Palestina

Campañas Militares y Guerras en las Montañas Cruce de

Campañas Militares Donde se Cruzaron Montañas

Muchas montañas han sido en el transcurso del tiempo escenario de grandes acontecimientos guerreros. La Antigüedad nos ha dejado ya muchos ejemplos. Recordemos la Retirada de los Diez Mil de Jenofonte o la expedición de Aníbal en los Alpes. En la Edad Media Carlomagno pasó los Alpes con su ejército, y más tarde los Pirineos. En Perú, los incas, y después sus conquistadores, los españoles, no retrocedieron ante la  montaña.

En el curso de los tiempos, numerosos macizos montañosos han desempeñado el papel de verdaderas barreras. Con frecuencia han impedido a los pueblos ponerse en contacto, tanto para fines pacíficos como para los militares. Si para cualquier persona es penoso afrontar un lugar de montañas salvajes, cuánto más lo será para los ejércitos, que deben necesariamente llevar consigo enormes cantidades de material, sin olvidar los problemas derivados del avituallamiento.

Sin embargo, las montañas han sido a través de la historia escenarios de importantes hechos de armas. En efecto, ciertos estrategos no han dudado en arriesgarse con sus tropas por tan difíciles terrenos. Hay que añadir que en todos los casos se hizo así por absoluta necesidad. Pensemos, por ejemplo, en una de las más importantes expediciones militares de la historia de la estrategia, concretamente la marcha que los Diez Mil Griegos emprendieron bajo el mando de Jenofonte.

Jenofonte

Jenofonte: fue un militar y polígrafo griego Jenofonte escribió hacia el 386 a.C. una de las obras de la antigüedad griega más leídas, la famosa Anábasis, en la cual narró la campaña emprendida quince años antes por el príncipe Ciro de Persia el Joven contra su hermano Artajerjes II, así como la consiguiente retirada de las tropas mercenarias griegas dirigida por el propio autor.
Después de la batalla de Cunaxa pasaron de Mesopotamia, más allá de las montañas de Armenia, en dirección al Asia Menor occidental. Esto aconteció entre el 401 y 399 antes de Jesucristo. En su famosa obra Anábasis, Jenofonte relata esta retirada forzosa de los griegos. No obstante, ésta no fue, ni mucho menos, la única de su género que se desarrolló en la Antigüedad.

Una de las más conocidas y sensacionales expediciones a través de las montañas fue la de Aníbal, que condujo, en el siglo III antes de Jesucristo, a todo su ejército desde España a Italia atravesando los Alpes. Con gran frecuencia se ha considerado esta expedición una empresa temeraria. Es posible, indudablemente, que debido a su ardor juvenil, Aníbal aceptase grandes riesgos.

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Aníbal Cruza los Alpes

El general cartaginés, que había impuesto ya su autoridad en España, esperaba un ataque de los romanos y quiso adelantarse pasando él mismo a la ofensiva. Por esto decidió sorprender a los romanos en su propio terreno; pero para pasar de España a Italia le era necesario atravesar los Alpes.

Descontaba, por otra parte, recibir apoyo de ciertas tribus del sur de las Galias. Es totalmente verosímil que el ejército que llevaba en su expedición contase con cuarenta mil o cincuenta mil hombres. Nada se sabe con absoluta certeza acerca de esta empresa, la cual impresionó de tal forma a los historiadores de la generación posterior que la llenaron de versiones completamente fantásticas.

Por la misma razón, las pérdidas sufridas por los cartagineses han sido enormemente exageradas. Sin duda, no deben subestimarse, teniendo en cuenta las dificultades del terreno y el hecho de que las tribus de la montaña no les dejaban pasar sin entablar combate. El frío debió de ser también un serio obstáculo para estos soldados, que en su mayor parte procedían del norte de África.

A pesar de todas estas pérdidas y dificultades, la empresa de Aníbal fue coronada por el éxito. Su caballería y su infantería se encontraban preparadas para la batalla cuando consiguieron llegar a Italia. Incluso vencieron a las temibles legiones romanas enviadas a su encuentro.

No se ha podido determinar con exactitud el lugar de los Alpes por donde Aníbal hizo pasar sus tropas. Según toda verosimilitud, la expedición siguió un itinerario inédito. Algunos historiadores se inclinan a creer que Aníbal tomó el paso de Suse, un valle excavado en la vertiente italiana de los Alpes, por la Dora Riparia.

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Julio César

Se ha probado que César siguió este valle más tarde, cuando condujo sus tropas a las Galias. Pero la expedición de Julio César se desarrolló en circunstancias bien distintas. En esta época las carreteras estaban trazadas y, además, las tropas atravesaban un país amigo donde podían contar con el apoyo de todos. Los cartagineses de Aníbal, por el contrario, se desplazaban en un país salvaje, inexplorado y habitado por tribus hostiles.

Es curioso constatar cómo en países montañosos varios generales han seguido los mismos itinerarios. El paso de Suse, que ha sido utilizado con toda seguridad por César y probablemente por Aníbal, fue también la ruta tomada por Carlomagno cuando en 733 marchó con sus tropas francas al encuentro de los lombardos, encuentro que se produciría en Pavía. Gracias a esta feliz marcha y a su victoria, este emperador cambió el curso de la historia.

Hasta esta época, Italia había impuesto su supremacía a la Europa situada al norte de los Alpes. Desde entonces, los papeles se invirtieron hasta el punto de que la península italiana fue como un anexo de la Europa occidental.

Carlomagno demostró en otras circunstancias que no dudaba en atravesar las montañas con su ejército. Recordemos, por ejemplo, su campaña de 778 al sur de los Pirineos, que dio por resultado el establecimiento de la Marca Hispánica, situada entre los Pirineos y el Ebro.

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Carlomagno

Conviene destacar, de todas formas, que en el conjunto de los acontecimientos de aquella época, esta última expedición de Carlomagno no fue muy conocida. Eginhard no hizo mención de ella en su Vita Caroli, su crónica de Carlomagno. La explicación de esta omisión se encuentra en el hecho de que la retaguardia del ejército mandada por el conde Roldán fue sorprendida y deshecha por los vascos en el desfiladero de Roncesvalles.

Sin embargo, en Normandía, en la región de Coutances, de donde era natural Roldán, se ha conservado el recuerdo de estos hechos. Más tarde, en la época del feudalismo, los trovadores popularizaron el relato de esta batalla.

Más o menos por la época en que los trovadores cantaban en Europa occidental las hazañas de Roldán, se constituía un potente imperio fuera de Europa, el cual, en muchos aspectos, iba a convertirse en uno de los más sorprendentes que jamás hayan existido: el imperio de los incas en Perú.

El establecimiento de un Estado tan enorme en las montañas, concretamente en la cordillera de los Andes, da testimonio de una gran maestría también en el terreno militar. Más tarde, la conquista de este imperio por los españoles, conducidos por Pizarra, debe ser considerada una expedición militar excepcional en un país de montañas.

No solamente en la Antigüedad, sino también recientemente, las regiones montañosas fueron escenario de batallas y guerrillas. Napoleón llevó a cabo peligrosas expediciones a través de los Alpes, y, en América del Sur, Bolívar contribuyó eficazmente a la conquista de la independencia con sus batallas en los Andes. Durante las dos guerras mundiales la montaña también fue escenario de batallas encarnizadas.

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Ver:
San Martín Cruza Los Andes
La Aventura Militar Mas Grande de la Historia

Guerra y guerrilla en la montaña
Si antiguamente los ejércitos beligerantes evitaban en la medida de lo posible llevar a la montaña el teatro de sus operaciones, en los tiempos recientes ya no parece ser igual.

La historia militar contemporánea comenzó con las campañas de la Revolución francesa y especialmente con las de Napoleón.

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Napoleón Bonaparte

Poco tiempo después de ser investido por el Directorio como jefe supremo de los ejércitos, decidió atravesar los Alpes con sus tropas (5 de abril de 1796).

Para ello, resolvió ir por una de las rutas más peligrosas, pero también más cortas, hacia su objetivo, que era concretamente la Corniche, marchando sobre los acantilados entre los Alpes y el Mediterráneo ; de esta forma, también se exponía a los ataques de los buques ingleses a lo largo de la costa. Pero Napoleón realizó perfectamente su plan y a través de este camino llegó a Italia en cuatro días.

Más tarde, Napoleón se adentró en los Alpes por los caminos más difíciles, después de que los austríacos hubieran sido, una vez más, batidos por los franceses fuera de Italia del Norte.

El paso de los franceses por la ruta del puerto de San Bernardo empezó el 16 de mayo; los austríacos no esperaban ver a Napoleón tomar este itinerario que atravesaba Suiza y que constituía un campo de operaciones difícil, y su ejército, por consiguiente, estaba menos reforzado.

La vanguardia francesa, dirigida por el general Lannes, desembocó de improviso en el valle del Po y atacó a los austríacos por la retaguardia. Napoleón no dudó ni un momento en llegar hasta Milán. El 14 de junio de 1800 batió en Marengo al ejército austríaco, que tenía superioridad en efectivos y armamento.

Estas dos brillantes hazañas demuestran claramente que Napoleón, hábil estratego, estaba en perfectas condiciones de hacer pasar su ejército a través de los Alpes, que, por otra parte, no era una excepción, pues en 1799, un año antes del paso de Napoleón por San Bernardo, el mariscal ruso Suvorov, mandando un ejército austro-ruso, había pasado los Alpes para extenderse con éxito en el valle del Po. En 1800 no fue Suvorov el que tuvo que replegarse ante Napoleón, sino Mélas.

Algunos años después de estos memorables acontecimientos militares, varias campañas se desarrollan en el Nuevo Mundo sobre las regiones montañosas; algunas de ellas fueron conducidas por Simón Bolívar, que, gracias a sus caminatas por los Andes, sorprendió a los españoles y sus partidarios y les infligió numerosas derrotas, contribuyendo activamente a la liberación de Hispanoamérica.

Durante la primera guerra mundial, la lucha en la montaña iba a ser un importante campo de operaciones militares. En los Cárpatos se libraron furiosas batallas entre rusos y austríacos, mientras que en los Alpes estos últimos estaban en disputa con los italianos.

También durante la segunda guerra mundial se ha combatido en las montañas, a menudo entre unidades especializadas. Recordemos la rudeza alemana a través del Cáucaso. El 9 de agosto de 1942 los alemanes ocuparon los yacimientos petrolíferos de Maikop y las refinerías de Krasnodar y avanzaron en seguida en dirección al este hasta adentrarse 100 kilómetros sobre los campos de petróleo de Grozny.

Una patrulla de cazadores alpinos escaló el Elbrús el 21 de agosto de aquel mismo año y plantó la cruz gamada sobre el pico más alto de Europa. Sin embargo, su ofensiva se desencadenó en el Cáucaso, principalmente en el valle del Terek.

Otra región donde se ha combatido encarnizadamente durante la segunda guerra mundial es en el sudeste asiático.

En Birmania, el avance del general norteamericano Stilwell, jefe de Estado Mayor de Chang-Kai-chek, desde Ledo hasta el campo de aviación de Myitkyna y a través del valle de Hukawang, fue una de las más impresionantes expediciones de montaña que jamás se han realizado (1943-1944).

Uno de los principales problemas para la guerra en esta parte de Asia era el del transporte; las fuerzas armadas tuvieron que ocuparse en más de una ocasión de construirse sus propias vías de comunicación; en muchos lugares, los soldados encargados de trazar las carreteras iban pisando los talones a las vanguardias.

La zona fronteriza entre Birmania y la India, donde en el transcurso de la primera mitad de la guerra los británicos tuvieron que batirse en retirada ante los japoneses, no poseía casi carreteras; se trata de un macizo montañoso, salvaje y espeso, constituido por un contrafuerte del Himalaya.

Durante los meses de enero a mayo de 1942, los británicos y los chinos fueron rechazados por los japoneses, ocupando la famosa Ruta de Birmania, una de las más importantes carreteras de montaña en el sudeste asiático. Este trabajo representaba un interés estratégico muy importante para el abastecimiento de las tropas chinas.

La conquista de esta carretera por los japoneses suscitó graves problemas; el aprovisionamiento de Chang-Kai-chek debió hacerse desde el exterior por vía aérea, o desde abajo a través de los contrafuertes al sudeste del Himalaya, y aun así, los aliados rechazaban el tener que restablecer una situación que de por sí era desesperada, particularmente por las audaces intervenciones del general Stilwell.

En algunas ocasiones se ha recurrido en las regiones montañosas a métodos de guerra clásicos, generalmente por movimientos de resistencia y guerrilleros. Precediendo a las líneas de formación regulares de sus ejércitos, estos grupos creaban numerosas dificultades al enemigo, al que a veces infligían cuantiosas pérdidas.

Los acontecimientos en Yugoslavia son un ejemplo reciente de esta táctica. En el macizo abrupto y poblado de árboles, la guerra de guerrillas contra los alemanes y a veces contra otros guerrilleros alcanzó su máximo desarrollo.

En principio, el jefe de la resistencia yugoslava era el general Mihailovich, partidario del rey Pedro, pero a partir de 1942 Tito tomó el mando del movimiento, al frente de más de doscientos mil hombres armados desde el aire por los ingleses o con armamento conseguido del enemigo, sobre todo después de la capitulación de Italia.

Los hombres de Tito llegaron a apoderarse de enormes cantidades de armas. Hubo ocasiones en que los partidarios de Mihailovich y los de Josip Broz —alias Tito— habían combatido juntos. En cierta ocasión Tito cercó una veintena de divisiones  enemigas,  ya  que dirigía la guerrilla de manera magistral.

Nunca Tito se dedicó a la defensa de un territorio determinado; si la presión del enemigo era muy fuerte, se retiraba a la montaña para reaparecer en seguida de improviso en otro lugar; tanto él como sus partidarios llevaban una vida difícil; mal alimentados, equipados y armados, debían combatir a un adversario mucho más fuerte, pero Tito logró resistir hasta la victoria final. Mihailovich, su adversario en el propio país, compareció ante los tribunales y fue fusilado.

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Historia Origen de Rusia Primeros Pueblos Fundadores Pobladores

Historia del Origen de Rusia
Primeros Pueblos del Territorio

Poblaron Rusia, al principio, especialmente su región meridional, diversos pueblos de los que pocos recuerdos han llegado hasta nosotros. El primer Estado ruso, el reino de Kiev, lo fundaron vikingos procedentes de Suecia: los varegos. El poderío de Kiev llegó a su apogeo con Iaroslav, pero la ciudad fue destruida por los tártaros. Éstos fundaron el imperio de la Horda de Oro, destruido a su vez por el reino de Moscú.

El principio de la historia de Rusia está envuelto en el misterio. Sin embargo, desde muy antiguo habitó el país gente de quien los griegos y los romanos tenían ya conocimiento. Herodoto cuenta que, en el siglo VII antes de Jesucristo, los escitas habían fundado un poderoso imperio nómada en el sur de Rusia y mantenían relaciones comerciales con las colonias griegas establecidas a lo largo de la costa septentrional del mar Negro. Eran hábiles comerciantes y orfebres notables.

Antes del comienzo de la era cristiana, los escitas se vieron obligados a retroceder, rechazados por los sármatas.

Éstos hubieron de retirarse a su vez presionados por los godos, cuando vinieron a instalarse en las estepas situadas al norte del mar Negro, a las mismas puertas del imperio romano de Oriente, en los siglos II y III de nuestra era.

Hacia el año 375 se produjo una nueva invasión: la de los hunos, que, procedentes de Asia, habían emprendido una verdadera marcha hacia Occidente y echaron a los godos de Rusia meridional, preparando de este modo el camino a otros pueblos.

En efecto, unos después de otros, los avaros y los jázaros fueron a instalarse en el sur de Rusia. Los jázaros formaban una horda compuesta por gente de origen diverso entre la que se contaban los hunos, los búlgaros y los magiares. Aparecieron en Ucrania hacia la mitad del siglo VII, y es probable que allí se pusieran en contacto con los eslavos, que también se habían establecido en la región.

Como ya hemos dicho, los eslavos procedían de un vasto territorio situado al este del Weser y hablaban al principio una misma lengua indoeuropea. Tanto desde el punto de vista político como militar los eslavos cayeron bajo la férula de los jázaros, aunque demostraron ser hábiles comerciantes, especializados principalmente en el comercio de pieles, miel, cera y esclavos, estos últimos en el sentido de siervos.

Sin embargo, los pueblos que ocupaban la parte meridional de Rusia pronto hubieron de contar con nuevos invasores. Los vikingos,  llegados de Suecia y cuyo centro comercial más importante estaba en la isla de Gotland, atravesaron el sur de Rusia en el siglo VIII para dirigirse a los mercados de Bagdad. Utilizaron las vías navegables que confluían con el Volga y el mar Caspio.

Sus actividades comerciales se desplazaron pronto de Bagdad a Constantinopla, de más fácil acceso. De nuevo utilizaron una vía fluvial: el Dniéper, atravesando de este modo, como estaban acostumbrados, la Rusia meridional.

Estos vikingos eran conocidos también con los nombres de varegos y rus. Según viejas crónicas rusas, fueron los primeros en crear un Estado ruso. El mérito le corresponde a un tal Rurik (o Riurik), que según parece se estableció en Novgorod en 863. Sus sucesores se apoderaron de Kiev, que fue la principal ciudad de su imperio. Los varegos se mezclaron rápidamente con la población local, por la que acabaron siendo absorbidos sin casi dejar rastro.

Descendiente lejano del legendario Rurik fue Vladimiro I, o san Vladimiro (978-1015). Auténtico fundador del Estado, fue el primer soberano ruso que se convirtió al cristianismo, llegado a aquel país procedente del imperio romano de Oriente. Su hijo Iaroslav (1019-1054) puede ser considerado uno de los monarcas más poderosos de su tiempo.

La Rusia de Kiev —que así es como se designa su reino— mantenía estrechas relaciones comerciales con Occidente.

Lazos familiares estrechaban aún más esta verdadera alianza con los países occidentales. La hermana de Iaroslav contrajo matrimonio con el rey de Polonia; su hija Isabel, con el de Noruega; su segunda hija, Anastasia, con el de Hungría, y Ana, la menor, con Enrique I de Francia. Finalmente, su hijo había desposado a la princesa de Constantinopla.

San Jorge PAtrono de Rusia

San Jorge Patrono de Rusia

Tales matrimonios contribuyeron grandemente a la importancia del reino de Iaroslav. A la muerte del soberano disminuyó, sin embargo, el poderío de Kiev, pues las tierras del sur sufrían, cada vez con más frecuencia, las destructoras incursiones de algunas tribus nómadas.

Estas invasiones llegaron a su punto culminante con la entrada en escena, en el siglo xm, de los mongoles, a los que la historia rusa suele llamar tártaros. Estos últimos ejercieron sobre el país una influencia decisiva. Los generales de Gengis Kan llegaron a entrar en Rusia meridional, pero sólo se trataba de una expedición de pillaje. Contrariamente, sus sucesores atravesaron Rusia de punta a punta hasta llegar a Siberia.

Después de la batalla de Wahlstatt, cerca de Legnica (Liegnitz), se replegaron a Rusia y fundaron, en el curso inferior del Volga, la ciudad de Sarai, que fue la capital de la Horda de Oro, el poderoso imperio mongol que se extendía desde los montes Urales y el mar Caspio  hasta el Bajo  Danubio.

El imperio de la Horda de Oro sobrevivió hasta el siglo XV y ejerció gran influencia. La lengua rusa hizo suyas numerosas palabras de origen asiático. En el plano político los tártaros instauraron la fórmula oriental de la autocracia del soberano. También dieron brillante ejemplo en el terreno militar e influyeron en las costumbres y en el vestido.

El poderío mongol acabó por desmoronarse. La resistencia vino de Moscú, ciudad a la que la destrucción de Kiev había dotado de una importancia política de la que careciera hasta entonces. Por otra parte, Moscú era el centro de la vida religiosa del país desde que el arzobispo (metropolitano) se trasladó a vivir allí.

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Los Pueblos Sármatas Origen,Costumbres, Cultura e Historia

Historia de los Pueblos Sármatas Origen , Costumbres y Cultura

Los Sármatas, fueron un pueblo nómada y pastor que hablaba una lengua indoirania, y que en el siglo V a.C., según los relatos del historiador griego coetáneo Heródoto, vivía entre el mar Caspio, el río Don y el mar de Azov (zona que actualmente forma parte de Rusia), en el país denominado Sarmacia. Hacia el siglo III a.C., habían sometido a los escitas de las grandes llanuras del norte del mar Negro (con quienes guardaban numerosas semejanzas), y su territorio aumentó desde el mar Báltico hasta el mar Negro y desde el río Vístula al Volga.

Los sármatas, o saurómatas, eran un pueblo nómada emparentado con los escitas. Procedían de Irán, y en el siglo v antes de Jesucristo invadieron la parte oriental de Europa y fijaron su residencia en la región situada al este del Don y que llega hasta el Volga.

Un siglo más tarde atravesaron el Don y pasaron al oeste. Unos cien años después se adueñaron de la región del Dniéper y sometieron a los escitas. En el siglo I antes de nuestra era llegaron hasta el curso inferior del Danubio, y durante la época comprendida entre 250 antes de Jesucristo y 250 de nuestra era, aproximadamente, dominaron la parte sur de Rusia.

Los sármatas eran un pueblo numeroso compuesto por diversas tribus. Los escritores clásicos que nos hablan de este pueblo nos transmitieron incorrectamente los nombres de aquéllas y se equivocaron en lo que se refiere al área que ocupaban.

samartas y marco aurelio

Delegación de sármatas frente a Marco Aurelio

El historiador griego Herodoto afirmaba que no eran de pura raza escita, sino resultado de la unión de los escitas con las amazonas. Herodoto añade que hablaban un dialecto incorrecto, y que sus mujeres, a las que incluso incitaban a tomar parte en los combates, gozaban de mucha libertad. Hipócrates, otro autor griego, clasificaba por el contrario a los sármatas dentro del grupo escita. De ello deducimos que aquéllos eran un pueblo distinto, aunque con fuertes afinidades con los escitas.

Entre los sármatas, los roxolanos fueron los primeros en ir a instalarse al oeste del Don. Después de ellos vinieron los yacigios, que avanzaron hasta el mar de Azov y ocuparon, en el siglo I de nuestra era, el llano que se extiende entre los ríos Don y Tisza, donde se hicieron llamar yacigios metanastai.

Un tercer grupo, los alanos sármatas, resultado del cruce entre los siracos y los adorsos fue mencionado por primera vez por un general chino en la reseña de su viaje. Los alanos sármatas vivían en las estepas que rodean el mar de Aral y el Caspio. De allí se dirigieron a la parte oriental de Europa, llegando finalmente al Don.

Pertenecen también al grupo sármata   los   marcomanos,   que combatieron a menudo contra los romanos (durante el reinado de los emperadores Augusto, Nerón y Marco Aurelio, entre otros). Finalmente, los sármatas fueron parcialmente rechazados por los hunos y obligados a replegarse hasta el Cáucaso. Los restantes, durante su emigración en masa, llegaron a África, donde fueron exterminados.

El país en el cual habitaron (la región al este del Vístula y del Dniéster) fue llamado Sarmacia por los romanos, y es la denominación latina de la actual Polonia.

Como los sármatas procedían de Oriente, vestían al modo oriental o, más exactamente, al modo persa. Adornaban sus vestidos con pequeñas placas de metal, de plata u oro. Utilizaban también hebillas, y, a partir del siglo n, se puso de moda la hebilla de clavillo que habían introducido en toda el área de Asia Menor en la que se hablaba el griego.

Apreciaban igualmente los adornos de esmalte o de filigrana (objetos confeccionados con hilo de oro o plata). Cuatro sepulturas yacigias del siglo ni descubiertas en Hungría nos indican que los sármatas realizaban sacrificios humanos; también enterraban diversos objetos junto con los muertos.

En las tumbas, al lado del carro fúnebre, se encontraron guarniciones y otras piezas, casi siempre de plata y hierro, y también, aunque no tan a menudo, de bronce o de oro.

