Historia del Arte

Biografia de Fernandez de Moratin Leandro Vida y Obra Literaria

Biografía de Fernández de Moratin Leandro Obra Literaria

LEANDRO FERNANDEZ DE MORATlN: Fue el más importante dramaturgo del siglo XVIII español y probablemente el más completo literato de su tiempo.De la común producción dramática del siglo XVIII español, aferrada a las clásicas normas francesas de la literatura del Siglo de Oro, emerge la figura de Leandro Fernández de Moratín.

Hombre de su tiempo que en sus entrañas sintió el grito del romanticismo que se avecinaba, y supo avizorar en la lejanía de los tiempos la gloria permanente de Shakespeare y los valores psicológicos de los personajes de un Moliere.

Leandro Fernández de Moratín fue un literato creador, como se manifiesta en dos de sus obras cumbres: La comedia nueva y El si de las niñas. Frente a la vida fue un hombre esencialmente tímido, y este hecho explica sus vacilaciones políticas en el momento de honda subversión europea provocado por las guerras revolucionarias.

Vida. Su padre, don Nicolás, fue un conocido hombre de letras que tuvo ostensible participación en el proceso de afrancesamiento del teatro español. Nacido en Madrid (1760), el niño Leandro creció en un ambiente de tertulias y conversaciones literarias.

Fernandez Moratin Leandro
Fernandez de Moratin Leandro:Nació en Madrid el 10 de marzo de 1760, hijo de Nicolás Fernández de Moratín y de Isidora Cabo Conde. En su niñez (1764) sufrió las viruelas, que le desfiguraron el rostro y le tornaron el espíritu huraño, tímido y desconfiado. Recibió su primera educación de un preceptor particular; pero luego ingresó en una escuela pública dirigida por un tal Santiago López.

Desde los doce años fue por algún tiempo aprendiz de joyero en la platería de un tío suyo, aunque siempre se distinguió por su afición a la literatura, Obtuvo dos premios en sendos concursos de la Real Academia Española (1779 y 1782). Fue un lector asiduo y un sistemático autodidacta, latinista y profundo conocedor del inglés y el francés.

Se entregó a escribir para el teatro y estuvo en Francia como secretario de la embajada española en Paris (1787). Allí frecuentó teatros v salones, y Trabó amistad con escritores de la éooca.

De regreso a su país (1788), fue protegido por el ministro Godoy. Terminó su primera comedia (El viejo y la niña) y un folleto titulado La derrota de los pedantes (1789), sátira contra los malos escritores. Por las alusiones que contenía ese opúsculo, se granjeó la enemistad y el rencor de algunos artistas.

Se distinguió de sus compañeros de colegio porque no sabía jugar ni compartir sus diversiones. Todo el día se entregaba al estudio o bien asistía a la tertulia literaria de su padre, donde disertaban sesudos varones. De precocísimo ingenio, de espíritu ávido, irónico, vivo y superficialmente agradable, a muy temprana edad empezó a componer versos. Pero su padre, quien deseaba darle una ocupación más provechosa, le puso a trabajar como aprendiz de joyería, en cuyo oficio sobresalió con rapidez. Sin embargo, Leandro persistía en sus aficiones literarias.

Viajó nuevamente por el extranjero (1792-1796), apoyado también por Godoy, y estuvo en París, Londres e Italia, donde tomó conocimiento más directo de las obras y el teatro de esos países, visitó museos e hizo importantes traducciones.

Volvió a España y fue nombrado secretario de Interpretación de Lenguas (1796) y miembro de la Junta de Dirección y Reforma de los Teatros (1799).
Se enamoró de Paquita Muñoz (1798), pero como Moratín no se resolvía por el matrimonio, ella se casó con un militar.

Esta Paquita vendría luego a ser la protagonista de la comedia El sí de las niñas (1806), su obra maestra. Por este tiempo estrenó también otras comedias.

En 1803 se estrenó de El barón. La primera representación de La Mogigata se hizo sin inconvenientes. En enero de 1806 se estrenó El sí de las niñas, producción que fué aplaudida a rabiar.

Cuando la vida de Moratín parecía más segura, el motín de Aranjuez (1808) echó abajo sus más caras ilusiones. Perseguido como favorito de Godoy, se vio obligado a huir a Francia.

Regresó a Madrid con las tropas napoleónicas, y ya jamás dejó de ser el «afrancesado» por excelencia.

Cuando se produjo la invasión de Napoleón Bonaparte a España (1808), se alistó entre los partidarios y colaboradores del rey José, hermano del emperador francés, quien lo nombró director de la Biblioteca Nacional.

Al terminar el periodo de ocupación francesa, tuvo serios contratiempos por su afiliación política, debió retirarse a Montpollier (Francia), luego a Barcelona y nuevamente a Francia (1821). Se instaló definitivamente en París, donde murió al poro tiempo (1828).

Durante la guerra de la Independencia sirvió la causa de José Bonaparte, quien en 1811 le nombró bibliotecario mayor de la Biblioteca real. Introdujo en ella acertadas reformas. Al mismo tiempo, se dedicó a traducir a Moliere. La derrota de los franceses le arrastró en una amarga y triste retirada hasta el castillo de Peñíscola (1813). Aquí sufrió los rigores de un prolongado asedio. Pudo huir de la fortaleza y refugiarse en Valencia.

La comedia moratiniana. («uno hombre de letras. Moratín escribió cinco comedias originales y tres traducciones, aparte de otros escritos. Fue el mejor autor teatral de su siglo, aunque no tan popular como Ramón de la Cruz, un famoso sainetista de entonces.

Sus obras ofrecen el mejor ejemplo del arte dramático neoclásico de España. Expuso por escrito sus ideas dramáticas y censuró a quienes sólo aportaban al teatro malas imitaciones y penurias de talento (La comedia nueva o El café).

Moratin creó la comedia de costumbres del siglo XIII. En la llamada «comedia moratiniana», el autor ha centrado el interés fundamental en el contenido más que en la forma, pese a que la forma ha sido objeto de su preocupación en dos aspectos principales, la lengua y la construcción dramática.

Las obras teatrales de Moratín son razonadas, equilibradas y serenas. Todo es claro en ellas. No hay explosiones de pasión ni de inspiración caprichosa y descontrolada. Obedecen a una lógica estructural interna muy cuidada y medida, sin sobresaltos en el desarrollo ni desenlaces imprevistos.

El diálogo es sobrio, natural y atildado, y es un magnífico exponente del buen español, coloquios, puro y castizo, del siglo.

No es un teatro cautivante ni imponente, pero es ameno y plácido. Los personajes no son caracteres ni tipos humanos, sino simplemente casos de la vida. No hay fuertes personalidades ni tampoco riqueza y variedad. Los protagonistas sobresalen apenas de los personajes secundarios.

Los temas son poco variados, y por lo general, se reducen al conflicto entre los jóvenes y sus mayores.

Como buen representante de su tiempo, Moratín es un racionalista que incorpora la crítica a sus obras: los jóvenes están inhibidos en la expresión de sus sentimientos y pensamientos por el aparato formal de la sociedad y la tradición educativa. Puede inferirse de la lectura de sus obras una intención reformista en Moratín, presentada sin pasión pero en un tono de rápida ironía.

Ofrece este conflicto generacional como una exploración, con cierto sentido satírico, aunque no feroz, aprendido de su modelo francés Moliere.

La lengua se caracteriza por la claridad, la corrección gramatical, la elegancia y la riqueza de vocabularios. Fue «uno de los escritores más correctos y cercanos a la perfección que hay en nuestra lengua» (Menéndez y Pelayo). Pero esta perfección lingüística, más que una perfección creativa y fuerte, es una carencia de defectos, poco profunda y caudalosa.

El vocabulario se enriqueció en su pluma: rescató del olvido frases y voces castizas, lo privilegió por sobre la expresión conversacional del uso común y lo instaló de alguna manera en la línea de los grandes hablistas españoles.

El drama neoclásico adquirió una forma triunfal en manos del Moratín.

Según propia expresión del autor, el teatro consistía en esto: «Imitación en diálogo (en prosa o en verso) de un suceso ocurrido en un lugar y en pocas horas entre personas particulares, por medio de la cual y de la oportuna expresión de afectos o caracteres resultan puestos en ridiculo los vicios y errores comunes en la sociedad y recomendadas por consiguiente la verdad y la virtud» (Prólogo a sus obras).

«El sí de las niñas». Es la obra maestra de Moratín, la mejor comedia de su siglo, y más aún, la mejor producción dramática española después de la muerte de Calderón (1681), según algunos críticos.

Paquita es una hermosa joven de dieciséis años que se ha educado en un convento. Sale de él para desposarse con don Diego, hombre de edad madura. Pero Paquita ama en silencio a don Carlos, un militar, joven como ella y sobrino de don Diego.

Entera entonces ella a su novio del próximo casamiento impuesto por su familia, lo cual perturba al joven pues no se atreve a enfrentar como rival a su tío y protector.

Sin embargo, don Diego alcanza a comprender los verdaderos sentimientos de Paquita y renuncia a sus pretensiones en una actitud generosa de sensatez y respeto por el amor auténtico.

Crítica. Es probable que esta obra encierre un fondo autobiográfico y recoja las experiencias amorosas de Moratín con Francisca (Paquita) Gertrudis, su antigua novia.

La obra responde a la estética neoclásica. La acción se centra únicamente en un asunto, el problema del casamiento (unidad de acción); tiene lugar en un solo lugar, una posada de Alcalá (unidad de Lugar), y se desarrolla desde las siete de la tarde de un día hasta las cinco de la mañana del siguiente (unidad de tiempo).

Envuelve además un propósito educativo y moralizador, que se resume en el epígrafe puesto por el autor al título de la comedia, y tomado de un parlamento de la pieza: «Estas son las seguridades que dan los padres y los tutores, y esto es lo que se debe fiar en el sí de las niñas» (III, 13).

Se hace también una imitación de la realidad y una pintura de caracteres, sobre todo el tío y la niña, que pueden tomarse como ejemplos intemporales e inespaciales del viejo enamorado y la niña que repudia el amor impuesto por las convenciones.

Pese a las limitaciones de la dramaturgia neoclásica, la obra revela el talento teatral, el ingenio y la gracia de Moratín, aunque le falte vitalidad, fuerza, fantasía y riqueza de situaciones.

La sátira es suave y atenuada; no llega a la mordacidad, ni ahonda en la psicología de los personajes. La mesura y la dignidad son en Moratín una consecuencia del control de la inspiración y de la pasión por medio de la reflexión. Ostenta más arte y técnica que imaginación.

En resumen, las características de esta pieza son «regularidad en la acción, absoluta propiedad en los caracteres, intención crítica, fina ironía, brillantez en el diálogo, pureza y elegancia en la lengua» (Miguel Romera Navarro).

Otras obras. Moratín fue un literato de profesión, educado y consagrado a la cultura escrita. Aparte de sus comedias originales y traducidas, escribió una obra de investigación y erudición sobre la dramática española (Orígenes del teatro español), un opúsculo ingenioso contra los malos y pretensiosos escritores (La derrota de los pedantes), poesías y traducciones de Shakespeare y Moliere.

Fuente Consultada: LITERATURA ESPAÑOLA, HISPANOAMERICANA Y ARGENTINA de Carlos Alberto Loprete Editorial Plus Ultra

OBRAS Y EDICIONES: El sí de las nñas. La comedia nueva El Café. Edición, estudio y notas de Francis Donahue. Buenos Aires. Plus Ultra. 1967. Poesías sueltas y obras en prosa. París, Garnier, s. f.

LECTURAS COMPLEMENTARIAS Y ESTUDIOS: Ángel Valbuena Prat, Historia del teatro español. Barcelona, Noguer, 1 956. Ángel Valbuena Prat, Literatura dramática española. Barcelona, Labor, 1930. César Barja, Libros y autores modemos. Nueva York, G. E. Stechert. 1924.

Biografia de Botero Fernando Artista Colombiano Obra

Biografia de Botero Fernando Artista Colombiano
Obra Artística

Artista colombiano (Medellín 1932). Maestro del dibujo y del color, se recrea en conferir un volumen caricatural y exageradamente obeso a sus personajes.

Se dio a conocer en 1957 con su primera serie titulada El festín de Baltasar.

En 1983 ilustró la novela de García Márquez Crónica de una muerte anunciada.

Inicia su actividad artística en 1948 como ilustrador del periódico El Colombiano, al tiempo que participa en su primera exposición conjunta —Exposición de Pintores Antioqueños— Medellín 1948.

Tres años más tarde se traslada a Bogotá y celebra su primera exposición individual (Mujer llorando, 1949).

Es celebre por sus personajes obesos con los que hace una crítica irónica a la sociedad actual.

En 1951 realiza su primera exposición individual en la Galería Leo Matiz y al año siguiente recibe el segundo premio en el IX Salón Anual de Artistas Colombianos.

Con el dinero del premio viaja a Europa, allí estudia a los grandes maestros, sobre todo, del Renacimiento italiano. En 1957 expone por primera vez en Nueva York.

Botero Fernando Artista Colombiano

Fernando Botero (1932- ), pintor, dibujante y escultor colombiano, en el que la monumentalidad, el humor, la ironía y la ingenuidad se combinan con un admirable dominio del oficio y gran talento.

Para Botero no existen fechas de descanso, ni días feriados ni fines de semana. En Navidad está pintando. En su cumpleaños está pintando. En Año Nuevo está pintando.

A su regreso a Colombia gana nuevamente el segundo premio del X Salón Anual de Artistas Colombianos y al año siguiente consigue el primer premio con su obra Cámara nupcial.

Ese mismo año es nombrado profesor de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia.

En 1961 vende su obrA LaMonaLisa a losdoceaños al Museo de Arte Moderno de Nueva York. Realiza sus primeras esculturas en 1973 y llega a exponer en lugares céntricos de varias ciudades, como los Campos Elíseos de París y la Park Avenue de Nueva York.

En 1983 ilustra la novela Crónica de una muerte anunciada de García Márquez. Sus obras más destacadas son: La familia Pinzón, Niños ricos, Amantes, Tres músicos y la familia presidencial, entre otras. Botero ha donado muchas de sus obras a museos de todo el mundo.

Botero ha centrado gran parte de su trayectoria pictórica en escenificar de manera monumental La corrida -serie compuesta por más de 200 cuadros-, de la que es un gran entusiasta: «Desde niño estoy loco por los toros.

Yo quería ser matador… pero, cuando un banderillero me puso delante de un toro de 300 kilos, me dio tal susto que a los dos pases decidí dejarlo».

En el campo de la escultura, sus características mujeres gordas han sido expuestas, en formato monumental, en lugares céntricos de varias ciudades: en Park Avenue de Nueva York, los Campos Elíseos de París o en el Paseo de Recoletos de Madrid.

Fernando Botero es una de las personas más disciplinadas que se puedan conocer. Sus amigos y familiares afirman que él trabaja todos los días de todos los años.

Para Botero no existen fechas de descanso, ni días feriados ni fines de semana. En Navidad está pintando.

En su cumpleaños está pintando. En Año Nuevo está pintando.

El concepto de unas vacaciones, en el sentido de hacer un alto en el trabajo y no hacer nada para reposar durante unos días o unas semanas, para él es inconcebible.

Sin excepción alguna, salvo cuando está de viaje organizando una muestra o exposición, este artista se despierta temprano cada mañana y se dirige a su estudio, en cualquier lugar del mundo, y labora sin pausa hasta las ocho de la noche.

Su vocación es desaforada, y la pasión que siente por su oficio es tan honda que para él no existe mayor felicidad ni mejor forma de pasar el tiempo que trabajando.

Esta escultura figurativa de Fernando Botero se incluye dentro del movimiento posmodernista de finales del siglo XX.

En su etapa de madurez, la pintura y la escultura del artista colombiano se caracterizan por sus formas redondas y amplios volúmenes, como los que se aprecian en esta escultura en bronce.

Importancia de Fernando Botero Como Artista:

El éxito de este colombiano es, en verdad, inmenso. Sus exposiciones más importantes carecen de precedentes en la historia del arte.

En 1992, Fernando Botero exhibió sus esculturas monumentales en los Campos Elíseos de París, con una de las figuras, Torso masculino, ubicada en el centro de la célebre avenida, entre la Plaza de la Concordia y el Arco del Triunfo.

Antes ya lo había hecho en Florencia, en el Forte Belvedere, y también en los bellos jardines de la ciudad de Montecarlo.

Luego vino la exposición en Park Avenue de Nueva York.

En seguida, en el Paseo de la Castellana de Madrid. Después en Chicago, Tokio, Washington, Jerusalén, Sao Paulo y Santiago de Chile.

Más adelante, en la Piazza della Signoria de Florencia (una hazaña sin antecedentes, dicho sea de paso, pues era la primera vez que la ciudad invitaba a un artista a presentar sus obras en ese espacio histórico, al lado de las esculturas inmortales de Cellini, Giambologna y Miguel Ángel).

También  sus piezas gigantescas se exhibieron a lo largo del Gran Canal de Venecia, así como en las plazas y avenidas más concurridas de la capital de Singapur.

En total, Fernando Botero ha expuesto sus famosas esculturas en tres continentes distintos y en más de 20 ciudades principales.

Y en cada ocasión la reacción del público, de los medios y de la crítica ha sido fenomenal.

Cada una de estas muestras ha generado la asistencia de multitudes, y se puede decir que pocos escultores han logrado en vida una difusión de este alcance o una notoriedad comparable.

Así mismo, varios de los museos más Importantes del mundo han expuesto su obra pictórica.

El Grand Palals, de París. El Hermitage, de San Petersburgo.

El Reina Sofía, de Madrid. El Pushkin, de Moscú. El Hirshhorn, de Washington. El Arken, de Dinamarca. El Tamayo, de México.

El Palacio de los Papas, en Aviñón. Al menos seis museos en Japón. Ocho en Alemania.

En años recientes este maestro inauguró exposiciones en Tokio, Singapur, París y Atenas, y también en Roma, Alemania, Zuhch y Corea del Sur.

Fernando Botero ha presentado su trabajo pictórico en todas las capitales de Europa Occidental.

El Museo de Arte Moderno, de Nueva York, compró uno de sus cuadros más famosos.

El Metropolitan Museum tambiér Igual el Vaticano.

Su retrospectiva en el Antiguo Colegio de Sar Ildefonso, en la Ciudad de México, registró más de 218.001 visitantes.

Su exposición en el Musée Maillol, de París, recib’: más de 115.000 espectadores.

A su muestra en Estocolmo con una población de poco más de un millón de habitantes asistieron 110.000 personas: el 10 por ciento de la cliudad.

Es probable que de todos los artistas del momento, Fernando Botero sea el que más exposiciones ha realizado en museos, y de cuya obra se han escrito más libros (aparte de catálogos).

En octubre de 2006 la editorial Taschen, de Alemania, publicó un libro sobre su trabajo en cinco idiomas con un tiraje inicial de 50.000 ejemplares (algo excepcional para ur libro de arte).

Y en noviembre de 2003 la prestigiosa editoria Rizzoli presentó uno de los libros más costosos de producir en su historia, La mujer en el arte de Botero.

En resumen, ningún otro artista vivo cuenta con un curriculum o una trayectoria semejantes.

MUESTRA DE ALGUNAS OBRAS DE BOTERO:

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/obras-botero.jpg

Ampliar Esta Imagen

Fuente Consultada:
Revista de Arte Mundo Botero Un Territorio Vasto y Original
ARISTO Diccionario de Biografías Universales Editorial Visor
Enciclopedia Temática Ilustrada – Biografías – Editorla GL

Corrientes Artisticas del Siglo XX Sus Caracteristicas y Representantes

Descripción de las Corrientes Artísticas del Siglo XX
Sus Características y Representantes

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: En Europa a partir de los inicios del siglo XX una crisis generalizada de valores definió los primeros años. El cambio de centuria debía significar la definitiva ruptura con los moldes del pasado y la construcción de un mundo mejor; sin embargo, Europa vivía tiempos difíciles, que culminarían con la primera guerra mundial, y ya había perdido parte de su papel rector del mundo.

La política colonialista emprendida por algunas potencias a lo largo del XIX comenzaba a volverse contra las propias potencias y las antiguas civilizaciones despertaban a la historia contemporánea exigiendo un creciente protagonismo.

Europa ya no era el centro del mundo y en pocos años quedaría desplazada por el engrandecimiento de los dos colosos que han protagonizado los principales acontecimientos del siglo, los Estados Unidos y la Unión Soviética.

El creciente espíritu científico, los adelantos técnicos y el desarrollo industrial a la vez que habían permitido progresar al hombre le habían creado una profunda insatisfacción en la propia condición humana.

La heterogeneidad que se atisbaba en la segunda mitad del XIX acabó por adueñarse del nuevo siglo y la falta de unidad acabó por ser el rasgo primordial de cuantas manifestaciones culturales llegaban a producirse. Tal heterogeneidad y multiplicidad de propuestas terminó por instalarse también en las artes plásticas.

Se sucedían con una rapidez vertiginosa los estilos artísticos y las manifestaciones individuales, pretendiendo todos ellos romper con los esquemas del pasado y edificar las bases del nuevo arte.

El inicio de una revolución estética hay que atribuirlo al éxito de las primeras vanguardias históricas, las cuales tuvieron el valor de conmocionar el mundo artístico con sus innovadoras propuestas que iban desde la total ruptura con la perspectiva renacentista al empleo más libre y subjetivo del color, pasando por la destrucción de las formas y el culto a la vida contemporánea.

Superando la etapa del impresionismo pictórico las obras de tres pintores geniales, Paul Cézanne, Paul Gauguin y Vincent van Gogh, constituyeron un cambio importante que la decadente sociedad de fin de siglo XIX se negó a aceptar de inmediato.

Cézanne declaraba que había que reducir la naturaleza en lo posible a la geometría, «todo puede concebirse como una esfera o un cubo». Gauguin insinuaba que los fenómenos actuales debían ser sólo un estímulo para visiones más fuertes: «Si veis algo verde, pintadlo lo más verde posible». Van Gogh, por su parte, temía que acabara «por pintar sin mirar la naturaleza».

Resultado de imagen para historiaybiografis.com Vincent van Gogh

Vincent van Gogh

Resultado de imagen para historiaybiografis.com vincent van gogh

Pintura Impresionista de Van Gogh (1889) – La Noche Estrellada: Pintó esta obra cuando estaba internado en un manicomio. Vendió escasas obras en vida, sin embargo esta obra se ha convertido en una de sus más celebres obras de la pintura moderna.

Así, la pintura se separó del mundo visible y, tomando a la letra la recomendación de Cézanne, ya al finalizar el siglo XIX se rebeló contra toda tradición y empezó la experiencia del cubismo.

Pero el cubismo era aún «el mundo como voluntad», un intento de demoler la estructura natural sin percibir todavía la que tiempo después lograrían los expresionistas y postexpresionistas bajo la influencia del psicoanálisis.

Sobre el impresionismo del siglo XIX: la reacción contra las exposiciones oficiales, la investigación sobre la naturaleza física de la percepción del color y la luz ciertas innovaciones técnicas y un concepto moderno del sentido de la vida fueron algunas de las circunstancias del nacimiento del impresionismo.El impresionismo es una escuela pictórica desarrollada en Francia, en la segunda mitad del siglo XIX, que trata de captar la impresión inmediata que produce la visión del natural generalmente al aire libre, por medio de una técnica rápida y directa de pinceladas sueltas y colores puros. El impresionismo hace uso de las nuevas teorías de la época sobre las modificaciones de los colores y su incidencia en la óptica, y el círculo cromático aportado por el científico francés Chevreul. Los impresionistas utilizaron solamente los colores primarios, yuxtaponiéndolos con los complementarios para pintar sombras, y descartando el negro de su paleta.

El historiador del arte Arnold Hauser hace coincidir el impresionismo con el positivismo contemporáneo, fruto de la Revolución Industrial, con su fe en el progreso y en la ciencia. Según este autor, es la culminación de cuatrocientos años de arte occidental, y una afirmación del «arte por el arte».

Sin embargo, a partir del impresionismo, y basándose en sus aportes, surgen las diferentes corrientes artísticas del siglo XX que acompañarán las tensiones y las guerras de ese siglo.

Los diversos movimientos que se suceden, desde entonces hasta 1940, se agrupan bajo el nombre de «vanguardias históricas».

Se usa el término «vanguardias» para aludir a la manera brusca en que estos movimientos se abrieron paso en un contexto artístico que todavía dependía estéticamente de modelos tradicionales, con los que chocaron a causa del radicalismo de sus propuesta.

Algunos de los mas destacados representantes fueron Picasso, Kandinsky, Mondrian, Duchamp, Dalí o Miró .

La causa última de la aparición de las vanguardias hay que buscarla en la multiplicación de las formas de percibir el mundo y su organización.

El arte deja de ser la expresión de un ideal colectivo unitario porque la sociedad no es uniforme. El artista ya no «reproducen» que otros consideraron bello, sino que investiga y encuentra.

Principales Corrientes Artísticas del Siglo XX:

1- Neoimpresionismo

2- Expresionismo

3- Simbolismo

4- Los «Nabis» y el arte oriental

5- Art Nouveau y Modernismo

6- Sintestismo

7- Fauvismo

8- Cubismo

9- Futurismo

10- Dadaísmo

11- Arte Abstracto

12- Pintura Naif

13- Surrealismo

14- Pop-Art

15- Otras Corrientes

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

1- Neoimpresionismo

Antes del neo, tenemos una etapa de postimpresionismo, y se reserva a aquellos pintores vinculados al grupo impresionista que, en un momento dado de su evolución, hacia los años ochenta del siglo XIX, emprender un camino de radicalización formal, que lleva la pintura hacia metas completamente distintas.

Este movimiento fue consecuencia del desarrollo del arte francés desde 1885 hasta los albores del siglo XX. Sus representantes fueron pintores como Paul Cézanne, quienes querían desarrollar, pero también desafiar, los ideales del impresionismo. Cézanne tenía la esperanza de dotar de un sentido del orden a su obra.

Cezanne Paul

Autoretrato de Paul Cezanne

La obra de Paul Cézanne (1839-1906) marca el comienzo de una nueva era en la pintura, la de la modernidad. En los albores del siglo XX, todos los creadores hicieron una referencia explícita a su obra, especialmente Klee, Malevich, Matisse, Mondrian y Picasso.

El término  neoimpresionismo se usó para describir las producciones de Georges Seurat y de Paul Signac. Ambos usaron la técnica del puntillismo, pintando pequeños puntos para formar la escena de la obra. Seurat terminé) su pintura más famosa, Tarde de domingo en la isla de La Grande Jatte en 1886.

La obra pictórica y teórica de Georges Seurat (1859-1 891) constituye el punto de partida de una corriente pictórica denominada divisionismo o puntillismo, que pretendió hacer del impresionismo un procedimiento de representación científica, basado en el análisis de cómo son percibidos los colores por el ojo humano.

Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte” es el cuadro más ambicioso de Georges Seurat y también la obra cumbre del puntillismo. El puntillismo o divisionismo es una técnica pictórica basada en estudios científicos que se habían hecho sobre el color.

Los neoimpresionistas (tambien llamados puntillistas) que siguieron a los impresionistas, profundizaron aún más en las teorías del color, al que aplicaron con el pincel en forma de puntos sobre la tela. Se diferenciaron de los primeros en que mientras éstos pintaban el paisaje que veían, los puntillistas dieron importancia nuevamente a la estructura del cuadro, comenzando entonces el despegue entre la reproducción de lo observado y el cuadro como una creación del artista. Un neoimpresionista no comenzará un cuadro sin haber decidido su composición.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

2- Expresionismo

Pintores que se formaron dentro del impresionismo, como Cézanne, Van Gogh y Gauguin, luego crearon nuevas corrientes que cambiarían el lenguaje pictórico del siglo XX. El expresionismo se desarrolló principalmente en Alemania, entre los años 1900 y 1925, a través de dos corrientes: Die Brüeke (El Puente) y Der Blaue Reiter (El jinete azul). Para ellas la renovación no debía ser «solamente formal», sino que debía «dar origen a un pensamiento nuevo».

Die Brüeke: El grupo Die Brüeke, fundado en Dresde en 1905, reunió a Ernst Ludwig Kirchner, Emil Nolde, Otto Müller, Max Pechstein y Karl Schmidt-Rottluff. El movimiento fue disuelto en 1913. Sin embargo, a partir de 1910, el término «expresionismo» comenzó a ser utilizado frecuentemente.

Der Blaüe Reiter: Este movimiento fue fundado en 1911 en Munich por Wassily Kandinsky y Franz Marc, después de que éstos se retiraron de la Nueva Asociación de Artistas, creada por Alexis von Jawlensky.  Con la Primera Guerra Mundial, el movimiento se disolvió y los artistas tomaron caminos divergentes en su búsqueda por crear el arte moderno. En la década de 1930, los nazis condenaron el expresionismo alemán por considerarlo «degenerado» y numerosos pintores emigraron a Estados Unidos.

El expresionismo se inspiraba fundamentalmente en Vincent van Gogh y Edvard Munch, que veían en el color algo más que una posibilidad ofrecida a la pintura para abandonar la convención que aún la unía a la realidad óptica. Ellos consideraban el color y la forma como un todo que se prestaba para expresar las emociones y las pasiones humanas, sobre todo el dolor, y en primer lugar el propio.

El grito, pintado por Munch en 1893, contenía el germen del manifiesto plástico de esta corriente. De hecho, cuando en 1905 fue invitado a la inauguración de la primera exposición del grupo Die Brüeke, Munch se persignó y abandonó el lugar sin decir una palabra.

Aunque el expresionismo tiene antecedentes anteriores a Van Gogh, en la pintura y también en la literatura, éste se convierte en el paradigma de esa escuela de Van Gogh se interesa más por lo que tiene que transmitir que por el orden y la construcción del cuadro. Si deforma la realidad y utiliza colores violentos es para sacudir al espectador y hacerle llegar su mensaje. Dijo Van Gogh que había querido pintar con el rojo y con el verde las terribles pasiones humanas. Esta corriente arraigó más en los países nórdicos. E expresionismo se conmoverá con los acontecimientos sociales y las injusticias, y su producción estará al servicio de la denuncia. Como reacción contra el impresionismo y el realismo del siglo XIX, intentó penetrar hasta la esencia de las cosas; no le alcanza con reflejar la apariencia real.

En una época amenazada por la Primera Guerra Mundial, el hombre, angustiado, busca el sentido de su existencia. Su sentimiento ante la realidad es el sufrimiento y su búsqueda es la redención del hom bre. Desconfía de los adelantos científicos que prometen resolver los problemas de la sociedad.

Por otra parte, Georges Rouault, representante de expresionismo francés, crea un nuevo arte religioso que desnuda la íntima experiencia del individuo. Lo hace deformando la realidad y utilizando el color como recurso expresivo.

Podrían situarse tres períodos en la historia del expresionismo.

La primera, a fines del siglo XIX, con los precursores directos Van Gogh (del que ya hablamos), James Ensor (pintor belga que pintó cuadros de máscaras grotescas) y Edward Munch (noruego, que participó también del simbolismo y el modernismo; de sus cuadros, El grito es quizá el más conocido). Al mismo tiempo, en literatura se destacan Enrik Ibsen (noruego) y Johan August Strindberg (sueco) que escriben obras de teatro donde con ironía y amargura combaten la imagen aerifica -que consideraban falsa- que pretendía dar el arte oficial.

La segunda etapa puede situarse desde 1905 con la creación del grupo del Brüeke («puente») que agrupa a artistas alemanes eximios grabadores en madera. A partir de allí, el expresionismo agregará al uso del color violento, la utilización dramática del blanco y negro, como se verá en el cine expresionista alemán como El gabinete del Dr. Caligari de 1920.

La tercera etapa del expresionismo puede situarse a partir de la primera guerra mundial, donde los pintores, que eran pacifistas, representaron la locura en que se veía envuelta la sociedad.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

3- Simbolismo

Frente al carácter sensorial del impresionismo, las tendencias simbolistas aspiran a sugerir ideas a través de formas y colores. Fue una verdadera reacción contra el Realismo y el Impresionismo, el Simbolismo surgió alrededor de 1890. Sus representantes exploraron el mundo de la fantasía. Mediante metáforas, intentaron transmitir sus propias ideas acerca de los misterios de la vida. Algunos, por ejemplo, se inspiraron en la Biblia, mientras que otros se basaron en los fantasmas y los espíritus. Paul Gauguin pasó parte de su vida en Tahití, lugar de inspiración de la pintura Upa upa (danza del fuego de Tahití).

El fin del siglo XIX es la época de la burguesía triunfante. La sociedad parisiense vive tranquila y gozosa, como si ningún peligro la amenazara. Es un tiempo en que la alta sociedad está «en el mejor de los mundos». Al mismo tiempo, el malestar que afligía a los intelectuales y que se llamó «fin de siglo», fue el de una generación apática, que no encontraba salida a su esterilidad espiritual.

Dice el teórico del arte Maurice Denis con respecto a esta época:

«Nuestro arte era un arte de salvajes, de primitivos. El movimiento de 1890 provenía a la vez de un estado de extrema decadencia y de un fermento de renovación. Es el momento en que el nadador que se sumerge da con un fondo sólido y vuelve a subir» (Théories, 1890-1910).

Contra el materialismo reinante surgieron escritores y pintores que plasmaron su producción en una línea mística, a veces con influencia de religiones orientales. Se llamaron simbolistas porque reflejaban en sus obras una idea, un símbolo.

Se origina así el simbolismo, que podríamos llamar a una corriente artística internacional que trata de evocar ideas inmateriales o suscitar emociones espirituales, a través de imágenes, colores y formas alejadas de toda descripción física o real. Sus temas, inspirados en la religión, la mitología o en ritos o actitudes misteriosas, adquieren valores simbólicos. Los simbolistas recuperan el interés hacia lo místico frente a lo natural, de lo enigmático frente a lo comprensible, y, sobre todo, de lo intelectual frente a lo sensorial.

A esta corriente pertenecen tanto artistas formados en la tradición romántica, como Gustave Moreau (1 826-1 898), Pierre Puvis de Chavannes (1824-1898) u Odilon Redon (1840-1916), como otros que asimilan procedimientos derivados del impresionismo, case de Gauguin, cuya obra tiene un claro componente simbolista. Por consiguiente, puede decirse que el simbolismo es más un talante que un estilo unitario, receptivo a muchas de las conquistas formales modernas.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

4- Los «Nabis» y el arte oriental

Mientras toda Europa interpretaba el impresionismo, en París se hacían propuestas artísticas cada vez más radicales, basadas en el aprovechamiento de los rudimentos esenciales en la tarea de pintar, como son los colores. La autonomía de este elemento es capital para comprender la revolución que anuncian los nabis y llevan a cabo los fauves.

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/nabis.jpg

Paul Gauguin – Visión del sermón (1888)

Hacia 1900, un grupo de pintores seguían, al pie de la letra, los consejos de Gauguin respecto a extremar el tono de los colores de las cosas, es decir, pintar el azul de las sombras con azul ultramar puro, las hojas rojizas de los árboles de bermellón, etc. Así, el color se convirtió para ellos en una especie de revelación mística esencial. Se dieron a sí mismos el nombre de nabis, que, en hebreo, significa «profetas»

Los Nabis («profetas» en hebreo) tenían una tendencia más decorativa que los simbolistas. Provenientes algunos de este último movimiento, estuvieron influidos por el arte del Extremo Oriente. Desde mediados del siglo XIX comenzaron a llegar estampas japonesas a Europa que entusiasmaron a los pintores por el uso extremadamente libre que nacían del color y por el encuadre original. Además, en 1890 se inauguró en la Escuela de Bellas Artes de París una exposición de arte japonés que fue muy visitada por los pintores del momento. Su influencia se hizo notar en pintores como Van Gogh, Gauguin, Toulouse Lautrec y los Nabis.

Maurice Denis, teórico de los Nabis, conoció a Gauguin, quien le enseñó a intensificar los colores y a rechazar el arte de las academias. Denis pronunció la sentencia que definió su concepto de pintura y que guió a muchos artistas: «Se ha de recordar que un cuadro, antes de ser un caballo de batalla, una mujer desnuda o una anécdota cualquiera, es esencialmente una superficie plana recubierta de colores unidos en determinado orden».

También formuló una «teoría de las equivalencias», que afirma que las emociones o estados de ánimo se traducen, en la imaginación de un artista, en signos que son equivalentes plásticos capaces de traducir esas emociones.

Paul Gauguin, uno de los iniciadores del grupo Nabí, se diferenciará de Van Gogh en que centrará más su interés en lo decorativo. De este modo, simplifica el dibujo y cubre grandes superficies con colores planos y brillantes.

El grupo Nabí estaba unido por una búsqueda espiritual. Se interesaron por la filosofía, la teología y la teosofía y estudiaron religiones orientales. Uno de los propósitos de los Nabis fue el de embellecer el ámbito de la vida cotidiana. Varios de ellos decoraron estudios, capillas, vidrieras y carteles publicitarios. También diseñaron mobiliario e incluso azulejos. Quisieron liberar el arte promoviendo originalidad y fantasía.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

5- Art Nouveau y Modernismo

El art nouveau tuvo su apogeo en 1900, con la Exposición Universal de París, pero fue rápidamente abandonado, y desapareció durante la Primera Guerra Mundial. Resurgió en la década de 1960, y despertó un gran entusiasmo, estimulado por una especulación desenfrenada por las piezas que habían sobrevivido a la destrucción masiva. De hecho, esta corriente artística frecuentemente desprestigiada representaba el primer intento por llevar a nivel internacional el modernismo. En ese sentido, este arte del cambio de siglo tradujo las aspiraciones y contradicciones de una época en crisis.

El arte de 1900 y sus corrientes
Los orígenes del art nouveau son múltiples y difusos, pero se estima que el anhelo de belleza de los Nabis se encadenó con movimientos similares en otros países, que buscaron una salida al creciente avance de la industria. Fue una corriente esteticista que se llamó Art Nouveau en Francia, Modern Style en Inglaterra, Jugendstil en Alemania, Sezession en Austria, Liberty en Italia y Modernismo en España.

Aunque tuvo características diferentes en cada país, algo común a todas fue el acercamiento a la morfología de la naturaleza. El rasgo dominante fue la línea curva expresada a través de ondulantes tallos, copas de follaje y flores. Entre ellas asomaban soñadoras doncellas de largas cabelleras y vaporosos vestidos. Predominaba el arabesco tomado del arte japonés, las tintas planas y el efecto decorativo. Este estilo se impuso en todo tipo de producción artesanal, lámparas, vitrales, muebles y diseños.

En Barcelona, España, es notable la obra del arquitecto (calificado como modernista, pero con un estilo muy personal) Antoni Gaudí, con sus edificios residenciales de ondulantes frentes, algunos recubiertos de azulejos y con la herrería de balcones diseñada por él. También trabajó en el parque Güell, un paseo desde donde se puede contemplar la ciudad. La Iglesia de la Sagrada Familia, su obra más importante, hecha en estilo modernista pero imitando el gótico, se interrumpió al morir Gaudí en 1926.

Resultado de imagen para historiaybiografias.com gaudi

Catedral de la Sagrada Familia en Barcelona – Arquitecto Gaudí –

Un estilo inédito: A pesar de su diversidad, las prácticas del art nouveau convergían en su rechazo generalizado a la tradición académica, a su enseñanza y a sus modelos históricos y sus instituciones. Así, durante la década de 1890, las secesiones florecieron por toda Europa. Esta doctrina rechazaba la arbitrariedad del adorno enchapado. La arquitectura exhibía sus materiales con franqueza, especialmente el hierro. Siguiendo el mismo concepto se prefería el tallo a la flor. Asi se inició un verdadero culto a la línea. La omnipresente y serpentina, solía terminar en «latigazo», verdadera firma de un arte que incluye entre sus heredederos directos a Matisse y Klee.

