Historias de Nuestra Historia Argentina

Situacion de Argentina a Fines del Siglo XIX Economia y Politica

Situacion de Argentina a Fines del Siglo XIX Economia y Politica

La Argentina a fines del siglo XIX y comienzo del XX atravesaba por grandes transformaciones en lo social, lo culturaly lo económico. La inmigración masiva, el tendido de los ferrocarriles y las primeras grandes industrias, como la de los frigoríficos, marcaban el ritmo de esos cambios, en que la unificación del territorio, el crecimiento urbano, la expansión agroganadera y de las exportaciones daban la imagen de un país pujante, orientado hacia «elprogreso», «el futuro», la modernidad. Sin embargo, el poder de decisión en las grandes cuestiones seguía en manos de una reducida élite social, económica y política.

agentina siglo xix
Vista de la Plaza de Mayo

Quien mejor representaba el carácter contradictorio y de transición de esa Argentina a caballo de dos siglos era el presidente de la Nación, Julio Argentino Roca, que por entonces promediaba su segundo mandato.

Por esta etapa de la historia la Argentina estaba cambiando profundamente. La agricultura, poco importante hasta 1880, ganaba espacios tanto en el territorio como en las exportaciones, y los cereales convertían a la nación en «el granero del mundo».

Los frigoríficos revalorizaban la ganadería, orientándola a la producción de carnes para los mercados europeos. Los ferrocarriles terminaban con el aislamiento del interior, y modificaban las economías regionales impulsando la vitivinicultura cuyana y las actividades azucarera, algodonera y del tanino en el Norte.

Todas esas transformaciones multiplicaban manufacturas, talleres e industrias procesadoras y una amplia gama de servicios, que reforzaban la demanda de mano de obra y el proceso inmigratorio. También daban origen a los primeros movimientos sindicales, donde anarquistas y socialistas promovían las primeras demandas, manifestaciones y huelgas, en lo que empezó a denominarse «la cuestión social» u «obrera».

La urbanización, poco a poco, convertía a los «simples paisanos» de antaño en ciudadanos. Junto con ellos, los hijos de la primera ola inmigratoria adquirían conciencia de argentinidad gracias a la enseñanza pública, e inspirados en el espíritu liberal de la Constitución buscaban hacer valer sus derechos.

La inmigración:La inmigración fue un factor preponderante en el aumento de nuestra población. La Argentina ofreció libertad, paz y trabajo.

Excelentes posibilidades de progreso. En 1876 una ley creó el Departamento de Inmigración y organizó sus funciones.

Se establecieron en el exterior agentes, que divulgaron las condiciones de vida y oportunidades de trabajo de nuestro país.

Comisiones que seleccionaban a los postulantes, contrataban los pasajes, recibían a los inmigrantes, a quienes alojaban por un tiempo. Luego facilitaban el traslado a su destino y la búsqueda de vivienda. Otra agencia les conseguía colocación.

los inmigrantes en argentina

En 1852, la población se estimaba en 800.000 personas, y los extranjeros en 7000. Desde entonces y hasta 1900 se radicaron definitivamente 1.200.000 inmigrantes. El número de ingresados en el período fue de 1.930.000.

El mayor aporte provino de italianos, seguidos por españoles y franceses.

Desarrollo industrial y agropecuario:  La creación del Ministerio de Agricultura, en 1898, favoreció notablemente el crecimiento del poder económico del país, con la explotación de sus grandes riquezas naturales, la expansión de su comercio, y en menor escala, de su industria.

El Dr. Emilio Frers inauguró por breve tiempo la cartera. Atendió a la organización inteligente de sus tareas y la confección de un adecuado plan de trabajo.

Sus primeras providencias versaron sobre la investigación agrícola y la estadística, exploración y relevamientos topográficos de los territorios nacionales, la instalación de estaciones meteorológicas, la creación de puertos terminales y de elevadores de granos, la legislación laboral, etc.

Desde sus comienzos le correspondió combatir un flagelo difundido en el ganado vacuno: la fiebre aftosa, así como la langosta, que con frecuencia asolaba los sembrados.

la agricultura en argentina en el siglo xix

El nuevo organismo inauguró, con gran suceso, la Exposición de Agricultura, Industria y Comercio, el Io de octubre de 1898.

Dos problemas trabaron sensiblemente estos progresos: el de los límites con Chile y el desmedro por el que pasaba la economía; zanjado el primero volvieron a producir sus efectos las providencias tomadas por los ministerios técnicos; en la primera década del siglo XX el país incrementó
en un tercio la superficie de suelo curvada y el número de sus habitantes.

Hubo también un importante aumento del intercambio comercial, con el consecuente de las rentas fiscales.

Medidas colonizadoras inteligentes y eficaces: creación de colonias agrícolas, donación de tierras a los integrantes de expediciones a la Patagonia, concesión o venta por remate público de tierras de pastoreo, favorecieron la marcha hacia la extensa planicie interior.

Los recién instalados aumentaron la producción agropecuaria; la multiplicación del ganado vacuno y lanar y el desarrollo de la agricultura señalaron notables progresos.

La exportación de cereales, junto con la lana, cueros vacunos y lanares salados, grasa y sebo, creó fuentes de riqueza.

En 1883 se inicia la industria frigorífica, que permitiría la exportación de carnes por salazón y después por el congelado.

La flota mercante sumó 180 000 toneladas.

La perforación del túnel transandino favoreció la comunicación con Chile.
El 12 de diciembre de 1907 se descubrió petróleo en Comodoro Rivada-via, al perforar en busca de agua.

Una Dirección General se encargó, poco después, de la explotación estatal de esos hidrocarburos. Su titular, el coronel Enrique Mosconi, le dio extraordinario impulso.

Fue construido un oleoducto entre los yacimientos y el puerto de Comodoro Rivadavia, modernizado y adecuado a su nueva función. Fueron adquiridos buques-tanque, erigidas refinerías sucesivamente en Comodoro Rivadavia, Buenos Aires y La Plata y se instalaron depósitos de almacenaje en varias ciudades.

En 1916 fue encontrado petróleo en Plaza Huincul (Neuquén). También fue iniciada la industrialización del gas natural de los pozos.

Los ferrocarriles: Los ferrocarriles han sido factor preponderante de progreso en la Argentina.

Por las vías férreas penetraba la civilización sobre la gran extensión pampeana, alejada del mar y sin ríos de gran caudal.

La precaria red caminera no alcanzaba a relacionar eficazmente los importantes centros urbanos del interior entre sí y con Buenos Aires.

La red ferroviaria acercó el producto agropecuario a los centros de consumo y a los puertos de salida al exterior.

Corresponde al general Roca el mérito de haber sido durante su presidencia un entusiasta propulsor de la red ferroviaria. Aceptó, para el tendido de líneas, capitales privados de empresas inglesas, y en menor escala, francesas.

el ferrocarril andino en argentina
Imagen del ferrocarril andino

Los ferrocarriles del Estado, por su parte, duplicaron sus líneas; unieron Buenos Aires con Jujuy, La Quiaca y Bolivia, por el norte, y con La Rioja y Catamarca, por el oeste. Una extensión a Tinogasta llevó una rama hasta cerca del límite con Chile, a la altura del puerto de Copiapó, en el Pacífico.

La educación y la vida cultural: Prosiguió con intensidad la tarea de «educar al soberano». Se abrieron cuarenta y dos escuelas normales para formar maestros.

En 1916 recibían instrucción 700.000 alumnos en 5000 escuelas primarias; asistían el 50% de los niños de edad escolar.

Seis mil alumnos concurrían a colegios secundarios, 4000 a las universidades, 800 a la Academia de Bellas Artes.

La acción educativa redujo el porcentaje de analfabetos: de 68 % en 1880 a 33 % en 1916.

educacion en argentina siglo xix

Hombres de ciencia y pensadores dieron jerarquía a la cultura argentina.
Francisco P. Moreno y Florentino Ameghino, arqueólogos, descubrieron y estudiaron restos fósiles, componiendo un cuadro de nuestra fauna prehistórica.

Luis Agote, médico, formuló la posibilidad de evitar la coagulación de la sangre.

Con sus obras, Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López iniciaron el estudio sistemático de la historia argentina.

Los juristas Dalmacio Vélez Sársfield y Carlos Tejedor redactaron el Código Civil y el Código Penal, respectivamente.

Cabe citar a José Ingenieros, filósofo y precursor del estudio de la sociología de nuestro pueblo, y a Carlos Calvo, abogado, autor de importantes trabajos de derecho internacional.

El Instituto Geográfico Militar, fundado en 1884, realiza desde entonces trabajos muy detallados y completos de cartografía y topografía. En 1904 se instaló una estación meteorológica en las islas Oreadas, las más australes del mundo en ese momento.

Charles Darwin, sabio de fama mundial, visitó nuestro país, donde efectuó estudios geológicos de mucha importancia.

Cabe mencionar la creación del Hospital de Clínicas, destinado más tarde a Hospital Escuela.

En 1844 se creó el Archivo General de la Nación.

Pintura. Estuvo encuadrada en la escuela realista, reproductora de la imagen con fidelidad fotográfica. Sobresalieron Ángel Della Valle y Juan M. Blanes, de grandes telas; es ampliamente conocida «La Conquista del Desierto».

Periodismo. Se enriqueció con la aparición de dos grandes diarios: La Prensa, fundado por José C. Paz en 1869 y La Nación, del general Bartolomé Mitre, en 1870.

Escultura. Se distinguieron Francisco Cafferata y Lucio Correa Morales, creadores de monumentos en mármol y en bronce en honor de nuestros proceres.

En 1915 se estrenó «Nobleza gaucha», primera película cinematográfica argentina de largometraje.

Anarquismo, socialismo y comunismo: Los primeros, seguidores de Miguel Bakunin, buscaban la destrucción del Estado mediante el terrorismo. Fueron responsables del asesinato del coronel Ramón Falcón, jefe de policía. De un conato de insurrección en la Patagonia.

Del asesinato del jefe militar que reprimió ese intento, teniente coronel Héctor Várela. Los obreros se volcaron hacia el sindicalismo nacional, que respondía a los partidos radical y socialista. El anarquismo se extinguió por falta de adherentes.

Los «revisionistas», disidentes en el Congreso marxista, conocido como Segunda Internacional, integraron el socialismo. La otra rama, los ortodoxos, recibieron más tarde el nombre de comunistas.

Miembros de ambas tendencias, italianos, españoles y franceses integrantes de la Asociación Internacional de Trabajadores, al llegar, como inmigrantes, abrieron centros filiales según el país de origen. Continuaron aquí su acción gremial. La actividad proselitista, muy activa, se canalizó a través de diarios y folletos, fundación de bibliotecas populares donde realizaban reuniones, y actos callejeros.

El sufragio universal: Antes de ocupar la presidencia, y por mediación del doctor Manuel Paz, diputado por Tucumán, Sáenz Peña se entrevistó en casa de éste con el doctor Hipólito Yrigoyen, jefe del partido Radical, principal fuerza opositora. Segán Ramón J. Cárcano, presente en las dos reuniones celebradas, Sáenz Peña declaró que su primer deber sería «asegurar el ejercicio libre y honesto de todos los derechos prometidos por la Constitución».

Yrigoyen contestó: «Si el gobierno da garantías, iremos a las urnas». Como prenda de buena fue, Sáenz Peña ofreció a Yrigoyen dos ministerios de su futuro gabinete, pero el jefe radical los declinó, manifestando que a su partido le bastaba el voto libre.

sufragio electoral

En el mensaje inaugural ante el Congreso, Sáenz Peña expresó claramente su firme decisión de respetar y hacer respetar la libertad de sufragio.

Consecuente con esta declaración, envió un proyecto de ley, preparado con la colaboración eficaz del ministro del Interior, doctor Indalecio Gómez, que fue aprobado en 1912 por ambas cámaras, tras largos y eruditos debates

Los principales puntos de la nueva ley electoral disponían la confección de los padrones por las autoridades militares; la identificación del ciudadano por la libreta de enrolamiento; el voto secreto, depositado en la urna dentro de un sobre firmado por el presidente del comicio y los fiscales de los partidos; la obligación de votar, «porque era a la vez un derecho y un deber».

Con el objeto de asegurar representación a la minoría.adoptaba el sistema de la lista incompleta, limitando el número de candidatos a los dos tercios de los cargos a llenarse; el sufragio adjudicaba esa cuota al partido vencedor y el otro tercio al que le seguía en cantidad de votos, según el orden de nombres de la lista respectiva.

Tenían derecho al voto todos los ciudadanos argentinos, nativos y naturalizados, mayores de 18 años, salvo algunas excepciones, expresamente enumeradas.

En vísperas de aplicarse por primera vez la ley electoral, Sáenz Peña publica un manifiesto en el que exhortaba al pueblo a participar de las contiendas cívicas. Terminaba con el siguiente párrafo: «He dicho a mi país todo mi pensamiento, mis convicciones y mis esperanzas. Quiera mi país escuchar la palabra y el consejo de su primer mandatario. Quiera votar».

Formación de los partidos políticos modernos:  Como hemos dicho en el capítulo anterior, el país pasaba por una honda crisis de indiferencia política; los ciudadanos abrigaban la convicción de que les estaba cerrado el camino de los comicios.

En las elecciones de diputados por la capital federal, efectuadas en marzo de 1904, el candidato más votado reunió 1 104 votos. Raras veces aparecía en algún punto una lista disidente. La fórmula Sáenz Peña — de la Plaza fue la única proclamada.

La ley electoral de 1912, llamada desde el primer momento «ley Sáenz Peña», tuvo la virtud de sacudir la apatía y desconfianza colectivas. La nación respondió a la invitación de su Presidente.

Los partidos reorganizaron o fundaron comités seccionales, cuyos delegados constituyeron el comité nacional y reunieron convenciones para sancionar o reformar sus cartae orgánicas (declaración de principios y reglamento interno).

También adoptaron la costumbre europea, introducida por el partido socialista, de redactar plataformas electorales, es decir, programas formados por puntos concretos de alcance inmediato.

Los principales partidos políticos fueron:
El Partido Conservador. Compuesto por la coalición de los partidos oficiales que gobernaban el país; como lo indicaba su nombre, defendía la situación existente, aunque admitía la necesidad de reformarla.

La Unión Cívica Radical. Surgida a la voz de Alem y Aristóbulo del Valle, había promovido la revolución de 1890, constituyéndose como partido al año siguiente. Luego provocó las agitaciones de 1893 y 1904, ya estudiadas.

Se ha dicho que más que una doctrina le inspiraba un sentimiento: el anhelo de la pureza cívica y de la verdad institucional. Levantó desde un comienzo la bandera de la intransigencia, opuesta a todo acuerdo o pacto con otro partido, según la frase de Alem: «que se rompa pero que no se doble».

Alem se suicidó en 1896; el partido reconoció como jefe a Hipólito Yrigoyen. Durante la presidencia de Alvear se dividió en dos tendencias: la personalista, fiel a Irigoyen, y la antipersonalista, contraria a su tutela.

El Partido Socialista. Los primeros núcleos socialistas aparecieron en 1894, y al año siguiente constituyeron un comité ejecutivo, gestor de una activa propaganda oral y escrita en pro de las reivindicaciones obreras.

En 1904 obtuvo su primer triunfo electoral, con la elección del doctor Alfredo L. Palacios como diputado por la circunscripción de la Boca. De este partido se segregaron núcleos de afiliados que formaron dentro de este pe-
ríodo los partidos comunista, socialista argentino y socialista independiente, en orden decreciente de extremismo.

El Partido Demócrata Progresista. Originario de la provincia de Santa Fe, tenía su baluarte en Rosario, y era su líder el doctor Lisandro de la Torre. Sostenía una doctrina liberal-socialista.

La propaganda de estos partidos cubrió de carteles los muros de las poblaciones y movilizó masas enormes de ciudadanos en manifestaciones y concentraciones, de las que no había ejemplo desde veinticinco años atrás. Los escrutinios de las primeras elecciones efectuadas en la provincia de Santa Fe y en la capital federal fueron seguidas con extraordinario interés y dieron el triunfo a los radicales.

En 1916, el cuadro de las fuerzas políticas era el siguiente, en cifras redondas: radicales, 370 000; conservadores, 140 000; demócratas, 130 000; socialistas, 66 000.

Fuentes Consultadas: HISTORIA 3 La Argentina y el mundo hasta nuestros días – José C. Astolfi – Editorial Kapelusz

La Convencion de 1860 La Reforma de la Constitucion

Convención de 1860 – Pacto de San José de Flores y la Reforma de la Constitución Nacional de 1853

Antecedentes:

PACTO DE SAN JOSÉ DE FLORES
Libre de enemigos, el vencedor prosiguió su avance y dio a conocer una proclama en la que sostenía su política de integración y pacificación nacionales.

Dice la proclama de Urquiza en uno de sus pasajes: «Deseo que los hijos de una misma tierra y herederos de una misma gloria no se armen más los unos contra los otros; deseo que los hijos de Buenos Aires sean argentinos.

Espero para ello el concurso de vosotros mismos, de los buenos y los patriotas. Desde el campo de batalla os saludo con el abrazo de hermano. Integridad nacional, libertad, fusión, son mis propósitos».

Entretanto, la noticia de la derrota conmovió a las autoridades de Buenos Aires y el gobernador Alsina tomó varias medidas defensivas y confió nuevamente el mando de las tropas al general Mitre.

Urquiza avanzó hasta San José de Flores, donde acampó al frente de unos 20.000 hombres, pues había engrosado sus filas con aportes de la campaña bonaerense. Buenos Aires quedó sitiada y el vencedor aunque las circunstancias lo favorecían en caso de ataque— prefirió negociar por intermendio del emisario paraguayo Francisco Solano López.

Las conferencias se iniciaron en la chacra de Monte Caseros y concluyeron en San José de Flores. Los comisionados federales exigieron la renuncia de Alsina, quien la presentó el 8 de noviembre y fue reemplazado por Felipe Llavallol, presidente del Senado.

(Eliminadas las dificultades, el Convenio de Paz —conocido históricamente como el Pacto de San José de Flores— fue firmado el 11 de noviembre de 1859. Según el tratado. Buenos Aires se declaraba «parte integrante de la República Argentina» con el objeto de incorporarse al resto del país, debía reunirse —en un lapso de veinte días— una Convención provincial a fin de estudiar la Constitución promulgada en mayo de 1853.

En caso de reformas a dicha Carta Fundamental, se reuniría una Convención Nacional, cuyas resoluciones serían aceptadas por la provincia de Buenos Aires.

Esta aseguraba la integridad de su territorio —»que no podía ser dividido sin el consentimiento de la Legislatura»— como también la propiedad de sus establecimientos oficiales, no así de la Aduana, que desde ese momento pertenecía a la Confederación.

El Pacto decretaba el olvido de los rencores políticos y el cese de las persecuciones, tanto de civiles como de militares. El ejército de la Confederación se comprometía a evacuar la provincia de Buenos Aires a breve plazo. La» república del Paraguay garantizaba el cumplimiento de todo lo estipulado.

La paz fue celebrada con gran entusiasmo; sin embargo, la lucha no tardaría en reanudarse. Alsina había abandonado el gobiefno de Buenos Aires, pero continuaban a su frente otros hombres de tendencia porteñista y separatista.

reforma constitucion 1860

CONVENCIÓN DE 1860

De acuerdo con lo dispuesto por el Pacto de San José de Flores, el gobierno provisorio de Buenos Aires convocó a elecciones de convencionales, para resolver si la Constitución debía ser reformada antes de su juramento por las autoridades bonaerenses. Practicado el escrutinio, ganó por mayoría el partido gobernante.

El 6 de enero de 1860 se instaló la asamblea y se designó una comisión de la que formaban parte destacadas figuras, como Mitre, Sarmiento, Vélez Sársfield, Mármol y Cruz Obligado. Las sesiones se prolongaron hasta el 12 de mayo.

Las reformas propuestas, aunque no alteraban la estructura de la Constitución Nacional, introducían varias modificaciones a través de veintidós puntos.

El art. 3ºde la Constitución disponía que la ciudad de Buenos Aires fuera la Capital de la República; la reforma resolvió que una ley del Congreso —previa cesión por la provincia respectiva del territorio a federalizarse— establecería el lugar de residencia del gobierno nacional. En consecuencia y hasta nueva resolución, la Capital sería la ciudad de Paraná.

La Constitución había nacionalizado la Aduana porteña y por el art. 64 establecido derechos de importación y exportación. La reforma dispuso que los últimos correspondían a Buenos Aires hasta el año 1806, cláusula que beneficiaba al gobierno de dicha provincia.

La Convención porteña resolvió que la República debía denominarse: «Provincias Unidas del Río de la Plata».

Las enmiendas fueron a su vez estudiadas por una Convención Nacional que se reunió en Santa Fe el 14 de setiembre de 1860.

Allí merecieron aprobación todas las reformas, aunque con respecto a la denominación del país, se dispuso que serían nombres oficiales: «Provincias Unidas del Rió de la Plata», «República Argentina» y «Confederación Argentina», pero en la formación y sanción de las leyes deberá utilizarse «Nación Argentina».

