Edad Media: La Inquisición

Biografia de Avicena Medico y Filosofo Islamico

Biografia de Avicena Medico y Filosofo Islamico

En los sultanatos surgidos de la desmembración del califato de Bagdad, las artes y las ciencias adquieren gran esplendor en el siglo XI. Los estudios de un médico musulmán de origen persa alcanzan gran popularidad, traspasan las fronteras y llegan a Europa.

Su nombre es Abu Alíal-Husayn ibn Abdallah ibn Sina, pero en Occidente se lo conoce por Avicena.

Fue un filósofo y médico persa, considerado el científico más grande de la civilización islámica. Autodidacta, conoció a fondo la Filosofía aristotélica y neoplatónica y la Medicina de su tiempo.

Vivió un período de tiempos difíciles en Persia, y tuvo que viajar por diversas regiones, sin abandonar los estudios, que le dieron gran fama, llegando a ocupar en Hamadan los cargos de médico de corte y de visir.

Sabiduría sarracena en España. — Los árabes, conquistadores de España a principios del siglo VIII, habían alcanzado en el siglo X un notable grado de cultura.

Fundaron la Universidad de Córdoba, que constituyó uno de los principales focos del saber de Occidente y a la que concurrían numerosos estudiantes de todo el mundo musulmán.

Existían además escuelas y bibliotecas, donde se estudiaban literatura, retórica, astronomía, matemáticas, me dicina, zoología, botánica y química.

Las obras de los filósofos griegos fueron vertidas de sus traducciones árabes al latín, y de ese modo pudieron ser conocidas por los eruditos europeos, muy pocos de los cuales hubieran podido conocerlas directamente de sus originales.

Entre los sabios sarracenos más eminentes se pueden citar a Avicena, médico y filósofo, que fue llamado el Príncipe de los Médicos, que nació en Persia en 980 y murió en 1037.

Biografia de Avicena Medico y Filosofo Islamico
Nació en el año 980, en Afsana, pueblo próximo a Bujara, la hermosa capital del sultanato fundado por los samánidas.

Avicena era hijo de un recaudador de impuestos y desde muy niño dio muestras de su brillante inteligencia.

Tenía diez años cuando ya recitaba de memoria el Corán y diecisiete cuando curó al emir de Bujara de una grave enfermedad.

El agradecido soberano lo acogió entonces en su corte y le dio acceso a su gran biblioteca, donde estudió matemáticas, filosofía, astro nomía y medicina.

Los textos griegos clásicos fueron decisivos para su visión de las ciencias médicas. Autor asimismo de una gran obra filosófica, Avicena murió en junio de 1037 en Hamadán, víctima de una indigestión.

El gran manual de medicina: Cuando sólo tenía 21 años, Avicena escribió en árabe la más famosa de sus obras, el Canon de la medicina, del que incluso llegó a hacer una versión en verso que tituló Poema de la medicina.

En ella recogió las enseñanzas de Galeno, e hizo de la observación clínica una de sus principales virtudes. Anticipándose en varios siglos a otros estudiosos, Avicena detalló con precisión la meningitis, las fiebres eruptivas y la apoplejía entre otras enfermedades, para las cuales indicó acertados consejos curativos y preventivos basados en una dieta equilibrada.

Traducido al latín: En el siglo XII, Gerardo da Cremona, uno de los sabios de la Escuela de Traductores de Toledo, tradujo la obra de Avicena al latín.

El hecho tuvo gran importancia para la medicina medieval europea, ya que desde entonces el Canon de la medicina fue el manual básico de los estudiantes de medicina hasta mediados del siglo XVII.

La filosofía de Avicena: La filosofía de Avicena tuvo gran influencia sobre pensadores medievales posteriores como santo Tomás de Aquino y Roger Bacon.

Para él, la reflexión filosófica era un camino teórico y practico para encontrar la verdad, en el centro de la cual se halla Dios.

Según él, Dios es único y necesario y representa tanto el bien absoluto como la inteligencia perfecta.

Avicena sostiene que Dios es el único ser necesario, en quien esencia y existencia coinciden, mientras que en los demás seres la existencia es un accidente que se agrega a la esencia.

Esta idea ejerció gran influencia en la Filosofía escolástica. También afirma que la materia informe es creada eternamente por Dios.

Desarrolló estas ideas en La curación del error, tratado que recoge la tradición de Aristóteles y desarrolla la lógica, las matemáticas y la metafísica.

En el siglo XII, Gerardo de Cremona, uno de Los sabios de la Escuela de Traductores de Toledo, tradujo la obra de Avicena al latín. La traducción de Cremona de los cinco libros escritos en árabe respetando el estilo didáctico y minucioso de Avicena resultó decisiva. El hecho tuvo gran importancia para la medicina medieval europea, ya que desde entonces el Canon de la medicina jue el manual básico de los estudiantes de medicina de las universidades occidentales más importantes hasta el siglo XVII.

Entre sus muchos libros destacan dos: Kitab ash-shifa, una enciclopedia del conocimiento, traducida después al latín, que trata de Lógica, Metafísica, Psicología, Ciencias Naturales, y las cuatro materias del cuadrivium medieval (Aritmética, Geometría, Astronomía y Música).

El otro libro es el Canon de Medicina, texto sistemático fundamental para la Medicina medieval, tanto en Occidente como en el Islam, que puso a Avicena al nivel de Hipócrates y Galeno.

Fuente Consultada:
Grandes Cientificos de la Humanidad – Tomo I – Editorial ESPASA – Manuel Alfonseca – Entrada: Avicena
¿Sabes QUIEN…? – Editorial OCEANO – Entrada Avicena
Enciclopedia Electronica de Microsoft – ENCARTA-

Biografia Guillermo de Ockham Significado de la Navaja de Ockham

Biografia de Guillermo de Ockham
Explicación y Significado de «Su Navaja»

Guillermo de Ockham nació en 1285 en Ockham en el condado de Surrey (Inglaterra), conocido como Doctor Invincibilis y Venerabilis Inceptor fue filósofo inglés y teólogo escolástico, considerado el mayor representante de la escuela nominalista, la más consistente y directa rival de las escuelas tomista y escotista.

En los siglos XIII y XIV el problema de las relaciones entre la razón y la fe sigue siendo fundamental.

Mientras que para santo Tomás de Aquino la razón y la fe son fuentes de información distintas que en algunos casos proporcionan informaciones comunes, para Ockham se trata de fuentes diferentes con contenidos diferentes.

Por lo tanto afirma que tanto los atributos como la propia existencia de Dios son indemostrables por la razón.

Fue un distinguido discípulo del teólogo escolástico escosés Duns Escoto. El filósofo murió en Munich, mientras intentaba lograr una reconciliación con el papa Clemente VI en 1349.

Biografia de Guillermo de Ockham
Guillermo Occam (u Ockam), nacido en la localidad de este nombre en el condado de Surrey (Inglaterra), en los finales del siglo XIII (quizá en 1270), y fue llamado Inceptor Venerabais y Doctor Invencibilis.

Fue arcediano (diácono) de Stowe (Lincolnshire), profesor de Filosofía en París y catedrático de la misma disciplina en Bolonia.

Contendió a favor de los nominalistas contra los realistas, haciendo triunfar la tesis de aquéllos. Fue uno de los más eminentes dialécticos de la Edad Media y el mejor polemista de su escuela.

Duns Escoto y Guillermo de Ockham fueron quienes desarrollaron el camino señalado por Santo Tomás, llevando hasta sus últimas consecuencias algunos de sus puntos de vista.

El pensamiento de Ockham consiguió estimular a quienes buscaban un tipo de conocimiento empírico y experimental. Pero suscitó también una reacción contraria.

Si sus ideas se relacionan, en cierto modo, con el renacimiento de Aristóteles en el siglo XIII, la reacción contra ellas se desencadenó a partir de un nuevo renacimiento de Platón en el siglo XV.

Ockham se formó en la orden de los franciscanos y estudió y enseñó durante diez años en la Universidad de Oxford desde 1309.

Desde 1324 y por un período de casi 4 años estuvo apresado en el Palacio de Avigñon en Francia, como consecuencia de ser acusado por el Papa Juan XXII (imagen abajo) de impartir enseñanzas peligrosas.

Papa Juan XXIII enfrentado con Guillermo de Ockham
Excomulgado por el Papa Juan XXII, Ockham escribió contra el papado y defendió al emperador hasta que este murió en 1347.

En el conflicto surgido entre el papa Bonifacio VIII y Felipe IV el Hermoso de Francia, se puso al lado del monarca combatiendo al pontífice en una obra en la que sostenía que el Papa no tiene autoridad alguna en asuntos civiles y de Estado, que son de la exclusiva incumbencia de los príncipes y señores y que éstos tienen derecho a gravar con impuestos los bienes de la Iglesia.

Tras varias incidencias y reiteración de sus conclusiones, indispuesto con el papa Juan XXII se acogió a la protección de Luis de Baviera, pasando a Munich, donde actuó con su dialéctica a favor del bando gibelino.

Tan firmemente negó la realidad de las ideas abstractas, que hasta sostuvo que la existencia de Dios era asunto puramente de fe, no para ser conocido por intuición ni para ser probado enteramente por la razón (en cuyas conclusiones estaba contenida la esencia del nominalismo).

Este gran filósofo y polemista murió en Alemania en 1347.

Sostuvo la libertad de opinión contra las preocupaciones de su tiempo; dio mayor amplitud a las concepciones filosóficas, ensanchó los horizontes espirituales y preparó el advenimiento de más libres concepciones.

Se alió con los franciscanos contra el papa en una disputa sobre la pobreza de la orden y huyó a Munich en 1328 para acogerse a la protección de Luis IV, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, que había rechazado la autoridad pontificia en asuntos políticos.

La gran aportación de Ockham al pensamiento medieval es su actitud crítica respecto de las corrientes filosóficas de la época: el agustinismo, el aristotelismo, el tomismo y el escotismo.

Coincide con Escoto en su concepción del conocimiento en la defensa de la primacía de la voluntad sobre el entendimiento. La corriente filosófica pugnada por Ockham recibe el nombre de criticismo.

Fue un gran defensor de la lógica, herramienta que tiempo despúes se aplicará rigurosamente en el método cientifico para estudios formales, por ejempllo, fenómenos naturales.

Afirmaba que muchas creencias de los filósofos cristianos , como por ejemplo Dios creador de todas las cosas, o que el alma es inmortal eran imposibles de demostrar mediante la razón filosófica, sino tan sólo a través de la revelación divina.

Es muy conocido por un proceso llamado «la navaja de Ockham» un método que defiende un principio de economía en la lógica formal, y dice que cuando estudiamos un modelo determinado para resolver un problema, siempre el que contiene menor numero de variables es el mas confiable de ser la solución.

«En igualdad de condiciones, la explicación más simple y suficiente es la más probable, mas no necesariamente la verdadera»

¿Una navaja sin filo? La idea de la simplicidad puede interpretarse de distintos modos. ¿Se trata de rechazar la incorporación de entidades injustificadas o de hipótesis injustificadas?.

Hay muchos aspectos distintos: a la limitación del número y de la complejidad de las hipótesis al mínimo se alude en ocasiones como «elegancia»; y a la minimización del número y la complejidad de entes, como «parsimonia».

Pero cada una de estas opciones puede contradecirse: la incorporación de un ente desconocido, como un planeta o una partícula subatómica, puede suponer una gran oportunidad para el andamiaje teórico como para descartarla.

Pero si existe una incertidumbre semejante acerca del sentido de la navaja, ¿es razonable esperar que nos proporcione una orientación segura?.

Ockham principio
Principio de Parcimonia
Albert Eisntein simplicidad de ecuaciones
Albert Einstein decía «Todo dede hacerse lo mas simple que sea posible, pero no menos»

¡NO LA COMPLIQUES!…

leonardo da vinci y la simplicidad

«La simplicidad es la máxima sofisticación«. En esta frase atribuida a Leonardo da Vinci se nos revela todo un mundo de interpretaciones, y nos trasmite su sabiduría respecto a la vida y al estudio científico.

SINTESIS SOBRE SU FILOSOFÍA: Fue el creador del nominalismo, respuesta al problema de los universales, tan controvertido en la Edad Media. Sostuvo que la fe y la razón son irreconciliables y que cualquier intento de fundamentar racionalmente el dogma religioso acabaría por destruirlo.

El pensamiento de Ockham contiene una valoración de lo individual y del conocimiento empírico de los hechos que contribuyó de forma decisiva al desarrollo de las ciencias experimentales. Entre sus obras destacan un comentario de las Sentencias de Pedro Lombardo y una Suma en la que comenta la lógica aristotélica.

Fuente Consultada: 50 Cosas Que Hay Que Saber Sobre Filosofía de Ben Duré Editorial Ariel

La Filosofia Escolastica Caracteristicas y Representantes

La Filosofia Ecolastica Origen, Caracteristicas y Representantes

La filosofía escolástica. — La filosofía escolástica, cuyos estudios adquirieron fomento a partir de la segunda mitad de la Edad Media, consistía en el intento de acomodar las doctrinas eclesiásticas a un sistema científico, como construir una teoría que coordinada la fe con la razón.

Los maestros en estos estudios fueron conocidos con el nombre de escolásticos y tuvieron que hacer grandes esfuerzos y recurrir a toda clase de sutilezas dialécticas para concordar los dogmas de la verdad revelada y otros extremos teológicos y metafísicos, con las conclusiones científicas y los dictados de la razón.

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La principal preocupación de los escolásticos fue la de integrar el conocimiento ya adquirido de forma separada por el razonamiento de la filosofía griega y la revelación cristiana. Estos estudios de teología escolástica alcanzaron su mayor intensidad en la universidad de París.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS: Las obras de Aristóteles se perdieron en Europa tras el fin del imperio romano.

Fueron redescubiertas en los albores de la Edad Media gracias a que habían sido preservadas por la tradición islámica, y se supo de ellas por los comentarios de algunos filósofos islámicos, en particular de Avicena (Ibn Sina, 980-1037) y Averroes (Ibn Rushd, h. 1126-1198).

A medida que las obras de Aristóteles se fueron difundiendo en la cristiandad, los filósofos cristianos se esforzaron por entenderlas y reconciliarlas con la doctrina cristiana.

Como muchos de estos filósofos vivían en las universidades medievales o «escuelas» de Oxford, París y Bolonia, han llegado a ser conocidos como los «escolásticos».

El más importante de los filósofos escolásticos fue Tomás de Aquino , cuyo trabajo proporcionó al cristianismo (y más adelante a la Iglesia católica) su filosofía oficial –un tipo de aristotelismo– que ha perdurado hasta la actualidad.

Uno de los problemas más peliagudos para los filósofos escolásticos era cómo reconciliar la teoría del alma de Aristóteles con la teoría cristiana de la vida espués de la muerte.

Según la visión aristotélica, forma y materia son inseparables.

Como el alma es la forma de la materia corporal, hay un problema con la visión cristiana de que, a la hora de la muerte, el alma se separa del cuerpo y sobrevive a éste.

Los escolásticos respondieron haciendo hincapié en que las almas se reúnen con sus cuerpos el día del Juicio.

No obstante, esto no explica cómo las almas de los muertos pueden sobrevivir sin sus cuerpos desde el momento de la muerte hasta el día del Juicio, y este problema puso a prueba el ingenio de los escolásticos.

La solución adoptada por muchos –que el alma toma y habita un «cuerpo espiritual» antes del día del Juicio– probablemente habría sido rechazada por Aristóteles.

Existieron dos bandos o tendencias principales en estas discusiones fueron el de los nominalistas y el de los realistas.

Los primeros sostenían que todas las ideas, en general, eran meras palabras (nomina).

Los segundos afirmaban resueltamente que las ideas no son formadas por el entendimiento, sino que tienen una existencia real (del latín res, cosa) independiente de la mente y del objeto particular y ponían como ejemplo la belleza, que en abstracto tiene existencia real, independíente de la cosa bella.

Esta controversia que se sostuvo muy apasionadamente en el siglo XII, se reprodujo a principios del XVI, resolviéndose a favor de la tesis de los nominalistas.

El beneficio concreto que a la humanidad reportaron estas disputas, no fue de índole directa, sino que adiestró a las inteligencias en el dominio de las dialécticas y las preparó para más fructuosas indagaciones que posteriormente sobrevivieron.

Fue un movimiento filosófico y teológico que intentó utilizar la razón natural humana, en particular la filosofía y la ciencia de Aristóteles, para comprender el contenido sobrenatural de la revelación cristiana.

En su origen “escolástico” designaba a los maestros de las escuelas monásticas o catedralicias medievales, de las que surgieron las universidades, pero acabó por aplicarse a cualquiera que enseñara filosofía o teología en dichas escuelas o universidades.

Caracteristicas y Representantes

Los principales representantes escolásticos. — El fundador de la escuela nominalista fue Juan Roscelín o Roscelino , nacido en Bretaña por el año 1050, que era monje de Compiegne y que llevado de su antirrealismo había llegado a incurrir en herejía con su particular interpretación del misterio de la Trinidad; herejía de la que abjuró formulariamente por temor a la excomunión, pero a la que siguió aferrado in mente.

Juan Roscelín o Roscelino: Comúnmente es considerado el primer defensor del nominalismo y tenido como su fundador. No se dispone de referencias directas sobre su vida, se le conoce por la crítica y condena que hizo de él Anselmo de Canterbury

Otra gran figura del escolasticismo fue San Anselmo, el gran filósofo y teólogo cristiano que fue llamado el Doctor escolástico; estudió en el monasterio de benedictinos de Bec, en Normandía, del que llegó a ser abad.

