdo pegador. Fue Campeón Argentino mediano en 1953. Se enfrentó con los mejores y llegó a estar 20 en el ranking. Nunca tuvo una chance por el título. Se retiró en 1960.

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Irineo Legizamo

Irineo Leguisamo
1903-1985. El maestro del turf argentino. Triunfó en Palermo, San Isidro y logró 32 premios internacionales. Ganó más de 3200 carreras (incluidos más de 490 clásicos).

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Boxeo Nicolino Locche

Nicolino Locche
Fue El Intocable. En 1968 viajó a Tokio, ganó la corona de los welter junior y le dio una clase magistral al campeón Fujii. Realizó seis defensas y ganó cinco. El público lo amó y fue leyenda

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deportista argentino

Daniel Martinazzo
Se lo consideró el mejor jugador del mundo de la historia. Con la Selección ganó los Mundiales de San Juan 78, Novara 84 y logró la medalla de oro en los Panamericanos de Puerto Rico 79.

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Boxeo Acavallo

Horacio Accavallo:
Comenzó a boxear porque pensaba que era un buen negocio. Realizó 84 peleas en doce años.
En 1966 derrotó al japonés Takayama y se convirtió en campeón mundial mosca.

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Artime en el futbol

Luis Artime
Uno de los grandes goleadores argentinos. Debutó en 1959 en Atlanta.
Luego jugó en River, Independiente, Brasil y Uruguay. En la Selección, disputó 23 partidos y convirtió 23 goles.

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Batistuta goleador argentino

Gabriel Batistuta
Uno de los mejores delanteros del mundo y el máximo goleador de la Selección con 48 tantos. Después de triunfar en Boca, en 1991 se fue a Italia y se convirtió en el extranjero que hizo más goles en la Liga.

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jorge batiz

Jorge Bátiz
Por trabajo y tenacidad el pionero del ciclismo nacional. Logró dos subcampeonatos del mundo en velocidad: Italia 55 y Dinamarca 56. Fue campeón Panamericano en México 55.

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Norma tenista argentina

Norma Baylon
Con su tenis agresivo venció a las mejores de su época. En 1966 obtuvo el campeonato República al superar en la final a la checa
Vera Sukova y se metió entre las siete mejores del mundo.

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Alberto cabrera Deportista Argentino

Alberto Cabrera
En la década del 60, con su magnetismo, deslumbró a los amantes del básquet en la Argentina.  Quedó en la historia por su récord único de 9 títulos de campeón argentino con Buenos Aires.

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deportista argentino

Jeannette Campbell
A los 21 años, fue la primera nadadora argentina que se Consagró subcampeona olímpica al ganar la medalla de plata en los 100 metros libres, en los Juegos de Berlín 1936.

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Amadeo Carrizo Arquero

Amadeo Carrizo
Para muchos, fue el mejor arquero de la historia. Atajó en River de 1945 a 1968 y fue el símbolo del arquero moderno. Se retiró a los 44 años, cuando jugaba para Millonarios de Colombia.

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Daniel Castellani

Daniel Castellani
Jugó en la Selección Argentina del 78 al 90. Logró la medalla de bronce en el Mundial 82 y en Seúl, 88. Técnico de la Selección del 93 al 99, obtuvo la medalla de oro en los Panamericanos 95.

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roberto cherro futbolista argentino

Roberto Cherro
1907-1965. Le decían Cabecita de Jro. Con sus goles, se convirtió en ídolo de Boca (1926-1938). En la Selección ganó la medalla de plata en Amsterdam 28 y jugó el Mundial de Uruguay 1930.linea divisoria

alberto dimidi

Alberto Demiddi
El remero número uno de la Argentina. Campeón Nacional de 1962 a 1972; Campeón Mundial en Canadá 1970;  Medalla de plata en los Juegos de Munich 72y bronce México 68.

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Vito Dumas

Vito Dumas
1900-1965. A bordo del Legh II zarpó de Buenos Aires el 27 de junio de 1942. Luego de 272 días de navegación y de cubrir 22 mil millas, logró dar la vuelta al mundo. La proeza estaba cumplida.

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Dante Emilliozi Corredor Argentino

Dante Emiliozzi
Con Torcuato Emiliozzi fueron ídolos del Turismo Carretera. Fueron campeones entre 1962 y 1965 con La Galera, el famoso Ford. En total, los hermanos se adjudicaron más de 40 triunfos.

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Ferreira futbolista

Bernabé Ferreyra
1909-1972. El Mortero de Rufino comenzó su carrera en Tigre (1931) y se consagró en River (1932-1939). Era peligroso dentro
y fuera del área. Jugó 197 partidos y convirtió 206 goles.

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deportista argentino

Manuel Ferreira
1906-1 983. Llegó a Estudiantes en 1924. Su calidad de juego y goles lo llevaron a la Selección. Capitán y técnico en Amsterdam. Participó en el Mundial de Uruguay 1930.

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firpo boxeo

Luis Angel Firpo
1894-1960. El Toro Salvaje de las Pampas fue el primer argentino que disputó un Campeonato Mundial. El 14 de septiembre de 1923 perdió por nocaut con Jack
Dempsey.

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Francescoli Enzo

Enzo Francescoli
Llegó de Uruguay en 1983 para jugar en River. Luego de un flojo primer año, fue ídolo de la hinchada. El Príncipe los llevó a ganar cuatro
campeonatos locales y la Libertadores 96.

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Basquetbol furlog

Oscar Furlong
Figura y goleador de la Selección Argentina que ganó el primer Campeonato Mundial de Básquet en 1950. Triunfó en la Argentina y se fue a lugar a los Estados Unidos.

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Boxeador Galindez

Víctor Galíndez
1948-1980. Ganó el título Mundial mediopesado en el 74 ante Len Hutchins. Lo perdió en el 78 y lo recuperó en el 79. Murió en un accidente al debutar como copiloto en TC 1980.

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Corredor Oscar Alfredo Gálvez

Oscar Alfredo Gálvez
1913-1 989. El Aguilucho dedicó su vida al Turismo Carretera. Entre el 47 y el 61 ganó siete campeonatos. En el 49 consiguió la primera victoria argentina sobre pilotos europeos.

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deportista argentino

Nora Vega: La más grande patinadora argentina. Ganó 11 Sudamericanos, 4 medallas de oro en los Panamericanos 79 y dos en el 95, donde también logró una de plata y otra de bronce.Nació en Mar del Plata el 12 de septiembre de 1961. Su padre, fundador del Club Deportivo Norte, impulsó a ella y a su hermano Reynaldo a la práctica deportiva. Reynaldo Vega también sería un destacado patinador, consagrándose subcampeón mundial en el Campeonato Mundial de Patín de Mar del Plata en 1978, en la prueba de 500 m .

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deportista argentino

Emanuel David Ginóbili : (28 de julio de 1977 en Bahía Blanca, Argentina), más conocido como Manu Ginóbili, es considerado el jugador argentino de baloncesto más importante de todos los tiempos. Actualmente juega en San Antonio Spurs de la NBA. Antes de llegar a la NBA, Ginóbili jugó en las ligas argentina e italiana.

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deportista argentino

Juan Manuel Fangio : (Balcarce, 24 de junio de 1911 – Buenos Aires, 17 de julio de 1995) fue un automovilista argentino, quíntuple campeón de Fórmula 1. Entre 1951 y 1957, obtuvo cinco títulos mundiales de Fórmula 1, conduciendo con Mercedes Benz, Maserati, Alfa Romeo y Ferrari. Retirado en 1958.

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deportista argentino

Roberto De Vicenzo: Golfista profesional. Nació el 14 de abril de 1923 en Villa Ballester (Bs.As.).Considerado uno de los deportistas más destacados de su país a través de todos los tiempos, es quizás el arquetipo de los golfistas de los años 50, ya que ganó la asombrosa cantidad de 230 torneos alrededor del mundo, incluidos 4 torneos del PGA Tour y el Abierto Británico.

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deportista argentino

Carlos Monzón: (San Javier, Argentina, 7 de agosto de 1942 – Los Cerrillos, Argentina, 8 de enero de 1995) fue un boxeador argentino que alcanzó el título de campeón mundial de la categoría mediano, entre los años 1970 y 1977. Es considerado uno de los mejores deportistas argentinos de la historia.

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deportista argentino

Diego Armando Maradona (Lanús, 30 de octubre de 1960).Consiguió importantes logros deportivos tanto con la Selección Argentina como con algunos de los clubes en los que jugó. Con la selección consiguió la Copa Mundial de 1986, el subcampeonato en la Copa Mundial de 1990 y el Mundial Juvenil de 1979. Sus logros más importantes a nivel de clubes los obtuvo jugando para el Nápoles, donde ganó una Copa de la UEFA y los únicos dos scudettos que posee la institución.

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deportista argentino

Alfredo Di Stéfano: La Saeta Rubia debutó en River en 1945. Por su habilidad se lo compara con
Maradona y Pelé. Emigró con sus goles al Real Madrid. Dejó el fútbol, triunfó como técnico.

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deportista argentino

Ángel Amadeo Labruna: (Bs.As., 28-9-1918 –  20-9-1983), fue un jugador y director técnico de fútbol argentino. Jugaba como delantero por izquierda. Es el goleador histórico del club. Es reconocido por la hinchada riverplatense, como el máximo ídolo del Club Atlético River Plate, así como uno de los máximos goleadores de la Primera División de Argentina, Es el máximo goleador de la historia del Fútbol Argentino con 293 goles, junto a Arsenio Erico, de Independiente, quien también tiene 293.

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deportista argentino

Guillermo Vilas: Ex-tenista profesional argentino nacido el 17 de agosto de 1952 en Buenos Aires, Argentina, donde su madre fue a atenderse para el parto, aunque vivió durante toda su niñez y adolescencia en la ciudad de Mar del Plata. Fue número dos del mundo en el ránking ATP (1975). Se impuso en 62 torneos de ATP, de los cuales 4 fueron torneos de Grand Slam. También se adjudicó un Tennis Masters Cup (ex Masters).

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deportista argentino

Marcelo Oscar Alexandre: Representó al ciclismo argentino como sólo los grandes deportistas saben hacerlo.  El 7 de julio de 1981, a los 18 años, en el Estadio Alfred Rosch de Leipzig, se corona Campeón Mundial juvenil del kilómetro contra reloj. Marcó un tiempo de 1m. 7s. 45. Este era el segundo Campeón en esta especialidad que tuviera Argentina, después del obtenido por Dazzán. Fue 13 veces Campeón Argentino. 12 veces Campeón Panamericano. Una vez Campeón Mundial. Integró la Selección Argentina, entre 1980-1992.  Designado entre 8 corredores del mundo para integrar al Kokusai Keirin, en Japón, en 1993.

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Huelga de los Inquilinos Historia de los Conventillos Buenos Aires

Huelga de los Inquilinos-Historia de los Conventillos Buenos Aires

Las malas condiciones de vida en los conventillos, los aumentos en el monto de los alquileres, la arbitrariedad con que eran tratados los inmigrantes por parte de los encargados —los caseros— y el desamparo judicial, fueron algunos de los factores que provocaron una inédita huelga de inquilinos en 1907. El conflicto —organizado por una Liga de lucha contra los altos alquileres e impuestos y apoyado por las organizaciones obreras de tendencia anarquista y socialista—, se inició en los barrios porteños del sur y se extendió a Avellaneda, Lomas de Zamora y a ciudades en rápido crecimiento como Rosario y Bahía Blanca.

HUELGA DE LOS INQUILINOS: En 1907 se produjo un hecho inédito en la historia de las luchas populares argentinas: la huelga de inquilinos. Los habitantes de los conventillos de Buenos Aires, Rosario, La Plata y Bahía Blanca decidieron no pagar sus alquileres frente al aumento desmedido aplicado por Los propietarios. La protesta expresó además, el descontento por las pésimas condiciones de vida en los inquilinatos.

conventillos , huelga de inquilinosLos protagonistas de estas jornadas fueron las mujeres y los niños, que organizaron multitudinarias marchas portando escobas con las que se proponían «barrer la injusticia».

La represión policial no se hizo esperar y comenzaron los desalojos. En la Capital estuvieron a cargo del jefe de Policía, coronel Ramón Lorenzo Falcón, quien desalojó a las familias obreras en las madrugadas del crudo invierno de 1907 con la ayuda del cuerpo de bomberos. El gremio de los carreros se puso a disposición de los desalojados para trasladar a las familias a los campamentos organizados por los sindicatos anarquistas.

Las demandas de los huelguistas eran una rebaja del 30% de los alquileres, la eliminación de los tres meses de depósito que exigían los propietarios, el mejoramiento de las condiciones sanitarias y la flexibilidad en los vencimientos y desalojos. Se calcula que unas 100.000 personas participaron del movimiento, cuya principal medida fue no pagar el alquiler.

Luego de algunos meses de conflicto, en el que se produjeron desalojos con apoyo judicial y policial, situaciones violentas y, en ocasiones, rebajas en el precio de los alquileres, el movimiento se fue diluyendo. A los dirigentes más combativos, algunos de ideas anarquistas, les fue aplicada la ley de Residencia —fueron encarcelados o deportados— y muchos huelguistas abandonaron la lucha.

La presión de los propietarios, que contó con el apoyo del Estado, rindió sus frutos, y las mejoras otorgadas en los meses de auge de la huelga fueron luego descartadas, por lo que las condiciones de vida de los habitantes de los conventillos no variaron sustancialmente, pero este movimiento representó un llamado de atención sobre las dramáticas condiciones de vida de la mayoría de la población.

LOS CONVENTILLOS: Los conventillos y las casas de inquilinato eran las viviendas populares predominantes en Buenos Aires, Rosario y Córdoba, y estaban localizadas en su mayor parte en las zonas céntricas y próximas al puerto. En estas viviendas llegaron a habitar cerca de 150.000 personas, en forma precaria y en graves condiciones de hacinamiento, a tal punto que podían convertirse en focos de difusión de enfermedades infectocontagiosas.

Se trataba de grandes casas de varias habitaciones y un patio central, construidas en su momento por familias pudientes, y luego adaptadas, aunque otras fueron construidas especialmente para dar albergue a varias familias. Los propietarios de los conventillos alquilaban las habitaciones a familias enteras o a grupos de individuos. Algunos conventillos llegaron a albergar a trescientas personas.

En general, carecían de ventilación, los escasos cuartos de baño eran compartidos y también se compartían los picos de agua. Los altos alquileres que se pagaban subieron durante los primeros años del siglo XX, situación que dio lugar, en 1907, a una protesta conocida como «la huelga de inquilinos», en la que intervinieron unas 100.000 personas. Se inició en La Boca, San Telmo y el Centro, y se extendió a otros barrios.

La vivienda familiar y, en lo posible, propia, era el sueño y la aspiración de la mayoría de los trabajadores, frente a la miserable vida cotidiana del conventillo. El crecimiento del municipio y la extensión del tranvía eléctrico posibilitaron que algunos obreros comenzaran a trasladarse lejos del centro. Muchos de ellos pudieron, incluso, acceder a la compra de un lote y construir su vivienda.

