Caida del Imperio Romano de occidente Valentiniano y Valente.






roma antigua

LECCIÓN XXI.

  1. Estado del Imperio al advenimiento de Valentiniano. — Los males que aquejaban al Imperio se presentan cada día más graves y amenazan una próxima ruina. La corrupción de costumbres iba en aumento; las luchas entre la religión antigua y la nueva cada día más encarnizadas; las querellas del cristianismo con los herejes no cesaban: y el principal enemigo de Roma, los Bárbaros, apretaban cada día con más violencia las fronteras, mientras que, para colmo de desdichas, los legionarios, en su mayor parte procedentes de los mismos Bárbaros, indisciplinados y sin interés por la causa que defendían, frecuentemente se niegan a combatir contra sus hermanos del otro lado del Rhin y del Danubio; y la explotación de las provincias por los gobernadores se hacia cada vez más intolerable, extendiendo por todas partes un descontento general.
  2. Valentiniano y Valente. — Encontrándose el Imperio en tan calamitosa situación, los generales reunidos en Nicea a la muerte de Joviano, eligieron a Valentiniano, el más distinguido entre ellos, pero que había estado postergado por sus ideas cristianas en tiempo de Juliano. Para mejor atender a la defensa de las fronteras, se asoció a su hermano Valente, afecto al arrianismo, el cual quedó gobernando el Oriente, y Valentiniano el Occidente.

Sincero católico y de grandes talentos, Valentiniano, y careciendo de estas prendas Valente, la diferencia del gobierno y de creencias de los dos hermanos fue marcando cada día más la división de las dos regiones del Imperio, el Oriente y el Occidente.

Valentiniano en Occidente se ocupó principalmente en combatir a los Bárbaros, los Francos y Borgoñones fueron vencidos y obligados a repasar el Rhin, y Teodosio el joven consiguió derrotar a los Sármatas en las del Danubio. En guerra con los Loados y Marcomanos, murió Valentiniano, dejando por sucesores a sus hijos Graciano y Valentiniano II.

Valente se ocupa de preferencia en el Oriente en querellas religiosas, favoreciendo a los arrianos y persiguiendo a los católicos, y en guerras poco ventajosas contra Sopor rey de Persia y contra los Godos.

  1. Invasión de los Hunos y de los Godos. — Por este tiempo aparecen en Europa  los Hunos, pueblo bárbaro y salvaje, de raza finesa, procedente del Asia. Pasando el Volga, vencen y se incorporan al Alanos, derrotan a los Ostrogodos que ocupaban una gran parte de la Rusia meridional, al E. del Dniester, obligándoles a replegarse al otro lado del río, donde habitaban sus hermanos de raza los Visigodos.

Estos últimos que extendían su dominación hasta Danubio pidieron al emperador Valente que les permitiese establecerse en las regiones del Imperio. Valente accedió a su pretensión por la mediación de Ulfilas, obispo que había convertido al arrianismo a los visigodos: éstos se extendieron por Mesia, y por las crueldades y las rapiñas de los delegados imperiales, se sublevan al mando de Fritigerno, dirigiéndose a Constantinopla Valente les sale al encuentro; pero pierde la batalla y la vida en Andrinópolis.

  1. Graciano y Valentiniano II. — Graciano, sucedió en Occidente a su padre Valentiniano I, consintiendo en compartir el gobierno con su hermano Valentiniano II, niño todavía de cuatro años; que había sido proclamado emperador por las legiones. Tres años después, a la muerte de su tío Valente en la batalla de Andrinópolis, se encontró Graciano dueño de todo el Imperio; y con el fin de atender a la defensa de las fronteras, seriamente atacadas por los bárbaros, llamó a Flavio Teodosio, de origen español, y el hombre más caracterizado en el Imperio por su valor y su prudencia, confiriéndole el título de Augusto, y encargándole el gobierno y la defensa del Oriente.

