El Hombre Renacentista

Vida y Obra de Donatello Escultor Italiano – Caracteristicas

Vida y Obra de Donatello La Escultura en Renacimiento Italiano

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: La Plástica Renacentista: Pintura y Escultura: El desarrollo de las artes plásticas es inseparable del movimiento general señalado.

En la segunda mitad del siglo XIII y principios del XIV se advierten los primeros síntomas de una nueva concepción estética, reflejada en las creaciones de la pintura y la escultura.

Cimabue y Giotto en pintura, y Giovanni Pisano en escultura, marcaron el comienzo de una nueva etapa que rompió con el esquematismo del arte de influjo bizantino; las figuras, abandonando su hieratismo, se hicieron más naturales y espontáneas, tanto en la compostura de las imágenes como en la misma disposición del ropaje.

Dos son los factores que deben destacarse en esta primera etapa del arte renacentista: naturalismo y realismo, por un lado, y un acercamiento a los cánones clásicos, por el otro.

Estas tendencias, que alcanzaron su culminación en el arte del siglo XV, a través de Massaccio, Donatello y Brunelleschi, muestran «que los artistas, si bien estudiaron empeñosamente los modelos clásicos, para dar a sus búsquedas una adecuada base metodológica, no abandonaron en ningún momento la atenta consideración de la realidad.

La culminación del proceso de la plástica italiana se dio entre fines del siglo XV y la primera mitad del XVI, con Leonardo, Rafael y Miguel Ángel, ocupando lugar especial y aparte la escuela veneciana, que contó con figuras como Tiziano, Veronese, Tintoretto, Giovanni Bellini y otros.

SOBRE DONATELLO: Antes ya de cumplir los veinte años, Donatello, nacido en Florencia en 1386, aproximadamente, formaba parte de la escuela de Ghiberti.

Su actividad juvenil se valió, pues, de todas las experiencias recogidas al lado del famoso maestro, tanto que, a los treinta años, Donatello había recorrido ya felizmente todos los caminos hasta entonces probados por la escultura florentina y pisana.

Pero otros eran los resultados apetecidos por el joven escultor, insaciable en su búsqueda de posibilidades expresivas que respondieran al espíritu nuevo con que él sentía y entendía el arte.

La amistad con Brunelleschi, que se remontaba a la adolescencia, fue seguramente un factor determinante en la maduración de sus concepciones artísticas.

Esas concepciones se sustentaban, antes que nada, en una conquista moral que, restituyendo al hombre su noble e inalterable dignidad, abría nuevos e inexplorados horizontes.

En armonía con la arquitectura de Brunelleschi, Donatello tradujo esos conceptos en un tipo de escultura que se apoyaba en una rigurosa articulación espacial para alcanzar efectos de un dinamismo y de una vitalidad extraordinarios.

En el transcurso del siglo XV, la multiplicación de los encargos creó un clima de emulación y competitividad que favoreció la creación y la innovación. Donatello se impuso en el campo de la escultura. Su epitafio lo resume: «Todo lo que muchos han hecho antaño con una mano experta para la escultura, Donato lo hizo, en nuestros días, él solo».

El culto a la Antigüedad: Los escultores florentinos, impregnados de cultura humanista, adquirieron poco a poco la convicción de que la perfección plástica sólo podía alcanzarse imitando la Antigüedad. Esta nueva tendencia revolucionó su arte.

Con el redescubrimiento del bronce, material de excelencia según la concepción de Plinio, esta revolución fue primero técnica (Ghiberti, San Mateo), pero también iconográfica.

El hombre se transformó en el centro de las preocupaciones artísticas: los bustos (Antonio Rosselino, Giovanni Chellini), medallas, estatuas ecuestres, monumentos funerarios (Luca della Robbia, tumba del obispo Benozzo Federighi) ocuparon especialmente a los escultores y permitieron la exaltación de las virtudes humanas.

La influencia sobre los artistas fue puramente plástica. Su estilo, menos estilizado y más normativo, se preocupó de reproducir las realidades del mundo natural.

Así, el estudio de la anatomía humana (acentuado por el contrappoíto, contrapunto que se logra cuando el peso del cuerpo recae sobre una sola pierna), el del movimiento y el de la perspectiva se convirtieron en los principales temas de investigación de pintores y escultores.

Donatello, de la mesura a la expresividad Donatello se inició en el taller de Ghiberti, mientras éste terminaba las puertas del baptisterio de Florencia.

Sin embargo, desde 1410 su estilo innovador e independiente se impuso al de su maestro, así como al de sus contemporáneos.

Amigo de pintores y de Brunelleschi, compartió con ellos la misma preocupación: representar de forma realista el espacio y el cuerpo humano. En sus relieves, el dominio de la perspectiva aparece de manera muy particular (San Jorge y el dragón, El fiestín de Herodes). Donatello, atraído por la Antigüedad, realizó numerosos viajes a Roma acompañado de Brunelleschi.

La confrontación con las obras romanas fue determinante para el artista, que siguió el modelo de los antiguos en su obra David, primer desnudo en bronce fundido desde la Antigüedad, y la estatua ecuetre de Gattamelata en Padua.

Sin embargo, la genialidad de las piezas de Donatello reside en su carácter profundamente personal y expresivo. Sus primeras esculturas (los profetas para el campanil) manifiestan el «furor» de su inspiración.

Utilizando por primera vez los recursos del non finito (inacabado), confirió a sus últimas esculturas un alcance trágico y fuertemente «expresionista» (Magdalena, San Juan Bautista).

Sin duda, el carácter demasiado innovador de las obras de Donatello explica la poca influencia que éstas ejercieron en los escultores de su tiempo.

Por el contrario, en el campo de la pintura, su obra tuvo un impacto inmediato (Mantegna, Andrea del Castagno).

Como señalaba León Battista Alberti, la pintura y la escultura eran todavía en el siglo XV «artes emparentadas, alimentadas por un solo y mismo genio».

Donatello (1386-1466)

En la actividad escultórica de Donatello, fecundísima y siempre renovadora, se aprecia un profundo conocimiento técnico y un completo dominio de los materiales, constantemente sometidos, sin embargo, a una preocupación primordial por la esencia humana.

Donatello

Donatello (1386-1466), su verdadero nombre era Donato di Niccolò di Betto Bardi.Es considerado uno de los artistas mas destacados del renacimiento italiano. Nacido en Florencia, de padre humilde, generalmente se le considera como el escultor más original de esta etapa y uno de los artistas más importantes de ese periodo.

A la edad de 17 años fue ayudante de Lorenzo Ghiberti en la construcción y ornamentación de las famosas puertas de bronce del baptisterio de San Juan de Florencia. Más adelante también trabajó en colaboración con Filippo Brunelleschi, con quien parece que fue a Roma para estudiar los monumentos de la antigüedad clásica.

En los grandes jalones de su obra estatuaria para la catedral florentina y la iglesia de Or San Michele, relieves de la cantería catedralicia y de la sacristía vieja de San Lorenzo, estatuas y relieves del altar del Santo y monumento ecuestre del condottiero Gattamelata durante la estancia en Padua (1443-53), estatuas de santos penitentes y relieves de los pulpitos de San Lorenzo, en los que trabajaba cuando murió, como en otras muchas obras aisladas.

Gattamelata - Donatello en 1444

Gattamelata – Donatello en 1444 En el rostro del condottiero Gattamelata plasmó Donatello -el mayor escultor del Quattrocento- todas las características de la virtud romana o, lo que es igual, toda la grandeza moral del modelo humano del primer renacimiento, a la vez que la meditación melancólica de quien mira el porvenir desde la perspectiva de un remoto pasado, como quien pasa en el espacio y en el tiempo.

Un nuevo Marco Aurelio. En 1443, Donatello viajó a Padua para realizar la estatua ecuestre de Erasmo da Narni, llamado Gattamelata.

El primer desafío que planteó el bronce fue técnico, ya que Donatello había decidido fundir la estatua en un solo bloque.

El reto fue también estético, ya que el artista logró combinar referencias de la Antigüedad (estatua ecuestre de Marco Aurelio) y de la modernidad: el condotiero más importante de Italia monta a la manera del siglo XV y lleva un traje contemporáneo.

Donatello logró además evocar la grandeza y la fuerza del personaje realizando un retrato dinámico, pues la cabeza del caballo y la del caballero están en planos diferentes.

Donatello mostró a través de compactos volúmenes, cerradas y equilibradas composiciones, arquitecturas de profunda espacialidad, formas que van desde el altorrelieve hasta el relieve aplastado, una humanidad individualizada y real en todas las edades de la vida y una gama riquísima de expresiones y afectos, si bien en muchos casos el contenido ético y dramático de la figura o la historia permite elevar a categoría su ejemplo –Gattamelata como modelo de virtus-.

Las obras de su ancianidad asombran por su avanzada técnica de formas deshechas e inacabadas, admiran por la revolucionaria iconografía y conmueven por su profunda vida interior y su alucinante misticismo.

SOBRE SUS OBRAS: En el San Jorge, hecho en 1416-1420 para el gremio de los fabricantes de corazas, Jorge Vasari veía «un terrible brío altanero», y decía que aquella piedra se estremecía por dentro.

Las estatuas de época posterior de los profetas Jeremías y Habacuc conmovieron a sus contemporáneos por su realismo.

Esos personajes, aunque inspirados en modelos de una humanidad miserable, asumen en la transfiguración poética donatelliana una nueva dignidad de orden moral, revelando los caracteres de nobleza y de naturaleza creada a imagen y semejanza de la divinidad que se hallan presentes en todo ser humano.

Desde ese momento, la escultura de Donatello presenta un continuo sucederse de invenciones y expresiones nuevas que escapan a toda lógica evolución de estilo.

En los relieves de la Pila bautismal de la Catedral de Siena existe ya la exactitud de la perspectiva y el sentido de la luz vibrante que triunfarán en el Altar de San Antonio, en Padua.

En cuanto al David de bronce, en él tenemos una imagen de torneada desnudez inspirada en las esculturas de Praxíteles, pero cargada, con sentido moderno, de una profunda espiritualidad.

A su viaje a Roma en el año 1432 siguen obras capitales, como la «Cantoría» del Museo de la Obra de la Catedral, y la Anunciación de la Santa Cruz, cuya novedad estriba en la fuerza y el movimiento conferidos a las imágenes.

Tenemos luego la fecunda permanencia en Padua que culmina con la creación del grupo ecuestre de Gattamelata, expresión suprema de la más libre y moderna interpretación de un tradicional modelo clásico.

Y entre las obras finales de Donatello, vuelto a Florencia en 1453, recordaremos los pulpitos de San Lorenzo, agitadas y trágicas representaciones de una humanidad cuya verdad última es una verdad dolorosa.

Algunas fechas claves en la vida de Donatello

1386: Nace en Florencia Donato di Niccoló di Betto Bardí, llamado Donatello.

1407: Construcción de la catedral de Florencia con Nanni di Banco. Participación en el concurso para las segundas puertas del baptisterio. Primer viaje a Roma acompañado por Brunelleschi (entre 1406 y 1415).

1417: Encargo para la ornamentación de Orsanmichele.

1423-1427: Colaboración con Michelozzo en el monumento a Juan XIII del baptisterio de Florencia.
Habocuc y El festín de Herodes para la catedral de Siena.

1432: Segundo viaje a Roma. Tabernáculo del sacramento en San Pedro. David y cantoría para el Duomo.

1443: Estancia en Padua (Gattamelata, crucifijo para la basílica de San Antonio y altar del santo).

1454: Regresa a Florencia, obras cada vez mas ascéticas y expresivas, Judith y Holofernes.

1466: Muere en Florencia.

Los relieves de Donatello
En el relieve, Donatello busca la profundidad y emplea por primera vez la técnica del aplastado (sciacciato): en piedra, San Jorge y el dragón (hacia 1420) de sofocantes efectos atmosféricos en bronce, el Festín de Herodes (1423-27), para el baptisterio de Siena donde la rigurosísima perspectiva viene equilibrada por el dramatismo de la escena. Más tarde realiza la Cantoría (1433-38), de la catedral de Florencia donde los niños parecen inmersos en un frenesí dionisíaco. Ya en Padua (1443-53), Donatello se ocupará de las estatuas y relieves en bronce del atar de la basílica de San Antonio. La Virgen con el Niño es una estatua sin precedentes iconográficos, llena de misteriosos simbolismos que se completan en el sublime heroísmo del Crucificado.

David, Donatello 1432

David, Donatello, hacia 1432
Bronce, altura: 159 cm Museo del Bargello, Florencia. La renovación de la escultura y el desnudo. Este David, ejecutado para el jardín del Palacio de los Medici, es considerado la primera escultura de un desnudo en bronce desde la Antigüedad clásica. El delicado modelado d las formas y serenidad del personaje están más cerca de su maestro Ghiberti que de la fuerza expresiva de sus obras más tardías.

David de Verrocchio

Cuarenta años después de Donatello, Verrocchio ofreció a los Medici una nueva versión del David. Menos sensual y menos atemporal que la estatua de lonatello, el bronce representa un joven atleta, vestido, con los músculos aún tensos por el esfuerzo. La delicada expresión y el estilo meticuloso del artista evidencian su extraordinaria destreza en el manejo del bronce.

cristo en el limbo de donatello

Cristo en el limbo: DONATELLO, HACIA 1458 (Detalle de la parte izquierda del relieve)Bronce, altura del friso: 137 cm. San Lorenzo, Florencia Una escultura llena de expresividad.

Las obras de los últimos años de Donatello testimonian la evolución de su estilo. La imaginación febril del escultor no tuvo una influencia inmediata. El tratamiento casi pictórico del relieve, el impulso dinámico de la composición, su carácter agitado y altamente dramático anuncian las obras más tardías de un Tintoretto o de un Rembrandt.

San Jorge de Donatello, 1417

San Jorge DONATELLO, 1417 Marmol, 39 x 120 cm Museo del Bargello, Florencia. Corporaciones y mecenazgo. En 1339, las corporaciones que administraban la iglesia de Orsanmichele confiaron a sus miembros la decoración de doce nichos que rodeaban el edificio. Si en el siglo XIV los gremios respondían con poco entusiasmo a esta costosa demanda, en el siglo XV convocaron a los artistas más innovadores: Ghiberti, Nanni di Banco, sin duda Brunelleschi y Donatello, el que ejecutó tres estatuas (San Marcos, San Luis de Toulouse y San Jorge).

Un santo hecho hombre.
El escultor otorgó al santo protector del gremio de los armeros una amplitud heroica. Menos clásica que algunas estatuas de Orsanmichele, la del santo se distinguió por el carácter profundamente realista y humano de su mirada. «En su cabeza se lee la belleza de la juventud, el ardor de la valentía, una energía salvaje y una maravillosa sensación de movimiento al interior de la piedra» (Vasari).

ALGUNOS TÉRMINOS SOBRE PLÁSTICA

Cantona: tribunilla para el órgano.

Condottiero: jefe militar mercenario. Iconografía: disciplina de la historia del arte que se ocupa del asunto o significación de obra artística.

Relieve: labor escultórica en que se hace resaltar las figuras y objetos sobre el plañe Puede ser: altorrelieve, aquél en que las figuras sobresalen del plano más de la mitac de su bulto; medio relieve, en el que sobresalen la mitad de su grueso; bajo relieve, en el que las figuras resaltan poco del plano (relieve aplastado).

Sfumato: Modelado vaporoso destinado a sugerir por medio de la gradación del color y de la luz la profundidad de los objetos y los personajes en la atmósfera.

Sillar Cada una de las piedras labradas en forma de paralelepípedo rectángulo que forman parte de una obra de sillería.

Studiolo: Pequeño gabinete de meditación y de trabajo en la Italia del Renacimiento.

Tabique Pared divisoria en el interior de un edificio, generalmente no soportante.

Talla dulce Conjunto de procedimientos de grabado en hueco sobre metal o madera.

Temple Técnica pictórica en la que los pigmentos se diluyen en agua y se engruesan o templan con huevo, caseína, goma o una solución de glicerina al momento de pintar.

Terracota Arcilla trabajada y cocida al horno a baja temperatura que no ha recibido ningún esmalte; el objeto hecho con este material.

Tesela Pedazo pequeño de mármol, piedra, pasta de vidrio o terracota coloreada, generalmente cúbico, que se utiliza para elaborar un mosaico.

Tracería Decoración arquitectónica que suele hacerse sobre piedra calada. Es uno de los elementos más característicos de la arquitectura gótica.

Tramo Espacio comprendido entre dos puntos de apoyo principales de una construcción.

Transepto En una iglesia en cruz latina, nave transversal que separa el coro de la nave y forma los brazos de la cruz.

Tres colores Técnica que emplea piedra negra, tiza blanca y sanguina.
Triangulo de descarga Triángulo dispuesto en el muro sobre un dintel para aliviarlo parcialmente del peso del muro que soporta.

Triforio En una iglesia, serie de ventanas en claraboya abiertas en la galería alta situada sobre las naves laterales, la tribuna, que dan al interior de la nave.

Triglifo Elemento arquitectónico con tres acanaladuras verticales que se alterna con las metopas en el friso de orden dórico.

Tríptico Conjunto pictórico o escultórico formado por tres paneles, generalmente plegables; los postigos laterales montados sobre bisagras se cierran sobre el panel central.

Vaciado 1. Formación y solidificación de un objeto en un molde. 2. Figura de yeso o estuco formada de este modo. 3. En arquitectura, fondo que queda en el neto del pedestal bajo la moldura que lo guarnece. 4. Excavación arqueológica.

Vanitas Composición alegórica, generalmente una naturaleza muerta, que evoca la fragilidad de la existencia y el fin último del hombre.

Veladura Capa muy fina de pintura traslúcida, diluida al óleo, transparente «como un velo», que modifica el aspecto o la coloración de los fondos agregándoles brillo y luminosidad.

Vernacular Arte que se practica solamente al interior de una comunidad, a veces restringida.

Vitela 1. Pergamino de color blanco que se obtiene de la piel de ternera, cordero o vaca, preparado para la escritura o la pintura. 2. Papel de lujo que imita dicha textura.

Vitral Composición traslúcida formada por piezas de vidrio coloreadas y ensambladas mediante una red de plomo o de estuco; está destinado a cerrar un vano creando una pared luminosa y un efeclo de luz.

Voluta Adorno en forma de espiral o caracol que se coloca para decorar los capiteles de los órdenes jónico y corintio.

Ver: Biografia de Giovanni Battista

Fuente Consultada:
Historia Visual del Arte Larousse La Nación El Arte Renacentista
ARTERAMA N°53 Enciclopedia de las Arte Editorial CODEX S.A.

El Papa Ermitaño Celestino V Papa Del Gran Rechazo

El Papa Ermitaño Celestino V
El Papa Del Gran Rechazo

En 1292 murió el Papa Nicolás. El cónclave de los cardenales se reunió, mientras todas las cancillerías de Europa se esforzaban en presionar a los cardenales. Ninguna mayoría pudo imponer su candidato. Un año pasó, en vano. La cristiandad se impacienta. Para el prestigio de la Santa Sede, tal   aplazamiento   tampoco   es   beneficioso.

