Biografia de Tchaikovsky Compositor de Musica Ruso Resumen Vida y Obras



Biografía de Peter IlichTchaikovski Compositor de Música Ruso

Tchaikovsky era un hombre atrayente, de modales encantadores, que aceptaba con indiferencia su fama. Hombre de muy buena presencia, tenía la costumbre de viajar de incógnito para que sus admiradores no le molestaran. Las mujeres se enamoraban fácilmente de él.

Una dama muy rica le ayudó durante trece años. Perfecto hombre de mundo, supo captarse la simpatía de una de las mujeres más ricas de Moscú. Hablaba con fluidez y bebía en abundancia, pero nadie le vio jamás ebrio. Era un caballero en toda la extensión de la palabra. Si alguna vez ha existido un hombre digno de ser envidiado —decían sus amigos—, ése es Tchaikovsky.

Tchaikosvsky Ruso

Sin embargo, no era feliz. Las duquesas rusas y las norteamericanas recién presentadas en sociedad podían competir entre ellas agasajándolo y agobiándolo con su pasión.

Pero el corazón de Tchaikovsky no alentó nunca la más mínima vanidad, ni por su mente cruzó jamás la idea de amor alguno. Su música, ponía en movimiento a todo el mundo…menos a él.

No tenía ojos para las mujeres, ni oídos para los dulces susurros de amor. Se casó, pero su matrimonio terminó en un desastre. La gente decía que Tchaikovsky temía al amor, a la amistad, a todo contacto humano. Cuando asistía a algún concierto de sus propias obras, se sentaba en la galería más alta ocultándose de esta manera para que nadie pudiera reconocerlo.

Tchaikovsky era solitario porque era grande. Al igual que una estatua colocada sobre un pedestal, podía mirar a la multitud, pero no podía sentir el contacto de una mano humana. Una estatua puede inspirar admiración, pero no amor.

Una sola persona mantuvo estrechas relaciones con Tchaikovsky: Nadyezhda von Meck. Sin embargo, fue ésta una amistad por correspondencia.

Los dos se admiraban, pero no se conocieron nunca, aunque a veces vivieron sólo a unos metros uno del otro. Madame von Meck, viuda, con numerosos hijos, era de costumbres honestas, tenía verdadera pasión por la música y poseía una sólida fortuna.

Durante la cena se habló de mi talento musical. Papá afirma que todavía no es demasiado tarde para que yo pueda convertirme en un artista. ¡Ojala fuera cierto! El problema, sin embargo, es éste: aun admitiendo que yo posea talento, difícilmente sería capaz de estudiar ahora. Han hecho de mí un empleado y, por añadidura, un mal empleado…».



Así escribía Tchaikovsky, en 1861, a su hermana Sacha.

Son palabras melancólicas que descubren claramente su carácter.

El futuro músico fue un hombre profundamente sensible y ansioso, acosado por mil incertidumbres, que empezó a componer muy tarde.

Pero la música era su destino, y el joven empleado del Ministerio de Hacienda de San Petersburgo se vio obligado a romper sus hábitos cotidianos, el monótono trabajo de la oficina, el pequeño y oscuro quehacer de cada día, para seguir una vocación que debía llevarlo a la gloria.

EL VIEJO MAESTRO ITALIANO

 Peter Illich ChaikovskiLa juventud de Peter Illich Tchaikovsky transcurrió serenamente. Había nacido en Wotkinsk, el 7 de mayo de 1840; sus padres fueron Ilja Petrovic, jefe del Instituto Tecnológico de San Petersburgo, y Alexandra Assier, hija de un Consejero de Estado.

Peter asistió, en compañía de sus padres, a una representación de «Don Juan», de Mozart, y recibió una enorme impresión.

A partir de aquel momento, empezó a experimentar una gran afición a la música, pero no recibió una enseñanza musical sistemática.

Su padre, que deseaba se recibiera de abogado, lo matriculó en la Facultad de Derecho de San Petersburgo.

El joven, que demostró ser un buen estudiante, terminó la carrera y entró como empleado en el Ministerio de Hacienda.

Pero no disminuía el interés que le inspiraba la música. Y, por si fuera poco, el joven abogado tuvo la suerte de trabar amistad con un viejo maestro de canto, italiano, muy estimado en San Petersburgo, que se llamaba Piccioli, quien no tardó en descubrir el extraordinario talento de Peter.



Le dio clases de música y guió sus primeros pasos por aquel arte refinado y sublime.

El futuro artista y el anciano maestro frecuentaban juntos el Teatro de la Ópera, discutiendo luego largamente sobre el espectáculo, por las calles de la ciudad, hasta la llegada del alba, sin preocuparse del frío.

A las ocho de la mañana, Tchaikovsky entraba soñoliento en los inmensos y fríos salones del Ministerio de Hacienda, para reemprender el trabajo habitual que cada día le interesaba menos.

UN CASO AFORTUNADO

En 1860 compuso su primer fragmento musical: «Medianoche«, una romanza que recuerda la melodía de las  romanzas italianas. Y en 1863 tomó la gran decisión: abandonar su trabajo de burócrata y matricularse en el Curso de Composición del conservatorio.

En 1865, tras sólo den años de estudio, bajo la guía de Antón Rubinstein, se diplomó brillantemente y, un año después, fue nombrado profesor de Teoría en el Conservatorio de Moscú.

Desde 1866 hasta 1877, Tchaikovsky compuso mucha», obras musicales: piezas vocales, sinfónicas y pianística. No era muy joven, y quería recuperar el tiempo perdido.

En julio de 1877 se casó, pero su matrimonio fue desgraciado y, al cabo de pocos meses, el compositor abandono.

a su mujer, cayendo en un período de crisis. Debido a ello y a un fuerte agotamiento nervioso, partió al extranjero con la ayuda financiera de la señora von Meck, rica admiradora del compositor.