EL PROBLEMA DE LOS ALQUILERES
En 1883 el alquiler promedio de una pieza de conventillo ascendía a $ 5,80, cifra que siete años después, a favor de la voracidad especuladora que caracteriza a la vida económica del 80, se duplicaba con creces. Para evaluar la incidencia de los alquileres en e! presupuesto obrero debemos tener en cuenta que hacia 1886, sobre la base de datos confiables, el salario promedio de un obrero calificado era de $ 2,50, en tanto que la mano de obra no especializada —que constituía un porcentaje importante de la población activa— llegaba excepcionalmente a salarios de $ 2.

En 1895 el primer sector alcanzaba los $ 3,50 y el segundo había crecido apenas proporcionalmente, mientras que los alquileres, en contraste con este parsimonioso incremento salarial, habían sobrepasado con generosidad la barrera del 100 %. Para una visión más ajustada de las fluctuaciones del salario hay que tener en cuenta, como lo señalaba Adrián Patroni al referirse a la situación de la clase obrera en 1897, que el total real de días de labor era de 257 días, con lo cual el salario real descendía en aproximadamente un 10%.

Teniendo en cuenta la desvalorización de la moneda entre 1880 y 1891 (332 %) José Pa-nettieri ha calculado, en su libro Los Trabajadores, un deterioro en pesos oro de orden de los 0,69 centavos y, entre 1885 y 1891, un deterioro de $ 1,14.

Tabla con  las fluctuaciones de los alquileres en el lapso 1904-12 en cuatro parroquias representativas:

Parroquias 1904 1912
San Cristóbal 13 26 a 30
San Telmo 15 28 a 32
Catedral Sur 18 40
Socorro 16 30 a 35

Hacia 1912, como podemos observar, la especulación había llevado los precios de locación a las nubes, y aunque se insistía en explicar este fenómeno a través de factores como el aumento de los materiales, e! precio de la tierra y los intermediarios parasitarios, los inquilinos de conventillos verificaban, cada mes, que la Argentina era uno de los países con alquileres más caros.


En 1907 se produjo un hecho insólito: la «huelga de inquilinos», que rápidamente ganó las barriadas populares con tres consignas básicas: reducción de alquileres en un 30 %, mejoras en las casas, garantía contra el desalojo.

El inusual movimiento de resistencia se inició a comienzos de setiembre en los conventillos de la calle Ituzaingó 279-325, en los que residían aproximadamente 130 familias, y se fue extendiendo velozmente por la ciudad. Algunos propietarios transaron.

pero otros trataron de recurrir al desalojo compulsivo. En el inquilinato de San Juan 677 la intervención de la policía de Ramón Falcón dejó un muerto y varios heridos. El 28 de octubre los inquilinos realizaron un mitin en plaza San Martín, y a su término marcharon en manifestación hacia la avenida de Mayo. El escuadrón de seguridad intervino y se produjo un tiroteo con saldo favorable para los huelguistas: cuatro vigilantes heridos.

En Hechos y comentarios (1911) E. G. Gilimón describió así la famosa huelga:
«Buenos Aires es una ciudad que crece desmesuradamente. El aumento de la población es extraordinario por preferir la mayor parte de los inmigrantes quedarse en ella a ir a vivir al interior del país, cuya fama es desastrosa.

«Las pésimas policías de campaña; la verdadera inseguridad que existe en el campo argentino, del que so señores absolutos los caciques electorales, influyen en el ánimo de los europeos, aun sabiendo que hay posibilidades de alcanzar una posición económica desahogada con mucha mayor facilidad que en la capital, a quedarse en ésta, en la que de todas maneras hay más seguridad, mayor tranquilidad para el espíritu.

«La edificación no progresa lo suficiente para cubrir las necesidades de la avalancha inmigratoria, y esto hace que los alquileres sean cada día más elevados, y que para alquilar la más mísera vivienda sean necesarios una infinidad de requisitos. «Si a un matrimonio solo le es difícil hallar habitación, al que tiene hijos le es poco menos que imposible, y más imposible cuantos mas hijos tiene.

«De ahí que las más inmundas covachas encuentren con facilidad inquilinos, ya que Buenos Aires no es una población en la que sea dado andar eligiendo…

«Desde muchos años atrás, esta formidable y casi insolucionable cuestión de las viviendas, había sido tema de batalla para los oradores de mitin.

«Socialistas, anarquistas y hasta algunos políticos sin contingente electoral, habían en todo tiempo clamado
contra la suba constante de los alquileres, excitando al pueblo, ora a la acción directa, ora a la electoral, según que el orador era un anarquista o tenía tendencias políticas.

«Un buen día se supo que los vecinos de un conventillo habían resuelto no pagar el alquiler de sus viviendas en tanto que el propietario no les hiciese una rebaja. La resolución de esos inquilinos fue tomada a risa y a chacota por media población. «Pronto cesaron las bromas. De conventillo a conventillo se extendió rápidamente la idea de no pagar, y en pocos días la población proletaria en masa se adhirió a la huelga.

«Las grandes casas de inquilinato se convirtieron en clubes. Los oradores populares surgían por todas partes arengando a los inquilinos y excitándolos a no pagar los alquileres y resistirse a los desalojos tenazmente. «Se verificaban manifestaciones callejeras en todos los barrios sin que la policía pudiese impedirlas, y de pronto, con un espíritu de organización admirable, se constituyeron comités y subcomités en todas !as secciones de la capital.»

Grandes Boxeadores de Argentina

Grandes Boxeadores de Argentina

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Vida de Carlos Monzón

Carlos Monzon, BoxeadorAmalia Ledesma y Roque Monzón tuvieron el 7 de Agosto de 1942 a su quinto hijo y lo llamaron Carlos. En San Javier (Santa Fe) vivió los primeros años de su vida y fue ahí donde comenzó su verdadera pelea que se basaba en defenderse y subsistir a una infancia sin juguetes, de pobreza y con muchos inconvenientes.

En 1951, toda la familia se mudó hacia el barrio Barranquita. Desde chico, Carlos percibía que lo suyo no era el estudio y por tal motivo dejó la escuela en tercer grado. Esto lo motivó y lo obligó a trabajar para ayudar a sus padres.

Para conseguir un mango se las rebuscaba como sodero, lechero o diariero, mientras que compañeros de su edad estudiaban o se reunían para jugar.

Todavía no boxeaba, pero en la vida estaba cayendo por puntos. Buscando un camino y un rumbo dentro del pugilismo recorrió distintos gimnasios. Sus ocasionales «managers» eran el «Mono» Martínez y Roberto Agrafogo.

Empezaba a mantenerse haciendo lo que más le gustaba. Con un peso de 64 kilos disputó su primer enfrentamiento, en el pabellón de la Industria ubicado en su ciudad, frente a José Cardozo. El resultado indicó un empate en tres asaltos y recibió un viático de 50 pesos. Las peleas, estilo callejeras, por montos irrisorios, eran moneda corriente hasta que..

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Grandes Boxeadores de la Historia

 

Biografía de Bonavena Ringo Vida de Campeones del Boxeo Argentino

Biografía de Bonavena Ringo Oscar 

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OSCAR «RINGO» BONAVENA: Nació el 25 de septiembre de 1949 y murió asesinado el 22 de mayo de 1976 en Reno, EstadosOSCAR "RINGO" BONAVENAUnidos. Fue de verdad un guapo de su barrio, Parque Patricios. Se lo consideró muchas veces un niño grande, por su calidez y buen humor. Hincha de Huracán a muerte, amigos de todos los deportes, era un personaje especial, ocurrente, simpático y carismático.

Siendo muy joven abandono los estudios y decidió trabajar…fue carnicero, repartidos y hasta picó piedras. Su carrera como boxeador la inició en 1958 en su club de alma, Huracán, club que hoy tiene una tribuna con su nombre. Ganó su primer torneo amateur en 1959 y en dos años consiguió dos coronas Sudamericanas consecutivas.

Tuvo un record de 58 triunfos, 44 por KO, nueve derrotas y un empate. Como muchos otros boxeadores de su nivel, tiene una gran pelea que lo identifica, en donde  todos sus seguidores lo recuerdan por su bravura frente a un adversario que lo supera, pero que ante esa adversidad aparece la fortaleza un púgil  grandioso que arremete con fuerza y lucha sin cesar.

En este caso, es adversario fue Muhammad Alí (Cassius Marcelus Clay), el 7 de diciembre de 1970, quien lo vence en el ultimo round en Madison Square Garden. Perdió a segundos de terminar la pelea luego de tenerlo sentido a Clay en el 40 y 90 round.Frente a Lee Carr en 1964, fue suspendido por morderle la oreja, y a Ron Hicks le ganó en el primer minuto del primer round por nocaut.

En 1965 fue campeón argentino, al derrotar a «Goyo» Peralta en el Luna Park, con mas de 25.000 espectadores. Tenía fama de fanfarrón y la gente lo quería ver  perder, pero ganó con la calidad de un grande, y como se escucha aun decir por ahí,…entraron hinchas de «Goyo» y salieron hinchas de «Ringo».Combatió con los mejores del mundo, Zora Folley, Jimmy Ellis, Joe Frazier y Floyd Patterson.

El 10 de diciembre de 1968, tuvo una chance por el título mundial en Nueva York ante Joe Frazer, con quien perdió por puntos en 15 asaltos. Mas tarde como dijimos antes se enfrentó con Cassius Clay,Ringo poseía en ese momento  68 peleas en su haber, con 58 victorias, 9 derrotas y un empate, pero no pudo ser y Clay lo venció por KO reglamentario.

Muy pronto se comenzó a barajar la posibilidad de la revancha. Después de su baño de multitudes en Argentina de vuelta en los Estados Unidos, Ringo quería dejar de ser cobarde para cierto sector de la sociedad y fue en busca del desquite, su revancha, ante Muhammad Ali. Pero su joven corazón de treinta y tres años fue partido en mil pedazos por la bala asesina disparada por un matón a sueldo desde un fusil treinta-cero-seis, a treinta metros, en el estado de Nevada.

Ocurrió a las puertas de «Mustang Ranch», el cabaret de Joe Conforte, quien había sido durante un período su manager. Vale aclarar que Ringo vivía en una caravana muy cerca del prostíbulo, y que, por eso, pasaba gran parte de sus días en el mismo.

Ringo fue enterrado el 30 de mayo de 1976 con su pecho ahogado en claveles rojos. Unas 150.000 personas pasaron por el Luna. Era el último adiós al bueno de Ringo.

PARA SABER MAS…

ASESINARON A OSCAR BONAVENA: Sigue la conmoción por el asesinato del boxeador Oscar Natalio Bonavena. Un disparo lo ultimó el 22de mayo cuando salía del prostíbulo Mustang Ranch en el Estado de Nevada, en losEstados Unidos, propiedadde Joey Sally Conforte.

Las investigaciones apuntan a una riña por una mujer, pero no se pudoaclarar la situación  hasta el momento. Los Conforte son también los promotores que lo habían llevado a pelear nuevamente en los Estados Unidos. Bonavena se había casado el 19 de febrero último con Cheryl Ann Rebideaux, una joven de 20 años que también trabaja ba en el burdel, pero su matrimonio fue anulado diez días después, ya que Bonavena estaba casado en la Argentina.

La policía detuvo a Willard Brymer, el guardia de seguridad del local, e indican que entre ambos había una rivalidad por la eñorita Rebideaux. Brymer se encuentra sin fianza, pero todavía no se le han formulado cargos. Osear Natalio «Ringo» Bonavena tenía 33 años y una carrera construidaa base de coraje, algo de técnica y mucha personal ¡dad. Se había iniciado en el Club Atlético Huracán yen 1959 fue campeón amateur. (Fuente: Diario del Bicentenario Fasc. 9 1970-1990)

Comenta el periodista Walter Vargas en el Diario El Bicentenario Fasc. N°9 (1970-1989):

«Ringo, jamás fue campeón del mundo, pero su gravitación en el boxeo argentino de los 60 fue signi-ficativayalgunasdelaspáginasgue supo escribir cobraron dimensiónde leyenda, Su pelea con Goyo Peralta (4 de septiembre de1965) es récord en materia de entradas vendidas en el Luna Park (25,236) y la que sostuvo con Muhammad Ali estableció un rating excepcional: 79,3 puntos.

Que un pesado argentino se las vea con Cassius Clay supone un cóctel de expectación e ilusión inauditas, Clay, convertido al islamismo y devenido Alí, es la suma de todas las virtudes, la frontera misma de la excelencia, Alto, estilizado, increíblemente veloz para sus 96 kilos, quirúrgico en el envío de cada golpe, Bonavena es bajo, lento, tosco, tiene pies planos..,

Puestos en el mismo ring invitan ala alegoría de la Bella y la Bestia. Con todo, Ringo es tanto o más showman que Ali y casi igual de fuerte, De hecho, Ali pronosticó que lo noquoaria en el noveno round y en ese round casi fue noqueado él, La peleafue pareja y electrizante, con momentos de sorprendente dominio del argentino y un final doloroso.

En el round 15 el guapo de Parque Patricios se negó a conformarse con una digna derrota por puntos y se descuidó. Fue fatal. Tres caídas decretaron el nocaut técnico, y Ringo, que había cumplido un papel conmovedor, lloró con el mismo desconsuelo con que lloramos miles de argentinos.»

Grandes Figuras del Deporte Argentino

VIDEO SOBRE LA MUERTE DE RINGO BONAVENA

Biografía de Pascual Perez Campeón Mundial Argentino Peso Mosca

Biografía de Pascual Perez – Campeón Mundial Peso Mosca

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PASCUAL PÉREZ: nacido el 4 de marzo de 1926 en Mendoza, en una pequeña localidad llamada Rodeo del Medio. Fue el menor PASCUAL PÉREZde nueve hermanos. Es recordado como el primer Campeón Mundial peso Mosca Argentino en 1954. Corona que defendió por todo el mundo y conservó hasta 1960.

Muy querido por su calidad humana, llamado con cariño «Pascualito», y también conocido como el «León Mendocino», «El pequeño Gigante». Obtuvo el título de Campeón  Olímpico en 1948 en los juegos de Londres y el 26 de noviembre de 1954 con sus apenas 48 Kg. logra el título de Campeón Mundial, peso Mosca en Tokio (estadio Korakuen ), Japón.

30 de mayo de 1955: En Tokio, Pascual Pérez retuvo título mundial por primera vez al derrotar por nocaut en el 5º round al japonés Yoshio Shirai, el púgil al que le había arrebatado la corona el 26 de noviembre de 1954.

Protagonizó 125 combates como amateur; y logró 16 campeonatos y recién a los 26 años debutó como boxeador profesional, el 11 de noviembre de 1952. Como rentado obtuvo dos campeonatos.

Como aficionado había logrado otros lauros, como eran:

– En 1944: Campeonato mendocino y argentino de novicios.
– En 1945: Torneo abierto de Salta.
– En 1946, Campeón mendocino, argentino y latinoamericano (Santiago de Chile) de Veteranos.
– En 1947, Campeón mendocino, argentino y latinoamericano (San Pablo)
– En 1948, Campeón de la Vendimia. Campeón argentino (Selección para las Olimpíadas). Campeón Olímpico en Londres.
– 1950, Campeón Mendocino; Campeón Argentino, Campeón Latinoamericano (Guayaquil), y Campeón de la Buena vecindad (Lima).