La convención de 1860 reformó a la Constitución de 1853, en los siguientes puntos:

a) El Art. 3º de la Constitución declaraba a la ciudad de Buenos Aires capital de la República. La Convención lo modificó en esta forma: «la ciudad que se declare Capital de la República por una ley especial del Congreso, previa cesión hecha por una o más legislaturas Provinciales, del territorio que haya de federalizarse».

b) La Convención dispuso que a partir de 1866, los derechos de exportación cesarían en su carácter de- impuesto nacional.; La Constitución en su artículo 4° ubicaba esos derechos entre las rentas nacionales, lo cual perjudicaba a la provincia de Buenos Aires, que era la única exportadora.

c) Suprimió la gratuidad de la enseñanza primaria en las provincias y también abolló la obligación de someter las constituciones provinciales a la aprobación del Congreso.

d) Fue modificado el artículo 6º que autorizaba al Poder Ejecutivo a Intervenir arbitrariamente en las provincias. La Convención dispuso que el gobierno federal sólo podrá intervenir para garantizar el régimen republicano o atender a la defensa nacional.

e) La Convención agregó los artículos 32, 33, 34 y 35 a la Primera Parte (Declaraciones, Derechos y Garantías) de la Constitución de 1853. Esos artículos se referían a la libertad de imprenta, a derechos no numerados, pero que nacen del principio de la soberanía del pueblo y a la incompatibilidad de los jueces federales con los provinciales.

f) Agregó a los artículos 36 y 43, que fijaban los requisitos para ser diputado o senado el de haber nacido en la provincia que lo elija o tener dos años de residencia inmediata en ella.

g) Suprimió la obligación de comenzar la reforma de la Constitución ante el senado, también abolió el juicio político ante el Congreso Nacional de los gobernadores provinciales y la facultad del Poder Ejecutivo de declarar el estado de sitio, en caso de urgencia.

El 21 de octubre de 1860, la Constitución Nacional fue jurada solemnemente por el gobierno y el pueblo de Buenos Aires.

Fuente Consultada:HISTORIA 5 Instituciones Políticas y Sociales desde 1810 José Cosmelli Ibañez – Editorial Troquel

Los Trovadores en la Edad Media Vida Amorosa Cantos de Amor

Los Trovadores en la Edad Media
Vida Amorosa y Sus Cantos de Amor

La vida amorosa de los trovadores.

Los trovadores era hombres libres, siempre errantes, eran el vehículo principal de la poesía medieval en las distintas lenguas europeas (provenzal, francés, castellano, gallego, catalán, italiano, inglés, alemán). En realidad, los trovadores, encomendaban a los juglares (recitadores) la divulgación de sus composiciones. El propio rey Alfonso el Sabio  encargaban a los juglares que dieran máxima difusión a sus poemas. A menudo se envía al juglar a transmitir elogios o críticas feroces, y por esta razón muchos de ellos podían correr serio peligro, incluso de su propia vida. El término deriva del verbo trobar (componer versos). Su actividad se desarrolla en Francia entre finales del siglo XI y finales del siglo XIII. Los trovadores, afincados en la región de Provenza, se inspiraron en el antiguo concepto griego de poema lírico como composición vocal. La poesía de los trovadores figura entre las primeras muestras literarias en una lengua distinta del latín, lengua literaria por excelencia durante la edad media. Sus poemas emplean nuevas formas, melodías y ritmos, originales o copiados, de la música popular. El primer trovador del que se tiene noticia fue Guillermo IX de Aquitania. La mayoría de los 400 trovadores que vivieron en esta época fueron nobles o reyes para quienes componer e interpretar canciones era una manifestación más del ideal caballeresco.

 Lord Byron se preguntaba en Don Juan: «¿Creéis que si Laura hubiera sido la esposa de Petrarca éste le habría dedicado sonetos durante toda la vida?» La respuesta, dadas las condiciones de la época y la base sobre la que estaba estructurado el matrimonio, es obvia. Los trovadores, verdaderos maestros del arte amatorio, dieron una respuesta más clara, incluso en sus propias obras. Perdigón, trovador de principios del siglo XIII, no andaba con tapujos: «Mujeres —decía—: no pretendáis hacerme penar; yo quiero encontrar provecho en todas las que adoro; la que me diga no, puede estar segura de que la dejaré».

El amor se trivializa, se torna especialmente cínico, buscando exclusivamente el goce momentáneo y cuantitativo. El fetichismo, la pasión agudizada por la contemplación o el tacto de algún objeto de la persona amada, entra en la literatura, desde la poesía trovadoresca hasta obras posteriores, como La Celestina y el Libro del Buen Amor. «Qué prodigios llevaría yo a cabo —exclama Guillermo de St. Dizier— si ella me diera solamente un cabello de los que caen sobre su capa o un hilo de sus guantes.»

El primer trovador que puede ser considerado como tal, y que logró crear escuela y sentar tradición, fue el duque Guillermo IX de Aquitania, contemporáneo de Abelardo. Alardeaba de que un hombre sólo podía ser considerado como tal si había logrado un número importante de conquistas femeninas. Él mismo se ponía como ejemplo, y manifestaba que jamás había sido derrotado en esta lid. Cuando se decidió a formar parte de una Cruzada, se hizo acompañar de un nutrido grupo de mujeres.

El culto a la relación sexual está presente en toda la producción literaria de la Edad Media. Los cancioneros populares ensalzan los encuentros furtivos, los tactos precipitados, las miradas significativas, los suspiros y la relación íntima al borde del peligro, personificado siempre por la amenaza de la aparición del marido en escena.

Las alboradas o aubades se repiten insistentemente, señalando la nostalgia de la llegada del día, instante en que deben ser interrumpidas las relaciones prohibidas. Cada hombre pretendía asaltar la casa del vecino y ocupar fugaz y clandestinamente el puesto de éste en el lecho de la mujer; pero todos son «celosos de su honra», cuando perciben que el propio lecho puede ser asaltado.

Algunos maridos, como Barral de Baux, reaccionan ante la infidelidad de la esposa con escasa o con ninguna violencia, limitándose a amonestarla por haber alentado los requerimientos de su galanteador. Pero otros, como Micer Raimón de Rousillón, actuaban bárbaramente en defensa de la propia honra. Cierto día el de Rousillón preguntó a su esposa si le había gustado el corazón que le habían servido con especias. Acto seguido, explicó que se trataba del corazón del amante de ella.

Las hazañas de algunos caballeros, que vivían obsesionados por la cuestión sexual, proveerían de casos que resultan extraordinariamente interesantes a la hora de intentar establecer un análisis psicológico de la sociedad medieval. Ulrich von Lichtenstein llevaba siempre consigo un frasco del agua con la que se había lavado en cierta ocasión la dama de sus sueños. Un día, a consecuencia de un arrebato amoroso, se seccionó un dedo y se lo envió a su amada, en demostración de que estaba dispuesto a arrostrar todos los peligros y dolores en aras de su amor.

La institución matrimonial, como hemos apuntado repetidamente, se hallaba en crisis. Pero no se levantó ninguna voz de protesta. Los tribunales de amor habían significado una ligera válvula de escape, frívola y sin demasiadas consecuencias serias, para el comportamiento sexual y sentimental de la nobleza y, en general, de las clases altas. Se mantiene invariable la institución y ni siquiera surge un comentario favorable a la disolubilidad del matrimonio. Se ignoran la familia, los hijos y las obligaciones matrimoniales, pero no se propone una solución adecuada.

La espontaneidad sexual se recluye en la clandestinidad y, comúnmente, en la picaresca. Gottfried de Estrasbourg constituye una de las rarísimas excepciones: se queja amargamente de la indisolubilidad del matrimonio, pero no se atreve a proponer una forma viable de divorcio.

Richard Lewinsohn define gráficamente la actitud de los Minnesánger, poetas cortesanos de la Alemania medieval: «Son, sin duda —dice—, grandes héroes en el campo de batalla del Amor, pero no son revolucionarios sexuales. Aprietan los puños dentro del bolsillo, mas no se atreven a declarar una lucha abierta contra el orden establecido».

En el periodo en que se acerca el punto de decantación histórica, es decir, en el momento en que paulatinamente se está realizando el traspaso del poder de manos de los señores feudales a la burguesía incipiente, la moral viene a ser informada por el nuevo estamento de poder. La burguesía va a arruinar algunos viejos conceptos y va a elaborar otros; pero, en el ámbito de lo sexual, logrará escasos cambios. La mujer sigue siendo objeto de propiedad y sabido es con cuánto celo defiende la burguesía su propiedad.

El amor se trivializa todavía más y desaparecen los apasionados estímulos elaborados por los trovadores y por los libros de Caballería. Los torneos y los duelos de amor por defender la honra de la esposa, o por conquistar el favor de la amada, dejan de tener vigencia. Al genio burgués debe serle atribuido el frecuente recurso a una técnica especial para evitar las relaciones sexuales ilícitas: los cinturones de castidad.

Aparecen éstos ya en la mitología griega, cuando Vulcano idea un artefacto que impedirá el adulterio de Venus con Marte. Pero no se conoce la época histórica en que semejante artilugio mitológico fuera llevado a la realidad, salvo en la Europa de los siglos XV y XVI.

El cinturón de castidad fue conocido vulgarmente por el nombre de «cinturón florentino», en razón de que fue Florencia la cuna de esta importante industria. Había ejemplares para todos los gustos, desde el más sencillo y económico, hasta el más complicado y lujoso. Los órganos sexuales de la  mujer quedaban rigurosamente clausurados por una pieza que se cebaba con un cansado. Muchas veces sucedía que la mujer hacía honor a los temores que respecto a tila sentía el esposo y se procuraba una llave para burlar al celoso marido.

La floreciente actividad de la  prostitución
Hemos señalado anteriormente que la prostitución existió ya en las épocas y en las civilizaciones más antiguas. Pero durante la Edad Media cobró especial auge, merced al renacimiento de la pasión erótica entre las gentes. Significó otra válvula de escape, no sólo para las clases bajas, sino también para las más elevadas. En el cuerpo de la prostituta se sublimaban los deseos y los impulsos irrealizables.

El clima de erotismo, reflejado en la literatura popular y en las obras literarias destinadas especialmente al consumo de las minorías, había sido trasladado a un terreno ideal. El acceso al lecho ajeno y la llave falsa para abrir los cinturones de castidad no estaban al alcance de cualquier mortal. Por otra parte, el donjuanismo, tan en boga en aquella época, era más bien una actitud no respaldada por los hechos.

El juego amatorio no pasaba muchas veces de ser simplemente lo que esas palabras indican: simple juego. Lo cierto es que las mujeres, atemorizadas por la autoridad marital, recluidas en sus casas, no podían permitirse el lujo de obrar con cierta independencia y de prescindir de las normas de la moral en uso.

Los relatos de los exaltados amadores y de los donjuanes de la época eran, en la mayoría de los casos, producto exclusivo de la imaginación. La mujer normal —entendiendo por esta calificación a la mujer media de la época; es decir, a la que no constituía una excepción a la regla general— vivía atemorizada unas veces, y otras, como resultado de la educación y del clima de vida, ni siquiera se detenía a pensar en que pudiera haber una experiencia distinta para ella.

De ahí que, al resultar mayor la demanda que la oferta —la inmensa mayoría ¿e los hombres deseaban multiplicar sus experiencias sexuales y la minoría de — mujeres estaban dispuestas a concedérselas—, tuviera que florecer la prostitución. Ya desde los primeros tiempos del Imperio Bizantino existen suficientes disposiciones legales para proscribir la prostitución. La emperatriz Teodora, esposa de Justiniano, adoptó en el siglo VI graves medidas para impedirla. Mande expulsar de Constantinopla a cerca de medio millar de muchachas que se dedicaban a la prostitución en la ciudad. No se le ocurrió mejor medida que disponer que fueran recluidas en un convento, lo que exasperó tanto a las muchachas que muchas de ellas prefirieron suicidarse.

Carlomagno dictó severas penas para el ejercicio de la prostitución y para la práctica del adulterio. Uno de sus sucesores redobló el rigor de los castigos ; estableció que las mujeres públicas fueran arrojadas al agua, expuestas en la picota, afeitadas y flageladas. Pero ninguna de las medidas, por bárbara que fuera logró extirpar una situación de la que eran responsables, en primer lugar, los propios hombres.

La prostitución cobró tal incremento andando el tiempo, fue tan numerosa y descarada en las ciudades, que pronto constituyó un grave problema que había que afrontar. Hubo que establecer un compromiso con la moral. Era un hecho que la prostitución no podía ser suprimida tajantemente; la prudencia aconsejaba que ni siquiera se intentara una medida de tal índole. Al suprimirse la prostitución, peligraría incluso la paz pública, puesto que los ejércitos y las guarnicione: de las ciudades necesitaban «expansionarse».

Además, puesto que el hombre tiene unas necesidades irreprimibles, ¿que ocurriría si no encontraban un cuerpo preparado para satisfacer sus impulsos? San Agustín, terciando en el debate, explicó el problema llanamente.«Si se suprime prostitución —dijo—, la sociedad será corrompida por el placer sexual». Quedaría la puerta abierta para el adulterio y para la degradación de las mujeres. Así quedó «demostrada» la necesidad, como mal inevitable, de la prostitución. Para salvar la honra y la tranquilidad de las esposas había que defender la existencia de mujeres perdidas». Se recluyó a las prostitutas en casas especiales, situadas en barrios característicos. Con esta medida quedó zanjada una espinosa cuestión que no ha sido resuelta ni aun en nuestros días.

El libro del arte de amar honestamente

André le Chapelain escribió, a finales del siglo XII, un tratado sobre las reglas del amor cortés. Su obra fue puesta bajo los auspicios y la directa influencia de condesa de Champagne. El Líber de Arte Honeste Amandi pretende ser un marco del perfecto conquistador, en el que se exponen las costumbres más fútiles.

Era una obra dirigida exclusivamente a la nobleza y a las clases elevadas. Explica los recursos del juego amatorio y las técnicas del acercamiento a la mujer pretendida. En una literatura escabrosa y picante que incluye dilemas como éste: ¿cuál de las mitades del cuerpo de una mujer elegiría? Uno de los galanteadores se creyó gado a contestar a su dama que fijaba su preferencia en la parte superior. La dama se enojó, haciéndole saber que había errado profundamente, pues no se puede menospreciar la parte inferior, lugar donde culmina el amor.

El refinamiento de este Ars amandi pretendía ser exclusivo de las clases nobles, y asi le Chapelain exhorta a sus distinguidos lectores a menospreciar a las gentes bajas, que sólo realizan el amor de forma grosera y expeditiva. Aunque de tal suerte debe ser, porque, si por ejemplo, los campesinos se entregaran a las sutilezas de la relación amorosa, abandonarían sus ocupaciones, y la ruina y la miseria se abatirían sobre todos los mortales. Sin embargo, le Chapelain no predica el distanciamiento de las clases bajas, puesto que también éstas pueden proporcionar alguna experiencia satisfactoria en el terreno sexual. Aconseja a los nobles que si alguna vez tropiezan con alguna rústica aldeana la asalten sin más contemplaciones y, no tengan reparo en recurrir a la violencia.

El comportamiento sexual durante la Edad Media participa de los modos más elementales de la Antigüedad y crea nuevas formas de la relación entre los sexos, caracterizadas, especialmente, por la idealización de la mujer. Idealización que, en el fondo, no significa otra cosa que establecer una excusa que respalde los privilegios y la iniciativa del hombre.

El «Decamerón». La salida de la noche
El proceso de llegada a lo que hoy llamamos Renacimiento fue lento y apenas podemos encontrar el corte que separa la existencia medieval de las formas modernas de vida. Los cambios de la historia no se producen nunca drásticamente, ni siquiera en esos momentos de revolución en los que parece que el antiguo régimen va a ser barrido radicalmente. Especialmente en el ámbito de las costumbres y de las formas de vida, el desarrollo se realiza más trabajosamente. La disolución de las superestructuras camina siempre a la zaga de la caída vertical de las estructuras.

Casi dos siglos después, por ejemplo, de la conclusión de la Edad Media, podemos encontrar florecimientos esporádicos de actitudes y de normas típicamente medievales.

La literatura representada por el Amadís de Gaula es, a este respecto, flor de otra estación, mientras que la fabulosa narración de Boccaccio, por el contrario, constituye a mediados del siglo XIV un anticipo de las futuras corrientes.

La obra de Boccaccio se caracteriza especialmente por haber proporcionado la pauta de la trivialización del erotismo, dando una vuelta de cerradura a la literatura amorosa medieval. Mientras que en ésta, los héroes formaban un grupo aparte, segregado de la clase social más alta, Boccaccio abre la puerta a los plebeyos, a los burgueses y, en general, a las gentes de baja extracción. Sus aventuras se escriben con letra muy minúscula; son aventuras cotidianas en las que la relación sexual tiene una importancia básica, elemental. La mujer sustituye, lisa y llanamente, a la gran dama. Ya no exige grandes heroísmos para que el hombre se haga acreedor a sus gracias naturales; y el hombre, a su vez, no se embarcará en luchas por el honor y la fuerza, sino por la astucia.

Las Cruzadas impusieron a la Iglesia el contragolpe de una cierta tolerancia en lo sexual. Los Templarios fueron a las Cruzadas con 13.000 cortesanas y de esta manera poco a poco fue reconociéndose la necesidad social de las instituciones proxenéticas. Con el decreto de Federico III dando licencias comerciales a las cortesanas, la prostitución se insertó en la nueva sociedad come una necesaria válvula de escape. Representación de un burdel en un grabado medieval. 

La presentación de los  tormentos del infierno fue uno de los temas predilectos del arte medieval. En el grabado que reproducimos aparecen unos demonios torturando las «zonas» del pecado de la carne. El miedo al  castigo será uno de factores de la represión sexual de la época. Otro ‘factor será la sublimación a través de las reglas del amor cortés; las cuales, sin embargo, tampoco olvidan  las «zonas» erógenas, ya que uno de los dilemas que propone El libro del arte de  amar honestamente es cuál de las dos mitades del cuerpo de una mujer sería preferible elegir.

Fuente Consultada: El Libro de la Vida Sexual – López Ibor

Tratado de Permuta Guerras Guaraníticas España Colonia Sacramento

En 1750 los monarcas de España firmaron el Convenio o Tratado de Permuta por el que España renunciaba al territorio ocupado por siete pueblos guaraníes y recibía a cambio la Colonia del Sacramento, eterna manzana de la discordia en la orilla del Plata. El Convenio entregaba a Portugal parte de la región colonizada por los jesuitas en el Paraná y el Uruguay con sus estancias y vaquerías. La Compañía aceptó la decisión real y dispuso que los guaraníes abandonaran la región.

los jesuitas en america

La cruel orden no pudo cumplirse porque los caciques indígenas se negaron a aceptar el traslado forzoso al sur. Indignados porque los misioneros se sometían al Convenio, se rebelaron contra los paí quizás por primera vez, tomaron a varios de ellos como rehenes y los arrastraron a la lucha armada. Al menos esto fue lo que explicaron los padres.

Antecedentes: En 1716 se firmó un tratado adicional entre España y Portugal enUtrecht, por el cual Portugal recobraba la Colonia del Sacramento  sin especificar la extensión de la zona concedida. En este período se va a fundar Montevideo.

Fundación de Montevideo: Para dominar la entrada del estuario Portugal decidió fundar un establecimiento en la bahía de Montevideo (1723).
Cuando el gobernador del Río de la Plata Bruno Mauricio de Zabala tuvo conocimiento de este hecho, desalojó a los lusitanos y fundó por orden de la corona una ciudad, para afianzar allí el dominio español. La fecha de fundación no se conoce exactamente, aunque se sitúa entre 1725 y 1730; el primer Cabildo se reunió el 1º de enero de 1730.

El tratado de Permuta: La Colonia del Sacramento fue objeto de nuevos conflictos hasta que se firmó el tratado de 1750 durante el gobierno de Femando VI (de España) que estaba casado con Doña Bárbara de Braganza, hija del rey de Portugal. Ambos países decidieron resolver amigablemente sus conflictos coloniales, firmando entonces el tratado del 13 de enero de 1750 para fijar el limite de sus posesiones.

España recuperaba la Colonia y cedía tierras sobre la margen oriental del río Uruguay, en las que había siete pueblos de las misiones jesuíticas. Esto desencadenó la Guerra Guaranítica, pues los indígenas se negaban tanto a depender de Portugal como a trasladarse a la margen occidental del río, de acuerdo a lo que estipulaba el tratado.

Aunque la insurrección fue sofocada, las cláusulas del tratado no fueron cumplidas por ninguno de los dos países. Carlos III, sucesor de Femando VI anuló el tratado de Permuta que tantos territorios otorgaba a Portugal.

Tercera ocupación española — España y Portugal se vieron envueltas en la guerra de los Siete Años. Inmediatamente la primera ordenó al gobernador del Río de la Plata don Pedro de Cevallos que ocupara la Colonia. El 2 de nov3embre de 1762 entró en ella después de una breve campaña.