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San Anselmo

La abadía de Bec, bajo la dirección de Anselmo se convirtió en sede principal de la enseñanza en Europa, y grandes figuras de la Filosofía e insignes teólogos acudieron a la cátedra de Anselmo; uno de sus discípulos, y más tarde detractor de su doctrina, fue el famoso Abelardo.

Todas sus conclusiones tienden a preconizar la exégesis literal de las verdades cristianas.

Por su carácter personal, Anselmo fue uno de los varones más excelsos de la Iglesia cristiana; era piadoso, amable, sincero, y de notable grandeza de espíritu.

Su personalidad se ha confundido por algunos panegiristas con las de San Anselmo, que fue arzobispo de Canterbury y del cual el abad de Bec había sido discípulo.

Abelardo, como ya hemos indicado, controvertió con Anselmo rebatiendo sus enseñanzas y diciendo de su obra que «era un árbol frondoso, pero sin fruto» y del maestro que «era un ingenio cuyas chispas quemaban, pero no daban luz».

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Abelardo, teologo, filosofo y poeta:Es reconocido por la crítica moderna como uno de los grandes genios de la historia de la lógica, de la que hacía uso a través de los géneros y técnicas de la diatriba dialéctica y un dominio silogístico profundo.

Fue gran erudito y filósofo escolástico, de brillante talento y fogoso espíritu, fue notable en su época como gramático, orador, poeta, místico, filósofo, teólogo y matemático.

Pero a pesar de sus grandes talentos y su profunda y polifacética cultura, su memoria ha pasado a la posteridad por motivos muy diferentes de los que, lógicamente, parecen indicados para hacer famoso a un hombre de sus facultades intelectuales.

La celebridad de Abelardo nace de su pasión por Eloísa, doncella a quien sedujo cuando estaba encargado de su educación filosófica, la raptó después, teniendo descendencia y finalmente la hizo secretamente su esposa, siendo por estos hechos víctima de la atroz venganza de la familia de Eloísa, que lo hizo mutilar por unos desalmados.

Empezó sus explicaciones en París acerca de temas de filosofía, teología y retórica por el año 1104, contando entre sus discípulos a San Bernardo.

Su fogosidad y la predicación de doctrinas consideradas heréticas, le acarrearon persecuciones y condenas; fue declarado hereje en 1122 por el Concilio de Soissons.

Se retiró a Troyers, en donde hizo vida de austera penitencia, fundando allí un oratorio dedicado al Paráclito o Espíritu Santo consolador.

Pasó después al monasterio de Saint Guildas en Rhuys, del que fue nombrado abad, pero en 1140 disputó en el Concilio de Sens con San Bernardo, y habiendo recurrido Abelardo al papa, que a la sazón lo era Inocencio II, fue condenado a cárcel perpetua, penalidad que después se conmutó por la de clausura en un monasterio.

Desde entonces y hasta su muerte, ocurrida en 1142, llevó una vida de edificante humildad.

Eloísa hizo profesión religiosa, llegando a ser abadesa del Paráclito.

Los amores de Abelardo y Eloísa son conocidos por las cartas escritas en honor de aquélla por su amante.

Otro escolástico célebre fue Pedro Lombardo, natural de Lombardía, que clasificó las opiniones de los Padres de la Iglesia bajo determinados conceptos, siendo conocido como el Maestro de Sentencias (u opiniones), debido a la precisión y sistema dogmático de su obra. Murió siendo obispo de París por el año 1164.

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Pedro Lombardo

Juan de Salisbury, fue otro escolástico insigne. Elegante escritor en prosa y verso fue reputado quizá como el mejor del siglo XII; dejó una copiosa bibliografía en la que preconiza la educación clásica literaria y se muestra enemigo de los sofistas que arguyen con dialéctica verbalista.

Fue discípulo de Abelardo, a quien admiraba, y amigo de Tomás Becket, canciller de Inglaterra, quien le confirió diversas misiones diplomáticas cerca de varios Pontífices, las que desempeñó a satisfacción.

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Juan de Salisbury

En las desavenencias surgidas entre el rey Enrique II y Becket, que ya era arzobispo de Canterbury, siguió fiel a su amistad con éste, por lo que tuvo que huir de Inglaterra.

Vuelto después a ella, por la aparente reconciliación del monarca y el arzobispo, estuvo a punto de ser asesinado, como lo había sido su protector.

Finalmente se le nombró obispo de Chartres, en cuya sede murió en 1180.

Otros escolásticos relevantes. — Los siglos XIII y XIV fueron los de más auge de la filosofía escolástica.

Se distinguieron en esta modalidad: Alejandro de Hales, eclesiástico inglés, llamado el «Doctor irrefutable», que perteneció a las universidades de Oxford y París y modificó la obra de Pedro Lombardo.

Buenaventura, monje franciscano de Toscana (1221-1274), a quien se conoce por el título de «Doctor seráfico».

Fue profesor de Teología en París y hombre de vida intachable y gran elevación de pensamiento. La Iglesia lo ha canonizado.

Tomás Bradwardin, llamado también «El Doctor profundo», rebatió la herejía pelagiana en su obra De Causa Dei (De la causa de Dios contra Velagio), tratando las cuestiones teológicas con una orientación a estilo matemático.

Dicho libro se considera como una obra maestra de argumentación doctrinal.

Tomás Bradwardin, murió en 1339, pocas semanas después de haber sido consagrado arzobispo de Carterbury, a consecuencia de la peste bubónica, epidemia que, a la sazón, asolaba Europa.

Santo Tomas de Aquino y Duns Escoto. Dos insignes doctores de la Iglesia, lumbreras de la filosofía escolástica brillaron en el siglo XIII; fueron Santo Tomás de Aquino y Juan Duns o Dunsio Escoto.

El primero fue el patrocinador de la escuela o tendeni ia tomista y el segundo, adversario de Tomás de Aquino lo fue de la escolástica.

Nacido lomas de Aquino en 1225, tres localidades se disputan el honor de ser su cuna, a saber: Aquino, Belcasro y Roccasecca.

Los documentos en que basaba su pretensión el segundo de dichos lugares resultaron apócrifos, quedando la duda entre el primero y el último de ellos.

Pero los resultados de investigaciones posteriores parecen inclinarse a que el nacimiento debió ocurrir en Roccasecca.

El apellido Aquino viene pues, del título de conde de Aquino que ostentaban los padres.

Los primeros rudimentos de educación los recibió en el monasterio de Montee assino, donde ingresó por conveniencias políticas de su padre. Después pasó a Nápoles a completar sus estudios.

Allí ingresó en la Orden de los dominicos, de la que quiso’ arrancarle su madre para llevarlo a la de los benedictinos.

A consecuencia de tales manejos, fue secuestrado y preso Tomás de Aquino, que. al fin, fue devuelto a los dominicos.

Su vida fue un ejemplo de asombrosa actividad; viajó por toda Europa, predicando, conferenciando y rigiendo los asuntos de la Orden a que pertenecía.

Fue el teólogo más relevante de su tiempo; gozó de la más alta estimación de papas y príncipes, y fue llamado después de su muerte, ocurrida en 1247, el «Doctor Angélico» y también «Ángel de las escuelas » ; y «Águila de los Teólogos»; la Iglesia lo elevó a los altares.

Su obra maestra es la Summa teológica que se considera como el resumen completo del saber de su tiempo sobre aquella materia.

Duns Escoto, sobre cuyo nacimiento existen pocas y oscuras referencias, se cree que debió nacer en Duns (Escocia), de donde dimana su apellido, pero también el Northumberland (Inglaterra) e Irlanda, se atribuyen su cuna.

La fecha de su nacimiento es también indeterminada. Perteneció a la Orden franciscana, fue monje en Oxford, en cuya universidad llegó a ser profesor de Teología en 1301, atrayendo a su cátedra estudiantes de toda Europa por su fama de sabiduría y capacidad.

En 1304 pasó a París como profesor de Teología, donde recibió el nombre de Doctor Sutil. Murió en 1308.

Las divergencias esenciales entre tomistas y escotistas consistía en que los primeros proclamaban el entendimiento como el más alto principio de la mente y sostenían la existencia de una distinción real entre las facultades y la esencia del entendimiento; mientras que los segundos afirmaban que la voluntad es el principio más elevado y negaban toda diferencia real entre las facultades y el entendimiento.

Supremacía de la Filosofía aristotélica. — Las grandes obras de los filósofos griegos apenas eran conocidas en su lengua original por todos los escolásticos que sólo sabían de ellas por sus traducciones latinas a través de las de los árabes.

Pero Tomás de Aquino, que dominaba la lengua griega, fue el introductor de esta filosofía en el sistema ortodoxo de la Iglesia, y por ello alcanzó difusión universal.

La filosofía aristotélica, que hasta entonces no había trascendido en los conocimientos de la época, trasplantada a través del sistema aristotélico, despertó el espíritu de investigación científica en la naturaleza, cuyos comienzos ya se empiezan a apreciar en esta época de la Edad Media.

Ver: Biografia y Filosofía de Guillermo de Ockham

Enlace Sobre la Escolastica

Fuente Consultada: Historia Universal de la Civilizacion Tomo I Edades Antigua y Media – La Escolastica – Editorial Biblioetca Hispania Ilustrada

Torneos y Duelos Entre Nobles en la Edad Media Sus Ocupaciones

Torneos y Duelos Entre Nobles en la Edad Media

Desde el siglo IX todos los guerreros combatieron a caballo, y así fueron llamados caballeros. Utilizaban equipos especiales de protección y ataque, que sumados a un buen caballo, implicaba un gasto muy importante parar aquella época, que solo los nobles podían conseguir.

Para proporcionarse este equipo costoso, y para hacer vida de caballero, se necesitaba disponer de bastantes recursos para vivir sin trabajar.

Todo caballero era, por tanto, poseedor de grandes fincas. Jamás las cultivaba directamente, dejaba este cuidado a sus campesinos. Ni siquiera se ocupaba de ellas, tenía un intendente que le llevaba el producto de las cosechas. Pasaba la vida en la caza o en la guerra.

Este género de vida parecía entonces superior a cualquier otro. Todos los que disfrutaban los medios adecuados vivían como caballeros, incluso los condes y los reyes. Los más ricos, dueños de varios pueblos, se llamaban señores o barones.

Era una honra ser caballero. Los caballeros formaban una clase en la que no eran admitidos más que los de su linaje.

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El varón joven de ella empezaba por aprender la profesión de hombre de armas, montar a caballo, saltar, trepar por la escala, manejar la lanza y la espada. Por lo común, no hacía este aprendizaje en su familia. Su padre le enviaba a casa de otro señor más rico que le tomaba a su servicio.

El joven era criado, servía a la mesa, hacía las camas, considerándose honrosos todos estos servicios. Al mismo tiempo aprendía a manejar las armas. A veces aprendía a leer y escribir; pero la mayor parte de los caballeros no sabía leer.

Acabado el aprendizaje, era necesaria una ceremonia para ser armado caballero. El joven se bañaba en una cuba. Se le ponía una loriga y un casco.

Entonces un caballero, por lo común el caballero a quien había servido, le ceñía el cinturón y la espada, luego le daba con el puño en la nuca, la acolada, diciéndole: » ¡Sé caballero! «.

El novicio montaba a caballo, empuñaba la lanza, arrancaba a galope e iba a derribar un maniquí preparado al efecto.

Solamente los ricos eran caballeros y los demás permanecieron siendo escuderos toda la vida. Pero, a partir del siglo XIII, los escuderos combatían con las mismas armas que los caballeros. No había entre ellos más que una diferencia de título.

LA GUERRA: La ocupación del noble era la guerra. No la hacía por cumplir un deber con su país, sino por placer. (ver: Caballeros Medievales)

En Francia, todo noble tienta el derecho de guerra. SI disputaba con otro noble, o si se creía ofendido, le enviaba un cartel de desafío y la guerra quedaba declarada. A veces se empezaba a combatir sin previa declaración.

En una asamblea, dos caballeros se habían trabado de palabras y habían venido a las manos. Inmediatamente, las familias de los dos adversarios se veían obligadas a entrar en guerra, teniendo cada uno de ellos el derecho de atacar a los parientes del otro.

Los nobles entraban a caballo y en tropel en las tierras de su enemigo, llevándose los rebaños y ios caballos, talando árboles y mieses, maltratando a los campesinos o degollándolos, robando sus casas, prendiéndoles fuego (para lo cual llevaban expresamente los botafuegos). Intentaban también apoderarse de los castillos de sus enemigos.

Cuando las dos tropas se encontraban, se lanzaban al trote largo una contra otra, y se trababa la batalla. Cada cual trataba sobre todo de derribar del caballo a su adversario.

El jinete, una vez en tierra, se veía tan embarazado por su armadura que no podía huir.

Los criados, que habían quedado a retaguardia durante la batalla, acudían, se apoderaban de los enemigos caídos en tierra, los despojaban de sus armas, los ataban y conducían prisioneros.

El vendedor conservaba las armas y los caballos. Encerraba al vencido en prisión, con frecuencia en un calabozo subterráneo, y le conservaba prisionero hasta que había pagado rescate. Muchos caballeros tenían como oficio capturar a gentes nobles para hacerles pagar rescate.

Los combatientes trataban, por tanto, más de hacer cautivos que de matar, y como la armadura de hierro les preservaba, el peligro no era muy grande.

En una batalla entre el rey de Francia y el de Inglaterra (1159), de 900 caballeros que entraron en combate, tres solamente fueron muertos y 140 cayeron prisioneros.

TORNEOS: Cuando no había guerra, los caballeros de un país arreglaban un torneo. Se reunían en dos bandos y peleaban en campo abierto. Como en una batalla verdadera, el que derribaba a su adversario le tomaba el caballo y la armadura y le hacía pagar rescate.

Un gran señor, Guillermo el Mariscal, que gobernó Inglaterra en tiempo de Enrique III, en una sola temporada, entre, la Cuaresma y la Pascua de Resurrección, hizo prisioneros a 103 caballeros.

En un torneo realizado en la Champaña, en que combatían 3.000 caballeros de Francia e Inglaterra, le dieron en el casco golpes tan violentos que no pudo arrancarlo de la cabeza.

Fue a una herrería, puso la cabeza en el yunque, e hizo que le quitaran el casco a martillazos.

El torneo era a veces más peligroso que una batalla. En un torneo celebrado en Alemania el año 1240, perecieron sofocados 60 caballeros.

El Papa intentó prohibir estos juegos peligrosos, negando hasta el derecho de ser enterrado a cualquiera que pereciese en ellos, pero no fue obedecido.

Los torneos eran grandes fiestas, y para presenciarlos acudían las gentes de largas distancias. Los mercaderes iban a ellos como a una feria.

Se continuó, pues, celebrando torneos hasta ios últimos tiempos de la Edad Media. Pero para que los daños fueran menores, se combatió con lanza embotada y espada sin filo. Se empezaron a usar ricos trajes, y el torneo vino a ser un espectáculo al que se convidaba a las señoras.

LOS DUELOS: Seguían los caballeros, conforme al uso de los francos, decidiendo las causas judiciales mediante un combate que se denominaba batalla, duelo o juicio de Dios (se creía que Dios daba el triunfo al que tenía de su parte el derecho).

Cuando un caballero presentaba querella contra otro, aun cuando le acusase de un crimen, los jueces no indagaban si tenía razón.

El acusado tenía derecho a manifestar que quería «defenderse mediante batalla». Arrojaba a los pies de los jueces si; prenda de desafío, por lo común un guante, y los jueces ordenaban el duelo, es decir, el combate.

Las mujeres, los viejos, los eclesiásticos, que personalmente no podían batirse, se hacían sustituir por un campeón. Los que no eran caballeros, los de la clase media o baja, combatían con un escudo y un palo.

Los combatientes llegaban con las armas que fijaba la costumbre, y cada uno de ellos juraba tener la razón. Después se les hacía entrar en un campo cercado (campo cerrado) y peleaban hasta que uno de ellos se confesaba vencido.

El vencedor ganaba la causa. Si el vencido era acusado de un crimen, los jueces le declaraban culpable y le condenaban a muerte. Cuando se acusaba a una mujer y su campeón resultaba vencido, era ejecutada.

Se utilizaba el duelo aun para decidir una cuestión de derecho.

En Alemania, en el siglo X, se trataba de decidir si la herencia de un individuo había de corresponder a un nieto o a un sobrino.

El rey Otón hizo batirse a dos campeones, y el duelo decidió que en lo sucesivo heredaría el nieto.

ocupacion nobles en la edad media

Formacion de Grandes Feudos en Francia

Historia de la Formacion de Ducados y Condados en Francia

DESMEMBRACIÓN DEL REINO DE FRANCIA EN GRANDES FEUDOS
Desde los tiempos de Carlomagno había en cada comarca un jefe de guerreros, encargado por el rey de gobernarla, por lo común con el título de conde.

Cada conde regía una ciudad, casi siempre cabeza de una diócesis, con su territorio llamado condado.

En las fronteras los jefes tenían un territorio mayor y se llamaban duques.

El rey no nombraba condes o duques más que a grandes propietarios que tenían a su servicio una tropa de caballeros, era preciso que fueran bastante fuertes para hacerse obedecer.

Cuando un conde o un duque dejaba al morir un hijo, el rey generalmente se veía obligado a nombrar a este hijo en su lugar.

Pero, para mostrar que el nuevo conde o duque era un funcionario al servicio del rey, debía personalmente presentarse al monarca y jurar serle «fiel», ceremonia que se llamaba homenaje.

De esta suerte los condes o duques eran los fieles o los hombres del rey que habían jurado obedecerle.

El ducado o el condado que cada uno debía regir se consideraba como un dominio que el rey le había dado para disfrutarle vitaliciamente, y a esto se llamaba dar en feudo.

He aquí por qué los condados y los ducados fueron llamados los grandes feudos.

