Vida de los Santos

Exploracion de Nueva Zelanda e Isla de Tasmania Tasman Abel

Exploración de Nueva Zelanda
Viajes de Abel Tasman y la Isla de Tasmania

En 1642, Tasman descubrió una ¡sla situada al sur de Australia, a la que llamó Van Diemen. Debido a su poca importancia comercial en aquella época, permaneció en el olvido hasta el siglo XIX, momento en que le fue dado el nombre de Tasmania. Actualmente la isla forma parte de la Confederación australiana. Gracias a sus bellezas naturales y a la riqueza de su suelo, ha adquirido gran extensión  económica.

En el siglo XVII, cuando el «siglo de oro» de las Provincias Unidas del norte se hallaba casi en pleno apogeo, el explorador holandés Abel Janszoon Tasman descubrió un nuevo país.

Abel Janszoon Tasman ya tenía en su haber muchos años de navegación cuando, por su competencia, fue distinguido por la Compañía de las Indias Orientales, y ascendido a capitán en 1634. En ese momento tenía treinta y un años. Durante los años 1638-1639 emprendió un viaje de exploración por los mares situados al este de Japón, para descubrir aquel fabuloso país del oro del que tanto se hablaba y que, en realidad, no existía.

En 1642, su Compañía le confio la misión de reconocer los países inexplorados del sur. Salió de Batavia, hizo escala en la isla Mauricio, y de allí siguió en dirección hacia el este: entonces descubrió un país al que bautizó con el nombre de Tierra de Van Diemen, en honor de su mandante Anthonie van Diemen, gobernador de las Indias holandesas (la actual Indonesia).

De allí partió en dirección hacia el este y llegó a la costa occidental de Nueva Zelanda, a la que llamó Tierra de los Estados Generales. Entonces singló hacia el norte, hizo escala durante cierto tiempo en las islas de los Amigos (Tonga) y regresó a Batavia bordeando la costa septentrional de Nueva Guinea. De este modo dio la vuelta a Australia y pudo comprobar que, contrariamente a lo que se había creído hasta entonces, este continente no formaba parte de la Antártida.

Tasman descubre Nueva Zelanda

Abel Janszoon Tasman (1603-1659), navegante holandés nacido en Lutjegast, cerca de Groninga. Hacia 1632 empezó a trabajar para la Compañía de las Indias Orientales Holandesas, para la que hizo varios viajes antes de que, en 1642, Anton Van Diemen, el gobernador general de la compañía, lo eligiera para dirigir un importante viaje de exploración al hemisferio sur. Tasman debía navegar por el océano Índico y por el sur del océano Pacífico para encontrar una posible ruta a Chile. 

En 1644 fue enviado de nuevo a la Tierra de Van Diemen, con la misión de seguir explorando la isla y trazar el mapa. Los dirigentes de la época consideraron que las expediciones de Tasman ofrecían poco interés desde el punto de vista comercial, y el joven capitán corrió aproximadamente la misma suerte que su ilustre predecesor Colón: se concedió muy poca importancia al descubrimiento de estas nuevas tierras, y en 1648 incluso se llegó a deponer a Tasman de sus funciones, por haber sido acusado de maltratar a su tripulación durante una expedición a las islas Filipinas y a Siam.

Sin embargo, esta deposición no le afectó demasiado y se estableció como negociante independiente en Batavia, donde murió en 1659 como burgués acaudalado. Como la Tierra de Van Diemen estaba a una distancia de los Países Bajos de 15.000 km a vuelo de pájaro, cayó en el olvido. La expedición que Bass y Flinders efectuaron en 1798-1799 estableció que la Tierra de Van Diemen no estaba unida a Australia, sino que la separaba un estrecho al que se le dio el nombre de estrecho de Bass.

Cuando, a principios del siglo XIX, los ingleses empezaron a colonizar esta isla, fundaron, como anteriormente habían hecho en Australia, un establecimiento penitenciario en el que recluyeron a los malhechores de la metrópoli.

Las deportaciones a esta isla cesaron en 1853. Pero mientras tanto, la Tierra de Van Diemen recibió el sobrenombre de «Demonsland» (País del demonio).

En 1854 fue bautizada de nuevo con el nombre de quien la había descubierto, es decir, Tasman. En 1901, Tasmania pasó a ser miembro de la Confederación australiana, a la que todavía pertenece.

Tasmania, cuya extensión es ligeramente mayor que Galicia, sólo tiene 550.000 habitantes, todos inmigrantes o descendientes de inmigrados, pues la población autóctona ha sido totalmente exterminada. El problema demográfico de Tasmania constituye un misterio para los antropólogos y etnólogos.

Los expertos consideran que la población aborigen de este país debió de haber figurado entre las más antiguas de los mares del Sur y que nunca se mezcló con otros pueblos. Indudablemente, estos indígenas pertenecieron a un nivel muy rudimentario, puesto que no conocían ni el arco ni las flechas, como las demás poblaciones australianas con las cuales, no obstante, estaban emparentados.

A principios del siglo XIX, todavía habrían vivido en la isla unos ocho mil. Pero a partir de 1825 fueron perseguidos y literalmente exterminados por los colonos, en su mayoría deportados que habían quebrantado el destierro.

En 1854 todavía quedaban tres hombres, once mujeres y dos niños. El último hombre murió en 1865, y la última mujer en 1877, en Londres. Esta población autóctona presentaba las características típicas de los negroides.

Hablaba una lengua que no tenía la menor afinidad  con las lenguas australianas, melanesias o polinesias.

La mayor parte de la superficie de Tasmania está cubierta por un desierto en el que viven extraordinarios marsupiales carnívoros, como los tigres de Tasmania. Estos tigres, que actualmente se encuentran en vías de extinción, más bien parecen lobos.

Además, también se encuentra el «diablo» de Tasmania, un animal negro y glotón que, pese a ser de pequeño tamaño, no vacila en atacar y matar a grandes carneros.

El paisaje de Tasmania se impone por su majestuosa belleza. El istmo rocoso de Eaglehawk Neck, que, en el sudeste, une la isla a la península de Tasman, goza de especial renombre.

En los inmediatos alrededores se halla el pórtico de Tasman, pórtico natural de 60 m de alto que el mar ha vaciado en la masa rocosa de lava azul. Por el mismo procedimiento   se   ha   formado, también cerca de Eaglehawk Neck. la «Cocina del diablo»: una estrecha hendidura en la que la burbujeante agua del mar parece espumar y hervir. Las bellezas naturales de Tasmania, resguardadas en unas cincuenta reservas, atraen cada vez mayor número de turistas.

Desde el punto de vista económico, Tasmania no carece de interés: en el este y el sur se cultivan los principales productos de la zona oceánica templada. Debido a su relieve, el oeste es menos favorable para la exploración agrícola. El cultivo del manzano ocupa un puesto importante, y se halla localizado, sobre todo, en el valle del Huon, al sudeste de Hobart, la capital. En las regiones más secas, al sur de Launceston, se practica la cría de carneros.

En el oeste de la isla abundan los minerales, especialmente cinc, plomo, cobre, estaño, oro y plata, que han dado origen a una floreciente industria. Esto explica que Strahan, en la costa occidental, se haya convertido en un puerto importante, a pesar de que Hobart, la capital, sigue siendo el centro de Tasmania. Hobart, al pie del monte Wellington y en la desembocadura del Derwent, acapara, aproximadamente, un tercio de la población total.

Ver: Los Maoríes

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Vida e Historia de Los Maoríes: Costumbres ,Lengua y Tradiciones

Vida e Historia de Los Maoríes de Polinesia

Muchos nombres toponímicos de Nueva Zelanda indican que Abel Janszoon Tasman fue el primer europeo que abordó estos parajes durante su exploración de 1642-1643. Ahí tenemos, en efecto, el mar de Tasman, un monte Tasman y un glaciar Tasman. La entrada en contacto de los holandeses con las poblaciones autóctonas estuvo lejos de ser amistosa, motivo que indujo a Tasman a llamar «Bahía de los Asesinos» al lugar en el que intentó desembarcar por vez primera.

tribu de polinesia maories

Maorí, pueblo polinésico de Nueva Zelanda. Según estudios arqueológicos, los maoríes desembarcaron en Nueva Zelanda procedentes de las islas Cook hacia el 800 d.C. Parece ser que entraron en conflicto dos culturas: la maorí arcaica y la maorí clásica; esta última fue la que se impuso. El primer contacto maorí con los europeos se produjo con la llegada de Abel Tasman en 1642, y tuvo como consecuencia la muerte de cuatro miembros de su tripulación. En 1796 el navegante y explorador James Cook entabló relaciones amistosas con algunos maoríes, y a partir del siglo XIX empiezan a llegar barcos con mucha frecuencia.

Después de esta expedición los blancos se mantuvieron durante mucho tiempo apartados de estas islas. El contacto se restableció con James Cook, cuando éste llegó a Nueva Zelanda en 1768 y 1777, no sin haber tenido también que librar numerosos combates contra los indígenas.

Sin embargo, consiguió tomar posesión de este nuevo territorio en nombre del rey de Inglaterra. Toma de posesión, por otra parte, simbólica, ya que la anexión efectiva no se llevó a cabo hasta 1840. El retraso en concretar esta conquista se debió en gran parte a la actitud más bien poco hospitalaria de los indígenas, los maoríes. Sin embargo, tras muchos encuentros sangrientos, aquéllos tuvieron que inclinarse ante los ocupantes europeos, mejor armados.

La población autóctona, que cuando llegaron los primeros blancos se calculaba en más de doscientos cincuenta mil individuos, en 1878 sólo contaba con 46.000. Las operaciones militares llevadas a cabo por los conquistadores no fueron las únicas responsables de esta situación.

En este sentido hay que tener también en cuenta la importación de alcohol y armas, que hicieron más frecuentes y sangrientas las guerras tribales, y la aparición de numerosas   enfermedades   contagiosas, que fueron su consecuencia.

¿Quiénes eran los maoríes?. Extranjeros también que, según todos los indicios, hacia el siglo XIV emigraron de Polinesia y se establecieron especialmente en la isla del Norte, más cálida. Allí donde abordaban exterminaban sistemáticamente a la población local.

Pese a haberse llevado de Polinesia tubérculos de taro y patatas dulces, sólo practicaban una agricultura muy primitiva. Además de raíces, se alimentaban de bayas y frutas silvestres. Completaban su comida con perros y ratas que también habían importado de otros lugares. De vez en cuando, el segundo plato consistía en pescado, o carne de un enemigo vencido.

El hecho de que en su comida figurase a menudo la carne humana se debía a que entre las diversas tribus reinaba una guerra casi perpetua. Y, sin embargo, en comparación con las de los demás pueblos guerreros, sus armas no estaban perfeccionadas del todo. No conocían ni el arco ni la flecha. Su equipo de guerra se componía esencialmente de venablos y hachas de piedra.

Desconocían el metal y la alfarería. Aún vivían como en la edad de piedra y, sin embargo, demostraban excepcionales aptitudes para lo bello. Fueron, por ejemplo, grandes artistas de la escultura en madera y el tatuaje (grabado de dibujos de colores en la piel). Los maoríes no conocían la escritura, pero poseían una rica tradición de relatos y leyendas.

Gracias a su gran facilidad de adaptación, salvaron rápidamente este inmenso atraso, y en el siglo xix empezaron a adaptarse a un ritmo bastante veloz a las exigencias de los ocupantes.

Desde 1876 gozaron de derecho de voto. A medida que pasaba el tiempo vivieron en excelentes relaciones con  los  inmigrantes  blancos,   a quienes llamaban, en su lengua, pakeha. El origen de esta mutua comprensión se remonta al Tratado de Waitangi (elaborado por los ingleses en 1840), en virtud del cual los indígenas eran considerados como iguales por los colonos.

Los maoríes obtuvieron, sobre todo, especiales garantías con respecto a sus propiedades y sus tierras. A pesar de que más tarde surgieron varios conflictos armados, nunca se renunció a este espíritu de comprensión. Por otra parte, éste es el motivo de que ambas comunidades lleven hoy una existencia pacífica una al lado de otra. En efecto, actualmente los maoríes cuentan con jefes militares, políticos y profesores de su raza, y durante las dos guerras mundiales lucharon al lado de sus conciudadanos blancos.

Cada año los dos grupos conmemoran el día en que se concluyó el Tratado de Waitangi. La tradición cuenta que uno de los jefes maoríes dijo al representante inglés de la época, Hobson: «Quédate entre nosotros y sé para nosotros un padre, un juez y un pacificador». Seguidamente, Hobson es-brechó la mano de los jefes maoríes y declaró: «Somos un solo pueblo».

Estas afirmaciones se han hecho realidad, pues las dos comunida-des viven en buena armonía y los matrimonios entre residentes europeos y maoríes están a la orden del día. Actualmente, el número de maoríes asciende de nuevo a 170.000. La población total de Nueva Zelanda es hoy —como ya sabemos dicho— de 4.000.000 habitantes.

Es evidente, por lo tanto, que los maoríes constituyen una exigua minoria de la población. Sin em-bargo. cada vez tienden más a conservar su lengua y cultura propias. La verdadera colonización planificada de Nueva Zelanda por
los blancos no se inició hasta 1840.

No obstante. en 1841 los colonos ya fundaron una capital, Aucklland. Esta función no tardó en ser transferida a Wellington, pues esta ciudad ocupa una posición más central.

Desde el principio, esta nueva comunidad se caracterizó por su aspiración a la independencia con respecto a Gran Bretaña. Por otra parte, tal tendencia estuvo dominada por un mayor deseo de independencia con respecto a Australia. A esto se debe que los neocelandeses todavía se consideren hoy (si bien conservando sus propias características) miembros de la Comunidad británica.

Cuando en 1901 se constituyó la Commonwealth australiana, se ofreció a los neocelandeses formar parte de ella. Pero, no obstante, prefirieron abstenerse. El 26 de setiembre de 1907 obtuvieron el estatuó de dominio. Actualmente gozan de total independencia dentro de la Comunidad británica.

Los blancos han logrado hacer de esta colonia un Estado próspero, como lo demuestran ciudades ordenadamente urbanizadas, como Auckland y Wellington, con sus ciudades jardines ultramodernas dotadas de numerosas residencias individuales.

En el Parlamento (construído a estilo neoclásico, como tantos edificios fabricados en Londres en el siglo pasado) tienen su escaño ochenta diputados elegidos, entre ellos cuatro maoríes. Nueva Zelanda puede abordar todos los problemas gracias a la enseñanza perfectamente organizada, que en este joven país es gratuita para todos, sin distinción, hasta la edad de diecinueve años.

Cuatro universidades proporcionan los cuadros superiores necesarios para consolidar este futuro lleno de promesas.

Por último, existe otro aspecto en el que los neocelandeses gozan de envidiable fama. Basta recordar los nombres de Hillary y Snell, que por sus hazañas deportivas conquistaron la atención del mundo entero.

Antes de terminar, conviene decir que Nueva Zelanda ejerce su dominio sobre diversos territorios y dependencias. Tales son el archipiélago de las Cook, formado por dieciséis islas, cuya capital Awarua se halla en Rarotonga; la isla Niue o Savage, atolón de 259 km2, cuya capital es Alofi; las Tokelau o de la Unión, grupo de islotes madrepóricos ; y en la Antártida el «Ross Dependency». Salvo éste, todas las dependencias viven de la exportación, copra sobre todo.