Papa Celestino V, quien ha pasado a la historia como el pontífice del «gran rechazo», pues su pontificado duró del 29 de agosto al 13 de diciembre de 1294 y después se retiró a una vida de eremita. Tras su renuncia fue elegido Bonifacio VIII.

Cansados de esperar, cansados de las presiones, los cardenales eligieron entonces lo que llamaríamos un Papa de transición. Un viejo ermitaño de 12 años, Pedro de Morrone, fue elegido con el nombre de Celestino V.

El bueno del ermitaño no sospechaba nada. Vivía entre peñas, austeramente, cuando un día el Colegio Cardenalicio, portando mitra y báculo de oro, fue a arrodillarse ante él, pobre anciano. Asustado por tanto honor y lujo, los rechazó. Pero los príncipes de la Iglesia le hicieron ver que el interés de la Santa Sede y de la Cristiandad exigía su aceptación.

Se resignó, por lo tanto, y partió para Roma. No la encontró a su gusto y pidió, incluso, que se le construyera una celdilla de monje donde pudiera vivir. Menos aún podía comprender y amar el mundo de intriga y lujo que le rodearía en lo sucesivo. No podía considerar la Iglesia y la función sacerdotal de otro modo que en la pobreza.

Incluso puso de nuevo en vigor una antigua bula; durante la elección de los Papas, los cardenales deberían estar encerrados y cada día se disminuiría un plato del menú ordinario, hasta que no hubiera en él más que pan y agua.

Pero Celestino V tuvo una idea que le era muy entrañable: la renuncia. Se creyó no haber visto nunca tal cosa. ¿Cómo podría desatarse lo que Dios había atado? Celestino interrogó a los grandes juristas que le rodeaban y, entre ellos, a Benito Caetani, el futuro Bonifacio VIII.

Este Caetani era un hombre enérgico, el más instruido y el más inteligente, sin duda, de todos los cardenales. Estudió el problema y dio un parecer favorable.

Los restantes cardenales, comprendiendo que un Papa reticente e ingenuo no puede gobernar, sin peligro, a una cristiandad muy compleja, aceptaron. Entonces, sin presión, Celestino V pudo abdicar. El cónclave, reunido de nuevo, eligió en su lugar al cardenal Caetani: Bonifacio VIII.

BONIFACIO VIII
Bonifacio VIII era, sin duda, el hombre más digno de aquel honor supremo. Pero Celestino, convertido de nuevo en Pedro de Morrone, quiso regresar a su gruta. El nuevo Papa comprendió inmediatamente el peligro; el ingenuo ermitaño puede ser el juguete de influencias nefastas, que podrían empujarle a negar su abdicación.

Papa Bonifacio VIII

Es un riesgo, por mínimo que sea, que un Papa, en nombre de la Iglesia, no quisiera correr, porque conduciría a la Iglesia a la situación de los años precedentes, cuando había dos Papas, permitiendo a los diversos príncipes escoger el Papa más conveniente para su interés.

En consecuencia, el ermitaño fue encerrado en un castillo de Campania. Poco tiempo después, murió. El impedirle volver a su vida de eremita había sido una medida útil, pero impopular. Su muerte, tan repentina, podía sugerir la idea de asesinato, y se podía pensar, incluso, que Bonifacio VIII había forzado a Celestino a abdicar. Estos eran los puntos débiles de la posición de Bonifacio VIII. Hombres hábiles y sin escrúpulos, como los   legistas,   no   podían   desaprovecharlos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Origen del trueque y el comercio con la moneda metalica Historia

Origen del trueque y el comercio con la moneda metalica

CUANDO Y POR QUÉ NACE EL TRUEQUE: La primera condición para que exista intercambio de bienes es la capacidad de producir excedente. El excedente es una parte de la producción que no se necesita consumir. Si una sociedad dispone de excedente, puede intercambiarlo por algún producto que posea otra sociedad (y que tampoco necesita consumir).

En la más remota prehistoria, cuando los hombres se dedicaban a la caza y la recolección, la producción de excedentes era casi nula. Además, por las características de sus productos, esos excedentes no se hubieran podido almacenar. Pero desde las primeras actividades productivas, el excedente permitió emprender el hábito de intercambiar productos.

Las primeras formas de comercio entre los hombres consistieron justamente en el intercambio de productos mano a mano: lo que uno tenía y no necesitaba, se cambiaba por lo que el otro tenía y no necesitaba. Esa forma de intercambio se denomina trueque.

El trueque se mantuvo por mucho tiempo, aun en sociedades sedentarias: un jarrón de vino por una bolsita de trigo, pieles de abrigo por un arma de caza, lana de oveja por pescados.

¿Por qué se abandonó el trueque? El desarrollo de nuevos bienes de consumo y el crecimiento de la actividad comercial demostró que este sistema era poco práctico: en primer lugar porque no siempre el otro necesitaba aquello de lo que uno disponía. Por ejemplo, si un artesano de sandalias quería comprar pan, siempre debía encontrar un panadero que necesitara sandalias ó averiguar qué necesitaba el panadero, conseguirlo con su producción de sandalias. y recién después ofrecérselo en trueque.

En segundo lugar, también era un problema determinar cuál era el valor exacto de los productos a intercambiar: ¿cuánta lana por un jarrón de vino? ¿de qué tamaño debía ser el jarrón? ¿una vaca valía lo mismo que un camello?

Para resolver estos primeros problemas los hombres buscaron un producto de referencia: los valores de todas las mercaderías se establecerían en base a ese producto. Esa referencia es el primer paso en la historia de la moneda.

UNA MONEDA CON MUCHAS FORMAS

Una moneda es, de hecho, un elemento intermedio que sirve para facilitar los intercambios. Si todos los hombres establecían el valor de sus productos sobre la base de la misma mercancía, el intercambio era mucho más simple. Los primeros bienes de referencia fueron el trigo o el ganado. Entonces, era posible establecer el precio de los diferentes productos: por ejemplo, obtener una vaca a cambio de una cantidad establecida de cereales.

Estos primeros bienes de referencia reunían dos características principales: eran aceptados por la mayoría de los hombres, y eran sumamente útiles. Sin embargo, pronto surgió un nuevo problema. El bien de referencia debía ser divisible, debía poder fragmentarse para intercambios menores, cotidianos, por objetos de menor valor. Además, debía simplificarse también su traslado, su cuidado y su almacenamiento.

Así, los objetos que funcionaban como bienes de intercambio fueron haciéndose más pequeños y fácilmente manipulables: collares hechos con caracoles o caparazones, barbas de ballena, cocos, bolsitas con sal, etc.

LA APARICIÓN DE LA MONEDA METÁLICA

Según el historiador griego Herodoto, las primeras monedas metálicas surgieron en el Asia Menor, en el siglo VIII a.C., debido a que un rey lidio se propuso simplificar la recaudación de los impuestos y su almacenamiento. Así, habría reemplazado productos como el ganado, el trigo o la madera, que su pueblo le tributaba, por su equivalente en monedas fabricadas con una mezcla de oro y plata. Sin embargo, es probable que mucho tiempo antes las monedas metálicas hayan surgido en otro lugar.

Hacia el año 3000 a.C, en la Mesopotamia asiática, asirios y babilónicos comenzaron a utilizar como bienes intermedios para los intercambios barras de oro y plata. También se utilizaban otros metales, como el cobre, el bronce o el hierro. Sin embargo, se preferían los dos primeros (oro y plata) ya que tenían algunas ventajas sobre los otros: en primer lugar su escasez, lo que los hacía valiosos, y en segundo lugar su incorruptibilidad. Esto último se refiere tanto a que es difícil falsificarlos como a que pueden almacenarse mucho tiempo sin echarse a perder (al contrario del hierro que se oxida).

El desarrollo de las actividades comerciales, sobre todo a través del imperio romano, extendió la utilización de monedas metálicas. Desde entonces son los Estados los que monopolizan la acuñación (fabricación de monedas). Además, las monedas solían tener un sello grabado: la figura de algún dios, la efinge del un emperador, o algún otro símbolo. Estos sellos garantizaban la pureza y el peso del material con que la moneda había sido acuñada.

BILLETE PAPEL MONEDA

Papel Moneda Emitido Por Alemania

NUEVAS FORMAS DE PAGO

 El desarrollo de las actividades comerciales y el intercambio de productos traídos y llevados a largas distancias propios de la Edad Moderna europea, hizo necesario el desarrollo de nuevas técnicas que facilitaban el uso del dinero.

Muchas de estas técnicas fueron en realidad apropiadas por los europeos, a partir del siglo XV, de otras regiones en las que existían con anterioridad. Por ejemplo, las letras de cambio existían en el mundo árabe musulmán desde el siglo X. Estas surgieron porque en diferentes lugares se utilizaban diferentes monedas. Con estos documentos se garantizaba que una persona pudiera cobrar una deuda en un lugar lejano, con la moneda de su lugar de residencia pero por un importe equivalente a la moneda del lugar en el que se había realizado la venta.

Otra novedad europea del siglo XV fueron los billetes a la orden (o sea, órdenes de pago para determinada persona) que dieron origen al cheque. Este evitaba que una persona tuviera que caminar por la calle transportando dinero, por lo que permitía comerciar con mayor seguridad. El dinero real se encontraba depositado en un banco y el cheque permitía a quien lo había recibido extraerlo cuando quisiera.

á partir del siglo XVI se generalizó la utilización de monedas de plata debido a la gran cantidad de ese material extraído de las minas americanas. Más tarde, a a finales del siglo XVIII surgió el papel-moneda, o sea, el billete actual. También fabricado por el Estado con exclusividad, su aceptación es forzosa (o sea, ningún comerciante puede exigir el pago en oro o en plata; debe aceptar el billete de curso legal).

TARJETA DE CREDITO

Actualmente existen tarjeta de crédito como otra forma de pago. Estas permiten inclusive
aplazar el pago del producto adquirido

PARA SABER MAS…
Fuente Consultada : Economía Las ideas y los Grandes Procesos Económicos – Rofman-Aronskind-Kulfas-Wainer
Los frutos de la especialización en el trabajo
A medida que las sociedades se tornaban más complejas, y las actividades productivas se diversificaban, se fue produciendo una progresiva división del trabajo, por la cual las personas se especializaron en determinadas tareas. Así muchos se dedicaron a trabajar los metales, el cuero o el barro; otros a producir alimentos -como el pan, el aceite o el vino-; algunos se ocuparon de perfeccionar las técnicas de los cultivos, o bien, a construir canales para que el agua llegara a regiones desérticas, etcétera.

La especialización creciente reforzó la necesidad de intercambiar lo que cada persona producía en exceso respecto de sus necesidades, con los productos que otros tenían para ofrecer a partir de su propio esfuerzo. Éste fue el origen del comercio, que empezó a desarrollarse bajo la forma del trueque.

Del trueque al uso del dinero
Por medio del trueque, las personas intercambiaban objetos o servicios, sin utilizar dinero. El inconveniente de esta forma de intercambio es que lo que una persona está dispuesta a dar debe coincidir con lo que la otra desea recibir, y viceversa.

La paulatina aparición del dinero, que podía ser cualquier bien que, gracias a sus propiedades, pudiera intercambiarse por cualquier otro, significó un progreso, ya que facilitó las transacciones y permitió satisfacer una cantidad mayor de necesidades.

Por ejemplo, en algunas regiones la sal era usada como dinero, ya que era útil y apreciada por todos, y cualquiera estaba dispuesto a recibirla como forma de pago. En otros lugares se utilizaban cueros o camellos.

Como muchos de los bienes usados como moneda local eran perecederos -es decir que se destruían con el tiempo-, y no servían para comerciar con otras regiones -ya que allí no los valoraban de la misma forma-, progresivamente se fueron adoptando los metales preciosos (en especial, oro y plata), que tenían tres ventajas: eran aceptados por diversos pueblos, eran resistentes al tiempo debido a sus características físicas y podían ser transportados con mayor comodidad que otros objetos.

Fuente Consultada: Sociedad  – Historia 8to. Año Vicens Vives (Maria P. González y Marissa Massone)

La Riqueza y el Comercio en el Renacimiento Italiano

La Riqueza y el Comercio en el Renacimiento Italiano

Entre los años 1300 y 1600 la vida en Europa sufrió grandes cambios. Fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento.

Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia. Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa. Pero fue también una era de violencia, pobreza, hambre y enfermedades.

El siglo XIII fue la culminación de un orden temporal casi perfecto, en el que cada uno ocupaba un lugar jerárquico dentro de la sociedad, formando parte de una comunidad organizada de acuerdo con los principios cristianos, en la que nadie quedaba postergado, porque todos tenían conciencia de sus derechos y obligaciones basados en un verdadero intercambio de servicios. (oraban -clero-, luchaban -nobleza- y trabajaban -campesinos-)

En la Edad Media había una clara diferencia entre los Caballeros y la Iglesia por un lado (clero y nobleza) y la gente sin recursos por el otro (campesinos). Durante el Renacimiento, surgió un nuevo grupo social: el de los mercaderes o burgueses. Se hicieron muy ricos y por eso mismo poderosos. Un ciudadano escribió una vez: “Un florentino que no sea comerciante y que no haya viajado por el mundo, visitando otros países y pueblos para luego regresar a Florencia con cierta fortuna, es un hombre que no goza de estima alguna”

Mientras tanto, los caballeros y las antiguas familias aristocráticas perdían su importancia y hasta se empobrecían. Entonces se convertían en parásitos de las grandes cortes reales, en un intento desesperad para mantener su posición social.

Algunos se conformaban con poder ganarse la vida, cuidando sus propiedades o actuando como embajadores, políticos o funcionarios públicos a sueldo. Para un miembro de una familia aristocrática el convertirse en abogado o médico era apenas aceptable.

Los hijos más jóvenes podían comprar una carrera de obispo o sacerdote.

Algunos comerciantes se hacían ricos vendiendo sedas y especias del Oriente. Al principio, los mercaderes viajaban en caravanas por tierra hacia los países orientales, pero cuando los turcos se apoderaron de Constantinopla, la ruta terrestre quedó interrumpida.

Los comerciantes tuvieron que buscar otros caminos y descubrieron así la ruta marítima alrededor del cabo de Buena Esperanza. También podían llegar a Egipto por barco, luego por tierra al mar Rojo y de allí por mar a la India.

El viaje a la India podía durar muchos meses, y para llegar al Lejano Oriente se tardaba más de un año. Los barcos eran lentos pero podían transportar hasta 100 toneladas de carga. Muchas veces regresaban de estas travesías habiendo multiplicado por 20 el valor de la carga con la que habían zarpado. Sin embargo, los viajes eran peligrosos y se perdían muchas naves, tanto por los naufragios como por las luchas con embarcaciones rivales.

En Europa, había quienes hacían dinero con el comercio de lanas y telas. La lana era llevada de Inglaterra a Flandes, donde se la convertía en tela y se vendía en las ferias a los comerciantes italianos. Los transportes por caminos difíciles eran muy costosos y eso aumentaba mucho el precio de los productos.

Además de importar mercaderías exóticas, los comerciantes se ganaban la vida buscando mercados para los objetos fabricados en sus propios países. Se reunían en grandes ferias mercantiles como las de Brujas y Lyon. Allí intercambiaban noticias y compraban y vendían sus artículos. Siempre había una atmósfera de gran festividad.

Los negocios y los impuestos pagados por los mercaderes llevaron el progreso a las ciudades ubicadas a lo largo de las grandes rutas comerciales. Venecia, Florencia, Génova, Milán, Lisboa, Brujas, Amberes y Lyon son sólo algunas de las beneficiadas.

En las ciudades comerciales siempre había agentes de cambio y prestamistas. La Iglesia los desaprobaba pero, no obstante, las operaciones financieras se convirtieron en un negocio legal. Muchas de las familias más ricas eran comerciantes y a la vez banqueros. En Florencia fueron los Medici, en Augsburgo los Fugger.

Jakob Fugger (imagen), llamado “el Rico”, tenía una organización internacional de banco y comercio. La casa central estaba en un edificio magnífico conocido como el Despacho Dorado. Sus agentes enviaban regularmente informes a Augsburgo con detalles actualizados sobre el país en el que se encontraban. Las cartas de Fugger a menudo proporcionaban a los comerciantes una información mejor que la que podía obtener cualquier príncipe de sus embajadores o espías. Los Fugger llegaron a prestarle dinero aún al Emperador Carlos V. A cambio, se les otorgaron muchos privilegios comerciales, que los ayudaron a aumentar sus riquezas.

El comerciante medio era un hombre respetable, con un gran sentido de la unidad familiar. Su hogar estaba amueblado en forma bastante simple. Muchas veces el objeto más valioso era el cassone, un arcón tallado que llevaba la novia como parte de su dote. La asombrosa decoración de esos arcones era realizada por algunos de los mejores artistas del Renacimiento.

La posición social y el matrimonio eran muy importantes tanto para la clase aristocrática como para la de los comerciantes. Los hijos podían casarse con ricas herederas y de esa forma aumentar la fortuna y la importancia de sus padres.

Las hijas, por el contrario, debían tener una cuantiosa dote para atraer a los maridos más convenientes. No siempre las familias podían proveer de dotes a todas sus hijas, por eso las más jóvenes frecuentemente acababan en los conventos. En Florencia, había un banco de dotes en el que se depositaba una suma cuando nacía una niña. Una vez que cumplía 15 años, se devolvía el dinero con intereses para la dote. Había también un fondo para las hijas sin dote.

Se consideraba que una niña estaba lista para el matrimonio a los 12 años, pero normalmente no se casaba antes de los 15 ó 16. Las jóvenes solteras permanecían rigurosamente en su hogar y todas las mujeres debían obedecer a sus padres o a sus maridos. Isabella d’ Este de Ferrara, fue una de las pocas mujeres adineradas, poderosas y lo suficientemente inteligente como para convertirse en mecenas del arte.

EL CRECIMIENTO ECONÓMICO DE LAS CIUDADES ITALIANAS:

En el siglo XV, cinco grandes fuerzas dominaron la península itálica: Milán, Venecia, Florencia, los Estados Pontificios y Nápoles, los cinco estados principales El norte de Italia estaba dividido entre el ducado de Milán y Venecia. Tras la muerte del último visconte gobernante de Milán, ocurrida en 1447, Francesco Sforza, uno de los líderes condottierí de su tiempo, incitó a sus empleados milaneses a conquistar la ciudad y se convirtió en su nuevo duque. Tanto los Visconti como los Sforza se empeñaron en crear un estado territorial altamente centralizado.

Tuvieron especial éxito en implantar sistemas de recaudación fiscal que generaron enormes ingresos para el gobierno. La república marítima de Venecia siguió siendo una entidad política estable, gobernada por una pequeña oligarquía de aristócratas-mercaderes. Su imperio comercial produjo enormes ingresos y le ganó el papel de una potencia internacional.

A finales del siglo XIV Venecia se embarcó en la conquista de un estado territorial en la región norte de Italia, con el fin de proteger su suministro de alimentos y sus rutas comerciales por tierra. Aunque la expansión de su territorio principal tenía sentido para los venecianos, preocupó a Milán y Florencia, que se empeñaron en detener lo que consideraban designios imperialistas de los venecianos.