Devolución de la Colonia — Al terminar la guerra de Siete Años se firmó el tratado de París (1763). Inglaterra aijada de Portugal, ensanchó sus dominios coloniales a expensas de Francia, que quedó anulada como potencia colonial en América; España devolvía la Colonia a Portugal, pero conservaba la provincia brasileña de Río Grande, que había ocupado  durante la guerra.

Esla provincia fue reclamada por los lusitanos y más tarde atacada; fue entonces cuando se mandó la poderosa expedición de Don Pedro de Cevallos que tomó la plaza en junio de 1777.

Cuando Cevallos se disponía a dirigirse contra Río Grande tuvo noticia de que se había firmado el tratado deSan Ildelfonso del 1º de octubre de 1777 por el cual se disponía la demarcación definitiva de la línea divisoria entre los dominios españoles y portugueses. La comisión demarcadora no consiguió plenamente su objeto, pero realizó un importante trabajo topográfico.

España recibió la Colonia, la isla de San Gabriel y algunos territorio3 en la Banda Oriental; Portugal la Guayra, Matto Grosso, Río Grande y Santa Catalina, excepto las misiones orientales. El límite de ambas posesiones estaba marcado por el arroyo Chui.

.Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

CAUSAS DE LA CREACIÓN DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA BORBONES

CAUSAS DE LA CREACIÓN DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

CAUSAS DE LA FORMACIÓN DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA (puedes ampliar este tema)

Las causas de su creación fueron:

a) El peligro lusitano derivado de las cuestiones originadas por la posesión de la Colonia del Sacramento y la conveniencia de tener en estas regiones una autoridad fuerte que pudiese terminar con la amenaza portuguesa.

b) La necesidad de establecer una Audiencia separada de la de Charcas, pues las grandes distancias dificultaban y dilataban los asuntos en trámite. Por otra parte Cuyo, que dependía de la Audiencia de Chile, estaba incomunicada con ésta durante el invierno, debido a las nieves. Tomás Álvarez de Acevedo, fiscal de la Audiencia de Charcas, en 1771 elevó un informe destacando la necesidad de crear un nuevo virreinato.

c) El peligro de que expediciones inglesas y francesas ocupasen las 1771 elevó un informe destacando la necesidad de crear un nuevo costas patagónicas y las Malvinas.

d) El aumento de la población blanca y negra que se dedicaba a la agricultura y ganadería, a las industrias y al contrabando determinaron la necesidad de reorganizar la administración.

Virreinato provisional — A fines de agosto de 1776 salió de España Don Pedro de Cevallos. Venían al Río de la Plata con la misión de afianzar el poder español en detrimento de los portugueses; primero se le concedió el título de jefe de la expedición y dos días después se le confirió el mando de las Provincias del Río de la Plata y de los territorios que comprendía la Audiencia de Charcas, como virrey, gobernador y capitán general. En la resolución se especificaba que terminada la expedición y conseguido el objeto que se proponía, dejara el mando militar y político en la forma que lo había hallado y regresara a España.

El virreinato era, pues, una organización provisoria. La Real Cédula de creación del Virreinato fue fechada y firmada el 1º de agosto de 1776; éste comprendía las provincias de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Potosí, Santa Cruz de la Sierra. Charcas y los corregimientos, pueblos y territorios que dependían de esta Audiencia además de la región de Cuyo.

En 1777 murió el rey José 1 de Portugal y quedó al frente del gobierno su esposa María Victoria, hermana de Carlos III de España. Inmediatamente se inició una política de acercamiento entre España y Portugal con el consiguiente cese de hostilidades en América.

Firmada la paz entre España y Portugal, Cevallos tomó posesión efectiva del cargo de virrey en octubre de 1777 y gobernó hasta 1778 cuando le sucedió en el gobierno Juan José de Vértiz. Esto significaba que el virreinato quedaba establecido definitivamente, pues se nombraba virrey pese a que ya no existía el peligro lusitano, causa de la creación provisoria del virreinato del Río de la Plata.

mapa virreinatos en america

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

El virreinato del Rio de la Plata y sus virreyes Fundacion de Ciudades

El virreinato del Río de la Plata y sus virreyes

Durante largos años, los productos venidos de España llegaban al nuevo mundo por el Atlántico, se concentraban en Panamá, y tras cruzar el istmo, iban por el Pacífico hasta Perú. De Lima partían después las lentas caravanas de mulas que transportaban las mercaderías hasta las restantes ciudades del virreinato, a lo largo de un viaje de millares de kilómetros, cuya meta final era la ciudad de Buenos Aires.

Estas circunstancias explican la modestia de las ciudades cercanas al Plata, que debían esperar durante largos meses la llegada de las mercaderías esenciales para su actividad comercial.

La situación de Lima, en cambio, era mucho más favorable, no sólo por su proximidad al Pacífico, sino por su condición de ciudad capital del virreinato.

Avanzado ya el siglo XVIII, se hizo evidente la necesidad instalar un nuevo virreinato que atrajese la actividad mercantil hacia las poblaciones más cercanas al Atlántico y que, además, afianzara la autoridad española en la zona del Plata, constantemente amenazada por las incursiones de los portugueses.

Largos años habían pasado desde la llegada del primer adelantado, don Pedro de Mendoza. Para ocupar el cargo fue designado, al correr del tiempo, segundo adelantado del Río de la Plata, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien llegó a Brasil en 1540 y se trasladó por tierra con sus hombres hasta la Asunción del Paraguay.

Alvar Núñez descubrió las cataratas del Iguazú, y admiró esa caída del río, que forma uno de los saltos de agua más portentosos del mundo. En marzo de 1542 Alvar Núñez llegó a Asunción del Paraguay y se hizo cargo del territorio. No fue feliz su tarea de gobernante. Dos años después de su llegada fue destituido, encarcelado por los vecinos de Asunción, y desterrado a España.

El tercer adelantado del Río de la Plata fue don Juan de Sanabria, quien falleció en España antes de ocupar su cargo; su hijo Diego, designado para reemplazarlo, marchó hacia el Perú en lugar de dirigirse a la Asunción; Irala tomó entonces el mando, hasta 1556, fecha de su muerte. Tras un largo intervalo, el quinto adelantado, Juan Ortiz de Zárate, llegó a la Asunción, luego de un viaje penosísimo. Permaneció en el cargo hasta su muerte, ocurrida en 1576.

Juan de Garay -sin duda la figura señera de este período-, tomó el gobierno. Asesinado por los indios en 1583, el mando de la Asunción pasó a manos del sexto y ultimo adelantado del Río de la Plata, Juan Torres de Vera y Aragón, yerno de su antecesor Ortiz de Zárate. El adelantado fundó en 1588 la ciudad de Corrientes, y marchó después a España, donde renunció a su cargo.

A los adelantados sucedieron los gobernadores, que actuaron entre 1591 y 1776. El primer gobernador del Río de la Plata, asunceño de origen, fue Hernando Arias de Saavedra, Hernandarias, quien desempeñó el cargo durante varios-períodos. En 1617 el rey de España dividió la vasta región del Plata en dos gobernaciones: la del Paraguay, con capital en Asunción, y la del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires. Se destacaron como gobernadores de Buenos Aires, entre otros, José de Garro, que desalojó a los portugueses de la Banda Oriental; Bruno Mauricio de Zavala, que fundó en el año 1724 la ciudad de Montevideo; Pedro de Cevallos y Juan José de Vértiz y Salcedo a quienes correspondería actuar después como virreyes.

mapa virreinatos español en america

Corrientes Fundadoras

Durante la época de los adelantados y de los gobernadores se fundó la mayor parte de las ciudades capitales de nuestro país. Las corrientes fundadoras fueron tres:

Corriente del este: Integrada por los hombres que, venidos directamente del viejo mundo por el camino del Atlántico, fundaron las ciudades cercanas al Plata y sus principales afluentes:

Santa Fe, fundada por Juan de Garay en 1573.

Buenos Aires, fundada por Juan de Garay en 1580.

Corrientes, fundada por Juan Torres de Vera y Aragón en 1588.

Corriente del norte: Integrada por los hombres, que procedentes del Perú, fundaron las ciudades del centro y del norte del país Santiago del Estero, fundada por Francisco de Aguirre en 1553.

San Miguel de Tucumán, fundada por Diego de Villarroel en 1565.

Córdoba, fundada por Jerónimo Luis de Cabrera en 1573.

Salta, funda por Hernando de Lerma en 1582. La Rioja, fundada por Juan Ramírez de Velasco en 1591.

San Salvador de Jujuy, fundada por Francisco Argañaraz en 1593.

Catamarca, fundada por Fernando de Mendoza y Mate de Luna en 1683.

Corrientes del oeste: Integrada por los hombres que, procedentes de Chile, funda. ron las ciudades de Cuyo, al oeste de nuestro país.

Mendoza, fundada por Pedro del Castillo en 1561.

San Juan, fundada por Juan Jufré en 1562. San Luis, fundada por Luis Jofré de Loaisa en 1594.

Por Real Cédula del 6 de agosto de 1776, se creó provisionalmente el Virreinato del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires y, en 1782, su extenso territorio se dividió en ocho intendencias: Buenos Aires, Córdoba, Salta, Paraguay, Potosí, Charcas, Cochabamba y La Paz. El virreinato comprendía, además, varias zonas militarizadas situadas en los límites con el Brasil: las provincias de Moxos, Chiquitas y Misiones, y la Banda Oriental.

LOS VIRREYES PROGRESISTAS: CEVALLOS Y VERTIZ: Once fueron en total los virreyes del Río de la Plata, sistema de gobierno que se prolongó durante treinta y cuatro años. Entre todos ellos, han de señalarse por su acción progresista, Pedro de Cevallos y Juan José de Vértiz y Salcedo. Cevallos que gobernó dos años, logró la definitiva expulsión, de los portugueses de la Banda Oriental, asegurando así el dominio español en ambas márgenes del Plata.

Vértiz, su sucesor, desempeñó el cargo durante seis años, en cuyo transcurso completó muchas de las obras iniciadas por él mismo cuando fue gobernador. Se ocupó activamente de todo cuanto se relacionara con el bienestar y con el progreso de la colonia.

En 1779 fundó la Casa de Expósitos, para hogar y asilo de los niños desamparados. En 1780 adquirió la impresora y tipos que había funcionado en el Colegio Montserrat de Córdoba y la hizo trasladar a Buenos Aires, que tuvo así su primera imprenta, instalada en la Casa de Expósitas. A partir de 1780 dispuso que hubiera alumbrado público las calles, lo que le valió entre el pueblo el apodo de Virrey de las luminarias. En 1783 creó el Real Colegio de San Carlos, primer  instituto de enseñanza superior que hubo en Buenos Aires. Fue, además, un propulsor sincero de cuanta actividad cultural se insinuase en la colonia; por esta razón, anticipándose a su época y superando recelos y prejuicios, amparó el teatro.

La Sexualidad en la Edad Media La Mujer en la Sociedad Medieval

La Sexualidad en la Edad Media
La Mujer en la Sociedad Medieval

El marido y el amante en la Edad Media

Los ataques enconados a la vida sexual normal, las condiciones que durante siglos habían regido la realización del matrimonio, la reducción de la mujer al estado de cosa y, en general, la corrosión que las teorías antifeministas y antimatrimoniales habían operado en la institución familiar, provocaron una cierta desconfianza hacia la familia, especialmente durante la Edad Media.

El matrimonio había matado al amor. La sumisión de la mujer hizo que ésta ocupase el escalón más bajo de la sociedad; no sólo dependía totalmente de la autoridad del marido, sino que el permiso de matrimonio, en la sociedad feudal, debía ser concedido por el padre, por el señor y por el rey.

Una ley medieval dice: «Cualquier señor podrá obligar a su vasalla, desde la edad de doce años cumplidos, a tomar el marido que él quiera».

A la mujer no le pertenecían ni su destino ni su cuerpo. Todavía le quedaba una última servidumbre, que ha pretendido ser negada por algunos historiadores.

El señor tenía derecho a desflorar a la muchacha recién casada. Ducange y Boecio demuestran por sus textos la práctica frecuente de este derecho.

En el libro XVII de Boecio consta una afirmación que traducida literalmente del latín dice: «Cierto señor, a quien vi, exigía para sí el primer conocimiento carnal de las esposas».

La única y extraña restricción puesta en el derecho del matrimonio preveía que el señor no podía obligar a su vasalla a casarse siendo sexagenaria, porque la persona que debe prestar servicio con su cuerpo, está exenta de este servicio «cuando es tal su decadencia que parece medio podrido» (Labouyade, Historia de la sucesión de las mujeres).

Recorrían los villorrios recitando piezas amatorias. Cada época sublima sus impulsos en la elaboración de un personaje que representa el ideal.

El héroe de la Edad Media es el hombre galante y mundano, cuya divisa es el amor.

Los poetas y los trovadores ensalzan la figura de la mujer, la idealizan y están dispuestos a arrostrar los mayores peligros para demostrarle su dedicación.

El juego amatorio consiste en asediar a la mujer ajena. En cambio, se ignora y se mantiene en servidumbre a la propia, con la que se realiza una relación sexual escasa, orientada primordialmente a la procreación, a proveer de heredero.

La tradición iniciada por Dante en la Divina Comedia no logró consolidarse. Su obra es el canto más perfecto al amor puro; pero esto resultaba tremendamente irreal y poco ‘sugestivo en una época en que predominaba el culto de la «pasión amorosa», de los contactos de la carne.

Los relatos y las crónicas medievales de Provenza, como señalaba acertadamente en el siglo pasado ErnestLegouvé, revelan la existencia en aquella época de un segundo «matrimonio».

La mujer reservaba para el marido su cuerpo, la fidelidad material, los servicios y los cuidados exteriores; para el amante, las ideas de honor, la vida espiritual y el alma.

Toda mujer virtuosa, según la crónica de Bayardo, escrita por su escudero, podía tener un marido y un amigo; estos eran rivales sin odio, copropietarios sin envidia.

Los derechos de los amantes estaban reglados por decretos judiciales: había un código, tribunales, jurisprudencia y hasta abogados.

Según Legouvé, en el siglo XV, Marcial de Auvergne, con el título de Fallos de amor, pone en escena a amantes que iban a querellarse al presidente, con todas las formas judiciales, de que su dama les había negado una mirada o un beso; la demandada solía alegar como excusa que Don Peligro estaba allí (Don Peligro era el marido).

El manuscrito de Maese André, capellán de la corte de Francia en el siglo XII, justifica y describe la existencia de aquellos tribunales de amor.

Las damas de Gascuña, la reina Leonor, las condesas de Narbona, de Champaña y de Flandes, eran presidentas de esos tribunales. Los había en Pierrefeu, en Diña y en Aviñón y se podía apelar de uno al otro.

En esas asambleas se fijaba la razón de los amantes y de los maridos. Preguntado el tribunal sobre si podía existir el amor entre personas casadas, la condesa de Champaña respondió:

«A tenor de la presente, decimos y afirmamos que el amor no puede extender sus derechos sobre las personas casadas. En efecto, los amantes se complacen entre sí, natural y espontáneamente, al paso que los esposos están obligados, por deber, a sufrir recíprocamente su voluntad y a no negarse nada el uno al otro.»

De esta manera, dice Legouvé, un marido no tenia derecho de amar a su mujer; mas, en cambio, a ésta le asistía el de amar a otro hombre que no fuese su esposo.

Según un artículo de aquel código, el matrimonio no es una excusa contra el amor.

Otra sentencia explica el caso de un caballero que estaba enamorado de una dama, la cual tenía ya un compromiso; ella, para librarse de las persecuciones de aquél, prometió amarle si llegaba a perder el amor de su amigo.

Al cabo de dos meses se casó con éste.

El aspirante despedido se le presentó nuevamente y la requirió de amores, diciéndole que y a no tenía derecho de amar a su primer amante, puesto que se había casado con él.

La reina Leonor, presidenta de un tribunal de amor, pronunció el fallo decidiendo que si la dama daba lo que había prometido sería muy digna de alabanza.

Las relaciones extramatrimoniales fueron ensalzadas por la producción literaria de la época, coincidiendo con una actitud cada vez más cruda de repulsa y miedo a la institución matrimonial.

Podríamos aportar innumerables testimonios de las críticas que provocaba el matrimonio, que era concebido como un recurso necesario.

El ejemplo más dramático, aducido cada vez que se quiere hablar de la Edad Media, lo encarna la personalidad de Eloísa. Ésta era hija de una de las más distinguidas familias de Francia y había sido destinada al convento.

Para recibir una preparación adecuada fue enviada a casa de su tío, el canónigo Fulbert, un clérigo que había renunciado voluntariamente a toda relación sexual. Pero Eloísa se enamoró, a sus dieciséis años, de Abelardo, profesor de la Sorbona, que había cumplido ya los cuarenta.

Pasado un tiempo de relaciones secretas, la muchacha quedó embarazada y Abelardo decidió enviarla a casa de una hermana suya que vivía en Bretaña, para evitar en lo posible el escándalo.

Cuando nació el niño, Abelardo propuso a Eloísa el matrimonio, pero ella se asustó de semejante proposición.

En la primera carta de Eloísa se lee:«Prefiero el nombre de amiga vuestra o el de querida. Dios sabe bien que si Augusto, dueño del universo, quisiera honrarme con el título de esposa, dándome con él el mundo entero para gobernar, encontraría más encanto y grandeza en ser llamada concubina vuestra que emperatriz suya».

Sólo entra en nuestro propósito aducir el testimonio de una mujer, que ha pasado a la historia pronunciándose horrorizada en contra del matrimonio.

De rechazo, y solamente para ilustrar algo más el ambiente en que se movían aquellas gentes, habrá que explicar el resto de la historia.

El canónigo Fulbert, seguido de un numeroso grupo de gente encolerizada, se precipitó a la vivienda de Abelardo.

Lo amarraron entre todos y procedieron a castrarlo. El amor se hizo más desesperado entre la trágica pareja; las cartas que se escribieron a lo largo de muchos años han quedado como testimonio inenarrable de un amor imposible.

A Eloísa le repugnaba la idea del matrimonio porque creía que era la tumba del amor, y una situación inadecuada para un sabio.

Recurrió a toda suerte de argumentos de la Antigüedad para demostrar que las ataduras matrimoniales perjudican a la pareja y sólo accedió a someterse a ellas a condición de que la ceremonia fuera rigurosamente secreta.

El cinturón de castidad fue muy utilizado entre los primeros burgueses, que debían velar por su honor cuando viajaban por razones mercantiles.

Con las Cruzadas empezó a caer en desuso, aunque en algunos países se empleó todavía durante largo tiempo. Cinturón de castidad.

LAS MUJERES EN EL PENSAMIENTO MEDIEVAL: Fuera monja o esposa de un aristócrata, ciudadano  o campesino, la mujer en la Edad Media era considerada inferior al hombre y sujeta a su autoridad.

Aunque había algunos ejemplos de mujeres fuertes que hacían caso omiso de tales actitudes, las doctrinas eclesiásticas también reforzaban estas nociones. El primer fragmento de Graciano, el jurista del siglo XII que escribió el primer trabajo sistemático de la ley canónica, apoya este punto de vista.

El segundo fragmento fue escrito en la década de 1390 por un comerciante rico de cincuenta años, de París, que quería instruir a su prometida de quince años sobre cómo ser una buena esposa.

• Graciano, Decretum
Las mujeres deben estar sometidas a sus hombres. El orden natural de la humanidad es que las mujeres deben servir a los hombres, y los niños a sus padres, pues es justo que el menor sirva al mayor.

La imagen de Dios está en el varón y es una. Las mujeres fueron sacadas del hombre, el cual tiene la jurisdicción de Dios como si fuera su vicario, pues él es a la imagen del único Dios. Por tanto, la mujer no está hecha a la imagen de Dios.

La autoridad de la mujer es nula; ha de sujetarse en todo al mandato del hombre… No puede ni enseñar ni ser testigo, ni dar una garantía ni formar parte de un tribunal.

Adán fue seducido por Eva, no ella por él. Es justo que sea él, a quien la mujer condujo al pecado, quien la tenga bajo su dirección, para que no falle una segunda vez por la ligereza femenina.

Fuente Consultada: El Libro de la Vida Sexual – López Ibor

Vida Amorosa de los Trovadores en la Edad Media

Resumen Historia de la Sexualidad Moral Cristiana y Sexualidad

Resumen Historia de la Sexualidad
La Moral Cristiana y Sexualidad

EL CRISTIANISMO, UNA NUEVA MORAL SEXUAL: Cuando en Roma empezaron a circular rumores sobre la existencia de una secta que predicaba unos postulados morales incomprensibles para la sociedad romana, los agentes policiales no dudaron en acusar de enemigos del género humano a los hombres y a las mujeres adscritos a la nueva religión. Así consta en los Annales de Tácito. Los romanos eran muy dados a considerar enemigos del género humano a las personas que no estuvieran dispuestas a acatar las leyes y las costumbres del Imperio. La nueva religión, que incorporaba a su fondo doctrinal buena parte de las creencias de un pueblo sojuzgado, atacaba los fundamentos de la sociedad romana.

