Tolerancia e Intolerencia entre las religiones actuales



Tolerancia e Intolerencia entre las religiones actuales

Cuando se habla de la relación entre las diferentes religiones, se suele plantear la idea de que debe estar basada en a «tolerancia». Pero este es un concepto que presenta problemas. Lo deseable es hablar de «igualdad».

Derecho a la libertad religiosa

A lo largo de la historia han existido religiones mayoritarias y poderosas que, dependiendo del momento, han tolerado la existencia de otras religiones minoritarias. Pero cuando estos momentos de tolerancia desaparecían, los seguidores de las religiones minoritarias eran perseguidos, expulsados u obligados a abandonar su religión. Entonces llegaban períodos de intolerancia religiosa en los que la religión mayoritaria imponía sus creencias a las demás.

El caso de las cruzadas o de las persecuciones religiosas ilustra los efectos negativos de la intolerancia. Pero la tolerancia nace también de la desigualdad, en la que una religión mayoritaria y con poder tolera a otra que considera inferior.

En el mundo actual la relación entre las religiones debe estar basada en a igualdad ante la ley y en el respeto a la diversidad de culto y opciones ideológicas. No se trata, pues, de tolerancia, sino de la necesaria aceptación del derecho a creer algo distinto.

El diálogo interreligioso

En este contexto de igualdad entre las religiones que propician las leyes en la mayoría de los países actuales, as relaciones entre las diferentes religiones han ido cambiando. En general se ha renunciado al conflicto y se ha optado por el diálogo como medio para superar las diferencias y buscar puntos de vista comunes.

Entre los cristianos ese diálogo se denomina ecumenismo y se basa en la valoración de la riqueza de la diversidad, frente a las desastrosas consecuencias que tuvieron los intentos de imponer la unidad, entre otros, las llamadas guerras de religión que durante siglos tuvieron lugar en Europa entre católicos y protestantes, así como otras muchas persecuciones.

La Declaración Universal de Derechos Humanos

El 10 de diciembre de 1948, las Naciones Unidas aprobaron la Declaración Universal de Derechos Humanos en la que se reconocía una serie de derechos a todos los seres humanos, entre los que se encuentra la libertad religiosa.



Las constituciones de los países que pertenecen a la ONU deben proteger estos derechos, y los gobiernos, las instituciones y los particulares deben respetarlos.

Artículo 2

Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Artículo 18

Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

Cuando el diálogo se extiende a otras religiones se denomina diálogo interreligioso, y ha tenido muchos foros donde los representantes de los diferentes credos se han reunido para discutir problemas y llegar a acuerdos. Gracias a iniciativas como estas, la gran mayoría de las religiones ha asumido que la diversidad religiosa es fundamental en las sociedades actuales.

Los representantes de los diferentes cultos han entendido que ninguna creencia llegará a convertirse en la única religión del planeta, por lo que el diálogo se hace necesario para encontrar los elementos de unión y profundizar en ellos, en lugar de potenciar las diferencias y los enfrentamientos, como ocurrió en el pasado.

Parlamento de las Religiones del Mundo

Parlamento de las Religiones Barcelona 2004



En septiembre de 1893, en Chicago, tuvo lugar la primera reunión del Parlamento de las Religiones del Mundo. En la sesión de clausura, el sabio hinduista Vivekananda puso de manifiesto los puntos de vista que presiden estas reuniones, basados en la fructífera e igualitaria puesta en común de ideas para mejorar el mundo:

«Si algo ha podido enseñar el Parlamento de las Religiones es que lo santidad, la pureza y la caridad no son posesiones exclusivas de ninguna religión…… si alguien sueña con que su religión será la única que sobrevivo y que las demás serán destruidas, le compadezco desde lo más hondo de mi corazón y le digo que en la bandera de toda religión hay que escribir a partir de ahora “ayuda y no lucha”, “asimilación y no destrucción”,”armonía y paz, y no enfrentamiento”.»

Entonces parecía que se inauguraba una nueva época de paz, concordia, apertura y aceptación de las diferencias religiosas y culturales a nivel global. Pero tras 1893, el mundo se desgarró sufriendo terribles conflictos durante un siglo: el colonialismo, las guerras mundiales, el choque entre países comunistas y capitalistas.

Una vez terminada la guerra fría, ya en 1993, también en Chicago, se celebró una segunda reunión del Parlamento de las Religiones del Mundo en la que se enfatizó en la búsqueda de un modelo ético para el mundo actual, que alejase la violencia, la pobreza, los conflictos y se basase en la solidaridad entre todos los seres humanos. El documento, que emanó de dicha reunión, denominado Principios de una ético mundial, señala elementos éticos fundamentales, asumibles actualmente por todas las religiones: la no-violencia, el respeto a toda vida, la solidaridad, un orden económico justo, la tolerancia, un estilo de vida honrado y veraz, y la igualdad y camaradería entre hombre y mujer. Los líderes religiosos plantean en el texto la necesidad de dirigirse a todos los hombres y mujeres, religiosos o no, para caminar unidos frente a un panorama que hace cada vez más necesario olvidar las diferencias y trabajar juntos.

«Cientos de millones de personas, cada día más, padecen en nuestra planeta el desempleo, la destrucción de las familias, la pobreza y el hambre. La esperanza de una paz duradera entre los pueblos se desvanece progresivamente. Las tensiones entre los sexos y las generaciones han alcanzado dimensiones inquietantes. Los niños mueren, asesinan y son asesinados. Cada vez se ven más Estados sacudidos por casos de corrupción política y económica. La convivencia pacífica en nuestros ciudades se hace más y más difícil por los conflictos sociales, raciales y étnicos, por el abuso de la drogo, por el crimen organizado incluso par la anarquía. Hasta los vecinos viven a menudo angustiados. Nuestro planeta sigue siendo saqueado sin miramientos. Nos amenaza la quiebra de los ecosistemas.»

En 1999 se organizó la tercera reunión en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) y la cuarta, en julio de 2004 en Barcelona. Fue la primera vez que se celebraba fuera del ámbito de habla inglesa y propuso un lema muy significativo: «Senderos de paz: el arte de saber escuchar, el poder del compromiso».

Fuente Consultada: Enciclopedia del Estudiante Tomo 17 – La Nación.

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