La república de Florencia dominó la región de Toscana. A principios del siglo XV estaba gobernada por una pequeña oligarquía mercantil que manipulaba al gobierno aparentemente republicano. En 1434 Cósimo de Médici tomó control de esta oligarquía. Aunque la acaudalada familia Médici conservó las formas republicanas de gobierno en aras de la apariencia, controlaba al gobierno tras bambalinas. Mediante su pródigo patronazgo y el cuidadoso cortejo de los aliados políticos, Cósimo (1434-1464) y más tarde su nieto Lorenzo el Magnífico (1469-1492) tuvieron éxito en controlar la ciudad, en una época en que Florencia era el centro del renacimiento cultural.

Los estados papales estaban situados en el centro de Italia. Aunque nominalmente estaban bajo el control político de los papas, el periodo de residencia papal en Aviñón y el gran cisma posibilita- ron que ciudades y territorios individuales —como Urbino, Bolonia y Ferrara— se independizaran de la autoridad papal. Los papas del Renacimiento del siglo XV invirtieron gran parte de su energía en el restablecimiento de su control sobre los Estados Pontificios (véase el apartado El papado renacentista más adelante en este capítulo).

El reino de Nápoles, que abarcaba la mayor parte del sur de Italia y, usualmente, la isla de Sicilia, fue motivo de disputa entre franceses y aragoneses hasta que estos últimos establecieron su dominio a mediados del siglo XV.

En todo el Renacimiento, el reino de Nápoles siguió siendo, en gran medida, una monarquía feudal con una población que consistía, sobre todo, en campesinos agobiados por la pobreza y dominados por nobles indóciles. Tuvo poca participación en las glorias culturales del Renacimiento.

Había tres razones de peso para que las ciudades italianas fueran las primeras en recobrar una posición de importancia en la Baja Edad Media.

1-En primer lugar, la península itálica perteneció a Roma desde una fecha muy temprana y, por tanto, allí había más carreteras, más ciudades y más escuelas que en ningún otro lugar de Europa.

2-El Papa vivía en Roma y, como cabeza de un vastísimo ente político, que poseía tierras, siervos, edificios, bosques, ríos y un sistema judicial propio, constantemente llegaba a sus arcas una gran cantidad de dinero. A las autoridades papales había que pagarles en oro y plata, como a los mercaderes y armadores de Venecia y Génova. Las vacas, los huevos, los caballos y los demás productos agrícolas y ganaderos del norte y del oeste debían convertirse en dinero contante y sonante para pagar al Papa en la lejana ciudad de Roma. Por eso Italia pasó a ser el lugar de Europa donde había más oro y plata.

3-Los cruzados que iban a Tierra Santa embarcaban en ciudades italianas y éstas se aprovecharon de tal circunstancia hasta límites insospechados. Cuando acabaron las cruzadas, esas mismas ciudades italianas pasaron a ser los centros de distribución de los productos orientales de los que los europeos habían empezado a depender durante el tiempo que habían pasado en Asia.

VENECIA: De aquellas ciudades, pocas eran tan famosas como Venecia. Venecia era una república construida sobre un archipiélago en el que la gente del continente se había refugiado de las invasiones de los bárbaros en el siglo IV. Rodeados de mar por los cuatro costados, los venecianos se dedicaron al negocio de la producción de sal. La sal era muy escasa en la Edad Media y se vendía a un precio muy alto. Durante siglos, Venecia gozó de un monopolio sobre este producto de mesa indispensable, generalmente la falta de sal produce enfermedad.  Los venecianos aprovecharon el monopolio para aumentar el poder de la ciudad.

En algunas ocasiones, incluso se atrevieron a desafiar el poder de los papas. La urbe se volvió rica y tenían barcos que les permitieron emprender el comercio con Oriente. Durante la época de las cruzadas, aquellos barcos se habían usado para transportar cruzados a Tierra Santa. Lo que sucedía era que, si los pasajeros no podían pagar el trayecto con dinero, se veían obligados a luchar en nombre de los venecianos, que incrementaban así el número de colonias que poseían en el mar Egeo, Asia Menor y Egipto. A finales del siglo XIV, la población de Venecia llegaba a los doscientos mil habitantes, lo cual la convertía en la mayor ciudad de la Edad Media.

El pueblo no tenía influencia alguna en el líderazgo de la ciudad, el cual estaba en manos de un número reducido de familias de mercaderes ricos. Éstas escogían a los senadores y al dux (príncipe o magistrado), pero, en realidad, los verdaderos dirigentes eran los miembros del famoso Consejo de los Diez, que se mantenían en el poder gracias a una red de espías y matones altamente organizada que vigilaba a todos los ciudadanos y que hacía desaparecer con la máxima discreción a quienes pudieran ser peligrosos para la seguridad del arrogante y sin escrúpulos Comité de Seguridad Pública.

FLORENCIA: En cambio, en Florencia se daba una forma de gobierno diametralmente opuesta a la anterior. Allí había una democracia, aunque de costumbres turbulentas. Esta ciudad controlaba la principal carretera que unía el norte de Europa con Roma e invertía en la manufactura el dinero que recaudaba gracias a tan afortunada posición. Los florentinos intentaban seguir el ejemplo de Atenas.

Así como los nobles y los eclesiásticos, los miembros de los gremios tomaban parte en las discusiones de los asuntos de la ciudad, lo cual llevaba a grandes convulsiones sociales. La población de Florencia estaba dividida en partidos políticos que luchaban entre sí sin piedad, que exiliaban a los adversarios y les confiscaban las posesiones en cuanto les ganaban la batalla en el Consejo. Tras diversos siglos de gobierno en manos de las mafias organizadas, pasó lo inevitable.

Una familia potentada subió al poder y se dispuso a gobernar la ciudad y el territorio que la rodeaba a la manera de los antiguos tiranos griegos. Era la familia Médici, una familia de banqueros llamada así porque sus fundadores fueron médicos. Tenían bancos y casas de empeño en las ciudades comerciales más importantes de Europa.

GÉNOVA:  la gran rival de Venecia, cuyos mercaderes se especializaron en el comercio con Túnez y con los grandes centros de grano del mar Negro. Y luego había unas doscientas ciudades más, algunas grandes, otras pequeñas, cada una de las cuales constituía una unidad comercial perfecta, todas luchando entre ellas movidas por la eterna rivalidad de los vecinos que se privan unos a otros de un beneficio.

Una vez que llegaban a las ciudades italianas, los productos procedentes de Oriente y África eran distribuidos hacia el oeste y el norte de Europa.

Génova los transportaba por mar a Marsella, donde tomaban otro barco con el que remontaban el río Ródano hasta los puertos fluviales que servían a las regiones del oeste y el norte de Francia.

Fuente Consultada:
La Historia de la Humanidad de Hendrik W. van Loon
Civilizaciones de Occidente Tomo ´B´ Jackson Spielvogel

La Literatura Renacentista Caracteristicas

La Literatura Renacentista

En los orígenes de la Italia del Renacimiento (prerrenacimiento) se deseaba fervientemente vivir, estudiar, pensar y escribir como los antiguos griegos y romanos.

Por ello, los profesores, monjes, príncipes y mercaderes se disputaban los manuscritos antiguos y rivalizaban también en el afán de coleccionar sus comentarios.

El hombre volvió a renacer. La larga y oscura noche de la Edad Media dio paso a una de las épocas más luminosas de la historia: el Renacimiento.

El destino del hombre medieval, condenado a vivir en un «valle de lágrimas», conoció a mediados del siglo XV un nuevo camino de esperanza.

Se desató una verdadera fiebre por los «studia humanitatis» o humanismo; es decir, el estudio de todos los conocimientos que interesan al hombre.

En la Edad Media también existió este entusiasmo pero no se permitió que la filosofía y forma de vida de los antiguos influyeran en las generaciones medievales.

Se buscaban textos antiguos en su integridad» y se les agregaban comentarios eruditos.

El humanista además de interesarse por las obras de los escritores antiguos atesoraba objetos de arte antiguo, sacaba planos de las ruinas romanas, buscaba esculturas.

Para el estudio de la Biblia se recurrió a los textos hebreo y griego y a los comentarios de los Padres de la Iglesia.

La vida florecía, dejaba atrás los temores atávicos, se liberaba de los miedos que esclavizaron los cuerpos y las mentes. Fue un periodo irrepetible. Se asistió a una eclosión del arte y la cultura. Las ciudades embellecieron.

El mundo se convirtió, por fin, en un lugar habitable. Dios ya no era el centro del mundo. El hombre se había hecho con las riendas de su propio destino.

Se conoce con el nombre de Prerrenacimiento al movimiento cultural que tuvo lugar en Europa en el siglo XIV, como consecuencia del cambio de cosmovisión del hombre y como anticipo de la profunda transformación que se produjo en el siglo siguiente, debido al despertar de las artes, de las letras y de las ciencias, inspirado en los testimonios de la antigüedad clásica.

En síntesis, el Prerrenacimiento constituye una transición entre las manifestaciones culturales de la Edad Media, sustentadas en una concepción teocéntrica, y las nuevas expresiones surgidas en la Edad Moderna, basadas en la cosmovisión antropocéntrica.

En el campo de la literatura, Petrarca fue en gran parte responsable del surgimiento del humanismo, una escuela de pensamiento que aseguraba que el ser humano era intrínsecamente bueno, en oposición a la Iglesia, que lo concebía como un pecador que debe ser redimido.

Otras plumas ilustres fueron Dante, autor de La divina comedia, y Boccaccio, cuyo Decamerón inspiró muchos relatos de Shakespeare.

Dante AlighieriPetrarcaBoccacio

LOS HUMANISTAS DEL RENACIMIENTO

El movimiento humanista, iniciado en el siglo XV en Italia, se continuó en Europa durante el siglo XVI.

En Italia se empezaron a publicar colecciones impresas de obras literarias en latín. En las ceremonias solemnes, fue costumbre pronunciar un discurso en latín. Los poetas escribían poemas épicos, elegías, epigramas en latín.

Pero en el siglo XVI, los principales humanistas fueron los de Alemania y Francia.

El más célebre de todos, un holandés, Didier, que según costumbre de la época, había traducido su nombre al griego y se llamaba Erasmo, publicó una edición del nuevo Testamento en griego, que lo hizo admirar en toda Europa.

Fue llamado a Inglaterra por el arzobispo de Cantérbury, jefe de la Iglesia de Inglaterra.

Publicó en latín el Elogio de la estulticia, sátira contra la ignorancia y la superstición de los monjes y la pedantería de los doctores de las Universidades.

En Alemania, los humanistas fueron sobre todo profesores de Universidad.

Admiraban a los antiguos y menospreciaban su lengua materna. Traducían sus nombres alemanes al latín o al griego: Schwarzerde se hacía llamar «Melanchton»; Hausscheln. «OEcolampadio».

Se burlaban de los escoláticos y de sus discusiones en mal latín, se llamaban ellos mismos poetas y manifestaban no querer seguir más que a los antiguos.

El más conocido de los humanistas alemanes, Reu-chlin, había estudiado la Biblia en hebreo, lo que le valió una acusación de herejía, pero el Papa se puso de su parte.

Fue sostenido también por los «poetas» que escribían versos latinos. Orientó el estudio del griego en las Universidades alemanas. Hizo un diccionario griego y tradujo algunos autores griegos al latín.

En Francia, los humanistas fueron eruditos. Trabajaron menos en imitar a los autores antiguos que en comprenderlos.

Francisco I se dejó convencer para la creación en París de una escuela dedicada al estudio de los antiguos, de un modo distinto al que lo hacían los escolásticos de las Universidades.

La llamó «Colegio real», más tarde Colegio de Francia. Los profesores tenían el título de «lector real». Pero como no supo encontrar dinero, no creó más que algunas cátedras.

Los eruditos franceses trabajaron para hacer ediciones de los autores latinos y griegos, y diccionarios de las escuelas antiguas.

Se empezaron a imprimir libros en tamaños pequeños y comenzaron a ser leídos en otros lugares además de las Universidades.

Las obras de los clásicos fueron leídas desde ese momento, no sólo por los profesores, sino por los nobles, los burgueses instruidos y aun por señoras. Se leía, sobre todo, la traducción hecha por Amyot de Las vidas paralelas, de Plutarco.

LOS ESCRITORES EN ITALIA

Hubo a fines del siglo XV un nuevo Renacimiento de la literatura en Italia.

En Florencia apareció el prosista italiano más grande, Maquiavelo (1469-1527).

Estuvo primeramente empleado al servicio del Gobierno de Florencia, que le envió como legado cerca de los príncipes italianos.

Después de haberse retirado del servicio, estudio la Historia romana y publicó el libro que le hizo célebre en toda Europa, El Príncipe, Escribió en el idioma que se hablaba entonces en Florencia, y su libro ha sido modelo de la prosa italiana.

Ariosto (1474-1533), que había entrado al servicio del duque de Ferrara, escribió un gran poema épico en cuatro cantos, el Orlando furioso, cuyo protagonista es el progenitor de la familia de Este, a la que pertenecía el duque.

Más tarde. El Taso (1544-1595), que fue también a la Corte de Ferraría, escribió el último gran poema épico, la Jerusalén libertada. El héroe es Godofredo de Bouillon, que capitaneó la primera Cruzada.

El Tasso escribió también una novela pastoril, Aminta, cuyos personajes son pastores que hablan como señores y damas de la Corte.

Tuvo escrúpulos religiosos y envió su obra a Roma, a que la examinaran los cardenales. Se le reprochó haber empleado expresiones paganas, se volvió loco y permaneció recluido siete años.

Desde fines del siglo XVI, los italianos no produjeron más que parodias y églogas. Estas obras, que hoy ya no se leen tuvieron mucha fama en toda Europa y fueron imitadas en Inglaterra y en Francia.

LOS ESCRITORES EN FRANCIA

Durante toda la Edad Media, no se había dejado de escribir obras en francés.

Los dos escritores más grandes de la primera mitad del siglo XVI trabajaron en géneros enteramente franceses.

Marot (1495-1544), ayuda de cámara del rey, protegido de Francisco I, escribió gran número de pequeñas composiciones ligeras en que aparecía la gente de su tiempo y describía el campo con amor.

Convertido al protestantismo, publicó una traducción en verso de los Salmos que fue adoptada por los calvinistas franceses.

Rabealis (1495-1553), hijo de un burgués acomodado de Chinon, se hizo sacerdote, luego doctor en Medicina. Vivió en Montpelller y en Lyon, fue protegido por Francisco I y nombrado cura de Meudon.

Su gran obra, Gargantúa y Pantagruel, es una novela satírica en que, bajo la denominación de los gigantes, representó a la gente de su tiempo, colocando las escenas en su país natal.

Pero conocía bien los autores de la antigüedad y los admiraba mucho. Los cita con frecuencia y menosprecia el sistema de instrucción de la Edad Media, que llama «la niebla gótica».

A partir de Enrique II, los escritores franceses tuvieron tanto entusiasmo por la antigüedad que aspiraron a imitarla. Varios jóvenes residentes en París formaron un grupo que denominaron la Pléyade.

Eran nobles, magistrados, funcionarios, burgueses ricos. No se vendían aún bastantes libros para que el oficio de escritor pudiera subvenir a las necesidades de nadie.

Uno de ellos, Du Bellay, publicó en 1549 la Defensa e ilustración de la lengua francesa. Recomendaba que se escribiera en francés, pero quería que el francés tomase del latín y del griego las expresiones que le faltaban.

Era lo que llamaba «saquear a los autores antiguos para enriquecer la literatura francesa», con lo que resultaba incomprensible para el pueblo. Quería escribir, no para el público en general, sino para alguna gente culta.

Du Bellay rechazaba los géneros poéticos de la Edad Media y aconsejaba imitar las formas de las obras antiguas. Proponía hacet como los antiguos poemas épicos, u odas. Quería que, en lugar de tomar los asuntos de la vida corriente, aparecieran personajes históricos.

El más célebre escritor de la Pléyade, Ronsara (1524-1585), noble de la comarca de Vendóme, no permaneció más que seis meses en el colegio y pasó í ser paje en la Corte del rey.

Reanudó más tarde sus estudios y publicó primeramente Odas, luego Sonetos. Intentó escribir un poema épico, la Franciada, que nc terminó. Inventó nuevas rimas poéticas.

Sus poesías llenas de palabras desconocidas, no resultaban siempre claras para el público, pero contienen muchos pasaje; escritos en un francés sencillo y poético.

Durante las guerras de religión, el prosista más cé­lebre fue un católico, Miguel de Montaigne. Su padre era un comerciante rico de Burdeos, Eyquem, que ha­bía comprado el castillo de Montaigne, y del castillo había tomado el nombre; su madre era de familia ju­día.

Fue magistrado y alcalde de Burdeos, pero se re­tiró a su castillo para vivir tranquilo en su biblioteca. Escribió pequeños tratados de un género original que llamó los Ensayos (1580- 1588) .

En ellos expresa su opinión acerca de toda clase de cosas en un lenguaje familiar, lleno de citas de los autores griegos y la­tinos. Expresó sus ideas sin orden, como se le ocu­rrían, en forma muy original. Detestaba las discu­siones teológicas que dividían a los hombres de su época, y resumió su pensamiento en la siguiente pre­gunta: «¿Qué sé yo?».

LOS ESCRITORES EN INGLATERRA

Inglaterra había tenido algunos humanistas, pero escribían en latín. El más célebre fue el canciller Moro, conocido con el nombre latino de Morus, autor de la Utopía.

Los grandes escritores en inglés no aparecieron has­ta fines del siglo XVI, en el reinado de Isabel. Los poetas Sydney y Spenser, que tuvieron gran fama en su tiempo, no son leídos hoy. El teatro es lo que ha hecho grande a la literatura inglesa.

Los ingleses eran entonces muy aficionados a las representaciones teatrales. Se hacían con frecuencia, en las ciudades de Inglaterra, fiestas, con ocasión de las cuales cortejos con trajes brillantes atravesaban la ciudad formando cabalgata. Se habían formado varias compañías de comediantes.

La burguesía los tenía en mal concepto; el Municipio de Londres no permitió establecer un teatro en la ciudad. Pero se les dejaba dar representaciones en los arrabales.

Hacían sus comedias en una posada o en algún viejo convento abandonado, pero en ocasiones la reina los mandaba llamar para que actuaran ante ella.

Los jóvenes señores, que eran aficionados al teatro, los protegían e impedían que se prohibieran sus representaciones.

La masa del público ocupaba el patio y las galerías. Eran obreros, marinos, lacayos, aventureros que comían y bebían en la sala.

Se divertían, sobre todo, con las bufonadas de los payasos que aparecían en los entreactos. Los jóvenes nobles se sentaban en el escenario, y eran aficionados a los versos en rebuscado estilo, a la manera italiana.

Aquellas compañías de comediantes no tenían dinero para montar decoraciones. Por lo común se limitaban a poner un cartel para decir a los espectadores: «La escena tiene lugar en un jardín», o «La escena representa un palacio».

El público quería comedias nuevas. El director de la compañía las encargaba a los autores que las escribían con apresuramiento, copiándose muchas veces los unos a los otros. Las comedias quedaban manuscritas.

La mayor parte han desaparecido y no se sabe quiénes fueron sus autores.