Los primeros cristianos, como todo grupo o fermento que posee una verdad fuerte e incontrovertible, tuvieron que cerrar filas, aglutinarse y disponerse a morir por dar testimonio de su fe. Las condiciones de la clandestinidad y la dureza de la lucha exigían una vida austera, ascética, orientada siempre hacia la muerte —que para ellos era la vida—, libre de cargas y de ligaduras terrenales.

San Pablo, el dinámico y eficiente organizador de la nueva comunidad, promotor de nuevas iglesias, sentó las bases del nuevo comportamiento sexual. Aconsejaba a sus fieles que siguieran su ejemplo de soltería, pero que, si alguien no se sentía con fuerzas para dominar los impulsos de la carne, debería tomar estado, «puesto que mejor es casarse que abrasarse». El menosprecio de la relación sexual empezó a apuntarse.

Por un lado, se elevó la condición de la mujer y se le dio garantías que la protegieron del repudio, pero se la encadenó en la vida familiar a la total autoridad del marido. El ascetismo de los primeros tiempos de ilegalidad del cristianismo fue una necesidad. Los cristianos no sólo tenían que defenderse de los enemigos exteriores, del poder imperial que había especializado su aparato represivo contra ellos, sino del enemigo interno, de las propias pasiones, del pecado que se agita en la carne y aparta al alma de la comunidad con Dios. El pecado de la concupiscencia era el más temido, el más peligroso.

Se inició una etapa de exaltación de la castidad y de la virginidad. En un periodo de lucha dura y de resistencia feroz pudo cuajar la necesidad de mortificar la carne. Incluso dentro del matrimonio —el reducto de los débiles— se aconseja la máxima continencia. «No hay que provocar esos actos», diría andando el tiempo san Agustín. Pero la tentación estaba cerca. Los hombres habían tomado la iniciativa de la lucha y —fieles a su tiempo y a la herencia recibida de las civilizaciones hebreas, griegas y romanas, con todas las reminiscencias de épocas anteriores— habían relegado a la mujer a un papel secundario.

La nueva ascética era amenazada por la presencia de las mujeres; su cercanía era un estímulo para la llamada de la carne. Era necesario, pues, atacar a la mujer; había sido elevada al rango de compañera y no de sierva, pero escondía en sí el germen de la perdición.

Los ascetas y los primeros padres de la Iglesia se plantearon abiertamente la necesidad de difundir una serie de obras para prevenir de los males y asechanzas que esconden las mujeres; las potencias malignas se adueñaban fácilmente de ellas y se manifestaban por su cuerpo. La literatura de aquella época —un compendio de obras apologéticas, escritas con la fogosidad de la urgencia, en el tono polémico que da la lucha cotidiana- nos ha legado un vasto arsenal de teorías antifeministas y contrarias, consiguientemente, a la práctica del acto sexual.

Clemente de Alejandría, un hombre cultísimo, llegó a decir que «toda mujer debería enrojecer de vergüenza sólo de pensar que es mujer». A la simple vista de una mujer se apoderaba de Tertuliano una indignación que juzgaba santa. «Mujer —dice en su Tratado del ornamento de las mujeres—, deberías ir vestida siempre de luto y andrajos, presentándote como una penitente anegada en lágrimas, para redimir así tu pecado de haber perdido al género humano.

Tú eres la puerta del infierno, tú fuiste la que rompió los sellos del árbol vedado: tú la primera que violaste la ley divina, tú la que corrompiste a aquél a quien el diablo no se atrevía a atacar de frente; tú, finalmente, fuiste la causa de que Jesucristo muriera.» La mujer es, para Tertuliano, un ángel fatal eternamente adherido al hombre para perderle. Conmina a la mujer para que lleve siempre cubierto el rostro y adopte una actitud sumisa y de constante penitencia. Llega, incluso, a condenar las caricias maternales.

La continencia absoluta, la supresión de toda práctica sexual, empezó a ser considerada como una medida necesaria para alcanzar la máxima perfección. Para lograr este fin, era bueno cualquier medio. Orígenes, una de las mentes más preclaras de aquellos primeros tiempos, llegó a adoptar la medida máxima, con una acción que incluso objetivamente estaba penada por el quinto mandamiento del Decálogo: queriendo dar al mundo un ejemplo de valentía y de renuncia a la carne, resolvió castrarse.

Los ascetas torturaban su carne y predicaban la virginidad y el celibato como san Jerónimo, que ayunaba y se acostaba desnudo sobre el suelo. Hay que decir que aquellas teorías lograron un éxito sin precedentes, ya que en aquella época tuvo lugar una verdadera epidemia de soltería. Incluso, según cuentan las crónicas, alguna muchacha llegó a suicidarse para impedir que sus padres la casaran.

El obispo Metodio, de Olimpo, escribió una obra, El Banquete de las diez vírgenes,remedando la idea de Platón. Diez muchachitas se pasan la sobremesa platicando sobre las excelencias de la virginidad. San Ambrosio, maestro de san Agustín, dedicó cinco monumentales obras a propagar las ventajas de la virginidad. Su biografía de santa Tecla —virgen de Antioquía, maltratada, torturada y martirizada por defender su virginidad— levantó tal entusiasmo entre las jóvenes de la época que tuvo lugar una numerosa peregrinación de doncellas, llegadas desde todos los puntos de Italia, para solicitar del obispo Ambrosio el velo de novicia.

Junto a esta teoría estuvo en vigor otra no menos favorecida por la creencia popular. La decadencia del Imperio, el ambiente de inestabilidad social y política, sirvió de buen campo de cultivo para los que predicaban la terminación del mundo. El Ángel Exterminador estaba próximo a hacer sonar su trompeta y era necesario que los hombres estuvieran libres de ataduras.

Tertuliano llegó a rechazar a sus hijos y a aconsejar a su mujer que permaneciese viuda una vez muerto él. Lo cierto es que, como han demostrado recientemente algunos estudios históricos, la población descendió alarmantemente. Sin embargo, lo que tiene más importancia es que esa actitud contra las relaciones sexuales habría de marcar una influencia determinante en los siglos siguientes.

En medio de este clima pudo prosperar, lenta pero poderosamente, la idea del celibato en los sacerdotes. Si se aconsejaba la virginidad y se enaltecía la soltería, en desprestigio de la institución matrimonial, los primeros en dar el ejemplo debían ser los sacerdotes. Ya en las reuniones de obispos, durante los primeros siglos del cristianismo, se reclamó que los sacerdotes casados se separaran de su esposa o que, por lo menos, renunciaran a tener trato sexual con ella.

El papa Inocencio I amenazó con severos castigos a los clérigos que no estuvieran dispuestos a renunciar a su vida sexual conyugal. La reacción de los contrarios al celibato fue violenta y se mantuvieron intransigentes. El papa León IX estableció la obligación de la castidad para los sacerdotes, frailes y religiosos de todas las órdenes, y les conminó a aceptarla so pena de ser considerados herejes.

En algunas ciudades de Occidente, especialmente en Milán, reducto de numerosos sacerdotes que no querían renunciar a su vida sexual, los fieles, alentados por los enviados de Roma, asaltaron los domicilios de los clérigos casados.

Un concilio que tuvo lugar en Roma, en 1059, prohibió a los fieles que oyeran la misa celebrada por un sacerdote casado. Unos años después, Gregorio VII volvió a la carga y publicó una disposición por la cual la relación sexual de cualquier sacerdote fue considerada simple fornicatio. Ordenó que los sacerdotes casados abandonasen inmediatamente a sus esposas. A partir de entonces, la cuestión del celibato ha sido legislada, pero no resuelta. En torno a ella se han centrado las polémicas más airadas.

En la década de ´60 después de un largo periodo de silencio sobre esta disposición, se ha discutido públicamente sobre la procedencia o no del celibato. Y el día 23 de junio de 1967 se hizo pública una encíclica de Su Santidad el papa Paulo VI que mantiene el principio de la necesidad del celibato en el sacerdote católico.

Esta encíclica, titulada Sacerdotalis Celibatus, recomienda a los sacerdotes una castidad vivida no por desprecio del don de la vida, sino por un amor superior a una nueva vida que brota de la fe en Cristo, vivida con valiente austeridad, con gozosa espiritualidad, con ejemplar integridad y en consecuencia con relativa facilidad.

Dice Paulo VI que la elección del celibato, presidida por la gracia divina, no es contraria a la naturaleza. Se trata de la elección de una relación personal, íntima y completa con el misterio de Cristo en beneficio de toda la humanidad. La Iglesia confía al sacerdote el testimonio de una vida dedicada a las realidades fascinadoras del Reino de Dios y por lo tanto no se arrepentirá de haber escogido la misma soledad de Cristo.

Ahora bien, esto implica la necesidad de una formación sacerdotal adecuada a nuestros tiempos según el progreso de las ciencias psicológicas y médicas, pedagógicas y sociales, de tal manera que incluso será oportuno que el compromiso del celibato se observe durante periodos determinados de experimento antes de convertirse en estable y definitivo con el presbiterado.

Con el cristianismo se inició una etapa de exaltación de la castidad y de la virginidad. Era necesario mortificar la carne. En la representación artística Isis, Astarté, Afrodita y Venus quedan sustituidas por la Virgen María. Se fragua una metafísica de la carne y se inicia una represión sexual basada sobre la noción del pecado de la carne. Se atacó al desnudo como efigie del pecado. Entonces el arte religioso produjo diversas «Virgen con Niño» en las que se procuró dejar residuos y detalles de una carne en represión, que podía por otra parte favorecer la sublimación iniciada. Dicha temática se prolongó en el arte hasta muy entrado el Renacimiento. La Virgen y el niño Jesús, cuadro de Jean Fouquet.

Fuente Consultada: El Libro de la Vida Sexual – López Ibor

Vida Amorosa de los Trovadores en la Edad Media

La Sexualidad en Roma Antigua Resumen Historia de la Sexualidad

La Sexualidad en Roma Antigua

LA SEXUALIDAD EN ROMA ANTIGUA: Los historiadores modernos admiten que la promiscuidad sexual pudo existir en Italia en la época prehistórica. Richard Lewinsohn cuenta que algunas supervivencias de este fenómeno pudieron llegar hasta los tiempos de los reyes. Aduce el hecho de que las ceremonias obscenas en honor del dios Tutunus Mutunus nos indican que, en sus orígenes, el matrimonio no tenía el sentido de una unión monogámica.

Las relaciones sexuales comenzaban muy pronto: a los doce años entre las muchachas y a los catorce entre los muchachos. En el periodo más remoto, el matrimonio era una operación de compra. El padre disponía del máximo poder sobre los hijos, arrogándose el derecho de poder darles muerte o venderlos como esclavos. Como el matrimonio se basaba en la dote de la hija, ésta era considerada como un objeto precioso por parte del padre, que esperaba obtener un beneficio de la boda.

La Ley de las Doce Tablas , en el siglo V antes de Cristo, prohíbe las uniones matrimoniales entre patricios y plebeyos.

En el derecho romano la mujer goza de mayores privilegios que en las sociedades griegas.

Para que elpaterfamilias no viera dilapidada la dote en manos de un yerno despilfarrador, se creó el régimen de separación de bienes, con el que la mujer se aseguró una cierta independencia.

La infidelidad conyugal no era considerada, generalmente, como un drama. Como máximo, daba lugar al divorcio.

La más sólida documentación que se posee actualmente sobre Roma es debida a Mommsen, el célebre premio Nobel, que ha descrito de manera exhaustiva la organización familiar y social de los romanos.

El divorcio fue ampliamente utilizado por la sociedad romana. Durante el Imperio bastaba que una sola de las partes lo pidiera para que el juez accediese.

Incluso no era necesario recurrir al juez; bastaba con lograr un acuerdo amistoso entre marido y mujer por mediación de un amigo.

La violación de una mujer era considerada como crimen público y recibía los más severos castigos.

La prostitución se extendió en Roma con una virulencia sólo comparable a la Je Grecia.

En cada ciudad y en cada poblado (y, por supuesto, en cada recinto castrense) existía un prostíbulo. Los descubrimientos de las ciudades sepultadas bajo la lava del Vesubio han traído hasta nuestros días los documentos más elocuentes de la práctica de la sexualidad en aquellos tiempos.

Las habitaciones destinadas a hacer el amor estaban decoradas como lo están en nuestros días algunas casas de citas: alusiones a la cópula sexual, dibujos de miembros viriles, etc.

En Roma encontramos el segundo manual famoso del arte amatorio. Ovidio, el poeta condenado al exilio, retrató con suma fidelidad la sociedad en que vivía.

Su Ars amandi es un espejo nítido que refleja el comportamiento sexual de sus contemporáneos. Lo sexual es uno de los elementos determinantes de la vida pública y privada de los romanos durante la época de su esplendor y de su decadencia.

Ovidio, el más joven de los poetas de su generación, encuentra una vía innovadora.

La conquista de la mujer fácil, cantada por Propercio y por Horacio, no podía resultar ya estimulante para los hombres del gran mundo romano.

Había que buscar el riesgo, amar al borde del peligro y anteponer incluso el gusto de la aventura a sus propios resultados. Ovidio se propone escalar la morada ajena e invadir el lecho de las mujeres casadas.

No puede fijarse en «la mujer libre de todo prejuicio que se pasea con sus vestidos transparentes y… no se escandaliza ni protesta si alguien la hace una señal», como cantaba Propercio.

Ovidio invita a Corina junto a su marido. Observa las más exquisitas reglas de la buena educación  traslucir sus verdaderos sentimientos hacia la amada. Una situación semejante hallaremos  en El asno de oro, de Apuleyo, la primera novela importante que ha llegado hasta nosotros.

sexualidad

Ovidio se atormenta con los celos, padece por las caricias que el esposo pueda administrar a su amada y ruega a ésta que no se refiera jamás a lo que ocurre en la cámara nupcial. Le pide a su amante que se entregue al marido si es necesario, pero que nunca le haga a él sabedor de sus relaciones conyugales.

Richard Lewinsohn expone acertadamente la singular relación que se establece: «Vamos viendo así que los papeles se han invertido: el amante es el celoso, el marido es el que engaña con su propia esposa al enamorado amante, quien se procura con ella una voluptuosidad que, según el autor, es del amante, y sólo de él.

La noche en el lecho conyugal es la hora del fraude, del engaño, de la traición. El amor tiene por marco el día, cuando la mujer casada va a visitar a su amante, cuando hay que cerrar las ventanas para huir del ardor del sol».

Ovidio no hizo sino reducir a magníficos versos el signo de sus tiempos. La moral sexual se ceñía a lo meramente externo. El amor era un deporte de caza cuya presa, la mujer, era halagada empalagosamente. El hombre estaba dispuesto siempre a renunciar a su propia dignidad si con ello conseguía sus objetivos sexuales.

El Cristianismo en Roma Antigua: Podemos decir que hasta el momento en que se impuso el, cristianismo, luego de ser legalizado por el emperador Constantino en 313, los romanos disfrutaron del sexo como una faceta más de la existencia, sin apenas limitantes: como una bendición de la naturaleza para gozar y procrear.

Como lo vivieron casi todas las civilizaciones antiguas antes de que fuera convertido en un instrumento de culpa y lo viven aún algunas culturas que no han adoptado las religiones que lo censuran.

Las limitaciones fueron, por lo general, de clase y estatus y, desde luego, variaron y evolucionaron a lo largo del milenio que duró la etapa romana. Hasta el final de la República, a la mujer romana -como antes le había sucedido a la griega– le estaba vetada la libertad absoluta de la que disponía el hombre, que podía gozar de amantes, ya fueran mujeres o muchachos, y sobre todo si eran esclavos o extranjeros.

No se toleraba, sin embargo, que las infidelidades fuesen con una mujer de casta romana, y menos si era casada; y estaba mal visto que los ciudadanos, es decir, los hombres de clase social alta, se preocuparan del placer de la mujer durante el acto sexual o que tomasen el rol pasivo en sus relaciones con otros hombres.

Al contrario, esto no contaba para los extranjeros y, mucho menos, para los esclavos, que habían de estar dispuestos a los deseos de sus amos y que ni siquiera tenían derecho al vínculo oficial del matrimonio.

El enlace conyugal carecía, por otra parte, de la solemnidad inmutable que después le otorgaría el cristianismo. Se trataba de un acuerdo práctico, en aras de la procreación, que se sellaba en una sencilla ceremonia y se anulaba con la misma facilidad.

Como en otros protocolos romanos, bastaba la presencia de siete testigos y el ritual de festejo, del que algo quedaría para los siglos y civilizaciones posteriores: el novio tenía que llevar en brazos a la novia cuando la introducía en su casa.

El estatus limitado que en un principio daba el matrimonio a la mujer romana fue evolucionando hasta que, ya en el Imperio, ellas gozaron de la misma capacidad que el hombre sobre sus acciones y bienes, especialmente las de buena casta. Así pudieron unirse al hedonismo que, fruto de la influencia de la cultura griega, se extendía cada vez más en la sociedad romana.

ROMA SE TRANSFORMA El momento álgido de los cambios, sobre todo en lo referente a la liberación femenina, lo marcó el Ars amandi, publicado entre 2 a. C. y 2 d. C. Esta obra de carácter didáctico supuso una revolución social en la consideración del amor y la sexualidad, y le costó el destierro a su autor, el poeta romano Ovidio (43 a. C.-17 d. C.).

Hasta entonces, el amor se veía como una «desgracia», una enfermedad del sentir que aletargaba el buen juicio, algo ridículo, un claro motivo de burla, y los mandatarios más conservadores no toleraron la importancia que el autor daba a los sentimientos y las sensaciones eróticas de la mujer, ni tampoco a la pasión de los enamorados.

El alejamiento de Ovidio no frenó la expansiva tendencia ya instalada en la Roma imperial, que no solo favorecía a las mujeres, quienes comenzaron a disfrutar sin tapujos del amor y el sexo, sino también a los hombres, que pudieron dar a conocer sus relaciones con hombres de igual rango, y no únicamente con esclavos jóvenes. Se notó por toda Roma los aires de liberación y la invitación a gozar del momento presente, el famosocarpe diem que proponía el poeta Horacio (65 a. C.- 8 a. C.).

Las damas romanas empezaron a circular libremente por las calles y algunos sitios. Así, los foros, el templo de Adonis, las gradas de circos y teatros, y el pórtico de Pompeyo se convirtieron en lugares de encuentros y romance. Hasta en las termas se reveló el sensual despegue: en algunas de ellas desapareció la tradicional separación de sectores para hombres y para mujeres, y ambos sexos comenzaron a compartir el caldarium y elfrigidarium.

La mujer en la sociedad romana
Esta situación del hombre respecto de la mujer no habría sido posible sin el establecimiento de una cierta emancipación femenina en la sociedad romana, y sin que la mujer gozara de singulares privilegios en el matrimonio.

Se celebraban dos especies de matrimonios diferentes. En uno (matrimonio per coemptionem) la mujer entregaba cuerpo y bienes al poder de su marido. Si era patricia, un acto religioso, la confarreación, reemplazaba a la venta, pero subsistían los efectos.

El marido tenía a la mujer in manu, en la mano. Junto a este tipo de matrimonio existía otra unión más relacionada con las propias esencias de la familia romana.

La mujer, en lugar de entrar a formar parte en la familia del marido, permanecía en la casa de su padre. Mientras vivía éste disfrutaba de una dote y, cuando quedaba huérfana, recibía la herencia, de la que podía disponer libremente, sin que el marido tuviera ningún derecho sobre la misma. El esclavo dotal administraba los bienes de la esposa y sólo a ella rendía cuentas.

Esta independencia económica permitía a la mujer disfrutar de una posición más ventajosa, en ocasiones, que la del marido. Plauto explica detalladamente cómo algunos maridos tenían que recurrir frecuentemente a la esposa para que los sacara de diversas dificultades económicas; al obrar así, el marido veía disminuido su prestigio y mermada su autoridad. En ocasiones intentaba sobornar al esclavo dotal y, si la trampa se descubría, quedaba a merced de la esposa. Ésta facilitaba préstamos usurarios al marido y si éste intentaba hacer valer su autoridad para quebrantar la libertad de la esposa, se veía perseguido por el esclavo dotal.

La infidelidad conyugal no fue motivo de dramas aparatosos. Las separaciones matrimoniales abundaban y los jueces eran muy tolerantes y dispuestos a conceder el divorcio con suma facilidad. A partir de la segunda guerra púnica, el número de divorcios creció alarmantemente. La mujer cuyo marido se ausentaba durante largos periodos para cumplir con sus obligaciones bélicas era escuchada cuando pretendía divorciarse.

En la Roma imperial esta situación se agravó. Séneca la explica gráficamente: «Hay romanas —decía— que no cuentan sus años por el número de cónsules (los cónsules se elegían anualmente), sino por el de sus maridos». Y Juvenal, con su mordacidad característica, describía de un plumazo la moda del divorcio por boca de un liberto que le dice a su mujer: «Vete, vete, que te suenas con demasiada frecuencia y quiero casarme con otra que tenga las narices secas». 