  Graciano en Occidente abandonó a sus favoritos la defensa de la frontera del Rhin. Las legiones de Gran Bretaña se sublevaron proclamando emperador a Máximo, su general; y éste, dirigiéndose Contra Graciano, lo derrotó y le dio muerte en Lion, siendo reconocido por Teodosio y por Valentiniano II, que tuvo que cederle la mitad de sus provincias.

Máximo consiguió despojar más adelante de Italia al débil Valentiniano; pero fue derrotado y muerto por Teodosio en Aquileya; y Valentiniano repuesto en el trono, bajo la dirección y consejo del general franco Arbogasto, fue asesinado por éste, que colocó en el trono al retórico Eugenio. Teodosio se dirigió al Occidente para vengar la muerte de su cuñado Valentiniano; Arbogasto derrotado en Aquileya, se quitó la vida, y Eugenio fue condenado a muerte, quedando único dueño de todo el Imperio Teodosio.

  1. Reinado de Teodosio. — El primer cuidado de Teodosio al ocupar el trono, fue contener la invasión de los bárbaros que amenazaba por todas partes al Imperio. Obligó a los Sármatas a repasar el Danubio, y a los Germanos el Rhin; los Godos sometidos ocuparon la Mesia; y el rey de Persia tuvo que aceptar la paz.

Si como general y emperador venció a los Bárbaros y gobernó con justicia a sus súbditos, Teodosio alcanzó mayor renombre por la decidida protección que dispensó a la fe ortodoxa, y por haber concluido con el paganismo. Se hizo bautizar al subir al trono, y reunió el segundo concilio general.

Cediendo a los ruegos de Flaviano obispo de Antioquía, perdonó a esta ciudad, cuyos habitantes en una sublevación habían destruido las estatuas del emperador y de su esposa; y si bien es cierto que manchó su memoria ordenando la matanza de 7,000 personas en el circo de Tesalónica, por haberse sublevado contra su autoridad, purgó su falta, llevando con paciencia el ser expulsado de la iglesia de Milán por san Ambrosio, y cumpliendo la penitencia que éste le impuso.     A consecuencia de estos hechos, Teodosio publicó una ley por la cual había de trascurrir 30 días entre la sentencia de muerte y su ejecución.

 Al morir Teodosio dejó su reino dividido entre sus hijos Arcadio y Honorio; dando a aquel el Oriente, con las dos prefecturas de Oriente y de Iliria, y a Honorio el Occidente con las de Italia y Galias. Esta división fue ya definitiva: la unidad del Imperio concluyo desde entonces.

El Imperio de Occidente, cuya capital fue Roma, aunque los emperadores solían resistir en Milán, cayó en el siglo siguiente en poder de los Bárbaros: el de Oriente, con su capital Constantinopla, prolongó su existencia más de diez siglos.

  1. Fin del paganismo. — El cristianismo había llegado a entronizarse con los emperadores en Roma; pero el paganismo conservaba todavía grande influencia, profesándolo la mayoría del pueblo; que no puede desarraigarse en poco tiempo una creencia, por absurda que sea, cuando por  muchos siglos ha dominado en las conciencias de un pueblo. La estatua de la Victoria, fiel representación de las tradiciones de Roma, y de las glorias del paganismo, fue mandada derribar por Graciano de la curia del senado, a pesar de las súplicas elocuentes del senador Símaco para que se conservara aquel monumento venerable, y se respetasen las creencias bajo las cuales Roma había conquistado el mundo. San Ambrosio lo combatió en nombre del progreso y de la caridad; y el cristianismo venció, y la estatua no volvió a levantarse.

  A la vez que esto sucedía en Roma, en Oriente, donde el paganismo tenia más hondas raíces, el pueblo movido por los monjes, destruía los templos de los dioses, sin que fuera bastante a evitarlo toda la elocuencia de Libanio. En todas partes, aunque por diferentes medios, el paganismo cedía el puesto al cristianismo; pero la gran masa del pueblo continuó profesando por algún tiempo sus antiguas creencias, hasta que las irrupciones de los Bárbaros vinieron a destruir el Imperio, y con él la religión que le había servido de fundamento.