Uno de ellos, Marlowe, que murió antes de los treinta años, dejó tragedias, una de las cuales, Fausto, ha conservado celebridad.

El más célebre de todos, Shakespeare (1574-1637) se considera como uno de los más grandes poetas del mundo.

Nació en familia de la clase media, vivió pobremente, se alistó como soldado, se hizo actor, luego autor. Escribió gran número de obras dramáticas que no se imprimieron hasta después de su muerte.

Eran comedias o historias, es decir, dramas trágicos cuyo asunto estaba tomado de la historia de Inglaterra, de las leyendas de la Edad Media, de la misma antigüedad.

Shakespeare había estudiado mucho a Plutarco en la traducción francesa, y a Montaigne, pero no había hecho estudios regulares. Situaba la acción de sus obras en todos los países, sin preocuparse por las épocas.

Ponía Bohemia a orillas del mar, cerca de la selva de las Ardeneas.

Representaba la ciudad griega de Efeso gobernada por un duque y en ella hacía aparecer un convento. Lo que le preocupaba, sobre todo, era crear personajes animados de grandes pasiones.

Como trabajaba a la vez para el público del patio y para los jóvenes señores, mezclaba bufonadas con escenas trágicas.

ALGO MAS…

Estaba de moda organizar bibliotecas; se trataba de reunir tesoros artísticos y literarios efectuando la búsqueda en todos los lugares donde pudieran ser hallados.

Se procuró hacer como los antiguos en todo; de imitar a la naturaleza, de cubrir a las ideas con el ropaje de una forma bella. Tales eran las exigencias del humanismo.

Mientras españoles y portugueses descubrían nuevos continentes y tierras, los galianos se preocupaban de redescubrir el mundo antiguo. Y a e£te apasionamiento se agregó, además, un fuerte sentimiento nacional.

La atención puesto en la naturaleza y en el hombre –como ya había ocurrido a fines de la Edad Media– estimuló los estudios científicos en forma experimental; se rechazó, cuando ello correspondía, la opinión de antiguos sabios.

La primera biblioteca pública de Europa

Creemos que merece un párrafo especial como prueba de la preocupación cultural de parte de los príncipes, un hecho de la historia de Fiorencia.

Nicolás Nicolini, uno de los más entusiastas bibliófilos de Florencia, murió lleno de deudas a causa de su afán de adquirir manuscritos antiguos.

Su casa siempre había estado abierta a los que querían consultar sus colecciones que, a su muerte, comprendían ochocientos volúmenes.

Siguiendo su deseo de que su biblioteca permaneciera accesible a todos, Cosme de Mediéis pagó las deudas y donó la misma al convento de San Marcos, para su uso público. Fue la primera biblioteca pública europea.

El humanismo y la religión

Sobre el contenido espiritual del movimiento humanista escribe el historiador holandés J. Huizinga (1872-1945):

«Los humanistas que eran verdaderos ateos o se hacían pasar por tales, no representan la esencia del Renacimiento.

Un examen profundo muestra claramente que el contenido espiritual del Renacimiento, pese a los elementos clásicos y paganos, era y permaneció cristiano, lo mismo que antes el arte medieval y más tarde la Contrarreforma.

Tanto si escogemos a pintores flamencos o italianos. . . observaremos que, incluso en el período barroco, las principales fuentes de inspiración del arte figurativo fueron escenas bíblicas».

Los Primeros Mecenas en la Edad Media

Fuente Consultada:
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I «El Ateneo»
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

Característica del Renacimiento Europeo y El Hombre Renacentista

Característica del Renacimiento Europeo y El Hombre Renacentista

Entre los años 1300 y 1600 la vida en Europa sufrió grandes cambios. Fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento. Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia.

Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa. Pero fue también una era de violencia, pobreza, hambre y enfermedades.

Este libro, hermosamente ilustrado, presenta la historia fascinante de los acontecimientos y los escenarios del Renacimiento y de la vida de sus hombres.

A mediados del s. XV, Europa, devastada por la peste y por las guerras, había quedado cultural y políticamente rezagada respecto a otras partes del mundo.

Sin embargo, en Italia por  entonces comenzó una extraordinaria revolución artística y literaria que resonaría durante siglos, mientras que las monarquías cada vez más centralizadas de España, Francia e Inglaterra se disponían a construir imperios globales.

El Renacimiento europeo fue un movimiento muy amplio, que se originó en Italia, en la primera mitad del s. XV y que se  inspiraba en la cultura clásica (greco-romana). Dio lugar a extraordinarios avances en el arte, la arquitectura y la literatura. La prospera clase burguesa se convirtió en mecenas de las mismas artes, lo que dio mayor libertad a los artistas, al tiempo que la aparición la imprenta permitió la rápida difusión de las ideas.

el renacimiento

El RENACIMIENTO EUROPEO, se trató de un fenómeno sumamente importante, caracterizado por lo dinámico, coronado por grandes avances, descubrimientos e inventos y precisamente fueron los estudiosos renacentistas quienes empezaron a hablar de la Edad Media, considerándola como una separación entre su época y el pasado clásico. Sin embargo, apenas cambiaron otras cosas.

EL RENACIMIENTO ITALIANO: «Renacimiento» es el término que resume los logros culturales que los italianos realizaron en los siglos XIV y XV.

En realidad hubo varios «renaceres» de la enseñanza, la cultura y el arte clásicos. En el siglo XII, por ejemplo, se renovó el interés por las escrituras de Aristóteles.

Sin embargo, el Renacimiento italiano tal vez sea más conocido por la cantidad de hitos artísticos, arquitectónicos y culturales que registró.

Las acaudaladas ciudades-estado ocupaban una posición geográfica y financiera excelente para acunar el «Renacimiento».

Por las ciudades del norte no solo circulaban los artículos comerciales que se importaban de África del Norte y Asia, sino también bienes culturales y conocimiento.

Desde Constantinopla, España y el mundo árabe llegaban textos clásicos y saberes matemáticos y científicos.

Además, la proximidad de las ciudades-estado a los restos de la Antigua Roma les permitía analizar in situ los estilos artísticos y arquitectónicos.

Uno de los núcleos del Renacimiento italiano fue Florencia, gobernada por la poderosa familia Médici, mecenas, entre otros, del artista y escultor Miguel Ángel. Otros artistas renacentistas destacados fueron Donatello, Botticelli, Rafael y Leonardo da Vinci.

En el campo de la literatura, Petrarca fue en gran parte responsable del surgimiento del humanismo, una escuela de pensamiento que aseguraba que el ser humano era intrínsecamente bueno, en oposición a la Iglesia, que lo concebía como un pecador que debe ser redimido. Otras plumas ilustres fueron Dante, autor de La divina comedia, y Boccaccio, cuyo Decamerón inspiró muchos relatos de Shakespeare.

La arquitectura renacentista también estuvo influida por el clasicismo; se construyeron espléndidos edificios en Florencia, Venecia, Milán y Roma. Las columnas como motivos decorativos de fachadas y las cúpulas proliferaron. Entre los edificios renacentistas clave destacan el Duomo de Florencia y la basílica de San Pedro en Roma.

El humanismo : El humanismo surgió en parte en respuesta a la desilusión creciente con respecto a la Iglesia.

Era una corriente de pensamiento literaria y erudita, interesada en la gramática, la retórica, la historia, la filosofía y la poesía, doctrinas todas producto del pensamiento humano.

En su corazón latía el interés por reavivar la cultura clásica, en particular mediante el estudio del griego y el latín. El humanismo postulaba que el ser humano podía aplicar las habilidades que le eran propias, el razonamiento y la lógica, para mejorar y ganar en dignidad.

En su difusión hacia el norte alcanzó otros países europeos y, con la aparición de las técnicas de impresión, llegó a un público cada vez mayor.

Cuando sus tesis se aplicaron al estudio de la Biblia, se exigió una revisión humanista de la Iglesia, la cual derivó en la llamada Reforma.

EL HOMBRE DEL RENACIMIENTO EUROPEO:

Renacimiento quiere decir ante todo resurrección de las antiguas civilizaciones de Grecia y de Roma.

La lengua griega hacía tiempo que era enseñada en Italia y parecía como si la curiosidad y el espíritu de libre investigación que había caracterizado a la civilización ateniense resurgiera con el estudio del idioma de los antiguos griegos.

El influjo de la cultura romana, por su parte, se hizo sentir también de una manera especial en Italia, el núcleo geográfico en el que la revolución cultural renacentista se haría más notable.

A este hecho no eran ajenos fenómenos como la preponderancia del derecho romano, la utilización del latín por parte de algunos grupos sociales y la conservación de un gran número de edificios antiguos.

Pero también el horizonte geográfico del hombre renacentista se había visto ensanchado: aventureros, comerciantes y misioneros habían descubierto tierras hasta entonces desconocidas, alcanzando al tiempo las costas orientales de Asia tras circunnavegar el continente africano.

El desarrollo de los conocimientos científicos había puesto en duda verdades que antaño se consideraban definitivas y que afectaban a cuestiones tan importantes como la forma de la Tierra o el lugar del hombre en el universo.

En este mismo contexto se produjeron importantes cambios en lo que a la vida y a las instituciones religiosas se refiere.

El principal de ellos fue el provocado por la reforma protestante.

La Europa del Renacimiento: Pese a que Italia fue sin ninguna duda el centro neurálgico de la cultura renacentista, ésta se extendió rápidamente por todas las tierras de Europa.

Los constantes viajes de clérigos y estudiantes permitieron una inmediata y completa exportación de los nuevos ideales, que experimentaron a la vez una adaptación a los caracteres de cada país. Así, elementos clásicos como columnas, pilastras y frontones fueron incorporados a edificios de estructura gótica.

En Francia proliferaron las ediciones de los clásicos de la Antigüedad y de los humanistas, al tiempo que se extendía un espíritu de libertad que se habría de materializar en obras como los poemas de Ronsard, el celebérrimo Gargantúa y Pantagruel de Rabelais o los Ensayos de Montaigne.

En Inglaterra, Tomás Moro recogía en su Utopía los rasgos básicos del humanismo de la época, en tanto que en España Garcilaso y Boscán, de un lado, y Nebrija, del otro, abrían las puertas a las nuevas ideas.

Los alemanes se ocuparon entre tanto del estudio de las antigüedades, y así Conrad Celtis se dedicaba con empeño a rescatar textos que testimoniaban el grado de desarrollo cultural que aquellas tierras habían alcanzado en el curso de la Edad Media.

Con todo, el máximo representante del Renacimiento fuera de Italia fue Erasmo de Rotterdam. Hijo ilegítimo de un eclesiástico, nació en torno al año 1469.

Aunque no sintió. entusiasmo por el arte del Renacimiento, fue filosóficamente la figura clave de su época, constituyendo el nexo de unión entre el movimiento místico que, conocido como Devotio moderna, floreció en los Países Bajos durante su infancia, y el resurgimiento de los clásicos en Italia.

Erasmo empezó su vida como monje, pero, insatisfecho, huyó a París con el pretexto de perfeccionar su teología.

En realidad su interés principal era el estudio de los clásicos. En su Enquiridión o Manual del caballero cristiano (1501) demostró que los clásicos, la poesía y la filosofía eran tan sólo el preludio de un estudio superior a todos, el de las Escrituras.

Su objetivo era fusionar el mundo de la Antigüedad con el del cristianismo, y su obra es una muestra de cómo en el norte de Europa el Renacimiento estuvo al servicio de la religión.

El pensamiento de Erasmo tuvo una gran influencia sobre su tiempo. Aunque el pensador de Rotterdam siguió siendo un católico convencido y estudió el griego original del Nuevo Testamento, quiso que el hombre corriente leyera las escrituras en su propio idioma. Odiaba el vicio y la ignorancia e intentó mostrar el verdadero camino de la cristiandad con su propio ejemplo.

obra renacentista
El bautismo de Cristo es una tabla pintada por Piero della Francesca hacia 1445.

ARTISTAS DE

LAS CIUDADES Y FAMILIAS DEL RENACIMIENTO

Como no había rey en Italia, porque no estaba unificada en un estado, el poder político estaba en manos de los gobernantes de las ciudades.

A estos gobernantes se los denomina a menudo príncipes del Renacimiento, pero en realidad muy pocos eran de sangre real. Algunos provenían de familias aristocráticas. Otros de familias de mercaderes. Lo que les daba la calidad de «príncipes» era simplemente la riqueza y el poder.

Ciertas ciudades se hicieron muy poderosas y controlaron grandes extensiones de territorio fuera de sus murallas. Este a menudo incluía poblaciones más pequeñas y menos poderosas, que se conocía como ciudades estados. Tenían sus propios gobernantes, competían en el comercio y la industria y luchaban entre sí para obtener mayor poder.

En Italia, había cinco ciudades estados principales: Nápoles, Milán, Florencia, Venecia y los Estados pontificios (controlados por el Papa). Los gobernantes de estos estados, con sus riquezas, fueron algunos de los principales mecenas del Renacimiento.

Pero fueron también por la ambición y la codicia de sus familias, quienes causaron las guerras entre las distintas ciudades. Los habitantes del pueblo preferían continuar con su trabajo.

Durante un tiempo, Milán fue el estado más poderoso, bajo el reinado de los duques de la familia Visconti. Uno de sus miembros, Gian Galeazzb, llegó a ser una persona tan importante que se casó con la hija del rey Juan II de Francia y una de sus hermanas contrajo enlace con un hijo del rey Eduardo III de Inglaterra.

Después de los Visconti, gobernó Milán la familia Sforza, primero Francesco Sforza, un gran capitán de mercenarios, y luego Ludovico Sforza, conocido como II Moro o el Moro, por su tez oscura.

Tanto Florencia como Venecia eran repúblicas, es decir, estados con un gobierno electo o señoría. En realidad, en 1495, sólo 3.200 de los 100.000 habitantes de Florencia tenían derecho a votar para elegir a los miembros de la Señoría. En Florencia, durante más de la mitad del s. XV, una familia, la de los Medici, se convirtió en la virtual autoridad.

En Venecia no había una gran familia dominante porque esa ciudad trataba de mantenerse al margen de la lucha continua entre los estados para poder concentrarse en su comercio marítimo.

Era gobernada por el Dux, cuyo mandato era vitalicio, y por un Gran Concejo. Estaba además el Concejo de los Diez, que ayudaba a mantener el orden público en épocas de emergencia y era temido porque su poder iba más allá de la ley.

Si sospechaba que alguien planeaba algo contra el estado, lo hacía matar. Los papas eran líderes políticos y mecenas de las artes, al mismo tiempo que jefes supremos de la Iglesia. Dos de ellos pertenecieron a la familia Médicis.

Fuente Consultada:
Historia Universal Ilustrada John M. Roberts – Tomo I

Los Primeros Mecenas en la Edad Media

El Cisma de Occidente Gran Cisma Origen Separacion Iglesia Ortodoxa

El Cisma de Occidente – Separación de la Iglesia

En el siglo XIV, la Iglesia católica experimentó una crisis muy grave. La rivalidad entre el poder espiritual de los papas y el poder temporal de los príncipes laicos, unida a los desórdenes que reinaban en Roma, hicieron que el papa se estableciera en Aviñón. En esta ciudad los papas residieron durante unos setenta años. Después de 1378 hubo incluso dos papas: uno en Roma y otro en Aviñón. Esta crisis cesó en 1417 gracias al Concilio de Constanza, que puso fin al Gran Cisma de Occidente

Fue uno de los acontecimientos más señalados de la historia de Europa en el siglo XIV es la presencia de los papas en Aviñón. En 1294 fue elegido Bonifacio VIII, y este nuevo papa, decidido a restablecer el poder pontificio, recordó a la cristiandad, y de manera especial a los reyes de Francia e Inglaterra, el carácter divino de la autoridad papal y la primacía del poder espiritual sobre el temporal.

Su proceder no fue del agrado de Felipe el Hermoso, rey de Francia, quien envió a uno de sus consejeros a detener al papa con la intención de que fuera juzgado como hereje por un concilio nacional que se convocaría en Francia.

Sabedor de sus intenciones, Bonifacio VIII redactó una bula que debía ser promulgada el 8 de septiembre de 1303 en la que se excomulgaba al rey y se libraba a sus vasallos del juramento de fidelidad…así comenzó la disputa.

LA HISTORIA: Bonifacio VIII, a la sazón octogenario, decidió hacer del año 1300 el gran jubileo de la cristiandad, para lo cual prometió el perdón de sus pecados a todos cuantos acudiesen a la ciudad santa, Roma, a rezar durante 30 días.

Así fue como, llegados tanto de Italia, como de España o de la recién convertida Escandinavia, varios centenares de millares de peregrinos se reunieron en improvisados albergues.

Se trató de la mayor hora de gloria del papado, del momento supremo en que la fe cristiana se convirtió en la más viva, en la más creadora. También fue el periodo en que el poderío materia y espiritual de la Iglesia conoció su más refulgente esplendor.

Roma, presa de la guerra civil Pero en los años siguientes, el poder pontificio fue puesto en tela de juicio, y con frecuencia de manera brutal, por el rey de Francia, que saqueó a su antojo las posesiones de los templarios.

El sucesor de Bonifacio VIII, Benedicto XI, acabó por ceder a todas las exigencias de Felipe el Hermoso. Durante ese tiempo, toda Italia fue presa del desorden. A la muerte de Benedicto XI, en 1304, los cardenales salieron de Roma y eligieron como papa a un francés coronado en Lyon, en 1305, con el nombre de Clemente V.

Este nuevo soberano pontífice tuvo el empeño de reconciliar a los reyes de Francia y de Inglaterra, para comprometerlos a una nueva cruzada. Dudando sobre si regresar Roma, desgarrada por la guerra civil, viaja en primer lugar a Aquitania, su tierra natal, y continuación fijó provisionalmente su residencia en Aviñón.

Aviñón, residencia pontificia Para Clemente V, la estancia en Aviñón no representaba más que un alto en el camino di Roma, pero su sucesor, Juan XXII, papa de 1311 a 1334, se instaló en ella de manera menos efímera.

No obstante, éste intentó recobrar sus dominios italianos, y buscó aliados en la península. El rey de Sicilia y la ciudad de Florencia se declararon favorables a él, pero tuvo que hacer frente a la hostilidad de numerosas ciudades, entre ellas Milán. Incluso apareció un antipapa bajo la égida del rey de Germania, Luís de Baviera. Este conjunto de circunstancias hizo que fracasara el intento de reinstalación en Roma y, para Aviñón, supuso la posibilidad de convertirse en residencia del jefe de la cristiandad.

El palacio de los papas Elegido en 1334, el nuevo pontífice, Benedicto XII, sabrá sacar el mayor provecho de las ventajas que le ofrecía Aviñón. Geográficamente, la ciudad estaba situada en el centro del Occidente cristiano. Además, constituía la encrucijada de las grandes rutas que unían entre sí los dos focos de la actividad económica de la Europa de entonces, Flandes y la Italia del norte.

Se beneficiaba, por otro lado, de la proximidad de los puertos del valle inferior del Ródano, así como de la riqueza de una región en la que la agricultura era próspera y el artesanado imaginativo. La ciudad albergaba, por añadidura, una universidad brillante. Ahora bien, de formación cisterciense, Benedicto XII era un teólogo más que un político. Y en ningún momento quiso lanzar a la Iglesia a una aventura guerrera. Fue él quien emprendió la construcción del palacio, que sería a la vez centro administrativo y fortaleza.

