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El Shah Abbas de Persia El Grande Historia de su Reinado

El Shah Abbas de Persia «El Grande»
Historia de su Reinado y Sus Conquistas

La fama del shah Abbas no se debe sólo a su capacidad militar. Fue también un protector de las artes y del comercio, un inteligente administrador, y en el terreno religioso se mostró tolerante

Con Abbas I el Grande, cuarto shah de la dinastía de los safávidas, se sentaron las bases territoriales del actual estado de Irán (Persia). Accedió al trono en 1587, cuando empezaba a declinar el imperio español: reinaba entonces en España Felipe II, que reunía bajo su corona la península Ibérica, los Paises Bajos y el reino de Napóles, mientras en el Nuevo Mundo se había completado prácticamente la conquista y estaban ya fundadas las ciudades más importantes. En Europa, aparte de España, la hegemonía política alternaba entre Gran Bretaña, Francia y el Sacro imperio alemán, mientras por el este amenazaba el Gran Turco.

sha de persia

El shah Abbas el Grande. Convirtió a su país en una potencia, y durante casi cien años protegió indirectamente a sus incompetentes sucesores. Supo crear un poderoso ejército al que dotó de artillería.

 

Entre los turcos y los mongoles

Por aquel entonces se hallaba asentada en el actual Irán la dinastía de los safávidas. Su territorio, que cambió repetidas veces de fronteras como consecuencia de las constantes disputas con sus vecinos, comprendía la franja de terreno limitada por los mares Caspio y Aral, al norte, y el golfo Pérsico al sur. Quedaba, pues, situado entre dos legendarios imperios: el turco otomano, al oeste, y el mongol al este, siendo particularmente duras las luchas que los shahs sostuvieron contra los uzbekos (mongoles).

El estado safávida surgió de una orden de derviches del siglo XIV, originariamente sometida a la ortodoxia sunnita. Los sunnitas son una de las dos grandes denominaciones islámicas: sostienen que los tres primeros califas fueron elegidos legítimamente; a ellos se oponen los chutas, para quienes el nombramiento de dichos califas (que reinaron entre la muerte de Mahoma y la elección de su yerno Alí) fue ilegítimo, debiendo haberse reconocido desde el primer momento al ciado Alí. La cuestión no era bizantina, pues bs chutas apoyaban el derecho de los sucesores de Alí, como profetas, al ¡manato, y tilo implicaba consecuencias políticas importantes.

Los safávidas, fieles en un principio al grupo sunnita, evolucionaron poco a poco hacia un chiismo militante. A fines del siglo XV estaban asentados en las tierras del actual Azerbayán, y su shah era Ismail. Este inició la expansión hacia el sur, y se proclamó en 1502 shah de Persia, fundando un imperio que ocho años más tarde estaba ya consolidado. La dinastía así establecida permaneció en el poder hasta 1722, en que fue depuesto el sultán por el emir del vecino Qandahar (el actual Afganistán).

Los safávidas, gobernantes mediocres con la excepción de Abbas I, afirmaron su imperio sobre una doble base: el nacionalismo de los pueblos iranios, y la religión chuta,  que se declaró oficial en el Imperio y sirvió así de bandera contra el amenazador Imperio turco, fiel al sunnismo.

De la solidaridad religiosa fue emergiendo la solidaridad nacional, y los territorios del Asia Central irania, que habían sido la cuna de la civilización persa-islámica y, al propio tiempo, firmemente sunnitas, se fueron separando del resto del mundo iranio, llegándose a una delimitación de las fronteras de Persia que corresponde más o menos a la actual. El Imperio persa se inclinó hacia el Occidente, y Europa tuvo noticias de él gracias a las brillantes narraciones que algunos viajeros, como los franceses Chardin y Tavernier, hicieron de él.

La primera derrota

Tras la consolidación inicial del Imperio safávida, en 1510, con la victoria que el shah Ismail consiguió sobre los uzbekos, pareció asegurado su prestigio. Pero en 1514 sufría el propio Ismail, en Chaldirán, una aplastante derrota a manos de los otomanos. El shah, gobernante religioso y temporal a un tiempo, quedó en una posición delicada. Como imán chuta gozaba de una condición semidivina; pero los fieles, desilusionados por aquella derrota y por la depravación moral de su señor, comenzaron a dudar seriamente de las pretensiones de éste respecto a su infalibilidad de origen divino y su limpieza de pecado, con lo cual se resquebrajaron las bases de su autoridad.

Después del desastre de Chaldirán comenzó a resultar muy difícil a los shahs safávidas la conservación de la integridad de su autoridad, especialmente en lo referente a las siete grandes tribus turcas de Qizilbash, que representaban la base real de su poder. Cuando el shah Abbas, cuarto de la dinastía safávida, subió al trono en 1587, las tribus de Qizilbash habían perdido el respeto a su soberano y entrado en un período regresivo que amenazaba con la vuelta a las antiguas alianzas tribales. Abbas había sido testigo desde su más tierna edad de la extrema gravedad de la situación y pronto se dio cuenta de que estaba siendo utilizado como un rehén entre los jefes rivales del Qizilbash.

Hasta su misma coronación había sido en realidad un coup d’etat de uno de ellos, Murshid Quli Kahn Ustajlu, que había depuesto a Mohammad Khudabanda, padre de Abbas y colocado a éste en el trono en calidad de protegido suyo.

Durante el reinado de Abbas florecieron el arte y la arquitectura como nunca anteriormente. Una de las obras más bellas que hizo construir fue la mezquita del Shah. He aquí la puerta de ingreso.

Un nuevo ejército modelo

Abbas comprendió que debía quebrantar el poder de los Qizilbash si quería tener la autoridad en sus manos. Una de sus primeras medidas consistió en la creación de un potente ejército permanente, pagado directamente por el Tesoro real, reemplazando así el sistema de levas de tipo feudal de las tribus Qizilbash. El nuevo ejército modelo llegó a alcanzar la cifra de 37.000 hombres.

Su organización se debe principalmente a Robert Sherley, un aventurero inglés experto en cuestiones militares. Gracias a Sherley, entre cuyos ayudantes figuraba un fundidor de cañones, Abbas pudo incluir en sus fuerzas un cuerpo de artillería compuesto de 12.000 hombres y 500 cañones. Con esto quedaba subsanada una carencia que se había demostrado desastrosa en Chaldirán frente a la artillería turca.

El núcleo del nuevo ejército estaba formado por las tropas eslavas y los ghulams, muchos de los cuales eran georgianos convertidos al Islam. A lo largo de su reinado Abbas fue confiando cada vez más en estos hombres, a quienes dio acceso también a los altos puestos administrativos hasta cubrir con ellos el 20 por ciento de los cargos; en ellos sustituían por otra parte a sus anteriores posesores, los jefes Qizilbash.

Como habían hecho otros gobernantes anteriormente, Abbas siguió la política de «divide y vencerás» para evitar una posible unión de los elementos de la oposición. Grandes masas de personas fueron trasladadas a la fuerza desde sus tierras a otras muy distantes. El establecimiento de los armemos y georgianos se llevó a cabo no sólo para evitar que los turcos usasen a estas infortunadas víctimas de la guerra entre ambos países, sino también para crear una diversidad étnica y religiosa que impidiese la unión de diversos grupos.

No contento con esto y continuando su política, fomentó deliberadamente el fraccionamiento de las facciones dentro de las grandes ciudades. Para evitar posteriores peligros internos, estableció la práctica de confinar a los príncipes de la rea-familia dentro del harén, hasta el momento en que fuesen llamados a gobernar.

Del mismo modo que sus antecesores. Abbas pasó la mayor parte de su vida era campaña, consiguiendo por su parte tales éxitos que Persia, hasta casi un siglo despee; de su muerte, pudo gozar de tranquilice frente a la posibilidad de una amenaza del exterior.

En 1590, poco después de su subida al trono Abbas se había visto obligado a concluir un desfavorable tratado de paz con los otomanos para evitar una guerra simultánea en dos frentes en un momento en que la situación interna no estaba resuelta. Por dicho tratado los otomanos retenían sus recientes conquis tas en Georgia y el Azerbaiján, ademas de parte del Luristán y Kurdistán.

Pero dicho tratado le permitió concentrar sus fuerzas contra los uzbekos, a los que derrotó amplia mente en 1598 en Herat. Entonces trato de consolidar sus posiciones en esta frontera (lo que no consiguió) instalando en ella jefes vasallos uzbekos. Cuando éstos renovaron sus ataques en 1601, Abbas fue superado por el movimiento estratégico del enemigo y se vió obligado a retirarse.

Finalmente, en 1604 pudo comenzar las operaciones militares contra los otomanos, que en aquel momento se estaban debilitando debido a sus conflictos internos y a la guerra contra Austria. Su prudencia tuvo la recompensa merecida, consiguiendo con la ayuda de sus cañones una brillante victoria en las cercanías de Tabriz en 1606, vengando así la humillación sufrida cien años antes en Chaldirán.

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Los viajeros europeos quedaban deslumhrados ante el lujo y riquezas de la corte persa. En las calles, junto a los magníficos edificios, abundaban los jardines y las fuentes.

Balance de un reinado

El éxito de Abbas se puede calibrar muy bien pensando que cuando subió al trono se encontró con un poder safávida al borde del colapso y que después de su muerte la dinas-tía pudo vivir de las rentas de sus éxitos durante casi un siglo, pese a la incompetencia de  los shahs posteriores. Pero, paradójicamente, el mismo Abbas había sembrado el germen de la descomposición de la dinastía.

En primer lugar, el lazo espiritual que uniera otrora al shah con sus subditos había constiuido el fundamento moral de su gobierno y dado a los safávidas una ideología potente y dinámica. Rota esta relación, Abbas tuvo que recurrir al único sustitutivo que consideró posible: la afirmación de un despotismo de tipo tradicional. La fuerza dinámica que había conducido a los safávidas al poder quedaba destruida definitivamente.

En segundo lugar, el nuevo ejército permanente resultaba una pesada carga financiera para el Tesoro real, lo que conducía inevitablemente a extorsiones y opresiones. Y la incompetencia de sus sucesores se debió en gran parte a la práctica introducida por Abbas de encerrar al heredero en el harén hasta el momento de su subida al trono.

No obstante todo esto, el balance de su reinado es muy positivo. Con una autoridad real establecida con firmeza, Persia pudo gozar de los beneficios de una paz interna y duradera. Si el shah no era venerado (aunque todavía amplios estratos del pueblo creían en su semidivinidad) por lo menos era respetado. Y las largas guerras con los otomanos y uzbekos garantizaron al país la seguridad de sus fronteras en el futuro.

Fomentó los contactos con el exterior, llamando a notables personalidades y favoreciendo las relaciones comerciales con Europa, de modo que industria y comercio conocieron un gran florecimiento. Durante el período safávida la literatura inició su decadencia, pero el apoyo que se había negado a los poetas, por razones religiosas, se ofreció pródigamente a pintores y arquitectos. Abbas trasladó su capital a Ispahan, que se convirtió en centro de un floreciente renacer artístico. Embelleció la ciudad con amplias avenidas flanqueadas de árboles, con plazas amplias, y con mezquitas y palacios que continúan produciendo admiración por sus colores y proporciones.

La época safávida coincidió con el período en que Europa se dedicaba a los descubrimientos geográficos y a la expansión; por eso no es sorprendente que se reanudasen los contactos mutuos. Abbas, que comprendió el provecho que podía sacar de estas relaciones, las favorecía con entusiasmo. Todo europeo que se presentaba con algo valioso que ofrecer, como había sido el caso de Robert Sherley, era recibido con los brazos abiertos.

También pretendió Abbas utilizar del mejor modo posible a los europeos en su lucha contra los turcos. Aunque no llegó a sellar ninguna alianza militar, pese a todos sus intentos,favoreció el comercio por vía marítima dentro del golfo Pérsico, con la intención de sustituir así las viejas rutas que estaban en aquellos momentos bajo el dominio otomano.

Durante su reinado, la primacía que ostentaban los portugueses en esta zona fue sustituida por la de las Compañías inglesa y holandesa de las Indias Orientales. En 1622 consiguió Abbas persuadir a los ingleses para que cooperasen con las tropas safávidas en la expulsión de los portugueses de su base en la isla de Ormuz. A cambio les ofreció privilegios comerciales en el nuevo puerto de Bandar Abbas, situado en tierra firme a unos 20 km al norte de Ormuz. Se estableció en suma, un profuso intercambio de embajadas entre Per-sia y Europa.

Aunque estos contactos presagiaban un drástico cambio en el equilibrio del poder entre Este y Oeste, no se podía en aquellos momentos sospechar tal circunstancia, y Europa no dejó apenas huella en Persia. Al contrario, fue Persia la que ejerció gran influencia gracias al alto nivel de prosperidad material y cultural alcanzado.

Una personalidad de su tiempo

Gracias a las narraciones de los viajeros europeos, podemos hacernos una idea del aspecto físico y de la personalidad de Abbas. Thomas Herbert, que formaba parte de la embajada inglesa en 1627, lo describe como «de baja estatura, aspecto vivaz, ojos pequeños y llameantes, la frente baja, la nariz grande y aguileña, barbilla aguda, sin cubrir de pelo, según la moda del país; su bigote era grande, saliente y espeso, con las guías hacia abajo». Abbas no era sólo inteligente y estaba dotado de gran agilidad mental.

Se hallaba también muy bien informado; sorprendió al viajero italiano Pietro della Valle al interpretar correctamente una alusión que éste había hecho respecto a los luteranos. Su habilidad manual la conocemos por las relaciones contemporáneas de la misión carmelitana. «Se entretiene haciendo cimitarras, arcabuces, riendas y sillas de caballo; teje, destila sales, hace agua de flor de naranja y medicinas y —en resumen— aunque no domina a la perfección los ingenios mecánicos, es bastante experto también en eso.»

Su tolerancia en materia religiosa permitía que órdenes monásticas como los carmelitas agustinos y capuchinos pudiesen moverse libremente en Persia. Al mismo tiempo era profundamente supersticioso. Su modo de vivir era sencillo, aunque su accesibilidad y naturalidad nunca dañaban su dignidad. Poseía un fuerte sentido del humor, que, a veces, adquiría matices macabros, a costa de los demás. Su crueldad no era excepcional considerada la época, aunque resulta difícil excusar la forma retorcida en que hizo matar o cegar a sus hermanos e hijos.

«Pero —escribe Thomas Herbert— debemos considerar que este príncipe grande y generoso, a quien no desagradan estos excesos, es una figura amada y respetada en su país y muy honrada en el extranjero. Por lo tanto hacer una descripción de la variedad de torturas que aquí se aplican: brujas y perros caníbales, hombres a los que se les arrancar los intestinos, y otras cosas similares, no serviría sino para traernos un recuerdo odios.: e innecesario.»

Fuente Consultada:
La LLave del Saber  – La Evolución Social –  Tomo II – El Shah de Persia – Editorial Ediciones Cisplatinas S.A.

Los Intercambios Culturales Entre Civilizaciones

Historia de los Intercambios Culturales

Desde la Antigüedad más lejana, las civilizaciones han influido unas en otras. La cultura occidental, tal como ha llegado hasta nosotros por intermedio de los griegos y los romanos, ha tomado prestados muchos conceptos al viejo Oriente. En la Edad Media la influencia de los árabes en Europa fue muy grande. Después del Renacimiento, la corriente de intercambios entre Europa y el resto del mundo fue muy intensa.

Las civilizaciones han influido en todo tiempo unas sobre otras; pero esta interpenetración ha sido especialmente notable entre Europa y Asia. En las antiguas fortalezas griegas de Micenas y Tirinto hay elementos decorativos orientales. Los puertos griegos del mar Negro y del Mediterráneo oriental sufrieron la influencia innegable de Persia. El arte, la mitología y la filosofía griegos tomaron prestados de Oriente muchos conceptos.

Las concepciones anatómicas de los sofistas, al igual que las de Platón, vienen probablemente de Asia. Lo mismo sucede con gran parte de los conocimientos astronómicos de los helenos. De hecho, la ciencia de los griegos se edificó sobre la base formada por ideas procedentes de la India, Mesopotamia o Egipto.

En efecto, en todos los dominios del saber, las ideas persas, egipcias e indias contribuyeron a la elaboración de la civilización griega, que más tarde influiría sobre Roma y se extendería por toda Europa. La civilización griega irradió igualmente su influencia hacia Asia; en Gandhara, en la India, surgió un arte greco-budista. Sabios griegos enseñaban en la India, e indios y chinos acudían a sus cursos; estos sabios tradujeron al griego libros budistas.

El imperio romano mantuvo también relaciones culturales constantes con Extremo Oriente, particularmente con la India y China. Hay quien dice que el Mahabharata, la gran epopeya de la India antigua, fue la fuente de inspiración de la Eneida, obra del poeta latino Virgilio. Los mongoles influyeron poderosamente en Bizancio y Rusia.

La cultura árabe influyó en la Europa del siglo VIII al XII, especialmente en España, donde aún subsisten numerosos monumentos árabes como la mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada y la Giralda de Sevilla. La obra de algunos sabios árabes como Averroes y Avicena gozaron de gran favor en toda Europa.

En España, las costumbres árabes influyeron asimismo en la vida de la corte. Algunos reyes españoles quisieron incluso que a sus hijos los instruyeran sabios musulmanes. Se crearon escuelas de traductores, la más importante de las cuales fue la de Toledo, fundada en 1130. Allí tradujeron al latín los escritos de los sabios árabes y los pusieron al alcance de Europa occidental.

Los reyes normandos de Sicilia adoptaron el derecho civil musulmán. La poesía siciliana, precursora de la italiana, se desarrolló gracias a los trovadores de la corte de Palermo, que imitaban a los ministriles musulmanes. Muchos estudiantes italianos, franceses y españoles, después de seguir los cursos de las escuelas árabes, enseñaron en las primeras universidades occidentales, calcadas del modelo árabe. Se ha dicho, y con justicia, que los árabes fueron los educadores de la Europa medieval.

Después de la toma de Constantinopla por los turcos, nació en Europa una nueva forma de la cultura: el Renacimiento, caracterizado por el retorno a las culturas griega y romana. Por otra parte, los grandes descubrimientos geográficos trastornaron la vida económica, y el individualismo reemplazó al ideal comunitario de la Edad Media.

La idea del lucro fue a menudo el móvil que incitó a las naciones de Europa a fundar colonias. Si a causa de ello las antiguas civilizaciones de los aztecas y de los incas fueron destruídas en gran parte, en contraposición debemos citar como ejemplo la obra admirable de los misioneros en la India, China y América. Sus incansables esfuerzos contribuyeron a la mejora de las condiciones de vida de la población indígena.

En el dominio de las ciencias y de las artes se produjo una compenetración recíproca: los miniaturistas y retratistas de la India y América se vieron influidos por las biblias ilustradas que llegaban de Europa y por los retratos realistas. En compensación, en iglesias de España y Portugal encontramos elementos típicos de la India.

De este período datan las traducciones de obras filosóficas de autores indios y orientales. En las obras de Leibniz, de Montesquieu y de Voltaire gravitan influencias chinas y persas. En la época en que el visir turco Ibrahim introducía en la corte de su padre político, el sultán, la atmósfera del  Versalles del siglo XVIII, se ponían de moda en Francia y otros países los cuadros de escenas turcas.

La literatura, la pintura y la música sufrieron también la influencia de Asia. En esta época las lacas de Japón y la porcelana de China gozaban de gran favor en Occidente. Moliere con su Burgués gentilhombre, Mozart con su ópera El rapto del serrallo y Beethoven con su Marcha turca, sancionaron esta extremada afición.

El importante movimiento cultural del siglo XVIII estuvo igualmente influido por Asia. Los antiguos moralistas chinos, especialmente Confucio, fueron citados por los deístas en muchas ocasiones.

Los filósofos ilustrados evocaban frecuentemente la sublime moral tradicional de China, que se había propagado sin intervención de la revelación. Goethe y Hegel sintieron profundamente el influjo de Oriente. Pintores como Watteau, Ingres y Delacroix; escritores como Mallarmé, Flaubert, Baudelaire y Loti, y músicos como Debussy y Francis Poulenc, estaban fuertemente penetrados de orientalismo.

El filósofo alemán Nietzsche tituló su principal obra: Así hablaba Zaratustra. En ella desarrolla su teoría del superhombre y la pone —sin motivo alguno aparente— bajo la égida de Zaratustra o Zoroastro, reformador de la antigua religión irania que vivió en el siglo VII antes de Jesucristo.

Más cerca de nuestros días, Claudel, Pearl S. Buck, Malraux y tantos otros se dejan hechizar por Oriente, y en todo Occidente se conoce y aprecia al pensador indio Rabindranath Tagore.

Desde hace unos decenios, el Nuevo Mundo ejerce considerable influencia sobre el Viejo Mundo, especialmente en el terreno de la publicidad, del cine y de la música moderna. La vida diaria se ha americanizado  también  notablemente, y de ello pueden dar testimonio los tocadiscos que funcionan echando una moneda, los pantalones téjanos, las barbacoas, los supermercados, los alimentos congelados, los libros de bolsillo y las técnicas de investigación de mercados y de relaciones públicas.

Historia de los Germanos o Bárbaros Vida y Costumbres

Historia de los Germanos
Pueblos «Bárbaros» de Europa

Los germanos, que representaron un papel tan importante en la historia de Europa, proceden de Escandina-via y del norte de Alemania. Eran feroces guerreros que pusieron en un brete al imperio romano, cuya caída acabaron por provocar, aunque también mantuvieron con ellos relaciones pacíficas. Su vida familiar era de tipo patriarcal, pero la mujer ocupaba en ella un lugar importante. Adoraban a las fuerzas de la  naturaleza.

Cuando, en el año 55 antes de Jesucristo, los romanos invadieron la Galia al mando de Julio César, entraron en contacto con los germanos a lo largo del Rin. Éstos no les eran totalmente desconocidos, pues se habían visto frente a frente cuando los cimerios y los teutones, dos de las tribus germánicas, marcharon sobre Roma (113 a 101 a. de J. C).
A partir de este momento, los germanos representaron un papel importante en la historia del imperio romano. Fueron para los romanos una constante amenaza, y acabaron provocando la caída de Roma.

¿Quiénes eran esos temibles germanos? Venían de Escandinavia y del norte de Alemania, y empezaron a extenderse hacia el año 1700 antes de Jesucristo. A principios de la era siguiente, hacia el 750 antes de Jesucristo (edad de hierro), ocupaban un territorio que se extendía del Weser al Vístula. Allí experimentaron la influencia de otros pueblos más civilizados, entre los que figuraban los celtas, representantes de la cultura de Hallstatt, de quienes adoptaron, entre otras cosas, la forma de sus espadas de hierro y la costumbre de edificar templos a sus dioses.

Germanos atacando

Germanos atacan a soldados romanos

Al principio, los germanos se hallaban divididos en gran número de pequeños grupos. El historiador Tácito, que en el año 98 dedicó a ese pueblo una de sus obras, los clasificó en tres grandes familias: la de los ingevones, que habitaba la parte nororiental de la Germania; la de los hermiones, que residía en el centro, y la de los istevones, que se extendía a lo largo del Rin. Resulta difícil en la actualidad verificar la exactitud de la división propuesta por Tácito.

Entre las tribus de la época mejor conocidas figuran los frisones y los bátavos, que ocupaban la  desembocadura  del  Rin;  los tencteros, entre el Ruhr y el Lahn; los queruscos, en los alrededores de Minden, y los lombardos y los suabos, a lo largo del Elba. Según Tácito, los germanos eran de elevada talla y robusta constitución, pelirrojos y con ojos azules de mirada feroz.

Después de cierto tiempo, los grupos crecieron y algunas de las tribus se fusionaron. Así nacieron los sajones, los francos, los alamanes y los godos, que desempeñaron un importante papel en la historia de la antigua Europa. Atraídos por los seductores relatos sobre las realizaciones de los romanos y por la fertilidad del suelo en ciertas comarcas del imperio, arrollaron la línea fronteriza Rin-Danubio, que los romanos establecieran para contenerlos.

Hacía ya mucho que los germanos habían dejado de ser verdaderos nómadas vestidos con pieles de animales; cuando los romanos se pusieron en contacto con ellos, vieron que aquellos a los que habían considerado siempre como «bárbaros» sabían cultivar la tierra, criaban ganado y llevaban vestidos cuya confección requería cierta habilidad.

En las regiones originalmente habitadas por los germanos se encontraron algunos aperos de labranza e incluso varios arados anteriores a sus primeros contactos con los romanos. Entre las plantas que cultivaban podemos citar la avena.

Pero su ocupación principal era la guerra. Habitaban una región poco fértil que pronto hubieron de defender contra los invasores. Un jefe, que siempre estaba en primera línea, les guiaba en la batalla. Se dirigían al combate llevando su espada y su escudo, pero raramente ceñían casco y coraza.

Eran magníficos luchadores, y los romanos acabaron por apreciar en su justo valor la fogosidad con que luchaban. Llegaron incluso a incorporar a sus propias legiones soldados germanos, ofreciéndoles la posibilidad de escalar los puestos más altos de la jerarquía militar.

Había príncipes germanos que iban a Roma a instruirse en el arte de la guerra, experiencia que no siempre tuvo un final feliz para sus maestros, los romanos.

Recordemos, a propósito de ello, a Arminio, príncipe querusco que fue el primer resistente en la historia de los germanos y tomó el mando de un grupo de guerreros exasperados por la despiadada gestión de Quintilio Varo, cónsul de las legiones romanas en Germania durante el reinado de Augusto. El propio Varo y gran número de soldados romanos perecieron en el desastre del bosque de Teutoburgo (año 9 d. de J. C). De no haber caído víctima de una conjuración en el año 21, Arminio habría puesto los cimientos de un poderoso reino germánico.

La vida familiar de los germanos era esencialmente patriarcal. Como padre y esposo, el hombre ejercía gran autoridad sobre la mujer, aunque no tenía derecho de propiedad sobre la dote que ésta aportaba, sino sólo de usufructo.

De acuerdo con las leyes en vigor, esa dote debía componerse únicamente de bienes muebles, A pesar de ese sistema de vida, la mujer ocupaba entre los germanos un lugar importante. En casa era la que regentaba la familia, ocupándose de la educación de los niños y de que no faltara la comida. Velaba también por la salud de los suyos, pues entre los germanos la medicina era tarea propia de mujeres.

Sus alojamientos estaban hechos de madera y arcilla con techo de chamiza; no conocieron las casas de piedra hasta que entraron en contacto con los romanos. Tácito cuenta que no conocían el mortero ni las tejas, y que incluso llegaban a excavar en la tierra sus moradas, recubriéndolas de estiércol; las ocupaban en invierno, pues se sentían mejor protegidos contra el frío.

De ellos provienen los idiomas llamados germánicos: el inglés, el alemán, el holandés, el dialecto que hablaban los bóers de Sudáfrica, el sueco, el noruego, el danés y el islandés. El gótico, lengua desaparecida, era también de origen germánico, y en él escribieron sus textos más antiguos, entre los que debemos mencionar una traducción de la Biblia que data del siglo iv y que empezó allá por los alrededores del año 370 el obispo visigodo Wulfila. Este era uno de los representantes más eminentes del arrianismo, herejía muy extendida entre los germanos.

Wulfila, inspirándose en las runas germánicas tanto como en los caracteres griegos y romanos, compuso un alfabeto gótico. En esta época existían ya diversas lenguas germánicas, pero la producción literaria no empieza hasta la Edad Media.

En lo que concierne a las artes menores, los germanos conocieron una época de prosperidad durante la edad de bronce. Se han encontrado numerosas armas y joyas pertenecientes a esta época.

Al principio, como todos los pueblos primitivos, los germanos adoraban a las fuerzas de la naturaleza.

Breve Historia de Irlanda Crisis, Ataques de Inglaterra, Emigración

Breve Historia de Irlanda

Irlanda, ha participado desde los tiempos más remotos en la vida del continente europeo. Asimismo, durante siglos ha sufrido el yugo de Inglaterra. Sólo en 1948, después de larga y encarnizada lucha, y tras la opresión y despoblación de que fue víctima en el siglo XIX debido al hambre y a la emigración, los irlandeses lograron triunfar y conquistar la  libertad.

A pesar de que por su situación insular Irlanda permanece aislada del resto de Europa, desde los tiempos más remotos ha sufrido la influencia de las culturas y pueblos del continente, e incluso con frecuencia ha representado en él un papel activo.

Los descubrimientos arqueológicos que se han llevado a cabo confirman que durante la edad de piedra y, sobre todo, en la de bronce, se desarrolló en la isla una gran actividad. Parece ser que entonces Irlanda era un centro de explotación de oro.

La influencia del continente europeo entró en Irlanda con los celtas. Cuando, gracias a las carreteras romanas, el cristianismo se propagó también por las islas británicas, el movimiento llegó, asimismo, a Irlanda en el siglo V. El bretón Patricius fue su más ferviente propagador, y a su impulso Irlanda se convirtió en un floreciente centro de vida monástica.

San Patricio en Irlanda

San Patricio Evangelizando Irlanda

A principios de la Edad Media, Irlanda era un verdadero oasis de vida religiosa, comparada con el resto de Europa occidental, donde las grandes invasiones habían aniquilado no sólo los establecimientos y cultura de los romanos, sino que en numerosos lugares también habían minado la religión. Por lo tanto, la segunda evangelización de Europa se debió en gran parte a los irlandeses, y de modo especial a Columbano.

No obstante,  Irlanda no dejó de sufrir convulsiones bélicas. En el año 795 comenzaron las invasiones de los normandos, que duraron hasta 837. Sin embargo, durante los siglos IX y X subsistió en la isla una intensa actividad cultural. Pero un nuevo peligro empezaba a cernirse sobre Irlanda. A consecuencia de la subida al trono de Guillermo el Conquistador, en Inglaterra se había reforzado considerablemente el poder del soberano. Los ingleses no tardaron en organizar las primeras tentativas para conquistar Irlanda.

Las inició Enrique II Plantagenet, que se valió de las diferencias existentes entre los nobles irlandeses para inmiscuirse en los asuntos interiores de la isla e imponerse como señor feudal o soberano a varios señores. Seguidamente, las disensiones internas de los irlandeses contribuyeron a facilitar de modo progresivo el dominio de Inglaterra.

A consecuencia de la ruptura entre Enrique VIII y el papa, la resistencia de Irlanda contra Inglaterra aumentó considerablemente. Esto no impidió que en 1541 el soberano inglés se arrogara el título de rey de Irlanda. Durante su remado aumentó la presión inglesa, aun cuando los irlandeses nunca vacilaron en recurrir a las armas para defender sus derechos.

En el siglo XVI, la población irlandesa reconoció como rey a Hugh O’Neil, uno de sus jefes (1591). Bajo su sabia dirección se organizó una campaña militar contra los invasores inglesas que, después de algunas victorias iniciales, finalizó con una derrota irlandesa.

Sin embargo, la oposición renació, y más tarde provocó la intervención brutal de Oliverio Cromwell, que desembarcó en Irlanda el 15 de agosto de 1649 y aquel mismo año organizó sangrientas matanzas en Drogheda y Wexford, que no sólo causaron numerosas víctimas militares, sino también civiles.

Concedió grandes extensiones de tierra irlandesa a varios ingleses, en su mayoría soldados y comerciantes puritanos. De nuevo se estrecharon los lazos entre Irlanda e Inglaterra. No obstante, los irlandeses se aferraron al catolicismo. Pero hasta principios del siglo XIX los ingleses no se decidieron a anexionarse Irlanda.

El 11 de enero de 1801 entró en vigor el Act of Union, que estableció la anexión. Irlanda no tardaría en tener que afrontar graves problemas. En 1821, el país contaba con una de las poblaciones más densas de Europa, casi siete millones de habitantes, y siguió aumentando hasta superar ampliamente los ocho millones en 1841. Además, excepto en el nordeste (fábricas de lino), no existía el menor rastro de actividad industrial.

De 1845 a 1847 las cosechas de patatas fueron desastrosas. Entonces Irlanda sufrió un terrible período de hambre.

Esto dio origen a una gran corriente emigratoria; los estragos que provocó tal despoblación todavía pueden apreciarse. En 1891 Irlanda apenas contaba con cuatro millones y medio de habitantes. Hoy, sin contar el Ulster, apenas tiene tres millones de habitantes.

Debido a la miseria en que se había estancado la población y a la discriminación que mantenían allí los ingleses, no debe sorprendernos que los irlandeses los siguieran combatiendo. La desviación de la lucha hacia el terreno político se debió, en gran parte, a Daniel O’Connell, que se convirtió en el líder de los diputados irlandeses en el Parlamento inglés.

En el campo de la política, los irlandeses querían obtener la independencia. En el aspecto religioso consolidaron el culto católico a expensas de la Iglesia de Estado anglicana. Por último, desde el punto de vista social reivindicaron mejores condiciones de vida.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, una asociación secreta, los fenianos, organizó la lucha por la independencia. Los irlandeses que habían emigrado a América apoyaban y dirigían esta agrupación, cuya figura cumbre fue Carlos Stuart Parnell, con la esperanza de constituir un día una República Irlandesa. Gracias a la obstrucción parlamentaria, esperaba que se concediera prioridad a los problemas de los irlandeses que exigían la autonomía.

Parnell asumió también la presidencia de la Irish National Land League, que defendía a los campesinos irlandeses contra la arbitrariedad de los propietarios ingleses. Pero todos los planes fracasaron ante la mala voluntad de los ingleses o de los protestantes del Ulster.

Sin embargo, esto sólo estimuló a los irlandeses. Durante la primera guerra mundial se votó la ley sobre la autonomía, que no entró inmediatamente en vigor. Nació una nueva organización, la de los Sinn Feiners, que pretendía romper de modo deliberado con Inglaterra. La bomba estalló después de la guerra.

En 1922, Collins y De Valera elaboraron por fin la Constitución y después el desarrollo del Estado libre de Irlanda, del que el Ulster no forma parte. Sin embargo, hasta 1948 todavía subsistieron diversas obligaciones con respecto a la Corona inglesa.

Ver: Conflicto Irlanda – Inglaterra

//historiaybiografias.com/archivos_varios4/fuente_tomo2.jpg – Historia de Irlanda –

Movimiento Iconoclasta del Imperio Bizantino Emperadores Iconoclastas

Movimiento Iconoclasta de Bizancio
Emperadores Iconoclastas

En el año 476 de la era cristiana, Odoacro, jefe germánico de los conquistadores bárbaros, depuso al emperador romano de Occidente, Rómulo Augústulo. El acontecimiento marcó el fin de una época en la Europa occidental. Por otro lado en Oriente, el imperio seguía viéndose agitado por la presión bárbara.