Su participación (los maories) en ambas guerras mundiales reavivó su espíritu beligerante, que había permanecido dormido desde sus luchas por las tierras. La valentía de los maoríes y sus éxitos en batalla les granjearon el respeto de los europeos y el restablecimiento de su mana. Tras la I Guerra Mundial, y más aún al final de la II Guerra Mundial, se produjo un notable incremento de la participación maorí en la vida nacional. Muchos de los que no intervinieron en la guerra entraron a trabajar en industrias esenciales para ayudar a la causa bélica, lo cual a menudo implicaba trasladarse desde los pueblos a las ciudades; este fenómeno marcó el comienzo de una tendencia que desde entonces ha resultado significativa.

Ver: Exploración de Nueva Zelanda

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Vida de los Vikingos Origen,Costumbres,Armas,Vestidos

HISTORIA , VIDA Y COSTUMBRES DE LOS VIKINGOS

Los vikingos, fuertes e intrépidos aventureros del norte, durante mucho tiempo azotaron a la Europa medieval con sus pillajes y saqueos. Sin embargo, algunos descubrimientos nos permiten establecer que también fueron hombres cultivados y amantes de ciertos refinamientos. Además, las delicadas esculturas de sus barcos —construidos con gran esmero— testimonian su afición a la fastuosidad y el lujo.

Hace unos diez siglos, los vikingos asolaban Europa. Sus incursiones tanto se pueden considerar verdaderas correrías de devastación como piratería o pillaje costero. Sin embargo, en otras regiones realizaron tentativas de colonización o emprendieron expediciones comerciales.

Todavía hoy, el nombre de estos osados y temerarios navegantes despierta la imaginación de jóvenes y viejos. Pocos pueblos dejaron en la historia de la humanidad huellas tan profundas o causaron estragos de tanta trascendencia.

Estos belicosos hombres del norte no tardaron en comprobar que las pequeñas escaramuzas provocadas por las operaciones de trueque eran mucho más provechosas que el comercio pacífico. La convicción de que nadie podía alcanzarlos en el mar y el descubrimiento de numerosos puntos débiles en la costa de Inglaterra y en Europa central, determinaron que los normandos fueran cada vez más imprudentes y temerarios.

barcos vikingos

Los vikingos eran un pueblo guerrero que habitaba en la región escandinava. Surcaron mares lejanos a sus dominios no sólo con el propósito de conquistar nuevas tierras sino de establecer asentamientos en otras regiones del mundo. Los vikingos daneses se dirigieron al sur, hacia la zona continental europea, y hacia las islas británicas, e incluso se adentraron en zonas del noroeste de la costa mediterránea. Los vikingos suecos viajaron hacia el este de Europa, mientras que los noruegos llegaron hasta Groenlandia y América del Norte.

En cuanto al significado del nombre vikingo que ellos mismos se daban, existe diversidad de opiniones. Por lo general se admite que deriva de la palabra noruega vik, que significa «bahía». De este modo, el vikingo habría sido el habitante de una bahía. Por otra parte, el actual habitante de un fiordo todavía se llama fjording, con lo que se indica su origen. Su otro nombre de normando revela también que procedían de la región de los fiordos, de Noruega, Suecia o Dinamarca; en una palabra, de Escandinavia, o sea «Skandre, la cuna de todos los pueblos».

Cuando, hacia el año 800, los vikingos emprendieron sus grandes expediciones, contaban con un pasado de diez mil años. Los descubrimientos arqueológicos demuestran que en esta época habían realizado ya una evolución económica.

A pesar de que vivían como nómadas, de los productos de la caza o la pesca, también practicaron la agricultura y la cría de ganado. Utilizaron, por ejemplo, diversas formas de arado y, además de la hoz, la guadaña y la podadera, que servía para cortar hojas y ramas (empleadas como forraje); también conocían la laya y la azada, así como otros aperos perfectamente apropiados. La cría de ganado fue tanto o más importante que la agricultura.

Por último, sabemos a ciencia cierta que al principio cambiaron cargamentos de pieles, ámbar y esclavos por alimentos, vino, telas, armas y joyas. También se ha comprobado que desde muy pronto codiciaron vivamente el oro y la plata, ya que varios soberanos de Europa tuvieron que entregarles regularmente grandes cantidades de dichos metales para estar a salvo de sus incursiones y saqueos.

Los descubrimientos arqueológicos han demostrado que los vikingos no poseyeron un tipo de vivienda uniforme. La extensión y dispersión del territorio que ocupaban favorecía la diversidad en este sentido. Sus casas eran de madera y adoptaban diferentes formas, pero, además, los campesinos suecos disponían de talleres cuyas paredes estaban recubiertas de arcilla.

En Noruega se han encontrado vestigios de casas cuadrangulares con cimientos de piedra y paredes de madera blanqueadas. Por último, el tejado de césped fue una de sus características, sobre todo en Dinamarca.

Esqueletos descubiertos en este último país permiten forjarse una idea del aspecto físico de un vikingo. Parece ser que, por lo general, fueron de frente despejada y cráneo alargado, y su estatura media (1,70 m) era algo más reducida que la de los vikingos suecos. Con relación a los rasgos de su rostro poseemos menos datos. Algunas esculturas muestran una expresión dura e implacable, pero, por lo general, llena de nobleza. Muchos llevaban una corta barba rubia que ocultaba un mentón voluntarioso.

Gracias a restos de vestidos hallados y a representaciones y descripciones, han llegado hasta nosotros otros detalles.

A este respecto, el descubrimiento del barco de Oseberg, al sur de Noruega, fue muy importante. En él se encontraron tiras de tela que representaban hombres y mujeres. Los hombres vestían majestuosas esclavinas y estrechos pantalones, largos o anchos calzones abullonados por debajo de las rodillas. Se cubrían con una gruesa chupa o túnica de lana que les llegaba hasta media pierna.

Las mujeres llevaban largos vestidos, y las jóvenes, falda corta y botas altas. Por lo general llevaban el pelo recogido en la nuca.

El descubrimiento de sedas chinas en sus tumbas y las descripciones que de sus atavíos hacen las sagas, demuestran que los vikingos amaban la fastuosidad. Eran muy aficionados a toda clase de brazaletes y tocados (hasta los hombres llevaban preciosas vendas para la cabeza).

Al principio se trajeron la mayoría de estos adornos del extranjero, pero después las fabricaron ellos mismos. Los normandos fueron hábiles artesanos. Sus realizaciones técnicas más notables fueron las famosas embarcaciones. Indudablemente, el aspecto exterior de estos barcos se modificó a través de las épocas.

También difería según que estuvieran destinados al comercio o a la guerra. Algunos ejemplares bien conservados, hallados en cerros funerarios de Noruega, dan una idea bastante exacta de tales navios. Estos hallazgos se deben a la costumbre de los vikingos de enterrar a su jefe en su barco.

Después del de Oseberg, el más conocido es el de Gokstad, que data aproximadamente del año 900. Medía 23,5 por 5,25 m y arqueaba 32 TRB (tonelaje de registro bruto, es decir, la capacidad total de la embarcación expresada en toneladas). Tenía un mástil de 30 m de alto y 16 pares de remos de 5,5 m de largo cada uno. En los costados llevaba una hilera de 32 escudos pintados de amarillo o negro.

El timón tenía la forma de un gigantesco remo. No se ha determinado el color de las velas, si bien las sagas dicen que eran de color azul o rojo vivo. En ninguno de los dos barcos se han encontrado bancos para los remeros, pero se supone que los vikingos utilizaron sus arquetas como banco de remo. El esmero que éstos ponían en la construcción de sus barcos se manifiesta, asimismo, en los demás medios de transporte, como los trineos y carretas para sus desplazamientos en tierra firme.

Respecto a la crueldad de este pueblo, explica Chiristopher LLoyd en su libro: «Todo Sobre Nuestro Mundo«:

Los vikingos fueron los camaleones del mundo medieval: a veces mercaderes, otras piratas y finalmente conquistadores. Para los aventureros vikingos, el comercio y el expolio eran dos caras de la misma moneda. En el año 839 ya habían alcanzado el corazón de Europa navegando por su amplia red natural de ríos interconectados.

Se asentaron a lo largo del Danubio y llegaron hasta Kiev y más allá, estableciéndose con el nombre de «rusos», palabra que se piensa que procede de un antiguo término escandinavo, rods, que significa «hombres que reman». Las fuentes islámicas cuentan que luego sometieron a los pueblos eslavos, que les proporcionaron una rica fuente de esclavos que eran intercambiados a lo largo de una red que llegaba a través del mar Negro hasta el Bagdad islámico (el nombre «eslavo» posiblemente procede del hecho de que fueron esclavos de los rusos).

Según un historiador persa: «Atacan a los eslavos utilizando barcos; se los llevan como esclavos y … los venden. No tienen tierras, sino que simplemente se alimentan de lo que sacan de los cultivos de los eslavos».

En el año 845 el jefe vikingo Ragnar, apodado Pantalones Peludos, navegó con una armada de más de 120 barcos y cinco mil hombres por el río Sena y tomó París. No se fue hasta que el rey franco, Carlos el Calvo, le dio la fantástica suma de siete mil libras de plata. Su siguiente parada fue al otro lado del canal, en Inglaterra, donde las cosas se volvieron más personales.

Tras invadir Northumbria en el año 865, Ragnar fue capturado por el rey Aelle II, que hizo que le lanzaran a un pozo Heno de serpientes venenosas. Tanto se enfadaron sus hijos Ivar el Deshuesado y Ubbe que al siguiente año cruzaron el mar del Norte con un gran ejército, saquearon York y capturaron al rey Aelle.

Lo condenaron a muerte y, según la leyenda, fue ejecutado en la ceremonia más tradicional de los vikingos: el ritual del águila de sangre.» Le abrieron la columna con un cuchillo, le rompieron las costillas hasta que le sobresalieron como las alas de un águila y luego le destrozaron los pulmones. Finalmente le espolvorearon sal en las heridas abiertas.

A continuación, esos sanguinarios se dirigieron hacia el sur y por el camino asesinaron al rey Edmundo de los anglosajones. (El pueblo anglosajón, procedente del norte de Alemania, había ido poblando varias zonas de Gran Bretaña desde finales del Imperio romano, cuando los germanos fueron reclutados por las legiones invasoras para someter a los británicos.). El asesinato de su rey provocó lo que más tarde se convertiría en las guerras legendarias por el control de Inglaterra entre Alfredo el Grande y unos primos de los vikingos: los daneses.

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Escritores de la Literatura del Renacimiento en Europa

Escritores del Renacimiento en Europa

El Renacimiento literario tuvo lugar en Europa a través de varias etapas diferentes. Italia proporcionó, sin duda, los grandes modelos que, antes o después, harían suyos los escritores españoles, franceses, portugueses y hasta los de regiones más apartadas, como Inglaterra, Alemania o los países nórdicos.

CARACTERISTICA DE LA EPOCA: En los orígenes de la Italia del Renacimiento (prerrenacimiento) se deseaba fervientemente vivir, estudiar, pensar y escribir como los antiguos griegos y romanos.

Por ello, los profesores, monjes, príncipes y mercaderes se disputaban los manuscritos antiguos y rivalizaban también en el afán de coleccionar sus comentarios.

El hombre volvió a renacer. La larga y oscura noche de la Edad Media dio paso a una de las épocas más luminosas de la historia: el Renacimiento.

El destino del hombre medieval, condenado a vivir en un «valle de lágrimas», conoció a mediados del siglo XV un nuevo camino de esperanza.

Se desató una verdadera fiebre por los «studia humanitatis» o humanismo; es decir, el estudio de todos los conocimientos que interesan al hombre.

En la Edad Media también existió este entusiasmo pero no se permitió que la filosofía y forma de vida de los antiguos influyeran en las generaciones medievales.

Se buscaban textos antiguos en su integridad» y se les agregaban comentarios eruditos.

El humanista además de interesarse por las obras de los escritores antiguos atesoraba objetos de arte antiguo, sacaba planos de las ruinas romanas, buscaba esculturas.

Para el estudio de la Biblia se recurrió a los textos hebreo y griego y a los comentarios de los Padres de la Iglesia.

La vida florecía, dejaba atrás los temores atávicos, se liberaba de los miedos que esclavizaron los cuerpos y las mentes. Fue un periodo irrepetible. Se asistió a una eclosión del arte y la cultura. Las ciudades embellecieron.

El mundo se convirtió, por fin, en un lugar habitable. Dios ya no era el centro del mundo. El hombre se había hecho con las riendas de su propio destino.

El Renacimiento se generó lenta y oscuramente a través de una larga época pre-rrenaeentista, durante la cual el antiguo poder vital del paganismo contrastaba con el espíritu religioso predominante en la Edad Media.

Se fue gestando en Europa un clima de admirada  imitación por la obra de escritores antiguos como Homero, Catulo, Safo, Horacio...

Esos textos comenzaban a irradiar los fulgores del espíritu grecolatino a través de traducciones que, como turbador tesoro, circulaban entre algunos hombres de letras.

Pero debe aclararse que el conocimiento y el disfrute de la obra de estos clásicos en el mundo intelectual europeo, si bien estimuló el estudio y la investigación eruditos e inspiró la creación de obras sin duda importantes, no llegó en ningún caso a superar los reverenciados modelos.

No surgieron, pues, otro Píndaro, ni un Sófocles, ni un Virgilio.

ERASMO DE rotterdamPara comenzar con los mas destacados representantes de esta etapa, citaremos a un ser de una avasallante personalidad humanística llamado Erasmo de Rotterdam, quien fuera una figura predominante del siglo XVI en los Países Bajos.

Justamente Erasmo (imagen)  había traducido en los Países Bajos las tragedias de Eurípides «Hécuba» e «Ifigenia en Aulide».

Y, de alguna manera directa o indirecta, los «Adagios» escritos por el humanista holandés dejan traslucir la influencia de Séneca y Plotino.

Además, en Lovaina se editaron las obras de Catón y Suetonio; en Amberes, las de Cicerón y Tito Livio.

Es decir, que desde los Países Bajos se proyectó la luz del mundo antiguo a través del pensamiento de Flavio Josefa y Jenofonte.

En cambio, hubo una marcada influencia literaria de Italia sobre Portugal, directamente o a través de España, cuyo Siglo de Oro debe ser estudiado por separado.

Entre los escritores portugueses del siglo XV, se destacaron Duarte Brito, el infante Pedro –que estuvo en relación con Juan de Mena y el Marqués de Santillana– y el prosista Fernán Lopes, muerto en 1451; entre los del siglo XVI: Sa de Miranda, Gil Vicente, Antonio Ferreira y Luis de Camoens, autor de comedias, rimas, sonetos y del poema «Los Lusiadas», dedicado a la gloria de Vasco de Gama y de su pueblo.

Algunas  de las principales figuras que tuvo en Italia, Francia e Inglaterra, durante los siglos XV y XVI:

LOS ESCRITORES EN ITALIA

Precursores (siglo XIV): Dante, Petrarca y Boccaccio. Siglo XV: M. Ficino. Pico de la Mirándola, Lorenzo de Médicis, A. Poliziano, L. Pulci, Mateo Boyardo, J. Sannazzaro, León B. Alberti, J. Savonarola y Leonardo da Vinci. Siglo XVI: Maquiavelo, Ariosto y T. Tasso, Castiglione, Miguel Ángel Buonarroti, B. Cellini y Pietro Aretino.

dante bocaccio y petrarca

Hubo a fines del siglo XV un nuevo Renacimiento de la literatura en Italia. En Florencia apareció el prosista italiano más grande, Maquiavelo (1469-1527).

Estuvo primeramente empleado al servicio del Gobierno de Florencia, que le envió como legado cerca de los príncipes italianos.