Las bacanales
En el marco de la vida romana tuvieron especial importancia los ritos clandestinos de la sexualidad. Podemos encontrar antecedentes en otras sociedades antiguas, pero en Roma se revistieron de características muy particulares. Tuvo lugar un escándalo que repercutió hondamente en la vida del siglo segundo antes de Cristo.

Un muchacho se presentó ante uno de los dos cónsules y denunció el hecho de que había sido expulsado de casa por su madre y su padrastro por haberse negado a ingresar en una secta clandestina.

El cónsul inició las investigaciones por su cuenta y tuvo conocimiento de las fiestas nocturnas que celebraba la comunidad en un pequeño bosque dedicado a la diosa Semele. Las fiestas se realizaban en honor de Baco, el dios de los Misterios, durante cinco noches cada mes.

El vino, las danzas y la oscuridad pronto hacían que se llegara a la orgía. Los participantes que se negaban a dejarse poseer eran inmolados al dios y sus gritos eran ahogados por el estruendo de los cantos y las danzas.

Las Bacanales, fiestas mistagógicas de los romanos, fueron trasplantadas de Grecia, donde se denominaban Antesterias y duraban tres días. Se trataba de una fiesta primaveral. Se celebraba un concurso de bebedores y el que más pronto acababa su vasija recibía una corona vegetal y un odre de vino. Era el día de la apertura de los odres (la «phithoigia»). En Roma las Bacanales tenían lugar en un bosquecillo a orilla del Tíber, bajo las pendientes del Aventino. Durante la noche, dada la oscuridad del lugar, las libaciones copiosas y la promiscuidad de los sexos, se convertían en escuelas de «inmoralidad sexual», según el partido catoniano del Estado romano. El Senado las prohibió. Ticiano: La Bacanal. Museo del Prado.

Las desapariciones de hombres y de mujeres nunca eran suficientemente aclaradas. Los miembros de la secta se apoyaban mutuamente y tenían un amplio poder para escapar de las pesquisas.

El cónsul, una vez conocidos algunos extremos referentes a la secta, tomó las debidas precauciones, prohibió las reuniones y prometió recompensas a los que facilitaran cualquier información. Cuando tuvo todos los hilos en las manos, procedió a hacer una redada gigantesca. Unos siete mil individuos aparecieron complicados en las orgías báquicas. Muchos de ellos fueron ajusticiados, y el culto a Baco se prohibió en todo territorio de soberanía romana.

Forberg estudió la erótica posicional del mundo grecorromano: de pie, acostados, sentados, de rodillas, agazapados, semiacostados, etc. Estas posturas eróticas fueron conservadas en el arte romano a través de las pinturas murales de los «cubiculi» (dormitorios). Este mosaico de la villa romana del Cásale es un elocuente ejemplo plástico de los estudios de Forberg.

Este relieve romano, que representa a Apolo entre las tres Gracias, ha sido también titulado «Joven entre hetairas», expresando los entretenimientos de la juventud en un burdel de la época. La asociación de ambos títulos es explicable por cuanto a las Gracias se les rendía culto como dispensadoras de todo lo que embellece la vida y la hace agradable y placentera. Sin ellas no existe ningún goce. Se llamaban Aglaya, Eufrosine y Talla.

Fuente Consultada: El Libro de la Vida Sexual – López Ibor

Vida Amorosa de los Trovadores en la Edad Media

Amor y Sexualidad en Grecia Antigua Costumbres e Historia Resumen

Amor y  Sexualidad en Grecia Antigua

LA SEXUALIDAD EN GRECIA ANTIGUA: En la mitología griega se concede un papel preponderante a la mujer. Los primeros cretenses —nacía el sexto o quinto milenio antes de nuestra era— profesaban el culto a la gran diosa-madre.

La civilización cretense alcanzó un alto grado de desarrollo. La mujer disfrutaba de gran libertad, frecuentando los banquetes y las representaciones teatrales. Jurídicamente era igual al hombre; podía casarse libremente y los pretendientes que solicitaran casarse con ella no esperaban más que la que saliera de sus labios.

Desde los tiempos homéricos hasta el siglo V a. de C. se seguía inmolando en Temesa, Italia del Sur, cada año, una doncella al alma de un miserable lapidado por haber violado a una mujer.

El matrimonio, lazo de unión de toda la vida social, se hallaba situado bajo la invocación directa de Zeus y de la Madre-Tierra. Lo sexual era una necesidad natural satisfecha libremente. Los jóvenes se unían en los campos, sobre la hierba y el trigo recién cortado.

La forma de unión más primitiva de los aqueos parece ser la que se practicaba en tiempo de los patriarcas hebreos: la esposa aporta consigo una esclava, para convertirla en concubina de su futuro marido en el caso de que ella resulte estéril.

La mujer depende en todo del marido y ha sido cedida mediante una dote. A la muerte del marido, su hijo puede disponer de ella, venderla a un nuevo marido o devolverla a su antigua casa.

El hombre que es demasiado pobre para poder comprar esposa, puede casarse, pero debe abandonar su casa e instalarse en la de su suegro, pasando a depender de éste.

La institución de la dote aportará, andando el tiempo, una considerable mejora a la situación de las mujeres. La esposa dotada no podrá ser repudiada ni devuelta por su tutor si queda viuda. El matrimonio se transforma en un contrato.

La captura en la guerra de hermosas esclavas era un símbolo de nobleza.

El mantenimiento de la concubina en el domicilio conyugal empieza a parecer injurioso para la esposa. No obstante, al enviudar la esposa, el hijo podrá volver a casarla de nuevo, aunque la dotará y la consultará previamente.

Las hijas no heredan los bienes de su padre, que se reparten únicamente entre los hermanos varones; incluso el hijo ilegítimo es preferido a las hijas.

La esclava está sometida al poder absoluto del amo, y éste puede castigar la infidelidad con los más crueles suplicios. La obra homérica está llena de referencias a la violencia y a la sexualidad. Al regresar a Itaca, Ulises mata a todos los pretendientes de su mujer y hace ahorcar a las esclavas que han compartido sus lechos. Hornero narra también el nuevo refinamiento, la pasión por la conversación, por la música y por el amor.

La evolución de la cultura griega en su última etapa de desarrollo modificó y amplió los modos del comportamiento sexual. La mujer no tomaba parte activa en la administración del Estado, ni siquiera era considerada en el interior de su domicilio conyugal.

Los griegos crearon un ideal de belleza femenina que habría de influir fuertemente en las futuras culturas. La figura femenina ideal se hace más esbelta, se viriliza. La producción literaria y filosófica griega está plagada de referencias a este ideal y a la inclinación de los griegos por los efebos y por las prostitutas.

sexualidad

La heterosexualidad y la homosexualidad vienen a ser las formas más corrientes de la actividad sexual. La institución familiar no gozaba de un lugar preferente.

Durante la época democrática abundaron las relaciones entre los jóvenes de diferente posición social.

Ello amenazaba con una cierta alteración del equilibrio de las clases y, en consecuencia, en el siglo v antes de nuestra era, se promulgó una ley por la que no se reconocía la validez de los matrimonios efectuados entre miembros de diferente clase social.

Al propio tiempo, la ley consideraba favorablemente la celebración de matrimonios consanguíneos, que garantizaban la estabilidad de la propiedad privada.

Durante la época de Pericles —aunque él no fue precisamente un ejemplo de moralidad matrimonial— triunfó la idea del matrimonio sin complicaciones. En el periodo de la guerra con Esparta, la marcha de los hombres al campo de batalla creó una situación peculiar que fue reflejada por los grandes poetas de la época.

Eurípides y Aristófanes defienden a la mujer y el médico Hipócrates la disculpa de sus «desvíos» aludiendo, por primera vez en la historia, a la peculiar constitución fisiológica femenina. Según él, las mujeres no andaban un tanto extraviadas a causa de la guerra, sino a causa de la insatisfacción sexual.

A partir de esta observación, Hipócrates elabora su teoría del histerismo, según la cual el útero itinerante provoca una excesiva presión en las partes superiores del cuerpo, estado que lleva a la mujer al nerviosismo y a la ansiedad. La derrota de Atenas produjo el abatimiento en los atenienses y la institución matrimonial se resintió. Sócrates y Platón predicaron la igualdad de derechos de la mujer y del hombre dentro del matrimonio, pero sin ningún resultado.

Aristóteles lanzó todo el potencial de su dialéctica para demostrar la inferioridad de la mujer respecto del hombre. Con ello, todas las posibilidades de superar la crisis, mediante una nivelación de derechos entre los dos miembros de la pareja humana, se perdieron definitivamente.

En cambio, se acrecentó notablemente el papel de dos formas anormales de sexualidad. La prostitución en Grecia tuvo, en aquel periodo, su edad de oro. Los burdeles y las casas de cita simuladas proliferaban en todas las ciudades y estaban siempre abarrotados de visitantes. La pederastía también adquirió más auge. La homosexualidad llegó a estar tan extendida que incluso fue regulada por diversas disposiciones legales. 

LA MUJER EN EL MATRIMONIO: La función de la mujer ateniense como esposa estaba bien definida. Su principal obligación era mantener a sus hijos, sobre todo varones, que preservarían el linaje familiar. La fórmula del matrimonio que los atenienses utilizaban, para expresarlo de manera sucinta, era: «Te entrego esta mujer para la procreación de hijos legítimos».

En segundo lugar, una mujer debería cuidar a su familia y su casa, ya sea que hiciera ella el trabajo doméstico, o que supervisara a los esclavos, que realmente hacían el trabajo. A las mujeres se las tenía bajo un estricto control. Debido a que se casaban a los catorce o quince años, se les enseñaban sus responsabilidades desde temprana edad. Aunque muchas de ellas se las arreglaban para aprender a leer y a tocar instrumentos musicales, a menudo se las excluía de la educación formal. Se esperaba que una mujer permaneciera en su casa, lejos de la vista, con excepción de su presencia en los funerales o en los festivales, como el festival de las mujeres deTesmoforia. Si se quedaban en casa, debían estar acompañadas. Una mujer que trabajara sola en público o era indigente, o no era ciudadana.

En Atenas, las mujeres servían a los hombres de otras formas. La prostitución (tanto masculina como femenina) floreció en la Atenas clásica. La mayor parte de las prostitutas eran esclavas en los burdeles, administrados como un negocio o un comercio por ciudadanos atenienses. Otra clase de prostitutas ocupaba una posición más favorable en la sociedad ateniense; estas cortesanas más refinadas eran conocidas con el nombre de hetairai, que literalmente quiere decir «acompañantes femeninas».

Estas mujeres, que solían ser ex-esclavas o residentes extranjeras, eran más refinadas que las prostitutas habituales y eran famosas por sus logros musicales e intelectuales, así como por sus atributos físicos. Los atenienses varones conservaban la aristocrática costumbre de los simposios —las fiestas refinadas donde se bebía— en las cuales solían estar presentes las hetairas. Los simposios se llevaban a cabo en comedores exclusivos para hombres, en los que no estaban presentes las esposas.

Las hetairas bailaban, tocaban instrumentos musicales y brindaban entretenimiento, incluidas las relaciones sexuales. Algunas hetairas llegaron a amasar fortunas considerables y a tener un considerable renombre. Aspasia fue ciertamente la más famosa. Amiga de Sócrates y afamada por sus conocimientos, fue cortesana de Pericles y a la larga se convirtió en su esposa legítima.

La homosexualidad masculina también fue una característica sobresaliente de la Atenas clásica. Se practicaba de manera generalizada y, ciertamente, era tolerada. La ley ateniense privaba de sus derechos ciudadanos a un ateniense que hubiese prostituido su cuerpo con otro hombre; pero no se molestaba en absoluto a los hombres que sostenían una relación homosexual con proxenetas o con otros hombres adultos, fuera ésta amorosa o por placer. La ley no eliminaba la prostitución masculina, pero, al actuar así, aseguraba que los proxenetas fueran extranjeros, y no ciudadanos atenienses.

El ideal de la homosexualidad griega consistía en una relación entre un hombre maduro y un joven. Es muy probable que éste fuese un ideal aristócrata. Si bien la relación solía ser física, los griegos también la consideraban educativa. El hombre mayor (el «amante») se ganaba el amor de su «amado» gracias a su valía como maestro y por la devoción que demostraba en la educación de su pupilo.

En cierto sentido, esta relación amorosa se concebía como una forma de iniciación de los jóvenes al mundo masculino de la dominación política y militar. Los griegos no juzgaban que la coexistencia de las preferencias heterosexuales y homosexuales creara problemas especiales a los individuos o a la sociedad.

Manejo de la casa y papel de la Mujer
En la Atenas clásica, el lugar de una mujer era su casa.
Tenía dos responsabilidades principales: la crianza y la  educación de los hijos, y la administración de la casa. En este diálogo sobre la administración de la propiedad, Jenofonte relata la educación que un noble ático le da a su nueva esposa.

Jenofonte, Oeconomicus
[Iscomaco se dirige a su nueva esposa,] Lo que a mi me parece, querida, es que los dioses, con su gran discernimiento, han unido al hombre y a la mujer, tal y como se les llama, con objeto de que conformen una sociedad perfecta para su mutuo servicio. Ya que, en primer lugar, para que, las distintas especies de criaturas vivientes no se extingan, se unen en matrimonio para engendrar hijos. En segundo lugar, a los seres humanos esta unión les provee—en cualquier circunstancia—los vástagos que los cuiden en la vejez.

En tercer lugar, dado que los seres humanos no viven al aire libre, como bestias, obviamente necesitan un refugio. Sin embargo, los llamados a obtener los pertrechos para llenar el lugar cubierto necesitan que alguien trabaje en ocupaciones al aire libre; pues la labranza, la cosecha, la siembra y el pastoreo constituyen dichas ocupaciones al aire libre que suministran el alimento necesario… Dado que hicieron el cuerpo y la mente del hombre más aptos pata soportar frío y calor, viajes y faenas, se le imponen las tareas exteriores. Y a la mujer, dado que su cuerpo es menos resistente, doy por hecho que Dios les asignó las tareas en el interior de la casa. Y sabiendo que él creó a la mujer y le impuso la tarea de alimentar a los niños le obsequió con una porción mayor de afecto hacia los recién nacidos, que al hombre…

Tu deber será permanecer dentro de la casa y enviar al exterior a los sirvientes cuyo trabajo es afuera, y supervisar a quienes deben trabajar adentro, así como recibir los ingresos, distribuirlos en la medida en que se necesiten, cuidar la cantidad que deba guardarse, y fijarse en que, lo que se destina a un año,-no se gaste en un mes. Y cuando te traigan la lana, debes cuidar también que se tejan mantos, para quienes los quieran. También debes procurar que el grano seco esté en buenas condiciones para hacer comida. Sin embargo, una de las obligaciones que recaen sobre ti, tal vez te parezca más bien ingrata: vigilar que cualquier sirviente que enferme, reciba cuidados.

Fuente Consultada:
El Libro de la Vida Sexual – López Ibor
Civilizaciones de Occidente Volumen A Jackson Spielvogel

Vida Amorosa de los Trovadores en la Edad Media

Historia de la Sexualidad En Civilizaciones Antiguas

Historia de la Sexualidad En Civilizaciones Antiguas

Las noticias que se tienen de los primeros grupos humanos organizados y que constituyeron sociedades, nos hablan ya de la división de sus miembros en diversas clases.

Las primeras manifestaciones de la religión son de orden eminentemente practicista. Los dioses no desempeñaban papel alguno en la vida futura; únicamente recompensaban o castigaban a los hombres en ésta.

Para congraciarse con ellos era preciso ofrecerles múltiples sacrificios: al principio, y durante dilatado tiempo, sacrificios humanos.

El código moral de esas religiones tenía casi siempre de común la prohibición de sembrar discordias, de alterar la propiedad privada, de cometer adulterio.

Los sacerdotes eran ayudados generalmente por sacerdotisas: danzarinas, cantantes, adivinadoras y esposas del dios, que, en algunos casos, como en el culto asirio-babilónico de Ishtar (diosa de la voluptuosidad) se entregaban a la prostitución sagrada.

Es importante destacar el factor de la separación en clases, pues el comportamiento sexual difería según la pertenencia a una u otra de ellas.

En efecto, la actividad y las normas sexuales de la clase dirigente del país no eran las mismas que informaban la conducta de las capas bajas. Por ejemplo, en la antigua China existían dos clases de matrimonio completamente distintas, uno normalizado jurídicamente y otro que era en realidad una simple unión.

En el Próximo Oriente también encontramos el matrimonio refrendado por un contrato, pero solamente entre las clases altas.

En Egipto, a consecuencia de una revolución social que tuvo lugar dos mil años antes de Cristo, la plebe conquistó el derecho a que su matrimonio fuera refrendado legalmente.

En Babilonia, las disposiciones legales en torno al matrimonio regulaban solamente las uniones de la gente rica, proveyendo de una enmarañada selva de legislación sobre la herencia, sobre los derechos de las concubinas, etc., mientras que el pueblo llano no merecía la atención de los legisladores.

Las únicas disposiciones que tenían un carácter general se refieren al nacimiento de los hijos. Es obvio decir que el Estado estaba interesado en procurar que el pueblo llano tuviera la mayor cantidad posible de hijos, por lo cual las disposiciones punitivas contra el aborto eran numerosas.

Las costumbres en aquellas épocas lejanas recibían una marcada influencia de lo sexual. Por ejemplo, en el apogeo del reino sumerio, bajo el rey Gudea (en el siglo XXI a. de C.), las manifestaciones del culto eran muy populares, lo que se explica por el carácter colosal de las construcciones.

Esto se demuestra, según Pirenne, en los documentos que describen las ceremonias sagradas con ocasión de la inauguración del templo.

El pueblo se entregaba a bacanales, cuyo origen se remonta al antiguo culto agrario. Durante siete días, una licencia general reinaba sobre la ciudad ;  las ley es civiles, y también las morales, quedaban en suspenso y la autoridad desaparecía.

El rey era remplazado por un esclavo que usaba a su antojo del harén y era servido u la mesa real por otros esclavos. Pero, una vez transcurrida la fiesta, ese esclavo era sacrificado a los dioses para impetrar de ellos el perdón por los pecados cometidos por la comunidad.

En los atrios de los templos se representaban misterios sagrados en los que también participaba el rey.

Destacan especialmente las fiestas sagradas de las nupcias de Tammuz, el dios de la vegetación, con Ishtar, diosa de la fecundidad y del amor, que eran representadas, ante el jolgorio del pueblo, por el matrimonio del rey con la diosa que, sin duda, era reemplazada por una sacerdotisa sagrada.

El rey Shulgi, que reinó en Ur en el segundo milenio antes de Cristo, fue el primero en publicar un código aplicable a todo su imperio y que luego serviría de modelo a la célebre legislación de Hammurabi.

Sólo disponemos de algunos fragmentos que nos dan a conocer nueve leyes relativas al aborto de una mujer a cosecuencia de golpes, al matrimonio por rapto, al adulterio y a los derechos de las prostitutas.

El matrimonio podía ser disuelto por decisión judicial.

El adulterio de la mujer, aunque era considerado delito, no entrañaba castigo alguno, ni siquiera el divorcio, siempre que el marido perdonase a la esposa infiel. Pero si ésta no recibía el perdón, era arrojada al agua. La mujer respondía con su persona, si el marido no podía satisfacer deudas propias.

La máxima expresión del matrimonio como «razón de Estado» la encontramos ya en la más antigua tradición de Egipto. Los aqueos también practicaron la endogamia, probablemente, en las familias de los jefes para perpetuar la pureza de la sangre que garantizaba la autoridad del jerarca.

En la Odisea se refiere que Alcinoo se casa con su hermana —descendiente como él de Poseidón y Eolo— y tiene seis hijos y seis hijas a los que casa entre sí.

Para preservar la herencia —que en el caso de los faraones se refería a la posesión de todo el país— se recurrió, pues, innumerables veces, al matrimonio entre hermanos. Las ideas sobre el incesto varían mucho, de acuerdo con la práctica de los diversos pueblos.

En los tiempos premosaicos, los judíos recurrían también al matrimonio entre hermanos del mismo padre (pero no de igual madre). Recordemos a este respecto que Abraham se casó con su hermanastra Sara.

Moisés vino a romper esta tradición prohibiendo no sólo los matrimonios entre hermanos, sino la relación sexual entre parientes más cercanos.

Por su parte, Buda prohibió en la India los matrimonios entre parientes incluso hasta el sexto grado. En Babilonia tenemos la primera gran legislación completa.

El Código de Hammurabi comprende doscientos ochenta y dos artículos, de los que unos treinta no han llegado hasta nosotros. Del 127 al 195 tratan de la familia, y del 178 al 195, de los hijos. La mujer goza de personalidad jurídica independiente, pero la autoridad paterna y marital pesa todavía sobre ella.

El matrimonio es preparado por los padres de ella y, cuando se ha llegado a un acuerdo, el novio envía un regalo al padre de la doncella. Se procede entonces a la redacción de un contrato en el que se establecen los deberes y los derechos de la esposa, así como la suma que habrá de pagar el marido si la repudia, y la pena en que incurriría ella en caso de infidelidad.

