Biografía de Muñiz Francisco Médico y Cientifico Argentino



Biografía de Muñiz Francisco Javier
Médico y Científico Argentino

Francisco Javier Muñiz, nació en Monte Grande, provincia de Buenos Aires (21-12-1795-8-4-1871), sus padres llamados Alberto Muñiz y Berbardina Frutos, eran propietarios de tierras, gozando una desahogada posición económica.

Muñiz fue un científico argentino que destacó por sus estudios y descubrimientos en el campo de la paleontología.

Se considera el descubridor de los primeros restos fósiles del hombre y de los restos más antiguos del caballo.  Inició sus estudios en el Colegio de San Carlos, donde se especializó en ciencias naturales y continuó más tarde con los de medicina.

Si bien la actuación de este sabio se desarrolla, en parte, después de la batalla de Caseros como hombre público, catedrático y decano de la Facultad de Medicina, su labor científica queda circunscripta más bien a esta época.

Nacido en 1795, recibe su bautismo de sangre a la edad de doce años, durante la segunda invasión inglesa, siendo herido en una pierna. 

Veamos su historia interesante de vida…

Muñiz Francisco Javier

De muy jovencito de apenas doce años toma parte en la defensa y reconquista de la ciudad, como cadete del Cuerpo de Andaluces. en los sucesos de Mayo de 1810 demuestra su pasión cívica.

En Mayo de 1810 precozmente alistado en el grupo criollo, participa en los sucesos políticos que se desencadenan a partir de la creación del primer gobierno patrio.

Bajo la inspiración de Bernardo de Monteagudo se instala el 13 de enero de 1812 la segunda Sociedad Patriótica Literaria, cuya acción es sobre todo política.



Siendo un poco mas adulto, su consejero y mentor, el canónigo Benegas, lo alienta a anotarse en el flamante Instituto Médico Militar, fundado por el director interino Alvarez Thomas.

Así lo hace, llevado, en verdad, por su verdadera vocación: la ciencia. Francisco cursó Anatomía y Fisiología con el maestro Cristóbal Martín de Montúfar, quien lo consideró «uno de los discípulos más aprovechados que estuvieron a su cargo».

Aun era estudiante cuando —septiembre de 1821— lo designan segundo del cirujano Celedonio Fuentes, con destino a Carmen de Patagones. Pero a Francisco no le conviene hacer ese viaje, pues significaría un atraso en la etapa final de sus estudios.

Afortunadamente, logra que Rivadavia lo releve de la comisión; así, rinde las pruebas finales en el recién creado Departamento de Medicina de la Universidad y se gradúa al comenzar el año escolar de 1822.

En 1825, ya como médico y bajo la tutela militar deja la ciudad rumbo a Chascomús.

Allí está acampado el regimiento de Coraceros de Buenos Aires bajo el mando del coronel Lavalle, quien tiene a su cargo la defensa de los campos poblados en las márgenes del río Salado contra los malones indios. Muñiz ha sido designado cirujano en el Cantón de la Guardia de Chascomús y como tal toma parte en las acciones de Sauce Grande y Toldos Viejos.

Todo lugar es bueno para el investigador que es Muñiz y así, mientras cumple con las funciones de médico militar, realiza, a la vez, observaciones sobre las costumbres indígenas y sobre los restos fósiles que hay en las inmediaciones de la laguna de Chascomús.

Es justamente en estos años de residencia aquí, que Muñiz inicia sus estudios paleontológicos; son también los primeros que se hacen en forma sistemática en nuestro país.

Su curiosidad científica lo lleva a recoger y armar restos de un gliptodonte y a descubrir el Dasypus giganteus, un tatú fósil.

Pero el aislamiento en que vive le impide comunicar este importante hallazgo; recién años más tarde lo hará en la Banda Oriental el francés D’Orbigny, quien lo da a conocer con su nombre actual.



Este episodio no es un hecho aislado en las investigaciones emprendidas por Muñiz. Por el contrario, ocurre con buena parte de sus hallazgos y de sus trabajos.

Durante muchos años tuvo que luchar con las enormes distancias, con la falta de contacto con los centros científicos de la época y con la carencia de materiales y libros adecuados, que le permitieran profundizar y sistematizar sus descubrimientos.

Sin embargo, no se desanimó y se aplicó a la lectura de los escasos trabajos de Cuvier, Linneo y Lamarck que tenía a su alcance para completar su formación científica.

En Chascomús abundan los restos fósiles y Muñiz planea quedarse allí para seguir con sus exploraciones. Se ofrece entonces como médico de policía y para difundir la vacuna antivariólica, tan necesaria para, evitar el número de víctimas que anualmente produce la viruela.