Después de haberse retirado del servicio, estudio la Historia romana y publicó el libro que le hizo célebre en toda Europa, El Príncipe, Escribió en el idioma que se hablaba entonces en Florencia, y su libro ha sido modelo de la prosa italiana.

Ariosto (1474-1533), que había entrado al servicio del duque de Ferrara, escribió un gran poema épico en cuatro cantos, el Orlando furioso, cuyo protagonista es el progenitor de la familia de Este, a la que pertenecía el duque.

Más tarde. El Taso (1544-1595), que fue también a la Corte de Ferraría, escribió el último gran poema épico, la Jerusalén libertada. El héroe es Godofredo de Bouillon, que capitaneó la primera Cruzada.

El Tasso escribió también una novela pastoril, Aminta, cuyos personajes son pastores que hablan como señores y damas de la Corte.

Tuvo escrúpulos religiosos y envió su obra a Roma, a que la examinaran los cardenales. Se le reprochó haber empleado expresiones paganas, se volvió loco y permaneció recluido siete años.

Desde fines del siglo XVI, los italianos no produjeron más que parodias y églogas. Estas obras, que hoy ya no se leen tuvieron mucha fama en toda Europa y fueron imitadas en Inglaterra y en Francia.

Dante AlighieriPetrarcaBoccacio

Precursores directos, de la literatura renacentista en Italia fueron Dante, Petrarca y Boccaccio, admiradores de la prosa de Cicerón o Tito Livio y del verso galano de Virgilio.

Después de estos tres escritores del siglo XIV y antes de llegar a los que, en el siglo XVI, correspondieron a su grandeza (Maquiavelo, Ariosto y Tasso) corresponde mencionaralos humanistas italianos del siglo XV, llamados así por cultivar las letras «humanas» y no las «divinas» o ascéticas.

Descubrieron la belleza terrenal y cantaron a los placeres condenados por el misticismo y la religión.

LOS ESCRITORES EN FRANCIA

Durante toda la Edad Media, no se había dejado de escribir obras en francés.

Los dos escritores más grandes de la primera mitad del siglo XVI trabajaron en géneros enteramente franceses.

Marot (1495-1544), ayuda de cámara del rey, protegido de Francisco I, escribió gran número de pequeñas composiciones ligeras en que aparecía la gente de su tiempo y describía el campo con amor.

Convertido al protestantismo, publicó una traducción en verso de los Salmos que fue adoptada por los calvinistas franceses.

Rabealis (1495-1553), hijo de un burgués acomodado de Chinon, se hizo sacerdote, luego doctor en Medicina. Vivió en Montpelller y en Lyon, fue protegido por Francisco I y nombrado cura de Meudon.

Su gran obra, Gargantúa y Pantagruel, es una novela satírica en que, bajo la denominación de los gigantes, representó a la gente de su tiempo, colocando las escenas en su país natal.

Pero conocía bien los autores de la antigüedad y los admiraba mucho. Los cita con frecuencia y menosprecia el sistema de instrucción de la Edad Media, que llama «la niebla gótica».

A partir de Enrique II, los escritores franceses tuvieron tanto entusiasmo por la antigüedad que aspiraron a imitarla. Varios jóvenes residentes en París formaron un grupo que denominaron la Pléyade.

Eran nobles, magistrados, funcionarios, burgueses ricos. No se vendían aún bastantes libros para que el oficio de escritor pudiera subvenir a las necesidades de nadie.

Uno de ellos, Du Bellay, publicó en 1549 la Defensa e ilustración de la lengua francesa. Recomendaba que se escribiera en francés, pero quería que el francés tomase del latín y del griego las expresiones que le faltaban.

Era lo que llamaba «saquear a los autores antiguos para enriquecer la literatura francesa», con lo que resultaba incomprensible para el pueblo. Quería escribir, no para el público en general, sino para alguna gente culta.

Du Bellay rechazaba los géneros poéticos de la Edad Media y aconsejaba imitar las formas de las obras antiguas. Proponía hacet como los antiguos poemas épicos, u odas. Quería que, en lugar de tomar los asuntos de la vida corriente, aparecieran personajes históricos.

El más célebre escritor de la Pléyade, Ronsara (1524-1585), noble de la comarca de Vendóme, no permaneció más que seis meses en el colegio y pasó í ser paje en la Corte del rey.

Reanudó más tarde sus estudios y publicó primeramente Odas, luego Sonetos. Intentó escribir un poema épico, la Franciada, que no terminó. Inventó nuevas rimas poéticas.

Sus poesías llenas de palabras desconocidas, no resultaban siempre claras para el público, pero contienen muchos pasaje; escritos en un francés sencillo y poético.

Durante las guerras de religión, el prosista más cé­lebre fue un católico, Miguel de Montaigne. Su padre era un comerciante rico de Burdeos, Eyquem, que ha­bía comprado el castillo de Montaigne, y del castillo había tomado el nombre; su madre era de familia ju­día.

Fue magistrado y alcalde de Burdeos, pero se re­tiró a su castillo para vivir tranquilo en su biblioteca. Escribió pequeños tratados de un género original que llamó los Ensayos (1580- 1588) .

En ellos expresa su opinión acerca de toda clase de cosas en un lenguaje familiar, lleno de citas de los autores griegos y la­tinos. Expresó sus ideas sin orden, como se le ocu­rrían, en forma muy original.

Detestaba las discusiones teológicas que dividían a los hombres de su época, y resumió su pensamiento en la siguiente pre­gunta: «¿Qué sé yo?».

LOS ESCRITORES EN INGLATERRA

Inglaterra había tenido algunos humanistas, pero escribían en latín. El más célebre fue el canciller Moro, conocido con el nombre latino de Morus, autor de la Utopía.

Los grandes escritores en inglés no aparecieron has­ta fines del siglo XVI, en el reinado de Isabel.

Los poetas Sydney y Spenser, que tuvieron gran fama en su tiempo, no son leídos hoy. El teatro es lo que ha hecho grande a la literatura inglesa.

Los ingleses eran entonces muy aficionados a las representaciones teatrales. Se hacían con frecuencia, en las ciudades de Inglaterra, fiestas, con ocasión de las cuales cortejos con trajes brillantes atravesaban la ciudad formando cabalgata. Se habían formado varias compañías de comediantes.

La burguesía los tenía en mal concepto; el Municipio de Londres no permitió establecer un teatro en la ciudad. Pero se les dejaba dar representaciones en los arrabales.

Hacían sus comedias en una posada o en algún viejo convento abandonado, pero en ocasiones la reina los mandaba llamar para que actuaran ante ella.

Los jóvenes señores, que eran aficionados al teatro, los protegían e impedían que se prohibieran sus representaciones.

La masa del público ocupaba el patio y las galerías. Eran obreros, marinos, lacayos, aventureros que comían y bebían en la sala.

Se divertían, sobre todo, con las bufonadas de los payasos que aparecían en los entreactos. Los jóvenes nobles se sentaban en el escenario, y eran aficionados a los versos en rebuscado estilo, a la manera italiana.

Aquellas compañías de comediantes no tenían dinero para montar decoraciones. Por lo común se limitaban a poner un cartel para decir a los espectadores: «La escena tiene lugar en un jardín», o «La escena representa un palacio».

El público quería comedias nuevas. El director de la compañía las encargaba a los autores que las escribían con apresuramiento, copiándose muchas veces los unos a los otros. Las comedias quedaban manuscritas.

La mayor parte han desaparecido y no se sabe quiénes fueron sus autores.

Uno de ellos, Marlowe, que murió antes de los treinta años, dejó tragedias, una de las cuales, Fausto, ha conservado celebridad.

El más célebre de todos, Shakespeare (1574-1637) se considera como uno de los más grandes poetas del mundo.

Nació en familia de la clase media, vivió pobremente, se alistó como soldado, se hizo actor, luego autor. Escribió gran número de obras dramáticas que no se imprimieron hasta después de su muerte.

Eran comedias o historias, es decir, dramas trágicos cuyo asunto estaba tomado de la historia de Inglaterra, de las leyendas de la Edad Media, de la misma antigüedad.

Shakespeare había estudiado mucho a Plutarco en la traducción francesa, y a Montaigne, pero no había hecho estudios regulares. Situaba la acción de sus obras en todos los países, sin preocuparse por las épocas.

Ponía Bohemia a orillas del mar, cerca de la selva de las Ardeneas.

Representaba la ciudad griega de Efeso gobernada por un duque y en ella hacía aparecer un convento. Lo que le preocupaba, sobre todo, era crear personajes animados de grandes pasiones.

Como trabajaba a la vez para el público del patio y para los jóvenes señores, mezclaba bufonadas con escenas trágicas.

LOS HUMANISTAS DEL RENACIMIENTO

El movimiento humanista, iniciado en el siglo XV en Italia, se continuó en Europa durante el siglo XVI.

En Italia se empezaron a publicar colecciones impresas de obras literarias en latín. En las ceremonias solemnes, fue costumbre pronunciar un discurso en latín. Los poetas escribían poemas épicos, elegías, epigramas en latín.

Pero en el siglo XVI, los principales humanistas fueron los de Alemania y Francia.

El más célebre de todos, un holandés, Didier, que según costumbre de la época, había traducido su nombre al griego y se llamaba Erasmo, publicó una edición del nuevo Testamento en griego, que lo hizo admirar en toda Europa.

Fue llamado a Inglaterra por el arzobispo de Cantérbury, jefe de la Iglesia de Inglaterra.

Publicó en latín el Elogio de la estulticia, sátira contra la ignorancia y la superstición de los monjes y la pedantería de los doctores de las Universidades.

En Alemania, los humanistas fueron sobre todo profesores de Universidad.

Admiraban a los antiguos y menospreciaban su lengua materna. Traducían sus nombres alemanes al latín o al griego: Schwarzerde se hacía llamar «Melanchton»; Hausscheln. «OEcolampadio».

Se burlaban de los escoláticos y de sus discusiones en mal latín, se llamaban ellos mismos poetas y manifestaban no querer seguir más que a los antiguos.

El más conocido de los humanistas alemanes, Reu-chlin, había estudiado la Biblia en hebreo, lo que le valió una acusación de herejía, pero el Papa se puso de su parte.

Fue sostenido también por los «poetas» que escribían versos latinos. Orientó el estudio del griego en las Universidades alemanas. Hizo un diccionario griego y tradujo algunos autores griegos al latín.

En Francia, los humanistas fueron eruditos. Trabajaron menos en imitar a los autores antiguos que en comprenderlos.

Francisco I se dejó convencer para la creación en París de una escuela dedicada al estudio de los antiguos, de un modo distinto al que lo hacían los escolásticos de las Universidades.

La llamó «Colegio real», más tarde Colegio de Francia. Los profesores tenían el título de «lector real». Pero como no supo encontrar dinero, no creó más que algunas cátedras.

Los eruditos franceses trabajaron para hacer ediciones de los autores latinos y griegos, y diccionarios de las escuelas antiguas.

Se empezaron a imprimir libros en tamaños pequeños y comenzaron a ser leídos en otros lugares además de las Universidades.

Las obras de los clásicos fueron leídas desde ese momento, no sólo por los profesores, sino por los nobles, los burgueses instruidos y aun por señoras. Se leía, sobre todo, la traducción hecha por Amyot de Las vidas paralelas, de Plutarco.

ALGO MAS…

Estaba de moda organizar bibliotecas; se trataba de reunir tesoros artísticos y literarios efectuando la búsqueda en todos los lugares donde pudieran ser hallados.

Se procuró hacer como los antiguos en todo; de imitar a la naturaleza, de cubrir a las ideas con el ropaje de una forma bella. Tales eran las exigencias del humanismo.

Mientras españoles y portugueses descubrían nuevos continentes y tierras, los galianos se preocupaban de redescubrir el mundo antiguo. Y a e£te apasionamiento se agregó, además, un fuerte sentimiento nacional.

La atención puesto en la naturaleza y en el hombre –como ya había ocurrido a fines de la Edad Media– estimuló los estudios científicos en forma experimental; se rechazó, cuando ello correspondía, la opinión de antiguos sabios.

La primera biblioteca pública de Europa

Creemos que merece un párrafo especial como prueba de la preocupación cultural de parte de los príncipes, un hecho de la historia de Fiorencia.

Nicolás Nicolini, uno de los más entusiastas bibliófilos de Florencia, murió lleno de deudas a causa de su afán de adquirir manuscritos antiguos.

Su casa siempre había estado abierta a los que querían consultar sus colecciones que, a su muerte, comprendían ochocientos volúmenes.

Siguiendo su deseo de que su biblioteca permaneciera accesible a todos, Cosme de Mediéis pagó las deudas y donó la misma al convento de San Marcos, para su uso público. Fue la primera biblioteca pública europea.

El humanismo y la religión

Sobre el contenido espiritual del movimiento humanista escribe el historiador holandés J. Huizinga (1872-1945):

«Los humanistas que eran verdaderos ateos o se hacían pasar por tales, no representan la esencia del Renacimiento.

Un examen profundo muestra claramente que el contenido espiritual del Renacimiento, pese a los elementos clásicos y paganos, era y permaneció cristiano, lo mismo que antes el arte medieval y más tarde la Contrarreforma.

Tanto si escogemos a pintores flamencos o italianos. . . observaremos que, incluso en el período barroco, las principales fuentes de inspiración del arte figurativo fueron escenas bíblicas».

Los Primeros Mecenas en la Edad Media

Fuente Consultada:
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I «El Ateneo»
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

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PARA SABER MAS….

Renacimiento de la literatura griega en Italia. — La lengua griega había sido olvidada completamente en la Europa occidental hasta casi el final de la Edad Media; sólo algunos eruditos escolásticos tenían escasos conocimientos de ella y la ignorancia de dicha lengua se extendía también a Italia, a pesar de los contactos que dicha península tenía frecuentemente con los griegos y haber poblado gentes de esta raza su territorio por espacio de siglos.

Los poetas griegos fueron escasamente citados entre los siglos VI y XI. Petrarca y Boccaccio promovieron el renacimiento de aquel lenguaje y la restauración de sus enseñanzas.

Ambos personajes estudiaron por sí mismos el griego, el primero leyendo a Platón con un erudito de Constantinopla y el segundo motivando en Florencia disertaciones públicas acerca de Homero.

A fines del siglo XIV, un letrado de Constantinopla llamado Manuel Chrysoloras, enseñó literatura griega en Florencia y luego, sucesivamente, en Pavía, Venecia y Roma.

Creada la afición a las nuevas enseñanzas, los estudiantes italianos marchaban a Constantinopla, no sólo para estudiar el griego en su propio ambiente, sino para adquirir manuscritos que contenían estimables textos clásicos.

En 1423, uno de estos estudiantes coleccionistas trajo a su ciudad natal, Venecia, unos 240 volúmenes de obras clásicas. Pero el momento culminante para el renacimiento general de los estudios de la literatura clásica griega fue el de la toma de Constantinopla por los turcos, hecho que motivó la dispersión de muchos literatos eruditos y otras personas ilustradas que, en gran número, se esparcieron por Europa.

Algunos papas, entre ellos Nicolás V, alentaron en el siglo xv los estudios clásicos griegos, y, antes de la caída de Constantinopla, Juan Bessarión, Teodoro Gaza y Jorge de Trebisonda, difundieron los estudios helenísticos por Florencia, Nápoles y Roma.

De los exiliados griegos fue, tal vez, el más ilustre, Andrés Juan Láscaris, llamado Rindacenus, a quien llevó a Padua Bessarión, y después Lorenzo de Médicis encargó de la biblioteca de Florencia.