La capital de la cristiandad El sucesor de Benedicto XII, Clemente VI, papa de 1342 a 1352, era benedictino. Su mayo preocupación fue asegurar la independencia política del papado. Así, compró la ciudad a h reina de Nápoles e hizo de la suya la corte más brillante de Europa.

Junto al palacio edificado por su predecesor, que le parecía demasiado austero, hizo construir un segundo mucho más fastuoso, en el que se darían magníficas fiestas. La presencia de la corte papal proporcionó a toda la región un nuevo resurgir. Además de a los millares de funcionarios eclesiásticos, la ciudad albergaba a las delegaciones extranjeras  que, periódicamente, acudían a Aviñón. Para subvenir a las necesidades de tan fastuosa sociedad, el comercio y el artesanado se desarrollaron por todos los alrededores.

De todas partes del mundo afluían a la ciudad los géneros más preciosos. La colonia judía llegó a ejercer una especie de monopolio sobre buena parte del comercio, y las grandes compañías italianas instalaron allí sus establecimientos bancarios. Con todo lo cual, Aviñón se convirtió en uno de los centros más importantes de las finanzas medievales, asegurando la mayor parte de los movimientos de fondos entre las diversas naciones de la Europa del oeste.

«Roma ya no está en Roma.«,Esta fórmula lapidaría y en gran medida nostálgica,  para referirse al período que, entre 1305 y 1378, vio sucederse a los papas en Aviñón. Forjada por siglos de papado italiano, la tradición ha contribuido a ensombrecer exageradamente este episodio. Durante mucho tiempo ha propagado la imagen de unos papas sin autoridad, corrompidos por el lujo y la magnificencia, y sometidos al soberano capricho de los reyes de Francia. Verdad es que, para compensarse de su exilio en Aviñón, los papas consideraron oportuno rodearse de una fastuosidad extraordinaria. El lujo de las ceremonias profanas rivalizaba en la ciudad papal con el esplendor de las ceremonias litúrgicas. Los papas recibían y protegían en ella a los mayores artistas. Pero la caridad también tenía su sitio: la pignotte, o servicio de limosnas, distribuía continuamente pan entre todos los necesitados, y finalmente, si es cierto que, durante su estancia en Aviñón, el papado se preocupó poco de reformar la Iglesia en profundidad, también lo es que los papas supieron, sin embargo, y gracias a una política centralizadora a veces llevada a ultranza y a una administración bien organizada, mantener su autoridad sobre la cristiandad

La metrópoli de las artes El mismo florecimiento caracterizó la vida intelectual y artística. Para la construcción y la decoración del palacio, y también de las múltiples iglesias y conventos que se edificaron en la época, los papas llamaron a los hombres más reputados de aquellos tiempos. La ciudad se convirtió en un perpetuo taller en que los artistas de todos los países tenían a su disposición un campo de experimentación absolutamente original. Los italianos llegaron a destacar sobre todo en la realización de frescos y de grandes cuadros, dando así nacimiento a la escuela de Aviñón, de la que fue maestro el sienes Simone Martini. Se hizo venir a cantantes y músicos de todo el continente para las fiestas litúrgicas, creándose con tal motivo numerosas obras maestras de la música polifónica.

En cuanto a la universidad, destacó especialmente en el campo del derecho, y, gracias a su suntuosa biblioteca, consiguió reunir también toda la herencia del mundo antiguo y del medieval. Al igual que Roma, Florencia o Milán, Aviñón llegó a convertirse en uno de los centros del Humanismo en el despuntar de éste.

El regreso a Roma  Sin embargo, Roma siguió siendo el simbolo del mundo cristiano ;y los papas no cesaron de  preparar su regreso a la ciudad eterna. Inocencio VI encargó a un legado que intentase comprometer para dicha causa a las ciudades italianas. Urbano V permaneció en Roma. Y en 1377, Gregorio XI regresa a ella definitivamente. Sin embargo, esto no significó el final del papado de Aviñón, porque en abril de 1378 a su muerte el pueblo  romano presionó a los cardenales para que eligieran un Papa italiano. Urbano VI. Pero 13 de ellos eligieron un papa rival  Clemente VII, que se instalaría en Avignon. El cisma habría de durar hasta1417.

EL PALACIO DE PAPAS DE AVIGÑON:

Palacio de los Papas en Avigñon

Durante casi cuarenta años, el mundo cristiano estuvo dividido en dos grupos: uno que reconocía la autoridad del papa de Roma y otro que sólo aceptaba la del papa de Aviñón.

Para poner fin a este lamentable conflicto hubo que reunir dos concilios. En 1417, cuando por el Concilio de Constanza se eligió al papa Martín V, se reconoció en toda la cristiandad la autoridad del papa de Roma. La principal consecuencia de este triste capítulo de la historia fue la debilitación de la autoridad papal y de la Iglesia en el mundo.

El único resultado feliz fue el florecimiento de la ciudad de Aviñón. Oscura hasta entonces, en la época de los papas vivió un período de gloria. La ciudad creció y acogió a los más grandes artistas y famosos poetas de la época, especialmente a Petrarca. De este período subsiste un notable edificio: el famoso palacio de los papas, magnífico modelo de la arquitectura militar del siglo XIV. Su superficie es de 15.000 m2 y algunas de sus torres tienen más de 50 m de altura.

Consta de dos cuerpos: el palacio viejo, edificio austero y sobrio construido por Benedicto XII, y el palacio nuevo, más elegante, edificado por Clemente VI. Seriamente dañado durante la Revolución francesa, el palacio de los papas ha sido restaurado gracias a los esfuerzos de la ciudad de Aviñón.

Después del Cisma, ésta siguió entre las posesiones pontificias. Desde entonces hasta 1791, en que fue anexionada a Francia, fue regida por legados del Pontífice. Hoy, la antigua Avenio es sede arzobispal y exporta excelentes vinos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil Azeta – Editorial CREDSA – El Gran Cisma de Occidente

Ver: Cisma de Oriente

Enciclica Pacem In Terris Doctrina Social de la Iglesia Papa Juan XXIII

Encíclica de Juan XXIII: «Pacem in terris» Doctrina Social de la Iglesia

Apenas iniciado el concilio, en aquel mismo octubre, se registró la «crisis del Caribe», con la Cuba de Castro en juego y Washington y Moscú mirándose desafiantes y llevando «sus manos a sus espadas. A sus espadas nucleares.

Durante unos días muy tensos, el mundo se mantuvo expectante y angustiado, olvidado del concilio y preguntándose si iba a romperse el «equilibrio del terror» y sobrevenir una catástrofe tal vez definitiva para la especie humana. Como en anteriores ocasiones, Juan XXIII, que había dicho repetidamente que «no tenía más armas que la paz y el Evangelio», levantó su voz pidiendo reflexión y cordura a los gobernantes.

Se reflexionó y los gobernantes, aunque nerviosos y muy alterados, se mostraron cuerdos. Pasó la crisis y hubo un suspiro de alivio en el mundo. Y todos los pueblos tuvieron una mejor comprensión de la terrible amenaza bajo la que vivían en la era nuclear.

Muchos llamaban ya al bondadoso anciano que ocupaba el solio pontificio el «papa de la paz». En marzo de 1963 se decidió que el Premio Balzan de la Paz correspondía por pleno derecho a Juan XXIII. Nemine discrepante. Hasta Moscú expresó su calurosa aprobación. Aquel mismo mes, Juan XXIII concedió una audiencia privada aAlexis Adjubei, director de «Izvestia» —el órgano del gobierno soviético—, y a su esposa Rada, hija de Khruschev.

No faltaron quienes torcieron el gesto ante estos «coqueteos» entre el Vaticano y el «comunismo ateo» . Sin embargo, ya en enero de 1958, el canciller soviético Andrei Gromyko había señalado la posibilidad de una colaboración entre la Iglesia católica y el mundo comunista para el mantenimiento de la paz. Era una colaboración que no impedía otras con el mismo fin, y Juan XXIII ya se había acreditado como un hombre que sabía «mirar sin desafío, recibir sin temor y conversar sin comprometerse».

Al mes siguiente, exactamente el 11 de abril de 1963, día del Jueves Santo, Juan XXIII, con sus 81 años de edad y el quinto de su pontificado, dio a conocer su encíclica Pacem in terris, «la paz en la tierra», según el significado de las primeras palabras del documento. Es así como, de acuerdo con la costumbre, se conocen las encíclicas, ¿Qué es la Pacem in terris?.

Si la Mater et magistra es una adaptación de la «doctrina social de la Iglesia» a los tiempos modernos, la Pacem in terris es una exposición de la doctrina política, económica y social de 3a Iglesia frente a las tan complejas circunstancias y los tan graves problemas del mundo actual, de un mundo en cada vez mas rápida y revolucionaria transformación. Y también una apasionada invitación a la paz, «profunda aspiración de los hombres de todos los tiempos».

Ya no se dirige únicamente a los fieles, sino también a «todos los hombres de buena voluntad». Siempre desde un punto de vista estrictamente católico, muy distinto, como es natural, de otros, se refiere al «orden en el universo» y trata de los derechos y deberes de los seres humanos, de las «relaciones entre los hombres y los poderes públicos en el seno de las distintas comunidades políticas», de las relaciones entre estas comunidades y de las «relaciones entre los individuos, la familia, las asociaciones y las comunidades políticas, por una parte, y la comunidad mundial, por otra». Para terminar formulando una serie de «recomendaciones pastorales».

Es, pues, amplísimo el campo abarcado por esta encíclica, conforme a criterios que lógicamente plantean tanto coincidencias como discrepancias. Pero lo que desde el principio llamó especialmente la atención en ella, como una formulación nueva y atrevida, fue la parte de las «recomendaciones pastorales» referente a las «relaciones entre católicos y no católicos en el campo económico-social-político». Reproduzcamos algunos de sus párrafos.

«Los principios doctrinales que hemos expuesto —dice la Pacem in terris, cuya idea básica es que la paz sólo puede ser producto de un «orden justo»—, o se basan en la naturaleza misma de las cosas o proceden de la esfera de los derechos naturales. Ofrecen, por tanto, amplio campo de encuentro y entendimiento, ya sea con los cristianos separados de esta Sede Apostólica, ya sea con aquellos que no han sido iluminados por la Fe cristiana, pero poseen la luz de la razón y la rectitud natural.

En dichos contactos, los que profesan la religión católica han de tener cuidado de ser siempre coherentes consigo mismos, de no admitir jamás posiciones intermedias que comprometan la integridad de la religión y la moral. Muéstrense, sin embargo, hombres capaces de valorar con equidad y bondad las opiniones ajenas sin reducirlo todo al propio interés, antes bien dispuestos a cooperar con lealtad en orden a lograr las cosas que son buenas de por sí o pueden ser reducidas al bien.»

Más adelante, dice:
»Se ha de distinguir también cuidadosamente, entre las teorías filosóficas sobre la naturaleza, el origen, el fin del mundo y del hombre, y las iniciativas de orden económico, social, cultural o político, por más que estas iniciativas hayan sido originadas e inspiradas en tales teorías filosóficas; porque las doctrinas, una vez elaboradas y definidas, ya no cambian, mientras que las iniciativas, encontrándose en situaciones históricas continuamente variables, están forzosamente sujetas a los mismos cambios. Además ¿quién puede negar que, en la medida en que estas iniciativas sean conformes a los dictados de la recta razón e intérpretes de las justas aspiraciones del hombre, puedan tener elementos buenos y merecedores de aprobación?»

Y más adelante, sin formular condenaciones, la encíclica hace una prevención a quienes, exasperados por la injusticia y las miserias que ven a su alrededor, se inclinan por los métodos violentos:

«No faltan hombres de gran corazón que. encontrándose frente a situaciones en que las exigencias de la justicia o no se cumplen o se cumplen en forma deficiente, movidos del deseo de cambiarlo todo, se dejan llevar de un impulso tan arrebatado que parecen recurrir a algo semejante a una revolución. A estos tales quisiéramos recordarles que todas las cosas adquieren su crecimiento por etapas sucesivas y así, en virtud de esta ley, en las instituciones humanas nada se lleva a un mejoramiento si no es obrando desde adentro, paso a paso.»

Finalmente, la encíclica contiene una serie de vehementes exhortaciones en favor de la paz:

«A todos los hombres de alma generosa incumbe, pues, la tarea inmensa de restablecer las relaciones de convivencia basándolas en la verdad, en la justicia, en el amor. en la libertad . .. Tarea ciertamente nobilísima, como que de ella derivaría la verdadera paz conforme al orden establecido por Dios . . «.

Estas enseñanzas nuestras acerca de los problemas que de momento tan agudamente aquejan a la sociedad humana y que tan estrechamente unidos están al progreso de la sociedad nos la dicta un profundo anhelo. que comparten con Nos todos los hombres de buena voluntad, el anhelo de la consolidación de la paz en este mundo nuestro.

«Como Vicario —aunque indigno— de Aquél a quien el anuncio profético proclamó Príncipe de la Paz, creemos que es obligación nuestra consagrar todo nuestro pensamiento, todo nuestro cuidado y esfuerzo, a obtener este bien en provecho de todos. Pero la Paz será una palabra vacía si no está fundada sobre aquel orden que Nos, movidos de confiada esperanza, hemos esbozado en sus líneas generales en esta nuestra Encíclica: la paz ha de estar fundada sobre la verdad, construida con las normas de justicia, vivificada e integrada por la caridad y realizada, en fin, con la libertad.»

En estos tiempos de poca fe, en los que tantas «crisis espirituales» se registran, en el mismo clero, no todo el «orbe católico» aceptó con entusiasmo la Pacem in terris.

Inquietó especialmente a ciertos círculos de catolicismo meramente nominal, cómodamente ajustados a la tradición cultural de su propia sociedad y habituados a ver en la religión un amparo más de su «propio interés». ¡Caramba con el «papa de transición»! ¿No podía callarse? ¿No le bastaba el revuelo que había armado con la convocación del concilio, en el que ya se estaban registrando sus más y sus menos, a pesar de que el dogma no estaba en juego? Bien, sería una encíclica más. Todo seguiría igual.

En cambio, Moscú, como si atribuyera más valor que estos círculos a lo que consideraba el «opio del pueblo», vio en la encíclica un aporte «positivo» a la causa de la paz. La prensa soviética publicó el documento papal. Un hecho realmente inusitado. Por lo demás, Juan XXIII el Bueno no tardaría en callarse.»

Ver:Principios de la Doctrina Social de la Iglesia

La Vida de los Papas Papa Pablo IV Inquisidor y Antisemita

La Vida de los Papas: Papa Pablo IV El Inquisidor

PABLO IV (1555- 1559): EL PAPA QUE INSPIRÓ A HiTLER

Juan Pedro Carafa, más tarde Pablo IV; fue en sus años mozos inquisidor. Pero, aun dentro de tan oscuro gremio, tuvo una particularidad al respecto por demás macabra, que ofrece un buen toque de color para comenzar a pintar su retrato: no contento con auspiciar y presenciar las torturas infligidas a las víctimas en la o las mazmorras oficiales, dependientes de la Iglesia, armó su sala de tormentos personal equipando una de las habitaciones de su casa con instrumentos de tortura. Una vez devenido papa, el inquisidor hecho carne en él jamás lo abandonaría.

pablo iv papa vaticano

 Gran Inquisidor y maestro de la tortura por una generación, este Papa fue el terror de los incrédulos.
Su logro mas grande fue hacer de la inquisición un arma fuerte en Italia, Los Países Bajos y el Oriente.
Creía tanto en la tortura que gustosamente pagaba de su propio cofre nuevos instrumentos. Reformo la Iglesia usando todos los métodos a su disposición sin importar quien cayera. Famoso también por la corrupción, él colocó a su sobrino Carlo Caraffa como cabeza política de la Santa Sede.

Su fanatismo por buscar lo presuntamente impuro allí donde se encontrara, de modo tal de acabar con ello sería su característica hasta el fin de sus días. Al igual que luego los nazis y los fascistas, ambos obsesionados por la idea de limpiar el mundo de la gente que con su sola existencia lo ensuciaba, Pablo IV tuvo como tarea principal eliminar de la faz de la Tierra (o, por lo menos, esconderlo y arrinconarlo) todo aquello y todos aquellos seres que, en su opinión avalada por buena parte del pensamiento eclesiástico de la época inquisitorial, tenían como innoble misión mancillar el planeta. Persona por demás ascética, no reprimió su odio hacia lo que consideraba impuro. Antes bien, lo dejó fluir hacia múltiples y desdichadas direcciones.

Odiaba a los homosexuales y cualquiera que fuera sospechoso de tal práctica o de solamente desear a alguien de su mismo sexo no tardó en perecer sobre las llamas. Por supuesto, como buen inquisidor y, por lo tanto, alumno formado en las insignes letras del Malleus Malleficarum, detestaba con toda su alma a las mujeres, esas criaturas a quien el demonio había dotado de senos y mohines insinuantes, sólo a los perversos efectos de distraer y tentar a los hombres probos. A ellas les prohibió ensuciar con su presencia las entradas del Vaticano.

Por los judíos sentía asco, horror y odio y los encerró en unos ghettos. Pero, antes de adentramos en sus crímenes contra los seres humanos, comencemos por dar cuenta de aquello que hizo contra algo más abstracto que las personas en sí, pero fruto de ellas: el pensamiento y los libros que los plasmaban

ESCRITORES, IMPRESORES Y LIBREROS, BLANCO DE LA IRA PAPAL

Pablo I entre sus múltiples objetos de odio, abominaba todo libro que pudiera acercar una luz a la mente y, más aún, si esa luz oscurecía el poder omnímodo de la Iglesia Católica, a quien él representaba. Ahogar la libertad de pensamiento era una actividad que lo llevaba a cimas de placer. Por ello ya desde sus tiempos cardenalicios organizaba hogueras para libros, fabulosas piras donde el papel se retorcía de la misma manera que los cuerpos de los herejes. Corría el año 1559 cuando el papa Pablo IV ordenó a la Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición la elaboración de un índice de libros prohibidos para los católicos. Se llamó Índex Libro rum Prohibitorum y estuvo en vigencia hasta que, en 1966, Pablo VI lo suprimió como consecuencia de las reformas establecidas durante el Concilio Vaticano II.

En Julio de 1555, dos meses después de su elección, el Papa Pablo IV hizo pública una bula (edicto) poco conocida (cum nimis absurdum), contra los judíos debido a que el sospechaba que los judíos estaban asistiendo a los protestantes. La bula papal hacía recordar a los cristianos que desde que los judíos habían matado a Cristo, sólo estaban en condiciones de ser esclavos. Les fue ordenado quedar confinados a un área restringida, el gueto y usar un peculiar sombrero amarillo.
Fueron obligados a venderles sus propiedades a cristianos a precio regalado (por ejemplo una casa a cambio de un burro o un viñedo por una prenda.