La novia puede permanecer en casa de sus padres o ir a vivir a la de los padres del novio.

En el primer caso, la violación de la doncella está castigada con la muerte. Si va a vivir con los padres del novio, la ley prevé que sea seducida por su futuro suegro; en este caso se disuelven los esponsales. Pero si han existido relaciones culpables, cuando ella ya conocía a su novio, es lanzada al agua y el padre indigno sufre su castigo.

La ordalía o juicio del agua, impuesto a la mujer sospechosa de adulterio, también aparece en la civilización cretense.

Desde el punto de vista del régimen de bienes, la igualdad de los esposos es casi total. Pirenne saca de ello la acertada conclusión de que la mujer estaba más amparada en sus bienes que en su persona.

La base de la familia es el matrimonio monogámico. Pero el marido puede tomar una o varias concubinas y, si con ninguna de ellas consigue tener descendencia, puede tomar otra esposa; sin embargo el puesto de ésta es totalmente secundario hasta el punto de que su entrada en la casa está precedida por el lavatorio de pies a la primera esposa.

Se ha hablado mucho de la prostitución en estas sociedades, y en verdad existen innumerables pruebas de su existencia, como ya hemos señalado. Ya en el tercer milenio antes de Cristo la prostitución era una ocupación muy rentable.

La modalidad de la prostitución sagrada, ligada a los más antiguos cultos y presente en las civilizaciones antiguas, disponía de una legislación completa.

Herodoto relata que, en Mesopotamia, las mujeres debían entregarse en el templo a un desconocido antes de casarse. El célebre cronista cuenta igualmente que en la famosa torre de Babel existía un santuario y en su interior una lujosa y amplísima cama nupcial en la que cada noche había una mujer diferente.

Las costumbres de los hebreos antiguos se corresponden a las refrendadas por el Código de Hammurabi.

La institución matrimonial recibe las máximas prerrogativas, hasta el punto de que la soltería es considerada como una situación «antinatural». Incluso existe un cierto tipo de matrimonio obligatorio, el levirato, por el que un hermano es obligado a casarse con su cuñada viuda cuando ésta no ha obtenido descendencia.

El sexto y el noveno mandamiento del Decálogo regulan el comportamiento sexual de los hebreos. El adulterio era condenado gravemente, pero también recibía castigo el calumniador.

Pese a que muchos historiadores han visto en la práctica de la circuncisión un hábito preferentemente hebreo hay que tener en cuenta que también era seguida por otros pueblos, especialmente por Egipto. Moisés no estaba muy convencido de su conveniencia, y él mismo, a pesar de estar introducido en los círculos del poder en Egipto, no llegó a practicársela nunca. Fue el caudillo Josué el que la estableció como obligación general.

Las lecciones de amor de la India
La más antigua lección de amor es probablemente el Kama Sutra. En este libro, escrito por el sabio Vatsyayana en el siglo V, se compendian las tácticas preparatorias de la unión sexual y se describen las numerosas formas de llevarla a cabo.

Uno de los aspectos más importantes que de este libro famoso cabe destacar, consiste en que no se limita a ser un manual para el hombre, destinado a orientarle en las tácticas del placer sexual.

Uno de sus objetivos consiste precisamente en hacer ver al varón que la participación de la mujer en el placer es uno de los ingredientes fundamentales de éste.

El enlace de las lianas, la ascensión del árbol, el abrazo de la leche con el agua y el abrazo del sésamo y el arroz, son símbolos usados para referir la unión de los sexos. Según Kama Sutra, existen sesenta y cuatro variantes de las formas preliminares de hacer el amor.

La subordinación de la mujer al hombre en la India se ha hecho proverbial.

En la misma época en que se describe de forma tan sutil y elaborada la técnica del acercamiento sexual tenía lugar en la India una tradición que se remonta hasta el segundo milenio antes de Cristo: la cremación de las viudas en la pila funeraria del marido, lo que respondía a la concepción de una dependencia de la mujer respecto del hombre.

Esta tradición perduró hasta que en 1829 fue prohibida por el gobernador británico lord William Bentick. Entre los siglos XXV y XXIII antes de Cristo también se practicaba el sacrificio de los allegados al jefe de la familia del muerto.

El dios egipcio Bes, que aparece representado en este bajorrelieve, era una deidad puramente doméstica, enano, patizambo, de cara ancha, boca grande, lengua sobresaliente, barba semejante a la crin de un león y orejas y cola de animal. Danzaba y tocaba el laúd para divertir a los dioses, pero se suponía que contribuía a la felicidad y armonía entre los miembros de una familia, sobre todo entre los esposos.

En las civilizaciones de la antigüedad existía una concepción sacral de la sexualidad, Ishtar e Isis. divinidades femeninas femeninas y maternas, significaban a la vez lo generativo y lo protector, pero eran asi mismo símbolos del deseo y del placer sexual. Prueba patente del culto que recibían es esta estela votiva egipcia de la Ny-Carlsberg Glyptotheke de Copenhague.

Vida Amorosa de los Trovadores en la Edad Media

Fuente Consultada: El Libro de la Vida Sexual – López Ibor

Independencia de Chile Y Peru Resumen del Desarrollo

Independencia de Chile Y Perú

La expedición al Perú: San Martín decidió no intervenir con su ejército en las guerras civiles rioplatenses y se dedicó a armar una flota para legar hasta Perú.

La expedición naval partió en agosto de 1820 y, luego de desembarcar en Pisco, avanzó hacia Lima sin arriesgarse a una batalla definitiva.

El cambio en la situación política española, donde un general liberal, Rafael de Riego, había sublevado a sus tropas contra Fernando Vil y le había impuesto fuertes controles dando por tierra con su poder absoluto, abría muchas posibilidades para una negociación.

Y así fue: un golpe desplazó al ultrarrealista virrey peruano Joaquín de la Pezuela para poner en su lugar al liberal José de a Serna, un virrey dispuesto a negociar con el también liberal San Martín. Poco después,

De la Serna entregaba Lima a San Martín, quien declaró la Independencia del Perú el 28 de julio de 1821 y poco después asumió corno Protector.

Pero, en adelante, la administración del Estado peruano no le traería a San Martín sino problemas, sin contar con que las tropas realistas seguían en operaciones que los desorganizados revolucionarios no podían derrotar.

Una solución llegó desde el otro gran núcleo revolucionario de América del Sur Venezuela. Tropas veteranas al mando de Simón Bolívar, perfectamente pertrechadas y con grandes recursos, se aproximaban al Perú a comienzos de 1822.

Los días 26 y 27 de julio, Bolívar y San Martín se reunieron en Guayaquil: los resultados fueron los previstos.

El jefe más fuerte y poderoso, Bolívar, tomó el control total de la situación, mientras que San Martín abandonó su mando para iniciar un argo exilio europeo que sólo culminaría con su muerte en Boulogne sur Mer (Francia), el 17 de agosto de 1850.

Por su parte, Bolívar prosiguió las acciones militares: las victorias de Junín, el 6 de agosto de 1824, y Ayacucho, el 9 de diciembre del mismo año, terminaron con todo vestigio del dominio español en América del Sur.

PROCLAMA DE SAN MARTÍN A SUS SOLDADOS

Soldados del Ejército Libertador:

Ya hemos llegado al lugar de nuestro destino y sólo falta que el valor consume la obra de la constancia; pero acordaos que vuestro gran deber es consolar a la América, y que no venís a hacer conquistas, sino a liberar a los pueblos que han gemido trescientos años bajo este bárbaro derecho. Los peruanos son nuestros hermanos y amigos; abrazadlos como a tales y respetad sus derechos como respetasteis los de los chilenos después de la batalla de Chacabuco.

La ferocidad y violencia son crímenes que no conocen los soldados de la libertad, y si contra todas mis esperanzas, alguno de los nuestros olvidase sus deberes, declaro desde ahora que será inexorablemente castigado conforme a los artículos siguientes:

1° Todo el que robe o tome con violencia de dos reales para arriba, será pasado por las armas, previo el proceso verbal que está mandado observar en el ejército.

2° Todo el que derramare una gota de sangre fuera del campo de batalla, será castigado con la pena de Talión.

3° Todo insulto contra los habitantes del país, sean europeos o americanos, será castigado hasta con pena de la vida, según la gravedad de las circunstancias.

4° Todo exceso que ataque la moral pública o las costumbres del país, será castigado en los mismos términos que previene el artículo anterior.

¡Soldados! acordaos que toda la América os contempla en el momento actual, y que sus grandes esperanzas penden de que acreditéis la humanidad, el coraje y el honor que os han distinguido siempre, dondequiera que los oprimidos han implorado vuestro auxilio contra los opresores. El mundo envidiará vuestro destino si observáis la misma conducta que hasta aquí; pero desgraciado el que quebrante sus deberes y sirva de escándalo a sus compañeros de armas! Yo lo castigaré de un modo terrible; y él desaparecerá de entre nosotros con oprobio e ignominia.

Cuartel General del Ejército Libertador en Pisco, septiembre 8 de 1820.

INSTITUTO NACIONAL SANMARTINIANO
JOSÉ DE SAN MARTÍN

El Cruce de los Andes y La Independencia de Chile

El Cruce de los Andes y La Independencia de Chile

En el Río de la Plata la liberación no fue un proyecto de inspiración meramente local sino que pretendió, desde sus orígenes, la independencia de toda la América hispana. Ese proyecto continental tuvo al general José de San Martín como figura decisiva que no sólo concibió el plan de la guerra de emancipación sino que junto con el venezolano Simón Bolívar  lo llevó a cabo.

En 1814. tras haber obtenido su relevo del comando del Ejército del Norte, San Martín pasó una temporada en Córdoba para restablecer su maltrecha salud. Durante ese descanso serrano trazó el camino hacia la victoria.

Cruce de los andes Plan Continental Mientras que Martín de Güemes y sus gauchos defendían con eficacia la frontera norte, Cuyo, San Martín comenzó la preparación de su ambicioso plan. El cruce de los Andes y expedición a Chile constituyeron la operación militar más compleja organizada por el núcleo revolucionario rioplatense.

Instalado como jefe indiscutible de Cuyo, San Martín comenzó la formación de un ejército para llevar adelante su plan de invasión a Chile por la cordillera. Durante 1816, los preparativos se aceleraron. A las fuerzas locales se unieron los revolucionarios chilenos, liderados por Bernardo de OHiggins, que se encontraban refugiados en Mendoza, luego de haber sido derrotados por los españoles en Rancagua, en 1814.

El cruce de los Andes se inició en enero de 1817; las columnas principales Utilizaron los paso de Los Patos —al mando de San Martín— y de Uspallata —al mando de Gregorio Las Heras—, pero la operación comprendía varios cruces y ataques sincronizados desde La Rioja hasta el sur de Mendoza. Una activa guerrilla comandada por Manuel Rodriguez se anticipó a la llega de los ejércitos regulares.

El hábil manejo de la información sobre los movimientos del enemigo y la falsedad de los datos que llegaron a los españoles antes de atravesar la cordillera posibilitaron a San Martín y al Ejército de los Andes combatir exitosamente a los realistas, quienes sufrieron una grave derrota en Chacabuco, en febrero de 1817. Esto permitió al ejército revolucionario entrar en Santiago, donde  O´Higgins fue nombrado Director. Un año más tarde, el 12 de febrero de 1818, fue declarada la Independencia de Chile.

La resistencia realista se organizó en el sur de Chile, por lo cual se envió una expedición que, luego de varias victorias, fue sorprendida y derrotada el 19 de marzo de 1818 en el campamento de Cancha Rayada. Ante el avance de las tropas realistas, San Martín y O´Higgins se abocaron a reorganizar las fuerzas patriotas y decidieron dar batalla para defender Santiago. San Martín desplegó sus fuerzas cerca del río Maipú: el 5 de abril la victoria patriota fue rotunda, y puso fin al dominio español en Chile.

CARTA DE PUEYRREDÓN A SAN MARTÍN

«A más de las 400 frazadas remitidas de Córdoba, van ahora 500 ponchos, únicos que se han podido encontrar; están con repetición libradas órdenes a Córdoba para que se compren los que faltan al completo, librando su costo contra estas cajas.

[…] Está dada la orden más terminante al gobernador intendente para que haga regresar todos los arreos de muías de esa ciudad y de la de San Juan.

Está dada la orden para que se remitan a Ud. mil arrobas de charqui, que me pide para diciembre: se hará. […]
Van todos los vestuarios pedidos y muchas más camisas.

Si por casualidad faltaren de Córdoba en remitir las frazadas, toque Usted el arbitrio de un donativo de frazadas, ponchos o mantas viejas a ese vecindario y el de San Juan: no hay casa que no pueda desprenderse sin perjuicio de una manta vieja; es menester pordiosear cuando no hay otro remedio. Van cuatrocientos recados.
Van hoy por el correo en un cajoncito los dos únicos clarines que se han encontrado.

[…] Van los 200 sables de repuesto que me pide.
Van 200 tiendas de campaña o pabellones, y no hay más.
Va el mundo. Va el demonio. Va la carne. […] no me vuelva Ud. a pedir más, si no quiere recibir la noticia de que he amanecido ahorcado de un tirante de la fortaleza.»

JUAN M. DE PUEYRREDÓN,
Carta a San Martín, 2 de noviembre de 1816.

El cruce de los Andes: A principios de setiembre de 1814, el general San Martín se hizo cargo de la Gobernación-Intendencia de Cuyo, cuya capital era Mendoza. Allí, frente a las cimas gigantescas de la Cordillera de los Andes, el caudillo comenzó la organización del ejército, destinado a liberar a Chile y Perú.

A lo largo de más de dos años San Martín trabajó incansablemente para alistar la fuerza que le permitiría concretar el grandioso plan. Convirtió así a Cuyo en una verdadera «nación en armas», movilizando todos sus recursos humanos y materiales para integrar el ejército libertador. Al mismo tiempo, desarrolló una permanente campaña de espionaje en Chile y recurrió a múltiples maniobras y engaños para desorientar a los realistas acerca del momento y el lugar en que llevaría a cabo el ataque.

De esta manera, su genio organizador y su férrea voluntad lograron lo que parecía imposible. A principios de enero de 1817 el ejército de San Martín, integrado por 4.000 soldados y 1.200 milicianos auxiliares, 10.600 muías de silla y carga y 1.600 caballos, estaba listo para acometer una de las operaciones más gigantescas y audaces de la historia militar: el cruce, por pasos estrechos, de la Cordillera de los Andes.

Energía inagotable
San Martín, por su parte, desplegaba una actividad prodigiosa; no dejaba librado al azar ni el más insignificante de los detalles. Ascendido a coronel en enero de 1815, su popularidad aumentó. Estaba en contacto permanente con vecinos de la más diversa condición. Supervisaba incluso la preparación de la comida y, al compartir la mesa con oficiales y soldados, aprovechaba para enseñarles normas de urbanidad. Participaba en los ejercicios matinales y explicaba a veces como instructor, otras como partenaire- el manejo de la espada. El ejército crecía bajo su metódica dirección.

oficial de la campaña de los andes

Oficial del la Campaña de los Andes (1817)

Para desalentar a espías y traidores, San Martín se valía de métodos tan duros como ingeniosos. Dictó numerosas ordenanzas que penaban faltas y delitos cometidos por sus subordinados. Disfrazado de paisano se presentaba de noche ante los centinelas y les proponía que le vendiesen las armas y desertasen; más de una vez la lealtad de sus hombres lo puso en un aprieto y sólo dándose a conocer se salvó del degüello. Los que pasaban información a Chile eran condenados a servir en las obras públicas «con un rótulo en la frente que diga: infieles a la patria».

Cuando el Congreso nacional se instaló en Tucumán, en marzo de 1816, San Martín presionó para que se declarara la independencia. También presentó enérgicos reclamos ante la burocracia porteña, que no atendía con la necesaria prontitud sus pedidos de dinero y equipamiento.

Para completar la cantidad prevista de cuatro mil efectivos en incorporar a los esclavos negros que los religiosos de San Agustín y las familias pudientes tenían a su servicio. Como encontró resistencia a la iniciativa, hizo difundir la noticia (inexacta) de que había acordado con el Director Supremo la abolición de la esclavitud, y sugirió que era preferible un rasgo de generosidad por parte de los amos antes de que una ley los obligara a ceder. Con esta estratagema logró que quedaran en libertad las dos terceras partes de los aptos para las armas.

La operación se realizó sobre un frente de 2.000 kilómetros, dividiendo al ejército en dos columnas principales y cuatro secundarias, destinadas estas últimas a desorientar al enemigo. A pesar de los tremendos obstáculos naturales, la histórica marcha se cumplió con todo éxito. San Martín, tras derrotar a los realistas en Chacabuco el 12 de febrero de 1817, pudo entonces comunicar a su gobierno: «En 24 días hemos hecho la campaña; pasamos las Cordilleras más elevadas del Globo, concluimos con los tiranos y dimos libertad a Chile».

soldado uniformado del los andes

Uniforme de un soldado del Batallón 1° de los Andes

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San Martin Testamento Maximas y Pensamientos Para Merceditas Hija

Máximas Para Merceditas y Pensamientos de José de San Martín

Ver: Historia del Sable Corvo de San Martín

Estoy firmemente convencido que los males que afligen a los nuevos Estados de América no dependen tanto de sus habitantes como de las constituciones que los rigen. Si los que se llaman legisladores en América hubieran tenido presente que a los pueblos no se les debe dar las mejores leyes, pero sí las mejores que sean apropiadas a su carácter, la situación de nuestro país sería diferente.

No quiero manchar mi espada con sangre de mis hermanos.

Más ruido hacen diez hombres que gritan que cien mil que están callados.

Serás lo que debas ser, si no, eres nada.

Si somos libres, todo nos sobra.

La unión y la confraternidad, tales serán los sentimientos que hayan de nivelar mi conducta pública cuando se trate de la dicha y de los intereses de los otros pueblos.

La biblioteca es destinada a la ilustración universal, más poderosa que nuestros ejércitos para sostener la independencia.

La reputación del generoso puede comprarse muy barata; porque no consiste en gastar sin ton ni son, sino en gastar con propiedad.

Antes sacrificaría mi existencia que echar una mancha sobre mi vida pública que se pudiera interpretar por ambición.

La ilustración y fomento de las letras es la llave maestra que abre la puerta de la abundancia y hace felices a los pueblos.

La moderación y la buena fe, tales los fundamentos sobre los que apoyo mis esperanzas de ver estrechados los vínculos sagrados que nos unen, y de no aventurar un solo paso que pueda romperlos o debilitarlos.

Por inclinación y principios amo el gobierno republicano y nadie, nadie lo es más que yo.

En mis providencias malas o buenas, jamás ha tenido parte la personalidad y sí sólo el objeto del bien e independencia de nuestro suelo.

Es cierto que tenemos que sufrir escasez de dinero, paralización del comercio y agricultura, arrostrar trabajos y ser superiores a todo género de fatigas y privaciones; pero todo es menos que volver a uncir el yugo pesado e ignominioso de la esclavitud.

Deseo que todos se ilustren en los sagrados derechos que forman la esencia de los hombres libres.

Mis necesidades están más que suficientemente atendidas con la mitad del sueldo que gozo.

La seguridad individual del ciudadano y la de su propiedad deben constituir una de las bases de todo buen gobierno.

Dios conserve la armonía, que es el modo de que salvemos la nave.

No se debe hacer promesa que no se pueda o no se deba cumplir.

El empleo de la fuerza, siendo incompatible con nuestras instituciones, es, por otra parte, el peor enemigo que ellas tienen.

Mi barómetro para Conocer las garantías de tranquilidad que ofrece un país las busco en el estado de su hacienda pública y, al mismo tiempo, en las bases de su gobierno.

La marcha de todo Estado es muy lenta; si se precipita, sus Consecuencias son funestas.

No nos ensoberbezcamos con las glorias y aprovechemos la ocasión de fijar la suerte del país de un modo sólido y tranquilo.

La religiosidad de mi palabra como caballero y como general ha sido el caudal sobre el que han girado mis especulaciones.

Todo buen ciudadano tiene una obligación de sacrificarse por la libertad de su país.

Mi objeto desde la revolución no ha sido otro que el bien y felicidad de nuestra patria y al mismo tiempo el decoro de su administración.

Cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros disgustos me llega al corazón.

En el último rincón de la tierra en que me halle estaré pronto a sacrificar mi existencia por la libertad.

Al americano libre corresponde trasmitir a sus hijos la gloria de los que contribuyeron a la restauración de sus derechos.

Tiempo ha que no me pertenezco a mí mismo, sino a la causa del continente americano.

Divididos seremos esclavos, unidos estoy seguro que los batiremos: hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares, y concluyamos nuestra obra con honor.

Nuestros desvelos han sido recompensados con los santos fines de ver asegurada la independencia de la América del Sud.

La armonía, que creo tan necesaria para la felicidad de América, me ha hecho guardar la mayor moderación.