La obra de Matisse posterior a la formulación del fauvismo se nutre de los principios originales, dominados por lo decorativo, donde los colores parecen el resultado de teñir la tela. Tiende a desvincular completamente el dibujo, que forma un arabesco rítmico, a través del cual trata de aludir vagamente al perfil de las cosas, y el color luminoso que llega a dominar todo el cuadro, como si fuera fruto de una disociación entre sensación y realidad o de un acorde musical. En la última etapa de su vida, Matisse emplea papeles pintados y luego recortados, que forman figuras femeninas o motivos vegetales de extraordinario efecto al ser reproducidas

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/matisse.jpg

Matisse se recuperaba de una enfermedad cuando su madre le regaló una caja de pinturas. En ese momento, el artista, que entonces tenía veinte años, inició su cañera. A Matisse le fascinaba el color. A través de la paleta, intentaba transmitir estados de ánimo, ideas y formas. Durante toda su vida, experimentó con los colores. Sus obras reflejan energía, plenitud y sentido del juego. No en vano, Matisse decía que el placer que en todas las épocas la obra de arte proporciona al hombre proviene de la comunión entre la obra y quien la contempla.

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/collage.jpg

El collage es una técnica que consiste en cortar trozos ele papel, disponerlos para componer una imagen y pegarlos sobre una superficie plana. Enamorado del color, cuando Matisse no pudo abandonar la cama por su enfermedad, sustituyó las sutiles pinceladas por esta técnica. Pintaba las hojas de papel con gouache-. luego, las recortaba y las pegaba formando bellísimas composiciones. Hizo esto con alegría hasta sus últimos años.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

6- Sintestismo

A principios de siglo la renovación de los medios expresivos es el problema que debaten todos los artistas creadores. La formación en las academias es rechazada por estéril y vacía, por considerarla alejada de lo esencial, lo imaginativo y poético.

Se recibe con entusiasmo la frase de Gauguin: «Para nosotros, lo bárbaro es una forma de rejuvenecernos». Paul Gauguin creó, junto con otros pintores, el movimiento llamado sintetismo, que realizó la simplificación deliberada de las formas, las líneas y los colores. Se resume el credo de este movimiento en un artículo dedicado a Gauguin: la obra de arte debe ser idealista, expresar una idea; simbolista porque lo hace por medio de formas; sintética porque le da comprensión general; subjetiva porque la idea es percibida por un sujeto, y finalmente, decorativa.

Según Gauguin, el querer reproducir todo lo que se ve conduce al aburrimiento. En cambio, la distribución de colores, luces y sombras es la música del cuadro. También recomienda no trabajar tanto copiando la naturaleza, a diferencia de los impresionistas. El arte es abstracción y se debe tomar de la naturaleza lo que se ve en sueños.

Gauguin huyó de la civilización y pintó sus más hermosos cuadros en Tahití y en las islas Marquesas (donde murió en 1903). Junto a la arena y al mar pintó a las nativas de las islas en una sinfonía de colores.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

7- Fauvismo

El Fauvismo (nombre que deriva de fauves, que significa fieras) fue una corriente efímera pero decisiva. Cronológicamente el fauvismo fue el primer movimiento de vanguardia del siglo XX. Henri Matisse (1869-1954), «el rey de los fauves», fue el líder del grupo y su representante más influyente. A su vez, recibió la influencia de Gauguin y fue alumno, al igual que Georges Rouault, del pintor simbolista Gustave Moreau. Su búsqueda consistía, según los términos de su maestro, en «simplificar la pintura».

La perspectiva, el modelado y el conjunto de las técnicas de imitación de la naturaleza heredadas del siglo XIX fueron sustituidos por el uso de colores puros, dispuestos de manera plana, y de líneas curvas para delimitar las formas. El primer cuadro fauvista de Henri Matisse, La alegría de vivir, respondía a estos postulados de la pintura moderna: afirmación de la superficie y saturación de los colores.

El más destacado del grupo es Henri Matisse. Rouault, que también era francés, se centró más en la emoción que en la composición del cuadro, por lo que se lo ubica mejor entre los expresionistas.

Para Matisse la expresión no reside en la pasión de un rostro ni en movimientos violentos, sino que se encuentra en el ordenamiento total del cuadro: el espacio que ocupan los cuerpos, los vacíos que lo rodean, las proporciones. Los colores deben actuar como un acorde luminoso, adaptarse a la forma que, a su vez, puede modificarse según las vecindades cromáticas. Si variaba el color de un objeto en el cuadro, debía cambiar también los otros colores para que el acorde de colores fuera perfecto.

Matisse buscaba un arte de equilibrio, sin temas inquietantes. Sus preocupaciones no fueron sociales sino estéticas. Investigó aisladamente cada elemento constructivo del cuadro: el dibujo, el color, los valores y la composición, y se preocupó por unificar los elementos para que el conjunto cobrara plena expresión.

Otro pintor posimpresionista que fue inspirador de vanguardias fue Paul Cézanne. Como la mayor parte de los pintores de su tiempo, su paleta se aclaró con el impresionismo, pero luego se desligó del grupo. El pintor impresionista pretendía «no ser más que un ojo», mientras que la mirada de Cézanne reconstruye con la imaginación lo que observa. Se toma libertades con la perspectiva y suprime la profundidad.

Cuando en Cézanne la apariencia natural aparece «deformada», ello se debe a razones objetivas y constructivas de la imagen. Cézanne comprendió que el modo más alto de imitar el universo no consiste en copiar detalles sino en repetir el mecanismo de la creación (a manera de símbolo).

Para Cézanne el arte debe mostrar orden. La estructura del cuadro obedece a la ley constructiva de la naturaleza. Aspira a componer la superficie como si se tratara de una arquitectura. Decía que en la naturaleza todo se modela según la esfera, el cono y el cilindro, y había que aprender a pintar sobre la base de estas formas simples. Si bien continúa partiendo de lo figurativo, el cuadro se construye mentalmente.

Según Cézanne, en la naturaleza no existen líneas ni modelado, sino contrastes, y si estar, correctamente yuxtapuestos el cuadro se modela solo; es decir, en la medida en que se pinta también se dibuja.

Al fragmentar los objetos por planos de color y de ese modo dar volumen al modelo, se le conoce como inspirador de los cubistas. Será el comienzo de la «deconstrucción» del objeto.

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/fauvista.jpg

El puente de Chatou- Maurice de Vlaminck 1906

Un fauvista «tranquillo». La escuela de Chatou (Yvelines), célebre en la época del impresionismo, fue también la sede del desarrollo de la corriente fauvista. Vlaminck, por su forma de tratar la pincelada, fue el heraldo del primer estilo fauvista. La pincelada sucedió al divisionismo de Seurat y Signac. La exhibición de los medios con los que se pinta y la transposición del modelado en colores degradados confunden las materias en una sola masa productora de luz.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

8- Cubismo

Pablo Picasso (Málaga, 1881-Mougins, 1973) y Georges Braque (Argenteuil-sur-Seine, 1882-París, 1963), un español y un francés, retomaron a comienzos del siglo XX la lección plástica de Cézanne y pusieron en marcha la revolución bautizada con el nombre de «cubismo» (según Louis Vauxcelles, al declarar en 1908, en casa de Daniel-Henry Kahnweiler, que Braque reducía todo a «esquemas geométricos, a cubos»).

Después de la época azul (1901-1904), llena de amargura, o de la ternura de la época rosa (1905-1906), Picasso buscó un estilo despojado de lo sentimental. Se sintió atraído por el «arte negro» de las esculturas que habían llegado a Europa de África y Oceanía, y por la obra de Gauguin, cuyos relieves y tallados en madera muestran la simplificación de las figuras y los rostros de rasgos exagerados y esquemáticos. El primer cuadro que inauguró este cambio fue Les demoiselles d’Avignon (Las señoritas de Aviñón), pintado en 1907, por lo que se toma esa fecha como comienzo del cubismo.

El nombre al movimiento se le dio un poco después, cuando expusieron algunos paisajes en el Salón de Otoño de 1908, que parecían tener forma de cubos, se usó el término «cubismo» para identificar una forma de pintar basada en planos luminosos y trasparentes que definían las cosas.

En 1908 Picasso y Braque pintan paisajes y casas simplificando y geometrizando lo que ven. Nuevamente será un crítico el que bautizará este movimiento, al expresar que estos pintores reducen todo a «cubos». Paulatinamente se fueron quebrando cada vez más los elementos de los volúmenes, la paleta se redujo al negro, al blanco, a los tonos grisados y al ocre.

Las líneas se quiebran y aparece articulada la forma de la naturaleza. Los cuadros están hechos por planos facetados -como los cristales-, cuyos extremos o bases están unidos por «pasajes» que suavizan los contornos. Un mismo objeto está representado desde distintos ángulos: se ve una parte desde abajo, otra de perfil, una tercera desde otro punto de vista, todas unidas en la forma por superficies que se incrustan, se colocan una junto a otra, se interpenetran. Desaparecen así figura y fondo, y el mismo objeto representado a veces es identificado por algún elemento: las cuerdas del violín o las letras del periódico.

Esta etapa del cubismo, que se llama analítica, evolucionó con un hallazgo que tuvo enorme importancia en la historia del arte. Para hacer al cuadro más legible, y al mismo tiempo introducir motivos de color, Braque comenzó a pintar zonas planas sin fracturar dentro del cuadro, imitando por ejemplo la textura de la madera cuando quería que se reconociera una guitarrra. Esto acentuó el carácter bidimensional del cuadro y ayudó a identificar el objeto retratado. Al mismo tiempo no tiene efecto ilusionista, ya que más bien acentúa cuánto se separa un objeto de su representación pictórica.

El cubismo analítico, que queda formulado entre 1909 , 1911, consiste en abordar la representación de los objetos a base de una multitud de planos pictóricos, definidos a partir de una maraña de líneas geométricas entrecruzada que aluden a la multiplicidad de percepciones físicas y mentales que se pueden tener de un objeto, cuando es considerado en sí mismo. Los cuadros de esta época sor más bien, medianos o pequeños, y están ejecutados con una gama cromática reducida y apagada donde abunda» ocres y verdes.

El siguiente paso fue pegar al cuadro papeles que imitaban madera. Picasso, a su vez, en su cuadro Naturaleza muerta con silla de esterilla, pegó un pedazo de hule acanalado que imitaba el asiento de una silla. Este detalle se destacó más del resto del cuadro por estar rodeado por una cuerda. Esta innovación de introducir otros materiales en el cuadro tendría en el futuro gran repercusión entre artistas y escultores. Con su cuadro entra Picasso en el juego intercambiable de lo «auténtico», la «reproducción» y lo «artificial».

Desde 1912 comienza la fase sintética del cubismo. Los planos se agrandaron y una estructura más clara englobó extensiones monocromas cada vez más numerosas. Se introdujo nuevamente el color y se acentuó la bidimensionalidad del cuadro. En esta fase, el cubismo pintaba simples bodegones y durante un tiempo Braque y Picasso dejaron de firmar sus cuadros en un intento de desmitificar la obra y el artista.

El cuadro se acerca al objeto manufacturado, actitud que culminará poco después con los ready-mades de Marcel Duchamp y el Dada. Durante la guerra civil española, para recordar el bombardeo salvaje que destruyó completamente la ciudad de Guernica, Picasso pintó su famoso cuadre homónimo. Éste, de gran tamaño, a expreso pedide del pintor, sólo pudo exhibirse en España después de la muerte del dictador Franco.

Características:

1. La valoración de la obra de Cézanne, muerto ese año, que pretendió hacer del impresionismo algo sólido y duradero, donde las cosas tenían una entidad al margen de su contemplación.

2. Los relieves ibéricos de Osuna, expuestos en el Louvre, de formas simples y estilizadas, con gran fuerza expresiva.

3. El arte africano, cuyas máscaras, de rasgos angulosos y rotundos, poseían una corporeidad imponente y abstracta.

Resultado de todo ello es una obra capital, Los señoritas de Aviñón, donde representa a las mujeres de un prostíbulo de la calle Aviñon de Barcelona que se exhiben desnudas ; pero lo verdaderamente novedoso es su «construcción» a base de planos quebrados, como si fuera un relieve, que niega la ilusión de profundidad y, sin embargo, produce una rotunda sensación de volumen.

las señoritas de avigñon

A partir del Salón de Otoño de 1905, Picasso trabajó en una fructífera emulación junto a André Derain y Henri Matisse, asimilando la herencia de Cézanne y el arte africano. Braque, después de haber pasado el verano de 1906 en L’Estaque, desvió su fauvismo hacia una liberación del motivo. Sus trayectorias, hasta entonces paralelas, se cruzaron en 1907, en el taller de Picasso en Bateau-Lavoir, ante el cuadro Las Señotitas de Aviñón, que vemos arriba.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

9- Futurismo

Esta corriente surgió en Italia a inicios del siglo XX. Se inspiró en el triunfo de la tecnología y los inventos modernos sobre la naturaleza. El ideal de un futuro prometedor que dejaría atrás el pasado motivó a sus representantes. Las formas geométricas y las líneas quebradas de las obras de Umberto Boccioni muestran su amor por la velocidad y por la tecnología.

En Italia, en 1909, Marinetti publicó su Manifiesto futurista:

Este manifiesto reunía los postulados del futurismo: la violencia de los argumentos, la voluntad de provocación y el deseo de romper con el pasado y con los intelectuales. En las veladas futuristas organizadas por Marinetti abundaban los insultos, que solían llegar a la violencia física contra el público.

«Declaramos que el esplendor del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva: la belleza de la velocidad… Un automóvil rugidor, que parece correr sobre la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia»

Agrega, con una ideología que nos repugna:

«Queremos glorificar la guerra -única higiene del mundo- el militarismo, el patrioterismo, el ademár destructor de los anarquistas, las bellas ideas que matan y el desprecio por la mujer».

Con esta declaración contraponía los valores viriles al culto de la mujer que se había extendido en el simbolismo y el Art Nouveau.

Un compromiso sin matices
Los futuristas declararon en este manifiesto teórico que convenía desprenderse de la «gangrena de profesores, arqueólogos y anticuarios». Proclamaron su voluntad de terminar con todo el arte antiguo y también con la tradición: el manifiesto llamaba al «desprecio por la mujer», percibida como la guardiana de los valores del pasado.

La nueva cultura debía exaltar el movimiento, única realidad del mundo moderno. La inmovilidad era sólo una apariencia; todo era dinámico, vibraciones y desplazamientos.

El entusiasmo provocado por el movimiento llegó hasta la apología de la destrucción: los artistas se comprometieron con fervor en la guerra, que consideraban como la «única higiene del mundo». Las simpatías anarquistas iniciales no impidieron que en 1919, en momentos en que se hablaba de un «segundo futurismo», Marinetti declarase haber encontrado en Benito Mussolini al «futurista ideal», que ese mismo año había fundado los «fascismos de combate».

Más tarde, los pintores futuristas, aglutinados, publicaron un manifiesto técnico donde declaraban tres posiciones: una teórica, que afirma que «el dinamismo universal debe ser plasmado como sensación dinámica»; una científica, «el movimiento y la luz destruyen la materialidad de los cuerpos»; y una técnica, que toma como modelo la pintura neoimpresionista con sus colores complementarios como forma de expresar el dinamismo. Al tomar contacto con la pintura analítica de los cubistas, los futuristas sintieron esa influencia, y al mismo tiempo las ideas futuristas repercutieron en otros artistas.

Balla, que intentaba expresar por medio de líneas directrices la esencia dinámica de los objetos, hizo cuadros en apariencia no figurativos. En escultura, la obra más conocida es la de Humberto Boccioni, Formas únicas de la continuidad en el espacio. Robert Delaunay, pintor francés, da también un paso hacia la pintura no figurativa. Dice este artista sobre su pintura: «Me atreví a estructurar una arquitectura con colores, en la esperanza de crear los elementos de una poesía dinámica que se mantuviera plenamente en el ámbito de los recursos plásticos, sin ninguna literatura ni anécdotas descriptivas».

Futurismo Boccioni

Partiendo del cubismo, y haciendo que los colores jueguen entre sí al desarrollar sus contrastes, pinta en 1912 una serie de cuadros Las Ventanas, donde facetando áreas de colores primarios y complementarios, realiza cuadros abstractos. Sin embargo, hasta 1930 persisten elementos figurativos.

Manifiestos futuristas contienen ideas revolucionarias que lo conectan con el Dadá que hará su aparición pocos años después, y muestran su desprecio por el arte clásico: «Admirar un cuadro antiguo es derramar nuestra sensibilidad en una urna funeraria». El poeta Gillaume Apollinaire (1880-1918) adivinó la sensibilidad de su tiempo y fue también difusor de movimientos como el cubismo y el futurismo. Fue amigo de Duchamp y puede ser considerado precursor del Dadá.

Dadá o Dadaísmo, movimiento que abarca todos los géneros artísticos y es la expresión de una protesta nihilista contra la totalidad de los aspectos de la cultura occidental, en especial contra el militarismo existente durante la I Guerra Mundial e inmediatamente después. Se dice que el término dada (palabra francesa que significa caballito de juguete) fue elegido por el editor, ensayista y poeta rumano Tristan Tzara, al abrir al azar un diccionario en una de las reuniones que el grupo celebraba en el cabaret Voltaire de Zurich. (Fuente ENCARTA)

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

10- Dadaísmo

El dadaísmo fue una actitud subversiva que negaba todos los valores culturales establecidos por una sociedad «de orden», que, paradójicamente, había incubado la locura destructiva de la Primera Guerra Mundial. Es una protesta contra la sociedad que había desembocado en tan grande conflicto bélico. Suponía al lenguaje convencional del arte como algo ya gastado, y con su actitud cuestionaba no sólo el valor del arte sino también la situación entera del hombre.

El dadaísmo, desengañado de las formas culturales estaba pidiendo la destrucción del arte y el retorno al caos. En su manifiesto aseguraba que toda acción humana era fútil. Detrás de estas agresiones había una angustia latente y una rebeldía contra la sociedad. Se caracterizó por su antibelicismo, que demostró por diversos medios haciendo uso de la ironía, el sarcasmo y el doble sentido. Congregó a literatos como Bretón y a artistas como Picabia.

Con el fin de expresar el rechazo de todos los valores sociales y estéticos del momento, y todo tipo de codificación, los dadaístas recurrían con frecuencia a la utilización de métodos artísticos y literarios deliberadamente incomprensibles, que se apoyaban en lo absurdo e irracional. Sus representaciones teatrales y sus manifiestos buscaban impactar o dejar perplejo al público con el objetivo de que éste reconsiderara los valores estéticos establecidos. Para ello utilizaban nuevos materiales, como los de desecho encontrados en la calle, y nuevos métodos, como la inclusión del azar para determinar los elementos de las obras.

Marcel Duchamp fue el artista que revolucionó por completo la concepción y el destino de la obra artística. Después de iniciarse en la pintura con obras de apariencia futurista, puso en circulación desde 1913 los ready-made (objetos ya hechos), definidos de este modo por su autor: «Objeto usual elevado a la dignidad de objeto artístico por la simple elección del artista».

Presentó en primer lugar la Rueda de bicicleta que fue seguida por otras como el Portabotellas y Farmacia. El intento más escandaloso fue su intención de exhibir un urinario en una muestra de Nueva York. Junto con otros exiliados de guerra, en 1915 fundó el grupo «Los Independientes», en el que integraba el jurado. Sin embargo, al presentar el urinario puesto al revés con el nombre de Fontaine, fue rechazado por sus compañeros.

marcel duchamp artista

Rueda de Bicicleta de Marcel Duchamp, No cumple con su función pero Duchamp ha valorado el aspecto formal del objeto, su geometría.

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/dadaismo1.jpg

El Cuadro Antiguo (1946) de Kurt Schwitters – Fuente (1917) de Marcel Duchamp

Otros artistas como Picabia y Man Ray trabajaron en París en la línea de los ready-mades. Picabia multiplicó las provocaciones públicas, Man Ray trabajó principalmente con collages, fotografías, fotomontajes y rayogramas, mientras que Duchamp afirmó su singularidad con El gran vidrio. En cuanto a Tzara, su retorno en 1920, preparado por las revistas Sic, de Pierre-Albert Birot, y Nord-Sud, de Pierre Reverdy, se realizó en el seno del grupo Littérature de André Bretón, Philippe Soupault, Paul Eluard y Louis Aragón. Después de la desavenencia entre Tzara y Bretón, este último lanzó en 1924 su «secesión», en un comienzo esencialmente literaria, en la vía del surrealismo.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

11- Arte Abstracto

El arte abstracto, que abarca varios estilos bien definidos, empezó a desarrollarse en Alemania, Estados Unidos, Rusia y los Países Bajos durante la segunda década del siglo XX. El cubismo fue crucial para su evolución, sobre todo en Rusia, donde los artistas, que conocían las tendencias francesas, bien a través de sus viajes a París, o contemplando el arte de vanguardia en las colecciones moscovitas, empezaron a crear cuadros de composición geométrica.

Se toma como inicio del arte abstracto el año 1913, cuando el ruso Casimir Malevitch pintó su Cuadrado negro sobre fondo blanco. Esta obra es el origen del suprematismo, arte abstracto dominado por el lenguaje estrictamente geométrico, destinado a hacer visible la liberación de las artes del apego a los objetos. Malevitch pintará formas coloreadas en tonos vivos sobre el fondo blanco, y se verá ahí no sólo un «mundo sin objetos» sino también una liberación de las fuerzas de la gravedad y de la condición terrestre. Su obra está impregnada del espíritu de trascendencia al que aspiraba este pintor en su misticismo.

En 1915, Malevitch redactó un manifiesto en el cual limita los elementos de su pintura al rectángulo, el círculo, el triángulo y la cruz. Recién en 1917 la escuela alemana de diseño Bauhaus publicó su obra teórica El mundo sin objeto.

Mondrian, pintor holandés que recibió la influencia del cubismo y se dedicó a la abstracción. Partiendo de dibujos de iglesias y árboles, fue reduciendo la representación a esquemas geométricos, suprimiendo todo lo que le parecía superfluo y ornamental, hasta limitarse sólo a las verticales y las horizontales, y a los tres colores primarios (rojo, azul y amarillo), el blanco, el gris y el negro (estos tres últimos no se consideran colores al no estar en el círculo cromático).

El grupo de pintores que, junto con Mondrian, adscribían a la abstracción geométrica, buscaba a través de su arte alcanzar la expresión más pura. Para expresar directamente al universo debían ser universales, es decir, abstractos. Esta búsqueda de la armonía y la pureza tenía afinidades con fuentes matemáticas y musicales.

Al finalizar la primera guerra mundial publicaron un manifiesto que pregona la unión de las conciencias en un combate contra eljmdividualismo y la arbitrariedad. En Rusia, con el antecedente de Malevitch y con efentusiasmo de la revolución que derrocó al zarismo en 1917, surgieron escultores abstractos que se basaron en la estructura de la forma, en la ciencia y en la ingeniería: las leyes de la construcción geométrica -pensaban- revelan las leyes que originan las formas de la naturaleza.

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/abstracto1.jpg

Cruz negra
Kasimir Malevich Comienzos de los años 1920
Oleo sobre tela, 106 x 106 cm Museo Nacional Ruso, San Petersburgo
Un límite del suprematismo. La cruz, segundo suprema después del «cuadrángulo», era para Malevitch el elemento geométrico obtenido por la rotación de una mitad del cuadrado negro. Aunque el pintor se oponía a la imagen tradicional y rechazaba por ello la figuración, la cruz tenía una fuerte connotación y fue rápidamente percibida como una imagen de la Pasión. Sin duda, esta identificación marcó el límite de la capacidad suprematista de concebir una forma totalmente nueva para acceder al mundo trascendente.

En un manifiesto de 1920, Antoine Pevsner, junto con su hermano Gabo, que integraban el grupo constructivista de índole abstracta, proponían un arte que se fundara en la vida real. Para lograrlo debían responder a dos elementos fundamentales: el espacio y el tiempo. De este modo, crearon obras que demostraron que el volumen no es la única expresión del espacio.

El pintor ruso Kandinsky, residente primero en París y luego en Alemania, pasó de la etapa fauve a la abstracción. En 1911 participa del grupo Der Blaue Reiter (el jinete azul), que en un lenguaje cercano al expresionismo causó un revuelo entre los artistas alemanes.

Kandinsky inició  su recorrido hacia la pintura «abstracta» (al propio artista no le gustaba esta palabra), el que estuvo marcado por una actividad teórica: en 1912 publicó De lo espiritual en el arte. A partir de la defensa de la función espiritual del arte como lo esencial, construyó una teoría de la pintura abstracta, concebida como indicio del progreso social. De allí en adelante, el color y la forma liberados estallaron en composiciones dinámicas cuyo equivalente sólo es posible encontrarlo en la música. Impresiones, Composiciones y Fugas fueron los títulos de varias de sus obras, reflejos del «goce puro» y del «entusiasmo» que le producía el color: «A menudo, una mancha de un azul límpido, percibida en la sombra de una espesura, me subyugaba tan intensamente que pintaba un paisaje entero» (Mirada al pasado y otros textos, 1912-1922).

De regreso en Moscú, se desempeñó como profesor en la Academia. Ante la exigencia del Partido Comunista Ruso de que el arte debía ser realista y publicitar el trabajo del pueblo, regresó nuevamente a Alemania, en donde fue convocado para ser profesor en la Bauhaus. Desde 1919 su arte abstracto es lírico, y va geometrizándose. La superficie pictórica es el soporte donde las formas se convierten en símbolos. Para Kandinsky, los colores son equivalentes a los sonidos para los músicos.

En 1933 Hitler reúne sus cuadros, junto con los de Klee y otros pintores expresionistas, en una exhibición que llamó «arte degenerado», para luego quemarlos públicamente.

En su libro Lo espiritual en el arte, Kandinsky habla sobre tres series que pintó hacia 1910. La primera reúne impresiones directas de la naturaleza exterior; la segunda, expresiones inconscientes de vivencias de naturaleza interior, a las que llama Improvisaciones, y la tercera la constituyen obras elaboradas lentamente, examinadas, a las que llama Composiciones. No es sólo el cálculo lo que prima en estas obras sino, sobre todo, la intuición.

Estas tres tendencias son fundamentales y definitorias de toda la abstracción. Paul Klee, por su parte, pintó cuadros abstractos perc participó también del surrealismo y del expresionismo. El artista, decía, no debe copiar la naturaleza sinc hacer visible el impulso que la crea. Para él, «la naturaleza es el arte de otro». En pequeños cuadros, Klee experimentó mezclando técnicas y materiales. El arte abstracto tomó distintos nombres en Europa según los estilos particulares.

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/klee.jpg

Este retrato abstracto —«Senecio» significa ‘hombre viejo’— revela la gran influencia del Cubismo en la pintura de Paul Klee. La obra está compuesta de formas geométricas, y los colores son suaves y cálidos. Con un simple triángulo, el ingenioso artista sugiere una ceja levantada en un gesto de desaprobación.

Paul Klee fue un artista sumamente original y apreciado por el público. Trabajó intensamente y dejó un gran legado artístico. Produjo más de nueve mil obras de arte. Es difícil definir el estilo de Klee: algunas de sus imágenes son directas y figurativas, pero otras son totalmente abstractas.

Una línea que sale de paseo: Así es como Klee pensaba el dibujo. Comenzaba a trazar líneas sueltas con el lápiz para ver qué formas surgían. Como un niño, jugaba con las figuras y con los colores, y dejaba que su imaginación hiciera el resto, confiando en su casi infinita inspiración.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

12- Pintura Naif

Arte Naif, es una expresión usada  para calificar la producción pictórica, escultórica o arquitectónica elaborada por una persona que, por lo general, no posee formación artística previa. En la mayoría de los casos los artistas naif han sido autodidactos. Se han utilizado numerosas expresiones para calificar a este arte (arte innato, arte instintivo, neoprimitivismo) y a sus autores (pintores ocasionales, maestros populares de la realidad, primitivos modernos), pero ninguna de ellas parece totalmente satisfactoria.

 Pintores del Arte - Alfred Wallis

Alfred Wallis
Dos barcos con velas amarillas y un faro (siglo XX) Wallis era un pescador que empezó a pintar cuando tenía alrededor de sesenta años. Los temas de sus cuadros son la pesca, los barcos y las aldeas costeras

Si el arte naïf está, por lo general, al margen de la historia de los estilos, escuelas o vanguardias, sin embargo, sus autores, aunque no hayan recibido formación académica alguna, no viven fuera del mundo y son sensibles a sus orígenes, a las artes y tradiciones populares (forja, cerámica, madera, tejidos, bordados, encajes) o a modelos académicos ampliamente difundidos, desde los calendarios de correos de antaño a los catálogos y la publicidad del mundo moderno. (Fuente ENCARTA)

Ver Obras y Características del Arte Naif

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

13- Surrealismo

La Corriente Surrealista  lanzó su primer manifiesto en 1924, firmado por André Breton, Louis Aragon, Paul Eluard, Benjamin Péret, entre otros. Allí es definido como «automatismo psíquico puro» que intenta expresar «el funcionamiento real del pensamiento». La importancia del mundo del inconsciente y el poder revelador y transformador de los sueños conectan al surrealismo con los principios del psicoanálisis.

Algo surrealista es «más que real». Los pintores surrealistas pensaban que los sentimientos más intensos podían expresarse mediante pinturas similares a los sueños, que mostraran objetos comunes en situaciones imposibles. Este cuestionamiento de la realidad fue una reacción frente a los horrores de la Primera Guerra Mundial.

Otra vez París va a ser el centro de origen de una nueva corriente del arte. André Bretón será el iniciador, y su objetivo la búsqueda de la expresión de la verdadera función del pensamiento.

artista breton estilo surrealista

En 1924 el escritor francés André Bretón (1896-1966) lanza en París el primer manifiesto del surrealismo, donde este se define como «puro automatismo psíquico por el cual se intenta expresar, bien verbalmente o por escrito, la verdadera función del pensamiento Dictado verdadero en ausencia de todo control ejercido por la razón, y fuera de toda preocupación estética o moral». Se trata, pues, esencialmente de una actitud mental abierta hacia lo desconocido, que tiene consecuencias en ei campo de las artes plásticas y de la literatura.

Los Orígenes: A fines del siglo XVIII , surgió un renovado interés por la obra de algunos artistas del siglo XVI, como Hieronymus Bosch y Guiseppe Arcimboldo, quienes habían pintado sobre temas fantásticos e ideas singulares.Por ejemplo las pinturas al óleo de Hieronymus Bosch son visiones repletas de criaturas increíble! y de figuras distorsionadas. A su vez  Guiseppe Arcimboldo, como fiel exponente del Renacimiento,  estuvo adelantado a su época. Sus obras se destacan por los detalles de las flores, las frutas y las verduras con las que compuso retratos de fantasía.

A fines del siglo XIX, el artista belga Ensor se hizo famoso por sus obras fantásticas, en las que aparecían personajes disfrazados y enmascarados, títeres y esqueletos, y desde 1906, el desarrollo de las técnicas fotográficas permitió tomar fotografías en colores. Los artistas se inspiraron en estas técnicas para imitar la fotografía. Es así como crearon  imágenes en series.

Inpirado en este viejo proceso, André Bretón (1896-1966) fue la figura principal del surrealismo. Fue un esmerado difusor de este movimiento, y siempre cuidó que éste se mantuviera dentro de la intención que se había propuesto. En 1924, después de experimentar durante cinco años en el terreno de la «escritura automática» y del sueño hipnótico, publicó el famoso Primer Manifiesto Surrealista, en donde aparece la primera definición del movimiento:

«Automatismo psíquico mediante el cual se pretende expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Dictado del pensamiento, sin intervención alguna de la razón y situado al margen de toda preocupación estética o moral».

Los surrealistas pusieron el acento en los sueños, en el sondeo del inconsciente y en el azar como llave de acceso a una realidad poética en donde tiene lugar la «verdadera vida». También se apoyaron en otros ejemplos de inspiración: el arte de Oceanía, el de los enfermos mentales, los médiums y los naifs.

El arte, cuyo valor se había cuestionado ante la angustia provocada por el estallido de la Primera Guerra Mundial, quiso en la posguerra encontrar una salida al Dadá y a sus postulados negativos. La encontró en los aspectos más irracionales de la mente.

André Bretón se quejaba de que se vivía en el reinado de la lógica y que, pretextando progreso y civilización, se negaban y excluían otras posibilidades de experimentar y de percibir.

Es que, a partir de los descubrimientos de Freud se había ampliado el conocimiento sobre el funcionamiento de la psiquis humana. Entre otras cuestiones, Freud le otorgó una nueva significación a los sueños, que tienen una importancia vital en el arte surrealista.

Entre sus más destacados pintores han estado en parte o en la totalidad de su trayectoria Marcel Duchamp, Salvador Dalí, Pablo Picasso, Wassili Kandinsky, Paul Klee, Joan Miró, Rene Magritte y muchos otros.

El español Salvador Dalí quizás sea el pintor surrealista más conocido, ya que fue un gran publicista de sus obras. En sus cuadros representa situaciones absurdas. Sin embargo, sus pinturas son de hechura académica, no cambian el lenguaje pictórico sino el contenido de lo que expresan.

surrealismo

Max Ernst
La masacre de los inocentes (1921): Ernst creó collages surrealistas con imágenes que encontraba en catálogos, libros escolares y avisos publicitarios. A esle proceso espontáneo se lo llamo «automatismo visual».

André Masson
Dibujo automático (c. 1924) Masson fue gravemente herido durante la Primera Guerra Mundial. Desde entonces, tuvo pesadillas y ataques de ira. Cuando se sentía agobiado, dejaba de comer y beber durante largos períodos. Entonces, dibujaba espontáneamente iodo tipo de trazos.

Surrealismo Dali, Guerra Civil

Salvador Dalí
Premonición de la Guerra Civil: Construcción blanda con porotos cocidos (1936) El artista español Dalí pintó extrañas imágenes que evocaban sus sueños. Para componer sus obras, obseivaba intensamente un conjunto de objetos hasta encontrar otros, como si se tratara de una alucinación.

pintura surrealista - man ray

Man Ray
Rayógrafo: Man Ray colocaba objetos de uso cotidiano sobre papel fotográfico —fotosensible—, y, al exponerlos a la luz, estos reflejaban formas y sombras que aparecían en el papel. A este efecto, lo llamó rayógrafo.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

14- Pop-Art

A fines de los años cincuenta apareció, simultáneamente en Inglaterra y en los Estados Unidos, el pop-art (arte popular). En este último país se identificó con una experiencia auténticamente norteamericana, ya que se inspiraba en imágenes de la publicidad.

La finalidad del pop-art parecía consistir en presentar como arte todo lo que había sido considerado indigno de llamarse así: ilustraciones de revistas, latas de conserva, salchichas de Viena, historietas y fotos. Este movimiento artístico ejerció una enorme fascinación sobre los norteamericanos porque incorporaba imágenes que les resultaban muy familiares.

En cierto sentido, la intención de los artistas partía de una posición muy cercana al dadaísmo y al surrealismo, por la búsqueda en común de desacreditar la obra de arte tradicional. Dos artistas norteamericanos se destacaron en este movimiento: Andy Warhol, quien en un cuadro repite hasta el cansancio la lata de sopa «Campbell», y Roy Lichtenstein, con sus pinturas semejantes a las viñetas de las historietas, que incluyen «globos» cor. las palabras que pronuncia el personaje retratado.

15- Otras corrientes menorea post Segunda Guerra Mundial fueron: hiperrealismo, los happenings, el arte conceptual, el land-art, Eclecticismo  y el  Sincretismo

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

Fuentes Consultadas:
Enciclopedia del Estudiante – Historia del Arte – Volumen 9 Editorial Santillana
Culturas y Estéticas Contemporáneas Editorial Maipue – 3º Año Polimodal – Dilon-Brasss-Eggers Lan
Enciclopedia: Historia Visual del Arte – Editorial Larousse
Arte Para Niños – El Ateneo –

Biografía de De Amicis Edmondo Sus Libros: CORAZÓN

Biografía de De Amicis Edmondo
Descripción de su Gran Libro: Corazón

Edmondo De Amicis (1846-1908), narrador y periodista italiano nacido en Oneglia y muerto en Bordighera. Apasionado patriota, después de estudiar en un liceo de Turín se matriculó en la escuela militar de Módena.

«Piensa en la enorme cantidad de niños que van a la escuela en todos los países; imagina este vastísimo hormiguero del cual formas parte. Si este movimiento cesara, la humanidad volvería a caer en la barbarie: ese movimiento es el progreso, la esperanza, la gloria del mundo» Edmondo De Amicis exhortó de este modo a los escolares y para ellos escribió un libro interesante, conmovedor y, al mismo tiempo, de gran valor educativo: Corazón.

DE amicis Edmondo

Para escribir un libro que agrade a los niños es necesario conocerlos y amarlos. Edmondo De Amicis es, sin duda, uno de los escritores que más los quiso y los comprendió, quizá porque fue un padre atento y bondadoso, quizá porque experimentó el inmenso dolor de ver morir a uno de sus hijos.

Nació en Oneglia (Italia) en el año 1846 y murió en ese mismo país, en Bordíghera, durante el año 1908. Realizó sus primeros estudios en Cuneo y luego resolvió seguir la carrera de las armas, para lo cual ingresó en la Escuela Militar de Módena. Egresó en 1865 con el grado de alférez, y al año siguiente recibió su bautismo de fuego en la batalla de Custoza.

En 1867 se encargó de la dirección del periódico «Italia Militar», de Florencia. Pero poco después abandonó la vida de cuartel y se dedicó por entero a la literatura. Sus viajes por España, Holanda, Marruecos, París, Londres y Constantinopla le inspiraron libros en los cuales se advierte su agudo poder   de   observación.

Fue un autor fecundo y muy amado del público; su primera obra, Bocetos de la vida militar —colección de artículos escritos cuando todavía vestía uniforme—, le conquistó pronta popularidad. También es autor de Novelas, Retratos literarios, Socialismo y patria, El socialismo en familia, Los amigos, etc.

De regreso de sus viajes, fijó su residencia en Turín; allí llevó una vida retirada y modesta, rodeado por el afecto de sus familiares, sin diferenciarse exteriormente del resto de los habitantes de la ciudad. Y, sin embargo, él sabía observar a los hombres mejor que nadie; tenía ojos y corazón para comprender sus penas e interpretaba sus caracteres en un agudo examen psicológico.

En 1866 se editó su libro La carroza de todos, diario de un año de observaciones realizadas durante sus viajes en una línea de tranvías turinesa, que nos revela claramente estas dotes innegables. Mas su prosa se reveló, más viva y completa que nunca, en los escritos educativos, donde se pone de manifiesto la bondad y el optimismo tan profundamente arraigados en su alma. Novela de un maestro y Recuerdos de infancia constituyen un ejemplo de ello.

Tal vez su amor paternal lo indujo a dedicar su atención al mundo de los niños, y como padre ansioso de ver crecer a sus hijos sanos de cuerpo y de espíritu, antes que distraerlos con novelas vanas que excitasen inútilmente su imaginación, quiso escribir un libro que al mismo tiempo los divirtiera y los educara.

Ese libro, que muy pronto contó con la aceptación del público, se llamó Corazón, y el título es digno del amor y la nobleza de alma que inspiraron la obra. Editado por primera vez en 1886, Corazón fue reimpreso numerosas veces y puede decirse que es el libro más querido y leído de toda la producción literaria de Edmondo De Amicis.