En el siglo X se había establecido la costumbre de considerar los condados y los ducados como una herencia que el padre trasmitía a sus hijos. Los grandes feudos se habían hecho hereditarios.

Como los reyes de Francia habían distribuido todas las provincias entre los duques y los condes, ya no tenían territorios en los que fueran verdaderamente dueños.

El año 946, el rey Luis IV decía al duque Hugo: «Has ocupado Reims, me has quitado Laon, no disponía más que de estas dos ciudades para mi retiro. Mi padre ha sido preso y encerrado, no ha sido libre sino al morir. De la monarquía de mis antepasados ya no queda más que la sombra».

Entonces el reino de Francia se vio desmembrado entre las familias de los condes y de los duques. No había tantos como condados, porque las familias más poderosas había reunido varios condados.

En su territorio el conde o el duque tenía los mismos poderes que el rey, y como ya no obedecía al rey de Francia, era en realidad a modo de rey en pequeño y su territorio un verdadero Estado.

Pero varios de ellos tenían por bajo otros condes que les juraban fidelidad como ellos la juraban al rey, y que les obedecían mejor que ellos obedecían al monarca. He aquí por qué no es fácil hacer la lista de los grandes feudos entre los que se repartía el reino de Francia.

Si no se cuentan más que los duques y los. condes fieles al rey, se encuentran menos de veinte. Hay más de treinta,, si se cuentan también los vasallos de los duques y de los condes.

Todo el norte de Francia, hasta el Loire, pertenecía a seis grandes familias:

1º) El condado de Flandes ocupaba todo el territorio comprendido desde el Escalda hasta el Somme, y no era más que un país selvático en el que no había más ciudades que Arras;

2°) Desde Flandes a Bretaña se extendía el ducado de Normandía, trasmitido a los descendientes de Rollón. Era el más poderoso de todos. El duque era mejor obedecido por sus subditos que ningún otro príncipe de Francia. Les había prohibido hacerse guerra unos a otros;

3º) El ducado de Bretaña pertenecía a una familia de guerreros celtas que habían adoptado el título de rey de Bretaña. Como los piratas daneses había destruido aquel reino, los duques se habían refugiado en el territorio donde se hablaba francés, en Nantes y habían venido a ser príncipes franceses. El país estaba, y ha persistido, dividido en dos partes; la Bretaña bretona, a occidente, donde se habla celta, la Bretaña francesa, al este, Rennes y Nantes;

4º) A lo largo del Loire la familia de los condes de Blois había reunido la comarca de Blois, la Beauce y la Sologne;

5º) El condado de Champagne se extendía por la gran llanura del Mame;

6º) En el Loire los condes de Anjou, establecidas en un principio en Angers, habían adquirido la Turena y el Maine y se batían con sus vecinos de Normandía y de Bretaña.

Todo el resto del territorio al norte del Loire estaba dividido. La familia más poderosa, la del duque Hugo, dueño de París, iba a ser la familia real de Francia (la comarca se llamó más tarde Isla de Francia).

El territorio comprendido entre París y el Somme, donde había muchos obispos (Laon, Beauvais, Soissons, Noyon, San Quintín, Amiens), iba a llamarse Picardía (país de los picardos), lo cual quiere decir probablemente hombres armados con la pica.

Del lado del este, !a comarca del Saona formaba el ducado de Borgoña. El duque tenía por vasallos a varios condes, cuyo territorio se extendía por todas partes (Nevers, Auxerre, Sens, Chalon-sur-Saone, Macón).

Pero no tenía sobre ellos gran poder y, aun en su ducado, era muy poco obedecido.

Al sur del Loire, el territorio más grande de todos era el ducado de Aquitania, que llegaba desde el Loire hasta el Gironda. Pero el duque de Aquitania no poseía realmente más que el país más cercano a la costa, la Guyena, es decir, la comarca de Burdeos, el Saintonge y el Poitou.

Todo lo demás (la Auvernia, el Périgord, Angulema, la Marche), hasta las montañas del centro de Francia, pertenecía a condes vasallos del duque de Aquitania, pero por entero independientes.

Al sur de Gironda, hasta los Pirineos, se extendía el ducado de Gascuña país de los gascones. Pero como los duques tenían la costumbre de dividir sus bienes entre sus hijos, el ducado se había repartido entre varias familias que ostentaban por lo común el título de vizconde.

Toda la comarca comprendida desde el Garona hasta el Ródano, que hoy se llama Languedoc, dependía del conde de Tolosa; pero éste no era dueño más que en el condado de Tolosa. El resto era de sus vasallos (condes de Rodez, de Carcassone; vizcondes de Albi, de Béziers).

A ambos lados de los Pirineos, a orillas del Mediterráneo, el condado de Barcelona era todavía un feudo del reino de Francia. Tenía casi todo su territorio al sur de los Pirineos, en Cataluña, pero también un trozo al norte, el Rosellón, donde hoy todavía se habla catalán.

El reino de Francia no pasaba del Ródano y de la llanura del Saona. Ei territorio situado más allá (Provenza, Delfinado, Saboya, Franco Condado), formaba parte del reino de Arles.

En cada uno de estos países, el duque o el conde era un príncipe independiente y hereditario. Francia estaba de esta suerte dividida en pequeños Estados.

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Penitencias y Castigos de la Iglesia Medieval Excomunion

Condenas y Castigos de la Iglesia Medieval: Excomunión, Entredicho y Penitencias

En todos los países cristianos la Iglesia había acabado de organizarse. Todo el territorio estaba dividido en diócesis, cada una sometida a un obispo.

Como la Iglesia prohibía el establecimiento de obispados en otros lugares que en una ciudad, los reyes de Alemania habían fundado ciudades para poner en ellas obispos.

Cada obispo tenía un territorio muy vasto y una escolta de caballeros, siendo por tanto un gran señor. En Alemania, donde los obispos habían recibido del rey territorios considerables, habían llegado a ser príncipes.

En los campos, los grandes propietarios habían mandado edificar iglesias y las habían dotado con una tierra.

iglesia medieval
Imagen de una gran galeria de un monasterio medieval

El sacerdote vivía del producto de aquella tierra y de las ofrendas de los fieles. Se le llamaba cura, porque tenía la cura (el cuidado) de las almas.

El término sometido a una cura se llamaba parroquia. Todos los aldeanos de la parroquia había de acudir a su iglesia, donde los fieles se reunían para el culto, con un campanario que se veía desde lejos y campanas que se tocaban para anunciar los actos del culto, pilas bautismales para bautizar a los niños, y alrededor de la iglesia un cementerio para enterrar a los muertos.

Los aldeanos pudieron entonces celebrar todas las ceremonias religiosas sin acudir a la ciudad.

La iglesia consagrada a un santo que se adoraba como patrono (protector) de la aldea. Hoy todavía, la fiesta del patrono es la fiesta del pueblo y un número muy grande de pueblos llevan el nombre de su patrono (San Juan, San Pedro, San Pablo, San Miguel).

Los obispos y los sacerdotes hacían vida común con los fieles a quienes guiaban, y así eran llamados secular (que vive en el siglo). Los monjes constituían el clero regular (sujeto a una regla). Vivían lejos del mundo, en comunidad, en un terreno extenso.

El monasterio comprendía siempre varios grandes edificios, que muchas veces rodeaba un recinto fortificado. Delante se alzaba el hospicio donde se alojaban los visitantes, la morada del abad, la escuela, la iglesia.

Detrás el convento, formado frecuentemente por cuatro edificios alrededor de un patio, comprendía el dormitorio donde se acostaban los frailes, las celdas donde trabajaban, el refectorio donde comían, la cocina, el frutero, la despensa, los depósitos, los talleres y la biblioteca.

El patio estaba muchas veces rodeado de galerías cubiertas que se llamaban claustro.

Alrededor del convento se alzaban otros edificios, las granjas, los graneros, los establos, el lavadero, la panadería, el lagar; más tarde las viviendas de los criados y de los aldeanos que cultivaban las posesiones conventuales. Era a veces una pequeña ciudad.

Más de cien ciudades de Francia fueron dominios de conventos (Vézelay, Abbeville, Saint-Maixent).

Los frailes seguían la regla de San Benito, que determinaba el empleo de todas las horas del día. Empezaban antes de amanecer por ir a la iglesia a cantar los maitines. Varias veces al día volvían al templo para otros oficios [prima, tercia, sexta, nona, vis-peras).

El resto del tiempo trabajaban cuidando de la gente que tenían en el campo, haciendo ornamentos de iglesia, copiando manuscritos. Habían de obedecer todas las órdenes del abad, con frecuencia un gran personaje, que no vivía con los monjes.

Se creía entonces que lo que se daba a un convento se daba a Dios o a un santo, patrono del convento, que sabía agradecérselo al donante. Las donaciones se hacían, no a un fraile o a un abad, sino al santo (a San Pedro, a San Martín).

Los fieles, sobre todo los grandes propietarios y sus esposas, daban por tanto tierras «por la salvación de su alma» o «por el perdón de sus pecados», o para ser enterrados en la iglesia del convento.

Los conventos seguían aumentando de este modo sus tierras y se fundaban nuevos conventos. Algunos (como la abadía de Cluny) tuvieron posesiones en toda Europa.

LA EXCOMUNIÓN

Los obispos y los sacerdotes daban los Sacramentos, de que nadie se atrevía a prescindir, por miedo a quedar condenado. Podían también negarlos y prohibir la entrada en la iglesia, y a esto se llama excomulgar, es decir, excluir de la comunión.

El obispo o el sacerdote, con un cirio encendido en la mano, pronunciaba una fórmula de maldición, como ésta, por ejemplo: «En virtud de la autoridad divina conferida a los obispos por San Pedro, arrojamos al culpable del seno de la Santa Madre Iglesia, y le condenamos al anatema de una maldición perpetua.

excomunion de la iglesia

Sea maldito en la ciudad, maldito en los campos. Malditos sean su granero, sus cosechas, sus hijos y el producto de sus tierras. Que ningún cristiano le dé los buenos días, ningún sacerdote le diga la misa ni le de los sacramentos.

Sea enterrado con los perros. Sea maldito dentro y fuera, sus cabellos, su cerebro su frente, sus oídos, sus ojos, su nariz, sus huesos, sus mandíbulas.

Y de igual modo que hoy se apagan estos cirios que arrojo de mi mano, la luz de su vida se extinga en la eternidad, a menos que se arrepienta y satisfaga a la Iglesia de Dios enmendándose y haciendo penitencia».

Luego el sacerdote arrojaba el cirio al suelo.

La excomunión vino a ser un medio para defender las iglesias y sus tierras de las intrusiones de los seglares. Cuando un caballero maltrataba o metía en prisiones a un sacerdote o a un fraile, cuando invadían las tierras de un convento o se apropiaba bienes de una iglesia, el obispo o el abad le excomulgaba.

La excomunión servía también para obligar a los eglares a obedecer las reglas de la Iglesia. Se excomulgaba a los herejes y a los que les apoyaban. Se excomulgaba a los señores que se casaban contra las prohibiciones de la Iglesia.

Estaba prohibido casarse con una prima aun en cuarto grado, o con la madrina de un niño del cual se hubiera sido padrino.

El rey de Francia Roberto se había casado con su prima Berta (995). El Papa reunió un Concilio que declaró nulo el casamiento y ordenó separarse a Roberto y a Berta, y hacer penitencia durante siete años, so pena de quedar excomulgados.

Excomulgó al arzobispo de Tours que había bendecido el matrimonio. Roberto, que amaba a su mujer, no quiso separarse de ella. Ambos fueron entonces excomulgados, y todos sus criados, excepto dos, los abandonaron.

Decíase que sus criados no querían tocarlos, que les llevaban la comida en una pala de mango largo, y que hacían pasar por el fuego todas las cosas que ellos habían tocado.

Berta dio a luz un niño contrahecho que murió en seguida, y se dijo que era un monstruo, con cuello de serpiente y patas de ganso, que Dios había hecho nacer para castigarla.

Roberto y Berta se sometieron. Berta se retiró a un convento y Roberto casó con otra mujer.

Los señores poderosos no siempre tenían en cuenta la excomunión. Tenían a su servicio capellanes que seguían diciendo misa para ellos y dándoles los sacramentos. Felipe Augusto y Juan sin Tierra estuvieron excomulgados durante varios años.

EL ENTREDICHO

En el siglo XI los obispos, para obligar a someterse a los señores, emplearon el entredicho. Prohibían el culto en todos los dominios del señor. Cuando un territorio era puesto en entredicho, el clero dejaba de celebrar toda ceremonia religiosa y de dar sacramentos.

Ya no se podía casar, ni enterrar a nadie en el cementerio (excepto los eclesiásticos y los niños pequeños). Las iglesias eran despojadas de todos sus ornamentos, como el Viernes santo, en señal de luto. Los sacerdotes no decían misa más que a puerta cerrada.

No se podía comer carne, ni cortarse el pelo y la barba. Todos los días, de mañana, tocaban los campanas, y todos debían prosternarse la cara contra el suelo y decir oraciones de penitencia. Se esperaba, castigando a los subditos, obligar al señor a someterse.

Cuando Felipe Augusto se negó a reunirse con su mujer Ingeburga, el Papa puso todo el reino de Francia en entredicho. Todas las iglesias se cerraron, no se decía misa más que una vez por semana, el viernes, muy
de mañana.

Los sacerdotes habían de predicar el domingo fuera de la iglesia, debajo del pórtico. La comunión no se daba más que a los enfermos en peligro de muerte; las mujeres no podían siquiera entrar en las iglesias para que bautizasen a los niños (1198).

El rey se enfadó en un principio y hasta expulsó a los obispos que habían pronunciado el entredicho. Pero al cabo de dos años cedió y se separó de su segunda mujer.

LAS PENITENCIAS

Era costumbre muy antigua en la Iglesia que el cristiano excluido de la comunidad por haber incurrido en pecado, no podía ser admitido de nuevo sino después de haber hecho penitencia, es decir, acto de arrepentimiento, cuando el pecado se había cometido públicamente, la penitencia era pública.

El penitente, cubierto con hábito de paño burdo, los pies descalzos, se estaba a la puerta de la iglesia. Se prosternaba ante los que entraban, y les suplicaba que rezasen por él.

El obispo vertía ceniza en sus frentes y les entregaba la tela de saco con que debían cubrirse. La ceremonia tenía lugar el primer día de Cuaresma, que fue llamado Miércoles de Ceniza.

El que había hecho penitencia pública no podía volver a armarse, y por tal razón los francos y los alemanes no aceptaron esta costumbre. La penitencia pública siguió siendo excepción. Se imponía como consecuencia de grandes delitos.

El parricida, por ejemplo, debía llevar, rodeándole el cuerpo, una cadena de hierro, e ir por el mundo sin detenerse en ninguna parte.

Un conde de Anjou, Foulques, acometido al final de su vida, de un acceso de arrepentimiento, se hacía arrastrar por un criado que por las calles le iban dando latigazos. En ocasiones, la Iglesia, por el asesinato de un eclesiástico, impuso a un príncipe penitencia pública.

Por lo común, las penitencias eran secretas. Antes de dar la absolución a un cristiano, el sacerdote le prescribía como penitencia ayunar, o repetir una oración, o dar una limosna, o ir a una peregrinación.

Luego se tomó la costumbre de disciplinarse. Los más celosos, como San Luis, empleaban cadenitas de hierro. Durante la gran peste de 1348, bandas de penitentes atravesaron Francia deteniéndose en las plazas de las ciudades y disciplinándose las espaldas desnudas. Se les llamaba flagelantes.

LAS PEREGRINACIONES

En todo tiempo los cristianos habían creído que los santos tenían la facultad de hacer milagros, no solamente en vida, sino después de muertos. Sus huesos, sus ropas, los objetos que les habían pertenecido, se creía que curaban a los enfermos.

Se los llamaba reliquias, que quiere decir restos. Se conservaba, por ejemplo, la cabeza de San Juan Bautista, los huesos de Lázaro, en Colonia las cenizas de los tres Reyes Magos. Había en muchas ciudades muelas o pelos de Cristo, pedazos de la Verdadera Cruz, trozos del manto de la Virgen y aun lágrimas del Salvador.

peregrinaciones medievales

Todos los príncipes, los señores, los obispos, los conventos, trataban de poseer reliquias. Se guardaban

cuidadosamente, por lo común, en un relicario de oro o plata. Muchas veces se construía expresamente una capilla. La Santa Capilla de París fue hecha por San Luis para conservar la corona de espinas de Jesucristo traída de Oriente. Se consideraban las reliquias como una protección para la ciudad.

En caso de peste, de inundación, de sequía, se sacaban las reliquias en procesión. Cierto día, por lo común el de la fiesta del Santo, los fieles podían arrimarse a tocarlas.

Entonces acudían en multitud hombres, mujeres y niños enfermos que buscaban su curación, o penitentes, porque la visita de las reliquias de un santo servía de penitencia para borrar los pecados.

Las gentes así venidas se llamaban peregrinos (es decir, extranjeros). Llevaban hábito de paño, semejante al de los frailes; la barba crecida y un palo largo.

Frecuentemente iban con los pies descalzos o con sandalias. Muchos se habían puesto en camino sin provisiones y sin dinero, y pedían de comer y posada en el camino, porque se creía ser agradable a Dios o a los santos dando de comer al peregrino, y estaba prohibido hacerles daño.

Los lugares de peregrinación que atraían más gente eran las tumbas de los santos cuyo poder se creía más grande.

En Francia, el sepulcro de San Martín, en Tours, y el de San Serenín, en Tolosa. En España, el sepulcro del Apóstol Santiago, en Compostela.

En Italia, el de San Benito, en el Monte Casino, y sobre todo el de San Pedro, en una iglesia de Roma. A este último acudían peregrinos de toda Europa, y en los caminos principales que conducían a Roma se habían hecho hospicios para alojarlos.