Desde Italia esta afición por restaurar la literatura clásica se extendió a Francia, Inglaterra y Alemania; en 1548 fue nombrado en la Universidad de París el primer profesor de griego y, tiempo después, se fundaron cátedras de dicha lengua en Oxford a cargo de Grocyn y Colet, y en Cambridge, a cargo de Erasmo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N°32 El Renacimiento Literario en Europa Edit. Cuántica
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

El Aislamiento Comercial de China Antigua con el Mundo Occidental

POLÍTICA DE CHINA PARA NO COMERCIAR CON EUROPA

China es el único gran país del mundo que nunca ha estado de una manera efectiva bajo el dominio de un país europeo. Además, como es sabido, durante un período de dos milenios el imperio chino consiguió evitar contactos con civilizaciones que pudieran compararse en esplendor y poderío. Fue la primera Guerra del Opio, en 1840-1842, la que obligó a China a iniciar sus contactos con Occidente. Las guerras con los países europeos la forzaron a abrir sus puertos al comercio extranjero, convirtiéndose los mismos en enclaves semicoloniales. Durante un siglo, la economía, los puertos y las industrias más importantes estuvieron a merced de las potencias extranjeras.

Bajo la dinastía Tang, que se impuso en 618 d.C, China desarrolló cosas bellas, como la porcelana, e ingeniosas, como una imprenta de tipos móviles que Europa no conocería sino centenares de años después. Además, los chinos inventaron la pólvora, y la usaban en la guerra hacia el año 1000 (en el capítulo 16 hay más información sobre los adelantos militares como la ballesta, el estribo y la pólvora).

La economía y la agricultura chinas eran sobresalientes. A comienzos del siglo doce, los campesinos habían estado al borde de la hambruna después de una larga decadencia. En tiempos de los Han, la habilidad china para alimentar su gran población era un modelo de autosuficiencia. El clima, en especial en el sur, permitía dos cosechas de arroz al año, con las cuales se alimentaban muchas bocas y era posible que el crecimiento chino superara el de casi cualquier región del planeta.

chica fabrica vidrio

Obreros chinos preparando el cristal

chinos depurando hulla

Obreros chinos depurando hulla

Como China tenía todo lo que otras regiones del globo codiciaban, sus líderes no solían preocuparse demasiado por el mundo exterior. A partir de la dinastía Han, los chinos se creyeron el centro del mundo, por lo menos de aquél en que estaban interesados. En verdad eran el centro cultural de Asia oriental, y ejercían profunda influencia en el idioma, la escritura, el gobierno y el arte, desde Burma hasta Corea y Japón.

En el siglo XV, un decreto del emperador Ming había prohibido a los barcos chinos navegar fuera de las aguas costeras, y tampoco se permitía a los subditos chinos viajar al extranjero. En 1525, se ordenó destruir todos los juncos con dos o más mástiles. No volverían a zarpar expediciones a África en grandes juncos transoceánicos, y la marina imperial inició un proceso de reducción que acabaría por costarle caro al imperio. Sin embargo, aunque se los controlaba cuidadosamente, no se había impedido la entrada de los europeos, que llegaban en número cada vez mayor, atraídos por los relatos de viajeros   medievales   como   Marco   Polo.

Los primeros «diablos del mar» (apelativo con que los Ming designaban a los europeos) que se instalaron de manera permanente en China fueron los portugueses; tras un principio desafortunado, que condujo a varios enfrentamientos, se les permitió establecerse en Macao, cerca de Cantón, en 1557, y allí han permanecido desde entonces. No obstante, con el paso del tiempo, la mayor comunidad europea en China se estableció en Cantón, que en el siglo XVIII tenía la exclusiva del comercio exterior.

China fue siempre un país remoto, inalcanzable y autosuficiente para gran parte de Europa.De cualquier forma, en el curso de los primeros cincuenta años de contacto con los europeos, China se mantuvo por completo impermeable a las ideas que éstos intentaban introducir en el país.

En el siglo XIX la superficie de tierra cultivada en China se incrementó notablemente y la población del país alcanzó los 300 millones de habitantes en 1800. Pese a ello, los cambios en la estructura tradicional y en la mentalidad de la sociedad china fueron nulos. El gran país oriental seguía absolutamente impermeable a los contactos con los países europeos, y ello aun cuando era importante el número de misioneros -especialmente jesuítas- que se asentaba en aquella región de Asia.

Por lo que a Europa respecta, las relaciones mercantiles con China eran muy beneficiosas, pero estaban sujetas a estrictas limitaciones. Los portugueses se habían asentado en Macao, y los británicos y otros europeos lo habían hecho en Cantón, donde tenían factorías marginadas del control político de Pekín. Sólo comerciaban con los mercaderes gremiales chinos, los Hong, que fijaban los precios arbitrariamente; la China oficial, entre tanto, ignoraba su existencia.

Esta actitud estaba agravada por la autosuficiencia china. Los europeos querían el té, las porcelanas y la seda chinas, pero los habitantes de este país apenas deseaban nada de Europa. También había en esta situación un aspecto económico muy importante: a China se le debía pagar en lingotes de oro. El desequilibrio comercial entre Oriente y el viejo continente llevó a los europeos a traficar con una mercancía muy codiciada en China: el opio.

UNA ANÉCDOTA CURIOSA: Los chinos juzgaban a los europeos tontos e ignorantes; así que, a veces, hacían secar su té, después de haberlo utilizado, para vendérselo, pensando que los ingleses, y sobre todo aquella otra segunda especie de ingleses —los americanos—, no alcanzarían a notar la diferencia.

Este desprecio de los chinos por los «bárbaros blancos» se patentizó, por ejemplo, con motivo del envío por el rey de Inglaterra, Jorge III, de una embajada al emperador Kia K’ing. Los mandarines exigieron que el embajador se plegara al ceremonial de costumbre, es decir, que había de prosternarse nueve veces ante el emperador. Pero un europeo, sobre todo un inglés, y más todavía un embajador, tiene su dignidad, que en Europa, en cuanto al saludo, se  manifiesta  en  mantenerse  en  posición erecta, acompañada de una ligera inclinación del cuerpo. Por lo cual, no podía pensarse siquiera en que el representante de Su Majestad británica se tendiese en tierra.

Tras este incidente, el emperador escribió al rey de Inglaterra, diciéndole que, a su parecer, los regalos y los objetos que le habían mandado de su país no valían nada, que en lo sucesivo no merecía la pena que le enviara más embajadores, y le aconsejaba que se civilizara y que obedeciera las órdenes imperiales.

Piénsese en la sorpresa de Jorge III ante esto, en la época en que el poderío inglés había abatido a Napoleón y hacía temblar al mundo. China desdeñaba a Occidente. Pero Occidente se hallaba interesado vivamente por China, por sus sedas, sus lacas, sus porcelanas. Todos estos productos, comprados a bajo precio en Cantón, eran revendidos a alto precio en Europa. Se comprende, pues, que los comerciantes ingleses quisieran forzar las puertas del mercado chino, venciendo el «desinterés» de los dirigentes de Pekín.

En efecto, Cantón era la única ciudad donde se toleraba el comercio. Desde luego, la Compañía de las Indias, después de la abolición del monopolio ejercido por la misma, y varios comerciantes aislados, habían conseguido el derecho a tener almacenes en Cantón. Pero la presencia y el comercio de los europeos estaban sometidos a reglamentaciones muy estrictas y, a menudo, humillantes. Las mujeres europeas no podían salir de la zona concedida. Los europeos no podían tener servidores chinos (lo que significaba que un chino, ser superior, no podía, naturalmente, servir a un blanco, juzgado despreciable). Cualquiera que fuese su rango, los europeos no podían desplazarse en silla de manos.

Ni estaban autorizados para aprender chino. Por último, no podían entrar en relación y comerciar más que con ciertos comerciantes convenidos, agrupados en el Co-Hong. Esta limitación comercial parecía a los ingleses tanto más retrógrada y bárbara, cuanto que, poco a poco, estaba surgiendo la idea del librecambio como factor de civilización y progreso. La moral civilizadora iba, pues, a acudir en socorro de los intereses ingleses para justificar la intervención. Pero, por el momento, en 1835, los chinos persistían en no desear los productos europeos. De forma que el comercio con China resultaba grandemente deficitario.

Y no fue Europa, sino el vecino Japón, el responsable de que esta situación de independencia ideológica se alterase. Los japoneses, que eran considerados como «piratas enanos» y seres inferiores, consiguieron infligir a los chinos una grave derrota militar en 1895 y ocuparon Formosa; la causa de este repentino poderío japonés no era otra que la capacidad para aprender de Occidente, y esto produjo el despertar de ciertos círculos intelectuales chinos que predicaron la necesidad de romper con el multisecular aislamiento.

el opio en china antigua

Los ingleses habían encontrado, al fin, algo que vender allí: el opio, cultivado a bajo precio en las Indias y que había encontrado numerosos adeptos en China. En efecto, la importación de opio a Cantón estaba limitada, pero, fuera de la ciudad, existía un grande y fructífero tráfico de contrabando, a menudo con la complicidad de los mandarines, que obtenían un cuantioso beneficio. El mal producía tanto daño que el emperador Tao Kuang se decidió a intervenir. Un comisario imperial extraordinario, Lin Tse Hu, llegó a Cantón con plenos poderes para poner término al tráfico de opio que amenazaba hundir a China en una decadencia física. (Ver: Guerra del Opio)

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Los Mandarines en China Antigua Función Pública y Formación

FORMACIÓN Y FUNCIÓN DE LOS MANDARINES CHINOS

LA DECADENCIA MANCHU: En 1796, moría Kien Lung, emperador de China. Su reinado estuvo marcado por grandes victorias, que permitieron extender, especialmente hasta el Sinkiang occidental, las fronteras chinas. Pero, después de él, la dinastía manchú, la de los Tsing, conoció, con Kia K’ing y Tao Kuang, muchas desventuras, pues los europeos se hicieron más presentes cada vez en las puertas de China.

El Celeste Imperio era demasiado extenso para que las órdenes del emperador llegasen regularmente hasta las fronteras más lejanas. Sin embargo, la dinastía manchú no toleraba las disidencias, las tentativas de descentralización, sino que, víctima de la extensión de su territorio, se veía constreñida, de vez en cuando, a descargar grandes golpes. Caían las cabezas de algunos oposicionistas, o de los funcionarios a los que se consideraba responsables; el terror inspiraba a todos los demás una relativa calma; pero, poco a poco, la naturaleza humana volvía por sus fueros.

Para imponer su poder a los pueblos que habían conquistado, los emperadores disponían de tres instrumentos esenciales: el ejército, la nobleza y los letrados. El ejército contaba de 300.000 hombres. Poca cosa para tan vasto imperio; pero se bastaba para hacer respetar el orden en las fronteras, a condición de que el adversario no dispusiera, como los europeos, de armas demasiado diabólicas.

La nobleza se hallaba dividida en dos clanes: la que habitaba las mansiones fortificadas del campo y dominaba a la gran masa campesina, y la que vivía junto al emperador. Los nobles eran mantenidos lujosamente, pero no tenían ningún poder. Como Luis XIV, aparentemente, el emperador estimaba que el tenerlos ociosos era el medio mejor de privar a los príncipes de todo espíritu de revuelta.

Paralelamente, los chinos podían recibir títulos nobiliarios en agradecimiento a los servicios prestados. Mas, frente a éstos, reinaba también la desconfianza. La simple cólera del emperador podía precipitar al desventurado al fondo de la escala social. Y otro servicio prestado podía volver a situar al mismo personaje en el vértice dela escala aristocrática. Nadie tenía derechos; todo el mundo tenía sólo deberes. Nada les era dado para siempre a los príncipes: ni la gloria, ni la caída de ella. Manteniendo esta inseguridad de situaciones, el emperador tenía la ventaja de conservar las riendas de un poder descentralizado.

mandarines

LOS MANDARINES: En efecto, el país funcionaba, sobre todo, gracias a los miembros de la tercera clase importante: la de los letrados, que, responsable de la Administración, dirigía la nación. Estos letrados, llamados «mandarines» por los portugueses, eran los ganadores de unos concursos extremadamente difíciles. Recluidos durante tres días y dos noches, los candidatos debían pasar tres series de pruebas: la primera estaba constituida por diversas composiciones de carácter literario, relativas a los textos más antiguos, en la que el arte de manejar el pincel revestía capital importancia. Esto equivaldría, en nuestros días, a reclutar funcionarios especialistas en finanzas y estadística, exigiéndoles por todo bagaje intelectual un profundo conocimiento de la poesía de Virgilio y un talento caligráfico.

Una vez pasadas las pruebas, el candidato entraba a formar parte de la casta de los letrados. Tenía derecho a un cargo público y a lucir el famoso botón del color correspondiente a su grado, al concurso ganado. Pero estos funcionarios estaban mal pagados. Por eso, imbuidos de su superioridad, no vacilaban en aceptar pequeños regalos. He aquí el extraño imperio que los europeos tenían ante sí.

Los mandarines eran contratados después de haber realizado un examen basado en el programa de estudios establecido por el confucianismo. En los primeros años de la historia china el examen consistía en la resolución de problemas administrativos prácticos; más adelante, en tiempos de las dinastías Ming y Qing, los exámenes se centraban en un conocimiento rutinario de los clásicos chinos. Sin embargo, existían también otros medios para convertirse en mandarín: el apadrinamiento oficioso y el parentesco con la aristocracia o el soberano. Los exámenes tenían tanto prestigio que algunos candidatos se pasaban toda la vida tratando de aprobarlos y otros llegaban incluso a castrarse para mejorar su concentración.

Los escasos conocimientos que éstos tenían sobre el «Imperio del Medio» estaban a menudo deformados por los rumores. Así, la religión china les parecía algo incomprensible: aquella mezcla inextricable de religiones les parecía un subproducto de la más primaria de las supersticiones. El europeo, hombre de orden, no había conocido más que religiones bien jerarquizadas, en las que todos sus fieles compartían una misma fe. Y la sensación de hallarse ante una superstición en materia religiosa era suficiente para suscitar nobilísimas  vocaciones  misioneras.

Los europeos, estupefactos ante las extravagancias chinas, visibles tanto en sus costumbres y en sus trajes como en su arte, les calificaban, por tanto, de «bárbaros». En cuanto a los chinos, pensaban lo mismo de los europeos. Encontraban ridiculas sus largas narices, se burlaban de sus estrechos trajes, dentro de los cuales los hombres aparecían tiesos, y hallaban mal hechas las prendas (los chaquets), que no podían cerrarse y poseían un apéndice inútil que les colgaba por detrás. ¡Y qué decir de aquellos sombreros en forma de tubo de chimenea!

Los mandarines hablaban un dialecto especial que hoy en día es la lengua china más hablada.Más de mil millones de sus habitantes, el 95% de la población, habla chino frente a las otras minorías que hablan idiomas de diferentes familias lingüísticas, como el tibetano, el mongol, el lolo, el miao y el tai.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Quienes fueron los Jenízaros en el Imperio Otomano o Turco?

