Biografía de Enrique VIII

Biografia de Witt Jan de Firma Paz de Westminster

Biografia de Witt Jan de

Jan de Witt (1625-1672), político holandés (de las Provincias Unidas), hermano de Cornelis de Witt, nació en Dordrecht y estudió en la Universidad de Leiden.

Fue un destacado hombre de Estado holandés en el siglo XVII, quien obtuvo el cargo de gran pensionario de Holanda en 1652, y en calidad de tal, firmó con Cromwell la paz de Westminster, por la que Inglaterra aseguraba que ningún príncipe de la casa de Orange sería estatuder o gran almirante de la república.

Biografia de Witt Jan de
En 1650 fue nombrado asesor jurídico principal de Dordrecht, y tres años más tarde pasó a ser consejero gran pensionario de Holanda. Aceptó la exigencia de Oliver Cromwell de Inglaterra de abolir el cargo de estatúder (gobernador), que antes ostentaban los príncipes de Orange.

Descendiente de una familia de la aristocracia burguesa de Holanda, cuyos miembros se habían ilustrado en el comercio de la madera y en el gobierno de Dordrecht, Juan de Witt nació en esta ciudad el 24 de septiembre de 1625.

Después de cursar los estudios de Leyes en las universidades de Leyde y Angers, se estableció en La Haya como abogado cerca de la corte de Holanda.

En 1650 su padre, Jacobo de Witt, fue detenido por Guillermo II de Orange, ya que era uno de los miembros más importantes del partido republicano del país.

Recobrada la libertad, su hijo siguió el camino político que aquél le había trazado. Pensionario de Dordrecht en 1650, fue reconocido muy pronto como jefe del grupo antiorangista.

En 1653, con motivo de la primera guerra naval angloholandesa, fue nombrado gran pensionario de Holanda.

Hombre realista y práctico, supo hacer frente a la situación después de las derrotas de la escuadra holandesa en el Canal de la Mancha.

Firmó con Cromwell el Tratado de Westminster (1654), por el cual aceptaba una cláusula que excluía al joven príncipe de Orange, Guillermo II, de todas las dignidades públicas de que habían gozado sus antecesores.

Este acto consolidaba su poder en las Provincias Unidas, aunque desde luego no todas aceptaron con complacencia la imposición de Inglaterra.

Durante los once años que siguieron, Juan de Witt fue el verdadero jefe y director de la política neerlandesa, aunque quizá no de un modo tan absoluto como Oldenbarneveldt.

Su gestión financiera fue particularmente notable, logrando hacer rebajar del 5 al 4 por 100 el tipo de interés en toda la república. En política exterior siguió las orientaciones tradicionales de Francia e Inglaterra.

Sin embargo, no olvidó las conveniencias de los mercados holandeses, y así dedicó parte del presupuesto público al mejoramiento de la armada.

En 1662 Witt concertó una alianza defensiva con Francia, al objeto de poner coto a las agresiones de Inglaterra en los mares.

Estas no cesaron, por lo que, ante la toma de Nueva Amsterdam, en América del Norte, las Provincias Unidas declararon la guerra a su rival (1665).

En este momento púsose de relieve la excelente organización dada a la república por Juan de Witt. Después de los desastres iniciales, una serie de brillantes victorias marítimas obligaron a Carlos II de Inglaterra a pedir la paz.

Esta se firmó en Breda (1667), con el natural acrecentamiento de prestigio para el gran pensionario.

Pero esta paz había de ser fatal a Holanda, ya que Inglaterra se echó en brazos de Francia. Luis XIV meditaba la ruina de las posesiones de España en los Países Bajos.

Las victorias que alcanzaron sus generales en Flandes y el Franco Condado en la guerra de Devolución (1667-1668), fueron anuladas por la formación de la Triple Alianza, de la que fue alma Juan de Witt.

Entonces Luis XIV proyectó la pérdida de aquella orgullosa república, que le cerraba el paso en el camino de las conquistas y de la economía (guerra de tarifas).

En el transcurso de los años siguientes, la diplomacia francesa aisló a las Provincias Unidas y las rodeó de un bloque enemigo.

Mientras tanto, Juan de Witt había de hacer frente a la oposición orangista, que crecía como la espuma a compás del crecimiento del príncipe Guillermo.

El pueblo neerlandés, que odiaba el gobierno de la oligar-
quía burguesa, se afilió al bando de los Orange. En 1666 Zelanda obtuvo el ingreso de Guillermo II en el Consejo de Estado.

Para hacer frente a los brotes revolucionarios de 1667, Juan de Witt obtuvo de los Estados de Holanda la promulgación del «Edicto Perpetuo» (1667), suprimiendo el cargo de estatúder en las provincias.

Pero el Edicto sólo fue copiado por la provincia de Utrecht, por lo que De Witt tuvo que limitarse a imponer el «Pacto de Armonía» (1667), disponiendo la incompatibilidad de los cargos de estatúder y de capitán general en las demás provincias.

De esta manera pensaba robustecer la forma republicana de gobierno y mantener la hegemonía de Holanda en la federación.

Esta fórmula se sostuvo hasta la campaña emprendida por el ejército de Luis XIV contra las Provincias Unidas en 1672.

Ante el rápido avance francés, De Witt fue acusado de improvisación y descuido, lo que no era cierto más que en lo referente a la defensa terrestre.

El pueblo, excitado por las malas nuevas que llegaban del campo de batalla, se levantó contra el gobierno del gran pensionario.

Este presentó la dimisión de su cargo el 4 de agosto.

El 20 del mismo mes perecía asesinado en manos del populacho de Amsterdam, dirigido por Tichelaar, junto con su hermano Cornelio.

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Biografia de Eduardo VI de Inglaterra Resumido

Biografia de Eduardo VI de Inglaterra

EDUARDO VI DE INGLATERRA (1537-1553)
Eduardo VI quizá habría tenido una gran historia si no hubiese muerto prematuramente a la edad de diecisiete años.

Gran historia en el sentido que puede hacerla un joven enfermizo, violento, duro, obstinado y fanático. Una excepción en el temperamento más o menos tolerante, abierto y magnánimo de los Tudor.

Rduardo VI de Inglaterra
Eduardo VI de Inglaterra

Fué el único hijo varón de Enrique VIII, habido de su tercera esposa, Juana Seymour, en Greenwich el 12 de octubre de 1537.

El niño creció tan débil y enfermizo que se le pronosticaron escasos años de vida. No obstante, recibió una buena educación humanista, y parece que estaba bien dotado para el cultivo de las letras, pues a los trece años leía a Aristóteles en su lengua original y traducía una obra de Cicerón del latín al griego.

Recibió la corona el 28 de enero de 1547, a la edad de nueve años. El gobierno fué ejercido por los duques de Somerset y Northumberland.

Aquél no fue capaz de reprimir las alteraciones producidas por la secularización de los bienes eclesiásticos; éste favoreció la radicalización del Cisma inglés.

Northumberland, también conde de Warwick, se apoderó por completo de la voluntad de Eduardo VI, quien fue su esclavo espiritual. Enfermo desde 1552, Eduardo VI murió en Greenwich el 6 de julio de 1553.

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Biografia de Thomas Cranmer El Cisma Ingles

Biografía de Thomas Cranmer El Cisma Religioso Inglés

TOMAS CRANMER (1489-1556)
El capricho de Enrique VIII desencadenó el Cisma inglés; la política de Thomas Cromwell lo impuso sobre la inmensa mayoría de los católicos de Inglaterra; pero fue Thomas Cranmer quien, como director del movimiento religioso, encauzó el Cisma hasta un contenido protestante.

Por esta causa, su responsabilidad histórica es aun mayor que la de Cromwell y equiparable a la de Enrique VIII.

Thomas Cranmer
Thomas Cranmer

Nació en Aslacton (Nottinghashire) el 2 de julio de 1489. Su padre, Thomas Cranmer, le educó en los ejercicios deportivos y confió su instrucción a uno de los maestros más severos del lugar.

Al morir, su esposa, Ana Hatfield, llevó al muchacho a Cambridge para completar su educación (1501). Allí se desarrolló la capacidad intelectual del joven Cranmer, quien incluso fue profesor de uno de los colegios universitarios.

Después de un matrimonio frustrado, tomó órdenes sagradas en 1523 y se doctoró en derecho canónico.

La carrera del obscuro profesor del Colegio de Jesus de Cambridge se alteró, por pura casualidad, en 1519. En este año una epidemia le obligó a refugiarse en Waltham.

Aquí entrevistóse con los secretarios del rey, Gardiner y Fox, quienes le preguntaron su opinión sobre el divorcio que pretendía Enrique VIII. Cranmer expuso su criterio de que no era preciso recurrir a Roma para obtenerlo. Esta respuesta hizo su fortuna.

Enrique VIII aceptó su opinión y le dio varios beneficios. Cranmer defendió su doctrina ante las universidades de Oxford y Cambridge, en la misma Roma (1530) y luego en la corte imperial de Carlos V en Alemania.

En este país se contaminó del ambiente luterano, en particular por su amistad con Osiandro, el reformador de Nuremberg, con una de cuyas sobrinas contrajo matrimonio en 1532.

A pesar de este sacrilegio aceptó el arzobispado de Canterbury y las bulas de confirmación papal (30 de marzo de 1533).

Su elevación al primado de Inglaterra se debió a la ansiedad de Enrique VIII, quien confiaba en Cranmer para divorciarse de Catalina de Aragón. El nuevo arzobispo correspondió muy pronto a los deseos del soberano, pues el 23 de mayo declaraba nulo su enlace con aquella bondadosa señora.

A esta bochornosa sumisión siguieron muchas otras, como las anulaciones de los matrimonios de Enrique VIII con Ana Bolena y Ana de Cléveris. Esto indica que Cranmer era hombre de moral muy baja y de temperamento maleable y miedoso.

Desde 1533, y durante los reinados de Enrique VIII y Eduardo VI, Cranmer trabajó con intensidad para dar un contenido dogmático al Cisma inglés, al objeto de hacer imposible una nueva aproximación a Roma.

Su labor partió de ideas poco firmes, y esto explica que fueran radicalizándose con el transcurso del tiempo, pasando de las formas luteranas moderadas a las extremistas e incluso a las de Calvino.

El nombre de Cranmer se vincula a la difusión de la Biblia en lengua inglesa, al Bishop’s book (1537) y al King’s book (1547); al Book of Common Prayer de 1549 y a los 42 Artículos de fe de 1552.

La muerte de Eduardo VI y la entronización de la reina María (1553) significaron el fin de la carrera de Cranmer.

Este participó en la falsificación de la voluntad de Enrique VIII, que hacía aparecer como heredera a Juana Grey. Encarcelado en la Torre de Londres a partir del 14 de septiembre de 1553, fue excomulgado por el papa a causa de su contumacia en el error en noviembre de 1555.

Fue ejectuado en Oxford, después de dos retractaciones, el 21 de marzo de 1556.

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Biografia de Thomas Howard Duque de Norfolk

Biografía de Thomas Howard Duque de Norfolk

TOMAS HOWARD, DUQUE DE NORFOLK (1473-1554): La de Thomás Howard, tercer duque de Norfolk, es una de las figuras más características de la Inglaterra de los dos primeros reyes Tudor.

Caudillo militar muy distinguido, político intrigante y poco escrupuloso, el señor más rico de Inglaterra tuvo una actuación turbia e incluso poco digna en los asuntos de la época de Enrique VIII. A su vanidad y ambición sacrificó, en definitiva, los altos intereses de la Iglesia católica que decía defender.

howard thomas

Además, hemos de tener presente que ni su vida íntima ni las condiciones más sobresalientes de su carácter fueron ejemplares.

Hijo primogénito del segundo duque de Norfolk, Thomas Howard, heredero de inmensos territorios en el Norte de Inglaterra, aumentó su influencia con su boda (1495) con Ana, hija de Eduardo IV y cuñada del futuro Enrique VII.

En 1513, ya viudo, contrajo segundas nupcias con Isabel Stafford, heredera del ducado de Buckingham. Por aquella época ya se había distinguido como militar: en 1513, en la guerra contra Francia, mandó como lord almirante la escuadra inglesa.

En 1520 fue encargado del gobierno de Irlanda; pero abandonó este puesto para participar en los combates que se libraron en el continente contra Francisco I en 1522.

A partir de 1524, ya en posesión del ducado de Norfolk, intervino activamente en política. Gracias a su influencia y a su fortuna logró derribar del poder al cardenal Wolsey (1529).

Para granjearse el favor de Enrique VIII le empujó a su divorcio con Catalina de Aragón, sin sospechar que el enlace del rey con su sobrina Ana Bolena acarrearía una reforma religiosa. Poco después, en 1533, presidió el tribunal que condenaba a muerte a la segunda esposa de Enrique VIII.

La desgracia de su sobrina hízole perder buena parte del favor real pero lo recuperó al someter la revuelta de los campesinos (Pilgrimase of Grace, 1536) como presidente del Conseio del Norte. Tomó parte en la conspiración que derribó del noder a Thomas Cromwell en 1540.

Después de varios hechos de armas notables en Escocia y Francia (154.4), la ejecución de Catalina Howard, otra de sus sobrinas, le hizo de nuevo perder terreno ante el rev. Acusado de cómplice de la traición de su hijo Enrique, Thomas fue encarcelado y condenado a muerte (1547): pero fue indultado.

En 1553, después de la muerte de Eduardo VI, recuperó la libertad y sus posesiones. Murió el 25 de agosto de 1554.

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Inglaterra Potencia Naval en el Siglo XVI Exploraciones y Batallas

Inglaterra Potencia Naval- Dueña de los Océanos

El aislamiento geográfico ha obligado a los ingleses a buscar su salvación en el mar. Su espíritu de iniciativa y su audacia forjaron a través de los siglos un imperio incomparable. Sin embargo, no empezaron a explorar los horizontes lejanos hasta los siglos XVI y XVII.

Gracias a sus valerosos exploradores y almirantes, pudieron dominar los mares durante varios siglos. Desde los primeros tiempos, la situación de las islas británicas impulsó a sus habitantes hacia el mar. Estas islas, situadas frente a la atractiva costa de Europa occidental, presentan una costa notablemente recortada y anchos estuarios. En estas condiciones, ¿cómo los ingleses no iban a dedicarse sobre todo a la navegación?. Y ¿por qué habría de sorprendernos que lograran fundar también un inmenso imperio colonial?.

Lo que han realizado los ingleses en sus territorios de ultramar constituye la base de su prosperidad. Sin embargo, no parecían destinados a ejercer semejante dominio. Bien es verdad que en la Edad Media fueron dueños y señores de las aguas costeras, pero durante este período se dedicaron casi exclusivamente al tráfico comercial.

En 1410 los bajeles ingleses dispusieron de artillería, y Enrique VIII hizo construir los primeros navios de guerra. En el siglo xvi y a principios del XVIII, la potencia mundial de España y Portugal inquietó a Albión, que temía que se impidiera el acceso a las rutas marítimas que acababa de descubrir.

Entonces, Isabel I puso sumo cuidado en organizar y aumentar sus fuerzas navales. Gracias a su adiestramiento y habilidad, capitanes como el corsario Drake consiguieron derrotar en 1588 a la Armada Invencible española que pretendió invadir Inglaterra. También diremos que, en parte, debieron esta victoria a la incapacidad del duque de Medinasidonia, que mandaba la escuadra española, y a una terrible tempestad.

Esta derrota significaba para España el fin de su dominación marítima y para Inglaterra el principio de su poderío internacional.

En su lucha contra España, Inglaterra se vio apoyada por los holandeses, que en aquella época contaban con navegantes experimentados, entre ellos Piet Heyn. A cambio, los ingleses se comprometieron a ayudar a la República de las Provincias Unidas a conquistar su independencia.

En 1651, Cromwell decretó su Acta de Navegación para proteger la flota inglesa contra la competencia extranjera.

El Acta establecía que las mercancías procedentes de países no europeos sólo podían entrar en Inglaterra a bordo de barcos ingleses, mientras que la importación de productos europeos tenía que llevarse a cabo bajo pabellón inglés o el del país de origen. Actuando así, tenía presente a la Marina mercante holándesa. La oposición de los holandeses fue inútil, incluso cuando Guillermo III subió al trono de Inglaterra (1689).

En efecto, el Acta no fue abolida hasta 1849, cuando Inglaterra favoreció explícitamente la libertad del comercio.

navio de guerra ingles

Navío del Siglo XIII

Buque de guerra ingles

Navío Henri Grace que usaba Enrique VIII

Barco ingles siglo xix

Buque Almirante Howard

barco ingles

Navío «Victory» de Nelson

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Origen del Parlamento Inglés Cámara de Lores y Comunes

Historia del Parlamento Inglés
Cámara de los Comunes y de los Lores

Una de las principales contribuciones de Inglaterra al mundo es, sin duda, el parlamentarismo, es decir, la representación del pueblo en el Gobierno. En un régimen parlamentario, el jefe del Estado escoge a sus ministros en el seno del partido que goza de la mayoría en el Parlamento.

El desarrollo del Parlamento inglés se traduce en una merma del poder real. En 1215, la Carta Magna concedió al clero y a la nobleza la participación en el gobierno y el control de las finanzas. Cuando se fundó el Parlamento en el siglo VIII, el estado llano también pudo intervenir. Después de su escisión en Cámara Alta y Cámara Baja, esta institución adquirió tal poder que incluso estaba capacitada para hacer dimitir al rey.

Parlamento en Inglaterra

Ya en 1215, el Gran Consejo, compuesto por miembros del clero y de la alta nobleza, asistía al rey en la administración del país.

A pesar de que la Carta Magna concedía exclusivamente a estos dos grupos derechos que restringían el poder absoluto del rey, ya constituía, en cierto modo, una primera forma de representación de los Estados.

Al principio, todo el mundo consideraba esta Carta como un documento feudal que únicamente exigía que se respetaran usanzas y sujeciones feudales. Sin embargo, también incluía numerosos artículos que ejercieron profunda influencia.

