Antecedentes Históricos Del Arte en el Siglo XVII

Biografia de Sigrid Undset Escritora Noruega Premio Nobel Literatura

Biografía de Sigrida Undset

Sigrid Undset (1882-1949), autora noruega de ficción histórica, premio Nobel de Literatura. Nacida en Kalundborg, Dinamarca, asistió a la escuela en Christiania (hoy Oslo) donde trabajó en una oficina municipal desde 1898 hasta 1908. Sus primeras novelas, La señorita Marta Oulie (1907) y Jenny (1911), son narraciones fieles y rutinarias de las clases medias bajas. Undset es más conocida por su novela histórica del destino de una mujer, Kristin Lavransdatter (3 volúmenes, 1920-1922), por la que recibió el premio Nobel de Literatura en 1928.

A influencia naturalista de Emilio Zola fue vasta y penetrante en las primeras décadas del siglo. De ella no escapó la novelista noruega Sigrida Undset, cuyas primeras obras, «Marta Ulie» y «La edad feliz», aparecidas en el año 1907, denotaron, en su clima y su temática, el ascendiente del maestro francés. No obstante consiguió evadirse del fantasma que la asediaba, gracias a su fino temperamento y al conocimiento de Ja psicología femenina. Escribió sobre la mujer y para la mujer, con sagacidad, desenvuelta y cómoda en las pinceladas de los caracteres.

Tenía condiciones personales irreductibles, una visión de cosas sentidas a través de una concepción individual de principios nuevos e inconfundibles. Con estas cualidades construyó su obra maestra, aquella por la cual le sería concedido el Premio Nobel: «Kristin Lavransdatter», trilogía (1923-25-27) a la que se calificó como glorificación de la Iglesia de la Edad Media.

«Kristin Lavransdatter» es un libro rico en incidentes vitales. El argumento se desarrolla a lo largo de la Escandinavia del siglo XIV, en cuyos paisajes ásperos la heroína juega su vida, no como una autómata, sino con lógica y pasión admirables,  sin  mengua del colorido,  del  movimiento, de los incidentes que enriquecen la trama cuyo transcurso lejos está de ser una tediosa reconstrucción histórica.

Sigrida Undset deja en libertad a sus personajes, no los tiene maniatados, ni los inhibe: ellos actúan como hombres y mujeres vistos a la luz de una comprensión perfecta, que hablan y piensan con una ternura capaz de dar a este largo libro el carácter de una crónica sobre los esfuerzos de la humanidad, sus errores, su marcha a tientas hacia la luz apenas entrevista, de la cual se aparta continuamente para volver otra vez hacia ella, con renovados deseos de perfeccionamiento y de perdón. Es, simplemente, una tierna historia: la de Kristin y, de los que la amaron y sufrieron, con y por ella.

La novelista noruega ha demostrado en su libro que aquella época no fue monótona y que, en su trascurso, la Iglesia y el pueblo estaban ligados íntimamente; ha revelado la profunda religiosidad de las mujeres del Medioevo. En todas sus obras domina el pesimismo, pero éste es más fortificador que desesperante.

Hacia 1925 se convirtió al catolicismo, y desde entonces se dedicó, con mayor ardor que antes, al estudio del alma femenina. Su mensaje personal, cálido, armonioso, no aceptó el fanatismo, porque se nutrió de la verdad, en el estudio sereno e imparcial de la historia y de la psicología humanas.

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SIGRIDA UNDSET (1882 – 1949) – Premio Nobel: 1928

SU VIDA Y OBRA: Fue una escritora noruega contemporánea, nació el 20 de mayo de 1882. Su pasión por la historia la heredó de su padre. Admiró siempre el libre albedrío, en un clima de paz y de justicia. Convencida de su fe, se opuso a las fuerzas del mal, defendió con pasión a los débiles, los perseguidos, los tránsfugas. Durante la última contienda tomó partido por los aliados, ya que sus ideales le hacían repudiar todo vasallaje.

En sus memorias recuerda que en su infancia visitaba con frecuencia a los parientes daneses de su madre; durante esos viajes conoció a los pequeños escolares de la Jutlandia del sur: ellos le relataron cómo sus maestros les obligaban a recitar loas a los prusianos y la aversión a su propia raza. En sus gestos, Sigrida adivinó el odio y la aversión; dedujo que resulta imposible para otros educar a los alemanes: son ellos mismos los que deben hacerlo, y comprender que la guerra es un mal negocio.

Siendo empleada en un negocio de ia ciudad de Oslo, publicó sus primeros trabajos literarios en 1907. Entró en el mundo de las letras con ei afamado romance autobiográfico «Marta Ulie». Unos meses después le sucedió «La edad feliz». Estaba en la senda de la interpretación del alma femenina, la veta más pura y fecunda de su producción.

«Jenny» (1911); «Pobres seres» (1912); «La primavera» (1912); «El resplandor del espejo encantado» (1917); «Las vírgenes prudentes» (1918); «Nubes de primavera» (1921) jalonaron sus primeras experiencias de novelista.

Después sobrevino la segunda época, aquella en que su intelecto la llevó a campear como escritora pundonorosa y fructífera: además del mencionado Premio Nobel «Kristin Lavransdatter«, magistral aderezo de su espíritu selecto y equilibrado, había publicado ya algunos trabajos muy celebrados, como «La leyenda del rey Arturo y Los Caballeros de la Tabla Redonda» (1915), y «La leyenda de San Halvart» (1920).

FRAGMENTO DE «LA EDAD FELIZ»
La señora Iversen traspuso la verja del jardín, recogiéndose el vestido, pues la hierba estaba húmeda todavía.

—¡Venid, pequeñas, venid, veréis qué bonito está el jardín!… ¿Verdad que está bonito?… Verdaderamente está en ruinas: el jardín es una verdadera selva virgen, pero, en cambio, el cenador está muy bien.

Birgit tomó el brazo de su madre, y ambas se quedaron contemplando la casa. Uni permaneció arriba, en la carretera.

El viejo caserón de madera aparecía apaciblemente medio oculto en el jardín inmenso. En el dintel de la puerta aparecía escrita la palabra «Soledad», en letras borrosas. Cuatro nuevas avenidas conducían a la* casa, pero no había en ellas ninguna edificación. Los caminos grisáceos describían largos surcos sobre  las  tierras verdosas. En medio de la pradera erguíase altiva una quinta nueva, con balcones de hierro forjado y techumbres de cinc. Algunos haces de paja brillaban como el oro, a la luz del sol. La quinta sobresalía extraordinariamente, mostrando sus edificaciones adornabas de balaustradas y sus fechas presuntuosas.

Uni experimentó una viva emoción ante este espectáculo. ¿Era producida esta emoción por aquellas nubes violadas que avanzaban sobre los tejados, con dirección a las colinas de Baerum?…

¡Cuan diferente era todo aquello del pueblecillo donde Uni había vivido por espacio de un año!…

Una emoción semejante habíala sobrecogido a su llegada a Cris-tianía. . . Al llegar el vapor a la rada, acortando la marcha y navegando sobre el agua verdosa y grisácea, Uni fue reconociendo las colinas que formaban una especie de hemiciclo: abajo la ciudad, sumida en una ligera bruma de polvo, que danzaba ante la luz del sol, y en las alturas, Baekkelag, Bygdoe, Oscarshal y la vieja pardusca Akershus.

Hasta Uni, que se hallaba bañada en la dulce y cálida atmósfera del estío, llega el ruido metálico de los martillos, el rodar sonoro de los carruajes sobre el puente pavimentado… Hasta su garganta ascienden angustiosos sollozos… ¡Oh, qué agradable era este ambiente henchido de calor, de polvareda y de olores fuertes!. ..

 

Biografía de Puccini Giacomo Operas del Compositor Italiano

Biografía de Puccini Giacomo
Músico, Óperas del Compositor Italiano

Giacomo Puccini (1858-1924), compositor italiano, autor de óperas que destacan por su intensa emoción y teatralidad, tierno lirismo, orquestación colorista y rica línea vocal. Sus obras fueron representadas en todos los teatros del mundo, marcó una etapa importante en la evolución de la ópera italiana; su aporte consistió en alcanzar el máximo de intensidad dramática en la constante expresión de pasiones y sentimientos. nació el 22 de diciembre de 1858 en Lucca en el seno de una familia de músicos eclesiásticos. Desde el siglo XVIII todos los Puccini fueron organistas y maestros de capilla en la iglesia de San Martino de esta ciudad.

giacomo puccini compositor italiano

Giacomo Puccini

Corre el año 1858. Miguel Puccini, profesor de música del instituto Pacini, en Luca, y padre ya de cuatro niñas, espera un nuevo nacimiento. Por fin, llega Giacomo, el hijo varón ansiosamente deseado. Luego de éste, su mujer Albina Maggi le dio dos hijos más.

Escasa es la edad de los pequeños cuando muere el padre, y la madre, de sólo 33 años, debe hacer frente a la difícil situación.

Giacomo, como muchos otros hombres célebres, no evidenció durante su infancia ninguna de las cualidades que harían de él uno los más grandes artistas del mundo. Su madre logró hacerlo entrar en el seminario de San Miguel y luego en el de San Martín, pero sus esfuerzos no fueron recompensados; el niño era rebelde, se escapaba de la escuela y cometía toda clase de travesuras.

Intervino entontes el tío Maggi, hermano de la madre, quien, pensando que el pequeño podría haber heredado las aptitudes musicales del padre, le llevó a las iglesias y le hizo cantar allí las partes de contralto. Pero esas aptitudes no se pusieron de manifiesto, y el tío Maggi, desanimado, declaró a su hermana que el niño no poseía ninguna de las virtudes que eran necesarias para ser músico.

Esto entristeció profundamente a la señora Puccini, pues la costumbre había establecido que fueran músicos todos los que nacían en esa familia. Es sin duda por esta razón que persistió en su empeño, y condujo a Giacomo ante el compositor Angeloni, solicitándole que hiciera entrar a su hijo en el instituto musical para que allí aprendiera a tocar el órgano.

puccini tocando el piano

De pronto nació en él el gusto por la música. El maestro Angeloni contribuyó grandemente a ello. Supo ganar la confianza del niño y ayudarle a descubrir su verdadero camino. La reina Margarita le acordó, durante un año, la pensión gratuita en el conservatorio de Milán. Giacomo no tardó en merecer la admiración de sus profesores Bazzini y Ponchielli, quienes representaron en su carrera un apoyo muy valioso, antes de su regreso a Luca. El vacilante alumno empezaba a componer.

Angeloni era un cazador apasionado, y fue precisamente llevando al niño a cazar cómo ganó la confianza y la estima de éste. Juntos solían conversar sobre diversos temas, y entre ellos, sin duda, sobre óperas. Lo cierto es que de pronto Giacomo se sintió atraído hacia el maravilloso mundo de la música. Pensó en seguida que él sería capaz de crear nuevas armonías y que la gloria del teatro recompensaría sus afanes.

Una noche, luego de asistir en Pisa a una representación de Aída, y ya firmemente decidido a hacerse compositor, pidió a su madre que le enviase al conservatorio de Milán. Ésta aceptó la idea con inmenso júbilo y se dispuso valientemente a enfrentar las dificultades económicas que se oponían a la realización de tan hermoso proyecto.

Agotados todos los recursos, resolvió dirigirse a la reina Margarita, y esta audacia, inspirada en su amor maternal, dio sus frutos, pues obtuvo para su hijo la pensión gratuita, por un año, en el conservatorio de Milán. Giacomo partió lleno de entusiasmo y con profunda fe en el porvenir.

En el conservatorio, Puccini realizó brillantes estudios, y sus maestros, Bazzini y Ponchielli, le testimoniaron particular admiración. Triunfante salió del conservatorio de Milán y regresó a Luca.

El futuro compositor contaba con el apoyo de su buen maestro Ponchielli, quien, con gran diplomacia, consiguió que el poeta Fontana escribiera un libreto para su joven alumno. Éste se proponía enviar una ópera al concurso del Teatro Ilustre de Sonzogno.

En posesión del libreto, Giacomo se consagró por entero a la composición de la música. Así nació Le Villi. El jurado ante el cual fuera presentada rechazó la obra, no por considerarla mala, sino más bien porque no había logrado descifrarla. Puccini, en su apuro, había escrito la música de manera casi ilegible.

Empero, esta derrota le causó profunda pena. Fontana, transformado en su gran amigo, lo condujo, con el ánimo de reconfortarlo, a una recepción de la que participaban ilustres músicos, como Arrigo Boito (el autor de Mefistófeles) y el crítico musical Marco Scala.

Requerido por la concurrencia, Puccini se sentó al piano y tocó Le Villi; puso tanto ardor y tanta violencia en la ejecución, que su música maravilló a los invitados, a tal punto que el mismo Boito abrió una suscripción entre los admiradores del joven músico para que su ópera fuera representada en el teatro Dal Verna, de Milán. Según hacen constar sus biógrafos, en la noche del estreno el compositor sólo poseía 40 céntimos; pero al día siguiente el editor Ricordi le ofreció por su partitura 2.000 liras.

Del éxito de esta representación, efectuada el 31 de mayo de 1884, tenemos una prueba incontestable: el telegrama que el mismo Puccini enviara a su madre y cuyo texto era el siguiente: «Éxito estruendoso. Dieciocho llamados. Repetido tres veces final del primer acto.»

puccini compositor italiano

Su primera ópera, Le Villi, presentada en un concurso de la casa Sonragno, fue rechazada por el jurado, pero el libretista Fontana condujo al músico a una recepción donde se encontraban Arrigo Boito y el crítico musical Marco Scala. Allí Puccini tocó al piano su obra y suscitó un entusiasmo general. Gracias a esta intervención y a la de otros amigos, pudo estrenarse la citada ópera en el teatro Dal Verna de Milán, obteniendo un éxito franco, y más tarde fue cantada en muchos teatros de Italia, Austria, Rusia y América latina,  olvidándose que el jurado la había rechazado al ser presentada.

Pero mientras Giacomo Puccini cosechaba sus primeros laureles, la vida de su maravillosa madre se extinguía allá, en Luca. Con inmensa congoja alcanza el hijo a recibir el último suspiro de la que fuera su más fiel amiga y confidente.

En busca de olvido abandona su ciudad natal. Cuando, después de un tiempo, retorna a Luca, encuentra allí a Elvira, hermosa dama a quien amó tiernamente y que fue su abnegada compañera. Juntos conocieron épocas penosas, durante las cuales Giacomo debía dar lecciones de piano para poder aumentar sus modestos recursos.

En este tiempo compone Edgar, cuyo fracaso logró empañar un tanto la fama que con Le Villi había empezado a brillar.

Lo que necesitaba Puccini era un buen libreto y, por consiguiente, un buen poeta. Así encontró a Illica y más tarde a Giacosa.

Giacomo Puccini figura entre los numerosos autores que compusieron música para la historia de Manon Lescaut, que ya siete años antes había inspirado a Massenet una encantadora ópera cómica. La heroína del abate Prevost iba a cobrar, en la escena, una nueva vida.

La primera representación, que tuvo lugar en febrero de 1893, constituyó un éxito rotundo. A partir de este momento, la gloria y la fortuna acompañaron a Puccini. Algunos años más tarde éste se instaló con su familia en una pequeña villa, Torre del Lago, a orillas del lago Massaciuccoli, donde había de permanecer hasta el final de sus días.

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Manon Lescaut (primera representación en Turín en 1893): El libreto para el que Puccini escribiera la música ha sido extraído de la célebre novela del abate Prevost, cuya heroína había ya inspirado al maestro francés Massenet la composición de una encantadora ópera cómica. Esta nueva obra de Puccini tuvo un brillante éxito, no tardando en ser representada en los principales teatros del mundo. Tres años después, también en Turín, La Botóme reiteraba el triunfo de Manon.

El paraje era hermoso y la caza abundaba en los alrededores. Esto representaba el ideal para quien era un apasionado cazador y necesitaba en los momentos de trabajo calma y belleza para su inspiración. Allí escribió lá música de La Bohéme, sobre los versos de Illica y Giacosa, inspirados en la célebre novela de Murger.

La Bohéme fue representada en febrero de 1896 en el teatro Real de Turín, donde algunos años antes había triunfado Manon Lescaut. Pero esta vez la crítica fue implacable y le auguró muy corta vida sobre las tablas.

No obstante, Mimí, la frágil bordadora enamorada del poeta, emocionó profundamente al público, que noche tras noche vertía sus lágrimas por la heroína, sin inquietarse del reproche de los censores.

La Bohéme fue presentada en Sicilia; luego cruzó fronteras, atravesó océanos, y fue acogida en todas partes con gran entusiasmo.

Giacomo acompañó a su Mimí a Egipto, Londres y París. Mas la vida de sociedad, las recepciones, no respondían a sus gustos. Añoraba la paz de Torre del Lago, los paseos, el fusil, el cigarrillo entre los labios y, sobre todo, el piano. A su regreso reencontró, además de todo esto, el ansia de componer.

Esta vez su heroína no sería una pobre muchacha soñadora, sino una célebre cantante, la Tosca, quien ama al tenor Mario Cavaradossi. Scarpia, capitán de las guardias romanas, enamorado a su vez de Tosca, pretextando que Mario ha tomado parte en un complot, lo hace detener y condenar a muerte.

La cantante, desesperada, promete a Scarpia renunciar al hombre que ama y consigue para éste un salvoconducto. Una vez el documento en sus manos, mata a Scarpia y corre en busca de Mario, dispuesta a huir con él. Pero llega demasiado tarde, y el pintor es fusilado. Entonces, enloquecida de dolor, Tosca se arroja al Tíber.

A pesar de los diversos comentarios y críticas que este tema provocara, Puccini amaba ya a su criatura y tenía confianza en ella. Llevó pues su obra, sin ninguna modificación, al teatro Costanzi, de Roma, donde se la representó por primera vez el 14 de enero de 1900.

Poco antes de levantarse el telón, un comisario de policía se aproximó a Mugnone, el director de la orquesta, y le ordenó que al menor signo de agitación interrumpiera la ejecución de la ópera para atacar el himno nacional, pues se temía para esa noche el estallido de un atentado anarquista. Terriblemente emocionado, Mugnone subió a su pupitre sin pronunciar palabras sobre lo que le acababan de informar.

Suenan los primeros compases, se levanta el telón, y en seguida un creciente rumor invade la sala. La música se interrumpe, la batuta del director golpea el pupitre y Mugnone se apresta a dar la señal del himno nacional, cuando advierte que la agitación reinante es solamente causada por algunas personas que, llegadas con retraso, molestan a los espectadores, provocando las airadas protestas de éstos. La frente perlada de sudor, Mugnone retoma Tosca desde su primer compás y la conduce brillantemente a la victoria.

Después de Tosca, Puccini compuso Madame Butterfly. Es la dramática historia de una joven japonesa toda gracia y dulzura. Fue representada en 1904 en la Scala de Milán, pero el público se mostró poco entusiasta. Puccini no se dio por vencido, modificó la partitura y la presentó algunos meses más tarde en el teatro Grande de Brescia, donde Madame Butterfly tomó su revancha haciendo llorar a los espectadores.

La fanciulla del West nació gracias a la colaboración de un músico de color, quien llevó a Europa los ritmos del jazz. La obra fue representada con gran pompa en el Metropolitan Opera de Nueva York, en 1910, y alcanzó el éxito esperado.

Terminada esta obra, Puccini atravesó por un oscuro período de absoluta esterilidad; su inspiración parecía agotada, ningún tema le atraía. Hasta que, finalmente, compuso Tabarro, sobre una historia de celos y traición que se desarrollaba a orillas del Sena.