ORIGEN Y FUNCIÓN DE LOS JENÍZAROS EN EL IMPERIO TURCO

Los jenízaros eran miembros del ejército turco otomano creado por el sultán Orjan , padre del futuro sultán Murat I. A través de sus conquistas militares a partir  del siglo XIV los otomanos comenzaron a reclutar  tropas asalariadas de mercenarios, esclavos, prisioneros de guerra y desde mediados del siglo XV una leva de jóvenes cristianos de los Balcanes (llamados devsirmes). A partir de estas nuevas fuerzas (las kapikulli) surgió la famosa y muy disciplinada infantería otomana, cuyos miembros eran conocidos como los jenízaros, que fue el factor principal de los éxitos militares otomanos desde finales del siglo XV en adelante. 

personajes raros de la historia

INTRODUCCIÓN: El Imperio Otomano surgió a finales del siglo XIII en el norte de Anatolia (parte de la actual Turquía). Emparentados con los mongoles y otros nómadas, los turcos, conjunto poco cohesionado de pueblos del interior de Asia central, estaban organizados según clanes dinásticos, tal como el de los selyuk, que lograron gran poder en Oriente Medio durante el siglo XI. Los europeos derrotaron a los turcos selyúcidas en la primera Cruzada de 1095

Los otomanos, otro clan turco, tomaron Constantinopla en 1453, poniendo punto final al Imperio Bizantino. (Su nombre no proviene del sofá otomano;  mueble al estilo de Oriente Medio, toma el nombre del clan turco.)

Los turcos otomanos eran musulmanes, al igual que los selyúcidas anteriores a ellos, los árabes y otros pueblos de Asia oriental. Como los árabes, lucharon con el espíritu de la jihad (la guerra santa) para formar un imperio que se extendía desde Budapest, en Hungría, hasta Bagdad, en Irak y, hacia el sur, hasta Asuán, en el Nilo superior, incluyendo también la costa mediterránea de África.

Las guerras incesantes y las alianzas acertadas supusieron el éxito de los otomanos en las coqnuistas territoriales y que hasta finales del siglo XVII, Europa no representó ningún peligro auténtico para los turcos, pero a partir de entonces, la situación comenzó a cambiar con rapidez.

En términos generales, después del reinado de Luis XIV habían quedado zanjadas las principales disputas territoriales de Europa occidental, y las fronteras de los estados permanecerían estables durante todo el siglo XVIII. Pero la aparición de dos importantes monarquías en el este de Europa —Prusia y Rusia— alteró considerablemente el equilibrio de poderes hostiles a Turquía.

Cuando murió Solimán el Magnífico en 1566, el Imperio otomano se dedicaba a asaltar los pueblos del Mediterráneo para apresar a los cristianos de las costas de Italia y España con el objetivo de venderlos como esclavos en los puertos islámicos del mar Negro.

Se cree que entre 1530 y 1780 más de un millón de europeos cristianos fueron raptados por corsarios musulmanes cuyas bases de operaciones se encontraban en ciudades del norte de África como Túnez y Argel. Muchos eran enviados a trabajar en canteras o como remeros de galeras otomanas.

Utilizar a los esclavos como soldados era una antigua costumbre islámica. Saladino, el gran conquistador de los cruzados cristianos, tenía un ejército de soldados-esclavos que finalmente se rebeló para tomar el control de Egipto y fundar la dinastía de los mamelucos. Los otomanos continuaron aplicando la misma política tras arrebatar Egipto a los mamelucos en 1517.

Se llevaban a jóvenes cristianos de los Balcanes para que sirvieran en el ejército otomano, donde primero los preparaban como soldados-esclavos de la corte y finalmente se convertían en la escolta personal del sultán.

ejercito de jenizaros turcos

Las tropas de choque del ejército turco eran los jenízaros, soldados de infantería provistos de arcos, y famosos por su disciplina y su indefectible fidelidad al sultán. Más tarde usaron armas de fuego. Además no podían casarse ni ejercer ninguna profesión civil.

Esos reclutas, llamados jenízaros, eran la piedra angular del ejército permanente otomano. Aunque les obligaban a servir en el ejército, también les pagaban un sueldo, en una época en que la mayoría de los ejércitos europeos dependían de los botines de las campañas victoriosas, razón por la que las tropas imperiales de Carlos V saquearon Roma en 1527.

Los jenízaros solían acabar teniendo una buena posición social y con su lealtad iban adquiriendo privilegios.

Con el tiempo, tener un hijo jenízaro acabó considerándose un gran honor. A partir de la década de 1440 esas tropas de élite adoptaron las armas de fuego y se convirtieron en expertos ingenieros.

En resumen los jenízaros no eran turcos: eran de origen búlgaro, húngaro, griego, circasiano, etc., y eran hombres que habían sido capturados siendo niños, en el transcurso de las guerras, y convertidos después.

A partir de los doce años, eran dotados de una instrucción militar muy severa. Aislados en campamentos de barracas volantes, y consagrados, en principio, al celibato, constituían en su origen una tropa de una dureza y de una combatividad excepcionales.

Su vida diaria estaba regida por leyes especiales, que les apartaban de la vida civil; incluso se les prohibía el matrimonio. La devoción a esa disciplina convirtió a los jenízaros en el azote de Europa.

Sin embargo, estas normas cambiaron con el tiempo; el reclutamiento se relajó (también se admitieron musulmanes) y debido a los privilegios de que disfrutaban, su número ascendió de aproximadamente 20.000 en 1574 a unos 135.000 en 1826.

Para aumentar sus sueldos, los jenízaros comenzaron a ejercer distintas relaciones comerciales y establecieron fuertes vínculos con la sociedad civil, reduciendo de este modo su lealtad al sultán.

En algunos momentos se convirtieron en personas influyentes y en aliados de las fuerzas conservadoras, oponiéndose a toda reforma y evitando permitir que se modernizara el Ejército.

jenizaron en el imperio otomano

Su disciplina estaba relajada, y fue necesario, a partir de 1600, renunciar a imponerles el celibato. Las fuerzas que antes reservaban sólo para la guerra fueron desperdiciadas en el vicio y en la intriga.

Los siglos XVII y XVIII estuvieron subrayados por sangrientas revueltas. Artífices de la grandeza del Imperio en otro tiempo, los «Yeni-Cheri» se convirtieron en instrumento de su ocaso.

Si bien el sultán Selim se opuso a ellos en sus proyectos de reforma interior, los encontró a la cabeza de los rebeldes que, en el exterior, se alzaron contra su autoridad. En Bulgaria, por ejemplo, se les encuentra al lado de los bandidos que devastaban el país.

Aunque las tropas otomanas se opusieron con éxito a las de Napoleón en Egipto, y a pesar de que la paz firmada en 1802 entre Francia y Turquía fue favorable a las dos partes, el sultán no logró, sin embargo, romper la oposición interior. Hostiles a toda reforma, los jenízaros sublevados penetraron en el Serrallo y obtuvieron la caída de Selim III, antes de hacerle asesinar en julio de 1808.

En el siglo XIX, en la década de 1820, debido a su impotencia para aplastar la insurrección griega les desacreditó completamente, y animó al sultán Mahmud II a proyectar su eliminación.

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PARA SABER MAS…

Jinetes y jenízaros: Quizá la causa principal del avance turco fuera el poderío de los ejércitos otomanos.

La extraordinaria capacidad de lucha de los otomanos se basaba en dos elementos: el primero era los sipahis, caballería ligera y móvil que desconcertaba a la más lenta e indisciplinada de los ejércitos europeos. Atraídos por las continuas promesas de nuevo botín, sus componentes siempre estaban dispuestos a emprender nuevas campañas guerreras.

El segundo elemento lo constituían los jenízaros, soldados de infantería provistos de arcos y más tarde de armas de fuego.

Eran las tropas de choque del sultán. No podían casarse ni ejercer ninguna profesión civil. Famosos por su disciplina y bravura y por su indefectible lealtad al sultán, todos ellos eran esclavos capturados en las tierras conquistadas de los Balcanes por medio del sistema de devsirme.

A intervalos irregulares, cada tres o cinco años, se reclutaban entre los cristianos muchachos entre los ocho y los veinte años, a quienes se daba una preparación especial.

Después de convertirse al Islam, algunos eran destinados a jenízaros, pero la mayor parte ocupaban los altos puestos del Estado, tanto en el ejército como en la administración.

En realidad estaban más capacitados para engrandecer el poder que los mismos musulmanes, cuya misión se limitaba al desempeño de los puestos de la jerarquía religiosa.

Los altos cargos eran ocupados por esclavos, seleccionados únicamente según sus méritos. De este modo, los hombres más capaces podían ocupar los puestos más elevados.

Todo ello estaba engranado por una burocracia y una disciplina militar más eficientes que las de los estados europeos, sumergidos en la corrupción, en el nepotismo y en el feudalismo hereditario. La pieza clave de este mecanismo político era el sultán, quien dirigía personalmente al ejército en la batalla En teoría, su poder era virtualmente absoluto.

Fuente Consulatadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen

 

Teoría del Homunculo en la Concepción Humana

Teoría del Homúnculo en la Concepción Humana

Siempre se ha considerado el nacimiento de un nuevo individuo como un acontecimiento muy importante, pero hasta el siglo XIX no llegó a comprenderse con precisión el complejo proceso reproductor.

Todos los mamíferos, incluido el hombre, se multiplican por reproducción sexual. En el siglo XVII, el renombrado microscopista holandés Antón von Leeuwenhoek construyó un microscopio que le permitió ver que el semen (fluido emitido por el macho en la cópula) contenía pequeñas células cabezudas, los espermatozoides o células masculinas.

Las células femeninas correspondientes, los óvulos, no se descubrieron hasta 1827, año en que Karl Ernst von Baer, pionero de la embriología, las observó. En este intervalo se discutió acaloradamente acerca de los papeles respectivos del espermatozoide, llamado también espermio y espermatozoo, y el óvulo: algunos creían que el espermatozoide contenía un homúnculo o ser humano en miniatura y que la función del óvulo se limitaba a proporcionarle alimento a lo largo de la gestación.

La postura contraria postulaba que el papel del espermio era activar el ser humano preformado que se encontraba en el óvulo. En la actualidad sabemos que los homúnculos no existen y que los organismos complejos se forman mediante división celular controlada por los genes que cada célula contiene y que dirigen el desarrollo de la totalidad. Esto explica por qué los niños tienen características tanto del padre como de la madre. El óvulo y el espermatozoide tienen, pues, la misma importancia.

La teoría del homúnculo se aceptó hasta 1827, año en que el pionero de la embriología, Karl Ernst von Baer, descubrió la existencia del óvulo. El descubrimiento de los espermatozoides por el micro scopista holandés Antón von Leeuwenhoek en 1677 llevó a pensar que el espermio humano contenía un hombrecito en miniatura, completamente formado, al que el óvulo sólo le servía como alimento. Las teorías contrarias sostenían que el homúnculo se hallaba en el óvulo, y el espermatozoide se limitaba a activarlo. En 1759, el naturalista Caspar Fríedrich Wolff refutó estas teorías preformacionistas en su obra Theoria generatíonis en la que se anticipaban un siglo los descubrimientos de la embriología.

homunculo

El término homúnculo, según Wikipedia, parece haber sido usado por primera vez por el alquimista Paracelso, quien una vez afirmó haber creado un homúnculo al intentar encontrar la piedra filosofal. La criatura no habría medido más de 30 centímetros de alto y hacía el trabajo normalmente asociado con los golems. Sin embargo, tras poco tiempo, el homúnculo se volvía contra su creador y huía. Actualmente la definción de la RAE es: Ser con características humanas, generalmente deforme y creado artificialmente.

Fuente Consultada:
El Arbol de la Sabiduría Fasc. N°53 La Concepción Humana

Samurai Siete Reglas del Samurai Credo Samurai Japon Shogunes Historia

Samurai – Las Siete Reglas del Samurai

Siempre ha habido un marcado interés por conocer todo lo concerniente a la vida e ideas de aquellos guerreros legendarios del antiguo Japón, cuyo espíritu, en alguna medida, aún vive en el moderno país del sol naciente. Muchas veces se habla del “alma del Japón” como de algo casi equivalente al espíritu de sustentación de los llamados samuráis. Los «shogunes« eran generales que actuaban como dictadores y los «samuráis» eran caballeros japoneses. Ambos dominaron Japón durante cerca de siete siglos, a partir del siglo X.

LAS SIETE REGLAS

1-Gi-Rectitud – Decisiones Correctas

2-Yuu-Coraje

3-Jin – Benevolencia

4-Rei – Respeto

5-Makoto – Honestidad y Sinceridad

6-Meiyo – Honor

7-Chuu – Lealtad

Historia: La edad media en Occidente está perfectamente definida por los historiados y como sabemos comienza con la caída del imperio romano de occidente hasta la toma de Constantinopla por los turcos en 1453, pero en Oriente (China, Japón) esta etapa esto no esta tan definido. Para el caso de  Japón, se podría decir que la edad media comienza con el periodo Kamakura, en el 1185, y termina con la Restauración Meiji , hacia el 1868.

La familia Fujiwara tuvo el poder en Japón durante trescientos años desde el siglo IX. Sin embargo, su influencia se desvaneció cuando dejaron de tener hijas, tradicionalmente destinadas a ser las esposas del emperador.

Durante algún tiempo, gobernaron el país algunos de los antiguos emperadores. Entonces el clan Taira asumió brevemente el poder hasta que un clan rival, el Minamoto, se reunió bajo el mando de Minamoto Yoritomo y se hizo con el poder. Yoritomo asumió el titulo de «sei-i dai shogun», que significa «gran general conquistador de bárbaros». En 1192, fundó el shogunato Kamakura, a través del cual gobernó Japón desde su estado, Kamakura, cerca de Edo (Tokio). Este período termina en 1333 cuando Ashikaga Takauji tomo el poder.

Durante el inicio de este período hubo permanente luchas y guerras entre regiones hasta que dos clanes muy poderosos se enfrentaron en forma definitiva:Minamoto y Taira. Minamoto Yorimoto tomo Kyoto, trasladó la capital de Kyoto a Kamakura, recibió plenos poderes y con los cuales Minamoto estableció un gobierno militar, o Bakufu. Así fue como comenzó el tiempo de los shogunes, y en concreto el Shogunato Kamakura.

Minamoto Yoritomo (1147-1199) fue un ambicioso noble que encontró su oportunidad en el caos que siguió a la caída del poder de los Fujiwara. Yoritomo aplastó sin piedad a sus enemigos, incluyendo a muchos miembros de su propia familia.

El sistema de gobierno japonés era muy complejo. El emperador era una figura ceremonial a la cual todos tenían que reverenciar pero quien tenía el verdadero poder era el shogún. Los regentes de los emperadores y de los shogunes también tenían influencia como sucedía con los daimyos (grandes señores), que se enfrentaban por lograr una posición en la corte y que solían luchar por las tierras. Como resultado de esas enemistades, surgió una clase de guerreros, los llamados samuráis, que luchaban al servicio de unos u otros daimyos.

SAMURÁIS, CABALLEROS DE JAPÓN
Los samuráis eran caballeros que estaban preparados para luchar hasta la muerte por sus ares, a quienes juraban lealtad eterna. Al igual que los caballeros europeos, los samuráis creían en la verdad y el honor, y tenían un estricto código de conducta llamadobushido. Antes del combate, un samuráis gritaba su nombre y el de a antepasados, y alardeaba de sus hazañas heroicas. En la batalla, luchaba cuerpo a cuerpo, utilizando a veces dos espadas al mismo tiempo. Si era derrotado o capturado por sus enemigos, tenía que realizar un suicidio ritual (haraquiri) para salvaguardar su honor. A veces, la rivalidad de los samuráis era muy destructiva.

Los samurais eran los guerreros japoneses que pertenecían a la aristocracia militar, servían a un señor y seguían un código de honor conocido como Bushido. Cuando un samurai se quedaba sin señor, pasaba a ser un ronin (samurai sin señor). Los soldados de infantería (ashigaru) no eran considerados samurais.

En 1333, el clan Ashikaga derrocó al shogunato Kamakura y al emperador, nombrando a otro en su lugar. También nombró shogunes, esta vez en Kyoto. Sin embargo, los señores provocaban frecuentes luchas de samuráis y esta situación empeoró hasta que se desencadenó la guerra civil Onin (1467-1477) y Japón se dividió en cerca de cuatrocientos estados regidos por diversos clanes.