Lamentablemente, el gobernador Las Heras no acepta esas propuestas y Muñiz regresa a Buenos Aires en 1826.

En 1827, durante el gobierno de Rivadavia, lo nombran profesr de las cátedras de partos, niños y medicina legal aunque solc se hará cargo de las mismas en 1850.

En la Villa de Lujan: Al año siguiente se casa con Ramona Bastarte, excelente mujer que lo acompañará siempre y le dará ocho hijos. Poco después en noviembre, se traslada a la Villa de Lujan como médico encargado de la administración de vacunas.

Ya instalado er su nueva casa, renueva su interés por las investigaciones paleontológicas. Precisamente, el padre M. Torres había descubierto (1787) en Lujan el primer esqueleto completo de megaterio: un hallazgo que causó verdadera conmoción en los medios científicos europeos y cuyo estudio ocupó a los más eminentes naturalistas de la época.

Se preocupa, también, por todo lo relacionado con la vacunación contra la viruela.

Con frecuencia pide al gobierno de Buenos Aires que apoye su labor, pero —aunque cuenta con el estímulo del Administrador General de Vacuna— no obtiene que le nombren personal auxiliar. Gracias a sus esfuerzos, consigue vacunar unos 800 niños por año.



Veinte años vive el doctor Muñiz en Luján (1828-1848). Este es el período más fructífero de su vida en cuanto a investigaciones científicas.

En 1833, el naturalista es nada menos que Charles Darwin: un sabio que revolucionará la ciencia con sus teorías sobre la evolución de las especies.

A lo largo de una década, Muñiz consigue reunir un conjunto de restos fósiles; los estudia y clasifica con suma pericia.

En 1841 remite al gobernador Rosas nada menos que once cajones con restos fósiles y acompaña el envío con una lista des criptiva, llena de referencias ilustrativas. Al abrir los cajones y encontrarse con esas restos, todos ellos representantes la fauna prehistórica de la provincia de Buenos Aires, grande debió ser el asombro de Rosas.

elogios importantes para la mujer

Allí estaban, ordenados y clasi ficados por Muñiz —con el auxilio de las Investigador sobre osamentas fósiles de Cuvier—, los extraños esqueletos de animales que alguna vez vivieron en nuestra llanura: mas todontes, toxodontes, gliptodontes, smilodontes, etc.

Tiempo después, ei sabio argentino logra reconstruir sus colecciones enriqueciéndolas, además, con ejemplares hasta entonces desconocidos.

Continuó explorando y así fue el primer investigador que encontró los restos del oso fósil, un animal de gran talla conocido con el nombre científico de Arctotherium —estudiado posteriormente por Gervais y rebautizado con el nombre de Ursus bonaerensis.

rosas manuel

En 1841, Muñiz envía a Rosas todo este material extraordinario, reunido en once cajones y clasificado en base a la obra de Cuvier. El gobernador de Buenos Aires, ignorante del valor científico de esta «porción de huesos» y del tesonero esfuerzo que representaba en el donante, en gesto magnánimo donó parte de la rara colección al almirante francés Dupotet,que la transporta a su patria, donde es ávidamente estudiada por el sabio Paul Gervais, del Museo de París, y parte fue aparar a Londres por manos del escritor inglés Woodbine Parish, que residió varias veces en la Argentina.

Pero su descubrimiento favorito tuvo lugar en 1844, al desenterrar los restos del tigre fósil de dientes de sable. Convencido de la importancia de su hallazgo, Muñiz se lo comunicó a Darwin y a las academias científicas europeas; en efecto, su aporte arrojó nueva luz sobre la paleontología americana.

Auxiliado por la Anatomía comparada de Cuvier, lo describe con gran acierto señalándolo como un de los más feroces y desvastadores animales de la Creación.

En 1845, en plena pampa, encuentra Muñiz algo sorprendente los restos de un tronco petrificado. Consulta entonces con investigadores y naturalistas europeos.

También descubre un esqueleto completo de caballo, perteneciente a la especie hippidium —de talla más pequeña que el actual y muy parecido al burro. Muñiz arma cuidadosamente el esqueleto y lo considera ce temporáneo del megaterio, coincidiendo en esto con Darwin. Muy útiles habían resultado a Charles Darwin sus observaciones en la región cordillerana y en la Patagonia.