Luego escribió Gianni Schicchi, ópera cómica cuya acción gira en torno al lecho de un falso moribundo que expresa sus últimos deseos. Después vino Sor Angélica, sobre un tema hondamente emotivo.

Puccini alcanza la máxima consagración al ser nombrado senador del reino. Sin embargo, pasa sus días en Torre del Lago, cazando, trabajando y disfrutando de los hermosos paisajes.

En este tiempo comienza a escribir la música para un cuento maravilloso cuya heroína era una bella princesa enamorada de un caballero. Pero una dolencia imprevista le obliga a interrumpir el trabajo y partir para Bruselas, donde, según se hablaba, había un gran cirujano capaz de curar su mal. Puccini, que no creía en la gravedad de su caso, lo comprende, por desgracia, demasiado tarde.

Mas ni aun el sufrimiento logra hacerle perder la esperanza que le acompañó hasta el último momento de su vida, extinguida el 29 de noviembre de 1924. Su cuerpo fue trasladado a Torre del Lago, esa pequeña aldea a la que tanto había amado. Allí reposa ahora. La casa, que permanece tal cual la vio el gran músico en los últimos días, y el piano parecen aguardarlo. Sólo la tinta, en la que tantas veces mojara su pluma para dar al mundo su brillante producción, se ha secado.

Más tarde, el maestro Alfano concluyó la partitura de la última obra en la que Puccini trabajaba antes de morir: La princesa Turandot. En el curso de la primera representación, al llegar al momento preciso en que el compositor debió abandonar su creación, calló bruscamente la orquesta, los espectadores se pusieron de pie y, en el inmenso silencio que llenó la sala, una voz se elevó para decir: «¡Aquí se detuvo Puccini!».

Cronología de sus Obras

1884 Le Villi
1889 Edgar
1893 Manon Lescaut
1896 La Bohème
1900 Tosca

1904 Madame Butterfly
1910 La fanciulla del West
1917 La rondine
1918 Il trittico (trilogía compuesta por Il tabarro, Suor Angelica y Gianni Schicchi)
1926 Turandot (póstuma, completada por Franco Alfano)

 

Sor Angélica y Tabarro, esta ópera del célebre compositor consta también de un solo acto.
Sor Angélica: Habiendo tenido un hijo sin estar casada, Sor Angélica expía su falta en un convento al que sus padres la han obligado a ingresar. Un día, al enterarse de la muerte de su hijo, intenta envenenarse; pero ganada por el remordimiento, suplica a la Virgen Santísima que la salve por el amor de su divino hijo Jesús.

Gianni Schicchi

Gianni Schicchi (primera representación efectuada en Nueva York en el año 1918): Se trata de una pequeña ópera bufa cuyo argumento gira en torno al lecho de un falso moribundo que desea expresar su última voluntad. Como Sor Angélica y Tabarro, esta ópera del célebre compositor consta también de un solo acto.

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La Bólleme: Mimí, bordadora de flores, se enamora de Rodolfo, poeta. Éste renuncia a ella para que la joven se case con un hombre rico. Pero Mimí, cerca de la muerte, vuelve en busca de Rodolfo y, apretando contra sí el manguito que fuera a buscarle uno de sus amigos, muere en la misma buhardilla en que había nacido su primero y grande amor.

puccini compositor

La princesa Turandot: Desea por esposo a un hombre capaz de resolver los más complicados enigmas y que no tema exponer su vida en riesgosas empresas. Esta ópera, con libreto de Giuseppe Adami y Renato Simone, fue olejada incompleta por Puccini y terminada por Alfano, representándose por primera vez en el teatro la Scala de Milán el 2 de mayo de 1926.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo I Editorial CODEX Puccini y Sus Óperas

 

Biografía de Giovanni Battista Tiepolo Pintor Italiano Obra Artistica

Biografía de Tiépolo Giovanni Battista Pintor Italiano – Obra Artística

Giovanni Battista Tiepolo (1696-1770), pintor italiano considerado como el principal maestro de la escuela veneciana y el mejor muralista del estilo rococó.Admirable intérprete de la Venecia del siglo XVIII, Tiépolo buscó, más que la expresión individual, el movimiento en la composición, y trabajó siempre con esa maravillosa facilidad que lo distinguió entre los pintores de frescos.

A comienzos del siglo XVIII, Italia se encuentra desgarrada. Los españoles ocupan el Norte y el Sur, Génova está sometida a la dominación extranjera, en Florencia reinan príncipes temerosos, la grandeza de Roma va camino de extinguirse, el Piamonte se ha armado para defender a los Alpes, cuya barrera no sirve ya para contener la amenaza exterior, y Venecia ha perdido las recientes conquistas de Morosini.

El arte mismo se halla en decadencia. El impulso creador de los siglos precedentes se ha debilitado, y ya no hay grandes maestros ni grandes obras.

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La pintura se pierde en los colores sin brillo de los «tenebrosos», artistas que manifestaron un gusto particular por los tonos oscuros y buscaron los efectos de sombra.

¿Qué será de la pompa decorativa que embelleciera tantos palacios? ¿La gracia que distinguía a las obras del siglo anterior no había dejado ninguna huella?.

La fuerza del arte renace de pronto en Venecia: Benedicto Marcello (1686-1739) se consagrará por sus obras como el Príncipe de la Música, Carlos Goldoni (1707-1793) convertiráse en el Moliere italiano, y Battista Tiépolo hará florecer en su paleta los frescos y vividos colores de los grandes maestros.

Este pintor nació en Venecia, un día de marzo del año 1696, en una casa hoy desaparecida.

Su apellido era el mismo do una muy antigua familia patricia veneciana, y más adelante, para distinguir al joven, hijo de un simple capitán de navio mercante, se lo llamó, entre irónica y afectuosamente, Tiepoletto.

De su madre se conoce casi únicamente el nombre de pila, Ürsula, pero se sabe también que fue ella quien lo educó, ya que el padre del niño murió cuando éste contaba un año de edad.

La madre advirtió la afición que Battista manifestó tempranamente por la pintura, y lo hizo entrar como aprendiz en el taller de Gregorio Lazzarini, que gozaba en Venecia de una gran reputación.

Tiépolo fue un artista de vigoroso talento, apasionado por la pintura de líneas firmes y precisas.

En la Venecia del siglo xvm, irreflexiva, espiritual, refinada en su gusto por los placeres, Tiépolo se vio influido por ese ambiente y adaptóse a la época, pero el estilo impetuoso de algunos de sus cuadros no debe hacernos olvidar su verdadera naturaleza, serena, fuerte y llena de sensatez.

El artista se dejaba llevar por su fantasía, pero el hombre prefería la dulzura apacible del hogar. Tiépolo se casó a los 23 años, el 17 de noviembre de 1719, con Cecilia Guardi, hermana del pintor Francisco Guardi, que exaltó frecuentemente en sus lienzos la frivola alegría de Venecia.

De los años de su infancia, hasta la época de su casamiento, muy poco se conoce sobre la existencia de Tiépolo.

deslumbrantes de su talento, en especial los frescos del cielo raso de los Scalzi (destruidos por una granada austríaca ), y en el Palacio Labia, en el de los Dux y en la casa Rezzonico.

En el Palacio Labia representó la historia de Antonio y Cleopatra (1757) en una serie de frescos que igualan casi las fastuosas pinturas del Veronés.

En el palacio de los Dux compuso una obra imaginativa, en la que aparece Neptuno depositando a los pies de Venecia los tesoros de las profundidades.

Hasta en la lejana Rusia era conocido su nombre Catalina la Grande le encargó cuatro pequeños frescos destinados a la decoración de una bóveda, y la sociedad culta de Francia admiró profundamente su arte.

Habiendo ofrecido algunos cuadros a Luis XV, éste le retribuyó con regalos de gran valor.

Durante el verano de 1750, reclamado de todas partes, se decidió a salir de Italia, con gran disgusto de sus compatriotas, que se veían arrebatar al gran artista por las fortunas extranjeras.

Fue llamado de Alemania, para ir al principado de Wurzburgo, por Carlos Felipe, príncipe obispo de Franconia oriental, con un ofrecimiento de 3.000 florines para el viaje, 21.000 por sus servicios y otros 3.000 como gratificación. Wurzburgo es una hermosa ciudad construida sobre el Meno.

El nuevo obispo, que deseaba establecerse allí en forma suntuosa, había requerido los servicios de Neumann, gran arquitecto de la época, para la edificación de su residencia, y  fue sin duda por consejo de éste que invitó a Tiépolo.

Los cuadros de Juan Bautista Tiépolo suscitaron la admiración de la corte de Francia al igual que la de España. Como expresión de agradecimiento por algunos cuadros que el artista veneciano le enviara, el rey Luis XV le hizo llegar numerosos regalos de gran valor.

Los artistas italianos eran bien acogidos en Wurzburgo. El tema que se indicó a Tiépolo fue el de las nupcias de Federico Barbarroja con Beatriz de Borgoña, acontecimiento celebrado en el año 1156 y del que la ciudad no había cesado de enorgullecerse.

Tiépolo terminó los frescos en dos años, pero tampoco pudo entonces volver a Venecia, pues se le pidió que decorara la fastuosa escalera, donde prodigó la luminosidad de sus colores.

En el centro figura Apolo, y alrededor del Dios del Sol, en un firmamento mitológico, aparecen Neptuno emergiendo de las algas que parecen moverse; Venus, rodeada de palomas y amorcillos; Flora, en un desborde de flores, y Vulcano con sus oscuros cabellos y su torso bronceado. También aquí, como en los frescos del ciclo de Cleopatra, la historia de la antigüedad es interpretada libremente por el pintor, transformándose en un pretexto para el vuelo de la línea y los juegos de luces.

Regresó luego a Venecia, donde permaneció siete años, y en diciembre de 1761 anunció al patricio Tomás José Farzetti su intención de ir a España, desde donde lo llamaba el rey Carlos III. Tiépolo tenía entonces 66 años.

Llamado a Milán por el cardenal Odescalchi, Tiépolo pintó los frescos de la basílica de San Víctor, siendo ayudado por su hijo Domingo, continuador de su obra, a realizar el Cielo de oro.

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Su fama había atravesado las fronteras de su patria. En 1750,  Tiépolo fue requerido desde Wurzburgo, Alemania,  para decorar el suntuoso palacio recién construido y destinado al nuevo obispo del principado, en el que trabajó durante tres años y luego volvió a Venecia.

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Los cuadros de Juan Bautista Tiépolo suscitaron la admiración de la corte de Francia al igual que la de España. Como expresión de agradecimiento por algunos cuadros que el artista veneciano le enviara, el rey Luis XV le hizo llegar numerosos regalos de gran valor.

El 31 de marzo de 1762 confió a su hijo José María, que era religioso, el cuidado de sus asuntos privados, y con sus otros hijos Domingo y Lorenzo y su amigo José Casina, de Padua, se dirigió a España por vía terrestre.

No tenía la intención de permanecer mucho tiempo lejos tarde, de haber tratado así al extraordinario artista, y para testimoniarle su reconocimiento póstumo ordenó que sus cuadros fueran colgados en el lugar de honor de la iglesia de Aranjuez.

Pero a la muerte del rey, manos desconocidas los sacaron para substituirlos con obras de Mengs, y los cuadros de Tíépolo, dispersados por toda España, fueron olvidados.

Desde sus comienzos en la pintura, Tiépolo prefirió a los cuadros al óleo los grandes frescos desplegados sobre vastos muros, o en bóvedas generosamente iluminadas.

Sus ángeles y sus amorcillos, sus madonas y sus santos, al igual que sus personajes inspirados por la mitología o la vida real, nunca están dispuestos de acuerdo con una disciplina preconcebida, sino que triunfan libremente, en amplios cielos y espacios sin fin.

Los límites del cuadro fueron demasiado rigurosos para este pintor, que hubiera deseado aprisionar al sol en un mural, y en su obra no debe buscarse la complacencia en el estudio de un detalle, una mano, por ejemplo, pues lo principal es el conjunto, que constituye una armónica, infinita suma de acordes, en los cuales se oponen la transparencia y los tonos sombríos, en una permanente renovación de impulsos hacia universos imponderables.

¿Cuáles fueron sus maestros?. Todos aquéllos a quienes supo amar y admirar y de los que, sin embargo, se alejó. No hay en él la terrible fantasía del Tintoretto, ni la límpida serenidad del Veronés, ni el poderoso colorido del Tiziano.

Pero diríase que mojaba sus pinceles en la luz, y en sus espacios se respira el aire libre. Su alma rehuía las escenas de dolor, y aun cuando represente el martirio de un santo, es más grande la solemnidad que el sufrimiento, como si se tratara, en realidad, de una ceremonia.

Neptuno obra de tiepolo

Neptuno depositando los tesoros de las profundidades a los pies de Venecia. Palacio de los Dux.

apotiosis tiepolo obra artistica

La apoteosis del almirante Vittor Pisani es uno de los frescos que Giovanni Battista Tiepolo pintó en la villa Pisani, en Italia, entre 1761 y 1762. Representa a Vittor Pisani ascendiendo al paraíso rodeado de ángeles.

Pero, junto a estas pinturas, cuántas damitas graciosas jugando con el abanico, cuántos personajes disfrazados, cuántos alegres gitanos, encontrados probablemente en las calles de Venecia al ir o regresar de alguna fiesta, y que Tiépolo se complacía en observar, captando su aspecto brillante, multicolor, para extraer obras maestras.

El hombre del tricornio negro se agitaba quizá en el tumulto de la ciudad centelleante, y el gondolero fue para él la encarnación siempre renovada del hombre de pueblo veneciano, cuyas canciones repercuten de un palacio a otro, enlazándose sobre las aguas . . .

En sus vastas composiciones campestres hallamos al pintor sereno y reflexivo, que gustaba del trabajo minucioso cuando no estaba apremiado por quienes aguardaban alguna obra suya.

Los dibujos de su taller, realizados para su placer personal y clasificados por sus hijos, nos hacen descubrir a un nuevo Tiépolo, el verdadero tal vez, ya que el dibujo es la carta confidencial en la que un artista vuelca su alma.

Con una inquietud febril dominada por la observación, escrutaba atentamente todo cuanto la vida podía ocultarle aún. Tanto los motivos animados como los inanimados lo atraían, y eso es lo que da tanto valor a las obras de sus cartones.

Su talento excepcional no fue comprendido en España, pero el espíritu del vigoroso pintor y aguafuertista habría de revivir en otro artista genial: Francisco de Goya. Cuando sus últimas obras parecían haber sido olvidadas, al igual que su nombre, un hombre se acordó de él. . . y ese hombre valía por todos.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo I – Juan Bautista TiÉpolo – Editorial CODEX
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica
Enciclopedia ENCARTA Microsoft

Escritores de la Literatura del Renacimiento en Europa

Escritores del Renacimiento en Europa

El Renacimiento literario tuvo lugar en Europa a través de varias etapas diferentes. Italia proporcionó, sin duda, los grandes modelos que, antes o después, harían suyos los escritores españoles, franceses, portugueses y hasta los de regiones más apartadas, como Inglaterra, Alemania o los países nórdicos.

CARACTERISTICA DE LA EPOCA: En los orígenes de la Italia del Renacimiento (prerrenacimiento) se deseaba fervientemente vivir, estudiar, pensar y escribir como los antiguos griegos y romanos.

Por ello, los profesores, monjes, príncipes y mercaderes se disputaban los manuscritos antiguos y rivalizaban también en el afán de coleccionar sus comentarios.

El hombre volvió a renacer. La larga y oscura noche de la Edad Media dio paso a una de las épocas más luminosas de la historia: el Renacimiento.

El destino del hombre medieval, condenado a vivir en un «valle de lágrimas», conoció a mediados del siglo XV un nuevo camino de esperanza.

Se desató una verdadera fiebre por los «studia humanitatis» o humanismo; es decir, el estudio de todos los conocimientos que interesan al hombre.

En la Edad Media también existió este entusiasmo pero no se permitió que la filosofía y forma de vida de los antiguos influyeran en las generaciones medievales.

Se buscaban textos antiguos en su integridad» y se les agregaban comentarios eruditos.

El humanista además de interesarse por las obras de los escritores antiguos atesoraba objetos de arte antiguo, sacaba planos de las ruinas romanas, buscaba esculturas.

Para el estudio de la Biblia se recurrió a los textos hebreo y griego y a los comentarios de los Padres de la Iglesia.

La vida florecía, dejaba atrás los temores atávicos, se liberaba de los miedos que esclavizaron los cuerpos y las mentes. Fue un periodo irrepetible. Se asistió a una eclosión del arte y la cultura. Las ciudades embellecieron.

El mundo se convirtió, por fin, en un lugar habitable. Dios ya no era el centro del mundo. El hombre se había hecho con las riendas de su propio destino.

El Renacimiento se generó lenta y oscuramente a través de una larga época pre-rrenaeentista, durante la cual el antiguo poder vital del paganismo contrastaba con el espíritu religioso predominante en la Edad Media.

Se fue gestando en Europa un clima de admirada  imitación por la obra de escritores antiguos como Homero, Catulo, Safo, Horacio...

Esos textos comenzaban a irradiar los fulgores del espíritu grecolatino a través de traducciones que, como turbador tesoro, circulaban entre algunos hombres de letras.

Pero debe aclararse que el conocimiento y el disfrute de la obra de estos clásicos en el mundo intelectual europeo, si bien estimuló el estudio y la investigación eruditos e inspiró la creación de obras sin duda importantes, no llegó en ningún caso a superar los reverenciados modelos.

No surgieron, pues, otro Píndaro, ni un Sófocles, ni un Virgilio.

ERASMO DE rotterdamPara comenzar con los mas destacados representantes de esta etapa, citaremos a un ser de una avasallante personalidad humanística llamado Erasmo de Rotterdam, quien fuera una figura predominante del siglo XVI en los Países Bajos.

Justamente Erasmo (imagen)  había traducido en los Países Bajos las tragedias de Eurípides «Hécuba» e «Ifigenia en Aulide».

Y, de alguna manera directa o indirecta, los «Adagios» escritos por el humanista holandés dejan traslucir la influencia de Séneca y Plotino.

Además, en Lovaina se editaron las obras de Catón y Suetonio; en Amberes, las de Cicerón y Tito Livio.

Es decir, que desde los Países Bajos se proyectó la luz del mundo antiguo a través del pensamiento de Flavio Josefa y Jenofonte.

En cambio, hubo una marcada influencia literaria de Italia sobre Portugal, directamente o a través de España, cuyo Siglo de Oro debe ser estudiado por separado.

Entre los escritores portugueses del siglo XV, se destacaron Duarte Brito, el infante Pedro –que estuvo en relación con Juan de Mena y el Marqués de Santillana– y el prosista Fernán Lopes, muerto en 1451; entre los del siglo XVI: Sa de Miranda, Gil Vicente, Antonio Ferreira y Luis de Camoens, autor de comedias, rimas, sonetos y del poema «Los Lusiadas», dedicado a la gloria de Vasco de Gama y de su pueblo.

Algunas  de las principales figuras que tuvo en Italia, Francia e Inglaterra, durante los siglos XV y XVI:

LOS ESCRITORES EN ITALIA

Precursores (siglo XIV): Dante, Petrarca y Boccaccio. Siglo XV: M. Ficino. Pico de la Mirándola, Lorenzo de Médicis, A. Poliziano, L. Pulci, Mateo Boyardo, J. Sannazzaro, León B. Alberti, J. Savonarola y Leonardo da Vinci. Siglo XVI: Maquiavelo, Ariosto y T. Tasso, Castiglione, Miguel Ángel Buonarroti, B. Cellini y Pietro Aretino.

dante bocaccio y petrarca

Hubo a fines del siglo XV un nuevo Renacimiento de la literatura en Italia. En Florencia apareció el prosista italiano más grande, Maquiavelo (1469-1527).