En la época de la dominación sármata la prosperidad de Rusia meridional se vino abajo. La economía ganadera sarmática suplantó a la economía agrícola escita. Los sármatas eran, en efecto, pastores nómadas que criaban ganado y caballos exclusivamente para el uso de la tribu. Usaban los carros como viviendas, y la ciudad o cualquier otro tipo de establecimiento permanente era desconocido entre ellos.

Los sármatas eran un pueblo belicoso. El arma que más utilizaban era la espada corta, que según parece copiaron de los alanos. En tiempos del imperio romano aparecieron las espadas de hierro, largas o cortas, provistas de un pomo redondo adornado o formado por cabujones.

A partir del siglo II antes de Jesucristo emplearon también largas flechas con la punta de hierro y tres aletas. Otras armas de uso frecuente fueron la lanza, la azagaya y el lazo. Raramente utilizaron hachas de guerra. Para protegerse, los guerreros sármatas llevaban unos cascos redondos o acabados en punta, hechos generalmente de hierro o con cuero de buey.

En el siglo II apareció la coraza. Los sármatas se especializaron principalmente en la guerra de guerrillas. Su caballería era excelente y constituía la base de su poder militar. A la muerte de un caballero le enterraban junto con los arneses de su montura, e incluían las grandes espuelas de oro y plata.

La población sármata del sur de Rusia se dedicaba también al comercio y a la industria. Fabricaba artículos de cerámica, especialmente unas vasijas esféricas; por ello se encontró en las sepulturas toda clase de utensilios de bronce y de cerámica.

Los sármatas mantuvieron continuamente relaciones comerciales con numerosas comarcas. Durante el primer período de la dominación sármata en  Rusia importaron  de  Persia numerosos productos. Más adelante adquirieron gran cantidad de artículos en las colonias griegas del mar Negro, y las importaciones de Persia fueron disminuyendo progresivamente.

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Arquitectura Árabe o Islamica Arco Herradura, Arabescos, Alminares Resumen

Arquitectura Árabe o Islámica
Arco Herradura, Arabescos, Alminares

El arte musulmán nació del contacto con otras culturas. Sin embargo, la religión restringió la exteriorización de la forma artística en la construcción de mezquitas y palacios. En cambio, fue mayor la riqueza de la decoración y de los motivos ornamentales. La cerámica, el estuco, los frisos y los arabescos abundan en las paredes y en los arcos de herradura con motivos en madera, cobre o bronce.

En el momento en que los árabes, espoleados por su reciente fe en Mahoma, se lanzaron a la conquista del mundo, sólo eran nómadas sin el menor pasado cultural. Todo lo referente al arte les era extraño y el primer contacto lo tuvieron en los países conquistados, de tradiciones artísticas y culturales bien establecidas; a saber, Siria, Egipto y Mesopotamia.

Los musulmanes tuvieron el enorme mérito de no ignorar este capital y mucho menos de destruirlo. Por el contrario, lo aceptaron y adaptaron a sus necesidades personales y estéticas. Esta mezcla, esta fusión de valores artísticos extranjeros y conceptos propios, es una de las más importantes características del arte musulmán cuyo florecimiento duró tres siglos. La influencia de la religión en la estética es una segunda característica de este arte.

Por tal motivo, dado que el Islam veía con malos ojos la representación de seres vivos, la escultura y la pintura no existen prácticamente, pero como los califas y altos dignatarios eran protectores naturales de las artes, sus palacios y casas estuvieron ricamente decorados. Esto explica que en todos los países musulmanes se encuentren, a pesar de todo, frescos murales y frisos con numerosos personajes.

Sin embargo, todo esto repercute en el arte decorativo. Pero fue un arte decorativo que no conquistó las mezquitas, en las que, no obstante, la creación artística se manifestaba con mayor fuerza. Puede decirse, pues, que la escultura, así como la pintura, tuvieron sólo un papel secundario en todas las manifestaciones y creaciones artísticas del Islam.

Por el contrario, los motivos decorativos son mucho más importantes y ricos, hasta el punto que constituyen la característica esencial de la arquitectura. Con frecuencia las formas estructurales se ven sofocadas por exuberantes motivos decorativos, tanto en el interior como en el exterior de las construcciones. Asimismo, el artista usa como temas, puertas, hornacinas y arcos. Así, los arcos de herradura se han extendido a través de todo el Islam.

arcos herradura de la arquitectura arabe

Santa María la Blanca, en Toledo, que fue primero una sinagoga y después una iglesia católica, es un testimonio de la influencia e importancia del   estilo   árabe   en   España

El carácter ornamental llevado al máximo en la arquitectura musulmana impidió que fuera monumental. Este abuso de técnicas decorativas se debe al hecho de que los artistas musulmanes copiaron de otros pueblos los medios de exprésión artística.

Los asirios y los persas les transmitieron el arte de la loza y la cerámica, pero hay que reconocer el valor de sus trabajos en yeso, que les permitía dar a una pared desnuda la finura ; riqueza de un tapiz.

El estuco, mezcla de cal muerta, polvo de mármol y agua, les permitió realizar magníficos frisos que rodeaban arcos o dividían las paredes en varios paneles.

El arabesco es una de estas magníficas decoraciones murales. Se compone de figuras geométricas y líneas íntimamente mezcladas (ajaracas y almocárabes, atauriques), hojas estilizadas o motivos de escritura en árabe arcaico, particularmente destinado a este efecto.

En Córdoba, Granada y Sevilla, donde abundan las obras maestras de la arquitectura musulmana, encontramos otra forma de decoración de complicada poligonía, en «estalactita», es decir, que cae del techo. Asimismo se hizo empleo intensivo de mosaicos esmaltados.

Las mezquitas de España y Sicilia están adornadas con notables cinceladuras en madera y marfil. En otros países musulmanes predominó, sobre todo, la cerámica, tanto para el revestimiento del suelo como para la decoración de objetos de uso. El trabajo del cobre y el bronce, así como la perfección alcanzada en el arte del vidrio, completan la muy variada gama del arte ornamental musulmán.

Esta profusión y riqueza de motivos decorativos, ¿pueden considerarse una compensación o reacción contra la sobriedad del moblaje y la ausencia de cualquier otra ornamentación en las mezquitas? Cualquiera que sea el tipo al que pertenezca la mezquita, el único mobiliario está constituido por el mimbar, pulpito desde el cual el játib pronuncia la plática del viernes.

Este pulpito está situado en una especie de hornacina llamada mihrab, practicada en medio de la pared posterior de la mezquita y que señala la dirección de La Meca. La entrada al santuario está delimitada por un pequeño patio rectangular en medio del cual se alza la fuente que sirve para las abluciones rituales. Por el contrario, no hay bancos, sillas ni cuadros. Cada mezquita está coronada por un alminar. Los entendidos pueden reconocer el estilo arquitectónico de la mezquita observando su alminar…

Desde esas torres, siempre distintas, pero siempre esbeltas, donde mayormente se evidencia la diversidad y evolución del estilo árabe, e incluso sus influencias, el almuédano convocaba o convoca a los fieles a la oración.

alminar en la arquitectura árabe

Alminar árabe:El Corán es el libro sagrado de los musulmanes. Contiene los preceptos y dogmas que muchos musulmanes saben de memoria. «Los cinco pilares del islam» tiene especial importancia; junto con la fe en Alá, la oración, la caridad, el ayuno y la peregrinación a La Meca, forma el centro de las preocupaciones espirituales de los discípulos de Mahoma

Fuente Consultada:Enciclopedia Juvenil – Tomo I Credsa AZETA – Historia del Arte Árabe

Civilizaciones del Rio Indo Primeros Pueblos de la India Vida y Costumbres

Civilizaciones del Rio Indo
Vida de los Primeros Pueblos de la India

En todas las épocas los hombres se han sentido impulsados a cruzar mares, a construir imperios, a extender sus civilizaciones. Hace casi cinco mil años los pueblos del Indo actuaron de este modo.

En la India se desarrolló una civilización compleja en una época temprana. El legado de los imperios sucesivos sigue influyendo en aspectos de la vida actual en el subcontinente. De no ser por el ferrocarril del valle del Indo, ignoraríamos tal vez todavía la existencia de esta cultura, una de las mayores de la antigüedad. Pero al trazar los ingenieros, en los años veinte de este siglo, el tendido de la vía, tuvieron que apartar cerca de Sahival (Montgomery) tal cantidad de viejos ladrillos cocidos, que acabaron llamando a los arqueólogos.

Y con un trabajo sistemático, dirigido por los ingleses sir John Marshall y sir Mortimer Wheeler, salieron a la luz en los años veinte y cuarenta los restos de una extensa ciudad, Harapa, de trazado y construcción nunca vistos. Muy poco después le llamó la atención a uno de los arqueólogos, 700 km al sur, junto a Larkana, que los ladrillos de un monasterio budista situado a orillas del Indo eran muchísimo más antiguos que el monasterio en cuestión. Resultado: exhumaron los cimientos de Mohenjo-Daro (*), ciudad mucho más importante todavía. (*)también:Mohenjodaro.

HISTORIA DE ESTOS PUEBLOS:

En el valle del Indo, como en otros lugares, se han encontrado vestigios de edades prehistóricas que, al parecer, muestran ciertas conexiones entre las culturas india, africana y del sudeste asiático. Nuestros conocimientos de estos remotos pueblos son demasiado escasos e imprecisos para que puedan pasar a formar parte de la historia. Sin embargo, sabemos que antes de la conquista de los arios existió allí una civilización emparentada con la egipcia y la sumeria de los milenios IV y III a. de J. C. y que podemos calificar de muy avanzada. ¿Quiénes eran estos hombres que vivían con tantos adelantos en épocas tan remotas?.

Su civilización fue un producto esencialmente indio que se desarrolló con mayor o menor contacto con la de Mesopotamia, más antigua, y que contaba con una cultura individual y lenguaje propio. Hasta 1922 no dio comienzo la sistemática excavación de lo que ahora llamamos civilización del Indo, pero desde entonces se han ido descubriendo más y más lugares. En la actualidad pasan de sesenta, que cubren más de un millón de kilómetros cuadrados del valle del Indo y de las regiones vecinas de Pakistán e India.

Lo verdaderamente asombroso de esta civilización es, en primer lugar, su extensión; segundo, su completa uniformidad; tercero, nuestro total desconocimiento de la misma hasta hace menos de cincuenta años, y cuarto, la casi completa ausencia del menor indicio de crecimiento.

mohenjo daro en la India

Mohenjo-Daro, muros de ladrillo del llamado “Gran baño”. En esta ciudad, planificada sistemáticamente, hasta los más pobres podían utilizar los pozos de los ricos.

mapa del indo en la india civilizaciones

Como el resto de civilizaciones del planeta, la primera civilización de la India floreció junto a unas llanuras de inundación fértiles, en este caso las del río Indo, en las cuales al menos dos grandes ciudades constituyeron centros administrativos: Harappa al norte y Mohenjo-Daro al sur. Se hallaban separadas por una distancia de unos 650 km, y en las tierras que las conectaban había una serie de pequeños poblados y poblaciones que constituían lo que se conoce como la civilización del río Indo, del valle del Indo o de Harappa.

Desde entonces se han descubierto más de 70 lugares, que pertenecen sin duda a un solo reino — tal vez de muy poca cohesión—, que floreció alrededor de 2200-1700 a. C. y que, desbordando con mucho el valle del Indo, fue más extenso que ninguna otra cultura conocida hasta ahora de la edad del bronce.

Con la ciudad portuaria de Lothal, descubierta entre 1955 y 1962 en el golfo de Cambay, tuvieron el primer puerto artificial del mundo, en cuyos muelles podían atracar a la vez hasta 55 barcos. Navegaron desde allí, entre otros rumbos, por el golfo Pérsico hasta la isla de Bahrain y llevaron sus piedras preciosas, telas de algodón, especias y colmillos de elefante hasta Mesopotamia, cuyas culturas urbanas protosuméricas constituyeron probablemente el ejemplo de las del período de Harapa, en el valle del Indo.

La jungla de Harappa: Al igual que Sumer y Accad, las ciudades del Indo se hallaban en un país que en la actualidad es terriblemente yermo e inhóspito: un árido desierto de sal con sus árboles y arbustos achaparrados cubiertos con lo que Piggot llamó «satánica imitación de nieve» y cuya temperatura alcanza casi los cincuenta grados en verano. La erosión del Indo ha formado otro cauce y ahora fluye a varios kilómetros de distancia.

Y sin embargo, este país debió ser una tierra floreciente y cubierta por la jungla en la época de las grandes ciudades de Mohenjo-daro y Harappa (desconocemos sus antiguos nombres; éstos son los de dos pueblos modernos cercanos a los lugares de su emplazamiento).

Ambas, en efecto, de cerca de tres kilómetros cuadrados de superficie cada una, fueron construidascon ladrillos cocidos, y ello supone una disponibilidad ilimitada de madera para combustible. Además, sabemos por los dibujos de sus sellos que los habitantes de Harappa conocían el carabao, el rinoceronte, el oso, el mono, la ardilla, el loro y el ciervo, aparte de diversos peces y cocodrilos.

Este problema del endurecimiento del clima se le plantea al geógrafo en muchos lugares, desde Arizona al Sahara y desde Egipto al Turkestán. No se ha hallado ninguna respuesta   satisfactoria:   en  el  valle  del   Indo, por ejemplo, existen pruebas de que la región del monzón se ha retirado ligeramente, pero la negligencia de los hombres y la denudación de los bosques deben haber sido un factor importante. En todo caso, el contraste entre el pasado y el presente es más sorprendente aquí que casi en ningún otro lugar del mundo.

La influencia de otras culturas
La prehistoria de la India poca o ninguna luz puede decirse que arroje sobre la repentina madurez e inmensa burocracia de la civilización del Indo. Existen muy pocos restos humanos en la península y el único recuerdo del hombre lo constituyen una infinidad de piedras, que oscilan de las grandes y rudimentarias piedras «pre-Soan» del Punjab, a las diminutas piececillas laminadas de la India central.

De las hachas de mano y otros utensilios encontrados podemos deducir que en los tiempos prehistóricos ya se conocían algunas de las grandes rutas comerciales en torno al océano Indico, y el cráneo mogoloide encontrado en Harappa constituye una prueba del contacto con China, que pudo tener lugar a través de los pasos birmanos hacia Yunnan y el Yang-Tsé; pero ello no supone una gran ayuda en nuestro estudio de las ciudades del Indo.

Tampoco  descubrimos  gran  cosa  al  examinar las culturas rurales del Beluchistán y la llanura adyacente que florecieron alrededor del año 3.000 a. de J. C, y que eran precursoras inmediatas de la civilización del Indo. Estos pueblos vivían en los valles entre cordilleras descomunales, aislados como las ciudades-estado griegas primitivas, cada una en su fortaleza de la montaña. En la actualidad, estas culturas son objeto de multitud de investigaciones arqueológicas, y se distinguen unas de otras principalmente por su alfarería.

La de los distritos de Nal y Amri es avanzada y colorista, con representaciones realistas de animales,   mientras   que   la   de   Kulli-Mehi parece influenciada por el pánico a los espacios vacíos que asociamos a algunas ánforas griegas primitivas y su tema principal es el carabao. De Zhob proceden varias figurillas femeninas con aspecto de calavera, que nos conducen al mundo sobrenatural de la magia y la superstición, que suponemos impregna las culturas de la India, así como las de Sumer, EgiptoCreta y América.

La religión de los harappas: Se desconocen por completo las prácticas religiosas de los harappas, ya que no parecen existir templos u otros edificios sagrados relacionados con sus ciudades. Se ha especulado con que la casa privada pudiera ser el lugar principal para la expresión de la devoción religiosa. Sin embargo, la arquitectura y los objetos hallados nos permiten atisbar algunas pistas sobre sus cultos.

Los grandes baños comunes y las condiciones de salubridad públicas reveladas por los yacimientos de Harappa, Mohenjo-Daro y otros apuntan a prácticas basadas en ritos de limpieza y purificación, un tema común en el sistema religioso posterior del hinduismo.

Algunos objetos también demuestran la existencia de precursores de deidades hindúes como Shiva, los cuales aparecen en sellos que describen un figura cornuda sentada en una posición de yoga, mientras que en otros se retrata a animales y criaturas míticas. También es posible que las estatuillas de mujeres aparentemente embarazadas tuvieran algún significado religioso.

sellos de la india antigua

Por los numerosos sellos encontrados en las ruinas de las ciudades sabemos que hubo un tiempo en que las áridas llanuras saladas estaban llenas de vida. Entre sus dibujos se advierten osos, tigres, antílopes y rinocerontes, 5, y, sobre todo, un extraño buey de un solo cuerno (7, 2 y 4). Algunos, como el número 3, representan «monstruos fabulosos». El 6 es especialmente interesante: muestra una figura sentada con las piernas cruzadas que, aún en fechas tan remotas, podría ser Siva, el dios creador y destructor de los hindúes. Las inscripciones de los sellos, escritas en un idioma que todavía desafía los intentos de los eruditos por descifrarlos, parecen ser nombres de personas.

Los tipos humanos y su habitat
¿Cómo eran las gentes en aquellas remotas ciudades? El tipo predominante era el mediterráneo, de mediana estatura y complexión aceitunada, cabeza y cara largas, nariz larga y afilada y ojos y cabello oscuro; un tipo común en la India de hoy. Probablemente, el tipo protoaustraloide, con facciones negroides y cabello rizado y crespo, se encontraba en un estrato más bajo de la escala social.

Existe una sorprendente representación de este grupo racial en el más bello de todos los objetos encontrados en Mohenjo-daro: una estatuilla de bronce de una muchacha danzante, con la cabeza inclinada provocativamente y el brazo derecho sobre la cadera, como si fuera a empezar a mover el cuerpo en una danza sugestiva.

Un tercer tipo, el armenio, está al parecer representado por la cabeza de un hombre barbudo luciendo un traje adornado de tréboles. El simbolismo religioso del trébol puede indicar que se trata de un sacerdote o hasta un dios, pero su frente baja y hundida, las estrechas aberturas de sus ojos, su labio inferior prominente, su recto labio superior y la forma estilizada de su barba hacen de él el tipo de hombre que a nadie le gustaría encontrarse en una noche oscura, y resulta difícil situarle en cualquier categoría racial.

El tiempo nos ha gastado algunas extrañas bromas de supervivencia en las ciudades del Indo. No existe el menor indicio de enterramientos apropiados, probablemente porque los primeros estratos quedan por debajo del nivel del agua y hasta ahora ha sido imposible excavarlos.

Sin embargo, han subsistido algunos objetos diminutos: restos de tela de algodón, por ejemplo, en Mohenjodaro, revelados por la formación de sales metálicas. Ello constituye, con mucho, el vestigio de algodón más antiguo que se conoce.

También se han encontrado juguetes infantiles, algunos de ellos en los desagües, como si hubieran sido arrastrados con el agua del baño, y también modelos de animales y carros móviles, y hasta un pito y un mono diseñado para subir por un palo.

Hay restos del roce cotidiano en la esquina de ún edificio por donde pasaban los animales de carga, una huella humana junto a un manantial, conservada gracias a las sales minerales, y hasta las huellas de un gato y un perro marcadas en un ladrillo puesto a secar en Chanhudaro.

Sabemos que el perro estaba persiguiendo al gato porque las marcas de este último aparecen esparcidas, como si se tratara de una huida precipitada. Y sin embargo, seguimos sin saber nada de lo que estas gentes escribieron o dijeron, pensaban o creían.

Algo sabemos de sus vestiduras ceremoniales. Las mujeres parecen lucir peinados enormes y hasta grotescos, en forma de cesta, y los hombres llevaban largas túnicas, pero no sabemos casi nada de sus atuendos diarios. Se encuentran varias clases de peinados: castañas, colas de caballo y hasta un ondulado permanente. Se han hallado varias navajas de afeitar y tarros de maquillaje.

Las casas eran en general bastante grandes, con un patio central y pocas o ninguna ventana a la calle, pero con garitas para los guardianes, parecidas a las chaukidars de la India moderna. Todo lo referente al mobiliario o decoración interior es pura conjetura. Podemos suponer que los habitantes de Harappa se sentaban a comer con las piernas cruzadas, ya que hay suficientes muestras de esta postura. Lo más importante de las ciudades del Indo es su espléndido sistema de alcantarillado, el mejor que se ha encontrado en la India anterior a la llegada de la civilización occidental.

Los desagües desembocaban en alcantarillas colocadas a lo largo de las calles y bien cubiertas. Es curioso que, a pesar de los numerosos cuartos de baño, existan escasos indicios de retretes, lo que constituye un ejemplo más de las extrañas desigualdades de esta civilización.

Podemos imaginarnos parte de la vida diaria de los hombres de Harappa, ya que hay muchos detalles que subsisten en la actualidad. Encontramos pozos en los patios donde se reunían los criados a murmurar e incluso un piso que podría haber sido el restaurante.

Seguramente los hombres saldrían en botes como los de ahora a cazar y pescar y existiría una vasta administración pública para organizar los inmensos ejércitos de obreros necesarios para construir y conservar las ciudades.

arcillas de mohenjodaro y harrapa
Figuras modeladas en arcilla como este carro de bueyes, muy bien estudiado, con sus ruedas de disco, nos pintan la vida cotidiana de Mohenjo Daro y también la diosa madre, claro testimonio de un culto a la fecundidad.

Más de mil sellos
Una contribución única de esta cultura al arte es el gran número de sellos de esteatita. Sólo en Mohenjo-daro se han encontrado más de mil doscientos. En su mayor parte son cuadrados de unos tres centímetros de lado. Tienen una lustrosa superficie blanca con toda una gama de animales pintados que se asocian con los signos de una escritura pictográfica.

El animal más común es una especie de buey que, al parecer, sólo tiene un cuerno, delante de un curioso objeto que ha sido identificado como un candelero, una jaula para pájaros y un pesebre sagrado.

Los artistas se esmeraron en la realización de los sellos, observando al mundo animal. Encontramos búfalos, tigres y rinocerontes, todos ellos representados con asombrosa viveza y realismo.

Independientemente de la idea de una civilización urbana, en la que Mesopotamia disfruta de prioridad mundial y de donde probablemente la sacarían los planificadores del Indo, existen algunos indicios muy definidos de un posible contacto entre Ur y las ciudades del Indo, anterior a los tiempos de Sargón de Accad (2400 a. de J.C.).

Tales vestigios consisten en sellos del Indo encontrados en Ur y fragmentos de alfarería sumeria en estratos bajos de Mohenjodaro. Son posteriores otros cuchillos de bronce o cobre del Indo hallados en Hissar y broches y objetos de lapislázuli en Ur. Pero de ningún modo existen todas las pruebas que podría esperarse.

El declive de lá sociedad harappa: Parece que la civilización del valle del Indo desapareció de forma repentina y casi sin dejar rastro en torno al 1750 a. C. Se han formulado diversas hipótesis en torno a esta desaparición, como el cambio climático, la existencia de inundaciones devastadoras (algo habitual en la zona) y el agotamiento de la tierra, que bien podría haber exacerbado los problemas acarreados por las inundaciones. Pero la explicación esgrimida con más frecuencia sostiene que los harappas fueron conquistados por los arios, término con el que se designaba a los guerreros nómadas que irrumpieron en India y Asia

Muerte en las calles: El fin de las ciudades fue violento y repentino, aunque durante algún tiempo anterior se aprecia su declinar. Las calles se ven invadidas por casas más pequeñas y hasta hornos de alfarero y por todas partes se encuentran signos de superpoblación y decadencia.

Aparentemente, sin embargo, Mohenjodaro fue saqueada y quemada en un decisivo ataque final. Hombres, mujeres y niños sucumbieron en las calles y sus cadáveres quedaron allí tendidos, lo que constituye un indicio bastante seguro de que la ciudad fue abandonada, al menos temporalmente.