No es una novela en el verdadero sentido de la palabra, sino un diario que parece realmente escrito por un niño de doce años y corregido luego por su padres, tal como lo imaginó el autor. Por consiguiente, la narración es episódica; relata sucesos de todos los días, ocurridos entre las cuatro paredes de un hogar, en clase o durante el trayecto de la casa a la escuela. En estas páginas reviven los bellos «cuentos mensnales»; cuyos pequeños protagonistas, por la sencillez y humildad con que cumplen sus buenas acciones, asumen el carácter y las dimensiones de grandes héroes.

Evoquemos a algunos amigos de Enrique, el imaginario niño que según De Amicis habría escrito este diario; el autor ha sabido pintarnos un retrato tan claro y simple de ellos; los ha descripto con tanto cariño y tantos detalles, que hasta podríamos reconocerlos si un día los encontráramos al salir de la escuela.

Carroñe, bueno y fuerte, parece un fabuloso gigante protector de los oprimidos. Los chiquillos, intimidados por sus manazas, que sabían dar, algunas veces, lecciones más elocuentes que los sermones del maestro, guardaban silencio y se tranquilizaban cuando él intervenía. Nelli, el jorobadito, macilento y medroso como todo ser indefenso, se aferraba a su brazo como una criatura a su madre y habría querido estar siempre cerca de él para que lo protegiera de las bromas de los malvados.

Derossi, el primero de la clase, no tenía los defectos habituales de los muchachos que están en su privilegiada posición; era bueno, sincero, vivaz, generoso con sus compañeros, a quienes se mostraba siempre dispuesto a ayudar en los exámenes, cuando encontraban alguna dificultad, tanto que Votini, el vanidoso, siempre preocupado por exhibir sus ropas elegantes, experimentó a fin de año la necesidad de pedirle perdón por haberlo envidiado tanto.

Coretti, el hijo del vendedor de leña, a veces se adormecía en clase porque tenía que levantarse muy temprano para descargar la madera en el negocio de su padre; pero no le pesaba el trabajo, por el contrario, y se sintió orgulloso el día que pudo revelar su vida de pequeño obrero a Enrique, quien, hijo de un acomodado profesional, sentía especial cariño por él, por el «pequeño albañil» y por Precossi, hijo de un herrero, pues admiraba la madurez que la miseria y el trabajo habían dado a sus pequeños amigos.

Garoffi, alto y delgado, «de nariz como pico de lechuza y ojos pequeños y astutos», era un comerciante en potencia; si sobre un banco quedaba olvidado un sello de correos, un papel secante o una pluma, el pequeño negociante se apresuraba en hacerlo desaparecer dentro de sus bolsillos para venderlos a los compañeros más pródigos. Stardi, el voluntarioso «de cabeza cuadrada y sin cuello», era el más estudioso. Se deleitaba mirando las vidrieras de las librerías, pero no robaba un solo minuto a los estudios. Sacudía el polvo de los libros de su biblioteca con el mismo cuidado con que Enrique guardaba sus juguetes, y con la cabeza entre las manos, inclinado sobre los deberes, no se distraía hasta haberlos terminado.

Nobis y Franti eran los malvados del grupo; el primero era la verdadera personificación de la soberbia; el segundo, del cinismo. Nobis se sacudía ostentosamente la manga cuando se le acercaba Precossi con sus ropas de herrero, y Franti tuvo el coraje de sonreír cuando vio pasar a un obrero accidentado en el trabajo. Pero se diría que De Amicis detesta a tal punto la malefed, que no quiere ni siquiera hablar de ella. Franti saldrá muy pronto de la.escuela y de las páginas del libro, expulsado de aquélla por sus fechorías, y Nobis, cuando aparece, es objeto de burlas por parte de sus compañeros.

En este libro también hay páginas dedicadas a la abnegación de los maestros, que sienten su trabajo como una misión y se consideran recompensados con un ramito de flores o un gesto afectuoso de sus alumnos.

Una vez por mes, el maestro narraba un cuento. Todos son muy bellos y están bien escritos. Entre ellos, El pequeño patriota paduano, El pequeño vigía lombardo y El tamborcillo sardo son muy significativos, no sólo por el interés de la narración, sino también por el sentimiento patriótico que los inspira. No debemos olvidar, al leerlos, que Edmondo De Amicis los escribió pocos años después de las gloriosas guerras de la independencia italiana, y que la nación, recientemente unida, vivía un clima de fervor y entusiasmo patrióticos.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/amicis1.jpg

«Naufragio» es el último cuento mensual, el más trágico y tal vez el más bello. Mario, un pobre huérfano, deja a una compañera de viaje el único lugar disponible en un bote, y, satisfecho de su acción, desaparece con la nave entre las olas.

En el pequeño emigrante paduano, que mientras regresa a su patria en una nave extranjera tiene el coraje de rehusar el dinero ofrecido por los que hablan mal de Italia; en en el pequeño campesino lombardo, que hallándose en la zona de la guerra entre piamonteses y austríacos no vacila en dar su vida para prestar un servicio a sus compatriotas; en el tamborcillo sardo, que por socorrer a un pelotón de infantería sitiado por los austríacos pierde una pierna, existe el mismo sentimiento y, sobre todo, la humildad y la sencillez de las almas verdaderamente grandes, que nunca se enorgullecen de una buena acción.

También el amor a la familia inspira algunos de sus cuentos: El pequeño escribiente florentino, Sangre romanóla, De los Apeninos a los Andes. El pequeño florentino, robando tiempo a sus estudios y poniendo en peligro su salud, se levanta todas las noches para proseguir el trabajo que su fatigado padre no ha podido terminar. Sus padres no advierten su sacrificio y siempre lo reprenden por sus calificaciones, que cada mes son más bajas, pero el muchacho calla su secreto. Mas una noche, habiéndose despertado de improviso, el padre lo sorprende inclinado sobre el trabajo y comprende la filial abnegación del niño.

Sangre romanóla se inspira en los famosos episodios del pillaje que afligieron a la región de Romana en el siglo pasado. Es la historia de un niño que, para salvar a la abuela de la puñalada de un malhechor, la escuda con su cuerpo y muere quietamente a su lado, con un gesto en el que parece pedirle perdón por todas sus travesuras.

De los Apeninos a los Andes es el cuento más conmovedor. Un pequeño genovés emprende viaje a través del océano para buscar a su madre, obligada por la miseria a trabajar en América. Cuando llega a Buenos Aires, Marcos, el hijo abnegado y valiente, descubre que su madre no trabaja ya en esa ciudad; se dirige entonces al interior del país y recorre varias provincias hasta que, después de tan largo peregrinaje,, la encuentra en Tucumán. Llega extenuado y con las ropas desgarradas, pero su presencia reanima a la pobre mujer, que se halla gravemente enferma, y la decide a someterse a la intervención quirúrgica que habrá de salvarla.

No olvidemos El enfermero del Chacho, Valor cívico y Naufragio.

En estos últimos cuentos, los protagonistas se sacrifican por el prójimo, hacia el cual experimentan un amor semejante al que sienten por su propia familia. En el primero, un muchacho vela a la cabecera de un moribundo desconocido; en el segundo, un niño salva a su compañero de los remolinos del río; en el tercero, un huerfanito, aunque sabe que no tiene otras posibilidades de salvación, cede su puesto en el bote salvavidas a una jovencita conocida durante la travesía.

Corazón es un libro que no se olvida, ni siquiera con el correr de los años, porque en él está expresada toda la poesía de la infancia, esa edad maravillosa que el hombre maduro recuerda siempre con un poco de nostalgia.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo VI Editorial Larousse – Biografia de Edmondo De Amicis, CORAZÓN –

Biografía de Monteverdi Claudio Obra Artistica Compositor Italiano

Biografía de Monteverdi Claudio
Vida y Obra Artística del Compositor Italiano

Claudio Monteverdi (Cremona 1567-Venecia 1643), compositor italiano: fue el creador de la música dramática. Aportó una audaz innovación al arte de los sonidos, lo que le valió el título de padre de la moderna armonía. Aún hoy sus «personajes» tienen acentos de profunda verdad, y sus obras, trozos de insuperable belleza. Fue la figura más destacada en la transición desde la música renacentista a la barroca. Sus Vísperas (1610) combinan movimientos solistas en un estilo ornamentado y virtuosístico, con otros en un estilo polifónico tradicional.

Monteverdi Claudio

Monteverdi, que desde niño manifestó grandes aptitudes para el arte de los sonidos, tuvo un insigne guía en el maestro Ingenieri, quien supo comprender la volcánica imaginación musical del joven alumno. Monteverdi cuando integraba el séquito del duque Vicente I Qonzaga. Estos viajes contribuyeron a inspirar el genio creador de Monteverdi, ya afirmado por la composición de Madrigales.

La primavera del año 1567 registró entre los acontecimientos cotidianos de la ciudad de Cremona (Italia), el nacimiento de un niño, primogénito de una familia de la burguesía local. Los documentos relativos a la llegada del nuevo ciudadano no contienen los datos escrupulosamente pedidos por los reglamentos burocráticos de hoy en día. Solamente el libro bautismal de la parroquia de los Santos Xazario y Celso certifica, en una forma más bien lacónica, el acto cristiano cumplido en la persona del futuro genio.

Gracias a esas pocas líneas se sabe que el día 15 de mayo de 1567 «Claudio Juan Antonio, hijo de Baltasar» entraba oficialmente en el mundo terrenal. Nada más, ni el día exacto del nacimiento, ni el nombre de la madre, ni tampoco una mención de la familia.

Desde un principio faltaron los datos auténticos acerca de Claudio Monteverdi, y hasta el apellido es objeto de controversias: ¿Monteverde o Monteverdi? Las publicaciones de la época concuerdan en afirmar Monteverde, pero todas sus cartas autógrafas —121 en total llevan al pie una firma clara y legible: Claudio Monteverdi. El dilema se acentúa todavía más, si se piensa que el mismo padre habla en un documento de «Claudio Monteverde, mi hijo», pero se firma «Baltasar Monteverdi».

Prestando fe a los autógrafos y basándose en el hecho de que en Cremona está todavía bastante difundido el nombre de Monteverdi, se puede considerar que el apellido conocido es el originario. Tal escasez de datos, en verdad asombrosa, desilusiona el vivo sentido de curiosidad de sus biógrafos y de los musicógrafos, pero, lamentablemente, las tinieblas de los archivos cremoneses no se han aclarado hasta ahora, y todo lo que nos es dado conocer esta resumido, en pocas páginas, en el opúsculo en el cual Jorge Sommi-Picenardi presento al público los documentos concernientes al insigne compositor y a su familia.

De la madre nada se sabe con exactitud. El padre ejercía la medicina. Todo esto resulta de varias cartas del hijo, quien a su vez tenía conocimientos bastante profundos de la ciencia médica de su tiempo.

En su búsqueda, Sommi-Picenardi encontró huellas de dos Baltasar Monteverdi, ambos médicos cirujanos que habían vivido en el siglo xvi. El primero, además de desarrollar las normales funciones de su profesión, enseñó medicina en una importante Universidad y murió en el año 1512. El segundo fue un eminente cirujano, gracias al cual fue fundado el Colegio de los Cirujanos Cremoneses. Es a este último a quien Sommi-Picenardi atribuye la paternidad del eminente compositor.

Nada se sabe de positivo acerca de la edad en que el pequeño Claudio demostró las primeras disposiciones musicales; si se considera que solamente tenía 15 años cuando publicó su trabajo Sacrae Cantiunculae, podemos deducir que inició en la infancia sus estudios artísticos, guiado por el veronés Marco Antonio Ingenieri, maestro de capilla de la Catedral de Cremona.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/monteverdi1.jpg

Claudio Monteverdi fue nombrado «Maestro de música», asumió la responsabilidad de la organización y dirección de todas las manifestaciones musicales de la Corte de Gonzaga.En el año 1613, Monteverdi fue llamado a cubrir el cargo de Maestro de Capilla de la Serenísima República de San Marcos. Durante su larga permanencia en Venecia, el compositor, cuya fama había llegado a los confines de Italia, creó nuevas y maravillosas óperas.

El período de la educación artística de Monteverdi es recordado como uno de los más tristes y tumultuosos desde el punto de vista histórico. Cremona, con todo el ducado de Milán, formaba parte entonces del imperio de Carlos V, quien, después de haber conquistado la ciudad en el año 1525, la había cedido al último duque de la Casa Sforza, Francisco II, para retomarla a la muerte de este último, 10 años más tarde.

Durante el período de la dominación española —que duró 170 años la historia de Cremona se confunde con la del Ducado de Milán, y sobre los acontecimientos de la época se escribieron páginas que, a la distancia del tiempo, reflejan el destino infeliz de esta ciudad.

Un gobierno rígido y militarizado; una justicia ejercida por magistrados casi siempre corrompidos y venales; leyes arbitrarias que eran interpretadas según las conveniencias de los que las dictaban; tasas e impuestos desproporcionados a los réditos; actitudes ultrajantes y licenciosas por parte de los nobles; ignorancia y brutalidad difundidas entre el pueblo oprimido.

Y sin embargo, por un contraste inconcebible, pero no nuevo en la historia, fue precisamente durante ese siglo de acontecimientos turbulentos que las Bellas Artes florecieron, manifestándose en pleno fulgor. Sobre todo la música fue cultivada con dedicación apasionada, y Cremona se vanagloriaba de albergar la Academia de los Animosos, que era la cuna de la música profana, mientras que el centro verdadero de la vida musical era la capilla del Duomo. También el ambiente contribuyó sensiblemente a desarrollar y afinar las virtudes innatas del niño tan admirablemente dotado para el arte de los sonidos. Y es un deber reconocer que él no podía encontrar mejor maestro que Ingenieri, quien tuvo sobre su discípulo una influencia mucho mas benéfica y considerable de la que se le suele adjudicar.

Le enseñó a su alumno el contrapunto, el estudio de la viola, del canto y, probablemente, del órgano. La enseñanza fue tal como se acostumbraba en aquellos tiempos: práctica, severa, tendiente a formar en el joven alumno una técnica sólida y clara que le permitiera la rapidez de la concepción mental y la facultad de adaptación a los medios de que disponía para realizar su propia obra.

En el año 1582 se publicó en Venecia la primera colección de composiciones de Monteverdi. Sería exagerado afirmar que en sus Sacrae Cantiuncidae asoma ya la revelación del genio; sin embargo, este primer ensayo —cuyo único ejemplar es conservado en la iglesia del Castillo Arquato (Piacenza)— es suficiente para revelar una naturaleza musical y versásil.

La estructura de estas breves composiciones es silábica y la armonía no sale de los tonos tradicionales. Y es en eso justamente que consiste el mérito de Ingenieri, que supo mantener a su alumno lejos de las riquezas de expresión conocidas como «cromatismo», del cual él era ferviente admirador.

Al año siguiente, el compositor «debutante» publica su segunda selección: los madrigales espirituales a cuatro voces. La obra, dedicada a un noble de Cremona que protegió los primeros pasos del joven músico, se perdió, y solamente se conserva de ella una parte, en el Liceo Musical de Bolonia.

Después de las publicaciones de las Canzonetas, tercera composición en orden cronológico, siguen tres años de silencio, durante los cuales, según se presume, Monteverdi preparaba la partitura del Madrigal, expresión característica de la tierra italiana.

Sólo en la segunda mitad del siglo XVI se nota su influencia en otras naciones como España, Francia y hasta en la lejana Inglaterra. En Italia dos fueron los períodos de florecimiento: el primero en el siglo XIV, en el tiempo del «Ars Nova» florentino; el segundo, el del siglo XVI, que constituyó una de las fases más espléndidas de la música italiana.

La estructura musical del madrigal está determinada por la forma del texto poético, que tiene casi siempre una estrofa de 7 a 11 versos —dispuestos y rimados en forma variada—; si el texto tiene más estrofas, cada una de ellas da lugar a una composición autónoma, y así se obtienen las colecciones de madrigales. Los textos preferidos son los líricos de expresión amorosa, más formalista y literaria ésta, que verdaderamente humana y sentida.

El primer libro de Madrigales es la cuarta publicación de las obras de Monteverdi —que en aquella época tenía 20 años—, y allí se afirma la personalidad musical del autor, ferviente e intensa, de una frescura juvenil irresistible. La licencia de impresión del volumen II de Madrigales señala una etapa significativa en la vida del músico.

Justamente entonces, el joven Claudio fue llamado en calidad de violoncelista ante la corte de Mantua, al servicio del duque Vicente I Gonzaga. Corría el año 1590. Como músico de la corte, Monteverdi se vio en la obligación de dedicar su tercer libro de Madrigales al duque Vicente, su señor. La obra tuvo un éxito extraordinario, y la razón estriba en que de todo el libro emana una singular expresión de modernismo que sorprende como un nuevo aspecto en la sensibilidad musical del autor.

Algunos años más tarde se celebró, con el beneplácito del Duque, el matrimonio del ya célebre compositor con Claudia Cattáneo, joven y acreditada cantante de la Corte. De ese matrimonio nacieron dos hijos. Inmediatamente después de la boda, Claudio se vio obligado a seguir a Hungría a Vicente I, que había organizado una expedición contra los turcos.

Como durante este viaje el músico ejerciera provisionalmente las funciones y ostentara el título de «Maestro de Capilla», esperaba, a su regreso a Mantua, hacer valeralgún derecho a la sucesión oficial de su anciano predecesor, muerto en 1956. Las intrigas de la Corte desbarataron sus aspiraciones y Claudio se resignó amargamente a continuar su habitual trabajo. Desde ese momento, la vida del músico estuvo subordinada a los caprichos del Duque y a la volubilidad de su temperamento. Viajes largos y breves en el séquito del amable pero despótico señor, contribuyeron a inspirar el genio creador de Monteverdi, quien compuso el IV y V libro de Madrigales. Después de esto, fue nombrado «Maestro de música» y asumió la responsabilidad de la organización y la dirección de todas las manifestaciones musicales de la Corte.

Es muy importante señalar cómo la forma del madrigal comienza a cambiar en sus últimas obras. Los tonos armónicos adquieren supremacía sobre todo en el V libro, donde domina la expresión verdadera y fuerte. No es de extrañar si el músico interrumpe durante diez años la producción madrigalista para dedicarse a una experiencia dramática, que abrirá a la música las puertas del porvenir. Su inspiración fecunda desarrollará dignamente la concepción del melodrama, que vio su primera realización hacia fines del siglo XVI, debido a la obra de la «Camerata Fiorentina», una asociación artística que tenía su sede en la casa del conde Juan Bardi, en Florencia.

Los componentes de tal movimiento de vanguardia se reunían con la intención de hacer revivir la música dramática de la antigua Grecia. El melodrama es precisamente una representación teatral en la que la música vocal y la instrumental concuerdan en la emoción dramática. Florencia, Mantua, Boma y Venecia fueron los mayores centros de expansión de esta manifestación artística. La primera ópera del género escrita por Monteverdi fue Orfeo, representada por primera vez en Mantua en la Academia de los Apasionados, en el año 1607. El libreto de la obra se inspira en el mito griego de Orfeo y Eurídice, y obtuvo un gran éxito.

El nombre y la fama de Monteverdi ya eran conocidos también en el extranjero. Todos habían comprendido el elevado alcance de su intención, consistente en fundir genialmente la melodía con la expresión de la palabra. Poco después fue estrenada otra gran obra de arte: Arianna. De esta ópera desgraciadamente no ha quedado más que la música del famoso Lamento de Arianna, que es probablemente la más bella página dramática del artista.

Se trata de una melodía de una potencia trágica y de una verdad humana que tienen algo de milagroso. También ofreció a sus protectores, durante su permanencia en la corte de Mantua, la gracia de un ballet de estilo francés: es el Baile de las ingratas, muy del gusto musical de los aristócratas de entonces.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/monteverdi2.jpg

Orfeo es la primera ópera de Monteverdi; está, compuesta por un prólogo y cinco actos. Como se proponían los literatos y los músicos de la «Camerata florentina», Monteverdi realizaba en esta ópera el concepto del melodrama, reviviendo la música dramática de la antigua Grecia. He aquí Orfeo rodeado de las Ninfas, que se alegran de su casamiento con la bella Eurídice.

En el 2ºacto, Orfeo, de regreso a los amados lugares de su niñez, es festejado por los pastores. De pronto aparece Silvia para anunciarle la muerte de Eurídice.En el tercer acto, Orfeo quiere arrancar de la muerte a su esposa. Con un canto melodioso adormece al feroz guía que lo transporta a los infiernos. Vencida la Muerte, Orfeo vuelve hacia la luz, conduciendo de la mano a Eurídice (4º acto). Orfeo, olvidando el pacto que le impedía hacerlo, se vuelve para mirar a Eurídice, quien, transformándose en sombra (acto 5°), desaparece. Orfeo se lamenta amargamente, mientras las Bacantes se alegran de su dolor.

A esta altura de su carrera, Monteverdi, preocupado por su propia salud e irritado por la ingratitud que notaba a su alrededor, decidió alejarse de la corte de Mantua, pero después de algunas gestiones en su favor dejó de lado su propio resentimiento y continuó prestando su cooperación con el mismo fervor de siempre. Nuevas composiciones religiosas se suman entonces al número de sus obras, acrecentando su gloria, mas su recuperada tranquilidad no debía durar mucho tiempo.

El 18 de febrero de 1612, el duque Vicente dejó de existir, y su hijo Francisco alejaba de la Corte a Claudio Monteverdi, quien se retiraba con un simple agradecimiento y 25 escudos de economías. En 1613, por un inesperado golpe de fortuna, el compositor fue llamado a cubrir el cargo de «Maestro de Capilla» de la Serenísima República de San Marcos.

Los primeros tiempos pasados en Venecia fueron ocupados intensamente por el trabajo de reorganización de la capilla y la preparación de los nuevos cantores e instrumentistas por él tomados en servicio. No se tiene ningún documento acerca de su vida en aquel período. La única prueba de que su actividad creadora no decaía lo demuestra la publicación del VI libro de Madrigales y la ejecución del ballet Tirsi e Clori, que aparecerá en el VII libro de Madrigales.

Por esa época, la Serenísima República le tributa un generoso reconocimiento por el antiguo esplendor reconquistado en la capilla de Venecia, gracias a su obra infatigable. El entusiasmo de Monteverdi no decae, mientras tanto, y su producción artística se acrecienta.

En el año 1627, inspirándose en un episodio de Jerusalén Liberada compone el Combate de Tancredo y Clorinda, con el que el músico inaugura el «estilo conciso». Desde este momento su ascenso fue, más que nunca, rápido y completo.

Cuando se dispone a escribir la música de la ópera La fingida loca Licori, un mal ataca sus ojos y no lo deja trabajar con la rapidez deseada. De todos modos, la composición fue llevada a término, pero se ignora si fue representada y, en caso afirmativo, cuál fue el éxito obtenido.

Una de sus más grandes satisfacciones la obtuvo con la ejecución, en la corte de los Farnesio en Parma, de la ópera Mercurio y Marte y de los Intermedios. Pero la inagotable vena musical del anciano compositor dio a la luz, en 1630, nuevas creaciones importantes: se trata de El rapto de Proserpina y de otras dos presuntas óperas: Delia y Ulises.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/monteverdi3.jpg

La coronación de Popea es la última ópera de Claudio Monteverdi, la más completa, aquélla que más se acerca a nosotros por su música amplia y armoniosa.

En 1631, cumpliendo una antigua aspiración, Monteverdi tomó los hábitos, y su espíritu tan profundamente religioso se tranquihzó con el ejercicio de sus nuevas funciones. Su vejez fue laboriosa, dividida entre el trabajo de la capilla y la creación de nuevas músicas. Con más de setenta años de edad, y después de haber compuesto los Madrigales guerreros y amorosos, la Selva moral y espiritual, que es una colección de música religiosa, y el Retorno de Ulises a su patria, regala al mundo su última maravilla: La coronación de Topea, especie de epopeya histórica sin precedentes en el teatro, donde todos los personajes son verdaderos y los acontecimientos dramáticos se encadenan alternando hábilmente lo trágico, lo patético y lo cómico.

Con semejante broche de perfección artística, se cierra la vida laboriosa del músico. En noviembre de 1643, en el convento de San Marcos, donde vivía desde hacía casi treinta y dos años, Monteverdi se apaga serenamente. Su muerte fue un duelo nacional. Sus restos reposan en la capilla de San Ambrosio de la iglesia de «Santa Maria dei Frari» en Venecia, y la mística penumbra silenciosa de las bóvedas representa el fiel centinela de una gloria perenne.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse – Biografia de Maonteverdi Claudio –

Biografía de Canova Antonio y Su Obra Escultor Italiano

Biografía de Canova Antonio y Su Obra Artística
Escultor Italiano

Antonio Canova ocupó el primer lugar entre los escultores de su época. Trabajó durante veinte años en un estado total de pobreza, al margen de cualquier rivalidad y poniendo siempre su arte por encima de todo. El estilo neoclásico, basado en el arte antiguo de Grecia y Roma, alcanzó su apogeo máximo a finales del siglo XVIII. Antonio Canova, de la Venus, está considerado como el mejor escultor de este estilo artístico.

Canova Antonia escultor italiano

Antonio Canova nació en Pessagno, cerca de Bassano (Italia) en el año 1757. Su arte alcanzó la plenitud siendo él muy joven. Niño aún, trabajaba en una cantera en compañía de su abuelo. Complacíase en manipular la piedra y trataba de darle diferentes formas, revelando ya su inclinación. El abuelo trabajaba también como jardinero en la mansión del senador Faliero. Fue allí donde el joven Antonio esculpió sus primeras estatuillas en mármol.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/canova4.jpg

La Venus, una de sus grandes obras artísticas, Canova está considerado como el mejor escultor de este estilo neoclásico.

El duro y frío mármol puede reflejar vida, acción y sentimiento sólo cuando un gran artista consigue modelar en él las formas perfectas de un ser viviente y dotarlas de expresión. Pero pocos son los que logran ese milagro, ya que las obras de los grandes escultores representan un gigantesco esfuerzo creador.

Antonio Canova fue uno de esos grandes artistas incomparables, capaces de animar la materia inerte. Nada, en sus años mozos, pudo hacer presentir que llegaría hasta la cúspide del arte. Sin embargo, sabemos que le gustaba trabajar la piedra, y a ella —como a una amiga— confiaba sus sueños infantiles.

Antonio Canova nació en Pessagno, cerca de Bassano (Italia), el 10 de noviembre de 1757. A los tres años de edad perdió a su padre. Al poco tiempo la madre contrajo nuevas nupcias y fue a vivir a otra ciudad, dejando al pequeño Antonio al cuidado del abuelo. La familia Canova, otrora rica, estaba ahora arruinada a causa de ciertas especulaciones infortunadas. Por lo tanto, el abuelo viose en la necesidad de hacerle aprender un oficio al niño y eligió el de cantero (el que labra las piedras).

A pesar del trabajo penoso, el joven aprendiz nunca se quejó. Por el contrario, gustábale manejar el mármol y sus pequeñas manos, aún inexpertas, lo acariciaban y hasta se esforzaban en darle forma. El oficio de cantero, en el siglo XVIII, era duro y difícil; el trabajo se hacía con cincel y martillo.
Pero Antonio no se desanimó, trabajó con tesón y, a ios pocos años, llegó a esculpir estatuillas llenas de expresiva gracia.

Mientras tanto el abuelo, en la mansión del senador Faliero, en Pedfazzi d’Asolo, desempeñábase como albañil y jardinero. Allí vivía un nieto del senador, mancebo de familia noble y acaudalada, quien demostró su simpatía y afecto por el adolescente modelador que ofrecía a su nuevo amigo todas las estatuillas que esculpía con tanto entusiasmo.

Y un día llegó la oportunidad decisiva para la vida de Canova. Se daba una gran fiesta en el palacio senatorial. El cocinero quería destacarse en la presentación de los manjares y buscaba ideas originales. Encontró al nieta del jardinero, lo llevó a las cocinas y, mostrándole un enorme trozo de manteca, le dijo: «¿Ves esa manteca? Debí ir a la mesa del senador, y yo quisiera darle un aspect: artístico. .. Me agradaría que representara algo…»

Antonio tenía tan sólo diez años de edad, pero puso manos a la obra y lo que realizó con la manteca colmó al máximo los deseos del maestro de cocina.

En la mesa, magníficamente preparada, apareció el león alado de San Marcos. ¡Era el trozo de manteza que, en las manos del joven Antonio, había adquirido esa forma original!. Es fácil imaginar la sorpresa, el asombro y la admiración de los convidados. Pidieron conocer al autor de esa maravilla y lo felicitaron efusivamente.

Al final de la cena, el dueño de casa, presintiendo el futuro del niño, decidió enviarlo a Venecia y hacerlo ingresar en los talleres del escultor José Torretti.

En Venecia los temas de estudio no le faltaron: allí todo embelesaba su alma de artista, todo le brindaba belleza en sus aspectos más delicados. Trabajó mucho hasta llegar a sus dieciséis años de edad. Entonces se produjo el fallecimiento de su maestro Torretti. Pero el joven escultor ya no necesitaba enseñanzas.

Su protector lo comprendió tan bien, que no titubeó en confiarle la ejecución de dos grandes estatuas en tamaño natural. Se trataba de Orfeo y Eurídice. La tarea podía parecer demasiado ardua para un escultor tan joven, mas Canova no se desanimó y esas estatuas, por el candor y la espontaneidad de su expresión y la armonía de su línea, figuran entre sus grandes obras.

En los años que siguieron esculpió numerosos trabajos: estelas funerarias, una estatua de Esculapio y un grupo de Dédalo e Icaro. Los expuso en Venecia, en el año 1779, el día de la Ascensión. El triunfo fue tal que hubiera despertado el orgullo del más grande artista. Canova experimentó, es cierto, una gran alegría, pero, en lugar de envanecerse, decidió esforzarse y perfeccionar aún más su producción. Venecia ya no le ofrecía un campo de acción suficientemente amplio. Decidió instalarse en Roma donde el papa había inaugurado un Museo de Antigüedades.

Después de Roma volvió a Venecia y luego visitó Ñapóles. Nada disminuía su fiebre de trabajo y de saber. En la Ciudad Eterna esculpió el mausoleo de Clemente XIV y Teseo vencedor del Minotauro.

Los encargos afluían. El príncipe Rezzónico y sus dos hermanos, ambos cardenales, le encargaron un monumento funerario destinado a la basílica de San Pedro, para el papa Clemente XIII.

Durante cuatro años Canova se consagró, sin descanso, a ese trabajo, haciendo caso omiso de las dificultades propias de la tarea, de la lucha de los envidiosos y del estado deplorable de sus finanzas. Al terminar el mausoleo, todo su cuerpo llevaba las huellas del esfuerzo cumplido y de los sufrimientos soportados. La presión del trépano sobre el esternón, durante largos días, le había provocado una deformación del hueso que, al apoyarse sobre el estómago, le ocasionaba grandes molestias y dolores.

Observando la finura de los detalles, el maravilloso relieve de los encajes que adornan las vestimentas de la estatua de Clemente XIII, admiramos en Canova, además de su arte, la «artesanía» que lo obligaba a extremar la minuciosidad y la precisión hasta lograr un trabajo perfecto. En ciertas obras suyas, la piedra resucita la mirada de los que ya no existen, y hasta su alma parece aflorar en la expresión humana y vivida.

El viernes santo del año 1792, día de la inauguración del monumento, fue, para Canova, un día de triunfo. Pero las fuerzas del artista estaban muy resentidas por el exceso de trabajo. Tomó un corto descanso en Venecia y luego volvió a Roma donde ejecutó un monumento para el almirante Ángel Emo, destinado al palacio ducal de Venecia. La pasión que experimentaba hacia los temas mitológicos le permitió ejecutar dos grupos: Venus y Adonis y El Amor y Psique.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/canova1.jpg

Canova fue llamado varias veces por Bonaparte. Entre sus obras se destaca una admirable Venus victoriosa que tenía los rasgos de Paulina Borghese (Paulina Bonaparte), y una Polimnia representando a Elisa Bonaparte. Canova fue elegido miembro extranjero del Instituto de Francia.

Su fama iba creciendo. El duque Caetani le encargó un grupo representando a Hércules y Licas. Canova ejecutó un monumento colosal que,a causa de la poderosa musculatura de Hércules, produce una imprecisión de fuerza que no era generalmente buscada por el artista.

Ya en la cumbre de la celebridad y de la fortuna, fue llamado por Bonaparte, a París, para ejecutar el busto del Gran Corso. Poco después le fue encargado el Mausoleo de Victorio Alfieri. Luego afluyeron pedidos de soberanos y viajó a Napóles. Roma. Viena y París.

escultura de Canova cabeza de Perseo

Cabeza de Perseo, escultura de Canova Antonio

Escultura de Napoleón de Canova

Busto de Napoleón Bonaparte, escultura de Canova Antonio

Los amplísimos talleres donde trabajaba ya no podían contener sus obras. Entre éstas se encontraba una estatua colosal de Napoleón, que actualmente se exhibe en el palacio Brera de Milán.

Canova: fue encargado de reproducir otros miembros de la familia Bonaparte, y es así como le fue dado representar a la hermosa princesa Paulina Borghese bajo el aspecto de Venus victoriosa.

Luego del destierro de Napoleón en Santa Elena, Canova fue enviado especialmente a París por el papa para pedir la devolución de los monumentos quitados a Italia. De regreso a su patria, esculpió otras obras notables: Las tres Gracias, el monumento de La Guerra y la Paz, y la estatua de Washington que le había sido encomendada por el Senado de Carolina (Estados Unidos).

El 21 de setiembre de 1821 regresó a Pessagno, su ciudad natal, con el propósito de reponer su quebrantada salud. Pero no pudo resignarse a la inactividad.

Quiso volver a Roma, pero durante el viaje se detuvo en Venecia donde expiró el 13 de octubre de 1821. Canova no fue solamente un artista de primer orden, sjno también un hombre amado por su desinterés, su bondad y su afabilidad. Siempre se mostró generoso y nadie pidió en vano su ayuda.

El arte fue su única razón de vivir. En su juventud habíase enamorado de una hija del grabador veneciano Volpato, la que durante un corto tiempo fue su novia. Luego, no se sabe por qué causa, rompió el compromiso, y la delicada sensibilidad del artista no se curó jamás de esa herida.

Cultivó también la pintura, aunque sin alcanzar en ella la misma perfección que en la escultura. Sin embargo, su genio maravilloso realizó también el milagro de su autorretrato.

Biografia de Caravaggio Resumen de su Vida y Obra Artistica

Resumen Biografía de Caravaggio y Su Obra Artística
Artista de la Pintura del Barroco Italiano

Caravaggio, cuyo nombre real era Michelangelo Merisi (Milán, 1573 – Porto Ercole, 1610), artista pintor italiano,  uno de los exponentes más destacados de la escuela naturalista que surgió en Italia como oposición a la corriente manierista triunfante durante el siglo XVI. En sus cuadros, tanto profanos como religiosos, no utilizó otro modelo más que la cruda realidad sin someter a los personajes a proceso alguno de idealización.

Esta forma de tratar las composiciones religiosas atrajo la atención de la Contrarreforma por su carácter devocional que facilitaba la identificación de los fieles con los modelos de santidad, aunque, en algún caso, la excesiva vulgaridad de aquellos le valió algún problema con la Iglesia. Fue asimismo muy importante su utilización del claroscuro para imprimir dramatismo a sus obras.

Caravaggio pintor italiano
Su nombre real era Michelangelo Merisi, nació el 28 de septiembre de 1571, fue un pintor italiano,  de gustos auténticamente plebeyos, siempre listo para reñir, siempre dispuesto a crear obras maestras. Una mente perturbada de donde salía también la luz. . . Una vida extraordinaria, aventurera. . . La diosa fortuna le brindó sus sonrisas y él las rechazó: no le gustaban sus modales.

No lejos de la vetusta y placentera ciudad de Bérgamo, escondida entre los árboles, está la aldea de Caravaggio. Los habitantes de toda esa comarca saben emocionarse ante la belleza; entre ellos encontramos numerosos mecenas y también importantes centros donde se rinde culto al arte. Grandes artistas nacieron en ella y fueron luego a Milán, Venecia, Roma, para perfeccionarse con ilustres profesores y llegar, a su vez, a ser maestros.

Uno de ellos —Miguel Ángel Merisi, que primero fue a Milán y luego a Roma en busca de fortuna— estaba dotado de un talento tan original y vigoroso que los romanos, para distinguirlo mejor de Miguel Ángel Buonarroti, o bien- para definir aún más su pintura tan deliciosamente impregnada de vida popular, lo designaron con el nombre de su ciudad natal. Por eso el mundo entero lo conoció y lo conoce aún con el nombre de  Caravaggio.

Nació Miguel Ángel Merisi en el año 1571. Su padre, Fermo Merisi, era arquitecto y le enseñó a dibujar desde pequeño. El niño empezó a cubrir de frescos todas las paredes que encontraba. ¿Cuál fue la señal que reveló al padre la vocación de su hijo? Es difícil asegurar la autenticidad de lo que diremos, pero es agradable creer en la leyenda. Dice ésta que, muy niño aún, Miguel Ángel era capaz de dibujar personas de tamaño natural, cuya semejanza con el modelo era asombrosa. Sorprendido el padre de su precoz talento, no titubeó en enviarlo a Milán para que allí conociera los secretos de la pintura.

Hombre de vida airada, Michelangelo Merisi estudió inicialmente en Milán con el manierista Peterzano, contra cuya estética reaccionó ásperamente. Autodidacto en lo sucesivo, su pintura suscitó violentos rechazos. Mas a pesar de las críticas de los artistas, el público apreció sus telas rugosas, erizadas de pastosidades y dominadas por lo que a partir de él se ha llamado tenebrismo.

Sea lo que fuere, lo cierto es que el jovencito entró en calidad de discípulo en el estudio de Peterzano. Tenía entonces once años. Era un adolescente turbulento, fuerte, de ojos oscuros, que siempre había vivido en contacto con la naturaleza.

Amaba el juego, la lucha, era aplomado en sus réplicas y hablaba con voz enérgica. En ese tiempo la pintura de moda era amanerada, rebuscada. Se veían personajes en posturas artificiales, vírgenes y santos enredados en vestimentas demasiado amplias, y los fondos de las telas aparecían siempre sobrecargados de flores y frutas.

Esas imágenes se parecían más a comediantes que a personajes sagrados. En el estudio de Peterzano se cultivaban esas tendencias y los discípulos se esforzaban en asimilar el estilo del maestro.

Pero Miguel Ángel Merisi, rebelde en su vida, lo era también en el arte. Nunca se sometió a los llamados buenos modales, que entonces tenían fuerza de ley. Sin perder tiempo en prosternarse frente a los lienzos de su maestro, buscaba, entre los hombres de la calle y las tabernas, los modelos de su gusto, de ademanes y expresiones naturales.

Le encantaba promover desórdenes en el taller y molestar con bromas pesadas a los clientes de Peterzano. Incitaba a sus compañeros a la indisciplina y enfrentaba a su maestro con ese descaro, tan espontáneo, que conservó toda la vida.

Vivió cuatro años en Milán. Concluido su compromiso con Peterzano, inició la búsqueda de nuevos horizontes. No disponía de mucho dinero, tal vez el justo para poder comer modestamente una vez al día, pero estaba seguro de lo que deseaba y tenía, a pesar de su alma vagabunda, una gran fuerza de voluntad y un irresistible anhelo de producir obras maestras.

Dirigió sus pasos a Roma, donde los primeros tiempos de su estada fueron muy duros. Enfermó de paludismo y lo cuidaron en el hospital de la Caridad, mas no llegó a sanar completamente. Algunos de sus autorretratos pintados en esos años, lo presentan pálido y demacrado por la fiebre. La miseria no contribuía a acelerar su convalecencia.