Estuvo primeramente empleado al servicio del Gobierno de Florencia, que le envió como legado cerca de los príncipes italianos.

Después de haberse retirado del servicio, estudio la Historia romana y publicó el libro que le hizo célebre en toda Europa, El Príncipe, Escribió en el idioma que se hablaba entonces en Florencia, y su libro ha sido modelo de la prosa italiana.

Ariosto (1474-1533), que había entrado al servicio del duque de Ferrara, escribió un gran poema épico en cuatro cantos, el Orlando furioso, cuyo protagonista es el progenitor de la familia de Este, a la que pertenecía el duque.

Más tarde. El Taso (1544-1595), que fue también a la Corte de Ferraría, escribió el último gran poema épico, la Jerusalén libertada. El héroe es Godofredo de Bouillon, que capitaneó la primera Cruzada.

El Tasso escribió también una novela pastoril, Aminta, cuyos personajes son pastores que hablan como señores y damas de la Corte.

Tuvo escrúpulos religiosos y envió su obra a Roma, a que la examinaran los cardenales. Se le reprochó haber empleado expresiones paganas, se volvió loco y permaneció recluido siete años.

Desde fines del siglo XVI, los italianos no produjeron más que parodias y églogas. Estas obras, que hoy ya no se leen tuvieron mucha fama en toda Europa y fueron imitadas en Inglaterra y en Francia.

Dante AlighieriPetrarcaBoccacio

Precursores directos, de la literatura renacentista en Italia fueron Dante, Petrarca y Boccaccio, admiradores de la prosa de Cicerón o Tito Livio y del verso galano de Virgilio.

Después de estos tres escritores del siglo XIV y antes de llegar a los que, en el siglo XVI, correspondieron a su grandeza (Maquiavelo, Ariosto y Tasso) corresponde mencionaralos humanistas italianos del siglo XV, llamados así por cultivar las letras «humanas» y no las «divinas» o ascéticas.

Descubrieron la belleza terrenal y cantaron a los placeres condenados por el misticismo y la religión.

LOS ESCRITORES EN FRANCIA

Durante toda la Edad Media, no se había dejado de escribir obras en francés.

Los dos escritores más grandes de la primera mitad del siglo XVI trabajaron en géneros enteramente franceses.

Marot (1495-1544), ayuda de cámara del rey, protegido de Francisco I, escribió gran número de pequeñas composiciones ligeras en que aparecía la gente de su tiempo y describía el campo con amor.

Convertido al protestantismo, publicó una traducción en verso de los Salmos que fue adoptada por los calvinistas franceses.

Rabealis (1495-1553), hijo de un burgués acomodado de Chinon, se hizo sacerdote, luego doctor en Medicina. Vivió en Montpelller y en Lyon, fue protegido por Francisco I y nombrado cura de Meudon.

Su gran obra, Gargantúa y Pantagruel, es una novela satírica en que, bajo la denominación de los gigantes, representó a la gente de su tiempo, colocando las escenas en su país natal.

Pero conocía bien los autores de la antigüedad y los admiraba mucho. Los cita con frecuencia y menosprecia el sistema de instrucción de la Edad Media, que llama «la niebla gótica».

A partir de Enrique II, los escritores franceses tuvieron tanto entusiasmo por la antigüedad que aspiraron a imitarla. Varios jóvenes residentes en París formaron un grupo que denominaron la Pléyade.

Eran nobles, magistrados, funcionarios, burgueses ricos. No se vendían aún bastantes libros para que el oficio de escritor pudiera subvenir a las necesidades de nadie.

Uno de ellos, Du Bellay, publicó en 1549 la Defensa e ilustración de la lengua francesa. Recomendaba que se escribiera en francés, pero quería que el francés tomase del latín y del griego las expresiones que le faltaban.

Era lo que llamaba «saquear a los autores antiguos para enriquecer la literatura francesa», con lo que resultaba incomprensible para el pueblo. Quería escribir, no para el público en general, sino para alguna gente culta.

Du Bellay rechazaba los géneros poéticos de la Edad Media y aconsejaba imitar las formas de las obras antiguas. Proponía hacet como los antiguos poemas épicos, u odas. Quería que, en lugar de tomar los asuntos de la vida corriente, aparecieran personajes históricos.

El más célebre escritor de la Pléyade, Ronsara (1524-1585), noble de la comarca de Vendóme, no permaneció más que seis meses en el colegio y pasó í ser paje en la Corte del rey.

Reanudó más tarde sus estudios y publicó primeramente Odas, luego Sonetos. Intentó escribir un poema épico, la Franciada, que no terminó. Inventó nuevas rimas poéticas.

Sus poesías llenas de palabras desconocidas, no resultaban siempre claras para el público, pero contienen muchos pasaje; escritos en un francés sencillo y poético.

Durante las guerras de religión, el prosista más cé­lebre fue un católico, Miguel de Montaigne. Su padre era un comerciante rico de Burdeos, Eyquem, que ha­bía comprado el castillo de Montaigne, y del castillo había tomado el nombre; su madre era de familia ju­día.

Fue magistrado y alcalde de Burdeos, pero se re­tiró a su castillo para vivir tranquilo en su biblioteca. Escribió pequeños tratados de un género original que llamó los Ensayos (1580- 1588) .

En ellos expresa su opinión acerca de toda clase de cosas en un lenguaje familiar, lleno de citas de los autores griegos y la­tinos. Expresó sus ideas sin orden, como se le ocu­rrían, en forma muy original.

Detestaba las discusiones teológicas que dividían a los hombres de su época, y resumió su pensamiento en la siguiente pre­gunta: «¿Qué sé yo?».

LOS ESCRITORES EN INGLATERRA

Inglaterra había tenido algunos humanistas, pero escribían en latín. El más célebre fue el canciller Moro, conocido con el nombre latino de Morus, autor de la Utopía.

Los grandes escritores en inglés no aparecieron has­ta fines del siglo XVI, en el reinado de Isabel.

Los poetas Sydney y Spenser, que tuvieron gran fama en su tiempo, no son leídos hoy. El teatro es lo que ha hecho grande a la literatura inglesa.

Los ingleses eran entonces muy aficionados a las representaciones teatrales. Se hacían con frecuencia, en las ciudades de Inglaterra, fiestas, con ocasión de las cuales cortejos con trajes brillantes atravesaban la ciudad formando cabalgata. Se habían formado varias compañías de comediantes.

La burguesía los tenía en mal concepto; el Municipio de Londres no permitió establecer un teatro en la ciudad. Pero se les dejaba dar representaciones en los arrabales.

Hacían sus comedias en una posada o en algún viejo convento abandonado, pero en ocasiones la reina los mandaba llamar para que actuaran ante ella.

Los jóvenes señores, que eran aficionados al teatro, los protegían e impedían que se prohibieran sus representaciones.

La masa del público ocupaba el patio y las galerías. Eran obreros, marinos, lacayos, aventureros que comían y bebían en la sala.

Se divertían, sobre todo, con las bufonadas de los payasos que aparecían en los entreactos. Los jóvenes nobles se sentaban en el escenario, y eran aficionados a los versos en rebuscado estilo, a la manera italiana.

Aquellas compañías de comediantes no tenían dinero para montar decoraciones. Por lo común se limitaban a poner un cartel para decir a los espectadores: «La escena tiene lugar en un jardín», o «La escena representa un palacio».

El público quería comedias nuevas. El director de la compañía las encargaba a los autores que las escribían con apresuramiento, copiándose muchas veces los unos a los otros. Las comedias quedaban manuscritas.

La mayor parte han desaparecido y no se sabe quiénes fueron sus autores.

Uno de ellos, Marlowe, que murió antes de los treinta años, dejó tragedias, una de las cuales, Fausto, ha conservado celebridad.

El más célebre de todos, Shakespeare (1574-1637) se considera como uno de los más grandes poetas del mundo.

Nació en familia de la clase media, vivió pobremente, se alistó como soldado, se hizo actor, luego autor. Escribió gran número de obras dramáticas que no se imprimieron hasta después de su muerte.

Eran comedias o historias, es decir, dramas trágicos cuyo asunto estaba tomado de la historia de Inglaterra, de las leyendas de la Edad Media, de la misma antigüedad.

Shakespeare había estudiado mucho a Plutarco en la traducción francesa, y a Montaigne, pero no había hecho estudios regulares. Situaba la acción de sus obras en todos los países, sin preocuparse por las épocas.

Ponía Bohemia a orillas del mar, cerca de la selva de las Ardeneas.

Representaba la ciudad griega de Efeso gobernada por un duque y en ella hacía aparecer un convento. Lo que le preocupaba, sobre todo, era crear personajes animados de grandes pasiones.

Como trabajaba a la vez para el público del patio y para los jóvenes señores, mezclaba bufonadas con escenas trágicas.

LOS HUMANISTAS DEL RENACIMIENTO

El movimiento humanista, iniciado en el siglo XV en Italia, se continuó en Europa durante el siglo XVI.

En Italia se empezaron a publicar colecciones impresas de obras literarias en latín. En las ceremonias solemnes, fue costumbre pronunciar un discurso en latín. Los poetas escribían poemas épicos, elegías, epigramas en latín.

Pero en el siglo XVI, los principales humanistas fueron los de Alemania y Francia.

El más célebre de todos, un holandés, Didier, que según costumbre de la época, había traducido su nombre al griego y se llamaba Erasmo, publicó una edición del nuevo Testamento en griego, que lo hizo admirar en toda Europa.

Fue llamado a Inglaterra por el arzobispo de Cantérbury, jefe de la Iglesia de Inglaterra.

Publicó en latín el Elogio de la estulticia, sátira contra la ignorancia y la superstición de los monjes y la pedantería de los doctores de las Universidades.

En Alemania, los humanistas fueron sobre todo profesores de Universidad.

Admiraban a los antiguos y menospreciaban su lengua materna. Traducían sus nombres alemanes al latín o al griego: Schwarzerde se hacía llamar «Melanchton»; Hausscheln. «OEcolampadio».

Se burlaban de los escoláticos y de sus discusiones en mal latín, se llamaban ellos mismos poetas y manifestaban no querer seguir más que a los antiguos.

El más conocido de los humanistas alemanes, Reu-chlin, había estudiado la Biblia en hebreo, lo que le valió una acusación de herejía, pero el Papa se puso de su parte.

Fue sostenido también por los «poetas» que escribían versos latinos. Orientó el estudio del griego en las Universidades alemanas. Hizo un diccionario griego y tradujo algunos autores griegos al latín.

En Francia, los humanistas fueron eruditos. Trabajaron menos en imitar a los autores antiguos que en comprenderlos.

Francisco I se dejó convencer para la creación en París de una escuela dedicada al estudio de los antiguos, de un modo distinto al que lo hacían los escolásticos de las Universidades.

La llamó «Colegio real», más tarde Colegio de Francia. Los profesores tenían el título de «lector real». Pero como no supo encontrar dinero, no creó más que algunas cátedras.

Los eruditos franceses trabajaron para hacer ediciones de los autores latinos y griegos, y diccionarios de las escuelas antiguas.

Se empezaron a imprimir libros en tamaños pequeños y comenzaron a ser leídos en otros lugares además de las Universidades.

Las obras de los clásicos fueron leídas desde ese momento, no sólo por los profesores, sino por los nobles, los burgueses instruidos y aun por señoras. Se leía, sobre todo, la traducción hecha por Amyot de Las vidas paralelas, de Plutarco.

ALGO MAS…

Estaba de moda organizar bibliotecas; se trataba de reunir tesoros artísticos y literarios efectuando la búsqueda en todos los lugares donde pudieran ser hallados.

Se procuró hacer como los antiguos en todo; de imitar a la naturaleza, de cubrir a las ideas con el ropaje de una forma bella. Tales eran las exigencias del humanismo.

Mientras españoles y portugueses descubrían nuevos continentes y tierras, los galianos se preocupaban de redescubrir el mundo antiguo. Y a e£te apasionamiento se agregó, además, un fuerte sentimiento nacional.

La atención puesto en la naturaleza y en el hombre –como ya había ocurrido a fines de la Edad Media– estimuló los estudios científicos en forma experimental; se rechazó, cuando ello correspondía, la opinión de antiguos sabios.

La primera biblioteca pública de Europa

Creemos que merece un párrafo especial como prueba de la preocupación cultural de parte de los príncipes, un hecho de la historia de Fiorencia.

Nicolás Nicolini, uno de los más entusiastas bibliófilos de Florencia, murió lleno de deudas a causa de su afán de adquirir manuscritos antiguos.

Su casa siempre había estado abierta a los que querían consultar sus colecciones que, a su muerte, comprendían ochocientos volúmenes.

Siguiendo su deseo de que su biblioteca permaneciera accesible a todos, Cosme de Mediéis pagó las deudas y donó la misma al convento de San Marcos, para su uso público. Fue la primera biblioteca pública europea.

El humanismo y la religión

Sobre el contenido espiritual del movimiento humanista escribe el historiador holandés J. Huizinga (1872-1945):

«Los humanistas que eran verdaderos ateos o se hacían pasar por tales, no representan la esencia del Renacimiento.

Un examen profundo muestra claramente que el contenido espiritual del Renacimiento, pese a los elementos clásicos y paganos, era y permaneció cristiano, lo mismo que antes el arte medieval y más tarde la Contrarreforma.

Tanto si escogemos a pintores flamencos o italianos. . . observaremos que, incluso en el período barroco, las principales fuentes de inspiración del arte figurativo fueron escenas bíblicas».

Los Primeros Mecenas en la Edad Media

Fuente Consultada:
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I «El Ateneo»
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

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PARA SABER MAS….

Renacimiento de la literatura griega en Italia. — La lengua griega había sido olvidada completamente en la Europa occidental hasta casi el final de la Edad Media; sólo algunos eruditos escolásticos tenían escasos conocimientos de ella y la ignorancia de dicha lengua se extendía también a Italia, a pesar de los contactos que dicha península tenía frecuentemente con los griegos y haber poblado gentes de esta raza su territorio por espacio de siglos.

Los poetas griegos fueron escasamente citados entre los siglos VI y XI. Petrarca y Boccaccio promovieron el renacimiento de aquel lenguaje y la restauración de sus enseñanzas.

Ambos personajes estudiaron por sí mismos el griego, el primero leyendo a Platón con un erudito de Constantinopla y el segundo motivando en Florencia disertaciones públicas acerca de Homero.

A fines del siglo XIV, un letrado de Constantinopla llamado Manuel Chrysoloras, enseñó literatura griega en Florencia y luego, sucesivamente, en Pavía, Venecia y Roma.

Creada la afición a las nuevas enseñanzas, los estudiantes italianos marchaban a Constantinopla, no sólo para estudiar el griego en su propio ambiente, sino para adquirir manuscritos que contenían estimables textos clásicos.

En 1423, uno de estos estudiantes coleccionistas trajo a su ciudad natal, Venecia, unos 240 volúmenes de obras clásicas. Pero el momento culminante para el renacimiento general de los estudios de la literatura clásica griega fue el de la toma de Constantinopla por los turcos, hecho que motivó la dispersión de muchos literatos eruditos y otras personas ilustradas que, en gran número, se esparcieron por Europa.

Algunos papas, entre ellos Nicolás V, alentaron en el siglo xv los estudios clásicos griegos, y, antes de la caída de Constantinopla, Juan Bessarión, Teodoro Gaza y Jorge de Trebisonda, difundieron los estudios helenísticos por Florencia, Nápoles y Roma.

De los exiliados griegos fue, tal vez, el más ilustre, Andrés Juan Láscaris, llamado Rindacenus, a quien llevó a Padua Bessarión, y después Lorenzo de Médicis encargó de la biblioteca de Florencia.

Desde Italia esta afición por restaurar la literatura clásica se extendió a Francia, Inglaterra y Alemania; en 1548 fue nombrado en la Universidad de París el primer profesor de griego y, tiempo después, se fundaron cátedras de dicha lengua en Oxford a cargo de Grocyn y Colet, y en Cambridge, a cargo de Erasmo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N°32 El Renacimiento Literario en Europa Edit. Cuántica
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Biografía de Camus Albert Su Obra Literaria Premio Nobel

RESUMEN DE LA VIDA Y OBRA LITERARIA DE ALBERTO CAMUS

Albert Camus (1913-1960), novelista, ensayista y dramaturgo francés, considerado uno de los escritores más importantes posteriores a 1945.  El escritor francés del siglo XX, Albert Camus, sometió a examen lo que él consideró la absurdidad de la condición humana y la trágica incapacidad de los seres humanos a la hora de comprender y trascender su situación. A lo largo de su obra, Camus describe un mundo aparentemente irracional en el que los seres luchan infructuosamente por encontrar significado y razón a sus vidas.

Así, en El extranjero (1942), el protagonista mata a un hombre sin ninguna razón aparente y acepta sin más su condena. Por el contrario, los personajes de La peste (1947) luchan con valentía contra el absurdo.

Pertenece al gruyo de escritores franceses que nunca cayeron en el olvido. A partir de aquel día de enero de 1960 en que un accidente automovilístico transformó su vida en un trágico destino, el escritor oriundo de Argelia conquistó y ara siempre a sus lectores.

Camus Albert Escritor

Su obra, caracterizada por un estilo vigoroso y conciso, refleja la philosophie de l’absurde, la sensación de alienación y desencanto junto a la afirmación de las cualidades positivas de la dignidad y la fraternidad humana.

Albert Camus nació en Mondovi (Argelia) el 07 de noviembre de 1913. Es el segundo hijo de Lucien Camus, peón y Catalina Sintes, una joven dama de origen español que no sabe escribir y que apenas habla. Lucien Camus murió en la batalla del Marne durante la Primera Guerra Mundial. El joven Albert no conoció a su padre. Su madre entonces se instaló en los barrios pobres de Argel, Belcourt.

El joven Camus, ya en la escuela y con la ayuda de uno de sus profesores, el Sr. Germain, Albert Camus ganó una beca para continuar sus estudios en la Escuela Bugeaud de Argel. Descubrió las alegrías de fútbol y se convirtió en el arquero de la escuela. Amó la filosofía a través de su maestro Jean Grenier.

Camus Albert

Camus con su equipo de fútbol

Obtuvo su bachillerato en 1932 y comenzó a estudiar filosofía. Ese año publicó sus primeros artículos en una revista estudiantil. Se casó en 1934, con Simone Hié y desempeñará diversos trabajos ocasionales para financiar sus estudios y mantener a la pareja. En 1935, se unió al Partido Comunista, partido que abandonó en 1937.

Su vida estuvo marcada por los grandes conflictos del siglo XX: la Segunda Guerra mundial, durante la cual participó en la resistencia contra el nazismo; la guerra de Argelia por su independencia, que hirió profundamente los últimos años de su existencia, y sobre todo la Primera Guerra mundial, en la cual su padre murió de la heridas recibidas en la batalla del Marne.

En 1936, cuando se graduó en filosofía en Estudios de Posgrado, fundó el Teéatre du Travail y escribe con tres amigos en Revolución en Asturias (una insurrección obrera) , una pieza que será luego prohibida.

En 1938, se convirtió en un periodista del  Alger-Républicain donde es particularmente responsable de informar los juicios políticos argelinos. Al poco tiempo Alger-Républicain cesa su publicación y Albert Camus se traslada a París, para trabajar como secretario de redacción de Paris-Soir. Se divorcia de Simone Hie, y se casa con Francine Faure.

