Biografía de Monteverdi Claudio Obra Artistica Compositor Italiano



Biografía de Monteverdi Claudio
Vida y Obra Artística del Compositor Italiano

Claudio Monteverdi (Cremona 1567-Venecia 1643), compositor italiano: fue el creador de la música dramática. Aportó una audaz innovación al arte de los sonidos, lo que le valió el título de padre de la moderna armonía. Aún hoy sus «personajes» tienen acentos de profunda verdad, y sus obras, trozos de insuperable belleza. Fue la figura más destacada en la transición desde la música renacentista a la barroca. Sus Vísperas (1610) combinan movimientos solistas en un estilo ornamentado y virtuosístico, con otros en un estilo polifónico tradicional.

Monteverdi Claudio

Monteverdi, que desde niño manifestó grandes aptitudes para el arte de los sonidos, tuvo un insigne guía en el maestro Ingenieri, quien supo comprender la volcánica imaginación musical del joven alumno. Monteverdi cuando integraba el séquito del duque Vicente I Qonzaga. Estos viajes contribuyeron a inspirar el genio creador de Monteverdi, ya afirmado por la composición de Madrigales.

La primavera del año 1567 registró entre los acontecimientos cotidianos de la ciudad de Cremona (Italia), el nacimiento de un niño, primogénito de una familia de la burguesía local. Los documentos relativos a la llegada del nuevo ciudadano no contienen los datos escrupulosamente pedidos por los reglamentos burocráticos de hoy en día. Solamente el libro bautismal de la parroquia de los Santos Xazario y Celso certifica, en una forma más bien lacónica, el acto cristiano cumplido en la persona del futuro genio.

Gracias a esas pocas líneas se sabe que el día 15 de mayo de 1567 «Claudio Juan Antonio, hijo de Baltasar» entraba oficialmente en el mundo terrenal. Nada más, ni el día exacto del nacimiento, ni el nombre de la madre, ni tampoco una mención de la familia.

Desde un principio faltaron los datos auténticos acerca de Claudio Monteverdi, y hasta el apellido es objeto de controversias: ¿Monteverde o Monteverdi? Las publicaciones de la época concuerdan en afirmar Monteverde, pero todas sus cartas autógrafas —121 en total llevan al pie una firma clara y legible: Claudio Monteverdi. El dilema se acentúa todavía más, si se piensa que el mismo padre habla en un documento de «Claudio Monteverde, mi hijo», pero se firma «Baltasar Monteverdi».

Prestando fe a los autógrafos y basándose en el hecho de que en Cremona está todavía bastante difundido el nombre de Monteverdi, se puede considerar que el apellido conocido es el originario. Tal escasez de datos, en verdad asombrosa, desilusiona el vivo sentido de curiosidad de sus biógrafos y de los musicógrafos, pero, lamentablemente, las tinieblas de los archivos cremoneses no se han aclarado hasta ahora, y todo lo que nos es dado conocer esta resumido, en pocas páginas, en el opúsculo en el cual Jorge Sommi-Picenardi presento al público los documentos concernientes al insigne compositor y a su familia.

De la madre nada se sabe con exactitud. El padre ejercía la medicina. Todo esto resulta de varias cartas del hijo, quien a su vez tenía conocimientos bastante profundos de la ciencia médica de su tiempo.

En su búsqueda, Sommi-Picenardi encontró huellas de dos Baltasar Monteverdi, ambos médicos cirujanos que habían vivido en el siglo xvi. El primero, además de desarrollar las normales funciones de su profesión, enseñó medicina en una importante Universidad y murió en el año 1512. El segundo fue un eminente cirujano, gracias al cual fue fundado el Colegio de los Cirujanos Cremoneses. Es a este último a quien Sommi-Picenardi atribuye la paternidad del eminente compositor.

Nada se sabe de positivo acerca de la edad en que el pequeño Claudio demostró las primeras disposiciones musicales; si se considera que solamente tenía 15 años cuando publicó su trabajo Sacrae Cantiunculae, podemos deducir que inició en la infancia sus estudios artísticos, guiado por el veronés Marco Antonio Ingenieri, maestro de capilla de la Catedral de Cremona.



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Claudio Monteverdi fue nombrado «Maestro de música», asumió la responsabilidad de la organización y dirección de todas las manifestaciones musicales de la Corte de Gonzaga.En el año 1613, Monteverdi fue llamado a cubrir el cargo de Maestro de Capilla de la Serenísima República de San Marcos. Durante su larga permanencia en Venecia, el compositor, cuya fama había llegado a los confines de Italia, creó nuevas y maravillosas óperas.