Voy a hacer el último esfuerzo en beneficio de la América. Si éste no puede realizarse por la continuación de los desórdenes y anarquía, abandonaré el país, pues mi alma no tiene un temple suficiente para presenciar su ruina.

Para defender la libertad se necesitan ciudadanos, no de café, sino de instrucción y elevación moral.

Estoy convencido que la pasión del mando es, en general, lo que con más imperio domina al hombre.

Hombres que se abandonan a los excesos son indignos de ser libres.

Los hombres distamos de opinión como de fisonomías, y mi conducta, en el tiempo en que fui hombre público, no pudo haber sido satisfactoria a todos.

No es en los hombres donde debe esperarse el término de nuestros males: el mal está en las instituciones y sólo en las instituciones.

Ser feliz es imposible, presenciando los males que afligen a la graciada América.

Los hombres no viven de ilusiones sino de hechos.

Mi nombre es ya bastante célebre para que yo lo manche cor infracción de mis promesas.

Las consecuencias más frecuentes de la anarquía son las de producir un tirano.

Ya veo el término a mi vida pública y voy a tratar de entregar esta p da carga a manos seguras, y retirarme a un rincón a vivir como hombre.

Es necesario tener toda la filosofía de un Séneca, o la impudicia un malvado para ser indiferente a la calumnia.

Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas.

Tan injusto es prodigar premios como negarlos a quien los merece.

Al hombre honrado no le es permitido ser indiferente al sertimiento de la justicia.

Nada suministra una idea para conocer a los hombres como una revolución.

(Fuente Consultada: Es legado de San Martín. Comisión Nacional de Homenaje al bicentenario Nacimiento del Gral. D. José de San Martín. InstitutoNacional Sanmartiniano)

Máximas Para Mi Hija:

Cuando San Martín partió de Mendoza para cruzar los Andes, su hija Mercedes (arriba) tenía cuatro meses. Se volvieron a ver en 1818, después del triunfo de Chacabuco, y en 1824, cuando se embarcaron juntos rumbo a Europa. En 1825, San Martín redactó para ella estas «Máximas»:

01Humanizar el carácter y hacerlo sensible, aun con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una mosca abriéndole la ventana para que saliese: —Anda, pobre animal: el mundo es demasiado grande para nosotros dos.

02• Inspirar el amor a la verdad y odio a la mentira.

03• Inspirarla gran confianza y amistad, pero uniendo el respeto.

04• Estimular en Mercedes la caridad a los pobres.

05• Respeto sobre la propiedad ajena.

06• Acostumbrarla a guardar un secreto.

07 Inspirarla sentimiento de respeto hacia todas las religiones.

08• Dulzura con los criados, pobres y viejos.

09• Que hable poco y lo preciso.

10• Acostumbrarla a estar formal en la mesa.

11• Amor al aseo y desprecio al lujo. (Redactadas en 1825)

Testamento del General San Martín:

En el nombre de Dios Todo Poderoso a quien reconozco como hacedor del Universo: Digo yo, José de San Martín, Generalísimo de la República del Perú y Fundador de su libertad, Capitán General de la de Chile, y Brigadier General de la Confederación Argentina, que visto el mal estado de mi salud, declaro por el presente Testamento lo siguiente:

Primero: dejo por mi absoluta Heredera de mis bienes, habidos y por haber a mi única hija Mercedes de San Martín actualmente casada con Mariano Balcarce.

Segundo: Es mi expresa voluntad que mi hija suministre a mi hermana María Helena, una pensión de mil francos anuales, y a su fallecimiento, se continúe pagando a su hija Petronila, una de 250 hasta muerte, sin que para asegurar este don que hago a mi hermana y sobrina, sea necesaria otra hipoteca que la confianza que me asiste de mi hija y sus herederos cumplirán religiosamente esta mi volunta.

Tercero: El sable que me ha acompañado en toda la Guerra de Independencia de la América del Sud, le será entregado al General la República Argentina Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción, que como Argentino he tenido al ver la firmeza que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los Extranjeros que tratan de humillarla.

Cuarto: Prohíbo el que se me haga ningún género de funeral desde el lugar en que falleciere, se me conducirá directamente cementerio sin ningún acompañamiento, pero sí desearía, el que corazón fuese depositado en el de Buenos Aires.

Quinto: Declaro no deber ni haber jamás debido nada a nadie.

Sexto: Aunque es verdad que todos mi anhelos no han tenido otro objeto que el bien de mi hija amada, debo confesar que la honrada conducta de ésta, y el constante cariño y esmero que siempre me ha manifestado, han recompensado con usura, todos mis esmeros haciendo mi vejez feliz. Yo le ruego continúe con el mismo cuidado y contracciòn la la educación de sus hijas (a las que abrazo con todo mi corazón) si que a su vez quiere tener la misma feliz suerte que yo he tenido; igual encargo hago a su esposo, cuya honradez y hombría de bien no ha desmentido la opinión que había formado de él, lo que me garantiza cotinuarà haciendo la felicidad de mi hija y nietas.

Séptimo: Todo otro Testamento o Disposición anterior al presente queda nulo y sin ningún valor.

Hecho en París a veintitrés de enero del año mil ochocientos cuarenta y cuatro, y escrito todo él de mi puño y letra. JOSE DE SAN MARTIN

Artículo adicional. Es mi voluntad que el Estandarte que el bravo Español Don Francisco Pizarro tremoló en la Conquista del Perú sea devuelto a esa republica (a pesar de ser una propiedad mía) siempre que sus gobiernos hayan realizado las recompensas y honores con que me honró su primer Congreso

Cronologia de San Martin Acontecimientos mas Importantes de la Vida

Cronología de San Martín
Acontecimientos mas Importantes de la Vida

General Don José de San Martín

CRONOLOGÍA VIDA DE JOSÉ SAN MARTÍN

1777 Nace en Yapeyú, Misiones, aunque existen discrepancias en la determinación del año.

1784 Regresa la familia completa a España.

1789 Ingresa de cadete en el regimiento de Murcia, en Málaga, donde había estudiado.

1790-1791 Permanece en las plazas del norte de África y en la defensa de Oran hasta la evacuación.

1793 Con el regimiento de Murcia pasa al Pirineo de Jaca. Comienza la guerra contra la Convención. En junio es promovido a oficial. Pasa a combatir al Rosellón.

1797-1798 Tercera campaña: embarcado en la «Dorotea» llega a Tolón. Es capturada la nave por los ingleses al regresar: pasa a ser prisionero «juramentado» en Cádiz.

1801 Cuarta campaña: guerra con Portugal. Rendición de Campo Mayor. Comisión reclutadora en Valladolid. Herido.

1804 Con los «Voluntarios de Campo Mayor»: primera experiencia organizadora. En el campo de Gibraltar, Ceuta y Cádiz. La epidemia.

1808 Crisis de la invasión napoleónica. Asesinato del general Solano, estando San Martín a sus órdenes. Pasa a Sevilla. Batalla de Arjonilla el 23 de junio. Pasa al regimiento de Borbón. Ayudante de Coupigny: batalla de Bailen.

1810 25 de Mayo. Se establece la Primera Junta de Gobierno en Buenos Aires

1809-1810 En el ejército de Cataluña. Pasa al ejército de Extremadura, con La Romana. Torres Yedras; siempre con Coupigny.

1811 Llega a Cádiz en febrero. Transferido al Regimiento de Sagunto. Retiro en Inglaterra.

1812 En la «Canning» llega a Buenos Aires el 6 de marzo. Se le encarga la organización de los Granaderos a Caballo Creación de la logia Lautaro. Interviene contra el Triunvirato. Es ascendido a coronel.

1813 Combate de San Lorenzo el 3 de febrero. En diciembre es enviado como Mayor General para reorganizar el Ejército del Norte.

1814 Se reúne con Belgrano en la posta de Yatasto, Salta. Desde enero, en Tucumán. En mayo, con licencia por enfermo, va a Córdoba. Pasa a Mendoza el 10 de agosto: intendente. Llegan los refugiados de Chile.

1815 Alvear es declarado Director Supremo. Rebelión de Cuyo para que permanezca. Comienza a organizar tropas.

1816 Congreso de Tucumán: Pueyrredón aprueba el plan sobre Chile. En Córdoba se entrevistan. Es nombrado jefe del ejército de los Andes, que organiza y adiestra en El Plumerillo.

1817 Del 12 al 25 de enero, inicia su marcha el Ejército de los Andes. Paso de los Andes. Chacabuco. Entrada en Santiago. Viaje a Buenos Aires para planear la expedición a Perú.

1818 Desembarco realista de Osorio. Derrota de Cancha Rayada. Maipú.

1819 Forzada renuncia de Pueyrredón: guerra civil en El Plata.

1820 Batalla de Cepeda, se acentúa la anarquía en El Plata. San Martín, revalidado en el mando por los jefes del ejército de los Andes. Sale la expedición. Desembarco en Pisco. Conversaciones de Miraflores con representantes del virrey. Pasa a Ancón. Llegan diputados del Guayaquil independiente. Huaura.

1821 El norte de Perú se le une. Pezuela cede el mando a La Serna. Comienza la conferencia de Punchauca. La Serna evacua Lima. Entrada de San Martín. Jura de la independencia y toma del título de Protector. El Callao se entrega.

1822 Desastre de Tristán en Macacona. Gutiérrez de la Fuente, es enviado al Plata. Conferencia en Guayaquil con Bolívar. Se instala el Congreso de Perú y renuncia. Parte San Martín hacia Chile.

1823 Desastre de Alvarado en Torata y Moquegua. San Martín pasa de Chile a Mendoza y, después, a Buenos Aires.

1824 Parte de Buenos Aires al Havre. Pasa a Inglaterra, hasta fin de año, y luego se instala en Bruselas.

1828 Regresa a Buenos Aires; pero decide no desembarcar ante las graves disensiones surgidas. Estancia en Montevideo y regreso a Europa.

1830 Abandona Bruselas y se instala en París junto a su hija Merceditas. Fallece en Santa Marta el libertador de Bolívar.

1838 Bloqueo francés del río de la Plata. Carta de San Martín a Rosas ofreciendo sus servicios.
1839 Rosas nombra a San Martín ministro plenipotenciario de la Confederación ante la Republica del Perú
1842 Fallece en Gijón Alejandro Aguado, protector del prócer.
1845 Nueva intervención franco-inglesa en el Río de la Plata. En viaje por el Mediterráneo, San Martín va de Marsella a Liorna y de allí a Florencia. Sigue viaje a Nápoles, Genova y Roma.
1846 Carta de San Martín a Rosas: lo felicita por «Vuelta de Obligado» y su defensa de la soberanía..
1848 Al estallar la guerra civil en Francia se traslada a Boulogne-Sur-Mer.

1850 Fallece el día 17 de agosto en Boulogne-sur-Mer.

1880 El presidente Avellaneda ordena traer sus restos, que descansarán en un mausoleo en la Catedral..

 

Campaña a Chile de San Martin Campaña al Peru Resumen Batallas

Campaña a Chile de San Martín

El Libertador era un hombre de fuertes convicciones morales, dentro de un universo ético que también comprendía una aguda visión de la política y de la guerra. La liberación de la Argentina, Chile y Perú no fue sólo la obra de un voluntarista, sino también el resultado de la aplicación correcta de las técnicas de combate vigentes.

Victorioso en el combate de San Lorenzo -su primera intervención militar en suelo americano, 1813-, San Martín no se envaneció ni se dejó tentar cuando se lo designó como jefe del Ejército del Norte. Esta fuerza, que había dirigido Manuel Belgrano hasta 1814, seguía siendo vista por los patriotas como la herramienta principal para que la Revolución de Mayo (1810) se impusiera en el Alto Perú, principal bastión realista en América del Sur. Pero San Martín, según su visión estratégica, sabía que, para contener a los realistas por el norte, bastaba la «guerra de guerrillas» que sostenían Martín Miguel de Güemes y sus gauchos.

En cambio, para doblegar a Lima pensaba que no se podía avanzar en forma lineal y directa hacia el norte. Había que dar un paso al costado: cruzar la Cordillera de los Andes y, desde Chile, esta vez por mar, llegar hasta Perú. Los hechos demostraron que el Libertador estaba acertado: su plan fue exitoso y permitió la independencia de Chile (1818) y de Perú (1821) y la consolidación de la de nuestra patria.

EL PROYECTO LIBERTADOR
Estando San Martín enfermo, se retiró a descansar su refugio serrano, y allí recibió a muchos visitantes, y pudo así enterarse de diversos problemas sociales, geográficos, económicos y costumbristas que, a la sazón, seguramente desconocía. Mientras desempeñaba la jefatura del ejército en Tucumán, tuvo oportunidad de conversar con el teniente coronel Enrique Paillardelle, autor de un proyecto, difícilmente realizable, para llevar una campaña combinada contra Lima desde Chile (por mar) y desde Tucumán.

Ahora, en ocio útil, pudo discutir ampliamente con el coronel Tomás Guido diversas posibilidades estratégicas, y ambos coincidieron en la necesidad de organizar seriamente, sobre bases económicas y militares efectivas, una campaña libertadora que, partiendo de Valparaíso y con el ejército del norte, asegurara la liberación del Perú.

En razón de ello, y ya repuesto de sus dolencias, pidió y logró San Martín su designación como gobernador intendente de Cuyo. Guido, que era Oficial Mayor de la Secretaría de Guerra y Marina, apoyaría su acción en Buenos Aires. Como ya había quedado asegurado el norte, Posadas designó a su sobrino Alvear para que preparara y realizara la toma de Montevideo.

Se armó una flota, que quedó al mando del coronel Guillermo Brown, y en poco tiempo Alvear entró triunfante en la capital oriental; tras la victoria, tiró por la borda las tratativas de paz, ya avanzadas, originadas por la gestión de Sarratea; tal actitud, quizá temeraria, que asombró y desagradó a Strangford, aseguró la posesión de la plaza y el dominio de los ríos.

EL PLAN MAITLAND: En su libro Maitland y San Martín, Rodolfo Terragno cuenta que en el Archivo General de Escocia encontró un plan redactado en 1800 por Thomas Maitland. Este oficial escocés establecía los pasos que debía seguir Inglaterra para apoderarse de las colonias españolas en Sudamérica. El plan coincidía, en gran parte, con el que luego siguió San Martín: cruzar los Andes, derrotar a los españoles en Chile y, finalmente, liberar el Perú. Terragno sostiene que San Martín

Eliminado el peligro realista en la Banda Oriental, pudo San Martín reforzar sus proyectos. La revolución chilena había fracasado tras el desastre de Rancagua (1° de octubre de 1814), y, con el pretexto de defender la frontera occidental, pudo San Martín organizar en Mendoza un ejército poderoso, disciplinado y bien pertrechado. Guido, cuando llegó el momento oportuno, presentó al Ministerio una Memoria en la que puntualizaba minuciosamente las seguridades del éxito que esperaba a una campaña tendiente a reconquistar Chile, afianzar las fuerzas, e invadir el Perú por mar y tierra.

LAS PROVINCIAS UNIDAS EN SUD AMERICA
En 1816 se reunió en Tucumán el Soberano Congreso Constituyente que, por presión de San Martín, Belgrano y otros jefes militares en combinación con la Logia Lautaro (a la que pertenecía buen número de congresistas), declaró, el 9 de julio, la independencia de las Provincias Unidas en Sud América. Pocos días antes de tal declaración, el nuevo director, Juan Martín de Pueyrredón, habla tenido en Córdoba conferencias con San Martín y, sobre la Memoria de Guido, dio su visto bueno al proyecto libertador.

La fórmula de la declaración de independencia daba pie para abrir la guerra de liberación de todo el subcontinente, y por eso mismo las instrucciones dadas a San Martín establecían la necesidad de que Chile enviara una diputación al Congreso, «a fin de que se constituya una forma de gobierno general, que de toda la América unida en identidad de causas, intereses y objeto, constituya una sola nación».

Durante su permanencia en Mendoza, donde ejerció un gobierno ejemplar con el amplísimo apoyo de todo el pueblo, pudo San Martín retomar su vida hogareña, interrumpida cuando marchó al norte. A fines de septiembre de 1814 llegó a esa ciudad Remedios («La Cordita», según el apodo de Posadas), y bajo el sol mendocino nació la única hija del matrimonio, Mercedes Tomasa. Como los enemigos de San Martín tachaban a éste de déspota y aducían que quería coronarse, cuando nació Mercedes su padre dio la noticia a Guido con un rasgo de buen humor, anunciándole el advenimiento de la «infanta mendocina»…

La organización del famoso Ejército de los Andes con los precarios fondos y pertrechos facilitados por el Directorio, obligó a San Martín a exigir de los mendocinos ingentes sacrificios. Ese pueblo, consciente de la causa libertadora que presidía el gobernador, brindó a la patria más de lo imaginable. Sin quitar nada de los auxilios de las demás provincias (cuyanas, centrales, norteñas y ribereñas), debe señalarse la devoción de los mendocinos en apoyo de la campaña: fueron incorporados todos los varones mayores de 14 años; los decentes financiaron la fabricación de armas y pertrechos hasta agotar sus arcas; las mujeres renunciaron a la coquetería y donaron sus joyas mientras trabajaban en la confección de ropas militares; los paisanos cedieron sus pocos caballos y muías, y los campesinos el fruto de sus cosechas. Es dable, sin duda, asegurar que San Martín —como en su momento Belgrano y José Artigas— hizo tomar conciencia popular de que la campaña libertadora representaba una causa nacional.

CAMPAÑA EN CHILE
El 24 de enero de 1817 inició San Martín la marcha hacia Chile. Su ejército, dividido en cinco divisiones, cruzó la cordillera de apariencia invencible por sendos pasos, a fin de ocupar Chile desde Copiapó hasta Santiago. La suerte estaba echada.

El 7 de febrero, con el grueso del ejército reunido en Coquimbo, anunció San Martín: «O la América es libre a costa de sus propios esfuerzos, o desciende encorvada al cadalso que le preparan los tiranos». El 12, en la Cuesta de Chacabuco, la victoria dio testimonio de que la América quería ser libre por sus propios esfuerzos. Dos días más tarde Bernardo O’Higgins (imagen), chileno y cofrade de la Logia, asumió el gobierno como Director.

Las Provincias Unidas en Sud América, a través de su personero San Martín, comenzaban a cumplir su cometido liberador y unificador. Si la revolución había sido abatida en Tierra Firme (Venezuela), ahora daba muestras de su rigor a meridión.

Pero las rosas que engalanaban el camino de la libertad tenían, también, espinas insalvables. En el Río de la Plata, el Director y el Congreso, dominados por la presión de la burguesía comercial porteña que procuraba evitar la competencia de Montevideo, habían dispuesto eliminar al caudillo oriental Artigas y a sus seguidores en la Mesopotamia. Para ello —y conforme a una pauta porteña, consistente en asegurar su hegemonía aunque fuera a costa de perder territorios— se habían iniciado tratativas con los portugueses a fin de facilitarles la ocupación de la Banda Oriental.

Las negociaciones, acompañadas de aparente desidia gubernativa, dieron sus frutos, y la Banda Oriental pasó a ser Provincia Cisplatina del Reino de Portugal, Brasil y los Algarves. La respuesta popular expulsó al Director y al Congreso mediante las lanzas de los victoriosos caudillos litoraleños Estanislao López y Francisco Ramírez en los campos de Cepeda (1? de febrero de 1820).

San Martín se mantuvo al margen de esas luchas, y se negó a usar el Ejército de los Andes en una guerra intestina. Fracasadas sus gestiones para lograr una pacificación, prefirió continuar en Chile su misión libertadora.

El 5 de abril de 1818 había obtenido, en Maipú, la victoria decisiva sobre los godos, y a partir de entonces sus esfuerzos apuntaron a armar una escuadra eficiente y un ejército modelo que aseguraran la liberación del Perú. Muy poco había obtenido del Directorio rioplatense, y por fin Chile asumió la responsabilidad directa de financiar y armar la expedición libertadora.

LA PATRIA EXISTE CON O SIN GOBIERNO
Producida la secesión rioplatense tras la batalla de Cepeda, la situación jurídica del Ejército de los Andes resultó confusa. Hasta el momento ese ejército cumplía el mandato emergente del gobierno de las Provincias Unidas en Sud América.

Pero ahora esa entidad aparecía disuelta, y era indispensable arbitrar los medios para definir la situación. Por eso, San Martín reunió al ejército en Rancagua, delegó el mando en el general Juan Gregorio de Las Heras, y dio instrucciones para que, con el voto de los integrantes, el ejército decidiera qué debía hacerse. Por unanimidad, el Ejército de los Andes resolvió, el 2 de abril, «que la autoridad que recibió el señor general para hacer la guerra a los españoles y adelantar la felicidad del país, no ha caducado, ni puede caducar, porque su origen, que es la salud del pueblo, es inmutable».

Y sobre el axioma de que «la patria existe con o sin gobierno», el ejército otorgó a San Martín poderes omnímodos en cuanto a las decisiones referentes a las campañas militares a realizar.