En una senda hay nueve esqueletos, entre ellos cinco niños, y en otro lugar, al parecer, varias personas estaban subiendo las escaleras de un pozo en dirección a la calle cuando fueron derribados de espaldas y cayeron muertos al pie de los escalones. Lo más probable es que estos invasores fueran la primera oleada de arios, cuyos asaltos a las ciudades de los aborígenes se cantan en los Vedas.

De ser así, el apogeo de la civilización de Harappa podría situarse entre los años 2500 y 1500 a. de J. C, y su destrucción alrededor del 1500. Esperamos que un día se descifre su escritura, lo que nos permitiría saber más de esta enigmática civilización.

Ver: La India desde la Conquista Aria (2000 a.C.)

Fuentes Consultadas:
Atlas de Historia del Mundo Edit. Parragon – Historia de la India
Tras Las Huellas de Nuestro Pasado La Aventura Arqueologica – Edit. Círculo de Lectores – La Cultura Indo
La LLave del Saber Tomo I Ediones Cisplatina S.A. – El Hombre y El Gran Río Indo
50 Cosas que hay que saber sobre la Historia del Mundo Edit. Ariel – Ian Crofton –

Los Hicsos en Egipto Historia de los Reyes Pastores

En el idioma egipcio antichuo, HICSOS sugnifica ‘gobernantes extranjeros’, y fueron invasores semitas que conquistaron Egipto a principios del siglo XVIII a.C. y fundaron la XV y la XVI Dinastías. Acompañados de oros nómades de la región, después de llegar a Egipto,  tomaron Menfis y exigieron tributo al resto del país.

Establecieron una fortaleza en Avaris, en la frontera noreste del delta del Nilo, aunque dejaron el territorio al norte de Menfis bajo el gobierno de un príncipe menor de la antigua nobleza. Estos vasallos iniciaron la revuelta que bajo Amosis I (que reinó en 1570-1546 a.C.), fundador de la XVIII Dinastía, culminó con la expulsión de los gobernantes extranjeros. El único relato antiguo detallado de los hicsos es un pasaje citado por el historiador judío Flavio Josefo.

El triunfo de los hicsos debe atribuirse sobre todo a dos razones: al uso del caballo (que los egipcios desconocían) y a la calidad de sus armas de bronce, superiores a las de cobre usadas por los  egipcios.

De todos modos, este período difícil aportó a Egipto grandes transformaciones, no sólo por la adopción de ciertos elementos hyksos (caballos, bronce, etcétera), sino también porque, de allí en adelante, la política exterior de los monarcas egipcios estaría dirigida a cubrir el peligroso acceso por el Sinaí, con lo que los reyes de la XVIII dinastía habrían de iniciar una nueva línea ex-pansionista  hacia  el  Nordeste.

los hicsos o reyes pastores

El segundo periodo intermedio fue una época de confusión que duró unos 214 años. Los hicsos de la XV Dinastía mantuvieron el control sobre las zonas media y alta del país.

LA HISTORIA: Hacia el año 2052 antes de Jesucristo, los príncipes de Tebas se rebelaron y llevaron la audacia hasta desafiar a los señores de Heracleópolis, al nordeste del Alto Egipto. Como la suerte es de los audaces, triunfaron sobre ellos. El Antiguo Imperio cedió el paso al Imperio Medio. Mentuhotep II reunió de nuevo todo Egipto.

Durante la XII Dinastía de Menfis (1991-1792 a. de J.C.) reinó el orden en el país, que conoció un nuevo período de prosperidad.

Senusret III, el gran Sesostris (1878-1841 a. de J.C), continuó la obra de sus antecesores y finalizó la conquista de la Baja Nubia, comarca primitiva pero rica en minas de oro. Por otra parte reforzó la vía comercial del mar Rojo con la construcción de una serie de fortalezas, así como las comunicaciones entre el Sinaí y el Ponto en la costa somalí. Una gran diferencia con la política practicada por el Antiguo Imperio, que se había limitado a algunas expediciones punitivas o comerciales.

mapa territorio hicsos en egipto

 La invasión de los hicsos fue un verdadero cataclismo que conmovió hasta sus cimientos la sociedad egipcia. De hecho, el país se vio inundado por una oleada invasora que cayó por sorpresa sobre las ricas tierras del delta. No hay empero seguridad de que el Sur fuera ocupado, aunque parece ser que esta zona pagó un fuerte tributo a los advenedizos en cierta época; tampoco hay acuerdo sobre la extensión temporal de la ocupación. Los egipcios llevaron a cabo una sistemática destrucción de todos aquellos escritos que hicieran referencias a tan odiada invasión; al “flagelo”, como es denominada en las inscripciones funerarias. En cuanto a las explicaciones del historiador Manetón (300 a. dej. C), se consideran erróneas, incluso la explicación filológica que llevó a llamar a los hicsos “reyes pastores”.

La XII Dinastía no se detuvo aquí. Construyó una muralla a través del istmo de Suez para protegerse de las invasiones. Por otra parte, estableció relaciones comerciales con Creta, Fenicia y Babilonia. La historia sólo ha con-
servado el recuerdo de una expedición de Sesostris a Palestina, pero esto no impide que este soberano esté considerado un gran conquistador.

En el Egipto del Imperio Medio, su reinado está señalado con una piedra blanca. Amenemhet III (1849-1801 a. de J. C.) fomentó las investigaciones para la regularización de las crecidas del Nilo y emprendió unos trabajos cerca del lago Muris.

Los griegos de la antigüedad llamaban a Fayum «Cocodrilópolis» porque el dios náutico Sucho tenía cabeza de cocodrilo y era el protector titular de la región. En un estanque cercano al templo de los sacrificios, se alimentaban y cuidaban cocodrilos sagrados. Los sacerdotes velaban por el santuario y vigilaban la devoción del pueblo. Si moría un cocodrilo se le rendían los más altos honores.

Era embalsamado con el mismo cuidado que un rey, momificado y enterrado con el mayor respeto. Mucho tiempo después de su muerte, la población seguía llevándole ofrendas. Todavía hoy se encuentran cocodrilos momificados, especialmente en las tumbas de Monfalut.

Las construcciones del Imperio Medio estuvieron consideradas por los griegos como notables creaciones. El conjunto más sorprendente es, sin duda alguna, el Laberinto, monumento funerario que Amenemhet III se hizo construir y que, por su extensión, se comparó a un laberinto. Heródoto (484-±425 a. de J.C), que tuvo ocasión de admirarlo, lo describió en los siguientes términos: “supera en importancia y significado a las mismas pirámides”.

En verdad, es indescriptible. Comprende 12 jardines cubiertos. Hay 1.500 estancias encima del suelo y 1.500 en el subsuelo. Los sacerdotes no me han dejado entrar en estas últimas, porque en ellas se conservan las momias de los cocodrilos sagrados. Esta realización de los egipcios es una maravilla inigualable. Grandes salas y columnatas están decoradas con pinturas murales. En las paredes se han incrustado esculturas. El conjunto está rodeado por un cerco. Donde se termina el laberinto se inicia una pirámide.

El lago Muris, excavado por manos humanas, es una maravilla. Tiene una circunferencia de 3.600 estadios (medida griega de longitud que equivale a 125 pasos o 182 metros) y una profundidad de 50 brazas (distancia entre el extremo de los dedos medios cuando se extienden los brazos: entre 1,60 m y 1,90 m). En el agua se levantan dos pirámides. Por un canal, el agua, que no procede de una fuente, entra en él durante seis meses y se retira el resto del tiempo. Estas realizaciones de los egipcios superan en importancia al conjunto de los lugares santos construidos por los griegos».

El arte pictórico había alcanzado también un alto grado de perfección. Lo demuestran las 23 escenas de lucha representadas en una pintura mural. El fin de la XII Dinastía, así como el período de las XIII y XIV (1778-± 1610) fueron, de nuevo, tiempos agitados para Egipto. El Imperio no pudo impedir la invasión de los hicsos, “los jefes de las tribus asiáticas”.

Esto ocurrió hacia el año 1670 a. de J, C. Es probable que esta invasión fuese consecuencia de los desplazamientos de poblaciones, frecuentes en aquella época. ¿A qué raza pertenecían los invasores? Constituían un conjunto muy diverso. Entre ellos figuraban elementos hititas, amorreos, cananeos y semitas. Pues a los hicsos les siguieron los israelitas, los descendientes del patriarca Abraham, quienes entraron en el delta guiados por José.

La conquista de Egipto no parece haber sido difícil. Los invasores disponían de un armamento más «moderno», como el caballo y el carro que todavía no utilizaban los egipcios.

Los hicsos reinaron en el delta oriental durante un siglo aproximadamente. Adoptaron las costumbres egipcias, pero, según afirman las más recientes fuentes egipcias, al principio llevaron una vida bárbara. No obstante, tuvieron el mérito de adaptarse a una cultura superior a la suya. Por otra parte, enseñaron a los egipcios una técnica militar, más perfeccionada, aunque su dominio se basaba en la fuerza y el número. En cuanto se debilitaron, los príncipes locales volvieron a levantar cabeza y a partir de la XVI Dinastía, el Alto Egipto estuvo de nuevo en sus manos.

Los faraones de la XVII Dinastía se sintieron lo suficientemente fuertes para sacudirse el yugo y emprender la guerra de liberación contra las dos dinastías de reyes hicsos. Los soberanos egipcios no tardaron en restablecer las grandes tradiciones del delta del Nilo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil A Zeta Tomo I Edit. Credsa Entrada: Los Hicsos
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La Tierra Prometida a los Judíos Historia Biblica de Palestina

PALESTINA LA TIERRA PROMETIDA DE DIOS AL PUEBLO JUDÍO

En su largo desfile por los escenarios de la antigüedad en el Cercano Oriente, Palestina no llegó a consolidar un estilo propio de cultura. Tanto el arte como la técnica florecieron en este pueblo con los rasgos de las civilizaciones vecinas, de donde fueron asimilados. Sin embargo, un elemento caracterizó desde el principio a esta región: la fe en un Dios único. Este sí era un rasgo que la distinguía y la elevaba por encima de sus contemporáneos. El monoteísmo, sentimiento de devoción religiosa por un ente único, espiritual todopoderoso, fue la catapulta que lanzó al pueblo judío -nombre con que se llamaba a los habitantes de Palestina- a escalar las posiciones más increíbles en la historia de la humanidad.

LA HISTORIA BIBLICA: El Génesis -primera parte del Antiguo Testamento- nos cuenta cómo Thare (padre de Abraham) , seguido de su familia, se trasladó hacia el norte de su país. Mas tarde antiguas tablas de escritura halladas en el Eúfrates nos confirman este hecho, agregando que muchos israelitas componían, por aquellos días, los ejércitos de mercenarios.

Abraham, hijo de Thare, trasladó a su pueblo desde allí hacia occidente, a Canaán según la Biblia, por dictado divino. Pero una gran hambruna sobrevino y Jacob, nieto del anterior, tuvo que guiar una emigración en masa hacia Egipto.

Más de cinco siglos estuvieron allí los judíos, en un principio, en buena relación con los egipcios. Sin embargo, poco después de la invasión de los hicsos (fueron extranjeros que gobernaron Egipto en dos dinastías) , las relaciones se pusieron muy tirantes, debido a las excelentes amistades hechas por los semitas con los invasores. En adelante fueron destinados a los trabajos pesados, especialmente como mano de obra en la construcción de caminos, graneros y pirámides para los faraones.

El caudillo que redimió a los judíos fue Moisés, un joven imbuido de ciega fe en Yahvé (Dios del pueblo hebreo), que -ayudado por fuerzas celestiales como nos cuentan las Sagradas Escrituras- arrancó a su pueblo del poder egipcio para llevarlo, no sin pasar privaciones y sufrimientos, a Palestina, la Tierra Prometida. Luego de vencer a los moradores originales, los cananeos, los israelitas se instalaron allí. Era el siglo XIII a.C.

salida del pueblo judio de Egipto conducido por Moises

Estando Moisés acampado con su pueblo en el desierto de Paran, no lejos de la frontera meridional del país de Canaán, le dijo el Señor: «Envía hombres que reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel».

Cuarenta días después, regresaron los doce espías enviados a Canaán y dijeron a Moisés: «Llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, que ciertamente ñuye leche y miel: y éste es el fruto de ella» (Números  13, 3, 28).

El país que fluye leche y miel, esa «Tierra Prometida» anunciada por Yavhé —la Tierra Santa como se llama actualmente—, lleva también el nombre de Palestina.

Varias familias errabundas por las áridas tierras de Levante dieron al mundo una religión (actualmente dividida en varias ramas a partir de un tronco común) que practican más de 1.200 millones de fieles en los cinco continentes. Si tratamos de remontarnos a las más profundas raíces de la historia de Palestina, deberemos comenzar en otro sitio, la Mesopotamia, en donde los israelitas, nómadas semíticos emparentados con los árameos, fueron subditos -no muy apreciados- de los reyes babilónicos.

A la muerte de Moisés, el Señor dijo a Josué, hijo de Nun, que cruzara el Jordán y entrase en el país que había destinado para los israelitas. La conquista de la Tierra Prometida debe situarse hacia el año 1200 antes de Jesucristo. El relato de la campaña figura en el libro de Josué, sexto del Antiguo Testamento. La lectura de este libro podría hacer suponer que esta emigración se llevó a cabo rápidamente y sin gran dificultad. Pero existe el convencimiento de que la expedición a Canaán se efectuó de un modo mucho más progresivo.

Es un hecho que la instalación en el país de Canaán se sitúa en un momento en que también se desplazaban otros pueblos. Por otra parte, se concertaron matrimonios entre el pueblo de Israel y los cananeos y el primero asimiló así una parte de la civilización cananea. Naturalmente, esto no fue del agrado de los israelitas ortodoxos.

Las doce tribus en que se dividían los judíos, estrecharon lazos en la época de la conquista, en la que debieron luchar contra los cananeos, los filisteos y los jebuseos. También los principados amontas se movilizaron contra los  intrusos, pero ya éstos se habían organizado. Los “jueces” se ocuparon durante esta época de los asuntos militares, jurídicos y políticos, basándose en un mandato divino.

La necesidad de unificarse para contrarrestar las presiones enemigas hizo que los hebreos nombraran a un rey: Saúl. El objetivo se cumplió ya que de esta forma se amplió el poderío militar.

Hacia el año 1100 antes de Jesucristo existía un reino que conoció el apogeo de su poder con David y Salomón, durante el curso del siglo X. David, que probablemente reinó de 1010 a 972 antes de Jesucristo, fue el segundo rey de Israel. Subió al trono después de que Isboset, hijo de Saúl, fuera asesinado por sus partidarios. David se otorgó una verdadera autoridad real: organizó un ejército y se rodeó de una corte.

lucha de david con goliath

En la lucha contra los filisteos -una verdadera sucesión de victorias- se destacó David que, según la leyenda, venció con una honda al gigante Goliath.

Después de haber vencido a sus enemigos, hizo de Jerusalén su capital. Más tarde fue considerado un rey ideal por los historiadores de Israel y a su nombre se asoció el anuncio de la venida del Mesías. Así, el Salvador tan esperado era llamado siempre «Hijo de David».

El rey David no fue sucedido por Absalón, sino por Salomón. Éste era el hijo que David había tenido de Betsabé. Este «soberano de la paz» hizo de Jerusalén la ciudad real y ordenó construir un templo en ella. Para construir este templo, en el que depositó el arca de la alianza, envió a buscar artistas y materiales a Fenicia.

Siguiendo la política de David, intentó establecer buenas relaciones comerciales con los países vecinos, abriendo la puerta a la influencia extranjera y precipitando, sin duda, la decadencia de Israel, que sólo conoció un «siglo de oro». En efecto, después de la muerte de Salomón, en el año 933 antes de Jesucristo, se desmoronó el poder del reino. Las tribus del norte se rebelaron y fundaron un Estado independiente, mientras que las del sur se reunieron en torno a la Ciudad Santa constituida por Jerusalén y formaron el reino de Judea. Los dos reinos se enemistaron y esta rivalidad fue hábilmente explotada por vecinos poderosos como Egipto y Mesopotamia.

El rey israelita Acab estableció un pacto con los fenicios porque en aquellos momentos estaba en lucha contra Damasco y al mismo tiempo tenía que hacer frente, en el interior, a dificultades de carácter religioso. Esto causó la depresión moral y religiosa del conjunto del reino que provocó su lenta decadencia, a pesar de que durante el reinado de Jeroboam II, el país conoció todavía cierta prosperidad. La rivalidad entre Israel y Judea había debilitado enormemente al pueblo judío. En el año 722, Samaría, la capital de Israel, cayó en manos de los asirios y numerosos israelitas fueron enviados al exilio.

Las tribus se negaron a obedecer a un único rey, que estaba en Jerusalén. Diez tribus formaron el reino de Israel, cuya capital fue Samaria. Las otras dos constituyeron el reino de Judá, con capital en Jerusalén. Los dos reinos se combatieron recíprocamente. Agotaron sus fuerzas en esa lucha y, después de dos siglos de inútil resistencia a los ataques de pueblos vecinos, cayó Israel en manos asirías. Judá, tiempo después, fue violentamente sometida por los pueblos de la Mesopotamia que deportaron a todos los judíos a Babilonia porque no podían pagar los tributos exigidos. Este último cautiverio, anunciado por los profetas bíblicos, si bien constituyó una dura prueba, se convirtió asimismo en un fuerte elemento de cohesión moral.

MAPA DE LA REGIÓN DE PALESTINA

mapa del pueblo judio conducido por Moises

LA TIERRA PROMETIDA: Israel, el nombre que los judíos dieror a Palestina, significa “tierra de promisión”. Según fa Biblia, Jehová, la divinidad suprema, anunció a los hebreos que les otorgaría un territorio donde terminarían sus peregrinaciones. Hagamos una veloz recorrida por esta región, que actualmente es objeto de reverencia por cristianos, judíos y musulmanes. En una superficie aproximada de 25.000 kilómetros cuadrados, Palestina presenta paisajes de desiertos cálidos y colinas pedregosas, alternados con tierras fértiles y onduladas, muy favorables para los cultivos de huerta. En la costa del Mediterráneo hay una franja no más ancha de 20 kilómetros. con suelos feraces. Hacia el este, las colinas de Galilea, Samaría y Judea dan al área un panorama típico de mesetas áridas. Cruzada esta franja longitudinal, se baja a un val le, la depresíór del Ghor, donde corre el sagrado río Jordán, que desagua en el mar Muerto situado a más de 300 metros bajo e nivel del mar.

Judea resistió todavía durante siglo y medio aproximadamente, gracias,  sobre todo, a la fuerte personalidad de Ecequías y también de Josías. Asimismo, fue notable la intervención de los profetas Isaías y Jeremías.

No obstante, esto no impidió que el reino de Judá cayera en manos de Nabucodonosor II. Los judíos defendieron Jerusalén con tanto encarnizamiento que el rey de Babilonia decidió castigarlos con extrema severidad. Mandó incendiar la ciudad y el templo y deportó a los notables a Babilonia… Pero con esto no finalizó la historia de Judá e Israel. En el año 539 antes de Jesucristo, los judíos regresaron de su largo encarcelamiento en Babilonia. Durante el dominio persa, Jerusalén había sido progresivamente reconstruida. Pero el cierto bienestar material logrado no podía compararse con la grandeza que el reino había conocido en tiempos de David y Salomón.

Algunos siglos después, en el año 63 antes de Jesucristo, la nación judía fue totalmente sometida por Pompeyo, y así cayó bajo el yugo de Roma. Sin duda Herodes consiguió reanimar momentáneamente a Palestina, pero la rebelión judía de los años 64-66 después de Jesucristo dio como resultado la destrucción del templo de Jerusalén (70 d. de J. C).

La Ciudad Santa se convirtió en la sede de una provincia romana en la que toda práctica religiosa estaba castigada con pena de muerte. En ese momento la historia del Estado judío de Palestina sufrió una interrupción que duraría casi veinte siglos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil Tomo I Historia A Zeta Editorial Credsa
La Llave del Saber Tomo I Pasado y Presente del Hombre
Enciclopedia Microsoft Corporation Electrónica ENCARTA

Investigacion Experimental en la Arqueología Ejemplos

La Investigación Experimental en la Arqueología

Cada vez con más frecuencia y en su mayoría grupos  de científicos se suman a la aventura de comprobar sobre el terreno las hipótesis de la arqueología de escuela. Y se imitan a conciencia las condiciones supuestas de la vida de otros tiempos, ya se trate de navegar en barcos vikingos copiados a escala o de la experimentación de antiguos aperos de labranza.

Siguiendo el principio de la pedagogía moderna de que el mejor modo de experimentar los pensamientos y sentimientos de una persona es hacer su mismo trabajo, estudiosos del mundo entero están sembrando, cosechando, forjando, hilando, tejiendo y haciendo alfarería bajo supervisión científica.

Al derribar árboles se observa que el hacha de piedra sirve igual que la de acero. Tras analizar el contenido del estómago de un cadáver conservado 2000 años en la turba, los arqueólogos han preparado una sopa de semillas de nabo y linaza, cebada, diente de león y musgos de todas clases: la cocción es perfectamente comestible.

Se han reconstruido casas neolíticas, observándose durante varios años con minuciosidad su paulatino deterioro bajo la influencia del sol, la lluvia y la helada. En Sjaelland se preparó una casa larga de la época glacial, completamente instalada.

Después se le prendió fuego y, pasado medio año, se estudió el resultado: se trata de saber si hemos interpretado bien hasta ahora las ruinas de habitáculos antiguos. Se dudaba desde hace mucho de que los escudos de bronce, de chapa delgadísima y a menudo muy ornamentada, se prestasen siquiera como armas defensivas. Minuciosos experimentos han demostrado que no aguantaban de hecho un buen golpe de tizona o jabalina: probablemente se empleaban sólo en desfiles y otras exhibiciones.

En cambio, los escudos de cuero curtido de un modo determinado resistían un diluvio de cortantes tajos sin sufrir gran cosa. Además de estudiar la cuestión del transporte y colocación de grandes piedras, se investiga también cómo se extraían de las canteras rocas de gran tamaño con utensilios de lo más primitivo.

En el programa casuístico «Obeliscos egipcios» se lanzaban bolas de dolerita de cinco kilos y medio de peso contra la masa de roca siguiendo una línea de fracción previa. La roca se fragmentaba e iba marcándose un «corte». Se trata de una labor penosísima: se ha calculado que el aún incompleto obelisco de Assuán, se habría terminado con el trabajo de 400 obreros durante 15 meses.

Con sus 1168 toneladas es posiblemente el monolito mayor del mundo v a su lado son de peso ligero una estatua de andesita de Teotihuacán (217 toneladas), las piedras de las tumbas de Micenas (hasta de 120 t) o de Aveburv (hasta de 40 t).

La arqueología experimental realmente está aún en pañales y sus investigaciones a nivel mundial se han reducido más bien a la labor de algunos individuos. Sin embargo, últimamente se establecen más y más centros dedicados a proyectos concertados a largo plazo — diez y más años— que procurarán siempre nuevo material a los arqueólogos, cuya misión consiste en «reproducir estados de cosas antiguos y recabar informaciones sobre el comportamiento de los hombres de antes».

En 1954 un grupo danés de investigación abatió un roble entero con hachas de piedra, y los especialistas rusos han calculado un tiempo medio de sólo 20 minutos para derribar un abeto de 25 cm de diámetro con un hacha de piedra. Experimentos similares se hacen en casi todo el mundo y no sólo nos ilustran sobre la vida diaria y las prácticas manuales de épocas pasadas: nos ayudan también a entender mejor las revelaciones de la arqueología.

Tras esos experimentos, muchas preguntas se plantean de un modo nuevo: ¿qué eficacia tenían realmente los antiguos arados de madera y romano? Experimentos hechos en Dinamarca con arados de imitación nos han dado la respuesta y aclaran a la vez cómo se uncían y conducían antes las yuntas de bueyes y por qué se trazaron los surcos paralelos y después cruzados en perpendicular o diagonal.