Pascual Perez venció en La Plata a Marcelo Quiroga

Pascualito venció en La Plata a Marcelo Quiroga, y luego viajó a Japón para intentar conseguir el titulo mundial. Era muy metódico, y vivía en pos de ese encuentro, entrenaba permanentemente, pero un día recibió un duro golpe en el oído derecho mientras entrenaba,  tuvo obligado a postergar la pelea para noviembre, pues tenía afectado el equilibrio. Dicen que practico unos 200 rounds y realizó 300 Km. de ejercicios aeróbicos, para llegar en forma, brillante y confiado el día de la pelea.

Lázaro Kosci y Felipe Segura eran quienes los dirigían técnicamente, en el 2º round Pascualito logra un tremendo zurdazo que voltea a su rival (Yoshio Shirai), y de esta manera se asegura medio titulo. En la 8º y en la 13º vuelta la escena se repitió, Yoshio estaba muy cansado, pero aguantó y legó al  final del combate. De todas maneras el triunfo fue para Pascual Perez, quien se transformó en el primer argentino en obtener los dos lauros más ansiados por todo deportista: la medalla de oro en los Juegos Olímpicos y el campeonato mundial de Box en su categoría.

Como a todo campeón, también le llegó el ocaso, y fue el 16 de abril de 1960 en Tailandia frente a Pone Kingpetch, en una dura pelea. Intentó a los pocos mes de recuperar la corona y perdió nuevamente, y de esta manera terminó su carrera profesional, librando 92 combates, con el siguiente resultado: 84 triunfos, 7 derrotas y un empate. De las victorias, 57 las ganó por nocaut, lo que lo ubica dentro de una selección de excelsos boxeadores que han obtenido más de 50 nocauts.

Falleció el 22 de enero de 1977 en Capital Federal. Este pequeño púgil fue  quien abrió la puerta hacia la senda triunfal que luego habrían de seguir Horacio Accavallo, Nicolino Locche y Carlos Monzón.

Grandes Boxeadores de la Historia

Biografía de Gatica Mono Gatica Figuras del Boxeo Argentino

Biografía de Mono Gatica- Boxeo Argentino

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JOSÉ MARÍA GATICA: ídolo nacional desde el ring del Luna Park, convirtiéndose en un ícono tan emblemático de la Ciudad deBiografia de Gatica Mono Figuras del Boxeo Argentino Grandes CampeonesBuenos Aires como el obelisco o la casa del “francés” Carlos Gardel.

En en el Día de la Patria, 25 de mayo de 1925, en San Luis nacía uno de los ídolos mas recordados del boxeo argentino, el «Mono» Gatica.

Nunca le gustó su apodo, prefería «el Tigre», y de él se han contado muchas historias y anécdotas, sobre todo por su corazón y solidaridad con los pobres , por lo que el sector mas popular de la gente que protagonizó el movimiento del 17 de octubre de 1945 y se vio representado por el peronismo, se identificó con su trayectoria de la pobreza al estrellato.

El Mono nunca fue campeón argentino ni peleó por el título del mundo. Peleó entre el 45’ y el 56’, es decir su campaña profesional duró más o menos exactamente el tiempo del poder peronista, movimiento del cual pareció ser también bandera con el General sentado a la vera del ring en más de una ocasión. Gatica fue un símbolo de la época en que el Justicialismo reivindicó a la clase trabajadora y trabó amistad con su creador, Juan Domingo Perón.

Creció en el barrio porteño de Constitución, donde vendía diarios como canillita o emprendía las “changuitas” que le permitieran subsistir, como hacían miles de niños en el desamparo de la época.

«Tiró los primeros guantes» con el rusito Emilio Samuel Palanké, con quien entabló una larga amistad, y quien sería unos de los amigos mas fieles en la vida del «Mono». El rusito siempre recordaba como Gatica lo trataba , y cuanto había podido conocer Buenos Aires gracias a su ayuda, hasta cuando su padre estaba enfermo, el «Mono», le arrendó una pieza particular, ….»así era el mono, desprendido y con un gran corazón».

El “Mono” marcó un récord de 85 peleas ganadas, 71 por KO, siete derrotas y tres empates.  Debutó profesionalmente el 7 de diciembre de 1945 ganándole por nocaut en el 10 round a Leopoldo Mayorano. Si bien no peleó por el título llegó a enfrentar al campeón mundial Ike Williams, quien lo noqueó en una vuelta, el 5 de enero de 1951, en Nueva York. Nicolás Preziosa su entrenador, lo abandonó por lo desordenado y falta de ganas de entrenar en el gimnasio

Gatica tuvo su última pelea el 6 de julio de 1956 contra Jesús Andreoli, a quien ganó por nocaut técnico en el cuarto round.

Gatica tenía su ideología política, y estaba muy comprometido con el peronismo, ya proscripto por la Revolución Argentina de Aramburu, y luego de su ultima pelea fue detenido con una excusa deportiva, pero en realidad la cuestión era política.

Al igual que Firpo, Gatica tuvo una serie de peleas con Alfredo Parra, que han quedado en el recuerdo y que convocó a a multitudes. Inicialmente dos amateurs, donde ganó una cada uno, y luego cuatro profesionales, donde también se repartirán las victorias.

En una de esta ultima peleas, es donde se inició la leyenda de coraje del Mono, porque Parra le quiebra la mandíbula con un zurdazo impresionante , pero Gatica sigue luchando casi inconciente hasta el 5º asalto donde el árbitro decide parar la pelea. Esta actitud le valió el premio al valor de sus seguidores, quienes le confirieron la inmortalidad a través del tiempo, por sus relatos heroicos de este especial ser que solo quería combatir para triunfar, como había aprendido en la calle desde muy pequeño, donde cada día salía a enfrentar y a pelear la vida.

Con apenas 38 años, un domingo por la tarde luego de un partido de fútbol en la cancha de Independiente de Avellaneda, en el que -los diablos rojos vencieron a River por 2 a 1, al salir de la misma donde vendía muñequitos sufrió un accidente al querer ascender a un colectivo, cayendo bajo las ruedas que lo aplastaron..

Tirado en la calle Herrera, de Avellaneda, manchado de sangre, con los ojos abiertos puestos en otro vendedor de muñecos, repitió: «No me dejés solo, hermano; levantáme, no quiero estar tirado«.

Estuvo dos días internado hasta que falleció el 12 de noviembre de 1963. Fue velado en la sede de la Federación Argentina de Box (FAB), porque en su Luna Park se estaba desarrollando un espectáculo de la Orquesta Sinfónica de Inglaterra, que no se podía suspender.

El periodista Jorge Montes escribió un libro su vida con innumerables anécdotas del boxeador, y mas tarde, en 1995 la película «Gatica» dirigida por Leonardo Favio.

Grandes Boxeadores de la Historia

Biografía De Bioy Casares Escritor Argentino Literatura Argentina

Biografía De Bioy Casares-Escritor Argentino

Adolfo Bioy Casares:
La parodia de la fantasía

Adolfo Bioy CasaresHace poco más de una década, precisamente un 8 de marzo de 1999 nos dejaba para siempre el gran literato argentino Adolfo Bioy Casares, que había nacido un 15 de septiembre de 1914, hijo único de Adolfo Bioy Domecq y Marta Ignacia Casares Lynch.

Criado y educado en el entorno de una familia porteña acomodada, desde muy pequeño Adolfo pudo dedicarse por completo a lo que más amaba, y que en definitiva se convertiría con el paso de los años en su vocación única e irrefrenable: la literatura.

Hoy, a pesar de no encontrarse físicamente con nosotros, nos ha dejado para siempre el placer de disfrutar de su arte perpetuándose de esta forma en una existencia constante y eterna, que llega a todo el planeta a través del universo de las palabras.

Podríamos asegurar que si bien su obra literaria ha recorrido los más diversos caminos, e incluso ha llegado a convertirse en inspiración para otros autores literarios, como así también para cineastas, periodistas y filósofos, lo cierto es que uno de los hechos más curiosos de la actualidad se desprende de uno de los más exitosos productos televisivos de los últimos tiempos: la serie Lost.

En este sentido, los creadores de dicha tira norteamericana han comentado en diversas oportunidades que para dar origen a la original serie, que se convirtió en un verdadero suceso televisivo, se inspiraron en la obra «La invesión de Morel» de nuestro admirado Bioy Casares.

Entre los muchos admiradores del escritor argentino, cuya obra se destacó sobre todo en los géneros que recorren las historias fantásticas, policiales y de ciencia ficción, se lista el notable literato Jorge Luis Borges, con quien Bioy Casares mantuvo además una profunda amistad, que lo llevó en varias oportunidades a colaborar literariamente con él.

No es de extrañar entonces, que su gran amigo y colega Jorge Luis Borges se refiriera a Bioy Casares como el H. G. Wells argentino, y expresara opiniones que enaltecían la obra creativa del escritor, como cuando en una oportunidad Borges mencionó al respecto de sus obras en conjunto:

«Cuando encuentro algún acierto en los libros que hemos escrito juntos, recuerdo que ese acierto se debe a Bioy, a quien quiero tanto que considero, paradójicamente, como un hermano mayor. Siempre que dos escritores colaboran, siempre que son amigos se supone que es el mayor el que ejerce influencia sobre el menor.  Pero sé que en nuestro caso no es así. Sé que le debo mucho a mi joven maestro -podría ser mi hijo- Adolfo Bioy Casares. Él me ha enseñado muchas cosas. No directamente, porque nada se enseña directamente, sino por medio del ejemplo, cortésmente, disimulando».

Pero Bioy Casares no sólo despertó favorables opiniones entre sus colegas, sus lectores y allegados, sino también logró conquistar hasta las más impenetrables mentes de los más duros críticos de la literatura, que en 1990 decidieron otorgarle el Premio Miguel de Cervantes por su trayectoria.

Con un estilo clásico y depurado, Adolfo Bioy Casares cultivó principalmente un universo imaginario, que dio origen a una gran producción literaria basada en el relato fantástico y policíaco en el que utilizó como premisa el toque humorístico para observar diversos acontecimientos inexplicables que debían enfrentar sus personajes.

No en vano, el historiador de literatura José Miguel Oviedo ha definido a la gran obra de Bioy Casares como «comedias fantásticas», sin que ello menosprecie su incomparable producción narrativa.

Y a pesar de los elementos fantásticos e irreales que brindaron permanente inspiración al autor, Bioy Casares siempre supo resolver a la perfección la inclusión de temas universales como el amor, la vida y la muerte, dentro de sus obras, manteniendo un tono directo y muchas veces irónico.

Su producción literaria comenzó a muy temprana edad, cuando Adolfo sólo tenía 11 años y dio origen a su primer relato titulado «Iris y Margarita».

Luego vendrían más creaciones donde cada obra sucesiva mostraba la evolución de la obra precedente, y fue precisamente en el año 1940 cuando Bioy Casares publicó la que se considera su más famosa novela, titulada «La invención de Morel».

Le seguirían a ésta una notable lista de producciones, entre las que no podemos dejar de mencionar las novelas «El sueño de los héroes», «Diario de la guerra del cerdo», «El perjurio de la nieve», los cuentos compilados en el libro «Historias desaforadas», sus pensamientos volcados en los ensayos «Memoria de la Pampa y los Gauchos», «Diccionario del argentino exquisito», entre otros.

Por otra parte, Bioy Casares, siempre ligado al arte, fue también el autor de algunos de los guiones cinematográficos más destacados, entre los que se inscriben películas nacionales tales como «Los orilleros» e «Invasión», entre otras.

A la par que daba origen a sus obras, el escritor volcaba su vocación en otras producciones en colaboración con otros autores. Como ejemplo de ello, podemos citar «Seis problemas para don Isidro Parodi», «Un modelo para la muerte», «Cuentos breves y extraordinarios», y «Crónicas de Bustos Domecq», creadas junto a Jorge Luis Borges, como así también «Los que aman, odian» con Silvina Ocampo, «Antología de la Literatura Fantástica» y «Antología poética argentina», junto a Silvina Ocampo y Jorge Luis Borges.

Por todo ello, debemos considerar a Adolfo Bioy Casares como uno de los escritores fundamentales para comprender la literatura argentina del siglo XX.

Para terminar de definir la gran capacidad del autor, nada mejor que citar una declaración de su entrañable amigo y colega Jorge Luis Borges en la que menciona: «Ya que yo tengo el privilegio de ser amigo personal de Bioy Casares, quiero hablar de sus principales, esenciales pasiones.

Una es, desde luego, el ejercicio de las letras. El oficio de escritor es un oficio continuo, ya que no tiene, digamos, entreactos; ya que estamos continuamente pensando en la palabra justa, soñando personajes imaginarios. Vivimos en un oficio que no tiene un horario. El horario es la vida del escritor.

Y Bioy Casares se ha dedicado a ese oficio plenamente. Quiero decir que ha leído, que ha escrito, que ha roto, que ha corregido y que, finalmente, con bastante desgano, ha publicado. Ha publicado, como decía Alfonso Reyes, para no pasarse la vida corrigiendo. Por eso publicamos los escritores, para cambiar de tema, para pasar a otra cosa.

Pero los libros de Bioy Casares, ciertamente, no pasarán. Bioy Casares es uno de los máximos escritores argentinos».

Fuente para obtener las declaraciones de Jorge Luis Borges: Archivo de Revista La Maga

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Biografía de
Ernesto Sábato
Biografía de
Jorge Luis Borges
Biografía de
Julio Cortazar
Biografía de
Adolfo Bioy Casares
Personalidades
Argentinas

Fuente Consultada: Graciela Marker Para Historia y Biografías

http://web.archive.org/web/20031205163133/www.lamaga.com.ar/www/area2/pg_nota.asp?id_nota=866

Biografía de Jorge Luis Borges Vida del Poeta Argentino Resumen

Biografía de Jorge Luis Borges – Vida del Poeta Argentino

Biografia de Jorge Luis Borges Vida del Poeta Argentino Borges

Escritor argentino (Buenos Aires 1899-Ginebra 1986). Procedía de una familia acomodada de origen portugués por parte de padre e inglés por parte de madre. Entre sus antepasados se contaban algunas figuras destacadas de las luchas por la independencia argentina. Adquirió desde niño un perfecto dominio de la lengua inglesa.

Fue lector y escritor ávido y precoz: en 1909, su padre le publicó un primer trabajo literario. Entre 1914 y 1921 residió con su familia en Italia y en Ginebra, donde cursó el bachillerato. Viajó luego por España, donde tuvo relación con escritores vanguardistas, concretamente con el grupo ultraísta.

En 1921, de vuelta en Argentina, fundó Proa, revista ultraísta, y empezó a colaborar con artículos de crítica literaria en diversas publicaciones…. veamos su vida y obra literaria.

BIOGRAFÍA: (Buenos Aires, 24 de agosto de 1899 – Ginebra, 14 de junio de 1986)

Ensayista y poeta argentino. Su familia, de posición acomodada, lo mando a estudiar a Ginebra, después de realizar sus primeros estudios en la capital porteña.

Su niñez transcurrió en el suburbio de Palermo —escenario de muchas de sus obras— donde asistió a la escuela y donde también, bajo el constante estímulo y ejemplo de su padre, un hombre de amplísima cultura, profesor de una escuela inglesa, empezaron sus lecturas: Mark Twain, Bret Harte, Hothorne, Jack London, Edgar Alian Poe, Cervantes y Wells son las primeras que lo convencen que está destinado a ser un escritor.