Más tarde se comprobó que la Carta Magna era la primera etapa de la organización parlamentaria. No sólo limitó la autoridad real, sino que además dio vida al concepto de libertad personal. En efecto, el rey tenía que estar asistido
por consejos en los actos de gobierno.

Al principio se trató de un consejo privado, el Prívate Council, que ayudaba al soberano en la dirección de los asuntos y gozaba de poder ejecutivo. Después dio origen a una organización más compleja, que actualmente recibe el nombre de Gobierno.

En caso de crisis, o cuando quería conocer opiniones sobre la dirección del Estado, el rey podía reunir al Gran Consejo. Pero Enrique III, hijo de Juan Sin Tierra, con frecuencia hizo caso omiso de sus opiniones.

Hasta que una insurrección promovida en 1258 por Simón de Monfort le obligó a crear un Parlamento (cuyos miembros pertenecían al Consejo), e incluso hubo de aceptar la colaboración de los representantes de las ciudades.

La admisión de representantes de los condados y de algunas ciudades (dos burgueses por ciudad) quedó establecida durante los reinados de Enrique II y Eduardo I, que los convocaban para la confirmación de las leyes y la fijación de impuestos. Así fue tomando cuerpo lentamente la Cámara Baja y nació la idea de la representación del pueblo.

Sin embargo, en esta asamblea la mayoría estaba siempre constituida por los lores, es decir, el clero y la alta nobleza, y los demás, los comunes, desempeñaban un papel de importancia secundaria. Además, eran convocados con menor frecuencia en el Parlamento, que ya no se reunía en la residencia real, sino en Westminster.

En el reinado de Eduardo II creció la influencia de los Comunes, y el Parlamento no pudo dominar a los altos funcionarios. El rey recibía a menudo quejas contra ellos.

A consecuencia de esta situación, en 1327 el Parlamento obligó al soberano a abdicar en favor de Eduardo III.

Durante el reinado de este monarca, en el siglo XIV, tuvo efecto la escisión del Parlamento en dos cuerpos distintos. Los grandes del reino, a quienes el rey nombraba de por vida y que se cuidaban, sobre todo, del gobierno del Estado, pertenecían a la Cámara de los Lores, o Cámara Alta.

La Cámara de los Comunes, o Cámara Baja, estaba compuesta por caballeros y representantes de las ciudades. Sólo tenían voz para votar las ayudas y subsidios al rey y los nuevos impuestos.

Estos dos cuerpos siempre habían votado aparte. También adoptaron la costumbre de reunirse por separado. Entonces, la pequeña nobleza prefirió unirse a los burgueses y no a la alta nobleza y, más tarde, esto influyó profundamente en la historia política de Inglaterra.

Todas las libertades del país se asentaron en esta base. Las Cámaras impedían todo absolutismo o poder discrecional del rey.

La guerra de las Dos Rosas, que durante treinta años sostuvieron la casa de Lancaster y la de York, aumentó considerablemente la influencia del Parlamento (la mayor parte de la nobleza inglesa se encontraba implicada en esta lucha que agotó a los dos bandos). Sin embargo, los Tudor lograron frenar la ingerencia parlamentaria.

Gracias a sus importantes recursos personales y a una hábil política extranjera —que lo mantuvo alejado de las guerras europeas—, Enrique VII, primer rey de la casa Tudor, consiguió liberarse progresivamente de la sujeción del Parlamento.

A pesar de la irregularidad de sus reuniones, los Tudor se daban perfecta cuenta de su necesidad y su poder.

Enrique VIII dio prueba de ello: cuando subió al trono, el poder real estaba en su plenitud. Sin embargo, con motivo de la lucha que entabló contra el papa, instituyó la «Reformation Parliament» (1529), que presidió durante siete años y dictó numerosos decretos reales que suprimían la supremacía de la Iglesia y la concedía al rey y al Parlamento.

Uno y otro podían imponer cualquier ley al país.

Cuando se suprimieron los cargos en la Cámara Alta, los Comunes adquirieron todavía mayor conciencia de su poder. A partir de 1547, su competencia quedó claramente establecida. La tentativa de los Estuardo (1603-1688) de destruir el poder de la Cámara Baja e instaurar un poder real absoluto provocó la ejecución de Carlos I y la proscripción de Jacobo II.

Despojado el rey del derecho de indultar a los ministros acusados por el Parlamento, el poder parlamentario siguió aumentando con la casa de Hannóver (desde 1714). Cuando se decidió no establecer el presupuesto para la duración del reinado, sino sólo por un año, se hizo inevitable la convocación anual del Parlamento. Finalmente, en el siglo xvín se obligó a dimitir a los ministros cuya actuación no merecía el voto de confianza.

La unión con Escocia (1707) e Irlanda (1801) modificó profundamente el Parlamento. En la Cámara Baja aumentó el número de escaños y la Cámara Alta acogió a 16 pares y 26 irlandeses. Sin embargo, en el siglo XVIII la limitación del derecho de voto y el reparto de los escaños hicieron que la Cámara Baja sólo fuera una representación muy imperfecta del pueblo inglés.

En 1832, a pesar de no haber concedido todavía derecho de voto a las clases inferiores, la Reform Act de J. Russel mejoró la situación, así como las reformas adoptadas en 1867, 1884, 1918 y 1928.

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Ver: El Parlamento Inglés

Historia de los Conflictos Entre Inglaterra y Escocia Origen

Historia de los Conflictos Entre Inglaterra y Escocia

La  historia  de  Inglaterra  y   Escocia   está  llena  de   guerras  y   de   sangre.   Durante   siglos,   ambos países  han  mantenido  entre  sí  una  enconada  enemistad.  Los gobernadores romanos que rigieron Inglaterra desde el siglo I al V de nuestra era fueron incapaces de romper la resistencia de las tribus escocesas.

Los jefes de las legiones romanas se contentaron con contemplar las tierras de Escocia desde lejos, temerosos de la fiereza de sus gentes ocultas tras las altas montañas, y con retirarse hacia terreno seguro protegido por la Muralla de Adriano. La retirada de los romanos dejó a las tribus escocesas (pícts y scots) a sus anchas para continuar merodeando a su arbitrio por las indefensas zonas del norte de Inglaterra.

Hasta 1005 de nuestra era, Escocia no estuvo unida bajo un único rey. Hasta entonces, esa tierra primitiva y bravia no tuvo conciencia alguna de nación, ni de raza, ni de una lengua única. Contaba con tres reyes, por lo menos, y estaba dividida territorialmente por selvas vírgenes, marismas, interminables pantanos y ríos infranqueables.

Cualquier rey que aspirara a la unidad se encontraría con la ingente tarea de soldar los varios elementos integrantes de una tierra amorfa y darles una unidad territorial y política. Al mismo tiempo tendría que frenar las incursiones inglesas de Northumbria y hacer frente a la amenaza que podría representar una Inglaterra unida bajo los reyes normandos.

Los clanes escoceses demostraron ser temibles adversarios de cualquier posible conquistador. Sus miembros vivían violenta y celosamente bajo la égida del todopoderoso jefe del clan, cuyo apellido llevaban todos, como los MacDonald, los Murray o los Campbell. Eran temibles con sus vestidos de tartán, sus dagas, sus espadas, sus redondos escudos de cuero y sus feroces gritos guerreros.

Durante dos siglos, la frontera entre Escocia e Inglaterra gozó de tranquilidad. Las incursiones ocasionales a ambos lados de la misma no alteraron la pacífica coexistencia entre ambos pueblos, y hasta hubo un rey, el gran David I (1124-1153), que adoptó un régimen de mando similar al de los reyes normandos.

La doncella de Noruega
Esta paz se vio quebrada por un infortunado incidente que provocó la lucha de Escocia por su independencia. En marzo de 1286, Alejandro III, rey de Escocia, desapareció en la oscuridad de una tormenta al intentar atravesar el río Forth durante la noche. A la mañana siguiente, su cuerpo maltrecho fue arrojado por el río a una playa rocosa. Como único heredero dejó una nieta, Margarita, «la doncella de Noruega», todavía una niña de tierna edad.

En el tratado de Brigham, firmado cuatro años más tarde, Inglaterra quiso forzar una unión con Escocia intentando unir en matrimonio a Margarita con el príncipe Eduardo, hijo de Eduardo I. Este arreglo matrimonial, de haberse llevado a cabo, pudiera haber evitado más de dos siglos de luchas entre ambos países. Pero Margarita enfermó durante su viaje por mar desde Noruega y murió en las islas Oreadas, al noreste de la costa escocesa.

Roto el tratado, Eduardo se vio forzado a cubrir la vacante del trono escocés de otra manera. Como juez entre trece candidatos rivales que aspiraban al trono, Eduardo cometió un error de juicio que resultó desastroso. Por elegir a John Baliol suscitó los celos del poderoso Robert Bruce. Baliol apenas tuvo tiempo de disfrutar de sus poderes de rey.

En 1296, tras un breve intento de deshacerse de la influencia de Eduardo, Baliol fue derrocado y Escocia conquistada. La piedra que solía utilizarse en la ceremonia de coronación de los reyes escoceses fue removida simbólicamente de Scone y trasladada a Inglaterra, donde se encuentra en la actualidad debajo del sillón de coronaciones en la Abadía de Westminster.

Para el rey Eduardo esto constituyó el fin de los problemas, mientras que para Escocia la remoción de la piedra significó la llamada a la lucha por la independencia patria. Los clanes escoceses se vieron invadidos de un nuevo espíritu de exaltación patriótica, y en 1297 William Wallace, el héroe popular escocés, condujo a sus compatriotas a la victoria sobre un ejército inglés en el Puente Stirling. Eduardo no se arredró ante el desafio que esta victoria suponía y se lanzó una vez más hacia el norte. Esta vez los mortales dardos de sus arqueros galeses se impusieron a los pequeños escudos y a las espadas de los escoceses.

Los clanes no se rindieron tan fácilmente. Convocando a sus guerreros en valles y marismas, Robert Bruce reemprendió la lucha en 1306. En aquel mismo año, fue proclamado rey de Escocia aunque antes se vio forzado a eliminar a su poderoso rival Red Comyn.

El ejército de Bruce era muy pequeño en relación con el inglés, viéndose forzado Bruce, capturada su esposa y muerto su hermano, a huir de los ingleses y de los partidarios de Comyn. Sin embargo, a la muerte de Eduardo I condujo a sus seguidores a la victoria contra Eduardo II en el verano de 1314. En 1328, Inglaterra reconoció a Robert Bruce como legítimo rey de Escocia.

Tres universidades
Por fin Escocia se había convertido en nación, viéndose pronto destinada a jugar un importante papel en la historia de Gran Bretaña. Durante el resto de la Edad Media. el país se vio envuelto en continuas luchas domésticas, viviendo siempre a la sombra de Inglaterra. A pesar de este estado permanente de guerra, Escocia fue civilizándose a marchas forzadas.

Prueba de ello son las tres universidades fundadas en el siglo XV: la de San Andrés en 1412, la de Glasgow en 1451, y en 1495 la de Aberdeen. Las guerras entre Inglaterra y Francia absorbían las energías de los monarcas británicos, no permitiéndoles respiro alguno para guerrerar contra los escoceses, y éstos, debido a sus conflictos tribales, tampoco estaban en condiciones de atacar, teniendo en cuenta sobre todo la debilidad de los Estuardo.

Además. Londres, sede del poder inglés, estaba demasiado lejos para las desamparadas tropas escocesas. Continuaron, sin embargo, las luchas fronterizas y, a veces, el estado de guerra general. En 1346, los magnates del norte de Inglaterra capturaron en Nevilles Cross al rey David II de Escocia (1329-71) y lo tuvieron cautivo durante 11 años.

Más tarde, en 1385, el rey Ricardo II de Inglaterra, marchando al frente de sus tropas, llegó hasta Edimburgo, capital escocesa. La familia Percy de Inglaterra fue derrotada por un pequeño ejército de merodeadores en Otterburn. en 1388.

Los Percy se vengaron de la derrota en la batalla de Homildon Hill, en 1402. Los reyes ingleses, sucumbiendo a la tentación de climas más cálidos que el de Escocia y de un botín más preciado en otras partes, mostraron poco afán de lucha en los últimos años de la Edad Media.

Enrique IV, en el año 1400, fue el último rey inglés de la Edad Media que cruzó la frontera. La lucha entre ambos pueblos quedó en manos de las grandes familias inglesas, como los Percy y los Neville.

María Estuardo
Los monarcas de la familia Tudor se vieron forzados sin embargo a interesarse más por los asuntos escoceses por razón de un suceso importante ocurrido en 1503. Tras largas negociaciones e intrigas, Jacobo JV de Escocia contrajo matrimonio con Margarita, hija de Enrique VII de Inglaterra.

La boda no trajo la paz inmediatamente a las dos naciones, pero fue el primer eslabón en una larga cadena de sucesos que había de dar a Inglaterra sus Estuardos y, más tarde, producir la unior. política de los dos países. Al morir sin hijos Isabel I, en 1603, Inglaterra eligió, para sucederle en el trono, al mayor de los descendientes de Enrique VI, Jacobo VI ce Escocia.

Reina Maria Estuardo de Escocia

Mientras las costas de Inglaterra estaban protegidas contra Francia, enemigo secular de Inglaterra, por el canal, la frontera con Escocia quedaba al descubierto. Tras la ruptura de Inglaterra con la Iglesia de Roma, las católicas Francia y Escocia suponían una continua amenaza: María, la reina de Escocia, era al mismo tiempo delfina de Francia, y los monarcas escoceses, campeones del catolicismo contra la protestante Inglaterra, Como consecuencia de esta situación, Inglaterra tenía que vigilar los movimientos que ocurrían tanto al norte como al sur de sus fronteras.

En 1587, la reina Isabel resolvió definitivamente el problema escocés al destruir todos los posibles centros de conspiración pro-escoceses en Inglaterra con la firma de la sentencia de muerte de María Estuardo. Dice la leyenda que María sonrió al tiempo que su cabeza rodaba por el suelo tras el golpe del verdugo. Un hijo suyo, Jacobo VI de Escocia, llegó a ser rey de Inglaterra en 1603 con el nombre de Jacobo I.

No por ello desaparecieron las fronteras entre ambos países. Escocia, más próxima a Inglaterra que nunca, teniendo a su rey en Londres, fue elemento muy importante en la política exterior inglesa. Los escoceses, que eran oficialmente protestantes desde 1560 a pesar de que sus monarcas continuasen siendo católicos, se sintieron ofendidos al ver que Jacobo apoyaba abiertamente a la Iglesia de Inglaterra.

Los escoceses presbiterianos, que eran los que virtualmente regían el país, se rebelaron en 1640 cuando el arzobispo Land intentó forzarles a abrazar la Iglesia de Inglaterra. Carlos I conmovió a Inglaterra convocando al Parlamento.

Se aplazaron los trabajos sobre la constitución inglesa y se inició una nueva serie de guerras en las que los presbiterianos escoceses prestaron su apoyo a los defensores del Parlamento, contribuyendo a que éstos ganasen la batalla de Marston Moor (1643). Como compensación, los parlamentarios prometieron establecer en Inglaterra la Iglesia Presbiteriana. A modo de represalia, el marqués de Montrose barrió Escocia con sus tropas, logrando seis victorias para Carlos I.

El futuro Carlos II aceptó entonces el presbiterianismo atrayendo hacia sí a los escoceses en contra de los parlamentarios. Oliver Cromwell, dictador parlamentario, los derrotó en las batallas de Dunbar en 1650 y de Worcester en 1651, viéndose Escocia invadida por el ejército del general Monk. Los escoceses creían que la base de todos sus problemas era la unión de las dos coronas. Estando el rey de Escocia entronizado en Londres, ¿cómo podían esperar ser tratados con justicia?

historia de escocia

Izq.: William Wallace (c. 1272-1305), «martillo y azote de Inglaterra», se convirtió en un héroe  popular  escocés.
Der.;Tras su gran victoria en Bannockburn, Robert Bruce fue reconocido por Inglaterra como legítimo rey de  Escocia.

El exilio de los reyes escoceses
Los temores de los escoceses se vieron confirmados por Guillermo III, primer rey de una nueva dinastía de monarcas ingleses. En 1689 Guillermo, defensor del presbiterianismo, fue derrotado en Killiecrankie por los católicos jacobitas que se oponían, apoyados por los montañeses de Escocia, a una política tan parcialmente favorable a Inglaterra. (Los jacobitas apoyaban a Jacobo II Estuardo y a sus descendientes). Para conseguir una paz rápida, Guillermo acordó perdonar a todos los jefes de los clanes montañeses que depusieran sus armas para antes del fin de año de 1691.

La mayor parte de ellos así lo hicieron, acogiéndose a las promesas de amnistía de Guillermo. MacDonald de Glencoe, que se encontraba acampado con sus tropas en el oeste de Escocia, se rindió el último día.

Guillermo, creyendo que MacDonald había rehusado rendirse, envió a Glencoe a otro escocés, el capitán Campbell de Glenlyon. Campbell y sus tropas fueron recibidos en Glencoe como amigos, pero aquella misma noche, los MacDonald y todos sus familiares fueron traidoramente asesinados cuando dormían.

Cuando los dos países se encontraban de nuevo al borde de la guerra en 1705, se reunieron en una conferencia de paz varios hombres prudentes de cada nación, acordando una Unión Política entre ambos en 1707. Como resultado de dicha unión, Westminster había de acoger en sus escaños a 45 miembros del Parlamento Escocés y la Iglesia presbiteriana sería la Iglesia oficial de Escocia. Esta importante decisión, aclamada por todos, fue el espaldarazo de Escocia como nación de pleno derecho.