Desde la nueva gran capital que Constantino había construído en el Bósforo, «Constantinopla, la nueva Roma», sus herederos y sucesores gobernaron un imperio que se extendía desde el Danubio a Assuan y de la costa de Dalmacia a las montañas de Armenia. El último de ellos, con su herencia un tanto disminuida por las guerras que tuvieron lugar a lo largo de los siglos, murió defendiendo la ciudad contra los turcos otomanos en 1453.

fuego griego

Los bizantinos utilizaron su arma secreta, el fuego griego, con gran éxito contra los árabes. Era una mezcla de cal viva, petróleo y azufre y ardía en cuanto la cal viva entraba en contacto con el  agua.

Tres raíces. La civilización bizantina tenía tres raíces: en Roma, en Grecia y en el Próximo Oriente. Pero los bizantinos no fueron simples receptores pasivos de las influencias del pasado. Continuaron las tradiciones e ideas del imperio romano, de la Grecia helenística y de los mundos semítico e iraní, parcialmente helenizados, pero elaboraron su propia síntesis. Crearon una estructura de ideas sobre Dios y el hombre, gobernantes y gobernados, la naturaleza y el arte, más resistente y duradera que ninguna otra en el mundo entonces conocido.

El imperio bizantino era un estado centralizado en un mundo medieval de poderes fragmentados y locales. Heredó del imperio romano de Diocleciano y sus sucesores una estructura integrada por provincias y departamentos de estado, un sistema legal común, una compleja maquinaria de recaudación de impuestos en moneda y en especie y una burocracia culta y profesional.

Un emperador fuerte podía dirigir y modificar estos elementos para ajusfarlos a las circunstancias cambiantes; un emperador débil pronto se daba cuenta de que los procesos de gobierno no necesitaban más que su participación formal.

El emperador y el patriarca
El emperador era un autócrata que no tenía que responder de sus actos ante nadie, como un monarca helenístico. Pero era un gobernante cristiano de un país cristiano. A los primeros creyentes les intranquilizaban los gobernantes seculares, pero los consideraban como una molestia pasajera; lo importante era la segunda venida de Cristo.

El cristianismo bizantino había absorbido la visión jerárquica del universo propugnada por la filosofía griega del último período. El emperador era el representante de Cristo en la Tierra, el mediador entre Dios y su pueblo, y su persona y todos sus actos tenían un  carácter   sagrado.

Junto a él se alzaba el patriarca, jefe de la Iglesia Ortodoxa, cuyas diócesis tenían una estructura coincidente con las divisiones administrativas del Imperio. A los historiadores acostumbrados a los conflictos entre el papado y el imperio en el Occidente medieval les parecía que la Iglesia no era más que un departamento del estado de Bizancio.

La iglesia bizantina nunca tuvo que operar en un vacío de poder, como el papado a principios de la Edad Media. La Iglesia y el Imperio cristianos eran dos caras de la misma moneda. El patriarca era el responsable de la pureza de la fe y de la oración y la liturgia, que aseguraban la protección divina. El emperador se ocupaba de los asuntos de este mundo, entre los que se incluía el de comprobar si sus subditos se adherían a la fe proclamada por el patriarca.

Tal era el ideal; los conflictos esporádicos eran debidos  a  la  imperfección humana.

templo bizantino en la roca

El Valle de Goreme, en Capadócia, Turquía, está compuesto de extrañas formaciones rocosas. Allí se cincelaron muchas iglesias, bellamente pintadas, y se utilizaron como refugios durante las invasiones árabes.

Los monjes, cuyos incontables monasterios no estaban organizados en Ordenes, como en Occidente, velaban por el patriarca y el emperador. El prestigio del hombre santo, que renunciaba al mundo y a sus obras en pos de la comunión directa con Dios, era inmenso en Bizancio.

En ellos, más que en la iglesia secular, buscaban los hombres orientación moral, seguridad emocional y, en ocasiones, una protesta efectiva. Tuvieron un importante papel en las complejas relaciones entre la Iglesia y el Estado.

Puesto que había un solo Dios y una sola Iglesia, no podía haber más que un emperador. Teóricamente el imperio bizantino representaba a todo el mundo cristiano. Los demás estados eran aberraciones temporales y lamentables, o parte de un plan divino para castigar a los bizantinos, que a menudo se llamaban a sí mismos Nuevo Israel por sus pecados y herejías.

Un emperador que sufría frecuentes derrotas u oposición no era un verdadero monarca. Podía ser depuesto por un rival victorioso, a quien evidentemente Dios favorecía más. Los emperadores eran entronizados y depuestos a veces con asombrosa rapidez, pero el imperio, y el plan divino del que éste era un mero instrumento, eran indestructibles.

Los iconoclastas
Esta concepción del mundo dio a los bizantinos una gran confianza. Fortaleció su superioridad tecnológica y económica y su poder militar, a menudo brutal, mientras las cosas fueron bien y les proporcionó una gran capacidad de reacción y resistencia ante la adversidad y la derrota. Ello significa que los conflictos políticos se concebían desde el punto de vista religioso.

En los días oscuros de mediados del siglo VIII, León III y su patriarca declararon que el culto tributado a las imágenes de los santos era idólatra. Los emperadores iconoclastas, apoyados por los ejércitos de Asia Menor, empezaron a destruir las imágenes y los mosaicos de las paredes de las iglesias, a cerrar monasterios y confiscar sus propiedades y a denunciar y perseguir a los partidarios de las antiguas prácticas religiosas. Durante un siglo, con un breve respiro, los iconoclastas se mantuvieron en el poder.

Los teóricos de la iconoclastia eran sinceros en sus afirmaciones. Creían que los largos años de derrota y humillación a manos de árabes y búlgaros eran una señal de desagrado divino y había que encontrar la causa. Los sutiles argumentos filosóficos acerca de la relación entre imagen y realidad, heredados de la filosofía griega, parecían sospechosos en una época más dura. Pero tras la disputa filosófica se escondía la actitud rígida de los duros soldados de origen campesino del Asia Menor, de los que dependía ahora el destino del imperio. Se resentían de la perfeccionada cultura de la capital y eran hostiles a la creciente riqueza y poder de los monasterios.

mosaicos bizantinos

Un panel de marfil del siglo X representa a Cristo bendiciendo a Romano II y a su esposa Eudocia. El emperador emprendió una victoriosa expedición que arrebató Creta a  los sarracenos.

Una cultura «griega»
Bizancio no sólo era cristiana; también era griega, sobre todo desde la pérdida de sus provincias egipcia y siria en el siglo vil En Bizancio, como en el mundo helenístico del que era heredera, el ser griego no tenía nada que ver con la raza. Era una cuestión de idioma y cultura.

Muchas de las personalidades del mundo bizantino, incluyendo algunos emperadores, eran de origen armenio: Juan Axuch, amigo personal y principal ministro del papa Juan II, era un turco seldjúcida; Romanos, el mejor himnógrafo de la Iglesia Ortodoxa, sirio; Gregorio Pakurianos, comandante en jefe del ejército bizantino en el siglo XI, de Georgia. El poder absorbente de la cultura griega cristiana era tan grande como en su día lo fue la pagana.

Y sin embargo los bizantinos no se llamaban a sí mismos helenos (griegos), al menos hasta sus últimos días; se les conocía como romanos, pues el imperio romano nunca llegó a su fin en Oriente. Para ellos no hubo una Edad Media que los separara bruscamente del mundo antiguo, ni tenían la sensación de ser los supervivientes de un cataclismo, como a menudo ocurría en Occidente. Este sentimiento de continuidad hizo que les resultara fácil y tentador el tratar de recrear el mundo antiguo, aunque, por supuesto, en versión cristiana.

El resurgimiento político y militar bizantino tras el siglo de iconoclastia fue acompañado de un renacimiento cultural. Los hombres investigaron, copiaron, estudiaron e imitaron las obras griegas clásicas de literatura, filosofía y ciencias. Aprendieron directamente de Tucídides, Polibio y Plutarco cómo analizar el carácter individual de los hombres y su conducta política. Utilizaron como modelos a los retóricos de Grecia para hablar y escribir con elegancia y persuasión. De Galeno y sus sucesores aprendieron los secretos de la medicina.

De Arquímedes, Euclides y Ptolomeo adquirieron la austera visión de las matemáticas. Incluso estudiaron a los novelistas griegos y de ellos aprendieron el arte de la ficción. Su herencia llegó a abrumarles. A veces desearíamos que se hubieran preocupado menos por la conservación y más por la autoexpresión.

Y sin embargo, no carecían de originalidad, aunque a menudo estuviera enmascarada por la imitación de los modelos clásicos. Alguna vez, al seguir el pensamiento de Platón, pusieron en tela de juicio, aunque involuntariamente, los fundamentos de la revelación cristiana.

La instrucción y la cultura no estaban monopolizadas por el clero. Los laicos también eran hombres de letras, y un erudito no religioso podía ser nombrado patriarca y pasar por las distintas órdenes canónicas en pocos días. Es lo que sucedió en el siglo IX, con Focio, el hombre más culto de su época, alto palaciego, patriarca y suscitador del «cisma de Oriente». Es sorprendente que muchos emperadores fueran a su vez hombres de letras.

La sociedad bizantina era muchísimo más ilustrada que la de la Europa occidental, hasta que ésta última emergió de la Edad Media.

En las artes plásticas encontramos elementos griegos, romanos y orientales fundidos y mezclados, que forman algo nuevo. Muchos de los exquisitos relieves de marfil y alabastro son de sentimiento e inspiración clásicas. En los mosaicos, pinturas e iconos con que estaban adornadas las iglesias bizantinas la figura humana pierde sus proporciones clásicas y se resaltan los ojos, como en los retratos de las momias egipcias, y las figuras son planas y alejadas del espacio real y tridimensional.

Las iglesias bizantinas tenían un exterior de obra de ladrillo lisa o con decoraciones muy simples. Pero en el interior estaba pintado en vivos colores el esquema del universo y el plan de salvación, desde los profetas, en el atrio, a través de la procesión de santos y los sucesos de la vida de Cristo y la Virgen, que resplandecían en el ábside, hasta Cristo, el Pantocrator (Todopoderoso), en la cúpula que lo coronaba todo. Los fieles se veían conducidos al mundo eterno que les rodeaba por todos lados.

Karie Cami
Las figuras abstractas y ascéticas del siglo IX (los iconoclastas destruyeron la mayor parte del arte figurativo eclesiástico anterior y, por su parte, no produjeron ninguno) son sustituidas por figuras austeras y poderosas en los siglos X y XI.

Todavía pueden verse en Grecia en la iglesia de Dafni, en Hosios Loukas y en el Nea Moni, en la isla de Chios. Son la expresión de la confianza y la fuerza de la sociedad bizantina de la época. Al igual que en la literatura, también el arte del siglo XII presenta una vuelta a las representaciones más dinámicas y clásicas.

Los grandes mosaicos de la Sicilia normanda, de Palermo, Monreale y Cefalú, obra de artistas bizantinos, constituyen la mejor muestra de este arte.

Tras la restauración bizantina de 1261, aparece un nuevo y tierno estilo humanista, basado en el arte clásico del siglo anterior. Los magníficos y cálidos frescos y mosaicos del Karie Cami, en Estambul, que no se han abierto al público por completo hasta fecha reciente, son los mejores monumentos de este último período del arte bizantino, que sin duda alguna contribuyó al florecimiento del arte prerrenacentista italiano de Giotto y sus contemporáneos.

La tradición artística bizantina subsistió tras la caída de Constan-tinopla en Creta, donde nació y se educó Domenikos Theotokopoulos, El Greco.

El arte secular es menos conocido, aunque parece haber pasado por las mismas etapas que el eclesiástico. Nos ha llegado a través de ilustraciones de libros, pues los grandes palacios, con sus frescos y mosaicos, están todos destruidos.

Visto desde la perspectiva de nuestros días, el principal papel de Bizancio fue la conservación de las ideas del mundo clásico hasta el Renacimiento, que en los demás lugares se habían perdido. Pero no fue nunca una conservación pasiva y desinteresada. Como todas las sociedades, los bizantinos adaptaron, transformaron y enriquecieron su legado y lo hicieron llegar a nosotros, sus herederos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia La Fuente del Saber – Tomo II La Evolución Social – Ediciones Cisplatinas S.A.

Las Hordas Mongoles Vida , Costumbres y Conquistas

VIDA Y COSTUMBRES DE LAS HORDAS MONGOLES

Los mongoles han representado un importante papel en la historia de Asia. Son nómadas, y su vida está hecha, por tanto, de continuos desplazamientos forzados por la necesidad de encontrar la hierba necesaria para la alimentación de sus grandes rebaños de corderos y cabras. Estos animales les proporcionan carne, leche, mantequilla y queso. Como animales de carga, los mongoles utilizan el camello y un caballo de pequeña estatura, pero de gran resistencia.

los mongolesLa extensión de la estepa, y su pobreza, los obligan a desplazarse de estación en estación. Desde este punto de vista se les puede comparar con los lapones y otras poblaciones de Eurasia septentrional.

Viven en tiendas en forma de quesera, que levantan formando un enrejado de sólidas tablas, y cubriéndolo después con mantas de lana burda. Estos campamentos de tiendas deben considerarse pueblos ambulantes.

Ningún extranjero podría decir con exactitud dónde se encuentran esas aglomeraciones. Sólo los mongoles saben en qué lugar se hallan sus vecinos. Nadie debe aventurarse solo por esas inmensas extensiones, pues quien lo hiciera correría el riesgo de no encontrar un alma viviente, ya que los mongoles  vagan   a  la   aventura.

La vida de este pueblo ha estado siempre envuelta en el misterio. El extranjero se siente poseído de una inexplicable inseguridad, de una continua amenaza… Los actuales mongoles no difieren mucho en usos y costumbres de aquellos antepasados suyos que surcaban las estepas hace centenares de años. Su pasado se pierde en la noche de los tiempos. Su fuerza era legendaria.

Uno de esos mongoles, Temudjin, a fines del siglo XII, reunió las tribus nómadas turco-mongolas. Eran grandes jinetes, de cráneo redondo, pómulos salientes, ojos rasgados, piel amarilla, cabello lacio y negro y piernas arqueadas. Temudjin sometió a cierto número de tribus y durante una primera asamblea solemne celebrada en 1206, se otorgó a sí mismo el título de Djingiz Khan o Gengis Kan, es decir, el más poderoso de todos los jefes, o también, el emperador inflexible. Conquistó la ciudad, de Karakorum e instaló en ella su residencia.

viajes de los mongoles

Caravanas  Mongoles

Hasta entonces no había visto nunca una ciudad y no sabía leer ni escribir, pero su ejército de 100.000 hombres le permitió franquear la Gran Muralla de China, tomar la capital Yen-King, que se convertiría en Pekín, al norte de China y conquistar Corea. Yen-King fue saqueada e incendiada.

Cuando estalló una rebelión en el Lurquestán, Gengis Kan conquistó el país, incluida Samarcanda, una de las ciudades comerciales más importantes de la época, y exterminó sin piedad a la población, que había cometido la audacia de rebelarse.

Mientras sus lugartenientes realizaban incursiones por Rusia meridional, Gengis Kan marchó sobre el Irán y llegó hasta el Dniéper. Su imperio fue el mayor que conoció el mundo hasta entonces. Admitía todas las religiones, pero hacía que reinaran, por el terror, la autoridad y el orden.

Murió en 1227 durante los preparativos de una nueva campaña. En vida repartió este imperio entre sus cuatro hijos, pero esto no impidió que Ogotai fuera designado Gran Kan, a pesar de que no era el primogénito.

Lo primero que hizo Ogotai fue lanzarse al ataque de la China meridional, luego de Rusia meridional y, por último, de Occidente. Veinticinco mil jinetes arrasaron Vladimir, Moscú y Kiev, derrotaron a los caballeros de la Orden Teutónica’ y asolaron Hungría, para llegar finalmente a la costa adriática.

Ogotai murió en 1241, y los jefes mongoles se retiraron a Rusia meridional donde fundaron el reino de la Horda de Oro con Serai como capital. Serai estaba situada en un afluente del Volga. Desde 1240 hasta 1450, Rusia vivió bajo el dominio mongol. El kan permitió que subsistieran los principados rusos, pero les designó jefes e instaló guarniciones en las ciudades a fin de mantener el orden.

Kublai, el sucesor de Ogotai, conquistó toda China. Fue el fundador de la dinastía Yan y se adaptó fácilmente a la civilización ya muy evolucionada de sus nuevos subditos. Los soberanos de Annam y Birmania tuvieron que reconocer, asimismo, su soberanía. En cambio, la flota que envió para conquistar el Japón sufrió una decisiva derrota. Marco Polo dijo con razón que este kan era el hombre más poderoso desde Adán.

Trasladó su capital de Karakorum a Pekín, y éste fue, sin duda, su mayor error político, pues se rompió la unidad del imperio mongol.

En Rusia el reino de la Horda de Oro se vino abajo, en 1502. En el siglo XIX se encontraron los vestigios de Karakorum. Seis siglos antes, esta ciudad había poseído una docena de templos, dos mezquitas y una iglesia cristiana nestoriana.

No se puede hablar de cultura mongol. Una figurilla del siglo vn, el jinete azul de Astrana, hallada al norte del Turquestán, testimonia un esplendoroso pasado y recuerda a los grandes jefes mongoles. Éstos tuvieron el mérito de poner a Europa en contacto con la civilización china, que en aquel momento mostraba un indudable adelanto sobre la cultura occidental.

Por este motivo no se puede achacar al azar el hecho de que el desarrollo de la técnica, que aceleró el fin de la Edad Media, se produjera inmediatamente después de las conquistas mongolas. El compás, la pólvora y el papel se deben, en efecto, al ingenio chino.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil Tomo I AZeta – Editorial Credsa

Historia de la Orden del Cister Bernardo de Claraval

Historia de la Fundación de la Orden del Cister

La orden del clster es unaorden monástica católica reformada, cuyo origen se remonta a la fundación de la Abadía de Cister por Roberto de Molesmesen 1098. Debe su considerable desarrollo a Bernardo de Claraval. su influencia y su prestigio personal hicieron que se convirtiera en el cistercíense Más Importante del Siglo XII, aún no siendo el fundador sigue siendo todavía hoy el maestro espiritual de la Orden.El Císter proporcionó numerosos santos a la Iglesia, comenzando por  san Roberto de Molesme, san Esteban Harding, y san Bernardo de Clairvaux (o de Claraval).

Todo empezó en el ano 1098, cuando un grupo de 21 monjes benedictinos, con su abad Roberto al frente, salieron del Monasterio de Molesme, movidos por el Espíritu Santo, en busca de un lugar solitario, Citeaux (Cister), donde poder buscar a Dios con mayor autenticidad y sencillez, llevando una vida en pobreza y soledad, y proveyéndose de lo necesario con su propio trabajo. Su norma de vida seña el Evangelio y la Regla de San Benito en toda su pureza.

El 21 de marzo fue la fecha elegida para establecerse en el Nuevo Monasterio. Los comienzos no fueron fáciles; la pobreza material y la escasez de vocaciones se prolongarían varios años. Pero esto no arredró el ánimo de los monjes, que trabajaron por convertir aquel lugar inhóspito en un vergel.

El santo fervor de los hermanos hizo que Odón, el duque de Borgoña, les favoreciera abundantemente, contribuyendo a lo construcción del Monasterio y entregándoles tierras y ganados para su sustento. Cister fue elevado al rango de Abadía, bajo el patrocinio del Obispo de Chalons, titular de aquella diócesis (en la actualidad Dijon).

primer monasterio de cister

Este monasterio situado al sur de Navarra, a 34 kilómetros de Tudela, es el primer monasterio que la
Orden del Císter construyó en la Península Ibérica.

HISTORIA DE SU FUNDACIÓN: En Lombardía, se inició a un movimiento que exigía un retorno a la pobreza y abstinencia de la Iglesia primitiva.En el siglo XI, el obispo Pedro Damián estimuló esta acción, y creó, a su vez, comunidades de clérigos, en las cuales la vida monástica se desplegó en una asombrosa austeridad.

De todas partes surgieron tendencias extremistas que, superando la experiencia de Cluny, buscaban otras vías de salvación. Así procedieron los que, influidos por la lectura de los Padres del desierto, llegaron a preconizar una vida solitaria.

En 1084, un monje llamado Bruno fundó la orden de los cartujos, partiendo de un monasterio organizado por él cerca de Grenoble: la Gran Cartuja. Después, ante los desórdenes internos que se produjeron en el monasterio, varios monjes, bajo la dirección del abad Roberto de Molesme, quien ya había cuestionado y alejado de la Orden de Cluny , decidieron abandonarlo en 1098.

Encontraron el sitio adecuado en la árida región borgoñona de Citeaux, (traducida al español como Císter) donde levantaron una capilla y un modesto cenobio. Los primeros tiempos no fueron fáciles, debido a lo inhóspito del lugar. Aparte de las privaciones inherentes a la vida monacal, su ignota ubicación no atraía nuevos monjes para aumentar su número o emprender nuevas fundaciones. La falta de agua obligó a Roberto a trasladarse a un emplazamiento cercano que pertenecía a la diócesis de Dijon, ciudad capital del ducado de Borgoña. Tanto el obispo como el duque Eudes de Borgoña prestaron ayuda a aquellos monjes tan virtuosos, contribuyendo a la erección del monasterio y entregándoles tierras y ganado para su subsistencia.

Esta orden fundada en 1098 por Roberto de Molesme, la comunidad cisterciense vivirá en una austeridad voluntaria y total, sin ningún regalo en el vestido o en la comida.

Estos monjes vestidos de blanco, que dormían en una sala común y comían juntos en un refectorio, se consagraron a la oración y al trabajo de los campos, pero, a diferencia de los de Cluny, no percibían ninguna renta de sus tierras. Los monjes estaban divididos en dos categorías: los más instruidos y aquéllos cuyo origen social era elevado, llegaban a ser monjes de coro y no estaban obligados más que a los ejercicios espirituales, a diferencia de los «conversos», vestidos con hábitos pardos, a quienes su pobreza de procedencia conducía a trabajar los campos, y, por ello, se convertían en la mano de obra de los padres blancos.

El papa Urbano II concedió a la nueva Orden el estatuto de Privilegio Romano, al tiempo que exigía a Roberto que reasumiera su antiguo puesto en Molesme, a pedido de los monjes que habían permanecido en esa abadía. Su sucesor fue el hasta entonces prior del Císter, un monje llamado Alberico, que gobernó con acierto la congregación consolidando su prestigio y sus bienes.

Otro destacado abad de esa época fue Esteban Harding, resultó un gran promotor del Císter, que bajo su guía experimentó una notable expansión. Fue autor del Exordio Parvo y de la «Carta de Caridad», escritos que fijaron definitivamente las normas de vida de la Orden, su organización interna y, en definitiva, su Regla. Bajo la conducción de Esteban Harding (posteriormente canonizado) se fundaron las primeras cuatro nuevas abadías, conocidas como «las cuatro hijas del Císter».

En 1112 se presentó en Citeaux un grupo de treinta laicos encabezados por un joven llamado Bernardo, que pidieron ingresar como monjes. Esteban aceptó ese ruego y tres años después envió a Bernardo a fundar una nueva abadía en Clairvaux (Claraval). Esta congregación fue una inesperada y brillante estrella en la aún escasa constelación del Císter.

El Císter alcanzó renombre en toda Europa, gracias al ingreso de este joven noble de excepcional valor, seguido de sus compañeros: San Bernardo. En 1115, San Bernardo fundó cerca de Troyes su propia abadía: la de Claraval. Excelente polemista, San Bernardo representó, en el siglo XII, un papel muy importante en las famosas discusiones entre teólogos, en las cuales fue el adversario de Abelardo; después representó, igualmente, un gran papel en la segunda cruzada.

Su comunidad interna llegó a reunir 700 monjes, más otros miles en los 160 monasterios que dependían de ella. El polifacético Bernardo de Clairvaux obtuvo un particular poder dentro de la Iglesia, que le permitió tanto inspirar la fundación de la Orden del Temple como intervenir con autoridad en los conflictos del Vaticano.

Cuando murió, en 1153, la orden cisterciense estaba ya sólidamente implantada y tenía a su cabeza una direción colectiva: el Capítulo General, que reunía todos los años a los abades de las diferen tes casas. Durante casi dos siglos, las abadías aparecieron como puertos donde se refugiaba lo más noble y elevado del hombre medieval: el trabajo, la cultura y la fe.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

Historia de los Longobardos Origen Religion Costumbres

Historia de los Longobardos
Origen ,Religión y Costumbres

Germanos es una palabra celta cuyo significado es: «hombres que lanzan el grito de guerra» y fue utilizada por los romanos para designar a todas las poblaciones que tenían su residencia en la margen derecha del Rin, y, en general, al este de ese río. Los germanos habitaban en la Europa Central: a lo largo de la ribera derecha del Rin, y en ambas riberas de los ríos Elba, Oder, Danubio y Vístula.

A partir del siglo II de nuestra era, algunos pueblos germánicos (también llamados «bárbaros» por los romanos, que denominaban así a todo lo que no era romano) comenzaron a hacer irrupciones a través de las fronteras del imperio.

Hacia el fin del siglo VI, casi todos los pueblos germánicos no sólo habían entrado en contacto con la civilización romana, sino que, en muchas invasiones, habían evidenciado tener una aplastante superioridad militar sobre el decadente y debilitado imperio de los romanos. Por otra parte, el prolongado contacto con muchas instituciones romanas les había inducido a adoptarlas, y llegaron así a adquirir un grado de civilización bastante elevado.

Uno de los pocos pueblos que todavía conservaba las instituciones tradicionales de las tribus germánicas de allende el Rin, en razón del poquísimo contacto tenido con las poblaciones sometidas a la autoridad imperial, era el de los llamados longobardos.

Vesrtidos del Pueblo Longobardo

Soldado

POR QUÉ SE LLAMABAN  LONGOBARDOS
El origen de los longobardos es un tanto oscuro; sin embargo, en la actualidad se considera como su más probable lugar de origen la península escandinava. De haber sido así, los estudiosos estiman probable que su migración hacia el continente se haya verificado hacia el siglo I antes de Cristo.

Primeramente habrían poblado la parte inferior del curso del Elba, donde instalaron moradas permanentes, hasta que, en el siglo VI, consiguieron penetrar hacia el centro de Europa, y exactamente en la región occidental de la llanura húngara.

Parece ser que antiguamente las gentes de este pueblo eran llamadas vinilos (nombre derivado de la palabra escandinava vina, combatir), que significa «guerreros», y que sólo cuando se instalaron definitivamente en el territorio de la Alemania actual cambiaron su nombre por el de longobardos.

Y como en Escandinavia se llamaba «longobardiz» (guerreros que atraviesan el mar) a todos los soldados mercenarios que dejaban su patria para ir en busca de una fortuna mejor, se presume que los «vinilos» tomaron para sí tal nombre cuando abandonaron para siempre su tierra.

Otros creen que los longobardos comenzaron a ser llamados así porque usaban barba larga («langbarte»), y no faltan los que afirman que el origen del nombre reside en que combatían usando una larga lanza, la cual, en lengua alemana, es llamada «hallbard»   (alabarda).

SUS CREENCIAS Y COSTUMBRES
El dios supremo de los pueblos germanos era Odín, símbolo de la tempestad. Se lo representaba con vestiduras de guerrero, con un yelmo de oro en la cabeza y la terrible alabarda en la mano.

Odín era, sobre todo, el dios de los guerreros; tomaba parte en la batalla, daba la victoria a quien quería y decidía quién debía morir en el combate.

Los longobardos creían que los guerreros muertos con honor en el combate eran conducidos por el mismo Odín al Walhalle (la morada de los muertos), una especie de paraíso en el cual los héroes habrían de gozar de una gloria eterna.

Y en razón de hallarse convencidos de ser el pueblo más belicoso de entre las tribus germánicas, los longobardos se consideraban los predilectos de Odín.

Sustentaban la creencia de que Odín, para hacerlos invencibles durante las batallas, enviaba en su ayuda a los cinocéfalos (del griego «kinos», perro y «kefalé», cabeza; o sea, hombres con cabeza de perro), los cuales, con su terrible aspecto, esparcían el terror entre las filas adversarias.

Los longobardos habitaban cabañas de madera con techo de paja, detrás de las cuales solía haber una parcela rodeada por un seto vivo o un vallado. Los utensilios de uso diario se limitaban a lo estrictamente necesario: un molino portátil para moler el grano, algunas ollas de cobre o de barro, cuernos de buey indistintamente usados para conservar el aceite o para beber, y algunas pieles sobre las cuales dormían. Los más bravos guerreros colgaban, de las paredes de sus cabanas, cráneos de enemigos muertos por ellos.

El año 568, guiados por su joven rey Albuino, abandonaron la llanura húngara y se dirigieron hacia la península italiana: sumaban tal vez 250.000 personas, entre hombres, mujeres y niños. La parte que ocuparon tomó el nombre de Longobardia (tal como Andalucía lo tomó de otros invasores bárbaros, los vándalos, que la llamaron «Vandalucía»). De aquel nombre deriva el actual de Lombardía, dado a una extensa región septentrional de la península italiana.

Las tropas de este pueblo conquistador no se hallaban totalmente integradas por los longobardos, sino que formaban parte de las mismas el pueblo de los gépidós (a cuyo rey había matado Albuino algunos años atrás), así como también numerosos aventureros sármatas, búlgaros, bávaros y sajones, atraídos todos ellos por las perspectivas de combate y pillaje.

El ejército cruzó la cordillera alpina por el paso de Predil (hacia el norte de Venecia) y avanzó rápidamente por la llanura del Po, siempre en marcha hacia el sur. Tras algunos combates, de los cuales salió victorioso, ocupó la región de Venecia (donde fundó el ducado de Friule), tomó Milán en setiembre de 569, y toda la cuenca del Po, la Emilia y Toscana (570), el ducado de Benevento y la ciudad de Pavía, donde constituyó la capital de su nuevo reino.

Este reino habría de durar hasta 774, fecha en que fue conquistado por Carlomagno e incorporado al imperio de Occidente. Los territorios conquistados fueron divididos en 36 ducados, cuyos poseedores elegían al nuevo rey, pues no existía un régimen de sucesión hereditaria. A la muerte de Albuino (572) los duques implantaron un gobierno colectivo, pero al año siguiente volvieron al régimen monárquico, designando como soberano a Clefis, quien apenas logró gobernar algo más de un año.

Bajo relieve Siglo VI Representa a Odín

LA CONVERSIÓN AL CRISTIANISMO
Rústicos, inciviles, y sólo interesados por el saqueo, los longobardos no manifestaron interés por aceptar ninguna de las limitaciones que las leyes romanas imponían a los pueblos extranjeros, y, naturalmente, no apreciaron instituciones que, como la esclavitud, eran fundamentales dentro de la vida romana. Durante el primer período de su invasión, igualmente, se manifestaron irrespetuosos hacia el cristianismo y su jerarquía, habiendo sido señalados como enemigos encarnizados de la fe cristiana.

En su obra de saqueo, entonces, no hallaron motivo alguno para excluir las iglesias, de cuyos bienes se apropiaron sin escrúpulos de conciencia, ni vacilaron tampoco, cuando lo consideraron conveniente, en asesinar a los sacerdotes y dignatarios eclesiásticos de todas las categorías. Cuando arrasaban una ciudad, las iglesias sufrían la misma suerte de los restantes edificios que en ella había.

Gregorio Magno

Pero, a comienzos del siglo vn, se produjo un acontecimiento de importancia que cambió por completo su modo de vivir. En 591, la reina Teodolinda (viuda de Autario, rey de los longobardos) contrajo nuevas nupcias con el rey longobardo Agilulfo, y, desde entonces, con ayuda del papa Gregorio Magno, se consagró a la tarea de lograr que su pueblo se convirtiese al cristianismo.

Su obra fue coronada por el éxito: hacia el fin del siglo VII, casi todos los longobardos habían abrazado la religión de Cristo. Y de este modo se volvieron menos feroces y comenzaron a apreciar los valores de la civilización romana, europea y occidental.

Los longobardos hicieron construir muchos edificios en Italia: la basílica de San Pedro en Cielo de Oro, de Pavía, y la catedral de Monza, se hallan entre los más famosos. Este último fue levantado en 602 por la reina Teodolinda. Además de los sepulcros de esta reina y de su esposo Agilulfo, en la catedral de Monza se custodian muchos tesoros de los reyes longobardos. Uno de los más famosos es la «corona de hierro», así llamada porque en su parte interior lleva un aro de ese metal, confeccionado, según lá leyenda, con el hierro de uno de los clavos de la cruz de Cristo. Esta corona fue usada para la ceremonia de coronación de varios soberanos, el último de los cuales fue Napoleón.

LAS LEYES DE ROTARIO: Asi como otros pueblos que no han alcanzado un cierto grado de civilización, los longobardos consideraban la venganza como una forma natural de la justicia. Cuando un longobardo era asesinado, todos sus parientes tenían el derecho de vengarlo matando al asesino o a su familia. Ésta y otras sanguinarias disposiciones fueron abandonadas cuando se convirtieron al cristianismo, adoptando, en este orden, las prácticas que son comunes a todos los pueblos cristianos.

Un rey que se preocupó por hacer más humanas las leyes que regulaban la vida de su pueblo fue Rotario. Éste, en 643, promulgó en lengua latina un edicto según el cual la venganza fue sustituida por el «guidrigildo» o sea la compensación monetaria por el daño causado. He aquí algunas de sus leyes.

«Si alguno provocara tumulto en la iglesia pagará una multa de 40 sueldos en beneficio del venerable lugar. Y los 40 sueldos de dicha multa serán depositados sobre el sagrado altar donde la ofensa hubiese sido cometida.

Si alguno hubiera apaleado a otro hasta el punto de romperle los huesos, por cada hueso quebrantado pagará la suma de 12 sueldos. Si un hombre hubiera matado a otro pagará a los deudos una indemnización compensatoria de la pérdida ocasionada. Si alguno hubiera cortado la mano a otro, pagará la mitad del precio que sería fijado para el caso de haberío muerto.»

Cuando en 774 los francos arrollaron a los longobardos en la península italiana, éstos constituían ya un pueblo civilizado que fue poco a poco fundiéndose con el resto de la población peninsular.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ilustrada del Estudiante Tomo IV  – Historia de los Longobardos –

Diferencia Entre Ateo y Agnóstico No Creer en Dios

Diferencia Entre Ateo y Agnóstico

El Ateísmo
Parece extraño hablar de la historia del ateísmo porque nunca ha existido un movimiento organizado que sustente estas ideas, tal como las demás doctrinas religiosas que han formado iglesias con el fin de difundir y mantener sus creencias.Y aunque no ha existido ninguna iglesia atea, siempre ha habido ateos, personas que por alguna u otra razón han creído —y creen— en la no existencia de dioses.

ateismo

Ateo es un término que viene del griego a: sin, y teso: Dios. Por lo tanto, ateo es aquel que prescinde de la existencia de Dios. Los motivos por los cuales los ateos no reconocen a Dios son muy variados. El ateísmo reside en cortar la relación del hombre con Dios, relación bidimensional: del hombre con Dios y de Dios con el hombre para optar por la realidad en la que vive inmerso el hombre (la mundaneidad).