En ese momento, el listado de libros prohibidos llegaba a 4126 títulos. Sí: durante más de cuatro siglos quienes quisieran ser realmente buenos católicos no debían ni acercarse a esos títulos. En sus listas figuraban, entre otras, todas las obras de Erasmo y de Rabelais y el Decameron de Giovanni Bocaccio. De la misma manera en que, siglos después, la Exposición de arte degenerado del nazismo contendría lo mejor (y por ende, prohibido) de la vanguardia pictórica, el Jndex se caracterizó por incluir en él (y por lo tanto prohibir) a los mejores literatos y pensadores de cada época. Durante esos cuatro siglos, la lectura de libros como El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra, Los miserables de Víctor Hugo o el hoy tan inocente Robinson Crusoe de Daniel Defoe constituía casi un pecado. Pero la persecución a los libros había empezado mucho antes, si bien el Index marcó un punto de inflexión y, en cierta medida, el más alto. Había comenzado antes y por una razón bien concreta: un nuevo invento había visto la luz (la imprenta) y ello permitió una expansión de las publicaciones inimaginable siglos antes.

Hacia 1540 la Iglesia, profundamente asustada por la democratización de la lectura (y, por ende, de pensamiento) que presuponía la enorme cantidad de ejemplares que permitía la imprenta, intenta pactar y llegar a un acuerdo con los impresores. Pero no lo logra. Y por ello comienza la quema de libros, actividad que prosigue en tiempos de Pablo IV, justamente, con la incineración de los libros contenidos en el Index. Y fue de tal envergadura que los editores temieron por su subsistencia. Los autores, en cambio, temieron por su existencia y, en un gesto de autopreservación, la mayoría de ellos dejó de escribir En términos de producción cultural, la pérdida fue inestimable. ¿Cómo continuó la historia del Index, aun después de que Pablo 1V abandonara la investidura papal? En 1521, se creó en Roma una Congregación del Índice que a lo largo de los siglos publico de manera regular ediciones de los libros prohibidos, lo cual puede advertirse todavía en libros católicos que llevan el Imprimatur.

Un libro de una orden religiosa puede llevar, por ejemplo, el nombre de cinco censores en su encabezamiento Pocos años más tarde, el Concilio de Trento se abocó a la elaboración de un Índice “mas comprensivo”, un tanto menos arbitrario y las obras fueron condenadas en función de diez conceptos principales. Por supuesto, todo ese gran aparato represivo provocó, como lógica consecuencia, la autocensura y ello explica en buena medida por qué las contribuciones de los pensadores católicos quedaron rezagadas durante mucho tiempo con respecto a las del resto del mundo occidental. Generaciones y generaciones de estudiantes, religiosos varios, humanistas y hasta obispos, tuvieron vedada la lectura de obras fundamentales por hallarse en el Índice.

UN ANTISEMITISMO VISCERAL

El odio a los judíos por parte de Pablo IV fue inmenso y quedó institucionalizado por un documento: la bula Cun nimis absurdum, que marca un verdadero hito en el antisemitismo cristiano. Pero sería injusto decir que con Pablo 1V comienza el odio antijudío de la Iglesia. Pasemos una breve revista a cómo fueron tratados, desde el mismo inicio del cristianismo, aquellos que —nunca está de más recordarlo— profesaban la misma fe que Cristo. Durante el imperio romano, los judíos superaron la hostilidad inicial y consiguieron la plena ciudadanía con el edicto de Caracalla, en 212. Pero un siglo después, cuando Constantino se convirtió al cristianismo, dio comienzo la sistemática, constante y creciente persecución a los judíos.

Durante el Concilio de Nicea en el año 325, el mismo emperador pone fin a la controversia sobre la naturaleza de Cristo (se lo decreta divino y no un simple profeta) y continúa sus esfuerzos para separar al cristianismo del judaísmo declarando que la pascua cristiana no sería determinada por el pesaj o pascua judía. Declara: “Porque es insoportablemente irrespetuoso que en la más sagrada fiesta estemos siguiendo las costumbres de los judíos. De aquí en adelante no tengamos nadi en común con esta odiosa gente… También en plena Edad Antigua, numerosos santos (Sar Hilario, San Crisóstomo, San Efraín, etcétera) escriben en contra dE los judíos. Algunos apelativos que reciben los semitas de parte de estos santos, nada compasivos por cierto, son: “Pérfidos asesinos de Cristo”, “Raza de víboras” y “compañeros del diablo” Ya en el siglo iv y y las sinagogas eran quemadas por los cristianos, al mejor estilo de las SS nazis.

También desde esa época varios países prohiben el contacto con los “malvados” hebreos y el matrimonio entre cristianos y judíos. En el siglo y las acciones concretas sobre aquellos que tienen el mismo origen que Cristo recrudecen: en algunos lugares se les prohibe construir nuevos templos, algunos obispos logran expulsarlos de sus ciudades y continúan quemando sinagogas. Otros, igual de exaltados, incitan a las multitudes contra los impíos y éstas atacan los templos. Algunos obispos, más benévolos, simplemente los obligan a convertirse. En los años posteriores, a través de decretos y disposiciones, a los judíos se les prohíbe: poseer tierras, tener sirvientes, aparecer en público durante las Pascuas, ocupar cualquier cargo público y tener autoridad sobre un cristiano. Algunos obispos les ofrecen la opción: conversión o exilio; o se bautizan o son expulsados del lugar. Otros, un tanto más sádicos, les arrancan los ojos a los judíos que se niegan a ser bautizados.

Hacia finales del siglo VII se prohibe a los cristianos tener amistades judías y consultar médicos de ese mismo origen. Durante el siglo VIII en muchos lugares el judaísmo es ilegalizado: esto deviene en bautismos forzosos o judíos quemados dentro de sus sinagogas. Por esas épocas San Agobard, arzobispo de Lyon, escribe en sus Epístolas que los judíos nacieron esclavos y que tienen el hábito de robar niños cristianos para vendérselos a los árabes. A lo largo de años y siglos posteriores la persecución no hace sino empeorar: los judíos son atacados en varios lugares de Francia a causa de la destrucción del Santo Sepulcro de Jerusalén por parte de los musulmanes; en 1012, en Roma, son considerados culpables de un huracán que asoló a la ciudad y en 1081 son obligados a pagar impuestos aún más altos para mantener a la Iglesia.

Durante las sucesivas cruzadas, muchos soldados de Cristo asesinan sin piedad a miles de judíos e incendian sus templos. Algunas voces de la Iglesia se levantan contra eso y tratan de calmar los ánimos declarado que los judíos pueden ser tolerados y que la furia cristiana se debe dirigir hacia los musulmanes. Sin embargo, en las marchas hacia la “Tierra Santa” caen musulmanes y judíos por igual, debido a que los piadosos cristianos perciben a ambos como enemigos de Cristo. En el siglo XII se suma una nueva modalidad: en varios lugares de Inglaterra y Francia: los judíos son acusados de “asesinatos ritualísticos”, lo que deviene en tortura y muerte de los presuntos asesinos. En 1215, el cuarto concilio de Letrán obligó a los judíos a usar algún distintivo en su indumentaria que los identificara como tales a simple vista: estrellas o algún sombrero de color estridente. Esta es la primera vez en Europa que los judíos son ordenados a usar un elemento para ser diferenciados del resto de la población por medio de su vestimenta.

Con la invención de la imprenta alrededor del año 1450, los libros comenzaron a rodar por las prensas. La Inquisición buscó censurar el contenido y la cantidad de libros y en 1559, Pablo IV autorizó un Índice oficial de Libros Prohibidos, destinando a este una larga lista de libros. Entre los títulos se encontraba el clásico de la literatura de Boccaccio el Decameron, y el Gargantua y Pantagruel de Rabelais. También se incluía un tratado, Consilium (consejo), al que él mismo había contribuido como Cardenal.

El sínodo de Viena (1267) obliga a los judíos a usar sombreros con dos puntas llamados pileteum comutum. El pueblo en general cree firmemente que los judíos (ya varias veces acusados de hijos del demonio y como tales) tienen cuernos y que usan tal sombrero r para esconderlos. En los siglos posteriores, concilios diversos y gobernantes varios cierran sinagogas, encierran en ellas a todos sus fieles las incendian, grupos de judíos son asesinados por muchedumbres callejeras acusados de asesinatos ritualísticos o profanación de hostias, se los conmina abandonar lugares o a atenerse a li consecuencias (generalmente, la pena de muerte), algunos nobles ostentan con orgullo motes alusivos al tema (como “mau judíos”), la Inquisición quema el Talmud y se les hace pagar con su vida por las frecuentes pestes que asolaban Europa, ya que lo culpaban de ser responsables por envenenar las aguas.

En e siglo XIV la peste negra mata a cientos de miles de habitantes de continente europeo y se habla de una  conspiración de dominio mundial por parte de los judíos. Muchas veces, ellos mismos s suicidan al verse cercados, para evitar la tortura seguida de una muerte lenta y dolorosa. Se promulgan diversas bulas que prohiben a los capitanes de navío el transporte de judíos a Tierra Santa y que les impide asistir a la universidad. Y en esa seguidilla de macabros asuntos de los cuales, se lo podemos asegurar al lector, hemos realizado un resumen más que breve, aparece lo que muchos reconocidos historiadores consideran como un hito dentro del movimiento católico antijudío: la bula Cunnimis absurdum, promulgada apenas dos meses después de la elección.

En ella se subrayaba que los asesinos de Cristo, los judíos, eran esclavos por naturaleza y debían ser tratados como tales. Por primera vez, en los Estados Pontificios se les confinaría a un sector determinado, el “ghetto”, que contaría con una sola entrada. Antes de llevarlos al ghetto que les correspondía, fueron obligados a vender sus propiedades a los cristianos a precios verdaderamente irrisorios. Se les permitió poseer una sola sinagoga en cada ciudad, se les obligo a usar indumentaria distintiva para distinguirlos (en este caso, se trató de un gorro amarillo), se les prohibió emprender cualquier actividad comercial, sólo se les permitía emplear el latín para hablar, en ningún caso podían contratar cristianos, no podían ser asistidos por médicos cristianos y no podían ser llamados “senor ni siquiera por los pordioseros, entre otras órdenes.

El ghetto fue instalado en la orilla derecha del Tíber, frecuentemente anegado y, por ello, extremadamente insalubre. En un sector de unos 460 metros se hacinaban de cuatro a cinco mil personas, generalmente vestidos con harapos. Debido al escaso lugar con que contaban se veían obligados a edificar hacia lo alto y el hecho de que el Tíber estuviera tan cerca, corroyendo las entrañas de las edificaciones, hacía que los derrumbes fueran frecuentes, llevándose muchas vidas humanas. Además, en ese hacinamiento, cualquier principio de incendio se propagaba con asombrosa y peligrosa rapidez y la higiene se hacía sumamente dificultosa, lo que no hacía más que abonar el mito antisemita de que los judíos poseen un desagradable olor. La bula del papa que nos ocupa tuvo efectos reflejos de manera inmediata: a los pocos días Venecia también tenía su ghetto y lo mismo sucedía en Bologna. En 1559, Pablo 1V moría. Sin embargo, su bula había instaurado y legitimado una pauta de conducta que duraría tres siglos.

Papa Pablo III Poder y Riquezas de la Iglesia de Roma Vida de Papas

Papa Pablo III:Poder y Riqueza de la Iglesia

La personalidad de Paulo III, vivamente combatida durante cuatro siglos por la historiografía protestante y liberal, ha sido hoy revalorizada y situada en el punto culminante que le corresponde.

No en vano es el pontífice que aprobó la Compañía de Jesús, inauguró las sesiones del Concilio tridentino, autorizó el establecimiento de la Inquisición romana, impulsó el estudio de la reforma interna de la Iglesia, y, por primera vez después de muchos años, concedió la púrpura cardenalicia a religiosos que lo merecían por su fe, su saber y su profunda piedad.

Con Paulo III el Papado empuña todos los instrumentos de la Reforma católica y la Contrarreforma.Hijo de Pedro Luis Farnesio y de Juana Caetani, Alejandro nació en Canino el 28 de febrero de 1468.

Miembro de la familia Farnesio, reputada por su ambición y su avidez, su padre quiso dedicarle a la vida política y a la diplomacia. Alessandro Farnese) Papa (Canino, Estados Pontificios, 1468 – Roma, 1549).

Veamos su biografía…

Papa Pablo III Poder y Riquezas de la IglesiaPerteneciente a una influyente familia de la nobleza italiana, hizo la mayor parte de su carrera eclesiástica sin ser sacerdote: fue nombrado cardenal en 1493, aunque no se ordenó hasta 1519.

Considerado un Papa de transición entre el Renacimiento y la Contrarreforma, gustó de potenciar la magnificencia de su corte; así, encargó a Miguel Ángel, entre otros trabajos, las pinturas de la Capilla Sixtina.

En la política exterior hay que recalcar su mediación entre Carlos I y Francisco I de Francia que llevó al tratado de Nicea, en 1538, así como la excomunión de Enrique VIII de Inglaterra.

Decidido promotor del concilio de Trento, dio su apoyo a la fundación de los jesuitas y al restablecimiento de la Inquisición en Italia (1542).

En el ámbito de la política local, cedió importantes territorios del Papado a su hijo Pier Luigi, hecho que generó una considerable hostilidad.

Lo llamaban el «Papa Enaguas» porque entregó a su hermana para que fuese iniciada por el Papa Alejandro IV (1492-1503).

Mas tarde envenenó a su madre, a una de sus hermanas y a una sobrina para tomar control de la herencia de su familia.

Tuvo relaciones incestuosas con sus hermanas y su propia hija, Constancia.

Asesinó a su yerno, Bosius Sforza para poder gozar mas sexualmente de su hija.

Mató a su otra hermana cuando se sintió celoso de uno de sus amantes, y se sabe que mató a dos Cardenales y a un Obispo polaco debido a una disputa teológica.

Fue el cafiso (proxeta) mas grande de Roma, porque tuvo a 45,000 prostitutas trabajando para él y pagándole un tributo mensual.

Aún insatisfecho con su vida sexual, mantenía como amante a una noble romana quien le dio tres hijos. Pero para él, el divorcio era un pecado imperdonable.

Cuando Enrique VIII de Inglaterra no pudo anular su matrimonio con Catalina de Aragón, él se divorció de ella y se casó con Ana Bolena en 1533.

Pablo III lo excomulga en 1534 y Enrique VIII se instala como cabeza de la Iglesia Anglicana. Pablo III – El Enemigo de los Protestantes La reforma comenzó en Alemania con Lutero y poco después echó raíz en Ginebra con Calvino.

En 1541 Calvino comenzó a expandir su teología en Francia, Holanda y otros países.

Esto llevó a que el Papa estableciera la Inquisición Romana en 1542 y llamara al Concilio de Trento en 1545 para tratar la cuestión protestante.

La Inquisición Romana Pablo III es conocido en la historia como el Papa que persiguió a los protestantes mas que cualquier otro. Para estos fines estableció en 1542, el Santo Oficio como cámara de apelación final en casos de herejía.

De esa forma comenzó la Inquisición Romana con la meta de erradicar al protestantismo de Europa. La historia cuenta que la Inquisición Romana llego a un nivel de crueldad y barbarismo que hasta «repugnaba a los turcos y sarracenos…».

Concilio de Trento Este Concilio fue una de las respuestas a los protestantes. Intentó sistematizar la doctrina católica y la ley canónica y se proclamó al celibato como superior al matrimonio. La ceremonia católica del casamiento pasó a ser conducida por un sacerdote en presencia de dos testigos.

Los sacerdotes pasaron a ser entrenados en seminarios aislados de la comunidad. La versión latina de la Biblia, la Vulgata, fue declarada como la versión auténtica.

Los protestantes ya habían compilado su propia versión. El Concilio se reunió en tres sesiones: entre 1545 y 1548, entre 1551 y 1552, y entre 1562 y 1563. La última sesión fue presidida por Pío IV.

Vida de Lorenzo de Médici el Magnífico Breve Biografía

BREVE BIOGRAFÍA DE LORENZO DE MEDICI – MECENAS ITALIANO

Político y banquero italiano Lorenzo de Medici (1449-1492) fue un influyente mecenas de las humanidades durante el renacimiento.

Lorenzo nació en Florencia el 1º de enero de 1449, hijo de Pedro de Medici a cuya muerte asumió la dirección del banco de los Medici, así como el gobierno de hecho de Florencia.

Fue un poeta de talento y reunió en su corte a los creadores e intelectuales más importantes de su época. Lorenzo murió en Careggi el 9 de abril de 1492.

Lorenzo el Magnifico

Lorenzo de Médicis presidió el máximo esplendor de la Florencia renacentista. Es la época en que los palacios mediceos se llenan de las obras del Verrocchio, de Botticelli y de Filipino Lippi, del Ghirlandaio y del Gozzoli; en que en el Estudio florentino enseñan humanidades un Argirópulos, un Landino y un Policiano; en que en la corte de Lorenzo se reúnen Marsilio Ficino y Pico de la Mirándola, los dos neoplatónicos de la Academia, Filelfo y Calderini, Bembo y Bárbaro, Reuchlin y Toscanelli. Todos ellos mentalidades privilegiadas, capaces de honrar por sí solas las cortes de los mayores soberanos de la Historia. En Florencia se editan Virgilio y Homero, Boccaccio y el Dante, y se discute sobre el Cristianismo y el paganismo, sobre la moral antigua y la moderna, sobre la teología y la filosofía. Hallámonos en el auge del humanismo italiano, con sus exaltaciones, sus encantos, sus bellezas y sus lamentables extravíos.

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Veamos ahora los rasgos mas importantes de su vida:

VIDA DE LORENZO EL MAGNÍFICO: Siete de febrero de 1469. En la plaza de la Santa Cruz, de Florencia, se realiza un torneo de excepcional importancia. Toman parte en él jóvenes de las más poderosas familias florentinas.

El pueblo, que ha acudido en gran número, sigue con entusiasmo las alternativas del extraordinario certamen. La lucha entre los competidores se va haciendo cada vez más reñida. Será premiado el caballero que, además de manejar la lanza con gran habilidad, demuestre una excepcional destreza como jinete.

En cierto momento la atención de los espectadores se ve atraída por un caballero que viste una capa de terciopelo azul con pespuntes de lirios dorados.

El caballero está realizando verdaderas proezas; logra voltear a sus adversarios al primer golpe, y cada vez que su caballo es embestido con fuerza y está para caer, él, con singular maestría, consigue mantenerlo en pie para reanudar inmediatamente el combate.

Ahora los pajes hacen sonar sus trompetas: la gran competición ha finalizado.

Los jueces no tienen ninguna dificultad en la elección del vencedor: el mejor de la palestra ha sido el caballero de la capa de terciopelo azul.

Este caballero, que con su extraordinaria habilidad ha entusiasmado a los florentinos, es Lorenzo, hijo de Pedro de Médicis, el más notable de los ciudadanos de Florencia.

UN JOVEN DECIDIDO: El 2 de diciembre del mismo año Pedro de Medicis dejó de existir, y le sucedieron sus hijos Lorenzo y Julián; pero como este último tenía apenas dieciséis años, el «cuidado de la ciudad» pasó a manos de Lorenzo, que había cumplido veintiuno.

Hasta ese momento el joven Lorenzo se había dedicado a la poesía, a la caza y a los torneos. Pocos eran, pues, los que esperaban de él habilidad política.