En Ginebra entró en relación con los ambientes culturales y políticos de la época, conociendo a Joyce, Lenin y Trotsky. Su primera actividad fue la lingüística. Escribió su primer cuento a los seis años.

En 1914 viaja con su familia a Suiza, exactamente a Ginebra, donde aprendió francés y alemán y se recibió como bachiller en el College de Genéve.

En 1919, después de dejar Suiza, Borges arriba a España. Es un joven fino y ecuánime, con ardor de poeta sofrenado por una poderosa frigidez intelectual, con su cultura clásica de filósofos griegos y poetas orientales, que le hace mirar hacia atrás y amar el pasado, sin que esto le distraiga de las cosas interesantes que pasan a su alrededor; es un hombre que observa, que discute cortésmente con sus amigos y desliza, en los círculos conformados por jóvenes intelectuales que se han agrupado bajo el nombre de ultraístas, los nuevos ritmos y los acentos líricos de Vicente Huidobro, el poeta que ejerce gran influencia en este tiempo sobre Borges.

Al terminar la Primer Guerra Mundial, pasó a vivir a Londres y más tarde a Madrid, donde conoció a los escritores integrados en el ultraísmo, publicando su primer poema en una revista de esta tendencia.

El primer libro de Borges aparece en 1923; su título, Fervor de Buenos Aires. «Mi padre me había dicho que cuando escribiera un libro que yo juzgara digno de la imprenta, él iba a darme el dinero para publicarlo», cuenta Borges. Antes había escrito otros que nunca publicó, Los ritmos rojos y Los naipes del tahúr. «Hice imprimir el libro —sigue diciendo Borges— porque me iba a Europa por un año.

Entonces no estaría presente cuando ocurriera la publicación y eso me daría cierta impunidad. Después fui a la dirección de la revista Nosotros, creo, con cincuenta ejemplares; su director me miró horrorizado y me dijo:

-«Pero ¿usted quiere que yo venda este libro?»

Y yo le contesté: -«No estoy loco; lo que yo querría es que usted, ya que el formato lo permite, deslizara un ejemplar en el bolsillo de los sobretodos de los que vienen aquí.»

Y efectivamente, cuando volví al cabo de un año no quedaba un solo ejemplar y se habían publicado comentarios laudatorios sobre el libro ése. Encontré muchachos que habían leído el libro, que habían encontrado algo en él. Eso fue muy agradable para mí.»

En el prólogo de este libro Borges conceptúa: «Siempre fue perseverancia en mi pluma, no sé si venturosa o infausta, usar de los vocablos según su proverbial acepción, disciplina más ardua de lo que suponen quienes, sin lograr imágenes nuevas, fían su pensamiento a la constancia de un estilo inveteradamente metafórico y agradable con flojedad.».

Mucho tiempo después dijo: «En Fervor de Buenos Aires yo quería escribir en un español un poco latino; luego bajo el influjo de Macedonio Fernández, quise hallar una poesía de tipo metafísico en la que se discutieran esas inquietudes que llaman filosofía, y luego también quería hablar de Buenos Aires, del redescubrimiento de Buenos Aires después de tantos años en Europa. Todo eso se encuentra en Fervor de Buenos Aires de un modo un poco incoherente, que es un modo un poco incómodo. Pero creo que yo estoy en ese libro, y que todo lo que he hecho después está entre líneas en él. Me reconozco más que en otros libros, aunque no creo que el lector pueda reconocerme. Pienso que ahí he estado a punto de escribir lo que escribiría treinta o cuarenta años después.»

En 1924 volvió a su patria, fundó la revista «Prisma» y, más tarde, «Proa». En esta última se publicaron, en 1926, todos sus escritos sobre literatura gauchista, que por aquel entonces adquiría grandes esplendores, dejando profundas huellas en el estilo de Jorge Luis Borges y dando paso a un «vanguardismo criollo» en lo que respecta al fondo y a la forma.

Tal se manifiesta en «El idioma de los argentinos», colección de artículos en los que defiende la necesidad de crear un idioma nuevo, resumen de las lenguas habladas en Buenos Aires. En «Cuadernos de San Martín» y en tantos otros cuentos aparece plenamente perfilada una de las principales características de su haber literario: el portentoso uso del vocabulario porteño, el signo popular, el vértigo de la metáfora.

Se aprecia, tanto en su verso como en su prosa, la presencia constante del dualismo realidad-fantasía, que tantos críticos han apuntado como raíz última de Borges. Por una parte, utiliza el dato histórico, la inteligencia fría; por otra parte, las opiniones y los aconteceres más inverosímiles, fruto de una fantasía sin límite.

La gracia de sus relatos reside en que todo se presenta formando un conjunto único. La pureza de su excelente labor literaria, las exigencias que ésta encierra, le han convertido en un escritor exquisito, que ha hecho afirmar a algún crítico que Borges es «un escritor para escritores».

LA CEGUERA DE JORGE l. BORGES.
Su amor por los libros y las bibliotecas avanzaba tanto como su gradual ceguera. Desde pequeño, Jorge Luis Borges debió utilizar anteojos de gruesas lentes. Éstos, junto a su corbata y cuello estilo Eton, le costaron más de una burla y pelea con sus implacables compañeritos de la escuela pública de la calle Thames, en Palermo, a la que asistió desde 1908.

A partir de 1927 le practicaron ocho intervenciones quirúrgicas para frenar el avance de su enfermedad. Fue en vano. Para mediados de la década de 1950, Borges estaba casi ciego. Como última ironía del destino, en octubre de 1955 (por sugerencia de Victoria Ocampo), el gobierno de la Revolución Libertadora lo nombró director de la Biblioteca Nacional. Como él mismo se encargó de destacar, estaba rodeado de miles de libros de los que no podía ver ni el lomo.

Entre sus obras importantes destacan: «El jardín de los senderos que se bifurcan», «El libro de arena», «Nueva refutación del tiempo» y «El Aleph». «Ficciones» quizá sea el libro de este escritor que más resonancia ha alcanzado fuera del área cultural de nuestra lengua. Traducido a ocho idiomas, obtuvo en 1961 el Premio Internacional de Literatura, concedido por escritores de Francia, España, Inglaterra, Italia, Alemania y Estados Unidos.

También, en el año 1975, se le concedió el título de doctor honoris causa por la Universidad de Oxford. En 1980 obtuvo el Premio Cervantes, el más importante galardón de la literatura en lengua castellana. Repetidamente ha sido candidato al Premio Nóbel de Literatura.

Dio carta de existencia al
«idioma de los argentinos»
Abordó con sutil ironía
los temas mas complejos
Cultivó la poesía,
el cuento y el ensayo
Su obra fue traducida en
casi todos los idiomas
Es el escritor argentino
mas leído del mundo
Dió dimensión universal
a las letras argentinas

He cometido el peor de los pecados que un hombre
puede cometer. No he sido feliz…»

SU CONTROVERTIDO PENSAMIENTO POLÍTICO

La crisis de 1930 afectó a la familia y Borges debió salir a trabajar. Lo hizo en distintas bibliotecas. Durante toda su vida fue un diletante político. Si en los años veinte simpatizó con el anarquismo (se definiría, no sin desenfado como anarquista, incluso en la vejez) y en 1928, junto a otros destacados jóvenes intelectuales, apoyó la reelección de Hipólito Yrigoyen, su oposición al peronismo, en cambio, fue visceral, profunda.

El régimen de Juan Domingo Perón le respondió con reciprocidad y en 1946 lo destituyó de su cargo en la Biblioteca Municipal para nombrarlo inspector de mercados (de huevos y aves de corral, más precisamente). Así, renunció a su puesto y se mantuvo apenas dando conferencias.

En 1955, el jefe del gobierno argentino Juan Domingo Perón es depuesto después de un sangriento golpe de estado. Poco tiempo después Borges es nombrado director de la Biblioteca Nacional y profesor de literatura inglesa en la universidad de Buenos Aires. Por esta época Borges sufre de ceguera casi total, una aflicción que es hereditaria en su familia.

Con la caída del peronismo vendría el reconocimiento oficial y su nombramiento como director de la Biblioteca Nacional; mientras, la ceguera, ya total, lo envolvía en sus sombras en forma definitiva. Borges se convirtió en un conferenciante admirado y reconocido por el gran público.

En 1961 recibió el prestigioso premio Formentor compartido con Samuel Beckett. En 1980 llegaría el codiciado y muy merecido Cervantes. Pero Borges murió sin obtener el premio Nobel, siendo mencionado año tras año como posible ganador.

Indudablemente el sarcasmo del escritor, el desenfado de algunas de sus opiniones políticas, tal vez su definición de «caballeros» para los militares que llegaron al poder en 1976, lo privaron de un galardón que literariamente
merecía. Ya enfermo, en mayo de 1986 se fue a vivir a Ginebra, Suiza, junto con María Kodama, con quien se casó.

Falleció el 14 de junio del mismo año.

A continuación una lista de sus mas importantes obras literarias

POESÍA:
Fervor de Buenos Aires (1923)
Luna de enfrente (1925)
Cuaderno San Martín (1929)
Poemas (1923-1943)
El hacedor (1960)
Para las seis cuerdas (1967)
El otro, el mismo (1969)
Elogio de la sombra (1969)
El oro de los tigres (1972)
La rosa profunda (1975)
Obra poética (1923-1976)
La moneda de hierro (1976)
Historia de la noche (1976)
La cifra (1981)
Los conjurados (1985)

ENSAYOS:
Inquisiciones (1925)
El tamaño de mi esperanza (1926)
El idioma de los argentinos (1928)
Evaristo Carriego (1930)
Discusión (1932)
Historia de la eternidad (1936)
Aspectos de la poesía gauchesca (1950)
Otras inquisiciones (1952)
El congreso (1971)
Libro de sueños (1976)

CUENTOS:
El jardín de senderos que se bifurcan (1941)
Ficciones (1944)
El Aleph (1949)
La muerte y la brújula (1951)
El informe Brodie (1970)
El libro de arena (1975)

EN COLABORACIÓN CON ADOLFO BIOY CASARES:
Seis problemas para don Isidro Parodi (1942)
Un modelo para la muerte (1946)
Dos fantasías memorables (1946)
Los orilleros (1955). Guión cinematográfico.
El paraíso de los creyentes (1955). Guión cinematográfico.
Nuevos cuentos de Bustos Domecq (1977).

CON OTROS AUTORES:
Antiguas literaturas germánicas (México, 1951)
El «Martín Fierro»(1953)
Leopoldo Lugones (1955)
La hermana Eloísa (1955)
Manual de zoología fantástica (México, 1957)
Antología de la literatura fantástica (1940)
Obras escogidas (1948)
Obras completas (1953)
Nueva antología personal (1968)
Obras completas (1972)
Prólogos (1975)
Obras completas en colaboración (1979)
Textos cautivos (1986), textos publicados en la revista El hogar
Borges en revista multicolor (1995): notas, traducciones y reseñas bibliográficas en el diario Crítica.

ANTEPASADOS
Entre los ancestros de Borges figuran prohombres de la patria. Su segundo y tercer nombre-el Registro Civil consigna al escritor como Jorge Francisco Isidoro Luis Borges- así lo reivindicaban. El nombre de Francisco rememoraba a su abuelo paterno, el coronel Francisco Borges, quien estuvo en la batalla de Caseros y participó en la Guerra del Paraguay.

El de Isidoro ,evocaba a Isidoro Suárez, su bisabuelo materno, granadero de San Martín que hizo la Campaña de los Andes y peleó en Junín y Ayacucho. Su tío abuelo Miguel E. Soler combatió en Chacabuco e Ituzaingó. Entre sus antepasados también figura Narciso Laprida, el presidente del Congreso de Tucumán que, en 1816, declaró la independencia nacional.

EN INGLES
Con su abuela Fanny, Borges aprendió a leer antes en inglés -MarkTwain, Robert L Stevenson, H.G. Wells, Jack London-que en castellano. En esa lengua hasta leyó primero el Quijote, de Cervantes. «Cuando, más tarde, leí el Quijote en español -contó Borges-, me pareció una pobre traducción».

AMORES
Borges fue extremadamente parco en relación a su vida amorosa. Se sabe que Estela Canto, a quien está dedicado El Aleph,fue uno de los primeros amores de Borges. Pero tuvo otros, como Elvira de Alvear, a quien le dedicó el poema homónimo. El 21 de setiembre de 1967 se casó con Elsa Astete Millán, pero el matrimonio fracasó rápidamente,  imagen abajo.

casamiento de jorge luis borges

Poco antes de morir, Borges se casó por poder con María Kodama (a la izquierda) en Paraguay, a quien conociera como alumna cuando era profesor de «Literatura inglesa y norteamericana» en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Durante 25 años, Kodama lo acompañó como secretaria y, al morir el autor de «El Aleph», quedó como su única heredera.

AUTODEFINICIÓN
Borges solía considerar casi todos los temas. Y hasta se animó a describir su propia obra. En el prólogo de El informe de Brodie esbozó una definición de su tarea como escritor:»He intentado, no sé con qué fortuna, la redacción de cuentos directos. No me atrevo a afirmar que son sencillos; no hay una sola página, una sola palabra, que lo sea,ya que todas postulan el universo, cuyo más notorio atributo es la complejidad. Sólo quiero aclarar que no soy ni he sido jamás lo que antes se llamaba un fabulista o un predicador de parábolas y ahora un escritor comprometido».

CONTRASTES
Dos episodios muestran las diferentes etapas de la obra borgeana. En 1941, Borges publicó El jardín de los senderos que se bifurcan, luego consagrado como una de sus obras maestras. El escritor lo presentó ante la Comisión de Cultura, que otorgaba el Premio Nacional de Literatura, pero ni siquiera figuró entre los candidatos. En 1985, en cambio, un original de El Aleph fue subastado en Nueva York por 25.000 dólares

El humor de Borges
En 1965, Ástor Piazzolla y su Quinteto convocó a Jorge Luis Borges, Edmundo Rivero y Luis Medina Castro para editar el disco El tango. Borges fue invitado a la grabación en el estudio de EMI Odeón. Jorge López Ruiz cuenta en su libro Piazzolla loco, loco, loco que Ástor se acercó a Borges y le preguntó si le gustaba Edmundo Rivero. Don Jorge Luis, irónico y punzante como siempre manifestó: «Sí, claro. Pero a mí me gustaba más como cantaba la chica». Hacía referencia a la esposa de Piazzolla, que no era cantante. «Fue tal la explosión de carcajadas que los cristales de la sala de control casi se parten».