Tchaikovsky se refugió en un pueblecillo situado junto ‘al lago de GincbVa. AHÍ, lu p belleza del paisaje aplacaron su espíritu. Volvió a componer, y, precisamente durante aquel periodo nacieron algunas de sus obras maestras: el* «Concierto en re mayor para violín y orquesta, Opus 35 y la ópera «Eugenio Oneguin».

La fama del gran compositor empezaba a difundirse por Europa, y sus composiciones eran calurosamente acogidas en todas partes.



En 1877 dirigió, por primera vez, una orquesta, consiguiendo un nuevo triunfo. Así empezó su carrera de gran director, y apenas se divulgó la noticia de esta faceta de partir a fin de realizar una gira artística de dos años por las más importantes ciudades de Europa y  de América.

LA ÚLTIMA OBRA MAESTRA: LA «PATÉTICA»

Tchaikovsky, infatigable, continuó componiendo música de cámara, óperas y sinfonías, durante dos años más.

En 1881, estrenó «La Doncella de Orleáns». Su éxito más resonante lo logró con «La Dama de Pique», representada en presencia del Zar y de la familia imperial en 1890.

A estos años pertenecen las partituras de los «ballets» «La Bella durmiente del bosque» y «Cascanueces».

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El artista llegó por fin al cénit de su carrera. Movido por un triste presagio, escribió su sinfonía más melancólica y genial, algo así como un adiós al mundo: la «Patética».

Esta obra, muy distinta de todas las precedentes, está llena de tristeza y amargo dolor, y finaliza con un ritmo lento y original que parece cerrar, al mismo tiempo, la vida del compositor.

«Es impresionante comprobar cómo mi última sinfonía, la que he terminado hace poco, está envuelta en una atmósfera análoga a la de un ‘Réquiem’, sobre todo en el último tiempo», escribió Tchaikovsky, en julio de 1893, al Gran Duque Constantino.

La última gran obra de Tchaikovsky se estrenó en San Petersburgo el 29 de octubre de 1893, y fue dirigida por el autor. 0cho días después, en las primeras horas del 6 de noviembre, Peter Illich Tchaikovsky moría de celera. También él, como Mozart, había escrito su propio «Réquiem».

EL VALOR DE SU MÚSICA

Tchaikovsky compuso, durante su breve vida, una gran cantidad de obras musicales, sin distinción de géneros.

De tan variada producción, hay que recordar no tanto la música de cámara y las obras líricas, como las sinfonías (especialmente la Segunda, la Cuarta y la Sexta o «Patética»), los «ballets» y, por lo menos, dos de sus óperas: «Eugenio Oneguin» y «La Dama de Pique».

Éstas, más que por sus valores musicales, interesan hoy por el cuadro que trazan de la vida rusa en aquel tiempo. Son como dos grandes frescos, vitalizados por una música a veces dulce y acariciadora, a veces impetuosa y vehemente.

Pero acaso los «ballets» sean las creaciones más innovadoras y geniales de Tchaikovsky. «La» Bella durmiente del Bosque», «ballet» en tres actos y un prólogo, narra escénicamente la conocida fábula de Perrault. La música es delicada, de inspiración romántica y todavía hoy muy popular.

«Cascanueces» (1892), «ballet» inspirado en el cuento «Cascanueces y el Rey de los ratones», de la colección «Los Hermanos de Serapion», de E. T. A. Hoffmann, es aún más interesante. Una música agradable y de sugestiva fantasía subraya con sencilla gracia los hechos narrados. Tchaikovsky extrajo luego de este «ballet» una «suite» sinfónica, que es hoy una de sus obras más interpretadas.

La Sinfonía n9 6 en si menor, opus 74, más conocida por «Patética», es la última de las seis sinfonías compuestas por Tchaikovsky, y se cuenta, con pleno derecho, entre las mejores páginas sinfónicas del siglo XIX. Esta obra, melancólica y transida de dolor, fue el testamento del gran músico ruso.

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La música de Tchaikovsky tuvo, al principio, un gran éxito (hasta hace pocos años se consideraba a su autor como el único músico ruso de valía), y luego, durante las últimas décadas, ha sido demasiado criticada.

Lo que más frecuentemente se le critica es el fácil sentimentalismo y la bulliciosa vulgaridad: música de banda, suele decirse; excesivo color, excesivo sentimentalismo.

Es cierto que, examinando atentamente toda la producción de Tchaikovsky, una gran parte de ella puede considerarse superada: el artista ruso se entregaba en cuerpo y alma a cada fragmento, por lo que aceptaba con frecuencia la primera melodía, trivial o no, que le acariciaba el oído.

Anuncio de la «Doncella de Orleans»

Tenia una ingenua confianza en el valor de los sentimientos y de la sencillez, y no en vano era un gran admirador de las dulces y suaves melodías italianas.

Esta propensión a entusiasmarse con todo, unida a su incapacidad para distinguir lo bueno y lo malo de la propia cosecha, hace que su música resulte, a veces, demasiado fácil y superficial, y no alcance el grado de perfección necesario que exige una obra de arte para ser perdurable.

Sin embargo, las dos óperas citadas, los «ballets», las sinfonías Segunda, Cuarta y «Patética» son verdadera música: dirigida al corazón de! hombre, a sus sentimientos más genuinos y sencillos.

Tchaikovsky ha ejercido gran influencia en músicos posteriores. Entre los compositores de valía que amaron y estudiaron su obra, recordamos al ruso Rachmaninof y al finlandés Sibelius.

Fuente Consultada: Enciclopedia Estudiantil Superior Fasc. N°46

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