Pero el más venerado de todos era naturalmente el de Jesucristo, el Santo Sepulcro, en Jerusalén.

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Biografia de Juan Luis de Leon Poeta Lirico Español

Biografía de Juan Luis de León Poeta Lírico Español

Además de autor místico, Fray Luis de León fue uno de los más notables poetas líricos de la literatura castellana.

Su Vida. Nació en Belmonte, Cuenca (1527) y realizó sus primeros estudios en Madrid y en Valladolid. Su padre era abogado y consejero real.

Se trasladó a los catorce años a estudiar en la Universidad de Salamanca, pero a los pocos meses, ingresó en el convento da San Agustín, donde profesó (1544).

Continuó sus estudios en la Universidad de Toledo, donde obtuvo el grado de bachiller. Completó sus estudios universitarios en Salamanca, y se graduó de licenciado y maestro en Sagrada Teología (1560).

Fray Luis de Leon

A partir de entonces se entregó de lleno a la vida universitaria Después de un fracaso en una oposición a los 32 años obtuvo la cátedra de Santo Tomás (1561) en otra oposición muy reñida, y cuatro años más tarde otra.

La Universidad de Salamanca era por ese entonces «un semillero de discordias y rivalidades», en las cuales se mezclaban los asuntos académicos con los personales y los teológicos.

La discordia alcanzó su más espinoso momento a propósito de una corrección del texto de la Biblia, que enfrentó a los hebraístas —entre los cuales se contaba Fray Luis— con los escolásticos intransigentes.

Fray Luis defendió la doctrina de un ajuste más próximo a los textos originales hebreos, lengua que él dominaba, refutando en algunos pasajes o vocablos la traducción al latín que había efectuado San Jerónimo, en su famosa y aceptada versión, conocida como la Vulgata.

Para colmo de males, un familiar de Fray Luis hizo circular inocentemente, y sin permiso, algunos borradores privados del sabio hebraísta, que contenían una traducción al español, desde el original hebreo, del Cantar de los Cantares de Salomón, que forma parte de la Biblia.

Las traducciones de la Biblia a lengua vulgar habían sido expresamente prohibidas por la Iglesia, y confirmadas después por el Concilio de Trento (1564).

Fray Luis, que había efectuado esta traducción a pedido de una monja prima suya, se convirtió en sospechoso, y por estas y otras rencillas de cátedra, fue acusado por un religioso rival ante el tribunal de la Inquisición en Valladolid, el cual lo apresó (1572) junto con otros dos hebraístas y lo mantuvo en la cárcel inquisitorial durante el juicio.

Se le imputaba que en los comentarios académicos que hacía de la Biblia daba preferencia al texto original hebreo sobre el de la Vulgata, y que esto se debía a una actitud favorable al judaismo, heredada por sangre de algunos antepasados suyos de origen hebreo.

Además, se lo responsabilizaba de la traducción sin permiso del libro de Salomón y de haberla hecho circular.

Sin embargo, el tribunal supremo de la Inquisición lo declaró inocente y le restituyó todos sus derechos. La Universidad de Salamanca le devolvió la cátedra, que Fray Luis renunció en beneficio del religioso que la había ocupado durante su proceso.

Al año siguiente (1577), se le otorgó la cátedra de Teología Escolástica. Se dice que al dictar su primera clase, la comenzó con la frase «Decíamos ayer…» (Dicebamus hesterna die), que algunos especialistas consideran histórica y otros no.

Continuó así su vida consagrado a la enseñanza. Ganó dos nuevas oposiciones, de Filosofía Moral (1578) y de la Biblia (1579), que desempeñó hasta su muerte (1591).

Hacia 1582 se vio envuelto en otro proceso, a propósito de la publicación de un libro de un padre jesuíta, pero el tribunal de la Inquisición «no hizo caso de rencillas universitarias y claustrales sólo atendió a la cuestión dogmática, dando por valederas las exculpaciones del procesado».

Se vio así Fray Luis libre de la acusación fiscal y las actuaciones se redujeron únicamente al sumario.

Fue honrado en vida con varias misiones difíciles: integró una comisión para la reforma del Calendario Gregoriano (1578): participó de la reforma carmelitana, siguiendo el espíritu de Santa Teresa; se le encargó por el Consejo Real la publicación de las obras de Santa Teresa, que cumplió con éxito.

Cuando estaba en la tarea de escribir una vida de la santa, a pedido de la emperatriz, y hacia pocos días que había sido nombrado provincial de los agustinos de Castilla, falleció en Madrigal (1591).

Sus restos fueron trasladados a Salamanca, donde hoy reposan en la capilla de la Universidad.

Personalidad de Fray Luis. Fray Luis fue un sabio de gran cultura y, pese a los ataques de sus enemigos, gozó de extraordinaria fama entre sus contempóraneos por sus dotes personales, la maestría de sus versos y su dominio de las disciplinas bíblicas y teológicas.

Según el retrato que de él hizo un hombre de la época, Fray Luis era de físico atractivo, muy callado, agudo en sus respuestas, puntual en el cumplimiento de sus compromisos, poco o nada risueño, temperado pero firme en sus actitudes, y muy sobrio en sus comidas y en el sueno.

«Hay algo de grandeza en toda su vida y su obra —dice Carlos Vossler–, ya fuera por la forma que dio a las cosas, ennobleciéndolas, ya porque nada pudo rebajarle ni conseguir nada de él. Fray Luis de León fue un gran artista, pero fue también un gran hombre».

La obra. Compuso obras en latín, hoy prácticamente olvidadas; hizo su famosa traducción del Cantar de los Cantares al castellano, y escribió obras religiosas y poesías.

En prosa escribió los Nombres de Cristo (1583) y La perfecta casada (1583), que junto con sus poesías son las obras que mayor fama le han dado.

La perfecta casada es un libro bastante popular, en el que con sencillez de estilo y naturalidad de tono, explica los deberes de la mujer casada en el matrimonio.

Los «Nombres de Cristo». De las obras en prosa de Fray Luis, éste es el libro de mayor importancia literaria y religiosa. Fue escrito en la cárcel.

Tres interlocutores, Sabino, Juliano y Marcelo —el propio Fray Luis— dialogan sobre los nombres que se da a Cristo en las Sagradas Escrituras: Brazo de Dios. Hijo de Dios, Jesús, Cordero, Amado, etc., y con este motivo se desarrollan y ejemplifican pasajes bíblicos.

Se ha encontrado una estrecha relación entre este libro y un opúsculo anterior escrito por un beato (Alonso de Orozco), pues aparecen los mismos nombres —menos uno…..- y en el mismo orden.

Por esta razón, el plan y la idea original del libro no serían de Fray Luis sino de su antecesor. Pero entre una y otra obra —según los críticos — hay una gran diferencia.

El primero vale como unos apuntes, mientras que la obra del agustino adquiere el tono de una solemne disertación, de profundidad filosófica y deslumbrante valor poético.

Estos diálogos han sido comparados a los de Platón por la madurez artística. «En nuestra lengua escriben Hurtado y Falencia— no hay nada que pueda compararse con aquellas soberbias amplificaciones de los pasajes bíblicos, en los que llega Fray Luis a la cumbre del arte literario.»

El estilo es de una excepcional riqueza y en sus páginas pone en evidencia el agustino su gran capacidad de fantasía, una exquisita sensibilidad religiosa y espiritual, aparte de un manejo magistral de la prosa castellana.

El poeta horaciano y místico. Fray Luis, en poesía, «es, sin disputa, el más grande de nuestros líricos y uno de los mayores de todas las literaturas, en el sentir de propios y extraños» (Hurtado y Palencia).

No tomó a la poesía como un objeto de su actividad intelectual, a pesar del alto concepto que le adjudicaba. Las fue componiendo incidentalmente en su trayecto de estudioso y maestro, y la mayor parte fueron obras de su mocedad.

No las escribió tampoco para ser publicadas, pero a instancias de un amigo, las recogió en un momento de su vida, les corrigió las deformaciones que con el tiempo se habían deslizado en las copias manuscritas, y preparó una edición que no salió a la luz.

Contenía este volumen composiciones originales, traducciones de profanos y versiones bíblicas. Unos cuarenta años después de la muerte del autor, Francisco de Quevedo las editó (1631) «para poner un dique a la invasión del culteranismo», aunque con algunas deficiencias y errores.

Fray Luis es el poeta de lengua castellana que mejor aprovechó el ejemplo del poeta latino Horacio, no sólo en sus traducciones sino también en las composiciones originales. Se supone que las traducciones fueron los primeros ensayos poéticos del religioso.

Pero este horacianismo es muy restringido y más bien radica en la asimilación de las formas y el estilo del poeta romano.

Horacio fue un poeta epicúreo, pagano y sensualista, mientras que Fray Luis fue un artista bíblico cristiano y místico, inspirado profundamente en la religión católica, y admirador fer viente del tono augusto y majestuoso de la poesía bíblica de origen hebreo.

Las composiciones de Fray Luis son sencillas y sobrias. Transmiten una impresión de dolor espiritual, de; nostalgia por el destierro en esta vida frente a la grandeza inconmensurable de los cielos.

Admira el paisaje exterior, en sus manifestaciones plácidas, hermosas y serenas, sobre todo el cielo estrellado y el panorama campestre.

No escribió muchas poesías, pero algunas de sus piezas están consideradas como insuperables {Noche serena; Vida retirada; La Ascensión; las odas A Felipe Ruiz y A Salinas, sobre la música y La profecía del Tajo).

Fuente Consultada:Literatura Española, Hispanoamericana y Argentina de Carlos Alberto Loprete Editorial Plus Ultra

OBRAS Y EDICIONES: La perfecta casada. Buenos Aires México, Espasa-Calpe Argentina. 1944. Poesía completas. Buenos Aires. Sopena. 1942, 2 v. El Cantar de loa Cantares. Versión y exposición de Fray Luis de León,Buenos Aires, ArKentilín. 1938. De los nombres de Cristo. Buenos Ai res-México,, Espasa-Calpe Sopena, 1953.

LECTURAS COMPLEMENTARIAS Y ESTUDIOS: Carlos Vossler, Fray Luis de León. Traducción del alemán por Carlos Clavería. Buenos Aires-México, Espasa-Calpe Argentina,, 1946.

La Cultura Burguesa Mercantil en la Edad Media Mercaderes y Banqueros

La Cultura Burguesa Mercantil en la Edad Media Mercaderes y Banqueros

A menudo tenemos la impresión de que en la Edad Media la iglesia monopolizaba la cultura. La enseñanza, el pensamiento, las ciencias y las artes habrían sido hechas para ellos y por ellos, o por lo menos bajo su inspiración y su control. Falsa imagen que debe corregirse ampliamente.

En realidad el dominio de la Iglesia sobre la cultura solamente fue total durante la Alta Edad Media. Distinta es la situación a partir de la revolución comercial y el apogeo de las ciudades.

Por fuertes que sigan siendo los intereses religiosos, por poderoso que sea aún el cerco eclesiástico, hay grupos sociales antiguos y nuevos con otras preocupaciones, con sed de conocimientos prácticos o teóricos distintos de los religiosos y que crean instrumentos de saber propios y medios de expresión también propios.

mercaderes en la edad media
Ciudad Medieval y su Comercio

El mercader desempeñó un papel capital en el nacimiento y desarrollo de esta cultura laica. Para sus negocios precisa conocimientos técnicos. Por su mentalidad, se dirige a lo útil, a lo concreto y a lo racional. Gracias a su dinero y a su poder social y político, puede satisfacer sus necesidades y realizar sus aspiraciones.

Muchos historiadores han abierto el camino hacia una investigación de la instrucción del mercader y su papel en la historia de la educación. Por ahora solo disponemos de informaciones dispersas sobre un tema capital: las escuelas laicas medievales.

Podemos suponer que, desde muy temprano los burgueses, o sea esencialmente los mercaderes, obtuvieron el derecho de abrir escuelas, y lo utilizaron.

En 1179 existen escuelas comunales en Gante, y la libertad de enseñanza —conquistada a pesar de la resistencia encarnizada de la Iglesia— fue solemnemente reconocida por la condesa Matilde y el conde Balduino IX en 1191.

En general, si bien la Iglesia logró conservar la enseñanza «superior» y parte de la enseñanza «secundaria», tuvo que abandonar la enseñanza primaria. En las parvae scolae o scolae minores —por ejemplo en Ypres, en 1253, está permitido a cualquiera abrir escuelas de este tipo— los hijos de la burguesía mercantil reciben las nociones indispensables a su futuro oficio.

La influencia de la clase mercantil se deja sentir en especial en cuatro campos: la escritura, el cálculo, la geografía y las lenguas vivas.

La escritura
Sabido es cuan unida está la escritura a las necesidades a que responde. Depende estrechamente del medio que la utiliza, es eminentemente un «hecho de civilización». Sabemos que el paso de la escritura antigua, «cursiva antigua», a la escritura de la Alta Edad Media, minúscula Carolina, solo puede explicarse por la sustitución de una civilización por otra. Igualmente, el retorno a la cursiva en los siglos XII y XIII es un hecho integrado en todo el movimiento económico, social e intelectual que conduce al nacimiento de una sociedad nueva.

En la diversificación de escrituras que entonces se produce, junto a la escritura de Cancillería elegante y cuidada, hecha para actos solemnes, y a la escritura notarial, a la vez embrollada y abreviada, debemos conceder un lugar a la escritura comercial, limpia y rápida, que expresa «energía, equilibrio y gusto». Es la que responde a las crecientes necesidades de la contabilidad, de la teneduría de libros y de la redacción de actas comerciales.

Escribirlo todo, escribirlo en seguida y escribirlo bien: he aquí la regla de oro del mercader. Un genovés aconseja a fines del siglo XII: «No debes olvidarte nunca de asentar bien por escrito todo lo que haces. Escríbelo en seguida, antes de que se te haya ido de la mente.»

Y el anónimo florentino del siglo XIV dice: «No se debe tener pereza de escribir». «Scripta manent» es más cierto para el mercader que para nadie. Gracias a él, la escritura, una escritura limpia y cómoda, útil y corriente, ocupa un puesto de primer orden en las escuelas primarias.

El cálculo matemático
Y con la escritura, el cálculo. Su utilidad para el mercader es todavía más evidente. La enseñanza del cálculo comienza con el empleo de instrumentos prácticos que sirven al escolar, y luego al financista y al comerciante, para calcular. Son el abaco y el tablero, «humildes antepasados de las máquinas de calcular modernas».

A partir del siglo XIII se multiplican los manuales de aritmética elemental, como el escrito en 1340 por Paolo Dagomari de Prato, apodado Paolo dell’Abaco. Entre los tratados científicos, hubo algunos que han sido de singular importancia, tanto para la contabilidad como para la ciencia matemática.

fibonacci matematico

Así el Tratado del abaco —líber abbaci— que publica en 1202 Leonardo Fibonacci. (imagen superior) Es un pisano cuyo padre es oficial de aduanas de la Repú blica de Pisa en Bugia, África. Se inicia en las matemática!, que los árabes tomaron de los hindúes, en el mundo cristiano-musulmán del comercio, en Bugia, en Egipto, en Siria y en Sicilia, por donde viaja por negocios.

En su obra introduce el empleo de las cifras árabes y del cero, la innovación capital de la numeración por posición y de las operaciones con fracciones y del cálculo proporcional.

Ampliando más sus estudios, en 1220 publica una Práctica de la geometría. A fines de la Edad Media, Luca Pacioli escribe en 1494 su famosa Summa de Arithmetica, resumen de los conocimentos aritméticos y matemáticos del mundo del comercio; en él se extiende especialmente sobre la contabilidad por partida doble. Mientras tanto, desde 1410 se difunde por Alemania otro manual, el Método de cálculo de Nurentberg.

luca pacioli matematico

La geografía
Otro campo de investigación necesario para el mercader: la geografía práctica, donde se codean los tratados científicos, los relatos de viajes y la cartografía.

Se ha dicho que el famoso Libro de las maravillas de Marco Polo fue uno de los best-sellers de la Edad Media; y el gusto por los libros de aventuras, inclusive novelados, estuvo tan desarrollado en aquel tiempo que pudo asegurar el éxito del libro apócrifo de Sir John Manndeville, donde la imaginación entraba en mucho.

Las escuelas cartográficas genovesas y catalanas produjeron los admirables portulanos, descripciones —acompañadas de mapas— de las rutas marítimas, los puertos y las condiciones de navegación.

En este medio erudito que escribía para especialistas y profesionales provistos de compás, astrolabios e instrumentos astronómicos, nació Cristóbal Colón, quien no partió a la ventura, como quiere la leyenda, sino provisto de un fuerte bagaje de conocimientos y de técnicas que lo llevaban hacia un objetivo determinado.

Para uso del mercader que iba al extranjero habla tratados que enseñaban, por ejemplo, «lo que debe saberse al ir a Inglaterra», como indicaba Giovanni Frescobaldi, mercader-banquero florentino, o «lo que debe saber un mercader que se dirige a Catay», es decir, a China, como escribía en unas páginas famosas Francesco di Balduccio Pegolotti, factor de los Peruzzi.

Las lenguas vulgares
El conocimiento de las lenguas vulgares le es indispensable al mercader para entrar en contacto con su clientes.

Desde muy pronto, los libros y las cuentas se llevan en lengua vulgar, en lengua vulgar se escriben las actas comerciales y, a pesar de la existencia de intérpretes en los principales centros de intercambio, se redactan diccionarios para uso de mercaderes, como un glosario árabe-latino y especialmente un diccionario trilingüe latín, dimano (lengua turca que era la jerga comercial del Mar Negro al Mar Amarillo) y persa.