ESTO ES BORGEANO!:

«BORGEANO»… UNA EXPRESIÓN que se ha vuelto coloquial. Algunos la usan sin haber leído a Jorge Luis Borges pero, de alguna manera, intuyen lo que quieren decir. La pesadilla de un día ante una ventanilla a la que hay que volver al otro día y al día siguiente, para que, finalmente, falte un sello o una firma que se consiguen en la ventanilla de al lado a la que hay que volver al otro día y al día siguiente para que, finalmente, falte otro sello u otra firma… Es, sin duda, una circunstancia «borgeana», acaso en un país «borgeano»…

SUEÑOS Y ESPEJOS
La expresión «borgeano» implica la confusión entre el sueño y la realidad y la concepción de ésta como una estructura laberíntica. En el universo de Borges, a todo lo anterior se añade lo especular: toda imagen es reflejo de otra que, al mismo tiempo, en un juego de espejos que se enfrentan, es una réplica de otra. Este sinfín de apariencias, a la vez, no se dispara hacia una dimensión inalcanzable, sino que se vuelve sobre sí mis»

UN MITO CIRCULAR
Así, el mundo borgeano se «vuelve circular. «Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo -escribe Borges en El Hacedor-. A lo largo de los años puebla un espacio de imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara». Por último, Borges ve en la literatura la efímera materia que constituye el universo. Y toda literatura, por más realista que sea, no deja de ser fantástica, «porque , en el principio de la literatura está el mito, y asimismo en el fin» (Borges en Parábola de Cervantes y de Quijote).

CRÓNICA DE LA ÉPOCA: El 14 de junio falleció en Ginebra, Suiza, el escritor argentino Jorge Francisco Isidoro Luis Borges a los 86 años. Fue inhumado en el cementerio de Plainpalais y en uno de los epitafios I inscriptos en su tumba se lee un fragmento de la saga noruega del siglo XIII que afirma: «Él tomó su espada, Gram, y colocó el metal desnudo entre los dos».

Borges nos hizo partícipes de una ficción devenida universal cuya primera imagen podría perfilar la silueta de un laberinto que muta según la trama y el género de cada relato. Genealogías simultáneas, cosmogonías verosímiles, silogismos sínicos, narrativas algebraicas; supo reunir en un mismo personaje la heroicidad y la traición.

Desarrolló un pensamiento conjetural de fuerte inscripción spinoziana y creyó en la estética como forma de pensamiento más acabado. Ubicó en la tradición letrada occidental la mitología arrabalera y gauchesca de un país periférico como la Argentina y la puso en diálogo y discusión con ese otro gran relato llamado tradición grecolatina. Demostró que un género menor como el cuento podía revelar las claves de un mundo tan complejo como la extensión novelesca.

Creyó en una ética íntima, profunda, que defendió con convicción y entereza; la política era para él un espacio inabordable y caótico; murió reconociéndose anarquista y descreído de la figura del Estado. Siendo él público, sus intervenciones políticas fueron por lo general tan desatinadas como polémicas. Creyó en la idea de un mínimo de Estado y de una máxima de individuo. Emprendió luchas cervantinas como combatir anacrónicamente al, según él, dictador Juan Manuel de Rosas.

Volvió a Ginebra consciente de que lo hacía para morir. Ahí, entre 1914 y 1917, fue feliz. Junto a su familia pudo estudiar en un colegio del que no se sintió extraño ni marginado por su evidente tartamudez y timidez. En ese tiempo aprendió alemán, leyó a Nietzsche y garabateó los primeros trazos de un universo del que pudo prescindir con la muerte en el mismo lugar que lo prefiguró.

La imagen construida de sí, la de escritor/bibliotecario y ciego, se vuelve oximorónica. Fue capaz de nombrar, describir y narrar un mundo con las palabras. Llegó a decir en relación al ocaso de la existencia: «La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene». (Fuente Fasc. N°10 El Bicentenario Nota de Rolando Bonato)

 

Biografia de Antonio Berni Pintor Argentino Resumen Vida y Obras

Biografía de Antonio Berni – Pintor Argentino –
Resumen de su Vida y Obra Artística

Delesio Antonio Berni nació en la ciudad de Rosario (Provincia de Santa Fe, República Argentina), el 14 de mayo de 1905. Su padre, Napoleón Berni, italiano de origen y sastre de profesión, fue uno de los tantos inmigrantes europeos que se instalaron en esa populosa e importante ciudad.

Su madre se llamaba Margarita Picco, argentina de origen pero hija de italianos radicados en Roldán, un pueblo de la Provincia de Santa Fe que tendrá gran importancia en la vida de Berni.

En 1914 ingresó como aprendiz en el taller de vitrales Buxadera y Cía. Allí recibió las enseñanza de su fundador, N. Bruxadera, un artesano catalán. Poco tiempo estará en este taller, ya que entre 1914 y 1915 su padre volvió a Italia.Berni, entonces es enviado a la casa de sus abuelos en Roldán.

Napoleón Berni murió durante la Primera Guerra Mundial, no se sabe ni cómo, ni cuándo, ni dónde.A pesar de que Antonio se alojó en Roldán, estudió pintura en el Centro Catalá de Rosario con los maestros Eugenio Brunells y Enrique Minné.

antonio berni biografia pintor argentino

En 1920, a los 15 años expuso sus cuadros por primera vez, en el Salón Mari. La muestra constó de 17 óleos (paisajes suburbanos y estudio de flores).

Expuso otra vez en 1921, en 1922 y en 1924. En 1923, también lo hizo, pero en Galería Witcomb de Buenos Aires.

Ya por entonces recibió los halagos de los críticos de arte, en artículos publicados el 4 de noviembre de 1923, tanto de los diarios La Nación y La Prensa.

Sus primeros cuadros respondieron al impresionismo y al paisajismo.

En 1925 consiguió una beca otorgada por el Jockey Club de Rosario para estudiar en Europa.

Llegó en noviembre de ese año a Madrid. Eligió la capital española ya que en Buenos Aires la pintura de los españoles estaba de moda, especialmente la de Sorolla, la de Zuloaga (1870-1945), quien plasmó en sus lienzos las imágenes de una España dramática y al mismo tiempo pintoresca, la de Anglada Camarasa (1874-1959), representante del modernismo, la de Julio Romero deTorre (1880-1930), cuya pintura fue de inspiración esencialmente literaria.

En el Salón de Madrid (febrero de 1926) expuso «Puerta cerrada», es un paisaje madrileño que llamó mucho la atención, como si nadie antes hubiera pintado así la ciudad.

Más tarde pintó otros temas españoles, «Toledo o el religioso» (1928), y «El Torero calvo» (1928).

Pero estando en esta ciudad advirtió que, en realidad, era París la cuna de la pintura española. Por eso decidió instalarse allí.

En París estaban también otros argentinos, entre ellos Butler, Aquiles Badi, Alfredo Bigatti, Xul Solar, Héctor Basaldúa y Spilimbergo, con quien inició una sólida amistad.

Y en 1929, han de llegar a París Pedro Domínguez Neira, Juan del Prete y Raquel Forner.

En la «ciudad luz» asistió a los cursos de los pintores franceses André Lothe y Othon Thon Faiesz, en la Academia libre de la calle Grande Chaumiere. En realidad sólo estudió unos meses allí. Su influencia se dejó sentir en una serie de desnudos figurativos.

Hacia 1927 se instaló en Arcueil, a 6 km. al sur de París, en el valle del río Biévre. Se conocen dos paisajes de Arcueil de 1927, reproducidos en la revista Ars (Buenos Aires 1941).

De ese año hay un «Paisaje de París». También de esa época son los óleos: «El

mantel amarillo», «Desnudo», «La casa del crimen», «Naturaleza muerta con guitarra».

Terminada la beca, Berni volvió por unos meses a Rosario, pero al poco tiempo retornó a París, ahora con un subsidio del Gobierno de la provincia de Santa Fe.

A fines del invierno de 1928 hizo una exposición individual en la Galería Nancy de Madrid.

También en ese año participó con el Grupo de París (Badi, Basaldúa, Berni, Butler, Spilimbergo), de una muestra que organizó Butler y trajo a Buenos Aires con destino a la Asociación Amigos del Arte.

Biografia de Antonio Berni Pintor Argentino

La exposición recibió el beneplácito del público e inclusive se vendió una obra de cada expositor. Además fue invitado el entonces presidente de la República, Marcelo T. de Alvear. Berni concurrió personalmente a la Casa de Gobierno de Argentina para cursar dicha invitación.

Tiempo después comentaba que, en aquella ocasión, de pronto decidió dejar la audiencia y salió como «un ladrón de escalera», a lo que agregó » si me vieran mis compatriotas de París!». Esta alusión era porque el grupo ya tenía tendencias políticas izquierdistas.

En 1929 Berni presentó una muestra individual en Amigos del Arte y luego en el Museo Municipal de Bellas Artes de Rosario. Además intervino en el XVIII Salón Nacional (Buenos Aires), allí exhibió su obra «Toledo o el religioso».

En 1928 conoció a Louis Aragón, poeta, novelista y ensayista francés, uno de los líderes del movimiento dadaista y del surrealismo.

Aragón lo acercó al surrealismo y también a André Bretón (1896-1966), poeta y crítico de arte. Por otra parte Berni en ese año se relacionó con el joven pensador Henri Lefebvre, uno de sus mejores amigos franceses, quien lo iniciará en la lectura de Marx. También conoció a Max Jacob, con quien aprendió la técnica del grabado.

Pero, sin lugar a dudas la retrospectiva de Giorgio de Chirico, en 1927 y el conocimiento de las obras de Magritte, quien por entonces vivía en París, serán los elementos fundamentales que llevarán a Berni a ingresar al surrealismo. Conoció al Grupo surrealista en el café Cyrano de París, por entonces Bretón había ingresado al partido comunista.

Para Berni el surrealismo «es una visión nueva del arte y del mundo, la corriente que representa a toda una juventud, su estado de ánimo, su situación interna, después de terminada la Primera Guerra Mundial. Era un movimiento dinámico y realmente representativo».

No sólo conocer al Grupo implicó el ingreso al surrealismo, sino también a la acción política. Berni ayudó a Aragón en su lucha antiimperialista, en un París donde abundaban los chinos, africanos, vietnamitas,… Berni ayudó a distribuir un periódico para las minorías asiáticas y colaboró con ilustraciones para otros diarios y revistas.

Estudió las obras surrealistas, leyó a los poetas y escritores de este movimiento y también a Freud.

En 1930 conoció al ensayista y poeta francés Tristán Tzara (1896-1963), quien tendrá mucho que ver para que Berni considerara que todo el Grupo surrealista estaba formado por monstruos sagrados.

Berni iniciará su pintura surrealista, pero no pertenecerá, ni al automatismo de Miró, ni al onirismo de Dalí. En realidad tomó la pintura de Chirico y le dio un contenido propio.

«La Torre Eiffel en la Pampa» (1930) es un ejemplo de ello. Nunca se supo si esta obra la hizo en Rosario o en París.

Por entonces, la noticia de una revolución en Buenos Aires lo dejó consternado. Ya casado y con una hija decidió volver a la Argentina. No podía quedarse en un París tan distante, con escasas noticias de su país, que vivía una situación de tal magnitud.

Al regresar, vivió por unos meses en una chacra de la provincia de Santa Fe, para luego instalarse en Rosario y trabajar como empleado municipal.

Tomó parte activa de la vida cultural de la ciudad, organizó la Mutualidad de Estudiantes y Artistas Plásticos y se adhirió por un tiempo al partido comunista.

En 1932, en Amigos del Arte expuso sus obras surrealistas de París, y algunos óleos como «Toledo o el religioso». Esa muestra fue la primera exposición de ese movimiento en América Latina y también la primera en exponer collage. Se tituló Primera exposición de Arte de Vanguardia. El público no estaba acostumbrado y la muestra resultó difícil. La crítica en pleno la rechazó.

Tanto Europa como América, por entonces sufrían la crisis del 29 de E.E.U.U. y Argentina con la revolución del 30 había comenzado la llamada «década infame».

Rosario es un lugar especialísimo en esos años: ahí se asentó la mafia, la de Chicho Grande y la de Chicho Chico y la prostitución que tuvo su imperio en el barrio de Pichincha (hoy Gral. Richieri). Berni, en 1932 se internó en ese universo para colaborar como fotógrafo en una nota periodística encargada a Rodolfo Puiggrós, futuro dirigente comunista. Era una zona de garitos y varités, que desaparecerán en 1937.

Y fuera de esta miseria humana que observó Berni estaba la otra, la del hombre que vivía en las zonas rurales entre los chacareros. Este mundo era totalmente distinto al de París de los años 20 y de los artistas surrealista.

No pudo dejar de sentir una gran conmoción interior. De alguna manera dejó en parte el surrealismo ya que sufría la desazón, la desesperanza de la gente. Decidió asumir un compromiso con su país.

«El artista está obligado a vivir con los ojos abiertos y en ese momento (década del 30) la dictadura, la desocupación, la miseria, las huelgas, las luchas obreras, el hambre, las ollas populares crean una tremenda realidad que rompían los ojos», diría por el año 1976.

Así comenzó la etapa del «realismo social».

Berni era un hombre con gran sentido del humor y sentía una gran necesidad del mundo de los justos. Luchó por ello siempre, pero lo hizo con gran ternura y con un trasfondo casi épico. Se identificó y se integró a ese mundo del que nunca se desligó.

De París trajo una gran carga política, influida sin duda por su intensa vinculación con los artistas surrealistas. Ese mundo de decadencia pintado casi de fantasía ahora le era real; lo tenía ahí en su pueblo, en su país. Bretón decía «lo imaginario es lo que tiende a convertirse en real». Y Berni lo tenía ahí en los hechos cotidianos, a cada momento le pasaba a su alrededor.

Berni comenzó en 1934 a mostrar la problemática social de la década del 30. De ese año son «Desocupados» y «Manifestación».

No sólo la Argentina está en crisis, el mundo vibra. La desocupación, la pobreza, el comienzo de los regímenes totalitarios; nazismo y fascismo, la Guerra Civil en España, espantan a Berni.

En «Medianoche en el mundo» una madre llora a su hijo, como en las tantas Piedad de Miguel Angel. La sorpresa, el desencanto, el desconsuelo, la angustia, se ve reflejado en esos rostros, en esa noche de tormentosos presagios, iluminada sólo por la luz del farol.

El arte de Berni es abarcante.

El retrato es una de las formas más importantes del realismo humanista de todos los tiempos. En Berni predomina el retrato humano, tanto en la década del 30 como en la del 40.

«Figura» fue Primer Premio del XXX Salón Nacional (Buenos Aires, 1940) y «Lily», el Gran Premio Adquisición XXXIII Salón Nacional (Buenos Aires, 1943). Esto significó obtener el máximo galardón de entonces.

También pintó «La mujer del sweater rojo» (1935), «La muchacha del libro» (1936), «Nancy» (1941), «La chica del balón» (1934), «La niña de la guitarra» (1938), «Figura de chico» (1941).

Además hizo sus autorretratos, uno en 1938, otro en el 34 y el último en 1945. En «Paula y Lily» (1941) pinta a su esposa de entonces y a su hija.

En «Retrato» (1946), muestra dos chicos de clase media acomodada, antítesis de sus personajes posteriores, Juanito y Ramona.

Ese arte abarcante lo hizo recorrer todos los distintos aspectos de la vida del hombre argentino. Así el fútbol y el tango formaron parte de sus temas.

En 1937 presentó «Club Atlético Nueva Chicago» y en 1954 «Team de fútbol o Campeones de barrio».

Respecto al tango, pintará «Orquesta típica» en 1939, para recrearla en 1974 y 1975.