En 1942 participó activamente en un movimiento de resistencia y publicó artículos en un periódico llamado Combat que se convertirá en símbolo de la liberación. Ese mismo año publicó en El Extranjero y el Mito de Sísifo por Gallimard. Ambos libros penetran en los jóvenes lectores y elevan a  Albert Camus a la prominencia, cuando grandes personalidades de la época, como Jean-Paul Sartre   (a quien conoce en 1944) dirá: «la conjunción admirable de una persona , una acción y de una obra»

En 1945, es la creación de Calígula, que revelará Gérard Philippe. Dos años más tarde, publicó La Peste, que fue un gran éxito. Es ese año dejó el diario Combat.

En 1951, la publicación de El Hombre Rebelde, donde expresa su reflexión sonbre la rebelión, le valió la ira de tanto surrealistas y de existencialistas. André Breton estaba furioso con  Camus en Lautréamont y Rimbaud. Los existencialistas se molestan con la publicación de un artículo muy crítico en Modern Times, una revista cuyo director es nada menos que Jean-Paul Sartre. Esta controversia hará que en el próximo año termine definitivamente la relación entre Camus y Sartre.

Albert Camus  sufre un gran dolor por la situación de la independencia de Argelia. Toma posición en el L´Express, a través de varios artículos donde muestra que vive este drama nacional como una verdadera «desgracia personal.» Incluso en Argel intentará un llamamiento a la reconciliación, pero fue en vano.

Desde 1954 hasta 1962, el Frente de Liberación Nacional de Argelia (FLN), dirigido por figuras como Mohamed Budiaf (1919-1992) y Ahmed Ben Bella (1918-), libró una dura batalla para expulsar a los europeos de su país, que convivían en una proporción de uno a nueve con los argelinos, con una clara distinción económica y social entre unos y otros. (Ver: Independencia de Argelia)

En 1956 trabaja como periodista el periódico L´Express. Publica La Caída; que se considera  fundamental de la literatura francesa de la postguerra y clásico del existencialismo, publicada en 1956, un año antes de obtener el Nobel de Literatura.

Albert Camus ganó el Premio Nobel en octubre de 1957 y fue entregado por el Rey Gustavo VI, fue otorgado…: «Por su importante producción literaria, la cual con una clara y seria perspectiva ilumina los problemas de la conciencia humana en nuestro tiempo».

Tenía entonces 44 años y es el noveno francés para conseguirlo. Dedicó su discurso por su parte a Louis Germain, profesor de que le permitió continuar sus estudios. Él es felicitado por sus compañeros, entre ellos Roger Martin du Gard, Francois Mauriac, William Faulkner.

El 4 de enero de 1960, murió en un accidente de coche, tenía previsto viajar a París en tren, pero Michel Gallimard le pidió que tomara su coche. Cerca de Sens, por razones no determinadas, el conductor perdió el control del vehículo. Albert Camus murió en el acto. Se encuentra en el coche el manuscrito inacabado del Primer Hombre. En uno de sus bolsillos, también estaba el billete de tren en el que pensaba viajar.

Sintesis: Estudió filosofía en la Universidad de Argel; sin completar su formación académica, se dedicó al teatro y a la actividad dramática. Posteriormente, con ocasión de la Segunda Guerra Mundial, trabajó con la resistencia y fundó en compañía de unos amigos el periódico clandestino «Combat».

En su amplia producción literaria destacan las obras dramáticas: «Le Malentendu» (1944); «Caligula» (1945); «L’état de siége» (1948); «Les justes» (1949); entre otras. Entre sus relatos y novelas: «L’Etranger» (1942); «La Peste» (1947); «La Chute» (1956); «L’éxiletleroyaume» (1957); entre otras. Y en sus ensayos: «L’envers et l’endroit» (1937); «Noces» (1938); «Le Mythe de Sisyphe» (1942); «Lettres á un ami allemand» (1945); «L’Homme Révolté» (1951).

El extranjero: Su primera novela, El extranjero, aportó a Albert Camus una inmensa notoriedad, más allá de su publicación por Gallimard en 1942: actualmente sigue siendo el libro de bolsillo más vendido en Francia. Marcó el inicio del ciclo de lo absurdo en la obra del novelista. Tras la muerte de su madre, que acogió con indiferencia, el personaje principal, Meursault, es invitado por un amigo a pasar el día en la playa, cerca de Argel. En ese lugar participa en una pelea y asesina a un árabe «sin saber porqué». Condenado a muerte, Meursault espera la ejecución con calma, aparentemente indiferente a la vida, sin pasión ni entusiasmo. La incapacidad para entender el sentido de la existencia acarrea en él una resignación frente a los acontecimientos que le ocurren. El extranjero se distingue por su denuncia de lo absurdo del mundo al igual que por su estilo muy depurado, como lo demuestra la primera frase de la novela, una de las más famosas de la literatura contemporánea: «Hoy mamá ha muerto. O tal vez ayer, no sé».

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1913 Nacimiento deAlbert Camus en Mondovi (Argelia), el 7 de noviembre.

1914 Muerte del padre de Camus, Luden, herido  durante la batalla del Marne.

1932 Primeros artículos de Camus en la revista Sud.

1934 Se casa con Simona Hié y se encarga de la crítica de arte en el Alger républicain.

1935-1937 Es miembro del Partido comunista.

1936 Funda el Théátre du Travail y al año  siguiente el Théátre de l’equipe. 

1939 Publicación de Bodas. 

1940 Camus trabaja en París como secretario   de redacción del Paris -Soir.

1942 El extranjero y El mito de Sisifo son publicados por Gallimard. Camus  participa en la resistencia.

1945 En Combat, donde es el redactor jefe, Camus publica una investigación sobre la miseria en Argelia. Sublevación de Sétif.

1947 Publicación de La peste, que obtiene  un éxito inmediato.

1949 Puesta en escena de  Los justos en el Théátre Hébertot.

1952 Ruptura con Sartre debido al Hombre rebelde.

1954 Inicio de la guerra de Argelia.

1955 Camus trabaja como periodista en L’Express.  

1956 Publica Llamada a la tregua civil.

1957 Camus recibe el premio Nobel de literatura.

1960 Muerte de Camus en un accidente automovilístico, el 4 de enero.

Fuente Consultada:
Hicieron Historia Tomo II Biografía, entrada Albert Camus

Biografia de Wagner Richard Resumen Vida del Compositor Aleman

BIOGRAFÍA  DE RICHARD WAGNER (1813-1883)

Este gran compositor, verdadero revolucionario de ópera en el siglo XIX, nació en Leipzig el 22 de mayo de 1813 y murió en Venecia el 13 de febrero de 1883. Él mismo escribió sus poemas, tomados muchas veces de las leyendas germánicas.

Enemigo del virtuosismo, se afana en dar a la ópera un carácter más artístico, procurando su perfección considerándola como unión de la música, poesía y representación dramática en un todo en el que no prive sobre los demás ninguno de sus elementos.

Muchas censuras y objeciones provocó su obra en un principio, pero la crítica moderna reconoce como logrado magistralmente aquel elevado propósito.

Sus primeras óperas fueron Rienzi y Der Fliegende Holldnder (El holandés errante), estrenadas con gran éxito.

Durante algunos años fue director de la Ópera Real de Dresde, en cuya temporada escribió sus conocidas obras Tannhauser y Lohengrin, la primera de las cuales fue silbada en París en 1861.

Protegido por el rey Luis II de Baviera estrenó en Munich, con éxito brillante. Tristón e Isolda y Los Maestros Cantores.

Residió durante diez años en Bayreuth y allí, por la decidida protección de Luis II pudo, en 1873, estrenar su tetralogía El anillo de los Nibelungos (cuatro óperas relacionadas entre sí, a saber: El oro del Rin, La Vallaría, Sigírido y El ocaso de los dioses, y entre 1878 y 1879, escribió la partitura de su grandiosa obra Parsifal, estrenada en Bayreuth en 1882.

Esta ópera es la obra cumbre del insigne músico. Wagner, como todos los hombres geniales, tuvo que sufrir las acometidas de la incomprensión y de la envidia, triunfando al fin su gran genio, pero no sin que dejaran de hacer mella en su espíritu los manejos de sus detractores.

Respecto a su obra musical, la originalidad de Ricardo Wagner es total. Rompe con todas las tradiciones e introduce una innovación en su técnica: el leitmotiv.

Es una especie de motivo conductor o guía que se puede oír a través de la obra para caracterizar a un personaje y a las ideas o sentimientos básicos de la trama dramática.

Los leitmotiv son melodías o acordes que reaparecen cada vez que el personaje, la idea o el sentimiento desean ser evocados.

Este motivo conductor permitió a Wagner transformar la ópera, de un mosaico de números «desligados», en un drama musical en que todas las partes se unen armoniosamente gracias a las melodías recurrentes.

En el drama musical wagneriano, la música no desempeña el papel preponderante que ocupa en la ópera tradicional.

Son composiciones de «arte integral». La función de la música consiste en expresar lo más claramente posible los estados anímicos de los personajes y en crear para el auditorio un clima espiritual que se extienda a lo largo de toda la obra.

La orquesta no sirve solamente para acompañar el canto, es un elemento dentro de la estructura total.

Puede ver la cronología de su vida al final de este post

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BIOGRAFÍA DE RICHARD WAGNER

(Leipzig, actual Alemania, 1813-Venecia, Italia, 1883) Compositor, director de orquesta, poeta y teórico musical alemán.

Si Beethoven fue la figura dominante de la música durante la primera mitad del siglo XIX, Richard Wagner gravitó sobre la segunda mitad. No fue sólo que la ópera wagneriana cambiara el curso de la música.

También había algo mesiánico en el hombre mismo, cierto grado de megalomanía que se acercaba al desequilibrio mismo, y esa condición elevaba a una altura sin precedentes el concepto del «Artista como héroe».

Era un hombre de corta estatura –medía alrededor de un metro sesenta y cinco– pero irradiaba fuerza, confianza en sí mismo, rudeza y genio.

Como ser humano era temible. Amoral, hedonista, egoísta, agriamente racista, arrogante, saturado de evangelios del superhombre (por supuesto, el superhombre era Wagner) y de la superioridad de la raza alemana… en una palabra, representaba todos los aspectos desagradables del carácter humano.

Este gran maestro del teatro musical nació en la ciudad alemana de Leipzig, en 1813.

Su doble talento poético y musical lo llevó al campo de la ópera (que necesita ambas cosas) pero lo hizo rebelarse contra los argumentos superficiales o inútilmente sangrientos de los que gustaban especialmente los músicos italianos.

Las obras de Wagner —con la insignificante excepción de algunos ensayos juveniles— se mantienen hoy todas en los grandes teatros líricos del mundo entero, como caso único en la historia.

La primera obra de importancia es «El buque fantasma«, que narra la historia de un navegante condenado a errar por los mares, y su redención por el fiel amor de una muchacha.

«Tannhauser» fue la obra siguiente, y después «Lohengrin», tratando episodios de la remota historia germana y mezclándolos con figuras fantásticas.

Hasta ese momento la vida de Wagner es la común a los jóvenes músicos que buscan empleo en los teatros escalando posiciones.

Pero Wagner abandona esta carrera huyendo de Riga a París, donde lo esperan amargos años. Finalmente es contratado como director de orquesta en la Opera de Dresde.

De allí ha de huir otra vez —esta vez por razones políticas— en 1849, con la partitura del «Lohengrin» recién terminada; se dirige a Weimar donde reside Liszt, le entrega la obra (que Liszt en 1850 estrena sin que Wagner pueda asistir) y recibe ayuda para refugiarse en Suiza.

Allí reside luego largos años. Las obras que siguen son: «Tristán e Isolda«, «Los maestros cantores de Nuremberg» y el ciclo «El anillo de los Nibelungos«, que consta de cuatro dramas: «El oro del Rin«, «La Walquiria«, «Sigfrido» y «El ocaso de los dioses».

Federico Nietzsche había conocido a Wagner en 1868, y prácticamente se había zambullido en la veneración dispensada al hombre y a su música (especialmente a Trístán e Isolda).

En 1872 publicó El nacimiento de la tragedia a partir del Espíritu de la Música, una obra en la cual se interpretaba la tragedia griega de acuerdo con los conceptos wagnerianos.

El concepto nietzscheano de lo apolíneo (puro, clásico), y lo dionisíaco (salvaje, romántico), como los contrarios delineados en su libro, impresionó profundamente el pensamiento estético contemporáneo.

Más tarde, Nietzsche habría de reconsiderar su adoración de Wagner, y con el tiempo se apartaría de esa órbita y afirmaría que Carmen, de Bizet, era la ópera perfecta. Pero durante mucho tiempo Wagner contó con el apoyo del filósofo alemán más leído.

La vida de Wagner sigue en dramáticos altibajos. Regresa a la patria pero los teatros no acogen sus obras porque las juzdosas.

Hasta que un día el joven rey de Baviera, Luis II, romántico él mismo como los dramas de Wagner, invita a éste a residir a su lado y a estrenar sus nuevas obras en el teatro de la corte de Munich.

Hacia el final de su vida, Wagner, ahora celebrado e importantísimo, construye en la ciudad de Bayreuth su propio teatro, que hasta el día de hoy no ofrece sino sus obras.

Para este Teatro de los Festivales compone su última obra, «Parsifal». Y en Bayreuth fue sepultado como un rey, después de haber muerto en Venecia, en 1883.

No hubo otro compositor que exigiera tanto de la sociedad, y Wagner ciertamente no se mostraba vergonzoso cuando se trataba de sus necesidades. «No soy como otras personas. Necesito brillo, y belleza y luz.

El mundo me debe lo que necesito. No puedo vivir con la miserable pitanza de un organista, como vuestro maestro Bach.» Su egoísmo frisaba en la locura.

No tenía ningún empacho en escribir a un joven a quien apenas conocía para pedirle dinero. «Para usted será bastante difícil suministrarme esta suma, pero podrá hacerlo si lo desea, y no retrocede ante el sacrificio.

En todo caso, es lo que yo deseo… ¡Ahora, veamos si usted es el hombre que tiene que ser!»

Después hay un intento de seducción: «La ayuda que usted me preste lo acercará mucho a mí, y el verano próximo usted tendrá el placer de recibirme durante tres meses en una de sus propiedades, preferiblemente la que se encuentra en Renania.»

El joven, que era Robert von Horstein, rehusó dar el dinero a Wagner, quien en realidad se sorprendió.

¿Cómo era posible que una nulidad tal rehusara subsidiar a un hombre como él? Envió una nota a Horstein, desechándolo definitivamente: «Probablemente nunca volverá a repetirse que un hombre como yo acuda a Ud.»

EL PROYECTO BEYREUTH: Ya en 1870 Wagner contemplaba seriamente la posibilidad de contar con un teatro para festivales, que se consagraría en forma exclusiva a las obras que él había creado.

Halló el asiento ideal en la tranquila y pequeña localidad bávara de Bayreuth.

Al principio el rey Luis recibió fríamente la idea. Se constituyeron sociedades en Alemania entera, y los amigos de Wagner realizaron los mayores esfuerzos con el fin de recaudar fondos.

Wagner envió una circular, fechada el 12 de noviembre de 1871, para anunciar que El Anillo de los Nibelungos inauguraría Bayreuth en 1873.«Quienes donen dinero recibirán la denominación y los derechos que corresponden a los patrocinadores de las representaciones de Bayreuth, y la ejecución de la empresa estará exclusivamente a cargo de mi saber y mis esfuerzos.

La propiedad raíz que resulte de esta empresa común será puesta a mi disposición, y estará sujeta a los arreglos futuros que yo considere más convenientes para el sentido y el carácter ideal de la empresa.»

Wagner salió de Triebschen, ordenó construir una villa cerca del teatro destinado al festival de Bayreuth, y supervisó los trabajos.

En Viena, Hanslick se mostró sorprendido: «Wagner», escribió, «es afortunado en todo. Al principio reniega contra todos los monarcas, y un rey magnánimo lo recibe con halagador afecto y le permite llevar una existencia liberada de preocupaciones e incluso lujosa.

Después escribe un folleto contra los judíos, y toda la judería, en el ámbito de la música y al margen de ella, le rinde el homenaje más celoso, a través de las críticas periodísticas y la compra de pagarés en beneficio de Bayreuth»

El proyecto de Bayreuth gozó de publicidad mundial, pero el dinero afluía lentamente. Wagner tuvo que cancelar sus planes para una temporada en 1873.

Se contaba con menos de la mitad de los fondos necesarios. Wagner depositó todas sus esperanzas en el rey Luis, y no sufrió una decepción.

En 1874 el rey adelantó dinero suficiente para reanudar los trabajos del proyecto. Este suscitaba mucha oposición en Bavaria. Se lo atacaba como un absurdo, como una prueba de la locura del rey.

Cuando se agotaron los fondos del monarca, Wagner comenzó a realizar giras como director de orquesta con el fin de reunir dinero.

Durante un tiempo se dudó del destino de Bayreuth. De todos modos, se completó la construcción del edificio y en 1876 se celebró el primer Festival de Bayreuth.

El Anillo de los Nibelungos, con la dirección de Richter, fue representada tres veces. La primera temporada reveló un enorme déficit, y nuevamente se dudó del futuro de Bayreuth. Antes de 1882 no fue posible considerar la posibilidad de un segundo festival.

La primera temporada de Bayreuth fue el acontecimiento musical de la década. Unos 4.000 visitantes, incluidos sesenta periodistas de todo el mundo, invadieron la minúscula aldea.

Asistieron el emperador de Alemania, el emperador y la emperatriz de Brasil, el rey de Bavaria, el príncipe Jorge de Prusia, uno de los príncipes Hohenzollern, el príncipe Wilhelm de Hesse, el gran duque Vladimir de Rusia, el gran duque de Mecklenburgo, el duque de Anhalt-Dessau, y otro miembro de la nobleza.

Tan intenso fue el interés despertado por el festival que los dos críticos llegados de Nueva York – tanto elTimes como el Tríbune enviaron cronistas- obtuvieron autorización para usar el nuevo cable transatlántico y enviar instantáneamente sus despachos.

Entre las cosas que informaron cabe mencionar el desagrado provocado por la falta de comodidades.

«La gran distancia desde el pueblo, a lo largo de un camino sucio, sin sombra ni restaurantes, provoca mucho descontento. Este descontento se agrava diariamente», decía el Times.

El público escuchaba la música con cierto asombro, pero también con sincero entusiasmo. Al fin de cada ópera hubo una ovación, pero no se permitió que los cantantes salieran a escena para saludar.»

La razón de esta actitud fue explicada por Herr Wagner y los principales artistas, que señalaron que las apariciones antes de que descienda el telón tenderían a quebrar la unidad de la representación.

 «Al termino del festival se ofreció una gran fiesta para más de 500 personas. Wagner pronunció un largo discurso, fue ovacionado y rindió tributo a Liszt; dijo que le debía todo, y después Liszt se puso dé pie para pronunciar su discurso.

«Otros países», dijo, «saludan a Dante y a Shakespeare. Por lo tanto», volviéndose hacia Wagner, «soy vuestro más obediente servidor.»

Desde el punto de vista musical, la temporada de Bayreuth fue el punió crucial en el destino europeo de Wagner.

No sólo el público estaba formado principalmente por admiradores de Wagner, sino que los críticos (incluidos los de Nueva York) eran casi todos defensores del compositor.

SÍNTESIS…
Compositor (1813-1883)

Músico alemán; había nacido en el seno de un humilde hogar y sus comienzos fueron muy difíciles, no sólo por la carencia de protectores sino, también, por su carácter independiente.