El período de la educación artística de Monteverdi es recordado como uno de los más tristes y tumultuosos desde el punto de vista histórico. Cremona, con todo el ducado de Milán, formaba parte entonces del imperio de Carlos V, quien, después de haber conquistado la ciudad en el año 1525, la había cedido al último duque de la Casa Sforza, Francisco II, para retomarla a la muerte de este último, 10 años más tarde.

Durante el período de la dominación española —que duró 170 años la historia de Cremona se confunde con la del Ducado de Milán, y sobre los acontecimientos de la época se escribieron páginas que, a la distancia del tiempo, reflejan el destino infeliz de esta ciudad.

Un gobierno rígido y militarizado; una justicia ejercida por magistrados casi siempre corrompidos y venales; leyes arbitrarias que eran interpretadas según las conveniencias de los que las dictaban; tasas e impuestos desproporcionados a los réditos; actitudes ultrajantes y licenciosas por parte de los nobles; ignorancia y brutalidad difundidas entre el pueblo oprimido.

Y sin embargo, por un contraste inconcebible, pero no nuevo en la historia, fue precisamente durante ese siglo de acontecimientos turbulentos que las Bellas Artes florecieron, manifestándose en pleno fulgor. Sobre todo la música fue cultivada con dedicación apasionada, y Cremona se vanagloriaba de albergar la Academia de los Animosos, que era la cuna de la música profana, mientras que el centro verdadero de la vida musical era la capilla del Duomo. También el ambiente contribuyó sensiblemente a desarrollar y afinar las virtudes innatas del niño tan admirablemente dotado para el arte de los sonidos. Y es un deber reconocer que él no podía encontrar mejor maestro que Ingenieri, quien tuvo sobre su discípulo una influencia mucho mas benéfica y considerable de la que se le suele adjudicar.

Le enseñó a su alumno el contrapunto, el estudio de la viola, del canto y, probablemente, del órgano. La enseñanza fue tal como se acostumbraba en aquellos tiempos: práctica, severa, tendiente a formar en el joven alumno una técnica sólida y clara que le permitiera la rapidez de la concepción mental y la facultad de adaptación a los medios de que disponía para realizar su propia obra.

En el año 1582 se publicó en Venecia la primera colección de composiciones de Monteverdi. Sería exagerado afirmar que en sus Sacrae Cantiuncidae asoma ya la revelación del genio; sin embargo, este primer ensayo —cuyo único ejemplar es conservado en la iglesia del Castillo Arquato (Piacenza)— es suficiente para revelar una naturaleza musical y versásil.

La estructura de estas breves composiciones es silábica y la armonía no sale de los tonos tradicionales. Y es en eso justamente que consiste el mérito de Ingenieri, que supo mantener a su alumno lejos de las riquezas de expresión conocidas como «cromatismo», del cual él era ferviente admirador.

Al año siguiente, el compositor «debutante» publica su segunda selección: los madrigales espirituales a cuatro voces. La obra, dedicada a un noble de Cremona que protegió los primeros pasos del joven músico, se perdió, y solamente se conserva de ella una parte, en el Liceo Musical de Bolonia.



Después de las publicaciones de las Canzonetas, tercera composición en orden cronológico, siguen tres años de silencio, durante los cuales, según se presume, Monteverdi preparaba la partitura del Madrigal, expresión característica de la tierra italiana.

Sólo en la segunda mitad del siglo XVI se nota su influencia en otras naciones como España, Francia y hasta en la lejana Inglaterra. En Italia dos fueron los períodos de florecimiento: el primero en el siglo XIV, en el tiempo del «Ars Nova» florentino; el segundo, el del siglo XVI, que constituyó una de las fases más espléndidas de la música italiana.

La estructura musical del madrigal está determinada por la forma del texto poético, que tiene casi siempre una estrofa de 7 a 11 versos —dispuestos y rimados en forma variada—; si el texto tiene más estrofas, cada una de ellas da lugar a una composición autónoma, y así se obtienen las colecciones de madrigales. Los textos preferidos son los líricos de expresión amorosa, más formalista y literaria ésta, que verdaderamente humana y sentida.