Se estableció en Roma hasta que, obligado a huir por haberse visto envuelto en una sangrienta reyerta, se refugió en Napóles (1606). Recorrió el sur del país perseguido por la justicia hasta que pasó a Malta (1607), donde fue recibido en la orden de San Juan. Encarcelado un año más tarde por ofensas a un caballero de la orden, logró huir a Sicilia y de alli a Milán.

Caravaggio no habitó jamás en los barrios aristocráticos, donde los artistas de la época instalaban pintorescos y lujosos talleres, y adonde la gente de la nobleza concurría encantada para encargar su retrato. Vivió siempre entre los pobres, quienes compartieron con él su escasa comida y su albergue, incluyéndolo también en sus riñas y sus luchas.

Sin embargo, días mejores se avecinaban. Cuando los romanos se dieron cuenta de lo bien que pintaba y dibujaba, comenzó a ganar dinero. El cardenal Del Monte fue uno de los primeros que, al mirar uno de sus cuadros, Los tramposos, valoró la precisión y el vigor de los personajes, que parecían vivientes. Adquirió la tela y llevó al pintor a su palacio. El cuadro ocupó un lugar de honor, y su autor, colmado de atenciones y cuidados, ataviado con ropa nueva de pies a cabeza, fue presentado a todos los ilustres amigos que el cardenal recibía en palacio.

Entre dos riñas, entre dos comidas: una en la mesa del cardenal, otra en alguna taberna, ya vestido como un señor y escoltado por un paje, ya llevando un jubón roto y en compañía de Cuervo, su perro negro, Caravaggio buscaba todas las oportunidades para pintar y los encargos afluían…

No podemos afirmar que hiciera un solo gesto para asir la fortuna, ni grandes esfuerzos para conservarla.A los poderosos rendía la pleitesía suficiente para no convertirlos en enemigos; pero pintaba mucho mejor cuando estaba inspirado que cuando lo movía el afán de lucro. Satisfacía a sus clientes sSolamente cuando los gustos de éstos no chocaban con los suyos propios. La gente de sociedad, acostumbrada a los refinamientos de los pintores en boga, se escandalizaba al ver las caras plebeyas de los santos y las vírgenes de Caravaggio.

Su San Jerónimo de músculos poderosos, su San Mateo sentado descuidadamente entre jugadores vulgares, y esa Madona echada en la cama, con los miembros aún deformados por los últimos sufrimientos de la agonía, le valieron críticas violentas de sus contemporáneos. Sin embargo, entonces como ahora, tuvo sus admiradores.

Se apreciaba su espontaneidad en la interpretación de los hechos, en la evocación de los personajes, así como su sinceridad y profundidad, pues su luz penetraba muy hondo en las almas. Sabía expresar el amor de los hombres hacia Dios y el amor de Dios hacia los hombres. Pero sin refinamientos, sin empalagar, huyendo de lo rebuscado.

A despecho de lo que podían pensar los atildados señores de la época, Caravaggio tuvo numerosos defensores y encontró amigos y discípulos entre los jóvenes pintores romanos, y los halló más adelante en Nápoles, en España y en los Países Bajos.

Si nosotros fuésemos pintores y tuviéramos que retratar a Caravaggio, lo haríamos con un pincel en una mano y un puñal en la otra. Porque sus cuadros fueron tan numerosos como sus peleas.

Después de haber dado muerte a un hombre y para no caer bajo el rigor de la justicia, tuvo que huir de Roma y refugiarse en Nápoles, donde felizmente su arte le había valido una fama mayor que la de sus fechorías. Tenía entonces 35 años, pero aparentaba mucho más, ya que las consecuencias del paludismo, la agitada vida y el temor a la justicia habían quebrantado su salud.

En Napoles no alteró sus costumbres: nuevos cuadros y nuevas riñas. ¿Buscaba, tal vez, reproduciendo con todo el vigor de su genio La flagelación, La Última Cena, El entierro de Santa Lucía, redimirse a los ojos de Dios? Esas manos, que tantas veces habían golpeado a sus semejantes, dieron al mundo obras místicas que se cuentan entre las más bellas de todos los tiempos.

De Nápoles pasó a Malta, que estaba en poder de los Caballeros de San Juan desde hacía 75 años. Fue recibido con grandes honores, y el gran maestre de la orden, Alof de Wignacourt, le encargó su retrato, actualmente en el museo del Louvre, y una Degollación de San Juan Bautista destinada a la catedral de Malta.

Pero la calma había durado mucho tiempo. Riñó con un caballero de la orden y fue encarcelado por mandato del gran maestre. Logró evadirse y huyó a Sicilia. Sus últimos años fueron los más dolorosos. Acorralado por la justicia, cuya sombra creía ver constantemente, mirado con desconfianza por aquéllos que aún le amaban, pero que veían ya en él los signos precursores de la locura, roído por la duda y la angustia, joven todavía pero envejecido por tantas pruebas, recibió un golpe fatal. . .

En 1609, cuando subía a bordo de una falúa que lo conduciría a Génova, la policía lo confundió con otra persona y lo detuvo. Mientras lo interrogaba y comprobaba su error, la falúa emprendió viaje llevando todos sus bienes. Desesperado, Caravaggio, bajo los implacables rayos del sol, corrió a lo largo de la playa, tratando de alcanzar el barco. Sus fuerzas lo traicionaron y se desplomó en la arena, murio un 18 de julio de 1610.

 

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/caravaggio1.jpg

La Caída de San Pablo: El pintor barroco italiano Caravaggio es autor de numerosas obras de temática religiosa y dramático realismo de carácter tenebrista. Una de las peculiaridades de la Conversión de san Pablo es que el motivo central de la composición es el cuerpo del caballo en lugar de la figura del santo. Fue pintada en 1601 y se encuentra en la capilla Cerasi de Santa Maria del Popolo de Roma (Italia).

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/caravaggio2.jpg

Narciso Junto a la Fuente: Nos encontramos ante una de las últimas obras que realizó el pintor italiano Michelangelo Merisi da Caravaggio en su segunda etapa.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/caravaggio3.jpg

La decapitación de San Juan Bautista o Degollación de San Juan Bautista, 1607-08, (Barroco Italiano), Museo de San Juan de La Valetta (Malta)

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/caravaggio4.jpg

La Crucifixión de San Pedro es un óleo sobre lienzo realizado por el artista italiano Caravaggio en 1601. La obra es de estilo Barroco.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/caravaggio5.jpg

San Jerónimo penitente o San Jerónimo en meditación, 1605, (Barroco Italiano), Museo de Montserrat, Monasterio de Montserrat, Barcelona.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/caravaggio6.jpg

Muerte de la Virgen, La Dormición o El Descendimiento, 1605-06,  (Barroco Italiano), Museo Nacional del Louvre, París.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/caravaggio7.jpg

Las siete obras de misericordia, 1606,  (Barroco Italiano), Iglesia del Monte Pío de Misericordia, Nápoles (ITA)

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/caravaggio8.jpg

Salomé recibe la cabeza de San Juan Bautista, obra de Michelangelo Merisi, más conocido como el Caravaggio, creador del tenebrismo, estilo caracterizado por el contraste entre luces y sombras.

 

OTRAS OBRAS ARTISTICAS DE CARAVAGGIO

OBRA ARTISTICA DE CARAVAGGIO

ALGO MAS SOBRE EL TEMA…

Caravaggio era un hombre pendenciero, violento y amigo de los excesos. Llegó a Roma en 1600 en una situación de extrema necesidad, pero en la ciudad logró rehacerse hasta consagrarse como uno de los mejores pintores del Barroco. Desde esa fecha y hasta 1606, año en que se vio obligado a huir a Nápoles tras asesinar a Ranuccio Tomassoni, Caravaggio dejó en la ciudad algunas de las obras pictóricas más importantes del siglo XVII.

Entre ellas se encuentran David con la cabeza de Goliat y Niño con un cesto de frutas, actualmente en la Galería Borghese; La buenaventura, en los Museos Capitolinos; Descanso en la huida a Egipto, en el Palacio Doria Pamphili y Judith y Holofernes, en la Galería Nacional de Arte Antiguo.

Las pinturas fueron el primer encargo de relevancia que recibió Caravaggio al llegar a la ciudad. El efecto que causaron en los pintores de la época provocó que comenzasen a imitar el tenebrismo y la exuberancia del milanos. A pesar de ello, no todos recibieron las obras con la misma admiración.

Uno de los lienzos, el que representa a San Mateo y el ángel, fue rechazado por el cardenal Del Monte, persona que había realizado el encargo siguiendo las órdenes dejadas a su muerte por Matteo Contarelli, propietario de la capilla.

Las razones esgrimidas eran, sencillamente, que el santo aparecía con las piernas desnudas y sucias. Tampoco gustó que el ángel, que se apoyaba en el hombro del anciano, tuviera excesiva cercanía con el evangelista. El hecho de que le cogiese la mano para ayudarle a escribir el texto sagrado en lugar de inspirárselo fue la gota que colmó el vaso.

El lienzo, sustituido por el que se muestra actualmente en la capilla, fue adquirido por el banquero Vincenzo Giustiniani. Sus herederos lo vendieron al Kaiser Friederich Museum de Berlín. Sin embargo, el cuadro parecía estar destinado a su desaparición y así fue. Tras la caída de la ciudad en la Segunda Guerra Mundial, la primera versión de San Mateo y el ángel fue destruido y sólo se conservan algunas reproducciones fotográficas.

La humanización de los personajes sagrados a través de detalles como la suciedad fue una constante en los cuadros de Caravaggio. También una de las razones por las que sería duramente criticado. Así sucedió con La virgen de Loreto, lienzo que se muestra en la basílica de San Agustín.

La mujer que sirvió de modelo para la virgen era una prostituta llamada Lena. Ante ella se postran dos peregrinos, uno de los cuales tiene los pies sucios y maltratados. En 1604, fecha de realización de la obra, en plena Contrarreforma, ambos detalles fueron muy mal recibidos. Algunos no dudaron en calificar el cuadro de herejía.

La Conversión de San Pablo y la Crucifixión de San Pedro, se encuentran en la Iglesia de Santa María de Pueblaen Roma. Ambos trabajos son segundas versiones realizadas en 1601 tras haber sido rechazadas por aquellos que los encargaron. Entre las quejas de los clientes estaba, por ejemplo, que San Pablo aparecía excesivamente pequeño en comparación con el caballo. Esa primera versión de la conversión fue adquirida por la familia Odescalchi Balbi. La primera versión de la crucifixión, lamentablemente, se perdió.

Ambas piezas son una apoteosis del claroscuro, la torsión de los cuerpos, la complejidad en la composición y el escorzo. Especialmente la de San Pedro, que muestra al santo en el momento de cumplir su último deseo: ser crucificado boca abajo por haber negado a Cristo tres veces. Una actitud extrema, tremendamente barroca.

Fuente Consultada
LO SE TODO Tomo V Editorial CODEX – Biografía de Caravaggio –
Nota Revista Ling Abril 2017 Nota: Vida de Caravaggio

Biografia de Giuseppe Verdi Compositor de Opera Obra Artistica

Biografía de Verdi Giuseppe y su Obra Artística
Compositor de Ópera

Giuseppe Verdi. —Gran compositor italiano. Nació en Roncóle el 10 de octubre de 1813 y murió en Milán el 27 de enero de 1901. Desde muy pequeño fue aficionado a la música, sin que pudiese alimentar sus inclinaciones con otro pasto mejor que el proporcionado por las melodías que escuchaba a desafinados organillos ambulantes.

Protegido por unos amigos de la familia, recibió lecciones del organista de la iglesia de su pueblo natal, revelándose entonces como un niño prodigio, ya que al año de educación musical declaró su maestro que ya nada tenía que enseñarle. Escribió bastantes óperas que se popularizaron prontamente; entre ellas El Trovador, Rigoleto y La Traviata. Su conocida y gran ópera Aida la compuso por encargo del virrey de Egipto Ismail Bajá para inaugurar con su estreno el Teatro de la Ópera de El Cairo.

Se puso en escena el 24 de diciembre de 1871, obteniendo un éxito clamoroso que se repitió en cuantas representaciones posteriores de ella se dieron en todos los teatros de ópera del mundo. Después escribió Ótelo y Falstaff, esta última, ópera cómica. En toda su producción desde Aida, se nota la influencia wagneriana y de la moderna escuela musical y se consideran más avanzadas técnicamente que sus primeras producciones.

En 1872 le fue conferida la dignidad de senador, y en la última parte de su vida gozó de posición opulenta. Como nota curiosa consignaremos que al intentar el ingreso en el Conservatorio de Milán para perfeccionar sus estudios musicales, sostenido por una pensión becaria que se le había concedido, el tribunal examinador dictó, en 1829, un fallo reprobatorio, fundándose en que los ejercicios presentados por el opositor no mostraban especiales aptitudes para la música.

Lo llamaban el «cisne de Busseto», puesto que Busseto era el pueblo cercano a Róncole donde nació Giuseppe Verdi un día de octubre de 1813. Las raíces musicales de esa zona de Italia son muy antiguas y sus habitantes tienen una sensibilidad musical innata, muy especialmente para la voz humana, con la que Verdi expresó todos los sentimientos del alma humana: odio, amor, celos, dolor, tristeza y alegría, alcanzando la voz en sus dramas la belleza altiva que tienen los cisnes.

 

Giuseppe Verdi compositor


José Verdi fue el intérperte del alma italiana anhelante de libertad. De su genio surgieron los acentos patéticos que habrían de conmover a todo un pueblo.Nació el 10 de octubre de 1813 en Roncole, h
ijo de campesinos analfabetos, estudió música en la vecina ciudad de Busseto donde encontró unos protectores en los esposos Barezzi. Cuando en 1832 fue rechazado por el conservatorio de Milán a causa de su juventud y de que «sus ejercicios no mostraban especiales aptitudes para la música», entró como discípulo del compositor milanés Vincenzo Lavigna.

BIOGRAFÍA:

En una modesta vivienda de la aldea de Roncóle, cerca de Busseto, provincia de Parma, nació el 10 de octubre de 1813 un niño, hijo de Carlos Verdi y de Luisa Ullini, que recibió el nombre de José.

Aquellos humildes aldeanos, cuyo único bien consistía en un despacho de vino y de tabaco, estaban muy lejos de sospechar que el pequeño José sería el más grande genio musical del siglo.

El niño se crió en el modesto negocio paterno donde entraba de vez en cuando un violinista ambulante. Entonces, el pequeño José interrumpía sus juegos y escuchaba con profunda admiración los monótonos estribillos del vagabundo. Uno de estos músicos, al advertir la manera como el chiquillo se extasiaba, dijo a los padres de éste: «Haced estudiar música a vuestro niño: triunfara; lo digo porque entiendo de esto.»

Cuéntase que el pequeño José, grave y tranquilo, desempeñaba las funciones de monaguillo en la iglesia local, atraído, sobre todo, por las ejecuciones del organista Baistrocchi. Un día, recriminado por el cura que lo había sorprendido en completa abstracción escuchando el órgano de la iglesia y ajeno por completo a cuanto ocurría a su alrededor, huyó buscando refugio en los brazos maternos e implorando: «Madre, madre, hacedme estudiar música.»

A los ocho años de edad el padre le regaló una vieja espineta. De sus dedos inseguros brotó un acorde: en vano quiso repetirlo. Entonces fue tan grande su desesperación, que con sus puños y un martillo destrozó casi por completo el viejo instrumento.

Un amigo de la familia, Esteban Cavallette, acudió en su auxilio y reparó la espineta sin pedir por ello ninguna recompensa, pues él también había observado la disposicion para la música del pequeño José.

A los doce años de edad, José Verdi reemplazaba al anciano Baistrocchi en el órgano de la iglesia.

La inspiración del adolescente comentaba a despertarse y, para él, ese órgano era lo más interesante de la aldea. En ese momento se afirma su vocación.

Su música lo llena de agitación y exalta su fantasía; oyéndole se siente embargado por una fuerza irresistible. Todos los sonidos lo atraen; la madre, humilde hilandera, cariñosa e inteligente, sorprende a menudo al jovencito atento al rumor del agua que corre o escuchando el viento que se introduce en la chimenea.

José tiene siempre una canción a flor de labios y, cuando va a Busseto para hacer las compras habituales, se detiene frente a la casa del señor Antonio Bareggi, para escuchar las melodías que allí se ejecutan en el piano.

—¿Qué haremos con este hombrecito? —pregunta la madre al párroco—. ¿Cura, como dice su padre, u organista, como sueña él?
—Hay tiempo para decidir. . .
—Es verdad —dice la mujer—; además, si José se porta bien, para Navidad tendrá un hermoso regalo.

Con la Navidad llegó el regalo: la suerte quiso que en Busseto hallara la persona y el ambiente que le convenían. Antonio Barezzi, comerciante activo y sagaz, le dio un empleo en su negocio y lo animó para que estudiara música. Pudo entonces ejercitarse en un buen piano, el de la suave e inteligente Margarita, hija de Barezzi y que veía en Verdi, no a un dependiente de tienda, sino a un joven excepcional.

—El pequeño Verdi, decía Barezzi, es en verdad un buen chico. Lleno de dignidad y amor propio, es inteligente y leal. A veces un poco testarudo, pero pronto se hace perdonar. ¡Y qué voluntad! Trabaja de día como un negro; al atardecer toca el órgano en Roncóle y el domingo estudia latín con el canónigo Seletti.

Fueron sus rápidos progresos en latín los que incitaron al canónigo de Busseto a sugerir a los afortunados padres la conveniencia de encaminar hacia el sacerdocio a ese niño excepcional.

Mas fue el mismo Seletti quien los disuadió poco después, cuando, por falta del organista, durante la misa mayor del domingo siguiente, alguien aconsejó que se hiciera tocar «al hijo de don Carlos, de Roncóle».

—¿De quién es ese trozo que nos ejecutaste, José? —le preguntó el buen canónigo al terminar la misa.
—De nadie —contestó el jovencito—, he seguido mi inspiración.
—Comprendo —concluyó dom Seletti—; creo que deberás seguirla de verdad.

Se consultó al organista Fernando Provesi, director de la sociedad filarmónica, e inmediatamente, entre el niño y el anciano maestro, se estableció un vínculo de profunda y tierna amistad. Provesi le enseñó cuanto él sabía, y estos estudios no tardaron en dar sus frutos: a los dieciséis años, Verdi recibe, por sus primeras composiciones para banda, grandes elogios.

Su solicitud para desempañar el cargo de organista de la iglesia de San Santiago de Soragna fue rechazada. Pero, en cambio, dos instituciones benéficas de Busseto le concedieron una beca, cuya cantidad fue generosamente aumentada por Barezzi, para que pudiera estudiar en Milán. A los diecinueve años, Verdi pidió su admisión en el Conservatorio de esa ciudad.

Durante el examen ejecutó en el piano el Capricho en la, de Herg, ante una comisión formada por Basili, Piantanida, Angelen y Rolla.

Esperaba el fallo con ansia, mas transcurría el tiempo sin que recibiera ninguna comunicación oficial. Hasta el momento en que Rolla le aconsejó que continuara estudiando sin pensar en el Conservatorio.

Esto afectó profundamente a Verdi, pero tenía una inquebrantable voluntad y, como Anteo, que recuperaba nuevas fuerzas cada vez que tocaba tierra, «el chico de Roncóle» se erguía con mayor brío después de cada desilusión.

Buscó entonces un maestro capaz, y halló a Lavigna, quien le enseñó armonía y contrapunto y lo familiarizó con la música de Palestrina.

Otra experiencia aún más triste y amarga lo esperaba cuando regresó a Busseto con la esperanza de suceder a Provesi que había fallecido: la envidia v las intrigas de sus conciudadanos malograron sus propósitos. Tan sólo le fue dado conseguir la dirección de la banda de música de su aldea. Retomó su antiguo puesto de dependiente y, en secreto, reanudó los estudios interrumpidos.

Verdi tenía poco más de diez años de edad cuando ya tocaba el órgano de la iglesia de su aldea natal. Sobre ese instrumento improvisó sus primeras melodías. Animado por parientes y amigos, Verdi solicitó su admisión en el Conservatorio de Milán. Tenía diecinueve años de edad y fue rechazado por la comisión examinadora.

En 1835 se casó con la hija de su protector, Margarita Barezzi, con quien tuvo dos hijos: Virginia e Icilio. Pero ambos fallecieron antes de los dos años. Profundamente dolorido, Verdi buscó consuelo en la música, creando sinfonías, marchas, trozos vocales, misas y vísperas, serenatas, cantatas, arias, dúos, conciertos y variaciones para piano.

Su primera ópera: Oberto, conde de San Bonifacio, traduce su profundo deseo de paz, de armonía, de amor. Representada el 17 de noviembre de 1839 en La Scala de Milán, obtuvo un éxito completo facilitado por el mérito de la joven y bien conocida cantante Josefina Strepponi, quien, sin dudar del talento del autor, había preparado la opinión del público y de los críticos. La música de Oberto ha recibido la influencia de los grandes maestros de esa época: Bellini y Donizetti.

Cuando tenía 22 años compuesa una ópera melodramática «Oberto con de Bonifacio», que quiso hacer representar en un gran teatro italiano. Verdi tuvo la certeza de haber compuesto buena música y deseó que el público la conociese. ¿Qué gran teatro llevaría a escena la ópera de un músico desconocido?. . . Por fin, después de muchas gestiones, algu nos amigos suyos lograron que aquélla fuera aceptada nada menos que por la «Scala» de Milán, el teatro lírico más importante del mundo. El 17 de noviembre de 1839 la ópera subió a escena, la música gustó muchísimo. El nombre de Verdi dejó de ser desconocido. El público italiano esperaba del novel músico otras óperas y José Verdi no defraudó tales esperanzas: el 9 de marzo de 1842 fue representada una nueva y gran ópera suya: «Nabuco».El éxito esta vez fue terminante; José Verdi era considera do ya un gran músico y un ardiente patriota. En aquellos días los italianos estaban luchando para liberarse de la domina ción austríaca, y, precisamente, Verdi había resuelto conpo ner una ópera que interpretara el sentimiento patriótico de todo el pueblo italiano.

El empresario Bartolomé Merelli, intuyendo las posibilidades del joven compositor, le encargó tres óperas: dos dramáticas y una cómica, que Verdi debía entregar en el transcurso de dos años con los honorarios de 4.000 libras austríacas por partitura.

Mientras estaba trabajando en el Fingido Estanislao, rebautizado como Un día de verano, ocurrió la muerte de su esposa, Margarita, de 25 años de edad, en junio de 1840. Verdi, para no faltar a su compromiso, terminó la segunda ópera, sumido en honda tristeza, sin entusiasmo y sin convicción.

El público recibió esa composición con frialdad y los críticos la juzgaron falta de estilo y de originalidad. Pero, de nuevo, el fracaso actuó como un estímulo. Vencido el primer desconcierto y animado por las insistencias de Merelli y de la cantante Josefina Strepponi, retornó al trabajo con la vehemencia de quien recomienza su vida.

La nueva ópera Nahucodonosor, presentada en Milán el 9 de marzo de 1842, fue un triunfo. El coro «Sobre las alas doradas» conquistó al público.
Los nombres de Josefina Strepponi y de José Verdi unidos en los mismos programas exaltaban el alma italiana.

«Nabucodonosor» refleja la angustia del pueblo judío reducido a la esclavitud y su esperanza en una futura libe ración. ¿Acaso no eran éstos los sentimientos que animaban a los italianos?. Y, un año más tarde, compuso otra ópera patriótica: «Los lombardos en la primera Cruzada». A sus compatriotas no escapó el mensaje de esta nueva creación: Verdi incitaba al pueblo italiano a preparar una cruzada contra el opresor extranjero.

El entusiasmo siempre creciente del público estimulaba al artista. Así compuso, en 1843, la ópera Los lombardos en la primera Cruzada, y, en 1844, Ernani.

El éxito de esta última ópera consolidó de tal manera la fama del maestro, que se llegó a considerarlo el sucesor de Bellini y Donizetti. Meyerbeer, el más encarnizado opositor de la música italiana, temido hasta por el gran Rossini, acalló sus ataques frente a las protestas generales.

La música verdiana adquiría un valor simbólico; las notas viriles o nostálgicas que el público repetía en un frenético delirio, eran la misma voz de Italia anhelante de libertad.

Basta recordar el profético canto de Atila: «¡Amada patria, madre y reina de magníficos hijos poderosos, volverás a vivir más altiva y hermosa!«, para comprender la excitación de un pueblo que estaba preparando su propia independencia.

Atila se representó en el teatro La Fenice, de Venecia, en el año 1846.

Luego de la tercera función el autor fue llevado en andas, seguido por un cortejo de antorchas y calurosamente vitoreado.

Después de Macbeth (1847), Verdi fue llamado a París y Londres: Josefina Strepponi, la compañera fiel de toda la vida, lo acompañó, no ya como intérprete, sino como esposa.

En París, Verdi compuso El Corsario, La Batalla de Legnano, Luisa Miller y Stiffelio.

Los años que siguieron fueron particularmente fecundos: Rigoletto (1851), Il Trovatore (1853), La Traviata (1853), brotan como perlas milagrosamente perfectas del cofre inagotable de su arte.

Es música capaz de hacer vibrar todas las cuerdas de la sensibilidad humana y conduce a su autor a la cúspide de la popularidad, en Italia y en el extranjero.

En el compositor de treinta y ocho años de edad, que tan sólo había abandonado su traje de aldeano diez años atrás, palpitaba todo un universo de secretas e infinitas armonías. El mundo lo contemplaba asombrado y emocionado.

En 1855, invitado por el gobierno imperial francés para que escribiera una ópera con motivo de la Exposición de París, compuso: Las vísperas sicilianas. La ópera agradó, y, como se había procedido con Rossini, el autor fue invitado a establecerse definitivamente en Francia.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/verdi2.jpg

Con su ópera «Los lombardos en la primera Cruzada»,
José Verdi invitaba a los italianos a preparar una cruzada contra el opresor
extranjero.

La fuerza del destino. Don Alvaro está enamorado de Leonor, hija del marqués de Calatrava. La convence para que se fugue con él, pero, involuntariamente, don Alvaro mata al padre de Leonor. Ésta se recluye en un convento y don Alvaro busca la muerte en el campo de batalla. Verdadero juguete del destino mata al hermano de Leonor que lo había reconocido. Leonor acude y ella también es apuñaleada por error. Don Alvaro, desesperado, se arroja a un precipicio.

El maestro rechazó la invitación y, vuelto a Milán, escribió Simón Boccanegra. Esa ópera, que no gustó mucho en Venecia, halló gran favor en Nápoles. El 17 de enero de 1859 fue representada en Roma otra gran obra: Un baile de máscaras, que despertó entusiasmo indescriptible.

Durante esa velada, en vísperas de la guerra contra Austria, se gritó por vez primera: «¡Viva Verdi!». Era una ovación al maestro y un desafío al adversario, pues la sigla del apellido indicaba: «Víctor Emmanuel rey de Italia».

Con La fuerza del destino, representada el 11 de noviembre de 1861 en el teatro imperial de San Petersburgo, y con Don Carlos, puesta en escena el 11 de marzo de 1867, Verdi se encaminó hacia nuevas afirmaciones de su personalidad artística.

Era, aunque maduro en años, un genio siempre joven. Ya había abandonado el camino señalado por sus predecesores, para emprender nuevos rumbos. Aída, con su «Marcha triunfal», representada en El Cairo el 24 de diciembre de 1871, consagró una gloria que desafiará a los siglos.

El fallecimiento de Alejandro Manzoni,  con quien estaba ligado por profunda amistad, le inspiró en 1873 la Misa de réquiem, que aún hoy es imposible escuchar sin conmoverse.

En el último período de su creación, vuelve a asombrar al mundo con su incesante renovarse. Otelo 1887) y Falstaff (1893), compuestas respectivamente a la edad de setenta y cuatro y ochenta años son, indudablemente, la mejor expresión de su arte.

Otelo, el Moro de Venecia, ama a Desdémona, hija de Bradancio. Después de casarse, ambos parten para Chipre. Yago odia a Otelo y le hace creer que Desdémona lo engaña con Cassio. El  vil intrigante roba un pañuelo a Desdémona y convence al esposo de que ésta se lo entregó a Cassio como prueba de amor. Convencido de la infidelidad de Desdémona, el moro estrangula a su inocente esposa.

Rigoletto. En la corte del duque de Mantua liay un bufón llamado Rigoletto. La estúpida crueldad de los cortesanos se ensaña contra ese desdichado, quien, mientras tanto, se entera de que el duque fingiéndose estudiante, sedujo a su hija Gilda abandonándola luego. Rigoletto prepara su venganza, pero Gilda, que conoce los propósitos paternos, ocupa el lugar del duque y muere.


RlGOLETTO: Ópera melodramática en tres actos de Giuseppe Verdi (1813-1901).
Fue estrenada el 11 de marzo de 1851 en el teatro La Fenice de Venecia.

La Historia: El duque de Mantua y su bufón, Rigoletto, que era jorobado, son insultados por Monterone, a cuya hija ha seducido el duque. El insaciable duque también desea a Gilda, sin saber que es hija de Rigoletto. Los cortesanos que sentían celos de Rigoletto por su proximidad al duque lo engañan de forma tal que el duque pueda raptar a Gilda. Ella se entrega al noble pero Rigoletto trama su venganza y contrata los servicios de un asesino profesional, Sparafucile, cuya hermana Maddalena lo convence de que perdone la vida del duque si antes de medianoche entra en su posada alguien a quien pudiese matar en su lugar. Gilda oye la conversación y sacrifica su propia vida para salvar la de su amante. Rigoletto va en busca del cadáver del duque, pero lo oye en el piso de arriba cantando la famosa aria La Donna é Mobile. Extrañado abre el saco y para su terror, encuentra a su hija.

En las postrimerías del siglo y de su vida alcanzó el umbral de la música moderna, indicando el camino futuro. Corresponde a Arrigo Boito el mérito de haber escrito los libretos de Ótelo y Falstaff y de haber animado al maestro en la composición de las dos óperas.

Josefina Strepponi, su inspiradora, intérprete, colaboradora y compañera amante, decía de Verdi que la bondad de su alma era superior a su talento. El maestro lo corroboró cerrando su vida con un acto noble y profundamente humano: ofreció su fortuna a un hogar de descanso para músicos. Próximas a esta casa están las tumbas de José Verdi y Josefina Strepponi.

Al día siguiente del 27 de enero de 1901, día del fallecimiento de Verdi a la edad de ochenta y ocho años, el cuerpo del maestro era acompañado hasta su última morada por una multitud acongojada que acudía de todas partes, siguiendo el féretro ‘»pobre y desnudo» según lo estableciera la voluntad del extinto.

Renato Simoni, en su sentida crónica, escribió: «Una vez más el maestro daba algo de sí a ese pueblo al que había enseñado el consuelo del canto y, en éste, las ansias de superación y el sentido de lo infinito

ASI ERA VERDI…

Los comentarios críticos después del estreno del Réquiem por Manzoni -observaciones en el sentido de que la música era ostentosa, sensacional, barata, antirreligiosa, irreligiosa, melodramática- venían a representar la actitud crítica que Verdi tuvo que afrontar la mayor parte de su vida. Sus óperas soportaron críticas sin precedentes, especialmente en Inglaterra y Estados Unidos. Muchos críticos sencillamente no podían tomar en serio a Verdi como compositor. Cuanto más admiraba el público la música de Verdi, más los críticos protestaban y sermoneaban acerca del carácter «obvio» de su composición, su carácter «antivocal», su orquestación «primitiva». Se decían unos a otros, y decían al público, que esa música ejercía a lo sumo una atracción provisional y no podía perdurar.

El crítico del Telegraph de Londres debió tener en cuenta la tremenda recepción que el Réquiem tuvo cuando se lo estrenó en Milán. La ovación llegó porque Verdi era amado como hombre, y también por Manzoni, y porque los italianos se sentían orgullosos de la fama de Verdi. «Ahora que la Península es un Estado, todos los habitantes, incluso los que pertenecen a los distritos más remotos, asumen orgullosos su parte del honor dispensado a todas las celebridades italianas.» Por la cabeza del crítico del Telegraph no pasaba la idea de que la música del Réquiem tuviese nada que ver en el asunto.

Verdi no se inquietaba ante la reacción negativa de algunos críticos. Aparentemente, fue un compositor que no se preocupaba mucho por lo que decía la crítica. Afrontaba con ecuanimidad el éxito y el fracaso. «Se equivoca», escribió a un amigo, «si intenta defender Un Bailo in Maschera de los ataques de la prensa. Debería hacer como yo siempre hago: abstenerse de leerlos y dejar que bailen al son que más les plazca…

Por lo demás, la cuestión es ésta: ¿La ópera es buena o mala? Si es buena, y ellos no lo creen así a causa de sus prejuicios, etc., uno debe dejar que hablen como les parezca, y no tomarlo demasiado a pecho.» Y en otro pasaje: «Con respecto a los periódicos, ¿alguien le obliga a leerlos?… Llegará el día de la justicia, y para el artista es un gran placer, un placer supremo, poder decirles: «¡Imbéciles, estaban equivocados!»

ALGO MAS…

¿Cómo fue su vida?: Aunque nació en una familia humilde, pudo estudiar y cultivar su vocación gracias a la figura de un mecenas de provincias, un droguero que amaba el «bel canto». El estudio, el trabajo y el éxito, cuando llegó, no lograron cambiar la forma de vida del músico, firmemente vinculada a sus orígenes, en su casa de Busseto. A los 30 años, el destino le deparó una tremenda tragedia familiar: la muerte de sus dos hijos y, poco más tarde, de su esposa. Pero él se rehizo y volvió a casarse con una de las mejores intérpretes de sus óperas, Guiseppina Strepponi.

¿Alcanzó pronto el éxito?: Su presentación en el teatro de la Scala de Milán, en 1840, fue un auténtico fracaso y coincidió con los años de la tragedia familiar. Le pareció que todo había acabado para él, pero un sagaz empresario de la Scala, que intuyó su valía, le convenció para que empezara a trabajar de nuevo.

¿Qué hizo este empresario?: Le dio a leer un manuscrito titulado Nabucco, para que pusiera música al texto. El drama hablaba de amor y de la esclavitud del pueblo judío. Verdi se sintió conquistado por el texto.

¿Tuvo éxito Nabucco?: El mismo teatro que había visto cómo pateaban su obra, asistió a su clamoroso éxito. Una de las arias más famosas de la ópera (Vapensiero sull’ali dórate…), traspasó como pieza aislada las fronteras de Italia y se hizo famosa en toda Europa.

¿Qué óperas compuso más tarde?: A partir de este éxito, trabajó febrilmente. En pocos años escribió El trovador, Rigoletto y La Traviata, que, aunque aún no eran trabajos perfectos, tenían ya la capacidad de todas las obras de Verdi de inflamar el corazón de su público. Con el éxito recuperó el ánimo. En sus años de madurez, compuso La fuerza del destino y Aída, y en la vejez, su gusto por el melodrama lo llevó a crear Otelo, seguramente su obra más conseguida, y Falstaff. Finalmente, pudo retirarse a su tranquila residencia de Busseto, después de crear óperas durante medio siglo. Murió serenamente a principios de nuestro siglo.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse – Biografías: Verdi y Sus Óperas –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Biografía de Pushkin Aleksandr Obra Literaria Resumen

Biografía de Pushkin Aleksandr
Vida y Obra del Escritor Ruso

El escritor ruso del siglo XIX Aleksandr Pushkin fue una de las primeras figuras de la literatura rusa. Maestro  versátil, escribió poesías, relatos, novelas y obras teatrales. Entre sus escritos más conocidos se encuentran el drama Borís Godunov (1825) y el poema épico Eugene Onegin (1823-1831).

Contribuyó a crear una larga tradición literaria en su país, y su obra influyó en muchos autores posteriores. En el mundo de la poesía rusa, la figura de Pushkin domina incontrastada por la grandeza, la potencia y la sensibilidad de su expresión artística. Nació en Moscú en el año 1799 y pertenecía a una familia de antiguo y noble origen.

pushkin alejandro escritor ruso

«Todo aquello que Aleksandr Pushkin dice en sus versos o en sus prosas lamas pudo ser dicho de otro modo más que como él lo dijo.» Así se expresó el famoso escritor León Tolstoi al referirse al más grande poeta ruso del siglo XIX, quien legó a la inmortalidad la célebre tragedia histórica Boris Godunov y la no menos conocida novela Eugenio Oneguin.

Aleksandr Pushkin nació en Moscú, de una familia de la antigua nobleza, en el año 1799. Su infancia transcurrió en un ambiente mundano y despreocupado que ejerció en el muchacho doble influencia: por un lado lo arrastró hacia una vida de holganza y placeres, y por el otro lo empujó a desarrollar su innata vocación literaria.

El tío de Aleksandr, que fue un discreto poeta, y su padre, que también sentía fuerte afición por la poesía, tuvieron amistad con los más grandes literatos de la época, entre los que se encontraban Karamzin y Zukovsky, quienes influyeron, asimismo, en la formación artística del joven Pushkin.

De espíritu apasionado y de fuerte inclinación hacia todas las formas de la cultura literaria, pudo Aleksandr Pushkin satisfacer fácilmente su sed de aprender en la nutrida biblioteca paterna, adonde por primera vez tomó contacto con los más conocidos escritores clásicos franceses. Vivió así en un clima en un todo de acuerdo con sus gustos y preferencias.

En el año 1811 se inscribió en el liceo de Tsarskoe Selo, en el que cursó estudios durante seis años y estuvo nuevamente rodeado de una atmósfera literaria caracterizada por la presencia de muchos estudiantes que, al pasar los años, se convirtieron en famosos pensadores y poetas.

Durante el tiempo transcurrido en el liceo se fueron operando algunos cambios en el espíritu de Pushkin. Allí, el diario y continuo contacto con profesores de tendencias liberales hizo que fuera asimilando lentamente los ideales de una escuela no del todo conforme con la política imperialista que regía en Rusia. Por otra parte tuvo ocasión de enterarse de los problemas que agitaban al pueblo, oprimido por el gobierno del zar.

De aquella época estudiantil datan dos composiciones líricas: Los recuerdos de Tsarskoe Selo y la oda Por el retorno a París del emperador. Estas poesías no sólo revelan ya los nacientes caracteres literarios de Pushkin, sino que además indican su estilo futuro. Se notan en ellas gran habilidad para transmitir sus sentimientos, como también capacidad para utilizar argumentos diversos.

Terminados sus estudios, le fue ofrecido, en 1817, un empleo de secretario en el Ministerio de Asuntos Exteriores, en Moscú. Una vez en esa ciudad se introdujo rápidamente en la vida mundana e ingresó a la sociedad de la Lámpara Verde, en la cual se agrupaban los poetas, escritores y músicos más conocidos de Rusia.

Pushkin compone en Moscú dos famosas odas: A la libertad y El campo, en los que manifiesta claramente sus ideas políticas adversas al imperialismo, y el no menos conocido poema Ruslan y Ludmila, una violenta sátira ridiculizando a la sociedad de la época.

El zar Alejandro I, al enterarse del contenido de las obras de Pushkin, se siente ofendido y lo envía exilado a Ekaterinoslav. Se inicia así para el poeta un triste peregrinaje sin término.

Después de un período transcurrido en el Cáucaso y en Crimea, parte para Kisínev en Besarabia. Su producción no se interrumpe en este ir y venir sino que, por el contrario, necesita desahogar en la poesía su temperamento apasionado y escribe asi el poema Los Gitanos y numerosas otras obras líricas, algunas de las cuales probablemente fueron inspiradas en el amor que sintió por María Raevskaja. Estando en Kisinev, Pushkin esbozó la novela Eugenio Oneguin, que compuso definitivamente en el año 1831.