  1.  El Imperio de Occidente en tiempo de Honorio. — La división del Imperio por Teodosio, y la incapacidad de su hijo Honorio, niño de nueve años, aceleró la irrupción general de los Bárbaros. Aunque Teodosio procuró dejar como ministros de sus hijos a los dos mejores generales de su tiempo, Estilicon con Honorio, y Rufino con Arcadio, la enemistad personal y la ambición de ambos, hicieron ineficaces sus esfuerzos contra los Bárbaros.
  2. Invasión de los Godos en Italia, al mando de Alarico. — Los Visigodos establecidos en Mesia y Tracia desde los tiempos de Valente, penetraron en Italia en tiempo de Honorio, y fueron derrotados por Estilicon en Polencia y en Verona, y se retiraron a Iliria. Poco después, y mientras los Suevos, Vándalos y Alanos atraviesan el Rhin y penetran en Galia, los Sármatas conducidos por Radagaiso pasan el Danubio y penetran en Italia, siendo también derrotados, por Estilicon en Florencia.

  A pesar de sus victorias, Estilicon fue condenado a muerte por Honorio, quizá porque tenia la ambición de su ministro, privándose del único hombre que podía defender el Imperio contra los Bárbaros. Así es que poco después, los Godos mandados por Alarico, penetraron de nuevo en Italia, se apoderaron de Roma y la saquearon, llevando la devastación hasta Italia meridional: Alarico murió en Cosenza, y fue enterrada en el lecho del rio Busento.

  1. Establecimiento de los Bárbaros en España, Galia y Bretaña. — Después de devastar las Galias, penetraron en España los Suevos, Alanos y Vándalos, que se apoderaron de toda la península. Ataulfo sucesor de Alarico, casó con Gala Placidia hermana de Honorio: y vino a establecerse al S. de la Galia, apoderándose de la parte oriental de España, y obligando a los Vándalos a pasar al África, a donde eran llamados por el conde Bonifacio.

  Entre tanto había muerto Honorio, y le había sucedido su sobrino Valentiniano III hijo de Placidía, niño de pocos años, en cuyo nombre gobernaron su madre y el general Ecio.

  En Galia se establecieron primero los Borgoñones en tiempo de Honorio al S. E., y los Francos después al N. Bretaña, abandonada por las legiones romanas, se vio invadida por los Pictos y Escotos, y más adelante por los Anglos y los Sajones.


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  No quedaban, pues, al Imperio fuera de Italia, más que algunas regiones de Galia y de España no ocupadas todavía por los Bárbaros.

  1. Invasión de los Hunos: Atila: batalla de Chalons. — Los Hunos de raza amarilla, hacia tiempo que habitaban el norte de Europa, corriéndose después al mediodía de Rusia y penetrando en Germania. Mandados por Atila, el azote de Dios, pasaron el Rhin y devastaron Galia.

Los romanos mandados por Ecio, los Visigodos por Teodorico, los Francos por Meroveo, y los Borgoñones y los Alanos, se unieron para combatir al enemigo común; y en la batalla de Chalons sur Marne, fueron derrotados los Hunos, y Atila con los restos de su ejército tuvo que repasar el Rhin.

  Al año siguiente, Atila penetró en Italia, pero cediendo a los ruegos del pontífice Leon el Grande, desistió de su propósito de apoderarse de Roma y saquearía; abandonó la península, muriendo poco después, y desapareció de la historia el imperio y el pueblo de los Hunos.

  1. Caída del Imperio de Occidente en poder de los Bárbaros. — Por intrigas palaciegas Valentiniano se deshizo del vencedor de Chalons, el general Ecio, único sostén del Imperio: el mismo Valentiniano perdió la vida por haber deshonrado a la mujer del senador Petronio Máximo, que fue elevado al trono, y obligó a la emperatriz Eudoxia a casarse con él; ofendida ésta, llamó a los Vándalos de África; y Genserico acudiendo al llamamiento, se apoderó de Roma, entregándola al saqueo por espacio de catorce días, pereciendo Petronio, el causante de aquel desastre, a manos de los mismos romanos, Así quedó vengada la destrucción de Cartago por Escipión.

