Torneos y Duelos Entre Nobles en la Edad Media Sus Ocupaciones



Torneos y Duelos Entre Nobles en la Edad Media

Desde el siglo IX todos los guerreros combatieron a caballo, y así fueron llamados caballeros. Utilizaban equipos especiales de protección y ataque, que sumados a un buen caballo, implicaba un gasto muy importante parar aquella época, que solo los nobles podían conseguir.

Para proporcionarse este equipo costoso, y para hacer vida de caballero, se necesitaba disponer de bastantes recursos para vivir sin trabajar.

Todo caballero era, por tanto, poseedor de grandes fincas. Jamás las cultivaba directamente, dejaba este cuidado a sus campesinos. Ni siquiera se ocupaba de ellas, tenía un intendente que le llevaba el producto de las cosechas. Pasaba la vida en la caza o en la guerra.

Este género de vida parecía entonces superior a cualquier otro. Todos los que disfrutaban los medios adecuados vivían como caballeros, incluso los condes y los reyes. Los más ricos, dueños de varios pueblos, se llamaban señores o barones.

Era una honra ser caballero. Los caballeros formaban una clase en la que no eran admitidos más que los de su linaje.

la guerra de los noble en la edad media

El varón joven de ella empezaba por aprender la profesión de hombre de armas, montar a caballo, saltar, trepar por la escala, manejar la lanza y la espada. Por lo común, no hacía este aprendizaje en su familia. Su padre le enviaba a casa de otro señor más rico que le tomaba a su servicio.

El joven era criado, servía a la mesa, hacía las camas, considerándose honrosos todos estos servicios. Al mismo tiempo aprendía a manejar las armas. A veces aprendía a leer y escribir; pero la mayor parte de los caballeros no sabía leer.

Acabado el aprendizaje, era necesaria una ceremonia para ser armado caballero. El joven se bañaba en una cuba. Se le ponía una loriga y un casco.

Entonces un caballero, por lo común el caballero a quien había servido, le ceñía el cinturón y la espada, luego le daba con el puño en la nuca, la acolada, diciéndole: » ¡Sé caballero! «.

El novicio montaba a caballo, empuñaba la lanza, arrancaba a galope e iba a derribar un maniquí preparado al efecto.



Solamente los ricos eran caballeros y los demás permanecieron siendo escuderos toda la vida. Pero, a partir del siglo XIII, los escuderos combatían con las mismas armas que los caballeros. No había entre ellos más que una diferencia de título.

LA GUERRA: La ocupación del noble era la guerra. No la hacía por cumplir un deber con su país, sino por placer. (ver: Caballeros Medievales)

En Francia, todo noble tienta el derecho de guerra. SI disputaba con otro noble, o si se creía ofendido, le enviaba un cartel de desafío y la guerra quedaba declarada. A veces se empezaba a combatir sin previa declaración.

En una asamblea, dos caballeros se habían trabado de palabras y habían venido a las manos. Inmediatamente, las familias de los dos adversarios se veían obligadas a entrar en guerra, teniendo cada uno de ellos el derecho de atacar a los parientes del otro.

Los nobles entraban a caballo y en tropel en las tierras de su enemigo, llevándose los rebaños y ios caballos, talando árboles y mieses, maltratando a los campesinos o degollándolos, robando sus casas, prendiéndoles fuego (para lo cual llevaban expresamente los botafuegos). Intentaban también apoderarse de los castillos de sus enemigos.

Cuando las dos tropas se encontraban, se lanzaban al trote largo una contra otra, y se trababa la batalla. Cada cual trataba sobre todo de derribar del caballo a su adversario.

El jinete, una vez en tierra, se veía tan embarazado por su armadura que no podía huir.

Los criados, que habían quedado a retaguardia durante la batalla, acudían, se apoderaban de los enemigos caídos en tierra, los despojaban de sus armas, los ataban y conducían prisioneros.

El vendedor conservaba las armas y los caballos. Encerraba al vencido en prisión, con frecuencia en un calabozo subterráneo, y le conservaba prisionero hasta que había pagado rescate. Muchos caballeros tenían como oficio capturar a gentes nobles para hacerles pagar rescate.

Los combatientes trataban, por tanto, más de hacer cautivos que de matar, y como la armadura de hierro les preservaba, el peligro no era muy grande.



En una batalla entre el rey de Francia y el de Inglaterra (1159), de 900 caballeros que entraron en combate, tres solamente fueron muertos y 140 cayeron prisioneros.

TORNEOS: Cuando no había guerra, los caballeros de un país arreglaban un torneo. Se reunían en dos bandos y peleaban en campo abierto. Como en una batalla verdadera, el que derribaba a su adversario le tomaba el caballo y la armadura y le hacía pagar rescate.

Un gran señor, Guillermo el Mariscal, que gobernó Inglaterra en tiempo de Enrique III, en una sola temporada, entre, la Cuaresma y la Pascua de Resurrección, hizo prisioneros a 103 caballeros.

En un torneo realizado en la Champaña, en que combatían 3.000 caballeros de Francia e Inglaterra, le dieron en el casco golpes tan violentos que no pudo arrancarlo de la cabeza.

Fue a una herrería, puso la cabeza en el yunque, e hizo que le quitaran el casco a martillazos.

El torneo era a veces más peligroso que una batalla. En un torneo celebrado en Alemania el año 1240, perecieron sofocados 60 caballeros.

El Papa intentó prohibir estos juegos peligrosos, negando hasta el derecho de ser enterrado a cualquiera que pereciese en ellos, pero no fue obedecido.

Los torneos eran grandes fiestas, y para presenciarlos acudían las gentes de largas distancias. Los mercaderes iban a ellos como a una feria.

Se continuó, pues, celebrando torneos hasta ios últimos tiempos de la Edad Media. Pero para que los daños fueran menores, se combatió con lanza embotada y espada sin filo. Se empezaron a usar ricos trajes, y el torneo vino a ser un espectáculo al que se convidaba a las señoras.

LOS DUELOS: Seguían los caballeros, conforme al uso de los francos, decidiendo las causas judiciales mediante un combate que se denominaba batalla, duelo o juicio de Dios (se creía que Dios daba el triunfo al que tenía de su parte el derecho).



Cuando un caballero presentaba querella contra otro, aun cuando le acusase de un crimen, los jueces no indagaban si tenía razón.

El acusado tenía derecho a manifestar que quería «defenderse mediante batalla». Arrojaba a los pies de los jueces si; prenda de desafío, por lo común un guante, y los jueces ordenaban el duelo, es decir, el combate.

Las mujeres, los viejos, los eclesiásticos, que personalmente no podían batirse, se hacían sustituir por un campeón. Los que no eran caballeros, los de la clase media o baja, combatían con un escudo y un palo.

Los combatientes llegaban con las armas que fijaba la costumbre, y cada uno de ellos juraba tener la razón. Después se les hacía entrar en un campo cercado (campo cerrado) y peleaban hasta que uno de ellos se confesaba vencido.

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El vencedor ganaba la causa. Si el vencido era acusado de un crimen, los jueces le declaraban culpable y le condenaban a muerte. Cuando se acusaba a una mujer y su campeón resultaba vencido, era ejecutada.

Se utilizaba el duelo aun para decidir una cuestión de derecho.

En Alemania, en el siglo X, se trataba de decidir si la herencia de un individuo había de corresponder a un nieto o a un sobrino.

El rey Otón hizo batirse a dos campeones, y el duelo decidió que en lo sucesivo heredaría el nieto.

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