En 1823 Pushkin recibe la orden de dirigirse a Odesa adonde debe presentarse al general Voroncov, quien le impone un duro régimen de vida y lo somete a trabajos humillantes. No obstante la triste condición en que se encuentra, conserva aún el ánimo como para escribir; de su pluma salen entonces: la famosa poesía Al mar, los poemas Los hermanos soldados, que no terminó, y El prisionero del Cáucaso, que había iniciado con anterioridad, en el año 1821.

Acusado de ateísmo, a causa de expresiones vertidas en una carta que se le secuestró, el poeta fue condenado a permanecer en Mijailovskoe, en donde poseía una propiedad heredada de su padre. Allí, rodeado de las bellezas que le brindaba la naturaleza del lugar e inundado su espíritu de paz, se dedicó a estudiar y meditar, completando su formación artística. En realidad fue éste un período feliz para Pushkin. Nacieron así de su genio otras muchas poesías, entre las que se cuentan Tarde de invierno y Recuerdo el divino momento.

También de esta época es Boris Godunov, tragedia histórica inspirada en la proclamación del personaje como zar. Este famoso drama inspirará más tarde a un gran músico ruso, Mussorgski, quien compuso una ópera que tituló del mismo modo.

Pushkin, ya en el apogeo de su vida literaria, se desvincula definitivamente de la influencia de los clásicos franceses y del poeta inglés Byron, para adquirir un estilo personal propio e inconfundible, potente y conciso, vivaz y sobrio. Presenta sus personajes con verdadera maestría, bastándole pocas palabras para animarlos y referir sus caracteres psicológicos.

No ajeno a su madurez artística fue su profundo conocimiento de Shakespeare, quien le facilitó los elementos de realismo que caracterizaron la tragedia Boris Godunov y también Eugenio Oneguin.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/pushkin1.jpg

La tragedia histórica Boris Godunov es una de las mejores obras de Aleksandr Pushkin. Este drama narra la ascensión al trono imperial ruso de Godunov, el ministro que asesinó al joven zar Dimitri, Pero el remordimiento perseguirá siempre a Boris durante toda su vida inquieta y obsesionada por el delito cometido. Este drama sirvió de libreto a la ópera compuesta por Mussorgski.

En 1826, inmediatamente después de la muerte de Alejandro I, obtiene la gracia del nuevo zar Nicolás I y regresa a Moscú, donde en seguida toma contacto con el mundo literario y se interesa por los problemas del pueblo ruso.

Sus composiciones de aquellos años, La plebe, Poltava y El poeta, revelan un dejo de melancolía más profundo que el de sus primeras obras. El recuerdo de su triste exilio le atormenta, al punto de llevar por mucho tiempo una existencia de misántropo (huye del trato con personas)

En 1831 casa con Natalia Goncharova, de quien se había enamorado en 1829. Publica, seguidamente, algunos poemas: El caballero avaro, Mozart y Salieñ, El convidado de piedra y Cuentos de Belkin.

En el mismo año de su casamiento se traslada a San Petersburgo, donde recibe el encargo de escribir la biografía de Pedro el Grande, que le absorbe mucho tiempo.

De los apuntes compilados en los archivos de la gran ciudad, Pushkin reúne material para la Historia de la revuelta de Pugachev, escribiendo al mismo tiempo otra obra cumbre, en prosa, publicada en el año 1836: La hija del capitán, novela de amor ambientada en los sucesos históricos de la famosa revuelta de Pugachev, ocurrida en la época de Catalina la Grande.

Su argumento no es una simple invención del autor sino que los personajes que la componen vivieron y actuaron en el tiempo en que se desarrolla. No fue, tampoco, una novela psicológica: se trataba de una epopeya de la vida rusa.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/pushkin2.jpg

Enamorado de Natalia Goncharova, Pushkin la desposó en el año 1831; pero a causa de la vida lujosa y mundana que los dos jóvenes llevaban, sobre todo por voluntad de la mujer, Aleksandr no pudo sostener su hogar solamente con su actividad poética. En seguida obtuvo algunos encargos de la corte que le ayudaron a restablecer el presupuesto familiar. Durante su estada en San Petersburgo el matrimonio frecuentó la corte imperial.

Bien pronto la reputación de Pushkin disminuye, debido a varias causas: los celos y rivalidades suscitados en su contra por los favoritos del zar y las intrigas palaciegas que le rodeaban. No bastó para consolarlo la estima y amistad que le demostraron los más grandes escritores rusos de la época, tales como Zukovsky y Gogol.

A fin de defenderse de los ataques de que era objeto por parte de la prensa de Moscú, fundó un diario, «El Contemporáneo«, que tuvo una vasta resonancia debido a su posición de vanguardia.

La situación se agrava y se precipita a causa de los comentarios provocados por el comportamiento de su joven esposa.Habiendo recibido una ofensa de su cuñado Dantés, Pushkin, a fin de salvar su honor, lo desafía a duelo. En el lance es herido gravemente.

Después de dos días de agonía fallece, el 29 de enero de 1837, en la plenitud de su genio. Aleksandr Pushkin fue poeta en cada una de sus fibras. En él se unían y se integraban la pureza y la perfección. Poseía una particular justeza en la expresión, que lo hizo ser un verdadero maestro en la literatura universal.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Biografía de Alejandro Pushkin –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

 

Biografía de Twain Mark Su Vida y Obra Literaria Resumen

Biografía de Twain Mark y su Obra Literaria

Samuel Langhorne Clemens (1835-1910), fue un escritor y humorista estadounidense, cuyo seudónimo era Mark Twain. Ha trascendido por unas obras en que la ironía y el humor se entremezclan con gracia y oportunidad. Aventuras de Tom Sawyer, Aventuras de Huckleberry Finn y Un yanqui en la corte del rey Arturo son sus principales obras. Nació en 1835 y falleció en  1915.

Sus mejores obras se caracterizan por un franco y a veces irreverente sentido del humor rayano en la sátira social, además de por un acentuado realismo en cuanto al lugar en que se desarrollan sus historias y al lenguaje utilizado por sus memorables personajes, y por un profundo odio a la hipocresía y la opresión.

Twain Mark

Twain obtuvo un gran éxito de librería con sus obras, sacando, además, grandes beneficios, pero los invirtió todos en una audaz empresa en la que también comprometió el fruto de sus futuros libros. Cuando tenía 58 años reemprendió sus viajes, por cuenta de los diarios, yendo a Australia, Asia y Europa.

Entre los grandes escritores americanos cuya prosa y estilo fueron personales y pertenecen a la literatura de todos los tiempos hay que citar a Mark Twain, cuyas obras son todavía, en gran parte, traducidas a todos los idiomas.

Mark Twain, cuyo verdadero nombre era Samuel Langhorne Clemens, había nacido el 30 de noviembre de 1835 en Florida, una aldea del Estado de Misurí. Algún tiempo después la familia se estableció en Hannibal, ciudad importante situada a orillas del Misisipí.

Samuel era un niño cuando muño su padre, perdida dolorosamente sufrida por toda la familia y en particular por el hijo, pues desde su más tierna infancia demostró dones muy definidos para el estudio sin que, desgraciadamente, la madre dispusiera de los medios suficientes para enviarlo a la escuela.

Ya en sus primeros años se interesó por la literatura   y   consagró   largas   horas   a   la   lectura   de novelas. Además, aunque permanecía aislado de las clases y de sus compañeros, adquirió, por sí mismo, cierta formación literaria.

Sin duda debemos a estos primeros sufrimientos y sacrificios la sensibilidad delicada del joven Samuel, condición que fue en aumento a través de las penosas experiencias que tuvo en su vida.

Después de haber trabajado como dependiente en una imprenta, Samuel, a quien le gustaban el mar y la vida de aventuras, se embarcó como piloto en uno de esos navios que aseguraban el servicio postal en las aguas del Misisipí.

Este género de vida apasionó al jovencito, hasta el punto de que más tarde, durante su plena actividad de escritor, se inspiró en aquellos lejanos recuerdos —las aguas claras y los valles verdes del gran río— para pintar los ambientes en los cuales se desarrollaban sus novelas.

En la Vida sobre el Misisipí, publicada en 1883, Hannibal, pequeña ciudad silenciosa y tranquila del borde del Misisipí, conocía un solo momento de animación: el de la llegada del barco cargado de pasajeros y de mercaderías.

En esta atmósfera creció Samuel Langhorne Clemens, que ahora conocemos bajo el seudónimo de Mark Twain.

relata las peripecias de la navegación. Al recordar algunos episodios de su juventud, el autor cuenta cómo, en un determinado momento, eligió el seudónimo de Mark Twain. Fue en el curso de un viaje, mientras estaba en el timón, mirando siempre frente a él a un marino, provisto de una sonda, que le comunicaba, en forma intermitente, la profundidad exacta del agua, gritando mark twain, es decir, «faltan dos brazadas». Este grito que tantas veces oyó repetir gustó mucho a nuestro piloto y cambió su nombre por el de Mark Twain.

Pero, de naturaleza inconstante, el futuro escritor dejó pronto la navegación. En 1859 abandonó el pilotaje para seguir a esos equipos de buscadores de oro que penetraban en el oeste en búsqueda de fortuna.

Fue expedicionario algunos años, y en 1867 reunió en un libro las aventuras más notables de los buscadores de oro, entre las que, posiblemente, El célebre sapo saltarín del condado de Calaveras sea la mejor y la que ha influido más en la rápida y segura fama del escritor.

Las primeras novelas de aventuras, en efecto, lo hicieron conocer en todas partes; un grupo de diarios le confió la misión de corresponsal en algunos países mediterráneos, tarea que aceptó con entusiasmo. En esta nueva experiencia se inspiró para la realización de otra novela: Los ingenuos en el extranjero, que suscitó una cálida aceptación por parte de los lectores.

Mark Twain tenía auténtico sentido del humor y consecuentemente los episodios que relataba eran ágiles y divertidos. Por otra parte, no falseaba nunca la realidad de las cosas y no permitía que los hombres empañasen sus acciones con imperdonable hipocresía, ni con el mínimo deseo de deformar los acontecimientos, por más insignificantes que fueran. Este rasgo fundamental que como hombre y como escritor tenía el novelista se nota en varias de sus obras.

En vista de los triunfos logrados en el año 1870 se casó con Olivia Langdon, y se estableció primero en Hartford, estado de Connectieut, y más tarde en Redding, pero debido a su fama viajó incansablemente dando conferencias y escribiendo con una actividad y constancia asombrosas.

Su popularidad, tanto en los Estados Unidos como en Inglaterra, fue increíble y sus entradas llegaron a ser tan abundantes que no sólo le permitieron cubrir las pérdidas ocasionadas por sus malas inversiones comerciales, sino que aún tuvo suficiente para vivir con holgura en los últimos años de su vida.

El autor logró un triunfo superior y más inmediato todavía con sus novelas para niños, algunos de cuyos episodios son autobiográficos. Los personajes de sus cuentos son chicos descriptos con marcada agudeza psicológica y en forma muy colorida y amena.

Las aventuras de Tom Sawyer, aparecida en 1876, y Las aventuras de Huckleberry Finn, editada en 1885, se desarrollan en una atmósfera exclusivamente infantil. La vida de esos dos protagonistas transcurre en lugares muy queridos por el autor en las regiones verdes y prósperas bañadas por las aguas del Misisipí. En esos relatos Mark Twain revive las horas felices e ingenuas de su infancia y resucita los acontecimientos que más le impresionaron y agradaron en su niñez.

En Las aventuras de Huckleberry Finn cuenta con estilo fantástico el viaje realizado por un niño, Huck Finn, quien, acompañado por un negro muy simpático, Jim, parte desde las orillas del Illinois y llega hasta Nueva Orleáns. El negro acompañante había logrado escapar de los malos tratos de su dueño, y luego, con Huck, vive maravillosas aventuras, muchas de ellas a bordo de una pequeña embarcación.

En Las aventuras de Tom Sawyer relata las experiencias verdaderas que todo niño ha realizado. La naturaleza impulsiva y el temperamento generoso de este niño presentan ciertas similitudes, y, por otra parte, la confesión del autor lo confirma, con el espíritu aventurero del novelista.

En la creación del personaje Tom Sawyer el autor reunió, por así decirlo, los diferentes caracteres infantiles que había estudiado, logrando un solo tipo muy original. La vida de Tom transcurre en el ambiente familiar, en la escuela y con los amigos. A pesar de que el libro comienza con un episodio

completamente infantil, los acontecimientos relatados más adelante exaltan la naturaleza de un niño simple pero heroico. Tom y su primer amigo, Huck, van una noche al cementerio para enterrar dignamente a su gatito muerto. Escondidos entre las tumbas se ven obligados a presenciar un crimen. Al día siguiente se acusa del hecho a un pobre borracho, Muff Potter; la intervención de Tom permite salvar al inocente de una condena infamante.

Tom Sawyer en el extranjero, relato que es muy imaginativo y se asemeja mucho a un cuento de hadas, narra las aventuras ocurridas en el viaje en aeróstato emprendido por el protagonista, su inseparable Huck, el esclavo negro Jim y el sabio constructor del aparato, un loco, que se precipitó al océano dejando librados a los otros tres ocupantes a su suerte e inexperiencia. Los diálogos entre Tom y sus dos compañeros son muy divertidos, pero bajo esa alegre apariencia se descubren la seriedad y la tristeza que son base de la magnífica sátira humorística de Mark Twain.

En efecto, Tom había visto que el asesino era un hindú, y decide revelar toda la verdad. El criminal huye por el bosque para evitar el castigo, y cuando Tom, mientras lo busca, se pierde en las cercanías de una gruta, intenta vengarse cruelmente de él, pero Tom logra escapar, y el libro termina con la muerte del hindú y la victoria del niño.

El autor publicó a continuación de este libro otros relatos que aparecieron en 1878. Los personajes principales siguen siendo Tom y Huck: se trata de Tom Sawyer policía y Tom Sawyer en el extranjero, que es muy imaginativo y se asemeja mucho a un cuento de hadas.

Completamente distinto es El príncipe y el mendigo, cuya fama se extendió tanto, que se lo tradujo a casi todos los idiomas. Los acontecimientos se desarrollan en los ambientes más diversos y opuestos del Londres del siglo XIX.

En 1885 Mark Twain publica otra novela, Las aventuras de Huckleberry Finn, en la que se cuentan los viajes de Huck Finn y del esclavo negro Jim a través de la América de los buscadores de oro. Gran parte de la epopeya de esos niños se desarrolla en el Misisipí, a bordo de un bote y de una balsa.

Está descripta la profunda miseria de los bajos fondos de la ciudad, que contrasta con la riqueza y el lujo de las clases acomodadas. Tom es uno de esos niños que viven en los barrios pobres de la ciudad. Un día, paseando, se aleja de su casa y se halla en la otra parte de Londres, bajo las verjas del espléndido palacio real. Inconscientemente comienza a recorrer el hermoso parque, y allí se encuentra con un niño muy semejante a él, de la misma edad y parecido que sólo se distinguen por la ropa.

Tom viste pobremente y el otro con suntuosidad, de terciopelo bordado con oro. El niño así vestido es el príncipe heredero, quien ha logrado esquivar la vigilancia de los guardias y comienza a jugar alegremente con Tom. Durante el juego el pequeño noble decide cambiar de ropa con Tom, y le entrega sus espléndidos atavíos. Pero surge un criado en su busca, y a pesar de las explicaciones de ambos niños echa al príncipe del palacio y lleva en su lugar a Tom, que comienza así una vida llena de imprevistos muy felices.

Sin embargo, pronto comienza a sentir nostalgias de su verdadero hogar y de los juegos con sus amiguitos, y mediante gran paciencia logra convencer a la gente de palacio de su identidad. Rápidamente se dispone la búsqueda del príncipe, y al cabo de un tiempo los dos niños se encuentran y vuelven nuevamente a su existencia anterior, pero con experiencias que les serán necesarias para comprender y resolver problemas sociales.

Mark Twain se había planteado también esas cuestiones; su vida nunca fue fácil ni feliz, ya que siempre se había encontrado frente a problemas económicos. Buscando cierta vez solución a esa existencia precaria, emprendió un largo viaje por todos los continentes; esto le permitió conocer ambientes y gente muy distintos y de costumbres dispares.

Viajaba como hombre de letras y daba conferencias y charlas literarias. A su regreso juntó las impresiones que había acumulado en su libro A lo largo del Ecuador, que apareció en 1897. Con la venta de éste logró juntar el dinero suficiente para pagar a sus acreedores.

Sus obras gustaron siempre, pues el tono de sus relatos es humorístico y cordial. Pero el optimismo de Mark Twain resulta ser refugio y distracción para las amarguras de la vida. Indudablemente tal contraste entre vida real y sueño engendró en él un conflicto espiritual que dio   origen a  su humor.De ahí el extraordinario desarrollo de su fina ironía, que le llevaba incluso a descubrir el ridículo en los mínimos aspectos de la existencia.

La última de sus obras fue una autobiografía, que apareció en 1924, a los catorce años de su muerte, ocurrida en Redding, Connecticut, el 21 de abril de 1910.

Gracias a sus obras, reportajes y conferencias sobre viajes, Twain logró pagar a sus acreedores y volver a América. Tero, cansado, enfermo y literalmente deshecho por las penas, sólo deseó pasar los años que le quedaban de vida en un lugar tranquilo, donde se había hecho construir una casa. Eligió Connecticut, y allí permaneció, salvo breves excursiones a las Bermudas, hasta su muerte, ocurrida el 21 de abril de 1910.

Su personalidad literaria es muy discutida y se lo juzga de diferentes maneras; en efecto, para algunos es un narrador eficaz de aventuras para niños; para otros, en cambio, esconde bajo esa forma literaria un pensamiento filosófico y moral perceptible en todas sus obras.

A pesar de que los juicios no concuerden, es sin embargo evidente que, narrador o filósofo, Mark Twain fue, ante todo, un humorista fino y capaz de argumentar sutilmente. El libro titulado Relatos americanos es una verdadera obra de arte del humor. Comprende Las costumbres periodísticas del Tennessee y Cómo cesé de ser secretario.
Alrededor de 1873 Mark Twain montó una de sus comedias, La edad de oro, que fue favorablemente acogida por el público.

Además de los viajes recordados, Mark Twain fue encargado de transcribir en 1873 los detalles del viaje del sha de Persia por Londres y París.

La vida de Mark Twain es rica en anécdotas, entre las que merece citarse la siguiente: estando en Viena en la época de los tumultos provocados por los alemanes, llegó a Nueva York la noticia de su muerte. Mark Twain, al enterarse, decidió mandar sin tardanza un telegrama, redactado en estos términos: «Noticia de mi muerte muy exagerada. Mark Twain.»

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/twain_mark2.jpg

El príncipe y el mendigo cuenta la vida de dos niños de la misma edad, uno príncipe heredero y el otro de familia muy pobre. El azar quiere que los dos se encuentren y se hagan amigos. Mientras juegan deciden cambiar de traje. Uno de los servidores del palacio, engañado por el extraordinario parecido físico de los dos niños, y por las ropas, hace entrar en el castillo’ al mendigo, mientras echa al verdadero príncipe. De este modo comienza una nueva vida para ambos. Pero el niño pobre empieza a sentir tristeza por la ausencia de sus padres y la falta de libertad, y logra convencer a los cortesanos de cuál fue la situación equívoca que indujo al sirviente a caer en el error. Al final de la obra todo se arregla: el verdadero príncipe vuelve a su lugar, mientras su amigo, que durante ese tiempo había podido hacerse apreciar por su clara inteligencia, encuentra en la corte un puesto destacado.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Federico II de Prusia –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

 

Biografía de Van Dyck Obra Artistica La Pintura Flamenca

Biografía de Van Dyck Antonio
La Pintura Flamenca

Antonio Van Dyck, nacido en Amberes en 1599 y fallecido en Londres en 1641, fue uno de los más grandes representantes de la pintura flamenca. Fue uno de los retratistas más importantes y prolíficos del siglo XVII, y uno de los más brillantes en el manejo del color. Nació el 22 de marzo de 1599 en Amberes, hijo de un rico comerciante en sedas. A la edad de 11 años después de mostrar un talento artístico precoz, empezó a trabajar como aprendiz del pintor flamenco de temas históricos Hendrik van Balen.

Ejerció su actividad de pintor en todos los países que visitó, dejando en ellos obras que testimonian su notable talento. Su estada en Inglaterra fue particularmente importante para la influencia que luego ejerció sobre la pintura inglesa del siglo XVII.

Van Dyck Antonio Pintor Flamenco

 Van Dyck nació en Amberes (Bélgica), lugar donde se desarrolló la pintura flamenca, gracias a tres artistas del siglo XVII: Rubens, él y Jordaens. En su juventud, Van Dyck colaboró con Rubens, de quien había sido alumno, en la realización de varias obras importantes. En los cuadros de ese período el joven artista experimentaba aún la influencia de su maestro.

SINTESIS:
Antonio van Dyck. — Este gran artista, perteneciente a la escuela fia. menea, nació en Amberes el 29 de marzo de 1599 y falleció en Londres el 9 de diciembre de 1641. Fue discípulo de Rubens, estudió después en Italia, donde al principio no fue muy estimada su obra, y luego se estableció en Inglaterra, donde pintó el magistral retrato de Carlos I. Después pasó a los Países Bajos, de donde volvió a Inglaterra, y allí permaneció hasta su muerte. Manejó diestramente el claroscuro, siendo también admirable en sus obras las representaciones de las telas y el colorido. Uno de sus cuadros más célebres es la Sagrada Familia, llamado también la Virgen de las Perdices.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/van_dyck3.jpg

En su segundo viaje a Italia, Van Dyck se radicó largo tiempo en Genova. La suavidad del clima y el esplendor de lascostas de Liguria tuvieron una gran influencia sobre el alma del artista. A menudo se detenía al borde del mar para pintar.Durante esa estada ejecutó los retratos de algunos personajes de la aristocracia genovesa.

BIOGRAFÍA: Entre fines del siglo XVI y principios del XVII, durante los años en que los Países Bajos luchaban contra los déspotas españoles, en esas regiones donde los combates se sucedían sin cuartel, nacían numerosos pintores, a quienes podemos contar entre los mejores de su época. Encontramos en sus obras la discordancia política y religiosa que se había establecido entre los países flamencos católicos partidarios de España y la independiente Holanda protestante.

De este modo, mientras que esta última estaba representada brillantemente, en el terreno de las artes decorativas, por Rembrandt van Ryn, más conocido simplemente como Rembrandt, el centro de la pintura en el sur se hallaba constituido por Pedro Pablo Rubens y su escuela.

Un rasgo común a los pintores flamencos y holandeses, derivado de la influencia que el arte italiano ejerció sobre ellos, es la vivacidad de los colores y el sabio contraste de luces y sombras, tan espontáneo en las obras del Ticiano, el Caravaggio o Domenichino.

El pintor holandés Carel van Mander fue el divulgador de los cánones del arte italiano, ya que había sido uno de los primeros en ir a Italia con el propósito de descubrir las eternas obras maestras. Un gran número de artistas de los Países Bajos siguió su ejemplo, y los viajes a Italia volviéronse prácticamente obligatorios. El artista flamenco que permaneció más largo tiempo al otro lado de los Alpes, donde adquirió esa elegancia de las formas que lo tornó justamente célebre, fue Antonio Van Dyck.

Nacido en Amberes el 22 de marzo de 1599, es decir, un año después que Rubens —cuyo alumno sería más tarde— fuera nombrado oficialmente maestro, Van Dyck fue colocado en 1609 como aprendiz en el taller del pintor Enrique van Baelen, pero en 1618 ya era un pintor independiente y consiguió la admisión, con el título de maestro, en la corporación de pintores de Amberes. En aquella época colaboró activamente con Rubens, cuya personalidad ejerció una considerable influencia sobre él.

En 1620 se embarcó para Inglaterra, donde, lo mismo que en Italia, sus cuadros conocerían un éxito notable, pues en ese género era preferido a muchos de los pintores ya célebres de su época, y el rey de Inglaterra le acordó en 1621 una pensión anual. Sin embargo, no permaneció largo tiempo en la corte de Londres, y retornó a Amberes antes de dirigirse a Italia; allí comenzó su peregrinaje artístico, siguiendo las huellas del que había realizado precedentemente su maestro.

Su primera etapa lo condujo a Genova, donde contempló, por vez primera, los grandes retratos decorativos ejecutados por Rubens quince años atrás. Antonio, que había sido durante dos años el colaborador del gran pintor flamenco, adaptándose en ese período a su arte, sabía dar fuerza a sus personajes, mientras que por el empleo de los colores recordaba al Ticiano y al Caravaggio; estas características figuran en las obras de su maestro luego.de sus experiencias italianas.

En Génova tuvo Van Dyck la oportunidad de liberar su personalidad, poniéndose entonces de relieve la calidad más íntima de su temperamento: el sentido de las formas elegantes. Para esto le fue muy favorable el hecho de hallarse en Italia, adonde esta preciosa calidad forma parte de toda la tradición artística.

Oriundo de una ciudad marítima, encontró en Genova el clima humano que le resultaba familiar. Pero ya no eran los ricos comerciantes, inmortalizados en las telas de Rembrandt, quienes le hacían encargos, sino lo mejor de la aristocracia genovesa que acudía a él, plena de admiración. Van Dyck compuso a orillas del mar algunos de sus más bellos cuadros.

Profundamente sensible al medio, depuró su arte peculiar para transmitir a la posteridad los personajes de la nobleza lígurina. Su obra maestra de esa época es el retrato de Andrea Brignole-Sale a caballo, en la que el vigor casi vibrante de la figura, derivado del estilo de Rubens, concuerda en total adhesión con el refinamiento aristocrático de los colores; y en esta feliz combinación, el contenido y la forma se hallan armoniosamente fundidos.

A esta época pertenecen asimismo los retratos de Paola Adorno Brignole-Sale y Geromina Brignole-Sale; en ellos la majestuosidad de Rubens se une a las novedosas tonalidades de su gracia innata.

Llegó a obtener la elegancia formal, con una sobriedad de colores que torna más sugestivas aún sus telas de carácter religioso. A la policromía vigorosa de Rubens prefiere las medias tintas, impregnando sus cuadros de una inefable melancolía. Tal vez por esto sus crucifixiones y sus madonnas nos inspiran tan profunda piedad.

En 1622 Roma habíase convertido en el punto de convergencia de todas las grandes corrientes artísticas: a principios del siglo habíanse encontrado Rubens, el Caravaggio, Carracci, y en 1630 llegaría Velázquez.

Fue en Roma donde Van Dyck pintó el célebre retrato del cardenal Bentivoglio, que por la severidad de sus líneas y la elección de los colores nos recuerda los cuadros del Ticiano; en los otros retratos, el de Francisco Colonna, el de la marquesa Spinola, Van Dyck parece no haber perdido de vista los cánones artísticos que había tenido en Genova, cuando pintaba el retrato del marqués Brignole-Sale.

Emprendió un breve viaje a Venecia y Florencia durante los últimos meses de 1623, luego regresó a Roma, desde donde pasó a Palermo. Allí pintó la Virgen del Rosario, cuadro en el que su delicadeza de toque y la sobriedad de los colores triunfan sobre cualquier clase de realismo.

En 1628, cuando luego de casi siete años de ausencia retornó a Amberes, la elegancia formal, que habíale convertido en el retratista predilecto de la alta sociedad, esfumaríase poco a poco; y esta manera de no conformarse a un estilo preestablecido nos revela, una vez más, la profunda influencia que el ambiente podía ejercer sobre él. Así, en el retrato de Snyders encontramos ese realismo que, introducido en los países flamencos por Rubens, habíase luego afirmado con Jordaens y Teniers.

No es más un realismo violento como el de los holandeses, sino un estilo más sereno, semejante al de Rubens, es decir, el realismo de un hombre que, llevado por el movimiento renacentista, aspira al conocimiento de sí mismo, sin por ello dejar de lado los motivos históricos y las naturalezas muertas.

Sin embargo, si bien su arte se vuelve burgués, cuando pinta Las bodas de Santa Catalina no olvida los valores artísticos que adquiriera durante su permanencia en Italia.

En 1632 se embarcó nuevamente para dirigirse a Inglaterra, siendo ya conocido como el mejor retratista de Europa, y en ese mismo año Carlos I lo nombró pintor de la corte y lo condecoró.

El destino quiso que Van Dyck, que había nacido en un país que luchaba por su independencia, terminara su luminosa carrera en otro país que atravesaba una de las crisis más dramáticas de su historia; pero parece que la agitación y los tumultos populares no franquearon las puertas de su taller. Continuó pintando, con su habitual idealización, a las personas más ilustres de la época, sin que en sus rasgos nada permitiese siquiera suponer la tragedia que se anudaba en torno a Carlos I y su familia.

Sólo le quedaban algunos años de vida, y en este último período su arte, libre de toda influencia, experimentó una evolución definitiva, concretando los valores propios de su espíritu de artista, mientras que los elementos que otros le habían sugerido desaparecieron casi totalmente para dar lugar al extremo refinamiento de las formas.

El cuadro Carlos I de cacería nos muestra un retrato moral del soberano inglés, que pagó con su cabeza su voluntad de mantener la monarquía sobre fundamentos absolutistas, y, notando la seguridad que emana de toda su persona, su porte altivo, su brazo de poderoso relieve, su mano indolentemente apoyada en la cadera; nuestra impresión es aún más viva si pensamos en el triste fin que el destino reservó a este rey que amaba las artes y a quien los escoceses vendieron a sus verdugos.

En los retratos de Carlos I, Van Dyck alcanza la perfección del dibujo y el color. Comenzó luego a pintar. a un ritmo acelerado, como si presintiera lo próximo de su muerte, y se hizo ayudar por sus alumnos para terminar esas telas que cada vez le eran más solicitadas. Todas llevan igualmente la huella del maestro, esos sugestivos y cálidos tonos castaños, y esa finura de toque que es una virtuosidad de su pincel.

En la corte de Carlos I pintó de manera admirable los retratos de los condes de Bristol y de Bedford, del monarca a caballo, del abate Scoglia, y muchos otros aún, siempre con la misma perfección de oficio. Antonio Van Dyck murió el 9 de diciembre de 1641, y el destino le evitó ver al rey Carlos I, que siempre lo había protegido, decapitado en Whitehall.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/van_dyck2.jpg

Carlos I como cazador:El artista flamenco sir Anthony van Dyck realizó en 1635 este retrato de Carlos I de Inglaterra durante su estancia como pintor en la corte inglesa. Su estilo elegante y refinado influyó considerablemente en los retratistas de ese país. Esta obra forma parte de la colección del Museo del Louvre en París (Francia).

 

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/van_dyck1.jpg

Retrato del duque de Richmond.   Museo del Louvre (París).

OTRAS OBRAS ARTISTICAS DE VAN DICK

OBRAS ARTISTICAS DE VAN DICK

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo II Editorial CODEX – Biografía de Van Dyck –

 

Biografía de André Marie de Chénier Su Obra Literaria

Biografía de André Marie de Chénier

André Marie de Chénier (Galata 1762- París 1794), considerado uno de los más notables poetas clásicos franceses y precursor de los poetas románticos en su idioma. Nació en Constantinopla (actual Estambul), donde su padre era el cónsul francés, y estudió en Francia. Aunque apoyó los objetivos de la Revolución Francesa, se alarmó ante los excesos del reinado del Terror. Sus escritos le enfrentaron al dirigente revolucionario Maximilien de Robespierre, y Chénier fue detenido y guillotinado.

Chenier Andres Poeta

Interrumpida su carrera militar, Andrés empezó a frecuentar los círculos intelectuales de Paris, conociendo al editor Brunck y al poeta Lebrun, de quien se hizo íntimo amigo; fue justamente Lebrun quien lo entusiasmó para publicar sus obras. En 1787 Andrés Chénier partió para Londres, en donde permanecería tres años en calidad de secretario de embajada; fue para el poeta un período muy triste; lejos de sus amigos, se paseaba por las calles para observar los aspectos más típicos.

La crítica moderna parece ser más favorable a Andrés Chénier que la de su siglo y período siguiente; en el presente se está de acuerdo en estimarlo como el mejor poeta del siglo XVIII; su poesía, de acentos delicados y melancólicos, aparece como el fruto de una inspiración profunda y vital, expresada en un lenguaje desprovisto de artificios, que tuvo una considerable influencia sobre los poetas románticos del siglo.

Andrés Chénier nació en Galata, un pequeño barrio de Estambul, el 20 de octubre de 1762; su padre era negociante en Constantinopla, y su madre, Isabel de Santi Lomaca, de origen griego, mujer culta, amante de las artes, tuvo influencia directa sobre la primera infancia del joven, desarrollando en él sus aptitudes para el estudio del griego y gusto por la poesía.

En 1775 la familia se trasladó a Francia y posteriormente a Inglaterra; cursó sus primeros estudios en el Colegio de Navarra de París y, de acuerdo con la voluntad de su padre, a los 20 años entró en la academia militar con el grado de subteniente, pero seis meses después dejó el regimiento, pues no podía aguantar los esfuerzos físicos y la rígida disciplina militar.

Habiéndose establecido en París, se consagró por entero al estudio, frecuentando asiduamente los círculos de eminentes escritores y artistas franceses; entre sus amigos preferidos se contaban el editor Brunk, el pintor David y el poeta Lebrun, quienes lo exhortaron para la lectura de los autores clásicos, siendo los  primeros  en  animarlo  a escribir versos.

Debilitado por un fuerte surmenage, el joven Chénier emprendió viaje a Suiza e Italia. En 1787 conoció a Víctor Alfieri y quedó impresionado por la fuerte personalidad del poeta italiano, quien combatía, entonces, las desgracias que afligían a Italia y la esclavitud del pueblo; durante esa época Chénier escribió sus primeras poesías, agrupándolas bajo el título de Bucólicas y Elegías.

Las Bucólicas son composiciones cortas que extrajo de los poemas idílicos y líricos clásicos, conservando en sus versos, conjuntamente con la expresión de.su corazón, la originalidad y el espíritu típicos del siglo XVIII; algunos de ellos son característicos: en uno describe al viejo Homero como personaje, quien relata a jóvenes pastores maravillosas leyendas de la antigüedad; en otro titulado El enfermo, presenta a un joven triste que confía a su madre los tormentos de su alma, ocasionados por su amor a una joven; en un tercer poema resume las diversas aventuras del héroe griego Ulises hasta su arribo a la isla de los feacios.

Las Bucólicas tienen su habitual marco en un mundo delicado y agreste, haciendo recordar, en parte, las composiciones de poetas de la antigüedad, como Teócrito o Virgilio, y de otros más cercanos, como el alemán Gessner y Juan Mathías. De estos paisajes creados recopilando trozos, Chénier ha extraído su culto a la naturaleza y su amor por la vida campesina.

Las Elegías tienen un tema muy distinto; reflejan el ambiente frivolo y mundano y cantan el amor por Camila, una mujer joven que es posible identificar, tal vez, con Madame de Bonneuil, y aluden también a otros amores menos profundos, despertados por algunas beldades italianas. En esas poesías vemos un Chénier epicúreo, amigo de grupos bullangueros y de farsas juveniles; sabía por lo tanto conciliar la vida frívola y elegante del París de su época con el estudio profundo y concienzudo de los poetas elegiacos latinos.

En 1787 Chénier fue a Londres en calidad de secretario de embajada, cargo que desempeñó durante tres años; admiraba mucho a los ingleses por su literatura y por la Constitución que habían sabido darse, pero su vida transcurrió solitaria y triste, llena de nostalgia por los amigos dejados en Francia.

Retornó a París en 1790 y trajo consigo el esbozo de una ópera, Hermes, con la intención de componerla a la manera del De rerum natura (la naturaleza de las cosas), es decir, explicando el origen del mundo y la formación de la sociedad humana; en resumen, Chénier quería escribir una obra enciclopédica, mientras que en La Invención, que es anterior, y no fue concluida, había tratado simplemente de ofrecer un cuadro completo de las conquistas humanas a través del tiempo, jalonando este fresco con las grandes figuras de Torricelli, Newton y Galileo.

En Hermes intentaba llegar más lejos: la afirmación de la civilización, el triunfo absoluto de los «astros» de la humanidad, son los motivos fundamentales, pero moviéndose todos los hombres en un sentido de tolerancia y comprensión, en una suprema aspiración de bienestar social. «Los hombres reunidos en sociedad son ante todo gobernados por leyes simples», dice Chénier en Hermes.

Durante ese tiempo la Revolución degeneraba en una forma de demagogia y el movimiento antijacobino trataba de evitar a Francia muchos duelos y lamentables ruinas. Andrés Chénier fundó en esa época el «Journal de París» y escribía artículos inflamados que defendían la idea de libertad y justicia, contra los abusos y excesos de los jacobinos; se opuso así a las ideas políticas de su hermano María José, a pesar de tenerle un profundo cariño.

El poeta había depositado toda su confianza en la Revolución, considerándola como necesaria al progreso de los pueblos; cuando más tarde advirtió que los revolucionarios, en quienes él había creído, no planeaban para Francia una monarquía constitucional adaptada a las nuevas circunstancias, como él soñaba, sino que trataban de trastornar todo el orden social en una tarea de vindicta sin piedad, su reacción fue violenta.

Andrés Chénier debía fundar el «Journal de París», netamente conservador y antijacobino. El poeta pertenecía a la pequeña nobleza y había esperado, inútilmente, en el período revolucionario, algún mejoramiento de su situación financiera; por tal motivo se convirtió en enemigo declarado del gobierno revolucionario.

En la oda A Carlota Corday expresa su amor a la patria y da, con ironía vehemente y apasionada, un significado a la muerte de Marat: Carlota Corday era una mujer y, sin embargo, tuvo el coraje de oponerse a la tiranía sanguinaria; sólo ella surgió de la masa de cobardes y de incapaces de defender su ideal aun al precio de su sangre. La oda se inflama con acentos cada vez más violentos; Chénier no se preocupaba de las consecuencias, colocándose abiertamente del lado de los contrarrevolucionarios.

Después, cuando Luis XVI fue arrestado y encerrado en la prisión del Temple, se dedicó a escribir numerosos artículos para la defensa del rey de Francia; nada ni nadie pudo, por otra parte, apaciguar el furor de los descamisados que condenaron a la guillotina al monarca, con algunos miembros de su corte.

Chénier pinta un cuadro sucinto pero profundamente humano; a Luís XVI lo llama el último Luis, sin ocultar sus defectos y condenando la fuga del soberano a Varennes; se diría que el poeta lo considera como una de las innumerables víctimas inocentes de la Revolución. Luis XVI se había esforzado en corregir los errores de la economía francesa, descuidada por sus predecesores, promulgando buenas leyes; fue severo con él mismo, pero por desgracia no había tenido bastante firmeza de carácter para evitar ser subordinado de sus propios ministros.

El poeta, por último, acusa abiertamente a los revolucionarios que fabricaron un proceso contra Luis XVI mientras la monarquía había sido garantizada como inviolable por la Constitución, tratando de darle apariencia de legalidad a la violencia y a la injusticia.

En la oda La joven prisionera, uno de los modelos de la moderna poesía y que compuso en la prisión, el poeta Chénier expresa los dolorosos lamentos de la duquesa de Fleury, destinada a morir en los albores de la vida, y el desamparo de todos aquellos que cotidianamente eran sacrificados por el odio de los jacobinos.

Caído en desgracia por sus ideas políticas, el poeta debió alejarse de París para refugiarse primero en Normandía y después en Versalles, en donde durante algún tiempo pudo consagrarse a sus obras con mayor serenidad. A este período pertenecen las poesías líricas amorosas, que cantan el amor por Fanny; sus producciones en verso y prosa se presentan como fragmentos o esquemas de una obra inconclusa, pero siempre de dialéctica sutil y estilo elegante.