Otros aspectos tienen que ver con la vida cotidiana, como por ejemplo en «Primeros pasos» (1937). Berni inicia sus representaciones en Argentina de lo que será típico de la década del 50: «La siesta» y «La fogata de San Juan».

Berni, en la década del 30 tuvo su experiencia muralista al intervenir en la construcción de «Ejercicio Plástico». Ya él había fundado el grupo «Nuevo Realismo».

Hay un lapso de tiempo entre 1939 y 1944 en el que Berni aparecerá con otra orientación. Entre diciembre de 1941 y mayo de 1942 recorrió Bolivia, Ecuador, Perú y Colombia, a fin de realizar estudios precolombinos por pedido de la Comisión Nacional de Cultura. Su obra «Mercado indígena» (1942), la basó en fotos que tomó durante este viaje.

El mundo de la década del 40 será tan conflictivo como el del 30. Una gran guerra sellará sus días. En América, en Costa Rica se produjo una guerra civil: en Panamá se instaló una dictadura, en Venezuela se derrocó al presidente Rómulo Gallegos y surgió la dictadura de Laureano Gómez, en Bogotá hubo una insurrección popular por el asesinato del dirigente liberal izquierdista Jorge Gaitán. Argentina no queda al margen de este tipo de acontecimientos. Se produjo en 1943 el golpe militar, con la destitución del presidente Castillo.

Berni de exquisita sensibilidad, observará y reflejará en su pintura esa realidad. Pero no se alineará con la Vanguardia argentina de entonces. En 1944 apareció la revista Arturo, que desatará un gran cambio, ya que introdujo definitivamente el arte geométrico adelantado por Pettoruti. Por entonces, surgieron tres tendencias, «Arte concreto» (Asociación de Arte concreto-invención) en 1946; «Arte Madí» en 1946 y «Arte perceptista» en 1947.

Estos grupos de vanguardia, en general izquierdistas, pero con una visión distinta a la de Berni lo atacaron en varias ocasiones, a pesar de que Berni era amigo Arden Quin, uno de los directores de la revista Arturo y uno de los fundadores del arte Madí. Inclusive Berni escribió un artículo en el «Universitario», periódico que editaba Quin.

Pero Berni también manifestó su dasagrado por la situación del 45. Con un grupo de artistas decidió exponer sus pinturas en el subsuelo del edificio de la Sociedad Rural, en Florida al 400. En el Catálogo explicaban que las obras estaban destinadas al XXXV Salón Nacional, pero que había decidido hacer una muestra al margen del Salón, en adhesión a los anhelos democráticos del los intelectuales del país.

Berni mientras tanto pintará «Masacre», 1948 y «El obrero muerto», 1949. En 1951 hizo otra «Manifestación». Mujeres y niños llevan un lienzo blanco en el que está dibujada la paloma de la paz, con un ramo de olivo en el pico. Ese año es el del primer ensayo de la bomba de hidrógeno, por parte de E.E.U.U., en el Pacífico. Por otra parte Argentina, asumió la obtención de reacciones termonucleares en la isla Huemul.

Todo esto influye en el ánimo de Berni. Por otra parte todavía estaban en él los ecos de la 2º Guerra Mundial.

Durante 1951, 1952, 1953 Berni se fue a Santiago del Estero (provincia del noroeste argentino). Allí realizó la serie «Motivos santiagueños». Santiago del Estero sufrió la tala indiscriminada de sus bosques: ya por 1942, 20 firmas obrajeras eran dueñas de 1.500.000 ha. Pero la situación venía desde muchos años atrás, ya que la madera como la del Chaco sirvió para los durmientes de las vías del ferrocarril y como combustible vegetal, también para los ferrocarriles. La depredación ecológica existió, pero también, la social. Los beneficios obtenidos por los empresarios no volvieron a los trabajadores. La tierra,poco a poco se agotó y también el hombre.

Esta realidad la palpó Berni y como lo hizo siempre, la expresó a través de su pintura. Así aparecerán «Los hacheros» (1953); «La marcha de los cosecheros», «La comida», «Escuelita rural» (1956); «Migración», «Salida de la escuela», «El mendigo», «Hombre junto a un matrero» y «El almuerzo».

En el período 1955-1956, hará la serie «Chaco». Estas pinturas las expondrá en París, Berlín, Varsovia y Bucarest. Aragón inclusive lo presentó en Moscú en la Galería Creuze, en 1955.

Por entonces Berni pintó algunos paisajes del suburbano: «Villa Piolín», «La casa del sastre» (1957); «La iglesia», «El tanque blanco», «La calle», «La res» «Carnicería» (1958), «La luna y su eco» (1960) y «Mañana helada en el páramo desierto». También de esa época son «Negro y blanco» (1958); «Utensilios de cocina sobre un muro celeste» (1958) y «El caballito» (1956).

Mientras el mundo sufría la guerra de Corea (1953), la invasión a Hungría por parte de la U.R.S.S. (1954) y en Argentina caía Perón, el mundo interior de Berni se componía de nuevas imágenes.

A su vuelta de Santiago del Estero comenzó a hurgar hasta que en 1958 surgió claramente su nuevo personaje, Juanito Laguna. Poco tiempo después aparecerá también, Ramona Montiel.

La historia de estos dos seres lo envolverán por tiempo y con ellos trascenderá mucho más. Tanto los «Juanitos» como las «Ramonas» se cotizaron en el mercado exterior a precios incalculables.

En 1976 Berni se va a Nueva York. Allí pintó, hizo grabados, collage, y presentó en la Galería Bonino una muestra titulada «La magia de la vida cotidiana». Durante su estadía en esa ciudad, hizo 58 obras que quedaron en la Galería para una muestra en Texas que nunca se realizó. En 1982, después de su muerte, llegaron a Buenos Aires.

En esa época también pintó tres óleos referidos a Juanito y a Ramona, «Juanito en la calle», «Juanito Laguna going to the factory», «El sueño de Ramona».

Pero, preocupado por el mundo que lo rodeaba, en Nueva York quiso conocer a su gente, saber de sus costumbres, de sus posibles necesidades. Así fue como salió a la calle, observó y pintó. Entonces conoció una sociedad opulenta, consumista, donde la publicidad es la mejor vendedora, donde él siente que hay riqueza material y pobreza espiritual, muy distante de la de Juanito, o de la de Santiago del Estero. Entonces decidió hacer un arte social con ironía.

De esta época es «Aeropuerto», «Los hippies», «Calles de Nueva York», «Almuerzo», «Chelsea Hotel» y «Promesa de castidad».

Entre abril y mayo de 1981 Berni tocó el tema del Apocalipsis al exhibir los murales realizados para la capilla del Instituto de San Luis Gonzaga en Gral. Las Heras, Provincia de Buenos Aires.

También ese año da testimonio del gran tema de su vida: «el destino del hombre». «Cristo en el garage» es un hombre común, que ocupa el centro del espacio. En el techo hay una claraboya por donde se ve el cielo, a la derecha una ventana abierta permite ver el paisaje de las fábricas y al otro lado se observa la motocicleta. Berni posiblemente quiso alegar a las torturas y las matanzas del mundo.

Por otra parte, en 1981, año de su muerte, Berni pintó una mujer desnuda en la arena, contemplando el cielo de una noche de luna. Es la mujer y la Naturaleza, tal cual los creó Dios. Sólo que un avión, objeto del hombre, pasa por el lugar para invadir el momento de paz y de armonía.

Estos fueron sus últimos óleos, ya que el 13 de octubre de 1981, Antonio Berni dejaba este mundo.

Unos días antes de su muerte, Berni en una entrevista decía: «El arte es una respuesta a la vida. Ser artista es emprender una manera riesgosa de vivir, es adoptar una de las mayores formas de libertad, es no hacer concesiones. En cuanto a la pintura es una forma de amor, de transmitir los años en arte.»

Una de sus obras para observar el estilo de sus obras

Biografia de Antonio Berni Pintor Argentino Vida y Obras del ArtistaManifestación

Baston Blanco Para Ciegos Inventos Argentinos Inventores de Argentina

Bastón Blanco Para Ciegos Inventos Argentinoscuriosidades

Bolígrafo  – Dactilografía  –  Quniela –  Colectivo  –  Tranfusión Dulce de Leche  –  Bastón Ciegos  –  Jeringa Descartable  –  Técnica de ByPass

El 15 de Octubre, se celebra el Día Mundial del Bastón Blanco contribuye a sensibilizar a la sociedad acerca de los obstáculos que las personas no videntes enfrentan para su libre circulación, representando una contribución a la integración de éstas.

bastón blanco para ciegosEl Bastón Blanco es un instrumento que identifica a los ciegos y deficientes visuales y les permite desplazarse en forma autónoma. Sus peculiares características de diseño y técnica de manejo facilitan el rastreo y detección oportuna de obstáculos que se encuentran a ras del suelo.

En una pequeña localidad de la provincia de Santa Fe, Argentina, llamada San Vicente, vivía Jose Mario Falliotico, quien en la década del 30, y durante su permanencia en Buenos Aires, inventó el BASTÓN BLANCO para ciegos.

Cuenta la historia que en una muy fría tarde de 22 junio de 1931 José Mario Falliotico volvía de su trabajo en una hojalatería caminando esa calle de Buenos Aires rumbo a su casita en el barrio de Flores. Cuando se detuvo junto al cordón de una vereda y miró antes de cruzar, alguien le tocó el brazo suavemente.

Falliotico se volvió y se encontró con un hombre joven, de anteojos negros, que extendía sus manos hacia delante como en un extraño sonambulismo. Al principio no llegó a entender, pero sólo dos palabras dirigidas a él por aquel hombre lo hicieron caer en la cuenta: – Me cruza?

Falliotico ayudo al no vidente, Miguel Fidel, a trasponer la avenida, y le pidió sus datos. «Déjeme su dirección, mañana recibirá algo que en lo sucesivo, le evitara estos plantones en la calle», le dijo.

Había nacido la idea de un bastón blanco, y convertirlo en un objeto que individualice instantáneamente al ciego. Al día siguiente, Fidel recibió el primer bastón blanco, y por la tarde Falliotico llevó la idea de popularizar el invento al entonces director de la biblioteca Argentina para ciegos, Agustin Rebuffo.

Posteriormente, numerosos visitantes llevarían la idea a otros países, y esta se popularizaría a nivel mundial.. Entre sus promotores, figura el tenor y medico hepatólogo Mexicano, Alfonso Ortiz Tirado, quien volvía con la idea a su país, donde impuso a las autoridades sobre la novedad Argentina, y pidió que se estableciera su obligatoriedad.

Fue una sencilla pero trascendental idea que se anota dentro del compendio de las grandes creaciones Argentinas.

Componentes de una carreta Nombre de las partes de una carreta Bueyes

Componentes de una Carreta: Nombre de las Partes de una Carreta

«La carreta fue, durante tres siglos, el más importante medio de transporte de personas y mercancías en gran parte de nuestro territorio. En torno a ella giró un sector a la vez dinámico y dinamizador de la economía.

La carreta fue mucho más: ciudad móvil fortaleza, tesoro nacional, carro fúnebre, imprenta, burdel, correo y transbordador, Con la llegada del ferrocarril y el alambrado, las pesadas carretas comienzan su marcha hacia el ocaso. La introducción del camión y la camioneta terminará por quitarla de los caminos y borrarla del paisaje.»

Banco o blandura: asiento que se colocaba en el cruce del yugo con el pértigo, formado por una tabla horizontal y dos verticales. Sobre él se colocaba un cuero blando, lanudo.

Bombas: pelotas hechas con hilo de cáñamo, adornadas con plumas de avestruz de colores o plumeros.

Boyero o bueyem: encargado de conducir o picanear los bueyes. Su ubicación aparentemente es la de ir sobre el pértigo, y no dentro de la caja. Era el muchacho «ayudante» encargado de cuidar y traer los bueyes durante los altos de un viaje. También se llamaba así al caballo que iba atado detrás de la carreta y se usaba para juntar los bueyes en los altos del viaje.

Buche: espacio cerrado que se agregaba delante o detrás -culata– con tres cueros vacunos unidos entre sí y a los varales.

Cabezal: vigas de madera dura (lapacho o urunday) transversal al pértigo de 0,20 por 1,15 centímetros, y que conforma la estructura de base, unida a las vigas laterales o limones (coplanares del pértigo). Sobre ella se arma el piso de la carreta de tablas. Entre las tablas y los limones, cada 60 centímetros van los teleras de 4 por 4 centímetros.

Cantramilla: pieza de hierro con forma de pera (y de su tamaño natural aproximadamente) invertida con un aguijón en su base y cascabeles en su entorno, que colgaba de la caña tacuara «picana» y pasaba a su vez por el llamador, pendiente en balancín de la cumbrera de la carreta. Se usaba para estimulara la segunda yunta de bueyes. En su libro, B. Caviglia hace un exhaustivo análisis de este aparato.

Cuarta: sogas torcidas – generalmente tres- que unen los bueyes al yugo.

Quincho: del quichua «kencha», tejido de junto o paja lateral o de cubierta.

Maza: centro de la rueda adonde convergen los rayos. De madera dura, de aproximadamente 45 o 50 centímetros de diámetro, generalmente alojan 10 rayos de 4 por 6.

Matraquilla: lámina de madera, de forma de espátula usada en las carretas de bullangueros o mercachifles, de aproximadamente 50 centímetros de largo, 15 centímetros de ancho y espesor variable de 5 a 1 centímetros, con una guía perforada longitudinal para regular su penetración en los ejes de la carreta. Fijada alabase de ésta, permitiría regular su sonido.

Muchacho: palos que colocados en el extremo del pértigo y en la parte trasera de la culata, unidos por un tiento, permitían trabar y mantener el equilibrio al vehículo (cuando no tenía unido los bueyes) y en la posición horizontal. Paucke los llama en alemán «buben».

Llamador: travesaño o palo superior de aproximadamente 1.50 metros de largo, unido a la cumbrera del toldo. De su extremo cuelga la trabilla y también adornos.

Noque o capacho: saco de cuero donde se llevaban los avíos del viaje o, a veces, grasa derretida o leche. Pértigo: lanza de la carreta, general mente de madera dura (urunday) unida a la caja del vehículo. Sobresale casi tres metros y a el se vinculan los yugos de los bueyes. En el extremo, el pértigo lleva un «muchacho» articulado, para permitir su permanencia en equilibrio horizontal, al sacar los bueyes (mide aproximadamente 7,5 varas, 25 por 15 centímetros).

Picana: Martiniano Leguizamón dice que la picana responde a dos formas: cuando las carretas llevaban tres yuntas de bueyes, el carrero iba sentado en el pescante y usaba la «cantramilla» para agujar a la segunda yunta, pues ella colgaba de la «picana» y con ésta picaba la delantera.

Cuando mejoran los caminos, las carretas ya sólo llevan dos yuntas, y entonces el carrero va sentado en el pértigo, usando el extremo de la picana para los delanteros, y con la otra punta afilada a los bueyes traseros, tranqueros o pértigos o pertigueros.

Es una larga caña con un aguijón en su punta, que cuelga el llamador mediante una «trabilla», de manera equilibrada para facilitar su accionar. Hay varios tipos de picanas decoradas. Las observaciones de Leguizamón aparecieron en La Nación del 18 de abril de 1926 y el 3 de octubre de 1946.