Con este aval, y el apoyo de Chile a través de O’Higgins, San Martín apuró las operaciones. Designó a Güemes general en jefe del Ejército de Observación sobre el Perú, con la misión de presionar desde el sur e impedir la concentración de mayores efectivos en las cercanías de Lima. Entretanto, Simón Bolívar había rei-niciado con sorprendente éxito sus campañas, liberando a Venezuela y Nueva Granada; había fundado la República de Colombia, y se aprestaba a marchar sobre Quito. San Martín, por mar, tomaría Lima, y las fuerzas realistas se verían constreñidas en tres frentes de lucha.

SAN MARTÍN EN PERÚ
En los comienzos de agosto de 1820 el puerto de Valparaíso vio embarcar seis mil hombres con rumbo a las costas peruanas. La escuadra iba al mando del Vicealmirante lord Cochrane, y San Martín era el responsable supremo de esa expedición que, bajo pabellón chileno, continuaría la obra libertadora y unificadora de la América del Sur.

Poco más de un mes tardó la navegación hasta Paracas, puerto de desembarco al que llegaron el 8 de septiembre. El virrey Joaquín de la Pezuela procuró buscar un armisticio, y en Miraflores sus diputados y los de San Martín llegaron a un principio de acuerdo: se negociaría la paz sobre la base de coronar en América a un Infante español, en condiciones a acordar. Pero el 20 de enero de 1821 fue depuesto Pezuela por sus subordinados; el virreinato quedó en manos de José de la Serna y el armisticio fue roto.

Dos meses más tarde llegó a Lima el comisionado regio Manuel Abreu, con instrucciones para buscar la paz conforme a la política de las Cortes de 1820. El 4 de mayo se iniciaron en Punchauca las conferencias con Abreu, pero esas tratativas no prosperaron.

Es oportuna una aclaración. Durante el tiempo de su vida pública, San Martín manifestó claramente su decidido apoyo a la monarquía constitucional. Sus proyectos de unidad continental tuvieron como punto de partida la instalación de una «monarquía temperada». Y en una oportunidad manifestó que, a pesar de sus convicciones, apoyaría con las armas la república si esa fuera la auténtica e inequívoca voluntad popular, aunque sabía que «esa forma de gobierno nos llevaría al sepulcro». En definitiva, San Martín se había propuesto, como meta, la independencia y unidad hispanoamericana; y aunque él creía que ello sólo podría lograrse con una solución monárquica, le importaba menos la forma de gobierno que la meta que se había fijado.

LA INDEPENDENCIA Y EL PROTECTORADO
Fracasadas todas las negociaciones, prosiguió la guerra. Lima cayó en poder de los libertadores, y San Martín fijó allí su cuartel general. Pocos días después, el 28 de julio, declaró la independencia del Perú y creó la bandera del nuevo Estado. Al mismo tiempo, una fuerte columna al mando de José Antonio Álvarez de Arenales pacificaba la sierra, y otra, dirigida por Guillermo Miller, aseguraba el dominio de la región meridional.

La presión sobre el Alto Perú no se llevó a cabo por la muerte de Güemes, pero a lo largo de 1821 se sucedieron las victorias militares, y hasta fue posible tomar la virtualmente inexpugnable fortaleza del Callao: San Martín, con adecuados cambios de frente, obligó a una columna realista que marchaba sobre Lima a buscar refugio en esos torreones que, bloqueados, y sin posibilidad de abastecimiento, debieron ser abandonados.

La toma del Callao, feliz e incruenta, no satisfizo a algunos colaboradores íntimos del general y produjo la definitiva ruptura de éste con Cochrane, quien, apoyado por oficiales superiores, suponía necesario el uso de la fuerza para aniquilar la columna y bombardear la fortaleza. Por imposición de las circunstancias asumió San Martín el gobierno del Perú con el título de Protector (2 de agosto).

Aunque sus facultades eran omnímodas, usó de ellas con prudencia y mesura, hasta el extremo de haber promulgado un Estatuto por el cual autolimitaba sus atribuciones. Su propósito declarado fue «poner a los pueblos en el ejercicio moderado de sus derechos», convencido de que a su hora tendrían oportunidad de poner en obra «las bellas teorías».

Creía —y su experiencia lo avalaba— que los pueblos hasta entonces sometidos debían aprender a gozar los bienes de la libertad, antes de deliberar sobre lo que no conocían. Fiel a ese criterio, gobernó con una probidad jamás impugnada, y se ocupó cuidadosamente de fortalecer el estado económico-financiero, de defender los derechos sociales, de sacar al indio de la miseria en que se hallaba y eliminar la mita y el yanaconazgo, de establecer la libertad de vientres y, aun, la paulatina manumisión de esclavos (a razón de 25 por año a-cuenta del Estado), al mismo tiempo que propiciaba la educación popular.

El 26 de marzo de 1822 expidió un decreto que concedía ciudadanía peruana a todo americano (incluidos los indios) residente en cualquier país de la América meridional; San Martín siempre había propiciado esta medida, logrando hacer escuela en el Río de la Plata, pues el artículo 19 de la Constitución de Santa Fe, promulgada por Estanislao López en 1819, puntualizaba, también, que todo americano era ciudadano de Santa Fe.

Además, y en razón de su clara intención de establecer un imperio hispanoamericano centrado en Perú —idea propiciada por Miranda y Belgrano—, creó una especie de élite criolla a través de dos instituciones: la Sociedad Patriótica y la Orden del Sol. El sentido aristocratizante de ambas entidades fue objeto de sátiras y burlas sobre el Rey José.

PROCLAMA DE SAN MARTÍN A SUS SOLDADOS

Soldados del Ejército Libertador:

Ya hemos llegado al lugar de nuestro destino y sólo falta que el valor consume la obra de la constancia; pero acordaos que vuestro gran deber es consolar a la América, y que no venís a hacer conquistas, sino a liberar a los pueblos que han gemido trescientos años bajo este bárbaro derecho. Los peruanos son nuestros hermanos y amigos; abrazadlos como a tales y respetad sus derechos como respetasteis los de los chilenos después de la batalla de Chacabuco.

La ferocidad y violencia son crímenes que no conocen los soldados de la libertad, y si contra todas mis esperanzas, alguno de los nuestros olvidase sus deberes, declaro desde ahora que será inexorablemente castigado conforme a los artículos siguientes:

1° Todo el que robe o tome con violencia de dos reales para arriba, será pasado por las armas, previo el proceso verbal que está mandado observar en el ejército.

2° Todo el que derramare una gota de sangre fuera del campo de batalla, será castigado con la pena de Talión.

3° Todo insulto contra los habitantes del país, sean europeos o americanos, será castigado hasta con pena de la vida, según la gravedad de las circunstancias.

4° Todo exceso que ataque la moral pública o las costumbres del país, será castigado en los mismos términos que previene el artículo anterior.

¡Soldados! acordaos que toda la América os contempla en el momento actual, y que sus grandes esperanzas penden de que acreditéis la humanidad, el coraje y el honor que os han distinguido siempre, dondequiera que los oprimidos han implorado vuestro auxilio contra los opresores. El mundo envidiará vuestro destino si observáis la misma conducta que hasta aquí; pero ¡desgraciado el que quebrante sus deberes y sirva de escándalo a sus compañeros de armas! Yo lo castigaré de un modo terrible; y él desaparecerá de entre nosotros con oprobio e ignominia.

Cuartel General del Ejército Libertador en Pisco, septiembre 8 de 1820.

INSTITUTO NACIONAL SANMARTINIANO
JOSÉ DE SAN MARTÍN

Ver: Campañas Militares Donde se Cruzaron Montañas

Acta de Rancagua San Martin Se Niega Apoyo al Gobierno de Bs.As.

EL ACTA DE RANCAGUA:

En Buenos Aires, el Director Rondeau era derrotado en la batalla de Cepeda, el día 1° de febrero, y el victorioso Ramírez impone la disolución del congreso y la renuncia del Director. No había más autoridad nacional y cada provincia tenia un gobierno autónomo y sus propias tropas. El ejército de los Andes se encontraba en Chile y la autoridad que lo había formado y a quién respondía estaba disuelta. Ante este problema, San Martín, que, ya restablecido de su enfermedad se encontraba en Santiago, envía a Rancagua, donde el coronel Las Heras tenía al ejército acantonado, un sobre lacrado que debía abrir en presencia de todos los oficiales.

acta de rancagua

En febrero de 1820 San Martín se encontraba en Chile como general del brazo armado de un país que carecía de dirección. Luego de la derrota de Rondeau en la batalla de Cepeda, el gobierno de las Provincias Unidas de Sud América perdió toda autoridad. El gobierno central de Buenos Aires se diluyó y el poder se desplazó a las provincias. La anarquía amenazaba con desintegrar el país y no existía consenso para que asumiera una nueva autoridad nacional.

San Martín presentó la renuncia al Ejército de los Andes considerando que su cargo ya no tenía sustento jurídico. El 26 de marzo, en un sobre cerrado, le entregó al jefe de Estado Mayor, general Las Heras, las razones de su decisión, y pidió que fuera leída ante los oficiales y soldados del ejército acantonados en Rancagua. El 2 de abril se leyeron las líneas de San Martín indicando que el cuerpo de oficiales debía elegir una nueva autoridad.

La respuesta de los oficiales y soldados no se hizo esperar, y se dejó constancia de lo decidido en el Acta de Rancagua: «Queda sentado como base y principio que la autoridad que recibió el General de los Andes para hacer la guerra a los españoles y adelantar la felicidad del país, no ha caducado ni puede caducar, pues que su origen que es la salud del pueblo, es inmudable». El apoyo incondicional de sus oficiales y soldados le permitía a San Martín aceptar del gobierno chileno el nombramiento como Jefe del Ejército Libertador del Perú.

Pese al apoyo del Ejército de los Andes y la designación avalada por el gobierno chileno, se levantaban voces amenazantes del gobierno de Buenos Aires contra sus soldados y su persona. Se lo acusaba de utilizar el ejército de la Nación para beneficio personal, de que la campaña de los Andes no era más que la obra de un loco ambicioso y aventurero y que, en caso de regresar al país, sería capturado inmediatamente.

A San Martín se le presenta un gran dilema, quizás uno de los más importantes de su vida: volver a Buenos Aires y embarcarse en una lucha fratricida en favor de un gobierno porteño que sólo bregaba por su propios asuntos y no representaba los intereses de las provincias, o continuar la marcha hacia el Perú, completando el Plan Continental. La decisión no era nada fácil y así se lo hacía saber en forma reservada a O’Higgins: «Se va a descargar sobre mí una responsabilidad terrible, pero si no se emprende la expedición al Perú todo se lo lleva el diablo».

La Ganderia en el Virreinato Las Vaquerias El Consulado y Belgrano

ORGANIZACIÓN ECONÓMICA DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA:

Política ganadera: La ganadería e industrias derivadas — Los conquistadores fueron los que introdujeron en América los primeros ejemplares de ganado vacuno, caballar, porcino, cabrio y asnal junto con distintas variedades de aves domésticas. Así, los primeros caballos fueron traídos por don Pedro de Mendoza; despoblada Buenos Aires quedaron algunos que al huir a las as se reprodujeron, dando origen a la hacienda cimarrona. El ganado o entró por la costa de Brasil, de donde pasó al Paraguay en 1558 y al fundar las distintas ciudades: Santa Fe, Corrientes, Buenos Aires fueron a cada una de ellas. Según se cree, también Mendoza trajo lo primeros cerdos y en cuanto a las ovejas parece que fueron nevadas del Perú al Paraguay en 1550 por Nufrio de Chaves.

ganaderia en el virreinato del rio de la plata

En la época del Virreinato la fuente de riqueza de estas tierras era la ganadería. Las dilatadas llanuras ofrecían el medio propicio para su desarrollo, siendo esta actividad la preferida por los nativos o gauchos pues les permitía vivir en un medio de grata libertad. La legislación protegía a la ganadería. El ganado alzado fue considerado propiedad del pueblo, ya que Garay dió a los vecinos de Buenos Aires un derecho común sobre el mismo.

Como consecuencia de los continuos robos de hacienda hechos por los indios y vagos, que carecían de medios de vida, del aumento de perros cimarrones, de las sequías, del exceso de tierras sembradas de trigo y de maíz y por último, de la gran cantidad de reses faenadas por los españoles que se dedicaban a la ganadería (cerca de dos mil), matando casi cada uno su vaca por comida, además de las innumerables que degollaban para sacarles el sebo, mientras que de los toros extraían los cueros que exportaban al Brasil, las autoridades adoptaron diversas medidas tendientes a evitar la desaparición del ganado.

A partir de 1609 se abrió un registro en el que se inscribieron cuarenta vecinos autorizados para matar ganado (permisos de vaquería).
Por otra parte, como en los primeros tiempos sólo se utilizaban del animal los cueros, la gordura y las aspas, el resto era abandonado en el campo. Para evitar esto, en 1776, se aceptó un proyecto sobre salazón de carnes que fue aprobado con la condición de introducir de España barriles con flejes de acero y construir depósitos en la ciudad.

Para propender a esta industria que dependía en mucho del precio de la sal, el virrey Loreto propició Vas expediciones a Salinas Grandes, al sudoeste de Buenos Aires. Todo esto trajo aparejada la fundación por parte de particulares, de gran número de fábricas para la salazón de carnes.

Posteriormente el virrey Vértiz gestionó el traslado a Buenos Aires de toneleros extranjeros, que enseñaron su oficio a trabajadores nativos. En 1801 se instalaron curtiembres, pero desde el primer momento fue el cuero el producto más valorado del ganado vacuno, a tal punto que durante mucho tiempo sirvió de unidad de precio y su contrabando favoreció en mucho el adelanto de Buenos Aires.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Politica Agraria en el Virreinato Agricultura y Mineria

ORGANIZACIÓN ECONÓMICA DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA:

Política agraria — Los reyes de Castilla hablan sucedido a los naturales en el señorío de las Indias, y a ellos pertenecían las tierras, que por esta causa se llamaban de realengo (Real Corona). El rey las concedió en primer término a los conquistadores y gobernadores en recompensa a sus servicios. Alrededor de las ciudades se reservaban tierras de propiedad común e inajenables, que eran: el ejido, para uso común del vecindario; las dehesas, que limitaban con el ejido y que eran tierras para pastoreo y las propias del municipio, llamadas propios, que eran para renta del Cabildo. Quedaba prohibido sembrar en estos terrenos.

agricultura en el virreinato del rio de la plata

El hecho de que en Buenos Aires el área de tierra cultivable estuviese limitada por la zona habitada por los indios, fue causa de que las tierras tuviesen desde un primer momento un valor, siendo vendidas por el Estado, por lo que los más poderosos poseían grandes extensiones, donde practicaban la ganadería. Además de las tierras de propiedad común y de las concedidas a particulares, existían aquellas destinadas a ser poblados indígenas, por ejemplo: las reducciones.

En resumen las tierras americanas, posesión de los reyes de Castilla, pueden ser divididas en:

Ejido (para uso del vecindario); Dehesa (para pastoreo);
Propios (para renta del Cabildo);
Posesión de particulares (por concesión en reconocimiento a sus servidos o compra al Estado);
Poblados indígenas;
Posesión de la Iglesia.

Agricultura — Cuando los españoles llegaron a América, encontraron que algunas tribus de indios sedentarios practicaban la agricultura, cultivando especialmente el maíz y laquinoa o “trigo de la puna”.

Los conquistadores trajeron a América los cultivos europeos de la época. Muchas fueron las causas de que la agricultura no prosperase en tierras del virreinato del Río de la Plata. La sequía, la langosta, los ganados sueltos y las plagas de aves, los malos caminos para la introducción de los frutos en la ciudad y la escasez de brazos que encarecían los jornales, fueron factores adversos a la agricultura junto con la traba que significaban los impuestos que pesaban sobre ella.

Entre estos últimos, el diezmo, destinado a sufragar los gastos de la Iglesia, consistente en entregar la décima parte de los productos obtenidos; el de alcabala, que variaba entre el dos y el cuatro por ciento y a fines del siglo XVIII el seis por ciento, y otros propios del Cabildo.

Con el fin de proteger la agricultura se permitió la introducción de negros que se dedicasen a las tareas agrícolas. La agricultura, sin embargo, no avanzó hasta que se otorgó la libre exportación, especialmente del trigo a lo que se oponía el Cabildo por temor a quedarse sin el abastecimiento de este cereal, de cuya abundancia dependía su precio.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Mensaje de Peron a la Juventud desde España

Mensaje de Perón a la Juventud Militante

BIOGRAFÍA: Juan Perón llegó al poder cuando participó del golpe de Estado de 1943, y asumió la Secretaría de Trabajo y Previsión y luego, la vicepresi-dencia (1944). La sanción de leyes laborales progresistas le facilitó el control del movimiento sindical, la columna vertebral de su poder y el destinatario de su doctrina política: el justicialismo.
Elegido presidente en 1946, implantó el sufragio femenino, fomentó la industria, y nacionalizó los ferrocarriles, los teléfonos y el comercio exterior. En la labor social de su gobierno colaboró su esposa María Eva Duarte hasta su muerte (1952).

Reformó la Constitución (1949), abriendo paso a su reelección (1951). Sus medidas que controlaron la inflación fueron impopulares yperon los conflictos entre el Gobierno y la Iglesia católica al abolir la obligatoriedad déla enseñanza religiosa y por la ley de divorcio, influyeron en miembros del Ejército. Esto, más el sesgo autoritario de su gobierno, generó el golpe de Estado que lo destituiría (1955). Exiliado continuó dirigiendo el Partido Justicialista proscripto, y se casó con María Estela Martínez.

Perón regresó (1972), fue elegido presidente (1973), pero debido a una grave enfermedad, el poder quedó delegado en María Estela, la vicepresidente (1974), quien asumió la presidencia tras su muerte.No intentamos de ninguna manera, sustituir un hombre por otro; sino un sistema por otro sistema. No buscamos el triunfo de un hombre u de otro, sino el triunfo de una clase mayoritaria, y que conforma el pueblo argentino:

La clase trabajadora. Y porque buscamos el poder, para esa clase mayoritaria, es que debemos prevenirnos contra el posible «espíritu revolucionario» de la burguesía. Para la burguesía, la toma del poder significa el fin de su revolución. Para el proletariado —la clase trabajadora toda del país— la toma del poder es el principio de esta revolución que anhelamos, para el cambio total de las viejas y caducas estructuras demo-liberales.

Mensaje a la juventud de Perón desde el Exilio en España

La Juventud debe en forma definitiva terminar por organizarse y para ello debe tener en cuenta lo siguiente:

1) Trazarse una justa línea política, a través de una organización unitaria de conducción centralizada, que desarrolle un programa político donde se contemplen las necesidades de la masa. Hay que estudiar aceleradamente sobre la realidad, los problemas —éxitos y fracasos—; del análisis surgirá sin duda la justa línea política.

2) Desarrollar una clara actitud: antiimperialista, anticapitalista y antioligárquica y feudal latifundista.

3) Tener íntima relación con la masa —la táctica y la estrategia deben confundirse con la masa—, no olvidar jamás que los combatientes provienen de la masa y que sin el apoyo de la masa, es imposible la labor revolucionaria.

4) Hay que trabajar con los elementos activos —elevar a los medianos y ayudar a los atrasados—. Ello incrementa las fuerzas revolucionarias y posibilita tener un verdadero apoyo de base.

5) Evitar los errores llamados «de izquierda» o «de derecha». Es un error «de izquierda», cuando se realiza una crítica aguda, sin haberse realizado antes un análisis, y sin tener los fundamentos de esa crítica. Es un error «de derecha», cuando no se quiere ver el error y cuando finalmente se lo ve, no se lo critica. NO puede haber coexistencia con los errores. La crítica debe ser seria y fundada. Al equivocado se le debe permitir reivindicarse. Para ello deben implantar la crítica y la autocrítica.

6) Las bases juveniles deben expresar sus opiniones. La dirección debe centralizarlas y luego de estudiadas deben volver al seno de la masa juvenil. De esta forma se establece realmente un método democrático y pueden ser establecidos y mantenidos los principios, fundamentales de Unidad y Disciplina. Los cuadros de la organización deben someterse de mayor a menor y, siempre debe aplicarse lo resuelto por la mayoría… [ . . . ] Si realmente trabajamos por la Liberación de la Patria, si realmente comprendemos la enorme responsabilidad que ya pesa sobre nuestra juventud debemos insistir en todo lo señalado.

Es fundamental que nuestros jóvenes comprendan, que deben tener siempre presente en la lucha y en la preparación de la organización que: es imposible la coexistencia pacífica entre las clases oprimidas y opresoras. Nos hemos planteado la tarea fundamental de triunfar sobre los explotadores, aun si ellos están infiltrados en nuestro propio movimiento político. La Patria, espera de todos ustedes la postura seria, firme y sin claudicación. Un gran abrazo,

Juan Perón Madrid, 20 de octubre de 1965.

Fuente Consultada:
Transformaciones, Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX – Tomo N° 4 –  Los Estudiantes
Centro Editor de América Latina