Y surgen nuevas preguntas sobre la siembra y selección de semillas de cereales o maíz, la lucha contra las malas hierbas, los métodos de siegay cosechay el almacenamiento de los viveres.

Se han hallado en África depósitos subterráneos de paredes de adobe endurecidas con fuego. Otras regiones han recurrido a graneros ventilados de trama de mimbre y en los mayas se han descubierto dispsitivos a modo de cisternas con cámaras laterales.

La arqueología experimental ha recabado datos sobre la duración de almacenamiento de los cereales, la desinfección por calor, cubriendo los silos subterráneos con boñiga, y también sobre la destrucción por plagas animales. Para darnos una idea de la preparación del alimento, manos esforzadas hicieron girar antiguos molinos romanos (cosa fastidiosa, pues las muelas se pegan a menudo).

Experimentos por todas partes, y una lluvia de conocimientos nuevos: sobre la construcción de paredes y murallas, o consecuencias de la intemperie o el anegamiento de fosos de castillos, el trabajo de la piedra y corte del pedernal, la fundición del cobre y el bronce, el empleo de utensilios, o sobre el transporte de grandes bloques de piedra con trineos y rodillos.

Los investigadores ingleses constataron atónitos que incluso piedras tan grandes como las de Stonehenge se mueven «fácilmente» sobre rodillos en trayectos grandes. Y más atónitos aún al ver con qué pocas complicaciones se puede transportar de aquí para allá por el río Avon una piedra de dos toneladas atravesada sobre dos botes de remos. Ya en 1893 causó sensación un barco vikingo de imitación, que atravesó el Atlántico tranquilamente para ir ala Exposición Mundial de Chicago.

Los barcos, sobre todo, parecen retar por igual la curiosidad y el afán de investigación. Ya en 1446, León Bat-tistaAlberti intentó sacar a flote en el lago Nemi, al sur de Roma, dos barcos romanos hundidos en él. En 1535 estrenó Francesco Demarchi allí un casco de inmersión, y en 1822 descendió Annesio Fusconi en una campana. Benito Mussolini consiguió sacarlos a flote en 1932, con el método más sencillo y caro: el achique neumático.

En el lago de Garda se descubrió una galera veneciana arrastrada hasta allí en 1439 sobre rodillos por 2200 bueyes y en los EUA se han estudiado similarmente barcos de guerra del Royal Savage, como el Cairo, único cañonero de la guerra Civil, hundido en 1862. Han salido del mar barcos y estatuas, ánforas y mercancías, y también tesoros del cenote sagrado de Chichén Itzá, así como palafitos y fortalezas acuáticas hundidas en los lagos de Germania y Eslavia.

barco hundido y rescatado

El Vasa, de 1300 tons., buque insignia de Gustavo II Adolfo de  Suecia, se hundió en su primer viaje, 1628. Fue sacado a flote en 1961: empezaron unos buzos por pasar cables bajo su casco, asentado en el fondo del puerto de Estocolmo, ajándolos a dos pontones medio llenos de agua. Después se extrajo ésta por bombeo y al subir los pontones, alzaron consigo cuidadosamente el navio, sacándolo del cieno. Por último se lo pudo llevar a un dique para su reparación.

Aunque el hombre se precia mucho de su progreso, tiene que constatar cada vez más que no conoce ni es capaz de practicar muchas habilidades, técnicas y esquemas de comportamiento que dominaban sus antepasados. Cuando contemplamos hoy pirámides o templos megalíticos, no tenemos idea en general de cómo habrán sido capaces de erigirlos.

Cuando el papa Sixto V(1521-1590) a fines del siglo XVI quiso transportar el famoso obelisco de Heliópolis de su antiguo emplazamiento ante la basílica de Constantino a la nueva plaza de San Pedro, el mismo Miguel Ángel exclamó: «¡Imposible!». Se invitó a los técnicos y arquitectos más famosos, pero en su mayoría rehusaron.

Al fin se atrevió uno, a base de esfuerzos tremendos y empleando 907 hombres, 75 caballos y 40 cabrías, a bajar, arrastrar unos cientos de metros y volver a poner en pie el obelisco de 510 toneladas. Sin embargo, ese mismo obelisco había dejado atrás quince siglos antes el trayecto, infinitamente mayor, que va de Egipto a Roma (sin contar el trayecto de la cantera a su emplazamiento, en el propio Egipto).

Y las pirámides de Egipto o América y las piedras de Malta o Stonehenge son una prueba indiscutible de que, hace mucho, pudieron levantarlas. Pero ¿cómo?.

Los arqueólogos «experimentales» han convertido en una rama científica la respuesta a preguntas como ésa. No se limitan a excavar, medir, comparar y especular: tratan de reproducir cosas, e incluso revivirlas. En 1978 una serie inglesa de TV informó de cómo un grupo de 15 personas trataba de reproducir, en un remoto rincón de Dorset, la vida de los celtas 300 años a. C.

Con utensilios copiados de piezas de museo se construyeron entre otras cosas una casa redonda de postes y entramados tupidos con barro, dentro de cuyo afilado techo ahumaron la carne de reses sacrificadas por ellos. Curtieron también el cuero y se hicieron calzado con él, comían sólo verdura primitiva de verdad como rabanillos o acedera y renunciaron a todas las comodidades de nuestro tiempo.

Un grupo de trabajo japonés intentó, también en 1978, reproducir la construcción de pirámides sobre el terreno: con útiles y aparejos antiguos, levantaron una pirámide pequeña, de unos 11 metros, a la sombra de las de Gizéh. 35 japoneses y 130 egipcios levantaron en dos meses 3000 sillares de piedra, adquiriendo así una idea de cómo, 4000 años antes, unos 10.000 egipcios habían trabajado durante veinte años para crear de una masa de 2.300.000 bloques de piedra el prodigio de la pirámide de Queops con sus 146 metros.

Tampoco dejaba descansar a los arqueólogos de Stonehenge el gusanillo de cómo habrían transportado, levantado y ajustado al milímetro esos bloques de piedra colosales.

Estudiantes contagiados de entusiasmo remolcaron por tierra y agua con tablones, sogas y balsas, desde los montes de Prescelly, sur de Gales, hasta Stonehenge a 240 km de distancia la reproducción de uno de los famosos megalitos. Vemos que nuestros contemporáneos son capaces de tales proezas. Lo malo es que con los siglos hemos olvidado las técnicas de antaño y la «ciencia» del duro trabajo manual.

tecnicas antiguas de construccion de altos muros

Maqueta donde se ha intentado reconstruir la técnica romana utilizada para construir la muralla de un puerto

TÉCNICAS MECÁNICAS ANTIGUAS

tecnicas antiguas para elevar agua, torno hidraulico y molino hidraulico

tecnicas antiguas turbina de vapor prensa y poleas

tecnica actigua para levantar bloques

Fuente Consultada:
Tras Las Huellas de Nuestro Pasado
La Aventura de la Arqueología – Kurt Benesch –

El Pueblo de los Babilonios y Asirios Resumen de su Historia

HISTORIA ANTIGUA: RESUMEN DE LA EVOLUCIÓN DE LOS BABILONIOS

La Mesopotamia asiática constituyó un vergel codiciado especialmente entre los años 1950 a 500 a.C. Así lo prueban las innumerables luchas por el dominio de la tierra y las ciudades, que se vinieron librando desde épocas prehistóricas. Los súmenos, acadios y semitas, alternativamente, se disputaron la supremacía sobre estos terrenos beneficiados con el don del agua.

Al promediar el siglo XX a.C. encontramos a la Mesopotamia sumida en el caos. Las ciudades Isin y Larsa luchaban por el poder en las campiñas del Eúfrates. En tanto que las localidades de Mari y Asur se enfrentaban por la supremacía en el río Tigris.

En este momento de crisis surge como potencia la ciudad de Babilonia, instalada en un sitio donde los dos ríos estrechan el valle. Por esta época era monarca Hamurabi, prudente estadista que fue afianzando un gran imperio. Para esto estableció una administración central mediante la cual unificó los estados mesopotámicos.

Hamurabi debe su fama a la creación de un código en donde se resumen, en 280 leyes, las reglas sociales y culturales de la época. Al interpretar los símbolos cuneiformes con que fue escrito en una losa negra -que actualmente se halla en el Museo del Louvre-, podemos deducir cómo era la sociedad. Estaba dividida en clases, sujetas cada una de ellas a reglas y castigos. El comercio se practicaba asiduamente. Las mujeres y los esclavos gozaban de derechos, adelanto significativo para aquel momento.

La incesante actividad que se desarrollaba en Babilonia permitió el avance de la ciencia, especialmente la matemática y la astronomía, disciplinas que irradiaron desde allí su influencia hacia el futuro.

la ciencia en babilonia

Desde las torres escalonadas (ziggurats), los babilonios estudiaban las estrellas, prediciendo el futuro por el color y los movimientos de los astros en el cielo.

Después de 42 años de gobierno, Hamurabi falleció. Tras su muerte, un rayo fulminó su larga obra. Mursili I, cuarto rey hitita, lanzó sus hordas contra la pacífica Babilonia saqueándola ferozmente. Los kassitas, otros pueblos montañeses, esperaban el momento propicio para realizar una invasión. Por esta doble acción, Babilonia permaneció dominada durante cuatro siglos.

Durante el siglo XIII a.C, Asiría -que había sido una provincia babilónica- aprovechó la debilidad de los invasores para recuperar su independencia. Lo que en un principio fue una “guerra por la libertad”, llevada a cabo por el rey Adadnirari I, se transformó en una campaña de penetración imperial.

Primero fueron conquistadas las tierras altas de Irán, luego Babilonia y, al fin, casi todo el “mundo conocido”. El rey Teglatfalasarl llevó aún más lejos el plan de conquista. Durante su gobierno, Asiría -o Asur como también se la llamaba- tuvo bajo su dominio no sólo a la Mesopotamia sino también a Fenicia y Palestina.

Los ejércitos asirios eran por ese entonces el terror de las comarcas. Todos pagaban sus tributos. La fama de los asirios estaba fundada en hechos reales. Asurbanipal, el último gran monarca, llegó inclusive a penetrar dos veces en Tebas, la famosa ciudad egipcia. Pero Asiria termiiió cayendo bajo sus propias armas.

Hablemos ahora de los caldeos. Mil años antes del nacimiento de Cristo, un pueblo arameo ya muy poderoso, el caldeo, ocupaba la ciudad de Babilonia, a pesar de las presiones palaciegas ejercidas desde Asur. Los asirios temían a sus vasallos y trataban de mantenerlos sometidos sin ejercer un protectorado muy estricto.

Transcurrieron cuatro siglos, hasta que se produjo la decadencia de los dominadores que los caldeos esperaban. Entonces Nabucodonosor llevó nuevamente a Babilonia al lugar de privilegio que había tenido en otras épocas. Con sus cuadros militares derrotó a los poderosos faraones y ocupó las ciudades de Jerusalén, Tiro y Sidón, llevando a los judíos al bíblico “cautiverio de Babilonia”.

En la ciudad se reconstruyeron los templos antiguos y se hicieron nuevos para adorar a la deidad nacional: Marduk.

Uno de ellos, el santuario de Esagila, con una torre escalonada, es, de acuerdo con algunos historiadores, la famosa Torre de Babel, en la que -según el relato sagrado-Dios creó los idiomas del mundo. Otros atribuyen el mismo origen a la Torre y los Jardines Colgantes de Babilonia, considerados una dalas Siete Maravillas de la Antigüedad.

FIN DE UN IMPERIO
Cuando mayor era el esplendor de las ciudades fortificadas de la Mesopota-mia, el Nuevo Imperio Babilónico de los caldeos se derrumbó. Ciro, rey de dos pueblos en ascenso -los medos y los persas- hizo su entrada triunfal en la derrotada Babilonia. Corría el año 539 a.C. Aunque el conquistador respetó las costumbres y religión de los babilonios, su invasión -por la que penetró en la Mesopotamia una nueva raza: la indogermánica-significó el fin de toda una época.

El Proceso de Hominización Concepto Evolutivo del Hombre

HOMINIZACIÓN: ORIGEN DE LOS PRIMEROS HUMANOS

HOMINIZACIÓN: Se llama así a una de las  familias de monos en que se dividió el grupo de los primates. Mientras que en la familia del orangután, del gorila y del chimpancé no hubo cambios, hace 15 millones de años en la familia de los homínidos comenzó la evolución hasta el hombre actual.

proceso de hominizacion

Ampliar Aquí: Origen y Evolución del Hombre

La fe y la ciencia trataron de conocer el verdadero origen del hombre, sin negarse ni contraponerse. Si bien no hay uniformidad de opiniones, en las últimas décadas se han encontrado datos arqueológicos, paleontológicos y ambientales, que dieron lugar a diversas teorías explicativas.

El origen del hombre y el lugar en que apareció sobre la Tierra es un problema que —desde muy antiguo— apasionó a los estudiosos. El cristianismo basado en la tradición bíblica sostiene el origen único y común de la especie humana (monogenismo) y le otorga atributos —alma, pensamiento— que la diferencia de los animales.

Otros defienden la teoría evolucionista que explica el desarrollo de los organismos, mediante pasos graduales partiendo de formas más simples. En la conocida Tabla del naturalista sueco Linneo (1707-1773) el hombre figura al lado de los monos, primero en el orden de los “primates”.

El estudioso francés Bautista Lamarck (1744-1829), creador del transformismo, propuso una teoría explicativa de la evolución, que apoyó después el inglés Carlos Darwin (1809-1882) autor de la teoría llamada darwinismo.

Un problema es el referente a la antigüedad del hombre sobre la Tierra. Según las opiniones más autorizadas, puede afirmarse que la especie humana surgió en la Era cuaternaria, en el primer período interglacial, hace aproximadamente un millón de años.

HOMÍNIDO: Familia de primates  con capacidad para andar sobre dos pies en posición erguida y dotados de inteligencia y habilidad manual, el ser humano es el único representante, siendo el australopithecus, el primero.

TEORÍA DE CHARLES DARWIN: “Me temo que la principal conclusión que se desprende de la lectura de este libro, a saber, que el hombre desciende de una forma orgánica de rango inferior, irritará grandemente a muchas personas. Sin embargo, no cabe duda de que somos la progenie evolucionada de criaturas primitivas.”

Darwin fue el primero en dar una explicación racional y documentada de cómo había ocurrido la evolución. Demostró en forma bastante concluyente que hay un proceso de selección natural que puede describirse en términos simples del siguiente modo.

Todas las cosas vivientes muestran una tendencia a cambiar, y los cambios hereditarios son transmitidos de una generación a otra. Aquellos Individuos afectados por cambios hereditarios que les dan una ventaja definida sobre sus semejantes, sobrevivirán más probablemente en la lucha por la existencia y reproducirán sus cualidades. Los individuos menos favorecidos, por otra parte, tenderán a desaparecer gradualmente. Así, en el curso de muchas generaciones, las especies tenderán a mostrar un cambio gradual en dirección hacía una más perfecta adaptación al medio en que viven.

charles darwin

Charles Darwin (1801-1882). Científico inglés que en 1859 publicó su famosa obra “El origen de las especies”. En ella aparecen los principales elementos de su teoría de la evolución de las especies.

Las ideas principales de esta obra son:
1.  el mundo no es estático sino que cambia;
2.  el proceso de evolución es gradual y continuo: no consiste en cambios bruscos;
3. la comunidad de descendencia: todos los organismos descienden de un antepasado común;
4.  la selección natural de los seres vivientes a partir de la lucha por la supervivencia.

La hominización: El hombre actual pertenece al orden de animales conocidos como primates (los primeros), mamíferos (monos) que vivían en los árboles, poseían dedos prensiles terminados en uñas con los que podían asir objetos y ojos frontales de visión binocular. Primitivamente eran de vida nocturna, pero descendientes posteriores adoptaron la vida diurna.

Estos primates evolucionaron en diferentes ramas, de una de ellas llegaron los homínidos, línea evolutiva de la cual surgió el hombre actual. Los cambios estuvieron marcados, entre otros aspectos, por un aumento del tamaño del cuerpo, por un progreso áe la inteligencia y un mayor grado de complejidad en el comportamiento social.

Al conjunto de estas transformaciones se las denomina “hominización” y se iniciaron al este de África hace casi 4 millones de años, cuando se dieron una serie de cambios en el clima y la selva fue remplazada por la sabana. El clima se volvió más seco y caluroso, los alimentos ya no fueron suficientes para todos y algunos grupos tuvieron que emigrar.

Los cambios en el habitat impulsaron modificaciones en las costumbres de los homínidos, quienes debieron adaptarse al nuevo ambiente. Aprendieron a caminar erguidos (situación que les permitió tener las manos libres y lograr un mayor alcance visual para detectar alimentos y peligros), y comenzaron a fabricar herramientas, es decir, a crear elementos que la naturaleza no les brindaba, haciendo y manifestando su propia cultura.

El proceso evolutivo que llevó a estos primeros homínidos hasta el hombre moderno fue muy largo, y estuvo protagonizado por diversas especies. Cada una de ellas contribuyó a la aparición de la siguiente y en ciertos casos , varias de ellas convivieron.

HOMINIZACIÓN: Se llama así a una de las dos familias de monos en que se dividió el grupo de los primates. Mientras que en la familia del orangután, del gorila y del chimpancé no hubo cambios, hace 15 millones de años en la familia de los homínidos comenzó la evolución hasta el hombre actual.

ANTEPASADOS PRIMITIVOS: Un reciente examen de ciertos huesos encontrados en 1974 ha proporcionado a los genetistas la prueba fósil que necesitaban para apoyar su teoría de que la separación entre humanos y chimpancés tuvo lugar hace menos de siete millones de años.

Lucy vivió en Etiopía hace unos 3,2 millones de años. Fue descubierta por un equipo internacional liderado por Donald Johanson, un experto norteamericano. El 30 de noviembre de 1974, junto al río Awash, Johanson y uno de sus estudiantes, Tom Gray, estaban afanados en la búsqueda de fósiles humanos cuando encontraron una serie de fragmentos óseos de un brazo. Y después de éstos, una mandíbula, más fragmentos de brazo, un fémur y algunas costillas. Pieza a pieza, consiguieron desenterrar más del 40 por 100 de un esqueleto.

La llamaron «Lucy», ya que se trataba de una hembra y, durante el desarrollo de la excavación sonaba el tema de los Beatles «Lucy in the sky with diamonds». Medía aproximadamente 1,1 metros de altura, y pesaba en torno a los veintinueve kilos. Cuando publicaron su descubrimiento, Lucy causó verdadera sensación, dado que los científicos pudieron afirmar a partir de la forma de su pelvis que se trataba del simio más antiguo conocido que habría caminado sobre dos pies.

Cuatro años más tarde se produjo un nuevo descubrimiento extraordinario en Tanzania. En un lugar llamado Laetoli fueron encontradas una serie de huellas perfectamente conservadas en ceniza volcánica, lo que apoyaba la idea de que, como nosotros, las criaturas de características similares a las de Lucy eran capaces de caminar erguidas.

esqueleto Lucy

Uno de nuestros antepasados más primitivos es un pequeño primate que habitó en los bosques de Afar (Etiopía) hace unos 4,5 m.a., llamado Ardipithecus anamensis. Es probable que fuera el antecesor de los australopitecus, homínidos muy diversificados que surgieron un millón de años después. El más antiguo hallado, Australopithecus afarensis, es la famosa «Lucy», apodada así por el arqueólogo que la encontró en 1974. Aunque parece que este homínido de largos miembros pasaba gran parte de su vida en los árboles, algunas huellas bien conservadas indican que la especie era bípeda. Como tal, Lucy es un importante vínculo con nuestros antepasados.

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Otros Hallazgos: En el siglo XIX, Charles Darwin, padre de la teoría de la evolución por selección natural , identificó África tropical como cuna de la humanidad. Los paleontólogos Louis y Mary Leakey hallaron pruebas de ello en la década de 1950 en la Garganta de Olduvai, un profundo tajo en las llanuras orientales del Serengeti, en Tanzania. Fue allí, en África oriental, donde nuestros antepasados evolucionaron hace al menos 4,5 millones de años (m.a.). Una gran variedad de hallazgos fósiles muestra la notable diversidad de homínidos primitivos que floreció en la zona.

Fuente Consultadas:
Enciclopedia Esencial de la Historia del Mundo Clarín
HISTORIA La Antiguedad y la Sociedad Feudal AIQUE Alonso-Vázquez-Elisalde-
HISTORIA I José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel

Carlos Martel y Pipino el Breve Mayordomos de Palacio

BIOGRAFÍA E HISTORIA DE CARLOS MARTEL Y PIPINO EL BREVE

El poder monárquico de los reyes merovingios iba degradándose progresivamente  y los mayordomos de palacio se convirtieron muy pronto en los verdaderos dueños de la Galia. El primero que se hizo especialmente célebre fue Carlos Martel, gracias a la batalla de Poitiers. El segundo, Pipino el Breve,  tuvo la gloria de ser el padre de Carlomagno.

Carlos Martel (c. 688-741), monarca carolingio del reino franco de Austrasia (en el actual noreste de Francia y suroeste de Alemania). Carlos, cuyo apellido significa ‘el martillo’, era el hijo de Pipino de Heristal y el abuelo de Carlomagno. Pipino fue el mayordomo de palacio con los últimos reyes de la dinastía merovingia.

carlos martel

Carlos Martel, miembro de la dinastía Carolingia, gobernó Austrasia (en el actual noreste de Francia y suroeste de Alemania), como mayordomo de palacio de dicho reino franco, desde el 715 hasta el 741.

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA:

Las invasiones de los bárbaros provocaron la caída del Imperio romano y con ello quedó rota la unidad política de la Europa Occidental. La Iglesia católica quedó como única expresión del orden y se erigió en custodia de la organización y ia cultura romanas. Convertidos los bárbaros, la influencia de la Iglesia fue en aumento. A fin de consolidar su unidad y la del mundo cristiano, organizó y estableció sus jerarquías para lo cual tomó como modelo la administración civil del viejo Imperio romano. Europa quedó dividida en provincias eclesiásticas o arquidiócesis colocadas bajo la autoridad de los arzobispos. A su vez, cada arquidiócesis estaba formada por varias diócesis al mando de obispos. Estas últimas estaban divididas en parroquias urbanas y rurales a cargo de los curas párrocos.

Este conjunto de religiosos constituía el clero secular, porque vivía en contacto con la sociedad o mundo (seculum: siglo). A partir del siglo V puede distinguirse otro tipo de clero cuyos miembros (los monjes) vivían en los monasterios, alejados del mundo y sujetos a determinadas reglas. Estos religiosos constituyen el clero regular. De ellos nos ocuparemos más adelante.

La influencia de la Iglesia se hizo sentir en la política; coronó reyes y emperadores, y en más de una ocasión los privó del poder. Por sobre todo, difundió la cultura y suavizó las costumbres al afirmar la superioridad del espíritu sobre la materia. También  se esforzó por aliviar el dolor y creó asociaciones de asistencia social y beneficencia

Francia. La dinastía carolingia
Con la muerte de Clodoveo, ocurrida en París —año 511— el reino de los francos comenzó a dividirse pues sus cuatro nijos se repartieron el territorio para formar nuevos reinos. Se produjeron guerras civiles y esto provocó la decadencia de la dinastía merovingia. Los últimos representantes de esta familia fueron soberanos indolentes e incapaces, y con justa  razón  se les  llamó reyes holgazanes.  Alejados  de  las tareas  de gobierno, delegaron el poder en unos funcionarios llamados mayordomos de palacio, los que adquirieron gran autoridad y se adueñaron de Francia.

Los mayordomos de palacio comenzaron siendo intendentes de la casa real,  encargados de administrar los bienes personales del  rey.  Con  el  tiempo,  comandaron  la guardia militar, desempeñaron ministerios y en varias oportunidades ejercieron la tutela de los príncipes hasta que éstos alcanzaban la mayoría de edad.  Finalmente, la designación de los mayordomos de palacio dejó de ser privilegio de los monarcas y estuvo en manos de la aristocracia que de esa manera controlaba el poder.

