Biografia de Sigrid Undset Escritora Noruega Premio Nobel Literatura



Biografía de Sigrida Undset

Sigrid Undset (1882-1949), autora noruega de ficción histórica, premio Nobel de Literatura. Nacida en Kalundborg, Dinamarca, asistió a la escuela en Christiania (hoy Oslo) donde trabajó en una oficina municipal desde 1898 hasta 1908. Sus primeras novelas, La señorita Marta Oulie (1907) y Jenny (1911), son narraciones fieles y rutinarias de las clases medias bajas. Undset es más conocida por su novela histórica del destino de una mujer, Kristin Lavransdatter (3 volúmenes, 1920-1922), por la que recibió el premio Nobel de Literatura en 1928.

A influencia naturalista de Emilio Zola fue vasta y penetrante en las primeras décadas del siglo. De ella no escapó la novelista noruega Sigrida Undset, cuyas primeras obras, “Marta Ulie” y “La edad feliz”, aparecidas en el año 1907, denotaron, en su clima y su temática, el ascendiente del maestro francés. No obstante consiguió evadirse del fantasma que la asediaba, gracias a su fino temperamento y al conocimiento de Ja psicología femenina. Escribió sobre la mujer y para la mujer, con sagacidad, desenvuelta y cómoda en las pinceladas de los caracteres.

Tenía condiciones personales irreductibles, una visión de cosas sentidas a través de una concepción individual de principios nuevos e inconfundibles. Con estas cualidades construyó su obra maestra, aquella por la cual le sería concedido el Premio Nobel: “Kristin Lavransdatter”, trilogía (1923-25-27) a la que se calificó como glorificación de la Iglesia de la Edad Media.

“Kristin Lavransdatter” es un libro rico en incidentes vitales. El argumento se desarrolla a lo largo de la Escandinavia del siglo XIV, en cuyos paisajes ásperos la heroína juega su vida, no como una autómata, sino con lógica y pasión admirables,  sin  mengua del colorido,  del  movimiento, de los incidentes que enriquecen la trama cuyo transcurso lejos está de ser una tediosa reconstrucción histórica.

Sigrida Undset deja en libertad a sus personajes, no los tiene maniatados, ni los inhibe: ellos actúan como hombres y mujeres vistos a la luz de una comprensión perfecta, que hablan y piensan con una ternura capaz de dar a este largo libro el carácter de una crónica sobre los esfuerzos de la humanidad, sus errores, su marcha a tientas hacia la luz apenas entrevista, de la cual se aparta continuamente para volver otra vez hacia ella, con renovados deseos de perfeccionamiento y de perdón. Es, simplemente, una tierna historia: la de Kristin y, de los que la amaron y sufrieron, con y por ella.

La novelista noruega ha demostrado en su libro que aquella época no fue monótona y que, en su trascurso, la Iglesia y el pueblo estaban ligados íntimamente; ha revelado la profunda religiosidad de las mujeres del Medioevo. En todas sus obras domina el pesimismo, pero éste es más fortificador que desesperante. Hacia 1925 se convirtió al catolicismo, y desde entonces se dedicó, con mayor ardor que antes, al estudio del alma femenina. Su mensaje personal, cálido, armonioso, no aceptó el fanatismo, porque se nutrió de la verdad, en el estudio sereno e imparcial de la historia y de la psicología humanas.

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SIGRIDA UNDSET (1882 – 1949) – Premio Nobel: 1928

SU VIDA Y OBRA: Fue una escritora noruega contemporánea, nació el 20 de mayo de 1882. Su pasión por la historia la heredó de su padre. Admiró siempre el libre albedrío, en un clima de paz y de justicia. Convencida de su fe, se opuso a las fuerzas del mal, defendió con pasión a los débiles, los perseguidos, los tránsfugas. Durante la última contienda tomó partido por los aliados, ya que sus ideales le hacían repudiar todo vasallaje.