No acabaron, sin embargo, los problemas. Muchos aceptaron como rey a Jorge I de Hannover mientras que los montañeses se declararon a favor de Jacobo Estuardo, hijo del depuesto Jacobo II. Los jacobitas se rebelaron en 1715 a favor de Estuardo. Como los clanes montañeses andaban con rencillas entre sí y Luis XIV de Francia había muerto, las negras perspectivas de Jacobo se cumplieron. El marqués de Ormonde no tuvo éxito en su intento de sublevar al pueblo en favor de los jacobitas y el conde de Mar, Juan Bobbing, fracasó también en su empresa de reunir a los ingleses del norte a favor de la causa.

En Sheriffmuir, el ejército inglés puso fin a los sueños de los invasores escoceses y Jacobo tuvo que volver a Francia derrotado y arruinado.

Durante los 30 años siguientes, poco dieron que hablar en su exilio en Francia los supuestos héroes escoceses. En agosto de 1745, el osado Carlos, hijo de Jacobo, espoleado por sus grandes sueños de gloria y apoyado por la promesa de ayuda de Francia, penetró en pleno corazón de las montañas escocesas.

Logró captar inmediatamente las simpatías de las tribus y, derrotando a la oposición en Prestonpans, entró en Edimburgo con 5.000 hombres. Escocia se había rendido a sus pies, pero no así Inglaterra. Lleno de esperanzas, Carlos cruzó la frontera y marchó hacia el sur de Inglaterra con la ilusión de atraerse al pueblo. Sus esperanzas se vieron truncadas desde el principio al rehusar los ingleses tomar partido a su favor. Los ingleses se encontraban muy contentos con sus monarcas hannoverianos, y la seguridad que éstos les proporcionaban no quedaba compensada con las vagas promesas que aquella curiosa banda de aventureros les ofrecía.

Mientras tanto, en la capital del reino, Londres, el pánico se había apoderado de aquellos que más tenían que perder con la victoria de los invasores. El «viernes negro» —6 de diciembre de 1745— todos se lanzaron a retirar sus depósitos del Banco de Inglaterra cuando cundió la noticia de la llegada a Derby de Carlos con sus mesnadas. Pero el pequeño ejército de escoceses, fatigado y falto de ánimo, marchó hacia el norte camino de sus hogares. Perseguidos por Guillermo, duque de Cumberland, hijo de Jorge II, fueron derrotados y pasados por las armas en el pantano de Culloden.

Ante el temor de que, en el futuro, pudiera repetirse una insurrección del mismo tipo, el gobierno disolvió los clanes ejecutando a sus jefes y promulgando una ley que prácticamente supuso la destrucción del sistema.

Los jefes que pudieron huir de la muerte se vieron desprovistos de todo poder y autoridad, se confiscaron las armas que tenían en su poder y se prohibió el uso de la típica falda escocesa y de todo tipo de tartán que pudiera recordar a los antiguos clanes.

El general Walde construyó puentes y carreteras para facilitar el acceso a las zonas montañosas. Desde entonces, Escocia ha permanecido fiel a los lazos que unen las Islas Británicas. En este siglo XX, los nacionalistas escoceses han comenzado a demandar de nuevo una mayor independencia para el país.

Fuente Consulatada:
Colección La LLave del Saber Tomo I Pasado y Presente del Hombre Editociones Cisplatinas S.A:

La Musica en el Barroco Compositores del Barroco Músicos Castrados

La Música en el Barroco
Compositores del Barroco

Sociedad y cultura en el Barroco: En el Barroco cobró un enorme auge la exaltación de los sentimientos frente a la serenidad y a la mirada puesta en el hombre que habían sido propias del período anterior.

El Barroco: El término barroco proviene del portugués y, en su origen, significó «perla irregular y deforme». Se empleó para describir de manera peyorativa las formas artísticas demasiado recargadas.

Música en el Barroco

Hasta el siglo XIX el término barroco se utilizó como expresión desaprobatoria Sin embargo, hoy en día ya no es así aunque se sigue usando cuando se considera que algo es excesivamente complejo o recargado.  El Barroco fue una época en la que se produjeron grandes avances científicos y descubrimientos que cambiaron la percepción que las personas tenían del mundo.

Durante el Barroco se incrementó la ornamentación en todas las artes hasta llegar, en ocasiones, al exceso. La música, por su parte, experimentó un enorme desarrollo.

Aspectos sociopolíticos: El siglo XVII, y más concretamente su segunda mitad, está marcado por el triunfo del absolutismo en toda Europa, con la excepción de Holanda e Inglaterra. El poder político de los monarcas se fortaleció hasta eliminar toda representatividad, dando lugar a las monarquías absolutas.

Los intereses nacionales se exacerbaron y pretendieron imponerse hegemónicamente. Durante el siglo XVI fue España la nación hegemónica, y en el siglo siguiente lo fue Francia. Las hegemonías terminaron en el siglo XVIII, fortaleciéndose la idea de equilibrio.

La sociedad estaba organizada en tres grupos, llamados estamentos o estados: nobleza, clero y tercer estado o estado llano. Los dos primeros estamentos eran los privilegiados; el otro estamento poseía escasos recursos económicos y estaba excluido de la participación política.

Unido al éxito de la monarquía absoluta, el mercantilismo se fue imponiendo en Europa desde mediados del siglo XVII. El Estado desarrolló una política económica intervencionista prohibiendo la salida de los metales preciosos. Se trataba de un auténtico nacionalismo económico que reforzaba el nacionalismo político.

La cultura del Barroco
El Barroco reaccionó frente a la rigidez de las reglas y se convirtió en un arte abierto, libre, que buscaba lo grandioso y lo dinámico. El Barroco, a la vez que fomentaba el interés por el hombre y la naturaleza, exaltaba el absolutismo real y el sentido victorioso y propagandístico de la Contrarreforma católica.

La expresión artística estaba en consonancia con el desarrollo de la sociedad. La cultura tendió a encontrar razones justificativas del poder absoluto de los monarcas y a presentar siempre la monarquía en un contexto de «sublime emergencia» sobre el resto de la sociedad.

Las luchas religiosas y el enfrentamiento entre reformados y católicos tuvo grandes repercusiones en el arte y la cultura. En el campo católico, el arte sirvió para realzar la figura de la Virgen y de los santos, produciendo retablos e imaginería de gran valor.

La arquitectura se caracterizó por el movimiento, el claroscuro y la grandiosidad. Grandes arquitectos italianos fueron Bernini, Borromini y, algo más tarde, Juvara.

• En la escultura triunfó el afán de movimiento y se dio preferencia a los gestos exaltados y la teatralidad. Destacaron Bernini, en Italia, y Gregorio Fernández, Martínez Montañés y Alonso Cano, en España.

• La pintura se caracterizó por el naturalismo, la fuerte expresividad y el claroscuro. Destacaron Caravaggio, Rembrandt, Murillo y Velázquez.

• En la literatura se asiste al desarrollo del tema religioso a través de la mística, en el siglo XVI, con San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, y de los autos sacramentales, en el siglo XVII, con Pedro Calderón de la Barca.

• En el pensamiento surgió el racionalismo con Descartes y se inició la ciencia moderna, basada en la experiencia y la inducción. La filosofía empirista fue desarrollada por un grupo de filósofos ingleses a cuya cabeza estuvo Bacon.

En el Barroco, la música tuvo un desarrollo espectacular. Los músicos adoptaron el término barroco para referirse al período de ciento cincuenta años que va desde los inicios de la ópera, hacia 1 600, hasta la muerte de Johann Sebastian Bach en 1750.

Las artes y el estilo musical del Barroco: La música acompañó en todo momento os profundos cambios experimentados en la sociedad, la cultura y el arte y el Barroco se convirtió en la época del virtuosismo musical, con grandes intérpretes y un enorme desarrollo de la orquesta y de las técnicas de construcción de instrumentos.

Consecuencia del racionalismo científico que dominó el pensamiento de la época, la música barroca redujo todo5 los modos musicales eclesiásticos a solo dos: el modo mayor y el modo menor. Con estos modos se escribieron la mayoría de las obras musicales que han llegado hasta nosotros.

Por otro lado, el método científico propició el nacimiento de la ciencia de la armonía (estudio de los acordes), teorizada por Gioseffo Zarlino (1517-1590), que buscó en la naturaleza la fuente de toda legitimidad.

Los efectos que excitaban los sentimientos en los conjuntos de los grandes escultores barrocos trató de conseguirlos el músico con el uso del acorde consonante y disonante. La alternancia de estas relaciones sonoras provocó movimientos espirituales que suscitaron efectos en uno u otro sentido.

La arquitectura de línea curva y ornamentación exuberante tuvo su reflejo sonoro en las melodías llenas de adornos y acrobacias vocales, sobre todo con la aparición de voces artificiales: los castroti, cantantes de sexo masculino que eran castrados antes de llegar a la pubertad para preservar su voz de soprano o contralto. Esta práctica decayó cuando las mujeres, a finales del siglo xviri, se incorporaron a la escena operística.

LOS CASTRATI: Los primeros músicos de la historia en alcanzar la categoría de estrellas fueron los castrati, para cuyas voces se componía la ópera italiana en los siglos XVII y XVIII. Un castrato era una maravilla vocal, un precioso instrumento musical vivo, de una belleza y extensión asombrosas.

Los castrati eran varones, procedentes de los ambientes más pobres, y elegidos por la belleza de su voz infantil, a los que se castraba antes de que llegaran a la pubertad. Por este cruel procedimiento se conseguía que estos cantantes conservaran el timbre de una voz blanca, pero unido a la capacidad pulmonar de un varón adulto.

Los castrati recibían una esmeradísima educación musical, y los que triunfaban amasaban grandes fortunas, por lo que su destino se consideraba envidiable. Su extraordinaria capacidad pulmonar y la limpia ejecución de las más intrincadas coloraturas, complejas acrobacias vocales escritas por los compositores para ellos, los enorgullecía más que la tesitura aguda; femenina, de sus voces.

Podían sostener una nota durante minutos enteros, yen muchas ocasiones se enzarzaban en duelos con algún instrumentista de viento, con el que rivalizaban en resistencia para admiración del público.

La pintura realista y de fuertes contrastes guió a los compositores en sus obras instrumentales y los impulsó a buscar el colorido tímbrico, con la aparición y perfeccionamiento de nuevos instrumentos, y el contraste sonoro, con el uso del estilo concertante, en el que a un solista o grupo de solistas se opone o contrasta el resto de la orquesta.

La monarquía absoluta impuso el uso de una melodía principal, con lo que desapareció el resto de voces del estilo polifónico; y también surgió el virtuoso, que, en cierto modo, acabó ejerciendo un absolutismo instrumental sobre el resto de la orquesta.

La aparición de teatros donde se representaban obras dramáticas con música, las óperas, hizo que se produjera un mayor acercamiento entre los diferentes estamentos sociales de la época.

Características del Barroco musical: Las principales características que definen la música barroca son estas:

• Predominio del estilo vertical u homofónico.

• Nacimiento del bajo cifrado o bajo continuo: el compositor da toda la importancia a las voces extremas. La voz superior es la melodía. El acompañamiento se indica mediante una serie de cifras (bajo cifrado) que señalan al organista los acordes que puede ejecutar.

• Supremacía de un estilo armónico: sentido vertical en la música.

• Delimitación e independencia entre música vocal e instrumental.

• Nacimiento y esplendor de la música dramática: ópera, cantata, etc.

• Aparición de la orquesta y perfeccionamiento de los grupos de cámara.

• Aparición de un ritmo reiterativo y muy marcado.

• Uso de acordes disonantes con mayor frecuencia.

• Supremacía de la música profana sobre la música religiosa.

• El compositor practica todos los géneros de su época.

La música al servicio de la religión y la monarquía El Barroco fue un estilo artístico conformado por las ideas dominantes de la época: el absolutismo en política, que presenta como ideal la monarquía absoluta, y la Contrarreforma, la reacción cultural de los países católicos del sur de Europa frente a la Reforma protestante del norte.

Al igual que había sucedido durante el Renacimiento, durante el Barroco, la música culta o ilustrada, en oposición a la popular, únicamente se cultivaba en el seno de los dos estamentos rectores de la vida política y espiritual: el aristocrático (las diversas cortes europeas) y el eclesiástico.

Un tercer sector social —el burgués— entró, sin embargo, durante esta época en el universo musical gracias a la ópera comercial, que permitía el acceso al teatro mediante el pago de una entrada.

En los primeros días de la ópera, la concurrencia solía ser la comunidad entera, separada jerárquicamente en pisos y gradas de acuerdo con su posición social. La sala de ópera era un modelo de la sociedad del siglo XVII, en tanto que los mitos griegos y romanos de donde provenían casi todos los argumentos que se ponían en escena reflejaban los valores aristocráticos de los estamentos sociales dirigentes.

Fuente Consultada: Enciclopedia del Estudiante Tomo 18 – Música – Santillana

Hundimiento Rose Mary Barco de Enrique VIII Enigma Porque se hundio?

Hundimiento Rose Mary Barco de Enrique VIII

¿QUÉ FUE LO QUE HUNDIÓ EL MARY ROSE?: En verano de 1545, el Mary Rose, el veterano buque insignia de la flota de Enrique VIII, alzó velas en una acción contra los franceses en el canal de Solent. Inglaterra hacía frente a la condena internacional por las reformas que Enrique había hecho en la Iglesia, y Francisco 1 se aprovechó de ello enviando una potente fuerza de más de doscientos buques de guerra y galeras equipadas con unos noventa cañones y cientos de soldados y arqueros en una expedición contra Portsmouth.

El mismo Enrique vio con horror desde la orilla cómo su minúscula flota de treinta barcos, que aún esperaba la llegada de una veintena de navíos más contratados por el rey para la ocasión, sucumbían contra el enemigo detrás de su buque insignia, el Mary Rose. Apuntando al conocido canal del suroeste en dirección a la costa de la isla de Wight y a la flota francesa, el Mary Rose realizó la descarga de babor y luego viró para disparar sus cañones de estribor. En lugar de eso, escoró severamente durante el cambio de dirección, volcó y se hundió ante los ojos de los horrorizados espectadores. Sólo quedaron unos veinticinco supervivientes aferrados al casco. En definitiva, en un único e inexplicable momento se perdió el orgullo de la Marina inglesa junto a más de cuatrocientos soldados y marineros. ¿Cómo pudo suceder semejante catástrofe? y ¿qué la causó?

El buque era un espléndido navío de madera, el orgullo de la Marina, y estaba considerado por los expertos como una embarcación casi imposible de naufragar. ¿Cómo sucedió esta irreversible y catastrófica pérdida? El misterio todavía sigue sin resolverse aunque, después de quinientos años, los estudios recientemente realizados por ingenieros navales e historiadores han abierto un campo de explicaciones bastante razonables.

En 1982, una expedición de arqueólogos marinos rescató lo que quedaba del Mary Rose. Sólo sobrevivió el lado de estribor del barco, que se hallaba completamente cubierto por el fango del canal de Solent.

Los miembros de la expedición recuperaron todo lo que pudieron del naufragio. Se restauró y se procedió a su exhibición en Portsmouth, en un sótano especialmente adaptado en cuanto a condiciones de humedad. El barco y el material documental relacionado se convirtieron en objeto de investigaciones exhaustivas, cuyos resultados no se completaron hasta 1999. Las posibles causas que se apuntaron del desastre pueden resumir-se en las cinco siguientes:

El Mary Rose se hundió por uno o varios impactos de la flota francesa. El afortunado impacto sólo pudo ser técnicamente viable si hubiera procedido de uno de los pesados cañones de bronce que se encontraban en la proa de las galeras asaltantes. A diferencia del resto de los cañones de la época, que lanzaban proyectiles de hierro más pequeños que el puño de un hombre, los cañones a bordo de las galeras lanzaban pesadas balas de piedra de unos cuatro kilos, así que el daño que causaban en el lugar donde impactaban podía ser considerable.

El hecho de que no haya muestras del impacto en el barco naufragado no es una prueba concluyente, dado que podría haber golpeado en el lado de babor de la galera, lado que, por otra parte, está completamente desaparecido. De todas formas, sería el único caso conocido de hundimiento de un barco de guerra del siglo XVI a causa, exclusivamente, de los cañonazos. Además, los tabiques del Mary Rose tenían 35 centímetros de grosor, por lo que parece improbable que los cañonazos fueran los únicos responsables de pérdida tan repentina.

El Mary Rose se había vuelto gravemente inestable a raíz de una remodelación encargada por el rey. El buque tenía más de treinta años y ya había luchado exitosamente contra los franceses en la batalla naval de 1512. Por una cuestión de prestigio personal y nacional, el monarca quiso renovarlo mediante la incorporación de las últimas innovaciones tecnológicas. En particular, quería instalar ocho cañones de cobre de largo alcance de reciente fabricación: cuatro a babor y cuatro a estribor. Todo ello como refuerzo del abundante armamento que ya cargaba el buque. Cada uno de estos cañones pesaba una tonelada, y el carro que los soportaba, más de doscientos kilos.

Una reconstrucción de este tipo requería nuevas cuadernas, que se añadían al peso. Los dendrocronólogos comprobaron que las nuevas cuadernas instaladas en la nave eran de madera procedente de unos árboles caídos en 1542 y, por lo tanto, instaladas durante el año de la remodelación. El nuevo armamento se tuvo que colocar en la parte más baja para que el barco no fuera demasiado pesado, también se tuvieron que adaptar las portas para que el agua no entrara por ellas al cambiar de rumbo. Todas estas modificaciones, al margen del prestigio que pudieran conllevar, convirtieron el Mary Rose en un buque mucho menos apto para la navegación de lo que había sido anteriormente.

La remodelación del Mary Rose estuvo dirigida por encargados nuevos y relativamente inexpertos. El rey, que estaba en tierra, en el castillo de Southsea en compañía de la esposa de sir George Carew, elegido vicealmirante y comandante tan solo unos días antes, se limitó a seguir la costumbre de escoger como oficiales superiores a caballeros, que dejaban la verdadera dirección del barco en manos del capitán y su tripulación. Carew pudo insinuar (y tras echar un vistazo a su correspondencia, así lo hizo) que cualquier defecto en el funcionamiento del barco se debía tanto a la ebriedad de la tripulación como a su insubordinación. Sin embargo, es mucho más plausible pensar que se debiera a la falta de experiencia y a la incompetencia de los oficiales del buque. Puede que en el desconcierto y el pánico de la batalla se hubieran emitido órdenes contradictorias que anularan las del capitán, o tal vez se evitó cualquier tipo de directriz.