A principios del siglo VIl —después de la muerte del rey Dagoberto— el cargo de mayordomo de palacio comenzó a ser hereditario, privilegio que recayó en la familia de los Heristal, duques de Austrasia.  Uno de ellos,  Carlos Martel,  alcanzó gran  renombre,  pues logró contener el ataque de los musulmanes en Poítiers (732).

A su muerte (741) hereda la mayordomía su hijo Pipino el Breve quien destrona a Childerico III, el último merovingio, contando con el apoyo del Papa Zacarías. Pipino se hizo proclamar rey de los francos y así se produjo el advenimiento de una nueva dinastía: la carolingia.

El nuevo Papa Esteban II se trasladó a Francia, consagró a Pipino y le otorgó el derecho a la sucesión hereditaria. Al poco tiempo,  el  Pontífice solicitó  la ayuda del  rey Franco para rechazar a los lombardos que sitiaban a Roma.  Pipino no titubeó y al frente de su ejército cruzó los Alpes, penetró en Italia y, luego de derrotar a los lombardos, se apoderó de los territorios que formaban el Exarcado-de Revena y los cedió al jefe de la Iglesia.

pipino el breve

Pipino el Breve (c. 714-768), mayordomo de palacio del reino de Austrasia y rey de los francos (751-768), hijo del gobernante franco Carlos Martel y nieto de Pipino de Heristal. Fue mayordomo de palacio durante el reinado de Childerico III (que reinó entre el 743 y el 751 aproximadamente), último monarca de la dinastía Merovingia.

LA HISTORIA EN MAS DETALLES:
PIPINO DE HERISTAL Y CARLOS MARTEL

A principios del siglo VII, el reino franco de los merovingios se hallaba en una situación difícil. Después de un breve período de apogeo, cayó en la decadencia. Apenas muerto Dagoberto (639), no hubo más que luchas intestinas y repartos, agravados por las tendencias particularistas de las tres grandes divisiones del reino franco: Austrasia, Borgoña, Neustria, transformadas prácticamente en reinos autónomos; Aquitania seguía abandonada al saqueo de todos. Pero, mientras se sucedían reyes asesinados o gastados por precoces desenfrenos, quedaba una realidad estable: la del gobierno de los mayordomos de palacio, promovidos de simples mayordomos a verdaderos jefes de la administración en cada uno de los tres reinos. Pero los mayordomos de palacio estaban deseosos, como los reyes poco antes, de rehacer cada cual en beneficio propio la unidad del reino franco, mientras que su dominio, frecuentemente abusivo, estaba constantemente comprometido por los grandes.

La familia de los Pipinidas, jefes de la aristocracia austrasiana, es la que va a imponerse en el reino franco, sirviéndose de la mayordomía. Estos son los precursores de los Carolingios; en el año 687, Pipino de Heristal, mayordomo de Austrasia, habiendo eliminado a los otros mayordomos de palacio, gobierna solo—bajo un solo rey merovingio, puramente nominal—, los tres reinos. Inmediatamente después de su muerte, su viuda Plectrudis gobernó como tutora de sus tres hijos menores (714).

La sucesión de Pipino se concierta ya como una sucesión real. Sin embargo, surge la revuelta; los neustrianos se rebelan; los turingios y los alamanes son reprimidos a duras penas; los frisones, los sajones y los árabes de España penetran en el reino franco; los aqui-tanos se declaran independientes bajo un duque de su elección. La regente es sustituida, y elegido un bastardo de Pipino de Heristal, Carlos Martel. Este salva al reino, derrotando sucesivamente a todos sus enemigos y rehaciendo su unidad, ‘fracasadas las veleidades de independencia regional. La gloria principal de Carlos Martel es la jornada de Poitiers; donde detiene la oleada árabe lanzada a través de la Galia. A los ojos de sus contemporáneos, en el año 732 salvó a la Galia cristiana del peligro islámico. En recuerdo del vencedor de Poitiers, se llamará Carolingios a los príncipes austrasianos   de  la  casa  de  los  Pipinidas.

PIPINO EL BREVE, REY POR LA GRACIA DEL PAPA:
En el año 741, Carlos Martel muere; y es reemplazado por sus dos hijos Pipino y Carlomán. Estos colocan en el trono merovingio, vacante desde hacía cuatro años, a un niño llamado Childerico. Pero a continuación de la abdicación de su hermano, atraído por la vida monástica, Pipino, llamado el Breve a causa de su corta estatura, consumó el golpe de estado y, en el año 751, confina en un monasterio al último descendiente de Clodoveo, Childerico III. Entonces es proclamado rey en una gran asamblea que tuvo lugar en Soissons. Esta sustitución de dinastía se hizo con la aprobación del papa.

Se cuenta que Bonifacio fue encargado de plantear al papa Zacarías la famosa pregunta: ¿conviene llamar rey a aquél que tiene el poder en realidad, o a aquél que tiene la apariencia del poder? Habiendo respondido el papa según el deseo de Pipino, Bonifacio interpretó que éste debe reinar «en virtud de la autoridad apostólica».

Por medio de una ceremonia, desconocida hasta entonces en la Galia, Bonifacio consagró en Soissons al nuevo rey y a la nueva reina, en nombre de la Iglesia, derramando sobre sus frentes el santo óleo. Según el modelo de los reyes de la antigüedad judía, hace del primer rey Carolingio el elegido de Dios y su representante. Al mismo tiempo, hace ostensible para todos el consentimiento del papa en la usurpación llevada a cabo. Pipino alcanza, mediante la consagración, fuerza y prestigio.

FORMACIÓN DE LOS ESTADOS PONTIFICIOS
Pipino sella muy pronto la alianza de los francos y el papado contra los lombardos, y paga también su deuda a Roma. En efecto, el papado tiene necesidad de la fuerza política y militar de los nuevos dueños de la Galia, si no quiere ser transformado en un simple obispo lombardo y abandonar sus sueños de universalidad; la realeza franca no tiene menos necesidad del papado para consolidar su dinastía.

Pero el rey lombardo Astolfo se arroja sobre Rávena, y conquista rápidamente los territorios que le separan aún de Roma (la Emilia), amenazándola en el año 751. Pipino, que es llamado en su ayuda, duda hasta el momento en que el propio papa acude a la Galia en pleno invierno (753). Aceptando renovar solemnemente la ceremonia de la unción en beneficio de Pipino, de su mujer y de sus hijos, el papa liga su suerte a la del rey franco, mientras que este último se identifica la causa franca con la del cristianismo romano. Pipino interviene en Italia dos veces, en los años 754 y 756, y obtiene de Astolfo el compromiso de evacuar todo lo que acaba de conquistar—es decir, el exarcado de Rávena, la Emilia, la Pentápolis (Rímini – Fano-Pesaro -Sinigaglia – Ancona) y de «dárselo a San Pedro», ya que el exarca de Bizancio había huido. Esta decisión fue la carta de fundación del Estado Pontificio.

Pipino  murió   en  el   año   768,  dejando dos hijos, Carlos y Carlomán. El mismo año, Carlos, el futuro Carlomagno, contraía matrimonio con la hija de Desiderio, rey de los lombardos.

Fuente Consultada
HISTORIA I Antigua y Edad Media de José Cosmelli Ibañez
HISTORAMA  La Gran Aventura del Hombre Tomo III Dinastía Carolongia

Vida de los Señores Feudales Comida, Caza, Religión y Fiestas

VIDA DE LA NOBLEZA EN LA EDAD MEDIA

La vida de la nobleza feudal no era tan idílica como se la describe con frecuencia en las novelas románticas. Aunque, indudablemente, no le faltaba la agitación, era muy fatigosa y la muerte cobraba su tributo a edad temprana. Tras un estudio cuidadoso de los esqueletos medievales, un científico moderno ha calculado que en los tiempos feudales el porcentaje de mortalidad alcanzaba su nivel más alto a la edad de cuarenta y dos años, en tanto que al presente lo alcanza alrededor de los sesenta y dos. Además, las condiciones de vida eran relativamente pobres hasta para los nobles más ricos.

vida de los señores feudales en la edad media

Casi hasta fines del siglo XI el castillo feudal no era sino una fortaleza tosca de madera. Y los grandes castillos de piedra posteriores estaban lejos de ser modelos de comodidad. Las habitaciones eran oscuras y húmedas y las paredes de piedra sin revestimiento resultaban frías y tristes. Hasta que se reanudó el comercio con el Oriente, cuya consecuencia fue la importación de tapices y alfombras, los pisos estaban generalmente cubiertos con juncos o paja, que se renovaban cuando los anteriores eran ya insoportables a causa de la inmundicia dejada por los perros de caza.

La comida del noble y su familia, si bien abundante y sustanciosa, no era muy variada ni apetitosa. Sus componentes principales eran la carne, el pescado, el queso, las coles, los nabos, las zanahorias, las cebollas, los porotos y las arvejas. Las únicas frutas que se podían obtener en abundancia, eran las manzanas y las peras. No se conocían el café y el té, como tampoco las especies hasta que se intensificó el comercio con el Oriente. También se importaba azúcar, pero durante mucho tiempo siguió siendo rara y costosa y hasta se vendía como droga.

Aunque los nobles no trabajaban para ganarse la vida, no pasaban el tiempo en la ociosidad. Los convencionalismos de su sociedad les exigían gran actividad bélica, aventurera y deportiva. No sólo luchaban con pretextos baladíes para apoderarse de los feudos vecinos, sino también por puro amor a la lucha como aventura excitante. Eran tan frecuentes los actos de violencia, que la Iglesia tuvo que intervenir con la Paz de Dios en el siglo X y luego con la Tregua de Dios en el siglo XI.

Mediante la Paz de Dios la Iglesia pronunciaba anatemas solemnes contra quienes realizaban actos de violencia en los lugares destinados al culto, robaban a los pobres o agraviaban a los sacerdotes. Más tarde se extendió esta protección a los comerciantes. La Tregua de Dios prohibía toda clase de lucha desde “la víspera del miércoles hasta el amanecer del lunes” y también desde la Navidad hasta la Epifanía (6 de enero) y durante la mayor parte de la primavera, fines del verano y comienzos del otoño. El propósito de esta última regulación era, evidentemente, proteger a los labradores durante las estaciones de la siembra y la cosecha. La pena que se imponía al noble que violaba esa tregua,  era la excomunión.

Hasta muy entrada la Edad Media, los modales de la aristocracia feudal eran todos menos refinados y suaves. La glotonería constituía un vicio común y las cantidades de vino y cerveza que se consumían en los castillos medievales durante las fiestas causarían vértigo a un bebedor moderno. En las comidas cada cual cortaba la carne con su propio cuchillo y la comía con los dedos. Los huesos y las sobras eran arrojados al suelo, donde se los disputaban los perros siempre presentes. A las mujeres se las trataba con indiferencia y a veces con desprecio y brutalidad, pues aquél era un mundo masculino.

En los siglos XII y XIII, sin embargo, se suavizaron y mejoraron considerablemente los modales de las clases aristocráticas gracias a la aparición de la llamada caballería andante. La caballería era el código social y moral del feudalismo, la encarnación de sus ideales más altos y la expresión de sus virtudes. Los orígenes de este código eran principalmente germanos y cristianos, pero en su desarrollo también desempeñó algún papel la influencia sarracena. El caballero ideal debía ser, no sólo valiente y leal, sino también generoso verídico, respetuoso, bueno con los pobres y desvalidos y desdeñoso de las ventajas injustas y las ganancias sórdidas.

El ideal caballeresco hacía del amor a las mujeres un verdadero culto, con un   ceremonial   complicado   que   el noble debía observar escrupulosamente. Por ello, las mujeres alcanzaron en la última Edad Media una posición social mucho más elevada que en el período anterior. La caballería imponía también a sus miembros la obligación de luchar en defensa de causas nobles. Era su deber especial actuar como campeón de la Iglesia y defender sus intereses con la espada y la lanza.

McNali Burns, Edward. Civilizaciones de Occidente. Buenos Aires, 1968.

Fuente Consultada:
HISTORIA 1  José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel

Momificación en el Antiguo Egipto Embalsamamiento Técnicas

CULTO A LOS MUERTOS EN EGIPTO ANTIGUO: MOMIFICACIÓN

La convicción egipcia en la supervivencia del alma al lado de cuerpo, trajo consigo las medidas para la conservador de éste, o sea la momificación. Por esta causa religiosa, el embalsamamiento fue una de las más poderosas industrias del antiguo Egipto, llegandoa constituir también una de las más perfectas técnicas.

Las creencias relacionadas con la vida de ultratumba, generaron un complicado ritual que iba desde la acción  de embalsamar el cadáver a la preparación del ajuar y del recinto funerario, pues era creencia general que en  el reino de la muerte, se repetían los mejores momentos de la vida terrena. Por ello, el egipcio no temía la llegada de la muerte y seleccionaba cuidadosamente los objetos y utensilios de uso particular que le acompañarían a la otra vida, según sus posibilidades.

El culto de los muertos fue uno de los aspectos más destacados de la religión egipcia es el de haber considerado al alma humana como un elemento inmortal. Creían que el hombre estaba formado por tres elementos: uno carnal, el cuerpo, y dos espirituales: el alma y el ka o doble. El ka es un espíritu, una imagen-sueño, un doble o reproducción idéntica del individuo, especie de “otro yo” que lo dirige y protege. En cambio, el alma es sólo una parte, algo así como el corazón, que representa el verdadero asiento de una fuerza vital.

embalsamando muertos en egipto

Embalsamadores egipcios trabajan en la momia de un faraón. El maestro de ceremonias de la Corte vigila el procedimiento mientras entona cánticos sagrados. Pueden observarse los tres vasos sagrados, donde han sido depositadas las visceras del difunto soberano.

Para un embalsamiento de primera clase se procedía en esta forma: con un gancho extraían el cerebro por la nariz y llenaban la cavidad con una especie de betún. Los ojos eran reemplazados por otros artificiales. Luego le quitaban las visceras y llenaban el vientre con sustancias aromáticas.

El cuerpo, así preparado, era sumergido durante setenta días en sal común, que resumía las carnes. Al término de ese lapso, el cadáver—con la piel ennegrecida y pegada a los huesos— era envuelto prolijamente con telas engomadas. Transformado así en momia, era depositado en un ataúd de madera o yeso, cuya tapa, profusamente adornada, reproducía la cara del difunto. Para la gente menos pudiente, existían procedimientos más sencillos y menos costosos.

En el Reino Antiguo (2.670-2.150 a.C.) los procesos funerarios o destinos de ultratumba están muy diferenciados: sólo el faraón, su familia y algunos altos dignatarios son merecedores de la inmortalidad. Paulatinamente, esta idea de inmortalidad fue calando en las diversas capas sociales hasta llegar al pueblo, y ya en el Reino Medio (2.100-1.750 a.C.) las creencias del rey y las del pueblo se van mezclando; ya no son celestes para el rey y terrestres para el pueblo, se mezclan los destinos, todos participan en el mismo Más Allá.

Este cambio empieza en el Primer Periodo Intermedio (2.150-2.100 a.C). Sin embargo, no todo el mundo podía costearse un entierro completo en el que estaba incluida la momificación. Aún así, en el más mísero entierro o tumba que hemos encontrado, se refleja el deseo de llegar a la vida de ultratumba con algunos objetos considerados importantes.

La preparación del sepulcro no era suficiente para pasar adecuadamente al reino de Osiris. Periódicamente, debían realizarse ciertos ritos funerarios en honor del fallecido. Para asegurarse la realización de esta continuidad el egipcio reservaba una parte de sus bienes a financiar fundaciones, atendidas por sacerdotes. Esto fue lo que fomentó el poder del clero, que controlaba y administrada grandes propiedades y riquezas, que exentas de impuestos iban creciendo y creciendo.

Cuando se producía una muerte, los familiares iniciaban un luto de sesenta días, pero antes debían entregar el cadáver a los embalsamadores, que pese a su sagrado oficio, eran poco apreciados. Vivían en la “casa de la muerte” (en egipcio per-nefer, curiosamente su traducción es “casa hermosa”). Allí recibían los cuerpos que debían embalsamar y que, concluido el proceso, devolvían a los familiares. El tiempo empleado en la labor estaba supeditado a la mayor o menor complicación del trabajo, dependiendo del destinatario (persona rica o pobre).

Había obreros de tres clases, gobernados y guiados por los sacerdotes. Unos estaban a sueldo, otros eran prófugos de la justicia y unos terceros eran condenados por la Ley a este tipo de trabajos. «Sólo la gente maldecida por los dioses y los criminales se contrataban como embalsamadores para escapar de la justicia y se les reconocía desde lejos por su olor salobre y a cadáver. De manera que todo el mundo los evitaba y no eran admitidos en las tabernas ni en las casas de placer», así los describe Waltari en su obra Sinuhé el egipcio.

Para el antiguo egipcio era fundamental conservar el cadáver con su forma perfecta y lo más reconocible posible, como base sustentadora de la existencia en el Mas Allá. Todas las complicadas técnicas de embalsamamiento no tienen otro fin. El  muerto debe tener la forma perfecta de la que gozó en vida.

Se le introducirá en un determinado momento en un sarcófago antropoide (con forma humana) y se le enterrara en una tumba que será su casa, donde vivirá su “Ka”, o doble etérico, que es la energía cósmica o parte espiritual.

SOBRE LA MOMIFICACIÓN: La creencia fundamental de la supervivencia del alma al lado del cuerpo en la tumba inspiró y desarrolló las medidas de protección del cuerpo, el arreglo de la tumba y el servicio de ofrendas.

El rito principal en la protección del   cadáver   fue   la   momificación, destinada  a volverlo  incorruptible. En efecto, su descomposición entrañaba, en el pensamiento de los egipcios,  el anulamiento del alma,  que debía reencarnarse en su cuerpo para alimentarse con las ofrendas. En época prehistórica,  el contacto con la arena del desierto alcanzaba para   producir   un  desecamiento   que conservaba   los   despojos   humanos. Pero,  con  el  desarrollo  de la fosa en cuevas,  el  contacto forzoso  del cadáver  con  un poco  más  de aire trajo como consecuencia que las cualidades del terreno  cesaran de actuar   eficazmente   y   fue   necesario encontrar   otros  medios   contra   la corrupción.

De  este  modo  nace  el   arte   del embalsamamiento  en   época  tinita. Sus primeros ensayos,  mediante aplicación de natrón sobre los cuerpos cubiertos con sudarios o mediante envoltura en vendas impregnadas con resina, testimonian una práctica poco segura aún de sus medios. Las pocas momias del Imperio Antiguo llegadas hasta nuestros días se encuentran en un precario estado de conservación. Las m’omias del Imperio   Medio,   tratadas  con   resina, estén delicadamente embalsamadas, pero son siempre frágiles. Sólo bajo el  Imperio Nuevo, con el afluir de aromas  y  de esencias asiáticas  en   el mercado egipcio, el arte del embalsamamiento alcanza su apogeo y elabora   prácticas cuya  descripción  recogida más tarde por los historiadores   griegos.

De   esta  época clásica del embalsamamiento datar las hermosas momias indestructibles, con la carne apenas contraída y la piel moderadamente ennegrecida. El procedimiento creado por los embalsamadores tebanos dura hasta el fin de la civilización egipcia. Se degrada rápidamente en época romana y fue reemplazado por la práctica, más radical en sus efectos, pero grosera, de la mace-ración de los cadáveres en betún hirviente.

Herodoto y Diodoro Sículo describieron las operaciones de la momificación, que podía ser de tres clases, la más lujosa de las cuales costaba un talento de plata (5.500 francos oro) en el siglo I a. C.

Remitido el cadáver a los embalsamadores, un escriba trazaba con un pincel sobre el abdomen la incisión que debía practicarse.

El parasquisto abría entonces  el flanco con un sílex. El tariqueúto retiraba las visceras a excepción del corazón y de los ríñones, las lavaba con vino de palma y las hacía reposar  en aromas.  Luego llenaban  la cavidad del abdomen con mirra, canela  y   otros  perfumes,   cosían   el cuerpo y lo dejaban macerar durante setenta días en un baño de natrón. Luego de lo cual lo lavaban y los coáquitas  comenzaban a  envolverlo,   poniendo   aromas   en   las vendas   y   mortajas   de  lienzo  impregnadas en goma arábiga.

Una vez hecho esto, completaban la protección física del cuerpo por medio de la protección mágica. Cada venda o pieza de lienzo se colocaba con una oración que la identificaba con una divinidad protectora. Se trazaban al instante bocetos simbólicos con pincel en los sitios previstos por el ritual. Se colocaban amuletos entre las vendas o se cosían al sudario. El principal era un escarabajo   grande,   colocado   sobre   el pecho a la altura del corazón que llevaba una fórmula que conjuraba al corazón a no testimoniar contra su señor delante del tribunal de Osiris.

Tratado en esta forma, el cadáver se encontraba identificado por los ritos al de Osiris mismo y el difunto recibía en las fórmulas el título de Osiris; el osiris Fulano. Este privilegio había sido inaugurado para los reyes bajo el Imperio Antiguo y luego se había extendido progresivamente a todos los difuntos. No se trataba allí de una identificación producto de una doctrina según la cual la personalidad del difunto habría sido absorbida por la del dios. Nada era más extraño al pensamiento egipcio.

Se trataba, como en toda la literatura funeraria y mágica, de una identificación jurídica; el muerto participaba de los privilegios de Osiris y estaba soberanamente protegido por él contra sus enemigos más temibles, contra la destrucción y los espíritus dañinos.

El equipo de la momia, para estar completo, requería por lo menos un sarcófago, decorado, también él, con fórmulas mágicas. Según la época, éste fue un sarcófago en forma de cofre o un estuche  que  reproduclu el aspecto general de la momia.

Los   despojos   de   los   personajai adinerados  se rodeaban,  como  pro tección más eficaz aún, con muchos sarcófagos   o   ataúdes   antropoides encajados los unos en  los otros.  Acompañaban  al  sarcófago  vasos llamados   “canopes”,   que  contenían las visceras retiradas del cuerpo para el embalsamamiento.

A partir del Imperio Nuevo, estos vasos, gener.il mente  ejecutados  en  alabastro,   es taban  cubiertos   con  tapas   que   re piroducían,  cada   una  de   ellas,   la cabeza de uno de los cuatro hijos de Horus,  protectores  de  las  vísceras; Amset,   con   cabeza   humana:   Hapi, con  cabeza  de cinocéfalo; Duamu tef, con cabeza de chacal y Qebeb senuf, con cabeza de halcón.

Drioton,  Etienne y Vandier, Jacques.
Historia de Egipto.
Buenos Aires, 1977.

Temístocles y Milcíades: Héroes de Atenas Estadistas Griegos

TRISTE FINAL DE GRANDES HOMBRES DE GRECIA: MILCÍADES Y TEMISTOCLES

En Batalla de Maratón contra los persas Grecia había sido salvada por la brillante actuación infantes atenienses, a los que se podía considerar como simples «aficionados» al lado de los guerreros de Esparta. En Maratón, la libertad fue salvada por primera vez. El mundo debía mucho a un puñado de hombres, gloria y orgullo de  Atenas,  que,  de un  golpe,   se alzó sobre las demás ciudades griegas. Atenas erigió, en la llanura, un túmulo por los héroes muertos y ofreció un tesoro a Delfos.

General Milcíades General Temistocles

         General Milcíades                                               General Temistocles

Ante los ojos de Darío, rey de los persas,  los victoriosos griegos no eran más que muertos a plazo fijo. Se había perdido una batalla, pero se ganaría una guerra. Darío podría levantar un ejército, dos, tres, diez veces superior y aplastar a los griegos.

El milagro de Maratón no podría producirse otra vez. Darío sólo sueña con el desquite. Pero otras dificultades le impiden que se consagre a su venganza, y, en el año 485 a. de J. C, muere humillado, sin haber conseguido nada. Su hijo Jerjes se encarga de preparar la invasión. Metódicamente, con calma, los persas concentran sus fuerzas. Jerjes pacificó una vez más Egipto y Caldea; llegó a un acuerdo con Cártago, para que se ocupara de sus enemigos de Grecia Occidental e impidiera cualquier ayuda de las colonias a la madre patria; y, finalmente, negoció con las tribus de Grecia del norte.