Al principio, sin duda a causa de la importancia de las ferias de Champaña, la lengua internacional del comercio fue el francés. Pero pronto tomó el primer puesto la lengua italiana, mientras en la esfera hanseática dominaba el bajo alemán.

No es de sorprender que el desarrollo de las lenguas vulgares haya ido unido al progreso de la clase mercantil y sus actividades. El texto más antiguo que se conoce en lengua italiana es un fragmento de las cuentas de un mercader de Siena del año 1211.

La historia
Los mercaderes no se contentan con estos conocimientos básicos. Se interesan por la historia. Ésta les ayuda no solo a glorificar su ciudad y el papel que en ella desempeña su clase, sino también a situar, comprender los acontecimentos que enmarcan su actividad y de los cuales son actores.

En 1338, Giovanni Millani describió en cifras a Florencia, en una página célebre y excepcional: cantidad de habitantes, de barrios, de parroquias, de corporaciones y de miembros de las mismas, número de los negocios más importantes, monto de los impuestos y balance de las finanzas públicas. En el siglo XV, el veneciano Marian Sañudo intentará también valorar en números el poderío veneciano.

Así, junto con los documentos oficiales, los censos y las listas fiscales, la literatura histórica alimenta —aun cuando los datos sean a veces erróneos— a la pobrísima estadística medieval. Se ha observado un hecho impresionante: «que la historiografía florentina del siglo XIV es el monopolio casi exclusivo de los hombres de negocios».

Hombres de negocios son Diño Compagni, Giovanni y Matteo Villani, Giovanni Frescobaldi, Donato Velluti y Marchione di Copo Stefani, quienes, en cada generación, redactan crónicas precisas, basadas en datos reales, en las cuales el autor, aun cuando sea parte, no se conforma solo con palabras.» De este modo, junto a los cronistas atentos solo a los hechos políticos y religiosos, nace una categoría de historiógrafos preocupados por lo económico.

Los manuales de comercio
Ciertos mercaderes confiaron sus conocimientos y sus experiencias en manuales de inestimable valor. Estas Prácticas del comercio enumeran y describen las mercancías, los pesos y medidas, las monedas, las tarifas aduaneras y los itinerarios.

Proporcionan fórmulas de cálculo y calendarios perpetuos; describen los procedimientos químicos para fabricar aleaciones, tintes y medicinas; aconsejan tanto sobre la forma de defraudar al fisco, como el modo de comprender y utilizar los mecanismos económicos.

Están inspirados por un vivo sentimiento de la dignidad de los mercaderes; ya hemos visto algún ejemplo de los mismos.

Los más célebres son italianos. Son las Prácticas del comercio de los flbreritinds Francosco di Balduccio Pegolotti, que fue factor de los Peruzzi en Famagusta, en Brujas y en Londres, y de Giovanni di Antonio da Uzzano; El libro de las mercancías y usos de los diversos países, atribuído a Lorenzo Chiarini; y una obra veneciana anónima, Tarifa y conocimiento de los pesos y medidas de las regiones y países que se dedican al comercio en el mundo

Todo este bagaje intelectual, todas estas herramientas culturales siguen vías divergentes de las de la Iglesia: conocimientos técnicos profesionales y no teóricos y generales; sentido de la diversidad y no de lo universal, que conduce, por ejemplo, al abandono del latín por las lenguas vulgares; busca de lo concreto, de lo material y mensurable.

La Iglesia no comienza a sentirse inquieta e incómoda hasta que el auge comercial influye en el reclutamiento universitario. Las Facultades más frecuentadas son las que conducen a los oficios laicos o semilaicos más lucrativos: la Facultad de Derecho y la de Medicina. La primera forma a los notarios, tan necesarios en el siglo xm a causa de la abundancia de contratos comerciales. La segunda desemboca en un oficio con frecuencia mixto de médico y boticario: el droguista, que a menudo es el más solicitado en la sociedad burguesa.

La racionalización
El historiador Renouard ha destacado que la cultura mercantil condujo a la laicización, a la racionalización de la existencia. El escenario, el marco de la vida dejaba de ser coloreado por la religión. Los ritmos de la existencia ya no obedecían a la Iglesia.

Medir el tiempo se convertía en necesidad para el mercader; y la Iglesia se revelaba inhábil para ello. Un calendario regulado por fiestas móviles era muy poco cómodo para el hombre de negocios.

El año religioso comenzaba en una fecha que oscilaba entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Los mercaderes precisaban puntos de partida y referencias fijas para sus cálculos y para establecer los balances.

Eligieron entre las fiestas litúrgicas una fiesta secundaria, la Circuncisión, e hicieron que sus cuentas comenzaran y acabaran el l9 de enero y el l9 de julio.

La Iglesia había determinado también las horas por las estaciones y las oraciones que les correspondían. Maitines, Prima y Ángelus se regulaban con el sol y variaban durante el año. Las campanas respondían a los cuadrantes solares.

El mercader necesitaba un cuadrante racional dividido en doce o veinticuatro partes iguales. Él fue quien favoreció el descubrimiento y la adopción de los relojes de repique automático y regular. Florencia lo tuvo desde 1325, Milán en 1335, Padua en 1343, Genova en 1353 y Siena en 1359.

Una cultura de clase
Sin embargo, sea cual fuere su influencia sobre el desarrollo de la enseñanza, no debe creerse que la clase mercantil intentara beneficiar con su cultura a todo el mundo.

Ya la especialización originaria, unida al deseo de conservar esos famosos secretos que quería guardar celosamente, la conducían a un aprendizaje interno: el que recibían sus hijos, al salir de la escuela primaria, en la tienda paterna o junto a asociados o colegas extranjeros.

Y esta enseñanza práctica, reservada a los hijos de los mercaderes-banqueros, demuestra que la movilidad social en el mundo de los negocios en la Edad Media no fue tan grande como se ha dicho a veces.

Y la imposibilidad de hacer que sus hijos recibieran en las escuelas religiosas una formación técnica apropiada y, sobre todo, también el deseo que pronto sintieron de manifestar su rango social mediante la segregación escolar, llevó a los mercaderes a apelar a preceptores y hacer que sus hijos recibieran lecciones particulares en su propia casa.

La arquitectura
Donde primero imprimió su huella la burguesía fue en la arquitectura. La Alta Edad Media había visto surgir dos tipos de monumentos: la mansión señorial, el castillo-fortaleza; y el edificio religioso, la iglesia.

Desde ahora se desarrollarán otras dos categorías de monumentos: la arquitectura civil pública y la casa patricia. Esta última solo progresivamente se fue desprendiendo del carácter militar de la Alta Edad Media. Tanto la preocupación defensiva como el deseo de prestigio, habían llevado a los primeros ricos ciudadanos a construir esas casas ornadas de torres cuyos restos sorprendentes vemos aún en San Gimigniano.

En efecto, las torres son un signo deslumbrante de la asimilación de la rica burguesía a la nobleza. Convertidos en propietarios rurales, los mercaderes de Messina hicieron fortificar su granja, como Perrin Auchier en Longchamps entre 1313 y 1325, como los Hesson en el dominio de Brieu hacia 1318.

Esta costumbre pasa de Italia a Alemania: en el siglo XV, unas cuarenta casas burguesas de Regensburg tienen torres. Pero pronto los palacios de los patricios pierden gran parte de su aspecto militar.

Sin embargo, el temor a los motines o a los asaltos y el deseo de garantizar el secreto de la actividad interna de los mercaderes, hizo que en Florencia los palacios de los Médicis y de los Strozzi conservaran un aspecto severo que tiene algo de fortaleza.

En Siena, numerosos palacios de grandes familias de mercaderes, como el palacio Salimbeni, están todavía provistos de almenas. Sin embargo, las ricas mansiones de los patricios se abren hacia el exterior por todas partes, mediante ventanas, galerías o logias donde los mercaderes ofrecen a sus conciudadanos el teatro suntuoso de sus ceremonias familiares: bodas y funerales.

Como la logia de los Guinigi en Luca. La búsqueda de la elegancia se manifiesta sobre todo en los admirables patios interiores, que son una de las primeras manifestaciones del espíritu del Renacimento.

En Venecia, libre de los temores de motín o de guerra entre sus muros, la búsqueda de materiales, de ligereza y de suntuosidad en las fachadas se manifestó con más brillo, como testimonia todavía el extraordinario despliegue de mármol y piedra a lo largo del Gran Canal.

La pintura
También la pintura llevó la marca del mecenazgo de los mercaderes. La encontramos en las iglesias, en las capillas donde celebraban sus ceremonias privadas y se hacían enterrar las grandes familias del comercio y de la banca, capillas cuyos muros hacían adornar con frescos: capilla de los Peruzzi y de los Bardi en Santa Croce, de los Scrovegni en Padua (donde desplegó su arte Giotto), de los Strozzi y de los Pazzi en Santa María Novella; capillas Brancacci en Santa María de Carmine (donde Nasaccio revolucionó el arte del fresco); capilla del palacio Médicis donde Benozzo Gozzoli representó a los miembros de la ilustre familia en el fresco de los Reyes Magos; coro de Santa María Novella done Ghirlandaio nos conservó los rasgos puros y serenos de las mujeres de la familia Tornabuoni.

En efecto; en el arte del retrato la clientela burguesa influyó profundamente en la pintura. Sentimientos piadosos y gusto por el prestigio lkvaron por igual al mercader a hacerse representar en los cuadros.

El mercader comparte con el noble y el clero de alto rango el deseo de aparecer bajo los rasgos del donante y hacerse inmortalizar en él. A veces, como en el tríptico de Meling «El Juicio Final», en el cual Tommaso Portinari y su mujer son pesados por el arcángel San Miguel, el mercader entra en la acción del cuadro. Pero los mercaderes sienten más que los otros el deseo de imponer a los contemporáneos y a la posteridad su presencia eternizada.

A ellos no les basta con hacerse representar a veces —raramente— con los atributos de su función, como el famoso pesador de oro y su mujer, o —lo que es más frecuente— en medio del lujo de sus interiores burgueses, como en el célebre cuadro de Van Eyck que representa a Arnolfini y su mujer. Ellos, que no tienen, como los nobles, los obispos y los abades, armaduras, emblemas, mitras o cruces que simbolicen su rango social, ponen más atención en que se reproduzcan exactamente sus rasgos.

El realismo del retrato, que responde también a otras causas de la evolución de la pintura, refleja el deseo del mercader que encarga un retrato, de ser reconocido gracias al parecido. No quiere que se le pueda confundir con otro, del mismo modo que en los negocios afirma la originalidad y el valor de su firma comercial.

Le gusta que en los cuadros se le represente en el escenario de su hogar, con los ricos muebles y los objetos cotidianos; y ese escenario, a la vez familiar y rico, desborda sobre la pintura religiosa.

Las vírgenes de la Anunciación y los santos retirados del mundo son representados como burguesas y burgueses en su hogar; tal, San Jerónimo, que abandona la gruta de la pintura primitiva por un despacho de mercader humanista. Le gusta también verse rodeado de su familia,sobre todo de sus hijos, prenda de la continuidad de su casa, de sus negocios y de su prosperidad.

A Arnolfini lo pintan junto a su mujer encinta, detalle realista, pero también símbolo de fecundidad, como la Madonna de Montercbi de Piero della Francesca.

Fuente Consultada: Mercaderes y Banqueros en la Edad Media de Jacques Le Goff – Editorial Universitaria de Buenos Aires

Métodos Comerciales Medievales Seguros Letras de Cambio

Métodos Comerciales Medievales Seguros, Letras de Cambio y Contabilidad

La revolución comercial
La revolución comercial de la que fue teatro la Cristiandad medieval entre los siglos XI y XIII se halla estrechamente unida a algunos grandes fenómenos de la época, y no resulta fácil determinar si fue causa o efecto de los mismos.

En primer lugar, cesan las invasiones. En cuanto dejan de penetrar en el corazón de la Cristiandad o de arribar a sus costas germanos, escandinavos, nómadas de las estepas eurasiáticas y sarracenos, los intercambios pacíficos —nacidos, por otra parte, modestamente en el mismo seno de las luchas— suceden a los combates.

Y aquellos mundos hostiles se revelan como grandes centros de producción o de consumo: se ofrecen los granos, las pieles y los esclavos del mundo nórdico y oriental a las grandes metrópolis del mundo musulmán, de las que afluyen, en cambio, los metales preciosos de África y de Asia.

La paz —relativa— sucede a las incursiones y a los pillajes, creando una seguridad que permite renovar la economía y, sobre todo, al ser menos peligrosas las rutas de tierra y de mar, acelerar si no reanudar el comercio.

la ciudad comercial medieval
Ciudad comercial medieval

Más aún; al disminuir la mortalidad por accidente y mejorar las condiciones de alimentación y las posibilidades de subsistencia, se produce un extraordinario aumento demográfico que provee a la Cristiandad de consumidores y productores, mano de obra y recurso humano del que tomará sus hombres el comercio.

Y cuando el movimiento cambia de dirección, cuando la Cristiandad ataca a su vez, el gran episodio militar de las Cruzadas no será más que la fachada épica a la sombra de la cual se intensificará el comercio pacífico.

Con estas convulsiones se halla vinculado el fenómeno capital del nacimiento o renacimiento de las ciudades. En todas ellas, ya sean de nueva creación o antiguos conglomerados, la característica más importante es ahora la primacía de la función económica.

Etapas de rutas comerciales, nudos de vías de comunicación, puertos marítimos o fluviales, su centro vital se encuentra junto al viejo cas-trum feudal, núcleo militar o religioso: es el nuevo barrio de los comercios, del mercado y del tránsito de mercancías. El desarrollo de las ciudades está vinculado a los progresos del comercio, y en el marco urbano debemos situar el auge del mercader medieval.

No todas las regiones de la Cristiandad conocen con igual intensidad estas manifestaciones primeras de la revolución comercial.

Podemos individualizar tres grandes centros donde tiende a concentrarse la actividad comercial de Europa. Como el Mediterráneo y el Mar del Norte (dominio musulmán y dominio eslavo-escandinavo) son los dos polos del comercio internacional, en las avanzadas de la Cristiandad hacia esos dos centros de atracción aparecen dos franjas de poderosas ciudades comerciales: en Italia y, en menor grado, en Provenza y en España por una parte, y en la Alemania del norte por otra.

caravana de comercio  medieval
Caravana de comercio medieval

De ahí el predominio en la Europa medieval de dos mercaderes, el italiano y el hanseático, con sus dominios geográficos, sus métodos y su personalidad propios.

Mas, entre esos dos dominios hay una zona de contacto cuya originalidad estriba en que, desde muy pronto, añade a su función de intercambio entre ambas zonas comerciales una función productora, industrial: la Europa del noroeste, o sea la Inglaterra del sudeste, Normandía, Flandes, Champaña y las regiones del Mosa y del bajo Rin.

Esta Europa del noroeste es el gran centro de la fabricación de paños y —con la Italia del norte y del centro— la única región de la Europa medieval que permite hablar de industria. Junto a las mercancías del norte y de Oriente, el hanseático y el italiano van a buscar a los mercados y ferias de Champaña y de Flandes estos productos de la industria textil europea.

Porque, en esta primera fase de nacimiento y expansión, el mercader medieval es, sobre todo, un mercader errante.

Vayamos ahora al tema que nos interesa en este post.

Progreso de los métodos en los siglos XIV y XV

Si bien la extensión de los negocios a partir del siglo XIII llevó a algunos mercaderes a cometer imprudencias y creó ciertos riesgos, en conjunto la evolución produjo un progreso en los métodos y las técnicas que permitió vencer o reducir muchas dificultades y peligros.

El comercio marítimo recibió gran empuje, gracias, en primer lugar, a la práctica —sobre todo en Génova— de la división de los navios en partes iguales, verdaderas acciones de las cuales una misma persona podía poseer varias. De esta forma se dividen y reparten los riesgos.

Estas «partes», llamadas también sortes o loca, son una mercancía que se puede vender, hipotecar, dar en commenda y hacer entrar en el capital de una asociación.

barcos en la edad media para el comercio intenacional
Barcos en la edad media para el comercio intenacional

Los seguros
Más importante todavía es el desarrollo de los métodos de seguro. Su evolución es oscura.

El término securitas que designaba primitivamente un salvoconducto, parece referirse hacia fines del siglo XII a una especie de contrato de seguro por el cual los mercaderes confían (locant) mercancías a alguien que, a cambio de cierta suma pagada a título de securitas, se compromete a entregar la mercancía en determinado lugar.

Hasta los siglos XIV y XV no se extienden verdaderos contratos de seguro en los cuales no cabe ya duda de que los aseguradores son distintos de los propietarios del barco.

A fines del siglo XIV algunas «compañías», como por ejemplo la del gran mercader pisano Francesco di Marco da Prato, inclusive se especializaron en esas operaciones.

Veamos el texto de un memorándum de fecha 3 de agosto de 1384, extraído de uno de sus registros que lleva como título el siguiente: «He aquí un registro de Francesco di Prato y Compañía, residentes en Pisa, en el cual escribiremos todos los seguros que hagamos para otros. Dios haga que saquemos provecho de ellos y nos proteja de los peligros»:

Aseguramos a Baldo Ridolfi y Cía. por cien florines oro de lana cargada en el barco de Bartolomeo Vitale en tránsito de Peñíscola a Porto Pisano. De estos 100 florines que aseguramos contra todo riesgo, recibimos 4 florines oro al contado, como atestigua un acta manuscrita de Gherardo d’Ormauno que refrendamos.

Y más abajo:

Dicho barco ha llegado a buen puerto en Porto Pisano, el 4 de agosto de 1384, y quedamos descargados de dichos riesgos.