El 7 de marzo de 1794, Chénier fue arrestado en Passy, en el domicilio del marqués de Pastoret, quien era a su vez sospechoso para los revolucionarios. Su hermano María José, que era diputado, trató en vano de obtener su libertad y no se pudo evitar que fuera encarcelado en la prisión de San Lázaro, de París.

Fue allí donde compuso su famosa oda La joven prisionera, especialmente valorada por los poetas románticos del siglo XIX; en ella canta, con tono suave y melancólico, la desgracia de la duquesa de Fleury que llora su suerte atroz y pide gracia por su vida con acentos desgarrantes. En realidad, en el período anterior a su condena, el poeta ha sentido más que nunca su apego a la vida y la emoción profunda de aquel que ve escapar su juventud.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/chenier1.jpg

El 7 de marzo de 1794 Andrés Chénier fue arrestado en Vassy, en él domicilio del marqués de Pastoret, quien ya estaba catalogado por sus sentimientos reaccionarios; después de la aparición del «Journal de Paris», en 1792, Chénier había perseverado en su posición contraria a la Revolución y la República. Su hermano María José, que era diputado, trató en vano de obtener su libertad.

Comprometido a continuación en un complot de prisioneros políticos, fue condenado a muerte y guillotinado el 25 de julio de 1794.

Los Yambos son sus últimas composiciones de carácter político, en las cuales con sátira e invectivas de las más audaces, mezcla acusaciones implacables contra los conductores políticos, a quienes llega a calificar de verdugos sangrientos; esos versos expresan también la dolorosa resignación del poeta que, viendo acercarse la hora de la muerte, teme ser olvidado por sus amigos más íntimos.

Analiza después profundamente a sus compañeros de cautiverio y siente por ellos una piedad con algo de desprecio, al verlos débiles frente al sufrimiento y encerrados en su egoísmo. Leyendo esos versos ya no se encuentra al autor de las Bucólicas, al cantor que descubre la vida pastoril; él ha olvidado ya los idilios de la juventud y el epicureismo de un Chénier inclinado a los placeres; ya no aprovecha las satisfacciones de un instante fugaz de gozo; ahora no es más que un hombre demasiado joven para morir y que no se conforma.

Las Bucólicas, como las otras obras de Chénier, fueron publicadas en 1819. Son una colección de poemas de inspiración pastoril, llenos de gracia y de belleza; en uno de esos poemas un joven triste y enfermo confía a su madre sus penas de amor; en otro, un grupo de pastores rodean a Homero ciego, quien canta los mitos de los pueblos antiguos; hay también reminiscencias de idilios inspirados en Teócrito, Calimaco y Bíon, siguiendo las tendencias neoclásicas de la literatura de las últimas décadas del siglo XVIII.

«Hoy es mi turno», exclama en uno de sus más violentos poemas. Los amigos lejanos no pueden hacer nada más por él; que ellos vengan a acompañarlo es el deseo del poeta, mientras se resigna con su suerte, como lo hicieron antes aquellos que franquearon las puertas de San Lázaro.

Cuando se entera de que los restos de Marat han sido trasladados al Panteón, su pluma se vuelve terrible e implacable: «Marat es un sediento de sangre y de crímenes … la guillotina espera a quienes en el presente son los mejores; mañana serán ellos, posiblemente, los que salvarán a Francia…»

Contra los verdugos que se libran a orgías desenfrenadas, frente a todos aquellos que dominan por el terror, se desencadena la pluma de Chénier. Temiendo que el descubrimiento de sus Yambos comprometa a sus padres, el poeta, que domina el griego antiguo como un experto, disfraza hábilmente ciertas palabras, usando esta lengua para crear nuevos vocablos; otras veces usa abreviaturas personales que hacen sus versos muy difíciles, casi imposibles de interpretar.

Sin duda, en los Yambos se encuentra su verdadera personalidad y ella se pone más en evidencia a través del juicio hecho por el poeta italiano Carducci: «Los Yambos de Andrés Chénier son una expresión del individuo, un grito de indignación del solitario que, encerrado y aislado en una prisión, resuena como el rugido de una fiera, al contemplar el sitio donde se levantará la guillotina siniestra; el sol de Termidor se convierte así en una elegía.»

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial CODEX – Biografía de Andrés Chénier-

 

Biografía de Murillo Bartolome Esteban Obra Artística

Biografía de Murillo Bartolomé Esteban

Bartolomé Esteban Murillo. — Nació en Sevilla el 31 de diciembre de 1617 y murió en la misma ciudad el 3 de abril de 1682.

Fue un pintor que supo idealizar los asuntos que representaba. Se distinguió por la naturalidad de expresión de sus figuras y por la delicada belleza cromática de que estaban revestidos sus lienzos.

Su producción fue muy copiosa, siendo conocidísimos por haber alcanzado gran difusión sus reproducciones, sus famosos San Antonio de Tadua y la  Concepción.

Murillo es el artista que mejor ha definido el tema de la Inmaculada Concepción, del que nos ofrece numerosas versiones que destacan por la gracia juvenil y el rostro amoroso de la Virgen y el vuelo de los ángeles que la rodean.

En el Museo del Prado se pueden contemplar algunos lienzos que tratan este tema.

Murillo Bartolome Esteban

A los 10 años Murillo demostraba una fuerte inclinación hacia la pintura; se entretenía a menudo dibujando con un trozo de carbón sobre las paredes, mientras que su tío, que presentía su genio, lo contemplaba con placer.Y a los 22 años, Bartolomé Esteban Murillo había adquirido un cierto renombre, siendo sus cuadros muy solicitados por los aficionados y comerciantes en telas, que disputábanselos, ofreciéndole grandes sumas.

En el siglo XVII, siglo de oro para las artes y las letras de España, Andalucía se convirtió en el centro comercial de la península ibérica, y gracias a su prosperidad, en poco tiempo desarrolló una tradición pictórica que habría de distinguir, en el campo artístico, a la bella tierra andaluza de las otras regiones españolas.

Surgieron así en Sevilla, en el espacio de algunos años, numerosas escuelas de artistas, que crearon un estilo «sevillano». Esta modalidad recibió, sin embargo, cierta influencia de la pintura flamenca e italiana.

En 1617 nació, precisamente en Sevilla, Bartolomé Esteban, que fue luego conocido bajo el nombre de Murillo, pintor que con el tiempo habría de convertirse en uno de los más célebres artistas de España.

Pronto agregó al nombre de Esteban, que era el de su padre, el de Murillo, ya que habiendo quedado huérfano a los 10 años fue criado por su tía Ana Murillo, mujer del cirujano Juan Lagares, que se preciaba de querer al pequeño Bartolomé como a un hijo propio.

El niño manifestó pronto sus aptitudes artísticas, y fue en razón de las mismas que ingresó al estudio de Juan Castillo, uno de los más grandes maestros de la pintura sevillana.

Fue allí donde el joven tuvo oportunidad de admirar las obras de Juan dé las Boelas, de Francisco Pacheco, profesor de Velázquez, y de Francisco Herrera. En 1639 su maestro abandonó Sevilla para establecerse en Cádiz, y Murillo pintó entonces para la célebre feria de su ciudad, cuadros de un arte tal que los compradores llegaron a disputárselos.

En un siglo en que para muchos pintores, tales como Velázquez, Bibera, Juan de las Boelas, Rubens, constituía un imperativo el atravesar Europa y dirigirse a Italia para estudiar allí los secretos de la pintura del Tintoretto, Caravaggio y Ticiano, Murillo permaneció en España.

Parece ser que tampoco se alejó de su Sevilla natal más que para efectuar, entre 1642 y 1644, un viaje a Madrid, adonde créese conoció a Velázquez.

Algunos ponen en duda dicha estada suya en la capital, pero fue allí verdaderamente donde conoció las obras de Ticiano, Rubens y Van Dyck; recorriendo, pues, y con un éxito similar, la ruta que le señalara Juan de las Boelas, el iniciador de la fusión de los dos caracteres principales de la pintura sevillana:  el misticismo y el naturalismo.

En Sevilla, en realidad, su formación artística no se realizó exclusivamente en la escuela de Castillo, sino también al contacto de la pintura italiana: el artista habría de dar más tarde prueba de su amplio conocimiento de la escuela florentina del siglo XVI.

Vuelto a su ciudad natal entre 1645 y 1646 desarrolló su estilo, como lo prueban las numerosas telas que pintó para el convento de San Francisco, que contienen escenas de la vida de San Diego.

Sus imágenes de ángeles y santos, tratadas con una expresiva dulzura, conquistaron para el pintor el favor del público, puesto que él haciase a través de las mismas, intérprete de los sentimientos religiosos de los españoles, suprimiendo en sus obras todo academismo sin significación y todo motivo hostil a una fe pura y sincera.

Francisco Pacheco, el maestro de Velázquez, escribió en su Tratado «que el arte del pintor debe ser puesto al servicio de la Iglesia, ya que a menudo el arte ha obrado con mejores resultados en la conversión de las almas, que la palabra de los sacerdotes».

Es por ello que esta misma fe que hacía de Murillo un católico ferviente, dio una significación a su pintura, que tiene como temas la vida de los santos, sus éxtasis, visiones y milagros.

En las telas del convento de San Francisco, su expresión artística obtiene un clarobscuro esfumado que Murillo llega a equilibrar mediante una paleta cromática muy rica, de donde emergían los personajes como modelados con una dulzura extrema.

En 1652 pinta para el arzobispo de Sevilla la Concepción, y más tarde, en 1655, recibe del archidiácono de Carmona, Juan Federighi, un encargo de dos cuadros que representaran a San Isidoro y San Leandro para la sacristía de la catedral de la ciudad.

Abandonando su técnica habitual de presentar a los personajes mediante formas modestas y quietas, Murillo utilizó, para obtener recursos esculturales pujantes, todas las vibrantes manifestaciones del movimiento.

Durante esta época creció su renombre, y con el trabajo realizado en la catedral de Sevilla, su gloria quedó definitivamente consagrada. En su estudio numerosos alumnos comenzaron a copiar las obras del maestro.

Para honrar a San Antonio de Padua, el artista pintó en 1656 un cuadro de mayores dimensiones, donde el Niño Jesús se ve representado en el momento en que se aparece al santo.

El Divino Infante está rodeado por un halo de luz resplandeciente, que nos prueba la existencia de una pujante armonía cromática en el estilo del artista, y en la que parecen confirmarse las palabras de D’Annunzio: «El color es el esfuerzo de la materia por transformarse en luz.»

Las formas se relacionan más íntimamente con el tema, notándose una evolución en su estilo, al que confiere una dulzura que recuerda al Correggio.

Es durante este período cuando trabaja para las iglesias y conventos de su ciudad: para la Catedral, los Capuchinos, la Cofradía de Venerables religiosos, y de su pincel surgen numerosas obras, que constituyen actualmente el orgullo de los museos de toda Europa, tales como La adoración de los pastores, El éxtasis de San Francisco y La Virgen del Rosario, actualmente en el Louvre, siendo, sin lugar a dudas, uno de los mejores trabajos de estos años de fresca inspiración, el que representa a Jesús Niño y San Juan Bautista, tema predilecto del gran Leonardo.

La multiplicación de los panes, El sueño del patricio y Moisés golpeando la roca, son los testimonios más salientes de la serenidad del artista durante este período de su existencia, así como de la intensidad de su labor.

En 1670 Murillo recibió la visita de un enviado de Carlos II, que venía a comunicarle el deseo real de verlo instalado en la corte de Madrid; Bartolomé rehusó la invitación, y continuó trabajando en la ciudad de Sevilla, pintando telas para la capilla del Hospital de la Caridad.

 Murillo recurría también a veces a los elementos realistas que constituyeron una característica distintiva del arte español, los mismos elementos que en literatura produjeron él romance picaresco (género literario que refleja la vida y el ambiente popular de España). En estas pinturas encontramos una expresividad más vigorosa y un contraste más acentuado entre luces y sombras.

Este llamado al realismo ya había sido lanzado antes por Velázquez, que era un observador atento de las gentes de condición humilde; y por Caravaggio, que había contribuido poderosamente a la formación pictórica de Murillo: el maestro sevillano se incorporó así a la gran tradición del arte español, inspirado en El Greco, Zurbarán y Ribera.

En 1665 prosigue incansablemente su actividad, y compone para la iglesia de Santa María la Blanca, una Virgen Dolorosa, un San Juan Bautista y cuatro lunetas que se refieren a la fundación de Santa María la Mayor de Roma, las que se encuentran actualmente en el Prado de Madrid.

Allí, los personajes están fijados sobre la tela con una tonalidad más clara y plateada, que se adapta bien a la dulzura del modelo. Su estilo entra entonces en una etapa más madura, que los españoles definen de una manera expresiva con el término «cálida», en oposición a la pintura «fría» de su juventud, entonces sobrecargada con medias tintas esfumadas, que contrasta con la técnica vaporosa que adopta en su madurez. Este es el estilo que emplea cuando pinta uno de sus temas favoritos: la Virgen Inmaculada.

En 1680 se le encargó a Murillo decorar con frescos el convento de los Capuchinos en Cádiz; pero un día, atacado por enfermedad repentina, cayó de un andamiaje. Llevado inmediatamente a Sevilla recibió los primeros cuidados, pero en adelante su salud no volvió a restablecerse, y la vida del artista se extinguió lentamente.

En 1614, Felipe III colocó a España bajo la protección de la Purísima, y Murillo, pintor católico, reprodujo a menudo su figura, a la que viste con manto blanco y azul, coloca una luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas, situándola en medio de ángeles que resplandecen como visiones paradisíacas. La dulzura y la discreción son las características del artista, pero resulta vano buscar en su obra el lenguaje místico. En su fe representa a la Inmaculada Concepción con los rasgos de una bellísima gitana, y los ángeles que la rodean parécense a niños que retozan en las calles de la capital de Andalucía, llenos de vida y de salud.

Aun cuando llegó a disfrutar de una próspera situación, Murillo continuó consagrando su existencia al arte, su mujer y sus cuatro hijos.

En 1660 murió su gran compatriota Diego Velázquez, y Murillo tomó entonces el glorioso título de «primer pintor de España», convirtiéndose, en el mismo año, en presidente de la Academia de Pintura. Sin embargo, declinó inmediatamente ese honor. Cuando en 1670 Carlos II lo llamó a palacio para suceder a Velázquez, rechazó la invitación, prefiriendo permanecer en su Sevilla natal, entregado a la pintura de santos y vírgenes, en la nueva capilla del Hospital de la Caridad.

Entre tanto, había trabajado en la decoración de la catedral para las festividades de la canonización de San Fernando III, rey de Castilla. Entre sus últimas obras, aun cuando resulta imposible establecer orden cronológico, citaremos dos cuadros que representan a San Agustín, encontrándose uno en el Museo de Sevilla y otro en el Prado de Madrid; diferentes telas suyas hay en la iglesia del Hospital de los Padres Peregrinos y un retrato del canónigo Justino Nevé.

En 1680, mientras se hallaba pintando en el convento de los Capuchinos de Cádiz su obra El desposorio místico de Santa Catalina, Bartolomé cayó de un andamiaje, atacado por una repentina enfermedad, muriendo en el mismo año.

La producción artística de Murillo fue prodigiosa: 481 cuadros, sin contar las copias. La mayor parte de sus obras se encuentra en el Museo del Prado de Madrid (43 telas), pero ellas enriquecen también el museo de Sevilla, el Louvre de París, el museo de Leningrado. y en Italia la galería Pítti de Florencia, y el palacio Bianco de Genova, sin contar los decorados de las iglesias de Sevilla Cádiz.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/murillo2.jpg

Bartolomé Esteban Murillo:  El desposorio místico de Santa Catalina. Pinacoteca del Vaticano (Roma).

Obra de Murillo Santa Rosa de Lima

Este lienzo, representa a santa Rosa de Lima, patrona de Perú, la primera religiosa latinoamericana canonizada. La santa aparece de rodillas ante el Niño Jesús con los brazos ligeramente abiertos en actitud de tierna admiración muy alejada de la teatralidad de otros artistas del barroco.

obra de murillo pintor español
El lienzo titulado La Sagrada Familia del pajarito (c. 1650, Museo del Prado, Madrid).Aún con una fuerte influencia tenebrista, en este cuadro se aprecia la dulzura y la sensibilidad en el tratamiento de los personajes y las situaciones característicos de este autor, especializado en temas religiosos.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial CODEX – Biografía de Murillo Bartolomé Esteban

Biografía de Alfonso de Lamartine Poeta del Romanticismo

Biografía de Lamartine Alfonso de

Alfonso de Lamartine (1790-1869), poeta, hombre de letras y político francés, que figura entre los principales representantes del romanticismo. Lamartine nació el 21 de octubre de 1790, en Mâcon. Su padre era oficial del Ejército. Lamartine defendió la restauración de los Borbones en 1814, y fue nombrado secretario de la embajada francesa en Nápoles por Luis XVIII. Como político y durante más de catorce años, cada vez que subía a la tribuna de la Cámara de Diputados, Lamartine era apasionadamente aplaudido por sus colegas, a quienes transportaba con su vehemente elocuencia. No es frecuente ente historia hallar reunidas en un solo hombre las cualidades  del poeta y del hombre de Estado.

El 21 de octubre de 1790, durante la Revolución, nació en la pequeña ciudad de Macón uno de los más grandes poetas del siglo XIX: Alfonso Luis María de Lamartine. Poco tiempo después su madre lo llevó a una propiedad de la familia situada en Milly, y se encargó de darle los primeros elementos de su educación. Más tarde, Lamartine concurrió al colegio de Lyón y terminó sus estudios clásicos en el colegio de Belley.

Lamartine Alfonso

Cuando Napoleón abdicó en Fontainebleau, Alfonso de Lamartine, que siempre había estado contra el emperador, se enroló en la Guardia. Podía finalmente servir a la dinastía de los Barbones, a la cual había permanecido fiel. Durante los Cien Días vivió retirado en Suiza y en Saboya, y sirvió de nuevo en la Guardia en 1815, abandonando al año siguiente esta carrera.

Vivió en Milly desde 1809 a 1811, y allí tuvo la revelación de su vocación poética al contemplar la naturaleza, la vida simple de los campesinos y la serenidad de un universo donde todas las preocupaciones parecían olvidarse rápidamente; allí también formaría su carácter en el cultivo de las meditaciones. En 1811 hizo su primer viaje a Italia, visitando Florencia, Roma, Nápoles, y en esta última ciudad, tan alabada por la incomparable belleza de su mar, su cielo y su costa, conoció a la que sería el principal personaje de su novela Graziella.

La campaña francesa de 1814 lo sorprendió en Francia. Habiendo escapado, por ser todavía un niño, de la matanza que la Revolución hizo entre los nobles, anclóse cada vez más en la idea monárquica y abrigó un odio tenaz hacia Napoleón, considerándolo el usurpador del trono de los Borbones. Esto lo llevó a enrolarse en la Guardia, para servir a su rey, cuando Napoleón resignóse a abdicar en Fontainebleau; al regreso de éste, evadido de la isla de Elba, se refugió durante un tiempo en Macón, y luego en Milly, donde permaneció los primeros años de la Restauración, trabajando en las Meditaciones, que serían publicadas en 1820 y conocerían un éxito definitivo.

Bien visto por los escritores de moda en esa época —Chateaubriand, Béranger, Nodier y Vigny— y también por la crítica, Lamartine, unido en matrimonio a una inglesa protestante, fue nombrado secretario de embajada en Ñapóles, de donde pasaría, con la

misma función, a Toscana. Durante su larga estada en Florencia fue protagonista de un grave incidente por haber escrito que Italia «era una tierra de muertos», expresión inspirada tal vez por su admiración a la Roma antigua, en contraste con la mediocridad ofrecida a sus ojos.

El coronel italiano Pepe lo retó a duelo, y en el encuentro, que tuvo lugar el 19 de febrero de 1826, lo hirió en una mano. Los adversarios se reconciliaron luego, en una gran manifestación de estima recíproca. Tres años más tarde, y ya de regreso en Francia, Lamartine ingresó en la Academia Francesa, ocupando el sillón del conde Pedro Bruno Daru.

Al año siguiente publicó Armonías poéticas y religiosas, e inmediatamente después de la revolución de julio, el rey Luis Felipe quiso nombrarlo ministro plenipotenciario en Grecia; pero Lamartine rechazó el cargo, pues estaba decidido a guardar fidelidad a Carlos X y además no tenía en mucha estima al nuevo soberano.

Retiróse entonces de la carrera diplomática para tentar suerte en la política: pero habiendo presentado su candidatura en Dunkerque, no fue elegido. Para consolarse de este fracaso emprendió un viaje a Oriente. Este crucero lo condujo a los puertos de Grecia, Siria y Turquía, pero el hechizo del viaje fue roto por la muerte de su pequeña hija Julia, de apenas 10 años de edad.

Al desembarcar en Francia recibió la noticia de que los electores de Bergues lo habían hecho su diputado. Los representó hasta 1839, y desde ese año hasta 1848 figuró en la Asamblea en nombre de Macón, su ciudad natal.

Presentóse en la tribuna como demócrata conservador, y se impuso por su incomparable elocuencia. En 1847 publicó Historia de los girondinos, que si bien no posee actualmente más que un relativo valor histórico no deja de ser por ello una obra maestra de la prosa francesa; este libro contribuyó a la caída de la monarquía de julio, a la cual odiaba Lamartine casi tanto como a Napoleón.

Luego de la partida de Luis Felipe colocóse nuevamente de parte de la monarquía legitimista, pero más tarde aceptó la república como un hecho ineluctable, y fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores. El 25 de febrero de 1848 impasible ante una marea tumultuosa y amenazante de republicanos, pronunció su célebre discurso en homenaje a la bandera tricolor, haciéndola aclamar por la multitud que traía el pabellón rojo.

Fue miembro del gobierno provisional, en el que se hizo cargo de la cartera de Relaciones Exteriores, y fue elegido por diez departamentos como representante en la Asamblea Constituyente (4 de mayo), optando por el del Sena. Al año siguiente sólo resultó electo por el de Loiret. Luego del golpe de estado de Luis Napoleón Bonaparte (2 de diciembre de 1851) se retiró a la vida privada.

Tenía 61 años, y de su gran fortuna ya nada conservaba, pues había sido un hombre extremadamente pródigo. Tuvo que volver a trabajar para poder vivir, y de esa necesidad nacieron Historia de la Revolución de 184S, Historia de los Constituyentes, Historia de la Restauración, Historia de Turquía, Historia de Rusia, aunque todos esos libros no habrían bastado para asegurarle una existencia desahogada si el cuerpo legislativo no le hubiera acordado una renta vitalicia en 1867. Pero no la recibió mucho tiempo: el 28 de febrero de 1869 las campanas de París doblaban por Alfonso de Lamartine con lúgubre lentitud.

Poeta, novelista, historiador, diplomático, hombre de Estado, fue persona de actividad multiforme, ejemplo admirable de artista ecléctico y ciudadano ejemplar. Pero sobre todo fue, como escribió Gustavo Lanson, un gran poeta, el más natural de los poetas, el más poeta si la poesía es esencialmente un sentimiento.

Las Meditaciones poéticas (1820), su primera obra, surgieron del profundo dolor, despertado por la muerte de la mujer que había amado en su juventud: un valle querido, el otoño, el lago donde soñara con el ser amado, le inspiraron acentos de inefable melancolía. En la batalla librada por los románticos contra el clasicismo que parecía renacer, esta obra aportó una contribución decisiva a la victoria de los que eran llamados «modernos».

Tres años más tarde, las Nuevas meditaciones poéticas conocieron un éxito más modesto, pues carecían de aquella línea melódica que había sido el principal encanto de la primera obra. Sin embargo, aunque no siempre se igualen a las precedentes, algunas poesías del nuevo libro, entre ellas El crucifijo, continúan siendo consideradas preciados trozos de antología.

La muerte de Sócrates (1823) no obtuvo la misma resonancia; es, sin embargo, un bello pequeño poe: ma a través del cual el autor quiso presentar al gran filósofo griego como un precursor del cristianismo. Publicó seguidamente Ultimo canto del peregrinaje de Harold, homenaje a Lord Byron, cuyo héroe adoptó.

Bajo el título de Armonías poéticas y religiosas aparecieron en 1830 poemas entre los cuales se hallan sus obras maestras más acabadas. El crítico Sainte-Beuve reconoció en gran número de esos himnos tiernas y melodiosas plegarias donde los colores de la naturaleza y los encantamientos de la poesía prestan su atractivo a la expresión de la fe.

La vida política intensa apartaría al poeta durante muchos años de la publicación de nuevas obras; pero en 1836 apareció Jocelyn, gracioso idilio que lleva las huellas de un candido optimismo, y dos años más tarde, La caída de un ángel, poema filosófico en el que alternan admirables escenas pastorales con sombríos episodios; son —siempre citando a Lanson— como dos fragmentos de una inmensa epopeya espiritualista sobre el destino humano.

En 1839 una acogida entusiasta fue brindada a Recogimientos poéticos, que sin alcanzar la altura de las Meditaciones prueban que la inspiración del poeta romántico  estaba lejos  de  agotarse.

Después de esta obra calló, sin embargo, durante diez años, y recién en 1849, cuando conducía fogosamente sus campañas políticas y se encontraba en una crítica situación financiera, publicó las Confidencias, volumen de recuerdos que, en una prosa musical, evocan su infancia y su juventud. El tiempo de su edad madura está contenido en la novela biográfica que se inserta en las Confidencias y lleva por título Rafael. Luego aparecen las Nuevas confidencias, en las que Lamartine traza el retrato de los principales personajes literarios y políticos de su época.

José de Maistre y Rene de Chateaubriand, Madame de Staél y Carlos Mauricio Talleyrand se destacan entre todos. En 1852 dio a conocer Graziella, relato en parte autobiográfico, cuya heroína es la hija de un pescador de Mergellina, a la cual conociera durante su primer viaje a Italia. Flaubert no vio en ella sino una obra mediocre, aun cuando fuera —decía cruelmente— lo mejor que Lamartine había escrito en prosa.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/lamartine1.jpg

Para aliviar su inquietud financiera se abrió una suscripción pública con escasos resultados, y entonces el cuerpo legislativo votó en su favor la renta vitalicia de un capital de 500.000 francos. Una delegación se presentó en la casa del poeta, que contaba casi 80 años, para llevarle la buena noticia.

Fuera de su actividad en el dominio de la novela, el relato y la poesía, Lamartine nos dejó una Historia de los girondinos que le costó muchos años de búsqueda y de trabajo.

En esta obra, que fue publicada en 1847 y, como ya dijimos, ejerció una gran influencia sobre la Revolución, se hallan vigorosamente descriptos los personajes de Roland, Vergniaud, Brissot, Condorcet, Petión, y los de todos los otros grandes girondinos que fueron víctimas del terror. He aquí el comentario de Lanson sobre esta crónica histórica: «La Historia de los girondinos, tan poco histórica, cálida de elocuencia, iluminada por retratos prestigiosos, llena las almas de un vago y poderoso entusiasmo revolucionario…»

Y ése era el propósito del poeta que detestara siempre a Napoleón y al hijo de Felipe Igualdad y contemplara con consternación el advenimiento de Napoleón III. Su sueño había sido siempre, una república en la que el hombre no saciara con sangre su sed de poder.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo III Editorial CODEX Biografía de Alfonso de Lamartine

 

Biografía de Puccini Giacomo Operas del Compositor Italiano

Biografía de Puccini Giacomo
Músico, Óperas del Compositor Italiano

Giacomo Puccini (1858-1924), compositor italiano, autor de óperas que destacan por su intensa emoción y teatralidad, tierno lirismo, orquestación colorista y rica línea vocal. Sus obras fueron representadas en todos los teatros del mundo, marcó una etapa importante en la evolución de la ópera italiana; su aporte consistió en alcanzar el máximo de intensidad dramática en la constante expresión de pasiones y sentimientos. nació el 22 de diciembre de 1858 en Lucca en el seno de una familia de músicos eclesiásticos. Desde el siglo XVIII todos los Puccini fueron organistas y maestros de capilla en la iglesia de San Martino de esta ciudad.

giacomo puccini compositor italiano

Giacomo Puccini

Corre el año 1858. Miguel Puccini, profesor de música del instituto Pacini, en Luca, y padre ya de cuatro niñas, espera un nuevo nacimiento. Por fin, llega Giacomo, el hijo varón ansiosamente deseado. Luego de éste, su mujer Albina Maggi le dio dos hijos más.

Escasa es la edad de los pequeños cuando muere el padre, y la madre, de sólo 33 años, debe hacer frente a la difícil situación.

Giacomo, como muchos otros hombres célebres, no evidenció durante su infancia ninguna de las cualidades que harían de él uno los más grandes artistas del mundo. Su madre logró hacerlo entrar en el seminario de San Miguel y luego en el de San Martín, pero sus esfuerzos no fueron recompensados; el niño era rebelde, se escapaba de la escuela y cometía toda clase de travesuras.

Intervino entontes el tío Maggi, hermano de la madre, quien, pensando que el pequeño podría haber heredado las aptitudes musicales del padre, le llevó a las iglesias y le hizo cantar allí las partes de contralto. Pero esas aptitudes no se pusieron de manifiesto, y el tío Maggi, desanimado, declaró a su hermana que el niño no poseía ninguna de las virtudes que eran necesarias para ser músico.

Esto entristeció profundamente a la señora Puccini, pues la costumbre había establecido que fueran músicos todos los que nacían en esa familia. Es sin duda por esta razón que persistió en su empeño, y condujo a Giacomo ante el compositor Angeloni, solicitándole que hiciera entrar a su hijo en el instituto musical para que allí aprendiera a tocar el órgano.

puccini tocando el piano

De pronto nació en él el gusto por la música. El maestro Angeloni contribuyó grandemente a ello. Supo ganar la confianza del niño y ayudarle a descubrir su verdadero camino. La reina Margarita le acordó, durante un año, la pensión gratuita en el conservatorio de Milán. Giacomo no tardó en merecer la admiración de sus profesores Bazzini y Ponchielli, quienes representaron en su carrera un apoyo muy valioso, antes de su regreso a Luca. El vacilante alumno empezaba a componer.

Angeloni era un cazador apasionado, y fue precisamente llevando al niño a cazar cómo ganó la confianza y la estima de éste. Juntos solían conversar sobre diversos temas, y entre ellos, sin duda, sobre óperas. Lo cierto es que de pronto Giacomo se sintió atraído hacia el maravilloso mundo de la música. Pensó en seguida que él sería capaz de crear nuevas armonías y que la gloria del teatro recompensaría sus afanes.

Una noche, luego de asistir en Pisa a una representación de Aída, y ya firmemente decidido a hacerse compositor, pidió a su madre que le enviase al conservatorio de Milán. Ésta aceptó la idea con inmenso júbilo y se dispuso valientemente a enfrentar las dificultades económicas que se oponían a la realización de tan hermoso proyecto.

Agotados todos los recursos, resolvió dirigirse a la reina Margarita, y esta audacia, inspirada en su amor maternal, dio sus frutos, pues obtuvo para su hijo la pensión gratuita, por un año, en el conservatorio de Milán. Giacomo partió lleno de entusiasmo y con profunda fe en el porvenir.

En el conservatorio, Puccini realizó brillantes estudios, y sus maestros, Bazzini y Ponchielli, le testimoniaron particular admiración. Triunfante salió del conservatorio de Milán y regresó a Luca.

El futuro compositor contaba con el apoyo de su buen maestro Ponchielli, quien, con gran diplomacia, consiguió que el poeta Fontana escribiera un libreto para su joven alumno. Éste se proponía enviar una ópera al concurso del Teatro Ilustre de Sonzogno.

En posesión del libreto, Giacomo se consagró por entero a la composición de la música. Así nació Le Villi. El jurado ante el cual fuera presentada rechazó la obra, no por considerarla mala, sino más bien porque no había logrado descifrarla. Puccini, en su apuro, había escrito la música de manera casi ilegible.

Empero, esta derrota le causó profunda pena. Fontana, transformado en su gran amigo, lo condujo, con el ánimo de reconfortarlo, a una recepción de la que participaban ilustres músicos, como Arrigo Boito (el autor de Mefistófeles) y el crítico musical Marco Scala.

Requerido por la concurrencia, Puccini se sentó al piano y tocó Le Villi; puso tanto ardor y tanta violencia en la ejecución, que su música maravilló a los invitados, a tal punto que el mismo Boito abrió una suscripción entre los admiradores del joven músico para que su ópera fuera representada en el teatro Dal Verna, de Milán. Según hacen constar sus biógrafos, en la noche del estreno el compositor sólo poseía 40 céntimos; pero al día siguiente el editor Ricordi le ofreció por su partitura 2.000 liras.

Del éxito de esta representación, efectuada el 31 de mayo de 1884, tenemos una prueba incontestable: el telegrama que el mismo Puccini enviara a su madre y cuyo texto era el siguiente: «Éxito estruendoso. Dieciocho llamados. Repetido tres veces final del primer acto.»

puccini compositor italiano

Su primera ópera, Le Villi, presentada en un concurso de la casa Sonragno, fue rechazada por el jurado, pero el libretista Fontana condujo al músico a una recepción donde se encontraban Arrigo Boito y el crítico musical Marco Scala. Allí Puccini tocó al piano su obra y suscitó un entusiasmo general. Gracias a esta intervención y a la de otros amigos, pudo estrenarse la citada ópera en el teatro Dal Verna de Milán, obteniendo un éxito franco, y más tarde fue cantada en muchos teatros de Italia, Austria, Rusia y América latina,  olvidándose que el jurado la había rechazado al ser presentada.

Pero mientras Giacomo Puccini cosechaba sus primeros laureles, la vida de su maravillosa madre se extinguía allá, en Luca. Con inmensa congoja alcanza el hijo a recibir el último suspiro de la que fuera su más fiel amiga y confidente.

En busca de olvido abandona su ciudad natal. Cuando, después de un tiempo, retorna a Luca, encuentra allí a Elvira, hermosa dama a quien amó tiernamente y que fue su abnegada compañera. Juntos conocieron épocas penosas, durante las cuales Giacomo debía dar lecciones de piano para poder aumentar sus modestos recursos.

En este tiempo compone Edgar, cuyo fracaso logró empañar un tanto la fama que con Le Villi había empezado a brillar.

Lo que necesitaba Puccini era un buen libreto y, por consiguiente, un buen poeta. Así encontró a Illica y más tarde a Giacosa.

Giacomo Puccini figura entre los numerosos autores que compusieron música para la historia de Manon Lescaut, que ya siete años antes había inspirado a Massenet una encantadora ópera cómica. La heroína del abate Prevost iba a cobrar, en la escena, una nueva vida.

La primera representación, que tuvo lugar en febrero de 1893, constituyó un éxito rotundo. A partir de este momento, la gloria y la fortuna acompañaron a Puccini. Algunos años más tarde éste se instaló con su familia en una pequeña villa, Torre del Lago, a orillas del lago Massaciuccoli, donde había de permanecer hasta el final de sus días.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/puccini3.jpg

Manon Lescaut (primera representación en Turín en 1893): El libreto para el que Puccini escribiera la música ha sido extraído de la célebre novela del abate Prevost, cuya heroína había ya inspirado al maestro francés Massenet la composición de una encantadora ópera cómica. Esta nueva obra de Puccini tuvo un brillante éxito, no tardando en ser representada en los principales teatros del mundo. Tres años después, también en Turín, La Botóme reiteraba el triunfo de Manon.

El paraje era hermoso y la caza abundaba en los alrededores. Esto representaba el ideal para quien era un apasionado cazador y necesitaba en los momentos de trabajo calma y belleza para su inspiración. Allí escribió lá música de La Bohéme, sobre los versos de Illica y Giacosa, inspirados en la célebre novela de Murger.

La Bohéme fue representada en febrero de 1896 en el teatro Real de Turín, donde algunos años antes había triunfado Manon Lescaut. Pero esta vez la crítica fue implacable y le auguró muy corta vida sobre las tablas.

No obstante, Mimí, la frágil bordadora enamorada del poeta, emocionó profundamente al público, que noche tras noche vertía sus lágrimas por la heroína, sin inquietarse del reproche de los censores.

La Bohéme fue presentada en Sicilia; luego cruzó fronteras, atravesó océanos, y fue acogida en todas partes con gran entusiasmo.

Giacomo acompañó a su Mimí a Egipto, Londres y París. Mas la vida de sociedad, las recepciones, no respondían a sus gustos. Añoraba la paz de Torre del Lago, los paseos, el fusil, el cigarrillo entre los labios y, sobre todo, el piano. A su regreso reencontró, además de todo esto, el ansia de componer.

Esta vez su heroína no sería una pobre muchacha soñadora, sino una célebre cantante, la Tosca, quien ama al tenor Mario Cavaradossi. Scarpia, capitán de las guardias romanas, enamorado a su vez de Tosca, pretextando que Mario ha tomado parte en un complot, lo hace detener y condenar a muerte.

La cantante, desesperada, promete a Scarpia renunciar al hombre que ama y consigue para éste un salvoconducto. Una vez el documento en sus manos, mata a Scarpia y corre en busca de Mario, dispuesta a huir con él. Pero llega demasiado tarde, y el pintor es fusilado. Entonces, enloquecida de dolor, Tosca se arroja al Tíber.

A pesar de los diversos comentarios y críticas que este tema provocara, Puccini amaba ya a su criatura y tenía confianza en ella. Llevó pues su obra, sin ninguna modificación, al teatro Costanzi, de Roma, donde se la representó por primera vez el 14 de enero de 1900.

Poco antes de levantarse el telón, un comisario de policía se aproximó a Mugnone, el director de la orquesta, y le ordenó que al menor signo de agitación interrumpiera la ejecución de la ópera para atacar el himno nacional, pues se temía para esa noche el estallido de un atentado anarquista. Terriblemente emocionado, Mugnone subió a su pupitre sin pronunciar palabras sobre lo que le acababan de informar.

Suenan los primeros compases, se levanta el telón, y en seguida un creciente rumor invade la sala. La música se interrumpe, la batuta del director golpea el pupitre y Mugnone se apresta a dar la señal del himno nacional, cuando advierte que la agitación reinante es solamente causada por algunas personas que, llegadas con retraso, molestan a los espectadores, provocando las airadas protestas de éstos. La frente perlada de sudor, Mugnone retoma Tosca desde su primer compás y la conduce brillantemente a la victoria.

Después de Tosca, Puccini compuso Madame Butterfly. Es la dramática historia de una joven japonesa toda gracia y dulzura. Fue representada en 1904 en la Scala de Milán, pero el público se mostró poco entusiasta. Puccini no se dio por vencido, modificó la partitura y la presentó algunos meses más tarde en el teatro Grande de Brescia, donde Madame Butterfly tomó su revancha haciendo llorar a los espectadores.

La fanciulla del West nació gracias a la colaboración de un músico de color, quien llevó a Europa los ritmos del jazz. La obra fue representada con gran pompa en el Metropolitan Opera de Nueva York, en 1910, y alcanzó el éxito esperado.

Terminada esta obra, Puccini atravesó por un oscuro período de absoluta esterilidad; su inspiración parecía agotada, ningún tema le atraía. Hasta que, finalmente, compuso Tabarro, sobre una historia de celos y traición que se desarrollaba a orillas del Sena.

Luego escribió Gianni Schicchi, ópera cómica cuya acción gira en torno al lecho de un falso moribundo que expresa sus últimos deseos. Después vino Sor Angélica, sobre un tema hondamente emotivo.