Entre tanto, los griegos, satisfechos, aureolados con su gloria, reanudaron las querellas entre ciudades, y, en ellas, las luchas entre facciones.

Evidentemente, Milcíades, el salvador, era el héroe del día. Provocaba el entusiasmo del pueblo, pero su triunfo irritaba a sus adversarios políticos. Uno de ellos, Temístocles, confiaba esto a sus amigos: «La victoria de Milcíades me quita el sueño». Aprovechando su prestigio, Milcíades quiso extender la influencia de Atenas en el Egeo. Convenció a sus conciudadanos para atacar la isla de Paros.

La riqueza de esta isla se debía a la abundancia y calidad de las canteras de mármol que allí se explotaban. Pero, además, la expedición bélica se podía justificar por la actitud de la isla durante la Primera Guerra Médica. Al aceptar la sumisión, los naturales de Paros habían ayudado a los ejércitos de Darío, poniendo barcos a su disposición.

Seguro de su autoridad de vencedor de Maratón, Milcíades les exigió la enorme suma de 100 talentos. Pero comoquiera que los habitantes de Paros se negaran a pagar, Milcíades puso sitio a la ciudad. Sin embargo, el sitio fracasó, y Milcíades tuvo que retornar a Atenas. La gloria de Atenas había sido comprometida por este fracaso, lo que dio ocasión para que los adversarios de Milcíades cargaran sobre él toda la responsabilidad.

Los atenienses se dieron cuenta, de pronto, de que el prestigioso Milcíades no había respetado las leyes de la ciudad democrática. El vencedor se había convertido en tirano. Milcíades ni siquiera pudo defenderse: habiéndosele infectado una herida y provocado la gangrena, tuvo que asistir a su proceso, acostado en una camilla. Sus amigos consiguieron salvarle la vida invocando sus pasadas hazañas, pero fue condenado a pagar una multa de 50 talentos. Poco después, moriría a causa de sus heridas; los grandes vencedores no tardan en convertirse en un estorbo.

La aventura ocurrida a Milcíades es un ejemplo, aunque no único. Los atenienses justificaron su actitud afirmando que Milcíades, cuando fue vencedor, había pasado de la angustia al orgullo, y, en consecuencia, había olvidado la calidad esencial del espíritu griego: la mesura.

En todo caso, para evitar nuevos riesgos, el pueblo de Atenas instituyó una nueva ley: el ostracismo. Cuando se tenían sospechas de que alguno aspiraba a la tiranía, la asamblea del pueblo se reunía y, en una «papeleta» de voto, el ostrakon, escribía el nombre de aquél cuya ambición se temía.

La persona cuyo nombre figuraba en la mayoría de las fichas, tenía diez días para marcharse de la ciudad, y no podía volver antes de diez años; sin embargo, podía conservar sus bienes. Esta medida terrible comportaba el peligro de privar a la ciudad de siís mejores elementos, pero también obligaba a los jefes de Atenas a una prudencia, a una austeridad, a una discreción beneficiosa para los intereses comunes.

Tal vez la costumbre del ostracismo explique el éxito de un Pericles que, en el siglo v a. de J. C, supo gobernar Atenas sin aparecer demasiado en la escena política. En Atenas, el heroísmo era compatible con la mesura. El héroe oculto dejaba al pueblo que tomase las sabías o geniales decisiones que él le sugería, dejándole también la gloría: supremo equilibrio que toda civilización ha querido tomar como modelo, Desde este punto de vista, la ingratitud de Atenas rindió un gran servicio a la humanidad.

TEMISTOCLES Y EL MAR: Tras la muerte de Milcíades, comienza la era de Temístocles, cuya influencia iba en aumento desde hacía diez años. Al contrario que todos los jefes que se habían ilustrado en Atenas, Temísocles no era más que un plebeyo, hijo de un extranjero: ningún clan, ninguna fortuna contribuían a situarlo en primera fila.

No contaba más que con su habilidad y su talento. Pero no tenía ningún escrúpulo: su espíritu, carente de prejuicios, era sumamente claro. Atenas le debe el haber escogido el camino del mar. En Laurión, cerca de Atenas, se acababa de descubrir un yacimiento de plata.

Esta riqueza pudo haberse utilizado para reducir los impuestos, para hacer más grata la vida de los ciudadanos. Pero Temístocles comprendió el peligro de esta facilidad. Los persas, a quienes los vanidosos atenienses creían haber alejado definitivamente, sólo habían sido rechazados. Era necesario, pues, como pensaba el estratega Temístocles, crear una marina de guerra: el porvenir de Atenas estaba en el mar.

Temístocles consiguió que el producto de las minas de Laurión fuese asignado a la construcción de navios de guerra, novedad tanto más importante cuanto que los maratonianos, a los que nosotros llamaremos los «antiguos combatientes», no comprendían que se pudiese cambiar una estrategia que ya había sido probada.

Pero Temístocles no se quedó rezagado en cuanto a la técnica de la guerra, a pesar de la encarnizada oposición de sus adversarios (el partido de los terratenientes que dirigía Arístides «el, justo»), hostiles a la expansión marítima. Arístides fue relegado al ostracismo.

Plutarco cuenta cómo, en el momento del voto, un campesino iletrado le rogó que inscribiese el nombre de Arístides en la tablilla. «¿Te ha hecho algo?», preguntó el hombre de Estado. «Nada, pero me molesta oír llamarle el justo por todas partes».

Temístocles, al triunfar, puso en práctica su programa, y, cinco años después, Atenas poseía doscientos modernos navios. El momento había llegado. El año 481 a. de J. C, Jerjes terminó sus preparativos bélicos.

EL    EXILIO: Algunos ciudadanos, envidiosos de la popularidad de Temístocles, convencieron a los atenienses de que aquél, ávido de poder, les quitaría la libertad. Y, condenado al exilio, huyó a la corte del rey persa Artajerjes, donde permaneció muchos años como huésped. En 461 a. de J. C, el rey persa decidió atacarnuevamente a Grecia. Conociendo la capacidad de Temístocles, lo invitó a asumir el mando de la flota. Éste no quería mostrarse ingrato para con el rey, pero de ningún modo podía traicionar a su patria. Es tradición que, en esa emergencia, el denodado ateniense se suicidó. Así, por segunda vez salvó la libertad de Atenas.

Fuente Consultada:
HISTORMA La Gran Aventura del Hombre Tomo II Edit. CODEX Los Griegos

AMPLIACIÓN DEL TEMA:
LA SAGACIDAD DE TEMISTOCLES: Nacido en Atenas alrededor del año 525 antes de Cristo, Temístocles pertenecía a una familia pobre pero de ilustre ascendencia. Por ello pudo alcanzar, con su preclara inteligencia, altos cargos públicos. Su carrera tuvo comienzo poco antes de las guerras persas.

De carácter enérgico, pronto se reveló capacitado para influir sobre sus conciudadanos, entre muchos de los cuales gozaba de autoridad. De joven escuchaba distraídamente los consejos que le daban, tendientes a mejorar su conducta, su modo de conversar y su cultura. Pero no perdía sílaba si las sugerencias podían facilitar sus planes y enseñarle algo nuevo.

En aquellos tiempos, el imperio persa amenazaba otra vez la libertad de Grecia, a la que ya había intentado someter en el 490 a. de C. Temístocles intuyó que Atenas sólo podía salvarse de un nuevo ataque reforzando su flota, con la que hubiera defendido las costas de la península. Efectivamente : Grecia, que ofrece un gran desarrollo costero, se hallaba expuesta a los ataques del mar. Y solamente una poderosa marina de guerra podía alejar este peligro.

Convertido en jefe de Estado, hizo construir un gran puerto militar: El Pireo. Luego convenció a los atenienses de que renunciaran a las rentas de las minas de plata del monte Laurio, con el objeto de construir con ese dinero cien buques de guerra de los llamados “trirremes”, porque son impulsados por tres hileras de remos. Comprometió a cada ciudadano rico a que tomara a su cargo, por el término de un año, todos los gastos de una nave.

En esa forma, las cien naves se construyeron en un año. No había mucho tiempo que perder, pues en 481 a. de C, el rey de los persas, Jerjes, emprendía la invasión de Grecia con un ejército inmenso: dicen que contaba con 1.500.000 soldados y 1.200 barcos de combate. Cuando ese ejército se detenía para alimentarse, la ciudad hospitalaria quedaba arruinada.

Para facilitar el paso de los tropas a Grecia, el rey había hecho construir dos puentes de buques sobre el Heles-ponto, el actual estrecho de los Dar-danelos. La flota griega se hallaba compuesta por unos 380 barcos de guerra y el ejército contaba con 75.000 soldados. El encuentro se presentaba, pues, desastroso para los griegos. Sólo el talento y la previsión de Temís-tocles pudieron salvar a Grecia de tan temible invasión.

Un ejército de 5.100 hoplitas, comandados por el rey de Esparta, Leónidas, había sido enviado al paso de las Termopilas para detener el avance del enemigo. Pero algunos griegos lo traicionaron, revelando a los persas un pasaje secreto que les permitió cercar a Leónidas, que se había quedado con sólo 300 espartanos para morir cumpliendo con su deber. A pesar de su heroica resistencia, Leónidas fue vencido y muerto. El camino estaba libre y Atenas fue saqueada.

LA BATALLA DE SALAMINA

Cuando los griegos conocieron la derrota de las Termopilas, reunieron la flota en las cercanías de la isla de Salamina, frente a Atenas. Las naves persas se acercaron y los griegos, aterrados por el gran número de adversarios, quisieron retirarse. Correspondió a Temístocles salvar la situación mediante una estratagema.

Envió a Jerjes un servidor de confianza. Este fingió ser un traidor” y confió al rey de los persas que los griegos se preparaban para huir a la mañana siguiente, de modo que debía atacarlos inmediatamente. En efecto, a la mañana siguiente los griegos se hallaron rodeados de buques persas. Temístocles había logrado que se vieran obligados a combatir.

Durante la lucha, los barcos persas se entorpecieron entre sí por su mismo número: al maniobrar chocaban unos con otros, averiándose, y se comunicaban el fuego de los incendios. En cambio, los buques griegos, más movibles, más bajos, se mostraron superiores y ganaron la gran batalla. La flota persa, diezmada, huyó hacia el Helesponto, y Temístocles pudo volver triunfante a Atenas, satisfecho de la victoria y rodeado de la admiración de los griegos. Era el año 180 antes de Cristo.

Satrapías Organización Política y Económica de los Persas

EL IMPERIO PERSA: SATRAPÍAS O UNIDAD ADMINISTRATIVAS

El Imperio, que englobaba innumerables razas y viejas civilizaciones, como las de Egipto y Babilonia, no podía  ser  unificado;  las divisiones correspondían, en términos generales, a las fronteras étnicas y lingüísticas. La base administrativa era la satrapía (había una treintena de ellas), vasto territorio colocado bajo la autoridad de un alto funcionario, el sátrapa, elegido entre los miembros de las familias nobles próximas al soberano, y, para las más importantes, entre las emparentadas con la familia real.

Era un verdadero virrey, que disponía de una guardia y de una corte, que vigilaba la administración de la justicia y el desenvolvimiento de las finanzas, y que podía tomar iniciativas en política exterior. Por esta causa, temiendo las veleidades de independencia o autonomía, Darío nombró junto a ellos a un jefe militar, que mandaba las tropas locales y sólo dependía del poder central. Como precaución suplementaria, fue colocado junto al sátrapa un secretario real, que no dependía de él. Por último, Darío implantó en las provincias un sistema de inspección.

En todo momento, los inspectores, “ojos y oídos del rey”, podían llegar a las metrópolis provinciales, e intervenir en la gestión de los sátrapas. Cada provincia tenía su cuerpo de funcionarios, asalariados por el gobierno provincial, prácticamente inamovibles, y destinados a asegurar la continuidad administrativa durante los cambios de gobernador o aun de soberano. Los sátrapas estaban encargados de la vigilancia de la provincia y del cobro de los impuestos.

Las regiones debían ingresar, cada año, en el tesoro real un tributo o impuesto, fijado de antemano, en plata o en especie. Caldea y Asiría debían aportar 1.000 talentos de plata; Caria y Jonia, 450; Lidia, 500; Egipto, 700. Según Herodoro, la satrapía de la India del norte entregaba cerca de 15.000 talentos.

Todas juntas podían aportara las arcas reales una suma fabulosa para aquella época, que era pobre en moneda; esto nos ayuda a comprender bastante bien de qué medios de persuasión dispusieron los persas en sus intrigas con las ciudades griegas, y en qué consistía la herencia que caería en manos de Alejandro.

Babilonia suministraba, además, 500 eunucos, y Cilicia, 360 caballos blancos. Imitando el ejemplo de Lidia, los soberanos persas acuñaron piezas de oro, los dáriocs, y de plata. Pero su número continuaba siendo insuficiente, pues el gobierno prefería acumular sus preciosas reservas bajo forma de lingotes. Por esta causa, el cambio subsistía como medio de canje, y el grano seguía sirviendo de patrón en Mesopotamia y en Egipto.

Satrapía, provincia o región gobernada por un sátrapa (‘protector del reino’) en la antigua Persia, es decir, por un representante de los poderes administrativos, judiciales y militares del rey.Creadas por Ciro II el Grande en el siglo VI a.C., las satrapías tenían por objeto unificar administrativamente las regiones conquistadas por los persas. En cada una, el sátrapa representaba la autoridad suprema en materia judicial; se encargaba de los impuestos y aseguraba la defensa con un ejército permanente.

EL ARAMEO, LENGUA INTERNACIONAL
Hasta Darío, el persa no era una lengua escrita. Por eso, se emplearon los caracteres cuneiformes. A ello se debió en gran parte que el alemán Grótefen, que fue el primero en descifrarlos, aclarara el misterio, gracias a las inscripciones de Persépolis.

Pero la escritura cuneiforme, que exigía el empleo de tablillas de arcilla grabadas, era de uso incómodo, y el arameo, lengua práctica de los comerciantes internacionales, fue empleado para la correspondencia administrativa. Los despachos de las satrapías traducían después los textos a las lenguas locales. La correspondencia con los sátrapas y los decretos reales eran transmitidos por todo el Imperio, en mensajes especiales.

A imitación del ejemplo asirio, una variada serie de “rutas reales” unía las residencias del soberano con las satrapías, como la gran ruta de Susa a Sardes. Servicios de mantenimiento, caravasares y postas estaban diseminados a todo lo largo de estas arterias imperiales; esta lección no fue olvidada por los romanos.

Aunque no se idealice el funcionamiento de esta inmensa máquina, resulta necesario admitir que estaba bien manejada, que el Estado disponía de engranajes administrativos perfectamente regulactos, y que, si bien la burocracia era un poco absorbente y los impuestos demasiado gravosos, los habitantes del Imperio gozaban de una paz y de un bienestar notables, a pesar de algunas violencias o injusticias debidas a la forma autoritaria del régimen, de las que con más frecuencia eran responsables los gobernadores de provincia que el soberano.

organizacion de los persas rey dario

Darío no fue solamente un gran constructor; supo también organizar sus territorios. A fin de permitir a los inspectores de las satrapías, “ojos y oídos del rey”, galopar como el relámpago, de un extremo al otro lado del Imperio, fueron construidas magníficas carreteras. Estas eran recorridas, igualmente, por tiros pesadamente cargados, como el representado en el bajorrelieve superior .

LA GUARDIA DE LOS INMORTALES
A pesar de su excelente administración, el Imperio era demasiado extenso, y sus poblaciones demasiado diversas, para que el ejército no tuviera que mantener la cohesión; por ello, conservó siempre un carácter militar. A los griegos les sorprendió la inmensa muchedumbre abigarrada que formaba el ejército persa.

Cada provincia estaba obligada a suministrar un contingente por reclutamiento, y los soldados, llegados de todas partes, conservaban sus lenguas, sus métodos de combate, sus armas (lanzas, espadas, arcos, hondas, venablos, mazas, etc.) y sus trajes salvajes y pintorescos.

Los cuerpos escogidos eran persas: 2.000 jinetes y 2.000 infantes, todos nobles, rodeaban al rey, que disponía, además, como Napoleón de su vieja guardia, de 10.000 “inmortales”, llamados así porque este número se mantenía constante, pues los caídos eran reemplazados al momento. Los mercenarios griegos se fueron haciendo cada vez más numerosos, sobre todo a partir del momento en que la superioridad del “hoplita” se afirmó (siglo V a. de J. C), de tal forma, que Alejandro encontraría posteriormente en las filas enemigas un número considerable de compatriotas.

Guarniciones permanentes, verdaderas colonias militares, vigilaban los países alejados, como Egipto; Menfis, Tebas y los principales centros estratégicos contenían contingentes griegos, persas, semitas. Por haber instalado sus residencias en el corazón del Imperio, los soberanos estaban fuera del alcance de los posibles invasores; las ciudades reales no conocieron, así, ninguna invasión, hasta las conquistas de Alejandro Magno.

Fuente Consultadas:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo I  – Los Persas – Edit. CODEX

La Vida de los Faraones en el Antiguo Egipto Poder Absoluto

VIDA COTIDIANA DEL FARAÓN EN EGIPTO ANTIGUO

En el Antiguo Egipto , las aldeas surgieron en el valle del Nilo por lo menos hacia 5000 a.C. Mil años después, la gente del valle ya enterraba sus muertos con gran cuidado y ornamento, tendencia que llevó a grandes obras, como las pirámides de Egipto.

Aldeas y pueblos se convirtieron en ciudades que, con el tiempo, se reunieron y dieron origen a civilizaciones, hasta que en el largo valle no hubo sino dos naciones: el Alto y el Bajo Egipto. Entonces, hacia el año 3100 a.C, un gran rey de nombre Menes (llamado también Narmer, aunque puede que este nombre corresponda a un rey algo posterior) unificó el país y fundó su capital en Menfis.

Desde la formación de la nación, los cada vez más ricos y poderosos reyes de Egipto sufrieron también una transformación. Más que unftombre, el faraón era un dios viviente.

No obstante, ser un dios vivo no están bueno como parece, por lo menos al principio. Los primitivos reyes del Egipto unificado debían probarse a sí mismos que eran aptos para el cargo. Un rey que no pasara cada año una rigurosa prueba física no se consideraba capaz de encargarse del Estado, y era en consecuencia sacrificado por los sacerdotes en una ceremonia ritual.

Si se tiene presente quién hacía las leyes, se entenderá la razón por la cual esta práctica desapareció hacia 2650 a.C. Con todo, permaneció la costumbre de dar muerte a un rey inepto en lugar de curar su enfermedad. De ese modo un dios más saludable podía tomar su lugar.

“Escucha mis ruegos, padre mío, mi señor… Haz que mi hijo brille como rey en la morada de Tum… Tú, que has sido quien lo proclamó rey cuando era todavía un muchacho, quien lo colocó como soberano, como Vida, Salud, Fuerza de las tierras, por encima de todos los mortales. Concédele un reinado de millones de años… Da juventud a sus miembros, hijos todos los días… Pon tu espada y su clava por encima de los asiáticos, trastornados ante su temor como si fuese Baal… Haz que las tierras y los desiertos vivan en su terror… Que more la alegría en su corazón, que lo proclamen, que se cante y se baile ante su bello rostro. Pon su amor en el corazón de los dioses y de las diosas.”

En estos términos apremiantes se dirige el faraón a todos los dioses de Egipto, con el fin de  que  otorguen  protección  a su  hijo muy amado, el futuro monarca, quien, en efecto, será el cerebro que comprenda y dirija: él es el jefe de los ejércitos, el que da órdenes en el campo de batalla; él es quien, acompañado del sumo sacerdote de Amón, preside los cultos; al mismo tiempo, es el soberano del imperio, el que, para cercionarse de su seguridad y de la sumisión que le profesan, visita sus provincias asiáticas.

Pero el rey es hombre, y, cuando no gobierna, se dedica al ocio: le gusta perseguir a las fieras en el desierto, pasear por sus magníficos jardines, contemplar a las jovencitas que bailan, a las que tocan el laúd… Reside en Tebas, y la ciudad ha llegado a convertirse en una suntuosa capital. Además de la mansión donde habita el monarca con sus numerosos dignatarios,  tenemos   también  las  de  las  diversas reinas.

Los palacios apenas se conocen, y únicamente los planos de la “casa de placer”, de Ramsés III, han sido reconstituidos. Una fachada adornada con columnas lleva, en su centro, el balcón por donde el soberano aparece cuando su pueblo lo aclama. Este balcón se comunica con las habitaciones reales.

vida de los faraones

La palabra “faraón” significa “gran casa”. Los egipcios creían que la grandeza del faraón no tenía límites. Como rey-dios era todopoderoso. A él pertenecía la tierra y todo lo que en ella existía. La gente debía obedecer sus órdenes en todo. Como retribución, él obtenía la bendición de los dioses para Egipto, a fin de que su país prosperase. El faraón decidía todas las cuestiones de importancia. Era el jefe del gobierno y del sistema legal, sacerdote principal de todos los templos y jefe del ejército. Controlaba las minas y canteras y proyectos de construcción. Regulaba el comercio. Almacenaba los excedentes de granos en sus graneros y controlaba el sistema de irrigación de los campos. 

INTRIGAS DE HARÉN
Además de los miembros de su familia oficial, el faraón vive rodeado de las mujeres del harén. En efecto, además de las esposas a las que califica de reinas, el monarca dispone de concubinas, hijas de príncipes extranjeros  de  menor   importancia,  o  mujeres egipcias escogidas por su belleza.

A los ramesidas les gustaba el cambio, y los ciento sesenta y dos hijos de Ramsés II dan buena prueba de la fogosidad de su temperamento, que nunca se satisfizo con amores oficiales. Las soberanas son las únicas que pueden dar un heredero al trono, pero, a falta de hijos legítimos, los hijos de concubinas desposados con “hijas reales” pueden ser legitimados por sus padres, y convertirse en reyes.

Las damas del harén no aparecen en público; se limitan a embellecer con su presencia las ceremonias de carácter privado, como las bailarinas-cantoras representadas en las tumbas del Imperio Nuevo. Ramsés III tuyo, no obstante, que lamentarse de sus concubinas: una de ellas, Taia, con el fin de asegurar a su hijo la sucesión del viejo monarca, tramó una conspi-ración contra la vida de su dueño y señor. Contaba con la complicidad de altos funcionarios y de varias mujeres del harén, pero el proyecto de la ambiciosa cortesana, conocido por un número demasiado grande de personas, llegó pronto a oídos de Ramsés.

Los conspiradores fueron arrestados, así como los que, conociendo sus lamentables artimañas, habían permanecido callados. El rey recomendó a los jueces despiadada severidad, y todos, sin excepción, fueron condenados a muerte.

Los faraones eran considerados los intermediarios de los dioses en la tierra. Al morir se fusionaban con Osiris, momento en que eran venerados como una deidad más del Olimpo egipcio. Horus y posteriormente Ra les designaron sumos sacerdotes de todos los templos del país.

EL PALACIO DE VERSALLES EN EGIPTO
Felizmente, la vida de la corte no siempre se manifiesta de modo tan trágico. El rey vive rodeado de señores y grandes damas; ellos constituyen—después de su soberano— el centro de la vida mundana de la capital.La riqueza y el refinamiento de costumbres crean una atmósfera elegante y cortés, que coloca a la capital faraónica muy cerca del Versalles del siglo XVIII.

Hombres y mujeres van, la mayoría. de las veces, vestidos de blanco; los cortesanos usan una falda vaporosa y una túnica cuidadosamente estudiada, cuyos pliegues caen con arte. Para las ceremonias, una gran peluca rizada encuadra sus cabezas, y las suntuosas joyas, collares, gargantillas, pectorales de doble cadena y brazaletes en muñecas y bíceps, les hacen semejantes a relicarios. Sandalias de punta remangada, parecidas a los zapatos que usarán los príncipes del Quattrocento, completan este atavío de afectado lujo.