Sus primeras obras musicales revelan la influencia de Beethoven y Mozart y no tuvieron mucha aceptación.

En 1849, intervino en un fracasado movimiento revolucionario y debió huir a Zurich; pero cuando ya las penurias económicas y la incomprensión se habían vuelto casi dramáticas, Wagner encontró el apoyo del rey Luis II de Baviera y gracias a él pudo construir el teatro de Bayreuth (1876) donde se representan exclusivamente sus obras.

Su actividad fue desde entonces incansable ya que, sin abandonar la música, se dedicó también a la filosofía, la literatura y la estética.

Escribió los argumentos de algunas de sus óperas, recurriendo a las fuentes de la tradición y la mitología germánicas.

Su obra musical ha merecido los más exaltados elogios, pero también las más duras críticas, pues fue un auténtico renovador, que ejerció una profunda influencia en la música dramática en general y sinfónica en particular, por la brillantez

de sus orquestaciones y su especial concepción de la ópera, en la que prevalece la música sobre el texto. Wagner casó dos veces, pero su gran amor y su compañera fue la hija de Liszt, Cósima, con quien contrajo nupcias en 1870.

Obras musicales: El buque fantasma, Tannhauser, Tristón e Isolda, Lohengrin, Los maestros cantores de Nuremberg, Parsifal, El anillo de los Nibelungos; esta última es una tetralogía que comprende a las tres obras: El oro del Rhin, La Valquiria, Sigfrido y El ocaso de los dioses.

Entre sus libros se destacan: El arte y la revolución, La música del porvenir y El arte del futuro.

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CRONOLOGIA DE SU VIDA:

1813 Nace en Leipzig el 22 de mayo. El padre fallece cuando Ricardo no ha cumplido aún el primer año de vida. Al poco tiempo la madre se casa con Luis Geyer, actor teatral, pintor, poeta y cantante, que ejerce sobre Wagner una gran influencia.

1821 Fallece Geyer y Ricardo es enviado a Eisleben, donde el hermano más joven de Geyer se hace cargo de la educación de Wagner.

1822 Es enviado a la Kreuzschule, donde se siente atraído por la tragedia griega.

1827 Abandona la Kreuzschule y se dirige a Leipzig, ingresando en la escuela de San Nicolás. 1831 Ingresa en la Universidad y estudia armonía y contrapunto con Weinlig, en la Thomasschule.

1834 Ocupa el cargo de director de orquesta de una compañía de ópera que actúa en Magdeburgo. Allí termina la primera ópera titulada Las Hadas y comienza la composición de La prohibición de amar, que estrena en 1836. En el mismo año contrae matrimonio con la actriz Minna Planer, excelente mujer, pero que nunca supo comprender a Wagner. Comienza la existencia inquieta, sorteando siempre obstáculos monetarios y sufriendo incontables decepciones.

1838 Intenta, sin lograrlo, estrenar Rienzi en París, pero consigue hacerlo en Dresde en 1842.

1843 Se desempeña como director de orquesta del teatro real de la ciudad de Dresde, cargo por el que deja de lado sus actividades creadoras. Sin embargo, en 1843 compone El holandés errante; en 1845, Tannhauser, con muy poca fortuna, y posteriormente Lohengrin.

1848 Los movimientos políticos de Europa en este año y la revolución en Francia, dan motivo a intrigas contra Wagner en la corte, pues sus opiniones son interpretadas como revolucionarias y debe huir, dirigiéndose a la casa de Liszt en Weimar.

1850 La pobreza le obliga a volver a París. En Zurich había conocido a Matilde Wesendock, de quien se enamora apasionadamente. De aquel amor, puro y platónico, surgiría más tarde la ópera Tristón e Isolda. Los años siguientes los pasa en Venecia, Lucerna, París, Viena v vuelve a Suiza, otra vez en la más absoluta miseria.

1864 Bajo la amenaza de ser encarcelado por deudas, Wagner debe abandonar la ciudad de Viena, donde vivía por entonces. Pero allí se produce el milagro. El rey Luis II de Baviera lo llama a Munich, ofreciéndole una situación que permitiría a Wagner dedicarse libremente a la composición sin ningún apremio económico.

1865 Estrena la ópera Tristón e Isolda y el mismo año fallece su esposa. La holgada situación en la corte de Luis II no habría de prolongarse mucho tiempo. La envidia y la incomprensión hacen la vida imposible a Wagner y regresa a Lucerna.

1868 Estrena Los maestros cantores de Nuremberg.

1870 Se casa con Cósima, hija de Franz Liszt, mujer en la que halló comprensión y amistad, al brindarle la dicha por la que tanto había suspirado inútilmente. Del matrimonio nacen tres hijos. La liberalidad del rey Luis II le permite estrenar sus óperas con dignidad.

1876 Nunca había abandonado Wagner la idea de construir un teatro monumental, proyecto que se lleva a cabo en la ciudad de Bayreuth, estrenándose el teatro con la representación de El anillo del Nibelungo, tetralogía que comprende: El oro del Rin, La Valquiria, Sigfrido y El ocaso de los dioses.

1882 Escribe la última obra, titulada Parsifál.

1883 Fallece Wagner en Venecia y los restos son trasladados a Bayreuth, recibiendo sepultura en el jardín de la residencia.

¿Que es el Ballet Clásico?

Biografia Stravinsky Igor Compositor Ruso Resumen de su Vida y Obra

Biografía Stravinsky Igor Compositor Ruso

El cuatrimotor procedente de París reduce su velocidad sobre la pista del aeropuerto de Moscú, después de un aterrizaje perfecto. Una niña corre al encuentro del avión con un gran ramo de rosas en las manos. Detrás de ella avanza una pequeña multitud. Se abre la portezuela, aproximan la escalerilla, y la azafata invita a los pasajeros a descender. Aparece la figura pequeña y algo encorvada de un anciano. La multitud aplaude. El hombre se quita el sombrero; después, hace una pequeña reverencia.

Desciende entre aplausos, y murmura conmovido-: «Soy feliz de encontrarme aquí; ésta es mi patria…»
Así, en la primavera de 1962, Igor Stravinsky retornaba a su país. El célebre músico salió de su tierra en 1914. Regresó, cuarenta y ocho años después, viejo y famoso, y su patria lo acogió con entusiasmo, como a una gloria nacional.

LAS PRIMERAS TENTATIVAS
stravinsky igorSe dice que la inclinación por la música es cosa hereditaria. Stravinsky confirma la regla. Su padre fue un famoso cantante del Teatro Imperial de San Petersburgo; el pequeño Igor (que nació en Oranienbaum el 18 de agosto de 1882) heredó de él una gran pasión por la música.

Los Strawinsky eran grandes terratenientes, originariamente polacos y convertidos en rusos en tiempos de la emperatriz Catalina II, tras el definitivo reparto del infortunado reino de Polonia (1795).

Sus padres, como sucede frecuentemente en la vida de los grandes artistas, hubieran querido que siguiese otra carrera, pero bien pronto debieron rendirse ante la inclinación natural del muchacho.

Él mismo escribió en sus «Crónicas de mi vida«:

«Cuando cumplí los nueve años, mis padres decidieron confiarme a una profesora de pian» Aprendí en seguida a leer música y después a tocar a primera vista. Bien pronto sentí la  tentación de improvisar, abandonándome a este entretenimiento que, durante mucho tiempo, fue mi quehacer preferido».

Igor creció en un ambiente musical: veladas de música culta en la residencia ciudadana y cantos populares, elementales, de los aldeanos en las largas vacaciones pasadas en las posesiones del campo. A los nueve años comienza sus estudios de piano en los que hizo rápidos progresos; desde luego, prefiere experimentar sobre el teclado a los estudios medios en el liceo.

Pasaba horas y horas al piano, entregado a largos y fatigosos ejercicios. De esta forma, adquirió la extraordinaria capacidad técnica que se manifiesta en todas sus obra: La magnitud de su talento musical queda demostrada por un hecho realmente excepcional: a los dieciocho años aprendió por sí solo esa dificilísima rama de la música que es el «contrapunto».

Cuando llega a la universidad es un joven misántropo, miope —una foto de la época nos muestra al muchacho con la huesuda nariz sobre el papel pautado—, enfrascado en sus investigaciones musicales. Se matricula sin demasiada convicción en la facultad de derecho (1900).

En 1902, el joven tuvo un encuentro muy importante para su futuro: conoció a Rimsky Korsakov. El célebre maestro ruso examinó sus primeras composiciones, y, aunque eram todavía trabajos de aprendizaje, llenos de imperfecciones y de ingenuidad, le pareció indudable que el joven prometía.

El gran Rimsky lo aceptó como alumno y lo ayudó a convertirse en un verdadero artista. En este período comenzó Stravinsky a componer sus primeras obras  importantes, entre las que se cuenta una sinfonía. Pero se trataba aún de piezas de «entrenamiento». Al fin, un día surgió para el joven la verdadera, la gran oportunidad.

Aquel mismo otoño, ensombrecido por la muerte de su padre, Stravinsky comienza a simultanear su carrera universitaria con el estudio formal y metódico en el conservatorio. A partir de 1903, el mismo Rimsky se encarga de introducirle en el dominio de las formas clásicas. Una Sonata para piano, que ha permanecido inédita, es el fruto del curso escolar 1903-1904.

Las composiciones del período de aprendizaje son obras de voluntario academicismo: El fauno y la pastora (1905), para voz y orquesta, la Primera sinfonía en mi bemol (1907), dedicada a su maestro, en la que sigue los pasos de Glazunov, y dos melodías sobre poemas de Gorodetzki, elegidas quizá por su unción religiosa, La novicia y Rocío santo (1907).

En enero de 1907, Stravinsky contrae matrimonio con su prima Catalina Nosenko, con la que se había comprometido unos meses antes, poco después de acabar la carrera de derecho (junio de 1906). Los acontecimientos familiares son reseñados telegráficamente en las Crónicas. Un pudoroso y hermético silencio protege su intimidad personal y familiar. En cambio, nada se omite de lo que atañe a su carrera profesional, a su métier de compositor.

Éste comienza a afianzarse en 1908 con una obra que ya muestra el sello de una personalidad independiente: el Scherzo fantástico, inspirado en La vida de las abejas de Maeterlinck —por primera vez encontramos el ciclo vida-muerte-vida—; prosigue con el proyecto de una ópera, El ruiseñor, sobre el cuento de Andersen,

El emperador y el ruiseñor, cuyos primeros esbozos recibieron viva aprobación por parte de Rimsky, y una fantasía orquestal, Fuegos artificiales, regalo de bodas a una hija del maestro y que éste no pudo ya escuchar: una angina de pecho lo llevó al sepulcro en junio del mismo año. La originalidad y brillantez de esta última obra muestran ya al compositor en la plena posesión de su oficio.

«EL PÁJARO DE FUEGO»
En el verano de 1909, Diaghilev, director de la famosa Compañía de los Ballets Rusos, invitó al joven compositor a escribir la música de un ballet: «L’Oiseau de feu» («El pájaro de fuego»).

El encargo era importantísimo y, por serlo, totalmente inesperado. Conmovido y feliz, el joven Igor se entregó de lleno a la composición de su primera obra importante. Fue un año de pasión, de trabajo abrumador.

El 25 de junio de 1910, en el Teatro de la Ópera, de París, el ballet fue calurosamente aplaudido por un público entusiasta.

Sin ser verdaderamente una joya musical, «L’Oiseau de feu» es una buena obra, que deja entrever la extraordinaria personalidad de Stravinsky. Oyéndola se percibe, sobre todo, la increíble habilidad del autor para asimilar y mezclar todos los estilos musicales, desde Wagner a Debussy, desde Bach a Rimsky Korsakov, creando un género musical completamente nuevo.

EN EL CAMINO DEL ÉXITO
«El pájaro de fuego» obtuvo un gran éxito. El joven músico, famoso de golpe, no creyó, sin embargo, haber «llegado» ya, y continuó escribiendo con un ritmo febril.

En 1911 apareció su primera auténtica obra maestra: «Petruchka», el Pierrot ruso. Este espléndido ballet, que narra las aventuras de un titiritero de feria, fue estrenado en París por Diaghilev. Su música impresionó enormemente, tanto al público como a los críticos musicales, por la sorprendente! variedad de sus ritmos y de sus melodías, pero sobre todo por la novedad inaudita de sus armonías, para las que el oído del auditorio no estaba todavía preparado.

Por este motivo, sin duda, «Petruchka» provocó la perplejidad de muchos. La importancia de esta obra musical radica especialmente en el hecho de que con ella puede decirse que se inicia la música moderna.

BATALLA EN EL TEATRO
El 28 de mayo de 1913, en el más moderno teatro parisiense, el Théátre des Champs-Elysées, era representada la nueva obra de Stravinsky, «La Consagración de la Primavera», por la Compañía de los Ballets Rusos, de Diaghilev.
Se alzó el telón y comenzó la música. Era una música lenta, evocadora de las viejas melodías bárbaras, que poco a poco se fue haciendo violenta, frenética.

El público estaba fascinado y aturdido. Al cabo de un rato comenzaron a oírse gritos de protesta: «¡Basta!», «¡Fuera!», «¡Esta música es infernal!».

El auditorio quedó estupefacto. Entonces, algunos de los asistentes se pusieron de pie y comenzaron a aplaudir. «¡Bravo!», «¡Bravo!». Parecía que había llegado el fin del mundo, pues la gran sala se transformó en una especie de infierno, en donde unos gritaban, otros silbaban y se burlaban…, otros aplaudían, subiéndose a las butacas para aclamar al autor.

Un año después, la «Consagración» alcanzaba el éxito más caluroso, no sólo en París, sino en el mundo entero.

¿En qué radica el extraordinario valor de esta obra?
Stravinsky, al crearla, quiso representar con todos los medios musicales a su alcance, aun los más violentos y menos tradicionales, la antigua vida pagana de su patria (el subtítulo de la obra es, efectivamente, «Cuadros de la Rusia pagana»).

Acertó, así, a crear una obra de enorme vitalidad, vigorosa, primitiva y valiente: una especie de terremoto musical que puede no gustar a algunas personas, pero que, sin duda, sacude, conmueve y suscita fuertes sensaciones en el ánimo de la mayoría.

LAS OTRAS OBRAS DE STRAVINSKY
Stravinsky, tras abandonar su patria» en 1914, se instaló primero en Suiza y después en Francia. Creador inagotable, produjo numerosas obras, innovadoras e importantes, como «Le rossignol» («El ruiseñor»), las «Trois piéces» («Tres piezas»), «Les noces» («Las bodas»), la «Histoire du soldat» («Historia del soldado»), y el «Cuarteto» para arco.

Stravinsky no se detenía ante nada, haciendo incursiones por todos los campos de la música. En la «Historia del soldado», por ejemplo, utilizó música clásica de Bach y música española de baile, música popular suiza y valses vieneses.

Paulatinamente fue creando otras composiciones: «Polichinela», «Octeto para instrumentos de viento», «Edipo Rey», «Sinfonía de los Salmos» … En toda su obra, las ideas nuevas surgen y explotan como fuegos de artificio.
Su actividad no conocía límites. Era, incluso, un excelente pianista y realizaba grandes giras de conciertos.

STRAVINSKY EN AMÉRICA DEL NORTE
En 1939 se vio afligido por una enorme desgracia: murieron su mujer y su hija, con quienes había compartido durante años la gloria y las amarguras. Abandonó entonces Europa y fue a establecerse en los Estados Unidos de América. Después del llamado «período ruso» y del «período europeo», inició el «período americano». Es una etapa muy importante de su carrera, que todavía no ha acabado, pues el maestro, aún hoy, a sus ochenta y dos años, sigue prolongándola con energía. Entre las composiciones de este último período debemos recordar su «Sinfonía en do» y una ópera en tres actos: «La carrera del  libertino».

En 1957, la ciudad de Los Ángeles rinde homenaje al compositor en su 75 aniversario. En el programa del concierto figura su última obra, Agón, partitura de un ballet abstracto para Balanchine y el New York City Ballet. A propósito de ella, Stravinsky hace abierta profesión de fe en el futuro de la música serial, pero manifiesta a Craft que «los intervalos de mis series gravitan sobre la tonalidad. Compongo verticalmente, lo que significa, al menos en cierto sentido, componer tonalmente». Es su respuesta al problema, disparatada para un serialismo ortodoxo, pero que abre, según otros teóricos, inéditas posibilidades a la música.

EL VALOR DE SU MÚSICA
En la historia de la música, Stravinsky ocupa un puesto muy importante por ser el único compositor que ha logrado efectuar en sus obras una síntesis; esto es, una fusión de los estilos de todas las épocas y de los países más diversos, creando una música nueva y original.

Esto solo no bastaría, naturalmente. En efecto, Stravinsky, como auténtico artista, ha hecho «suya» toda esta música estampándole el sello de su personalidad inconfundible.

Quien escucha «El pájaro de fuego», «Petruchka» o la «Sinfonía en do» hace en cada obra un nuevo descubrimiento, se da cuenta de que cada fragmento es sustancialmente distinto del que le precede. Su música es como un largo camino en busca interrumpida de un estilo nuevo… Camino que Igor Stravinsky, desde hace sesenta años, recorre sin descanso.

La última gran obra del compositor, Threni, id est lamentationes leremiae prophetae, sobre el texto latino de la Vulgata de las lamentaciones de Jeremías, es estrenada nuevamente en Venecia, en septiembre de 1958. Obra de grandes proporciones, para sexteto solista, coro mixto y orquesta, hace uso del sistema serial, cuyas posibilidades contrapuntísticas explota, en una atmósfera de religiosidad austera y desolada.

Tras ella, la producción de Stravinsky se ciñe a la música religiosa (Un sermón, una narración y una plegaria, 1960; El Diluvio, 1961, especie de misterio medieval para la televisión; Abraham e Isaac, 1962, dedicado al estado de Israel) y necrológica (Variaciones, en memoria de Aldous Huxley, y Elegía, por J. F. Kennedy, ambas de 1964, e Introitus, en memoria de T. S. Eliot). Un epílogo significativo lo constituyen sus Cánticos de réquiem (1966), testimonio de fe frente al último misterio.

Cuatro años antes había realizado una histórica visita a su país natal. Retornó tras cincuenta años de ausencia como ciudadano americano —lo era desde 1946—; a su llegada declaró: «Dejé la Rusia zarista y regreso para visitar la Unión Soviética a la que saludo.

Es una gran alegría para mí volver a mi patria rusa.» Dirigió en Leningrado y Moscú una serie de conciertos. En esta última ciudad, la emoción y la fatiga le producen su primera crisis cardiaca.

De vuelta a su retiro de California, su salud empeora y comienza a padecer sucesivos ataques de apoplejía. Todavía le queda ánimo para volver a visitar París (1968) y Evian (1970). Temerosa de la soledad y del aislamiento de su villa, Vera decide el traslado a un apartamento en Nueva York, en la Quinta Avenida. Allí, el 6 de abril de 1971, le sobreviene la muerte a Igor Stravinsky.

Fuente Consultada: Enciclopedia Estudiantil Superior Fasc. N°46

¿Que es el Ballet Clásico?

Biografia de Schubert Franz Resumen Biografia del Compositor Aleman

Biografía de Schubert Franz
Compositor Alemán

BIOGRAFIA: Liszt le calificó como el más poeta de todos los músicos. En estas breves palabras se encierra el carácter de la aportación de Schubert al acervo musical de la Humanidad.

Y, en efecto, éste, que como Mozart vivía en un mundo interior impregnado de ideas musicales, es el más rico, espontáneo y fecundo de los líricos de la música.