  Al abandonar, cargados de botín, los vándalos Italia, el Imperio, marcha precipitadamente a su ruina. Mayoriano, Severo, Antemio y Olibrio, que ocuparon sucesivamente el trono, fueron meros instrumentos en manos del conde suevo Ricimero, que gobernó a su antojo.

Muerto éste, y después de los breves reinados de Glicerio y Julio Nepote, el general Orestes elevó al trono a su propio hijo Rómulo Augústulo, niño todavía, con la ayuda de los Hérulos: y negándose después al establecimiento de los Bárbaros en Italia, Odoacro penetró en la península, venció y quitó la vida a Orestes, depuso a Rómulo Augústulo señalándole una pensión, y se hizo proclamar rey de Italia, concluyendo así el Imperio romano.

  1. La literatura romana durante el Imperio. — El siglo de Augusto, como el siglo de Pendes, fue de corta duración. La literatura propiamente tal decayó notablemente durante el Imperio, dejando de ser espontánea y original, para convertirse en imitadora de los modelos antiguos, griegos y romanos. Pero toma un carácter más general, no por el fondo o la materia de sus obras, sino porque se extiende a las provincias, siendo Francia, España y Grecia, las que ofrecen al Imperio los principales cultivadores de la literatura latina y griega.

Además con la propagación del cristianismo en el Imperio, aparece una nueva pléyada de escritores que, si no tienen en sus obras la belleza de la forma de los del siglo de oro, introducen en la literatura latina un género casi desconocido antes, la literatura religiosa.

12′. Literatura griega. — La literatura griega, aunque decadente desde Pendes, fue cultivada en tiempo del Imperio, principalmente en las escuelas de Atenas y Alejandría. A esta época corresponden, Plutarco que escribió sus Biografías de hombres célebres; Arriano las Campañas de Alejandro, Dion Casio la historia romana; Appiano otra historia romana; Estrabon la Geografía; Ptolomeo el Almagesto; Pausanias su viaje histórico a Grecia.

 En Filosofía Ammonio Sakas fundó el neoplatonismo tratando de concertar la ciencia oriental con Pitágoras y Platon, sucediéndole su discípulo Plotino que alcanzó gran estimación en Roma, así como Porfirio y Longino, y el escéptico Sexto Empírico.

12′. Literatura cristiana. — En los primeros siglos de la Iglesia floreció la poesía entre los cristianos, inspirándose principalmente en la vida de Jesucristo y en los hechos de los mártires, distinguiéndose entre otros muchos san Gregorio de Nacianzo, el español Prudencio que escribió himnos y cánticos, y Aquilino Juvenco también español a quien se debe una vida de Jesucristo en versos latinos.

  Pero la principal importancia de la literatura cristiana se debe a los escritores en prosa, muy especialmente a los Padres de la Iglesia. Sus obras son, apologéticas (defensas), o de controversia (polémicas). Entre ellos escribieron en griego san Justino La Apología de la religión, san Clemente de Alejandría la exhortación a los Gentilles, Orígenes la Apología contra Celso, Eusebio la Demostración evangélica, y san Juan Crisóstomo la Providencia y las Homilías.

En lengua latina escribieron, Tertuliano el Apologético y otras obras, Lactancio las Instituciones Divinas, san Ambrosio de Milán los Deberes y la Virginidad, y san Agustín la Ciudad de Dios, las Confesiones, los Soliloquios y la Verdadera religión.

  1. Poesía. — Se distinguieron en la lírica los poetas satíricos Persio, Juvenal, Petronio, y el español Marcial; figuran en la dramática Séneca, por más que sus tragedias carecen de condiciones para ser representadas; y en la épica el español Lucano, que escribió Farsalia, Valerio Flaco, autor del poema los Argonautas, Silio Itálico que escribió en forma épica la historia de la segunda guerra púnica y Papinio Estacio que compuso dos poemas sobre Aquiles y los hijos de Edipo.

