Gobierno de Trajano y Adriano Roma Marco Aurelio Guerras



Gobierno de Trajano y Adriano

roma antigua

LECCIÓN XVII
LOS ANTONINOS (96-193).
 

  1.   Imperio de Nerva: adopción de Trajano. — A la muerte de Domiciano, el senado eligió al anciano cónsul, Nerva, distinguido por su honradez y por su prudencia, y que fue aceptado por los pretorianos.

  El reinado de Nerva comenzó bajo los mejores auspicios. Prometió no quitar la vida a ningún senador, volvió a sus dueños los bienes confiscados, permitió a los desterrados volver a Roma y repartió tierras a los pobres. Los desmanes cometidos por los pretorianos, dando la muerte a los asesinos de Domiciano, hicieron comprender a Nerva la necesidad de una mano más fuerte que la suya para el gobierno del Imperio; y poco antes de morir adoptó a Trajano designándole como sucesor.

  Con Nerva comienza el siglo de oro del Imperio.

  1. Reinado de Trajano. — Nacido en Itálica (junto a Sevilla) Trajano se había distinguido en Oriente en tiempo de Vespasiano, y era reputado como el primer general del Imperio, cuando, gobernando la Germania, fue designado por Nerva para ocupar el trono. De costumbres sencillas, pero de carácter firme y enérgico; administrador sabio y prudente, consumado político y esforzado capitán, Trajano fue uno de los más grandes emperadores de Roma.

  Durante su imperio el senado recobró sus atribuciones; devolvió a los comicios la elección de las magistraturas, rebajó los impuestos, favoreció las artes y las letras, la agricultura, industria y comercio, y protegió en grande escala las obras, públicas, construyendo en todas partes caminos, puertos, acueductos y escuelas para la educación de los niños pobres. Por todos estos medios consiguió aumentar extraordinariamente la prosperidad del Imperio, entronizar la moralidad en la administración, y hacer felices a sus súbditos, que reconocidos a tantos beneficios, les dieron el titulo de Optimo. 

  1.   Guerras en tiempo de Trajano. — Envalentonados los Dacios desde el reinado de Domiciano, invadieron en este tiempo el territorio del Imperio. Trajano consiguió vencerlos en tres batallas, se apoderó de su capital, y Decébalo tuvo que pedir la paz haciéndose tributario de Roma. Una nueva insurrección de los bárbaros, obligó a Trajano a pasar el Danubio, construyendo un puente gigantesco, y después de derrotar a Decébalo, que se quitó la vida, Dacia fue declarada provincia romana. En memoria de aquella guerra se construyó en Roma la columna trajana que todavía existe.

  En los últimos años de su reinado Trajano dirigió una expedición al Oriente para castigar a los Partos que habían invadido la Armenia; y después de arrojarlos de aquel país, se apoderó de la Iberia y la Albania al S. del Cáucaso. En una segunda expedición incorporó al Imperio algunas provincias a la izquierda del Tigris, llegó al mar de la India, y sometió la Arabia Feliz. Y cuando, dominada una insurrección de los judíos, regresaba a Roma, le sorprendió la muerte en e en Selinonte, ciudad de Cilicio.

  Trajano había ordenado la tercera persecución contra los cristianos.

  1. Imperio de Adriano. — Adoptado por Trajano al morir, Adriano, también de Itálica, fue proclamado emperador por los soldados, confirmando el senado la elección. Se había distinguido como general en tiempo de su antecesor; pero desde que ocupó el trono, se dedicó más principalmente al mantenimiento de la paz, para lo cual abandonó a los Partos las provincias recientemente conquistadas, dejando así el Imperio con sus antiguos límites en el Eúfrates.

En Dacia, aumentó la defensa de sus fronteras contra los bárbaros, y cortó el puente construido por Trajano sobre el Danubio, para evitar una invasión. Y en Bretaña mandó construir una muralla de veinte y dos leguas, desde el Tine al golfo de Solway, contra las incursiones de los caledonios.