Las esposas de los cortesanos faraónicos adornan el fino lino plisado de sus túnicas con galones dorados o grises, y sus largos vestidos, ampliamente escotados, se anudan sobre el hombro izquierdo, dejando, con frecuencia, al descubierto el seno derecho.

Los desnudos antebrazos permiten admirar sus finas manos y sus muñecas cargadas de brazaletes. La transparencia de los velos no disimula en nada los gráciles encantos de las aristócratas de la corte, cuya belleza es realzada por un sabio maquillaje: perfumes, ungüentos, kohl. Cucharitas para los ungüentos, palanganas para el agua, espejos y navajas de afeitar llenan el tocador de toda mujer joven, que, por otra parte, no se separa nunca de la barra de labios que guarda en un pequeño bolso.

Las grandes y rizadas pelucas, sueltas sobre los hombros y la espalda, están adornadas con flores, perlas y diademas. Además de las suntuosas recepciones de la corte, los nobles reciben a la alta sociedad en sus magníficas residencias.

Los dueños dan la bienvenida a sus huéspedes, sentados ante un velador, en el centro de vastas salas, cuyas paredes suelen estar decoradas con frescos que representan la vida de los pájaros en el campo o cualquier otra escena bucólica. Aquí tenemos a los señores y a las grandes damas, instalados, según su rango y edad, en sillones, taburetes o cojines. Varias sirvientas, siempre jóvenes y bonitas, distribuyen flores y perfumes. Bailarines y acróbatas hacen las delicias de los huéspedes, y un arpista canta la urgencia del placer: “He oído las palabras que por todas partes se cuentan de lmhotep. ¿Dónde están hoy sw moradas? Mira, haz caso a tu corazón y sé feliz mientras te encuentras sobre esta tierra.”

Pero ni él faraón ni sus fieles se dejan ablandar por el contacto con las graciosas compañeras, llevando buena vida en sus confortables palacios. Estos hombres de sangre vigorosa necesitan distracciones más viriles, y, cuando no combaten al enemigo, persiguen a las fieras al otro lado del Eufrates o al sur de la catarata: los bajorrelieves de Mednet-Habu representan a Ramsés III subido en su carro, persiguiendo al león, al toro salvaje y  al   antílope.

Un   animal   herido,   tumbado patas arriba, trata de arrancar con Sus zarpas la flecha que tiene hundida en el pecho. Otro se abalanza desde la espesura, pero ya el rey se ha vuelto, dardo en mano, y la fiera no escapará al golpe mortal. En ocasiones, las desgraciadas bestias son atraídas al fondo de un húmedo valle, donde los cazadores las acribillan con sus flechas, mientras una jauría de perros feroces irrumpe en escena.

Los animales tratan de huir, pero todas las salidas están cerradas con redes y los ayudantes han cavado ya las trampas. Ha tenido lugar una verdadera carnicería.

UN DÍA DEL FARAÓN: Al despertarse a la mañana, el faraón lee las cartas que le trae su secretario y entonces le dicta las respuestas. Luego, sus sirvientes lo bañan y visten con sus ropas de estado y sus insignias reales. Acto seguido recibe al visir que le informa de todos los negocios importantes del imperio.

Después presta atención a las peticiones de sus subditos y dicta justicia sobre asuntos legales. Puede también recibir la visita de un embajador extranjero o de una delegación comercial de otro país.

Cuando finaliza sus asuntos oficiales, le gusta ir a cazar gacelas y antílopes al desierto; pero hoy debe atender una ceremonia importante. Su pirámide, que estuvo en construcción muchos años, ha sido construida casi hasta la parte superior. El coronamiento de granito que forma su punta está listo para ser llevado a su destino final. Como en todos los grandes emprendimientos, el poder del faraón es esencial para el éxito de dicha colocación.

Después de hacer ofrendas a los dioses para asegurar su cooperación, el faraón es llevado en procesión hasta la pirámide, donde el coronamiento que ha sido subido por la rampa, ya descansa en posición sobre bloques de madera. Cuando se dé la señal, los obreros retirarán los bloques y la piedra caerá en su lugar. Una proyección en su base pasará por un agujero de la parte superior de la pirámide. Más tarde, habrá oraciones para dar gracias y también una celebración en palacio.

El faraón:  siempre llevaba  una doble corona ile color rojo y blanco, símbolo de la unión del Bajo y Alto Egipto. Si el faraón moría mientras su hijo mayor era todavía pequeño, la reina se convertía en la regente y gobernaba en su nombre.

La corte tenía muchas ceremonias. Este hombre rico posee el título de Portador del Abanico Real, pero el cargo no involucra ningún tipo de trabajo verdadero.

Los principales oficiales del faraón: el Veedor del Tesoro, el Maestro de Trabajos de Construcción, el Jefe de los Tribunales.

El Secretario principal escribía las cartas que el faraón le dictaba. Su oficina guardaba la correspondencia real.

Los sirvientes de la casa real: el Jefe Panadero, el Jefe Cocinero y el Mayordomo que llevaba el vino.

Los muchos sirvientes personales del faraón lo vestían y atendían y cuidaban todas sus posesiones.

Los cargadores llevaban su litera: Los portadores de estandartes y de abanicos lo atendían en cualquier lugar adonde éste fuera.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo I Egipto Antiguo
Una Pirámide Egipcia Libro Infantil

Cultivo de Cereales, Vid y Animales en el Antiguo Egipto

AGRICULTURA Y GANADERÍA EN EL ANTIGUO EGIPTO 

EL CAMPESINO (“FELLAH”) DEL NILO
A juzgar por los escribas del antiguo Egipto, el oficio de agricultor era el peor de todos. El labrador es golpeado por sus amos, explotado por los recaudadores de impuestos, arruinado por la langosta. Se desgasta tan pronto como las herramientas, su mujer está expuesta a ir a la cárcel y sus hijos a ser apresados como rehenes.  La verdad es que la tierra de Egipto es rica, fecunda por las crecidas anuales del río. De esta crecida depende la cosecha. Todos los años, a principios de junio, el país sufre la sequía. El Nilo está casi seco, y el desierto amenaza invadir el valle; la ansiedad se apodera del hombre.

el nilo en egipto antiguo

Cierto que, por cuanto él puede recordar, la inundación no ha faltado jamás, muy violenta a veces, deficiente otras, benéfica siempre. Pero los ribereños no están tranquilos del todo, y no dejan de implorar con ardor la generosidad del dios Hapi, es decir, del Nilo.

Y he aquí que las plegarias de los fieles son escuchadas: las aguas del río comienzan a crecer, y no tardan en salirse de madre y en cubrir las tierras circundantes. Se estancan momentáneamente, y convierten las ciudades y los pueblos en islas y en islotes, y los caminos en diques. Luego, la inundación comienza a decrecer. Cuatro meses después de su primera manifestación, el Nilo ha vuelto de nuevo a su cauce. Este período forma la primera estación del año: akhit, la inundación.

El agricultor del Imperio Nuevo se consagra, sobre todo al cultivo de los cereales; los campos de cebada y de trigo se suceden desde el delta hasta la catarata. Durante los cuatro meses de la crecida del Nilo, el labrador no tiene mucho en que ocuparse; después, mientras la tierra está aún mullida por la inundación, el sembrador arroja los granos, seguido del labrador, que recubre de tierra la semilla. Su arado es muy rudimentario, apenas suficiente para, arañar una tierra . muy blanda, sin piedras ni malas hierbas.

La tracción del arado se efectúa por medio de vacas pequeñas. De vez en cuando, el campesino se detiene a la sombra de un árbol, y calma su sed en el agua del odre que ha dejado colgado de las ramas. En efecto, el sicómoro, los pérsicos, los tamariscos y los azufaifos (árboles de la zona) , jalonan de manchas verdes la negrura de las tierras de labor. Así que las espigas comienzan a amarillear, el campesino ve con terror que sobre él se abaten escribas, agrimensores, empleados del fisco y guardias, que le miden los campos, aun antes de medir  los granos con el celemín.

azufaito en egipto

azufaitos, una vez maduros pueden comerse frescos  o se recolectan para guardarlos
previamente desecados y sirven para la preparación  de mermeladas.

tamarisco egipto antiguo

Tamariscos, crece en suelos arenosos,  bien drenados y a pleno sol y tolera la salinidad del suelo.

sicómoro en antiguo egipto

Sicómoro: es un árbol de la familia de las moráceas y del género de las higueras que tuvo gran importancia en el Antiguo Egipto,Como todas las higueras, el sicómoro contiene látex.

Luego,  el cultivador será tasado en función de su cosecha, y entregará su impuesto a los agentes del tesoro o a los administradores de un dios: Amón, por ejemplo, que es dueño de las más ricas tierras del país. En tanto que las plantas brotan de la tierra, el campesino, (“fellah”), ha de entregarse al obligado trabajo de riego, pues, aun en el mismo delta, la lluvia es tan rara, que el légamo no tardaría en desecarse y los cereales en languidecer, si no se distribuyera el agua por las acequias, merced al “chaduf”.

Tiene que limpiar los surcos, y abrirlos y cerrarlos a su tiempo, rehacerlos, y construir constantemente pequeños diques de contención. Toda esta labor es realizada por el campesino con sus pies, como atestigua una pintura tebana. Este período, durante el cual se forma el grano, constituye la segunda estación, la de la salida, o perit. La época de la cosecha se denomina chemú.

Los antiguos egipcios, como los griegos y los hebreos, dividían, pues, el año, en tres estaciones, en lugar de cuatro. Al llegar el momento de la cosecha, que duraba semanas enteras, acudían equipos móviles para ayudar a los lugareños, cuando se trataba de  dominios faraónicos o de un dios.

Los hombres cortan las espigas y las mujeres las recogen en los cestillos, mientras el propietario, sentado en su taburete a la sombra de un sicómoro, anima a los trabajadores con sus palabras. La cosecha se transporta a lomos de asnos, alegremente precedidos por los borriquillos que trotan por doquier. Se arrojan al aire las espigas, y los bueyes las patean con ardor, excitados por hombres armados de látigos. Se separa a continuación la paja del grano, y es entonces cuando el recaudador de impuestos viene a medir este último. ¡Desdichado del campesino que haya disimulado una parte de su cosecha! Se le coloca en el suelo y se le golpea. Pero no falta el buen humor en estos rudos trabajos. Los golpes se olvidan pronto.

el cultivo en egipto antiguo

Es necesario, en seguida, hacer la ofrenda a los dioses que han hecho brotar la cosecha Se ofrecen a Min, el dios de la fecundidad, gavillas de trigo, aves de corral, pepinos, panes, frutas variadas. Desde el más alto al más bajo, todos desean dar las gracias a la divinidad, en espera de la nueva inundación que volverá a iniciar el ciclo de trabajo de los campos.

Ver Un esquema de un año agrícola en el Antiguo Egipto

FLORES Y FRUTOS
Los cereales son el cultivo más importante del país de los faraones, pero la tierra del Nilo es rica en productos variados. Los egipcios tienen una predilección especial por los huertos; lo mismo en la ciudad que en el campo, todo propietario desea tener el suyo, y hacer crecer en él legumbres y frutas.

Los huertos están divididos en cuadrados y rectángulos, cortados por senderos, sombreados por cepas de viñedo y bordeados de árboles frutales: palmeras, higueras, azufaifos, granados, cocoteros… Como en los grandes cultivos, el riego de estos huertos es un trabajo largo y fatigoso. El viñedo constituye uno de los  mayores recursos de  los agricultores del Imperio Nuevo.

cocoteros en el antiguo egipto

El cocotero (Cocos Nucifera), tambien es conocido como Palmera de Coco.
Pertenece a la Familia Arecaceae y es la unica especie del genero Cocos

Hay, además, bellos racimos azulados, que ornan los sarmientos de los jardines particulares, y que los ciudadanos se complacen en paladear. En el delta, existen, sobre todo, los grandes viñedos, que sirven para proveer de vino las mesas de los propietarios o  de los altos funcionarios reales.

El mundo antiguo conocía los caldos del pantano de Imit, los de Sin y los de Abech, y especialmente los ramesidas, que son expertos en el oficio, desarrollan el cultivo de las viñas y el comercio de los vinos.

vendimia en el antiguo egipto

Vendimia y fabricación del vino en el Antiguo Egipto

Ramsés III se expresa así: “He hecho para ti plantaciones de vinos en los oasis del sur y del norte…, en el delta se han multiplicado por cientos de miles. Los he dotado de jardineros seleccionados entre los cautivos de países extranjeros, así como he excavado embalses, que están cubiertos de nenúfares; el licor y el vino para tu regalo abundan como el agua que se tira en Tebas la victoriosa”.

Del cultivo de la viña y de la vida del viñador no sabemos nada.Lo único que tenemos son unas cuantas representaciones de la vendimia. Cuando llega el momento de recoger la uva, los lugareños se diseminan bajo las parras, separando los racimos con sus largos dedos, sin servirse de instrumento alguno. Llenan las banastas de uva, sin aplastarla, se van cantando con la cesta a la cabeza, y arrojan luego los racimos a una tina. Después regresan a la viña. Cuando se trata de plantaciones en gran escala, se sirven de barcas para transportar los racimos del viñedo a la bodega, pues hace falta ir con rapidez para evitar que los granos se aplasten prematuramente y se pierda el precioso zumo.

Las tinas son redondas y bajas, y, sin duda, hechas de piedra, ya que los egipcios no saben fabricar toneles. El granito o la piedra ollar les dan cubas de un bello pulimento y perfectamente seguras. Cuando están suficientemente llenas, los vendimiadores se suben a la cuba y, sosteniéndose en una cuerda tendida sobre ellos, pisotean la uva con entusiasmo y buen humor, cantando y bromeando.

El zumo sale por dos o tres aberturas y va a parar a un pilón. El nuevo vino se trasvasa a unas jarras de fondo plano, donde ha de fermentar, después de lo cual será recogido en grandes ánforas, largas y estilizadas, provistas de dos asas y un largo cuello, que se tapa con yeso. El vino ya está listo para el viaje. Como es natural, no falta el inevitable escriba.

Ha contado las banastas y ahora anota sobre las jarras el nombre del viñador, el de la comarca y el año de la cosecha, indicaciones todas que traslada a un registro. A veces el propietario supervisa por sí mismo la vendimia y el prensado. Lo mismo que al final de la recogida del grano, los viñadores piensan en la divinidad: es preciso darle las gracias por los beneficios que ha concedido a la viña y asegurarse su ayuda para el año siguiente.

Se trata, con frecuencia, de la diosa Reutet, que tiene forma de serpiente, y vela sobre los racimos, las vendimias y las bodegas. Las manos piadosas colocan cerca de ella, sobre un pequeño altar, lotos, lechugas y panes.

En efecto: “Todas las cosas vienen de Dios… Nuestro dueño beberá suavemente, dando gracias a Dios… Que se haga una libación a Sha (el genio de la viña) para que conceda, al año que viene, numerosos racimos”.

Aparte del trigo, cebada, frutas, legumbres y vinedo, el légamo de Egipto produce lino, que crece alto y tupido, y que se arranca cuando ya está en flor. Mas las cosechas están ameraradas por numerosos enemigos: el rayo y el granizo, que devastan los campos del “fellah”  igual que los de nuestros campesinos; la langosta, que no deja verdura ni aun en los árboles, ni una hierba en el campo. ¡Contra tales enemigos, los subditos del faraón sólo pueden implorar a la divinidad! Más duros se muestran contra los pájaros, que el pincel de los pintores se ha complacido en representar revoloteando de rama en rama y regalándose con frutos.

Hay oropéndolas, gálgulos, sobre todo, o codornices, que, en la época de la migración, están tan fatigadas que se dejan caer al suelo. Los cazadores las capturan ocultando redes en los árboles o extendiéndolas por tierra, y apresando a los volátiles en una especie de nasas.

LA FAUNA EN EL PAÍS DE AMON
Pero los egipcios, que acabamos de ver cuidando y protegiendo sus árboles, sus frutas y sus cereales, con amor y competencia, practican asimismo la cría de ganado. En los orígenes, parece que vacilaron antes de saber a ciencia cierta cuáles eran los animales qué convenía domesticar. El perro, el primero de todos, fue utilizado por sus cualidades de cazador. Inmediatamente se reconoció la aptitud del asno y el buey para los transportes.

La cabra es preferida al carnero; por la calidad de su lana; abundan asimismo los puercos en los poblados del Nilo. Hay también algunos intentos de domesticar a las gacelas, a los ciervos, al órix, al búfalo, a la cabra montes, e incluso, a la terrible hiena. El camello apenas es conocido, y el gallo no aparece hasta mucho más adelante.

El caballo es introducido muy pronto en Egipto, en la época de la invasión de los hicsos, pero su uso no se extiende mucho, de momento; únicamente grandes personajes los criaban en sus cuadras, y sólo para uncirlos a sus carros, ya que la equitación, debió de parecer tan peligrosa a los subditos del faraón, que los pinceles de los pintores no nos han dejado más que tres caballeros.

El establo de los bueyes está situado no lejos de la casa del amo; es un modesto alojamiento, de barro negro, que los animales comparten con sus guardianes, los cuales pueden así protegerlos contra los ladrones. Son quizá estos desdichados, usados en un durísimo trabajo, los menos favorecidos entre todos los campesinos: calvos, con el mentón recubierto de una barba hirsuta, endebles y, a veces, de una delgadez que da miedo.

la ganadería en egipto antiguo

No hay duda de que les satisfacía ver a sus bestias abundantes y fecundas, pues muestran por  ellas, en  todos las  cosas, una dedicación tan grande, que no vacilan en echarse los terneros a sus espaldas cuando se trata de atravesar alguna marisma, y en defenderlos de los cocodrilos.

Mas si un animal desaparece, bien por haber sido robado, bien devorado por una fiera, o si una epidemia diezma el rebaño, ¡el desdichado guardián es derribado al suelo y azotado! El cabrero parece más favorecido: está provisto de una flauta, y extrae de ella armoniosos sonidos. Pero, comoquiera que sea, ningún Teócrito ni Virgilio nos ha traducido en palabras las canciones de amor de los pastores del país de Amón.

LOS PANTANOS Y LOS DESIERTOS
Egipto, aparte de su desierto, no consta sólo de extensos campos y ricos pastos. Cuando el río vuelve a su cauce todos los años, deja en las orillas de las tierras cultivadas enormes extensiones de agua, tapizadas de nenúfares, cañaverales y papiros. Las espesuras están pobladas de una fauna bullidora: pájaros, gatos monteses, hipopótamos, cocodrilos…

Los pantanos son un verdadero paraíso para el pescador y el cazador; y, si bien en el sur son diversiones de nobles, en el delta, una población entera vive de la caza y pesca. Y el mismo pantano les permite alojarse: los papiros, calafateados con limo del río, reemplazan a los ladrillos de las casas de las ciudades.

Los tallos de estos mismos papiros les permiten confeccionar esteras, sillas, cajas y barcas elegantes y prácticas, sin las que no podrían cazar ni pescar. Y entonces, en justas que recuerdan aquéllas a que se entregaban los gondoleros venecianos, los lugareños se enfrentan unos contra otros, en sus embarcaciones recién hechas. Después, vencedores y vencidos reemprenden un menester que un escritor satírico egipcio considera el más duro que existe.

Hay muchísimas maneras de pescar: la pesca con caña, con el pescador matando a golpes a su presa cuando ésta aparece (los peces son grandes en el delta); la pesca con red pequeña, la pesca con nasa y la pesca con red grande, que exige una docena de hombres y una inmensa red rectangular, que se extiende en el lago y hacia la cual se empuja a los peces. La caza requiere, esencialmente, un arpón sólido.

La víctima favorita de los cazadores es el hipopótamo, y contra su durísima piel pueden romperse las armas más fuertes. Existe también la caza con red, empleada muy particularmente para los patos salvajes. Todos estos procedimientos exigen dedicación, perseverancia y valor, pero tales  cualidades  quedarían  sin  efecto si   los lugareños no tuvieran la protección de la diosa que llaman “Sekhet”: la Pradera.

Esta divinidad tiene el aspecto de una campesina, revestida con un traje estrecho. Los peces y los pájaros le pertenecen, pero se muestra pródiga cuando se trata de compartirlos con quienes son sus asociados y amigos. Pero existe también el desierto, que da vértigo en su inmensidad, poblado de animales, unas veces agradables y otras temibles: antílopes,.gacelas, ciervos y avestruces, lobos, hienas y bueyes salvajes.

La caza aquí constituye un pasatiempo para lo príncipes, pero es también un oficio para los arqueros encargados de la vigilancia del desierto, cuya misión es capturar fieras vivas: la ofrenda de estos animales es la más grata a los dioses.

De modo, pues, que el país del faraón, además de sus cereales y su vino, además de sus frutas y sus flores, alimentaba un abundante ganado, en tanto que sus ríos y pantanos rebullían de peces que hacían más variada y agradable la comida de los egipcios.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo I La Gran Aventura del Hombre – Vida Cotidiana en el Egipto Antiguo-

Vida de los Esclavos y Artesanos en el Antiguo Egipto

EL TRABAJO DE LOS CONSTRUCTORES DE TEMPLOS EN EGIPTO

El origen de las suntuosas construcciones y efigies levantadas por Egipto para gloria de sus reyes o de sus dioses, se encuentra en las rocas admirables que bordean el valle del Nilo, que ofrecen a maestros de obras y escultores material para sus obras más grandiosas y para las de menor relieve. Desde el delta a las cataratas del Nilo, se explotan, aunque de forma irregular, canteras de piedra calcárea, asperón, cuarzo, alabastro y granito, en colores blanco, rojo, negro y azafranado.

Cuatrocientos cincuenta años antes de nuestra era aproximadamente, el historiador griego Herodoto Tisitó Egipto. En la amplia plataforma de Gizeh admiró el conjunto de las Pirámides. Un guía le explicó jos procedimientos seguidos por los egipcios para erigir la Gran Pirámide.

En el siglo IX, sospechando que la Gran Pirámide era un depósito de tesoros, el Jalifa Al-Mamun ordenó abrirla. Después de penosos e ímprobos trabajos, sus hombres consiguieron entrar, pero, defraudados por no hallar nada, y a guisa de consuelo, crearon la leyenda de haber encontrado una momia acorazada de oro y rodeada de grandes riquezas.

En la Edad Media se atribuía la construcción de esta Pirámide al intendente del Faraón, el bíblico y casto José, quien la destinó para almacenar el grano sobrante de las buenas cosechas de los tiempos de las “vacas gordas”, como reserva para los malos tiempos de las “vacas flacas”.

A finales del siglo V se da como un hecho que todos estos monumentos eran mausoleos y sus interiores macizos. Más tarde aparece la hipótesis de que pudieron haber servido de observatorios astronómicos y geodésicos. Otra teoría preconiza que, además de ser tumbas reales, hacían oficio de templos donde se practicaban los misterios y se rendía culto a Osiris. Incluso se ha llegado a suponer que las pirámides del área de Gizeh fueron levantadas para detener las arenas del desierto.

La última teoría elaborada sobre estos monumentos presupone que, aparte de su carácter funerario, sirvieron para equilibrar la economía del país. En efecto, durante tres meses al año, al impedir la inundación del Nilo realizar los trabajos agrícolas, casi toda la gente masculina era empleada por el Estado en la construcción de pirámides.

Los numerosos equipos de obreros ocupados al comienzo de las obras iban decreciendo a medida que el edificio tomaba altura, originando en consecuencia un problema económico debido al paro laboral que se producía. Para evitar esta fluctuación en el empleo, el Estado ordenaba la construcción de otra pirámide antes de que se hubiera terminado la precedente, existiera o no un faraón difunto esperando la terminación de su sepulcro. Es de suponer que esta insólita teoría debió salir de la mente de un economista moderno.

trabajo de los esclavos en egipto antiguo

 Los   obreros   (Tebas,   tumba de   Rekmara)   amasan   el   barro   con   agua  de   los estanques y mezclan, a continuación, la paja. Los adobes asi obtenidos se secarán al sol, después de lo cual otro obrero (abajo) los transportará hasta  su  ulterior destino.