El primer libro de Madrigales es la cuarta publicación de las obras de Monteverdi —que en aquella época tenía 20 años—, y allí se afirma la personalidad musical del autor, ferviente e intensa, de una frescura juvenil irresistible. La licencia de impresión del volumen II de Madrigales señala una etapa significativa en la vida del músico.

Justamente entonces, el joven Claudio fue llamado en calidad de violoncelista ante la corte de Mantua, al servicio del duque Vicente I Gonzaga. Corría el año 1590. Como músico de la corte, Monteverdi se vio en la obligación de dedicar su tercer libro de Madrigales al duque Vicente, su señor. La obra tuvo un éxito extraordinario, y la razón estriba en que de todo el libro emana una singular expresión de modernismo que sorprende como un nuevo aspecto en la sensibilidad musical del autor.

Algunos años más tarde se celebró, con el beneplácito del Duque, el matrimonio del ya célebre compositor con Claudia Cattáneo, joven y acreditada cantante de la Corte. De ese matrimonio nacieron dos hijos. Inmediatamente después de la boda, Claudio se vio obligado a seguir a Hungría a Vicente I, que había organizado una expedición contra los turcos.

Como durante este viaje el músico ejerciera provisionalmente las funciones y ostentara el título de «Maestro de Capilla», esperaba, a su regreso a Mantua, hacer valeralgún derecho a la sucesión oficial de su anciano predecesor, muerto en 1956. Las intrigas de la Corte desbarataron sus aspiraciones y Claudio se resignó amargamente a continuar su habitual trabajo. Desde ese momento, la vida del músico estuvo subordinada a los caprichos del Duque y a la volubilidad de su temperamento. Viajes largos y breves en el séquito del amable pero despótico señor, contribuyeron a inspirar el genio creador de Monteverdi, quien compuso el IV y V libro de Madrigales. Después de esto, fue nombrado «Maestro de música» y asumió la responsabilidad de la organización y la dirección de todas las manifestaciones musicales de la Corte.

Es muy importante señalar cómo la forma del madrigal comienza a cambiar en sus últimas obras. Los tonos armónicos adquieren supremacía sobre todo en el V libro, donde domina la expresión verdadera y fuerte. No es de extrañar si el músico interrumpe durante diez años la producción madrigalista para dedicarse a una experiencia dramática, que abrirá a la música las puertas del porvenir. Su inspiración fecunda desarrollará dignamente la concepción del melodrama, que vio su primera realización hacia fines del siglo XVI, debido a la obra de la «Camerata Fiorentina», una asociación artística que tenía su sede en la casa del conde Juan Bardi, en Florencia.

Los componentes de tal movimiento de vanguardia se reunían con la intención de hacer revivir la música dramática de la antigua Grecia. El melodrama es precisamente una representación teatral en la que la música vocal y la instrumental concuerdan en la emoción dramática. Florencia, Mantua, Boma y Venecia fueron los mayores centros de expansión de esta manifestación artística. La primera ópera del género escrita por Monteverdi fue Orfeo, representada por primera vez en Mantua en la Academia de los Apasionados, en el año 1607. El libreto de la obra se inspira en el mito griego de Orfeo y Eurídice, y obtuvo un gran éxito.

El nombre y la fama de Monteverdi ya eran conocidos también en el extranjero. Todos habían comprendido el elevado alcance de su intención, consistente en fundir genialmente la melodía con la expresión de la palabra. Poco después fue estrenada otra gran obra de arte: Arianna. De esta ópera desgraciadamente no ha quedado más que la música del famoso Lamento de Arianna, que es probablemente la más bella página dramática del artista.



Se trata de una melodía de una potencia trágica y de una verdad humana que tienen algo de milagroso. También ofreció a sus protectores, durante su permanencia en la corte de Mantua, la gracia de un ballet de estilo francés: es el Baile de las ingratas, muy del gusto musical de los aristócratas de entonces.

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Orfeo es la primera ópera de Monteverdi; está, compuesta por un prólogo y cinco actos. Como se proponían los literatos y los músicos de la «Camerata florentina», Monteverdi realizaba en esta ópera el concepto del melodrama, reviviendo la música dramática de la antigua Grecia. He aquí Orfeo rodeado de las Ninfas, que se alegran de su casamiento con la bella Eurídice.