caballo fosil de Muñiz

paginas web

En sus escritos sobre Paleontología argentina, Sarmiento incluye este comentario de Burmeister sobre el caballo fósil: «Entrando en la administración del Museo Público de Buenos Aires, al principio del año 1862, encontré en este establecimiento restos de un caballo fósil, recogidos por el doctor D. Francisco Javier Muñiz, 20 años antes cerca de la villa de Lujan, en sociedad con el esqueleto del Megathefium. . . Desgraciadamente por la obra inmensa de sacar estos dos esqueletos enteros de la tierra, con prontitud, sin asistencia de ayudantes útiles, el hábil descubridor se vio obligado a trabajar sin la precaución necesaria, rompiéndose por esto dos cráneos y conservando completos solamente los fuertes huesos de los miembros. . . Del cráneo del caballo el doctor Muñiz me mostró un hueso delgado de 23 centímetros de largo, por solo 2 centímetros de ancho al extremo superior y con un centímetro al extremo inferior, que él me señaló como una porción del hueso de la nariz. Comparando este hueso con los huesos nasales del caballo actual, encontré una diferencia tan grande, que me he visto obligado a dudar de la exactitud de la observación. .. Hoy se que la determinación del doctor Muñiz ha sido exacta; el caballo fósil de la Pampa Argentina ha tenido un hueso nasal con punta libre sobresaliente. . . Esta configuración particular del hueso de la nariz distingue claramente el caballo fósil de la pampa del caballo doméstico, como un género aparte a primera vista.»

Darwin muchas veces consultó a Muñiz sobre sus observaciones y apreció su labor investigativa: «No puedo adecuadamente expresar cuánto admiro el continuado celo de usted, colocado como está, sin los medios de proseguir sus estudios científicos y sin que nadie simpatice con usted en los progresos de la historia natural».

Muñiz envió a Darwin varios trabajos científicos suyos. Entre ellos, sus observaciones sobre la escarlatina, que fueron presentadas al Real Cuerpo Médico de Cirujanos de Londres.

En verdad, la labor de Muñiz en el campo de las ciencias es múltiple. Se destacan entre sus trabajos más importantes los apuntes topográficos sobre el territorio central de la provincia de Buenos Aires (1847), en el que hace anotaciones de real interés sobre aguas, composición del suelo, atmósfera, terrenos fosilíferos, enfermedades, etcétera; sus investigaciones sobre la vacuna indígena, comunicada a la Real Sociedad Jenneriana de Londres; su descripción del ñandú (1848), en la cual apunta también las costumbres de los gauchos; o sus observaciones sobre la lengua y el léxico del Río de la Plata.

A pesar de esta actividad, Muñiz no desatiende su tarea de médico. Buenas horas del día dedica a investigar sobre la vacuna. En 1832 es nombrado miembro correspondiente de la Sociedad Jenneriana de Londres por sus trabajos sobre la vacunación. En 1841 encuentra muestras de cow-pox (viruela de las vacas) en una estancia de la provincia de Buenos Aires y extrae costra de ías vacas enfermas para vacunar a seres humanos, tal como se hacía en esta época.

Nuestro sabio sostiene, a diferencia de Jenner, que el cow-pox no es transmitido a las vacas por quienes están en contacto con caballos, pues en la pampa son las mujeres las encargadas de ordeñar y ellas no cuidan a los caballos; esa enfermedad, por lo tanto, se originaría directamente en los bovinos, independientemente del contagio que pueden sufrir de los caballos.

Las comprobaciones de Muñiz y su aplicación práctica tienen gran importancia. La viruela constituía un verdadero peligro por entonces y llegaba a diezmar poblaciones enteras en pocos días. Durante una de las epidemias, Muñiz provee costras para vacunar e, inclusive, lleva a su propia hijita —recién inoculada—, pues sostiene que la vacunación brazo a brazo es más eficaz que los restantes medios conocidos. Esta generosa intervención permite salvar centenares de vidas humanas. Pero poco después, Muñiz pierde a su hijita, la que muere a raíz de una infección.

Muñiz vivió en Lujan desde 1828 hasta 1848. ¿Por qué se instaló en un pueblo pequeño y ubicado en la temible frontera con los indios? Sabemos que el campo bonaerense le interesa pues le permite continuar con sus exploraciones paleontológicas y es posible, además, que deseara alejarse del intranquilo clima político de Buenos Aires. Sin embargo, otra causa lo lleva a la Villa de Luján: su salud no es buena y necesita un lugar como el elegido para reponerse. Por diez años —entre 1830 y 1840—, vive en una de las casas más cómodas y confortables de la Villa, al lado del Cabildo. En éste, justamente, permanece prisionero el general José María Paz, a quien Muñiz visita con alguna frecuencia. También pasa largas temporadas en el Departamento de Lujan, en su estancia «Los Talas», el poeta Esteban Echeverría; y es posible que el joven poeta y Muñiz se hayan conocido. Más o menos a una legua de Lujan (en la actual estación Jáuregui) estaba la estancia de Muñiz. Allí pasaba buena parte de su tiempo cuando vivía en Lujan y, ya instalado en Buenos Aires nuevamente, volverá con su familia todos los veranos.