Y, sin embargo, este genial improvisador de versos, este brioso organizador de fiestas y banquetes, mostró en su haber un programa político bien definido.

Dos eran las metas que Lorenzo se había propuesto alcanzar: disminuir la potencia de las grandes familias florentinas que disputaban el poder a la suya y modificar las instituciones republicanas para cortar a sus adversarios el camino al poder. (Aunque existía la Señoría de los Medicis, Florencia conservaba aún las viejas y tradicionales instituciones comunales.)

Lorenzo de Médicis puso en seguida manos a la obra. Al año siguiente (verano de 1470) logró que un Consejo Mayor (del cual él mismo formaba parte) se encargare del estudio de las reformas que debían realizarse en las antiguas instituciones. Éste fue el primer paso de su audaz programa.

En 1472 llegó una grave noticia: la ciudad de Volterra había decidido rebelarse contra la Señoría florentina.

El momento era extremadamente delicado: los ciudadanos más autorizados de Florencia estimaron conveniente, llegar a un acuerdo con Volterra. Pero Lorenzo se negó a aceptar la propuesta.

Antes bien, dispuso que las tropas florentinas se pusiesen en marcha hacia Volterra. En menos de dos meses, los volterranos se vieron obligados a rendirse.

Desde su juventud, Lorenzo demostró estar dotado de condiciones intelectuales poco comunes. Nieto del gran Cosme e hijo de Pedro y Lucrecia Tornabuoni, distinguióse en los estudios de humanidades bajo el sabio profesorado de Ficino, Landino y Argirópulos.

«EL FIEL DE LA BALANZA ITALIANA»

Seguro ya del favor de todo el pueblo florentino, Lorenzo decidió llevar a cabo las reformas del gobierno proyectadas desde 1470.

Sin suprimir las antiguas instituciones, consiguió que se le otorgase la facultad de dirigir libremente la política de Florencia, convirtiéndose así en el único y absoluto señor de la ciudad.

Pero no quiso aprovecharse de la fe que los florentinos depositaron en él, para transformarse en tirano.

Como hombre sabio que era, se sirvió del poder para dar a su querida ciudad paz y bienestar. Por su mérito, Florencia se convirtió en la ciudad más bella y elegante de Italia.

Lorenzo la embelleció con magníficos edificios y la alegró con fiestas de máscaras y torneos. Al mismo tiempo, continuaba con su obra de hábil político.

Convencido de que sólo la paz puede encauzar a los pueblos por la senda del progreso, se empeñó en una obra realmente excepcional: la de mantener en buenas relaciones a los distintos Estados italianos.

Y en electo, merced a su actuación, Italia pudo gozar, durante casi veinte años, de paz y prosperidad. Debido a esta sabia política, Lorenzo de Mediéis sería llamado «el fiel de la balanza italiana».

Esta expresión quiere significar que Lorenzo había logrado equilibrar los intereses y las pretensiones de unos y otros Estados.

EL POETA

Lorenzo de Médicis no ha pasado a la historia sólo como el más hábil político del siglo XV. También es recordado como poeta exquisito, y sus composiciones poéticas aún hoy se leen con placer. Sus contemporáneos le expresaron su admiración llamándolo «el Magnífico».

Sin abandonar los intereses financieros de su familia ni sus ocupaciones culturales, Lorenzo dedicó parte de su gigantesca actividad a la vida política. Su enlace con Clarisa Orsini (1469) le había elevado definitivamente sobre los rangos de la burguesía florentina. Había llegado el momento de completar la obra política de Cosme el Viejo y de dar aspecto formal al dominio efectivo ejercido por los Médicis en Florencia.

LA CONSPIRACIÓN DE LOS PAZZI:

En 1474 se le ofreció a Lorenzo la ocasión de demostrar también su habilidad poco común de hombre político.

Para hallarse en condiciones de afrontar el eventual ataque de los Estados que tenían la intención de extender sus dominios en perjuicio de Florencia, Lorenzo se ocupó de concertar alianzas.

Y el resultado de su actividad diplomática fue que la República de Venecia y el Ducado de Milán, los dos Estados más poderosos de Italia, aceptaron formar una liga con Florencia.

La popularidad y la fe que Lorenzo había ido conquistando poco a poco entre los florentinos no pudo menos que suscitar la envidia de la familia de los Pazzi. Éstos eran unos ricos banqueros que desde hacía tiempo aspiraban a sustituir a los Medicis en el gobierno de la ciudad.

Su despecho había llegado a tal punto que no titubearon en poner en ejecución un plan criminal.

En la mañana del 26 de abril de 1478, junto con otros rivales de los Médicis, los Pazzi decidieron actuar. Estaba dispuesto que el ataque se debía realizar nada menos que en la catedral de Florencia, durante la misa.

Y en el momento de la elevación, cuando todos los fieles se encontraban más absortos, Lorenzo y Julián fueron acometidos por la espalda. Atravesado por varias puñaladas, Julián cayó al suelo moribundo; Lorenzo a duras penas consiguió librarse de la furia salvaje de los asesinos, encerrándose en la sacristía. El mismo pueblo, indignado, ajustició a los conspiradores.

Fuente Consultada: Enciclopedia Estudiantil Tomo VI Editorial CODEX.

Papa Leon X Ambicion de los Papas Renacentistas Poder y Riqueza

Papa León X – Ambición de los Papas

Papa Leon X Ambicion de los PapasLEÓN X (1513-1515): TODO TIENE SU PRECIO Giovanni, un próspero comerciante, recién ha llegado desde su pequeño pueblo natal a Roma y no le alcanzan los ojos para ver todo lo que la Ciudad Eterna tiene para ofrecerle.

Se ha maravillado con las multicolores frutas del mercado de Campo de Fiori, lo ha extasiado la Piazza Navona y ha disfrutado mirando el Tíber desde los múltiples puentes que lo cruzan de una orilla a otra.

Por supuesto, también se ha quedado sin habla contemplando los inmensos y monumentales restos del Coliseo, que se alzan majestuosos junto al Foro. Pero no puede seguir disfrutando de las múltiples delicias que ofrece la ciudad: debe emprender esa misma noche el regreso a su pueblo y no ha venido a Roma para pasear por ella, sino con una misión muy concreta que quiere resolver lo antes posible: comprar una indulgencia que le permita, sin caer en el pecado y sin poner en riesgo su entrada al cielo, vender sus productos en el pórtico de la iglesia de su pueblo.

EL PERDÓN PARA LOS PECADORES: En la Roma del Renacimiento y en la Iglesia Católica, lodo estaba a la venta, y sólo era cuestión de disponer del dinero necesario para poder pagar el precio adecuado, los perdones otorgados u constituían una excepción.

Fue el papa León X —hombre organizado por demás— quien ideó y difundió las tarifas para ir al cielo, la Taxa Camarae, por demás claro en términos de cuánto había que pagar en cada caso particular para ser perdonado.

Como se podrá apreciar, todo pecado/delito tenía su precio estipulado y no había crimen que no pudiese ser perdonado a cambio de ser generoso con las arcas papales.

Desde el asesinato (único o múltiple) hasta el incesto, pasando por la licencia para poner puestos de venta en los pórticos de las iglesias —recordaría León X que Cristo echó a los mercaderes del templo?— todo tenía un importe que, pagado, declaraba abierto el cielo a pesar de los hechos perpetrados.

La Taxa Camarae es una tarifa promulgada, en el año 1517, por el papa León X (1513-1521) con el fin de vender indulgencias, eso es perdonar las culpas, a todos cuantos pudiesen pagar unas buenas libras al pontífice. Como verá no había delito, por horrible que fuese, que no pudiese ser perdonado a cambio de dinero.

León X declaró abierto el cielo para quienes, clérigos o laicos, hubiesen violado a niños y adultos, asesinado a uno o a varios, estafado a sus acreedores, abortado… pero tuviesen a bien el ser generosos con las arcas papales.

LA TAXA CAMARAE Creemos que así como en el caso del ya mencionado Alejandro VI o de Sixto V, fue y será necesario dar cuenta de, al menos, parte de su vida para retratarlo de manera cabal, para este prelado, basta con enumerar los treinta y cinco artículos por él ideados para la Taxa Camarae, para dar una idea por demás acabada de lo que era el papado en ese momento.

  1. El eclesiástico que incurriere en pecado carnal, ya sea con monjas, ya con primas, sobrinas o ahijadas suyas, ya, en fin, con otra mujer cualquiera, será absuelto, mediante el pago de 67 libras, 12 sueldos.
  2. Si el eclesiástico, además del pecado de fornicación, pidiese ser absuelto del pecado contra natura o de bestialidad, debe pagar 219 libras, 15 sueldos. Mas si sólo hubiese cometido pecado contra natura con niños o con bestias y no con mujer, solamente pagará 131 libras, 15 sueldos.
  3. El sacerdote que desflorase a una virgen, pagará 2 libras, 8 sueldos.
  4. La religiosa que quisiera alcanzar la dignidad de abadesa después de haberse entregado a uno o más hombres simultánea o sucesivamente, ya dentro, ya fuera de su convento, pagará 131 libras, 15 sueldos.
  5. Los sacerdotes que quisieran vivir en concubinato con sus parientes, pagarán 76 libras, 1 sueldo.
  6. Para todo pecado de lujuria cometido por un laico, la absolución costará 27 libras, 1 sueldo; para los incestos se añadirán en conciencia 4 libras.
  7. La mujer adúltera que pida absolución para estar libre de todo proceso y tener amplias dispensas para proseguir sus relaciones ilicitas, pagará al papa 87 libras, 3 sueldos. En caso igual, el marido pagará igual suma; si hubiesen cometido incestos con sus hijos añadirán en conciencia 6 libras.
  8. La absolución y la seguridad de no ser perseguidos por los crímenes de rapiña, robo o incendio, costará a los culpables 131 libras, 7 sueldos.
  9. La absolución del simple asesinato cometido en la persona de un laico se fija en 15 libras, 4 sueldos, 3 dineros.
  10. Si el asesino hubiese dado muerte a dos o más hombres en un mismo día, pagará como si hubiese asesinado a uno solo.
  11. El marido que diese malos tratos a su mujer pagará en las cajas de la cancillería 3 libras, 4 sueldos; si la matase, pagará 17 libras, 15 sueldos, y si la hubiese muerto para casarse con otra, pagará, además, 32 libras, 9 sueldos. Los que hubieren auxiliado al marido a cometer el crimen serán absueltos mediante el pago de 2 libras por cabeza.
  12. El que ahogase a un hijo suyo, pagará 17 libras, 15 sueldos (o sea 2 libras más que por matar a un desconocido), y si lo mataren el padre y la madre con mutuo consentimiento, pagarán 27 libras, 1 sueldo por la absolución.
  13. La mujer que destruyese a su propio hijo llevándolo en sus entrañas y el padre que hubiese contribuido a la perpetración del crimen, pagarán 17 libras, 15 sueldos cada uno. El que facilitare el aborto de una criatura que no fuere su hijo, pagará 1 libra menos.
  14. Por el asesinato de un hermano, una hermana, una madre o un padre, se pagarán 17 libras, 5 sueldos.
  15. El que matase a un obispo o prelado de jerarquía superior, pagará 131 libras, 14 sueldos, 6 dineros.
  16. Si el matador hubiese dado muerte a muchos sacerdotes en varias ocasiones, pagará 137 libras, 6 sueldos, por el primer asesinato, y la mitad por los siguientes.
  17. El obispo o abad que cometiese homicidio por emboscada, por accidente o por necesidad, pagará, para alcanzar la absolución, 179 libras, 14 sueldos.
  18. El que por anticipado quisiera comprar la absolución de todo homicidio accidental que pudiera cometer en lo venidero, pagará 168 libras, 15 sueldos.
  19. El hereje que se convirtiese pagará por su absolución 269 libras. El hijo de hereje quemado o ahorcado o ajusticiado en otra forma cualquiera no podrá rehabilitarse sino mediante el pago de 218 libras, 16 sueldos, 9 dineros.
  20. El eclesiástico que no pudiendo pagar sus deudas quisiera librarse de ser procesado por sus acreedores, entregará al pontífice 17 libras, 8 sueldos, 6 dineros, y le será perdonada la deuda.
  21. La licencia para poner puestos de venta de varios géneros bajo el pórtico de las iglesias será concedida mediante el pago de 45 libras, 19 sueldos, 3 dineros.
  22. El delito de contrabando y defraudación de los derechos del príncipe costará 87 libras, 3 dineros.
  23. La ciudad que quisiera alcanzar para sus habitantes o bien para sus sacerdotes, frailes o monjas, licencia para comer carne y lacticinios en las épocas en que está prohibido, pagará 781 libras, 10 sueldos.
  24. El monasterio que quisiere variar de regla y vivir con menor abstinencia que la que le estaba prescrita, pagará 146 libras, 5 sueldos.
  25. El fraile que por su mejor conveniencia o gusto quisiere pasar la vida en una ermita con una mujer, entregará al tesoro pontificio 45 libras, 19 sueldos.
  26. El apóstata vagabundo que quisiere vivir sin trabas, pagará igual cantidad por la absolución.
  27. Igual cantidad pagarán los religiosos, así seculares como regulares, que quisieran viajar en trajes de laico.
  28. El hijo bastardo de un cura que quiera ser preferido para desempeñar el curato de su padre, pagará 27 libras, 1 sueldo.
  29. El bastardo que quisiere recibir órdenes sagradas y gozar beneficios, pagará 15 libras, 18 sueldos, 6 dineros.
  30. El hijo de padres desconocidos que quiera entrar en las órdenes, pagará al tesoro pontificio 27 libras, 1 sueldo.
  31. Los laicos contrahechos o deformes que quieran recibir ordenes sagradas y poseer beneficios, pagarán a la cancillería apostólica 58 libras, 2 sueldos.
  32. Igual suma pagará el tuerto del ojo derecho; mas el tuerto del ojo izquierdo pagará al papa 10 libras, 7 sueldos. Los bizcos pagaran 45 libras, 3 sueldos.
  33. Los eunucos que quisieran entrar en las órdenes pagarán la cantidad de 310 libras, 15 sueldos.
  34. El que por simonía quisiera adquirir uno o muchos beneficios se dirigirá a los tesoreros del papa, que le venderán ese derecho a un precio moderado.
  35. El que por haber quebrantado un juramento quisiere evitar toda persecución y librarse de toda nota infamia, pagará al papa 131 libras, 15 sueldos. Además entregará 3 libras para cada tino de los que habrán garantizado.        

Mecenas Italianos La Familia Medicis en Florencia Italia Historia

Mecenas Italianos – La Familia Medicis en Florencia

De todas las familias que se hicieron poderosas en el Renacimiento, la de los Medici fue una de las más influyente. En el s. XV fueron, durante tres generaciones, los gobernantes de hecho de Florencia. Durante ese tiempo, la ciudad fue próspera y floreciente.

Mecenas Italianos La Familia Medicis en FlorenciaLa familia Medici era muy rica. Sus miembros eran mercaderes que comerciaban con artículos de lujo del Oriente y controlaban una gran parte del provechoso mercado de telas. Además eran banqueros exitosos y poseían una cadena de bancos en toda Europa con una clientela influyente, que incluía a los papas. (imagen: Cosimo Medici).

La fortuna de la familia comenzó con Giovanní Medici y fue luego aumentada por su hijo Cosimo (imagen izquierda) , quien no sólo era un buen hombre de negocios sino una persona inteligente y un político astuto.

Siendo joven, estudió y se interesó por las obras clásicas griegas, de las que aprendió que cada ciudadano tenía tanto la responsabilidad de cooperar con la sociedad como el derecho de beneficiarse con ella y cuando su padre murió en 1429, Cosimo decidió seguir la carrera política. En una época de violenta rivalidad entre las ciudades, Cosimo evitó la guerra siempre que pudo.

Prefería negociar y hacer uso del poder que da el dinero. Gracias a ello, pudo garantizar a Florencia un período prolongado de relativa paz y seguridad. Además, permitía al pueblo pensar y decir lo que quería, pero tomaba nota de los que hablaban en su contra.

Cosimo fue uno de los primeros grandes mecenas del Renacimiento y se interesó por las artes y por las ciencias. Entre las personas a quienes prestó su ayuda están los escultores Ghiberti y Donatello, el arquitecto Brunelleschi y el erudito Fiemo.

Hizo construir un gran palacio en Florencia que usó como banco principal a la vez que como residencia familiar. La planta baja era semejante a una fortaleza, con una puerta maciza y ventanas con barrotes para mantener alejados a los enemigos, pero los pisos superiores eran muy elegantes. Fue diseñado por el arquitecto Michelozzo, a quien Cosimo le encargó también que proyectara una biblioteca para el monasterio de San Giorgio Maggiore, en Venecia.

Cosimo disfrutaba alentando el interés por los libros y el conocimiento (permitía que muchos hombres cultos tomasen prestad libros de su propia biblioteca), pero el regalo hecho al monasterio era también una forma astuta de asegurarse el apoyo político del Papa.

Cosimo controló a Florencia durante 30 años. Cuando murió, en 1464, fue sucedido por su hijo Piero, quien nunca había gozado de buena salud – era conocido como Piero el Gotoso – y murió después de sólo cinco años. Su hijo Lorenzo (imagen) , de 20 años, se convirtió entonces en el ciudadano gobernante de Florencia.

No estaba muy interesado en aumentar las ganancias obtenidas de la actividad bancaria, y prefirió gastar gran parte de la fortuna familiar en mantener el esplendor de su corte y en patrocinar a los artistas, arquitectos y escultores cuyas obras hacían de Florencia una ciudad tan hermosa. El mismo Lorenzo era muy talentoso. Disfrutaba con los deportes, era poeta y sus obras son muy admiradas todavía. Fue además un hombre de estado descollante.

Su popularidad y su poder despertaron la envidia de otra familia florentina rival, los Pazzi, quienes conspiraron para asesinar a Lorenzo y a su hermano Giuliano durante una misa solemne en la Catedral de Florencia. Mataron a Giuliano, pero sólo lograron herir a Lorenzo. Los florentinos se irritaron por el crimen y estallaron los tumultos en represalia; muchos de los conspiradores fueron arrastrados por las calles y arrojados al río.

La honra de los Medici se acrecentó cuando el hijo de Lorenzo, Giovanni, fue designado cardenal a los 14 años y más adelante Papa con el nombre de León X. (imagen)

Como su padre, fue también un entusiasta mecenas de las artes. En realidad, se interesó más en las artes y especialmente en la reconstrucción de San Pedro, en Roma, que en los problemas de la Iglesia. }

Dos años después de la muerte de Giovanni en 1521, su primo se convirtió en el Papa Clemente VIII, el segundo Médicis elegido como tal. Políticamente, sin embargo, era débil, y apoyó en sus rivalidades primero a Carlos V y luego a Francisco I.

Los Primeros Mecenas en la Edad MediaVer

Historia Construcción Cupula de la Catedral de Florencia

Origen e Historia del Mecenazgo Primeros Mecenas en la Edad Media

Origen e Historia del Mecenazgo

La producción artística de fines de la Edad Media está marcada por el desarrollo de la obra por encargo. Ello se debió a la multiplicación de las cortes principescas y al surgimiento de una poderosa y rica burguesía que comenzó a imitar el estilo de vida de la alta aristocracia.