  Asegurada con estas medidas la paz del Imperio, Adriano se ocupó durante diez años en recorrer las provincias, sin aparato ni ostentación, caminando casi siempre a pie, enterándose por si mismo y detalladamente de las necesidades de los pueblos, y procurando por todos los medios el satisfacerlas. A él se debían entre otras obras grandiosas, la reedificación de Atenas, Cartago y Jerusalén, el anfiteatro  de Nimes, la continuación del canal entre el mar Rojo y el Mediterráneo, y en Roma el templo de Venus, y el mausoleo conocido con el nombre de moles Adriani, hoy castillo de Santángelo.

  1.    Reformas políticas y administrativas de Adriano. — El Imperio, hasta ahora revestido con formas republicanas, comienza en tiempo de Adriano a prescindir de esas formas, creando otras mas apropiadas a la monarquía, como fueron, la separación de los oficios del Estado y los del emperador, y la creación de un consejo de Estado compuesto de los senadores y de los jurisconsultos más notables de Roma.

  Al mismo tiempo Adriano ordenó al pretor Salvio Juliano que reuniese en colección los monumentos esparcidos de la jurisprudencia romana. Se llamó a esta colección Edicto perpetuo. Adriano dotado de grandes talentos y muy versado en la literatura y filosofía griega, pero envidioso de los demás, estaba siempre rodeado de astrólogos, retóricos, y filósofos, que encontraron a su lado la protección más decidida y abundantes riquezas. Se distinguió entre ellos Plutarco, maestro del mismo emperador.



  En los últimos años de su vida Adriano se hizo cruel contra los cristianos, y vengativo contra supuestos enemigos.

  1. Antonino Pio. — Adriano adoptó a Antonino, natural de Nimes, que le sucedió en el trono. Su reinado representa la época más floreciente y de mayor felicidad en el Imperio romano. Hombre virtuoso, justo y humano, se entregó por completo a labrar la felicidad de sus súbditos.

En los veinte y tres años que rigió el Imperio, se disfrutó de completa paz; no hubo sublevaciones, ni guerras exteriores, ni luchas civiles. Se dedicó con singular predilección a extender por todas partes la justicia y la moralidad administrativa, generalizar la enseñanza y la educación, y proteger la beneficencia y la caridad.

  Respetuoso con sus padres, con los ancianos y con los dioses, clemente hasta con sus enemigos, espléndido y generoso con los desgraciados, y amante sincero de la felicidad del pueblo, Antonino fue un modelo de príncipes, y mereció el nombre de padre del género humano. 

  1. Marco Aurelio. —. Antonino adoptó a Marco Antonio, que tomó el nombre de Aurelio Antonino, y es conocido en la historia con el de Marco Aurelio. Este príncipe educado en los principios de la filosofía estoica, y dotado de grandes virtudes, procuró seguir en todo las huellas de su antecesor, amparando la justicia, protegiendo la educación y la beneficencia, perdonando a sus enemigos, y extendiendo los beneficios de su inagotable caridad a todos los hombres.

Pero no bastaron las virtudes de Marco Aurelio, y sus generosos esfuerzos para hacer la felicidad del Imperio: pues casi todo su reinado fue una larga serie de calamidades y desgracias, en que la naturaleza y los hombres pusieron a dura prueba la virtud del estoico y del emperador. Terremotos, inundaciones, el hambre y la peste, sucedieron en Roma y en las provincias; y para colmo de desventura la guerra se presentó amenazante tanto en Oriente como en Occidente.

  1. Guerras en Oriente y Occidente. — Animados los Partos por el estado aflictivo del Imperio, pasaron las fronteras, comenzando una encarnizada lucha con los romanos. Marco Aurelio asoció en el mando Lucio Vero, encomendándole la guerra de Oriente, en unión con el general Avidio Casio. Este después de cuatro años de guerra se apoderó y destruyó Babilonia, Ectesifonte y Seleucia, y fortificó a Nisibis obligando a los Partos a pedir la paz. El ejército a su regreso importó en Italia la peste que causó una gran mortandad en Occidente.

  No bien terminada la guerra de los Partos, penetraron en el Imperio los Cuados y Marcomanos, llegando hasta Aquileya. Con un ejército de esclavos y gladiadores, los dos emperadores consiguieron derrotarlos, obligándolos a repasar el Danubio. Al regresar a Roma, murió L. Yero; y Marco Aurelio tuvo que hacer frente a una nueva invasión de esos mismos pueblos, que vuelven a presentarse en Aquileya. Después de haberlos derrotado, marchó en su persecución hasta el interior de la Germania; y engañado por una falsa retirada de los bárbaros, penetró con su ejército en un desfiladero, donde fácilmente hubieran sido exterminados, a no sobrevenir una gran tempestad que puso en precipitada fuga a los enemigos; cuyo acontecimiento se atribuyó a las oraciones de la legión Melitina, llamada desde entonces Fulminante, compuesta casi toda ella de cristianos; por cuyo motivo se suspendió la persecución que contra éstos había ordenado antes el emperador.

  Algunos años después se reprodujo la guerra contra estos bárbaros; y cuando Marco Aurelio marchó a combatirlos, le sorprendió la muerte en Vindobona (Viena). Juntamente con tantas calamidades, Marco Aurelio tuvo que sufrir los desordenes de su esposa, la emperatriz Faustina. Antes de morir había adoptado a su hijo Cómodo, que educado por su madre revelaba ya las malas condiciones de su carácter.

  1.   Reinado de Cómodo. — Desde Viena donde se encontraba a la muerte de su padre, Cómodo Antonino se apresuró a hacer las paces con los bárbaros, prometiéndoles un tributo, y regresó a Roma, inaugurando su carrera de crímenes con la muerte de sus hermanas y de su esposa, reproduciendo y quizá excediendo en crueldad a Nerón y Domiciano.

  Dotado de gran fuerza física, se propuso aventajar a los gladiadores, con los cuales luchó en el circo más de setecientas veces.

  Para entregarse por completo a los placeres, abandonó el gobierno en manos de sus favoritos Perennis y Cleandro, que se enriquecieron con los bienes de un gran número de ciudadanos sacrificados a su ambición, y que murieron asesinados. El mismo Cómodo pereció envenenado por Marcia, una de sus concubinas.

  1. Juicio sobre los Antoninos. — La época de los Antoninos, que ocupa casi todo el siglo II de nuestra era, ya hemos dicho que constituye el periodo más brillante del Imperio romano. La virtud reinaba en el trono, la justicia y la moralidad en el gobierno, y la paz, el orden y la prosperidad en todas partes. Y todo esto, después de los emperadores monstruos de la casa de Augusto, y después del feroz Domiciano. Se necesitó la reunión de tan bellas cualidades en aquellos emperadores de origen español, para reanimar el mundo romano, amenazado de próxima ruina al advenimiento de Nerva.

  Sin embargo, los Antoninos no pudieron desarraigar los vicios que minaban la sociedad romana, y que la llevaban fatalmente a su perdición. Aunque procuraron mejorar la condición de los esclavos, la esclavitud continuó en aumento; a pesar de sus virtudes personales y de sus generosos esfuerzos para moralizar las costumbres, La corrupción fue cada día mayor: y aunque restablecieron la disciplina del ejército y tuvieron a raya a los pretorianos, éstos continuaron después disponiendo y hasta vendiendo el trono al mejor postor; y por último, el mayor enemigo de Roma, los bárbaros, contenidos durante este tiempo en las fronteras, no por esto pueden olvidar que Roma les ha pagado tributo, y que la Italia y la España encierran riquezas y comodidades y placeres, de que ellos carecen en las selvas de la Germania.

  Y todos estos gérmenes de descomposición y de muerte para Roma, ocultos o acallados pero no extinguidos, en tiempo de los Antoninos, reaparecen con más fuerza en el reinado del último representante de esta dinastía, el cruel y sanguinario Cómodo Antonino; y desde entonces con ligeros intervalos, Roma asediada por tantos elementos de destrucción, camina irremisiblemente a su ruina.



  Los Antoninos hicieron cuanto humanamente se podía hacer para salvar a Roma. Sus desvelos por las clases desheredadas, sus cuidados por los pobres, la fundación de escuelas para los niños huérfanos, sus esfuerzos para mejorar la condición de los esclavos y de los gladiadores, todo revela que los Antoninos, por sus sentimientos y por su conducta humanitaria, son los primeros emperadores de Roma, y figurarían dignamente al lado de otros reyes de tiempos posteriores. Si Roma, a pesar de todo esto, no se salvó, forzoso es comprender que su salvación no estaba en la mano de los hombres.

—1. A la muerte de Domiciano, el Senado eligió a Nerva, aceptándolo los pretorianos. En su breve reinado procuró reparar los desordenes de tiempos anteriores; pero los desmanes de los pretorianos le hicieron comprender la necesidad de un gobierno enérgico en el Imperio, y antes de morir, adoptó a Trajano.

—2. Trajano era el primor general del imperio, y fue uno de los más grandes emperadores. Respetó al Secano y a los comicios, moralizó la administración, favoreció las artes y las letras, la agricultura, industria y comercio y protegió las obras públicas, aumentando así la prosperidad del imperio.

—3. En guerra con los Dacios, obligó a Decébalo a pedir la paz y en una nueva insurrección, derrotó a los bárbaros. Decébalo se quitó la vida, y la Dacia fue declarada provincia romana. En Oriente Trajano derrotó a los Partos, se apoderó de Iberia y de Albania, de algunas provincias a la izquierda del Tigris, y de Arabia Feliz dominé una insurrección de los judíos, y murió en Selinonte.

—4. A Trajano sucedió Adriano, que abandonó a los Partos las conquistas de su antecesor, fortificó las fronteras de la Dacia, y construyó en Bretaña una muralla contra los Caledonios. Después de lo cual recorrió todo el imperio, procurando en todas partes satisfacer las necesidades de los pueblos, ejecutándose por su orden gran número de obras públicas.

—5. En tiempo de Adriano comienza el imperio a revestir las formas de la monarquía se redactó el Edicto perpetuo, y los astrólogos, retóricos y filósofos encontraron la más decidida protección; pero en los últimos años de su reinado se hizo cruel Contra los cristianos y vengativo con sus enemigos.

—6. Antonino Pio se entregó por completo a labrar la felicidad de sus súbditos, siendo su reinado la época más floreciente del imperio; extendió por teclas partes la justicia y la moralidad, protegió la educación, la caridad y la beneficencia disfrutándose completa paz en todo el imperio; por estas cualidades mereció Antonino el nombre de padre del género humano.

— 7. Marco Aurelio siguió en todo las huellas de su antecesor pero necesito toda la virtud de la filosofía estoica que profesaba, para sobrellevar la larga serie de calamidades y desgracias que en su tiempo afligieron al imperio.

—8. Marco Aurelio asoció en el mando a Lucio Vero, encargándole la guerra contra los Partos, que fueron vencidos por el general Avidio Casio, obligándolos a pedir la paz. En Occidente los dos emperadores vencieron a los Cuados y Marcomanos que habían penetrado hasta Aquileya, muriendo Vero poco después. En una nueva expedición contra los bárbaros, cayó Marco Aurelio con su ejército en una emboscada, da la que difícil y casi milagrosamente pudo salvarse. En una tercera expedición murió Marco Aurelio en Viena.

— 9. Le sucedió su hijo Cómodo, cruel y sanguinario, que lució más de 700 veces en el circo con los gladiadores. Abandonó el gobierno a sus favoritos que cometieron todo género de violencias, y murió envenenado por una de sus concubinas.



—10. La época de los Antoninos constituye el periodo mas brillante y de mayor prosperidad del imperio; pero no pudieron desarraigar la esclavitud y la corrupción; y después de ellos los pretorianos continúan disponiendo del imperio, y los bárbaros se muestran cada día más exigentes con Roma. Estos gérmenes de descomposición y de muerte reaparecen en tiempo de Cómodo. Las virtudes y los humanitarios sentimientos de los Antoninos no salvaron a Roma, porque su salvación no estaba en manos de los hombres.

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