La repugnancia hacia Dios que manifiestan proviene o de una dispersión irreflexiva o por una reclusión en sí mismo como centro del placer La dispersión irreflexiva va desde la desidia hasta los hábitos viciosos en virtud de los cuales el hombre, si no reforma su conducta.se desliza hacia el cambio de criterios morales.

Para tener un conocimiento de las variantes que tiene el ateísmo se puede hacer una división en ateos especulativos y ateos prácticos.

Los especulativos son ateos de tipo teórico, pues no admien que halla un  ser que trascienda al mundo. Se fundamentan en criterios de conocimiento, están poseídos de su autoestima y se oponen a las manifestaciones de los creyentes por considerarlas efectos del fanatismo.

Estos siempre han sido un número reducido. Son quienes profesan el escepticismo. Se les hace casi imposible atender la existencia del absoluto. Dentro de los especulativos cabe señalar a los ateos por reacción ante el problema del mal, el cual solo puede ser comprendido desde la profundidad del rechazo del bien.

Los ateos prácticos son aquellos que prefieren vivir sin sumisión a las obligaciones morales, convencidos de que los goces humanos son la lo mejor de la felicidad, Se recluyen y están motivados por la inmersión en el placer o en el activismo, ejemplo clásico de ello es el narcisismo.

Se pueden ver las secuelas de estas manifestaciones también en el afán de dominio, con el apoyo de esquemas seudointelectuales que se reducen al uso de unos cuantos tópicos, con el fin de obstruir la referencia a Dios.

Agnósticos: Es importante no confundir a los ateos con los agnósticos. Estos últimos consideran que la existencia de Dios es algo que no se puede demostrar ni refutar En cambio, los ateos creen que no existe. Esto no significa precisamente que sí exista; parece apoyar la postura de los agnósticos, pero muchos ateos asumen y defienden sus creencias con un rigor y una fe tan fuertes e inquebrantables como un religioso las suyas, por lo que las polémicas entre ambas ideologías han sido siempre fuertes.

Durante siglos, los ateos ocultaron sus ideas antes de enfrentarse a una religión demasiado autoritaria como ha sido el cristianismo, pero en los últimos dos siglos las ideas ateas se han ido difundiendo cada vez con más ímpetu.Y aunque hoy el ateo está mal visto poi la mayoría de la sociedad, ya no está tan perseguido ni se expone a las represalias que hubiera sí sufrido en años anteriores.

En esencia, el agnosticismo reposa en una raíz profundamente racionalista, esto es, en la actitud intelectual que considera a la razón como el únicc medio de conocimiento suficiente, y el único aplicable, pues sólo el conocimiento proporcionadc por ella satisface las exigencias requeridas para la construcción de una ciencia rigurosa. Y esto tanto si la doctrina se muestra claramente como racionalismo —es lo que ocurre en el caso de Kant— cuanto si se trata de filosofías en las que el racionalismo aparece solapado bajo la apariencia de positivismo o materialismo.

Como consecuencia, el agnosticismo circunscribe el conocimiento humano a los fenómenos materiales, y se sitúa frente a cualquier tipo de saber que se ocupe de seres espirituales, trascendentes  no visibles. No niega, ni afirma, la posible existencia de aquéllos, sino que suspende el juicio, se abstiene de pronunciarse acerca de su existencia v realidad y actúa con arreglo a tal actitud.

Y en este orden de cosas, aun cuando admita la posible existencia de un Ser supremo, ordenador del universo, sostiene que, científica y racionalmente, el hombre no puede conocer nada acerca de la existencia y la esencia de tal Ser. Esto es lo que diferencia al agnosticismo del ateísmo, pues este último sí niega radicalmente la existencia de dicho Ser supremo.

Fuente Consultada:
Histroria de la religiones Hofmann-Poirier
Enciclopedia HISPANICA Tomo I

Politica de Expansion del Senado Romano Guerras y Conquistas

Política de Expansión Militar del Senado Romano

roma antigua

LECCIÓN IX
GUERRAS Y CONQUISTAS DE ROMA HASTA LOS GRACOS.

  1. La política romana después de la segunda guerra púnica. Reducida  Cartago a la impotencia, el senado y el pueblo romano acarician más y más la idea de dominación universal. Para su realización cuenta Roma con su propio valer, y con el prestigio que en todas partes le ha  proporcionado su triunfo sobre Cartago; y además con el rebajamiento y debilidad de los pueblos orientales, y con la división y la barbarie de los occidentales.

Mas para combatir y vencer a tantos pueblos de costumbres y civilización diferente, Roma encuentra un auxiliar poderoso en la doblez de su sistema político, introduciendo en todas partes la división, presentándose como defensora de los débiles, y libertadora de los oprimidos; proclamando el respeto a la justicia y al derecho, cuando está de su parte; pero hallándolo, cuando se opone a sus intereses, y mistificándolo en estos casos para aparecer justificada ante los vencidos.

  1. Guerra de los romanos  en Macedonia y Grecia. Dada la política inmoral del senado romano, Filipo III de Macedonia era considerado como enemigo de Roma, desde que hizo alianza con Aníbal después de la batalla de Canas ; y aunque por entonces fue derrotada su escuadra cerca de Apolonia, la venganza romana no estaba satisfecha: así es que apenas terminada la segunda guerra pánica, el senado aprovechándose de las rivalidades entre Grecia y Macedonia, manda al cónsul T. Q. Flaminio, que se presenta en Grecia como protector de los oprimidos, consiguiendo que casi todos los pueblos abandonasen al rey de Macedonia.

Aislado, y contando únicamente con sus propias fuerzas; Filipo tuvo que aceptar la batalla en Cinoscéfalos, contra los romanos ayudados de los etolios, sufriendo una completa derrota, que le obligó a comprar la paz, entregando mil talentos y toda su escuadra al vencedor, y renunciando a toda influencia en Grecia.

Vencido el rey de Macedonia, Flaminio proclamó en los juegos ístmicos la libertad de  Grecia; pero dado el carácter de los griegos, el concederles la libertad era tanto como dividirlos, aislarlos entre si para mejor dominarlos, cuando el senado lo creyese oportuno. Los únicos elementos de poder que quedaban en Grecia eran, la liga aquea, y la liga etolia, y a fin de conservar entre ellas la división y las luchas, los romanos hicieron la paz con Esparta, que, gobernada entonces por el tirano Nabis, se había hecho odiosa a todos los griegos.

  1. Guerras con Antíoco rey de Siria. Vencida Macedonia, y dividida, fraccionada y reducida a la impotencia Grecia, los romanos comienzan sus guerras en el Asia.

Los etolios que habían contribuido en primer término a la victoria de Cinoscéfalos, y que no obtuvieron de Flaminio la recompensa que esperaban, se apartaron de la alianza romana, y llamaron en su apoyo a Antíoco el Grande, rey de Siria, que con su ejército de 10.000 hombres, y los etolios que se le reunieron, se apoderé de una parte de Tesalia, y pasó el invierno en Calcis.

Entre tanto los romanos mandaron un ejército á las órdenes de Caten, que alcanzó completa victoria en las Termópilas sobre el de Antíoco, que tuvo que huir precipitadamente al Asia, quedando solos los etolios, que se entregaron a merced de los romanos. Antíoco vio poco después invadida el Asia Menor por Lucio Escipion, hermano del Africano, que desbarató por completo el ejército del rey de Siria en la batalla de Magnesia, por cuyo hecho es conocido con el nombre de Escipion el Asiático. Autíoco compró bien cara la paz con los romanos cediéndoles toda el Asia Menor hasta el Tauro, su escuadra y 15.000 talentos de indemnización; comprometiéndose además a entregarle a Aníbal, que tuvo que acogerse a la corte del rey de Bitinia.

El pequeño reino de Pérgamo, fiel aliado de Roma, se vio aumentado con una buena parte del Asia Menor, cedida por el senado a su rey Eumenes II después de la batalla de Magnesia.

  1. Guerra contra Perseo de Macedonia: batalla de Pidna. Cuando Filipo, mal avenido con la supremacía de Roma, se preparaba para sacudir su yugo, le sorprendió la muerte, sucediéndole su hijo Perseo, que aunque aparentó amistad al senado, promovió una coalición contra Roma, que le declaró la guerra. Por espacio de tres años se mantuvo indecisa la victoria; pero puesto al frente de los romanos Paulo Emilio, derrotó completamente a los macedonios en la batalla de Pidna, y Perseo hecho prisionero, fue conducido a Roma, donde murió poco después.
  2.   Macedonia y Grecia reducidas a provincias romanas. Años adelante un aventurero llamado Andriscos, haciéndose pasar como hijo de Perseo, consiguió levantar un ejército, pero fue derrotado por Metelo, y Macedonia declarada provincia romana.

Después de la batalla en Pidna y de la derrota de Andriscos, Roma creyó llegado el momento de concluir el disimulo y la doblez en sus relaciones con Grecia; y el senado decreta la disolución de la liga aquea, último baluarte de la libertad helénica. Los griegos indignados, tomaron las armas, pero fueron vencidos en Escarfía (Lócrida), y en Leucopetra, última y solemne batalla de la libertad. Corinto cayó poco después en poder del cónsul Mummio, que la arrasó y Grecia fue declarada provincia romana con el nombre de Acaya.

  1. Tercera guerra púnica. La tercera y última guerra entre Roma y Cartago fue una consecuencia del tratado que había puesto fin a la segunda. El odio de Roma a su rival no se había extinguido, ni aun después de la muerte de Aníbal: su venganza no había de quedar satisfecha hasta que Cartago desapareciera de la haz de la tierra.

Después de la batalla de Zama, Masinisa aliado de los romanos, recibió del senado Numidia que había pertenecido a Sifax. Seguro de la tolerancia y del apoyo de los romanos, se apoderó Masinisa de algunas provincias pertenecientes a Cartago; y ésta que, según el tratado concluido con Roma, no podía hacer la guerra sin el consentimiento de su rival, apeló al Senado de la conducta del rey de Numidia. Caton enviado para arreglar estas querellas entre los Estados africanos, sorprendido de la riqueza y de la prosperidad que en tan poco tiempo había recobrado Cartago, por efecto de las reformas de Aníbal, al volver a Roma proclamó repetidas veces en el senado la necesidad de destruirla, Delenda est Cartago.

Apurada la paciencia de los cartagineses por la impunidad en que dejaba el senado romano las usurpaciones de Masinisa, declaran a éste la guerra; pero Roma se interpone, preparándose a castigar a Cartago por haber violado el tratado, y sólo accede a la paz, llevándose 300 rehenes de las principales familias cartaginesas.

Roma, sin embargo, no está todavía satisfecha; la frase inhumana de Catón se ha de cumplir. Cartago se ve obligada a entregar las armas y su escuadra á los romanos; y después de todo, el senado en su implacable venganza, ordena a los habitantes abandonar su ciudad y establecerse a diez millas de la costa. Semejante perfidia llenó de indignación a los cartagineses, que en pocos días pusieron la ciudad en estado de defensa, y 70.000 hombres se reúnen junto a Cartago y sitian a los mismos romanos; los númidas, advertidos por las iniquidades de Roma, se unen con los cartagineses; y los romanos que no podían esperar semejante resistencia, ponen sitio a Cartago siendo rechazados por el esfuerzo de los habitantes.

  1. Escipión Emiliano destrucción de Cartago. En esta situación fue nombrado cónsul a la edad de 27 años, Escipion Emiliano, nieto adoptivo del vencedor de Aníbal, encargándole la dirección de la guerra. La destrucción de la escuadra cartaginesa y un terrible asalto, franquearon la entrada del ejército romano en la ciudad, defendiéndose aun los habitantes en las calles y en los templos por espacio de seis días, al cabo de los cuales la gran ciudad de Cartago, arruinada e incendiada, quedó en poder de Escipion, que no pudo contener las lágrimas en presencia de tan gran desastre, presintiéndolo igual para su patria. Este presentimiento se cumplió seis siglos adelante, con el saqueo de Roma por los Vándalos, establecidos entonces en Cartago.
  2.   Sumisión de Galia Cisalpina. La invasión de Aníbal en Italia, y sus victorias en el Tesino y en el Trebia, habían sublevado Galia Cisalpina, no bien sometida por los romanos. Así es que tan luego como, después de la batalla de Zama, Roma se vio desembarazada de la guerra con Cartago, volvió las armas contra los galos, que por espacio de tres años se defendieron heroicamente, y derrotaron en varios encuentros a los romanos.

La constancia de Roma consiguió triunfar: los Cenomanos se sometieron: los Insubrios y los Boios fueron derrotados, sufriendo la misma suerte los Ligurios y los Venetos. De esta manera, Galia Cisalpina fue declarada provincia romana, viéndose Roma obligada a transportar tribus enteras a Italia meridional, para evitar nuevas sublevaciones, estableciendo además gran número de colonias en puntos fortificados de Umbría y del Piceno, mas principalmente en las inmediaciones del Po, como Placencia, Cremona, Bononia, Mutina, etc.

  1. Guerras en España. Arrojados los cartagineses de España por Escipión, Roma, ocupada en otras guerras, no pudo dedicar una atención preferente a los asuntos de la península española, contentándose por entonces con dividirla en dos provincias, Citerior y Ulterior, separadas por el Ebro. Pero hay que tener en cuenta que la dominación de los romanos sólo se extendía a la parte oriental y a la meridional, conservándose independientes el centro, el norte y el oeste; y que aun en los países sometidos, los españoles frecuentemente les disputaron esa dominación, como sucedió con Indibil y Mandonio, en tiempo todavía de la segunda guerra púnica.

Esta primera sublevación, fue ahogada en sangre por los romanos; pero bien pronto la insurrección se hizo general, el pretor de Ulterior fue derrotado y muerto, y el de Citerior estuvo a punto de sufrir la misma suerte.

En esta situación fue a España el cónsul M. Catón, que derrotó a los naturales en la batalla de Ampurias, recobrando por ella la parte comprendida entre el Ebro y los Pirineos. Mas adelante Sempronio Graco llegó a dominar en Celtiberia, mas por la dulzura y moderación de su carácter, que por sus victorias pero después de algunos años de paz, la crueldad y las exacciones de los pretores provocaron la sublevación de varios pueblos, principalmente los celtíberos y los lusitanos, siendo derrotado el cónsul Novilior, hasta que Claudio Marcelo, con sus victorias y con su hábil política, consiguió restablecer la dominación romana.

  1. Viriato. Los sucesores de Marcelo se distinguieron por su crueldad y su perfidia con los españoles. El cónsul L. Lúculo degolló la guarnición de Cauca (Coca) después de haber capitulado, y Galba hizo los mismos con una multitud de lusitanos.

Viriato, escapado de la matanza de Galba, se puso al frente de los lusitanos para defender su independencia, y vengar a sus compatriotas. El pastor lusitano, ahora general, derrotó consecutivamente cinco pretores romanos, y obligó al cónsul Fabio Serviliano a negociar un tratado. No encontrando medios de deshacerse de Viriato por la fuerza de las armas, el cónsul Cepion le mandó a asesinar.

La muerte de Viriato introdujo la división entre los lusitanos, que poco después fueron sometidos por Junio Bruto. 

  1. Guerra de Numancia. En el país de los Pelendones, comprendido en la denominación general de Celtiberia, se encontraba la ciudad de Numancia, a orillas del Duero, en la moderna provincia de Soria.

Sublevados los Arevacos contra la tiranía de los romanos, fueron sometidos por Metelo, acogiéndose los fugitivos a Numancia. Con este pretexto los rotan, y conducen a la ruina de la República, y por manos le declararon la guerra; pero los numantinos se defendieron heroicamente por espacio de siete años contra todo el poder de Roma, en cuyo tiempo derrotaran varias veces a los ejércitos de la República, obligaron al cónsul Mancino a aceptar un tratado vergonzoso para Roma.

 Numancia llegó a ser el terror de los romanos; los legionarios no podían sostener la mirada de un numantino; y los ejércitos huían despavoridos ante los habitantes de la ciudad celtibera. Roma avergonzada con tantas derrotas, mandó a España a Escipión Emiliano, el destructor de Cartago, que después de restablecer la disciplina en el ejército, tuvo que rodear su campamento con un triple muro, para librarse de las salidas de los numantinos. Esta pequeña ciudad, que por espacio de nueve años tuvo en jaque a los ejércitos de Roma, sucumbió por hambre después de quince meses de bloqueo, pereciendo todos sus habitantes, unos durante el sitio, y otros pegando fuego a la ciudad, se arrojaron a las llamas. Escipion, entrando en Numancia, no hizo un solo prisionero.

  1. Grandeza de la República: juicio sobre las conquistas romanas. Durante el siglo II antes de J.C., Roma extiende su dominación por la mayor parte de los pueblos que rodean el Mediterráneo, apoderándose de Grecia y Macedonia y de parte del Asia Menor, y sometiendo en Occidente  España y la costa africana.

Tantas conquistas en setenta años (201-129) acusan la gran actividad y el vigor y la energía del pueblo romano; mucho mas si se tiene en cuenta que aquellas conquistas no eran pasajeras, sino definitivas, quedando aquellos pueblos incorporados a Roma por muchos siglos. En este tiempo se realiza la grandeza de Roma; en los que vendrán no se hará otra cosa que completarla.

Pero si tantas conquistas revelan la virilidad de Roma, no hay que olvidar que entra por mucho en ese resultado la política artera, cruel y poco escrupulosa del senado, engañando a los griegos, faltando a la fe de los tratados con Cartago, sacrificando poblaciones enteras en España, mandando asesinar a Viriato, arrasando a Corinto, Cartago y Numancia; y hollando en todas partes el derecho y la justicia, cuando se oponen a la ambición y a los intereses de Roma.

  1. Señales de decadencia en Roma. Al mismo tiempo que la República llega al apogeo de su poder, comienzan a manifestarse señales evidentes de decadencia, por el olvido de la antiguas virtudes que tanto han contribuido a su grandeza, sustituyéndolas con los vicios que corroen y arruinan todo Estado por fuerte y poderoso que parezca.

Tantas y tan súbitas, y  relativamente fáciles conquistas, cambian la  noble ambición de Roma, en orgullo desmedido, en soberbia intolerable, mirando con el mas alto desprecio, y tratando con la mas opresora tiranía, a todos los pueblos conquistados y la antigua sencillez y hasta rudeza de costumbres, fue decayendo por virtud de tantas riquezas acumuladas, a la vez que se despertaba la afición a los goces del sentido, a los vicios y a la corrupción y se olvida y se desprecia la religión, sustituyéndole el descreimiento y el indiferentismo: y el desprendimiento y el amor a la patria degeneran en avaricia y en amor a las riquezas, que lleva a explotar a los pueblos vencidos en lugar de gobernarlos en justicia.

Y todos estos gérmenes de decadencia, crecen como la espuma, se desarrollan con otras nuevas conquistas. Así la misma causa de grandeza de Roma, que son las conquistas, es el origen de su ruina.

Escipión Emiliano primero, y Catón el Censor después, intentaron, aunque por diferentes medios reformar la sociedad romana, persiguiendo el vicio y corrupción y procurando restablecer la severidad de las antiguas costumbres. Pero sus esfuerzos generosos fueron ineficaces, y el mal, lejos de disminuir, aumentó con las nuevas conquistas y las mayores riquezas que cada día se acumularon en Roma.

  1. Modificaciones políticas y sociales en Roma. La influencia de las conquistas romanas no se limitó a las costumbres, sino que alcanzó también a la constitución política.

En primer lugar, el antiguo patriciado casi desaparece por completo, perdiendo la vida en las guerras la mayor parte de sus individuos, y mezclándose los restantes con los plebeyos, después que la ley Canuleya permitió los matrimonios entre ambos órdenes. Y aquella antigua aristocracia fue ahora sustituida por la nobleza del dinero y de las riquezas (nobilitas), a la que pertenecían tanto los patricios como muchos plebeyos que se habían hecho poderosos, apoderándose de las tierras comunes, arrendando los impuestos, explotando todos los cargos públicos y principalmente esquilmando como gobernadores las provincias.

Esta aristocracia de la riqueza, mas orgullosa y tiránica que el antiguo patriciado, restableció los comicios por centurias, anulando casi por completo las asambleas de las tribus, privando así al pueblo de le única garantía de su independencia, y haciéndolo esclavo, como en otro tiempo, de los ricos y poderosos. Por otra parte, el senado fue arrogándose uno tras otro todos los derechos, que tan penosamente habían adquirido los plebeyos. De esta manera quedan ahora frente a frente los ricos y los pobres; entablándose una lucha, no para conquistar derechos como anteriormente, sino de la miseria contra la avaricia, que dio funestos resultados, y trajo muchos días de luto a la República.

Hízose mas profunda la separación entre los ricos y los pobres, por haber desaparecido, en aquellas guerras incesantes, la clase media en Roma, y la población libre de los campos, que formaban el núcleo de las legiones; resultando de aquí la decadencia de la agricultura, convirtiendo en dehesas de pastos las tierras de labor, y entregando todas las faenas del campo a los esclavos, cuyo número se aumentó de una manera extraordinaria durante las guerras, contribuyendo poderosamente a la corrupción y a la decadencia de la República.

Se deduce que, a consecuencia de las guerras y conquistas, comienza en Roma la disolución social, la confusión de todos los principios que hasta ahora habían mantenido el equilibrio político, la relajación y la inmoralidad, todo lo cual acaba por desquiciar el gobierno y conmover profundamente la República.

RESUMEN DE LA LECCIÓN IX.

  1. La política romana después de la segunda guerra púnica. Para combatir y vencer a los pueblos del Mediterráneo cuenta Roma con su gran poder y su prestigio, con la debilidad de los pueblos orientales, y la barbarie y división de los occidentales y principalmente con la doblez de su política, y esta disposición a hollar en todas partes el derecho y la justicia, cuando están en contra de sus intereses.
  2. Guerra de los romanos  en Macedonia y Grecia. Dada la política inmoral del senado romano, Filipo III de Macedonia era considerado como enemigo de Roma, desde que hizo alianza con Aníbal después de la batalla de Canas ; y aunque por entonces fue derrotada su escuadra cerca de Apolonia, la venganza romana no estaba satisfecha: así es que apenas terminada la segunda guerra pánica, el senado aprovechándose de las rivalidades entre Grecia y Macedonia, manda al cónsul T. Q. Flaminio, que se presenta en Grecia como protector de los oprimidos, consiguiendo que casi todos los pueblos abandonasen al rey de Macedonia.
  3. Guerras con Antíoco rey de Siria. Vencida Macedonia, y dividida, fraccionada y reducida a la impotencia Grecia, los romanos comienzan sus guerras en el Asia.

El pequeño reino de Pérgamo, fiel aliado de Roma, se vio aumentado con una buena parte del Asia Menor, cedida por el senado a su rey Eumenes II después de la batalla de Magnesia.

  1. Guerra contra Perseo de Macedonia: batalla de Pidna. Cuando Filipo, mal avenido con la supremacía de Roma, se preparaba para sacudir su yugo, le sorprendió la muerte, sucediéndole su hijo Perseo, que aunque aparentó amistad al senado, promovió una coalición contra Roma, que le declaró la guerra.
  2. Macedonia y Grecia reducidas a provincias romanas. Mas adelante el cónsul Metelo derrotó al aventurero Andriscos, y declaró Macedonia provincia romana, igual suerte tuvo Grecia, después de la batalla de Leucopetra y de la toma de Corinto por el Mummio que fue convertida en provincia romana con el nombre de Acaya.
  3. Tercera guerra púnica. La tercera y última guerra entre Roma y Cartago fue una consecuencia del tratado que había puesto fin a la segunda. Después de la batalla de Zama, Masinisa aliado de los romanos, recibió del senado Numidia que había pertenecido a Sifax. Seguro de la tolerancia y del apoyo de los romanos, se apoderó Masinisa de algunas provincias pertenecientes a Cartago; y ésta que, según el tratado concluido con Roma, no podía hacer la guerra sin el consentimiento de su rival, apeló al Senado de la conducta del rey de Numidia. Catón enviado para arreglar estas querellas entre los Estados africanos, sorprendido de la riqueza y de la prosperidad que en tan poco tiempo había recobrado Cartago, por efecto de las reformas de Aníbal, al volver a Roma proclamó repetidas veces en el senado la necesidad de destruirla, Delenda est Cartago. Roma, sin embargo, no está todavía satisfecha; la frase inhumana de Catón se ha de cumplir.
  4. Escipión Emiliano destrucción de Cartago. Este presentimiento se cumplió seis siglos adelante, con el saqueo de Roma por los Vándalos, establecidos entonces la Cartago.

8.Sumisión de Galia Cisalpina. Así es que tan luego como, después de la batalla de Zama, Roma se vio desembarazada de la guerra con Cartago, volvió las armas contra los galos, que por espacio de tres años se defendieron heroicamente, y derrotaron en varios encuentros a los romanos. Arrojados los cartagineses de España por Escipión, Roma, ocupada en otras guerras, no pudo dedicar una atención preferente a los asuntos de la península española, contentándose por entonces con dividirla en dos provincias, Citerior y Ulterior, separadas por el Ebro.

  1. Viriato. El pastor lusitano, ahora general, derrotó consecutivamente cinco pretores romanos, y obligó al cónsul Fabio Serviliano a negociar un tratado.
  2. Guerra de Numancia. Numancia, que había dado acogida a los fugitivos, se ve sitiada por los romanos; pero sus habitantes derrotaron varias veces a los romanos, e impusieron un tratado vergonzoso al cónsul Mancino: cuando cayó en poder de Escipión Emiliano, después de quince meses de bloqueo, todos sus habitantes habían perecido por el hambre ó en el incendio a la ciudad
  3. Grandeza de la República: juicio sobre las conquistas romanas. Durante el siglo II antes de J.C., Roma extiende su dominación por la mayor parte de los pueblos que rodean el Mediterráneo, apoderándose de Grecia y Macedonia y de parte del Asia Menor, y sometiendo en Occidente  España y la costa africana. Tantas conquistas en setenta años (201-129) acusan la gran actividad y el vigor y la energía del pueblo romano; mucho mas si se tiene en cuenta que aquellas conquistas no eran pasajeras, sino definitivas, quedando aquellos pueblos incorporados a Roma por muchos siglos. Pero si tantas conquistas revelan la virilidad de Roma, no hay que olvidar que entra por mucho en ese resultado la política artera, cruel y poco escrupulosa del senado, engañando a los griegos, faltando a la fe de los tratados con Cartago, sacrificando poblaciones enteras en España, mandando asesinar a Viriato, arrasando a Corinto, Cartago y Numancia; y hollando en todas partes el derecho y la justicia, cuando se oponen a la ambición y a los intereses de Roma.
  4. Señales de decadencia en Roma. Así la misma causa de grandeza de Roma, que son las conquistas, es el origen de su ruina.
  5. Modificaciones políticas y sociales en Roma. Durante las guerras desaparece casi por completo el antiguo patriciado, sustituyéndole la aristocracia del dinero, que tiranizó ahora y esclavizó á la clase pobre, arrebatándolo casi todos sus derechos. Juntamente desapareció la clase media y los hombres libres del campo; decayendo por esta razón la agricultura, cuyas faenas hubo que encargar a los esclavos.

Mario y Sila Partido Popular Luchas Internas en Roma Causas

LUCHAS INTERNAS: MARIO Y SILA (-100 a -81).

1. Estado de los partidos en Roma al comenzar el siglo I antes de J.C. — Durante los acontecimientos de la época de los Gracos se habían ido marcando cada vez más las aspiraciones y tendencias opuestas de los dos partidos aristocrático y democrático. A la muerte de Cayo Graco quedaron triunfantes los aristócratas, a cuyo frente se encontraban Metelo y Escévola; los demócratas recobran sus esperanzas con las victorias de Mario sobre Lugurta, y sobre los Cimbros y Tentones, considerándolo como su jefe natural, por su origen, por su educación, y por la protección que concedió a los proletarios admitiéndolos en los ejércitos.

Al regresar Mario a Roma, después de sus victorias sobre los bárbaros, dirigían el partido popular el demagogo Apuleyo Saturníno y Glaucia. Con objeto de adquirirse mayor popularidad, Saturnino propuso vacías leyes favorables a los pobres, y principalmente la repartición de tierras en la Galia entre los soldados vencedores de los bárbaros, declarando culpable al senador que no jurase la ley después de votada por las tribus. Todos los senadores transigieron, votando una ley tan depresiva para ellos; y sólo Metelo prefirió marchar al destierro, antes que votarla.

Pasando más adelante, Saturnino hizo asesinar a Memmio competidor de Glaucia en la elección de cónsules: y este atentado sublevó contra él a todo el pueblo, y el mismo Mario tuvo que combatirlo, pareciendo Saturnino en la refriega. Triunfantes otra vez los aristócratas, fueron abolidas las leyes de Saturnino, perseguidos sus parciales, y el mismo Mario tuvo que expatriarse, volviendo Metelo a Roma, donde fue recibido con entusiasmo.

mario y sila conflictos

2. Tribunado de Livio Druso. — La reacción aristocrática se opuso, como siempre, a la extensión del derecho de ciudad a los italianos, y éstos comenzaron a agitarse en toda la península. Por otra parte los caballeros, dueños de los tribunales, se manifiestan hostiles a los aristócratas, que procuran por todos los medios recuperar la administración de justicia.

Elegido tribuno Livio Druso, hijo del otro Druso competidor de los Gracos, se propuso por medio de una transacción, concluir con el estado de violencia de los partidos, y atajar los males que amenazaban a la patria.

A este fin propuso que la administración de justicia volviese al senado; que fuesen nombrados senadores 300 caballeros, que se repartiesen tierras a los pobres en Italia y Sicilia, y que se concediese el derecho de ciudad a todos los italianos.

Pero estas reformas fueron mal recibidas por todos los partidos que se sublevaron contra ellas, y Druso fue asesinado.

Solos los italianos velan su salvación en las proposiciones de Druso; así es que, muerto éste, comprendieron que su causa estaba perdida en Roma, y apelaron a defenderla con las armas en la mano.

 3. Guerra social: causas y consecuencias. — Las causas de la guerra social se encuentran en obstinación de la nobleza en no conceder a los italianos el derecho de ciudadanos romanos; expulsando a Roma a los que fraudulentamente se introducían en las tribus, y haciendo perecer a todos los que, convencidos de la justicia de su petición, se convertían en defensores de su causa, como los Gracos, Druso, etc. Apurados todos los recursos, y sin esperanza de obtener satisfacción pacifica a sus justas pretensiones, los italianos apelaron a la guerra.

Los Marsos, los Samnitas, los Apulios, Campanios y Lucanienses; en suma toda Italia central y meridional, se levantaron, constituyendo una república llamada itálica, a semejanza de la de Roma, y cuya capital era Corfinium. En esta guerra tomaron parte los principales generales de Roma, J. César (padre del dictador), Pompeyo Estrabon, Mario, Metelo y Sila; figurando al frente de los italianos sus dos cónsules Pompedio Silo y Afranio.

Por espacio de tres años combatieron con el mayor encarnizamiento: romanos e italianos, sin que la victoria se manifestase decididamente por unos ni por otros. Por lo cual el senado, deseando concluir una guerra en que hallan ya perecidos 300,000 hombres después de algunas victorias importantes de Sila sobre los aliados, comenzó a introducir la división entre ellos, concediendo el derecho de ciudad a los que habían permanecido fieles a Roma, y a todos los que se sometieron voluntariamente.

Esta concesión, terminada la guerra, se hizo extensiva a todos los aliados: debilitando sin embargo los efectos de esta medida, por haber colocado a los nuevos ciudadanos en las últimas tribus.

4. Juicio sobre la guerra social. — Ya hemos expuesto la justicia que asistía a los italianos solicitando que se les concediera el mismo derecho que a los ciudadanos romanos, puesto que estaban sometidos a los mismos deberes y obligaciones.

Roma, sin embargo, resistió sus pretensiones; y aunque esta resistencia procedía en primer lugar de la nobleza, que por orgullo y por interés se negó a todo trance a abrir el santuario de sus privilegios a los otros pueblos de Italia, conviene tener presente que hasta el partido popular en su mayor parte sentía la misma aversión a igualarse con los italianos.

De manera que la resistencia era igual en todos los partidos; era la resistencia de Roma, que en su estrechez de miras, como sucedía en todos los pueblos antiguos, creía una abdicación de su soberanía el asimilarse los pueblos vencidos. Así se comprende que los pocos romanos que se opusieron a ese exclusivismo, perecieran en la demanda, arrollados por el orgullo de la gran ciudad.

La guerra social fue en realidad la primera guerra civil, que no en vano llevaban tanto tiempo de vida común en los campamentos los romanos y los italianos. Así se explican los horrores y las crueldades que unos y otros cometieron, y que exceden a toda ponderación.

La justicia de la causa italiana vino a ser reconocida por Roma después de la guerra, concediendo sucesivamente a todos aquellos pueblos el derecho de ciudad, por el cual habían combatido.

Esta concesión destruyó la antigua organización del poder de Roma, desapareciendo la distinción entre los municipios, las colonias y los aliados, igualándose todos en la unidad general con el goce de los mismos derechos políticos. Roma en adelante no será sólo Roma, sino toda Italia; en espera de otros tiempos que llevarán el espíritu y la vida da la gran ciudad a todo el imperio.

5. Causas de la rivalidad de Mario y Sila. — A pesar de tantos esfuerzos generosos para borrar la antipatía entre el pueblo y la aristocracia en Roma, los dos órdenes continúan siempre opuestos en ideas, aspiraciones e intereses, convirtiéndose esta oposición, por los últimos acontecimientos, en motivo perenne de rivalidad y de lucha, que bien pronto ha de dar fatales resultados.

Esta misma rivalidad del pueblo y de la nobleza se reflejó en sus dos representantes Mario y Sila, plebeyo aquel, grosero, ignorante, pero valiente y dotado de las más relevantes condiciones militares, y por último, decidido por la causa popular; y Sila, aristócrata, culto y civilizado, de costumbres corrompidas, cruel e inaccesible a todo humanitario sentimiento. Entre estos dos personajes tan distintos, exacta representación cado uno de la clase a que pertenece, había de surgir necesariamente la oposición y la rivalidad.

Y no era de ahora la enemistad de Mario y Sila. Había comenzado desde que ambos habían tomado parte en la carrera de las armas; y había crecido en la guerra de Yugarta, y en la de los Cimbros; y se aumentó con los triunfos de Sila en Asia y llegó a su colmo con su participación en la guerra social.

De manera que Mario y Sila, por sus dotes personales, por sus antecedentes por la clase que representan, y por la ambición de ambos a dominar en Roma, estaban llamados a encontrarse siempre frente a frente, luchar sin tregua ni descanso, hasta que uno de ellos sucumbiera.

6. Tribunado de Sulpicio Rufo: huida de Mario. — Los triunfos de Sila en la guerra social, y el haber sido elegido cónsul en oposición a Mario, obligaron éste a retirarse de Roma.

Pero cuando el senado confía a Sila el mando del ejército en la guerra contra Mitrídates, Mario vuelve a Roma, se gana a los caballeros e italianos, y el partido popular, dirigido por el tribuno Sulpicio Rufo, consiguió en los comicios anular el nombramiento de Sila, y conferírselo a Mario.

Colocado al frente de las legiones en Campania, Sila desobedece las órdenes de Roma, se dirige contra la capital, y vence en medio de las calles a los partidarios de Mario y de Sulpicio, que tienen que apelar a la fuga para salvarse. Sila condena a muerte a sus enemigos; y anula todo lo hecho por Sulpicio, que poco después perece a manos de los sicarios del dictador.

Mario en tanto huye a Minturnia, y de allí pasa al África, corriendo mil peligros, hasta refugiarse en la isla de Cercina.

Poco después de estos acontecimientos, fue elegido cónsul Cina, partidario de Mario, sin oposición por parte de Sila éste, después de algunas reformas para favorecer a los aristócratas, marchó al Oriente para combatir a Mitridates, rey del Ponto.

7. Consulado de Cina: Guerra civil. — Poco después de abandonar Sila Italia, el cónsul Cina, amigo del pueblo a pesar de su origen aristocrático, restableció la ley de Sulpicio en favor de los italianos, proponiendo que se levantara el destierro a los amigos de Mario. La oposición de los nobles a estas medidas produjo un motín en Roma, en el que Cina fue vencido, perdiendo el consulado, y saliendo para el destierro.

Cina se dirige a la Campania, donde subleva las legiones; únase con Sertorio y Carbón, levantan un ejército entre los aliados italianos, y a las órdenes de Mario que había regresado de África, penetran en Roma, entregándose durante cinco días al saqueo y al degüello de los partidarios de Sila. Mario fue nombrado cónsul por sétima vez, muriendo al poco tiempo víctima de los excesos.

Le sucedió Cina que restableció las leyes de Sulpicio, y encargó a su colega Lucio Valerio Flaco el mando del ejército para combatir a Sila y a Mitridates; poco después murió a manos de los soldados.

8. Primera guerra contra Mitrídates. — Mientras los romanos consumen sus fuerzas en las luchas de los partidos, se les presenta en el Oriente uno de los enemigos más terribles que encontraron en la larga historia: Mitrídates VI rey del Ponto, en Asia Menor.

Mitrídates había extendido su dominación sobre casi toda Asia Menor, menospreciando las quejas y las amenazas del senado. Declara la guerra a Roma, ordenando degollar a todos los romanos del Asia y de Grecia, pereciendo con este motivo 80,000 hombres y al frente de un poderoso ejército y protegido por numerosa escuadra, se apodera de Tracia, Macedonia y Grecia, y derrota las primeras legiones romanas que salen a su encuentro.

En estas circunstancias se presenta Sila en Grecia, entregándosele todas las poblaciones, excepto Atenas, que después de un largo sitio, fue tomada y saqueada, y sacrificados un gran número de sus habitantes. Dirigiéndose entonces contra los generales del rey del Ponto, destruye un primer ejército en Queronea, y otro poco después en Orcomena: con lo que Mitridates perdió Grecia, Macedonia y Tracia, y vio sublevarse contra él los pueblos del Asia Menor.

Mientras Sila se prepara para llevar la guerra al Asia, el ejército mandado por Cina a las órdenes de Flaco, y muerto éste a las de Fimbria, vence al hijo de Mitrídates; y éste acosado por Sila, Fimbria y Lúculo, pidió la paz que Sila le concedió, quedando reducido a su antiguo reino del Ponto, entregando a lo romanos 2,000 talentos, y una escuadra de 80 naves.

9. Sila en Roma: continuación de la guerra civil. — Sabiendo Sila los acontecimientos que se habían realizado en Italia durante su ausencia, no tuvo inconveniente en aceptar la paz que Mitrídates le propuso, con objeto de abreviar su regreso a Roma, donde se dirige con 40,000 veteranos, desembarcando en Brindis.

Muertos Mario y Cina, el partido popular estaba ahora dirigido por el cónsul Carbon, Sertorio, Escipión y Mario el joven, quienes levantan un ejército de 100,000 hombres para detener a Sila. Este recibió en su campo a los aristócratas perseguidos, entre ellos Metelo, Craso y Pompeyo; y dirigiéndose contra sus enemigos, derrota a Norbano en Campania, se pasa a su campo el ejército de Escipión, vence a Mario en Preneste y en Sacriport, y se encamina a Roma que le abre las puertas. Sertorio poco antes había huido a España; Norbano derrotado nuevamente abandona Italia marchándose a Rodas, y Carbon al África.

Sólo quedaba a Sila un enemigo que combatir: Poncio Telesino, el jefe de los samnitas, que al frente de 80,000 hombres, se dirigió contra Roma, siendo derrotado y muerto en la Puerta Colina, mandando Sila degollar en el campo de marte 6,000 prisioneros cogidos en la batalla.

10. Dictadura y proscripciones de Sila. — Libre de enemigos y pacificada Italia, Sila fue investido por el senado de poderes extraordinarios sin duración determinada, comenzando entonces aquellas célebres proscripciones, por las cuales se deshizo de todos sus enemigos, pereciendo más de 4,000 ciudadanos, salvándose únicamente Cesar, sobrino de Mario y yerno de Cina.

No hay seguramente en la historia una época del terror que se pueda comparar con las proscripciones de Sila. Por espacio de muchos meses apareció diariamente en los lugares públicos, una lista de las personas entregadas a la crueldad y venganza de los sicarios del dictador. Los esclavos mataban a sus amos para obtener el premio ofrecido por sus cabezas, y hubo hijos que con igual objeto quitaron la vida a sus padres.

No se limitó a Roma la matanza de los enemigos, sino que se extendió a tecla Italia, principalmente al país de los Samnitas y a la Etruria, que quedaron entonces deshabitados. Y no sólo los partidarios de Mario fueron en todas partes sacrificados; sino que sufrieron igual suerte las personas distinguidas por su reputación, y sobre todo, los ricos, cuyos bienes se apropiaron los amigos de Sila, fabricando de esta manera su fortuna el célebre Craso, y otros muchos.

11. Administración de Sila: su abdicación y su muerte. — Con la misma energía con que había sabido deshacerse de todos sus enemigos, harto ya de matanza, se dedicó Sila a consolidar su triunfo, restablecer la supremacía de los patricios, anular el partido democrático, y a ordenar la administración.
En primer lugar, devolvió a los comicios por centurias las atribuciones legislativas que correspondían a los comicios por tribus; privó a los tribunos de todo su poder, dejándoles únicamente el veto; restituyó senado el poder judicial; y privó a los pueblos de Italia del derecho de ciudad.

En sus últimos tiempos se dedicó a restablecer orden y mejorarla administración, por medio de útiles reglamentos que reprimían la avaricia de los gobernadores de las provincias; publicó leyes contra el asesinato (después de las proscripciones), y regularizó administración de justicia, la policía, etc. Al mismo tiempo dio la libertad a 10,000 esclavos cuyos amos habían perecido en las proscripciones, y estableció gran número de colonias militares en toda Italia, premiando a sus veteranos con las tierras de los que habían sido sacrificados.

Por último, cuando creyó que su obra estaba concluida, a los dos años de dictadura, abdicó voluntariamente sus poderes en los cónsules, y se retiró Cumas, cerca de Nápoles, donde murió poco después a consecuencia de un vómito de sangre.

12. Juicio sobre Mario y Sila. — Mario y Sila son la personificación de la democracia y de la aristocracia en los últimos tiempos de la República. Mario como el pueblo, era inculto y rudo, pero dotado de grandes talentos militares, empleó todo su prestigio en humillar a la nobleza y sobreponerse a ella. Arrastrado por el encono del pueblo contra los oligarcas y por el odio que a esta clase él mismo profesaba durante su mando en Roma, sacrificó millares de sus enemigos.

Sin embargo, Sila excede en crueldad a Mario, por que sus proscripciones, llevadas a cabo con frialdad e indiferencia, no pueden excusarse ni aun por los arrebatos de la pasión o del odio: son matanzas perfectamente pensadas y calculadas, que revelan la inhumanidad del monstruo que las ordena. Sila llega aún más allá, otorgando públicas recompensas a los asesinos, concediendo la libertad a los esclavos que matan a sus amos, y premiando a los hijos que sacrifican a sus padres.

Mario y Sila son dos monstruos de la humanidad; pero entre la crueldad del uno y la del otro, hay la misma diferencia que existe entre el pueblo ignorante que mata cegado por la pasión, y la aristocracia civilizada que aniquila con cálculo y sistema a sus enemigos: el primero desconoce o se olvida de los sentimientos humanos; el segundo ha perdido por completo esos sentimientos.

RESUMEN DE LECCIÓN XI: MARIO Y SILA (-100 a -81).

—1. Al comenzar el siglo I la aristocracia romana tenía a su frente a Metelo y Escévola: el partido popular, triunfante por las victorias de Mario, estaba dirigido por Saturnino, que propuso varias leyes favorables a los pobres, desterrándose Metelo por no votarlas. El asesinato de Memmio por Saturnino, sublevó a todo el pueblo contra esto, que pereció en la refriega, quedando triunfante la aristocracia, y teniendo Mario que expatriarse.

—2. Livio Druso por medio de una transacción se propuso atajar los malos que amenazaban a Roma por la violencia de los partidos; pero desagradó a torios, y perdió la vida en una sublevación.

—3. Las causas de la guerra social fueron la obstinación de la nobleza en no conceder a los italianos el derecho de ciudad, y la muerte darla a los Gracos y a Druso. Los aliados constituyeron una república a semejanza de la de Roma, y combatieron por espacio de tres años, hasta que fueron vencidos por Sila, y el senado accedió en parte a sus pretensiones.

—4. La pretensión de los italianos era completamente justa: y la resistencia de Roma era debida tanto a los nobles, como al partido popular. El resultado de aquella guerra destruyó la organización del poder de Roma, igualándose todos en la unidad general.

—5. La rivalidad de Mario y Sila tiene por causa la oposición de ideas, aspiraciones e intereses de los dos partidos que representaban, y las condiciones personales de ambos, y su ambición a dominar en la República.

—6. El tribuno Sulpicio Rufo consigue anular el nombramiento de Sila como general del ejército contra Mitrídates, confiriéndoselo a Mario. Sila entró en Roma al frente de sus legiones, huyendo Sulpicio y Mario, refugiándose esta último, primero en Minturnia y después en África.

—7. Cina, que quiso restablecer la ley le Sulpicio, fue desterrado; pero unido con Mario, volvieron a Roma al frente de un ejército de aliados, y la entregaron al saqueo. Mario y Cina murieron poco después.

—8. Mitridatos declara la guerra a Roma haciendo perecer 80,000 italianos en Asia Menor; y penetrando en Tracia y Macedonia, llega a la Grecia. Sila que marcha contra él, después de tomar a Atenas, derrota un ejército en Queronea y otro en Orcomena. Mitridatos, obligado a volver al Asia, y allí cercado por los ejércitos romanos, pidió la paz a Sila, renunciando a todas sus conquistas anteriores.

—9. Sila vuelve a Italia con 40,000 veteranos; y unido con los aristócratas, vence sucesivamente a Norbano, Escipion y a Mario el joven, y entra triunfante en Roma, venciendo poco después en la Puerta Colina al samnita Poncio Telesino.

—10. Dueño Sila de Roma, fue investido por el senado de poderes extraordinarios: comenzando entonces las proscripciones, en las que perecieron más de 4,000 de sus enemigos, llegando el caso de tratar los esclavos a sus señores y los hijos a sus padres. Esta matanza se extendió por toda Italia, y no sólo alcanzó a los partidarios de Mario, sino a las personas distinguidas especialmente por su riqueza.

— 11. Harto de matanza, se dedicó Sila a consolidar su triunfo, restableciendo el prestigio de los patricios, anulando al partido democrático, y poniendo orden en la administración. Dio la libertad ti 10,000 esclavos, y estableció varias colonias militares, y después de dos años de dictadura, abdicó sus poderes, y se retiró a Cumas, donde murió poco después.

—12. Mario, ignorante como el pueblo que representa, sacrificó millares de enemigos, llevado de su odio ti la nobleza. Pero son mayores las crueldades de Sila porque eran ejecutadas con frialdad, sin que existiera pasión que las pueda excusar. Él primero desconoce o se olvida de los sentimientos humanos, y el segundo ha perdido por completo esos sentimientos.

Influencia de Grecia en la Historia de Roma Antigua

Influencia de Grecia en la Historia de Roma

roma antigua

  1. Necesidad de relacionar la historia de Grecia con Roma: Al comenzar el estudio de la historia de Roma, hay que examinar ante todo sus relaciones con la historia del pueblo griego; pues no todo lo que Roma y su civilización representa en los destinos de la humanidad, se debe a ella misma, a su genio y carácter; sino que entra por mucho, como elemento modificador de ese carácter la influencia da la cultura helénica.

La historia griega y la romana se suceden en el tiempo, como dos grandes periodos de la vida de la humanidad, no aislados é independientes, sino en relación inmediata, y derivándose el uno del otro. La historia de Roma es la continuación y consecuencia en cierto modo de la de Grecia.

Como pueblo mas adelantado, la Grecia ejerció sobre Roma una grande influencia, transmitiéndole su brillante civilización. Por tanto, debemos fijar ante todo los términos y condiciones en que esa trasmisión se verifica, y el alcance y trascendencia que le corresponde en la historia y en los destinos de la misma Roma.

  1. Decadencia del pueblo griego: Sabemos de  la descomposición y decadencia a que había llegado el pueblo griego en vísperas de la conquista romana.

EL espíritu de división que tanto había contribuido en tiempos anteriores al desarrollo de las fuerzas activas de aquel pueblo privilegiado, fue después la causa que mas influyó en su decadencia y su ruina. Desde la guerra del Peloponeso la descomposición y la muerte de la Grecia eran inminentes. El genio de Alejandro consiguió por un momento comunicarle nueva, vida; pero después de su breve reinado, las luchas entre sus sucesores, y la corrupción y los vicios, las violencias y los crímenes, la debilidad y el rebajamiento, conducen aquellas monarquías al último extremo.

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El mismo fenómeno puede observarse en la cultura y civilización; que habiendo alcanzado su época mas brillante en los tiempos de Pericles, comenzó desde entonces a decaer, conservándose difícilmente en los últimos tiempos los progresos anteriores.

  1. Necesidad de un nuevo pueblo que recoja la civilización de la Grecia: Grecia había cumplido su destino desarrollando todos los elementos de la cultura humana; pero esta magnifica obra no podía ni debía quedar circunscripta a los estrechos limites de aquella nacionalidad; sino que debía comunicarse a todos los pueblos, así al Oriente como al Occidente; que los tesoros de la civilización no son patrimonio exclusivo de hombre ni pueblo alguno, sino que pertenecen a la humanidad.

Alejandro con sus conquistas había hecho partícipe a los pueblos orientales de la civilización griega; pero quedaba en Occidente todo un mundo sumido en las tinieblas de la barbarie, al cual debía iluminar igualmente el sol de aquella civilización.

Y como Grecia por sus condiciones no podía llenar esta parte de su misión, y no podía tampoco esperarse un genio como el de Alejandro que la realizase, era necesario que otro pueblo se apresurara a recoger aquella herencia, encargándose de trasmitirla hasta las mas apartadas regiones; ese pueblo no podía ser otro que Roma.

  1. 4. Italia su posición geográfica en relación con la  de Grecia: Viniendo de Grecia hacia Occidente, se encuentra en primer lugar la península italiana, con su prolongación meridional de la isla de Sicilia. Entre las dos penínsulas la distancia es bien corta, y fáciles las comunicaciones, por el canal de Otranto y el mar Jónico.

Así es que desde muy temprano los griegos extendieron sus colonias por la parte meridional de Italia y por Sicilia, de tal manera, que los pueblos ribereños del mar Jónico, griegos é italianos, podían considerarse como una misma familia, por haberse extendido entre ellos la misma civilización.

Por tanto, bajo el aspecto geográfico, era la Italia el pueblo de occidente llamado en primer término a recoger la herencia de la civilización griega.

  1. Condiciones políticas de Italia en la época de decadencia de la Grecia: No sólo por su posición estaba Italia llamada a ser la continuadora de la civilización griega, sino que las circunstancias política contribuían también al mismo resultado.

Cuando la Grecia por sus desaciertos estaba llamada a desaparecer de la escena política, y a hundirse tal vez con ella en el olvido su brillante civilización, comienza a elevarse en Italia el poder romano, extendiendo con sus conquistas la dominación por el medio día de la península; mientras que en la parte septentrional, y en el resto de Europa, los pueblos aislados y divididos no tenían representación alguna.

Nada diremos de Cartago; pues aunque mas poderoso que Roma en ciertos tiempos; su mayor alejamiento, la diferencia de raza y de civilización, y la misma enemistad que siempre tuviera con los pueblos comerciantes de la Grecia, dominando por completo en la cuenca occidental del Mediterráneo, y hasta la misma hostilidad que venia sosteniendo con las colonias griegas de Sicilia; todo contribuía a separarla de los destinos de la Grecia.

De manera que sólo Roma y la Italia se hallaban en condiciones de recoger la herencia de la Grecia, para extenderla por los pueblos occidentales.

  1. Elementos de civilización que Roma recibe de la Grecia: Aun antes que los acontecimientos políticos llevasen las legiones romanas a la Grecia, la conquista de las colonias helénicas del mediodía de Italia, había despertado en los romanos la afición a la cultura y civilización griega.

Sin embargo, la grande influencia de una en otra civilización, comienza en la época de la conquista de la Grecia y se extiende hasta el fin de la República y aun durante el imperio; llevando desde entonces los griegos a Roma sus artes, sus ciencias, su religión y su filosofía, educándose en Atenas los hombres mas eminentes; de manera que en poco tiempo la cultura y civilización helénica parecía haberse trasplantado a las orillas del Tíber.

  1. La civilización griega y la romana en relación con la naturaleza:  La civilización griega tan variada y tan brillante como la naturaleza del país en que se había desarrollado, se modificó profundamente al pasar a Roma, en armonía con el genio especial de esta nación, asimilándose y desarrollando todos aquellos elementos que mas directamente se relacionan con el fin y carácter propio de los romanos, mientras que el cultivo de algunas ciencias y artes quedó en poder de los mismos griegos, siendo muy escasos los adelantos que en ellas hicieron los romanos.
  2. Instituciones  comunes a  Grecia y Roma: A pesar de las grandes diferencias que los separan, el Oriente, Grecia y Roma, desarrollan bajo cierto aspecto una vida común, representada en determinadas instituciones, propias de los primeros tiempos de la humanidad; tales son el aislamiento, la hospitalidad y la esclavitud.

No obstante, esas mismas instituciones se modifican con el  trascurso del tiempo y los progresos de la civilización, perdiendo su rudeza primitiva y amoldándose cada vez más con la naturaleza y los sentimientos humanos.

Por eso al pasar de Grecia a Roma el aislamiento y la consideración de enemigos a los extranjeros, no tiene ya la fuerza que alcanzó en los pueblos orientales, puesto que esos mismos extranjeros, aunque con ciertas condiciones, son admitidos en la sociedad griega :la hospitalidad se hace tan general que las leyes tienen que regularla; y la esclavitud además humanizarse perdiendo su carácter de dureza y tiranía de los amos, se transforma radicalmente convirtiéndose de perpetua é inalterable en estado accidental y transitorio.

  1. Instituciones  políticas y religiosas que Roma recibe de la Grecia: Respecto a la gobernación de lo pueblos, el Oriente comunicó a la Grecia únicamente la idea de despotismo; mientras que Roma hereda de esta última el desenvolvimiento completo de todas las formas políticas, así como las ideas de igualdad y libertad de todos los ciudadanos.

Por otra parte, Roma recibe de la Grecia la verdadera idea del Estado, aunque circunscripta a la ciudad. En cuanto a la religión, el grosero naturalismo del Oriente cambia de carácter en Grecia, convirtiéndose en religión puramente humana, influyendo bajo este respecto en las creencias romanas.

  1. Influencia de la literatura y el arte griego en Roma: Cuando los romanos extendieron su dominación por las colonias griegas, y aun después, cuando conquistaron la Grecia, la literatura romana sólo había tenido escasas manifestaciones. Ocupados constantemente en combatir a los pueblos de la Italia, y preocupados con la larga lucha de patricios y plebeyos, muy poco se dedicaron al cultivo de las letras, que sólo prosperan en tiempos pacificas y serenos. Así es que la aparición de la brillante literatura griega, causó en Roma una maravillosa sorpresa, dedicándose con verdadera avidez a su cultio los principales personajes; y aun cuando no le faltaron adversarios, acabó por triunfar, marcando  nuevos derroteros a la literatura latina.

Y no podía suceder de otra manera; pues así como las demás instituciones estaban ya formadas en Roma con arreglo a su carácter, y la influencia griega se limitó a imprimirles algunas modificaciones, el campo de la literatura se encontraba virgen todavía, dejándose influir mas poderosamente por la ciencia y la literatura griega, que como un río desbordado inundaron la República romana.

El mismo fenómeno puede observarse respecto de las artes, que apenas nacidas en Roma, se vieron invadidas por los grandes adelantos que la Grecia había realizado en arquitectura, pintura y escultura, convirtiéndose desde entonces los grandes artistas griegos en maestros de los romanos, y Grecia, y principalmente Atenas, en museo y escuela del arte, como era a la vez el centro y universidad donde educaban su inteligencia todos los magnates romanos.

  1. Carácter de la civilización romana: Roma aparece en la historia después del Oriente y de la Grecia: está llamada a recoger los elementos de aquellas civilizaciones, para extenderlos por Occidente, después de haberlos fundido en el molde de su propio genio y carácter, tan distinto del de aquellos pueblos.

Los primeros actos de los pueblos deciden casi siempre de su vocación y su carácter; y Roma, que debe su origen al cálculo, y que pasa los primeros siglos de su existencia en constante lucha con los pueblos de Italia, discurriendo y calculando a la vez los medios de mantenerlos en su obediencia, adquirió con estos hechos un carácter eminente conquistador y político, positivo y calculador, que no le abandona durante su larga historia. Roma emplea ocho siglos en conquistar el mundo, y otros cinco en conservarlo conquistado .Tal fue la vida de la gran ciudad.

RESUMEN DE LA LECCIÓN PRIMERA:

  1. La historia de Roma se enlaza con la de Grecia, representando dos grandes periodos sucesivos de la vida de  la humanidad y es conveniente y necesario investigar las relaciones que las unen y la Influencia que la una haya ejercido en la otra, si se ha de conservar la organización que la ciencia exige.
  2. Desde la guerra del Peloponeso la Grecia se encontraba en marcada decadencia: siendo inminente su descomposición y su ruina desde la muerte de Alejandro; igual fenómeno puede observaran respecto de la cultura y civilización , desde los tiempos de Pericles hasta los sucesores del héroe macedonio .
  3. Los tesoros de la civilización helénica debían extenderse por todo el mundo, Alejandro los había comunicado a los pueblos del Oriente; y era necesario que un nuevo pueblo los trasmitiese a las regiones occidentales sumidas hasta entonces en la barbarie.
  4. Entre los pueblos occidentales Italia, por su proximidad a Grecia y las fáciles comunicaciones que unieron siempre a las dos penínsulas, estaba llamada en primer término a recoger la civilización helénica.
  5. Por otra parte, entre los pueblos de Occidente el Único importante en la época de la decadencia de Grecia, era Roma, que por esta razón también debía ser la continuadora de la civilización helénica.
  6. Desde la conquista de la Italia meridional comenzó Roma a conocer la civilización helénica; pero después de la sumisión de la Grecia penetraron en Roma las artes y las ciencias, la religión y la filosofía, y todos los elementos de cultura qué tanto desarrollo habían alcanzado entre los griegos.
  7. 7. La civilización griega, tan brillante como la naturaleza del país en que se habla desarrollado, se modificó, al pasar a Roma en armonía con el genio especial de esta nación, tan opuesto al de Grecia, como, son diferentes las condiciones naturales de ambos países.
  8. Las instituciones comunes a todos los pueblos antiguos se modifican profundamente, haciéndose cada vez mas humanas, hasta llegar a Roma; el aislamiento se rompe, y los extranjeros son admitidos en la sociedad griega; se extiende y regulariza la hospitalidad, y la esclavitud llega a ser un estado accidental y transitorio.
  9. Roma recibió de la Grecia completamente desarrolladas todas las ideas y formas políticas, así como su politeísmo puramente humano, infinitamente superior al grosero naturalismo oriental.
  10. Ocupados en sus guerras los romanos y poco dedicados al cultivo de las letras, recibieron con verdadero entusiasmo la literatura griega, que por esta razón ejerció un poderoso influjo en loe progresos de la latina. Otro tanto sucedió respecto de las bellas artes, viniendo a ser los grandes artistas griegos maestros de los romanos, y Atenas el museo y centro de sus estudios.
  11. En conformidad a su constante ocupación por algunos siglos, Roma desenvuelve un carácter conquistador y político, que sólo fue ligeramente modificado por la influencia de la civilización griega, apropiándose únicamente las ideas que mas cuadraban a su espirito dominador y positivo.

Aporte Cultural de las Antiguas Civilizaciones Resumen de su Historia

Historia de la Civilización Universal
Aporte Cultural a la Edad Media

roma antigua

  1. Camino que recorre la civilización antigua. — Desde los primeros asientos de la familia humana en las extensas llanuras cercanas al Bolor y al Indu-Kus, hemos acompañado a las tribus principales de la raza blanca en sus emigraciones al S. E. y al O. hasta dejarlas establecidas en las regiones meridionales y occidentales del continente asiático.

En estos nuevos establecimientos hemos visto a cada pueblo desarrollar laboriosamente los primeros gérmenes de civilización en armonía con las condiciones de la naturaleza en los respectivos países; concentrándose en su decadencia toda la vida e historia del Asia en los pueblos costaneros del Mediterráneo, el imperio persa, la Fenicia, el pueblo hebreo y el Egipto.

Hemos hecho notar después como los principales elementos de la civilización  asiática vinieron a reunirse en el pequeño y accidentado territorio de la Grecia, encontrando allí la privilegiada raza helénica que, amaestrada con esta enseñanza, desenvolvió portentosamente su actividad, realizando progresos extraordinarios en todas las manifestaciones de la vida humana.

Y por último, hemos manifestado que cuando la Grecia concluyó su historia, y su civilización  se hallaba en decadencia, aparece Roma para recoger aquella brillante cultura, fundirla en el crisol de su propio genio, y comunicarla a los pueblos más apartados de Occidente.

Así, pues, la civilización  antigua que tuvo su origen en el remoto Oriente, recorriendo diferentes estaciones en la larga duración de aquella edad, se fue comunicando siempre hacia Occidente hasta llegar a los últimos límites del mundo entonces conocido; siguiendo de este modo la civilización  o el desarrollo de las luces intelectuales, la misma marcha que lleva la luz del sol en su movimiento aparente desde el Oriente al Ocaso.

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Los grupos de civilizaciones con una cultural bastante parecida o común:romanos, griegos y egipcios

  1. La historia y la civilización oriental. — Los pueblos orientales que representan la infancia de la humanidad, hallándose por esta causa más sometida y esclavizada a la naturaleza, desarrollaron aptitudes tan variadas como eran diferentes las condiciones de los países que habitaban. Pero en medio de esa diversidad de tendencias y caracteres puede notarse como general y suprema la idea religiosa, que domina en absoluto en la India, entre los hebreos y aun en Egipto, y que ejerce una grande influencia en los demás países.

En efecto, las especulaciones teológicas, las relaciones del hombre con la divinidad, alcanzaron en Oriente un desarrollo desconocido en los otros pueblos, naciendo allí y desenvolviéndose todos los sistemas religiosos, desde el fetichismo de los pueblos salvajes, hasta el monoteísmo de los hebreos. Sin embargo, por su limitación intelectual, y por la influencia avasalladora de la naturaleza en aquellos países, la religión oriental se hizo panteísta, confundiendo en unos  pueblos a Dios con la naturaleza y admitiendo por consiguiente tantos dioses como son los seres (politeísmo), y absorbiendo en otros la naturaleza de Dios (monoteísmo).

Entregados aquellos pueblos a la vida contemplativa, se ocuparon bien poco de los demás fines humanos ni conocieron la personalidad, el valor del hambre como hombre, ni pugnaron jamás por conquistar su libertad, perpetuándose por esta razón sin gran violencia el sistema de las castas en los pueblos teocráticos, y la esclavitud en los restantes sometidos al despotismo militar. En la ciencia y en el arte hicieron escasos adelantos; y aun sus decantados progresos en la industria eran debidos únicamente a la fuerza de la costumbre, a la repetición de unos mismos actos, transmitiéndose de padres a hijos las mismas ocupaciones.

  1. La historia y civilización  griega. — Las condiciones especiales que reviste la naturaleza en Grecia, obligando a los habitantes desde un principio a trabajar y desarrollar las fuerzas físicas, y como consecuencia las espirituales, despertaron en aquel pueblo una alta idea de su personalidad, y comunicaron a su civilización  un carácter puramente humano.

Como el hombre desaparece ante la grandiosidad de la naturaleza en Oriente, en Grecia se eleva sobre ella, la domina por completo, y no encontrando obstáculos a su prodigiosa actividad se cree con razón el rey de la tierra.   Dios y la naturaleza lo son todo en Oriente: en Grecia lo son el hombre y la humanidad.

Así se comprende que Grecia, sin preocupaciones de ningún género, y con entera libertad, consagre toda su actividad a desarrollar los fines humanos; y que su religión y su ciencia, el arte, la literatura, la industria y el comercio, y todas las manifestaciones de su vida, se relacionen inmediatamente con el hombre, que es el único ídolo de la raza helénica.

  1. La historia y civilización romana. — El Oriente con su preocupación teológica, y Grecia desarrollando casi todos los fines humanos, viven sin embargo en el aislamiento, fraccionados y divididos, cuidándose bien poco, antes bien repeliendo toda idea de asociación humana.

El hombre nada vale por sí mismo y Grecia ensalzando tanto la naturaleza humana, no le concede sin embargo otro valer que el que le presta su cualidad de ciudadano; más allá de estos estrechos limites sólo domina la división y la lucha, el odio y la repulsión.

Faltaba, pues, a la humanidad antigua el conocimiento y la práctica de más amplias ideas de asociación, el desarrollo de la unidad y fraternidad humanas.

  Roma aparece en la historia con la misión de borrar los odios y antipatías entre los hombres, haciendo de tantos pueblos enemigos un solo pueblo, comunicando a todas sus instituciones, su derecho y el tesoro inapreciable de su civilización, haciéndoles vivir en paz y extendiendo por todas partes los remansos beneficios de la vida social.

De esta manera Roma funda la unidad material de todos los pueblos; los une, aunque exteriormente en vida común, preparando así y disponiendo el reinado de la unidad moral humana, y de la fraternidad de todos los hombres.

5.Qué debe la civilización universal a la edad antigua. — Concretemos ahora los progresos y adelantos que realizó la humanidad en la edad antigua, los servicios que aquellos pueblos prestaron a la civilización, y los motivos consiguientes de agradecimiento que tiene la humanidad de hoy con la humanidad de aquellos tiempos.

La antigüedad desarrolló por completo la idea religiosa en el Oriente, y desenvolvió la unidad de Dios en el pueblo hebreo, alcanzando ésta su complemento y perfección en la doctrina de Jesucristo, enseñada por la Iglesia desenvolvió la idea de libertad aplicada a casi todos los fines humanos por la Grecia; y realizó la idea social por Roma. El Oriente nos ha enseñado en conocimiento de Dios, Grecia el conocimiento del hombre, y Roma el conocimiento de la sociedad.

Tal es el resultado de la historia antigua; esta es la herencia que deja aquella edad a la edad media; estos  servicios que debe la humanidad a los primeros pueblos civilizados.

—1. Las tribus principales da la raza blanca, partiendo del Turquestán, se establecieron al S. y O. del Asia; la civilización que en estos asientos desarrollaron, se concentro después en los pueblos a orillas del Mediterráneo, pasando a Grecia, y de aquí a Roma, que la comunicó a los pueblos occidentales. De esta manera siguió la civilización antigua la misma marcha que lleva el sol, desde el Oriente al Ocaso.

— 2. La civilización oriental fue tan variada, como los países habitados por aquellos pueblos; sin embargo la idea dominante fue allí la religión bajo sus diferentes formas, cayendo casi todos en el panteísmo, ya monoteísta, ya politeísta. Los demás linos humanos alcanzaren escaso desenvolvimiento en los pueblos orientales.

— 3. Como consecuencia de las condiciones de la naturaleza se desarrollo en Grecia una civilización realmente humana, revistiendo este carácter la religión, la ciencia. La literatura y el arte, y todas las esferas de la actividad que allí se desenvuelven en completa libertad.

— 4. Faltaba a la humanidad antigua el desarrollo de la idea social, y esto lo trajo Roma, borrando los odios y antipatías entre los pueblos, haciéndoles vivir en paz, y fundando de esta manera la unidad material del mundo antiguo, y preparando la unidad moral y la fraternidad de todos los hombres.

— 5. Concretando lo que acabamos de exponer, diremos que la antigüedad desarrolló en Oriente la idea religiosa, elevándose por los hebreos y el cristianismo a la unidad de Dios; desenvolvió la idea humana en Grecia, y realizó la idea social en Roma. Tal es el resultado de la historia antigua, que la humanidad de entonces transmite a la edad media.

— 6. Pero al mismo tiempo se perpetuaron allí ciertas imperfecciones sociales, que se comunicaron después a la edad media: tales son el aislamiento de los pueblos, a pesar de los esfuerzos de Roma y de la predicación cristiana sobre la igualdad y fraternidad de todos los pueblos; la esclavitud, o la falta de consideración al hombre por ser hombre; cuyas preocupaciones sociales pasaron a la edad media, y han llegado sus débiles manifestaciones hasta los últimos tiempos.