Surgió un verdadero mercado del arte y de los objetos de lujo, como la orfebrería y la tapicería. Las cortes de los príncipes rivalizaban en esplendor, y en las cuentas e inventarios es posible constatar la cantidad de joyas, vajilla preciosa, manuscritos y tapicerías acumuladas por coleccionistas tan ávidos como el duque de Berry o su hermano el rey Carlos V. Igualmente, durante este período, los artistas, que por largo tiempo fueron sólo artesanos más dotados y mejor remunerados, adquirieron al servicio de los príncipes una conciencia más valorada de sus personas.

Como consecuencia de lo antedicho un hecho capital en el desarrollo del humanismo fue la alianza existente entre los poderosos y los intelectuales y artistas. Bajo la protección de los tiranos la carrera de humanista se tornó lucrativa y honorable. De la misma forma que se compraban los servicios de un «condottiere» de espada (jefe de soldados pagos, mercenarios) , se pagaba una fortuna al «condottiere» de la pluma.

Origen e Historia del Mecenazgo Los humanistas gozaban de renombre y gloria. Fueron los historiadores y periodistas de su época, dominaron la opinión pública. Un latinista hábil tenía, prácticamente, abiertas todas las puertas; podía llegar a ser el «factótum» del príncipe, su secretario, su preceptor y consejero, su orador y embajador.

Esta avidez de gloria y de dinero hizo que muchas veces desapareciera en ellos el sentimiento cristiano y se insinuara el espíritu del paganismo, ya sea por los autores que frecuentaban como por la vida voluptuosa a la que la riqueza los llevaba.

En todas las cortes principescas y universidades surgían humanistas. En Milán, Francisco Sforza retenía a Francisco Filelfo, erudito belicoso y de una codicia sin límites; era quizá el mejor helenista de su época. Ahí maba que para él el honor sin dinero era tan despreciable como el dinero sin honor.

En una celebré disputa literaria con Poggio Bracciolini, éste, además de ladrón y adúltero, lo llamó «bestia repugnante», «monstruo cornudo», «despreciable murmurador» y otras lindezas de parecido calibre. Sin embargo, al poco tiempo Filelfo’ y Bracciolini hicieron las paces por motivos de interés …

LOS PRIMEROS MECENAS EN LA EDAD MEDIA

El comercio de lujo: Como se dijo mas arriba, cuando la burguesía comenzó a vivir copiando a la aristocracia, necesitó conseguir obras de arte para decorar sus mansiones y demostrar a la vez su poder económico.

Para complacer la demanda de una clientela deseosa de poseer objetos de lujo, los orfebres realizaban las obras más fantasiosas. Los inventarios revelan la existencia de piezas cada vez más sorprendentes, en forma de flores (aguileña, violeta) o de toda clase de animales (mariposas, papagayos, murciélagos o elefantes). Por ejemplo, en el inventario del duque de Anjou figura un gran aguamanil esmaltado en forma de pato, que sujeta en su pico un pez por donde sale el agua, y colocado en medio de una fuente «ondulada de verde y oro con diversos herbajes y bestias salvajes».

Una ficción literaria: la caballería. Este tratado sobre la realización de un torneo está ilustrado por Bartolomeo d’Eyck, pintor titular de Rene de Anjou, que es el autor del texto, preparado como obsequio para su hermano menor, Carlos de Anjou, conde del Maine. En los últimos siglos de la Edad Media, el torneo era la diversión por excelencia de la nobleza, en donde primaba la hazaña individual, bajo la mirada de las damas. Encarnaba el ideal de los caballeros de los tiempos antiguos y de los héroes de las novelas artúricas, con una cierta nostalgia de parte de la antigua nobleza de armas frente a la burguesía en ascenso, a veces ennoblecida por sus servicios al Estado.

El príncipe y el artista
Los príncipes poderosos como Carlos V y sus hermanos se rodearon de renombrados artistas, a los que protegían y beneficiaban y con los cuales, en ocasiones, mantenían incluso relaciones de amistad. Les otorgaban títulos oficiales en su residencia, como «valet de cámara» o «sargento de armas». Entre los íntimos de Carlos V se contaba su arquitecto, Raymond du Temple, cuyo hijo era ahijado del rey.

El duque de Berry, un esteta sagaz, envió a su arquitecto a España con el encargo de buscar un artesano sarraceno capaz de realizar el suelo de sus residencias en estilo morisco. Cuidadoso hasta el extremo por mantener a sus artistas en torno de él, el duque hizo raptar a una jovencita para ofrecerla en matrimonio a Paul de Limbourg, el más importante de tres célebres hermanos iluminadores que trabajaban entonces para él. Ellos fueron quienes ejecutaron durante los años siguientes las Muy ricas horas.

Asimismo, Jacquemart de Hesdin, su predecesor, quien gozó hasta su muerte, en 1409, del favor del duque, se benefició de su protección cuando cometió un crimen contra otro pintor. En 1378, Felipe el Atrevido, duque de Borgoña, fundó la Cartuja de Champmol, cerca de Dijon, que acababa de designar como capital de sus estados. Imitando lo que era Saint-Denis para los reyes de Francia, la iglesia debía albergar la necrópolis de los duques, en torno de la cual se cristalizaban las reivindicaciones de independencia de Borgoña.

A fin de conferir a ese lugar un especial prestigio, el duque convocó a los artistas más célebres del momento, como el arquitecto Drouet de Dammartin, los pintores Jean de Beaumetz y Jean Malouel y el escultor Jean de Marville, al que sucedió Claus Sluter en 1389.

El virtuosismo al servicio del lujo. Las piezas de orfebrería, calificadas a fines de la Edad Media como «joyas», reflejaban perfectamente el gusto de los acaudalados mandatarios por los objetos preciosos y ostentosos. Mezclaban con entusiasmo diversas técnicas de orfebrería y esmaltado en obras de una sorprendente inventiva formal. El corcel dorado, obsequio de Isabel de Baviera a su esposo Carlos VI, combina oro, esmaltes, perlas y gemas para representar un oratorio delante del cual el rey reza a la Virgen. Frente a él, un caballero sostiene su yelmo y abajo, un mozo de caballerizas guarda su montura.

ORIGEN DEL TÉRMINO MECENAS: Según el diccionario, persona poderosa que protege a los hombres de letras. Debería también incluirse a aquellos que patrocinan a cualquier persona o empresa cultural, aunque sea de carácter artesano, técnico, científico, etc.

Cayo Cilnio Mecenas nació el año 67 a.C. y murió el 8 d.C. Amigo de Octavio Augusto, fue su confidente y consejero. Era hombre de vasta cultura y erudición, que supo ser guerrero cuando se presentó la ocasión, acompañando al futuro emperador en varios combates. Al regresar a Roma, Mecenas ayudó al César a administrar justicia y dirigir el Imperio. Hombre rico, no quiso nunca figurar en política, de la que se mantenía cuidadosamente apartado. Era el amigo de su amigo, no el cortesano del emperador.

Un día, Augusto presidía el tribunal y daba signos evidentes de irritación y de ganas de condenar al reo. Mecenas, que estaba entre el público, le hizo enviar una tablilla en la que había escrito: Surge, carniféx (Levántate, verdugo).
Estas pocas palabras bastaron para avergonzar al emperador, que suspendió la sesión hasta el día siguiente en que, calmado, pronunció la sentencia absolutoria que procedía.

La esposa de Mecenas, Terencia, era hermosa y buena, pero él, gran mujeriego, se peleaba continuamente con ella. Se divorció y volvió a casarse con Terencia una veintena de veces, lo que hacía decir a Horacio:
—No se puede vivir con ella ni sin ella.
Mecenas era un gran vividor, amante de los placeres y la tranquilidad. Decía:
—Me da igual quedarme impotente, ser lisiado, gotoso, cojo o manco; lo que me importa es vivir.

Y a Augusto le aconsejó:
—No abuses de tu poder. Cuanto mayor es el poder más límites debe imponérsele.
Amante de las cosas bellas, protegió a Virgilio, que le dedicó sus Geórgicas, y a Horacio, que hizo otro tanto con varias de sus obras. Por esa protección a los dos grandes poetas latinos, su nombre propio mereció ser elevado a común. En realidad, fue el francés Clément Marot quien lo hizo en 1526.

Origen de la Opera Religiosa

Fuente Consultada: Historia Visual del Arte Larousse

Fugger Jakob Rica Familia de Italia Renacentista Financia al Papado

Fugger Jakob Rica Familia de Italia Renacentista

Fugger Jakob

El siglo XVI, conocido como el siglo del Renacimiento y de la Reforma, fue también el de las grandes operaciones comerciales. Entre los grandes hombres de negocios que en este siglo pregonaron orgullosamente los nuevos valores del beneficio y de la riqueza, ocuparon el más alto rango los Fugger.

Mucho más rica que cualquiera de las demás, esta familia de Augsburgo tuvo bajo su dependencia a papas y emperadores, y ello hasta el punto de que la época mencionada fue llamada el «siglo de los Fugger».

Jakob, «el rico» Honorablemente prestigiada desde el s. XIV, la casa Fugger supo sacar partido de su situación en la ruta de Venecia para lanzarse al comercio de las especias, de la seda y del paño. Pero su verdadero florecimiento comenzó en 1473, cuando Jakob se puso al frente de la familia.

Se trataba de un hombre de acción en el sentido moderno del término, y sus ambiciones eran extremadamente sencillas: ganar la mayor cantidad de dinero posible. Nada, ni las preocupaciones artísticas y culturales de su tiempo, ni el prestigio de la vida nobiliaria, podía igualar a sus ojos el atractivo de los negocios.

En un plazo muy breve, ensanché el campo de las actividades de su firma. En 1487, cerró con Segismundo de Habsburgo un contrato que habría de convertirse en modelo: como garantía de un importante préstamo, obtuvo una participación en las minas de plata del Tirol. En el transcurso de los años siguientes, consiguió el control de las minas de cobre y de plata de Hungría, y muy pronto se quedó también con el mercado de cobre de Venecia.

Sus filiales fueron cubriendo poco a poco la Europa central, los Países Bajos e Italia. A su muerte, el capital de los Fugger se elevaba a 1,6 millones de florines renanos.

Los banqueros del emperador Los Fugger estaban estrechamente vinculados con la fortuna de los Habsburgo, lo que no dejaba de significarles riesgos. Pero, en contrapartida de su papel de arrendadores de fondos, se beneficiaron del apoyo de los emperadores contra las firmas competidoras, y recibieron de ellos dominios, minas y monopolios, como el de la sal. En 1509, Jakob consiguió adelantar, en seis semanas, 170.000 ducados al emperador Maximiliano. En 1511, y para hacerse elegir papa, este último les solicitó nada menos que 300.000 ducados, ¡con los que esperaba comprar a los cardenales! La operación no llegó a realizarse, pero, en 1519, la intervención de los Fugger permitió a Carlos V hacerse elegir emperador: de los 850.000 florines que le costaron los votos de los electores, 540.000 procedían de la casa de Augsburgo. Los Fugger tuvieron también participación en los beneficios de la Iglesia. En Maguncia, eran ellos quienes se ocupaban de cobrar las famosas indulgencias, y en Roma tomaron a su cargo los talleres monetarios de los papas Julio II y León X.

Los cambistas y los banqueros se aprovecharon, en el s. xvi, de las imperfecciones en la acuñación de las monedas. Seleccio­nando las piezas monetarias, no dejaban en circulación más que las más ligeras. Las más pesadas eran recortadas o sumergidas en ácido. El oro recuperado de tal manera, se transformaba acto seguido en lingotes.
En dicha época, las monedas de referencia eran las españolas. España, que recibía los metales preciosos de América, compraba más de lo que vendía. Su moneda, de excelente ley tanto en oro como en plata, se impuso tanto en Europa, como en el Imperio otomano, e incluso en la India. El escudo de oro (3,37 g) sirvió de modelo al escudo francés, a la corona inglesa y al gulden renano.

Elaboradas técnicas comerciales El capitalismo de los Fugger, al igual que el de los Welser de Augsburgo, el de los Hóchstetter de Amberes, el de los Grimaldi de Génova, el de los Chigi de Roma, el de los Malvenda de España o el de los Gresham de Londres, se caracterizaba por la multiplicidad de las operaciones que abarcaba. Todos aquellos hombres de negocios aseguraban la percepción de los derechos señoriales, de los diezmos eclesiásticos y de los impuestos reales, al mismo tiempo que especulaban con las materias primas o con las actividades de producción. Para dirigir tales negocios, aprovecharon los progresos de la técnica comercial. La contabilidad por partida doble, procedimiento mantenido en secreto durante mucho tiempo, acabó por extenderse.

La creación de filiales en las plazas más importantes de Europa permitió el desarrollo del dinero escriturario, particularmente de la letra de cambio, perfeccionada por los genoveses en el s. XIII. Este procedimiento, utilizado inicialmente de un país a otro, comenzó después a ser empleado corrientemente en el interior de una misma zona monetaria o de una misma ciudad. Operando sobre las variaciones de cambio de las monedas, la letra de cambio camuflaba con frecuencia operaciones de crédito.

La decadencia de una gran firma Anton Fugger, el sucesor de Jakob, se tuvo que enfrentar en Hungría a una encarnizada rebelión de los campesinos y los nobles contra la dominación extranjera. El traspaso de la corona húngara al Imperio, le permitió finalmente enderezar la situación.

Una prudente gestión posibilité extender la red de los Fugger a Erfurt, Londres y Florencia, y la casa participó también en la llegada de metales preciosos procedentes de América. Pero un colosal préstamo concedido en 1552 al emperador expulsado por los protestantes, así como arriesgados adelantos a Felipe II de España, comprometieron el equilibrio financiero de la familia.

Cuando en 1557-1560 los Habsburgo de España, colocados ante un déficit de unos 15 millones de ducados, se vieron abocados a la bancarrota, la situación resultaría fatal para los Fugger. A la muerte de Anton, el pasivo de la firma sobrepasaba ampliamente al activo, Y la tercera generación conoció la decadencia del negocio.

Papa Clemente VI Historia de Los Papas de la iglesia Católica

Papa Clemente VI – Historia de los Papas

EL PAPADO EN PROVENCE

Papa Clemente VI Este prelado llamado Pierre Roger de Beaufort, fue monje benedictino y arzobispo de Ruán, antes de sumo pontífice. Fue uno de los papas que se exilaron en Avignon (Provence, Francia), ciudad circundada por hermosos paisajes, ornada con bellísimos jardines, poseedora de pequeñas y mágicas callejuelas, torres encantadoras, una hermosa catedral gótica y el famoso puente de St. Benezet (más conocido como “de Avignon”) sobre el cual, según la popular canción, “todos bailan”.

¿Serían los papas los que bailaban sobre él? Parte de la historia católica oficial denomina al período en que los papas se exiliaron y establecieron en Avignon como “Cautividad del papado”. Pero lo cierto es que, si vivir en ese lugar y de la manera en que lo hicieron los papas es estar cautivo, más de un ser humano libre sería capaz de vender su alma por sufrir una prisión como la que los máximos representantes de Dios en la Tierra debieron soportar en la ciudad francesa.

Pero Clemente VI no fue quien inauguró el exilio. Anteriormente varios papas (por ejemplo, Juan XXII y Benedicto XII) y luego otros (Urbano V y Gregorio XI, entre otros) juzgarían a Roma demasiado maloliente (no era para menos, con la cantidad de cadáveres que nadaban por el Tíber) y a los italianos muy poco refinados y se refugiarían en este país francés, donde la naturaleza había sido pródiga a la hora de ofrecer un paisaje maravilloso y otorgar un ambiente fragante. X Clemente VI estaba dispuesto y gustoso ante la idea de formar parte de esa tradición tan refinada.

De hecho, según la historia. parece ser que, de todos los papas que moraron en la paradisíaca ciudad, fue quien mejor la aprovechó. Solía bromear diciendo: “Antes de mí, nadie tenía idea de cómo ser papa”. Clemente amaba el gozo: pero no el que se desprende de la vida contemplativa, justamente, O, tal vez, sí: todo depende de que se suponga qué se debe contemplar en una vida con esas características.

Él, en efecto contemplaba: contemplaba todo aquello que había hecho traer desde distintas regiones del globo hasta su palacio.

Contemplaba sus tejidos de oro provenientes de Medio Oriente, contemplaba sus hermosos tapices venidos de España y Flandes, contemplaba las sedas de Toscana, contemplaba su vajilla de oro y plata. Y contemplaba (y algo más) a las mujeres. Fruto de ello fue una dolencia diagnosticada oficialmente como renal pero que, todos en la permisiva Avignon lo sabían y lo perdonaban, había sido adquirida entre sábanas, también por demás lujosas.

Seguramente, la tan molesta enfermedad de los riñones había sido contraída en su nido de amor predilecto: un acogedor e lntimamente romántico cuartito en la torre de su castillo (el palacio de los papas, construido sobre el Ródano a lo largo de tres décadas) siempre aromatizado con los más selectos perfumes franceses y con un doble diván que, al parecer, resultaba óptimo para las incursiones eróticas del hedonista prelado.

En 1348 decidió no reparar en gastos y, sencillamente, compró la ciudad de Avignon. ¿Quiere decir esto que su felicidad era completa? De ninguna manera. Su espíritu delicado, su refinado modo de vivir se vio, a partir de un momento, peligrosamente amenazado.

Recordemos que, aún en medio del plácido paraíso provenzal, Clemente VI llevaba a cabo su papado en tiempos en que la Inquisición apresaba, torturaba y quemaba gente. Y, en un momento dado, el Santo Oficio reclamó que parte de su palacio le fuera cedido para oficiar a modo de cámara de torturas.

En esos días, los sensibles oídos del papa que nos ocupa, acostumbrados a escuchar las dulzuras de la mejor música, las lisonjas de sus súbditos y las voces y suspiros de sus múltiples amantes, debieron oír, seguramente, desagradables gritos y ruegos provenientes de la sala de suplicios, sonidos todos que ensombrecían la agradable y lujosa placidez de su estancia a la que estaba tan acostumbrado, tal como describimos al inicio del presente capítulo.

Sin embargo, en una vida tan alejada de los preceptos cristianos, una virtud se le debe reconocer: no cayó en la avaricia. Permitió, por ejemplo, que algunos de sus cardenales tuvieran más de cuatrocientas mansiones y, según las crónicas, tampoco era mezquino con el placer y permitía que todos en su Avignon disfrutaran de los goces terrenales.

Por supuesto, no faltaron malintencionadas voces que apodaron a la encantadora ciudad francesa con el desagradable mote de “la Nueva Babilonia”.

Petrarca, el famoso poeta humanista del Renacimiento, describiría (de forma anónima, para no ser llevado a la hoguera) la corte papal de Avignon con las siguientes palabras: “La vergüenza de la humanidad, un vertedero del vicio, cloaca que recogía todas las inmundicias del universo. Su Dios era vilipendiado, sólo se reverenciaba el dinero y las leyes divinas y humanas son pisoteadas. Por todos lados se respira la mentira: en el aire, en la tierra, en las casas y, sobre todo, en los dormitorios”.