El Mary Rose pudo estar peligrosamente sobrecargado en el momento de la batalla. Supuestamente, llevaba una carga extra de 415 hombres, formados por 200 marineros, 30 artilleros y 185 soldados listos para efectuar el abordaje de cualquier barco francés. Los soldados estaban atrincherados en los dos castillos, de proa y popa, en las dos partes más altas del barco. Para dificultar el abordaje del Mary Rose, las zonas que estaban a nivel de la cubierta principal estaban tapadas por una gruesa red de cuerda. Con ello se conseguía impedir, no sólo el abordaje extranjero, sino que también se evitaba que cualquiera bajo cubierta del barco intentara escapar. No obstante, lo más seguro es que la cifra oficial de 185 infravalorara el verdadero número de soldados que había en los dos castillos.

Los documentos de la época demuestran que había más de 400 soldados a bordo. Naturalmente, los oficiales querían tener consigo el mayor número de soldados posible en caso de abordaje. A la luz de otras embarcaciones implicadas en el mismo tipo de acciones, normalmente se daba cabida a un total del 75 % del tonelaje del barco —en el caso del Mary Rose, un barco de 800 toneladas, le correspondía un total de 600 hombres—. Como cada soldado ataviado con todo su equipo debía de pesar alrededor de cien kilos, la suma de los 200 soldados hizo que el barco soportara 20 toneladas más, todas ellas dispuestas en los castillos de proa y de popa. Seguramente, marineros profesionales hubieran advertido los peligros de la empresa, pero puede que los caballeros aficionados no lo hicieran.

Las versiones de los testigos del momento mencionan que el Mary Rose se hundió mientras maniobraba para virar, por lo que el naufragio se produjo por el ángulo del barco durante el giro. Con la carga extra de la embarcación y la instalación de las nuevas troneras, justo por encima de la línea de flotación, el ángulo durante la maniobra de viraje debió permitir que entrara a bordo una buena cantidad de agua; en especial si las portillas habían quedado abiertas. Aunque es poco probable que semejante descuido sucediera con una tripulación experimentada.

El hecho apunta a que se hicieron pocas pruebas de flotación, si es que se hizo alguna, tras la nueva remodelación. Tampoco hay que olvidar que la maniobra se realizó en un momento de pánico y confusión ocasionada por la contienda. Es más, en el momento de la recuperación del barco, estas portillas se encontraron todas abiertas. Un metro cúbico de agua pesa una tonelada y esta carga de agua indudablemente incrementó la inestabilidad de la embarcación. Asimismo, algunos testigos declararon que el barco fue sorprendido por una violenta ráfaga de viento que, probablemente, escoró por completo el Mary Rose.

Aunque los motivos del naufragio siguen siendo una incógnita, la opinión de los expertos sugiere que las causas yacen en un cúmulo de circunstancias en contra. A saber: el excesivo entusiasmo en remodelar un viejo buque de guerra, la incompetencia de la tripulación y sus mandos, la grave sobrecarga de hombres y armamento, la peligrosa maniobra realizada en condiciones de ventisca, y unas troneras abiertas demasiado próximas a la línea de flotación.

Aun así, todo esto no es más que una hipótesis bien documentada hecha casi cinco siglos después de la tragedia. La explicación exacta de la catástrofe no se llegará a saber nunca.

Presentación Multimedia con Imágenes de Barcos

Fuente Consultada: Lo que Oculta La Historia Ed Rayner y Ron Stapley

Pedro de Mendoza enfermo de sifilis en la historia

Pedro de Mendoza enfermo de sifilis en la historia

Un Poco de Historia: Sífilis en la primera fundación de Buenos Aires: Pedro de Mendoza:  Mendoza era un hidalgo nacido en Guadix, Granada, que contaba a la sazón unos treinta y cinco años. Realizados los preparativos del viaje, partió el adelantado en agosto de 1535, con once barcos y unos mil trescientos hombres. Llegado al Río de la Plata a comienzos del año siguiente, levantó en su margen derecha una fortaleza a la que llamó Puerto de Nuestra Señora de Santa María del Buen Aires (3 de febrero de 1536).

Al poco tiempo, los habitantes de aquella modestísima población empezaron a padecer el azote del hambre y los ataques de los indígenas, quienes, tras un comienzo amistoso, se habían vuelto hostiles y se negaban a  proporcionarles ayuda y alimentos.

Mendoza envió entonces a su hermano Diego hacia la región del Delta al frente de un grupo de trescientos hombres en busca de víveres, pero los aborígenes los atacaron. En el combate que se denomina de Corpus Christí -por la celebración religiosa de ese día, 15 de junio- los españoles lograron imponerse, pero a costa de la vida de varios de sus mejores capitanes, entre ellos el propio Diego Mendoza.

Con anterioridad, y cumpliendo órdenes del adelantado, su segundo, el capitán Juan de Ayo las había partido con trescientos expedicionarios remontando el río Paraná, y había levantado su real (campamento o pequeño poblado) que llamó Corpus Christi, cerca del río Coronda. A su regreso a Buenos Aires, Ayolas invit6 a Mendoza a conocer las tierras que él había recorrido. El adelantado partió hacia ellas y tras una corta residencia en Corpus Christi, se trasladó más al Sur, donde levantó, a fines de setiembre de 1536, el fuerte Nuestra Señora de la Buena Esperanza.

Poco después, y mientras Ayolas remontaba el Paraná y el Paraguay, Mendoza, que se sentía muy enfermo, regresó a Buenos Aires y, en vista de que sus dolencias empeoraban, resolvió volver a España. Luego de designar a Ayolas su sucesor en la conquista, el 22 de abril de 1537, se alejó para siempre, río arriba -por el Paraná primero y luego por el Paraguay-, Ayolas había llegado entre tanto a un lugar que llamó La Candelaria. Dejó allí parte de sus hombres al mando de Domingo Martínez de lrala, y partió hacia la ambicionada Sierra de la Plata, en busca de riquezas, pero cuando ya regresaba con un espléndido botín, cayó en una emboscada de los indios y fue muerto con todos sus compañeros.

Irala emprendió entonces el retorno aguas abajo y se detuvo al llegar al fuerte de la Asunción que Juan de Salazar -otro de los acompañantes de Mendoza- había levantado el 15 de agosto de 1537 en la margen izquierda del río Paraguay. Instalado en Asunción, Irala tomó el mando en reemplazo del infortunado Ayolas. Transcurridos algunos años, decidió concentrar en dicha población a todos los españoles y, para ello, ordenó el traslado de los pocos habitantes que aún quedaban en Buenos Aires y mandó quemar la población. Corría el año 1541. El primer intento de conquista y colonización en la región del Río de la Plata había fracasado.

“El adelantado Don Pedro de Mendoza no aparece por ninguna parte. Las naves están listas para iniciar la gran travesía y aunque está en Sevilla, no se presenta en público. La impaciencia de nobles, soldados y marineros se incrementa. El mayordomo y el apoderado de Don Pedro, Juan de Ayolas y Martín Orduña, tratan de disimular pero la noticia ya corre por la ciudad como reguero de pólvora y es la comidilla de las tabernas. Mendoza guarda cama porque la sífilis contraída en Italia lo tiene a mal traer. El viaje hacia las riquezas del Plata aún no es seguro.

“No es que no se conozca algún tratamiento que alivie los dolores. Desde la gran epidemia de 1494, la mortal enfermedad venérea es tratada con mercurio o argento vivo bastante exitosamente. Además, Don Pedro apenas supera los treinta años y, aunque parece mayor, ha demostrado ser un hombre bastante fornido, de comer saludable y de carácter emprendedor.

“Cojea de una pierna, igual que Diego de Almagro, pero la mayoría de los comprometidos en la expedición prefieren creer que pasa por un mal pasajero y optan por esperar que su salud se restablezca?’

El primer Adelantado del Río de la Plata, que en el verano de 1536 fundó el apostadero “Nuestra Señora Santa María del Buen Ayre”, viajó, en efecto, con un avanzado cuadro de sífilis que lo retuvo más tiempo en cama que comandando efectivamente la expedición.

Muy desmejorado de salud, nombró teniente gobernador a Juan de Ayolas y el 22 de abril del año siguiente emprendió el regreso a España. No llegó a informar de sus modestos logros. “Los estragos producidos por la sífilis [eran] ya evidentes: tejidos heridos sin cicatrizar, debilidad de su corazón y una progresiva parálisis general lo postraban, ya de manera definitiva?’ El 23 de junio murió en alta mar. (Ampliar: La Conquista del Mar Dulce de Solís)

Las citas fueron extraídas de Pedro de Mendoza,
de la colección Grandes protagonistas de la historia argentina, dirigida por Félix Luna

La Sifilis de Enrique VIII Rey de Inglaterra Enfermedad Tudor

La Sifilis de Enrique VIII Rey de Inglaterra

Las seis esposas y las muchas enfermedades de Enrique VIII: Así como hay constancia de que Iván era sifilítico, no hay ninguna seguridad de que su contemporáneo, Enrique VIII de Inglaterra, también lo fuera. Muchos escritores de la época lo negaron, aunque todo el mundo coincidía en que, además de las importantes heridas sufridas en los torneos, padecía varias enfermedades: gota, várices, osteomielitis del fémur y escorbuto, sin hacer especial mención a su obesidad; todas ellas han sido sugeridas como probables causantes del cambio de carácter que evidenció alrededor de los cuarenta años.

En razón de la diferencia de opiniones, es razonable reexaminar evidencia porque, cualquiera haya sido la causa, ha ejercido una notable influencia en el destino del naciente Imperio británico.

Digamos que no había una razón específica por la cual Enrique tuviera que padecer esas discapacidades. Alguien del siglo XVI que viviera hasta los cincuenta y seis años tendría que haberse considerado afortunado si sólo sufría una enfermedad crónica, ya que la mayoría no tenía tratamiento. Enrique intervino en los deportes más violentos de su época, y comía y bebía en exceso; en los últimos años fue monstruosamente obeso, por lo que nada pueden sorprender sus várices. La gota y el escorbuto, desórdenes asociados a la dieta, eran comunes para el estilo de vida que llevaba. Ninguno de estos síntomas puede ser tomado como prueba para aseverar que la sífilis era la causante “oculta” de esos males.

Enrique nació en 1491, al menos dos años antes de que la sífilis apareciera en Europa. Por lo tanto, no es necesario indagar entre sus antepasados, aunque sí entre sus descendientes. La primera de sus esposas, Catalina de Aragón, madre de la reina María, tuvo un hijo varón que murió a los pocos días de nacer, y le siguieron al menos tres abortos en el séptimo u octavo mes de embarazo.

Ana Bolena, la madre de Isabel I, sufrió un aborto a los seis meses y otro a los tres meses y medio. Jane Seymour tuvo a Eduardo Vl, nacido en 1537, y es muy poco probable que haya concebido nuevamente en los diecisiete meses que duró su vida marital. El cuarto casamiento con Ana de Cléves no fue consumado. Tampoco hay antecedente de embarazos de Catalina Howard, casada con Enrique entre 1542 y 1544, o de Catalina Parr, su viuda en 1547, después de cuatro años de matrimonio.

Enrique tuvo, al menos, cuatro hijos. El único varón ilegítimo conocido fue Henry Fitz Roy, conde de Richmond, quien murió a los diecisiete años por una infección pulmonar, quizá tuberculosis. Isabel I falleció a los sesenta y nueve años; se dice que era corta de vista y pudo haber tenido razón en creer que no podía dar a luz. María Tudor murió a los cuarenta y dos años, era corta de vista, hablaba en voz alta —un rasgo típico de los sordos— y su nariz era ancha y chata, de la que manaba un pus maloliente que provocaba permanentes quejas de su esposo Felipe II.

El único hijo legítimo, Eduardo VI, murió en 1553, a los quince años. Nunca fue un niño sano y la causa de su muerte permanece en el misterio. Justo un año antes, en abril de 1552, se enfermó de sarampión y viruela y se pensó que era “una manifestación, para purificar su cuerno de insalubres humores, que ocasionan largas enfermedades y la muerte”. Hay casi certeza de que, desde comienzos de 1553, su salud se agravó por una tuberculosis pulmonar. Una erupción en la piel apareció en las últimas dos semanas de su vida, las uñas se le cayeron y los extremos de los dedos y pies se necrosaron. Se cree, según diferentes opiniones, que fue envenenado.

Cualquier incidente aislado en esta historia bien podría ser debido a otra enfermedad, no obstante, la incidencia es acumulativa. Los tres hijos de Catalina de Aragón murieron antes de nacer y todos después del cuarto mes de embarazo, y Ana Bolena tuvo un aborto a los seis meses. Eduardo murió en 1552, luego de una erupción en la piel que parecía tuberculosis sifilítica congénita. En resumen, tenemos la miopía de Isabel y María, más la presumible sordera de esta última y la base de su nariz achatada con una continua y maloliente secreción nasal; cualquiera de estos síntomas podría ser resultado de una sífilis congénita. Por último, tenemos la evidencia de los dos últimos casamientos de Enrique: si, como aseguran los historiadores, su política en este sentido era dictada por un profundo deseo de crear una rama fuerte de los Tudor, entonces se infiere que Enrique se volvió estéril o impotente cerca de los cuarenta años, lo que constituye un fuerte argumento a favor de la sífilis.

En su juventud Enrique fue descrito por el veneciano Pasquiligo como “el más elegante potentado que yo haya visto, con una altura mayor que la común y piernas y pantorrillas extremadamente finas, de tez blanca y brillante, cabello castaño rojizo, peinado corto y lacio y una cara redonda tan bella que le sentaría a una hermosa mujer’. El muchacho, de diecinueve años, lo tenía todo: belleza física, una magnífica presencia, encanto e inteligencia. Disfrutaba de todos los deportes, el baile y la música, y su consejero, el cardenal Thomas Wolsey, aclara que era sólido en sus ideas, de opiniones firmes, difícil de disuadir.

En febrero de 15 14, cuando tenía veintitrés años, se enfermó de viruela, aunque sin pústulas, y se recuperó por completo. Quizás estemos justificados al cuestionar ese diagnóstico, así como cuestionamos la naturaleza de la erupción de su hijo en 1552.

En 1521 Enrique sufrió el primer ataque de paludismo, una enfermedad muy común en el siglo XVI en Inglaterra, que, con intermitencias, aparecerá durante el resto de su vida. Tres años después, en 1524, tuvo un accidente mientras sostenía una justa con el duque de Suffolk, aunque no fue herido de gravedad. Enrique comenzó a padecer dolores de cabeza en 1527 y a lo largo de ese año y el siguiente desarrolló una úlcera notable en uno de sus muslos (tal vez, en los dos), que lo molestó hasta su muerte.

En el crucial año de 1527 tenía treinta y seis años; hasta entonces había reinado con buen juicio y moderación. Más de un peligroso motín había sido reprimido firmemente aunque sin crueldad para las prácticas habituales de la época. Durante esos años Enrique instauró la administración naval, construyó barcos, fundó la Casa Trinidad, mejoró puertos, levantó astilleros y almacenes. En 1521, secundado por “todos los eruditos de Inglaterra”, escribió una respuesta agresiva a Martin Lutero, que le valió el título de Defensor de la Fe, otorgado por el papa León X y empleado por sus sucesores hasta la actualidad. También fomentó el empeño de Tomás Moro para proveer una reserva de agua limpia y cloacas. Desde la muerte negra la medicina había dejado de ser una prerrogativa de la Iglesia, con el consiguiente florecimiento de charlatanes e iletrados.

Parte del cambio del carácter de Enrique, sin duda, se debió a las preocupaciones que le causaba su divorcio de Catalina, ya que las discusiones se prolongaron seis años. La primera señal de desequilibrio apareció en 1531, cuando Enrique permitió que se promulgara una ley que castigaba al reo hirviéndolo hasta la muerte. Al menos tres personas fueron ejecutadas de esa manera, y el acta en cuestión fue abolida a los pocos meses de la muerte del soberano, por recomendación de los consejeros de Eduardo VI. En 1533 dictó la primera “acta de traición”, por la cual cualquier persona que difamara su casamiento con Ana Bolena, o que tratara de perjudicar la sucesión, sería considerada culpable de traición, condenada a la horca o a ser descuartizada en vida.

El reinado del terror comenzó en 1534, con una indiscriminada matanza de luteranos, anabaptistas católicos y lollars. Esto fue seguido por una cruel ejecución del prior de Chaterhouse y todos sus monjes, y la decapitación de Tomás Moro y el obispo John Fisher.

El 17 de enero de 1536 Enrique sufrió una profunda herida durante una justa y estuvo inconsciente por más de dos horas, logrando una recuperación definitiva el 4 de febrero. Por entonces, su conducta hacia Ana Bolena era salvaje. Como cabeza de la Iglesia de Inglaterra habría podido divorciar-se de ella, pero prefirió condenarla a muerte y declarar bastarda a su hija. La represión en las abadías en 1538-1540 se caracterizó por la condena a la horca de cualquier abad o monje que se resistiera a mostrar sumisión. El vandalismo desatado, que provocó la destrucción de la mayor parte de las obras de arte, no habría sido tolerado por el brillante y culto joven estudiante que subió al trono en 1509.

Durante los años de represión Enrique sufrió continuamente de dolores de cabeza y garganta, insomnio y úlcera en la pierna. En mayo de 1538, a los cuarenta y siete años, se dice que estuvo un tiempo sin hablar con muy mal semblante, y su vida en gran peligro”. El embajador francés Castillon asoció ese ataque con la cicatrización de la fístula en su pierna. Por esta razón se ha sugerido que Enrique sufrió una embolia pulmonar por un coágulo de una vena varicosa. La pérdida del habla, sin embargo, está más asociada con un posible ataque de apoplejía.