La letra de cambio
Otros progresos de la técnica —ampliamente extendidos más allá del campo marítimo— a la vez que proporcionan nuevas posibilidades al mercader, extienden y complican sus negocios.

El primero y más importante es el uso de la letra de cambio. Si bien se discute su nacimiento, sus características y su función son hoy bien conocidas.

El auge de la letra de cambio debemos, ante todo, situarlo dentro de la evolución monetaria.

Durante la Alta Edad Media, la tendencia a la economía cerrada y la poca amplitud de los intercambios internacionales habían reducido la función de la moneda.

En el comercio internacional desempeñaron papel preponderante las monedas no europeas: el nomisma bizantino, llamado después hiperper y besante en Occidente, y los dinares árabes.

A partir de la época carolingia, en la Europa cristiana, aunque hubo un intento de retorno a la acuñación del oro, el patrón monetario era la plata, representada sobre todo por el denario, si bien también aquí ocupó indudablemente un lugar de primer orden el dirhem musulmán.

Con el auge de la revolución comercial, todo cambia en el siglo XIII.

Occidente vuelve a acuñar oro. A partir de 1252, Genova acuña regularmente denarios de oro y Florencia los famosos florines; a partir de 1266, Francia posee los primeros escudos de oro; a partir de 1284, Venecia tiene sus ducados; en la primera mitad del siglo XIV, Flandes, Castilla, Bohemia e Inglaterra siguen el movimiento.

En adelante, en los pagos comerciales pasa a primer plano el problema del cambio. A ese respecto, además de la diversidad de monedas, evidentemente, debe tenerse en cuenta:

a) La existencia de dos patrones, paralelos en cierta forma: oro y plata.

b) El precio de los metales preciosos, que sufrió un alza en los siglos xiv y XV. Alza que, según los períodos, afecta en forma desigual al oro y a la plata pero que, frente a las necesidades crecientes del comercio y a la imposibilidad de aumentar al mismo ritmo el numerario en circulación, a causa del estancamiento o la decadencia de las minas europeas y la disminución del suministro de metales preciosos provenientes de África, delata ese fenómeno del «hambre monetaria» en la que debe situarse la actividad de los mercaderes de finales de la Edad Media. Hambre sobre todo de oro, por cuanto la plata pasa a ser relativamente abundante hacia finales del siglo XV, gracias a la explotación de nuevas minas en la Alemania media y meridional.

Lo cual, como se sabe, será uno de los principales motores de los grandes descubrimientos.

c) La acción de las autoridades políticas. En efecto, el valor de las monedas estaba en poder de los gobiernos, que podían variar el índice de la misma, es decir, el peso, el título o el valor nominal. Las piezas no llevaban indicación de valor, sino que éste era fijado por las autoridades públicas que las acuñaban, valorando las monedas reales en moneda de cuenta ficticia que generalmente se expresaba en libras, céntimos y denarios derivados de un sistema que, por ejemplo, tomaba por patrón el denario tournois o denario parisis de Francia, o también el denario de gros de Flandes. De tal manera que los príncipes y las ciudades podían proceder a «movimientos monetarios», «mutaciones» o desvalorizaciones, «refuerzos» o revalorizaciones. Riesgos a menudo imprevisibles para el mercader.

d) Las variaciones estacionales del mercado del dinero. A causa de la falta de datos, resulta difícil señalar la existencia en la Edad Media de ciclos económicos, fluctuaciones periódicas en ondas largas y cortas, tal como se ha reconocido para el período moderno, aun cuando algunos historiadores, como Cario M. Cipolla, han creído poder hacerlo.

En todo caso, el mercader medieval no tenía, indudablemente, conciencia de ellos, y no le preocupaban. Por el contrario, los mercaderes medievales eran sensibles y prestaban mucha atención a las variaciones estacionales del curso del dinero en las principales plazas europeas, variaciones debidas, entre otras causas, a las ferias, a la fecha de las cosechas y a la llegada y partida de los convoyes.

Un mercader veneciano observó a mitad del siglo XV:

En Genova, el dinero es caro en setiembre, enero y abril en razón de la salida de los barcos … en Roma o donde se encuentre el Papa, el precio del dinero varía según el número de los beneficios vacantes y de los desplazamientos del Papa, que hace subir el precio del dinero dondequiera que se encuentre … en Valencia es caro en julio y en agosto a causa del trigo y del arroz … en Montpellier hay tres ferias que originan carestía de dinero …

Tales son los datos que el mercader debe tener en cuenta para calcular los riesgos y los beneficios; y partiendo de los cuales puede desarrollar, según sus posibilidades, un juego sutil fundado en la práctica de la letra de cambio.

Veamos, según R. de Roover, el principio y un ejemplo:

La letra de cambio era «una convención por la cual el ‘dador’. .. suministraba una suma de dinero al ‘arrendador’… y recibía a cambio un compromiso pagadero a término (operación de crédito), pero en otro lugar y en otra moneda (operación de cambio). Por lo tanto, todo contrato de cambio engendraba una operación de crédito y una operación de cambio, ambas íntimamente unidas».

He aquí una letra de cambio extraída de los archivos de Francesca di Marco Datini da Prato:

En el nombre de Dios, el 18 de diciembre de 1399, pagaréis por esta primera letra «de uso» a Brunaccio di Guido y Cía… . CCCCLXXII libras X céntimos de Barcelona, las cuales 472 libras 10 céntimos valederas 900 y (escudos) a 10 céntimos 6 denarios por y (escudo) me han sido pagadas aquí por Ricardo degli Albcrti y Cía. Pagadlas en buena y debida forma y ponedlas a mi cuenta. Que Dios os guarde.

Ghuiglielmo Barberi, Salut de Brujas

y de otra mano:

Aceptada el 12 de enero de 1399 (1400).

En el dorso

Francesco di Marco y Cía., en Barcelona. Primera (letra).

Se trata de una letra de cambio pagada en Barcelona por el librado —la sucursal en Barcelona de la firma Datini— al beneficiario —la firma Bru-naccio di Guido igualmente de Barcelona— a petición del librador o tomador —Guglielmo Barberi, mercader italiano de Brujas— a quien el dador —la casa Riccardo degli Alberti de Brujas— ha pagado 900 escudos a 10 céntimos 6 denarios el escudo.

Guglielmo Barberi, exportador de paños flamencos en relación regular con Cataluña, se hizo adelantar dinero en escudos de Flandes por la sucursal de Brujas de los Alberti, poderosos mercaderes-banqueros florentinos.

Como anticipo sobre la venta de las mercancías que ha expedido a su corresponsal de Barcelona la casa Datini, libra sobre ésta una letra de cambio a pagar en Barcelona al corresponsal en aquel lugar de los Alberti, la casa Brunaccio di Guida y Cía… .

Existe, pues, operación de crédito y operación de cambio. Este pago se realizó en Barcelona el 11 de febrero de 1400, treinta días después de su aceptación, el 12 de enero de 1400.

Este plazo es el «término», variable según las plazas —treinta días entre Brujas y Barcelona— que permitía verificar la autenticidad de la letra de cambio y, si fuera preciso, procurarse el dinero.

Por lo tanto, la letra de cambio respondía a cuatro eventuales deseos del mercader, y le ofrecía cuatro posibilidades:

a) El medio de pago de una operación comercial.
b) El medio de transferir fondos entre plazas que utilizaban monedas diferentes.
c) Una fuente de crédito.
d) Una ganancia financiera al jugar con las diferencias y las variaciones del cambio en las diferentes plazas, siempre dentro del marco definido más arriba.

En efecto, entre dos, o con más frecuencia entre tres plazas podía existir comercio de letras de cambio, además de operaciones comerciales. Este comercio de cambios, muy activo en los siglos XIV y XV, fue causa de vastas especulaciones.

Sin embargo, señalemos que, indudablemente, el mercader medieval ignoraba dos prácticas que habían de desarrollarse en la época moderna: el endoso y el descuento.

Aunque investigaciones permiten descubrir ejemplos de endoso desde principios del siglo XVI en el dominio mediterráneo; y que en el siglo XV se hallan casos parecidos, quizás, para obligaciones —simples órdenes de pago— en el dominio hanseático.

La contabilidad
Evidentemente, tales operaciones habían de ir del brazo con los progresos en contabilidad. La teneduría de libros de comercio se hace más precisa, los métodos más sencillos y la lectura más fácil.

Cierto que seguía existiendo gran complejidad. La contabilidad se dispersaba en numerosos registros: los libros de las «sucursales», de las «compras», de las «ventas», de las «materias primas», de los «depósitos de terceros», de los «obreros a domicilio» y, como ha destacado el historiador Sapori, el «libro secreto» donde se consignaba el texto de la asociación, la participación de los asociados en el capital, los datos que permitían calcular en todo momento la posición de dichos asociados en la sociedad y la distribución de beneficios y pérdidas.

Este «libro secreto» seguía siendo objeto de los principales cuidados y es el mejor conservado hasta nuestros días.

Pero se extendió la costumbre de hacer un presupuesto. Pronto todas las grandes firmas poseyeron un doble juego de registros para las cuentas abiertas a sus corresponsales en el extranjero: el compto nostro y el compto vostro, equivalentes de nuestras cuentas corrientes y que todavía hacían más cómodos los pagos por compensación mediante un simple juego de asientos sin transferencia de numerario.

Y, sobre todo, se desarrolló la contabilidad por partida doble que ha podido ser calificada de «revolución de la contabilidad».

Sin duda los progresos no son iguales en unas regiones que en otras, y hasta se ha llegado a explicar el casi monopolio de los mercaderes y banqueros italianos de la Edad Media, en una amplia zona geográfica, como resultado de su avanzada técnica comercial.

Pero en el dominio hanseático podríamos hallar métodos que, aunque diferentes y quizás algo retrasados en la perspectiva de una evolución general única, demostraron no obstante la eficacia de lo que Fritz Rorig ha podido llamar «supremacía intelectual».

Señalemos, por otra parte, que no debe exagerarse la superioridad germánica en el dominio nórdico en cuanto a escritura y contabilidad.

Los famosos manuscritos sobre berestá (corteza de abedul) descubiertos recientemente en Novgorod, demuestran que la escritura y el cálculo estaban allí más extendidos entre los autóctonos de lo que se creía.

De todos modos, las técnicas italianas apenas fueron asimiladas antes del siglo XVI por los mercaderes de las ciudades atlánticas —bretones, rocheleses, bordeleses— «cuyo arte parecía consistir en evitar al máximo el recurrir al crédito bajo todas sus formas».

Si bien Ph. Wolff ha descubierto que el crédito estaba muy extendido entre los mercaderes de Tolosa, insiste sin embargo en el «carácter rudimentario» de sus procedimientos.

De manera que, allí donde existe, el gran mercader-banquero sedentario reina ahora sobre todo un conjunto, cuyos hilos maneja desde su despacho, su palacio, su casa.

Un conjunto de contadores, comisionistas, representantes y empleados —los «agentes»— le obedecen en el extranjero.

Al margen de la contabilidad, el mercader-banquero sedentario es centro de una vasta correspondencia conducente a recibir avisos y dar órdenes.

Como conoce el valor del tiempo, la importancia para el éxito de un negocio de saber antes que los competidores la llegada de los navios o su naufragio, el estado de las cosechas —en una época en que los factores naturales son tan poderosos y los cataclismos tan destructivos— y los acontecimientos políticos y militares que pueden influir en el valor del dinero y de las mercancías, el mercader-banquero lanza una verdadera carrera por noticias. Pietro Sardella ha escrito un apasionante ensayo sobre el tema Noticias y especulaciones en Venecia.

La mejor forma de seguir el trabajo del mercader y comprender lo que fue su actividad profesional, es leer la abundante correspondencia comercial de la Edad Media que nos ha sido conservada, pero que solo en mínima parte ha sido publicada hasta ahora.

Fuente Consultada:Mercaderes y Banqueros en la Edad Media de Jacques Le Goff – Editorial Universitaria de Buenos Aires

Situación de Europa a Fines de la Edad Media Economia y

Situación de Europa a Fines de la Edad Media Economía-Comercio- Conocimientos y Rutas

Iniciación de una nueva época. — Al promediar el siglo XV Europa sufrió una completa transformación que se acentuó en el transcurso del siguiente. Los aspectos más salientes de la existencia se modificaron: la organización política y social, las creencias religiosas, la vida económica y la cultura sufrieron cambios de importancia.

Tres factores contribuyeron a cambiar la fisonomía de la Europa feudal:

la consolidación del poder real y la formación de las nacionalidades de occidente;

los grandes inventos;

la toma de Constantinopla por los turcos otomanos. A ellos se debió la terminación de la Edad Media y la iniciación de los tiempos modernos que comienzan con este último episodio (1453) y terminan con la Revolución Francesa (1789).

Durante este período se produjo el descubrimiento de América y se consumó su colonización por cinco potencias de la Europa Occidental: España, Portugal, Inglaterra, Francia y Holanda.

La situación política: destrucción del feudalismo y consolidación del poder real. — El primer acontecimiento importante que se produjo a mediados del siglo XV fué la consolidación del poder real en la Europa occidental.

En Inglaterra, como consecuencia de la Guerra de las Dos Rosas (1455-85), a la cual debió su ruina la nobleza y su vigor la autoridad de la Corona;
en Francia, durante el reinado de Luis XI (1461-83), a causa de sus victorias sobre los nobles acaudillados por el duque de Borgoña, Carlos el Temerario; en los reinos españoles, merced a la acción desplegada por los Reyes Católicos unidos en matrimonio.

El triunfo del poder real significa la terminación de un largo proceso cuya iniciación data del siglo XII.

El feudalismo había cumplido su función histórica una vez llenada la necesidad que lo produjo: restablecer el orden e impedir el avance de las hordas normandas. Se revelaron entonces sus inconvenientes.

El Rey en la Edad Media

En el orden político, la disgregación de los estados reducía el concepto de nacionalidad y lo limitaba a la extensión de cada feudo. El poder real era puramente nominal (un símbolo). El Rey no llegaba a ser el señor feudal más poderoso; su autoridad solamente se dejaba sentir sobre su feudo; carecía de jurisdicción sobre los demás, pues no se concebía la soberanía sin la propiedad de la tierra.

La vida económica fue afectada por la violencia característica de la época. Las guerras feudales eran tan frecuentes que la Iglesia debió intervenir para obtener la suspensión de las hostilidades durante ciertos días de la semana. Además, la multiplicidad de los impuestos, la inseguridad de los caminos, la variedad de los sistemas monetarios, etc., afectaron seriamente el desarrollo del comercio y de las industrias.

arte medieval arco ojival
Arte medieval, el arco ojival

La cultura declinó. Salvo la arquitectura, que tuvo en el arte ojival o gótico un estilo propio, las demás expresiones artísticas son escasas o inferiores. El saber se refugió en los conventos y desde allí irradió sus manifestaciones.
Estos inconvenientes provocaron la reacción contra el feudalismo.

La debilidad de la Corona mejoró mediante la ampliación de los bienes del dominio real; los soberanos se aseguraron el apoyo popular fomentando el movimiento comunal: las ciudades adquirían el derecho de gobernarse por sí mismas; los abusos de los señores feudales despertaban en el pueblo la conciencia de que era necesario un cambio de régimen; el concepto de la nacionalidad se destacaba: la guerra de los Cien Años (1328-1453) había revelado los inconvenientes de que una parte de Francia estuviera sometida al Rey de Inglaterra y que los vasallos de éste hicieran armas contra el soberano francés.

Las Cruzadas Medievales

Paralelamente al robustecimiento del poder real, se producía un debilitamiento del poderío feudal. Las Cruzadas (1096 -1270) fueron fatales para éste: los señores se empobrecieron y concedieron libertades a las ciudades, enriquecidas por el despertar económico que aquellas expediciones produjeron.

Surgieron de esta manera las comunas, ciudades que compraban o adquirían mediante la fuerza un conjunto de derechos consignados en un documento solemne llamado carta o fuero. El contenido de estos documentos variaba según las circunstancias, pero todos coincidían en otorgar a la ciudad el derecho de gobernarse por sí misma. Las ciudades autónomas se llamaban comunas y en Alemania, ciudades libres. De esta manera las poblaciones urbanas se levantaban frente a los señores, dispuestas a defender sus derechos, solas o aliadas con otras. Las ligas de ciudades se llamaban hermandades.

El contenido de estos documentos variaba según las circunstancias, pero todos coincidían en otorgar a la ciudad el derecho de gobernarse por sí misma. Las ciudades autónomas se llamaban comunas y en Alemania, ciudades libres. De esta manera las poblaciones urbanas se levantaban frente a los señores, dispuestas a defender sus derechos, solas o aliadas con otras. Las ligas de ciudades se llamaban hermandades.

La lucha entre el poder real y el feudalismo terminó a mediados del siglo XV en la Europa occidental. En cambio, los países centrales: Alemania e Italia continuaron divididos en pequeños estados.

Los turcos otomanos. Caída de Constantinopla: consecuencias. — En el siglo XIV los turcos otomanos hicieron su aparición en Europa después de fundar, bajo el reinado de Otmán a quien deben el nombre, un poderoso imperio en el Asia Menor, con Brusa por capital.

La superioridad de sus armas, el espíritu combativo que los animaba, la debilidad creciente del Imperio Bizantino y la división de la península balcánica en diversos estados, favoreció su acción conquistadora. Galípoli cayó en sus manos bajo el reinado de Orkán (1359) ; su sucesor Amurates I se apoderó de Andrinópolis y sometió a los búlgaros y a los servios.. Su hijo Bayaceto amplió las conquistas y llevó sus armas contra los húngaros.