Sin tener la claridad de un Mozart ni alcanzar las cumbres estructurales de un Beethoven, figura por derecho propio entre las primeras figuras de los compositores por la intensidad de su vena poética. Fue un gran romántico de la música y un incomparable autor de cantos, de una belleza inmarcesible.

BIOGRAFÍA DE FRANZ SCHUBERT: (Viena 31-1-1797 – Viena 19-11-1828)

Biografía de Schubert FranzAl mismo tiempo que Beethoven, otro gran músico camina por las calles de Viena y los alegres suburbios: Franz Schubert.

Pero casi nadie lo conoce, salvo un grupo de fieles amigos que intuyen el genio de su compañero, de «honguito» como lo llaman cariñosamente por ser bajo, barrigón y cabezón.

Día a día los sorprende con nuevas obras, por la facilidad asombrosa para crear melodías; hay días en que escribe no una sino varias composiciones completas.

Hijo de un maestro de escuela, de origen campesino, Franz Schubert nació en Himmelpfortgrund, un barrio de Viena, el 31 de enero de 1797.

Desde sus primeros años reveló fecundas inclinaciones a la música, que su padre, un buen aficionado, cultivó y desarrolló enseñándole a tocar varios instrumentos y confiando su educación musical a Miguel Holzer, director del coro parroquial de Lichtentlial.

En 1808 fuE admitido por Salieri como soprano en el coro de la capilla imperial, en el cual permaneció hasta fines de 1813

Y lo hace no sólo en la intimidad de su pobre vivienda (que muchas veces no es suya siquiera, sino prestaba por algún amigo); no, es capaz de componer «en público», digamos.

Así, por ejemplo, cierto día tiene una inspiración en el humilde restaurante donde cena con los amigos; toma el primer papel que tiene a mano —es la lista de comidas—, traza un pentagrama y comienza a, componer sin distraerse en lo más mínimo por el ruido y las alegres conversaciones en su derredor.

Nace así una de sus composiciones más hermosas y mundialmente difundida: la «Serenata»…

Las canciones —o «Heder» como se las llama con el término alemán— son quizá la, parte más importante entre la obra de Schubert. Creó un nuevo tipo de canción o «lied»: la melodía cantable, el texto poético y la parte pianística, a la que confiere importantes descripciones, forman un todo artístico.

Schubert creó más de seiscientos de estos «lieder» y muchos se han hecho populares: «El tilo», «Caminar», «La trucha», «¿A dónde?» «El correo», «El curioso», «La ciudad», «Buenas noches», «La muerte y la niña», «Esperanza en la primavera», «Rosa silvestre», y el maravilloso «Ave María».

Franz Schubert nació en Viena, en 1797. Fue niño cantor (como Haydn). Luego quiso ser maestro de escuela, pero era demasiado «distraído»; a cada rato se olvidaba de los discípulos para componer alguna página musical. Llevó una vida humilde y pobre.

Todos los miembros de la familia Schubert eran apasionados por este arte, y para el pequeño Franz era su verdadera razón de vivir. A la edad de cinco años tocaba el clavicordio con tal habilidad que decidió a su padre a favorecer la inclinación del niño.

El mismo le enseñó violín. Ignacio, el hijo mayor, lo inició en la técnica del piano, y Hozer, maestro de capilla de la parroquia, lo instruyó en la teoría musical y lo familiarizó con el órgano.

Fue ese un período sereno para la familia Schubert. De noche, reunidos alrededor de la gran chimenea, mientras el padre y los hijos improvisaban una pequeña orquesta, la madre trabajaba y los observaba, deteniendo la mirada sobre el pequeño Franz, como presintiendo su gloria futura.

En octubre de 1808 se llamó a concurso para llenar el puesto de soprano en la Capilla Imperial. Se aseguraba al ganador: comida, alojamiento e instrucción esmerada, gratuitos. Franz, entonces de once años, se presentó a participar en el concurso.

Con una ropa modesta y deslucido, los rasgos irregulares, bajo de estatura, regordete, con lentes y el tupido cabello invadiendo su frente, el pequeño Schubert tenía en verdad un aspecto ridículo, y los compañeros comenzaron a burlarse de él y a llamarlo «molinero».

Fue necesaria la intervención del maestro Salieri para imponer silencio. Se inició el examen y el pequeño «molinero» empezó a cantar. Todos quedaron embelesados ante esa voz bien mo-‘ dulada y acompañada de excepcional sensibilidad.

En el colegio de la ciudad no se mostró alumno brillante: no amaba el estudio porque lo alejaba de su ocupación predilecta: componer música. Desde entonces, traducir en notas su estado de ánimo fue para él una necesidad vital.

El padre, que deseaba un hijo culto pero no un músico, al principio lo censuró. Luego, como viera que los reproches a nada conducían, lo castigó severamente, prohibiéndole volver a la casa paterna.

Mientras Franz vivía en esa especie de exilio, la madre enfermó gravemente y falleció sin que el hijo la asistiera en el postrer momento. Fue para el joven un dolor inmenso.

La reconciliación con el padre no calmó el tumulto de su alma que, más que nunca, necesitaba refugiarse en la música. Desde entonces la pasión se transformó en frenesí; el tiempo transcurría entre notas.

Franz parecía presentir la brevedad de su vida y necesitaba componer lo más posible para poder expresar cuanto sentía, antes que sobreviniera el gran silencio.

Desde su permanencia en el colegio, empezó a poner en música sonetos y poesías de famosos autores, creando los maravillosos Lieder sobre textos de Goethe, Schiller, y algunos sobre textos italianos.

Entre los más hermosos recordamos: El rey de Thule, El canto de Mignon (opus 62; nº 4), El caminante, El ruiseñor, El lamento, El niño cerca del arroyo, La trucha.

A la edad de diecisiete años compuso su obra Margarita en la rueca y una Misa para el centenario de la parroquia de Lichtenthal, verdadera joya de pureza y suavidad.

A pesar de su negligencia para el estudio, llegó a diplomarse en el año 1814 y fue admitido como asistente en la escuela donde enseñaba su padre.

Para tener una idea de su producción, recordaremos que en un año compuso dos Sinfonías, un Cuarteto, dos Sonatas, muchas piezas cortas para piano, 144 Lieder y otra obra maestra: El rey de los aulnos, sobre texto de Goethe.

Franz Schubert nunca aspiró a una posición económica desahogada. La única ambición de su vida fue dedicar todo su tiempo a la música.

Favorecido por la suerte, gracias a amigos comunes, conoció al conde Esterhazy. El conde tenía dos hijas: María, de trece años de edad, y Carolina, de once, enamorandose de la mas joven, pero su amor no fue correspondido. 

El conde propuso a Franz ser el maestro de sus hijas y lo invitó a su maravillosa villa de Hungría. Fue para Schubert la gran oportunidad y la recibió con entusiasmo.

Durante ese tiempo gozó de bienestar y comodidades en un marco de belleza y de lujo. Podía, además, disponer de muchas horas libres, y en Hungría compuso sus más hermosas obras.

Podemos decir que Schubert casi no conoció el mundo: sus viajes se limitaron a una excursión a la región lacustre y montañosa de su tierra natal.

No conoció el triunfo más que en muy reducida escala cuando alguna composición suya gustó a los amigos o a los vecinos de barrio o, a lo sumo, a un pequeño auditorio. No conoció la riqueza porque en ningún instante tuvo más dinero que el estrictamente indispensable para la existencia, y a veces, ni esto.

Vivió desconocido por los editores, los críticos y la gente «importante» de la vida musical vienesa y del mundo. Pero vivió enteramente entregado a la música como pocos.

Con todo, su vida fue muy alegre, porque alegres eran los buenos amigos que durante la semana se reunían en los locales del barrio y los domingos emprendían paseos a través de los bosques vecinos hacia los idílicos pueblos sobre el Danubio, donde se toma el vino en medio de las vides mismas, con cantos, bailes y música.

Su vida fue corta, cortísima. A los 31 años, en 1828, muere Franz Schubert, legando la misma cantidad de sinfonías que dejó Beethoven —nueve—, además de numerosas óperas, obras para piano y música de cámara, música religiosa y coros, todo lleno de dulzura y de una melancolía muy suya y muy vienesa.

A su pedido fue sepultado cerca de su ídolo, Beethoven en vida no pudo conocer.

En sus treinta y un años de vida Schubert escribió un enorme caudal de música.

Era un compositor veloz, hasta un extremo que parece inverosímil, y si bien algunos estudiosos recientes tienen dudas respecto de algunas versiones que aluden a su rapidez, no hay motivos para descreer de las versiones contemporáneas.

Todas coinciden.

Cuando Schubert trabajaba, parecía que desplegaba la máxima intensidad. Afirmó Schuber: «Si uno lo ve durante el día, dice» ‘Hola, ¿cómo estás? – ¡Bien!’ y continúa trabajando, y entretanto ya uno está alejándose.»

Los asombrados amigos relataban innumerables anécdotas acerca de su rapidez, y estas versiones son esencialmente ciertas, aunque equivoquen los detalles.

Sonnleithner expresa: «Por pedido de Fraulein Frohlich, Franz Grillparzer había escrito para la ocasión el hermoso poema Standchen, y la dama lo entregó a Schubert, y le pidió que le pusiera música, de manera que fuese una serenata para su hermana Josefine (mezzo-soprano) y un coro femenino.

Schubert recibió el poema, se acercó a la ventana de una alcoba, leyó cuidadosamente el texto unas pocas veces y después dijo con una sonrisa: «Ya lo tengo, es cosa hecha, y será muy bueno.» Spaun habla de la composición de El rey de los alisios. El y Mayrhofer visitaron a Schubert y lo hallaron leyendo el poema.

«Se paseó de un extremo al otro varias veces con el libro y de pronto se sentó, y en un abrir y cerrar de ojos (con la misma velocidad con la cual uno puede escribirlo) ahí oslaba la gloriosa balada, terminada, sobre el papel.

Corrimos con ella al Seminario, porque no había piano en casa de Schubert, y allí, esa misma noche, El rey de los alisios fue cantada y recibida entusiastamente.»

Durante muchos años se creyó que Schubert no preparaba bocetos ni siquiera para las grandes composiciones, por ejemplo las sinfonías.

La investigación moderna ha demostrado lo contrario. Pero no cabe duda alguna de que Schubert, como Mozart, fue uno de los compositores más veloces de la historia de la música, un autor que podía concebir una obra entera en su mente y después trasladarla de inmediato al papel.

La primera obra que procuró algún dinero a su autor fue Prometeo; Schubert tenía entonces veinte años de edad. Mucho más adelante, los Lieder impresos, también gracias al producto de una suscripción, fueron interpretados en público por un gran tenor amigo de Schubert. La excepcional facilidad de inspiración del maestro lo llevó hacia la oratoria y el teatro, pero muy pronto dejó ese camino que no era el suyo.

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Franz podía componer aun en medio de la mayor confusión. Así escribió Serenata, una noche de juerga, al dorso de la cuenta de la hostería.
Schubert sintió gran admiración y estima por el inmortal Beethoven, a quien él consideraba su maestro.

Mejores Obras:

Obra orquestal:
Sinfonías Nº 5, Nº 8 («Inconclusa») y Nº 9 («La Grande»)

Obra para piano:
Sonatas para piano D.958, D.959 y D.960
8 Impromptus para piano D.899 y D.935.
6 Momentos Musicales D.780
Fantasía «El caminante»

Música de cámara:
Quinteto para cuerdas D.956.
Cuartetos para cuerdas Nº 13 «Rosamunda» y Nº 14, «La muerte y la doncella».
Quinteto para piano y cuerdas «La trucha».
Tríos para piano, violín y violonchelo, D898 y D929.

Lieder:
Tres ciclos de canciones,»El viaje de invierno», «La bella molinera», y «El canto del cisne».

PARA SABER MAS…
EL DIARIO PERSONAL DEL PADRE

En los cinco años, lo preparé para la escuela elemental, donde ingresó a los seis, consiguiendo ser siempre el primero de la clase. A los ocho años, le di las primeras lecciones de inclín, e inmediatamente hizo tales progresos que pudo tocar dúos con facilidad.

Al mismo tiempo, lo confié al señor Michele Holzer, maestro de los coros de Lichtenthal, quien me dijo más de una vez, con lágrimas en los ojos, que nunca había encontrado un alumno tan brillante.

Cuando quiero enseñarle algo nuevo —decía—, me doy cuenta de que lo sabe ya. Por ello, en lugar de darle clases, me limito a permanecer a su lado y a admirarlo en silencio».

Estas palabras pueden leerse en el diario de Teodoro Schuberí; el portentoso niño al que hace referencia es su hijo Franz.

Inferior sólo al gran Mozart en la asombrosa precocidad de su ingenio, a los diez años había compuesto ya varias canciones, Franz Peter Schubert nació el 31 de enero de 1797,, en un suburbio de Viena llamado Lichtenthal, y en el seno de una familia muy modesta: su padre era maestro de escuela, y su madre, cocinera.

Tanto el padre como sus hermanos, Ignacio, Fernando y Carlos, eran apasionados por la música, y el pequeño Franz se dormía, todas las noches, escuchando los conciertos que sus familiares interpretaban en la habitación contigua.

Este ambiente influyó, sin duda, en la formación de su sensibilidad musical, incluso recibió las primeras lecciones de piano de su hermano Ignacio.

MAESTRO A LA FUERZA:

La vida de Schubert, sencilla y modesta, como su persona, no presenta grandes acontecimientos. En cambio puede decirse que estuvo erizada de dificultades materiales, de sacrificios y, sobre todo, de luchas interiores.

El primer conflicto grave se originó en su propia familia. Aunque el padre de Franz admiraba las extraordinarias cualidades que su hijo tenía para la música, no estimaba prudente permitirle emprender una carrera tan incierta y difícil; prefería la de maestro, más modesta, pero también más segura.

Aquellos fueron años tormentosos para el joven Franz. Por una parte, y a causa de su innata bondad, no tenía valor para negarse rotundamente a cumplir la voluntad paterna; por otra, la llamada del arte sonaba en él cada día con más fuerza, al punto de que el tiempo que pasaba lejos de su piano le parecía perdido.

Consiguió, de todos modos, el diploma de maestro y, a la edad de diecisiete años, empezó a dar clases en la escuela del padre.

La experiencia constituyó un verdadero desastre. Siempre absorto y distraído, siguiendo mentalmente las notas de cualquier melodía, Franz terminaba por olvidarse absolutamente de sus alumnos, que aprovechaban su descuido para convertir la clase en un pandemónium.

Esta situación se prolongó durante dos años. Finalmente, el padre comprendió que era mejor dejarlo seguir su destino; con alegría, Franz abandonó la escuela, para entrar definitivamente en el mundo del arte.

Era más bien bajo de estatura, desgarbado; tenía el vientre voluminoso, la cara ancha y redonda, el pelo rizado, y llevaba los anteojos a caballo de la nariz aplastada. Así lo describe su amigo Spaun: «… no era ni muy feo ni muy guapo, pero le bastaba con hablar, o reír, para que su figura se animase; su mirada, no obstante la miopía y los anteojos, centelleaba, y su inspirada expresión lo hacía parecer casi bello». Schubert no fue, verdaderamente, afortunado. Y, sin embargo, a pesar de las adversidades, de las desilusiones y de la miseria, era comprensivo, estaba siempre sereno y desbordaba amabilidad con todo el mundo.

MUERTO A LOS TREINTA Y UN AÑOS

Desgraciadamente, la vida desordenada, la febril actividad musical, las privaciones debidas a su miseria y cierta inclinación por el alcohol, arruinaron, en poco tiempo, la salud de Schubert, que nunca había sido muy fuerte.

La noche del 31 de octubre de 1828, mientras cenaba, como de costumbre, en la taberna del Cangrejo Rojo, en compañía de algunos amigos, Schubert se sintió repentinamente enfermo.

Los amigos, alarmados, intentaron animarlo, y luego, al comprobar la inutilidad de sus esfuerzos, lo acompañaron a casa. El compositor se metió en la cama con una fiebre altísima.

«Tifus», diagnosticaron los médicos llamados a su cabecera. El miedo al contagio apartó de él a casi todos sus amigos. Sólo los fidelísimos Spaun, Randharteger, Bauernfeld, Hüttenbrenner y su hermano Fernando presenciaron su larga y dolorosa agonía.

En el delirio, le parecía escuchar espléndidas músicas y quería levantarse para transcribirlas. Cuando alguien entraba en la habitación, decía: «Despacio, por favor. Dejadme escuchar».

A las tres de la tarde del 19 de noviembre de 1828, Franz Schubert expiró: tenía treinta y un años.

EL VALOR DE SU MÚSICA:

Schubert, lo mismo en el arte que en la vida, fue directo, sencillo, claro, animado de auténtica poesía. De hecho, sus textos musicales son, a menudo, poemas muy difíciles; pero revestidos de una melodía espontánea, fresca, vital y transida de sentimiento, se tornan fácilmente comprensibles.

Su música, alegre, reflexiva, a medio camino entre la sonrisa y las lágrimas, acusa todavía las formas clásicas, pero presenta ya muchos elementos del nuevo estilo romántico.

Sus 9 sinfonías constituyen auténticas obras maestras, al punto de que algunos vieron en Schubert al heredero del gran maestro Beethoven.

Recordemos, entre las obras instrumentales y de cámara, el magnífico «Cuarteto en re menor», con las estupendas variaciones sobre el «lied» «La muerte y la muchacha», y con el inolvidable «Scherzo», del que Wagner extraería después el tema de «Los Nibelungos». Schubert es uno de los grandes de la música, y cierra gloriosamente el período de la música clásica, abriendo, no menos gloriosamente, el de la música romántica. Gran admirador y estudioso del arte de Beethoven, se muestra casi siempre digno continuador de él.

Decimos «casi siempre», porque —a diferencia del gran maestro, que reelaboraba, corregía y cuidaba hasta la exageración sus composiciones— Schubert, una vez terminado un trabajo, se entregaba inmediatamente a otro, olvidando por completo el anterior.

Por ello, en su inmensa producción se percibe alguna zona oscura, que el autor habría podido evitar, volviendo sobre sus obras.

Ver: Aniversario de la muerte de Schubert

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Biografía de Schubert Franz –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

El arte despues de la revolución industrial

El arte después de la revolución industrial

Progreso y transformaciones: La Revolución Industrial se extendió por todo el continente aunque de una manera irregular, en función de las distintas potencialidades de  materias primas, energía, movilización de capitales, capacidad tecnológica y voluntad política de favorecer la industrialización. Esta engendró profundas y rápidas transformaciones en los  niveles económico y social.

Las nuevas actividades productivas provocaron un masivo éxodo rural y un explosivo crecimiento urbano. Las clases medias de empleados y funcionarios se fueron fortaleciendo paulatinamente. La revolución del transporte terrestre y marítimo contribuyó enormemente a estos significativos cambios.

La construcción de redes ferroviarias promovió el desarrollo del comercio y transformó la economía rural al disminuir el aislamiento del campo. Fue también responsable del crecimiento de los suburbios, del aumento de los viajes de placer e inauguró la era del turismo a las termas y los balnearios.

El telégrafo y el teléfono facilitaron las comunicaciones. La creación de líneas regulares de barcos de vapor incrementó la capacidad comercial de Europa. La búsqueda de materias primas, de nuevos mercados de consumo y de inversiones rentables explica el colonialismo. Una población en plena expansión demográfica, que buscaba huir de la miseria o de las persecuciones políticas y religiosas, inició la emigración hacia los nuevos países.