Los emperadores de Kyoto se vieron impotentes para impedir la situación y se empobrecieron. A pesar de estos hechos, crecieron el comercio y la cultura centrados en los estados de los daimyo, aunque para la gente del pueblo las guerras entre señores no generaron más que elevados impuestos, inseguridad y trastornos en su vida.   

Al igual que para los caballeros europeos y los guerreros musulmanes, la religión y la guerra estaban estrechamente unidas para los samuráis. Tardaban mucho tiempo en vestirse y en armarse para la batalla, y tenían regias estrictas acerca de la limpieza y los rituales.

BUSHIDO: Durante el siglo XII, el zen, una rama del budismo, se extendió desde China a Japón. Sus reglas, simples pero estrictas, eran seguidas por los samuráis. Los santuarios budistas, como el de a ilustración, también se construyeron al estilo chino. El Bushido procede del Budismo, Zen, Confucionismo, y Sintoísmo. La combinación de esas tres escuelas de pensamiento y religiones ha formado el código de los guerreros conocido como Bushido. El Bushido creó un modo de vida para mantener a una nación a través de sus tiempos mas problemáticos, a través de guerras civiles, desesperación e incertidumbre.

La Justicia es uno de los principales factores en el código del Samurai. Caminos torcidos y acciones injustas son consideradas denigrantes e inhumanas. Amor y Benevolencia son virtudes supremas y actos dignos de un príncipe. Los Samuráis siguen un ceremonial especifico cada día de su vida, así como en la guerra. Sinceridad y Honestidad son tan valoradas como sus vidas.

El Bushido o el «Camino del Guerrero» es el código de honor seguido por los samuráis. Básicamente se basaba en lealtad y honor hasta la muerte, si se perdía el honor había de recuperarse realizando senppuku (suicidio ritual). 

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LAS SIETE REGLAS DEL SAMURAI

1-Gi-Rectitud – Decisiones Correctas

Sé honrado en tus tratos con todo el mundo.
Cree en la justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia.
Para un auténtico samurai no existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia.
Sólo existe lo correcto y lo incorrecto.

2-Yuu-Coraje

Álzate sobre las masas de gente que temen actuar.
Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir. Un samurai debe tener valor heroico.
Es absolutamente arriesgado. Es peligroso.
Es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa.
El coraje heroico no es ciego. Es inteligente y fuerte.
Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.

3-Jin – Benevolencia

Mediante el entrenamiento intenso el samurai se convierte en rápido y fuerte.
No es como el resto de los hombres.
Desarrolla un poder que debe ser usado en bien de todos. Tiene compasión.
Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad.
Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.

4-Rei – Respeto

Los samurai no tienen motivos para ser crueles.
No necesitan demostrar su fuerza.
Un samurai es cortés incluso con sus enemigos.
Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales.
Un samurai recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás.
La auténtica fuerza interior del samuraise vuelve evidente en tiempos de apuros.

5-Makoto – Honestidad y Sinceridad

Cuando un samurai dice que hará algo,es como si ya estuviera hecho.
Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará. No ha de «dar su palabra» no ha de «prometer» el simple hecho de hablarha puesto en movimiento el acto de hacer.
Hablar y hacer son la misma acción.

6-Meiyo – Honor

El auténtico samurai solo tiene un juezde su propio honor, y es él mismo.
Las decisiones que tomas y cómo las llevas a cabo son un reflejo de quién eres en realidad.
No puedes ocultarte de ti mismo.

7-Chuu – Lealtad

Haber hecho o dicho «algo», significa que ese «algo» le pertenece. Es responsable de ello y
de todas las consecuencias que le sigan.
Un samurai es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece fieramente fiel.
Las palabras de un hombre son como sus huellas;puedes seguirlas donde quiera que él vaya.

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LOS SAMURÁIS EN BATALLA: Los samurais son guerreros desde el instante en que se transforman en samurais hasta el momento de su muerte, ellos no tienen miedo al peligro. El samurai utiliza la meditación como una herramienta para desembarazarse del miedo, la inseguridad y finalmente de los errores.

Son luchadores, expertos en las artes marciales. Tienen notable habilidad con el arco y la espada, y son también son grandes jinetes.  Son hombres que viven siguiendo el Bushido; es su modo de vida. La lealtad total del samurai es para su Emperador y para su Daimyo. Son honestos y de total confianza. Viven vidas frugales, sin intereses en la riqueza y cosas materiales, pero con gran interés en el orgullo y honor. Son hombres de valor verdadero. Los samuráis no temían a la muerte. Entablan batalla sin importar cuales sean las dificultades. Morir en la guerra reportará honor a su familia y a su señor. Los samurais prefieren luchar solos, uno contra otro.

Las batallas de los samuráis estaban sometidas a muchos rituales. Lo primero que hacían era rezar y adoptar una serie de poses (para parecer más fuertes), después emitían gritos y hacían ruido con sonajas y gongs con objeto de asustar al enemigo. Los samuráis, individualmente, podían combatir en duelos o concursos.

Las batallas parecían una danza o un juego de ajedrez ceremonial. Sin embargo, las guerras entre samuráis eran a muerte una vez que se entraba en batalla. Durante el periodo Ashikaga (1338-1573), gran parte de los enfrentamientos acabaron convirtiéndose en luchas sin sentido por el honor y por parcelas de tierra.

Belleza fatal La meticulosidad con la que se forjaban las espadas samuráis era comparable a la habilidad empleada para decorar tanto la empuñadura como la funda. Esta espada se prendía a la cintura; su funda es de laca decorada con símbolos de la familia y está envuelta en seda para protegerla, al igual que la empuñadura: en la base tiene un protector. Las primeras fundas eran simples placas circulares de hierro con una rendija para la hoja, pero se hicieron cada vez más refinadas, con diseños incrustados.

LAS ARMAS DE UN SAMURAI
El término samurai corresponde a la élite guerrera del Japón feudal. En la época de los shogunatos el rango de samurai se consolidó como un estado selecto déla sociedad. Las armas y armaduras que usaba eran símbolo de distinción y la manifestación de ser samurai. Es así como los forjadores de sables y los fabricantes de armaduras dedicaron su talento a la producción de estos objetos combinando . funcionalidad con belleza.
Pero para armar a un samurai se necesitaba más que un sable y un traje de metal. Parte de su equipo era psicológico y moral; se regían por un código de honor muy estricto, el bushido (la vía del guerrero) en el cual el valor y la lealtad eran fundamentales. El sable era considerado el alma del samurai. Existen varios tipos; entre ellos el kaiana (sable largo). wakishasi (sable mediano) y tanto (sable corto usado por las mujeres). El sable se usaba en el cinturón y era el símbolo distintivo del samurai.

casco samurai

Kabuto o casco japonés, tiene forma da domo y está compuesto de láminas remachadas entre sí, lo que le da una gran rigidez, liviandad y resistencia a los golpes del sable. Simboliza la valentía y honradez de su dueño.

El credo del samurai:
No tengo parientes, Yo hago que la tierra y el cielo lo sean.
No tengo hogar, Yo hago que el shintao lo sea.
No tengo poder divino, Yo hago de la honestidad mi poder divino.
No tengo medios, Yo hago mis medios de la docilidad.
No tengo poder mágico, Yo hago de mi personalidad mi poder mágico.
No tengo cuerpo, Yo hago del estoicismo mi cuerpo.
No tengo ojos, Yo hago del relámpago mis ojos.
No tengo oídos, Yo hago de mi sensibilidad mis oídos.
No tengo extremidades, Yo hago de la rapidez mis extremidades.
No tengo leyes, Yo hago de mi auto-defensa mis leyes.
No tengo estrategia, Yo hago de lo correcto para matar y de lo correcto para restituir la vida mi estrategia.
No tengo ideas, Yo hago de tomar la oportunidad de antemano mis ideas.
No tengo milagros, Yo hago de las leyes correctas mis milagros.
No tengo principios, Yo hago de la adaptabilidad a todas las circunstancias mis principios.
No tengo tácticas, Yo hago del vacío y la plenitud mis tácticas.
No tengo talento, Yo hago que mi astucia sea mi talento.
No tengo amigos, Yo hago de mi mente mi amiga.
No tengo enemigos, Yo hago del descuido mi enemigo.
No tengo armadura, Yo hago de la benevolencia mi armadura.
No tengo castillo, Yo hago de mi mente inamovible mi castillo.
No tengo espada, Yo hago de mi no mente mi espada.

Las batallas entabladas entre samurais se iniciaban al son de arcos y de gritos y se proseguían en medio de alardes y desafíos y semejaban un convencional torneo de esgrima. El samurai, equipado con una suntuosa armadura forrada de oro y plata, era un maestro en el manejo del arco y del sable—ese largo sable de combate que medía hasta cinco pies de largo; el sable corto estaba reservado para decapitar al adversario vencido o para hacerse el harakiri. Los sables forjados por los artesanos japoneses lian sido difícilmente superados.

Armas de un samurai:

Kozuka: cuchillo de 15 cm., afilado solo en un lado, se utilizaba generalmente para ser lanzado a la cabeza y el cuello del oponente.

Himagatana: daga de 25 cm.

Kubikiri: daga de 40 cm.

Tanto: pequeño cuchillo

Wakizashi: pequeña espada de entre 30 y 60 cm.

Katana: la espada característica del samurai

No-Dachi: una katana de gran tamaño que requería el uso de ambas manos para su manejo

Yumi: arco típico de los samuráis de a pie

Ashi-Kyu: arco grande de las tropas de a pie

Dai-Kyu: gran arco, más grande que el ashi-kyu, que era utilizado por la caballería samurai

Yari: lanza

Tetsubo: una especie de bastón hecho totalmente de metal

Tessen: abanico metálico que se utilizaba para la defensa y para dirigir a las tropas.

Insultos del Samurai:

Dekai guzo: Idiota.
Zurui chibi: Enano rastrero.
Kusatta Ningen: Individuo putrefacto.
Chikusho: Bestia grosera.
Dani: Sanguijuela o garrapata.
Onna tarashi: Petimetre.
Urenokori: Vieja desagradable.
¡Ojamamushi!: !Insecto molesto!
¡Kono yaro!: ¡Gusano insignificante!
Ojo-sama: Miembro ineficaz de otro clan, especialmente un bushi (literalmente «niña rica y mimada)

Maldiciones y otras expresiones.
¡Zakennayo!: Expresión general de rabia y frustración. Los Cangrejo la emplean mucho.
Cho-yube: Maldición, la fastidiamos.
Kuchi ni Chakku: ¡Callate!
¿Okesho wa doshitano, geisha-san?: ¿Donde tienes el maquillaje, geisha?
Rakki yaro: Bastardo afortunado.

En el siglo XVI el país se pacificó, y los samuráis ocuparon menos tiempo en la batalla, y se dedicaron a cultivar su propia tierra o, en otros casos, a administrar las tierras de sus señores feudales.

Las familias de los samuráis representaban un 6% de la población y se casaban entre sí para mantener la valorada estirpe. Las esposas de los guerreros debían infundir en sus hijos los ideales del bushido, pero el rigor del código y su disciplina eran tan severos que los deberes maternos no pudieron ser sencillos. Unos lamentos demuestran lo arduo de la vida de una mujer:

«Paso los días en llanto:
arduas, tan arduas
son las penas de esta vida.
Mientras más se prolonga,
más pesan las penas.»

Desde el siglo XVI, los guerreros vivían lejos de las esposas, en los castillos y mansiones de sus jefes. Se les pagaba con arroz; las raciones de guerra eran de, más o menos, 1 Kg. diario de arroz crudo. El hábito de los guerreros de comer arroz, y tres veces al día en lugar de dos, se extendió a los campesinos que antes comían trigo o mijo.

Pacífico retiro
Al envejecer, algunos guerreros dejaban las armas e ingresaban a monasterios budistas. A partir del siglo XIV, el  Zen ganó muchos seguidores samuráis. La austeridad e indiferencia hacía la  muerte atrajeron  a los guerreros que encontraron en tal forma budista el rigor de la vida samurai, pero sin la violencia. El Zen enseñaba que la iluminación provenía de la intuición y la contemplación; los guerreros samurai que antes combatieron en feroces batallas, ahora pasaban largas horas en meditación.

Los jardines japoneses, con sus meticulosos arreglos de piedras, matorrales y puentes, se deben a la tradición Zen. La ceremonia del té, iniciada como un ritual Zen, se difundió en Japón en el siglo XV. Se realizaba en rústicos pabellones con pocos muebles, diseñados para inducir tranquilidad, y una elaborada etiqueta gobernaba la forma en que se usaban los utensilios, el té y el agua caliente. El samurai dejaba sus espadas a la entrada y se sentaba para conversar quedamente con los presentes. Cuando se le servía el tazón de té, lo tomaba con ambas manos, admiraba su textura y forma sencilla, y bebía tres sorbos.

EL FIN: La abolición de los privilegios de los samurai causó problemas sociales. En 1876-1877 hubo una rebelión de samurai liderada por Saigo Takamon. Los rebeldes samurai se enfrentaron con sus armas tradicionales al ejército del emperador, armado con tecnología bélica europea. Los samurai fueron completamente derrotados por el ejército nacional, murieron cerca de 20 mil de ellos. Este fracaso marcó el final de la era de losguerreros. Sin embargo, aunque actualmente los samurai no tienen ningún estatus oficial en Japón, losdescendientes de sus familias gozan de estima entre la población japonesa, especialmente la rural.

PARA SABER MAS…

LAS ANTIGUAS familias de samuráis vivían en mansiones fortificadas en la tierra correspondiente a su clan. Las mujeres de los samuráis debían obedecer a sus padres y a sus maridos del mismo modo que los guerreros acataban las órdenes de su señor.

LA MUJER DEL SAMURAI La mujer del samurai debía ser leal y obediente. Cuando sus maridos iban a la guerra, las mujeres tenían que administrar la casa. Tomoe Gozen fue una famosa esposa de samurai, que acompañó a su esposo a la batalla, pero fue una excepción. A pesar de las similitudes entre el código Bushido y el código de caballería europeo, el sitio de la mujer en ambos casos es muy diferente. En lugar de las bellas muchachas o las damas en dificultades de los códigos de caballería, las leyendas japonesas describen mujeres compañeras y leales.

LA «HISTORIA DE GENJI» Los emperadores de Japón vivían en Kyoto, lejos de los señores de la guerra. La vida en la corte era dulce y placentera. Una novela japonesa clásica es La historia de Genji (h. 1000), escrita por Murasaki Shikubu para deleite de la emperatriz Akiko. Describe los viajes y los amores de un joven príncipe. Poco se sabe acerca del autor, excepto que pertenecía a la noble familia de los Fujiwara.

CAMPESINOS
Hombres, mujeres y niños trabajaban en los campos. A los agricultores no se les permitía vestir seda ni beber sake (vino de arroz), lujos de los que sí disfrutaban sus amos, los samuráis. No obstante, los campesinos recibían el respeto de la sociedad ya que producían el alimento para todos.

COMERCIANTES
Los comerciantes gozaban de mayor consideración, aunque ningún samurai que se respetase podía interesarse siquiera por el comercio. Se consideraba impropio incluso que conocieran el valor de las monedas.

ARTESANOS
Los herreros gozaban de gran reputación en la sociedad de los samuráis, y los forjadores de espadas eran particularmente respetados. Estos artesanos debían seguir una serie de normas: ser solteros y vegetarianos, y usar ropas blancas durante su trabajo. Las magníficas armas que producían los forjadores se transformaban en reliquias con el paso de las generaciones.