En 1539 apareció el Estatuto de los Seis Artículos, una notable pieza de legislación dirigida contra cualquiera que atentara contra la posición de Enrique como cabeza de la Iglesia en Inglaterra; los protestantes eran quemados como herejes y los católicos romanos, colgados como traidores.

La vacilante política del rey respecto de la extensión de la reforma religiosa probablemente reflejaba la influencia de sus esposas. No hay duda de que Enrique se avergonzaba de la fealdad de Ana de Cléves, presentada a él por el partido reformista que condujo a la caída de Thomas Cromwell, poniendo en peligro al mejor amigo de Enrique, el arzobispo de Cranmer, para terminar en una renovada persecución de los protestantes. La impresión que queda es que Enrique comenzó con la intención de reformar lo que era su propia iglesia y luego retrocedió, frente a las posibles consecuencias que podía acarrearle esa medida en el día del Juicio Final. En este punto se sugiere la evidencia de una mente dividida: una tratando de mostrarse a sí mismo como hijo leal a la Santa Madre iglesia; la otra, intentando manejar a la Iglesia según su propio deseo.

Enrique nunca perdió el control de los asuntos de Estado. De hecho, después de la caída y muerte de Wolsey en 1529, se inclinó por una monarquía absoluta más que constitucional. Tres años antes de su muerte dirigió en persona al ejército durante la guerra contra Francia y supervisó las medidas de combate. Aunque prematuramente avejentado, con el pelo blanco y muy obeso, conservó la capacidad mental y física hasta el final. Tampoco murió como Iván, aterrorizado y sin sentido. Los relatos sobre su muerte varían y la verdadera causa permanece oscura, aunque murió pacíficamente, dándole la mano al arzobispo Cranmer, el único amigo que lo acompañó hasta el fin de sus días.

No existe un diagnóstico indiscutible en el caso histórico de la sífilis de Enrique VIII, pero ciertos indicios despiertan sospechas. Un estudiante de medicina moderno está entrenado en buscar las cosas simples antes que lo complicado. Si examinamos un niño de quince años que sufre temperatura alta, dolor abdominal y sensibilidad en el flanco derecho con cierta rigidez muscular, pensaremos en no excluir una apendicitis o peritonitis antes de considerar un tipo raro de enfermedad. A continuación, el estudiante debería hacer coincidir signos y síntomas en una entidad clínica, antes de decidir si el paciente sufre de dos o más afecciones. De igual manera debe ser considerada la historia de Enrique VIII.

El rey, sin duda, sufrió de varias dolencias menores, pero la historia médica, la historia obstétrica de sus reinas, la sospechosa muerte de su hijo Eduardo, las incapacidades de su hija María, aun la leve miopía de Isabel, deben ser tenidas en cuenta en el diagnóstico. Todas pueden ser separadas describiendo distintas formas de dolencias que, al agruparse, proporcionan una evidencia más que sugerente. La sífilis fue una infección muy común a principios del siglo XV1 y no existe una buena razón para descartar que Enrique se haya librado de ella. Sea cual fuere la naturaleza de sus dolencias, o la combinación de ellas, ejercieron un profundo efecto sobre el futuro de Inglaterra. La incapacidad para producir una línea sana de varones fue el comienzo del fin de la dinastía Tudor, teniendo en cuenta que no hubo nietos legítimos o ilegítimos. La firme y eficiente autoridad de los Tudor dio paso al débil intento de los Estuardo, sumiendo al país en una guerra civil.

Después de la muerte de Enrique, Eduardo, de nueve años, accedió al trono bajo la tutela de la familia de su madre, los Seyrnour. Con su patrocinio, Eduardo lideró mejor que nadie a los protestantes. La expoliación de las propiedades monásticas continuó y la mayor parte de las tierras, tesoros y rentas fueron arrebatados por los ansiosos nobles. Había todavía un considerable afecto por la vieja fe. Los fanáticos iconoclastas del reinado de Enrique no eran queridos por el sucesor y su media hermana María procedió, con moderación, a restaurar a la Iglesia católica romana, quizá no con su antiguo poder pero sí como la religión oficial.

No hay duda de que María persistió en su política a pesar de las advertencias de su esposo, el católico Felipe II de España, y de que podría haber sido una honorable defensora de la fe pura contra la herejía. Pero, mentalmente insana, no escuchaba razones. Causó la muerte en la estaca de trescientos hombres y mujeres del pueblo en un período de tres años, con lo cual aseguró que la mayoría de sus súbditos considerara más diabólico al catolicismo romano que el paganismo. El ascenso al poder de Isabel I se produjo muy tarde y la llegada de la tolerancia religiosa fue impensable durante muchos años.

El efecto de la persecución de María es evidente aun en la actualidad. Todavía es difícil desentrañar muchos sucesos del siglo XVI porque la explicación dada por los escritores protestantes a menudo difiere de la versión de los católicos. Todavía hoy tenemos esos distantes fuegos, como brasas encendidas, en Irlanda del Norte.

La sifilis de Iván El Terrible sus efectos Historia del Imperio Ruso

La Sífilis de Iván El Terrible

Introducción Histórica: Los pueblos eslavos desde su unión bajo el reinado de Rurik (862), rey de los vikingos, eran llamados «Rus». Bajo Vladimiro I el Santo (980-1015), los rusos se convirtieron al cristianismo en su versión ortodoxa griega y adoptaron los ritos de la Iglesia bizantina. El centro de la cultura rusa era Kiev.

A partir de 1223, Gengis Kan, el mongol expansionista, ataca a los rusos, y en 1242 Rusia se convierte en una parte del Imperio mongol de la Horda de Oro. Aunque controlados por los mongoles, los grandes príncipes siguieron gobernando de forma relativamente independiente. Iván 1 (1323-1340) convierte a Moscú en la capital de los rusos.

En 1472, Iván III libera a Rusia del dominio mongol, se proclama gran príncipe de todos los rusos y los símbolos de su ejército dicen claramente que se considera a sí mismo el sucesor del imperio bizantino, caído en 1453.

Por eso su hijo Basilio III se nombró zar (emperador) e hizo que arquitectos italianos levantaran la ciudadela de Moscú, el Kremlin.

Su hijo Iván IV (1533-1584) se ganó el mote de «el Terrible», porque aplastó brutalmente a todos cuantos se resistieron a su poder autocrático; pero al mismo tiempo modernizó el Imperio y creó la guardia imperial.

zar de rusiaLos efectos históricos de la sífilis han sido devastadores. Magníficos seres como los isleños de las islas del Pacífico Sur fueron destruidos en masa.

Brillantes hombres de Estado en posiciones de poder se transformaron en idiotas jocosos; artistas, pintores y poetas se convirtieron en verdaderos estropajos.

Francisco I de Francia, el papa Alejandro Borgia, Benvenuto Cellini, Toulouse-Lautrec, Randolph Churchill —padre de Winston Churchill— son algunos de los muchos nombres que han salido a la luz.

Millones más sufrieron las consecuencias de esas transformaciones, como Iván el Terrible, de quien no hay duda de que fue sifilítico, ya que, durante el régimen soviético, sus restos, exhumados en el Kremlin, mostraban las típicas lesiones óseas producidas por la enfermedad.

Iván, gran duque de Moscú y primer zar de todas las Rusias, nació el 25 de agosto de 1 530 y ascendió al trono como gran duque cuando tenía tres años de edad, tras la muerte de su padre Vassili III.

En apariencia, el muchacho era el típico príncipe ruso de la época, pasó su juventud cazando, entre mujeres, bebiendo, robando a mercaderes y aterrorizando a infortunados aldeanos.

Pero había algo más en él; bajo la superficie prevalecía el noble estudioso, que prefería la compañía de los humildes y educados clérigos. Así, eligió a uno de ellos, Alexei Ardatchev, como su íntimo amigo y más estrecho colaborador.

El 16 de enero de 1547 Iván fue coronado zar, basando su derecho al trono como descendiente de Vladimiro y del césar bizantino Constantino Monomakh. Dos semanas después se casó con una mujer piadosa y bondadosa, Anastasia Zakharina Koshkina.

Ese año el fuego destruyó parte de Moscú y el arzobispo Makary aprovechó la catástrofe para endilgar a las mentiras pecaminosas de la juventud del zar la razón de tanta desgracia, con la esperanza de que Iván se reformara y edificara un reino que prometía ser uno de los más ilustres de la historia de Rusia.

El zar sancionó un Código por el cual desterró a los nobles más opresores, reformó parcialmente todo el poder de la Iglesia y fundó escuelas en Moscú y en las grandes ciudades. Inspiró a sus tropas con una cruzada espiritual, rescatando a Kazán de la horda tártara, y extendió su imperio más allá del Volga, hasta Astracán. En 1558 fue hacia el oeste contra los caballeros teutones y, para el verano de 1560, había llegado a Riga, en la frontera de Prusia.

Según los parámetros actuales, Iván fue un déspota cruel, aun durante sus años juveniles, pero para la Rusia de entonces, e incluso para las costumbres europeas, las reglas que estableció fueron sabias y humanitarias.

Desde 1551 hasta 1560 jugó un papel muy importante en las deliberaciones de su consejo, permitiendo la libertad de palabra y de opinión, recibiendo peticiones de todos sus súbditos. La leyenda dice que fue la primera y única vez en la historia de Rusia en que los hombres pobres del país pudieron acceder a su soberano.

En octubre de 1552 Anastasia dio a luz un hijo, Dimitri, que murió a los seis meses. Nueve meses más tarde nació Iván, y Fedor en 1558.

Probablemente el zar se había infectado de sífilis en sus andanzas antes de casarse, por lo que suponemos que el primogénito Dimitri falleció a causa de la sífilis congénita. Giles Fletcher, en The Russe Commonwealth, describe a Fedor, quien sobrevivió a Iván el Terrible, como de mediana estatura, algo bajo y grueso, de una complexión lívida e inclinado a la hidropesía, nariz aguileña, inseguro en su andar, como consecuencia de alguna enfermedad en las piernas, pesado e inactivo, con una sonrisa tonta. Era una persona simple y muy poco ingeniosa.

Aunque a la distancia y con escasas referencias no es posible hacer diagnósticos certeros, es probable que Fedor padeciera sífilis congénita.

Anastasia murió en julio de 1560. El zar, con el ánimo destrozado, volcó todo su pesar en una borrachera prolongada, que comenzó después del funeral. Su mente concibió la fantasía de que su amigo Alexei Ardatchev y su sabio consejero, el monje Silvestre, habían contribuido a la muerte de su esposa mediante embrujos.

Si bien perdonó sus vidas, los destituyó y encarceló, dio muerte al hermano de Alexei y a su hijo de doce años, e hizo lo mismo con su amiga María Magdalena y sus cinco hijos.

El 21 de agosto de 1561 Iván se casó con una acaudalada princesa, aunque esto no impidió que concibiera —tan sólo dos años después— el propósito de casarse con la reina Isabel I de Inglaterra.

En 1563 el zar comandó un gran ejército e invadió Lituania, tomó la importante ciudad comercial de Polotsk y parecía tener el reino a merced de su voluntad. Cuando volvió a Moscú su vida retornó al libertinaje; en ese momento su nueva zarina dio a luz un hijo, Vassili, que sobrevivió cinco semanas.

Hacia fines de 1564 ocurrió el primer incidente que mostró a las claras que Iván sufría de sífilis en la etapa terminal (PCI).

Temprano en la mañana del 3 de diciembre, un grupo de trineos se ubicó en la plaza del Kremlin, cargados por los sirvientes con oro, plata y joyas del palacio. El zar, la zarina y dos de sus hijos partieron en ellos sin rumbo establecido.

Poco después, Iván envió el siguiente mensaje a su casa: «Incapaz de tolerar la traición que me rodeaba, he decidido seguir el camino que Dios me dicte”.

Confundidos, los nobles y obispos salieron en su búsqueda. Lo encontraron en una pequeña aldea de Alexandrov, a ciento cincuenta kilómetros al noroeste de Moscú, y le rogaron que regresara.

Iván accedió, pero impuso ciertas condiciones: tener la libertad de ejecutar a cualquiera que él considerara un traidor, vivir en una residencia en las afueras del Kremlin y contar con una guardia personal —los oprichniki— de cerca de mil hombres.

Volvió a Moscú el 2 de febrero de 1565 y dos días después comenzaron las ejecuciones. Los bandidos oprichnikifueron aumentados hasta agrupar más de 6.000 hombres, y la nueva casa fuera del Kremlin se convirtió en un extraño monasterio, donde Iván era el abate. Trescientos oprichniki servían de monjes, vestidos con casacas negras y ropajes y sables jalonados de oro.

El día comenzaba con los maitines a las cuatro de la mañana y terminaba a las ocho de la noche, con las vísperas. Iván rezaba con tal fervor que su frente siempre estaba magullada por las postraciones. Esos ataques de devoción eran interrumpidos para visitar la cámara de tortura, convenientemente situada en los sótanos de la residencia.

De ahí en más el reinado de Iván constituye un relato tormentoso, plagado de torturas, azotes, gente quemada y hervida en enormes ollas, y toda clase de muertes espeluznantes. Fue atroz la venganza que ejecutó en laciudad de Novgorod en respuesta a una conspiración.

Durante cinco semanas, miles de personas fueron azotadas hasta morir, asadas sobre fuego lento, o abandonadas a la intemperie glacial. Iván el Terrible y su hijo Iván intervinieron en forma directa en las ejecuciones de Moscú del 25 de julio de 1570.

Mientras el príncipe Viskavati era colgado y cortajeado con cuchillos, el zar violaba a su esposa en su presencia y su hijo, a la hija mayor del matrimonio. Episodios de horror semejantes se repitieron durante casi veinte años, entre 1565 y 1584.

La locura del zar culminó en la matanza de su propio hijo y heredero, el zarevich Iván, al que apuñaló en un ataque de furia, el l9de noviembre de 1581.

Desencantado con su idea de casarse con Isabel de Inglaterra, Iván se declaró a su prima Mary Hastings, y cuando ella rechazó su oferta, anunció que estaba dispuesto a casarse con cualquier pariente de la reina. Ignorando el hecho de que ya estaba casado, el zar parecía obsesionado con la fantasía de una unión real con Inglaterra.

Isabel, que especulaba con la riqueza del imperio ruso, le aseguró al mensajero enviado que cualquiera de entre una docena de parientes estaría encantada de casarse con él. Por fortuna para ellas, Iván murió el 15 de marzo de 1584, antes de que ese proyecto se materializara.

Sus últimos días fueron tormentosos: no podía dormir, sentía terror, padecía alucinaciones y permanecía rodeado de adivinos. Su único momento de relajación consistía en mirar y acariciar sus joyas, hablando de sus poderes curativos. Murió a causa de un ataque de apoplejía.

Millones de sus súbditos perecieron porque Iván sufría de sífilis. Su reinado podría haberse desarrollado en forma ejemplar en tanto modelo político si no hubiera sido por su locura y despotismo cruel.

El asesinato de su hijo salvó a Rusia de un reinado sangriento, ya que había sido educado en la codicia y la crueldad. Su muerte dejó el trono en manos de Fedor, un idiota congénito, incapaz de reinar, quien estuvo, al inicio de su reinado, bajo el tutelaje de Boris Godunov.

La muerte de este último, en abril de 1605, sumió a Rusia en el caos, y no hubo atisbo de unidad hasta la elección, en 1613, del primer Romanov, la dinastía que reinaría hasta principios del Siglo XX.

Ver También: Iván El Terrible Un Ser Cruel y Siniestro

Efectos de la sifilis, la evolucion de esta enfermedad

Efectos de la sífilis – La evolución de la enfermedad

Uno de los problemas más controvertidos en la historia de la medicina es cómo y por qué la infección bacteriana conocida como sífilis brotó súbitamente en Europa a fines del siglo XV.

La sífilis es una enfermedad venérea que puede transmitirse de una persona a otra por contacto sexual, a través de la placenta, de una persona que tenga alguna lesión abierta en la boca al compartir un vaso con un sifilítico, por el uso de agujas hipodérmicas en común, al asistir a infectados sin guantes protectores y ante algún descuido de un patólogo cuando efectúa una autopsia.

Producido el contagio, sigue un período de incubación que puede variar entre diez y noventa días, aunque es frecuente que la enfermedad se desencadene entre la segunda y la cuarta semana antes de la aparición del primer signo o «chancro”, una reacción tisular localizada en la zona de contacto.

El chancro se desarrolla en los órganos genitales o cerca de esa zona, así como en labios y dedos. Se cree, por ejemplo, que la protuberancia a un costado de la nariz de Enrique VIII, del cuadro pintado por Hans Holbein, es un chancro. Luego, sintomática y espontáneamente desaparece, entre la tercera y la octava semana, dejando una leve e imperceptible cicatriz. Su tamaño puede ser grande o tan pequeño como un grano; por eso la primera etapa de la sífilis es tan peligrosa, ya que el enfermo es capaz de infectar a otras personas sin darse cuenta, pues la pequeña úlcera inicial muchas veces pasa inadvertida. Cerca de un cuarto de los pacientes atendidos en las clínicas aseguran no haberse percatado de la lesión.

Entre seis y ocho semanas después de la aparición del chancro el paciente entra en la etapa secundaria, aunque los síntomas pueden tardar un año o más en aparecer. En esta etapa se produce una reacción tisular relacionada con la infección, más que una invasión bacteriana. Aparecen sensaciones de malestar, dolor de cabeza y también de garganta, febrícula y, en el 75 por ciento de los casos, un “sarpullido” en la piel que es importante porque puede tomar diversas formas.

La sífilis ha sido llamada “la gran imitadora” porque suele ser confundida con otras enfermedades, ya que muchas veces se asemeja al sarpullido del sarampión, la viruela o cualquier otra erupción de la piel. Como regla general, la etapa secundaria no dura mucho; el paciente entra en una fase latente, en la que parece estar completamente libre de signos y síntomas aunque la erupción reaparecerá por una semana o más, para volver a desaparecer. Durante las etapas secundaria y latente temprana el paciente es altamente contagioso. El momento más peligroso transcurre en la etapa latente temprana, durante la cual el paciente puede infectar a otros estando, en apariencia, libre de la enfermedad.