Gobierno de Trajano y Adriano Roma Marco Aurelio Guerras

Gobierno de Trajano y Adriano

roma antigua

LECCIÓN XVII
LOS ANTONINOS (96-193).
 

  1.   Imperio de Nerva: adopción de Trajano. — A la muerte de Domiciano, el senado eligió al anciano cónsul, Nerva, distinguido por su honradez y por su prudencia, y que fue aceptado por los pretorianos.

  El reinado de Nerva comenzó bajo los mejores auspicios. Prometió no quitar la vida a ningún senador, volvió a sus dueños los bienes confiscados, permitió a los desterrados volver a Roma y repartió tierras a los pobres. Los desmanes cometidos por los pretorianos, dando la muerte a los asesinos de Domiciano, hicieron comprender a Nerva la necesidad de una mano más fuerte que la suya para el gobierno del Imperio; y poco antes de morir adoptó a Trajano designándole como sucesor.

  Con Nerva comienza el siglo de oro del Imperio.

  1. Reinado de Trajano. — Nacido en Itálica (junto a Sevilla) Trajano se había distinguido en Oriente en tiempo de Vespasiano, y era reputado como el primer general del Imperio, cuando, gobernando la Germania, fue designado por Nerva para ocupar el trono. De costumbres sencillas, pero de carácter firme y enérgico; administrador sabio y prudente, consumado político y esforzado capitán, Trajano fue uno de los más grandes emperadores de Roma.

  Durante su imperio el senado recobró sus atribuciones; devolvió a los comicios la elección de las magistraturas, rebajó los impuestos, favoreció las artes y las letras, la agricultura, industria y comercio, y protegió en grande escala las obras, públicas, construyendo en todas partes caminos, puertos, acueductos y escuelas para la educación de los niños pobres. Por todos estos medios consiguió aumentar extraordinariamente la prosperidad del Imperio, entronizar la moralidad en la administración, y hacer felices a sus súbditos, que reconocidos a tantos beneficios, les dieron el titulo de Optimo. 

  1.   Guerras en tiempo de Trajano. — Envalentonados los Dacios desde el reinado de Domiciano, invadieron en este tiempo el territorio del Imperio. Trajano consiguió vencerlos en tres batallas, se apoderó de su capital, y Decébalo tuvo que pedir la paz haciéndose tributario de Roma. Una nueva insurrección de los bárbaros, obligó a Trajano a pasar el Danubio, construyendo un puente gigantesco, y después de derrotar a Decébalo, que se quitó la vida, Dacia fue declarada provincia romana. En memoria de aquella guerra se construyó en Roma la columna trajana que todavía existe.

  En los últimos años de su reinado Trajano dirigió una expedición al Oriente para castigar a los Partos que habían invadido la Armenia; y después de arrojarlos de aquel país, se apoderó de la Iberia y la Albania al S. del Cáucaso. En una segunda expedición incorporó al Imperio algunas provincias a la izquierda del Tigris, llegó al mar de la India, y sometió la Arabia Feliz. Y cuando, dominada una insurrección de los judíos, regresaba a Roma, le sorprendió la muerte en e en Selinonte, ciudad de Cilicio.

  Trajano había ordenado la tercera persecución contra los cristianos.

  1. Imperio de Adriano. — Adoptado por Trajano al morir, Adriano, también de Itálica, fue proclamado emperador por los soldados, confirmando el senado la elección. Se había distinguido como general en tiempo de su antecesor; pero desde que ocupó el trono, se dedicó más principalmente al mantenimiento de la paz, para lo cual abandonó a los Partos las provincias recientemente conquistadas, dejando así el Imperio con sus antiguos límites en el Eúfrates.

En Dacia, aumentó la defensa de sus fronteras contra los bárbaros, y cortó el puente construido por Trajano sobre el Danubio, para evitar una invasión. Y en Bretaña mandó construir una muralla de veinte y dos leguas, desde el Tine al golfo de Solway, contra las incursiones de los caledonios.

  Asegurada con estas medidas la paz del Imperio, Adriano se ocupó durante diez años en recorrer las provincias, sin aparato ni ostentación, caminando casi siempre a pie, enterándose por si mismo y detalladamente de las necesidades de los pueblos, y procurando por todos los medios el satisfacerlas. A él se debían entre otras obras grandiosas, la reedificación de Atenas, Cartago y Jerusalén, el anfiteatro  de Nimes, la continuación del canal entre el mar Rojo y el Mediterráneo, y en Roma el templo de Venus, y el mausoleo conocido con el nombre de moles Adriani, hoy castillo de Santángelo.

  1.    Reformas políticas y administrativas de Adriano. — El Imperio, hasta ahora revestido con formas republicanas, comienza en tiempo de Adriano a prescindir de esas formas, creando otras mas apropiadas a la monarquía, como fueron, la separación de los oficios del Estado y los del emperador, y la creación de un consejo de Estado compuesto de los senadores y de los jurisconsultos más notables de Roma.

  Al mismo tiempo Adriano ordenó al pretor Salvio Juliano que reuniese en colección los monumentos esparcidos de la jurisprudencia romana. Se llamó a esta colección Edicto perpetuo. Adriano dotado de grandes talentos y muy versado en la literatura y filosofía griega, pero envidioso de los demás, estaba siempre rodeado de astrólogos, retóricos, y filósofos, que encontraron a su lado la protección más decidida y abundantes riquezas. Se distinguió entre ellos Plutarco, maestro del mismo emperador.

  En los últimos años de su vida Adriano se hizo cruel contra los cristianos, y vengativo contra supuestos enemigos.

  1. Antonino Pio. — Adriano adoptó a Antonino, natural de Nimes, que le sucedió en el trono. Su reinado representa la época más floreciente y de mayor felicidad en el Imperio romano. Hombre virtuoso, justo y humano, se entregó por completo a labrar la felicidad de sus súbditos.

En los veinte y tres años que rigió el Imperio, se disfrutó de completa paz; no hubo sublevaciones, ni guerras exteriores, ni luchas civiles. Se dedicó con singular predilección a extender por todas partes la justicia y la moralidad administrativa, generalizar la enseñanza y la educación, y proteger la beneficencia y la caridad.

  Respetuoso con sus padres, con los ancianos y con los dioses, clemente hasta con sus enemigos, espléndido y generoso con los desgraciados, y amante sincero de la felicidad del pueblo, Antonino fue un modelo de príncipes, y mereció el nombre de padre del género humano. 

  1. Marco Aurelio. —. Antonino adoptó a Marco Antonio, que tomó el nombre de Aurelio Antonino, y es conocido en la historia con el de Marco Aurelio. Este príncipe educado en los principios de la filosofía estoica, y dotado de grandes virtudes, procuró seguir en todo las huellas de su antecesor, amparando la justicia, protegiendo la educación y la beneficencia, perdonando a sus enemigos, y extendiendo los beneficios de su inagotable caridad a todos los hombres.

Pero no bastaron las virtudes de Marco Aurelio, y sus generosos esfuerzos para hacer la felicidad del Imperio: pues casi todo su reinado fue una larga serie de calamidades y desgracias, en que la naturaleza y los hombres pusieron a dura prueba la virtud del estoico y del emperador. Terremotos, inundaciones, el hambre y la peste, sucedieron en Roma y en las provincias; y para colmo de desventura la guerra se presentó amenazante tanto en Oriente como en Occidente.

  1. Guerras en Oriente y Occidente. — Animados los Partos por el estado aflictivo del Imperio, pasaron las fronteras, comenzando una encarnizada lucha con los romanos. Marco Aurelio asoció en el mando Lucio Vero, encomendándole la guerra de Oriente, en unión con el general Avidio Casio. Este después de cuatro años de guerra se apoderó y destruyó Babilonia, Ectesifonte y Seleucia, y fortificó a Nisibis obligando a los Partos a pedir la paz. El ejército a su regreso importó en Italia la peste que causó una gran mortandad en Occidente.

  No bien terminada la guerra de los Partos, penetraron en el Imperio los Cuados y Marcomanos, llegando hasta Aquileya. Con un ejército de esclavos y gladiadores, los dos emperadores consiguieron derrotarlos, obligándolos a repasar el Danubio. Al regresar a Roma, murió L. Yero; y Marco Aurelio tuvo que hacer frente a una nueva invasión de esos mismos pueblos, que vuelven a presentarse en Aquileya. Después de haberlos derrotado, marchó en su persecución hasta el interior de la Germania; y engañado por una falsa retirada de los bárbaros, penetró con su ejército en un desfiladero, donde fácilmente hubieran sido exterminados, a no sobrevenir una gran tempestad que puso en precipitada fuga a los enemigos; cuyo acontecimiento se atribuyó a las oraciones de la legión Melitina, llamada desde entonces Fulminante, compuesta casi toda ella de cristianos; por cuyo motivo se suspendió la persecución que contra éstos había ordenado antes el emperador.

  Algunos años después se reprodujo la guerra contra estos bárbaros; y cuando Marco Aurelio marchó a combatirlos, le sorprendió la muerte en Vindobona (Viena). Juntamente con tantas calamidades, Marco Aurelio tuvo que sufrir los desordenes de su esposa, la emperatriz Faustina. Antes de morir había adoptado a su hijo Cómodo, que educado por su madre revelaba ya las malas condiciones de su carácter.

  1.   Reinado de Cómodo. — Desde Viena donde se encontraba a la muerte de su padre, Cómodo Antonino se apresuró a hacer las paces con los bárbaros, prometiéndoles un tributo, y regresó a Roma, inaugurando su carrera de crímenes con la muerte de sus hermanas y de su esposa, reproduciendo y quizá excediendo en crueldad a Nerón y Domiciano.

  Dotado de gran fuerza física, se propuso aventajar a los gladiadores, con los cuales luchó en el circo más de setecientas veces.

  Para entregarse por completo a los placeres, abandonó el gobierno en manos de sus favoritos Perennis y Cleandro, que se enriquecieron con los bienes de un gran número de ciudadanos sacrificados a su ambición, y que murieron asesinados. El mismo Cómodo pereció envenenado por Marcia, una de sus concubinas.

  1. Juicio sobre los Antoninos. — La época de los Antoninos, que ocupa casi todo el siglo II de nuestra era, ya hemos dicho que constituye el periodo más brillante del Imperio romano. La virtud reinaba en el trono, la justicia y la moralidad en el gobierno, y la paz, el orden y la prosperidad en todas partes. Y todo esto, después de los emperadores monstruos de la casa de Augusto, y después del feroz Domiciano. Se necesitó la reunión de tan bellas cualidades en aquellos emperadores de origen español, para reanimar el mundo romano, amenazado de próxima ruina al advenimiento de Nerva.

  Sin embargo, los Antoninos no pudieron desarraigar los vicios que minaban la sociedad romana, y que la llevaban fatalmente a su perdición. Aunque procuraron mejorar la condición de los esclavos, la esclavitud continuó en aumento; a pesar de sus virtudes personales y de sus generosos esfuerzos para moralizar las costumbres, La corrupción fue cada día mayor: y aunque restablecieron la disciplina del ejército y tuvieron a raya a los pretorianos, éstos continuaron después disponiendo y hasta vendiendo el trono al mejor postor; y por último, el mayor enemigo de Roma, los bárbaros, contenidos durante este tiempo en las fronteras, no por esto pueden olvidar que Roma les ha pagado tributo, y que la Italia y la España encierran riquezas y comodidades y placeres, de que ellos carecen en las selvas de la Germania.

  Y todos estos gérmenes de descomposición y de muerte para Roma, ocultos o acallados pero no extinguidos, en tiempo de los Antoninos, reaparecen con más fuerza en el reinado del último representante de esta dinastía, el cruel y sanguinario Cómodo Antonino; y desde entonces con ligeros intervalos, Roma asediada por tantos elementos de destrucción, camina irremisiblemente a su ruina.

  Los Antoninos hicieron cuanto humanamente se podía hacer para salvar a Roma. Sus desvelos por las clases desheredadas, sus cuidados por los pobres, la fundación de escuelas para los niños huérfanos, sus esfuerzos para mejorar la condición de los esclavos y de los gladiadores, todo revela que los Antoninos, por sus sentimientos y por su conducta humanitaria, son los primeros emperadores de Roma, y figurarían dignamente al lado de otros reyes de tiempos posteriores. Si Roma, a pesar de todo esto, no se salvó, forzoso es comprender que su salvación no estaba en la mano de los hombres.

—1. A la muerte de Domiciano, el Senado eligió a Nerva, aceptándolo los pretorianos. En su breve reinado procuró reparar los desordenes de tiempos anteriores; pero los desmanes de los pretorianos le hicieron comprender la necesidad de un gobierno enérgico en el Imperio, y antes de morir, adoptó a Trajano.

—2. Trajano era el primor general del imperio, y fue uno de los más grandes emperadores. Respetó al Secano y a los comicios, moralizó la administración, favoreció las artes y las letras, la agricultura, industria y comercio y protegió las obras públicas, aumentando así la prosperidad del imperio.

—3. En guerra con los Dacios, obligó a Decébalo a pedir la paz y en una nueva insurrección, derrotó a los bárbaros. Decébalo se quitó la vida, y la Dacia fue declarada provincia romana. En Oriente Trajano derrotó a los Partos, se apoderó de Iberia y de Albania, de algunas provincias a la izquierda del Tigris, y de Arabia Feliz dominé una insurrección de los judíos, y murió en Selinonte.

—4. A Trajano sucedió Adriano, que abandonó a los Partos las conquistas de su antecesor, fortificó las fronteras de la Dacia, y construyó en Bretaña una muralla contra los Caledonios. Después de lo cual recorrió todo el imperio, procurando en todas partes satisfacer las necesidades de los pueblos, ejecutándose por su orden gran número de obras públicas.

—5. En tiempo de Adriano comienza el imperio a revestir las formas de la monarquía se redactó el Edicto perpetuo, y los astrólogos, retóricos y filósofos encontraron la más decidida protección; pero en los últimos años de su reinado se hizo cruel Contra los cristianos y vengativo con sus enemigos.

—6. Antonino Pio se entregó por completo a labrar la felicidad de sus súbditos, siendo su reinado la época más floreciente del imperio; extendió por teclas partes la justicia y la moralidad, protegió la educación, la caridad y la beneficencia disfrutándose completa paz en todo el imperio; por estas cualidades mereció Antonino el nombre de padre del género humano.

— 7. Marco Aurelio siguió en todo las huellas de su antecesor pero necesito toda la virtud de la filosofía estoica que profesaba, para sobrellevar la larga serie de calamidades y desgracias que en su tiempo afligieron al imperio.

—8. Marco Aurelio asoció en el mando a Lucio Vero, encargándole la guerra contra los Partos, que fueron vencidos por el general Avidio Casio, obligándolos a pedir la paz. En Occidente los dos emperadores vencieron a los Cuados y Marcomanos que habían penetrado hasta Aquileya, muriendo Vero poco después. En una nueva expedición contra los bárbaros, cayó Marco Aurelio con su ejército en una emboscada, da la que difícil y casi milagrosamente pudo salvarse. En una tercera expedición murió Marco Aurelio en Viena.

— 9. Le sucedió su hijo Cómodo, cruel y sanguinario, que lució más de 700 veces en el circo con los gladiadores. Abandonó el gobierno a sus favoritos que cometieron todo género de violencias, y murió envenenado por una de sus concubinas.

—10. La época de los Antoninos constituye el periodo mas brillante y de mayor prosperidad del imperio; pero no pudieron desarraigar la esclavitud y la corrupción; y después de ellos los pretorianos continúan disponiendo del imperio, y los bárbaros se muestran cada día más exigentes con Roma. Estos gérmenes de descomposición y de muerte reaparecen en tiempo de Cómodo. Las virtudes y los humanitarios sentimientos de los Antoninos no salvaron a Roma, porque su salvación no estaba en manos de los hombres.

El Imperio de Augusto Nace el Imperio Romano Octavio (301)

Nace el Imperio Romano Octavio Primer Principe

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LECCIÓN XV. TERCER PERIODO (30a. — 476 p. J. C.).—
EL IMPERIO AUGUSTO (30a. — 44 p. J. C.).

  1. Establecimiento del Imperio Romano. — Puestos en orden los asuntos de Oriente, después de la muerte de Cleopatra y Antonio, reducido el Egipto a provincia romana, y libre Octavio de los enemigos que pudieran oponerse a sus designios, vuelve éste a Roma, inaugurando desde entonces una conducta generosa, clemente y humana; perdonando a sus enemigos, y haciendo olvidar por esos medios las crueldades del triunvirato, cuyos decretos quedaron abolidos.

  Desde la batalla de Actium todo el poder de Roma estaba en las manos de Octavio; siendo el ídolo del pueblo, y teniendo gran prestigio en el ejército, nadie podía disputarle la soberanía; sin embargo, conociendo el odio que inspiraba a los romanos el nombre de rey, y aleccionado con el fin trágico de César, sólo aceptó el nombre de Imperator (emperador), cuya autoridad entonces estaba reducida al mando del ejército, y el de príncipe (el primero) o jefe del senado.

  En lugar de destruir la antigua organización política, procuró conservar todas las magistraturas, haciéndose conferir por el senado el consulado, por cuyo medio obtenía el mando de las legiones, y por los comicios el tribunado, cuyo cargo hacia su persona sagrada e inviolable.

Además fue investido de la prefectura de las costumbres o antigua censura, de la que se valió para no dejar en el senado más que los senadores que le eran adictos, rebajando su número de 900 a 600.

Y por último obtuvo la prefectura de la ciudad, el pontificado máximo, el título de padre de la patria, y el nombre de Augusto, hasta entonces sólo atribuido a las personas y cosas sagradas.

  Como se deja comprender, subsistió toda la organización republicana, y Augusto, reuniendo en su persona todas las principales dignidades, no era otra cosa que el primer magistrado de la República.

Sin embargo, fingiendo no desear el poder, y manifestando muchas veces su deseo de abdicarlo; con su hábil política, y el rebajamiento del senado y del pueblo, le fueron renovadas periódicamente todas las magistraturas, aparentando aceptarlas sólo por las vivas instancias de los que se las ofrecían, y con el único fin de conservar y afirmar el orden.

  1. Límites y división del Imperio en tiempo de Augusto. — Se extendía el imperio por el N. hasta el Ponto Euxino, el Danubio, el Rhin y el mar entre Galia y Bretaña (Canal de la Mancha); al O. el Atlántico; al S. el Atlas, los desiertos de Libia y Arabia; y al E. el Eúfrates. Dentro de estos límites estaba comprendido todo el Mediterráneo, con razón llamado por los romanos Mare nostrum (nuestro mar).

  El Imperio se divide en 25 provincias, y Augusto deferente con el senado, le cedió el gobierno de todas las que estaban completamente pacificadas, como la Bética en España. Estas provincias se llamaban senatoriales, y eran administradas por procónsules en nombre del senado.

Augusto se reservó las demás que no estaban completamente sometidas, y en las que era necesario sostener un poder militar para sujetarlas; las cuales se llamaron imperiales, y eran gobernadas por legados o pretores. Los procónsules tenían sólo atribuciones civiles; y los pretores reunían el poder civil y el militar.

  1. Reformas de Augusto. — La reforma que hizo Augusto en el senado, rebajando el número de senadores a 600, eliminando todos aquellos que podían tener una tacha legal, y sustituyéndoles con los que le eran mas adictos. Además intentó reformar las costumbres, y dió leyes para favorecer los matrimonios. Estableció la policía y el orden en la ciudad; se abrieron gran número de vías militares que ponían en comunicación todas las provincias con Roma; facilitando la administración general por medio de correos. Se moralizó la administración provincial, castigando severamente la avaricia y rapacidad de los pretores: y el comercio encontró toda la seguridad apetecible tanto por tierra, como por mar, adquiriendo por esta causa una importancia extraordinaria.

  Como consecuencia de la división de las provincias en senatoriales e imperiales, Augusto, conservando el tesoro público, cerarium, administrado por los pretores y a disposición del senado, creó el tesoro del emperador, fiscus, que con el tiempo llegó a absorber al erario.

  Augusto introdujo radicales reformas en la organización del ejército, creando cuerpos de tropas permanentes que dependían directamente del emperador, y que estaban convenientemente distribuidas en Roma, en Italia y en las provincias.

  1. Expediciones de Augusto al Occidente y al Oriente. — Comprendiendo perfectamente el papel que en la historia de Roma estaba llamado a desempeñar el imperio, Augusto no pensó jamás en nuevas conquistas, contentándose con acabar la sumisión de algunos pueblos que, radicando dentro de los limites del imperio, no estaban completamente vencidos, asegurar y defender su dominación en los demás.

  No le fue fácil la sumisión de algunos pueblos de Occidente. En España después de dos siglos de luchas casi constantes los romanos no habían podido penetrar en las regiones montañosas de Cantabria, Asturias y Galicia.

Augusto empleó primero todos los medios pacíficos para reducir a los fieros habitantes de estos países; y sólo cuando estos recursos no fueron suficientes, apeló a la guerra, consiguiendo Agripa exterminar a los mas tenaces, tomándoles la ciudad de Lancia, cerca de León, que fue su último baluarte.

  Dirigiéndose después al Oriente, y con sólo el prestigio de su nombre, consiguió allí más ventajas que sus antecesores en tantas y tan desastrosas campañas.

El rey de Armenia aceptó la protección romana; los Partos devolvieron las banderas cogidas a Craso y a M. Antonio y pusieron en libertad algunos prisioneros que todavía existían de aquellas guerras: Agripa impuso un rey a los Cimerianos; y Augusto recibió embajadas de Sarmacia, Escitia y de India.

  1. Estado de Germania en tiempo de Augusto. — Los romanos dieron el nombre de Germania a los países situados al N. del Danubio, al E. del Rhin y al S. del mar Germánico (mar del Norte) y del mar de los Suevos (Báltico); los límites orientales eran entonces menos determinados, y completamente desconocidos por los romanos.

  Dentro de esos límites estaban comprendidos grandes números de pueblos, todos de raza indo—europea, algunos de los cuales se habían ya dado a conocer a los romanos, como los Cimbros y Teutones en tiempo de Mario, y los Germanos de las orillas del Rhin, con los cuales César más de una vez tuvo que combatir.

  Las luchas de Roma con estos pueblos fueron casi continuas durante todo el Imperio; porque el Danubio y el Rhin no constituían una barrera infranqueable para la impetuosidad de los bárbaros; y Roma no podía contenerlos, sino apoyándose en esos ríos, construyendo fortalezas, y manteniendo siempre allí numerosas legiones.

  Era, pues, de interés capital en tiempo de Augusto extender los límites del Imperio hasta el Danubio, como lo consiguieron Druso y Tiberio apoderándose de Retia, Nórica, Vindelicia y Mesia, y sometiendo Agripa la Panonia.

Por la parte del Rhin, aunque César había extendido sus conquistas hasta este río, las incursiones de los Germanos (Usipetas, Sicambros, Teucteros y Catos) obligaron a Augusto a mandar contra ellos a Druso, que en cuatro campañas logró vencerlos, llegando victorioso hasta el Elba; y muerto éste, su hermano Tiberio derrotó a los Sicambros, y trasladó 40,000 a la otra orilla del Rhin.

  Tal fue el Imperio constituido por Augusto; especie de república unitaria con un jefe vitalicio a la cabeza. Pero sus sucesores fueron prescindiendo de las formas del antiguo régimen, y bien pronto fue de hecho y de derecho su poder absoluto, degenerando a veces en el mas cruel despotismo.

  1. Nacimiento de Jesucristo. — Después de estas guerras, la paz reinó por algunos años en todo, el Imperio, y se cerró el templo de Jano. En este tiempo se realizó un hecho que pasó desapercibido para los dominadores del mundo, pero que estaba llamado a adquirir más importancia que otro alguno en la historia. En un oscuro rincón de Judea, en Belén, nació JESUCRISTO, el Enviado por Dios para salvar al mundo, el fundador de la Religión Cristiana, el Redentor de la humanidad.

  La importancia capital de este acontecimiento en los destinos humanos, hizo que se adoptase después como punto de partida para contar el tiempo; terminando en él los años de mayor a menor, y comenzando la era vulgar o cristiana a que se ajusta la cronología de todos los pueblos civilizados, contando los años de menor a mayor.

  1. Nuevas guerras con los bárbaros. — En los últimos años de Augusto los pueblos inquietos de Germania se sublevaron contra la dominación romana en las orillas del Rhin y del Danubio. Tiberio consiguió contener a los Brúcteros y Cheruscos, y restableció la dominación romana hasta el Elba. Pasó después a las orillas del Danubio para combatir a los Dálmatas y Panonios, que se habían sublevado contra Roma; y al frente de un numeroso ejército, y acompañado de Germánico, en tres campañas consecutivas, venció a los rebeldes, y sometió todos los países a la derecha del Danubio.

  Pero mientras Tiberio restablecía la dominación del Imperio con sus victorias, sufrieron las armas romanas un gran desastre por la parte de Germania. Después de la sumisión de aquel país, Tiberio había encargado a Varo, el gobierno de los pueblos a la derecha del Rhin.

Con el fin de introducir pacíficamente la civilización en aquellas regiones, Varo dividió su ejército en pequeños campamentos, que entraron en comunicación con los bárbaros; pero el jefe de los Cheruscos, Herman o Arminio, consiguió atraer a los romanos a los desfiladeros de la selva montañosa de Teuteberg, donde perecieron todos después de tres días de inútil resistencia, y el mismo Varo se dió la muerte. Desde entonces los romanos tuvieron que replegarse a la orilla izquierda del Rhin, que continuó siendo la frontera entre el Imperio y Germania hasta la época de la invasión general de los Bárbaros.

  1. Muerte de Augusto. — La derrota y la muerte de Varo y la pérdida de las legiones, causaron profunda impresión en el ánimo del anciano Augusto y aunque Tiberio y Germánico marcharon con un poderoso ejército para vengar aquella derrota, después de ligeras escaramuzas con la multitud de germanos que capitaneaba Arminio, no atreviéndose a penetrar en las selvas de Germania, Tiberio se volvió a Roma, dejando a Germánico el gobierno de los países sometidos en las orillas del Rhin.

  Augusto asoció en el mando a Tiberio, hijo de su segunda mujer Livia, y disponiendo del Imperio como de cosa propia, lo dejó por sucesor, muriendo poco después en Nola, ciudad de Campania.

  1. Juicio sobre el reinado de Augusto. — Poco antes de morir preguntaba Augusto a sus amigos: ¿He representado bien mi papel? Pues aplaudidme. Y en efecto, el reinado de Augusto es verdaderamente una comedia, y sólo considerándolo de esta manera, puede ser convenientemente juzgado.

  Como triunviro, Octavio había sido tan cruel y sanguinario como Sila; y sin embargo como emperador, Augusto aparece tan humano que se atrajo todos los corazones por su inagotable benevolencia el triunviro que con calma y sangre fría autoriza las terribles matanzas de las proscripciones, llegado al Imperio olvida todas las ofensas y perdona a todos los culpables.

Y aun puede observarse el mismo contraste entre su vida privada relajada e inmoral, y su vida pública como emperador, amparando y protegiendo las buenas costumbres y la más severa moral.

  En tiempo de Augusto, el orden y la paz reinaron en todo el Imperio; las guerras fueron sólo ligeros accidentes; y sin embargo extendió considerablemente sus dominios, y concluyó con los enemigos de Roma, siendo su nombre respetado hasta en las más apartadas regiones.

Pero el mayor mérito de Augusto ante la historia consiste en su talento político, en sus dotes de hombre de gobierno, aplicándose constantemente a la organización administrativa, transformando todo el sistema de la República, y dejando a sus sucesores un imperio perfectamente constituido.

No hubo ramo alguno de la administración pública, al cual no llevara Augusto su poderosa iniciativa, tanto en Roma como en las provincias.

  Por otra parte, la asimilación de los pueblos con Roma, que el imperio estaba llamado a realizar, recibe en tiempo de Augusto un grande incremento, con la creación de municipios y gran número de colonias, concediendo privilegios a muchas ciudades, y derecho de ciudadanía a muchos provincianos.

 De esta manera Roma, sin violencias y por iniciativa del que todo lo puede, comienza a comunicar su vida propia a los pueblos que le están sometidos, la obra de la asociación humana, contenida hasta ahora por la estrechez de miras de la aristocracia romana, toma desde Augusto un vuelo extraordinario, encargándose sus sucesores de extender a todos los súbditos del grande imperio los mismos derechos de los ciudadanos romanos.

  1. Siglo de oro de la literatura latina. — Si Augusto no era un genio como César, tuvo sin embargo el talento y el acierto necesario para rodearse de personas de un mérito relevante, que contribuyeron eficazmente a la gloria de su reinado entre éstos merecen citarse, como general y político Agripa, como protector de las letras y las artes, Mecenas.

  Llamase siglo de oro de la literatura latina, el tiempo en que florecen los más notables escritores en el idioma del Lacio: y aunque algunos de ellos son anteriores y otros posteriores a Augusto, como la mayor parte vivieron durante su reinado, y alcanzaron la protección y el favor especial de Mecenas y del mismo Augusto, se llama también con razón siglo de Augusto a la época del mayor florecimiento de las letras latinas.

  1. Poesía. — El género dramático, poco en armonía con las costumbres romanas, no tuvo cultivadores dignos de mención después de Plauto y Terencio.

  En la poesía lírica sobresalieron en primer término, Horacio, cuyas odas le colocan entre los primeros poetas de todos los tiempos, siendo dignas de admirar por su originalidad sus sátiras, y entre sus cartas poéticas la conocida con el nombre de Epístola a los Pisones, donde establece con exactitud todas las reglas del buen gusto.

Ovidio, el más fecundo y el más inmoral de los poetas latinos, cuyas obras principales son, las Heróidas, o cartas amorosas, las Metamorfosis o tradiciones religiosas de los griegos y romanos, los Tristes o cartas de quejas, escritas desde Escitia, adonde había sido desterrado por Augusto.

En la poesía elegiaca, además de Horacio y de Ovidio, florecieron, Propercio, Catulo y Tibulo, y adquirió renombre como fabulista Fedro. Como poetas satíricos citaremos al mismo Horacio, a Persio y a Juvenal.

  La poesía épica tuvo en Roma en primer lugar a Virgilio, que siguió las huellas de Homero, en su obra inmortal titulada Eneida, en la que se propone glorificar los orígenes del pueblo romano y de la familia Julia: escribió además las Bucólicas o poemas pastorales, y las Geórgicas, poema didáctico sobre la agricultura.

  1. Prosa. — Durante el siglo de oro alcanzaron su mayor florecimiento tanto la historia, como la oratoria. Como historiadores merecen citarse, César, por sus Comentarios sobre la guerra de las Galias y sobre la guerra civil; Salustio por la guerra de Iugurta y Conjuración de Catilina; Tito Livio que se presenta como el primero de los historiadores de la antigüedad en su Historia romana.

  En la oratoria citaremos un solo nombre, Cicerón, el primero entre los latinos, y uno de los primeros oradores de todos los tiempos, tanto en la oratoria judicial (Verrinas, pro Milone, pro Archia poeta, pro Roscio Amerino), como en la política con sus Catilinarias y sus Filípicas; sentando además los principios del gusto y de la elocuencia en sus tratados del Orador, de los oradores ilustres, etc. Este hombre verdaderamente extraordinario, escribió también varias obras filosóficas, como el libro de república, las tusculanas, el libro sobre el bien supremo y el supremo mal, el libro de los deberes, y el de las leyes.

  Bellas artes; agricultura, industria y comercio. Entre las bellas, artes sólo fue cultivada en la época de Augusto la arquitectura, erigiéndose magníficos monumentos tanto en Roma como en las provincias.

RESUMEN DE LA LECCIÓN XV.

 —1.  Para evitar el odio de los romanos, Octavio después de la muerte de Antonio, sólo aceptó el nombre de Emperador y Príncipe. Además le fue conferido el Consulado, el tribunado, la censura y todas las demás dignidades; renovándoselas periódicamente, a pesar de su aparente repugnancia.

—2. El Imperio romano se extendía desde el Rhin y el Danubio por el N., hasta el Atlas y el desierto por el S.; y desde el Eúfrates al E., hasta el Atlántico por el O. Estaba dividido en 25 provincias, de las cuales unas gobernaba el senado y se llamaban senatoriales, y otras que no estaban completamente pacificadas, dependían directamente del emperador, con el nombre de imperiales.

—3. Augusto reformó el senado, y dió leyes para mejorar las costumbres y la administración, aumentando la prosperidad, la riqueza y el comercio, tanto en Roma como en las provincias. Creó el fisco o tesoro del emperador, y organizó el ejército creando cuerpos de tropas permanentes.

—4. En España combatió Augusto a los Cántabros, Astures y Galaicos, que fueron sometidos por Agripa. En Oriente, Armenia se puso bajo su protección; los partos devolvieron las banderas tomadas a Craso; y Augusto recibió embajadas de Escitia y de India.

—5. Germania estaba ocupada por diferentes pueblos, separados del imperio romano por el Rhin y por el Danubio. Druso y Tiberio se apoderaron de la Retia, Nórica, Vindelicia y Mesia; Agripa de Panonia: y por la parte del Rhin, Druso llegó victorioso hasta el Elba.

—6. Después de estas guerras, se cerró el templo de Jano, en señal de la paz universal. En este tiempo nació en Belén, de Judea, Jesucristo, el Salvador del mundo: cuyo acontecimiento se ha adoptado como punto de partida para contar los años, tanto anteriores como posteriores.

—7. En los últimos años de Augusto, Tiberio sometió los pueblos sublevados de las orillas del Rhin y del Danubio. Pero encargado Varo del gobierno de la Germania, fue derrotado por Antonio en la selva de Teuteberg, pereciendo sus legiones, y quitándose él mismo la vida.

— 8. No pudiendo Tiberio someter a los germanos, se estableció la frontera en el Rhin. Augusto, impresionado por la muerte da Varo y la pérdida de las legiones, murió después en Nola, dejando por sucesor a Tiberio.

— 9; Augusto, cruel y sanguinario como triunviro, fue benévolo y humanitario como emperador. En su tiempo reinó la paz en el Imperio; y se distinguió principalmente por su talento político y sus dotes de hombre de gobierno, dejando el imperio perfectamente constituido. Por otra parte, Augusto continuó en grande escala la obra de la asimilación de los pueblos con Roma.

—10. Se llama siglo de oro de la literatura latina a la época de Augusto, porque en ella florecieron los más notables escritores en el idioma del Lacio.

—11. En la poesía lírica sobresalieron Horacio, Ovidio, Propendo, Catulo y Tibulo: en la épica Virgilio, que escribió la Eneida, las Bucólicas y las Geórgicas.

—12. Como historiadores deben citarse, César, Salustio y Tito Livio: y como orador a Cicerón, que además escribió obras filosóficas. En las artes los romanos cultivaron de preferencia la escultura.