LA CULTURA SAMURAI El código Bushido era un llamado a la perfección. Los samuráis debían ser tan sensibles ante una obra de arte como valerosos en la batalla. «Practica las artes de la paz con la mano izquierda, y las artes de la guerra con la mano derecha» se lee en el Bushido. Algunos samuráis fueron ilustres calígrafos y poetas. En tiempos de los shogunes Ashikaga, se desarrolló en gran medida esta vertiente pacífica de la vida del samurai.

Historia de Japón: Dinastía Tokugawa

Fuente Consultada:
Gran Enciclopedia de la Historia Sitio WEB www.usuarios.multimania.es
Historia del Mundo Grupo Z Multimedia DK

La Legion Extranjera Francesa Historia de su Formacion Reclutamiento

Historia de la Legión Extranjera Francesa

Después de un período de relativa paz, en Argelia, donde la Legión tuvo hasta hace muy pocos años sus cuarteles permanentes, volvió a estallar una nueva insurrección; a los mercenarios les fue confiada la misión de reprimir a los rebeldes de la Kabilia, tarea que ellos cumplieron con el implacable rigor y el desprecio por sus vidas y las de sus enemigos que se estaba convirtiendo ya en rasgo característico de la Legión Extranjera en todas sus empresas bélicas. Más tarde en 1859, Napoleón III decidió ayudar a los patriotas italianos en su lucha contra Austria, que dominaba extensas regiones de Italia.

No era una ayuda del todo desinteresada ya que a cambio de ella Francia se anexaría después las provincias italianas de Saboya y Niza, pero de todas formas fue efectiva. En esa lucha la Legión Extranjera participó en todas las batallas decisivas: Magenta, donde su carga a la bayoneta bajo el huracán de fuego de la artillería enemiga llenaría de asombro a propios y ajenos; y Solferino, donde la bandera del 2° regimiento de la Legión fue condecorada en el mismo campo de batalla por el mariscal Mac Mahon, ya que el heroísmo temerario de los componentes de esa unidad le había permitido hender el centro enemigo y obtener una resonante victoria. Fue en México, cuatro años después, donde la Legión escribiría la página más brillante de su historia: Camerone.

La Legion Extranjera Francesa Historia

Imagenes de la antigua Legión Extranjera

Llegada para apoyar las pretensiones imperiales de Maximiliano de Austria, resuelto a ocupar el trono mexicano contra la oposición de los patriotas republicanos encabezados por Benito Juárez, la Legión fue enviada en seguida a las «tierras calientes», la región que se extiende entre Veracruz y Puebla, donde los juaristas eran más fuertes y traían en jaque constantes a los invasores. Un día de fines de 1863 el coronel Jeannin-Gros, comandante de la expedición legionaria, ordenó al capitán Danjou, veterano legionario que había perdido una mano en Crimea y combatido también en Italia y en Argelia, dar escolta con 60 legionarios a un convoy que transportaba tres millones de francos y munición de artillería para la guarnición de Palo Verde.

Según el relato que los legionarios escuchan todos los años en posición de firmes en la ceremonia conmemorativa, los juaristas, en número de más de 2.000 tendieron una emboscada a la escolta apenas ésta había acampado en las inmediaciones del poblado de Camarón (cuyo nombre los franceses deforman, convirtiéndolo en Camerone). 

El capitán Danjou hizo jurar en esos instantes a sus hombres que se defenderían hasta la muerte. Horas después al cabo de un violento combate en el curso del cual Danjou recibió un balazo mortal en la cabeza, sólo sobrevivían ocho legionarios heridos. La mano ortopédica del capitán Danjou, elevado el rango de héroe inmortal de la Legión, se conserva aún hoy, como una reliquia sagrada, en el cuartel principal de la Legión, en Aubagne.

En 1870 estalló la guerra franco-prusiana y una vez más Napoleón II recurrió a los legionarios, haciéndolos venir a territorio metropolitano —lo que estaba prohibido por las leyes— para defender a Francia. Los regimientos que parten de Oran no llevan alemanes en sus filas: una cláusula del contrato que los mercenarios firman al engancharse no les obliga a batirse contra sus patrias de origen.

antigua legion extranjera

De nada sirve esta vez que la Legión derroche valor en el campo de batalla: sitiado en Sedán con un importante ejército y ante la inminencia de la derrota el emperador se ha rendido. Todavía antes de volver a Argelia, los legionarios tendrán ocasión de hacer uso de sus armas, esta vez contra los hijos de la nación bajo cuya bandera combaten: son las sangrientas jornadas de la Commune de París y los regimientos extranjeros reciben orden de disparar contra los sublevados, pese a que la ley de 1831 vetaba expresamente que se los emplease en misiones de orden público. Después, con la reanudación de las guerras coloniales, la prensa «volverá a envolver las hazañas de los legionarios —que desde 1883 luchaban en Tonkín— en un halo de leyenda.

Mientras tanto, en la lucha contra un enemigo mal armado, pero obstinado y valiente, la Legión escribirá en su historia las páginas de Lan-son, Son-Tay, Tuyen-Kuan, donde fueron cercados 600 legionarios al mando del mayor Dominé y ofrecieron hasta la llegada de la columna de socorro una resistencia encarnizada que los redujo al límite de sus fuerzas y a menos de la tercera parte de sus efectivos. De vuelta a Argelia después de la conquista de Indochina, la Legión Extranjera conocerá durante unos pocos años la monotonía de la vida de guarnición hasta 1892, año en que algunos de sus regimientos parten con destino al África ecuatorial para participar en la conquista de Dahomey y, apenas acabada la campaña, en 1896, en la expedición colonial a Madagascar.

Los mercenarios regresan al norte de África, donde entre 1906 y 1917 llevarán el peso principal como «fuerza de choque» en la guerra de Marruecos, uní campaña dura y costosa por la tenacidad de un enemigo que no da tregua ni cuartel y en la que ambos bandos se acusan recíprocamente de actos de inimaginable crueldad. Y aunque ningún gobierno ha abolido la ley de 1831, la Legión vuelve a poner sus pies por dos veces más en suelo metropolitano: durante las dos contiendas mundiales de este siglo.

Incluso, durante la última, llegó a darse la situación paradójica de que los legionarios hubieran podido llegar a enfrentarse entre ellos por el hecho de militar en dos bandos antagónicos: algunas unidades destacadas en Francia fueron salvadas del desastre de Dunkerque y se alistaron en las Fuerzas Francesas Libres del general De Gaulle, en tanto que otros regimientos que habían permanecido en Argelia se mantuvieron —hasta que las fuerzas anglonorteamericanas desembarcaron en África del norte en 1942—fieles al régimen de Víchy presidido por el mariscal Pétain.

Después de la Segunda Guerra Mundial, desde finales de 1946 hasta 1954, numerosos batallones de la Legión Extranjera libraron en las junglas y arrozales de Vietnam la guerra de Indochina que culminó con la derrota de las armas francesas en la batalla de Dien Bien Phu. Pero no iba a ser Indochina la única derrota de la Legión Extranjera. Poco después de haber regresado a sus cuarteles, los mercenarios al servicio de Francia se vieron envueltos en la tormenta dé la rebelión argelina. Y sobre las postrimerías del conflicto argelino, pareció por un momento que la nación misma iba a sucumbir bajo el peso de las armas de aquellos extranjeros a quienes pagaba para que lucharan por ella.

Fue en mayo en 1958, cuando se entreveía ya que se iba hacia una solución negociada del conflicto: muchas unidades de élite, entre ellas los regimientos de paracaidistas y la Legión Extranjera, se alzaron virtualmente en armas contra el gobierno de Francia y hasta amenazaron con hacer ocupar París por unidades aerotransportadas que respondían a los amotinados.

Terminada la guerra de Argelia con la independencia de la ex provincia francesa, el presidente De Gaulle ordenó que los regimientos legionarios fuesen trasladados a Córcega y a ciertos remotos rincones del cada vez más reducido imperio colonial francés. Existe el proyecto de reestructurar a la Legión con el fin de trasformarla en un cuerpo moderno, preparado para la guerra nuclear y calcado sobre el patrón de los «marines» norteamericanos.

Origen de la Legion Extranjera Francesa Historia de su Creacion

Origen de la Legión Extranjera Francesa

En la áspera y larga campana librada por el Ejercito Expedicionario trances en Indochina, el peso principal de la lucha recayó casi siempre sobre los batallones y regimientos de la Legión Extranjera, la aguerrida tropa de élite cuya historia encierra casi todas las paginas mas brillantes de la historia militar francesa en los últimos 130 anos.

Se puede decir, en efecto, que no ha habido guerra ni campana de conquista colonial emprendida por Francia durante ese periodo en la que no haya participado este cuerpo de mercenarios que, procedentes de los países mas remotos y diversos, se enrolaban en la Legión a impulsos de la sed de aventuras, de su afición a la guerra y, muchas veces también, en busca de un refugio seguro para eludir la acción de la justicia.

folleto legion extranjera

Estos individuos tan diferentes entre si, convertidos en formidables soldados por obra y gracia de una disciplina férrea y de una instrucción completa en la que no se escatima ningún rigor, han derramado su sangre por Francia en dos guerras mundiales y han dejado sus huesos en cuatro continentes batiéndose en defensa de una bandera que no era la de su nación de origen.

La Legión Extranjera fue fundada el 9 de marzo de 1831, durante el reinado de Luis Felipe de Orleans, al darse cuenta el gobierno francés de que la conquista de Argelia presentaba mas dificultades de las esperadas; en esa época los franceses, muy vivo aun el recuerdo de las penalidades soportadas en las campañas napoleónicas, no parecían muy dispuestos a hacerse matar en una empresa que se les antojaba descabellada y vana.

Los oficiales de enrolamiento del nuevo cuerpo hicieron su primera buena cosecha de carne de cañon entre los tejedores de seda de Lyon; estos, que habían desatado una insurrección contra el gobierno por motives gremiales, estaban siendo victimas de una represión implacable, al punto de que muchísimos de ellos no vieron otra alternativa que alistarse en la Legión para escapar a la cárcel.

En cuanto a los extranjeros eran en su mayoría polacos que se habían refugiado en Francia después del fracaso de una rebelión contra el gobierno zarista, e italianos —sardos, piamonteses, lombardos— muchos de los cuales sirvieron ya a Francia en los ejércitos de Napoleón; unos y otros se habían enrolado en bloque, en unidades ya constituidas y mandadas por sus propios oficiales.

La Legión Extranjera recibió el bautismo de fuego en los campos de batalla argelinos, y sus primeros hechos de armas no fueron muy afortunados: los hombres se batían mas por emulación que por disciplina, sin el menor espíritu de cuerpo, frente a un enemigo valeroso y tenaz que, además, estaba defendiendo su suelo; en ocasiones faltó muy poco para que todo concluyera en un desastre irreparable, de forma que se resolvió introducir una serie de reformas sustanciales.

En lo sucesivo no habría enrolamiento colectivo, sino individual y los voluntarios serian encuadrados por oficiales seleccionados; se impondría también el uso del francés para evitar que —como ya había sucedido— en el combate los legionarios se desconcertasen por no entender las órdenes de sus comandantes. Al aprobar el decreto de Luis Felipe, la Cámara introdujo un párrafo que establecía que la Legión no debía ser empleada en territorio metropolitano, y menos aun en misiones de orden publico: se quería evitar así que en caso de una eventual rebelión interna los gobiernos franceses pudieran defenderse ordenando a mercenarios extranjeros hacer fuego sobre ciudadanos franceses.

Con el tiempo se iba a ver que esta medida era prudente y previsora, ya que la Legión Extranjera no tardó mucho en hacerse famosa por su valor en el campo de batalla como por su despiadada crueldad con el enemigo antes, en y después del combate, y por sus abuses y desmanes en perjuicio de las poblaciones nativas de las colonias.

En 1845, por ejemplo, un terrible escándalo conmovido a la opinión publica francesa: el coronel Pélissier, encargado de perseguir en las montañas de Kabilia a un grupo de argelinos, rodeó con sus soldados un poblado berberisco y ordenó que le prendieran fuego.

Hombres, mujeres y niños, todos los habitantes del poblado murieron, porque los legionarios que rodeaban el aduar disparaban sobre los que pretendían huir de sus chozas incendiadas. Ya en esa época los legionarios parecían justificar plenamente el juicio de un coetáneo que, después de verlos desfilar por una ciudad argelina, escribía: «Es, sin duda, una asociación de hombres valerosos hasta la temeridad, pero totalmente al margen de la ley y de la sociedad. La Legión Extranjera se ha creado, en la disciplina y en el combate, una fama que, inspira cierta inquietud a sus amigos, pero que también infunde respeto a sus enemigos».

Mientras tanto, los regimientos de la Legión que combatían en Argelia fueron habituándose a la especial manera de guerrear de los cabileños, y poco a poco comenzaron a imponer su superioridad táctica y en armamento. En su lucha contra los rebeldes de AbdelKader —la insurrección en la Kabilia sólo pudo ser sofocada después de varias décadas de lucha— los regimientos legionarios se forjaron una sólida reputación de combatientes duros e implacables.

Es en esa época cuando empieza a surgir lo que después algunos han llamado la «mitomanía legionaria»; contra esa tendencia generalizada a exagerar la magnitud de las hazañas cumplidas por los legionarios en el campo de batalla prevenía el general francés Thomás cuando escribió: «Hemos aprendido a inflar con aires de victoria nuestros partes de guerra, al punto de transformar en otros tantos Austerütz las vulgares escaramuzas en las cuales nuestros soldados se limitan a perseguir a un enemigo que se retiraba sólo para tender una nueva emboscada».

Después, cuando la Legión estuvo bien probada en la brega, los gobiernos de París tomaron la costumbre de enviarla a cualquier parte del mundo en que fuera necesario defender el prestigio de las armas francesas. La primera expedición tuvo por teatro España, desgarrada por las guerras carlistas, entre 1835 y 1839; en esa campaña participó un regimiento integrado por unos 4.000 legionarios que engrosaron los ejércitos de la reina Isabel II en su lucha contra los partidarios de su tío Carlos (a quienes, por esa razón, se les llamaba «carlistas») que querían para éste el trono español.

Al término de la campaña de esos 4.000 hombres sólo regresaron a sus cuarteles de Sidi Bel Abbés unos 500; los restantes habían quedado para siempre en las sierras de Cataluña En 1854, Napoleón III decidió enviar varios regimientos de la Legión a Crimea, para defender a los turcos contra los cosacos del zar Nicolás I; ante los muros de Sebastopol los legionarios se batieron valerosamente hombro con hombro con los ingleses y los piamonteses, que también habían acudido al llamado de auxilio del Sultán. Para ese entonces los hombres de la Legión están bien equipados y sometidos a una disciplina de hierro que los diferencia de las demás unidades del ejército francés.

Sus compañeros de armas los llaman «barrigas de cuero», por la reluciente cartuchera de ese material que les cuelga de la cintura. Los suboficiales representan el más sólido nexo entre hombres de nacionalidades y lenguas tan diversas; del mantenimiento de la disciplina se encargaban los sargentos y el «ayudante de compañía» (un suboficial) es en la práctica el verdadero comandante de la unidad.

A los oficiales de carrera les cuesta al principio hacerse obedecer y respetar por sus hombres; éstos prefieren a los que provienen de las filas y se han ganado los grados por su valentía en el combate. La expedición a Crimea se prolongó hasta 185ó, y aparte de los muertos en acción frente al enemigo, la Legión vio raleadas sus filas por una epidemia de cólera que azotó el campamento francés.