Alrededor de dos años más tarde se desarrolla la etapa latente tardía, cuando no hay signos, ni síntomas, ni contagio posible. No se puede decir que el infectado esté curado, ya que los análisis de sangre revelarán la presencia de la sífilis, pero la enfermedad está latente y puede permanecer así durante un período de tiempo, en que quizá la muerte del enfermo sobrevenga por alguna otra causa.

El estado latente se puede extender durante años sin que ocurra ningún incidente. Mientras, el sifilítico vive bajo el engaño de estar fuera de peligro; en realidad, la enfermedad ha entrado en la prolongada fase crónica.

Entre los tres y los veinte años aparecen los signos de la sífilis terciaria. Hay muchas manifestaciones de ello, ya que la enfermedad afecta casi todos los sistemas del cuerpo. La típica lesión de la sífilis terciaria puede aparecer en cualquier lugar del cuerpo: huesos, corazón, garganta o piel. En esos casos, se pueden apreciar los cambios producidos en los vasos sanguíneos, que presentan debilitamiento e hinchazón de las paredes, llevando al paciente a la muerte por ruptura de la aorta o de alguno de los vasos del cerebro.

El sistema nervioso también puede verse afectado, causando la enfermedad llamada tabes dorsal, que gradualmente produce parálisis e incontinencia. Al afectarse el cerebro, la sífilis producía significativos cambios en la personalidad, y hasta parálisis terminal general e insania (PGI).

En el estadio terminal el enfermo genera ideas o esquemas poco racionales, pero grandiosos o bizarros. Arthur Conan Doyle —el creador del formidable detective Sherlock Holmes— cuenta la historia de un joven granjero que sorprendió a sus vecinos por su optimismo cuando su granja se deterioraba debido a la depresión de la agricultura: propuso reemplazar las cosechas comunes y plantar el área con rododendros’ para saturar el mercado. Su idea habría sido posible… de existir un mercado saturable.

La mayoría de los pacientes no tratados morían dentro de los primeros cinco años luego de la aparición de los signos de PGI, aunque cierto mimero nunca se volvió francamente insano o inútil. El proceso de la enfermedad cerebral cambiaba las conductas pero los enfermos podían llevar una vida más o menos normal, hasta que morían por otras causas, quizás arruinando su propia vida con especulaciones locas o aterrorizando a sus familiares con arrebatos de violencia.

Debido al desarrollo de la terapia antibiótica, la sífilis terciaria se ha diferenciado de las etapas primaria y secundaria y se ha convertido en una rareza en el mundo occidental desde fines del siglo XIX.

ENFERMOS DE SÍFILIS: «La intelectualidad también contrajo sífilis, entre los más conocidos está el cuentista francés Guy de Maupassant, Stendhal, Lord Byron el poeta inglés, el novelista irlandés James Joyce, el poeta francés Arturo Rimbaud, el bardo francés Paul verlaine, el gran poeta galo Charles Baudelaire, el filósofo germano Federico Nietszche, el bardo alemán Enrique Heine, el genial poeta gay irlandés Oscar Wilde, los pintores Vicente Van Gogh y Paul Gauguin, además del gran pintor español Francisco de Goya y el gran fabricante de armas Samuel Colt, padre del revólver.

Benito Mussolini, dictador italiano cuyas locuras espeluznaban a muchos, también padeció de sífilis, pero no se ha podido confirmar si efectivamente Cristóbal Colón la padecía. Pedro I de Rusia contrajo su sífilis de Catalina, quien antes de ser su consorte y luego emperatriz, fue una prostituta llamada Martha Skavronskaya. La nobleza menor también se vio azotada por sífilis.

El Marqués de Sade contrajo sífilis tras un romance tempestuoso con Laura de Lauris. Lord Randolph Churchill padre del gran Sir Winston Churchill la adquirió en sus correrías de burdeles antes de casarse con Jennie Jerome. La bailarina y cortesana Lola Montez se dio el lujo de infectar al pianista y compositor húngaro Franz Liszt, pero ella misma murió loca, pobre y en desgracia en Nueva York.

No sería Franz Liszt el único músico en verse afligido por la sífilis, ya que Franz Schubert (que además tenía fama de no lavarse nunca) la contrajo con la meretriz cuyas caricias le inspiraron la Sinfonía Inconclusa. El hermano de Francisco José I-Maximiliano- contrajo la sífilis en un crucero sexual que hizo en un yate por el Brasil, y luego llevó esta enfermedad a su adoradora esposa Carlota de Bélgica. Ambos estaban destinados a ser los emperadores artificiales de México. Tras la ejecución del emperador Maximiliano, Carlota enloqueció y fue recluida.»

La sifilis en la historia Zar Ivan Enrique VIII y Pedro de Mendoza

La Sífilis en la Historia:

sifilis en la historia

La Enfermedad                  Iván El Terrible                 Enrique VIII                Pedro de Mendoza

El contagio microbiano

En el siglo XVI, hace su la aparición una enfermedad nueva, tan temible como temida: la «gran viruela», a la que el médico poeta italiano Fracastor dará en el año 1530 el nombre que lleva desde entonces, la «sífilis».

¿Esta enfermedad llegó en la tripulación, cuando Cristóbal Colón llegó de regreso de la Española por primera vez a Palos, el 15 de marzo de 1493, o la segunda vez a Cádiz, el 11 de junio de 1496? Esto parece hoy poco probable, tan rápida fue la difusión de la sífilis en el último decenio del siglo XV y el primero del XVI. Veamos como autores de finales del siglo XV y de principios del xvi describen las primeras manifestaciones.

El primer texto que hace alusión a la sífilis es un corto poema de 124 versos, De scorra pestilentiali, compuesto antes de 1496 por un profesor de derecho de Estrasburgo, Maria Sebastian Brandt, y publicado en 1498 en sus Carmina.

El segundo es igualmente un poema, de Joseph Grümbeck (o Grümpeck), nacido en Burhausen (Baviera), secretario del emperador Maximiliano de Austria: De la Mentulagre, enfermedad pestilente desconocida durante los siglos precedentes, escrito entre 1496 y 1506 (Mentulagre es una palabra formada por el autor partiendo de méntula = miembro viril y del griego agreó =yo tomo).

Grümbeck escribió también en la misma época un Tratado de la scorre prestilentiae o mal francés, conteniendo su origen y tratamiento (aquí adopta el término scorre, partiendo del griego Skb = impureza, basura). Hallándose en Augsburgo le llama poderosamente la atención el poema de Brandt y decide reunir a su vez todo lo que se sabe sobre esta extraña enfermedad y los remedios que conviene utilizar.

 En realidad la astrología tiene un papel importante en las concepciones nosológicas de Grümbeck (como en las de Brandt, por otra parte). Y, como es de esperar, el mejor auxilio llega todavía Je Dios.

Sin embargo, la primera afirmación del posible origen americano de la sífilis se encuentra en una obra de un médico sevillano, Rodrigo Díaz de la Isla, escrito entre 1504 y 1506: Tratado llamado Fruto de todos los santos, contra la enfermedad serpentina, venida de la isla Española. Asegura que a lo largo del viaje de regreso de la Española, uno de los hermanos Pinzón, piloto de Cristóbal Colón, habría sufrido una extraña enfermedad de la piel; él mismo habría curado en Barcelona a marineros afectados por esta enfermedad.

En 1497, Nicola Neoniceno publica en Venecia un libelo titulado Libellus de epidemia quam vulgo morbum gallicum vocant (Libro sobre la epidemia llamada comúnmente mal francés).

En fin, en 1498, el español Francisco López de Villalobos (nacido en 1474 en Villalobos, en la diócesis de León) publica en Salamanca un poema titulado Sumario de la Medicina, en romance trovado, con un tratado sobre las pestíferas bubas. Todavía, en este caso, se trata de un poema. En 76 estrofas de 10 versos, el autor expone todo el saber de su época concerniente a la sífilis, muy reciente puesto que había aparecido cinco años antes en el Viejo Continente.

López Villalobos observó la sífilis con un espíritu muy médico, y la describió perfectamente. Se trata sin duda de una enfermedad cutánea nueva. Es contagiosa y comienza siempre en el órgano con el cual se comete el pecado de lujuria: es una pequeña llaga dura, indolora, negruzca, a la que acompañan ganglios inguinales. Algún tiempo después aparecen síntomas generales: fatiga, abatimiento, dolores de cabeza, trastornos del sueño; después erupciones cutáneas: manchas, pápulas, vesículas, tubérculos, escamas; dolores articulares; en fin, lesiones óseas, sobre todo en la cresta de las tibias; y úlceras gomosas. Se trata, pues, de una enfermedad general, rebelde a todas las medicaciones.

Hay que citar todavía un autor, el caballero Ulrich von Hutten, que publica en 1519 un opúsculo titulado De guaiaci medicina et morbo gálico, que alcanza en su momento un gran éxito. El autor no es médico, ya que se trata de un truculento hombre de guerra, por suerte humanista. Pero conoce bien la sífilis, pues ha sido cruelmente atacado por ella. Escribe su obra para divulgar mejor el tratamiento por medio de madera de Guayaco, que al parecer a él le dio buen resultado.

Señalemos también los pasajes dedicados a esta enfermedad en la Practica in arte chirurgica, de Juan de Vigo (1460-después de 1517), médico del papa Julio II, aparecida en 1514. Las páginas que consagra a la sífilis figuran entre las más interesantes de su tratado (constituyen el libro V):

«En el mes de diciembre del año 1494 (año en que el rey Carlos Vil pasó los Alpes con el ejército francés para reconquistar el reino de Nápoles), se extendió por casi toda Italia una enfermedad de naturaleza hasta entonces desconocida. Los franceses le llamaron entonces mal de Ñapóles, pues pretendían haberla contraído en Ñapóles y llevado a su país. Los napolitanos, por su parte, le dieron el nombre de mal francés, porque se había manifestado y extendido por primera vez en Italia en la época de la expedición francesa.

Los genoveses la llamaron por su parte lo male de le tavelle, los toscanos lo male de le bulle, los lombardos lo male de le brosule y los españoles las búas. Cada pueblo, en una palabra, le asignaba una denominación según su conveniencia. Poco importa, por lo demás, tal o cual denominación, lo esencial, para nosotros, es saber tratar y curar esta enfermedad.

«El contagio del que ella deriva se realiza sobre todo por el coito,es decir, por el comercio sexual de un hombre sano con una mujer

enferma o inversamente de un hombre enfermo con una mujer sana.» Los primeros síntomas de esta enfermedad se daban casi invariablemente en los órganos genitales, es decir, en la verga o en la bulva. Consistían en pequeños granos ulcerosos, de una coloración marronácea y lívida, a veces incluso negra, otras ligeramente blanquinosa. Estos granos estaban delimitados por un anillo de una dureza callosa.

»Por más que se combatieran estos primeros granos con toda suerte de remedios interiores, raramente se lograba impedir que su veneno se extendiera por todo el organismo. Se producían entonces sobre las partes genitales nuevas ulceraciones, tan difíciles de curar como prontas a reproducirse después de su curación. Después la piel se cubría de granos encostrados y de pápulas salientes parecidas a pequeñas verrugas. Estas erupciones llenaban sobre todo la frente, el cráneo, el cuello, el rostro, los brazos, las piernas y a veces incluso se extendían por toda la superficie del cuerpo…»

El primer autor francés que escribió sobre la sífilis fue el médico de Rouen Jacques de Béthencourt, autor de una Nueva cuaresma de penitencia y purgatorio de expiación para uso de los enfermos afectados del mal francés, o mal venéreo…, aparecida en 1527. Él es el primero en haber sustituido por el nombre de «mal venéreo» (morbus venereus) las expresiones utilizadas hasta el momento para designar la enfermedad:

«Se hace la injuria a algunos santos de atribuirles esta enfermedad. De ahí que se le llame «mal de San Sementé», o «mal del santo varón Job», etc. Es una indignidad, es una profanación imputar a tales santos un mal vergonzoso que deriva de las pasiones culpables, y que tiene su origen primero en un coito impuro… Rechacemos, pues, estas denominaciones sacrilegas y, considerándolo todo bien, demos a este mal el nombre que mejor le conviene, el de «mal venéreo».

Pero será sobre todo el gran poema de Girolamo Fracastoro (nacido en Verona en 1478 y muerto en 1553) Syphilis, sive morbus gallicus, el que alcanzará un gran éxito incluso cuando no aporta gran cosa nueva respecto al conocimiento semiológico de la enfermedad.

Girolamo Fracastoro nació en Verona en 1478 en el seno de una familia donde se hallan médicos ilustres. Su infancia ya fue objeto de leyendas. Se dice que había nacido con la boca cerrada y que fue necesaria una operación para abrírsela. Algunos meses más tarde su madre es herida por el rayo con el niño en brazos y el bebé resulta indemne. Dotado de una memoria prodigiosa se aplica al estudio de la filosofía, luego de las ciencias, lo que le merece una distinción por parte del cardenal Bembo, uno de los más célebres humanistas del siglo XVI.

Fuente Consultada: Historia Cultural de la Enfermedad Marcel Sendrail El Siglo de la Enfermedad Contagiosa

Francis Drake Pirata de la Reina Isabel I de Inglaterra Biografia

HISTORIA DE FAMOSO CAPITÁN FRANCIS DRAKE

historia sobre el oro

Las expediciones inglesas constituyen una página gloriosa en la historia de la navegación y preparan el predominio británico en los mares.

El héroe admirado y temido de los españoles es Francis Drake, el lugarteniente de Hawkins en San Juan de Ulúa. Había nacido en Tavistock, en el condado de Devon, hacia 1540, a lo que se dice en la cala de un navío.

Después de la derrota de John Hawkins en San Juan de Ulúa, había concebido contra los españoles un odio terrible, que con la codicia fue el móvil de toda su vida.

No tuvo España enemigo más tenaz, más peligroso y más inteligente. No nos es posible señalar sino un resumen muy somero de sus ataques al Imperio español.

n 1572 saqueó a Nombre de Dios, en el Atlántico, llave del istmo de Panamá y lugar de concentración de los tesoros que del Perú venían a España; atravesó el istmo y dio vista al Pacífico.

Aún más atrevido fue el viaje efectuado en 1577.

Pasó el estrecho de Magallanes, saqueó a Valparaíso y Arica, y en el Callao, el puerto de Lima, se apoderó de un galeón cargado de oro.

Prosiguió el viaje por el Pacífico, hacia el Norte, saqueando ciudades y apresando navíos hasta la bahía de San Francisco, y luego regresó dando la vuelta al mundo por el océano Indico y por el Atlántico.

El 3 de noviembre de 1580 llegaba a Plymouth. (Fuente Consultada: Historia de Canarias)

Biografía de Francis Drake: Nació en 1543 en Portobelo, Inglaterra. Fue un marino y navegante que se formó desde muy joven con John Hawkins, un famoso capitán de la marina inglesa.

Inició su fama de pirata al atacar los puertos españoles del Caribe 1572 , que luego a entrar en el océano Pacifico saqueo el puerto de Nombre de Dios en Panamá apoderándose de un gran cargamento de oro y plata.

Al servicio de los Hawkins pudo Drake aprender todos los secretos de los océanos, la navegación
en alta mar y las principales rutas marítimas.

En 1577 partió con cinco naves y con una tripulación de mas de cien hombres, rumbo a las colonias españolas en el Pacifico, cumpliendo una misión secreta a pedido de la reina Isabel I de Inglaterra.

Llegó al Río de la Plata luego de cruzar el Atlántico, y se dirigió al estrecho de Magallanes para seguir viaje en 1579 rumbo a las Malucas , Java y Céleles en Indonesia, retornando a Inglaterra en 1580, y siendo recibido con honores como el primer marino inglés en circunnavegar el mundo, hazaña hecha por primera vez por España, iniciada por Magallanes y concluida por Sebastián Elcano.

Drake fue un pirata al servicio de la Reina Isabel I, saqueando enormes fortunas en oro y plata a los barcos españoles.

Fue condecorado con el titulo de SIR en una ceremonia arriba de su famoso barco el Golden Hind. También fue ministro del Parlamento entre 1584 y 1585. (imagen del barco)

Fundó el primer asentamiento inglés del Nuevo Mundo, en la isla de Roanoke (a la altura de Carolina del Norte).

La tradición atribuye a Drake la introducción del tabaco en Inglaterra, precisamente al regreso de este último viaje.

Golden Hind

Debido a las disputas entre Inglaterra y España, Drake también por encargo de la reina, atacó el puerto de Cadiz destruyendo parte importante de la flota.

Dos años mas tarde cuando los españoles enviaron su Armada Invencible contra Inglaterra, Drake luchó contra ella como vicealmirante en la batalla del Canal de la Mancha.

Dirigió con acierto una de las divisiones de la armada Inglesa, mandada por lord Howard Effingham (1536-1624), a quien superaba con sus dotes de marino.

Aprovechó la mayor maniobrabilidad de las naves inglesas y el mayor alcance de su artillería. Desempeñó también un papel importante en la decisiva acción de Gravelinas.

Drake se embarcó posteriormente en una larga y desastrosa campaña contra la América española, en la que sufrió varias derrotas consecutivas.

Cuando cumplió con el encargo de atacar Puerto Rico, los artilleros españoles del castillo de El Morro alcanzaron el puente de su barco, pero Drake sobrevivió.

Poco después, atacó de nuevo San Juan de Puerto Rico, volviendo a ser derrotado.

La historiografía actual considera que el gran talento de este irrepetible personaje no fue su capacidad de innovación, sino su brillantez como capitán y sus innumerables recursos a bordo

A mediados de enero de 1596, a los 56 años, enfermó de disentería.