La mala distribución del progreso económico acentuó las diferencias sociales, que se vieron agravadas por los períodos de recesión. Ello suscitó la reflexión política y la elaboración de teorías reformistas o revolucionarias. Los socialismos utópicos, el marxismo y las anarquistas comenzaron a influir sobre la vida política y las luchas sociales. La democratización del sistema educacional, indispensable para enfrentar la evolución del empleo, y el desarrollo de la prensa escrita modificaron las mentalidades.

Era Industrial y evolución artística: Todas las grandes metrópolis emprendieron trabajos de urbanización para responder al crecimiento urbano, a las exigencias de salubridad y de seguridad, y para mostrar su riqueza en el marco de una verdadera competencia a nivel internacional, de la que daban testimonio las exposiciones universales que se organizaban.

Edificaron estaciones, grandes almacenes, bancos, bolsas, mercados, óperas, teatros, museos, bibliotecas públicas, ayuntamientos, iglesias, escuelas y edificios residenciales. Estas construcciones escondían un concepto arquitectónico moderno, basado en estructuras metálicas, bajo un decorado colmado de reminiscencias históricas, ecléctico y recargado. Sólo los puentes o las construcciones para las exposiciones, a imagen delCrystal Palace o de la Torre Eiffel, demostraron su pertenencia a la «edad del fierro» y su deuda con la ingeniería.

Con la excepción de una minaría de aficionados entendidos, las ciases sociales dominantes coleccionaban obras de arte para mantener su rango e invertían en valores seguros, privilegiando las realizadas en el siglo XVIII, o compraban las obras de artistas académicos contemporáneos.

En el Salón de París se desarrollaban las grandes manifestaciones artísticas- Su éxito mundano y el aumento de las obras expuestas lo obligó a abandonar el Louvre. Entre 1855 y 1900, se celebró en el Palacio de la Industria dos meses al año, en la parte baja de los Champs Elysées.

Lo académico era de gusto general, y las esculturas didácticas y heroicas, así como las pinturas históricas convencionales, adornaban los espacios públicos y completaban las colecciones de los museos. Una pintura decorosa, escenas de género moralizadoras, paisajes evocadores, retratos halagadores, bustos esculpidos y estatuillas decorativas amoblaban los interiores aristocráticos y burgueses.

Dominaba un arte conformista. Los artistas que hoy son apreciados eran a menudo rechazados por las instituciones, al menos en sus comienzos. Sin embargo, las divergencias entre los creadores no eran tan marcadas como podría pensarse de acuerdo con la clasificación arbitraria de las categorías estilísticas. Los comerciantes de arte y las galerías dieron un vuelco al mercado. Aparecieron nuevas técnicas de reproducción de las obras de arte que, junto con el desarrollo de la imprenta, que multiplicó las ilustraciones y las caricaturas, y de los afiches publicitarios, difundieron las creaciones artísticas.

La industria fabricó tubos de pintura para contener los colores, lo que permitió a los artistas abandonar sus talleres. El entusiasmo por la fotografía modificó las relaciones con la figuración. En una Europa en donde la creación artística parecía explotar, París desempeñó el papel de faro cultural, atrayendo a los artistas de provincia y del extranjero, tanto europeos como americanos.

Bruselas, Munich, Berlín, Budapest, Praga y Viena, capital cosmopolita de la doble monarquía, fueron polos de creación llenos de vida. El descubrimiento del arte de Asia y de Oceanía influyó también en las transformaciones radicales que tuvieron lugar en la segunda mitad del siglo xix.

Fuente Consultada: Historia Visual del Arte Tomo I

Biografia de Haydn Compositor Vienes Resumen de su Vida y Obras

Biografía de Haydn- Gran Compositor- Resumen de su Vida

BIOGRAFÍA DE JOSÉ HAYDN: (Viena 31-3-1732 – Viena 31-5-1809) La vida de este genial y fecundo compositor austríaco es un ejemplo de voluntad y de concentración al trabajo, lo que, agregado a su talento natural, lo ha hecho merecedor del título de padre de la sinfonía. Ha sido también uno de los que fijaron los caracteres.
del clasicismo en la música.

Con esta gran figura (llamada no sin razón «el padre de la sinfonía») se inicia la serie de compositores que se conocen en la historia como «los clásicos vieneses»‘: Haydn, Mozart, Beethoven y Schubert.

Conviene aclarar que, salvo el último, ninguno de ellos era vienes de nacimiento; sin embargo, todos hicieron de la capital sobre el Danubio su centro de vida y actuación.

Con variada fortuna, como veremos a continuación, Haydn y Beethoven llegaron a la fama, Mozart y Schubert murieron en la pobreza. Pero no son éstas las únicas diferencias entre ellos.

En común tienen la inmensidad de su obra, que confiere a su época —de 1760 a 1828— el sello de auténtica grandeza.

haydn compositor

Detrás de él quedan las corrientes líricas de los italianos y las polifónicas y religiosas de Bach, cada uno habiendo logrado avances positivos hacia la realización de nuevas y más pujantes formas musicales. Su obra y su momento histórico son los de fundir ambas corrientes en un todo íntimo, capaz de evolucionar bajo la mano del exuberante genio beethoveniano. Y así, mientras gran parte de la producción de Haydn queda hoy en el olvido del museo de las curiosidades de la época, en sus cuartetos y sinfonías se nos presenta, por el contrario, como el máximo innovador en el idioma melódico y en el desarrollo de la polifonía instrumental.

Haydn, nacido en 1732, en la campiña austríaca cerca de la frontera con Hungría, entró en el coro de niños de la catedral de Viena; fue una severa pero muy buena enseñanza musical.

Con el cambio de su voz infantil quedó sin empleo; tocó el violín en bailes suburbanos y el piano en las clases de canto de un renombrado profesor.

Estudió sin desmayos. Un aristócrata de Bohemia lo llevó a la orquesta de su palacio, y desde allí lo contrató el príncipe de Esterhazy, quien en sus enormes posesiones húngaras (pero muy cercanas a Viena) mantuvo una de las mejores orquestas de su tiempo. Haydn comienza como segundo director pero pronto ocupa el puesto del primero.

Se inició muy niño como cantor en los coros eclesiásticos y su aprendizaje musical fue muy irregular. Merced a su voluntad llegó a ser un buen violinista y clavecinista. Luchó a veces con dificultades económicas, hasta que logró la protección de algunos nobles aficionados a la música y pudo completar así su educación artística. A los 30 años se vinculó al conde Esterhazy, de la nobleza húngara, de quien fue ejecutante y maestro de capilla durante tres décadas.

Durante treinta años dirige la orquesta de Esterhazy y compone para ella, para el teatro del palacio y para el príncipe mismo, que es un excelente instrumentista, infinidad de hermosas obras.

A la muerte del príncipe, Haydn se muda a Viena, donde piensa pasar una apacible vejez; pero ve con gran sorpresa cómo su nombre ha adquirido brillo universal, cómo le llegan las invitaciones de numerosas ciudades.Emprende dos memorables viajes a Inglaterra donde dirige gran cantidad de conciertos de sus obras.

Muerto Nicolás Esterhazy en 1790, Haydn quedó libre de su compromiso contractual y pudo aceptar varias ofertas para el extranjero. Visitó Londres dos veces para dar una temporada de conciertos (1791-1792 y 1794-1795). En uno de estos viajes conoció en Bonn a Beethoven, a quien alentó en su camino y le invitó a que se trasladara a Viena. Pero fracasó en su profesorado, pues Haydn no era un maestro de estilo riguroso. Desde 1795 éste residió en Mariahilf, barrio de Viena. En esta época compuso algunas de sus obras más célebres, como el oratorio La creación, que fué acogido con gran entusiasmo (1798). En 1808, ya viejo, se le tributaron honores públicos. Murió a los setenta y siete años de edad, el 27 de marzo de 1809.

Su estilo sinfónico se ha difundido ya por el mundo, y los compositores jóvenes escriben siguiendo su ejemplo. Ha nacido la sinfonía, obra para orquesta en varias partes muy diferentes pero que forman una gran unidad.

Fue la de Haydn una vida larga. Comienza en el campo y termina, celebrada como la del compositor más famoso de su tiempo, en Viena, la esplendorosa capital de la música, en 1809. Napoleón, cuyas tropas ocupaban en aquel momento la ciudad, colocó una guardia de honor en la puerta de la casa de Heydn.

En 1759, a los 74 años, Haendel asistió, por última vez, a la representación de su Mesías.

El 31 de abril de 1809 Haendel muere. Después de una semana fue sepultado en la Abadía de Westminster. El 21 de abril se publicó en un periódico un epitafio escrito por un desconocido.

«Aquí reposan los restos de Jorge Federico Haendel. El más excelente músico de todos los tiempos, cuyas composiciones fueron un lenguaje del sentimiento, más que meros sonidos; y que superó el poder de las palabras en la expresión de las diversas pasiones del corazón humano.»

Este dejó a su muerte más de cien sinfonías, varias óperas, música religiosa y de cámara (que es la música para pocos instrumentos que se ejecuta en los salones).Haydn

Su inmensa y valiosa producción comprende 104 sinfonías, 54 sonatas para piano, 83 cuartetos para cuerdas y otros tantos tríos para distintos instrumentos, 16 misas y otras obras religiosas, tres grandes oratorios, numerosas cantatas, óperas y otras obras teatrales.

Todas ellas señalan para su autor un lugar de primer plano en la historia de la música, por haber participado en la trasformación del arte barroco que culminó con Juan Sebastián Bach.

Tal evolución llevó a la fijación definitiva del rigorismo tonal de la escuela clásica y de sus grandes formas musicales, especialmente de la sonata y de sus diversos tipos instrumentales, el trío, el cuarteto y la sinfonía.

AMORES DE HAYDN: El año 1760 marcó el comienzo del auge musical de Haydn, y también el de su infortunio matrimonial. Ese año, Haydn encontró protector y esposa.

Su esposa le fue impuesta, per decirlo así. Durante algún tiempo, Haydn había estado cortejando a la joven y atractiva hija de Johann Peter Keller, fabricante de pelucas, de Viena, pero cuando manifestó sus deseos de hacerla su esposa, ella le contestó que había resuelto entrar en un convento.

El padre, sin embargo, dijo a Haydn que no desesperara, que tenía otra hija, un tanto madura y sin atractivos, es verdad, pero que de todos modos siempre era una ganga para un músico.

En un momento de despecho causado por la indiferencia que mostraba hacia él la joven hija de Keller, Haydn resolvió casarse con la mayor… para su eterno remordimiento.

Ana María Keller hubiese preferido por esposo a un zapatero en vez de un músico, porque tal vez fuera capaz de conocer la calidad del cuero que empleaba un zapatero, pero en cambio no tenía la menor idea del valor de las composiciones de un músico.

En realidad, Ana María, destruía con frecuencia las partituras de su marido, convirtiéndolas en papelillos para rizarse el cabello o moldes de pastelería. De esta manera, la inmortalidad de las obras de Haydn dependía de las extravagancias de una esposa malhumorada.

Haydn soportaba el mal genio de su esposa encogiendo los hombros con resignación.

Sin embargo, durante algún tiempo soñó con librarse de ella, pues había hecho amistad con una cantante italiana, Luigia Polzelli, que, como él, era desgraciada en su matrimonio.

Haydn y Polzelli terminaron por enamorarse, y abrigaban la esperanza de que un doble accidente los dejara libres para efectuar una unión legal. Al poco tiempo murió el esposo de Luigia Polzelli, y Haydn sintió que sus esperanzas se fortalecían.

«Querida Polzelli —le escribió—: quizás llegue todavía ese momento, que hemos deseado con frecuencia, en el que dos pares de ojos se cierren para siempre; el primero ya lo está. Pero, ¿y el otro? ¡Sea lo que Dios quiera!».

Pero Dios no lo quiso así. Los ojos de Ana María permanecieron abiertos durante buen número de años; y cuando por fin se cerraron, Haydn contaba ya sesenta y ocho años, y Luigia Polzelli sólo cuarenta, combinación poco adecuada para un amor romántico.

La señora de Polzelli se casó con otro hombre, y Haydn quedó solo durante el resto de sus días. Aunque se había deshecho su ilusión,, había encontrado la paz.

GRANDES COMPOSICIONES DE HAYDN

VOCAL:
Las siete palabras de Jesucristo en la Cruz.
Diversos oratorios, entre los que se incluyen: La Creación y Las Estaciones.
Diversas cantatas, entre las que se incluyen: Ariana en Naxos y Los Diez Mandamientos.
14 Misas.
5 Grandes óperas y 4 comedias.
22 Arias, 36 cantos, etc.

INSTRUMENTAL:
125 Sinfonías, entre las que se incluyen: la Sinfonía sorpreser, la Sinfonía despedida, la Sinfonía del reloj, la Sinfonía de Londres, la Sinfonía de Oxford, la Sinfonía militar, la Pequeña sinfonía, etc.

Alrededor de 30 conciertos para diversos instrumentos de cuerda con orquesta. 77 Cuartetos para cuerda, alrededor de 40 tríos para piano, 66 composiciones para instrumentos de cuerda y viento, 12 colecciones de minué, numerosas sonatas para clavicordio, etc.

ALGO MAS… Desde las décadas de 1760 y 1770 hasta el fin de su vida produjo obras que exhibieron una inventiva, una vida y un encanto milagrosos, aunque sólo después de 1780 exhibió los rasgos propios de una madurez cabal. Fue uno de los compositores más prolíficos de la historia.

Las nóminas usuales incluyen 104 sinfonías, 83 cuartetos de cuerda, 52 sonatas para piano, muchos conciertos, un gran caudal de diferentes piezas para música de cámara, un elevado número de obras corales, 23 óperas, gran número de canciones, 4 oratorios e innumerables misas. No existió una sola forma de la música que no mereciese la atención de Haydn.

Y Europa entera sabía que era un gran maestro. En ciertos círculos profesionales se manifestó la tendencia a subestimar la música de Haydn.

Era demasiado ligera, excesivamente melosa. Haydn nunca cuestionó el Régimen, como hicieron Mozart y Beethoven, y hubo cierta tendencia a creer que su música era algo sobrentendido.

Sus vigorosos movimientos de minué de estilo campesino, que tanto influyeron sobre los scherzos de Beethoven, eran mirados con desdén, por entender que se trataba de fragmentos «comunes» o «vulgares».

Su composición era tan elegante y segura que algunos de sus aspectos notables pasaron inadvertidos, por ejemplo, la atrevida estructura de las claves.

Durante el período correspondiente a la década de 1770 Haydn vivió la época llamada del Sturm und Drang, un período en Europa durante el cual los creadores trataban de expresar una clase más personal de sentimiento. Fue un impulso prerromántico.

En Alemania y en Austria se lo denominó Empfindsamkeit. Esos fueron los años durante los cuales Haydn compuso música apelando a claves poco usuales –fa menor, mi menor, fa sostenido menor, si mayor– en todos los casos claves de tipo «romántico». Más aún, puede afirmarse que su selección de claves es más audaz que la de Mozart, si bien Mozart se muestra más audaz dentro de la clave.

Y en un período ulterior, la música de Haydn incluirá, a menudo, más anticipos del romanticismo. Pero sobre todo corresponde señalar la existencia de esa visión de la vida y del arte que es directa, clara, bondadosa y por completo desprovista de elementos neuróticos.

Haydn afirmó cierta vez: «Puesto que Dios me ha dado un corazón alegre, El me perdonará si lo sirvo alegremente.» Y este comentario resume toda la situación.

Biografia de HAENDEL George Compositor Ruso Resume Vida y Obra

Biografía de GEORGE F. HAENDEL – Compositor

La Alemania fragmentada del siglo XVIII, arruinada políticamente y sujeta en el aspecto de la cultura al carro triunfal de Francia, empezó a dar muestras de su recuperación espiritual en la obra de los dos grandes maestros musicales de la centuria: Bach y George Haendel.

Ambos fueron dos genios en riqueza de expresión, en amplitud de sentimiento y en arquitectura musical.

Ambos expresaron al mundo la intimidad de su formación luterana. Pero así como Bach fué más profundo, vigoroso y personal, Haendel tuvo un vuelo barroco y un vitalismo únicos y característicos.

Su poderosa personalidad abrió nuevas posibilidades al drama lírico e incluso produjo en él una verdadera revolución.

biografia de haendel george

Gran compositor alemán, organista precoz y celebrado violinista y director de orquesta y de teatro.Haendel, naturalizado inglés, murió en 1759, en Londres, donde fue sepultado entre los hombres más célebres de ese país, en la catedral de Westminster.

GRANDES COMPOSICIONES DE HAENDEL

Vocales:
40 Óperas, entre las que se incluyen: Rinaldo, Radamisto, Lotario, Faramondo, Xerxes, Julio César y Dedamia,
19 Oratorios, entre los que se incluyen: El Mesías, Esther, Deborah, Athalia, Saúl, Sam-son, Israel en Egipto, José, Belshazzar, Heracles, Judas Macabeo, Semele, Josué, Salomón, Jephtha, Teodora.
Acompañamiento musical para La Oda para el día de Santa Cecilia, de Dryden, y para el Allegro y II Penseroso, de Milton.

INSTRUMENTALES:
Conciertos para órgano (1-12). Concerti Grossi para cuerda (1-12).
Sonatas para violín, viola, oboe, etc.
Diversas suites para orquesta completa, incluyendo La música del agua, La música de los fuegos artificíeles, etc.
Muchas piezas para órgano, incluyendo preludios, fugas, etcétera.

BIOGRAFÍA DE JORGE (GEORGE) FEDERICO HAENDEL:

Su padre, también de nombre George Haendel, fue barbero al servicio del duque Augusto de Sajonia. Prosperó con ese oficio, y en 1665 pudo comprar una lujosa casa en Halle.

Se casó dos veces, la primera vez en 1643 con la viuda de un barbero, y la segunda en 1683 con la hija de un sacerdote. De su primera esposa, que era diez años mayor que él, tuvo seis hijos, y de la segunda, que era treinta años más joven, cuatro. George Frederic era el segundo hijo del segundo matrimonio.

Cuando nació, el lunes 23 de febrero de 1685, su padre contaba ya sesenta y tres años, y su madre sólo treinta y tres. Desde su más tierna edad, Geroge se vio favorecido por una inteligencia y un corazón joven.

Haendel mostró una temprana aptitud para la música, pero el camino de su carrera musical no estuvo exento de obstáculos.

Su padre, que había tenido gran éxito con su profesión burguesa, deseaba enseñar a su hijo un oficio o profesión similar.

Que sea barbero o jurista… todo menos músico!.

Porque los músicos eran considerados en aquella época como una especie de vagabundos que ocupaban incluso una posición más baja que la de los sirvientes.

La mayoría de los sirvientes alemanes, como papá Haendel señalaba, gozaba de la seguridad de su empleo, mientras que los músicos vagabundos, cantaban y se morían de frío en las calles de Alemania.

En realidad, había muy pocos músicos profesionales en Alemania. Algunos de los principales maestros de la época, hombres como Kuhnau, Rosenmüller y Schütz, ejercían la abogacía como un medio de vida, y componían música sólo para su esparcimiento.

Se cuenta —y en esto es posible que haya un fondo de verdad— que cuando el niño no tenía más que seis años logró introducir, a escondidas, un pequeño clavicordio en un apartado desván de la espaciosa casa de su padre, y que durante la noche se llegaba secretamente hasta el lugar, para practicar en el instrumento mientras su familia dormía.

Su padre, en un esfuerzo por desalentarlo en aquel «oficio sin beneficio», le amenazó incluso con cortarle los dedos. Pero de nada sirvió la amenaza.