En el 2ºacto, Orfeo, de regreso a los amados lugares de su niñez, es festejado por los pastores. De pronto aparece Silvia para anunciarle la muerte de Eurídice.En el tercer acto, Orfeo quiere arrancar de la muerte a su esposa. Con un canto melodioso adormece al feroz guía que lo transporta a los infiernos. Vencida la Muerte, Orfeo vuelve hacia la luz, conduciendo de la mano a Eurídice (4º acto). Orfeo, olvidando el pacto que le impedía hacerlo, se vuelve para mirar a Eurídice, quien, transformándose en sombra (acto 5°), desaparece. Orfeo se lamenta amargamente, mientras las Bacantes se alegran de su dolor.

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A esta altura de su carrera, Monteverdi, preocupado por su propia salud e irritado por la ingratitud que notaba a su alrededor, decidió alejarse de la corte de Mantua, pero después de algunas gestiones en su favor dejó de lado su propio resentimiento y continuó prestando su cooperación con el mismo fervor de siempre. Nuevas composiciones religiosas se suman entonces al número de sus obras, acrecentando su gloria, mas su recuperada tranquilidad no debía durar mucho tiempo.

El 18 de febrero de 1612, el duque Vicente dejó de existir, y su hijo Francisco alejaba de la Corte a Claudio Monteverdi, quien se retiraba con un simple agradecimiento y 25 escudos de economías. En 1613, por un inesperado golpe de fortuna, el compositor fue llamado a cubrir el cargo de «Maestro de Capilla» de la Serenísima República de San Marcos.

Los primeros tiempos pasados en Venecia fueron ocupados intensamente por el trabajo de reorganización de la capilla y la preparación de los nuevos cantores e instrumentistas por él tomados en servicio. No se tiene ningún documento acerca de su vida en aquel período. La única prueba de que su actividad creadora no decaía lo demuestra la publicación del VI libro de Madrigales y la ejecución del ballet Tirsi e Clori, que aparecerá en el VII libro de Madrigales.

Por esa época, la Serenísima República le tributa un generoso reconocimiento por el antiguo esplendor reconquistado en la capilla de Venecia, gracias a su obra infatigable. El entusiasmo de Monteverdi no decae, mientras tanto, y su producción artística se acrecienta.

En el año 1627, inspirándose en un episodio de Jerusalén Liberada compone el Combate de Tancredo y Clorinda, con el que el músico inaugura el «estilo conciso». Desde este momento su ascenso fue, más que nunca, rápido y completo.

Cuando se dispone a escribir la música de la ópera La fingida loca Licori, un mal ataca sus ojos y no lo deja trabajar con la rapidez deseada. De todos modos, la composición fue llevada a término, pero se ignora si fue representada y, en caso afirmativo, cuál fue el éxito obtenido.

Una de sus más grandes satisfacciones la obtuvo con la ejecución, en la corte de los Farnesio en Parma, de la ópera Mercurio y Marte y de los Intermedios. Pero la inagotable vena musical del anciano compositor dio a la luz, en 1630, nuevas creaciones importantes: se trata de El rapto de Proserpina y de otras dos presuntas óperas: Delia y Ulises.

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La coronación de Popea es la última ópera de Claudio Monteverdi, la más completa, aquélla que más se acerca a nosotros por su música amplia y armoniosa.

En 1631, cumpliendo una antigua aspiración, Monteverdi tomó los hábitos, y su espíritu tan profundamente religioso se tranquihzó con el ejercicio de sus nuevas funciones. Su vejez fue laboriosa, dividida entre el trabajo de la capilla y la creación de nuevas músicas. Con más de setenta años de edad, y después de haber compuesto los Madrigales guerreros y amorosos, la Selva moral y espiritual, que es una colección de música religiosa, y el Retorno de Ulises a su patria, regala al mundo su última maravilla: La coronación de Topea, especie de epopeya histórica sin precedentes en el teatro, donde todos los personajes son verdaderos y los acontecimientos dramáticos se encadenan alternando hábilmente lo trágico, lo patético y lo cómico.

Con semejante broche de perfección artística, se cierra la vida laboriosa del músico. En noviembre de 1643, en el convento de San Marcos, donde vivía desde hacía casi treinta y dos años, Monteverdi se apaga serenamente. Su muerte fue un duelo nacional. Sus restos reposan en la capilla de San Ambrosio de la iglesia de «Santa Maria dei Frari» en Venecia, y la mística penumbra silenciosa de las bóvedas representa el fiel centinela de una gloria perenne.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse – Biografia de Maonteverdi Claudio –

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