El 28 de enero murió frente a las costas de Portobelo, Panamá, después de haber hecho testamento en favor de su sobrino Francis; el mando de la expedición quedó a cargo de Sir Thomas Baskerville.

A manera de entierro, su cuerpo fue lanzado al mar en un ataúd lastrado.

UN VIDEO SOBRE FRANCIS DRAKE

 

 

Las bases de una gran potencia: La derrota española de 1588 file el hecho fundamental para que Inglaterra, favorecida por las brillantes dotes de estadista de Isabel I, se convirtiese en una gran potencia naval y colonial. Previamente, la reina puso orden en el caos financiero que dejó María Tudor.

El proceso expansíonista había empezado en 1555 con la creación de la Compañía de Moscú a raíz del descubrimiento y la explotación de los grandes bancos de pesca de Terranova.

Una flota mercante cada día más grande abrió rutas comerciales, que incluyeron el ignominioso tráfico de esclavos africanos.

La corona no vaciló en usar barcos piratas, capitaneados por Hawkins, Drake, Frobisher y otros, que no dieron tregua en las rutas comerciales que explotaban España y Portugal en el Atlántico sur y el Caribe.

En 1584. sir Walter Raleigh fundo la primera colonia inglesa en America del Norte, en Virginia nombre elegido en homenaje a Isabel, llamada la Reina Virgen, y en 1600 se creó la Compañía de las Indias Orientales.

El capital obtenido se invirtió en nuevas empresas comerciales, industriales y financieras por acciones, lo que llevó a crear la bolsa de Londres, en 1571.

Ver: Historia de los Primeros Viajes Comerciale Por El Mundo

Biografia de Oliver Cromwell:Guerra Civil en Inglaterra Ejecucion

Biografía de Oliver Cromwell:
Guerra Civil en Inglaterra

La Inglaterra de las revoluciones

La dinastía de los Estuardo, tentada por la imposición del absolutismo político y el retorno al catolicismo, fue vivamente criticada. La crisis estalló en 1640, durante el reinado de Carlos  I , y se transformó en guerra civil. El rey fue vencido, juzgado y ejecutado en 1649. Cromwell impuso diez años de dictadura puritana.

Luego de su muerte, la Restauración no trajo consigo la estabilidad esperada. La «gloriosa revolución» de 1688 expulsó a Jacobo II, católico convencido, quien tuvo que dejarle el trono a su hija, esposa de Guillermo de Orange, príncipe protestante y adversario encarnizado de Francia.

La pareja real firmó el Bill of Rights, que instituyó el régimen de compartir el poder con las cámaras parlamentarias. Se reafirmó el Habeas Corpus y la Iglesia Católica fue proscripta.

La Inglaterra del fin del siglo, favorecida por tener el primer gobierno moderno fundado sobre el principio del contrato desarrollado por Locke, volvió a poner en marcha una política económica, comercial y colonial agresiva.

Cromwell nació un 25 de abril de 1599 en Huntingdon. Fue el dirigente más importante de la Guerra Civil inglesa, la República y el Protectorado. Murió en septiembre de 1658, su hijo mayor, Ricardo, le sucedió.

HISTORIA Y BIOGRAFÍA DE OLIVERIO CROMWELL (1599-1658)

Fue nombrado en 1653 Lord Protectord vitalicio de Inglaterra.

Ese mismo año se adoptó una nueva Constitución de gobierno que dejaba de lado las leyes fundamentales del país, y que era un esfuerzo para justificar legalmente a la dictadura militar.

Aceptaba la división de poderes pero el Lord podía tomar medidas especiales en caso de desorden y peligro social.

Después de la Guerra de las Dos Rosas, que duró 30 años, Enrique Tudor, fue coronado rey de Inglaterra, con el nombre de Enrique VII, e inauguró la dinastía Tudor a partir de 1485.

A este le sucede Enrique VIII que se sublevó contra la Santa Sede y estableció la religión anglicana, que ha partir del reinado de su hija Isabel I (su madre Ana Bolena), tomó un carácter netamente protestante.

Esta reina es tristemente recordada por las persecuciones que sufrieron los católicos, millares de los cuales fueron

 condenados al último suplicio. Entre las víctimas se cuenta a María Estuardo reina católica de Escocia, que huyendo de una sublevación pide refugio en Inglaterra.

Estuvo 18 años presa y luego se la hizo procesar, enviándola al patíbulo en donde fue decapitada y entregada su cabeza al verdugo. Isabel muere sin sucesión quedando terminada la dinastía de los Tudor, siendo el trono ocupado por los Estuardos.

Uno de ellos fue Carlos I que quiso gobernar sin consultar al Parlamento y durante 11 años se negó a convocar las Cámaras.

Al mismo tiempo quiso imponer la religión anglicana a Escocia, que era plebisterianos, por cuya causa éstos se sublevaron.

Como necesitaba dinero para este conflicto decidió reunir el Parlamento, petición que fue rechazada hasta tanto el rey no cambie su forma de gobernar.

Carlos I reaccionó y se produjo la guerra civil entre los partidarios del rey y los del Parlamento.

Oliverio Cromwell tomó la dirección de los opositores al rey y logró vencer el ejército de Carlos I, éste sin soldados y sin dinero se refugió en Escocia, pero los escoceses lo entregaron al Parlamento, donde fue juzgado y condenado a muerte ante una corte de justicia. Se lo acusó de tirano y traidor.

El Parlamento proclamó la república y Cromwell ejerció el poder sin título alguno. Algunos irlandeses y escoceses se sublevaron porque querían la monarquía, Cromwell los sofocó con sangre.

De todas maneras Cromwell no tenía el mando y el Parlamento se lo negó. Entonces resolvió dar un golpe de estado.

Acompañado de sus soldados entró bruscamente en salón de sesiones y los trató de bebedores a unos, bandidos a otros e insultos por el estilo a los demás.

Luego hizo desalojar el salón, cerró las puertas y se guardó las llaves. Al otro día hizo colocar un cartel en su frente que decía:-Esta casa de alquila-.Dueño absoluto del poder tomo el nombre de Lord Protector. Había llegado al colmo de sus deseos, lo cual le provocó, al tiempo, un miedo sin igual permanentemente.

Los remordimiento lo perseguían a toda hora. Jamás salía sin llevar bajo su vestido una coraza e ir cargado de puñales y de pistolas. Iba siempre acompañado de varios escoltas y nunca dormía dos noches en el mismo lugar.

Tan triste vida sumado a la muerte de su hija Isabel alteró su salud, y en el medio de su negro triunfo murió en 1658 triste y desgraciado.

Le sucedió su hijo que ocupó muy poco tiempo el poder, pues carecía de dotes y carácter para la conducción del gobierno. Nunca fue obedecido.

El hijo de Carlos I, el monarca decapitado, apoyado por un general tomaron nuevamente el poder. Los Estuardos volvieron a gobernar.

Ver: Ejecución de Carlos I de Inglaterra

Después de la muerte del rey, el Parlamento cercenado abolió la monarquía y la Cámara de los Lores, aparte de proclamar a  Inglaterra como república o Commonwealth (1649-1653).

Este no fue un periodo fácil para Cromwell. Como comandante en jefe del ejército tuvo que reprimir el levantamiento católico en Irlanda, los cual llevó a cabo con una brutalidad que le valió la eterna enemistad del pueblo irlandés, así como un levantamiento en Escocia en el nombre del hijo de Carlos I.

LA DICTADURA
Afianzado en el poder —que habría de retener hasta su muerte— se dedicó primero a asegurar el predominio marítimo de las Islas Británicas.

No reparó en medios en la consecución de tal propósito, y forzosamente hubo de chocar con los intereses de los Estados cuyas flotas representaban un elemento muy valioso en el patrimonio nacional.

El primer país que se resintió fue Holanda, y pronto estallé la guerra entre ambos contrincantes.

La flota holandesa, aunque comandada por buenos jefes, debió capitular ante la inglesa, dirigida por Roberto Blake. Inglaterra pasó a ser, así, dueña absoluta del comercio marítimo.

Cromwell, envanecido por tantos triunfos, disolvió el Parlamento, se convirtió en dictador y fue proclamado Lord Protector de la República inglesa (1653).

El Parlamento fue convocado por él cuatro veces y disuelto inmediatamente a la menor señal de disentimiento con su voluntad.

Una de estas asambleas terminó por ofrecer a Cromwell el titulo de rey, pero éste lo rehusó, y designó, en cambio, un sucesor: su hijo Ricardo.

Más adelante hizo su alianza con Francia; los dos Estados lucharon contra España, y Cromwell, como recompensa de las victorias, obtuvo la ciudad de Dunkerque y la isla de Jamaica.

Poco después de estos triunfos de política exterior, Cromwell murió (3 de setiembre de 1658). Contaba 59 años. Tras su muerte, la monarquía reconquistó pronto el trono de Inglaterra.

SOBRE EL GOBIERNO DE OLIVERIO CROMWELL:

Crowwell intentó organizar un Gobierno. Pero no se atrevió a convocar a elección para el Parlamento.

Reunió una asamblea de 140 miembros, que había elegido él mismo atendiendo a su piedad, y que el pueblo apellidó por burla «Parlamento Barebone», del nombre de uno de sus miembros, que usaba el prenombre de «Alabanza a Dios» (Praise God). Aquel Parlamento quiso hacer reformas que desagradaban a Cromwell, y pronto lo disolvió.

El Consejo de los oficiales hizo entonces una Constitución que atribuía a Cromwell un poder semejante al del rey, pero con el título de Lord Protector. Había en ella un Parlamento formado por una sola Cámara, que representaba, mo solamente a Inglaterra, sino a Escocia e Irlanda. Ningún partidario de Carlos I había de ser elector ni elegido (1653).

El Parlamento fue elegido (1654) y pidió cambios en la Constitución. Irritado Cromwell, le declaró disuelto.

Dos años más tarde, Cromwell hizo cambiar la Constitución,, haciéndola más semejante al régimen antiguo de Inglaterra.

Se creó una segunda Cámara, semejante a la de los lores. Se aumentó el poder del Protector: debiai designar los miembros de la segunda Cámara, tenía el derecho de nombrar su sucesor. Se llegó a ofrecer Cromwell el título de rey. Los oficiales le rogaron que rehusase, y no se atrevió a aceptar.

Pero, en la ceremonia de instalación, reanudó los usos de los antiguos reyes, apareció revestido de púrpura y armiño, y en la mano un.cetro de oro (1657).

Cromwell acabó por indisponerse con aquel nuevo Parlamento, y le disolvió diciendo: «El Señor me juzgará a mí y os juzgará a vosotros» (1657). Hasta su muerte Cromwell fue dueño absoluto del poder.

Intentó reorganizar la Iglesia, tomando como pastores a la vez presbiterianos e independientes. Prohibía el culto anglicano, pero toleró todas las sectas protestantes y hasta los judíos.

Cromwell conservó el ejército que había organizado y la flota de guerra creada para combatir a los holandeses. Inglaterra fue entonces la nación más poderosa, de Europa, bastante fuerte para decidir la victoria entre las dos grandes monarquías católicas, debilitadas por largas guerras.

Aun cuando Cromwell fue detestado por parte de las Cortes europeas en calidad de regicida, España y Francia le pidieron alianza.

Cromwell se decidió contra España, la vieja enemiga de los protestantes. Su flota fue a América. Se apoderó de Jamaica, que ha seguido siendo colonia inglesa, capturó los navios españoles que traían la plata de las minas de América (1655).

Luego se alió con Francia y su ejército ayudó a los franceses a batir a los españoles y conquistar Dunkerque , que fue dado a Inglaterra (1658).

Cromwell murió en septiembre de 1658.

Su hijo mayor, Ricardo, le sucedió.

Pero no era puritano ni amante de los soldados. Pronto se puso a mal con el ejército y abdicó (1659). Ya no quedaba Gobierno en Inglaterra.

AMPLIACIÓN DEL TEMA…

SOBRE LAS CENIZAS DEL DICTADOR SE LEVANTARA EL MODERNO ESTADO INGLES
Como lord protector, Cromwell fue enterrado en Westminster, donde ya reposaban tantos reyes de Inglaterra. Su hijo Ricardo le sucedió en el cargo por corto tiempo.

Luego dimitió, y la segunda mitad de 1659 fue de lucha anárquica entre varios jefes.

Por fin, Monk —general que gobernaba Escocia— se dirige a Londres y desde allí llama a Carlos II.

Las condiciones para la restauración monárquica fueron pocas pero importantes.

Carlos declaró una amnistía universal y aceptó las limitaciones que el Parlamento de 1640/53 (el «Parlamento Largo») impuso a la monarquía. El 29 de mayo de 1660 entró triunfalmente en la Capital.

Pero la amnistía no se extendía a los muertos. Los cadáveres de Cromwell, Ireton y Bradshaw —que había presidido el juicio al rey Carlos I— fueron desenterrados, ahorcados, decapitados y destruidos. Carlos II, como su padre, tampoco era muy dado a cumplir promesas.

Varias leyes fueron lanzadas contra sus adversarios. Los nobles, que demostraban no haber aprendido nada, querían restablecer todos los privilegios a la monarquía absoluta. El pueblo que recibió a Carlos II y su séquito con un suspiro de alivio, comenzó a suspirar nuevamente por otros motivos.

Pero Carlos no fue lo peor. A pesar de todo, acordándose de su padre, mantuvo un Parlamento durante dieciocho años. «Voy a mantenerlos hasta que les crezca la barba», decía bromeando.

Su hermano Jacobo II, quien le sucedió, inició una sangrienta y vasta represión. Favoreció a los católicos —el rey se había reconvertido al catolicismo— y desconoció los derechos adquiridos por los Comunes en la guerra civil.

Parecía creer que la única cosa que le había faltado a su padre hubiera sido energía. Se engañaba. Cuando el rey tuvo un hijo varón, en la vejez, que podría estabilizar una dinastía católica, una nueva revolución hace presa del país. Jacobo es expulsado y el Parlamento llama a un príncipe protestante —Guillermo de Orange (Guillermo III), de Holanda, casado con María, hija anglicana de Jacobo—, quien se compromete a respetar los derechos de los Comunes y por la «gentry». Es la «Revolución Gloriosa» de 1688 que da forma al moderno Estado Inglés.

La memoria de Cromwell y de loí puritanos aún era temida. Pero lo; fundamentos del poder de las clase; medias que ellos echaron ya no podían ser removidos.

Muchos niveladores se agruparon en iglesias como la de los cuáquero? que tuvieron un importante papel en el establecimiento de la democracia en Inglaterra y después en los jóvenes; Estados de América. La declaración de principios de la Revolución norteamericana está impregnada de espíritu puritano.

Porque esos hombres, que hoy nos parecen de mentalidad tan rígida, fueron los precursores de la libertad de conciencia y sinceros paladines de la moral pública y privada Ciento cuarenta años después, cuando la Asamblea (el parlamento francés) cortó la cabeza de su rey, muchos recordaron en la tribuna el nombre del regicida que los precedió.

EL EJERCITO:

La Guerra de los Treinta Años fue un periodo de intolerancia religiosa y gran crueldad. Las incesantes batallas convirtieron el centro de Europa en un núcleo de desolación. La marcha de los ejércitos propagó epidemias, a veces más devastadoras que la guerra misma; los fríos inviernos de la «Pequeña Edad de Hielo» obligaron a los civiles a comer gatos, perros y ratas.

En la última etapa de la Guerra de los Treinta Años, se inició la Guerra Civil de Inglaterra. En esta lucha, entre 1642 y 1648, la sociedad, la economía y las familias se dividieron por su lealtad hacia Carlos I o hacia el Parlamento.

En un principio, el rey Carlos tuvo ventaja militar, pues apoyaron su causa los aristócratas que sirvieron como mercenarios en el extranjero. Pero el Parlamento tenía más recursos monetarios.

Inglaterra no contaba con un ejército profesional considerable, pues hasta entonces se creaban y se disolvían las fuerzas armadas según las necesidades.

La disciplina en ambos bandos era laxa, pues los rangos inferiores se habían alistado por la paga y el botín. Como la paga se atrasaba, era común el pillaje tras la victoria. Las tropas vencedoras se alojaban en las casas locales, y los vecinos les temían por su conducta licenciosa.

Oliverio Cromwell, comandante parlamentario, resolvió estos problemas convirtiendo sus tropas en el Nuevo Ejército Modelo, que consistió en 12 regimientos de infantería, de 1,000 hombres cada uno; 11 regimientos de caballería, de 600 hombres cada uno; y 1,000 dragones (infantería montada), equipados con mosquetes y espadas, que generalmente combatían a pie.

Cromwell equipó a sus tropas con mosquetes de pedernal, más seguros que los de mecha, y las vistió con uniformes reglamentarios de color rojo, para distinguirlos del enemigo en el campo de batalla.

Además, el color ocultaba la sangre que brotaba de las heridas, y asi se trataba de evitar que decayera la moral. El rojo fue el color del ejército británico hasta que lo sustituyó el caqui, en 1902, que proporcionaba un mejor camuflaje.

El Nuevo Ejército Modelo constituyó una eficiente fuerza de combate, unida por una fe religiosa común. Cromwell describió sus tropas como «sobrios y honrados cristianos»: ninguno de ellos era mercenario.

Tras el triunfo de Cromwell y la subsiguiente fundación del Reino Unido, el ejército se convirtió en una fuerza importante. El temor al ejército permanente fue una constante en la política británica. Francia no compartía esta desconfianza.

Fuego rápido: Hacia 1610, el mosquete de pedernal reemplazó al mecanismo de mecha: había que prender una mecha para que encendiera la pólvora. Cuando se jalaba el gatillo del nuevo mosquete, un pedernal pegaba contra una placa de acero. Esto producía chispas que encendían la pólvora, que a su vez, prendía la carga dentro del barril, impulsando así la bala. El mosquete de pedernal fue el arma reglamentaría de la infantería hasta que lo reemplazó el rifle accionado por percusión, introducido 200 años después.