Herodoto dice que se invirtieron 20 años en la edificación de la Gran Pirámide, y que en sus trabajos se emplearon diez miríadas de hombres que se reemplazaban cada trimestre. Si a estos 20 años se le añaden los diez que fueron necesarios para la construcción de la calzada que va desde el Nilo hasta el pie del monumento, calzada que fue necesario construir previamente, la totalidad de las obras duró treinta años.

Herodoto, como buen historiador y reportero, solamente afirma aquello que ha visto con sus “propios ojos”. Lo que nos dice de la Gran Pirámide forma parte de las informaciones que con toda clase de reservas recogió él en Egipto.
Según estas informaciones, el sentido común se niega a aceptar que durante treinta años, el esfuerzo constante de tantos miles de hombres se dedicara a la edificación de tan colosal sepultura destinada a un solo cadáver.

 Desde el delta a las cataratas del Nilo, se explotan, aunque de forma irregular, canteras de piedra calcárea, asperón, cuarzo, alabastro y granito, en colores blanco, rojo, negro y azafranado. Cuando el faraón necesita piedra para una de sus obras, organiza una expedición de miles de trabajadores.

Ramsés IV reúne a 9.368, incluido el gran sacerdote de Amón, los inevitables escribas, jefes de transporte, policías, cinco mil soldados y ochocientos auxiliares   extranjeros.   Como   únicos   especialistas, destacan un jefe de artistas, tres jefes de cantera y ciento treinta canteros; la mayor parte, pues, se ocupan de arrastrar los trenes de piedra y del transporte de avituallamiento.

Constituye, en efecto, una gran preocupación para los organizadores el suministro de agua, cerveza y pan a esta numerosa tropa, en pleno desierto. Como es natural, los canteros buscan piedras del tamaño deseado. Cuando no logran encontrarlas, se hunden estacas de madera, a intervalos regulares, en el bloque que se intenta aprovechar.

Se mojan luego, y, al llegar la noche, se dilatan con el frío, con lo que obligan a la piedra a partirse por sí sola. Al amanecer, los bloques son llevados, sobre rulos, hasta la carretera o hasta el Nilo, sobre el que se deslizarán en balsas hacia suúltimo destino.

Muchísimos de los canteros y tallistas de piedra son esclavos o prisioneros de guerra, pero existen igualmente algunos aborígenes que ejercen este oficio, nada envidiable en verdad, a pesar del cuidado que algunos patronos ponen en la alimentación. Los mineros se hallan igualmente poco favorecidos. Tienen la misión de recoger para el faraón el oro y las turquesas diseminados por el subsuelo.

El oro se encuentra en el desierto entre el Nilo y el Mar Rojo, o en Nubia, y en el Monte Sinaí, los propectores descubrieron yacimientos de turquesas. Si en el norte se ahondan los pozos, prodigando a los trabajadores una ración de agua suficiente, el sur está seco, y la labor de los mineros es infernal. La de los buscadores de turquesas es menos penosa desde que los beduinos han dejado de atacar a los mineros y a su escolta.

De este modo, pues, Egipto reúne en sus almacenes enormes cantidades de materia de normal o preciosa utilización y metales vulgares o raros. Sin embargo, los equipos de canteros y mineros constituirán, un día, un gran peligro para Egipto. Durante el reinado de Ramsés III, el país sufrió la invasión de los “Pueblos de la Mar”.

El rey acude a conjurar el peligro, pero los antiguos cautivos, procedentes de Siria, Palestina y Libia, instalados en los dominios reales o empleados en las canteras, se sublevan. Sus camaradas egipcios se unen a ellos, y cometen mil sacrilegios y crueldades, vengándose así de su suerte excesivamente injusta.

Diodoro nos refiere que los árameos llegaron a fundar, cerca de Menfis, una ciudad que denominaron Babilonia, y que los frigios fundaron la ciudad de Troion. Habrán de pasar largos años antes de que el faraón, restaurando la autoridad real, aprese a estos fugitivos y los reintegre a sus tareas respectivas. Son entonces marcados con un hierro al rojo, por la administración de que dependen, y reemprenden su vida del pasado, pero más dura todavía después que la libertad les había prodigado sus beneficios.

trabajo esclavo

EL TRABAJO DE LOS ARTESANOS:
Cuando se examinan las pinturas, numerosas  en  las  tumbas  del Imperio Nuevo, que azul o verde. Las colosales estatuas, numerosas en el antiguo Egipto, son, sin duda, obra de todo un equipo, unos trabajando el bloque de piedra por arriba, y los otros van modelando ya las piernas y los pies.

A veces, los artesanos chocan entre sí y se molestan mutuamente, lo cual no deja de provocar alguna disputa. Cuando la efigie está terminada, si se trata de un dios, su transporte hasta el templo da lugar a una verdadera fiesta.

Se coloca sobre un fuerte tren de arrastre, tirado por hombres, mientras alguien, instalado en las rodillas de la estatua, sacude su incensario hacia el rostro inmóvil, y vierte a sus pies, gota a gota, el agua de su jarro. Una inmensa muchedumbre, acordonada por los soldados, contempla el espectáculo.

Los vendedores expenden alimentos ligeros, tanto a los que trabajan como a los que sólo miran. Al atardecer, se retirarán todos, contentos de su jornada, después de haber gritado mucho, y reído y bebido a conciencia. Los egipcios son expansivos y sociables, y se regocijan en toda ocasión que se les ofrece para dar rienda suelta a su buen humor natural. Otros artesanos, en número elevado, trabajan el metal.

Para convencerse de ello, basta ver el prodigioso tesoro de Tutankhamón en El Cairo, y los de Bubastis y Siptah en el Louvre, con sus vasos de oro y plata, sus pateras, sus zarcillos, sus collares; por todas partes resplandecen los metales preciosos, los lapislázulis, las turquesas… ¡Las estatuas están, a menudo, recubiertas de oro, igual que las puertas de los santuarios tebanos! No hay templo que no posea su tesoro; y el lujo con que se adornan los palacios de los reyes y las mansiones de los ricos es enorme.

orfebres egipto antiguo

Los orfebres llevan objetos trabajados para colocar en el tumba de Nebarón

En los talleres, lo primero que se hace es pesar el oro y la plata en las balanzas, las cuales no se limitan a este único uso de este mundo, sino que, después, se utilizarán para pesar las almas delante de Osiris. Allí está él eterno escriba, que registra los resultados; luego, los lingotes se envían a los artesanos.

Estos funden el metal para poder, a continuación, darle distintas formas, activando la llama del hogar con soplos a través de largos tubos. Es un rudo trabajo que los operarios alegran con sus risas y diversiones. Cuando, posteriormente, hay que martillar el lingote, la habilidad de los artesanos es tal, que le dan la forma que desean. Después, los cinceladores se ocupan del decorado. Este es de infinita variedad: sencillos jeroglíficos, grabados a la perfección sobre una línea de depuradas formas, motivos geométricos y florales, escenas costumbristas o representaciones religiosas.

Al atardecer, luego de un último pulido, el objeto se expone sobre una tarima, donde será examinado por el maestro de taller, para juzgar si es digno de figurar en los depósitos el dios o el faraón. Los oficios de la madera no son menos variados: la acacia, el enebro y otras especies locales sirven para la elaboración de cofres y muebles; hará falta, por lo demás, importar pino y abeto de Siria, y ébano de las tierras del sur. A veces, y con objeto de hacerlos más elegantes, la silla y el lecho se confían a un pintor, que los embellecerá con vivos colores.

Con el Imperio Nuevo, cobra. una gran importancia k fabricación de carros y carrozas, y se confiará igualmente al carpintero la de arcos, flechas y cetros, y aun la de instrumentos musicales. El trabajador del marfil se entrega con frecuencia a un sabio trabajo de incrustración en los objetos más refinados. En el Imperio Nuevo, son, ciertamente, los pintores, los más apreciados artistas.

Ellos decoraron las tumbas del Valle de los Reyes, con representaciones hieráticas y, a veces, un poco monótonas, en el caso de necrópolis faraónicas; y escenas fantásticas y encantadoras, en las sepulturas privadas. Parecen haber sido recompensados por sus comitentes: ¿no vemos a Amenemhet invitando con la voz y el gesto a cuatro hombres, sentados ante él, a que compartan su comida?.

Uno de estos hombres es el dibujante Ahmosé, y el festín se ofrece a los artistas que han participado en la decoración de la tumba. ¿Y no llega acaso un pintor, al final de la época ramesida, a una situación tan elevada que será tan considerado como un gobernador de provincia?

Fuente Consultada
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo I Egipto: El Imperio Nuevo Edit. CODEX

La Familia en Egipto Antiguo El Matrimonio y Los Niños

LA VIDA FAMILIAR EN EL ANTIGUO EGIPTO

Al igual que en casi todas las sociedades organizadas, es la familia lo que constituye la base de la sociedad egipcia. Pintores y escultores nos han dejado una apacible imagen de esta familia: el padre y la madre se dan la mano, y los niños, siempre de pequeña estatura, cualquiera que sea su edad, se agrupan al lado de los padres.

Y, en las losas mortuorias, marido y mujer se representan siempre uno al lado del otro, unidos para toda la eternidad, como lo estuvieron en vida. Con muchísima frecuencia, al parecer, los padres o los superiores eran quienes acordaban el matrimonio de dos jóvenes. No obstante, son numerosos los gritos de amor espontáneos y apasionados, en los papiros llegados hasta nosotros.

vida familiar en egipto antiguo

Un campesino egipcio se dirige al mercado con su señora, que viste un vestido recto y transparente, pues las mujeres egipcias nunca tuvieron reparo en mostrar su cuerpo esbelto.

Podría decirse que la familia era parecida a la nuestra occidental, aunque mas numerosa. Normalmente casaban jóvenes y tenían muchos hijos, que muchos de ellos tenían una corta vida, pues la mortalidad infantil era alta. El hombre podía tener varias esposa, pero al primera era la mas importante y la verdadera compañera en la vida. La mujer se encargaba de dirigir los trabajos de la casa y tenía la ayuda de criadad que también la ayudaban en su aseo personal y presentación en sociedad, como el vertirse, peinarse  y maquillarse.  Los matrimonios entre ricos solían ser de conveniencia; pero la mayoría de los matrimonios convencionales se basaban en el amor y el respeto.

Así, un enamorado canta, pensando en su amada:  “¡Quién fuera el esclavo negro que acompaña sus pasos, para ver por entero el color de su piel! ¡Si fuera yo su lavandero, siquiera por un mes, lavaría los ungüentos de su cofia! ¡Si fuera yo el anillo que lleva ella en su dedo, embellecería su vida!”

El amor de dos amantes separados por un agua profunda se halla en otra composición: “El amor de mi hermana está en la otra ribera; un río se interpone entre nosotros, y he ahí al cocodrilo sobre un banco de arena. Pero me acerco al agua y me arrojo a la corriente. ¡Se siente valeroso mi corazón sobre las ondas! Como el suelo son las aguas bajo mis pies. Su amor es lo que me hace tan fuerte”. Y he aquí al enamorado, seducido por la belleza de su bienamada: “La boca de mi hermana es un botón de  loto;  su   seno,  una  manzana  de  amor… Su frente es la diadema de acacia; y yo soy el ánsar salvaje; mis miradas van a la cabellera, hacia el atractivo que hay bajo la diadema, en el que estoy preso”.

Entonces, la enamorada dice a su amante: “Tiñes de púrpura mi corazón, y he de hacer por ti cuanto desees, cuando esté junto a tu pecho. El deseo anima mis ojos, y, al verte, mis ojos brillan. Me estrecho contra ti, hombre fuerte, dueño de mi corazón, cuando veo tu amor. ¡Cuán bella, mi felicidad!” ¡Cómo nos aleja ya este lirismo de las representaciones de la estatuaria faraónica, tan rígidas las más de las veces!

¡Así sentían el amor los antiguos egipcios, y lo expresaban en términos tan tiernos como ardientes! Ciertamente, nada nos induce a pensar que estos apasionados acemas se refieran a un amor conyugal. He aquí de nuevo, no obstante, la voz de un marido, que se dirige a su esposa difunta: “Te pedí por mujer cuando yo era joven. He vivido contigo. No hice sufrir tu corazón…”

EL MATRIMONIO EGIPCIO
Si a embargo, la literatura no muestra inclinación por la mujer egipcia, frivola, caprichosa y coqueta, que no sabe guardar un serré:: y que, sin duda, es infiel. Al hombre, en cambio, se le describe como paciente, afectuoso, leal, razonable.

Pero, al parecer, se trata de una convención, y muchísimas egipcias fueron, seguramente, esposas irreprochables, madres abnegadas. ¿No son las mujeres más emocionantes que hayan existido, con sus siluetas frágiles, apenas revestidas de un ligero velo, sus finos perfiles, bajo la masa de cabellos negros, y la gracia de sus lánguidas actitudes? Además, debían de pensarlo mecho, antes de cometer el adulterio, puesla . mujer infiel era castigada con la muerte, en tanto que la traición del esposo no estaba, en modo alguno, sancionada, sino que al hombre se le autorizaba, incluso, a introducir concubinas en su casa.

No obstante, si bien el marido tenía derecho a apalear a la esposa, siempre se le recomendaba que no abusase; así que no parece que haya sido poco favorable la situación de la mujer egipcia en el mundo antiguo: sólo la cretense gozaba una situación más agradable.

LOS ESCOLARES FARAÓNICOS
En cuanto a los niños, eran numerosos y tiernamente amados. ¡No estaba poco orgulloso el propio Ramsés II de sus ciento sesenta y tantos hijos! Todos eran bien acogidos, aun entre las más pobres familias, y ninguno  de  ellos  era  jamás  muerto  al  nacer, contrariamente al uso que se extendería después en Grecia y Roma.

El país es fértil, el clima favorable, y los niños apenas si cuestan nada: van desnudos, y se alimentan, con poco gasto, de tallos frescos de papiro y de raíces crudas o cocidas. Los hijos del pastor acompañan a su padre a los campos, los del artesano van al taller, y aun los del mismo faraón participan a menudo en las tareas de éste. Los varones son los más esperados. Tienen el cometido de prolongar el linaje y velar por la conservación de la tumba.

Entre las clases populares, el bebé permanece junto a la madre, que lo lleva sobre su pecho, en una alforja atada al cuello en tanto que los príncipes niños son, a menudo, confiados a grandes personajes envejecidos al servicio del rey. Y llega el día en que el niño no puede ya contentarse con un simple collar por todo vestido. Es importante la fecha en que al muchacho se le hace entrega de un taparrabos, o de un vestido a la joven.

Entre la gente pobre, el hijo permanecerá en la casa, aprendiendo a guardar los rebaños o a manejar las herramientas, mientras que el heredero de una familia noble, ingresa entonces en la escuela, la cual forma parte del temple. Además de aprender gramática y escritura, el alumno se familiariza con los textos clásicos, con las historias divinas. Aprende igualmente el dibujo, la geografía, y nociones más concretas: cómo transportar un obelisco, levantar una columna,’ organizar una expedición militar.

Todos estos conocimientos se le inculcan al escolar a base de un sinnúmero de correctivos. Pero la condición de los pequeños egipcios está lejos de ser inhumana, y, cuando vuelven a su casa por la tarde, encuentran una intimidad familiar que parece hecha de alegría e indulgencia.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo I La Vida Cotidiana en Egipto Antiguo Edit. CODEX

Ver: Historia del Matrimonio

Reforma Religiosa en Egipto Dios Atón, Culto al Dios Solar

ATÓN NUEVO DIOS – HISTORIA DEL FARAÓN AKHENATÓN Y NEFERTITI

El culto al dios solar Atón comenzó a tomar cierta amplitud hacia 1450 a.c. el rey Amenofis III le hizo objeto de una devoción especial, aunque siguió honrando a los otros dioses. Su hijo Akhenatón precipitó    el   curso   de    los acontecimientos, repudiando al antiguo dios  tebano  Amón.  Se consagró a su único dios, Atón.

aton, unico dios de egipto

Amenofis IV es una de las figuras mas curiosas de la historia egipcia. Su madre, la reina Tiy, era una princesa fenicia; por su abuela, tenía sangre mitanni, y en él se cruzaban tres razas: egipcia, semita e indoeuropea. Era endeble, casi débil, y tenía un rostro delicado. Apenas fue nombrado rey, contrajo matrimonio con una princesa mitanni, a la que había de amar profundamente: Nefertiti. Llevó a cabo una verdadera revolución religiosa: rompió con Tebas, quitó a Amón el título de dios dinástico, y se consagró enteramente al culto del dios solar Atón.

Dejó su nombre para tomar el de Akhenatón (servidor de Atón), y ordenó construir una residencia real, Akhetatón, “horizonte de Aatón”, a 300 kilómetros al norte de Tebas (hoy Tell-el-Amarna). En su decisión hubo, ciertamente, una parte de cálculo político.

Ya sus predecesores, temiendo el poderío del clero de Amón, casta hereditaria que había reunido inmensos dominios, que casi igualaban a los del faraón, habían favorecido a otros santuarios, especialmente al de Heliópolis. Allí, los sacerdotes profesaban una doctrina según la cual el Sol era el creador de todas las cosas, y llevaron a cabo una simplificación de tendencia monoteísta. ¿Acaso Amenofis III no había bautizado su palacio de Tebas y uno de sus regimientos con el nombre “Atón es resplandeciente”?

La familia real Egipcia: Akhenaton y Nefertiti

La familia real Egipcia: Akhenaton y Nefertiti

Su hijo fue mucho más lejos, pero no obedeció solamente al deseo de reforzar la dinastía, rebajando al ambicioso clero. Tenía un temperamento místico; era un poeta, un soñador sensible a las nociones de la belleza, humanidad y justicia; un “rey ebrio de dios”.

El esposo de Nefertiti confiscó los bienes de los templos, abolió el culto de Amón y de los otros dioses principales, hizo picar y destruir las imágenes y las estatuas de Amón, Ptah y Hathor, y ni aun el popular Osiris se libró de esta suerte. Una inscripción de la época siguiente nos da idea del escándalo, de la consternación que produjo esto en el clero tradicionalista: “Los recursos estaban prohibidos. La tierra se encontraba como en el tiempo del caos. Los templos de los dioses, abandonados, se rderrumbaban. Sus santuarios estaban arruinados y se transformaban en montones de tierra; los edificios, en caminos de paso. El país se hallaba en decadencia. Los dioses apartaban la vista de esta tierra…”

ATON DIOS ÚNICO:
A partir de aquel momento, Atón fue el único dios, y no se le adoró como al Sol, bajo la figura de un hombre con cabeza de halcón, sino bajo la forma de un signo abstracto, el disco de rayos benéficos. El rey era sumo sacerdote y profeta.

Lo dice en su célebre Himno a Atón: “Estás en mi corazón; fuera de mí, nadie te comprende.” El monoteísmo se afirmó indiscutiblemente: “Has creado la tierra a tu gusto, cuando estabas solo”. El mundo es una creación ininterrumpida de dios; cosas, bestias, hombres, el día y la noche: “La tierra está sumida en las tinieblas, como muerta…, la tierra calla porque aquél que lo ha creado todo descansa en su horizonte… Pero llega la aurora, tú te levantas en el horizonte; brillas como Atón del día, y tu resplandor disipa las tinieblas. Las Dos Tierras están de fiesta…”

El himno se alza hasta la idea de una religión universal: “Tú has creado… los países extranjeros, Siria, Nubia, la tierra de Egipto. Tú pones a los hombres en su lugar…; sus lenguas hablan diversamente, como son diversos su aspecto y su piel pues tú has hecho diferentes a los pueblos.” El profundo humanismo de Akhenatón se tradujo, igualmente, en un conjunto de medidas que favorecían el individualismo y una cierta “democratización” de las costumbres.

El rey hizo pública su vida familiar (tuvo siete hijas); ya no era el ídolo al que uno se acercaba arrastrándose. El culto se celebraba en presencia del público, y, para que la religión fuera más accesible, se sustituyó la lengua arcaica y literaria por el egipcio popular. El arte amarniense es realista y familiar, y las pinturas de las tumbas de Tell-el-Amarna están llenas de dulzura y de movimiento. Bajo el radiante disco solar, los bajorrelieves muestran al rey y a la reina en la intimidad, con sus hijas sobre las rodillas. Sus elevadas preocupaciones apartaron a Akenatón de los otros deberes.

Permaneció indiferente a la política exterior, y sus adversarios sé aprovecharon de ello: sus vasallos fieles reclamaron ayuda, vanamente. Shubiluliuma, el ambicioso soberano hitita, sometió el norte de Siria y, sin atacar directamente a Egipto, negoció con sus protegidos. En Palestina, los nómadas multiplicaron sus “razzias”, amenazando incluso, a las ciudades fenicias.

Los amorritas llegaron a ser peligrosos, y, finalmente, Akhenatón tuvo que enviar a Siria, con un ejército importante, al general Horemheb. Al parecer, también existía una crisis interior, pues las reformas  habían  lesionado  demasiados  intereses.

EL DESQUITE DE AMON
Cuando el rey murió, hacia 1354 a. C., Nefertiti, aunque fanáticamente consagrada a la herejía, tuvo que hacer concesiones: después de tres años de regencia, cedió ante el clero de Amón, que se había reorganizado. Casó a una de sus hijas con Tutankhatón, proclamado coregente; el joven príncipe (tenía doce años) se dirigió a Tebas, donde abjuró del culto de Atón, volvió al del dios tradicional y cambió su nombre por el de Tutankhamón. Todos los bienes de Amón le fueron devueltos. La reacción se desencadenó contra la obra del “miserable Akhenatón”.

El general Horemheb, auxiliar incondicional del rey místico, se apresuró a renegar de él y a unirse a los sumos sacerdotes de Amón. Tutankhamón murió a los veinte años, y se ocultó tan bien su tumba, que fue la única que se salvó de los saqueadores de los siglos siguientes, proporcionandolé así (al ser descubierta por Cárter y Carnavon,  en   1922),  una  celebridad  universal, absolutamente desproporcionada con su secundaria importancia. Su viuda, ante la anarquía creciente, escribió a Shubiluliuma una carta, encontrada en los archivos de la capital hitita:  “Mi marido ha muerto y no tengo hijo.

Pero se dice que tú has engendrado numerosos hijos. Si me enviaras uno de tus hijos, podría llegar a ser mi esposo.  ¿Es que voy a tener que escoger a uno de mis servidores para casarme con él?” Un príncipe hitita partió para  Egipto, pero  fue asesinado,  no se sabe por qué conjura. Shubiluliuma, a quien los  egipcios   intentaron  hacer  creer  que  se trataba de una muerte natural, declaró la guerra.

La reina contrajo matrimonio, entonces, como ella había te.mido, con Ai’, un viejo funcionario que había sido amigo de su padre. Ai murió hacia 1339 a. de J. C, sin dejar heredero (se había atribuido la gran tumba que se reservara Tutankhamón, relegando la momia real y todos sus objetos a un lugar ignorado, donde se mantuvo a resguardo de los  ladrones).  Entretanto, gracias  al general Haremheb, Egipto conseguía contener en Siria la presión hitita sobre la frontera del Orontes. Apareció, así, a los ojos de todos, como el salvador de Egipto, y sus tropas estaban dispuestas a seguirlo: el clero de Amón lo reconoció como soberano.

Se dedicó a restablecer el orden (1343-1314 a. de J. C), y, sin dudarlo un momento, adoptó como sucesor a Seti, un general perteneciente a una vieja familia de oficiales de Avaris, de ascendencia semi-asiática. Este cambió su nombre, “el del dios Seht”, por el de Ramsés. Con tal fundador, la nueva dinastía (XIX) no podía menos de orientarse hacia una política de expansión guerrera.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I Egipto, El Imperio Nuevo