  PROSA. Historia. Debemos citar como historiadores en la época del Imperio, a Curcio Rufo que escribió los hechos de Alejandro, Veleyo Patérculo un resumen de la historia de Roma, Floro la historia romana, Valerio Máximo la historia antigua, Quinto Curcio, Eutropio, y Amiano Marcelino; pero merece especial mención C. Cornelio Tácito, el primero de los historiadores antiguos, del cual además de otras obras que se han perdido, han llegado hasta nosotros parte de los Anales, y de sus Historias, y completas la vida de Agrícola y las costumbres de los Germanos.

  Fuera de la Historia escribieron, Quintiliano la Retórica, Plinio el Mayor su Historia natural, Plinio el Joven el panegírico de Trajano y varias cartas, Apuleyo el Asno de oro, Aulo Gelio las Noches Aticas, Galeno sobre Medicina, y otros varios.

  Filosofía. Entre las diferentes escuelas de Grecia la que más influyó en Roma, y tuvo mayor arraigo durante el Imperio, fue el estoicismo, porque se amoldaba mejor al carácter y tendencias de la sociedad en aquel tiempo; sus principales representantes fueron Séneca, Epicteto y Marco Aurelio.

  1. El Derecho. — Los romanos cultivaron con especial predilección la ciencia del Derecho. Si en las otras ramas de la cultura humana fueron imitadores más o menos afortunados de los griegos, en el Derecho fueron completamente originales. Y es que Roma; pueblo eminentemente positivo y utilitario, y nacido para dominar, encontraba en esa ciencia la cultura propia de su carácter, y el elemento necesario para llenar sus aspiraciones.

Así se explica que el derecho alcanzase tanta perfección entre los romanos, que ha merecido se le llame la razón escrita; y que la principal influencia de Roma en los destinos de la humanidad procede de sus leves, por las cuales se han regido todos los pueblos y que aun hoy están informando los códigos de las naciones civilizadas.

  Y la época del mayor florecimiento del derecho romano fue el Imperio. En los últimos tiempos de la República tuvieron su origen las dos escuelas de Proculeyanos y Sabinianos; Augusto creó los responsa prudentun; Adriano y Marco Aurelio publicaron el Edicto perpetuo, armonizando las dos escuelas, introduciendo además los rescriptos del príncipe, por los cuales resolvía el emperador las consultas que se hacían sobre materias del derecho, siendo los principales jurisconsultos de esta época Gayo, Papiniano, Paulo, Ulpiano y Modestino.

RESUMEN DE LA LECCIÓN XXI.

—1.Los males del Imperio iban en aumento las luchas religiosas, la amenaza constante de los Bárbaros, la indisciplina de las legiones, la explotación de las provincias, y la corrupción de costumbres; todo anuncia la próxima ruina de la sociedad romana.

—2. Elegido Valentiniano emperador por los generales a la muerte de Joviano, asoció en el mando a su hermano Valente, encargándole el Oriente, mientras él gobernaba el Occidente. Valentiniano combatió a los bárbaros, y murió en guerra con los Marcomanos. Valente se ocupa en Oriento en luchas religiosas, favoreciendo a los Arrianos.

— 3. La invasión de los Hunnos obligó a los Visigodos a pedir permiso al emperador Valente para establecerse al S. del Danubio; y agobiados por las rapiñas de los delegados imperiales, se sublevan y vencen al emperador, que perdis la vida en Andrinópolis.

—4. Sucedieron los hijos de Valentiniano, Graciano y Valentiniano II. Graciano llamó a Teodosio, le dio el titulo de Augusto, y le confirió el gobierno del Oriente. Graciano fue vencido y muerto por Máximo, que había sido proclamado emperador en Bretaña; éste perdió la vida en la batalla de Aquileya Contra Teodosio. Valentiniano II fue asesinado por su general Arbogasto; pero Teodosio venció al asesino, que tuvo que suicidarse, muriendo también el retórico Eugenio que había sido nombrado emperador.

— 5. Teodosio dueño de todo el Imperio, rechazó a los Bárbaros en todas las fronteras; favoreció la fe ortodoxa, y se manchó con la matanza de Tesalónica que san Ambrosio le hizo expiar; y dividió el imperio dando el Oriente a su hijo Arcadio, y el Occidente a Honorio.

— 6. El paganismo dominaba todavía en el pueblo; pero derribada el estatuado la Victoria, a pesar de las súplicas de Símaco, no se volvió a levantar; en Oriente el pueblo destruyó los templos paganos; pero no desapareció por completo el paganismo hasta la irrupción de los Bárbaros.

— 7. Teodosio dejó a Estilicon como general de Honorio, y a Refino de Arcadio; pero la ambición de ambos hizo ineficaces sus esfuerzos contra los Bárbaros.

— 8. Estilicon venció a los Visigodos en Verona, y a los Sármatas conducidos por Radagaiso en Florencia. Honorio mandó matar a Estilicon; y los Visigodos con Alarico entraron en Italia y saquearon a Roma; Alarico murió poco después en Cosenza.

— 9. En España se establecieron los Suevos, Vándalos y Alanos: en la Galia los Francos, Borgoñones y Visigodos; y en la Bretaña, abandonada por las legiones, penetraron los Pictos y Escotos, y después los Anglos y los Sajones: los Vándalos pasaron al África, llamados por el conde Bonifacio.

— 10. Los Hunnos mandados por Atila penetraron en Galia, y fueron derrotados en la batalla do Chalons por Ecio, Meroveo y Teodosio. En una nueva expedición a Italia, Atila se retiró, cediendo a los ruegos del papa Leon el Grande. Poco después desaparecen los Himnos de la historia.

—11.         Valentiniano mandó quitar la vida a su único general, Ecio; el mismo Valentiniano perdió la suya, asesinado por Petronio Máximo, que le sucedió casándose con la viuda Eudoxia; ésta llama a los Vándalos de África, y Genserico saqueó a Roma por espacio de catorce cijas, muriendo Petronio. Después de este hecho se suceden varios emperadores, gobernados por Ricimero, hasta que Orestes colocó en el trono a su hijo Rómulo Augústulo, que fue destronado por Odoacro rey de los Hérulos, que se proclamó rey de Italia.

—12. La literatura decayó después del siglo de Augusto, y sus principales cultivadores pertenecieron ahora a las provincias; en esta época se desenvuelve también la literatura cristiana.

— 13. Se distinguieron en la poesía Juvenal y Marcial, Séneca, Lucano, Valerio Flaco, Silio Itálico y Papinio Estacio. En la historia Curcio Rufo, Veleyo Patérculo, Q. Curcio, y el primer historiador de la antigüedad, Tacito. Deben citarse además Quintiliano, los dos Plinios, Apuleyo, Galeno, etc.; en Filosofía mencionaremos a Séneca, Epicteto y Marco Aurelio que profesoraron el estoicismo

— 14. Los romanos cultivaron con predilección la ciencia del Derecho, alcanzando en ella gran superioridad sobre los griegos, y ejerciendo por ese medio, mayor influencia en los pueblos civilizados. Los principales jurisconsultos fueron Gayo, Papiniano, Paulo, Ulpiano y Modestino.

—15. Los principales autores griegos de esta época fueron Plutarco, Arriano, Dion Casio; Estrabon, Tolomeo Plotino, Porfirio, Longino y Sexto Empírico.

—16. En la poesía cristiana citaremos a san Gregorio Nacianceno, Prudencio y Aquilino Juvenco y la prosa los apologistas y polemistas, entre otros san Justino, san Clemente de Alejandría, Orígenes y san Juan Crisóstomo; y Tertuliano, Lactancio, san Ambrosio y san Agustín.





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