Picanilla: picana corta o de mano usada sólo para los pertigueros de tres varas y medio de largo. Según Paucke era llamada «nocololate/njoaquitiqui».

Toldo: cueros vacunos de potro con el pelo hacia afuera, colocados sobre la estructura de los arcos. A veces iban sobre un entramado de paja.

Trabilla: pieza de madera, que colgaba de una soga o tiento del extremo del «llamador». Por dentro de ella pasaba la caña «picana», manejada en equilibrio desde el interior de la carreta. Primitivamente esta pieza era un cuerno vacuno.

Turú: especie de cometa armada con una caña tacuara y un cuerno vacuno usada para estimular los bueyes y comunicarse, dado que su sonido grave llegaba a mucha distancia.

Varal: travesaños horizontales, paralelo al llamador ubicados en el tercio superior de la caja, que sobresalen de los extremos y permiten armar el «buche», con cueros vacunos. Medidas 4,5 varas de 4 por 4 aproximadamente.

Yugo: pieza de madera dura de aproximadamente 2,5 varas, 2,00 metros de largo, 0,2 centímetros de ancho y 0,15 de alto donde se atan los bueyes por la nuca, por medio de sogas llamadas «coyundas». Yuntas de bueyes: la más cercana a la carreta: «pertigueros»; la segunda: cuartera del medio; la tercera o delantera: cuartera de adelante.

Vasijas: de barro cocido para llevar agua o bebidas alcohólicas colocadas por fuera del vehículo, de capacidad de 50 a 100 litros con espiches para su uso.

carreta antigua del virreinato del rio de la plata

Accesorios La caldera, recipiente anterior a la pava usado para calentar el agua para el mate. Aparentemente desciende del samovar ruso; este recipiente de forma de jarra está ampliamente documentado en la iconografía gauchesca. La caldera —conocida como pava— es de origen y fabricación inglesa (en hierro) o catalana (en cobre).

Recién se populariza después de 1880. Otros accesorios eran las jaulas con aves de corral; maderas para eventuales reparaciones: alimentos (charque); agua; chifles con bebidas alcohólicas; herramientas: lazos, cuerdas, utensilios diversos, cueros y cañas, entre otros.

Uso de bueyes en las carretas La Vida en los Viajes en Carreta

Uso de Bueyes en las Carretas: Viajes en Carreta

«La carreta fue, durante tres siglos, el más importante medio de transporte de personas y mercancías en gran parte de nuestro territorio. En torno a ella giró un sector a la vez dinámico y dinamizador de la economía. La carreta fue mucho más: ciudad móvil fortaleza, tesoro nacional, carro fúnebre, imprenta, burdel, correo y transbordador, Con la llegada del ferrocarril y el alambrado, las pesadas carretas comienzan su marcha hacia el ocaso. La introducción del camión y la camioneta terminará por quitarla de los caminos y borrarla del paisaje.»

El buey, una de las especies animales relacionadas con la mitología, integra, con la vaca y el toro, un grupo siempre presente en todas las culturas. Ligado estrechamente a la producción agropecuaria, es natural que ellos pertenezcan a los distintos cultos con la fertilidad y con la fuerza, llegando a ser en muchos casos la representación de los dioses de la tierra. A ellos algunas religiosas dedicaban los sacrificios mientras que, en otros, constituían los objetos de sacrificio.

Los primeros animales domesticados e históricamente conocidos, antecesores de nuestros vacunos, son los de Egipto, donde el buey Apis se consideraba divino y símbolo de la energía divina y creadora. En la India, el respeto hacia estos animales llega al castigo a quienes falten a esa costumbre, y nos queda de Babilonia suficiente material como para apreciar el culto hacia los toros. A los persas podemos agregar los hebreos, quienes llegan a adorar al becerro de oro.

De los cretenses recordamos el tema del laberinto y el Minotauro, la taurocatapsia y su presencia constante para los minoicos, tema que luego pasa a la cultura romana convertido en Baco. En nuestra tradición de raíz hispánica conocemos la presencia constante del toro y la vigencia de sus corridas, practicadas hasta ahora en algunos países latinoamericanos.

Esa presencia permanente de los vacunos, junto al trabajo, a la mitología y la religión de la mayoría de los pueblos, tiene en el buey aun protagonista que trasciende y dura en la imagen. No es casual entonces que en el escudo nacional de la República Oriental del Uruguay figure un vacuno, como símbolo de la riqueza y abundancia, y tenga también la carreta un hermoso monumento en el principal parque de Montevideo. Para Ezequiel Martínez Estrada, «de la vaca provienen todos los males y todos los bienes argentinos…». En tanto que César Fernández Moreno anota que «en la Argentina los portafolios llevan afuera cuero de vaca, y en su interior expedientes de vacas…».

Para no fatigar a los bueyes, en verano la marcha era nocturna y en invierno, diurna. Con frecuencia, ante el agotamiento prematuro de algún buey, se lo abandonaba y reponía por los de refresco. El animal, librado a su suerte sin agua y alimento, moría y era pasto de las abundantes aves de rapiña. Eran muy buscados los bueyes «rocines», que podían soportar hasta 48 horas sin beber agua.

Félix de Azara, en Apuntamientos para la historia natural de los cuadrúpedos del Paraguay y el Río de la Plata, refiere que «el Capitán Juan de Salazar trajo de Andalucía 7 vacas y un toro desde el Brasil hasta Asunción en 1556, siendo ellos los primeros vacunos arribados a tierras americanas». A este aporte se agregaron animales provenientes del Pacífico y directamente de Europa.

Al fundarse Corrientes en 1588. se arrean desde Asunción 3000cabezas vacunas. Con la facilidad de contar con infinitos animales, el buey era en la práctica un recurso natural inagotable, lo que llevó a su utilización como fuerza motriz de las carretas y a la perdurabilidad de ellas. La fuerza de tracción y su «combustible» eran gratuitos, lo que permitió que este medio tuviera a lo largo de los años tanta vigencia, ayudado de una geografía de llanura, pródiga en pasturas y aguadas naturales.

Los bueyes que propulsaron las carretas eran de raza criolla con cruzas muy diversas: Jersey, Holando e Inglés, siendo por lo general animales de seis a quince años y con un peso de entre 400y 500 kilos. Cada buey tenía su propio nombre. Los más hábiles y acostumbrados eran los que se ubicaban delante de todo, yendo siempre los más ariscos a la tercera colocación como «pertigueros»- ,cercanos al conductor y a su picanilla de mano de fácil manejo.

A los bueyes, a los que se llamaba comúnmente «güey» o «guay», se los identificaba con nombres «clásicos», tales como Palomo, Colorao. Barroso. Yaguané, Rosa, Overeo Cola Blanca. A este respecto, es Saubidet quien registra un listado muy amplio, rara vez de tres sílabas. El mismo autor cita a uno de los cantares de los carreteros:

Señores les cantaré/ la vida del carretero/ que siempre va por la gueya/arre, arre, compañero…/La vida del carretero es una, vida trompeta/ muchas veces va dormido/sentao sobre la carreta/ Y siempre andando en la gueya/cuando divisa algún pozo /fuerte le grita a los bueyes:/ ¡Osco! /yaguané/ barroso.’

Los Caminos en Argentina Colonial Los Viajes en Carretas con Bueyes

Los Caminos en la Argentina Colonial: Viajes en Carretas Tiradas por Bueyes

«La carreta fue, durante tres siglos, el más importante medio de transporte de personas y mercancías en gran parte de nuestro territorio. En torno a ella giró un sector a la vez dinámico y dinamizador de la economía. La carreta fue mucho más: ciudad móvil fortaleza, tesoro nacional, carro fúnebre, imprenta, burdel, correo y transbordador, Con la llegada del ferrocarril y el alambrado, las pesadas carretas comienzan su marcha hacia el ocaso. La introducción del camión y la camioneta terminará por quitarla de los caminos y borrarla del paisaje.»

Con justa razón se comparó a los conductores de carretas con los navegantes. Se asemejaban a éstos no sólo como capitanes de sus navíos terrestres, sino también por conducir verdaderas escuadras de decenas de carretas que surcaban nuestros horizontes. Pablo Rojas Paz. nos recuerda Carlos Antonio Moncaut, acuñó una de las más hermosas imágenes evocadora de estos viajes. «Era tierra más para ser navegada que transitada, para ser vivida y no viajada», escribe Rojas Paz y añade: «Las carretas hacían por eso el crucero en convoy formando tropas, con un cañoncito que se alistaba en cualquier emergencia.

Hacer caminos hubiera sido escribir en el agua. Había que usar, pues, una técnica náutica, guiarse por las estrellas. El camino trazado en la tierra hubiera sido borrado por los vientos, el agua y la sequía; había que grabarlo en la mente, llevarlos en secreto. Y así el hombre marchó por rumbos invisibles. Y cuando el gaucho conquistó el fiel del rumbo, los caminos se alzaron desde la huella humilde por donde el hombre marchaba mirando más el cielo que a la tierra». Ese mar estaba preñado de peligros.

El prolongado aislamiento entre las cabeceras del viaje, las inseguridades, los accidentes del terreno, la técnica adecuada de conducción en las travesías, generaban un microcosmos con códigos y normas de comportamiento respetados por la heterogénea y forzosa compañía.

Se trataba de una modalidad sui generis, diferente a la que se observaba en la vida urbana. En aquella se imponía la autoridad y la disciplina de los «navegantes» expertos y conocedores de la geografía, el tiempo, los accidentes y los horarios adecuados para la marcha, el descanso, el canto y el baile.

De esta peculiar forma de vida nómade existe una abundante iconografía. Los carreteros, junto a los domadores, troperos y tronzadores de cuero, pertenecían no sólo a uno de los más antiguos y mejor retribuidos oficios de nuestra pampa, sino que conformaban uno de los escasos grupos donde se podían encontrar diferencias por sus especializaciones.

Los ingresos de este grupo solían ser un 50 por ciento mayores que el resto. Según José Barcia, a los carreteros se los conocía con el nombre de «gobernadores de carros», lo que acusa la importancia y el reconocimiento que en la época se concedía a su función. Narra Sarmiento que la autoridad del jefe de la tropa de carretas era absoluta: imponía la ley a garrote o a cuchillo. Llegaba a torturar y hasta ejecutar a los «díscolos» y a los remisos a su autoridad.

En la carreta delantera, sede del capitán de estas verdaderas escuadras terrestres, se instalaba un cañoncito. como ya vimos que recordaba Rojas Paz. La mayoría de los propietarios de las carretas eran de origen vasco. Los peones y picadores eran gauchos porteños o criollos de provincias.

Los propietarios de carretas actuaban también como comisionistas o acopladores en combinación con los comerciantes de Buenos Aires. Algunos de estos empresarios carreteros solían adquirir parte de sus mercancías a los productores. La modalidad era adelantarles en pago el 50 por ciento de su valor.

Este anticipo muchas veces se convertía en único pago, pues la lentitud de las comunicaciones, la escasez de noticias y el hecho de que muchos productores no sabían leer ni escribir, favorecían estas maniobras que permitieron el enriquecimiento de muchos de estos propietarios de flotas de carretas. Para Ramón J. Cercano, el gremio estaba dividido en tres grupos principales. En primer lugar, los llamados «hombres distinguidos» de Cuyo o el interior.

Reservaban una o dos carretas para transportar los «efectos europeos» destinados a cubrir sus propias necesidades, alquilando el resto de los vehículos de la tropa. En segundo término, gente de menores recursos… quienes lograban acumular un pequeño capital propio que arriesgaban íntegramente en cada operación de viaje de una flota de carretas.

Por último, los fletadores eran un grupo constituido por gente sin recursos que cobraban los fletes por anticipado, lo que generaba continuos pleitos y embargos por falta de cumplimiento, Los tripulantes de estas carretas formaban una virtual casta, y estaban más allá déla ley de julio de 1823 que regulaba las contrataciones de mano de obra y establecía la obligatoriedad de llevar «la papeleta de conchabo».

Los integrantes de aquellos convoyes podían desplazarse sin necesidad de solicitar permisos especiales a cada juez de paz de cada sitio del trayecto. Así evitaban ser enganchados «voluntariamente» como soldados para ir a la frontera. Los carreteros concentraban sus tropas en sitios escogidos en las orillas de cada pueblo o ciudad en donde acampaban, reparaban sus vehículos, mantenían sus animales, efectuaban las tareas de carga y descarga de bultos y hacían por poco tiempo una vida sedentaria y menos penosa que la de las travesías. En Buenos Aires eran famosos el hueco de plaza Lorea, y las plazas de Once.

Constitución, la Concepción y los bajos de Retiro, sitios en los que después se levantaron algunas de las estaciones ferroviarias. Eran aquellos sitios rumorosos, coloridos. El descanso abría la conversación, estimulaba el apetito de la charla y daba rienda suelta a la «parlanchina bullanguera».

Esa pequeña ciudad satélite y móvil daba animación al poblado sedentario, lo alimentaba de mercancías, novedades y noticias. Se los distinguía a lo lejos por el humo de sus fogatas, las idas y venidas y las guitarras que se templaban al anochecer. Ese paisaje comenzó a desvanecerse por el avance del tren y desapareció empujado por las estaciones ferroviarias, esos templos del progreso que transformaron el paisaje urbano y rural. Muchas de estas estaciones se emplazan en sitios más distantes de las plazas principales.

Hacia allí se transfiere el movimiento de pasajeros y cargas y, durante un tiempo más, también las carretas ahora transportadas sobre vagones. Con la incorporación del ferrocarril comienza a languidecer esta actividad como negocio y, a partir de 1870, tiende a desaparecer como consecuencia del predominio de ese nuevo medio de transporte. De la magnitud de ese movimiento de carretas da cuenta una estadística de 1863, que registra el ingreso de 18.908 vehículos a Buenos Aires.

Durante el período de transición de la era de la carreta a la del ferrocarril coexistieron ambas modalidades. Funcionó entonces un sistema mixto: las cargas se trasladaban en carretas hasta los puntos de concentración. Chascomús fue uno de esos centros de trasbordo. De allí se cargaban las carretas sobre las chatas, con lo que se disponía de una especie de primitivos contenedores. Tan importante era el movimiento de carretas que la partida de cada una de las tropas se anunciaba en los periódicos.

Federico Oberti menciona uno de los tantos avisos: «Salida terrestre. Tropa de carretas de Don Benito Pucheta con destino a Córdoba, Despachada por el Consignatario Manuel Molina saldrá el 26-3-1838 con efectos de ultramar yerba-azúcar-ferretería-aceites-cristales».

Esta importancia de la carreta para la economía del país se reflejó en los billetes de banco de 1869, que reproducen la clásica tropa. A medida que se incorporan los adelantos técnicos al país alambrados, molinos, ferrocarril y otras explotaciones y afluye la inmigración, la carreta, y el mundo que giraba en torno a ella, entra en crisis.

Esto afecta a los empresarios y, en mayor medida, a los amansadores de bueyes, a los picadores, carpinteros, pulperos, boyeros, peones y demás personajes que integraban ese particular universo. La desaparición, comenzada en la provincia de Buenos Aires, se fue propagando a todo el país.