Haendel persistió en su deseo de ser músico, y este deseo era alimentado por una constante sucesión de melodías que penetraban en los sensibles oídos del niño, a pesar de las objeciones de su padre.

George nació en Halle, Sajonia, en 1685. Fue hijo del segundo matrimonio del cirujano Georg, quien al nacer Haendel contaba con 60 años. Su padre deseaba que Jorge Federico estudiara para jurista, y no fue sino a instancias del príncipe de Sajonia, que el señor Georg accedió a que estudiara música.A los ocho años admiró, tocando un órgano, al duque de Sajonia-Weissenfels, el cual decidió protegerle. El muchacho siguió durante tres años las lecciones de Federico Guillermo Zachow, un músico excelente.

En 1694 fue presentado a la corte de Federico de Brandeburgo (el futuro Federico I de Prusia), quien insistió para que Haendel pasara a Italia. Pero su padre se opuso, pues se sentía morir.

De regreso a Halle, perdido en efecto el padre, Federico Guillermo cumplió su voluntad e ingresó en la universidad para cursar la carrera de leyes. Pero la vocación era más fuerte que el cerebro.

En 1703 se colocó como organista en la catedral, y en 1704 marchaba a Hamburgo, uno de los primeros centros de ópera en la Alemania del XVIII.

Es contemporáneo de Bach, con quien comparte la gloria de haber llevado a la mayor perfección la música de su tiempo y de haber preparado el advenimiento de la escuela clásica.

No sólo Bach aprendió mucho de los italianos de su tiempo; también otro alemán lo hizo.

Pero mientras Bach sólo conoció las obras de aquellos maestros y nunca vio personalmente los lugares de su actuación, Haendel fue personalmente a Italia para perfeccionarse en el arte sonoro.

Había nacido en el mismo año que Bach (y el italiano Domenico Scarlatti), en 1685, y muy cerca de aquél, en la ciudad sajona de Halle. Georg Friedrich (o Jorge Federico) Haendel tuvo una vida muy distinta de la de Bach.

Viajó mucho y conoció espléndidos triunfos en varios países. Luchó por la fama, obtuvo victorias y fracasos.

Muy Joven comenzó en Hamburgo, donde le cautivó sobre todo la ópera.

En Hamburgo, Haendel se relacionó con el director y compositor de óperas Keiser y con el crítico Matheson.

Este último contribuyó no ooco a concretar la personalidad musical del joven maestro.

En 1705 obtuvo dos éxitos clamorosos con las óperas Almira y Nerón. Al año siguiente pasó a Italia, en cuyo país residió tres años.

En sus estancias en Florencia, Roma, Nápoles y Venecia trabó amistad con Corelli, Lotti y los dos Scarlattis, los cuales admiraron el genio del Sajón. Haendel, en efecto, fue muy bien recibido en todas partes, a pesar de su condición de luterano. Pero su fama era el mejor pasaporte.

En este período compuso otras dos óperas, Rodrigo y Agripina, dos oratorios y varias cantatas. En todas ellas se observa su rápida asimilación de las formas musicales italianas.

Allí compuso varias obras de este género obteniendo mucho aplauso. Volvió a Alemania, cuya vida musical no le satisfizo; después de breve estada en la ciudad de Hannover se fue a Inglaterra, que iba a ser su segunda y definitiva patria.

  George F. Haendel (1685-1759), aunque alemán, estrenó su ópera Rinaldo en Inglaterra. Este músico se distinguió especialmente por sus oratorios. Había nacido en Halle (Sajonia) y aunque casi siempre vivió en Inglaterra se le considera como un músico alemán porque su temperamento y su obra es de clara factura centroeuropea. Es curioso que naciera el mismo año que Bach y le sobreviviera nueve. Los dos son los mejores representantes de la música del Barroco. 

Allí, Henry Purcell, músico genial, había muerto joven y Haendel llenó el vacío que había dejado en la vida musical londinense. Abrió un teatro, compuso, dirigió, durante muchos años. Finalmente su empresa quiebra porque la ópera al estilo italiano (tal como la practicaba Haendel) gusta cada vez menos.

JORGE F. HAENDELEntonces Haendel descubre su verdadera vocación: la música instrumental y, sobre todo, el oratorio (que es una especie de ópera pero sin escenario, decorados y trajes, y tratando generalmente temas más abstractos).

Obtiene el triunfo de su vida con el oratorio «El Mesías» en la ciudad de Dublín (Irlanda); obra que se oye también hoy a menudo y siempre con honda impresión.

Cuando el rey de Inglaterrra oyó el majestuoso «Aleluya» comprendido en esa obra se puso de pie en actitud de respeto, y hasta el día de hoy el público inglés oye de pie el famoso trozo.

Su salud, robustísima, sufrió un percance en 1737 a consecuencia del exceso de trabajo. Pero se repuso en el transcurso del mismo año. Operado tres veces de cataratas, se quedó ciego en 1753.

Murió seis años más tarde en Londres, el 14 de abril de 1759. enterrado en la abadía de Westminster, como honra póstuma de Inglaterra a sus excepcionales méritos musicales.

Dueño de una sólida cultura musical y humanística (se jactaba de conocer profundamente la Biblia) inició su carrera en Alemania como organista, y sus primeras composiciones fueron religiosas. A los 20 años estrenó sus primeras óperas con lisonjero éxito, y en seguida viajó a Italia, donde pasó varios años y pudo familiarizarse con las distintas escuelas operísticas de la península. Volvió a su patria, y sus últimos 40 años los pasó alternativamente en Alemania, Inglaterra e Irlanda, donde produjo intensamente, conservando siempre su alta jerarquía de compositor.

UNA CURIOSIDADEl hecho de que hoy se ignore la mayoría de las óperas y los oratorios de Haendel -en realidad, la mayor parte de su música, excepto El Mesías – suscita algunos problemas desconcertantes.

En su propio tiempo se consideró a Haendel uno de los músicos más grandes que nunca antes existieran, y la posteridad no ha hallado razón para modificar esa opinión.

Su reputación en Inglaterra, inmediatamente después de su muerte y durante el siglo XIX, se mantuvo constantemente elevada, aunque se lo estimaba sobre todo por su carácter de compositor de oratorios.

Su intensa influencia determinó un efecto negativo en la música inglesa y, de hecho, hasta la aparición de Edward Elgar, Inglaterra no produce un compositor de fama internacional.

Gracias a Haendel, todos los compositores británicos tuvieron que crear complicadas piezas corales que demostrasen su valía y, en efecto, Inglaterra padeció la manía de los oratorios.

Esa manía se prolongó hasta fines del siglo XIX, e indujo a Bernard Shaw a observar que «el público británico extrae un tortuoso tipo de placer de los réquiems«.

Se entendía que la música coral era propiedad del pueblo. Apenas un año después de la muerte de Haendel, un escritor llamado William Mann afirmaba que los grupos musicales de las aldeas de Inglaterra entera, «como la furia de los oratorios se ha extendido de la Capital a todos los Pueblos-Mercados del Reino, de ningún modo se sienten satisfechos si no incorporan Cantos, Servicios e Himnos en sus iglesias británicas…»

Un gran palio burgués descendió sobre la música británica, y los festivales anuales Haendel se convirtieron en un acontecimiento casi religioso. Al margen de que Haendel considerase a sus oratorios un ejercicio religioso, el público les asignó ese carácter.

El Chester and North Wales Magazine de abril de 1813 decía: «Sin duda, la música de Haendel se adapta admirablemente al propósito de impregnar la mente con esa suerte de impulso devocional que, con la conmemoración de nuestro bendito Señor y Salvador, en tanto que hombres deberíamos admirar, y sentir como cristianos.»

Durante bastante más de 150 años la música inglesa estuvo aferrada por el puño enorme de Haendel, y solamente Mendelsohn determinó otro tipo de influencia. Ningún compositor británico tuvo fuerza suficiente para liberarse.

Pero comenzado el siglo XX, la reputación de Haendel declinó, incluso en Inglaterra.

Sorprendía comprobar qué poco de su música merecía realmente la atención del público. Las óperas fueron olvidadas aun en vida del compositor.

Sus óperas y sus oratorios son de elevada inspiración y de amplia concepción artística. Unas y otros llegan con frecuencia a los escenarios y a los conciertos y han otorgado a su autor un lugar de primacía en la historia de la evolución musical. Sus obras más difundidas son los oratorios Resurrección, Esther, Israel en Egipto, Saúl, El Mesías, Judas Macabeo y Belhazzar. Entre sus óperas se cuentan Jerjes, Julio César, Radamisto, Tamerlán, Alcina, Admeto y Amadís.

Biografia de Tchaikovsky Compositor de Musica Ruso Resumen Vida y Obras

Biografía de Peter IlichTchaikovski Compositor de Música Ruso

Tchaikovsky era un hombre atrayente, de modales encantadores, que aceptaba con indiferencia su fama. Hombre de muy buena presencia, tenía la costumbre de viajar de incógnito para que sus admiradores no le molestaran. Las mujeres se enamoraban fácilmente de él.

Una dama muy rica le ayudó durante trece años. Perfecto hombre de mundo, supo captarse la simpatía de una de las mujeres más ricas de Moscú. Hablaba con fluidez y bebía en abundancia, pero nadie le vio jamás ebrio. Era un caballero en toda la extensión de la palabra. Si alguna vez ha existido un hombre digno de ser envidiado —decían sus amigos—, ése es Tchaikovsky.

Tchaikosvsky Ruso

Sin embargo, no era feliz. Las duquesas rusas y las norteamericanas recién presentadas en sociedad podían competir entre ellas agasajándolo y agobiándolo con su pasión.

Pero el corazón de Tchaikovsky no alentó nunca la más mínima vanidad, ni por su mente cruzó jamás la idea de amor alguno. Su música, ponía en movimiento a todo el mundo…menos a él.

No tenía ojos para las mujeres, ni oídos para los dulces susurros de amor. Se casó, pero su matrimonio terminó en un desastre. La gente decía que Tchaikovsky temía al amor, a la amistad, a todo contacto humano. Cuando asistía a algún concierto de sus propias obras, se sentaba en la galería más alta ocultándose de esta manera para que nadie pudiera reconocerlo.

Tchaikovsky era solitario porque era grande. Al igual que una estatua colocada sobre un pedestal, podía mirar a la multitud, pero no podía sentir el contacto de una mano humana. Una estatua puede inspirar admiración, pero no amor.

Una sola persona mantuvo estrechas relaciones con Tchaikovsky: Nadyezhda von Meck. Sin embargo, fue ésta una amistad por correspondencia.

Los dos se admiraban, pero no se conocieron nunca, aunque a veces vivieron sólo a unos metros uno del otro. Madame von Meck, viuda, con numerosos hijos, era de costumbres honestas, tenía verdadera pasión por la música y poseía una sólida fortuna.

Durante la cena se habló de mi talento musical. Papá afirma que todavía no es demasiado tarde para que yo pueda convertirme en un artista. ¡Ojala fuera cierto! El problema, sin embargo, es éste: aun admitiendo que yo posea talento, difícilmente sería capaz de estudiar ahora. Han hecho de mí un empleado y, por añadidura, un mal empleado…».

Así escribía Tchaikovsky, en 1861, a su hermana Sacha.

Son palabras melancólicas que descubren claramente su carácter.

El futuro músico fue un hombre profundamente sensible y ansioso, acosado por mil incertidumbres, que empezó a componer muy tarde.

Pero la música era su destino, y el joven empleado del Ministerio de Hacienda de San Petersburgo se vio obligado a romper sus hábitos cotidianos, el monótono trabajo de la oficina, el pequeño y oscuro quehacer de cada día, para seguir una vocación que debía llevarlo a la gloria.

EL VIEJO MAESTRO ITALIANO

 Peter Illich ChaikovskiLa juventud de Peter Illich Tchaikovsky transcurrió serenamente. Había nacido en Wotkinsk, el 7 de mayo de 1840; sus padres fueron Ilja Petrovic, jefe del Instituto Tecnológico de San Petersburgo, y Alexandra Assier, hija de un Consejero de Estado.

Peter asistió, en compañía de sus padres, a una representación de «Don Juan», de Mozart, y recibió una enorme impresión.

A partir de aquel momento, empezó a experimentar una gran afición a la música, pero no recibió una enseñanza musical sistemática.

Su padre, que deseaba se recibiera de abogado, lo matriculó en la Facultad de Derecho de San Petersburgo.

El joven, que demostró ser un buen estudiante, terminó la carrera y entró como empleado en el Ministerio de Hacienda.

Pero no disminuía el interés que le inspiraba la música. Y, por si fuera poco, el joven abogado tuvo la suerte de trabar amistad con un viejo maestro de canto, italiano, muy estimado en San Petersburgo, que se llamaba Piccioli, quien no tardó en descubrir el extraordinario talento de Peter.

Le dio clases de música y guió sus primeros pasos por aquel arte refinado y sublime.

El futuro artista y el anciano maestro frecuentaban juntos el Teatro de la Ópera, discutiendo luego largamente sobre el espectáculo, por las calles de la ciudad, hasta la llegada del alba, sin preocuparse del frío.

A las ocho de la mañana, Tchaikovsky entraba soñoliento en los inmensos y fríos salones del Ministerio de Hacienda, para reemprender el trabajo habitual que cada día le interesaba menos.

UN CASO AFORTUNADO

En 1860 compuso su primer fragmento musical: «Medianoche«, una romanza que recuerda la melodía de las  romanzas italianas. Y en 1863 tomó la gran decisión: abandonar su trabajo de burócrata y matricularse en el Curso de Composición del conservatorio.

En 1865, tras sólo den años de estudio, bajo la guía de Antón Rubinstein, se diplomó brillantemente y, un año después, fue nombrado profesor de Teoría en el Conservatorio de Moscú.

Desde 1866 hasta 1877, Tchaikovsky compuso mucha», obras musicales: piezas vocales, sinfónicas y pianística. No era muy joven, y quería recuperar el tiempo perdido.

En julio de 1877 se casó, pero su matrimonio fue desgraciado y, al cabo de pocos meses, el compositor abandono.

a su mujer, cayendo en un período de crisis. Debido a ello y a un fuerte agotamiento nervioso, partió al extranjero con la ayuda financiera de la señora von Meck, rica admiradora del compositor.

Tchaikovsky se refugió en un pueblecillo situado junto ‘al lago de GincbVa. AHÍ, lu p belleza del paisaje aplacaron su espíritu. Volvió a componer, y, precisamente durante aquel periodo nacieron algunas de sus obras maestras: el* «Concierto en re mayor para violín y orquesta, Opus 35 y la ópera «Eugenio Oneguin».

La fama del gran compositor empezaba a difundirse por Europa, y sus composiciones eran calurosamente acogidas en todas partes.

En 1877 dirigió, por primera vez, una orquesta, consiguiendo un nuevo triunfo. Así empezó su carrera de gran director, y apenas se divulgó la noticia de esta faceta de partir a fin de realizar una gira artística de dos años por las más importantes ciudades de Europa y  de América.

LA ÚLTIMA OBRA MAESTRA: LA «PATÉTICA»

Tchaikovsky, infatigable, continuó componiendo música de cámara, óperas y sinfonías, durante dos años más.

En 1881, estrenó «La Doncella de Orleáns». Su éxito más resonante lo logró con «La Dama de Pique», representada en presencia del Zar y de la familia imperial en 1890.

A estos años pertenecen las partituras de los «ballets» «La Bella durmiente del bosque» y «Cascanueces».

El artista llegó por fin al cénit de su carrera. Movido por un triste presagio, escribió su sinfonía más melancólica y genial, algo así como un adiós al mundo: la «Patética».

Esta obra, muy distinta de todas las precedentes, está llena de tristeza y amargo dolor, y finaliza con un ritmo lento y original que parece cerrar, al mismo tiempo, la vida del compositor.

«Es impresionante comprobar cómo mi última sinfonía, la que he terminado hace poco, está envuelta en una atmósfera análoga a la de un ‘Réquiem’, sobre todo en el último tiempo», escribió Tchaikovsky, en julio de 1893, al Gran Duque Constantino.

La última gran obra de Tchaikovsky se estrenó en San Petersburgo el 29 de octubre de 1893, y fue dirigida por el autor. 0cho días después, en las primeras horas del 6 de noviembre, Peter Illich Tchaikovsky moría de celera. También él, como Mozart, había escrito su propio «Réquiem».

EL VALOR DE SU MÚSICA

Tchaikovsky compuso, durante su breve vida, una gran cantidad de obras musicales, sin distinción de géneros.

De tan variada producción, hay que recordar no tanto la música de cámara y las obras líricas, como las sinfonías (especialmente la Segunda, la Cuarta y la Sexta o «Patética»), los «ballets» y, por lo menos, dos de sus óperas: «Eugenio Oneguin» y «La Dama de Pique».

Éstas, más que por sus valores musicales, interesan hoy por el cuadro que trazan de la vida rusa en aquel tiempo. Son como dos grandes frescos, vitalizados por una música a veces dulce y acariciadora, a veces impetuosa y vehemente.

Pero acaso los «ballets» sean las creaciones más innovadoras y geniales de Tchaikovsky. «La» Bella durmiente del Bosque», «ballet» en tres actos y un prólogo, narra escénicamente la conocida fábula de Perrault. La música es delicada, de inspiración romántica y todavía hoy muy popular.

«Cascanueces» (1892), «ballet» inspirado en el cuento «Cascanueces y el Rey de los ratones», de la colección «Los Hermanos de Serapion», de E. T. A. Hoffmann, es aún más interesante. Una música agradable y de sugestiva fantasía subraya con sencilla gracia los hechos narrados. Tchaikovsky extrajo luego de este «ballet» una «suite» sinfónica, que es hoy una de sus obras más interpretadas.

La Sinfonía n9 6 en si menor, opus 74, más conocida por «Patética», es la última de las seis sinfonías compuestas por Tchaikovsky, y se cuenta, con pleno derecho, entre las mejores páginas sinfónicas del siglo XIX. Esta obra, melancólica y transida de dolor, fue el testamento del gran músico ruso.


La música de Tchaikovsky tuvo, al principio, un gran éxito (hasta hace pocos años se consideraba a su autor como el único músico ruso de valía), y luego, durante las últimas décadas, ha sido demasiado criticada.

Lo que más frecuentemente se le critica es el fácil sentimentalismo y la bulliciosa vulgaridad: música de banda, suele decirse; excesivo color, excesivo sentimentalismo.

Es cierto que, examinando atentamente toda la producción de Tchaikovsky, una gran parte de ella puede considerarse superada: el artista ruso se entregaba en cuerpo y alma a cada fragmento, por lo que aceptaba con frecuencia la primera melodía, trivial o no, que le acariciaba el oído.

Anuncio de la «Doncella de Orleans»

Tenia una ingenua confianza en el valor de los sentimientos y de la sencillez, y no en vano era un gran admirador de las dulces y suaves melodías italianas.

Esta propensión a entusiasmarse con todo, unida a su incapacidad para distinguir lo bueno y lo malo de la propia cosecha, hace que su música resulte, a veces, demasiado fácil y superficial, y no alcance el grado de perfección necesario que exige una obra de arte para ser perdurable.

Sin embargo, las dos óperas citadas, los «ballets», las sinfonías Segunda, Cuarta y «Patética» son verdadera música: dirigida al corazón de! hombre, a sus sentimientos más genuinos y sencillos.

Tchaikovsky ha ejercido gran influencia en músicos posteriores. Entre los compositores de valía que amaron y estudiaron su obra, recordamos al ruso Rachmaninof y al finlandés Sibelius.

Fuente Consultada: Enciclopedia Estudiantil Superior Fasc. N°46

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