En 1848 se traslada a Buenos Aires e instala su consultorio, que en breve crece y le asegura un buen pasar. Al año siguiente el gobernador Rosas lo nombra conjuez del Tribunal de Medicina y, en 1850, se concreta por fin su actuación en la cátedra de partos de la Facultad —cargo que ya le había confiado Rivadavia—.

Muñiz, entretanto, no deja de tomar parte en la vida política del país, alistado en el campo federal. Cuando Urquiza lanza su famoso pronunciamiento de 1851, Muñiz ataca « la locura, traición y perfidia del salvaje unitario Urquiza» y le reprocha su alianza con el Brasil, en un artículo que aparece en «La Gaceta Mercantil«. Tras la caída de Rosas, es elegido diputado de la provincia en las elecciones de setiembre de1853.

Aunque no interviene en los debates, su firma aparece en la Constitución del Estado de Buenos Aires (dictada en 1854). Este mismo año es senador y se desempeña en la Comisión de Asuntos Constitucionales.

En 1855 es elegido presidente de la Facultad de Medicina y conserva el cargo hasta 1862. Una de sus primeras iniciativas es la inauguración de la escuela de parteras; también pone en vigencia un plan de estudios de seis años, hecho de acuerdo con criterios modernos y científicos, y logra que se construya un edificio para albergar las distintas dependencias de la Facultad.

Durante su actuación no le faltan problemas serios, sobre todo con la rivalidad que hay entre sus colegas. Pero su preocupación mayor es contribuir a asegurar, desde su cargo, la salud de la población. Su actitud es inflexible en lo que se refiere a la reválida de títulos y al ejercicio de la profesión de médico. El mismo se destaca como excelente especialista en enfermedades de mujeres y niños, y sus trabajos en este campo pueden considerarse como precursores.

En las elecciones de setiembre de 1861 lo eligen Senador por la Capital; un año después interviene en el rechazo de la ley que federalizaba por tres años el territorio de la provincia de Buenos Aires. En 1863 el Club alsinista «Buenos Aires» —opositor a la política mitrista— lo sostiene para senador.

Son los años combativos de «tacheros» y «pelucones» —alsinistas y mitristas—, cargados de disputas y conflictos que enfrentan apasionadamente a las distintas fracciones. 1865: Muñiz tiene sesenta años y aun está dispuesto a servir a su patria.

megaterio

Esqueleto de un Megaterio

En efecto, al estallar la Guerra contra el Paraguay se ofrece para acompañar al ejército expedicionario en calidad de médico. Propone concurrir sin retribución alguna, en traje de paisano y llevando su propio botiquín e instrumental de cirugía o, si fuese necesario, como simple soldado raso. Pero el gobierno argentino no acepta su ofrecimiento. «Demasiado es que un hombre de avanzada edad y salud delicada vaya a cuidar de nuestros heridos y enfermos, para que pueda el Gobierno consentir que ese hombre viva a sus expensas», le escribe el vicepresidente Marcos Paz.

Muñiz se traslada a Paso de los Libres y emprende una activa campaña sanitaria con su habitual competencia y energía. En 1886 se le reconoce como director de los hospitales instalados en Corrientes para atender a los heridos de guerra y a los afectados por la epidemia de cólera, que se ha declarado en la zona. Su acción en Corrientes es importante y lo muestra en la plenitud de sus facultades —a pesar de los ataques enconados de sus colegas—. En esa larga y dolorosa guerra Muñiz pierde a uno de sus hijos en un dramático episodio.

Ultimos Días: Por fin, en 1869, agotadas sus fuerzas por la prolongada contienda, solicita el retiro. Vuelve a Buenos Aires y se instala en una casona de ia calle San Martín. El anciano doctor ha perdido a su fiel compañera, pero no está solo: le queda el afecto de su hija Carmen —casada con un nieto de su vieja amiga Mariquita Sánchez— y el de sus nietos. Cuarenta y cuatro años al servicio de la medicina del país son casi una vida… En agosto de 1869 la Legislatura le concede por aclamación el retiro como catedrático y médico del hospital.

Sus días comienzan a sosegarse y se repiten, ahora, entre su estancia en Lujan y su quinta en las afueras de Buenos Aires.

En 1871, durante la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires, fue uno de los médicos voluntarios para ayudar a las víctimas, pero terminó por ser él mismo una de ellas, falleciendo el 8 de abril.

Fuente Consultada:
Cuadernillo de Historia Enciclopedia «Mi País, tu país» – Nº78 Francisco Muñiz-

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