Consulado Romano Ciceron Pompeyo Craso La Conjuración de Catilina

Consulado Romano:Cicerón,Pompeyo, Craso
 La Conjuración de Catilina

roma antigua

LECCIÓN XII.

  1. Consulado de Lépido. — Los excesos y violencias de todo género cometidos durante la dictatura de Sila hicieron necesaria una reacción contra la nobleza, tan luego como faltó el dictador.
  2. Emilio Lépido, nombrado cónsul viviendo Sila, se propuso, muerto éste, restablecer el prestigio del partido popular, anulando las usurpaciones realizadas en la época anterior, llamando a los desterrados, y devolviendo a los tribunos sus antiguas atribuciones. Estas pretensiones no llegaron a realizarse por la oposición del otro cónsul Catulo.

   Concluido su consulado fue nombrado Lépido pro-cónsul de Cisalpina, levantando bien pronto un ejército, con el cual, aumentado en la Etruria, se dirigió sobre Roma, siendo derrotado por Catulo y Perpena en el Puente Milvio. Lépido huyó a Cerdeña, donde murió poco después; y los restos de su ejército a las órdenes de Perpena, pasaron a unirse con Sertorio en España.

  1. Guerra contra Sertorio. — Derrotados por Sila los partidarios de Mario, Sertorio se vino a España dispuesto a combatir en la península contra el dictador. Después de recorrer las costas del Estrecho, y vencer a los romanos en Tingis (Tánger), los lusitanos, mal avenidos con el yugo romano, le ofrecieron un pequeño ejército, que unido con los pocos romanos que le acompañaban, no sumaban más de 7,000 hombres. Con tan escasas fuerzas venció a Metelo y a sus lugartenientes en varios encuentros, apoderándose de la mayor parte de España y aun de Galia Narbonense.

  Dotado de talentos muy superiores a los de Mario, y de más rectitud y honradez que Sila, Sertorio supo atraerse el afecto de los españoles, y estableció en Evora un gobierno semejante al de Roma, y una universidad o escuela superior en Huesca.

  Entretanto, Perpena se une con Sertorio, mientras el senado encarga la guerra de España a Pompeyo, quien después de ligeros triunfos, fue derrotado cerca de Laurona (tal vez Liria). Desconfiando los generales romanos de conseguir la sumisión de Sertorio, apelaron a la traición, valiéndose de su lugarteniente Perpena, que en un banquete le hizo asesinar. El asesino, vencido poco después por Pompeyo, pagó con la cabeza su traición.

  1. Los gladiadores: Espartaco: guerra social.- Se llaman gladiadores los esclavos cuya profesión era batirse en el circo, ya unos contra otros o ya con las fieras, para servir de diversión a los romanos. Este espectáculo repugnante e inmoral se había multiplicado considerablemente, a medida que había crecido el poder de Roma, y se había aumentado el número de esclavos. En varias ciudades de Italia existían escuelas para adiestrar a los gladiadores en el manejo de las armas, siendo una de las principales la de Capua en Campania.

  Espartaco, esclavo tracio, hombre de talento y de valor, prefiriendo morir en los campos de batalla a servir de diversión a los rumanos, huyó de Capua con otros 70 gladiadores, uniéndoseles bien pronto gran número de esclavos de toda Campania, con los cuales derrotaron en las montañas, donde se habían refugiado, un ejército de 3,000 romanos. Corriéronse a Lucania, y su número se aumentó hasta 40,000, alcanzando nuevos triunfos sobre las huestes republicanas, y haciéndose dueños de Lucania y de Campania.

  Creciendo de día en día el ejército de Espartaco, que llegó a reunir 100,000 hombres, se dirige al norte de Italia para franquear los Alpes, y volver libre a su patria; pero después de batir a los dos cónsules y a otros generales romanos, se ve obligado a volver a Italia meridional, por la resistencia de sus tropas a abandonar la península. Espartaco entonces intenta en vano pasar a Sicilia para sublevar los esclavos.

  Roma en tanto encarga el mando del ejército a Craso, que consiguió encerrar a los gladiadores en la península del Brucio; Espartaco, sin embargo, rompió el bloqueo y pasó a Lucania, donde obligado por sus tropas tuvo que aceptar la batalla junto al río Silaro, donde perdió la vida, con la mayor parte de los suyos. Pompeyo, que volvía entonces de España, destruyó los últimos restos de los gladiadores, llevándose la gloria de haber concluido la guerra.

  1. Consulado de Pompeyo y Craso. — A pesar de la pequeña participación que tuvo en la guerra de los gladiadores, Pompeyo recibió en Roma los honores del triunfo, y fue nombrado cónsul juntamente con Craso.

Estos dos personajes, enemigos irreconciliables, en su deseo de apoderarse del mando supremo de la República, cada uno según sus condiciones procuró atraerse el favor del pueblo, abandonando la causa de la aristocracia que antes habían defendido. Pompeyo por el camino de la política, hizo que se devolviesen a los tribunos sus antiguas prerrogativas, a los caballeros la administración de justicia, y que se restableciese la censura: y Craso, que poseía inmensas riquezas, distribuye a los pobres grandes cantidades de trigo, ofreciendo además banquetes en el Foro.

El pueblo, agasajado por los dos hombres más importantes a la sazón en Roma, mostró su preferencia por Pompeyo, confiándole el mando de la escuadra en la guerra contra los piratas que infestaban el Mediterráneo.

  1. Guerra contra los Piratas. — Aniquiladas las potencias marítimas del Mediterráneo, Cartago, Grecia y Siria, y no teniendo la misma Roma escuadras bastantes ni aptitud para vigilar el mar, había crecido la piratería a consecuencia de las guerras, de tal manera, que llegaron a dominar en la mayor parte de las costas y de las islas, interceptando todas las comunicaciones, apoderándose de las flotas que conducían víveres a Roma, e imponiendo tributos a todos los buques que quisieran navegar por el Mediterráneo. La mayor parte de los piratas procedían de Coria, Licia, Cilicia y Chipre, cuyos países les servían de refugio, si alguna vez se veían perseguidos.

  El decoro de Roma y los intereses de su comercio, no podían consentir un estado de cosas semejante. M. Antonio, enviado contra los piratas de Creta, huyó sin librar batalla alguna; pero Metelo consiguió arrojarlos de aquella isla, por lo cual recibió el nombre de Crético.

  En tal estado, el tribuno Gabinio consiguió, aunque a disgusto del senado y de la nobleza, que se encargase de aquella guerra a Pompeyo, confiriéndole el poder y todos los recursos que él mismo creyese necesarios.

  Pompeyo hizo construir una escuadra de 500 naves, con 120,000 hombres, y dividiendo el Mediterráneo en 13 regiones, comenzó la persecución de una en otra, consiguiendo en tres meses, limpiar el mar de tan molestos enemigos, acorralándolos en las costas de Cilicia, venciéndolos allí definitivamente y destruyendo las ciudades que les servían de guarida.

  1. Segunda guerra contra Mitrídates: Lúculo en Asia. — Los pueblos del Asia Menor, no bien sometidos por Roma, y explotados duramente por los pretores y los usureros, se ofrecieron al rey del Ponto, Mitirídates, que ambicionando tomar venganza de los romanos, y recuperar los anteriores dominios que la paz de Sila le había  arrebatado, levantó un poderoso ejército, se apoderó de Capadocia y de Paflagonia; disciplinó sus tropas, y buscó la alianza de Tigranes rey de Armenia, y de Sertorio, que por entonces combatía en España contra los romanos. Con estos elementos, Mitrídates declara la guerra a Roma, alcanzando completa victoria sobre el cónsul Aurelio Colla, e incendiando la escuadra romana en el puerto de Calcedonia.

  En esta circunstancia el Senado encargó a Lúculo la continuación de la guerra contra Mitrídates. Dotado de grandes talentos militares, y conocedor de la organización de los ejércitos del Asia, Lúculo obliga a Mitrídates a levantar el sitio de Cizico, apoderándose de sus víveres; lo derrota en el Gránico, se apodera de Bitinia, arroja de Capadocia a su enemigo que tiene que encerrarse en su reino del Ponto, y aun allí lo derrota en la batalla de Cabira, obligándolo a refugiarse en Armenia, donde reinaba su suegro Tigrane.

  Dueño Lúculo del Ponto, y sometida toda el Asia Menor, se encamina a Armenia al frente de un pequeño ejército de 40,000 hombres, derrota a Tigranes, entra en su capital Tigranocerta, y una nueva victoria, cerca de esta ciudad, le hace dueño de la mayor parte de Armenia, huyendo Tigranes a Grande Armenia, y volviendo Mitrídates al Ponto. Disponíase Lúculo a llevar la guerra contra los Partos, cuando sus soldados indisciplinados se niegan a seguirle; y esto unido con algunos pequeños triunfos obtenidos por Mitrídates contra las cortas guarniciones romanas del Ponto, y con las intrigas de sus enemigos en Roma, pusieron en el caso al senado de retirarle el mando de la guerra de Asia, que fue confiado al cónsul Glabrion, y poco después a Pompeyo.

  1. Conclusión de la guerra contra Mitrídates. —los triunfos mas o menos dudosos de Pompeyo sobre Sertorio, sobre los gladiadores y sobres los piratas, le habían hecho el hombre necesario y el ídolo del pueblo en Roma.

El tribuno Manilio propuso también ahora que se le encargase la guerra contra Mitrídates; y apoyado por Cicerón y César, y por el pueblo y los caballeros, a cuya clase pertenecía Pompeyo, la proposición llegó a ser ley, y éste recibió el mando de todo el ejército y el de la escuadra, encaminándose en seguida al Asia Menor.

   Pompeyo, al frente de 60,000 hombres, llegó al Ponto, derrotando muy luego en la batalla de Nicópolis a Mitrídates, que tuvo que huir a Albania en el Cáucaso, mientras Tigranes firma la paz con el general romano, entregando todas sus posesiones a la derecha del Eúfrates, y una indemnización de 6,000 talentos.

   Pompeyo, dirigiéndose contra Mitrídates, derrota a los albanos e iberos, y el rey del Ponto tuvo que refugiarse en Panticapea en el Bósforo Cimeriano, proponiéndose levantar los pueblos bárbaros Sármatas y Escitas que habitaban Rusia actual, y con ellos dirigirse contra Roma. La sublevación de su ejército, que proclamó rey a su hijo Farnaces, le obligó a suicidarse, mandando a un soldado galo que le atravesase con su espada.

   Concluida la guerra de Mitrídates y Tigranes, Pompeyo declara provincias romanas Bitinia, Paflagonia y Ponto, se apodera casi sin lucha del reino de Siria, convirtiéndolo también en provincia romana: penetra en Judea, colocando en el trono a Hircano II baja la protección de Roma, en contra de su hermano Aristóbulo que lo había destronado. De esta manera extendió Pompeyo los límites de República romana hasta Eúfrates.

  1.   Conjuración de Catilina. — Mientras Pompeyo triunfaba en Asia y extendía los límites de República, acaecían en Roma hechos de la mayor importancia.

   El partido popular se encuentra al frente del gobierno; la aristocracia, vencida y quizá cansada, deja de tomar parte en los negocios públicos; el orden de los caballeros, dueño ahora de la riqueza, aspira a la dominación; los pobres, arruinados por la usura en Roma y en toda Italia, dispuestos siempre a sublevarse contra los ricos: y todo esto unido a la corrupción moral y social de todas las clases, colocaban a Roma en uno de esos momentos críticos que preceden siempre a las grandes revoluciones.

  La democracia romana que había contribuido al encumbramiento de Pompeyo, temerosa ahora del extraordinario poder que éste adquiriera en Oriente, le vuelve la espalda, y dirigida por César y Craso busca la alianza de los demagogos y anarquistas, con el fin de anular todo lo existente, abolir las deudas, concluir con el senado, y apoderarse de todos los cargos públicos.

  Lucio Catilina, que pertenecía a una de las primeras familias de Roma y que se encontraba al frente del partido demagógico, se había rodeado de la gente más perdida de Roma, gente sin reputación y sin fortuna, y que todo lo esperaba de una revolución general.

  Se tramó una primera conjuración, en la que se proponían asesinar a los senadores y a los cónsules, y en la que según parece tomaron parte César y Craso; pero este complot fracasó, y hubo que aplazarlo para más adelante, si bien continuaron los preparativos tanto en Roma como en otras regiones de Italia, con tal disimulo y con tal cautela que ni los cónsules ni el senado pudieron sospechar tales proyectos.

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Lucio Sergio Catilina (c. 108-62 a.C.), fue un político romano, que en -63 se presentó como candidato al consulado contra el político y orador Marco Tulio Cicerón. Tras la victoria de Cicerón, Catilina maquinó una insurrección armada para obtener más poder. Cicerón, informado de la conspiración, la descubrió pronunciando su primer famoso discurso contra Catilina: “Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?” (“¿Por cuánto tiempo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?”). Después de un segundo discurso, en el cual Cicerón presentó pruebas fehacientes de la conspiración, Catilina y los otros conspiradores fueron declarados enemigos públicos y condenados a muerte. Finalmente, Catilina murió en una batalla cerca de Pistoia, en el centro de Italia.

 

  1. Consulado de Cicerón. — En este estado las cosas, fue elegido cónsul M. T. Cicerón apoyado por el senado, en contra de Catilina, que aplazó para las elecciones del año siguiente el apelar a las armas, asesinar al cónsul e incendiar a Roma, si no triunfaba de su enemigo. Estaba a punto de estallar la conjuración, cuando una mujer, Fuina, reveló al cónsul todo el complot.

Llegado el fin de la elección, Cicerón fortifica la ciudad y toma las más enérgicas disposiciones: Catilina es vencido, y cuando creyendo poder salvarse a fuerza de audacia, se presenta en el senado, Cicerón pronuncia aquella célebre arenga, Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra! etc., poniendo de manifiesto toda la trama de la conjuración. Catilina no pudo resistir la indignación general, y salió de Roma para unirse en la  Etruria con las tropas de Los conjurados.

  En Roma los principales conjurados Léntulo, Cetego Gabinio y otros, fueron sometidos al juicio del senado, y decapitados. Catilina al frente de los conjurados, se vio rodeado por tres ejércitos romanos, y obligado a combatir en Pistoia, perdiendo la vida en la batalla. Cicerón al dejar el consulado fue proclamado padre de la patria.

  1. Juicio sobre la conjuración de Catilina. — Para juzgar con acierto la conjuración de Catilina, es necesario examinar separadamente el hecho en si de la conjuración, y las condiciones personales de su autor.

  La conjura de Catilina representa una etapa de la gran revolución que se venia operando en Roma desde tiempo de los Gracos; es la tendencia del pueblo a despojar a la nobleza de sus preeminencias y de sus riquezas mal adquiridas, y la incesante lucha de los italianos por alcanzar la igualdad de derechos con los ciudadanos romanos. Así se comprende que tomaran parte en la conjuración todos los desheredados de Roma, y la mayor parte de los pueblos de Italia; y así se explica que hombres de gran valer en Roma, y que no participaban de la estrechez de miras de la aristocracia, antes por el contrario, entendían que eran justas las exigencias de los pobres, y las pretensiones de los italianos; hombres que no pueden ser tachados de crueles ni inhumanos, como César, estuvieran comprometidos en la conjuración.

  De manera que el hecho en si, no puede condenarse, porque seria condenar toda la vida e historia de Roma, desde las primeras luchas de patricios y plebeyos, hasta los tiempos en que el Imperio extiende la ciudadanía a todos los pueblos sometidos, cumpliendo así la misión de la gran ciudad, que no era otra que unificar el mundo y disponerlo para recibir el Evangelio.

  Por otra parte, las revoluciones son tanto mas violentas y crueles, cuanto los que las dirigen están más poseídos de la justicia del derecho que defienden. El pobre, ignorante de su derecho, se contenta con pedir lo que de justicia le corresponde, pero no apela generalmente a la violencia para usurparlo. Así se presenta la lucha pacífica entre patricios y plebeyos en los primeros tiempos de Roma.

Pero cuando los hombres de inteligencia, conocedores de la justicia, se ponen al frente de los desheredados, haciéndoles comprender que tienen perfecto derecho a lo que antes sólo por gracia recibían, entonces la lucha toma otro carácter de marcada violencia, exigiendo por la fuerza la reparación de la justicia. Esto es precisamente lo que sucedió en Roma desde la época de los Gracos, acentuándose cada vez mas la guerra, y enconándose mas las pasiones, a medida que el pueblo se va penetrando más y más de la justicia de su causa.

  1. Juicio sobre Catilina. — Más, aunque en principio esté justificada la conjuración de Catilina, no podemos menos de condenar los procedimientos y las  formas bajo la cuales se intentaba llevar a cabo. Es verdad que las proscripciones de Sila debieron apurar el sufrimiento de cuantos se interesaban por la causa popular; pero aun así y todo, no se legitima el asesinato y el incendio con que Catilina pretendía hacer triunfar la conjuración. Los medios que la moral reprueba, no pueden ser aceptados como buenos por la política, sean cuales fueren las circunstancias porque atraviesen los pueblos.

  Catilina es uno de los hombres mas depravados, en aquel siglo tan fecundo en depravaciones. Una reprobación general viene pesando sobre la memoria de este funesto personaje, desde Salustio su contemporáneo, que escribió la historia de la conjuración, hasta los tiempos presentes, sin que nadie con recto juicio haya osado defenderlo.

Ambicioso, cruel e inhumano; audaz, libertino y malvado, todos los dicterios se han apurado contra aquel monstruo de perversidad; cuyos crímenes en proyecto hizo abortar oportunamente, la política enérgica y prudente de Cicerón.

RESUMEN LECCIÓN XII.    

  Lépido, nombrado cónsul, intenta restablecer el  prestigio del partido popular, a lo que se opuso su colega Cátalo. Apelando a las armas con el mismo fin, concluido su consulado, fue vencido en el puente Milvio, huyendo a Cerdeña, donde murió poco después.

—2. Sertorio huyendo de las proscripciones, se fue a España; y atrayéndose el afecto de los naturales, se le unieron los lusitanos descontentos, consiguiendo vencer a los generales romanos Metelo y Pompeyo, y murió asesinado por Perpena.

— 3. Los gladiadores eran esclavos amaestrados en el arte de combatir unos contra otros o con las fieras, para servir de diversión a los romanos. Espartaco gladiador en Capua, se sublevó contra los romanos, llegando a reunir un ejército numeroso, que venció a los romanos y se apoderó de Lucania y Campania. Creso consiguió derrotarlo en la batalla del Silaro; y Pompeyo concluyó con los últimos restos de los gladiadores.

— 4. Pompeyo y Craso, nombrados cónsules, procuran atraerse, cada uno por diferentes medios, el favor popular; el pueblo sin embargo, se decide por Pompeyo, confiándole el mando de la escuadra en la guerra contra los piratas.

— 5. En este tiempo los piratas en gran número infestaban el Mediterráneo, interceptando todas las comunicaciones. Los generales romanos mandados contra ellos habían obtenido escaso resultado; cuando fue nombrado Pompeyo, que en tres meses concluyó con la piratería, apoderándose de las poblaciones de Cilicia que les servían de guaridas.

— 6. Mitridates al frente de un ejército numeroso y disciplinado declara la guerra a Roma, y vence en los primeros encuentros a los romanos, pero Lóculo lo derrota en varias batallas, obligándole a refugiarse en Armenia; general romano lo persigue, se apodera de Tigranocerta, y derrota a Tigranes; pero fue detenido en la carrera de sus triunfos, por haber nombrado el senado a Pompeyo para continuar aquella guerra.

— 7. Pompeyo derrota a Mitridates; se le somete Tigranes rey de Armenia; y vence a los Albanos o Iberos. Mitridates huyendo a Panticapea, se quitó la vida por haberse sublevado su ejército, que nombró rey a su hijo Farnaces. Pompeyo, además de concluir aquella guerra, extendió los límites de la República hasta el  Eúfrates.

— 8. Roma se encontraba en uno de esos momentos críticos que preceden siempre a las grandes revoluciones. El partido popular se unió con los demagogos mandados por Catilina para destruir todo lo existente y apoderarse de los cargos públicos; habiendo fracasado estos proyectos, hubo necesidad de diferirlos para más adelante.

— 9. Elegido cónsul Ciceron, Catilina aplazó nuevamente sus designios para las elecciones consulares del año siguiente. Pero conocidos todos sus planes por Ciceron, y echándoselos en cara rudamente en el senado, Catilina tuvo que huir y fue derrotado y muerto en Pistoia, mientras sus cómplices eran condenados a muerte en Roma.

— 10. La conjugación de Catilina es una nueva fase de la revolución iniciada por los Gracos, en contra de la nobleza, por la tiranía que venia ejerciendo sobre la plebe y sobre los aliados italianos. Si en este tiempo la revolución se hace cruel y sanguinaria, esto se debe al mayor conocimiento que el pueblo y los italianos adquieren de la justicia de sus pretensiones, y a la resistencia siempre tenaz de la nobleza a satisfacer sus justas exigencias.

— 11. Pero es justo condenar los medios de que Catilina intentó valerse para el triunfo de su causa; así como hay que reconocer que este personaje era uno de los hombres más depravados, en aquel siglo tan fecundo en depravaciones.

Consecuencia de la Caida de la Monarquia en Roma

Consecuencia de la Caída de la Monarquía en Roma

roma antigua

SEGUNDO PERÍODO (-310-30). — REPUBLICA ARISTOCRÁTICA 

  1. Consecuencias de la caída de la monarquía en Roma: La monarquía era un mero accidente en la constitución de Roma, puesto que el Estado tenia una organización casi republicana, siendo los reyes elegidos por el pueblo y que por esta razón cuando los monarcas, olvidándose de su origen, se convirtieron en tiranos y pretendieron hacer la monarquía hereditaria, el pueblo suprimió aquella institución sin violencias, y de una manera casi natural.

Estas fueron las causas de la caída de la monarquía; el atentado de Sexto contra Lucrecia fue sólo el motivo de aquel hecho, pero motivo que habría pasado desapercibido y sin consecuencias, si la monarquía romana hubiera tenido la fuerte constitución de las monarquías orientales.

Siendo republicana la constitución en Roma, abolida la monarquía, surgió de una manera natural el gobierno de la república, reemplazando los reyes por dos magistrados con el nombre de Cónsules, elegidos entre los patricios, y limitando a un año el tiempo de su dominación.

Pero la consecuencia mas importante de la caída de la monarquía en el régimen interior de Roma, fue la preponderancia y el prestigio de la clase patricia, que recogió la herencia de los reyes, negando a los plebeyos toda participación en las funciones del Estado, por mas que ambas clases habían contribuido igualmente al establecimiento de la república, dando con esto comienzo a la larga lucha entre patricios y plebeyos, que mantuvo por mucho tiempo indecisa la suerte de Roma.

  1. Estado de Roma al comienzo de la República. Patricios y plebeyos: el Senado: los Cónsules. La caída de la Monarquía y el establecimiento de la República, redundó en beneficio exclusivo de la clase patricia, única poseedora de la fortuna y de las tierras conquistadas, y que se reservó todos los cargos públicos, perteneciéndole el Senado, la administración de justicia y las funciones religiosas. Así quedó Roma constituida en república Aristocrática, y los plebeyos privados de toda intervención en el manejo de la cosa pública, relegados y postergados, sin derecho para enlazarse con las familias patricias, y completamente entregados en manos de los aristócratas.

El Senado, perteneciente a la clase patricia, resumía la suprema dirección de los asuntos públicos: y aunque sus decisiones (Senatus-consultos) eran sometidas al principio a la aprobación de los comicios centuriados, en que dominaba el elemento patricio, llegó con el tiempo a prescindirse de este requisito, representando entonces el Senado el único y absoluto poder de Roma.

Los Cónsules tenían el poder ejecutivo, procedían de los patricios, y tenían el derecho de convocar el senado y el pueblo, y presidir las asambleas: en tiempo de guerra les pertenecía el mando del ejército con un poder absoluto: mas adelante alcanzaron otras prerrogativas. Los Cónsules eran dos, y su mando era anual.

  1. Tentativa de Tarquino para recobrar el trono: Guerra contra Pórsena. Junio Bruto y Tarquino Colatino, principales autores de la caída de la monarquía, fueron los dos primeros Cónsules. Los nuevos magistrados introdujeron tal severidad en el gobierno, que los mismos nobles tramaron una conjuración en favor del rey destronado, en la que tomaron parte los dos hijos de Junio Bruto; pero descubierto el complot, fueron condenados a muerte todos los conjurados, asistiendo Bruto impasible a la ejecución de sus propios hijos. A consecuencia de estos hechos, se confiscaron los bienes de Tarquino, y se decretó la expulsión de toda su familia, a la cual pertenecía Colatino, que tuvo que hacer dimisión del Consulado y salir de Roma, sucediéndole Valerio Punblícola.

A la caída de la monarquía, casi todos los pueblos del Lacio sometidos por los reyes, se declararon independientes, y aun algunos hicieron alianza con Tarquino, que al mismo tiempo se veía apoyado por los etruscos. Entre estos últimos, las ciudades de Tarquinia y de Veyes, ofrecieron un ejército al rey destronado, y encontrándose con el de los romanos, se dio la batalla en que murieron Bruto y Arunte, hijo de Tarquino, resultando vencedor el otro Cónsul, Valerio Punblícola.

En vista de este resultado, Tarquino se unió con Pórsena, rey de Clusium, y jefe de la confederación de las ciudades de Etruria, dirigiéndose con un poderoso ejército contra Roma, que no pudo tomar por el valor heroico de Horacio Cocles, defendiendo la entrada del puente Sublicio contra todo el ejército enemigo.

Desesperando el rey etrusco de apoderarse de Roma por la fuerza, se propuso rendirla por hambre; pero cuando la ciudad estaba a punto de entregarse, un joven romano llamado Mucio Scévola asesinó al secretario de Pórsena, creyendo qué era el mismo rey ; y al intentar castigarlo, mete la mano derecha en el fuego y se la deja abrasar por haber equivocado su víctima, manifestando al mismo tiempo al rey, que otros 300 romanos no menos valientes, se habían conjurado para matarle; con lo cual Pórsena levantó el sitio de Roma .Pero es lo cierto que esta ciudad tuvo que aceptar una paz desventajosa, impuesta por el rey de Etruria.

  1. Guerra contra los Latinos: creación de la dictadura: batalla del lago Regilo. Los pueblos del Lacio habían hecho causa común con Tarquino, negándose a la obediencia de Roma, y preparándose a combatirla. En esta situación la plebe romana agobiada por las deudas, y reducida a la miseria por las exacciones de los patricios, se negó a tomar las armas si antes no se remediaba en algo su triste condición. El Senado consiguió conjurar aquel conflicto, conviniendo con el pueblo en el nombramiento de un nuevo magistrado con el nombre de Dictador, que reuniría un poder absoluto y discrecional por espacio de medio año; aplazándose además la cuestión de las deudas. El primer dictador fue Tito Largio, uno de los Cónsules a la sazón.

En la primera guerra con los latinos fueron éstos vencidos, celebrándose un armisticio; pero renovada la lucha a los dos años, los romanos mandados por el dictador Postumio, alcanzaron completa victoria sobre ellos en las orillas del lago Regilo, pereciendo en la acción los hijos de Tarquino, y huyéndose éste a Cumas, donde murió poco después. Así concluyeron en Roma los proyectos de restauración de la monarquía, asegurándose por este medio y por la sumisión cíe los Latinos, el gobierno de la República.

  1. Desórdenes en Roma retirada de los plebeyos al Aventino: creación del Tribunado. Vencidos los latinos por el esfuerzo de los plebeyos, la situación de éstos en Roma continuó siendo tan calamitosa como antes, aumentándose cada día las deudas, y con ellas la miseria y los sufrimientos de las prisiones. Tantas crueldades de parte de los patricios, hicieron estallar la cólera de los plebeyos, que se sublevaron contra los usureros, pusieron en libertad a los deudores encadenados, y se negaron a combatir contra los Volscos, Equos y Sabinos que amenazaban a Roma.

En tales circunstancias el Senado a fuerza de súplicas y nuevas promesas de mejorar la suerte después de la guerra, consigue apaciguar a los plebeyos, y mandarlos contra los enemigos. Mas burlados esta vez, como las anteriores, en sus esperanzas, negándose los patricios a perdonar las deudas, y convencidos los plebeyos de su mala fe, abandonaron a Roma, y fueron a establecerse en el monte Aventino, a una legua de la ciudad.

La ausencia de los plebeyos por algunos meses puso a Roma en la situación mas crítica que había atravesado desde su origen; los campos quedaron sin cultivo, y les enemigos llegaban impunemente hasta las puertas de la ciudad. Justamente alarmados los patricios con aquella resolución, le enviaron al Senador Menenio Agripa, que pudo al fin conseguir que los plebeyos volvieran a la ciudad, pero quedando abolidas todas las deudas, y concediéndoles la creación de dos magistrados de su clase, con poder bastante para protegerlos contra la tiranía de los patricios.

Estos magistrados, que tomaron el nombre de tribunos, y cuya persona era sagrada é inviolable, fueron al principio dos, después cinco, y últimamente llegaron a diez entre los derechos de que fueron investidos, era el principal, poder suspender y anular los decretos del Senado y las sentencias de los Cónsules, con sólo interponer la palabra Veto. El pueblo consiguió además el nombramiento de de otros dos magistrados, también de su seno, los Ediles, encargados de la policía interior da la ciudad, y de los edificios públicos.

  1. Primeras Conquistas de los plebeyos: los comicios por tribus. A la creación del Tribunado, comienza la lucha incesante entre patricios y plebeyos, reclamando éstos unas veces y arrogándose otras ciertos derechos, y los patricios rechazando cuanto sus fuerzas les permitían esas concesiones y el encumbramiento de la plebe.

No obstante la grande autoridad de los Tribunos, el Senado, representante del orden patricio, continuaba siendo el depositario del poder y del gobierno, y sus decretos llegaron a ser obligatorios sin ser aprobados por la asamblea popular. Para contrarrestar este poder de la nobleza, cuya influencia era omnímoda en los comicios centuriados, los Tribunos consiguieron que el pueblo se reuniese igualmente en Comicios por Tribus, y que los votos fuesen individuales, con lo que adquirieron los plebeyos, que eran el mayor número, una gran preponderancia. Los acuerdos de estas asambleas, llamados plebiscitos, obligaron al principio sólo a los plebeyos, pero con el tiempo tuvieron un carácter general.

  1. Destierro de Coriolano. En su constante afán de realizar la igualdad civil y política de los dos órdenes, los Tribunos encontraron bien pronto una nueva ocasión de acrecentar los derechos de la plebe.

Dejándose sentir en Roma el hambre y la miseria por haber dejado las tierras incultas, los Cónsules hicieron traer de Sicilia grandes cantidades de trigo. Un joven patricio llamado Marcio, mas conocido con el nombre de Coriolano, por haberse distinguido en la toma de la ciudad de Corioles, propuso en el Senado la supresión del tribunado antes de distribuir los granos a la plebe.

Los tribunos reúnen inmediatamente al pueblo por primera vez en los comicios por tribus (comitia tributa), y acusan a Coriolano, exigiendo su presentación ante el pueblo para ser juzgado, y alarmados los patricios por la efervescencia popular, intentan oponerse a la pretensión de los tribunos, pero tuvieron al fin que ceder, y Coriolano fue condenado al destierro.

Marchando al destierro Coriolano jura vengarse de su patria; y dirigiéndose al país de los Volscos consigue levantar un ejército, con el cual se presenta ante los muros de Roma; vence a los romanos, y se dispone a penetrar en la ciudad. En tal conflicto, y siendo inútiles los ruegos y súplicas de sus compatricios ante la entereza de Coriolano, la madre de éste, Veturia, con su mujer y sus hijas, arrojándose a sus pies, consiguen que levante el sitio de Roma.

  1. Primera presentación de la ley agraria. — Durante las conquistas de los Reyes el ager publicus se había aumentado considerablemente con las tierras que se tomaban de los pueblos vencidos y que entraban en el dominio del Estado. Aunque esas tierras eran de aprovechamiento común, el Senado comenzó por arrendarlas a los patricios por un pequeño canon, que con el tiempo dejó de pagarse, convirtiéndose de esta manera los nobles en únicos propietarios de lo que a todos pertenecía, y aumentando considerablemente la miseria de los pobres, que no tenían donde apacentar sus ganados.

Para remediar estos males, el cónsul Spurio Casio propuso la distribución entre los pobres de una parte del ager públicus, y que se obligase a los nobles a pagar regularmente el canon de sus tierras al Estado. Esta fue la famosa ley agraria, que tantas veces después se volvió a presentar, siendo siempre rechazada por los nobles cuyos intereses lastimaba.

En esta ocasión, proponiendo el cónsul que los extranjeros pobres fueran admitidos a la distribución lo mismo que los plebeyos, todo el pueblo se declaró contra él, y después que hubo dejado el consulado, se vio acusado de aspirar a la tiranía, y condenado a muerte por los nobles; quedando por consiguiente sin cumplimiento la ley agraria.

  1. Luchas de las dos órdenes: nuevas conquistas de los plebeyos. — Las anteriores adquisiciones de los plebeyos habían estimulado a los tribunos a perseverar mas y mas en sus propósitos de conseguir la igualdad política de los dos órdenes, y el mejoramiento de la clase plebeya por la realización de la ley agraria y haciéndose cada día mas tenaz la resistencia de los nobles a estos proyectos, los odios se enconaron entre las dos clases, hasta llegar a las manos y ensangrentar la calles de Roma.

Esta tirantez de relaciones se agravó por haber acusado los tribunos a los cónsules, después que dejaban de serlo, y uno de ellos condenado por el pueblo, se dejó morir de hambre. Los patricios por otra parte hacen asesinar al tribuno Genucio, sin respeto a la inviolabilidad de su cargo. En estas circunstancias, el centurión Publilio Voleron, castigado de orden de los cónsules por no querer alistarse como simple soldado para la guerra, se presentó así maltratado pidiendo protección al pueblo contra la tiranía consular. La plebe se amotina, dispersa a los lictores y rompe las haces consulares, nombrando tribuno en la primera elección a Voleron.

Este consiguió una ley por la que los magistrados plebeyos hablan de ser elegidos en los comicios por tribus, quitando así a los patricios toda influencia en la elección de los tribunos.

Nombrado Letorio adjunto de Voleron, y teniendo los patricios al frente de los intereses de su clase al orgulloso é inflexible cónsul Apiri Claudio, los dos partidos vinieron a las manos en las calles de Roma, quedando victoriosa la plebe, que se hizo dueña del Forum y del Capitolio. De esta manera consiguió Letono que los ediles fueran también nombrados en los comicios por tribus, y que las decisiones de la plebe, llamadas plebiscitos cuando fueran de interés general, tuvieran el mismo carácter legal que las decisiones del senado ó senado-consultos

Así conquistaron los plebeyos la reunión de los comicios por tribus, y la fuerza obligatoria de los plebiscitos.