Esta situación contribuyó seguramente a acrecentar los sentimientos de rechazo del criollo hacia el «gringo», en quienes algunos percibían los causantes de su marginación y de la desocupación provocada en ese sector. Contrariamente a lo que se cree, la mujer siempre formó parte de las caravanas, con lo cual queda desvirtuado el enfoque machista de esta actividad.

Tanto los relatos de viajeros como la numerosa iconografía existente reflejan la presencia permanente y natural de la mujer en esos convoyes: desde la partida, los altos en el camino hasta la llegada, participa siempre como constante acompañante del gaucho, tropero y trashumante, negando así la imagen de estar aferrado a un lugar.

Hilario Ascasubi nació debajo de una carreta en Fraile Muerto en 1807. Se sabe que las comodidades de una carreta eran superiores a las de las viviendas de la época. Después de las invasiones inglesas, el general Beresford y sus subordinados prisioneros en la villa de Lujan pidieron vivir en carretas, dado que los alojamientos eran sucios, húmedos y llenos de insectos.

Esto no debe sorprender, pues de los relatos de la época se desprende que los hacendados de las cercanías de los caminos reales, alejados de la «civilización blanca», vivían en condiciones rigurosas y precarias, privados de las comodidades más elementales. En las viviendas faltaba casi todo, a veces hasta puertas y ventanas.

El moblaje se reducía a menudo a un barril de agua, un cuerno para beber, asador de palo, ollas de fierro y algún banquillo. Pese a la abundancia de lana, camas y manteles eran desconocidos. El atuendo de propietarios y peones era similar y sólo difería en la calidad de las prendas, lo que permitía reconocerlos. El paso de alguna caravana por uno de estos sitios provocaba el interés de los pobladores, quienes veían alterada así la monotonía de sus vidas cotidianas.

ompañaba a la flota de carretas los gritos de los peones, el chirrido de las ruedas y una cantidad de animales domésticos: perros, gatos, aves y hasta gallos de riña eran infaltables compañeros de viaje. Los carreteros debían mirar el cielo y descubrir las amenazas de lluvias que traían aparejados los riesgos de naufragios en los ríos crecidos y furiosos.

A menudo, el pasaje de ríos o pantanos obligaba a la descarga sorteando el obstáculo por separado, ya sea en canoas o en pelotas, luego de lo cual se procedía a acomodar pasajeros y bultos en la otra orilla. Hacia el norte se prefería el invierno, la estación seca.

El trayecto de Buenos Aires a Salta se recorría en seis meses, con lo cual, si las condiciones del tiempo eran buenas, una tropa de carretas sólo podía hacer en el año un solo viaje de ida y vuelta. Según recuerdos del doctor Justo José Miranda de Villaguay, Entre Ríos, el viaje entre Concordia y Villaguay en las famosas «carretas de Michelana» duraba 15 días. Ni lluvias ni tormentas, ni crecientes las atajaban.

Tenían altas ruedas enllantadas, techos de zinc, doble forro de pinotea y hojalata en techo, piso y paredes; cabía un hombre parado dentro de ellas; el pértigo era de pinotea y de un grosor de 3 por 8 pulgadas; todas eran nuevas y de lapacho. Para soliviarles el peso a los bueyes, en las culatas se ponían piedras».

En una carreta viajaba la familia y, en la otra, la carga. Cuando dos caravanas se cruzaban en el camino se acostumbraba a hacer un alto, se intercalaba una pausa para dar lugar a la fiesta con guitarreada, baile, asado y juego de naipes. A medida que la carreta avanza, va pagando impuestos en cada provincia.

Los gastos fijos más los impuestos insumen la mitad del costo. Referente a las tasas pagadas, podemos mencionar el testimonio de las quejas de los cuyanos. Debían pagar sobre la totalidad de las botijas, sin considerar que muchas de éstas se rompían en el viaje por el traqueteo y otras transformaban el vino en vinagre debido a los calores que debían soportarse durante la travesía. Este pleito fue finalmente zanjado con la Real Cédula de 1760 donde el impuesto se redujo sensiblemente, por un periodo de los seis años siguientes, pasando de 12 a 4 reales.

El costo de los fletes por cada carreta a Salta y Jujuy, 180 pesos; a Mendoza, 110 pesos. El carretero se asimiló a esta vida naturalmente, y soportó hambre, sed, privaciones, riesgos y agresiones con parecido espíritu de los conquistadores españoles que abrieron muchas de las sendas para esas travesías.

En sus crónicas de la Conquista del Desierto (1879), Remigio Lupo advierte el proceso de sustitución en el sur del país de las viejas y pesadas carretas por carros tirados por muías y el apoyo que en esas operaciones prestaba el ferrocarril. Ya durante la Guerra del Paraguay, la carreta tuvo un importante papel auxiliar en la logística de los ejércitos aliados entre 1865 y 1866.

Los cuadros de Cándido López y el diario «Cabichui» de las trincheras paraguayas revelan la importancia de este vehículo en esas acciones militares. Existen testimonios que años antes, entre 1837 y 1842, en el sur del Brasil, durante la llamada Guerra de los Farrapos, a la carreta le cupo un rol tan importante que el extremo sur brasileño era conocido como la «República de las carretas».

Los carreteros tienen su propio santo patrono: Sebastián de Aparicio, a quien la Iglesia beatificó en 1798. Nacido en Galicia en 1502, se embarcó con destino a México en 1531. Allí se especializó en la fabricación de carretas que hacían transportes de mercancías de Veracruz a Puebla. Tal era su habilidad que despertaba admiración en el pueblo. Tal admiración creció cuando Aparicio añadió a esa condición la de construir los primeros caminos por los cuales circulaban sus carretas.

Llevó una vida de trabajo duro, pues se ocupaba además de tareas agrícolas. A los setenta años ingresó como lego en la Orden de San Francisco, pese a «no saber escribir ni firmar». Sin dejar el convento, retomó allí sus tareas artesanales donde, y a pesar de ser conocido de allí en más como «él fraile loco», comenzó a rodearlo un halo de admiración por sus virtudes y habilidades. Las envidias lo desplazaron del convento al que retornó pues, más allá de no saber ni escribir, se le comenzó a reconocer como sostén económico de la orden.

Finalmente, cuando sus milagros se propagaban por toda la región de Puebla, anunció su muerte, la que sobrevino el 20 de febrero del año 1600. cuando tenía 98 años. La Iglesia de San Francisco de Puebla guarda sus restos.

Los medios de transporte en Argentina colonial Traccion a sangre

Los Medios de Transporte en Argentina Colonial Tracción a Sangre

«La carreta fue, durante tres siglos, el más importante medio de transporte de personas y mercancías en gran parte de nuestro territorio. En torno a ella giró un sector a la vez dinámico y dinamizador de la economía, La carreta fue mucho más: ciudad móvil fortaleza, tesoro nacional, carro fúnebre, imprenta, burdel, correo y transbordador, Con la llegada del ferrocarril y el alambrado, las pesadas carretas comienzan su marcha hacia el ocaso. La introducción del camión y la camioneta terminará por quitarla de los caminos y borrarla del paisaje.»

La carreta era en España el nombre usual para designar el vehículo tirado por bueyes. Es el modo que emplea Cervantes en El Quijote, cuando dice: «Ya encantado Don Quijote en esta carreta…» La definición y descripción que de ella hace Félix Coluccio en su Diccionario folklórico argentino, nos parece lamas abarcadura e insustituible.

El investigador define a las carretas como «carros de gran tamaño, tirados por bueyes, que eran utilizados en nuestra campaña para llevar los productos de una región a otra, así como sirvió para transporte de pasajeros durante mucho tiempo, ya que era el único medio de comunicación disponible.

Su uso se ha limitado en nuestro país y aún sigue manteniéndose con ventaja en el norte del Uruguay. Debe señalarse que los carros de ruedas macizas tienen aún bastante empleo en el interior de nuestro país, y que por lo común son arrastrados por bueyes, especialmente los grandes destinados al transporte de troncos o de madera en general, por ejemplo, las que se usan en la región patagónica occidental».

Continúa Coluccio: «Hacia 1773, Concolorcorvo describía minuciosamente la carreta: las dos ruedas son de dos y media varas de alto, punto más o menos, cuyo centro es una maza gruesa de dos o tres cuartas. En el centro de ésta atraviesa un eje de quince cuartas sobre el cual está el lecho o «cajón» de la «carreta».

Esta se compone de una viga que se llama  pértigo», de siete y medio varas de largo, a las que acompañan otras dos de cuarto y medio, y están unidas en el  pértigo por cuatro varas o varejones que se llaman  teleras, forman el «cajón cuyo ancho es de vara y inedia.

Sobre este plano lleva en cada costado seis estacas clavadas, y en cada dos va un arco que, siendo de madera o de especie de mimbre, hacen un techo ovalado. Los costados se cubren de junco tejido, que es más fuerte que la totora que gastan los mendocinos.

Y por encima, para preservarlas de aguas y soles, se cubren con cueros de toro cosidos, y para que esta carreta camine y sirva se le pone al extremo de aquella viga de siete y media varas un «yugo» dedos y media, al que se uncen los bueyes, que regularmente llaman «pertigueros»».

Sin embargo, las definiciones varían según los distintos autores.

Ramón J. Cercano, en su clásica Historia de los medios de comunicación y transporte, editada en Buenos Aires en 1893. considera a la carreta como tal sólo cuando sus laterales son de quincho o de totora.

Según este autor, corresponde hablar de «carretón» cuando su lateral es de madera. Otros autores, como Enrique Rápela, también la llaman «castillo», en este caso aludiendo a su forma lateral trapezoidal.

Los planos que ilustran esta nota han sido realizados sobre la base de fuentes bibliográficas, observación en museos, entrevistas con personas conocedoras del tema y relevamiento de carretas existentes.

Aparentemente, el precursor y primer «armador» de una flota de carretas fue el gobernador del Tucumán don Juan Ramírez de Velazco, quien en 1593 le informa por carta al rey de España que construirá a su costa 40 carretas provistas cada una de ellas con tres yuntas de bueyes bien fornidos.

Con ellas esperaba unir el Tucumán con Buenos Aires en un trayecto de 600 leguas. Distancia que se cubría a razón de ocho leguas por día. La carreta soportaba una carga de 228 arrobas.

Las famosas carretas tucumanas. dice Horacio William Bliss, «eran capaces de conducir dos toneladas de carga».

En 1708. una carreta en Corrientes costaba 100 pesos. Para establecer ese valor, no sólo se tomaba en cuenta el trabajo que demandaba su fabricación, que doblaba el salario de un obrero, sino también el costo de transporte de las maderas empleadas en su construcción, las que se traían de sitios distantes de la ciudad. Los precios puede dar una idea de su valor: un buey costaba seis pesos; una arroba de yerba, cuatro pesos; una vaca invernada, un peso; un corte de carreta en bruto, 25 pesos; una carreta terminada, 100 pesos.

De todo esto surge la importancia que tenía la carreta no sólo como medio auxiliar de otras actividades económicas, sino de ella misma como actividad industrial. La carreta generó, por las características de las técnicas y materiales empleados en su construcción, y por su mismo uso y mantenimiento, un importante sector dentro de la economía de la época.

En su fabricación intervenían una importante cantidad de artesanos y ayudantes. Fueron las provincias de Tucumán. Corrientes y Mendoza donde mayor importancia alcanzó su fabricación. En Corrientes, este medio de transporte tuvo gran vigencia y casi se puede decir que ella fue durante la mayor parte de la vida correntina el único medio seguro usado para el transporte.

Según da tos recogidos por Maria E. Pérez, referidos a diciembre de 1882, el número de carretas que entraron al «Piso», el principal mercado de concentración y sus cargas, fueron: 213 con maderas, 127 con sandías, 29 con leña, 18 vacías, 17 con zapallos y melones, 13 con postes, 11 con cueros y 9 con maíz en grano.

Esto indica que la carreta era el único medio de transporte empleado y la existencia de una importante flota moviéndose en torno a la capital correntina y sus cercanías. Las disposiciones sobre carros y  carretas recogidas en los digestos municipales del siglo pasado confirman esa importancia.

Las autoridades establecían las medidas admitidas, horario de marchas, tipos de cargas, ancho de llantas, patentes a abonar y condiciones para la explotación del servicio. Estas carretas llegaban a Buenos Aires trayendo no sólo pasajeros y mercancías, sino también dolores de cabeza a los funcionarios que renegaban por los daños que provocaban sus altas ruedas en las calles de tierra.

Tal era el fastidio que el Cabildo prohibió su acceso a las manzanas céntricas en 1774, medida que encendió más aún la polémica con los defensores de los carros tirados por caballos. Se exponían teorías sobre la presión de los vasos de uno y otro animal, el ancho más adecuado de las ruedas o la influencia de la velocidad. Catorce años después, el Cabildo se decide a autorizar la circulación de las «serviciales carretas».

En la Intendencia de Salta del Tucumán se fabricaban, hacia 1776, unas 200 carretas al año a un costo de 50 pesos por unidad, señala el padre Furlong. Había quejas sobre «el apego a la rutina» del que hacían gala algunos fabricantes que demoraban en construir «carretas de cuatro ruedas, a ejemplo de los coches de Valencia y Murcia». Reclamo que escuchó el salterio Domingo Patrón, quien «en 1805 fabricó unas 12 o 14 galeras de cuatro ruedas», según Edberto Acevedo.

De acuerdo al censo de 1820, en las provincias de Corrientes y Entre Ríos se registran 47 carreteros y 164 carpinteros, número importante en relación con las otras actividades productivas detalladas en dicho censo. «Las carretas mendocinas eran más a nenas que las de Tucumán y llevaban 20 arrobas más de carga, porque los caminos que recorrían éstas últimas tenían montes espesos que lo estrechaban.

Los tucumanos no tenían necesidad de bajar su carga en el camino; los mendocinos sólo en época de avenidas, en los que las utilizaban hechas con los yugos. Paraban en el camino alrededor de las diez de la mañana, hasta las cuatro de la tarde, ya que el calor era lo único que cansaba a las bestias», anotan las investigadoras María Inés Soules, Susana Martínez y Silvia Moreau.

Respecto al caso del Litoral, contamos con el testimonio de Emilio Honorio Daireaux (1887), que recoge Moncaut en su reciente interesante libro Travesías de antaño. En el Litoral «no existía ningún bosque, no se podían construir vehículos, faltaba madera. En cambio ésta abundaba en los campos de Tucumán, situada en el camino del Perú y de Bolivia.

De allí salieron los primeros tipos de esas enormes carretas que, arrastradas por seis u ocho yuntas de bueyes, no han cesado, desde entonces, de surcar la pampa por convoyes de ocho ó diez, viajando de conserva, transportando del litoral al Perú, los cargamentos venidos de Europa, viaje que duraba cinco o seis meses.

Las etapas eran de a cuatro leguas por día, ya era eso mucho para un buey, sobre todo para ruedas macizas, imperfectamente redondas que soportaban la imponente masa de estos elevados edificios, más altos que la mayor parte de las casas de la colonia, de paredes más resistentes, de sólida techumbre. Se viajaba de día o de noche, según que la temperatura, fresca o cálida permitía o no arrostrar los rayos del sol. Después de tres siglos, en nada ha cambiado su aspecto, no piensan en abdicar ante el ferrocarril; antes bien éste ha debido transigir con ellas».