Finalmente en 1453 bajo el gobierno de Mahomet II, Constantinopla, sitiada por 260.000 turcos y bloqueada por la escuadra otomana, cayó en poder de los sitiadores. Una nueva potencia, extraña por su raza, religión y costumbres, quedó incorporada a las naciones europeas. Turquía, aislada por la Europa cristiana, luchó contra ella, ge aisló a su vez y cerró sus puertos al comercio europeo, arruinando el tráfico con el Oriente y con él a las naciones que lo practicaban.

Ataques de los turcos otomanos
Ataques de los turcos otomanos

Dos consecuencias capitales derivan de este acontecimiento:

los grandes descubrimientos marítimos;

el Renacimiento facilitado por la acción de los sabios griegos que huyeron de Constantinopla y se establecieron en Italia, llevando los tesoros de la antigua cultura grecorromana.

La situación económica. — La situación económica de Europa al terminar la Edad Media no ofrece caracteres uniformes. Alemania había iniciado su decadencia al declinar la famosa Liga Hanseática que había monopolizado el comercio en el Norte de Europa, donde se extendía por Inglaterra, Países Bajos, Suecia, Noruega, Dinamarca, Alemania y Rusia.

Después de haber llegado a su apogeo en el siglo XIV declinó en el siguiente y arrastró al Imperio alemán en su decadencia. Italia, dividida también en diversos estados, inició su declinación económica cuando la toma de Constantinopla cerró a Genova y Venecia el comercio con el Oriente.

Francia se hallaba en situación poco favorable: carente de marina, su comercio era escaso y su principal industria la fabricación de paños. Inglaterra distaba mucho de anunciar el poderío que habría de adquirir durante la Edad Moderna a partir del reinado de Isabel: sin marina ni industria, su comercio se reducía a la exportación de lanas a Francia e Italia y especialmente a Flandes. Esta región formaba parte de los Países Bajos y presentaba el espectáculo de una extraordinaria vida comercial. Su centro principal era la ciudad de Brujas y una sabia división del trabajo había repartido entre diversas poblaciones la producción de distintos artículos.

Contrastando con la situación económica general, los reinos cristianos de la península ibérica, especialmente Castilla, Aragón y Portugal se destacaban por su actividad: poseían una marina poderosa; sus industrias, casi todas de origen musulmán, habían adquirido mucha importancia y su comercio rivalizaba con el de las repúblicas italianas en el Mediterráneo y se extendía por el Norte hasta Francia, Inglaterra y Flandes.

El saber astronómico. Al terminar la Edad Media los conocimientos astronómicos habían alcanzado un notable desarrollo, favorecido por la invasión musulmana a la península ibérica.

Los árabes, en efecto, fueron famosos matemáticos y astrónomos. A ellos se debió también la introducción en la Europa occidental de los conocimientos científicos de la antigüedad grecorromana, entre los cuales se destaca la teoría de la esfericidad de la tierra. Los griegos la tomaron a los sacerdotes egipcios y la difundieron en la Europa oriental por medio de sus filósofos (Tales de Mileto, Sócrates, Platón y Aristóteles) y de sus cosmógrafos (Euclides, Arquímedes, etc.).

Bajo la influencia musulmana los conocimientos cosmográficos de la antigüedad se difundieron por toda Europa y al promediar el siglo XV la idea de la esfericidad de la tierra era patrimonio de la gente culta. La iglesia la consideraba compatible con el dogma cristiano y el Cardenal Pedro de Ailly la expuso y defendió en su obra Imago Mundi publicada en 1410.

Sin embargo, se le asignaba a la tierra un diámetro reducido y se suponía que los mares ocupaban una mayor extensión. Se prescindía, en efecto, del continente americano, aunque se admitía la posibilidad de que entre Europa y Asia hubiese otras tierras, cuya existencia la antigüedad había presentido.

imagen del mundo edad media

Se discutían finalmente las condiciones de habitabilidad de algunas regiones; por ejemplo el ecuador y los polos, aunque entre la gente culta predominaba una opinión favorable, pese a que Aristóteles había sostenido lo contrario.

Claro está que estos conocimientos no eran accesibles a las clases inferiores de la población, a las cuales resultaba más comprensible la planiformidad de la tierra, la creencia de que la vida humana era imposible en la zona ecuatorial y muchos otros errores generalizados, especialmente entre, la gente de mar.

Los conocimientos geográficos. Los conocimientos geográficos eran muy limitados a fines de la Edad Media. Sin embargo, las Cruzadas (1098-1270), la reanudación del comercio asiático europeo que ellas provocaron y la formación del imperio mogol que se extendía en el siglo XIII desde el Mar del Japón hasta Moscú, ampliaron considerablemente los conocimientos.

En el siglo XV el mundo conocido comprendía:

el continente europeo, aunque los países del Norte y del Oriente eran-poco familiares para los demás;

la región mediterránea del África y la costa atlántica, hasta el Cabo Boj ador, situado entre los paralelos 26 y 27;

la zona occidental de Asia limítrofe con Europa y vagas referencias sobre Persia, Tartaria, China, Indostan, etc., países que producían valiosas mercaderías y provocaban interesantes relatos de los viajeros.

América era totalmente ignorada, a pesar de que, desde el siglo X la ocupación de Groenlandia y otros territorios vecinos había sido iniciada por un pueblo eminentemente batallador, navegante y aventurero, los normandos, quienes abandonaban las costas de Noruega, su patria, para lanzarse a lo largo de Europa en busca de glorias y riquezas.

En el curso de sus viajes, se dirigieron también hacia el N. O. y descubrieron la Islandia (Naddodd, en 861). Desde ella vislumbraron la Groenlandia (Gunnbjoern, en 876), donde en el transcurso del siglo siguiente (982 ó 983) se estableció un noble desterrado llamado Erik el Rojo, quien acometió años después la colonización del país.

En el mismo siglo se introdujo el cristianismo y la colonización se afianzó. Desde allí se efectuaron importantes descubrimientos. En efecto, según una opinión muy generalizada, la isla de Terranova y los territorios de Nueva Escocia y Massachussetts fueron descubiertos entre los años 986 y 1001, siendo denominados Helulandia (tierra pedregosa), Marklandia (tierra de la madera) y Vinlandia (tierra de la vid), respectivamente. Este último territorio fué objeto de diversas tentativas de colonización, las cuales quedaron abandonadas en la segunda década del siglo XI.

En cuanto a la colonización de Groenlandia, las últimas noticias que de ella se tienen datan del siglo XV. Abandonados a su suerte, es posible que los pobladores se mezclaran con los nativos y terminaran por confundirse con ellos.

Esta circunstancia y el aislamiento en que vivía el N. de Europa con respecto a los demás países del continente nos explica que al iniciarse las grandes empresas marítimas del siglo XV, sus autores ignoraran aquellos lejanos descubrimientos.

Los elementos para la navegación. Los portulanos. — En los
últimos tiempos de la Edad Media, el instrumental náutico se enriqueció considerablemente y facilitó la realización de audaces navegaciones.

El perfeccionamiento de la brújula con el agregado de la rosa de los vientos, dio a los marinos el instrumento de orientación necesario para seguir el rumbo, con prescindencia de la costa.

brujula medieval

El astrolabio o anillo astronómico, igualmente perfeccionado, y la ballestilla, que realizaba análoga función, permitían determinar la posición de los buques según la longitud y latitud de los astros.

Los portulanos, cartas que en un principio consignaban las características de los puertos, se generalizaron y contuvieron con lujo de detalles los mares y costas conocidos.

A estos elementos debemos agregar la preocupación revelada en algunos países para preparar expertos navegantes (v. gr.: Portugal, con la escuela náutica de Sagres).

En cambio, la arquitectura naval no hizo mayores progresos hasta el siglo XVI y las naos, bergantines y carabelas, barcos pequeños y livianos, adecuados para las exploraciones, fueron los empleados con mayor frecuencia en las exploraciones, reservándose los buques más lentos y pesados (galeones, carracas, etc.) para el transporte de mercaderías.

Los centros del comercio y de la navegación. — Durante los últimos siglos de la Edad Media quedaron definidos dos núcleos comerciales bien caracterizados: el anseático y el mediterráneo. Ellos ejercían el monopolio de la navegación sobre los mares circunvecinos: el primero, en el Báltico y el Mar del Norte; el segundo sobre el Mediterráneo y sus auxiliares el Negro, el de Mármara y el Azoff.

El comercio anseático era exclusivamente europeo y se extendía por el Norte de Europa hasta Inglaterra, Países Bajos, Suecia, Noruega, Dinamarca, Alemania y Rusia. Tuvo su apogeo durante el siglo XIV pero quedó arruinado en el subsiguiente.

El comercio mediterráneo era intercontinental, es decir, europeo – asiático. Marsella, Barcelona y especialmente las repúblicas italianas lo practicaban en gran escala.

Ellas introducían los productos orientales, los distribuían por el Mediterráneo y los enviaban hasta Alemania y los Países Bajos siguiendo la ruta de los ríos navegables y de los antiguos caminos romanos. La lista de las mercaderías asiáticas era bien nutrida.

De Asia llegaban a Europa diversos perfumes, como la mirra, el alcanfor, el aceite de sésamo, piedras preciosas y perlas, tejidos de seda, algodón, tapices, etc. Pero los artículos preferidos eran las especias a las cuales los hombres de la época, habituados a una alimentación excesivamente pesada, atribuían cualidades tónicas y estimulantes.

La pimienta, la canela, el clavo de olor, la nuez moscada, el anís, etc., se consumían en grandes cantidades y la extensión de su uso enriquecía a las naciones que las importaban y a los comerciantes que las vendían.

El comercio con el Oriente. Viajeros. — El comercio con el Oriente se había iniciado en la antigüedad. El lujo y la ostentación, característicos de la decadencia romana, generalizó el consumo de los productos asiáticos que llegó a adquirir proporciones extraordinarias.

Los perfumes, las telas finas, las piedras preciosas y las perlas llegaban a Europa en grandes cantidades. Las invasiones germánicas paralizaron este comercio, poco adecuado para las costumbres y modalidades de los pueblos que se establecieron en las provincias del imperio romano de Occidente.

Pero las Cruzadas (1096 -1270) lo reanudaron, porque pusieron a los europeos en contacto con los pueblos asiáticos. Se activaron las relaciones comerciales y las regiones de Oriente despertaron la atención pública, especialmente cuando los mogoles del siglo XIII iniciaron la formación de un gran imperio que se extendía desde el Japón hasta Moscú.

El interés despertado provocó numerosos viajes realizados por misioneros y comerciantes. Los primeros los efectuaban con propósitos religiosos y a veces en cumplimiento de embajadas confiadas por los Papas y los soberanos europeos.

Los segundos, deseosos de conocer el porvenir mercantil de esas lejanas regiones orientales, llenas de misterio y que ofrecían una atracción extraordinaria para los hombres de la época. Monjes fueron los primeros embajadores mandados al Asia por el Papa Inocencio IV y por San Luis, rey de Francia.

Comerciantes eran Nicolás y Mateo Polo. Merced a las informaciones recogidas por unos y otros en largas peregrinaciones por tierras asiáticas, merced también a los viajes realizados en busca del país del Preste Juan, indistintamente ubicado en Asia y África y que se decía gobernado por un príncipe cristiano, los conocimientos geográficos se extendieron y la Siria, la Mesopotamia, la Persia, el Tibet y las regiones próximas dejaron de ser desconocidas para los hombres de Europa a partir del siglo XIII.

Marco Polo — Entre los viajeros de la época se destaca Marco Polo. Tenía apenas 17 años cuando seducido por los relatos de su padre Nicolás Polo y de su tío Mateo Polo, que habían permanecido en Asia por espacio de ocho años (1261-69), decidió acompañarlos en un nuevo viaje que emprendieron en 1271 y que habría de retenerlos durante 24 años en tierras asiáticas.

Marco Polo y sus acompañantes visitaron distintas regiones de Asia y el primero de ellos se ganó la confianza del Emperador Kublai – Khan y desempeñó diversas funciones de importancia, incluso el gobierno de algunos territorios. Pudo así recoger interesantes noticias sobre la historia natural y política, las producciones y las costumbres del Oriente.

marco polo sus viajes
Marco Polo Mercader Venesiano

En 1295 los tres regresaron a Venecia, su patria, donde revelaron las riquezas adquiridas durante su larga estada en Asia. Al año siguiente estalló la guerra entre Genova y Venecia. Marco Polo participó en ella y fué. tomado prisionero en la batalla de Curzola.

Durante el cautiverio dictó a su compañero de prisión llamado Rusticiano de Pisa, el relato de sus viajes y aventuras, publicado algún tiempo después bajo el título de Libro di ser Marco Polo, denominado también II Milione.
La influencia de esta obra fué muy grande. Traducida a varios idiomas, circuló con la relativa profusión permitida por la reproducción manuscrita.

Parece, sin embargo, que contribuyó muy poco al acrecentamiento de las relaciones comerciales con el Oriente, pero lo cierto es que ella reveló a Europa un mundo desconocido, excitó la imaginación popular y mantuvo el interés por las regiones orientales hacia las cuales convergían en los siglos XIV y XV (de esta época se conocen 88 copias) las ambiciones de los comerciantes y de los Estados.

Cristóbal Colón fue también un asiduo lector de esta obra; todavía se conserva el ejemplar de su pertenencia cuidadosamente anotado por él y su hermano Bartolomé. He aquí como dos siglos después de ser escrito, el libro de Marco Polo contribuyó al descubrimiento del Nuevo Mundo, a cuyas playas llegó Colón creyendo haber encontrado el Cipango y el Catay, el Japón y la China del viajero veneciano.

Cristóbal Colón
Cristóbal Colón

Las rutas comerciales con el Oriente. Cuando se reanudaron las relaciones comerciales con el Oriente, las mercaderías asiáticas llegaban a Europa por tres rutas distintas: una terrestre y dos marítimas.

La primera, erizada de peligros por su naturaleza y el carácter agresivo de las poblaciones del camino, partía de Pekín y cruzaba todo el continente asiático, primero hasta Samarcanda, luego hasta el Norte del mar Caspio. Finalmente las mercaderías pasaban por Rusia al Mar Negro.

La segunda se iniciaba en la costa occidental de la India, y siguiendo el curso del Tigris hasta Bagdad, permitía que los productos llegaran en caravanas a los puertos asiáticos del Mediterráneo.

La tercera partía de las costas del Japón, seguía por el Mar de la China, el estrecho de Malaca, el Mar de Omán, el golfo de Aden y el Mar Rojo, siendo transportados los productos primero a El Cairo y luego hasta Alejandría.
Venecia, Genova, Barcelona, Valencia y Marsella competían en el transporte de las mercaderías asiáticas, especialmente las dos primeras, que monopolizaban los mercados de Alejandría y Constantinopla, respectivamente, los dos grandes emporios del comercio asiático.

La rivalidad entre estas repúblicas provocó una guerra (1356 -1380), y a pesar de que la segunda fué derrotada, ambas mantenían su actividad mercantil al producirse la toma de Constantinopla, cuyas murallas fueron heroicamente defendidas por dos mil soldados genoveses.

Decadencia y desaparición del tráfico asiático.  La toma de Constantinopla redujo la importancia del comercio con Oriente y terminó por arruinarlo. Las conquistas turcas se extendieron a los establecimientos genoveses de Constantinopla, Mar Negro e islas del Asia Menor.

Alejandría cayó también en poder de los invasores y las factorías venecianas quedaron definitivamente clausuradas. Una razón de seguridad exigía a los otomanos la exclusión del comercio europeo.

Cerrados los caminos tradicionales, Europa se vio privada de los productos asiáticos. La ruina de Genova fué total y definitiva; Venecia promovió negociaciones con el Sultán para asegurarse el comercio por el Mar Negro. Entretanto, Portugal, interesado en hallar un nuevo camino hacia el Oriente, dio impulso a las expediciones iniciadas desde comienzos del siglo, y Cristóbal Colón sometió sus planes a la Corona de Castilla.

La toma de Constantinopla fue, pues, el antecedente inmediato de las grandes expediciones marítimas y, por consiguiente, del descubrimiento de América.

Fuente Consultada: Curso de Historia Colonial, Americana y Argentina de Saenz Valiente Editorial Estrada

Batalla de las Espuelas de Oro Causas y Consecuencias

Batalla de las Espuelas de Oro – Causas y Consecuencias

La Batalla de las Espuelas de Oro tuvo lugar el 11 de julio de 1302 cerca de Kortrijk, y enfrentó a las ciudades rebeldes de Flandes y al ejército de Felipe IV de Francia. Los franceses fueron derrotados y las espuelas de los caídos fueron el trofeo que dio nombre a esta batalla. Esta batalla fue la expresión militar de la rebelión contra la voluntad de Francia de anexionarse Flandes. En 1300, Felipe IV nombró gobernador a Jacques de Chatillon y el conde de Flandes Van Dampierre fue hecho prisionero junto con sus hijos.