Puccini alcanza la máxima consagración al ser nombrado senador del reino. Sin embargo, pasa sus días en Torre del Lago, cazando, trabajando y disfrutando de los hermosos paisajes.

En este tiempo comienza a escribir la música para un cuento maravilloso cuya heroína era una bella princesa enamorada de un caballero. Pero una dolencia imprevista le obliga a interrumpir el trabajo y partir para Bruselas, donde, según se hablaba, había un gran cirujano capaz de curar su mal. Puccini, que no creía en la gravedad de su caso, lo comprende, por desgracia, demasiado tarde.

Mas ni aun el sufrimiento logra hacerle perder la esperanza que le acompañó hasta el último momento de su vida, extinguida el 29 de noviembre de 1924. Su cuerpo fue trasladado a Torre del Lago, esa pequeña aldea a la que tanto había amado. Allí reposa ahora. La casa, que permanece tal cual la vio el gran músico en los últimos días, y el piano parecen aguardarlo. Sólo la tinta, en la que tantas veces mojara su pluma para dar al mundo su brillante producción, se ha secado.

Más tarde, el maestro Alfano concluyó la partitura de la última obra en la que Puccini trabajaba antes de morir: La princesa Turandot. En el curso de la primera representación, al llegar al momento preciso en que el compositor debió abandonar su creación, calló bruscamente la orquesta, los espectadores se pusieron de pie y, en el inmenso silencio que llenó la sala, una voz se elevó para decir: «¡Aquí se detuvo Puccini!».

Cronología de sus Obras

1884 Le Villi
1889 Edgar
1893 Manon Lescaut
1896 La Bohème
1900 Tosca

1904 Madame Butterfly
1910 La fanciulla del West
1917 La rondine
1918 Il trittico (trilogía compuesta por Il tabarro, Suor Angelica y Gianni Schicchi)
1926 Turandot (póstuma, completada por Franco Alfano)

 

Sor Angélica y Tabarro, esta ópera del célebre compositor consta también de un solo acto.
Sor Angélica: Habiendo tenido un hijo sin estar casada, Sor Angélica expía su falta en un convento al que sus padres la han obligado a ingresar. Un día, al enterarse de la muerte de su hijo, intenta envenenarse; pero ganada por el remordimiento, suplica a la Virgen Santísima que la salve por el amor de su divino hijo Jesús.

Gianni Schicchi

Gianni Schicchi (primera representación efectuada en Nueva York en el año 1918): Se trata de una pequeña ópera bufa cuyo argumento gira en torno al lecho de un falso moribundo que desea expresar su última voluntad. Como Sor Angélica y Tabarro, esta ópera del célebre compositor consta también de un solo acto.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/puccini6.jpg

La Bólleme: Mimí, bordadora de flores, se enamora de Rodolfo, poeta. Éste renuncia a ella para que la joven se case con un hombre rico. Pero Mimí, cerca de la muerte, vuelve en busca de Rodolfo y, apretando contra sí el manguito que fuera a buscarle uno de sus amigos, muere en la misma buhardilla en que había nacido su primero y grande amor.

puccini compositor

La princesa Turandot: Desea por esposo a un hombre capaz de resolver los más complicados enigmas y que no tema exponer su vida en riesgosas empresas. Esta ópera, con libreto de Giuseppe Adami y Renato Simone, fue olejada incompleta por Puccini y terminada por Alfano, representándose por primera vez en el teatro la Scala de Milán el 2 de mayo de 1926.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo I Editorial CODEX Puccini y Sus Óperas

 

Biografía de Victor Hugo Resumen Obra Literaria del Poeta Francés

Biografía de Víctor Hugo
Obra Literaria del Romanticismo Francés

Victor Marie Hugo (1802-1885), poeta, novelista, dramaturgo y crítico francés cuyas obras constituyeron un gran impulso, quizá el mayor dado por una obra singular, al romanticismo en aquel país. La revelación de Hugo como poeta romántico data de 1929, con la aparición del volumen de poesía Orientales.

Con Hojas de otoño (1831), Los cantos del crepúsculo (1835), Voces interiores (1837) y Los rayos y las sombras (1840) se confirma en su tono intimista y meditativo.

Victor Hugo Poeta

El gran poeta nació en Besanzón el 26 de febrero de 1802; su padre, general del Imperio, lo llevó, siendo muy niño todavía, a Italia y España.

Los ojos del pequeño se maravillaron con los espléndidos paisajes y los incomparables monumentos de lá Europa mediterránea. Sus primeras poesías, que aparecieron más tarde bajo el título de Odas y baladas, le valieron el calificativo de «niño sublime».

Por la importancia de su obra, por su diversidad y por los hechos que llenan su vida, Víctor Hugo es el autor que domina el siglo XIX en Francia.

Su padre, Léopold Hugo, era comandante del ejército revolucionario que se hacía llamar Bruto, estaba participando en la pacificación de la Vendée, sublevada por los legitimistas monárquicos, cuando conoció a Sophie Thébuchet, graciosa y piadosa muchacha educada en las tradiciones, con quien se casó en 1797.

Tuvieron primero dos hijos, Abel y Eugéne, que tenían respectivamente cuatro y dos años cuando, en 1802, Sophie esperaba otro bebé, soñando con que fuese niña ya que el nombre ya estaba elegido: se llamaría Victorine. Pero el 26 de febrero de 1802, en Besanoon, nació un varón, Víctor.

El comandante Hugo tiene que reunirse con su unidad en Córcega. Mientras tanto, Sophie ha conocido en París al padrino de Victor, el general-marqués de Lahorie, antibonapartista declarado, que se comprometerá en la conspiración de Malet y será fusilado en 1812.

Estas relaciones —de las que no se sabe gran cosa— acabaron de separar un matrimonio tan dispar como el de los padres de Victor, quien a partir de ahora vivirá exclusivamente con su madre.

La familia se instala en París y vive casi en la miseria; mientras tanto, la fortuna de las armas distingue a Léopold, quien consigue el grado de general y obtiene el gobierno de la provincia italiana de Avellino.

Su esposa se reúne con él en Italia, pero no tardan en separarse de nuevo, y en 1814 sus padres inician una acción judicial a fin de separarse.

De vuelta a la capital, alquila una casa en el número 12 del callejón de las Feuillantines, lo que la Revolución dejó en pie de un antiguo convento. Mansión tranquila, con jardín, oasis misterioso donde los niños juegan despreocupados y felices.

La muerte repentina de su madre le obliga a instalarse solo en una buhardilla del Barrio Latino: llevará allí la vida que atribuirá al Marius de Los miserables años más tarde.

En 1822 publica su primer libro de poemas, Odas, en el que se muestra fiel servidor del trono y del altar; obra sin gran sinceridad, pero con alardes de virtuosismo: Luis XVIII le recompensa con una pensión de mil francos que luego será doblada; ya se puede casar con Adéle. Eugéne, que también estaba enamorado de ella, se vuelve loco el día de la boda. Fueron sus testigos dos poetas: Alfred de Vigny y Soumet.

En 1823 hizo su primera incursión en el campo de la novela con Han de Islandia, y en 1826 publicó Bug Fargal; esta última es la historia de un esclavo negro que se sacrifica por salvar a la joven blanca, a quien ama.

Su actividad de escritor duró sesenta años, es decir, hasta su muerte, ocurrida el 22 de mayo de 1885, y durante todos esos años trabajó sin tregua.

La producción de. Víctor Hugo es variadísima: compuso, en efecto, poemas, obras de teatro, novelas, escritos políticos y manifiestos literarios. Le tocó presenciar la gloria de Napoleón y su decadencia, el fin del régimen monárquico, el nacimiento de la Segunda República, el reinado de Napoleón III y la Tercera República.

Víctor Hugo aspiraba a ser el «pensamiento del siglo», pensamiento este agitado por incesantes problemas. Así, cantó victorias, lloró derrotas y conoció el exilio. Encontramos en sus propias declaraciones la característica de su obra: «Todo lo que está en la naturaleza, está en el arte; el drama resulta de la combinación de lo sublime y de lo grotesco; el drama es la expresión de la época moderna.»

victor hugo poeta

Poco a poco fue prendiendo en su espíritu la ideología liberal, suscitada en parte por los recuerdos de la epopeya napoleónica que había vivido en su niñez. Al mismo tiempo, se declaró francamente romántico, en un momento en que tanto Chateaubriand como Lamartine se habían consagrado a la vida política y en que la nueva corriente necesitaba un jefe que le llevara a la victoria. Hugo fue la figura sobresaliente del «(Cenáculo», tertulia de los salones de Nodier, desde que en la introducción a su drama Cromwell (1827) expuso el programa de acción de los románticos. Poco después, en 1830, triunfaba ruidosamente con Hernani, a pesar de la violenta oposición de los clasicistas, y con él se imponía el romanticismo en Francia. El año anterior, Las Orientales habían revelado en Hugo a uno de los grandes poetas líricos del siglo.

Fue nombrado miembro de la Academia Francesa en 1841, donde se lo acogió con entusiasmo delirante; de la misma manera fue aclamada en 1848 su entrada a la Asamblea Constituyente.

El golpe de Estado que colocó a Napoleón III en el trono ele Francia provocó la indignación del poeta, que se constituyó en el enemigo implacable de ese hombre al que consideraba un usurpador. El pueblo entero se conmovió al enterarse que Víctor Hugo había sido proscripto por gritar su rebeldía.

Se estableció primero en Bélgica y luego en La pequeña isla de Jersey, donde publicó en 1852 Napoleón el Chico.

De regreso a París, el 4 de septiembre de 1870, dos días después del desastre de Sedán, fue elegido representante en la Asamblea Constituyente con asiento en Bordeaux.

Seis años más tarde fue nombrado senador a perpetuidad; sin embargo, el viejo titán habría de abandonar su vida política y refugiarse en la soledad, aunque, al igual que el astro al final de su trayectoria, continuaría aún irradiando su magnífico fulgor.

Escribe nuevos poemas y se consagra especialmente a El arte de ser abuelo (1877), donde traduce de manera exquisita el amor que le inspiran sus nietos.

Concluye su drama Torquemada, que no pudo ser representado y cuya composición, iniciada cuarenta años antes, había abandonado ante el desaliento que le produjera el fracaso de su obra Los burgraves.

Cuando se difundió la noticia de que su fin estaba próximo, la angustia sacudió el corazón del pueblo entero, tanto amaba al anciano cuva alma estaba «en el centro de todo, como un eco sonoro».

Contra el deseo del poeta de que su entierro fuera modesto, las exequias que se realizaron en su homenaje alcanzaron gran magnificencia. El féretro que encerraba su cuerpo fue expuesto una noche entera bajo el Arco de Triunfo y doce poetas lo velaron.

Víctor Hugo fue grande en todos los géneros literarios. Entre sus libros de poemas citaremos: Las orientales (1829), Las hojas de otoño. Los cantos del crepúsculo (1833), Laces y sombras (1840), Las contemplaciones (1856), la monumental Leyenda délos siglos, cuya primera serie apareció en 1859, La canción de las calles y de los bosques (1865), Los cuatro vientos del espíritu (1881). Pero sus novelas fueron recibidas con mayor entusiasmo por sus contemporáneos. Las principales son: Nuestra Señora de París (1831), Los miserables (1862), Los trabajadores del mar (1866), El hombre que ríe (1869), Noventa y tres (1872).

Para el teatro escribió Hernani, cuya primera representación significo una terrible batalla entre los antiguos y los modernos: los partidarios del teatro clásico y los románticos, El rey se divierte, Lucrecia, Borgia, Ruy Blas. Su primera obra dramática, Cromwell, fue representada recién en 1856. Víctor Hugo la publicó con el agregado de un prefacio en el que resume todas sus doctrinas literarias.

En toda la obra de Víctor Hugo se pone de manifiesto su amor por los oprimidos, los débiles, su indignación frente a las injusticias sociales; su tema favorito es la lucha de la humanidad contra la tiranía, que representa para el poeta el peor de los males.

La naturaleza fue también fuente de inspiración; la grandiosidad del mar se ve reflejada en Los trabajadores del mar, obra escrita en Jersey, durante el exilio; es la historia de un pescador que enfrenta los mas graves peligros para poner en lugar seguro las máquinas de un navio encallado entre las rocas; lo mueve a ello el amor que siente por la sobrina del propietario de este navio. Pero, cuando luego de terribles aventuras, logra su propósito, se entera de que la joven ama a otro hombre; presa de la desesperación se abandona a la furia de las olas.

La crítica no siempre ha sido benévola con Víctor Hugo; algunos le reprochan su aplastante sonoridad; otros, sin embargo, consideran que la obra del gran escritor contiene páginas de las que puede enorgullecerse no solamente la literatura francesa, sino la humanidad pensante.

Este juicio es aplicable sobre todo a la mayoría de los capítulos que componen su novela más importante, Los miserables, en la que Víctor Hugo ha logrado combinar armoniosamente sus dotes de poeta, novelista e historiador.

El personaje central de esta obra es Jean Valjean, quien por haber cometido un delito insignificante se ve condenado a trabajos forzados. Jean Valjean consigue evadirse de la prisión y encuentra asilo en la casa de un obispo, Monseñor Miriel, hombre este que vive y obra según los principios evangélicos.

La acogida que el santo prelado le dispensa, las dulces palabras que le prodiga y, más aún, las que dirige a los soldados cuando éstos llevan ante su presencia a Jean Valjean, que le había robado dos candelabros de plata, abren un camino de luz en el corazón del condenado.

Éste cambia radicalmente y orienta su espíritu hacia el bien. Escondiéndose bajo  el  seudónimo  de  señor   Magdalena abre una fábrica; es elegido luego alcalde de una pequeña ciudad y gana poco a poco la estima general.

Pero un día, la policía detiene a un pobre idiota y lo arrastra ante los jueces, diciendo que ese desdichado es Jean Valjean.

Es entonces cuando el supuesto señor Magdalena, para evitar que se condene a un inocente, decide confesar su verdadera identidad. Lo encierran nuevamente en la prisión y otra vez logra fugarse.

Cambia en esta ocasión su disfraz y recoge a una niñita, para quien llegará a ser ur verdadero padre.

El policía Javert no cesa de se guir sus huellas. Un capricho del destino quiere que Jean Valjean salve la vida de su perseguidor;  sin embargo, el condenado cree que esta actitud no impedirá al policía, verdadero monstruo de conciencia profesional, cumplir su cometido.

Se equivoca; antes que perder a quien lo ha salvado, Javert se arroja al Sena.

Éste no es sino un resumen muy incompleto de una historia que en realidad reúne varias otras.

Al lado de Jean Valjean está Mario, en quien muchos han creído reconocer al autor; otro personaje importante es Gavroche, que simboliza el coraje y el espíritu del chiquillo pobre de París.

En esta obra monumental hay magníficas páginas de historia: Waterloo, las agitadas jornadas del mes de junio de 1832; hay descripciones sorprendentes, como, por ejemplo, la de las alcantarillas de París.

Víctor Hugo fue considerado como el jefe de la escuela romántica y muchos han sido los poetas que recibieron su influencia. Su espíritu inquieto encontraba fácilmente la inspiración, pues todo parecía interesarle.

Se le ha reprochado a menudo el haber prestado a los personajes de sus novelas y de sus dramas una excesiva grandilocuencia, pero lo sublime formaba parte de su naturaleza, y el gigante no podía llevar vestimentas de enano.

Pasajes de sus Obras Literarias:

victor hugo obras literarias

Gwynplaine, el noble raptado por ios gitanos, ha debido soportar de manos de éstos extrañas y horrorosas torturas que han transformado por completo la expresión de su rostro. En la Cámara de los Lores, de la cual es miembro, toma la palabra, y los lores estallan en carcajadas sin poder escucharlo. Este personaje es uno de los más trágicos de la obra de Víctor Hugo.

Una joven gitana, Esmeralda, gana su vida bailando y prediciendo el porvenir. Claudio Frollo, archidiácono de la Catedral, que se consagra a la alquimia, y Quasimodo, un enano deforme, la aman; pero Esmeralda sólo piensa en Feho, el hermoso capitán que la ha salvado de caer en manos del abominable sacerdote. Este la hace acusar de asesinato, y la gitana es condenada a muerte. Quasimodo la oculta en la iglesia; pero Claudio Frollo la encuentra y decide entregarla a una hechicera, quien reconoce en Esmeralda a su propia hija. Su fin está próximo: los guardias la han apresado. Desde lo alto de la Catedral, Claudio Frollo se apresta a presenciar el suplicio, pero surge Quasimodo y lo lanza al vacío. Dos años más tarde se encontrará, en el cementerio de San Lorenzo, el esqueleto del desdichado Quasimodo estrechamente abrazado al de Esmeralda; cuando pretendieron separarlo, quedó convertido en polvo. Este libro resulta pintoresco por las pinturas de la multitud, el lenguaie de los pordioseros y las descripciones del París de antaño. El tema principal es Nuestra Señora de París.

El rey se divierte

El rey se divierte: Los cortesanos de Francisco I sospechan que Triboulet, el bufón, oculta una aventura amorosa, y para desenmascararlo preparan un plan de minuciosa crueldad: lo hacen cómplice del rapio de la joven de quien lo creen enamorado, y que és en realidad su hija Blanca. Triboulet decide vengarse y va en busca de un espadachín para que éste dé muerte a un hombre cuyo verdadero nombre calla. Éste hombre es el rey. Pero Blanca salvará al soberano, vistiendo ropas masculinas y dejándose matar en, su lugar.

Hernani: La acción se desarrolla en España. Doña Sol ama a Hernani, el apuesto desterrado; pero su tío, Don Ruy Gómez aspira a casarse con ella. Por otra parte, el rey Don Carlos está también enamorado de la joven, y la hará raptar. La vida de Hernani está en las manos del anciano, quien decide acordarle una tregua si el joven le ayuda a salvar a su sobrina. Hernani promete, a su vez, que en el mismo momento en que llegue a sus oídos el sonido del cuerno que Don Ruy Gómez habrá de tocar, él se dará muerte. Don Carlos, llegado a emperador, se muestra magnánimo: indulta al proscripto y le permite casarse con Doña Sol. Pero la noche de las bodas suena el cuerno de Don Ruy Gómez. Hernani cumplirá su promesa, Doña Sol sigue los pasos de su amado y el anciano acabará también por quitarse la vida. Esta obra al año siguiente de su estreno obtuvo 45 representaciones y luego fue una obra de repertorio en todos los teatros de Europa, por la riqueza de la forma, la brillantez del estilo y la abundancia de las imágenes verdaderamante poéticas.

Cromwell: El héroe de la revolución inglesa, que ha alcanzado la cumbre del poder, ansia ceñir la corona real. El Parlamento y la ciudad de Londres están dispuestos a ofrecérsela, con lo cual verá colmados sus más caros deseos. Pero, hábilmente disfrazado de centinela, llega a saber que los monárquicos y los republicanos traman un complot contra el futuro rey. Dando pruebas de gran tacto, en el momento de la ceremonia rechaza la corona, y este gesto llena de admiración a sus mismos enemigos.

ALGO MAS…

Entre 1830 y 1841, fecha en que fué elegido miembro de la Academia francesa, Hugo produjo gran parte de su obra literaria, no sólo destinada a la aristocracia que asistía a las representaciones teatrales (Lucrecia Borgia, María Tudor), o bien podía saborear un buen libro de poesías (Hojas de otoño, Las voces interiores), sino también al gran público (Nuestra Señora de París).

El fracaso de Los Burgraves (1843), drama que no fué comprendido por el público, y ciertas desgracias familiares, le lanzaron al campo de la política (en 1845 fué nombrado par de Francia).

Como político, Hugo no tenía habilidad ni aptitudes. Al menos fuE consecuente con sus ideas, cada vez más democráticas. Miembro de la Asamblea Nacional en 1848, fué proscrito por Napoleón III después del golpe de estado de 2 de diciembre de 1851.

Hugo vivió desterrado hasta 1870. Residió algunos meses en Bruselas. Luego pasó a Jersey y más tarde (1855) a Güernesey. Aquí realizó una nueva etapa de fecunda actividad literaria, que culmina en Los Miserables (1862), novela de una época, de una raza y de un estilo.

De regreso a Francia después del hundimiento del Segundo Imperio, fuE elegido miembro de la Asamblea Nacional (1871) y senador (1876). Pero esta vez no intervino en política.

Reputado como vate de la Tercera República, sus facultades creadoras, declinantes con la edad, se manifestaron todavía frescas en varias obras poéticas (Cuatro vientos del Espíritu, 1881).

FuE objeto de varias celebraciones oficiales y públicas, en particular al cumplirse los cincuenta años de la «batalla de Hernani». En París, el 22 de mayo de 1885, la muerte le arrebató a Francia, pero no a la Historia..

Fuente Consulatada
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica
LO SE TODO Tomo I Editorial CODEX Biografía de Víctor Hugo

Biografía de Francisco Quevedo Resumen de su Vida y Obra

Biografía de Francisco Quevedo
Resumen de su Vida y Obra Literaria

Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645), escritor español, cultivó tanto la prosa como la poesía y es una de las figuras más complejas e importantes del barroco español. Uno de los autores más complejos y lleno de matices del barroco español es Francisco de Quevedo y Villegas. Su obra poética forma un conjunto monumental de poesía metafísica, amorosa, satírica, religiosa y moral.

En los últimos tercetos de su soneto Amor constante más allá de la muerte, que aquí recita un actor, se expresa la paradoja del amor, que triunfa más allá de la muerte. El retrato de Quevedo es obra del pintor español Diego Velázquez.

Francisco Quevedo

Francisco de Quevedo y Villegas fue el más grande prosista del movimiento barroco español y el gran maestro del conceptismo. Está considerado por algunos críticos como el mayor escritor de todos los tiempos después de Cervantes.

Vida. Nació en Madrid (1580) y se crió en un ambiente aristocrático, pues su padre era secretario de la princesa María y su madre dama de cámara de la reina. Su infancia transcurrió así en la corte de Felipe II

Este insigne polígrafo español nació en Madrid en septiembre de 1580 y murió en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real) el 8 de septiembre de 1645. Estaba dotado de viva imaginación, fuerte voluntad y clara y precoz inteligencia, a tal extremo que a los cuatro años sabía ya leer correctamente.

Cursó en Valladolid filosofía, artes y teología, disciplina de la que se graduó en Alcalá de Henares. Además de conocer el hebreo, dominaba las lenguas francesa e italiana a tal punto que en la conversación en cualquiera de las dos últimas hubiera podido confundirse con los naturales de uno y otro país, y en cuanto a las lenguas muertas, podía contender en ellas con los políglotas de su tiempo.

Siguió de cerca el movimiento literario de su época, en lo que no hallaba dificultad, pues podía leer las obras en sus idiomas originales.

Por el ambiente en que se crió y educó estaba al tanto de todas las interioridades de la política y de las intrigas cortesanas, cuyo conocimiento le inspiró muchos escritos satíricos.

Era además un formidable esgrimidor y de ello dio muestras fehacientes venciendo con la espada al tratadista de esgrima Luis Pacheco de Narváez. Su vida universitaria le hizo conocer el ambiente picaresco tan admirablemente reflejado en El Buscón.

De carácter caballeresco y fogoso dio muerte en duelo en el atrio de una iglesia a un rufián que molestaba a una dama devota, por cuyo lance hubo de huir a Italia, acogiéndose a la protección del duque de Osuna; de allí volvió a España a resultas del lance mentado y después acompañó a Napóles al duque, del que fue secretario, demostrando sus facultades de rectitud e ingenio para el cargo.

Pasó a Venecia en secreta misión informativa y descubierto allí, estuvo a punto de ser ejecutado.

Establecióse de nuevo en España, donde a poco sufrió prisión por motivos políticos, siendo recluido en el convento-castillo de los caballeros de Santiago, en Uclés, y después fue trasladado a la Torre de Juan Abad.

Libertado más tarde, hizo vida en la Corte, alcanzando cargos de importancia en Palacio, pero indispuesto con el conde-duque de Olivares a consecuencia de la publicación de un escrito satírico cuya paternidad se atribuyó a Quevedo, sufrió nuevamente prisión y fue encarcelado en el convento de San Marcos de León en condiciones inhumanas.

Allí estuvo cuatro años, siendo libertado después de la muerte del conde-duque. Se trasladó a su Torre de Juan Abad, y de allí a Villanueva de los Infantes, donde le sorprendió la muerte.

Había casado a los cincuenta y dos años de edad con una viuda, señora de Cetina, y el matrimonio, que no fue muy feliz, se separó pronto, enviudando Quevedo al poco tiempo.

Su obra poética es considerable. Es imposible, en breve reseña, enumerar sus muchos escritos de todo género, pero se consideran El Buscón.

En 1643 liberado de la prisión, ya era un hombre acabado y se retiró a La Torre para después instalarse en Villanueva de los Infantes, donde el 8 de septiembre de 1645 murió.

Los Sueños y Tolítica de Vios como los mejores. Era un ardiente defensor de la pureza del idioma castellano, censurando los neologismos que injustificadamente se usaban.

La fama postuma de este gran escritor y pensador de elevado espíritu nos ha presentado del mismo una versión deformada al considerarlo como una especie de bufón, cultivador del chiste y de la chocarrería.

Si fue satírico y crudo en ocasiones, lo hizo con la intención profunda de buscar por aquel procedimiento el remedio de muchos males que corroían a la sociedad de su época.

En Quevedo subyacen dos extremos, el moralista estoico y preocupado por la decadencia nacional y el satírico burlón vitalista que incluso recurre a la procacidad, al lenguaje jergal y grotesco.

La coexistencia de estos dos extremos reafirma no sólo la riqueza literaria de Quevedo sino la de un periodo, el del barroco, que redescubre la posibilidad de los múltiples puntos de vista.

Humor y escepticismo son, al fin y al cabo, dos formas complementarias del pesimismo y de la conciencia de la vanidad de las cosas del mundo, sometido a crisis periódicas y al demoledor paso del tiempo.

PARA SABER MAS…

Personalidad: burla y pesimismo. Quevedo fue hombre de compleja personalidad. Su característica principal fue la inestabilidad temperamental. Su espíritu osciló siempre entre la burla y el dolor, la risa y la preocupación filosófica.

Quizás por no poder satisfacer su vocación en una sola actividad, recorrió muchos caminos en la vida: fue político avezado y sagaz, excelente artista, esposo fracasado, lector contumaz y violento panfletista.

Arriesgó su vida en intrigas políticas europeas, participó de ambiciosas maniobras cortesanas, atacó con saña y sin piedad a los enemigos literarios, y se refugió en el estudio y la meditación <»n los momentos difíciles de su vida.

Fue uno de los pocos españoles de la época de la decadencia que puso la literatura al servicio de la protesta social, con lo cual la critica lo reconoce como un precursor.

Tuvo una visión sarcástica del mundo, aunque algo atemperada por su sincera devoción al ideal jesuíta, que guardó siempre con profunda reverencia. Algunos críticos lo han considerado poco escrupuloso en su comportamiento político, pese a su esoticismo y jesuitismo (Gerald Brenan).

El poeta. Compuso piezas en variados metros, pero la mejor parte de su obra son las letrillas, los romances y los sonetos.

Están escritos con una facilidad y fluidez características, y en general dejan trasuntar sus sentimientos de desilusión por la brevedad de la vida humana, la muerte, la fragilidad de las cosas, el estado de la sociedad y la decadencia moral de los españoles.

El dominio técnico de la poesía es casi completo, pero sobre lodo sobresale Quevedo en la maestría con que maneja el vocabulario y la sintaxis. Es por eso, fundamentalmente, un poeta verbal.

Por momento, y pese a su aversión por el estilo oscuro y recargado de los culteranos, Quevedo cede también a las tendericias de la época, y complica un poco la claridad y la fluidez de sus versos con concesiones al rebuscamiento de la expresión.

Las obras en prosa. Compuso en prosa obras filosóficas, ascéticas, políticas, de crítica literaria, festivas, satírico-morales, cartas y una novela picaresca. En el conjunto de su obra, se manifiestan dos perfiles típicos de su arte, el satírico y el filosófico.

Casi todos los críticos coinciden en expresar que el verdadero Quevedo es el festivo y satírico-moral. Muchas de sus obras, por ser verdades amargas, corrieron al principio sólo en manuscritos.

Sacó a la luz los defectos y demasías de los médicos, boticarios, sangradores, abogados, procuradores, oficiales del gobierno, mujeres culteranas, artistas simuladores, avarientos, herejes, despenseros, astrólogos, alquimistas, sastres, eruditos pedantes y muchos otros ejemplares humanos, así como también usos, costumbres, situaciones e instituciones de su época.

En varias ocasiones, al preparar para las prensas las versiones definitivas de obras, suprimió o modificó párrafos, frases, palabras y aun títulos, que por su carácter escabrosse afectaban las buenas costumbres o el sentimiento de la gente.

Quevedo. accedió también a realizar expurgaciones injustificables para la Inquisición. El autor atribuyó estos desvíos o licencias, a «los hervores de la niñez».

En política, tomó las teorías de la Escolástica, La Patrística y los autores italianos del Renacimiento, sobre el estado ideal y el monarca (Política de Dios y gobierno de Cristo), e hizo una biografía de Marco Bruto sobre el texto del historiador antiguo Plutarco (Marco Bruto).

En ascética, se inspiró en los autores españoles de esa escuela (Vida de San Pablo), y en crítica literaria, dirigió fundamentalmente sus escritos a atacar a los culteranos (La culta latinoparla).

Las dos mejores obras en prosa de Quevedo son la novela picaresca El Buscón y la serie de visiones titulada Sueños.

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica
Literatura Española, Hispanoamericana y Argentina de Carlos Alberto Loprete Editorial Plus Ultra

El Arte Negro Africano Características y Ejemplos

El Arte Negro Africano

Actualmente el arte negro se presenta como consecuencia natural de los progresos que durante el siglo XX hicieran en Estados Unidos los negros en todas las actividades culturales: pintura, escultura, música, teatro, poesía, novela. No sólo surgieron pintores y escultores negros de gran talento, sino que acertaron a crear obras genuinamente interpretativas de su raza. Los artistas tratan de llevar a sus cuadros, y parcialmente lo consiguen, algo que sea característico del negro.

En este post se hablará del arte africano, en donde este  arte nos parece extraño, y se debe a que no responde a los criterios artísticos que nos son familiares. La escultura es el terreno en el que mejor se ha expresado el sentido artístico de los negros. Es un arte religioso y estático que en la representación del cuerpo humano respeta muy poco las proporciones. Este arte difiere según las regiones: no tiene edad. Además, es anónimo. Sin embargo, sus múltiples formas despiertan cada vez mayor interés.

Si decimos que en el negro el sentido de la belleza es innato, no caemos en la exageración. Pensemos, por ejemplo, en las danzas en las que participa toda la tribu, en las vasijas de barro y en los tejidos realizados por las mujeres, en los objetos de uso y en los utensilios profusamente decorados. Podemos afirmar que en los pueblos de África el arte es una manifestación colectiva y espontánea.

A pesar de que los pueblos negros conocen la escritura desde hace relativamente poco tiempo, poseen una insospechable abundancia de mitos, leyendas y relatos que han sido transmitidos por tradición oral y que, con frecuencia,   tienen  gran  valor  literario.

Sin embargo, las expresiones del arte negro nos desconciertan e incluso a veces nos chocan. La música africana puede parecemos una cacofonía producida por instrumentos primitivos. Pero si la escuchamos con atención, enseguida nos sentimos subyugados por la riqueza del ritmo. Las danzas difieren bastante de nuestros ballets clásicos, pero esto no impide que pasos y figuras estén definidos con precisión. Tenemos que despojarnos de nuestros hábitos estéticos para penetrar en otro mundo.

El sentido de la belleza de las poblaciones negras se manifiesta de modo especial en la escultura. Un buril y un cuchillo han sido suficientes para que ciertos artistas produjeran obras notables. Los artistas negros trabajan, especialmente, la madera. Existen pocas obras de bronce, piedra o barro cocido.

arte de africa cara de mono

Sus creaciones no responden a nuestros cánones de belleza. Las esculturas africanas son monocromas o policromas, de tonos muy chillones. Las cabezas son enormes, y los brazos y piernas, deformes. No tienen movimiento. Pero en vez de negarles a estas obras toda clase de valor, hemos de intentar comprenderlas. Comprender la técnica del artista: parte de una masa cilindrica, el tronco de árbol, y la rebaja.

A esto se debe que el cuerpo sea recto, la cabeza siga la línea del tronco, los brazos raramente estén despegados del cuerpo y las partes derecha e izquierda sean simétricas. Es sorprendente la fuerza que se desprende de una obra así realizada. Seguidamente se advierte la predilección del escultor negro por la figura humana.

Por lo general,   la  obra  representa  a  un antepasado, por lo tanto, un difunto, que ha entrado en la inmortalidad y que, por consiguiente, es idealizado. Esta visión idealizada incita al artista a presentar una obra estática, de la que está excluido todo movimiento.

Le preocupan muy poco las proporciones; pretende, por el contrario, acentuar lo que le parece importante: la cabeza, por ejemplo, considerada como la sede de la inteligencia y los sentimientos. Algunas veces también acentúa cierto ideal de belleza: cuerpo esbelto, frente alargada, tatuajes.

En el conjunto de la escultura negra se debe reservar un apartado para las máscaras, que tan pronto son de sorprendente realismo como totalmente abstractas.

En un continente tan extenso como África es lógico que las formas de expresión artística difieran de una región a otra. Por otra parte, ésta es una de las características del arte negro. Las técnicas seguidas y la elección de temas y estilos aparecen como constantes propias de una tribu o grupo determinados.

En África meridional existen millares de pinturas y grabados rupestres que tienen muchas semejanzas con los de Lascaux. Pero esta tradición artística se perpetuó hasta el siglo XIX y es imposible establecer la fecha de estas representaciones de antílopes o leones, todas de gran perfección.

En la selva ecuatorial, que se extiende desde Senegal hasta los Grandes Lagos y ocupa, especialmente, la cuenca central, encontramos bellos ejemplares de la estatuaria negra. En cambio, los artesanos de la sabana (bakongos o balubas, por ejemplo) demuestran preferencia por los objetos profusamente adornados, por lo general símbolos del poder: bastones y utensilios de ostentación, sillas con cariátides, copas. Asimismo, en los pueblos de sabana (entre los dongos, mosis…) es donde se encuentran las máscaras más impresionantes.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/arte_baluba.jpg

Mientras que el arte europeo se subdivide más bien en épocas o períodos, en el arte africano se pueden distinguir regiones que poseen un arte particular. Por lo general,  el  arte negro  no  tiene edad. En efecto, su estudio ha demostrado que una tradición secular ha dejado inmutable el estilo. Sólo en algunos casos excepcionales se ha podido observar cierta evolución y en circunstancias todavía más raras se ha logrado fechar algunas obras. Entre estas excepciones citaremos el arte de Ifé y el del antiguo reino de Benin.

Ambos se hallan situados en la actual Nigeria. Ifé ha producido cabezas de barro cocido y de bronce que se distinguen por su realismo y serenidad. Este arte verdaderamente clásico alcanzó su apogeo en los siglos XII y XIII.

Los artistas de Benin siguieron la escuela de los de Ifé para afirmar su originalidad a fines del siglo XV. Nos han dejado cabezas de marfil y bajorrelieves de bronce finamente trabajados que representan guerreros.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/cabeza_ife.jpg

Una de las características del arte negro es ser anónimo. El artista, como individuo, permanece en segundo plano.

La función de su arte es servir: el objeto de arte es un objeto religioso. Estas pocas explicaciones nos ayudarán a sentirnos en comunión de ideas con los artistas africanos. Por otra parte, desde principios de siglo el arte negro ha influido e incluso modificado ciertas tendencias del arte europeo tanto en el terreno de la pintura como en el de la escultura. Lo ha apoyado en su lucha contra el idealismo académico.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/arte_africa1.jpg

Por lo que respecta al jazz, forma de expresión musical en su origen auténticamente negra, puede decirse que se ha convertido en un lenguaje musical completamente internacional.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/arte_africa2.jpg

La misma África descubre la riqueza e impresionante diversidad de su arte en todos los terrenos:  artes plásticas, teatro, poesía, música, etc. En 1966 se celebró en Dakar el primero y gigantesco festival de arte negro, en el que participaron millares de artistas negros que, con este motivo, llegaron de todo el mundo.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/arte_africa3.jpg

  A fines del siglo XIX, la expansión colonialista de las grandes potencias europeas,, produjo un verdadero aluvión de «objetos» africanos que pasaron a engrosar los fondos de los Museos de Etnología de las grandes capitales del mundo occidental.  Esos objetos eran comprados en África por sumas insignificantes, o simplemente requisados a mansalva; no importaba la calidad, sino la cantidad. Entre ellos destacaban las máscaras y las figuras antropomorfas de madera tallada.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/arte_africa4.jpg

        Las piezas se almacenaban sin referencia alguna a su lugar de origen, etnia a la que pertenecían, ni a su significado o utilización. Generalmente las figuras eran agrupadas bajo la denominación genérica de «fetiches«, y se las consideraba como utensilios para prácticas de hechicería.  Pero además de las piezas que se acumulaban en los museos, sin despertar mayor interés entre investigadores, antropólogos y museólogos, llegaron también a Europa una gran cantidad de esos objetos por una vía más popular; los traían los soldados y oficiales de los ejércitos coloniales como «souvenirs», y como prueba de sus hazañas bélicas contra «los salvajes africanos»

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/fuente_credsa3.jpg

Florencia en el Renacimiento Comercio, Burgueses y Política

Historia de Florencia – El Comercio De Los Burgueses -Lorenzo de Médicis y Maquiavelo

A partir de 1300 se observan en Europa ciertas tendencias generales que marcan un nuevo giro, un interés reavivado por las tradiciones de la antigüedad clásica y un nuevo espíritu de humanismo en el manejo de los asuntos.

De todas la ciudades de Italia, la mas civilizada fue Florencia. Sus ciudadanos habían empezado a enriquecerse en el siglo XII yendo a buscar a las ferias de Francia los baños burdos que se fabricaban en el norte. Los preparaban de modo que resultaran más finos, más flexibles y brillantes, y los revendían como telas de lujo a los musulmanes o a los grandes señores cristianos.

Florencia, ciudad-estado

El sistema feudal, que había sustituido al gobierno centralizado del Imperio Romano, empezó a perder terreno con el apogeo de las ciudades, donde existía una clase independiente de ciudadanos mercaderes y gremios de artesanos que estaba creando una nueva civilización.

El nuevo poder basado en la industria urbana estaba en cierto modo desplazando a los señores feudales del pasado. Italia, en su etapa de luchas entre el imperio y el papado, carecía de un gobierno central.

Por ello, presenció el nacimiento de gran número de ciudades-estado, desde las insignificantes hasta las que alcanzaron importancia internacional. Entre estas últimas, Florencia fue una de las más destacadas.

Durante mucho tiempo Florencia ocupa un lugar preeminente en la historia europea, especialmente desde mediados del siglo XII hasta principios del XVI. Se vio envuelta en la lucha entre el papa y el emperador desde el siglo XI.

Fue en ella donde las facciones rivales recibieron los nombres de güelfos y gibelinos a principios del siglo XII, aunque en esencia estos nombres familiares indicaban simplemente las fuentes de las que ambos partidos buscaban apoyo para sus propios intereses.

mapa de italia en el renacimiento

Hubo largas y complicadas luchas entre los dos partidos, y las alineaciones de las ciudades-estado y los grandes poderes cambiaban una y otra vez.

Mientras tanto, Florencia obtuvo un gobierno republicano que sufrió muchos cambios, pero que se estructuraba básicamente en dos consejos, un organismo integrado por representantes de los gremios que cambiaba cada dos meses, un capitán, un magistrado imperial y un ministro de justicia.