En sus memorias recuerda que en su infancia visitaba con frecuencia a los parientes daneses de su madre; durante esos viajes conoció a ios pequeños escolares de la Jutlandia del sur: ellos le relataron cómo sus maestros les obligaban a recitar loas a los prusianos y la aversión a su propia raza. En sus gestos, Sigrida adivinó el odio y la aversión; dedujo que resulta imposible para otros educar a los alemanes: son ellos mismos los que deben hacerlo, y comprender que la guerra es un mal negocio.

Siendo empleada en un negocio de ia ciudad de Oslo, publicó sus primeros trabajos literarios en 1907. Entró en el mundo de las letras con ei afamado romance autobiográfico “Marta Ulie”. Unos meses después le sucedió “La edad feliz”. Estaba en la senda de la interpretación del alma femenina, la veta más pura y fecunda de su producción.

“Jenny” (1911); “Pobres seres” (1912); “La primavera” (1912); “El resplandor del espejo encantado” (1917); “Las vírgenes prudentes” (1918); “Nubes de primavera” (1921) jalonaron sus primeras experiencias de novelista. Después sobrevino la segunda época, aquella en que su intelecto la llevó a campear como escritora pundonorosa y fructífera: además del mencionado Premio Nobel “Kristin Lavransdatter“, magistral aderezo de su espíritu selecto y equilibrado, había publicado ya algunos trabajos muy celebrados, como “La leyenda del rey Arturo y Los Caballeros de la Tabla Redonda” (1915), y “La leyenda de San Halvart” (1920).

 

FRAGMENTO DE “LA EDAD FELIZ”
La señora Iversen traspuso la verja del jardín, recogiéndose el vestido, pues la hierba estaba húmeda todavía.

—¡Venid, pequeñas, venid, veréis qué bonito está el jardín!… ¿Verdad que está bonito?… Verdaderamente está en ruinas: el jardín es una verdadera selva virgen, pero, en cambio, el cenador está muy bien.

Birgit tomó el brazo de su madre, y ambas se quedaron contemplando la casa. Uni permaneció arriba, en la carretera.



El viejo caserón de madera aparecía apaciblemente medio oculto en el jardín inmenso. En el dintel de la puerta aparecía escrita la palabra “Soledad”, en letras borrosas. Cuatro nuevas avenidas conducían a la* casa, pero no había en ellas ninguna edificación. Los caminos grisáceos describían largos surcos sobre  las  tierras verdosas. En medio de la pradera erguíase altiva una quinta nueva, con balcones de hierro forjado y techumbres de cinc. Algunos haces de paja brillaban como el oro, a la luz del sol. La quinta sobresalía extraordinariamente, mostrando sus edificaciones adornabas de balaustradas y sus fechas presuntuosas.

Uni experimentó una viva emoción ante este espectáculo. ¿Era producida esta emoción por aquellas nubes violadas que avanzaban sobre los tejados, con dirección a las colinas de Baerum?…

¡Cuan diferente era todo aquello del pueblecillo donde Uni había vivido por espacio de un año!…

Una emoción semejante habíala sobrecogido a su llegada a Cris-tianía. . . Al llegar el vapor a la rada, acortando la marcha y navegando sobre el agua verdosa y grisácea, Uni fue reconociendo las colinas que formaban una especie de hemiciclo: abajo la ciudad, sumida en una ligera bruma de polvo, que danzaba ante la luz del sol, y en las alturas, Baekkelag, Bygdoe, Oscarshal y la vieja pardusca Akershus.

Hasta Uni, que se hallaba bañada en la dulce y cálida atmósfera del estío, llega el ruido metálico de los martillos, el rodar sonoro de los carruajes sobre el puente pavimentado… Hasta su garganta ascienden angustiosos sollozos… ¡Oh, qué agradable era este ambiente henchido de calor, de polvareda y de olores fuertes!. ..

 





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