Imagen de la Batalla Espuelas de Oro

Los ingleses tenían aún la Guyena; en 1293, estalló la guerra con Eduardo I. Como éste se había aliado con el conde de Flandes, peligroso obstáculo para las intenciones del rey de Francia, los franceses  ocuparon  aquella  región.  Flandes  era, con Italia, el país más rico de la Edad Media.
Dueño del territorio, Felipe se dispuso a conservar el país. Pero Flandes obtenía su riqueza de la industria textil y utilizaba las lanas importadas de Inglaterra. Un violento patriotismo levantó al país, amenazado en sus intereses.
En 1302, los residentes franceses fueron ahorcados en Brujas. Para castigar a aquellos «mendigos», el rey reunió a su ejército. Presuntuosos, seguros de su fuerza, los caballeros franceses cargaron contra la infantería burguesa. Ante sus espléndidos galopes, los flamencos aparentaron huir. Los franceses sólo vieron la trampa cuando el suelo desapareció bajo las patas de los caballos, que fueron tragados por un enorme foso. Los que querían frenar a sus caballos resultaban impelidos por quienes, inconscientes del peligro, llegaban detrás.
Los infantes flamencos pudieron regresar entonces y rematar a los caballeros, trabados e impotentes. Varios millares de espuelas de oro fueron recogidas sobre el campo de batalla de Courtrai (1302). Dos años después, Felipe IV consiguió recobrar la ventaja en Mons-en-Pevéle, pero esta ventaja no era decisiva. Prefirió firmar la paz, conservando sólo Lille y Douai. Los problemas de Flandes y de Guyena no estaban, por lo tanto, arreglados, y fueron el origen de la Guerra de los Cien Años.
A la muerte de Felipe IV, en 1314, la monarquía francesa estaba sólidamente establecida. El poder del rey era incontestable en el interior del reino. Quince años iban a arruinar los esfuerzos de un siglo. Ya, viviendo Felipe, el escándalo había estallado en la Corte de Francia. Las tres nueras del rey fueron acusadas de adulterio.
El rey fue implacable: tras haber sido peladas, Margarita y Juana de Borgoña fueron arrojadas a un calabozo para el resto de sus días. Pero, de los tres hijos y sucesores de Felipe, es decir, Luis X, Felipe V y Carlos IV, ninguno dejó hijo varón. Por primera vez, desde Hugo Capeto, el cielo negaba su ayuda a esta monarquía, a esta dinastía triunfante: no había heredero. Los candidatos al trono se presentaron en tropel. Esta situación daría origen a la Guerra de los Cien Años.
Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Historia de los Longobardos Origen Religion Costumbres

Historia de los Longobardos
Origen ,Religión y Costumbres

Germanos es una palabra celta cuyo significado es: «hombres que lanzan el grito de guerra» y fue utilizada por los romanos para designar a todas las poblaciones que tenían su residencia en la margen derecha del Rin, y, en general, al este de ese río. Los germanos habitaban en la Europa Central: a lo largo de la ribera derecha del Rin, y en ambas riberas de los ríos Elba, Oder, Danubio y Vístula.

A partir del siglo II de nuestra era, algunos pueblos germánicos (también llamados «bárbaros» por los romanos, que denominaban así a todo lo que no era romano) comenzaron a hacer irrupciones a través de las fronteras del imperio.

Hacia el fin del siglo VI, casi todos los pueblos germánicos no sólo habían entrado en contacto con la civilización romana, sino que, en muchas invasiones, habían evidenciado tener una aplastante superioridad militar sobre el decadente y debilitado imperio de los romanos. Por otra parte, el prolongado contacto con muchas instituciones romanas les había inducido a adoptarlas, y llegaron así a adquirir un grado de civilización bastante elevado.

Uno de los pocos pueblos que todavía conservaba las instituciones tradicionales de las tribus germánicas de allende el Rin, en razón del poquísimo contacto tenido con las poblaciones sometidas a la autoridad imperial, era el de los llamados longobardos.

Vesrtidos del Pueblo Longobardo

Soldado

POR QUÉ SE LLAMABAN  LONGOBARDOS
El origen de los longobardos es un tanto oscuro; sin embargo, en la actualidad se considera como su más probable lugar de origen la península escandinava. De haber sido así, los estudiosos estiman probable que su migración hacia el continente se haya verificado hacia el siglo I antes de Cristo.

Primeramente habrían poblado la parte inferior del curso del Elba, donde instalaron moradas permanentes, hasta que, en el siglo VI, consiguieron penetrar hacia el centro de Europa, y exactamente en la región occidental de la llanura húngara.

Parece ser que antiguamente las gentes de este pueblo eran llamadas vinilos (nombre derivado de la palabra escandinava vina, combatir), que significa «guerreros», y que sólo cuando se instalaron definitivamente en el territorio de la Alemania actual cambiaron su nombre por el de longobardos.

Y como en Escandinavia se llamaba «longobardiz» (guerreros que atraviesan el mar) a todos los soldados mercenarios que dejaban su patria para ir en busca de una fortuna mejor, se presume que los «vinilos» tomaron para sí tal nombre cuando abandonaron para siempre su tierra.

Otros creen que los longobardos comenzaron a ser llamados así porque usaban barba larga («langbarte»), y no faltan los que afirman que el origen del nombre reside en que combatían usando una larga lanza, la cual, en lengua alemana, es llamada «hallbard»   (alabarda).

SUS CREENCIAS Y COSTUMBRES
El dios supremo de los pueblos germanos era Odín, símbolo de la tempestad. Se lo representaba con vestiduras de guerrero, con un yelmo de oro en la cabeza y la terrible alabarda en la mano.

Odín era, sobre todo, el dios de los guerreros; tomaba parte en la batalla, daba la victoria a quien quería y decidía quién debía morir en el combate.

Los longobardos creían que los guerreros muertos con honor en el combate eran conducidos por el mismo Odín al Walhalle (la morada de los muertos), una especie de paraíso en el cual los héroes habrían de gozar de una gloria eterna.

Y en razón de hallarse convencidos de ser el pueblo más belicoso de entre las tribus germánicas, los longobardos se consideraban los predilectos de Odín.

Sustentaban la creencia de que Odín, para hacerlos invencibles durante las batallas, enviaba en su ayuda a los cinocéfalos (del griego «kinos», perro y «kefalé», cabeza; o sea, hombres con cabeza de perro), los cuales, con su terrible aspecto, esparcían el terror entre las filas adversarias.

Los longobardos habitaban cabañas de madera con techo de paja, detrás de las cuales solía haber una parcela rodeada por un seto vivo o un vallado. Los utensilios de uso diario se limitaban a lo estrictamente necesario: un molino portátil para moler el grano, algunas ollas de cobre o de barro, cuernos de buey indistintamente usados para conservar el aceite o para beber, y algunas pieles sobre las cuales dormían. Los más bravos guerreros colgaban, de las paredes de sus cabanas, cráneos de enemigos muertos por ellos.

El año 568, guiados por su joven rey Albuino, abandonaron la llanura húngara y se dirigieron hacia la península italiana: sumaban tal vez 250.000 personas, entre hombres, mujeres y niños. La parte que ocuparon tomó el nombre de Longobardia (tal como Andalucía lo tomó de otros invasores bárbaros, los vándalos, que la llamaron «Vandalucía»). De aquel nombre deriva el actual de Lombardía, dado a una extensa región septentrional de la península italiana.

Las tropas de este pueblo conquistador no se hallaban totalmente integradas por los longobardos, sino que formaban parte de las mismas el pueblo de los gépidós (a cuyo rey había matado Albuino algunos años atrás), así como también numerosos aventureros sármatas, búlgaros, bávaros y sajones, atraídos todos ellos por las perspectivas de combate y pillaje.

El ejército cruzó la cordillera alpina por el paso de Predil (hacia el norte de Venecia) y avanzó rápidamente por la llanura del Po, siempre en marcha hacia el sur. Tras algunos combates, de los cuales salió victorioso, ocupó la región de Venecia (donde fundó el ducado de Friule), tomó Milán en setiembre de 569, y toda la cuenca del Po, la Emilia y Toscana (570), el ducado de Benevento y la ciudad de Pavía, donde constituyó la capital de su nuevo reino.

Este reino habría de durar hasta 774, fecha en que fue conquistado por Carlomagno e incorporado al imperio de Occidente. Los territorios conquistados fueron divididos en 36 ducados, cuyos poseedores elegían al nuevo rey, pues no existía un régimen de sucesión hereditaria. A la muerte de Albuino (572) los duques implantaron un gobierno colectivo, pero al año siguiente volvieron al régimen monárquico, designando como soberano a Clefis, quien apenas logró gobernar algo más de un año.

Bajo relieve Siglo VI Representa a Odín

LA CONVERSIÓN AL CRISTIANISMO
Rústicos, inciviles, y sólo interesados por el saqueo, los longobardos no manifestaron interés por aceptar ninguna de las limitaciones que las leyes romanas imponían a los pueblos extranjeros, y, naturalmente, no apreciaron instituciones que, como la esclavitud, eran fundamentales dentro de la vida romana. Durante el primer período de su invasión, igualmente, se manifestaron irrespetuosos hacia el cristianismo y su jerarquía, habiendo sido señalados como enemigos encarnizados de la fe cristiana.

En su obra de saqueo, entonces, no hallaron motivo alguno para excluir las iglesias, de cuyos bienes se apropiaron sin escrúpulos de conciencia, ni vacilaron tampoco, cuando lo consideraron conveniente, en asesinar a los sacerdotes y dignatarios eclesiásticos de todas las categorías. Cuando arrasaban una ciudad, las iglesias sufrían la misma suerte de los restantes edificios que en ella había.

Gregorio Magno

Pero, a comienzos del siglo vn, se produjo un acontecimiento de importancia que cambió por completo su modo de vivir. En 591, la reina Teodolinda (viuda de Autario, rey de los longobardos) contrajo nuevas nupcias con el rey longobardo Agilulfo, y, desde entonces, con ayuda del papa Gregorio Magno, se consagró a la tarea de lograr que su pueblo se convirtiese al cristianismo.

Su obra fue coronada por el éxito: hacia el fin del siglo VII, casi todos los longobardos habían abrazado la religión de Cristo. Y de este modo se volvieron menos feroces y comenzaron a apreciar los valores de la civilización romana, europea y occidental.

Los longobardos hicieron construir muchos edificios en Italia: la basílica de San Pedro en Cielo de Oro, de Pavía, y la catedral de Monza, se hallan entre los más famosos. Este último fue levantado en 602 por la reina Teodolinda. Además de los sepulcros de esta reina y de su esposo Agilulfo, en la catedral de Monza se custodian muchos tesoros de los reyes longobardos. Uno de los más famosos es la «corona de hierro», así llamada porque en su parte interior lleva un aro de ese metal, confeccionado, según lá leyenda, con el hierro de uno de los clavos de la cruz de Cristo. Esta corona fue usada para la ceremonia de coronación de varios soberanos, el último de los cuales fue Napoleón.

LAS LEYES DE ROTARIO: Asi como otros pueblos que no han alcanzado un cierto grado de civilización, los longobardos consideraban la venganza como una forma natural de la justicia. Cuando un longobardo era asesinado, todos sus parientes tenían el derecho de vengarlo matando al asesino o a su familia. Ésta y otras sanguinarias disposiciones fueron abandonadas cuando se convirtieron al cristianismo, adoptando, en este orden, las prácticas que son comunes a todos los pueblos cristianos.

Un rey que se preocupó por hacer más humanas las leyes que regulaban la vida de su pueblo fue Rotario. Éste, en 643, promulgó en lengua latina un edicto según el cual la venganza fue sustituida por el «guidrigildo» o sea la compensación monetaria por el daño causado. He aquí algunas de sus leyes.

«Si alguno provocara tumulto en la iglesia pagará una multa de 40 sueldos en beneficio del venerable lugar. Y los 40 sueldos de dicha multa serán depositados sobre el sagrado altar donde la ofensa hubiese sido cometida.

Si alguno hubiera apaleado a otro hasta el punto de romperle los huesos, por cada hueso quebrantado pagará la suma de 12 sueldos. Si un hombre hubiera matado a otro pagará a los deudos una indemnización compensatoria de la pérdida ocasionada. Si alguno hubiera cortado la mano a otro, pagará la mitad del precio que sería fijado para el caso de haberío muerto.»

Cuando en 774 los francos arrollaron a los longobardos en la península italiana, éstos constituían ya un pueblo civilizado que fue poco a poco fundiéndose con el resto de la población peninsular.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ilustrada del Estudiante Tomo IV  – Historia de los Longobardos –

Tolerancia e Intolerencia entre las religiones actuales

Tolerancia e Intolerencia entre las religiones actuales

Cuando se habla de la relación entre las diferentes religiones, se suele plantear la idea de que debe estar basada en a «tolerancia». Pero este es un concepto que presenta problemas. Lo deseable es hablar de «igualdad».

Derecho a la libertad religiosa

A lo largo de la historia han existido religiones mayoritarias y poderosas que, dependiendo del momento, han tolerado la existencia de otras religiones minoritarias. Pero cuando estos momentos de tolerancia desaparecían, los seguidores de las religiones minoritarias eran perseguidos, expulsados u obligados a abandonar su religión. Entonces llegaban períodos de intolerancia religiosa en los que la religión mayoritaria imponía sus creencias a las demás.

El caso de las cruzadas o de las persecuciones religiosas ilustra los efectos negativos de la intolerancia. Pero la tolerancia nace también de la desigualdad, en la que una religión mayoritaria y con poder tolera a otra que considera inferior.

En el mundo actual la relación entre las religiones debe estar basada en a igualdad ante la ley y en el respeto a la diversidad de culto y opciones ideológicas. No se trata, pues, de tolerancia, sino de la necesaria aceptación del derecho a creer algo distinto.

El diálogo interreligioso

En este contexto de igualdad entre las religiones que propician las leyes en la mayoría de los países actuales, as relaciones entre las diferentes religiones han ido cambiando. En general se ha renunciado al conflicto y se ha optado por el diálogo como medio para superar las diferencias y buscar puntos de vista comunes.

Entre los cristianos ese diálogo se denomina ecumenismo y se basa en la valoración de la riqueza de la diversidad, frente a las desastrosas consecuencias que tuvieron los intentos de imponer la unidad, entre otros, las llamadas guerras de religión que durante siglos tuvieron lugar en Europa entre católicos y protestantes, así como otras muchas persecuciones.

La Declaración Universal de Derechos Humanos

El 10 de diciembre de 1948, las Naciones Unidas aprobaron la Declaración Universal de Derechos Humanos en la que se reconocía una serie de derechos a todos los seres humanos, entre los que se encuentra la libertad religiosa.

Las constituciones de los países que pertenecen a la ONU deben proteger estos derechos, y los gobiernos, las instituciones y los particulares deben respetarlos.

Artículo 2

Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Artículo 18

Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

Cuando el diálogo se extiende a otras religiones se denomina diálogo interreligioso, y ha tenido muchos foros donde los representantes de los diferentes credos se han reunido para discutir problemas y llegar a acuerdos. Gracias a iniciativas como estas, la gran mayoría de las religiones ha asumido que la diversidad religiosa es fundamental en las sociedades actuales.

Los representantes de los diferentes cultos han entendido que ninguna creencia llegará a convertirse en la única religión del planeta, por lo que el diálogo se hace necesario para encontrar los elementos de unión y profundizar en ellos, en lugar de potenciar las diferencias y los enfrentamientos, como ocurrió en el pasado.

Parlamento de las Religiones del Mundo

Parlamento de las Religiones Barcelona 2004

En septiembre de 1893, en Chicago, tuvo lugar la primera reunión del Parlamento de las Religiones del Mundo. En la sesión de clausura, el sabio hinduista Vivekananda puso de manifiesto los puntos de vista que presiden estas reuniones, basados en la fructífera e igualitaria puesta en común de ideas para mejorar el mundo:

«Si algo ha podido enseñar el Parlamento de las Religiones es que lo santidad, la pureza y la caridad no son posesiones exclusivas de ninguna religión…… si alguien sueña con que su religión será la única que sobrevivo y que las demás serán destruidas, le compadezco desde lo más hondo de mi corazón y le digo que en la bandera de toda religión hay que escribir a partir de ahora “ayuda y no lucha”, “asimilación y no destrucción”,”armonía y paz, y no enfrentamiento”.»

Entonces parecía que se inauguraba una nueva época de paz, concordia, apertura y aceptación de las diferencias religiosas y culturales a nivel global. Pero tras 1893, el mundo se desgarró sufriendo terribles conflictos durante un siglo: el colonialismo, las guerras mundiales, el choque entre países comunistas y capitalistas.

Una vez terminada la guerra fría, ya en 1993, también en Chicago, se celebró una segunda reunión del Parlamento de las Religiones del Mundo en la que se enfatizó en la búsqueda de un modelo ético para el mundo actual, que alejase la violencia, la pobreza, los conflictos y se basase en la solidaridad entre todos los seres humanos. El documento, que emanó de dicha reunión, denominado Principios de una ético mundial, señala elementos éticos fundamentales, asumibles actualmente por todas las religiones: la no-violencia, el respeto a toda vida, la solidaridad, un orden económico justo, la tolerancia, un estilo de vida honrado y veraz, y la igualdad y camaradería entre hombre y mujer. Los líderes religiosos plantean en el texto la necesidad de dirigirse a todos los hombres y mujeres, religiosos o no, para caminar unidos frente a un panorama que hace cada vez más necesario olvidar las diferencias y trabajar juntos.

«Cientos de millones de personas, cada día más, padecen en nuestra planeta el desempleo, la destrucción de las familias, la pobreza y el hambre. La esperanza de una paz duradera entre los pueblos se desvanece progresivamente. Las tensiones entre los sexos y las generaciones han alcanzado dimensiones inquietantes. Los niños mueren, asesinan y son asesinados. Cada vez se ven más Estados sacudidos por casos de corrupción política y económica. La convivencia pacífica en nuestros ciudades se hace más y más difícil por los conflictos sociales, raciales y étnicos, por el abuso de la drogo, por el crimen organizado incluso par la anarquía. Hasta los vecinos viven a menudo angustiados. Nuestro planeta sigue siendo saqueado sin miramientos. Nos amenaza la quiebra de los ecosistemas.»

En 1999 se organizó la tercera reunión en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) y la cuarta, en julio de 2004 en Barcelona. Fue la primera vez que se celebraba fuera del ámbito de habla inglesa y propuso un lema muy significativo: «Senderos de paz: el arte de saber escuchar, el poder del compromiso».

Fuente Consultada: Enciclopedia del Estudiante Tomo 17 – La Nación.