Que es un derviche? Danza de los Derviche Tradiciones Turcas

¿Que es un derviche? Danza de los Derviche

Se considera simple, repetitiva, provocadora de una especie de aturdimiento. La danza de los derviches que giran simboliza en realidad una mística actualmente desconocida, cuya decadencia corresponde con la del Imperio Otomano.

Que es un derviche? Danza de los Derviche Los derviches que giran son miembros de la Mawlawiyya, una cofradía musulmana fundada en el siglo xm en Konya (Turquía), por el poeta del amor místico Djalal al-Din Rumi. Su línea de conducta política fue fluctuante.

Adeptos al sufismo (movimiento místico opuesto a la religión oficial sunita -utilizaban un vestuario de lana, elegido en rechazo a la seda que se utilizaba en la corte-), los derviches constituyeron primero una comunidad descentralizada y democrática, muy popular en sus inicios.

A partir del siglo XVI, la comunidad se volvió centralizada y aristócrata, antes de transformarse, en el siglo XVIII, en una institución del Estado. La mística del recuerdo Su mística se apoya en la idea de que el alma posee en lo más profundo de sí misma el sentido de lo divino, y que debe ser despertada a esta realidad olvidada para que el individuo pueda convertirse en un hombre perfecto.

Éste tiene necesidad de una dirección espiritual que recae en el maestro, quien dispone de un medio fundamental para ello, el ritual del sama que literalmente significa audición de música. Cubiertos con un sombrero de fieltro, los derviches avanzan al son de los instrumentos para dar tres vueltas a la pista.

Se quitan su capa negra y aparecen vestidos de blanco. Luego, con los brazos en cruz, la mano derecha vuelta hacia el cielo y la izquierda hacia el suelo, ejecutan tres danzas girando sobre sí mismos alrededor de la sala. El maestro sólo participa en la última danza, girando sobre la línea central que corta el círculo trazado por los derviches.

Esta danza es un rito de preparación espiritual para el conocimiento de lo divino. Al utilizar un lenguaje simbólico, que oculta su sentido, impulsa al espíritu a descubrirlo, al igual que el mundo oculta y revela al mismo tiempo a su creador. El sama tiene composición ternaria.

El primer movimiento simboliza la toma de conciencia de la ceguera humana. Después viene la música, que conduce a la visión, a la contemplación de Dios, por un proceso de transmutación de los sentidos (del oído a la vista). Finalmente se realiza la transmutación del alma, la unión de Dios el hombre terrestre que se vuelve celeste, regenerado y perfecto. El surgimiento de los vestidos blancos bajo la capa negra simboliza la liberación del derviche de su envoltura carnal para un segundo nacimiento. Una simbología cósmica El remolino de los derviches semeja al de los planetas del Cosmos.

La posición del maestro muestra que todo lo que se mueve es ilusión: danza, pero jamás deja el centro, a Dios; él es la única realidad y quien representa al hombre deificado y perfecto. Éste debe, a su vez, como el maestro lo ha hecho para él, llevar el testimonio a los demás.

La posición de las manos durante el sama, una recogiendo la gracia divina, la otra derramándola sobre el mundo, representa esta tradición iniciática del maestro al discípulo, que le comunica su propio influjo divino. El hombre nuevo es el espejo del cielo, el espacio de conjunción del cielo y de la Tierra.

Fuente Consultadas:
Enigmas de la Humanidad
Los Últimos Misterios del Mundo
Wikipedia

Ver: Que es un faquir?

¿Quiénes eran los cosacos rusos soldados del Zar? Vida y Costumbres

¿Quiénes eran los cosacos rusos soldados del Zar? – Vida y Costumbres

Mucho se ha hablado de las hazañas efectuadas en los últimos siglos, en las guerras de Rusia, por los cosacos del zar: jinetes hábiles que prodigaban su destreza y valentía en las embestidas de la caballería ligera. ¿Quiénes eran? ¿De dónde procedían esos hombres? Para saberlo tendríamos que remontarnos hasta el siglo XV y buscar en la Ucrania de ese entonces sus antecedentes.

LOS COSACOS ZAPOROGOS
cosacos forma de vestirSuponen algunos autores que los primeros cosacos fueron descendientes de hordas mogólicas llegadas a Ucrania con la invasión de Batú en el año 1237. Radicados a orillas del Dniéper, se mezclaron con fugitivos turcos y polacos, y adoptaron la lengua eslava.

En el siglo XV habían formado ya una comunidad libre e indómita que vivía con las armas en la mano, prontos para combatir o para asaltar a las caravanas. Se los conoció con el nombre de zaporogos, y también se les decía «cosacos» (en ruso: kazak).

Se dice que fue el polaco Dasskievitz el primero que echó mano de dichas tribus bravías para organizar un cuerpo de guerra con el que venció a los tártaros (Olchenica-1527).

LA PIEDRA DE ESCÁNDALO
Los audaces y valientes cosacos del Dniéper constituían para Polonia una valiosa reserva, que el rey Bathory organizó permanentemente en 1576 al mando de un «atamán» (en alemán «haupmann«, caudillo). Pero por la incontrolada agresividad y devastación

con que se ensañaban en sus correrías, excediéndose de los términos de la guerra, llegaron a ser la piedra de escándalo en las tirantes relaciones con Rusia y Turquía, y un arma de doble filo para Polonia, que se apresuró a disolverlos. No obstante su tenaz resistencia, los cosacos fueron dominados y reducidos a la condición de labradores (1648); pero, por poco tiempo.

En 1654 el atamán Bogdan Khmelnitsky apartó a sus cosacos del sometimiento a que se hallaban sujetos en Polonia y se puso bajo la protección de Rusia, con lo que precipitó entre ambas potencias una guerra por la posesión de Ucrania. Los cosacos se comprometieron a servir en el ejército del zar a condición de que los dejaran gobernarse por si mismos y a no pagar contribuciones

LOS COSACOS DEL DON
Junto al mar de Azov y al río Don también se formaron comunidades de cosacos: buena parte
de ellos eran desertores rusos y campesinos fugitivos. Iván el Terrible los organizó a mediados del siglo XVI, reconociéndoles el derecho de elegir a sus atamanes, y con ellos logró abatir a los tártaros de Kazan y Astrakán (1552-54).

En 1670 los cosacos del Don se sublevaron al mando de Esteban (o «Stenka») Razin, contra la nobleza, y no fue fácil reducirlos. Pero al fin dejaron en paz a caravanas y’ señores, y volvieron a ser campesinos, cazadores y criadores de caballos.

DE AVENTUREROS A CIUDADANOS DEMOCRÁTICOS
Los grupos más rebeldes fueron desterrados. Así, pues, con motivo de la revuelta de Pugachev (1773), Catalina II hizo trasladar a los cosacos zaporogos a orillas del Kubán. Por lo demás, abandonaron su vida aventurera y errante, e iniciaron la construcción de aldeas, con chozas de madera y techo de paja.

Los cosacos dividieron su tierras en tres Estados casi independientes, y formaron grupos militares llamados «artel» y corporaciones de oficios llamadas «vatagi». A la cabeza de cada grupo había un jefe denominado «atamán». Posteriormente.debieron instituirse las elecciones. Hubo así un atamán que se transformó en jefe supremo de todos los cosacos de Ucrania, por elección de los ciudadanos. Los demás cargos importantes eran también electivos.

Había también un parlamento llamado «kolo» que tomaba las decisiones más importantes. El poder del atamán se transformaba en absoluto tan sólo en caso de guerra.

SOLDADOS DEL ZAR
El Estado surgido por obra de los cosacos no era del todo independiente. En San Petersburgo, la nueva capital imperial, reinaba una dinastía de soberanos que se proclamaban «señores de todas las Rusias»: los zares. El de los cosacos fue el único pueblo de Rusia que, a pesar del omnímodo poder de los zares, gozaba de cierta autonomía y un cierto bienestar: como también tenían el raro privilegio de pagar pocos impuestos pronto se convirtieron en una clase pudiente.

Y la riqueza, como se sabe, se transforma, tarde o temprano, en potencia. El zar presentó batalla a los cosacos por ver en ellos un gravé peligro para su autoridad. Nunca consiguió someterlos completamente y tuvo que reconocerlos independientes. Aún más, viose obligado a pactar con este pueblo belicoso concediéndole municiones, tierras y ganado…

En cambio, por haber valorado, a sus expensas, las cualidades militares de los cosacos, les pidió que prestaran servicio como soldados de su ejército. Aceptaron los cosacos estas honrosas condiciones e integraron, en gran número, el ejército del zar. Nació así la famosa caballería cosaca que se transformó en el terror de los enemigos de Rusia. Los jinetes cosacos llevaban un característico uniforme formado por un largo capote rojo y un colbac.

Sobre el pecho llevaban dos muy vistosas cartucheras. En toda Europa se divulgó su reputación: hasta se dijo de ellos que eran feroces. Diversos ejércitos europeos conocieron su audacia y arrojo. También en la Segunda Guerra Mundial la caballería cosaca tuvo oportunidad de distinguirse luchando hasta contra los mismos tanques.

Que es un chaman? Ritos Historia Rituales Funciones Pueblos Antiguos

¿Qué es un chaman? Ritos e Historia 

ENIGMA DE LOS CHAMANES:  ¿CIENCIA O MAGIA?
Invocación de espíritus sobrenaturales, adivinación telepática, trances de posesión y viajes ubicuos son algunos de los fenómenos esotéricos que se relacionan con el chamanismo. ¿Qué pensar de esas manifestaciones?.
En 1773, el explorador alemán Johann Georg Gmelin participó en una expedición científica organizada por la emperatriz de Rusia Arma Ivanovna, que tenía como fin la exploración del Ural, Kamchatka y Siberia, y fue testigo de los prodigios de una chamana yakula: ésta se abrió el abdomen, cortó en él un trozo de epiplón, lo coció y se lo comió; después curó su herida con apósitos de resina y corteza de abedul, y sanó por completo seis días después.

Los ritos de iniciación
¿Quiénes son esos hombres y mujeres cuyos comportamientos son fuera de lo normal? Iniciados que tienen acceso al mundo sobrenatural y que, por este hecho, ocupan un lugar de vital importancia dentro de su grupo.

En la Amazonia, para su iniciación, el aprendiz de chamán entra en contacto con los espíritus después de experimentar soledad y ayuno en las selvas vírgenes, en donde lo asaltan sueños en forma de prolongados desvanecimientos. Con una voz cuyo registro a veces parece sobrehumano, debe improvisar un cántico particular -el ikaro-.

Los chamanes inuit del Ártico deben practicar técnicas de éxtasis, particularmente la respiración jadeante interrumpida por gritos guturales. Así, el iniciado adquiere el soplo vital de los espíritus cazadores de la selva, de las lagunas o de los montes sagrados de los Andes.

A no ser que adopte el aspecto de un doble animal: el nahual en México, la anaconda en la Amazonia. El chamán siberiano suele perfeccionar su iniciación mediante un segundo nacimiento y desciende de un árbol madre con la  cabeza hacia abajo. El chamán andino que ha sobrevivido a los 4 rayos está marcado con el sello celeste, como si el resplandor le hubiese investido con el poder de comunicarse con el universo sobrenatural.

El papel social del chamán
Rodeados por objetos simbólicos cargados de influencias telúricas-bastones de madera, cerámica mortuoria, tambores, pieles de animales, flautas de caña, guimbardas de hierro, maracas o simplemente látigos hechos con ramas y con plantas medicinales, los chamanes ostentan un papel muy especial en la vida de su sociedad.

En el antiguo Imperio Inca, algunos personajes como el amauta -sabio filósofo y consejero del soberano-, el ichuri -confesor de calumnias y pensamientos desviantes, o el huaccacuc– asceta errante de las altas planicies con los ojos quemados por el sol-, representaban simultáneamente los papeles de brujo, fetichista, médico, sacerdote, confesor y herborista.

Gracias a sus relaciones privilegiadas con las divinidades, los chamanes están dotados de poder para curar las enfermedades, procurar una cacería numerosa, influir en el clima para tener cosechas abundantes, o, al igual que los bardos celtas, referir leyendas y perpetuar las tradiciones y los cultos sagrados.

Ofrecen garantías a su comunidad en contra de cataclismos naturales, protegen a sus congéneres de la angustia ante las fuerzas sobrenaturales o de las tensiones que surgen en el interior de la comunidad. Por último, durante un fenómeno fascinante de viaje astral, son inducidos a llamar a un alma «transportada».

Viaje astral y adivinación telepática
Estamos en la Amazonia, tras una sesión ritual. El chamán da a cada uno de los participantes un brebaje alucinógeno que deben tomar en sorbos. Luego, al ritmo de los tambores, entona un canto salmodiado. La melopea crece como un encantamiento, mientras los participantes se agitan, hacen muecas y gesticulan. Con el rostro extraviado, una mujer poseída pone cara de estar huyendo de visiones aterradoras.

Los espíritus de las plantas han caído sobre ella. Lanza pequeños gritos guturales girando sobre sí misma. El chamán la detiene con un golpe de su bastón, la chonta; ella queda como subyugada. Él le hace entonces aspirar por la nariz una cocción de plantas, a pesar de sus eructos y estornudos, señalando cada toma con un largo toque de silbato. La mujer se contorsiona en un extraño reptar, extiende los brazos al aire y sacude las manos como para retirar un terrorífico espectro, antes de caer a tierra, al entrar en un trance chamanístico.

El chamán se arrodilla al lado de la paciente, sumergida ahora en un profundo sueño, y escucha las palabras incoherentes que se escapan de sus labios, entre sollozos e hilos de baba.

Posteriormente, el chamán invoca a los espíritus de las lagunas o de los montes sagrados, mastica pensativo unas hierbas, toma el brebaje y le anuncia a la asamblea que está a punto de emprender un viaje astral. En ese momento parece retraerse de sí mismo, como si se hubiese adormecido o ausentado de la estancia. Palidece. Cuando sus ojos no están cerrados, parecen adquirir un reflejo vidrioso.

Los labios del chamán se mueven débilmente, como si hablara con algunos interlocutores invisibles. Percibe entonces, mediante un fenómeno de adivinación telepática, las raíces del drama experimentado por la paciente. Finalmente, a su «regreso» al recinto en el que se realiza la ceremonia, el chamán se encuentra en disposición de devolver el alma sustraída por los espíritus malignos, para, posteriormente, pronunciar sus consejos terapéuticos. Algunas veces, el diagnóstico del chamán es áspero: la paciente sufre una enfermedad deshonrosa, una desviación del destino o a veces la culpable es una afección relacionada con el mundo de los blancos -una infección, un cáncer-, que escapa a sus poderes curativos.

El papel de los alucinógenos La utilización de drogas alucinógenas es común en la mayoría de los rituales mandragorachamanísticos: ingestión de hongos muscarinos o psilocibinos, decocción de mandragora en la Europa medieval, cactus de San Pedro en Perú o peyote en México, bebida de ayahuasca en la Amazonia.

Los estados modificados de conciencia participan en la comunicación con fuerzas sobrenaturales, con los espíritus de los muertos en el culto de los antepasados, o también en los estados de viaje astral.

Sustancias como la harmala pueden desencadenar, durante un trance chamanístico, una oleada de fondo que aturde el cerebro, análoga a una crisis de epilepsia.

Por otra parte, ha quedado científicamente demostrado que los gestos repetitivos, acompasados a ritmo de silbatos, tambores o de otra música durante las danzas rituales, pueden provocar la secreción de hormonas endocrinas del placer, las endorfinas.

Fuente Consultadas:
Los Últimos Misterios del Mundo
Enigmas de la Humanidad
Wikipedia