Grandes Revolucionarios de la Historia

La Sociedad Estamental Señor Feudal vasallos Ciervos de la Gleba

La Sociedad Estamental: Señor Feudal, Vasallos, Ciervos de la Glebafeudalismo, señor feudal

Origen del sistema feudal: Los caballos de guerra eran costosos y su adiestramiento para emplearlos militarmente exigía años de práctica. Carlos Martel, con el fin de ayudar a su tropa de caballería, le otorgó fincas (explotadas por braceros) que tomó de las posesiones de la Iglesia. Estas tierras, denominadas ‘beneficios’, eran cedidas mientras durara la prestación de los soldados.

Éstos, a su vez, fueron llamados ‘vasallos‘ (término derivado de una palabra gaélica que significaba sirviente). Sin embargo, los vasallos, soldados selectos de los que los gobernantes Carolingios se rodeaban, se convirtieron en modelos para aquellos nobles que seguían a la corte.

Con la desintegración del Imperio Carolingio en el siglo IX muchos personajes poderosos se esforzaron por constituir sus propios grupos de vasallos dotados de montura, a los que ofrecían beneficios a cambio de su servicio. Algunos de los hacendados más pobres se vieron obligados a aceptar el vasallaje y ceder sus tierras al señorío de los más poderosos, recibiendo a cambio los beneficios feudales.

Se esperaba que los grandes señores protegieran a los vasallos de la misma forma que se esperaba que los vasallos sirvieran a sus señores.

SEÑORES, VASALLOS Y FEUDOS

Las revueltas de la Baja Edad Media tuvieron como resultado muchas instituciones nuevas: señoríos, vasallaje, feudos. Los siguientes textos ilustran dos facetas del feudalismo. El primero da cuenta de la cesión que un señor hace de su feudo a un vasallo. El segundo es una declaración clásica del Obispo Fulbert de Chartres en el año 1020, sobre las mutuas obligaciones entre el señor y el vasallo.

Registro de una cesión hecha por el abad Farítio a Roberto, un caballero

El abad Faritio también cedió a Roberto, hijo de Guillermo Mauduit, la tierra de cuatro hides (60 a 120 acres) en Weston, que su padre había heredado de su predecesor, para tenerla en calidad de feudo. Y él deberá de hacer este servicio a cambio, a saber: que siempre que :a la iglesia de Abingdon deba desempeñar su servicio de cabalo, Roberto deberá cumplir la mitad del servicio de caballero para la misma iglesia; es decir, en la protección del castillo, en el servicio militar exterior y en esta parte del mar; en dar dinero en forma proporcional, si el rey es hecho prisionero, y en el resto de los servicios que los demás caballeros de la iglesia desempeñan.

Obispo Fulbert de Chartres
Habiéndome pedido que escribiera algo relacionado con la forma e la lealtad, he anotado de manera breve para ti, con la autoridad de los libros, las cosas que siguen. El que hace un juramento de lealtad a su señor debe tener estas seis cosas presentes en todo momento: lo que es inofensivo, seguro, honorable, útil, fácil y practicable. Inofensivo, es decir, que no debe herir a su señor en el cuerpo; seguro, que no debe herir a su señor traicionando sus secretos o sus defensas en las que descansa la seguridad; honorable, que no debe lastimarlo en su justicia, o de otras formas que atañan a su honor; útil, que no debe herirlo en sus posesiones; fácil j practicable que aquel bien que su señor pueda realizar con facilidad, no lo haga con dificultad, ni que pudiéndose llevar a cabo, sea imposible para él realizarlo.

Que el fiel vasallo deba evitar estos daños es ciertamente propio, pero no únicamente por esto merece él sus propiedades, ya que esto no basta para abstenerse del mal, a menos que también se haga el bien. Por consiguiente, sólo resta que en esas seis cosas mencionadas arriba aconseje y ayude fielmente a su señor, si es que desea que se le considere digno del beneficio recibido y estar a salvo en lo que concierne a la fidelidad que juró.

El señor debe también actuar de manera recíproca con su fiel vasallo en todas estas cosas. Y si no lo hiciere así, será considerado con toda justicia culpable de mala fe, al igual que el primero, en caso de que se le sorprendiera evitando o consintiendo el incumplimiento de sus deberes y, en ese caso, sería desleal y perjuro.

DECADENCIA:  El feudalismo alcanzó el punto culminante de su desarrollo en el siglo XIII; a partir de entonces inició su decadencia. El subenfeudamiento llegó a tal punto que los señores tuvieron problemas para obtener las prestaciones que debían recibir.

Los vasallos prefirieron realizar pagos en metálico (scutagium, ‘tasas por escudo’) a cambio de la ayuda militar debida a sus señores; a su vez éstos tendieron a preferir el dinero, que les permitía contratar tropas profesionales que en muchas ocasiones estaban mejor entrenadas y eran más disciplinadas que los vasallos. Además, el resurgimiento de las tácticas de infantería y la introducción de nuevas armas, como el arco y la pica, hicieron que la caballería no fuera ya un factor decisivo para la guerra. La decadencia del feudalismo se aceleró en los siglos XIV y XV.

Durante la guerra de los Cien Años, las caballerías francesa e inglesa combatieron duramente, pero las batallas se ganaron en gran medida por los soldados profesionales y en especial por los arqueros de a pie. Los soldados profesionales combatieron en unidades cuyos jefes habían prestado juramento de homenaje y fidelidad a un príncipe, pero con contratos no hereditarios y que normalmente tenían una duración de meses o años. Este ‘feudalismo bastardo’ estaba a un paso del sistema de mercenarios, que ya había triunfado en la Italia de los condotieros renacentistas.

El Negocio de la Esclavitud Esclavos africanos inmunes a la viruela

El Negocio de la Esclavitud-Esclavos Africanos Inmunes a la Viruela

Los españoles comenzaron a importar esclavos africanos, que eran menos propicios a contraer la viruela. Esta enfermedad, de las más mortales para los europeos y en grado superlativo para los naturales del Caribe, se había propagado a África, de modo que los africanos habían desarrollado inmunidad natural.

Los primeros esclavos africanos fueron comprados a los barcos portugueses hacia 1530, comenzando así un comercio que iría en rápido aumento durante los siglos dieciséis y diecisiete, para alcanzar su máximo desarrollo en el dieciocho.

Asimismo, en el siglo dieciséis, los españoles se dieron cuenta de que la mano de obra esclava volvía altamente rentable la cosecha manual de la caña de azúcar, que habían sembrado en la Española y otras islas del Caribe. Así que compraron más esclavos. Hacia 1700 llegaban anualmente 4.000 esclavos a las islas dominadas por los españoles.

Los ingleses, que desarrollaban en 1607 su primer asentamiento permanente en Norteamérica, en Jamestown, Virginia, no tardaron mucho en iniciar la importación de esclavos. Poseían también un cultivo lucrativo que exigía gran cantidad de mano de obra: el tabaco. En 1619 los nuevos virginianos comenzaron a utilizar esclavos en sus plantaciones.

El Negocio de la Esclavitud

Portugal llevó tantos esclavos a Brasil que, hacia 1800, la mitad de la población de ese inmenso país era de ascendencia africana.

El tráfico de esclavos fue, entre 1500 y 1800, uno de los más seguros medios de enriquecerse en el negocio de embarques. Los europeos se unieron a los tratantes árabes y a los jefes locales africanos, que podían también hacer fortuna en esta horrible profesión. Holandeses, ingleses, franceses y daneses compitieron con los portugueses en el establecimiento de factorías de esclavos en África.

En 1713, España concedió a Inglaterra el monopolio del suministro de 4.800 esclavos anuales a sus colonias americanas, durante 30 años. El acuerdo se llamó Asiento de Negros. Se ignora el número de personas que fueron capturadas y vendidas, pero alcanza tal vez la cifra de siete millones, solamente en el siglo dieciocho. Una de las razones por las cuales es tan difícil de establecer la cantidad era la elevada mortalidad durante el viaje.

Las condiciones a bordo de los barcos de esclavos, donde la gente iba encadenada en bodegas que medían algo más de un metro de altura, eran penosas. Muchos fallecían en esas sentinas en medio de la inmundicia, la enfermedad y la desesperación. Los marineros arrojaban los cadáveres por la borda, sin ninguna ceremonia.

EN TOTAL, ALREDEDOR DE 10 MILLONES de esclavos africanos se transportaron al Nuevo Mundo entre el siglo XVI y el XIX. Se estima que 50 por ciento de ellos fue embarcado en navíos británicos y el resto en barcos franceses, holandeses, portugueses, daneses y, después, estadounidenses.

Una razón de la asombrosa cantidad de esclavos, naturalmente, era la alta tasa de mortalidad. A los esclavos se les apiñaba en forma apretada en buques de carga, de 300 a 450 por barco, y se les encadenaba en bodegas o calas sin instalaciones sanitarias ni suficiente espacio para permanecer de pie.

Así permanecían durante su viaje a América, el cual duraba por lo menos cien días (véase al recuadro ¿e arriba). La tasa de mortalidad alcanzaba diez por ciento, excepto en viajes más largos, en los cuales, debido a tormentas o vientos adversos, la tasa llegaba a ser más alta. Los africanos que sobrevivían al viaje estaban expuestos a enfermedades ante las que tenían poca o ninguna inmunidad. La tasa de mortalidad era menor entre los nacidos y criados en el Nuevo Mundo. La nueva generación logró inmunizarse ante muchas enfermedades más graves.

Los patrones pocas veces estimulaban a sus esclavos a tener hijos. Muchos de los dueños, sobre todo de las Antillas, creían que era menos caro comprar un nuevo esclavo que criar un niño, desde su nacimiento hasta la adolescencia, para que pudiera trabajar.

Antes de la llegada de los europeos en el siglo XV, la mayoría de esclavos de África eran prisioneros de guerra o muchos trabajaban en el servicio domestico sin salario alguno, solo por la comida.

VIDEO SOBRE EL COMERCIO DE ESCLAVOS

PARA SABER MAS…Se dice que el contrabando significó para los habitantes de Buenos Aires una bendición que llegaba para aliviar la situación de extrema necesidad por la que transitaban sus días. Pero no todas eran alegrías, ya que el puerto también fue la puerta de entrada de epidemias que se propagaron hacía el interior del territorio causando estragos.

Esta situación se vio favorecida por la precariedad de los asentamientos urbanos, especialmente el de Buenos Aires, que no sólo no disponía de un abastecimiento regular de agua potable sino que además se destacaba por la proverbial suciedad de sus calles, donde se multiplicaban alegremente todo tipo de insectos y alimañas.

La viruela, el tifus, la fiebre tifoidea, la difteria y la tuberculosis -por sólo nombrar las más conocidas- merodearon periódicamente por estas tierras y alcanzaron el rango de epidemias en numerosas oportunidades a lo largo de todo el siglo XVII y aún bien entrado el siglo XVIII. Uno de los vehículos más aptos -aunque no el único- para la Introducción de enfermedades fueron los cargamentos de esclavos que llegaban en pésimas condiciones sanitarias. Luego de una penosa travesía, donde los alimentos escaseaban, muchas veces arribaban en pleno invierno sometidos a bajísimas temperaturas y desprovistos de abrigo.

Era de esperar entonces que con frecuencia se dieran situaciones como las que a principios del siglo XVIII denunciaba el Procurador General porteño, al señalar que el facultativo designado para el control de un barco negrero «halló en él trescientos y más negros y negras que habiéndoles reconocido uno por uno, están la mayor parte enfermos con diferentes enfermedades, como ser algunos de ellos con tina, otros con diferentes especies de calenturas… y las restantes con viruelas, las que tiene por enfermedad epidémica…».

La experiencia indicaba que una vez instalada la enfermedad era ir-probable el remedio o la cura, y que les escasos y dudosos especialistas en e arte de sanar no contaban ni con el saber ni con los recursos necesarios para poder detenerla.

Ver: Historia de la Esclavitud En Estados Unidos

Imperio Británico en la India Compañía Indias Orientales Isabel I

Imperio Británico en la India – Compañía Indias OrientalesImperio Británico en la India - Compañía Indias Orientales

La fundación de compañías de las Indias Orientales
Ochenta comerciantes londinenses se reunieron en 1599 para formar la Compañía de las Indias Orientales. Isabel I les concedió el permiso legal en 1600. Los holandeses formaron su propia Compañía de las Indias Orientales en 1602. Los franceses no podían quedarse atrás, y establecieron en 1664 su Compañía de las Indias Orientales.

Por corto tiempo Portugal gozó del monopolio mercantil, como única entre las naciones europeas que poseía las cartas de navegación y los contratos comerciales para transportar los productos asiáticos por mar. ¿Cómo hicieron las compañías para burlar el monopolio portugués? De manera parecida a como ellos lo habían logrado en primer lugar: por la fuerza.

Después de establecer en 1612 su primera factoría en Surat, en la India, los ingleses se desplazaron a otros puertos indios. Fundaron Madrás, en el sureste de la India, en 1612, e implantaron en 1688 un puesto mercantil en Bombay. En Calcuta, sobre el golfo de Bengala, fundada por ellos en 1690, establecieron su centro de operaciones para la India.

El comercio de especias resultó ser un oficio muy arriesgado. Los holandeses tomaron Ambón como base en las Molucas, lejos de los portugueses. Y cuando los mercaderes ingleses intentaron comerciar allí, dieron muerte a los intrusos.

Los holandeses capturaron Jakarta en 1619, ciudad con un excelente y abrigado puerto, situada sobre la costa norte de Java (que hoy forma parte de Indonesia), y le cambiaron el nombre, llamándola Batavia (en recuerdo de los batavos, tribu celta que habitaba los Países Bajos en tiempos de los romanos). La Compañía Holandesa de las Indias Orientales estableció allí su centro de operaciones.

En 1638 se anotaron los holandeses otra primicia: convencieron a los japoneses de que les permitieran desplazar a los portugueses, y tomar ellos la representación exclusiva del comercio europeo en Japón. Para lograr este derecho se comprometieron a no predicar el cristianismo.

La conquista de los Incas Pizarro somete a Atahulpa Caballos y Armas

La conquista de los Incas: Pizarro somete a AtahulpaPizarro Conquista a los Incas

CONQUISTA DE LOS INCAS:
Camino hacia Cuzco:
Como los aztecas en el norte, los incas eran un pueblo dominado por el yugo de imperios peruanos anteriores.

Los incas comenzaron a prepararse en el siglo doce. Hacia 1430, un jefe llamado Pachacuti rechazó una invasión de un pueblo vecino, y siguió luego ensanchando el Imperio Inca hasta alcanzar regiones de lo que hoy son Chile, Bolivia y Ecuador.

Hacia el siglo dieciséis, los sucesores de Pachacuti controlaban más tierra que cualquier pueblo suramericano anterior a ellos. Al igual que los romanos , los incas atrajeron a los líderes de los pueblos conquistados a su redil, recompensando a aquéllos que se les unían y convirtiendo la cooperación en algo más fácil que la resistencia. Como los romanos, también los incas fueron magníficos ingenieros; sus albañiles construyeron fortificaciones de enormes bloques de granito unidos con una perfección tal que la hoja de un cuchillo no lograría penetrar aun hoy en las juntas.

Igualmente notable, en especial en una geografía tan escarpada, fue el mantenimiento que los incas dieron a su red de 30.500 kilómetros de caminos, y el sistema de correos, con mensajeros de a pie a cargo del gobierno, que recorrían esos caminos, y relevos cada 2,4 kilómetros. Por medio de este sistema podían los incas enviar un mensaje a 240 kilómetros de distancia en un día. Los mensajeros mantenían a los líderes locales en comunicación con Cuzco.

El Imperio Inca aún florecía cuando la primera expedición española arribó a la región. En diciembre de 1530, Francisco Pizarro (c. 1475-1541) llegó a las costas del Océano Pacífico en América del Sur con alrededor de 180 hombres, pero, al igual que Cortés, contaba con armas de acero, pólvora y caballos, nada de lo cual era conocido por los nativos. Pizarro también tuvo suerte porque el Imperio Inca ya había sucumbido a una epidemia de viruela. Los incas, como los aztecas, tampoco eran inmunes a las enfermedades europeas. Demasiado pronto, la viruela acabó con las aldeas. Otro golpe de fortuna para Pizarro fue que incluso el emperador murió a causa de la viruela y dos de sus hijos reclamaban el trono, lo cual originó una guerra civil.

La unión del país dependía sólo de la familia gobernante. Bastó a Pizarro vencer a esta familia para ocasionar la ruina de los incas, lo cual logró en 1532 mediante un engaño ruin.

El 15 de noviembre de 1532 Pizarro entró en la ciudad de Cajamarca y, al siguiente día, recibió la visita del Inca a quien -siguiendo el ejemplo de Cortés- tomó prisionero. Tal como lo hiciera Moctezuma en México, Atahualpa siguió gobernando bajo las órdenes de Pizarro; pero pensó en recobrar su libertad y ofreció como precio del rescate una habitación de su palacio llena de oro y dos llenas de plata hasta la altura de su brazo alzado.

El trato fue aceptado por Pizarro, pero, como el cumplimiento de lo pactado tardara más de lo previsto, los españoles se impacientaron, se apoderaron del botín, y dispusieron la muerte del Inca, a quien acusaron de conspirar contra ellos. Entretanto, Almagro, repuesto de su enfermedad, había llegado a Cajamarca en abril de 1533.

Luego de descontar la parte que correspondía al soberano, los españoles se repartieron el tesoro. Pizarro y Almagro se enredaron en oscuras peleas por sus derechos sobre lo conquistado. Esta situación se prolongó durante largo tiempo hasta que finalmente, en 1538, Almagro fue muerto en el Cuzco por orden de Pizarro. Años más tarde, Pizarro murió a su vez a manos del hijo de Almagro.
En 1542 se creó, el virreinato del Perú y la ciudad de Lima -que Pizarro había fundado en 1535- fue designada su Capital. En un principio, el virreinato del Perú abarcó todos los dominios españoles en América del Sur, excepto Venezuela.