10.Juicio sobre la primera época de la República romana: causas de la lucha entre patricios y plebeyos. Las épocas en la historia, como las edades en los individuos, no sólo se suceden, sino que en cierto modo las unas son causa de las otras, desarrollándose en cada una las aptitudes que sólo estaban en germen en la anterior.

Los tiempos comprendidos en esta lección son los del comienzo de la larga lucha entre patricios y plebeyos, que ha de llenar casi toda la época republicana; y las causas de esta lucha se encuentran en la misma organización que los reyes habían introducido en la sociedad romana.

La división en los dos órdenes, procedente de la manera especial como Roma se había fundado, fue sancionada y determinada por los reyes; y si en aquel tiempo no surge la lucha entre ellos, débese a que el poder de la monarquía se impone lo mismo a patricios que a plebeyos; pero cuando los reyes desaparecieron, y con ellos el poder moderador que en cierto modo igualaba a los dos órdenes, quedaron éstos al descubierto, y frente a frente los privilegios y las riquezas de los patricios, y la pobreza y miseria de los plebeyos.

Y acentuándose desde entonces más y más el despotismo y la tiranía de la clase dominante, y haciéndose por esto intolerables los sufrimientos y penalidades de la plebe, la lucha se hizo necesaria entre los dos órdenes, como único medio de restablecer el equilibrio social. Sin esta lucha Roma hubiera perecido conquistada por los pueblos más fuertes que la rodeaban.

Pero el verdadero fundamento de la lucha no fue tanto la desigualdad de derechos, como la diferencia de fortunas. Dentro de Roma existían como dos pueblos: uno dueño casi exclusivo de la propiedad, vivía en la abundancia y entregado a los vicios; otro  pobre y miserable, obligado a contraer deudas con un interés crecido, para poder atender a las mas precisas necesidades de la vida, y que no pudiendo pagarlas se veía reducido a la esclavitud y conducido a los calabozos y mazmorras de sus acreedores.

Así se comprende la importancia que encerraba para Roma el asunto de las deudas, y la necesidad de la ley agraria, que repartiendo entre los pobres las tierras conquistadas, era el único medio de aliviar su miseria, y evitar los conflictos que por ello hablan de sobrevenir al Estado.

Por otra parte La nobleza, representante de la ambición romana, se hallaba constantemente envuelta en guerras con los pueblos comarcanos, necesitando para la formación de sus ejércitos el concurso de la plebe y cuando ésta llegó a conocer que era necesaria para la vida de Roma, comenzó aquellas célebres retiradas al monte Aventino, obligando por este medio a la clase patricia a transigir con sus justas exigencias. Por aquel procedimiento se evitaron las sangrientas luchas que de otra manera hubieran surgido necesariamente entre los dos órdenes.

Emprendida esta marcha por los plebeyos, adquirieron sucesivamente el Tribunado y los comicios por tribus, en oposición a los comicios por curias donde dominaban los patricios, y los comicios por centurias que daban toda la influencia de los ricos. Con esto, y con el carácter de leyes que tuvieron los plebiscitos, comienzan a borrarse las diferencias que separaban a los patricios de los plebeyos.

RESUMEN DE LA TEMA IV

  1. La causa de la caída de la monarquía en Roma fue la organización casi republicana que tenia el Estado, y la  tiranía del ultimo rey. Las consecuencias de este hecho fueron el establecimiento de la República con el gobierno de los cónsules, la preponderancia de la clase patricia, la pobreza de la plebe y las luchas entre los dos órdenes.
  2. Todo el prestigio de la monarquía recayó en los patricios, que constituyeron una república aristocrática, negando a los plebeyos toda participación en el gobierno del Estado. El Senado ejerce el gobierno supremo y los cónsules que lo presiden, desempeñan el poder ejecutivo.
  3. Los primeros cónsules fueron Bruto y Colatino; que castigaron severamente una conspiración de la nobleza para restablecer a Tarquino, pereciendo dos hijos de Bruto. Tarquino con los Latinos y Los Etruscos fue derrotado por el cónsul Publicola; y uniéndose con Pórsena, rey de Etruria, sitiaron a Roma. Que debió su salvación al valor de Horacio Cocles defendiendo el puente Sublicio, y a La entereza de Mucio Scévola que asesina al secretario de Pórsena.
  4. Sublevados los pueblos latinos, y negándose los plebeyos a tomar las armas para combatirlos, el Senado accedió al nombramiento do un magistrado con el nombre de Dictador, y aplazó la cuestión de las deudas. El dictador Postumio venció a los Latinos junto al lago Regilo, huyendo Tarquino, que murió poco después; concluyendo por esta causa los proyectos de restauración.
  5. Prometiendo una y otra vez el Senado y los patricios perdonar las deudas a los plebeyos, cuando los necesitaban para la guerra; y negándose siempre a cumplir, la promesa, los plebeyos se retiraron al monte  Aventino .Para conseguir que volvieran a la ciudad, les fueron perdonadas las deudas y se les permitió nombrar dos Tribunos de su clase, con el derecho de anular los decretos del Senado y las sentencias de los cónsules, interponiendo la palabra Veto.
  6. Para contrarrestar el poder de la nobleza, cuya influencia preponderaba en los comicios centuriados, los tribunos consiguieron que el pueblo se reuniese en Comicios por tribus y que los votos fuesen individuales los acuerdos de estas asambleas, en que dominaba el pueblo, se llamaron plebiscitos.
  7. Proponiendo Coriolano en el Senado que se suprimiesen los tribunos con motivo de una distribución de trigo que habla de hacerse a los plebeyos, fue condenado al destierro por los comicios del pueblo. Para vengarse Coriolano, unido con los Volscos, sitia a Roma, y sólo desisto de sus propósitos por las lágrimas de su madre Veturia.
  8. El cónsul Spurio Casio propuso al Senado que una parte del ager publicus de que se habíais hecho propietarios indebidamente los patricios, se repartiese entre los pobres, y que se obligase a los nobles a pagar los arrendamientos: esta fue la famosa ley agraria que por entonces no tuvo cumplimiento; Spurio Casio fue poco después condenado a muerte .
  9. Encontrándose cada vez más los odios entro patricios y plebeyos, por haber hecho asesinar los nobles al tribuno Genucio, hubo graves desórdenes en Roma, quedando victoriosa la plebe contra Apio Claudio que capitaneaba a los nobles. El tribuno Letorio consiguió con este motivo que los plebiscitas tuviesen la misma fuerza legal que los Senado-Consultos.
  10. La organización que los reyes hablan dado a la sociedad romana, concediendo a unos todos los derechos y riquezas, y dejando a los otros en la miseria, hizo necesaria la lucha entre patricios y plebeyos, agobiados éstos por las deudas, y viviendo aquellos en medio de la abundancia. El único remedio a esta situación era la ley agraria. Conociendo los plebeyos que eran necesarios a los patricios, comenzaron sus célebres retiradas al Aventino, para conseguir que la nobleza transigiera con sus justas pretensiones alcanzando de esta manera la creación del tribunado, los comicios por tribus, etc.

Resumen División del Imperio Romano Teodosio, Arcadio y Honorio

Resumen División del Imperio Romano
Teodosio, Arcadio y Honorio

roma antigua

LECCIÓN XXI.

  1. Estado del Imperio al advenimiento de Valentiniano. — Los males que aquejaban al Imperio se presentan cada día más graves y amenazan una próxima ruina. La corrupción de costumbres iba en aumento; las luchas entre la religión antigua y la nueva cada día más encarnizadas; las querellas del cristianismo con los herejes no cesaban: y el principal enemigo de Roma, los Bárbaros, apretaban cada día con más violencia las fronteras, mientras que, para colmo de desdichas, los legionarios, en su mayor parte procedentes de los mismos Bárbaros, indisciplinados y sin interés por la causa que defendían, frecuentemente se niegan a combatir contra sus hermanos del otro lado del Rhin y del Danubio; y la explotación de las provincias por los gobernadores se hacia cada vez más intolerable, extendiendo por todas partes un descontento general.
  2. Valentiniano y Valente. — Encontrándose el Imperio en tan calamitosa situación, los generales reunidos en Nicea a la muerte de Joviano, eligieron a Valentiniano, el más distinguido entre ellos, pero que había estado postergado por sus ideas cristianas en tiempo de Juliano. Para mejor atender a la defensa de las fronteras, se asoció a su hermano Valente, afecto al arrianismo, el cual quedó gobernando el Oriente, y Valentiniano el Occidente.

Sincero católico y de grandes talentos, Valentiniano, y careciendo de estas prendas Valente, la diferencia del gobierno y de creencias de los dos hermanos fue marcando cada día más la división de las dos regiones del Imperio, el Oriente y el Occidente.

Valentiniano en Occidente se ocupó principalmente en combatir a los Bárbaros, los Francos y Borgoñones fueron vencidos y obligados a repasar el Rhin, y Teodosio el joven consiguió derrotar a los Sármatas en las del Danubio. En guerra con los Loados y Marcomanos, murió Valentiniano, dejando por sucesores a sus hijos Graciano y Valentiniano II.

Valente se ocupa de preferencia en el Oriente en querellas religiosas, favoreciendo a los arrianos y persiguiendo a los católicos, y en guerras poco ventajosas contra Sopor rey de Persia y contra los Godos.

  1. Invasión de los Hunos y de los Godos. — Por este tiempo aparecen en Europa  los Hunos, pueblo bárbaro y salvaje, de raza finesa, procedente del Asia. Pasando el Volga, vencen y se incorporan al Alanos, derrotan a los Ostrogodos que ocupaban una gran parte de la Rusia meridional, al E. del Dniester, obligándoles a replegarse al otro lado del río, donde habitaban sus hermanos de raza los Visigodos.

Estos últimos que extendían su dominación hasta Danubio pidieron al emperador Valente que les permitiese establecerse en las regiones del Imperio. Valente accedió a su pretensión por la mediación de Ulfilas, obispo que había convertido al arrianismo a los visigodos: éstos se extendieron por Mesia, y por las crueldades y las rapiñas de los delegados imperiales, se sublevan al mando de Fritigerno, dirigiéndose a Constantinopla Valente les sale al encuentro; pero pierde la batalla y la vida en Andrinópolis.

  1. Graciano y Valentiniano II. — Graciano, sucedió en Occidente a su padre Valentiniano I, consintiendo en compartir el gobierno con su hermano Valentiniano II, niño todavía de cuatro años; que había sido proclamado emperador por las legiones. Tres años después, a la muerte de su tío Valente en la batalla de Andrinópolis, se encontró Graciano dueño de todo el Imperio; y con el fin de atender a la defensa de las fronteras, seriamente atacadas por los bárbaros, llamó a Flavio Teodosio, de origen español, y el hombre más caracterizado en el Imperio por su valor y su prudencia, confiriéndole el título de Augusto, y encargándole el gobierno y la defensa del Oriente.

Graciano en Occidente abandonó a sus favoritos la defensa de la frontera del Rhin. Las legiones de Gran Bretaña se sublevaron proclamando emperador a Máximo, su general; y éste, dirigiéndose Contra Graciano, lo derrotó y le dio muerte en Lion, siendo reconocido por Teodosio y por Valentiniano II, que tuvo que cederle la mitad de sus provincias.

Máximo consiguió despojar más adelante de Italia al débil Valentiniano; pero fue derrotado y muerto por Teodosio en Aquileya; y Valentiniano repuesto en el trono, bajo la dirección y consejo del general franco Arbogasto, fue asesinado por éste, que colocó en el trono al retórico Eugenio.

Teodosio se dirigió al Occidente para vengar la muerte de su cuñado Valentiniano; Arbogasto derrotado en Aquileya, se quitó la vida, y Eugenio fue condenado a muerte, quedando único dueño de todo el Imperio Teodosio.

  1. Reinado de Teodosio. — El primer cuidado de Teodosio al ocupar el trono, fue contener la invasión de los bárbaros que amenazaba por todas partes al Imperio. Obligó a los Sármatas a repasar el Danubio, y a los Germanos el Rhin; los Godos sometidos ocuparon la Mesia; y el rey de Persia tuvo que aceptar la paz.

Si como general y emperador venció a los Bárbaros y gobernó con justicia a sus súbditos, Teodosio alcanzó mayor renombre por la decidida protección que dispensó a la fe ortodoxa, y por haber concluido con el paganismo. Se hizo bautizar al subir al trono, y reunió el segundo concilio general.

Teodosio, division del imperio romano

Cediendo a los ruegos de Flaviano obispo de Antioquía, perdonó a esta ciudad, cuyos habitantes en una sublevación habían destruido las estatuas del emperador y de su esposa; y si bien es cierto que manchó su memoria ordenando la matanza de 7,000 personas en el circo de Tesalónica, por haberse sublevado contra su autoridad, purgó su falta, llevando con paciencia el ser expulsado de la iglesia de Milán por san Ambrosio, y cumpliendo la penitencia que éste le impuso.     A consecuencia de estos hechos, Teodosio publicó una ley por la cual había de trascurrir 30 días entre la sentencia de muerte y su ejecución.

 Al morir Teodosio dejó su reino dividido entre sus hijos Arcadio y Honorio; dando a aquel el Oriente, con las dos prefecturas de Oriente y de Iliria, y a Honorio el Occidente con las de Italia y Galias. Esta división fue ya definitiva: la unidad del Imperio concluyo desde entonces.

El Imperio de Occidente, cuya capital fue Roma, aunque los emperadores solían resistir en Milán, cayó en el siglo siguiente en poder de los Bárbaros: el de Oriente, con su capital Constantinopla, prolongó su existencia más de diez siglos.

  1. Fin del paganismo. — El cristianismo había llegado a entronizarse con los emperadores en Roma; pero el paganismo conservaba todavía grande influencia, profesándolo la mayoría del pueblo; que no puede desarraigarse en poco tiempo una creencia, por absurda que sea, cuando por  muchos siglos ha dominado en las conciencias de un pueblo. La estatua de la Victoria, fiel representación de las tradiciones de Roma, y de las glorias del paganismo, fue mandada derribar por Graciano de la curia del senado, a pesar de las súplicas elocuentes del senador Símaco para que se conservara aquel monumento venerable, y se respetasen las creencias bajo las cuales Roma había conquistado el mundo. San Ambrosio lo combatió en nombre del progreso y de la caridad; y el cristianismo venció, y la estatua no volvió a levantarse.

  A la vez que esto sucedía en Roma, en Oriente, donde el paganismo tenia más hondas raíces, el pueblo movido por los monjes, destruía los templos de los dioses, sin que fuera bastante a evitarlo toda la elocuencia de Libanio. En todas partes, aunque por diferentes medios, el paganismo cedía el puesto al cristianismo; pero la gran masa del pueblo continuó profesando por algún tiempo sus antiguas creencias, hasta que las irrupciones de los Bárbaros vinieron a destruir el Imperio, y con él la religión que le había servido de fundamento.

  1.  El Imperio de Occidente en tiempo de Honorio. — La división del Imperio por Teodosio, y la incapacidad de su hijo Honorio, niño de nueve años, aceleró la irrupción general de los Bárbaros. Aunque Teodosio procuró dejar como ministros de sus hijos a los dos mejores generales de su tiempo, Estilicon con Honorio, y Rufino con Arcadio, la enemistad personal y la ambición de ambos, hicieron ineficaces sus esfuerzos contra los Bárbaros.
  2. Invasión de los Godos en Italia, al mando de Alarico. — Los Visigodos establecidos en Mesia y Tracia desde los tiempos de Valente, penetraron en Italia en tiempo de Honorio, y fueron derrotados por Estilicon en Polencia y en Verona, y se retiraron a Iliria. Poco después, y mientras los Suevos, Vándalos y Alanos atraviesan el Rhin y penetran en Galia, los Sármatas conducidos por Radagaiso pasan el Danubio y penetran en Italia, siendo también derrotados, por Estilicon en Florencia.

  A pesar de sus victorias, Estilicon fue condenado a muerte por Honorio, quizá porque tenia la ambición de su ministro, privándose del único hombre que podía defender el Imperio contra los Bárbaros. Así es que poco después, los Godos mandados por Alarico, penetraron de nuevo en Italia, se apoderaron de Roma y la saquearon, llevando la devastación hasta Italia meridional: Alarico murió en Cosenza, y fue enterrada en el lecho del rio Busento.

  1. Establecimiento de los Bárbaros en España, Galia y Bretaña. — Después de devastar las Galias, penetraron en España los Suevos, Alanos y Vándalos, que se apoderaron de toda la península. Ataulfo sucesor de Alarico, casó con Gala Placidia hermana de Honorio: y vino a establecerse al S. de la Galia, apoderándose de la parte oriental de España, y obligando a los Vándalos a pasar al África, a donde eran llamados por el conde Bonifacio.

  Entre tanto había muerto Honorio, y le había sucedido su sobrino Valentiniano III hijo de Placidía, niño de pocos años, en cuyo nombre gobernaron su madre y el general Ecio.

  En Galia se establecieron primero los Borgoñones en tiempo de Honorio al S. E., y los Francos después al N. Bretaña, abandonada por las legiones romanas, se vio invadida por los Pictos y Escotos, y más adelante por los Anglos y los Sajones.

  No quedaban, pues, al Imperio fuera de Italia, más que algunas regiones de Galia y de España no ocupadas todavía por los Bárbaros.

  1. Invasión de los Hunos: Atila: batalla de Chalons. — Los Hunos de raza amarilla, hacia tiempo que habitaban el norte de Europa, corriéndose después al mediodía de Rusia y penetrando en Germania. Mandados por Atila, el azote de Dios, pasaron el Rhin y devastaron Galia.

Los romanos mandados por Ecio, los Visigodos por Teodorico, los Francos por Meroveo, y los Borgoñones y los Alanos, se unieron para combatir al enemigo común; y en la batalla de Chalons sur Marne, fueron derrotados los Hunos, y Atila con los restos de su ejército tuvo que repasar el Rhin.

  Al año siguiente, Atila penetró en Italia, pero cediendo a los ruegos del pontífice Leon el Grande, desistió de su propósito de apoderarse de Roma y saquearía; abandonó la península, muriendo poco después, y desapareció de la historia el imperio y el pueblo de los Hunos.

  1. Caída del Imperio de Occidente en poder de los Bárbaros. — Por intrigas palaciegas Valentiniano se deshizo del vencedor de Chalons, el general Ecio, único sostén del Imperio: el mismo Valentiniano perdió la vida por haber deshonrado a la mujer del senador Petronio Máximo, que fue elevado al trono, y obligó a la emperatriz Eudoxia a casarse con él; ofendida ésta, llamó a los Vándalos de África; y Genserico acudiendo al llamamiento, se apoderó de Roma, entregándola al saqueo por espacio de catorce días, pereciendo Petronio, el causante de aquel desastre, a manos de los mismos romanos, Así quedó vengada la destrucción de Cartago por Escipión.

  Al abandonar, cargados de botín, los vándalos Italia, el Imperio, marcha precipitadamente a su ruina. Mayoriano, Severo, Antemio y Olibrio, que ocuparon sucesivamente el trono, fueron meros instrumentos en manos del conde suevo Ricimero, que gobernó a su antojo.

Muerto éste, y después de los breves reinados de Glicerio y Julio Nepote, el general Orestes elevó al trono a su propio hijo Rómulo Augústulo, niño todavía, con la ayuda de los Hérulos: y negándose después al establecimiento de los Bárbaros en Italia, Odoacro penetró en la península, venció y quitó la vida a Orestes, depuso a Rómulo Augústulo señalándole una pensión, y se hizo proclamar rey de Italia, concluyendo así el Imperio romano.

  1. La literatura romana durante el Imperio. — El siglo de Augusto, como el siglo de Pendes, fue de corta duración. La literatura propiamente tal decayó notablemente durante el Imperio, dejando de ser espontánea y original, para convertirse en imitadora de los modelos antiguos, griegos y romanos. Pero toma un carácter más general, no por el fondo o la materia de sus obras, sino porque se extiende a las provincias, siendo Francia, España y Grecia, las que ofrecen al Imperio los principales cultivadores de la literatura latina y griega.

Además con la propagación del cristianismo en el Imperio, aparece una nueva pléyada de escritores que, si no tienen en sus obras la belleza de la forma de los del siglo de oro, introducen en la literatura latina un género casi desconocido antes, la literatura religiosa.

12. Literatura griega. — La literatura griega, aunque decadente desde Pendes, fue cultivada en tiempo del Imperio, principalmente en las escuelas de Atenas y Alejandría. A esta época corresponden, Plutarco que escribió sus Biografías de hombres célebres; Arriano las Campañas de Alejandro, Dion Casio la historia romana; Appiano otra historia romana; Estrabon la Geografía; Ptolomeo el Almagesto; Pausanias su viaje histórico a Grecia.

 En Filosofía Ammonio Sakas fundó el neoplatonismo tratando de concertar la ciencia oriental con Pitágoras y Platon, sucediéndole su discípulo Plotino que alcanzó gran estimación en Roma, así como Porfirio y Longino, y el escéptico Sexto Empírico.

12′. Literatura cristiana. — En los primeros siglos de la Iglesia floreció la poesía entre los cristianos, inspirándose principalmente en la vida de Jesucristo y en los hechos de los mártires, distinguiéndose entre otros muchos san Gregorio de Nacianzo, el español Prudencio que escribió himnos y cánticos, y Aquilino Juvenco también español a quien se debe una vida de Jesucristo en versos latinos.

 Pero la principal importancia de la literatura cristiana se debe a los escritores en prosa, muy especialmente a los Padres de la Iglesia. Sus obras son, apologéticas (defensas), o de controversia (polémicas). Entre ellos escribieron en griego san Justino La Apología de la religión, san Clemente de Alejandría la exhortación a los Gentilles, Orígenes la Apología contra Celso, Eusebio la Demostración evangélica, y san Juan Crisóstomo la Providencia y las Homilías.

En lengua latina escribieron, Tertuliano el Apologético y otras obras, Lactancio las Instituciones Divinas, san Ambrosio de Milán los Deberes y la Virginidad, y san Agustín la Ciudad de Dios, las Confesiones, los Soliloquios y la Verdadera religión.

  1. Poesía. — Se distinguieron en la lírica los poetas satíricos Persio, Juvenal, Petronio, y el español Marcial; figuran en la dramática Séneca, por más que sus tragedias carecen de condiciones para ser representadas; y en la épica el español Lucano, que escribió Farsalia, Valerio Flaco, autor del poema los Argonautas, Silio Itálico que escribió en forma épica la historia de la segunda guerra púnica y Papinio Estacio que compuso dos poemas sobre Aquiles y los hijos de Edipo.

  PROSA. Historia. Debemos citar como historiadores en la época del Imperio, a Curcio Rufo que escribió los hechos de Alejandro, Veleyo Patérculo un resumen de la historia de Roma, Floro la historia romana, Valerio Máximo la historia antigua, Quinto Curcio, Eutropio, y Amiano Marcelino; pero merece especial mención C. Cornelio Tácito, el primero de los historiadores antiguos, del cual además de otras obras que se han perdido, han llegado hasta nosotros parte de los Anales, y de sus Historias, y completas la vida de Agrícola y las costumbres de los Germanos.

  Fuera de la Historia escribieron, Quintiliano la Retórica, Plinio el Mayor su Historia natural, Plinio el Joven el panegírico de Trajano y varias cartas, Apuleyo el Asno de oro, Aulo Gelio las Noches Aticas, Galeno sobre Medicina, y otros varios.

  Filosofía. Entre las diferentes escuelas de Grecia la que más influyó en Roma, y tuvo mayor arraigo durante el Imperio, fue el estoicismo, porque se amoldaba mejor al carácter y tendencias de la sociedad en aquel tiempo; sus principales representantes fueron Séneca, Epicteto y Marco Aurelio.

  1. El Derecho. — Los romanos cultivaron con especial predilección la ciencia del Derecho. Si en las otras ramas de la cultura humana fueron imitadores más o menos afortunados de los griegos, en el Derecho fueron completamente originales. Y es que Roma; pueblo eminentemente positivo y utilitario, y nacido para dominar, encontraba en esa ciencia la cultura propia de su carácter, y el elemento necesario para llenar sus aspiraciones.

Así se explica que el derecho alcanzase tanta perfección entre los romanos, que ha merecido se le llame la razón escrita; y que la principal influencia de Roma en los destinos de la humanidad procede de sus leves, por las cuales se han regido todos los pueblos y que aun hoy están informando los códigos de las naciones civilizadas.

  Y la época del mayor florecimiento del derecho romano fue el Imperio. En los últimos tiempos de la República tuvieron su origen las dos escuelas de Proculeyanos y Sabinianos; Augusto creó los responsa prudentun; Adriano y Marco Aurelio publicaron el Edicto perpetuo, armonizando las dos escuelas, introduciendo además los rescriptos del príncipe, por los cuales resolvía el emperador las consultas que se hacían sobre materias del derecho, siendo los principales jurisconsultos de esta época Gayo, Papiniano, Paulo, Ulpiano y Modestino.

RESUMEN DE LA LECCIÓN XXI.

—1.Los males del Imperio iban en aumento las luchas religiosas, la amenaza constante de los Bárbaros, la indisciplina de las legiones, la explotación de las provincias, y la corrupción de costumbres; todo anuncia la próxima ruina de la sociedad romana.

—2. Elegido Valentiniano emperador por los generales a la muerte de Joviano, asoció en el mando a su hermano Valente, encargándole el Oriente, mientras él gobernaba el Occidente. Valentiniano combatió a los bárbaros, y murió en guerra con los Marcomanos. Valente se ocupa en Oriento en luchas religiosas, favoreciendo a los Arrianos.

— 3. La invasión de los Hunnos obligó a los Visigodos a pedir permiso al emperador Valente para establecerse al S. del Danubio; y agobiados por las rapiñas de los delegados imperiales, se sublevan y vencen al emperador, que perdis la vida en Andrinópolis.

—4. Sucedieron los hijos de Valentiniano, Graciano y Valentiniano II. Graciano llamó a Teodosio, le dio el titulo de Augusto, y le confirió el gobierno del Oriente. Graciano fue vencido y muerto por Máximo, que había sido proclamado emperador en Bretaña; éste perdió la vida en la batalla de Aquileya Contra Teodosio. Valentiniano II fue asesinado por su general Arbogasto; pero Teodosio venció al asesino, que tuvo que suicidarse, muriendo también el retórico Eugenio que había sido nombrado emperador.

— 5. Teodosio dueño de todo el Imperio, rechazó a los Bárbaros en todas las fronteras; favoreció la fe ortodoxa, y se manchó con la matanza de Tesalónica que san Ambrosio le hizo expiar; y dividió el imperio dando el Oriente a su hijo Arcadio, y el Occidente a Honorio.

— 6. El paganismo dominaba todavía en el pueblo; pero derribada el estatuado la Victoria, a pesar de las súplicas de Símaco, no se volvió a levantar; en Oriente el pueblo destruyó los templos paganos; pero no desapareció por completo el paganismo hasta la irrupción de los Bárbaros.

— 7. Teodosio dejó a Estilicon como general de Honorio, y a Refino de Arcadio; pero la ambición de ambos hizo ineficaces sus esfuerzos contra los Bárbaros.

— 8. Estilicon venció a los Visigodos en Verona, y a los Sármatas conducidos por Radagaiso en Florencia. Honorio mandó matar a Estilicon; y los Visigodos con Alarico entraron en Italia y saquearon a Roma; Alarico murió poco después en Cosenza.

— 9. En España se establecieron los Suevos, Vándalos y Alanos: en la Galia los Francos, Borgoñones y Visigodos; y en la Bretaña, abandonada por las legiones, penetraron los Pictos y Escotos, y después los Anglos y los Sajones: los Vándalos pasaron al África, llamados por el conde Bonifacio.

— 10. Los Hunnos mandados por Atila penetraron en Galia, y fueron derrotados en la batalla do Chalons por Ecio, Meroveo y Teodosio. En una nueva expedición a Italia, Atila se retiró, cediendo a los ruegos del papa Leon el Grande. Poco después desaparecen los Himnos de la historia.

—11.         Valentiniano mandó quitar la vida a su único general, Ecio; el mismo Valentiniano perdió la suya, asesinado por Petronio Máximo, que le sucedió casándose con la viuda Eudoxia; ésta llama a los Vándalos de África, y Genserico saqueó a Roma por espacio de catorce cijas, muriendo Petronio. Después de este hecho se suceden varios emperadores, gobernados por Ricimero, hasta que Orestes colocó en el trono a su hijo Rómulo Augústulo, que fue destronado por Odoacro rey de los Hérulos, que se proclamó rey de Italia.

—12. La literatura decayó después del siglo de Augusto, y sus principales cultivadores pertenecieron ahora a las provincias; en esta época se desenvuelve también la literatura cristiana.

— 13. Se distinguieron en la poesía Juvenal y Marcial, Séneca, Lucano, Valerio Flaco, Silio Itálico y Papinio Estacio. En la historia Curcio Rufo, Veleyo Patérculo, Q. Curcio, y el primer historiador de la antigüedad, Tacito. Deben citarse además Quintiliano, los dos Plinios, Apuleyo, Galeno, etc.; en Filosofía mencionaremos a Séneca, Epicteto y Marco Aurelio que profesoraron el estoicismo

— 14. Los romanos cultivaron con predilección la ciencia del Derecho, alcanzando en ella gran superioridad sobre los griegos, y ejerciendo por ese medio, mayor influencia en los pueblos civilizados. Los principales jurisconsultos fueron Gayo, Papiniano, Paulo, Ulpiano y Modestino.

—15. Los principales autores griegos de esta época fueron Plutarco, Arriano, Dion Casio; Estrabon, Tolomeo Plotino, Porfirio, Longino y Sexto Empírico.

—16. En la poesía cristiana citaremos a san Gregorio Nacianceno, Prudencio y Aquilino Juvenco y la prosa los apologistas y polemistas, entre otros san Justino, san Clemente de Alejandría, Orígenes y san Juan Crisóstomo; y Tertuliano, Lactancio, san Ambrosio y san Agustín.

Anarquia Militar en Roma Antigua y Sus Emperadores

Anarquía Militar en Roma Antigua – Sus Emperadores-

roma antigua

LECCIÓN XVIII.
EMPERADORES SIRIOS (193-285).
ANARQUÍA MILITAR (235-284).

  1.   Pertinax. El Imperio en venta. — Después de la dinastía de los Antoninos, el imperio es víctima de la anarquía; los soldados disponen del trono; el gobierno y la ley quedan olvidados; y el desorden dominó en todas partes.

A la muerte de Cómodo los pretorianos elevaron al trono a Helvio Pertinax, que desde un origen humilde, se elevó por su valor y su talento a los primeros puestos de la milicia. Botado de virtud y de firmeza, se propuso de volver al senado su prestigio y restablecer el orden y el imperio de la ley, pero al intentar someter los pretorianos a una severa disciplina, fue asesinado por los mismos que tres meses antes lo habían elegido.

Muerto Pertinax, y dueños de Roma los pretorianos, pusieron el imperio en venta, adjudicándolo como mejor postor a Didio Juliano, que ofreció 5,000 dracmas (18,000 reales próximamente) a cada soldado. Hecho semejante, aunque aprobado por el senado, atrajo a Juliano el odio del pueblo y hasta de los mismos pretorianos y fue la ocasión de que se sublevaran contra él las legiones de Siria, que nombraron emperador a Pecenio Niger, las de Bretaña a Clodio Albino y las de Iliria a Septimio Severo. Este último se dirige a Roma, y es proclamado emperador por el senado, que había mandado decapitar a Didio Juliano.

  1. Septimio Severo. — En este reinado se consolida el despotismo militar en Roma. Septimio Severo disuelve la guardia pretoriana, creando otra nueva mucho más numerosa, compuesta de soldados de todas las legiones, perfectamente pagada, y sometida a una severa disciplina.

  Dueño de Roma se dirigió Septimio Severo a combatir a sus rivales. Consiguió desarmar a Albino nombrándole César, y venció en Oriente a Níger en Cizico y en Nicea, y lo derrotó completamente en Isso, pereciendo en la huida; apoderándose a la vez de Antioquía y arrasando a Bizancio. Pacificado el Oriente, se encaminó contra Albino, que perdió la batalla y la vida cerca de Lion. En una guerra contra los partos se apoderó de Babilonia y Ctesifonte.

  El reinado de Septimio Severo es una mezcla extraña de mal y de bien, de buenas y de malas cualidades. Político como Augusto, y cruel como Neron, restableció el orden en la administración, protegió la ley y la justicia, quitó la vida a varios senadores y desterró las principales familias de Roma. Juntamente procuró Septimio Severo aumentar la prosperidad de las provincias, especialmente en África, donde él había nacido, y en Oriente, por ser su esposa, Julia Domna, de Emesa en Siria; al mismo tiempo prestó una decidida protección a las letras.

  Sublevados los Caledonios de Bretaña, Septimio Severo marchó contra ellos, consiguiendo derrotarlos, pero murió poco después en Evoracum (York), aconsejando a sus hijos, que tratasen bien, y enriqueciesen a los soldados, y que no se inquietasen por lo demás; cuyas palabras revelan todo el secreto de su política, reducida a fundar el despotismo militar contra la influencia del senado.

  1. Caracalla y Geta. — Septimio Severo dejó el trono a sus dos hijos, Caracalla y Geta; de carácter amable y humanitario este último, y cruel y sanguinario el primero, la armonía en el mando era imposible entre ellos; y después de intentar la división del imperio, Caracalla hizo asesinar a su hermano en los brazos de su madre, y mandó quitar la vida al célebre jurisconsulto Papiniano, por haberse negado a hacer elogio del fratricidio.

  Caracalla, comenzada así la carrera de sus crímenes; se entregó a la corrupción más desenfrenada, y la más inaudita crueldad, sacrificando a miles de personas, ya para complacerse en sus sufrimientos, y para apoderarse de sus riquezas. Tuvo que comprar la paz a los bárbaros del Danubio queriendo imitar a Aquiles y a Alejandro, visitó las ruinas de Troya y ordenó en Alejandría de Egipto una matanza general. Se casa con la hija del rey de los Partos, pero los excesos de sus soldados provocan una guerra; antes de comenzar las hostilidades, muere Caracalla en Carras, asesinado, de orden de Macrino, prefecto del pretorio.

  Un hecho importante registra la historia de Caracalla. Fue este la publicación de la Constitución Antonina, por la cual se concedió el derecho de ciudad a todos los súbditos del Imperio, de condición libre; la ciudadanía tan disputada por los plebeyos y después por los italianos, se extiende ahora a todas partes, unificando a todos los pueblos bajo el punto de vista del derecho. Tal vez se propusiera Caracalla con esta medida aumentar los impuestos, desde una vigésima a una décima en las herencias y legados; pero el resultado es que contribuyó en gran manera a la unificación de todos los pueblos bajo Roma.