En la práctica, esta organización no era tan democrática como parece.

Los derechos políticos no llegaban de hecho a los estamentos más bajos, ni a los habitantes de las ciudades o distritos dependientes.

En el siglo XIV Florencia se había convertido en un centro comercial poderoso, famoso por sus actividades bancadas internacionales y su industria textil, primero con la lana y posteriormente con la seda y el brocado.

Sus conexiones con Oriente la ayudaron a prolongar su influencia cuando el Mediterráneo dejó de tenerimportancia económica.

En su política exterior, Florencia estaba en general enfrentada al imperio y por ello inició unas relaciones más estrechas con Francia, que durante mucho tiempo había apoyado a los papas contra  la  Alemania  imperial.

El Comercio de los Burgueses

En el siglo XIII, muchos ciudadanos de Florencia lograron grandes fortunas dedicándose al campo y la banca, y algunos de ellos prestaban dinero al rey de Francia. Pero la ciudad se hizo rica principalmente en los siglos XIV y XV, cuando estableció las grandes fábricas de paños.

Los pañeros de Florencia formaban una corporación denominada «Oficio de la Lana», pero no se parecían a los maestros de la Edad Media , que no eran sino pequeños patronos que trabajaban manualmente.

Eran ricos traficantes que compraban la lana en grandes cantidades, hacían que sus obreros la trabajasen y vendían el paño para obtener ganancia.

Tenían en los barrios más ricos de Florencia su tienda (boteche), que se distinguía por las armas del oficio (un carnero y una cruz), y era una gran sala abovedada que daba a la calle (subsisten aún varias en Florencia).

Allí se depositaban la lana y las drogas, se llevaban los fardos de paño y se recibía a los comerciantes extranjeros que iban a hacer compras.

Las piezas de paño que entregaban los tejedores eran enviadas a los tintoreros, que las teñían con plantas, sobre todo el glasto (pastel). Los tintoreros eran trabajadores más acomodados, que tenían su establecimiento y no trabajaban para un solo fabricante.

El paño pasaba todavía por los bataneros, con frecuencia establecidos en el campo, donde había molinos de agua, luego por manos de los aprestadores, los esquiladores, que cortaban los pelos con tijeras, los planchadores, los estiradores, los plegadores .

Los burgueses de Florencia, enriquecidos por el comercio, no quisieron permitir que siguiesen gobernando las antiguas familias nobles.

Las profesiones más lucrativas: notarios, banqueros, médicos, peleteros, pañeros, se organizaron en corporaciones llamadas artes (oficios), que se apellidaron mayores (superiores). Eran llamados también pueblo gordo (popólo crasso).

En 1282 hicieron una revolución. Los «priores de las artes» (jefes de los oficios) constituyeron jn gobierno llamado Señoría que se cambiaba cada dos meses. Se construyó un palacio, la Señoría, en el que moraban y comían juntos a expensas del Estado. Cuando hacían sonar la campana, todos los ciudadanos se reunían, sin armas, delante del palacio para deliberar.

Los burgueses de las «artes mayores», que habían logrado apoderarse del gobierno, obligaron a los nobles a matricularse en un oficio.

Los pañeros aprovecharon el poder de que gozaban para hacer reglamentos en provecho propio. Prohibieron a los obreros que trabajaban para ellos, cardadores, tejedores, bataneros, formar ninguna asociación o ponerse de acuerdo para reclamar mejor salario.

Hicieron reglamentos severos que ellos aplicaban, porque juzgaban a sus obreros. Les hacían pagar la mayor parte del Impuesto.

Los obreros, que no tenían miedo alguno de unirse para lograr mejores condiciones, se unieron a los enemigos políticos de los pañeros, sus patrones.

Los más pobres, los cardadores de lana, acabaron por sublevarse (1378). Pedían que se creasen tres «oficios» nuevos para ellos y los otros obreros de la lana. Les fue negado.

Entonces quemaron casas, invadieron el palacio de la Señoría e instalaron en él a uno de los suyos. Los obreros gobernaron algún tiempo. Pero pronto los cardadores se separaron de los demás, los ricos burgueses recuperaron el poder y ya no lo perdieron.

Los florentinos se distinguían por su hablar elegante y su afición a las poesías y los cuentos. Ya en el siglo XIV, los grandes escritores de Italia, Dante el autor del Infierno (1265-1321); Petrarca, el autor de los Sonetos (1304-1374); Boceado, el autor de los Cuentos (1313-1375), eran florentinos.

Más tarde vinieron los historiadores, Villani y, en el siglo XVI, Maquiavelo.

En Florencia se fundó la primera Academia, donde se reunían gentes de letras que se ocupaban del griego.

En el siglo XV Florencia fue la ciudad de los arquitectos y de los escultores, y entonces se edificaron el domo y la catedral.

Esta ciudad había llegado a ser la más rica de Italia y con el ejército que pagaba sometió casi toda la Toscana. Tuvo dos puertos. Pisa (1406) y Llvorna (1421), por los cuales pudo exportar directamente sus paños.

Había conservado su gobierno, que parecía ser una república. En realidad gobernaba una familia de ricos banqueros, los Médicis. Juan de Médicis, que murió en 1429, se había hecho popular logrando que se repartiera el tributo conforme a un registro en el que constaban todos los habitantes y su riqueza.

Su hijo Cosme heredó su casa de banca, su fortuna y su influencia.

Fue bastante hábil para avenirse a vivir como un simple particular; pero hizo se diesen todos los empleos a sus amigos y gobernó como quiso. Mandó edificar un palacio, ordenó la compra de manuscritos y fundó la biblioteca Médicis. Sus descendientes siguieron siendo dueños de Florencia.

Lorenzo de Medicis, el Magnífico

En el siglo XV, la ciudad quedó bajo el control de la poderosa familia de banqueros de los Médicis, que ejerció un poder prácticamente absoluto.

El más famoso fue Lorenzo (1449-92), que gobernó desde 1478 hasta su muerte.

Su abuelo Cosme se había mantenido en el poder por medio de gobiernos provisionales de cinco años que elegían a todos los funcionarios y obedecían sus instrucciones. Lorenzo siguió el mismo sistema.

Lorenzo era el típico gobernante del Renacimiento: inteligente, versátil, enérgico, seguro de sí mismo, escéptico en materias religiosas y con la única idea de perseguir el interés del estado allí donde lo veía.

Era entendido en las artes literarias y consciente de la evolución artística y científica de su tiempo; astuto y de múltiples recursos como hombre de estado, tan versado en la diplomacia como en la guerra, juzgaba a los hombres con sutileza y estaba decidido a consolidar la posición de su familia.

Por encima de todo, desarrolló una política que dio a Florencia un papel importante en el equilibrio del poder europeo.

Lorenzo era una de esas figuras que trascienden a la pura vida humana que rigió los destinos de Europa durante el Alto Renacimiento. Por algo se le llamó «el Magnífico».

Cuando, a los veinte años de edad, tuvo que asumir la carga de la vida política, Lorenzo estaba algo reacio a renunciar a su libre existencia de amigo de los artistas y eruditos.

Sin embargo, era demasiado listo para tratar de eludir su responsabilidad. Como él decía, «se puede malvivir siendo hombre rico en Florencia si no se tiene poder en el gobierno».

Su poder llegó a ser virtual-mente absoluto cuando, en 1480, sustituyó el consejo quinquenal por uno permanente integrado por sus propios hombres.

Ello significaba el fin de las libertades democráticas del pasado, sustituidas por un despotismo firme, a veces benevolente.

Aunque Lorenzo no conocía freno en la persecución de los intereses de estado y se interfería en las vidas privadas de los ciudadanos cuando le parecía, durante su reinado se mantuvo el orden más que nunca.

Ello favoreció enormemente la expansión de los negocios y la industria, así corno el estudio y las artes.

En realidad, en materia de status civil, los florentinos habían avanzado más que nadie hacia aquella igualdad pregonada por la Ilustración tres siglos más tarde, que se convertiría en el grito de batalla de la Revolución Francesa.

Al principio, Lorenzo se enfrentó con el Papa Sixto IV y fue derrotado en guerra. Fue capaz de cerrar en parte esta brecha porque’ la amenaza de una invasión extranjera, por parte de Turquía o de Francia, hacía esencial la colaboración.

En adelante se mantuvo en términos amistosos con Roma, asegurándose el capelo cardenalicio para su hijo menor, Giovanni, que más tarde sería el Papa León X.

En cuanto a Francia, su política era hipócrita. Se vio forzado a mantener relaciones cordiales, porque de ello dependía la prosperidad del comercio florentino en aquel país. Pero al mismo tiempo estaba decidido a no dejar entrar a los invasores.

En 1494, dos años después de su muerte, se iniciaron una serie de incursiones francesas que debilitaron grandemente a Italia y acabaron dejando gran parte de la misma bajo la influencia de los Habsburgo españoles  durante  dos  siglos.

Cosme Médicis había estimulado la creación de una academia platónica en Florencia bajo la dirección de Ficino, el gran erudito y traductor de Platón.

Lorenzo apoyó decisivamente la academia y fue amigo y mecenas de los eruditos, entre ellos de Poliziano y Pico della Mirándola.

Florencia se convirtió en refugio de muchos eruditos griegos que habían huido tras la caída de Constantinopla, en 1453. Todas las grandes figuras artísticas de la época encontraron apoyo presto e inteligente en Lorenzo.

Entre ellas se encontraban el arquitecto Alberti (1404-72) y los pintores Botticelli (1444-1510), Leonardo da Vinci (1452-1519) y Miguel Ángel (1475-1564).

obra: la primavera de botticelli

Para nosotros, la Primavera de Botticelli tiene una belleza serena y armoniosa, pero para Lorenzo Pierfrancesco, el joven patrono que la encargó, significaba mucho más. Venus, con sus guirnaldas de flores, simboliza la Humanitas, el ideal de todo el ser humano basado en las enseñanzas de la antigüedad.

Al mismo tiempo, la universidad de Florencia se convirtió en centro de un renovado espíritu de estudio clásico.

El humanismo de este período no sólo inauguró el estudio de la filología clásica crítica, sino que también fomentó la producción de libros y la creación de bibliotecas, que promocionaron el aprendizaje en general.

Aunque el poder e influencia de la Iglesia seguía siendo importante, se formó una nueva actitud que estaba más acorde con el enfoque del pasado clásico.

Puede decirse que la política nunca había estado realmente motivada por otra cosa que no fuera el interés, quizás en ocasiones bajo una delgada capa de aspecto cristiano.

Al llegar el Renacimiento, una fuerte tendencia secular invadió la propia Iglesia, que a su vez provocó el movimiento de reforma del siglo XV.

Mientras tanto, Florencia produjo una notable figura de brillo momentáneo, peculiarmente fuera de su tiempo, en parte un místico medieval y en parte un profeta de reforma: el fraile dominico Savonarola (1452-1498).

vista de florencia en el renacimiento

Savonarola ejerció un considerable poder político en Florencia durante un tiempo, aprovechándose de la oportunidad para predicar el establecimiento de un estado cristiano ideal. Pronto se volvieron las tornas y fue torturado y quemado con otros dos dominicos  en  la  plaza  pública.

Este asceta osado e intransigente se oponía al racionalismo escéptico de la época y al lujo terrenal de la cultura contemporánea. Condenó, en particular, la tradicional magnificencia de la corte papal.

Savonarola fue llamado al lecho de muerte de Lorenzo. Según la leyenda, el fraile negó al tirano la absolución porque Lorenzo no quiso restaurar la libertad democrática de la ciudad.

La actitud de Savonarola hacia Roma se hizo claramente hostil cuando fue elegido, en 1492, el Papa Borgia Alejandro VI. Alejandro no era ni más ni menos que un producto típico del Renacimiento: frío, realista, práctico, libre de fanatismos y que no se arredraba ante nada. Lo que más le molestaba de Savonarola no era su celo reformador, sino el hecho de que el fraile estaba a favor de los franceses.

En 1494, Carlos VIII había invadido Italia. La familia Médicis había sido expulsada de Florencia y la ciudad se salvó de los invasores en gran parte debido a la influencia de Savonarola.

El Papa, ayudado por el emperador, España y Vene-cia, obligó a Carlos a volver a Francia y acto seguido se volvió contra Florencia, donde Savonarola había logrado una influencia política decisiva.

Sin embargo, la exageración puritana de los sermones del fraile no estaba a la altura de la época.

En el carnaval de 1497 había organizado una «quema de vanidades» en la que fueron destruidos gran cantidad de libros y otros objetos por su indecencia y frivolidad. La reacción se produjo y finalmente el Papa consiguió que Savonarola fuera llevado a juicio y condenado por hereje.

Se le arrancó una confesión mediante torturas, como era costumbre, aunque posteriormente se retractó de cuanto había dicho.

Con otros dos frailes fue ahorcado y quemado delante del Ayuntamiento, en 1498. Lodo el asunto era, en realidad, una cuestión política; sirvió para aplacar a Roma y también para afirmar la independencia de Florencia, puesto que la demanda de extradición del fraile por parte del Papa Alejandro fue denegada.

personajes del renacimiento

Lorenzo el Magnífico, el déspota benigno, gobernó Florencia de 1478 a 1492 e hizo de ella una fuerza digna de tenerse en cuenta en  los  asuntos europeos. El fanático fraile Savonarola denunció la corrupción de la Iglesia y el Estado en vehementes sermones que provocaron la ira del Papa.

Maquiavelo

La situación política era ahora muy inestable. Luis XII de Francia obtuvo la licencia papal para casarse con la esposa de su difunto hermano, a fin de recuperar el poder sobre Inglaterra.

Por otra parte, se comprometió a apoyar a César Borgia en sus ambiciones territoriales sobre la Italia central. En 1501 la presión francesa salvó a Florencia de las amenazas de César.

En 1502 los florentinos eligieron a Piero Soderini como ministro de justicia vitalicio para proporcionar al estado cierta estabilidad.

Al año siguiente, Alejandro Borgia murió de fiebres y, antes de que César Borgia se recuperara de la misma enfermedad, sus conquistas habían pasado a manos del nuevo Papa, Julio II. César murió en España en 1507.

Desde 1498 Florencia contaba entre sus diplomáticos con Nicolás Maquiavelo (1469-1527), un astuto observador y negociador, versado en los clásicos latinos y hombre de gran visión política. En 1506 propuso un nuevo sistema para una milicia nacional, para sustituir a las turbas mercenarias y sus capitanes.

En la guerra contra Francia en 1510, Florencia permaneció neutral. Los franceses, aunque vencieron en Rávena, tuvieron que volver a Francia dejando a Florencia abandonada a su suerte. Su milicia no era enemigo para los aliados españoles del Papa. En 1512 los Médicis fueron restaurados en Florencia.

Maquiavelo, considerado erróneamente como sospechoso de complicidad contra los Médicis, fue obligado a abandonar su puesto en 1513. Su fama se debe a sus escritos políticos.

Familiarizado con muchas cortes de Italia y del extranjero, conocía a los hombres que estaban en el poder y captaba algunos de los problemas prácticos de la política.

Su tratado más importante, El príncipe, no le sirvió, como él esperaba, para recuperar el favor de los Médicis, pero sí le hizo mun-dialmente famoso.

En su libro, el autor señala los métodos que un gobernante debe adoptar a fin de establecerse y afincarse. Lo que necesita es el poder, ejercido sin ningún miramiento. Para lograr el éxito el gobernante no debe pararse ante la violencia.

El fin justifica los medios y, aunque es bueno estimular la creencia en la moralidad con fines disciplinarios, el gobernante no necesita atenerse a esas creencias, aunque puede acatarlas externamente si ello sirve a sus propósitos.

En gran medida, el gobernante descrito por Maquiavelo había estado personificado por César Borgia.

Lo que el autor esperaba era un príncipe que lograra en Italia la unidad nacional que estaba surgiendo con la monarquía absoluta de Francia.

Para él era totalmente evidente la necesidad de un hombreque ejerciera el poder con decisión y sin escrúpulos, para unificar las numerosas ciudades-estado de Italia enzarzadas en contiendas.

Pero su opinión no fue compartida por la mayoría, que le acusó de hombre inmoral y sin escrúpulos.

Estas  aspiraciones nacionales fueron incitadas por el lado más oscuro del Renacimiento italiano. A pesar de los grandes logros de ese período y de la magnificencia de las familias rectoras, la totalidad del país había entrado en su decadencia política.

El resultado fue una especie de indiferencia moral, que estimulaba la práctica desaprensiva de la política, haciendo casi una virtud del mal que surgía de las condiciones prevalecientes.

¿Cuál fue la causa de esta decadencia? Maquiavelo había expresado repetidas veces su opinión sobre el particular.

Se creía por lo general en aquel tiempo que la culpa era en gran parte del papado. En la lucha entre el emperador y el papa no se logró ninguna solución política decisiva.

En cierto sentido, el imperio había perdido la batalla política en Italia; el papado no tuvo la suficiente fuerza para proporcionarle dirección política, pero sí para solicitar ayuda extranjera, provocando de este modo una interminable serie de incursiones de ejércitos extranjeros, con los consiguientes horrores y depredaciones en el campo. Mientras tanto, el papa se comportaba como cualquier otro gobernante italiano, impidiendo una auténtica unificación política.

La obra de Maquiavelo no es tanto una teoría política como un examen de cómo crecen y decaen los diversos tipos de estado, y cómo debe proceder un gobernante para asegurarse el mantenimiento duradero del poder. De hecho, trata del aspecto de la vida política más cercano a su propia experiencia, es decir, la diplomacia.

Desde el punto de vista de la práctica política, la acusación de inmoralidad que a veces se le ha formulado, tanto por sus ofendidos contemporáneos como por generaciones posteriores, no está enteramente justificada.

Más que recomendar ciertas prácticas, lo que hace es señalar métodos para lograr ciertos fines; métodos, es cierto, que rozan, cuando no se enfrentan abiertamente, a la moral tradicional.

En cierto sentido, Maquiavelo llega más lejos que las críticas del poder papal por parte de los clérigos. No sólo se oponía al papado tal como estaba entonces, sino también al ideal que representaba.

A este respecto, es un auténtico representante del Renacimiento. Lo que admiraba eran las virtudes morales, no de la ética cristiana, sino de la antigua república romana en su período de apogeo.

Está claro que las lecciones prácticas de la política maquiavélica han tenido, en su totalidad o en parte, una aplicación universal, particularmente en los regímenes totalitarios o dictatoriales.

Sin embargo, la postura maquiavélica es unilateral, pues descuida la influencia positiva de otros factores de los que también depende el poder. Escritores humanistas como Tomás Moro presentan una concepción más amplia, justa y equitativa de la práctica política.

Fuente Consultada:
La LLave del Saber Tomo II – La Evolución Social – Ediciones Cisplatina S.A.

Escritores de la Literatura del Renacimiento en Europa

Escritores del Renacimiento en Europa

El Renacimiento literario tuvo lugar en Europa a través de varias etapas diferentes. Italia proporcionó, sin duda, los grandes modelos que, antes o después, harían suyos los escritores españoles, franceses, portugueses y hasta los de regiones más apartadas, como Inglaterra, Alemania o los países nórdicos.

CARACTERISTICA DE LA EPOCA: En los orígenes de la Italia del Renacimiento (prerrenacimiento) se deseaba fervientemente vivir, estudiar, pensar y escribir como los antiguos griegos y romanos.

Por ello, los profesores, monjes, príncipes y mercaderes se disputaban los manuscritos antiguos y rivalizaban también en el afán de coleccionar sus comentarios.

El hombre volvió a renacer. La larga y oscura noche de la Edad Media dio paso a una de las épocas más luminosas de la historia: el Renacimiento.

El destino del hombre medieval, condenado a vivir en un «valle de lágrimas», conoció a mediados del siglo XV un nuevo camino de esperanza.

Se desató una verdadera fiebre por los «studia humanitatis» o humanismo; es decir, el estudio de todos los conocimientos que interesan al hombre.

En la Edad Media también existió este entusiasmo pero no se permitió que la filosofía y forma de vida de los antiguos influyeran en las generaciones medievales.

Se buscaban textos antiguos en su integridad» y se les agregaban comentarios eruditos.

El humanista además de interesarse por las obras de los escritores antiguos atesoraba objetos de arte antiguo, sacaba planos de las ruinas romanas, buscaba esculturas.

Para el estudio de la Biblia se recurrió a los textos hebreo y griego y a los comentarios de los Padres de la Iglesia.

La vida florecía, dejaba atrás los temores atávicos, se liberaba de los miedos que esclavizaron los cuerpos y las mentes. Fue un periodo irrepetible. Se asistió a una eclosión del arte y la cultura. Las ciudades embellecieron.

El mundo se convirtió, por fin, en un lugar habitable. Dios ya no era el centro del mundo. El hombre se había hecho con las riendas de su propio destino.

El Renacimiento se generó lenta y oscuramente a través de una larga época pre-rrenaeentista, durante la cual el antiguo poder vital del paganismo contrastaba con el espíritu religioso predominante en la Edad Media.

Se fue gestando en Europa un clima de admirada  imitación por la obra de escritores antiguos como Homero, Catulo, Safo, Horacio...

Esos textos comenzaban a irradiar los fulgores del espíritu grecolatino a través de traducciones que, como turbador tesoro, circulaban entre algunos hombres de letras.

Pero debe aclararse que el conocimiento y el disfrute de la obra de estos clásicos en el mundo intelectual europeo, si bien estimuló el estudio y la investigación eruditos e inspiró la creación de obras sin duda importantes, no llegó en ningún caso a superar los reverenciados modelos.

No surgieron, pues, otro Píndaro, ni un Sófocles, ni un Virgilio.

ERASMO DE rotterdamPara comenzar con los mas destacados representantes de esta etapa, citaremos a un ser de una avasallante personalidad humanística llamado Erasmo de Rotterdam, quien fuera una figura predominante del siglo XVI en los Países Bajos.

Justamente Erasmo (imagen)  había traducido en los Países Bajos las tragedias de Eurípides «Hécuba» e «Ifigenia en Aulide».

Y, de alguna manera directa o indirecta, los «Adagios» escritos por el humanista holandés dejan traslucir la influencia de Séneca y Plotino.

Además, en Lovaina se editaron las obras de Catón y Suetonio; en Amberes, las de Cicerón y Tito Livio.

Es decir, que desde los Países Bajos se proyectó la luz del mundo antiguo a través del pensamiento de Flavio Josefa y Jenofonte.

En cambio, hubo una marcada influencia literaria de Italia sobre Portugal, directamente o a través de España, cuyo Siglo de Oro debe ser estudiado por separado.

Entre los escritores portugueses del siglo XV, se destacaron Duarte Brito, el infante Pedro –que estuvo en relación con Juan de Mena y el Marqués de Santillana– y el prosista Fernán Lopes, muerto en 1451; entre los del siglo XVI: Sa de Miranda, Gil Vicente, Antonio Ferreira y Luis de Camoens, autor de comedias, rimas, sonetos y del poema «Los Lusiadas», dedicado a la gloria de Vasco de Gama y de su pueblo.

Algunas  de las principales figuras que tuvo en Italia, Francia e Inglaterra, durante los siglos XV y XVI:

LOS ESCRITORES EN ITALIA

Precursores (siglo XIV): Dante, Petrarca y Boccaccio. Siglo XV: M. Ficino. Pico de la Mirándola, Lorenzo de Médicis, A. Poliziano, L. Pulci, Mateo Boyardo, J. Sannazzaro, León B. Alberti, J. Savonarola y Leonardo da Vinci. Siglo XVI: Maquiavelo, Ariosto y T. Tasso, Castiglione, Miguel Ángel Buonarroti, B. Cellini y Pietro Aretino.

dante bocaccio y petrarca

Hubo a fines del siglo XV un nuevo Renacimiento de la literatura en Italia. En Florencia apareció el prosista italiano más grande, Maquiavelo (1469-1527).

Estuvo primeramente empleado al servicio del Gobierno de Florencia, que le envió como legado cerca de los príncipes italianos.

Después de haberse retirado del servicio, estudio la Historia romana y publicó el libro que le hizo célebre en toda Europa, El Príncipe, Escribió en el idioma que se hablaba entonces en Florencia, y su libro ha sido modelo de la prosa italiana.

Ariosto (1474-1533), que había entrado al servicio del duque de Ferrara, escribió un gran poema épico en cuatro cantos, el Orlando furioso, cuyo protagonista es el progenitor de la familia de Este, a la que pertenecía el duque.

Más tarde. El Taso (1544-1595), que fue también a la Corte de Ferraría, escribió el último gran poema épico, la Jerusalén libertada. El héroe es Godofredo de Bouillon, que capitaneó la primera Cruzada.

El Tasso escribió también una novela pastoril, Aminta, cuyos personajes son pastores que hablan como señores y damas de la Corte.

Tuvo escrúpulos religiosos y envió su obra a Roma, a que la examinaran los cardenales. Se le reprochó haber empleado expresiones paganas, se volvió loco y permaneció recluido siete años.

Desde fines del siglo XVI, los italianos no produjeron más que parodias y églogas. Estas obras, que hoy ya no se leen tuvieron mucha fama en toda Europa y fueron imitadas en Inglaterra y en Francia.

Dante AlighieriPetrarcaBoccacio

Precursores directos, de la literatura renacentista en Italia fueron Dante, Petrarca y Boccaccio, admiradores de la prosa de Cicerón o Tito Livio y del verso galano de Virgilio.

Después de estos tres escritores del siglo XIV y antes de llegar a los que, en el siglo XVI, correspondieron a su grandeza (Maquiavelo, Ariosto y Tasso) corresponde mencionaralos humanistas italianos del siglo XV, llamados así por cultivar las letras «humanas» y no las «divinas» o ascéticas.

Descubrieron la belleza terrenal y cantaron a los placeres condenados por el misticismo y la religión.

LOS ESCRITORES EN FRANCIA

Durante toda la Edad Media, no se había dejado de escribir obras en francés.

Los dos escritores más grandes de la primera mitad del siglo XVI trabajaron en géneros enteramente franceses.

Marot (1495-1544), ayuda de cámara del rey, protegido de Francisco I, escribió gran número de pequeñas composiciones ligeras en que aparecía la gente de su tiempo y describía el campo con amor.

Convertido al protestantismo, publicó una traducción en verso de los Salmos que fue adoptada por los calvinistas franceses.

Rabealis (1495-1553), hijo de un burgués acomodado de Chinon, se hizo sacerdote, luego doctor en Medicina. Vivió en Montpelller y en Lyon, fue protegido por Francisco I y nombrado cura de Meudon.

Su gran obra, Gargantúa y Pantagruel, es una novela satírica en que, bajo la denominación de los gigantes, representó a la gente de su tiempo, colocando las escenas en su país natal.

Pero conocía bien los autores de la antigüedad y los admiraba mucho. Los cita con frecuencia y menosprecia el sistema de instrucción de la Edad Media, que llama «la niebla gótica».

A partir de Enrique II, los escritores franceses tuvieron tanto entusiasmo por la antigüedad que aspiraron a imitarla. Varios jóvenes residentes en París formaron un grupo que denominaron la Pléyade.

Eran nobles, magistrados, funcionarios, burgueses ricos. No se vendían aún bastantes libros para que el oficio de escritor pudiera subvenir a las necesidades de nadie.

Uno de ellos, Du Bellay, publicó en 1549 la Defensa e ilustración de la lengua francesa. Recomendaba que se escribiera en francés, pero quería que el francés tomase del latín y del griego las expresiones que le faltaban.

Era lo que llamaba «saquear a los autores antiguos para enriquecer la literatura francesa», con lo que resultaba incomprensible para el pueblo. Quería escribir, no para el público en general, sino para alguna gente culta.

Du Bellay rechazaba los géneros poéticos de la Edad Media y aconsejaba imitar las formas de las obras antiguas. Proponía hacet como los antiguos poemas épicos, u odas. Quería que, en lugar de tomar los asuntos de la vida corriente, aparecieran personajes históricos.

El más célebre escritor de la Pléyade, Ronsara (1524-1585), noble de la comarca de Vendóme, no permaneció más que seis meses en el colegio y pasó í ser paje en la Corte del rey.

Reanudó más tarde sus estudios y publicó primeramente Odas, luego Sonetos. Intentó escribir un poema épico, la Franciada, que no terminó. Inventó nuevas rimas poéticas.

Sus poesías llenas de palabras desconocidas, no resultaban siempre claras para el público, pero contienen muchos pasaje; escritos en un francés sencillo y poético.

Durante las guerras de religión, el prosista más cé­lebre fue un católico, Miguel de Montaigne. Su padre era un comerciante rico de Burdeos, Eyquem, que ha­bía comprado el castillo de Montaigne, y del castillo había tomado el nombre; su madre era de familia ju­día.

Fue magistrado y alcalde de Burdeos, pero se re­tiró a su castillo para vivir tranquilo en su biblioteca. Escribió pequeños tratados de un género original que llamó los Ensayos (1580- 1588) .

En ellos expresa su opinión acerca de toda clase de cosas en un lenguaje familiar, lleno de citas de los autores griegos y la­tinos. Expresó sus ideas sin orden, como se le ocu­rrían, en forma muy original.

Detestaba las discusiones teológicas que dividían a los hombres de su época, y resumió su pensamiento en la siguiente pre­gunta: «¿Qué sé yo?».

LOS ESCRITORES EN INGLATERRA

Inglaterra había tenido algunos humanistas, pero escribían en latín. El más célebre fue el canciller Moro, conocido con el nombre latino de Morus, autor de la Utopía.

Los grandes escritores en inglés no aparecieron has­ta fines del siglo XVI, en el reinado de Isabel.

Los poetas Sydney y Spenser, que tuvieron gran fama en su tiempo, no son leídos hoy. El teatro es lo que ha hecho grande a la literatura inglesa.

Los ingleses eran entonces muy aficionados a las representaciones teatrales. Se hacían con frecuencia, en las ciudades de Inglaterra, fiestas, con ocasión de las cuales cortejos con trajes brillantes atravesaban la ciudad formando cabalgata. Se habían formado varias compañías de comediantes.

La burguesía los tenía en mal concepto; el Municipio de Londres no permitió establecer un teatro en la ciudad. Pero se les dejaba dar representaciones en los arrabales.

Hacían sus comedias en una posada o en algún viejo convento abandonado, pero en ocasiones la reina los mandaba llamar para que actuaran ante ella.

Los jóvenes señores, que eran aficionados al teatro, los protegían e impedían que se prohibieran sus representaciones.

La masa del público ocupaba el patio y las galerías. Eran obreros, marinos, lacayos, aventureros que comían y bebían en la sala.

Se divertían, sobre todo, con las bufonadas de los payasos que aparecían en los entreactos. Los jóvenes nobles se sentaban en el escenario, y eran aficionados a los versos en rebuscado estilo, a la manera italiana.

Aquellas compañías de comediantes no tenían dinero para montar decoraciones. Por lo común se limitaban a poner un cartel para decir a los espectadores: «La escena tiene lugar en un jardín», o «La escena representa un palacio».

El público quería comedias nuevas. El director de la compañía las encargaba a los autores que las escribían con apresuramiento, copiándose muchas veces los unos a los otros. Las comedias quedaban manuscritas.

La mayor parte han desaparecido y no se sabe quiénes fueron sus autores.

Uno de ellos, Marlowe, que murió antes de los treinta años, dejó tragedias, una de las cuales, Fausto, ha conservado celebridad.

El más célebre de todos, Shakespeare (1574-1637) se considera como uno de los más grandes poetas del mundo.

Nació en familia de la clase media, vivió pobremente, se alistó como soldado, se hizo actor, luego autor. Escribió gran número de obras dramáticas que no se imprimieron hasta después de su muerte.

Eran comedias o historias, es decir, dramas trágicos cuyo asunto estaba tomado de la historia de Inglaterra, de las leyendas de la Edad Media, de la misma antigüedad.

Shakespeare había estudiado mucho a Plutarco en la traducción francesa, y a Montaigne, pero no había hecho estudios regulares. Situaba la acción de sus obras en todos los países, sin preocuparse por las épocas.

Ponía Bohemia a orillas del mar, cerca de la selva de las Ardeneas.

Representaba la ciudad griega de Efeso gobernada por un duque y en ella hacía aparecer un convento. Lo que le preocupaba, sobre todo, era crear personajes animados de grandes pasiones.

Como trabajaba a la vez para el público del patio y para los jóvenes señores, mezclaba bufonadas con escenas trágicas.

LOS HUMANISTAS DEL RENACIMIENTO

El movimiento humanista, iniciado en el siglo XV en Italia, se continuó en Europa durante el siglo XVI.

En Italia se empezaron a publicar colecciones impresas de obras literarias en latín. En las ceremonias solemnes, fue costumbre pronunciar un discurso en latín. Los poetas escribían poemas épicos, elegías, epigramas en latín.

Pero en el siglo XVI, los principales humanistas fueron los de Alemania y Francia.

El más célebre de todos, un holandés, Didier, que según costumbre de la época, había traducido su nombre al griego y se llamaba Erasmo, publicó una edición del nuevo Testamento en griego, que lo hizo admirar en toda Europa.

Fue llamado a Inglaterra por el arzobispo de Cantérbury, jefe de la Iglesia de Inglaterra.

Publicó en latín el Elogio de la estulticia, sátira contra la ignorancia y la superstición de los monjes y la pedantería de los doctores de las Universidades.

En Alemania, los humanistas fueron sobre todo profesores de Universidad.

Admiraban a los antiguos y menospreciaban su lengua materna. Traducían sus nombres alemanes al latín o al griego: Schwarzerde se hacía llamar «Melanchton»; Hausscheln. «OEcolampadio».

Se burlaban de los escoláticos y de sus discusiones en mal latín, se llamaban ellos mismos poetas y manifestaban no querer seguir más que a los antiguos.

El más conocido de los humanistas alemanes, Reu-chlin, había estudiado la Biblia en hebreo, lo que le valió una acusación de herejía, pero el Papa se puso de su parte.

Fue sostenido también por los «poetas» que escribían versos latinos. Orientó el estudio del griego en las Universidades alemanas. Hizo un diccionario griego y tradujo algunos autores griegos al latín.

En Francia, los humanistas fueron eruditos. Trabajaron menos en imitar a los autores antiguos que en comprenderlos.

Francisco I se dejó convencer para la creación en París de una escuela dedicada al estudio de los antiguos, de un modo distinto al que lo hacían los escolásticos de las Universidades.

La llamó «Colegio real», más tarde Colegio de Francia. Los profesores tenían el título de «lector real». Pero como no supo encontrar dinero, no creó más que algunas cátedras.

Los eruditos franceses trabajaron para hacer ediciones de los autores latinos y griegos, y diccionarios de las escuelas antiguas.

Se empezaron a imprimir libros en tamaños pequeños y comenzaron a ser leídos en otros lugares además de las Universidades.

Las obras de los clásicos fueron leídas desde ese momento, no sólo por los profesores, sino por los nobles, los burgueses instruidos y aun por señoras. Se leía, sobre todo, la traducción hecha por Amyot de Las vidas paralelas, de Plutarco.

ALGO MAS…

Estaba de moda organizar bibliotecas; se trataba de reunir tesoros artísticos y literarios efectuando la búsqueda en todos los lugares donde pudieran ser hallados.

Se procuró hacer como los antiguos en todo; de imitar a la naturaleza, de cubrir a las ideas con el ropaje de una forma bella. Tales eran las exigencias del humanismo.

Mientras españoles y portugueses descubrían nuevos continentes y tierras, los galianos se preocupaban de redescubrir el mundo antiguo. Y a e£te apasionamiento se agregó, además, un fuerte sentimiento nacional.

La atención puesto en la naturaleza y en el hombre –como ya había ocurrido a fines de la Edad Media– estimuló los estudios científicos en forma experimental; se rechazó, cuando ello correspondía, la opinión de antiguos sabios.

La primera biblioteca pública de Europa

Creemos que merece un párrafo especial como prueba de la preocupación cultural de parte de los príncipes, un hecho de la historia de Fiorencia.

Nicolás Nicolini, uno de los más entusiastas bibliófilos de Florencia, murió lleno de deudas a causa de su afán de adquirir manuscritos antiguos.

Su casa siempre había estado abierta a los que querían consultar sus colecciones que, a su muerte, comprendían ochocientos volúmenes.

Siguiendo su deseo de que su biblioteca permaneciera accesible a todos, Cosme de Mediéis pagó las deudas y donó la misma al convento de San Marcos, para su uso público. Fue la primera biblioteca pública europea.

El humanismo y la religión

Sobre el contenido espiritual del movimiento humanista escribe el historiador holandés J. Huizinga (1872-1945):

«Los humanistas que eran verdaderos ateos o se hacían pasar por tales, no representan la esencia del Renacimiento.

Un examen profundo muestra claramente que el contenido espiritual del Renacimiento, pese a los elementos clásicos y paganos, era y permaneció cristiano, lo mismo que antes el arte medieval y más tarde la Contrarreforma.

Tanto si escogemos a pintores flamencos o italianos. . . observaremos que, incluso en el período barroco, las principales fuentes de inspiración del arte figurativo fueron escenas bíblicas».

Los Primeros Mecenas en la Edad Media

Fuente Consultada:
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I «El Ateneo»
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

——— 00000 ———-

PARA SABER MAS….

Renacimiento de la literatura griega en Italia. — La lengua griega había sido olvidada completamente en la Europa occidental hasta casi el final de la Edad Media; sólo algunos eruditos escolásticos tenían escasos conocimientos de ella y la ignorancia de dicha lengua se extendía también a Italia, a pesar de los contactos que dicha península tenía frecuentemente con los griegos y haber poblado gentes de esta raza su territorio por espacio de siglos.

Los poetas griegos fueron escasamente citados entre los siglos VI y XI. Petrarca y Boccaccio promovieron el renacimiento de aquel lenguaje y la restauración de sus enseñanzas.

Ambos personajes estudiaron por sí mismos el griego, el primero leyendo a Platón con un erudito de Constantinopla y el segundo motivando en Florencia disertaciones públicas acerca de Homero.

A fines del siglo XIV, un letrado de Constantinopla llamado Manuel Chrysoloras, enseñó literatura griega en Florencia y luego, sucesivamente, en Pavía, Venecia y Roma.

Creada la afición a las nuevas enseñanzas, los estudiantes italianos marchaban a Constantinopla, no sólo para estudiar el griego en su propio ambiente, sino para adquirir manuscritos que contenían estimables textos clásicos.

En 1423, uno de estos estudiantes coleccionistas trajo a su ciudad natal, Venecia, unos 240 volúmenes de obras clásicas. Pero el momento culminante para el renacimiento general de los estudios de la literatura clásica griega fue el de la toma de Constantinopla por los turcos, hecho que motivó la dispersión de muchos literatos eruditos y otras personas ilustradas que, en gran número, se esparcieron por Europa.

Algunos papas, entre ellos Nicolás V, alentaron en el siglo xv los estudios clásicos griegos, y, antes de la caída de Constantinopla, Juan Bessarión, Teodoro Gaza y Jorge de Trebisonda, difundieron los estudios helenísticos por Florencia, Nápoles y Roma.

De los exiliados griegos fue, tal vez, el más ilustre, Andrés Juan Láscaris, llamado Rindacenus, a quien llevó a Padua Bessarión, y después Lorenzo de Médicis encargó de la biblioteca de Florencia.

Desde Italia esta afición por restaurar la literatura clásica se extendió a Francia, Inglaterra y Alemania; en 1548 fue nombrado en la Universidad de París el primer profesor de griego y, tiempo después, se fundaron cátedras de dicha lengua en Oxford a cargo de Grocyn y Colet, y en Cambridge, a cargo de Erasmo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N°32 El Renacimiento Literario en Europa Edit. Cuántica
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica