Vida del Gaucho Argentino: Costumbres y Caracteristicas de su Caracter



Vida del Gaucho Argentino: Costumbres y Caracteristicas de su Caracter

EL GAUCHO , UN PERSONAJE CONTRADICTORIO:

EL GAUCHO: El gaucho fue el hombre de campo dedicado a la vida errante y aventurera en las llanuras o pampas de la Argentina, Uruguay y estado de Río Grande do Sul, en Brasil.

No ha podido precisarse todavía el origen del vocablo, aunque ya por el siglo XVIII aluden los virreyes con este nombre, en tono peyorativo, a los vagabundos del campo que robaban vacas y caballos y las comerciaban, sobre todo en la frontera luso-uruguaya.

En el siglo XIX el nombre se expandió por la Mesopotamia y las pampas bonaerenses hasta llegar al noroeste argentino.

En la guerra de la independencia llenaron los cuadros militares y con este nombre específico se llamó a las milicias que acaudillaba el general Güe-mes en el norte argentino.

En las guerras civiles, los gauchos fueron el elemento indispensable, cuyo apoyo se disputaban los gobernantes.

Veamos su historia…

Muchos viajeros del viejo mundo y de EE.UU. han pasado por nuestras tierras, cuando el país recién comenzaba a dar sus primeros pasos de independencia y organización nacional y bien de acuerdo a los viajeros, ¿cuál es el carácter del gaucho?.

Es difícil contestar esta pregunta porque, precisamente, los viajeros atribuyeron a éste un carácter ambivalente con virtudes y defectos, una especie de noble salvaje, capaz a la vez de bajezas y sentimientos elevados.

Vida del Gaucho Argentino Costumbres

Veamos si no lo que escribía Armaignac en 1871:

«Son chicaneros, borrachos, orgullosos, presuntuosos, derrochadores y perezosos: pero redimen la mayoría de sus defectos por su generosidad, desinterés, resistencia a la fatiga o la intemperie en cualquier clima, paciencia a toda prueba y sobriedad en su vida ( … ).

El gaucho es generalmente tranquilo, frío y ágil jinete. Muy cortés. humilde, dócil, hospitalario, compasivo, servicial, buen padre y esposo.

Es gran amante de la poesía, admira la naturaleza y contempla todo aquello que es bello. Espíritu melancólico, enemigo de las ideas abstractas y sutiles, expresa en un lenguaje simple y armonioso los pensamientos y sentimientos más elevados (. .. )»

De la misma forma, otros autores representan al gaucho como un ser al mismo tiempo sanguinario y sensible, malicioso y hospitalario, ignorante y amante de la música y la poesía.

Estas contradicciones no deben preocupamos.

Ellas reflejan una posición ambivalente de los autores frente a un personaje que evoca lo noble, tradicional y pastoral de la sociedad europea, ahora bajo el ataque del industrialismo.

Un personaje que a la vez, no puede ser considerado europeo, alguien que debe permanecer extraño, por sus diferencias con la ética, las costumbres y los gustos de un europeo.

Vida del Gaucho Argentino: Costumbres y Caracteristicas de su Caracter

Como la abundancia los transforma en holgazanes:

Indolencia y abundancia son motivos comunes en las narrativas de viaje: ambos son presentados como «naturales».

Una colección de las narrativas de viaje más populares, publicada en Londres en 1835, contenía la siguiente descripción acerca de las necesidades del gaucho:

«El principal rasgo del carácter del gaucho es que él es una persona sin necesidades».

Acostumbrado a vivir constantemente en la intemperie, y a dormir en el suelo, él no considera que el tener unos pocos agujeros en su rancho sean de alguna consecuencia.

No le desagrada la leche, pero prefiere no tener la que tomarse el trabajo de buscarla»

[A., G., The Young Travellers in South America (London, J. Macrone, 1835), p. 258 y 259].

Habiendo crecido en libertad y acostumbrado a lacaza para subsistir, el gaucho se habitúa a no tener nada y no desear nada.

Su indolencia natural le impide ampliar la gama de sus satisfacciones.

Escribe MacCann:

«El paisano rehúye todo trabajo cuyo éxito dependa del transcurso del tiempo; no sabe valorar éste, y no lo cuenta en horas ni por minutos sino por días; es hombre moroso y su vida transcurre en un eterno mañana; tiene hábitos migratorios y  por donde quiera que se encamine, sabe que encontrará de qué alimentarse, debido a la hospitalidad de las gentes»

[W. MACCANN, Viaje a caballo por las provincias argentinas (Buenos Aires, Solar-Hachette, 1969). p. 116].

Pero es la posibilidad de obtener su sustento libremente lo que lo mantiene en su condición casi salvaje,

Una y otra vez, los viajeros contraponen la «pobreza» del rancho del gaucho la falta de muebles, los pisos de tierra, los agujeros en las paredes, la escasa vajilla, la suciedad, el hacinamiento de hombres, mujeres, niños y perros con la «abundancia» de la naturaleza y la facilidad para obtener el sustento.

Son consabidos los relatos de la apropiación de ganado en el campo «esa gran facilidad de subsistir casi sin trabajo: de vestirse con los productos del despojo de un buey», escribe Isabel el pero hay también abundancia en la ciudad.

Campbell Scarlett describe cómo dos gauchos a caballo pescan en el río, tirando cada uno una punta de la red.

En la costa, en cada marea baja, quedan pescados en abundancia para quien quiera tomarlos.

«Toda la costa, después de un temporal de viento, queda a menudo cubierta con esta tribu armada de aletas: y si los mendigos que piden limosna (siempre a caballo), condescendieran a desmontar para obtener con qué cenar, no solamente encontraríamos trozos de carne todos los días, tirados alrededor de los caminos de los mataderos, que caen de los carros de los carniceros, sino también peces sobre la costa, donde los consiguen por nada, a no ser la molestia de levantarlos»

[P. CAMPBELL SCARLETT, Viajes por América a través de las Pampas y los Andes (Buenos Aires, Claridad, 1957), primera edición, Londres 1838, p. 43].

La abundancia favorece la indolencia, y ésta impide la difusión de la «civilización», que es sinónimo de diversidad de deseos y de bienes.

Los viajeros. al combinar estos dos mitos (las limitadas necesidades de los paisanos y su «indolencia natural»,) acercan al gaucho ala «vida natural», una de las estrategias narrativas preferidas por los románticos, mientras que deniegan al paisano su carácter de consumidor, uno de los atributos de la modernidad.

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Nombre de las prendas y útiles que emplea el gauche rioplatense: 1) poncho; 2) botas; 3) chambergo; 4) golilla o pañuelo; 5) corralera o voladora; 6) tirador y rastra; 7) tirador sin rastra; 8) chaleco; 9) espuelas; 10) facón; II) boleadoras; 12) guayaca o bolsa; 13) lazo; 14) bombacha; 15) faja; 16) rebenque o talero; 17) chiripá.

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• ►Una Mirada Distinta Sobre el Gaucho:

En el libro de Sergio Valenzuela, Enigmas de la Historia Argentina, explica sobre el gaucho:

El término «gaucho» se comienza a usar en Salta en 1814, y uno de los primeros que lo utiliza es San Martín.

En los oficios que intercambian Saravia y San Martín, acerca de la resistencia del «paisanaje» a las fuerzas realistas, estos actores rurales aparecen mencionados como «gauchos», lo que sería una extensión al Norte de otros fenómenos de movilización en el campo, como el de la Banda Oriental con Artigas

En este sentido, gaucho no es todo el paisanaje, sino el paisanaje movilizado.

El término va a ir imponiéndose para la denominación de estos hombres movilizados que proceden del mundo rural.

¿Quiénes son?

Entre ellos hay pequeños propietarios, peones, arrendadores, que en el caso del Valle de Lerma, en Jujuy, dejan de pagar sus arriendos, dejan de prestar los servicios que deben al patrón desde el momento en que se movilizan.

El servicio que están prestando en la milicia se compensa con no tener que hacer estos pagos que tradicionalmente debían cumplir para acceder a la tierra.

Un grupo de historiadores del pasado agrario (Gelman, Garavaglia, Mayo) se sumergió en los documentos y encontró que la imagen más difundida en la campaña no fue la dicotomía entre el estanciero grande y el gaucho libre y sometido.

En la zona pampeana predominaron las familias de pequeños y medianos productores, campesinos que producían a baja escala algo de trigo, tenían algunas vacas, ovejas y muías.

Así, se animaron a aseverar que la idea del gaucho tiene mucho de mito.

El gaucho simpático, malo según Sarmiento, bueno según José Hernández, a quien la naturaleza le daba lo necesario para vivir, montado en su caballo, facón en la cintura, sin vivienda estable y que pasaba horas en la pulpería habría representado, a lo sumo, a una pequeña porción de los habitantes de la pampa.

El varón solo, nómade, que visitaba a la china y se rehusaba a trabajar sería, ajuicio de estos investigadores, un ser marginal y no el promedio de los habitantes de nuestros interminables campos.

Este tipo de personaje «era más bien un desocupado y no un espíritu libre e indómito», según Gelman.

Este imaginario alrededor del gaucho habría sido funcional a algunos sectores dominantes del mundo rural.

Las estancias se expanden y presionan al estado para tener más mano de obra disponible.

La manera de hacerlo es criminalizar al trabajador rural pobre, generando la imagen de una población de «vagos y malentretenidos».

La consecuencia fue la decisión estatal de promover la papeleta de conchabo, que significaba la obligatoriedad de trabajar, a riesgo de quedar fuera de la ley.

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• Algo Mas,…El Gaucho del Río de la Plata

El gaucho del Río de la Plata, no viendo sino pampa y cielo desde que nacía, alentó en su espíritu el hálito de fatalidad de todos los hijos de la llanura; de esta primera condición suya provenía su menosprecio de la vida, su altanería, su bravura, su misticismo a veces, y su ciega reverencia ante lo que consideraba el destino.

De la mezcla de español e indígena de que procedía, heredó la quijotería desafiante e inspiradora de recursos del primero y la pereza maliciosa y oportunista del segundo.

Su pingo (cabalgadura) fue su primera y mayor preocupación, porque sabía que sin él quedaba reducido a la impotencia y la inmovilidad.

Luego estaban sus armas: su facón o cuchillo, que empuñaba con la mano derecha mientras arrollaba su’poncho —manta de abrigo— en la mano y brazo «izquierdos para esgrimirlo como escudo en la pelea, y el lazo con boleadoras.

El gaucho no usaba armas de fuego, porque el disparar a mansalva no rezaba con su hombría.

Sus necesidades eran reducidas y para satisfacerlas le bastaban un trozo de carne asada —churrasco o asado de tira—, un sorbo de agua y el mate, infusión de la yerba de este nombre que bebe a toda hora y de modo absolutamente propio: sorbiendo el líquido a través de una bombilla.

En circunstancias difíciles, el mate constituía para el gaucho su único alimento.

Su indumentaria tenía la característica del pantalón amplio que termina metido en botas cortas de cuero, chaqueta a la cintura, faja, y ancho cinturón que era su mayor orgullo poseerlo de plata.

Más que el sombrero, siempre de ala breve, le preocupaba el pañuelo de seda atado al cuello, y que en ocasiones utilizaba para proteger su rostro del fuerte viento de la pampa.

Durante los siglos XVIII Y XIX, los gauchos de las pampas rioplatenses se dedicaban a cazar reses salvajes para aprovechar sus cueros, su sebo y su carne.

Llegados a la vista de un rebaño, galopaban tras él y con sus grandes cuchillos llamados facones o con medialunas —lanzas de bambú con una media luna de acero afilado en su extremo— desjarretaban animales con rápido ritmo.

En las horas libres, los gauchos se divertían en su deporte favorito; la caza del ñandú, pequeño y veloz avestruz pampeano.

El arma utilizada eran las boleadoras, que el gaucho manejaba con asombrosa maestría.

Las boleadoras grandes, formadas por tres bolas de plomo, piedra o hueso, recubiertas con cuero, recibían el afectuoso nombre de «las tres marías» y eran empleadas contra reses salvajes y caballos; otras más pequeñas, denominadas «ñanduceras», servías para animales menores.

También empleaban las boleadoras en la guerra, para derribar los caballos del enemigo cuando éste huía.

Duros e independientes, dormían casi siempre con el cielo como único techo. La tropilla era el orgullo de su vida.

Constaba de diez o veinte potros, pues el gaucho despreciaba el cabalgar montado en una yegua.

Cambiando de caballo cada quince kilómetros y cabalgando al galope, seguido de su tropilla, podía recorrer hasta doscientos kilómetros en una sola jornada.

Algunos gauchos desarrollaron un arte casi increíble como rastreadores; podían distinguir la huella de cualquier animal y seguirla a través de enormes distancias.

Otros se hicieron famosos como baquianos: en medio de la noche más oscura podían indicar el sitio en que se hallaban con sólo olfatear la tierra, o arrancar unas raíces, o saborear las hojas de una planta.

El gaucho era tan servicial y generoso, que aún hoy, en la Argentina, cuando se dispensa una atención excesiva que puede significar abnegación y sacrificio, se llama «hacer una gauchada».

Las corrientes inmigratorias de la segunda mitad del siglo xix con las que se mezcló, y el avance de la técnica, han motivado la desaparición casi total de este personaje, que ha encontrado en la iconografía, el teatro y en la literatura, sobre todo en el inmortal poema Martín Fierro, de José Hernández, formas logradas que aseguran su supervivencia en la tradición

Fuente Consultada: Todo Es Historia Viajes y Viajeros Nro. 315

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