  1. Macrino.- Proclamado por los pretorianos, y aceptado por el senado y por las legiones, Macrino se propuso restablecer la influencia del poder civil, devolviendo al senado sus atribuciones y limitando el poder militar, al cual debía la corona. Obligado a comprar la paz a los Partos, después de haber huido del campo de batalla en Nisibis; y por la tendencia de su gobierno en contra del elemento militar, intentando restablecer la disciplina en el ejército, se sublevaron las legiones y proclamaron a Heliogábalo, que consiguió derrotarlo, muriendo poco después en Calcedonia.
  2.  Heliogábalo. — Las intrigas de su abuela Julia Mesa, hermana política de Septimio Severo, consiguieron que a la muerte de Macrino, fuese nombrado Augusto el joven Heliogábalo, con el cual se entronizaron en Roma, la crueldad y la demencia, el desorden, el cinismo y la corrupción. Abandona el gobierno a un cochero, un cocinero y un barbero; se casa con cuatro mujeres a la vez, funda una academia de mujeres perdidas y de hombres corrompidos, da participación en el senado a las mujeres, y casa al dios Baal, de quien era sacerdote, con Astarte, la diosa de Cartago, mandando celebrar las bodas con inusitada pompa en todo el Imperio.

  Tantas locuras y tantos crímenes no podía ser mucho tiempo tolerados por los romanos. Julia Mesa en unión con los pretorianos, consiguió que Heliogábalo adoptase a su primo Alejandro; pero no pudiendo arrastrarlo a la vida corrompida que él llevaba, intentó quitarle el titulo de César, y aun se propuso asesinarle. Por lo que se sublevaron los pretorianos, quitaron la vida a Heliogábalo, arrastraron su cadáver por las calles de Roma, y lo arrojaron al Tíber.

  1. Alejandro Severo. — Después del reinado por todos conceptos execrable de Heliogábalo, ocupó el trono Alejandro Severo, educado por su abuela Mesa y su madre Mamea, instruido en las letras griegas y latinas, y conocedor quizá de la religión cristiana de costumbres intachables, sencillo y modesto en su trato, Alejandro Severo fue un modelo de príncipes, reproduciéndose en su reinado los buenos tiempos de Augusto y de los Antoninos.

  Su primer cuidado al ocupar el trono fue hacer des­aparecer hasta las huellas de los desordenes del reinado anterior, echando fuera de Roma los sacerdotes de Heliogábalo, los eunucos, histriones, mujeres y de­latores. Se dedicó después a fortificar el poder civil, organizando a la vez el ejército, mejorando la disciplina, y aumentando el bienestar del soldado.

  Con el intento de reproducir las leyes antiguas, y con ellas el orden y la organización de otros tiempos, Alejandro devolvió al senado su prestigio, separando a todos los senadores indignos o incapaces, sometien­do a su deliberación todos los asuntos importantes y el nombramiento de los magistrados. Al mismo tiempo llamó a ocupar los principales puestos a las personas más distinguidas, y procuró rodearse de los primeros jurisconsultos, Ulpiano, Paulo y Modestino, siguiendo sus dictámenes en la administración de jus­ticia.

  Bien pronto comenzaron a extenderse por todo el imperio el bienestar y la prosperidad, que era el ob­jeto preferente de Alejandro Severo y a este fin regu­larizó la administración, disminuyó los impuestos, y favoreció la industria y el comercio.

  El ejército participó igualmente de las sabias re­formas de Alejandro Severo, no sólo por el aumento de la paga a los soldados, sino también por la distribución de tierras en las fronteras a los veteranos. Sin embargo los pretorianos, mal avenidos con la severa disciplina a que fueron sometidos, por dos veces se sublevaron, quitando la vida en la segunda al jurisconsulto Ulpiano, delante del mismo emperador.

  En los últimos años de su reinado Alejandro Severo  que sostener guerras en Oriente y Occidente. Por este tiempo Artajerjes, hijo de Sasan, concluyó con el imperio de los Partos, fundando el segundo imperio persa llamado de los Sasánidas, invadiendo poco después las provincias romanas comarcanas. Alejandro Severo marchó contra Artajerjes, y después de alcanzar algunas victorias, se apoderó de la Mesopotamia, abandonada por Heliogábalo. En Occidente tuvo que combatir contra los Germanos; pero insurreccionadas las legiones de la Galia al mando de Maximino, le asesinaron Juntamente con su madre, que siempre le acompañaba en sus expediciones.

  1. Anarquía militar.- A la muerte de Alejandro Severo se inaugura en Roma un período de anarquía y de desorden que alcanza a todo el Imperio, y que amenaza de próxima descomposición a la sociedad. Hasta el advenimiento de Diocleciano, o sea en el espacio de medio siglo, el imperio romano se encuentra a merced de los pretorianos en Roma, y de las legiones en las provincias, sucediéndose en este tiempo una serie de emperadores que no baja de cincuenta, algunos reconocidos por el senado, otros que llevan el nombre de tiranos y que dominaron aunque por breve tiempo en las provincias y aun en Roma.
  2.   Maximino, Gordiano I y II, Máximo Pupieno y Balbino.- El sucesor de Alejandro Severo, Maximino, tracio de origen, se distinguía por su elevada estatura, sus fuerzas físicas y una voracidad extremada, así como por su ambición y su crueldad; se apoderó de las riquezas de los templos y de los pueblos y de los particulares, sacrificando sin piedad a centenares de personas distinguidas por su virtud o por sus riquezas. Se sublevan contra él el pueblo y el ejército; pero consiguió vencerlos, costando la vida a un gran número de ciudadanos.

  Las legiones de África proclamaron emperador al procónsul Gordiano, que por su avanzada edad de ochenta años, asoció en el mando a su hijo, llamado también Gordiano. El senado, indignado por las violencias de Maximino, lo declaró enemigo de la patria, y se apresuró a reconocer a los Gordianos; pero el gobernador de la Mauritania partidario de Maximino, venció a Gordiano el Joven que pereció en el combate, y el Anciano se quitó la vida.

  El senado, enemigo de Maximino, nombró dos emperadores Máximo Pupieno y Balbino; pero el pueblo, partidario de los Gordianos, prefiere a Gordiano III, originándose de aquí una sangrienta lucha. Maximino en tanto, desde Germania donde se encontraba, se dirige a Roma, y sitiando de camino la ciudad de Aquileya, fue asesinado por sus soldados. Poco después los pretorianos y el pueblo de Roma, enemigos de las hechuras del senado, quitaron la vida a Pupieno y Balbino, proclamando en su lugar a Gordiano.

  1.   Decio. — En el breve reinado de Decio, y por su orden, sufrieron los cristianos una de las más crueles persecuciones. Por este tiempo, y a consecuencia de grandes movimientos de los pueblos bárbaros, vinieron a quedar en las fronteras del Rhin y de N. a S. los sajones, francos, alemanes, borgoñones y lombardos, y en las del Danubio los godos que se extendían hasta el Sur de Rusia actual, divididos en ostrogodos al E. del rio Dniester, y visigodos al O. Contra estos últimos que, pasando el Danubio, habían penetrado en la Tracia, tuvo que combatir el mismo Decio; y aunque consiguió algunas ventajas, fue al fin derrotado y perdió la vida en la batalla.
  2.   Galo y Emiliano. — A la muerte de Decio, las legiones eligieron a Galo, que compartió el gobierno con Hostiliano nombrado por el senado. En una invasión de los godos en la Mesia, galo tuvo que comprarles la paz; pero Emiliano consiguió derrotarlos, y nombrado emperador por las legiones, se dirigió contra Galo, siendo éste derrotado, y perdiendo la vida a manos de sus soldados. En camino para Roma, salió a su encuentro Valeriano, nombrado emperador por el senado, que consiguió derrotarlo, quitando la vida a Emiliano las mismas legiones que lo habían elevado al trono.
  3.   Valeriano: los Treinta Tiranos: Galieno. — Las condiciones de Valeriano hacia esperar un reinado de paz y de prosperidad. Por este tiempo hubo una irrupción  casi general de los pueblos bárbaros, pasando los francos el Rhin, los alemanes y los godos el Danubio, y penetrando a la vez los persas en la Siria y Asia Menor.

  Valeriano confía a su hijo Galieno, ayudado de sus mejores generales, la guerra contra los bárbaros; y en  mismo se dirige contra los persas, con tan mala fortuna, que en la primera batalla cayó prisionero, muriendo poco después en poder de sus enemigos.

  Galiano, proclamado emperador a la muerte de su padre, no pudo, ni intentó evitar que las legiones proclamasen diferentes emperadores en las provincias, originándose una espantosa confusión precursora de la ruina del mundo romano. Los generales que se hacen independientes en las provincias, gastan sus fuerzas combatiéndose unos a otros, sin cuidarse de rechazar las invasiones de los bárbaros que cada día se presentan más amenazadores.

  En medio de tanto desorden, sólo merecen citarse el Imperio de las Galias, el de Oriente y el de Iliria.

  1. Imperio de las Galias. Postumio, Eliano, Victorino y Tétrico. — Las legiones de Galia, a la muerte de Valeriano, eligieron emperador a Postumio, que estableció un gobierno semejante al de Roma, siendo reconocido por las legiones de España y de Bretaña, y contribuyendo a rechazar a los bárbaros al otro lado del Rhin. Asesinado por sus legionarios, le suceden Eliano y Victorino, que bien pronto concluyeron de la misma manera, y por último Tétrico que gobernó en paz por algunos años en las Galias.
  2.   imperio de Oriente. Odenato y Zenobia. Odenato, gobernador de la Palmirena en tiempo de Valeriano, consiguió derrotar a los Persas que habían invadido las provincias del Imperio, y venció a Balista nombrado emperador por las legiones, viéndose él mismo obligado a tomar este titulo por iniciativa de su ejército; murió asesinado, sucediéndole su esposa, la célebre Zenobia, que aumentó sus Estados a expensas del Imperio, y más adelante se vio destronada por Aureliano.

 15.Imperio de Iliria, ingenuo, Regiliano y Auréolo. — Las legiones de Iliria proclamaron emperador a ingenuo, que poco después se suicida por haber perdido una batalla; Regiliano su sucesor pereció a manos de los legionarios. Auréolo, encargado por Galieno de someter la Iliria, tomó también el titulo de emperador, e invadió Italia para destronar a Galieno. Este consiguió sitiarlo en Milan; pero fue asesinado por sus propios soldados.

  Claudio II.- A la muerte de Galieno le sucedió Claudio II, distinguido general de Valeriano, y recibido con entusiasmo por el ejército y por el senado. Prosiguiendo el sitio de Milan, logró apoderarse de la plaza, dando la muerte a Auréolo; y rechazó a los alemanes y a los godos, que habían penetrado en el Imperio.

  16.Aureliano restauración del Imperio.– Aureliano procedía de Panonia, y había sido el general más distinguido en tiempo de Valeriano. Recibió el nombre de restaurador del Imperio por haber tenido la fortuna de vencer a los emperadores de las provincias, restableciendo el orden y la unidad romana.

  Consiguió derrotar a los alemanes que habían penetrado en Italia; abandonó a los godos la Dacia de Trajano, dejando el Danubio como limite del Imperio por aquella parte. En Oriente, Zenobia que había extendido su dominación por Siria y Egipto, fue vencida por Aureliano, y tomada Palmira, la famosa reina quedó en poder del vencedor. En las Galias, Tétrico entregó el poder a Aureliano, quedando éste único dueño del Imperio.

  Sin embargo, Aureliano no fue tan afortunado cuando pretendió restablecer el orden interior, y someter el ejército a una severa disciplina. Los pretorianos se sublevaron en Roma, y el emperador para someterlos quitó la vida a 7,000; poco después marchando a la guerra contra los persas, fue asesinado por sus mismos soldados.

  A la muerte de Aureliano eligió el senado emperador al anciano Tácito que intentó, aunque sin resultados, restablecer la antigua República. En su tiempo fueron vencidos los Alanos en el Asia Menor, y preparándose para combatir a los persas, murió, o tal vez fue asesinado por las legiones en Tracia.

  1. Probo. — En su breve reinado de seis años, se manifestó Probo digno de ocupar el trono de Augusto y de los Antoninos. Rabiase distinguido como el mejor general y hábil político en los reinados anteriores, y su nombramiento fue recibido con grande entusiasmo tanto en Roma como en las provincias.

  En los cinco primeros años se ocupó constantemente en combatir a los enemigos de Roma. Venció a los Francos y les obligó a repasar el Rhin; derroto a las Sármatas en Iliria, a los Godos en Tracia y a los Isaurios en el Asia Menor. Estableció colonias de bárbaros de diferentes puntos del Imperio, y unió con una muralla el Rhin y el Danubio para contener a los Germanos.

  Restablecidos así los límites del Imperio, Probo se ocupaba en mejorar la administración, y asegurar la disciplina del ejército, cuando fue asesinado por sus mismos soldados.

  1.   Caro, Carino y Numeriano. — Aprovechando los preparativos de su antecesor, Caro hizo la guerra a los persas, llegando victorioso hasta el Tigris; pero murió poco después, habiendo asociado en el mando a sus hijos Carino y Numeriano.

  Numeriano hizo una paz vergonzosa con los persas, y fue asesinado por su suegro Aper, cuando regresaba a Roma. Diocleciano mandó quitar la vida al asesino, y muerto después Carino a manos de sus soldados, las legiones lo proclamaron emperador.

  1. Juicio sobre la anarquía militar en Roma. — Ni Roma, ni pueblo alguno, registra en su historia una época tan calamitosa, como los 50 años que trascurrieron desde Maximino hasta Diocleciano, cuyos principales acontecimientos acabamos de reseñar. En menos tiempo, y con menos motivo, otras naciones han desaparecido de la historia; y Roma, sin embargo, vive y se repone; llegan momentos en que todos sus órganos parecen disgregarse, como atacados de muerte próxima, la disolución y la ruina se presentan como inevitables y necesarias; no obstante Roma no muere en estas agonías, sino que con pasmosa facilidad se mejora, vuelve a la vida, recobra sus fuerzas, ostentándose de nuevo como siempre grande y majestuosa. Roma decae y se rehabilita al tenor de las condiciones de sus emperadores; pero Roma no muere nunca.

  Un fenómeno tan singular tiene su causa y su explicación en la fuerza y energía de la constitución de Roma, en la firmeza de sus instituciones. Roma imperial continúa siendo la Roma republicana; los esfuerzos de algunos emperadores para desarraigar las instituciones antiguas, no dieron nunca el resultado que sus autores se proponían; y esas instituciones debilitadas, pero no destruidas, constituyen el elemento salvador de Roma. Si Roma hubiera sido un Estado puramente monárquico, como lo fueron los imperios de Oriente, hubiera perecido indefectiblemente en tiempo de los emperadores monstruos, y con más razón durante la anarquía militar.

  Por otra parte, Roma cumple su misión de unificar el mundo y extender su vida a todos los pueblos, contribuyendo a ello en gran manera hasta la época calamitosa y anárquica que ahora nos ocupa. La persona sagrada de los emperadores deja ya de pertenecer exclusivamente a Roma para comunicarse a las provincias, a las aldeas, y hasta a los bárbaros.

Es el último privilegio, de que Roma se despoja, la última manifestación de la lucha eterna entre patricios y plebeyos, entre Roma e Italia, entre Roma y los pueblos todos del Imperio. Hasta aquí Roma lo era todo, el Imperio estaba Roma; de hoy más Roma está en todas partes. Y como es natural, la conquista de un privilegio tan importante, no se llevó a cabo en paz y tranquilamente, sino que costó luchas sin cuento, ríos de sangre; tan grande era la trascendencia del hecho que se debatía.

RESUMEN DE LA LECCIÓN XVIII.

 —1. Pertinax fue elevado al trono por los pretorianos introdujo saludables reformas en el imperio; pero queriendo someter el ejército a una severa disciplina, fue asesinado por los mismos pretorianos, que pusieron el imperio en venta, adjudicándolo a Didio Juliano, como mejor postor. A causa de este hecho fueron nombrados en las provincias, Níger, Albino y Septimio Severo, siendo éste último aceptado por el Senado.

—2. Septimio Severo consolidó el despotismo militar: consiguió vencer y deshacerse de sus rivales y derrotó a los Partos; su reinado fue una mezcla de buenas y malas cualidades, pero favoreció en gran manera las provincias, singularmente África y Siria; y murió en York después de haber derrotado a loe Caledonios.

—3. Caracalla mandó quitar la vida a su hermano Geta, y a Papiniano, entregándose a la corrupción más desenfrenada y a la más refinada crueldad; compró la paz a los bárbaros, se propuso imitar a Aquiles y Alejandro, y muere asesinado de orden de Macrino. A Caracalla se debe la publicación de la Constitución Antonina.

—4. Macrino se propuso restablecer la influencia del poder civil en contra del militar, y por esto y por haber comprado la paz a los Partos, se sublevaron las legiones, muriendo Macrino poco después.

—5. Heliogábalo entronizó en Roma el cinismo y la corrupción, la locura y la crueldad; y habiendo intentado asesinar a su primo y adjunto Alejandro, los pretorianos le quitaron la vida y arrojaron al Tíber su cadáver.

—6. Alejandro Severo fue un modelo de príncipes, y su reinado puede compararse con los de Augusto y los Antoninos. Borró hasta  las huellas de los desordenes anteriores, organizó el ejército y fortificó el poder civil, devolviendo al Senado su prestigio: con sus acertadas medidas aumentó la prosperidad en todo el imperio: venció al fundador del imperio persa de los Sasánidas; y fue asesinado por los legionarios de las Galias, instigados por Maximino.

—7. A la muerte de Alejandro Severo domina en Roma la anarquía militar, sucediéndose en medio siglo más de 50 emperadores, nombrados por los pretorianos en Roma y por las legiones en las provincias, algunos de los cuales se conocen en la historia con el nombre de los Treinta Tiranos.

—8. Maximino se distinguió por su estatura y su voracidad, por su ambición y su cruel tiranía. Los gordiano nombrados en África y aceptados por el Senado, perdieron la vida combatiendo con el gobernador de Mauritania. El Senado nombró a Pupieno y a Balbino; y Maximino que se dirige a Roma, fue asesinado por sus soldados en Aquileya. Pupieno y Balbino fueron también asesinados.

— 9. Gordiano III con el concurso de su suegro Misiteo, introdujo la paz en el imperio: en su tiempo fueron derrotados los francos y los godos y en guerra con los persas, fue asesinado por sus soldados por instigación de Filipo el Árabe, que le sucede: éste celebró el milenario de la Fundación de Roma y fue derrotado y muerto por Decio en la batalla de Verona.

—10. Decio ordenó una cruel persecución contra los cristianos, y perdió la vida peleando contra los godos en las orillas riel Danubio.

11. Las legiones proclamaron a Galo, que compró la paz a los godos, y fue asesinado por sus soldados, combatiendo con Emiliano que había sido nombrado emperador por las legiones. Este alcanzó la misma suerte poco después en guerra con Valeriano.

— 12. Valeriano nombrado por el Senado, hizo concebir por sus buenas condiciones grandes esperanzas; pero en guerra con los persas, cayó prisionero y murió en el cautiverio. Le sucedió su hijo Galieno, en cuyo tiempo las legiones nombraron diferentes emperadores en las provincias.

— 13. En las Galias estableció Postumio un gobierno semejante al de Roma, pero murió asesinado por sus legionarios, como sus sucesores Eliano y Victorino: Tétrico gobernó en paz algunos años.

—14. Ordenato, gobernador de Palmirena, derrotó a los persas, y fue nombrado emperador por el ejército: murió asesinado, y su viuda la célebre Zenobia fue destronada más adelante por Aureliano.

— 15. En Iliria se suicidó Ingenuo, pereciendo a manos de los legionarios Regiliano, y Auréolo invadió la Italia y fue sitiado en Milan por Galieno, a quien asesinaron sus soldados; pero la plaza fue tomada por Claudio II, nombrado emperador por el Senado y el ejército, y Auréolo perdió la vida. Claudio II rechazó a los alemanes y a los godos.

—16. Aureliano venció a los emperadores de las provincias, y restauró el orden y la unidad del imperio. Abandonó Dacia de Trajano, derrotó a los alemanes, venció e hizo prisionera a Zenobia, y Tétrico le entregó el imperio de las Galias. En una sublevación do los pretorianos, perecieron hasta 7,000; Aureliano fue asesinado por sus soldados cuando marchaba contra los persas. Tácito que le sucedió, intentó restablecer la República, y murió en una expedición contra los persas.

—17. Probo fue uno de los mejores emperadores de Roma. Venció a los Francos, a los Sármatas, Godos e Isaurios, y unió con una muralla el Ruin y el Danubio; cuando se ocupaba de mejorar la administración y restablecer la disciplina, fue asesinado por sus soldados.

—18. Caro murió en guerra con los persas. Numeriano compró la paz, y fue asesinado por su suegro Aper; Carino murió a manos de sus soldados, y las legiones eligieron a Diocleciano.

—19. No hay en la historia época más calamitosa que la que transcurre desde Maximino basta Diocleciano: y sin embargo, Roma amenazada de próxima muerte, no desaparece, debiendo su salvación a la fuerza y energía de sus antiguas instituciones. En medio de un periodo tan anárquico, Roma continua su misión de unificar los pueblos, nombrándole desde ahora los emperadores indistintamente, de las provincias lo mismo que de Roma.

Los Libros Sagrados de la Historia Escrituras Sagradas de Religión

Los Libros Sagrados de la Historia
Las Escrituras Sagradas de Religión

Hay un punto común en todas las religiones del hombre: la existencia de escrituras sagradas, cuyas palabras encierran la fe, contienen normas. He aquí varios de ios libros más bellos del mundo

En el mundo islámico es costumbre referirse a quienes siguen la enseñanza de Mahoma llamándoles «hombre del Libro». Este título se concede también a los cristianos y a aquellos que pertenecen al «pueblo de Israel». Con ello, los mahometanos expresan que estas tres creencias poseen escritos sagrados que son esenciales para las doctrinas y prácticas respectivas.

Pero como hecho real, todas las religiones desarrolladas del mundo, tanto de Oriente como de Occidente, reverencian ciertas colecciones de escritos que ellas consideran como «escritura sagrada». Este término, empleado por los cristianos para designar el Antiguo y el Nuevo Testamento, y por los judíos para referirse al Antiguo Testamento, puede tener una aplicación más general.

Los libros sagrados

A todos los pueblos de Occidente les es familiar la colección judeo-cristiana llamada Biblia, integrada por el Antiguo y el Nuevo Testamento. Todos han oído hablar también del Corán, unas «revelaciones» que, según el profeta Mahoma, le habían sido hechas por inspiración de Dios.

Pero no todos sabemos que en la India y en todas las zonas fieles a la creencia hindú, los Upanishads y otros escritos (el Bhagavad-Gita, por ejemplo) ocupan un lugar semejante al concedido por los cristianos, mahometanos y judíos a sus libros santos. Y tampoco sabe todo el mundo que hay un cuerpo de escritos budistas —por ejemplo, el Vinaya o «Libro de la disciplina», el Sutta pitaka o «Sermones», el Abhidhamma o «Exposición teológica»— que los seguidores del sabio indio Gautama (el Buda) consideran sagrado.

También en China las Analectas de Confucio, como asimismo los escritos atribuidos a Lao-Tsé, la figura que fundó el taoísmo, ocupan un sitio central entre quienes siguen el «camino» que les ha sido enseñado por estos sabios históricos o parcialmente legendarios.

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Casi todas las religiones poseen escrituras sagradas. En un santuario ricamente decorado del «Templo de Oro» de Amritsar, en la India, un sikh lee en cómoda posición el enorme libro santo de su religión, derivado del hinduismo brahmánico.

Historia y doctrina

Cierta parte del contenido de los libros sagrados (excepto de los más antiguos hindúes) es histórica o casi histórica. Así, tenemos relatos sobre el nacimiento y la vida, sobre la enseñanza de Buda, sobre cómo recibió Mahoma sus «revelaciones», sobre los primeros días del pueblo judío, conducido por Moisés, «el amigo de Dios», y narraciones sobre su historia, en la que se sintieron guiados por Dios y fueron capaces de disfrutar de la comunión con El. Y tenemos, sobre todo, relatos sobre el mismo Jesús: sobre su nacimiento, su enseñanza, sus obras, su muerte, su resurrección y los acontecimientos que ocurrieron luego en la comunidad de sus discípulos.

Cuando se estudian los escritos de las distintas religiones con métodos críticos —los mismos que se aplicarían a cualquier documento antiguo—, se descubre, por regla general, que existen varios estratos distintos en ellos. Parte de los escritos son realmente muy antiguos; en algunas ocasiones, casi contemporáneos de los principios de la religión (como el Corán o las Analectas de Confucio).

Otras partes han sido añadidas y muchas veces insertadas en las secciones originarias. Este material más nuevo es, a nienudo, esplicación y amplificación de lo que fue transmitido por boca de la figura principal de la fe, e importa mucho conocerlo, en la medida en que demuestra claramente cómo una tradición religiosa ha crecido, se ha extendido y ha sido interpretada a la luz de otras experiencias o a través del contacto con otras creencias religiosas por todo el mundo.

El concepto de «canon»

Es importante señalar que en el judaismo, el cristianismo, el hinduismo y el budismo, los escritos sagrados son más bien producto de una comunidad que de un individuo aislado. En cambio, el Corán (por ejemplo) es obra de un solo hombre, del profeta Mahoma, aunque los estudiosos creen que ahora y entonces se han añadido o se ha ampliado ciertas secciones de aquel libro.

Este carácter comunitario de la escritura es de una importancia considerable. Muchas veces no se puede saber quién creó las primeras colecciones; simplemente aparecieron como tales, en la medida en que hoy nos permiten asegurarlo nuestros conocimientos. Pero, naturalmente, alguien debe haberlas escrito. En cualquier supuesto, importa distinguir los libros sagrados de los que no lo son.

Los criterios para establecer el «canon», o lista oficial budista de los libros sagrados, no están claros en modo alguno; tampoco lo están los que limitaron las posibilidades de los escritos santos hindúes, aunque parece que aquí la antigüedad tuvo mucho que ver con la selección.

En el caso concreto de la Biblia, el concepto de canon está íntimamente ligado al de «inspiración» divina, porque se tienen por escrituras sagradas las inspiradas por Dios. Hasta aquí coinciden el judaismo y el cristianismo, que se separan a la hora de establecer la lista concreta de libros santos.

El judaísmo, tras una asamblea de rabinos reunida entre los años 90 y 100 d. de J. C, reputó y reputa hoy como canónicos 39 libros del Antiguo Testamento.

La Iglesia cristiana acepta, en principio, esa lista, con una diferencia: en tanto que los protestantes, en general, la respetan íntegramente, la Iglesia católica añade a esos 39 libros otros 6, los llamados «deuterocanónicos» (Tobías, Judith, 1 y 2 de los Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc, así como algunos fragmentos de Ester y Daniel), y entiende así que el canon veterotestamentario lo integran 45 libros.

Por otra parte, al Antiguo hay que añadir el Nuevo Testamento, cuya lista oficial de libros respetan todas las Iglesias cristianas en la forma que sancionó el concilio de Cártago de 397. Son los siguientes: los cuatro evangelios (de san Mateo, san Marcos, san Lucas y san Juan); los Hechos de los Apóstoles, de san Lucas; catorce epístolas de san Pablo; otras siete epístolas de autores varios (dos de san Pedro, tres de san Juan, una de Santiago y otra de san Judas); y el Apocalipsis de san Juan.

La escritura sagrada y sus lectores

Punto importantísimo es el de la relación existente entre el libro sagrado y el creyente común. Toda ella gira en tomo al problema de la interpretación.La Iglesia católica, con referencia a las Escrituras, permanece fiel al sentido «literal», entendido en un sentido amplio, tanto estrictamente histórico como evangélico, por tener en el Evangelio su propio desarrollo. Pero además afirma que hay un sentido «típico», que no consiste en las palabras, sino en las cosas o personas que esas palabras expresan, y que a él debe atenderse también. Estas reglas, combinadas con la autoridad de la Tradición, darán la pauta para interpretar rectamente las Escrituras.

Esta cuestión de la interpretación tiene particular relieve en el cristianismo que, junto con el judaismo, es de las pocas religiones que da acogida en su culto, como parte integrante, a la lectura de las escrituras. El judaísmo preceptúa el despliegue de los «rollos» y la lectura del texto; el cristianismo, las «lecciones» durante la liturgia (por ejemplo, las de la Epístola y el Evangelio en la Misa), y las lecturas en la Sagrada Comunión. En ambas religiones, por tanto (y asimismo en el Islam) los escritos sagrados son familiares al hombre común y no se piensa que estén reservados exclusivamente a la especulación de los monjes o las personas instruidas.

Habida cuenta de esa difusión tan general, ha preocupado siempre el problema de la traducción de la Biblia a las lenguas modernas. En España, la más antigua versión castellana es la publicada por Alfonso X, recogiendo casi toda la Escritura: se la conoce por Biblia alfonsina.

Traducciones completas ofrecieron después los judíos y protestantes españoles: los primeros, la Biblia de Alba y, sobre todo, la de Genova, por el lugar de su impresión, datada en 1533; los segundos, la del morisco Casiodoro de la Reina (Biblia del Oso, por el grabado de la portada), impresa en Basilea en 1559 y depurada poco después por Cipriano de Valera. Hay que esperar a fines del siglo xvm para encontrar la primera traducción católica completa: es la debida al P. Felipe Scio de San Miguel, publicada en Valencia y «desdichadísima» a juicio de Menéndez y Pelayo.

En Madrid se publicó, de 1823 a 1825, otra traducción, ésta del canónigo don Félix Torres Amat. Últimamente, destacan tres versiones: las de Nácar-Colunga (1944), Bover-Cantera (1948), y la del P. Serafín de Ausejo, publicada no hace mucho (1964). Las tres son de gran valor religioso y científico.

LIBROS SAGRADOS DEL MUNDO

HINDUISMO

Los Vedas. Himnos, liturgias, cultos y votos antiguos. Algunos piensan que datan de los años 1000 a 800 a. de J.C. Originariamente se transmitían por tradición oral, pero más tarde fueron fijados por escrito. Los himnos están dirigidos a varios miembros del mundo de los dioses védicos. Un veda es una pieza sagrada de conocimiento, y los sacerdotes usaban los Vedas en los dias primitivos de la religión india.

Los Upanishads. Existen más de 250. Constituyen la enseñanza secreta mística, que interpreta el fundamento material de los Vedas. Los Upanishads también se transmitían por vía oral, hasta que al fin se pusieron por escrito para facilitar la enseñanza, procurar información y formar el contenido para la meditación de los piadosos.

El Ramayana, el Mahabharata y el Bhagavad-Gita. Cuando el hinduismo se desarrolló, su aspecto impersonal se modificó frecuentemente, dejando paso a una devoción más personal dirigida a divinidades específicas. El Ramayana data del 400 a. de J.C. aproximadamente. Habla de un rey devoto, Rama, séptima encarnación del dios Vishnú. El Mahabharata, que narra la guerra entre dos grupos indios, incluye varias enseñanzas morales, referentes a dioses y hombres; puede datar del siglo V a. de J.C. El Bhagavad-Gita está interpolado en el Mahabharata, pero generalmente se presenta separado de él por razones devocionaíes. Siendo de una época posterior, habla del dios Krishna, que adopta forma humana y se presenta al pueblo para que éste le adore e imite.

BUDISMO

El Libro de la disciplina (Vinaya), los Sermones (Sutta pitaka) y la Exposición (Abhidhamma) constituyen el canon pali de la escritura budista y forman lo que se llama tripitaka, esto es, las tres pitaka o «canastas» (líneas de enseñanza). El paií es una forma tardía y algo «rebajada» de la antigua lengua sánscrita, Los escritos son probablemente el producto de varias escuelas de monjes que los coleccionaron y redactaron a base de la tradición oral, quizás en el siglo I a. de J.C.

JUDAISMO

El Antiguo Testamento. En sus numerosos libros hay relatos antiguos sólo históricos en su núcleo, poesías, narraciones estrictamente históricas, himnos, discursos proféticos y revelaciones de Dios a los judíos. La colección creció gradualmente durante muchos siglos, hasta que en una asamblea de rabinos celebrada en Jammia, del año 90 al 100 d. de J.C., se fijó el canon actualmente aceptado por el judaismo y por las Iglesias protestantes. El Pentateuco (los primeros cinco libros del Antiguo Testamento) recibe la denominación de Tora (Ley) y significa que el judaismo poseyó, y posee, una literatura definitivamente establecida. Siempre ha habido comentarios sobre ella; pero el comentario en sí no es considerado santo, como la Tora misma.

CRISTIANISMO

El Antiguo Testamento. Se acepta el canon judío, pero la Iglesia católica incluye en él, además, otros seis libros llamados «deutero-canónicos».El Nuevo Testamento. La parte más antigua es la colección de cartas (epístolas) de san Pablo, que datan de mediados del siglo I; después, los cuatro evangelios, que cuentan la historia de la vida y la enseñanza de Jesús; los Hechos de los Apóstoles; diversas epístolas escritas por otros cristianos primitivos, y el Apocalipsis de san Juan. Al principio el canon era muy poco exacto; finalmente, en el año 691 d. de J.C. el esquema actual fue aceptado en el Concilio de Cartago, que reconoció todas las secciones incluidas hoy en el Nuevo Testamento.

ISLAM

El Corán. El profeta Mahoma es autor de gran parte, aunque no de todo el libro sagrado del mahometismo. Él recibió orden de Dios de fijar estas enseñanzas para los que siguieran el camino que Dios deseaba para los hombres. Esto quiere decir que, al menos los capítulos (azoras) más cortos, los más concisos, se remontan a la propia vida del profeta (nacido alrededor del año 570 d. de J.C).

Más tarde, reunió lo que él creía haber oído y lo escribió. Pero hoy los entendidos están seguros de que se ha añadido algún material adicional, bien al editarse la obra de Mahoma, bien por comentaristas de poco tiempo después. Los musulmanes consideran el Corán como libro de inspiración divina verbal. Por consiguiente el Islam, más que cualquier otra fe religiosa, es una «religión de un libro». Sin embargo, en años más recientes, algunos musulmanes han adoptado una actitud más liberal, pensando que el Corán necesita una interpretación para encontrar las necesidades de la vida creyente en una época distinta de aquella en que vivió su fundador.

Fuente Consultada:
La LLave del Saber  – La Evolución Social –  Tomo II – Libros Sagrados – Editorial Ediciones Cisplatinas S.A.